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jueves, 28 de julio de 2016

Terrorismo: Los Oesterheld, una familia de enfermos en una época de enfermos

La trágica historia de la desaparición del autor de "El Eternauta" y sus cuatro hijas
En diálogo con Infobae, las autoras de la flamante biografía “Los Oesterheld” hablaron sobre la vida del renombrado historietista Héctor Oesterheld y el fatídico desenlace de su familia durante la última dictadura
Por Fernanda Jara - Infobae



Portada de “Los Oesterheld”, de Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami (Sudamericana).

"A veces, la historia de un país descarga toda su violencia contra una familia. Esa fue la fatalidad que signó la vida del célebre historietista Héctor Oesterheld, sus cuatro hijas, sus tres yernos y dos de sus cuatro nietos, secuestrados y desaparecidos durante la última dictadura", cuenta la contratapa del libro, que en su portada muestra a la familia completa, cuando las historietas, los cuentos de ciencia ficción y los juegos infantiles colmaban sus días.

Poco se conoce —o difundió— sobre lo que antecedió a la desaparición del creador de El Eternauta, una de las historietas argentinas clásicas por excelencia, la de sus cuatro hijas y sus yernos. "¿Cómo fue que el guionista reconocido en el mundo se convirtió en correo de Montoneros? ¿Qué llevó a sus hijas, alumnas destacadas de colegios bilingüe de élite, a involucrarse en el trabajo de base y la lucha revolucionaria?", son los interrogantes impuestos sobre un fondo negro que, tras cinco años de investigación y 200 entrevistas, las autoras responden.

En el estudio de Infobae, Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami, escritoras del libro que recupera la intimidad de la familia a la que le fue arrebatada la vida, contaron cómo fue la investigación que desarrollaron a lo largo de cinco años y detalles sobre las más de 200 entrevistas que las cruzó con familiares, compañeros de militancia y testigos de los últimos tiempos de Oesterheld y su gente.

"Es la reconstrucción de muchos personajes, de las cuatro chicas desaparecidas, de Héctor, de las parejas de las chicas y, además, de los compañeros de militancia. Porque el libro abre muchas vías para poder entender, primero, una época (los setenta), por otro, por qué estas chicas, que tenían una vida cultural super intensa, entran a militar como muchos otros jóvenes de su época. Cuando te metés en ese terreno tenés que reconstruir cómo eran las características de la militancia…", dijo Nicolini. Con esas características se refiere a los ideales que llevaron a las destacadas estudiantes a involucrarse en el trabajo y lucha revolucionaria que marcó no solo a su generación, sino que fue bisagra en la historia argentina.


Estela, Beatriz, Marina y Diana de pequeñas junto a sus padres, Elsa y Héctor Oesterheld. Marina (18) y Diana (24) estaban embarazadas. Beatriz tenía 19 años y Beatriz, 25.

Dar a conocer una historia real

La idea de recuperar la historia de esta familia surgió casi de casualidad, pero se convirtió en una pieza necesaria para armar el rompecabezas de lo que antecedió a la desaparición de uno de los grandes creadores de la literatura nacional y sus seres queridos. "Con una amiga nos pusimos a hablar de las biografías familiares y que en la Argentina no están muy transitadas, y mi amiga dijo que nunca se contó la historia de los Oesterheld. Y quedó ahí. Por esas casualidades conocí a los nietos, nos enteramos que la editorial Sudamericana estaba interesada en el tema, luego se sumó Alicia", recordó Nicolini, que se embarcó en esas vidas asumiendo que había información. No era así, por lo que debieron cambiar el rumbo e ir directamente a las fuentes. "Cuando nos dimos cuenta de que había que entrevistar a tanta gente, de hecho entrevistamos a 200 personas, tomó otra dimensión la historia y el libro", añadió.

Al comenzar a andar el terreno que aún no les era familiar supieron que las pequeñas de esas fotos que ilustran el libro habían desaparecido, que dos estaban embarazadas y que sus maridos e hijos no llegaron a formar parte de ningún álbum de recuerdos. Ese fue el mayor impacto. "Nos centramos y enfocamos mucho en las chicas, en la reconstrucción de todo, pero nos centramos entre el 71 y el 77 cuando Héctor y las chicas militaban".

Gran parte de la investigación que desarrollaron pudo llevarse a cabo gracias a los testimonios de compañeros de militancia que conocían la vida de ellas y de Héctor. "Se conocían con nombre de guerra. No sabían mucho de su vida privada por cuestiones de seguridad, por si a alguno lo secuestraban", cuenta Beltrami. "Ese sistema, por un lado, nos complicó y, por otro, nos amplió el campo porque se fueron formando diferentes redes de personas que se conocían entre sí y otros que volvían a encontrarse después de 30 o 40 años. Algunos creían que habían desaparecido. De hecho Fernando —uno de los nietos sobrevivientes— encontró a su madrina y no sabía que la tenía. Fue un proceso rico, largo, arduo, pero interesante para construir los perfiles de todos", señaló.



 Teníamos la foto de cuatro chicas hermosas de Béccar o las de Héctor como autor de El Eternauta y la tragedia final, pero ¿en el medio qué pasó?
Decidieron hacer hincapié en la vida de esas jóvenes antes de convertirse en militantes y deshojar la margarita de sus intereses más profundos y de aquellos ideales que allí estaban esperando a cobrar forma. "Teníamos la foto de las cuatro chicas hermosas de Béccar o las de Héctor como autor de El Eternauta y la tragedia final. Pero ¿en el medio qué pasó? Hay un montón de hechos y lo que nos interesaba era la vida cotidian".

"Al entrevistar a tantas personas uno acude a esa memoria selectiva de cada uno de ellos y en general la memoria recuerda cosas insólitas, detalles y ahí podes hacer un mapa de lo cotidiano. De las cuatro chicas logramos reconstruir detalles íntimos, de sus compañeros, parejas, de quién se enamoraban, de quién no. Cómo eran sus personalidades… Creo que eso es lo que da mucha riqueza al libro. Vamos a lo personal de cada uno y no lo reconstruimos desde la época en general, que es lo que puede pasar en los libros de historia", explicaron. El objetivo primero, aseguró Beltrami, era "darle encarnadura a esas personas que muchas veces quedan como frizadas en una foto, en esa juventud de militancia que, entre lo trágico y la pena que da eso y el misterio, tratamos de recuperar esas historias".

Una familia que dejó marcas en mucha gente



Héctor Oesterheld fue secuestrado por las Fuerzas Armadas el 27 de abril de 1977, en La Plata. Antes, desde la clandestinidad terminó su obra cumbre, El Eternauta. Para entonces sus cuatro hijas también habían sido desaparecidas.

Todos sabían el final. La reconstrucción de la historia tuvo la inevitable carga de tristeza por saber que diez miembros de una sola familia habían desaparecido. Las historias que Héctor contaba en sus comics causaban furia en quienes habían comenzado a escribir la etapa más oscura de la Argentina. Pero los que lo conocieron no tuvieron más que buenos recuerdos para compartir con las autoras. "Fueron una familia que había dejado una marca importante en mucha gente, en casi todos los que lo conocieron. Eran interesantes, muy agradables, buena gente, inteligentes", concluyó Beltrami luego de indagar a fondo esas vidas. "La idea era, también, recuperarlos vivos, armar lo más vital que tenían, darles cuerpo desde otro lugar y ahí se matizó con otras emociones, risa humor, entrega…".

"Además —continuó Nicolini— hay algo particular que es la figura de Héctor Oesterheld. Muchos de los que entrevistamos crecieron leyendo esas historietas, pero también conocían el apellido de antes, era parte de su propia formación y había un vínculo emocional fuertísimo. Había gente que lo encontró militando y ya lo conocía de antes. Era alguien famoso, entonces, al verlo les dejaba una marca". Pero él mismo dejó sus heridas en su composición. "En El Eternauta II pueden reconocer que ahí está María, que es un personaje y que es su hija que ya había desaparecido. Y él la pone ahí y se pone a él como personaje. Entonces el libro, de algún modo, ayuda a decodificar algunas cosas que él empezaba a poner de su historieta cuando esta dejó de ser una cuestión de aventura… Después cuando empezó con la militancia en prensa de Montoneros incorporó un montón de los conceptos en esa historieta… Siempre tuvo a la historieta como una herramienta política, de educación, no era simplemente un hobbie", finalizó Nicolini.


miércoles, 1 de junio de 2016

Guerra Antisubversiva: Condenan al Plan Cóndor

Argentina, primer país que condena a los jerarcas del Plan Cóndor
Un tribunal certifica el pacto de las dictaduras latinoamericanas para asesinar disidentes

Carlos E. Cué - El País


Los dictadores Augusto Pinochet (Chile) y Jorge Videla (Argentina)


El Plan Cóndor fue algo único. Un pacto entre seis dictaduras latinoamericanas para intercambiar información y sobre todo colaborar en secuestros y asesinatos de disidentes políticos que luchaban para derrocarlas. Es una de las historias trágicas más conocidas de América, con centenares de víctimas. Y sin embargo, más de 30 años después de su acta fundacional, firmada el 28 de diciembre de 1975 en Santiago de Chile y encontrada en el “Archivo del Terror” de Paraguay, ninguna sentencia judicial había reconocido su existencia como una asociación ilícita organizada para matar. Argentina, un país en el que el proceso de los juicios de lesa humanidad está muy avanzado y no cesa, se ha convertido en el primero que condena formalmente a los jerarcas del Plan Cóndor en un larguísimo juicio con 105 víctimas y 18 imputados que empezó en 1999 con cinco casos y ha ido creciendo poco a poco. Un tribunal federal condenó por "asociacion ilícita en el marco del Plan Cóndor" entre 8 y 25 años a los principales imputados.


El exagente de inteligencia Miguel Ángel Furci (izq.) escucha su condena. 

