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jueves, 17 de mayo de 2018

Nazismo: Bund Deutscher Mädel, las feminazis

La Liga de Muchachas Alemanas, las verdaderas feminazis

La rama femenina de las Juventudes Hitlerianas agrupaba a las jóvenes alemanas de entre 10 y 18 años afiliadas al Partido Nacionalsocialista (NSDAP). Algunas de ellas participaron en la defensa de Berlín, al final de la Segunda Guerra Mundial.

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La Liga de Muchachas Alemanas (Bund Deutscher Mädel, BDM por sus siglas en alemán) era la rama femenina de las Juventudes Hitlerianas (Hitlerjugend, HJ). Fundada en 1930, tras la llegada de los nazis al poder –en 1933– ambas fueron las únicas organizaciones juveniles permitidas en la Alemania nacionalsocialista. A partir de diciembre de 1936, el ingreso en la Liga se volvió obligatorio. Pero sólo podían ser miembros de la BDM las ciudadanas alemanas de entre 10 y 18 años, étnicamente arias y sin enfermedades contagiosas.

Su primera líder e inspiradora fue Trude Mohr (1902–1989), funcionaria de Correos y militante del Partido nazi desde 1928; nombrada Reichsreferentin en 1934, reportaba directamente a Baldur von Schirach, líder de las HJ. El genuino ideario feminazi se desprende de sus discursos:

"Nuesto pueblo necesita una generación de chicas saludables en cuerpo y mente, seguras y decididas, orgullosas y confiadas, que asuman su lugar en la sociedad con equilibrio y discernimiento; libres de sentimentalismos y, precisamente por eso, poseedoras de una feminidad agudamente definida: ¡camaradas de un hombre, al que no ven como un ídolo, sino como un compañero! Portadoras de los valores del nacionalsocialismo, estas chicas los transmitirán a la próxima generación como baluarte espiritual de nuestro pueblo".

Tras su boda y embarazo en 1937, Mohr fue sucedida por Jutta Rüdiger, doctora en psicología de 27 años, hasta la disolución de la BDM al final de la Segunda Guerra Mundial.

Las jóvenes nazis de la Liga eran formadas para conocer y adoptar el folklore y las tradiciones populares alemanas, y aprendían a representar los roles tradicionales de la mujer en la nueva Alemania nacionalsocialista. Su adoctrinamiento incluía el ser enviadas a trabajar al campo en granjas de familias numerosas. Dotada de sus propios uniformes e insignias –falda azul, camisa y calcetines blancos–, la Liga fomentaba la rebeldía contra los padres y exigía fidelidad absoluta a su Führer, Adolf Hitler.

Durante los últimos meses de la guerra, algunas BDM tomaron parte activa en la defensa del territorio alemán invadido por los aliados. No existen datos fiables sobre el alcance de su participación en los combates de la batalla de Berlín, ya que no lucharon encuadradas en unidades ni de manera conjunta o coordinada, sino que las chicas más leales al régimen lo hicieron de forma voluntaria uniéndose a las HJ y a la Wehrmacht. Como otros miembros adultos del partido nazi, algunas jóvenes prefirieron suicidarse antes de ser hechas prisioneras por los soviéticos. Tras la guerra, la BDM fue disuelta y desde entonces ninguna organización guarda relación con la desaparecida Liga de Mujeres Alemanas.

De características similares, en 1934 se fundó en Madrid la Sección Femenina (SF), rama femenina del partido fascista Falange Española, creado por José Antonio Primo de Rivera. Constituida en 1934, la SF llegó a funcionar durante cuarenta años, siendo disuelta tras la muerte del General Franco.

sábado, 21 de abril de 2018

Nazismo: ¿Red de espías en Bahía Blanca?

¿Bahía Blanca fue parte de una red de espías nazis?


La Nueva

El puerto de Ingeniero White, el Club Hotel de Sierra de la Ventana y la Aeroposta aparecen como ejes de una trama que aún no ha sido develada. Equipos de comunicación y correos secretos son elementos clave.


Despedida de los restos del oficial del acorazado "Graf Spee" Johannes Eggers, en el club Hotel de Sierra de la Ventana.

Adrián Luciani / aluciani@lanueva.com

   La década del 40 tuvo a la Segunda Guerra Mundial como un acontecimiento al que muy pocos lugares del planeta pudieron escapar. Bahía Blanca no fue la excepción; incluso habría tenido un rol mayor al que podría imaginarse.

   Siempre se aludió al avistaje de submarinos en playas cercanas a Monte Hermoso, a la presencia de un informante en Ingeniero White que alertaba al Tercer Reich sobre el movimiento de buques aliados y a las poco claras fugas de algunos marinos confinados en el Club Hotel de Villa Ventana.

   A esto debe sumarse la estrecha vinculación de la comunidad germana local con los extripulantes del “Graf Spee”, los agasajos, las fiestas y las reuniones, algunas públicas y otras secretas, sin dejar de mencionar varias teorías más osadas, como por ejemplo la denominada “Red Canaris” y el rol del Club Hotel como pantalla para el refugio transitorio y cambio de identidad de importantes jerarcas nazis que llegaban huyendo de Europa.

   La mayoría de estas cuestiones fueron abordadas  en dos notas de este diario por Jorge Jordi. Lamentablemente en 2015 su fallecimiento dejó truncos no pocos trabajos encarados a pulmón, los que les habían llevado a reunir cientos de fotos y documentos.



El "Ussukuma".

   Cuando se le preguntó si compartía la teoría sobre el espía que operaba en el Castillo como jefe de la usina San Martín, en White, Jordi dijo que ese hombre,  Gustav Monch, fue prisionero en Malvinas en la Primera Guerra y vino a Bahía Blanca, desde donde avisaba a Alemania de la partida de buques aliados y de su cargamento.

   “Incluso el 'Ussukuma', el barco mercante (hundido frente a Necochea) que mandó a pedir el acorazado 'Graf Spee' en 1939 para pasar prisioneros, cuando estuvo en White su tripulación le hizo una parada militar a Monch y el capitán le entregó un uniforme en la casa del encargado del frigorífico Pazzi, de calle Brown y Pedro Pico, que era alemán.

   “Los alemanes siempre dijeron que los tres puertos más importantes de Sudamérica eran Rosario, Buenos Aires y White. Incluso el capitán del `Graf Spee’ dudó entre ir a Montevideo o venir a Ingeniero White”, sostuvo.

   Jordi también estudió a fondo la vida de los tripulantes del "Graf Spee" que fueron alojados hasta el final de la guerra en el Club Hotel de Sierra de la Ventana, y aclaró que en el caso de los alemanes no todos eran nazis, de hecho hubo varias peleas a golpes de puño entre los seguidores de Hitler y quienes no lo eran.

   "En Sierra había algunos marinos que se escapaban y a los dos, cinco, diez o doce días volvían o se presentaban en las comisarías de la Policía Federal. ¿Medio sospechoso, no? Algunos fueron capturados poniendo antenas en el centro de la provincia. Estos equipos conformaban una red de comunicación que terminaba en la estancia del exgobernador Manuel Fresco, nazi declarado, desde donde se comunicaban con Berlín”, aseguró.

   Jordi dijo haber constatado que en Bahía había una casa donde llegaba toda la correspondencia de Alemania y desde allí se distribuía a otras personas para que no se supieran donde vivían.

   “Tres años después de terminada la guerra se escribían médicos del 'Graf Spee' con tripulantes que vivían en una pensión de calle Don Bosco al 1.000, después volvieron a su país, y durante un reencuentro en 1979, en Montevideo, dijeron que los habían llevado a un lugar de la costa donde desembarcaron cajas y personas de dos submarinos.

   “Los historiadores dicen que fue en la Patagonia, yo digo que fue en la provincia de Buenos Aires y lo digo por una sencilla razón: dijeron que salieron de Sierra y a la tardecita estaban en el lugar donde habían dejado las cajas, si tenemos en cuenta la movilidad de la década del ’40, donde se tardaba dos días en llegar a Bariloche, el lugar no puede ser Puerto Madryn, sino Gesell, Oriente, Reta, Monte Hermoso.

   “Hay documentación que firman patrullas de Prefectura sobre avistaje de submarinos en Oriente, en Monte Hermoso después de 1944 y 1945”.



El capitán del "Ussukuma", con bigotes, en una recepción ofrecida por el encargado del frigorífico Pazzi, en calle Brown.

   En otra parte de la entrevista que no fue publicada por La Nueva Jordi señaló el puerto de Ingeniero White era uno de los sitios elegidos por los alemanes del Graf Spee que escapaban en plena guerra rumbo a Alemania.

   “La red de espionaje los traía a Bahía y los embarcaba en barcos cargueros españoles que cobraban por ese servicio. Un día tres tripulantes fueron descubiertos porque los españoles los traicionaron y fueron devuelvos a sus lugares de confinamiento. Tengo la documentación del caso”, explicó.

   Entre otros datos relevadores aportados por Jordi aparece el relacionado con la muerte del oficial del Graf Spee, Johannes Eggers, muerto en accidente de equitación en el Club Hotel de Sierra de la Ventana, el 17 de octubre de 1944.

   Una foto dada a conocer por Jordi testimonia el sepelio del marino, con una guardia de honor.

   “En esa formación hay uno de las SS haciendo el saludo nazi, vestido de negro", aseguró.

   Tampoco resulta desacabellado que Aeroposta, la línea aérea que unía Buenos Aires con la costa Patagónica, Bariloche y Chile, pasando por Bahía Blanca,  hubiese tenido un rol central, incluso con varios agentes de la organización secreta Etappendienst, como señalaba el investigador Carlos de Napoli.



Sierra de la Ventana. Durante la ceremonia para despedir los restos del oficial Eggers se advierte un hombre de negro haciendo el saludo nazi.

   El servicio era prestado por aviones Junkers JU 52 al mando de pilotos del Sindicato Cóndor y luego la correspondiencia era llevada Brasil donde Lufthansa volaba a Berlín.

   “Se trataba de un sistema para impartir órdenes y recolectar información que escapaba a las manos aliadas” sostenía De Nápoli.

   Pero contrariamente a lo que suponen muchos autores sobre una gran presencia nazi en la Argentina, investigadores como el canadiense Ronald Newton señalan lo contrario.

   En su libro "El cuarto lado del triángulo" sostiene que si bien el nazismo pudo expandirse con cierta facilidad en el interior de la comunidad alemana, y alcanzó a establecer buenas relaciones con sectores locales nacionalistas y antisemitas y hasta con funcionarios gubernamentales, especialmente después de 1943, pero sus intentos de concretar actividades estratégicas o de espionaje durante la guerra fueron “modestos y patéticamente ineficaces”.


   Considera que la imagen de la amenaza nazi, en cambio, fue hábilmente usada por la oposición democrática al régimen militar, y también por los servicios de información británico y norteamericano, para orientar la política exterior del gobierno argentino y para dirimir complejas cuestiones recíprocas de supremacía en el país.

   Cuando en un reportaje del diario "La Nación" se le preguntó quién quiso hacer creer esa hipótesis, Newton respondió:

   “En parte los mismos alemanes, en parte los norteamericanos, en parte la propia prensa argentina, pero sobre todo los británicos, que eran muy astutos en manipular la opinión pública, sobre todo la norteamericana. Pero claro, no todo era un invento de los servicios de inteligencia, y sí había una presencia nazi cierta en el país. De eso no cabe duda. Pero no era una presencia amenazante. Lo hubiera sido, en todo caso, si Hitler hubiera ganado la guerra contra Inglaterra”.

   De todas formas, las fotos de la multitudinaria manifestación de apoyo al nazismo llevada a cabo en el estadio Luna Park de Buenos Aires el 10 de abril de 1938, con unos 15 mil asistentes, por citar sólo un ejemplo, indican lo contrario.

sábado, 14 de abril de 2018

Nazismo: La resistencia de la Rosa Blanca

En memoria de la Rosa Blanca, el movimiento alemán que enfrentó a Hitler





Una fotografía de archivo sin fecha muestra a Sophie Scholl, una figura simbólica de resistencia al régimen nazi que fue ejecutada el 22 de febrero de 1943 cuando tenía 22 años. Scholl, su hermano hans y su amigo Christistoph Probst fundaron la rosa blanca, un grupo estudiantil que predicaba resistencia a los nazis. (Agence France-Presse)

Por  Richard Hurowitz - Clarín


El 22 de febrero se cumplieron 75 años de que un grupo de jóvenes idealistas alemanes, estudiantes que se habían atrevido a pronunciarse en contra de los nazis, fueron ejecutados por el régimen al que desafiaron. Como una llama titubeante en la oscuridad, la Rosa Blanca, como se llamaban sus miembros, es un grupo inspirador que nunca perdió la valentía, así como un atemorizante recordatorio de lo inusuales que son tales héroes.

El fundador del grupo, Hans Scholl, y su hermana, Sophie, crecieron fuera de Múnich. Su padre les infundió una fuerte moral rectora y una cosmovisión religiosa. Como muchos de su edad, Hans se unió a las Juventudes Hitlerianas. Sin embargo, comenzó a tener dudas casi de inmediato: los nazis no le permitían cantar ciertas canciones, ondear ciertas banderas ni leer a Stefan Zweig, su autor favorito. Ganó un puesto de abanderado en uno de los congresos anuales de Núremberg y regresó sintiéndose perturbado por lo que había visto.

Hans quería convertirse en doctor y cuando lo reclutaron lo apostaron como paramédico en Francia. Después de un viaje de servicio, regresó a la Universidad de Múnich para continuar con sus estudios médicos. Pronto Sophie se unió a él como estudiante de la universidad. Hans leía mucho —a Platón, Sócrates, San Agustín y Pascal— y decoró su habitación en la casa estudiantil con arte modernista francés. Atrajo a un círculo de estudiantes afines: Alexander Schmorell, el hijo de un doctor; Christoph Probst, el joven padre de dos niños que apenas comenzaban a caminar, y Willi Graf, un introvertido meditabundo. Pronto encontraron un mentor intelectual en Kurt Huber, un profesor de Filosofía y apasionado creyente de la democracia liberal.

