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sábado, 19 de noviembre de 2016

Historia argentina: El Tercio de Gallegos en la Defensa de Buenos Aires

El Heroico Tercio de Gallegos en la Defensa de Buenos Aires, 1807 



Producida la primer invasión inglesa, el ingeniero Pedro Cerviño, científico y militar de renombre, director de la Escuela de Náutica creada en 1799 por el secretario del Real Consulado de Buenos Aires, Dr. Manuel Belgrano, convocó no solo al alumnado y al personal docente a su cargo sino también a toda la población gallega de la ciudad, para empuñar las armas y enfrentar al invasor que desde las playas de Quilmes, avanzaba sin oposición sobre la capital del Virreinato.
La ciudad fue tomada casi sin resistencia y los ingleses, establecidos en el viejo fuerte, ubicado donde hoy se alza la Casa de Gobierno, iniciaron un gobierno tendiente a conquistar las simpatías de la población, estableciendo el libre comercio y la libertad de culto y dejando al español como lengua oficial.

La organización de milicias

En vista del revés, Sobre Monte se retiró hacia Córdoba llevándose consigo los caudales reales con los que pensaba organizar la reconquista. Pero en Luján, acorralado por el enemigo, no tuvo más remedio que abandonar el tesoro y escapar.Son de público conocimiento los sucesos acaecidos a partir de ese momento. Pueyrredón, que había organizado una milicia de gauchos y campesinos, fue derrotado en Perdriel y Liniers, que había cruzado a la Banda Oriental, desembarcó en el Tigre para iniciar la Reconquista, gesta que finalizó tras arduos combates, con la rendición del general Beresford el 12 de agosto de 1806.

El 12 de septiembre de ese mismo año Liniers ordenó la formación de milicias populares, organización que se llevó a cabo con notable criterio desde el punto de vista militar, constituyéndose cinco regimientos de origen rioplatense y otros cinco peninsulares. Fueron los primeros el de Patricios, conformado por efectivos nacidos en Buenos Aires, el Tercio de Arribeños, con gente proveniente de las provincias del norte (Córdoba, Tucumán, Salta, Catamarca y el Alto Perú), el de Pardos y Morenos, en torno al cual se agruparon mestizos, el de los Naturales, compuesto por indios pampas y el de Castas, formado por esclavos. Una sexta agrupación, la Compañía de Cazadores, conformada por soldados correntinos y entrerrianos, pasaría a reforzar el Tercio de Vizcaínos.


Se organiza el Tercio
Los cuerpos peninsulares fueron el Tercio de Montañeses o Cántabros de la Amistad, integrado por soldados de origen asturiano y castellano (de la provincia de Santander), el de Miñones Catalanes, el de Andaluces y Castellanos, el de Vizcaínos y el célebre Tercio de Voluntarios Urbanos de Galicia, también llamado Batallón de Voluntarios de Galicia o, simplemente, Batallón de Galicia. Fue el segundo en importancia después del de Patricios y estuvo formado por 600 efectivos, de los que 567 eran oriundos de España y el resto, entre quienes figuraban Bernardino Rivadavia y Lucio Norberto Mansilla, sus descendientes.El regimiento fue organizado el 17 de septiembre del mismo año y casi todos sus integrantes provenían de la Congregación del Apóstol Santiago, fundada en Buenos Aires en 1787. Fueron sus comandantes el ingeniero Cerviño, su segundo Juan Fernández de Castro y Juan Carlos O’Donnell y Figueroa, subdirector de la Escuela de Náutica.

La Segunda Invasión Inglesa
Derrotados en Buenos Aires, los británicos se retiraron pese a que nunca se abandonaron el Río de la Plata. Agazapados en la Banda Oriental, después de tomar Montevideo en el mes de octubre, aguardaban el momento oportuno para recuperar la capital.La flota invasora, reforzada con efectivos y armamentos provenientes de Ciudad del Cabo y las mismas Islas Británicas, zarpó hacia Buenos Aires el 28 de junio de 1807 arribando ese mismo día a la Ensenada de Barragán, para desembarcar 12.000 efectivos fuertemente armados, al mando del general John Whitelocke.

La marcha hacia la capital virreinal fue lenta y dificultosa, entorpecida por los innumerables arroyos y bañados que atravesaban los 60 kilómetros de recorrido hasta el epicentro de la ciudad. Liniers aguardaba en el Puente de Gálvez, al frente de una respetable fuerza de 8000 combatientes. Sin embargo, su estrategia había sido apresurada ya que al adelantar las líneas hasta el Riachuelo, dejaba desguarnecida a la población, medida a la que Cerviño se había opuesto oportunamente por considerarla desacertada. El sabio y militar gallego, oriundo de Pontevedra, estaba en lo cierto ya que los invasores cruzaron por el Paso de Burgos, en dirección a la quinta de White, forzando a Liniers a retroceder desorganizadamente hasta los corrales de Miserere con el objeto de detener su avance.El 2 de julio ambos ejércitos se trabaron en combate, resultando derrotadas las fuerzas porteñas.


