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martes, 16 de enero de 2018

Guerra mexicana-estadounidense: Batalla de Cerro Gordo

Batalla de Cerro Gordo


Wikipedia


La Batalla de Cerro Gordo fue el enfrentamiento librado el 18 de abril de 1847 por los ejércitos de México y de los Estados Unidos en la llamada Intervención estadounidense en México.



Antecedentes

Los Estados Unidos decidieron abrir un frente oriental vía Veracruz-México y como primera fase sus fuerzas navales y terrestres bombardearon y capturaron el casi indefenso puerto de Veracruz que capituló el 27 de marzo de 1847. Inmediatamente, el General Winfield Scott, al mando de este frente, avanzó hacia el interior, teniendo como objetivo final la Ciudad de México.

El 18 de abril de 1847 el ejército norteamericano se enfrentó a las fuerzas mexicanas en el lugar llamado Cerro Gordo, a unos 35 kilómetros de Xalapa. Ahí en los cerros El Telégrafo (Cerro Gordo) y La Atalaya, que dominaban la villa, se fortificó Santa Anna.

El teniente coronel de ingenieros Manuel Robles fue encargado por el General Valentín Canalizo de hacer un reconocimiento en Cerro Gordo y manifestó que las encontraba ventajosas para molestar al ejército invasor mediante guerrillas a su tránsito para Xalapa pero no como el punto más viable para comprometer la totalidad del ejército, su opinión la fundaba principalmente en que el camino podría ser cortado por el enemigo a retaguardia de la posición, la imposibilidad de maniobrar con la caballería, el poco efecto de la artillería por lo accidentado y boscoso del terreno que protegería a la infantería enemiga en caso de ataque, la falta de agua y por último, lo difícil que sería salvar la artillería en caso de derrota. En su lugar, recomendaba que donde debía presentarse la batalla era en Corral Falso, posición favorable a las maniobras de la numéricamente superior caballería mexicana, además de que Scott sería incapaz de esconder los movimientos de sus tropas, que podrían ser atacadas fácilmente con la artillería de largo alcance. A pesar de estas opiniones, que lamentablemente probarían ser ciertas, el general Canalizo, por orden expresa del general Santa Anna, dispuso que el teniente coronel Robles comenzase la fortificación de Cerro Gordo.

En una proclama expedida el 29 de marzo se adjudicó el mando del ejército de Oriente al general Valentín Canalizo. El ejército de Oriente estaba compuesto de la división del mismo nombre al que se le había incorporado la brigada de Rangel, la división formada por los restos del ejército del Norte, la brigada Pinzón, Guardias Nacionales de Coatepec y Xalapa, el grueso de la caballería que más tarde constituyó la división especial de Canalizo, y a lo último la Brigada Arteaga, compuesta esta última de los batallones activos y de Guardia Nacional de Puebla con un total de 1000 hombres. Con estos cuerpos excepto la mencionada brigada Arteaga y que no llegó sino en los momentos finales de la batalla del 18 de Abril, no tomando parte ya en ella, estableció Santa Anna su campamento en Cerro Gordo.

Preparativos

Desde el 11 de abril una avanzada estadounidense comandada por Twiggs persiguió una tropa de lanceros mexicanos y pronto se dieron cuenta de que el ejército mexicano estaba ocupando las colinas cercanas. Twiggs esperaba la llegada de refuerzos dirigidos por el general de división Robert Patterson, que marcharían al día siguiente.



Área principal del campo de batalla. (Justin H. Smith's The War with México).

Aunque Patterson era de un rango superior, estaba enfermo, por lo que permitió a Twiggs que planeara él mismo el ataque. Con esta intención envió a WHT Brooks y a PGT Beauregard a explorar el terreno; éstos encontraron un pequeño camino desde donde se podía flanquear la posición mexicana y apoderarse de "La Atalaya", un cerro desde donde se dominaba toda la posición.

Beauregard informó sus hallazgos a Twiggs. A pesar de esta información, Twiggs decidió preparar un ataque frontal contra las tres baterías mexicanas en los acantilados, utilizando la brigada del general GJ Pillow. Preocupado por las altas bajas que provocaría esa medida y el hecho de que el grueso del ejército no había llegado, Beauregard expresó sus opiniones a Patterson. Como resultado de su conversación, Patterson asumió de nuevo el mando (a pesar de su enfermedad) en la noche del 13 de abril y ordenó posponer el asalto del día siguiente. El 14 de abril, Scott llegó a Plan del Río con las tropas adicionales y se hizo cargo de las operaciones.

La batalla

Tras evaluar la situación, Scott decidió enviar el grueso del ejército alrededor del flanco mexicano, mientras dirigía un ataque en contra de las alturas. Como Beauregard había enfermado, la exploración adicional de la ruta de flanqueo fue dirigida por el capitán Robert E. Lee. Confirmando la viabilidad de utilizar el camino, Lee exploró más lejos y casi fue capturado. Informado de sus hallazgos, Scott envió equipos de ingenieros para ampliar la ruta que fue apodada "el sendero" ("the trail"). Preparado para avanzar, el 17 de abril dirigió la división de Twiggs, compuesta por brigadas dirigidas por los coroneles William Harney y Bennet Riley, para moverse sobre el sendero y ocupar La Atalaya. Al llegar a la colina, deberían acampar y estar listos para atacar a la mañana siguiente. Para apoyar el esfuerzo, Scott unió la brigada del general James Shields al comando de Twiggs.1​

Avanzando hacia La Atalaya, las tropas de Twiggs fueron atacadas por mexicanos de Cerro Gordo. En su contraataque, parte de las tropas de Twiggs avanzó demasiado lejos y recibió intenso fuego de las principales líneas mexicanas, antes de retroceder. Durante la noche, Scott emitió órdenes para que Twiggs se abriera camino hacia el oeste a través de bosques densos y cortara la Carretera Nacional en la retaguardia mexicana. Esto sería apoyado por un ataque contra las baterías por Pillow. Arrastrando un cañón de 24 libras a la cima de la colina durante la noche, los hombres de Harney renovaron la batalla en la mañana del 18 de abril y asaltaron las posiciones mexicanas en Cerro Gordo. Superando las trincheras enemigas, obligaron a los mexicanos a huir de las alturas.1​

Hacia el este, Pillow comenzó a moverse contra las baterías. Aunque Beauregard había recomendado una demostración sencilla, Scott ordenó a Pillow atacar una vez que escuchó los disparos de la acción de Twiggs contra Cerro Gordo. Protestando su misión, Pillow pronto empeoró la situación discutiendo con el Teniente Zealous Tower quien había explorado la ruta de aproximación. Insistiendo en un camino diferente, Pillow expuso su comando al fuego de artillería durante gran parte de la marcha hasta el punto de ataque. Con sus tropas recibiendo una paliza, comenzó a reprender a sus comandantes de regimiento antes de abandonar el campo con una pequeña herida en el brazo. Habiendo fracasado en muchos niveles, la ineficacia del ataque de Pillow tuvo poca influencia en la batalla ya que Twiggs había logrado superar la posición mexicana.1​

Distraído por la batalla por el cerro de El Telégrafo (el ahora llamado Cerro Gordo), Twiggs sólo envió a la brigada de Shields para cortar la Carretera Nacional al oeste, mientras que los hombres de Riley se movían alrededor del lado oeste de Cerro Gordo. Marchando a través de bosques espesos y tierra sin explorar, los hombres de Shields surgieron de los árboles en el momento en que Cerro Gordo estaba cediendo ante Harney. Poseyendo sólo 300 voluntarios, Shields fue rechazado por 2,000 de caballería mexicana y cinco cañones. A pesar de esto, la llegada de tropas estadounidenses en la retaguardia mexicana generó un pánico entre los hombres de Santa Anna. Un ataque de la brigada de Riley a la izquierda de Shields reforzó este temor y llevó a un colapso de la posición mexicana cerca del pueblo de Cerro Gordo. Aunque obligados a retroceder, los hombres de Shields sostuvieron el control sobre el camino y complicaron el retiro mexicano.1​

