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domingo, 10 de diciembre de 2017

Esparta: La derrota en Leuctra contra la formación escalonada

La batalla de Leuctra: aplastamiento de los espartanos y nacimiento de la formación escalonada


William Mclaughlin |  War History Online




La formación escalonada es un elemento básico sólido en el mundo militar y policial moderno. Los aviones de combate usan esta formación diagonal para mantener la visibilidad y maximizar la eficiencia del combustible. Los vehículos blindados a menudo avanzarán en una formación de escalones para maximizar su área de ataque mientras son capaces de cubrir a otros en la formación. La infantería usa la formación así como también la policía antidisturbios. Al avanzar en escalón, la policía antidisturbios puede mover activa o pasivamente a una multitud hostil hacia la izquierda o la derecha mientras avanza.

En el mundo antiguo, la formación tenía otra ventaja. Las unidades en la parte delantera podrían tener un flanco cubierto y seguir avanzando rápidamente. Formaciones escalonadas más estáticas podrían retrasar en gran medida los ataques flanqueantes anchos al aumentar la distancia que un flanker tendría que viajar, como se vio en la Batalla de Gaugamela.

Incluso antes de Alejandro, los tebanos utilizaron la formación con un efecto asombroso para derrotar a un ejército espartano más numeroso. A principios del siglo IV aC, los espartanos disfrutaban del dominio del mundo griego gracias a su victoria sobre Atenas durante la Guerra del Peloponeso.

Durante este dominio espartano, la ciudad de Tebas comenzó a rebelarse contra la posesión espartana más débil de Beocia al norte de Atenas. Buscando aplastar esta rebelión rápidamente, el rey espartano Cleombrotus condujo una marcha rápida a través de una ruta inesperada y sorprendió a los tebanos. El ejército tebano apresuradamente reunido tenía alrededor de 7.000 hombres. Estos incluían a la respetable y elitista Banda Sagrada de Tebas, pero también incluían a miles de Beocios asustados que estaban muy preocupados por la idea de luchar contra los espartanos.



El comandante tebano, Epaminondas, era todo para la batalla, a pesar de tener aproximadamente 3,000 hombres menos. Tenía un plan que involucraba a su caballería ligeramente superior y su fiel Banda Sagrada. La batalla se abrió con escaramuzas espartanos lanzando a los aliados de Beocia. A medida que la infantería comenzó a organizar sus líneas de batalla típicas, la caballería tebana de 1.500 expulsó a los 1.000 caballería espartana.

Los espartanos dispusieron sus líneas en la formación típica de hoplita, alrededor de 8-12 hombres de profundidad. La tradición también era poner a la mayoría de las fuerzas de élite a la derecha para contrarrestar el aspecto normal de desplazamiento a la derecha de la mayoría de las batallas. En este derecho espartano estaban el Rey y su guardia real. El resto de la derecha habría sido completada por todos los Spartiates de la más alta condición social y experiencia.



La formación de batalla griega estándar está representada en la parte superior. La formación de Epaminondas está representada en la parte inferior.

Epaminondas arregló sus líneas de una manera dramáticamente diferente. En lugar de poner a sus tropas de élite a su derecha, Epaminondas puso la Banda Sagrada a la izquierda, directamente frente a los élite espartanos. También hizo esta parte de su línea hasta 50 hombres de profundidad. Epaminondas luego tuvo a las tropas restantes en una formación de escalón derecha, desvaneciéndose del resto de las líneas de batalla espartanas.

Al hacer esto, Epaminondas tomó una gran apuesta, mientras que también eliminaba una igualmente desconocida enorme. Los beocios aliados eran increíblemente poco confiables y no querían estar allí. Alejándolos, Epaminondas los mantendría fuera de la lucha el mayor tiempo posible. Al concentrar una gran cantidad de tropas de élite a la izquierda frente a la derecha espartana, Epaminondas estaba arriesgando el resultado de toda la batalla tratando de cortar la cabeza espartana con una carga que sería el primer combate de infantería de la batalla.

Cuando la banda sagrada se estrelló contra los espartanos, tomaron a los espartanos con la guardia baja después de que la derrotada caballería espartana interrumpiera sus propias líneas. La falange tebana increíblemente profunda superó a los espartanos y rápidamente rompió la parte más elitista y experimentada de la línea espartana sin involucrar a ninguno de los otros grupos de infantería de ningún lado. La formación extra profunda puede haber permitido a los Thebans flanquear la derecha del Spartan, pero también pueden haber prevalecido simplemente debido al gran peso de su carga.



El resto de la línea espartana estaba compuesta en su mayoría de aliados obligados a proporcionar tropas porque estaban bajo el control espartano. Al ver que el Rey Espartano y la clase más alta de espartanos estaban completamente quebrantados tomó la voluntad de luchar del resto de las tropas, y dejaron el campo. La lealtad sospechosa de los beocios nunca tuvo que ser probada.

Las bajas en la batalla fueron bastante bajas debido a la acción rápida y localizada, pero los Spartans sufrieron más. Cerca de 1,000 Spartans y aliados cercanos fueron asesinados, incluido su Rey. Los espartanos eran de hecho algunos de los soldados de infantería más temidos del mundo, pero su número era escaso. Después de generaciones de luchar en la Guerra del Peloponeso, la elite espartana ya estaba reducida. El golpe aplastante en Leuctra hizo que el dominio espartano de Grecia se desplomara.

Los tebanos pudieron capitalizar esta victoria para crear su propia hegemonía sobre la mayoría de los griegos. Epaminondas disfrutaría de una gran cantidad de fama y lideraría varias campañas contra el resto de Grecia. En última instancia, la década de campaña de Epaminondas solo serviría para debilitar aún más a Grecia, allanando el camino para que los macedonios se abalanzaran bajo Felipe.



