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domingo, 5 de febrero de 2017

Venezuela: A 25 años del principio del fin de la república


Hugo Chávez en 1992... lacra latinoaméricana que destrozó el sistema político y económico venezolano

Se cumplen 25 años del intento de golpe de estado comandado por Hugo Chávez en Venezuela
Durante las primeras horas del 4 de febrero de 1992, las tropas al mando del bolivariano salieron desde el Cuartel Páez, en Maracay, rumbo a la ciudad de Caracas, para tomar el Palacio de Miraflores. Fracasaron en su intento




Se cumplen 25 años del intento de golpe de estado comandado por Hugo Chávez

Un batallón de paracaidistas, apoyados por sus compañeros de armas en distintos puntos estratégicos del país, se desplazó en la madrugada por la Autopista Regional del Centro (ARC) hacia la capital de Venezuela, donde un grupo de soldados y oficiales de grados medios, en su mayoría capitanes y tenientes, los esperaban en Caracas para tomar por asalto el Palacio Blanco.

Entre ellos estaba el capitán Guillermo Gustavo Blanco Acosta, uno de los oficiales encargados de tomar el Batallón de Tanques Juan Pablo Ayala, en Fuerte Tiuna, Caracas. Hoy es miembro de la Junta Directiva de la petrolera estatal PDVSA.

En declaraciones recogidas por El Universal, señaló: "Hoy se cumplen 25 años de aquella rebelión, cuando un grupo de muchachos, al mando de los comandantes Hugo Chávez, Arias Cárdenas, Acosta Chirinos y Ortiz Contreras, nos desprendimos de nuestras carreras militares y de nuestras familias por el bien colectivo, el bien del pueblo. Ese pueblo masacrado el 27 de febrero de 1989″.


El golpe fue contra el entonces presidente constitucional Carlos Andrés Pérez

La intentona no logró sus objetivos y los rebeldes se rindieron

El mismo periódico recuerda que él tuvo la misión, encomendada por Chávez, de tomar por asalto el Palacio de Miraflores con los tanques del Batallón Ayala.

La misión fue cumplida y junto a otros capitanes lograron neutralizar a los oficiales de la Escuela de Blindados y se llevaron los tanques.


"Aunque ese día (4 de febrero) no alcanzamos los objetivos trazados, logramos una victoria política porque hubo un despertar del pueblo, que por fin vio por las pantallas de televisión a Hugo Chávez", destacó Blanco Acosta, ascendido al grado de mayor del Ejército, junto a los patriotas revolucionarios del 4F, en 2013.

El golpe fue contra el entonces presidente constitucional Carlos Andrés Pérez. La intentona no logró sus objetivos y los rebeldes se rindieron. Todos los participantes fueron llevados a prisión, siendo su causa posteriormente sobreseída y puestos en libertad dos años después, durante la presidencia de Rafael Caldera.

martes, 18 de octubre de 2016

El invento del mito del 17 de Octubre

La mentira peronista del 17 de octubre
Por Nicolás Márquez - Prensa Republicana





Una vez más, nos acercamos al 17 de octubre y la delincuencia peronista en sus más diversas metástasis se prepara para celebrar una fecha talismánica con pretensiones fundacionales, en la cual (según reza el mito popular) un postergado Juan Perón salía airoso ante la “oligarquía y los poderosos” ante la espontánea peregrinación de un “pueblo” que salió a la calle a defenderlo y venerarlo.

Dejemos el relato difundido por tan innoble partido y vamos a los hechos reales.

Corría octubre de 1945, el clima político y social se tornaba efervescente puesto que en los círculos opositores a la dictadura capitaneada por el General Edelmiro Farrel y el Coronel Juan Perón, se vivía una atmósfera de euforia ante la derrota del Eje en la Segunda Guerra Mundial, lo cual animó a los dirigentes de los demás partidos políticos (radicales, conservadores y socialistas por igual) a presionar a las autoridades de facto (enroladas en favor del nazifascismo derrotado) para que otorguen el poder a la Corte Suprema de Justicia a fin de que el Poder Judicial administre la transición hacia elecciones democráticas y limpias. Persiguiendo este objetivo, el 19 de septiembre se llevó a cabo una histórica manifestación callejera titulada “La Marcha de la Constitución y la Libertad” que se inició en la Plaza del Congreso, en la cual se congregó cerca de medio millón de opositores que desde allí circularon hasta Plaza Francia.

El lema de los manifestantes consistente en pedir el traspaso del gobierno a la Corte Suprema de Justicia fue considerado por muchos observadores como un craso error político: “si como consigna de lucha lo de ´el gobierno a la Corte´ no era mala, como táctica política era pésima. Tratar de imponer esa solución era utópico. Ni el Ejército podía aceptar esa vergonzosa confesión de su fracaso ni la oposición disponía de poder para implantarla”[1] anotó Félix Luna.

Si bien la dictadura de Farrell y Perón intentó minimizar los alcances de la nutrida concurrencia en cuestión, sin dudas el gentío constituyó un llamado de atención para el régimen, que reaccionó declarando el Estado de sitio, encarcelando masivamente opositores y recrudeciendo la censura a la prensa. Días después, se produjeron en las universidades múltiples rebeliones estudiantiles que clamaban libertad y predicaban consignas contra el dúo gobernante, quienes de inmediato ordenaron una represión brutal (en la misma murió un niño de 10 años[2]) acompañada con arrestos generalizados que superaron los 1500 alumnos detenidos[3], episodios que consolidaron el clima de tensión y división existente.

En tanto, en el seno del gobierno, el indefinido dictador Farrell debía lidiar entre las rencillas e internismos que se presentaban entre su VicePresidente el coronel Perón y el coronel Eduardo Ávalos[4], otro hombre fuerte del régimen de gran predicamento entre la oficialidad de Campo de Mayo, que le disputaba a Perón poder e influencia política así como también encono ideológico, puesto que Ávalos no le perdonaba a Perón haber convencido a Farrell de declararle la guerra a Alemania (traicionando el espíritu de ese gobierno) a tan solo horas de rendirse.

Ávalos contaba con alto consenso dentro de las filas del Ejército (que en definitiva era la estructura institucional que gobernaba el país), pero Perón contaba con el aval de numerosos sectores sindicales que lo respaldaban con motivo de la política condescendiente que él venía desplegando desde la Secretaría de Trabajo y Previsión que él manejaba en consonancia con el Ministerio de Guerra y la mismísima Vice-Dictadura.

Durante los últimos tiempos, Ávalos se había movido con astucia en el seno del régimen militar y había logrado presionar lo suficiente a Farrell para que se deshiciera de Perón. En medio de la tensión, finalmente Perón fue forzado a renunciar intempestivamente el 9 de octubre de 1945 a todos sus cargos.

El coronel caído en desgracia, hábilmente le pidió a Farrell que le diera la oportunidad de dirigir unas palabras de despedida por radio (que Farrell ingenuamente le concedió). Perón convocó al día siguiente a los dirigentes sindicales adictos, montó una escenografía con parlantes en la entrada de la Secretaría de Trabajo, puso en duda que los beneficios sociales que él había conseguido prosiguieran en su ausencia y entre otras de sus trapisondas, como “última medida en funciones” anunció un decreto mediante el cual se aumentaban los sueldos y salarios a la vez que se implantaba el salario móvil, vital y básico[5]. Pero ocurre que para que este beneficio tuviera validez legal debía ser firmado luego por Farrell, de modo que Perón se despidió de su cargo anunciando la buena noticia salarial a su gente y encajándole el engorro al dictador. Esta picardía final de Perón colmó la paciencia de sus enemigos, que lograron convencer a Farrell de solicitar su inmediata detención.

Sin embargo, Perón se trasladó rápida y secretamente a una casa situada en una isla del Tigre, cuyo propietario era un connotado agente alemán llamado Ludwig Freude (sindicado como el representante de los capitales nacionalsocialistas en la Argentina), que era un hombre de su más estrecha confianza. Pero finalmente, el mismo régimen al que Perón había servido y pertenecido desde su inicio con tanto protagonismo y ascendencia, el 12 de octubre lo detuvo allí en el Tigre siendo arrestado en su refugio y trasladado a la cárcel de la Isla Martín García.

Es evidente que en esta puja Ávalos logró influir en Farrell a expensas de Perón, tanto es así que mientras este último estaba detenido, Farrell nombró a Ávalos como Ministro de guerra[6], cargo que justamente ocupaba Perón antes de su destitución y posterior encarcelamiento. Sostiene el historiador Robert Potash que a partir de este nuevo nombramiento: “El general Ávalos, que asumió el cargo de ministro de Guerra el 10 de octubre, se convirtió en la figura dominante del nuevo orden; pero ni su temperamento ni su experiencia anterior lo habían preparado para este papel”[7], algo que luego veremos confirmado por las vacilaciones y errores políticos que cometería durante su breve rol ministerial.

En definitiva, la detención efectuada a fin de neutralizar definitivamente la figura e influencia de Perón en el gobierno fue una maniobra torpe por parte de Ávalos y sus acólitos, porque a partir de entonces una ebullición se generó entre varios sindicalistas leales a Perón, quienes comenzaron a movilizar su gente por las calles clamando por su libertad. En tanto, desde el encierro en la isla y desorientado por la situación, muchos investigadores sostienen que Perón creía estar ante el final de su carrera, al menos así lo pone de manifiesto él mismo al escribirle una carta a su amante Eva Duarte, la cual más allá de ser encabezada con una vulgar cursilería como “mi tesoro adorado”, deja advertir a un Perón afectivo que le promete a su pretendida que ni bien él obtuviera la libertad ambos vivirán juntos en el marco de una vida despolitizada: “Hoy sé cuánto te quiero y que no puedo vivir sin vos. Esta inmensa soledad está llena de tu recuerdo. Hoy he escrito a Farrell pidiéndole que me acelere el retiro, en cuanto salgo nos casamos y nos iremos a cualquier parte a vivir tranquilos” anotó.

El tono de la carta confirmaría que Perón estuvo a punto de “tirar la toalla”[8] y no estaba en su estrategia ni en sus planes redoblar la apuesta. Sin embargo, otros observadores sostienen que Perón sospechaba que la carta sería leída y es por eso que él le imprimió un tono pacifista y cariñoso. Más aún, no faltaron quienes sostuvieron que todo esto se trató de un perfectísimo plan diseñado y calculado estratégicamente por Perón salido a la perfección, alegando que Perón habría forzado ex profeso a Farrell y a sus enemigos a echarlo del gobierno y encarcelarlo para promover luego una suerte de “operativo clamor” entre sus fieles y finalmente retornar al poder fortalecido. Sin descartar que Perón haya incurrido en alguna de sus habituales especulaciones, Juan José Sebreli brinda una explicación menos complicada de lo ocurrido a la que adherimos: “La historia no es, como pretenden los ideólogos del bonapartismo, el producto de la acción extraordinaria del Gran Hombre, el hombre del destino, el superhombre, el genio individual, la personalidad creadora, el salvador supremo. Por el contrario, muy frecuentemente los conductores de pueblos son personajes insignificantes. La biografía de Perón lo muestra como un pequeño burgués diletante, de vida sedentaria y mediocre hasta los cincuenta años, de ideas simples y estereotipadas y de gustos vulgares, box, cine de cowboys, televisión y pocas lecturas”[9]. No descartamos que Perón haya calculado por entonces algunos movimientos, pero sin dudas fueron los hechos concomitantes y la historia por su propio peso la que lo fue arrastrando a jugar los distintos papeles protagónicos que él ocupó y ejerció.

