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miércoles, 6 de septiembre de 2017

Argentina: La masacre de judíos en la Semana Trágica

La feroz masacre contra los judíos en la Semana Trágica

Nacionalistas y antisemitas del Partido Radical, el Ejército, la marina y las organizaciones ultra aprovecharon los disturbios en los Talleres Vasena y cayeron a odio, sangre y fuego sobre los barrios hebreos

Por Alfredo Serra | Especial para Infobae



Según la historia oficial, la Semana Trágica (Buenos Aires, enero de 1919, primer gobierno de Hipólito Yrigoyen) fue una represión contra los obreros de la fábrica metalúrgica Talleres Vasena con el objetivo de talar de cuajo un presunto movimiento extremista de comunistas y anarquistas llegado desde Europa "y atentar contra el estilo de vida argentina": lugar común que en el futuro serviría para justificar otros crímenes y vandalismos.

El mismo terror y la misma torpeza que, en la década 1919-1929, y también en los años 50, agitó a las buenas –e ingenuas–almas norteamericanas, que creyeron ver destruida su democracia por "el gran espantajo rojo", como bautizó al comunismo, irónicamente, el periodista Lewis Frederick Allen en su libro "Only Yesterday".

Sin embargo, ese episodio, investigado y publicado hasta la saciedad, ocultó deliberadamente la barbarie desatada contra la comunidad judía, camuflada durante las batallas campales de la policía y el ejército contra los huelguistas. Ni siquiera el periodismo y sus constantes prédicas a favor de la libertad, la democracia y el pluralismo se levantó contra el salvaje pogrom.

Fueron necesarios casi treinta años de silencio hipócrita antes de que un judío, Pablo Fishman, entregara una tarde de agosto en la fundación socialista Juan B. Justo su trabajo "El grito olvidado": la documentación clave de la barbarie lanzada en los barrios Once y Villa Crespo.

En ese largo y revelador informe figura, entre muchos testimonios, un memorándum del embajador francés a su cancillería, que dice: "La policía masacró de una manera salvaje a todo lo que era o pasaba por ruso". Salvedad importante: entonces y hasta hoy, en la Argentina, ruso y judío son la misma cosa. Ridículo error que ignora la bestial persecución sufrida por los judíos en la Madre Rusia.

Pero no es todo. El embajador francés escribió también que "… un delegado del Comité Capital del Partido Radical se ufanaba de haber matado, en un solo día, cuarenta rusos judíos", mientras que su par de la embajada norteamericana informó a su gobierno que entre los 1.365 muertos en la Semana Trágica había encontrado en el Arsenal de Guerra "179 cadáveres de rusos judíos".

Tristemente, la mayoría de los testimonios acusaba del pogrom a esbirros del mismo comité radical: un partido de esencia democrática que, contra el viento de la historia, habría coincidido con las peores lacras antisemitas de la ultraderecha nacionalista porteña.

Fishman no era investigador, historiador ni periodista. Era apenas un ciudadano argentino de religión judía que durante años oyó hablar en su casa de aquellos hechos; más que hablar, murmurar, por miedo…

Leyó cuanto había sobre el tema, pero los autores eludían, por sistema, referirse a la cuestión central: el judío como enemigo universal y chivo expiatorio; prejuicio criminal que llegaría a su diabólico desiderátum bajo Hitler y el Tercer Reich.

Recién hacia los años 50, en un texto del médico y político entrerriano Juan Carulla (1888-1968), nacionalista de pasado anarquista, Fishman halló una pista.

El autor, al saber que estaban incendiando el barrio judío, caminó hasta Viamonte, a la altura de la Facultad de Medicina, y vio que "en medio de la calle ardían pilas de libros y trastos viejos entre los cuales podían reconocerse sillas, mesas y otros enseres domésticos, y las llamas iluminaban, tétricas, la noche, destacando con rojizo resplandor los rostros de una multitud gesticulante y estremecida. Se luchaba dentro y fuera de los edificios. El cruel castigo se extendía a otros hogares hebreos. El ruido de los muebles y cajones violentamente arrojados a la calle se mezclaba con gritos horrendos: ¡Mueran los judíos! Cada tanto pasaban a mi lado viejos barbudos y mujeres desgreñadas. Nunca olvidaré el rostro cárdeno y la mirada suplicante de uno de ellos, al que arrastraban un par de mozalbetes, así como el de un niño sollozante que se aferraba a la vieja levita negra, ya desgarrada… El disturbio provocado por el ataque a los negocios y hogares hebreos se había propagado a varias manzanas a la redonda. El comité radical se había reunido el dos de enero. Siete días después, sus miembros tomaban como profesión la de vejar judíos…"

Otro testimonio inapelable, el de José Mendelson –inmigrante que llegó a ser gran figura de su comunidad–, citado en la revista "Hechos de la historia judía", arriesga que "las matanzas antijudías en Europa Oriental fueron un juego de niños. Pamplinas son todos los pogroms al lado de lo que hicieron con ancianos judíos en las comisarías séptima y novena, y en el Departamento Central de Policía… Jinetes arrastraban por las calles a viejos judíos desnudos, les tiraban de las barbas, y cuando ya no podían correr, su piel se desgarraba contra los adoquines, mientras los golpeaban con sables y latigazos…"

Años después, Arturo Cancela, en su libro "Tres relatos porteños", escribió: "… jóvenes con brazaletes, armados de palos y carabinas, detienen a todos los individuos que llevan barba. Los de la carabina les pinchan el vientre o se cuelgan de las barbas, y otros apedrean los vidrios de las casas de comercio, cuyos propietarios abundan en consonantes".

El periodista Juan José de Soiza Reilly (estrella de su oficio en aquellos días) denunció en la revista "Popular", número 45, tres de febrero de 1919, que vio "ancianos judíos cuyas barbas fueron arrancadas. Uno de ellos levantó su camiseta para mostrarnos dos sangrantes costillas que salían de la piel como dos agujas. Dos niñas de catorce o quince años contaron llorando que habían perdido entre las fieras el tesoro santo –clara metáfora de violación–. A una que se había resistido le partieron la mano derecha de un hachazo. He visto obreros judíos con ambas piernas en astillas: rotas a patadas contra el cordón de la vereda… Todo esto hecho por pistoleros llevando la bandera argentina".

No fueron ajenos a la barbarie los asesinos de la siniestra Liga Patriótica Argentina liderada por el ultranacionalista Manuel Carlés, en cuyas filas militaban oficiales del ejército, la marina, y los matones de las bandas Orden Social y Guardia Blanca.

Y apenas unos días después de aquella orgía de sangre y odio, el pesado manto de la complicidad no ahorró munición: "La Época", órgano oficial del partido radical, acusó de los disturbios de la Semana Trágica… ¡a los judíos!, y el diario católico "El Pueblo", en sólo tres meses… ¡publicó doce editoriales antisemitas!

¿Queda algo más por decir?

Sí: en la Morgue, más de 700 cadáveres de judíos esperaban ser identificados para alcanzar su último lugar: un hoyo en la tierra, y la lápida con su nombre un año después, como lo exige su rito religioso.

Mientras, en el invierno europeo, algunas familias patricias en vacaciones temblaban ante el rugido de los cañones de la Primera Gran Guerra, y otras ya habían huido del fragor de la Semana Trágica y del asfixiante enero porteño: eran felices en su feudo privado. En Mar del Plata, caminando por la rambla de madera…

viernes, 25 de agosto de 2017

SGM: El hijo de Alá que salvó a los hijos de David

El musulmán que salvó a cientos de judíos de París en la SGM

Javier Sanz | Historias de la Historia


De vez en cuando viene bien echar la vista atrás y comprobar que muchos conflictos que hoy en día parecen enquistados en nuestras sociedades… no siempre fueron así. Concretamente, al conflicto político, entre árabes e israelíes, y al religioso, entre musulmanes y judíos. Esta es la historia de Si Kaddour Benghabrit, fundador y rector de la Gran Mezquita de París, que durante la Segunda Guerra Mundial proporcionó refugio y certificados de identidad musulmana a cientos de judíos para evitar la detención y la deportación.



Si Kaddour Benghabrit nació en Argelia en 1873. Tras completar los estudios en una madrasa se trasladó hasta Fez (Marruecos) para matricularse en la Universidad de Qarawiyyin donde adquirió una sólida formación en francés y árabe. Gracias a este doble aprendizaje comenzó a trabajar en la administración marroquí como intérprete en sus relaciones con Francia, ganándose el favor de unos y de otros. En 1916 fue enviado a Hiyaz (Arabia Saudita) para ayudar y asegurar el bienestar de los musulmanes que iban en peregrinación a la Meca desde el Norte de África, para lo que fundó la Société des Habous et des lieux saints de l’islam (Sociedad de las dotaciones y de los lugares santos del Islam). En 1920, la Sociedad solicitó autorización para construir en París una mezquita que simbolizase la eterna amistad entre Francia y el Islam, además de un homenaje a los miles de soldados musulmanes que cayeron defendiendo Francia durante la Primera Guerra Mundial. Con el apoyo del Presidente de la República y del parlamento, la donación de los terrenos por parte de la ciudad de París y las aportaciones económicas de musulmanes de todo el mundo, el 15 de julio de 1926 se inauguraba la Gran Mezquita. Desde su apertura, no sólo se dedicó a la oración, la mezquita también era un centro cultural y un lugar donde los visitantes eran alimentados, podían bañarse y descansar en sus jardines. Como miembro muy activo de la sociedad parisina, a Benghabrit se le comenzó a llamar le plus parisien des musulmans (el más parisino de los musulmanes).



Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial se demostraría que el espíritu solidario de Benghabrit no entendía de credos. Con la ocupación de Francia, la Gran Mezquita de París se convirtió en lugar de refugio para la comunidad musulmana… y judía. Sin un plan previo y fruto únicamente de la solidaridad y la compasión, Benghabrit organizó una red que recogía a los judíos perseguidos y los escondía en los sótanos de la mezquita hasta conseguirles documentos falsos para sacarlos de París y llevarlos al Magreb haciéndolos pasar por musulmanes. Es difícil cuantificar el número de judíos que se salvaron gracias a Benghabrit, ya que, dependiendo de las fuentes consultadas, el número varía entre los 500 y los 1.700, pero creo que lo importante de esta historia es que Benghabrit y los musulmanes de París se jugaron la vida por salvar a cientos de judíos.

Después de la liberación, sufrió un accidente de coche y abandonó su trabajo en la Gran Mezquita para organizar conferencias relativas a la ciencia y la medicina en el mundo musulmán. Benghabrit cayó en desgracia con sus compatriotas cuando se opuso a la independencia de Argelia. Murió en 1954.



En 2011, el cineasta franco-marroquí, Ismaël Ferroukhi, llevó a la gran pantalla la historia de Si Kaddour Benghabrit y de los musulmanes de la resistencia francesa en Les hommes libres.

jueves, 15 de junio de 2017

SGM: Un bastardo sin gloria lituano

'Vengador' de la Segunda Guerra Mundial revela su heroico pasado de asesino de nazi
Por Isabel Vincent | New York Post




Benjamin Levin, 89, dentro de la casa de reposo del Bethel, Ossining, NY. Angel Chevrestt
El día en que los nazis emboscaron a su campamento guerrillero en los oscuros bosques de Vilna, Benjamin Levin pudo sentir cómo los disparos pasaban.