En cuanto a la formación escalonada, la batalla de Leuctra fue solo el comienzo. Alejandro Magno usó una formación de escalones defensivos para su infantería en Gaugamela para dar tiempo a su caballería para completar su carga decisiva. Scipio Africanus usó dos formaciones escalonadas en Ilipa. Aquí escaló desde sus flancos hasta su centro y utilizó a sus legionarios experimentados para llevar a casa la victoria y mantener a sus íberos poco confiables fuera de la lucha.

Federico el Grande lo usó con gran efecto durante la Batalla de Leuthen. También se ha utilizado a una escala mucho mayor en operaciones como Tormenta del Desierto con la misma idea, haciendo una carga decisiva con un flanco reforzado a la vez que ocupa la atención del resto del enemigo.

lunes, 3 de octubre de 2016

Esparta: Termópilas

La batalla de las Termópilas

Apuntes de Historia


El rey persa Darío el Grande murió cuatro años después de la batalla de Maratón, por lo que no pudo cumplir el objetivo de castigar a los griegos, como vimos cuando traté aquí mismo de esa batalla. Sí, ya sé, pensarás que cuatro años es tiempo más que suficiente, pero es que había más.

Su objetivo no era sólo entrar en Grecia: quería conquistar Europa. Así que ordenó levas (alistamientos forzosos) en todas las satrapías y nuevos impuestos para reunir el mayor ejército que había visto la historia hasta entonces.

En esas estaba, a punto de partir ya hacia Grecia (pensaba dirigir la campaña personalmente) cuando se produjo un alzamiento en la satrapía de Egipto. Demasiados impuestos, quizá. Aunque tampoco pudo hacer nada al respecto ya que, mientras se preparaba para aplacar la rebelión egipcia, le sorprendió la enfermedad y la muerte.

Así que subió al trono su hijo Jerjes, quien se dispuso a completar los asuntos que su padre había dejado pendientes: primero Egipto y, más tarde, Grecia y Europa toda.


Esparta

Sobre el imperio persa en la época ya hablé en el artículo sobre la batalla de Maratón, y a él te remito. Pero para entender bien qué paso y por qué ocurrió así tenemos que detenernos un momento a repasar cómo era la sociedad del otro protagonista de esta historia, Esparta.

Maratón, el (primer) final de los persas Maratón, el (primer) final de los persas
Pero antes me gustaría pedirte algo, y es que olvides (aunque sea por un momento) la imagen de héroes luchadores por la libertad y con fuertes convicciones morales que posiblemente tengas de los espartanos gracias al cine.


Ruinas de Esparta

Porque, como vamos a ver en las siguientes líneas, la espartana era una sociedad belicista, autoritaria, esclavista, supersticiosa, inmovilista, hipócrita, machista, ultraconservadora y profundamente egoísta. Lo tenían todo, como puedes ver; aunque claro, no sería justo juzgarles según patrones modernos.

La espartana era una sociedad belicista, machista, esclavista,supersticiosa y ultraconservadora

Esparta era una polis griega regida por una diarquía (dos reyes), un “generalato hereditario y vitalicio”, como lo definió Aristóteles, cuya sociedad estaba absolutamente regida por dos ejes centrales: la religión y la guerra. Todo ello fuertemente regulado por la Gran Retra, la ley suprema espartana.

Aunque realmente los reyes espartanos tenían muy poco poder, ya que estaban limitados por un lado por la voluntad divina (expresada a través del Oráculo de Delfos o de los augures y adivinos que leían las vísceras de los sacrificios) y por otro por el poder ciudadano (representado por la Asamblea y el Consejo de Ancianos). Los reyes eran, más bien, líderes militares al servicio de los designios divinos.


El Santuario de Delfos

Todo en la sociedad espartana estaba dirigido a un único fin: crear soldados altamente entrenados, alienados y preparados para obedecer ciegamente, incluso hasta la muerte, las órdenes del rey que, como hemos visto, eran los deseos de los dioses. Convenientemente influenciados por el Consejo, por supuesto.

Las mujeres sólo tenían un cometido: dar a luz futuros guerreros espartanos. Cuando nacía un niño era examinado y, si presentaba algún defecto, era descartado sin piedad. “Descartado” es un eufemismo, en realidad quiero decir arrojado por un precipicio cercano a la ciudad. Si no podía ser un soldado, no tenía cabida en Esparta.

A los siete años los niños eran apartados de su familia para recibir formación militar y se anulaba su identidad propia: no había individuos en Esparta, sólo espartanos iguales unos a otros.

Por supuesto, si los ciudadanos de Esparta sólo podían dedicarse a la vida militar, las tareas agrícolas debían recaer en alguien más. El asunto quedó resuelto esclavizando las ciudades cercanas, creándose así una clase esclava, los ilotas, cuya única misión era cultivar las tierras que debían alimentar Esparta.

De hecho, el número de ilotas era tan alto que Esparta vivía con la amenaza constante de una revuelta de esclavos. Su ejército no podía alejarse demasiado de la ciudad ni ausentarse durante un periodo prolongado por el peligro que un alzamiento de los ilotas podía suponer.

Es curioso que una sociedad esclavista haya pasado a la historia como un adalid de la libertad y un pueblo cargado de valores. Por supuesto, en eso tiene mucho que ver el modo en que la historia de la batalla de las Termópilas ha llegado hasta nosotros.

Y es que este episodio nos ha llegado a través de Heródoto y, para empezar, como griego que era debemos dudar de su imparcialidad. Pero es que además él no conoció estos acontecimientos de primera mano, sino que su relato proviene de las historias que le contaron cuando visitó Esparta, cuarenta años después que sucedieran los hechos.