Bautismo de fuego
Criollos y españoles se replegaron hacia el centro de la ciudad, perseguidos por las veteranas y experimentadas tropas británicos a través de sus estrechas calles. El Tercio de Gallegos retrocedió ordenadamente hasta la Plaza Mayor mientras que el ejército de Liniers, aguardaba el desarrollo de los acontecimientos en la Chacarita de los Colegiales, suponiendo perdida a la capital.Gallegos y Patricios al mando del alcalde de Primer Voto, don Martín de Alzaga y con la ayuda de vecinos y milicianos, cavaron trincheras, levantaron cantones y colocaron los cañones en posición de repeler el ataque. Los gallegos, al son de las gaitas arrebatadas al Regimiento 71 de “Higlanders” escocés y encolumnados tras sus gloriosas banderas del Reino de Galicia y la Cruz de Santiago, marcharon hacia la Plaza de Toros, en el extremo norte de la ciudad (hoy Plaza San Martín), para defender la posición, amenazaba en esos momentos por el enemigo. El ataque era inminente porque en ese lugar se encontraba el arsenal al que los invasores pensaban ocupar para bombardear desde allí la población.



Al mando del capitán Jacobo Adrián Varela (1758-1818), oriundo de La Coruña, los gallegos tomaron posiciones y entraron en combate, batiéndose con la bravura propia de su raza, esa misma raza que junto a asturianos y castellanos, había frenado a los infieles en las tierras de Covadonga y que en el siglo XVI había abierto las rutas del Pacífico para el gigantesco imperio español, navegando aguas inexploradas que nadie antes había incursionado.
En el fragor del enfrentamiento, comenzaron a agotarse las municiones mientras los británicos cargaban una y otra vez con el objeto de desgastar a los defensores. Se ordenó entonces a pardos y morenos ir en busca de municiones hasta los depósitos cercanos pero regresaron con las manos vacías para informar que las puertas se hallaban fuertemente trabadas.

La situación era desesperante y superado por la situación, el capitán de marina Juan Gutiérrez de la Concha no tomó las medidas pertinentes. Por esa razón, al grito de “¡Santiago y cierra España!” y “¡Muertos antes que esclavos!”, los gallegos, siempre al mando de Varela, cargaron a bayoneta calada abriendo una brecha en las filas enemigas. Las fuerzas hispanas lograron escabullirse evitando caer prisioneras, no sin antes inutilizar dos cañones apostados sobre las barrancas que apuntaban hacia el río.Fue allí donde cayó el teniente de navío Cándido de Lasala.


El asalto a Santo Domingo
Durante toda la jornada combatió el batallón gallego con coraje y valor, haciendo honor a la sangre celta, romana y sueva que fluía en las venas de sus integrantes. Sin embargo, todavía faltaba uno de los capítulos más heroicos de la jornada: la toma del convento dominico, donde los británicos, al mando del general Robert Crawford, se habían hecho fuertes.

Se designó a la 7ª Compañía del Tercio de Gallegos, la misma que había combatido en diversos puntos de la ciudad para avanzar sobre el convento.

Al mando del capitán Bernardo Pampillo partieron los hombres del Tercio arremetiendo con tanta ferocidad, que fue ante el bravo oficial gallego que depuso sus armas el comandante inglés, entregando la posición con sus banderas y municiones. Para entonces, también el capitán Varela se había hecho presente, tomando por asalto desde atrás, a toda una columna británica, resultando herido cuando inspeccionaba un cañón enemigo, a poco de producida la rendición.

Estos hechos han sido prácticamente ignorados por los historiadores argentinos quienes pasaron por alto el desempeño ejemplar del Tercio. El Padre Cayetano Bruno, por ejemplo, refiere con detalle la toma de Santo Domingo pero omite toda referencia al batallón mientras Vicente Fidel López, Roberto Levillier y otros autores, apenas se refieren a él.

Por segunda vez y ante una fuerza mucho más numerosa, la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Buenos Aires había derrotado al ejército británico salvando el honor de la Madre Patria y de la hispanidad en general.