Uno de sus compañeros cayó, y Levin lo agarró por la pierna y lo arrastró por detrás, buscando una fuga. Salpicado de sangre, con el corazón palpitante, el guerrillero de la resistencia judía corrió directamente hacia "un huracán de balas" y siguió corriendo hasta que ya no podía oírlos.

No sabe cómo lo hizo vivo, pero ofrece una explicación: A sólo 14 años de edad, era tan corto, las balas pasaron por encima de su cabeza.


Benjamin Levin (abajo a la izquierda arrodillado) y su grupo partidario en la liberación de Vilna (circa julio 1944) con Abba Kovner.

Durante varios meses antes de ese ataque de 1941, Levin y otras dos docenas se habían escondido en los bosques lituanos, entrenando y preparando ataques contra los nazis. Dormían en búnkers improvisados ​​tallados en matorrales enredados, bebían agua de estanque verde que dejaba una película arenosa en sus gargantas y vivían de una dieta de hongos amargos y bayas.

"Hasta el día de hoy, no sé cómo sobrevivimos", dice Levin, quien celebrará su 90 cumpleaños en Pascua el lunes en un asilo de ancianos de Westchester.

Él es el último superviviente de un grupo de vigilantes judíos que se llamaron a sí mismos los Vengadores y juró matar tantos nazis como hubo judíos que fueron exterminados. Al igual que su comandante, Abba Kovner, que exhortaba a los judíos a no "ir a la masacre como ovejas", Levin se defendió. Su increíble historia de heroísmo y supervivencia durante la guerra fue documentada por la Fundación Shoah de la Universidad del Sur de California y se le está contando por primera vez en The Post.

"Esta historia es importante porque rompe el estereotipo de la pasividad judía durante el Holocausto", dijo Mitch Braff, director fundador de la Jewish Partisan Educational Foundation, que narra las hazañas de unos 30.000 "partidarios" judíos que operaron a lo largo del Tercer Reich . "Fueron responsables de miles de actos de sabotaje contra los nazis mientras se dirigían al Frente Oriental".

A diferencia del grupo más grande y más organizado de partidarios judíos fundado por el clan Bielski en Polonia, cuyos heroicos fueron crónicos en la película de 2008 "Defiance", el grupo de Levin nunca formó más de dos docenas de miembros. Pero eran una fuerza de lucha audaz. Durante la guerra, Levin y su grupo destruyeron 180 millas de ferrocarril, explotaron cinco puentes y destruyeron 40 vagones de tren nazis. No tomaron prisioneros, prefiriendo disparar a los enemigos en el lugar. Ellos mataron a 212 soldados enemigos, según la Jewish Partisan Educational Foundation.

Con su pequeña estatura, Levin fue reclutado como explorador y saboteador para el pequeño grupo, integrado por intelectuales y revolucionarios judíos que habían establecido una base clandestina de operaciones en los bosques lituanos en previsión de la toma del país por los nazis en julio de 1941. Su hermano mayor Shmuel, un sionista ferviente que tenía 18 años cuando se unió al grupo, fue uno de sus fundadores. Finalmente, a medida que aumentaban las hostilidades, su hermana Bluma también se unía.


Levin en 1944.

Levin podía pasar desapercibido entre los soldados lituanos y nazis para enviar mensajes a diferentes facciones de la resistencia, algunos de ellos trabajando en el gueto judío de Vilna. Los judíos desesperados le confiaron sus objetos de valor, que intercambió en el mercado negro por comida y medicina. También ayudó a hacer estallar puentes, postes telefónicos y vías férreas para frenar los trenes que se dirigían a los campos de la muerte. El miembro más joven del grupo, aprendió a usar su pistola de un compañero de vengador. Rozka Korczak era una de las pocas mujeres líderes de los partidarios judíos, y su guerrero más feroz.

"Al principio, lo vi como un juego", dijo Levin en una entrevista con los investigadores de la Fundación Shoah. "Estaba leyendo un montón de libros sobre conspiración y el subterráneo ruso. Para mí, comenzó como una gran aventura. "

Y, mientras dice que ya no puede recordar cuántos nazis ha herido o asesinado personalmente, los actos de sabotaje de Levin fueron tan numerosos que más de 70 años después del final de la Segunda Guerra Mundial, Lituania todavía tiene una orden pendiente de arresto.

Por su propia cuenta, Benjamin Levin creció con "una racha salvaje". Él fumaba cigarrillos cuando tenía 8 años y salía con una banda de jóvenes maltratadores en las calles, lo que no causó ningún dolor en la muerte de su madre y su padre - prósperos comerciantes judíos que operaban una tienda de comida gourmet en el centro de Vilna. Antes de la ocupación nazi, la ciudad era un centro importante de la vida judía, y el hogar de más de 100 sinagogas.

El padre de Levin, Chaim, era un judío observador, pero también un germanófilo, fluido en alemán y educado en la tradición clásica, leyendo a Goethe y Schiller. En los años previos a la ocupación nazi de la ciudad, se negó a creer en las noticias que escuchó de sus proveedores sacudidos en otras partes de Europa: que los judíos habían perdido todos sus derechos en Alemania, que las empresas judías estaban siendo asumidas por la fuerza Por los nazis. En 1938, los nazis se habían desbocado, destrozando miles de negocios, profanando cementerios judíos y sinagogas, y reuniendo a 30.000 hombres judíos en toda Alemania. Aunque había oído varios relatos sin aliento del pogrom de la Kristallnacht, Chaim nunca imaginó que los judíos en Lituania estuvieran en peligro real.

"Mi padre era un gran creyente en todo lo alemán", dijo Levin. -Creía que todo acabaría.


Sara Levin, la esposa de Benjamin.

Pero Shmuel y sus compañeros vieron la escritura en la pared. Mucho antes de que los nazis tomasen el control de Lituania en julio de 1941, Shmuel ya se había comprado una pistola y una munición, que era el precio de la admisión al grupo de los militantes del bosque que exigían un inquebrantable sangriento y despiadado de sus reclutas, Armas y municiones.

Varias semanas después de la ocupación nazi, los exploradores partidistas estaban enviando informes sobre detenciones masivas y masacres de hombres y niños judíos. En Vilna, los soldados alemanes y las fuerzas de seguridad de Lituania fueron de puerta en puerta, detuvieron a miles de hombres y niños judíos y los enviaron a marchas forzadas a las afueras de la ciudad. Durante el verano, más de 21.000 de ellos fueron masacrados, sus cuerpos arrojados en fosas comunes.

Con informes de asesinatos masivos en el bosque procedentes de su hijo mayor, Chaim Levin fue sorprendido en la acción. Vendió el negocio familiar para poder comprar armas y municiones para que cada miembro de su familia se uniera a los partidarios. Siguieron a Shmuel al bosque, pero Chaim y su esposa encontraron refugio en una granja, donde se escondieron hasta el final de la guerra.

En el otoño de 1941, todos los judíos restantes de Vilna estaban dispersos. Miles de personas fueron forzadas a entrar en dos guetos: un grupo de edificios antiguos en el casco antiguo conectado con un puente. Levin y su hermano continuaban operando desde su base en el bosque, aunque Levin era capaz de entrar y salir del gueto para llevar mensajes a los líderes partidistas que estaban tratando de organizar un levantamiento.

En una de esas misiones al gueto, Levin se vio envuelto en una "aktion" nazi, una de las sorpresivas deportaciones llevadas a cabo en las fiestas judías para sembrar el pánico en los 40.000 judíos supervivientes del ghetto. Levin se vio obligado a esconderse en un ático. Cuando un bebé empezó a llorar incesantemente, Levin observó con silencio horror mientras el padre se ponía un abrigo y sofocaba al niño con un movimiento hábil.

"Creo que mataron al bebé", dijo. "Vi muchas cosas. Vi personas muy nobles que se convirtieron en animales. Y la gente muy sencilla se vuelve noble. Y mi madre me advirtió que habría peores cosas por venir.

He visto muchas cosas. Vi personas muy nobles que se convirtieron en animales. Y la gente muy sencilla se vuelve noble. Y mi madre me advirtió que lo peor vendría.
Lo peor ocurrió después de que Shmuel fue a un ataque con un grupo de sus compañeros y nunca regresó. Su cuerpo nunca fue recuperado, y Levin no sabe cómo murió.

Pero Levin apenas tuvo tiempo de llorar a su hermano. En el verano de 1943, el jefe SS Heinrich Himmler dio la orden de liquidar todos los guetos judíos en el Tercer Reich. Aunque Kovner había tratado de persuadir a sus hermanos judíos de resistir a los nazis, la insurrección planificada fracasó y los ghettos se vaciaron a finales de septiembre cuando los nazis reunieron a los judíos restantes y los enviaron a los campos de exterminio. Kovner regresó al bosque, y los Vengadores ayudaron a los soldados rusos que avanzaban contra los nazis en Vilna.



Levin y los partidarios ayudaron a liberar Vilna antes de la llegada de las fuerzas soviéticas en el verano de 1944. Mientras caminaban por una ciudad devastada, Levin y sus camaradas reunieron a los lituanos que habían colaborado con los nazis.

"No mantuvimos prisioneros", dijo. No hubo discusión. Era algo normal. "Los enemigos fueron fusilados en el acto.

Y también los judíos que regresaban. Aunque los padres de Levin sobrevivieron a la guerra en la clandestinidad, fueron ejecutados por sus vecinos lituanos cuando intentaron recuperar la vieja casa de la familia en Vilna.

Con nada más para ellos en Europa, Levin y su hermana Bluma, que había sobrevivido a la guerra que se escondía en el bosque con su hermano, llegaron finalmente al naciente estado de Israel. Allí, Levin conoció a su futura esposa, Sara, una judía húngara que había escapado del Holocausto con su familia.

"Luché con mis padres por él", dijo Sara, que habló con The Post en febrero, a los 87 años, desde el hogar de ancianos donde ella y Levin pasaron los últimos cuatro años de sus vidas. "En primer lugar, dijeron que era demasiado corto y que no podía usar tacones altos si me casaba con él".

Se casaron de todos modos y se mudaron a Long Island en 1967 con sus dos hijos pequeños, un hijo y una hija, nacidos en Israel. Levin consiguió un trabajo como mecánico para el MTA y compró eventual una gasolinera y entró en negocio para sí mismo.

La pareja había estado juntos por 66 años, y la familia - sus dos hijos, sus cónyuges y cuatro nietos - está deseando celebrar el 90 cumpleaños de Levin con un pastel en Pascua.

Frágil y que sufre de Alzheimer, Levin ya no puede reconocer fotografías de sí mismo, mucho menos recordar su cumpleaños. De hecho, nadie sabe realmente cuándo nació Levin, porque mientras estaba en la resistencia tenía tantos documentos de identidad falsos que al final de la guerra ya no recordaba la fecha real de su nacimiento. Así que su familia eligió la fiesta judía, que honra la libertad de los judíos de la esclavitud egipcia, como una metáfora apta y un homenaje apropiado al nacimiento de un hombre que había arriesgado todo para luchar por la libertad de su pueblo.

"En el momento en que empiezo a pensar en esto, viene cada vez más recuerdos", Levin dijo a The Post, y de inmediato se desmoronó en sollozos. "No hablamos de esto más, pero está vivo por dentro."

Este año, por desgracia, la celebración de cumpleaños de Levin será agridulce. Hace dos semanas, su amada Sara murió.