En el verano de 1942, Hans y sus amigos —inspirados por los sermones del obispo de Münster, que se oponía al nazismo— comenzaron a distribuir panfletos hechos a máquina de escribir que denunciaban al régimen. Sus palabras eran incendiarias. “Cualquier alemán honesto se avergüenza de su gobierno actual”, escribió Hans; un gobierno que cometía “los crímenes más horribles, crímenes que sobrepasan ilimitadamente cualquier medida humana”. Los miembros de la Rosa Blanca declararon que cualquiera que no hiciera nada era cómplice e imploraban a todos los ciudadanos que participaran en una “resistencia pasiva” ante el Estado nazi.

La Rosa Blanca también denunciaba las atrocidades cometidas contra los judíos. Schmorell y Hans escribieron en el segundo panfleto del grupo: “Aquí vemos el más espantoso crimen en contra de la dignidad humana, un crimen que no tiene paralelo en toda la historia puesto que los judíos también son seres humanos”. No se mordían la lengua ni siquiera respecto al Führer: “Todas las palabras que salen de la boca de Hitler son mentiras”. Salpicados con referencias eruditas a Goethe, Aristóteles, Schiller, el libro del Eclesiastés, Lao-Tse y otros, los panfletos concluían con un ruego para apoyar a la Rosa Blanca haciéndolos circular. “No guardaremos silencio”, terminaba el cuarto. “Somos su conciencia. La Rosa Blanca no los dejará en paz”.

Los panfletos aparecieron en los buzones y las casetas telefónicas entre finales de junio y mediados de julio de 1942 y se propagaron entre estudiantes afines en Fráncfort, Hamburgo, Berlín y Viena. Se detuvieron cuando Hans, Schmorell, Graf y Probst fueron enviados al este, después de ser notificados solo un día antes, al frente ruso, donde los alemanes estaban empantanados. Aun así, Hans se rebeló contra los nazis con actos de simple humanidad incluso mientras se dirigía al frente. En el tren hacia Rusia, vio a una pequeña niña judía que hacía un trabajo rudo y traía la Estrella de David color amarillo que los nazis obligaban a los judíos a portar. Bajó corriendo y le dio una barra de chocolate de su propia ración —y una margarita para que se la pusiera en el cabello—.

Después de regresar del frente, Hans y los demás emitieron dos panfletos más, en los que advertían que tras ser vencidos en Stalingrado la derrota alemana era inevitable. En una declaración de lo preciados que son los derechos individuales, los panfletos preguntaban: “¿Tendremos que ser por siempre una nación odiada y rechazada por toda la humanidad?”. Hans, Schmorell y Graf salían a hurtadillas por la noche y pintaban letreros que decían “Abajo Hitler”, “Libertad” y otros lemas en la avenida principal de Múnich.

Luego, el 18 de febrero de 1943, Hans y Sophie decidieron distribuir panfletos en la universidad y dejaron pilas de ellos en los corredores. Cuando estaban por irse, Sophie notó que había más copias en su maleta y se dirigió a lo alto de la escalera, que daba a un atrio. Lanzó los panfletos restantes al aire y miró cómo caían por el pozo de la escalera.

El encargado de mantenimiento, Jakob Schmid, un ferviente simpatizante de los nazis, estaba mirando. De inmediato cerró las puertas y notificó a las autoridades. Los hermanos fueron arrastrados al palacio de Wittelsbach, cuartel general de la Gestapo. Poco después también arrestaron a Probst, cuya esposa había tenido a su tercer hijo semanas antes. Fueron interrogados durante varios días, pero se rehusaron a implicar a alguien más.

Los tres fueron declarados culpables de alta traición y sentenciados a muerte. A las pocas horas, los ejecutaron en la guillotina. Antes de poner su cabeza en el bloque, las últimas palabras de Hans hicieron eco a través de la prisión: “Que viva la libertad”. En las semanas siguientes, los demás miembros principales de la Rosa Blanca fueron aprehendidos y ejecutados.

La historia de la Rosa Blanca llegó al frente, donde inspiró a los soldados que se oponían al régimen. Sin embargo, la esperanza que tenían sus miembros de motivar a sus compatriotas no se cumplió. Su llamado fue ignorado.

“No buscaban el martirio en nombre de ningún ideal extraordinario”, recuerda Inge Scholl en sus memorias sobre sus hermanos y los camaradas de la Rosa Blanca. “Querían que la gente como tú y yo pudiéramos vivir en una sociedad compasiva”. Estamos lejos de la oscuridad del fascismo, pero nos beneficia recordar la noble aunque triste historia de estas almas hermosas en el aniversario de su trágico sacrificio.

Richard Hurowitz es inversionista, escritor y editor de The Octavian Report, una revista filosófica trimestral.

sábado, 3 de marzo de 2018

SGM: Los misterios de los submarinos alemanes en la costa argentina previo a la rendición

El misterio de los submarinos nazis que emergieron en Mar del Sur antes de rendirse




El Hotel Boulevard Atlantic, construído a finales del siglo XIX, era lugar de reunión del entorno de espías nazis del colaboracionista alemán Gustav Einckenberg Crédito: Archivo Pablo Grigera

Facundo Di Genova  || La Nación


Mar del Sur tiene pocos habitantes y una cantidad de historias de suspenso que suelen atrapar incluso a los más incrédulos.

Como agreste y solitario paraje de veraneo que combina el campo con el mar y la piedra con la arena en dosis no siempre equilibradas, son frecuentes los cuentos sobre avistajes de ovnis, barcos piratas con tesoros hundidos y vacas que los días de calor se mojan las patas en el mar.

Una de estas historias sostiene que tras la Segunda Guerra Mundial, un submarino emergió desde lo profundo del mar y desembarcó a parte de su tripulación en botes negros, perdiéndose rápidamente entre los médanos una vez que tocaban la orilla.

Después de muchos años de trabajo, un poblador de Mar del Sur logró dar por probado este relato de intrigas propio de una novela de espionaje. Se llama Laureano Clavero, es investigador y guionista, actualmente vive en Barcelona y acaba de publicar el libro Segunda Guerra Mundial: diez historias apasionantes, escrito en colaboración con el español Pere Cardona.

Laureano recolectó testimonios de vecinos, hallazgos personales y documentos oficiales que confirman la presencia de los sumergibles U-Boats del Tercer Reich en las costas de este pueblo ubicado 17 kilómetros al sur de Miramar, días antes de que el primer submarino alemán se rindiera en el puerto de Mar del Plata, el 10 de julio de 1945.

Un cuchillo perdido en la arena

¿Qué hacían en Mar del Sur los submarinos de la marina de guerra alemana (Kriegsmarine) antes de capitular en Mar del Plata? ¿Hubo un desembarco operado por el teniente de navío Otto Wermouth, comandante del sumergible U-530? ¿Hizo lo mismo el capitán de navío Heinz Schäffer con el U-977, quien se entregó una semana después, en el mismo puerto, el 17 de julio de 1945?

"Ambos oficiales fueron interrogados y sus respuestas acerca del itinerario preciso de sus embarcaciones nunca resultaron claros. Admitieron haber estado navegando un tiempo cerca de la costa y que no hubo ningún desembarco antes de rendirse, pero mintieron", dice Clavero, sosteniéndose en varias pruebas.



Cuchillo Krupp Bendorf, encontrado en las playas de Mar del Sur, perteneciente a la vajilla a de U-boat alemán Crédito: L. Clavero

El primer indicio lo recogió de un vecino, que le acercó un cuchillo de alpaca que halló entre los médanos, enterrado en la arena. Si bien lucía deteriorado, se veía claramente la marca de fábrica en el cabo: el logo de un oso y la inscripción Krupp Berndorf, el nombre de la corporación que producía metales para la fabricación de armamento nazi. Y lo más importante: "Krupp era proveedora de la cubertería de los submarinos alemanes".


Los avistamientos

Mientras de una punta a la otra de la Costa Atlántica argentina se sucedían los relatos de avistamientos de submarinos tras la rendición alemana del 8 de mayo de 1945, en Mar del Sur tres pobladores aseguraron haber visto situaciones extraordinarias durante aquel frío invierno.

Por ejemplo, torretas que emergían y desaparecían a pocos metros de la costa, de acuerdo con el testimonio de Osvaldo Aramendi, antiguo vecino y autor del libro Mar del Sur, Historias y vivencias.

O como el de Justo Rodolfo Charra, un paisano que vio cuando, desde lo alto de una duna, un grupo de seis hombres que hablaban un idioma para él desconocido operaba una radio y, minutos después, emergía un submarino desde las entrañas del mar.


El libro que documenta 10 historias poco conocidas sobre la Segunda Guerra Mundial
Fuente: LA NACION

Pero un relato iba más allá y era el de Juan Carrizo, el lechero del pueblo. Carrizo vio una situación extraña mientras amanecía y paseaba sus vacas por la zona de Rocas Negras, muy cerca de la playa.

Para no ser detectado y observar en detalle, se mimetizó entre las pasturas doradas que bordean los breves acantilados marsurenses con la pericia que solo un descendiente de tehuelches puede tener.

De esta manera fue testigo privilegiado de lo que nunca nadie había presenciado antes: el desembarco de hombres con uniformes, armas y pesados bolsos, que venían desde adentro del mar a bordo de botes negros.

Fue el mismo Charra, por entonces un joven campesino de 14 años, quien le relató a Clavero que, en esos helados días de invierno, los patrones de las estancias cercanas reunieron a la peonada y pidieron reserva de todo cuanto habían visto.

¿Quiénes eran estos personajes que desde la costa dirigían las acciones de desembarco?

¿Quiénes eran los patrones que pedían silencio a los paisanos?


Karl Gustav Einckenberg, patrón de estancia

Una de las hojas de la declaración de Gustav Einckenberg ante Coordinación Federal en los días posteriores a los desembarcos clandestinos en Mar del Sur Una de las hojas de la declaración de Gustav Einckenberg ante Coordinación Federal en los días posteriores a los desembarcos clandestinos en Mar del Sur
Fuente: LA NACION - Crédito: Archivo Julio B. Mutti

Clavero encontró la respuesta en la historia del empresario alemán Karl Gustav Einckenberg, quien llegó al país luego de haber hecho negocios mineros en Bolivia a principios de los años 40.

Su figura tomó relevancia en Mar del Sur cuando compró la estancia El Porvenir, en 1943, para instalarse con su mujer y sus hijas luego de una enfermedad que había superado en el Hospital Alemán de Buenos Aires.

La ubicación de la estancia era estratégica: 2.5 kilómetros al sur del pueblo, cercada por una cadena de médanos, a pocos metros de donde el paisano Carrizo vería el desembarco mimetizado entre los pastos dorados.

Contactado con dos estudiosos de la presencia nazi en el país, Julio B. Mutti y Carlos De Napoli [ya fallecido], quienes le compartieron documentación para seguir atando cabos, Clavero pudo reconstruir la historia del estanciero alemán entrevistando a su hija, Ingeborg Einckenberg.

Y dice así: que Einckenberg trabajó junto al agente secreto nazi Wilhelm Seidlitz y al aviador y marinero colaboracionista Alberto Germán Wollkopf para llevar adelante el desembarco de oficiales y valores alemanes con un velero. Capitaneado por Wollkopf, el velero Alga se acercaría a los sumergibles U-Boats, para estibar la carga y refugiarse en la estancia El Porvenir.

Sin embargo, el marinero se echó atrás, pero el plan siguió su curso: no era necesario ningún velero, sino botes que salieran al encuentro de los submarinos alemanes, como los que vio el lechero tehuelche aquel amanecer de julio de 1945 en Rocas Negras.

Por esos días, la prima del paisano Justo Rodolfo Charra contaba que solía llevar abundante comida a un grupo de personas que vivía en la estancia de los Einckenberg, que ella tenía vedado mirarles a la cara, que hablaban un idioma extraño y que solo salían de sus habitaciones por las noches.

Túneles de hormigón

Finalizada la guerra, los desembarcos y la capitulación de los submarinos alemanes en Mar del Plata, la declaración de un arrepentido apodado El Piernas [porque no las tenía] señaló al estanciero mardelsurense Einckenberg como agente de la inteligencia nazi.

El estanciero fue detenido y quedó preso en la cárcel de Caseros acusado de ser miembro de una red de espionaje que debía cumplir con el plan de desembarcar oficiales del Eje en territorio argentino.

Karl Gustav Einckenberg fue liberado al poco tiempo, sin que nadie pudiera probar ninguna de las acusaciones. Murió en 1986 llevándose todos sus secretos al más allá.

La estancia fue vendida a otra familia alemana y su casco demolido sin dejar un solo rastro de la antigua construcción. Solo sobrevive el relato de un paisano que asegura haber descubierto en esos campos el ingreso oculto a profundos túneles de hormigón que se dirigen hacia la ruta 88.

No se sabe cuántos alemanes desembarcaron aquél invierno de 1945, ni quiénes eran y mucho menos qué guardaban dentro sus pesados bolsos.

Todo parece indicar que el plan se concretó a la perfección.

jueves, 1 de marzo de 2018

Peronazismo; Riphagen, el nazi holandés amigo de Perón y Evita

Engaño criminal: el nazi holandés que prometió proteger a los judíos, les robó sus bienes y los mandó a las cámaras de gas

No sólo se salvó de la condena: huyó a la Argentina, se hizo amigo de Juan y Eva Perón y colaboró con sus servicios secretos

Por Alfredo Serra
Especial para Infobae



Si nos fueran dados la maravilla y la crueldad del Aleph, ese punto que según el cuento de Borges está en un escalón de una desvencijada casa de la calle Garay, y contiene todos los puntos, seres y objetos del universo –hasta cada grano de arena de cada desierto–, podríamos, en el espacio dedicado al Mal Absoluto, aterrarnos con Hitler, los nazis, su Tercer Reich y su plan de La Solución Final: el exterminio de todos los judíos de Europa, y más tarde, del entero mundo.

