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sábado, 11 de marzo de 2017

Biografía: Sargento Juan Bautista Cabral

Juan Bautista Cabral
Revisionistas


Combate de San Lorenzo, 3 de febrero de 1813

Nació en Saladas, Pcia. de Corrientes, a fines del siglo XVIII. Era hijo natural de José Jacinto Cabral y Soto, y de la morena Carmen Robledo. Su madre posteriormente se casó con el moreno Francisco que llevaba el apellido Cabral por ser también servidor de esa antigua familia.

Criado desde pequeño en la casa, recibió muy buena instrucción por parte de Luis Cabral y Soto que fue Alcalde Provincial de Corrientes y del sacerdote José Baltasar de Casajús.

Cuando se produjo la segunda invasión inglesa se hallaba en Buenos Aires y por carta del 19 de agosto de 1807, dirigida a sus familiares, les comunicaba que se había salvado, en un rancho, de ser descubierto por las tropas enemigas que pasaron adelante “saqueando los demás, y degollando a los que se encontraban dentro sin tener la más mínima piedad de nadie”.

Se incorporó a un contingente reclutado en 1812 por el gobernador intendente de Corrientes, Toribio Luzuriaga. Enviado este contingente a Buenos Aires, realizó el viaje en una embarcación fluvial. Cabral fue destinado al Cuerpo de Granaderos Montados, primitivo nombre del Regimiento de Granaderos a Caballo, al cual se incorporó el 15 de noviembre de 1812, al organizar el coronel San Martín su cuerpo. Dice Pastor S. Obligado que por su “viveza y natural inteligencia le hizo subir a cabo instructor antes de concluir ese año, y por su puntualidad y distinción llegó a sargento al siguiente”.

Con dicho escuadrón marchó al mando de San Martín y combatió en San Lorenzo el 3 de febrero de 1813. En la acción, la metralla hirió en el pecho al caballo del jefe, que cayó pesadamente a tierra apretando su pierna derecha en medio del fragor del combate. El peligro en que se hallaba fue evitado por el puntano Juan Bautista Baigorria, quien mató de un lanzazo a un soldado realista que atacaba a San Martín. En el entrevero que se originó alrededor del jefe de los granaderos, el soldado Cabral, ya herido de bala, se aproximó para sacarlo de la comprometida acción en que se hallaba. Momentos después salvaba a San Matín, mientras era atravesado su cuerpo sufriendo dos heridas, oyéndosele decir: “¡Viva la Patria! Muero contento por haber batido a los enemigos”. Cabral fue sepultado cerca del pino histórico de San Lorenzo.

Era alto, grueso, bizarro, de robusta contextura. En la comunicación con que acompaña a la lista de muertos, y que lleva fecha 27 de febrero, dice San Martín: “No puedo prescindir de recomendar…. a la familia del granadero Cabral”. El gobierno de Buenos Aires por decreto del 6 de marzo del mismo año, dispuso que se fijase “en el cuartel de Granaderos un monumento que perpetúe recomendablemente la existencia del bravo granadero Juan Bautista Cabral en la memoria de sus camaradas”.

Refiere el historiador José Juan Biedma que “el santo y seña del Regimiento de Granaderos en el aniversario del combate fue: “Cabral mártir de San Lorenzo”.

Cuando San Martín regresó con su regimiento, en cumplimiento de la disposición del Triunvirato ya recordada, mandó colocar en lo alto de la puerta del cuartel, situado en la plaza del Retiro, un cuadro conmemorativo de su muerte con la leyenda: “Juan Bautista Cabral. ¡murió heroicamente en el campo del honor”, al cual, desde el primer jefe al soldado más modesto, saludaban militarmente al entrar. Esta inscripción se conservó –dice Mitre- hasta 1824, en que se disolvió el regimiento.

No hay manual de historia en nuestro país, que no haga referencia al “Sargento” Cabral. Acaso el general Mitre en su Historia de San Martín, es el único historiador que no llama “sargento” al hazañoso correntino. La figura de Cabral se nos aparece en esa importante obra, tan heroica como la que más.

Un historiador (1) ha llegado a negar la existencia del grado de sargento a Cabral, pues dice que “Cabral no era sino granadero el día del combate y no pudo modificar tal situación”. Agrega que no sabe a punto fijo quién inventó y difundió la versión de que Cabral era sargento, versión que hizo gran carrera. Manifiesta además que la permanencia del granadero Cabral en el ejército apenas alcanzó tres o cuatro meses cuando más, desde octubre de 1812 hasta el 3 de febrero de 1813.

En homenaje a Cabral, el escultor Camilo Romairone modeló una estatua suya utilizando el metal de algunos cañones españoles antiguos, que el gobierno de la Nación cedió al de Corrientes, en 1883. Fue colocada en la plaza que tiene su nombre en la capital de esa provincia, el 9 de julio de 1887. En el Convento de San Carlos, por iniciativa del doctor Adolfo P. Carranza se colocó una lápida en el cementerio de los padres franciscanos, con la siguiente inscripción: “A la memoria de Juan Bautista Cabral. Muerto en la acción de San Lorenzo el 3 de febrero de 1813. Su abnegación salvó la vida del Libertador San Martín”.

A pesar de que un autor insista que la sargentía de Cabral es una leyenda falaz, sin fundamento alguno, el homenaje al benemérito granadero se rinde permanentemente. Una localidad de la provincia de Santa Fe lleva su nombre como sendas calles de Rosario y Buenos Aires.

El único retrato pictórico del héroe lo realizó Gaspar Besares Soraire, en 1930, y se halla entronizado en el Casino de Suboficiales del Regimiento 20 de Infantería de Montaña, de Jujuy. Su monumento fue obra del escultor Juan Carlos Oliva Navarro, inaugurado en el Cuartel de Granaderos a Caballo.

Referencia


(1) En referencia a Jacinto R. Yaben, quien sostiene que “En realidad Cabral revistó simplemente como granadero en las listas de su cuerpo”.