En su tumba, después de esforzarse por esparcir la tierra en su ataúd, Levin se dirigió a su hijo en hebreo: "Parece que ahora es mi momento".

sábado, 6 de mayo de 2017

SGM: Un sobreviviente de Treblinka y su testimonio

El estremecedor testimonio de un judío que sobrevivió a siete campos de concentración y perdió a toda su familia
Pero no perdió la memoria. Esa lucidez que le permite conservar el horror de cada día en ese infierno, y que también trasmite una advertencia: cuidado, porque la historia puede repetirse
Por Alfredo Serra | Especial para Infobae




Nada puede reemplazar a sus palabras. Nada. Su testimonio, atroz y luminoso al mismo tiempo, es también la voz de los seis millones de judíos masacrados por el nazismo, y de los que sobrevivieron en ese infierno para contarle al mundo el mayor crimen de la historia.

Lo dejo hablar. Y en todo caso, completo su retrato.

Se llama Moisés Borowicz. Tiene 86 años empezados en Sokoly, entonces un pequeño pueblo de Polonia.


Polonia. El primer botín y el primer crimen de Hitler. Primer día de septiembre de 1939.

Fue fácil arrasar con todo. Vidas y almas.


Moisés estuvo en siete campos de concentración: los motores del diabólico plan nazi: el exterminio del pueblo judío. De cada hombre, mujer, niño, allí donde estuviera.

Perdió a toda su familia. Padres, dos hermanos, y la felicidad de vivir moliendo harina: algo de lo más noble de la Tierra.
Doce empleados hubo en ese molino. Pero nada quedó.

Cuando llegaron los nazis, los Borowicz buscaron refugio entre otros molineros. Y conocieron la traición. Uno de su misma sangre que les prometió pan y casa… los entregó a los nazis.

Muchas almas ya se habían corrompido. Por interés o por miedo. Pero siempre traición.

Huyeron a tiempo. Se perdieron en un bosque. Cavaron un hoyo: su bunker. Pero los nazis descubrieron el escondite, y los rodearon. En este punto hay que detenerse. Oírlo. Y escribir aquí esas palabras, para que voz y letra perduren.



Un soldado disparó su fusil contra un árbol. Un pájaro cayó muerto. El soldado le dijo a la madre de Moisés: "Este muchacho tiene destino de vivir, porque cuando escapaba quise matarlo, pero se me trabó el fusil. Y ahora la bala salió para matar un pájaro".

Los arrastraron, siempre a palos y a humillaciones, al gueto de Bialystock. Los separaron: el más doloroso preludio del crimen. Por un lado sus padres, por otro él y sus hermanos.

El tren arrancó.
Al pasar por Treblinka (otro campo de horror) dejaron dos vagones. Que ya no eran vagones: eran cámaras de gas. El método del que se ufanaban los nazis: matar a miles en el menor tiempo posible y con el menor gasto.
En esos vagones y así murieron sus padres.

El tren siguió. Muchos, desesperados, se tiraron. Pero los recibieron los fusiles y las ametralladoras. Uno de ellos fue el hermano de Moisés.

El calvario se alargó. Los dos fueron prisioneros del campo Majdanek, y después al Blyzin. Allí… ¡tifus! Su hermano se enferma. Lejos de atenderlo, lo tiran al piso en una de las infectas barracas, y cada día le dan un pedazo de pan negro y "un poco de agua negra que llamaban café" (Moisés dixit).


Muere al fin su hermano. Uno más de la espantosa disyuntiva: ¿mejor morir y liberarse, o soportar el horror hasta que la providencia tire un naipe a favor?

Moisés también se enferma, también lo tiran… pero se salva y vuelve a trabajar en el oficio que fingió, y del que nada sabe: talabartero.

Ese infierno que ni Dante imaginó se multiplica. Moisés pasa, penuria a penuria, por los campos de Plaszow, Wielicza, Mauthausen, Melk, Ebensee.

Ahora es 6 de mayo de 1945.
Hitler se ha matado con cianuro y bala el 30 de abril.
Nada queda del Tercer Reich, salvo los criminales que encontrarán refugio en países no menos cómplices. Brasil, Paraguay, Bolivia… y el nuestro.

Los soldados norteamericanos que liberan Ebensee, al poner el pie en esa pesadilla, vomitan. No pueden soportar ni por un minuto lo que Moisés soportó años.

Moisés y todos los que murieron en los campos, y el puñado de sobrevivientes. Judíos. Gitanos. Negros. Homosexuales. Lisiados. Todo lo que no fuera de la raza superior. Los arios… que violaban mujeres y mataban niños a palos y patadas.



O como aquel soldado ario… que ayudó a una niña de tres años a subir los escalones hacia la cámara de gas, porque sus piernas eran demasiado cortas.

O como, según me confió León, otro sobreviviente, el soldado ario que ante el ruego de una madre… mató a su hijo aplastándole la cabeza con su bota.

Moisés llegó a la Argentina en 1947. Dos veces viudo. Tres hijos varones. Nueve nietos. Se resistió por años, pero volverá a Polonia para ver a Sokoly, su aldea, por última vez.

Y después a Israel para celebrar el día de la Independencia.
Y de regreso… seguir contando.

Porque como rogó un judío mientras lo llevaban a la cámara de gas "Buenas gentes, cuenten… Buenas gentes, no olviden", para eso sigue sobre la Tierra.

El relato completo de Moisés Borowicz en el acto por el Día del Holocausto

jueves, 23 de febrero de 2017

SGM: La sobreviviente de Auschwitz que rescató el arte de su hermano

La sobreviviente de Auschwitz que rescató las pinturas secretas de su hermano muerto
Eva Schloss, íntima amiga de Anna Frank, se enteró de su existencia justo antes de que los separaran. Tras salir con vida del brutal campo de exterminio fue a buscarlas y las encontró. Serán exhibidas en Londres
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Eva Schloss (izquierda), su hermano Heinz y Kitty, una amiga de la familia

Tenía 15 años cuando los nazis la descubrieron en su escondite en Ámsterdam, Holanda. En mayo de 1944, Eva Geiringer Schloss fue trasladada junto a su familia a Auschwitz-Birkenau, el campo de exterminio más temido.

Durante los tres interminables días que duró el viaje en el tren abarrotado en el que los llevaban, su hermano Heinz se abrió como nunca antes lo había hecho. Y entre varios secretos, le contó que había pintado mucho los meses previos a la captura, y que sus cuadros habían quedado escondidos en el ático en el que se ocultaban.

Fue la última conversación que tuvo con él. Ni bien llegaron a destino, los dos hombres fueron separados de las dos mujeres. Se dieron un fuerte abrazo y nunca volvieron a verse. Él y su padre murieron poco tiempo después. Pero ella y su madre, Elfriede, lograron sobrevivir.


Eva Schloss 

El calvario de la familia Geiringer había comenzado en 1938, cuando tuvieron que escapar de Austria ante la entrada de los nazis. Su padre consiguió trabajo en Ámsterdam y se mudaron. La vida les dio entonces una pequeña tregua antes de que el horror se instalara definitivamente.

Allí conoció a Anna Frank, que también había recalado en la ciudad huyendo del nazismo. Se hicieron muy amigas. "Era mucho más madura que yo", contó Eva en una entrevista con The Guardian. Las dos familias estuvieron escondidas juntas por un tiempo cuando las tropas de Hitler entraron en Holanda.

Eva y Elfriede consiguieron unos papeles falsos que les permitían andar por la calle. Pero Heinz y su padre no podían salir del ático en el que se escondían. En ese tiempo de encierro, el joven desarrolló un gusto por el arte. Empezó a escribir poesía y a pintar. En sus cuadros se veía todo lo que no podía tener: paisajes bucólicos soleados, una pareja jugando al tenis, botes navegando el mar.


Uno de los cuadros de Heinz Geiringer

Cuando su escondite dejó de ser seguro, se vieron forzados a mudarse. Una enfermera holandesa les ofreció refugio. Al día siguiente los detuvo la Gestapo. La mujer era una colaboracionista que entregó a más de 200 judíos.

De eso se enteraría al regresar a la ciudad junto a su madre, una vez que terminó la guerra. Otto Frank, padre de Anna, que había muerto en Auschwitz al igual que el resto de su familia, comenzó a frecuentarlas. En 1952 se casó con Elfriede y se convirtió en su padrastro.

En uno de sus tantos encuentros, el hombre les contó acerca del diario oculto de su hija que acababa de encontrar. Entonces Eva recordó las pinturas de su hermano. Con muchas dudas fue hasta el viejo ático y las encontró. Fue como volver a sentir a Heinz junto a ella una vez más.

Este 27 de enero muchas de sus obras serán exhibidas en el Museo Judío de Londres. Eva, que hoy tiene 87 años, dará una charla contando su historia y la de su hermano artista.

martes, 21 de febrero de 2017

SGM: El campo de concentración trucho nazi

Theresienstadt, el campo de concentración y "ghetto modelo" que los nazis montaron para engañar a la Cruz Roja
Ubicado a 50 kilómetros de Praga, por allí pasaron 144.000 judíos entre 1940 y 1945, incluyendo artistas, intelectuales y otras figuras prominentes a quienes se les permitió practicar la profesión en condiciones humanas para intentar desviar la atención del mundo sobre las matanzas en otros campos
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El brutal dictador Adolf Hilter. Se estima que seis millones de judíos fueron masacrados durante su mandato (AP)


A 50 kilómetros de Praga y rodeado por los ríos Elba y Ohře, los nazis montaron en 1941 un campo de concentración "modelo" que albergaba a cientos de artistas e intelectuales judíos en condiciones humanas y en libertad de practicar sus diferentes disciplinas.

La mentira engañó a muchos en Occidente, incluyendo a la Cruz Roja, y Theresienstadt, como se lo conoció en alemán, funcionó como una inmensa campaña de propaganda para ocultar las masacres que ocurrían a diario en los campos de exterminio de Europa Oriental y, también, en el mismo campo.

Sobre esta farsa escribe el director de orquesta y escritor catalán Xavier Güell en su novela Los prisioneros del Paraíso, publicada en enero por la editorial Galaxia Gutenberg.

"Necesitaban montar una farsa, que Europa creyera que trataban de forma aceptable a los prisioneros en los campos de concentración. Por ello, encerraron a multitud de artistas en este lugar y les permitieron ejercer su profesión. Los dejaban tocar, organizar conciertos", dijo Güell al periódico español ABC.

Pero por cada prisionero que gozaba de estos beneficios, otros cientos eran sometidos a un tratamiento brutal y a un sinfín de torturas.

En total, unos 144.000 judíos pasaron por Theresienstadt, ubicado en la ciudad de Terezín, en la actual República Checa, durante la guerra. En el peor momento 50.000 vivían hacinados en instalaciones pensadas para apenas un décimo.

Cerca de 33.000 murieron en el campo y otros 88.000 fueron enviados a una muerte casi segura en el campo de exterminio de Auschwitz, en Polonia, antes de que fuera liberado por los soviéticos en 1945.

Entre los prisioneros convivieron artistas como los músicos Hans Krasa, quien compuso allí su famosa obra Brundibar, y Gideon Klein y el director de cine Kurt Gerron. Ninguno sobrevivió a la guerra.

"Para ellos fue una salvación. Sabían que tocaban unas notas que podían ser las últimas porque al día siguiente podían morir, pero sabían que mientras hubiera música, había esperanza", consideró el autor. "Los nazis decidieron que los prominentes, gente importante como artistas, militares condecorados, ancianos con medios económicos altos y de importancia social, músicos serían recluidos en este campo", agregó.

