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jueves, 16 de noviembre de 2017

SGM: Reconstruyen testimonios del horror de Auschwitz

El prisionero de Auschwitz reconstruido detalla el sufrimiento "inimaginable"

Un documento recién reconstruido escrito en 1944 por un prisionero judío griego en Auschwitz habla de la miseria "la mente humana no puede imaginar". El texto fue descubierto enterrado en el suelo en el campo de exterminio nazi.
DW


Vernichtungslager Auschwitz-Birkenau (foto-alianza / dpa)

Todos los días, Marcel Nadjari y los otros prisioneros asignados a la unidad "Sonderkommando" en el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau de los nazis se enfrentaban a lo peor.
"Todos sufrimos cosas aquí que la mente humana no puede imaginar", escribió Nadjari en un texto que escribió en secreto a finales de 1944, luego se clavó en un termo, envuelto en una bolsa de cuero y enterrado en el suelo cerca del Crematorio III antes de que el campamento estuviera liberado a principios de 1945.
"Debajo de un jardín, hay dos habitaciones interminables de sótano: una está destinada a desvestirse, la otra es una cámara de muerte", escribió Nadjari. "La gente entra desnuda y cuando está llena de unas 3.000 personas, está cerrada y se les gasea".

Métodos inimaginables de abuso

El recluso griego describió cómo los prisioneros estaban empaquetados "como sardinas" cuando los alemanes usaban látigos para acercar a la gente antes de sellar las puertas y dejar entrar el gas.
"Después de media hora, abrimos las puertas, y nuestro trabajo comenzó", escribió Nadjari. El trabajo de los prisioneros: entregar los cadáveres a los hornos crematorios, donde "un ser humano termina como unos 640 gramos de cenizas".


Sólo el 10-15 por ciento del texto de Nadjari fue legible cuando fue descubierto por primera vez

La rareza y la importancia histórica de las palabras de Nadjari, que ahora son casi completamente legibles después de haber sido descubiertas originalmente en muy malas condiciones, las hace muy especiales, dijo el historiador ruso Pavel Polian.
El mensaje de Nadjari, publicado por primera vez en alemán este mes en una revista trimestral del Instituto de Historia Contemporánea de Munich (IfZ), es uno de los nueve documentos separados encontrados enterrados en Auschwitz, dijo Polian a DW. Los textos, escritos por un total de cinco miembros de la unidad "Sonderkommando" del campo de concentración, "son los documentos más centrales del Holocausto", dijo.

Reconstruyemdp el texto

Polian investigó los textos durante 10 años, y publicó los hallazgos en su libro, "Scrolls from the Ashes". Tales mensajes enterrados se encontraron exclusivamente en Auschwitz, dijo Polian, "la mayoría de ellos en febrero o marzo de 1945, justo después de que el campo fue liberado". Nadjari fue el último en ser descubierto, explicó, y añadió que es muy improbable que otros mensajes de los miembros de las unidades "Sonderkommando" todavía estén enterrados en el suelo.
En total, cerca de 100 de los casi 2.000 internos de Auschwitz encargados de deshacerse de los muchos miles de cadáveres sobrevivieron al campo de concentración. De los cinco que escribieron y enterraron los mensajes, Nadjari fue el único superviviente.
Un estudiante que hacía trabajos de excavación en 1980 en el bosque cerca de las ruinas del crematorio de Auschwitz-Birkenau III desenterró las notas envueltas en el termo. A diferencia de los mensajes de otros presos, en su mayor parte escritos en yiddish, sólo cerca del 10 al 15 por ciento del texto griego de Nadjari era legible, Polian dijo - después de todo, el papel había sido enterrado en suelo húmedo durante 35 años en ese momento.
El frágil documento se dirigió al monumento y museo de Auschwitz-Birkenau.
En 2013, un joven especialista en informática rusa pasó un año trabajando en el guión de tinta borrosa, haciendo que los contornos de las letras volviesen a verse con la ayuda del análisis de imágenes multiespectrales. "Ahora podemos leer del 85 al 90 por ciento", dijo Polian, quien inició el proyecto. Una traducción al inglés y al griego está en los trabajos, agregó - programada para ser publicada en noviembre.


Boletos de ida y vuelta de Thessaloniki a Auschwitz

Sobrevivir a lo inimaginable

Nacido en 1917, Marcel Nadjari era un comerciante griego de Tesalónica. Fue deportado a Auschwitz en abril de 1944, y asignado un trabajo con el "Sonderkommando".
"Si lees acerca de las cosas que hicimos, dirás, ¿cómo podría alguien hacer eso, quemar a sus hermanos judíos?" el escribio. "Eso es lo que dije al principio, también, y pensé muchas veces."
Después de la guerra, Nadjari regresó a Grecia. En 1951, él y su esposa y su hijo emigraron a los EE.UU., donde trabajó como sastre. Murió en Nueva York en 1971, de 54 años.
Aunque en realidad escribió sus memorias en Grecia, parece que el sobreviviente de Auschwitz nunca le dijo a nadie acerca de las notas que enterró en el suelo cerca del crematorio, donde más de una vez estaba tan devastado que pensó en unirse a la gente en el gas cámaras, pero la perspectiva de la venganza lo retuvo siempre.
Es el único de los cinco autores "Sonderkommando" que escribió abiertamente sobre la venganza, dijo Polian, argumentando que distingue las notas de Nadjari de las otras.
"No estoy triste porque muera", escribió Nadjari, "pero estoy triste porque no podré vengarme como quisiera".

martes, 14 de noviembre de 2017

SGM: Los diablos rojos no pudieron en Arnhem

Los diablos rojos fueron a luchar demasiado lejos

El puente de Arnhem era el objetivo fundamental de una operación aliada para derrotar a los alemanes y acabar con la guerra un año antes, en 1944

JACINTO ANTÓN | El País



Un momento de la película 'Un puente lejano', de Richard Attenborough. Escena verídica en la que un oficial británico dirigía a sus hombres con un paraguas. MICHAEL OCHS/GETTY

Un gran arco de acero y cemento, un puente de campanillas, un pedazo de puente, el más lejano de todos (aunque no el más distante), es el que cierra esta serie en la que hemos revisitado el de Remagen, el del río Kwai y el Pegasus, en Normandía. El puente de Arnhem, en la ciudad holandesa del mismo nombre, tendido sobre el Bajo Rin, un señor puente de treinta metros de altura, fue, del 17 al 26 de septiembre de 1944, escenario central de una de las batallas más encarnizadas y espectaculares (y épicas) de la Segunda Guerra Mundial. Como los otros tres con los que ha compartido estas páginas es un icono de esa contienda y como el de Remagen y el del Kwai ha tenido su propia película (Pegasus, que ya aparecía en El día más largo, tendrá próximamente la suya), en este caso la famosa superproducción de Hollywood plagada de estrellas Un puente lejano (1977), basada en el no menos célebre libro del mismo título escrito por Cornelius Ryan (Inédita, 2005).


El puente de Arnhem, su captura, era el objetivo fundamental, indispensable, de la Operación Market Garden con la que los Aliados, en un momento de euforia tras el desembarco de Normandía y la liberación de París, pretendían conseguir un atajo para derrotar a los alemanes y acabar la guerra en 1944, un año antes de cuando realmente finalizó. La idea era lanzar una poderosa ofensiva por el norte del frente desde Bélgica hacia Holanda para entrar en Alemania por la región del Ruhr tras atravesar el Rin, flanqueando la Línea Sigfrido, y darle la puntilla al III Reich. No funcionó y todavía hubo mucha guerra y sufrimiento por delante (incluido ese último espasmo de Hitler en el Oeste que fue la batalla de las Ardenas) hasta que los soviéticos tomaron Berlín en abril de 1945.

El plan, concebido por el de natural prudente mariscal Montgomery en un insólito subidón de audacia que dejó estupefacto a su propio bando (Bradley dijo que no le hubiera sorprendido más ver aparecer a Monty, abstemio recalcitrante, haciendo eses con una cogorza), presuponía un masivo empleo de fuerzas aerotransportadas (británicas, estadounidenses y polacas libres) como no se había visto nunca: 20.000 hombres que debían capturar previamente los puentes a lo largo del corredor que seguiría el grueso del ejército aliado. Market Garden (el primer nombre era el de la operación aérea y el segundo el de la terrestre) se convirtió en uno de los mayores desastres de la guerra, con 15.000 bajas, al no poderse tomar los puentes clave, especialmente el nuestro, el de Arnhem, y significó de hecho el fin de la 1ª división británica aerotransportada, los diablos rojos (por el color de sus boinas), que perdió dos tercios de sus efectivos.

No es que la idea de Monty (que acabó echando la culpa injustamente a los polacos, que siempre reciben) no fuera buena, es que había demasiados imponderables, como le señaló al mariscal el general Browning, vicecomandante del Primer Ejército Aerotransportado aliado, “señor, creo que tal vez sea irnos a un puente demasiado lejano”, frase que ha hecho época (y libro y película) y que compite con otras célebres acuñadas en esa guerra como “nunca tantos han debido tanto a tan pocos”, “¿arde París?” o “cuando acabemos esto solo se hablará japonés en el infierno”.

El problema con esas tropas de élite que son las fuerzas aerotransportadas (en parte lanzadas en paracaídas y en parte llevadas en planeadores tras la líneas enemigas en Market Garden), a las que puedes poner donde quieres en un momento, es que te dan el elemento sorpresa y una ventaja inicial enorme pero, al carecer de equipo pesado, no poseen el poder suficiente para aguantar mucho tiempo por sí solas si se enfrentan a fuerzas convencionales y no son apoyadas por efectivos terrestres propios. En síntesis, eso es lo que pasó en Arnhem. Se quedaron luchando solas, muy valientemente, eso sí, hasta que las aniquilaron.

Fallaron muchas cosas: pese a que se tomaron enclaves a todo lo largo de la ruta (la 101 ª de EE UU capturó 9 de los 11 puentes encomendados), el avance por tierra se ralentizó demasiado; en el sector de Arnhem, las unidades aterrizaron demasiado lejos del puente y de día (a diferencia de lo que sucedió en el Pegasus, como vimos), las comunicaciones fallaron estrepitosamente, no se utilizó a la Resistencia holandesa, y, sobre todo, se dió la mortal casualidad de que en la zona, en la que los informes de inteligencia más optimistas –los otros se descartaron negligentemente- preveían solo la presencia de fuerzas alemanas muy débiles, se concentraban por casualidad dos divisiones panzer de las SS especialmente entrenadas para la lucha contra tropas aerotransportadas, que ya es desgracia. Los paracaidistas, que se dirigieron hacia el puente se encontraron con una oposición cada vez más dura y cabreada, un verdadero avispero que incluía tanques Tigre, a los que no capeas con la boina. “Aparecían un regimiento tras otro de los alemanes que no tenían derecho a estar allí”, observó un paracaidista británico indignado.


Grupo de paracaidistas británicos, conocidos como los diablos rojos, en Holanda, durante la Operación Market Garden.

El batallón del teniente coronel John Frost (encarnado en el filme de Richard Attenborough por Anthony Hopkins), que soplaba un cuerno de caza, consiguió llegar al puente principal de Arnhem tras siete horas de marcha, y se hizo fuerte en el lado norte. Pero el extremo sur lo ocupaba un desapacible grupo de Granaderos Panzer de las SS. Progresivamente, los alemanes fueron inyectando unidades y presión en Arnhem y la batalla por el puente, feroz, a menudo cuerpo a cuerpo, se decantó a su favor, aunque, en uno de los episodios más famosos, los diablos rojos, lanzando su grito de guerra Whoa Mohammed! (adquirido en el Norte de África), detuvieron a brazo el avance por el puente del batallón de reconocimiento de la 9ª Panzer de las SS.

Fue un espejismo. Superados tres a uno, rodeados, sin blindados, sin auxilio, lo que quedaba a los paracaidistas era apretar los dientes, combatir con coraje y resistir todo lo posible. Y eso los exhaustos soldados británicos lo hicieron ejemplarmente, como suelen desde Rorker’s Drift. Mal asunto, sin embargo, cuando la épica y las Cruces Victoria han de sustituir a la estrategia y al triunfo. A los cuatro días, las fuerzas en el puente fueron arrolladas por los nazis y a los nueve, los restos de la división escaparon como pudieron o fueron capturados. La batalla devastó la ciudad, convertida en un Stalingrado en miniatura. La población civil sufrió un verdadero infierno y una imagen que no hay que olvidar entre tanta aventura, pólvora, medalla, miscelánea militar y testosterona –la recoge Ryan en su magnífico libro- es la del padre que corre desesperado hacia un hospital llevando en brazos a su hijo moribundo, al que las explosiones de unos u otros han arrancado un brazo y una pierna y tiene todo el costado derecho abierto. La guerra, señores.

