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jueves, 13 de julio de 2017

BNPB: El mito del barco alemán hundido en Colina Doble

Colina Doble: la leyenda del barco alemán hundido
El mito dice que el cementerio militar se originó a partir de la llamativa presencia de dos sepulcros con las inscripciones en el citado idioma.
La Nueva



Colina Doble: la leyenda del barco alemán hundido. Punta Alta. La Nueva. Bahía Blanca
Las tumbas serían del capitán y un oficial del "Patagonia", en el cementerio. Las cruces, de los marineros.
Claudio Falzoni



El mito del naufragio de la nave alemana tiene una íntima relación con el cementerio de Colina Doble.

Quizá por ser de difícil acceso, en una zona militar, y por las particulares características de la uniformidad de las tumbas, el camposanto fue objeto de numerosas leyendas que trataron de explicar su origen y el de algunos enterramientos.

"El mito dice que el cementerio se originó para enterrar a todos los tripulantes fallecidos del barco o el submarino alemán hundido en la Primera Guerra Mundial, frente a las costas rosaleñas", manifestó el profesor Luciano Izarra.

El responsable del Archivo Histórico Municipal expresó a que las cruces blancas serían de los marineros.

"Las dos tumbas que se destacan pertenecerían al capitán y otro oficial".

Consideró que posiblemente el mito se originó a partir de la llamativa presencia de dos sepulcros con las inscripciones en alemán.

"Ambas llaman la atención, dado que son visibles desde el exterior del cementerio, y rompen la uniformidad general del resto de las sepulturas".

Dijo que una lápida ostenta la cruz imperial alemana,

"Se lee ‘Hier ruht Joh Koldewey’: ‘Aquí se encuentra Joh(annes) Koldewey’. Debajo se lee ‘Kapt.d.H.A.L.’, abreviaturas de ‘Kapitän’ (capitán en castellano), de la Hamburg America Line".

"Cerca de esta tumba se encuentra otra, con una lápida de forma similar, en la cual se lee “Hier ruht Dr. Th. Walter aus Karlsruhe”, que traducido al castellano significa `Aquí se encuentra el Dr. TH(eodore). Walter de Karlsruhe´".

"¿Quiénes fueron estos hombres? ¿Cómo llegaron sus restos al cementerio de Colina Doble si no hubo ningún naufragio?".

El profesor Izarra sostuvo que, como sucede con la mayor parte de los mitos urbanos, éste tiene un lejano eco de los diferentes acontecimientos ocurridos en épocas más o menos distantes.

"Durante la I Guerra Mundial (1914-1918). la Argentina declaró su neutralidad y prosiguió con sus relaciones amistosas con todos los beligerantes. A fin de reforzar su neutralismo, en agosto de 1914, el Ministerio de Marina dispuso la prohibición de la navegación por las aguas argentinas de los barcos mercantes extranjeros que estuvieran armados como cruceros auxiliares: aquellos barcos de pasajeros o mercantes a los que se los dota de armamento para cumplir misiones de escolta, control o vigilancia)".

Dijo que Alemania violó reiteradamente esta política.

"Por ello, varios de sus barcos fueron internados en puertos argentinos. Uno de ellos fue el vapor ‘Patagonia’. A mediados de diciembre de 1914, luego de la Batalla de Malvinas, fue interceptado por el crucero ‘Pueyrredón’ y escoltado a Puerto Madryn".

"Se decidió que el `Patagonia´ debía enviarse al Puerto Militar y permanecer allí hasta el fin de las hostilidades".

La verdad detrás de los mitos

El "Patagonia", finalizada la guerra en noviembre de 1918, fue cedido por Alemania a Gran Bretaña como reparación de guerra. "Rebautizado `Valdivia`, terminó encallado en las costas chilenas en 1933. Como se aprecia, no hubo buque alemán hundido ni las cruces blancas corresponden a su tripulación. Pero muchas veces detrás de las leyendas o mitos urbanos se esconde una realidad histórica que el tiempo y el pasaje de boca en boca agiganta o deforma".