En diferentes momentos de su historia, Theresienstadt contó con compañías de teatro, orquestas, bandas de jazz, lecturas de poesía y conferencias regulares.

Una de las entradas a Theresienstadt con el lema usual en los campos de concentración: “El trabajo los hará libres” (Terezín Memorial)

Al mismo tiempo, morían entre 50 y 100 personas al día por el frío y las infecciones, las ejecuciones espontáneas por parte de los guardias eran comunes y un Consejo de Ancianos judíos tenía que elegir quiénes serían enviados cada semana a Auschwitz.

"Su responsabilidad era brutal. Aunque las grandes decisiones las tomaban los nazis, a ellos los dejaban actuar como si fuesen los responsables de la ciudad, siempre que no se salieran de las pautas establecidas. Lo más duro era que les hacían hacer el listado de los deportados, un número que no bajaba de unos 1.000 nombres a la semana", explicó el autor de Los prisioneros del paraíso.

La autoridades alemanas alegaban ante el mundo que el campo era una especie de "balneario" y "ghetto modelo"; una zona de concentración de judíos que recibían un trato humanitario antes de ser enviados al entonces Mandato Británico de Palestina.

El momento cúlmine de esta pantomima llegó en la primavera de 1944, cuando los nazis permitieron que una misión de la Cruz Roja Internacional visitara Theresienstadt, en medio de una ola de rumores en todo el mundo sobre masacres, tortura y esclavitud en los campos de concentración alemanes.

Los barracones Magdeburgo, en el campo “modelo” (Terezín Memorial)

El director del campo fue diligente. Deportó a los 5.000 prisioneros más enfermos o desnutridos, mejoró las raciones, arregló las calles y construyó parques.

Repartió ropa nueva y elegante a los prisioneros y encomendó al Freizeitgestaltung, el comité de actividades musicales, que preparara una versión del Réquiem de Giuseppe Verdi para 2000 espectadores.

Para completar la farsa, se les prohibió a todos los prisioneros decir la verdad sobre el campo a los miembros de la Cruz Roja bajo pena de muerte, un destino demasiado familiar para todos ellos.

Fue todo un éxito. La Cruz Roja Internacional compró el engaño y quedó sorprendida por las excelentes condiciones en Theresienstadt, a las que consideró mucho mejores de lo esperado y representativas de todo el sistema.

Para ese entonces ya habían muertos millones de judíos, gitanos y opositores políticos de todo tipo. Aún restaba un año más para el fin de la guerra.

martes, 14 de febrero de 2017

Nazismo: El broker británico que salvó 669 niños del Holocausto



El hombre que salvó a 669 niños durante el Holocausto no tiene idea de que están alrededor de él, observe su reacción
James Gould-Bourn - Bored Panda


En 1939, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, un joven corredor de bolsa británico llamado Nicholas Winton hizo algo realmente increíble. Arriesgó su vida para salvar con éxito a 669 niños mayoritariamente judíos de Checoslovaquia durante el Holocausto asegurando su paso seguro a Gran Bretaña. Y entonces, como un verdadero héroe, nunca volvió a hablar de ello hasta cincuenta años más tarde, cuando su esposa encontró un libro de recuerdos en el ático de su casa que contenía los nombres, imágenes y documentos de los niños que él salvó.
Sir Nicholas, que fue nombrado caballero por la Reina Isabel II en 2003 y que recibió la Orden Checa del León Blanco en 2014, murió el 1 de julio de 2015, a los 106 años. Bautizado el "Schindler británico" por la prensa británica, apareció en un Reino Unido programa de televisión llamado That's Life! En 1988. Fue invitado como un miembro de la audiencia, totalmente inconsciente de que la gente sentada a su alrededor sólo estaban vivos debido a su valentía y altruismo. Mira el video de abajo para ver el momento en que finalmente se dio cuenta. Consigue tu pañuelo listo ...

 

martes, 3 de enero de 2017

SGM: Nazis tal vez capturaron de casualidad a Ana Frank

Los nazis pudieron descubrir a Ana Frank por casualidad y no por una traición
Un nuevo estudio apunta que la menor judía y su familia no fueron delatados sino localizados por agentes que investigaban el estraperlo

ISABEL FERRER - El País


Ana Frank. AP QUALITY

El escondite de Ana Frank y su familia en el trastero de una casa de los canales de Ámsterdam fue descubierto por los nazis el 4 de agosto de 1944. Aunque sin confirmación oficial, se presumía hasta hoy que les traicionó un informador pagado por los ocupantes. Sin embargo, una nueva investigación efectuada por la Fundación que gestiona la casa-museo dedicada en la ciudad a la joven autora del famoso Diario, apunta a una casualidad, y no a una delación, como origen de la tragedia. Según el investigador Gertjan Broek, los agentes que entraron en el número 263 de la calle Prinsengracht, en el centro antiguo de la ciudad, “iban detrás del tráfico de cartillas de racionamiento y la contratación ilegal de trabajadores”. Además, incide en que el policía holandés que participó en el arresto, Gezinus Gringhuis, "estaba asignado al departamento de delitos económicos, no a la búsqueda de judíos ocultos”.

Broek apuntala su teoría con sendos detalles. Dice que una vez dentro del edificio que servía de tapadera a la familia Frank y a otras cuatro personas, los gendarmes tardaron dos horas en salir; "demasiado tiempo si sabían que había judíos ocultos”, sostiene. A principios de 1944, fueron arrestados dos traficantes de bonos de comida que habían trabajado en ese mismo número. La propia Ana se hizo eco del suceso en su Diario, donde escribió que después resultó muy difícil conseguir alimentos. Lo más probable, sigue Broek, es que durante el registro del inmueble acabaran encontrando la estantería que tapaba las escaleras de acceso al trastero. Arriba, ocho personas perseguidas llevaban dos años juntas tratando de evitar al invasor.

Tras ser descubiertos, fueron enviados a los campos de concentración. Sólo regresó Otto Frank, el padre de Ana. La adolescente, su madre, Edith, la hermana mayor, Margot, el matrimonio Van Pels con su hijo, Peter, y el dentista Fritz Pfeffer, perecieron entre 1944 y 1945.


Monumento a Ana y Margot Frank en Bergen-Belsen. SEAN GALLUP GETTY

El estudioso señala, además, que la posible llamada de un supuesto soplón a los gendarmes mientras estos registraban el edificio es poco probable. “En 1944 muchas conexiones telefónicas habían sido cortadas, y los números de los servicios secretos no estaban al alcance de cualquiera”, dice. Entre los posibles chivatos señalados por otros escritores figura Tonny Ahlers, miembro del Movimiento Nacional Socialista de Holanda. Es el sospechoso número uno para Carol Ann Lee, biógrafa de Otto Frank. Otra de las posibles delatoras es Nelly Gies, hermana de Miep, la amiga de la familia de Ana que les ayudó. A Nelly no le gustaba que Miep escondiera judíos, pero todos ellos fueron interrogados después de la II Guerra Mundial sin que pudieran formularse acusaciones firmes.

La casa-museo de Ana Frank subraya que su nuevo estudio no pretende cegar la vía de la presunta denuncia, aunque apunta que después de varias décadas de búsqueda por ese lado, no se ha obtenido respuesta, tal y como ha dicho Ronald Leopold, director de la Fundación. Al centrarse en la entrada de la policía, y en el relato mismo de Ana Frank sobre los días anteriores, pretenden “animar a otros investigadores a rastrear nuevas pistas para poder contar toda la historia de Ana Frank”.

Confinadas en el campo de Bergen-Belsen (norte de Alemania), Ana y Margot murieron con pocos días de diferencia, posiblemente hacia febrero de 1945, y fueron enterradas en una fosa común. El 15 de abril de ese año, los soldados británicos aliados liberaron el campo, quemado luego para contener una epidemia de tifus.

jueves, 3 de noviembre de 2016

SGM: El rol de BMW

Oscura historia de BMW en la Segunda Guerra Mundial
War History Online




A pesar de que ha sido 70 años desde la Segunda Guerra Mundial terminó, los recuerdos son prima para muchos. Algunas personas y - en este caso - algunas compañías y grupos todavía tienen remordimientos por su lugar en la historia. La empresa de alquiler de BMW es uno de ellos.

Fundada en Munich en 1916, Bayerische Motoren Werke AG celebra su centenario. La celebración no se ha detenido la compañía de poseer hasta los momentos más oscuros de su historia. La compañía expresó su "profundo pesar por el enorme sufrimiento" es causado por el uso de mano de obra esclava nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

El propietario en el momento era Gunther Quandt. Quandt y su hijo, Herbert, era amable con Adolf Hitler y no tiene miedo de usar conexiones políticas para aprovechar el Holocausto y las empresas incautadas por el gobierno para la fabricación de baterías de armas, artillería, municiones y de submarinos. La empresa retuvo unos 50.000 trabajadores forzados y prisioneros de los campos de concentración durante la guerra. Estos trabajadores forzados fueron llevados por la fuerza de los territorios ocupados por los alemanes o eran prisioneros de guerra.


Los trabajadores de las fuerzas, de casi todos los países europeos, se tratan a menudo como poco más que esclavos. No se les pague adecuadamente y trabajaban en condiciones peligrosas. También fueron objeto de abusos físicos y había altas tasas de mortalidad entre estos prisioneros. La empresa en este momento estaba trabajando con los nazis en la explotación de estos trabajadores esclavos y causando un profundo sufrimiento.

BMW escribió:

"Bajo el régimen Nacional Socialista de los años 1930 y 40, BMW AG funciona exclusivamente como proveedor de la industria armamentística alemana".
También aprovechó la oportunidad para recordar a todos que eran "la primera corporación industrial para iniciar un debate público sobre este capítulo de su historia con la publicación de un libro titulado BMW - Eine Deutsche Geschichte (BMW - Una Historia Alemana)." Siguen :
"Desde el 1990ss, BMW Group ha sido participar activamente en los esfuerzos para promover la apertura, el respeto y el entendimiento entre las culturas."

El fabricante de automóviles alemán icónica suministra una gama de vehículos para el ejército alemán. Los nazis utilizaron la ingeniería superior de la empresa BMW para producir los vehículos que necesitaban para hacer la guerra desde los Urales hasta Marruecos. Las empresas alemanas como BMW, ayudaron al partido nazi para crear una máquina de guerra altamente eficiente y embarcarse en una guerra mundial.

La compañía podría incluso haber cambiado el curso de la guerra, con sus diseños de motores. La compañía ha diseñado algunos de los prototipos de los primeros motores a reacción. Finalmente, uno de primera reacción del mundo, el Heinkel He 162, tenían un motor de BMW. Por suerte, llegó demasiado tarde en la guerra para alterar su curso. Esta empresa respetada ahora sin duda tiene un oscuro pasado, pero su apertura en el reconocimiento de que se debe también admiraba.

lunes, 31 de octubre de 2016

SGM: El horror en el ghetto de Lvov

El horror del gueto de Lvov en la SGM

George Winston - War History Online



La caballería soviética en un desfile en Lvov, después de la rendición de la ciudad para el Ejército Rojo durante 1939 la invasión soviética de Polonia.


El día fue el 26 de julio de 1944, cuando la ciudad polaca de Lvov fue finalmente liberado por el Ejército Rojo avanzando después de fuertes enfrentamientos con los nazis. La mayor parte de los ocupantes alemanes tampoco fueron asesinados o huyeron del ataque soviético.

