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sábado, 8 de abril de 2017

Geopolítica: Heligoland en el eje de las relaciones germano-británicas

La larga historia de una pequeña isla alemana en el Mar del Norte
El archipiélago de Heligoland tiene un paralelo moderno
The Economist



Heligoland: Britain, Germany and the Struggle for the North Sea. By Jan Ruger. Oxford University Press; 370 pages; $34.95 and £25.

Como una rareza histórica, la historia de Heligoland -un pedazo de roca parcialmente poblado en el Mar del Norte- merece la atención de los lectores. Sus acantilados rojizos fueron gobernados principalmente por los daneses hasta 1807. Entonces Gran Bretaña tomó la isla, apenas 46 kilómetros (29 millas) de la costa continental, utilizándola como base adelantada para romper el bloqueo económico de Napoleón. Otto von Bismarck, un estadista prusiano, anheló el afloramiento marino, y en 1890 Gran Bretaña lo cedió a Alemania a cambio de una mano libre en el antiguo sultanato de esclavos de Zanzíbar.

En estos trastornos, los habitantes de Heligoland (hoy en día son casi 1.400) nunca fueron consultados. Parece que les importaba poco, siempre y cuando los impuestos preferenciales y los flujos constantes de visitantes del continente siguieran permitiéndoles prosperar. Incluso bajo el control británico, Heligoland era un destino querido por multitud de pintores románticos alemanes, músicos, panfleteros y poetas. Un poema escrito en la isla por Hoffmann von Fallersleben, en agosto de 1841, se convirtió en la letra del himno nacional de Alemania. Los turistas que hacían el día llenaban sus balnearios y celebraban el aire libre de polen, el juego y el baile.

Para Jan Ruger, el autor de un relato enérgico de los últimos dos siglos sobre Heligoland, la isla importa por razones más serias que su remota peculiaridad. Él llama a Heligoland "una localización conveniente de donde repensar el pasado anglo-alemán." Es realmente una buena posición ventajosa. Cuando los lazos eran amistosos, como en la última década del siglo XIX, la isla vio una notable mezcla de costumbres, lenguaje y leyes alemanas y británicas. En ese momento, aunque vivían bajo la bandera alemana, los Heligolanders podían incluso elegir ciudadanos británicos y servir en la Royal Navy.

Entonces, durante los períodos de antagonismo, especialmente en la primera mitad del siglo XX, la isla se convirtió en un símbolo de amarga confrontación entre dos de las potencias más fuertes de Europa. Antes de la primera guerra mundial, los periódicos y políticos británicos, incluyendo a Churchill, juraron que no debían haber "más heligolands", lamentando la decisión de ceder incluso el territorio más pequeño a un enemigo en ascenso. Alemania hizo de la isla un "monumento" al nacionalismo, escribe Ruger. Por los años 20 Hitler y Goebbels quisieron ser vistos visitando la isla, de la cual mirarían sobre el mar hacia Gran Bretaña. Los pintores pro-nazis representaban águilas musculosas sobre los acantilados de Heligoland. En ambas guerras, Alemania fortificó la roca y construyó puertos gigantescos para submarinos y barcos. Después de cada guerra, Gran Bretaña aplanó el lugar.

El Sr. Ruger hace su caso que las fortunas de Heligoland son un sostén útil de relaciones más amplias y él relata su historia en un estilo atractivo. Sabiamente, nunca sugiere que la isla -aún como puesto militar- fuera de mucho más que una importancia simbólica. Heligoland, fuertemente fortificada, no impidió que la marina británica, por ejemplo, la bloqueara a Alemania desde lejos en la primera guerra mundial.

Más gente debe conocer la historia de Heligoland por los ecos que tiene hoy. A finales del siglo XIX se vio una gran potencia emergente, militarista, con una marina de rápido crecimiento, deseosos de explotar una mancha de tierra en el océano, incluso si eso provocaba una potencia mundial establecida. Lo mismo sucede con China, ya que militariza atolones en el Mar de China Meridional. Los debates frenéticos en Gran Bretaña, hace poco más de un siglo, sobre las intenciones de Alemania en Heligoland, suenan sorprendentemente similares a las discusiones de hoy, en América, sobre el ascenso de China. La geopolítica, como la historia, tiene el hábito de repetirse.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Base naval: Buceando en la historia de Scapa Flow

Bucear en la historia
Bajo las aguas de la bahía de Scapa Flow (Escocia) yacen barcos de las dos guerras mundiales
Alli decidieron los alemanes hundir su propia flota antes de entregarla a los británicos

FERNANDO PAJARES - El País


La flota alemana -74 buques- fue conducida por los británicos a Scapa Flow en 1918, donde permaneció custodiada junto a sus 1.800 marineros.  GETTY IMAGES

¿Scapa Flow? Sí, ¡Scapa Flow! Porque lo que allí ocurrió es fascinante. Allí se produjeron el suicidio naval y el reflotamiento de barcos de guerra más espectaculares de la historia. Allí perdió la vida el legendario mariscal de campo Lord Kitchener. Allí, el audaz comandante de un submarino alemán que llegó a patrullar el Cantábrico durante la guerra civil española echó a pique el Royal Oak, antaño orgullo de la Armada británica. Tras el infierno de la guerra, el cementerio marino de Scapa Flow es hoy un paraíso para el buceo.


 Podemos hablar de ensenada o rada. Pero lo entenderemos mejor si decimos que Scapa Flow es una gran bahía (20 kilómetros de largo por 14 de ancho) situada en las Islas Orcadas (Orkney Islands), al norte de Escocia. Tan protegida está por sus islotes, sus escollos naturales y sus obstáculos artificiales que Scapa Flow se convirtió en el fondeadero de la flota británica de alta mar durante las dos guerras mundiales.

El 11 de noviembre de 1918, los alemanes habían perdido el conflicto bélico que empezó en julio de 1914. Los Aliados no sabían qué hacer con la novísima y casi intacta flota germana que el 31 de mayo de 1916 desafió la supremacía naval británica en la batalla de Jutlandia. Así que mientras las partes beligerantes estaban en pleno armisticio para negociar lo que sería el Tratado de Versalles (firmado el 28 de noviembre de 1919), la imponente Armada alemana, 74 barcos de guerra, fue desarmada y escoltada por los buques de guerra aliados hacia el fondeadero de Scapa Flow el 21 de noviembre de 1918.

Era la alemana una flota impecable, construida a marchas forzadas por orden del káiser Guillermo II para acabar con el tradicional poderío británico. De hecho, los alemanes ganaron la batalla de Jutlandia en 1916, aunque no con la autoridad y la contundencia suficientes como para volver a enfrentarse a los dueños de la mar (Rule, Britannia! Britannia rule the waves!). Pero el 21 de noviembre de 1918 la marina de guerra germana ya no era, sensu stricto, la Flota Imperial. El káiser había abdicado el día 9 de aquel mes para dar paso a la inestable República de Weimar.

Los aliados dejaron en Scapa Flow apenas 1.800 marineros alemanes al cuidado de sus 74 barcos. Para la tripulación alemana, aquello fue humillante. Antes y durante los siete meses que pasaron en Scapa Flow hubo conatos de amotinamiento por parte de aquellos uniformados a los que había seducido la revolución rusa de 1917; una revolución que llegó a extenderse por Alemania en octubre de 1918 con el levantamiento de la marinería en Kiel y la agitación de dirigentes izquierdistas como Rosa Luxemburgo y Karl ­Liebknecht.

"Un oficial inglés hubiera hecho lo mismo", dijo Reuter tras hundir su propia flota

Pero el comandante alemán al mando en Scapa, contraalmirante Ludwig von ­Reuter, solo pensaba en su responsabilidad como oficial al mando. Era un hombre de una pieza; un prusiano de esa vieja escuela que exigía de un militar conciencia del deber y sentido del honor.

Y todo por leer un periódico atrasado. Reuter paseaba por la cubierta de su buque insignia, el SMS Emden (SMS: Seiner Majestät Schiff, barco de su majestad), repitiéndose que, pasara lo que pasase en Versalles, él no iba a entregar sus barcos al enemigo. Los acontecimientos se precipitaron debido a dos sucesos insólitos.

El primero es que a Reuter le traducen un titular del diario londinense The Times, fechado el 16 de junio, según el cual los Aliados daban a los alemanes de ultimátum el 21 de junio para cerrar los acuerdos de paz. Lo que entonces no sabía el oficial alemán es que aquel ultimátum fue postergado dos días, hasta el 23, y que el Tratado de Versalles se firmó o, mejor dicho, fue impuesto a los alemanes el 28 de junio. Y no lo supo porque los británicos le suministraban la prensa con cuatro días de retraso. Así que el contraalmirante asumió que el 21 de junio se podían reanudar las hostilidades y que el enemigo se haría con sus 74 buques de guerra.

El segundo suceso, insólito (¿o no tanto?), es que aquel 21 de junio el oficial al mando de la flota británica, vicealmirante Sydney Fremantle, se había llevado todos sus barcos de maniobras con la idea de que a su marinería le diera un poco el aire. Apenas dejó atrás un par de destructores para que vigilaran a los alemanes.

