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martes, 21 de febrero de 2017

SGM: El campo de concentración trucho nazi

Theresienstadt, el campo de concentración y "ghetto modelo" que los nazis montaron para engañar a la Cruz Roja
Ubicado a 50 kilómetros de Praga, por allí pasaron 144.000 judíos entre 1940 y 1945, incluyendo artistas, intelectuales y otras figuras prominentes a quienes se les permitió practicar la profesión en condiciones humanas para intentar desviar la atención del mundo sobre las matanzas en otros campos
Infobae

El brutal dictador Adolf Hilter. Se estima que seis millones de judíos fueron masacrados durante su mandato (AP)


A 50 kilómetros de Praga y rodeado por los ríos Elba y Ohře, los nazis montaron en 1941 un campo de concentración "modelo" que albergaba a cientos de artistas e intelectuales judíos en condiciones humanas y en libertad de practicar sus diferentes disciplinas.

La mentira engañó a muchos en Occidente, incluyendo a la Cruz Roja, y Theresienstadt, como se lo conoció en alemán, funcionó como una inmensa campaña de propaganda para ocultar las masacres que ocurrían a diario en los campos de exterminio de Europa Oriental y, también, en el mismo campo.

Sobre esta farsa escribe el director de orquesta y escritor catalán Xavier Güell en su novela Los prisioneros del Paraíso, publicada en enero por la editorial Galaxia Gutenberg.

"Necesitaban montar una farsa, que Europa creyera que trataban de forma aceptable a los prisioneros en los campos de concentración. Por ello, encerraron a multitud de artistas en este lugar y les permitieron ejercer su profesión. Los dejaban tocar, organizar conciertos", dijo Güell al periódico español ABC.

Pero por cada prisionero que gozaba de estos beneficios, otros cientos eran sometidos a un tratamiento brutal y a un sinfín de torturas.

En total, unos 144.000 judíos pasaron por Theresienstadt, ubicado en la ciudad de Terezín, en la actual República Checa, durante la guerra. En el peor momento 50.000 vivían hacinados en instalaciones pensadas para apenas un décimo.

Cerca de 33.000 murieron en el campo y otros 88.000 fueron enviados a una muerte casi segura en el campo de exterminio de Auschwitz, en Polonia, antes de que fuera liberado por los soviéticos en 1945.

Entre los prisioneros convivieron artistas como los músicos Hans Krasa, quien compuso allí su famosa obra Brundibar, y Gideon Klein y el director de cine Kurt Gerron. Ninguno sobrevivió a la guerra.

"Para ellos fue una salvación. Sabían que tocaban unas notas que podían ser las últimas porque al día siguiente podían morir, pero sabían que mientras hubiera música, había esperanza", consideró el autor. "Los nazis decidieron que los prominentes, gente importante como artistas, militares condecorados, ancianos con medios económicos altos y de importancia social, músicos serían recluidos en este campo", agregó.

En diferentes momentos de su historia, Theresienstadt contó con compañías de teatro, orquestas, bandas de jazz, lecturas de poesía y conferencias regulares.

Una de las entradas a Theresienstadt con el lema usual en los campos de concentración: “El trabajo los hará libres” (Terezín Memorial)

Al mismo tiempo, morían entre 50 y 100 personas al día por el frío y las infecciones, las ejecuciones espontáneas por parte de los guardias eran comunes y un Consejo de Ancianos judíos tenía que elegir quiénes serían enviados cada semana a Auschwitz.

"Su responsabilidad era brutal. Aunque las grandes decisiones las tomaban los nazis, a ellos los dejaban actuar como si fuesen los responsables de la ciudad, siempre que no se salieran de las pautas establecidas. Lo más duro era que les hacían hacer el listado de los deportados, un número que no bajaba de unos 1.000 nombres a la semana", explicó el autor de Los prisioneros del paraíso.

La autoridades alemanas alegaban ante el mundo que el campo era una especie de "balneario" y "ghetto modelo"; una zona de concentración de judíos que recibían un trato humanitario antes de ser enviados al entonces Mandato Británico de Palestina.

El momento cúlmine de esta pantomima llegó en la primavera de 1944, cuando los nazis permitieron que una misión de la Cruz Roja Internacional visitara Theresienstadt, en medio de una ola de rumores en todo el mundo sobre masacres, tortura y esclavitud en los campos de concentración alemanes.

Los barracones Magdeburgo, en el campo “modelo” (Terezín Memorial)

El director del campo fue diligente. Deportó a los 5.000 prisioneros más enfermos o desnutridos, mejoró las raciones, arregló las calles y construyó parques.

Repartió ropa nueva y elegante a los prisioneros y encomendó al Freizeitgestaltung, el comité de actividades musicales, que preparara una versión del Réquiem de Giuseppe Verdi para 2000 espectadores.

