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martes, 31 de enero de 2017

Historia Argentina: Fábrica de Artillería de Buenos Aires

Fábrica de Artillería de Buenos Aires

Dada la escasez de material de artillería, debida en parte a la necesidad de enviar tropas a diversos frentes de guerra, y a la pérdida de material en diversas derrotas las autoridades de la Revolución de Mayo resolvieron establecer una fábrica de cañones. La falta de técnicos, mano de obra y materia prima eran problemas insuperables, hasta que se presenta a las autoridades Ángel Monasterio. Nacido el 28 de Febrero de 1777 en Santo Domingo de la Calzada, provincia de Logroño, Monasterio ingresa a la Real Academia de San Fernando, donde estudia dibujo y escultura, en los que se distingue de tal modo que es nombrado Académico de Merito. En 1810 es destinado al Río de la Plata en 1810 por la Junta Central de la Administración .

Se identifíca con el espíritu y los móviles de la causa patriota, a cuyo servicio se entrega. Luego de estar preso en Montevideo por cuatro meses, en Noviembre de 1811 pasa a Buenos Aires, incorporándose al ejército como capitán de artillería, siendo destinado al estado mayor de ese arma. En 1812 es comisionado para erigir las baterías "Libertad" e "Independencia" en Rosario. En 1812 es comisionado para erigir la fábrica de cañones, motivo de este trabajo.




Maquinarias, hornos y cañones 

En mayo de 1812 el Triunvirato le encarga el montaje de una fundición en el edificio de una iglesia destechada de la Residencia, que se hallaba situada en las actuales calles Defensa y Humberto Primo. Monasterio se vio obligado a diseñar y construir las maquinarias necesarias, construyendo un horno también de su propio diseño, ya que a las cuatro horas de haberle cargado el metal, ya estaba en estado de perfecta fusión, mientras que los modelos de "Reververo" usados generalmente en Europa en ese lapso de tiempo apenas estaban candentes. Solo una vez haba vio fundir cañones en Sevilla, pero esto le bastó para establecer y dirigir con éxito la fábrica de cañones de Buenos Aires.

Con mucha razón, Mitre lo llamó "El Arquímedes de la Revolución" En base a extensas y concienzudas lecturas, Monasterio, estaba bien versado en las ordenanzas reales, que establecían el desempeño de oficiales en fábricas de artillería, pólvora y otros implementos de guerra. en sus labores, sería asistido por Simón Aráoz, otro español quien tenia cierta experiencia en los trabajos de fundición de metalles. Solo un mes después, el 22 de Julio de 1812 realiza Monasterio el primer ensayo de fundición: un mortero cónico á la Gumer de calibre 12 pulgadas (305 mm) que fue llamado "Tupac Amarü". El 15 de agosto se completa el segundo mortero de ese tipo, denominado "Mangoré"

Ambos fueron trasladados, con grandes dificultades a Montevideo donde fueron montados en batería en un punto estratégico escogido por el coronel von Holmberg. Los gigantescos morteros dispararon sus primeras granadas contra la fortaleza realista de Montevideo el 13 de Septiembre de 1813. Alarmados por la potencia de estas piezas, los realistas estacionaron un vigía en el campanario de una iglesia, para que, al distinguir los fogonazos, los anunciarla al público con dos campanadas. Durante el bombardeo, que se prolongó hasta el 1o de Octubre, ambas piezas dispararon 295 bombas contra la posición enemiga. El 11 de Diciembre se prueban dos nuevos cañones de calibre 8, destinados para el Ejército del Perú, así como un tercer mortero de 12 pulgadas que en honor al director de la fábrica fue llamado "Monasterio".

Esta pieza se encuentra en el Museo Histórico Nacional, en Plaza Lezama, Buenos Aires. A comienzos de 1814 es ascendido a coronel y nombrado jefe del Regimiento de Artillería de la Patria. Los primeros cañones fundidos en esta planta fueron cuatro de bronce de calibre 8, que fueron probados el 11 de Marzo de 1814. Estas piezas, que salieron perfectas fueron asignadas al Regimiento de Artillería de La Patria. En el primer año de actividad la fábrica produjo 22 cañones de campaña de calibre 4 de bronce, y tres de montaña de calibre 6. Durante 1816 y 1817 la actividad se reduce, siendo producidos dos piezas de bronce de a 6 llamadas "El Vigilante" y "El Chacabuco". Otra pieza fundida en este arsenal denominada "El Inexpugnable" fue llevada a Chile por San Martín, con el Ejército de Los Andes, y hoy se encuentra en el Museo Militar de Santiago de Chile. Monasterio perece ahogado en 1817 al regresar de un viaje a Río de Janeiro.

