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domingo, 30 de julio de 2017

Biografía: Una escocesa veterana que vive en Argentina

Nació en Escocia, peleó en la Segunda Guerra, y a los 97 años vive en Martínez
Mary Chapman fue criptógrafa y participó como apoyo terrestre del desembarco de Normandía; llegó al país hace 70 años
Diego Castells | LA NACION



Mary Chapman. Foto: LA NACION / Santiago Filipuzzi

Mary Chapman lleva 70 años en la Argentina, lo que se dice toda una vida. Llegó unos pocos meses después del final de la Segunda Guerra, con un contrato de tres años del Frigorífico Anglo, y nunca más se fue. De sus primeros 28 años, que transcurrieron entre Escocia, Inglaterra y los Estados Unidos, guarda las experiencias singulares de quien vivió y protagonizó la guerra. "Recién ahora puedo contar algunas de estas cosas. Hasta entrados los años 80, no podía porque estaba bajo un acuerdo de confidencialidad, según el cual si hablabas te podían fusilar", contará más tarde, sin eufemismos ni rodeos. El pacto de silencio se debió a que luego de ingresar a las fuerzas armadas británicas, la joven Chapman realizó tareas de cifrado y encriptación al servicio de su majestad.


Chapman recuerda el día que se presentó al examen para la Escuela de Código por voluntad propia: "Había un sargento mayor que por su alto rango llevaba una de esas varas, y que mientras se paseaba por la sala, amedrentaba a los aspirantes: "Algunos de ustedes están aquí porque fueron elegidos, pero otros están porque los echaron de donde estaban porque son una peste: y no crean que no me voy a dar cuenta la diferencia entre unos y otros".

La escena parece salida de la película Enigma, en la que Benedict Cumberbatch encarna a Alan Turing, el matemático que encabezó los esfuerzos de la inteligencia británica para lograr descifrar el código utilizado por la Alemania nazi en sus comunicaciones. "Nunca estuve en la academia Bletchley, donde estuvo Turing; eso estaba reservado para los hijos de los almirantes y oficiales, ¡para la crème de la crème!", relata Chapman, que reconoce sus orígenes humildes. "Bletchley fue un proyecto de Winston Churchill para contar con inteligencia directamente, sin tener que pasar por las fuerzas", comenta, y agrega que lamenta "lo que le hicieron a Turing ", en referencia al encarcelamiento y ostracismo que le impusieron en la época -y que lo llevó al suicidio-, por ser homosexual. "Claro, en aquel entonces estaba prohibido, pero ahora ya no", reflexiona con gravedad.

Pescado y avena

A sus 97 años, Chapman transmite una vitalidad que atribuye al mantenerse activa y a su "dieta escocesa" de pescado y porridge, crema de avena. "La gente se sorprende cuando les digo mi edad, porque no soy como la mayoría de mis pares. Hay que mantenerse y hacer ejercicio; además, hago las palabras cruzadas y leo mucho. No son todos grandes libros que aporten gran conocimiento, pero son murder mysteries", cuenta acerca de un pasatiempo, la lectura de novelas de misterio, que revela una fibra característicamente británica.

Chapman nació en en 1919 en Falkirk, una ciudad al norte de Edimburgo y Glasgow, por lo que conserva aún un marcado acento escocés. Acerca de su país natal, y los recientes plebiscitos sobre su posible secesión de Gran Bretaña y la Unión Europea, comenta: "¡Escocia es más pequeña que la provincia de Buenos Aires! No le conviene separarse, porque el petróleo se le va a acabar: ¿y entonces? Hasta la guerra no había nada de industria al norte de Stirling; sólo había pesca y agricultura", recuerda de la ciudad más importante del condado de Stirlingshire, el umbral de las míticas Highlands.


Mary Chapman. Foto: LA NACION / Santiago Filipuzzi

De las letrinas al Día D

Su trato es cordial, pero mantiene cierto gesto adusto que remite a su etapa militar, entre 1942 y 1946. "Teníamos seis semanas de entrenamiento básico, en el que te enseñaban a marchar: left, right, left, right. hurry up, hurry up", repite con voz impostada. "Allí conocí a todo tipo de gente, y por algún motivo pensaron que yo era lista; y yo nunca había pensado que fuera lista antes", recuerda.

"Me pusieron a cargo de las tareas de la barraca y le tenía que decir a todos lo que tenían que hacer. Como no estaba acostumbrada a dar órdenes, me quedaba con las peores tareas, como limpiar las letrinas. Y para mí era importante hacer las cosas bien; tal es así que un día me quedé limpiando y cuando salí, el pelotón ya se había ido. No supe qué hacer y me quedé ahí sentada hasta que pasó un oficial y me gritó: "¿qué pensás que está haciendo ahí?", y me ordenó que lo siguiera", cuenta, y reflexiona que allí aprendió a pasar desapercibida y no presentarse para los trabajos más desagradables.

"Estuve por toda Escocia e Inglaterra. Me llamaron en el '42 y me dieron de baja en el '46, cuando regresé de los Estados Unidos", donde pasó el final de la Guerra, trabajando para el ejército inglés en Washington D.C. "Allí trabajé en cuestiones de préstamos y deudas que había entre los dos países. Al final, no les pudimos pagar toda la deuda, porque cuando Estados Unidos entró en la guerra, nosotros ya llevábamos tres años", comenta.

Aún recuerda las adversidades climáticas y el cruento desenlace del Día D, el 6 de junio de 1944, cuando las tropas aliadas desembarcaron en las playas del norte de Europa: "Estaba en el comando escocés y nuestra tarea era ir de acá para allá en camiones y enviar mensajes falsos a regimientos que en realidad no existían, para engañar a los alemanes. No creo que los alemanes fueran tan estúpidos -comenta, y se ríe-, pero eran mensajes en código cifrado", señala. Los aliados esperaban avanzar con mayor facilidad, pero se encontraron con que el ejército alemán los esperaba en todos los puertos: "A pesar de las maniobras de distracción, hubo varios pelotones que sufrieron muchísimas bajas, y algunos quedaron aislados, como antes en Dunkerke, lo cual fue terrible".


Mary Chapman. Foto: LA NACION / Santiago Filipuzzi

Normandía, Washington, Temperley, Martínez

Antes de vivir en un acogedor departamento del centro de Martínez, vivió durante muchos años en Temperley, donde formó parte del comité de la British Legion, por haber pertenecido a las fuerzas británicas. "Ellos ya levantaron campamento, porque todos se murieron. Solo quedamos un puñado vivos, porque la guerra fue hace mucho tiempo. Dicho sea de paso,la colectividad que decidió ir a pelear desde la Argentina fue la más grande de las de fuera del Commonwealth. Fue mucha gente, algunos eran ingleses y otros no", rememora. Fue también secretaria del British Council durante varios años.

