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domingo, 24 de septiembre de 2017

Arqueología militar: Hallazgos en la estepa rusa

Hallazgos escabrosos de tiempos de guerra



Entusiastas de la arqueología de guerra peinaron bosques y campos en busca de objetos y reliquias de la guerra. Los descubrimientos son a menudo bastante espeluznante.

martes, 19 de septiembre de 2017

Frente Oriental: La experiencia de la División Azul

“Vi cómo amputaban los 20 dedos por el frío a compañeros”

Los últimos supervivientes de la División Azul, que rondan los 100 años, cuentan la tragedia que vivieron en un frente al que muchos llegaron empujados por el hambre o el miedo

PEPE SEIJO | El País


Soldados de la División Azul leen el 'Marca'. La imagen pertenece al documental 'Extranjeros de sí mismos'.

Corrían malos tiempos. Apenas dos años después de rematada la Guerra Civil, 1941, con la hambruna haciendo estragos, en plena efervescencia de la segunda guerra mundial y Alemania esperando algún gesto del nuevo gobierno de Franco que finalmente se concretó en la creación de la que se bautizaría como División Azul, ideada, según algunos historiadores, por los falangistas. En realidad era la 250 División de Voluntarios Españoles de la Wehrmacht.


Muchos fueron los españoles que se alistaron en esta aventura, que los conduciría al frente soviético y a un gran número a la muerte o al padecimiento de los implacables gulags. “La gloriosa epopeya de los voluntarios españoles en la lucha contra el bolchevismo”, proclamaban desde el NO-DO, en la despedida de este contingente del que apenas quedan supervivientes. Los que quedan rondan el siglo.

El hambre en muchos casos, un espíritu aventurero, fidelidad al régimen o incluso jóvenes que pretendían purgar los pecados de sus familias que habían sido republicanas. Esas eran algunas de las razones para enrolarse y hacer casi 5.000 kilómetros, los últimos 1.200 a pie. Fue el caso del lucense Gerardo Dorado, a punto de cumplir 99 años, que vivió en primera persona la Guerra Civil y después se hizo voluntario de la División Azul.

Gerardo Dorado recuerda perfectamente el caldo "con 27 garbanzos" que le dieron en África

En el 37 lo llamaron a filas. Se incorporó a Astorga y un mes más tarde ya estaba en el frente en León. “Pertenecíamos a un batallón que venía de África”, se esmera en recordar este divisionario que no pierde la sonrisa, ni el buen humor. Después volvió a África y, una vez concluida la guerra, se embarcó en esta odisea que le llevó a Rusia, pasando por Ceuta, Sevilla, Berlín y Polonia. Ya desde Polonia, atravesaron más de 1200 kilómetros “a pie” sorteando temperaturas extremas; la más baja “53 grados bajo cero”. Una experiencia, la del frío, que le hizo presenciar cómo "a algunos compañeros les tuvieron que amputar los 20 dedos, de mano y pies".

“Aún lo cuento hoy”, resopla mientras se recrea hablando de las “varias razas” que conoció en el frente ruso: alemanes, italianos, rumanos, pero “como el español nada”, comenta eufórico. La comida fue una de las razones que le llevaron a Rusia, o el hambre en su caso, dentro de ese contingente de unos 46.000 hombres de los que 4.954 murieron. Hubo también casi 9.000 heridos de los que 2.100 resultaron mutilados y casi 400 fueron hechos prisioneros.


Gerardo Dorado, uno de los últimos de la División Azul. P. S. MENDOZA

Mariano Tejero es hijo de un oficial lucense con el mismo nombre que también combatió contra la Unión Soviética. Era hijo de un teniente que el siete de julio de 1941 era movilizado. Con más suerte que Gerardo Dorado, por ser hijo de un mando, hizo el mismo itinerario de Sevilla, Francia y Berlín. El 26 de julio fue designado jefe superior al mando de la tercera columna de la División Española de Voluntarios, y su traslado al frente ruso se hizo en una brigada móvil alemana, de moto y sidecar.

“En uno de los combates sufrió congelamiento. Al cabo de un mes le dieron la baja por agotamiento físico”, narra el hijo. Dice que su padre “prácticamente no hablaba nada” de su experiencia. “Lo que decía era que pasó mucho frío”, evoca quien guarda su legado con numerosas fotografías de su padre con alemanes, o el sable que le regaló un oficial de la Wehrmacht y también condecoraciones.