Las dudas sobre la decisión de Fremantle tienen que ver con las interpretaciones de la historiografía naval moderna. Grosso modo: Francia e Italia querían parte de los barcos alemanes como botín de guerra. Pero a los británicos no les interesaba en absoluto reforzar la Armada de nadie. Además, en Londres, el almirantazgo contaba con que Reuter podría hundir su propia flota. Y cuando esto ocurrió, el Gobierno de Su Majestad se declaró públicamente indignado, pero privadamente debió de sentir cierto alivio. Porque ¿tiene sentido que, conocedor de las intenciones de Reuter y sabedor de que el ultimátum acabaría el 23 de junio, Fremantle se llevara de Scapa su flota aquel 21 de junio?

Y Berlín se mostró compungido por la pérdida, pero íntimamente orgulloso de aquella gesta heroica.

A las 10.30 del 21 de junio de 1919, Ludwig von Reuter, uniforme impecable y Gran Cruz de Hierro al cuello, dio la orden de hundir sus barcos. Recurrió al sistema morse, a los focos y a las banderas de señalización. Las tripulaciones abrían válvulas, escotillas y compuertas. Luego izaban la bandera alemana, cosa que tenían prohibida, y se subían en los botes salvavidas para alejarse del barco mientras se iba a pique.

“Más vale honra sin barcos que barcos sin honra”. Estamos hablando de 74 barcos de guerra: 10 acorazados, 6 cruceros pesados, 8 cruceros ligeros y 50 destructores. Los grandes acorazados desplazaban hasta 26.000 toneladas. El suicidio de tan impresionante flota fue un acto absolutamente extraordinario en la historia naval. Fremantle, avisado de lo que estaba ocurriendo, volvió a la rada y consiguió salvar 22 barcos, bien acercándolos a la costa, bien evitando su hundimiento, a veces a tiro limpio. Porque los británicos mataron a nueve alemanes por participar en los hechos. Fueron las últimas bajas de la guerra de 1914.

El 21 de junio de 1919, un total de 52 barcos de guerra quedaron en el fondo del mar a una profundidad de entre 30 y 45 metros. Von Reuter fue llamado a la nave capitana de Fremantle, el HMS Revenge (HMS: His/Her Majesty’s Ship). El almirante británico lo acusó de deslealtad, de traición y de faltar al código sacrosanto de la Marina. No sabemos cuán cínico fue aquel gesto. Pero sí sabemos (The Grand Scuttle. Dan van der Vat. Waterfront, 1986) lo que el alemán contestó al británico. “Estoy convencido de que cualquier oficial naval inglés, en la misma circunstancia, habría hecho lo mismo que yo”.

La gran flota alemana no fue derrotada ni por los cañonazos del enemigo ni por la pluma de los diplomáticos de Versalles, sino por la decisión de un marino con sentido del honor y devoción a su patria. Más de medio siglo antes, el almirante español Casto Méndez Núñez declaró en la guerra del Pacífico (1865) aquello de “más vale honra sin barcos que barcos sin honra”.

Tenía que ser un tipo así el que, siendo un acaudalado empresario que se dedicaba a vender chatarra, tuviera, un día, la idea de reflotar barcos de miles de toneladas

Ernest Cox, el hombre que todo lo reflotaba. Tenía que ser un inglés excéntrico, pero cabal; bien vestido, pero mal hablado; temido, pero respetado. Y cabezota, sobre todo cabezota. Se llamaba Ernest Cox (1883-1959). Tenía que ser un tipo así el que, siendo un acaudalado empresario que se dedicaba a vender chatarra, tuviera, un día, la idea de reflotar barcos de miles de toneladas cuando no había, a principios del siglo XX, tecnología alguna que permitiera concebir semejante operación.

Tres o cuatro años después de acabar la Primera Guerra Mundial, hacía falta mucho metal para mover la industria. Y Cox pensó en la cantidad de acero, hierro, bronce, plomo o cobre que había en aquellos barcos alemanes hundidos en Scapa Flow.

Se puso manos a la obra. Creó una compañía. Compró al almirantazgo británico sus primeros 2 acorazados y 26 destructores. Montó unos astilleros en torno a la ensenada de Scapa y se rodeó de cuanto técnico y buzo tenía a mano. Su idea era reflotar los barcos y desguazarlos para vender metal y chatarra. Pero no tenía ni idea de cómo hacerlo, así que se pasó ocho años en las Orcadas (de 1924 a 1932) metido en faena.

Scapa Flow está en el quinto infierno. Hace mucho frío y viento. La tarea del reflotamiento empezó siendo una pesadilla. Cox colocaba muelles flotantes a la altura del barco hundido y sus buzos pasaban cadenas por debajo del casco para intentar levantarlo. Pero los pecios escoraban y se caían. Hasta que ideó un sistema que consistía, básicamente, en parchear todos los huecos del barco, inyectar aire comprimido en su interior y extraer toda el agua posible con bombas hidráulicas.

El 4 de agosto de 1924 reflotó su primer barco: el V 70, un pequeño destructor (800 toneladas). A partir de entonces todo fue razonablemente bien hasta que se le atragantó el SMS Hindenburg, un crucero acorazado de 26.180 toneladas. Ese monstruo fue su pesadilla. Cuando se le había hundido tres veces, la última por una tormenta después de conseguir sacarlo, lo dejó hasta más ver. Cuatro años después, el tenaz emprendedor volvió al Hindenburg. Había perfeccionado tanto su sistema de reflotamiento que el 23 de julio de 1930, al segundo intentó, el formidable acorazado alemán emergió majestuoso sobre las aguas.

Aunque perdió dinero en Scapa Flow (10.000 libras de la época, una fortuna), Ernest Cox ganó una reputación que lo acompañaría hasta su muerte. Fue El hombre que se compró una flota, como titula su libro el escritor Gerald Bowman (The man who bought a navy. Harrap, 1964). Y fue el hombre que la reflotó hasta que, en 1933, cayó el precio de la chatarra y otra empresa, Metal Industries, continuó el trabajo.

Tumbas de guerra: el misterio del Vanguard, la muerte de Lord Kitchener en el Hampshire y la tragedia del Royal Oak. Una de las tres tumbas de guerra de Scapa Flow es la del HMS Vanguard, un acorazado británico que, anclado a puerto, se hundió el 9 de julio de 1917 al estallar su pañol de municiones. El naufragio, que costó la vida a más de 700 hombres, sigue rodeado de misterio: no se sabe aún si ocurrió un accidente en el polvorín del barco o si fue objeto de sabotaje por parte de un agente alemán, como sugiere el historiador escocés Lawson Wood (Scapa Flow, Dive Guide. Aquapress, 2008).

La segunda tumba es el HMS Hampshire, un crucero acorazado de 10.850 toneladas que fue hundido por una mina alemana el 5 de junio de 1916 frente a los acantilados de Marwick Head (costa oeste de las Orcadas). Su naufragio también fue dramático: murieron 643 hombres y se salvaron solo 12 en un bote salvavidas. Pero la sorpresa fue que el barco llevaba, en misión secreta, al todopoderoso mariscal de campo y ministro británico de la Guerra lord Horatio Herbert Kitchener.

En Scapa Flow, a Lord Kitchener lo recibió el almirante John Jellicoe, que apenas unos días antes se había enfrentado a los alemanes en la mencionada batalla de Jutlandia. Kitchener pasó por el fondeadero camino de Rusia, donde iba a negociar un acuerdo de guerra con el Gobierno de Moscú. Por desgracia, entre él y Jellicoe escogieron un día en el que se desató un temporal espantoso y una ruta llena de minas alemanas. Héroe de Jartum, Lord Kitchener fue también un militar sin escrúpulos que creó, durante la guerra de los bóers, el primer campo de concentración del siglo XX. Su estilo, salvando las distancias, inspiró años más tarde a generales estadounidenses como Patton: genio militar, poca disciplina ante el superior y un ego descomunal.

Ya como ministro de la Guerra en 1914, Kitchener recuperó algo de estima popular cuando un cartel de reclutamiento metió su imagen en la mente de todos los británicos. Fue ese cartel, imitado después por Estados Unidos con el Tío Sam, en el que Kitchener, gorra de plato y espeso mostacho, señalaba con dedo conminatorio: “Your country needs you!” (¡Tu país te necesita!).

La tercera tumba de guerra hay que buscarla en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Los alemanes llevaban 30 años queriendo penetrar en Scapa Flow. Pero la rada parecía inexpugnable. Aún quedaban redes, pontones y pecios. Por no hablar de ese abrigo natural que constituían Scapa y las islas de alrededor. En una de ellas, Fair Isle, en 1588, encalló El Gran Grifón, uno de los barcos de la española Armada Invencible, según sostiene Agustín Rodríguez González, miembro de la Real Academia de la Historia.

