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viernes, 13 de enero de 2017

Tercera Guerra del Golfo: Saddam no tenía idea de lo que pasaba

Saddam Hussein no tenía ni idea de lo que estaba haciendo
Por Fox News | New York Post

Saddam Hussein fue un dictador inepto durante sus últimos años de mandato, creyendo que el 11 de septiembre acercaría a Irak y Estados Unidos y tomó la culpa parcial de su eventual caída del poder después de la invasión liderada por Estados Unidos en 2003, según un nuevo libro de uno de Los hombres que interrogaron al ex presidente iraquí.

Las revelaciones están contenidas en el próximo libro de John Nixon "Debriefing the President: The Interrogation of Saddam Hussein". Nixon era un analista de la CIA en Irak que se había asignado la tarea de encontrar a Saddam y luego obtener información de él. Pero rápidamente descubrió que "Saddam parecía desorientado".

"No estaba atento a lo que su gobierno estaba haciendo, no tenía un plan real para la defensa de Irak y no podía comprender la inmensidad de la tormenta que se avecina", escribió Nixon en el extracto del libro publicado por The Daily Mail.

Saddam, que fue ahorcado en 2006 por crímenes contra la humanidad, era a menudo desafiante mientras se entrevistó e incluso se burló de la lógica norteamericana de la guerra: que Irak poseía armas de destrucción masiva.



"Encontraste un traidor que te llevó a Saddam Hussein. ¿No hay un traidor que pueda decirte dónde están las armas de destrucción masiva? ", Dijo Hussein poco después de que lo encontraron escondido, sucio y grisáceo, dentro de un" agujero de araña "subterráneo el 13 de diciembre de 2003.

El déspota sádico dijo que Irak nunca había pensado en usar armas de destrucción masiva y cuestionó por qué "cualquier persona con facultades completas" desplegaría armas químicas no provocadas.

"Irak no es una nación terrorista", dijo Hussein a Nixon durante una sesión. "No teníamos una relación con Osama Bin Laden, y no teníamos armas de destrucción masiva ... y no somos una amenaza para nuestros vecinos. Pero el presidente estadounidense [George W. Bush] dijo que Irak quería atacar a su papá y dijo que teníamos "armas de destrucción masiva".

Preguntado sobre la masacre de Halabja en 1988, en la que miles de civiles en su mayoría kurdos fueron asesinados por las armas químicas iraquíes durante la guerra Irán-Irak, Hussein se enojó.

"Entonces se volvió hacia mí y me burló:" Pero yo no tomé esa decisión ", escribió Nixon.

La carnicería en Halabja supuestamente enfureció a Saddam, no por los miles de muertos, sino porque proporcionó a Irán un golpe de propaganda.

Saddam también podía ser sincero, escribió Nixon, y no se absolvió de toda responsabilidad por su caída.

"El espíritu de escucha y comprensión no estaba allí - no me excluyo de esta culpa", dijo Hussein de su relación frecuentemente antagónica con la comunidad internacional.

Mientras Nixon cuestionaba a Saddam, dijo, quedó claro que el perfil de la CIA del líder iraquí había estado equivocado en muchos frentes.

"Le pregunté por la creencia de la CIA de que Saddam había sufrido un gran dolor de parte de una mala espalda y había renunciado a la carne roja y los puros", escribió Nixon. "Dijo que no sabía dónde estaba obteniendo mi inteligencia, pero estaba equivocado. Me dijo que fumaba cuatro cigarros todos los días y amaba la carne roja. También estaba sorprendentemente en forma.

Un poco más de cuatro meses después del 11 de septiembre, el presidente Bush nombró a Irak como miembro del "Eje del Mal" durante su discurso sobre el Estado de la Unión. Sin embargo, Saddam había asumido inicialmente que los ataques terroristas dirigidos por Al Qaeda acercarían a Estados Unidos e Irak. Sadam había creído que su gobierno secular sería visto por Estados Unidos como un aliado en la guerra contra el terror fundamentalista.

En lugar de eso, menos de dos años después de los ataques, la coalición liderada por Estados Unidos depuso a Saddam.

martes, 10 de enero de 2017

Literatura militar: Excelente reseña de la Operación Antropoide por Vargas Llosa

La vida de Reinhard Heydrich, jefe de la Gestapo, en una magnifica novela premiada
El Carnicero de Praga

Por Mario Vargas Llosa | Para LA NACION

 
Hace por lo menos tres décadas que no leía un Premio Goncourt. En los años 60, cuando trabajaba en la Radio Televisión Francesa, lo hacía de manera obligatoria, pues debíamos dedicarle el programa La literatura en debate, en el que, con Jorge Edwards, Carlos Semprún y Jean Supervielle pasábamos revista semanal a la actualidad literaria francesa. O mi memoria es injusta, o aquellos premios eran bastante flojos, pues no recuerdo uno solo de los siete que en aquellos años comenté.

Pero estoy seguro, en cambio, de que este Goncourt que acabo de leer, HHhH, de Laurent Binet -tiene 39 años, es profesor y ésta es su primera novela- lo recordaré con nitidez lo que me queda de vida. No diría que es una gran obra de ficción, pero sí que es un magnífico libro. Su misterioso título son las siglas de una frase que, al parecer, se decía en Alemania en tiempos de Hitler: "Himmlers Hirn heisst Heydrich" (El cerebro de Himmler se llama Heydrich).

La recreación histórica de la vida y la época del jefe de la Gestapo, Reinhard Heydrich, de la creación y funciones de las SS, así como de la preparación y ejecución del atentado de la resistencia checoslovaca que puso fin a la vida del Carnicero de Praga (se le apodaba también "La bestia rubia") es inmejorable. Se advierte que hay detrás de ella una investigación exhaustiva y un rigor extremo que lleva al autor a prevenir al lector cada vez que se siente tentado -y no puede resistir la tentación- de exagerar o colorear algún hecho, de rellenar algún vacío con fantasías o alterar alguna circunstancia para dar mayor eficacia al relato. Esta es la parte más novelesca del libro, los comentarios en los que el narrador se detiene para referir cómo nació su fascinación por el personaje, los estados emocionales que experimenta a lo largo de los años que le toma el trabajo, las pequeñas anécdotas que vivió mientras se documentaba y escribía. Todo esto está contado con gracia y elegancia, pero es, a fin de cuentas, adjetivo comparado con la formidable reconstrucción de las atroces hazañas perpetradas por Heydrich, que fue, en efecto, el brazo derecho de Himmler y uno de los jerarcas nazis más estimados por el propio Führer.

"Carnicero", "bestia" y otros apodos igual de feroces no bastan, sin embargo, para describir cabalmente la vertiginosa crueldad de esa encarnación del mal en que se convirtió Reinhard Heydrich a medida que escalaba posiciones en las fuerzas de choque del nazismo hasta llegar a ser nombrado por Hitler el protector de las provincias anexadas al Reich de Bohemia y Moravia. Era hijo de un pasable compositor y recibió una buena educación, en un colegio de niños bien donde sus compañeros lo atormentaban acusándolo de ser judío, acusación que estropeó luego su carrera en la Marina de Guerra. Tal vez su precoz incorporación a las SS, cuando este cuerpo de elite del nazismo estaba apenas constituyéndose, fue la manera que utilizó para poner fin a esa sospecha que ponía en duda su pureza aria y que hubiera podido arruinar su futuro político. Fue gracias a su talento organizador y su absoluta falta de escrúpulos que las SS pasaron a ser la maquinaria más efectiva para la implantación del régimen nazi en toda la sociedad alemana, la fuerza de choque que destrozaba los comercios judíos, asesinaba disidentes y críticos, sembraba el terror en sindicatos independientes o fuerzas políticas insumisas y, comenzada la guerra, la punta de lanza de la estrategia de sujeción y exterminación de las razas inferiores.

En la célebre conferencia de Wannsee, del 20 de enero de 1942, fue Heydrich, secundado por Eichmann, quien presentó, con lujo de detalles, el proyecto de "Solución Final", es decir, de industrializar el genocidio judío -la liquidación de once millones de personas- utilizando técnicas modernas como las cámaras de gas, en vez de continuar con la liquidación a balazos y por pequeños grupos, lo que, según explicó, extenuaba física y psicológicamente a sus Einsatzgruppen. Cuentan que cuando Himmler asistió por primera vez a las operaciones de exterminio masivo de hombres, mujeres y niños, la impresión fue tan grande que se desmayó. Heydrich estaba vacunado contra esas debilidades: él asistía a los asesinatos colectivos con papel y lápiz a la mano, tomando nota de aquello que podía ser perfeccionado en número de víctimas, rapidez en la matanza o en la pulverización de los restos. Era frío, elegante, buen marido y buen padre, ávido de honores y de bienes materiales, y, a los pocos meses de asumir su protectorado, se jactaba de haber limpiado Checoslovaquia de saboteadores y resistentes y de haber empezado ya la germanización acelerada de checos y eslovacos. Hitler, feliz, lo llamaba a Berlín con frecuencia para coloquios privados.

En esos precisos momentos, el gobierno checo en el exilio de Londres, presidido por Benes, decide montar la "Operación Antropoide", para ajusticiar al Carnicero de Praga, a fin de levantar la moral de la diezmada resistencia interna y mostrar al mundo que Checoslovaquia no se ha rendido del todo al ocupante. Entre todos los voluntarios que se ofrecen, se elige a dos muchachos humildes, provincianos y sencillos, el eslovaco Jozef Gabcík y el checo Jan Kubis. Ambos son adiestrados en la campiña inglesa por los jefes militares del exilio y lanzados en paracaídas. Durante varios meses, malvivirán en escondrijos transeúntes, ayudados por los pequeños grupos de resistentes, mientras hacen las averiguaciones que les permitan montar un atentado exitoso en el que, tanto Gabcík como Kubis lo saben, tienen muy pocas posibilidades de salir con vida.