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Efectivamente, con Perón neutralizado y encarcelado, del otro lado del riachuelo bandas sindicalistas en franca rebeldía paralizaron los transportes y provocaron el cierre de fábricas exhortando y obligando a los obreros a engrosar el alcance de una movilización que clamaba la libertad del coronel. Para elevar la presión, en el seno de la CGT un sector propuso llamar a huelga general para el día 18 de octubre si la situación no se solucionaba. Vale aclarar que no toda la CGT compartía simpatía hacia Perón[10] sino que eran numerosísimos los gremios[11] que desconfiaban de él (de hecho sobre 40 votos la postura huelguista de la CGT ganó 21 contra 19), tal el caso de la Unión Obrera Local, que denunció la prepotencia de la convocatoria comunicando formalmente que “Bandas armadas del pistolero peroniano, que responden al execrable sujeto Cipriano Reyes han atacado a mansalva a obreros del frigorífico Wilson, del que resultaron numerosas víctimas”[12]. Autores como Hugo Gambini señalan que el ajustado margen de votos por el que la CGT logró proclamar la huelga para el 18 de octubre no impulsó tal medida de fuerza para liberar a Perón sino para que se garantizasen sus demandas gremiales[13], independientemente de la suerte del coronel caído en desgracia.

Hasta donde la construcción de los hechos pudo demostrar, Perón -detenido en la isla- desconocía por completo la movilización en su favor que en las calles de Buenos Aires estaban promoviendo determinados líderes sindicales afectos a su persona, la cual era facilitada y auxiliada por la Policía (que le era leal)[14] que liberó las calles y facilitó los puentes para agilizar el paso de los manifestantes. El dirigente metalúrgico Ángel Perelman, otro de los artífices de la movilización recuerda que los policías “Nos miraban, ya sea con una actitud confusa o con una vaga simpatía. La situación se aclaró de repente cuando vimos, a eso de las 15 horas, atravesar a toda velocidad, cruzando enfrente de nuestro taxi, a un camión de correos cargado de vigilantes que gritaban ante nuestra sorpresa. ¡Viva Perón!”[15].

Una vez anoticiado Perón de las auspiciosas novedades (no sólo de la movilización popular en ciernes sino de que la CGT planificaba una huelga general prevista para el 18 de octubre), simulando una supuesta dolencia pulmonar en connivencia con su médico personal (el capitán Miguel Ángel Mazza quien le diagnosticó falsamente “pleuresía”), el 16 de octubre el detenido solicitó “por recomendación médica” ser trasladado bajo custodia al Hospital Militar. Cuenta Perón que “Mazza me propuso falsear las radiografías que él tenía y que mostraban una dolencia aguda de ´hemidiafragma derecho´, de probable origen tumoral, y a continuación, elevarlas a la superioridad aconsejando mi traslado al Hospital Militar para la atención prescripta y porque la salud del enfermo en un clima tan húmedo como el de la isla era contraproducente”[16]. Farrell cayó nuevamente en la trampa y la petición de traslado del preso fue candorosamente concedida.

En medio de las manifestaciones callejeras, al enterarse de que Perón se hallaba ahora en el Hospital Militar sus prosélitos se apersonaron en las inmediaciones reclamando la presencia de su líder quien en ningún momento amagó a salir del establecimiento médico: “Durante los días más difíciles de octubre del ´45 Perón estaba todo cagado, y el 17 no se animaba a salir del hospital por temor a que lo liquidaran”[17] recuerda el inclemente Cipriano Reyes, quien fuera uno de los principales promotores y organizadores sindicales de la movilización.

Mientras tanto, el delegado político de Perón para negociar su situación con Farrell fue justamente el coronel Domingo Mercante[18] -cuya posición en las tratativas se iba fortaleciendo a medida que la muchedumbre proveniente de la zona sur del Gran Buenos Aires marchaba invadiendo la Capital porteña-. La movilización despertaba un intenso desconcierto en Farrell y Ávalos, quienes se sintieron dubitativos en todo momento. Tanto es así que hasta el Partido Comunista le propuso a sendos militares “terminar con la concentración en pocos minutos”[19] lanzando militantes armados del PC sobre las columnas peronistas, siempre que el gobierno garantizara la abstención de la policía y del Ejército en la gresca; pero la propuesta comunista fue rechazada por Farrell, quien temía que se desatase una matanza de proporciones.

¿Cuál era el papel de Eva Duarte en ese trajinado contexto? Mucho menor al que le adjudicaron luego sus hagiógrafos rentados: deambulaba por Buenos Aires con suma preocupación buscando un abogado que redactara un hábeas corpus en favor de su amante[20]. Interesa esta aclaración porque recién a partir de mayo de 1948 el aparato de propaganda de Perón fabricó el artificio incluyendo relatos de la Primera Dama recorriendo los suburbios para organizar el respaldo popular al líder preso, algo que no era cierto, pero que nadie osó discutir y entonces esa leyenda quedó grabada en la mitología urbana[21].

El 17 de octubre, las columnas de Cipriano Reyes y otros contingentes provenientes de Avellaneda, Lanús, Berisso y Ensenada comenzaron al fin a poblar la plaza. Con el correr de las horas un considerable gentío se había aunado en derredor de la Casa Rosada clamando la presencia de Perón. La presión iba en aumento y entrando la tarde, el flamante Ministro de Guerra Ávalos pretendió que Mercante le hablara a la muchedumbre en nombre de Perón a fin de tranquilizarla, pero ello fue imposible. Seguidamente, Ávalos intentó también hablarle al gentío, pero ni bien este tomó el micrófono desde el balcón de la Casa Rosada la multitud lo abucheó estruendosamente. Siendo las ocho de la noche, el desconcertado Ávalos no tuvo más remedio que acudir al Hospital Militar en donde mantuvo una reunión secreta con Perón para negociar su libertad. En la conversación se arribó a un compromiso para que Perón se dirigiera a sus acólitos desde el balcón en mensaje que además sería transmitido por la red nacional de radiodifusión. Perón había ganado definitivamente la pulseada.

Pasadas las 23hs, aparece por fin la figura de Perón en el balcón de la Casa de Gobierno para júbilo de la muchedumbre que fielmente se mantenía aunada desde muy temprano. Primeramente habló Farrell, anunció la formación de un gobierno provisorio conformado por gente leal a Perón y descartó categóricamente la entrega del gobierno a la Corte Suprema de Justicia. Seguidamente le pasó el micrófono al caudillo recién liberado, presentándolo como “el hombre que supo ganar el corazón de todos”[22] (horas antes acababa de encarcelarlo y ahora lo adulaba condicionado por las circunstancias). En medio de la ovación, Perón entre otras cosas dijo: “Hace casi dos años, desde estos mismos balcones, dije que tenía tres honras en mi vida: la de ser soldado, la de ser patriota y la de ser el primer trabajador argentino.

Hoy, a la tarde, el Poder Ejecutivo ha firmado mi solicitud de retiro del servicio activo del Ejército. Con ello he renunciado voluntariamente al más insigne honor a que puede aspirar un soldado: llevar las palmas y laureles de general de la nación. Lo he hecho porque quiero seguir siendo el coronel Perón y ponerme con este nombre al servicio integral del auténtico pueblo argentino”[23].

Perón salía fortalecido y convertido en el indiscutido hombre fuerte del régimen.

El mito peronista

¿Cuán grande fue la convocatoria del 17 de octubre? Todo indica que fue mucho más modesta que la que fabricó posteriormente la propaganda peronista. ¿Con qué objetivo el peronismo sobredimensionó luego los acontecimientos? Se reescribió el pasado a fin de pretender inventar una fecha fundacional del peronismo a modo de mito iniciático y así poder romper con la imagen de Perón como un candidato continuista del régimen militar vigente y presentarlo así en las elecciones venideras como la paradojal “alternativa” a un injusto orden vigente del que curiosamente él formaba parte desde su inauguración misma el 4 de junio de 1943.

Que con  el tiempo Perón haya logrado inventar su inicio político con “el 17 de octubre” y haya fabricado su futura candidatura presidencial como alguien “transformador” y ajeno al régimen militar fue una de sus tantas e innegables habilidades personales al servicio del timo político e historiográfico, puesto que su condición de candidato y garante de la continuidad de la dictadura militar fue confesada por él mismo años después: “Llegado al salón, el general Ávalos, en presencia del presidente y de todos los jefes, se cuadró a mi frente y me dijo más o menos estas palabras. ´coronel Perón, pensando en la continuidad de la revolución (…) hemos pedido al señor presidente que se tomen las medidas para que usted pueda ser el candidato de la futura presidencia´” a lo que Perón respondió de esta sacrificada manera: “señores, me cargan ustedes con una enorme responsabilidad, pero si ello es el sentir del Ejército, aceptaré una vez más, porque como soldado me debo a la Patria y a la Institución”[24].

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Que por entonces el 17 de octubre no tuvo la resonancia ni la movilización que el folklore peronista agigantó con posterioridad lo confirman, entre otras cosas, el hecho de que no se registran tomas fílmicas ni fotográficas que revelen la supuesta grandilocuencia de la convocatoria. El cinematógrafo Leonardo Favio, conocido fundamentalista de Perón  confesó que las imágenes que aparecen respecto del 17 de octubre en su filme “Perón, Sinfonía del Sentimiento” (saga suya de cinco documentales plagada de sensiblerías y groseras falsedades destinada al vulgo en la pretensión de exaltar la figura de Perón) provienen de manifestaciones posteriores, puesto que no hay filmación alguna en el Archivo General de la Nación sobre ese santificado día. Una de las muy pocas y pintorescas postales que se han registrado de esa fecha, fue la toma de un puñado de hombres en camisa con los pantalones arremangados refrescando sus pies descalzos en una fuente de la Plaza de Mayo, imagen que fue considerada un escándalo para una sociedad porteña que a la sazón vestía traje y galera hasta para asistir a las canchas de fútbol.

Para los periódicos de la CGT aparecidos la semana siguiente al 17 de octubre no había sido una jornada especial ya que ni siquiera se publicaron fotos,[25] y los tres diarios tradicionales en sus portadas sólo informaron al día siguiente acerca del cambio de Gabinete dispuesto por Farrell y nada decían de la concentración en Plaza de Mayo. El diario La Nación dispuso en su tapa: “Luego de inquieta jornada fue anunciado anoche que se formará un nuevo gabinete”; el diario La Prensa tituló: “El presidente de la Nación anunció anoche las renuncias de los ministros de Guerra y Marina” y Clarín, con tono sensacionalista encabezó: “Una jornada dramática vivió ayer Buenos Aires”[26].

En rigor, la más certera y oportuna crónica respecto de lo sucedido supo brindarla el 18 de octubre (al día siguiente de los hechos) la revista estadounidense The Times, al titular su publicación con una concisa y rotunda frase: “Todo el poder a Perón”.

Desafortunadamente le asistía toda la razón a la citada publicación extranjera. Por entonces la Argentina era la sexta potencia mundial y a partir del 17 de octubre de 1945 se entró en un irrefrenable descenso del cual jamás pudo recuperarse…

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[1] LUNA, FÉLIX: “El 45, Crónica de un año decisivo”; Bs.As, 1969, págs. 303-331. Citado en: Enrique Díaz Araujo, “La Conspiración del 43´. El GOU, una experiencia militarista en la Argentina”. Ediciones La Bastilla; Bs.As, 1969, pág. 299.