Fuente
Cutolo, Vicente Osvaldo – Nuevo Diccionario Biográfico Argentino – Buenos Aires (1969).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Portal www.revisionistas.com.ar
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938)

martes, 27 de diciembre de 2016

Anecdotario histórico argentino: Lavalle y Bolívar

Lavalle y Bolívar 


Juan Lavalle
Fué Lavalle uno de los campeones de nuestra maravillosa epopeya. Vulcano épico de mirada azul y de barba rojiza, tuvo por yunque los campos de Maipú, Chacabuco, Paseo y Río Bamba, y, por martillo su luciente corvo granadero. Luchador incansable de la Libertad desde muy niño, peregrínó por medio continente cosechando a su paso admiración y respeto.
Orgulloso y altivo, aun en la adversidad, no toleró jamás una ligereza, ni aún de los jefes de mayor rango, olvidando a veces los principios fundamentales de la disciplina.
Después de la victoria de Pichincha la ciudad de Quito se ha vertido de gala para homenajear a los vencedores. Una larga mesa llena de manjares y bebidas está rodeada por la brillante oficialidad patriota. El vino y la Gloria del día afiebraba las mentes. Bolívar amante de los brindis y de los discursos levanta su copa y dice:

¡No tardará mucho el día en que pasearé el pabellón triunfan de Colombia hasta el suelo Argentino! 
Un ambiente tenso sigue a las palabras del Libertador de Colombia que, probablemente las haya pronunciado sin medir el alcance de las mismas. Pero de cualquier manera el guante es recogido por el sargento mayor Lavalle que levantando su copa brinda con tono enérgico:
La Argentina se halla independiente y libre de toda dominación española, y lo ha estado desde el día en que declaró su emancipación el 25 de Mayo de 1810. En todas las tentativas para reconquistar territorio, los realistas han sido derrotados. Nuestro Himno consagra triunfos. ¡Brindo por la Independencia de América! 
En otra ocasión en que Bolívar pasaba revista a los granaderos cuyo jefe a la sazón era Lavalle, se molestó por una oportuna respuesta
de éste y le dijo amenazador:

¡Teniente coronel Lavalle! ¡Estoy acostumbrado a fusilar generales insubordinados! 
A lo que le contestó enérgico el bizarro oficial de San Martín llevando la diestra a la empuñadura de su corvo:
¡Esos generales no tendrían una espada como ésta...!


Simón Bolìvar

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Biografías: Manuel Isidoro Suárez (Argentina)

Coronel Manuel Isidoro Suárez 
 

Manuel Isidoro Suárez (nacido en Buenos Aires, 1799 - fallecido en Montevideo, 1846), coronel del Ejército Argentino, que luchó en las guerras de independencia hispanoamericana, dirigiendo la caballería peruana y colombiana en la batalla de Junín. Posteriormente participó en las guerras civiles argentinas. 

Sus inicios 
Se enroló muy joven en el Regimiento de Granaderos a Caballo, y cruzó los Andes con el Ejército de los Andes, del general José de San Martín; luchó en Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú. También participó en las últimas campañas del sur de Chile. 
Hizo la campaña del Perú y luchó en Nazca, Cerro de Pasco y el sitio de El Callao. A órdenes de William Miller hizo la campaña de Arequipa y luchó en la batalla de Mirave, victoria que le valió el ascenso a teniente coronel. 

La batalla de Junín 
El 6 de agosto de 1824 en la Pampa de Junín se enfrentaron los ejércitos independentista y realista. Los patriotas estaban en peor terreno y la caballería realista estaba en mejores condiciones. En la tarde, a las cuatro, se produjo un choque terrible. En el primer choque de ambas caballerías “con sables y espadas”, la del general Miller fue avasallada. Esa impresión obligó a Simón Bolívar a abandonar el campo y reunirse con su infantería que se encontraba a retaguardia. Una vez reunidos sus hombres, apuró el paso y esperó nuevamente a la caballería realista al mando de José Canterac. 
Parte de la caballería de Miller, los Húsares del Perú, al mando de Manuel Isidoro Suárez, quedó emboscada en un recodo del camino, en uno de los flancos de las fuerzas principales de Miller. Allí se mantuvo Suárez, en espera. No salió inmediatamente a auxiliar al resto de la caballería de Miller, al observar que la caballería realista de Canterac, venía a todo galope en persecución . Isidoro Suárez la dejó pasar y luego ordenó el ataque; de improviso la caballería realista se vio atacada por su flanco descuidado y se desconcertó. Al darse cuenta de este hecho los de la caballería del ejército unido libertador que se encontraba en fuga, empezaron a reagruparse y volver al ataque. Los realistas no pudieron aguantar tan inesperada reacción y empezaron el desbande, perseguidos por los Húsares del Perú, Granaderos de Colombia, Regimiento de Granaderos a Caballo y Húsares de Colombia. 
Por sus meritos fue ascendido a coronel y el nombre de su escuadrón fue cambiado por Bolivar a Húsares de Junín, actualmente la escolta presidencial del Perú, a cuya cabeza volvió a combatir en la batalla de Ayacucho. 
Acusado de intentar derrocar a Bolívar, junto con otros muchos oficiales argentinos, fue arrestado y expulsado del Perú. Durante algún tiempo residió en Chile. 



Dice Borges de su bisabuelo el Coronel Isidoro Suárez :
Se llamaba Manuel Isidoro Suárez… Yo tenía unos 18 años cuando falleció mi abuela, que nos contaba las historias de él. Era hijo de Nicolás Suárez y Pérez y de Leonor Merlo y Rubio, nació en la esquina de San Martín y Cangallo, a tres cuadras de la Plaza de Mayo. A los catorce años se enroló como cadete en el Regimiento de Granaderos a Caballo y al año lo nombraron portaestandarte del tercer escuadrón, luego lo hicieron alférez y hacía parte del Ejército de los Andes de San Martín cuando la batalla de Maipú y en la batalla de Junín comandó los Húsares de Perú, un regimiento de caballería peruana y colombiana donde había pocos argentinos, ya San Martín se había ido, estaba a las órdenes de Bolívar y él comandó una carga de caballería que decidió la batalla. La batalla de Junín sería militarmente una escaramuza, sólo duró tres cuartos de hora y no se disparó un solo tiro, fue una batalla entre la caballería patriota y la caballería española y toda la batalla fue entre sable y lanza, y allí mi bisabuelo atravesó con su lanza a un español que había tomado prisionero al Coronel José Valentín de Olavaria, que era un amigo suyo, entonces él vio eso, fue al galope, y lo atravesó al godo, como se decía entonces, y le dio la libertad a su amigo, que era uno de los hombres más valientes del ejército de la independencia, pero, como Carlos XII, había una cosa a la que él le tenía mucho miedo, la oscuridad, no podía dormir en lo oscuro; Carlos XII de Suecia, para mí uno de los hombres más valientes que registra la historia, tenía miedo a la oscuridad también, Olavarría igualmente… Yo he dedicado demasiados poemas a mi bisabuelo, deben ser en verdad borradores… Sucre en las cartas que escribió a Bolívar hizo repetidos elogios de él… Era primo segundo de Rosas pero prefirió el destierro y la pobreza en Montevideo a vivir bajo su dictadura, le confiscaron los bienes y a uno de sus hermanos lo ejecutaron…

La Guerra del Brasil 

Regresó a Buenos Aires en 1827, y por orden del presidente Bernardino Rivadavia fue puesto al mando de un regimiento de lanceros, con el que puso sitio a Colonia, aún en manos brasileñas. Participó también a la campaña de Río Grande, luchando en el combate de Padre Filiberto. 
A su regreso a Buenos Aires, prestó servicios en la frontera contra los indígenas. 