A lo largo de la conversación, Chapman comparte recuerdos lejanos: el encanto incomparable de la vieja Edimburgo; el respeto que siente por el pueblo alemán; sus viajes de ida y vuelta a los Estados Unidos en el Queen Mary y el Queen Elizabeth: "No eran cruceros de lujo; ¡eran barcos para las tropas! Eran viajes que duraban 6 o 7 días, porque íbamos en zigzag para esquivar los submarinos alemanes". Y recuerda cuando asistía a los servicios del Día del Armisticio y recitaba el poema que Laurence Binyon escribió como homenaje para los caídos durante la Primera Guerra Mundial:"No envejecerán, como nosotros los que quedamos..."

lunes, 19 de septiembre de 2016

SGM: Operación Cobra (1944)

Normandía: Ruptura y el contraataque de julio-agosto de 1944 
Parte I 

Bajo el plan de Overlord, los Aliados tenían la esperanza de mantener todas las de Normandía al oeste del río Sena y la Bretaña dentro de los noventa días de la invasión, pero, a partir del 25 de julio, estaban muy por debajo de ese objetivo. Dadas las condiciones de Cherbourg y la falta de otros puertos importantes en la cabeza de playa, la posesión de los puertos bretones les pareció clave para la acumulación de recursos en curso. Aunque la capacidad de las playas de invasión había superado las expectativas, una gran tormenta había causado estragos en las operaciones buque-tierra a finales de junio, subrayando el riesgo de confiar en exceso de la playa de alimentación durante demasiado tiempo. Dentro del alojamiento relativamente estrecho, el millón de soldados de infantería estadounidenses, incluyendo trece divisiones de infantería y cuatro blindadas con sus equipos y suministros, se encontraban con graves problemas de congestión, y existía una grave escasez de munición de artillería. Sin embargo, la resistencia enemiga no mostró signos de debilitamiento en el campo de batalla.

En realidad, la situación del enemigo se estaba deteriorando, ya que los altos mandos aliados sabían de intercepciones ULTRA de tráfico de radio alemana. Desde el día D, los alemanes habían perdido 250 tanques, 200 cañones de asalto y antitanques, y más de 200.000 hombres en Normandía. Algunos de los hombres y equipo perdidos podrían ser reemplazado rápidamente. Tampoco podían los alemanes que coincida con la acumulación de los aliados en la gasolina, municiones y otros pertrechos, y la Fuerza Aérea alemana, la famosa Luftwaffe, se había vuelto casi invisible. Por último, el malestar se había sacudido el Alto Mando Alemán. El Mariscal de Campo Gerd von Rundstedt, el capaz comandante del teatro, ya había renunciado, y el carismático mariscal de campo Erwin Rommel, jefe del Grupo de Ejércitos B, había sido gravemente herido cuando su coche fue ametrallado por un avión aliado. Habiendo sobrevivido por muy poco a un intento de golpe de Estado el 20 de julio, Adolf Hitler ordenó al sucesor de Rundstedt, el mariscal de campo Günther von Kluge, de mantenerse firme, y Kluge había hecho todo lo posible para reforzar sus líneas, especialmente en la zona de Caen. Hitler quería seguir para aprovechar el favorable terreno defensivo en Normandía y evitar un retroceso desalentador en un área con pocas posiciones defendibles. Sin embargo, como Kluge sabía muy bien, que sus tropas se enfrentaban a una situación grave en el caso de un gran avance, porque no podían coincidir con la movilidad de los aliados. Él y su jefe subordinado General Heinrich Eberbach, cuyo Grupo Panzer Oeste enfrentaba a los británicos, y el general Paul Hausser, cuya séptimo Ejército enfrentaba a los estadounidenses-sólo podían esperar que los aliados finalmente comienzan a debilitarse frente a la terca defensa alemana.




Operaciones
En el camión de mando y una tienda de campaña junto al Cuartel General del Primer Ejército, los generales Bradley y Collins delinearon límites, fijaron objetivos, asignaron tropas, y prepararon un plan para romper las defensas alemanas. Los aliados ya habían considerado desembarco aéreos o anfibios en Bretaña, pero habían rechazado la idea por ser demasiadas arriesgadas y una distracción de los esfuerzos principales. En cambio, Bradley dirigió a la operación Cobra, un gran impulso al sur por la VII Cuerpo de Collins en el centro americano inmediatamente después de un pesado bombardeo aéreo para destruir las defensas alemanas. Utilizando la carretera de Periers-St. Lo como punto de partida, las divisiones de infantería 83ra y novena en el oeste, la 4ta división de infantería en el centro, y la 30a División de Infantería, en el este sellarían los flancos de penetración. Después de eso, la primera división de infantería motorizada, con un comando de combate adjunto de la 3ra División Blindada, entonces conducirían cuatro millas al sur a través de la penetración de Marigny y luego girar hacia el oeste a diez millas al Coutances, cortando la mayoría de los alemanes del LXXXIV Cuerpo. El 3ro Blindado guardaría el flanco sur de esta unidad, mientras que la 2da División Acorazada, después de explotar a través de la brecha, se establecería más posiciones de bloqueo hacia el sureste. Más al este, el XIX Cuerpo, bajo el mando de Corlett, y el V Cuerpo, bajo el mando de Gerow, pondría en marcha pequeñas ofensivas para atar las fuerzas alemanas en su área y evitar que interfieran con el objetivo principal.



El Primer Ejército se basaba en gran medida de un ataque preliminar de los bombarderos pesados ​​y medianos de la Octava y Novena Fuerza Aéreas para destruir las defensas, interrumpir las comunicaciones y las reservas y reducir la voluntad del enemigo para combatir. A pesar de los "pesos pesados" por lo general no cumplían un papel táctico, Bradley quería la fuerza abrumadora que podrían ofrecer, y el 19 de julio viajó a Gran Bretaña para trabajar en los detalles con los jefes del aire. Para proporcionar un margen de seguridad, los generales reunidos coincidieron en que las tropas de tierra, justo antes de los ataques aéreos, se retirarían unos 1.200 metros de sus posiciones a lo largo de la carretera Periers-St. Lo, lo que representa una línea divisoria entre amigos y enemigos. No estaban de acuerdo, sin embargo, de la ruta de ataque que el avión iban a utilizar. Los jefes del aire quería un acercamiento perpendicular, menos expuestos al fuego antiaéreo y más capaz de golpear simultáneamente todos los objetivos en el área objetivo. Bradley, sin embargo, partidario de un enfoque paralelo para minimizar el peligro de que las bombas golpearan accidentalmente a sus tropas. Ambas partes aparentemente pensaron que el otro había aceptado sus puntos de vista, un malentendido que podría tener consecuencias nefastas.

Mientras que los generales conferenciaban, a sus subordinados estaban haciendo sus propios preparativos para el próximo ataque. Después de más de un mes en los setos, las tropas estadounidenses se habían vuelto más agresivas, más inteligentes en combate, y hábiles en el uso de armas combinadas. Un sargento de caballería, usando acero de obstáculos de la playa alemanes, soldó dientes en la nariz de un tanque, lo que permitió al tanque "rinoceronte" arar directamente a través de un seto en lugar de subir el terraplén y por lo tanto exponer su punto vulnerable a las armas anti-tanque alemanes. Un impresionado Bradley dirigió la instalación del dispositivo en los tanques como sea posible antes de COBRA. Los soldados y pilotos estadounidenses también estaban trabajando para mejorar la coordinación y comunicación entre la infantería, tanques y aviones. El general de división Elwood R. Quesada, el afable jefe del IX Comando Aéreo Táctico, que prestó apoyo aéreo cercano al Primer Ejército, había tomado un interés personal en el apoyo aéreo de las tropas de tierra. Alentó a la estrecha cooperación entre su personal y de Bradley, experimentó con un mayor cargas de bombas por sus cazabombarderos y posición algunos aeródromos más cerca a hasta 400 metros detrás de las líneas del frente. A sugerencia de Quesada, Primer Ejército tuvo su instalación de radios de alta frecuencia de las Fuerzas Aéreas en las unidades blindadas en los tanques seleccionados, lo que permitió el contacto directo entre los equipos de tanques y aviones que lo sobrevolaban.



