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miércoles, 13 de julio de 2016

Anécdotas militares: El "Tuerto" Méndez

Una hazaña del “Tuerto” Méndez



El teniente coronel Eusebio José Méndez era un valiente que había nacido en Guaymallén (Mendoza), el 15 de dicimbre de 1848.
Poco antes de que se declarase la guerra contra el Paraguay ingresó como soldado distinguido en el Regimiento 6 de línea.
Su cuerpo cubierto de heridas decía a las claras que siempre había estado en lo más terrible del entrevero.
Sus camaradas le llamaban el “Tuerto Méndez” por un culatazo le había hundido la frente sobre el ojo izquierdo.
Terminada la contienda con el Paraguay era ya sargento mayor y ese grado marchó al Chaco con el general Donovan en 1876.
En ese año, siendo gobernador de Corrientes el señor Virasoro y vicegobernador D. Juan Ramón Vidal, estalló una revolución encabezada por un mayor de apellido La Rosa. El gobierno sitiado en su sede pidió auxilio a Doriovan, que a la sazón se hallaba en Resistencia, quien, en seguida, mandó al mayor Méndez a la cabeza de 100 hombres a sofocar el movimiento.
El cruce del río se hizo en canoa y rio bien desembarcaron, el famoso tuerto se encontró frente a frente con el mayor La Rosa, que lo estaba esperando en el puente para pasarlo a degüello con todas sus fuerzas.

Dándose cuenta del peligro y viendo que las tropas insurgentes eran muy superiores a las suyas, Méndez resolvió salvar la situación con un golpe de audacia:


 ¿Así que vos sos el revolucionario? Me parece que sos pura espuma y no te animás a pelear mano a mano conmigo.
El mayor La Rosa, que era un verdadero gigante, se le acercó una sonrisa despreciativa y resuelto a darle una lección ejemplar. El veterano del Paraguay tenía un hermoso arriador de mango de plata que manejaba con rara habilidad. En cuanto lo tuvo a La Rosa a tiro lo volteó de un certero golpe y ya en el suelo le dió tantos lonjazos, a la vista misma de su tropa, que le rompió la chaquetilla y dicen que le sacó hasta la piel del cuello.
La Rosa, vencido, le rogó que no le pegara más, y el terrible “Tuerto”, poniéndole la bota en el pecho, dió por terminada la revolución.

martes, 8 de abril de 2014

Franco pasa por Canarias antes de la GCE

Las imágenes de los días de Franco en Gran Canaria podrían reorientar los estudios sobre el alzamiento
CÉSAR MARRERO/EFE@ABC_CANARIAS / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
ABC




«Franco necesitaba venir a la isla para poder luego viajar a Marruecos», expone el historiador Alberto Anaya, investigador de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Solo 24 horas antes de que estallara la Guerra Civil, los republicanos preparaban en Las Palmas de Gran Canaria un golpe de mano que pudo cambiar la historia de España. Una carpeta con viejas fotos olvidadas en un archivo revela ahora cómo fue aquel 17 de julio de 1936 en la vida de Franco.
El Ayuntamiento de Arucas ha descubierto entre sus fondos casi 381 fotos anónimas en blanco y negro de 1936, entre las que figuran varias escenas del entonces capitán general de Canarias presidiendo el entierro del general Amado Balmes, la víspera de que partiera hacia Marruecos para liderar la sublevación contra la II República.
Los responsables del archivo municipal de Arucas reconocen que ellos fueron los primeros sorprendidos al descubrir en qué consistía ese material fotográfico, hallado durante tareas rutinarias de revisión y catalogación de la numerosa documentación acumulada en una caja de cartón, cuya apariencia no hacía sospechar en absoluto su valioso contenido.
«Fue una sorpresa lo que había en la caja, las fotografías nos llamaron la atención desde el primer momento», afirma la archivera municipal y licenciada en Historia Carmen Rodríguez.
En especial, les impresionó el hecho de encontrar entre esas instantáneas cerca de una decena en las que aparecía Francisco Franco presidiendo en Las Palmas de Gran Canaria el entierro del gobernador militar de la provincia, un acto del que solo se había documentado hasta ahora la existencia de una o dos fotografías.
Ese sepelio ha abonado, además, la leyenda que gira en torno a las horas previas a la insurrección del 18 de julio, puesto que hay expertos que especulan con el hecho de que la muerte de Balmes, que oficialmente falleció disparándose su propia arma en un suicidio o por accidente, pudo ser asesinado por órdenes del propio Franco.
Evitar que el gobernador militar de Las Palmas se opusiera a la sublevación, debido a que era fiel a la República, o incluso dar a Franco una excusa para desplazarse desde Tenerife —sede de la Capitanía General— a Gran Canaria para poder coger un avión hacia Marruecos, habrían sido, según esa hipótesis, las posibles razones.
«Franco necesitaba venir a Gran Canaria para poder luego viajar a Marruecos», expone el historiador Alberto Anaya, investigador de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria especializado en el estudio de la Guerra Civil.
Este experto califica de «asombrosas» y «valiosísimas» las fotos descubiertas en Arucas, porque retratan unos momentos singulares de la historia de España, 24 horas en las que los planes de Franco pudieron haberse ido al traste, subraya, si solo hubieran sido algo distintas las circunstancias de su estancia en Gran Canaria.
Alberto Anaya recuerda que en la isla se proyectaron varios intentos de atajar sus propósitos golpistas, de los que tenían sospechas civiles afines a la República que, según teorías nunca demostradas, le prepararon el mismo 18 de julio una emboscada que burló viajando por mar en vez de por tierra a Gando, el lugar donde tomó el «Dragón Rapide» hacia Marruecos.
También tenían indicios de esos planes las propias autoridades, que ordenaron que le siguieran en Las Palmas de Gran Canaria espías y policías que incluso preveían detenerlo en el Hotel Madrid, donde se alojaba en aquellas fechas, aunque finalmente renunciaron a sus propósitos debido a que el general estuvo «en todo momento escoltado por falangistas y por cuatro oficiales del Ejército».
«Entonces, al verlos allí con sus pistolas, los policías desistieron», explica Anaya, que destaca que el hallazgo de estas fotos es importante sobre todo por las imágenes del dictador, pero también porquemuestran otras escenas de la Guerra Civil, como el embarque de tropas que viajaron a la península o la formación de civiles armados que se sumaron a la contienda en sus primeros días.
La archivera Carmen Rodríguez recalca que esas fotos acercan al público actual a una realidad temporal y sociológicamente remota, con imágenes curiosas como las de «los familiares vestidos de domingo despidiendo a las tropas embarcadas» o la de «un soldado que posa entre un grupo militar luciendo claramente un agujero en una de sus alpargatas».