Las páginas que Binet dedica a narrar el atentado, lo que ocurre después, la cacería enloquecida de los autores por una jauría que asesina, tortura y deporta a miles de inocentes, son de una gran maestría literaria. El lenguaje limpio, transparente, que evita toda truculencia, que parece desaparecer detrás de lo que narra, ejerce una impresión hipnótica sobre el lector, quien se siente trasladado en el espacio y en el tiempo al lugar de los hechos narrados, deslizado literalmente en la intimidad incandescente de los dos jóvenes que esperan la llegada del coche descapotable de su víctima, los imprevistos de último minuto que alteran sus planes, el revólver que se encasquilla, la bomba que hace saltar sólo parte del coche, la persecución por el chofer. Todos los pormenores tienen tanta fuerza persuasiva que quedan grabados de manera indeleble en la memoria del lector.

Parece mentira que, luego de este cráter, el libro de Laurent Binet sea capaz todavía de hacer vivir una nueva experiencia convulsiva a sus lectores, con el relato de los días que siguen al atentado que acabó con la vida de Heydrich. Hay algo de tragedia griega y de espléndido thriller en esas páginas en que un grupo de checos patriotas se multiplica para esconder a los ajusticiadores, sabiendo muy bien que por esa acción deberán morir también ellos, hasta el epónimo final en que, vendidos por un Judas llamado Karel Curda, Gabcík, Kubis y cinco compañeros de la resistencia se enfrentan a balazos a 800 SS durante cinco horas, en la cripta de una iglesia, antes de suicidarse para no caer prisioneros.

La muerte de Heydrich desencadenó represalias indescriptibles, como el exterminio de toda la población de Lídice, y torturas y matanzas de centenares de familias eslovacas y checas. Pero, también, mostró al mundo lo que, todavía en 1942, muchos se negaban a admitir: la verdadera naturaleza sanguinaria y la inhumanidad esencial del nazismo. En Checoslovaquia mismo, pese al horror que se vivió en las semanas y meses siguientes a la "Operación Antropoide", la muerte de Heydrich mantuvo viva la convicción de que, pese a todo su poderío, el Tercer Reich no era invencible.

Un buen libro, como éste, perdura en la conciencia, y es un gusanito que no nos da sosiego con esas preguntas inquietantes: ¿cómo fue posible que existiera una inmundicia humana de la catadura de un Reinhard Heydrich? ¿Cómo fue posible el régimen en que individuos como él podían prosperar, alcanzar las más altas posiciones, convertirse en amos absolutos de millones de personas? ¿Qué debemos hacer para que una ignominia semejante no vuelva a repetirse?

© La Nacion

domingo, 25 de diciembre de 2016

SGM: El piloto bombardero nazi de New York

El piloto que debía atacar Nueva York para Hitler
Se publican las memorias de Peter Brill, aviador alemán de la II Guerra Mundial que residió en Barcelona
Jacinto Antón - El País



Un aviador alemán sobre un bombardero Heinkel He-177 como el que tenía que pilotar Peter Brill

No conozco personalmente a mucha gente que haya tratado de bombardear Nueva York para los nazis. De hecho solo a una: el aviador alemán Peter Brill, que sirvió de joven en la Luftwaffe y al que visité una vez en su casa de Barcelona, hace diez años. Vivía entonces al lado de los Pujol, en General Mitre; hoy alguno pensará que puestos a bombardear podía haberlo hecho más cerca.

He tenido la fortuna de tratar a un buen puñado de pilotos de caza, e incluso de entablar amistad con varios de ellos. No precisamente con Brill, que era —falleció el 22 de febrero de 2013 en Palma de Mallorca— un hombre sobrio y circunspecto, poco amigo de la broma, como puede esperarse de alguien que ha tenido en la cola un Mustang P-51 y ha sobrevivido a tres años de cautiverio en Rusia regresando con 45 kilos de peso y una hepatitis crónica.

El piloto de caza del que guardo mejor recuerdo y del que conservo incluso un par de cartas es el escritor James Salter, con el que pasé una tarde inolvidable hablando de la guerra de Corea en la que había luchado a los mandos de un F-86 Sabre (derribó un Mig-15). Otro tipo estupendo al que conozco (aún vive) es Chuck Yeager, el primer hombre que rompió la barrera del sonido e inspiró Lo que hay que tener de Tom Wolfe, que ya es título. Yeager, que me dedicó amablemente su foto junto al Bell X-1 Glamorous Glennis, el avión con el que batió el récord, había volado en un Mustang P-51, precisamente, y logró 11 victorias y media (?), una de ellas al abatir un difícil de pillar reactor Me-262. Luis Lavin, Antonio Nieto Sandoval, el conde Orssich, José Luis Milá, Pedro Benito, y el año pasado, a bordo del portaviones USS Truman en el Golfo Pérsico, el capitán topgun Winston Scott, en el aire Adversary, son otros de los pilotos de caza que he tenido la suerte de conocer.

Brill sospechaba que dada la falta de autonomía del He-177 (los alemanes nunca tuvieron un bombardero de largo alcance verdaderamente operativo) la misión era llegar, lanzar las bombas y luego sacrificar el avión y esperar a ser recogidos por un submarino en medio del Atlántico.

Pensándolo bien, podría añadir al teniente Eduardo Laucirica, estrellado en 1940 a los mandos de un Me-109, por la intimidad que da, al hallarlo en 2002, haber tenido en mis manos uno de sus calcetines dentro del que se conservaban aún los huesos de su pie.

Peter Brill también voló el Messerschmitt Bf-109, que fue la columna dorsal de la Luftwaffe en la II Guerra Mundial. Que conocía bien el aparato me lo dejó muy claro aquella tarde en la terraza de su casa, de la que salí sabiéndolo prácticamente todo del caza y su manejo. Cosas como que era muy difícil despegarlo y aterrizarlo por que tenía un tren de aterrizaje muy estrecho y te la pegabas con frecuencia. Para despegar, me detalló, había que dar gas muy despacio, bloquear la rueda de cola y levantar el avión del suelo con suavidad. Me interesó cómo volar el Me-109, aunque no creo que haga mucho uso y, sinceramente, hubiera preferido un té con pastas. En cambio le costó un montón al viejo aviador explicarme que derribó (y mató) a cuatro pilotos soviéticos con su querido Messerschmitt.

Brill es noticia póstuma porque se han publicado sus memorias. Lo han hecho el investigador Pere Cardona y el cineasta Laureano Clavero en un libro, El diario de Peter Brill (Dstoria Edicions), que incluye un DVD con un documental de 31 minutos sobre el aviador v que se presentó el otro día en la L'Aeroteca, la librería de aviación barcelonesa. Fue allí precisamente donde vi por primera vez a Brill, en 2006, cuando participaba en la presentación de una novela, Operación Hagen, que contaba una peripecia similar a la suya.


Peter Brill, en la librería L'Aeroteca, durante una conferencia.

Las memorias de Brill, que dejó un extenso material documental incluidas cartas y filmaciones, son muy interesantes (más en el aspecto técnico que en el humano), aunque demuestran que el autor era mejor volando con la Luftwaffe que escribiendo. Explica sus orígenes familiares y su juventud en la Alemania nazi. Su hermano mayor era miembro de las SA y Brill apunta de pasada que le parece que fue jefe de un distrito de la Polonia ocupada, lo que suena bastante siniestro. Por si acaso, nunca hablaban del tema. El propio Brill marca mucho las distancias con los nazis, aunque admite que todos los alemanes "perdimos el norte". Él era de los que ni vieron ni supieron nada. Esa mayoría para la que Hitler no era lo bastante explícito (y mira que se esforzaba el tío). Su pasión siempre fue volar y empezó en las Juventudes Hitlerianas (cuyo himno nunca olvidó y cuyo carnet conservaba). En 1941, con 17 años, entró voluntario en la Luftwaffe. Vio una vez a Goering y la impresión que le causó "no fue favorable", lo que desde luego le honra.

Con 19 años lo enviaron, y esto es lo más excepcional de las experiencias bélicas que contaba, a un grupo especial para pilotar un bombardero Heinkel He-177 Greif. La misión a la que estaba destinado era ¡bombardear Nueva York! Pero el trasto no llegó a funcionar bien y la operación se canceló. Nunca les explicaron detalladamente en qué consistía el plan, pero Brill sospechaba que dada la falta de autonomía suficiente del He-177 (los alemanes nunca tuvieron un bombardero de largo alcance verdaderamente operativo capaz de ir a EE UU y volver) la misión era llegar, lanzar las bombas y luego sacrificar el avión y esperar a ser recogidos por un submarino en medio del Atlántico. Cuánto había de fantasía y de realidad en el relato de Brill es difícil de decir. En el interesantísimo Luftwaffe over America (2016), el especialista Manfred Griehl deja claro que los nazis en realidad jamás pudieron bombardear EE UU, más allá de algún ataque testimonial (como hicieron los japoneses), que podía haberse organizado con hidroaviones o repostando en vuelo. Ganas no les faltaban: Hitler se ponía como una moto imaginando Nueva York en un mar de fuego, los rascacielos como torres en llamas —¡lo que hubiera disfrutado con el 11-S!—. Ni ideas (incluida la cohetería y aviones tan extravagantes como las alas voladoras de los hermanos Horten).