LA GALLINA PARACAIDISTA
Junto al comandante británico Digby Tatham-Warter, que conducía excéntricamente las cargas contra el puente con un paraguas en la mano (aparece en la película), otro de los grandes personajes de la batalla es Myrtle, la gallina paracaidista (una obvia contradicción en términos), mascota del teniente Glover, que saltó sobre Arnhem con su dueño. No sobrevivió, cayó en combate y fue enterrada con solemnidad.
Arnhem y sus alrededores han convertido la batalla y su memoria en un atractivo turístico. En el centro de todo (monumentos, cementerios, museos públicos -el mejor, el de Oosterbeek, que ofrece la impagable Airborne Experience- y privados) está, claro, el puente lejano. Rebautizado en 1977 John Frostbrug, puente John Frost, en memoria del teniente coronel que luchó por tomarlo, el que hoy puede verse, majestuoso, no es, en realidad (ya estamos otra vez), el auténtico. El de la batalla, que ya había sido reconstruido justo en agosto de 1944 tras haberlo volado los propios holandeses en 1940 para retrasar la invasión alemana, fue hundido por bombarderos B-26 Marauders en octubre de 1944. El actual fue vuelto a reconstruir con el mismo aspecto y en el mismo lugar en 1948. Un pilar del verdadero puede verse en el memorial en la Airborneplein, rodeado de banderas. El que aparece en el filme Un puente lejano tampoco es el de Arnhem: dado el crecimiento urbano en la zona, las escenas en que aparece se filmaron en un puente parecido en Deventer, sobre el IJssel.

jueves, 9 de noviembre de 2017

SGM: 5 Cosas que a Japón podría haberlo favorecido en la contienda

Cinco cosas Japón podría haber hecho de manera diferente, para tener una mejor oportunidad de ganar en la Segunda Guerra Mundial


George Winston | War History Online




No había manera posible para que Japón compitiera contra los EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial. Mientras los Estados Unidos no perdieran su voluntad de luchar y empujaron a sus líderes a empujar a la victoria, Washington reclamaría un mandato que los autorizara a utilizar la industria disponible en los EE.UU. para convertirse en un suministro casi ilimitado de barcos, aviones y armas. Japón simplemente no tenía manera de mantener su economía cerca de una décima parte de la economía de los Estados Unidos.

Pero eso no significa que Japón no podría haber ganado la guerra. A veces la parte más débil gana la pelea. El legendario estratega Carl von Clausewitz señala que puede tener sentido para la parte más débil para iniciar la lucha. Si creen que sus posibilidades de ganar sólo van a disminuir con el tiempo, entonces ¿por qué no tomar medidas?

Von Clausewitz habla de tres maneras de ganar una guerra. Primero, puedes destruir las fuerzas del enemigo y hacer cumplir tu voluntad sobre ellas. En segundo lugar, puede hacer que el costo de ganar más de lo que su enemigo está dispuesto a pagar. En otras palabras, averigüe cuántas vidas, armas y cuánto dinero la otra parte considera aceptable para derrotarlo y luego hacer que cueste más que eso mediante una acción que eleva el costo o arrastra el conflicto hasta que ya no puede permitirse el lujo de permanecer pulg En tercer lugar, usted puede convencerlo de que nunca va a lograr su objetivo y le hacen perder el corazón.

Si usted puede desalentarlo o hacer la guerra demasiado costosa para él, es probable que le de un trato justo para salir de ella.

Puesto que Tokio no tenía ninguna posibilidad en la primera opción, necesitaron apuntar para una de las dos posibilidades siguientes. Si hubieran mejorado sus recursos, podrían haber reducido la brecha entre las dos partes. A falta de eso, podrían haber infligido tanto daño que los estadounidenses perderían su apetito por la pelea. O bien, podrían haber optado por no enfrentarse directamente a los Estados Unidos y posiblemente evitar que se unieran a la lucha.

Es probablemente cierto decir que no hubo un solo curso de acción que iba a conducir a una victoria japonesa. Sus líderes militares tenían que actuar de manera más estratégica y menos táctica.

Lo que sigue son cinco maneras posibles que Japón podría haber ganado la Segunda Guerra Mundial. No son exclusivas. En realidad, las mejores oportunidades de Japón consistían en adoptar las cinco estrategias. Es cierto que algunos de ellos son mucho más obvios en retrospectiva de lo que hubieran sido para los líderes japoneses en ese momento, pero podemos discutir su plausibilidad más tarde.

Luchar una guerra a la vez

Es importante que los países pequeños eviten asumir todos los demás países a la vez. Pero el gobierno de Japón no se estableció de tal manera que permitiera la supervisión civil de los militares. Modelado después del gobierno imperial alemán, el poder estaba enteramente entre el ejército y la marina japoneses.

Sin un emperador fuerte, las ramas militares no se modificaron en su empujón por el poder, constantemente uno-elevándose el uno al otro. El ejército se centró en conquistar Manchuria en la China continental. La Marina estaba empujando a recoger recursos en el sudeste asiático. Al intentar ambos objetivos contradictorios, Japón logró rodearse de enemigos. El gobierno japonés debería haber establecido prioridades. Entonces, puede haber sido capaz de lograr al menos algunas de sus metas.

Escuchar a Yamamoto


Yamamoto Isoroku

Al parecer, el almirante Isoroku Yamamoto ha advertido a sus superiores que Japón tenía que ganar rápida y decididamente para evitar despertar al gigante dormido en Estados Unidos. Predijo que la Armada tenía seis meses a un año para imponer su voluntad antes de que los estadounidenses alcanzaran el poder en el Pacífico. En ese lapso, Japón necesitaba obligar a Estados Unidos a un acuerdo de paz de compromiso que dividía el Pacífico, dando tiempo a Japón para mejorar sus defensas alrededor de sus territorios en el Pacífico. Si fracasaban, la industria estadounidense sacaría armas en cantidades masivas mientras nuevos barcos empezarían a llegar al Pacífico. Yamamoto sabía la capacidad estadounidense de comportarse en contra de las expectativas y advirtió a sus superiores de no asumir que sabían cómo actuarían los Estados Unidos.

No escuchar a Yamamoto

Mientras que Yamamoto demostró ser correcto en su consejo estratégico, no era tan sabio en el nivel operacional. La forma en que vio abordar el problema de la superior industria estadounidense fue golpearlos en el núcleo de su poder: su flota naval. Los líderes militares japoneses se habían imaginado durante mucho tiempo usando "operaciones interceptivas" para retrasar la flota estadounidense mientras se dirigía hacia el Pacífico, probablemente con la ayuda de Filipinas.

Usando aviones y submarinos, la Armada japonesa reduciría el tamaño de la flota operativa estadounidense y la flota japonesa se involucraría en la última batalla. Yamamoto, sin embargo, los convenció para cambiar los planes y golpear repentinamente en Pearl Harbor. Su error de cálculo fue que el poder principal de la flota estadounidense no estaba en Pearl Harbor sino en los océanos Atlántico y Pacífico. Todo lo que las acciones de Yamamoto pudieron hacer, entonces, fue retrasar la entrada de Estados Unidos en la guerra hasta 1943. El plan original parece haber tenido una mejor oportunidad de éxito.

Concentrar recursos en lugar de dispersarlos

Similar a la manera en que los japoneses no parecían estar contentos con luchar una guerra a la vez, no parecían detenerse de multiplicar sus operaciones activas y los teatros de combate. En 1942 solamente, la marina de guerra atacó la flota del este británica de Ceilán en el Océano Índico. Asaltaron las islas Aleutianas. Abrieron un nuevo teatro en las Islas Salomón, que requería la defensa de una gran cantidad de océano. Japón aumentó el costo de la guerra por sí mismo cuando tenía menos recursos disponibles, informó el Interés Nacional.

Luchar una guerra submarina sin restricciones

Por alguna razón, la armada japonesa no instruyó a sus submarinos para que atacaran a cualquier buque enemigo en mar abierto entre los Estados Unidos y el Pacífico Sur. Deberían haber comprendido que la flota estadounidense tenía que proteger una enorme cantidad de agua sólo para llegar al Pacífico Sur. Los submarinos japoneses eran tan buenos como los americanos.

Podrían haberlos utilizado para hacer que las vías marítimas del Pacífico fueran intransitables para los transportes de los Estados Unidos. Era la forma más directa en que los japoneses podían haber exigido el pesado peaje necesario para que los Estados Unidos pensaran en retirarse de la guerra.

lunes, 6 de noviembre de 2017

SGM: El milagro del Remagen que no fue

Los nazis no pudieron impedir el ‘milagro’

En la localidad alemana, el Ejército de EE UU logró cruzar el Rin al final de la Segunda Guerra Mundial sin mojarse los pies

JACINTO ANTÓN | El País


Un soldado estadounidense observa el puente de Remagen, que cruzaba el Rin, en marzo de 1945. REUTERS | EPV

Llegué a Remagen para ver un puente que no existe y me llevé un trozo en el bolsillo por la módica cantidad de 33 euros. El puente de Remagen, tomado por tropas de EE UU al final de la Segunda Guerra Mundial (el 7 de marzo de 1945) en un golpe de suerte y audacia considerado tan milagroso (no para los alemanes) como la evacuación de Dunkerque al principio, es uno de los grandes iconos de la contienda, con película y todo, y figura entre las estructuras de su clase más famosas y épicas. El problema, para los mitómanos, es que ya no está.


En Remagen (a 25 kilómetros al sur de Bonn), los estadounidenses encontraron para su enorme sorpresa y alegría un puente intacto sobre el Rin, lo que les permitió cruzar con mucha más facilidad y menos bajas de lo esperado, sin mojarse los pies, esa gran barrera natural y enfilar hacia el corazón de Alemania y el fin de la guerra. Hitler pilló un berrinche de aquí te espero, y también Montgomery, que se reservaba para él y los británicos (por este orden) el honor de pasar primeros el río.

Yo había querido ir allí desde que de niño vi el famoso y emocionante filme de 1969 sobre el episodio bélico, El puente de Remagen, y leí el famoso libro de Paul Berben y Bernard Iselin con el mismo título, publicado por Juventud en 1972.

Hoy, viajar a Remagen bajo la advocación de su legendario puente puede parecer algo realmente muy absurdo, pues la estructura, afectada por los intentos fallidos de demolición de los alemanes y los rabiosos ataques posteriores a su captura (que incluyeron echarle de todo: disparos de artillería, bombardeos de la aviación, y hasta el uso de cohetes V-2, de submarinistas de las SS y del formidable mortero de 540 mm Karl), se desplomó diez días después de caer en manos enemigas —y tras haber pasado a la otra orilla suficientes unidades para romper las líneas de defensa nazis—, el 17 de marzo de 1945. Pero aunque el puente de Remagen ya no exista, visitar el lugar de su emplazamiento es una experiencia que vale mucho la pena.

Arribé en coche por carretera desde Colonia, tras cruzar Bonn y dudando todo el rato si iría a parar al lado correcto del río, el oeste, que es donde se encuentran Remagen y el museo consagrado a la memoria de su puente. Si me equivocaba lo iba a tener más difícil para cruzar que la 9ª División Blindada, pues, como queda dicho, no hay puente. Acerté: ahí estaba Remagen, un pueblo muy bonito, muy diferente del devastado en los últimos compases de la Segunda Guerra Mundial. Aparqué y bajé corriendo, con el corazón desbocado, hasta a la orilla, a ver el puente que no existía más que en mi cabeza (¡cabeza de puente!). El Rin, decimoquinto río del mundo en volumen, discurría verde, ancho y poderoso. No es extraño que el objetivo de cruzarlo les pareciera a los Aliados una pesadilla similar al desembarco en Normandía.

Observé en ambas orillas las características grandes torres de piedra (dos a cada lado) entre las que estuvo tendido el puente. Pero incluso los pilares (que fueron retirados de en medio del río en 1977 para evitar peligros a la navegación) habían desaparecido. En el día plácido y soleado todo lo que recordaba la batalla por el puente y la desesperada carrera de los hombres de la Compañía A del 27º Batallón de Infantería Acorazada mientras los alemanes trataban de volarlo era el reclamo de un pico picapinos que sonaba como el staccato de una ametralladora MG 42.


Ben Gazzara y George Segal, en 'El puente de Remagen' (1969).

Una cadena de tanque

El museo (bautizado con corrección política Museo de la Paz) ocupa los diferentes pisos de las dos torres del lado de Remagen y está lleno de estupendas sorpresas, incluido un trozo de cadena de un tanque Sherman, cascos y otro equipamiento militar de ambos bandos recuperado en el lugar, fragmentos de una V-2 y de un bombardero a reacción Arado 234 que se estrelló al atacar la estructura, y diversas exposiciones, como la dedicada a la vida de la guarnición alemana, a las víctimas civiles o las unidades estadounidenses que tomaron el puente. Los héroes del momento, interpretados muy libremente en el filme por Ben Gazzara y George Segal, fueron el sargento de la Compañía A Alex A. Drabik, el primero en cruzar, mientras le disparaban y pensando que en cualquier momento el puente saltaría por los aires, y su teniente, Karl H. Timmermann, de orígenes alemanes, nacido en Frankfurt aunque creció en Nebraska. En el otro bando, la pifiaron los oficiales a los que se había confiado la responsabilidad de volar el puente. Hubo fallos técnicos y el azar jugó también pero sin duda fue definitivo el caos reinante entre los militares alemanes. Hitler hizo ejecutar sumariamente (de un tiro en la nuca) por cobardía a 4 oficiales, entre ellos el que tenía el mando, el mayor Hans Scheller. En la película lo encarna, bajo el nombre de Paul Kruger, el actor Robert Vaughn, al que los guionistas le otorgan un pelotón de fusilamiento y un último cigarrillo.

El puente Ludendorff (por el general alemán) o Ludy como lo rebautizaron los estadounidenses, fue construido entre 1916 y 1918 para servir a otra guerra mundial, la primera. Incluía una vía férrea. En 1945 estaba preparado un plan minucioso para volarlo cuando se acercaran los Aliados y hubieran podido pasar al otro lado los últimos contingentes alemanes. Pero las cargas (600 kilos de TNT repartidos en 60 puntos), hechas estallar en el último momento, ya en presencia de la infantería enemiga, no funcionaron bien. Un sargento ingeniero alemán tuvo que activarlas manualmente bajo fuego estadounidense. El puente pegó un brinco con la explosión, pareció levitar, pero al disiparse el humo seguía en pie. Uno casi puede imaginarse a los soldados de Timmermann mirándose unos a otros estupefactos y palpándose para ver si continuaban de una pieza, y a los alemanes exclamando: “¡Ay, madre!”.