Los españoles “trataban muy bien” a los prisioneros rusos en comparación con los alemanes

En el caso de Dorado, la escasez de comida era tal que rememora con sorprendente precisión cómo cuando estaba en África le dieron un plato “de caldo, solo con nabizas y 27 garbanzos”. “No les entendíamos nada... y a los alemanes tampoco”, rememora el anciano, que al igual que Tejero fue herido durante un ataque que sufrió su unidad a cargo de la aviación rusa. En otro momento de la conversación se muestra lleno de un orgullo que él califica de “patriótico” y dice que ellos también fueron capaces de abatir dos aviones. Apenas habían transcurrido cinco meses y fue hospitalizado. Después, trasladado a Madrid.

Los cinco meses transcurridos no estuvieron exentos de aventuras, como cuando recogieron y devolvieron a España a "12 niños de la Pasionaria que estaban abandonados". También en Alemania antes de partir al frente, cuenta cómo él y cinco compañeros más fueron ignorados en una “cantina” donde habían pedido unas cervezas. Un amigo cogió un banco y lo hizo golpear contra una mesa. Llegaron hasta allí policías militares nazis. Echaron a correr, y cuando llevaban 200 metros gritó uno de los militares españoles “cada uno por donde pueda”, se escabulleron y así esquivaron un casi seguro castigo.

Usaron los cadáveres de los soldados rusos a modo de escalones para bajar al río helado en busca de agua potable

La propaganda franquista del 41 al 43 a mancillar la imagen del dictador soviético al que se señalaba como el “georgiano sanguinario”. Un reclamo, el del anticomunismo, que no caló tanto entre la tropa. Gerardo asegura que los españoles “trataban muy bien” a los prisioneros rusos en comparación con los alemanes. Los españoles rebajaban la vigilancia mientras "jugaban a las siete y media", en tanto que los nazis "los ataban con alambres de espino", una crueldad que no dejaba indiferente al contingente español, que "ofrecía comida" a los rusos.

Este veterano divisionario combina serenamente esta “epopeya” con episodios de la Guerra Civil. El uno de agosto de 1937 fue incorporado a filas. Cuatro años después combatía contra los soviéticos. Sin perder cohesión en el relato justifica el porqué de esta guerra perdida: “Fue por pagar una deuda que tenía Franco con Alemania”. Muchos de los combatientes experimentaron la crueldad de la batalla en el cerco a Leningrado, de los más violentos asedios en la historia de la humanidad, con miles de muertos. Las autoridades soviéticas reconocieron en su momento que fueron 600.000, una cifra que según algunos historiadores se podría doblar. 900 días con sus 900 noches.

Gerardo revive con lucidez cómo en medio de la batalla él y sus compañeros se encontraban a un lado del puente. Frente a frente con el enemigo. Se abastecían de agua, burlando a los soviéticos, en un lago helado y tenían que descender a él sorteando un sinfín de obstáculos. Al joven soldado en aquel momento, con 23 años, originario del municipio lucense de Baleira, se le ordenó ir a la “cabeza del puente”. “Ten cuidado, me dijeron”, y en eso que vio aproximarse hasta la posición que defendían los españoles a “tres o cuatro rusos” con trajes blancos que se confundían con la nieve. “Así vestidos casi no se notaban. Avisé al cabo. Me dijo: déjales que se acerquen y haz fuego. Los dejé acercar y disparé con el fusil ametrallador hasta que cayeron todos”, cuenta entusiasmado y presumiendo de sus dotes bélicas.

No se quedó ahí la cosa. Al día siguiente de la escaramuza, a alguien se le ocurrió utilizar esos cadáveres a modo de escaleras para bajar al lago y hacerse con agua potable. “Pasábamos por encima de los cuerpos y así estuvimos un mes en que avanzamos adelante”, describe. “Aún lo cuento hoy”, sonríe delante de su hija y su yerno que lo saca a la calle y lo acompaña abriéndose a las vivencias del casi centenario. Gerardo se lanzó a la guerra por el hambre y así lo confiesa muchas veces durante la conversación.

miércoles, 12 de julio de 2017

SGM: La vida del soldado soviético desmitificada

Meridiano de sangre
Una nueva historia expone la agonía de la guerra de Rusia desde abajo hacia arriba

The Economist


¿QUÉ fue la segunda guerra mundial como para los soldados rusos? Esa simple pregunta tiene una respuesta compleja. Las cuentas oficiales soviéticas cubrieron la verdadera historia humana, política y militar de la guerra con una gruesa capa de mito pegajoso y auto-congratulatorio. Hay relatos de compañerismo y heroísmo en abundancia, pero poco que le diga a un lector de hoy en día lo que la guerra más grande en la historia era realmente como.