Hallazgos de sus restos 

La Escuela Nº 26, ubicada en San Juan al 300, en el barrio de San Telmo tuvo una noticia que revolucionó a los maestros y a las autoridades, quienes ya planean un museo en el lugar. Todo es por el hallazgo de los restos de una fábrica de cañones de principios del siglo XIX. El descubrimiento tuvo lugar durante las tareas de ampliación del jardín que funciona en el colegio. 
Según esos documentos históricos, la fábrica funcionó entre 1813 y 1822, año en que se mudó a la zona de la Plaza Lavalle, frente a Tribunales. Para la misma época se puso en funciones la fundición de la provincia de Jujuy. "Ambas hacen a nuestra Independencia", destacó Weissel tras una recorrida junto a Clarín y al ministro de Educación porteño Mariano Narodowski, quien se comprometió ante las autoridades a terminar la obra lo más pronto posible y conservar el lugar por su "alto valor histórico".

La idea de los expertos es seguir excavando en toda la manzana, donde hay otros edificios históricos como la Iglesia San Pedro Telmo, que data de 1734. Hasta ahora, sólo encontraron restos de escoria (la basura de la fundición), minerales de cobre, ladrillos coloniales, pedazos de cerámica y de vidrio, y carbón mineral, que se usaba como combustible.


 


Fuentes 

  • Martí Garro, Pedro E, Coronel de Artilleíra (R.E.) Historia de la Artillería Argentina (Comisión del Arma de Artillería "Santa Barbara ", Buenos Aires, Argentina, 1982) pag. 325-327.
  • Addenda: Lo siguiente proviene de un periódico chileno de aquella poca: El Monitor Araucano Tomo II. N° 61. Viernes 15 de Julio de 1814.
  • "Buenos Aires. Las cartas... Estado de la fábrica de fusiles. 
  • Poder Local

sábado, 3 de diciembre de 2016

EA: Los Patricios y su Pueblo

Los Patricios y su pueblo



Compañía D Suipacha - RI 1 Patricios - Año 1972

Año 1971. Se aproxima la celebración de la fecha patria del 25 de Mayo tan cara para nuestro Regimiento, partícipe fundamental en los acontecimientos vividos en 1810. En la Unidad, se intensificaban los preparativos para intervenir en la ceremonia principal a desarrollarse, como todos los años, en la Plaza de Mayo.

Se recibe la Orden de Operaciones para la formación correspondiente en la que se dispone que, por primera vez en tal celebración, el Regimiento forme con sus efectivos al completo, con uniforme histórico, y que su Jefe se desempeñe como Jefe de Tropas de los efectivos participantes. Hasta esta oportunidad solamente formaban, en representación de la unidad, efectivos equivalentes a una subunidad,

En la fecha que nos ocupa, el país enfrentaba la acción destacada por diversos grupos subversivos que procuraban sembrar el terror en la población mediante la ejecución de acciones terroristas de todo tipo. Entre otros, se había producido el secuestro y asesinato del general Aramburu, la toma de la localidad de La Calera y Garín, el ataque al vivac del Regimiento de Patricios en Campo de Mayo durante el cual se robó armamento, y múltiples atentados y asesinatos.

Como consecuencia de la situación que se vivía, regían medidas de seguridad rigurosas y, entre otras, la reducción al mínimo indispensable del desplazamiento de efectivos militares. Se trataba de no exponerlos al accionar de la delincuencia subversiva.

Por lo señalado, la Orden de Operaciones establecía que una vez finalizada la ceremonia central, el Regimiento debía desconcentrarse por la Avenida de Mayo donde debía abordar camiones que lo trasladarían al cuartel.

Este desplazamiento, de pocas cuadras, debía realizarse bajo la “protección” de patrulleros policiales.

La orden oponía: a la satisfacción de formar, un 25 de Mayo, con los efectivos completos del Regimiento, la brevedad de esa marcha de desconcentración, bajo protección policial y dando la sensación de que fuera impuesta por el terror y al ritmo impuesto por la subversión.

Como es lógico esta situación no satisfacía el interés del Regimiento y por lo tanto se analizó la orden impuesta y se consideró la posibilidad de que los Patricios se reintegraran a su cuartel a pie a lo largo de la Avda. Santa Fe, con su bandera y banda al frente y con sus efectivos cantando nuestras más tradicionales marchas. Ese sería nuestro homenaje a la fecha patria y a la población de Buenos Aires. Por supuesto, esta resolución no debía trascender los límites del cuartel pues la misma no respondía a la orden recibida de la Superioridad.

La resolución adoptada generó en los cuadros del Regimiento una sensación de orgullo y de impaciencia por ser protagonistas de una marcha de la Unidad, a través de su ciudad y de una extensión sólo comparable a los brillantes desfiles del 8 de julio a los largo de la Avda. del Libertador, sobre todo, porque les daba la oportunidad de mostrar a la ciudadanía de Buenos Aires algo del espíritu que albergaba en los pechos patricios, dignos herederos de sus antecesores.

