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viernes, 2 de junio de 2017

San Martín: Entrenador de héroes

San Martín, el gran entrenador de héroes
Paso a paso, cómo fue la preparación profesional de los gloriosos granaderos que tuvieron influencia decisiva en la Guerra de la Independencia.
Daniel Balmaceda | LA NACION



El combate de San Lorenzo, obra del artista chileno Pedro Subercaseaux


En Buenos Aires, el coronel José de San Martín fue el principal maestro de los reclutas que iban incorporándose al Cuerpo de Granaderos. Se puso al frente de los entrenamientos que durante los dos meses iniciales se llevaron a cabo en el descampado conocido con el nombre de Ranchería, en las actuales Alsina y Perú. Además del jefe, cada recluta tenía su instructor particular. El sistema de adiestramiento era al estilo francés (San Martín admiraba a Napoleón) con algunas adaptaciones hechas por el propio coronel.

Lo primero que les enseñó fue a marchar. Los aprendices de héroes recibieron una instrucción completa sobre los movimientos de las columnas y en menos de dos semanas estaban capacitados para marchar, contramarchar y realizar giros en orden. Pero a pie, ya que aún no había llegado la etapa en que se les permitiría montar. A San Martín no le gustaba saltear pasos. Recién cuando advirtió que sus hombres dominaban el movimiento coordinado, comenzó con una nueva instrucción.

La segunda etapa consistía en dominar el manejo de las armas. Los reclutas aprendieron a usar las tercerolas, es decir una arma de fuego que podría definirse como un fusil tosco que funcionaba con chispa y contaba con la bayoneta para el ataque cuerpo a cuerpo. Pero esta no fue una enseñanza muy intensiva porque San Martín no confiaba mucho en este tipo de armamento. Lo que él dominaba era el uso del sable y de la lanza. Los secretos de su empleo fueron brindados por el ilustre militar a cada uno de sus granaderos. En ese sentido, puede decirse que actuaba como un personal trainner de cada uno de sus hombres. Formaba rondas, se plantaba en el medio, convocaba a alguno de los aprendices al centro del círculo. Allí el elegido ejecutaba los movimientos de ataque y defensa enfrentando al propio comandante, quien lo corregía delante de todos.

Estas clases de esgrima y lanceo a cargo del Padre de la Patria eran de lo más provechosas. San Martín les enseñaba de qué manera colocar el cuerpo, la cabeza, el torso, las piernas, las rodillas y las manos. Incluso les explicaba el efecto de cada pegada para que de manera mecánica emplearan la más efectiva de acuerdo con la situación.

Por ejemplo, para los sables existían tres tipos de golpe. Con el plano de la hoja se infería un planchazo que provocaba al adversario un mareo y un aturdimiento que lo anulaba. La estocada con la punta se empleaba para infligir una herida profunda. El filo, en cambio, era empleado para cortar en forma completa; un brazo, una mano, una pierna o, sobre todo, una cabeza. Terminadas las lecciones en ronda, armaba parejas para que practicaran y caminaba entre ellos, marcando defectos y señalando virtudes.

Luego, ya instalados en Retiro, se ejecutaron los movimientos a caballo. El clarín o trompa sonaba y todos podían entender a la distancia cuál era la orden general. El conocimiento de los distintos sones y la disciplina, aún en los momentos críticos, salvaban vidas.

El dominio del sable terminó otorgándoles una ventaja inmensa: a medida que los realistas se enfrentaban a estos sableadores profesionales, fue aumentando el respeto que inspiraban. Aquellos guerreros fueron dignos embajadores de la hidalguía sanmartiniana.

sábado, 7 de febrero de 2015

Reflexión: Causa justa y valor... condiciones unívocas del héroe

Sobre héroes y tumbas

Muchas veces en las guerras, donde cada bando supone la preexistencia de causas justa que lleva al enfrentamiento armado en cuestión, las muestras de coraje y patriotismo son habituales. El último sacrificio es llevado a cabo por muchos participantes de la misma dando su vida por el ideal que los llevó al campo de batalla. 