[2] PAGE, JOSEPH A: “Perón, una Biografía”. Sudamericana de Bolsillo; 1ª edición, 2005, pág.140.

[3] Conforme Hugo Gambini, en  “Historia del peronismo, el poder total (1943-1951)”. Ediciones B, Argentina, Tomo 1, año 2007. Pág. 32.

[4] Eduardo Jorge Ávalos (nacido en Buenos Aires 22 de abril de 1892 y murió en Buenos Aires el 17 de mayo de 1971.) fue un militar argentino que desempeñó un papel importante en la Revolución del 43 (1943-1946). Teniendo grado de coronel se sumó como uno de los líderes del Grupo Obra Unificación o Grupo de Oficiales Unidos (GOU) reclutado por el entonces Coronel Juan D. Perón en julio de 1943. Se desempeñó como jefe de la guarnición de Campo de Mayo durante el gobierno del General Pedro Pablo Ramírez (1943-1944) y luego Ministro de Guerra hasta los hechos del 16 y 17 de octubre de 1945.

GAMBINI, HUGO: “Historia del peronismo, el poder total” (1943-1951). Ediciones B Argentina, Tomo 1, año 2007,pág. 34.

[6] PAGE, JOSEPH A: “Perón, una Biografía”. Sudamericana de Bolsillo; 1ª edición, 2005, pág. 147

[7] POTASH, ROBERT A: “El Ejército y la Política en la Argentina (I) 1928 – 1945. De Yrigoyen a Perón”. Hyspamérica; Bs.As, 1985, pág.387.

[8] Expresión deportiva propia del mundo boxístico que simboliza abandonar la pelea.

[9] SEBRELI, JUAN JOSÉ: “Los deseos imaginarios del peronismo”. Ed. Legasa; Bs.As, 1983, pág. 29

[10] Sólo apoyaban a Perón los dirigentes del comité confederal de la CGT que habían colaborado con él, los cuales a su vez contaban con la colaboración de la Federación de Empleados de Comercio que respondía a Angel Borlenghi, de la Unión Tranviarios dirigida por Valentín Rubio y del Sindicato de la Carne de Berisso que tenía en Cipriano Reyes a uno de sus “activistas”.

[11] A la sazón no apoyaban a Perón un sinfín de gremios tales como la Unión de Empleados de Comercio e Industria, el gremio ferroviario La Fraternidad, la federación Obrera de la Carne, Federación Gráfica Bonaerense, la Unión Obrera local, la Unión Obrera Textil, Sindicato autónomo de Luz y Fuerza, Federación Obrera Nacional de la Construcción, Unión Obrera textil, Obreros de las Barracas de la Capital federal, Lavaderos de Lanas y Anexos, sindicato de Choferes de Camiones y Afines y muchísimas otras entidades más de similar envergadura. Esta incompletísima nómina confirma que la disidencia a Perón no estaba conformada por un sector marginal del sindicalismo sino por numerosos gremios representativos.

[12] ORONA, JUAN V: “La dictadura de Perón, Colección Ensayos Políticos Militares”. Tomo IV. Talleres Gráficos Zlotopioro; Bs.As.1970, pág. 20.

[13] GAMBINI, HUGO: “Historia del peronismo, el poder total” (1943-1951). Ediciones B Argentina, Tomo 1, año 2007, pág. 69.

[14] Años después fue el propio Perón quién le agradecerá a la mismísima Policía Federal (creada en diciembre de 1943 por el gobierno del GOU) por los servicios prestados ese histórico 17 de octubre: “Que sea esta hora histórica cara a la República y cree un vínculo de unión que haga indestructible la hermandad entre el Pueblo, el Ejército y la Policía” dijo Perón desde los balcones del 17 de octubre. Citado en Juan José Sebreli, los deseos imaginarios del peronismo” Ed. Legasa, BsA, 1983, pág. 31.

[15] Citado en Hugo Gambini, “Historia del peronismo, el poder total” (1943-1951). Ediciones B, Argentina, Tomo 1, año 2007, pág. 66.

[16] PAVÓN PEREYRA, Enrique: “Yo Perón…”  Editorial M.I.L.S.A. Argentina, 1993, pág.180

[17] Citado en: Hugo Gambini, “Historia del peronismo, el poder total” (1943-1951). Ediciones B, Argentina, Tomo 1, año 2007, pág 90.

[18] “Mercante se había portado como un león” recordará Perón sobre esas jornadas. Citado en:. Enrique Pavón Pereyra, “Yo Perón”.  Editorial M.I.L.S.A. Argentina, 1993. pág.181.

[19] GAMBINI, HUGO: “Historia del peronismo, el poder total” (1943-1951). Ediciones B Argentina, Tomo 1, año 2007, pág. 72.

[20] Entre los abogados visitados por Eva Duarte se encontró Juan Bramuglia (futuro Canciller de Perón), quien por razones políticas y de prudencia se negó a interponer un hábeas corpus, gesto que Eva jamás le perdonó.

[21] Ver: MERCADO, SILVIA: “El Inventor del Peronismo: Raúl Apold, el cerebro oculto que cambió la política argentina”. Ed. Planeta; 2013, pág. 140.

[22] PAGE, JOSEPH A: “Perón, una Biografía”. Sudamericana de Bolsillo; 1ª edición, 2005, pág164

[23] Al culminar el evento con el discurso triunfal de Perón, tras la dispersión de la concurrencia se produjo una gresca en las proximidades del diario Crítica, en donde un grupo peronista pretendió destrozar a piedrazos sus instalaciones. Se produjo entonces un tiroteo del cual resultaron varios heridos y hubo un muerto de 17 años llamado Darwin Pasaponti, que era un activista de la Alianza Libertadora Nacionalista.

[24] Bill de Caledonia, ¿Dónde estuvo?, Buenos Aires, S/E S/F, pág 11 y 12. Citado en Juan José Sebreli, “Los deseos imaginarios del peronismo” Ed. Legasa, Bs.As, 1983, pág. 77

[25] MERCADO, SILVIA: “El Inventor del Peronismo: Raúl Apold, el cerebro oculto que cambió la política argentina”. Ed. Planeta; 2013, pág. 139

[26] Citado en Hugo Gambini, “Historia del peronismo, el poder total” (1943-1951). Ediciones B, Argentina, Tomo 1, año 2007, págs. 80 y 81.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Italia Fascista: Mensaje al futuro de Mussolini

El mensaje de Mussolini para el futuro revelado bajo un obelisco de Roma
Por Becky Branford
BBC


El líder fascista italiano, Benito Mussolini, en 1934

Un pergamino escondido en la base del obelisco de Roma de Mussolini es un canto al dictador fascista - y trata de preservar el legado del fascismo para el futuro
Un texto oculto debajo de un obelisco en Roma arroja nueva luz sobre el régimen fascista de Benito Mussolini y la forma en que desea ser visto por las generaciones futuras.
Escrita en latín sobre pergamino, el texto está enterrado junto con las monedas de oro en la base del obelisco Mussolini en el complejo deportivo Foro Itálico de Roma.
Es una cuenta de laudatoria del ascenso del fascismo y hazañas de Mussolini.
Su existencia fue descubierta por dos eruditos clásicos.
Bettina Reitz-Joosse y Han Lamers son los primeros en traducir y estudiar en detalle el Codex Fori Mussolini, que, a pesar de ser enterrado en la base del monumento 300 toneladas al poder del fascismo cuando fue erigida en 1932, ha sido en gran parte olvidado en las décadas siguientes.
Ellos monté lo que ellos creen que es una versión exacta del texto - que permanece fuera del alcance de la base del obelisco - a partir de tres fuentes oscuras que se encuentran en las bibliotecas y los archivos de Roma.


El texto está fuera de su alcance en la base de la 300 toneladas Mussolini obelisco en Roma

"El texto no estaba destinado para los contemporáneos de la época," Dr. Reitz-Joosse, que trabaja en la Universidad de Groningen, a la BBC. "El obelisco fue un gran espectáculo, pero la existencia del texto no se informó en absoluto. Estaba destinado para un público en un futuro remoto."
En ese momento, los fascistas habían hecho una serie de descubrimientos arqueológicos del imperio romano, explicó.
"A medida que los fascistas estaban excavando ruinas, se pensó en crear su propia cuenta autorizada de sus obras para las generaciones futuras."

¿Qué hay en el texto?

La palabra de 1,200 elogio fue escrito por un estudioso de los clásicos, Aurelio Giuseppe Amatucci, y consta de tres partes.
La primera es una historia general de los logros del fascismo y el ascenso de Mussolini. En él se describe como Italia al borde de la catástrofe tras la Primera Guerra Mundial sólo para ser rescatado por Mussolini, "regenerar el país a través de su visión sobrehumana y resolución", dijo el Dr. Lamers, que trabaja en la Universidad Humboldt de Berlín y la Universidad Católica de Lovaina.
"El texto presenta Mussolini como una especie de nuevo emperador romano, sino también, mediante el uso de lenguaje bíblico, como el salvador del pueblo italiano".
La segunda sección se refiere a la organización de la juventud fascista (el obelisco se estaba construyendo en su sede) y programas para la juventud.
La tercera parte se ocupa de la construcción del Foro Itálico - entonces conocido como el Foro Mussolini - y la erección del obelisco.
Acompañando el texto es literalmente una medalla lionizing Mussolini - lo que representa que lleva una piel de león sobre su cabeza.
La construcción del obelisco Mussolini en Roma en aproximadamente 1.932


Al igual que en Egipto, la construcción de obeliscos que pesan cientos de toneladas fue una demostración del poder y la riqueza del régimen de Mussolini


El obelisco se encuentra en lo que entonces era conocido como el Foro Mussolini - un complejo deportivo construido para reforzar la candidatura de Roma para los Juegos Olímpicos de 1944


El pergamino elogia las obras de Benito Mussolini, que para entonces se había establecido total autoridad en Italia

No era raro en el Renacimiento por las medallas que se colocan bajo obeliscos, explican los investigadores. Pero el descubrimiento de un texto largo detallado que ellos llaman "sin precedentes".

¿Por qué en latín?

El Dr. Reitz-Joosse sugiere el autor optó por utilizar un lenguaje del pasado para establecer un vínculo entre el imperio romano y el ascenso del fascismo.
Además, se dice que los fascistas también estaban tratando de restablecer el latín como lengua internacional del fascismo: "parte de un intento de establecer una similar a la Internacional Comunista Internacional Fascista" organización, que defendía el comunismo mundial.
"Estos planes no tuvieron éxito", explica.
La ironía de este texto es que su descubrimiento se basa en la caída del obelisco, y por lo tanto la caída del fascismo. Los fascistas estaban imaginando su propia decadencia y caída, dice el Dr. Reitz-Joosse.
Sin embargo, el documento no servir a su propósito original de envío de la voz del fascismo en el futuro, argumenta.
". El texto está todavía allí y no podemos llegar a ella Todo lo que podemos hacer es estudiar el texto y analizar sus estrategias de manipulación - problematizar el texto en lugar de permitir que se comunique su mensaje sin trabas."
El Códice del foro Mussolini: un texto latino del fascismo italiano por Han Lamers y Bettina Reitz-Joosse es publicado por Bloomsbury

jueves, 5 de mayo de 2016

Perón y su constitución fascista

El 1 de mayo y la Constitución del dictador Perón. 
Por Nicolás Márquez.- Prensa Republicana


Conforme lo ordenaba la Constitución Nacional, el mandato presidencial de Perón terminaba en 1952 sin posibilidades legales de reelección. Este impedimento normativo motivó al dictador a trampear el sistema y el 1 de mayo de 1948 en la inauguración de las sesiones en el Congreso, brindó un kilométrico discurso en el cual dio el “visto bueno” a sus legisladores para reformar la Constitución 1853-60 sobre la cual alegó socarronamente que era “un artículo de museo, votada en tiempos de las carretas”[1], pero acto seguido matizó su embestida “aclarando” la siguiente mentira: “la reelección sería un enorme peligro para el futuro político de la República”[2], afirmación que ni oficialistas ni opositores tomaron en serio.