La ciudad de Lvov, que también es famoso por sus siglas en alemán Lemberg, que ahora se llama Lviv y es parte de la actual Ucrania. La ciudad era conocida por su población mayoritariamente judía que superaron las 110.000 antes de la Segunda Guerra Mundial estalló en 1939. En el momento alemanes invadieron Polonia y tiene control sobre Lvóv, el número total de residentes judíos de la ciudad se había hinchado a la friolera de 220.000. Cuando el Ejército Rojo finalmente logró liberar a la ciudad en el verano de 1944, la población judía de la ciudad se había reducido a sólo unos pocos cientos.

La relación de lwow con Judios había sido un viejo asunto - se informa de que la primera persona judía se trasladó a la ciudad en el medio del siglo 13. A partir de entonces los Judios de Lvóv contribuido de manera significativa al bienestar de la población; que en su mayoría trabajaban en el comercio del vino, como los financieros y los artesanos, y algunos eran comerciantes viajeros. Muy pronto se convirtió en la ciudad una metrópolis de la cultura jasídica y Maskilic.

Durante la Primera Guerra Mundial, los residentes judíos de Lvov fueron capturados en la refriega sangrienta entre los ucranianos y los polacos. Sin embargo, cuando en 1918 la ciudad gallega quedó fusionó con la recién formada Polonia independiente, la prosperidad y la paz de los Judios de Lwow devueltos y rápidamente se convirtió en un cubo de la inteligencia política y religiosa judía.

Los asuntos sobre el borde de la Segunda Guerra Mundial eran de naturaleza diferente debido a una alianza muy fuerte entre los nazis y Stalin. Se separaron las regiones ocupadas de Polonia entre ellos, y la parte oriental incluyendo Galicia fueron a los soviéticos. Teniendo en cuenta la reputación de los nazis y su "solución final", la población judía de Occidente comenzó a migrar hacia las regiones soviéticas controlada, hinchazón de los números en la parte oriental. Sin embargo, el movimiento no resultó un una apuesta más segura, ya que Alemania declaró la guerra a la URSS y comenzó a avanzar hacia el este en 1941. Los soviéticos no eran particularmente amable hacia los Judios, que fueron forzados a migrar profundamente en la URSS de las regiones del este de Polonia. A pesar de que las condiciones de vida de estos Judios que migran no eran ni ideales, se exilió estos Judios que serían más propensos a sobrevivir a la guerra.

Antes de establecer un asentamiento aislado y barricadas de pésimas condiciones de vida conocidos como los guetos de Lvov, ocupantes nazis alentaron a sus simpatizantes de Ucrania para iniciar la limpieza de las regiones de la judía 'amenaza', como se la pusieron. Según el sitio web U.S Museo Memorial del Holocausto, en un mes de julio 1941 a más de 6.000 Judios fueron sacrificados por las tropas alemanas y ucranianos del lado de los nazis.

A continuación, se estableció el gueto de Lvov infame el 8 de noviembre en la parte norte de la ciudad, y luego todos los Judios se les dio un ultimátum para entrar en el gueto el 15 de diciembre o atenerse a las consecuencias. Famoso por romper sus promesas, las tropas alemanas asesinados decenas de Judios ancianos y enfermos que se movían hacia el gueto al cruzar el puente de la calle Peltewna.

La difícil situación de los 120.000 judíos que finalmente terminaron en gueto de Lvov no terminó con sólo mover en los guetos, ya que las condiciones de vida en los guetos eran inhumanas, por decir lo menos. Sin centro médico y la grave escasez de alimentos y agua potable mataron a muchos Judios, mientras que los sobrevivientes fueron torturados psicológicamente con la presencia de cadáveres en las calles, su descomposición olor extendiendo por todo a través del ghetto. Además de todo este infierno, las tropas alemanas llevaron a cabo tres operaciones de limpieza en el gueto de Lvov, en la que decenas de personas fueron judíos matan o fueron deportados al campo de exterminio de Belzec.

En junio de 1943, los alemanes decidieron exterminar a la ghetto en Lvov. Se encontraron con pequeños focos de resistencia de los rebeldes judíos que luchan por sus vidas, pero fueron rápidamente dominados por las tropas alemanas; un pequeño número de policías alemanes fueron asesinados por los rebeldes judíos durante el proceso de liquidación.

Cuando Lvov fue finalmente liberado por el avance del Ejército Rojo, el número total de Judios en la región se había reducido drásticamente a sólo 2.571 personas, la mayoría de los cuales estaban desnutridos y psicológicamente dañados como resultado de la prueba tuvieron que hacer frente bajo nazis. Después de la guerra, estos Judios o bien se trasladó a la recién fundada Israel o emigraron a los Estados Unidos.

lunes, 25 de julio de 2016

SGM: Encuentran túnel escavado por prisioneros judíos en Lituania

Hallaron en Lituania un túnel excavado con cucharas por prisioneros judíos en la época nazi
Los detenidos intentaban escapar de los oficiales nazis durante la Segunda Guerra Mundial. El paso subterráneo tiene una extensión de 35 metros de largo
Infobae




El túnel tiene 35 metros de largo (AP)

Un equipo de investigadores de Israel, Estados Unidos, Canadá y Lituania localizó en el país europeo un túnel excavado con cucharas por prisioneros judíos que intentaban escapar de los nazis, durante la Segunda Guerra Mundial.

La información fue confirmada este miércoles por el Departamento de Antigüedades de Israel.

El grupo de profesionales empleó una tecnología de escaneo utilizada para buscar minerales y petróleo para ubicar el túnel.


Imágen divulgada por los expertos que descubrieron el túnel Imágen divulgada por los expertos que descubrieron el túnel

El paso subterráneo, de 35 metros de largo, está en el bosque de Ponar, que en la actualidad recibe el nombre de Paneriai, donde los nazis mataron a unas cien mil personas, entre ellas 70 mil judíos.

Hacia el final de la guerra, se trasladó a prisioneros desde el campo de concentración de Stutthof a la zona, donde fueron obligados a quemar los cuerpos.

En secreto, los prisioneros excavaron el túnel desde el punto en donde estaban. Cuarenta reos escaparon a través del túnel en 1944. Muchos otros fueron baleados, pero once alcanzaron las posiciones de las fuerzas partisanas y sobrevivieron.

En su misión por hallar el túnel, el equipo de arqueólogos, geofísicos e historiadores provenientes de Israel, Estados Unidos, Canadá y Lituania no quería alterar los restos humanos que aún quedan en las fosas.



Por ello utilizaron una tecnología de escaneo moderna que es la misma que se usa para la exploración de fuentes de petróleo y gas, y lograron trazar la ruta del túnel que se extiende por 34 metros.

 “Este túnel demuestra que perduraban las ganas de vivir”
"Hallar un rayo de esperanza en un lugar tan sombrío como Ponar es algo muy importante como seres humanos", señaló Jon Seligman, un arqueólogo que trabaja con el Departamento de Antigüedades de Israel y que participó en la expedición.

"Este túnel demuestra que incluso en las horas más oscuras de la humanidad, perduraban las ganas de vivir", expresó.

En el fin de la guerra, los nazis se apresuraban a borrar toda evidencia de las atrocidades que habían cometido. Trajeron a prisioneros judíos y soviéticos al bosque de Ponar, desde el campo de concentración de Stutthof. Encadenados por los tobillos, fueron obligados a desenterrar los cuerpos e incinerarlos.

Los prisioneros, apodados la Brigada de Incineración, temían que una vez cumplida su tarea, también fueran aniquilados, por lo que tramaron su escape.

Con información de AFP.

sábado, 12 de marzo de 2016

SGM: Nakam, el nombre la venganza judía

Cuando los judíos planearon envenenar a 6 millones de alemanes tras la SGM
 
JAVIER SANZ — Historias de la Historia


A veces resulta difícil distinguir la historia real de la ficción, sobre todo cuando dicha ficción no puede alcanzar el horror de la historia real. Y también cuando ha pasado el tiempo y dicha historia aposenta sus gastados huesos sobre el papel. Incluso el gran Tácito bebió de fuentes literarias impregnando lo que escribía de sus propias conclusiones y opiniones. Es por ello que al escribir de la Historia y ciertos pasajes de la misma debemos ser cautelosos e intentar ser lo más imparciales posibles para que sea el lector quien con los datos forme posteriormente su opinión. Al menos así lo he intentado yo. Y uno de los ejemplos es sobre una historia de venganza, una historia que de haberse llevado a cabo hubiera igualado en crueldad al daño que intentaban vengar. Y esa historia es la historia de los Nakam (Dam Yehudi Nakam, “La sangre judía será vengada”

Nakam

En los estertores de la Segunda Guerra Mundial entró en acción la primera brigada judía del ejército británico bajo bandera hebrea, la Jewish Brigade Group. En noviembre fue destinada al frente de batalla de Italia. La mayor parte de sus miembros tenían aún familiares tras las líneas alemanas. En mayo de 1945, tras el fin de la guerra, la brigada permanecía estacionada en la ciudad italiana de Tarvisio, cerca de la frontera con Austria. A muchos de los soldados de la brigada se les dio permiso para buscar a sus familiares y lo que se encontraron fueron lugares como Auschwitz-Birkenau, Mauthausen o Bergen-Belsen. Sin embargo, más allá de poder rescatar a sus familiares, lo que trajeron de vuelta fue un deseo intenso de venganza, necesitaban devolver el daño sufrido por su pueblo. Con ayuda de los servicios de inteligencia estadounidense y británico se diseñaron listas de miembros de las SS. En julio de 1945, un escuadrón de ejecutores cruzó la frontera con Austria. La unidad actuaba siempre en un radio de acción de cien kilómetros alrededor de Tarvisio. La unidad de ejecutores judíos actuaría sólo durante unos meses y jamás se supo el número de nazis muertos.

Pasados unos meses, judíos supervivientes de campos de concentración, exguerrilleros y miembros de la unidad judía del ejército británico asisten asombrados a la liberación de miles de prisioneros alemanes por los aliados (y en ocasiones reclutados por los propios americanos y rusos para sus propios fines, pero eso es otra historia). En Lublin, la primera ciudad polaca liberada, En el número 55 de la calle Fisinskigo se comparten ideales y deseos de venganza. La primera decisión es dividir sus operaciones en dos fases:

La primera, identificar a los judíos que aún quedan vivos en Europa y ayudarles a llegar hasta Palestina; la segunda, ejecutar la venganza.
La venganza judía debía tener la misma magnitud que el asesinato llevado a cabo por los alemanes: seis millones de alemanes muertos por los seis millones de judíos asesinados en los campos de concentración. El líder de la nueva unidad era Abba Kovner, un poeta y antiguo partisano en Vilna. En Bucarest, la capital de Rumania, se deciden dos actos de venganza: el plan A, que consistiría en el envenenamiento del agua de varias ciudades alemanas; y el plan B, que se centraría en los prisioneros de las SS retenidos por los aliados en campos de prisioneros, envenenando el pan que se les proporciona.