A pesar del progreso general, la cooperación aire-tierra en el inicio de la Operación Cobra demostró trágicamente insuficiente. Tras una espera de una semana de duración que el tiempo claro, seis grupos de caza-bombarderos y tres divisiones de bombardeo pesados ​​despegaron de bases en Gran Bretaña en la mañana del 24 de julio. Densas nubes sobre la zona objetivo hicieron que el comandante de la aviación aliada, Mariscal del Aire Sir Trafford Leigh-Mallory, cancelara el ataque, pero la palabra no llegó a los pesados B-17 y B-24s. Al acercarse a la perpendicular a la parte delantera, más de 300 aviones soltaron cerca de 700 toneladas de bombas. Algunas de las bombas cayeron en la 30a División de Infantería dado que un mecanismo de liberación defectuosa causó que un bombardero abandonara su carga antes de tiempo. El resultado de 150 víctimas sorprendió y enfureció a Bradley y sus generales, pero, no queriendo dar a los alemanes alertaron a todo momento para responder, aprobaron un ataque para el día siguiente con sólo unos pocos cambios en los procedimientos. Una vez más, el desastre. Los 1.500 bombarderos pesados, 380 bombarderos medianos, y 550 cazabombarderos apenas podía ver la carretera de Periers-St. Lo debido al polvo, y bombarderos volvieron a experimentar dificultad en la detección de objetivos y juzgar los puntos de lanzamiento. Los " bombardeos cortos" mataron a 111 soldados estadounidenses, incluido el jefe de visitas de la Fuerza Terrestre del Ejército, teniente general Lesley J. McNair, quien había hecho tanto para organizar y entrenar al Ejército antes de su despliegue en el extranjero.



Aturdido por los bombardeos en corto, las tropas estadounidenses avanzaron inicialmente poco. La unidad más occidental en el ataque, la 330a de Infantería y la 83ra División de Infantería, se encontraron con la feroz oposición de paracaidistas alemanes atrincherados en los setos. En el centro, a pesar de los bombardeos de saturación, grupos dispersos de soldados enemigos lucharon firmemente contra la 9na división de infantería, y el regimiento líder de la 4ta División de Infantería encontró su avance retrasado por los defensores de los alemanes en un huerto. Al este, la 30a División de Infantería se recuperó lo suficiente de los bombardeos cortos para avanzar una milla de la ciudad de Hebecrevon. Sin embargo, el progreso general hacia el final del primer día fue decepcionante, con los comandantes de tierra que muchos creyendo que los ataques aéreos habían hecho tanto daño a sus propios soldados como al enemigo. En el cuartel general del VII Cuerpo, Collins se enfrentó a una decisión de si debía o no comprometer a su fuerza de la explotación. Si existía una penetración, no le gustaría para dar tiempo a los alemanes a recuperarse. Si la línea alemana se mantenía intacta, sin embargo, el compromiso de su blindados y de infantería motorizada, sería prematuro, crear congestión y confusión, y dejar a los estadounidenses para abrir un contragolpe. Tomando nota de la ausencia de coordinación en la defensa alemana, decidió apostar. En la tarde del 25 de julio, Collins dirigió a sus reservas mecanizadas para atacar a la mañana siguiente.

Había tomado la decisión correcta. A medida que la infantería y blindados estadounidenses avanzaban en la mañana del 26 de julio, la extensión del daño a los alemanes se hizo evidente. Los ataques aéreos habían desmoralizado a fondo varias unidades y así interrumpido las comunicaciones con lo que el alto mando alemán carecía de una idea clara de la situación. En el centro de la penetración, la Panzer Lehr Division había dejado de existir como fuerza de combate. Mientras que la 330o de Infantería siguió encontrando una fuerte resistencia, las Divisiones de Infantería 9, 4 º, y 30 reportaron ganancias impresionantes a través de la mañana del 26, y los blindados americanos se habían movido por el hueco y se dirigían al sur. En Marigny, la 1ª División de Infantería encontraba una dura lucha con la 353ra División de Infantería. En la tarde del 27 de julio, sin embargo, la 1ª División se había despejado la ciudad y, junto con el Comando de Combate B de la 3ra División Blindada, impulsaron cinco millas al oeste hacia Coutances, en un esfuerzo para atrapar a los alemanes del LXXXIV Cuerpo a lo largo de la costa oeste del Cotentin. El resto de la 3ra de Blindados logró empujar al sur y al oeste a través de cráteres de bombas, vehículos destrozados, y el tráfico para cubrir el flanco de la unidad de la 1ª División, mientras que, en el flanco oriental VII Cuerpo, la 2da División Blindada avanzaron a través de la débil oposición para llegar a sus objetivos COBRA por la mañana del 28 de julio. A pesar de los esfuerzos del VIII Cuerpo de precisar los alemanes en el oeste de Cotentin, la mayoría de LXXXIV Cuerpo escapó de la trampa de encerrona, pero dejaron un gran depósito de equipos.



 A pesar de la fuga del LXXXIV Cuerpo, la magnitud del primer avance del Ejército ha creado oportunidades no previstas en el plan original de COBRA, oportunidades que Bradley se movió rápidamente para explotar. En la noche del 27 de julio, se dirigió el ataque al sur en la dirección de Avranches, la puerta de entrada a Bretaña. Él ordenó a sus jefes de cuerpo de mantener la presión constante, permitiendo que el enemigo no tenga tiempo para reagrupar sus fuerzas. Dado el rápido ritmo de las operaciones, Bradley expresaba sus órdenes en términos bastante generales, especificando únicamente que el XIX Cuerpo de Corlett tomara Vire, una antigua ciudad, fortificada y centro de transporte críticos poco más de veinte kilómetros al sureste de St. Lo.

Fin de la primera parte

American Military History



jueves, 23 de junio de 2016

SGM: Contraataque de Mortain (1944)

Normandía: Ruptura y contraataque de julio-agosto de 1944
Parte II 


Corlett requeriría diez días de duros combates para tomar Vire, pero la dura batalla librada por el XIX Cuerpo liberó a los VII y VIII Cuerpos de explotar el gran avance. Moviéndose al oeste del río Vire y luego en dirección sur hacia Vire, el XIX Cuerpo corrió sobre dos divisiones panzer que Kluge había precipitado en la brecha como el núcleo de una fuerza de contraataque. Para los próximos cuatro días, los dos lados lucharon alrededor de la pequeña ciudad de cruce de Tessy-sur-Vire, que finalmente cayó al Comando de Combate A de la 2ª Blindada el 1 de agosto. Aunque el XIX Cuerpo aún no había llegado Vire, había bloqueado los esfuerzos alemanes para restablecer una línea defensiva. Liberado de la preocupación por su flanco, el VII Cuerpo continuó su viaje al sur, mientras que las divisiones blindadas Cuarta y Sexto del VIII Cuerpo rodaron por la carretera de la costa en Coutances el 28 de julio y luego a la pintoresca ciudad costera de Avranches el 30 de julio. La captura de Avranches abrió el camino para un avance al oeste de la crítica puertos Breton.

En julio se volvió a agosto, los cambios en la estructura de mando estadounidense trajeron una nueva figura dinámica en el escenario. Dominante, a menudo cercano a lo profano, pero también sensible y profundamente religioso, el teniente general George S. Patton, Jr., ya había ganado una reputación como un excelente general de campo, así como a un subordinado a menudo difícil de tratar, en el norte de África y Sicilia. Pocos, si alguno, de los comandantes de la Segunda Guerra Mundial pudo igualar su talento para la guerra de movimientos, su capacidad para captar una oportunidad en una situación que cambia rápidamente, y su impulso implacable, despiadado en la búsqueda y persecución del enemigo. La acumulación y expansión del alojamiento de tropas aliadas habían llegado al punto donde Bradley podría traer al Cuartel General del Tercer Ejército y su líder extravagante en el campo. Él mismo asumió el mando del nuevo 12do Grupo de Ejército, y el teniente general Courtney H. Hodges, un profesional modesto y competente, ocupó su lugar en el Primer Ejército. El Tercer Ejército comandó el VIII Cuerpo y los nuevos XV, XX, y XII Cuerpos, mientras que el Primer Ejército retuvo el control de los V, XIX, y el VII Cuerpos. Aunque la introducción de un grupo del ejército estadounidense se suponía que era seguido por la asunción de mando del conjunto en el campo por el Comandante Supremo, el general Dwight D. Eisenhower difirió este paso hasta que físicamente podría establecer su cuartel general en el continente. Mientras tanto, le permitió a Montgomery para coordinar los dos grupos del ejército en el campo.

