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sábado, 8 de octubre de 2016

Armada Argentina: La Escuadra de Sarmiento

La Escuadra de Sarmiento 

Se denomina "Escuadra de Sarmiento" a un conjunto de naves de guerra fluviales incorporadas durante la presidencia Domingo Faustino Sarmiento con el objeto de modernizar la Armada Argentina y dotarla de una mínima capacidad operativa frente al poder naval del Imperio del Brasil. 

Antecedentes 
La importancia de la marina del Imperio del Brasil durante la guerra del Paraguay constituyó para la República Argentina una lección y contribuyó a despertar la conciencia naval en algunos de sus principales dirigentes. 

 
Domingo Faustino Sarmiento. 

Domingo Faustino Sarmiento encontró al asumir la presidencia en 1868 una situación internacional compleja y escasas posibilidades de maniobra, limitado principalmente por la falta de un mínimo poder naval. 
Aún en campaña, el ministro de Guerra y Marina de Sarmiento coronel Martín de Gainza comunicaba en su memoria el estado de la armada afirmando "Siento tener que cumplir con el penoso deber de dar cuenta a VVHH que carecemos absolutamente de escuadra. Algunos buques en mal estado y algunos jefes y oficiales, aunque muy dignos, no constituyen una escuadra". 
La guerra del Paraguay terminaba pero comenzaban las tensiones por la demarcación de límites con Brasil, Paraguay y Bolivia. Sin apoyo armado, la diplomacia argentina encabezada por Mariano Adrián Varela Cané encaró una negociación idealista, actuó "evangélicamente" al decir de Estanislao Zeballos, proponiendo una resolución de la cuestión limítrofe en pie de igualdad con el vencido. La "Doctrina Varela", sintetizada en la frase "la victoria no da derechos a las naciones aliadas para declarar por sí, límites suyos los que el tratado señaló" fue rechazada por Brasil, adoptando una posición agresiva, apoyada por un fuerte ejército de ocupación y una poderosa escuadra que incluso ocupaba la isla argentina de Cerrito (o Atajo) en la confluencia de los ríos Paraguay y Paraná. 
Sarmiento, decidido a romper con la diplomacia de su antecesor Bartolomé Mitre en sus relaciones con los países de la región, caracterizada por su actitud probrasileña, su indiferencia hacia los países del Pacífico y su descuido en asegurar el equilibrio militar en la región1 resolvió en agosto de 1870 el reemplazo de Varela por Carlos Tejedor quien con dureza exigió a Brasil el respeto por las cláusulas estipuladas en el tratado de la Triple Alianza. 
Brasil acordó sin embargo con el gobierno de Cirilo Rivarola en sendos protocolos del 15 de diciembre de 1870 y 14 de enero de 1871 la disposición a alcanzar un tratado exclusivo de límites entre Brasil y Paraguay, desentendiéndose del gobierno argentino en clara violación del artículo 6º del tratado de la Triple Alianza del 1º de mayo de 1865. Brasil decidía también en forma unilateral sus fronteras con el Paraguay e incluso los de Argentina, ya que retenía para sí los territorios en disputa y acordaba sin permiso de Buenos Aires que el límite argentino no pasaría del Pilcomayo. 
El 9 de enero de 1872 por el tratado Cotegipe-Lóizaga el Imperio del Brasil se quedaba con la tercera parte del Paraguay y mantenía los ejércitos de ocupación por cinco años. Sarmiento consideraba que el tratado "...dejará al Paraguay provincia brasilera, a la que se agregará por los mismos medios la Banda Oriental, y no tardarían en seguir la de Entre Ríos y Corrientes" y que "en pocos años seremos del Imperio, o tan menguada república que no valga reivindicar ni el nombre".2 
El creciente y grave conflicto provocó que el gobierno brasileño alentara las reivindicaciones territoriales de Bolivia y Chile. Entre 1872 y 1873 el canciller chileno Adolfo Ibáñez y Gutiérrez sostenía con la aquiescencia de Brasil sus pretensiones sobre el territorio patagónico al sur del Río Negro (Argentina) y "del otro lado de Los Andes, especialmente a la altura de Talca y Chillán". 

 
Fotografía del Ministro Manuel Rafael García Aguirre. 

La Escuadra de Sarmiento 
La evidente necesidad de una marina de guerra impulsó al Congreso Argentino a sancionar la Ley Nº498 del 27 de mayo de 1872 (de Armamento Naval) que autorizaba la compra de "tres buques de guerra encorazados del sistema más adelantado y máars adecuado al servicio en aguas de la República". A tal efecto, el presidente Domingo Faustino Sarmiento dispuso el traslado inmediato de su amigo Manuel Rafael García Aguirre (hasta entonces jefe de la legación argentina en Washington) en comisión a Londres a fin de efectuar la compra de los mentados buques y supervisar su construcción. Pese a ser completamente lego en temas navales, García Aguirre encaró la tarea con el mayor celo y se asesoró con dos ex-oficiales confederados de la Guerra de Secesión de los Estados Unidos, los capitanes Thomas Jefferson Page3 y Hunter Davidson. 
Fue tal el empeño de García Aguirre en la tarea, que no dudó en asesorase a su vez con varios oficiales del Almirantazgo Británico, de quienes informa a Sarmiento: 
"Los del departamento de artillería no han podido tratarme mejor (...) Lea las tiras adjuntas sobre acorazados; nada de buques grandes y muy pesados de coraza. Me recomiendan buques pequeños con grandes cañones que sirvan como baterías flotantes y de fácil traslación de un punto a otro."4 
Fruto de la experiencia recogida y gracias al asesoramiento recibido, García Aguirre firmó sendos contratos que culminaron con la adquisición de los Monitores Los Andes y El Plata, cuatro bombardas (Pilcomayo, Bermejo, Constitución y República) de 400 toneladas y dos cañoneras (Paraná y Uruguay) de 600 toneladas.5 
Finalmente, los buques que compusieron la escuadra fueron: 

 
Monitor Los Andes. 