El alto mando alemán estaba tan decidido a atacar Scapa que eligió dos armas letales: un marino intrépido y un submarino de probada capacidad de fuego. El oficial fue el teniente de navío Günther Prien. Y el submarino, un U-Boot, de esos que fueron mortíferos contra los Aliados durante la Primera Guerra Mundial, pero también en la Segunda, porque el 14 de octubre de 1939, Günther Prien (1908-1941), al mando de su U-47, consiguió sortear todos los obstáculos de la ensenada y colarse en Scapa Flow.

Prien ya soñaba de adolescente con el gran navegante portugués Vasco de Gama (1469-1524) y, por cierto, patrulló las aguas del Cantábrico durante unos meses de 1937, en plena guerra civil española.

Alrededor de la una de la madrugada de aquel 14 de octubre de 1939, el HMS Royal Oak estaba anclado en Scapa. Había sido el orgullo de la Royal Navy en la Primera Guerra Mundial. Y en la Segunda, aunque lento y con menos maniobrabilidad que otros buques más modernos, no dejaba de ser un acorazado de 29.150 toneladas que tenía 188 metros de eslora, 28 de manga y una dotación de 1.200 hombres.

El atrevido Prien entró en la rada con marea alta. Aunque jamás lo reconociera, sus primeros torpedos contra el Royal Oak fallaron. Pero tuvo la sangre fría de dar la vuelta a su submarino para recargar y lanzó una segunda andanada que, esta sí, dio en plena línea de flotación del buque enemigo.

La incursión de Prien fue recibida con alborozo en Alemania. El mismísimo Adolf Hitler lo condecoró con la Cruz de Hierro. Pero los británicos sufrieron una de las mayores tragedias de su larga historia naval. El hundimiento del Royal Oak fue un infierno que costó la vida a 833 hombres. Desde aquel día, cada 13 de octubre, la Unidad de Buceadores de la Armada británica desciende a la popa del barco para cambiar su bandera. La vieja enseña se limpia y es entregada a la asociación de sobrevivientes del Royal Oak en homenaje “a los hombres que dieron la vida por su rey y su nación”.

Del infierno de la guerra al paraíso del buceo. En Scapa Flow quedan unos sesenta pecios, cuatro aviones incluidos. Pero lo que atrae a los buceadores de medio mundo son los siete grandes barcos de la antaño Flota Imperial alemana, esos que ni Cox ni sus sucesores llegaron a reflotar. Son tres acorazados de unas 26.000 toneladas ­(König, Kronprintz Wilhelm y Markgraf) y cuatro cruceros de 5.000 toneladas (Brummer, Dresden, Cöln y Karlsruhe).

Bucear en estas insignes reliquias es una experiencia única para cualquier submarinista. Las inmersiones profundas requieren cierta veteranía. Hay que bajar hasta 45 metros con una o dos botellas de aire a la espalda para, luego, hacer las correspondientes paradas de descompresión. El viento en superficie es frío, y las aguas, gélidas. El autor de este reportaje buceó en aquellos barcos un mes de agosto y emergía tiritando. Durante la inmersión, una nube de plancton hace que la visibilidad sea escasa. Con todo, hay un momento absolutamente conmovedor al observar el descomunal casco de un acorazado hundido en 1919.

Para un buceador serio, hay un antes y un después de Scapa Flow. A excepción de las tres tumbas de guerra, donde está prohibido bajar, pueden visitarse pecios a poca profundidad para disfrute de los menos expertos (ver la guía de buceo del escocés Rod Macdonald: Dive Scapa Flow. Mainstream, 2011). Scapa Flow es un cementerio marino que alberga horrores inolvidables, pero también ofrece una feliz recompensa a todo aquel que sienta pasión por el submarinismo. Porque bucear en Scapa es bucear en la historia.

domingo, 3 de abril de 2016

PGM: Japón enfrenta a Alemania en Tsing Tao (1)

ALEMANIA VS JAPÓN: PRIMERA GUERRA MUNDIAL 
  

Japón en la Primera Guerra Mundial: La Campaña de Tsingtao

Por Lehto



1. JAPÓN ANTE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL 

1. 1. La diplomacia 
Cuando estalló la guerra en Europa, los británicos dieron por supuesto que Japón permanecería neutral. No obstante, el Almirantazgo, temiendo las operaciones de los buques germanos en las posesiones asiáticas de Gran Bretaña, convenció a un reticente Foreign Office para que iniciara conversaciones con Japón con la finalidad de recabar su alianza. Las negociaciones encontraron dificultades por el choque de intereses entre Japón y China, al tiempo que Estados Unidos y Australia veían con reticencia un posible aumento de presencia japonesa en el Pacífico. 

En un primer momento, Japón no estaba dispuesto a participar en la guerra tal y como comunicó el Gobierno japonés a la Entente: 

“Las tropas japonesas han nacido del servicio obligatorio. No son mercenarias: están reservadas para la defensa del territorio nacional. La cuestión de su posible empleo crea dificultades, cuando se las requiere para participar en hostilidades extranjeras cuyas causas se ignoran” 

 

No obstante la diplomacia británica inició su camino y finalmente la Marina japonesa se decidió a ponerse del lado aliado. Desde un principio el Estado Mayor de la Marina dedujo que si lograban eliminar la presencia alemana de Tsingtao, el Mar Amarillo se convertiría en un “lago japonés”. El Ejército, por su parte, pensó que era una manera de recuperar el prestigio e incrementar su fuerza. En consecuencia, Japón envió un ultimátum a Alemania el 15 de agosto y el 23 del mismo mes declaró la guerra a las potencias centrales. 

En noviembre de 1914 se produjo el sitio y batalla de Tsingtao. Tras este episodio, el barón Kato, ministro de AA.EE. de Japón, manifestó el 19 de noviembre de 1914: 

“Si nos hemos visto obligados al combate con Alemania, es porque deseamos el mantenimiento de la paz en Oriente. Pero ¿qué necesidad hay de enviar tropas japonesas a Europa si allí no tenemos intereses directos desde el punto de vista de la seguridad de nuestro país y de la paz en Oriente? Por estas razones, me opongo al envío de tropas a Europa” 


1. 2. El Ejército Japonés en 1914 
Inicialmente Japón organizó su ejército a semejanza del francés, pero algunos reveses sufridos en diferentes maniobras motivaron que el Alto Mando se decidiera por sustituir los asesores franceses por alemanes. No obstante se mantuvo la organización francesa y se adoptaron las ideas de combate germanas, todo ello con la idea de un nuevo enfrentamiento con Rusia, potencial enemigo de Japón. 

El Ejército Japonés estaba formado por 250.000 hombres repartidos en 19 divisiones de Infantería, 4 Brigadas de Caballería, 3 Brigadas de Artillería de Campo, 6 Regimientos de Artillería Pesada y una Brigada de Señales. En caso de movilización general, Japón podía contar con 1.500.000 soldados para su Ejército. 

Cada División de Infantería estaba compuesta por un batallón logístico, un batallón de Ingenieros (3 compañías), un Regimiento de Artillería (6 baterías de 6 cañones), un Regimiento de Caballería (3 escuadrones), y 2 brigadas de infantería. Algunas divisiones contaban también con un batallón de artillería de montaña (2 baterías de 4 cañones). A ellas se unían las unidades de señales y sanidad. Una vez que se produjo la movilización, cada división recibió una brigada de infantería de reserva. 

Las tropas japonesas sufrieron la carencia de armamento moderno. Contaban con el fusil Arisaka, que frecuentemente se encasquillaba. Por otro lado, las piezas de artillería tenían un alcance muy corto. La artillería pesada, destinada a la defensa costera, consistía en numerosas piezas capturadas en China (1895) o Rusia (1905). 

Las tácticas de asalto de las tropas japonesas, que habían dado resultado en Rusia, consistían en una preparación artillera previa, y un asalto concentrando el fuego de armas ligeras y una posterior carga a la bayoneta. 

1. 3. La Marina Japonesa durante la Gran Guerra 
Japón construyó su flota a imagen de la británica, tanto en tipos de naves, como doctrina y tácticas. Esta influencia británica se mantuvo hasta bien entrados los años 30, y la semejanza de algunos buques resultó un problema durante la Segunda Guerra Mundial. 

En agosto de 1914 la Marina Japonesa contaba con 2 acorazados pesados, 2 cruceros de batalla, 14 acorazados ligeros, 13 cruceros, 13 cruceros ligeros, 7 cruceros (anticuados), 9 cañoneros, 50 destructores, 31 torpederos y 13 submarinos, sumando un total de 460.000 Tn. Esta fuerza estaba destinada a patrullar el Pacífico. 

Los británicos temían que los ataques de los acorazados alemanes destruyeran sus líneas de comercio marítimo y de aprovisionamiento, por lo que planearon destruir las bases de operación de las naves alemanas. Los aliados localizaron bases alemanes en dos direcciones, en el Norte: desde el ecuador hasta Japón, y al Sur del ecuador. Una fuerza neozelandesa escoltada por buques británicos, franceses y australianos llegó al territorio germano de Samoa el 28 de agosto. Una operación de desembarco en Nauru consiguió hacerse con el control de la base. En septiembre, una fuerza de la Marina Australiana ocupó las Islas Bismarck. Posteriormente aseguraron la Nueva Guinea alemana y las Islas Solomon. 