A la salida del museo me detuve en la pequeña tienda de recuerdos y adquirí un pequeño trozo del puente (autentificado) de los que se venden para financiar el museo. Así que ya lo saben, si alguien quiere ver el mítico puente de Remagen, puede pasar por casa.

LA PELÍCULA Y LOS RUSOS
El museo del puente de Remagen alberga una exposición sobre la película de 1969 de Hollywood consagrada al episodio, dirigida por John Guillermin, que tuvo una emotiva première en la localidad (se exhiben los tickets). El filme no se rodó en realidad en Remagen —por razones obvias: no había puente— sino en Checoslovaquia, en Davle, que tiene un puente muy parecido al de Remagen, sobre el Moldava.
El rodaje, con 5.000 extras, fue muy accidentado porque durante el mismo (en 1968) tuvo lugar la invasión soviética que acabó con la Primavera de Praga y no era como para estarte paseando con tropas disfrazadas y carros estadounidenses M24 mientras los tanques rusos se enseñoreaban del país. Medios de la RDA incluso hicieron circular que el contingente de ficción eran agentes de la CIA camuflados. Migs y helicópteros de la URSS sobrevolaron el puente mientras se rodaba. Hubo que acabar la película en Castelgandolfo, donde se construyó una réplica de la réplica del puente. Como sintetizó un coronel de EE UU asesor del filme: “¡Demonios, nos costó dos días capturar el puente de Remagen y para hacerlo en la película hemos tardado cien!”.


sábado, 4 de noviembre de 2017

SGM: La 82nd Airborne en el puente demasiado lejos

Un puente demasiado lejos: Los estadounidenses, y la verdadera historia de los 101 y 82 en la operación Market Garden


Gabe Christy | War History Online


Los Paracaidistas Americanos reciben un briefing de última hora antes de abordar los aviones.


A Bridge Too Far, la adaptación cinematográfica del libro de Cornelius Ryan del mismo nombre, cuenta la historia épica de los hombres que lucharon a través de la Operación Market Garden.

Empujaron hacia adelante, 64 millas en territorio alemán, en un intento de terminar la guerra dentro de 100 días. A pesar de sus valientes esfuerzos, la Operación fracasó, el 25 de septiembre de 1944.

Planificación: 11-17 de septiembre de 1944

El 11 de septiembre de 1944, el General de División Maxwell Taylor y el General de Brigada James Gavin, se reunieron con sus homólogos inglés y polaco del Primer Ejército Aerotransportado. Gavin era oficial de mando de la 82da división aerotransportada americana y Taylor del 101.o. Estos dos hombres estaban a punto de conducir a sus tropas en el mayor asalto aerotransportado aún intentado.


El plan era para un empuje combinado, usando paracaidistas británicos, americanos y polacos. Tres ciudades y tres puentes serían capturados, profundamente detrás de líneas alemanas. Estas ganancias serían aseguradas por el XXX Cuerpo Británico, con armadura, artillería e infantería mecanizada.

La 101ª sería enviada a Eindhoven, y sería la primera en reunirse con XXX Cuerpo. Sus objetivos eran los dos puentes sobre el Canal de Wilhelmina, en Son y al norte de Eindhoven, y los puentes sobre el Dommel, y los canales de Zuid-Willemwaart. Capturando estos permitiría XXX Corps avanzar hacia el norte. La División tendría que capturar y mantener un tramo de 15 millas de camino, dentro de 2-3 horas de aterrizaje.


James M Gavin, como General Mayor. Cuando era un Brigadier, comandó el 82o Airborne y saltó a Holanda durante la Operación Market Garden.

El 82 iba a Nijmegen, entre Eindhoven y Arnhem. Tenían siete puentes para capturar, en Grave, Malden, Huemen, Hatert, Honinghutje, y finalmente dos sobre el río Waal en Nijmegen. Sólo tenían que mantener la posición para, a lo sumo, un día o dos, entonces XXX Corps vendría a cavar.

El salto: 17 de septiembre de 1944

A las 1231 del día 17, los desembarcadores desembarcaron, debían guiar en las principales caídas de asalto. Hacia 1400 la fuerza principal había tocado el suelo y se había mudado.


A C-47 remolca un planeador Waco en su camino a Holanda.

El 101o encontró poca resistencia en su gota inicial y pudo capturar rápidamente los dos puentes sobre el Canal Wilhelmina. Movieron tropas hacia Best, pero fueron repelidas rápidamente por la rígida resistencia alemana. Tuvieron que cavar para la noche.

Otros elementos del 101 se trasladaron hacia el Hijo, sólo para ser encontrado con el fuego de la artillería alemana de 88 mm. Ellos fueron capaces de localizar y destruir las armas, pero no antes de que los alemanes soplaron el puente de Hijo. Los retrasos impidieron que el 101 de tomar Eindhoven, teniendo también a cavar en y tratar de nuevo en la mañana.


El 82nd Airborne viene cerca de Grave. Se necesitarían dos días para capturar este puente, junto con el puente principal en Nijmegen.

El día 82 fue un poco más suavemente. Fueron capaces de capturar casi todos sus objetivos; excepto el puente de Nimega. Un asalto nocturno fue intentado en 2030, pero repelido a sólo 400 metros del puente. Ellos también creyeron y esperaron alivio.

Días 2-4: 18-20 de septiembre de 1944

El 18, el 101 intentó encontrar otro puente útil, siendo Hijo destruido, pero fracasado. Se reunieron con los elementos principales de XXX Corps y les informaron que el puente de Son había sido destruido. Solicitaron un puente de Bailey pero fueron forzados a esperar mientras que los camiones de la fuente tuvieron que navegar los atascos extendidos extensos del tráfico, así como una ciudad nuevamente liberada.


Un destructor de tanques M10 cruza el puente de Bailey cerca de Son.

Su batalla aún no había terminado. La alfombra alemana bombardeó Eindhoven, quemando casi todo el centro de la ciudad. Durante los próximos días, el 101 repelió continua contraataques. Ellos aseguraron su posición y cavaron adentro. Entonces, una vez que pasaron XXX Cuerpo apagado al 82o en el 19, su parte en Market Garden estaba esencialmente terminada.

El 82o tuvo un tiempo más duro. Sus zonas de caída casi estaban rebasadas, y esto retrasó los refuerzos. Los suministros finalmente llegó por la noche. Sin embargo, resecuring significó retirar tropas de Nijmegen, retrasando su captura. Para el 19, se habían reunido con el XXX Cuerpo.

Los prisioneros alemanes esperan ser trasladados a la retaguardia, en Eindhoven.

Para que la operación tuviera éxito, necesitaban tomar el puente Nijmegen, lo que significaba ir a través de pequeñas embarcaciones para capturarlo. XXX Corps tenía barcos de asalto disponibles, pero de nuevo en la parte posterior de la columna, a más de 10 millas de distancia, con grandes atascos de tráfico entre.

Finalmente, por el vigésimo, 26 barcos llegaron y, batidos por los hombres de los 82 dirigidos por el comandante Julian Cook, remando desesperadamente a través del Waal.


Infantería británica que tira adelante de los barcos del asalto de la madera y de la lona que el 82.o utilizaría para cruzar el Waal y para capturar el puente de Nijmegen.

El asalto estaba a plena luz del día, pero apoyado por el humo y el fuego de los guardias irlandeses. Durante más de 4 horas el 82, apoyado por los guardias irlandeses, luchó sobre el puente de Nimega. Hacia 1830, el cuarto día de la operación, dos tanques de la Armadura de la Guardia lo cruzaron, para conectar con las tropas aerotransportadas.

200 paracaidistas murieron en el cruce del río, un alto costo para la victoria. Para entonces, la Operación debería haber terminado, con Arnhem capturado y la línea de frente movida 64 millas detrás de las líneas enemigas. XXX Corps estaban todavía a kilómetros de su objetivo.


Tanques británicos rodando sobre el recién capturado puente de Nijmegen.

Días 5-9: 21-25 de septiembre de 1944

Después de tomar Nijmegen, el 82 apoyó el avance de XXX Corp, mientras consolidaba sus posiciones hacia el sur. Estaban luchando un contraataque casi constante, especialmente en la larga carretera individual que XXX Cuerpo necesitaba para ejecutar suministros y refuerzos hacia delante.

Al día siete, era evidente que la Operación había fallado, pero las tropas Americanas Aerotransportadas mantuvieron su terreno y se quedaron en la zona hasta principios de noviembre.

viernes, 3 de noviembre de 2017

SGM: Operaciones de engaño contra los alemanes

Guerra de subterfugio - Cuatro grandes engaños militares de la Segunda Guerra Mundial


Andrew Knighton | War history Online



Los oficiales de HMS Seraph, el submarino seleccionado para la operación Mincemeat, diciembre de 1943.

La inteligencia militar era vital para la Segunda Guerra Mundial. Los trucos abundaban, ya que los comandantes trataban de engañar a sus oponentes acerca de sus planes.

Engañando a Rommel en Alamein

La inteligencia y la contrainteligencia jugaron un papel importante en la campaña de África del Norte. Ya en 1940, los británicos usaban agentes para hacer creer a los alemanes que los ataques venían en momentos y lugares cuando no lo eran. Resultó muy útil para distraer a los alemanes y exponer sus debilidades, por ejemplo cuando empezaron a faltar combustible.

El caso más extenso de esto vino durante los combates en Alamein en octubre a noviembre de 1942. Los alemanes habían sido engañados ya en la creencia en tropas ficticias y mal dirigidos sobre donde las fuerzas británicas fueron situadas. Este trabajo de desinformación se basó en señales de radio y agentes, pero podría ser socavado si el reconocimiento aéreo no coincidía.


Los británicos construyeron un oleoducto que se dirigía hacia el sur a través del desierto. Es la dirección del viaje y el tiempo que se tarda en erigir indicó que estarían suministrando un asalto importante en esa área, que se pondría en marcha a mediados de noviembre.

Mientras tanto, los preparativos reales estaban en curso hacia el norte. Tropas y vehículos estaban disfrazados para ocultarlos del reconocimiento aéreo. Cuando los británicos atacaron en el norte, envió a las fuerzas alemanas bajo Rommel vacilando. Se habían estado preparando en el sur.


Por Bundesarchiv - CC BY-SA 3.0 de


Operación Mincemeat

El engaño más famoso de la guerra, la operación Mincemeat era una parte pequeña pero significativa de una tela más amplia del engaño.

Tras su éxito en el norte de África, los Aliados se preparaban para invadir Italia, empezando por Sicilia. El problema era que era un objetivo tan obvio. Los alemanes y los italianos estaban obligados a poner resistencia dura.

Para contrarrestar esto, los aliados comenzaron una campaña de falsa información similar a la que se utiliza en África. Esto llevó a los alemanes a creer que habían interceptado inteligencia vital y descubierto lo que los Aliados no querían que ellos hicieran; que la invasión venía más al este.


Luego se utilizó la ingeniosa operación Mincemeat. El cuerpo de un civil muerto estaba vestido de oficial, con una falsa identidad y papeleo. Los planes para una supuesta invasión aliada se colocaron en su cuerpo. Luego se dejó en el mar en un lugar donde sería recogido por los lugareños simpáticos a las fuerzas del Eje.


Tarjeta de identidad naval del comandante Martin

Al parecer tropezando con los planes falsos por accidente, los alemanes y los italianos fueron completamente engañados. Las fuerzas se desviaron de la zona de invasión real. Se había puesto el terreno para una invasión más segura de Sicilia.

FUSAG

Mientras se preparaban para invadir Normandía, los Aliados se enfrentaron al llamado Muro Atlántico, una cadena de posiciones defensivas sustanciales a lo largo de la costa. Con 12.000 fortificaciones y 6.5 millones de minas, era un objetivo formidable. La mejor manera de debilitar la posición del enemigo era engañar a Hitler para que pensara que estaban atacando en otra parte.

El lugar obvio era el Estrecho de Dover, el punto más estrecho del Canal de la Mancha. Era un plan que tenía perfecto sentido, ya que sería la travesía más corta y permitiría el apoyo aéreo y de artillería desde el sudeste de Inglaterra. Tenía tanto sentido que Hitler pudiera creer fácilmente.

Los aliados crearon un ejército imaginario - el primer grupo del ejército de Estados Unidos (FUSAG). Encabezado por el general Omar Bradley, se suponía que estaba en Kent y tenía una sede en Bradley y su personal.

Los estudios y los teatros de la película proporcionaron los constructores del sistema que fueron traídos a Kent para crear un ejército simulado. Construyeron cuarteles y tiendas de campaña, tanques falsos y embarcaciones de desembarco, lo suficientemente convincentes como para engañar al reconocimiento aéreo alemán. Las ondas de Kent se inundaron con el tráfico de radio de las unidades inexistentes.

Cuando se acercó la fecha de la invasión, el general George S. Patton fue puesto a cargo. Patton había sido suspendido del comando verdadero para abofetear a soldados exhaustos. Esta publicación significaba que todavía era útil, ya que los alemanes temían su liderazgo agresivo y eficaz.


Tanque ficticio utilizado como parte de la operación FUSAG

Para agregar a la farsa, un herido oficial alemán en su camino a casa se mostró una enorme fuerza armada se reunieron en Kent, incluyendo Patton. Proporcionó testimonio de testigos a sus superiores que el ejército era real. En realidad, se le habían mostrado soldados en una parte diferente del país.