Catherine Merridale, una historiadora británica, ha elegido las cerraduras que mantuvieron escondida esta historia. A través del trabajo duro con archivos oficiales, diarios, cartas y entrevistas duramente ganadas con los veteranos, ella da vida a la guerra de los soldados: el caos y el pánico de la retirada antes de la embestida alemana, cuando hasta 3 millones de tropas soviéticas fueron hechos prisioneros; El brutal castigo de los desertores y sus familias; Los primeros días de la guerra, cuando la escasez de equipo, ropa y municiones fue acompañada por el implacable sloganeering y la intromisión política; La embriaguez épica y el mercadeo negro; Y las orgías de destrucción y crueldad de ambos lados.

La obtención de cuentas de primera mano de toda esta habilidad requerida y perseverancia. La "Gran Guerra Patriótica", como los rusos todavía la llaman, tiene un lugar tan sagrado en la mentalidad nacional que cualquier interrogatorio, particularmente por una joven extranjera, habría golpeado a mucha gente como indecente.

El resultado es una lectura esencial para cualquier persona que quiera entender la historia de la época, o la dependencia moderna de Rusia de ella. El libro anterior de la Sra. Merridale, "Noche de Piedra" (2000), fue un relato definitivo de la actitud rusa hacia la muerte y el sufrimiento que empapan su historia. Ahora su sensación por la naturaleza humana y su excelente conocimiento de la lengua y la cultura rusa, junto con su investigación entre fuentes rusas (y alemanas), han producido una consecuencia digna.

Mientras que otros historiadores se han centrado recientemente en los salazinos detalles de la vida en la parte superior de la Unión Soviética de Stalin, el enfoque de la Sra. Merridale es de abajo hacia arriba, junto con su propio análisis cuidadoso pero incisivo. Ella ilumina uno de los grandes rompecabezas: lo que los rusos realmente pensaron de Stalin. Incluso bajo el Terror, su personalidad y el patriotismo soviético se fusionaron para inspirar no sólo el miedo, sino el respeto, así como una especie de amor. La gente sobrevivió, escribe, "evolucionando para encajar en el marco de un estado monstruoso. Era mucho más fácil, aun para los que dudaban, unirse al colectivo y compartir el sueño que quedarse solo, condenado al aislamiento ya la amenaza de muerte ". Cuando comenzó la guerra, Stalin se retiró de la vista pública. Un soldado citado en el libro, Ivan Gorin, se rió cuando se le preguntó si los soldados realmente gritaban al unísono "Por la patria, por Stalin" (como dice el mito oficial) antes de ir a la batalla. "Estoy seguro de que gritamos algo cuando fuimos a las armas. Pero no creo que haya sido tan cortés.

Ms Merridale destaca la respuesta cada vez más salvaje de las autoridades cuando la derrota surgió después del ataque sorpresa de Hitler. La respuesta del Estado, escribe, "fue preparar una guerra contra su propio pueblo. Si no se comportaran como héroes épicos por su propia voluntad, entonces los cañones NKVD los obligarían a hacerlo ".

Eventualmente, eso cambió. Los comisarios políticos fueron reprimidos y el profesionalismo regresó. En un pasaje revelador, la Sra. Merridale describe la vuelta en 1942 del entrenamiento apropiado y del ethos militar al ejército. Drill reemplazó a "heroics de la tira cómica", escribe. "Ya no habría más saltos suicidas a las barricadas, ni más competiciones perturbadoras para ver qué unidad podía marchar más rápido o formar en la línea más recta". Las autoridades trajeron medallas e incluso charreteras de oficiales -que antes de la guerra habían sido Un símbolo odiado del privilegio zarista. Algunos soldados esperaban, en vano, que el siguiente paso fuera la abolición de las granjas colectivas.