Apuntes para la Historia

En los "Apuntes para la historia de la guerra entre México y los Estados Unidos" se describe la sangrienta derrota: 2​

«Al amanecer del día 18, el estruendo del cañón enemigo resonó en aquellos campos como anuncio solamente de la batalla...El enemigo arrojaba sin cesar granadas, cohetes y toda clase de proyectiles que caían sobre el cerro, sobre el camino y aún más allá de nuestro campo...
Sobre la cumbre del cerro, se veía entonces, en medio de una columna de humo denso, una multitud de americanos, circundados de la rojiza luz de sus fuegos dirigidos sobre la enorme masa de hombres que se precipitaba por la pendiente, cubriéndola como de una capa blanca por el color de sus vestidos. Era aquel horrible espectáculo, como la erupción violenta de un volcán, arrojando lava y cenizas de su seno y derramándolas sobre su superficie. Entre el humo y el fuego sobre la faja azul que formaban los americanos alrededor de la cima del Telégrafo, flameaba aún nuestro pabellón abandonado. Pero bien pronto en la misma asta, por la parte opuesta, se elevó el pabellón de las estrellas, y por un instante flotaron entre ambos confundidos, cayendo por fin el nuestro desprendido con violencia entre la algazara y el estruendo de las armas de los vencedores, y los ayes lastimeros y la grita confusa de los vencidos. Eran los tres cuartos para las diez de la mañana...
El general Santa Anna, acompañado de algunos de sus ayudantes, se dirigía por el camino a la izquierda de la batería cuando saliendo ya del bosque la columna enemiga le impidió absolutamente el paso con una descarga que le obligó a retroceder. El coche del mismo general, que salía para Jalapa, fue acribillado a balazos, muertas las mulas, y hecho presa del enemigo, así como un carro en el que había diez y seis mil pesos recibidos el día anterior, para el socorro de las tropas...
¡Cerro Gordo se había perdido!... ¡México quedaba abierto a la iniquidad del invasor!»


Consecuencias

Finalmente la batalla de Cerro Gordo, ocurrida el 17 y 18 de abril, fue ganada por los estadounidenses, quienes escalaron los cerros y lograron rodear el flanco izquierdo de los mexicanos, los que a su vez se retiraron en total desorden por el camino a Jalapa.

La brigada Arteaga, y los restos de la reserva de infantería y de los cuerpos de la misma arma que se retiraron del cerro de El Telégrafo, pudieron seguir defendiendo la guarnición pero la pérdida del punto principal de la defensa causó la desmoralización y el terror de las tropas, haciendo huir a los que ni aún se habían batido como el caso de ésta que llegó tarde, e impidiendo a los jefes contener el desorden.

Por el camino de Jalapa se retiraron la división de caballería de Canalizo y la referida brigada, desorganizada y disuelta siendo perseguida empeñosamente por destacamentos de las divisiones de Twiggs y de la brigada de Shields, fracciones del regimiento de Nueva York, y 3º y 4º de Illinois, causándole más o menos destrozo.

Fue también en una escaramuza de esta acción persecutoria en la que el general norteamericano Shields fue igualmente herido de cierta gravedad. A Jalapa llegaron los heridos como dice una crónica de la época:

«A inmediaciones de los hospitales el ruido estridente y casi continuo de la sierra, los gritos de los amputados a quienes no se aplicaba todavía el cloroformo y la vista de los haces de piernas y brazos sacados para su cremación o enterramiento, aterrorizaban a los vecinos, quienes para dar variedad a sus emociones, tenían el espectáculo de las comitivas fúnebres en que, tras un sencillo ataúd de pino pintado de negro y llevado en hombros, marchaban silenciosos y cabizbajos oficiales o soldados al compás de una sinfonía de pitos, que es lo más triste que he oído...»

Vista la incapacidad del ejército mexicano para detener a los invasores, el gobierno del general Anaya autorizó la formación de guerrillas, cuya misión era hostilizar al enemigo, en especial en el camino de Veracruz a Puebla. Se integraron del diezmado ejército de Oriente y de rancheros de la región. No obstante, estas guerrillas lograron interrumpir el avance y ocasionaron pérdidas a los norteamericanos de cientos de hombres, además de medios de transporte, carros y mulas, así como convoyes con ropa y víveres.

Esta batalla ha sido llamada por los estadounidenses "Batalla de las Termópilas" porque el uso del terreno y de traidores fue similar a la maniobra que los persas utilizaron para derrotar finalmente a los griegos. Sin embargo, los números difieren de esta aseveración, ya que las bajas estadounidenses fueron moderadas, mientras las bajas mexicanas fueron más numerosas. Scott avanzó posteriormente sobre Puebla, a 120 kilómetros de Ciudad de México, de la que se posesionó sin disparar un solo tiro el 15 de mayo de 1847.

Después de la desastrosa batalla, muchos sectores políticos comenzaron a ejercer presión para conseguir una paz a toda costa, por lo que personajes como Melchor Ocampo propugnaban por el uso de un sistema de guerrillas:

Honorable Congreso. Hay un temor que contrista todos los ánimos, que lentamente corroe y destruye todo entusiasmo, que produce el peor de los estados en que pueden hallarse los pueblos o los individuos: el de la incertidumbre: y el origen de tan grave mal es el vago rumor, porque no quiero decir funesto presentimiento, de que hay en México una porción infame de la sociedad que piensa hacer a todo trance la paz con Norteamérica, por no perder las materiales ventajas que esta paz produce; por no hacer en obsequio del honor nacional y de la dignidad humana, tan vilmente hollados en nosotros, el insignificante sacrificio de cambiar por unos cuantos meses el régimen de vida; por ceder al pueril e inconcebible susto que le ha inspirado la noticia de armas de algún poder. Un inexplicable sentimiento de vergüenza, de indignación y despecho, impide hoy al Ejecutivo del Estado a depositar en el seno de la representación michoacana sus dudas y temores; dudas, no de lo que debe hacer; temores, no de lo que debe arrostrar, sino de la funesta influencia que sobre los espíritus tímidos, sobre las almas pacatas, sobre los hombres comodines, puede ejercer el infame rumor que esparcen el miedo de algunos y la casi universal corrupción.
Hay quienes quieran hacer la paz; ¿y saben estos insensatos lo que hoy sería la paz para la República? Hay quienes quisieran hacer la paz. Y quienes tal pretenden, ¿se han formulado siquiera las consecuencias de semejante infamia? Hay quienes quieran hacer la paz; ¿y se ignora acaso o se aparenta ignorar, que éste sería el último medio a que podía acudirse como conveniencia pública, cuando hubiésemos llegado al último punto de la desesperación? Si hoy que sólo hemos perdido algunas ciudades, algunas ridículas batallas; si hoy que todavía no hemos ensayado el único sistema que pudiera sernos provechoso, el de las guerrillas, y aún nos queda mucho que emprender; si hoy que el enemigo no hace más que amagar a la capital de la República, ya se piensa en pedirle una paz oprobiosa, ¿qué se dejaría para cuando verdaderamente hubiésemos padecido por la guerra; para cuando hubiésemos hecho todo aquello de que somos capaces Y viésemos que resultaban inútiles nuestros esfuerzos? En nombre de Dios y de cuanto hay de santo, que cada uno ponga la mano en su conciencia, y que en un momento en que callen sus pasiones se pregunte imparcialmente: ¿he hecho yo cuanto estaba en mi arbitrio para corresponder a la sagrada obligación social de defender esta patria a la que debo cuanto soy civilmente? Y cuando la conciencia le diga, como infaliblemente debe decimos a todos, que bien poco o nada se ha hecho, ¿habrá resolución para tratar de paz? ¿Será posible un tal desentendimiento de todos los deberes sociales, una tal abnegación sobre todo lo que es grande y generoso, una tal renuncia de todo lo que honra a los pueblos? ¿Podrán los rastreros y mezquinos intereses de conservar en pie cuatro adobes, algunas cabezas de ganado o algunos puñados de semillas, anteponerse al fallo inexorable de la historia? ¿Qué hemos hecho? ¿Qué podíamos hacer todavía? Esto era lo que debía discutirse, y no entregarse maniatados, como tímidas y estúpidas ovejas, a la insultante rapacidad de nuestros enemigos.
Morelia, Abril 29 de 1847. Melchor Ocampo.