En las próximas notas continuaremos descubriendo la verdad detrás de los mitos que rodean al cementerio de Colina Doble. Entre ellos, el de la epidemia (que trata de justificar el origen de la necrópolis a causa de una gran epidemia en la ciudad) y el de la vacuna fallida (cuya aplicación habría matado a las personas enterradas en el camposanto de Colina Doble).

sábado, 23 de abril de 2016

UK: Restos sajones y de la PGM



Un sitio de enterramiento sajón y artefactos de la PGM encontrados en la llanura de Salisbury
Los secretos de un pasado antiguo y artefactos militares de la guerra mundial 1 y 2 han sido descubiertos durante los trabajos de pre-desarrollo de nuevos cuarteles militares en Bulford en la llanura de Salisbury.
El cementerio sajón de alrededor de 150 tumbas y características militares ha sido descubierto en la tierra poseída por el Ministerio de Defensa y asignada para 227 nuevas viviendas para familias del Ejército.
Los elementos arqueológicos se encontraron por primera vez durante la excavación de zanjas de pre-planificación estándar por un equipo de especialistas de Wessex Archaeology.
Uno de los enterramientos ha sido fecha de carbono entre los días 6 y 7 de siglo.
Durante la PGM el sitio fue utilizado para el entrenamiento. Los investigadores han encontrado pruebas de que un herrador de campaña puede tener caballos re-zapateados en el sitio.
El sitio era también el hogar de los campos de tiro de la SGM.

Forces T

miércoles, 10 de junio de 2015

Conquista de América: La tumba secreta de Hernán Cortés

La tumba secreta de Hernán Cortés
Durante 123 años el paradero del los restos del conquistador español fue un misterio, hoy languidecen en el olvido en México

El mayor enigma de Hernán Cortés fue su tumba. Entre el siglo XIX y el XX, se dio por desaparecida y alimentó uno de los grandes misterios históricos de América. Hubo quien pensó que había sido saqueada, otros especularon con el extravío, y algunos convirtieron el caso en una metáfora del destino de España en México. La verdad no andaba ni lejos ni cerca. Pero aún hoy, cuando la tumba del conquistador languidece en el olvido, mantiene su capacidad de sorpresa.

El País


El Real psicoanaliza a Hernán Cortés y a Moctezuma en ‘La conquista de México’

En 1823, tras la Guerra de Independencia y ante la furia antiespañola que barría México, el ministro mexicano Lucas Alamán, como detalla el historiador Salvador Rueda, urdió una plan para evitar que cayera en manos de profanadores y fuera destruida. Al tiempo que hacía creer que los despojos habían sido enviados a Italia, los ocultó primero bajo una tarima del Hospital de Jesús, el lugar donde la leyenda considera que Cortés y Moctezuma se vieron por primera vez, y 13 años después, tras un muro en la contigua Iglesia de la Purísima Concepción y Jesús Nazareno.

La ubicación del nicho quedó silenciada y durante años permaneció en secreto hasta que en 1843, el propio Alamán, para evitar que su paradero cayera en el olvido, depositó en la embajada de España un acta del enterramiento clandestino. El documento, lejos de ver la luz, recibió tratamiento de secreto. Dio igual que el embajador fuese conservador, liberal o republicano: de un siglo a otro, el papel nunca salió de la caja fuerte diplomática. Hernán Cortés, el hombre que encarna como pocos el esplendor y la barbarie de la Conquista, hacía mucho que había dejado de ser realidad y se había convertido en un tabú en México. Y la buena relación con el país norteamericano pasaba por su olvido. Incluido el de su tumba.

Así fue hasta que en 1946, un alto cargo del Gobierno republicano en el exilio, de quien dependía la embajada, filtró una copia del documento. El 28 de noviembre de aquel año las reliquias fueron plenamente identificadas.