La revolución de Lavalle 
Apoyó la revolución del 1 de diciembre de 1828, dirigida por Juan Lavalle contra el gobernador Manuel Dorrego. Combatió en la batalla de Navarro y participó en la campaña contra las montoneras federales del norte de la provincia de Buenos Aires. 
En febrero de 1829 derrotó al mayor Manuel Mesa y al caudillo Molina en Las Palmitas; en su honor, el gobernador delegado Guillermo Brown llamó al cercano Fuerte Federación con el nombre de Junín, hoy una ciudad importante. 
Después de la caída de Lavalle se exilió en Montevideo. Tuvo una estancia en Mercedes. 
Apoyó las revoluciones de Fructuoso Rivera contra el presidente Manuel Oribe, pero no llegó a combatir en ninguna batalla. 
Después de la batalla de Arroyo Grande, a principios de 1843, comandó una división de dispersos reunidos en Mercedes para intentar impedir el avance de Oribe sobre Montevideo. Fue obligado a refugiarse en la ciudad, donde participó en la defensa contra el sitio que le impuso Oribe. 
Falleció en febrero de 1846 en Montevideo. Curiosamente, sus cenizas fueron mezcladas con la de su amigo, el coronel José Valentín de Olavarría. 
Estuvo casado con Jacinta Haedo. 

Homenajes 
Además del nombre de la ciudad de Junín, también la ciudad de Coronel Suárez — de 30.000 hab — honra la memoria del heroico coronel, como así el partido de Coronel Suárez, división administrativa de la provincia de Buenos Aires. 



Monumento al Cnel. Suarez en el pueblo homónimo (Pcia de Buenos Aires)

Fue bisabuelo de Jorge Luis Borges, quien lo recordó en varios de sus poemas: 
Inscripción sepulcral, poema de Fervor de Buenos Aires, 
Página para recordar al coronel Suárez, vencedor en Junín (El otro, el mismo) 
Coronel Suárez (La moneda de hierro), 
La Recoleta (Atlas). 




Enlaces externos 
Información sobre el coronel argentino 
Wikipedia
Fuente 3

viernes, 24 de junio de 2016

Anecdotario histórico argentino: Lavalle y Bolívar

Lavalle y Bolívar 



Juan Lavalle
Fué Lavalle uno de los campeones de nuestra maravillosa epopeya. Vulcano épico de mirada azul y de barba rojiza, tuvo por yunque los campos de Maipú, Chacabuco, Paseo y Río Bamba, y, por martillo su luciente corvo granadero. Luchador incansable de la Libertad desde muy niño, peregrínó por medio continente cosechando a su paso admiración y respeto.
Orgulloso y altivo, aun en la adversidad, no toleró jamás una ligereza, ni aún de los jefes de mayor rango, olvidando a veces los principios fundamentales de la disciplina.
Después de la victoria de Pichincha la ciudad de Quito se ha vertido de gala para homenajear a los vencedores. Una larga mesa llena de manjares y bebidas está rodeada por la brillante oficialidad patriota. El vino y la Gloria del día afiebraba las mentes. Bolívar amante de los brindis y de los discursos levanta su copa y dice:

¡No tardará mucho el día en que pasearé el pabellón triunfan de Colombia hasta el suelo Argentino! 
Un ambiente tenso sigue a las palabras del Libertador de Colombia que, probablemente las haya pronunciado sin medir el alcance de las mismas. Pero de cualquier manera el guante es recogido por el sargento mayor Lavalle que levantando su copa brinda con tono enérgico:
La Argentina se halla independiente y libre de toda dominación española, y lo ha estado desde el día en que declaró su emancipación el 25 de Mayo de 1810. En todas las tentativas para reconquistar territorio, los realistas han sido derrotados. Nuestro Himno consagra triunfos. ¡Brindo por la Independencia de América! 
En otra ocasión en que Bolívar pasaba revista a los granaderos cuyo jefe a la sazón era Lavalle, se molestó por una oportuna respuesta
de éste y le dijo amenazador:

¡Teniente coronel Lavalle! ¡Estoy acostumbrado a fusilar generales insubordinados! 
A lo que le contestó enérgico el bizarro oficial de San Martín llevando la diestra a la empuñadura de su corvo:
¡Esos generales no tendrían una espada como ésta...!


Simón Bolìvar

viernes, 17 de junio de 2016

Radiografía de la batalla de Chacabuco

Cómo fue la batalla de Chacabuco, por la que el mundo conoció a San Martín
Estaba cuidadosamente planeada, pero las cosas no salieron según lo previsto. El jefe del Ejército de Los Andes debió improvisar sobre la marcha y hasta involucrarse él mismo en el combate
Infobae


Pese a la habitual parquedad de San Martín cuando tomaba la pluma, se lo nota orgulloso y exultante en la comunicación que envía a Juan Martín de Pueyrredón, Director Supremo de las Provincias Unidas después de Chacabuco, el 22 de febrero de 1817: "... el eco del Patriotismo resuena por todas partes a un tiempo mismo, y al Ejército de los Andes queda para siempre la gloria de decir: en 24 días hemos hecho la Campaña, pasamos las Cordilleras más elevadas del globo, concluimos con los tiranos y dimos la Libertad a Chile".

Diez días antes, el 12 de febrero, había tenido lugar la batalla de Chacabuco, que sería la coronación de una operación audaz por su concepción y brillantemente ejecutada: el cruce de Los Andes por el ejército que San Martín venía organizando y entrenando en la gobernación de Cuyo desde hacía tres años. Derrotados en Rancagua, los patriotas chilenos habían pasado a Mendoza. Entre ellos, Bernardo O'Higgins y Ramón Freire ayudaron a San Martín a organizar el Ejército de Los Andes y se pusieron bajo su mando.