Batalla de Cerro Gordo
Intervención estadounidense en México
Fecha17-18 de abril de 1847
LugarCerro Gordo, Veracruz
ResultadoVictoria estadounidense
Beligerantes
Bandera de Estados Unidos Estados UnidosBandera de México Segunda República Federal de México
Comandantes
Bandera de Estados Unidos Winfield Scott
Bandera de Estados Unidos Robert E Lee
Bandera de México Antonio López de Santa Anna
Bandera de MéxicoCiriaco Vázquez  
Fuerzas en combate
10 000-12 000 soldados
30 piezas de artillería
9000-12000 soldados
40 piezas de artillería
Bajas
63 muertos
365 heridos
~1000 muertos y heridos (Gen. Ciriaco Vázquez †); Generales Luis Pinzón, José María Jarero, Rómulo Díaz de la Vega, Noriega y José María Obando, capturados
3036 prisioneros
Artillería capturada


domingo, 14 de enero de 2018

PGM: Arte de George Bellows

Litografías de George Bellows's War Series



History Net



Llegan los alemanes (Colección militar Anne S.K. Brown / Biblioteca de la Universidad Brown)



El caso del sargento Delaney (Colección militar Anne S.K. Brown / Biblioteca de la Universidad Brown)


Granja belga (Colección militar de Santa K.K. Brown / Biblioteca de la Universidad de Brown)


Base Hospital, n.º 1 (Galería de Arte de la Universidad de Yale)



Gott Strafe England (Colección militar de Anne S.K. Brown / Biblioteca de la Universidad de Brown)


Bacchanale (Galería de arte de la Universidad de Yale)


La carga, detalle de lo que quedó (Colección militar Anne S.K. Brown / Biblioteca de la Universidad Brown)


 El cigarrillo (Colección militar Anne S.K. Brown / Biblioteca de la Universidad Brown)


Muerto por francotirador (Anne S.K. Brown Military Collection / Brown University Library)

sábado, 6 de enero de 2018

Guerra Fría: Ases cubanos de Bahía de Cochinos


Pilotos cubanos del incidente de Bahía de Cochinos

CUBA

Bahía de Cochinos 1961

NOMBRE                           VICTORIAS           UNIDAD            FUERZA AÉREA

Prendes Quintana, Alvaro           3               Esc.de Caza     DAAFAR
Carreras Rojas, Enrique            2               Esc.de Caza     DAAFAR
del Pino Diaz, Rafael              1 *             Esc.de Caza     DAAFAR
Fernandez, Alberto                 1               Esc.de Caza     DAAFAR
Rudd Mole, Douglas                 1               Esc.de Caza     DAAFAR

*...+1 victoria durante la Guerra Fría.
DAAFAR...Defensa Antiaérea y Fuerza Aérea Revolucionaria 



Sea Fury FB.Mk.11, FAR-541.


Sea Fury FB.Mk.11, FAR-542.

Fuentes & Literatura
  1. ACIG Team: Cuban Air-to-Air Victories, List of confirmed, claimed, and probable air-to-air victories scored by the Cuban pilots since 1961,http://www.acig.org/artman/publish/article_165.shtml.http://s188567700.online.de/CMS/index.php?option=com_content&task=view&id=42&Itemid=47.
  2. Cooper, Tom: Clandestine US Operations: Cuba, 1961, Bay of Pigs,http://www.acig.org/artman/publish/article_154.shtml,http://s188567700.online.de/CMS/index.php?option=com_content&task=view&id=83&Itemid=47.
  3. Lednicer, David: Intrusions, Overflights, Shootdowns and Defections During the Cold War and Thereafterhttp://mysite.verizon.net/anneled/ColdWar.html.
  4. MacPhail, Dough - Acree, Chuck: Bay of Pigs:The Men and Aircraft of the Cuban Revolutionary Air Forcehttp://www.laahs.com/art61.htm
  5. Magnus, Allan: Air Aces Home Page,http://users.accesscomm.ca/magnusfamily/airaces1.htm
  6. Petz, Daniel: Operace "Pluto", Ltadla nad Zátokou sviní, in Aero Plastic Kits Revue, No. 24, 1994.
  7. Polák, Tomáš: Žhavé výstřely studené války 4. - Amerika, in Aero Plastic Kits Revue, No.41, 1994.
  8. Shores, Christopher: Air Aces, Presidio Press, Novato, California 1983.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Guerra mexicano-estadounidense: Batalla de la Angostura (1847)

Batalla de la Angostura

Memoria Política de México

En la Batalla de la Angostura, luchan las tropas nacionales contra las invasoras norteamericanas.


Entre San Luís y Saltillo, en un paso de montaña llamado La Angostura, próximo a la hacienda de Buenavista, inicia el combate más impresionante de la guerra entre Estados Unidos y México, entre las fuerzas mexicanas -comandadas por Santa Anna, Mora, Villamil, Micheltorena, Blanco, Corona, Pacheco, Lombardini, Urrea y otros- y las invasoras norteamericanas al mando de Zacarías Taylor. Se trata de la Batalla de la Angostura o de Buenavista.


Febrero 22 de 1847

Serán dos días de encarnizada y crudelísima lucha, entre catorce mil mexicanos con buena caballería pero con viejos cañones de alcance y capacidad de fuego reducidos, y siete mil invasores mejor posicionados, que contaban con moderna artillería del doble de alcance.




Hoy Santa Anna exige a Taylor que se rinda, lo que sólo provoca su ira, y al negarse, se inician algunas escaramuzas para tomar posiciones y movilizar sus efectivos. Al día siguiente, Santa Anna atacará con todas sus fuerzas y al mediodía habrá roto la línea de los invasores, pero Taylor contraatacará y detendrá momentáneamente el avance de las tropas mexicanas. Cuando las columnas nacionales serán casi dueñas del campo de batalla, de pronto recibirán de Santa Anna la orden de retirada en plena noche.





La retirada del ejército mexicano en la madrugada del 24 de febrero, cuando Santa Anna parecía tener la victoria y podía apoderarse de Saltillo, será muy cuestionada. Al parecer la tropa estaba exhausta, carecía de elementos y llevaba varios días sin probar alimento, tras haber cruzado el desierto durante uno de los más crudos inviernos. Pero en Saltillo podía encontrar agua y alimentos. Además los invasores norteamericanos estaban desalentados y tan convencidos de su derrota, que cuando se dieron cuenta de la retirada de sus enemigos, estallaron en júbilo y hasta se cuenta que, llorando, los generales Taylor y Woolse abrazaron.



Santa Anna cargará su derrota a la falta de valor del general exrealista José Vicente Miñón, cuya caballería de unos mil quinientos efectivos, actúo erráticamente durante las horas más decisivas, por lo que será sometido a juicio militar.



En los "Apuntes para la historia de la guerra entre México y los Estados Unidos", se da cuenta de la batalla en los siguientes términos:

Poco se dilató en alcanzar a los enemigos en el campo de batalla conocido con el nombre de la Angostura. EI terreno que se acababa de andar, estaba formado de vastas y estensas llanuras, en que no se hubiera podido resistir el empuje vigoroso de nuestras tropas, principalmente el de nuestra hermosa caballería; pero en donde el enemigo se había detenido para combatir, empezaban dos series sucesivas de lomas y barrancas, que constituían una posición verdaderamente formidable. Cada loma estaba defendida por una batería, pronta a dar la muerte a los que intentaran tomarla; y la disposición del lugar, que presentaba grandes obstáculos para el ataque, manifestaba con claridad que, aun cuando las armas mexicanas tuviesen el triunfo, no sería sin una perdida de consideración

Luego que la caballería llegó a la Encantada, desde donde avistó al enemigo, comenzó a batirse en tiradores. Inmediatamente envió orden el general en gefe para que la infantería apresurara su marcha, caminando a paso veloz. Así se verificó: a pesar del cansancio de la tropa, se siguió adelante hasta llegar a la Angostura, con lo que se completó una jornada de 12 leguas. La fatiga mató a varios soldados, que quedaron tendidos en el camino. Luego que llegó la infantería, la brigada del general Mejia se situó a la izquierda de éste entre unos sembrados, sostenida por un cuerpo de caballería. EI resto la infantería se colocó a la derecha, formando en dos líneas con sus competentes reservas y baterías. Las brigadas de caballería quedaron a la retaguardia.



