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jueves, 16 de noviembre de 2017

SGM: Reconstruyen testimonios del horror de Auschwitz

El prisionero de Auschwitz reconstruido detalla el sufrimiento "inimaginable"

Un documento recién reconstruido escrito en 1944 por un prisionero judío griego en Auschwitz habla de la miseria "la mente humana no puede imaginar". El texto fue descubierto enterrado en el suelo en el campo de exterminio nazi.
DW


Vernichtungslager Auschwitz-Birkenau (foto-alianza / dpa)

Todos los días, Marcel Nadjari y los otros prisioneros asignados a la unidad "Sonderkommando" en el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau de los nazis se enfrentaban a lo peor.
"Todos sufrimos cosas aquí que la mente humana no puede imaginar", escribió Nadjari en un texto que escribió en secreto a finales de 1944, luego se clavó en un termo, envuelto en una bolsa de cuero y enterrado en el suelo cerca del Crematorio III antes de que el campamento estuviera liberado a principios de 1945.
"Debajo de un jardín, hay dos habitaciones interminables de sótano: una está destinada a desvestirse, la otra es una cámara de muerte", escribió Nadjari. "La gente entra desnuda y cuando está llena de unas 3.000 personas, está cerrada y se les gasea".

Métodos inimaginables de abuso

El recluso griego describió cómo los prisioneros estaban empaquetados "como sardinas" cuando los alemanes usaban látigos para acercar a la gente antes de sellar las puertas y dejar entrar el gas.
"Después de media hora, abrimos las puertas, y nuestro trabajo comenzó", escribió Nadjari. El trabajo de los prisioneros: entregar los cadáveres a los hornos crematorios, donde "un ser humano termina como unos 640 gramos de cenizas".


Sólo el 10-15 por ciento del texto de Nadjari fue legible cuando fue descubierto por primera vez

La rareza y la importancia histórica de las palabras de Nadjari, que ahora son casi completamente legibles después de haber sido descubiertas originalmente en muy malas condiciones, las hace muy especiales, dijo el historiador ruso Pavel Polian.
El mensaje de Nadjari, publicado por primera vez en alemán este mes en una revista trimestral del Instituto de Historia Contemporánea de Munich (IfZ), es uno de los nueve documentos separados encontrados enterrados en Auschwitz, dijo Polian a DW. Los textos, escritos por un total de cinco miembros de la unidad "Sonderkommando" del campo de concentración, "son los documentos más centrales del Holocausto", dijo.

Reconstruyemdp el texto

Polian investigó los textos durante 10 años, y publicó los hallazgos en su libro, "Scrolls from the Ashes". Tales mensajes enterrados se encontraron exclusivamente en Auschwitz, dijo Polian, "la mayoría de ellos en febrero o marzo de 1945, justo después de que el campo fue liberado". Nadjari fue el último en ser descubierto, explicó, y añadió que es muy improbable que otros mensajes de los miembros de las unidades "Sonderkommando" todavía estén enterrados en el suelo.
En total, cerca de 100 de los casi 2.000 internos de Auschwitz encargados de deshacerse de los muchos miles de cadáveres sobrevivieron al campo de concentración. De los cinco que escribieron y enterraron los mensajes, Nadjari fue el único superviviente.
Un estudiante que hacía trabajos de excavación en 1980 en el bosque cerca de las ruinas del crematorio de Auschwitz-Birkenau III desenterró las notas envueltas en el termo. A diferencia de los mensajes de otros presos, en su mayor parte escritos en yiddish, sólo cerca del 10 al 15 por ciento del texto griego de Nadjari era legible, Polian dijo - después de todo, el papel había sido enterrado en suelo húmedo durante 35 años en ese momento.
El frágil documento se dirigió al monumento y museo de Auschwitz-Birkenau.
En 2013, un joven especialista en informática rusa pasó un año trabajando en el guión de tinta borrosa, haciendo que los contornos de las letras volviesen a verse con la ayuda del análisis de imágenes multiespectrales. "Ahora podemos leer del 85 al 90 por ciento", dijo Polian, quien inició el proyecto. Una traducción al inglés y al griego está en los trabajos, agregó - programada para ser publicada en noviembre.


Boletos de ida y vuelta de Thessaloniki a Auschwitz

Sobrevivir a lo inimaginable

Nacido en 1917, Marcel Nadjari era un comerciante griego de Tesalónica. Fue deportado a Auschwitz en abril de 1944, y asignado un trabajo con el "Sonderkommando".
"Si lees acerca de las cosas que hicimos, dirás, ¿cómo podría alguien hacer eso, quemar a sus hermanos judíos?" el escribio. "Eso es lo que dije al principio, también, y pensé muchas veces."
Después de la guerra, Nadjari regresó a Grecia. En 1951, él y su esposa y su hijo emigraron a los EE.UU., donde trabajó como sastre. Murió en Nueva York en 1971, de 54 años.
Aunque en realidad escribió sus memorias en Grecia, parece que el sobreviviente de Auschwitz nunca le dijo a nadie acerca de las notas que enterró en el suelo cerca del crematorio, donde más de una vez estaba tan devastado que pensó en unirse a la gente en el gas cámaras, pero la perspectiva de la venganza lo retuvo siempre.
Es el único de los cinco autores "Sonderkommando" que escribió abiertamente sobre la venganza, dijo Polian, argumentando que distingue las notas de Nadjari de las otras.
"No estoy triste porque muera", escribió Nadjari, "pero estoy triste porque no podré vengarme como quisiera".

viernes, 25 de agosto de 2017

SGM: El hijo de Alá que salvó a los hijos de David

El musulmán que salvó a cientos de judíos de París en la SGM

Javier Sanz | Historias de la Historia


De vez en cuando viene bien echar la vista atrás y comprobar que muchos conflictos que hoy en día parecen enquistados en nuestras sociedades… no siempre fueron así. Concretamente, al conflicto político, entre árabes e israelíes, y al religioso, entre musulmanes y judíos. Esta es la historia de Si Kaddour Benghabrit, fundador y rector de la Gran Mezquita de París, que durante la Segunda Guerra Mundial proporcionó refugio y certificados de identidad musulmana a cientos de judíos para evitar la detención y la deportación.



Si Kaddour Benghabrit nació en Argelia en 1873. Tras completar los estudios en una madrasa se trasladó hasta Fez (Marruecos) para matricularse en la Universidad de Qarawiyyin donde adquirió una sólida formación en francés y árabe. Gracias a este doble aprendizaje comenzó a trabajar en la administración marroquí como intérprete en sus relaciones con Francia, ganándose el favor de unos y de otros. En 1916 fue enviado a Hiyaz (Arabia Saudita) para ayudar y asegurar el bienestar de los musulmanes que iban en peregrinación a la Meca desde el Norte de África, para lo que fundó la Société des Habous et des lieux saints de l’islam (Sociedad de las dotaciones y de los lugares santos del Islam). En 1920, la Sociedad solicitó autorización para construir en París una mezquita que simbolizase la eterna amistad entre Francia y el Islam, además de un homenaje a los miles de soldados musulmanes que cayeron defendiendo Francia durante la Primera Guerra Mundial. Con el apoyo del Presidente de la República y del parlamento, la donación de los terrenos por parte de la ciudad de París y las aportaciones económicas de musulmanes de todo el mundo, el 15 de julio de 1926 se inauguraba la Gran Mezquita. Desde su apertura, no sólo se dedicó a la oración, la mezquita también era un centro cultural y un lugar donde los visitantes eran alimentados, podían bañarse y descansar en sus jardines. Como miembro muy activo de la sociedad parisina, a Benghabrit se le comenzó a llamar le plus parisien des musulmans (el más parisino de los musulmanes).



Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial se demostraría que el espíritu solidario de Benghabrit no entendía de credos. Con la ocupación de Francia, la Gran Mezquita de París se convirtió en lugar de refugio para la comunidad musulmana… y judía. Sin un plan previo y fruto únicamente de la solidaridad y la compasión, Benghabrit organizó una red que recogía a los judíos perseguidos y los escondía en los sótanos de la mezquita hasta conseguirles documentos falsos para sacarlos de París y llevarlos al Magreb haciéndolos pasar por musulmanes. Es difícil cuantificar el número de judíos que se salvaron gracias a Benghabrit, ya que, dependiendo de las fuentes consultadas, el número varía entre los 500 y los 1.700, pero creo que lo importante de esta historia es que Benghabrit y los musulmanes de París se jugaron la vida por salvar a cientos de judíos.