Monitores El Plata y Los Andes, de 56,68 m de eslora, 13,40 de manga, 3,35 de puntal, un calado medio de 3,50 m y 1.677 tn de desplazamiento. Tenían casco de hierro con espolón a proa y un blindaje de 160 mm de acero,6 255 mm en la torreta principal de artillería, que era movida a vapor. 
Portaban dos máquina de vapor (a babor y estribor) de 750 HP cada una, con dos hélices que le permitían mantener una velocidad de crucero de 9,5 nudos. Transportaba 120 tn de carbón. Montaban en la torre 2 cañones Armstrong de avancarga de 200 libras, dos cañones ligeros de 47 mm en barbeta cubierta y 4 cañones de tiro rápido Hotchkiss de 37 mm. Adquiridos por £85.000 libras cada uno en los astilleros Cammell Laird de Birkenhead, Inglaterra, se incorporaron en 1875 al mando de Bartolomé Cordero y Ceferino Ramírez respectivamente. 

 
Cañonera Paraná. 
 
Cañonera ARA Uruguay en 1874. 
 
Cañonera Pilcomayo (o su gemela Bermejo) 

Cañoneras Paraná y Uruguay, de 46,36 m de eslora, 7,63 de manga, 5,40 m de puntal, un calado medio de 3,5 m y un desplazamiento de 550 tn., con velamen (aparejo de corbeta) y una máquina a vapor de 475 HP, la cual movía una hélice que les permitía alcanzar una velocidad crucero de 10 nudos y máxima de 11. Transportaban 90 tn de carbón que les permitían una autonomía de 1500 millas. El casco de hierro estaba totalmente totalmente forrado con madera de teca. Montaban 4 cañones Vavasseur de 7" sobre cureñas de hierro, uno delante de la chimenea, otro detrás y los restantes en cada banda. Adquiridas por £32.000 cada una en los astilleros Cammell Laird, se incorporaron a la escuadra en 1874 al mando de Ceferino Ramírez y Erasmo Obligado respectivamente. 
Bombardas Constitución y República, de clase Rendell modificadas, con 32,33 m de eslora, 9.19 de manga, 4,50 de puntal, 3,20 de calado medio y un desplazamiento de 416 tn. 
Buques mixtos, con casco de hierro, tenían aparejo de un solo palo y utilizaban una máquina de vapor de 400 HP que impulsaba dos hélices gemelas alcanzando una velocidad de crucero de 9 nudos. Transportaban 45 tn de carbón. Montaban un cañón Armstrong de avancarga de 240 mm, en cureña fija sobre la proa con lo que sólo podía disparar en línea de quilla y debía apuntarse con golpes de timón. Llevaban dos cañones ligeros de 80 mm sobre cubierta, uno a cada banda. Adquiridas por £13.678 cada una en los astilleros Cammell Laird, se incorporaron a la escuadra en 1876 al mando de Juan Cabassa y Daniel de Solier respectivamente. 
Bombardas Pilcomayo y Bermejo, similares a las anteriores, con pequeñas diferencias (un calado menor, transportaban 62 tn de carbón que le aseguraban una autonomía mayor, modificaciones en cubierta) se incorporaron en 1875 al mando de Jorge Hobson Lowry y Francisco de la Cruz, respectivamente. Ambas fueron construídas en los astilleros Rennie&Co, Greenwich, Inglaterra (subcontratado por Cammell Laird). 
Vapor Taller y Depósito de torpedos y minas Fulminante, con 55 m de eslora, 9 de manga, 5 de puntal, un calado medio de 2,28 y un desplazamiento de 620 tn. Buque mixto, llevaba aparejo de goleta de dos palos y una máquina de vapor de tipo Compound con una hélice con la que alcanzaba una velocidad de 10 nudos. Llevaba 80 tn de carbón como combustible. Se incorporó en 1875 permaneciendo estacionario al mando de Hunter Davidson. Se incorporó también una flotilla de 4 lanchas torpederas, 2 de ellas asignadas al Fulminante, las primeras de la Armada Argentina. Los torpedos eran de bronce cargados con 65 libras de dinamita. Se los llamaba "de botalón" porque para su uso eran colocados en la punta de un botalón de hierro de 8 metros de largo. 
Vapores Avisos Resguardo y Vigilante, de 30 m de eslora, 5,5 de manga, 3,0 de puntal, un calado medio de 1,20 m y 100 tn de desplazamiento, llevaban dos máquinas de vapor de 92 HP que impulsaban dos hélices alcanzando una velocidad de 7 nudos. Transportaba 16 tn de carbón que le daban una autonomía de 6 días. Buque mixto, estaba aparejado como pailebote de 2 palos. Su casco era de hierro y llevaba un fuerte cintón de madera como defensa. Montaba un cañón Armstrong de 6 pulgadas. Adquiridos por £ 5.000 a Cammell Laird, se incorporaron a la Capitanía de Puertos al mando del piloto Cándido Chaneton y del práctico Juan Rubaclo, respectivamente. 

 
Vapor de transporte armado Pampa. 