Respecto de los cuerpos ligeros, el general en gefe dispuso que Ampudia, que los mandaba, fuera a apoderarse de un cerro que había quedado abandonado a nuestra derecha, y que importaba demasiado ocupar para el éxito de la batalla. Los cuerpos ligeros se dirigieron a esa posición; pero el general Taylor conoció entonces la falta que había cometido, y para remediarla envió por su parte una fuerza respetable, esperando que llegara primero que la nuestra. Las dos divisiones se acercaron una a otra: conociendo que la ocupación del cerro no era ya empresa fácil, y que no debía quedar sino en poder del vencedor, rompieron sus fuegos, trabando un reñido combate. Además de la oposición del enemigo, aquella eminencia presentaba por si misma obstáculos de consideración: el ascenso era casi perpendicular, de suerte que aun para subir el parque había penosas dlflcultades, siendo necesario valerse de mil arbitrios para superarlas.

El combate continúa con encarnizamiento: la noche cierra completamente, y está aun indeciso el resultado. Los cuerpos ligeros se baten con denuedo: el resto del ejército, simple espectador de la acción, sigue ansioso con la vista la dirección de los fuegos, luchando entre la duda y la esperanza. "Luego que oscureció”, dice la relación citada anteriormente "el espectáculo era magnífico. Se veía flotar realmente en los cielos una nube de fuego, que o se elevaba o se abatía, según los enemigos ganaban o perdían terreno". Por ultimo, los americanos ceden; sus soldados se retiran; los nuestros coronan el cerro  tenazmente defendido como intrépidamente ganado.

El resto de la noche se pasó al vivac y enfrente del enemigo. Estuvo lloviendo: el frío era crudísimo: se había prohibido hacer lumbradas, por lo que no se veía ninguna luz en el campamento. La mayor parte del ejército esperaba el combate indiferente y tranquilo,. como si la muerte no girara sonriendo sobre sus cabezas, mientras algunos oficiales velaban, agobiados de los pensamientos que siempre dominan la víspera de una gran batalla.

Amaneció el 23: la aurora de aquel día de grandioso recuerdo, fue saludada con las marciales dianas de los cuerpos: el general Santa-Anna estaba ya a esa hora a caballo dando sus disposiciones. El fuego de cañón comenzó: las tropas ocuparon sus puestos: la brigada del general Mejia pasó de la izquierda a la derecha del camino. La batalla se generalizó  poco después, y como no hubo tiempo para repartir el rancho, los soldados pelearon todo el día sin tomar alimento.



El combate comenzó por el cerro ganado la víspera, y que de nuevo disputaron los contrarios sin fruto a los cuerpos ligeros. Entre siete y ocho de la mañana ordenó el general en gefe que se diese una carga sobre el enemigo. Entonces avanzaron todas las tropas, moviéndose en batalla paralelamente: por el camino iba una columna a las órdenes del general Blanco (D. Santiago) compuesta de los batallones de zapadores, misto de Tampico y Fijo de México, llevando al regimiento de húsares a la izquierda. A la derecha de esta columna marchaba la división del general Lombardini, que formaba el centro de nuestra línea, y a su lado la del general Pacheco. Un poco atrás, y siempre a la derecha como sirviendo de reserva, seguía la del general Ortega; y el general Ampudia con los cuerpos ligeros, reforzados con el 4º de línea, seguía batiendo a las fuerzas americanas que había al pie del cerro.

La línea enemiga era oblicua, de suerte que, aunque nuestro ejército marchaba paralelamente como se ha dicho, la columna del camino empezó a recibir un mortífero fuego de cañón, mientras que las otras divisiones estaban aun lejos del enemigo. Sin embargo, aquella no se desconcertó: los soldados seguían impávidos para adelante, cerrando los claros que las balas abrían en sus filas, con la arma al brazo, y esperando llegar a la bayoneta para vengar la muerte de sus compañeros, impunemente sacrificados; pero el general Santa-Anna,. observando Ios estragos que sufría, dispuso que se detuviera, abrigándose tras de una colina que podía defenderla del fuego de los americanos.

Entretanto, las divisiones de Lombardini y Pacheco habían roto los suyos, que fueron al punto contestados. Cuando se empeñó el combate, recibió una herida honrosa el general Lombardini, que tuvo que retirarse del combate, recayendo el mando de su división en el general Pérez. La tropa del general Pacheco, casi toda bisoña, vacila y no tarda en desbandarse, acosada por el fuego certero que recibía de frente, y más aun por el de flanco, que la desordena completamente. La dispersión es general: en vano Pacheco, con un valor digno de elogio, procura contener a sus soldados, que no se detienen hasta que llegan a las últimas filas. El enemigo, por su parte quiere aprovecharse de la ventaja que ha obtenido para alcanzar el triunfo: avanza intrépidamente; pero la división del general Pérez, con serenidad y firmeza, hace un cambio de frente sobre la derecha, y lo obliga a retroceder. Aquel diestro movimiento es favorecido por una batería de a 8 que mandaba el capitán Ballarta, y que Santa-Anna puso a las inmediatas órdenes del sereno general Micheltorena. El fuego de las piezas que la componen, ocasiona a los contrarios pérdidas de consideración: todos los tiros se aprovechan por la corta distancia a que combaten unos de otros, siendo de una loma a la inmediata: los americanos, que han soñado un momento con la victoria, se retiran destrozados, quedando el campo cubierto con los cadáveres confundidos de los valientes que por ambas partes han caído en esta sangrienta lucha.



Grande había sido en efecto el arrojo con que unos y otros habían peleado: ya trepan nuestras soldados a la loma, cargando a la bayoneta; ya descienden a la barranca, revueltos con los enemigos: ahora suben de nuevo sin dejar de combatir; luego vuelven a precipitarse de arriba a abajo, como una avalancha; y así pierden o ganan terreno, y así perecen los mas distinguidos, así, por fin, quedan dueños del terreno ganado a costa de esfuerzos heroicos.

EI triunfo hubiera sido completo desde aquel instante, si la caballería hubiese estado a la mano, para arrojarse sobre los restos desorganizados de las fuerzas vencidas: por desgracia, estaba algo distante, y cuando llegó, ya las encontró rehaciéndose. Sin embargo, carga con denuedo, dirigida por el valiente general Juvera: todos cumplen con su deber: el general D. Ángel Guzmán, coronel del regimiento de Morelia, se distingue de una manera especial, rechazando al enemigo hasta la hacienda de Buena- Vista. Parte de la caballería siguió tan lejos en su persecución, que para volver a nuestro campo, tuvo que tomar por la retaguardia de las tropas de Taylor, viniendo a salir por la izquierda de la posición.

En la primera carga, que acabamos de referir, habían vencido las mexicanas; pero las ventajas que el terreno presentaba a los enemigos, exigían esfuerzos continuados y no una victoria, sino muchas. Replegadas sus tropas de una loma se reorganizaban en la siguiente: era necesario irIas tomando una por una, a costa de la sangre de la parte más escogida del ejército.

Para dar la segunda carga, antes que se disipe el entusiasmo del triunfo, se forma una nueva línea de batalla, a la que entran todas las tropas de reserva, incorporándose con las que se habían batido. La columna que hemos dejado en el caminó, defendida por una colina, viene ahora a formar la reserva de esa nueva linea. Nuestra tropa avanza ordenadamente; la batería del general Micheltorena, única que jugaba por nuestra parte, destroza a los contrarios: se llega a la bayoneta batiéndose los soldados cuerpo a cuerpo: por segunda vez  nuestros valientes vencen: los americanos se replegan a la loma inmediata, dejándonos por trofeo uno de sus cañones y tres banderas.