Guardo un recuerdo ambivalente de Brill. Fue apasionante pasar la tarde con él, admirar sus bonitas maquetas de aviones y oírle hablar del He-177, de Johannes Steinhoff, uno de mis aviadores favoritos y que fue comandante en el Jagdgeschwader 77 (JG 77), la escuadrilla de caza en la que voló él; o de su participación en la casi suicida Operación Bodenplatte, el 1 de enero de 1945. Pero para mí que el viejo piloto guardaba demasiados buenos recuerdos de todo aquello. Además, ¿cómo sentir mucha afinidad por alguien que de haber podido llegar a Manhattan nos hubiera dejado sin el Metropolitan, los dinosaurios del Museo de Historia Natural, la librería Strand y las incomparables hamburgesas de The Spotted Pig?

lunes, 28 de noviembre de 2016

SGM: Sobreviviente de Pearl Harbor cuenta detalles del ataque



El sobreviviente de Pearl Harbor recuerda a los bombarderos "sonriendo y saludando" desde los aviones
Por Donald Stratton - New York Post
Donald Stratton era un joven de 18 años de Red Cloud, Nebraska, cuando se unió a la Armada en 1940 - y se encontró en el frente de la historia.



Horas después del amanecer, el 7 de diciembre de 1941, el Seaman 1st Class Stratton se encontraba a bordo del USS Arizona en Pearl Harbor, frente a la costa de Honolulu, Hawaii, cuando Japón lanzó su ataque aéreo. Estaba a sólo 500 pies de distancia de donde una bomba golpeó el barco.

Tan implacable fue el ataque furtivo en Pearl Harbor que en sólo dos horas 2.403 estadounidenses murieron. Stratton habría estado entre los 1.177 compañeros de asalto de USS Arizona - de 1.511 a bordo - que perecieron, si no por un escape de clavos a un barco vecino.

Ahora, de 94 años, reside en Colorado Springs, Colorado, con su esposa de 66 años (tienen cinco nietos y cinco bisnietos).



A medida que el 75 aniversario del bombardeo se acerca, Stratton cuenta su historia épica en las memorias “All the Gallant Men” (William Morrow) - y lo comparte con The Post Michael Kaplan.

La mañana del 7 de diciembre de 1941, parecía como cualquier otra. Trabajamos un poco y comimos chow. Cogí algunas naranjas para traer a un amigo mío que estaba en la bahía enferma. Luego salí a la cubierta y vi a algunos marineros congregándose en el lado de estribor del barco. Estaban mirando al otro lado del agua en la Isla Ford, un islote en el centro de Pearl Harbor, y estaban gritando - los aviones con la insignia japonesa Cero estaban atravesando el cielo.

-¡Oh, demonios, son los japoneses! -gritó alguien. Están bombardeando la torre de agua en la isla Ford.

Vimos la caída de la torre y los aviones en la pista de allí estallaron en llamas.


Donald Stratton tenía 18 años cuando se encontró bajo ataque en Pearl Harbor. Él tiene 94 años. Foto: Folleto; Ryan Dearth

Un anuncio se produjo en el sistema de mensajes públicos del buque: "Man tus estaciones de combate! ¡Esto no es un ejercicio!

Era sorprendentemente tranquilo, con todo el mundo haciendo lo que habían sido entrenados para hacer.

Corrí hasta cinco escaleras para llegar a mi estación de batalla, "el director" - una percha cubierta, a unos 60 pies sobre la cubierta. Yo era un espectador de las armas antiaéreas. Mi trabajo era conseguir un alcance en donde estaban los aviones para poder derribarlos. Pero todo el infierno se estaba soltando en el cielo, y estábamos sentados. Había tan malditos aviones, tan cerca que podía ver a los pilotos sonriendo y saludando. Estaban haciendo su trabajo, pero pensé que eran un agujero!

Tratamos de disparar los aviones, pero nuestros proyectiles antiaéreos no podían alcanzar lo suficiente. Los vi explotar antes de golpear los ceros. Vi torpedos que venían hacia Battleship Row; Había una bola de fuego en el USS Pennsylvania y el Oklahoma había sido volcado. Seis de los acorazados de Estados Unidos habían sido dañados y cuatro de ellos estaban hundidos; Todo dicho, 19 barcos fueron dañados o destruidos. El aire olía a aceite quemado, y el agua estaba ardiendo por todo el combustible que se había derramado.

Cuando cada bomba nos golpeó, el Arizona se estremeció y parecía al borde del colapso. Entonces el grande golpeó. Los japoneses tuvieron suerte. Una de sus bombas de 1.700 libras golpeó un área de almacenamiento que contenía 1.000.000 libras de munición y 180.000 galones de gasolina de la aviación. Eso estaba a 500 pies de distancia de mí, y me sacudió completamente con el golpe.

Mi cuerpo estaba quemado, mis manos estaban a piel cruda, y yo estaba enfocado en la supervivencia. Nunca pensé en no hacerlo.
Una serie de explosiones ensordecedoras se fue. Había 110 pies de la nave que se voló. La torre número uno voló en el aire y aterrizó duro en la cubierta. Una bola de fuego - alimentada con munición y gasolina - de repente se fue 800 pies en el aire. Se disparó a través de mí y muchos otros. El setenta por ciento de mi cuerpo fue quemado: Mi camiseta quedó envuelta en llamas y quemó mi torso; El pelo en mi cabeza fue quemado lejos; Mis piernas sufrieron graves daños. De alguna manera, perdí parte de la oreja. Pero mi auto-preservación se inició, y no podía pensar en morir como una opción.

Otros lo tenían mucho peor. Abajo, en la cubierta inferior, vi a los hombres literalmente en llamas. Allí estaba tan caliente que salté de un pie al otro, agradecido por un alivio momentáneo.

Todo el barco estaba en llamas. Las escotillas se habían abierto y perdimos a 1.177 hombres ese día. Podría haber sido uno de ellos, si no por un gran, heroico hombre con el nombre de Joe George.

Su rango era compañero 2 de Boatswain Mate en el USS Vestal. A través de humo y llamas, lo vi sentado a 70 pies de distancia en la cubierta del Vestal, que también había sido golpeada y tenía fuegos propios. Joe estaba en el proceso de cortar las líneas que unían su nave a la nuestra para que la Vestal pudiera ser llevada al mar abierto. Entonces vio a seis hombres antiaéreos en el director. Él optó por desobedecer órdenes de un superior y el riesgo de la corte marcial mediante el lanzamiento de una línea ponderada de plomo a nuestra manera.


El USS Arizona Photo: Folleto

Los seis de nosotros pasamos la mano a través de la línea y por encima del agua inflamada. Mi cuerpo estaba quemado, mis manos estaban crudas, y yo estaba enfocado en la supervivencia. Nunca pensé en no hacerlo. Seis de nosotros tuvimos nuestras vidas salvadas por Joe George. Nos reunimos para que recibiera una Medalla de Honor por su valor, pero, lamentablemente, nunca sucedió. Debido a que desobedeció una orden directa para cortar las líneas, la Marina no vería en forma para darle el reconocimiento que creíamos que se merecía. Sólo recibió una medalla menor.

Después del ataque, pasé 10 meses hospitalizado en Hawai y California. Cuando llegué a la escala en el hospital, yo era 92 libras, la mitad de mi peso corporal desde el día en que me alisté. Pasé tanto tiempo en la cama que cuando traté de estar de pie, mis pies sólo colgaba; Habían dejado de trabajar. No hubo reacción muscular. Tuve que aprender a caminar de nuevo. Todo había desaparecido. Incluso mis huellas digitales se quemaron. Mi mamá quería visitarme, pero le pedí que no lo hiciera. No quería que me viera en tan malas condiciones.


Donald Stratton (a la derecha) visto aquí con otros sobrevivientes de Pearl Harbor. Foto: Folleto

Mi piel era tan tierno que si alguien me tocaba mientras dormía, reaccionaba de una manera extrema, a veces lanzando un puñetazo! En una ocasión, los doctores pusieron gusanos en mi carne y los cubrieron con vendajes. La razón era simple: los gusanos comen carne muerta, y yo tenía mucho de ella.

Pero la curación fue más lenta de lo que los médicos esperaban que fuera. Temiendo que mi brazo izquierdo no sanara en absoluto, los médicos querían amputarlo. Le dije: "No, no me cortarás el maldito brazo. Preferiría que estuviera ahí, que no lo hubiera visto. "Durante los siguientes años, recuperé el uso del 100 por ciento del brazo.

A través de todo esto, reconocí que necesitaba volver a estar saludable. Seguí caminando, nadando en la piscina del hospital, vadeando en el jacuzzi, trabajando para recuperar mis fuerzas.

En septiembre de 1942, recibí un alta médica y se consideró no apto para el combate. Salí del hospital y regresé a Nebraska. Mi familia lloró cuando me vieron, pero no preguntaron qué pasó en el Arizona. Traté de adaptarme a la vida en Red Cloud. Conseguí un trabajo de transporte de trigo en los campos y trabajé como camarero en la taberna de mi padre, pero vi que todos los jóvenes de la zona habían entrado al servicio.

Yo quería volver.

No puedo decirte lo que me hizo querer volver a enlistarme, pero lo hice. Estoy seguro de que ayudar a mi país fue parte de ello. Estoy seguro de que conseguir venganza pasó por mi mente varias veces también.

Después de más de un año en casa, convencí a la junta de borrador para que me devolviera y pasé por el campamento de entrenamiento por segunda vez. Me enviaron al Pacífico Sur en un destructor. En el camino, pasamos por Pearl Harbor, y vi el Arizona, completamente destruido.

Miré el vaso y pensé en los más de 1.100 hombres que perecieron. Seguí pensando en cómo dieron sus vidas por nuestro país.


Donald Stratton muestra las medallas que le otorgaron. Foto: Ryan Dearth

Esta vez estuve allí para la Batalla de Okinawa en la primavera de 1945 - 82 días de infierno. Los kamikazes japoneses llegaron hasta nosotros con la única intención de volar uno de sus aviones a uno de nuestros barcos. Recuerdo que uno se acercaba a mí. Si hubiera golpeado, habría muerto. Por suerte, se perdió y se estrelló contra el agua. Un centenar de nuestros buques fueron destruidos o dañados.