Mientras tanto, las fuerzas japonesas ocuparon las islas Palau, Carolinas, Marshall y Marianas, y con ellas las bases germanas de Yap, Ponape y Jaluit. Al mismo tiempo descubrieron la base de Truk, donde los alemanes operaban con sus acorazados. 

Después de la captura de Tsingtao, la Marina Japonesa continuó patrullando el Pacífico lo que ayudó a que los británicos pudieran desplazar más buques a los escenarios navales de Europa. Los acorazados japoneses prestaron escolta a los convoys de tropas aliados evitando el ataque de los corsarios alemanes. Dos cruceros japoneses formaban parte de la fuerza británica que patrullaba Ciudad del Cabo. Un peculiar episodio se produjo cuando la dotación de un crucero ayudó a los británicos a sofocar un motín que se produjo en el Batallón Indio estacionado en Singapur. 

En 1917, cuando se produjo la mayor ofensiva de submarinos germanos, la Royal Navy solicitó a Japón que enviara entre 4 y 6 destructores al Mediterráneo. El ejército nipón se opuso a esta demanda, ya que aun no estaban seguros de si Alemania sería derrotada. Japón envió un oficial para evaluar la situación y solo tras cerciorarse de la realidad de las operaciones en Europa, Japón envió sus buques: un viejo crucero y 8 destructores, que llegaron a Malta en abril de 1917. Más adelante enviaron otro crucero y 4 nuevos destructores. Buques que cumplieron a la perfección las misiones de escolta de los convoys. 

En abril de 1918, la Marina Japonesa desembarcó 500 marineros para proteger los intereses aliados en Vladivostok. El Ejército envió refuerzos en agosto en la forma de una división de infantería, unos 70000 hombres, que ocuparon Liberia Oriental hasta entrado el año 1922. En este sentido, al final de la guerra la RAF inició un programa para ayudar a modernizar la aeronaval de Japón, no obstante en años posteriores Japón inclinó sus preferencias en asesoría militar hacia los Estados Unidos. 

2. LAS FUERZAS ENFRENTADAS 

2. 1. Orden de batalla 
2. 1. 1. Alemania 
Escuadra Alemana de Asia Oriental: 

La Escuadra Alemana en la zona estaba compuesta por los cruceros pesados Scharnhorst (buque insignia) y Gneisenau, los cruceros ligeros Nurnberg, Emden y Leipzig, las cañoneras Jaguar, Luchs, Tiger, Iltis, Cormoran, las cañoneras fluviales Tsingtau, Vaterland, Otter y el destructor S90. 

Cuando la guerra estalló, el Scharnhorst, el Gneisenau y el Nurnberg estaban patrullando las Carolinas. El Leipzig partió hacia México para defender los intereses alemanes durante la Revolución. El Emden, el Tiger, el Iltis y el Cormoran estaban en Tsingtao. 

Las cañoneras fluviales Vaterland y Otter navegaban en la parte superior del Yangtze mientras que el Jaguar lo hacía en la parte inferior. El Tsingtao patrullaba en las inmediaciones de Canton, el Luchs estaba en Shanghai y el S90 en Chifu. 

El Emden y el mercante corsario Prinz Eitel Friedrich abandonaron el puerto, en su lugar llegó el crucero austrohúngaro Kaiserin Elisabeth y las cañoneras Jaguar y Luchs junto al destructor S90, empleados ampliamente durante el sitio junto al Lauting, un vapor convertido en minador. 

 

Defensas costeras de Tsingtao: 

Batería de Hui Tschuen: dos cañones de 240mm, tres de 150mm y reflectores en cúpulas blindadas. 

Batería de la Colina Bismarck: 4 cañones de 280mm 

Batería de Tsingtao: 4 cañones (de procedencia china) de 150mm 

Batería de Hsiauniwa: cuatro cañones de 210mm, reflectores y la rada del puerto cubierta por siete 88mm y minas. 

Defensas terrestres: 

Batería de la Colina Iltis: dos cañones 105mm y seis cañones de 120mm, reflectores. 

Batería Moltke: dos cañones de 105mm, 32 cañones de 37mm, 22 de 90mm y seis de 120mm. 

2 aeroplanos Taube (solo uno estará operativo durante el sitio), 1 globo de observación y 1 globo meteorológico. 

Guarnición de Tsingtao: 

Alrededor de 750 artilleros navales estaban al cargo de las diferentes baterías de la base. 180 hombres estaban destinados a misiones de señalamiento, y tareas logísticas. Cerca de 100 policías chinos se encargaban de mantener el orden en el interior de la base. 

 

El grueso de la guarnición estaba compuesto por el 3° Batallón de Marina, con cerca de 1300 hombres. Estaban divididos en 4 compañías de infantería (210 hombres cada una de ellas), 1 compañía de caballería (140 hombres), 1 batería de campaña (133 hombres y seis cañones Krupp de 77mm), 1 compañía de ingenieros (108 hombres) y 2 compañías de ametralladoras (38 hombres y 6 ametralladoras). 

Junto a esto, el Destacamento Naval de Asia Oriental contaba en Tientsin y en Pekín con 4 compañías de infantería de 100 hombres cada una de ella, 1 batallón de ametralladoras (60 hombres y 14 ametralladoras) y 2 secciones de artillería (3 cañones de 88mm y 3 howitzer de 150mm). Todas estas unidades –salvo los 3 cañones de 88 y sus dotaciones- fueron enviadas a Tsingtao. También se sumaron a la guarnición unos 200 hombres de la reserva. Junto con los marineros de los buques la guarnición alcanzó la cifra de 4000 hombres equipados con 120 ametralladoras y 90 cañones. 

2. 1. 2. Japón 

Segunda Escuadra Japonesa: 
La fuerza naval japonesa constaba de los acorazados: Suwo, Iwami, Tango, Okinoshima, y Mishima; los cruceros Iwate, Tokiwa, Yakumo, Chitose, Tone, Mogami, Yodo, Akashi, Akitsushima, Chiyoda, y Takachiho; además de 24 destructores, 4 cañoneras y 13 torpederos/minadores y el portaaeronaves Wakamiya (equipado con 4 Farman operativos y 1 en reserva). Junto a esta fuerza contaban con numerosos buques de mantenimiento y transporte. 

Los británicos añadieron a esta fuerza el acorazado Triumph y 4 destructores que estaban estacionados en Weiheiwei. 

 

Fuerzas Japonesas en el sitio de Tsingtao: 

La fuerza desplegada por Japón fue la 18ª División de Infantería, compuesta por: 23° Brigada de Infantería (46° y 55° Regimientos de Infantería) y 24ª Brigada de Infantería (48° y 56° Regimientos de Infantería), 29ª Brigada de Infantería (67° Regimiento de Infantería y 1 batallón del 34° Regimiento de Infantería); 22° Regimiento de Caballería, 24° Regimiento de artillería de campaña (con 6 cañones cada una de las 6 baterías), un batallón de ingenieros, un batallón logístico y secciones de señales y sanitarias. 

La 6ª y 12ª Divisiones de Infantería enviaron 2 batallones de ingenieros y dos batallones logísticos. Además de recibirse 3 aviones Farman. Más adelante el 8° Regimiento de Infantería se desplazó a la zona para ocupar el ferrocarril de Shantung. 

La artillería de sitio consistía en un destacamento naval con cañones navales de 100 y 150 mm encuadrados en los regimientos de artillería pesada Miyama, y Yokosuka, y los batallones Shimonoseki y Tadanoumi, sumando un total de 100 cañones con calibres que oscilaban entre los 100 y 280mm. 

Los británicos desplegaron el 2° Batallón del South Wales Borderers reforzado más adelante por 2 compañías de infantería del 36° Regimiento Sikhs. 

2. 2. Las operaciones previas 
2. 2. 1. El origen de la base de Tsingtao 
Alemania fundó su colonia en China como parte del programa propagandístico de Tirpitz quien abogaba por la construcción de una gran flota alemana capaz de competir en fuerza y poder con la Royal Navy, y que en caso de guerra podría dañar seriamente las flotas de Francia o Rusia. Tirpitz encontró aliados de su idea en el lobby colonial, argumentando que la prosperidad económica de Alemania reposaba en la creación y mantenimiento de un imperio colonial. Los interesados en esta idea, entre los que se encontraba el Kaiser, no obstante favorecieron la construcción de una flota de cruceros en lugar de acorazados. A pesar de este revés, Tirpitz logro imponer su criterio de construir una gran base naval en el Pacífico en donde debía permanecer una escuadra de cruceros permanentemente y que en caso de estallar un conflicto podría defender la base hasta la llegada de una flota mayor. 

En 1897, con la excusa de la muerte de unos misioneros, una unidad de la Marina Alemana desembarcó en Tsingtao y tomó posesión del lugar. 