En estos momentos se presentan al general en gefe unos parlamentarios, intimando rendición. Santa-Anna les contesta con dignidad, negándose a acceder a tan original pretensión. Hubiéramos pasado este hecho en silencio, como insignificante, si no fuera porque el envío de los referidos parlamentarios provino de la inteligencia en que estaba el general Taylor de que Santa-Anna Ie había enviado otro previamente, y así asegura en su parte oficial. En aclaración de los hechos, vamos a esplicar en lo que consistió esta equivocación.

Al dar nuestras tropas la segunda carga, el teniente de plana mayor D. José Maria Montoya, que iba en las primeras filas quedó confundido entre los americanos. Viéndose solo, y no queriendo ser muerto ni hecho prisionero, se valió de la estratagema de fingirse parlamentario, por lo que fue llevado a presencia del general Taylor. Este lo hizo volver a nuestro campo, en compañía de dos oficiales de su ejército para que se entendieran con el general Santa-Ana; pero Montoya, que tenia sus razones para no presentársele, se separó de los comisionados, los que cumplieron con su encargo.

Despues del segundo combate, que seria entre las diez y las once del día, cayó una ligera llovizna: los soldados toman algún respiro, y a las doce vuelven a marchar de nuevo sobre las posiciones del enemigo. Habían vuelto ya a entrar entonces en batalla los zapadores y demás cuerpos, que estuvieron de reserva. El general Taylor, creyendo débil nuestra izquierda, hace avanzar algunas fuerzas en aquella dirección, las que hallan una resistencia invencible. La brigada de Torrejon carga sobre ellas, y pierde a sus mejores oficiales y soldados. La acción se generaliza: nuestra línea avanza: los cuerpos ligeros que en el curso de la batalla habían hecho retroceder a las tropas que encontraron al paso, estaban ya en el extremo de la loma misma en que se batían los enemigos. De nuevo se empeña la refriega: por ambos lados se multiplican los muertos y heridos: unos atacan bizarramente; otros se defienden con gallardía; ninguno cede: el combate se prolonga por horas enteras y solo al cabo de inauditos esfuerzos, es cuando se logra arrollar al enemigo hasta su última posición. Otras dos piezas y una fragua de campaña, cayeron en nuestro poder.

En aquellos instantes se suelta un fuerte aguacero: las tropas, muertas de cansancio, se detienen: el general Taylor, que ha 'tenido que retroceder de loma en loma, perdiéndolas todas después de una obstinada resistencia, se prepara a hacer el último esfuerzo antes de ceder enteramente la palma de la victoria pero la batalla ha cesado: la carga que se acababa de dar, fue el postrer empuje de nuestras fuerzas. EI enemigo no se cree derrotado, porque si bien ha perdido todas sus posiciones menos una, le basta conservar estar en actitud hostil para pretender la gloria del vencimiento. Por nuestra parte, se proclama el ejército vencedor: alega por títulos los trofeos adquiridos, las posiciones tomadas, las divisiones enemigas vencidas. La verdad es que nuestras armas derrotaron a los americanos en todos los encuentros, sin que el éxito de la batalla nos fuera favorable: hubo tres triunfos parciales, pero no una victoria completa.”



El general Wool comunica lo sucedido en la batalla. “Después que el fuego cesó, el Mayor General en comando regreso nuevamente a Saltillo para ver los asuntos en ese lugar y protegerlo contra la caballería del general Miñón (...) Las tropas permanecieron sobre las armas durante la noche en las mismas posiciones que ocupaban al cerrarse el día. Alrededor de las 2 de la mañana del día 23, nuestros vigías fueron rodeados por los mexicanos y a la alborada, la acción fue renovada por la infantería ligera mexicana sobre nuestros rifleros situados a un lado de la montaña (... ) una fuerte columna de la infantería y caballería enemigas junto con la batería localizada en el costado de la montaña, se movilizó sobre nuestra izquierda (...) la infantería norteamericana, en lugar de avanzar; se retiró en desorden y, a pesar de los esfuerzos de su general y oficiales, dejó a la artillería sin apoyo, al abandonar el campo de batalla (... ) lamento profundamente decir que la mayor parte de esta fuerza no regresó al campo de batalla y muchos continuaron su estampida rumbo a Saltillo. El enemigo de inmediato puso a la delantera una batería sobre nuestra línea de fuego iniciando un certero fuego sobre nuestro centro y continuó su avance perpendicular a nuestro costado izquierdo para cruzar el arroyo seco con objeto de tomar nuestra retaguardia. Un gran cuerpo de lanceros formó una columna en la garganta de la montaña, la cual se adelantó a la infantería para descender sobre la Hacienda de Buena Vista cerca de la cual habían sido estacionados nuestros trenes de reservas y equipaje (...) La columna que había pasado nuestra línea izquierda y había avanzado cerca de 2 millas de nuestra retaguardia, fue detenida y empezó a replegarse (...) muchos fueron forzados a escapar por las montañas y el resto fue dispersado (...) Este fue el último gran esfuerzo del general Santa Anna. Sin embargo, el fuego entre la artillería enemiga y la nuestra continuó hasta en la noche.”



Por su parte, Santa Anna y sus generales informan: “No se puede negar que los norteamericanos combatieron brillantemente ni que su general maniobró con habilidad; pero, a pesar de sus esfuerzos, tenían perdida la batalla desde el momento en que nuestras tropas desbordaron la izquierda de sus líneas. Sin las faltas cometidas por nuestros generales, con la carencia de la dirección que se nota desde aquel momento crítico, la posición del ejército norteamericano era insostenible. Así, sin duda, la juzgó el general Taylor comenzando a preparar su retirada por el camino de Saltillo (...) si aquella retirada se hubiera verificado, enorgullecidas nuestras tropas habían cargado con mayor brío (...) por desgracia nada de esto sucedió. La columna de carros que inicio la retirada sin duda tuvo noticias de la presencia del general Juan José Miñón. No pudieron seguir adelante ni esperar tropas que la protegieran [...] no tuvo más remedio que retroceder y formar un reducto con los carros en la Hacienda de Buena Vista para aumentar la resistencia. La polvareda y el gran movimiento de aquella columna de carros que llegaban al trote, por el camino de Saltillo, hizo creer al principio que los americanos recibían refuerzos [...] el general Taylor estaba, pues, sin retirada, encerrado en una garganta cuyas salidas ocupaba el ejército mexicano. Pero el enemigo tenía víveres, mientras nosotros no contábamos siquiera con una ración por plaza. Ni aun los oficiales tenían con qué alimentarse. Por consiguiente no había esperanza de obligar a Taylor a rendirse por hambre. Era indispensable destruirlo con las armas. Así pues, la combinación de colocar la columna de caballería del general Miñón a retaguardia del enemigo, salió contraproducente. La máxima de al enemigo que huye, puente de plata, hubiera sido conveniente observarla esta vez.”



El ejército mexicano declarará la “victoria” y se retirará de regreso hacia San Luís Potosí, en cuya penosa marcha perecerán otros miles. Esta retirada será muy importante porque causará mucho desaliento entre las tropas nacionales.





Más de 3,400 hombres de Santa Anna resultarán muertos o heridos, mientras que Taylor sólo perderá 650. Otras cifras que se citan son: 594 muertos y 1,039 heridos mexicanos; 267 muertos y 456 heridos estadounidenses. Lo cierto es que regresará menos de la mitad de los hombres que salieron de San Luis. Esta trágica campaña de Santa Anna resultará quizás la más costosa en vidas de nuestra historia militar. Aunque las tropas norteamericanas detendrán su avance en el norte, otras invadirán al país por Veracruz y marcharán hasta apoderarse de la capital mexicana.