El hallazgo, tras 123 años de misterio, desató antiguos demonios. Hubo quien pidió que los restos fueran arrojados al mar. Otros llegaron más lejos. Ante estos ataques, salió a la palestra el presidente del PSOE y exministro republicano Indalecio Prieto, exiliado en México y conocedor por su cargo del enigma. En un conmovedor artículo publicado en la prensa de la época, reveló la centenaria historia secreta y pidió la reconciliación. “México es el único país de América donde no ha muerto el rencor originado por la conquista y la dominación. Matémoslo, sepultémoslo ahora aprovechando esta magnífica coyuntura”

Sus palabras no tuvieron eco. México prefirió devolver los restos al lugar al que los había arrojado la historia. En 1947 fueron recolocados en un muro de la Iglesia de Jesús Nazareno. A la izquierda del altar. Allí siguen.

- ¿Viene alguien a visitarla?

- No viene nadie. Aquí no hay permiso para sacar fotos ni hacer turismo. Eso nos lo tienen prohibido.

La secretaria de la iglesia ha respondido sin levantarse de la silla. Está apostada a la entrada y mira con displicencia al recién llegado. El templo, enclavado en una concurrida avenida del centro histórico, parece medio abandonado. A un lado se acumulan muebles antiguos; a otro, andamios y sacos. La tumba no se aprecia a simple vista ni está indicada por ningún letrero. Hay que llegar al fondo y mirar a la izquierda del altar. A tres metros del suelo, se encuentra la placa que señala el lugar donde descansa el conquistador. Es de metal anaranjado. Sólo dice: Hernán Cortés 1485 - 1547.

jueves, 12 de marzo de 2015

Biografía: Los San Martín y los Chilavert

San Martín y los Chilavert


Bóveda donde se hallan los restos del coronel Martiniano Chilavert, Cementerio de la Recoleta

Versiones de distintas fuentes, pues, concurren a establecer tácitamente una sugestiva relación entre el capitán de milicias don Francisco Chilavert, padre de Martiniano, y el futuro vencedor en San Lorenzo, por el solo y no desdeñable hecho de integrar juntos ese reducido puñado de hombres de confianza, dispuestos a desempeñar una trascendente misión en el Nuevo Mundo. Todos lo mencionan a ese español americanista: “…los amigos… Chilavert y otros cuantos….”, dice Manuel Moreno a su íntimo corresponsal de tantas informaciones importantes. Camarada de San Martín, le llaman objetivamente los historiadores. Peo no es sólo a través de la influencia paterna, como el pequeño viajero recibirá del Libertador su misterioso influjo: su hermano mayor, José Vicente, traba con San Martín durante el largo viaje transoceánico, una amistad que será duradera; a los treinta y cuatro años que a la sazón contaba el hijo elegido de Yapeyú, parco y sencillo, pero sicólogo natural para juzgar a los hombres, habrá ofrecido el mayor de los hermanos Chilavert sus aproximados veinte años bien aprovechados, de joven serio y estudioso. Puede colegirse, de dos importantes cartas de San Martín a José Vicente, algunos años después, todo lo que ambos, pese a la diferencia de edades, barajaron juntos en relación con los intereses de la tierra natal (1). Muchas veces, sobre la imponente grandeza del mar, bajo el cielo infinito del trópico, el pequeño Martiniano fue el oyente respetuoso y absorto de cosas que todavía no alcanzaba a comprender cabalmente… Muchas palabras le oyó decir, con acentos que preludiaban el bronce, a ese austero teniente coronel de caballería que entablaba largos coloquios con su hermano mayor. Esas frases quedaron grabadas con caracteres indelebles en su mente, como esclarecidas primicias de historia.

En efecto, a su regreso del Perú, en 1823, cargado de gloria, pero también de amarguras, desde su chacra de Mendoza le escribe el Libertador -¡once densos años después de haber llegado a Buenos Aires!- a José Vicente Chilavert esta carta de amigo. Hay en ella una alusión a cierta diferencia de edades, y campea en sus párrafos el amargo escepticismo que ha dejado en el alma del Capitán de los Andes la ingratitud de que ya era víctima por parte de algunos conspicuos políticos de su patria. Dice así la carta:

“Sr. Dn. Vicente Chilavert
Mendoza

Amigo: No he contestado con más antelación a la de Ud. de 29 de julio por haberme hallado en el campo, del que no he regresado hasta hará diez días.