Abba Kovner

Kovner sabe que no disponen de los medios suficientes para hacerlo ellos solos y viaja a Palestina en busca de refuerzos. El grupo necesita una cantidad enorme de veneno para llevar a cabo su plan de envenenar el agua de Berlín, Múnich, Hamburgo, Núremberg y Weimar. El cuartel general del equipo se establece en París. Kovner revela sólo el plan A a tres altos oficiales del Haganah (embrión del ejército israelí), que le niegan el apoyo. Los líderes de Palestina tienen ahora una prioridad distinta, la creación de un Estado judío, y avisan a las autoridades británicas quienes detienen a Kovner.

A pesar de todo, se decide llevar a cabo el plan B. En un campo de prisioneros cerca de Núremberg se concentraban cerca de quince mil antiguos miembros de las SS. El pan, que se hacía cada día en una panadería alemana, era el único alimento no suministrado por el ejército estadounidense. Tres de los “vengadores” se hicieron pasar por panaderos y consiguieron trabajo en la panadería que suministraba al campo. En París, un químico judío de Milán se dedica a fabricar el veneno: dos kilos de arsénico sin refinar. El 13 de abril de 1946, Domingo de Pascua, los Nakam ponen en marcha su plan. Durante toda la noche se dedican a untar con brochas el arsénico en los bollos de pan. Al amanecer, el pan se entrega en el campo de prisioneros. El efecto del veneno comienza a extenderse por todo el campo. Los equipos de médicos estadounidenses hicieron todo lo posible para salvar la vida a los oficiales de las SS que habían comido el pan. Miles de ellos enfermaron; el número de muertos se desconoce. Los aliados jamás hicieron público el número de muertos.

¿Qué hubiera ocurrido si hubieran tenido éxito en su monstruoso plan? Es difícil juzgar las acciones de quienes padecieron semejante sufrimiento, pero de haber tenido éxito se hubieran convertido en aquello que les infligió tal dolor, en una especie de espejo retorcido devolviendo una imagen distorsionada pero reconocible de la maldad que había cabalgado libre por Europa. Un episodio que ha sido recogido con rigor por Raúl Vela en su trepidante novela “Albada del viento”:

jueves, 25 de febrero de 2016

SGM: Polonia y su colaboración en el Holocausto

Polonia y las sombras del Holocausto

El Gobierno de Varsovia inicia una cruzada contra el historiador Jan T. Gross, que desveló la matanza de judíos en Jedwabne, perpetrada por polacos

Guillermo Altares
Fuente: El País

Judíos de Jedwabne asesinados durante el pogromo de 1941. Getty Images


Jan T. Gross, profesor de la universidad estadounidense de Princeton de origen polaco, desveló en 2001 uno de los últimos secretos de la II Guerra Mundial, y uno de los más oscuros: la matanza el 10 de julio de 1941 de los judíos del pueblo de Jedwabne, en Polonia. Los autores no fueron los nazis, sino sus propios vecinos polacos, que tras someterlos a todo tipo de torturas y vejaciones públicas quemaron vivos a los supervivientes en un pajar.

Aunque 21 perpetradores habían sido juzgados y 11 condenados por un tribunal polaco al final del conflicto, la atrocidad acabó por ser atribuida a las SS y así quedó en la memoria colectiva. El libro de Gross, Vecinos, causó hace 15 años un impacto tremendo en Polonia, un país que este historiador y sociólogo abandonó en 1968. Ahora, el Gobierno polaco, cuyas medidas autoritarias están causando una honda preocupación en la UE, ha lanzado una cruzada contra este investigador.

La Fiscalía polaca está estudiando presentar una demanda contra Gross por un texto publicado en septiembre en el diario alemán Die Welt, titulado "La vergüenza de Europa del Este", en el que reprochaba a los Gobiernos de Polonia, Hungría y Eslovaquia su insolidaridad con los refugiados. La frase por la que el fiscal estudia procesarlo por el delito de "insulto público a la nación" es: "Aunque los polacos están orgullosos con razón de su resistencia ante los nazis, mataron más judíos que los alemanes durante la guerra". El Gobierno califica esta frase de "calumnia y un bofetón a los millones de polacos que perdieron la vida en aquella época".

En el texto, Gross reprocha el profundo antisemitismo de la sociedad polaca, antes, durante y después de la guerra. La oficina del presidente Andrzej Duda anunció esta semana que está estudiando además despojar a Gross de la orden del mérito civil, una medida que ha provocado dos manifiestos públicos de solidaridad por parte de diferentes profesores. Desde la victoria en octubre delpartido ultraconservador Ley y Justicia, numerosos periodistas e intelectuales críticos han sido acorralados en medio de una intensa retórica nacionalista.

"Mis libros sobre las relaciones entre polacos y judíos durante la guerra son el motivo real por el que este régimen populista y nacionalista me está atacando", responde el profesor Gross (Varsovia, 1947) desde Estados Unidos por correo electrónico. "La fiscalía ha iniciado una investigación oficial que puede conducir a mi procesamiento. El Gobierno actual es nacionalista, xenófobo y autoritario y va a imponer su propia agenda con respecto a la enseñanza de la historia polaca". Gross tuvo que abandonar Polonia en 1968, dentro de una persecución de disidentes, de la dictadura comunista, marcadamente antisemita.


El historiador Jan T. Gross, en 2008. Radoslaw Nawrocki ZUMAPRESS.com

Un portavoz de la Presidencia polaca, Marek Magierowski respondió ayer a una pregunta sobre este tema: "El profesor Gross es un personaje muy controvertido. Muchos historiadores polacos de renombre lo llaman 'novelista'. Sus libros están repletos de errores, basados en prejuicios. Gross aborda en sus libros temas muy delicados: matanzas de judíos cometidas por campesinos polacos; antisemitismo polaco después de 1945. Algunos de sus libros y algunas sus declaraciones parecen formar parte de una campaña cuyo objetivo es crear la imagen de una nación ferozmente antisemita. Paradójicamente es la misma que más representantes tiene en la lista de Los Justos entre las Naciones. No es que no haya antisemitas en Polonia. No es que no debamos avergonzarnos de algunos hechos de nuestro pasado. Pero Gross ha cruzado la línea que separa la historiografía de la propaganda".

Una verdad oculta

La publicación de Vecinos provocó un profundo choque en la sociedad polaca y, aunque se han editado más investigaciones sobre el tema e incluso se realizó una película en 2012, El secreto de la aldea, sigue siendo una verdad a la que le cuesta salir a la luz. "El tratamiento de los judíos por parte de los polacos durante la guerra ha sido investigado a fondo desde hace una década. Pero los resultados no han calado en el conocimiento general de la guerra. Los polacos mantienen una profunda ignorancia sobre la mayor tragedia de la II Guerra Mundial, el Holocausto", prosigue Ross.

El gran problema es que Polonia es uno de los países que más sufrió durante aquel conflicto, invadido por la Alemania nazi y por la URSS, totalmente destruido, con cinco millones de muertos —tres de ellos polacos judíos, asesinados en gran parte en los campos de exterminio nazis instalados en la Polonia ocupada—. El Gobierno de Varsovia ha anunciado una ley que penalice la utilización de la expresión "campos de exterminio polacos", porque Polonia no tuvo nada que ver con la organización de estos centros de muerte, de los que sus ciudadanos fueron víctimas.

Cuando se reveló en 2001 lo ocurrido en Jedwabne, un pogromo en el que fueron asesinadas entre 300 y 1.600 personas, el director de Gazeta Wyborcza, Adam Michnik, uno de los más importantes intelectuales polacos, escribió: "Es difícil valorar la dimensión de ese choque. El libro de Gross ha provocado reacciones que pueden ser comparadas con las que motivó el libro de Hannah ArendtEichmann en Jerusalén". El filósofo George Steiner aseguró entonces que "el relato de Gross de las atrocidades durante la guerra ha despertado a una nación que ha escondido sistemáticamente su pasado". En sus investigaciones, Gross también destapó otros pogromos cometidos por ciudadanos polacos.

Narrativa de la guerra

"Es muy difícil para los ciudadanos polacos admitir cualquiera de esas cosas porque durante la guerra la narrativa fue la misma: sólo los nazis cometieron crímenes y los polacos fueron víctimas", ha señalado la periodista Anna Bikont, autora de otro libro sobre Jedwabne, en el que no sólo relata los hechos sino que describe el antisemitismo que persiste en parte de la sociedad polaca y el silencio que sigue planeando sobre la matanza. Su estudio, El crimen y el silencio, fue publicado en polaco en 2005, en francés en 2011 (ganó el Premio del Libro Europeo) y el año pasado en inglés.

En una reseña significativamente titulada "Peor de lo que pensábamos", el escritor británico Julian Barnes aseguró en The New York Review of Books que el trabajo de Bikont "amplia nuestro conocimiento sobre el antisemitismo en Polonia, encabezado por la Iglesia católica y las élites profesionales y el todavía más terrible antisemitismo posterior al conflicto". Según Gross, entre 1.500 y 2.000 judíos fueron asesinados en los años posteriores a la ocupación alemana. "El episodio más trágico fue el pogromo de Kielce, el 4 de julio de 1946, en el que 80 judíos fueron asesinados en un día", explica.

En septiembre 2011, el memorial de Jedwabne dedicado a las víctimas judías apareció marcado con cruces gamadas y con mensajes como: "Eran altamente inflamables". Anna Bikont entrevistó a dos de los perpetradores que fueron condenados. Dice que es lo más duro que ha hecho en su vida profesional: "Fueron completamente cínicos. No mostraron ningún tipo de arrepentimiento".

viernes, 11 de diciembre de 2015

SGM: El horror de ser judío en Alemania Nazi

El crudo relato de una mujer que sobrevivió a la Alemania nazi y se refugió en Argentina

Cuando Clara Mann tenía 9 años, su familia escapó del gobierno de Hitler. "Nos pusieron una J roja en el pasaporte para que todos supieran que éramos judíos", dice. Hoy, a los 88, recuerda el asedio que tuvo en su colegio, la triste despedida de sus amigas y el volver a empezar en un país lejano.

Clarín


 El horror nazi, en primera persona.
Clara con su viejo pasaporte con una J roja: los nazis ponían esa marca para que todos supieran que eran judíos.

Camila Guisado
Tiene nueve años. La alumbra una lámpara a querosén y, sentada sobre una cama de paja, intenta leer el diccionario alemán-español que le dio su papá. Pasaron casi ocho décadas de aquella noche que Clara Mann recuerda con tanta nitidez como si la volviera a vivir. Hoy, a los 88, en vez de un diccionario sostiene en sus manos el pasaporte alemán que una noche le sellaron en la Aduana Argentina, cuando llegó junto a su familia escapando del nazismo.

"Antes de subirnos al tren en Alemania, nos pusieron una 'J' roja en el pasaporte, para que todos supieran que éramos judíos. A los que viajaban nos separaban entre hombres y mujeres, y nos desnudaban para revisar que no nos lleváramos nada. Así nos tenían dos horas", cuenta desde una silla de plástico en los jardines del Hogar Hirsch, de San Miguel, donde hoy vive, pinta, borda, hace natación y narra la historia de su vida.

"Con mi familia vivíamos en un pueblo alemán que quedaba cerca de la frontera con Francia, donde el nazismo se sufría aún más que en las ciudades grandes. Para terminar de comprender lo que pasaba nos juntábamos de noche en la casa de unos amigos judíos a escuchar una radio francesa, la única que contaba la verdad", relata.



Una foto de su infancia.