Vapor de transporte armado Pampa, (ex Parminghan), adquirido en 1870 a Miguel Soler & Cía en $f 50.000. 
Con una eslora de 69,44 m, 7,44 de manga, 3,41 de puntal, un calado medio de 2.00 m y 409 tn de desplazamiento, tenía casco de acero dulce, arboladura de pailebote de dos palos, una máquina de vapor de 260 HP con 2 cilindros, y 4 calderas, que impulsaba ruedas laterales alcanzando una velocidad máxima de 13 nudos y 8 de crucero. Estaba armado inicialmente con 2 cañones Krupp de 75 mm. 
Algunas naves menores: vapor Sirena, remolcador Puerto de Buenos Aires, transporte Santa Fe, ballenera Guarda Costa, lancha Talita y Pontón Vanguardia 

Medidas complementarias 
Por otra parte, pese a las protestas de Brasil, Sarmiento dispuso artillar fuertemente la Isla Martín García con cañones costeros pesados Rodman que, si bien eran ya anticuados (de avancarga y ánima lisa), por su elevado calibre (381 mm, 500 libras) eran capaces de dañar el blindaje de los monitores imperiales y cubrir los canales de acceso a los ríos interiores. 
A los efectos de establecer bases logísticas y talleres para los buques que se compraban, en octubre de 1873 obtuvo del Congreso los fondos para la construcción de un arsenal y depósito de marina en Zárate, que creó en diciembre de ese año. 
Finalmente, Sarmiento creó la Escuela Naval el 5 de octubre de 1872, que operó en sus comienzos a bordo del vapor General Brown a cargo del sargento mayor Clodomiro Urtubey, y que en una primera etapa se mantuvo hasta su disolución en 1877 a consecuencia de la "sublevación de los capotes", siendo reorganizada poco después en la corbeta Uruguay a cargo de Martín Guerrico. 



Consecuencias 
Todas estas medidas contribuyeron a que el estuario dejara de ser recorrido por escuadras extranjeras en permanente actitud de presión y facilitaron probablemente la resolución de la cuestión de límites en 1875. 
Sin embargo aunque las unidades adquiridas representaban lo mejor que la tecnología mixta de la época (vela y vapor) podía brindar y aún cuando operaron tanto en los ríos argentinos como en alta mar, incluso en aguas de la Antártida, eras en todos los casos buques fluviales. 
Por otra parte, la incorporación de los buques principales, los monitores, provocaron de inmediato que Brasil adquiriera dos monitores más a su escuadra, el Javary y el Solimões de 3700 tn, 4 cañones de 250 mm y 2 de 37, incorporados en 1875, mientras que Chile sumaba el Cochrane y el Blanco Encalada, de 4500 tn, 13 nudos y 4 cañones de 9 pulgadas, que pronto serían decisivos en la guerra con Perú y Bolivia. Así, la mejora en la relación de fuerzas en poco tiempo se vio nuevamente desnivelada lo que sería puesto de manifiesto en 1878 en ocasión de la Expedición Py. 

Referencias 
1. Gustavo Ferrari, La Argentina y sus vecinos, en La Argentina del Ochenta al centenario, Buenos Aires, Sudamericana, 1980, página 671. 
2. Manuel Gálvez, Vida de Sarmiento. 
3. (1808-1902) Estuvo vinculado al país desde antes de su participación en la Guerra de Secesión por sus viajes de exploración a los ríos Bermejo y Salado. Colaboró activamente en el diseño y la construcción de los monitores Los Andes y El Plata 
4. Ratto, Héctor: "Las primeras comisiones navales en el extranjero", Boletín del Centro Naval, Tomo 58, año página 19. 
5. en cuya construcción asesoró nuevamente al ministro el capitán Page 
6. A la altura del cintón, banda que rodea el casco del barco para protegerlo. 

Bibliografía 
  • Teodoro Caillet-Bois, Historia Naval Argentina, 1944, Imprenta López, Buenos Aires 
  • Arguindeguy, Pablo E. CL, y Rodríguez, Horacio CL; "Buques de la Armada Argentina 1852-1899 sus comandos y operaciones", Buenos Aires, Instituto Nacional Browniano, 1999. 
  • Héctor Raúl Ratto, José Craviotto, Humberto F. Burzio, Sarmiento y la marina de guerra, Secretaria de Estado de Marina, 1963 
  • Carlos López Urrutia, Historia de la Marina de Chile, Andres Bello, 1969. 
  • Departamento de Estudios Históricos Navales, Historia marítima argentina, Cuántica Editora, 1982.
Enlaces externos 

Wikipedia

viernes, 22 de julio de 2016

Argentina: Sarmientos y los indios

Sarmiento, defensor de indígenas
Luciana Sabina - docente
Los Andes


Sarmiento creía que los aborígenes debían y podían ser incorporados a la sociedad a través de un proceso de civilización. Para comprender esta cara de su pensamiento son fundamentales los estudios realizados por Adriana Susana Eberle durante los noventa.

Durante la Conquista del Desierto Domingo Faustino llevó a cabo una campaña denunciando tratos otorgados a los aborígenes. Consideraba necesario separar a los miembros de las tribus y reubicarlos en zonas civilizadas, así irían contagiándose de "buenas costumbres".

Su plan consistía en enviar al campo a los hombres de cada grupo tribal, mientras que mujeres y niños terminarían en la ciudad, en casas de familias. Los pequeños mayores de diez años debían ser separados de sus madres porque estas les transmitían su ignorancia. Hay que entender que desde la perspectiva de la época y la cosmovisión sarmientista, la lucha contra la "barbarie" justificaba que los niños se criasen lejos de su familia.