Funcionó. Hitler se centró en la defensa del Pas de Calais, no de las playas de invasión. Semanas después del Día D, todavía estaba reteniendo fuerzas de regreso listos para enfrentarse a FUSAG.


Operación Titanic 

En la noche en que las fuerzas aliadas partieron hacia Normandía, un nuevo engaño estaba en marcha.

Al igual que FUSAG, la Operación Titanic trataba de engañar a los alemanes para que redujeran sus defensas en áreas vitales. El objetivo de Titanic era el área alrededor de la playa de Omaha, donde ocurrieron los aterrizajes más difíciles y sangrientos.


Maniquí de paracaídas británico ahora en exhibición en el museo de la batería del arma de Merville en Francia

A última hora de la tarde del 5 de junio de 1944, cuarenta aviones de transporte despegaron del sur de Inglaterra. A bordo estaban diez soldados del Servicio Aéreo Especial (SAS), el regimiento de paracaídas de élite de Gran Bretaña. Acompañaban 500 "Ruperts" - maniquíes crudos hechos de la arena, de la paja y de la tela, cada uno con un paracaídas.

Poco después de la medianoche, tanto los Ruperts como los paracaidistas fueron arrojados sobre el campo francés, lejos de las playas del desembarco. Los maniquíes contenían artefactos incendiarios para que se prendieran fuego al aterrizar, quitando pruebas de que no habían sido verdaderos paracaidistas iniciando un ataque. Los verdaderos soldados tenían grabaciones de fuegos artificiales y gramofones con disparos de batalla falsos.

Alrededor de las 3 de la mañana, los alemanes respondieron a los informes de un ataque. Miles de soldados fueron desviados de la zona alrededor de la playa de Omaha para tratar con los diez hombres SAS y sus cientos de compañeros de paja.

Aquellos hombres del SAS fueron los primeros en dsembarcar el día D. Sólo dos de ellos regresaron a casa con vida, pero gracias a ellos cientos de vidas estadounidenses se salvaron en la playa de Omaha.

Fuentes:

Ralph Bennett (1999), Behind the Battle: Intelligence in the War with Germany 1939-1945.
Gordon Brown (2008), Wartime Courage.
Nigel Cawthorne (2004), Turning the Tide: Decisive Battles of the Second World War.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Factor sorpresa: 4 ataques clave de la Historia Militar

Ataques por sorpresa totalmente efectivos en la Historia Militar


William Mclaughlin |  War History Online



Los ataques sorpresa y las emboscadas pueden cambiar la marea de la guerra. Más a menudo que no, el lado que tiene la mayor base de la industria o la mano de obra gana en el final, pero en ocasiones una sorpresa bien programada y colocada puede dar la vuelta a las mesas, acelerar lo que sería una guerra demasiado larga, o dar el lado más pequeño un Oportunidad de luchar Aquí están algunas de las sorpresas mejor ejecutadas a lo largo de la historia.

1. La incursión nocturna de la Segunda Guerra Mundial en el puerto de Taranto

Sería difícil encontrar a alguien que no haya oído hablar del ataque a Pearl Harbor, pero pocos recuerdan el ataque ariel mucho más pequeño en el puerto italiano de Taranto. Esto tuvo lugar a comienzos de noviembre de 1940, y cambió el equilibrio de poder en el Mediterráneo de la época. Los ataques aéreos contra objetivos navales no eran desconocidos, pero su efectividad varió, a menudo dependiendo del número de defensas antiaéreas existentes tanto en los barcos como en los puertos, desde armas a globos o incluso a redes de captura de torpedos.

Al principio de la guerra, los británicos enfrentaron una poderosa marina italiana en gran parte estacionada en Taranto. Los italianos emplearon una estrategia de defensa de la región circundante sentándose firmemente en el puerto con una cantidad fuerte de potencia de fuego, en este caso, seis acorazados, 16 cruceros pesados ​​y ligeros, y 13 destructores.


El Fairy Swordfish, uno de los tipos de aviones implicados en el ataque. 

El pez espada de hadas, uno de los tipos de aviones que participarán en el ataque. Autor de la foto
Se decidió que un ataque aéreo nocturno podría hacer suficiente daño para cambiar la marea y pronto serían obsoletos, pero aún funcionales, los bombarderos biplanos reunidos en el recién construido portador HMS Illustrious. La flota italiana en Taranto estaba bien guardada por cañones antiaéreos y un puerto poco profundo con una malla anti-torpedo, pero no esperaban una incursión nocturna tan atrevida.


Movimientos de la tropa en la batalla de Taranto.

La primera oleada de bombarderos entró a eso de las 11 de la noche, su camino iluminado por una bengala. Un bombardeo ejecutó una picada en algunos tanques de petróleo que iluminaron más el puerto. El puerto tenía muchos globos de barreras, pero muchos habían sido volados recientemente, dejando a los bombarderos para que sean capaces de esquivar a los restantes.

El ataque se produjo en dos oleadas, hundiendo un acorazado y paralizando múltiples otros acorazados y cruceros, además de dañar el puerto e infligir muchas bajas. Los objetivos eran difíciles de identificar, y los bombarderos describieron la ejecución como infernal, uno respondiendo a una solicitud para otra carrera diciendo "sólo pidieron a la Brigada Ligera que lo hiciera una vez".

A pesar del fuego antiaéreo, sólo dos aviones fueron derribados. Una de las tripulaciones de dos hombres fue capturada. El otro fue asesinado. Comparando los daños, especialmente teniendo en cuenta la pequeña escala del compromiso, el ataque a Taranto fue un éxito asombroso. La marea se había convertido ciertamente en el Mediterráneo como la marina británica era capaz de ejercer mucha más influencia, aunque el equilibrio de poder cambió de nuevo a medida que la guerra avanzaba.


2. Sin salida - Anibal destruye un ejército romano

Cuando Hannibal invadió Italia en el 218 BCE, él tomaba en un powerhouse romano que tenía una piscina potencial enorme de soldados bien-entrenados. Aníbal tendría que ganar victorias decisivas para demostrar su seriedad y la incapacidad del ejército romano para detenerlo.

Su primera gran batalla en Italia en Trebia fue un éxito incompleto cuando el centro romano se liberó y escapó. Más profundamente en las colinas boscosas de Italia, Aníbal intentó atrapar a todo un ejército romano. Aprovechando la búsqueda excesivamente agresiva del general romano Flaminius, Aníbal llevó a los romanos a un estrecho sendero entre el lago Trasimene y las colinas.

Aníbal había puesto una pequeña fuerza en el otro lado del lago con grandes cantidades de equipaje, fuego y mucho humo para dar a entender que eran la retaguardia de su ejército marchando o preparándose para marchar justo sobre la siguiente colina. Flaminius tomó el cebo y envió a sus hombres en una columna de búsqueda para marchar rápidamente por el camino estrecho entre las colinas y la costa.



Poco sabía Flaminius que las colinas que estaba apretando más allá contenían la gran mayoría del ejército oculto de Aníbal. Una vez que la fuerza de Flaminius había sido enterrada en la brecha, los cartagineses bajaron por las colinas, rompiendo la desorganizada columna de la marcha romana. Casi toda la fuerza de 30,000 hombres fue asesinada o capturada. Muchos hombres se ahogaron en el lago, apartados de cualquier posibilidad de retirada.

Ocultar un ejército entero y coordinar un ataque simultáneo era increíblemente difícil en el mundo antiguo, la batalla del lago Trasimene cae en la historia como un testamento a Aníbal asombroso general. En términos de mano de obra, sigue siendo la mayor emboscada exitosa en la historia. Apenas un año más tarde lanzaría otra trampa exitosa en campo abierto contra una fuerza mucho más grande en la batalla de Cannae.

3. El ataque flanqueante de Stonewall Jackson en Chancellorsville

Profundamente en la guerra civil americana, el ejército confederado del general Robert E. Lee estaba en peligro de ser atrapado por una fuerza mucho más grande. Los generales de la Unión John Sedgwick y Joseph Hooker estaban al mando del ataque. Sedgwick sostuvo el flanco oriental mientras que el General Hooker atacó desde el noroeste con un ejército casi el doble del tamaño de Lee.

Lee dividió audazmente a su ejército en tres y envió al general Thomas "Stonewall" Jackson con un enorme pedazo de su fuerza para flanquear a los atacantes.


La acción de acompañamiento fue impresionantemente grande y abrumadoramente eficaz.

Este ataque flanqueante no fue una fuerza diversionaria pequeña - Jackson tomó cerca de 2 / 3rds de la fuerza occidental en el ataque, dejando sólo una pequeña fuerza defensiva bajo Lee. El tamaño de la fuerza significaba que Jackson tenía que llevar a sus hombres al sur, luego al oeste y finalmente al norte y al este para mantenerlos ocultos. La larga marcha dio sus frutos, y el ataque de Jackson tomó a las tropas de la Unión por completa sorpresa. El ataque fue exitoso y sólo se detuvo al caer la noche, lo que desafortunadamente llevó a la muerte de fuego amigable de Stonewall Jackson mismo.

Al día siguiente, sin embargo, Lee y la fuerza flanqueante fueron capaces de derrotar a la fuerza numéricamente superior bajo Hooker antes de dirigirse hacia el este para sacar a Sedgwick. En una de las batallas más impresionantes de Lee, fue capaz de tomar más de la mitad de su fuerza y ​​con éxito flanquear a un ejército mucho más grande, todo frente a un ejército separado en su flanco, y logró derrotar a ambos con una eficiencia extraordinaria.


4. Operación Focus: El ataque aéreo del Sinaí

Israel no es ajeno a estar rodeado de naciones y personas hostiles, viven con ella todos los días y tienen por generaciones. En 1967, Israel enfrentó una guerra inminente con las naciones vecinas de Egipto, Siria y Jordania, con muchas otras naciones apoyando a esos tres. El territorio limitado de Israel hizo blancos fáciles para los combatientes enemigos y los bombarderos. Esto, combinado con la perspectiva de enfrentar a los enemigos con el número combinado de tropas y tanques muchas veces lo que Israel podía lanzar, condujo a la idea de un ataque aéreo preventivo.

Egipto tenía la fuerza aérea más moderna de los enemigos de Israel y se convirtió en un blanco importante para la huelga planeada. Los aviones israelíes volaron bajo sobre el Mediterráneo antes de girar hacia el sur hacia Egipto. Volaron bajo el alcance del radar y por debajo de la altura efectiva de los misiles tierra-aire de Egipto. Los cazas bombardearon a los aviones egipcios fácilmente, ya que muchos no estaban bajo hangares endurecidos. Se lanzaron bombas especiales en los aeródromos, que fueron construidas específicamente para causar daños fuertes a las pistas.


Los aviones israelíes golpearon rápido y duro, con los egipcios no atinando a dar ninguna respuesta.

La primera oleada de poco menos de 200 aviones de la IAF causó daños sustanciales antes de regresar a sus bases para repostar y rearmarse. Los pocos aviones egipcios que fueron capaces de despegar fueron rápidamente superados en número y derribados, y la IAF dañó más aeródromos y otros lugares estratégicos.

Una tercera ola en el primer día fue desviada hacia Siria y Jordania cuando esos países enviaron bombarderos de represalia a Israel. Esta ola causó un daño catastrófico y paralizó el poder aéreo de todas las naciones que luchan contra Israel. En la subsiguiente guerra terrestre, la fuerza aérea israelí continuó atacando aeródromos y radares con gran éxito. La asistencia de la IAF en los compromisos terrestres alteró en gran medida el equilibrio de poder de la guerra.


La superioridad aérea de Israel permitió su rápida conquista del Sinaí

El ataque aéreo que anunció el comienzo de la Guerra de los Seis Días fue un poderoso ejemplo de la importancia de la superioridad aérea y la eficacia de los ataques rápidos en la guerra moderna. Aunque el ataque aéreo preventivo ha sido polémico, sin duda logró sus objetivos.

Por William McLaughlin para la historia de la guerra en línea

miércoles, 1 de noviembre de 2017

SGM: El Protocolo de Londres

73 años de Alemania descuartizada

Es algo confuso el "Protocolo de Londres", ya que existen 9 versiones del Protocolo, que van desde el de 1814 hasta el de 2004. Entonces, cuando se habla del "Protocolo de Londres", ¿de cuál de todos se habla? Hay uno que fue firmado el 12/09/1944, o sea que hoy se cumplen 73 años, y fue el 6to. "Protocolo de Londres".
Urgente24



Mapa de la división de Alemania y de Berlín.


La 2da. Guerra Mundial finalizó el 08/05/1945. Adolf Hitler se suicidó el 30/04/1945. Pero en septiembre de 1944, la contienda ya había tomado una tendencia irreversible, al menos para el Alto Mando aliado. Entonces hubo una reunión en la que se acordó la división de Alemania cuando llegara la paz.


Los aliados eran la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el Reino Unido (Gran Bretaña e Irlanda del Norte), USA, Polonia y Francia. Sin embargo, quienes liderarían lo que se conoció como la Ocupación Aliada de Alemania fueron el Reino Unido, la URSS y USA.

Francia tenía bastantes problemas con su propia reconstrucción y Polonia pasó a ser un aliado a su pesar de la URSS, hasta que cayó el llamado Pacto de Varsovia, que coincidió con la reunificación de Alemania.