Para completar la farsa, se les prohibió a todos los prisioneros decir la verdad sobre el campo a los miembros de la Cruz Roja bajo pena de muerte, un destino demasiado familiar para todos ellos.

Fue todo un éxito. La Cruz Roja Internacional compró el engaño y quedó sorprendida por las excelentes condiciones en Theresienstadt, a las que consideró mucho mejores de lo esperado y representativas de todo el sistema.

Para ese entonces ya habían muertos millones de judíos, gitanos y opositores políticos de todo tipo. Aún restaba un año más para el fin de la guerra.

martes, 14 de febrero de 2017

Nazismo: El broker británico que salvó 669 niños del Holocausto



El hombre que salvó a 669 niños durante el Holocausto no tiene idea de que están alrededor de él, observe su reacción
James Gould-Bourn - Bored Panda


En 1939, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, un joven corredor de bolsa británico llamado Nicholas Winton hizo algo realmente increíble. Arriesgó su vida para salvar con éxito a 669 niños mayoritariamente judíos de Checoslovaquia durante el Holocausto asegurando su paso seguro a Gran Bretaña. Y entonces, como un verdadero héroe, nunca volvió a hablar de ello hasta cincuenta años más tarde, cuando su esposa encontró un libro de recuerdos en el ático de su casa que contenía los nombres, imágenes y documentos de los niños que él salvó.
Sir Nicholas, que fue nombrado caballero por la Reina Isabel II en 2003 y que recibió la Orden Checa del León Blanco en 2014, murió el 1 de julio de 2015, a los 106 años. Bautizado el "Schindler británico" por la prensa británica, apareció en un Reino Unido programa de televisión llamado That's Life! En 1988. Fue invitado como un miembro de la audiencia, totalmente inconsciente de que la gente sentada a su alrededor sólo estaban vivos debido a su valentía y altruismo. Mira el video de abajo para ver el momento en que finalmente se dio cuenta. Consigue tu pañuelo listo ...

 

sábado, 21 de enero de 2017

SGM: Operación Antropoide

Operación Antropoide


El objetivo de la Operación Antropoide, Reinhard Heydrich.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la Operación Antropoide consistió en el atentado a uno de los más poderosos y temidos nazis, el Obergruppenführer (Teniente General) Reinhard Heydrich, jefe de la RSHA, Protector de Bohemia y Moravia y uno de los artífices de la Solución final.

Ambiente
En el año 1941, los ejércitos alemanes avanzaban sin dificultades hacia Moscú. En el Atlántico, los submarinos alemanes hundían los barcos de los aliados y Japón dominaba en el Pacífico. La situación para los aliados era crítica.
El mismo año, Heydrich fue enviado por el comandante de las SS Heinrich Himmler a Praga para relevar al Gauleiter, Konstantin von Neurath, por mostrarse éste demasiado condescendiente con los checos. De este modo, Himmler alejaba momentáneamente a quien le hacía sombra ante Hitler y asimismo este último enviaba a la capital checa a uno de los más competentes y temidos de la cúpula de las temibles SS.
La falta de mano dura de von Neurath había desembocado en atentados, huelgas y un ambiente de desestabilización en el protectorado alemán. Heydrich asumió como Reichsprotecktor en septiembre de 1941.
Heydrich tenía un segundo al mando, el Gruppenführer (General de División) Karl Hermann Frank, el ex-Secretario de estado de von Neurath, siendo Frank no menos competente que él mismo. Heydrich se puso desde el primer día manos a la obra y decretó la ley marcial, detuvo a numerosos intelectuales y los ejecutó, e incluso arrestó al Primer Ministro Alois Eliáš, miembro del gobierno títere checo impuesto por los propios alemanes y fusilado el 19 de junio de 1942. El total de ejecutados alcanzó la cifra de 550, lo que le valió los apodos de El carnicero de Praga o La bestia rubia.
Heydrich se instaló en el Castillo de Praga para gobernar el territorio checoslovaco. Su gestión diezmó la resistencia checa, responsable de diversos sabotajes, y aumentó la fabricación de material militar. Una vez logrado esto, Heydrich aplicó la política del "palo y la zanahoria" aumentando los beneficios laborales pero a su vez imponiendo una mano dura en el gobierno. El aparente estado de bonanza económica logrado en el Protectorado despertó cierto grado de filiación en la población checa hacia el nazismo.1