Más que militarizar la frontera, para el sanjuanino se debía poblar el territorio. Así una parte de familias aborígenes estarían situadas allí, en terrenos delimitados con escuelas, gobierno, culto (no solamente la católica, se admitirían otras religiones) y la ayuda que necesitaran para subsistir. Estos no vivirían solos, se sumarían a los inmigrantes como potenciales pobladores del territorio.

Esta claro que Sarmiento no respetaba culturalmente a los indígenas, pero fue un gran defensor del derecho de estos a la vida, muy por el contrario a lo que se expresa generalmente.  Dentro de sus Obras completas el volumen XLI contiene más de veinte trabajos referidos al tema. En uno de ellos, escrito para El Nacional en 1879 y titulado "Expedición a Araucania", leemos esta crítica al gobierno de Avellaneda y su accionar para acabar con el "problema del indio":

"Es peor política e inicua además, la que tiene por empresa el exterminio de los indios sin pretexto de la propia defensa. Son al fin seres humanos, y no hay derecho para negarles la existencia. No lo ha hecho nación ninguna hasta ahora con los salvajes (…). Los Estados Unidos dan territorios en propiedad a las tribus que expulsan de sus fronteras, a fin de asegurarles la existencia (...) esta persecución á outrance es además de impolítica y absurda, una flagrante violación de la Constitución, que dando al Congreso facultad para proveer de soldados y dinero a la seguridad de la frontera, lo hace en una sola oración conjuntamente con conservar el trato pacífico con los indios, y promover la conversión de ellos al catolicismo. (…) es puramente un acto salvaje, en violación a lo dispuesto por la Constitución, y el Derecho de Gentes en lo que no autoriza el desalojo total de las razas primitivas. No ha de escasear ni de hacerse esperar mucho tiempo el escarmiento, sino el castigo de política tan injustificada y arbitraria, pues el Presidente no puede disponer del ejército para fines opuestos a la Constitución (...) (…) es quimera ir a perseguirlos en sus últimas guaridas, porque no hay derecho, y porque es una crueldad desautorizada por la historia y peligrosa" .

Como vemos, el padre del aula hizo hincapié en que los habitantes indígenas eran argentinos amparados por la Constitución Nacional vigente, que establecía como atribución del Congreso: "Proveer a la seguridad de las fronteras; conservar el trato pacífico con los indios, y promover la conversión de ellos al catolicismo" (artículo 67, inciso 15). Avellaneda y Roca no podían usar el ejército para fines opuestos a la Constitución.

Y aunque estos tuvieron sus motivos y debemos entenderlos en el contexto (se trataba de una verdadera guerra), Sarmiento se opuso a la Conquista del Desierto y denunció sus abusos, por más de que muchos historiadores prefieran decir lo contrario.

martes, 1 de diciembre de 2015

Argentina: Sarmiento y los emigrados

Refutación al periodista emigrado



Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888)

La importancia que Juan Manuel de Rosas daba a la prédica de Sarmiento resulta del hecho de que mandó a editar en Mendoza una revista La Ilustración Argentina casi exclusivamente dedicada a combatirlo. Esta campaña empezó aproximadamente a mediados de 1849. El 1º de junio de ese año, el nuevo periódico argentino dedica un artículo a la cuestión de Magallanes. Señala el avieso propósito del periodista emigrado, de envenenar un debate que los gobiernos chileno y argentino se empeñaban en llevar con amistosa calma. Luego censura su absurda tesis acerca de que la propiedad de un territorio correspondería a aquel de entre los dos litigantes, al que resultara más ventajosa su ocupación En el debate sobre el fondo del asunto, La Ilustración aporta pruebas sobre la ininterrumpida ocupación argentina en Magallanes, desde 1519 hasta los días en que el artículo se escribió. Rechaza el cargo de ambición que Sarmiento dirige contra su patria, haciendo una historia de la nobleza argentina en toda su acción continental, y acaba citando la carta de Rosas a Oribe, del 12 de enero de 1842 (1).

Dos meses más tarde el redactor de La Ilustración (que según unánime consenso de los historiógrafos era Bernardo de Irigoyen) desmenuza a Sarmiento. Recuerda su renuncia a la ciudadanía argentina; el odio que cometió en Chile por su impiedad y su traición a la causa de América. Sobre los imprudentes paralelos con personalidades americanas o europeas, el redactor intenta otro de su cosecha, entre Sarmiento y algunas de aquéllas. Así describe:

“Hoy incurre nuevamente en la pretensión de equipararse con los Ss. Montt, Tocornal y demás (chilenos). Estos Americanos no han conspirado en efecto contra el orden legal de su patria; ellos pueden haber hecho distintas exposiciones de principios; pueden haber sostenido, pacíficamente, en la órbita que permite la ley, la conveniencia de una idea administrativa, de un pensamiento político; pero nunca han atentado contra las instituciones y la libertad de Chile, como Sarmiento y los salvajes unitarios en la Confederación; nunca han votado como éstos, el exterminio y la desolación de su país. Con ellos no debe compararse Sarmiento, porque son grandes las diferencias que los dividen.