Llega el esperado 25 de mayo y, finalizadas las ceremonias, el Regimiento inicia su marcha por la Avenida de Mayo. Al llegar a la Avda. 9 de Julio los vehículos policiales “de protección” se retiran y Patricios continúa a partir de allí, sin ningún tipo de seguridad, su desplazamiento hacia los cuarteles de Palermo.

Un problema no contemplado, al planificar esta marcha de desconcentración, fue el hecho de que la misma, a lo largo de la Avda. Santa Fe, se iba a realizar de contramano y enfrentando, por consiguiente, el tránsito vehicular.

Pero, oh sorpresa, este inconveniente fue solucionado por cuanto, adelantándose a nuestra marcha, grupos de civiles, espontáneamente, iban despejando la marcha del Regimiento. Centenares de personas escoltaban al Regimiento en su andar. Muchos, entonando algunas de las marchas que se ejecutaban. Una verdadera lluvia de flores y papelitos, arrojados desde los balcones circundantes, daban un marco muy especial a nuestro avance.

Los acordes de la banda resonaban y se multiplicaban en múltiples ecos a lo largo de la calles. Las voces viriles de los Patricios transmitían un mensaje de argentinidad y patriotismo al entonar con fuerte acento las estrofas de las distintas marchas que acompañaban su serena y altiva marcha.

El marco que nos rodeaba hizo que, en más de una oportunidad, la emoción hiciera presa de nuestros corazones y la misma se materializa en algunas lágrimas que intentaron asomar en los ojos de muchos “recios patricios”.

Esta marcha, acompañada y “cuidada” por ciudadanos comunes, nos trajo a la memoria otra circunstancia en que el Regimiento de Patricios estuvo codo a codo con el pueblo de Buenos Aires: en los heroicos combates por la defensa y reconquista de la ciudad durante la agresión inglesa.

Esta conjunción cívico militar, fue un ejemplo de que Patricios y Buenos Aires, Ejército y Pueblo siempre han estado unidos e integrados cuando tras objetivo común se sienten hermanados en defensa de nuestra querida celeste y blanca.

Por el Coronel (R) Alberto Horacio Calloni

Nota: Lo mismo se repitió al conmemorarse al año siguiente otro aniversario del 25 de Mayo. Esta vez el desplazamiento del Regimiento se realizó por: Avda. de Mayo, Florida y Avda. Santa Fe, hasta los Cuarteles de Palermo. Yo participé del mismo con mi Compañía D “Suipacha”. Oscar A. Turone

Fuente

Calloni, Coronel (R) Alberto Horacio (Ex 2do Jefe del RI 1 “Patricios”) – Anecdotario.
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Portal www.revisionistas.com.ar

Revisionistas

lunes, 23 de mayo de 2016

Revolución de Mayo: Qué pasó el 22 de Mayo

Qué pasó el 22 de mayo de 1810
Historias Inesperadas



El Cabildo comenzó a poblarse a partir de las ocho de la mañana. Asistieron 251 vecinos de los 450 que habían sido convocados. Entre los ausentes habría que considerar a algunos que fueron disuadidos de concurrir cuando ya estaban en las cercanías del edificio. El inicio de la reunión se demoró porque tres asistentes plantearon la nulidad de la asamblea por falta de quórum. El reclamo no prosperó.

La imagen de una reunión muy formal y organizada que conocimos a través de las láminas escolares se contrapone al contenido de las cartas y relaciones que fueron escritas en los días posteriores. En el gran salón improvisado en el largo balcón (se usaron tapices para cerrarlo y protegerlos del frío y los curiosos) hubo empujones, gritos y hasta insultos para algún orador poco convincente. La ovación de la jornada fue para la propuesta de un español: el general Pascual Ruiz Huidobro planteó que el virrey Cisneros debía renunciar de inmediato.

Los discursos secaron las gargantas y fue necesario ir en busca de provisiones. Diez botellas del básico vino de carlón, seis botellones del buen tinto de Cádiz, más chocolate caliente y bizcochos sirvieron como refrigerio a los hombres que tomaban, además de una copita, graves decisiones.

Se resolvió que cada uno emitiría su voto en voz alta, dando todas las razones que considerase. Fue un desfile interminable de votos escuetos y exposiciones sobrecargadas. También se encargó comida al fondero Andrés Berdial, por lo tanto, el martes 22 de mayo tuvo lugar el primer delivery de nuestra historia patria.

Un detalle: el gobierno le pagó dieciocho pesos a quienes hicieron trámites de cafetería durante la maratónica sesión y además cuidaron un par de galeras que, por el frío, habían sido utilizadas para desplazarse. Fue el primer antecedente de los trapitos.

El Cabildo Abierto terminó a la medianoche, cuando se emitió el último de los votos. Los capitulares volverían a reunirse al día siguiente para el escrutinio que definiría la continuidad del virrey o su destitución.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Revolución de Mayo: ¿Asesinato de Mariano Moreno?