El diabólico proyecto llevó a su desiderátum las proverbiales eficacia y eficiencia alemanas. Los judíos eran capturados, despojados de todos sus bienes, enviados a los campos de exterminio, y después de hacerlos trabajar hasta la extenuación con poca comida y mucho látigo, asesinados en las cámaras de gas y convertidos sus cuerpos en materia prima rentable: carne, grasa, huesos, oro de los dientes postizos…

No alcanzarían los nueve círculos de Dante, de su Divina Comedia, para el castigo eterno de los creadores y ejecutores de esa maquinaria.

Sin embargo, believe it or not, un personaje fue aún peor que el peor de esa factoría de degradación, dolor y muerte.


Andreas Riphagen

Su nombre: Andreas Riphagen. Su sobrenombre: Dries. Su nacionalidad: Holandés, nacido en Amsterdam el 7 de septiembre de 1909.

Undécimo hijo de padre alcohólico y de madre muerta antes de los cinco años de Andreas, fue un adolescente difícil, un díscolo cadete de la marina, un inmigrante ilegal en los Estados Unidos aprendiendo, entre otros oficios, el de matón a sueldo, y eligiendo como ídolo y modelo a Al Capone…

Y de vuelta en Holanda, a sus 18 años, antisemita, proxeneta, ladrón de autos y de joyas (sus pasiones…), estricto personaje de los bajos fondos, vio un nuevo amanecer cuando, en 1940, las hordas nazis ocuparon su país.

No tardó en jurar fidelidad al invasor y –a fuerza de delaciones y otras canalladas–, entrar en la temible y elitista SD (Sicherheitsdienst), servicio de seguridad alemán que operaba como apoyo de las SS, la más feroz de las fuerzas de choque del nazismo.

Pero aún faltaba la última –o penúltima– vuelta de tuerca…

Durante la requisa de una casa cuya familia escondía a Esther Schaap, judía, cuyo marido ya había sido deportado, Riphagen descubrió que la mujer ocultaba en su pelo una bolsita con diamantes. Un mínimo y dudoso reaseguro de las familias judías como vaga esperanza de eludir su muerte y comprar su fuga al mundo todavía libre… Diamantes, anillos, collares, relojes, muchos de valor más sentimental que material, y frágiles esperanzas… Y en ese instante, ante la bolsita y algunos diamantes que cayeron al suelo, los ojos de Riphagen brillaron más que esas piedras.

Educado y casi dulce ante el terror y el temblor de la mujer, le dijo "Yo puedo ayudarla".

Fue su Sésamo, ábrete… El principio de un negocio que superaba en crueldad y cinismo a la habitual rutina de la Solución Final ordenada por Hitler y urdida por Adolf Eichman contra el pueblo judío.



Ante el estupor y la desconfianza de Esther, que le preguntó cómo y por qué quería y podía ayudarla a escapar del tiro en la nuca, el rito aplicado a quienes escondían bienes, Riphagen inventó una historia conmovedora:
–Trabajo con los nazis, pero estuve casado con una judía… ¡y no pude salvarla! Eso me decidió a ayudarla. Y no sólo a usted…

La trampa fue de alta, altísima perversión. Anticipo de la célebre estafa urdida por el italiano Carlo Ponzi (1882–1949): la pirámide financiera de estrepitoso final que imitó con igual destino el norteamericano Bernard Madoff, hoy de 79 años, y condenado a un siglo y medio de cárcel…

La incauta y luego desdichada Esther Schaap, previo pago de unos pocos diamantes, lograría protección y casa hasta el fin de la guerra, y debía presentarle a Riphagen, para el mismo fin, otras familias judías que, siempre con previo pago, estarían a salvo y bajo techo… en casas vacías y amuebladas ya incautadas por los nazis, y cuyos habitantes sufrían o habían muerto en los campos cuyo mayor y más atroz modelo fue Auschwitz.

Para que el negocio pareciera aún más serio y confiable, Riphagen se hacía fotografiar con las familias protegidas, y les entregaba recibos por los valores entregados… que les serían devueltos al acabar la pesadilla bélica. Y por si fuera poco, el espantoso benefactor solía tomar el té con todos ellos…

Entretanto y usando lo contrario, la extorsión y la amenaza de pena de muerte, logró que Bette Wery, una joven mujer que militaba en la resistencia antinazi, entregara a sus compañeros a cambio de que Riphagen no ordenara matar a su familia, refugiada en Polonia…



Ya cerca del fin de la guerra, Riphagen le puso el broche trágico a su plan. Mientras en un banco de Luxemburgo sus cajas de seguridad apenas podían contener tantas joyas y rollos de dinero, en un coupe de foudre, un rayo, delató a todos sus judíos protegidos –tenía sus nombres y sus fotos– y los mandó a morir en las cámaras de gas.

Y ante los primeros cañonazos aliados, huyó de modo novelesco: abandonó Amsterdam oculto en el ataúd de un coche fúnebre, un ex agente secreto, Frits Kerkhoven, lo ayudó a pasar a Bélgica, y en bicicleta por una de las rattenlinien (las Rutas de las Ratas por la que muchos criminales huyeron de Europa a Sudamérica), este doble Judas llegó a España.

Preso por no tener documentos, Kerkhoven vuelve a ayudarlo. Le compra ropa, le consigue documentos falsos, y unos diamantes escondidos en los tacos de sus zapatos completan la fuga: el siniestro Riphagen llega –¡oh casualidad!– a la Argentina, no tarda en acercarse y ganar la amistad de Juan y Eva Perón, y más aún: como tantos de los criminales de guerra amparados bajo la bandera azul y blanca y el escudo peronista, fue un factótum para organizar los servicios secretos del peronismo. Por ejemplo, la siniestra Sección Especial, donde volvió a funcionar la picana eléctrica creada por el execrable hijo del poeta fascista Leopoldo Lugones, y donde verdugos como el comisario Cipriano Lombilla, y los oficiales José González, José Faustino Amoresano y Salomón Wasserman molían a golpes –eléctricos o de puño– a los contreras nombre genérico de todo antiperonista.  Golpes que, por supuesto, violaban las reglas establecidas para ese deporte por John Douglas, noveno marqués de Queensberry y padre de lord Alfred, amante, dicha y desdicha de Oscar Wilde.



Entre otros intelectuales, uno de los atormentados en la Sección Especial fue el historiador Félix Luna.

Según una anécdota que ya es leyenda, Luna le dijo a Perón:

– En su gobierno hay torturadores, general.
– Por favor, Luna, no macanee… ¿A quién torturaron?
– A mí, general.

En 1988 llegó al país un pedido internacional de captura para Riphagen. Demasiado tarde. En 1977, a sus 63 años, murió de cáncer en una clínica de Suiza.




Post scriptum. Un día de 1953 la Sección Especial –o tres de sus esbirros, por lo menos– llegó a mi casa. Fui testigo lúcido, no un niñito bobo: tenía 14 años y cursaba el tercer ciclo del secundario. Por leer "de corrido" a los cuatro años se acortó mi ciclo primario… Los hombres se parecían a los burdos y amenazantes dioses que Borges describe en su brillante pieza Ragnarök, de su deslumbrante libro El Hacedor. Cito: "El lugar era la Facultad de Filosofía y Letras (…) Elegíamos autoridades (…) Bruscamente nos aturdió un clamor de manifestación o de murga. Alaridos humanos y animales llegaban desde el Bajo. Una voz gritó: ¡Ahí vienen! Y después ¡Los Dioses! ¡Los Dioses! Cuatro o cinco sujetos salieron de la turba y ocuparon la tarima del Aula Magna. Uno sostenía una rama (…) Otro extendía una mano que era una garra (…) Todo empezó por la sospecha (tal vez exagerada) de que los Dioses no sabían hablar (…) Frente muy bajas, dentaduras amarillas, bigotes ralos de mulato o de chino y belfos bestiales publicaban la degeneración de la estirpe olímpica. Sus prendas no correspondían a una pobreza decorosa y decente sino al lujo malevo de los garitos y de los lupanares del Bajo. En un ojal sangraba un clavel; en un saco ajustado se adivinaba el bulto de una daga. Bruscamente sentimos que jugaban su última carta, que eran taimados, ignorantes y crueles como viejos animales de presa y que, si nos dejábamos ganar por el miedo o la lástima, acabarían por destruirnos.
Sacamos los pesados revólveres ( de pronto hubo revólveres en el sueño) y alegremente dimos muerte a los dioses".

Hombres como esos preguntaron por mi abuelo Justo, obrero ferroviario, y le dijeron que el gobierno peronista sufría muchas amenazas y conspiraciones, y que por eso recurrían a vecinos antiguos y respetables: para que delataran cualquier reunión o cosa rara que descubrieran en el barrio (Núñez, para más datos). Mi abuelo no necesitó que de pronto hubiera revólveres en el sueño. Entró a su pieza, sacó de su caja de cedro el Orbea de cinco tiros que trajo desde Aragón en su atadito de inmigrante, y apenas vieron relucir su caño cromado… ¡los dioses huyeron como ratas!

Por estas y muchas cosas ni siquiera vale la pena preguntarse porqué ese gobierno protegió a criminales nazis. O porqué fueron sus amigos y guardaespaldas otros atroces alemanes y croatas. O porqué fueron protegidos por el peronismo y vivieron a sus anchas nazis como Adolf Eichmann, Walter Kutschmann, Edward Roschmann y hasta estuvieron de paso, y con documentos legales entregados por el peronismo, monstruos como Klaus Barbie y Josef Mengele. O porqué, en mis primeros años de periodismo, colegas que me doblaban en edad se reían cuando yo, o algún otro joven, mencionaban ese primer e histórico encuentro de Perón y Eva en el verano del 44, Luna Park, festival para lograr fondos de ayuda a las víctimas del terremoto de San Juan. Recuerdo las exactas palabras de uno de ellos, que acompañó a Perón en casi todo su periplo madrileño:
–Pibe, ésa es la estampita… Perón y Eva se conocieron antes en la embajada alemana en Buenos Aires. Tenían mucho que ver con esa gente. Negocios, ¿sabés?…

sábado, 13 de enero de 2018

PGM: El espía alemán Carl Hans Lody

Carl Hans Lody

Wikipedia



Carl Hans Lody

Carl Hans Lody, alias Charles A. Inglis (20 de enero de 1877 - 6 de noviembre de 1914, nombrado ocasionalmente como Karl Hans Lody), fue un oficial de la reserva de la Armada Imperial Alemana que espió en el Reino Unido en los primeros meses del Primer Guerra Mundial.

Creció en Nordhausen en el centro de Alemania y quedó huérfano a temprana edad. Después de embarcarse en una carrera náutica a la edad de 16 años, sirvió brevemente en la Armada Imperial alemana a principios del siglo XX. Su mala salud lo obligó a abandonar una carrera naval, pero permaneció en la reserva naval. Se unió a la Hamburg America Line para trabajar como guía turístico. Mientras escoltaba a un grupo de turistas, conoció y se casó con una mujer alemana-estadounidense, pero el matrimonio se rompió después de solo unos meses. Su esposa se divorció de él y él regresó a Berlín.

En mayo de 1914, dos meses antes de que estallara la guerra, Lody fue abordado por los oficiales de la inteligencia naval alemana. Estuvo de acuerdo con su propuesta de emplearlo como espía en tiempos de paz en el sur de Francia, pero el estallido de la Primera Guerra Mundial el 28 de julio de 1914 dio como resultado un cambio de planes. A fines de agosto, fue enviado al Reino Unido con órdenes de espiar a la Royal Navy. Se hizo pasar por estadounidense (podía hablar inglés con fluidez, con acento estadounidense) utilizando un pasaporte genuino de EE.UU. robado de un ciudadano estadounidense en Alemania. En el transcurso de un mes, Lody viajó por Edimburgo y el Firth of Forth observando los movimientos navales y las defensas costeras. A fines de septiembre de 1914, estaba cada vez más preocupado por su seguridad, ya que el aumento del pánico espía en Gran Bretaña llevó a que los extranjeros fueran sospechosos. Viajó a Irlanda, donde tenía la intención de mantener un perfil bajo hasta que pudiera escapar del Reino Unido.

A Lody no se le había entrenado en espionaje antes de embarcarse en su misión y, a los pocos días de llegar, fue detectado por las autoridades británicas. Sus comunicaciones no codificadas fueron detectadas por los censores británicos cuando envió sus primeros informes a una dirección en Estocolmo que los británicos sabían que era una casilla de correos para los agentes alemanes. La agencia británica de contraespionaje MI5, entonces conocida como MO5 (g), le permitió continuar sus actividades con la esperanza de encontrar más información sobre la red de espionaje alemana. Sus primeros dos mensajes se les permitió llegar a los alemanes, pero los mensajes posteriores se detuvieron, ya que contenían información militar sensible. A principios de octubre de 1914, la preocupación por la naturaleza cada vez más sensible de sus mensajes llevó a MO5 (g) a ordenar el arresto de Lody. Había dejado un rastro de pistas que permitieron a la policía rastrearlo hasta un hotel en Killarney, Irlanda, en menos de un día.

Lody fue sometido a juicio público, el único que se llevó a cabo por un espía alemán capturado en el Reino Unido en cualquiera de las dos guerras mundiales, ante un tribunal militar en Londres a fines de octubre. No intentó negar que era un espía alemán. La prensa británica e incluso la policía y los oficiales de la MO5 (g) que lo habían localizado lo elogiaron ampliamente como franco y valiente. Fue condenado y sentenciado a muerte luego de una audiencia de tres días. Cuatro días más tarde, el 6 de noviembre de 1914, Lody recibió un disparo al amanecer por un pelotón de fusilamiento en la Torre de Londres en la primera ejecución allí en 167 años. Su cuerpo fue enterrado en una tumba sin nombre en el este de Londres. Cuando el Partido Nazi llegó al poder en Alemania en 1933, lo declaró un héroe nacional. Lody se convirtió en el tema de los monumentos conmemorativos, homónimo de un barco destructor elogios y conmemoraciones en Alemania antes y durante la Segunda Guerra Mundial.