En julio de '45 recibí permiso del combate y fui a San Diego a asistir a la escuela de hidráulica eléctrica. El próximo mes, bombas nucleares fueron lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki. Cuando ocurrió, pensé que íbamos a volver a los japoneses. Sentí alivio.

Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que los japoneses estaban haciendo su deber de la manera que estábamos.

En este momento, sin embargo, quiero que Estados Unidos sepa lo que pasó en Pearl Harbor - no creo que mucha gente lo piense más - y reconocer que, en este mundo, incluso en Estados Unidos, cualquier cosa puede suceder en cualquier hora.


miércoles, 26 de octubre de 2016

SGM: La Resistencia Francesa no tan resistente ni tan francesa

La verdad sobre la Resistencia francesa: ni tan masiva ni tan francesa
El historiador británico Robert Gildea desmonta la versión oficial de lo ocurrido en Francia durante la ocupación nazi

GUILLERMO ALTARES - El País


La resistente Simone Ségouin combate en París en 1944. VÍDEO: REUTERS-QUALITY

El discurso nacional que Francia construyó después de la II Guerra Mundial es que el país fue liberado por la Resistencia, con cierta ayuda de los aliados, y que "salvo un puñado de miserables", en palabras del general Charles de Gaulle, el resto de los ciudadanos se comportaron como auténticos patriotas. Nada más lejos de la realidad. El profesor británico Robert Gildea desmonta esta imagen nacional, que se encontraba ya bastante resquebrajada, en su nuevo libro, Combatientes en la sombra, que traza un minucioso retrato de la ocupación en el que más que de Resistencia francesa prefiere hablar de "resistencia en Francia" por la enorme cantidad de extranjeros que se sumaron a la lucha contra el nazismo, entre ellos miles de republicanos españoles.
"¿QUÉ HACEN TODOS ESOS ESPAÑOLES DESFILANDO?"
La liberación de Toulouse, el 19 de agosto de 1944, fue coordinada por el fuerzas lideradas por Jean-Pierre Vernant, pero los republicanos tuvieron un papel esencial. De hecho, en regiones como el Perigor o ciudades como Foix fueron liberadas directamente por los españoles, cosa que De Gaulle no le hizo mucha gracia. Gildea relata que el general visitó Toulouse muy rápidamente, porque no quería perder un ápice de control sobre los territorios de los que iban siendo expulsados los nazis. Los republicanos participaron en el desfile de la liberación, con los cascos de los soldados alemanes pintados de azul. Cuando De Gaulle lo vio, exclamó: "¿Qué hacen todos esos españoles desfilando con las Fuerzas Francesas Libres?". Es un anécdota que, para el historiador británico, refleja el profundo cambio que se estaba produciendo en la narración de la Resistencia y en la toma de poder en Francia.


"Francia fue derrotada y ocupada por Alemania . Cuando fue liberada y unificada de nuevo, se crea una historia única que mantiene que todo el país alcanzó la libertad unido bajo el liderazgo de De Gaulle y ese relato fue propagado a través de medallas, ceremonias, títulos", explica Robert Gildea, profesor de Historia Moderna del Worcester College de la Universidad de Oxford, cuyo libro será publicado esta semana en España por Taurus en traducción de Federico Corriente. Los olvidados en ese relato no fueron sólo aquellos españoles que huyeron del franquismo, sino también judíos de Polonia o Rumanía, los comunistas, así como las mujeres, cuya labor como resistentes también ha sido infravalorada.

Robert Gildea.
El libro todavía no ha sido publicado en Francia —está previsto para la primavera de 2017—, pero recibió excelentes críticas el año pasado en el mundo anglosajón en medios como The Economist o The New York Review of Books, cuya reseña firmada por el gran historiador de Vichy Robert O. Paxton se titulaba "la verdad sobre la Resistencia". Gildea, que ha publicado otros ensayos sobre la historia de Francia en los que estudia el mismo periodo, reconoce que la imagen ideal de la sociedad francesa había sido ya puesta en duda en películas como el documental La pena y la piedad o el filme de Louis Malle Lacombe Lucien, que tuvo como guionista al premio Nobel Patrick Modiano. Sin embargo, su estudio de 650 páginas, en el que maneja tanto fuentes documentales como entrevistas, es el más completo que se ha escrito hasta ahora desde un punto de vista crítico sobre la Resistencia durante la ocupación, entre 1940 y 1944. El enorme éxito alcanzado en Francia por las seis temporadas de la serie Un pueblo francés demuestra hasta qué punto sigue siendo un tema delicado y siempre actual.

"Tenemos que estudiar lo que ocurrió en Francia en el contexto de la lucha en Europa contra el nazismo, pero también del Holocausto y de la Guerra Fría. Mucha gente de la Resistencia combatió en las Brigadas Internacionales, son lo que Arthur Koestler, que compartió cautiverio con ellos, llamó La escoria de la tierra en un libro, gente que no tenía ningún sitio al que ir. Muchos republicanos se quedaron atrapados en Francia. Su objetivo era acabar primero con los nazis y luego con Franco, de hecho protagonizaron un intento fallido de invadir España en 1944. El relato simplista de la liberación nacional francesa sólo proporciona una parte de la historia, no toda", prosigue Gildea en conversación telefónica.

"El papel de los comunistas fue también muy importante, especialmente durante la liberación de París. Durante muchos años se produjo un enfrentamiento entre las dos versiones, la gaullista y la comunista. En 1944 los nazis capturaron a un grupo de resistencia que estaba formado por comunistas y judíos de Europa del este y lo utilizaron como propaganda diciendo que eran 'criminales extranjeros', pero había algo de verdad ello", afirma.

Combatientes en la sombra no sólo estudia los grandes movimientos históricos, sino que está lleno de personajes como Jean-Pierre Vernant, uno de los grandes helenistas franceses, que fue un personaje muy importante en la Resistencia, pero que nunca quiso alardear de ello. Cuando acabó la guerra, durante la que se jugó muchas veces la vida, volvió a sus libros y a sus clásicos. También está Lew Goldenberg, hijo de revolucionarios rusos de origen judío cercanos a Rosa Luxemburgo, que se negó a aceptar el armisticio o León Landini, un joven toscano que participó en el descarrilamiento de un tren alemán en octubre de 1942 cuando tenía 16 años.

Y, naturalmente, están los republicanos españoles, no sólo los miembros de La Nueve, la mítica brigada que fue la primera en entrar en París en agosto de 1944 y cuyo papel fue silenciado durante años —ha sido necesario esperar hasta 2008 para que se inaugurasen placas que mostraban su recorrido—. En el libro aparecen combatientes como Vicente López Tóvar, nacido en Madrid en 1909, que pasó su juventud en Buenos Aires, luchó en la Defensa de Madrid y en la Batalla del Ebro y, tras escapar a Francia, participó en la organización del Maquis. "La Guerra Civil nos había endurecido mucho", relató el propio López Tóvar a Gildea.

"Después del desembarco de Normandía, en junio de 1944, se produjo una guerra civil dentro de la II Guerra Mundial, no sólo entre los resistentes y los nazis, sino también con la milicia, la fuerza paramilitar de Vichy", señala el profesor de Oxford. En cuanto a la ocultación del papel que tuvieron las mujeres, Gildea explica que sólo fueron galardonados con medallas aquellos que participaron en acciones bélicas, mientras que muchas mujeres trabajaron en la organización de la resistencia, un papel tan peligroso como el combate, pero nunca totalmente reconocido. Todo esto no quiere decir que los franceses no tuvieron ningún papel, pero no fueron los únicos héroes de aquella guerra.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Libro: La complicidad de los generales hitlerianos



Los generales de Hitler: los orígenes de la complicidad

Ben H. Shepherd- Yale University Press

Durante décadas después de la Segunda Guerra Mundial, el ejército alemán del Tercer Reich retiene una imagen como un oasis en medio de la decencia las depravaciones del régimen nazi. Sin embargo, la realidad, que los estudios de las últimas décadas han demostrado de manera concluyente, fue que el ejército estaba profundamente implicado, casi desde el principio, en los crímenes del régimen nazi. Estos crímenes incluían la planificación de la guerra de agresión; voraz explotación del territorio ocupado; la muerte en masa, en sitios seleccionados de la matanza, pero sobre todo el abandono sistemático de los prisioneros de guerra soviéticos; y contrainsurgencia acciones que dependían mucho más en el terror que sobre la conciliación, y que las víctimas Judios y otros "enemigos" raciales y políticos del Reich-una empresa que a su vez componen una gran parte de la complicidad del ejército en la aparición de la Final Solución. Nada de esto es para condenar el ejército en su totalidad; diferentes comandantes y unidades actuaron con diferentes grados de crueldad y la moderación en función de las circunstancias y de la inclinación. Sin embargo, la naturaleza oscura de la imagen global es innegable, y crece más oscuro sigue siendo el más alto en la cadena de mando se mira.

niveles superiores de mando del ejército alemán conspiraron en este vasto programa de criminalidad en gran parte porque creían que las exigencias militares y económicas duras de la guerra exigían. En otras palabras, la presión de las circunstancias en gran medida a alimentar la crueldad del ejército. Sin embargo, esa misma crueldad también fue moldeado por sentimientos embrutecedora, perniciosos, con décadas de antigüedad e ideológicos que hicieron los comandantes superiores sean más susceptibles a principios raciales, políticos y militaristas del nazismo.