Entre los condenados está Reynaldo Bignone, último dictador argentino, y el general Santiago Riveros. También está el coronel uruguayo Manuel Cordero, que fue extraditado en 2007 a Argentina desde Brasil, y el exagente de la inteligencia argentina Miguel Ángel Furci, que recibieron las penas más altas, de 25 años de cárcel. No figuran los máximos jefes del Plan Cóndor porque han muerto, pero simbólicamente el proceso judicial también va contra ellos. De hecho, el más cruel y conocido de los dictadores argentinos, Jorge Videla, murió tres días después de declarar en este juicio. Afrontar su responsabilidad en el Plan Cóndor fue lo último que hizo en vida. Videla aseguró ante el tribunal que se hacía cargo de toda la responsabilidad pero sin dar ningún detalle nuevo.
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“Lo importante de este juicio es que por primera vez en América Latina un tribunal reconoce la existencia del Plan Cóndor como asociación ilícita, es un juicio clave porque si estuvieran vivos Pinochet o Stroessner estarían en esta causa", explica Gastón Chiller, director ejecutivo del CELS, un organismo de derechos humanos muy respetado en Argentina que ha promovido este y otros muchos juicios contra los jerarcas de la dictadura militar.


La prensa de la época da cuenta del hallazgo de cadáveres.

La nacionalidad de las 105 víctimas cuyos familiares escuchaban emocionados la sentencia da una idea de las dimensiones del Plan Cóndor. 45 de ellos eran uruguayos, 22 chilenos, 13 paraguayos, 11 bolivianos y 14 argentinos. Entre los presentes en el tribunal estaba Macarena Gelman, hija de la desaparecida María Claudia García, que fue entregada a una familia cómplice de la dictadura uruguaya y recuperó su identidad en el 2000, a los 23 años. La nieta del fallecido poeta Juan Gelman escuchó con satisfacción la condena a Cordero, que fue recibida con aplausos en la sala de audiencias.

Argentina abre así una puerta que en otros países parece mucho más cerrada. Por ejemplo, en Brasil, rige una ley de amnistía que impide llevar a los tribunales a los responsables de los crímenes cometidos por su dictadura (1964-1985). De hecho ninguno de los miembros del Plan Cóndor ha llevado a cabo un proceso como el argentino, un país en el que prácticamente todos los personajes clave de la dictadura están en la cárcel o en arresto domiciliario por su avanzada edad. La memoria histórica se ha convertido en una política de Estado que se ha mantenido con Mauricio Macri como presidente, como muestran los el medio centenar de juicios en los que el Estado es querellante. El otro gran juicio por el Plan Cóndor se desarrolla lejos del continente, en Roma, en un proceso contra 30 exmilitares y civiles de Bolivia, Chile, Perú y Uruguay, acusados de la desaparición y muerte de 43 opositores, entre ellos varios de origen italiano.

La creación del Plan Cóndor quedó absolutamente probada durante el juicio argentino, tanto es así que existe incluso ese acta fundacional firmada durante una reunión de los responsables de la inteligencia de las dictaduras y firmada por los representantes de Argentina (Jorge Casas, capitán de navío, SIDE, que aún no representaba a una dictadura militar), Bolivia (Carlos Mena, mayor del Ejército), Chile (Manuel Contreras Sepúlveda, jefe de la DINA), Uruguay (José Fons, coronel del Ejército) y Paraguay (Benito Guanes Serrano, coronel del Ejército). Brasil no firmó esa primera acta pero otros documentos muestran con claridad que participó en el Plan Cóndor.

En el “Archivo del Terror” de Paraguay se encontró una invitación de la DINA -servicios secretos de Pinochet- “para promover la coordinación y establecer algo similar a lo que tiene Interpol en París, pero dedicado a la subversión”. En el texto formal firmado en Chile se señala: “Se dan por iniciados a partir de esta fecha los contactos bilaterales o multilaterales a voluntad de los respectivos países aquí participantes para el intercambio de información subversiva, abriendo propios o nuevos carteles de antecedentes de los respectivos servicios”.

El plan empezó como un intercambio de información y fue creciendo hasta que pasó a la fase de secuestrar o asesinar directamente a los disidentes en los países donde estuvieran escondidos, siempre con la autorización implícita de la dictadura local. El Plan Cóndor fue extendiendo sus fronteras y la dictaduras empezaron a asesinar a disidentes en Europa y EEUU, como el conocido caso de Orlando Letelier, exministro del Gobierno de Salvador Allende, asesinado en Washington en septiembre de 1976.

Una de las grandes preguntas que quedan pendientes es la participación de EEUU en el Plan Cóndor. Durante el juicio, según los investigadores del CELS, no ha aparecido ninguna prueba definitiva de que algún organismo de este país promoviera el plan pero sí ha quedado claro por distinta documentación, entre ellas alguna desclasificada por el propio Departamento de Estado de EEUU, que lo conocían con detalle.

Muchos investigadores confían ahora en que la promesa de Barack Obama de desclasificar más documentos relacionados con las dictaduras latinoamericanas, especialmente los de la CIA, ofrezca mucha más información. Lo que sí se sabe es que EEUU se fue alejando a medida que el Plan Cóndor empezó su oleada de asesinatos en distintos países y dejó de ser un plan secreto. Son los documentos de EEUU los que con más detalle explican el objetivo del plan: “Implica la formación de equipos especiales por los países miembros para llevar a cabo sanciones hasta asesinatos contra terroristas o simpatizantes de organizaciones terroristas de los países miembros de ‘Operación Cóndor’. A los equipos especiales se les emitirían documentos falsos de parte de los países miembros de ‘Operación Cóndor’ y podrían estar compuestos exclusivamente por individuos de una de las naciones miembros de ‘Operación Cóndor’ o podrían estar compuestos por un grupo mixto de varias naciones miembros de ‘Operación Cóndor’”, detalla. En cualquier caso, explican en el CELS, la operación Cóndor fue un plan latinoamericano, diseñado por las dictaduras para acabar con sus propios disidentes.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Montoneros: El secuestro de los Born

Montoneros, entre la impunidad y las cuentas pendientes
A 50 años del secuestro de los Born, por el que se pagó 60 millones de dólares, un récord mundial. Violencia armada y corrupción de la política. 

Por Rodrigo Lloret | Perfil




María O’Donnell dio a conocer este año una gran investigación periodística sobre el secuestro de los hermanos Jorge y Juan Born, producido en 1975 a manos de los Montoneros. El libro se titula Born, la tapa se ilustra con una foto de uno de los empresarios durante su cautiverio, delante de una inscripción que dice “Montoneros” con un fusil y una lanza formando la V de la victoria bajo la P, que fue el eslogan utilizado por el peronismo durante los años de exilio de su líder, mientras que detrás de la foto de Born aparecen dos retratos: Juan Domingo Perón y Eva Duarte. El trabajo editado por Sudamericana ya se ha convertido en el mejor libro del año y tiene tres sugerentes subtítulos: 9 meses en las entrañas de Montoneros, 60 millones que corrompen la política, 40 años del secuestro más caro de la historia.

Luego de varios encuentros con Jorge Born, que ahora tiene 82 años, O’donnell logró reflejar un momento histórico de la política local que marcó a fuego la lucha armada en la Argentina. La obra es también una demostración cabal de la impunidad con la que se movieron los Montoneros bajo un gobierno constitucional, demostrando el desprecio por la democracia que tuvieron esos jóvenes arrogantes, obnubilados por el poder de saberse dueños de un ejército de miles de militantes armados, en lo que se convirtió la organización guerrillera más importante del mundo.

Tras haber pasado a la clandestinidad en 1974, los Montoneros diseñaron la Operación Mellizas con la que buscaban repercusión internacional y, fundamentalmente, dinero para subsistir. Siguiendo ese plan, el 20 de junio de 1975, Jorge y Juan Born, los dos herederos del emporio Bunge y Born fueron secuestrados por hombres que empuñaban fusiles y ametralladoras y eran comandados por Roberto Quieto, oficial superior de Montoneros y responsable militar de la operación, y Rodolfo Galimberti, jefe de la Columna Norte de Montoneros. En el ataque fallecieron dos personas: el chofer de los Born y un empresario amigo de Jorge desde la infancia y ejecutivo de una de las empresas del grupo.

Los Born fueron trasladados a las “cárceles del pueblo” creadas por Montoneros en las “casas operativas” que controlaban en el norte del conurbano bonaerense. Eran espacios minúsculos, de seis metros cuadrados, sin ventilación ni luz solar, en donde les entregaban alimentos que debían comer junto a un balde con sus propias deposiciones.

Montoneros habían pedido 100 millones de dólares para liberarlos, pero Jorge Born padre se negó a pagar esa cifra y ni siquiera aceptó una conversación para negociar por la vida de sus seres queridos. Fue su hijo Jorge, desde su propio cautiverio, el que estableció un contacto (un amigo que no fue identificado en el libro) para que el padre aceptara pagar por el rescate. Fue también el propio rehén el que inició la negociación de la cifra de pago, que finalizó en 60 millones de dólares, 30 millones por cada secuestrado, cuando su hermano Juan empezó a mostrar serios problemas de salud por las condiciones del cautiverio.

De la planificación de Mellizas había participado Rodolfo Walsh, aportando datos de inteligencia. Y la operación fue un éxito. Pero los Montoneros no habían planeado el pago del rescate y tuvieron que ser asesorados, irónicamente, por el propio secuestrado: Jorge les indicó cómo debían cobrar el dinero y cómo trasladarlo al exterior. Una parte llegó a Cuba para ser administrada por el gobierno de Fidel Castro (O’donnell calcula que podrían haber sido más de 40 millones de dólares), y otra parte fue controlada por el banquero David Graiver en Suiza hasta su muerte en un sospechoso accidente de aviación en 1976 en los Estados Unidos.