Operación Antropoide (Operation Anthropoid)
Se hacía necesario mantener la resistencia en las tierras checas. Para mostrar a los Aliados que los checos también eran amigos, el presidente checo, exiliado en Inglaterra Edvard Beneš, aceptó un plan de Winston Churchill para desestabilizar el régimen nazi en Checoeslovaquia, ya que la hábil política de Heydrich había llevado a la población a aceptar de muy buen grado la ocupación gracias a las condiciones de vida excepcionalmente favorables que Heydrich había impuesto a cambio de una producción militar eficiente para el Tercer Reich. Esto atentaba contra los intereses aliados, ya que la sumisión de Checoeslovaquia podría ser imitada por otros países y así acabar indirectamente con la resistencia y fortalecer el nazismo en Europa.
"En Praga hay dos personas que representan el exterminio. Es el líder sudeto-alemán, Karl Hermann Frank, y el recién llegado Heydrich. Es necesario que uno de ellos pague por ello".
Moravec, jefe del servicio de inteligencia checoslovaco a Jozef Gabcík.
2
Para ello se planeó el atentado contra uno de sus líderes más poderosos. Reinhard Heydrich era incluso considerado por Hitler como su eventual sucesor. A su edad (38 años) dirigía la poderosa Oficina Central de Seguridad del Reich y era, con mucho, uno de los líderes más odiados de la Alemania Nazi. Tan temido era Heydrich, que él mismo consideraba imposible que alguien se atreviera a atentar contra su persona.


Recompensa ofrecida por los nazis para capturar a Josef Valčík

La Operación
La operación comenzó la noche del 28 de diciembre de 1941 con la llegada de dos comandos checos, los Rotsmistr (Sargentos) Jan Kubiš y Jozef Gabčík, provenientes de Inglaterra a bordo de un bombardero Halifax perteneciente al escuadrón 138 de la RAF, que fueron lanzados en paracaídas junto con otros comandos ingleses. Por un error de navegación se les lanzó en Nehvizdy a 20 km, de la capital checa, pero premunidos de papeles falsos de identificación y vestidos de paisanos lograron contactar a la resistencia checa en Pilsen.
En Praga contactarían a otro guerrillero, Korda, para ultimar los detalles con la resistencia checa.
Una vez contactados, comenzaron por estudiar minuciosamente los hábitos de desplazamiento de Heydrich y advirtieron que invariablemente empleaba la misma ruta cuando marchaba desde el castillo hacia el aeropuerto, en Praga y siempre a la misma hora. La elaboración del atentado era sumamente simple, emboscar el cabriolet de Heydrich y asesinarle.
En la ruta del Castillo de Praga a las oficinas de Heydrich había una curva muy cerrada que obligaba al chofer a aminorar la velocidad del vehículo del dirigente nazi y éste fue el punto de ataque elegido.
Por fin, después de varios ensayos y titubeos, la fecha del atentado fue fijada para la mañana del 27 de mayo de 1942.
El día 26 por la noche, Heydrich asistió con su esposa Lina a un homenaje a su padre, el músico Bruno Heydrich en el palacio de Waldstein en Praga. La última foto en vida le es tomada a la salida del homenaje.


Última fotografía de Heydrich, tomada el 26 de mayo de 1942.

Tres guerrilleros se apostaron en un recodo del camino a la entrada a Praga, justo por donde pasaría Heydrich ese domingo. Uno de ellos, Kubiš llevaba una granada británica antitanque No. 73 modificada; otro, Gabčík un subfusil Sten y el tercero, el Podporučík (Subteniente) Josef Valcik haría las señales con un periódico.
El día fijado suponían que Heydrich pasaría por allí cerca de las 10 de la mañana, pero excepcionalmente y para sorpresa de los complotados, no apareció a la hora estimada, por lo que los comandos empezaron a ponerse muy nerviosos y pensaron en abortar la misión.
Heydrich en efecto se había retrasado, pues de modo inusual se había quedado media hora más en el castillo para atender un asunto urgente de último minuto, pero después subió a su coche descapotable y tomó la ruta habitual.
Cuando ya iban a abandonar la zona, Valcik avisó a los demás que el vehículo venía en camino y sin escolta, por lo que los militares rápidamente retornaron a sus puestos.
El coche en el que venía Heydrich no llevaba protección, pues éste pensaba que era imposible arriesgarse a atentar contra alguien tan poderoso como él.
Al llegar a la curva el Mercedes Benz redujo la velocidad y en ese momento Gabčík empuñó su Sten con la intención de lanzar una ráfaga de ablandamiento, pero éste se encasquilló y Gabčík se puso muy nervioso, mientras observaba al temido jefe de las SS.
Heydrich, al percatarse de la situación, se levantó del asiento con el coche aún en marcha y se aprestó a sacar su Luger para repeler el ataque. Gabčík, completamente aterrorizado, abandonó el subfusil lanzándolo a la vereda y echó a correr. Kubiš, menos nervioso, pudo activar la granada y arrojarla en el momento justo en que Heydrich apuntaba con la pistola en su dirección, cayendo al costado de la rueda trasera derecha.
El Oberscharführer (Suboficial) Klein, chofer de Heydrich, pistola en mano también, consiguió bajarse en persecución de Kubiš. En ese momento, la granada estalló poderosamente al lado de la puerta trasera derecha, alcanzando las esquirlas en la espalda de Heydrich hiriéndole, quien instintivamente se volteó protegiendo su rostro con los brazos; aun así, pudo bajarse del vehículo y lograr dar algunos pasos y disparar a los atacantes, antes de quedar tumbado en la acera agarrado a una reja y desangrándose. El SS Klein alcanzó a Kubiš en una esquina, pero éste le disparó sorpresivamente, dejándolo malherido. Kubiš tomó una bicicleta y escapó del lugar.