Primeros años de vida y carrera 

Carl Hans Lody nació en Berlín el 20 de enero de 1877. Su padre era un abogado en el servicio del gobierno que se desempeñó como alcalde de Oderberg en 1881. La familia Lody se mudó posteriormente a Nordhausen, donde vivían en 8 Sedanstrasse (hoy Rudolf-Breitscheid-Strasse ) El padre de Lody se desempeñó como teniente de alcalde en 1882, pero murió en junio de 1883 después de una breve enfermedad y su madre murió en 1885. Fue acogido durante un tiempo por una pareja en Leipzig antes de ingresar al orfanato de las Fundaciones Francke en Halle cercano [1]. ] [2]

Lody comenzó un aprendizaje en una tienda de comestibles en Halle en 1891, antes de mudarse a Hamburgo dos años más tarde para unirse a la tripulación del velero Sirius como un grumete. Estudió en la academia marítima en Geestemünde, clasificándose como timonel, e inmediatamente después sirvió con la Armada Imperial alemana durante un año entre 1900 y 1901. Posteriormente se unió a la Primera Reserva Naval, se alistó como oficial en buques mercantes alemanes. En 1904 regresó a Geestemünde, donde obtuvo con éxito una licencia de capitán. Cayó gravemente enfermo con lo que más tarde dijo que era un absceso estomacal, "causado por un ataque de fiebre tifoidea muy mal curado que sufrí en Italia a causa del agua mala en Génova". [3] Se requirió una operación, que debilitó su brazo izquierdo y su vista. Como lo expresó Lody, "en consecuencia, mi carrera como marinero se cerró tan pronto como descubrí eso, y mi médico me dijo que no podía ir más allá". [3]


Louise Storz, esposa de Lody de octubre de 1912 a marzo de 1914

Lody encontró empleo alternativo con la Hamburg America Line, que había inaugurado un servicio de visita guiada personal para viajeros adinerados que iban de Europa a América. Lody se convirtió en un guía turístico responsable de cuidar de estos clientes, y en esta capacidad visitó países europeos, incluido Gran Bretaña. [4] Durante una de esas giras, conoció a una mujer germanoamericana llamada Louise Storz, la hija adoptiva de 23 años de un rico cervecero, Gottlieb Storz de Omaha, Nebraska. [5] [6] La gira de Louise incluyó varios países europeos, incluida Alemania; [7] por su conclusión, ella y Lody se comprometieron. Después de visitar a la familia de Lody en Berlín, la pareja viajó a los Estados Unidos. Se casaron el 29 de octubre de 1912 en lo que el Omaha Daily Bee describió como "una boda 'de la sociedad' ':

La casa estaba hermosamente decorada con crisantemos, palmeras y helechos. La ceremonia y los detalles que la precedieron fueron elaborados. Asistieron alrededor de setenta y cinco invitados. Después de una gira de luna de miel occidental extendida, el Sr. y la Sra. Lody establecieron una residencia en el Clarinda. [8]

A pesar del alto perfil de la boda, la pareja vivió sola durante solo dos meses. [9] Lody buscó obtener un puesto en Storz Brewing Company, pero carecía de experiencia en la elaboración de cerveza. Como lo expresó el periódico local Omaha Daily Bee: "Aquí estaba en los Estados Unidos con una esposa para apoyar y ningún puesto a la vista". [8] Encontró un trabajo como empleado de la Union Pacific Railroad por menos de $ 100 a mes. Dos meses después de casarse, Louise presentó una demanda de divorcio, acusando a Lody de "golpearla, infligirle heridas graves en el cuerpo" [10]. Lody se fue a Berlín poco después; más de seis meses después, inesperadamente regresó con un abogado alemán para impugnar la demanda en los tribunales del condado de Douglas. [11] La demanda fue retirada sin explicación unos días más tarde; Lody regresó a Berlín. [12] Las dos partes aparentemente llegaron a un acuerdo amistoso; en febrero de 1914 se restableció la demanda de divorcio y Lody acordó no impugnarla. [13] El divorcio fue otorgado el mes siguiente. [14]

El historiador militar Thomas Boghardt sugiere que la familia Storz no aprobó el partido y puede haber presionado a la pareja para que se separe. Lody dijo más tarde que su ex suegro le dio $ 10,000, posiblemente como compensación. El matrimonio fallido tuvo un efecto duradero en Lody. Escribió en 1914: "Mis sentimientos se desordenan cuando puedo permitirme revisar los dramáticos acontecimientos de los últimos tres años y cuál es el probable clímax de todo". [15]

Comienzo de la carrera de espionaje

A su regreso a Alemania, Lody se instaló en Berlín, viviendo en lo que describió como "bueno para hacer las circunstancias". Permaneció en el Adlon, el hotel de lujo más de moda de la ciudad, mientras que su hermana Hanna vivía con su esposo médico en el próspero suburbio de Westend en Charlottenburg. [16] A medida que las tensiones crecieron en toda Europa en la primera mitad de 1914, la inteligencia naval alemana, la Nachrichten-Abteilung, o "N", se dispuso a reclutar agentes potenciales. Lody ya tenía enlaces con el servicio. Durante su tiempo con la Armada Imperial alemana, Lody había prestado sus servicios a Arthur Tapken, que más tarde se convirtió en el primer director de N. El Estado Mayor del Almirantazgo Imperial alemán, o Admiralstab, enumeró a Lody como un posible objetivo de reclutamiento antes del estallido de la guerra. [15] Las autoridades navales consideraron a los empleados de Hamburg America Line (HAL) como Lody como reclutas ideales debido a su experiencia en asuntos navales y su presencia en puertos de todo el mundo. HAL había colaborado con Admiralstab desde la década de 1890. La relación se volvió tan estrecha que en julio de 1914, justo antes del estallido de la guerra, el director de HAL, Albert Ballin, le dijo al almirante que "me ubicaría a mí y a la organización subordinada a la disposición de su excelencia lo mejor posible" [17]. ]



Documentos estadounidenses de Lody, en nombre de Charles A. Inglis: el pasaporte real de Inglis (izquierda), adquirido para Lody por el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán, y un certificado de registro de apoyo (derecha), adquirido por Lody en Bergen, Noruega

El 8 de mayo de 1914, Fritz Prieger, el director de N, se puso en contacto con Lody para preguntar si estaba dispuesto a servir como agente naval. Lody respondió que estaba "honrado" por la confianza de Prieger y que serviría a disposición de Prieger. En tres semanas, Lody había firmado un acuerdo formal para operar como un "viajero de tensión" en el sur de Francia, un agente que informaría a Berlín en tiempos de tensiones internacionales. El asesinato del archiduque Franz Ferdinand de Austria el 28 de junio y la posterior crisis de julio precipitaron el estallido de la Primera Guerra Mundial el 28 de julio [15].

Con el Reino Unido declarando la guerra en apoyo de Francia y Bélgica, Prieger envió a Lody a Gran Bretaña como agente de guerra. Lody recibió la orden de basarse en el área de Edimburgo-Leith y monitorear los movimientos navales británicos. Iba a viajar a lo largo de la costa escocesa e informar sobre los buques de guerra estacionados allí; "Si o cuando el Sr. Lody llega a saber que ha tenido lugar una batalla naval, preguntará lo más discretamente posible sobre pérdidas, daños, etc." Sus órdenes reflejaban la creencia del Almirante de que la guerra sería decidida por una sola gran batalla naval. [15]

Para comunicarse con sus manejadores, Lody recibió instrucciones de escribir en ciertas direcciones en Christiania (ahora Oslo), Estocolmo, Nueva York y Roma. Adquirió un pasaporte estadounidense de emergencia a nombre de Charles A. Inglis, [15] un documento genuino obtenido de la Embajada de los Estados Unidos en Berlín. Cuando Alemania declaró la guerra a Rusia el 1 de agosto, las restricciones impuestas recientemente impidieron que los extranjeros salieran de Alemania sin documentos de viaje. Las embajadas y los consulados en todo el país experimentaron una avalancha de visitantes, ya que los extranjeros buscaban pasaportes de emergencia; estos tenían que ser enviados al Ministerio de Asuntos Exteriores alemán para obtener permisos de salida para Dinamarca o los Países Bajos. Uno de esos solicitantes era el verdadero Charles A. Inglis, cuyo pasaporte desapareció; se perdió, se dijo, aunque en realidad el Ministerio de Asuntos Exteriores se había apropiado para el uso de Lody. Como el pasaporte carecía de características de seguridad como la fotografía del titular o las huellas dactilares, al ser simplemente un documento de una sola hoja, era adecuado para ser utilizado por un espía. [18] Lody dijo más tarde que lo había recibido en el mensaje de sus superiores en N. [19] También le dieron £ 250 en billetes de banco británicos, 1.000 coronas danesas y 1.000 coronas noruegas para financiar su misión en el Reino Unido, donde viajaría a través de Dinamarca y Noruega. [20]

Gustav Steinhauer, el jefe de la sección británica de N, más tarde escribió que había conocido a Lody poco antes de la partida de este último, y habló con él en un par de ocasiones. Steinhauer había estado activo en Gran Bretaña poco antes del estallido de la guerra, y estaba dispuesto a darle consejos a Lody sobre las dificultades que enfrentaría:

Cuando estás en Inglaterra, Lody, no estás en Alemania ni en Francia con una frontera neutral al alcance de tu mano para ayudar a escapar. Tendrás que pasar por un puerto, y no será fácil ... Significará la muerte si eres descuidado en lo más mínimo. Debes recordar que todos los extranjeros serán observados en todas partes. Su correspondencia será abierta y su equipaje será saqueado. Revisarán su pasaporte con un microscopio para asegurarse de que no esté falsificado y le harán notificar cada cambio de dirección que tenga. [21]

Para sorpresa aparente de Steinhauer, Lody pareció indiferente ante el peligro en el que estaba a punto de entrar. "Bueno, después de todo, uno podría morir así como cualquier otro", dijo Lody, según Steinhauer; "Prestaré un servicio a la Patria y ningún otro alemán puede hacer más que eso". [21] En una reunión final en el Anhalter Bahnhof en Berlín, Steinhauer repitió sus advertencias, pero Lody "solo se rió de mí y me contó mi los miedos carecían de fundamento ". [22] Steinhauer consideró la capacidad de Lody de llevar a cabo su misión como" prácticamente nula "y advirtió al Jefe de la Inteligencia Naval que no lo enviara al Reino Unido, pero la advertencia no fue atendida. [21] Recordó que "como se había ofrecido especialmente para la tarea, y debo admitir que había muy poca gente en Berlín ansiosa por acompañarlo en ese momento, le permitieron ir". [22]

Como señaló Steinhauer en su autobiografía, el Reino Unido era un entorno peligroso para un agente extranjero. Solo cinco años antes, el país no tenía una organización dedicada de contraespionaje. En 1909, una serie de sustos de espías avivados por la prensa condujo al establecimiento de la Oficina del Servicio Secreto, conjuntamente dirigida por el Capitán Vernon Kell y el Teniente y Comandante Mansfield Cumming. [23] Pronto dividieron sus responsabilidades; Kell se hizo cargo del contraespionaje, mientras que Cumming se centró en la inteligencia extranjera. Estas dos divisiones de la Oficina del Servicio Secreto finalmente se convirtieron en dos agencias de inteligencia independientes, MI5 y MI6. [24] La Oficina identificó rápidamente una lista de posibles agentes alemanes en el Reino Unido. Justo antes del estallido de la guerra el 4 de agosto de 1914, los jefes de policía de Gran Bretaña e Irlanda recibieron instrucciones de arrestar a los sospechosos en sus áreas. Esto se hizo rápidamente y varios agentes alemanes fueron atrapados, paralizando las operaciones de inteligencia alemanas en el Reino Unido en un momento crucial de la guerra. [25] El mismo Steinhauer tuvo suerte de escapar del arresto; era conocido por su nombre ante las autoridades británicas y había estado espiando a la Royal Navy en Escocia tan recientemente como a fines de junio de 1914. [26]

Escocia

Lody se embarcó en su misión "tan apresuradamente que ni siquiera tuvo tiempo de aprender un código que podría haberlo ayudado a transmitir sus mensajes", según Steinhauer [27] Posando como turista estadounidense, Lody salió de Berlín el 14 de agosto, viajando a través de Dinamarca hasta el puerto noruego de Bergen. [20] Allí abordó un barco que lo llevó a Newcastle, llegando la noche del 27 de agosto. Tomó un tren hacia el North British Hotel (ahora el Hotel Balmoral) adyacente a la estación de trenes Edinburgh Waverley. El 30 de agosto, envió un telegrama desde la oficina de correos principal de Edimburgo a Adolf Burchard en 4 Drottninggatan, Estocolmo, una dirección de un agente alemán en Suecia. El mensaje decía: "Debes cancelar Johnson muy mal los últimos cuatro días se irán pronto" y fue firmado "Charles". Como era un telegrama en el extranjero, tuvo que firmar con su nombre completo (alias). [28]


Telégrafo de Lody a "Adolf Burchard" en Suecia, que reveló su identidad supuesta a las autoridades británicas

La sección de contraespionaje de la Oficina de Servicios Secretos ya se había convertido en parte de la Dirección de Operaciones Militares de la Oficina de Guerra y era conocida como MO5 (g). Al estallar la guerra, instituyó una censura generalizada de cartas y telegramas enviados al exterior [28]. Desde el 4 de agosto, todos los correos del Reino Unido a Noruega y Suecia habían sido llevados a Londres para ser examinados con el fin de identificar cualquier envío a direcciones sospechosas. [29] Fatally para Lody, MO5 (g) ya era consciente de que el domicilio de Estocolmo era el de un agente alemán, y estaba buscando correspondencia usando la fórmula "Johnson" empleada en el telegrama de Lody. [28] "Burchard" fue identificado más tarde como un agente alemán con el nombre de K. Leipziger. Después de que Lody envió su telegrama a "Burchard", exponiendo su alias "Charles Inglis" en el formulario del telegrama, la Unidad de intercepción de cartas de MO5 (g) realizó un ejercicio de seguimiento para encontrar cualquier otro mensaje enviado al mismo lugar. ] Uno de los censores de MO5 (g) describió más tarde la escena en Salisbury House en Londres, donde se basó la Unidad de intercepción de cartas:

Varios nombres estaban escritos en una gran pizarra que colgaba de la pared, claramente visible, y teníamos que estar atentos para cualquier mención de estos en las cartas que leíamos. Los nombres eran los de personas sospechosas de enviar información a Alemania a través de países neutrales. Además, una frase corta fue garabateada en esta pizarra: "Johnson está enfermo". El Almirantazgo sabía que en algún lugar de Gran Bretaña viajaba un oficial alemán que intentaba utilizar esta fórmula para transmitir las noticias de ciertos movimientos de la flota británica. [31]

El telegrama "Johnson" llegó a su destino y solo fue identificado retrospectivamente por las autoridades británicas. Se dijo que había indicado la presencia de cuatro acorazados británicos, [20] aunque los censores tomaron su significado de que "él estaba siendo vigilado y en peligro y tendría que abandonar Edimburgo, lo que hizo más tarde". [28]

Después de haber expuesto involuntariamente su identidad asumida, las siguientes comunicaciones de Lody fueron objeto de un minucioso examen por MO5 (g). Salió de su hotel en Edimburgo el 1 de septiembre y se mudó a una pensión en Drumsheugh Gardens, donde dio su nombre como Charles A. Inglis de la ciudad de Nueva York y le pagaron como pensionista semanal. Tres días más tarde envió una carta en inglés a la misma dirección de Estocolmo, adjuntando un sobre con una segunda carta, en alemán y dirigida a Berlín. Esto fue interceptado por las autoridades británicas, abierto, fotografiado, sellado nuevamente y enviado a Suecia. [32] Un informe de posguerra del MI5, la organización sucesora de MO5 (g), explica que fue tratado de esta manera "con la esperanza de aprender más" [29].