Por su responsabilidad en el secuestro de los Born, uno de los fundadores de Montoneros y su principal comandante, Mario Firmenich fue capturado en Brasil tras el regreso de la democracia argentina. Bajo el gobierno de Raúl Alfonsín fue extraditado, juzgado y condenado a treinta años de prisión. Pero los indultos firmados por Carlos Menem lo beneficiaron junto a Fernando Vaca Narvaja, Roberto Perdía (la cúpula de montonera) y Galimberti. Fue la devolución de un favor: los Montoneros apoyaran políticamente y, sobre todo, financieramente, al riojano. En su investigación, O’donnell plantea la cifra de tres millones de dólares para la campaña presidencial.

Desde entonces, nunca más un jefe Montonero fue acusado. Ninguna causa fue reabierta a pesar de que hace cuatro décadas tomaron las armas para decidir sobre la vida y la muerte en la Argentina. Los principales líderes Montoneros no fueron simples idealistas que buscaban un mundo mejor nuevo: fueron criminales que usaron armas para asesinar como excusa política. Ojalá algún día puedan saldar esas cuentas pendientes en la justicia. El secuestro de los Born y la corrupción generada por el dinero pagado por ese rescate, son dos ejemplos que lo reclaman hasta el presente.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Biografía: Patty Hearst, de millonaria a guerrillera

Patty Hearst, la millonaria a la que le lavaron el cerebro para convertir en guerrillera


Hace 40 años, el caso de la nieta del magnate periodístico William Randolph Hearst sacudió al mundo.
Guillermo dos Santos Coelho - Clarín

Mezcla de lavado de cerebro, empatía de la víctima con el victimario y un contexto de violencia política global, el caso de Patricia Hearst sacudió al mundo. La transformación de una joven millonaria en feroz guerrillera fue tan vertiginosa que instaló un debate nunca saldado del todo. Se cumplen 40 años de su detención y de la revelación al mundo del Síndrome de Estocolmo.

Patty Hearst tenía 19 años en febrero del 74, cuando una mujer tocó el timbre de la casa de su novio, Steven Weed, en Berkeley, California. Nieta del magnate periodístico William Randolph Hearst y heredera de su imperio, la joven estaba mirando la televisión y a punto de ir a dormir.




La mujer pidió el teléfono para hacer una llamada. La dejaron pasar y junto a ella entraron a la fuerza dos hombres armados con fusiles. Golpearon al novio de Patty hasta dejarlo inconsciente y se llevaron a la joven forcejeando hasta dejarle la ropa destrozada. Casi desnuda, fue tirada al baúl de un auto.

Un par de días después, salieron a la luz los autores del secuestro. Lo hicieron con grandilocuencia, con el "comunicado número 3 de la Unidad Regional Adulta del Ejército de Liberación Simbionesa, división La Muerte Negra".



El SLA, según su sigla en inglés, era una minúscula y estrafalaria guerrilla urbana que decía creer en la liberación global a partir de una revolución socialista en el Tercer Mundo. Mezcla de socialismo con new age, de guerrilla urbana con secta, practicaban el sexo libre, se especializaban en atentados con bombas y robos y su símbolo era una cobra de siete cabezas.

El Ejército de Liberación Simbionesa era una célula terrorista que por esa época decía estar operativa en cada gran ciudad de los Estados Unidos. Sin embargo, se reducía a una docena de estudiantes de San Francisco con una mezcla ideológica singular.

La hija de Randolph Hearst, dueño del San Francisco Examiner, era pieza de cambio para la liberación de dos miembros del grupo presos en San Quintín por haber asesinado con balas de cianuro a un educador negro, Marcus Foster, en noviembre del 73. Para no dejar dudas, la carta fue acompañada por una tarjeta de crédito de Patty.

Los secuestradores pidieron también la entrega de alimentos para barrios pobres de California. Primero dos millones de dólares, luego cuatro más. La Fundación Hearst se comprometió a cumplir con una parte y a terminar la entrega cuando Patty estuviera en libertad. Periódicamente, el grupo terrorista enviaba cintas magnetofónicas con la voz de la joven contando que se encontraba bien.

En esa rutina estaban cuando el caso dio un giro increíble.

Después de 60 días de misterio sobre el paradero de Patty, una foto cambió todo. Se trataba de una imagen de la joven empuñando un arma larga y apuntando con gesto adusto, con una bandera de la cobra de siete cabezas atrás. La imagen iba a acompañada por una cinta donde Patty no decía que estaba bien sino que criticaba con dureza a sus padres y a su novio. Y anunciaba, desafiante: "Yo elegí quedarme y pelear".



Después del asombro, llegó la duda en la opinión pública y los investigadores: ¿Había sido forzada? ¿Se había "convertido" voluntariamente y tan rápido? ¿Se trataba de un autosecuestro guionado previamente?

En abril, Patty vuelve a aparecer empuñando un fusil, pero ya no en pose para una foto sino para asaltar, junto a otros integrantes del SLA, un banco en San Francisco. Los "guerrilleros" se llevaron 100 mil dólares y testigos coincidieron en un dato: Patty se hacía llamar Tania, igual que Tamara Bunke, la guerrillera argentina que murió en Bolivia bajo las órdenes del Che.

El 18 de mayo, dos mujeres y un hombre trataron de asaltar una tienda en Los Angeles. Antes de huir, una mujer disparó una ráfaga de ametralladora. Era Patricia. Si bien no los capturaron, el rastro que dejaron permitió dar con una casa donde se refugiaban otros militantes de la secta.

En una redada, el FBI mató a seis integrantes, incluyendo al "Mariscal Cinque", fundador y líder. El conductor de un auto que Patricia y la pareja usaron para huir de la tienda declaró ante la Policía que Patty le dijo que no había planeado su secuestro, pero que había decidido plegarse a la guerrilla por la forma en que su padre había manejado el rescate.

Con 19 cargos encima, a esa altura la joven ya había sido declarada "enemigo público".

En las semanas siguientes a esos dos hechos, arreciaron las versiones. Primero vieron a Patty en Inglaterra. Luego, en Canadá. Aparecieron denuncias de personas que dijeron haberla encontrado en Perú, Cuba, México, Guatemala. Finalmente, también en Buenos Aires y en Montevideo.

En realidad, Patty nunca salió de los Estados Unidos. El 18 de septiembre de 1975, hace 40 años, la joven fue arrestada en San Francisco. La encontraron en un departamento que compartía con Wendy Yoshimura, una simpatizante del SLA. No opuso resistencia.

Mientras esperaba el juicio, a Hearst se le hicieron innumerables exámenes. Los psiquiatras comenzaron a hablar de "fragilidad emocional", notaron una abrupta reducción de su coeficiente intelectual, que había quedado por debajo de los 90 puntos. Patty esperó el juicio en la cárcel.

Los defensores de la joven armaron su estrategia a partir de los exámenes psiquiátricos: había sido sometida a un lavado de cerebro y obligada a actuar por sus captores. Para la primera audiencia del juicio, Patty Hearst ya había cambiado el traje de fajina por un elegante traje sastre azul marino y una blusa blanca.



"Todas las cintas las grabé con una ametralladora en la cabeza", relató entre lágrimas en el juicio. También contó que fue violada apenas media hora después del secuestro, y que eso se repitió. Todos los miembros del SLA abusaron de ella. "Preferiría que me declararan culpable, pero que me dejen tranquila", dijo antes de quebrarse.

El círculo volvió a cerrarse y la joven víctima del secuestro, que había pasado a ser odiada tras su "conversión", volvió a ser mirada con simpatía y compasión. Sin embargo, aún había dudas. Principalmente por sus disparos en el robo a la tienda de Los Angeles.

"Cientos de veces fui obligada a participar en ejercicios y prácticas, al punto tal que crearon en mí una especie de reflejo condicionado. Tomé el arma y disparé antes de que mi cerebro empezara siquiera a funcionar", explicó con un tono de voz persistente y monótono. El fiscal no le creyó. La trató de "actriz consumada que podría interpretar cualquier papel para salvar el pellejo".

Patty fue sentenciada provisionalmente a 35 años de prisión, pero el mismo juez que la condenó ordenó tres meses de pericias psicológicas para definir los atenuantes. Finalmente, fue penada con siete años de cárcel. Antes de entrar a la prisión de San Diego, la joven se había pasado dos semanas en un hospital de San Francisco por problemas pulmonares y un cuadro de desnutrición.

Y después...


Patty Hearst fue liberada en 1979, después de que el entonces presidente Jimmy Carter le conmutara la sentencia. Fue indultada por Bill Clinton en 2001. Actuó en varias películas y también es escritora. Tiene 61 años y aún vive en San Francisco.

martes, 14 de julio de 2015

Montoneros: Born cuenta sobre su secuestro

Habla Jorge Born
El empresario cuenta los detalles de su secuestro a manos de Montoneros. Un relato conmovedor, 40 años después.