Tampoco puede igualarse Sarmiento a Mr. Lamartine: inmensa es la desigualdad de figuras, de principios y se sentimientos. Mientras el desacordado Sarmiento, siendo argentino, ha combatido la causa de la República, el Sr. Lamartine, francés, la ha defendido con una rectitud digna de su elevación, rechazando las reiteradas instancias del intruso Gobierno de Montevideo para que apoyara en la Cámara las pretensiones de su autoridad anómala. Mientras Sarmiento ha querido justificar en sus torpes publicaciones, la guerra que los salvajes unitarios asociados a la Francia hicieron a la Confederación en 1840, el Sr. Lamartine la ha rechazado en la tribuna francesa, llamándola guerra de exterminio, y reprobando que el pabellón tricolor hubiera descendido a cobijarla. Mientras Sarmiento cree justo el asociarse a los extranjeros para hostilizar la independencia de su patria, el Sr. Lamartine rechaza esas infames alianzas, y considera que “Dumouriez falleció en el destierro temeroso de que hasta la tierra le diese en rostro con su traición”. Con hombre de tan nobles sentimientos no puede compararse el turbulento emigrado. Es igualmente absurda la pretensión de igualarse a Guizot: prescindiendo de la altura del uno y la nimiedad del otro, hay por supuesto disidencia de ideas. Mr. Guizot recuerda con entusiasmo las guerras nacionales del siglo XV y la época en que luchaba la Francia por la independencia del territorio y del nombre francés, contra una dominación extranjera; y Sarmiento mira con horror y como prueba de nuestra barbarie, el que luchemos por la independencia del territorio y del nombre argentino. Mr. Guizot considera, que la unión que ligó a los franceses para vencer al extranjero, concurrió poderosamente a formar la nación francesa; pero Sarmiento reputa nuestra unión para resistir al extranjero como un signo de infame servidumbre; y mira en esa unidad y acción que prevalece entre nosotros, y que formó a la nación francesa, el disolvente de la Confederación. Muy diferentes son pues las ideas de Guizot y Sarmiento”.

Luego rebate las afirmaciones del emigrado sobre el problema del indio. Aquel había dicho que Río IV quedaba suprimida del mapa. “Difícilmente”, dice el redactor de La Ilustración, “puede darse una intervención más insolente”. Respetables residentes chilenos pudieron apreciar este año las “sencillas comodidades” que se pueden disfrutar para un descanso en Río IV:

“Cuando el general Rosas subió al gobierno –agrega- las fronteras de Buenos Aires estaban en el Río Salado, y hoy se hallan en la altura de Bahía Blanca, es decir como 180 leguas más avanzadas al sur. Cuando el general Rosas entró a presidir la República, las fronteras de la provincia de San Luis estaban en la misma capital, y bajo el gobierno de los ilustrados unitarios fue que emigró su población en masa. Entretanto hoy se hallan las fronteras en el Río V. En aquella época la frontera de Mendoza estaba en San Carlos y hoy se halla en San Rafael, 40 leguas adelante. Esta sencilla manifestación demuestra que las fronteras, lejos de haber retrocedido, como afirma el periodista emigrado, han avanzado, ganando campos inmensos a la civilización”.

A renglón seguido enumera las “fortalezas militares” establecidas “con progreso del país bajo el sistema federal y en la administración del general Rosas”. Si los bárbaros lograron dar algunas sorpresas, pese al poder militar de la nación, se debe a la insignificancia misma de los indios, que reducidos a ínfimo número y acuciados por el hambre “se lanzan en cortas partidas sobre los caminos” contra pasajeros indefensos. Inconveniente que la nación debe a los unitarios, aliados de Baigorria, jefe de los depredadores, perteneciente al “bando civilizador de Sarmiento”, cuyas fechorías de 1840 y 1841 reseña en apretada síntesis. El gobierno espera dar solución al problema de la intervención para “contraerse a dictar las órdenes para someterlos” a los depredadores.

“La protección que el general Rosas ha prestado a la población –sigue diciendo el redactor de La Ilustración- a la industria, a la agricultura nacional, es un hecho evidente. El ha fundado poblaciones remotas, asegurando tierras feraces y dilatadas en que anteriormente dominaban los bárbaros, y que hoy son una fuente de riqueza permanente y de prosperidad. Las empresas agrícolas y los establecimientos rurales que en el año 30 no pasaban del Río Salado, hoy llegan hasta Bahía Blanca. Importantísimas estancias cubren esas inmensas y fértiles campañas, que bajo el gobierno de los salvajes unitarios, se hallaban esterilizadas y entregadas únicamente al pillaje de los indios. El general Rosas ha dirigido siempre sus esfuerzos a extender las poblaciones, y dar expansión a la agricultura. En la administración de Rodríguez (1822) evitó las fatales consecuencias de una desacertada expedición, que intentó el gobierno sobre los indios. En la administración de Las Heras pacificó numerosas tribus de Pampas y en la de Rivadavia contuvo a los indios con su habilidad y poder. En el gobierno del ilustre coronel Dorrego, adelantó una línea de fronteras. En su primera administración de 1830, los indios fueron siempre escarmentados y perseguidos; y al terminar aquel período administrativo, descendió republicanamente del gobierno, para emprender bajo la administración de Balcarce esa gloriosa expedición al desierto que tan inmensos bienes ha dado a la nación. En ella fueron rechazados los indios hasta lo más austral de la Patagonia, destruidas numerosas tribus, asegurados los desiertos y costas del Sud, hasta una latitud de 41 grados, y allanados nuevos senderos a la civilización. Sobre las márgenes del Colorado se fundaron fortalezas; como 3.000 cautivos chilenos y argentinos fueron rescatados por el general Rosas; y la provincia de Buenos Aires adquirió más de 6.000 leguas de campos que tenían perdidos, y que hoy son un emporio de riqueza y población”.