Se funda Ud. en decir que mi situación me permitirá el tiempo suficiente para leer las cartas de mis rancios amigos; sin embargo, no lo tengo muy sobrante, pues él es dedicado a prepararme a bien morir, no como Ud., sino como un cristiano que por su edad (contaba entonces sólo 45 años) y achaques ya no puede pecar, y a tributar al que dispone de la suerte de los guerreros y profundos políticos las más humildes gracias por haberme separado de unos y otros.

Me dice Ud. que por los papeles públicos formaré una idea exacta de la política de ese país; hace cinco meses que no leo ningún papel público y me va muy bien con este sistema; que no exista la anarquía en nuestro territorio y que los españoles ya no vuelvan a dominar; es cuanto necesito saber, de lo demás poco me importa.

Veo lo que me dice de haberle asegurado Alvear me había escrito a mi entrada en Lima y en otras diferentes ocasiones sin haber tenido nunca contestación mía; protesto a Ud. que no he recibido carta de él desde su salida de Buenos Aires.

Viva, goce Ud., más que Salomón, son los deseos de su amigo. José de San Martín”.

Es bueno tener en cuenta, para evaluar correctamente la importancia de esta correspondencia y, consecuentemente, la jerarquía del destinatario, que San Martín, libertador de Chile y de Perú, era ya ante el mundo uno de los preclaros hombres de América. Su actuación político-militar, por lo tanto, conocida en todos los países civilizados, Constituía una de las grandes figuras del siglo XIX, aunque el huracán de las ingratitudes agitara su espíritu en esa hora.

Y aquí tenemos, desde el primer exilio del Libertador en Bélgica, la otra carta, fechada en Bruselas el 1º de enero de 1825. La dirige así: “Al señor D. Vicente Chilavert primer profesor de Economía Política de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Buenos Aires”, y dice:

“Apreciable amigo:
Al contestar a la de Ud. del 10 de setiembre, permítame le tribute infinitas gracias por las noticias que me da de los favorables sucesos del Perú; ellos son para mí un consuelo que me hace más llevadera la separación de mi patria, separación que todas las distracciones que presenta la civilización europea no pueden hacerme soportable.
Todo cálculo en revolución es erróneo; los principios admitidos como acciones son por lo menos reducidos a problemas; las acciones virtuosas son tergiversadas y los desprendimiento más palpables son actos de miras secundarias; es que no puede formarse un plan seguro, y al hombre justo no le queda otro recurso, en medio de las convulsiones de los Estados, que proponerse como norte de su conducta obrar bien; la experiencia me ha demostrado que ésta es el ancla de esperanza en las tempestades políticas; nada de este exordio comprenderá Ud.; pero me explicaré.
A mi regreso del Perú (y no a mi retirada, como dice el Argos) yo no trepidé en adoptar un plan que al mismo tiempo que lisonjeaba mi inclinación, ponía a cubierto de toda duda mis deseos de gozar una vida tranquila, que diez años de revolución y guerra me hacían desear con anhelo; consiguiente a él establecí mi cuartel general en mi chacra de Mendoza, y para hacer más inexpugnable mi posición corté toda comunicación (excepto con mi familia); yo me proponía, en mi retrincheramiento, dedicarme a los encantos de una vida agricultora y a la educación de mi hija, pero ¡vanas esperanzas! en medio de estos planes lisonjeros, he aquí que el espantoso Centinela principia a hostilizarme; sus carnívoras falanges se destacan y bloquen mi pacífico retiro; entonces fue cuando se me manifestó una verdad que no había previsto a saber: que yo había figurado demasiado en la revolución para que me dejasen vivir en tranquilidad. Conocí que mi posición era falsa y que a la guerra de pluma que se me hacía, yo no podía oponer otra que esta misma arma, para mi desconocida; en lucha tan desigual me decidí a abandonar mi fortificación y adoptar otro sistema de operaciones. He aquí mi primer plan destruido.
He tenido el honor de atravesar en compañía de Ud. el borrascoso Atlántico; sin trepidar me entrego nuevamente a sus caprichos, creyendo que en sus insondables aguas se ahogarían las innobles pasiones de los enemigos de un viejo patriota; pero contra toda esperanza, el Argos de Buenos Aires se presenta sosteniendo los ataques de su conciliador hermano el Centinela y protegido de Eolo y de Neptuno atraviesa el océano, y en el mes de las tempestades arriba a este hemisferio con la declaración de una nueva guerra.
Aquí me tiene Ud., paisano, sin saber qué partido tomar. En mi retiro de Mendoza yo proponía una federación militar de provincias; vengo a Europa, y al mes de mi llegada un agente del gobierno de Buenos Aires en París (que sin duda alguna acude a los consejos privados del ministro francés) escribe que uno u otro americano residente en Londres, tratan de llevar (metido en el bolsillo) a un reyesito para con él formar un gobierno militar en América. He aquí, indicado al general San Martín…”.