La carta de Lody del 4 de septiembre de 1914, que informaba como cierto el rumor infundado de que las tropas rusas habían aterrizado en Escocia y viajaban hacia el sur en tren.

En este caso MO5 (g) estaba feliz de dejar pasar las cartas de Lody ya que contenían información que era tremendamente engañosa y causaba serias (e innecesarias) preocupaciones al Alto Mando alemán. [33] Lody había escuchado el difundido rumor de que miles de tropas rusas con "nieve en sus botas" habían pasado por Escocia en su camino al frente occidental, y se lo transmitieron a sus controladores en Berlín:

¿Te comunicas amablemente con Berlín de inmediato por cable (código o el sistema que esté a tu disposición) y les informas que el 3 de septiembre grandes masas de soldados rusos han pasado por Edimburgo en su camino a Londres y Francia. Aunque se debe esperar que Berlín tenga conocimiento de estos movimientos, que probablemente tuvieron su inicio en Archangel, puede ser conveniente enviar esta información. Se estima que 60,000 hombres han pasado, números que parecen muy exagerados. Fui a la estación de [depósito] y noté que los trenes pasaban a alta velocidad, con las persianas bajadas. El aterrizaje en Escocia tuvo lugar en Aberdeen. Atentamente, Charles. [32]

La información de Lody era completamente inexacta y había sido recopilada, como admitiría en su juicio, puramente por rumores: "Lo escuché en la pensión y lo escuché en la barbería". [32] Su segunda carta, en Alemán, estaba dirigido a "Herr Stammer" en la inteligencia naval alemana en Courbierestrasse, Berlín, y contenía detalles de las pérdidas navales británicas y los buques estacionados en Leith y Grangemouth. Había obtenido detalles de los buques de guerra simplemente escalando Calton Hill en Edimburgo y observando el panorama desde la cumbre, y tomando un paseo a lo largo del paseo marítimo en Grangemouth, utilizado por miles de ciudadanos como una excursión popular. Estaba preocupado por los riesgos que estaba tomando y afirmó en su carta que no se acercaría a ningún lugar donde pudiera ser desafiado, o donde las barricadas y las restricciones impidieran el acceso. [34] Su falta de entrenamiento o preparación significó que estas cartas, al igual que todas sus comunicaciones, fueron escritas sin ningún tipo de ocultación, sin código o tinta invisible, y fueron compuestas enteramente en clair en inglés escrito o alemán ordinario. [29]

El 7 de septiembre, Lody fue a una tienda de bicicletas en Haymarket Terrace para alquilar una bicicleta. Le dijo a la hija del propietario que era un estadounidense de Nueva York que estaba de visita en Edimburgo después de que el estallido de la guerra arruinara unas vacaciones en Europa. Se quedaba allí unos días mientras esperaba a que llegara un puesto de atraque en un barco a América, ya que todos los buques transatlánticos estaban completos con repatriados. Dijo que quería ir en bicicleta a lugares alrededor de Edimburgo como Rosyth y Queensferry y arregló el alquiler de una bicicleta. La hija del propietario le advirtió que algunos caminos ahora estaban resguardados y que debería detenerse inmediatamente si un centinela lo desafiaba, a lo que él respondió: "¡Oh, solo voy a ir en bicicleta por placer!" [35]

Durante la semana siguiente, Lody siguió una rutina de permanecer en su habitación hasta el mediodía, salir por la tarde y regresar entre las 5 y las 7 de la tarde. A veces salía a andar en bicicleta por la tarde. Pasó su tiempo buscando información y el 14 de septiembre envió un segundo sobre a Estocolmo. Esta vez no era más que un envoltorio que contenía un segundo sobre, dentro del cual había una carta dirigida al editor de un periódico de Berlín, Ullstein Verlag, [35] en la que Lody decía:

Corte cerrado de Edimburgo The News of the World. Típico para la manera inglesa de causar malos sentimientos y al mismo tiempo característico de la perfecta ignorancia de los periodistas en este país con respecto a la diferencia entre las armas militares y las herramientas militares. Pero esto no hace ninguna diferencia, la población aquí cree todo. Tuyo verdaderamente nazi. [B] [35]

Esto también fue interceptado y fotografiado, pero, como era una carta relativamente inofensiva, se transmitió mientras las autoridades británicas continuaban monitoreando las comunicaciones de Lody con la esperanza de obtener más información sobre la red de espionaje alemana. El día después de enviarlo, el 15 de septiembre, Lody viajó a Londres para reconocer los preparativos de guerra de la ciudad. [35] Viajando ligero, se quedó dos noches en el Hotel Ivanhoe en Bloomsbury (ahora el Bloomsbury Street Hotel) y se puso a trabajar para encontrar información sobre las medidas de seguridad en los edificios públicos. Más tarde dijo que no había observado los edificios por sí mismo, sino que había obtenido recortes de periódicos, que tenía la intención de enviar a Berlín. También escribió un informe el 16 de septiembre, pero afirmó que nunca lo había enviado, nunca lo encontraron los británicos, ya que sentía que estaba mal escrito. [37]

Lody regresó a Edimburgo el 17 de septiembre, tomando el tren de King's Cross a Edimburgo. Conoció a una joven escocesa, Ida McClyment, le dio su tarjeta y habló con ella un rato antes de entrar en otro carruaje para fumar. Allí escuchó una conversación entre dos hombres, uno aparentemente un submarinista que viajaba a la base naval en Rosyth y el otro un marinero que hablaba de Harwich. Lody luego expresó su sorpresa por cómo los dos hombres estaban "hablando de una manera bastante libre, teniendo en cuenta los tiempos presentes". Uno de los hombres habló sobre las dificultades de servir en un submarino, mientras que el otro le preguntó a Lody: "¿De qué país eres? ¿Eres del otro lado?" Lody respondió: "Sí, soy estadounidense". [37] Comenzaron a hablar de la guerra y hablaron sobre el reciente hundimiento del crucero HMS Pathfinder, que se había convertido en la primera nave hundida por un torpedo disparado por un submarino. El marinero le dijo a Lody: "Vamos a sacar minas como lo han hecho los alemanes. Tenemos una gran sorpresa reservada para los alemanes". Lody no estaba convencido y, después de darle la mano al marinero, dejó el coche humeante. [38]


La Flota de la Guardia Británica ancló en el Firth of Forth. Lody buscó reunir información sobre los barcos de la Royal Navy en el Firth durante su estancia en Edimburgo.

Lody regresó a su alojamiento en Drumsheugh Gardens y continuó caminando y recorriendo la zona. Conoció a dos chicas que conoció en Princes Street y salió con ellas un par de noches. Abandonó el ciclismo después de un accidente el 25 de septiembre, en el que colisionó con una bicicleta montada por uno de los amigos de su casera mientras viajaba desde Peebles a Edimburgo, causándole "alguna pequeña lesión". Devolvió su bicicleta dañada a la tienda donde la había alquilado. [38]

El 27 de septiembre, Lody escribió otra carta en alemán a "Burchard", adjuntando recortes de prensa sobre la caballerosidad de los marineros británicos y el hundimiento de los cruceros HMS Aboukir, Cressy y Hogue. La carta incluía una gran cantidad de información detallada sobre movimientos navales y fortificaciones, como las defensas de artillería de North Berwick, Kinghorn y North y South Queensferry. [39] Para Lody estaba claro que su misión no estaba teniendo éxito. La decisiva batalla naval que el Almirantazgo alemán había anticipado no había sucedido, y Lody estaba cada vez más temeroso por su seguridad personal. Él dijo después:

Estaba en Edimburgo y no tenía nada que hacer, y simplemente pasé mi tiempo. Estaba terriblemente nervioso. No estaba acostumbrado a eso, y me daba miedo caminar por Edimburgo. Hice este traje. Tenía miedo de seguir. [38]

El ambiente en la pensión de Lody era cada vez más hostil; sus anfitriones sospechaban de él. Sus dudas crecieron a medida que avanzaba el actual espionaje de espionaje. Se había quedado allí más de tres semanas y sus respuestas evasivas cuando le preguntaban cuándo esperaba irse no los satisfacían. Cuando dijeron que su acento parecía ser "más alemán que estadounidense", supo que era hora de irse. Escribió en su carta del 27 de septiembre que "el miedo al espionaje es muy grande y todos los días veo a algunos alemanes yendo a Redford Barracks bajo la escolta de un soldado ... Es aconsejable que desaparezca por unos días, y para cambiar mi lugar de residencia. Solo puedo esperar que mi información telegráfica y de cartas haya llegado debidamente ". [40] Les dijo a sus controladores que iría a Irlanda, desembarcando en Dublín ya que era el único puerto irlandés no cerrado a extranjeros. . A pesar de sus esperanzas, su carta fue interceptada por los británicos; esta vez fue retenida ya que la información allí contenida era de verdadero valor militar. [29]

Viaje a Irlanda y captura

Lody salió apresuradamente de su pensión la mañana del 27 de septiembre y pasó la noche en el Hotel Roxburgh en Edimburgo. Dejó allí parte de su equipaje, diciéndole a la directora que estaría ausente unos ocho días, y viajó al día siguiente a Liverpool, donde se alojó en el London and North Western Hotel en Lime Street. Compró un boleto a Irlanda y tomó el SS Munster a Dublín vía Kingstown (ahora Dún Laoghaire). Se detuvo en Holyhead en Anglesey, donde un funcionario de inmigración desafió a Lody. Sus documentos de viaje estadounidenses demostraron ser suficientes para demostrar su buena fe, y él siguió su camino. [41]


Sackville Street (ahora O'Connell Street), Dublín, donde Lody y su compañero John Lee se alojaron en el Hotel Gresham (en el centro izquierdo de la fotografía) del 27 de septiembre al 2 de octubre de 1914

Los controladores de Lody se dieron cuenta de que su misión no funcionaba de acuerdo con el plan e intentaron ponerse en contacto con él para proporcionar asistencia. Se envió una carta de fecha 8 de septiembre a Charles A. Inglis c / o Thomas Cook, Edimburgo, pero él nunca la recogió, y tal vez nunca la conoció. [29] Otro agente alemán, Paul Daelen, recibió la orden de ir a Gran Bretaña y proporcionarle a Lody una nueva dirección. Daelen llegó a Inglaterra demasiado tarde. Lody ya había viajado a Irlanda sin dar a sus controladores un medio para contactarlo. [20]

Durante su viaje a Irlanda, Lody conoció a un médico de Minneapolis, John William Lee, que había estado estudiando enfermedades de los ojos, los oídos, la nariz y la garganta en Viena antes de que el estallido de la guerra lo obligara a irse. Lee planeaba viajar de regreso a Nueva York a bordo del RMS Baltic, dejando Queenstown (ahora Cobh) el 7 de octubre, y con la intención de pasar unos días explorando Irlanda antes de su partida. [42] Lody preguntó dónde estaba planeando quedarse Lee en Dublín; Lee le dijo que probablemente sería el Hotel Gresham en Sackville Street, a lo que Lody respondió: "Está bien, vayamos allí". Viajaron juntos al hotel, reservaron en habitaciones separadas, cenaron juntos y fueron al Teatro Empire. Lody le dijo a Lee que había estado en Alemania trabajando para una compañía estadounidense de máquinas de sumar. Cuando la conversación se dirigió a la guerra, Lody opinó que el ejército alemán era un cuerpo muy bien entrenado de hombres fuertes y duraderos, y que sería difícil vencerlos. Al día siguiente desayunaron juntos y salieron a caminar en Phoenix Park. [42]

Mientras Lee intercambiaba algo de dinero en Thomas Cook el 30 de septiembre, Lody escribió una nueva carta en alemán a "Burchard", aclarando sus razones para ir a Irlanda y describiendo lo que había visto en su viaje. Él explicó:

Creo que es absolutamente necesario desaparecer por algún tiempo porque varias personas se han acercado a mí desagradablemente. Eso no me sucede solo a mí, pero varios estadounidenses aquí me han dicho que están siendo vigilados. El miedo al espionaje es muy grande y uno huele a un espía en cada extraño. [42]

Lody describió las precauciones contra el Zeppelin de las que había oído hablar en Londres y proporcionó detalles de las conversiones de los buques de vapor Cunard Line RMS Aquitania y Lusitania por su servicio durante la guerra, que había visto en Liverpool. [43] Una vez más, la carta fue interceptada por los británicos y no se les permitió avanzar a Estocolmo. Lody y Lee pasaron otra tarde en Dublín antes de ir en un viaje de un día en autobús a Glendalough para ver el lago y el campo circundante. El 2 de octubre se separaron con un acuerdo para reunirse de nuevo en Killarney al día siguiente. Lee viajó a Drogheda, donde pasó la noche, mientras que Lody fue directamente a Killarney y encontró una habitación en el Great Southern Hotel (ahora el Hotel Malton). [44]