En septiembre de 1944 se reunió en Londres la Comisión Consultiva Europea (URSS, USA y Reino Unido) para el 6to. "Protocolo de Londres", que trataba de la ocupación de Alemania, su divisón territorial, la prohibición de armarse y una interferencia en todas sus instituciones, apostando a que la influencia de estos triunfantes países impediría repetir un Hitler.

En verdad, Franklin D. Roosevelt, Winston Churchil y Yoséf Stalin estaban repartiéndose el mundo. Debe recordarse que Hitler y Stalin ya se habían repartido Europa, antes de la Operación Barbaroja (la traición de Alemania a la URSS). Y USA y el Reino Unido habían sido aliados en la 1ra. Guerra.

Al finalizar la 2da. Guerra, los países anexados por Alemania recobraron su independencia, tal como fue el caso de Austria y Checoslovaquia. Otros territorios anexados por Hitler pero pertenecientes a otros países, fueron reintegrados: zonas de Bélgica, Francia, Luxemburgo, Polonia y Yugoslavia.

En cuanto a Alemania, lo que comenzó en Londres avanzó en la conferencia de Yalta (entre el 04/02/1945 y el 11/02/1945), cuando se decidió que:

  • los británicos quedarían a cargo de los estados de Schleswig-Holstein, Hamburgo, Baja Sajonia y el actual estado de Renania del Norte-Westfalia (Norte/Noroeste);
  • USA se quedaría con los estados de Baviera, Hesse, Wurtemberg-Baden y el puerto de Bremen (Sur/ Sureste);
  • los franceses obtuvieron el control de los estados de Renania-Palatinado, Baden, Wurtemberg-Hohenzollern y el distrito de Lindau (Oeste/Suroeste); y
  • los soviéticos se quedaron con Turingia, Sajonia, Sajonia-Anhalt, Brandeburgo y Mecklemburgo-Pomerania Occidental (Este y Noreste).





Pero lo que le resultaba clave a USA, URSS y Reino Unido era la capital, Berlín, y sobre esto trató el "Protocolo" que dividió en 4 el Gran Berlin, aunque en verdad fue un sector occidental, ocupado por estadounidenses, británicos y franceses con 480 Km2 de extensión y 2.200.000 habitantes; y el oriental, ocupado por los soviéticos, con 400 Km2 y 1.100.000 habitantes.

El Gran Berlín, constituido de acuerdo con la ley municipal del 27/04/1920: casi 880 Km2, con una población de 5.300.000 habitantes.

El "Protocolo de Londres" tuvo un Protocolo adicional, del 14/11/1944 que aclaró que esa ocupación se realizaba "(...) para dirigir conjuntamente la administración del territorio del Gran Berlín".

Faltaba un nuevo protocolo, del 26/06/1945 -el mismo día que la Carta de Naciones Unidas inició la Organización de Naciones Unidas, en San Francisco, California (USA)- aclarando que Francia participaba con igualdad de derechos en la "administración conjunta del Gran Berlín".

La ocupación concedía el total y completo control sobre los recursos alemanes, comenzando por las políticas de desmilitarización, desnazificación, democratización y descentralización. También debían ser abolidas las leyes discriminatorias, debía controlarse el sistema educativo y judicial, y arrestarse y llevarse a juicio a los criminales de guerra.

El 02/05/1945, Josip Vissarianovich Stalin anunció la conquista de Berlín. 11 días después, el general en jefe de la Administración Militar Soviética, mariscal Grigori Zukov, confirmó en su cargo a los nuevos miembros del Ayuntamiento de Berlín nombrados por el comandante soviético de la ciudad, general Nikolaï Erastovitch Berzarine. Los elegidos tomaron posesión de su cargo 6 días después.

Los aliados llegaron a Berlín 01/06/1945 y su instalación se demoró hasta el 04/07/1945. La presencia de los aliados fue precedida por un engorroso intercambio de telegramas entre el presidente Harry S. Truman (Roosevelt había muerto), el 1er. ministro Winston Churchill y Stalin.

En los Protocolos se mencionaba el libre acceso de las Fuerzas Aliadas "por vía aérea, terrestre y de ferrocarril a Berlín". Y la Conferencia de los Comandantes Supremos de las potencias de ocupación -Berlín, 29/06/1945- sostuvo: "Se ha convenido que todo el tráfico -aire, carretera, vía férrea- estará libre de controles fronterizos o del control por funcionarios de aduanas o por autoridades militares".

Para intentar la administración conjunta se creó la IAMC (Comandancia Militar Interaliada), que se constituyó el 11/07/1945. Pero el 17/07/1945 se reunieron en Potsdam -un barrio de Berlín- Truman, Churchill y Stalin, para una cumbre sobre el mundo que venía.

En Potsdam se decidió que en tanto durase la ocupación, habría libertad de acceso a Berlín y tratamiento de toda Alemania como una unidad económica.

Por este motivo se creó, al margen de la Comandancia Militar, el Consejo Aliado de Control, con sede en Berlín, que empezó a trabajar el 20/08/1945. Pero las bombas atómicas sobre Japón cambiaron todo: sumó resquemor a la desconfianza preexistente. Comenzó la Guerra Fría. Y fracasó la idea de la administración conjunta: Berlín Occidental y Berlín Oriental.

El 20/03/1948 los soviéticos abandonaron el Consejo de Control Aliado y el 16/06/1948 dejaron la Comandancia Militar. El 22/06/1948 los consejeros de Hacienda y Economía de los 4 países ocupantes discreparon muy fuerte sobre las reformas económicas. Los soviéticos pretendían que la moneda que se utilizase en el Gran Berlín debía ser la misma que en el resto de la zona de ocupación soviética.

Los occidentales se negaron y lanzaron en Berlín Occidental el marco del Bom/e Deutscber Lánder, el marco occidental, moneda clave para el llamado 'milagro alemán'.

Ya no había "libertad de acceso a Berlín": los soviéticos controlaban la identidad y los equipajes de los viajeros occidentales, especialmente los militares; detenían los trenes; restringían el envío de paquetes postales y los permisos para la navegación fluvial.



A la circulación del Deutsche Mar/e, los soviéticos respondieron cortando la corriente eléctrica y el suministro de carbón a las zonas occidentales.

El 24/06/1948, con la excusa de unas reparaciones en los puentes sobre el río Elba, cortaron la circulación por autopista, ferrocarril y navegación de los canales.

Durante 48 horas, los occidentales debatieron qué hacer. El 26/06/1948 el presidente Truman ordenó el abastecimiento de la ciudad por vía aérea, "hasta que se encuentre una solución diplomática".

El 28/06/1948, 150 aviones aterrizaron en el aeródromo de Tempelhof, transportando 400 toneladas de abastecimiento, el 30% de las necesidades de los sitiados.

El 20/07/1948, ya llegaban 2.400 toneladas diarias, y más tarde 4.500 toneladas.

Los occidentales mantuvieron el puente aéreo hasta que los soviéticos levantaron el bloqueo el 12/05/1949: se habían realizado 200.000 vuelos, con un total de más de 2 millones de toneladas de alimentos, carbón, etc.

Ya llegaría el Muro de Berlín. En definitiva, el Protocolo de Londres fue un efímero intento de que acordaran soviéticos, estadounidenses y británicos. Pero sirvió para impedir lo que Hitler esperaba: el choque entre ellos al converger sobre Alemania.

Curiosamente, en la Alemania comunista todo fue mucho más traumático y difícil que en la Alemania occidental, donde hubo un juicio de los jerarcas nazis, pero luego una inclusión progresiva del resto de los ex combatientes a una sociedad que pudo retomar rápidamente el crecimiento económico y social.

martes, 31 de octubre de 2017

Nazismo: La oficialidad alemana y sus cambios

Cómo Hitler transformó el cuerpo de oficiales alemanes antes y durante la Segunda Guerra Mundial

Andrew Knighton | War History Online




Por Bundesarchiv - CC BY-SA 3.0 de


Como líder de Alemania, Hitler transformó el cuerpo de oficiales. Trajo sangre fresca al ejército. También creó problemas, algunos de los cuales finalmente condujeron a la debilidad y la violencia.


Antes de Hitler: Trabajando en Versalles

Antes de que Hitler subiera al poder en 1933, el ejército alemán quedó confinado por el tratado de Versalles. El acuerdo, implementado al final de la Primera Guerra Mundial, limitó severamente al ejército alemán. El personal general fue abolido, y el Colegio de Personal cerrado. El ejército estaba limitado a 100.000 hombres en total, y menos tropas significaba menos oficiales. En resumen, Versalles limitó severamente al cuerpo de oficiales.

Una élite accidental

Al hacerlo, los Aliados pretendían debilitar y limitar el grupo de talentos de comando disponibles para los alemanes. En su lugar, fomentaron una élite.


En la limitada economía de la Alemania posterior a la Segunda Guerra Mundial, los empleos seguros eran escasos. El asentamiento de Versalles declaró que los que servían en el ejército tenían que hacerlo durante doce años, una medida destinada a impedir que Alemania creara reservas de soldados entrenados. Hizo soldiering uno de los trabajos más estables. En lugar de ser relegados a trabajar en un ejército disminuido, hombres calificados y educados se sintieron atraídos por él.

El Reichstag estableció un alto estándar para aquellos que solicitan convertirse en oficiales. Como resultado, los mejores y más brillantes de los solicitantes obtuvieron los puestos disponibles limitados.

La fortaleza de la tradición


Muchos de los que se unían al cuerpo de oficiales provinieron de las clases altas. Tenían la educación y las conexiones para entrar y estaban motivados por un fuerte sentido de tradición patriótica.

Esto llevó a un cuerpo de oficiales que era conservador y tradicionalista. Hindenburg, uno de sus representantes más famosos, se detuvo para saludar el asiento vacío del Kaiser largamente destronado en su manera de ver a Hitler tomar el poder.

La cultura fue reforzada por la falta de oportunidades para la promoción o para que los jóvenes se unieran. En 1933, la edad promedio de un coronel alemán era 56.


Expansión

El rearme era una característica clave de la agenda de Hitler. Al tomar el poder, aumentó enormemente el tamaño del ejército, pasando de 7 a 21 divisiones. Se añadieron la artillería, los tanques y la Luftwaffe. En sólo seis años, entre el reclutamiento alemán y la absorción del ejército austríaco, él trajo al ejército hasta 103 divisiones.

Esto llevó a un gran aumento en el reclutamiento de oficiales. La cultura del cuerpo de oficiales se transformó.

Transformación

Los nuevos reclutas tendían a ser muy diferentes de los que habían venido antes. En lugar de los aristócratas que vivían en el campo, provenían de las masas urbanas. Muchos eran miembros del partido nazi y productos de la Juventud Hitleriana. Enérgicos e ideológicamente impulsados, buscaban el cambio sobre la tradición. Abrieron nuevos caminos de lucha y nuevas actitudes hacia la sociedad.

Favorecidos por el establishment político, subieron a través de las filas.

Hitler había hecho que el cuerpo de oficiales fuera mucho más grande, más joven y más dinámico; pero llegó a un precio.


Divisiones


Grandes divisiones surgieron dentro del ejército.

Los nuevos oficiales vieron a la vieja guardia como demasiado conservadora y fuera de contacto con la guerra moderna. Políticamente, los dos grupos también estaban en desacuerdo. Mientras que la elite tradicional alemana trabajaba con los nazis, no era una alianza cómoda. Valoraban la estabilidad y la seguridad y despreciaban a las masas a las que Hitler apelaba.

Las divisiones deliberadas significaron que la coordinación dentro del ejército empeoró. Hitler desarrolló personal militar separado, incluido el suyo propio. El SS emergió como una fuerza militar, distinta del ejército pero compartiendo sus deberes. Haciéndose la conexión clave entre ellos, Hitler controlaba a sus subordinados a través de una estrategia de división y conquista que obstaculizaba la cooperación.

Eliminando la Independencia

Aparte de la expansión y la división, el otro cambio más importante de Hitler fue privar a los militares de su independencia. El Ministerio de Guerra fue abolido en 1938, reemplazado por el propio grupo de Comando Supremo de Hitler (OKW). Él substituyó al jefe conservador de los militares y tomó eventual la posición del comandante en jefe él mismo.

Fue un enfoque que permitió a Hitler supervisar a los oficiales más de cerca y mantenerlos siguiendo su agenda. Sin embargo, al privarlos de la independencia, redujo su capacidad de iniciativa.

Sentimientos de enfermos alrededor de OKW

No es de sorprender que las restricciones a su independencia crearan resentimiento de muchos oficiales, especialmente la vieja guardia. OKW, la voz de Hitler, se convirtió en un objetivo principal del resentimiento.

No ayudó a que los principales oficiales del OKW fueran todos retirados del ejército. Alemania era principalmente una potencia terrestre, por lo que era natural que el ejército proporcionara muchos comandantes de alto rango. Sin embargo, sin incluir la marina de guerra creado resentimiento. Los comandantes de acorazados y submarinos arriesgaron sus vidas luchando contra los Aliados en el Atlántico. Sabían que su perspectiva y preocupaciones eran secundarias a las de sus compañeros de tierra.

Falta de disentimiento

Además de eliminar la independencia de la acción, Hitler ahogó la libertad de expresión. Las voces disidentes fueron fuertemente desalentadas por un régimen que dependía de la intimidación para mantener su dominio. Hitler raramente respondía bien a cualquiera que no estuviera de acuerdo con él.

Algunos oficiales trataron de decirle al Fuhrer cuando pensaban que estaba equivocado. Heinz Guderian lo hizo repetidamente y fue despedido por ello. No era el único.