Por María O'donnell*

Perfil


EL RECUERDO QUE VUELVE. Jorge Born se decidió a hablar para el libro de la periodista María O'Donnell y contó anécdotas de la famosa “Operación Mellizas” hasta ahora desconocidas incluso para su familia.
A lo largo de nueve meses,Jorge Born llevó un registro de cómo transcurría su vida en una “cárcel del pueblo” de los Montoneros. Al heredero de Bunge y Born, el mayor imperio económico de la época, redactar un diario le sirvió para combatir la angustia y el tedio. Escribir, además, le salvó la vida: gracias a las cartas que le dirigió a su padre, lo convenció de pagar 60 millones de dólares de un rescate doble, porque también habían secuestrado a su hermano Juan.
Jorge Born había pensado en preservar esos papeles y contaba con el consentimiento de sus captores: el jefe de los Montoneros, Mario Firmenich, le había sugerido que transformara esos apuntes en un libro. Sin embargo, en la antesala de su liberación, el 20 de junio de 1975, él mismo destrozó todas sus notas. Rompió las hojas manuscritas en la cara de Firmenich después de recibir la noticia de que Alberto Bosch, su mejor amigo de la infancia, un gerente de Molinos Río de la Plata que iba en el asiento delantero del auto el día que emboscaron a los hermanos Born, había muerto acribillado.
Con ese gesto de furia, Jorge Born enterró sus memoria del secuestro –que sigue siendo el más caro de la historia– por décadas. Con la publicación de “Born” quebró su silencio y contó detalles de Operación Mellizas que eran desconocidos, incluso, para su familia.
“Hasta ahora me callé la boca porque creí que no era conveniente que hablara. No le quería causar problemas a nadie”, explicó en las oficinas discretas para un hombre de su riqueza que ocupa en un edificio con una vista generosa a la Plaza San Martín. En la intimidad de la empresa, que su padre hubiera pagado a los Montoneros 60 millones de dólares por su vida y la de su hermano le resultó una carga pesada de sobrellevar.
María O’Donnell: ¿Algo pasó para que decidiera dar su testimonio después de cuatro décadas?
Jorge Born: Quería que se supiera la verdad, que se conociera del sufrimiento de mi padre, porque muchos se creyeron que todo se arregló con guita… Yo me quedé sin los papeles, porque se los rompí en la cara a Firmenich, pero me quedé con muchas cosas en la cabeza. Me trataron de arrinconar para que hablara y decidí hacerlo cuando no me sintiera acosado.
O’Donnell: ¿Por qué le pareció oportuno este momento?
Born: Cuando vino Néstor Kirchner y empezó todo otra vez yo no quería meter el dedo en la llaga. Hace poco allanaron las oficinas de Molinos (N. de R.: en el marco de una causa por delitos de lesa humanidad, que investiga si los directivos de la empresa cooperaron con la dictadura para la desaparición de integrantes de la comisión interna). ¿A vos te parece? Nosotros vendimos la empresa hace años y los gerentes están todos muertos. Es la historia de nunca acabar. Por eso mucha gente me dice que por fin conté la verdad…
O’Donnell: Su verdad incluye un relato sin culpas sobre aportes en negro a campañas electorales, corrupción en el gobierno de Menem y una bolsa de plata que recuperó mediante el pago de “comisiones” de todo tipo…
Born: De alguna manera, era mi plata, pero además… yo no quise ser hipócrita. Era así: o pagabas coima o te ibas del país, y hoy día sigue la misma corrupción, o peor… Todos tienen el culo sucio y nadie se anima a decir la verdad. Por eso creo que el problema de este país es más moral que económico.
Cuando lo liberaron, Jorge Born sorprendió a los periodistas que lo aguardaban en una conferencia de prensa clandestina al decir que su deseo más próximo era celebrar en familia su cumpleaños número 41, que cumpliría el 22 de junio de 1975.
Cuarenta años después, responde de manera similar.
O’Donnell: ¿Pensó en este aniversario redondo?
Born: No pienso en eso. En estas fechas, pienso en mi cumpleaños, que es el 22.
O’Donnell: Los secuestraron el 19 de septiembre de 1974: había muerto Juan Domingo Perón y gobernaba Isabel, ¿qué recuerda de la emboscada?
Born: Íbamos con mi hermano Juan en el asiento de atrás del auto. Adelante iba Bosch y manejaba (Juan Carlos) Pérez, un chofer que era muy hábil para esquivar. En otro auto iba la custodia. De repente nos chocaron, tiraron tiros… Yo me tiré al piso… A mí me dieron un golpe en la cabeza con un revólver, y mi hermano salió corriendo, pero lo agarraron enseguida y nos llevaron en una camioneta.
O’Donnell: Era una época de muchos secuestros extorsivos, ¿cómo vivían?
Born: Amenazados y aislados, en una quinta de San Isidro con Juan, en casas separadas, cada uno con su familia. Teníamos custodias por todos lados. Custodias y más custodias. Solo nos movíamos para ir a la oficina en el centro. De salir los fines de semana ni hablar. Las mujeres se querían ir del país, pero mi padre decía que teníamos 17.000 personas trabajando acá y que, pasara lo que pasara, nos teníamos que quedar.
O’Donnell: ¿Qué rol tenían ustedes en la compañía cuando lo secuestraron?
Born: Yo era el número tres y Juan tenía a su cargo la parte administrativa. Mi padre, que era el capo, tenía 70 y pico de años y Mario Hirsch, su segundo, más de 65. Los Montoneros dijeron: “Se nos van…”. Por eso nos agarraron a mi y mi hermano, que éramos tipos de 40 y 39 años.
O’Donnell: ¿Cómo se enteró su padre del secuestro de sus dos hijos mayores?
Born: En cuanto nos secuestran llamaron por teléfono a la compañía y pidieron hablar con el señor Born. Pero mi padre no los atendió. Pedían una locura: 100 millones de dólares.
O’Donnell: ¿Su padre no los atendió? ¿No quería pagar?
Born: Nunca estuvo dispuesto a pagar 100 millones. Se puso duro para negociar hasta el final. La pasó muy mal. Recibía todas las cartas y amenazas. Estaba solo: había mandado a mi madre y al resto de la familia a Punta del Este.
O’Donnell: ¿Su madre no lo presionaba para que pagara rápido?
Born: Por eso se la sacó de encima y la mandó al Uruguay.
O’Donnell: Mientras tanto, a ustedes los separaron y los metieron en celdas muy pequeñas, sin ventanas, sin baño, un espacio en penumbras y aislado, ¿cómo se adaptó?
Born: Cuando me preguntan cómo es el encierro siempre les digo que se metan en un baño, apaguen la luz y cierren la puerta. Verán que no es agradable. Hay que vencer la sensación de claustrofobia. Pero de entrada estuve tranquilo.
O’Donnell: ¿Qué le decían sus guardias?
Born: Lo primero que me dijeron fue: “Acá no funciona el tuteo: Usted me trata de usted”. Se tapaban con una bolsa de arpillera, estaban siempre encapuchados. Como fumaban, se ahogaban porque solo tenían abierto en la boca y en los ojos. Yo los escuchaba y pensaba: “Son unos pendejos de mierda”.
O’Donnell: Los Montoneros se habían dado a conocer el 1º de junio de 1970 con el asesinato de Aramburu, ¿temió correr su misma suerte?
Born: Cuando vi que la cosa duraba, pensé que no me iban a matar. Sabía que querían plata. Entonces empecé a pensar alternativas de supervivencia que me salvaran. Pero era muy cansador… A la noche probaban las armas para asustarme y me cortaban la luz y el aire. Al principio me resultaba desagradable estar con ellos. Los reconocía por la voz. Se creían que yo vivía como un rey y que en mi casa venían los valets a limpiarme las cosas. Unos tarados… No podían creer que yo supiera hacer la cama.
O’Donnell: Al cabo de un par de semanas de “adaptación” lo sometieron a un “juicio político”, ¿en qué consistió?
Born: Decían que tenían que demostrar el daño que la compañía le había hecho al país: que éramos antiperonistas, que habíamos apoyado a la Revolución Libertadora y financiado todos los golpes militares. Aunque era una compañía bien argentina, decían que era una multinacional que atentaba contra los intereses del país, como Cristina Kirchner ahora… En el juicio, ellos eran juez y parte. Se sentaban en una silla y yo en la cama. Me preguntaban pavadas, cómo tratábamos a los obreros y yo les contaba banalidades de la negociación salarial. Me decían que no tenían por qué existir los empresarios y los obreros, que en el país tenían que ser todos iguales…
O’Donnell: ¿Qué pasó con su hermano Juan durante el cautiverio?
Born: Le agarró una especie de trauma. Los Montoneros se empezaron a preocupar, porque había perdido un poco el equilibrio. Entonces me vinieron a ver a mí y me dijeron que me llevarían a verlo. Me quedé frío. Cuando me sacaron las vendas lo encontré tirado en la cama y me gritaba que yo era un fantasma, que Jorge estaba muerto…
O’Donnell: Habían pasado meses y su padre seguía sin negociar, ¿en qué momento se hace cargo usted de la negociación?
Born: Después de un tiempo volvieron a mí porque decían estar podridos de que mi padre no los atendiera. Entonces les di un teléfono de un amigo mío que era como si fuera mi hermano. El pobre tipo se convirtió en el correo. Un día le decían que fuera a Constitución, otro a Florida. Eran todos papeles que se intercambiaban. Solo sobre el final empezaron algunos llamados.
O’Donnell: ¿Y usted le escribió a su padre para que supiera del estado de Juan?
Born: Primero les dije que ellos no conocían a mi padre, que le podían poner un cuchillo en la garganta, pero que no le iban a torcer el brazo, aunque sus hijos estuvieran de por medio. Después les dije que, viendo cómo estaba mi hermano, si bajaban a 50 (millones) se podía empezar a conversar. Ahí arrancó la negociación. La cosa va y viene, y el asunto termina en 60 millones. Pero les dije que Juan tenía que salir después del pago de la mitad y ellos estuvieron de acuerdo: se lo querían sacar de encima volando.
O’Donnell: ¿Qué otras cosas le exigieron?
Born: Que se publicaran unas proclamas en diarios europeos y norteamericanos. Les dije que nadie las leería, pero accedí porque no costaban tanta plata. También pidieron un busto de Perón y Evita en cada fábrica… Taradeces… Lo más complicado fue el reparto de comida por un millón de dólares en todo el país, pero eso lo descontamos del monto total (del rescate), ¿te das cuenta?
O’Donnell: Y los pagos, ¿cómo se hicieron?
Born: Ahí vino la parte difícil. Quedó cerrado el deal (acuerdo en inglés), pero vino la cosa de cómo se entregaba la plata. Me preguntaron cómo hacemos, y me di cuenta de que no tenían estructura ni un pito. Les pregunté si sabían cuánto espacio podía ocupar el dinero que pedían. Les expliqué que iban a necesitar billetes chicos, y que apilados no cabían en mi celda… Trajeron un block y fuimos haciendo las marcas. En fin, les dije que iban a dilapidar el dinero y no me equivoqué.
O’Donnell: Usted no lo supo entonces, pero la Aduana incautó casi cinco millones de dólares que empleados de Bunge y Born intentaron ingresar en valijas por Ezeiza y por esa razón el último pago se hizo en Suiza. Allí, los Montoneros le entregaron 16 millones de dólares al banquero David Graiver.
Born: Después supe que lo de Suiza era una pequeña parte, me contó Galimberti que gran parte de la plata fue a parar a Cuba en valijas diplomáticas.
O’Donnell: ¿Cómo le anunciaron que lo iban a liberar?
Born: Cinco o seis días antes (del 20 de junio de 1975) me dijeron que se había pagado todo y me trajeron una de esas bombas de luz que usan las mujeres para que pareciera que había salido de la playa. Ahí pensé que por algo lo hacían, no querían que me viera tan pálido… Después Firmenich apareció a cara descubierta, me dijo que el acuerdo se había cumplido y me dejó un traje nuevo.
O’Donnell: ¿Qué más hablaron?
Born: Me dijo que íbamos a una conferencia de prensa, donde me iban a presentar y que me querían llevar vestido con saco y corbata para que los periodistas vieran que estaba en buen estado. Le reclamé el reloj Rolex que me habían sacado el día del secuestro y mis zapatos.
O’Donnell: Estaba por recuperar la libertad después de nueve meses de cautiverio ¡y se detuvo a preguntar por el reloj y un par de zapatos!
Born: Y sí, eran míos… Firmenich me dijo que me habían sacado el reloj y los zapatos por razones de seguridad, porque podían tener un micrófono o algo así… En fin, pavadas que les enseñaron en Cuba…
O’Donnell: Después de la conferencia de prensa, ¿adónde lo llevaron?
Born: Me largaron en la estación La Lucila. Vino a buscarme José María Menéndez, un tipo que teníamos en la compañía para averiguar cosas raras, y me dijo que había que rajar ya porque los militares nos mandaban a Salta con los del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo). Me dejó en un departamento con comida y me arregló todo para que me fuera a Uruguay al día siguiente en una avioneta que salió de Don Torcuato. Me fui sin pasaporte ni nada… De Uruguay nos fuimos a Brasil, donde ya teníamos un escritorio grande. Mudamos a todos los capos de la empresa a San Pablo, y viví ahí durante 17 años.
O’Donnell: Estuvo fuera del país durante la dictadura. En esos años, los militares secuestraron y asesinaron a muchos de los Montoneros que habían participado de su secuestro…
Born: Yo les decía que era una locura lo que estaban haciendo. Tenían la responsabilidad de respetar la ley y la Constitución. No entendían que eso iba a crear un malestar por años… A los Montoneros no te digo que les tuve lástima, pero la manera en que los acribillaron después me pareció espantosa. Algunos eran asesinos, pero otros buenos tipos. Medio locos, porque se convencieron de cada cosa… Con Menem pensé que se iba a poder perdonar a los Montoneros y a los militares, y mirar para adelante, pero no fue posible. Después vino Kirchner y empezó todo otra vez.
O’Donnell: Usted y los Montoneros apoyaron a Carlos Menem: eran el símbolo que necesitaba el entonces presidente para justificar los indultos bajo el argumento de la “pacificación”.
Born: Lo de Menem fue un intento de olvidar el pasado. Yo fui de los primeros que dije: ahora hay que olvidarse de todo lo que nos pasó. Demos vuelta la página y a otra cosa. Perdonemos a todo el mundo y basta. Menem preguntó: “¿Vos decís eso?”. Eso lo entendió. Lamentablemente, no entendió otras cosas.
O’Donnell: Su relación con Menem fue más allá. Puso plata en la campaña y selló una alianza económica, y los dos primeros ministros de Economía fueron hombres de Bunge y Born que usted designó.
Born: Me dejé tentar por Menem. Cuando ganó le llevamos un plan económico. Pero estaba rodeado de locos y de bandidos… era imposible hacer nada. Le gustaban demasiado la plata y las mujeres. Era insaciable.
O’Donnell: Menem le presentó a Rodolfo Galimberti, el secretario militar de la Columna Norte de los Montoneros, que lo había secuestrado. El plan era recuperar algo de la plata del secuestro.
Born: “El Tata” (Juan Bautista Yofre, entonces jefe de la Secretaría de Inteligencia de Menem) me armó una reunión en un hotel. Cuando nos encontramos, Galimberti me pidió disculpas y yo le dije que para mí era un asunto olvidado, que había pasado mucho tiempo, pero que me podía ayudar con el juicio. Ahí me dijo que iba a declarar todo lo que yo necesitara. Lo puse en contacto con los abogados y se portó muy bien. Declaró sobre la plata que le habían dado a Graiver. Les metí un juicio (a los herederos de Graiver) y recuperé 6 o 7 millones, nada que ver con los 60 que pagamos.
O’Donnell: Llegaron a un acuerdo privado con los herederos de Graiver, pero reclamaban 16 millones de dólares, ¿qué pasó con el resto? ¿Menem se quedó con plata?
Born: No tengo pruebas, pero sí… Te digo: eran insaciables. Hubo mucha gente que cobró…
O’Donnell: ¿Galimberti también cobró?
Born: Algo le regalé, porque me ayudó como loco. Él consiguió todo…
O’Donnell: ¿Figura en algún expediente judicial el pago que hicieron los herederos de Graiver a cambio de terminar con el reclamo?
Born: No, ¿qué expediente? Galimberti me entregó una bolsa con dólares y yo le di una parte para agradecerle sus gestiones.
O’Donnell: ¿Intentó de alguna manera dar con la plata que se había ido a Cuba?
Born: Una vez María Julia (Alsogaray) me dijo que iba a ver a Fidel (Castro) y que le iba a preguntar, y cuando volvió me dijo que Fidel decía que la plata nunca había llegado a Cuba. No averiguó nada.
O’Donnell: Con Galimberti se hicieron amigos…
Born: Galimberti se casó con una buena chica que tenía un campo en Entre Ríos. Yo iba de vez en cuando los fines de semana, y el tipo me enseñó a tirar y a cazar.
O’Donnell: ¿Su familia qué le decía? Aprendía a cazar con su ex carcelero…
Born: A mi mujer le decía lo menos posible, pero sí le contaba que el tipo me estaba ayudando.
O’Donnell: Después fueron socios con Jorge “El Corcho” Rodríguez en los llamados al programa de Susana Giménez y eso terminó muy mal…
Born: Al principio ganamos cantidad de plata, pero al poco tiempo apareció un abogado que nos dijo que eso era ilegal y que hacíamos mula, y se metió Clarín y todo se fue al tacho. Hicimos un pleito contra el padre (Julio César) Grassi (de la Fundación Felices los Niños, que figuraba como beneficiaria de parte de las ganancias del juego), y perdió, porque tenía todo en contra.
O’Donnell: Además saltaron las denuncias contra el cura por abuso de menores.
Born: Fue bastante desagradable.
O’Donnell: Y al final le “devolvieron” el Rolex…
Born: Años más tarde, Galimberti me regaló un Rolex brutal, lleno de piedras por todos lados, con mi nombre grabado atrás. Le pregunté si me lo daba por el que me robaron antes, y me dijo que sabía que me lo habían afanado, pero que ese era de su parte.
O’Donnell: Galimberti murió en el 2002, ¿fueron amigos hasta el final?
Born: En un momento fue difícil, porque lo único que “Galimba” quería era entrar a la sociedad, y vía Jorge Born era ideal. Pero yo no soy muy sociable, le decía: “Viejo, yo no soy entrada ni salida a la sociedad…”. Al final de su vida ya no me llevaba tan bien con él, porque básicamente era un loco. Seguía con sus cosas raras: estaba convencido de que se venía otra vez la guerra, le preocupaba el Islam. Se enloquecía por la plata, el poder, las armas…
O’Donnell: Para las próximas elecciones presidenciales, ¿tiene candidato?
Born: No es santo de mi devoción, pero espero que gane (Mauricio) Macri.