Así que lo que Heródoto plasmó fue una versión ya parcialmente mitificada de la batalla. Es una lástima que no podamos contar con la versión de los persas. Como vimos en el artículo sobre la batalla de Qadesh, la diferencia puede ser radical.

Pero en fin, es lo que ha llegado hasta nosotros y, salvo sorpresa, será la única versión con la que contemos de lo ocurrido allí. Así que a ella nos tendremos que atener. Sirva esto como advertencia: no creas a pies juntillas los detalles de la historia.

La resistencia griega

Habíamos dejado a Jerjes reuniendo el mayor ejército que habían visto los tiempos. Y claro, las noticias sobre un hecho así llegaron finalmente a Grecia.

Las polis, preocupadas por lo que se les venía encima, se reunieron y decidieron forjar una alianza: sólo uniéndose podrían hacer frente a tamaña fuerza invasora. El mando de los ejércitos de esta unión, la Liga Helénica, recayó en Esparta.

Y aquí tuvieron que hacer frente a la cuestión de dónde hacer frente a los persas. Sabiendo que venían por Macedonia (el ejército persa había cruzado desde Asia Menor a través del estrecho del Helesponto, actualmente llamado de los Dardanelos, por medio de un puente flotante que fabricaron uniendo barcos), optaron por reunir sus ejércitos en Tesalia.

Sin embargo pronto se dieron cuenta de que si reunían sus ejércitos ahí los persas podían fácilmente evitarlos y penetrar en Grecia sin resistencia. Debían situarse en un paso obligado para no dejar opción al ejército persa.

Finalmente se optó por desplazar los ejércitos más al sur, hasta el istmo de Corinto, un estrechamiento que separa la península del Peloponeso del resto del continente. Ni que decir tiene que las ciudades más al norte se opusieron, ya que los persas las atacarían sin resistencia. Pero no había alternativa.

Así que finalmente se optó por el paso de las Termópilas. Thermopylae, las puertas calientes. El paso recibía este nombre por los manantiales de aguas termales que abundaban en él.

Hoy en día la línea de costa ha cambiado debido a la erosión (puedes verlo en la imagen de satélite de Google Maps, aquí), y existe un amplio terreno llano y bajo entre las montañas y el mar, usado como tierra de cultivo.


El paso de las Termópilas en la actualidad

Pero hace dos mil quinientos años el de las Termópilas era un estrecho paso entre los acantilados y el mar. Y si los ejércitos de Jerjes querían alcanzar la Grecia central, tendrían que atravesarlo.

La invasión

Jerjes comenzó su invasión en el año 481 a.C. Cruzó, como he dicho antes, el estrecho del Helesponto y avanzó a través de Macedonia. Ejército y armada avanzaban juntos por tierra y por mar siguiendo la costa.

Y aquí es obligado volver al asunto de las versiones, porque las cifras de Heródoto son un poco exageradas, por decirlo de una forma suave. El historiador griego habla de un ejército formado por un millón ochocientos mil asiáticos más trescientos mil europeos de los pueblos conquistados, a los que hay que añadir un séquito de auxiliares, concubinas, marinos y demás, de otras dos millones seiscientas mil personas.

Cuatro millones setecientas mil personas. ¡Vamos hombre! ¿Imaginas cómo sería alimentar semejante masa en movimiento a través de Asia y Europa? Sería complicado incluso en la actualidad; en la Antigüedad habría sido, sencillamente, imposible.

Evidentemente las cifras de Heródoto están infladas para magnificar la victoria griega (la victoria final en la guerra, ya que la victoria en esta batalla sería para los persas). Afortunadamente también hay una mención a las naves: mil doscientos siete trirremes y otras tres mil naves más o menos con funciones diversas. Así que un cálculo aproximado, aún tirando por arriba, nos daría un ejército de entre ciento cincuenta mil y un cuarto de millón de hombres. Animales aparte.


Trirremes

Este era el ejército que se disponía a invadir Europa. No se volvería a ver una invasión de este calibre hasta el desembarco de Normandía.

No se vio otro ejército de invasión como el persa hasta el desembarco de Normandía

¿Has oído decir que frente a este ejército se opusieron trescientos espartanos? Pues esto tampoco es del todo verdad. De nuevo, la gesta de Leónidas y sus hombres fue magnificada y mitificada. Pero vamos por orden.

Hacia la batalla

Desde el momento en que se supo que Jerjes se disponía a invadir Grecia, los espartanos consultaron al Oráculo de Delfos sobre la suerte que correría la ciudad. Su respuesta fue ambigua como solía ser. ¿Cómo si no iba a acertar? El oráculo predijo:

Mirad, habitantes de la extensa Esparta, o bien vuestra poderosa y eximia ciudad es arrasada por los descendientes de Perseo, o no lo es; pero en ese caso, la tierra de Lacedemón llorará la muerte de un rey de la estirpe de Heracles pues al invasor no lo detendrá la fuerza de los toros o de los leones ya que posee la fuerza de Zeus. Proclamo en fin, que no se detendrá hasta haber devorado a una u otro hasta los huesos.

O la ciudad era arrasada o uno de sus reyes moriría en la batalla. Hay que decir aquí que, hasta el momento, ningún rey espartano había muerto en batalla. Sobre todo porque cuando un rey de Esparta entraba en batalla lo hacía al frente de su ejército. Y el ejército de Esparta no era fácil de vencer.

Y en el 480 a.C., el año en que el ejército persa de Jerjes I entró en Grecia, uno de los diarcas de Esparta era Leónidas I.

Cuando llegó el momento clave, en Esparta se estaban celebrando las Carneas. ¿Recuerdas que hablamos de ellas en el artículo sobre la batalla de Maratón? Sí, era esa festividad durante la cual los espartanos no podían luchar. Mal asunto.