Un Sten Mark II, similar al empleado por Gabčík.

El resto de los guerrilleros checos lograron huir a la carrera, con la amarga sensación de haber fallado en el objetivo de la misión.




El coche de Heydrich tras el atentado.

Heydrich fue auxiliado por una mujer checa y llevado al Hospital de Bulovka en Praga, donde insistió en ser atendido sólo por médicos alemanes. Las heridas de Heydrich comprometían el bazo, había restos de crin del relleno del asiento, la tela, metales y parte de su uniforme. Parecía que Heydrich podría salvarse si era tratado a tiempo, pero un obstinado Heydrich prefirió ser tratado por médicos de confianza.
El Reichsführer-SS Heinrich Himmler envío al médico de las Waffen SS quien inició un tratamiento con sulfamidas. El retraso en recibir atención médica permitió que las esquirlas de metal y restos de crines del asiento incrustados infectaran no sólo la herida, sino que se propagara al torrente sanguíneo a través del bazo que estaba abierto.
Esto probablemente le costó la vida, pues 48 horas después las heridas recibidas, en especial una esquirla alojada en el bazo, se infectaron y provocaron una septicemia generalizada, que al cabo de ocho días le causaron la muerte. Sus atacantes no llegarían a saberlo.
Mientras Heydrich estaba en el hospital, las tropas SS salieron a las calles de Praga y se dedicaron a ubicar a los guerrilleros. Aunque se detuvo a miles de sospechosos, no lograron dar con su paradero y se ofreció una recompensa de 100.000 coronas checas a quien revelara el escondite de los atacantes de Heydrich. Pero mientras tanto Heydrich fallecía sin salir del coma, el 4 de junio de 1942. Se empezó ofreciendo recompensas y se desató una ola de ejecuciones en la capital checa.


Ventanilla de la Iglesia de San Cirilo, que da a la cripta en donde fueron acorralados los guerrilleros.

Al final, el 16 de junio, uno de los implicados, Karel Čurda, impactado con la ola de ejecuciones entre la población checa, cometió delación y se presentó ante el Obergruppenführer Karl Hermann Frank traicionando a sus camaradas. Les denunció a las SS dando su paradero, con la esperanza ingenua de que si sacrificaba a sus compañeros, las ejecuciones sumarias se detendrían, lo que en la realidad no sucedió.
Los guerrilleros checos se habían refugiado en la antigua Iglesia de los Santos Cirilo y Metodio, en una especie de cripta subterránea con unas catacumbas, donde una de las ventanas daba a la calle.
Finalmente, los principales perpetradores del atentado: Josef Bublík, Jozef Gabčík, Jan Hrubý, Jan Kubiš, Adolf Opálka, Jaroslav Švarc y Josef Valčík, quedaron atrapados en la iglesia. A las 4:15 horas del 18 de junio de 1942, la cripta fue rodeada y asediada por 800 soldados del Wehrmacht Heer y el Waffen SS. Después de una lucha de siete horas los nazis habían perdido 14 hombres y otros 21 resultaron heridos. Seis comandos se suicidaron para no caer vivos en manos alemanas; el séptimo, Kubiš que había sido gravemente herido por la metralla de una granada murió desangrado.3

Consecuencias del atentado
El cuerpo de Heydrich fue llevado a Berlín y se le dió un funeral apoteósico al cual acudió toda la alta jerarquía nazi y donde el mismo Hitler estuvo presente, quien se mostró en todo momento apesadumbrado.
Hitler quiso emprender graves represalias contra los checos pero como eso perturbaría la producción industrial (tan necesaria para la guerra), los SS de Frank ejecutaron a unos miles de habitantes, mujeres, hombres y unos 88 niños en el pueblo de Lídice. En total, 340 habitantes del pueblo fueron asesinados (192 hombres, 60 mujeres y 88 niños). Lo mismo le sucedió a otro pequeño poblado llamado Ležáky dos semanas después: los hombres asesinados, las mujeres enviadas a los campos de concentración y los niños "arianizados" o enviados a las cámaras de gas. El resultado final de la represión por la muerte de Heydrich fue de 1.300 personas, entre partisanos, altos dirigentes checos y víctimas circunstanciales, como los habitantes de Lídice.


Escultura conmemorativa de la Masacre de Lídice.