Dicho y hecho, poco después el Congreso efectuó una votación clamando la necesidad de reformar la Constitución. Pero como el oficialismo no alcanzó las mayorías constitucionales exigidas para consumar la reforma[3] (sobre 152 diputados sólo 96 votaron a favor de la misma y ello no alcanzaba los dos tercios exigidos), de facto se decidió de todos modos convocar a elecciones constituyentes sin mayores demoras. Vale decir: no se cumplía con la actual Constitución pero se pretendía fabricar una nueva con procedimientos también inconstitucionales, para luego tampoco cumplirla.  Ni el propio Perón disimulaba su total desconfianza hacia el Estado de derecho y veía a la ley como una herramienta a la cual él no debía ajustarse, sino lo contrario: “Antes lo primero era hacer la ley…y después tratar de hacerla cumplir. Nosotros, desde que estamos en el gobierno, hacemos exactamente lo contrario; primero tratamos de hacer algo, y luego cuando las realizaciones prueban su eficacia, le damos la forma de ley o del decreto”[4] declaró.

Además de no respetar a las mayorías previstas, el Congreso votó una ley llamando a la “reforma” en vez de una “declaración” (tal como lo ordenaba la Constitución en su artículo 30[5]) siendo que toda vez que se declaraba la necesidad de una reforma constitucional en el país, en la misma debían señalarse con precisión cuáles eran los artículos que se pretendían modificar (así se hizo en 1860, 1866 y 1898) pero nada de esto se cumplió ahora. Aquí se entregó sin las mayorías legalmente permitidas un generoso cheque en blanco para que los constituyentes subordinados al poder central metieran mano en el articulado de manera abusiva e indiscriminada. Como si estas irregularidades fuesen insuficientes, teniendo en cuenta que la Provincia de Corrientes tenía el antecedente de ser antiperonista (fue la única que electoralmente había colocado dos Senadores nacionales a los que se les impidió jurar), se resolvió que no participase en los comicios constituyentes.

Estas y otras ilegalidades llevaron a la oposición a tener que definir si iban a avalar estas tropelías o no, presentándose en las elecciones. Dentro de este clima enrarecido el partido socialista propuso el voto en blanco, idéntica medida adoptó el Partido Demócrata Progresista, los conservadores (Partido Demócrata Nacional) resolvieron no concurrir y finalmente los radicales resolvieron asistir, presentando sus candidatos.

Seguidamente se llamó a elecciones para el 5 de diciembre de 1948, y si bien no puede técnicamente confirmarse que los sufragios fueran fraguados o adulterados, sí fue un fraude la campaña electoral como tal, puesto que la dictadura restringió por completo el acceso de la oposición a los medios de comunicación, reduciendo la campaña de la UCR a una silenciosa participación testimonial. De los 158 convencionales constituyentes que se votaron, 110 fueron peronistas y 48 radicales.

Las sesiones de la Convención se iniciaron en enero de 1949 y se designó presidente de la misma a Domingo Mercante, quien sesionó y presidió sentado en un insólito sillón donado para la ocasión por la Fundación Eva Perón, en cuyo respaldo estaba estampada una fotografía con la cara de Juan Perón. Casi una metáfora del rol paródico y dependiente que cumplían allí tanto Mercante como el resto de los legisladores peronistas de la Convención.

Entre varias de las extravagancias que se aprobaron, los convencionales peronistas se “regalaron a sí mismos” la extensión de su mandato. Es decir, si bien los Diputados de la Nación habían sido elegidos en 1946 y su mandato de cuatro años vencía en 1950, decidieron “extenderlo” de facto hasta 1952. Los radicales no aceptaron tal inmoralidad y a los que se les vencía su mandato en 1950 renunciaron a la deshonesta prolongación[6] dejando un hueco en su bloque, que entonces quedó reducido a menos de la mitad.

La constitución, que fue reformada conforme las apetencias de Perón, además de permitir la eterna reelección del dictador, se inspiraba en principios colectivistas (eufemísticamente llamado como “derechos sociales”) los cuales relativizaban el derecho de propiedad privada y restringían el grueso las libertades individuales: “El individualismo es amoral. Predispone a la subversión, al egoísmo, al retorno a estados inferiores de la evolución de la especie” sentenció Perón ese año en La Comunidad Organizada [7], desconfianza en el hombre autónomo que ratificó dos años después en su otro libro Conducción Política: “Algunos dicen: hay que captarse la opinión independiente. Grave error. Eso no se capta nunca, porque está tres días con uno y tres días contra uno (…) Esos son inconducibles; esos son en todas las colectividades los salvajes permitidos por la civilización, que viven aislados y al margen de las inquietudes de los demás. Y si los captamos, son elementos de disociación dentro de la organización política, porque ellos están siempre en contra”[8]. Este y no otro fue el espíritu del articulado de la flamante Constitución, el cual despertó muchas desconfianzas en el mundo civilizado y probablemente el artículo más desconcertante y polémico haya sido el 40[9], cuyo contenido ambiguo y peligrosamente confiscatorio no tardó en retraer las inversiones fomentando el éxodo de muchos depósitos bancarios.

Un dato por demás curioso para una “constitución peronista” fue el hecho de que la misma prohibía el derecho a huelga, medida defendida en el recinto con total desparpajo por el convencional constituyente peronista Hilario Salvo (que además era secretario general del gremio metalúrgico) en cuyos fundamentos puso de manifiesto la “conciencia de clase” del obrerismo peronista: “El sector minoritario pregunta por qué no se da el derecho de huelga. Darlo sería como poner en los reglamentos militares el derecho a la rebelión armada. Como dirigente obrero, digo con toda responsabilidad -y perdóneseme la expresión – que las huelgas se han hecho para los machos: es cuestión de hecho, por tanto no se precisa el derecho.(…) Como dirigente obrero debo exponer por qué razón la causa peronista no quiere el derecho de huelga. Si deseamos que en el futuro ésta Nación sea socialmente justa, deben estar de acuerdo conmigo los señores convencionales en que no podemos después de enunciar ese propósito hablar a renglón seguido del derecho de huelga, que trae la anarquía y que significaría dudar  de nuestra responsabilidad y de que en adelante nuestro país será socialmente justo. Consagrar el derecho de huelga es estar en contra del avance de la clase proletaria en el campo de las mejoras sociales”[10].

Finalmente, tras maratónicas sesiones abarrotadas de alabanzas al matrimonio presidencial, el 11 de marzo a las seis de la tarde Domingo Mercante sentado en su sillón estampado con la cara de su patrón exclamó: “quedó sancionada la Constitución de Perón”[11].

El engendro constitucional de 1949 no fue sino otro de los tantos retrocesos institucionales a los que por entonces condenó el régimen a la Argentina y esta normativa era obligada a ser jurada de manera constante y sonante por todos los empleados públicos de cualquier nivel, en todo tipo de establecimientos y en cualquier circunstancia. Llegó un momento en el cual la insistente juramentación que se sobreactuaba en todas las dependencias estatales se prestó para chistes populares, tales como el que contaba la anécdota de un guarda y un motorman de un tranvía que pararon la máquina y bajaron a orinar en la estación Rivadavia y Quirno, y una pasajera preguntó ingenuamente en dónde estaban ambos, y desde el anonimato una voz chillona respondió: “¡Fueron a jurar la Constitución, señora!”[12].


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[1] GARCÍA HAMILTON, JOSÉ IGNACIO: “Juan Domingo”. Ed. Sudamericana; Bs.As. 2009 pág 191.

[2] PAGE, JOSEPH A: “Perón, una Biografía”. Sudamericana de Bolsillo; 1ª edición, 2005, pág 242.

[3] Los radicales sostenían que la mayoría de dos terceras partes, debían calcularse sobre todos los miembros del congreso. Los peronistas sostenían que los dos tercios debían calcularse como en las demás votaciones, sobre los miembros presentes. Los radicales argumentaron que la frase “dos terceras partes, al menos de sus miembros” debían interpretarse literalmente, sin agregar “presentes” y que cuando la Constitución autorizaba el cálculo sobre los “miembros presentes”, aclaraba en el texto esa circunstancia.

[4] Citado en: Hugo Gambini, “Historia del peronismo, el poder total (1943-1951)”. Ediciones B, Argentina; Tomo 1, año 2007, pág. 110

[5] El artículo 30 de la Constitución Nacional reza: “La Constitución puede reformarse en el todo o en cualquiera de sus partes. La necesidad de reforma debe ser declarada por el Congreso con el voto de dos terceras partes, al menos, de sus miembros; pero no se efectuará sino por una Convención convocada al efecto”.

[6] 20 Diputados de la UCR renunciaron a sus bloques  y sólo quedaron 18.

[7] Juan Domingo Perón: “La Comunidad Organizada”. Instituto Nacional “Juan Domingo Perón” de Estudios e Investigaciones Históricas, Sociales y Políticas. Buenos Aires. 2006. Página 29. También puede leerse el online en el siguiente enlace:

http://www.jdperon.gov.ar/institucional/cuadernos/Cuadernillo6.pdf

[8] Perón, Juan Domingo: “Conducción Política” (con un apéndice de actualización doctrinaria). Secretaría de Trabajo y Previsión de la Presidencia de la Nación. Bs.As, 1974, pág. 55,56.

[9] El extenso artículo 40 de la constitución de Perón relativizaba y menospreciaba tanto el derecho de propiedad que invertir en la Argentina era poco menos que una aventura. Parte de su contenido dice lo siguiente: “La organización de la riqueza y su explotación tienen por fin el bienestar del pueblo, dentro de un orden económico conforme a los principios de la justicia social. El Estado, mediante una ley, podrá intervenir en la economía y monopolizar determinada actividad, en salvaguardia de los intereses generales y dentro de los límites fijados por los derechos fundamentales asegurados en esta Constitución (…) Los minerales, las caídas de agua, los yacimientos de petróleo, de carbón y de gas, y las demás fuentes naturales de energía, con excepción de los vegetales, son propiedad imprescriptibles e inalienables de la Nación, con la correspondiente participación en su producto que se convendrá con las provincias. Los servicios públicos pertenecen originariamente al Estado, y bajo ningún concepto podrán ser enajenados o concedidos para su explotación. Los que se hallaran en poder de particulares serán transferidos al Estado, mediante compra o expropiación con indemnización previa, cuando una ley nacional lo determine”.

[10] SEBRELI, JUAN JOSÉ: “Crítica de las ideas políticas Argentinas”. Editorial Sudamericana; 2002, pág. 277.