La misteriosa muerte de Mariano Moreno

Por: Juan Pablo Bustos Thames - Infobae

¿Enfermedad o envenenamiento? ¿Fatalidad o conspiración? La trágica desaparición del secretario de la Primera Junta, el 4 de marzo de 1811, es uno de los tantos episodios de nuestra historia convertido en materia de interminable polémica




Mariano Moreno murió en alta mar, el 4 de marzo de 1811

El polémico secretario de la Primera Junta de Gobierno, Mariano Moreno, murió en alta mar, el 4 de Marzo de 1811 hace 205 años. Ya no integraba el gobierno patrio, pues había renunciado luego de la escandalosa votación del 18 de Diciembre de 1810, en la que se resolvió, contra la voluntad de Moreno, incorporar a los diputados de las Provincias, dando origen así a la llamada Junta Grande.

La hipótesis del asesinato: "La gran conspiración"

La teoría más difundida sostiene que Moreno fue asesinado por sus enemigos. Afirma que agentes de Cornelio Saavedra habrían contratado el pasaje en la fragata inglesa Fame; o que espías saavedristas, dirigidos por Pedro Medrano, se habrían asegurado de que embarcase en la Fame, en Ensenada.

Para darle un tono más conspirativo, se sostiene que la Junta Grande, conducida por Saavedra y por el deán Gregorio Funes, suscribió, el 9 de febrero de 1812 (pocos días después del embarque de Moreno), con el comerciante norteamericano David Curtis de Forest un contrato de provisión de armas para los ejércitos patrios. En el art. 5º de dicho contrato se preveía que "para poner en ejecución el convenio deberá Mr. Curtis ponerse antes de acuerdo con el enviado de esta Junta a la Corte de Londres, señor doctor Mariano Moreno, cuya aprobación será requisito necesario para que los comprometimientos de Mr. Curtis obtengan los de esta Junta". El art. 11º del convenio establecía: "Si el señor doctor don Mariano Moreno hubiere fallecido, o por algún accidente imprevisto no se hallare en Inglaterra, deberá entenderse Mr. Curtis con don Aniceto Padilla en los mismos términos que lo habría hecho con el doctor Moreno". Una cláusula vista como de capciosa naturaleza profética, al prever la muerte de Moreno.


Moreno tenía tan sólo 32 años cuando murió en la fragata que lo llevaba a Londres

Manuel Aniceto Padilla había sido comisionado por la Primera Junta a Londres, desde Setiembre de 1810, para adquirir armamento. Allí se contactó con el legendario general francés Charles-François du Périer Dumouriez, vencedor de Valmy (1792), el primer gran triunfo de la Revolución Francesa contra la Primera Coalición. Más tarde, Dumouriez, ante el riesgo de ser decapitado por los jacobinos, abjuró de la República y se pasó al bando borbónico. En 1804 se refugió en Inglaterra; sirvió como consejero del Ministerio de Guerra británico y se relacionó con la industria de armamentos. Como Inglaterra no podía vender armas directamente a la Junta para no resentir su alianza con España en la lucha contra Napoleón, Dumouriez haría los contactos y las armas se venderían a un particular norteamericano (Curtis) quien las llevaría al Plata.

El 31 de Julio de 1811, muerto Moreno y habiendo arribado a Londres sus secretarios, Manuel Moreno y Tomás Guido, éstos advirtieron que las armas adquiridas por Padilla estaban sobrevaluadas y lo acusaron de "sacar partido de las presentes circunstancias, y (de) recibir de la corte de Inglaterra una pensión de 300 libras en calidad de espía", calificándolo además de "bribón, miserable parásito e intrigante". También descalificaron a Curtis y a Dumouriez, inculpándolos de "espionaje y quebrantadores de la fe pública". Esto hace suponer a algunos que, en previsión de que Moreno tomara conocimiento de este tráfico de armas y se opusiera a convalidar sobreprecios, estos traficantes conspiraron, en combinación con el saavedrismo, para borrar del mapa al ex secretario de la Primera Junta.

EL CABILDO SAAVEDRISTA CONSIDERÓ QUE LA REIMPRESIÓN DEL CONTRATO SOCIAL DE ROUSSEAU ORDENADA POR MORENO ERA "MÁS BIEN PERJUDICIAL"

Para reforzar esta tesis, agregan que el Cabildo saavedrista de Buenos Aires había expresado, en su oportunidad que "la lectura de la reimpresión del Contrato social de Rousseau ordenada por el doctor Moreno no sólo no es útil sino más bien perjudicial", sosteniendo "superflua la compra de 200 ejemplares de la obra"; archivando de este modo definitivamente el proyecto morenista de difundir la obra rousseauniana en el Plata.