A pesar de todos sus esfuerzos, algunos detalles de la vida en el Ejército Rojo son tan rememorados ahora como no se registraron entonces. Nadie anotó las canciones no oficiales, las bromas o la jerga, y los veteranos les resulta difícil desenterrarlos de los recuerdos cubiertos por décadas de pompa e invención oficiales. Ms Merridale tiene un poco más suerte en la plomería de las profundidades más oscuras-las violaciones, la destrucción y el saqueo que el Ejército Rojo cumplió, en primer lugar en los países vistos como haber colaborado con el Reich de Hitler, y luego en la propia Alemania. "La violación combinaba el deseo de vengarse con el impulso de destruir, aplastar los lujos alemanes y desperdiciar la riqueza de los fascistas. Castigó a las mujeres y reforzó la frágil masculinidad de los perpetradores ".

La suavidad de los recuerdos de muchos soldados, aunque eran vivos relatores cuando hablaban de la vida fuera de la guerra, parecía desconcertante. Ms Merridale vino a verlo como un secreto de su resistencia. "El camino hacia la supervivencia estaba en la aceptación estoica". Lamentablemente, eso permaneció cierto durante algún tiempo. Como ella señala, "la patria nunca fue conquistada, pero se había esclavizado".

jueves, 15 de junio de 2017

SGM: Un bastardo sin gloria lituano

'Vengador' de la Segunda Guerra Mundial revela su heroico pasado de asesino de nazi
Por Isabel Vincent | New York Post




Benjamin Levin, 89, dentro de la casa de reposo del Bethel, Ossining, NY. Angel Chevrestt
El día en que los nazis emboscaron a su campamento guerrillero en los oscuros bosques de Vilna, Benjamin Levin pudo sentir cómo los disparos pasaban.

Uno de sus compañeros cayó, y Levin lo agarró por la pierna y lo arrastró por detrás, buscando una fuga. Salpicado de sangre, con el corazón palpitante, el guerrillero de la resistencia judía corrió directamente hacia "un huracán de balas" y siguió corriendo hasta que ya no podía oírlos.

No sabe cómo lo hizo vivo, pero ofrece una explicación: A sólo 14 años de edad, era tan corto, las balas pasaron por encima de su cabeza.


Benjamin Levin (abajo a la izquierda arrodillado) y su grupo partidario en la liberación de Vilna (circa julio 1944) con Abba Kovner.

Durante varios meses antes de ese ataque de 1941, Levin y otras dos docenas se habían escondido en los bosques lituanos, entrenando y preparando ataques contra los nazis. Dormían en búnkers improvisados ​​tallados en matorrales enredados, bebían agua de estanque verde que dejaba una película arenosa en sus gargantas y vivían de una dieta de hongos amargos y bayas.

"Hasta el día de hoy, no sé cómo sobrevivimos", dice Levin, quien celebrará su 90 cumpleaños en Pascua el lunes en un asilo de ancianos de Westchester.

Él es el último superviviente de un grupo de vigilantes judíos que se llamaron a sí mismos los Vengadores y juró matar tantos nazis como hubo judíos que fueron exterminados. Al igual que su comandante, Abba Kovner, que exhortaba a los judíos a no "ir a la masacre como ovejas", Levin se defendió. Su increíble historia de heroísmo y supervivencia durante la guerra fue documentada por la Fundación Shoah de la Universidad del Sur de California y se le está contando por primera vez en The Post.

"Esta historia es importante porque rompe el estereotipo de la pasividad judía durante el Holocausto", dijo Mitch Braff, director fundador de la Jewish Partisan Educational Foundation, que narra las hazañas de unos 30.000 "partidarios" judíos que operaron a lo largo del Tercer Reich . "Fueron responsables de miles de actos de sabotaje contra los nazis mientras se dirigían al Frente Oriental".

A diferencia del grupo más grande y más organizado de partidarios judíos fundado por el clan Bielski en Polonia, cuyos heroicos fueron crónicos en la película de 2008 "Defiance", el grupo de Levin nunca formó más de dos docenas de miembros. Pero eran una fuerza de lucha audaz. Durante la guerra, Levin y su grupo destruyeron 180 millas de ferrocarril, explotaron cinco puentes y destruyeron 40 vagones de tren nazis. No tomaron prisioneros, prefiriendo disparar a los enemigos en el lugar. Ellos mataron a 212 soldados enemigos, según la Jewish Partisan Educational Foundation.

Con su pequeña estatura, Levin fue reclutado como explorador y saboteador para el pequeño grupo, integrado por intelectuales y revolucionarios judíos que habían establecido una base clandestina de operaciones en los bosques lituanos en previsión de la toma del país por los nazis en julio de 1941. Su hermano mayor Shmuel, un sionista ferviente que tenía 18 años cuando se unió al grupo, fue uno de sus fundadores. Finalmente, a medida que aumentaban las hostilidades, su hermana Bluma también se unía.