 

Tsingtao era una pequeña villa de pescadores ubicada en una isla cobijada en una bahía de aguas profundas. Dado este estratégico potencial, China había empezado a construir una pequeña base unos años antes, pero no se concluyó la obra. Durante la guerra Chino-Japonesa, las tropas japonesas continuaron la labor de construir la base naval. No obstante, tras la victoria japonesa en la guerra, las potencias europeas (Francia, Rusia y Alemania) presionaron a Japón para conseguir intereses en la zona antes de que Japón se quedara con todo. Obligaron a Japón a que devolviera los territorios ocupados, y en ese momento Rusia se hizo con el control de Port Arthur, Francia estableció numerosas factorías en el sur de China y Alemania se apropió de Tsingtao bajo la excusa antes mencionada. Gran Bretaña, también llegó a la zona y se hizo con Weiheiwei, desde donde podría vigilar los movimientos en Port Arthur y Tsingtao. 

A partir de ese momento la colonia comenzó a desarrollarse, bajo administración naval, para poder sostener las necesidades de la escuadra de cruceros. Se construyó un puerto con tecnología alemana, se introdujeron infraestructuras de comunicación (la estación de radio alcanzaba la isla Yap en Palao), un ferrocarril, minas de carbón y finalmente se construyó una ciudad que alcanzó niveles de riqueza muy pronto. En 1913 Tsingtao era el cuarto puerto en importancia –volumen de comercio- superado solo por Shangai, Hong Kong y Canton. 

 
 

Durante la rebelión de los Boxer, los alemanes fortificaron la base en prevención de un ataque por tierra. Se estableció una línea defensiva principal que iba de Kaiserstuhl a las colinas de Litsuner. Se trataba de una posición que corría a lo largo de las colinas y que descendían abruptamente al mar con una caída de 400 metros. Una segunda línea se ubicaba en las colinas de Prinz Heinrich a Kuschan, no obstante Tirpitz eliminó esta posición por considerar que para su defensa se deberían de emplear demasiadas tropas. En su lugar se construyó una línea defensiva a lo largo de las colinas interiores, esto es: en el eje Iltis, Bismarck, Moltke. 

2. 2. 2. El estallido de la guerra 
Cuando estalló la guerra, el gobernador Meyer-Waldeck, reunió todas las fuerzas alemanas en Tsingtao. Las cañoneras Luchs y Jaguar escaparon de la flota aliada que las tenía localizadas llegando a la base en agosto, lo mismo ocurrió con el destructor S90. La tripulacion de la patrullera fluvial Tsingtao escabulló la nave y se dirigieron a la base por tierra. Las tripulaciones de la Otter y la Vaterland “vendieron” las naves a un comerciante de Nanking, si bien China se hizo con las naves y procedió a requisarlas, mientras que las tripulaciones se dirigieron a Tsingtao por tierra. Al mismo tiempo, de toda China acudieron los reservistas alemanes, los cuales se dedicaron a tareas de logística y artilleras. 

Los buques Iltis, Tiger y Luchs fueron desprovistos de su artillería para armar buques corsarios al tiempo que parte de la tripulación de aquellos pasó a formar parte de estos. El buque postal Prinz Eitel Friedrich fue uno de los armados con estas piezas artilleras. Al mismo tiempo, el crucero Emden abandonó la base para iniciar su misión de combate y regresó al poco tiempo con el trasatlántico ruso Rjasan capturado a los pocos días de partir. Este trasatlántico fue armado con la artillería del Cormoran y adoptó este nombre antes de partir convertido en un buque corsario. 

El crucero austriaco Kaiserin Elisabeth llegó al puerto con órdenes de apoyar a la guarnición alemana y combatir a los ingleses pero no contra los japoneses. 100 marineros fueron desembarcados y otros 300 permanecieron a bordo. 

 

Después de las primeras semanas de la guerra, Meyer-Waldeck decidió que ya no zarpara ningún buque para evitar encuentros con las naves aliadas. Preparó la ciudad para un asedio, esperando que una rápida victoria en Europa aliviara la situación en la ciudad. Se procedió a minar la bahía y a colocar minas terrestres. 

Los alemanes estaban bien pertrechados pero debían de cuidar el uso de las municiones (la entrega anual de munición se realizaba en septiembre). No obstante, las reservas de la Escuadra de Cruceros aliviaron la situación, incluso los ingenieros fabricaron cientos de minas usando la munición de pequeño calibre de los barcos. 

 

Algunos oficiales deseaban efectuar un ataque sobre Weiheiwei, pero Meyer-Waldeck los hizo desistir de esa idea ya que el camino era accidentado y al llegar se encontrarían con una guarnición inglesa bien entrenada y descansada. Al mismo tiempo los mandos en Tsingtao comenzaron a especular con las opciones de los japoneses: un rápido ataque o un asedio prolongado. Al mismo tiempo comenzaron a correr rumores: que un señor de la guerra chino iba a apoyar a la guarnición con 80.000 hombres, que los Estados Unidos había prohibido a Japón que atacara a los alemanes, y que la flota alemana había derrotado a la británica y estaba de camino para ayudarlos. 

2. 2. 3. Los planes japoneses 
El Mando Japonés quería mostrar la profesionalidad y preparación de su Ejército a las potencias europeas. Contaban con una excelente logística y una buena capacidad de fuego, esperaban pues una operación con pocas bajas. Se buscaba también impresionar a la propia nación y hacerle olvidar el alto coste en bajas de la exitosa campaña contra Rusia en 1905. 

El Mando eligió al teniente general Mitsuomi Kamio, conocido por su precaución. Sobre él estaba la responsabilidad de conseguir una gran victoria, para ello podría contar con todo lo que necesitara para llevar adelante la operación. 

Kamio decidió efectuar un desembarco cerca de Tsingtao, para evitar un posible contraataque alemán sobre la cabeza de playa, prefirió no correr riesgos y eligió desembarcar su infantería en el zona norte de la península y avanzar por tierra hacia Tsingtao, una vez que asegurara las playas cercanas podría emplazar la artillería de asedio. 

 

3. EL ASEDIO Y LA BATALLA DE TSINGTAO 
3. 1. Encuentro naval 
La campaña se inició con una escaramuza naval. Para cubrir la misión de minado de la bahía de Tsingtao realizada por el Lauting, el destructor S90 patrullaba la zona. La escuadra Británica de China, dedicada a proteger los convoys y patrullar las líneas de abastecimiento, no estaba en condiciones de efectuar un bloqueo de Tsingtao. Todo los más que habían conseguido era capturar algún mercante alemán. 

El 22 de agosto, 3 destructores británicos de la clase River que estaban efectuando un reconocimiento se encontraron con el S90. El buque británico Kennet inició la maniobra para enfrentarse al S90, no obstante este último hizo un viraje con dirección a la seguridad de la base germana al tiempo que alcanzó al Kennet con dos impactos. El S90 consiguió llegar a Tsingtao y las baterías costeras abrieron fuego contra las naves inglesas que se retiraron. El encuentro fue aclamado por los alemanes como una victoria. 

El 27 de agosto la Segunda Escuadra del vicealmirante Sadakichi Kato inició el bloqueo de Tsingtao. La Inteligencia Naval británica estaba segura que la Escuadra alemana había abandonado la zona, por lo que los japoneses no tomaron mayores medidas de precaución. Tomando 3 pequeñas islas costeras como punto de observación y protección, la escuadra inicio el minado de la zona. 

El 30 de agosto las condiciones climatológicas cambiaron. Tsingtao, conocido como “La Riviera del Este” se caracterizaba por otoños secos, pero 1914 registró el mayor índice de precipitaciones en años y numerosos huracanes se precipitaron sobre la península. Esa noche del 30, una fuerte tormenta hizo encallar al destructor japonés Shirotaye. La tripulación logró ponerse a salvo, pero el Jaguar –respaldado por la artillería costera- salió del puerto y lo destruyó. 

3. 2. El desembarco 
El 2 de septiembre los japoneses comenzaron a desembarcar en Lungkou, en la costa septentrional de la península. Cuatro compañías de infantería de marina, apoyadas por una compañía de ametralladoras y varios marineros llegaron como cabeza de playa sin encontrar resistencia por parte alemana. Un batallón de ingenieros llegó a continuación y construyeron un puente flotante y 2 muelles de piedra en apenas 24 horas. Les siguieron un regimiento de caballería y uno de infantería. 

Para ese momento el clima había empeorado y la playa estaba inundada. Las condiciones se hicieron realmente complejas: barro, olas, lluvia, viento… 

Kamio detuvo las siguientes descargas de material y ordenó a las tropas que avanzaran tierra adentro sin importar el coste. Consecuentemente los japoneses se atascaron en su avance. Por delante de ellos se encontraron con pueblos enteros inundados. Miles de campesinos habían muerto en Shantung en el peor desastre natural que se recuerde. Al mismo tiempo los oficiales chinos elevaron una protesta por el desembarco japonés, lo que se consideraba una violación de la neutralidad china, pero no ofrecieron oposición alguna; por otro lado, las autoridades locales vieron con agrado la presencia japonesa ya que prestaron ayuda en las áreas devastadas por las tormentas. 