El antiguo cuerpo de oficiales había sido conformista por la cultura, pero al menos había habido el potencial de expresar opiniones diferentes. Antes de la Primera Guerra Mundial, había desarrollado algunos de los más avanzados y articulados pensamiento sobre la guerra moderna. Bajo Hitler, sólo había la línea del partido y no disentir.

Debilidad y Revuelta

El resultado fue un cuerpo de oficiales que carecía de la independencia para corregir los errores de su líder y la fuerza del carácter para oponerse a él. Un núcleo de talentosos tradicionalistas se sentaba en oposición a una masa más grande, más motivada, pero menos dotada de hombres modernos.

Bajo Hitler, el cuerpo de oficiales alemanes ganó nuevos talentos, ideas y energía. También aumentó el resentimiento y las limitaciones que lo debilitaron y finalmente condujo a los intentos de los oficiales resentidos de asesinar a Hitler.

jueves, 26 de octubre de 2017

SGM: ¿De donde viene la cifra de 6 millones de judíos exterminados?

¿Por qué hablamos de seis millones de muertos en el Holocausto?

Nunca se podrá precisar el número de judíos asesinados por los nazis. Los expertos manejan una cifra entre cinco y seis millones



GUILLERMO ALTARES | El País



Proceso de selección de prisioneros judíos a su llegada a Auschwitz. ALBUM DE AUSCHWITZ / YAD VASHEM

Raul Hilberg, el gran historiador del Holocausto, consideraba que siempre se había tratado de contar la Shoah a través de los relatos de los supervivientes, cuando sólo se puede narrar a través de los muertos. La mayoría de víctimas del genocidio nazi fueron asesinadas nada más bajar de un vagón en cámaras de gas de lugares que resuenan en la memoria como Auschwitz, pero también en otros de los que apenas quedan restos, como Treblinka, Belzec o Sobibor.


El diario israelí Haaretz se preguntaba en agosto de dónde sale la cifra que mide universalmente ese horror (seis millones de judíos muertos) y por qué es tan difícil precisar un número de víctimas. La respuesta apunta a esa inmediatez: los muertos no dejaron testimonios, pero tampoco muchos documentos, pues nunca fueron censados. Tampoco los fusilados masivamente en la URSS desde junio de 1941. Otra respuesta es la magnitud de los crímenes nazis, imposible de imaginar y, por ello, de medir.

Los dos principales centros de documentación de la Shoah, el Yad Vashem de Jerusalén y el Museo del Holocausto de Washington, emplean los canónicos seis millones. Este último dedica un detallado análisis a las cifras, aunque recuerda que ningún documento nazi cifra el número de judíos, ni de otros grupos, asesinados entre 1933, cuando Hitler llega al poder, y 1945, final de la II Guerra Mundial. Las estadísticas se basan en todo tipo de censos e investigaciones posteriores. Los números de esta institución se reflejan en el gráfico.





Auschwitz (un millón de muertos, de ellos 870.000 gaseados nada más llegar), Treblinka (925.000) y la actuación de los Einsatzgruppen (unidades móviles de exterminio) en la URSS (1,3 millones) concentran más de la mitad de víctimas judías. Los guarismos de Treblinka resultan especialmente espeluznantes: tenía unas instalaciones muy pequeñas, un andén de llegada y cámaras de gas, destruidas por los nazis cuando terminaron de usarlas. Estuvo operativo de julio de 1942 a noviembre de 1943. Sus restos nunca se han terminado de investigar.

Hilberg (1926-2007) dedicó toda a su vida a estudiar el Holocausto, conocimiento que plasmó en su insoslayable La destrucción de los judíos europeos (Akal). En su epílogo, explica la cifra de seis millones y ofrece su propio recuento: 5,1 millones. Llegó a esta conclusión en 1985, antes de caer la URSS, y es posible que hubiese cambiado datos de haber podido seguir estudiando.

Atribuye la cifra de seis millones a William Höttl, un antiguo SS, quien declaró en 1945 que fue usada por Adolf Eichmann, el arquitecto de la solución final, en agosto de 1944: habló de “dos millones de fusilados y cuatro millones en los campos de exterminio”. En cambio, el propio Eichmann habló a otros jerarcas nazis de cinco millones, la misma que citó en su juicio en Jerusalén en 1961. Hilberg recuerda que fue el oficial de las SS que manejaba más estadísticas.


Tierras de sangre

En junio de 1945, el Instituto de Asuntos Judíos de Nueva York situó el total entre 5.659.600 y 5.673.100, de ellos 1.250.000 asesinados en la URSS. En 1946, el Congreso Mundial Judío apuntó 5.978.000, 1,5 millones en la URSS.

Hilberg desgrana todo el papeleo administrativo del terror para llegar a los 5,1 millones repartidos así: campos de exterminio, más de 3.000.000 de muertos; fusilamientos por los Einsatzgruppen, 1.300.000, y guetos y privaciones, 800.000.

Otro gran historiador de la Shoah, Saul Friedländer (Praga, 1924), superviviente él mismo del Holocausto, cuyos padres fueron asesinados en Auschwitz, explica en El Tercer Reich y los judíos (Galaxia Gutenberg) que “pese a diversos cómputos, no es posible la estimación exacta del número de víctimas”. Maneja el dato de Hilberg y el de otro experto, Wolfgang Benz: un mínimo de 5.290.000 y un máximo justo por encima de los seis millones.

En Tierras de sangre, Timothy Snyder (Ohio, 1969) ofrece una estadística atroz que ilustra la dimensión de los totalitarismos que asolaron Europa a partir de los años treinta. Cifra en 14 millones las “víctimas políticas directas deliberadas” del nazismo y el comunismo —no cuenta las víctimas de la guerra— en lo que llama Tierras de Sangre: los países dominados por la URSS o Alemania —no incluye Estados donde hubo atrocidades como Rumania o Yugoslavia—. Sus cifras son: 3,3 millones de soviéticos muertos de hambre en Ucrania; 700.000 víctimas del Gran Terror de Stalin; 200.000 polacos ejecutados entre 1939 y 1941 por la URSS; 4,2 millones de soviéticos muertos de hambre bajo la ocupación nazi; 5,4 millones de judíos gaseados o fusilados; 700.000 civiles asesinados por los alemanes en represalias.

Cada uno es una historia, alguien arrancado a la vida en un torbellino de horror. Una cifra de Friedländer puede resumir la dimensión de la catástrofe: más de millón y medio de los judíos asesinados tenían menos de 14 años.

miércoles, 25 de octubre de 2017

SGM: Stalin, no USA, hace pedir la paz a Japón

La bomba nuclear no venció a Japón - Stalin fue


Ward Wilson, Política Exterior
Business Insider


Bombardeo de Hiroshima

Vista aérea del bombardeo de Hiroshima el 6 de agosto de 1945. US Department of Energy
El uso estadounidense de armas nucleares contra Japón durante la Segunda Guerra Mundial ha sido durante mucho tiempo un tema de debate emocional.

Inicialmente, pocos cuestionaron la decisión del presidente Truman de lanzar dos bombas atómicas, sobre Hiroshima y Nagasaki. Pero en 1965, el historiador Gar Alperovitz argumentó que, aunque las bombas obligaron a poner fin inmediatamente a la guerra, los líderes japoneses habían querido rendirse de todos modos y probablemente lo hubieran hecho antes de la invasión estadounidense planeada para el 1 de noviembre.

Por lo tanto, su uso era innecesario.

Obviamente, si los bombardeos no eran necesarios para ganar la guerra, entonces el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki estaba equivocado. En los 48 años transcurridos desde entonces, muchos otros se han sumado a la contienda: algunos hacen eco de Alperovitz y denuncian los bombardeos, otros reafirman que los bombardeos eran morales, necesarios y salvavidas.

Ambas escuelas de pensamiento, sin embargo, suponen que el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki con armas nuevas y más poderosas forzó a Japón a rendirse el 9 de agosto. No cuestionan la utilidad del bombardeo en primer lugar - preguntar, en esencia , ¿funcionó? La visión ortodoxa es que, sí, por supuesto, funcionó. Los Estados Unidos bombardearon Hiroshima el 6 de agosto y Nagasaki el 9 de agosto, cuando los japoneses finalmente sucumbieron ante la amenaza de nuevos bombardeos nucleares y se rindieron. El apoyo a esta narración es profundo. Pero hay tres problemas importantes con él, y, en conjunto, socavan de manera significativa la interpretación tradicional de la rendición japonesa.

Sincronización

El primer problema con la interpretación tradicional es el tiempo. Y es un problema serio. La interpretación tradicional tiene una línea de tiempo simple: La Fuerza Aérea del Ejército de Estados Unidos bombardea a Hiroshima con un arma nuclear el 6 de agosto, tres días después bombardean Nagasaki con otra, y al día siguiente los japoneses señalan su intención de rendirse. Culpar a los periódicos estadounidenses por los titulares como: "La paz en el Pacífico: ¡Nuestra bomba lo hizo!"



La Prefectura de Hiroshima sala de promoción destripado Industrial (R), actualmente conocido como la Cúpula de la Bomba Atómica, o una bomba-Dome, se observa después del bombardeo atómico de Hiroshima, Japón, el 6 de agosto de 1945, en esta foto folleto tomada por el Ejército de Estados Unidos en Noviembre de 1945, y distribuido por el Museo de la Paz de Hiroshima. REUTERS / U.S. Ejército / Museo conmemorativo de la paz de Hiroshima / Folleto vía Reuters

Cuando la historia de Hiroshima es contada en la mayoría de las historias americanas, el día del bombardeo - el 6 de agosto - sirve como clímax narrativo. Todos los elementos de la historia apuntan hacia ese momento: la decisión de construir una bomba, la investigación secreta en Los Álamos, la primera prueba impresionante, y la culminación final en Hiroshima. Se dice, en otras palabras, como una historia sobre la bomba. Pero no se puede analizar la decisión de Japón de entregarse objetivamente en el contexto de la historia de la bomba. La interpretación como "la historia de la bomba" ya presupone que el papel de la bomba es central.

Desde el punto de vista japonés, el día más importante de esa segunda semana de agosto no fue el 6 de agosto sino el 9 de agosto. Ese fue el día en que el Consejo Supremo se reunió -por primera vez en la guerra- para discutir la rendición incondicional. El Consejo Supremo era un grupo de seis miembros de alto rango del gobierno -una especie de gabinete interno- que gobernó efectivamente a Japón en 1945. Los líderes de Japón no habían considerado seriamente renunciar antes de ese día. La rendición incondicional (lo que los Aliados exigían) era una píldora amarga para tragar.

Estados Unidos y Gran Bretaña ya estaban convocando juicios de crímenes de guerra en Europa. ¿Y si decidieran poner a prueba al emperador -que se creía divino? ¿Y si se deshacían del emperador y cambiaban la forma de gobierno por completo? A pesar de que la situación era mala en el verano de 1945, los líderes de Japón no estaban dispuestos a considerar renunciar a sus tradiciones, sus creencias o su forma de vida. Hasta el 9 de agosto. ¿Qué podría haber ocurrido que les hizo cambiar repentina y decisivamente sus mentes? ¿Qué los hizo sentarse a discutir seriamente la entrega por primera vez después de 14 años de guerra?

No podía haber sido Nagasaki. El bombardeo de Nagasaki se produjo a última hora de la mañana del 9 de agosto, después de que el Consejo Supremo ya había comenzado a reunirse para discutir la rendición, y la noticia de los bombardeos sólo llegó a los líderes de Japón en la tarde - después de la reunión del Consejo Supremo había aplazado En un punto muerto y se había convocado al pleno del gabinete para que retomara la discusión. Basado en el tiempo solo, Nagasaki no puede haber sido lo que los motivó.

Hiroshima tampoco es un candidato muy bueno. Llegó 74 horas - más de tres días - antes. ¿Qué tipo de crisis tarda tres días en desarrollarse? El sello de una crisis es una sensación de desastre inminente y el abrumador deseo de actuar ahora. ¿Cómo podrían los líderes de Japón haber sentido que Hiroshima provocó una crisis y aún no se reunió para hablar del problema durante tres días?

El presidente John F. Kennedy estaba sentado en la cama leyendo los periódicos de la mañana a las 8:45 am del 16 de octubre de 1962, cuando McGeorge Bundy, su asesor de seguridad nacional, entró para informarle que la Unión Soviética estaba secretamente poniendo misiles nucleares En Cuba. En dos horas y cuarenta y cinco minutos se creó un comité especial, sus miembros fueron seleccionados, contactados, llevados a la Casa Blanca, y se sentaron alrededor de la mesa del gabinete para discutir lo que debía hacerse.

El presidente Harry Truman estaba de vacaciones en Independence, Missouri, el 25 de junio de 1950, cuando Corea del Norte envió sus tropas a través del paralelo 38, invadiendo Corea del Sur. El secretario de Estado Acheson llamó a Truman el sábado por la mañana para darle la noticia. En menos de 24 horas, Truman había viajado a mitad de camino a través de los Estados Unidos y estaba sentado en Blair House (la Casa Blanca estaba siendo renovada) con sus principales asesores militares y políticos hablando de qué hacer.


Una enorme extensión de ruinas de la explosión de la bomba atómica el 6 de agosto de 1945 en Hiroshima - 140.000 personas murieron a causa de la desastrosa explosión. AP

Incluso el general George Brinton McClellan - el comandante de la Unión del ejército del Potomac en 1863 durante la guerra civil americana, de quien el presidente Lincoln dijo tristemente, "él tiene los retarda" - perdido solamente 12 horas en que le dieron una copia capturada de Órdenes del general Robert E. Lee para la invasión de Maryland.