La sorpresa era un factor fundamental para un ejército patriota que disponía de menos hombres y armas que el realista. Las tropas de San Martín habían cruzado divididas, por tres pasos diferentes, algo que les fue hábilmente ocultado a los realistas. El gobernador de Chile, Casimiro Marcó del Pont, no tenía un plan claro de defensa; la llegada del Ejército de los Andes lo sorprendió con la tropa dispersa, algo a lo que lo había forzado San Martín al multiplicar los cruces. Además de los tres principales, hubo cuatro secundarios, dos al norte y dos al sur. La operación estuvo tan bien coordinada que, pese a su complejidad, la altura de la cordillera a atravesar y la extensión de los cruces en un frente de unos 800 kilómetros, las tropas patriotas llegaron casi todas al mismo tiempo a Chile, entre los días 6 y 7 de febrero.


El cruce de los Andes

Luego de varios combates menores, los patriotas estaban dominando el norte de Chile, por donde había pasado el grueso del ejército.

San Martín prepara entonces el enfrentamiento decisivo en la cuesta de Chacabuco, a 50 kilómetros al norte de la ciudad de Santiago. Para ello concentra sus tropas en Curimón.

Marcó del Pont designa al brigadier Rafael Maroto para enfrentar a los patriotas y detener su avance, defendiendo la Capital. Tendrá 2500 hombres a su mando: una compañía de húsares y varios batallones de Infantería..

San Martín por su parte disponía de 3500. Los patriotas se dividen en dos columnas, dirigidas por Miguel Estanislao Soler y por Bernardo O'Higgins, integradas por los Batallones nº1 de Cazadores de los Andes y nº11 de infantería, con el apoyo de los batallones 7 y 8 de Infantería, y 4 escuadrones de Granaderos a Caballo.

Los realistas fijan campamento en la víspera de la batalla en las casas de la hacienda de Chacabuco.

El plan del jefe del Ejército de los Andes era que una de las columnas atacara de frente a los realistas, para fijarlos –"aferrarlos", en lenguaje militar- en el terreno, para dar tiempo a la otra columna a avanzar dando un rodeo y atacarlos por el flanco y la retaguardia en un movimiento envolvente. Una táctica napoleónica que San Martín había tenido tiempo y oportunidad de estudiar muy bien. El mapa que acompaña esta nota muestra el escenario y los movimientos planeados.


El plan de batalla de San Martín

San Martín envía a O'Higgins al frente de la división menos numerosa, por el camino más corto y más escarpado –la cuesta vieja-, para atacar a las fuerzas realistas que él cree están aun en las casas de Chacabuco. Soler, mientras tanto, marcha con su división hacia el mismo lugar pero por el camino más largo (llamado cuesta nueva), para aparecer por el flanco y decidir la suerte de la batalla. Por eso O'Higgins debía demorar el combate hasta la llegada de Soler.

"El general O'Higgins –escribe Carlos A. Pueyrredón en La Campaña de los Andes-, al divisar a las tropas opresoras de su Patria, no pudo contenerse, e impulsado por su valor legendario se lanzó a la carga, resuelta e imprudentemente, contrariando las instrucciones de San Martín de esperar a la División Soler, para iniciar juntos el combate".

En este punto, hay cierto debate entre los historiadores. Algunos señalan que, habiendo San Martín dado la orden de no atacar hasta la llegada de Soler, que debía rodear el cerro, el apresuramiento de O'Higgins –inspirado en su arrojo, virtud en la cual todos coinciden- comprometió la estrategia del Libertador y lo obligó a intervenir. Cabe señalar que la primera carga de O'Higgins contra los realistas había fracasado y el jefe chileno se había visto forzado a retroceder.

Otros señalan que, en realidad, como el ejército realista marchó cuesta arriba –no se quedó en las casas de Chacabuco- al avanzar O'Higgins según lo previsto para posicionarse con el fin de atacarlos de frente, se encuentra de pronto con que las fuerzas de Maroto están a una distancia mucho menor de la que se esperaba. Por eso la batalla se empeña antes de lo previsto.



Fue ese el momento en que O'Higgins, desenvainando el sable, gritó: "¡Vivir con honor o morir con gloria, el que sea valiente que me siga!" y cargó contra el enemigo.

Según el historiador Isidoro Jorge Ruiz Moreno, San Martín consideraba a O'Higgins "valiente hasta la temeridad", pero "le criticaba la falta de conocimientos estratégicos". A diferencia de San Martín, O'Higgins, como otros jefes revolucionarios –y podemos pensar en el caso de Manuel Belgrano- se habían formado en el mismo proceso.

Pero el terreno no era propicio para el ataque, había quebradas que dificultaban el avance de la caballería, y esa primera carga de O'Higgins contra los españoles será vencida. Un segundo ataque lanzado por el jefe chileno estaba encontrando serias dificultades.


La batalla de Chacabuco, librada el 12 de febrero de 1817

Advertido San Martín de lo que ocurre, ordena a Soler atacar de inmediato. Más aún, decide intervenir él mismo en la batalla (ver video al pie de esta nota). Baja la cuesta al frente de sus granaderos y llega en el momento en que O'Higgins se disponía a lanzar un nuevo ataque frontal contra el enemigo realista. "El gran capitán venía bajando la cuesta al frente de sus granaderos cuando se apercibió del acto de arrojo de O'Higgins –sigue el relato de Carlos Pueyrredón en la obra citada-. Ordenó inmediatamente a los regimientos 7 y 8 de infantería que calaran bayoneta y atacaran resueltamente al centro del ejército realista; enseguida, a lanza y sable, arremetió contra el enemigo, para auxiliar a O'Higgins".

El general Gerónimo Espejo, que participó de la Campaña de los Andes, lo cuenta así: "Al ver en tan inminente riesgo la obra que le costaba tantos sudores y desvelos, el pundonor, la responsabilidad, el despecho, quizás lo condujeron (a San Martín) a la cabeza de los Granaderos, resuelto a triunfar o no sobrevivir si se consumaba el infortunio".

Miguel Ángel de Marco (ver su análisis en esta misma edición) recuerda que la estatua del general San Martín espoleando el caballo, con el dedo señalando en el aire, que nos es tan familiar, está inspirada en ese momento crucial de la batalla de Chacabuco cuando, al ver lo que estaba ocurriendo con O'Higgins, le dijo a su ayudante "Vaya y dígale al general Soler que ataque de inmediato", y luego montó a caballo para avanzar él mismo con sus granaderos.