Reconocimiento real
El 13 de enero de 1809 la Junta Suprema de Sevilla dispuso en nombre del rey premiar a los oficiales de los distintos cuerpos milicianos de Buenos Aires reconociendo los grados militares que se les había otorgado: 

Cita:
CUERPO DE GALLEGOS.
Grado de Teniente Coronel.—A los Comandantes don Pedro Antonio Cerviño y don José Fernandez de Castro.
De Capitán.—A los Capitanes don Jacobo Varela, don Tomás Pereira, don Juan Sanchez Boado, don Ramon Lopez, don Juan Blades, don Ramon Jimenez, don Bernardo Pampillo, don Lorenzo Santabaya.
De Teniente.—A los Tenientes don Andrés Domínguez, don Luis Ranal, don Manuel Gil, don José María Lorenzo, don José Quintana, don Ramon Doldan, don Bernardino Rivadavia, don Antonio Rivera y Ramos, don Pedro Trueba, don Antonio Paroli Taboada, y al Ayudante don Juan Cid de Puga.
De Subteniente.—A los Subtenientes don José Díaz Hedrosa, don Francisco García Ponte, don Pedro Boliño, y á los de bandera don José Puga y don Cayetano Ellias.

Prolegómenos de la Revolución de Mayo 
Finalizadas las jornadas de la Defensa, el Tercio de Gallegos siguió integrando la guarnición de Buenos Aires hasta 1809 cuando, a causa de la invasión napoleónica a España, la política mundial experimentó cambios notables que llevaron a la desintegración de su imperio y al nacimiento de nuevas naciones. 

El Tercio de Gallegos, apoyando al partido de don Martín de Alzaga, sostuvo la formación de una junta de gobierno, como en la Metrópoli, en oposición a la designación de Liniers como virrey del Río de la Plata. Nombrado este último provisoriamente con el apoyo de Saavedra y los Patricios, el heroico batallón fue desarmado, se le retiraron sus armas y estandartes y quedó activo. 

Con la llegada del nuevo virrey, don Baltasar Hidalgo de Cisneros, el Tercio fue reactivado, devolviéndoseles sus insignias, sus banderas. Y en esas condiciones mantuvo su presencia hasta los días de la Revolución de Mayo, cuando desapareció definitivamente, disuelto por el flamante gobierno patrio, enemigo acérrimo de toda presencia española en el Río de la Plata. Sin embargo, recientes investigaciones han determinado que antagonismos y rivalidades internas fueron causa fundamental de la disolución de la fuerza. Por una parte el bando partidario de la revolución, que propugnaba la formación de una junta de gobierno local, con Cerviño y Bernardino Rivadavia a la cabeza y por el otro, el grupo realista, que se mantenía fiel a la junta de Sevilla y, por ende, al auténtico soberano, encabezada por los mismos Varela y Pampillo. 

El Tercio de Gallegos vuelve a marchar 
En el mes de julio de 1995 el Tercio de Gallegos volvió a la vida, organizado por un grupo de voluntarios descendientes de aquella colectividad, con el apoyo del Centro Galicia y el Centro Gallego de Buenos Aires, que donaron los uniformes y elementos. El 9 de julio, el glorioso batallón desfiló frente al Cabildo porteño, como guardia de honor de la Escuela Nacional de Náutica “Manuel Belgrano”. Poco después recibió de la Asociación Centro Partido de Carballino, un fusil original de 1778. 
El 11 de marzo de 1998 recibió en el Salón Azul del Congreso de la Nación la Distinción al Valor en Defensa de la Patria (Ley Nº 24.895) y el 17 de septiembre recibió la bandera original de 1807, hasta entonces en el Museo de Luján, gestión que tuvo al historiador Horacio Vázquez en su principal propulsor. 

 

Pocos días después, el 3 de octubre de 1998, el olvidado regimiento recibió un nuevo homenaje en la basílica de San Francisco, al ser designado Custodia Perpetua de la Cripta en la que yacen enterrados los restos del ingeniero Cerviño y el valeroso capitán Varela. 

A fines de ese año, el Tercio viajó a Galicia para encabezar el desfile de 5000 gaiteros que marcharon por las empedradas calles de Santiago de Compostela, el 9 de diciembre, con motivo de la asunción de don Manuel Fraga Iribarne como presidente de la Xunta regional., recibiendo de don José Luis Baltar, presidente de la Diputación Provincial de Orense, las réplicas de un tambos y dos gaitas de 1808 mientras artesanos gallegos iniciaban la confección de una réplica de la bandera del Tercio. 

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Pedro Antonio Cerviño
El ingeniero Pedro Antonio Cerviño Núñez, militar, científico y cartógrafo español, nació en Santa María de Moimenta, jurisdicción de Baños, consejo de Campo Lameiro, provincia de Pontevedra, Galicia, el 6 de septiembre de 1757.

Radicado en el Ría de la Plata en 1780, fe designado por el virrey Vértiz para integrar la comisión demarcatoria de límites dirigida por José Varela y Ulloa.