El horror que se vivía en Alemania sería, poco después, conocido en todo el mundo. "En 1936, ya con tres años de Hitler en el poder, ingresó a mi colegio un profesor nazi. En mi escuela quedábamos sólo tres alumnos judíos. Este profesor formó una juventud hitleriana y les enseñó a odiarnos simplemente por ser judíos. La mayoría de mis compañeros se unió, sólo unos pocos nos fueron fieles, aunque tampoco podíamos hablar o jugar con ellos porque si nos veían juntos los castigaban. No pude aguantar este hostigamiento y dejé de ir al colegio", cuenta la abuela, reviviendo con palabras a esa niña atemorizada que aún lleva bajo su piel.

"Mis papás decidieron volver a mandarme al colegio de mi pueblo, pero las agresiones contra nosotros eran cada vez peores. Una tarde llegué a mi casa con las manos marcadas porque un profesor me había dado diez golpes en cada una con un señalador", detalla y se acaricia las muñecas, como si todavía llevara esas marcas.

"Mi mamá no quiso que dejara de estudiar, yo tampoco, porque me encanta aprender. Pero cuando los insultos y la persecución empezaron a provenir también de los maestros, decidió hablar con el director. La respuesta que recibió fue más que suficiente para sacarnos de ese colegio. El director le dijo que si volvía a quejarse, iba a tirarla por las escaleras", repasa Clara.

Y agrega mientras despliega un caminito de tela que lleva bordadas sus iniciales y 1938, el año en que llegó a la Argentina: "Mi mamá empezó a enseñarme por su cuenta. Me explicaba cómo escribir, leer, bordar y hacer las tareas de la casa para ayudarla. Bordábamos juntas, hay un lienzo que empezamos en Alemania y terminamos aquí".



En el Hogar de San Miguel donde vive.

"Al problema del colegio se sumó que mi papá ya no vendía nada en su negocio porque la gente no quería comprarles a los judíos. Y empezamos a recibir maltratos de nuestros propios vecinos, que una noche vinieron a mi casa a gritarnos canciones nazis. No nos quedó otra opción que huir, primero hacia París, donde nos esperaban familiares de mi mamá y unos amigos", prosigue con una mirada que revive el dolor de dejar su hogar y las pocas amistades que le quedaban.

Confusión y tristeza. Eso sentía Clara mientras se despedía de sus amigas la noche anterior a subirse al tren que los llevaría desde su pueblo, Steinbach am Glan, a París, donde los ayudarían a embarcarse rumbo a la Argentina. "Teníamos que vernos de noche, nadie podía saber que éramos amigas, porque ellas eran cristianas y yo, judía", afirma.

"Después, tuve que despedirme de nuestros amigos y familiares en Francia, todavía tengo la imagen de ellos saludándonos en la costa", expresa con la voz quebrada y el corazón en aquellas despedidas.

Durante el viaje a Buenos Aires, se enteraron de la Noche de los Cristales Rotos. "Cuando los nazis destrozaron negocios de judíos y sinagogas, agradecíamos haber salido a tiempo y salvarnos, al mismo tiempo que sufríamos por nuestros familiares que fallecieron en campos de concentración", dice y aprieta los labios.

Ya en suelo argentino, la familia Mann fue recibida por otros parientes que habían escapado antes que ellos.

"Cuando llegamos era todo tan nuevo para nosotros. Hablaban un idioma que no entendíamos y con mi hermano intentábamos leer un diccionario de diez tomos que había comprado mi papá para poder hablar algo de español", rememora.

"Vivimos en unos terrenos que nos dio la Asociación Judía de Colonización en Entre Ríos, hasta que vine a Buenos Aires a estudiar Enfermería. Luego fui a la Asociación Filantrópica Israelita, que hoy tiene el Hogar Hirsch, para aprender a cuidar chicos y trabajar de niñera, hasta que conocí a mi marido Enrique en una sinagoga. Con él estuve casada 60 años, hasta que falleció", sostiene y sus ojos, que supieron estar empañados al recordar el pasado, ahora brillan al hablar del amor que siente todavía por su esposo.

Decorada con retratos de sus dos hijos, nietos y bisnietos, en su habitación Clara atesora su historia. Sobre la mesa, tiene una agenda donde anota sus actividades. "En el hogar hago talleres de literatura, pintura y aquagym", destaca mientras busca fotos de su infancia alemana. Conoce exactamente el orden en el que guarda aquellas fotografías que permanecen intactas, como sus recuerdos.

Clarín Zonales

jueves, 22 de octubre de 2015

SGM: ¿Un musulmán incitó al exterminio de los judíos?

Netanyahu culpa a un líder islámico de convencer a Hitler del Holocausto

El primer ministro asegura que el gran muftí de Jerusalén ideó el exterminio judío en 1941
Juan Carlos Sanz - El Pais


Hitler recibe al gran mufti de Jerusalén en 1941 en Alemania. / GETTY


Precisamente cuando se disponía este miércoles a viajar a Alemania en visita oficial, las redes sociales empezaron a entrar en combustión en Israel con un mensaje que bordea el negacionismo: Benjamín Netanyahu exculpa a Adolf Hitler de haber ideado el Holocausto. El primer ministro había afirmado la noche del martes en Jerusalén en su discurso ante los asistentes al 27º Congreso Sionista: “Hitler no quería exterminar a los judíos en aquel momento [noviembre de 1941], quería expulsarlos”. Según el jefe del Gobierno, fue el líder palestino de la época, el muftí de Jerusalén Haj Amín al Huseini, el que convenció al dirigente nazi durante un encuentro en Berlín con este argumento: “Si expulsa a los judíos, todos ellos vendrán aquí [a Palestina]”.

—“Entonces, ¿qué debo hacer con ellos?”, le replicó Hitler al muftí, según el relato que Netanyahu hizo ante el Congreso Sionista.

— “Quemarlos”, respondió el dirigente político y religioso palestino.

Los historiadores judíos, la oposición israelí e incluso algún ministro desautorizaron, condenaron o se desligaron, respectivamente, este miércoles de las afirmaciones del primer ministro, hijo del historiador Benzion Netanyahu y aficionado a introducir citas históricas en sus discursos. En una intervención en la Knesset (Parlamento) en 2012, el líder del Likud ya se había referido al muftí al Huseini como “uno de los principales arquitectos" de la solución final.

La tesis de que el dirigente palestino fue quien ideó el plan para exterminar a los judíos en Europa ya había sido planteada por algunos historiadores, según el diario Haaretz como Barry Rubin y Wolfgang G. Schwanitz en su libro Nazis, islamistas y la construcción del moderno Oriente Próximo, que traza una línea histórica desde Al Huseini hasta la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) de Yasir Arafat. Pero estos autores no citan el diálogo que refirió Netanyahu ante los delegados del Congreso Sionista.

El profesor Dan Michan, director del Instituto para la Investigación del Holocausto en la Universidad de Bar Ilan, precisó al diario Yediot Ahoronot que la reunión entre Hitler y Al Huseini se produjo cuando ya se había iniciado el plan de exterminio masivo de los judíos.

Desde el Museo del Holocausto, la historiadora jefa de la institución, Dina Porta, aseguró que las afirmaciones de Netanyahu son “factualmente incorrectas”. “No es verdad que la idea fuera del muftí”. El profesor de historia de la Universidad de Tel Aviv Meir Litvak precisó, por su parte, que la idea de aniquilar a los judíos ya había surgido entre los nazis en 1939.

El líder de la oposición israelí, el laborista Isaac Herzog, advirtió de que las palabras de Netanyahu suponen “una peligrosa distorsión de la historia”, y exigió una inmediata rectificación por parte del primer ministro para evitar la trivialización del Holocausto y el auge del negacionismo. “El hijo de un historiador debería ser más riguroso”, apuntilló Herzog.

Moshe Yaalon, ministro de Defesna y estrecho aliado político de Netanyahu, se apartó de las afirmaciones del primer ministro en unas declaraciones a la Radio del Ejército: “La Historia es muy, muy clara. Hitler lo inició [el Holocausto]".

Para el secretario de la OLP, Saeb Erekat, “Netanyahu parece odiar tanto a los palestinos que está dispuesto a absolver a Hitler de la matanza de seis millones de judíos”. En un comunicado de la principal organización palestina, Erekat recordó que miles de palestinos combatieron en las filas aliadas durante la II Guerra Mundial.

Minutos antes de subir a bordo del avión que le conducía a Berlín, Netanyahu respondió a las críticas: "No quise decir que absolvía a Hitler de su responsabilidad, sino que el fundador de la nación palestina [Al Huseini] quería destruir a los judíos incluso antes de que existiera la ocupación de territorios o los asentamientos". El primer ministro puntualizó en que el Fürher fue "el responsable de la solución final y quien tomó la decisión" de iniciar el Holocausto, pero insistió en el papel de muftí de Jerusalén en la puesta en marcha del exterminio sistemático de judíos en Europa.

lunes, 31 de agosto de 2015

Perón: No era antijudío

Raanan Rein: "Perón no era nazi, catapultó a los judíos a la vida pública argentina"


El historiador y vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv estuvo de paso por argentina para presentar "Los muchachos peronistas judíos", un "intento de derribar el mito de que Perón era nazi". En diálogo exclusivo con Clarín, contó los resultados de su investigación.


Raanan Rein, vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv. (Juan Manuel Foglia)



Derribar mitos es una de las tareas más codiciadas de los historiadores. Ante una afirmación repetida hasta el hartazgo, un documento que pruebe lo contrario suele funcionar como antídoto. Y si de peronismo se trata, hay una lista interminable de ideas que se han implantado en el ideario colectivo que demandan una revisión. Raanan Rein, vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv, visitó Buenos Aires para contarle a los argentinos que hay una idea insostenible: que Perón tenía simpatías con el nazismo y antipatías con el judaísmo. Y ofrece pruebas contundentes.

Los muchachos peronistas judíos (Sudamericana) es una investigación sobre los argentinos judíos y el apoyo al Justicialismo. Para indagar en esta relación entre peronismo y judaísmo, el autor primero repasa las razones por las cuales se erigió este mito de un Perón antisemita: "La neutralidad de la Argentina durante la Segunda Guerra Mundial, la entrada de criminales de guerra como Eichmann al país y ciertos apoyos de extrema derecha durante la campaña de Perón cristalizaron esta imagen", detalla el historiador.

Pero inmediatamente aclara que "todas estas cuestiones pueden explicarse en su contexto histórico", para concluir que las dos primeras presidencias de Perón fueron las que mejores vínculos diplomáticos tuvieron con el Estado de Israel en la historia argentina.


En ningún momento Perón vio una contradicción entre la condición de argentinos y de judíos

 
Rein, profesor y también doctor en Historia en la Universidad de Tel Aviv, estudia al peronismo desde hace muchos años. Con un español fluido aunque acentuado con notas hebraicas, se muestra apasionado por su objeto de estudio, y enmarca esa fijación que tienen varios historiadores de todo el mundo por Perón: "En la historiografía escrita en América Latina fuera del continente son tres los temas que atraen la atención: la revolución mexicana, la revolución cubana y el peronismo". Publicó más de una decena de libros sobre la Argentina, el peronismo y el judaísmo.

Los muchachos peronistas judíos se convertirá, incluso, en un documental que lo mantiene ocupado reuniéndose con diversas instituciones judías en el país. Aquí, en diálogo con Clarín, un adelanto exclusivo de los temas más polémicos que trata el libro que saldrá a la venta en el país el próximo lunes.