Lody no sabía que sus últimas cartas habían galvanizado a las autoridades británicas para que actuaran. Hasta ahora se habían contentado con simplemente monitorear sus comunicaciones, pero el contenido militarmente significativo de sus cartas más recientes hizo que lo consideraran ahora una seria amenaza. No les llevó mucho tiempo alcanzarlo. Su falta de precauciones de seguridad, incluso básicas, había dejado a las autoridades con un rastro de pistas que les permitieron rastrearlo en menos de un día. [44]

Mientras Lody viajaba a Killarney la mañana del 2 de octubre, se ordenó a un detective de la policía de la ciudad de Edimburgo que preguntara en los hoteles por una persona llamada Inglis. El detective descubrió que Lody se había quedado en el Hotel Roxburgh y le mostraron su equipaje, que todavía tenía una etiqueta con el nombre y la dirección de Charles A. Inglis, Bedford House, 12 Drumsheugh Gardens. Una entrevista con el propietario de la pensión donde Lody se había quedado permitió a la policía reconstruir sus movimientos, mientras que la directora del Roxburgh pudo decirles que había ido a Irlanda. [44]

La policía envió un informe al Teniente Coronel Vernon Kell de MO5 (g) el mismo día para resumir sus conclusiones, y vigiló constantemente el Roxburgh en caso de que Lody regresara. Mientras tanto, MO5 (g) se puso en contacto con los puertos del Mar de Irlanda para averiguar si Lody había pasado por ellos. Las respuestas afirmativas regresaron de Liverpool y Holyhead. [44] Más tarde, esa misma tarde, MO5 (g) envió un telegrama al Inspector general adjunto de la Royal Irish Constabulary en Dublín, que decía:

Se sospecha que el agente alemán pasó a nombre de CHARLES INGLIS cuando el sujeto americano viajó desde Edimburgo después del 26 de septiembre a través de Liverpool y Holyhead, donde anotó su pasaporte y se tomó su nombre. Me alojé anoche Gresham Hotel Dublin creía mudanza a Belfast. Debe ser arrestado y todos los documentos incautados más minuciosamente necesarios probablemente tengan código con él. Importante si es posible obtener muestras de su caligrafía. Amable resultado del cable. [45]

El RIC hizo de la investigación una prioridad principal y respondió a Londres a las 7.23 p. M. El 2 de octubre:

El Dr. John Lea [sic] de Estados Unidos llegó a Dublín el día 29 con Charles Inglis y se alojó en el mismo hotel. Inglis se fue al país. Lea se reunirá con él allí mañana si lo detuvieran también Descripción 35 años y cinco pies ocho tez cetrina oscurecida recortada Bigote. Tenía una carta de Austria con él. Inspector General del RIC. [46]

A las 9:45 p.m., el inspector de distrito Cheeseman del RIC llegó al Great Southern Hotel en Killarney con un grupo de alguaciles. Encontró el nombre de Lody en el libro de visitas y fue a su habitación, pero no lo encontró allí. Al volver al vestíbulo, Cheeseman vio a Lody entrar en el hotel. Él dijo: "¿Señor Inglis, supongo?" a lo que Lody respondió: "Sí, ¿qué es lo que quieres?" Cheeseman le pidió que fuera a la habitación de su hotel y notó que Lody parecía molesto y asustado. Arrestó a Lody bajo las disposiciones de la Defense of the Realm Act 1914 (DORA) como un sospechoso agente alemán, lo que provocó que Lody exclamara: "¿Qué es esto? ¿Yo, un agente alemán? Cuídate ahora, soy ciudadano estadounidense". Cuando fue registrado, sus documentos de identidad estadounidenses fueron encontrados junto con £ 14 en oro alemán, 705 coronas noruegas y una pequeña libreta. Estos últimos incluyeron barcos británicos que habían sido hundidos en el Mar del Norte, nombres y direcciones en Hamburgo y Berlín y una posible clave de cifrado. También incluyó copias de las cuatro cartas que envió a Estocolmo. Su bolso contenía una chaqueta que contenía un boleto de sastre con la leyenda "J. Steinberg, Berlín, C.H. Lody, 8.5.14". [46]

A lo largo de todo esto, la conducta de Lody fue relativamente tranquila después del shock inicial. Cheeseman observó que Lody solo parecía incómodo cuando su cuaderno estaba siendo examinado; [46] el inspector comentó más tarde que Lody no era la clase de hombre habitual con el que estaba acostumbrado, pero admitió que nunca había conocido a un hombre en circunstancias similares . Cheeseman había sido educado en Alemania, conocía el idioma y se sentía capaz de reconocer el acento alemán; notó que el acento estadounidense de Lody se deslizaba de vez en cuando, presumiblemente debido al estrés, y se convenció de que el hombre era alemán. [46]

Lee también fue arrestado pero fue liberado sin cargos después de dos días cuando la investigación lo absolvió de cualquier participación en el espionaje de Lody. Se quejó sobre su tratamiento y la negativa de las autoridades británicas a permitirle ver a un cónsul estadounidense, y prometió llevar el asunto al Departamento de Estado de Estados Unidos a su regreso. Un oficial de MO5 (g) llamado R.H. Price suavizó las cosas con él en su liberación el 4 de octubre, explicando qué había motivado su arresto y había pagado su tarifa de regreso a su hotel. Price informó: "Creo que estaba bastante tranquilo y me dio la mano al despedirse". [46] Lee no sabía que la policía ya había recomendado que tanto él como "Inglis" fueran juzgados y asesinados a tiros si eran declarados culpables. [46]

Complicaciones legales

Lody fue llevado de regreso a Londres, donde fue detenido en el cuartel de Wellington bajo la vigilancia del 3 ° Batallón, la Guardia de Granaderos. [47] Una reunión del gabinete el 8 de octubre decidió juzgarlo por "traición a la guerra", una decisión que ha sido descrita como "legalmente muy curiosa" por el historiador legal A. W. B. Simpson. [48] No fue acusado de espionaje bajo ninguno de los dos estatutos relevantes, la Ley de Secretos Oficiales de 1911 o DORA. La razón principal está en la redacción de la Convención de La Haya de 1907, que establece: "Una persona solo puede ser considerada un espía cuando, actuando clandestinamente o con falsas pretensiones, obtiene o intenta obtener información en la zona de operaciones de un beligerante , con la intención de comunicarlo a la parte hostil ". [48] Lody estaba operando en las Islas Británicas, fuera de la zona de operaciones, y por lo tanto no estaba cubierto por esta definición. Tales circunstancias habían sido anticipadas por la edición más reciente del Manual Británico de Leyes Militares, publicado en febrero de 1914, que recomendaba que las personas en tales casos deberían ser juzgadas por traición de guerra: "De hecho, en todos los casos donde es dudoso si el acto consiste de espionaje, una vez que se establece el hecho de que un individuo ha proporcionado o intentado proporcionar información al enemigo, no debe desperdiciarse tiempo en examinar si el caso corresponde exactamente a la definición de espionaje ". [48]

La traición a la guerra, tal como se define en el Manual, abarca una amplia gama de delitos, como "obtener, suministrar y llevar información al enemigo" o intentar hacerlo [48]. Su aplicación en el caso de Lody, en lugar de que el gobierno dependiera de DORA, fue el resultado de un malentendido de la Oficina de Guerra. En agosto de 1914 se informó mal de que un alemán no identificado había sido capturado con un transmisor de radio e internado en la prisión de Bodmin. De hecho, esa persona no existía, pero la historia llevó a Lord Kitchener, el Secretario de Estado para la Guerra, a pedirle al Lord Canciller, Lord Haldane, un consejo sobre cómo tratar al supuesto espía. Haldane declaró que la persona debe ser presentada ante un consejo de guerra y ejecutada si es declarada culpable. [49] El escribio:

Si un extranjero beligerante es atrapado en este país espiando o entablando otra guerra, puede, en mi opinión, ser juzgado y ejecutado. El mero hecho de que él es residente aquí y tiene lo que popularmente se llama un domicilio no es suficiente ... Cuando estalla la guerra, un extranjero se convierte a primera vista en un proscrito ... si es un espía o toma las armas ... y él se convierte en una persona sin derechos legales. Según el derecho internacional, debe tener un juicio antes del castigo, pero el juicio puede ser por el Tribunal Marcial. Él no puede invocar la jurisdicción de los tribunales civiles. [49]

Esta teoría fue utilizada por el Consejo de Ministros y el Consejo del Ejército, que el 9 de agosto ordenó que Lody fuera juzgado por un consejo de guerra. Hubo cierta confusión sobre si Haldane realmente había significado una corte marcial en lugar de un tribunal militar, y el Ayudante general preguntó si DORA había limitado el máximo castigo por espionaje a la servidumbre de por vida, en lugar de la pena de muerte. La confusión adicional fue causada por el hecho de que la identidad de Lody todavía no se había establecido completamente. Si él realmente era un ciudadano estadounidense, no era un "beligerante extranjero" y no podía ser juzgado en consejo de guerra. [49]

El 21 de octubre de 1914, el Gabinete decidió que Lody debería ser entregado a la policía civil y juzgado por el Tribunal Superior. Después de que Lody hizo una declaración admitiendo voluntariamente su nombre real y su estado como sujeto alemán, el Gabinete determinó al día siguiente que el plan original se seguiría después de todo. El lugar de la corte marcial sería el Middlesex Guildhall en Parliament Square; El mayor general Lord Cheylesmore presidiría, sentado con otros ocho oficiales. [50] En retrospectiva, según Simpson, es dudoso si el cargo y la sentencia eventual fueron legales. Una revisión posterior del Manual de Ley Militar rechazó la opinión de que un espía comete un crimen de guerra y aludió al caso Lody al sugerir que la traición de guerra no era un cargo aplicable en tales casos. Simpson comenta que "es bastante claro que la ejecución de Lody fue ilegal según el derecho nacional e internacional". [51] Esta objeción no se planteó durante el juicio de Lody, pero en cualquier caso no le habría servido de nada, ya que no hubo apelación. una decisión tomada por un consejo de guerra. En el evento, el juicio de Lody fue único. Ningún otro espía capturado en Gran Bretaña fue juzgado por traición de guerra según el derecho internacional. DORA se modificó en noviembre de 1914 para permitir la imposición de la pena de muerte. [51] Todas las subsecuentes 26 cortes marciales de espías acusados ​​fueron escuchadas bajo DORA, resultando en 10 ejecuciones. [52]

Otra pregunta que surgió fue si el juicio de Lody debería celebrarse en público o a puerta cerrada. El Capitán Reginald Drake, jefe de contraespionaje del MO5 (g), quería que Lody fuera juzgado en secreto para que pudiera implementar "un método ingenioso para transmitir información falsa al enemigo que dependía de que no supieran cuál de sus agentes había sido atrapado. "[53] Fue rechazado, ya que el gobierno británico creía que sería más ventajoso publicitar la amenaza de los espías alemanes para eliminar cualquier duda en la opinión pública de que el espionaje alemán representaba una grave amenaza en el Reino Unido. Se esperaba que esto también generaría apoyo para el aparato de inteligencia y censura que estaba tomando forma rápidamente y disuadiría a posibles imitadores. En el evento, Lody's fue el único juicio de espías en cualquier guerra mundial celebrado en público en el Reino Unido. [54] Al seguir esta política, el gobierno sacrificó la posibilidad de "convertir" espías capturados y convertirlos en activos para los servicios de inteligencia británicos. Fue una oportunidad que se aprovechó en la Segunda Guerra Mundial cuando se implementó el exitoso sistema Double-Cross. [53]

Juicio

El consejo de guerra se celebró durante tres días entre el viernes 30 de octubre y el lunes 2 de noviembre. Lody fue acusado de dos delitos de traición a la guerra en relación con las dos cartas que envió desde Edimburgo el 27 de septiembre y Dublín el 30 de septiembre. En ambas cartas, la hoja de cargos establecía que Lody había intentado "transmitir a un beligerante enemigo de Gran Bretaña, a saber, Alemania", información relacionada con las defensas del Reino Unido y los preparativos para la guerra. Se declaró inocente de ambos cargos. [50] Él causó una impresión inmediata en los observadores cuando apareció por primera vez en la corte. El reportero de Daily Express lo describió como:

un alemán del sur en apariencia - un hombre bajo, bien formado de treinta y ocho años [sic - en realidad 37], con una frente ancha y baja que se inclina hacia atrás, cabello negro dividido en el medio y cepillado hacia atrás, una nariz ancha y corta, ojos grandes, profundos, oscuros con una mirada de aguda inteligencia en sus profundidades y labios apretados. [55]

Sir Archibald Bodkin, el Director del Ministerio Público, expuso el caso de la acusación. La evidencia fue abrumadora; el caso de la acusación destacó el contenido del cuaderno de Lody y el equipaje que había dejado en el Roxburgh Hotel, y llamó a una serie de testigos, incluida la anciana escocesa que dirigía la pensión en la que se había alojado en Edimburgo y vestía a la moda Ida McClyment, quien causó revuelo cuando describió su reunión con Lody a bordo del tren de Londres a Edimburgo. [56] Bodkin no leyó las cartas incriminatorias en voz alta, debido a la sensibilidad de su contenido, sino que las describió en términos generales. Los testigos testificaron acerca de sus interacciones con Lody y lo identificaron como el hombre que se había hecho pasar por "Charles A. Inglis", [57] aunque la propietaria de la pensión de Edimburgo experimentó algunas dificultades. Cuando "se le preguntó si podía ver a 'Charles A. Inglis' en la corte, [ella] miró a todas partes excepto al muelle. Lody, que estaba sentada, se levantó y gentilmente agitó sus manos para atraer su atención, mientras él sonreía ampliamente y casi estalló en carcajadas ante lo absurdo de la situación "[55].