La estatua ecuestre de San Martín, inspirada en la batalla de Chacabuco

Fue la última vez que se involucró físicamente como comandante en el combate, algo absolutamente inhabitual y que inquietó sobremanera a Pueyrredón: "Lo que sé por Luzuriaga –le escribe preocupado- es que usted con dos escuadrones de granaderos tuvo que meterse entre las líneas enemigas. De esto infiero, o que la cosa estuvo apurada, o que no tuvo usted jefe de caballería de confianza, porque en todo otro caso yo acusaría a usted del riesgo en que se puso. Dígame usted con la franqueza que debe lo que hubo en esto (...). Por Dios, cuídese usted, porque su vida y su salud interesan extraordinariamente al país y a sus amigos".

El ataque combinado de O'Higgins y San Martín, sumado al de Soler, rompe las filas realistas. Se retira la caballería, mientras que la infantería es perseguida varios kilómetros. La batalla, cuyos primeros movimientos se habían iniciado de madrugada, concluye entre las 3 y 4 de la tarde.

El parte de San Martín a Pueyrredón es brevísimo pero completo: "Una división de mil ochocientos hombres del ejército de Chile acaba de ser destrozada en los llanos de Chacabuco por el ejército de mi mando en la tarde de hoy. Seiscientos prisioneros, entre ellos treinta oficiales, cuatrocientos cincuenta muertos y una bandera que tengo el honor de dirigir es el resultado de esta jornada feliz con más de mil fusiles y dos cañones. La premura del tiempo no me permite extenderme en detalles, que remitiré lo más breve que me sea posible: en el entretanto, debo decir a V. E., que no hay expresiones como ponderar la bravura de estas tropas: nuestra pérdida no alcanza a cien hombres. Estoy sumamente reconocido a la brillante conducta, valor y conocimientos de los señores brigadieres don Miguel Soler y don Bernardo O'Higgins. Dios guarde a V. E. muchos años. Cuartel general de Chacabuco en el campo de batalla, y febrero 13 de 1817."

Chacabuco fue una victoria completa que les dio a los patriotas el dominio de Santiago. Marcó del Pont huye pero es capturado en Valparaíso cuando se preparaba para abordar un barco hacia Lima.


San Martín en la batalla de Chacabuco

El propio enemigo describe con gran precisión el impacto estratégico de la batalla. Desde Lima, el virrey Joaquín de la Pezuela admitirá que "la desgracia" padecida por sus fuerzas en Chacabuco había transformado "enteramente el estado de las cosas". "Cambióse el estado de la guerra", dijo.

La primera consecuencia es la entrada de los patriotas a la capital de Chile el mismo día 14, dos días después de Chacabuco. Los chilenos le ofrecen la titularidad del gobierno a San Martín la máxima jefatura de gobierno, como Director Supremo de Chile. Él declina el ofrecimiento y recomienda el nombramiento de O'Higgins.

Como vimos, en su parte de la batalla, San Martín no hace ningún reproche a O'Higgins. Muy por el contrario. Más tarde, en carta detallada a Pueyrredón sobre el desenvolvimiento de la batalla, nuevamente destaca el desempeño de sus subordinados y agrega varios nombres a la lista. "Sin el auxilio que me han prestado los brigadieres Soler y O'Higgins, la expedición no hubiera tenido resultados tan decisivos; les estoy sumamente reconocido, asimismo a los individuos del Estado Mayo, cuyo segundo jefe, el coronel Beruti, me acompañó en la acción y comunicó mis órdenes, así como lo ejecutaron a satisfacción mía mis ayudantes de campo el coronel don Hilarión de la Quintana, don José Antonio Álvarez, don Antonio Arcos, don Manuel Escalada y don Juan O'Brien". También nombra a los comandantes Cavot, Rodríguez y Freyre –que actuaron en otras zonas de Chile- y promete ampliar la lista de patriotas que se destacaron en la acción de Chacabuco, cuando reciba los informes del desempeño de toda la tropa, "para que sus nombres no queden en el olvido".


O'Higgins y San Martín, victoriosos

La amistad entre San Martín y O'Higgins fue una de las más fructíferas para la causa de la emancipación americana. Unió a dos hombres dispuestos a todo renunciamiento personal en aras del interés del conjunto. Entre ellos no hubo celos ni competencias que pudieran comprometer sus objetivos.

O'Higgins jamás escatimó a San Martín el reconocimiento que éste merecía por la emancipación de Chile y le brindó su amistad y lealtad hasta el fin.


Bernardo O'Higgins

Al asumir el gobierno de Chile, el 17 de febrero de 1817, se dirigió a sus compatriotas en estos términos: "Nuestros amigos los hijos de las Provincias del Río de la Plata [...] acaban de recuperaros la libertad usurpada por los tiranos. Estos han desaparecido cargados de su vergüenza al ímpetu primero de un ejército virtuoso y dirigido por la mano maestra de un general valiente experto y decidido a la muerte o a la extinción de los usurpadores".



Claudia Peiró cpeiro@infobae.com

viernes, 5 de febrero de 2016

Anecdotario histórico argentino: Pringles y el mar



Pringles en la caleta de pescadores

Era el teniente Juan Pascual Pringles un puntano de elevada estatura, ojos centelleantes y fuerza hercúlea, como toda aquella brillante pléyade de jóvenes que se enrolaron en el regimiento que creara pare victoria el Padre de la Patria. Vestía con elegancia su ajustado unifoi de granadero, casaca azul larga con vivos encarnados, calzón del mismo color y alta bota negra.
El 27 de noviembre de 1820 marchaba con 17 hombres con la misión de acompañar a un emisario del general San Martín que debía tomar contacto con el comandante Tomás Heres, jefe del Batallón real. Numancia, el cual, desde su jefe hasta el último soldado, estaba formado totalmente por americanos.
Al llegar a la Caleta de Pescadores cerca de Chancay ordenó pie en tierra, para esperar al emisario que se había adelantado a cumplir su cometido, cuando sobre una lomada aparecieron dos escuadrones de Dragones del Perú, el batallón Numancia y dos pieza de artillería mando del coronel D. Gerónimo Valdez. Se adelantaron los jinetes realistas y, cuando estuvieron a una distancia prudencial, intimaron rendición a los granaderos.

