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lunes, 7 de julio de 2014

PGM: La Mano Negra serbobosnia

La sombra de la Mano Negra
Dragutin Dimitrijevic fundó la organización terrorista que atentó en Sarajevo contra Francisco Fernando
VELIBOR COLLIC - El País



El coronel Dragutin Dimitrijevic Apis murió fusilado por su propio Ejército.

Nuestra historia comienza en la primavera de 1912 en Belgrado, capital de Serbia, donde el jefe de los servicios de información, el coronel Dragutin Dimitrijevic Apis, dirige una organización secreta y terrorista de nombre poético: la Mano Negra. La organización propugna, con medios no siempre muy diplomáticos, la unificación de todos los yugoslavos en torno a Serbia, que es, según el coronel, el principal Estado eslavo de los Balcanes. En el extranjero promueve movimientos políticos como Mlada Bosna (Joven Bosnia) en Sarajevo, el movimiento de intelectuales croatas proyugoslavos en Zagreb y un grupúsculo armado de patriotas llamado komitien Macedonia.

Para impulsar la causa yugoslava, el coronel Apis, apodado a veces La Abeja Número 6, fomenta conspiraciones y atentados y lanza rumores (en ocasiones, más eficaces que las bombas) contra los dos imperios europeos. Es partidario de declarar la guerra abierta contra el imperio turco, ya muy debilitado, y libra otro combate, algo más discreto, contra la monarquía austrohúngara, en apariencia más sólida.

El coronel Apis, maestro titiritero, era ya famoso como un hombre de acción, un soldado entregado en cuerpo y alma a la causa yugoslava. En 1903, el joven capitán Dimitrijevic había participado en el asalto al palacio real de Belgrado, durante el que murieron asesinados el impopular rey Alejandro I de Serbia y su mujer, Draga Mašin. Gravemente herido, el capitán sobrevivió de milagro. Las tres balas que recibió entonces no las extrajeron jamás de su cuerpo. Después se le atribuyeron diversos actos de valor durante las guerras de los Balcanes (1912-1913).

Tras un viaje a Rusia, el coronel Apis forma la Mano Negra, con el apoyo logístico del poder de Belgrado. En 1911, Dimitrijevic organiza un intento fallido de asesinar al emperador Francisco José I de Austria. Cuando fracasa, la Mano Negra centra su atención en el heredero del trono, Francisco Fernando de Austria.

Nuestra historia comienza además, probablemente, en los oscuros pasillos de varias embajadas europeas, en Moscú y en Viena, en París y en Berlín. Sus raíces se encuentran también en ese mundo de fronteras mal definidas, en el que Centroeuropa ya no ocupa verdaderamente el centro, sino que se extiende por todas partes, y en el que los eslavos del sur (los croatas, los serbios, los bosnios, los eslovenos…) viven a caballo de dos imperios, dispersos y perdidos entre una voluntad relativamente fuerte de vivir por fin juntos y la realpolitik impuesta por los ocupantes germánicos y otomanos. Y podemos encontrar asimismo razones históricas: en la mitología serbia, que glorifica la derrota de Kosovo frente a los otomanos en 1389 y otros hechos mucho más prosaicos, como la anexión de Bosnia-Herzegovina por parte de Austria en 1878. En los distintos textos en los que las palabras de Piotr Alekseievitch Kropotkin, el príncipe negro del anarquismo, se codean y se entremezclan con los mitos del reino perdido de los serbios hasta convertirse en una especie de programa político de la Joven Bosnia. Y en las largas noches de insomnio, en la fiebre y la embriaguez de un joven nacionalista eslavo, Gavrilo Princip, de 20 años, tuberculoso, estudiante y poeta.