En 1783viajó a tierras de Chaco para estudiar los meteoritos de Mesón de Hierro y tiempo después, por encargo de Félix de Azara, recorrió los ríos Paraná y Uruguay desde sus nacimientos hasta las desembocaduras en el Río de la Plata. En 1798 el Real Consulado de Buenos Aires le encomendó efectuar un relevamiento de la región de Ensenada, trazando la llamada Carta Esférica del Río de la Plata junto a J. De la Peña y Juan de Insiarte, que enviaron al rey ese mismo año.

En 1799 Manuel Belgrano creó la Escuela de Náutica, designando a Cerviño primer director, donde además ejerció la docencia enseñando geografía, trigonometría, hidrografía y dibujo. Por esa época fue que realizó un plano del arroyo Maldonado.

Fue también periodista, publicando artículos científicos en el “Telégrafo Mercantil” y el “Semanario de Agricultura, Industria y Comercio”.

En 1806 y 1807 destacó por su heroica participación en las invasiones Inglesas, participó del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810 y en 1813 el Segundo Triunvirato lo designó director de la Academia de Matemáticas, encomendándole la realización de un plano topográfico de Buenos Aires.

Casado con doña Bárbara Barquín Velasco, dama porteña, el 9 de abril de 1802 en la iglesia de Nuestra Señora de la Merced, falleció en Buenos Aires el 30 de mayo de 1816, siendo depositados sus restos en la iglesia de San Francisco, donde, al día de hoy, el glorioso Tercio de Gallegos monta guardia en su honor. 


Más información: 
Wikipedia 
Banderas Militares

lunes, 27 de junio de 2016

Invasiones Inglesas: El inicio de la primera

Tropas inglesas ocupan Buenos Aires y son expulsadas por sus pobladores




En la mañana del 25 de junio de 1806, una fuerza de 1.600 soldados británicos comandados por el general William Beresford desembarca al sur de Buenos Aires. Decididos a controlar el Río de la Plata, los ingleses envían una gran flota para apoyar la invasión. Tras un breve combate contra las escasas y mal preparadas milicias coloniales, los ingleses ocupan la capital del virreinato. Una expedición al mando de Santiago de Liniers organizada en Montevideo ataca Buenos Aires. El general Beresford se rinde el 20 de agosto siguiente tras un prolongado combate casa por casa en el que toma parte la mayoría de los 45.000 pobladores de la ciudad.

History Online

lunes, 9 de mayo de 2016

Virreinato del Río de la Plata: Primer arsenal de guerra

Primer Arsenal de Guerra



Primer Arsenal de Guerra - Buenos Aires

Entre los monumentos históricos declarados por el Poder Ejecutivo figura la casa situada en la calle Carlos Calvo 383, en cuyo frente hay una placa de bronce que dice así: “En este solar instaló el primer arsenal el patriota Esteban de Lucca. Homenaje de la Comisión Cultural de Evocación Histórica. Parroquia de San Telmo, 25/5/1937”.

Es una construcción de estilo colonial, compuesta de dos habitaciones a la calle y un patio interior muy angosto a lo largo de ambos ambientes; además tiene una tercera habitación que parece haber sido hecha en época posterior. Actualmente es propiedad de los herederos de Pascual Messina, quien la adquirió a fines del siglo XIX a Martina Halliburton.

Un documentado trabajo del coronel Juan Beverina, publicado en la Revista Militar en los años 1931-32, fija con absoluta claridad el verdadero origen de las primeras fábricas de pólvora, fusiles y cañones a partir de 1810.

Desde luego “arsenal” no existió en nuestro país hasta el año 1885, cuando se inauguró el Arsenal de Guerra, que ocupaba las calles Garay, Combate de los Pozos, 15 de Noviembre y Pichincha, y sólo funcionaron fábricas aisladas, tanto en Buenos Aires, como en Tucumán, Córdoba o Mendoza, que realizaban el servicio de arsenales.

A fines de 1811 el gobierno, que ya disponía de las fábricas de fusiles y armas blancas de Tucumán y Buenos Aires, pensó muy seriamente en fabricar también cañones.

En el mes de mayo de 1812, el Triunvirato resolvió iniciar esa fabricación, “habilitando al efecto –dice el coronel Beverina- las naves destechadas de la iglesia de la Residencia, que se hallaba situada en las calles Liniers y Núñez (actuales Defensa y Humberto 1º), y encargado de montar la fábrica y dirigir su funcionamiento al teniente coronel Angel Monasterio”.

El 22 de julio se había fundido el primer mortero, y el 15 de agosto el segundo, denominados Tupac-Amarú y Mangoré, respectivamente enviados al sitio de Montevideo. Como ayudantes principales de Monasterio figuraban los capitanes Esteban de Luca y José María Rojas.

En el año 1814 de Luca pasó a prestar servicios a la Fábrica de Fusiles instalada en el antiguo Parque de Artillería, en Lavalle y Libertad, donde llegó a convertirse en su director en 1816.