Los generales y mariscales de campo que ocupaban los niveles superiores de mando del ejército bajo el Tercer Reich habían sido los jóvenes oficiales del ejército dominado por Prusia de Alemania imperial durante los años anteriores a la Primera Guerra Mundial. Su origen social compuesto por la antigua aristocracia rural de Prusia, y seleccionar los círculos de clase media imbuidos de manera similar con nacional conservador, anti-democráticos, valores antisocialistas. El antisemitismo y anti-eslavismo también fueron generalizadas dentro de estos círculos. La formación de los oficiales recibieron excesivamente centrado en cuestiones militares estrechas y técnicas. Tenía poco o nada que decir acerca de la política, la diplomacia, o la conexión del ejército con la sociedad en general. Hubo variaciones; el cuerpo de oficiales antes de 1914 de los estados alemanes inclinadas de manera más liberal como Baden, por ejemplo, fue relativamente aceptando Judios de su seno. Sin embargo, la estrechez del cuerpo de oficiales como el sentido crítico en su conjunto amortiguados para jóvenes oficiales en un momento formativo en sus vidas. Esto en sí mismo no sería suficiente, décadas más tarde, para hacer que los altos mandos de forma automática susceptibles al nacionalsocialismo, pero no ayudará a asegurar que mucho más de ellos finalmente sucumbió a la apelación del nacionalsocialismo que reconoce sus peligros.

Los oficiales fueron endurecidos, o incluso brutalmente, por su experiencia de la Primera Guerra Mundial. Cuando el intento del ejército para ganar la guerra rápidamente en 1914 fracasó, las medidas de los militares alemanes empleado con el fin de romper el punto muerto se hizo cada vez más implacable. En primera línea, que incluyen gas venenoso y las medidas de tierra quemada devastadores; en la parte trasera ocupada, implacable supresión de la verdadera resistencia civil o imaginaria, y la explotación voraz para alimentar a las cada vez mayores necesidades de la economía de guerra alemana. La concepción del ejército de la necesidad militar, ya duras, creció notablemente más dura que la guerra se desarrollaba. Los oficiales jóvenes no sólo absorbieron estas actitudes institucionales; los que lucharon en la primera línea endureciéndose directamente por las condiciones en las que combatieron. Los que sirven en el frente occidental se sometieron a la experiencia embrutecedora de la nueva, la guerra industrializada a escala masiva. Hacia la conclusión de la guerra en 1918, por otra parte, se encontraron en el extremo receptor de la cada vez más abrumadora superioridad tecnológica y el material de los aliados. Para muchos oficiales, estas experiencias juntos inculca la lección dura, además, que el logro de victorias futuras necesitarían a la vez duro y despiadado eficacia técnica.

La lucha que los agentes experimentados en el frente oriental era más móvil y pasado de moda que en el oeste, y menos devastadora en la pérdida de vidas infligió. No obstante, les pone en contacto directo con los eslavos orientales. Muchos agentes habían sentido por mucho tiempo los prejuicios contra los eslavos, y sus encuentros directos con este pueblo y lo que percibían como su atraso cultural parecido en sus mentes para reivindicar tal perjuicio. Entonces, en el período inmediatamente posterior a la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia, las fuerzas alemanas en el este entraron en confrontación armada con el bolchevismo. Esta experiencia no sólo criado intensa antipatía hacia el bolchevismo; el hecho de que algunos dirigentes bolcheviques eran judías oficiales también endurecidos 'antisemitismo. Oficiales suscritos al 'Judio es igual bolchevique' ecuación aún más a gritos durante consecuencias caóticas de la guerra, ya que lucharon las fuerzas de la extrema izquierda en la sangrienta lucha callejera en las ciudades de una Alemania derrotada. Esta experiencia convenció a su vez también los oficiales que una condición previa esencial adicional de ganar guerras futuras era un frente nacional unificado inculcado una mentalidad y se mantienen en línea por la supresión del estado militarista.

Esta confrontación con el "enemigo interno" encajaba con el nacimiento de la "puñalada por la espalda" mito. Esto se basa en la creencia del todo falaz de que Alemania había sido derrotada no por sus adversarios en el campo, sino por la supuesta traición y el derrotismo de fuerzas "subversivas" como en casa-Judios, bolcheviques, y los políticos civiles de débil voluntad. Por la misma razón, los círculos militares suscritos fácilmente a la creencia, igualmente falaz de que el gobierno democrático que sustituyó al régimen imperial desaparecida en 1918 agravó su traición en tiempos de guerra cuando se firmó el Tratado de Versalles 1919 con los aliados victoriosos. Uno de los términos humillantes del tratado fue la reducción de la masa del ejército de Alemania de una grupa de 100.000 hombres, prohibido el uso de tanques o aviones.

Nada de esto hizo inevitable que los oficiales del ejército ahora truncada, muchos de los cuales ascendió al rango superior durante los años que siguieron, con el tiempo darían la bienvenida ascenso de los nazis al poder. Los años entre 1919 y 1933 verían más bases esencial indicado antes de que eso ocurra. Incluso entonces, sería un tiempo antes de que el cuerpo de oficiales de alto nivel abatido plenamente antes de que Hitler y se inscribió a su singular concepción implacable, ideológicamente difusa de la guerra. Sin embargo, la experiencia formativa que los agentes habían sido sometidos por el momento de Versalles, coloreado por su miopía social y profesional, fue una primera fase vital en el proceso que con el tiempo los hacía susceptibles a las múltiples facetas de la oferta-apelaciones de los nazis al racismo, -Bolshevism, y un sentido austero de la necesidad militar; y las perspectivas de un ejército muy ampliado y técnicamente avanzado y de un frente interno condicionada por la ideología de masas y terrorismo de Estado para mantener el rumbo en un conflicto futuro.

Ben H. Shepherd is reader in history, Glasgow Caledonian University. He is the author of War in the Wild East: The German Army and Soviet Partisans, a selection of the American History Book Club and Hitler’s Soldiers: The German Army in the Third Reich.

viernes, 26 de agosto de 2016

SGM: Los crímenes alemanes en el Frente Oriental

El libro que cuenta los horrores del Holocausto que fue prohibido por Stalin
El Libro Negro fue escrito a raíz del material recopilado-cartas, entrevistas, documentos-por Vasili Grossman e Ilyá Ehrenburg durante la invasión alemana a la Unión Soviética
Por Marcos Shaw de Estrada - Infobae



 La tapa de El Libro Negro

Vasili Grossman e Ilyá Ehrenburg fueron dos reconocidos cronistas de guerra rusos durante la Segunda Guerra Mundial para el diario Estrella Roja. En 1943, ambos comienzan a recopilar testimonios, documentos, cartas, diarios íntimos, entre otros materiales, sobre las atrocidades que cometía el ejército alemán con los judíos en los territorios de Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Lituania, Letonia y Estonia desde la invasión nazi a la Unión Soviética el 22 de junio de 1941, que comenzó con la operación Barbarroja.

A partir de esto, ambos, con ayuda de alrededor de 40 escritores y periodistas, escribieron El Libro Negro, que fue prohibido por Iósif Stalin y no se publicó en lengua rusa hasta 1980 en Israel-aunque fue una edición incompleta-y en Rusia hasta 1993, luego de la caída de la URSS. La editorial Galaxia Gutenberg, cuya distribución en Argentina es a través de la editorial Del Nuevo Extremo, presentó en 2012 la obra completa terminada en 1947.

La historia del libro comienza cuando Grossman y Ehrenburg crearon una comisión editorial adscrita al Comité Judío Antifascista (CJA), que estaba subordinado al Buró Soviético de Información presidido por Aleksandr Shcherbakov, secretario del Comité central del Partido Comunista Panruso (bolchevique). Es decir, todas las cuestiones importantes que trataba el CJA se acordaban previamente con la Dirección de Propaganda y Agitación del Comité Central del Partido, que autorizó a recopilar material pero luego denegaría la publicación. Pero la idea original de publicarlo fue del científico Albert Einstein, del Comité de Escritores Judíos de Estados Unidos y de otros científicos y artistas.


El libro cuenta las atrocidades de los generales nazis durante la invasión a la URSS El libro cuenta las atrocidades de los generales nazis durante la invasión a la URSS

Cómo fue la censura

El 21 de junio 1945 informan al CJA que el texto completo del manuscrito preparado en Estados Unidos sería remitido a Moscú para su aprobación. Desde la URSS intencionalmente demoraron la respuesta y cuando finalmente lo hicieron- el 23 de enero de 1946- pidieron cambiar el prólogo de Einstein y la introducción. El 23 de febrero de 1946 desde Estados Unidos mandaron la edición corregida pero no conformó a los dirigentes del CJA. Finalmente, el 4 de marzo, indicaron que retirarían tanto el prólogo como la introducción.

La edición rusa no tenía un futuro más prometedor. También en 1946 (el 16 de noviembre) el secretario del CJA, Solomón Mijoels, adelantó: "El Libro Negro ya está en imprenta y muy pronto tendremos los primeros ejemplares".


La vida en los campos de concentración, parte del relato La vida en los campos de concentración, parte del relato

Pero el 28 de noviembre Mijoels junto a Feffer-poeta miembro del CJA-Grossman e Ilyá Ehrenburg le enviaron una carta a Zhdánov, secretario del Comité Central del Partido Comunista Panruso para que ayudara a que se publicara lo antes posible. Le pidieron que le diera instrucciones a la Casa Editorial del Estado para que proporcionara el papel necesario para la impresión. Esa carta fue dirigida a la Dirección de Propaganda y Agitación, presidida por Alexándrov, quien replicó categóricamente "la improcedencia" de la publicación del libro.

Los argumentos parecían ser muy débiles. Primero acusó al CJA de mandar copias del manuscrito a otros países, entre ellos Estados Unidos, sin autorización de su organismo. Dijo que con el comienzo de la Guerra Fría cualquier contacto con Estados Unidos se consideraba una falta grave. Luego dice que el texto "ofrece una imagen engañosa del verdadero carácter del fascismo" porque genera la impresión de que "el único objetivo del ataque de los alemanes a la URSS fue el exterminio de los judíos".