Doblando la esquina en Avranches, el Tercer Ejército de Patton corrió hacia el oeste en Bretaña. Hitler había ordenado a sus tropas mantener los puertos "hasta el último hombre", atar a las unidades norteamericanas y mantener los puertos de las manos de los Aliados el mayor tiempo posible. Sin embargo, el desorden alemán permitió a los aliados enviar a el sólo VIII Cuerpo en Bretaña, en lugar de todo el Tercer Ejército planificó anteriormente. Bajo la dirección de Patton, Middleton lanzó la Cuarta División Blindada hacia la Bahía de Quiberon para cortar la península en su base, mientras que la Sexta División Acorazada condujo desde el oeste de Avranches hacia Brest en la punta extrema de la Bretaña, por encima de fuertes a lo largo de la costa, en un esfuerzo para aprovechar el puerto antes de que los alemanes pudieran reaccionar. Ansioso por terminar su trabajo y unirse a la unidad principal hacia el este, el Cuarto Blindado tomó Rennes y rodeó Lorient, en la costa sur de Bretaña. El Sexto Blindado cubrió las 200 millas de Brest, en cinco días, pero los tanquistas encontraron defensas de la ciudad demasiado fuertes para tomar por un movimiento rápido. No fue hasta el 18 de septiembre que las unidades del VIII Cuerpo finalmente se abrieron camino a Brest y forzaron la rendición de la guarnición. Al este, se tomó una lucha accidentada, casa por casa, por la 83ra División de Infantería a ocupar el antiguo puerto bretón de Saint Malo. En el momento en que los puertos bretones quedaron bajo control aliado, las demoliciones habían resultado inútiles, pero los acontecimientos en el este ya los había reducido a menor importancia.

Los aliados se habían movido rápidamente para aprovechar el debilitado flanco oriental alemán de Avranches. El 3 de agosto, Montgomery y Bradley habían decidido enviar un solo cuerpo a Bretaña y el resto a su vez del 12do Grupo de Ejércitos al este en un esfuerzo por destruir el VII Ejército alemán al oeste del río Sena. En el Tercer Ejército de Patton, el general de división del XV Cuerpo Wade H. Haislip, que había estado actuando como un escudo para el VIII Cuerpo se movió en Bretaña, llevó a este a Mayenne, Fougeres, y Laval, dispersó a las pocas unidades alemanas en su camino. Hacia el norte, el Primer Ejército de Hodges se topó con oposición más dura, sobre todo en el V Cuerpo y del XIX Cuerpo enfrentó, donde Gerow y Corlett se encontraban con una tenaz resistencia en su avance hacia Vire. El VII Cuerpo de Collins disfrutó de un camino más fácil al ir a la derecha del Primer Ejército, capturando el centro de la ruta clave de Mortain y el sur de carreras para vincularse con el XV Cuerpo en Mayenne. Las tropas estadounidenses se movían con rapidez, pero Bradley vio con gran preocupación el estrecho pasillo de Mortain-Avranches que conecta su vasta unidades.

El malestar de Bradley estaba fundada. Frente a la posibilidad de elegir entre tratar de reconstruir una línea defensiva en Normandía y la retirada, Hitler optó por la primera alternativa. El 2 de agosto, dirigió Kluge al contraataque de la zona oeste Vire hacia a la mar, cortando el Tercer Ejército y restaurando el frente alemán. Como tantas otras veces ocurrió en la campaña de Normandía, los esfuerzos de Alemania para preparar el golpe se caracterizaron por una falta de coordinación y comunicación, un problema más que aumentar la desconfianza mutua entre Hitler y sus generales después de la intentona golpista de julio. Frente a una situación desesperada, Kluge no dispuso de tiempo para preparar el shock que Hitler tenía en mente, y su acumulación fue apresurada y desarticulada. En el momento en que los alemanes lanzaron su ataque en la oscuridad de la madrugada del 7 de agosto, Kluge había sido capaz de reunir sólo tres divisiones panzer con una cuarta división panzer listos para su explotación, muy lejos del pleno Ejército Panzer que Hitler tenía en mente.

Sin embargo, el ataque dio un montón de problemas para los estadounidenses. Logrando la sorpresa, los alemanes llevaron hasta seis kilómetros en el frente americano, en particular en la zona de Mortain en el 2ª División Panzer SS invadieron las posiciones que acababa de ser ocupada por la División de Infantería 30. A la luz del día, sin embargo, el empuje alemán ya se estaba tambaleando. Desorganizados en el ataque, el 2ª División Panzer SS en el centro había sido capaz de emplear una sola columna en las primeras etapas, y la 116 ª División Panzer en el norte no había atacado en absoluto. En la parte frontal del 2ª División Panzer SS, un batallón de la 30 División dominado el campo de batalla de la Colina 317 a las afueras de Mortain, venciendo a todos los ataques enviados en su contra. Suministrado por lanzamiento aéreos, la unidad retenida durante cuatro días hasta que su relevo, invocando el fuego de artillería en las formaciones alemanas en el área circundante y de ingresos para su división el título "Rock de Mortain." Mientras tanto, como aviones aliados golpeado a los alemanes, Bradley, Hodges, y Collins enviaron la 4ta división de infantería en el flanco norte de la penetración, mientras que las divisiones de infantería blindada 2dª y 35ª golpearon desde el sur. Al caer la tarde, Kluge estaba convencido de que la ofensiva había fracasado, pero en la dirección de Hitler, que siguió presionando el ataque.



La obstinación de Hitler creó una oportunidad de oro para los aliados. Asegurado por el Primer Ejército de Hodges que podría tener a Mortain, Bradley presentó Montgomery con una propuesta el 8 de agosto. Desde el extremo oriental de la media luna, lo que representa el frente aliado, Primer Ejército canadiense había iniciado una ofensiva hacia Falaise, y Bradley propone ahora que el Tercer Ejército de Patton, en el extremo suroeste, conducir a través de la retaguardia alemana de vincularse con los canadienses y los atrapar a los alemanes en el bolsillo de gigante. Mientras que Montgomery había puesto sus ojos en una envoltura más profunda con el Sena, que aceptó el plan de Bradley y dio órdenes para proporcionar un enlace entre los canadienses y los estadounidenses al sur de la ciudad de Argentan. De Le Mans, que había llegado el 8 de agosto, Haislip XV Cuerpo de Ejército se dirigió hacia Argentan. Una brecha de 25 millas se encontraba entre las fuerzas de Haislip y VII Cuerpo de flanco en Mayenne, pero los alemanes estaban demasiado dispersos para aprovechar XV Cuerpo de la posición expuesta. El 12 de agosto, las tropas del Cuerpo XV tomó Alencon, unos veinticinco kilómetros al sur de Argentan, y Patton autorizado un coche al norte hacia Argentan y Falaise para cumplir con los canadienses, que, frenada por la feroz oposición y la inexperiencia de comandos, están todavía muy lejos al norte de Falaise .

