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miércoles, 11 de enero de 2017

Pelea de ratas: Cuando Fidel quiso fusilar a Raúl

Cuando Fidel Castro quiso fusilar a su hermano Raúl
Se publica un libro inédito del periodista Enrique Meneses sobre el fallecido líder cubano


Guillermo Altares - El País


Guerrilleros en Sierra Maestra. Che Guevara (en el centro) y Fidel Castro, con gafas. ENRIQUE MENESESEL PAÍS


Sierra Maestra, invierno de 1958. Tras una jornada agotadora, el periodista español Enrique Meneses duerme en una hamaca. Acompaña desde hace semanas a la guerrilla cubana que pretende derrocar al dictador Fulgencio Batista. De repente, le despiertan unos gritos en mitad de la noche. "¡En cuanto llegue lo fusilo! ¡Me importa un carajo que sea mi hermano! ¡Lo fusilo!". La voz enfurecida pertenece a Fidel Castro, entonces un joven revolucionario y el principal líder de los insurgentes, y el objetivo de su ira es su hermano menor, Raúl. "Celia Sánchez (una guerrillera muy cercana a Fidel) intentó calmarlo diciéndole que no era posible que un hermano fusilase a otro por mucha culpa que tuviese", prosigue el relato de Meneses, que aparece recogido en su último libro, Fidel Castro, patria y muerte.


El reportero, fallecido en 2013 a los 83 años, pidió que esta biografía personal de Fidel se publicase después de la muerte del líder cubano, que se produjo el sábado 26 de noviembre a los 90 años. El libro, que cuenta con un prólogo de Jon Lee Anderson, se pone a la venta este lunes publicado por Ediciones del Viento, que editó también las memorias de Meneses, Hasta aquí hemos llegado.


¿Qué había ocurrido para sacar de sus casillas a Fidel Castro? Meneses, que pasó cuatro meses en dos etapas diferentes con los insurgentes, narra que Raúl Castro y Ernesto Che Guevara se intercambiaban una incesante correspondencia sobre teoría marxista desde las columnas guerrilleras en las que combatía cada uno de ellos. Pero una de las cartas fue interceptada por el Ejército y utilizada por el régimen de Batista para expandir que pretendían imponer un régimen comunista en la isla. Tras una tremenda bronca, Fidel convenció a su hermano Raúl, actual presidente cubano, de 85 años, para que interrumpiese los intercambios epistolares y luego gritó: "¡Odio tanto el imperialismo yanki como el soviético! ¡No estoy rompiéndome los cuernos luchando contra una dictadura para caer en otra!".

En el corazón de la biografía se encuentra precisamente el abismo que separó al Fidel Castro de Sierra Maestra, con el que Meneses pasó muchas horas hablando, del político que se hizo con el poder en Cuba después de derrocar al régimen de Batista. "Su egocentrismo, su sentido mesiánico, su afán de publicidad lo convierten en un monologuista que rehúsa toda clase de diálogo, todo tipo de crítica, por constructiva que sea", escribe el veterano reportero.

El periodista español fue además un excelente fotógrafo que retrató alguno de los momentos icónicos del siglo XX. Fidel Castro, patria y muerte —que es una versión actualizada de un libro que Meneses publicó en 1966 y actualmente agotado— recoge las imágenes que tomó en Sierra Maestra, que también pueden verse en una exposición, organizada por La Fábrica, que ha recorrido diferentes ciudades españolas y que actualmente se encuentra en Zaragoza.

Meneses conoció a Castro en diciembre de 1957 y subió a la sierra en enero de 1958. Consiguió que las fotos llegasen a Miami a través de un correo de su confianza —una joven de 17 años que las escondió entre su ropa— y Paris Matchpublicó el reportaje, para que nadie le robase la exclusiva, cuando el autor todavía se encontraba en la isla, una imprudencia que estuvo a punto de costarle la vida y que le hizo pasar por las cárceles de Batista.

El reportero español no había sido el primero en entrevistar a Castro, pero sí en hacer un reportaje a fondo sobre la guerrilla. La exclusiva sobre Castro la dio un histórico periodista de The New York Times, Herbert L. Matthews, compañero de Martha Gellhorn, Robert Capa y Ernst Hemingway en la Guerra Civil española, que fue el primero en hablar con el dirigente cubano, en febrero de 1957. La entrevista tuvo tanta repercusión que Matthews acabó por ser definido como "el hombre que inventó a Fidel Castro".

Meneses llegó más tarde a la isla pero consiguió, pese a ser un freelance que andaba corto de dinero, arrebatar la primicia a los principales medios estadounidenses. Jon Lee Anderson le define así en el prólogo del libro: "Fue un periodista de raza, sempiterno joven de espíritu y, para alguien de su generación, un hombre singularmente libre de dogmas. Tenía además un gran apetito por la aventura".

JOHN WAYNE EN EL PAPEL DE FIDEL
La publicación del reportaje en Sierra Maestra representó un éxito enorme y las fotos se vendieron en medio mundo. Pero Enrique Meneses también vendió otra exclusiva durante su estancia con la guerrilla cubana: cuenta en sus memorias Hasta aquí hemos llegado que durante su segunda incursión con la guerrilla viajó con una cámara de cine con la que pudo grabar imágenes de los insurgentes. El cliente era una productora de Hollywood, que pagó una cantidad considerable para la época, porque la idea era rodar una película sobre Castro en la que sería encarnado por un actor no conocido precisamente por su progresismo, John Wayne. El filme nunca se hizo, las imágenes se han perdido, pero la leyenda Meneses se ha ido haciendo más grande.

martes, 10 de enero de 2017

Literatura militar: Excelente reseña de la Operación Antropoide por Vargas Llosa

La vida de Reinhard Heydrich, jefe de la Gestapo, en una magnifica novela premiada
El Carnicero de Praga

Por Mario Vargas Llosa | Para LA NACION

 
Hace por lo menos tres décadas que no leía un Premio Goncourt. En los años 60, cuando trabajaba en la Radio Televisión Francesa, lo hacía de manera obligatoria, pues debíamos dedicarle el programa La literatura en debate, en el que, con Jorge Edwards, Carlos Semprún y Jean Supervielle pasábamos revista semanal a la actualidad literaria francesa. O mi memoria es injusta, o aquellos premios eran bastante flojos, pues no recuerdo uno solo de los siete que en aquellos años comenté.

Pero estoy seguro, en cambio, de que este Goncourt que acabo de leer, HHhH, de Laurent Binet -tiene 39 años, es profesor y ésta es su primera novela- lo recordaré con nitidez lo que me queda de vida. No diría que es una gran obra de ficción, pero sí que es un magnífico libro. Su misterioso título son las siglas de una frase que, al parecer, se decía en Alemania en tiempos de Hitler: "Himmlers Hirn heisst Heydrich" (El cerebro de Himmler se llama Heydrich).

La recreación histórica de la vida y la época del jefe de la Gestapo, Reinhard Heydrich, de la creación y funciones de las SS, así como de la preparación y ejecución del atentado de la resistencia checoslovaca que puso fin a la vida del Carnicero de Praga (se le apodaba también "La bestia rubia") es inmejorable. Se advierte que hay detrás de ella una investigación exhaustiva y un rigor extremo que lleva al autor a prevenir al lector cada vez que se siente tentado -y no puede resistir la tentación- de exagerar o colorear algún hecho, de rellenar algún vacío con fantasías o alterar alguna circunstancia para dar mayor eficacia al relato. Esta es la parte más novelesca del libro, los comentarios en los que el narrador se detiene para referir cómo nació su fascinación por el personaje, los estados emocionales que experimenta a lo largo de los años que le toma el trabajo, las pequeñas anécdotas que vivió mientras se documentaba y escribía. Todo esto está contado con gracia y elegancia, pero es, a fin de cuentas, adjetivo comparado con la formidable reconstrucción de las atroces hazañas perpetradas por Heydrich, que fue, en efecto, el brazo derecho de Himmler y uno de los jerarcas nazis más estimados por el propio Führer.