Luego dicha población se hizo desaparecer de los mapas y físicamente.
En total murieron unos 4.600 checos como represalia por el asesinato de Heydrich. Con la muerte de Heydrich se privó al regimén nazi del más brutal e inteligente esbirro que pudo tener Hitler. Lamentablemente, los dados lanzados por Heydrich ya estaban rodando y la muerte de cientos de miles de judíos no se detuvo con su muerte.
Entre los miles de detenidos estuvo Ana Malinová, novia de Jan Kubiš, quien murió en el campo de concentración de Mauthausen-Gusen.
Marie Opálková, tía del Nadporučík (Teniente Primero), Adolf Opálka fue ejecutada en Mauthausen el 24 de octubre de 1942. Su padre, Viktor Jarolím también fue asesinado.
La Operación Antropoide fue el único intento exitoso de asesinar a un importante líder nazi y paradójicamente sus ejecutores no llegaron a saber de su éxito en vida.
Karel Čurda fue recompensado con 1 millón de Reichsmarks. Después de la guerra, el 29 de abril de 1947 fue ejecutado en Praga por el delito de traición.

Operación Antropoide-miembros del comando checo-autores del atentado.


Jan Kubiš
Sargento
Perteneciente a las fuerzas checas en el exilio. Reclutado por el SOE para el contacto con la clandestinidad checa-Activó la bomba de mano que lesionó de gravedad a Heydrich.


Jozef Gabčík
Sargento.
Soldado eslovaco reclutado por el SOE para apoyar en el remate de la Operación.


Adolf Opálka
Teniente primero
Soldado checo.
Reclutado por el SOE para dirigir la Operación.


Karel Čurda
Soldado de las fuerzas checas en el exilio, reclutado por el SOE.
Cometió traición al revelar la ubicación de los autores del atentado.




Referencias

1. A 60 años del atentado a Heydrich
2. Artículo de la República checa acerca del atentado a Heydrich
3. http://www.radio.cz/es/rubrica/legados/800-nazis-armados-sitiaban-a-7-paracaidistas-checoslovacos


Wikipedia

sábado, 14 de enero de 2017

SGM: 10 aspectos del patán Reinhard Heydrich

10 cosas que no sabía sobre el patán nazi Reinhard Heydrich

David Herold - War History Online




A menos que seas un aficionado de la Segunda Guerra Mundial, es probable que no tengas todos los datos sobre cada funcionario nazi memorizado. Sin embargo, cada individuo que desempeñó un papel importante en el régimen nazi tiene una historia que contar. Aquí están algunos hechos que usted no puede saber sobre el alto funcionario nazi Reinhard Heydrich, una figura oscura en un período aún más oscuro de la historia de la guerra.

1. Tuvo varios trabajos a lo largo de su vida.


Heydrich era conocido por ser uno de los principales arquitectos del Holocausto. Nombrado por Hitler mismo, que lo llamó "el hombre con el corazón de hierro", Heydrich era un líder de grupo de alto nivel en las SS, así como el jefe de policía. Él también se desempeñó como el diputado o protector del Reich en funciones de Moravia y Bohemia (ahora la República Checa).

En un momento dado, fue el presidente actual de la Comisión Internacional de Policía Criminal, también conocida como Interpol. Durante la Conferencia de Wannsee en enero de 1942, supervisó los planes finales para deportar y promover el genocidio de la población judía en Europa.


2. Él ayudó a coordinar Kristallnacht.



- Bundesarchiv CC BY-SA 3.0

Los días 9 y 10 de noviembre de 1938, una unidad militar de la SA y civiles alemanes se unieron para llevar a cabo lo que se llama la "Noche de Cristal Roto", un ataque contra judíos en Alemania dirigida por los nazis, así como por partes de Austria. Las tiendas, los escaparates y las sinagogas tenían sus ventanas destrozadas, haciendo que las calles estuvieran llenas de cristales rotos que le dan a este día su nombre.

Este fue el comienzo de la deportación masiva de los judíos y llevó al inicio del Holocausto. Cientos de judíos perecieron en los ataques, mientras que más de 30.000 fueron detenidos y enviados a campos de concentración. Heydrich fue el principal ejecutor de esta operación y los acontecimientos precedentes a partir de entonces.

3. Creció en una casa de grandes medios financieros y de apreciación musical.


El padre de Heydrich era Richard Bruno Heydrich, un talentoso compositor y cantante de ópera. Su madre, una pianista misma, enseñaría a los estudiantes en el Conservatorio de Música, Teatro y Enseñanza de Halle, que fue fundado por el padre de Heydrich. Debido a esta educación artística, se introdujo a la música a una edad temprana y se interesó en tocar el violín. Su talento y amor por la música impresionó a muchos de la élite de la sociedad en la que su familia creció, lo que parece sorprendente para un hombre con tal odio y oscuras ideas sobre el mundo que le rodea en su carrera militar posterior.