A ello agregan que, el 2 de febrero de 1811, Guadalupe Cuenca, la mujer de Moreno, recibió en su casa un paquete sellado con un abanico, un velo y mitones de luto, con un anónimo: "Mi estimada señora: Como sé que va usted a ser viuda, me tomo la confianza de remitirle estos artículos que pronto corresponderán a su estado".

UN TESTIGO DIJO HABER OÍDO AL PADRE AZCURRA DECIR: "YA ESTÁ EMBARCADO Y VA A MORIR"
Tiempo después, la Asamblea del Año XIII constituyó una comisión para investigar a los Gobiernos Patrios. En la causa de la muerte de Moreno, Pedro Jiménez, que había sido oficial de la Secretaría de Guerra cuando el fallecido prócer era su titular, contó que le sugirió a éste que se refugiara en algún lugar seguro porque "corrían voces de que se lo quería asesinar". Otros declararon que Moreno habría renunciado a la Junta por temor a que se lo matase. El testigo Juan Madera declaró haber oído en Oruro (Alto Perú) al padre Azcurra decir, sobre Moreno: "Ya está embarcado y va a morir". Finalmente, el otro argumento que da sustento a esta tesis es que la fragata Fame sí habría retornado a Buenos Aires, pero jamás lo hizo su capitán, George Stephenson, lo que revelaría su participación en la trama del asesinato.


La refutación de la tesis conspirativa

Son varios los argumentos esgrimidos contra la tesis antes expuesta. Cornelio Saavedra no era un hombre sanguinario, ni vengativo. La única sentencia de muerte que firmó (y a regañadientes) fue la de Santiago de Liniers. No era su estilo matar adversarios. Ya había triunfado políticamente sobre Moreno, y se lo había sacado de encima, cuando éste renunció voluntariamente a la Junta y pidió ser enviado a Londres. No tenía sentido matarlo. Es falso que Saavedra o sus agentes hubieran contratado el pasaje de Moreno en la Fame.

Fue el mismo Mariano quien decidió embarcarse en esa fragata, y rechazó los ofrecimientos de su amigo Robert Ramsay, comandante de la goleta de guerra británica Mistletoe, de conducirlo en esta nave, más ágil y mejor protegida, hacia Río de Janeiro, y desde allí hacia Londres. Ramsay desembarcó a Moreno en el puerto de Ensenada, para trasbordar a la fragata mercantil Fame. A bordo lo esperaban sus secretarios: su hermano Manuel y Tomás Guido. No obstante ello, Ramsay lo escoltó hasta que la Fame salió del Río de la Plata y rumbeó por el Atlántico, hacia Río.

MORENO NO VIAJÓ A LONDRES A COMPRAR ARMAS, SINO A GESTIONAR RESPALDO PARA LA REVOLUCIÓN

El hecho de que espías saavedristas hubieran observado su partida sólo significa que se aseguraron que Moreno no hubiera cambiado de opinión. La misma Junta Grande le había pedido a Ramsay proteger a Moreno de un abordaje realista. De haber querido matarlo, era más fácil dejarlo a merced de la escuadra de Montevideo.

La estrafalaria idea del tráfico de armas

Moreno no viajó a Londres a comprar armas, sino a gestionar respaldo para la Revolución. En el camino, la Junta Grande le encomendó que supervisara la compra de armas. De haber sido Moreno un obstáculo para este negocio, ni siquiera lo hubieran designado para tal fin, toda vez que la Junta ya contaba para ese rol, en Londres, con Aniceto Padilla. La previsión de que, en caso de muerte o imposibilidad de Moreno, el contratista se entendiera con Padilla, no hace más que considerar una posibilidad concreta y común en la época: que el navío naufragara, u ocurriera alguna eventualidad que le impidiera actuar al enviado. Éste nunca había gozado de salud rozagante.

UN VIAJE TRANSATLÁNTICO DEMORABA TRES MESES: NO HABÍA POSIBILIDAD MATERIAL DE CONSPIRAR DE ESE MODO

Además, el lapso que medió entre la renuncia de Mariano a la Junta y su designación como embajador (fines de diciembre de 1810), y su partida (mediados de enero) hacía imposible confabular a todos los miembros de la supuesta trama: Dumouriez y Padilla, en Londres, Saavedra y Funes, en Buenos Aires, y Curtis, cuya presencia se registra en la Capital, en febrero de 1811, cuando la Fame ya había partido. Un viaje transatlántico demoraba unos tres meses, por lo cual no había posibilidad material de conspirar de ese modo. En Londres no se sabía aún que Moreno había sido designado representante, cuando éste murió; y, salvo que los hipotéticos conspiradores fueran adivinos, nadie sabría cómo iría a reaccionar ante el contrato de provisión de armas, que estaba yendo –supuestamente- a desbaratar.