Mientras tanto el teniente coronel Angel Monasterio era reemplazado en 1815 en la dirección de la fábrica de cañones por su discípulo, el entonces sargento mayor José M. Rojas, quien siguió en la Iglesia de la Residencia (hoy San Telmo) construyendo cañones para los ejércitos de la patria hasta 1821.

Estos antecedentes vienen a demostrar que la casa de la calle Carlos Calvo 383 no ha sido jamás ni Primer Arsenal de Guerra ni fábrica de armas, y por lo tanto mal pudo actuar allí Esteban de Luca como director.

Además, en la publicación oficial hecha en 1935 por la Dirección General del Arsenal de Guerra con motivo de su cincuentenario, no se hace referencia alguna a que en esta casa hayan existido en ninguna época dependencias relacionadas con dicho Arsenal.

Esta propiedad, que ha sido declarada erróneamente de valor histórico, merece sin embargo ser conservada por tratarse de una de las pocas que quedan en la ciudad de la época colonial.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto Nº 120.412 del 21 de mayo de 1942.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Portal www.revisionistas.com.ar
Vigil, Carlos – Los monumentos y lugares históricos de la Argentina. Editorial Atlántida, Buenos Aires (1959).

sábado, 7 de mayo de 2016

Virreinato del Río de la Plata: La Gazeta de Buenos Aires

Gazeta de Buenos Aires



Primera edición de la Gazeta de Buenos-Ayres

En pos de la novedad, que el tiempo y la distancia se encargan de convertir en noticia, se fue configurando nuestra prensa periódica en su cometido informativo y cultural, de análogo modo al que han usado en general todos los pueblos civilizados que labran un destino. En tal sentido somos poseedores de una prehistoria del género periodístico, que entre sus muchas atracciones iluminadas guarda en sus páginas, a semejanza de la relación fascinante de los aedos, la protohistoria argentina de las tradiciones y las leyendas. Tradiciones y leyendas que en las columnas de los periódicos montaraces y vernáculos, nutrieron ideas, principios, afanes, noblezas y miserias con lengua y alma intransferibles.

Cuando se buscan las fuentes remotas y se indagan los orígenes donde se nutre e informa la historia del periodismo de los pueblos civilizados del Medievo, es cuestión ya difundida que los italianos acudan a las foglie a mano, los ingleses a las news letters y los franceses a las nouvelles à la main. Los habitantes de Buenos Aires del período hispánico contaron también con los vestigios de un periodismo manuscrito sensible a los pasquines y las noticias comunicadas. Los primeros, anónimos, volanderos, o murales lanzados como una cáustica expresión de desahogo político según lo anotó cumplidamente entre nosotros José Antonio Pillado en su libro Buenos Aires colonial. A las segundas, menos sensacionalistas pero quizá más útiles, se las encuentra desde aquella que en hoja suelta, daba: noticias comunicadas desde la Colonia del Sacramento a esta ciudad de Buenos Aires en 5 de diciembre de 1759, hasta la Gazeta de Buenos Aires, periódico manuscrito del cual se conservan cuatro ejemplares registrados en la Biblioteca Nacional con los números que van del 6540 al 6543, hoy existentes en el Archivo General de la Nación, y que registran las fechas del 19 de junio, 24 de julio, 28 de agosto y 25 de setiembre, todas del año de 1764.

Cuando el virrey tornó realidad en 1780 la instalación de la imprenta en Buenos Aires, la palabra impresa de los criollos de esta parte del continente alcanzó un día memorable para la historia de la libertad de América. Hasta la llegada de aquel 7 de junio de 1810 en que apareció el primer número de la Gazeta de Buenos Aires, expresión concreta y creciente de la patria nueva, el periodismo no representaba un huésped colado de rondón en Buenos Aires. Claro linaje lo adornaba, como el de haber ido abriendo el entendimiento para recibir los temas del país, la riqueza, la industria y el comercio; vigorosos estímulos todos, para la gran empresa de la liberación civil.

La Gazeta de Buenos Aires fue editada en varias imprentas a lo largo de sus más de once años de existencia: Niños Expósitos, Alvarez e Independencia. También se hicieron reimpresiones por la Imprenta de Gandarillas y socios. Como se ha dicho anteriormente principió el 7 de junio de 1810 y cesó el 12 de setiembre de 1821.

De acuerdo con la Orden de la Junta, de 2 de junio de 1810, firmada por el secretario doctor Mariano Moreno, se expresaba que: “Todos los escritos relativos a este recomendable fin –fundación de la Gazeta- se dirigirán al señor vocal doctor don Manuel Alberti, quien cuidará privativamente de este ramo, agregándose por la Secretaría las noticias oficiales cuya publicación interese”. Juntamente con Manuel Alberti fue su primer redactor Mariano Moreno, y desaparecido éste en el transcurso de la larga vida del periódico lo fueron, asimismo, el deán Gregorio Funes, Vicente Pazos Silva, Bernardo de Monteagudo, Pedro José Agrelo, Nicolás Herrera, Camilo Henríquez, Julián Alvarez, Manuel Antonio de Castro, Bernardo Vélez. La colección consta de quinientos cuarenta y un números, de los cuales doscientos cuarenta son extraordinarios.