A pesar de esto, el CJA consiguió que se curse una orden de impresión del libro en la Escuela Superior del Partido en julio de 1947. Serían 30 mil ejemplares. Pero el 20 de agosto de 1947, el Glavlit, organismo ocupado de la censura, dispuso el cese inmediato de los trabajos de impresión cuando ya se habían compaginado 33 pliegos (iba a tener 42). La decisión fue de las nuevas autoridades del partido, Mijaíl Súslov, quien reemplazó a Alexándrov y Shépilov, a cargo de la petición del CJA.

"La Dirección de Propaganda ha examinado minuciosamente el contenido de El Libro Negro y ha detectado la presencia en él de graves errores políticos. La Dirección de Propaganda no ha aprobado la publicación del libro en 1947. Por lo tanto, el libro no puede ser impreso", fue la escueta explicación que dieron.

En 1948 el gobierno de Stalin comenzó a arrestar a los miembros del CJA, que fue disuelto. Luego, en 1952, muchos de esos dirigentes fueron condenados a muerte y en muchas sentencias se mencionaba a El Libro Negro.

En 1944, la revista Znamia publicó los primeros fragmentos del libro con el título "Asesinos del pueblo". Luego, a la hora de discutir la estructura de la obra, en 1945 Solomón Lozovski, entonces presidente del CJA, sugiere hacer dos libros: uno con los documentos y el otro con los textos preparados por Grossman y Ehrenburg. Esta idea no prosperó porque los autores querían preponderar los testimonios de las víctimas y sobrevivientes. En 1946, se publican fragmentos en Estados Unidos y Rumania bajo un estricto control. En 1980 sale en Israel por primera vez en lengua rusa y en 1981 una versión más completa en Jerusalén pero en yiddish. No fue hasta 1993 que se publicó en Rusia.


Los relatos son de testigos, sobrevivientes y víctimas Los relatos son de testigos, sobrevivientes y víctimas

Los editores de El Libro Negro contaron el origen de la diversidad de la información con la que cuenta la obra. Para hacerlo, dividieron los textos en tres partes. La primera categoría son las cartas, diarios, transcripción de relatos y testimonios de testigos, en muchos casos oculares, y víctimas que consiguieron escapar. Algunos documentos son de personas que luego fueron asesinadas y el material fuer acercado por algún familiar.

La segunda parte son crónicas de escritores soviéticos elaboradas a partir de declaraciones, cartas, diarios y relatos. En algunos casos, quienes escribieron mantuvieron encuentros personales con los testigos y víctimas, estuvieron en los lugares de las ejecuciones, visitaron los campos de concentración y guetos, entre otras cosas.

Y la tercera categoría son los materiales facilitados a los editores por la Comisión Estatal Espacial para el establecimiento e investigación de las atrocidades cometidas por los ocupantes fascistas alemanes. Se trata de las declaraciones de los ejecutores nazis durante el proceso de investigación al que fueron sometidos.

jueves, 28 de julio de 2016

Terrorismo: Los Oesterheld, una familia de enfermos en una época de enfermos

La trágica historia de la desaparición del autor de "El Eternauta" y sus cuatro hijas
En diálogo con Infobae, las autoras de la flamante biografía “Los Oesterheld” hablaron sobre la vida del renombrado historietista Héctor Oesterheld y el fatídico desenlace de su familia durante la última dictadura
Por Fernanda Jara - Infobae



Portada de “Los Oesterheld”, de Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami (Sudamericana).

"A veces, la historia de un país descarga toda su violencia contra una familia. Esa fue la fatalidad que signó la vida del célebre historietista Héctor Oesterheld, sus cuatro hijas, sus tres yernos y dos de sus cuatro nietos, secuestrados y desaparecidos durante la última dictadura", cuenta la contratapa del libro, que en su portada muestra a la familia completa, cuando las historietas, los cuentos de ciencia ficción y los juegos infantiles colmaban sus días.

Poco se conoce —o difundió— sobre lo que antecedió a la desaparición del creador de El Eternauta, una de las historietas argentinas clásicas por excelencia, la de sus cuatro hijas y sus yernos. "¿Cómo fue que el guionista reconocido en el mundo se convirtió en correo de Montoneros? ¿Qué llevó a sus hijas, alumnas destacadas de colegios bilingüe de élite, a involucrarse en el trabajo de base y la lucha revolucionaria?", son los interrogantes impuestos sobre un fondo negro que, tras cinco años de investigación y 200 entrevistas, las autoras responden.

En el estudio de Infobae, Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami, escritoras del libro que recupera la intimidad de la familia a la que le fue arrebatada la vida, contaron cómo fue la investigación que desarrollaron a lo largo de cinco años y detalles sobre las más de 200 entrevistas que las cruzó con familiares, compañeros de militancia y testigos de los últimos tiempos de Oesterheld y su gente.

"Es la reconstrucción de muchos personajes, de las cuatro chicas desaparecidas, de Héctor, de las parejas de las chicas y, además, de los compañeros de militancia. Porque el libro abre muchas vías para poder entender, primero, una época (los setenta), por otro, por qué estas chicas, que tenían una vida cultural super intensa, entran a militar como muchos otros jóvenes de su época. Cuando te metés en ese terreno tenés que reconstruir cómo eran las características de la militancia…", dijo Nicolini. Con esas características se refiere a los ideales que llevaron a las destacadas estudiantes a involucrarse en el trabajo y lucha revolucionaria que marcó no solo a su generación, sino que fue bisagra en la historia argentina.


Estela, Beatriz, Marina y Diana de pequeñas junto a sus padres, Elsa y Héctor Oesterheld. Marina (18) y Diana (24) estaban embarazadas. Beatriz tenía 19 años y Beatriz, 25.

Dar a conocer una historia real

La idea de recuperar la historia de esta familia surgió casi de casualidad, pero se convirtió en una pieza necesaria para armar el rompecabezas de lo que antecedió a la desaparición de uno de los grandes creadores de la literatura nacional y sus seres queridos. "Con una amiga nos pusimos a hablar de las biografías familiares y que en la Argentina no están muy transitadas, y mi amiga dijo que nunca se contó la historia de los Oesterheld. Y quedó ahí. Por esas casualidades conocí a los nietos, nos enteramos que la editorial Sudamericana estaba interesada en el tema, luego se sumó Alicia", recordó Nicolini, que se embarcó en esas vidas asumiendo que había información. No era así, por lo que debieron cambiar el rumbo e ir directamente a las fuentes. "Cuando nos dimos cuenta de que había que entrevistar a tanta gente, de hecho entrevistamos a 200 personas, tomó otra dimensión la historia y el libro", añadió.

Al comenzar a andar el terreno que aún no les era familiar supieron que las pequeñas de esas fotos que ilustran el libro habían desaparecido, que dos estaban embarazadas y que sus maridos e hijos no llegaron a formar parte de ningún álbum de recuerdos. Ese fue el mayor impacto. "Nos centramos y enfocamos mucho en las chicas, en la reconstrucción de todo, pero nos centramos entre el 71 y el 77 cuando Héctor y las chicas militaban".

Gran parte de la investigación que desarrollaron pudo llevarse a cabo gracias a los testimonios de compañeros de militancia que conocían la vida de ellas y de Héctor. "Se conocían con nombre de guerra. No sabían mucho de su vida privada por cuestiones de seguridad, por si a alguno lo secuestraban", cuenta Beltrami. "Ese sistema, por un lado, nos complicó y, por otro, nos amplió el campo porque se fueron formando diferentes redes de personas que se conocían entre sí y otros que volvían a encontrarse después de 30 o 40 años. Algunos creían que habían desaparecido. De hecho Fernando —uno de los nietos sobrevivientes— encontró a su madrina y no sabía que la tenía. Fue un proceso rico, largo, arduo, pero interesante para construir los perfiles de todos", señaló.



 Teníamos la foto de cuatro chicas hermosas de Béccar o las de Héctor como autor de El Eternauta y la tragedia final, pero ¿en el medio qué pasó?
Decidieron hacer hincapié en la vida de esas jóvenes antes de convertirse en militantes y deshojar la margarita de sus intereses más profundos y de aquellos ideales que allí estaban esperando a cobrar forma. "Teníamos la foto de las cuatro chicas hermosas de Béccar o las de Héctor como autor de El Eternauta y la tragedia final. Pero ¿en el medio qué pasó? Hay un montón de hechos y lo que nos interesaba era la vida cotidian".

"Al entrevistar a tantas personas uno acude a esa memoria selectiva de cada uno de ellos y en general la memoria recuerda cosas insólitas, detalles y ahí podes hacer un mapa de lo cotidiano. De las cuatro chicas logramos reconstruir detalles íntimos, de sus compañeros, parejas, de quién se enamoraban, de quién no. Cómo eran sus personalidades… Creo que eso es lo que da mucha riqueza al libro. Vamos a lo personal de cada uno y no lo reconstruimos desde la época en general, que es lo que puede pasar en los libros de historia", explicaron. El objetivo primero, aseguró Beltrami, era "darle encarnadura a esas personas que muchas veces quedan como frizadas en una foto, en esa juventud de militancia que, entre lo trágico y la pena que da eso y el misterio, tratamos de recuperar esas historias".

Una familia que dejó marcas en mucha gente



Héctor Oesterheld fue secuestrado por las Fuerzas Armadas el 27 de abril de 1977, en La Plata. Antes, desde la clandestinidad terminó su obra cumbre, El Eternauta. Para entonces sus cuatro hijas también habían sido desaparecidas.