Después de todo esto, tan significativo que merecería por si solo un denso capítulo (2), se despide en estos términos:

“Que el acierto acompañe sus calendarios estadísticos financieros; que la salud sea completa, y la alegría y las fuerzas no lo abandonen, son los deseos de su compatriota”.

Esta interesante pieza, encontrada por una feliz casualidad en el Archivo de los Tribunales de Buenos Aires a fines de siglo -¡setenta y cinco años ignorada por la historia!- prueba sin réplica la amistad a que nos referíamos. Pero también prueba definitivamente la sorda e implacable maquinación contra el Padre de la Patria, sostenida con singular virulencia por el Argos y el Centinela, conspicuos representantes de la prensa rivadaviana. ¡Lo fueron a buscar al ostracismo para atacarlo, océano por medio! Pero el héroe de la causa grande, lo fue también por el desprecio olímpico que demostró hacia sus detractores. Incapaz de rumiar sentimientos pequeños, como el rencor, sólo se confesaba ante sus íntimos, para que comprendieran la razón de un alejamiento que distaba de ser indiferencia. Ya lo probaría con creces en el futuro.

En esa carta recuerda el Libertador al amigo, el viaje que realizaron juntos a través del Atlántico en 1812, y en el medio tono de la confidencia fraternal desahoga la queja viril contra las diatribas que pretendían alcanzarlo. Todo eso, con respetuoso aprecio hacia quien llama “primer profesor de Economía Política de las Provincias Unidas del Río de la Plata”.

Existió entre ambos, pues, una buena amistad, más allá del tiempo y de la distancia. Hemos visto, asimismo, según todos los testimonios –verbigracia, la aludida carta de Moreno a Guido y la información de la Gaceta del 12 de marzo de 1812- , que don Francisco Chilavert, el padre, se contaba en el grupo de militares que se alejó de Cádiz y, pasando por Inglaterra, embarcó luego –mancomunados todos en un mismo propósito- rumbo a Buenos Aires. Es decir, camarada de hecho de San Martín, Alvear, Zapiola y los demás.

Así fue como Martiniano, el niño de trece años, hijo de un español americanista, regresa a la Patria casi de la mano de quien habría de ser el héroe máximo de la Gran Epopeya. ¡Quién sabe si este ilustre vínculo no fuera entonces, para él, algo así como el germen misterioso del encendido fervor patriótico que caracterizó siempre, entre aciertos y errores, al artillero científico y valiente de Ituzaingó y de Caseros!.