"Carnicero", "bestia" y otros apodos igual de feroces no bastan, sin embargo, para describir cabalmente la vertiginosa crueldad de esa encarnación del mal en que se convirtió Reinhard Heydrich a medida que escalaba posiciones en las fuerzas de choque del nazismo hasta llegar a ser nombrado por Hitler el protector de las provincias anexadas al Reich de Bohemia y Moravia. Era hijo de un pasable compositor y recibió una buena educación, en un colegio de niños bien donde sus compañeros lo atormentaban acusándolo de ser judío, acusación que estropeó luego su carrera en la Marina de Guerra. Tal vez su precoz incorporación a las SS, cuando este cuerpo de elite del nazismo estaba apenas constituyéndose, fue la manera que utilizó para poner fin a esa sospecha que ponía en duda su pureza aria y que hubiera podido arruinar su futuro político. Fue gracias a su talento organizador y su absoluta falta de escrúpulos que las SS pasaron a ser la maquinaria más efectiva para la implantación del régimen nazi en toda la sociedad alemana, la fuerza de choque que destrozaba los comercios judíos, asesinaba disidentes y críticos, sembraba el terror en sindicatos independientes o fuerzas políticas insumisas y, comenzada la guerra, la punta de lanza de la estrategia de sujeción y exterminación de las razas inferiores.

En la célebre conferencia de Wannsee, del 20 de enero de 1942, fue Heydrich, secundado por Eichmann, quien presentó, con lujo de detalles, el proyecto de "Solución Final", es decir, de industrializar el genocidio judío -la liquidación de once millones de personas- utilizando técnicas modernas como las cámaras de gas, en vez de continuar con la liquidación a balazos y por pequeños grupos, lo que, según explicó, extenuaba física y psicológicamente a sus Einsatzgruppen. Cuentan que cuando Himmler asistió por primera vez a las operaciones de exterminio masivo de hombres, mujeres y niños, la impresión fue tan grande que se desmayó. Heydrich estaba vacunado contra esas debilidades: él asistía a los asesinatos colectivos con papel y lápiz a la mano, tomando nota de aquello que podía ser perfeccionado en número de víctimas, rapidez en la matanza o en la pulverización de los restos. Era frío, elegante, buen marido y buen padre, ávido de honores y de bienes materiales, y, a los pocos meses de asumir su protectorado, se jactaba de haber limpiado Checoslovaquia de saboteadores y resistentes y de haber empezado ya la germanización acelerada de checos y eslovacos. Hitler, feliz, lo llamaba a Berlín con frecuencia para coloquios privados.

En esos precisos momentos, el gobierno checo en el exilio de Londres, presidido por Benes, decide montar la "Operación Antropoide", para ajusticiar al Carnicero de Praga, a fin de levantar la moral de la diezmada resistencia interna y mostrar al mundo que Checoslovaquia no se ha rendido del todo al ocupante. Entre todos los voluntarios que se ofrecen, se elige a dos muchachos humildes, provincianos y sencillos, el eslovaco Jozef Gabcík y el checo Jan Kubis. Ambos son adiestrados en la campiña inglesa por los jefes militares del exilio y lanzados en paracaídas. Durante varios meses, malvivirán en escondrijos transeúntes, ayudados por los pequeños grupos de resistentes, mientras hacen las averiguaciones que les permitan montar un atentado exitoso en el que, tanto Gabcík como Kubis lo saben, tienen muy pocas posibilidades de salir con vida.



Las páginas que Binet dedica a narrar el atentado, lo que ocurre después, la cacería enloquecida de los autores por una jauría que asesina, tortura y deporta a miles de inocentes, son de una gran maestría literaria. El lenguaje limpio, transparente, que evita toda truculencia, que parece desaparecer detrás de lo que narra, ejerce una impresión hipnótica sobre el lector, quien se siente trasladado en el espacio y en el tiempo al lugar de los hechos narrados, deslizado literalmente en la intimidad incandescente de los dos jóvenes que esperan la llegada del coche descapotable de su víctima, los imprevistos de último minuto que alteran sus planes, el revólver que se encasquilla, la bomba que hace saltar sólo parte del coche, la persecución por el chofer. Todos los pormenores tienen tanta fuerza persuasiva que quedan grabados de manera indeleble en la memoria del lector.

Parece mentira que, luego de este cráter, el libro de Laurent Binet sea capaz todavía de hacer vivir una nueva experiencia convulsiva a sus lectores, con el relato de los días que siguen al atentado que acabó con la vida de Heydrich. Hay algo de tragedia griega y de espléndido thriller en esas páginas en que un grupo de checos patriotas se multiplica para esconder a los ajusticiadores, sabiendo muy bien que por esa acción deberán morir también ellos, hasta el epónimo final en que, vendidos por un Judas llamado Karel Curda, Gabcík, Kubis y cinco compañeros de la resistencia se enfrentan a balazos a 800 SS durante cinco horas, en la cripta de una iglesia, antes de suicidarse para no caer prisioneros.

La muerte de Heydrich desencadenó represalias indescriptibles, como el exterminio de toda la población de Lídice, y torturas y matanzas de centenares de familias eslovacas y checas. Pero, también, mostró al mundo lo que, todavía en 1942, muchos se negaban a admitir: la verdadera naturaleza sanguinaria y la inhumanidad esencial del nazismo. En Checoslovaquia mismo, pese al horror que se vivió en las semanas y meses siguientes a la "Operación Antropoide", la muerte de Heydrich mantuvo viva la convicción de que, pese a todo su poderío, el Tercer Reich no era invencible.

Un buen libro, como éste, perdura en la conciencia, y es un gusanito que no nos da sosiego con esas preguntas inquietantes: ¿cómo fue posible que existiera una inmundicia humana de la catadura de un Reinhard Heydrich? ¿Cómo fue posible el régimen en que individuos como él podían prosperar, alcanzar las más altas posiciones, convertirse en amos absolutos de millones de personas? ¿Qué debemos hacer para que una ignominia semejante no vuelva a repetirse?

© La Nacion

viernes, 23 de diciembre de 2016

Guevara: Ahora habla su hermano

El hermano del Che habla
Juan Martín se explaya en un libro sobre la influencia de sus padres en el mito


JESÚS RUIZ MANTILLA - El País


El Che Guevara y su madre con el hermano pequeño Juan. FAMILIA GUEVARA

De Ernestito al Che, hay un trecho muy, muy largo. Un camino que mental y emocionalmente ha sido interminable para Celia, Roberto, Ana María y Juan Martín Guevara, sus hermanos. No digamos para sus padres, mudos después de conocer su muerte en Bolivia hace ahora 49 años. Ninguno de ellos quiso hablar de quien poco después de caer en la guerrilla marcó el futuro de la izquierda a nivel global, hasta el punto de acabar canonizado por sus seguidores como un mito y denostado al tiempo como un demonio contagioso. Ahora, el más joven de todos rompe su silencio con Mi hermano, el Che (Alianza), escrito junto a la periodista francesa Armelle Vincent.

Los recuerdos de Ernesto Che Guevara son aún cristalinos para su hermano pequeño, que hoy ha cumplido ya 72 años. Juan Martín Guevara ha tardado 47 en asomarse a la Quebrada del Yuro (Bolivia), donde fue abatido el Che un 9 de octubre de 1967. Pero finalmente venció a los fantasmas y se acercó, quizás para empezar a rendir cuentas. Se desplazó en coche desde Buenos Aires: 2.600 kilómetros. Una vez allí, se calzó unas deportivas nuevas y se adentró en la profunda garganta que cae a plomo tras el municipio de La Higuera.

Durante medio siglo, Juan Martín Guevara había ido conservando muy dentro a Ernestito, su hermano 15 años mayor. Pero ese recuerdo se fue fundiendo con la naciente leyenda del Che. También, con su mala digestión, que le hacía soportar con arcadas ese póster de santón con el que tantos han mercadeado sin remilgos. “Se han dado muchas razones para abandonar lo que yo he llamado perfil subterráneo. Mientras Ernesto Guevara fue solo Ernestito; era uno de mis hermanos mayores. Cuando se convirtió en el Che, yo, automáticamente, pase a ser el hermano del Che. Y cuanto más creció la figura, más se acentuó mi posición”, afirma Juan.