Luego enumera lo hecho por Rosas a favor de las provincias del interior, los auxilios que le presta, la organización que dio al país con la liga litoral, base de la actual Confederación Argentina, y la protección dispensada “a las producciones e industria de los pueblos del interior” de que no gozaron en las anteriores administraciones, por el decreto del 18 de diciembre de 1835, o sea la ley de aduana para 1836.

“Sarmiento ataca –prosigue La Ilustración- como nuevos impuestos los derechos de tránsito que cobran algunas de las provincias interiores de la República, y atribuye esa imposición al sistema de gobierno en que se halla constituida la nación. Este es un nuevo rasgo de abominable deslealtad. Las tarifas de tránsito no han nacido con el gobierno federal: eran muy anteriores a su aclamación…. Sarmiento comete, pues, una porque él sabe perfectamente que la existencia de tales impuestos es muy anterior a la data del orden actual.

En seguida refuta el aserto del emigrado, al decir que San Luis rebajó los derechos de tránsito por reclamo de los gobiernos de San Juan y Mendoza. No hubo tal cosa. Luego cita un pasaje del mensaje de 1848, que encara el problema y declara el propósito de resolverlo “cuando el gobierno se encuentre desembarazado de sus atenciones vitales, y le sea posible” proponer a los gobiernos provinciales interesados “un plan para afianzar la seguridad en el tránsito, por el camino enunciado de la frontera”. Y otro de la respuesta de la legislatura bonaerense a dicho mensaje, en que se lee lo siguiente:

“Convienen con V. E. los Representantes en que los derechos que se cobran por los gobiernos del tránsito desde Buenos Aires a Mendoza sobre los ganados y cargas, no están en proporción con la inseguridad del camino. Piensan como V. E. que si esos derechos se disminuyesen producirían al erario de aquellas provincias una entrada mayor que la que hoy le proporcionan, porque la disminución de los impuestos atraería la afluencia de los ganados y cargas. Es notorio que en la actualidad se retraen los traficantes, no sólo por el recelo en el camino, sino muy principalmente en razón de que el pago de aquellos derechos en el todo hasta Mendoza y San Juan, y hasta Salta y Jujuy, y gastos de camino, exceden de un modo considerable el valor del ganado en la provincia de Buenos Aires. Este punto es nacional, y desde que V. E. se ha fijado en él, ya puede abrigarse la esperanza de que el mal será remediado con provecho, y complacencia de los gobiernos a quienes inmediatamente interesa el arreglo, y con beneficio y aplauso del comercio interior”.

A la afirmación de Sarmiento, en el sentido de que la Gaceta no tendrá más artículos del Progreso para citar, porque este periódico cambió de redacción, le contesta que la mayoría de la opinión chilena, según lo manifiestan sus diarios, apoya la resistencia argentina a la intromisión europea; y cita una carta del general Pinto a Baldomero García, donde así lo expresa. Por último refuta el absurdo sarmientino, acusando a Rosas de haber provocado las guerras permanentes en que se vio envuelto durante tantos años. La breve reseña de la cuestión del Plata, hecha en dos páginas, es lo menos bueno de este artículo de La Ilustración Argentina de Mendoza.

Decía Lafontaine: “El hombre es de hielo para la verdad, de fuego para las mentiras”. Las palabras de libertad embriagaban a la burguesía culta del siglo XIX, comprendiéndolas exclusivamente en lo que se refería al orden interno. La independencia nacional le parecía de poca monta en comparación, y descuidaba la relación entre una y otra, para después que se hubiera logrado alcanzar la primera con ayuda ajena.

El siglo posterior a Caseros les había de mostrar a los argentinos que la independencia nacional es base indispensable de la libertad individual en todo su alcance. Y que si ésta no resulta de una evolución interna, ninguna ayuda extranjera nos la dará sino a un precio infinitamente superior al que cuesta soportar el despotismo hasta el logro de la soberanía plena; problema mucho más difícil de resolver, en el espacio y en el tiempo, que el de la libertad individual.

El caso argentino está lejos de ser único en la historia mundial. En estos mismos días, Francia se extraviaba como la Argentina, hacia la senda equivocada, para ir al encuentro de los peores desastres de su historia. Con menos tradición ¿qué tiene de extraño que erráramos?

Referencia


(1) La Ilustración Argentina del 1º de junio de 1849; reproducido en Archivo Americano, 2º serie, Nº 16, ps. 137-145.

Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Irazusta, Julio – Vida política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia – Jorge E. Llopis Editor, Buenos Aires (1975).
Portal www.revisionistas.com.ar

Revisionistas

viernes, 24 de julio de 2015

Historia argentina: Educando una generación de idiotas

"Sarmiento buitre, Rivadavia ladrón"
Sergio Bufano - Infobae




Recientemente, mi amiga S. le preguntó a su nieta de once años cómo andaba en la escuela. La muchachita le relató que tenía buenas notas y que le gustaba estudiar. Entusiasmada, la abuela orgullosa recorrió con ella las distintas materias que enseñaban en su escuela y finalmente la conversación derivó hacia Historia Argentina. En ese momento, la niña afirmó con absoluta convicción que "Sarmiento viajó a Estados Unidos para transar con los fondos buitres".

Como es de esperar, la abuela quedó atónita. Necesitó unos minutos para reponerse de su asombro y preguntó entonces quién le había contado eso. "La maestra", respondió la niña. Cautelosa, con su mejor tono didáctico, intentó contarle que Sarmiento viajó a Estados Unidos y trajo a varias maestras a la Argentina, con la intención de promover la educación. Además, dijo observando cuidadosamente la reacción de su nieta, en aquel entonces los fondos buitres no existían.