Después de la liberación, sufrió un accidente de coche y abandonó su trabajo en la Gran Mezquita para organizar conferencias relativas a la ciencia y la medicina en el mundo musulmán. Benghabrit cayó en desgracia con sus compatriotas cuando se opuso a la independencia de Argelia. Murió en 1954.



En 2011, el cineasta franco-marroquí, Ismaël Ferroukhi, llevó a la gran pantalla la historia de Si Kaddour Benghabrit y de los musulmanes de la resistencia francesa en Les hommes libres.

domingo, 14 de mayo de 2017

SGM: Campo de concentración de aleutianos en USA

La otra atrocidad estadounidense de internacionalización de la Segunda Guerra Mundial

JOHN SMELCER - NPR



Los residentes de la isla de Pribilof evacuaron en el transporte Delarof del ejército de los E., en junio de 1942.

La mayoría de los niños estadounidenses aprenden que Japón atacó Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, llevándonos a unirse a la Segunda Guerra Mundial. Esta semana marca el 75 aniversario de los japoneses-estadounidenses que son posteriormente redondeados e internados como presuntos enemigos del estado. Pero hay otra historia trágica e inédita de ciudadanos estadounidenses que también fueron internados durante la guerra. Soy un miembro de la tribu Ahtna de Alaska y he pasado la mayor parte de los 30 años descubriendo y reuniendo fragmentos de una historia que merece ser contada.

En junio de 1942, Japón invadió y ocupó Kiska y Attu, las islas más occidentales de la Cadena Aleutiana de Alaska, un archipiélago de 69 islas que se extienden unos 1.200 kilómetros a través del Océano Pacífico Norte hacia la península de Kamchatka de Rusia. Desde una perspectiva estratégica, Japón quería cerrar lo que percibían como la puerta trasera de Estados Unidos al Lejano Oriente. Durante miles de años, las islas han sido habitadas por un pueblo indígena lleno de recursos llamado Aleuti. Durante el Período Ruso-Americano (1733 a 1867), cuando Alaska era una posesión colonial de Rusia, los buscadores de pieles rusos diezmaron poblaciones aleutas a través de la guerra, la enfermedad y la esclavitud.

Poco después de la invasión de Japón, el personal naval estadounidense llegó con órdenes de rodear y evacuar a los Aleuts de la Cadena Aleutiana y las Islas Pribilof a campos de internamiento a casi 2.000 millas de distancia cerca de Juneau. La administración de los campos de internamiento estaría bajo la jurisdicción de los Servicios de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos (USF & WS). Además, las órdenes incluían la quema de las aldeas hasta el suelo, incluyendo sus amadas iglesias, como parte de una política de "tierra arrasada". El propósito declarado del Ejército era proteger a los aleuts, que eran ciudadanos estadounidenses, de los peligros de la guerra. Pero un oficial dijo a los asombrados aleutianos que, como decía, "porque ustedes se parecen a los japoneses y no queremos dispararles". Ese intercambio forma parte de un video documental llamado Aleut Evacuation.

Con solamente la ropa en la espalda, 881 aleutianos de nueve aldeas diferentes de la isla fueron forzados a bordo del USS Delarof y transportados a las conserveras abandonadas abandonadas del salmón donde los techos y las paredes tenían agujeros, las ventanas y las puertas se rompieron y los pisos eran tan putrefactos que La gente cayó a través de ellos. No había electricidad, saneamiento, ni agua corriente.

Los aleuts fueron internados en contra de su voluntad durante la guerra, mucho después de que los japoneses fueran expulsados ​​de Alaska, y fueron muy descuidados por el mismo gobierno que dijo que los estaba protegiendo. Irónicamente, a menos de 30 millas de distancia, más de 700 nazis que habían sido capturados en el norte de África fueron encarcelados en un campo de prisioneros en la Bahía de Excursión. Los nazis, enemigos jurados de América y de nuestros aliados, fueron tratados mucho mejor que los aleuíes, tanto que el historiador militar Stan Cohen escribió más tarde en The Forgotten War: "En general, el encarcelamiento alemán en Alaska fue bastante agradable".

En mayo de 1943, el gobierno de Estados Unidos incluso esclavizó a muchos de los hombres de las islas Pribilof. El gobierno amenazó con que a ninguno de los aleutianos se les permitiera volver a casa (ni siquiera después de la guerra) si los hombres no "se ofrecieran" a cosechar focas para el esfuerzo de guerra. Por tratado internacional, sólo los nativos pribilovianos podían cosechar lobos marinos. Se les dijo que las pieles se convertirían en revestimientos para chaquetas y cascos de aviación para pilotos estadounidenses y tripulaciones de bombarderos, lo cual era una mentira. Los hombres pasaron la temporada de sello de verano en las diminutas Islas Pribilof que dieron más de 125.000 sellos. El gobierno vendió las pieles a la empresa Fouke Fur de St. Louis, Missouri, por 1.5 millones de dólares en beneficios, todos los cuales fueron directamente a las arcas del gobierno.

La invasión japonesa de Alaska nunca lo hizo mucho más allá de las islas Aleutianas más occidentales de Kiska y Attu. Durante un período de 15 meses, los soldados estadounidenses eventualmente recapturaron las islas montañosas en una serie de batallas que pasaron a conocerse como la Guerra Esquecida. En total, medio millón de soldados estadounidenses, canadienses, rusos y japoneses participaron en el conflicto, una de las batallas menos conocidas y más duras de la Segunda Guerra Mundial, como explicó Brian Garfield en La guerra de las mil millas. Al final, cuando más de 500 soldados japoneses, poco dispuestos a rendirse o ser llevados vivos después de un desesperado ataque banzai (suicidio), se explotaron en masa Con granadas de mano en el pie de la colina del ingeniero.

La guerra en las Aleutianas dio a América su primera victoria en todo el teatro sobre Japón y la primera experiencia en asaltos anfibios en la guerra. Alrededor de 118 Aleúes perecieron por falta de calor, comida y atención médica. Las pequeñas aldeas aleutas perdieron hasta una cuarta parte de su población anterior al internamiento. Las muertes de aleutas eran evitables. Los suministros médicos que se habían asignado a los campos de internamiento fueron tomados por los militares. Los 700 prisioneros alemanes regresaron a sus hogares después de la guerra sin que nadie muriera durante su encarcelamiento.

Aunque la invasión japonesa fue derrotada por el otoño de 1943, los aleuts permanecieron internados hasta el final de la guerra a mediados de 1945. En 1980, el Presidente Reagan firmó la Comisión sobre la Reubicación del Tiempo de Guerra y la Internación de Civiles, que autorizó el establecimiento de una comisión para revisar los hechos y circunstancias que rodearon la reubicación e internamiento de decenas de miles de civiles estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial.

Cuarenta y dos años después de que los aleutianos regresaran a sus aldeas quemadas y saqueadas, el gobierno de Estados Unidos finalmente reconoció que sus derechos constitucionales habían sido violados.

En 1988, el Congreso aprobó la Ley de Restitución de las Islas Aleutianas y Pribilof, que pagó $ 12,000 a Aleutas sobrevivientes de los campos de internamiento. Para entonces, alrededor de la mitad de los supervivientes habían fallecido hace mucho tiempo.

sábado, 6 de mayo de 2017

SGM: Un sobreviviente de Treblinka y su testimonio

El estremecedor testimonio de un judío que sobrevivió a siete campos de concentración y perdió a toda su familia
Pero no perdió la memoria. Esa lucidez que le permite conservar el horror de cada día en ese infierno, y que también trasmite una advertencia: cuidado, porque la historia puede repetirse
Por Alfredo Serra | Especial para Infobae




Nada puede reemplazar a sus palabras. Nada. Su testimonio, atroz y luminoso al mismo tiempo, es también la voz de los seis millones de judíos masacrados por el nazismo, y de los que sobrevivieron en ese infierno para contarle al mundo el mayor crimen de la historia.

Lo dejo hablar. Y en todo caso, completo su retrato.

Se llama Moisés Borowicz. Tiene 86 años empezados en Sokoly, entonces un pequeño pueblo de Polonia.


Polonia. El primer botín y el primer crimen de Hitler. Primer día de septiembre de 1939.

Fue fácil arrasar con todo. Vidas y almas.


Moisés estuvo en siete campos de concentración: los motores del diabólico plan nazi: el exterminio del pueblo judío. De cada hombre, mujer, niño, allí donde estuviera.

Perdió a toda su familia. Padres, dos hermanos, y la felicidad de vivir moliendo harina: algo de lo más noble de la Tierra.
Doce empleados hubo en ese molino. Pero nada quedó.

Cuando llegaron los nazis, los Borowicz buscaron refugio entre otros molineros. Y conocieron la traición. Uno de su misma sangre que les prometió pan y casa… los entregó a los nazis.