[11] Citado en: Félix Luna, “Perón y su Tiempo. Tomo 1. La Argentina era una fiesta, 1946-1949”. Ed. Sudamericana. 1984. Pág 350.

[12] Citado en: Hugo Gambini, “Historia del peronismo, el poder total (1943-1951)”. Ediciones B, Argentina; Tomo 1, año 2007, pág.527.

martes, 5 de abril de 2016

Argentina: El fascismo peronista en propaganda

“Permiso para pensar”: el documental que destruye el mito de Perón.





Impresionante material fílmico que con impactantes imágenes desnuda el horror, la represión y el culto a la personalidad de la dictadura de Juan Perón. Se sugiere mirarlo completo:

 

sábado, 3 de octubre de 2015

Conquista de América: Chávez decide el futuro de la estatua de Colón en Buenos Aires

Colón
Lo que me inquieta y me pone a pensar en aquello de “argumente, Guerriero, justifique” es el error sobre el que se sostiene el edificio de la idea
LEILA GUERRIERO - El País



Argumente, Guerriero, justifique, me decía mi profesora de filosofía en el colegio. Años después, un editor uruguayo, Homero Alsina Thevenet, me decía: “Un solo error en un artículo echa una sombra de duda sobre todo lo demás”. Leí hace rato que quitaron el busto de Juan Carlos I del Ayuntamiento de Barcelona para “evidenciar las profundas convicciones republicanas” del Ejecutivo barcelonés. La presidenta de mi país dispuso hace poco el reemplazo de la estatua de Cristóbal Colón, que por más de noventa años estuvo detrás de la Casa de Gobierno, por una de Juana Azurduy. Al parecer, la idea surgió cuando, durante una visita a Buenos Aires, Hugo Chávez, entonces presidente de Venezuela, dijo al mirar por la ventana del despacho de la presidenta y ver la estatua: “¿Cómo tienen ahí a ese genocida?”. El destino de Colón quedó sellado y, aunque hubo protestas, la presidenta se mantuvo firme en su objetivo. Para justificarlo dijo entre otras cosas que la palabra “colonización” venía de Colón. Colonización viene del latín pero, en todo caso, cualquiera podría equivocarse. Lo que me inquieta y me pone a pensar en aquello de “argumente, Guerriero, justifique”, en aquello de “un solo error echa sombra sobre todo lo demás”, es lo que subyace: el error sobre el que se sostiene el edificio de la idea. Si esta convicción (“hay que quitar a Colón porque es genocida”) se sostiene en al menos un argumento equivocado (“colonización viene de Colón”), ¿será ese el único de todos los errores? ¿Colón era, entonces, genocida? ¿Y lo era él, pero no los que vinieron detrás —y todavía tienen sus estatuas—, ni los que arrasaron en nombre de su Dios y ahora piden sus disculpas, y hacia quienes corremos, tan embelesados, prestos a perdonar? Porque la catedral de Buenos Aires, como antes la estatua de Colón, también se ve clarito desde la Casa de Gobierno.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Argentina: Que dejó la Revolución Libertadora

A 60´ años de la gloriosa Revolución Libertadora 
Por Nicolás Márquez - La Prensa Popular



¿Un gigante de cartón?

Una semana antes de que se consumara la Revolución Libertadora en el histórico septiembre de 1955´, el General Eduardo Lonardi, oficial retirado, sin mando de tropa, sin un programa previamente acordado con sus camaradas de armas (ni siquiera conocía en persona al Almirante Rojas) y sin coordinación alguna con los partidos políticos opositores osó viajar sin custodia en un micro de línea (acompañado de su mujer y su hijo) desde Buenos Aires a Córdoba con su uniforme militar doblado en un bolso de mano y una semana después, regresó a Buenos Aires como Presidente de la Nación. Indudablemente, lo suyo fue una hazaña digna de quedar en los anales de la historia: en ese lapso Lonardi tomó personalmente la Escuela de Artillería de Córdoba, tras ocho horas de desigual combate logró la rendición de la Escuela de Infantería, luego se plantó quijotescamente frente al Ejército leal (que lo quintuplicaba en efectivos) hasta hacerlo hocicar, paralizó al hegemónico Congreso de la Nación, neutralizó al movimiento sindical que días atrás había recibido la orden de del dictador Perón de matar “5 por 1” y se mantuvo imperturbable ante el bombardeo informativo de los medios de comunicación, todos en manos del régimen.

O lo de Lonardi fue una verdadera epopeya o el desmoronamiento de Perón y de todas sus estructuras dependientes fueron al margen del arrojo de Lonardi. Dicho de otro modo: ¿fue Lonardi un súper-héroe o fue Perón un gigante de cartón? Los súper-héroes no existen y en todo caso Lonardi obró inequívocamente como un héroe pero a su vez, Perón demostró que lo que verdaderamente tenía de gigante era su verba: “¡Compañeros!: los jefes de esta asonada, hombres deshonestos y sin honor, han hecho como hacen todos los cobardes: en el momento abandonaron sus fuerzas y las dejaron libradas a su propia suerte. Ninguno de ellos fue capaz de pelear y hacerse matar en su puesto. Compañeros: nosotros, los soldados, sabemos que nuestro oficio es uno solo: morir por nuestro honor; y un militar que no sabe morir por su honor no es digno de ser militar, ¡ni de ser ciudadano argentino!” arengó el bocón el 29 de septiembre de 1951 tras la frustrada rebelión de Menéndez. Pero cuatro años después él mismo escapaba sin morir, sin pelear, abandonando a los suyos y sin el menor gesto de honor. “Si el pueblo no me necesita, como argentino me sentiré más seguro en la cárcel que en ninguna Embajada extranjera. Digo esto no para no atribuirme méritos, sino para hacer resaltar la diferencia que hay entre nosotros y estos opositores a la violeta, que cuando se resfrían se van a una Embajada como exiliados” disparó en 1952. Pero en 1955 buscó desesperadamente escondite en la primera Embajada que le diera cabida: la del Paraguay comandada por su amigo el dictador Strossner.

Sin embargo, lo más curioso de todo este desenlace no son las mentiras y contradicciones en las que con insistencia y habitualidad recurría Perón, sino el hecho de que en septiembre de 1955 él le sobraba estructura política y militar (la proporción entre leales y rebeldes era de 7 a 1) como para haber podido aplastar a la revolución si acaso hubiese tenido verdaderos dones de mando militar y hubiese contado con las suficientes agallas como para asumir la responsabilidad de liquidar a los rebeldes en Córdoba. Vale decir: sin quitarle el menor mérito a los jefes revolucionarios y a sus heroicos hombres (cono el ContraAlirante Isaak Rojas o el General Pedro Eugenio Aramburu), si la misma prepotencia discursiva con la que Perón se pavoneaba desde los balcones la hubiese portado y aplicado como militar y jefe de Estado, muy probablemente el dictador no hubiese terminado escapando tan deshonrosa y miserablemente.

“Mejor que decir es hacer” decía siempre Perón, aunque paradojalmente si analizamos sus dichos y sus hechos notamos que durante los momentos cruciales o decisivos de su trajinada vida política y militar su gallardía acabara siendo oral y en su actuar concreto no hiciera más que desdecirse y/o autodestruirse, obrando como un verdadero gigante con pies de barro o una suerte de Goliat[1] de las pampas.

Es too much!

Perón no sólo obró sin honor ni dignidad durante la Revolución Libertadora sino que tampoco contó con dichos atributos con posterioridad, es decir,  a la hora de reflexionar sobre lo sucedido. En efecto, tras fugarse intentó ensayar de inmediato explicaciones acerca del porqué de su caída, y una de sus primeras ficciones, sostenida el 5 de octubre de 1955 (semana posterior a la Revolución) se la concedió a la agencia norteamericana United Press en donde manifestó que su destitución obedeció a la conspiración desatada por determinados nacionalistas locales que se opusieron a su política “entreguista” para con la petrolera norteamericana Standard Oil: “Las causas son solamente políticas. El móvil, la reacción oligarco-clerical para entronizar el conservadorismo caduco; el medio, la fuerza medida por la ambición y el dinero. El contrato petrolífero, un pretexto de los que trabajaban de ultranacionalistas sui generis”[2]. Es decir, el fugitivo alegaba haber caído por culpa de los chauvinistas que no entendieron su acuerdo bilateral con el capitalismo estadounidense. Argumento raro el de Perón, teniendo en cuenta que posteriormente él mismo inventó que la causa de su caída fue paradojalmente consecuencia de una conspiración del capitalismo estadounidense: “A nosotros no nos volteó el pueblo argentino: nos voltearon los yanquis; y quién sabe si hubiéramos tomado otras medidas: tal vez hubiese venido una invasión como la de Santo Domingo (…) Todo fue orquestado por los Estados Unidos”[3]. Incluso, uno de sus delirios explicativos más intensos sobre esta última “tesis” la brindó Perón en el mes de noviembre de 1955 en Panamá, cuando se justificó ante la prensa diciendo que se fue de la Argentina para evitar una invasión norteamericana y de la “sinarquía internacional”: “P- General, si las fuerzas leales eran superiores a los insurgentes y además el pueblo estaba con Ud. y la CGT pidió armas para defender al gobierno ¿por qué no resistió? – JDP: ¿qué resolvíamos con eso? La sinarquía internacional se nos iba a echar encima más ruidosamente, quizás nos iban a mandar marines (marinos norteamericanos), pudieron haber muerto un millón de argentinos. ¿Qué favor le haríamos al país?”[4]. ¿En qué quedamos?. ¿Lo voltearon los nacionalistas por “cipayo” o lo voltearon los norteamericanos por “anti-imperialista”? Las recurrentes ficciones de Perón no pasan la prueba de la risa, no sólo por sus insalvables contradicciones sino porque en esta última fantasía suya (la de pretender evitar una “invasión norteamericana”), es el propio dictador el que semanas antes de huir le acababa de entregar la explotación del petróleo en bandeja a los Estados Unidos, y luego alegaba haber desistido la lucha para evitar una inminente invasión estadounidense, la cual acudiría en apoyo de la Revolución Libertadora que fue justamente la que días después anuló los contratos petroleros con la Standard Oil norteamericana que solícitamente había firmado Perón!

Sin embargo, meses después, Perón intentó reformular sus risueñas e inconsistentes excusas y para tal fin elaboró un libro auto-justificativo titulado “La fuerza es el derecho de las bestias”, en el cual sostuvo entre otras cosas que él renunció a la presidencia para salvar la refinería de petróleo que amenazaba bombardear la Marina, puesto que para él esa fábrica le despertaba una especial ternura: “yo la consideraba como un hijo mío. Yo había puesto el primer ladrillo” anotó sentimentalmente, siendo que además el bombardeo implicaría “la destrucción de 10 años de trabajo y la pérdida de 400 millones de dólares”[5]. ¿O sea que el jefe militar de una revolución “anti-oligárquica” abandona a sus “descamisados” a merced de los “explotadores” para salvar la integridad de una simple refinería que al cederla iba a ser luego usufructuada no por “su pueblo” sino por los “explotadores oligarcas”? Es decir, por un posterior gobierno “gorila” que por supuesto obraría al servicio del “imperialismo y las clases dominantes”.