Sin embargo Leónidas tenía que ponerse al mando de la Liga helénica así que, para no contravenir los designios divinos que prohibían al ejército espartano entrar en batalla durante las Carneas, Leónidas marchó al frente acompañado sólo por su guardia personal: trescientos soldados escogidos de entre los que tenían descendencia. Los trescientos espartanos que pasarían a la historia.

Pero claro, también estaban el resto de fuerzas helenas. Junto a los trescientos espartanos marchaban dos mil arcadios, mil locrios, mil focenses, novecientos ilotas, setecientos tespios, cuatrocientos tebanos, cuatrocientos corintios y otros contingentes menores.

Aproximadamente entre seis y ocho mil hoplitas, según las cifras más probables. Pocos en comparación con las fuerzas de Jerjes, pero decir que aquellos trescientos hombres se enfrentaron solos a los persas es mucho decir, ¿no crees?

Y así se dirigieron a las Termópilas, dispuestos a impedir el paso de los persas o a morir intentándolo.

En las Termópilas

A lo largo del paso de las Termópilas había tres estrechamientos conocidos como “puertas”. En la puerta central, más estrecha, había un antiguo muro levantado por los focenses para defenderse de las invasiones procedentes del norte. Ése fue el lugar elegido por los griegos, que reconstruyeron el muro como ayuda a la defensa.

Sin embargo, había un modo de evitar ese camino: un viejo camino de pastores, escondido entre los riscos, permitía el paso de la puerta central a través de una ruta alternativa, llegando hasta las posiciones a retaguardia del ejército heleno: la senda Anopea.

Los griegos, claro está, conocían este camino, así que tomaron precauciones para evitar que los persas pudieran encontrarlo y atacarles por sorpresa desde su retaguardia: Leónidas envió a los mil focenses a custodiar la senda.

Una decisión inteligente enviar allí a los focenses, sin duda, ya que eran de la región (de Fócida, en la Grecia central, no de Focea, que era una colonia griega de Asia Menor, hoy Turquía). Debido a ello no sólo conocían bien la zona, sino que además Leónidas se aseguraba de que defenderían el paso y no huirían, puesto que la integridad de su ciudad y de sus familias dependía de que los persas no consiguiesen salirse con la suya.

A finales de agosto del año 480 a.C. Jerjes llegó a las Termópilas con su ejército. Al ver lo estrecho del paso envió exploradores en busca de rutas alternativas, pero ninguno de ellos encontró la senda Anopea, oculta en la montaña.

Lo que sí vieron, claro está, fue al ejército griego. Cuando Jerjes fue informado de la presencia de los hoplitas envió un emisario a negociar. A sobornarles, más bien, ofreciéndoles la libertad y ser asentados en tierras fértiles si entregaban sus armas y franqueaban el paso.

Ven y cógelas fue la respuesta de Leónidas. Así que, con un innegable espíritu práctico, Jerjes acampó a la espera de que los griegos decidieran marcharse por sí mismos viendo la diferencia tan abismal entre ambas fuerzas.

Comienza la batalla

No se fueron. Cuatro días esperó Jerjes antes de que se le agotara la paciencia. El quinto día ordenó a sus ejércitos atacar. Aunque, para ser sincero, no lo hizo del modo más inteligente.

Contra una falange de hoplitas armados con largas lanzas (llamadas doru) y enormes escudos (hoplon) de madera forrados con una placa de bronce, cerrada e impenetrable, envió Jerjes a su infantería ligera. Muy numerosa sí, pero con lanzas más cortas y escudos de mimbre.

Imagina la escena dantesca que se vivió ese día… por parte de los persas. Las tropas entrando en el desfiladero, cuyo estrechamiento anulaba su superioridad numérica, y yendo a encontrarse con las largas lanzas que sobresalían del firme muro que formaba la falange hoplita, mientras las filas de atrás de la formación persa empujaban a las de delante hacia una muerte.

Mientras, los hoplitas griegos se dedicaban a mantener la formación por turnos, cerrar bien el muro de escudos y dejar que los pobres medos se ensartaran, ellos solos y sin remedio, contra las dorus. La oleada persa fue hecha pedazos sin apenas bajas por parte de los helenos.

Viendo como se desarrollaban los hechos, Jerjes cambió de táctica; quería a los griegos fuera del paso inmediatamente, así que envió a sus mejores hombres: los Inmortales.

El nombre asusta, ¿verdad? Bueno, en realidad no eran inmortales. Los llamaban así porque siempre eran el mismo número de hombres: diez mil. Eran la unidad de élite del ejército de Jerjes, la guardia real, infantería pesada de procedencia exclusivamente persa (nada de tropas reclutadas en las regiones conquistadas). “Pesada” porque llevaban una cota de metal. Al menos iban algo más protegidos que la infantería ligera, aunque sus escudos eran igualmente de mimbre.

Así que Jerjes, tras el estrepitoso fracaso de su primer ataque envió a los Inmortales. Sinceramente, les fue igual de mal que a sus compañeros. Al acabar el primer día de batalla la situación era la misma que antes de empezar… solo que con algunos cientos (seguramente incluso miles) de soldados persas menos.

El infame Efialtes

El segundo día no fue distinto del primero. Jerjes repitió su táctica, y con ella su fracaso así que, malhumorado y perplejo, detuvo el ataque y se retiró a su campamento. Necesitaba replantear el combate.

Sin embargo la suerte se puso ese día de su parte. Nos cuenta Heródoto que, ya en su campamento, recibió la visita de un griego llamado Efialtes, originario de Tesalia, que le habló de la senda Anopea, ofreciéndose a guiar a sus tropas a lo largo de esa ruta a cambio de una recompensa.