- En la introducción del libro enumera una serie de "parentescos amigables" entre el peronismo y la comunidad judía. Pero despues dice que "la dirigencia de las instituciones judías comunitarias, una y otra vez, ha hecho un esfuerzo sistemático por borrar un fenómeno que no le parecía conveniente". ¿Cómo sería esto?

- Efectivamente: la dirigencia comunitaria, una vez que cae Perón, hizo un esfuerzo sistemático por borrar de la memoria colectiva este apoyo por parte de distintos individuos judíos y grupos judíos al primer peronismo. En parte fue un reflejo de la política de las nuevas autoridades nacionales, la Revolución Libertadora, para desperonizar la sociedad. Sin embargo, el éxito logrado por los dirigentes comunitarios judíos ha sido mayor que el éxito de las autoridades nacionales, y de hecho la mayoría de los argentinos judíos (y no sólamente ellos) siguen hoy con la idea de que la comunidad judía -como si se tratara de un todo homogéneo- era en su vasta mayoría hostil al peronismo. Están convencidos de eso. Y yo creo que fue un mito. Es una imagen falsa y distorsionada. Y para desafiar este mito hice un "borrón y cuenta nueva", y volví a las fuentes, que es lo que un historiador tiene que hacer.

- En el libro cuenta que la posición de neutralidad de la Argentina durante la Segunda Guerra Mundial es, en parte, el origen de esta visión del peronismo como antijudío. ¿Cómo se implantó esta idea en la sociedad argentina?

- Sí, este mito tiene que ver con la neutralidad argentina. Pero lo que yo digo es que hay que tener en cuenta que cuatro presidentes distintos, dos civiles y dos militares, estaban apoyando esta política (es decir, no es una política de Perón, sino una política argentina) y que en aquellos años gozaba de un apoyo bastante amplio. Hay otras razones: el hecho de que en su campaña electoral lo apoyaban algunas organizaciones de extrema derecha como la Alianza Libertadora Nacionalista y su alianza con la Iglesia Católica una imagen en distintos círculos judíos acerca de sus posiciones hacia los judíos. Y, por supuesto, la entrada de inmigrantes alemanes, huyendo de Europa después de la Segunda Guerra y, en particular, la entrada de algunos criminales de guerra a este país. En la historiografía, muchas veces te vas a encontrar con una operación controlada por Perón para abrir las puertas a estos criminales nazis. Esta es otra razón que apoya a la ide que el libro deconstruye: a mí me parece linda para una película de Hollywood, pero no para entender la realidad de aquellos años.


Mosaico de identidades: gaucho judío con una Talit, el chal utilizado en los servicios religiosos judíos, tomando mate. (Beth Hatefutsot / Photo Archive. Cortesía de Gustavo Cohen, Argentina)

- Pero fueron muchos los que encontraron refugio en la Argentina. Incluso el "arquitecto" de la solución final, Adolf Eichmann.

- Sí, es cierto. Pero entraron también en otros países. Si uno no adopta una perspectiva comparativa, puede caer en este mito de que la Argentina fue el refugio con "r" mayúscula para todos los criminales de guerra. La mayoría de los que entraron lo hicieron con documentos falsos, a veces lo hicieron por una presión que el Vaticano ejerció sobre el gobierno argentino. Y en algunos casos como Eichmann, no es que una vez que entraron al país se los recibieron con los brazos abiertos y lograron insertarse en la sociedad. sin ninguna duda es una figura especial. Pero si uno mira la política de otros gobiernos argentinos posteriores, esta política de mantener a la soberanía a todo costo y rechazar los pedidos de extradición caracterizó a otros gobiernos también. Y es recién en la segunda mitad de los años 50 que se empieza a saber que había criminales de guerra nazis en el país, cuando empiezan a aparecer notas en medios de comunicación. Lo que sí existió fue un plan para traer al país a científicos y técnicos alemanes. Pero aquí también hay que adoptar una perspectiva comparativa: todo el mundo tenía interés en aprovechar esta oportunidad de captar a gente muy preparada en Alemania, que podía contribuir al desarrollo industrial y científico. Por eso entraron científicos alemanes a Estados Unidos, la Unión Soviética y otros países entre el 47 y el 49.

- Hay una segunda parte de tu argumentación que apunta a otra cuestión que también para vos es un mito: la caracterización de Perón como fascista. ¿Cómo sería eso?

- Hay que tener en cuenta, primero, que por lo menos en los debates políticos acá, la gente usa el término "fascista" con mucho simplismo. El hecho de que Perón tuviera la formación de un militar, ante todo, no apunta al Perón fascista. ¿Por qué? Bueno, el hecho de haber ido a Italia a adquirir experiencia en el alpinismo no significaba que se hubiera hecho un gran estudioso del fascismo o que se juntara con dirigentes fascistas y discutiera con ellos sobre los principios de esta doctrina. Perón era un líder carismático. Mussolini era un líder carismático. Pero eso no significa que hayan tenido similitudes políticas. En Perón uno nota cierto autoritarismo, sí, es cierto. Pero uno no tiene que ser fascista para tener características autoritarias. Cuando uno habla de fascismo, por último, tiene que pensar en la base social del movimiento. Y la base social del fascismo era muy distinta de la base social del justicialismo. Por la idiosincrasia de la sociedad y economía argentina, en particular, y por el uso de la violencia política, tan común en la Italia fascista, no se notaba en aquellos años en la Argentina.

La idea de Perón antisemita aparece antes de su llegada al poder
- "Las elites argentinas no se caracterizaron por su apertura a la comunidad judía", dice en el libro. ¿Por qué?
- Las elites argentinas tenían una actitud muy ambigua y hasta contradictoria respecto de los inmigrantes, especialmente los inmigrantes no católicos y no europeos. Entonces era bastante difícil para los argentinos judíos, los árabes, los japoneses, integrarse en distintos ámbitos de la sociedad argentina. El caso del primer peronismo, lo que vemos es que este énfasis sobre el crisol de razas, según el cual los inmigrantes tenían que dejar de lado todos los rasgos étnicos y todos sus legados, sus idiomas, para convertirse en argentinos. Perón, que rechazó muchas ideas liberales, no puso énfasis en los derechos individuales pero sí en los derechos de grupo. Entonces legitimó los distintos grupos de inmigrantes con su esfuerzo de mantener algún componente identitario étnico a la par de la argentinidad. En ningún momento Perón vio una contradicción entre su condición de argentinos y su identida como árabes, japoneses, judíos. Al contrario, Perón intentó instrumentalizar o aprovechar los lazos de estos grupos de inmigrantes con sus madres patria. Yo argumento en este libro que Perón le abrió las puertas a la argentina multicultural de hoy en día, a diferencia de la extrema derecha. El Perón de los años 40 y 50 no habló en términos de una doble lealtad o una contradicción. Es más, en un discurso dice que un buen judío en Argentina debe apoyar al sionismo y al Estado de Israel.


Israel Zeitlin, conocido por el seudónimo de César Tiempo, escritor y periodista que dirigió el suplemento cultural de La Prensa, una vez que pasó a manos de la CGT (1950). (Wikimedia Commons)

- Entonces, ¿cuándo aparece esta idea de Perón antisemita?

- Antes de la llegada de Perón al poder. Ya durante la campaña electoral de fines del 45 y principios del 46 se estaba cristalizando esta imagen.

- ¿Quién fue Amram Blum y por qué es importante en tu investigación?

- Era un rabino ortodoxo que vino de Jersualém, que vino de la comunidad judeo-siria, y logró, por su brillantez, tener mucho peso y mucha influencia dentro de la colectividad judía. Él se transformó en un consejero de Perón y se transforma en un nexo entre Perón y la colectividad judía. Eso molestaba mucho a los opositores a Perón y contribuyó a crear, incluso, una imagen "judía" para el peronismo. Los carteles de los nacionalistas católicos durante el conflicto entre Perón y la Iglesia a fines del 54 y durante el 55 a veces se referían a la influencia del judaísmo sobre el peronismo. Aquí también radica una razón adicional: una vez que cae Perón, la dirigencia comunitaria judía se distancia de Perón para decir "nosotros no teníamos nada que ver con esta segunda tiranía que acaba de caer".

- ¿Cuál fue la postura de Perón frente a la creación del Estado de Israel?

- La Argentina se abstuvo en la votación de noviembre de 1947. Sin embargo, una vez que se establece el Estado de Israel, Argentina es el primer país latinoamericano en establecer una embajada en Israel. Manda el primer embajador judío en Argentina a Tel Aviv, que es Pablo Manguel -dirigente de la OIA- y cultiva lazos muy estrechos y muy importantes para el país recién establecido. Además, la fundación Eva Perón manda frazadas y medicamentos a los nuevos campamentos de inmigrantes en Israel. Fue una de las mejores décadas de relaciones bilaterales y una de las décadas con menos incidentes antisemitas en toda la historia Argentina.



Envíos de ropa y frazadas de la Fundación Eva Perón para los residentes de los campamentos de inmigrantes en el nuevo Estado de Israel, recibidos en el puerto de Haifa por Yitzhak Navon, su futuro presidente , junio de 1955. (Goverment Press Office, Jerusalén)


- El libro maneja una hipótesis muy fuerte: que el peronismo lanzó a la comunidad judía a la esfera pública argentina ¿En qué basa esto?

- Te puedo contestar primero con un par de ejemplos. Dedico mucha atención a los intelectuales judíos que apoyaban al peronismo y a la figura de César Tiempo, uno de los intelectuales judíos más importantes en este país en el siglo pasado. Cuando acepta él acepta el cargo de director del suplemento cultural del diario La Prensa, expropiado por el gobierno peronista, durante dos o tres años publica allí a más autores judíos que el diario La Nación en 50 años. Es decir, con el peronismo se abren nuevas oportunidades para los judíos en este país, lo cual es otra prueba de que Perón no era nazi, sino que más bien catapultó a los judíos a la vida pública Argentina. No es lo mismo decir esto que insinuar que estaban excluidos en la argentina pre-peronista, pero el acceso que tienen a distintos cargos y entidades estatales, representa no solamente un cambio cuantitativo, sino también cualitativo.


Pablo Manguel, primer embajador argentino en Israel y líder de la OIA, con Juan Perón (Archivo General de la Nación)

- ¿Es un libro incómodo para el peronismo, el judaísmo, para ambos o más bien lo contrario?

- Para algunos peronistas, sin ninguna duda. Para algunos judíos, sin ninguna duda. No puedo generalizar, pero ya recibí algunos comentarios en el sentido de que "no es el momento oportuno para publicar este libro".

- ¿Por qué?

- Porque estamos en medio de una campaña electoral, y unos y otros pueden utilizarlo para sus fines. Yo estoy haciendo mi tarea de historiador. Y tengo suficiente experiencia para saber que una vez que publicás un estudio, ya no es solamente tuyo. Y cada uno lo puede interpretar y usar según sus criterios ideológicos. Lo importante es que la gente interesada lo lea y discuta. Después, cada uno puede sacar sus conclusiones. Pero como historiador, siempre digo que para mejor entender el presente, tenemos que acercarnos al pasado. Entender el papel jugado por distintos judíos en el primer peronismo, desde sus inicios, en algunos casos, nos ayuda a entender también la presencia judía en el peronismo de fines de los 62 y principios de los 70, la presencia judía en el menemismo de los 90 y, por supuesto, la presencia judía en el kirchnerismo. Pero sin entender lo que sucedió en aquel primer peronismo uno pierde la posibilidad de entender cambios y continuidades en la historia.