Levin en 1944.

Levin podía pasar desapercibido entre los soldados lituanos y nazis para enviar mensajes a diferentes facciones de la resistencia, algunos de ellos trabajando en el gueto judío de Vilna. Los judíos desesperados le confiaron sus objetos de valor, que intercambió en el mercado negro por comida y medicina. También ayudó a hacer estallar puentes, postes telefónicos y vías férreas para frenar los trenes que se dirigían a los campos de la muerte. El miembro más joven del grupo, aprendió a usar su pistola de un compañero de vengador. Rozka Korczak era una de las pocas mujeres líderes de los partidarios judíos, y su guerrero más feroz.

"Al principio, lo vi como un juego", dijo Levin en una entrevista con los investigadores de la Fundación Shoah. "Estaba leyendo un montón de libros sobre conspiración y el subterráneo ruso. Para mí, comenzó como una gran aventura. "

Y, mientras dice que ya no puede recordar cuántos nazis ha herido o asesinado personalmente, los actos de sabotaje de Levin fueron tan numerosos que más de 70 años después del final de la Segunda Guerra Mundial, Lituania todavía tiene una orden pendiente de arresto.

Por su propia cuenta, Benjamin Levin creció con "una racha salvaje". Él fumaba cigarrillos cuando tenía 8 años y salía con una banda de jóvenes maltratadores en las calles, lo que no causó ningún dolor en la muerte de su madre y su padre - prósperos comerciantes judíos que operaban una tienda de comida gourmet en el centro de Vilna. Antes de la ocupación nazi, la ciudad era un centro importante de la vida judía, y el hogar de más de 100 sinagogas.

El padre de Levin, Chaim, era un judío observador, pero también un germanófilo, fluido en alemán y educado en la tradición clásica, leyendo a Goethe y Schiller. En los años previos a la ocupación nazi de la ciudad, se negó a creer en las noticias que escuchó de sus proveedores sacudidos en otras partes de Europa: que los judíos habían perdido todos sus derechos en Alemania, que las empresas judías estaban siendo asumidas por la fuerza Por los nazis. En 1938, los nazis se habían desbocado, destrozando miles de negocios, profanando cementerios judíos y sinagogas, y reuniendo a 30.000 hombres judíos en toda Alemania. Aunque había oído varios relatos sin aliento del pogrom de la Kristallnacht, Chaim nunca imaginó que los judíos en Lituania estuvieran en peligro real.

"Mi padre era un gran creyente en todo lo alemán", dijo Levin. -Creía que todo acabaría.


Sara Levin, la esposa de Benjamin.

Pero Shmuel y sus compañeros vieron la escritura en la pared. Mucho antes de que los nazis tomasen el control de Lituania en julio de 1941, Shmuel ya se había comprado una pistola y una munición, que era el precio de la admisión al grupo de los militantes del bosque que exigían un inquebrantable sangriento y despiadado de sus reclutas, Armas y municiones.

Varias semanas después de la ocupación nazi, los exploradores partidistas estaban enviando informes sobre detenciones masivas y masacres de hombres y niños judíos. En Vilna, los soldados alemanes y las fuerzas de seguridad de Lituania fueron de puerta en puerta, detuvieron a miles de hombres y niños judíos y los enviaron a marchas forzadas a las afueras de la ciudad. Durante el verano, más de 21.000 de ellos fueron masacrados, sus cuerpos arrojados en fosas comunes.

Con informes de asesinatos masivos en el bosque procedentes de su hijo mayor, Chaim Levin fue sorprendido en la acción. Vendió el negocio familiar para poder comprar armas y municiones para que cada miembro de su familia se uniera a los partidarios. Siguieron a Shmuel al bosque, pero Chaim y su esposa encontraron refugio en una granja, donde se escondieron hasta el final de la guerra.

En el otoño de 1941, todos los judíos restantes de Vilna estaban dispersos. Miles de personas fueron forzadas a entrar en dos guetos: un grupo de edificios antiguos en el casco antiguo conectado con un puente. Levin y su hermano continuaban operando desde su base en el bosque, aunque Levin era capaz de entrar y salir del gueto para llevar mensajes a los líderes partidistas que estaban tratando de organizar un levantamiento.