4. Tuvo una infancia preocupada.


Mientras que un amor por la música y el arte, aparentemente, crear un ambiente feliz en una casa de la familia, Heydrich creció bajo estrictas reglas de su padre. Su hermano Heinz y él practicarían la esgrima inventando duelos simulados para aprender estrategia y deportividad.

Su padre, un nacionalista alemán, tenía la intención de inculcar valores patrióticos en sus hijos también. Mientras que Heydrich era un estudiante inteligente y dedicado, fue intimidado por otros niños, haciéndolo tímido e inseguro. Estaba especialmente descontento con su voz aguda, y otros estudiantes lo burlaban de su supuesta ascendencia judía, un factor que pudo haber engendrado su odio hacia los de ascendencia judía.


5. Fue despedido de la Armada alemana por sus asuntos románticos.



Heydrich como cadete del Reichsmarine en 1922 - Bundesarchiv CC BY-SA 3.0

Heydrich sirvió casi diez años en la Marina, moviéndose rápidamente en las filas y ganando admiración de sus compañeros oficiales. Sin embargo, eventualmente terminó siendo despedido por mala conducta debido a su inclinación por los dalliances femeninos. En 1930, conoció a una mujer llamada Lina von Osten, un miembro del Partido Nazi con el que rápidamente se enamoró, y pronto se involucraron abruptamente.

Sin embargo, aparentemente Heydrich ya estaba involucrado en un compromiso anterior con otra mujer, y había roto su unión por su nuevo novio en su lugar. Este acto fue considerado como algo más que un simple mal comportamiento, y fue acusado en 1931 de "conducta impropia de un oficial y caballero" por parte de la administración de la Marina. Fue liberado en abril del mismo año, lo que fue un golpe devastador para su carrera de otra manera vertical.

6. Heinrich Himmler quedó impresionado por él inmediatamente.



Heydrich y Lina von Osten - Archivos Federales CC BY-SA 3.0

Mientras Himmler lo que la planificación de una división de contrainteligencia para la unidad de las SS, que lo persuadido por un amigo de von Osten de entrevistar a Heydrich para el trabajo de la gestión de este proyecto. Inicialmente, Himmler canceló la cita, pero a partir de este ignorado esta noticia y envió Heydrich embalaje para reunirse con funcionarios nazis de todos modos.

Himmler Convino en la entrevista y lo Independientemente de inmediato llevado por sus planes para la nueva operación. Heydrich lo contrató en un abrir y cerrar de ojos, y una vez hecho su camino a través de la clasificación de manera rápida y eficiente. Himmler incluso lo ascendió a Mayor de las SS como regalo de bodas.

7. Oye lo asignado para ayudar a organizar los Juegos Olímpicos de Berlín en verano 1936a


El partido nazi decide utilizando los juegos como una herramienta para la propaganda nazi sería una gran manera de promover su plan, Y le enviaron embajadores de buena voluntad para tratar de promover su causa a aquellos países que se opusieron a las políticas nazis ,: tales como el antisemitismo. SIN EMBARGO, el sentimiento anti-judío permaneció prohibido a partir de los juegos. A pesar de esto, Heydrich, que recompensado por su trabajo en la organización, y recibió un alemán Juegos Olímpicos de la decoración como un regalo para sus esfuerzos.


8. Engañó a los checos en el pensamiento de que estaba de su lado.



Reinhard Heydrich en un castillo en Praga (Federal Archivo / CC-BY-SA 3.0)

Una vez Heydrich wurde el interino Protector del Reich en Praga, trabajó lentamente su camino en las mentes de la población. Él organizó eventos para la fuerza de trabajo, que aparece como si lo que les ayuda a encontrar trabajo. Que produzca el alimento y por lo tanto libres de los zapatos, que se distribuyeron a los que estaban empobrecidos.

Aumentó de pensiones e incluso promulgó "sábados libres" de la mano de obra que tomar tiempo para descansar y relajarse con sus familias. A pesar de tesis muchos signos de buena voluntad hacia los checos, Heydrich lo bajo mano buscando a ellos erradicar Durante todo el tiempo. Oye lo que la esperanza de tener toda la zona a ser "Germanized" lo más rápidamente posible.


9. Fue asesinado en un Mercedes Benz.



Mercedes 320 B convertible; después del intento de asesinato de 1942 en Praga. - Bundesarchiv CC BY-SA 3.0

El gobierno de Checoslovaquia, exiliado en Londres lo que la intención de tomar abajo Heydrich. Por lo que el Ejecutivo de Operaciones Especiales británica (SOE) capacitó a un grupo de asesinos para llevar a cabo este plan de ejecución. El equipo que llevó por Jan Kubis y Jozef Gabčík. El 27 de mayo de 1942, Heydrich lo que en su camino para reunirse con Hitler.