miércoles, 8 de julio de 2015

Montoneros: El secuestro de los Born

El secuestro más caro de la historia
Arrasa en Argentina un libro sobre el cautiverio de los hermanos Born en 1975 a manos de Montoneros
CARLOS E. CUÉ - El País


Un secuestrador encapuchado somete a Jorge Born a un simulacro de juicio durante su cautiverio.

El secuestro más caro de la historia: 60 millones de dólares de 1975, unos 260 millones de hoy. O, dicho en euros, 232 millones. Un secuestrado, Jorge Born, que terminó siendo amigo y socio de su captor, Rodolfo Galimberti. Un dinero de la familia más rica de Argentina que sirvió para financiar a Montoneros, el grupo armado peronista que protagonizó los setenta y fue aniquilado por la dictadura militar. Un rescate que acabó en Cuba, nunca apareció del todo y sirvió en parte para costear la campaña de Carlos Saúl Menem, que en los noventa indultó a los líderes de Montoneros. Un episodio central de la historia trágica reciente de Argentina, con varios de sus protagonistas aún vivos y que pueden ser entrevistados. Con estos ingredientes,  la periodista María O’Donnell está arrasando con su libro, Born (Sudamericana), sobre el secuestro a manos de Montoneros de los hermanos herederos del mayor imperio argentino. El libro es líder de ventas en el país desde que salió hace dos meses y va camino de superar los 120.000 ejemplares.