Los serbios insisten, hoy más que nunca, en que Gavrilo Princip era un izquierdista ateo y que hay que situarle en el contexto de su época. Estaba muy próximo al anarquismo, pero también a varios movimientos intelectuales de izquierda. Según esas mismas fuentes, en el momento del atentado, Princip no era un auténtico nacionalista, sino “un serbocroata, que no es más que una variedad de yugoslavo”. Sus contemporáneos le describen como un joven poeta y un febril intelectual que devora tanto a Alejandro Dumas como la poesía de sus contemporáneos, las aventuras de Sherlock Holmes como las obras de los anarquistas rusos. Un periodista serbio añadía no hace mucho: “Princip es en historia lo que Rimbaud en poesía: un meteoro aparecido al margen de las leyes conocidas sobre los movimientos de los cuerpos celestes”.

Miembro de la Joven Bosnia desde 1912, Gavrilo Princip avanza como un sonámbulo hacia su destino peculiar y trágico. En su cabeza, las frustraciones personales (durante la primera guerra de los Balcanes, 1912-1913, Princip se presentó como voluntario al Ejército serbio, pero su frágil salud hizo que lo rechazaran) y la enfermedad que invade sus pulmones adquieren proporciones proféticas. Su infortunio no es sino el infortunio de su pueblo, y sus sueños de amada libertad son, en definitiva, los sueños centenarios de todos los eslavos del Sur: contar con un Estado libre e independiente.

Maestro titiritero,  el coronel era ya famoso hombre de acción, un soldado entregado a la causa yugoslava
El encuentro entre el coronel y sus estudiantes se desarrolla seguramente a la sombra de la Mano Negra en Belgrado. Vestido de diplomático ruso, el coronel Apis convence a los jóvenes nacionalistas (la Gran Historia suele olvidarse de Nedeljko Cabrinovic, autor del primer atentado fallido), es de imaginar que sin dificultades, de la necesidad histórica y patriótica de su futura acción: decapitar a la monarquía austrohúngara.

Unos días antes del atentado, armados de pistolas y granadas de mano, con una cápsula de cianuro en el bolsillo, Cabrinovic y Princip parten hacia Sarajevo. Sus futuras víctimas, Francisco Fernando y su esposa, Sophie Chotek, ya están en Bosnia.

La continuación de esta historia es conocida. Los destinos de un coronel serbio y un joven bosnio, la pareja imperial austriaca y varios diplomáticos —serbios, rusos, austriacos— se cruzarán en Sarajevo en la borrascosa mañana del 28 de junio de 1914, delante del Puente Latino.

El pacto secreto entre el coronel Apis y sus estudiantes se inscribe en la historia como el “atentado de Sarajevo”, la tragedia que abre paso al siglo XX.

En la semana posterior al atentado, la policía militar detuvo al coronel Apis ante su oficina en Belgrado. El Estado Mayor serbio le acusó de “alta traición”, y fue condenado a muerte. Murió fusilado por su propio ejército, como traidor y sin honores militares. La fecha de su ejecución sigue siendo un misterio: unas fuentes mencionan el 11 de junio de 1917; otras, el 24 o el 27.

Hoy, cien años después, la tumba de Gavrilo Princip se encuentra en la capilla ortodoxa de los Héroes de Vidovdan, en Sarajevo. La limusina, la pistola del joven serbio y el uniforme ensangrentado de Francisco Fernando están en un museo en Viena. La bala que mató al archiduque se expone en un castillo de Konopiste, en la República Checa.

“La historia la escriben los vencedores”, dijo el gran escritor yugoslavo Danilo Kiš, “y el pueblo forja las leyendas. Los escritores fantasean. Solo la muerte es indiscutible”.