Como él lo doblar una curva del enrollamiento en el camino, y Kubis Gabcik llevado a cabo su operación. el arma de Gabcik no disparó a Heydrich, pero habían sido manchado, y Heydrich ordenó a su conductor que se detuviera para poder enfrentarlos. Mientras que el vehículo que se detuvo, Kubis arrojó una bomba golpeó la parte trasera del vehículo, la explosión en el impacto. Heydrich lo hirió gravemente en su lado izquierdo y llevado a un hospital, donde más tarde cayó en coma y murió.

10. Heinrich Himmler lo elogió en su funeral, y asistió Hitler.



Funeral Heydrich Estado Praga Castillo 07/06/1942. Bundesarchiv CC BY-SA 3.0

Dos funerales se llevaron a cabo por la muerte de Reinhard Heydrich, una en Praga y un después en Berlín. Heydrich tenía un decorado fue disco ya, pero bueno lo que el sombrero bei der Buchmesse grado más alto de la Orden Alemana, la medalla de la Orden de la sangre, por Hitler, que lo dejó con sus otros sobre su almohada funeral.

martes, 10 de enero de 2017

Literatura militar: Excelente reseña de la Operación Antropoide por Vargas Llosa

La vida de Reinhard Heydrich, jefe de la Gestapo, en una magnifica novela premiada
El Carnicero de Praga

Por Mario Vargas Llosa | Para LA NACION

 
Hace por lo menos tres décadas que no leía un Premio Goncourt. En los años 60, cuando trabajaba en la Radio Televisión Francesa, lo hacía de manera obligatoria, pues debíamos dedicarle el programa La literatura en debate, en el que, con Jorge Edwards, Carlos Semprún y Jean Supervielle pasábamos revista semanal a la actualidad literaria francesa. O mi memoria es injusta, o aquellos premios eran bastante flojos, pues no recuerdo uno solo de los siete que en aquellos años comenté.

Pero estoy seguro, en cambio, de que este Goncourt que acabo de leer, HHhH, de Laurent Binet -tiene 39 años, es profesor y ésta es su primera novela- lo recordaré con nitidez lo que me queda de vida. No diría que es una gran obra de ficción, pero sí que es un magnífico libro. Su misterioso título son las siglas de una frase que, al parecer, se decía en Alemania en tiempos de Hitler: "Himmlers Hirn heisst Heydrich" (El cerebro de Himmler se llama Heydrich).

La recreación histórica de la vida y la época del jefe de la Gestapo, Reinhard Heydrich, de la creación y funciones de las SS, así como de la preparación y ejecución del atentado de la resistencia checoslovaca que puso fin a la vida del Carnicero de Praga (se le apodaba también "La bestia rubia") es inmejorable. Se advierte que hay detrás de ella una investigación exhaustiva y un rigor extremo que lleva al autor a prevenir al lector cada vez que se siente tentado -y no puede resistir la tentación- de exagerar o colorear algún hecho, de rellenar algún vacío con fantasías o alterar alguna circunstancia para dar mayor eficacia al relato. Esta es la parte más novelesca del libro, los comentarios en los que el narrador se detiene para referir cómo nació su fascinación por el personaje, los estados emocionales que experimenta a lo largo de los años que le toma el trabajo, las pequeñas anécdotas que vivió mientras se documentaba y escribía. Todo esto está contado con gracia y elegancia, pero es, a fin de cuentas, adjetivo comparado con la formidable reconstrucción de las atroces hazañas perpetradas por Heydrich, que fue, en efecto, el brazo derecho de Himmler y uno de los jerarcas nazis más estimados por el propio Führer.

"Carnicero", "bestia" y otros apodos igual de feroces no bastan, sin embargo, para describir cabalmente la vertiginosa crueldad de esa encarnación del mal en que se convirtió Reinhard Heydrich a medida que escalaba posiciones en las fuerzas de choque del nazismo hasta llegar a ser nombrado por Hitler el protector de las provincias anexadas al Reich de Bohemia y Moravia. Era hijo de un pasable compositor y recibió una buena educación, en un colegio de niños bien donde sus compañeros lo atormentaban acusándolo de ser judío, acusación que estropeó luego su carrera en la Marina de Guerra. Tal vez su precoz incorporación a las SS, cuando este cuerpo de elite del nazismo estaba apenas constituyéndose, fue la manera que utilizó para poner fin a esa sospecha que ponía en duda su pureza aria y que hubiera podido arruinar su futuro político. Fue gracias a su talento organizador y su absoluta falta de escrúpulos que las SS pasaron a ser la maquinaria más efectiva para la implantación del régimen nazi en toda la sociedad alemana, la fuerza de choque que destrozaba los comercios judíos, asesinaba disidentes y críticos, sembraba el terror en sindicatos independientes o fuerzas políticas insumisas y, comenzada la guerra, la punta de lanza de la estrategia de sujeción y exterminación de las razas inferiores.