Mi amiga me cuenta que la muchacha la miró piadosamente; y en sus ojos adivinó su pensamiento: "estos viejos no saben nada de Historia". Cómo podía ser que esta anciana se atreviera a contradecir la palabra pronunciada por una maestra de la escuela pública. Entre las dos versiones, la nena ya había elegido la voz oficial. La voz sustentada por el Estado, y por lo tanto, la única verdadera.

La conversación languidecía por el desconcierto de la abuela, perpleja y sin respuestas, cuando para confirmar que Sarmiento era un personaje deleznable, su nieta agregó que "a él no le gustaban los niños. No los quería".

Tengo absoluta confianza en mi amiga S. pero confieso que hubiera dudado de esta historia si no fuera porque un par de años atrás visité el Museo del Bicentenario ubicado a espaldas de la Casa Rosada. Allí encontré el escritorio de Sarmiento, un hermoso mueble tallado en madera. Junto a él, un cartel explicaba que el prócer había importado ese escritorio desde Estados Unidos "confirmando sus preferencias por productos extranjeros y desdeñando a los artesanos argentinos".

Sin saber a quién dirigirme para protestar, desalentado y escéptico, preferí refugiarme en el silencio y caminé hasta el bar más cercano para tomar un café. Y una ginebra. Dicen que el alcohol ahoga las decepciones. Pero es probable que alguien más valiente que yo haya elevado su indignación ya que, afortunadamente, ese cartel fue modificado por otro más "objetivo".

La anécdota de mi amiga con su nieta trajo a mi memoria una carta de lectores publicada en Clarín en junio de 2014 y firmada por Camila Perochena en donde explicaba que el guía de dicho museo afirmó ante un grupo de niños: "Esta no es la silla original de Rivadavia, porque él se robó todo y se llevó la silla a su casa". Refiriéndose a la generación del 80, ese guía afirmó que en esa época los argentinos no tenían "derechos, ni obra social, ni asignación universal por hijo". La autora de esa denuncia, también más valiente que yo, concluía irónicamente que tampoco tenían computadoras ni Fútbol para Todos.

Recordé entonces a los Pioneros Vladimir Lenin, organización creada en 1922 en la Unión Soviética. Los niños llevaban un pañuelo rojo en el cuello y recibían una implacable propaganda que se introducía en sus inocentes cabecitas. A veces confusas porque el hasta ayer glorioso jefe del Ejército Rojo, León Trotzky, se convertía en un miserable traidor. Y el adorado Lunacharsky desaparecía de fotografías a pesar de que todavía no se conocía el Photoshop.

¿Qué le están enseñando a los chicos en las escuelas argentinas? Si Sarmiento era un socio de los buitres norteamericanos, Rivadavia un ladrón y Rosas el adalid de las libertades y de la educación, vamos a tener un problema en los próximos años porque los adultos del futuro serán unos reverendos idiotas.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Argentina: Arribo de los restos de Sarmiento



21 de septiembre de 1888.
Arriban los restos de Sarmiento

Llegaron a Buenos Aires los restos mortales de quien fuera Domingo Faustino Sarmiento, que había el 11 del mismo mes en la ciudad de Asunción, República del Paraguay.
Las banderas de cuatro naciones hermanas, Repúblicas de Argentina, Chile, Oriental del Uruguay y Paraguay cubrían el féretro.
Una multitud compacta y conmovida rindió sentido homenaje.

 

lunes, 26 de mayo de 2014

El ministro de defensa uruguayo un grandísimo hijo de puta


El insulto a Sarmiento
Por Rolando Hanglin |  Para LA NACION

El ministro de Defensa uruguayo, don Eleuterio Fernández Huidobro, ha dicho que Domingo Faustino Sarmiento fue un "grandísimo hijo de puta". Entre otras cosas, porque Sarmiento recomendó en una carta al General Mitre "que no economizara sangre de gauchos, que sólo sirve para abonar la tierra." No creemos que el señor Fernández Huidobro condenara al sanjuanino por horror a la violencia, ya que fue cofundador del MLN-Tupamaros en 1960, cuando muchas falanges juveniles en todo el mundo proclamaban aquello de que la violencia es partera de la historia. Tampoco pretendemos defender la figura de Sarmiento de una "agresión extranjera" ya que ningún uruguayo será nunca extranjero. Nuestras dos naciones son un mismo país circunstancialmente partido en dos, aunque la circunstancia dure siglos. Compartimos figuras históricas como Artigas, Alvear, Liniers, y el señor Fernández Huidobro opina -ni más ni menos- lo mismo que otros argentinos.

Sarmiento fue sobre todo un periodista polémico, y dijo en su vida muchas cosas. Insultó y fue insultado.

Tampoco pretendemos defender la figura de Sarmiento de una agresión extranjera ya que ningún uruguayo será nunca extranjero
Nacido en 1811 (en San Juan) fallecido en 1888 (en Paraguay) Domingo Faustino Sarmiento fue uno de los personajes más discutidos de la historia argentina. Algunos lo declaran "padre del aula", otros lo proclaman autor exclusivo de la Ley 1420 de educación obligatoria, gratuita y laica (que, en realidad, fue promulgada por el presidente Julio Roca), otros lo consideran un escritor genial por el "Facundo" y están quienes lo bautizaron, sencillamente, "el loco Sarmiento", por sus opiniones apasionadas, siempre políticamente incorrectas.