La oposición del Cabildo a la impresión del Contrato Social de Rousseau, fue una simple decisión, explicable porque los regidores veían las ideas de la Revolución Francesa lesivas al sentir religioso del pueblo. Por otro lado, la trama de amenazas y anuncios de pronta muerte se explican por el alto grado de agresividad y de conflicto político entre morenistas y saavedristas al que se había arribado entre 1810 y 1811. El mismo Saavedra contó que Moreno pretendía encarcelarlo y ajusticiarlo. Mariano, por su carácter, tenía muchos enemigos que no dudarían en amenazarlo, sabiéndolo alejado del gobierno. Amenazas cruzadas invocando la muerte de Moreno y Saavedra (los líderes de los dos bandos enfrentados) eran moneda habitual en la época.


El Capitán del Fame

Que el capitán de la Fame nunca haya retornado a Buenos Aires, no tiene por qué significar que fue parte de una conspiración. El Plata era por entonces un destino marginal en la navegación mundial. No teníamos puertos de gran movimiento, como los europeos, los de América del Norte, el Caribe, Australia, África o la India. Además, se trataba de un oficial sin lazos ni intereses en el Plata, como para que se prestase a participar en alguna conspiración local, en la cual no tenía arte ni parte alguna.

AMBOS APUNTARON SIEMPRE A UNA ÚNICA E IMPRUDENTE DOSIS DE EMÉTICO QUE LE SUMINISTRÓ EL CAPITÁN
Ni Tomás Guido, ni Manuel Moreno acusaron a Saavedra, ni a nadie, de la muerte del prócer. Ni siquiera cuando aquel cayó en desgracia. Ambos apuntaron siempre a una única e imprudente dosis de emético que le suministró el capitán (y no una serie de aplicaciones como erróneamente dicen algunos, creyendo que se trató de un envenenamiento progresivo).

En la época no había tantos médicos; tampoco había muchas Facultades de Medicina en el mundo. No todos los barcos tenían médicos. De hecho, el Fame carecía de un facultativo a bordo. A falta de profesionales, el propio capitán disponía de un modesto botiquín, donde según su experiencia y su pobre saber o entender, aplicaba una u otra solución al pasaje que se enfermaba. Moreno siempre tuvo una salud endeble, y en ocasiones estuvo al borde de la muerte. Ante los síntomas de descompostura que refería, el capitán debió haber pensado que con un fuerte vomitivo, solucionaría sus malestares. Sin embargo, fue peor el remedio que la enfermedad, y el pobre agonizó durante tres días, hasta perecer, "a los 28º 07' Sur en la madrugada del 4 de Marzo de 1811", "en los 32 años 6 meses y un día de edad", como consignara su hermano.

Habían transcurrido 38 días de zarpar; y hacía bastante tiempo que la calma chicha había afectado al buque, que permanecía casi inmóvil, por falta de vientos. Por eso fue imposible que la fragata se dirigiera a otro destino, como pretendía Manuel Moreno. El ex secretario de la Primera Junta falleció casi enfrente de la Isla de Santa Catalina; hoy destino favorito de muchos argentinos, para vacacionar.

sábado, 29 de agosto de 2015

Museo: Algunas trampas en el Cabildo

Las trampas de la historia: en el Museo del Cabildo no todo es lo que parece
Los visitantes contemplaron durante 75 años objetos que se creían auténticos, pero ahora se sabe que el reloj de William Beresford o el tintero de Cornelio Saavedra eran falsos y, por eso, dejaron de exhibirse
Por Silvina Premat  | LA NACION
 

Foto: Santiago Cichero/AFV
Durante años quienes visitaban el Cabildo de Buenos Aires escuchaban a las guías afirmar muy seguras: "Ese reloj fue un obsequio a los cabildantes hecho por el general inglés William Beresford en 1806". O: "Aquel tintero perteneció a Cornelio Saavedra, presidente de la Junta". Ahora esos objetos ya no se exhiben al público. Fueron retirados luego de verificarse que no eran lo que se decía que eran.

En los 75 años que lleva como Museo Nacional del Cabildo y la Revolución de Mayo, crecieron entre sus muros leyendas que no se corresponden con la realidad histórica. Entre ellas se incluye la imprenta que siempre se dijo que había pertenecido a los niños expósitos y hasta la joya mayor de la colección del Cabildo: la Bandera que supuestamente se conservó como trofeo de la batalla de Suipacha. Las crecientes dudas sobre su origen obligaron a las nuevas autoridades del museo a tomar la decisión de rebautizarla con el paradójico nombre de Bandera del Misterio, con lo que en gran medida conserva un raro interés.