En este punto, Bradley detuvo Tercer Ejército corto de Argentan, a pesar de enérgicas protestas de Patton y ofrece jovial de "conducir a los británicos en el mar por otro Dunkerque." El fin sigue siendo objeto de controversia, con el argumento de muchos que Bradley se han cruzado la el Grupo de Ejércitos frontera y completar el cerco. Bradley se quejó a Montgomery, lo criticó por no haber actuado con más fuerza para cerrar la brecha, aunque nunca había recomendado a Montgomery de un ajuste de los límites del grupo del ejército para permitir a los estadounidenses avanzar hacia el norte. El comandante estadounidense más tarde recordó su preocupación por la posibilidad de malos entendidos a medida que las unidades de Canadá y Estados Unidos se aproximaban, pero también admitió que los grupos del ejército podría haber designado un punto de referencia o intentaron formar un hombro fuerte doble para reducir al mínimo los accidentes. Una consideración más probable en la toma de Bradley fue su ansiedad, posiblemente basada en las interceptaciones de comunicaciones secretas por ULTRA, que las fuerzas estadounidenses se estaban volviendo demasiado vulnerable a un ataque de las divisiones alemanas se cree que huían a través de la brecha. En sus memorias, Bradley dijo que estaba dispuesto a conformarse con un "hombro sólido" en Argentan, en lugar de un "cuello roto" en Falaise.




n realidad, a partir del 13 de agosto, pocas unidades alemanas habían salido del bolsillo. Kluge quería formar una línea de protección en cada hombro destacados para cubrir la retirada de sus fuerzas con el Sena, pero Hitler, todavía está planeando una campaña para el mar, se negó a aprobar. El 11 de agosto, el Führer había autorizado la retirada de la zona de Mortain para contrarrestar la creciente amenaza a la parte trasera del Séptimo Ejército, pero sólo como una medida temporal antes de la renovación de la ofensiva hacia el oeste. Las tropas en el bolsillo, sin embargo, fueron incapaces de montar un gran golpe, coordinado en cualquier dirección. La falta de recursos, especialmente combustible y municiones, y bajo la presión de los golpes repetidos aliados, que podían hacer poco más que luchar contra una serie de acciones dilatorias en la periferia de su perímetro. El 15 de agosto, el coche de Kluge personal fue ametrallado por aviones aliados, y el mariscal de campo se quedaron varados durante veinticuatro horas, despertando sospechas de Hitler que estaba tratando de llegar a un acuerdo con los aliados. Cuando finalmente apareció Kluge, recomendó la retirada inmediata de la bolsa. Un hosco Hitler estuvo de acuerdo pero reemplazado Kluge con el mariscal de campo Walther Model, cuya lealtad era incuestionable. Durante su regreso a Alemania, el abatido suicidio Kluge cometido.

Detrás de él, Kluge dejó un séptimo ejército que, a efectos prácticos, había dejado de existir como fuerza de combate. Bajo constante golpeteo de de ataques aéreos y de artillería aliados, sin municiones y suministros, y agotado por las marchas interminables en las atascadas calles, algunas unidades alemanas entraron en pánico o se amotinaron, pero otros lograron mantener la disciplina y pelearon con severidad para mantener abiertas las vías de escape a través de la reducción de la brecha. La observación de la zona después de la batalla, un oficial estadounidense vio "una imagen de destrucción tan grande que no se puede describir. Era como si un ángel vengador había barrido la zona dispuestos a destruir todo lo alemán. . . En cuanto a mi vista podía alcanzar (a unos 200 metros) en cada línea de visión, no se. . . vehículos, carros, tanques, cañones, fuerza motriz, automóviles, cocinas rodantes, etc, en diferentes etapas de la destrucción. "A pesar de los esfuerzos de los aliados, un número sorprendente de tropas alemanas habían escapado en el momento en que los estadounidenses, canadienses, polacos y blindados de apoyo canadienses, finalmente sellaron el bolsillo el 19 de agosto. Habían dejado atrás, sin embargo, la mayor parte de su artillería, tanques y equipos pesados, así como 50.000 compañeros alemanes...



American Military History

viernes, 29 de enero de 2016

domingo, 1 de marzo de 2015

SGM: El ejército fantasma aliado

El Ejército Fantasma: el engaño que ayudó a ganar la II Guerra Mundial
Por Javier Merchán - Hipertextual

No sólo hizo falta armas y hombres para ganar la II Guerra Mundial, y prueba de ello es El Ejército Fantasma, una unidad que engañó al ejército nazi mediante vehículos inflables, sonidos y transmisiones de radio falsas. Esta es su historia.


Miembros de El Ejército Fantasma levantando un tanque M4 Sherman de señuelo y fabricado en goma. Fuente.

"El arte de la guerra es el arte del engaño." Esta frase puede ser encontrada en el primer capítulo de "El arte de la guerra" del general chino Sun Tzu, y que se convirtió en uno de los principales tratados para estrategia militar. Así, hemos visto a lo largo de la historia numerosos engaños en la guerra, pero uno de los períodos más prolíficos para este tipo de engaños fue durante la II Guerra Mundial, con claros ejemplos como El Ejército Fantasma. Veamos como este "ejército" fue capaz de engañar a las fuerzas nazis durante los últimos compases de la guerra.


Parche de la 23º Compañía. Fuente.
La historia de El Ejército Fantasma comienza con su formación en Camp Forrest, una base estadounidense en Tennessee, dónde se reclutaron a los primeros miembros de la 23º Compañía de Tropas Especiales (23rd Headquarters Special Troops), que estaría compuesta por tres unidades diferentes encargadas de varias partes del engaño: la 603º de Ingenieros de Camuflaje, encargados del engaño visual, la 3132º Compañía de Señales, encargados del engaño sónico, y la Compañía Especial de Señales, encargados de transmitir vía radio órdenes falsas de movimiento de tropas. Estas tres unidades estaban protegidas en todo momento por la 406º de Ingenieros de Combate, situadas alrededor de la 23º como perímetro de seguridad.
Al principio, ni el propio ejército estadounidense no tenía claro cómo iba a operar esta unidad especial ni qué clase de soldados iban a formar parte de la 23º. Así, los soldados que fueron reclutados de escuelas de arte o agencias de publicidad se les animó a que usaran su imaginación y talento para engañar utilizando lo que encontraran a su alrededor para formar estructuras similares a cañones tanques o todoterrenos, lo que dio lugar a una unidad amalgamada formada por 1100 artistas, arquitectos, actores, diseñadores e ingenieros que creaban figuras muy simples intentando emular equipamiento militar, con unos primeros resultados bastante desastrosos durante el entrenamiento.

Tanque M4 Sherman falso utilizado por la 23º. Fuente.
Así, en un cuartel de desarrollo en el desierto de California se empezaron a crear diversas formas para simular vehículos militares bastante imaginativas, como cubiertas metálicas en forma de tanque y que iría colocada encima de un todoterreno para poder ser una estructura móvil, o vehículos montados por piezas y con un recubrimiento de tela para poder se montado y desmontado a voluntad. Finalmente, se optó por una tercera opción: vehículos hinchablesque eran un reproducción extremadamente fiel de los auténticos tanques, todoterrenos y cañones que utilizaban los americanos.
Sin embargo, con un engaño visual no bastaba, y la 23º se ayudó de los laboratorios Bell para realizar una serie de grabaciones de diferentes vehículos militares circulando, así como grabaciones del sonido que se escucha cuando los soldados montaban un puente móvil para poder cruzar un río en un punto determinado. Estas grabaciones eran posteriormente reproducidas por unos altavoces gigantes montados en camiones, los cuales estaban orientados hacia el enemigo para que pudieran escuchar de primera mano como se "preparaban para atacar".