En una de esas misiones al gueto, Levin se vio envuelto en una "aktion" nazi, una de las sorpresivas deportaciones llevadas a cabo en las fiestas judías para sembrar el pánico en los 40.000 judíos supervivientes del ghetto. Levin se vio obligado a esconderse en un ático. Cuando un bebé empezó a llorar incesantemente, Levin observó con silencio horror mientras el padre se ponía un abrigo y sofocaba al niño con un movimiento hábil.

"Creo que mataron al bebé", dijo. "Vi muchas cosas. Vi personas muy nobles que se convirtieron en animales. Y la gente muy sencilla se vuelve noble. Y mi madre me advirtió que habría peores cosas por venir.

He visto muchas cosas. Vi personas muy nobles que se convirtieron en animales. Y la gente muy sencilla se vuelve noble. Y mi madre me advirtió que lo peor vendría.
Lo peor ocurrió después de que Shmuel fue a un ataque con un grupo de sus compañeros y nunca regresó. Su cuerpo nunca fue recuperado, y Levin no sabe cómo murió.

Pero Levin apenas tuvo tiempo de llorar a su hermano. En el verano de 1943, el jefe SS Heinrich Himmler dio la orden de liquidar todos los guetos judíos en el Tercer Reich. Aunque Kovner había tratado de persuadir a sus hermanos judíos de resistir a los nazis, la insurrección planificada fracasó y los ghettos se vaciaron a finales de septiembre cuando los nazis reunieron a los judíos restantes y los enviaron a los campos de exterminio. Kovner regresó al bosque, y los Vengadores ayudaron a los soldados rusos que avanzaban contra los nazis en Vilna.



Levin y los partidarios ayudaron a liberar Vilna antes de la llegada de las fuerzas soviéticas en el verano de 1944. Mientras caminaban por una ciudad devastada, Levin y sus camaradas reunieron a los lituanos que habían colaborado con los nazis.

"No mantuvimos prisioneros", dijo. No hubo discusión. Era algo normal. "Los enemigos fueron fusilados en el acto.

Y también los judíos que regresaban. Aunque los padres de Levin sobrevivieron a la guerra en la clandestinidad, fueron ejecutados por sus vecinos lituanos cuando intentaron recuperar la vieja casa de la familia en Vilna.

Con nada más para ellos en Europa, Levin y su hermana Bluma, que había sobrevivido a la guerra que se escondía en el bosque con su hermano, llegaron finalmente al naciente estado de Israel. Allí, Levin conoció a su futura esposa, Sara, una judía húngara que había escapado del Holocausto con su familia.

"Luché con mis padres por él", dijo Sara, que habló con The Post en febrero, a los 87 años, desde el hogar de ancianos donde ella y Levin pasaron los últimos cuatro años de sus vidas. "En primer lugar, dijeron que era demasiado corto y que no podía usar tacones altos si me casaba con él".

Se casaron de todos modos y se mudaron a Long Island en 1967 con sus dos hijos pequeños, un hijo y una hija, nacidos en Israel. Levin consiguió un trabajo como mecánico para el MTA y compró eventual una gasolinera y entró en negocio para sí mismo.

La pareja había estado juntos por 66 años, y la familia - sus dos hijos, sus cónyuges y cuatro nietos - está deseando celebrar el 90 cumpleaños de Levin con un pastel en Pascua.

Frágil y que sufre de Alzheimer, Levin ya no puede reconocer fotografías de sí mismo, mucho menos recordar su cumpleaños. De hecho, nadie sabe realmente cuándo nació Levin, porque mientras estaba en la resistencia tenía tantos documentos de identidad falsos que al final de la guerra ya no recordaba la fecha real de su nacimiento. Así que su familia eligió la fiesta judía, que honra la libertad de los judíos de la esclavitud egipcia, como una metáfora apta y un homenaje apropiado al nacimiento de un hombre que había arriesgado todo para luchar por la libertad de su pueblo.

"En el momento en que empiezo a pensar en esto, viene cada vez más recuerdos", Levin dijo a The Post, y de inmediato se desmoronó en sollozos. "No hablamos de esto más, pero está vivo por dentro."

Este año, por desgracia, la celebración de cumpleaños de Levin será agridulce. Hace dos semanas, su amada Sara murió.