Por lo tanto, bajo esos auspicios y apenas desembarcado, sintiendo aún en su espíritu virginal el poderoso influjo de la personalidad del gran hombre, continuaría en Buenos Aires –como en efecto lo hace-, con una aplicación superior a lo exigible a sus años, los estudios matemáticos que había iniciado con éxito en España. Luego se incorpora en calidad de cadete al Regimiento de Granaderos de Infantería, adquiriendo allí conocimientos que contribuirían a darle más adelante una seria preparación militar. Desde su iniciación se destacó por su temperamento estudioso y analítico, y por la profundidad de sus preocupaciones y juicios. Es bueno tener presente que en un país que está librando una guerra por su independencia, resulta fundamentalmente importante formar oficiales capaces, única posibilidad de tener ejércitos y soldados idóneos y eficientes. De ahí que resultara altamente promisoria la incorporación de un jovencito con las bellas cualidades de Martiniano, quien el 23 de enero de 1817 alcanza el grado de subteniente de artillería.

Pero no por eso deja las matemáticas. Antes al contrario, parece aumentar su vocación por ellas, y dos años después (26 de enero de 1819) se presenta a rendir prueba de suficiencia. Lo hace con todo éxito, en solemne acto público –según prácticas de la época-, ante altas autoridades civiles y militares.

El estudio metódico comenzó a nutrir su inteligencia, de suyo lucida, y templó su carácter en la disciplina y el orden. En la frente despejada de este joven nostálgico e introvertido, algo indefinible se revelaba ya, como si el destino le reservara para transitar nada comunes rumbos.

Al dar término el curso, el 19 de febrero de ese mismo año, se incorpora al servicio activo. Ya está iniciado, pues, en la profesión de las armas, cuyos galones ostentaría siempre con honor. Por su muy estimada preparación técnica, todos los juicios y todos los acontecimientos lo califican a Chilavert como el artillero científico, destacándose como sobresaliente entre las promociones de su época. Cumple consignar ahora, al mismo tiempo, que la rigidez de cuáquero de su carácter le ganó numerosos enemigos, aunque sus juicios no fueron alimentados siempre por sentimientos confesables. Todo individuo puntilloso y exigente molesta, y muchas veces surgen en su torno reacciones que le crean situaciones desfavorables y delicadas. No hay que descartar, sin embargo, que ya hacia su madurez fuera acentuándose una naturaleza temperamentalmente díscola, según se desprende también de algunos indicios y testimonios concurrentes. Pero en cuanto a su conducta, que es lo que realmente importa, tirios y troyanos, amigos y adversarios, y sobre todo la posterioridad, lo consideran con unánime respeto. A veces, la reticencia egoísta o sectaria procura disfumar en la penumbra una no mentida admiración. Esto es ya significativo y definitorio.

Referencias


(1) Las aludidas cartas, que a continuación se transcriben fueron publicadas en el diario La Prensa, en marzo de 1900, bajo el título de “Documentos históricos – Dos cartas del general San Martín, encontradas últimamente en los Archivos de los Tribunales de la Capital”.

“El alma lacerada del Libertador –comenta el periodista- se ve a través de las líneas rápidamente trazadas de estas cartas. Sus impresiones, trasmitidas rápidamente a un amigo, dan con toda nitidez los perfiles del carácter del héroe de nuestra gran batalla nacional. La rectitud del soldado patriota se revela en la primera carta, y en la segunda pinta en un solo párrafo, con un solo rasgo, su aversión a los conquistadores españoles y su anhelo por la paz en la Patria que él nos había legado.

“La primera carta tiene una importancia fundamental en nuestra historia, y se presta a observaciones y aclaraciones que será necesario hacer, como acto de justicia histórica, en hora propicia”.

(2) Véase el trabajo “San Martín y Rivadavia, una cordial enemistad”, publicado por la revista Todo es Historia, noviembre de 1967.

Fuente

Diario La Prensa, Buenos Aires, 7 de marzo de 1900.
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Portal www.revisionistas.com.ar
Uzal, Francisco Hipólito – El fusilado de Caseros, Editorial La Bastilla, Buenos Aires (1974)