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miércoles, 8 de enero de 2020

España: La maldición templaria a Felipe "El Hermoso"

 

Felipe “El Hermoso” hizo matar al último templario y su maldición acabó con él





Por Fernando Del Corro


El 18 de marzo de 1314 fue quemado en una hoguera el borgoñés Jacques Bernard de Molay, el vigésimo tercero y último gran maestre de la poderosa orden religiosa-militar de los templarios que durante más de dos siglos se constituyó en una fuerza decisiva del poder de la Iglesia Católica ya que tuvo una importante participación en las cruzadas a pesar de lo cual fue disuelta y perseguida por el papa Clemente V y el rey francés Felipe IV, “El Hermoso”, temerosos de su creciente influencia.



La orden fue creada por Hugo de Payns y Godofredo de Saint Omer en 1119 con el propósito de proteger a los peregrinos cristianos en la entonces llamada “Tierra Santa”, un territorio que comprendía los actuales de Siria, Israel, Palestina, Irak, Jordania, Egipto, Turquía y parte del sur europeo en los cuales se habían desarrollado los hechos narrados por la tradición bíblica en el Primero y el Segundo Testamento. Por esa razón muchos de los futuros templarios fundadores de la Orden, como los antes mencionados, participaron ya en la Primera Cruzada en 1095.

Ya con mucho poder los templarios fijaron su sede en la isla griega de Rodas desde operaba su flota que participaba en las luchas que se desarrollaban en Siria y Egipto. Pero en 1312 el papa Clemente V dio por terminada la existencia de la “Orden de los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón”, conocida como “Orden del Temple”. Poco después, a través de la bula “Ad vitam” (A la vida), destinó a la “Orden de los Hospitalarios” todos los bienes templarios con lo cual, en los hechos éstos no desaparecieron más allá del asesinato de su jefe y la pérdida de su existencia formal.



La “Orden de Rodas”, como pasó a ser conocida la de los Hospitalarios, comenzó a desarrollar operaciones non sanctas propias del corso y la piratería. En su afán por el lucro no tuvo límites al punto de que también atacó embarcaciones cristianas todo lo cual le generó un importante enriquecimiento que la llevó a imprimir sus propias monedas en las que los grandes maestres hacían acuñar sus efigies.

Su gloria duró dos siglos. Terminó cuando en 1522 la isla fue sitiada por un ejército de 200.000 hombres comandado por el sultán otomano Süleyman I, “El Magnífico”. Los hospitalarios debieron rendirse y abandonar Rodas. Desde entonces su poder declinó y debió esperar ocho años hasta que, en acuerdo con el papa Clemente VII, el rey español Carlos I, en 1530, entregó territorios a la Orden. Se trató de Trípoli, la actual capital de Libia, y las islas de Malta, Gozo y Comino. El propósito fue que ayudase a frenar la embestida otomana por el Mar Mediterráneo hacia Occidente pero ésta siguió adelante y en 1534 se produjo la ocupación de Túnez.

Desde entonces la Orden, ahora denominada “Soberana Orden Militar de Malta”, que había comprometido su neutralidad en los conflictos entre los estados cristianos, pasó a tener dificultades económicas. Ya no era la exultante de Rodas. La reforma protestante la golpeó con fuerza ya que se le produjeron conversiones que redujeron y hasta hicieron desaparecer buena parte de sus prioratos en el continente europeo, en particular en Alemania, Escandinavia, Gran Bretaña y Países Bajos.

El 18 de mayo de 1565 los otomanos atacaron Malta. Por algunos meses los malteses resistieron, comandados por el gran maestre Jean Parisol de la Valette, epónimo de la actual capital de la isla, La Valeta. Sin embargo los otomanos lograron desembarcar y penetrar en el territorio insular que debió ser salvado a partir del 7 de septiembre cuando el rey español Felipe II envió su ejército desde Sicilia en lo que fue el “Gran Rescate”.

Así los ex templarios, luego hospitalarios y entonces malteses, pudieron conservar su territorio durante 233 años hasta que fueron desalojados por Napoleón Bonaparte en 1798 como parte de la expedición de éste a Egipto. Malta fue luego tomada por los británicos en 1800 quienes en 1802 firmaron el “Tratado de Amiens”, luego no cumplido, por el que se comprometieron a devolver la isla a la Orden. Ésta, desde entonces, dejó de tener un territorio propio.

En su derivar la Orden, conducida por el gran maestre Ferdinand von Hompesch, se refugió en Trieste. Tras el asesinato de ese líder en 1801 el papa Pío VII asumió la protección de la Orden y designó a su frente a Bartolomeo Francesco María Ruspoli quién fijó como nueva sede a Catania, en Sicilia, pero no pudo impedir una fragmentación del poder ya que las autoridades locales en cada país comenzar a manejarse de manera autónoma. Hacia 1845 ya era solamente una entidad virtual.