En su tumba, después de esforzarse por esparcir la tierra en su ataúd, Levin se dirigió a su hijo en hebreo: "Parece que ahora es mi momento".

lunes, 29 de mayo de 2017

URSS: Un homenaje a los héroes de Stalingrado

Una historia de la Segunda Guerra Mundial que todavía da temblores en espina 

George Winston - War History Online



Octubre 1942: Un Oberleutnant alemán (teniente primero) con una ametralladora soviética PPSh-41 en los escombros de la fábrica de Barrikady. 

A lo largo de Rusia, muchas personas están tomando el tiempo para rendir homenaje a las víctimas de la Segunda Guerra Mundial. Un 22 de junio, marcó el 75 aniversario de la Alemania nazi invadiendo la Unión Soviética. Encendió algunas de las batallas más sangrientas en la historia humana conocida en Rusia como la Gran Guerra Patriótica.

Una mujer vino a encender una vela en el terraplén del río Moskva. Ella habló a RT y dijo: "Vine aquí hoy para honrar la memoria de mis dos grandes tíos y mis abuelos - que sobrevivieron a la batalla de Stalingrado, los horrores de los campos de concentración y el resto de la guerra. Mi abuela me habló de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, que siguen vivas en mi mente. Envían escalofríos por mi espina dorsal y me hacen estallar en lágrimas. "

La guerra en el frente oriental duró del 22 de junio de 1941, hasta el 9 de mayo de 1945, cuando la Alemania nazi se rindió. En honor de cada día de la guerra, 1.418 velas se encendieron en Moscú. Otra mujer en la asistencia describió esto como: "Un recordatorio de lo difícil que fue para nuestros antepasados ​​para luchar y restaurar nuestro país sacudido, la forma en que renunció a todo para su patria".


Los soviéticos defienden una posición, Stalingrado. 

Según las estadísticas oficiales, la guerra costó 26,6 millones de vidas en la Unión Soviética. En total, más de 8 millones de personas murieron en la línea de frente de la guerra para repeler la invasión de la máquina de guerra nazi. Era la única manera de derrotar al nazismo. Sin duda, la Unión Soviética sufrió más durante la Segunda Guerra Mundial con más del 75% de las fuerzas de los nazis y aliados en Europa en el Frente Oriental. El Frente Oriental fue también donde Alemania nazi sufrió el 74% de sus pérdidas de guerra.

En el frente oriental, tuvo lugar la batalla de Stalingrado. Esta fue la batalla más grande y más sangrienta de la Segunda Guerra Mundial. Más de un millón de soldados participaron a través de ambos lados.

En última instancia, fue el punto de inflexión en el teatro europeo de la Segunda Guerra Mundial. Los nazis nunca fueron capaces de recuperar el impulso que tenían antes. El ejército soviético tomó este éxito militar en la gran batalla siguiente de Kursk que comenzó durante julio / agosto de 1943. Aquí, una de las batallas blindadas más grandes en historia ocurrió; Resultando en otro éxito estratégico soviético. Después de esto, no habría más empujones nazis importantes en el frente del este.

Los civiles soviéticos también sufrieron en esta guerra. Casi 7,5 millones de civiles fueron asesinados deliberadamente por los nazis que ocuparon varios territorios durante la guerra. Otros 4,1 millones de personas murieron debido a las terribles condiciones perpetradas por el régimen.


Leningradinos en la avenida de Nevsky durante el cerco. 

Durante el Sitio de Leningrado, más de 630.000 civiles murieron de hambre y exposición al frío. Durante 872 días, los nazis y sus aliados bloquearon la ciudad. Durante la peor parte del bloqueo, la ración de alimentos en la ciudad disminuyó a sólo 125-250 gramos de pan por día. Sería difícil encontrar una familia soviética que no sufriera una pérdida durante la guerra. Una vez terminada la guerra, el país quedó devastado. La producción agrícola para el país fue de 40% en comparación con los tiempos anteriores a la guerra.

Durante la ceremonia, la élite política de Rusia colocó coronas en la Tumba del Monumento al Soldado Desconocido, ubicada junto al muro del Kremlin. Cientos de miles de rusos conmemoraron a los héroes y víctimas de la Segunda Guerra Mundial en el día nacional de la conmemoración y el dolor. Aproximadamente, 3.000 personas participaron en "Una vela de la memoria" en la ciudad Urals rusa de Yekaterinburg. La gente allí también formó una palabra gigante "recordar" en una de las plazas. La primera vela fue encendida a las 3:15 para conmemorar las primeras bombas nazis que cayeron sobre la ciudad en 1941.