Roa Bárcena, (Recuerdos de la Invasión Norteamericana) refiere que: “En cuanto á Santa-Anna, los enemigos de su gobierno le preguntaban en aquellos días por que fue á atacar á Taylor sin los elementos necesarios para vencerle; por qué avanzó hasta las posiciones del enemigo cuando carecía aun de los víveres necesarios para sitiarle en ellas durante dos ó tres días. La respuesta de entonces es la de ahora y será la de siempre: Santa-Anna se hallaba en la terrible disyuntiva de llevar desde luego al combate á un ejército que no contaba con otros elementos que sus armas y decisión, ó verle desaparecer por efecto de la pobreza y de la deserción si le hacia aguardar mejores circunstancias para batirse.”

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

domingo, 17 de diciembre de 2017

SGM: Encuentran restos de aviones en las Islas Salomón

Fantasmas submarinos: trío de naufragios de aviones de la Segunda Guerra Mundial descubierto en las Islas Salomón


George Winston || War History Online


Mitsubishi A6M3 Cero naufragio abandonado en las Islas Salomón, 1943.


Los restos inolvidables de los aviones de combate derribados durante una gigantesca batalla de la Segunda Guerra Mundial han sido fotografiados a 185 pies bajo las olas.

Imágenes dramáticas muestran numerosos aviones dañados y destruidos que yacen en paz en el fondo del mar frente a la costa de las Islas Salomón en el Pacífico Sur.

Los aviones, un Boeing B-17 Flying Fortress, un Grumman F6F 3-Hellcat, y un Mitsubishi A6M Zero japonés, se perdieron en 1943 durante feroces batallas en el área entre Japón y los Estados Unidos.

Se encuentran en diferentes etapas de deterioro, y algunos de ellos aún contienen los restos de los tripulantes.

Se cree que el Hellcat es el Betsy II, que se estrelló cuando su motor falló el 16 de septiembre de 1943, durante un ataque a Ballale Island en las Islas Salomón.


Un F6F-3 a bordo del USS Yorktown tiene desplegadas sus alas plegables Sto-Wing para el despegue.
El Boeing B-1, posiblemente llamado Black Jack / The Joker's Wild, se perdió el 11 de julio de ese año durante el mal tiempo después de un bombardeo en Rabaul, Papúa Nueva Guinea.

Toda la tripulación escapó de la aeronave, incluidos tres tripulantes heridos, que se subieron a las balsas salvavidas y fueron atendidos en tierra por los aldeanos que les proporcionaban comida y refugio.

El trío de aviones se perdió durante la campaña de las Islas Salomón, una importante operación de la Segunda Guerra Mundial que comenzó después del desembarco de los japoneses y la ocupación de numerosas áreas de las Islas Salomón británicas y Bougainville, en el territorio de Nueva Guinea a principios de 1942.



Una contraofensiva de los aliados en Nueva Guinea asaltó la base japonesa en las Islas Salomón y en Rabaul desencadenó una campaña de desgaste peleó en el aire, y en el mar y la tierra que finalmente derribó a las fuerzas japonesas.

Toda la fotografía se acredita al fotógrafo submarino canadiense Christopher Hamilton. Estos naufragios se vieron por primera vez en la década de 1980.

Podía colocar su mano sobre los controles que el piloto habría agarrado con tanta adrenalina hace mucho tiempo, mientras intentaba realizar un suave aterrizaje de agua, dijo Christopher.

El primer accidente del avión del Pacífico que encontró fue la Segunda Guerra Mundial Cero frente a la costa este de Papúa Nueva Guinea.

Bajo el coral y la esponja incrustados pudo ver el cuerpo del avión, un caparazón al que un puñado de hombres confiaron sus vidas, dijo, agregando que es difícil describir la sensación de entrar en un naufragio donde los restos humanos todavía están presos, es muy diferente pero emocionante y conmovedor.

Los Hellcats se fabricaron con tanta simplicidad de diseño y calidad que fueron los guerreros menos modificados de la guerra, con un total de 12.200 fabricados en poco más de dos años, informó Mail Online.

Planeó un viaje de medio año a vela desde Nueva Zelanda, hasta Vanuatu, Papua y las Islas Salomón, con el objetivo de obtener algunos de los restos más inaccesibles y olvidados de la Segunda Guerra Mundial, explicó Christopher.

Naturalmente, no habría podido localizar nada si no fuera por la ayuda de la población local, dijo Hamilton, que cree que la clave para localizar los restos de naufragios es deshacerse del cronograma. A veces la suerte está contigo, y en otros momentos una búsqueda de un día no produce nada.

martes, 12 de diciembre de 2017

SGM: Desembarco y batalla en la isla de Attu

Batalla de Attu


La Batalla de Attu fue el principal enfrentamiento bélico de las Islas Aleutianas, junto a la batalla de Kiska. Un pequeño destacamento de tropas japonesas comandadas por Yasuyo Yamasaki ocuparon la zona norte de la Isla de Attu, en las Islas Near de las Aleutianas. Las tropas estadounidenses desembarcaron en Attu el 11 de mayo, luchando durante dos semanas contra los japoneses en medio del clima ártico.

Supuso la primera batalla dentro de territorio estadounidense, además de ser el primer conflicto librado en condiciones árticas entre tropas americanas y japonesas. La inaccesibilidad de la isla imposibilitó el uso de artillería pesada, obligando a los estadounidenses a acabar con las defensas japonesas mediante el cuerpo a cuerpo durante un último ataque banzai que pretendía romper las líneas americanas.



Soldados estadounidenses utilizando un mortero contra las tropas japonesas, 1943.



Fecha11 de mayo - 30 de mayo de 1943
LugarIsla de Attu, Bandera de Estados Unidos Estados Unidos
Coordenadas52°52′45″N 173°09′25″ECoordenadas52°52′45″N 173°09′25″E (mapa)
ResultadoVictoria decisiva aliada
Beligerantes
Bandera de Estados Unidos Estados Unidos
Bandera de Canadá Canadá
Bandera de Japón Imperio del Japón
Comandantes
Bandera de Estados Unidos John L. DeWitt
Bandera de Estados Unidos Thomas C. Kinkaid
Bandera de Estados Unidos Albert E. Brown
Bandera de Estados Unidos Eugene M. Landrum
Bandera de Estados Unidos Archibald V. Arnold
Bandera de Japón Yasuyo Yamasaki  
Fuerzas en combate
15 000 hombres
3 escuadrones de RCAFcanadiense1
2 900 soldados
Bajas
549 muertos
1 148 heridos
2 850 muertos
29 prisioneros

Antecedentes

La estratégica posición de las islas de Attu y Kiska frente a la costa de Alaska significó que su ubicación pemitiría controlar las rutas marítimas a través del Océano Pacífico Norte. Los planificadores japoneses creían que el control de las Aleutianas sería, por tanto, una barrera para repeler cualquier ataque de los Estados Unidos desde Alaska. Esta idea ya había sido defendida por el general Billy Mitchell, que catalogada a Alaska como "el lugar estratégico más importante en el mundo".



El 7 de junio de 1942, seis meses después de que los Estados Unidos entraran en la Segunda Guerra Mundial, el 301º Batallón de Infantería Independiente del Ejército del Norte aterrizó sin oposición en Attu. El desembarco se produjo un día después de la invasión a la cercana Kiska. Ya bajo dominio japonés, el ejército americano temía que ambas islas se convirtieran en bases aéreas japonesas que comenzaran a efectuar ataques aéreos contra la costa oeste de América del Norte.