Imagina la mirada de Jerjes según escuchaba la propuesta de Efialtes. Casi puedo ver su sonrisa ensanchándose, con una gran carcajada final de villano de cine cuando el traidor le cuenta que la ruta le conducirá directamente tras las filas griegas. Ni que decir tiene que el emperador aceptó la propuesta.

Así que Jerjes envía a los Inmortales que no habían muerto el día anterior, junto con un refuerzo de tropas, a través de la senda Anopea. Veinte mil persas en total dirigiéndose a través de la montaña hacia la retaguardia griega.

Y se encontraron con los focenses que guardaban el paso.

Fue un encuentro cuanto menos curioso, ya que supuso una gran sorpresa para ambas partes. Los persas habían partido durante la noche, y al amanecer del que ya era el tercer día de batalla los focenses oyeron las pisadas a los persas avanzar (veinte mil soldados deben oírse con cierta facilidad) y se pusieron a las armas rápidamente.

Por su parte los persas tampoco esperaban encontrar mil griegos allí arriba, así que se quedaron sorprendidos… y asustados de pensar que podían ser espartanos. ¡Ya habían experimentado cómo se las gastaban!

El caso es que los focenses se dirigieron a una altura para hacerse fuertes frente a tamaño ejército, pero viendo el paso franco y sin necesidad de pararse a luchar, los persas simplemente siguieron camino.

Pobres focenses, viéndose en lo alto de un risco observando cómo los persas pasaban por el camino que debían guardar sin que pudieran hacer nada para evitarlo.

La batalla final

No está claro si Leónidas tuvo noticia del suceso por un mensajero focense o por un desertor persa, pero el caso es que lo supo. Y tenía claro lo que aquello significaba: la misión de detener a los persas en las Termópilas había fracasado.

Ya sólo quedaba una cosa por hacer: evitar la masacre del ejército griego, de modo que quizás pudieran tomar nuevas posiciones y defender otro paso más al sur. Pero no podían retirarse todas las tropas al tiempo, o la caballería persa podría atravesar el paso y dar caza en campo abierto a los soldados en retirada, lo que significaría la debacle.

Alguien debía quedarse a defender el paso de las Termópilas mientras el resto del ejército heleno se replegaba.

Así que Leónidas tomó la única decisión honorable que podía tomar: sus trescientos espartanos y él se quedarían a defender las Termópilas. El resto debía retirarse.

No todos lo hicieron, y éste es un punto que a menudo olvidan el cine y la literatura: los setecientos tespios y los cuatrocientos tebanos se quedaron junto a los guerreros de Esparta para defender el paso. Mil cuatrocientos valientes que sabían que iban a morir.

El resto es de sobra conocido. Jerjes, tras dar tiempo a que sus tropas descendieran de la montaña, envió su ataque contra los defensores griegos. Y éstos, sabiéndose ya muertos e intentando acabar con tantos persas como pudieran, salieron a luchar a la zona más ancha del paso.

Aunque no todos. Los tebanos soltaron sus armas, levantaron sus manos y se rindieron a los persas. Se libraron de la muerte pero no de la vergüenza.

Leónidas fue muerto en el ataque y los griegos formaron un círculo en torno a su cuerpo para que los persas no pudieran cobrarlo. La lucha fue feroz, sin descanso. Primero con las lanzas y, cuando éstas se rompían, con las espadas. Y, según se acercaban los Inmortales, las filas griegas intentaron hacerse fuertes en lo alto de una colina.


Monumento a Leónidas en las Termópilas. Puedes verlo a pantalla completa en una nueva pestaña.

Pragmático, Jerjes decidió no gastar más vidas en el asunto y ordenó una lluvia de flechas sobre los griegos, hasta que el último de ellos hubo caído.

Continuó entonces el ejército persa su avance por Grecia saqueando las ciudades de Platea y Tespias y dirigiéndose rumbo a Atenas. Aunque esta es ya otra historia.

Epílogo

Quizá te consuele saber que el traidor Efialtes nunca obtuvo su recompensa. Conseguida la victoria sobre los espartanos acompañó a Jerjes esperando su premio, pero tras la derrota que los persas sufrieron en Salamina (como quizá veamos otro día para continuar la serie sobre las Guerras Médicas) se retiró a su región natal, Tesalia.

Su cabeza había sido puesta a precio por los habitantes de Esparta, así que podemos suponer que no vivió en paz… el poco tiempo que llegó a vivir después de aquello. Y es que Efialtes murió apenas un año después de su traición por motivos desconocidos para nosotros, aunque aparentemente no relacionados con su acto de felonía.

Su nombre y su recuerdo quedaron malditos para siempre en Grecia.

martes, 16 de agosto de 2016

Alejandro Magno: ¿“Krat'eroi” ó “Krater'oi” fue el elegido?

El enigma sobre las últimas palabras de Alejandro Magno




La corta e intensa vida de Alejandro III de Macedonia se apagó en oscuras circunstancias en junio del año 323 a.C. En menos de 33 años de vida el gran emperador griego había logrado doblegar al imperio Persa y extender el territorio helénico hasta las puertas de la India.
Lejos de prever su prematuro final, el joven Alejandro Magno no había dejado instrucciones sobre quién sería su sucesor. Tras dos semanas de dolorosa enfermedad, ante la pregunta de a quién le legaría su puesto, el rey de Macedonia contestó “Krat'eroi”(“Al más fuerte”).
Esta frase en griego antiguo es llamativamente similar al nombre de su general de confianza Crátero (“Krater'oi”), y puede que ese malentendido haya sido el responsable de casi medio siglo de guerras de sucesión.
Crátero no estaba en el lecho de muerte de Alejandro, por lo que nunca pudo reclamar su herencia. Así, el poder del imperio tras la muerte del jefe quedó violentamente fragmentado entre los generales más poderosos de su ejército. La mayoría de los territorios conquistados por Alejandro Magno se perdieron tras décadas de cruenta contienda.