Muchas almas ya se habían corrompido. Por interés o por miedo. Pero siempre traición.

Huyeron a tiempo. Se perdieron en un bosque. Cavaron un hoyo: su bunker. Pero los nazis descubrieron el escondite, y los rodearon. En este punto hay que detenerse. Oírlo. Y escribir aquí esas palabras, para que voz y letra perduren.



Un soldado disparó su fusil contra un árbol. Un pájaro cayó muerto. El soldado le dijo a la madre de Moisés: "Este muchacho tiene destino de vivir, porque cuando escapaba quise matarlo, pero se me trabó el fusil. Y ahora la bala salió para matar un pájaro".

Los arrastraron, siempre a palos y a humillaciones, al gueto de Bialystock. Los separaron: el más doloroso preludio del crimen. Por un lado sus padres, por otro él y sus hermanos.

El tren arrancó.
Al pasar por Treblinka (otro campo de horror) dejaron dos vagones. Que ya no eran vagones: eran cámaras de gas. El método del que se ufanaban los nazis: matar a miles en el menor tiempo posible y con el menor gasto.
En esos vagones y así murieron sus padres.

El tren siguió. Muchos, desesperados, se tiraron. Pero los recibieron los fusiles y las ametralladoras. Uno de ellos fue el hermano de Moisés.

El calvario se alargó. Los dos fueron prisioneros del campo Majdanek, y después al Blyzin. Allí… ¡tifus! Su hermano se enferma. Lejos de atenderlo, lo tiran al piso en una de las infectas barracas, y cada día le dan un pedazo de pan negro y "un poco de agua negra que llamaban café" (Moisés dixit).


Muere al fin su hermano. Uno más de la espantosa disyuntiva: ¿mejor morir y liberarse, o soportar el horror hasta que la providencia tire un naipe a favor?

Moisés también se enferma, también lo tiran… pero se salva y vuelve a trabajar en el oficio que fingió, y del que nada sabe: talabartero.

Ese infierno que ni Dante imaginó se multiplica. Moisés pasa, penuria a penuria, por los campos de Plaszow, Wielicza, Mauthausen, Melk, Ebensee.

Ahora es 6 de mayo de 1945.
Hitler se ha matado con cianuro y bala el 30 de abril.
Nada queda del Tercer Reich, salvo los criminales que encontrarán refugio en países no menos cómplices. Brasil, Paraguay, Bolivia… y el nuestro.

Los soldados norteamericanos que liberan Ebensee, al poner el pie en esa pesadilla, vomitan. No pueden soportar ni por un minuto lo que Moisés soportó años.

Moisés y todos los que murieron en los campos, y el puñado de sobrevivientes. Judíos. Gitanos. Negros. Homosexuales. Lisiados. Todo lo que no fuera de la raza superior. Los arios… que violaban mujeres y mataban niños a palos y patadas.



O como aquel soldado ario… que ayudó a una niña de tres años a subir los escalones hacia la cámara de gas, porque sus piernas eran demasiado cortas.

O como, según me confió León, otro sobreviviente, el soldado ario que ante el ruego de una madre… mató a su hijo aplastándole la cabeza con su bota.

Moisés llegó a la Argentina en 1947. Dos veces viudo. Tres hijos varones. Nueve nietos. Se resistió por años, pero volverá a Polonia para ver a Sokoly, su aldea, por última vez.

Y después a Israel para celebrar el día de la Independencia.
Y de regreso… seguir contando.

Porque como rogó un judío mientras lo llevaban a la cámara de gas "Buenas gentes, cuenten… Buenas gentes, no olviden", para eso sigue sobre la Tierra.

El relato completo de Moisés Borowicz en el acto por el Día del Holocausto

jueves, 4 de mayo de 2017

SGM: Polonia reescribe la Historia con autoindulgencia

Polonia reescribe su historia de la II Guerra Mundial
Un instituto oficial publica una lista con casi 9.000 guardias de Auschwitz, casi todos alemanes, que siembra dudas entre los historiadores

GUILLERMO ALTARES - El País


Guardias de la SS en el campo nazi de Auschwitz.

¿Se puede ser víctima y verdugo en un mismo conflicto? Polonia se enfrenta desde hace años a ese dilema: fue uno de los países que más sufrió en la Segunda Guerra Mundial, pero, a la vez, ciudadanos polacos cometieron actos atroces contra judíos durante el conflicto. Sin embargo, los historiadores que han tratado de sacarlos a la luz se han enfrentado a duras campañas, incluso a problemas legales, desde la llegada al poder del Gobierno ultraconservador de Ley y Justicia (PiS). El Instituto Polaco de la Memoria Nacional (INR), promovido desde el Estado, difundió  recientemente en su web los nombres de casi 9.000 guardias que trabajaron en el campo de exterminio nazi de Auschwitz. La lista ha sido bien recibida por historiadores y juristas, que consideran que representa una oportunidad para señalar y perseguir a los perpetradores, pero también ha generado ciertas dudas sobre las motivaciones políticas que esconde.


"Las autoridades polacas están llevando a cabo una política histórica radical, que tanto dentro como fuera del país presenta una visión muy idealizada del pasado nacional", explica el historiador Jan Grabowski. Polaco exiliado durante la dictadura comunista, hijo de un superviviente del Holocausto, profesor de la Universidad de Ottawa (Canadá) y uno de los grandes historiadores del exterminio, Grabowski ha publicado un libro sobre el antisemitismo en Polonia durante la Segunda Guerra Mundial, Caza de judíos. Traición y asesinato en la Polonia ocupada por los nazis, traducido a varios idiomas y que recibió en 2014 el premio Internacional del Yad Vashem, institución oficial israelí constituida en memoria de las víctimas del Holocausto.

La positiva recepción internacional de su ensayo, sobre todo en Alemania, provocó un aluvión de críticas por parte de la web ultraconservadora Fronda.pl, contra la que ganó una querella por difamación. Ese mismo medio calificó de “antipolaca” la película Ida, ganadora del Oscar en 2015, que también trataba el antisemitismo en la Polonia ocupada por los nazis. Jan T. Gross, profesor de la universidad estadounidense de Princeton y gran pionero en el estudio del antisemitismo polaco con su libro Vecinos, padeció también una ofensiva desde el Gobierno –con amenazas de querellas por parte del fiscal general incluidas– por haber escrito que “los polacos mataron más judíos que alemanes durante la guerra”.

“De acuerdo con un número interminable de declaraciones, conferencias y publicaciones apoyadas por las autoridades polacas, la principal característica de esa sociedad durante el Holocausto fue la ayuda que proporcionaron a sus conciudadanos, judíos perseguidos. Eso es, naturalmente, totalmente falso”, prosigue Grabowski desde Ottawa en una entrevista por correo electrónico. "En Polonia existía muy poca simpatía hacia los judíos que estaban siendo asesinados en masa, y la gente que se arriesgó a ocultarlos se enfrentaba ante todo a una posible denuncia por parte de sus vecinos".

Preguntado sobre si los historiadores que tratan estos asuntos sensibles pueden acabar siendo perseguidos en Polonia, respondió: “Todavía no, pero el Parlamento está tramitando una ley sobre la historia que impondrá penas de hasta tres años de prisión a quienes se atrevan a sostener que la sociedad polaca fue cómplice con la Shoah". Esta norma prevé también la persecución de aquellos que utilicen la expresión "campos de exterminio polacos" en vez de "campos de exterminio nazis en Polonia". Históricamente, no hay duda de que la segunda expresión es la correcta, porque los polacos no tuvieron nada que ver ni con la instalación ni con el funcionamiento de estos campos de la muerte. Sin embargo, el debate no está en torno a lo que ocurrió en los seis campos de exterminio nazis en Polonia –Chelmno, Belzec, Sobibor, Treblinka, Auschwitz-Birkenau (parte del complejo de Auschwitz) y Majdanek–, sino a lo que ocurrió fuera de ellos, que es lo que narran Gross o Grabowski en sus obras.

Cazas de judíos

En Caza de judíos, el historiador asentado en Canadá se basa en documentos de diferentes archivos que recogen procesos en los que se juzgaron casos de crímenes antisemitas durante la ocupación, perpetrados por ciudadanos polacos. Narra también lo que se conoció como Judenjagd, o Cazas de judíos, cometidas casi siempre por polacos, en las que participaron desde bomberos hasta campesinos. Según Grabowski, fueron asesinados así más de 200.000 judíos.