Velibor Colic, escritor bosnio residente en Francia, es autor de Sarajevo Omnibus (Gallimard), sobre el asesinato del archiduque. En España, Periférica ha publicado su libro Los bosnios.Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

domingo, 29 de junio de 2014

PGM: Las casualidades del asesinato del Archiduque

La chapuza con la que estalló la primera Guerra Mundial
Un insólito cúmulo de casualidades permitió a Gavrilo Princip asesinar al archiduque en Sarajevo hace ahora 100 años
El País


Esquina de Sarajevo en la que Gavrilo Princip disparó contra el archiduque. / ELVIS BARUKCIC (AFP)

Nunca un cúmulo de casualidades tan insólito ha tenido unas consecuencias tan pavorosas. Las posibilidades de que Gavrilo Princip desatase en Sarajevo con dos disparos una guerra mundial, un atentado del que se cumplen 100 años este sábado, eran mínimas pero ocurrió. “Era un don nadie, que sin embargo lo cambió todo”, explica Tim Butcher, un escritor de viajes británico que acaba de publicar un ensayo sobre Princip, The trigger. Hunting the assassin who brought the world to war (El gatillo. En busca del asesino que llevó al mundo a la guerra). La mayoría de los historiadores coinciden en que, sin aquel magnicidio, la Primera Guerra Mundial, la catástrofe de la que surgen todas las demás catástrofes del siglo XX, no habría estallado. Sin embargo, este joven serbio de Bosnia de 19 años, un tirador sin experiencia, mató al archiduque Francisco Fernando, heredero del Imperio Austrohúngaro, del que Bosnia era entonces una remota provincia, y a su esposa, Sofía, después de encontrarse con ellos por casualidad: ni el asesino ni sus víctimas tenían previsto estar en el sitio en el que se cruzaron. Con dos certeros e improbables disparos, destruyó el mundo tal y como se conocía hasta entonces.


El archiduque con su esposa en Sarajevo el 28 de junio de 2014. / REUTERS

“El atentado de Sarajevo es un suceso de consecuencias mundiales, una especie de Zona Cero de la época”, explica el escritor bosnio residente en Francia Velibor Colic, autor de un relato borgiano del magnicidio, Sarajevo omnibus (Gallimard). “Fue un complot muy bien organizado pero a la vez muy caótico, en el que el azar jugó el papel principal. Fue un vaudeville, una tragicomedia cuyas consecuencias, desgraciadamente, conocemos todos”. Butcher asegura sobre el improbable protagonista del mayor magnicidio de la historia (sólo comparable al asesinato de Kennedy en Dallas en 1963, en el que también hubo una comitiva, un coche descubierto y un debate nunca acabado sobre los responsables últimos): “No dejó descendientes directos, porque murió muy joven. Provenía de una familia extremadamente pobre, de siervos, que debían entregar sus ganancias al señor feudal. Seis de sus hermanos murieron. Cien años después, cuando conocí a sus familiares, seguían hablando de la pobreza".

El asesino se encontró ante el convoy en el que viajaban los príncipes frente a la pastelería Moritz Schiller, que ahora alberga un museo sobre el magnicidio. Princip estaba allí por casualidad pero, lo que es más grave, el archiduque y su esposa, también. La leyenda dice que el asesino se estaba comiendo un emparedado pero, como tantos otros detalles de aquella mañana, no está confirmado porque muchos documentos se perdieron a lo largo de las guerras que asolaron Europa desde entonces. Se sabe que formaba parte de un complot para llevar a cabo el magnicidio que, en aquel momento parecía haber fracasado tras un intento fallido y después de que tres terrorista no se atreviesen a utilizar las bombas y las pistolas que llevaban. De repente se topó de bruces con la comitiva regia y decidió disparar.

Contra toda la lógica, pese a haber sufrido un atentado fallido esa misma mañana, Francisco Fernando decidió continuar con su visita a Sarajevo como si nada ocurriese y formase parte de las costumbres locales lanzar una bomba contra el coche en el que viajaba el heredero de un imperio. La lógica indicaba que el ataque no era una casualidad entre otras cosas porque la visita tenía lugar en una fecha de enorme contenido simbólico: los serbios celebran su día nacional el 28 de junio, San Vito, cuando perdieron su independencia frente a los turcos en batalla del campo de los mirlos en 1389, en Kosovo. La escritora Rebecca West, autora del gran libro de viajes sobre los Balcanes, Cordero negro, halcón gris, escribió en los años treinta tras entrevistarse en Sarajevo con varios testigos del magnicidio: “Nadie trabajó tanto para que el atentado tuviese éxito como las propias víctimas”.