Todos sabían el final. La reconstrucción de la historia tuvo la inevitable carga de tristeza por saber que diez miembros de una sola familia habían desaparecido. Las historias que Héctor contaba en sus comics causaban furia en quienes habían comenzado a escribir la etapa más oscura de la Argentina. Pero los que lo conocieron no tuvieron más que buenos recuerdos para compartir con las autoras. "Fueron una familia que había dejado una marca importante en mucha gente, en casi todos los que lo conocieron. Eran interesantes, muy agradables, buena gente, inteligentes", concluyó Beltrami luego de indagar a fondo esas vidas. "La idea era, también, recuperarlos vivos, armar lo más vital que tenían, darles cuerpo desde otro lugar y ahí se matizó con otras emociones, risa humor, entrega…".

"Además —continuó Nicolini— hay algo particular que es la figura de Héctor Oesterheld. Muchos de los que entrevistamos crecieron leyendo esas historietas, pero también conocían el apellido de antes, era parte de su propia formación y había un vínculo emocional fuertísimo. Había gente que lo encontró militando y ya lo conocía de antes. Era alguien famoso, entonces, al verlo les dejaba una marca". Pero él mismo dejó sus heridas en su composición. "En El Eternauta II pueden reconocer que ahí está María, que es un personaje y que es su hija que ya había desaparecido. Y él la pone ahí y se pone a él como personaje. Entonces el libro, de algún modo, ayuda a decodificar algunas cosas que él empezaba a poner de su historieta cuando esta dejó de ser una cuestión de aventura… Después cuando empezó con la militancia en prensa de Montoneros incorporó un montón de los conceptos en esa historieta… Siempre tuvo a la historieta como una herramienta política, de educación, no era simplemente un hobbie", finalizó Nicolini.


lunes, 18 de abril de 2016

Guerra contra la Subversión: Los hijos

El drama de los hijos de los 70
Una generación que heredó la tragedia, sin haber tenido responsabilidad ni participación en lo actuado por sus padres. 



A 40 años del inicio del Golpe de Estado cívico-militar de 1976, Pilkenny y Arenes lanzaron un libro sobre los hijos de los 70 | Foto: Cedoc

Perfil


El libro de Astrid Pilkenny y Carolina Arenes cuenta la tragedia de la dictadura, desde la perspectiva de los hijos de quienes fueron protagonistas de la era más oscura para los argentinos. Las autoras conversaron con Perfil.com sobre su obra:

-¿Por qué decidieron la temática de los hijos para el libro?

-Porque los hijos, que no son responsables de nada, que no tuvieron  participación en ninguna de las decisiones que tomaron los adultos, son los que cargan con la herencia, con las heridas, con el peso de una historia que marcó y, en muchos casos, sigue marcando sus propias vidas. Nos interesaba saber cómo  había tramitado esas huellas la generación siguiente. Hijos e hijas de hombres y mujeres que estuvieron relacionados de algún modo con la violencia política de los años 70. Padres represores, padres y madres asesinados por la dictadura o por las organizaciones armadas o por la Triple A, guerrilleros, militantes, desaparecidos, madres obligadas a parir en cautiverio, padres presos por causas de lesa humanidad.  Hijos que defienden lo actuado por sus padres, hijos que los idealizan. Hijos que los cuestionan y toman distancia.

Fue la historia de la hija de un general de la dictadura, que conocimos casi por casualidad hace unos cinco años, la que nos puso en el camino de los hijos. Ella nos hizo pensar en las huellas, los traumas, que la tragedia política había dejado no ya en los protagonistas o en las víctimas directas, sino en la generación siguiente. Y nos hizo pensar por primera vez en algo que no había estado muy presente, que eran los hijos de quienes habían sido parte de la represión ilegal. “Sentía vergüenza y culpa–nos dijo-, vergüenza de la mirada de los otros, culpa ante la sociedad.” Hijos que sintieron la necesidad de saber qué habían hecho sus padres. “Tenía miedo de que me dijera que él había estado en un campo de concentración”, nos dijo el hoy fiscal Diego Molina Pico, hijo del almirante Enrique Molina Pico.

Hijos de militares y policías que, muchas veces, buscaron información en el Nunca Más o llamaron a los organismos de Derechos Humanos para saber qué habían hecho sus padres.

- ¿Cuál fue el testimonio que más les impactó?

-Todos los testimonios son impactantes y muy conmovedores porque en todos hay mucho dolor. Tal vez una de las primeras cosas que nos sorprendió y que terminó de darle forma a la búsqueda del libro fue cuando empezamos a conocer historias de acercamiento entre hijos de desaparecidos y ex guerrilleros con hijos de militares. Había poco registro del modo en que se miran y se piensan mutuamente “los hijos de los 70”. Sin embargo, desde hace algunos años, se encuentran y se ven las caras en los recintos de la Justicia o en los pasillos de la política. Se ven celebrar un fallo o romper en llanto al escucharlo. Coinciden como padres de los grupos escolares de sus hijos. Se encuentran porque la vida social muchas veces los acerca y, a veces se encuentran porque se buscan. El escritor Félix Bruzzone, hijo de dos militantes del ERP desaparecidos, fue hasta el penal de Marcos Paz en el auto de Aníbal Guevara, vocero de la autodenominada agrupación "Hijos y nietos de presos políticos". Félix está trabajando en un libro sobre los condenados por lesa humanidad y Aníbal, que denuncia ilegalidad en los juicios y, en muchos casos, como en el de su padre, desvíos procesales que violan garantías constitucionales, oficia de guía e interlocutor en ese recorrido. Aníbal impugna los juicios; Félix, que impulsa la investigación de la Justicia para saber qué pasó con sus padres, los defiende, aunque acepta que en algún caso pueda haber arbitrariedades. No se obligan a ponerse de acuerdo, pero se escuchan, discuten y se asoman al dolor del otro lado. Hijos con experiencias diversas que expresan matices de una historia muchas veces contada en blanco y negro.

Tal vez el testimonio de Luciana Ogando fue uno de los más conmovedores. Nació en cautiverio durante el secuestro de su madre y su padre fue un oficial montonero que pidió ser ajusticiado por sus compañeros montoneros porque había dado información bajo tortura. Ella conoció su historia siendo ya adolescente y desde entonces busca reconstruirla, sin idealizar el pasado militante de sus padres, tomando distancia, pero sin entregarse tampoco a una crítica feroz, desentendida de las coordenadas de la época.​

- ¿Cuáles son los puntos de unión y cuáles son las diferencias entre la visión de los entrevistados?

- Las historias y los testimonios están hermanados por  la violencia de los años 70. Sus padres han sido asesinados por la dictadura, por ERP, por Montoneros o la Triple A o han tenido participación en la estructura represiva de las fuerzas armadas y policiales y hoy están procesados o condenados por delitos de lesa humanidad.  Los hermana el dolor de una época que reemplazó la política por la violencia y el impacto ineludible, indeleble -en algunos casos atroz- en la generación siguiente. También  los une su condición de “hijos”, hijos que en algunos casos portan los mismos nombres y apellidos que sus padres (Mario Firmenich, Jaime Smart, Marcelo Dupont, Aníbal Guevara) y deben lidiar con el peso de una historia en la que no fueron protagonistas ni tomaron decisiones. En cuanto a las diferencias, cada historia tiene sus matices y sus singularidades; y los hijos se paran de maneras muy distintas frente a esa historia. Hay hijos que idealizan a sus padres y otros que los critican y han roto lazo con ellos. Hay hijos que no conocieron a sus padres y otros que hoy se hacen cargo de ellos visitándolos en las cárceles, ocupándose de los temas legales y médicos, poniendo sus vidas en suspenso. Hay hijos con una enorme capacidad reflexiva y de resiliencia, y hay hijos a los que les cuesta más ese camino. Hay hijos que coinciden con la perspectiva política de su padre y otros que hacen planteos y preguntas de otro orden.

-¿Les costó mucho lograr que los hijos se abran y hablen?

-Es imposible generalizar. Con todos los entrevistados tuvimos encuentros  informales previos en los que les contamos la idea del libro para que pudieran hacer todas las preguntas que necesitaban antes de definir si finalmente aceptarían conversar con nosotras on the record y con un grabador de por medio. Aunque hubo algunos hijos que finalmente prefirieron no participar del libro por motivos distintos – porque no querían reabrir heridas familiares, porque preferían enfocarse “en el futuro más que en el pasado”, porque los angustiaba hablar de estos temas y además hacerlo público- hubo muchos otros que sí quisieron hacerlo. En muchos casos hubo necesidad de hablar, de contar y de ser escuchados; y a pesar de que había pasado el tiempo y el tema era doloroso, rápidamente pudimos construir un clima de intimidad y respeto que les permitió a los entrevistados reconstruir, rememorar y reflexionar descarnadamente sobre las marcas del pasado en el presente, sobre lo que habían podido hacer con aquello que les había tocado vivir.

En otros casos hubo más pudores y resistencias y también, estrategias para “administrar” lo que podían decir, por motivos distintos. Algunos buscaron antes que nada cuidar la memoria familiar o poner a resguardo a los seres queridos que aún viven; otros midieron sus palabras porque sus padres están procesados o condenados y hay cuestiones legales en curso que condicionan sus testimonios.

-¿Piensan hacer una segunda parte?

-La verdad es que no lo habíamos pensado hasta ahora,  pero desde que el libro fue publicado, recibimos muchos mensajes y correos de personas con distintas historias, hasta ahora desconocidas, que quieren contar lo que hasta ahora no habían contado. Quién sabe. Quizás haya una segunda parte.