Actualmente, y bajo la nueva denominación de “Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y Malta”, que resume toda su historia templaria, hospitalaria, rodesiana y maltesa, tiene su residencia en Roma desde 1934, luego de un paso por Ferrara. Dedicada a actividades humanitarias la Orden prestó servicios durante las dos guerras mundiales del Siglo XX siendo gran maestre Ludovico Chigi Albani della Rovere.

La actual estructura jurídica de la orden, que se encuentra en proceso de revisión, data de 1961 cuando fuese aprobada por el papa Juan XXIII. Se trata de un estado religioso pero de características laicas ya que se maneja en forma autónoma y hasta emite pasaportes por cuanto a pesar de carecer de territorio posee reconocimiento internacional.

Pasaron 705 años desde que fuese incinerado Jacques de Molay por una acusación de sacrilegio contra la Santa Cruz, a la que se le hizo reconocer bajo tortura. Reconocimiento que había ya rechazado y volvió a hacerlo ante la hoguera ubicada frente a la Catedral de Notre Dame. En 1298 había llegado a tomar Jerusalén y el poder de la orden era temido por el papa y el rey de Francia.

Antes de ser sacrificado, se afirma que Molay dijo: “Dios sabe quién se equivoca y ha pecado y la desgracia se abatirá pronto sobre aquellos que nos han condenado sin razón. Dios vengará nuestra muerte. Señor, sabed que, en verdad, todos aquellos que nos son contrarios, por nosotros van a sufrir Clemente, y tú también Felipe, traidores a la palabra dada, ¡os emplazo a los dos ante el Tribunal de Dios!… A ti, Clemente, antes de cuarenta días, y a ti, Felipe, dentro de este año…”.

Una maldición, que de ser cierta, se cumplió. Clemente V falleció el 20 de abril y Felipe “El Hermoso” el 29 de noviembre del mismo 1314, año en que también fue envenenado Guillermo de Nogaret, el inventor de la causa que llevara a la condena del gran maestre templario.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Caballeros Templarios: La masiva batalla de Tannenberg

Los caballeros teutónicos, los hospitalarios y los templarios: Batalla masiva de Tannenberg, 1410


William Mclaughlin | War History Online



Pintura del punto central de la batalla, mostrando la carga de caballería estancada de Ulrich. El príncipe Vytautas está en el centro vestido de rojo, mientras que Ulrich aparece con su muerte a la izquierda.


Las Cruzadas fueron monumentales esfuerzos militares para asegurar las tierras alrededor de Jerusalén. Dos órdenes de monjes guerreros, templarios y hospitalarios tuvieron grandes éxitos en el Levante y sus alrededores, creando vastas fortalezas y abogando agresivamente por el cristianismo.


La tercera orden de monjes, los Caballeros Teutónicos, tenían una fortaleza en Acre, pero se hicieron famosos en el noreste de Europa luchando contra los paganos y el cristianismo ortodoxo.
Enclavado contra la costa del mar Báltico, las tierras de los caballeros teutones limitaban con Lituania, Polonia y Rusia. La orden teutona se había apoderado de estas tierras de los clanes prusianos fracturados en el siglo XIII y construyó fortalezas masivas desde donde llevaron a cabo redadas.
Los Caballeros Teutónicos eran conocidos por sus ataques rápidos y agresivos y la feroz subyugación de las muchas rebeliones contra su gobierno.
Hubo unos cientos de caballeros teutones oficiales que lucharon con la armadura más pesada en el comienzo del período más avanzado de armadura de placas avanzada antes del uso generalizado de la pólvora. Fueron apoyados por miles de hermanos legos, caballeros que esperaban convertirse en miembros de pleno derecho con el servicio, y aún con armaduras pesadas.





Además, los caballeros teutónicos contrataron a muchos miles de hombres de armas para cumplir funciones más ligeras y algo de infantería pesada. Como esencialmente estaban llevando a cabo una larga cruzada, a los teutónicos se les unieron a menudo cruzados invitados, nobles que buscaban demostrar su piedad y destreza marcial uniéndose temporalmente a la causa. Estos nobles a menudo trajeron contingentes importantes de sus propios hombres también.

El impulso hacia la batalla titánica de Tannenberg comenzó con la unificación de Polonia y Lituania por el matrimonio de Jadwiga de Polonia con Jagiello de Lituania. El primo de Jagiello, Vitautas, buscó poder para sí mismo y negoció con los Caballeros Teutónicos para obtener apoyo. Jagiello y Vytautas finalmente se reconciliaron, y Vitautas recibió el título de Gran Príncipe.

La apertura inicial a la Teutónica fue suficiente para aumentar las tensiones entre los dos poderes. Lituania y Polonia habían declarado oficialmente el cristianismo como la religión oficial. Sin embargo, todavía había mucha animosidad ya que los teutónicos creían que esta era una declaración hueca ya que muchas personas seguían siendo paganas o cristianas ortodoxas.


Cuando las tensiones llegaron a un punto de ebullición, los ejércitos conjuntos de Polonia y Lituania se unieron para invadir tierras teutónicas con el objetivo de recuperar tierras perdidas y disputadas. El Gran Maestro de los teutónicos, Ulrich von Jungingen estaba preparado para la invasión y organizó rápidamente un gran ejército. Las dos fuerzas se encontraron cerca de las aldeas de Tannenberg y Grunwald el 15 de julio.