Por fin, Gabriel Di Meglio, director desde septiembre pasado del Cabildo, que sólo en julio último fue visitado por 47.000 personas, admitió la atribución equivocada del origen de algunas piezas. En cuanto Di Meglio llegó, escuchó también él las leyendas y no dudó en contrastarlas con las evidencias aportadas por la historia y las disciplinas de las que se vale el conservadurismo. "Me fueron mostrando que había algunas cosas mal atribuidas - dijo Di Meglio a LA NACION-. Es algo muy común en el mundo de los objetos históricos. Lo mismo pasa en el arte; a veces se atribuyen cosas con muy poco criterio. En general, en todos los museos del mundo pueden haber cosas que no sean lo que se dice que son."

Según la responsable de Gestión de colecciones del Cabildo, la museóloga y especialista en conservación de papel Virginia González, no hay documentación cierta sobre el origen del 90% de 500 piezas del patrimonio del museo. Las 800 restantes son periódicos (ejemplares de La Gaceta).

Para Di Meglio, sin embargo, "la mayor parte de las cosas están bien". Experto en la época revolucionaria de principios del siglo XIX, Di Meglio es el tercer director del Museo del Cabildo en los últimos dos años. Sucedió a Araceli Bellota, que había asumido la dirección interina en julio de 2014 cuando renunció a ese cargo Víctor Ramos a poco más de un año de haberlo aceptado. Ramos, a su vez, reemplazó a María Angélica Vernet, que había sido apartada luego de dirigir el Cabildo desde los años 80.


"Cuando comencé a colaborar con el museo como guía, mientras aún estudiaba museología contaba a los visitantes la historia del reloj que regaló Beresford a los cabildantes", recuerda González, quien integra el staff del Cabildo desde 2002.

Su primera tarea fue completar un inventario inconcluso, por lo que debió registrar todas las piezas del patrimonio. En los últimos dos años, cuando las autoridades del museo se lo permitieron, concretó los estudios sobre objetos que desenmascararon finalmente cantidad de falsedades que seguían repitiéndose desde hacía largo tiempo.

El dato de que hay documentación cierta sólo del 10% del patrimonio del Cabildo no implica la falsedad, sino la falta de certeza sobre la procedencia de las piezas.

"Eso pasó porque no había reglamentación para las donaciones y cualquiera podía traer un objeto diciendo que había pertenecido a su tatarabuelo fulano y nadie verificaba nada", dijo la especialista. Y agregó además: "Ahora ya no es así. En los últimos diez años, la Dirección Nacional de Patrimonio se dedicó fuertemente a desarrollar una compleja y precisa normativa que regula las donaciones y los préstamos de bienes culturales".

Las sospechas en González fueron alimentadas por la cantidad de "se dice que...", "se cuenta que..." que quitaban credibilidad a la presentación de la muestra permanente del museo. "Nos pusimos a investigar porque los objetos tienen que decir algo al visitante, si no lo hacen no tiene sentido que estén allí."



CUATRO LEYENDAS


1. Bandera de Suipacha

Se decía que había sido tomada a los realistas en la batalla de Suipacha, en 1810, cerca de Tupiza (actual Bolivia). Historiadores uruguayos dijeron durante años que no podía ser de esa batalla porque tiene el escudo realista y cuatro escudos de Montevideo.

Hoy se sabe que fue capturada a los contrarrevolucionarios. Pero no hay datos para dilucidar si fue recogida en 1814 por los revolucionarios cuando tomaron Montevideo o si estuvo en Suipacha. Sigue expuesta como "la bandera del misterio"

2. Tintero de Saavedra

Se decía que era un tintero que perteneció a Cornelio Saavedra, presidente de la Primera Junta.

Hoy se sabe que el objeto que se exhibía no era un tintero, sino una especie de cenicero, que, además, no pudo haber pertenecido a Saavedra porque es de bronce bañado en plata, una práctica que era inexistente a principios del siglo XIX. Así lo determinó un técnico en artes aplicadas que fue convocado por las autoridades del Museo del Cabildo. Ya no se exhibe

3. Reloj de Beresford

Se decía que el general William Carr Beresford había concurrido al Cabildo, en la época de las invasiones inglesas, para reunirse con los cabildantes. Pero no los encontró y, enojado por la impuntualidad, se fue y regresó con un reloj que puso en la puerta y dijo: "Para que tengan presente la hora".

Hoy se sabe que, si eso sucedió realmente, el reloj que obsequió Beresford no es el que se exhibía. Un experto en relojes históricos lo dató a fines del siglo. Y el episodio del relato es de 1806. Ya no se exhibe

4. Imprenta

Se decía que había pertenecido a la famosa imprenta de los niños expósitos que funcionó en la Manzana de las Luces en la época del virrey Juan José de Vértiz. Fue reclamada durante muchos años por el gobierno de la provincia de Misiones.