Pero como estas estulticias justificativas no encajaban en ningún razonamiento que pretenda tomarse por serio, en ese mismo libro Perón tomó la precaución de completar su frágil explicación con un argumento un poco más elegante al sostener que en verdad se fue para “no derramar sangre” puesto que además él mismo se negó a armar a los obreros para defender su gobierno: “Influenciaba también mi espíritu la idea de una posible guerra civil de amplia destrucción, y recordaba el panorama de una pobre España devastada que presencié en 1939. Muchos me aconsejaban abrir los arsenales y entregar las armas y municiones a los obreros, que estaban ansiosos de empuñarlas, pero hubiera representado una masacre, y probablemente la destrucción de medio Buenos Aires”[6]. ¿O sea que el “macho”, el Primer Trabajador, el “Gran Conductor”, el General de la Nación y el Libertador de la Nueva Argentina tras haberle ordenado a su pueblo “dar la vida en su puesto de combate” y exhortarles “que caigan cinco de ellos por cada uno nuestro” ahora cedía ante la “oligarquía” bajo el argumento postrero de que no querer “derramar sangre” tras negarse otorgarles armar a los obreros que según él estaban “ansiosos de empuñarlas”? Resulta muy curioso este último silogismo pacifista de Perón, puesto que en carta escrita y remitida en 1956 a John William Cooke, el propio Perón escribió exactamente todo lo contrario y encima culpó a sus colaboradores militares de no haberse animado a armar a los obreros: “Tanto Lucero como Sosa Molina se opusieron terminantemente a que se le entregaran armas a los obreros, sus generales y sus jefes defeccionaron miserablemente, sino en la misma medida que la marina y la aviación, por lo menos en forma de darme la sensación que ellos preferían que vencieran los revolucionarios (sus camaradas) antes que el pueblo impusiera el orden que ellos eran incapaces de guardar e impotentes de establecer”[7]. Luego, en su citado libro, Perón argumenta lo mismo que anotó en la carta a Cooke, pero en esta ocasión no culpó a sus militares sino a sus Ministros: “En los primeros días de septiembre (…) Como un reaseguro, propuse a los Ministros movilizar parte del pueblo, de acuerdo con la ley, para la defensa de las instituciones; pero no encontré acogida favorable por consideraciones secundarias, referidas al efecto que una medida semejante podría ocasionar en los Comandos que, siendo leales, se sentirían objeto de una desconfianza injusta”[8] y en reportaje concedido el 12 de junio de 1956 se despacha contra ministros y militares por igual agregando: “Yo no acuso de traidores a mis Ministros, que fueron fieles, pero sí los acuso de haberme impedido usar al pueblo para la defensa, con el tonto concepto de que lo harían las fuerzas militares, que en la prueba demostraron que no valían nada o que no querían defender al pueblo. Ésa es la verdad, dura pero la verdad. Yo debía haberlos destituido, pero desgraciadamente ya era tarde”[9].

Es decir, siempre echándole la culpa a los demás y sin la menor autocrítica, Perón primero anotó que no quiso “derramar sangre” ni “armar a los obreros” y en declaraciones separadas culpó a sus generales y Ministros de no haber tenido éstos la voluntad de aplastar la rebelión ni de haberse animados a armar a los obreros. Pero hay más chivos expiatorios usados por Perón para justificar su derrumbe. En el colmo de la ingratitud, el “Primer Trabajador” en sus memorias grabadas, culpó a su “pueblo trabajador” no sólo de cobardía sino de haber facilitado su derrocamiento: “nuestro pueblo, que había recibido enormes ventajas y reivindicaciones contra la explotación de que había sido víctima desde hacía un siglo, debía haber tenido un mayor entusiasmo por defender lo que se le había dado. Pero no lo defendió porque todos eran ´pancistas´…! Pensaban con la panza y no con la cabeza y el corazón!…Esta ingratitud me llevó a pensar que darles conquistas y reivindicaciones a un pueblo que no es capaz de defenderlas, es perder el tiempo…Si no hubieran existido todas esas cosas que le dan asco a uno, yo hubiera defendido el asunto y…salgo con un regimiento, decido la situación y termina el problema…También me desilusionaron los gremios. La huelga general estaba preparada y no salieron…Entonces llegué a la conclusión de que el pueblo argentino merecía un castigo terrible por lo que había hecho”[10].

En otra ocasión, en una de las fantasías más ocurrentes que Perón haya esbozado para explicar su derrocamiento, se animó a sostener que él defeccionó porque sus propios militares de confianza pretendían matarlo: “Si yo no me hubiera dado cuenta de la traición  y hubiera permanecido en Buenos Aires, ellos mismos me habrían asesinado, aunque solo fuera para hacer méritos con los vencedores (…) de muchos ya tengo opinión formada como traidores, como cobardes y como felones”[11]. Pero curiosamente años después (en 1970) expuso todo lo contrario: “A mí las Fuerzas Armadas no me defeccionaron: sólo un pequeño sector de ellas. Si yo hubiese resuelto resistir no tenía problemas”[12].

No contento con todo este cúmulo de insensateces, más adelante en el tiempo Perón le expuso a su biógrafo Pavón Pereyra que él se fue por culpa de una conspiración pergeñada por el Primer Ministro de Inglaterra Winston Churchill en un contubernio conformado por el judaísmo, la masonería y el Papa: “Aquí es lícito hablar de factores supranacionales. Ya se sabe que el vaticanismo, la masonería y el sionismo aparecen simultáneamente unidos cada vez que se les disputan en las áreas nacionales el predominio del poder del espíritu, del poder político o del poder del dinero” agregando que “Nuestro error básico quizás haya consistido en no considerar a la lucha entablada contra el peronismo como un fragmento de la lucha secular con Inglaterra” resumiendo la componenda como una “vulgar estratagema churchilliana”[13]

De todas sus bromas explicativas, dejamos para el final la que consideramos más ficcionaria y es la que le brindó a Esteban Peicovich en reportaje concedido en Madrid en 1965, en donde la misma persona que se cansó de perseguir, torturar y encarcelar comunistas sostuvo que en 1955 cayó por falta de apoyo del comunismo internacional: “Si en 1954 Rusia hubiere estado tan fuerte como después, yo hubiera sido el primer Fidel Castro de América Latina”[14].

¿Sintetizamos tamaño abarrotamiento de incongruentes mentiras para no marearnos tanto? Tras excusarse de haber huido por culpa de los nacionalistas que lo voltearon como consecuencia de su acuerdo petrolero con el capitalismo estadounidense, Perón acusó luego a los Estados Unidos de haberlo derrocado (inminente invasión que iría en apoyo de los revolucionarios que derogaron el contrato petrolero que precisamente beneficiaba a los norteamericanos). Posteriormente sostuvo que escapó en salvaguarda de su coqueta refinería, la cual al abandonarla dejaba en pleno usufructo a la “oligarquía”. Seguidamente explicó su fuga inventando su pacífica pretensión de evitar derramar sangre al no querer armar a los obreros, pero luego culpó a sus generales de no haberlos armado, responsabilizó del mismo pecado a sus ministros y por último calificó de cobardía y pancismo a los mismísimos obreros por no haberse estos animados a empuñar armas en su defensa.

Pero todos estos divagues no le impidieron sostener a Perón en otra ocasión que a él lo volteó una conjura encabezada por el Primer Ministro inglés al encabezar una sórdida conspiración antiperonista conformada por el Vaticano, la masonería y el judaísmo. Y en el medio de todo este grotesco galimatías también supo perorar conque en verdad ocurrió que sus militares de confianza pretendían matarlo, aunque posteriormente sostuvo que no, que los militares locales jamás lo traicionaron y finalmente, quien fuera un confesado militar mussolinista y perseguidor de comunistas nos ilustró sosteniendo que en puridad él cayó por no contar con el anhelado apoyo soviético, lamentable ausencia que le impidió convertirse en el primer presidente comunista del hemisferio. ¡Es “too much”!. ¿Tanta pirueta verbal para intentar explicar sin éxito que el verdadero motivo de su fuga fue su cobardía?



Fragmento del último libro “Perón, el fetiche de las masas. Biografía de un dictador”. ¿Cómo conseguirlo? Clickeando aca.


[1] De acuerdo con la narración bíblica (1ª de Samuel 17:4-23; 21:9), Goliat  fue un soldado gigante de la ciudad de Gat y paladín del ejército filisteo, que durante cuarenta días asedió a los ejércitos de Israel. En dicha historia fue derrotado y herido porel pequeño  David con una honda y una piedra  y murió decapitado por su propia espada.

[2] Citado en RUIZ MORENO, ISIDORO J: “La Revolución del 55”. Buenos Aires; Claridad, 2013.  Pág.759.

[3] Citado en RUIZ MORENO, ISIDORO J: “La Revolución del 55”. Buenos Aires; Claridad, 2013.  Pág 760.

[4] Grabación de audio citada reproducida en el documental audiovisual “Perón, Sinfonía del Sentimiento”, dirigido por Leonardo Favio. Puede escucharse en internet en el siguiente enlace:



[5] PAGE, JOSEPH A.: “Perón, una Biografía”. Ed Sudamericana de Bolsillo, 1 edición, año 2005. pág 384.

[6] Citado en RUIZ MORENO, ISIDORO J: “La Revolución del 55”. Buenos Aires; Claridad, 2013.  Págs. 759/760.

[7] Citado en Íd., pág. 761.

[8] Los libros del exilio, 1955-1973, Volumen 1, Juan Domingo Perón, Corregidor, 1996 , pág. 72.

[9]Citado en RUIZ MORENO, ISIDORO J: “La Revolución del 55”. Buenos Aires; Claridad, 2013.  Pág.761.

[10] PAGE, JOSEPH A.: “Perón, una Biografía”. Ed Sudamericana de Bolsillo, 1 edición, año 2005. Pág 387

[11] Citado en RUIZ MORENO, ISIDORO J: “La Revolución del 55”. Buenos Aires; Claridad, 2013.Pág. 761.

[12] Entrevista publicada en la revista Triunfo N. 414, 9 de mayo de 1970, en Madrid. Citado en La Revolución del 55   -   Isidoro J. Ruiz Moreno. Buenos Aires: Claridad, 2013. Pág.760

[13] Perón tal como es. Enrique Pavón Pereyra. Editorial Macacha Guemes. 1973, segunda edición. Pág. 125, 126.

[14] PEICOVICH, ESTEBAN: “Hola Perón”; Granica Editor, 2ª edición, Bs.As, 1973, pág. 46.

viernes, 18 de septiembre de 2015

La Venezuela fascista homenajea culturalmente a Chavez

El nacimiento y muerte de Chávez, efemérides obligatorias en la escuela
Las asociaciones educativas opositoras han dicho que la decisión podría favorecer el proselitismo político en las aulas
ALFREDO MEZA - El País


Hugo Chávez en la Asamblea General de la ONU en 2006. / M. SEGAR (REUTERS)

Con el nombre de Hugo Chávez se fundan barrios de invasiones y se nombran autopistas recién inauguradas por sus sucesores. En los nuevos libros de texto de historia se dedican varias páginas a su carrera. Y desde el próximo año escolar, que comienza a mediados de septiembre, las fechas de su nacimiento y muerte, el 28 de julio y el 5 de marzo, serán una efeméride de obligatorio cumplimiento en las escuelas venezolanas, según una reciente resolución del Ministerio de Educación.

La decisión, publicada en la Gaceta Oficial del 4 de septiembre, es una apuesta más por convertir al líder de la autodenominada revolución bolivariana en un nuevo prócer venezolano. Las asociaciones civiles educativas opositoras al Gobierno han dicho que es una decisión que no ha sido consultada y consideran que la medida favorecerá el proselitismo político en las aulas.