Para muchos observadores, la publicación de la lista de guardias de Auschwitz se enmarca en esta polémica porque la inmensa mayoría de los nombres que aparecen en ella son alemanes. En cambio, según el Instituto Polaco de la Memoria Nacional, el objetivo es señalar a los culpables del peor centro de la muerte del Holocausto, en el que fueron asesinadas 1,1 millones de personas, la inmensa mayoría judíos, y subrayar el fracaso de la justicia internacional en la persecución de los crímenes nazis. "Hemos publicado la lista más amplia y creíble con datos de los SS que trabajaron en Auschwitz, que incluye 8.502 nombres de guardias. Han sido necesarios años de investigación", señalan fuentes del Instituto. “El sistema internacional de justicia ha fracasado en la persecución de los crímenes que se cometieron en Auschwitz. La mayoría de los culpables nunca fueron procesados”.

En cuanto al hecho de que todos los nombres que aparecen en la lista sean alemanes, las mismas fuentes responden: “Todos los guardias de las SS eran alemanes y sus orígenes y familias eran comprobados por una oficina especial, responsable de la pureza racial de las SS en la Alemania nazi".

Efraim Zuroff, uno de los últimos cazadores de nazis, responsable de la oficina en Jerusalén del Centro Simon Wiesenthal, afirma: “En principio, es positivo que se haya difundido la lista, aunque el motivo real es aparentemente político y forma parte de una campaña del Gobierno polaco para enfatizar que Auschwitz era un campo nazi, no polaco, y que no sirvió allí ningún polaco”. Zuroff asegura que, efectivamente, la mayoría de los guardias de Auschwitz eran alemanes, aunque también había Volksdeutsche, personas de origen alemán que vivían en Europa del Este. La lista, recalca, es importante desde un punto de vista penal, porque una legislación alemana reciente decreta que el solo hecho de haber trabajado en un campo de exterminio es un delito en sí, cuando antes había que demostrar que se hubiese participado en crímenes concretos.

En otras palabras, antes había que demostrar con testigos y documentos que habían cometido asesinatos, ahora basta con demostrar que estuvieron en Auschwitz. En cualquier caso, tanto la lista como la polémica llegan muy tarde para los verdugos, la mayoría de los cuales han muerto sin haber sido procesados, y sobre todo para las víctimas de uno de los periodos más negros de la historia de la humanidad, que nunca acaba de cerrarse.

sábado, 29 de abril de 2017

SGM: El nazi (otro más) que vivió en Argentina y murió en Paraguay

La asombrosa historia del criminal nazi que acabó bajo el bisturí de estudiantes de medicina paraguayos
Eduard Roschmann, alias Federico Wegener, vivió en Argentina y murió en Paraguay después de una larga fuga y con un periodista pisándole los talones. El tercer capítulo de los nazis que se escondieron en Sudamérica, en la pluma y el recuerdo de Alfredo Serra
Por Alfredo Serra | Especial para Infobae




Eduard Roschmann, comandante del campo de concentración en la capital de Letonia y responsable de la muerte de 40.000 judíos, terminó en una morgue paraguaya como objeto de estudio de aprendices de medicina

"En los ómnibus que oficiaban como cámaras de gas, Roschmann había ordenado pintar en los vidrios las figuras de seres humanos sonriendo. El que los veía pensaba, tal vez, que era gente feliz camino a su weekend. Pero en ese mismo momento, morían asfixiados adentro". (Frederick Forsyth, testimonio de 1977)

De cuantos sucesos extraños me ha deparado mi oficio, éste es el mayor. En 1972, Forsyth escribió uno de sus grandes best-sellers: "Odessa", basado en la organización del mismo nombre que protegió a criminales nazis del derrotado Tercer Reich. Eligió como protagonista a Eduard Roschmann, un SS que huyó de Alemania sin dejar rastros.


La primera mitad del libro es real: una biografía del SS hasta su desaparición. La segunda, ficción: un periodista lo busca para vengarse porque Roschmann asesinó a su padre. Pero esa segunda parte -la real- es la que yo investigué hasta su muerte siguiendo cada uno de sus pasos. Completé lo que para Forsyth hubiera sido imposible…

Lo que sigue es la exacta verdad.


Eduard Roschmann también fue protagonista de la novela best seller “Odessa”, del británico Frederick Forsyth, y del film del mismo nombre

Casi todos los pasajeros que iban en el ómnibus sonreían. Casi todos. El único gesto hosco, huidizo, era el del hombre del asiento número 23 -izquierda, ventanilla-: un hombre gordo, de cara roja y espeso bigote negro. A las ocho en punto de la noche del 6 de julio de 1977, el ómnibus de la compañía La Internacional -gris, con los colores de la bandera paraguaya pintados a lo largo- salió de Buenos Aires rumbo a Puerto Falcón, a 15 kilómetros de Asunción del Paraguay.

Un cuarto de hora antes, el hombre había llegado en un taxi a la estación terminal, jadeante, y se había desplomado en su asiento. Vestía pantalón negro, saco sport gris muy grueso, camisa blanca, corbata azul, y un sombrero brilloso por el uso y algo echado hacia delante le tapaba la cara. Mientras aseguraba su equipaje, su compañero de asiento bajó la vista: el hombre, a pesar de su sombrero y de su severa ropa, llevaba zapatillas deportivas blancas. Más tarde, en la primera parada, cuando el hombre bajó para tomar un café, su compañero de asiento notó que rengueaba.

A lo largo del viaje, el hombre se mantuvo despierto. Mientras pudo se sumergió en las páginas de un libro escrito en alemán. Cuando el chofer apagó las luces, guardó el libro en uno de los bolsillos de su saco y se quedó inmóvil, con los ojos fijos en el vidrio, como si quisiera descifrar el paisaje borrado por la noche.

El ómnibus llegó a Puerto Falcón el 7 de julio a las tres de la tarde. Asunción gemía bajo 32 grados y 90 de humedad. Unas nubes oscuras con borde violeta estaban a punto de estallar en diluvio.

El hombre bajó del ómnibus y se mezcló entre la gente, en la ruidosa terminal Brújula: una confusa geografía en la esquina de Presidente Franco y Colón. Adormilado, entró a una de las casas de cambio y metió un billete de 100 dólares por el hueco abierto en el vidrio blindado de la ventanilla. El empleado le dio 11.300 guaraníes.


Eduard Roschmann, “el carnicero de Riga”, vivió en Olivos, Buenos Aires, con documentos argentinos a nombre de Federico Wegener

A las tres y veinte se sentó en una mesa de la Pez Mar, una antigua taberna, y pidió una gaseosa de cualquier marca, "pero bien helada", exigió. Le sirvieron Guaraná, y se la tomó de un golpe. Mientras pagaba le preguntó al mozo si conocía alguna pensión tranquila. El mozo anotó en una servilleta: "Señora Ríos, Iturbe 859".

A las cuatro de la tarde, Juana Echagüe de Ríos, flaca, morena, de 65 años, tomaba tereré en el ancho patio de su pensión de la calle Iturbe, sentada en un sillón de mimbre, cuando un taxi celeste frenó delante de la puerta. El hombre, con el pesado saco colgado del brazo, cruzó el angosto pasillo de entrada y saludó. Juana Echagüe lo miró de arriba abajo: un hábito que después de cuarenta años de oficio le bastaba para aprobar o rechazar al cliente.

-Necesito una pieza. ¿Tiene algo?

-Tengo.

-¿Cuál es el precio?

-Cuatrocientos guaraníes por día con pensión completa.

Aceptó sin mirar siquiera el lugar. Pagó diez días por adelantado. Puso su cédula de identidad en la rugosa mano de la mujer y se hundió en la pieza: un cuadrado de cinco por cinco pintado de rosa furioso, con puerta y ventana verdes, cinco camas de una plaza (una, coronada por un enorme mosquitero), dos roperos que conocieron tiempos mejores y una mesa cubierta por hule deshilachado, albergue de botellas de vino vacías, fruta, remedios y revistas deshojadas.


El hombre no abrió la valija. Colgó el sombrero en un clavo y se tiró en la cama. Sus cuatro compañeros dormían la siesta con los pies desnudos y la cara tapada con revistas. Cuando se despertaron los saludó apenas con un gesto. Los cuatro eran chinos y sólo hablaban chino. Esa noche, mientras devoraba un guiso de fideos en la mesa común, instalada en el patio, se enteró de que los chinos trabajaban como vendedores ambulantes.

En los días que siguieron, Juana Echagüe trató de arrancarle algunas confesiones. Inútil. Se estrelló contra un pétreo silencio. Pero, como una araña en su tela, la dueña de la pensión esperaba su oportunidad. "En algún momento –pensaba–, este hombre me contará su historia". Acaso con la complicidad de la noche, o el café, que tanto le gustaba.