“Nos educamos dentro de una familia con gran tendencia a leer, pensar, opinar y obrar en libertad. En mi caso, agregué la influencia lógica de los colegios y fundamentalmente de la calle”, prosigue. Eso le hizo militar pronto en movimientos estudiantiles antes del triunfo de la revolución cubana. “Por tanto, mi hermano, en vida, fue considerado por mí como un compañero de lucha y un referente”.

La santificación en unos casos es indignante, en otros se comprende”, asegura Juan Martín Guevara

Incluso, al seguir viviendo en Argentina, donde su figura no ha sido reivindicada con el entusiasmo de otros —Gardel, Evita, Maradona…— como mito local. “La santificación en unos casos es indignante, en otros se comprende”, asegura Juan Martín Guevara. Pero esa deuda con su país de origen le duele: “En cada época o periodo político de los gobiernos de Argentina tuvieron características, en general poco amigables con el pensamiento revolucionario del Che. Baste contarle que en nuestra casa familiar pusieron bombas, ametrallaron, tirotearon. Yo estuve ocho años preso durante la dictadura y, anteriormente, tres meses en la época del gobierno de Perón”.

Salió libre en 1983, pero fue a partir de 2001 y la gran crisis política, social y económica de una Argentina ahogada en brazos de Carlos Menem, cuando la juventud comenzó a retomar el interés por la política activa. “Fue algo que se acentuó con el Gobierno de Néstor Kirchner. Entonces comencé a actuar públicamente. Entre otras razones, he escrito este libro para reivindicar su argentinidad”.

También por mantener vivos ideales necesarios encarnados por Ernesto como un tronco insobornable en su acción y pensamiento: “Las dos imágenes más conocidas en el mundo son las de Cristo y la del Che. Ambas son manipulables y manipuladas. La del Che, por ser contemporáneo y porque en sus obsesiones persistía la lucha frente a la injusticia, la desigualdad o la rapiña de los centros de poder. Estos continúan vigentes en el contexto actual y, por tanto, su filosofía es mucho más peligrosa. Por eso, la manipulación y la frivolización de su pensamiento resulta más notoria. Creo que tratan de lograr el mismo objetivo: sacralizarlo y, al tiempo, desvalorizarlo”.

Más allá de todas esas reivindicaciones, el libro es una obra testimonial muy íntima. En sus páginas se abren las puertas de la casa familiar: la influencia de su madre, el disparate efervescente de su padre, que nada más triunfar la revolución en Cuba, se presentó allí, para sonrojo de su hijo, que lo frenó, pretendiendo hacer negocios en la isla. “Se trataba de contar también cómo era la familia, desvelar en qué contexto creció Ernesto y que este no salió de una galera de mago. He tratado de ser lo más estricto con la verdad. Por lo menos con lo que uno entiende como verdad y aclarar algo, que creo importante. Los conflictos entre mi viejo y Ernesto, existieron”.

En torno a su madre, solo pervive la luz, por contra. “Hay algunas referencias a la importancia de la vieja en la formación de Ernesto y, en general, de la nuestra. Creo que del que nunca se habla es de mi padre y su influencia positiva o negativa. Yo he tratado de poner en la balanza ambas cosas. Por ejemplo la ruptura con las convenciones venía de ambos. Mi padre, con objetivos que se convertían en irrealizables y casi en sueños nada más emprenderlos…”.

De la madre queda un legado de persistencia notable. Eso marcó a todos sus hijos. “La conjunción de los sueños de mi padre y la constancia de mi madre, creo que se unieron en Ernesto de la mejor manera. Los dos nos empujaron a ser dueños de nuestro pensamiento y decisiones propias desde muy chicos. Creo que en el libro esto queda bastante claro”. Ella impulsaba al estudio, a formarse. Él a relacionarse, a poder ser, con élites y por conveniencia, cuenta Juan.

El Che se veía a sí mismo un poeta frustrado. Leía con pasión versos y los componía también. No faltaban en sus equipajes libros de Rubén Darío, León Felipe, Nicolás Guillén o los clásicos del siglo de Oro. Contaba con una luz muy lorquiana en su presencia. Un halo, que como el del poeta granadino, acabó difuminándose en mitad de una quebrada huérfana.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Fidel Castro: La mierda cubana

Fidel Castro, “O conmigo o contra mí”
Javier Sanz - Historias de la Historia


Fidel y Raúl Castro, Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos lideraron en 1959 el movimiento revolucionario cubano que provocó la caída de la dictadura del general Fulgencio Batista y la llegada al poder del líder del Ejército Rebelde: Fidel Castro. Otro personaje relevante en el proceso revolucionario, sobre todo en lo relativo a la información y labor propagandística, fue el periodista y escritor Carlos Franqui, editor del periódico clandestino Revolución. Por este motivo fue encarcelado y torturado por la policía. Tras su liberación, se exilió primero en México y luego en Florida , pero pronto fue reclutado por Castro en la Sierra Maestra para continuar trabajando en Revolución y también en la emisora del movimiento guerrillero Radio Rebelde.



Tras el éxito de la Revolución Cubana, dirigió Revolución, ya convertido en el órgano oficial del gobierno. Durante su mandato como director, y como buen periodista, trató de mantener cierto grado de independencia de la línea oficial e hizo hincapié en las artes y la literatura, contando con autores cubanos e internacionales. Su posición le permitió viajar fuera de Cuba y conocer artistas e intelectuales, siendo el responsable de que muchos de ellos visitasen la isla. Ese “grado de independencia” le ocasionó frecuentes desacuerdos con el gobierno hasta que tuvo que renunciar a la dirección de Revolución. Desde aquel momento se centró en proyectos de arte, como el Salón de Mayo de exposiciones en La Habana, donde estaban representados algunos de los principales artistas del mundo. Aún así, seguía teniendo problemas y en 1963 se le “permitió” salir de Cuba e instalarse en Italia. Su ruptura con la Cuba oficialista se hizo patente y definitiva cuando firmó una carta en rechazo de la invasión soviética de Checoslovaquia. Fue calificado oficialmente como traidor por el gobierno cubano y, lógicamente, se le acusó de tener vínculos con los EEUU. Había que borrar el rastro de aquel revolucionario traidor… y así lo hicieron en las fotografías.


En la primera fotografía ha desaparecido Carlos Franqui

O conmigo o contra mi


Una de la primeras medidas que tomó el nuevo régimen fue la prometida ley de reforma agraria, para lo que se creó el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) que se convertiría en el centro del poder del Estado cubano. Comenzaron las expropiaciones, nacionalizaciones y confiscación de bienes en manos de la clase alta, cercanos a Batista, así como los de algunas empresas extranjeras, sobre todo estadounidenses. Estas nuevas medidas también afectaron a un deporte imperialista como el golf. Algunos campos fueron roturados para el cultivo, otros convertidos en escuelas militares… sólo quedó el Varadero Beach. A finales de 1962, poco después de la Crisis de los misiles, y parece que como un guiño al presidente J.F. Kennedy, se disputó un partido de golf entre Fidel Castro y el Che. Por indicaciones directas de Fidel Castro, Lorenzo Fuentes, el periodista que cubría la noticia, ya tenía el titular para el día siguiente “El presidente Castro desafía al presidente Kennedy a un partido amistoso de golf“. Como Fidel nunca había jugado al golf tuvo que recibir unas clases rápidas del Che que en su Argentina natal había sido caddie para ganar algo de dinero. El juego se convirtió en una pelea de gallitos a los que no les gustaba perder. Al final, lógicamente, se impuso el Che. Sobre un campo de par 72, el Che hizo +55 y Fidel +78.