Según el decreto, los alumnos deberán presentar un tema durante la semana de celebración del personaje (Chávez), y efectuar actividades alusivas a él. El personal directivo de la escuela es responsable de garantizar los actos sin que ello implique que sea un día festivo.

Civiles sobresalientes

La decisión es coherente con la línea chavista de rescatar a civiles con trayectoria destacada. Entre ellos está el inventor de la vacuna contra la lepra, Jacinto Convit, y figuras que considera como sus abrevaderos: Ezequiel Zamora, protagonista de la Guerra Federal (1859-1963) e impulsor de la reforma agraria; mártires comunistas como Alberto Lovera, asesinado por la policía política durante el gobierno de Raúl Leoni; o el expresidente nacionalista Cipriano Castro (1899-1908), quien se enfrentó al bloqueo de Alemania, Inglaterra y otras potencias por el impago de su deuda externa. Castro pronunció una frase muy usada por el expresidente Chávez contra Washington: “La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la patria”.

Algunos historiadores consideran que aún es muy pronto para evaluar el impacto del legado de Chávez. Durante los gobiernos que antecedieron al fallecido presidente, entre 1958 y 1998, los libros de historia desarrollaban los hitos más destacados del período presidencial y se mencionaba al presidente de turno como uno de sus artífices. En el calendario de efemérides chavista ninguno de ellos está presente.

lunes, 31 de agosto de 2015

Perón: No era antijudío

Raanan Rein: "Perón no era nazi, catapultó a los judíos a la vida pública argentina"


El historiador y vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv estuvo de paso por argentina para presentar "Los muchachos peronistas judíos", un "intento de derribar el mito de que Perón era nazi". En diálogo exclusivo con Clarín, contó los resultados de su investigación.


Raanan Rein, vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv. (Juan Manuel Foglia)



Derribar mitos es una de las tareas más codiciadas de los historiadores. Ante una afirmación repetida hasta el hartazgo, un documento que pruebe lo contrario suele funcionar como antídoto. Y si de peronismo se trata, hay una lista interminable de ideas que se han implantado en el ideario colectivo que demandan una revisión. Raanan Rein, vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv, visitó Buenos Aires para contarle a los argentinos que hay una idea insostenible: que Perón tenía simpatías con el nazismo y antipatías con el judaísmo. Y ofrece pruebas contundentes.

Los muchachos peronistas judíos (Sudamericana) es una investigación sobre los argentinos judíos y el apoyo al Justicialismo. Para indagar en esta relación entre peronismo y judaísmo, el autor primero repasa las razones por las cuales se erigió este mito de un Perón antisemita: "La neutralidad de la Argentina durante la Segunda Guerra Mundial, la entrada de criminales de guerra como Eichmann al país y ciertos apoyos de extrema derecha durante la campaña de Perón cristalizaron esta imagen", detalla el historiador.

Pero inmediatamente aclara que "todas estas cuestiones pueden explicarse en su contexto histórico", para concluir que las dos primeras presidencias de Perón fueron las que mejores vínculos diplomáticos tuvieron con el Estado de Israel en la historia argentina.


En ningún momento Perón vio una contradicción entre la condición de argentinos y de judíos

 
Rein, profesor y también doctor en Historia en la Universidad de Tel Aviv, estudia al peronismo desde hace muchos años. Con un español fluido aunque acentuado con notas hebraicas, se muestra apasionado por su objeto de estudio, y enmarca esa fijación que tienen varios historiadores de todo el mundo por Perón: "En la historiografía escrita en América Latina fuera del continente son tres los temas que atraen la atención: la revolución mexicana, la revolución cubana y el peronismo". Publicó más de una decena de libros sobre la Argentina, el peronismo y el judaísmo.

Los muchachos peronistas judíos se convertirá, incluso, en un documental que lo mantiene ocupado reuniéndose con diversas instituciones judías en el país. Aquí, en diálogo con Clarín, un adelanto exclusivo de los temas más polémicos que trata el libro que saldrá a la venta en el país el próximo lunes.

- En la introducción del libro enumera una serie de "parentescos amigables" entre el peronismo y la comunidad judía. Pero despues dice que "la dirigencia de las instituciones judías comunitarias, una y otra vez, ha hecho un esfuerzo sistemático por borrar un fenómeno que no le parecía conveniente". ¿Cómo sería esto?

- Efectivamente: la dirigencia comunitaria, una vez que cae Perón, hizo un esfuerzo sistemático por borrar de la memoria colectiva este apoyo por parte de distintos individuos judíos y grupos judíos al primer peronismo. En parte fue un reflejo de la política de las nuevas autoridades nacionales, la Revolución Libertadora, para desperonizar la sociedad. Sin embargo, el éxito logrado por los dirigentes comunitarios judíos ha sido mayor que el éxito de las autoridades nacionales, y de hecho la mayoría de los argentinos judíos (y no sólamente ellos) siguen hoy con la idea de que la comunidad judía -como si se tratara de un todo homogéneo- era en su vasta mayoría hostil al peronismo. Están convencidos de eso. Y yo creo que fue un mito. Es una imagen falsa y distorsionada. Y para desafiar este mito hice un "borrón y cuenta nueva", y volví a las fuentes, que es lo que un historiador tiene que hacer.

- En el libro cuenta que la posición de neutralidad de la Argentina durante la Segunda Guerra Mundial es, en parte, el origen de esta visión del peronismo como antijudío. ¿Cómo se implantó esta idea en la sociedad argentina?

- Sí, este mito tiene que ver con la neutralidad argentina. Pero lo que yo digo es que hay que tener en cuenta que cuatro presidentes distintos, dos civiles y dos militares, estaban apoyando esta política (es decir, no es una política de Perón, sino una política argentina) y que en aquellos años gozaba de un apoyo bastante amplio. Hay otras razones: el hecho de que en su campaña electoral lo apoyaban algunas organizaciones de extrema derecha como la Alianza Libertadora Nacionalista y su alianza con la Iglesia Católica una imagen en distintos círculos judíos acerca de sus posiciones hacia los judíos. Y, por supuesto, la entrada de inmigrantes alemanes, huyendo de Europa después de la Segunda Guerra y, en particular, la entrada de algunos criminales de guerra a este país. En la historiografía, muchas veces te vas a encontrar con una operación controlada por Perón para abrir las puertas a estos criminales nazis. Esta es otra razón que apoya a la ide que el libro deconstruye: a mí me parece linda para una película de Hollywood, pero no para entender la realidad de aquellos años.


Mosaico de identidades: gaucho judío con una Talit, el chal utilizado en los servicios religiosos judíos, tomando mate. (Beth Hatefutsot / Photo Archive. Cortesía de Gustavo Cohen, Argentina)

- Pero fueron muchos los que encontraron refugio en la Argentina. Incluso el "arquitecto" de la solución final, Adolf Eichmann.

- Sí, es cierto. Pero entraron también en otros países. Si uno no adopta una perspectiva comparativa, puede caer en este mito de que la Argentina fue el refugio con "r" mayúscula para todos los criminales de guerra. La mayoría de los que entraron lo hicieron con documentos falsos, a veces lo hicieron por una presión que el Vaticano ejerció sobre el gobierno argentino. Y en algunos casos como Eichmann, no es que una vez que entraron al país se los recibieron con los brazos abiertos y lograron insertarse en la sociedad. sin ninguna duda es una figura especial. Pero si uno mira la política de otros gobiernos argentinos posteriores, esta política de mantener a la soberanía a todo costo y rechazar los pedidos de extradición caracterizó a otros gobiernos también. Y es recién en la segunda mitad de los años 50 que se empieza a saber que había criminales de guerra nazis en el país, cuando empiezan a aparecer notas en medios de comunicación. Lo que sí existió fue un plan para traer al país a científicos y técnicos alemanes. Pero aquí también hay que adoptar una perspectiva comparativa: todo el mundo tenía interés en aprovechar esta oportunidad de captar a gente muy preparada en Alemania, que podía contribuir al desarrollo industrial y científico. Por eso entraron científicos alemanes a Estados Unidos, la Unión Soviética y otros países entre el 47 y el 49.

- Hay una segunda parte de tu argumentación que apunta a otra cuestión que también para vos es un mito: la caracterización de Perón como fascista. ¿Cómo sería eso?

- Hay que tener en cuenta, primero, que por lo menos en los debates políticos acá, la gente usa el término "fascista" con mucho simplismo. El hecho de que Perón tuviera la formación de un militar, ante todo, no apunta al Perón fascista. ¿Por qué? Bueno, el hecho de haber ido a Italia a adquirir experiencia en el alpinismo no significaba que se hubiera hecho un gran estudioso del fascismo o que se juntara con dirigentes fascistas y discutiera con ellos sobre los principios de esta doctrina. Perón era un líder carismático. Mussolini era un líder carismático. Pero eso no significa que hayan tenido similitudes políticas. En Perón uno nota cierto autoritarismo, sí, es cierto. Pero uno no tiene que ser fascista para tener características autoritarias. Cuando uno habla de fascismo, por último, tiene que pensar en la base social del movimiento. Y la base social del fascismo era muy distinta de la base social del justicialismo. Por la idiosincrasia de la sociedad y economía argentina, en particular, y por el uso de la violencia política, tan común en la Italia fascista, no se notaba en aquellos años en la Argentina.

La idea de Perón antisemita aparece antes de su llegada al poder
- "Las elites argentinas no se caracterizaron por su apertura a la comunidad judía", dice en el libro. ¿Por qué?
- Las elites argentinas tenían una actitud muy ambigua y hasta contradictoria respecto de los inmigrantes, especialmente los inmigrantes no católicos y no europeos. Entonces era bastante difícil para los argentinos judíos, los árabes, los japoneses, integrarse en distintos ámbitos de la sociedad argentina. El caso del primer peronismo, lo que vemos es que este énfasis sobre el crisol de razas, según el cual los inmigrantes tenían que dejar de lado todos los rasgos étnicos y todos sus legados, sus idiomas, para convertirse en argentinos. Perón, que rechazó muchas ideas liberales, no puso énfasis en los derechos individuales pero sí en los derechos de grupo. Entonces legitimó los distintos grupos de inmigrantes con su esfuerzo de mantener algún componente identitario étnico a la par de la argentinidad. En ningún momento Perón vio una contradicción entre su condición de argentinos y su identida como árabes, japoneses, judíos. Al contrario, Perón intentó instrumentalizar o aprovechar los lazos de estos grupos de inmigrantes con sus madres patria. Yo argumento en este libro que Perón le abrió las puertas a la argentina multicultural de hoy en día, a diferencia de la extrema derecha. El Perón de los años 40 y 50 no habló en términos de una doble lealtad o una contradicción. Es más, en un discurso dice que un buen judío en Argentina debe apoyar al sionismo y al Estado de Israel.


Israel Zeitlin, conocido por el seudónimo de César Tiempo, escritor y periodista que dirigió el suplemento cultural de La Prensa, una vez que pasó a manos de la CGT (1950). (Wikimedia Commons)

- Entonces, ¿cuándo aparece esta idea de Perón antisemita?

- Antes de la llegada de Perón al poder. Ya durante la campaña electoral de fines del 45 y principios del 46 se estaba cristalizando esta imagen.