Eduard Roschmann era austríaco y había nacido en 1908. Pero, según el documento argentino, se llamaba Federico Wegener, y era un checo nacido en junio de 1914 (Nazis en las sombras, Atlántida)

Pero el hombre no se rendía. Se levantaba al amanecer. Desayunaba -pan, manteca, dulce, mucho café- y volvía a la miserable pieza. No se levantaba de la cama ni siquiera cuando limpiaban. Respiraba con dificultad y se agitaba por nada. Leía revistas (siempre las mismas), y el libro escrito en alemán. No hablaba por teléfono ni recibía llamadas. Jamás le llegó una carta. Una vez, ella lo sorprendió mientras quemaba en el baño una de las revistas que guardaba debajo del colchón…

A la hora del almuerzo se sentaba, puntual, en la cabecera. Oía la charla de todos, pero no abría la boca. Comía con avidez. Casi con ferocidad. Con el último bocado volvía a la pieza. Salía otra vez para tomar la merienda y esperaba en la cama, alumbrado por una lámpara sin pantalla, las palmadas que anunciaban la comida de la noche. Aceptaba cualquier menú. Luego, vuelta a la cama. No intentaba hablar con los chinos ni los chinos se esforzaban por hablar con él. Vivían juntos. Los unía la promiscuidad. Pero no había entre ellos siquiera una precaria forma de comunicación.

El día número diez, la dueña de la pensión le preguntó a quemarropa qué hacía en Asunción. El hombre le dijo que había ido a visitar a una amiga alemana, pero que no podía encontrarla. Ella advirtió que mentía: nunca había salido de la pensión… Pero aprovechó la brecha para preguntarle algunas cosas más.

El hombre le dijo que nació en Checoslovaquia. Hablaba con fuerte acento alemán y no entendía bien el español. Había que repetirle frases, ya que preguntaba con muletillas: "¿Cómo dice? ¿Dice usted?". También reveló no tener familia y trabajar como empleado. Pero el undécimo día rompió la reclusión.

Salió a las cinco de la tarde y volvió tres horas después con un paquete en la mano. Un pantalón que compró en la casa Monarca, en pleno centro, y que pagó 1.500 guaraníes. Cuando la dueña estaba a punto de darse por vencida empezaron a suceder cosas extrañas.

El día decimoquinto, por la mañana, uno de los chinos abandonó la pensión. Una hora después ocupó la cama libre un uruguayo joven, de pobrísimo aspecto. Al otro día, cuando Juana asomó su cabeza para anunciar que el desayuno estaba servido descubrió que el uruguayo había desaparecido. En ese momento, su enigmático cliente salía del baño.

-Me robó. El uruguayo me robó cinco mil guaraníes y dos camisas.

-Ya mismo llamo a la policía.

-No, por favor. No llame a nadie. No importa.

Ella insistió. Y por primera vez, el hombre perdió la calma.

–¡La policía no! ¡La policía no! ¡Deje todo como está!


El terrible hacinamiento en los campos de concentración. Así dormían los prisioneros judíos del régimen nazi (Archivo)

Tres días más tarde empezó el final de la historia. La noche del 25 de julio comió con brutalidad. Después del postre -dos enormes pedazos de mamón en almíbar- rechazó el café, dijo que estaba muy fatigado y se acostó vestido. A las seis de la mañana del otro día, uno de los chinos se despertó sobresaltado por unos ronquidos.

Saltó de la cama. El hombre estaba violeta. Tenía los ojos abiertos, y su boca dejaba escapar algo parecido a la espuma. Los gritos del chino alertaron a toda la pensión.

Epifanio Ríos, hijo de la dueña, salió a la calle y llamó un taxi. Lo envolvieron en una frazada, lo metieron en el taxi y lo llevaron al Hospital de Clínicas, a unos tres kilómetros del centro. Félix Motta, uno de los médicos residentes, ordenó que lo internaran en la sala B de la primera cátedra de Clínica Médica: un rectángulo de quince por siete casi centenario y recién pintado de verde claro. Lo acostaron en la cama número 16, debajo de una repisa llena de flores de material plástico.

Motta, después de revisarlo, informó que estaba en coma. Sin embargo, no murió. Resistió ese día, el otro, el tercero. Los médicos le hicieron una traqueotomía.

El primer día de agosto se levantó de la cama. El 4 pidió permiso para volver a la pensión y sacar su equipaje. Tomó un taxi en la puerta del hospital, entró en la pensión, hizo su valija en cinco minutos y se despidió de la dueña.

-¿No va a volver?

-No sé. Pero me espera un tratamiento muy largo. No vale la pena que pierda un cliente por guardarme la pieza…

Al otro día, 5 de agosto, la enfermera Mirtha Rodríguez no lo encontró en su cama. Temprano, mezclado entre los otros enfermos y las visitas, bajó por la escalera (la sala B está en el primer piso), atravesó el enorme patio y salió a la calle. Volvió cinco horas después. Le preguntaron adónde había ido, pero se encerró en un terco silencio: como en sus días en la pensión.

El día 10 a las siete de la mañana, la misma enfermera se acercó a la cama 16 con el termómetro en la mano. El hombre tenía los ojos abiertos. El brazo derecho colgaba fuera de la cama. La sábana, retorcida, dejaba sus pies al descubierto. Pies mutilados. Un solo dedo en el derecho y cuatro en el izquierdo.


A Roschmann le faltaba un dedo del izquierdo y tres del derecho, amputados después de su fuga por la nieve tras el suicidio de Hitler (Nazis en las sombras, Atlántida)

Estaba muerto. Hora del final: 0.45. Causa: infarto de miocardio. Cerca de la medianoche del mismo día 10, uno de los secretarios de redacción del diario ABC Color revisaba las últimas pruebas de la edición. Sonó el teléfono. Una voz de una mujer dijo: "Esta mañana murió un hombre en el Hospital de Clínicas, Federico Wegener. Investiguen. Ese hombre es Eduard Roschmann, el criminal de guerra".

Una hora más tarde, la morgue del Hospital de Clínicas se iluminó con el resplandor de los flashes. Federico Wegener, el pensionista silencioso de la calle Iturbe, estaba sobre una gastada mesa de mármol. Su cara, su bigote, las cicatrices de su cuerpo, sus pies mutilados, eran pistas. Pero no definitivas.

Al amanecer del 11 de agosto, el comisario de la primera sección de Asunción revisó todos los papeles del muerto. Entre ellos, una libreta de enrolamiento argentina número 8209470 a nombre de Federico Wegener, nacido el 21 de junio de 1914 en Eger, Sudeti, Checoslovaquia. Y una cédula de identidad argentina, Policía Federal, número 7.550.943, del 9 de noviembre de 1967. Fecha de entrada a la Argentina: 2 de octubre de 1948.

"No es Roschmann. Alguien murió por él", dijo Simón Wiesenthal en su bunker: el Centro de Documentación Judía de Viena. Acababa de recibir un cable con la noticia de la muerte de Federico Wegener. Con esa misma frase empezó, dos horas más tarde, esta conversación telefónica con él.

-Insisto. No es Roschmann. Alguien murió por él. La organización es tan grande que puede disponer de cadáveres de reemplazo. Según mis informantes, Roschmann está en Bolivia.

-Pero hay muchas coincidencias, Wisenthal. Los dedos de los pies cortados, por ejemplo.

-Sí, lo leí en un cable. Eso me confunde. No tengo ese dato.

-Sin embargo, Forsyth asegura que sí. (Nota: un mes antes, el escritor le dijo a una enviada especial que Roschmann perdió los dedos de los pies por congelamiento. A fines del invierno de 1948, mientras lo llevaban detenido de Graz a Dacha, saltó del tren por la ventanilla del baño. Había mucha nieve, y caminó varios kilómetros hasta una población. Se le congelaron los pies. La gangrena obligó a un médico a cortarle los dedos).

-¿Qué archivos consultó Forsyth para lograr sacar esos datos?

-Los archivos británicos.

-Entonces es posible que sea Roschmann. Mi ficha sobre él no es demasiado completa.


Roschmann en la camilla de la morgue de Asunción, Paraguay. Murió en julio de 1977 de un ataque al corazón. Nadie sabía su nombre: era un NN (Nazis en las sombras, Atlántida)

Emilio Wolf es un fiambrero próspero. Su negocio, La Alemana número 1, está en la calle Yegros, centro de Asunción. Cuando vio la fotografía de Wegener en los diarios no pudo reprimir el grito: "Ese hombre es Roschmann! No puedo equivocarme. Si lo hubiera encontrado por la calle, yo mismo lo habría matado!