Los repositorios que lo poseen son: Biblioteca Nacional, Museo Mitre y Biblioteca Pública de la Universidad Nacional de La Plata

El origen de la Gazeta de Buenos Aires está dado en la Orden de la Junta ya mencionada del 2 de junio de 1810, que se reproduce en el primer número del periódico, aparecido el 7 de junio del mismo año. “¿Por qué se han de ocultar a las provincias –expresa la citada Orden- relativas a solicitar su unión bajo el nuevo sistema? ¿Por qué se les han de tener ignorantes de las noticias prósperas o adversas que manifiesten el recesivo estado de la Península? ¿Por qué se ha de envolver la administración de la Junta en un caos impenetrable a todos los que no tuvieron parte en su formación? Cuando el Congreso general necesite un conocimiento del plan de gobierno que la Junta Provincial ha guardado, no huirán sus vocales de darlo, y su franqueza desterrará toda sospecha”. Para responder a estos interrogantes y al “logro de tan justos deseos” se expresó entonces: “Ha resuelto la Junta que salga a luz un nuevo periódico semanal con el título de Gazeta de Buenos-Ayres, el cual sin tocar los objetos que tan dignamente se desempeñan en el Semanario de Comercio (1), anuncie al público las noticias interiores y exteriores que deban mirarse con algún interés”.

La Gazeta fue en realidad el primer periódico argentino de carácter oficial que abrió sus páginas para difundir el credo revolucionario y la obra de gobierno de la nueva época con las palabras de Tácito que traducidas indican: “Rara felicidad de los tiempos en que se puede decir lo que se siente y sentir lo que se quiere”. Asimismo puede considerarse como el registro oficial de las primeras resoluciones del gobierno patrio.

La Gazeta fue el único periódico que apareció en Buenos Aires cuando cesó el Correo (2) de Belgrano, hasta la aparición de El Grito del Sud (3).

Como ha expresado Bartolomé Mitre, este periódico constituyó “el primero de índole política publicado en la América meridional que inauguró en ella la libertad de imprenta”. Constituyó una consecuencia de lo dispuesto por la Junta, y en el decurso de su prolongada existencia apareció con distintas denominaciones que el investigador Juan Canter señaló a su hora: Gazeta de Buenos-Ayres, Gazeta extraordinaria, Suplemento de la Gazeta de Buenos-Ayres, Suplemento de la Gazeta ministerial, Suplemento a la Gazeta ministerial extraordinaria, Gazeta de Gobierno, Extraordinaria del Exmo. Cabildo Gobernador, Extraordinaria de Buenos-Ayres, Suplemento a la Gazeta del Sábado, Extraordinaria del Viernes, Suplemento a la extraordinaria última, Gazeta de Buenos Aires, Extraordinaria de la Tarde y Extraordinaria de la Noche.

El bibliógrafo Antonio Zinny, que realizó el más documentado estudio del periodismo argentino, le dedicó a la Gazeta un dilatado comentario en su obra Gazeta de Buenos-Ayres – desde 1810 hasta 1821. El trabajo realizado por Zinny entre otros méritos poseyó la cualidad de señalar los artículos de la Gazeta según los sucesos más significativos ocurridos y señalados en sus páginas. Indicó así: Gazeta de Buenos-Ayres, hasta el 20 de marzo de 1812; Gazeta ministerial, desde el 3 de abril de 1812 hasta el 1º de enero de 1815; Gazeta de Gobierno, desde el 5 de enero hasta el 1º de abril de 1815; Gazeta de Buenos Aires, desde el 29 de abril hasta el 12 de setiembre de 1821; fecha en que dejó de aparecer por considerar el gobierno que el Registro oficial llenaba cumplidamente el cometido oficial informativo

En 1910, año del centenario, la Junta de Historia y Numismática Americana (hoy Academia Nacional de la Historia) realizó la primera reimpresión facsimilar de este periódico, bajo la dirección de los señores Antonio Dellepiane, José Marcó del Pont y José Antonio Pillado. Para reconstruir fielmente este primer periódico de la patria y poder entregar al púbico una edición emanada de sus fuentes auténticas, se consultaron diversas colecciones, entre ellas: las cuatro de la Biblioteca Nacional, especialmente una que en 1910 estaba completa; la del Museo Mitre; la de los señores Ramón J. Cárcano, José Juan Biedma, Alejandro Rosa, Enrique Peña, Augusto S. Mallié, , José Marcó del Pont y José Antonio Pillado. Al publicarse la reproducción facsimilar se prometía en el Prefacio de la obra un Indice analítico que iría al final de la publicación. Esta tarea no fue cumplida en tal oportunidad. El investigador Juan Angel Farini dio cima a tan utilísima clasificación, que hizo conocer en parte en el volumen decimocuarto del Boletín de la Academia Nacional de la Historia, de 1941, con el título de Indice de la edición facsímil de la Gaceta de Buenos Aires (tomo 1º, 1810). El repertorio en cuestión comprende: una sección general, nombres de personas, nombres geográficos y etnográficos, otros asuntos.