History Channel

domingo, 17 de julio de 2016

Las 10 peores derrotas de la Historia (1/2)


Top 10 de desastres militares de la historia de la Guerra
War History Online

Por cada victoria, no es una derrota. Algunos son peores que otros, sin embargo. Victorias son provocados por errores militares cometidos por el otro lado. Esta lista de los diez se ocupa de los factores que llevaron a la derrota devastadora para el otro lado - desde el asesoramiento temerario errores desastrosos, equipos militares barato a la falta de liderazgo ...

Por lo tanto, dejar que los TOP diez catástrofes militares de la historia comienzan GUERRA!

La batalla de Pliska [811]




La batalla de Pliska era en realidad una serie de batallas entre el emperador Nicéforo I Genik del Imperio bizantino y Khan Krum, líder de Bulgaria.

Nicéforo marchó a Bulgaria trayendo consigo una fuerza de 80.000 hombres. No hizo caso de oferta de paz de Krum y saqueada Pliska, la capital búlgara. Saqueó la ciudad con una brutalidad extrema, dando tiempo al ejército búlgaro para bloquear los pases en las montañas de los Balcanes. El gran error de pliska estaba fallando en reconocer el terreno antes de enviar a su ejército en los puertos de montaña después del saqueo de la ciudad. Khan Krum emboscado el emperador bizantino en la montaña y él y su ejército estaban atrapados.

Nicéforo murió junto con la mayoría de sus hombres. Krum tenía el cráneo Nicéforo 'encerrado en plata y se convierte en un vaso para beber.


La batalla de Issos [333 aC]




En 333 aC, el aqueménida persa Darío III, que se autoproclamó rey de reyes, condujo a su enorme ejército en la batalla contra una fuerza mucho más pequeña dirigido por Alejandro Magno, que todavía era muy temprano en su carrera militar.


Darío III tenía una serie de dificultades, no menos importante de los cuales fue el suministro de su enorme fuerza con la comida y el agua para los hombres y caballos. Sin embargo, su mayor error fue cuando conoció a Alexander en un campo de batalla que era demasiado pequeño para permitirle tomar ventaja de su mayor número, pero permitió Alexander para hacer pleno uso de su ejército más pequeñas y móviles.

Darío III fue derrotado por Alexander, la primera vez que un rey persa había sido derrotado personalmente en la batalla. El rey persa se vio obligado a huir, dejando a su ejército para ser sacrificados por los vencedores.

La batalla del bosque de Teutoburgo [9 CE / AD]




La batalla del bosque de Teutoburgo es considerado por muchos historiadores, antiguos y modernos, para ser más grande derrota de Roma y uno de los principales puntos de inflexión en la historia de Roma.

En esta batalla, tres legiones romanas, junto con sus auxiliares y muchos civiles parásitos, dirigidos por Publio Quintilio Varo, se sacrificaron batalla por una alianza de tribus germánicas bajo la dirección de Arminio.

Arminio era un ciudadano romano y había recibido una educación militar romano. Su ser un ciudadano del imperio le permitió engañar al comandante romano personalmente mientras que su conocimiento de la guerra romano le permitió anticipar cómo los romanos responder a una emboscada.

gran error varo 'aquí fue ignorar las advertencias de arrogancia otros nobles alemanes que Arminio destina a engañarlo. No puso en duda las advertencias de Arminio y él, también, no pudo enviar Propios exploradores por delante de su fuerza principal.

Sus legiones entraron en el bosque de Teutoburgo en una larga columna, y cuando fueron atacados no podían entrar en orden de batalla.

Al final, los tres legiones - y Varo, su comandante - perecieron.

La batalla de Bannockburn [1314]




La batalla de Bannockburn fue una importante victoria escocesa durante la primera guerra de la independencia escocesa y es visto como un hito en la historia de los escoceses.

Eduardo II (representado en Braveheart como heredera absurdamente inútil al trono Inglés) condujo a un ejército grande, con experiencia y bien equipado a Escocia en 1314. Mientras tanto, el rey de Escocia, Robert Bruce, retuvo su fuerza más pequeña.

Eduardo II logró cruzar el río Bannockburn amparo de la noche, pero cuando conoció a los escoceses en el campo de su ejército era incapaz de maniobrar con eficacia. Un caballero escocés que había estado en el ejército Inglés se pasó al lado de Bruce, que proporciona valiosa información de inteligencia. Los escoceses eran capaces de atacar a las fuerzas inglesas empantanado con lanzas, entonces los completan en una carga de caballería sorpresa. En la confusión, los famosos arcos largos ingleses no podían ser sometidos a la acción para el porte y el ejército de Edward se encaminan después de una inusualmente larga batalla por la época medieval.

Eduardo II perdió una gran parte de su ejército en aquel fatídico batalla - su falta de uso de los terrenos de manera efectiva, y para garantizar la lealtad de sus caballeros, se puede decir que le han costado a la batalla.

Batalla de Agincourt [1415]




Notable por su uso del arco largo Inglés, la batalla de Agincourt se llevó a cabo entre el francés y el Inglés, que termina en una victoria de Inglés en la Guerra de los Cien Años.

Ha habido un debate sobre la relación de la lengua francesa a los soldados ingleses en esta batalla. De acuerdo con estimaciones francesas, la fuerza francesa superado en número del Inglés por miles mientras que las estimaciones inglés pusieron los franceses a la proporción de Inglés a los seis soldados a uno. Un hecho permaneció durante esta batalla, sin embargo - el Inglés fueron superados en número en gran medida por su enemigo.

Mientras que el otro lado estaba ansioso, estaban indecisos y sólo atacan cuando el Inglés había sido totalmente fortificada. Se realizaron repetidas cargas de caballería desastrosas hacia las largas picas que protegían a los arqueros ingleses y galeses.