La respuesta fué inmediata. El teniente Pringles ordenó formar su pelotón en una fila detrás suyo y al toque de “a degüello”, cargó contra el centro de los escuadrones del rey.
Dable es imaginar lo que fué aquella acción. El sable y la lanza herían sin piedad y al fogoso valor de los patriotas lo apagó la abrumadora superioridad numérica de los adversarios.
Bien pronto tres granaderos habían caído para no levantarse otros once estaban heridos, encontrándose entre ellos el propio Pringles.
Este valiente, con los restos de su pequeña fuerza decidió, ante rendirse, sumergirse en el mar y a media rienda, seguido de los hombres que le quedaban, se echó al agua decidido al último sacrificio.
Emocionado el coronel Valdez por el heroísmo del joven patriota le envió un oficial para garantizarle su vida y la de sus hombres.
Sólo así se decidió Pringles a entregarse prisionero y, ya entre ocasionales enemigos, recibió de ellos las mil muestras de simpatía y admiración que reciben los valientes, aún de sus propios adversario.








domingo, 21 de junio de 2015

Guerra de la Independencia: Eufrasio Videla, el último granadero

Entrevista al Último Soldado del General San Martín 
Nota del 21.05.1910

Eufrasio Videla - El Ultimo Soldado




San Lorenzo


Falleció en Mendoza en 1916 en un estado de pobreza y abandono que otorga vergüenza a su propia estirpe.

Don Eufrasio Videla es un viejo alto, flaco, nudoso, erguido, casi tan erguido como los álamos que cortan las perspectivas en los alrededores de Mendoza.
Apenas un saludo y le espeté mi invariable pregunta:

- ¿Cuántos años?
- Treinta y ocho
- ¿Nada más?

El viejo sonríe, baja la cabeza para detener la mirada en el sombrero de anchas alas, color té con leche, al que sus dedos retorcidos como sarmientos hacen girar con porfía. Pienso en que el pobre hombre ha perdido la noción del tiempo, que desvaría su cabeza, que su memoria, más flaca que su cuerpo, yace tendida bajo la nieve de muchas décadas, porque me dijeron que Don Eufrasio es hombre que ha traspuesto los cien, y recupero mi actitud de moderno inquisidor,

- ¿Treinta y ocho nada más Don Eufrasio?
Sus labios mascullan un “ciento” y sale de nuevo, bien nítido, el “treinta y ocho”.

Ahora me parecen muchos los años, más no me detengo a aclarar el punto y prosigo el interrogatorio, haciendo que repita las respuestas dos y tres veces -y hasta cuatro y cinco-, a fin de alcanzar su sentido, pues resultan ininteligibles la mitad de las palabras en el lento balbucir de sus labios. Dijéronme que fue soldado de San Martín, pero no estuvo en el Plumerillo, ni se acuerda del general.

-Yo estaba en San Juan, entonces, cuando decían que en su Mendoza se formaba el ejército, y pasamos por ahí arriba, por Los Patos.

- ¿Peleó usted?
- ¿Y cómo no? Ahí en el Zanjón de Maipú, cuando ya no quisieron pelear más.

- ¿Pero, se acuerda de Maipú?
- Si que me acuerdo. Fue allí, pues, la última batalla, donde se rindieron.

-¿Y cómo empezó la cosa?
-Unos cuantos días antes yo había llegado con los que salimos de San Juan. Después fueron viniendo otros grupos de prisioneros y así se fue formando el ejército. (pudiera el relato muy bien referirse a la llegada de dispersos de Cancha Rayada). Nosotros estábamos de la parte de aquí –prosigue Don Eufrasio, y al hacerlo sale al descanso de la escalera, poniendo cara a Los Andes, y como en la parte de allí enfrente, en un cerrito blanco, estaban los godos.

-Flojanazos, ¿verdad?
-Hum… ¡Fieros habían sido! Peleamos y peleamos y no aflojaban… Después no quisieron pelear más cuando vieron que nosotros tampoco aflojábamos. Entonces corrimos atrás pa’ que se rindieran.

-¿Y se rindieron?
-¿Y cómo no? Si ya no tenían más ganas de pelear.

-¿Y se entregaban?
-Muchos se entregaban, otros querían escapar. Pero nosotros los alcanzábamos.

-¿Y no decían nada, los españoles?
-¿Quiénes, los godos? Si, decían: “¡No mate, corcho, no mate!”, cuando los alcanzábamos.

Brillaron un punto sus pupilas, las arrugas dibujaron con gran esfuerzo una sonrisa y luego enmudeció el hombre, bajó la cabeza, y el sombrero retornó a girar entre los dedos.

Lo demás que nos contó forma un maremagnum de hechos y episodios confundidos, en que se mezclan sin distinción de épocas, Rosas y Quiroga y las montoneras y la Guerra del Paraguay.

El viejecito Videla vive en la casa del ingeniero Fossati en la calle San Martín, 1778. Nos dijo este caballero que Videla no conserva papel alguno y que las medallas que poseyó en un tiempo las ha perdido o regalado, según relato del mismo Don Eufrasio y que el coronel Morgado, guerrero del Paraguay, lo conoció en el ejército y de aspecto casi tan viejo entonces como ahora.

El gobierno de Mendoza le pasa una pequeña pensión, que le alcanza para cubrir sus modestos gastos. Lo demás se lo otorga la caridad de las personas que le recogen en su casa.

No podemos establecer a ciencia cierta si ha sido o no guerrero de la independencia porque ni siquiera la edad consta por documento público, pero si los 138 años son muchos años, es en cambio verdad que por estos pagos no son escasos los hombres de 110 o 115 años, y Videla bien puede oscilar entre estas dos últimas cifras y haber pertenecido a alguna de las milicias o cuerpos auxiliares del ejército de San Martín.

NOTA: Eufrasio no es un nombre común y en la historia aparece un Eufrasio Videla, al mando de unos indios, peleando en San Luis y es derrotado en “Las Quijadas” el 2 de enero de 1841 por el gobernador de Mendoza, el “Fraile Aldao”.

Consultamos la Historia de San Martín por Bartolomé Mitre.
Esta obra ha sido escrita respetando fielmente la documentación existente acerca de la Campaña Libertadora, misma que se encuentra archivada y clasificada en el Museo Mitre.