Hoy se sabe que es una reconstrucción realizada en 1942 con partes originales de una imprenta de fines del siglo XVIII usada por el Cabildo en 1816 para dar a conocer su decisiones. El pedido de Misiones caducó. Se exhibe como "Prensa tipográfica".

miércoles, 6 de agosto de 2014

Biografía: Santiago de Liniers, un héroe francés en las invasiones inglesas


Santiago de Liniers, de virrey a estanciero
Por Roberto L. Elissalde
Para LA NACION


La actuación de don Santiago de Liniers, durante la primera invasión británica en 1806, lo catapultó a los más altos cargos y a la admiración popular, pero también le impidió, en medio de otros problemas, retirarse, como era su deseo, a una isla del delta del Paraná. Deseaba obtener de la corona el beneficio de una de esas tierras tan fértiles y dedicarse a trabajarlas.

Don Santiago logró su cometido, pero en otra región. Alejado de la función pública, se trasladó a Córdoba en 1809, donde se instaló con su numerosa familia. Conoció la estancia de don Victorino Rodríguez en Alta Gracia, que había sido una de las estancias de los jesuitas. Sabía que era una de las predilectas de los padres fundadores y cuando la conoció a pesar de los muchos elogios que había oído sobre la propiedad y del estado de abandono en que se encontraba, le pareció muy superior a lo que pensaba.

Enamorado del paisaje, decidió intentar hacerse propietario de esas tierras, lo que concretó en la escritura firmada hace dos siglos ante el notario Diego Olmos de Aguilera, el 3 de febrero de 1810, en la suma de 11.000 pesos, con facilidades de pago. Sin duda, era un excelente negocio, ya que construir todos los edificios no se podría hacer con menos de 150.000 pesos.

Inmediatamente, Liniers empezó a interiorizarse de las ventajas y las tareas del campo, a las que sin duda estaba aficionado. Le informó a su apoderado en Buenos Aires, don Francisco A. de Letamendi que las tierras por las abundantes aguas facilitaban "poner alfalfares para engordes de reses, que bien sabe Ud. pastarán en los meses de octubre, noviembre y diciembre en términos que se sacan de 10 a 12 pesos de un novillo, solamente en la carne".

Observó también el pingüe precio del trigo y que diariamente podía remitir 8 a 10 carretas de leña al pueblo, que le daban buenas utilidades; además de la siembra de maíz y el arroz, todo beneficiado por el abundante regadío.

Durante su estancia en las Misiones como gobernador había conocido el cultivo del algodón, y creía que también podía darse en esa propiedad. Todas estas reflexiones a Letamendi las escribió a cinco días de haber comprado la propiedad, con esta frase como colofón: "Ya me ve Ud. hecho un labrador y que he colgado la espada para empuñar el arado".

Pocos días después volvía a informar a su amigo, los beneficios del famoso tajamar, la posibilidad de desviar uno de los manantiales con el trabajo de dos peones a medio jornal; además de los arreglos en la casa habitación, de tirar dos paredes interiores para hacer una sala y un comedor, construir una cocina, ya que hasta entonces se cocinaba en un galpón de paja, poner vidrios en las ventanas, etcétera. También lamentaba no tener cerca a Valentín, un maestro mayor carpintero para ayudarlo en la construcción de algunos instrumentos de labranza.

También le pedía a Letamendi que le remitiera toda clase de semillas, particularmente de remolachas, zanahorias, cebollas blancas, apio, perejil, melones, ajíes; toda clase de lechuga, rabanitos, coliflor, brócoli y cuantas semillas pudiera encontrar. Sin duda, pensaba hacer un establecimiento modelo, con una gran huerta para satisfacer las necesidades de la familia. Con buen criterio, pensaba don Santiago que si la tierra no daba lo suficiente como renta, seguramente con el trabajo la familia no iba a pasar necesidades, ya que la subsistencia con los productos de la tierra estaba en buena parte garantizada.

Los sucesos de mayo de 1810 en Buenos Aires, sacaron a don Santiago de su tranquilidad y encabezó la contrarrevolución en Córdoba, en la que ofrendó su vida. A su muerte, la propiedad quedó largos años abandonada; en 1820 pasó a manos de un nuevo propietario, don José Manuel Solares, y años después a sus parientes, los Lozada. De alguna manera, a través del tiempo, esa estancia se conservó en poder de una familia hasta que en 1969 fue expropiado el edificio y convertido desde 1977 en Museo de la Estancia Jesuítica de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers. El 2 de diciembre de 2000, la Unesco junto a otras propiedades de los jesuitas en Córdoba la declaró patrimonio de la humanidad.

A doscientos años de la compra de ese solar, las autoridades del museo y su personal, con verdadera devoción conservan el ámbito en que don Santiago de Liniers pasó los últimos meses de su vida. De seguro está presente aquella frase que escribió el virrey cuando se convirtió en estanciero: "Por mí solo amarrado me sacan de Alta Gracia, ya no quiero más guerra que con las perdices, patos y vizcachas". No la pudo cumplir porque, como afirmó uno de sus contemporáneos, "nació con sangre francesa, murió de corazón español". .