La campaña sinuosa de Tannenberg / Grunwald y la culminación en la fortaleza principal de Marienburg. Por S. Bollmann - CC BY-SA 3.0

El número preciso de fuerzas es muy difícil de determinar, pero parece que la orden teutónica tenía entre 20 y 30,000 fuerzas, incluyendo varios cientos de caballeros pesados ​​entre ellos y los cruzados invitados. Las fuerzas combinadas de Polonia y Lituania desplegaron una fuerza mayor, pero más liviana, de alrededor de 25-40,000. Antes de la batalla, el Gran Maestro Teutónico envió dos espadas al Rey Jagiello y al Príncipe Vitautas para "ayudarlos en la batalla", un duro insulto a los líderes y una invitación a la batalla.

Los ejà © rcitos se alinearon uno frente al otro con igual frente mientras el sol ardiente se reflejaba en la pesada armadura. Las dos partes cargaron directamente en un torbellino de color mientras cientos de banderas y estandartes nacionales e individuales volaron por todo el campo de batalla.


Los polacos mantuvieron la izquierda mientras que los lituanos mantuvieron la derecha contra los cruzados invitados. Los lados estuvieron bloqueados por hasta dos horas antes de que los lituanos comenzaran una retirada completa. Fueron perseguidos por los cruzados invitados hasta los trenes de equipajes donde los cruzados se detenían para saquear.

En la izquierda polaca, su centro expuesto estaba flanqueado, y el rey Jagiello estaba expuesto. La batalla fue feroz ya que los grupos de ambos lados se abrieron paso hacia pancartas reconocibles. La captura o caída de un estandarte durante la batalla tuvo un gran impacto en la moral y los portadores lucharon hasta la muerte para mantener los estandartes elevados.


Una escena de la batalla que muestra los muchos estándares y la mezcla de tropas armadas pesadas y ligeras

En un esfuerzo muy alejandrino para apuntar al rey, Ulrich tomó una gran fuerza de los caballeros teutones más pesados ​​y se zambulló a través del espacio expuesto hacia el Rey Jagiello. El príncipe Vitautas, que había sido parte de los lituanos en retirada, vio este ataque y condujo a su propia caballería pesada a interceptar justo cuando las fuerzas de Ulrich chocaban con la guardia del rey.

Se produjo una batalla agotadora cuando las fuerzas más elitistas y bien armadas de Europa del Este lucharon en su propia batalla rodeadas por una batalla mucho más grande. la carga teutónica se detuvo a la vista del rey Jagiello, pero un caballero teutón pudo cargar directamente contra el rey. El rey fue salvado por un joven secretario, Zbigniew Olesnicki, quien eventualmente se convertiría en uno de los hombres más influyentes en Polonia.

Con la batalla en un punto muerto, los lituanos derrotados regresaron al campo de batalla. Se debate seriamente si la derrota fue una maniobra planificada. Por un lado, los lituanos regresaron en buen orden y ganaron el día capitalizando a las fuerzas teutónicas desorganizadas. Por otro lado, los lituanos estuvieron fuera de la batalla por mucho más tiempo de lo que deberían haber estado si originalmente planearon una retirada falsa.

Independientemente de lo planificado o no, el regreso de los lituanos hizo retroceder a los ya dispersos cruzados invitados y atrapó la carga estancada de Ulrich. Ulrich junto con casi todos los miembros de rango de la orden teutónica fueron asesinados y muchos caballeros de élite fueron capturados.

Las fuerzas teutónicas restantes se pelearon, pero finalmente colapsaron unidad por unidad en un retiro total. Los restantes caballeros teutónicos y hermanos legos formaron una fortaleza de carretas e intentaron defender su campamento. El fuerte improvisado pronto se rompió y siguieron muchas más bajas.



La victoria total fue un gran golpe para el poder teutónico en Europa, ya que cientos de miembros prominentes fueron asesinados y se incautaron grandes extensiones de tierra. Las fuerzas combinadas de Lituania y Polonia no pudieron capturar la fortaleza principal de Marienburg, pero tomaron varios castillos circundantes. Finalmente, se negoció una paz y la orden teutónica se vio obligada a pagar reparaciones de guerra.

La victoria revirtió una campaña de larga data y agresiva contra las naciones que lentamente se estaban convirtiendo al cristianismo por su cuenta, el Rey Jagiello y la Reina Jadwiga eran devotos católicos que hicieron grandes esfuerzos para convertir a sus propias naciones.

La victoria sigue siendo un gran símbolo del orgullo nacional; las dos espadas insultantemente entregadas al rey y al príncipe se convirtieron en símbolos de la victoria y adornaron las medallas del valor otorgado por la valentía en la lucha contra Alemania en la Segunda Guerra Mundial.

La orden teutónica realmente sobrevivió y se ha adaptado a los tiempos modernos para ser una organización puramente religiosa y caritativa.