Cuando Lorenzo Fuentes escribió la crónica del partido, incluyendo el titular “sugerido”, se le olvidó obviar un pequeño detalle… Fidel había perdido el partido. Al día siguiente fue despedido y cayó en desgracia ante el régimen hasta que pudo huir a Miami.

martes, 15 de noviembre de 2016

Inteligencia: Firmenich como doble agente

Firmenich, Montoneros y Militares 
La historia del doble agente 


El periodista norteamericano Martín Edwin Andersen lanzó la primera piedra hace unos pocos años, cuando revistaba como corresponsal de Newsweek en la Argentina. Ahora, desde las páginas del semanario The Nation, que se edita en Estados Unidos, vuelve a la carga con la misma inquietante afirmación: el líder montonero Mario Firmenich comenzó a cooperar con los servicios de inteligencia militares a partir de 1973, preocupado por el definido viraje a la izquierda de su organización. La versión ha sido refutada por otros investigadores del tema y suscitó las iras del ex fiscal de San Martín, Juan Romero Victorica. No obstante, subsisten interrogantes que no hallaron aún la debida respuesta. 

Los viejos Montoneros no quieren ni oír decir que su jefe de la década anterior pudo ser un agente doble dirigido desde las sombras por la contrainteligencia militar. Los uniformados reaccionan con indignación ante la menor insinuación de que los Montoneros cumplieron algún papel bajo control militar, tal como atizar las contradicciones políticas y favorecer determinados objetivos, aunque para ello debieran matar a jefes y oficiales de las tres armas.

 

En este peligroso escenario de rechazos por doble vía, el periodista norteamericano Martín Edwin Andersen tuvo la ocurrencia, la semana pasada, de resucitar el tema más polémico de todas las investigaciones que realizó durante su estancia en la Argentina. La tesis ya había sido anticipada hace algún tiempo en el semanario Expreso, de Buenos Aires, y ahora fue nuevamente elaborada para la revista The Nation, en los Estados Unidos. 

Mario Firmenich, escribe ahora Andersen, fue un agente doble que trabajó para el Ejército Argentino a partir de 1973, cuando advirtió que el movimiento guerrillero nacionalista que comandaba empezó a inclinarse cada vez más hacia la izquierda. 

Andersen dice haber recibido la primera noticia de la singular situación de boca de un diplomático norteamericano, quien sabía que al jefe de los Montoneros "lo manejaba un coronel del Batallón de Inteligencia 601". Como reconocimiento a esta labor, el coronel fue ascendido a general y pasó a dirigir en persona la inteligencia militar, agrega. 

Andersen fue rápidamente desmentido por el ex fiscal de la Cámara Federal de San Martín, Juan Romero Victorica, quien se precia de haber obtenido para Firmenich una pesada sentencia. Entre los Montoneros sobrevivientes el silencio ha sido estricto. En realidad, ellos ya habían contestado a Andersen cuando éste publicó por primera vez su investigación. 

La situación del periodista norteamericano es de una extraordinaria incomodidad, a pesar de que muchos de quienes lo conocen no lo creen un embustero y admiten que su fuente es seguramente genuina. La incomodidad nace del hecho de que Andersen no puede mencionar con nombre y apellido a sus fuentes, ni al diplomático ni al jefe de la estación de la CIA en Buenos Aires, quienes sin duda conocían los entresijos de la formidable confusión de aquellos años. 

La imposibilidad de identificarlos lo coloca en inferioridad de condiciones para defender su trabajo, que a partir de ese momento se sostiene únicamente en la palabra del autor. 

El espacio donde Andersen se mueve es además muy poco elástico. Por las razones apuntadas al comienzo, es dudoso que reciba aportes de los Montoneros contra su jefe, y también es problemático que los militares lo ayuden a probar que existió un contrato secreto entre sus propios servicios de inteligencia y los guerrilleros que aquellos combatieron. 

El estruendo causado por la bomba periodística de Andersen, de todos modos, tardará en apagarse. Es natural, en tiempos electorales. Pero el hecho de que la bomba pueda explotar dos veces reveló que es estos días existe una sensibilidad especial dentro del país para mirar con otros ojos las investigaciones que llevan hacia esa zona tenebrosa donde los servicios de contrainteligencia puedan llegar a entenderse con sus enemigos de superficie. 

Uno de los nudos en los que Andersen ha centrado su serie de razonamientos es el episodio real de 1975, donde sin duda alguna se reunieron físicamente agentes de inteligencia y montoneros. 

Una casa sospechosa. El cinematográfico episodio que permitió a los Montoneros celebrar una conferencia de prensa dentro de una "casa de seguridad" de la inteligencia militar, el 20 de junio de 1975, también fue investigado por el periodista argentino Juan Gasparini, quien reside en Ginebra, donde ejerce la cátedra universitaria. Gasparini conocía la historia desde antes que Andersen la escribiera por primera vez, y posteriormente la investigó recurriendo a sus propias fuentes. Dos hombres de la SIDE, los cuñados Rodolfo Silchinger y Nelson Romero, utilizaban la casa de Libertad 244, en Martínez, como lugar de reuniones y para encerrar a víctimas de secuestros extorsivos. La casa era propiedad de Romero, quien vivía allí con su mujer, Laura Iche. En noviembre de 1974, los agentes de la SIDE mantuvieron secuestrado allí al joven José Poliseki, a quien terminaron asesinando, cuando no recibieron el rescate exigido a su padre, “un mediano industrial”. Dice Gasparini que estos dos agentes de la SIDE estaban realmente dentro de la casa cuando Firmenich citó en ella a la prensa, para presentarles a Jorge Born y poner término a la extorsión en su contra. 

Gasparirá, que estaba vinculado orgánicamente a los montoneros, afirma haber reconstruido el hecho apelando a "fuentes que no merecen duda, de írreprochable honestidad", para concluir que "la versión de Andersen debe, en parte, rectificarse”. 

Según la versión corregida por Gasparini, la casa de Martínez fue efectivamente alquilada por los Montoneros, pero en respuesta a un aviso comercial fijado en la pared de una confitería de la calle Maipú, en el centro de Buenos Aires y sin que mediara vinculación anterior de ninguna clase, Los Montoneros, bajo la cobertura de una empresa que se disponía a festejar un acontecimiento propio, la alquilaron para la reunión de Firmenich, Born y la prensa. Los testimonios de Gasparini recordaron que unos minutos antes de que Firmenich entrara en el edificio, Laura, la mujer del agente Romero, salió a buscarlo, lo encontró con Silchinger y los tres penetraron en la casa donde ya estaba armado el tinglado de la conferencia de prensa. El grupo armado que esperaba a Firmenich reaccionó ante la novedad inmovilizando a las tres personas, hasta que concluyó el acontecinúento. 

La "casa de seguridad" no sería, de acuerdo con Gasparini, exactamente eso sino una discreta residencia donde los dos agentes realizaban sus propios negocios. Sin embargo, Gasparini llama la atención sobre la única reacción ofrecida por Firmenich a la divulgación del episodio, que consistió en una declaración a través de su abogado, Mario Montoto, quien desvió la responsabilidad por haberla alquilado a los periodistas Francisco Urondo y Luis Guagnini. "De hecho (Montoto) dio pie a pensar que, si hubo infiltración, la responsabilidad cabía a los dos mencionados que, obviamente, no pueden responder” fue el comentario de Gasparini, aludiendo a la muerte de ambos. 

"Lo real es que ni Urondo ni Guagnini conocían a Romero y a Silchinger por otros motivos", agrega, atribuyendo a una coincidencia fortuita la superposición física de agentes de inteligencia y Montoneros. 

Para Gasparini, el fiscal Romero Victorica pudo haber contribuido a que la tesis de Andersen se construyera con datos de la pesquisa, lo que de todos modos resulta menos probable, dada la inquina que aquel le profesa al periodista norteamericano. En cuanto a la explicación de Firmenich, a través del abogado, Gasparini la considera "remiendo infeliz ". Gasparini está convencido de que "los Montoneros no fueron destruidos por infiltración de los servicios de inteligencia militar". 