Lody en el banquillo en el Middlesex Guildhall durante su corte marcial

A última hora del 30 de octubre, Lody le escribió a un amigo en Omaha para contarle sus sentimientos antes de comenzar su defensa. Le dijo a su amigo:

Estoy dispuesto a librarme de todo este problema, pero debo proteger a mis amigos en la Patria y evitar la mayor humillación posible para aquellos que han sido cercanos y queridos para mí.
Estoy en la Torre [sic - en realidad Wellington Barracks]. Cada hora mientras estoy confinado aquí, un guardia antipático recorre el pasillo. Mi consejero [George Elliot QC] es un abogado de pie, pero a menudo siento que está tratando de cumplir con su deber a su país en lugar de defender a su cliente. La próxima semana sabré mi destino, aunque apenas puede haber dudas sobre lo que es. He atendido los asuntos legales que fueron necesarios, pero no sé si mis deseos se llevarán a cabo alguna vez.
Puede tener la oportunidad de decir algo a algunos de los que me interesan. Pídales que no me juzguen con dureza. Cuando vuelvan a saber de mí, sin duda mi cuerpo debe haber sido colocado en concreto debajo de esta antigua torre, o mis huesos deben haber hecho una pira. Pero debería haber servido a mi país. Tal vez algún historiador me registre entre la despreciada clase de víctimas de la guerra ... Sin duda, mi desaparición será anunciada como la de un espía, pero tengo consuelo espiritual. Otros han sufrido y debo aceptar la recompensa del destino.
[50]

El segundo día del juicio fue interrumpido cuando un joven a quien The Times describió como "de apariencia extranjera" [58] fue arrestado y removido de la corte por orden del Capitán Reginald "Blinker" Hall, el Director de Inteligencia Naval. El intruso era Charles Stuart Nairne, un irlandés y ex teniente de la Marina Real a quien Hall vio en la galería pública y que se consideraba "una persona lunática o muy peligrosa". [20] Cuando Nairne fue puesto bajo custodia militar, intentó estrechar la mano de Lody en el banquillo de los acusados. [58]

Lody fue llamado para dar testimonio. Por primera vez se reveló al público que era un oficial de la Armada Imperial alemana y que un oficial superior le ordenó espiar en Gran Bretaña. Cuando se le preguntó por el nombre de ese individuo, su compostura lo abandonó temporalmente, como el periodista de The Times registró:

Durante aproximadamente medio minuto, el prisionero vaciló, y luego, en una voz quebrada por una emoción que se profundizaba gradualmente, dijo: "He prometido mi palabra de no dar ese nombre. No puedo hacerlo. Donde los nombres se encuentran en mis documentos Ciertamente no creo que haya roto mi palabra, pero ese nombre no puedo darlo. He dado mi palabra de honor ".
El prisionero sollozó un momento, luego se puso pálido y miró hacia él con expresión aturdida. Recuperando su dominio de sí mismo, dijo: "Perdón, mis nervios se han derrumbado". Un vaso de agua fue entregado al prisionero. [
58]

Lody declaró que había sido enviado al Reino Unido "para permanecer hasta que se haya producido el primer encuentro [naval] entre las dos Potencias, y para enviar información precisa sobre las pérdidas reales de la flota británica", así como para observar qué él podría de los movimientos de la Flota en la costa. La corte marcial entró en una sesión a puerta cerrada mientras se escuchaban pruebas sensibles. [58] Lody afirmó que había pedido en agosto que lo borraran del servicio militar por motivos de salud y por permitirle viajar a los Estados Unidos. Esto fue rechazado, prosiguió, pero un miembro de la inteligencia naval a quien nunca antes había conocido lo convenció de emprender una misión en el Reino Unido con la condición de que pudiera ir a los Estados Unidos después. Lody le dijo al tribunal que no fue presionado sino que "nunca he sido un cobarde en mi vida y ciertamente no sería un ignorante", y que había persistido en su misión porque "una vez que un hombre ha prometido hacer algo" él lo hace, ese es el entendimiento ". Sus servicios fueron proporcionados "absolutamente como un honor y gratis", mientras que nunca tuvo la intención de ser un espía: "Me presionaron para el servicio secreto, pero no como un espía - oh, no. Si eso me hubiera sido mencionado en Berlín, seguramente me habría negado. La palabra en la oración, no creo que vaya de la mano ". Afirmó que había "jurado mi palabra de honor" para no nombrar a su controlador. [59]

Poco de esto era cierto, pero en ese momento los británicos no tenían manera de saber esto. Los archivos del Admiralstab en Berlín muestran que N lo contactó, en lugar de ofrecerse como voluntario para el servicio de inteligencia, ingresó a su empleo ya en mayo de 1914 (en lugar de en agosto, según afirmó), recibió un pago regular en lugar de recibir el pago, y tuvo la intención regresar a Berlín al completar su misión. [59] Se desconoce si realmente tenía alguna intención de ir a los EE. UU., Y no hay ninguna indicación en los archivos de Admiralstab de que se le haya pedido que mantenga el nombre de su controlador en secreto. [60] Después de escuchar las pruebas de Lody, la corte marcial se suspendió hasta el lunes siguiente [58].

En el último día de la corte marcial, el 2 de noviembre de 1914, la acusación y la defensa presentaron sus argumentos finales. El abogado de Lody abogó por la mitigación sobre la base de que Lody había "[venido] a este país actuado por motivos patrióticos alemanes, pagando sus propios gastos y llevando su vida en sus manos, para cumplir el mandato de sus partidarios". [61] Como un informe de periódico lo puso,

Quería llegar a su destino final como un hombre valiente, un hombre honesto, y como un hombre de corazón abierto. No hubo ninguna sugerencia de un intento de suplicar clemencia o un trato favorable. "Los ingleses no le negarán el respeto por el coraje que ha demostrado", dijo el Sr. Elliott. "Su propio abuelo, un viejo soldado, tenía una fortaleza contra Napoleón ... Sabe que llevaba su vida en sus manos, y se presenta ante la Corte en ese espíritu ... Y enfrentará la decisión de la Corte como un hombre". [62] A Lody se le preguntó si tenía alguna declaración que hacer, pero dijo: "No tengo nada más que decir" [61].

El hallazgo de culpa y sentencia de muerte se pronunció a puerta cerrada, sin la presencia de Lody, antes de que se levantara el consejo de guerra. [63]

Ejecución

No se hizo ningún anuncio público del veredicto del consejo de guerra. En cambio, al día siguiente, el oficial general al mando del distrito londinense recibió instrucciones ordenando que la sentencia se promulgara el 5 de noviembre, con la información de Lody, y que la sentencia se cumpliera al menos 18 horas después. Un gran secreto rodeó los procedimientos que, combinados con el corto plazo, causaron problemas al GOC para encontrar un lugar adecuado de ejecución. [64] Contactó al mayor general Henry Pipon, el comandante de la Torre de Londres, para decirle:

Me han ordenado llevar a cabo la ejecución del espía alemán que ha sido condenado por el Tribunal General Marcial. El tiempo que me han dedicado ha sido breve, tan breve que me han llevado solo unas pocas horas organizarlo y me han ordenado que lo mantenga en secreto. En estas circunstancias, la Torre es el único lugar posible y ha sido aprobada por la Oficina de Guerra. [64]

Si bien la Torre pudo haber sido "el único lugar posible", en algunos aspectos fue una elección extraña. No se había utilizado como prisión estatal durante muchos años y la última ejecución allí, la de Lord Lovat, el rebelde jacobita, había tenido lugar en 1747. [65] Fue una de las atracciones turísticas más populares de Londres, registrando más de 400,000 visitantes al año a fines del siglo XIX, y permaneció abierta a los turistas incluso el día de la ejecución de Lody. Durante el apogeo de la Torre, las ejecuciones se habían llevado a cabo al aire libre en Tower Hill o Tower Green, pero la ejecución de Lody iba a tener lugar en el campo de tiro de la Torre ubicado en la parte este del Barrio Exterior entre Martin y Constable Towers, detrás del Muro cortina exterior y fuera de la vista pública. Los custodios de la Torre, los Yeomen Warders ("Beefeaters"), se habían convertido hace mucho tiempo en guías turísticos en lugar de soldados en servicio activo, por lo que se seleccionaron ocho hombres del 3er Batallón para llevar a cabo la sentencia. [66]

Lody fue informado de su inminente ejecución en la noche del 5 de noviembre y fue llevado a la Torre en una camioneta de la policía. Según el Daily Express, "recibió las noticias con calma y sin signos de sorpresa". [67] Lo recluyeron en las Casemates en el lado oeste de la Torre, un área donde ahora viven los Yeoman Warders. Su última comida probablemente fue preparada por una de las esposas de los Guardianes, ya que la Torre no tenía alojamiento adecuado ni instalaciones para comer para los presos. [66] Mientras estaba en la Torre, escribió un par de cartas finales. Uno fue dirigido al Comandante del 3 ° Batallón para agradecer a sus captores por haber cuidado de él:

Señor,
Considero que es mi deber como oficial alemán expresar mi sincero agradecimiento y aprecio al personal de oficiales y hombres que estuvieron a cargo de mi persona durante mi confinamiento.
Su trato amable y considerado me ha llamado a mi más alta estima y admiración en cuanto a buena camaradería, incluso hacia el enemigo, y si se me permite, le agradecería que les hiciera saber esto.
[64]

Los Guardias aparentemente nunca vieron la carta; el Ayudante General en su lugar ordenó que la carta se colocara en un archivo de la Oficina de Guerra en lugar de enviarse al regimiento. [68]

Lody también escribió una carta a su hermana, que fue publicada póstumamente en el periódico Frankfurter Zeitung, [69] en la que él le dijo a ella y a sus otros parientes:

Mis queridos,
He confiado en Dios y Él ha decidido. Ha llegado mi hora y debo comenzar el viaje por el Valle Oscuro como muchos de mis camaradas en esta terrible Guerra de las Naciones. Que mi vida sea ofrecida como una humilde ofrenda en el altar de la Patria.
La muerte de un héroe en el campo de batalla es ciertamente mejor, pero no es mi destino, y muero aquí en el país del Enemigo silencioso y desconocido, pero la conciencia de que muero al servicio de la Patria hace que la muerte sea fácil.
El Tribunal Supremo Marcial de Londres me ha condenado a muerte por Conspiración Militar. Mañana me dispararán aquí en la Torre. Solo he tenido Jueces, y moriré como Oficial, no como espía.
Me despido. Dios te bendiga,
Hans.
[70]


El Barrio Exterior de la Torre de Londres en una mañana nublada, mostrando el alcance del rifle interior (derecha)

Lody también dejó instrucciones de que su anillo debía ser enviado a su ex esposa, que se llevó a cabo después de su ejecución. [71]

En la madrugada del 6 de noviembre de 1914, en un clima frío, neblinoso y sombrío, Lody fue sacado de su celda por el vicedirector adjunto, Lord Athlumney. Él preguntó: "¿Supongo que no le importará estrechar la mano a un espía alemán?", A lo que respondió: "No. Pero estrecharé la mano de un hombre valiente" [60]. Se formó una pequeña procesión para el corto viaje al alcance de los rifles, que comprende a Lody y su escolta armada, el Capellán de la Torre y el pelotón de fusilamiento de ocho hombres. John Fraser, uno de los Guardianes Yeoman, lo presenció y luego lo describió:

A nadie le gusta este tipo de cosas. Era demasiado frío para que un estómago ordinario (particularmente el de un soldado, que odia la sangre fría) se enfrentara con ecuanimidad, y no es demasiado decir que, de esa pequeña y triste procesión, la más tranquila y compuesta miembro fue el mismo condenado.
Para el Capellán, en particular, fue un mal momento. Nunca había tenido una experiencia similar, y su voz tembló al entonar las solemnes palabras del Servicio de Entierro sobre la forma de vida del hombre que más le preocupaba. . .
La escolta y el grupo de tiro tampoco estaban cómodos, y se podía ver que la lenta marcha adecuada para la ocasión les estaba poniendo los nervios de punta. Querían darse prisa y terminar el negocio bestial.
Pero el prisionero caminaba firmemente, rígidamente erguido, y sin embargo tan fácil y despreocupadamente como si fuera a ir a una fiesta de té, en lugar de a su muerte. Sus ojos estaban vueltos hacia el cielo sombrío, y sus fosas nasales bebían ansiosamente en el precioso aire que pronto se les negaría. Pero su rostro era bastante tranquilo y sereno, casi inexpresivo.
[72]

En el alcance del rifle, Lody estaba atado a una silla. Se negó a tener los ojos vendados, ya que deseaba morir con los ojos abiertos. Unos momentos más tarde, los habitantes de la Torre escucharon "el sonido sordo de una sola descarga". [72] Su cuerpo fue llevado para ser enterrado en una tumba sin nombre en el cementerio de East London en Plaistow. [73] La Oficina de Guerra emitió un escueto anuncio de la ejecución pocos días después, el 10 de noviembre: "La condena está debidamente confirmada" [74].