- ¿Quién fue Amram Blum y por qué es importante en tu investigación?

- Era un rabino ortodoxo que vino de Jersualém, que vino de la comunidad judeo-siria, y logró, por su brillantez, tener mucho peso y mucha influencia dentro de la colectividad judía. Él se transformó en un consejero de Perón y se transforma en un nexo entre Perón y la colectividad judía. Eso molestaba mucho a los opositores a Perón y contribuyó a crear, incluso, una imagen "judía" para el peronismo. Los carteles de los nacionalistas católicos durante el conflicto entre Perón y la Iglesia a fines del 54 y durante el 55 a veces se referían a la influencia del judaísmo sobre el peronismo. Aquí también radica una razón adicional: una vez que cae Perón, la dirigencia comunitaria judía se distancia de Perón para decir "nosotros no teníamos nada que ver con esta segunda tiranía que acaba de caer".

- ¿Cuál fue la postura de Perón frente a la creación del Estado de Israel?

- La Argentina se abstuvo en la votación de noviembre de 1947. Sin embargo, una vez que se establece el Estado de Israel, Argentina es el primer país latinoamericano en establecer una embajada en Israel. Manda el primer embajador judío en Argentina a Tel Aviv, que es Pablo Manguel -dirigente de la OIA- y cultiva lazos muy estrechos y muy importantes para el país recién establecido. Además, la fundación Eva Perón manda frazadas y medicamentos a los nuevos campamentos de inmigrantes en Israel. Fue una de las mejores décadas de relaciones bilaterales y una de las décadas con menos incidentes antisemitas en toda la historia Argentina.



Envíos de ropa y frazadas de la Fundación Eva Perón para los residentes de los campamentos de inmigrantes en el nuevo Estado de Israel, recibidos en el puerto de Haifa por Yitzhak Navon, su futuro presidente , junio de 1955. (Goverment Press Office, Jerusalén)


- El libro maneja una hipótesis muy fuerte: que el peronismo lanzó a la comunidad judía a la esfera pública argentina ¿En qué basa esto?

- Te puedo contestar primero con un par de ejemplos. Dedico mucha atención a los intelectuales judíos que apoyaban al peronismo y a la figura de César Tiempo, uno de los intelectuales judíos más importantes en este país en el siglo pasado. Cuando acepta él acepta el cargo de director del suplemento cultural del diario La Prensa, expropiado por el gobierno peronista, durante dos o tres años publica allí a más autores judíos que el diario La Nación en 50 años. Es decir, con el peronismo se abren nuevas oportunidades para los judíos en este país, lo cual es otra prueba de que Perón no era nazi, sino que más bien catapultó a los judíos a la vida pública Argentina. No es lo mismo decir esto que insinuar que estaban excluidos en la argentina pre-peronista, pero el acceso que tienen a distintos cargos y entidades estatales, representa no solamente un cambio cuantitativo, sino también cualitativo.


Pablo Manguel, primer embajador argentino en Israel y líder de la OIA, con Juan Perón (Archivo General de la Nación)

- ¿Es un libro incómodo para el peronismo, el judaísmo, para ambos o más bien lo contrario?

- Para algunos peronistas, sin ninguna duda. Para algunos judíos, sin ninguna duda. No puedo generalizar, pero ya recibí algunos comentarios en el sentido de que "no es el momento oportuno para publicar este libro".

- ¿Por qué?

- Porque estamos en medio de una campaña electoral, y unos y otros pueden utilizarlo para sus fines. Yo estoy haciendo mi tarea de historiador. Y tengo suficiente experiencia para saber que una vez que publicás un estudio, ya no es solamente tuyo. Y cada uno lo puede interpretar y usar según sus criterios ideológicos. Lo importante es que la gente interesada lo lea y discuta. Después, cada uno puede sacar sus conclusiones. Pero como historiador, siempre digo que para mejor entender el presente, tenemos que acercarnos al pasado. Entender el papel jugado por distintos judíos en el primer peronismo, desde sus inicios, en algunos casos, nos ayuda a entender también la presencia judía en el peronismo de fines de los 62 y principios de los 70, la presencia judía en el menemismo de los 90 y, por supuesto, la presencia judía en el kirchnerismo. Pero sin entender lo que sucedió en aquel primer peronismo uno pierde la posibilidad de entender cambios y continuidades en la historia.

lunes, 10 de agosto de 2015

España: Las persecuciones de científicos de Franco

La ciencia que desmanteló Franco
Un libro repasa la destrucción de la investigación científica en España tras la Guerra Civil
El CSIC se olvida de su herencia franquista
MANUEL ANSEDE - El País


Franco visita el Instituto Nacional de Investigaciones Agronómicas, en 1954. / UAM

“Al carro de la cultura española le falta la rueda de la ciencia”, sentenció Santiago Ramón y Cajal, único científico 100% español que ha ganado un premio Nobel. El investigador recibió el galardón en 1906 por descubrir las neuronas del cerebro y un año después predicó con el ejemplo y se transformó en el carretero del país: se puso al frente de la nueva Junta para Ampliación de Estudios (JAE), una institución que pagaba a los mejores científicos españoles estancias en las grandes universidades europeas y americanas.
La JAE contribuyó al florecimiento de la Edad de Plata de las letras y las ciencias en España durante el primer tercio del siglo XX. Hasta el físico Albert Einstein aceptó dirigir una cátedra extraordinaria en la Universidad Central de Madrid en 1933. Pero el golpe de Estado de 1936 y la Guerra Civil barrieron este progreso. El 8 de diciembre de 1937, el general Francisco Franco disolvió la JAE y creó otra institución para colocar la “vida doctoral bajo los auspicios de la Inmaculada Concepción de María”.

El libro Enseñanza, ciencia e ideología en España (1890-1950), editado por la Diputación de Sevilla y Vitela Gestión Cultural, repasa ahora el desmantelamiento de la ciencia en España ejecutado por la dictadura franquista. “A los que estudiamos en la Universidad española entre finales de los sesenta y principio de los setenta nos hacían creer que antes de 1940 la ciencia estaba atrasada y fue casi inexistente, que todo lo que se estaba haciendo entonces provenía del actual régimen, el cual había puesto los medios materiales y las personas adecuadas para que la ciencia española progresara y saliera del atraso en que se encontraba en la década de 1930. Pero nada más lejos de la realidad”, reflexiona el historiador Manuel Castillo, catedrático emérito de Historia de la Ciencia en la Universidad de Sevilla y coautor del libro.

De los 580 catedráticos que había, 20 fueron asesinados, 150 expulsados y 195 se exiliaron, señala el historiador Manuel Castillo
Castillo recuerda que José Ibáñez Martín, ministro de Educación entre 1939 y 1951, asumió la decisión de “recristianizar la sociedad”. La represión vació la universidad. De los 580 catedráticos que había, 20 fueron asesinados, 150 expulsados y 195 se exiliaron, señala Castillo. “La Iglesia supervisó o participó en cada una de estas denuncias”, afirma.

Uno de los primeros en huir fue el físico Blas Cabrera, un experto en magnetismo que había sido elegido miembro de la Academia de Ciencias de París en sustitución del fallecido Svante August Arrhenius, premio Nobel de Química. “A México llegaron medio millar de médicos e investigadores de ciencias biomédicas”, prosigue Castillo. También escaparon grandes figuras de las ciencias naturales, como Ignacio Bolívar, sucesor de Ramón y Cajal al frente de la JAE en 1934, y Odón de Buen, pionero de la oceanografía en España y un divulgador de la ciencia cuyos libros fueron prohibidos por el papa León XIII por defender las teorías de Darwin.

Las matemáticas españolas perdieron a Luis Santaló, uno de los padres de la Geometría Integral, que se exilió en Argentina y continuó investigando en la Universidad de Buenos Aires. En 1983, con 72 años, recibió el premio Príncipe de Asturias de investigación científica. La química también se resintió. Antonio García Banús, catedrático de Química Orgánica en la Universidad de Barcelona, se exilió en Colombia y allí creó la Escuela de Química en la Universidad de los Andes, en Bogotá. Enrique Moles, autoridad mundial en la determinación de los pesos atómicos, también fue depurado, como firmante del manifiesto “Contra la barbarie fascista” publicado tras el bombardeo aéreo de Madrid.

El CSIC nació para buscar “la restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias destruida en el siglo XVIII”
Son solo algunos de los ejemplos que aparecen en Enseñanza, ciencia e ideología en España (1890-1950), cuyo segundo autor es Juan Luis Rubio, profesor de Historia de la Educación en la Universidad de Sevilla. El Decreto del 8 de noviembre de 1936, dictado por Franco en Salamanca, había ganado. Era una orden de eliminar “las ideologías e instituciones disolventes, cuyos apóstoles han sido los principales factores de la trágica situación a que fue llevada nuestra Patria”.

Sobre las cenizas de la JAE, y bajo la batuta de José María Albareda, miembro del Opus Dei más tarde ordenado sacerdote, se creó en 1939 el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Albareda propuso en un primer momento que se denominase Nacional en lugar de Superior, pero en cualquier caso el CSIC nació para intentar “la restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias destruida en el siglo XVIII”, según la ley que lo creó el 24 de noviembre de 1939.

Aquel texto criticaba la supuesta “pobreza y paralización” de la ciencia en España durante el primer tercio del siglo XX. Franco decretaba el olvido de la JAE, una falta de memoria que se repitió de manera sorprendente en 2014, en el 75 aniversario del CSIC, cuando el organismo pasó de puntillas por su pasado de exilios y depuraciones en los actos de celebración. El actual presidente del CSIC es Emilio Lora-Tamayo, hijo de Manuel Lora-Tamayo, ministro de Educación con Franco y también presidente del CSIC, entre 1967 y 1971.

El franquismo convirtió a España en uno de los países "más subdesarrollados del continente en ciencia", según Castillo
Con la llegada de la dictadura, El origen de las especies de Charles Darwin se convirtió en una obra totalmente prohibida. El ministro Ibáñez Martín incluyó pasajes del Génesis bíblico en algunos libros de Ciencias Naturales. La investigación de la evolución humana, que había empezado a despuntar gracias a la JAE, fue sustituida por Adán y Eva. La paleontología “se retrotraía hasta el Cuarto Concilio de Letrán”, organizado por el papa Inocencio III en el año 1215, según Castillo.

“Hay que reconocer que en esto el franquismo fue pionero: se adelantó decenas de años a la corriente creacionista tan en boga hoy en algunas universidades norteamericanas que afinan la inventiva para introducir sus teorías como avaladas por la ciencia”, ironiza el catedrático emérito.

“La falta de libertad de pensamiento y de expresión durante casi 40 años taró al país y lo convirtió en uno de los más subdesarrollados del continente en ciencia y en cultura general”, sentencia Castillo. El Auditorio de la Residencia de Estudiantes, una de las joyas de la JAE en Madrid y sede de importantes conferencias científicas internacionales, fue demolido parcialmente y se convirtió en una iglesia. “Si de las basílicas romanas surgieron las primitivas iglesias cristianas, por qué de un teatro o cine, en donde se pensaba ir ensuciando y envenenando, con achaques de cultura y de arte, a la juventud española, no puede surgir un oratorio, una pequeña iglesia para que sea el Espíritu Santo el verdadero orientador de esta nueva juventud de España”, escribió tras la Guerra Civil su arquitecto, Miguel Fisac, por entonces miembro del Opus Dei.