La reescritura de Gasparini es, entre tanto, también incompleta. En noviembre de 1986, cuando la Cámara Federal confirmó las condenas de prisión contra tres agentes de inteligencia acusados de secuestros extorsivos y de la muerte de Poliseki, no solamente mencionó a los siniestros cuñados Silchinger y Romero. También aparecieron los nombres del comandante general de Gendarmería Guillermo Francisco Correa y del coronel Carlos Abel Godoy. Correa era el jefe del grupo de tareas donde trabajaban los agentes; posteriormente, escaló hasta ser jefe de policía de la ciudad de Tucumán y más adelante desempeñó la dirección de seguridad de la Univesidad Nacional del Sur. Además de Silchinger, los otros dos agentes condenados fueron Alejandro Omar Huss y Juan Carlos Alberto Chirico, éste último hasta un máximo de 23 años, ya que en diciembre de 1984 había merecido otra condena, de 12 años, por hurtos y robos reiterados. Silchinger logró una absolución por el homicidio calificado de Poliseki, en tanto que Huss recibió sentencia de 15 años. 

La idea de que los agentes secretos trabajaban con cierta libertad de acción, y hasta alquilaban para reuniones sociales la finca de Martínez, pierde consistencia después de leer aquellas actuaciones del "Caso Poliseki". Los militares Correa y Godoy fueron sobreseídos porque existió para los jueces una duda con respecto al crimen de Pobseki. Pero en ningún momento hubo vacilaciones sobre la relación de dependencia que unía a estos jefes militares con los criminales, unión que se verificaba en actividades de inteligencia en Buenos Aires y en Tucumán. El comandantes Correa, superior de éstos, concurría habitualmente a la finca y su conexión con esta historia surgió de su presencia en ella, a fin de individualizar a otro secuestrado por sus subordinados, a quién se le imputaba actividad subversiva. Esta concurrencia probada de Correa al lugar, hace mucho más verosímil la creencia de que se trataba de una “casa de seguridad” de la inteligencia militar, y no de una propiedad que agentes explotaban por cuenta propia. 

También el periodista Pablo Giussani, que cubrió la conferencia de prensa de Firmenich y Born en la “casa de seguridad”, esbozó sus dudas sobre la situación. “¿Qué significa éste nexo?”, escribió Giussani, ¿Denota sólo un episodio de infiltración, común en las organizaciones guerrilleras?, ¿O está indicando una vinculación más articulada y profunda?”. Lo que más llamó la atención de Giussani fue que la Cámara Federal, para absolver al comandante general Correa, había comprobado antes que éste interrogó a otro recluso en la “casa de seguridad” un año más tarde que a Poliseki. “Esto lleva a inferir que la conferencia de prensa se produjo en una casa que continuaba funcionando normalmente como base de operaciones represivas”, agregó Giussani, quién preguntó entonces “¿Es imaginable que pueda ocurrir semejante cosa sin que haya algún tipo de relación entre los dos grupos de usuarios del local? 

Un fiscal enojado. La ojeriza del fiscal Romero Victorica contra Andersen fue famosa en la época en que el periodista norteamericano residía en Buenos Aires. Aunque ambos se proponían acabar con Firmenich, uno mediante una larga condena y el otro demostrando su condición de agente doble, parece que a Romero Victorica le disgustaba la insistencia de Andersen en que había una suerte de contrato secreto entre los militares de inteligencia y el jefe de los Guerrilleros. 

Esta hipótesis enfureció a Romero Victorica, vinculado por lazos de familia, tanto con la magistratura como con las fuerzas armadas. El fiscal pertenece al cenáculo de católicos integristas radicado en Bella Vista, provincia de Buenos Aires, donde hacen los trabajos prácticos para iniciarse en política los adolescentes de la revista Cabildo. La prehistoria de Firmenich, cuando frecuentaba personalmente a estos mismos cenáculos, es uno de los misterios dolorosos de la derecha argentina. Ellos prefieren aceptar la apostasia de Firmenich antes que su actividad como agente doble. Romero Victorica está casado con Inés Aguirre, cuyo padre, el general de caballería Julio Aguirre, fue uno de los compañeros de Juan Carlos Onganía en el golpe de 1966. 

La irritación de Romero Victorica contra las extemporáneas interpretaciones de Andesen llegó a ventilarse desde las radios argentinas y dio lugar a situaciones divertidas y acciones judiciales por agravios a terceras personas. 

El fiscal insistía en sus avinagrados diálogos sobre Andesen y en negarle hasta la condición de periodista. Un fragmento de una entrevista efectuada por Radio Continental, el 13 de febrero de 1987, permite ver la hostilidad que lo dominaba: 

Romero Victorica: -Yo no entiendo, no entiendo nada. Hay un señor Andersen, un periodista, un pseudo-periodista, que dice que es periodista de Newsweek. 
Radio Continental: -¿El señor Andersen? 
Romero Victorica: -Andersen. Si usted lo tiene un día cerca pídale su credencial de Newsweek a ver si la tiene actualizada. 
Radio Continental: -¿Ud. cree que no es? 
Romero Victorica: Bueno, usted pídasela. 

Esta semana, EL PERIODISTA volvió a preguntarle al fiscal su opinión sobre Andersen, confiando en que el paso del tiempo podía haberla amortiguado. No fue así, como puede apreciarse: 
"Para mí, Andersen es un tema concluido, yo no quiero hablar más sobre ese señor, ya he dicho lo que pienso y es un tema totalmente agotado, sin ningún interés para la función que estoy desarrollando. ¿Sabe una cosa? No hay que dar por el pito más de lo que el pito vale... pero... éste señor es un prófugo de la justicia, sí, un prófugo de la justicia argentina, tiene una causa pendiente por calumnias e injurias. Es un fabulador, que en algún momento se refirió a algunas canaletas sucias de hechos que se estaban investigando para desorientar las investigaciones. Es una persona que se ha portado muy mal conmigo...” 

Romero Victorica, entre tanto, en declaraciones radiales rememoró algunos libros donde se acusa a Firmenich con argumentos parecidos a los de Andersen, aunque explicó que no podía garantizar su veracidad. En la opinión del fiscal que pidió la máxima pena para Firmenich, lo importante es que éste cumpla la condena de 25 años de cárcel, aunque teme que algún gobierno llegue a amnistiarlo en el futuro. 

En cuanto a Andersen, su polémica con Romero Victorica lo llevó a distribuir una biografía en inglés donde consta que, a los 33 años de edad, ha sido corresponsal de Newsweek y del Chicago Sun Times en Buenos Aires, que sus artículos se publicaron regularmente en Washington Post, The Nation, Toronto Globe and Mail, Miami Herald y otros diarios de Estados Unidos, habiéndose desempeñado dentro de su país en The News, de Paterson, New Jersey y Madison Press Connection. 

Aunque sin duda con razones menos personales que el ex fiscal Romero Victorica, el abogado Fernando Torres, defensor de Firmenich, coincidió en que "la denuncia no tienen ningún peso". Para reforzar la descalificación, Torres citó sin embargo al ex fiscal. “Hasta Romero Victorica saliló a desmentirlo a Andersen", dijo, tal vez olvidando que la pasión del ex fiscal sigue siendo acumular sus desmentidos a lo que escribe el norteamericano. Torres no logra explicarse por qué la cuestión salió otra vez a la superficie y dijo que "la mesa política de Firmenich había decidido en el primer momento darle un tratamiento exclusivamente político al asunto, pero después resolvió no darle importancia ". 

Sin embargo, es posible que las reacciones provocadas por Andersen alcancen una magnitud mayor de la que supone el abogado de Firmenich. En todo caso, la palabra final volverá a tenerla el mismo Andersen, quien anuncia su libro Black Terror: Argentina's Desaparecidos and, the Myth of the Dirty War (Terror Negro: Los Desaparecidos de Argentina y el Mito de la Guerra Sucia), que publicará la editorial Addison-Wesley, de Massachusetts. 