1)- Referencia Zanjón de Maipú y Cerrito Blanco

“Ahí, en el Zanjón de Maipú”
“…Y como en la parte de allí enfrente, en un cerrito blanco, estaban los godos”

Al sur de Santiago se prolonga por el espacio como de diez kilómetros, una lomada baja, de naturaleza caliza, que por su aspecto lleva el nombre de LOMA BLANCA. Sobre la meseta de ésta lomada evolucionaba el ejercito patriota. En su extremidad oeste y a su frente, se alza otra lomada mas alta…ESTA ERA LA POSICIÓN QUE OCUPABA EL EJERCITO REALISTA. LAS DOS LOMADAS ESTAN DIVIDIDAS POR UNA DEPRESION PLANA DEL TERRENO U HONDONADA LONGITUDINAL.

2)- Referencia Fuerza Libertadora en San Juan.

“Unos cuantos días antes yo había llegado con los que salimos de San Juan.”
La Expedición del Norte bajo el mando superior del comandante Cabot, se movió de San Juan el 12 de enero de 1817.

3)- Referencia a la Columna de Las Heras, Luego del Desastre en Cancha Rayada.

Después vinieron otros grupos de prisioneros, y así se fue formando el ejercito…”
El 28 de marzo llegó al nuevo campamento la columna salvadora de Las Heras; fue saludada por una salva de 21 cañonazos.

Nota: Don Eufrasio llama “prisioneros” a los integrantes de los batallones que habían sufrido una marcha de tres días bajo el fuego enemigo.

4)- Referencia a la Lucha

“Peleamos y peleamos y no aflojaban (…) entonces corrimos pa’ que se rindieran…”
“No mate corcho, no mate”
Se da la señal de asalto: el Numero 11 carga por el flanco rompiendo tapias, y pasa a bayoneta cuanto se le presenta. La batalla está terminada, los realistas se dispersan en pelotón. En ese momento hace su aparición en LA LUCHA FINAL un regimiento auxiliar de milicias del Aconcagua, que, lazo en mano, se apodera de centenares de prisioneros.
Los vencedores, continuaban matando cuando se presento Las Heras y ordeno cesar la inútil carnicería.

El viejo guerrero vivía en la calle San Martín al 1700 de la ciudad de Mendoza, en la casa de la familia del Ingeniero Fossatti.
El cronista anónimo nos dice que la Provincia le pasaba una pequeña pensión y que “lo demás” se lo otorgaba la caridad de las personas.
Vergüenza.
Solo una palabra, Vergüenza. El olvido engendra ignorancia y la ignorancia engendra corrupción, cuna de todos nuestros males.
Don Eufrasio Videla vivió con humildad pero partió con honor, ese honor que nosotros hemos perdido.
La Organización del Bicentenario lo Recuerda …falleció tiempo después de la nota en 1916, longevo, solitario y humilde ultimo guerrero.

martes, 2 de diciembre de 2014

Eufrasio Videla, el último granadero

Los últimos soldados
Por Luciana Sabina @Kalipolis en Twitter



Detrás de cada guerra hay historias, historias de sufrimiento, superación dentro del caos, valentía y miseria humana. Hoy vamos a ponerle nombre y rostro a algunas de ellas, hablando de los últimos soldados de distintas conflagraciones.

El último veterano francés documentado de la Primera Guerra Mundial fue Lazare Ponticelli, aunque en realidad nació en Italia el 7 de diciembre de 1897 y a los nueve años se instaló en Francia, país del que adoptó la ciudadanía.

Lazare mintió sobre su edad para poder participar en la Gran Guerra, tengamos en cuenta que esta fue un enfrentamiento que entusiasmó a las masas y en la que la opinión pública de entonces veía la solución a todos sus problemas de Europa. Tras esta experiencia, él y sus hermanos fundaron una compañía metalúrgica y de tuberías llamada "Hermanos Ponticelli", que tuvo un gran impulso gracias a la demanda generada por la Segunda Guerra Mundial y que aún existe.

Todos los 11 de noviembre, Ponticelli, asistía al homenaje celebrado en honor a sus compañeros caídos en combate. Explicó que durante la guerra, un soldadito que perdió la vida en la misma les pidió que si moría pensaran en él y fue justamente lo que hizo hasta su fallecimiento a los 110 años. En ese momento Nicolás Sarkozy emitió un comunicado informando a los franceses de esta perdida y lamentándola profundamente.

Pero el último combatiente de la Gran Guerra en morir no fue el italiano, se trató del británico Harry Patch de 111 años, fallecido en julio de 2009. Patch se desempeñó como ametralladorista en la Infantería Ligera del Duque de Cornualles y sufrió una terrible herida durante cierta batalla, de la que tardó mucho en recuperarse.

Existen numerosos videos de entrevistas a Patch, aunque accedió a hablar sobre la guerra recién tras cumplir los 100 años. Sin duda en la mirada centenaria de Patch se materializaba un gran abatimiento, muestra del infierno del que escapó y que jamás lo dejó del todo libre. Podemos adivinar que aún noventa años después, sus ojos seguían viendo el horror de las trincheras.

En cuanto a Argentina, ¿existe registro de algún último soldado? Sí. En la Revista "Caras y Caretas" de mayo 1910 se realizó un reportaje a quien sería el último soldado de San Martín. Un mendocino llamado Eufrasio Videla que, a juzgar por el entrevistador, tendría por entonces entre 110 y 115 años. En el texto se lo describe como un anciano "… alto, flaco, nudoso, erguido, casi tan erguido como los álamos que cortan las perspectivas en los alrededores de Mendoza…" a quien el gobierno de Mendoza pasaba una pequeña pensión, "… que le alcanza para cubrir sus modestos gastos…".

Lo demás se lo otorga la caridad de las personas que le daban asilo. En el momento del encuentro con el periodista Eufrasio vivía en casa del ingeniero Fossati en la calle San Martín 1778. Para finalizar dejamos parte del reportaje que se encuentra en el Nro Nº 607  de la citada revista:
"…Dijéronme que fue soldado de San Martín, pero no estuvo en el Plumerillo, ni se acuerda del general (…)
-¿Pero, se acuerda de Maipú?
- Sí que me acuerdo. Fue allí, pues, la última batalla, donde se rindieron.
-¿Y cómo empezó la cosa?

-Unos cuantos días antes yo había llegado con los que salimos de San Juan. Después fueron viniendo otros grupos de prisioneros y así se fue formando el ejército. (pudiera el relato muy bien referirse a la llegada de dispersos de Cancha Rayada). Nosotros estábamos de la parte de aquí -prosigue Don Eufrasio-, y al hacerlo sale al descanso de la escalera, poniendo cara a Los Andes, -y como en la parte de allí enfrente, en un cerrito blanco, estaban los godos.