Es ampliamente aceptado que la capacidad perforante de los arcos largos ingleses dieron la victoria en esta batalla. La caballería de acero chapado no podía romper a través de las filas de las lanzas en inglés, y las flechas perforado a través de su armadura de placas y los mataron a millares.

viernes, 10 de junio de 2016

Grecia Antigua: El regimiento de los putos

El regimiento de los amantes
Javier Sanz — Historias dela Historia




Aunque todaví­a existan lugares y culturas donde ser mujer es una profesión de riesgo, poco a poco y con mucha dificultad se ha ido equiparando en derechos y libertades con el hombre. En la antigua Grecia, cuna de la democracia y de la civilización occidental, la mujer era ignorada, valorada únicamente por su papel reproductor y recluí­da en el gineceo (parte de la casa reservada para las mujeres). Esta exclusión social de la mujer hací­a de la homosexualidad entre los griegos una práctica común y habitual. Pero esta homosexualidad, normalmente, no se daba entre hombres adultos sino entre  un hombre adulto (llamado erastes, el amante) y un muchacho adolescente (llamado eromenos, el amado).

La forma más común de relaciones sexuales entre hombres en Grecia era la paiderastia (combinación de pais, muchacho, y eran, amor, amante), de este término proviene la palabra pederastia. Como ejemplo de “normalidad” en este tipo de relaciones tenemos las palabras de Platón en el Banquete:

para el joven no hay felicidad mayor que un hombre valiente que le quiera, y para el hombre no hay felicidad mayor que un efebo valiente de quien esté enamorado
Pero el caso más llamativo es el de Tebas, donde se constituyó un ejército formado por parejas de amantes: “el regimiento de los amantes” también llamado “batallón sagrado de Tebas“. Estaba formado por 150 parejas de amantes y constituí­a una formación de élite que basaba su fuerza y poder en el amor entre sus integrantes. Según Plutarco:

Para hombres de la misma tribu o familia hay poco valor de uno por otro cuando el peligro presiona; pero un batallón cimentado por la amistad basada en el amor nunca se romperá y es invencible; ya que los amantes, avergonzados de no ser dignos ante la vista de sus amados y los amados ante la vista de sus amantes, deseosos se arrojan al peligro para el alivio de unos y otros.

domingo, 24 de enero de 2016

Roma: Quien fue mejor, ¿la falange o la legión?

Legión Vs Falange: ¿Cuál formación de combate fue mejor?

Por William McLaughlin para War History Online


La organización del estilo de héroe de guerra homérico conformada por apretados hoplitas estaba cambiando al mundo. Esta poderosa formación griega permitió a los griegos mantener a raya a la poderosa invasión persa y difundir la cultura griega en todo el Mediterráneo. La falange macedónica tomó el concepto de guerra de grupo cohesionado a otro nivel con los falangistas armados de sarissas y bajo Filipo y Alejandro, arrolló a todos los rivales en frente de ellos.
Mientras el imperio de Alejandro creció y se fragmentó, los romanos estaban ocupados con su ardua tarea de conquistar Italia. La adopción de un principio una falange estilo hoplita fue debido a la influencia de las colonias griegas del sur de Italia, el ejército finalmente transformó a la flexible y más manipulable legión . Esta transformación fue probablemente el resultado de las guerras samnitas pelearon en el variado terreno montañoso del centro de Italia, donde los romanos necesitaban una formación más adaptable. La manipulable legión romano y la falange macedónica eran cada factores clave en los éxitos de sus estados, ¿pero fue una formación realmente mejor que el otro?
Las mejores descripciones de las formaciones provienen del historiador Polibio. Criado en Grecia, Polibio luchó en batallas griegas antes de ser enviado a Roma como rehén, aunque dado grandes libertades durante su estancia. En Roma Polibio estudió la guerra romano y por lo tanto tenía experiencia con la falange y la guerra de estilo manípulo.


Vista frontal de la falange macedonia en perfecto orden irreal, pero que muestra la gran cantidad de puntas de lanza que se proyectan fuera de la formación.

En sus historias Polibio aborda directamente las fortalezas y debilidades de ambas formaciones. Para la falange, la formación profunda de dieciséis hombres tenía en las primeras cinco filas con sus lanzas que se extendían hacia afuera de la formación, mientras que las filas restantes mantuvieron sus lanzas en posición vertical o en un ángulo para desviar misiles. La formación cerrada con la falangita promedio tomando un frente de tres pies significaba que, en teoría, el soldado promedio, que necesitaba el doble de la fachada para operar con espada o lanza, se enfrentaba a un total de diez puntas de lanza. No es meramente una formación defensiva, la falange podría avanzar hacia adelante con picas batiendo a través prácticamente cualquier oponente con facilidad. Polibio afirmaba que la mayor debilidad de la falange es su inutilidad en terreno accidentado pero sabemos que bajo el liderazgo competente la falange había ganado victorias incluso mientras cruzaba ríos.


Recreadores que muestra la formación mucho más abierta de los romanos.

La formación Manipular romana era bastante única en su diseño. Con tres líneas, una detrás de los otros los romanos desplegados en manípulos separadas con cada línea que tiene un espacio de manípulación de tamaño entre las unidades, con esos vacíos cubiertos por la siguiente línea de fondo creando una formación de tablero de ajedrez. El método exacto de esta formación participaba en la batalla ha sido cuestionada debido a las grandes diferencias, pero parece que las diferencias se mantuvieron en el ejercicio para permitir que las líneas traseras a través de apoyo cuando sea necesario.
Hay varias diferencias clave en las formaciones. El manípulo era fluida, con cada manípulo llevaba por centuriones que se animaba a tomar la iniciativa y dar el ejemplo. La falange era mucho más rígida, pero abrumadoramente poderosa en un asalto frontal. El soldado individual de la falange fue atado a la cohesión de la unidad, pero no tenía la seguridad de múltiples puntas de lanza entre la primera fila y el enemigo. El romano individuo tenía más espacio para operar, con un gran escudo y espada efectiva que les permite participar con confianza y defienden de forma individual como en grupo por los escudos de bloqueo. Las jabalinas lanzadas por los manípulos eran también una herramienta de formación rompiendo eficaz utilizado para disminuir el impacto de los cargos enemigos o crear agujeros para explotar con su propia carga.