Referencia: 
Revista El Periodista - Año 5 - Numero 232 - Marzo 1989 - Por BENJAMIN VENEGAS

domingo, 11 de septiembre de 2016

Guerra Antisubversiva: El fallido intento de copar el RI 17

Fallido intento de copamiento del Regimiento de Infantería Aerotransportada 17 

16 guerrilleros del Ejército Revolucionario del Pueblo fueron muertos en un intento de tomar una instalación militar

El intento de copamiento del RI 17 tenía por objetivo obtener armas y municiones para las tropas guerrilleras operando en Tucumán. Mal diseñada y peor ejecutada, dio lugar a la denominada por los ex-guerrilleros y sus defensores “Masacre de la Capilla del Rosario”. Previo a ser reducidos, los terroristas asesinan a un reconocido y apreciado policía catamarqueño lo que provoca una respuesta fulminante: 16 guerrilleros fueron muertos. Increíblemente hubo presencia de “tupamaros” en Catamarca. El líder del fallido intento de copamiento al RI 17, Hugo Irurzun, fue quien asesinó a Anastasio Somoza, el ex-gobernante nicaragüense asilado Paraguay (Ver entrada al blog respectiva). Irurzun fue luego muerto por la policía paraguaya y actualmente en un acto de discrecionalidad criminal sus herederos han recibido enormes sumas de dinero por parte del gobierno argentino en concepto de compensación por la muerte de este delincuente.

El intento de copamiento del RI 17 marcó un antes y un después en la guerra antisubversiva en el país.

Pero la matanza ocurrida en el “Cañadón de los Walther”, como realmente se conoce al lugar ubicado al oeste de la ruta provincial Nº 1 y a unos 15 kilómetros de la capital provincial, se produjo un par de años antes de la dictadura militar iniciada el 24 de marzo de 1976, en pleno gobierno constitucional, que tenía en la provincia a Hugo Mott como gobernador y en la Nación a Isabel Martínez de Perón como presidenta. Eran tiempos de la “Triple A”, que comandaba José López Rega como respuesta al accionar de los grupos terroristas entrenados en Cuba y Medio Oriente.

Todo empezó el 9 de agosto 1974, cuando medio centenar de integrantes de las agrupaciones terroristas Ejército Revolucionario del Pueblo y Partido Revolucionario de los Trabajadores iniciaron una temeraria operación armada que consistía en robar de los cuarteles del Regimiento 17 de Infantería Aerotransportada de Catamarca pertrechos de guerra para atentar contra el orden constitucional. La operación se llevaría a cabo en forma simultánea con otra similar en la fábrica de pólvora de Villa María, Córdoba, que a diferencia de la intentona local tuvo relativo éxito y no terminó en desastre.

El grupo había partido del campamento base “La Horqueta”, de la Compañía de Monte “Ramón Rosa Jiménez”, en plena selva tucumana, región en la que asentaban sus reales los más temidos grupos terroristas de aquellos tiempos en todo Latinoamérica. Eran 47 jóvenes que no superaban los 30 años y estaban bajo el mando del santiagueño Hugo Alfredo Irurzun, cuyo nombre de guerra era “Capitán Santiago”.

Irurzun sobrevivió a la masacre y se convertiría luego en un icono de la guerrilla desplegada en América Latina, a tal extremo que participó activamente del atentado que años más tarde en Paraguay terminó con la vida del ex-gobernante nicaragüense Anastasio Somoza siendo él mismo abatido posteriormente.

La misión del intento de copamiento consistía en ingresar sorpresivamente a la base militar que contaba con una dotación de soldados que superaba el medio millar. El plan iba a contrapelo de lo que indicaban los reglamentos de combate de guerrilla que dictaban los movimientos del grupo terrorista ERP, una idea que estaba destinada al fracaso total y absoluto.

La intentona

Informe de la derrota - Parte 1
El grupo llegó a Catamarca a bordo de un ómnibus Mercedes Benz alquilado y en las proximidades de Banda de Varela el chofer fue reducido. Allí debía hacer contacto con una camioneta Chevrolet y un camión frutero en el que viajaba oculto el armamento para llevar a cabo la operación. Éste incluía fusiles FAL, escopetas Itaca y pistolas ametralladoras PAM.

En el lugar escogido para hacer base los guerrilleros comenzaron a cambiar sus ropas y en esos momentos fueron observados por dos jóvenes que pasaban circunstancialmente en bicicleta. Los saludaron y siguieron su camino. Y cometieron el primero error: dejaron ir con vida a quienes los delatarían ante la policía minutos después. Estos jóvenes haría lo que todo buen ciudadano debe hacer: denunciar las acciones criminales observadas.

Policías pertenecientes a la Dirección de Investigaciones y de la comisaría Tercera se trasladaron hasta el lugar a observar qué pasaba y entonces se produjo el primer enfrentamiento armado, que dejó un saldo de dos terroristas muertos y varios policías heridos.

El plan para robar las armas había comenzado a desandar el camino del fracaso. El repliegue fue inmediato y desordenado, en tres grupos que correrían distinta suerte. Irurzun y varios de guerrilleros emprendieron la huída por la ruta provincial Nº 1. En el camino despojaron de sus automóviles a una mujer y a un cura y en ellos llegaron hasta la base “La Horqueta”, en la selva del sur tucumano.

Otros guerrilleros se dispersaron y trataron de salir de la provincia por distintos medios. La mayoría, trece en total, fueron aprehendidos en la Terminal de ómnibus y en otros sectores del Valle Central. Siete años después serían sometidos a juicio, en un proceso judicial de completa legalidad ajustado a las circunstancias de la guerra antiguerrillera: los jueces no estaban presentes aunque se les hizo saber que habían sido condenados.

Muerte en el cañadón

Informe de la derrota - Parte 2
La tercera fracción del grupo que intentó la operación militar, entre 16 y 18 guerrilleros, quedaron al mando de Antonio del Carmen “Negrito” Fernández, un integrante del buró político del ERP-PRT cuya participación en una operación armada sería objeto de una severa autocrítica en el seno de la agrupación política de izquierda.

El reducido grupo quedó aislado en las lomadas adyacentes a la Capilla del Rosario. En un acto de impunidad, dos de sus integrantes bajaron hacia San José de Piedra Blanca a comprar pan y fueron detenidos y obligados a informar el lugar en el que se encontraban sus compañeros.

Cuando la policía se acercó a las proximidades de la Capilla del Rosario el oficial de policía Ramón Acevedo, que guiaba a las fuerzas de seguridad porque conocía la zona, fue asesinado por el fuego de los miembros terroristas del ERP.

La muerte del policía Acevedo se indignó a las tropas leales al gobierno y la Constitución y actuaron en consecuencia. En Catamarca confluyeron efectivos del RI 17 y del Tercer Cuerpo de Ejército con sus helicópteros y armamento de reglamento para la época. También participaron del ataque al grupo terrorista policías locales y de la Federal.

Los diarios de la época informaron sobre la refriega armada: 16 guerrilleros habían sido abatidos por el Ejército y otros tantos se encontraban detenidos. Entonces no se indagó cómo ocurrieron los hechos. Los vencedores fueron debidamente tratados como héroes de la Nación e incluso recibieron las felicitaciones de la entonces presidenta Sra. de Perón.

Sin embargo, a partir de ese momento, sobrevoló el fantasma de un supuesto ajusticiamiento. Las heridas que presentaban los guerrilleros fallecidos denotaban que habían sido fusilados. En los protocolos de autopsia confeccionados en aquella época tres médicos forenses indicaron claramente las lesiones que presentaba cada uno de los cadáveres: todas eran sugestivamente realizadas con armas de fuego en zonas frontales o vitales, a corta distancia e incluso varias en los miembros superiores, un claro indicador de que las víctimas habían intentado cubrirse con sus manos y brazos, protegerse ya inermes de una ejecución.

"Investigación"
Pasarían casi treinta años de aquel episodio. Recién entonces un grupo de miembros de asociaciones ligadas a la defensa de los Derechos Humanos en Catamarca presentó una denuncia formal en el Juzgado Federal de Catamarca en la que se solicitó formalmente que se investigue aquel episodio y, además, que se identifique a cinco cadáveres que habían sido sepultados como NN en el cementerio municipal.