En 1943 la película de Walt Disney titulada Victory Through Air Power utilizó los bombarderos de largo alcance estadounidenses contra los japoneses a modo de propaganda.2​

Batalla

El 11 de mayo de 1943, las unidades de la 17ª y la 7ª División de Infantería EE.UU. comandandas por Albert Brown ejecutaron aterrizajes anfibios en Attu para recapturar la isla de las fuerzas del Ejército Imperial japonés encabezado por el Coronel Yasuyo Yamasaki. A pesar de los bombardeos navales contra las posiciones japonesas, las tropas estadounidenses se encontraron con arraigadas defensas enemigas, unidas a las malas condiciones climáticas árticas y a las bajas de las fuerzas americanas.3​


Mapa mostrando la recaptura de Attu en 1943

Entre los días 21 y 22 de mayo, una poderosa flota japonesa se agolpó en la bahía de Tokio dispuesta a navegar hacia Attu para repeler el intento estadounidense de recapturar la isla. La flota incluye los portadores Zuikaku, Shokaku, Jun'yō, Hiyō, los acorazados Musashi, Kongō, Haruna, y los cruceros Mogami, Kumano, Suzuya, Tone, Chikuma, Agano, Oyodo y once destructores. Sin embargo, los americanos lograron recapturar Attu antes de que la flota pudiera salir.4​

El 29 de mayo de 1943, y sin esperanza de rescate, Yamasaki preparó a sus tropas restantes para efectuar una carga banzai. El impulso del ataque sorpresa apareció entre las posiciones de primera línea de Estados Unidos, que se defendieron cuerpo a cuerpo en los alrededores del puerto Chichagof. El ataque banzai puso fin a la batalla por la isla, aunque los informes de la Marina de los Estados Unidos indican que pequeños grupos de japoneses continuaron luchando hasta principios de julio de 1943. En los 19 días de combate, 549 soldados de la 7ª División murieron y hubo más de 1.000 heridos. Los japoneses, en cambio, perdieron a más de 2.850 hombres, entre ellos el propio líder de la operación, Yamasaki.

Wikipedia

sábado, 2 de diciembre de 2017

SGM: Recordando la operación Torch

Recordando Operation Torch en su 75 aniversario


La invasión del norte de África francés ayudó a dar forma a la política de América del Medio Oriente. Pero está en gran parte olvidado

The Economist




En la mañana del 8 de noviembre, una pequeña multitud -un veterano de la Segunda Guerra Mundial con bastón, un grupo de agregados militares de países aliados y algunos turistas curiosos- se reunieron en el imponente memorial de la Segunda Guerra Mundial en el National Mall en Washington, DC para la conmemoración del 75 aniversario de la Operación Antorcha, la invasión de África del Norte. Largo tiempo subestimado por su papel en la guerra, esta victoria y las decisiones que siguieron también sentaron las bases de la política de posguerra de Estados Unidos en el Medio Oriente.

Torch fue la primera operación ofensiva de Estados Unidos en el teatro europeo y, hasta que fue superada por el ataque de Normandía 19 meses después, la invasión anfibia más grande y compleja de la historia. Más de 850 barcos zarparon de puertos estadounidenses e ingleses hasta 4.500 millas a través de las peligrosas aguas del Atlántico, repletas de submarinos. Pusieron en tierra cerca de 110,000 tropas estadounidenses y británicas en tres zonas de aterrizaje repartidas en más de 900 millas de costa africana, desde el sur de Casablanca hasta el este de Argel.

Una gran apuesta, política y militar, Torch abrió un segundo frente pivote para aliviar la presión del empuje de Adolf Hitler en la Unión Soviética y allanó el camino para que los aliados saltaran de África a Italia y avanzaran "en la parte más vulnerable de Europa" y a Berlín. Más cerca de casa, Torch dio a los estadounidenses una pequeña muestra de lo que los británicos sabían amargamente bien: la guerra significaba matar y morir.

 "Torch no recibe la aclamación que merece", dice Josiah Bartlett III, presidente del Memorial de Amigos de la Segunda Guerra Mundial. La pequeña y breve ceremonia conmemorativa de la Antorcha de esta semana fue el primer recuerdo de Washington de este crítico punto de inflexión en la guerra.

¿Por qué? Una pista vino durante el evento en sí. El maestro de ceremonias invitó a los representantes uniformados de las naciones aliadas, uno por uno, a unirse en la colocación de una ofrenda floral en memoria de los 1.100 muertos en los puertos y playas de Marruecos y Argelia controlados por Francia. Nadie parecía notar la rareza de tener un oficial francés de pie junto a los oficiales de otras naciones aliadas, en algún lugar entre el canadiense y el británico.


En un monumento a casi cualquier otra batalla de la guerra, hubiera tenido sentido; antes de junio de 1940 y después de noviembre de 1942, Francia era un país aliado y los franceses dieron sus vidas, con gran heroísmo, del mismo lado de la línea que británicos, estadounidenses y otros. Pero Torch fue la batalla más importante en la que los franceses -excepto los combatientes de la resistencia pro gaullistas- estaban en el lado opuesto. ¿Quién mató a esos 1.100 si no eran marineros y soldados cuyos oficiales prometieron lealtad al mariscal Pétain y al "Estado francés" con base en Vichy?

En contraste con la historia en blanco y negro habitual de la guerra, la complejidad de Estados Unidos luchando contra sus aliados franceses una vez y futuros, cuyas tropas sirvieron bajo la bandera de lo que era técnicamente un país neutral, deja a Torch pintada en tonos grises. Con el tiempo, parece que explicar esta grisura simplemente se volvió demasiado complicado. El resultado fue o bien deslizar a los franceses hacia la columna aliada un poco prematuramente o dejar de lado Antorcha por completo.

El papel de Operation Torch en la configuración de los contornos de la política de América del Medio Oriente tampoco ha sido reconocido. Aunque el primer despliegue armado de Estados Unidos en tierras árabes desde las guerras de Berbería de principios del siglo XIX no dejó bases a largo plazo u otra infraestructura militar, sí dejó residuos políticos, al menos en dos aspectos.

En primer lugar, Franklin Roosevelt puede haber prestado su nombre a una declaración que califica la invasión de África del Norte como "una gran yihad por la libertad", pero finalmente Washington fue más frío en priorizar la estabilidad que la libertad. Su controvertida decisión posterior a la Antorcha de llegar a un acuerdo en Argel con Jean-Francois Darlan, un almirante de Vichy, en lugar de reemplazar a los colaboradores con oficiales franceses alternativos, puede ser vista como la salva de una estrategia instrumentalista hacia la región que ha mantenido por décadas. Este ha sido un enfoque, quizás sabio, quizás no, que valora la estabilidad de los hombres fuertes sobre el desarrollo político, económico y social de la región.

Y segundo, Torch llevó a América cara a cara por primera vez con los horrores del Holocausto. La situación en el norte de África, gobernada por Vichy, estaba lejos de los horrores de Europa. Pero a las pocas horas de que las tropas aliadas llegaran a tierra, los generales y diplomáticos estadounidenses tuvieron que decidir qué hacer con los cientos de partisanos judíos que arriesgaron sus vidas para ayudar a la invasión; miles de judíos en los campos de concentración de Vichy; y decenas de miles de judíos se convirtieron en apátridas por la imposición de las leyes de Vichy. Esos líderes incluían hombres que desempeñarían papeles clave en las próximas décadas, incluidos Dwight Eisenhower y Robert Murphy.

Tomando prestada una página de los vichyitas, la respuesta innoble de los Estados Unidos fue hacer vergonzosamente poco en nombre de los judíos, supuestamente por temor a ofender a los árabes locales, un temor que, en una inspección más cercana, tenía poco fundamento de hecho. Esta actitud de suma cero hacia los árabes y los judíos solo magnificó los problemas que más tarde enfrentarían estos países y los formuladores de políticas estadounidenses, cuando el sionismo surgió como una espina política en la era de posguerra.

Sin embargo, a pesar de estos errores y descuidos, el recuerdo del 8 de noviembre -uno de los decenas del Memorial de la Segunda Guerra Mundial está planificando en el largo plazo hasta el 75 aniversario del VJ Day en agosto de 2020- fue un momento conmovedor. Cuando el clarín del ejército tocó las inquietantes notas de "Taps" desde un balcón sobre la escasa multitud, casi parecía compensar los años cuando pocos recordaban a los soldados, marineros y aviadores que perecieron en las costas del norte de África para allanar el camino para el Larga marcha hacia la victoria.

martes, 28 de noviembre de 2017

USA: Batallas de la guerra de los arroyos indios

Batallas claves de la guerra de los arroyos indios en la América de inicios del siglo XIX


Andrew Knighton | War History Online


La impresión muestra a Andrew Jackson que se sienta en una silla a la izquierda, en una tienda, hablando con Guillermo Weatherford que está parado en la derecha cerca de la abertura de la tienda.