-Flojanazos, ¿verdad?
-Hum… ¡Fieros habían sido! Peleamos y peleamos y no aflojaban… Después no quisieron pelear más cuando vieron que nosotros tampoco aflojábamos. Entonces corrimos atrás pa' que se rindieran.

-¿Y se rindieron?
-¿Y cómo no? Si ya no tenían más ganas de pelear.
-¿Y se entregaban?

-Muchos se entregaban, otros querían escapar. Pero nosotros los alcanzábamos.
-¿Y no decían nada, los españoles?
-¿Quiénes, los godos? Sí, decían: "¡No mate, corcho, no mate!", cuando los alcanzábamos…"

Los Andes

lunes, 10 de marzo de 2014

Médicos y heridos en el combate de San Lorenzo


Médicos y heridos del combate de San Lorenzo
La popularidad en tiempos de los próceres
Por Daniel Balmaceda  | Para LA NACIÓN

 

Foto: Ilustración: Isabel Aquino
La asistencia a los heridos del combate de San Lorenzo (al amanecer del 3 de febrero de 1813) estuvo a cargo del sacerdote Julián Navarro -párroco de Rosario-, asistido por los voluntariosos franciscanos del convento de San Carlos. Por la noche arribó el cirujano de San Nicolás, José Ribes, valenciano de 65 años, confinado en la hacienda de Juana Benegas por considerárselo sospechoso de mantener trato con los realistas. Luego sería indultado.

Por su parte, el gobernador de Santa Fe, Antonio Luis Beruti (sí, el compañero de French), convocó al cirujano santafecino Manuel Rodríguez y Sarmiento. La noche del 3 golpearon la puerta de su casa y le comunicaron  que debía viajar de urgencia a curar heridos. Se buscó el medio más veloz que lo transportara. Sin dudas, nada había más rápido que buenos caballos que galoparan con ritmo y firmeza. Sin embargo, el médico era muy obeso. Demasiado, incluso, para la resistencia equina, ya que pesaba como un Rodríguez más un Sarmiento. Por lo tanto, marchó -o marcharon- en carretilla, que era un carro con capacidad para dos personas (o una de grandes dimensiones) arrastrada por un caballo, que cubriría el trayecto con buenos promedios, siempre y cuando se realizaran varios cambios de cabalgadura.

Para completar el cuadro de médicos que permitió salvar 10 de las 20 vidas que estaban en peligro, debemos mencionar a dos bonaerenses: el padre betlemita Bernardo de Copacabana (curaba en San Telmo) y Francisco Cosme Argerich, quien salió disparado con dos criados el día 5, cuando se recibió la noticia en Buenos Aires. Gracias a la investigación que realizó Francisco Cignoli -uno de los grandes historiadores de la labor médica en campos de batalla- podemos saber que el gobierno rentó un transporte para el doctor. Cuenta Cignoli que Argerich hizo el viaje "en un coche alquilado a doña María, viuda de Belmonte, a razón de ocho pesos diarios". Como partió el 5 de febrero y regresó el 6 de marzo, debería haber cobrado 240 pesos. Sin embargo, "la dueña del vehículo al gestionar después el pago de la cuenta respectiva, 'teniendo en cuenta que fue para un objeto tan digno', se conformó con que se le mandara abonar veinte pesos por semana", aclara Cignoli.

El malherido de mayor rango fue el capitán Justo Bermúdez. Tenía dos lesiones graves, una física y otra moral. Además del balazo en la rodilla que obligó a que Argerich le amputara la pierna, estaba dolido por su impericia al mando de la columna que debía complementar el ataque de San Martín. Recordemos que mientras el comandante avanzó derecho al enemigo, Bermúdez debía dar un rodeo para encerrarlos. Pero tardó demasiado y comprometió la victoria.

Tal vez, y esto es una suposición personal, entró en un estado de melancolía por la amputación. Lo concreto es que 11 días después del combate todos dormían en el improvisado hospital dispuesto en el comedor del convento y Bermúdez -casado con María Dominga Rosas y padre de una recién nacida- se aflojó el torniquete a propósito. Murió desangrado.

martes, 10 de septiembre de 2013

Anecdotario histórico argentino: Pringles y el mar



Pringles en la caleta de pescadores

Era el teniente Juan Pascual Pringles un puntano de elevada estatura, ojos centelleantes y fuerza hercúlea, como toda aquella brillante pléyade de jóvenes que se enrolaron en el regimiento que creara pare victoria el Padre de la Patria. Vestía con elegancia su ajustado unifoi de granadero, casaca azul larga con vivos encarnados, calzón del mismo color y alta bota negra.
El 27 de noviembre de 1820 marchaba con 17 hombres con la misión de acompañar a un emisario del general San Martín que debia tomar contacto con el comandante Tomás Heres, jefe del Batallón real. Numancia, el cual, desde su jefe hasta el último soldado, estaba formado totalmente por americanos.
Al llegar a la Caleta de Pescadores cerca de Chancay ordenó pie en tierra, para esperar al emisario que se había adelantado a cumplir su cometido, cuando sobre una lomada aparecieron dos escuadrones de Dragones del Perú, el batallón Numancia y dos pieza de artillería mando del coronel D. Gerónimo Valdez. Se adelantaron los jinetes realistas y, cuando estuvieron a una distancia prudencial, intimaron rendición a los granaderos.

La respuesta fué inmediata. El teniente Pringles ordenó formar su pelotón en una fila detrás suyo y al toque de “a degüello”, cargó contra el centro de los escuadrones del rey.
Dable es imaginar lo que fué aquella acción. El sable y la lanza herían sin piedad y al fogoso valor de los patriotas lo apagó la abrumadora superioridad numérica de los adversarios.
Bien pronto tres granaderos habían caído para no levantarse otros once estaban heridos, encontrándose entre ellos el propio Pringles.
Este valiente, con los restos de su pequeña fuerza decidió, ante rendirse, sumergirse en el mar y a media rienda, seguido de los hombres que le quedaban, se echó al agua decidido al último sacrificio.
Emocionado el coronel Valdez por el heroísmo del joven patriota le envió un oficial para garantizarle su vida y la de sus hombres.
Sólo así se decidió Pringles a entregarse prisionero y, ya entre ocasionales enemigos, recibió de ellos las mil muestras de simpatía y admiración que reciben los valientes, aún de sus propios adversario.