La operación fue espectacular. En menos de dos minutos, 15 montoneros desviaron el tráfico de la principal avenida de Buenos Aires, Libertador, simulando una obra en una tubería de gas, para acribillar a los escoltas y sacar de su coche a Jorge y Juan Born, de 39 y 40 años, llamados a dirigir Bunge y Born, el mayor imperio argentino de exportación de granos e industrias químicas, textiles y de alimentación. Eran ricos al modo argentino: amigos de los Rockefeller, en sus mansiones había muebles diseñados por Dalí y lámparas de Giacometti.

Su padre, Jorge Born II, se negaba a pagar el rescate de 100 millones de dólares. Ni siquiera contestaba a las llamadas. Los tuvieron durante nueve meses en una “cárcel del pueblo”, les sometieron a juicio por explotar a sus trabajadores y aprovecharse de sus enormes latifundios. Les grababan en vídeo barriendo su celda en calzoncillos para mostrar su poder sobre una de las grandes familias argentinas. En Montoneros también había hijos de la élite. Los hermanos Born fueron al mismo colegio, el Nacional de Buenos Aires, que Mario Firmenich, líder del grupo, que hoy vive como profesor universitario en Cataluña.

El rescate sirvió para financiar a Montoneros y la campaña del expresidente Menem
Jorge se mantuvo sereno y se convirtió, desde dentro de su zulo, en negociador del rescate. Logró bajarlo a 60 millones y convenció a su padre para que pagara. Le contó la realidad: que su hermano Juan estaba al borde de la locura. A Juan lo sacaron a los seis meses, cuando se pagó la mitad. Jorge aún seguiría tres meses más. Esta semana se han cumplido 40 años de su liberación y Jorge Born III, que mantuvo silencio y vivió en Brasil 18 años después del trauma, ha accedido a hablar con O’Donnell. Tiene 81 años y cuenta que su padre murió destruido por haber pagado ese dinero que sirvió para financiar la lucha armada. Y habla sin tapujos de su amistad con Galimberti en los noventa. “Él quería entrar en la alta sociedad y hacerlo vía Jorge Born era ideal. Yo quería recuperar mi plata”, explica.

Galimberti ayudó a Born: declaró en el juicio contra los herederos del banquero de los Montoneros, David Graiver, lo que sirvió para recuperar parte de los 60 millones. Otra parte llegó, según le explican a O’Donnell líderes montoneros, a la campaña de Menem, que presidió el país entre 1989 y 1999. El presidente los indultó, también a Firmenich, como hizo con los jefes de la dictadura.

O’Donnell, abrumada por el éxito, cree que se debe a que no se propuso contar los setenta (nació en ese año) sino una historia humana inagotable. Pero así, sin quererlo, ha logrado un relato periodístico de una época clave que hoy está más presente que nunca y es muy reivindicada por la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner. Algunos de los protagonistas de esa lucha contra la dictadura, sobre todo sus hijos, tienen una notable presencia en el poder kirchnerista. Y hasta en su familia: Camilo, hijo de Fernando Vaca Narvaja, uno de los jefes montoneros que secuestraron a los Born, espera una niña con Florencia, la hija de la presidenta.

sábado, 26 de abril de 2014

GYK: El secuestro de inmigrantes judíos en Austria previo al conflicto

¿Fue el secuestro de un tren austriaco lleno de judios soviéticos una diversión antes de la Guerra de Yom Kipur? 

Los días previos a la Guerra de Yom Kipur vieron el primer caso de un capitular Estado occidental a los terroristas palestinos.
Shaul Shay 18/12/2011

 


Austria, 28 de septiembre de 1973: Unos días antes de que Siria y Egipto lanzaran un ataque sorpresa bilateral contra Israel, los terroristas de la organización patrocinada por el sirio como Sa'iqa tomó un tren que transportaba judíos soviéticos que emigraban a Israel. 

Olvidado en la memoria colectiva de Israel, el ataque terrorista logró su objetivo de detener la inmigración judía a Israel desde la Unión Soviética. Sin embargo, el momento del secuestro y la identidad de la organización plantean cuestiones que van más allá de la lucha para socavar la inmigración judía. ¿El ataque pretendió desviar la atención de los funcionarios de seguridad israelíes y los responsables de los preparativos de guerra de Siria y Egipto? Sea cual sea la respuesta, el ataque terrorista ocupó el gobierno de Israel, hasta la erupción de la guerra.



Preparativos
Los terroristas supervisaron los preparativos detallados para el ataque. El primer paso se dio cuando un comandante de alto rango en la organización vigiló objetivos en Austria y Bratislava (entonces Checoslovaquia). A continuación, tres semanas antes del ataque, dos terroristas palestinos trataron de entrar en Austria, pero fueron rechazados cuando sus documentos despertaron sospechas. Su alto comandante ordenó entonces a los dos terroristas para volar a Viena el 25 de septiembre de 1973. Desde Viena , continuaron Bratislava , donde una carta con instrucciones que les esperaba .

Como parte de sus preparativos finales para el ataque , el 26 de septiembre , los terroristas montaron en el "Chopin Express" de Checoslovaquia a Austria. Con ellos, llevaban dos pistolas, dos fusiles Kalashnikov, dos granadas de mano, y diez kilos de TNT, ocultos en su equipaje.


El Secuestro
Los dos terroristas subieron al Chopin Express en Bratislava. Sobre setenta pasajeros estaban en el tren; treinta y nueve eran judíos soviéticos en su camino a un centro de tránsito en el castillo de Schoenau en Viena. Cuando el tren se detuvo en Marchegg , justo dentro de Alemania, Austria, los terroristas atacaron. Sacaron sus rifles, hirieron a una persona, y se llevaron cinco judíos y un funcionario de aduanas austriaco de rehenes.

Las fuerzas de seguridad austriacos fueron tomadas por sorpresa; les llevó una hora y media hasta que un equipo SWAT de veintiséis hombre y helicópteros llegaron. Su primera tarea era mantener a los terroristas y rehenes en Marchegg. Sin embargo, los terroristas emboscaron rápidamente un Volkswagen que pertenecía a la compañía de trenes local. Los terroristas luego obligaron a los funcionarios de aduanas austriacas a tomar el volante, lo que permite a los terroristas escapar con los rehenes. El vehículo, con los rehenes y los secuestradores, se apresuró al aeropuerto de Schwechat en las afueras de Viena. Los austriacos estaban decididos a evitar el derramamiento de sangre a toda costa, así que los coches de la policía escoltaron el vehículo en lugar de tratar de interceptarla .




En Schwechat, los terroristas se identificaron como miembros de la organización de las "Águilas de la revolución palestina". Dieron una declaración de tipo impreso en inglés para los austriacos, declarando: "Hemos llevado a cabo este ataque porque sentimos que la inmigración de los judíos de la Unión Soviética es una grave amenaza para nuestro objetivo."

Más tarde, se emitió un ultimátum: si el gobierno austriaco se negaba a cerrar inmediatamente el campo de tránsito Schoenau, no sólo iban a matar a los rehenes, sino que Austria se convertiría en el próximo objetivo de la venganza de la organización. Los terroristas también exigieron que el gobierno austriaco les proporcionara un avión de pasajeros y volar con los rehenes judíos (dos hombres y una mujer) a un estado árabe. Después de consultar con el canciller Bruno Kreisky, funcionarios austriacos bloquearon el aeropuerto y se negaron a responder a las demandas de los secuestradores. Las negociaciones con los terroristas continuaron, y los austriacos les ofrecieron un avión con la condición de que liberen a todos los rehenes ; los terroristas rechazaron la propuesta.

Más horas pasaron. Cuando los terroristas de nuevo amenazaron con asesinar a los rehenes, Kreisky acordó cerrar el campamento de tránsito Schoenau y proporcionarles una avioneta para su vuelo a Libia.

Tras el incidente, en una conferencia de prensa celebrada en Trípoli el 30 de septiembre, los terroristas dijeron que su plan original era mantener a los pasajeros de diferentes nacionalidades como rehenes y matar a los Judios inmigrar. Sin embargo, la composición de las personas en el tren era diferente de lo que esperaban. También indicaron que desde que el tren no se detuvo en la frontera con Austria durante diez minutos como estaba previsto, comenzaron la operación antes de lo previsto. Sin embargo, más tarde, se contradecían sus declaraciones afirmando que habían decidido no matar a los Judios. A pesar de que podría haber pasado por la muerte, querían que el mundo vea que no eran terroristas y asesinos de mujeres y niños, como " propaganda sionista " los había representado, sino más bien, que querían convencer al mundo de la justicia en su causar.

Los dos terroristas también revelaron que la organización planeó la operación hasta el más mínimo detalle para que su destino no sería lo mismo que sus colegas de Múnich (en referencia a la masacre de Múnich a los Juegos Olímpicos de 1972, cuando tanto los terroristas y rehenes fueron asesinados ). Si Austria se negó a cumplir con su demanda y les hizo daño, Como Sa'iqa hubiera llevado a cabo una serie de huelgas, la voladura de tres embajadas de Austria y dos aviones Austrian Airlines.


La Organización palestino-siria
El grupo que perpetró el ataque, que se hace llamar "Águilas de la revolución palestina", era en realidad la organización terrorista palestina pro sirio Como Sa'iqa (la "tormenta " o "trueno" en árabe). El Partido Baaz sirio establecido como Sa'iqa en septiembre de 1966, y activa por primera vez la organización en diciembre de 1966 cuando trataba de encontrar una alternativa a Yasser Arafat, que había llegado al poder en la organización Fatah y fue de lo más destacado de los palestinos líder.

El Partido Baaz también empleó Como Sa'iqa en lucha por el poder del presidente Salah Jadid contra su ambicioso ministro de Defensa, Hafez al- Assad. En el noviembre 1970 "Revolución Correctiva " (esencialmente un golpe de Estado ), Assad llegó al poder y sus partidarios sustituyó Como el liderazgo de Sa'iqa. Utilizaron la organización para representar y promover los intereses sirios dentro de la OLP. Mientras que la relación íntima entre la organización y sus patrocinadores sirios impidió la organización de ganar popularidad en Judea, Samaria y Gaza, se convirtió en una fuerza importante en los campos de refugiados palestinos en Siria y Líbano. Con una combinación de socialismo y nacionalismo pan-árabe, como Outlook político de Sa'iqa era idéntica a la del Partido Baas gobernante en Siria. Con los años, la organización defendía una línea dura contra Israel, de acuerdo con la política de sus patrocinadores.