El 7 de septiembre, tras una mejoría del tiempo, la caballería inició el avance seguida por la infantería. Tras el desastre climático, las tropas no recibieron raciones por lo que tuvieron que vivir de lo que encontraban en su avance en los mercados locales que si bien estaban bien abastecidos, no evitó que los soldados recibieran la orden de consumir la mitad de sus raciones mientras durase el avance. 

El 5 de septiembre un avión de la Marina Japonesa sobrevoló Tsingtao, sorprendiendo a los alemanes quienes no esperaban actividad aérea. El piloto informó de la presencia del crucero austriaco, las 5 cañoneras, un destructor y numerosos vapores. Confundió los cascos abandonados del Cormoran, Tigre, Iltis y Luchs por buques listos para la batalla, y no descubrió la conversión del Lauting en minador, si pudo cerciorarse de la marcha de la Escuadra de Cruceros. En virtud de este informe, Kato envió a sus acorazados y cruceros. La Marina creó 2 escuadras rápidas destinadas a destruir a los buques alemanes, en este sentido ofreció el apoyo a los británicos en la forma de un crucero para proporcionar escolta a los convoys y otros dos cruceros para operar contra los corsarios en la zona de Singapur. En contrapartida, los ingleses enviaron a la escuadra de Kato el acorazado Triumph que se encontraba en Hong Kong. 

Los habitantes ingleses de la zona formaron una agrupación de autodefensa uniéndose posteriormente a las fuerzas del ejército. El Ejército Británico contribuyó con las fuerzas de Kamio: un batallón de infantería acompañó a las fuerzas de artillería de asedio japonesas, además de 2 compañías de infantería hindú. 

El 13 de septiembre, la caballería japonesa llegó al puesto avanzado germano de Tsimo en el extremo del protectorado alemán. Los alemanes, apenas repuestos de la sorpresa de verse atacados presentaron una débil resistencia antes de huir. Los japoneses tomaron Kiautschou al día siguiente, cortando la línea del ferrocarril de Shantung. 

Los caminos construidos por los alemanes unían estos puntos con Tsingtao, por lo que Meyer-Waldeck envió refuerzos a los puestos ubicados en las montañas con la esperanza de poder detener el avance japonés. 

3. 3. El avance japonés 
Mientras tanto, Kamio decidió suspender el desembarco en el norte ya que el tiempo empeoró nuevamente. Esto suponía que se tardaría varias semanas en tener agrupada la división completa. Llegó a la conclusión que los alemanes no se iban a arriesgar a dejarse aislar en Tsingtao por lo que preparó una operación para tomar Tsimo. 

Tras calcular el riesgo, Kamio ordenó a la 24ª Brigada de Infantería –la cual acababa de desembarcar- que reembarcara. La caballería, los ingenieros y la 23ª Brigada de Infantería –que recibieron la misma orden- avanzarían hacia Tsimo. Ordenó a sus tropas que desembarcaran cerca de Tsingtao, en la bahía de Lau Schan. 

La infantería japonesa llegó a Tsimo el 18 de septiembre exhausta y casi sin provisiones. Una fuerza de avanzada se acercó a los puestos alemanes ubicados en la montaña. Al amanecer los cruceros japoneses comenzaron a bombardear la playa de Lau Schan y la 23ª Brigada de Infantería desembarcó. Una vez asegurada Tsimo, Kamio ordenó a las tropas que avanzaran tan rápido como fuera posible por las montañas y se unieran a la fuerza de avanzada. Esa tarde una compañía de infantería ocupó el paso de Hotung después de una escaramuza con fuerzas alemanas. La llegada de la caballería y el contacto de todas las fuerzas ese día terminó con Tsingtao cercado por los japoneses. 

3. 4. El cerco de Tsingtao 
Al día siguiente, con un clima que iba empeorando, la infantería japonesa tomó el Mecklenburg Haus, un balneario de montaña, en la línea de defensa exterior. Posteriormente ordenó un avance por las montañas el cual se realizó en pequeñas columnas sin encontrar resistencia. 

En este momento de los acontecimientos, ambas partes reclutaron a sirvientes chinos para que actuaran como espías. Algunos oficiales japoneses, disfrazados de sirvientes chinos, llegaron incluso a trabajar en las líneas alemanas. En cualquier caso la población china veía con más agrado a los japoneses que a los alemanes. Las tropas japonesas avanzaron hacia sus objetivos utilizando dispositivos de camuflaje para ocultar su movimiento. 

Los japoneses tomaron el control de los pasos uno a uno y se reorganizaron. Los ingenieros y tropas de apoyo desembarcaron y construyeron plataformas en Lau Schan y un aeródromo en Tsimo. El 21 de septiembre 3 aviones del ejército japonés comenzaron a efectuar sus patrullas desde Tsimo. Kamio habia ordenado que destruyeran el avión de los alemanes, pero los japoneses nunca consiguieron derribarlo. No obstante acosaron a los alemanes disparándoles desde los aviones (con pistolas, rifles y una ametralladora montada en uno de ellos), acciones que sirvieron para descubrir hasta el más mínimo detalle las posiciones germanas. 

Kamio recibió ordenes del Alto Mando, las cuales daban inicio a una serie de acciones de caracter político en China aprovechando la coyuntura de la guerra. La toma del Ferrocarril de Shantung aseguraba los intereses japoneses en la zona, y en momento actual ¿quién iba a cuestionar que una de las naciones aliadas tomara una infraestructura que pertenecía a los alemanes? Kamio ocupó el ferrocarril con un batallón de infantería, una vez conocido el hecho, el Ejército envió un regimiento de infantería desde Japón para que se hiciera cargo de esta conquista. 

Meyer-Waldeck, tras la captura japonesa del Mecklenburg Haus, ordenó un contraataque para tratar de evitar que las fuerzas de Kamio siguieran avanzando por los pasos entre las montañas. El Mando alemán organizó un contraataque en el Paso de Kletter, cerca de Tsimo. Una fuerza de 130 hombres –contaban con 4 ametralladoras y 2 cañones de campaña- sorprendió a la guarnición japonesa y la rodeó, no obstante, los oficiales japoneses lograron mantener la calma entre sus hombres y las compañías niponas cercanas al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo acudieron en apoyo de sus compañeros. Los alemanes no tuvieron otra opción más que retirarse sin haber conseguido sus objetivos. Ese mismo día, el contingente británico comenzó su desembarco en Lau Schan. 

El 26 de septiembre, con todas sus fuerzas posicionadas y desplegadas, Kamio ordenó un avance general. Como de costumbre, sus tropas se movieron en pequeños grupos. Las escaramuzas que se produjeron en el avance alertó al Mando Alemán de que algo estaba ocurriendo. Ordenaron al S90 y al Jaguar que abrieran fuego contra el flanco derecho japonés, pero esto no evitó que los puestos avanzados alemanes fueran cayendo uno tras otro e hicieran que los alemanes se replegaran hacia su segunda línea de defensa. Los bombardeos efectuados por el Kaiserin Elisabeth, el Jaguar y el S90 sobre las tropas japonesas, motivaron que Kamio destinara una batería a atacar a los buques, pero éstos lograron alcanzar un puesto de observación y silenciaron la batería. Impresionado por el poder de fuego de las naves enemigas, Kamio requirió de Kato que bombardeara las baterías terrestres enemigas para distraer al enemigo e intentar efectuar un avance. Kato –dando paso a la típica falta de colaboración entre Ejército y Marina- realizó su bombardeo sobre las baterías costeras enemigas. 

3. 5. El ataque a la Colina Prinz Heinrich 
Meyer-Waldeck se dio cuenta de que tendría que abandonar esta segunda línea de defensa, pero tenía una ventaja. La Colina Prinz Heinrich superaba en altura a las colinas circundantes, ofreciendo una difícil subida y proporcionando un excelente puesto de observación con una visibilidad muy buena en varios kilómetros a la redonda. Los Ingenieros alemanes prepararon un puesto de observación, al que conectaron con las baterías pesadas con una línea telefónica y ubicando un heliógrafo, desde el que podrían observar al enemigo y dirigir a la artillería. El puesto fue ocupado por 60 hombres equipados con ametralladoras y con provisiones para resistir dos meses. 

En la noche del 27 al 28 de septiembre el clima volvió a empeorar. Kamio eligió una compañía del 46° Regimiento de Infantería, reforzada por un pelotón de Ingenieros, y les encomendó la misión de trepar por la colina aprovechando la oscuridad y el ruido causado por el tifón que se había desatado sobre la zona. Los ingenieros prepararon el terreno –cavando escalones- sin hacer prácticamente ruido y en completa oscuridad. Esta tarea les llevó toda la noche y permitió que al amanecer la fuerza de ataque al completo estuviera en la cima de la colina, al abrigo de una cornisa. 