Sistema de sonido montado para escenificar el movimiento de tropas. Fuente: PBS Documentary.
Este último aspecto fue aún más perfeccionado gracias a la unidad de radio, formada por diferentes operadores de radio sacados de sus antiguas unidades y que estaban allí para transmitir órdenes falsas y que fueran interceptadas por los alemanes. Con todo esto, la 23º fue preparada para hacerse pasar por una fuerza de más de treinta mil hombres, a pesar de ser poco más de una trigésima parte de los mismos. Una vez preparada y entrenada esta extraña unidad, era hora de probar si sería efectiva, y para ello el Alto Mando aliado desplegó a la 23º en Normandía, concretamente 8 días después del Día D.
La 23º era un experimento que asentó lo que serían las bases del engaño y la desinformación para futuras guerras.La prueba de fuego de la 23º, que en realidad sólo involucró a una unidad de 15 hombres de la 603º de Ingenieros de Camuflaje (el resto de la Compañía seguía entrenando en Inglaterra), fue ayudar durante un mes al 980º Batallón de Artillería para que los alemanes descargaran su munición en los señuelos colocados y no destruyeran los cañones del batallón. La misión resultó un éxito, por lo que el resto de la compañía (salvo la unidad de sonido) fueron embarcadas a la costa del norte de Francia para ayudar en operaciones a mayor escala.
No obstante, mientras esperaban a que le asignaran una misión, a la 23º se le ocurrió otra idea ingeniosa para confundir al enemigo llamada "Efectos Especiales", y que consistía en hacerse pasar por soldados de unidades que o bien no existían o bien aún no estaban desplegadas, y difundir esa información falsa mientras fingían estar de fiesta en pueblos antiguamente ocupados por alemanes y ahora liberados por la fuerza aliada. Esta información iba destinada a los posibles espías que se habían quedado rezagados esperando obtener alguna información, y los de la 23º se tomaron esto tan en serio que diseñaron parches nuevos para identificar unidades ficticias, así como pintar identificativos falsos en los camiones que conducían. Sobra decir que esta técnica resultó muy efectiva.

A mediados de agosto, la fuerza aliada se empezaba a expandir por toda Francia para aumentar el frente aliado y dirigirse en dirección este, hacía las puertas del Tercer Reich. Sin embargo, la 23º, una vez completa con la recién llegada unidad de sonido viajó hacía el Oeste, concretamente hacía Brest, una ciudad portuaria la cual era crítica para la llegada de nuevos suministros desde Norteamérica. Su misión era simple, hacerse pasar por la 6º División Acorazada y "atacar" por los flancos, mientras que las auténticas fuerzas atacaban en un ataque frontal para aislar las fuerzas alemanas separadas en los dos flancos.
Su desempeño fue excelente: con camiones circulando ida y vuelta con dos soldados al final de cada camión para que pareciera que hubiera un gran movimiento de tropa, así como cincuenta piezas de tanques y artillería hinchables y transmisiones de radio falsas, acompañado de la unidad sónica y cuyo desempeño en general fue excelente. De hecho, los oficiales nazis capturados e interrogados a posteriori creyeron que la 6º División estaba realmente allí, aunque este gran trabajo perdió importancia por un terrible suceso: un ataque de un batallón de tanques norteamericanos lanzado justamente dónde El Ejército Fantasma estaba atrayendo la atención de los alemanes nazi, y que fue totalmente destruido.

Movimiento de tropas en la ciudad de Brest. Fuente: PBS Documentary.
Debido a la naturaleza secreta de la 23º, no pudieron avisar a esta unidad de tanques de lo que estaba pasando en realidad, y esto pesó mucho en las conciencias de los hombres en El Ejército Fantasma. Sin embargo, no había tiempo para lamentaciones y, tras una breve estancia en París para descansar y ver las maravillas de la Ciudad de la Luz, la 23º fue movilizada otra vez para ayudar al 3º Ejército, comandado por el General George S. Patton. La situación era peliaguda: si los alemanes descubrían que no había efectivos americanos, podrían movilizarse y flanquear a todo el ejército de Patton, perdiendo muchísimas vidas en el proceso.
Durante siete largos días la 23º se empleó a fondo para no descubrir la verdad, hasta que finalmente fue reemplazada por la 83º División de Infantería para rellenar el hueco con tropas reales. A continuación centraron su base de operaciones en Luxemburgo, dónde estarían ubicados hasta el final de sus operaciones. Tras cinco operaciones previas y exitosas, en diciembre de 1944 fueron movilizados en lo que iba a ser en teoría una misión rutinaria, pero que sería una de las batallas más cruentas en el bando aliado durante la II Guerra Mundial: la batalla de las Ardenas.

Mapa que muestra la precaria situación de las divisiones norteamericanas en el bosque de las Ardenas. Fuente: PBS Documentary.
Los aliados estaban en clara desventaja: la gran mayoría de unidades norteamericanas estaban enfrentadas en la zona del frente situada cerca de la ciudad alemana de Colonia, pero lo crítico se situaba al sur, a lo largo del bosque de las Ardenas, en la que noventa kilómetros de frente estaban custodiados por sólo cuatro cansadas y mal equipadas divisiones norteamericanas. Por tanto, la asistencia de El Ejército Fantasma era necesaria, y llegaron al sur de Luxemburgo representando a la 75º División de Infantería.
Afortunadamente, la 23º fue retirada de ahí horas antes de que la batalla de las Ardenas empezara, y de haber estado ahí seguramente hubiera supuesto una masacre para la compañía entera. Por ello, y una vez de vuelta en la capital de Luxemburgo, montaron ametralladoras en edificios elevados y dispararon contra aviones de la Luftwaffe, siendo así el único momento de la II Guerra Mundial en el que tuvieron la oportunidad de devolver el fuego contra los alemanes. Pero el Alto Mando aliado rápidamente retiró del frente a la 23º, debido a su status de unidad secreta.

Mapa que muestra los despliegues de la 23º en los últimos compases de la guerra. Fuente: PBS Documentary.
Pero el peor momento para la 23º llegó después, concretamente el 12 de marzo de 1945, en el que haciéndose pasar por la 80º División de Infantería, atrajo demasiado el fuego nazi de artillería, y el Ejército Fantasma sufrió su peor ataque, con dos muertos y casi dos decenas de heridos graves. Tras este traumático evento, la 23º cumpliría la que sería su última misión en la guerra y en la que más recursos emplearon, utilizando todos sus efectivos posibles para hacerse pasar por dos divisiones completas de infantería, un equivalente total de treinta mil hombres.
La distracción, cuyo nombre en clave sería Operación Viersen era hacer pensar a los alemanes que atacarían diez kilómetros al sur de la auténtica zona objetivo, situándose para ello entre las ciudades de Anrath y Dülken, cerca del río Rin en Alemania. Para ello recurrieron a todos los trucos bajo la manga que tenían, desde juntar a tanques reales con señuelos para simular movimientos de tropas, zonas de estacionamiento de vehículos situados por todas partes, estaciones falsas de reparación de vehículos e incluso pistas de aterrizaje para aviones de reconocimiento Stinson L-5 (también falsos).