Ese mismo día lo entrevistó un periodista del ABC Color. Y veinticuatro horas después, siete balas se clavaron en el frente de la fiambrería. Crucé la calle -yo vivía en el hotel de enfrente-.

-¿Qué pasó?

-Lo que tenía que pasar. Ayer, después de la nota en el diario, recibí cuarenta amenazas de muerte. Pero no le tengo miedo ni a un batallón de nazis.

-¿Por qué está tan seguro de que el muerto es Roschmann?

-Estuve en siete campos de concentración. En tres estuvo Roschmann. Pasaron muchos años. Pero cuando alguien te da una paliza todos los días, no te olvidás de él aunque engorde, se quede pelado o se haga cirugía estética. La mirada de su fotografía es la misma del hombre que gozaba castigando a los prisioneros con un látigo de alambre.

Doce del mediodía del sábado 13 en Asunción. Estoy a punto de partir. Bajo la luz agónica de una lámpara, sobre una mesa de mármol, veo por última vez el cadáver de Federico Wegener o Eduardo Roschmann. Afuera, 160 estudiantes del primer curso de Anatomía ríen, hablan, cantan. Salgo. Uno de ellos me pregunta.

-¿Nadie reclamó el cadáver?

-Nadie.

-Qué bien.

-¿Por qué?

-Somos futuros médicos. Necesitamos cadáveres para estudiar, y no tenemos muchos. Podemos usar su cuerpo para las clases prácticas.

En 1944, ese hombre que está tapado con una lona verde sobre una mesa de mármol, mandó a la muerte a 80 mil judíos. Y ahora, mediodía del sábado, es apenas un despojo que espera el bisturí.

Su fuga duró 34 días: su infierno privado. No lo alcanzó el castigo: extradición, juicio, condena, horca. Caso cerrado. Me voy. Lo último que veo y oigo es un grupo de muchachos con guardapolvo blanco celebrando la llegada de un cadáver sin dueño. Como un acto de justicia. Como una sinfonía.

jueves, 23 de marzo de 2017

Antigüedad: El campo de concentración acadio

EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN MÁS ANTIGUO
JAVIER SANZ — Historias de la Historia


En algunos foros de militaria en internet suele discutirse acerca de quién inventó los campos de concentración. Es un tema peliagudo, pues implica un gran peso ideológico y político. A nadie le gusta reconocer que su abuelo fue un bestia. Por ello, los partidarios del nazismo intentan remitir la culpa de la invención a los ingleses, durante la Guerra de los Boers. Y como es natural, los británicos alegan que los españoles ya habíamos creado “campos de reconcentrados” en la Guerra de Cuba de 1898. De esta forma, tirándose la pelota unos a otros, nos vamos remontando poco a poco en la antigüedad, descubriendo que la idea del genocidio siempre ha estado en la mente del ser humano, al margen de etnias, religiones, economía o ideologías políticas.

Sargón de Akhad

Hace más o menos unos 4300 años, en Mesopotamia se creó el primer imperio del que tenemos noticias, el acadio. Aunque se forjó a sangre y fuego, Sargón de Akhad, su fundador, será recordado siglos después como un gobernante justo. En todo momento intentó buscar la reconciliación con los sometidos sumerios, respetando y asimilando su cultura, su religión, su idioma y procurando no imponer gobernantes no deseados. Pero su hijo y sucesor, Rimush, estaba hecho de otra pasta. Se piensa que Rimush intentó colocar como gobernadores a toda una camarilla de acadios, lo que enfadó al pueblo sumerio que acabó rebelándose contra el monarca. Dirigidas por gobernadores sumerios, las ciudades de Zabala, Adab, Umma, Kidingira, Ur y Lagash se levantaron en armas. Entre éstos, destacaba un antiguo enemigo de su padre: Meskigala de Adab, al que Sargón había perdonado la vida y mantenido en el cargo. El resultado de la guerra fue adverso para los sumerios, que fueron sometidos de nuevo. Y los datos ofrecidos por los textos de autobombo de Rimush son impresionantes: Adab y Zabala, 15.718 muertos, 14.576 prisioneros y deportados; Umma y Kidingira, 8.900 muertos, 3.450 prisioneros y 3.600 deportados; Lagash y Ur, 8.040 muertos, 5.460 prisioneros y 5.985 deportados. En otro texto adicional se mencionan tres batallas en las que la coalición sumeria sufre 11.322 muertos, 10.680 prisioneros y 14.100 deportados (en aquella época, una ciudad como Ur podía tener una población de 50.000 habitantes de media).

Se cree que llegaron a morir en batalla alrededor de 50.000 personas. Y en esos instantes, para tener las manos libres, Rimush crea el primer campo de concentración del que tenemos noticia, donde llegó a haber más de 35.000 seres humanos internados. No se sabe muy bien si era un campo de trabajos forzados o de exterminio a secas. “A-na ga-ra-si-im ish-kun” son las palabras con que en el texto de Rimush se define al campo, pero los sumeriólogos aún discuten el sentido de la traducción. En todo caso, miles de seres humanos fallecieron en ese lugar. Tras nueve años de reinado, Rimush murió en un golpe de estado al ser golpeado en la cabeza con un sello de piedra. No hemos cambiado gran cosa en 4000 años.

lunes, 20 de marzo de 2017

Biografía: Riphagen, una rata fascista amigo de Perón y Evita

Bernardus Andreas "Dries" Riphagen
La Segunda Guerra




(7 de septiembre de 1909 Amsterdam [Holanda], + 13 de mayo de 1973, Montreux [Suiza]. Fue un conocido delincuente holandés, el cual colaboró con los alemanes durante la SGM, estando involucrado en al menos 200 muertes.


BIOGRAFÍA


Nació en una familia numerosa, siendo el undécimo hijo. Su padre, alcohólico, trabajaba en la Marina. Su madre, falleció a los pocos años de nacer. Poco más tarde, su padre se volvió a casar.

A los catorce años, ya era un adolescente difícil, fue enviado a una escuela de la Marina, donde alcanzó el grado de cadete. Estuvo navegando durante un año. Residió durante dos años en Estados Unidos, donde empezó a tratar con los círculos criminales, aprendiendo de sus métodos, de dónde le vino el sobrenombre posterior de Al Capone, y a la vez, trabajaba en la empresa de petróleo Standard Oil.

A su regreso de los EE. UU., con dieciocho años, Dries se unió al NSNAP (Partido Nacional Socialista de los Trabajadores holandeses), el cual era antisemita y abogaba por la unión de Holanda con Alemania.

Empezó a moverse en los bajos fondos de Amsterdam, donde su ocupación era como proxeneta y ladrón, demostrando una cierta habilidad para moverse en este mundo, asimismo, su pasión era las apuestas, las joyas (principalmente diamantes) y los coches.

Con la ocupación alemana de 1940, no sólo continuó con sus actividades, sino que abarcó mucho más, empezando a colaborar con el SD Sicherheitsdienst Servicio de Seguridad alemán y como miembro de la Oficina Central de Emigración Judía (Zentralstelle für jüdische Auswanderung), primero en La Haya y después en su ciudad natal, junto a los miembros de la familia Olij, Jan, Kees y Sam.

Esto le permitió, junto a sus compinches, introducirse (y ganar la confianza) de los judíos, los cuales estaban a disposición de las autoridades alemanas, lo cual incluía sus propiedades, un filón del cual Dries empezó a aprovecharse con las confiscaciones de propiedades y joyas, con coacciones incluso para que delataran a otros judíos, y él daba a los alemanes, no sin antes llevarse su parte (10%) establecida con éstos, aunque se embolsaba más de lo pactado. tampoco faltaban judíos como agentes encubiertos, los cuales amenazados con la deportación de ellos o de su familia, se infiltraban en la Resistencia.

En 1943, formó parte de la Columna Henneicke, que era un grupo de unos treinta colaboradores holandeses, en su mayoría miembros de los bajos fondos, los cuales se dedicaban (cobrando en metálico por cada judío) a buscar a los judíos que se habían escondido de las persecuciones. En este mismo año, entregaron a las autoridades alemanas más de 3000 judíos holandeses.

Dries atesoraba ya una pequeña fortuna, el cual iba ingresándola en cuentas de Suiza y Bélgica.

En octubre de este año, la columna fue disuelta, acusada de corrupción en su propio beneficio.

Dries se traslada a Assen, donde empieza a trabajar en otra columna (Hoffman) [especializada en ejecuciones y en localizar aviadores aliados que habían sido derribados] y colaborando con el SD de la ciudad. Asesinó al resistente holandés Gerhard Badrian. En esta ciudad, tiene un accidente de coche, donde se lesiona de gravedad en una pierna.