10.000 musulmanes de varias regiones de Rusia se reunieron en la ciudad de Kazan para celebrar una ceremonia religiosa especial. Fue en recuerdo de las víctimas de la Gran Guerra Patriótica. Belarús también celebró ceremonias conmemorativas el mismo día.

viernes, 12 de mayo de 2017

SGM: Fotos de la batalla de Smolensk

La batalla de Smolensk de 1941 en 20 impresionantes imágenes

Damian Lucjan - War History Online




Los tanques alemanes PzKpfw IV en Vitebsk, 130 km de Smolensk 


La batalla de Smolensk fue una batalla a gran escala durante las etapas iniciales de la invasión alemana nazi de la Unión Soviética, la Operación Barbarroja, en la Segunda Guerra Mundial.

Fue la primera batalla donde la Unión Soviética logró retrasar significativamente toda la ofensiva alemana de la Wehrmacht que atacó hacia Smolensk. La fuerza alemana consistió en el 2do ejército de Panzer, comandado por Heinz Guderian, y el 3ro ejército de Panzer de Hermann Hoth.

Los soviéticos desplegaron contra los invasores bajo el mando de Semyon Timoshenko, el frente de reserva de Georgy Zhukov, el frente central de Fyodor Kuznetsov y el frente de Bryansk de Andrey Yeryomenko.

Al final, todos los ejércitos soviéticos de los siglos XVI, XIX y XX quedaron rodeados del Este y del Norte de Smolensk, aunque una cantidad significativa de soldados lograron escapar del bolsillo.

Algunos historiadores han afirmado que las pérdidas en términos de hombres y materiales incurridas por la Wehrmacht durante esta prolongada batalla, junto con el retraso de dos meses en su marcha hacia Moscú, fueron una de las razones por las que fueron derrotados por el Ejército Rojo en La batalla de Moscú tres meses después.

Según informes alemanes, las víctimas alcanzaron 250.000 durante la batalla de Smolensk. Los defensores soviéticos pagaron un alto precio por la resistencia también. La mayoría de la ciudad estaba en ruinas cuando los alemanes finalmente la ocuparon.

En 1985, Smolensk fue galardonado con el título de Hero City por la feroz resistencia.


Un par de Messerschmitt alemán BF-109E en vuelo sobre Smolensk

Vista aérea del área de Smolensk. Foto realizada por un reconocimiento aéreo alemán.

Batalla de Smolensk. T-26 durante el avance. Agosto 1941.

Soldados soviéticos cerca de Smolensk, julio de 1941.

Equipo antiaéreo en la ciudad de Smolensk

Equipo de artillería del Ejército Rojo atacando tanques alemanes en su camino a Smolensk

Soldados soviéticos durante las peleas en la estación de tren.

Tripulación del tanque soviético BT-7 antes de la Batalla de Smolensk. Julio 1941.

Infantería observa un avance de tanques soviéticos T-26 cerca de Smolensk. Agosto 1941

Soviéticos durante un ataque contra Wehrmacht. Julio 1941 

Un soldado soviético que enseña combatientes partisanos cómo manejar una pistola Browning Hi-Power, cerca de Smolensk. 23 de agosto de 1941.

Los cuarteles del 16° Ejército cerca de la zona de Yartsevo 

Las tropas alemanas en una ciudad cerca de Mogilev en el Dnieper, en su camino a Smolensk

División motorizada alemana durante el avance en Smolensk. Nota El cañón antiaéreo alemán PaK 36 

Tropas motorizadas alemanas durante el avance. 1 de junio de 1941 

El mariscal de campo Fedor von Bock, comandante del Centro del Grupo de Ejércitos (izquierda) en conversación con el general Hermann Hoth, comandante del 3er grupo blindado y el general Wolfram von Richthofen. 8 de julio de 1941

Prisioneros de guerra soviéticos después de la Batalla de Smolensk 

Los prisioneros de guerra soviéticos son transportados a la Alemania nazi. La mayoría de ellos no sobrevivieron.


Hitler se reunió con von Bock en la sede del Centro de Grupos de Ejército el 4 de agosto de 1941. Altrough von Bock presionó para un avance inmediato en Moskow, Hitler dijo que los recursos económicos sobre Ucrania eran una prioridad estratégica mayor.

Soldados alemanes en la quema de Smolensk