Ana Radusky, Guillermo Díaz Martínez, Mirta Clérici y Jorge Alberto Perea, con el patrocinio de los abogados Martín Fresneda y Claudio Oroz presentaron una denuncia escrita ante el entonces juez federal interino, Pedro Armando Navarro, en la que se aseveraba la existencia de una masacre, producida cuando el grupo guerrillero ya había depuesto sus armas ante la superioridad numérica de las fuerzas armadas.

Durante los últimos años tanto Navarro como su sucesor, Ricardo Antonio Moreno, tomaron medio centenar de testimonios e incorporaron pruebas al expediente, como una colección de fotografías tomadas entonces. En las gráficas se observa el modo en que eran llevados los cadáveres y la presencia de helicópteros del Ejército (esto en algún momento fue negado por la ex autoridades que declararon), como así también algunas de las personas que participaron del acto represivo.

Asimismo, el Equipo Argentino de Antropología Forense exhumó los cuerpos de los cinco guerrilleros sepultados sin nombre en el cementerio municipal y logró identificar a uno de ellos: Dardo Rutilio Betancour Roth, un “tupamaro” uruguayo que se había sumado a la lucha terrorista en el país. Su cuerpo fue repatriado y ya descansa en tierras orientales.

Aunque todavía no fueron identificados mediante pruebas genéticas, los otros cuerpos pertenecerían a quienes en vida se llamaron Hugo Cacciavillani –también “tupamaro” uruguayo-, Alberto Rosales Sánchez o Cresencio Molina Ibañez y Francisco Scocimarro.

Entre los testimonios recogidos durante la investigación unos se destacan más que otros. El ex conscripto Fernando Gambarella claramente expuso que los 16 guerrilleros fueron acribillados a balazos luego de rendirse, cuando no tenían posibilidad alguna de defensa.

Mario Marca, un abogado tucumano que ejercía la profesión particular en Catamarca, en el estudio del entonces ministro de Gobierno Alberto del Valle Toro, enterado de que un grupo de guerrilleros del ERP había sido acorralado en las lomadas adyacentes a la Capilla del Rosario corrió para ofrecerse como mediador para evitar un seguro baño de sangre.

“Toro me aconseja que no me meta, que no sea pelotudo –el consejo de siempre-. Entonces yo insisto en que trate de hacer algo y se pone en contacto con el coronel (Eduardo) Cubas, jefe del Regimiento 17, y lo pone al tanto de lo que yo pedía. Entonces Cubas le responde que era imposible cualquier arreglo o mediación, porque el general (Antonio) Vaquero, segundo jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, ya había dado la orden de “aniquilar”. Y así ocurrió: fueron, los rodearon y los mataron”, recordaría Marca años después. Cabe recordar que la orden de aniquilar a los terroristas había surgido de reclamos de la primera magistratura de la Nación.

Al día siguiente el abogado fue detenido y pasó los siguientes nueve años en varias cárceles del país. Nunca se le informó sobre las razones de la detención ni fue sometido a juicio por delito alguno. Poco antes del advenimiento de la democracia recuperó su libertad y optó por el exilio voluntario.

Actualmente y acorde al clima de violación de normas constitucionales y de derecho penal que reina sobre quienes combatieron del lado del gobierno en Argentina se busca juzgar a quienes derrotaron al terrorismo comunista. 





Un Huey del EA se aproxima para llevar los cadáveres

Cuerpo de un guerrillero abatido por las fuerzas del orden

El terrorista uruguayo Hugo Cacciavillani luego repatriado a Uruguay

sábado, 6 de agosto de 2016

Revolución Mexicana: La invasión de Pancho Villa a USA

El día en que Doroteo Arango Arámbula invadió Estados Unidos
Hace un siglo, Pancho Villa sorprendió al mundo al atacar la localidad de Columbus. Una exposición en México revisa el insólito episodio

JAN MARTÍNEZ AHRENS - El País



Retrato de Francisco Villa realizado el 18 de julio de 1920 en San Pedro, Coahuila, México.


Esa noche, Doroteo Arango Arámbula pudo haber elegido ser cualquiera de las personas que fue en su vida. El bandolero de cananas cruzadas, el general en retirada, el mujeriego impenitente, el albañil honrado e incluso el adolescente que se perdió en la oscuridad después de haber baleado al violador de su hermana. Pero en esa madrugada del 9 de marzo de 1916, bajo un cielo de frontera, decidió ser simplemente Pancho Villa e invadir los Estados Unidos de América.

A las 4.45, al mando de unos 500 hombres, atacó el pequeño pueblo de Columbus y el fuerte militar Furlong, en Nuevo México. La incursión, la única sufrida hasta aquel momento por Estados Unidos desde la guerra anglo-americana de 1812, abrió un capítulo histórico tan extraño como legendario en la relación entre ambos países. Para muchos fue un ataque sanguinario y brutal, obra del huracán de la venganza. Otros lo han ensalzado como un gesto de un heroísmo ciego y desbordado. También hay quien lo explica como el resultado de un cálculo frío. Posiblemente lo fue todo, porque algo de todo eso, vengativo, heroico y calculador, fue Pancho Villa.

Esa idea, al menos, es la que queda tras visitar la exposición temporal De vuelta a Columbus. La muestra, organizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia con motivo del centenario de la incursión, se exhibe en un bellísimo y poco conocido rincón de la Ciudad de México: el antiguo Convento de Nuestra Señora de los Ángeles de Churubusco. Sus luminosos jardines y muros, de más de 400 años, acogen el Museo Nacional de las Intervenciones, dedicado exclusivamente a historiar las incursiones extranjeras en México.

En el caso de Columbus, el asalto no quedó sin respuesta. Mancillado el orgullo patrio, el presidente Woodrow Wilson puso en pie una expedición punitiva, con tanques y aviones, que llegó a tener 10.000 soldados. La encabezaba el general John J. Pershing, curtido en Cuba contra el ejército español y quien posteriormente comandaría las tropas estadounidenses en la Primera Guerra Mundial. El 15 de marzo de 1916, con la orden de capturar y ajusticiar a Villa, aquel ejército irrumpió en territorio mexicano. En sus filas iban dos jóvenes e implacables oficiales llamados Dwight D. Eisenhower y George Patton. Durante 11 meses vivirían una de las aventuras más singulares de sus existencias.

Villa no era un desconocido para los estadounidenses. Hombre de inteligencia natural, siempre fue consciente del poder de la imagen y él mismo, como después haría El Che Guevara, se encargó de cimentar su mito. En sus andanzas se rodeó de intelectuales y periodistas, como John Reed, y hasta rodó con Hollywood una película sobre su propia vida. Filmada con Raoul Walsh, la obra se estrenó en 1914 con éxito en Estados Unidos. Una fama que dos años después se volvió en su contra. “Villa fluctuaba entre dos extremos. Era una fuerza destructiva de la naturaleza y, por momentos, un ser sensible a las causas sociales. Para mí, Villa fue un justiciero. Pero un justiciero sangriento”, señala el historiador Enrique Krauze.


Miembros de la sexta infantería americana, atrincherados en 1916. INAH

Los motivos que llevaron a Villa hasta Columbus forman parte de una intrincada discusión histórica que la exposición, con apoyo de documentos y fotografías, trata de apartar de las brumas épicas. En los días del ataque, el antiguo bandolero atravesaba uno de sus peores momentos. Años antes, en el torbellino inicial de la revolución, su lealtad a Francisco I. Madero y su genio militar le habían elevado al generalato. Admirado por su valor, en el cénit de su gloria había entrado a caballo junto con Emiliano Zapata en la misma Ciudad de México. Pero caído el Gobierno del tenebroso general Victoriano Huerta, los revolucionarios se disgregaron y la tormenta arreció.