Dijo, por ejemplo, sobre los estancieros argentinos: "Nuestros hacendados no entienden ni jota de este asunto, y prefieren hacerse un palacio en la Avenida Alvear antes que meterse en negocios que los llenarían de preocupaciones. Quieren que el gobierno, quieren que nosotros, que no tenemos una sola vaca, contribuyamos a duplicarles o triplicarles su fortuna a los Anchorena, a los Unzué, a los Pereyra, a los Luro, a los Duggan, a los Cano, a los Leloir y a todos los millonarios que pasan su vida mirando cómo paren las vacas. En este estado está la cuestión, y como las cámaras (del Congreso) están también formadas por ganaderos, veremos mañana la canción de siempre, el payar de la guitarra a la sombra del ombú de la Pampa y a la puerta del rancho de paja".

Dijo del General Julio A. Roca, al regreso de la Campaña al Desierto de 1879: "¡Roca ha descubierto que en la Patagonia no hay indios!".

Dijo de los judíos: "El pueblo judío, esparcido por toda la tierra, acumulando millones, rechazando la patria en que nace y muere. Ahora mismo, en la bárbara Rusia, como en la ilustrada Prusia, se levanta el grito de repulsión contra este pueblo que se cree escogido y carece del sentimiento humano, de amor al prójimo, de amor a la tierra, del culto del heroísmo, de la virtud, de los grandes hechos, donde quiera que se produzcan. ¡Fuera esa raza semítica! ¿O es que no tenemos derecho, como los alemanes y los polacos, a hacer salir a estos gitanos bohemios que han hecho del mundo su patria?". (Enero de 1888, Diario El Nacional de Buenos Aires)

Dijo de nuestros paisanos, los indios: "Quisiéramos apartar de toda cuestión social americana a los salvajes, por quienes sentimos, sin poderlo remediar, una invencible repugnancia".

Sobre los gauchos, en una carta a Mitre (textual): "...no trate de economizar sangre de gauchos. Éste es un abono necesario, útil al país. La sangre es lo único que esos salvajes tienen de humanos".

Sobre Ángel Vicente Peñaloza, el mítico "Chacho", lugarteniente de Facundo Quiroga, último caudillo federal: "No sé qué pensaran de la ejecución del Chacho; yo, inspirado en los hombres pacíficos y honrados, he aplaudido la medida, precisamente, por su forma. Sin cortarle la cabeza a este inveterado pícaro, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses".

Cabe recordar que Peñaloza, vencido en los llanos riojanos, durante una de tantas contiendas civiles, se rindió al comandante Vera, pero fue acribillado, decapitado, y su cabeza, clavada en una pica, exhibida en la plaza de Olta.

Estando en Francia, en 1846, tuvo un raro privilegio: conocer personalmente al general San Martín en su casa de Grand Bourg. Mantuvo una larga entrevista con el Libertador. Sin duda le habló pestes de Rosas, pero, por lo visto, no lo convenció. San Martín permaneció inalterablemente leal a Rosas, cuyo carácter admiraba.

Durante la presidencia de Roca, ejerció el cargo de Superintendente General de Escuelas del Consejo Nacional de Educación. Cuando Sarmiento se consagró a la educación popular, se verificaba en el país un alto índice de analfabetismo. En el campo había muy pocas escuelas. Sarmiento predicaba así: "Para que haya paz en la República Argentina, para que los montoneros no se levanten, para que no haya vagos, es necesario educar al pueblo en la verdadera democracia, enseñarles a todos lo mismo, para que todos sean iguales...para eso necesitamos que toda la república sea una escuela."

La idea de la educación como causa superior del progreso de los países es modernísima: hoy está consagrada por el mundo entero
Recién en 1884 se logró la sanción de su viejo proyecto de ley de educación gratuita, laica y obligatoria, que llevó el número 1420. Según Mario Vargas Llosa, es por este triunfo de Roca y Sarmiento que la Argentina resolvió el problema del analfabetismo antes que Europa y los Estados Unidos. Sarmiento fue un destacado masón: pidió licencia en la Logia Unión del Plata número 1 para asumir sin compromisos la presidencia de la Nación, en 1868.

La idea de la educación como causa superior del progreso de los países es modernísima: hoy está consagrada por el mundo entero. Vivimos en la era del conocimiento. Y Sarmiento fue precursor de este tiempo: por su obra, millones de hijos de inmigrantes que venían hambreados de Europa y Asia conocieron la ciudadanía y la lectura.

Lo que pasa es que Sarmiento vivió en la Argentina bárbara: un ciclo que se inicia en 1806, con las Invasiones Inglesas, y culmina en 1880 con la Conquista del Desierto. En ese período de apasionada violencia, la Junta de mayo fusiló a Santiago Liniers y Martín de Alzaga, héroes de la Reconquista; Lavalle fusiló a Dorrego; Rosas a Camila O´Gorman; los vencedores de Caseros incautaron toda la fortuna de Rosas (incluyendo Palermo entero) construida a fuerza de trabajo desde los 17 años, y no se la devolvieron nunca. En fin: fue un ciclo revulsivo donde no sólo se dijeron sino que se hicieron cosas tremendas.

¿Qué pueden importar entonces las ideas racistas, incorrectas, épatantes de un escritor audaz y genial, apodado "el Loco", que como presidente dio un impulso descomunal a la educación pública y convirtió a la Argentina en un país ejemplar? Comparémoslo, por un instante, con otros políticos que han dicho cosas superrazonables, pero nunca sirvieron ni para tocar el timbre. ¿Ya hizo la comparación, amigo lector?

Bueno, ahora piense de nuevo en Sarmiento..