Al finalizar la guerra, empezó a ser buscado por la policía como traidor y por asesinatos de judíos. Al verse acorralado, se puso en contacto con un antiguo jefe de policía de Enschede y miembro de la Resistencia, Wim E. Sanders, para negociar.
No fue entregado a las autoridades locales, pero sí bajo arresto domiciliario, a cambio de información de colaboradores y redes de los alemanes.

En febrero de 1946 escapa, con la ayuda de miembros de la Oficina de Seguridad holandesa BNV (Bureau voor Nationale Veiligheid), en un coche fúnebre, dentro de un ataúd, cruzando la frontera con Bélgica. Posteriormente, estuvo un tiempo recorriendo España.

A mitad de este año, fue detenido cerca de la frontera con Francia, al carecer de documentación, e ingresado en la cárcel, siendo posteriormente liberado bajo fianza, ayudado por algún contacto (se cree que fue un sacerdote español), con la obligación de tramitar su documentación.

Obtiene un pasaporte Nansen (una tarjeta de identidad para los refugiados apátridas), por medicación de un miembro del Servicio de Seguridad holandés, el cual le proporciona ropa y calzado, con la salvedad de que en los talones del calzado, había diamantes.

Cuando estaba a punto de ser extraditado a Holanda, en marzo de 1948, vuela hacia Argentina con un amigo. Al enterarse de su presencia en este país, la Embajada holandesa cursa una solicitud de extradición, pero sólo con los cargos de robo de automóviles y robo, con lo cual las autoridades argentinas denegaron la solicitud, manifestando que ese delito ya había prescrito. Cabe destacar que Dries se había hecho amigo de un miembro de la Corte Suprema de Argentina.

También consiguió acercarse al matrimonio Perón, llegando a tener un puesto como secretario. Se instala en la capital de este país, donde pone en marcha un negocio de fotografía, y a la vez, organizando competiciones de boxeo, a lo que era aficionado desde su juventud, y colaborando con los servicios secretos de Argentina.

Cuando el Presidente del país fue derrocado, Dries viajó a Europa, viviendo en varios países. Su última dirección conocida fue en Madrid (España), en la calle Padilla 4, de alquiler, que pagaba una tal Alicia López García, donde vivía rodeada de lujo y de mujeres adineradas, las cuales le mantenían. (esta dirección fue facilitada por el Servicio de Inteligencia holandés en Londres).

En 1973, se trasladó a una clínica en Suiza, enfermo de cáncer, donde murió. Nunca más volvió a ver a su mujer Greetje ni a su hijo cuando se fue de Europa en 1946.

Su mujer se casó con el hombre que ayudó a su marido a cruzar la frontera con Bélgica, Frits Kerkhoven, ex detective y miembro de la Resistencia, y ésta adoptó a su hijo.

En 2010, dos periodistas holandeses publicaron un libro sobre Dries “Riphagen: de Amsterdamse onderwereld 1940-1945 [solo está editado en holandés] con las declaraciones de su hijo Rob y de otros compinches.

Tres años más tarde, una emisora de radio holandesa realizó una serie sobre su persona.

En 2016, se hizo la película sobre su vida Riphagen por el director Pieter Kuijpers, con guión de Thomas van der Ree y Paul Ene Nelisse, el papel principal fue interpretado por Jeroen van Koningsbrugge, que también lo había interpretado en la serie de la radio.


ALBUM FOTOGRAFICO



Con su hijo Rob






Imagen






Enlace del artículo de la película en este foro: Riphagen



FUENTES


https://nl.wikipedia.org/wiki/Dries_Riphagen
http://www.miguelgarciavega.com/no-hubo ... -riphagen/
http://www.go2war2.nl/artikel/2624/Biog ... phagen.htm
https://www.google.es/

jueves, 23 de febrero de 2017

SGM: La sobreviviente de Auschwitz que rescató el arte de su hermano

La sobreviviente de Auschwitz que rescató las pinturas secretas de su hermano muerto
Eva Schloss, íntima amiga de Anna Frank, se enteró de su existencia justo antes de que los separaran. Tras salir con vida del brutal campo de exterminio fue a buscarlas y las encontró. Serán exhibidas en Londres
Infobae

Eva Schloss (izquierda), su hermano Heinz y Kitty, una amiga de la familia

Tenía 15 años cuando los nazis la descubrieron en su escondite en Ámsterdam, Holanda. En mayo de 1944, Eva Geiringer Schloss fue trasladada junto a su familia a Auschwitz-Birkenau, el campo de exterminio más temido.

Durante los tres interminables días que duró el viaje en el tren abarrotado en el que los llevaban, su hermano Heinz se abrió como nunca antes lo había hecho. Y entre varios secretos, le contó que había pintado mucho los meses previos a la captura, y que sus cuadros habían quedado escondidos en el ático en el que se ocultaban.

Fue la última conversación que tuvo con él. Ni bien llegaron a destino, los dos hombres fueron separados de las dos mujeres. Se dieron un fuerte abrazo y nunca volvieron a verse. Él y su padre murieron poco tiempo después. Pero ella y su madre, Elfriede, lograron sobrevivir.


Eva Schloss 

El calvario de la familia Geiringer había comenzado en 1938, cuando tuvieron que escapar de Austria ante la entrada de los nazis. Su padre consiguió trabajo en Ámsterdam y se mudaron. La vida les dio entonces una pequeña tregua antes de que el horror se instalara definitivamente.

Allí conoció a Anna Frank, que también había recalado en la ciudad huyendo del nazismo. Se hicieron muy amigas. "Era mucho más madura que yo", contó Eva en una entrevista con The Guardian. Las dos familias estuvieron escondidas juntas por un tiempo cuando las tropas de Hitler entraron en Holanda.

Eva y Elfriede consiguieron unos papeles falsos que les permitían andar por la calle. Pero Heinz y su padre no podían salir del ático en el que se escondían. En ese tiempo de encierro, el joven desarrolló un gusto por el arte. Empezó a escribir poesía y a pintar. En sus cuadros se veía todo lo que no podía tener: paisajes bucólicos soleados, una pareja jugando al tenis, botes navegando el mar.


Uno de los cuadros de Heinz Geiringer

Cuando su escondite dejó de ser seguro, se vieron forzados a mudarse. Una enfermera holandesa les ofreció refugio. Al día siguiente los detuvo la Gestapo. La mujer era una colaboracionista que entregó a más de 200 judíos.

De eso se enteraría al regresar a la ciudad junto a su madre, una vez que terminó la guerra. Otto Frank, padre de Anna, que había muerto en Auschwitz al igual que el resto de su familia, comenzó a frecuentarlas. En 1952 se casó con Elfriede y se convirtió en su padrastro.

En uno de sus tantos encuentros, el hombre les contó acerca del diario oculto de su hija que acababa de encontrar. Entonces Eva recordó las pinturas de su hermano. Con muchas dudas fue hasta el viejo ático y las encontró. Fue como volver a sentir a Heinz junto a ella una vez más.

Este 27 de enero muchas de sus obras serán exhibidas en el Museo Judío de Londres. Eva, que hoy tiene 87 años, dará una charla contando su historia y la de su hermano artista.

martes, 21 de febrero de 2017

SGM: El campo de concentración trucho nazi

Theresienstadt, el campo de concentración y "ghetto modelo" que los nazis montaron para engañar a la Cruz Roja
Ubicado a 50 kilómetros de Praga, por allí pasaron 144.000 judíos entre 1940 y 1945, incluyendo artistas, intelectuales y otras figuras prominentes a quienes se les permitió practicar la profesión en condiciones humanas para intentar desviar la atención del mundo sobre las matanzas en otros campos
Infobae

El brutal dictador Adolf Hilter. Se estima que seis millones de judíos fueron masacrados durante su mandato (AP)


A 50 kilómetros de Praga y rodeado por los ríos Elba y Ohře, los nazis montaron en 1941 un campo de concentración "modelo" que albergaba a cientos de artistas e intelectuales judíos en condiciones humanas y en libertad de practicar sus diferentes disciplinas.

La mentira engañó a muchos en Occidente, incluyendo a la Cruz Roja, y Theresienstadt, como se lo conoció en alemán, funcionó como una inmensa campaña de propaganda para ocultar las masacres que ocurrían a diario en los campos de exterminio de Europa Oriental y, también, en el mismo campo.

Sobre esta farsa escribe el director de orquesta y escritor catalán Xavier Güell en su novela Los prisioneros del Paraíso, publicada en enero por la editorial Galaxia Gutenberg.