Las balas usadas en la Ejecución y un chelín otorgado al soldado A Lesson, en exhibición en The Guards Museum London

Reacción 

La conducta valiente de Lody en la corte produjo simpatía y admiración generalizadas, un desarrollo que ninguno de los bandos había anticipado. Incluso sus captores fueron cautivados; aunque MO5 (g) había recomendado su ejecución el 3 de octubre, [53] cuando el ensayo terminó, su esposa le dijo a Kell que consideraba a Lody un "hombre realmente bueno", de quien Kell "sentía profundamente que un hombre tan valiente debería pagar la pena de muerte por llevar a cabo lo que consideraba su deber para con su país ". [75] Sir Basil Thomson de Scotland Yard comentó que" había algunas diferencias de opinión sobre si era correcto ". política para ejecutar espías y comenzar con un espía patriótico como Lody "[76]. De acuerdo con Robert Jackson, el biógrafo del fiscal Archibald Bodkin de Lody, la" actitud y franqueza de Lody impresionó a los espías británicos y a los fiscales que hablaron ". sobre tratar de lograr que el gobierno renuncie a la regla internacionalmente reconocida de que los espías atrapados en tiempos de guerra son ejecutados automáticamente, solo la certeza de que Alemania no sería tan misericordiosa con nuestros espías los hizo refrenarse ". [77] Thomson también rindió homenaje a Lody en su 1937 libro The Scene Changes:

Lody se ganó el respeto de todos los que estuvieron en contacto con él. En el silencioso heroísmo con el que enfrentó su juicio y su ejecución no había ninguna sospecha de actuación. Él nunca se estremeció, nunca se encogió, pero murió como uno desearía que murieran todos los ingleses, en silencio y sin dramatismo, apoyados por la orgullosa conciencia de haber cumplido con su deber. [76]

La conducta de Lody fue contrastada favorablemente con los espías alemanes capturados después de él, muchos de los cuales eran ciudadanos de países neutrales, que lo siguieron a la silla de ejecución. Lady Constance Kell comentó que "la mayoría de los agentes empleados por los alemanes trabajaban solo por el dinero que ganaban y eran considerados con absoluto desprecio". [75] Del mismo modo, Thomson describió "la escoria de espías neutrales", de quienes dijo, "llegamos a desear que se pudiera haber hecho una distinción entre espías patrióticos como Lody y los mercenarios que nos molestaron durante los años siguientes". [76] Poco después de la muerte de Lody fue descrito en la Cámara de los Comunes como "un patriota que había muerto por su país tanto como cualquier soldado que cayó en el campo" [60].

Los públicos británico y alemán también tuvieron una opinión positiva de Lody. Su juicio se convirtió en una especie de evento de celebridades; como The New York Times observó, en el primer día, "muchas mujeres vestidas a la moda atestaron las galerías de la sala del tribunal" [78] y al último día asistieron "muchos líderes de la sociedad de Londres, así como juristas prominentes, políticos y militares y navales ". [65] El Daily Express opinó que" uno no puede retener un tributo a su audaz ingenio y coraje inflexible "y llamó a Lody" uno de los espías más inteligentes en el servicio de Steinhauer ", aunque aconsejó a sus lectores que cuenta de que era "un espía muy peligroso" [67].

Louise Storz, la ex esposa de Lody, recibió su anillo a principios de diciembre junto con una carta de él. Ella se negó a revelar su contenido, diciendo: "Es su último mensaje para mí y de ninguna manera le preocupa a nadie. El anillo también ha sido nuestro anillo de bodas". [71] Ella habló de su reacción ante su muerte en una entrevista en Noviembre de 1914 con The Kansas City Star mientras visitaba Excelsior Springs, Missouri. Ella dijo:

Tengo los nervios completamente alterados y he venido a este lugar tranquilo donde espero escapar incluso de la cariñosa simpatía de mis muchos amigos en Omaha. Quiero olvidar. Pero el horror de tal destino, me temo, no puedo borrarlo de mi memoria ... Él era tan bueno en muchos aspectos. De buen aprendizaje, un lingüista consumado y de gran valor. Solía ​​hablar fascinantemente de su amor y devoción por su país. Debe haber sido algo hermoso, según su forma de pensar, morir si es necesario para su Patria. Pero quiero olvidar. Me debo a mí mismo y a mis padres el cerrar el capítulo. [9]

Su padre se negó a hacer comentarios, diciendo que su interés en el caso Lody era "solo pasajero". [74] Se rumoreaba que el gobierno alemán pagó a Louise Storz $ 15,000 en compensación por la muerte de su exmarido, pero ella lo negó en 1915. [79]

En Alemania, la ciudad natal de Lody, Nordhausen, plantó un roble en su memoria. [80] El comentario del periódico fue limitado; el primer artículo sobre el caso que The Times señaló fue publicado alrededor del 19 de noviembre, en el Frankfurter Zeitung, en el que un columnista pseudónimo sugirió que los británicos podrían haber tenido la tentación de mostrarle misericordia a Lody: "Estoy convencido de que la noble hombría con que esta fuerte compostura alemana aguantó antes de que la Corte tocara el corazón del Juez, que el Juez dijo "¡Si tan solo nosotros, los ingleses, tuviéramos tantos Hans Lodys!" y que Hans Lody vive ... No lo olvidaremos, porque él estacó su país más que su vida, su nombre y su honor "[81]. Un aviso de la muerte fue publicado a principios de diciembre en el Stuttgarter Neues Tagblatt, declarando que había" muerto la muerte del héroe por la Patria en Inglaterra, 6 de noviembre ". [82]

La muerte de Lody produjo una respuesta discreta del gobierno alemán. El almirante recomendó a fines de 1914 que se le otorgara una Cruz de hierro póstuma de segunda clase, y argumentó que el reclutamiento de agentes navales sería asistido si el espionaje pudiera ser recompensado con una medalla tan prestigiosa. El Kaiser estuvo de acuerdo, aunque no sin cierta renuencia. [54]

La valentía que Lody exhibió durante su juicio y ejecución fue alabada por muchos escritores británicos de posguerra. Sir George Aston, escribiendo en su libro de 1930 Servicio Secreto, pidió a sus lectores que "rindan homenaje a un verdadero espía alemán del más alto tipo ... Karl Lody", [60] mientras que John Bulloch comentó en su historia de 1963 del MI5 el hecho de que Lody lo hizo "algo así como un héroe incluso en el país contra el que estaba trabajando" [60] ET Woodhall, un antiguo detective, recopiló relatos de oficiales que habían participado en la investigación y escribieron en 1932: "Son unánimes en su admiración por sus cualidades varoniles y descaradas, pero todos critican su sorprendente falta de precaución ... Era admirado por todos por su valentía y devoción patriótica directa a su país ". [83]

Lody puede haber tenido motivos más complejos que el simple patriotismo. Thomas Boghardt señala la manera "excepcional" en que Lody se abstuvo en su juicio, señalando que "prácticamente todos los demás agentes alemanes acusados ​​de espionaje comprensiblemente intentaron negar o minimizar su participación con N". [84] Boghardt tenía la ventaja de poder revisar los archivos del Almirantazgo sobre el caso y destaca "pequeños pero importantes cambios", o más bien discrepancias, entre las declaraciones de Lody en la corte y los hechos conservados en los archivos del caso. [16] Como dice Boghardt,

Todo esto sugiere que Lody estaba menos preocupado por evitar una dura sentencia que por proyectar cierta imagen de sí mismo, la de un patriota que, a pesar de su renuencia a unirse al servicio secreto, prestó a su patria un servicio final antes de comenzar una nueva vida En América; en resumen, un "hombre de honor" en lugar de un espía traidor. Hasta su muerte, Lody se conformó magníficamente con esta imagen ... Durante las últimas semanas de su vida, Lody trató de romper la imagen negativa que solía tener los espías, y en este sentido tuvo un gran éxito. [60]

Lody, sugiere Boghardt, "había aceptado su juicio y probable ejecución como una forma de expiación por eventos que habían ocurrido mucho antes de convertirse en un agente secreto". [16] Él plantea la posibilidad de que Lody estuviera motivado por lo que había sucedido dos años antes en Omaha, [16] cuando Lody había respondido a las acusaciones de ser un golpeador de esposas al declarar que iba a "defender el honor de un caballero". [11] Boghardt comenta que "su entusiasmo por mostrar su honor puede indicar una preocupación porque otros dudaron de esta misma cualidad en él. Mientras se presentaba ante el mundo como un hombre de honor y aceptaba su destino valientemente, Lody pudo haber encontrado consuelo y fortaleza en el pensamiento que quienquiera que haya dudado de su honor previamente ahora sería persuadido de otra manera "[16].

De espía a héroe nacional 

Durante la era Nazi, el nuevo régimen se apropió de la memoria de Lody para promover una imagen más musculosa del patriotismo alemán. En Lübeck se celebró una elaborada conmemoración de su muerte el 6 de noviembre de 1934, cuando las banderas de la ciudad volaron a media asta y las campanas tocaron entre las 6.45 y las 7.00, hora de su ejecución. Más tarde ese día se descubrió un monumento en la entrada Burgtor cerca del puerto, que representa a un caballero en armadura con una visera cerrada (representando a Lody), con sus manos atadas (representando cautiverio) y una serpiente entrelazando sus pies (representando traición). Debajo se colocó una inscripción en el enladrillado de la puerta, que decía "CARL HANS LODY starb für uns 6.11.1914 im Tower zu London" ("Carl Hans Lody murió por nosotros el 6.11.1914 en la Torre de Londres"). [85]


El monumento a Lody erigido por los nazis en Lübeck Burgtor en 1934. La escultura fue removida después de la Segunda Guerra Mundial, dejando solo la inscripción.

Durante la ceremonia de inauguración, a la que asistieron la hermana de Lody y los representantes de la actual Reichsmarine y la antigua Armada Imperial Alemana, la carretera que conduce desde la entrada al puerto también fue rebautizada como "Karl-Hans-Lody-Weg". El mismo día, oficiales de la Línea de Hamburgo-América presentaron a los funcionarios de la ciudad una campana de barco con la inscripción "En memoria de Karl Hans Lody", que se tocará cada 6 de noviembre en el momento de su muerte. [85] Después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Lübeck era parte de la Zona de Ocupación Británica, la estatua fue derribada y el nicho en el que estaba estaba tapiada, aunque la inscripción se dejó permanecer y todavía es visible hoy en día. [86]

Lody fue conmemorado aún más en 1937 cuando el nuevo destructor Z10 fue bautizado como Hans Lody. [87] A otros barcos de la misma clase también se les dieron los nombres de oficiales alemanes que habían muerto en acción. [88] El barco sirvió a lo largo de la Segunda Guerra Mundial en los teatros del Báltico y del Mar del Norte, sobrevivió a la guerra y fue capturado por los británicos en 1945. Después de unos años en el servicio de la Royal Navy fue desguazado en Sunderland en 1949. [89]

Lody también fue sujeto de obras literarias y escénicas; un relato biográfico hagiográfico, Lody - Ein Weg um Ehre (Lody - Una forma de honrar), fue publicado por Hans Fuchs en 1936 y una obra de teatro llamada Lody: vom Leben und Sterben eines deutschen Offiziers (Lody: la vida y la muerte de un alemán oficial), de Walter Heuer, se estrenó en el Día de los Héroes en Alemania en 1937. Representa a Lody como valiente y patriótico pero torpe, dejando un rastro de pistas detrás de él cuando viaja por el Reino Unido: usando ropa con la inscripción "Hecho en Alemania", escribiendo secretos navales en el reverso de un boleto de autobús que pierde y un detective de Scotland Yard encuentra, llamando la atención cuando una orquesta en Londres toca el himno naval alemán, despertando sospechas cuando pide vino alemán mientras escribe informes secretos a Berlín, y dejando letras incriminatorias en los bolsillos de los trajes que él envía para ser presionado. Lody es arrestado en Londres y sentenciado a muerte. Ofreció una oportunidad de escapar, se niega y bebe una copa de vino con el pelotón de fusilamiento, brindando amistad anglo-alemana. Él es llevado a su ejecución, diciendo sus últimas palabras: "Veré Alemania una vez más, desde las estrellas". El Dundee Evening Telegraph describió la historia como "pintoresca". [90]

La Lodystraße en Berlín fue nombrada en su honor.

Entierro 

Bertolt Brecht, de 17 años, escribió un elogio a Lody en 1915 en el que imaginaba el propósito de la muerte del espía:

Pero es por eso que dejaste tu vida -
Así que un día, bajo el brillante sol
Las canciones alemanas deberían derramarse apresuradamente sobre tu tumba,
Las banderas alemanas deberían sobrevolarlo con el oro del sol,
Y las manos alemanas deben esparcir flores sobre él. [91]

La realidad era muy diferente. El cuerpo de Lody fue enterrado en una fosa común sin nombre en el cementerio de East London en Plaistow junto con otros diecisiete hombres: diez espías ejecutados y siete prisioneros que murieron de mala salud o accidentes. No fue sino hasta 1924 que la tumba recibió un marcador, a instancias de la Embajada de Alemania. Los parientes de Lody lo visitaban una vez al año y preguntaban si su cuerpo podría ser exhumado y enterrado en una tumba privada. La Oficina de Guerra estuvo de acuerdo, siempre que el cuerpo pudiera ser identificado, pero el Ministerio de Relaciones Exteriores se mostró más reacio y señaló que una licencia para la exhumación debería ser autorizada por el Ministerio del Interior. La familia Lody colocó una lápida blanca y un bordillo en la tumba en algún momento alrededor de 1934. [92]


La tumba de Carl Hans Lody en el East London Cemetery, Plaistow

En septiembre de 1937, el gobierno alemán volvió a solicitar que el cuerpo de Lody fuera exhumado y trasladado a una tumba separada. Esto resultó poco práctico por varias razones; lo habían enterrado con otros siete hombres, cada ataúd había sido cementado y el paso del tiempo dificultaría la identificación. En cambio, la Comisión de Graves de la Guerra Imperial británica sugirió que se construya un monumento en otra parte del cementerio para llevar los nombres de todos los civiles alemanes que fueron enterrados allí. La propuesta se reunió con el acuerdo alemán y el monumento fue debidamente instalado. Durante la Segunda Guerra Mundial, la lápida original de Lody fue destruida por bombas de la Luftwaffe. Fue reemplazado en 1974. [92]

Una propuesta más fue hecha para volver a vivir Lody en la década de 1960. En 1959, los gobiernos británico y alemán acordaron trasladar a los muertos de guerra alemanes que habían sido enterrados en varios lugares del Reino Unido a un nuevo cementerio central en Cannock Chase en Staffordshire. La Comisión Alemana de Graves de Guerra (VDK) preguntó si sería posible desenterrar el cuerpo de Lody y moverlo a Cannock Chase. En ese momento, la trama había sido reutilizada para otras fosas comunes, enterradas sobre el cuerpo de Lody. Al VDK se le dijo que no sería posible desenterrar los otros cuerpos sin el permiso de los familiares, lo que habría sido una tarea casi imposible en lo que respecta a las fosas comunes. La propuesta fue abandonada y el cuerpo de Lody permanece en Plaistow. [93]