En la célebre conferencia de Wannsee, del 20 de enero de 1942, fue Heydrich, secundado por Eichmann, quien presentó, con lujo de detalles, el proyecto de "Solución Final", es decir, de industrializar el genocidio judío -la liquidación de once millones de personas- utilizando técnicas modernas como las cámaras de gas, en vez de continuar con la liquidación a balazos y por pequeños grupos, lo que, según explicó, extenuaba física y psicológicamente a sus Einsatzgruppen. Cuentan que cuando Himmler asistió por primera vez a las operaciones de exterminio masivo de hombres, mujeres y niños, la impresión fue tan grande que se desmayó. Heydrich estaba vacunado contra esas debilidades: él asistía a los asesinatos colectivos con papel y lápiz a la mano, tomando nota de aquello que podía ser perfeccionado en número de víctimas, rapidez en la matanza o en la pulverización de los restos. Era frío, elegante, buen marido y buen padre, ávido de honores y de bienes materiales, y, a los pocos meses de asumir su protectorado, se jactaba de haber limpiado Checoslovaquia de saboteadores y resistentes y de haber empezado ya la germanización acelerada de checos y eslovacos. Hitler, feliz, lo llamaba a Berlín con frecuencia para coloquios privados.

En esos precisos momentos, el gobierno checo en el exilio de Londres, presidido por Benes, decide montar la "Operación Antropoide", para ajusticiar al Carnicero de Praga, a fin de levantar la moral de la diezmada resistencia interna y mostrar al mundo que Checoslovaquia no se ha rendido del todo al ocupante. Entre todos los voluntarios que se ofrecen, se elige a dos muchachos humildes, provincianos y sencillos, el eslovaco Jozef Gabcík y el checo Jan Kubis. Ambos son adiestrados en la campiña inglesa por los jefes militares del exilio y lanzados en paracaídas. Durante varios meses, malvivirán en escondrijos transeúntes, ayudados por los pequeños grupos de resistentes, mientras hacen las averiguaciones que les permitan montar un atentado exitoso en el que, tanto Gabcík como Kubis lo saben, tienen muy pocas posibilidades de salir con vida.



Las páginas que Binet dedica a narrar el atentado, lo que ocurre después, la cacería enloquecida de los autores por una jauría que asesina, tortura y deporta a miles de inocentes, son de una gran maestría literaria. El lenguaje limpio, transparente, que evita toda truculencia, que parece desaparecer detrás de lo que narra, ejerce una impresión hipnótica sobre el lector, quien se siente trasladado en el espacio y en el tiempo al lugar de los hechos narrados, deslizado literalmente en la intimidad incandescente de los dos jóvenes que esperan la llegada del coche descapotable de su víctima, los imprevistos de último minuto que alteran sus planes, el revólver que se encasquilla, la bomba que hace saltar sólo parte del coche, la persecución por el chofer. Todos los pormenores tienen tanta fuerza persuasiva que quedan grabados de manera indeleble en la memoria del lector.

Parece mentira que, luego de este cráter, el libro de Laurent Binet sea capaz todavía de hacer vivir una nueva experiencia convulsiva a sus lectores, con el relato de los días que siguen al atentado que acabó con la vida de Heydrich. Hay algo de tragedia griega y de espléndido thriller en esas páginas en que un grupo de checos patriotas se multiplica para esconder a los ajusticiadores, sabiendo muy bien que por esa acción deberán morir también ellos, hasta el epónimo final en que, vendidos por un Judas llamado Karel Curda, Gabcík, Kubis y cinco compañeros de la resistencia se enfrentan a balazos a 800 SS durante cinco horas, en la cripta de una iglesia, antes de suicidarse para no caer prisioneros.

La muerte de Heydrich desencadenó represalias indescriptibles, como el exterminio de toda la población de Lídice, y torturas y matanzas de centenares de familias eslovacas y checas. Pero, también, mostró al mundo lo que, todavía en 1942, muchos se negaban a admitir: la verdadera naturaleza sanguinaria y la inhumanidad esencial del nazismo. En Checoslovaquia mismo, pese al horror que se vivió en las semanas y meses siguientes a la "Operación Antropoide", la muerte de Heydrich mantuvo viva la convicción de que, pese a todo su poderío, el Tercer Reich no era invencible.

Un buen libro, como éste, perdura en la conciencia, y es un gusanito que no nos da sosiego con esas preguntas inquietantes: ¿cómo fue posible que existiera una inmundicia humana de la catadura de un Reinhard Heydrich? ¿Cómo fue posible el régimen en que individuos como él podían prosperar, alcanzar las más altas posiciones, convertirse en amos absolutos de millones de personas? ¿Qué debemos hacer para que una ignominia semejante no vuelva a repetirse?

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