"Necesitaban montar una farsa, que Europa creyera que trataban de forma aceptable a los prisioneros en los campos de concentración. Por ello, encerraron a multitud de artistas en este lugar y les permitieron ejercer su profesión. Los dejaban tocar, organizar conciertos", dijo Güell al periódico español ABC.

Pero por cada prisionero que gozaba de estos beneficios, otros cientos eran sometidos a un tratamiento brutal y a un sinfín de torturas.

En total, unos 144.000 judíos pasaron por Theresienstadt, ubicado en la ciudad de Terezín, en la actual República Checa, durante la guerra. En el peor momento 50.000 vivían hacinados en instalaciones pensadas para apenas un décimo.

Cerca de 33.000 murieron en el campo y otros 88.000 fueron enviados a una muerte casi segura en el campo de exterminio de Auschwitz, en Polonia, antes de que fuera liberado por los soviéticos en 1945.

Entre los prisioneros convivieron artistas como los músicos Hans Krasa, quien compuso allí su famosa obra Brundibar, y Gideon Klein y el director de cine Kurt Gerron. Ninguno sobrevivió a la guerra.

"Para ellos fue una salvación. Sabían que tocaban unas notas que podían ser las últimas porque al día siguiente podían morir, pero sabían que mientras hubiera música, había esperanza", consideró el autor. "Los nazis decidieron que los prominentes, gente importante como artistas, militares condecorados, ancianos con medios económicos altos y de importancia social, músicos serían recluidos en este campo", agregó.

En diferentes momentos de su historia, Theresienstadt contó con compañías de teatro, orquestas, bandas de jazz, lecturas de poesía y conferencias regulares.

Una de las entradas a Theresienstadt con el lema usual en los campos de concentración: “El trabajo los hará libres” (Terezín Memorial)

Al mismo tiempo, morían entre 50 y 100 personas al día por el frío y las infecciones, las ejecuciones espontáneas por parte de los guardias eran comunes y un Consejo de Ancianos judíos tenía que elegir quiénes serían enviados cada semana a Auschwitz.

"Su responsabilidad era brutal. Aunque las grandes decisiones las tomaban los nazis, a ellos los dejaban actuar como si fuesen los responsables de la ciudad, siempre que no se salieran de las pautas establecidas. Lo más duro era que les hacían hacer el listado de los deportados, un número que no bajaba de unos 1.000 nombres a la semana", explicó el autor de Los prisioneros del paraíso.

La autoridades alemanas alegaban ante el mundo que el campo era una especie de "balneario" y "ghetto modelo"; una zona de concentración de judíos que recibían un trato humanitario antes de ser enviados al entonces Mandato Británico de Palestina.

El momento cúlmine de esta pantomima llegó en la primavera de 1944, cuando los nazis permitieron que una misión de la Cruz Roja Internacional visitara Theresienstadt, en medio de una ola de rumores en todo el mundo sobre masacres, tortura y esclavitud en los campos de concentración alemanes.

Los barracones Magdeburgo, en el campo “modelo” (Terezín Memorial)

El director del campo fue diligente. Deportó a los 5.000 prisioneros más enfermos o desnutridos, mejoró las raciones, arregló las calles y construyó parques.

Repartió ropa nueva y elegante a los prisioneros y encomendó al Freizeitgestaltung, el comité de actividades musicales, que preparara una versión del Réquiem de Giuseppe Verdi para 2000 espectadores.

Para completar la farsa, se les prohibió a todos los prisioneros decir la verdad sobre el campo a los miembros de la Cruz Roja bajo pena de muerte, un destino demasiado familiar para todos ellos.

Fue todo un éxito. La Cruz Roja Internacional compró el engaño y quedó sorprendida por las excelentes condiciones en Theresienstadt, a las que consideró mucho mejores de lo esperado y representativas de todo el sistema.

Para ese entonces ya habían muertos millones de judíos, gitanos y opositores políticos de todo tipo. Aún restaba un año más para el fin de la guerra.

martes, 14 de febrero de 2017

Nazismo: El broker británico que salvó 669 niños del Holocausto



El hombre que salvó a 669 niños durante el Holocausto no tiene idea de que están alrededor de él, observe su reacción
James Gould-Bourn - Bored Panda


En 1939, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, un joven corredor de bolsa británico llamado Nicholas Winton hizo algo realmente increíble. Arriesgó su vida para salvar con éxito a 669 niños mayoritariamente judíos de Checoslovaquia durante el Holocausto asegurando su paso seguro a Gran Bretaña. Y entonces, como un verdadero héroe, nunca volvió a hablar de ello hasta cincuenta años más tarde, cuando su esposa encontró un libro de recuerdos en el ático de su casa que contenía los nombres, imágenes y documentos de los niños que él salvó.
Sir Nicholas, que fue nombrado caballero por la Reina Isabel II en 2003 y que recibió la Orden Checa del León Blanco en 2014, murió el 1 de julio de 2015, a los 106 años. Bautizado el "Schindler británico" por la prensa británica, apareció en un Reino Unido programa de televisión llamado That's Life! En 1988. Fue invitado como un miembro de la audiencia, totalmente inconsciente de que la gente sentada a su alrededor sólo estaban vivos debido a su valentía y altruismo. Mira el video de abajo para ver el momento en que finalmente se dio cuenta. Consigue tu pañuelo listo ...

 

jueves, 12 de enero de 2017

SGM: La vida del hijo de puta de Brunner al descubierto

Una nueva investigación revela cuándo, cómo y dónde murió Alois Brunner, criminal nazi y "mano derecha" de Adolf Eichmann
La revista francesa XXI citó el miércoles a tres agentes de seguridad que lo custodiaron durante su exilio en Siria. “La investigación es perfectamente verosímil”, dijo Serge Klarsfeld, el historiador que fue una de sus víctimas y que lo persiguió durante gran parte de su vida

Infobae



Brunner deportó a decenas de miles de judíos a una muerte segura en los campos de exterminio y dirigió el campo de Drancy, cerca de París

El criminal nazi Alois Brunner, mano derecha de Adolf Eichmann, murió en un calabozo en Damasco en 2001 a los 89 años, según una nueva investigación publicada el miércoles.

Nacido en 1912, Brunner era juzgado responsable del asesinato de 130.000 judíos de Europa, fue juzgado in absentia en 1954 y en la posguerra se había refugiado en la Siria del presidente Hafez al Assad, padre del actual mandatario Bashar al Assad.

En un principio fue dado por muerto en 1992 por el historiador y cazador de nazis de origen rumano Serge Klarsfeld, que había pedido en vano al régimen sirio que lo expulsara en 1982.


Una foto de Brunner en edad avanzada durante su exilio en Siria

Pero en 2014 el Centro Simon-Wiesenthal afirmó que el criminal de guerra austríaco que tuvo a su cargo el campo de concentración de Drancy, cerca de París, había muerto en Damasco en 2010.

La investigación publicada el miércoles por la revista francesa XXI se basa en tres testimonios de agentes de seguridad sirios que tenían a cargo la seguridad de Brunner. Uno de ellos, Abu Yaman, aceptó dar su nombre desde su refugio en Jordania.

De acuerdo a las tres fuentes, el "mejor hombre" de Eichmann pasó sus últimos años encerrado en un calabozo debajo de una residencia habitada por civiles.


El capitán austríaco de las SS nació en 1912 en Nádkút, Hungría, que por entonces era parte del imperio Austro-húngaro

Tras su muerte, en diciembre de 2001, Brunner recibió un funeral musulmán y fue enterrado discretamente en el cementerio de Al Affif, en Damasco.

El nazi, temido por sus masivas deportaciones de judíos austríacos, eslovacos y franceses a los campos de exterminio, se hacía llamar Abu Hosein y hasta el final no renegó de sus brutales crímenes. Según XXI, recibió arresto domiciliario en 1989 y un año después fue escondido en un calabozo por "razones de seguridad".


Brunner, juzgado in absentia por la muerte de 130.000 judíos, fue la “mano derecha” y “el mejor hombre” del criminal de guerra Adolf Eichmann, en la foto

Vivió, sin embargo, de forma miserable: "Estaba muy cansado, muy enfermo. Sufría y gritaba mucho, todo el mundo le oía", explicó uno de sus guardias bajo el pseudónimo de Omar. "Tenía derecho a una ración minúscula, algo infame, un huevo o una patata, tenía que elegir. No podía ni lavarse", agregó.

"La investigación de XXI es perfectamente verosímil. Han interrogado a alguien que lo conoció muy de cerca", dijo Klarsfeld, que fue arrestado por Brunner en 1943 y cuyo padre fue asesinado en Auschwitz. "Nos satisface saber que vivió mal", agregó.