Tras la visita prevista al Ayuntamiento, el gobernador de Bosnia, Oskar Potiorek, convenció al archiduque para acortar y cambiar el recorrido, evitando las estrechas calles del centro de Sarajevo. Pero a nadie se le ocurrió informar al conductor. Cuando se dieron cuenta del error, la comitiva real se detuvo en mitad del camino con el propósito de cambiar de rumbo: hubo que empujar el coche a mano porque carecía de marcha atrás. La parada tuvo lugar ante la pastelería Moritz Schiller, aunque podía haber ocurrido en cualquier otro lugar. Pero, justo ahí, un joven armado que tal vez estaba allí para comerse un sándwich se encontró con un blanco perfecto, se subió al alero del coche y cumplió la misión para la que se había conjurado con otros siete Jóvenes Bosnios, por orden de una misteriosa y letal organización de Belgrado, la Mano Negra (el grado de participación del Gobierno serbio sigue siendo un misterio, aunque está claro que las armas venían de Serbia). La princesa Sofía murió casi inmediatamente, el archiduque Francisco Fernando media hora después. Eran las 11 de la mañana y el siglo XX acababa de empezar. Treinta y siete días después, estallaba la Primera Guerra Mundial.


Gavrilo Princip, en una imagen sin fecha. / AFP

El historiador Christopher Clark, autor de Sonámbulos, el más influyente ensayo de todos los publicados este año del centenario, insiste en el aspecto casual y pone sobre la mesa una idea muy inquietante dada la dimensión del desastre que se avecinaba (la desaparición de cuatro imperios, la Revolución Rusa, el cambio de las fronteras mundiales, el nacimiento del fascismo y el nazismo, otra Guerra Mundial, el Holocausto...): si Gavrilo Princip llega a fallar, Francisco Fernando, que no era un belicista, hubiese evitado la guerra. Sin embargo, Tim Butcher, que ha pasado años investigando la figura de Princip y que ha recorrido Bosnia en busca de sus huellas, tiene una visión muy diferente, no de la chapuza de aquella mañana, pero sí de lo que el asesino representaba. “Encarna el principal cambio que surgió con el siglo XX: la era de los jóvenes, de la gente que no tenía voz y que de repente la tuvo. En aquellos años surgieron los nacionalismos violentos en Irlanda, en Palestina, en lo que sería Yugoslavia. Es una figura que cobra sentido en medio de todas estas fuerzas que estaban estallando entonces”. Enmarca el asesinato de Sarajevo dentro de la lucha de los eslavos del sur por tener un país, que se llamaría Yugoslavia hasta que los mismos nacionalismos lo destruyeron, y dentro de las revoluciones europeas de 1848, la Comuna de París en 1870, la rebelión de los jóvenes turcos en 1908... El asesinato fue una casualidad, pero la guerra era algo que llevaba un siglo forjándose. La primera mañana del siglo XX fue una larga digestión del pasado.

sábado, 28 de junio de 2014

PGM: A 100 años del inicio de la conflagración

Los serbios y los Habsburgo 
The Economist


Archiduque Franz Ferdinand y su mujer dejando el ayuntamiento, unos momentos antes de que fueran asesinados 

El 4 de julio de 1914, The Economist publicó este artículo en respuesta al asesinato el 28 de junio del archiduque Franz Ferdinand

La tarde del martes el primer ministro se trasladó: "Que un humilde Dirección presentará a Su Majestad para expresar la indignación y profunda preocupación con que esta Asamblea se ha enterado del asesinato de su Alteza Imperial y Real el Archiduque Francisco Fernando y de su consorte, y a orar a Su Majestad que lo hará él gentilmente complace expresar a su Majestad Imperial y Real el emperador de Austria y rey de Hungría por parte de esta Cámara, sus fieles Commons, su aborrecimiento del crimen y su profunda simpatía por el Imperial y Familia Real y con los Gobiernos y pueblos de la Monarquía Dual ". Para el tributo de la indignación y la simpatía expresada en términos elocuentes por el Sr. Sr. Bonar Law Asquith y hubo consenso universal en la Cámara de los Comunes. Es un acto cobarde, y cualquier sociedad que aplaude que merece perecer.