 


Una operación Diversionario?
Fue el ataque de una maniobra de distracción premeditada antes de la Guerra de Yom Kipur? Desde Como Sa'iqa estaba bajo la estrecha supervisión de las fuerzas de seguridad sirias, parece poco probable que se inició un ataque terrorista en el ámbito internacional, sin el conocimiento y consentimiento del gobierno sirio, sobre todo si se consideran las ramificaciones internacionales de tal acto.

En una entrevista con un periódico alemán, los dos terroristas declararon que conocían la guerra estaba a punto de entrar en erupción, y que la operación era parte de los preparativos de la guerra. Sin embargo, la controversia aún rodea la cuestión de si el ataque 28 de septiembre fue parte de un plan de engaño grand por Siria, o de que su tiempo era pura coincidencia.

Treinta y ocho años después de los hechos, se puede asumir que los sirios se dieron cuenta de que Israel percibe un ataque terrorista en Austria como una provocación flagrante y probablemente responderá militarmente contra los responsables del mismo. El miedo a las represalias de Israel estaba destinado a justificar la movilización de Siria y de la concentración de fuerzas en los Altos del Golán, y así ocultar la verdadera razón detrás de su actividad militar intensificada en la zona en disputa.

En segundo lugar, y tal vez la razón principal de la operación, el ataque terrorista ocupó el liderazgo político y militar de Israel durante los cinco días críticos antes de la guerra y desvió la atención de la verdadera amenaza.

El gobierno israelí estaba furioso con Austria por ceder a las demandas de los terroristas, estableciendo un peligroso precedente internacional, el cierre del campo de tránsito Schoenau, y bloqueando así el conducto para Judios que salen de la Unión Soviética a Israel. Primer Ministro Golda Meir fue en Estrasburgo en 02 de octubre 1973 de pronunciar un discurso ante el Parlamento Europeo.

Tras el ataque y tras el cumplimiento de Austria, sede del primer ministro Meir cambió el texto de su discurso de Estrasburgo a: " Los países de Europa deben decidir cómo van a actuar. Para todo aquel que vela por el cumplimiento de la ley, declaro, sólo hay una solución, no para hacer tratos con los terroristas, por no tener ningún contacto con organizaciones terroristas. Cualquier gobierno que opta por negociar con estos asesinos lo hace únicamente de su responsabilidad. En Viena - un gobierno de un gobierno democrático europeo, llegó a un acuerdo con los terroristas, y al hacerlo, ha traído la vergüenza y la deshonra sobre sí mismo. Se ha violado un principio básico del Estado de derecho ".

Al término de su discurso, Meir viajó a Viena para una reunión urgente con el canciller Bruno Kreisky (quien era de ascendencia judía). Sentado detrás de un enorme escritorio que sirve como una especie de "barrera de defensa", el canciller recibió Meir en su oficina. El primer ministro israelí, se sentó, y los dos líderes se puso a hablar.

Meir abrió el diálogo : "Desde que los terroristas árabes han fracasado en sus intentos asesinos a traer destrucción y la ruina de Israel, se han convertido recientemente a los actos atroces contra objetivos israelíes y judíos en Europa con la ayuda de los gobiernos árabes. Sé que usted, como un Judio, nunca ha dicho una sola palabra en referencia al estado judío ". Kreisky respondió:" Eso es verdad. Nunca he ocultado mi convicción de que el sionismo no es la solución al problema judío, no importa lo que digan ".

Meir respondió diplomáticamente : "Por tanto, más aún, le debemos mucho a su gobierno por todo lo que ha hecho en la transferencia de miles de Judios Soviética a través de Austria y Schoenau a Israel. "

"Pero el campo de tránsito Schoenau ha sido un problema para nosotros durante bastante tiempo", señaló Kreisky rígidamente.

" ¿Qué clase de problema? "

"En primer lugar, siempre fue un objetivo prioritario para un ataque terrorista... "

Meir lo interrumpió, y con un tono de reproche disimulado dijo : "señor Kreisky, si cierra Schoenau, esto nunca terminará. Dondequiera Judios se congregan en Europa en tránsito hacia Israel, los terroristas se mantienen durante un rescate ".

" Sí, pero ¿por qué Austria tiene que llevar esta carga solo? " Kreisky contrarrestado. "¿Por qué no otros?"

" ¿Como quién? " Preguntó Meir.

"Al igual que los holandeses. Fly los inmigrantes a Holanda. Después de todo, los holandeses que representan en Rusia. " [ Esto era cierto. Después de los rusos rompieron sus relaciones diplomáticas con Israel durante la Guerra de los Seis Días, la Embajada de Holanda en Moscú representaba los intereses de Israel en la Unión Soviética. ]

" Estoy seguro de que los holandeses estarían de acuerdo para compartir la carga, si pudieran ", dijo Meir materia de manera casual, en un intento de bajar el tono de la discusión. " Pero no pueden. No dependen de ellos ; depende totalmente de los rusos y los rusos dejó en claro que no iban a permitir que Judios para volar desde Moscú. Si aceptaban, nos volar directamente a Israel. La única manera de que puedan salir es en tren, y el único país que ha estado dispuesto a dejarlos pasar a través de es tuyo ".

Kreisky respondió : "Señora Meir, es el deber humanitario de Austria para ayudar a los refugiados de cualquier país, pero no cuando se pone a Austria en la línea de peligro. Nunca voy a ser responsable de derramamiento de sangre en suelo austriaco ".

" ¿Y no es una obligación humanitaria no rendirse ante el chantaje terrorista, Herr canciller ", preguntó a Meir deliberadamente.

"Austria es un país pequeño. No es una superpotencia. Los países pequeños no tienen muchas opciones cuando están siendo chantajeados por los terroristas ".

" No estoy de acuerdo ", Meir respondió airadamente. "No podemos permitir que nos hacen tratos con los terroristas en cualquier circunstancia. Su acción sólo animará a nuevos actos de toma de rehenes. Usted ha traicionado a los inmigrantes judíos ".

La frente de Kreisky frunció sombríamente. " No puedo aceptar este tipo de lenguaje, la señora Meir, yo puedo... "

" Has abierto la puerta al terrorismo, Herr canciller, " Meir replicó. " Has traído un renovado vergüenza en Austria. Acabo de llegar del Consejo Europeo. Cada uno de los miembros, condenó la acción. Sólo el mundo árabe te ve como un héroe ".

" Si es así, entonces no puedo hacer nada al respecto ", dijo Kreisky indiferencia creciente incómodamente reticente. Luego, con un gesto implícito de sus hombros dijo: "Tú y yo pertenecemos a mundos diferentes. "

" Eso es cierto, señor Kreisky ", dijo Meir en voz temblando de cansancio judía falsa. "Voy a renunciar al placer de una conferencia de prensa. No tengo nada que decirles. Me voy a casa ". Luego salió por la puerta de atrás.

Cinco horas más tarde, de pie ante los medios de comunicación de Israel en el aeropuerto Ben Gurion, Meir habló con la prensa, afirmando que "la mejor manera de resumir el espíritu de mi tête - à- tête con la canciller Kreisky es: ni siquiera me ofrecen un vaso de agua. "

Mientras que casi toda la energía de Meir se concentró en la cuestión de Austria, Egipto y Siria se encontraban en las últimas etapas de la preparación de su ataque combinado. El 6 de octubre de 1973, a las 14:05, fue despedido de la ronda de apertura de la Guerra de Yom Kippur.

La Inteligencia Blunder
Después del ataque terrorista 1973, Como Sa'iqa cesó su actividad en Austria, sólo reanudar operaciones en Austria y Alemania en 1979 ( las fuerzas de seguridad locales frustraron la mayoría de sus intentos y detuvieron a varios activistas ). Operación más grandiosa de la organización durante este período fue en Turquía, cuando los terroristas entraron en la Embajada de Egipto en Ankara y mantuvieron como rehenes a personal de la embajada.

A cambio de su liberación, los terroristas exigieron que Egipto romper relaciones con Israel. También en este caso, como en otros ataques, medida que las demandas de Sa'iqa expresan la política y los intereses de sus clientes en Damasco.

El campo de tránsito Schoenau fue cerrado, pero la presión que Israel ejerce sobre el canciller austriaco obligó Kreisky para encontrar una solución alternativa. El tránsito de los Judios Soviética a través de Austria se ha renovado después de la guerra. Las operaciones en el campo de tránsito de la Agencia Judía en Schoenau Palacio se hizo cargo de la Asociación Nacional Wöllersdorf de la Cruz Roja de la Baja Austria para los Refugiados.

Este arreglo continuó hasta que el gobierno soviético cerrado las puertas a la inmigración. La decisión de Kreisky para suspender la actividad en Schoenau es considerado el primer caso en que un gobierno europeo accedió a las demandas de los terroristas palestinos.

La pregunta sigue siendo: ¿se puede determinar con absoluta certeza, que el ataque terrorista en Austria era parte de un plan maestro de Siria para cubrir sus preparativos para el ataque por sorpresa en la Guerra de Yom Kipur?

Tal vez las deficiencias de inteligencia antes de la guerra de Israel eran tan grandes que los sirios no era necesario pasar por tantos problemas para ocultar sus preparativos, ya que la inteligencia israelí, de todos modos flagrantemente ignoró las numerosas indicaciones de la inminente catástrofe.