Las batallas no tienen que ser extensas para ser significativas. La Guerra de los Arroyos Indígenas (Indian Creek), que tuvieron lugar desde 1813 hasta 1814, fue una guerra duramente combatida entre una facción del pueblo de los arroyos conocidos como los Red Sticks (palos rojos), y el poder invasor de los Estados Unidos. Fue un período sangriento en la historia, y diferentes facciones de la cala se aliaron con las fuerzas estadounidenses contra los Red Sticks. A lo largo de una serie de batallas que involucraron a decenas de hombres por lo menos a unos pocos miles como máximo, los rebeldes de Red Creek lucharon contra los milicianos de Estados Unidos y sus aliados para decidir el destino de Alabama y del pueblo de la cala.

La batalla del Burnt Corn

La primera batalla de la guerra se libró en el arroyo Burnt Corn (Maíz quemado).

Agitados por el poderoso Tecumseh, Red Sticks liderados por Peter McQueen -muchos de los nombres utilizados tanto por los europeos como por los nativos- invadieron asentamientos blancos. Una pequeña milicia dirigida por el Coronel Caller persiguió y rodeó a los asaltantes en Burnt Corn Creek. Casi destruyeron la fuerza de la incursión, pero el fracaso de presionar su ventaja dejó a los nativos tomar el control de la batalla. La escasa disciplina entre los soldados blancos los llevó a romper, y Caller tuvo que retirarse.


Un retrato del jefe Tecumseh.

La masacre de Fort Mims

La batalla siguiente fue una de las más notables y más infames de la guerra. Red Eagle, que se convertiría en el comandante rebelde más famoso, condujo a sus hombres en un avance sobre el Fuerte Mims. A través de la recogida de inteligencia y un enfoque cuidadoso sorprendieron a los defensores y rompieron a través de la puerta. Cinco horas de lucha intensa siguieron en que los nativos tomaron el control del fuerte. Pero el Águila Roja entonces perdió el control de sus tropas, que masacraron a muchos de los habitantes. Estados Unidos movilizó a las tropas en serio para contrarrestar la amenaza de la Pala Roja.

La batalla de Tallushatchee

La venganza para Fort Mims llegó el 3 de noviembre. El futuro presidente Andrew Jackson, que dirigía las fuerzas de los Estados Unidos, ordenó al General Coffee que avanzara sobre las fuerzas enemigas reunidas en la ciudad de Tallushatchee. El café rodeaba la ciudad, y cuando los palos rojos avanzaban, los obligó a regresar entre sus casas. Los nativos se negaron a rendirse, y 168 fueron asesinados.

La batalla de Talladega

No todos los nativos se alinearon con los rebeldes. Unos días después de Tallushatchee, un mensajero llegó a Jackson diciéndole que 150 nativos amigables fueron sitiados en Tallushatchee por 1.000 Palos Rojos. Jackson marchó sobre la ciudad y derrotó a los sitiadores, matando a casi 300. La táctica de Jackson de retirarse en el centro podría haber sido más efectiva si algunos de sus hombres no hubiesen caído en un verdadero retiro.

La Batalla de las Canoas

El capitán Sam Dale, herido en Burnt Corn Creek, fue uno de los soldados estadounidenses más notables de la guerra. En su vuelta a la acción en el noviembre de 1813, él llevó una expedición para buscar a los invasores del palillo rojo.

La pequeña fuerza de Dale fue atacada mientras cruzaba un río. Dale y una docena de sus hombres estaban atrapados solos en el banco que habían estado dejando. Los guerreros de la vara roja atacaron a su partido del bosque y otros lo alcanzaron en una canoa en el río. Dale y sus hombres capturaron la canoa en combate brutal de cerca y terminaron su cruce bajo fuego.

La batalla de Autosse

El 29 de noviembre, el general Floyd trató de imitar los éxitos de otros rodeando y destruyendo a una fuerza nativa en el pueblo donde se encontraba, esta vez en Autosse. A diferencia de Coffee, no pudo rodear a su objetivo. Aunque las tropas americanas ganaron usando artillería y caballería, los restos de la fuerza nativa pudieron escaparse. Floyd, poco abastecido, tuvo que retirarse, acosado por los nativos sobrevivientes.

Wattiors del nativo americano, finales de 1800s. Wikipedia / Dominio Público
Guerreros nativos americanos, finales de 1800.



La batalla del Holy Ground

La tierra santa era una nueva ciudad de la cala en la orilla del este del río de Alabama. Aunque fortificada, no pudo resistir las fuerzas del general Claiborne que atacaron el 23 de diciembre.

Los nativos, encabezados por Red Eagle, estaban bien preparados y lograron evacuar frente a la amenaza estadounidense. El terreno desigual impedía una persecución efectiva, y el Águila Roja se escapaba de la captura saltando a caballo desde un alto farol, aterrizando en el río y nadando a través.

La batalla de Emuckfau

Después de Navidad, Jackson comenzó un avance cuyos resultados serían disputados por los lados opuestos - él demandó éxitos, mientras que los nativos demandaron haberlo tirado.

El primer encuentro de esta campaña tuvo lugar el 22 de enero de 1814, cerca de la ciudad natal fortificada de Emuckfau. Las tropas rebeldes cayeron sobre la columna de Jackson antes de que pudiera alcanzar y asaltar la ciudad. Los feroz combates en la derecha americana demostraron ser una farsa de los nativos, que cayeron y casi empujaron a la izquierda estadounidense. El sólido trabajo de Jackson y de Coffee, al mando de la derecha, mantuvo la línea. Pero mientras ellos mantenían el campo, nunca llegaron a Emuckfau.

La batalla de Enotachopca

Después de Emuckfau, Jackson comenzó un retiro hacia su base. Los Red Sticks lo atacaron en Enotachopca y nuevamente fueron expulsados, permitiéndole completar su retirada.

Jackson había mantenido el campo dos veces, con pérdidas mucho menos que sus enemigos. Pero él había sido rechazado, una mella en la confianza estadounidense.



La batalla final, la batalla de Horseshoe bend.

La Batalla de Calebee Creek

En la mañana del 27 de enero, el Águila Roja dirigió un ataque contra los estadounidenses bajo el general Floyd en Calebee Creek. Atacando silenciosamente fuera de los pantanos bajo la cobertura de la oscuridad, atraparon a los soldados estadounidenses por sorpresa, forzándolos a la defensiva.

Pero cuando llegó el amanecer, Floyd fue capaz de organizar a sus tropas y balancear sus flancos alrededor. Casi rodearon a los atacantes, y Águila Roja se retiró.

Al igual que Jackson, Floyd tuvo la victoria en el campo de batalla, pero la pérdida estratégica. Su confianza se rompió, y se retiró.

La batalla de Tohopeka

A pesar de estos éxitos, los rebeldes de la cala fueron rechazados constantemente. Finalmente, su fuerza principal fue atrapada por Jackson en Tohopeka. El 27 de marzo de 1814, en una batalla también conocida como la Batalla de Horseshoe Bend, lucharon una última desesperada defensa de su posición fortificada allí. Un costoso asalto de Jackson llevó a la toma de las defensas nativas, con cientos de muertos. Muchos nativos lucharon hasta la muerte en vez de rendirse. Algunos escaparon cruzando el río.

El 9 de agosto, Andrew Jackson llevó a los jefes de Creek a los términos con el Tratado de Fort Jackson, que puso fin a la guerra y transfirió una gran cantidad de tierra Creek en el control del Gobierno de los EE.UU. Habiendo luchado contra la amenaza de los Red Sticks, Jackson mantuvo su impulso, moviéndose rápidamente contra los intereses españoles y británicos cercanos