Vivimos en una época en que los fundamentos mismos de la sociedad se ven amenazados en casi todos los países de una conspiración secreta de la delincuencia, incendios y asesinatos cuando se emplean como armas políticas por los instrumentos miserables y medio tonto de organizaciones que se arrogan altisonante nombres, y persuadir a jóvenes entusiastas que el fin justifica los medios, y que los asesinatos más cobardes y sanguinarios son hazañas heroicas, dignas de ser cantadas con las obras de Harmodio o Brutus. Veneno, el puñal, el revólver, la bomba, todos éstos se emplean con ferocidad imparcial contra los que por nacimiento o por elección están destinados a presidir los destinos de las naciones. A veces, sin duda, estos actos representan una falta de protesta frenética contra un arte de gobernar que somete a naciones enteras a la tiranía de los soldados y la policía. Pero el juego sucio es siempre falta, y no hay ninguna señal de discriminar la justicia en este tipo de enfermedad criminal. Lincoln en 1865, Garfield y el zar Alejandro III en 1881, el presidente Carnot en 1894, el rey Humberto de Italia en 1900, el presidente McKinley en 1901, el rey Carlos I de Portugal en 1908, el rey Jorge de Grecia en Salónica marzo 1913, y ahora el heredero al trono de los Habsburgo no son más que una pequeña muestra de una larga lista de atrocidades en las que sólo una mente enfermiza puede rastrear las reivindicaciones de libertad.

Fue el domingo en Sarajevo después de una visita a las maniobras de Bosnia que el archiduque Francisco Fernando, heredero de la corona austro-húngara, y su esposa, la duquesa de Hohenberg, fueron abatidos a tiros por un asesino. Bien podría decir el venerable emperador Francisco José, "de nada me salvé." Este delito se presenta como la culminación de la larga serie de terribles incidentes que constituyen la trágica historia de su casa. La historia es bastante simple. A pesar de las advertencias de los peligros del Archiduque decidido a asistir a las maniobras militares de Bosnia, y llegó a Sarajevo con su esposa el miércoles de la semana pasada. Pasó dos días en las montañas de la inspección de las tropas; Mientras tanto duquesa fue agasajado en la capital. El domingo por la mañana el par archiducal condujo a través de las concurridas calles de Sarajevo para recibir una dirección en el Ayuntamiento. Antes de llegar a él, una bomba fue lanzada contra su automóvil. El Archiduque warded apagado con su brazo; rebotó en la carretera y explotó violentamente, hiriendo a los cuatro miembros de su suite en el segundo coche, uno de ellos gravemente, así como unas 20 personas en la multitud. El hombre que lanzó la bomba, una impresora Servian llamado Cabrinovitch, fue capturado por la policía, que con cierta dificultad lo salvaron de la furia de la multitud. Media hora transcurrió en el Ayuntamiento, y el partido Real luego se alejó en dirección al hospital para interesarse por el aide-de-camp heridos. En su camino, en el cruce de las calles Franz Joseph y Rudolf, una serie de disparos de pistola se disparó desde detrás de una casa. Dos de ellos tomó al instante fatal efecto; el archiduque fue mortalmente herido en la mejilla, y la archiduquesa, que había tratado de proteger a él, recibió un disparo en el cuerpo y se hundió inconsciente en sus brazos. En el momento en el coche llegó al hospital dos estaban muertos.