Los alemanes, sorprendidos en un principio, reaccionaron rápidamente obligando a los atacantes a permanecer en sus precarias posiciones. Los japoneses devolvían el fuego pero de manera errática. Después de varias horas de esta situación el comandante japonés inició una carga con sus hombres, pero los alemanes los rechazaron. Uno de los pelotones, dirigido por un teniente, intentó un segundo ataque. Los alemanes abrieron fuego sobre ellos matando al oficial que los dirigía. En lugar de regresar, se arrastraron por el terreno hasta quedar fuera del alcance de los alemanes y tras un penoso avance de 3 horas consiguieron llegar a la cima de la colina. El pelotón japonés abrió fuego sobre los alemanes, quienes se encontraron de repente en un fuego cruzado. El suboficial alemán al cargo decidió negociar: rendiría el puesto si se permitía que sus hombres regresaran a Tsingtao. Para su sorpresa, los japoneses ignoraron la bandera blanca que portaba y lo hicieron prisionero. Inmediatamente los alemanes de rindieron. Los japoneses habían conquistado el vital puesto alemán, tan solo sufrieron 24 bajas. Los alemanes perdieron 6 hombres mientras que el resto, 54, fueron hechos prisioneros. 

3. 6. El asedio 
Perplejos por la pérdida de su puesto y por un ataque masivo de la flota aliada, los alemanes se retiraron de su segunda línea defensiva. El Kaiserin Elisabeth, el Jaguar y el S90 alcanzados por numerosos disparos de la artillería de campaña japonesa se refugiaron en el puerto. 

Kamio adelantó a sus tropas hasta la línea interior de la defensa alemana, estableciendo una base en la Bahía de Schatsykou, cerca de Tsingtao. La Marina limpió de minas y obstáculos la zona, perdiendo 2 dragaminas en la operación. Los ingenieros construyeron un muelle, una carretera y un pequeño ferrocarril que unía esta base con Lau Schan y finalmente un almacén para aprovisionar a las tropas. El ferrocarril podía desplazar 150 toneladas diarias, al mismo tiempo que servía para transportar a las tropas. Los ingenieros construyeron también plataformas de hormigón para la artillería de asedio y construyeron puestos de observación camuflados equipados con líneas telefónicas y radio. Todas las construcciones estaban dirigidas hacia Tsingtao. 

Meyer-Waldeck decidió entonces entorpecer la actividad de los aliados. Las baterías terrestres comenzaron a bombardear la retaguardia japonesa. El aeroplano alemán en servicio indicaba de manera muy imprecisa los objetivos, además de que la actividad aérea japonesa obligó a que no pudiera acercarse a las posiciones enemigas. Los globos de observación eran objetivo fácil para la artillería antiaérea, por lo que los observadores se negaban a subir. El empleo de un globo meteorológico –equipado con equipos fotográficos- tampoco dio resultado ya que fue destruido por los japoneses. Los alemanes desde ese momento se vieron obligados a abrir fuego artillero a ciegas, disparando 1500 obuses al día. Pensando que su capacidad de fuego había mermado las defensas de los aliados, el Mando Alemán decidió efectuar una salida contra las posiciones enemigas. La noche del 2 de octubre 3 compañías alemanas partieron. Una encontró se encontró con una trinchera japonesa abandonada y tras reconocer la posición regresó a sus líneas. Las otras dos se toparon con una resistencia enemiga muy fuerte. Los japoneses capturaron a 6 alemanes y mataron a 29. De nuevo una victoria para los japoneses. 

Las fuerzas de Kamio cavaron trincheras frente a la línea alemana. En este momento se produjeron incidentes entre las fuerzas japonesas y británicas en primer lugar motivados por diferencia de criterios: los británicos demandaban que la artillería japonesa respondiera al fuego alemán, mientras que Kamio estaba reservando la artillería para la fase final del asedio. Por otro lado los soldados en las trincheras no llegaban a diferenciar el alemán del inglés y se produjeron incidentes armados entre las tropas (lo que se solventó obligando a los soldados ingleses a llevar puestos abrigos japoneses). Junto a ello, la diferencia en procedimientos (incluso sanitarios), alimentación, y la típica arrogancia británica estuvo a punto de causar un serio revés en la moral de las tropas. Curiosamente, la Royal Navy no experimentó este tipo de problemas y sus fuerzas se integraron a la perfección con sus homólogos japoneses. 

Los bombardeos navales destinados a destruir las defensas costeras de Tsingtao no tuvieron éxito. El 6 y el 10 de octubre 3 de los barcos que efectuaban el bloqueo se acercaron y entablaron un combate directo contra las baterías costeras, pero los alemanes los rechazaron. Kato, contrariado, decidió atacar con más fuerza y el 14 de octubre envió a toda su fuerza naval para efectuar un fuerte bombardeo y destacar a cuatro de sus buques para un ataque más cercano. El Triumph fue alcanzado de lleno por un disparo alemán y se tuvo que retirar (sería reparado por las naves de apoyo en apenas 24 horas). El resto de la flota desistió de continuar el bombardeo. 

El 15 de octubre de nuevo se desató un tifón. El ferrocarril se inundó y una inundación arrastró las piezas de artillería, además, 25 soldados japoneses se ahogaron en la inundación. Los alemanes, por su parte, abandonaron todos los barcos que no eran esenciales en el puerto y desembarcaron a las tripulaciones que actuarían como infantería. Los aliados permitieron que los alemanes evacuaran a los no combatientes. 

Meyer-Waldeck ordenó una salida del S90 en contra de la flota aliada. La noche del 17 de octubre el destructor alemán salió sigilosamente del puerto. Después de navegar durante unas horas localizó una sombra sobre la superficie. El S90 disparó un torpedo que alcanzó al crucero Takachiho haciendo estallar las municiones (de los 256 hombres a bordo tan solo sobrevivieron 3). A los disparos del resto de la flota aliada se unieron los de la artillería costera germana, en medio de esta confusión el S90 logró evadir a los enemigos y días después atracó en un puerto chino. Tras este episodio, en Tsingtao tan sólo el Jaguar y el Kaiserin Elisabeth permanecían a flote. 

Meyer-Waldeck ordenó otra misión terrestre que se efectuó el 22 de octubre. No obstante la patrulla de 80 alemanes fue descubierta por los centinelas enemigos y tuvieron que retirarse. 

El 25 de octubre, la artillería de asedio japonesa informó que estaba lista y en posición. Kamio, que había planificado minuciosamente el ataque, ordenó que ningún cañón abriera fuego hasta que cada uno de ellos no tuviera los 1200 proyectiles que se habían destinado para cada uno. Además, para evitar revelar la posición de los cañones, todos abrirían fuego al mismo tiempo. Cuando terminara el bombardeo e iniciara el ataque final, los ingenieros japoneses formarían pelotones de asalto equipados con fusiles, granadas y tubos de bambú llenos de explosivo (una especie de torpedo Bangalore) con el que abrir paso a través de las alambradas. 

Con una inesperada mejoría del clima, la Segunda Escuadra de Kato inició un bombardeo naval sobre las baterías costeras. Los días 29 y 30 de octubre la flota –a la que había vuelto el Triumph- bombardeó sistemáticamente las posiciones germanas. 

El 31 de octubre, día del cumpleaños del emperador, la artillería pesada abrió fuego, secundada por las naves de Kato. Irónicamente el tiro estaba dirigido desde el puesto de observación ubicado en la Colina Prinz Heinrich. El primer día, la artillería de asedio había destruido las baterías terrestres alemanas. Durante la noche el constante disparo de bengalas disuadió a los alemanes de tratar de efectuar cualquier reparación. Los atacantes cavaron nuevas posiciones 300 metros más adelante. 

El bombardeo continuó el siguiente día -1 de noviembre- y algunos disparos alcanzaron los depósitos de combustible y los muelles del puerto, mientras que el resto cayó sobre las baterías terrestres que aun estaban intactas. La flota continuó disparando contra las cada vez menos baterías costeras. Esa noche los japoneses intentaron un ataque de infantería pero fueron rechazados. Meyer-Waldeck, pensando que el final ya estaba cerca, ordenó que el Kaiserin Elisabeth y el Jaguar fueran hundidos y su tripulación desembarcara para reforzar a la guarnición. 

El 2 de noviembre, con las baterías de Tsingtao destruidas, la artillería japonesa empezó a disparar contra los reductos y las alambradas. Esa noche los japoneses avanzaron otros 300 metros y cavaron trincheras. Al día siguiente -3 de noviembre- algunas baterías arrasaron la central eléctrica, mientras el resto continuó disparando sobre los reductos y las alambradas. Los alemanes comenzaron a abandonar los reductos. Esa noche los japoneses se posicionaron en la línea de ataque. 

Al amanecer del 4 de noviembre, una compañía de infantería japonesa reforzada por un pelotón de ingenieros atacó el depósito de agua. Lo tomaron con facilidad capturando a 21 prisioneros. A partir de ese momento los defensores debían racionar el agua. Esa noche los aliados volvieron a avanzar otros 300 metros y cavaron trincheras y túneles. Los británicos, ubicados en un sector peligroso, no pudieron seguir el ritmo de los japoneses y sufrieron además 26 bajas (8 muertos) debido al fuego de los defensores. Obviamente, esto vino a agriar aun más las relaciones anglo japonesas. 