Estos líderes respondieron - como líderes en cualquier país - a la llamada imperativa que crea una crisis. Cada uno tomó pasos decisivos en un corto período de tiempo. ¿Cómo podemos cuadrar este tipo de comportamiento con las acciones de los líderes de Japón? Si Hiroshima realmente provocó una crisis que finalmente obligó a los japoneses a rendirse después de 14 años de pelea, ¿por qué les llevó tres días sentarse a discutirlo?

Se podría argumentar que el retraso es perfectamente lógico. Tal vez sólo llegaron a darse cuenta de la importancia del bombardeo lentamente. Tal vez no sabían que era un arma nuclear y cuando se dieron cuenta y comprendieron los terribles efectos que tal arma podía tener, naturalmente concluyeron que tenían que rendirse. Desafortunadamente, esta explicación no cuadra con la evidencia.

En primer lugar, el gobernador de Hiroshima informó a Tokio el mismo día en que Hiroshima fue bombardeada, que aproximadamente un tercio de la población había muerto en el ataque y que dos tercios de la ciudad habían sido destruidos. Esta información no cambió en los próximos días. Así que el resultado - el resultado final del bombardeo - estaba claro desde el principio. Los líderes de Japón sabían aproximadamente el resultado del ataque en el primer día, pero todavía no actuaron.

En segundo lugar, el informe preliminar preparado por el equipo del Ejército que investigó el bombardeo de Hiroshima, el que dio detalles sobre lo que había sucedido allí, no fue entregado hasta el 10 de agosto. No llegó a Tokio, es decir, hasta después de la decisión Ya había sido tomada. Aunque su informe verbal fue entregado (a los militares) el 8 de agosto, los detalles del bombardeo no estaban disponibles hasta dos días después. La decisión de rendirse, por lo tanto, no se basó en una apreciación profunda del horror en Hiroshima.

Tercero, el ejército japonés entendió, al menos de manera aproximada, qué eran las armas nucleares. Japón tenía un programa de armas nucleares. Varios de los militares mencionan el hecho de que era un arma nuclear que destruyó Hiroshima en sus diarios. El general Anami Korechika, ministro de la guerra, llegó incluso a consultar con el jefe del programa japonés de armas nucleares la noche del 7 de agosto. La idea de que los líderes japoneses no conocían las armas nucleares no se mantiene.

Fin de la devastación después de la hiroshima mundo Wikimedia / Chino Navy

Por último, otro hecho sobre el tiempo crea un problema llamativo. El 8 de agosto, el ministro de Relaciones Exteriores, Togo Shigenori, fue al primer ministro Suzuki Kantaro y pidió que el Consejo Supremo se convocara para discutir el bombardeo de Hiroshima, pero sus miembros declinaron. Así que la crisis no creció día a día hasta que finalmente estalló en plena floración el 9 de agosto. Cualquier explicación de las acciones de los líderes de Japón que se basa en el "shock" del bombardeo de Hiroshima tiene que explicar el hecho de que Considerado una reunión para discutir el atentado el 8 de agosto, hizo un juicio que era demasiado poco importante, y de repente decidió reunirse para discutir la rendición al día siguiente. O bien sucumbieron a algún tipo de esquizofrenia grupal, o algún otro evento fue la verdadera motivación para discutir la rendición.

Escala

Históricamente, el uso de la bomba puede parecer el evento discreto más importante de la guerra. Sin embargo, desde la perspectiva japonesa contemporánea, no habría sido tan fácil distinguir la Bomba de otros eventos. Después de todo, es difícil distinguir una sola gota de lluvia en medio de un huracán.

En el verano de 1945, la Fuerza Aérea del Ejército de Estados Unidos llevó a cabo una de las más intensas campañas de destrucción de ciudades en la historia del mundo. Sesenta y ocho ciudades de Japón fueron atacadas y todas fueron destruidas parcial o totalmente. Se calcula que 1,7 millones de personas quedaron sin hogar, 300.000 fueron asesinadas y 750.000 resultaron heridas. Sesenta y seis de estas incursiones se llevaron a cabo con bombas convencionales, dos con bombas atómicas. La destrucción causada por los ataques convencionales fue enorme. Noche tras noche, durante todo el verano, las ciudades se elevaban en humo. En medio de esta cascada de destrucción, no sería sorprendente que este o aquel ataque individual no tuviera mucha impresión, aunque fuera llevado a cabo con un nuevo tipo de arma.

Un bombardero B-29 volando desde las Islas Marianas podría transportar - dependiendo de la ubicación del objetivo y la altitud del ataque - entre 16.000 y 20.000 libras de bombas. Un ataque típico consistió en 500 bombarderos. Esto significa que la incursión convencional típica estaba cayendo de 4 a 5 kilotones de bombas en cada ciudad. (Un kiloton es de mil toneladas y es la medida estándar del poder explosivo de un arma nuclear.La bomba de Hiroshima midió 16,5 kilotones, la bomba de Nagasaki de 20 kilotones.) Dado que muchas bombas propagan la destrucción uniformemente (y por lo tanto más efectivamente) Mientras que una sola bomba más poderosa destruye gran parte de su poder en el centro de la explosión -rebotando los escombros, por así decirlo- se podría argumentar que algunos de los ataques convencionales se acercaron a la destrucción de los dos atentados atómicos.

La primera de las incursiones convencionales, un ataque nocturno contra Tokio del 9 al 10 de marzo de 1945, sigue siendo el ataque más destructivo contra una ciudad en la historia de la guerra. Algo así como 16 millas cuadradas de la ciudad se quemaron. Un estimado de 120.000 japoneses perdieron la vida - el más alto número de muertes de cualquier ataque con bombas a una ciudad.



A menudo imaginamos, por la forma en que se cuenta la historia, que el bombardeo de Hiroshima fue mucho peor. Imaginamos que el número de muertos fuera de las listas. Pero si se grafica el número de personas muertas en las 68 ciudades bombardeadas en el verano de 1945, se encuentra que Hiroshima fue el segundo en términos de muertes civiles. Si calcula el número de kilómetros cuadrados destruidos, encontrará que Hiroshima fue cuarto. Si muestra el porcentaje de la ciudad destruida, Hiroshima fue 17º. Hiroshima estaba claramente dentro de los parámetros de los ataques convencionales llevados a cabo ese verano.

Desde nuestra perspectiva, Hiroshima parece singular, extraordinaria. Pero si usted se pone en la piel de los líderes de Japón en las tres semanas que preceden al ataque a Hiroshima, la imagen es considerablemente diferente. Si usted fuera uno de los miembros clave del gobierno de Japón a finales de julio y principios de agosto, su experiencia del bombardeo de la ciudad habría sido algo así: En la mañana del 17 de julio, habría sido saludado por informes de que durante la noche cuatro ciudades Habían sido atacados: Oita, Hiratsuka, Numazu, y Kuwana. De éstos, Oita e Hiratsuka fueron más del 50 por ciento destruidos. Kuwana fue más del 75 por ciento destruido y Numazu fue golpeado aún más severamente, con algo así como el 90 por ciento de la ciudad quemada en el suelo.

Tres días después te has despertado al descubrir que tres ciudades más habían sido atacadas. Fukui fue más del 80 por ciento destruido. Una semana más tarde y tres ciudades más han sido atacadas durante la noche. Dos días más tarde y seis ciudades más fueron atacadas en una noche, incluyendo Ichinomiya, que fue destruido en un 75 por ciento. El 2 de agosto, usted habría llegado a la oficina a informes de que cuatro ciudades más han sido atacadas. Y los informes habrían incluido la información de que Toyama (aproximadamente el tamaño de Chattanooga, Tennessee en 1945), había sido destruido en un 99,5 por ciento. Prácticamente toda la ciudad había sido nivelada. Cuatro días más tarde y cuatro ciudades más han sido atacadas. El 6 de agosto, sólo una ciudad, Hiroshima, fue atacada, pero los informes dicen que el daño fue grande y una bomba tipo nuevo se utilizó. ¿Cuánto habría sufrido este nuevo ataque en el contexto de la destrucción de la ciudad que había estado sucediendo durante semanas?


El humo sube más de 60.000 pies sobre el aire sobre Nagasaki de una bomba atómica, la segunda usada en la guerra, cayó de un bombardero Superfortress B-29 en esta foto de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos fechada el 9 de agosto de 1945. Reuters

En las tres semanas anteriores a Hiroshima, 26 ciudades fueron atacadas por la Fuerza Aérea del Ejército de los Estados Unidos. De éstos, ocho - o casi un tercio - fueron destruidos completamente o más completamente que Hiroshima (en términos del porcentaje de la ciudad destruida). El hecho de que Japón tuviera 68 ciudades destruidas en el verano de 1945 plantea un serio desafío para las personas que quieren hacer que el bombardeo de Hiroshima sea la causa de la rendición de Japón. La pregunta es: si se rindieron porque una ciudad fue destruida, ¿por qué no se entregaron cuando esas otras 66 ciudades fueron destruidas?

Si los líderes japoneses iban a rendirse debido a Hiroshima y Nagasaki, se esperaría encontrar que les importaba el bombardeo de las ciudades en general, que los ataques de la ciudad les presionaran para que se rindieran. Pero esto no parece ser así. Dos días después del bombardeo de Tokio, el ministro retirado de Relaciones Exteriores, Shidehara Kijuro, expresó un sentimiento que aparentemente era muy extendido entre los altos funcionarios japoneses de la época. Shidehara opinó que "la gente gradualmente se acostumbraba a ser bombardeada diariamente. En una carta a un amigo, dijo que era importante para los ciudadanos soportar el sufrimiento porque "aunque cientos de miles de no combatientes sean asesinados, heridos o muertos de hambre, aunque millones de edificios Son destruidos o quemados ", se necesitaba más tiempo para la diplomacia. Vale la pena recordar que Shidehara fue un moderado.

En los niveles más altos del gobierno -en el Consejo Supremo- las actitudes eran al parecer las mismas. Aunque el Consejo Supremo discutió la importancia de que la Unión Soviética permaneciera neutral, no tuvieron una discusión completa sobre el impacto del bombardeo de la ciudad. En los registros que se han conservado, los bombardeos de la ciudad ni siquiera se mencionan durante las discusiones del Consejo Supremo, salvo en dos ocasiones: una vez en mayo de 1945 y una vez durante la amplia discusión de la noche del 9 de agosto. , Es difícil afirmar que los dirigentes japoneses pensaron que el bombardeo de la ciudad -en comparación con los otros asuntos urgentes relacionados con la ejecución de una guerra- tenía mucha importancia.

El general Anami señaló el 13 de agosto que los atentados atómicos no eran más amenazantes que los bombardeos que Japón había soportado durante meses. Si Hiroshima y Nagasaki no eran peores que los bombardeos de fuego, y si los líderes de Japón no los consideraban lo suficientemente importantes como para discutir en profundidad, ¿cómo pueden Hiroshima y Nagasaki los han obligado a rendirse?

Importancia estratégica

Si los japoneses no estaban preocupados por el bombardeo de la ciudad en general o por el bombardeo atómico de Hiroshima en particular, ¿de qué se trataba? La respuesta es simple: la Unión Soviética.

Los japoneses se encontraban en una situación estratégica relativamente difícil. Se estaban acercando al final de una guerra que estaban perdiendo. Las condiciones eran malas. El Ejército, sin embargo, seguía siendo fuerte y bien provisto. Casi 4 millones de hombres estaban bajo las armas y 1,2 millones de ellos estaban custodiando las islas de Japón.


El primer ministro británico Winston Churchill, el presidente Franklin Roosevelt y el líder soviético Joseph Stalin se reúnen en Yalta en febrero de 1945 después de la Segunda Guerra Mundial para discutir sus planes para la Europa de la posguerra. Wikimedia Commons

Incluso los líderes más duros del gobierno de Japón sabían que la guerra no podía continuar. La cuestión no era si continuar, sino cómo poner fin a la guerra en los mejores términos posibles. Los aliados (los Estados Unidos, Gran Bretaña y otros, la Unión Soviética, recordaban, seguían siendo neutrales) exigían "rendición incondicional". Los líderes japoneses esperaban que pudieran encontrar una forma de evitar los juicios por crímenes de guerra, Su forma de gobierno y mantener algunos de los territorios que habían conquistado: Corea, Vietnam, Birmania, partes de Malasia e Indonesia, una gran parte del este de China y numerosas islas en el Pacífico.

Tenían dos planes para obtener mejores términos de entrega; Tenían, en otras palabras, dos opciones estratégicas. La primera fue diplomática. Japón había firmado un pacto de neutralidad de cinco años con los soviéticos en abril de 1941, que expiraría en 1946. Un grupo formado principalmente por líderes civiles y encabezado por el canciller Togo Shigenori esperaba que Stalin pudiera convencerse de mediar un acuerdo entre los Estados Unidos Estados Unidos y sus aliados, por una parte, y Japón, por otra. Aunque este plan era un tiro largo, reflejaba el pensamiento estratégico sano. Después de todo, sería del interés de la Unión Soviética asegurarse de que los términos del acuerdo no fueran demasiado favorables para los Estados Unidos: cualquier aumento de la influencia y el poder de los Estados Unidos en Asia significaría una disminución del poder y la influencia rusos.