Sin embargo, muchas veces dicha heroicidad se ve opacada porque la razón preeminente de la guerra deja dudas sobre la validez y sustanciación de la misma: la guerra no se puede justificar excepto como un acto de agresión o de manipulación estratégica ajena a cualquier causa justificable dentro de las convenciones internacionales modernas. 

Por ejemplo, las tropas de las Waffen SS del Wehrmacht actuaron valientemente en el frente ruso... pero es indudable que detrás de dicho valor queda opacada por la actuación general de las tropas y la política alemana: dicha guerra fue una guerra de agresión, donde la matanza de civiles estuvo a la orden del día y los asesinatos y traslados de judíos estuvieron presentes en toda la campaña. 

¿Vale la pena consagrar el valor o la eficacia del Sargento Peiper en los frentes rusos cuando detrás de cada una de sus victorias hubo matanzas de prisioneros o de población civil? 

Asimismo, muchas otras "guerras" llevan detrás de si el mismo escarnio... ¿fue valerosa la toma de las tierras zulues o la tierra de los boers por parte del ejercito británico? ¿Dicho valor debe ser consagrado como algo "bueno" para las generaciones futuras? Lo mismo podríamos preguntarnos de guerras argentinas internas o de la Guerra del Paraguay. Si bien la causa inicial de la guerra fue justa (la invasión a la provincia de Corrientes), es discutible el grado de ferocidad y daño hecho a los paraguayos. 


Muchas veces ha habido una delgada fina entre heroísmo y criminal de guerra, no se como hacer para distinguir o diferenciar entre una orden "normal" y otra "inmoral", osea si se, pero no se como bajarla al llano, al hombre que las ejecuta, ya que este no tiene porque saber determinadas cosas de geopolitica o lo que fuese.

Para mi una gran diferencia seria vencer la adversidad, ¿que quiero decir?

Por ejemplo un avión americano, tirando bombas en irak, sin ningún tipo de defensa, no lo convierte en ningún héroe (por más que cumpla su objetivo).

Pensando en voz alta diria que creo que una buena definición de héroe/heroísmo (en cualquier caso), seria de alguien que es capaz de vencer situaciones adversas (estar en inferioridad numérica, con material mas obsoleto, etc...), y no necesariamente que cumpla su objetivo, sino que a pesar de las circunstancias se la juega, aunque pierda.

En síntesis, alguien que enfrenta una situación adversa y que se sacrifica al 110% de sus capacidades, y el resultado de este esfuerzo pasa a un segundo plano, deja de ser importante. El héroe no es el que gana, sino el que replica su ejemplo entre sus connacionales (o su tropa, o su grupo, o lo que fuese) mostrando un ejemplo de entereza, sacrificio y bravura. Alguien que sacrifica "algo" (su vida por ejemplo), en pos de "algo" mas grande, que siembra para que otros cosechen.

En definitiva, ¿hasta que punto el valor en combate es loable? ¿Hasta que punto es indiscutible una actitud de desprendimiento personal en pos de una causa? 




¿Qué heroicidad puede tener, según mi punto de vista, el Che Guevara que repartió una revolución fracasada por donde se la mire y que en su camino fusiló a un montón de civiles, como muchos pobres miembros del gobierno departamental bolivianos quienes fueron fusilados por ser parte del sistema capitalista? 


Asimismo, el tema que no se plantea hasta ahora es el de la subjetividad del término "causa justa". Para un marine en Irak es una causa justa defender el intento de democracia que USA quieren imponer ahí. Para los chilenos el Cap. Prat es un superhéroe inundado incluso de reverencia cuasi-religiosa, cuasi un santo pagano para ellos. Sin embargo, para un peruano fue un invasor muerto en territorio peruano. 

¿O es que el valor de la causa no importa? Porque si es así, entonces los asaltantes de bancos de la época de la ley seca, los cuales morían valientemente en sus escapes de la zona de robo, debieran ser calificados de heroicos... pero de qué heroicidad hablamos si detrás de ello había un acto criminal? 

Valor y causa subyacente... 

Para mi, solo son héroes y ejemplos de valor aquellos que defendieron una causa justa en términos del respeto a las convenciones de guerra. Mas allá de ello, no existen héroes sino todo lo contrario. Gente que no merece recordarse.


Iñaki Etchegaray.