Avión de reconocimiento Stinson L-5 falso montado por miembros de la 23º. Fuente: PBS Documentary.
También aprovecharon los sistemas sónicos para simular que estaban construyendo puentes para cruzar el Rin, y las falsas transmisiones ayudaron una vez más a convencer a los alemanes que sabían todo sobre las tropas enemigas. Finalmente, el 24 de marzo de 1945, día elegido para la ofensiva, se descubrió que el engaño había sido tan efectivo que las auténticas tropas no sufrieron bajas ante una defensa alemana débil y desorganizada, síntoma de la efectividad del engaño perpetrado por la 23º. La 23º se retiraba con un balance extremadamente positivo de la II Guerra Mundial y un número estimado de quince a treinta mil vidas salvadas gracias a sus maniobras.
Una vez acabada la guerra, los hombres de la 23º volvieron a sus vidas haciendo a lo que se dedicaban desde antes de la guerra: el arte. De hecho, estos hombres ocuparon un amplio rango de empleos, desde diseñadores de moda, ilustradores, pintores, fotógrafos, arquitectos... Todos ellos manteniendo el secreto de lo que hicieron durante la guerra hasta que sus operaciones fueron desclasificadas en 1996. Sin duda, este es un ejemplo de cómo no sólo las balas o las bombas podían acabar con el enemigo y salvar sus vidas, y si queréis saber más sobre esta unidad, en 2013 la PBS hizo un documental sobre ellos, en el que explica no sólo los movimientos militares, sino un poco sobre la forma de ser de los propios soldados y anécdotas sobre su vida en el ejército siendo artistas, así como una página web en la que puedes ver algunas de las obras creadas por ellos.

domingo, 15 de junio de 2014

SGM: Las bajas civiles durante el desembarco de Normandía

La batalla oculta detrás del Día D
La muerte de civiles en Normandía ha quedado eclipsada por el éxito del desembarco
GUILLERMO ALTARES
El País

50º aniversario del desembarco en la playa de Omaha. / REUTERS-LIVE! / EL PAÍS

“Día D ¿Triunfo o tragedia?”, se pregunta este mes en su portada la revista BBC History Magazine. La respuesta llega con el título del reportaje en las páginas interiores: “Ha llegado el momento de silenciar a los que dudan del desembarco”. El Día D, del que se cumplieron 70 años el 6 de junio con la presencia de 18 jefes de Estado y de Gobierno, entre ellos el ruso Vladímir Putin y el estadounidense Barack Obama, sigue siendo la batalla mítica de la II Guerra Mundial, uno de los momentos decisivos de la historia de Europa, tanto que tiene algo de sagrado. Los nombres de las cinco playas – Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword– o los versos de Verlaine que anunciaron a la Resistencia que comenzaba la invasión –“Les sanglots longs des violons de l’automne” (los largos sollozos de los violines de otoño)– planean sobre el imaginario colectivo, al igual que las fotografías movidas de Robert Capa en Omaha han marcado para siempre la forma en que vemos las guerras.

“Uno podría esperar que el interés por la invasión aliada de Europa disminuyese con el paso del tiempo y la paulatina desaparición de los participantes, pero hay más museos y más visitantes que nunca”, explica el historiador Antony Beevor, que ha logrado aunar el éxito popular con el rigor en obras como Día D. La batalla por Normandía (Crítica). “Para nosotros, sigue ofreciendo todos los elementos del drama y el sacrificio y juega todavía un papel muy importante en nuestra imaginación”, señala el periodista Rick Atkinson, autor de una monumental trilogía sobre la liberación de Europa Occidental con cuyo primer volumen, Un Ejército al amanecer (Crítica), recibió el premio Pulitzer de Historia. Sin embargo, más allá de la épica inmediata en las playas del Día más largo, la batalla de Normandía fue mucho más intensa y salvaje de lo que se tiende a pensar. Tras las cabezas de puente establecidas en la noche del 6 de junio y superado el desconcierto inicial, los alemanes iniciaron un contraataque. Tres meses después, habían muerto 37.000 soldados aliados, 50.000 alemanes y 20.000 civiles. Como explica el historiador Jean Quellien, experto en el Desembarco sobre el que ha escrito varios ensayos como Landing beaches o Normandy 1994, “en el apogeo de los combates, en agosto de 1944, luchaban dos millones de militares, los mismos que en Stalingrado”.

El mito del Día D ha dejado en segundo plano el conjunto de la batalla. Primero, su brutalidad: no se trata sólo del desembarco en el infierno de Omaha Beach, que Steven Spielberg retrató con un despliegue de efectos especiales en Salvar al soldado Ryan. La imagen de paracaidistas estadounidenses colgados de un árbol con los testículos en la boca, que Beevor relata en su libro, no se corresponde con la idea general que se tiene del Desembarco. El otro asunto que ha quedado en segundo plano fueron las muertes de civiles y la destrucción general: 120.000 inmuebles convertidos en ruinas, 270.000 muy dañados, 43.000 hectáreas de tierras cultivables arruinadas… “La suerte de los civiles fue olvidada por los poderes públicos porque el estatuto de víctimas no se corresponde con la imagen gloriosa que el Estado quería asociar con el desembarco”, señala uno de los grandes expertos franceses en la batalla, Olivier Wieviorka, profesor de la Escuela Normal Superior de Cachan y autor de Historia del desembarco de Normandía (Tempus). “Muchos monumentos recuerdan el heroísmo de los soldados angloamericanos, pero muy pocos conmemoran el destino de los civiles bajo las bombas. Sin embargo, todo cambia: en las ceremonias de este año, por primera vez, el presidente François Hollande homenajeará a los civiles muertos”, agrega Wieviork.

Sólo el 6 de junio, fallecieron 3.000 no combatientes, tantos como soldados en las playas. “Cualquiera que visite la región se dará cuenta de que la inmensa mayoría de las ciudades fueron reconstruidas en los años cincuenta”, precisa Quellien, profesor de la Universidad de Caen, la capital histórica de Normandía, que quedó arrasada en un 75% en un bombardeo tan intenso como inútil, ya que en realidad sólo sirvió para dificultar su conquista por parte de los aliados porque los alemanes aprovecharon las ruinas para parapetarse. Cuando salió su libro sobre el Día D, en 2010, Beevor utilizó la expresión “cercano al crimen de guerra” para referirse a la destrucción de la ciudad y tuvo que pedir disculpas tras el escándalo que se organizó.

Junto a Stalingrado, fue una de las batallas decisivas de la II Guerra Mundial. La impresión unánime de los historiadores es que Hitler ya había perdido pero que, sin la apertura de un segundo frente, el conflicto se hubiese prolongado mucho más. Pese a la planificación y al mayor despliegue naval de la historia –5.000 embarcaciones que se lanzaron contra 80 kilómetros de playas–, la operación pudo salir mal, entre otras cosas porque Dwight Eisenhower dio la orden aprovechando el único día de aquel mes de junio en que una Armada podía cruzar el canal. Poco después se desató una tormenta fortísima que hubiese retrasado la operación y, casi seguro, arruinado el secreto ya que los alemanes no esperaban el desembarco en Normandía. “No creo que un fracaso en Normandía hubiese cambiado el curso de la guerra” –señala el historiador y periodista Rick Atkinson– “pero no tengo la más mínima duda de que hubiese dado a Hitler un año o incluso más. Eso hubiese significado un año más para asesinar judíos y otros ‘indeseables’, para hacer luchar contra los soviéticos en el este y para hacer sufrir a los pueblos de la Europa ocupada”. Beevor va incluso más lejos sobre lo que hubiese ocurrido en caso de que el 6 de junio los aliados no hubiesen logrado su objetivo: “Si la invasión llega a fracasar, con los avances soviéticos en el Rin, la historia de la posguerra de Europa podría haber sido muy diferente”.