El segundo plan era militar, y la mayoría de sus defensores, dirigidos por el Ministro del Ejército Anami Korechika, eran hombres militares. Esperaban utilizar tropas terrestres del Ejército Imperial para infligir altas bajas en las fuerzas estadounidenses cuando invadieron. Si tuvieran éxito, pensaban, podrían conseguir que los Estados Unidos ofrecieran mejores condiciones. Esta estrategia también fue un tiro largo. Los Estados Unidos parecían profundamente comprometidos con la rendición incondicional. Pero como en los círculos militares de los Estados Unidos había preocupación de que las bajas en una invasión fueran prohibitivas, la estrategia del alto mando japonés no estaba completamente fuera de lugar.

Una forma de evaluar si fue el bombardeo de Hiroshima o la invasión y declaración de guerra por la Unión Soviética que causó la rendición de Japón es comparar la forma en que estos dos eventos afectaron la situación estratégica. Después de que Hiroshima fue bombardeada el 6 de agosto, ambas opciones aún estaban vivas. Todavía habría sido posible pedirle a Stalin que mediara (y las entradas del diario de Takagi del 8 de agosto muestran que al menos algunos de los líderes japoneses seguían pensando en el esfuerzo para involucrar a Stalin). También habría sido posible intentar pelear una última batalla decisiva e infligir fuertes bajas. La destrucción de Hiroshima no había hecho nada para reducir la preparación de las tropas cavadas en las playas de las islas de Japón. Había ahora una ciudad menos detrás de ellos, pero todavía estaban excavados, todavía tenían munición, y su fuerza militar no había disminuido de manera importante. Bombardear Hiroshima no impidió ninguna de las opciones estratégicas de Japón.


Hiroshima y Nagasaki fueron las únicas dos ciudades que sufrieron un atentado atómico en aviones estadounidenses en agosto de 1945 © AFP / Archivo -

Sin embargo, el impacto de la declaración soviética de guerra e invasión de Manchuria y la isla de Sakhalin fue bastante diferente. Una vez que la Unión Soviética declaró la guerra, Stalin ya no podía actuar como mediador, ahora era un beligerante. Así que la opción diplomática fue borrada por el movimiento soviético. El efecto sobre la situación militar fue igualmente dramático. La mayoría de las mejores tropas de Japón habían sido desplazadas a la parte sur de las islas de origen. Los militares de Japón habían adivinado correctamente que el probable primer objetivo de una invasión estadounidense sería la isla más meridional de Kyushu. El ejército de Kwangtung, una vez orgulloso en Manchuria, por ejemplo, era una cáscara de su uno mismo anterior porque sus mejores unidades habían sido cambiadas lejos para defender Japón sí mismo. Cuando los rusos invadieron Manchuria, cortaron a través de lo que una vez había sido un ejército de élite y muchas unidades rusas sólo se detuvieron cuando se quedaron sin gas. El 16o ejército soviético - 100.000 fuertes - lanzó una invasión de la mitad meridional de la isla de Sakhalin. Sus órdenes eran limpiar la resistencia japonesa allí, y luego - en 10 a 14 días - estar preparados para invadir Hokkaido, la isla más septentrional de Japón. La fuerza japonesa encargada de defender a Hokkaido, el V Ejército de la zona, estaba bajo fuerza en dos divisiones y dos brigadas, y estaba en posiciones fortificadas en el lado este de la isla. El plan de ataque soviético exigía una invasión de Hokkaido desde el oeste.

No se necesitó un genio militar para ver que, si bien sería posible luchar una batalla decisiva contra una gran potencia que invade una dirección, no sería posible luchar contra dos grandes potencias atacando desde dos direcciones diferentes. La invasión soviética invalidó la estrategia de batalla decisiva de los militares, así como invalidó la estrategia diplomática. De un solo golpe, todas las opciones de Japón se evaporaron. La invasión soviética resultó estratégicamente decisiva, pues excluyó ambas opciones de Japón, mientras que el bombardeo de Hiroshima (que no excluyó a ninguno de los dos) no lo fue.

La declaración de guerra soviética también cambió el cálculo de cuánto tiempo se dejó para maniobrar. La inteligencia japonesa estaba prediciendo que las fuerzas estadounidenses podrían no invadir durante meses. Las fuerzas soviéticas, por otra parte, podrían estar en Japón en tan sólo 10 días. La invasión soviética tomó la decisión de poner fin a la guerra extremadamente sensible al tiempo.


Prisioneros de guerra japoneses en Guam inclinan la cabeza después de escuchar al emperador Hirohito hacer el anuncio de la rendición incondicional de Japón, poniendo fin a la Segunda Guerra Mundial. © LOS ARCHIVOS NACIONALES / AFP / Archivo HO

Y los líderes de Japón habían llegado a esta conclusión unos meses antes. En una reunión del Consejo Supremo en junio de 1945, dijeron que la entrada soviética en la guerra "determinaría el destino del Imperio". El Jefe del Estado Mayor del Ejército Kawabe dijo en esa misma reunión: "El mantenimiento absoluto de la paz en nuestro país" Las relaciones con la Unión Soviética son imprescindibles para la continuación de la guerra ".

Los líderes de Japón mostraron consistentemente desinterés en el bombardeo de la ciudad que estaba destruyendo sus ciudades. Y mientras que esto pudo haber sido incorrecto cuando los bombardeos comenzaron en marzo de 1945, antes de Hiroshima fue golpeado, eran ciertamente derecho ver el bombardeo de la ciudad como un side-show insignificante, en términos del impacto estratégico. Cuando Truman amenazó con visitar una "lluvia de ruinas" en las ciudades japonesas si Japón no se rendía, pocas personas en los Estados Unidos se dieron cuenta de que quedaba muy poco para destruir. Para el 7 de agosto, cuando se hizo la amenaza de Truman, sólo quedaron 10 ciudades de más de 100.000 habitantes que aún no habían sido bombardeadas. Una vez que Nagasaki fue atacado el 9 de agosto, sólo quedaron nueve ciudades. Cuatro de ellos se encontraban en la isla más septentrional de Hokkaido, que era difícil de bombardear debido a la distancia desde la isla de Tinian donde se encontraban los aviones estadounidenses. Kyoto, la antigua capital de Japón, había sido eliminado de la lista de objetivos por el Secretario de Guerra Henry Stimson debido a su importancia religiosa y simbólica. Así, a pesar del temible sonido de la amenaza de Truman, después de Nagasaki fue bombardeada sólo quedaron cuatro ciudades importantes que fácilmente podrían haber sido golpeadas con armas atómicas.

La minuciosidad y el alcance de la campaña de bombardeos de la Fuerza Aérea del Ejército de los Estados Unidos se puede medir por el hecho de que habían atravesado tantas ciudades de Japón que se redujeron a bombardear "ciudades" de 30.000 personas o menos. En el mundo moderno, 30.000 no es más que una gran ciudad.

Por supuesto, siempre habría sido posible bombardear de nuevo ciudades que ya habían sido bombardeadas con bombas incendiarias. Pero estas ciudades fueron, en promedio, ya destruidas en un 50 por ciento. O los Estados Unidos podrían haber bombardeado ciudades más pequeñas con armas atómicas. Sin embargo, sólo había seis ciudades más pequeñas (con poblaciones entre 30.000 y 100.000) que aún no habían sido bombardeadas. Dado que Japón ya había causado grandes daños a bombardeos a 68 ciudades y, en su mayor parte, se había encogido de hombros, quizás no es sorprendente que los líderes de Japón no estuvieran impresionados con la amenaza de nuevos bombardeos. No era estratégicamente convincente.

Una historia conveniente

A pesar de la existencia de estas tres poderosas objeciones, la interpretación tradicional aún conserva una fuerte influencia en el pensamiento de muchas personas, particularmente en los Estados Unidos. Hay una resistencia real a mirar los hechos. Pero tal vez esto no debería ser sorprendente. Vale la pena recordarnos cómo es emocionalmente conveniente la explicación tradicional de Hiroshima, tanto para Japón como para los Estados Unidos. Las ideas pueden tener persistencia porque son verdaderas, pero desafortunadamente, también pueden persistir porque son emocionalmente satisfactorias: llenan una importante necesidad psíquica. Por ejemplo, al final de la guerra, la interpretación tradicional de Hiroshima ayudó a los líderes japoneses a lograr una serie de objetivos políticos importantes, tanto nacionales como internacionales.

Póngase en los zapatos del emperador. Usted acaba de conducir a su país a través de una guerra desastrosa. La economía está destrozada. El ochenta por ciento de sus ciudades han sido bombardeadas y quemadas. El ejército ha sido golpeado en una cadena de derrotas. La Marina ha sido diezmada y confinada a puerto. La inanición está amenazando. La guerra, en definitiva, ha sido una catástrofe y, lo peor de todo, has estado mintiendo a tu pueblo sobre lo mal que la situación realmente es. Se sorprenderán por las noticias de rendición. Entonces, ¿qué preferirías hacer? Admitir que usted falló mal? ¿Emitir una declaración que dice que usted calculó mal espectacularmente, hizo errores repetidos, e hizo daño enorme a la nación? ¿O preferiría culpar a la pérdida de un sorprendente avance científico que nadie hubiera podido predecir? De un solo golpe, culpar a la pérdida de la guerra de la bomba atómica barrió todos los errores y errores de juicio de la guerra bajo la alfombra. La bomba era la excusa perfecta para haber perdido la guerra. No hay necesidad de repartir la culpa; No se debe realizar ningún tribunal de investigación. Los líderes de Japón pudieron afirmar que habían hecho todo lo posible. Así, en el nivel más general la bomba sirvió para desviar la culpa de los líderes de Japón.


Esta foto proporcionada por la Fuerza Aérea de los EE.UU. tomada de la ciudad de Yoshiura en el otro lado de la montaña al norte de Hiroshima, Japón, muestra el humo que se levanta de la explosión de la bomba atómica en Hiroshima, el 6 de agosto de 1945. Fuerza Aerea

Pero atribuir la derrota de Japón a la bomba también sirvió para otros tres propósitos políticos específicos. Primero, ayudó a preservar la legitimidad del emperador. Si la guerra se perdió no por errores, sino por la inesperada arma milagrosa del enemigo, la institución del emperador podría seguir encontrando apoyo en Japón.

En segundo lugar, apeló a la simpatía internacional. Japón había emprendido una guerra agresiva y con particular brutalidad hacia los pueblos conquistados. Su comportamiento probablemente sería condenado por otras naciones. Ser capaz de refundar a Japón como una nación victimizada -una que había sido bombardeada injustamente con un cruel y horroroso instrumento de guerra- ayudaría a contrarrestar algunas de las cosas moralmente repugnantes que los militares de Japón habían hecho. Al llamar la atención sobre los bombardeos atómicos ayudó a pintar el Japón con una luz más comprensiva y desviar el apoyo a duros castigos.

Finalmente, diciendo que la bomba ganó la guerra agradaría a los vencedores americanos de Japón. La ocupación estadounidense no terminó oficialmente en Japón hasta 1952, y durante ese tiempo los Estados Unidos tenían el poder de cambiar o rehacer la sociedad japonesa como mejor les pareciera. Durante los primeros días de la ocupación, muchos funcionarios japoneses temían que los estadounidenses intentaran abolir la institución del emperador. Y tenían otra preocupación. Muchos de los principales funcionarios del gobierno de Japón sabían que podrían enfrentar juicios por crímenes de guerra (los juicios por crímenes de guerra contra los líderes alemanes ya estaban en marcha en Europa cuando Japón se rindió). El historiador japonés Asada Sadao ha dicho que en muchas de las entrevistas de posguerra "los funcionarios japoneses ... estaban obviamente ansiosos por complacer a sus entrevistadores estadounidenses". Si los estadounidenses querían creer que la Bomba ganó la guerra, ¿por qué decepcionarlos?

Atribuir el final de la guerra a la bomba atómica sirvió a los intereses de Japón de múltiples maneras. Pero también sirvió a los intereses estadounidenses. Si la bomba ganara la guerra, entonces se incrementaría la percepción del poder militar estadounidense, aumentaría la influencia diplomática estadounidense en Asia y en todo el mundo y se reforzaría la seguridad de los Estados Unidos. Los $ 2 mil millones gastados para construirlo no habrían sido desperdiciados. Si, por el contrario, la entrada soviética en la guerra fue lo que hizo que Japón se rindiera, los soviéticos podrían afirmar que fueron capaces de hacer en cuatro días lo que los Estados Unidos no pudieron hacer en cuatro años y la percepción de El poder militar soviético y la influencia diplomática soviética se verían mejorados. Y una vez que la guerra fría estaba en marcha, afirmando que la entrada soviética había sido el factor decisivo habría sido equivalente a dar ayuda y consuelo al enemigo.

Resulta inquietante, teniendo en cuenta las cuestiones planteadas aquí, que las pruebas de Hiroshima y Nagasaki están en el centro de todo lo que pensamos acerca de las armas nucleares. Este evento es la piedra angular del caso de la importancia de las armas nucleares. Es crucial para su estatus único, la noción de que las reglas normales no se aplican a las armas nucleares. Es una medida importante de las amenazas nucleares: la amenaza de Truman de visitar una "lluvia de ruinas" en Japón fue la primera amenaza nuclear explícita. Es clave para el aura de enorme poder que rodea las armas y las hace tan importantes en las relaciones internacionales.

Pero ¿qué vamos a hacer de todas esas conclusiones si la historia tradicional de Hiroshima se pone en duda? Hiroshima es el centro, el punto desde el cual se irradian todas las demás afirmaciones y afirmaciones. Sin embargo, la historia que nos hemos estado diciendo parece bastante alejada de los hechos. ¿Qué debemos pensar sobre las armas nucleares si este enorme primer logro -el milagro de la rendición repentina de Japón- resulta ser un mito?