El 5 de noviembre, la flota aliada aniquiló la última batería costera: Hui tschuen huk. Mientras tanto la artillería pesada siguió bombardeando los reductos abandonados. Tsingtao ya no tenía más defensas. Esa noche los japoneses avanzaron hasta la última línea de asalto que habían planeado. Según los sectores del frente se encontraban entre los 100 y los 1000 metros de los defensores alemanes. Los defensores, cuyas trincheras habían quedado en muchas zonas reducidas a escombros se parapetaban en los cráteres de las explosiones. 

Meyer-Waldeck se hizo cargo de que el final estaba por llegar. El 6 de noviembre ordenó al Taube que volara hasta territorio chino con sus últimos despachos, los cuales fueron enviados posteriormente a Alemania. 

El piloto del Taube era el teniente Gunther Plüschow. Tras realizar esta misión, fue internado en China pero logró escapar y llegar a Shanghai, de allí embarcó con destino a San Francisco. Cruzó los Estados Unidos y llegó a embarcar con destino a Europa, no obstante fue arrestado en el buque y enviado a la prisión de Gibraltar. De nuevo consiguió escapar y llegó a Londres, cruzó el Canal, llegó a Holanda y de allí consiguió llegar a Alemania en 1915. Paradójicamente, en su patria fue arrestado y considerado espía. No obstante, una vez que se verificó su historia fue aclamado como héroe nacional. Fue el único combatiente alemán que escapó del asedio de Tsingtao. 

 

La artillería, una vez destruidos los objetivos principales, disparó sobre cualquier lugar que pudiera prestar protección a los defensores. Igualmente la flota, se unió a este bombardeo. 

Kamio quería que los británicos se acercaran y se unieran al ataque. Le dijo a los mandos británicos que concluyeran sus túneles y trincheras esa misma noche a cualquier coste, contarían con la cobertura del fuego de las armas ligeras de las unidades japonesas cercanas. El ataque final se produciría la siguiente noche y los británicos participarían en la primera oleada. Estas órdenes crisparon los ánimos de los británicos, ya que consideraban que era innecesario exponer a sus fuerzas en este tipo de maniobra. 

Mientras tanto, Kamio ordenó a sus unidades probar las defensas alemanas. Una compañía de infantería japonesa avanzó hasta el reducto 4 antes de que los defensores lo detectaran. Los alemanes abrieron fuego y lanzaron una carga a la bayoneta para rechazar al enemigo. Los japoneses se retiraron. Otra compañía japonesa hizo lo mismo contra el reducto 3. Los alemanes se atrincheraron en el interior del bunker de hormigón. Una segunda compañía japonesa se unió al ataque y comenzó a disparar a través de las brechas de la estructura logrando que los defensores se rindieran. El reducto 2, pobremente defendido, cayó rápidamente. Los japoneses intentaron atacar nuevamente el reducto 4, pero en esta ocasión se toparon con tropas alemanas de reserva que se incorporaban a su defensa. Después de 3 horas de fieros combates, los japoneses lograron tomar la posición efectuando una carga a la bayoneta. En los flancos, los reductos 1 y 5 resistieron desesperadamente. Cuando Kamio tuvo noticia del éxito de estos ataques ordenó el asalto final. 

Avanzando a través de la brecha en el centro de la línea alemana, los japoneses se desplegaron. Una compañía de infantería cargó hacia la Colina Iltis. Allí se produjo en episodio curioso. Un teniente alemán que dirigía a una compañía de infantería espada en mano se encontró con un capitán japonés que atacaba también con la espada de samurai en sus manos, como si fuera un combate de otra época ambos hombres iniciaron un duelo a espada ante la atónita mirada de los soldados de ambos bandos. Finalmente el japonés mató al oficial alemán, lo que hizo que la tropa se rindiera. Otra compañía japonesa capturó la Colina Bismarck. 

Meyer-Waldeck y sus hombres se rindieron saliendo de los reductos 1 y 5. La mañana del 7 de noviembre, un día claro y despejado, los japoneses y los británicos entraron en la ciudad de Tsingtao. 

Los alemanes sufrieron 493 bajas (199 muertos), además de 3600 prisioneros. La Inteligencia Alemana estimó las bajas aliadas en 12000, una exageración que pervivió durante cierto tiempo en los documentos alemanes. Lo cierto es que los japoneses sufrieron 1900 bajas (415 muertos). La Marina perdió al crucero ligero Takachiho, al destructor Shirotaye, una lancha torpedera y 2 minadores con 400 bajas (300 muertos). Los británicos sufrieron 74 bajas en el Ejército (13 muertos) y 9 (3 muertos) en la Marina. 

Japón devolvió Tsingtao a China, pero conservó el Ferrocarril de Shantung. Su guarnición fue el inicio del Ejército de Kwantung. Kamio, aclamado por el éxito al conquistar esta posición alemana, se retiró del servicio, en parte porque no compartía las ideas de corte fascista de gran parte de su oficialidad que reclamaban territorios y una expansión nipona a costa de China. 

El éxito de la operación residió en el abrumador poder de fuego desplegado por Kamio, lo que se tradujo en pocas bajas a la hora de efectuar el ataque final. Paradójicamente, los oficiales que formaban su estado mayor, negaron esa realidad y dieron paso a la idea de una victoria japonesa debida a la superioridad racial del soldado japonés heredero de la tradición samurai. Soldados que sometidos a una disciplina del código samurai se convertían en invencibles, punto de vista que en años posteriores prosperó y lanzó a Japón a una serie de conquistas territoriales y a la larga a la Segunda Guerra Mundial. 

4. LAS CONSECUENCIAS 

Las consecuencias de Tsingtao fueron diversas. En primer lugar Alemania perdió su colonia de Asia, pero esta pérdida también eliminó las suspicacias existentes entre Alemania y las naciones asiáticas, al punto de que la China Nacionalista solicitó la presencia de consejeros militares alemanes. Incluso Japón inició un acercamiento a Alemania una vez acabada la contienda, por lo que se puede decir que Alemania obtuvo una especie de victoria diplomática. 

En segundo lugar, Gran Bretaña firmó un contrato de arrendamiento para emplear el puerto militar de Weiheiwei donde podía estacionar a su Escuadra de China. No obstante con la devolución de la base de Tsingtao a China en 1920 por parte de Japón, expiró el contrato y Gran Bretaña tuvo que devolver la base. Su puerto militar más cercano en la zona sería Hong Kong. Japón se convirtió en la principal potencia en la zona dando comienzo una serie de tensiones con los británicos. Junto a ello, China comenzó a mostrar un resentimiento cada vez más fuerte hacia la presencia británica. 

Por último, en Japón los efectos de la victoria en Tsingtao se tradujeron en una campaña política a favor de emprender una campaña imperialista. El primer paso fue presentar, en 1915, una serie de demandas territoriales y económicas en China y que no prosperaron tan solo por la intervención de los aliados. Japón no obstante empezó a inmiscuirse en los asuntos internos de China y a participar en la guerra civil china apoyando, poniendo en marcha una maniobra de desestabilización, a los diferentes bandos enfrentados. La llegada de los asesores militares fue el inicio del futuro ejército de Kwantung. Por otro lado, la intervención japonesa en Siberia contra los bolcheviques –como parte de la intervención de las grandes potencias en la Guerra Civil Rusa- terminó con una fuerte tensión diplomática entre Japón y Estados Unidos. Por último la intervención japonesa en Corea, territorio que era considerado como un trampolín para posteriores acciones en China, alcanzó niveles de violencia de gran ferocidad cuando el Ejército nipón se hizo cargo de la administración y reprimió la presencia de los políticos. En este momento, Gran Bretaña al comprobar los niveles de tensión existentes en el propio y la rivalidad latente con Estados Unidos, dio por terminada su alianza con los japoneses. Todo este clima enrarecido acabó por poner a Japón en la órbita de las ideologías ultranacionalistas y dio paso, ya en los años 30, a una dictadura militar de corte fascista. 


Fuentes 

Websites: 
http://www.allstar.fiu.edu/aero/pluschow.htm 
http://www.sandafayre.com/atlas/china.htm 
http://europeanhistory.about.com/library/prm/blswaneast3.htm 
http://www.firstworldwar.com/battles/tsingtao.htm 
http://www.firstworldwar.com/bio/kamio.htm 
http://www.sacktrick.com/igu/germancolonialuniforms/tsingtao.htm 
http://www.greatwardifferent.com/ 
http://www.tsingtau.info/ 

Textos: 
Renouvin, Pierre: Las crisis internacional y la primera Guerra mundial. 1905 – 1919. Akal. 
Neville Hilditch: Battle Sketches 1914 – 1915 Oxford University Press, 1915 en http://www.greatwardifferent.com/Great_War/Tsing_Tao/Tsing_Tao_Text_01.htm 
Journal of Great Deeds, May 1 1915 en http://www.greatwardifferent.com/Great_War/Tsing_Tao/Tsing_Tao_Text_03.htm