Referencias


(1) Semanario de Agricultura, Industria y Comercio, impreso en la imprenta de los Niños Expósitos, se inició el 1º de octubre de 1802 y cesó el 11 de febrero de 1807, siendo su redactor Hipólito Vieytes. La colección está formada por cinco tomos y doscientos dieciocho números, dos suplementos y un extraordinario. Reimpresión facsimilar efectuada por la Junta de Historia y Numismática Americana. Buenos Aires, 1928. Repositorios que lo poseen: Biblioteca Nacional, Museo Mitre, Biblioteca Pública de la Universidad Nacional de La Plata.

(2) Correo de Comercio, editado en la Imprenta de Niños Expósitos, comenzó el 3 de marzo de 1810 y finalizó el 6 de abril de 1811. Redactor: Manuel Belgrano. La colección consta de cincuenta y ocho números con suplementos, agrupados en dos tomos. El primero abarca un año completo y posee un prospecto con cincuenta y dos números hasta el 11 de febrero de 1811; el segundo tiene los seis números restantes, a partir del 2 de marzo. El primer tomo lleva un índice. Museo Mitre: Correo de Comercio. Reproducción facsimilar en Documentos del Archivo de Belgrano. Tomo II, 1913. Tomo III. 1914. Repositorios que lo poseen: Biblioteca Nacional, Museo Mitre, Biblioteca Pública de la Universidad Nacional de La Plata.

(3) Grito del Sud. Buenos Aires. Imprenta de Niños Expósitos. Principió el 14 de julio de 1812 y cesó el 2 de febrero de 1813. Redactor: Antonio Zinny adjudica su redacción a Francisco José Planes; Juan María Gutiérrez la atribuye a Bernardo de Monteagudo. Es probable que las dos versiones posean un término de conciliación. Es posible que ambos hayan ocupado la redacción del periódico; en los primeros tiempos, Francisco José Planes como presidente de la Sociedad Patriótica hasta octubre, y luego Monteagudo. Parecería fuera ésta la versión más aceptada, aunque no faltan otras, como la de Mariano Fregueiro, que se la atribuyan a Julián Alvarez, y Juan Canter se pronuncia por Vicente López y Planes. La colección consta de treinta números. Repositorios que lo poseen: Biblioteca Nacional, Museo Mitre, Biblioteca Pública de la Universidad Nacional de La Plata.

Fuente

Biblioteca de Mayo – Tomo I – Memorias, Hemerografía – Buenos Aires (1960)
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Pillado, José Antonio – Buenos Aires Colonial – Ed. Bonaerense, Buenos Aires (1943).
Portal www.revisionistas.com.ar
Turone, Oscar A. – La Gazeta de Buenos Aires
Zinny, Antonio – Gazeta de Buenos-Ayres – desde 1810 hasta 1821 – Resumen de los bandos, proclamas, manifestaciones, partes, órdenes, decretos. Imprenta Americana, Buenos Aires (1875).

viernes, 6 de noviembre de 2015

Argentina: Escudo de armas de Buenos Aires

Escudo de armas de Buenos Aires



Escudo de armas de Buenos Aires

El fundador de la ciudad dispuso, con fecha 20 de octubre de 1580, darle escudo de armas, señalando como “blasón un águila negra pintada al natural con una corona en la cabeza con cuatro hijos debajo demostrando que los cría con una cruz colorada sangrienta que salga de la mano derecha y suba más alto que la corona que semeje la cruz de calatrava y la cual esté sobre campo blanco”.

En el mismo acto indicó la necesidad de pedir confirmación al Rey. Esto era de rigor.

En 1590 el Cabildo mandó un Procurador a España y entre las peticiones que debía formular al Monarca figuraba la de serle confirmado el escudo de armas señalado por el general Garay, o pedir otras si S. M. fuere servido.

Con fecha 20 de septiembre del año siguiente, el Consejo dictaminó de acuerdo, diciendo: “que señalaban y señalaron por armas las que el dicho Juan de Garay les señaló y se les dé cédula para que la dicha ciudad pueda usar y use de ellas”.