Las dos formaciones en realidad se reunieron en la batalla un puñado de veces con resultados variados. Los primeros combates fueron durante la invasión de Pirro de Italia en 280 antes de Cristo. Tres grandes batallas se libraron con las primeras dos victorias pírricas son de Pirro. En Heraclea y Asculum la falange macedonia probado y verdadero enfrentó al manípulo romano que sólo se había establecido 40-100 años antes.



Pirro ganó estas batallas, pero los manípulos sino a luz un esfuerzo valiente y causó numerosas bajas. En la batalla de Benevento unos años más tarde los romanos finalmente prevaleció, con la ayuda de elefantes Pirro ", que cobran de nuevo en sus propias líneas. Detalles para estas batallas son escasos, pero parece que a pesar de la falange, efectivamente avasallar por los romanos, que se hizo con gran dificultad y en Benevento la flexibilidad de los manípulos les permitió aprovechar las aberturas causadas por los elefantes arrasa a provocar una desbandada.

Después de la invasión de Pirro los romanos lucharon guerras titánicas contra Cartago que los llevaron a la condición de superpotencia en el Mediterráneo. Apenas después de concluir la Segunda Guerra Púnica, los romanos invadieron Macedonia para llevar la lucha a Felipe V, que había sido un aliado de Cartago y ahora estaba acosando ciudades griegas-romanas aliado. Los ejércitos de Roma y de Felipe ejército falange se reunieron en Cinoscéfalos, con una gran colina que separa los dos campos.



Las principales fases de Cinoscéfalos

Filipo decidió tomar la iniciativa y salió por primera vez con la mitad derecha de su falange, para que pudiesen tomar la colina y atacar cuesta abajo. A medida que la izquierda de los romanos y se mantuvieron firme se reunieron, la derecha romana se dirigió a la colina para negar el resto del ejército de Filipo la ventaja cuesta abajo. Si bien el avance de un oficial no identificado se dio cuenta de que estaban marchando derecha más allá de la parte trasera vulnerables de la falange macedonia derecha y se quitó una fuerza lo suficientemente grande como para flanquear la falange comprometido y derrotarlos rápidamente.

Mientras tanto, el ala derecha romana restante avanzó hasta la colina y se reunió con el resto del ejército de Filipo, ya que estaban llegando en racimos. La flexibilidad de los manípulos les permitió rodean y destruyen cada unidad hasta que el resto de las fuerzas de Filipo huyeron. Esta batalla se muestra el ingenio y las libertades permitidas a los oficiales romanos para que puedan tomar una decisión campo de batalla que influyó profundamente en el resultado.

El último gran ejemplo de manípulo y falange de batalla se encuentra en la batalla de Pydna durante la tercera guerra macedónica entre Roma y Perseo. La batalla decisiva ocurrió en terreno plano no muy lejos del lugar de las Termópilas. Los macedonios superaban en número a los romanos aproximadamente 44.000 a 29.000, pero ambas fuerzas eran iguales en la caballería.

Los dos ejércitos en fila cada división la caballería en las alas y la falange macedonia avanzaron. La infantería romana conoció la falange y no se rompió, pero se vieron obligados constantemente de nuevo hacia el suelo roto detrás de ellos. A medida que la línea larga falange empujado hacia adelante comenzaron a romper la formación como algunas zonas empujaron hacia adelante más que otros y el terreno irregular comenzaron a romper la formación.


La alineación antes de la batalla de Pydna. uno de los más incluso duelos entre las dos formaciones.

En pequeños grupos en primero, los romanos se zambulló en estos pequeños espacios en las líneas y lucharon para ensanchar ellos. Como lagunas crecieron más, presumiblemente fresco, hombres de las líneas traseras fueron alimentados a través de infiltrar completamente docenas de segmentos de la falange y los macedonios pronto rompieron. La lucha de caballería fue aún pero tan pronto como la infantería corrió la caballería siguió su ejemplo.

Esta última batalla se muestran las tácticas de unidades pequeñas para las cuales el manípulo, construido hacia pero también muestra lo bien que el manípulo encajar los romanos como pueblo. Romanos eran ferozmente valiente y tomó toda una hazaña de valentía para estar entre los primeros en saltar a una formación enemiga erizado de lanzas para abrir huecos para sus compañeros soldados.

Las batallas sin duda mostraron la flexibilidad de la legión manipular sobre la poderosa, pero rígida falange macedonia, pero habría sido imposible con todas las diferentes variables para encontrar un duelo batalla perfecta de las dos formaciones. Cada una de las batallas mención destacados variando habilidad y experiencia para los comandantes y los ejércitos en general. La falange macedonia continuó siendo utilizado desde Alemania a Egipto y demostró ser eficaz. Incluso una falange mínimamente equipada y entrenada era todavía una fuerza hacia adelante en movimiento a tener en cuenta, y el estilo romano de la guerra encontró poco éxito fuera de Roma. La flexibilidad del manípulo les permitió luchar en grupos de cualquier tamaño, desde avances legión enteros al soldado individual, listo para cualquier ocasión en el campo de batalla con dos jabalinas, un escudo grande y un gladius eficaz.