El militar que dio la orden de atacar en una de las decisiones más difíciles de la II Guerra Mundial se convirtió después en presidente; pero Ike no quiso asistir a la primera conmemoración del Desembarco, en 1954 (se celebran cada década). Como ha escrito el historiador Michael Beschloss en The New York Times, le costaba mucho hablar en público ante los veteranos sin derrumbarse (le ocurrió en 1952 durante la campaña), ya que siempre quedó marcado por el hecho de que sus decisiones, inevitables, justas, necesarias para cualquier comandante en jefe, costaron la vida a decenas de miles de soldados. Precisamente la conmemoración decenal del 6 de junio de este año ha sido especialmente importante porque es la última en la que han participado muchos veteranos, que poco a poco se van apagando. “La generación de la II Guerra Mundial está muriendo muy rápidamente. En Estados Unidos, el número de supervivientes ha bajado desde los 16,1 millones que sirvieron en uniforme hasta un millón en la actualidad”, afirma Atkinson. “Es la última oportunidad para rendir homenaje y recordar a aquella generación que es, al final, de lo que tratan esas ceremonias, aunque para los políticos sea un escenario irresistible”.

Además de por la memoria, la conmemoración de este año está marcada por el presente, por el regreso de la guerra a Europa, 70 años después del Desembarco que simboliza la recuperación de la libertad en Occidente. La anexión de Crimea por parte de la Rusia de Putin, así como los combates de separatistas con soldados ucranios en el este han traído a la memoria el peor pasado europeo. Historiadores y políticos han trazado paralelismos entre lo ocurrido entonces y lo que está ocurriendo ahora; aunque la distancia entre unos acontecimientos y otros sigue siendo enorme. “Hay una diferencia importante: Hitler estaba decidido a desatar una guerra. Putin, en mi opinión, es más realista y no quiere un conflicto”, explica Beevor.

martes, 10 de junio de 2014

Arqueología militar: Buscando restos en Normandía


Viaje a un cementerio submarino: lo que quedó del desembarco de Normandía
Un equipo francés estudia con la más alta tecnología los naufragios del Día D junto a las playas de la invasión.

CEMENTERIO. Un equipo estudia la zona de naufragios.
Setenta años después del desembarco de Normandía, un equipo multidisciplinar de investigadores, arqueólogos, técnicos, historiadores, veteranos y cineastas, investigó como nunca antes los fondos marinos de las playas de la invasión aliada. Se tratan de los restos sumergidos de la mayor armada jamás reunida en una batalla.

Gracias a equipos con la más alta tecnología encontraron elementos y obejtos como tanques, lanchas, pertrechos; e identificaron otros, en un trabajo que lleva realizándose hace más de un año y que aportará, cuando concluya, un conocimiento completo del inmenso yacimiento arqueológico de más de 500 kilómetros cuadrados.

El cementerio marino del Día D, donde los científicos tratan de extraer toda la información histórica que aún guardan los viejos restos de aquellas armas olvidadas como cicatrices cubiertas de arena y algas. Un lugar fundamental de la historia del siglo XX que ahora espera la protección cultural de la Unesco.

El proyecto comenzó en 2011, cuando Sylvain Pascaud propuso un nuevo inventario del yacimiento. El trabajo de campo comenzó en julio de 2013, bajo un estricto secreto protegido por la Marina, con un equipo de 40 personas, entre arqueólogos, historiadores, técnicos de submarino y vehículos remotos, así como los tripulantes del buque del Drassm, el André Malraux y del catamarán Etoile Magique.



Con equipos de sonar y sondas multihaz se trazaron la más completa batimetría (mapa de profundidad) de la zona y una exploración sistemática de los restos. Encontraron más de 400 vestigios de naves y carros. El resultado de esta exploración con tecnología de la era espacial, unida a una intensiva investigación en archivos, dio como primer fruto una base de datos impresionante. Toda esa información sirvió a Dassault Systems para crear un modelo 3D del desembarco y los equipos que puede verse en el documental.

PLANOS SECRETOS DE LA BATALLA

Aún se tardarán años en poner a disposición del público la totalidad de las conclusiones que pueden extraerse de este enorme trabajo colectivo, tanto a nivel científico como divulgativo, en la serie de documentales que el equipo tiene previsto ir produciendo.

El documental narra la exploración del fondo y acompaña a los científicos en los momentos en los que van descubriendo los restos de la batalla, y nos presenta a unos invitados muy especiales: veteranos y miembros de la resistencia que, en tres casos señalados, se atrevieron a sumergirse en el mini submarino canadiense Aquarius y visitar los restos de la batalla de la que fueron parte.



Además, historiadores e ingenieros navales visitaron los archivos militares históricos para estudiar los mapas y planos secretos de la batalla, que aún conservan el sello de 'top secret', hoy ya desclasificados.

También se reconstruyeron las lanchas de desembarco LCVP, o 'barca de Higgins' en honor de su creador. Se fabricaron 20.000 unidades de esta práctica lancha capaz de llevar 36 hombres hasta la playa y retroceder de inmediato. Hoy solamente se conservan algunas reconstrucciones, debido a que fueron hechas de madera contrachapada, con excepción del portón metálico.

¿QUÉ OCURRIÓ TRAS LA BATALLA?

Después de la batalla, los aliados realizaron una completa limpieza de las playas y de toda la bahía del Sena. También pusieron en marcha una gran operación de desguace, que sacó durante décadas el último provecho de gran parte de los viejos navíos naufragados.

Además muchos miles de artefactos explosivos fueron neutralizados. En 1994, coincidiendo con el cincuentenario del Día D, la agencia arqueológica francesa exigió que terminara la explotación de chatarra y que se protegieran los yacimientos que aún quedaban.



El arqueólogo Michel L’Hour advierte que la mayoría de restos son metálicos y se conservan peor que los de los viejos navíos de madera: "La madera tiende a encontrar una estabilidad en el fondo del mar.

El metal sufre corrosión y tiende a desaparecer. A esa profundidad media de 25 metros, sacudidos por las mareas, no durarán más que 50 o 100 años. Esto es inevitable. Incluso hemos estudiado métodos para tratar de protegerlos", agregó.

Muy pronto en el mar de Normandía no quedará nada del Día D, salvo la historia, porque el proyecto científico salvó toda la información que los restos aún guardaban y la comenzó a poner a disposición de la sociedad.

TN

miércoles, 17 de julio de 2013

SGM: Ayer y Hoy en Normandía

Normandía 1944 – Entonces y Ahora 

 
Bernières-sur-Mer Típica casa normanda ubicada a lo largo de la playa de Juno Beach. (Foto: Conseil Régional de Basse-Normandie / Archivos Nacionales del Canadá) 
 

 
Bernières-sur-Mer Tropas canadienses que desembarquen en Juno Beach, en el Día D, 6 de junio de 1944. (Foto: Conseil Régional de Basse-Normandie / Archivos Nacionales del Canadá) 
 

 
Caen Tanques Sherman del Regimiento de Fusileros Sherbrooke avanzar en Caen. 10 de julio 1944. (Foto: Harold G. Aikman / Canadá Biblioteca y Archivos / PA-162667) 
 

 
Caen Plaza Foch. Monumento a la Primera Guerra Mundial y escombros de la Comandancia alemana. (Foto: Archives Departamentales du Calvados) 
 

 
Fresney LE PUCEUX Los soldados Albert Thibault y Fernand Lachance, ambos de la 2 ª División de Infantería de la Sede de Canadá, en ruta hacia Falaise - 12 de agosto de 1944. (Foto: Teniente Michael M. Dean / Canadá Biblioteca y Archivos / PA-169323.) 
 

 
Bernières-sur-Mer infantería de Le Régiment de la Chaudière se mueve a través de la aldea, 6 de junio de 1944. (Foto: Teniente Frank L. Dubervill / Canadá Biblioteca y Archivos / PA-131436.) 
 

Fuente