Se ignora si las autoridades porteñas conocieron el dictamen, si recibieron la Real Cédula que debió comunicarlo y si usaron el escudo.

Sin embargo, como en un acuerdo de 1610 se ordena pagar varios trabajos al herrero Silvestre González, entre los cuales se incluye el sello de la Ciudad, es permitido suponer que al menos se hizo uno, aun cuando ignoremos su diseño y empleo.

Cinco años más tarde, el capitán Víctor Casco de Mendoza, alcalde de primer voto, condenó al platero Melchor Miguel, por una herida que había causado, “a que hiciese y labrase en plata las armas de esta ciudad que son un pelícano con cinco hijos y que la plata en que se labrase se le diese por el Mayordomo de los propios y él no llevase cosa alguna de hechura”. En seguida agregan que “se acordó que las armas que se hallare haber elegido el General Juan de Garay poblador de esta ciudad se labren y pongan en un sello de plata y la plata que para ello fuere menester la entregue al Mayordomo de esta ciudad”.

De los términos del acta puede deducirse que lo redactaron teniendo a la vista algún ejemplar material y no el documento de 1580, pues la descripción es terminante y no permite confundir un “águila” con un “pelícano”, ni poner “cinco” hijos cuando dice “cuatro”.

Es más fácil que una mala ejecución anterior del sello causara las citadas diferencias erróneas.

Tampoco sabemos si se hizo esa vez, aunque parecería no haberse cumplido la sentencia del alcalde Casco de Mendoza, porque en otro acuerdo de 1625 se lee que, hasta entonces, no se había hecho el sello con las armas de la Ciudad, para los pliegos y despachos del Cabildo, y se encomienda al Mayordomo que mande hacer dos, uno grande y otro pequeño.

Nada puede decirse respecto al resultado del acuerdo en cuestión, pues no hay prueba de haberse cumplido un deseo tantas veces reiterado.

Todo autoriza a pensar que no pasó a ser un hecho, por cuanto, en 1649, el Cabildo vuelve sobre el asunto y “atento no haberse hallado aquí las armas en el archivo de este Cabildo y sus libros que haya tenido ni tenga hasta ahora armas alguna cuyo sello de armas sirve para sellar cualquier testimonio, certificaciones, pliegos, cartas y demás recaudos necesarios”, dispuso adoptar como tales las que se diseñaron en la misma página del libro capitular.

“Chi dura vince” dicen los italianos, y así resultó; pues, desde esa fecha (1649), la Capital de la Provincia del Río de la Plata tuvo y usó escudo de armas, no obstante estar en contravención con la Real Ordenanza del rey don Felipe II, fechada el 20 de marzo de 1596, según la cual se prohibía, a toda ciudad, usarlo sin previa aprobación Real.

Pero el Cabildo no se preocupó de dicho trámite, siguió usando el escudo que se había dado y, salvo ciertos detalles que lo bastardean, continúa siendo el de la Capital Federal hasta hoy.

A fines del siglo, 1692, el Cabildo mandó poner cabo al sello de la Ciudad, hecho que demuestra su existencia y hasta su empleo.

También, con fecha 9 de febrero del mismo año, dispone “que por cuanto desde la fundación de esta ciudad se formó y puso como lo ha estado hasta el tiempo presente un cuadro de lienzo en que están dibujados los patrones de esta ciudad, que lo son la Virgen Santísima María, Nuestra Señora de las Nieves y San Martín con las armas (…) Y que dicho lienzo respecto de su antigüedad se halla casi sin efigies (por lo que) es necesario que se haga y forme otro de nuevo. Y debajo de dichas armas reales se pongan las que esta ciudad tiene”.

Además se le debía hacer un dosel “de algún género a propósito para el caso”.

La descripción del cuadro coincide con el existente en el Museo del Cabildo, fechado en 1744, durante el gobierno de don Domingo Ortiz de Rozas, en cuya fecha se mandó “retocar las armas y ponerlas con la decencia debida”, por lo que puede creerse que se trata del mismo cuadro restaurado, o su copia fiel, ya que las Armas Reales que tiene corresponden a la Casa de Austrias, reinante en 1692, y no a la de Borbón, ocupante del trono en 1744.

Entre el escudo de la Ciudad dibujado en el libro de acuerdo y el del cuadro de 1744 no hay otra diferencia sino la del letrero de la orla; en el primero sólo se lee el nombre, y en el segundo está antepuesto el título de “muy noble y leal”, de acuerdo con la merced Real de 1716.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Lafuente Machain, R. de ´“Buenos Aires en el Siglo XVII”, de R. de Lafuente Machain, Emecé Editores S.A., Buenos Aires, 1944.
Portal www.revisionistas.com.ar
Turone. Gabriel Oscar – El escudo de armas de Buenos Aires – Setiembre de 2015

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