El asesino, un estudiante serbio de 19 años de edad, Gavro Prinzip por nombre, negó haber tenido cómplices, pero no se encontró a pocos metros de la escena de su crimen una segunda bomba sin explotar; y se están acumulando pruebas de que una parcela, en el fondo establecido, con muchos cómplices, se había formado para asesinar al archiduque. Al ser interrogado, Prinzip sentenció al Servian Nacionalista había tenido la intención de largo para matar a una persona eminente, mientras Cabrinovitch, un compositor, de 21 años de edad, dijo que había recibido la bomba de los anarquistas de Belgrado. Por lo tanto la causa del nacionalismo en los Balcanes ha añadido otra de la larga lista de atrocidades horribles que han marcado la lucha por Macedonia.

A primera vista, el motivo político es difícil de entender, por las simpatías del Archiduque con los eslavos, sobre todo con los croatas católicos, eran tan notoria que se pensó que su acceso al trono para anunciar un conflicto con los magiares; y tal conflicto fácilmente podría haber roto la monarquía dual, cuya base se encuentra presente en un pacto entre los alemanes y los magiares con el apoyo de los polacos, y constantemente amenazada por la agitación y descontento entre los checos en el Norte, los rutenos, los rumanos, los eslavos del sur, y los irredentistas italianos. Pero la idea de que se supone que el archiduque Francisco Fernando de haber representado, elaborado sin duda en parte por los jesuitas y en parte de los cuarteles, fue la erección de un reino católico eslavo del sur, tomado principalmente de Hungría, y entre ellos Croacia, Dalmacia y Bosnia , lo que habría convertido el doble en una monarquía "juicio". A una solución de este tipo la servios, perteneciente por la religión a la Iglesia Griega, y utilizando el alfabeto griego, se opuso amargamente. Sus correligionarios son numerosos en el sur de Hungría, y forman por encima de un tercio de la población de Bosnia. Hablan el mismo idioma que el bosnio musulmán y croata católico, y su objetivo es una mayor Servia, que se extenderá desde el litoral Adriático hasta la costa mediterránea. Todas esas hermosas tierras de la Corona de Austria donde se hablan varios dialectos de esta lengua se destinan, a sus ojos, para formar un solo reino, un Servia ortodoxa, gobernada desde Belgrado. Es esta noción, sin duda, que gira en el cerebro de un loco criminal, lo que explica la tragedia de Sarajevo.

A pesar de que no nos olvidemos de que la muerte, y sobre todo una muerte como esta, es una barra natural para nada como la crítica amarga, sería falso y absurdo pretender que el carácter político de finales del archiduque fue uno que dominaba la confianza o prometió interna y paz externa a la monarquía de los Habsburgo. Por el contrario, una de las principales razones para temer la muerte del viejo emperador era la ansiedad sobre lo que podría suceder cuando las riendas del poder cayó en manos de su sucesor. Cabe recordar que cuando los italianos estaban en guerra en Trípoli a finales del Archiduque realizó maniobras amenazadoras en la frontera, y se le atribuye el diseño, de la que fue retenido por el conde Aehrenthal y el emperador, de marchar a Italia para aplastar a la secular monarquía y restaurar la autoridad papal. Ya nos hemos referido al odio y la sospecha con la que sus simpatías clericales y eslavos fueron considerados por los estadistas magiares. Y es que su influencia deplorable que la expansión naval y militar bajo el cual la solvencia financiera de la monarquía dual está desapareciendo rápidamente sobre todo debe atribuirse. Él era, sin duda, en su carácter privado valiente y simpático; pero los que lo conocían bien se alarmaron por una obstinación irracional y auto-se extraña rayado con fines débiles y vacilantes. En su heredero El sentido de la responsabilidad, extraído de larga y dolorosa experiencia, tan marcada en el venerable emperador de Austria estaba ausente, y bien puede ser que la nueva sucesión es más probable que mantenga juntos los elementos compuestos y discordantes del reino de los Habsburgo .