Fotos : Judios soviéticos en una estación de tren en Viena ; Golda Meir y Bruno Kreiski, 2 de octubre de 1973; Fotos cortesía del Archivo Sionista Central


Israel Defense Force Blog

miércoles, 5 de febrero de 2014

Guerra contra la Subversión: La "noche de los jóvenes terroristas"

LA MENTIRA DE LA NOCHE DE LOS LAPICES 
de Nuestra Historia, 

“La noche de los lápices”, dogma setentista ineludiblemente conmemorado en los ámbitos educativos año tras año, es dable entonces efectuar un riguroso análisis que al tiempo que nos aleje de la estrafalaria historieta, nos aproxime a la verdad histórica. 

En efecto, el mito de un simpático grupo de inquietos adolescentes que bregaban por una inocente y solidaria rebaja del boleto estudiantil, siendo sus travesuras más osadas dejarse el pelo largo y pronunciar consignas a favor de los pobres. 

Por estas y no otras razones, los intolerantes militares los secuestraron, torturaron y por último los mataron a todos menos a uno de ellos, Pablo Díaz, quien sobrevivió para luego contarnos a nosotros lo presuntamente ocurrido. Con este maniqueísmo desmesurado y rayano en lo grotesco, el filme de Olivera se constituyó en un clásico del cine argentino, sin que prácticamente nadie se atreviera a contrastarlo. 

Vale destacar que el peso específico del mito de tal envergadura, que además de proyectarse la cinta de La noche de los lápices en todos los institutos educativos todos los 16 de septiembre (día en que hipotéticamente sucedieron estos hechos), increíblemente la legislación nos impone: “Instrúyase en la provincia de Buenos Aires el 16 de septiembre de 1976 como día de los derechos del estudiante Secundario”. 
Asimismo para esta fecha los alumnos deberán practicar con sus profesores extensos “debates” (que de debates no tienen nada puesto que hay un discurso único e incuestionable) y charlas referidas al acontecimiento. Inclusive existe una canción alusiva compuesta por el cantautor canario Rogelio Botanz, que entre otros desvaríos dice: “Desde entonces, saco punta a la memoria, con crayones, a colores, te dibujo una canción, que es un corazón con su flechita y Claudia y Pablo, a cada lado, para siempre un mismo amor. Claudia, sabrás… desde entonces San Silvestre es el patrón de recordar y cada noche de los lápices escribe una vez más en la cola de un cometa: ‘¿DONDE ESTÁN?’”. No debiera extrañarnos si el extravagante “Piti” Álvarez o los rústicos “Pibes Chorros” en su próximo single lucran también con la memoria de “los chicos de la noche de los lápices”. ¡El setentismo es un mercado de infinitas posibilidades! 

Empero, lo cierto es que la versión oficial de La noche de los lápices se asemeja más a una novela del galán Pablo Echarri que a un suceso histórico. En rigor, al parecer ni Pablo Díaz fue el único sobreviviente, ni el grupo de estudiantes que fueran detenidos por las fuerzas del orden eran muchachos inofensivos que tan sólo pedían una rebaja en el boleto estudiantil. 

Miles y miles de jóvenes participaron de aquellas manifestaciones que tuvieron lugar un año antes de las detenciones (en 1975), por lo que resulta absurdo creer que las Fuerzas Armadas y sus aceitados aparatos de inteligencia hayan podido detectar a tan sólo diez de ellos y con un año de dilación. Entonces es dable preguntarse: ¿Por qué algunos fueron detenidos y otros no? ¿La lucha por el boleto estudiantil, como reza el mito, fue la causa del trágico destino de estos jóvenes? 

Con destacable honestidad y efectuando un homenaje respetuoso a su hermana caída en la guerra revolucionaria, más precisamente en el hecho que estamos analizando, el ex montonero Jorge Falcone (hermano de María Claudia, la co-protagonista del filme), señala que: “Mi hermana no era una chica ingenua que peleaba por el boleto estudiantil. Ella era toda una militante convencida […]. Ni María Claudia ni yo militábamos por moda. Nuestra casa fue una escuela de lucha. […] La construcción ideológica de María Falcone y de quien les habla no fue libresca. […] Nadie nos usó ni nadie nos pagó. No fuimos perejiles como dice la película de Héctor Olivera…fuimos a la conquista de la vida o la muerte”. 
Dejando constancia de las razones reales de la detención de su hermana, Jorge Falcone agrega que “en el departamento donde cayó mi hermana se guardaba el arsenal de la UES de La Plata. Mi hermana no cayó solamente por el boleto secundario… La compañera María Clara era su responsable. No se agarraron a los tiros con el pelotón que las fue a buscar por no hacer mierda a los vecinos en un edificio de departamentos. No porque no querían o no podían”. 

El ex guerrillero adiciona también una anécdota importante sobre el estreno del falsario filme: “Cuando se dio la película, yo fui llevado en andas con Pablo Díaz, el sobreviviente, del cine al Obelisco. Allí dije que mi hermana estaba en la clandestinidad con documento trucho, que respondía a una orgánica nacional revolucionaria. Eso puso a todos nerviosos. No querían escuchar esas cosas”. Finalmente, por si dudas quedaran, Falcone sentencia: “Mi hermana no era una Caperucita Roja a la que se tragó el lobo […]. Era una militante revolucionaria. […] Era miliciana. El miliciano era un tipo que podía revolear una molotov en un acto relámpago… También podían hacer una acción de apoyo a un acto militar de mayor envergadura”. Y al respecto, ejemplifica: “Como cuando participamos en una serie de actos relámpago que sirvieron de cerco (nos enteramos después) en agosto del `75 para el hundimiento de la Fragata Santísima Trinidad”. ¿No sería más lógico pensar que Claudia pudo haber sido detenida por haber participado de este atentado terrorista y por poseer en su hogar un arsenal de guerra de la UES en lugar de ser perseguida por una insulsa manifestación estudiantil? 

El 15 de septiembre de 1998 el diario de tendencia marxista Página 12 sorprendía a todos haciendo un reportaje a Emilce Moler, una de las “jóvenes sensibles” vinculadas a los sucesos de La noche de los lápices. La nota fue relevante principalmente porque quedaba en evidencia la falacia de que Pablo Díaz era el único sobreviviente, puesto que Moler dejaba constancia de que Gustavo Calloti (otro de los involucrados) vive en Francia y otra joven también protagonista del hecho, Patricia Miranda, en La Plata. 

Por otro lado, la reporteada explicaba que “no fue exclusivamente la lucha por el boleto, eso era un objetivo superfluo que fue utilizado buscando reivindicar la militancia. […] No creo que a mí me detuvieran por el boleto. La lucha fue en el año 75, además no secuestraron a miles de estudiantes que participaban en ella”. 

En otro medio gráfico, Moler denuncia que “en la sociedad quedó instalado que había sido la marcha por el boleto estudiantil, pero el problema era que militábamos y con eso relaciono nuestra detención”. 
Es necesario destacar que cuando la entrevistada habla de militar, se refiere a militancia en la UES, es decir, en una fachada del terrorismo montonero. Prosigue Moler: “El boleto había sido un motivo claro para organizarnos, pero ocurrió en el `75. Fue mucho antes de nuestras detenciones”. Sobre la cantidad de sobrevivientes, expresa contundente: “Siempre fui fiel al relato de que éramos cuatro los sobrevivientes”. En lo que respecta al supuesto único sobreviviente Pablo Díaz, presentado en el embustero filme como un cariñoso adolescente de inmaculados sentimientos, en rigor de verdad formaba parte del aparato terrorista del PRT-ERP, ya que “militaba en el Frente Estudiantil de la subversión de la JG (Juventud Guevarista), rama que englobaba activistas del PRT-ERP inscriptos en institutos educacionales, de donde se extrajeron primordialmente renovadas camadas terroristas. 

Fue de esa militancia castro-guevarista (es decir marxista-leninista) nunca desmentida y ahora reafirmada por el propio interesado, que el casi veinteañero Díaz (un poco grande para estudiante secundario) resultó detenido entre 1976 y 1980”. Algunos años después, y ya siendo no tan joven, “Pablo Alejandro Díaz hizo conocer su filiación al grupo terrorista MTP (Movimiento Todos por la Patria), prolongación del ERP, comandado por el asesino Enrique Gorriarán Merlo, que en 1989 asesinara a diez soldados e hiriera y mutilara a otros sesenta durante el ataque terrorista al Regimiento 3 de Infantería Mecanizado ‘General Belgrano, en La Tablada”. 

Las pruebas están a la vista y son brindadas por los propios protagonistas del difundido suceso: la historia oficial de La noche de los lápices no es más que una patraña, una total y completa ficción. En efecto, miente cuando dice que hubo un solo sobreviviente, dado que cuatro de los implicados, para la dicha popular, viven según quedó documentado; y miente cuando sostiene que fueron perseguidos tan sólo por “bregar por el boleto estudiantil”, cuando sus propios protagonistas afirman lo contrario: fueron detenidos por formar parte de estructuras vinculadas al terrorismo subversivo. 

A efectos de evitar malas interpretaciones por parte del lector, vale aclarar que los métodos para combatir al terrorismo fueron insitadosn por el peronismo en democracia (con la Triple A primero y con los decretos de aniquilamiento después) y que continuaron empleando las Fuerzas Armadas luego de marzo de 1976. 

La falaz versión oficial de “La noche de los lápices”, lejos de ser un aporte a la memoria de los caídos en el acontecimiento, no constituye más que una grotesca burla y rotunda falta de respeto (SEGÚN ALLEGADOS A LOS PROPIOS PROTAGONISTAS) contra estos jóvenes combatientes que cayeron en la guerra revolucionaria que sus organizaciones guerrilleras le declararon al pueblo argentino en los años `70. 

Por VERONIKA SHEEHAN 
Licenciada en Historia Militar 
Analista de Política Exterior y Magister en Defensa y Derecho Internacional. 
Encabeza las causas de La Tablada y Malvinas.