Enfrentados al presidente Venustiano Carranza, los ejércitos de Villa fueron derrotados entre abril y junio de 1915 en El Bajío por el general Álvaro Obregón. Golpe a golpe, El centauro del norte fue retrocediendo hasta refugiarse en la agreste sierra de Chihuahua, al norte del país. Allí, diezmado y fugitivo, disolvió su legendaria División del Norte y la reorganizó en partidas guerrilleras. Fue durante aquel gélido invierno, cuando fraguó su ataque a Columbus. Frente a quienes han considerado la incursión una furibunda respuesta al respaldo de Estados Unidos a Carranza, la exposición fija como tesis un elaborado cálculo político del caudillo norteño.


 El afiche con el que EE UU ofrecía recompensa por Villa.

El ataque buscaba que Washington respondiese precisamente como hizo: entrando en territorio mexicano. Una operación de alcance limitado que permitiría a Villa avivar el sentimiento nacionalista a su favor y situar a Carranza ante el erosionante dilema de permitir una impopular invasión extranjera o enfrentarse al poderoso gigante del norte. Junto a este ánimo provocador, la incursión también tenía como finalidad nutrirse de armamento y, de paso, vengarse del comerciante Samuel Ravel que, con apoyo de la inteligencia estadounidense, había vendido munición inútil a Villa.

“Desde el punto de vista militar, el ataque no puede considerarse un éxito. El pueblo de casas de madera quedó devastado por el fuego, pero su guarnición, el fuerte Furlong, apenas sufrió daños. Los espías se equivocaron y los villistas asaltaron las caballerizas”, afirma el comisario de la exposición, el profesor Pavel Navarro. Aunque hay dudas sobre las bajas villistas, Navarro calcula unas 70, frente a 27 en el bando estadounidense. Tampoco se logró una requisa importante de armas y animales. Pero su éxito en el terreno simbólico y político fue arrollador.

La incursión jugó desde el primer día contra Carranza y, a la larga, contra Washington. Los soldados de Black Jack Pershing ahorcaron a villistas, hicieron prisioneros, pero una y otra vez fueron burlados por el general rebelde. Su presencia, a medida que pasó el tiempo, se volvió más y más impopular hasta que estalló la chispa que les hizo descubrir el polvorín sobre el que se habían sentado. Fue en Parral (Chihuahua). El mayor Frank Tompkins, desoyendo a los oficiales carrancistas, condujo su columna hasta el centro de la ciudad. Al principio no hubo resistencia, pero una joven profesora, Elisa Griensen Zambrano, decidió plantar cara y, acompañada de un grupo de estudiantes de primaria, se enfrentó con un valor rayano en la locura a las tropas gringas y las conminó a marcharse. Su acción prendió el pueblo. Armados de palos, piedras y algún que otro rifle, la súbita revuelta popular puso en fuga a los estadounidenses.


 La profesora Elisa Griensen Zambrano.

El episodio, del que existen tantas versiones como leyendas, hizo vibrar la campana del orgullo mexicano y enfrentó a Washington y al presidente Carranza a sus demonios. La relación entre ambos, con una posible revuelta social de por medio, se tornó insostenible. Carranza empezó a presionar a Wilson para lograr la retirada. En este escenario se sumaron dos factores explosivos. Estados Unidos descubrió que Alemania, en plena Guerra Mundial, trataba de ganarse a México como aliado. Y Villa, a quien muchos habían dado por muerto, reapareció cabalgando a lomos de la leyenda después de permanecer tres meses oculto en una cueva de la Sierra Madre. La expedición punitiva hacía aguas. Un sangriento enfrentamiento en Carrizal, esta vez con militares oficialistas mexicanos, la puso la picota. El 5 de febrero de 1917, el mismo día en que se promulgaba la Constitución mexicana, las tropas estadounidenses salieron del país.

Ese fue el final del ataque a Columbus. El general mexicano aún viviría aventuras memorables antes de caer emboscado el 20 de julio de 1923 en Parral, la misma ciudad que había expulsado a las fuerzas de Pershing. Al morir, Pancho Villa, nacido Doroteo Arango Arámbula, tenía 45 años. 12 balazos y un tiro de gracia le abrieron la tumba.

jueves, 30 de junio de 2016

Una repaso del terrorista cubano Guevara

Un santo y pecador moderno


Por qué el mito del Che es malo para la izquierda

The Economist

La cara barbuda-con los ojos mirando desafiantes hasta el infinito, el pelo ondulado largo por debajo de la boina agitada por la brisa del Caribe-se ha convertido en una de las imágenes más conocidas del mundo. la fotografía de Alberto Korda de Ernesto "Che" Guevara para que sea mecido en alto por los manifestantes antiglobalización pero ha dado lugar a una marca global. Se presenta adornado cigarrillos, helados y un bikini, y está tatuado en los cuerpos de los futbolistas.

¿Cómo se explica el recurso extraordinario de Guevara, un argentino que hace 40 años esta semana fue capturado y fusilado en Bolivia (ver artículo)? En parte la consistencia con la que siguió su propio mandato de que "el deber del revolucionario es hacer la revolución". Un asmático frágil, que se levantó en armas con la guerrilla de Fidel Castro en Sierra Maestra de Cuba. Después de su victoria, Guevara luchar de nuevo en el Congo, así como Bolivia. Luchó dictadores que estaban respaldados por los Estados Unidos en nombre del anticomunismo, cuando la Guerra Fría estaba en su punto más caliente, y cuando el grito de Guevara para crear "dos, tres ... muchos Vietnam" resonó en los campus universitarios de todo el mundo. Su renovada popularidad en los últimos años debe mucho a un resurgimiento del antiamericanismo.

Pero es la semiótica, más que la política, lo cual torna adolescentes ignorantes de la Sierra Maestra con el deporte Che camisetas. fotografía de Korda estableció Guevara como un símbolo universal de rebeldía romántica. Esto ayuda, también, que murió joven, a los 39 años: como miembro de la gerontocracia cubana que casi no se habría convertido en el James Dean de la política mundial. Una segunda imagen, la del cadáver del guerrillero desaliñado, mirando con los ojos abiertos a la cámara, ofrece otra pista. Se asemeja el retrato de Cristo muerto de Mantegna Andrea. Se fija Guevara como un santo moderno, el hombre que arriesgó su vida dos veces en países que no eran de su propia antes de dárselo en un tercero, y cuya invocación del "hombre nuevo", impulsado por la moral más que los incentivos materiales, olía a St Ignacio de Loyola más de Marx.

En Cuba, que es el santo patrón: en la escuela, todos los niños deben repetir cada mañana, "Seremos como el Che." Sus supuestas reliquias son objeto de veneración oficial. En 1997, cuando Cuba se había recuperado de la caída de su aliado soviético, el Sr. Castro organizó la excavación del esqueleto de Guevara en Bolivia y su entierro en un mausoleo en Cuba. Excepto que en la tradición de los santos medievales, probablemente no es su cuerpo en absoluto, según una investigación realizada por Bertrand de la Grange, un periodista francés.


Un luchador contra la libertad y la democracia

Cuanto mayor sea el culto se extiende, cuanto más se aleja del hombre. En lugar de un romántico Cristiano, Guevara era un despiadado y dogmática marxista, que estaba no para la liberación, pero para una nueva tiranía. En la Sierra Maestra, le disparó a los sospechosos de traición; en la victoria, el Sr. Castro lo puso a cargo de los fusilamientos que ejecutó "contrarrevolucionarios"; como ministro de industrias, Guevara defendió la expropiación hasta la última granja y tienda. Su exhortación a la guerra de guerrillas, con independencia de las circunstancias políticas, atrajo a miles de idealistas latinoamericanos a sus muertes, ayudó a crear dictaduras brutales y el retraso en la consecución de la democracia.

Por desgracia, el ejemplo de Guevara se invoca no sólo por los adolescentes, sino por algunos gobiernos latinoamericanos. En Venezuela, Hugo Chávez quiere crear el guevarista "hombre nuevo" (ver artículo), justo cuando Cuba está teniendo segundos pensamientos. Como Jorge Castañeda, uno de los biógrafos de Guevara, notas, persistente influencia del Che ha retrasado la aparición de una izquierda moderna, democrática en partes de América Latina. Lamentablemente, la mayoría de los que compran la camiseta no saben ni cuidado.