"Hijos de los 70. Historias de la generación que heredó la tragedia argentina", Carolina Arenes y Astrid Pikielny, Editorial Sudamericana.

viernes, 11 de marzo de 2016

Guerra Antisubversiva: El libro que cuenta la historia de las otras víctimas

Un libro reúne historias de las “otras” víctimas del terrorismo
Según la coautora, 1.094 inocentes perecieron entre 1969 y 1979

La Gaceta


LOS AÑOS 70. Victoria Villarruel, coautora del libro “Los otros muertos”. la gaceta / foto de analia jaramillo

“A lo largo de 32 años de democracia estas víctimas fueron ignoradas para garantizar la impunidad de los responsables, muchos de los cuales han estado en puestos de Gobierno”, expone Victoria Villarruel, abogada y una de las autoras, junto a Carlos Manfroni, de “Los otros muertos”. Ese libro reúne historias de víctimas del terrorismo de la década de 1970, y un listado de muertos, secuestrados y torturados por la acción del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y Montoneros.

“Fue una investigación que nos demandó cinco años y en la que se relevó material público: ediciones de diarios, libros, y los órganos de comunicación de Montoneros y el ERP. Esto arrojó 17.382 personas agredidas de distintas maneras, de las cuales 1.094 fueron asesinadas”, añade la autora y presidenta del Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (Celtyv).

-¿Quiénes son estos “otros” muertos?

-Estos muertos son responsabilidad del ERP y de Montoneros, organizaciones armadas y terroristas. Las víctimas fueron ciudadanos comunes y civiles; uniformados que estaban en sus casas; empresarios; obreros; niños; adultos; católicos y judíos. Es impresionante la cantidad de personas a las que el terrorismo agredió.

-El libro cuenta la historia de un tucumano, Héctor Saraspe...

-Era cantinero del bar del club social de su pueblo, Santa Lucía, y fue asesinado por el ERP el 20 de septiembre de 1975. La explicación de esa organización fue que Saraspe había colaborado con las Fuerzas Armadas un año antes. La historia real es que, durante una incursión del ERP en Santa Lucía, resultaron heridos Ramón Rosa Jiménez y otro terrorista del ERP. Como había una sola ambulancia, llevaron al más grave al hospital. El otro quedó tirado en el piso, entonces, un policía le pidió a Saraspe que lo trasladara hasta la comisaría para que la ambulancia lo buscara de ahí. Saraspe lo cargó en su auto y lo dejó en la comisaría. Poco tiempo después, se presentaron en la casa del cantinero dos hombres buscándolo y la hija de 8 años les respondió que estaba en la cantina. Fueron hasta allí y le dispararon delante de todos.

-¿Cómo fue hablar de estos temas durante el kirchnerismo?

-Fue muy dura la década kirchnerista. Trabajar con un discurso tan sesgado y agresivo fue muy complicado, más aún porque estábamos enfrentado al Estado para que reivindique a ciudadanos comunes. A veces teníamos al frente a funcionarios que habían sido miembros del ERP o Montoneros, y lo decían orgullosamente.

-Muchas historias son anteriores al Golpe de 1976...

-La mayor cantidad de atentados terroristas fue cometida en el período democrático que va desde 1973 a 1976. Entonces, cuando nos dicen que ellos luchaban por un mundo mejor y contra la dictadura, te das cuenta de que es un mito.

-¿Es la contracara del informe “Nunca Más”?

-Lo es porque incluye a víctimas que el Estado no quiso incluir. Ni siquiera hay un listado. No solo han sido ignoradas con alevosía sino que también tuvieron que escuchar la banalización y el ensalzamiento de la acción terrorista.

viernes, 4 de marzo de 2016

SGM: Cómo surgieron los campos de concentración

Los orígenes de los campos de concentración nazis
En su nuevo libro, el prestigioso historiador Nikolaus Wachsmann realiza un exhaustivo análisis de los infernales centros de exterminio de judíos e investiga sus antecedentes en guerras coloniales y regimenes autoritarios. Infobae publica un adelanto



Infobae

Se calcula que casi 2 millones de personas fueron asesinados en los campos de concentración nazisSe calcula que casi 2 millones de personas fueron asesinados en los campos de concentración nazis En abril de 1941, el público alemán acudía en tropel a los cines para ver una película protagonizada por grandes estrellas, supuestamente basada en una historia real y publicitada por las autoridades nazis a bombo y platillo. El clímax de la película se desarrollaba en un desacostumbrado escenario: un campo de concentración. No habría final feliz para los internos, famélicos y aquejados de enfermedades, todos víctimas inocentes de un régimen letal: un valeroso prisionero es ahorcado, su esposa muere fusilada y otros internos son masacrados por sus sanguinarios captores, que no dejan más que tumbas a su paso. Estas espeluznantes escenas guardaban un asombroso parecido con la vida en los campos de concentración contemporáneos (se llegó a preparar un pase especial para los guardias de Auschwitz). Pero esta no era una tragedia sobre los campos de la SS. La película se había contextualizado décadas antes, durante la guerra de los Bóer, y los malos eran los imperialistas británicos. Ohm Krüger, así se titulaba la película, fue una poderosa herramienta de la propaganda nazi en la guerra contra Gran Bretaña y se hacía eco del discurso que Adolf Hitler pronunció ante el gran público unos meses antes: "Alemania no había inventado los campos de concentración —había declarado—. Fueron los ingleses quienes aprovecharon esta institución para ir hundiendo a otras naciones".

La cantinela era bien conocida. El propio Hitler había dicho lo mismo antes, cuando anunció al pueblo alemán que su régimen no había hecho sino copiar los campos de concentración de los ingleses (aunque no los maltratos). La propaganda nazi jamás se cansó de hablar de los campos extranjeros. Durante los primeros años del régimen, los discursos y los artículos evocaban rutinariamente los campos británicos de la guerra de los Bóer, que tanta indignación había despertado en toda Europa, y señalaban también los campos en activo de países como Austria, de donde se decía que los activistas nacionales del nazismo vivían escenas de gran sufrimiento. El verdadero mensaje de esta propaganda —que los campos de la SS no constituían una excepción— difícilmente podía pasar desapercibido, pero para asegurarse de que todo el mundo lo recibía, el dirigente de la SS, Heinrich Himmler, quiso explicarlo con todo detalle en un discurso emitido por la radio alemana en 1939. Los campos de concentración eran una "institución consagrada" en el extranjero, anunció, y añadió que la versión alemana era considerablemente más moderada que las extranjeras.

Aquellos intentos de relativizar los campos de la SS tuvieron poco éxito, al menos fuera de Alemania. Pese a todo, existía un ápice de verdad en la cruda propaganda nazi. "El campo", en tanto que centro de detención, era realmente un fenómeno muy extendido en los escenarios internacionales. En las décadas previas a la toma del poder por parte de los nazis, los campos para el confinamiento masivo de sospechosos políticos y de otra índole —fuera del alcance de las cárceles o el código penal— habían proliferado en Europa y otros territorios, generalmente en épocas de guerra o agitación política, y aquellos centros continuaron floreciendo tras la desaparición del Tercer Reich, lo que llevó a unos cuantos observadores a describir toda la época como una "Edad de los Campos".

Los primeros recintos de estas características aparecieron en tiempos de las guerras coloniales de finales del siglo xix y principios del xx, como una brutal respuesta militar a las guerrillas. Las potencias coloniales pretendían derrotar a los insurgentes locales internando a masas de civiles no combatientes en pueblos, ciudades o campos, una táctica adoptada por España en Cuba, por Estados Unidos en las Filipinas y por los británicos en Suráfrica (allí empezó a usarse el nombre de "campo de concentración"). La indiferencia y la ineptitud de las autoridades en las colonias provocaron hambrunas generalizadas, enfermedades y muerte entre los internos de aquellos centros. Pese a ello, estos no fueron el prototipo de los posteriores campos de la SS y existían grandes diferencias entre ellos en cuanto a su función, diseño y funcionamiento.15 Lo mismo sucedió con los campos alemanes en el África occidental (en lo que hoy es Namibia), dirigidos por autoridades coloniales entre 1904 y 1908 durante una feroz contienda contra la población indígena. Varios millares de hereros y namas fueron encarcelados en lo que a veces han dado en llamarse campos de concentración, y se dice que casi la mitad murió por el desprecio y la negligencia de sus captores alemanes. Estos campos eran distintos a otros centros de internamiento coloniales, en tanto que estaban movidos menos por la estrategia militar que por el deseo de castigar y de forzar al trabajo. Pero tampoco fueron el "tosco modelo" de los campos de la SS, tal como se ha afirmado, y cualquier intento de vincularlos directamente con Dachau o Auschwitz resulta poco convincente.

La era de los campos comenzó realmente con la primera guerra mundial, cuando fueron importados de las lejanas colonias a la Europa central. Además de los campos de prisioneros de guerra, que albergaban a millones de soldados, buena parte de las naciones beligerantes fundó campos de trabajos forzosos, de refugiados y campos de internamiento para civiles, movidos por las doctrinas de la movilización global, del nacionalismo radical y de la higiene social. Aquellos recintos eran fáciles de construir y de custodiar, gracias a las innovaciones recientes como las ametralladoras, las baratas alambradas de espino y los barracones móviles fabricados a gran escala. Las condiciones eran peores en la Europa central y del Este, donde los presos solían tener que soportar trabajos forzosos sistemáticos, manifestaciones de desprecio y actos violentos; varios centenares de miles murieron allí. A finales de la primera guerra mundial, Europa estaba plagada de campos y su recuerdo perduró hasta mucho tiempo después de su clausura. En 1927, por ejemplo, una comisión parlamentaria alemana denunció aún con ira los abusos durante la época de guerra a presos alemanes en los "campos de concentración" británicos y franceses.


Portada de "KL. Una historia de los campos de concentración", de Nikolas Wachsmann (Crítica).

En las décadas de 1920 y 1930 aparecieron muchos otros campos, al tiempo que buena parte de Europa se iba apartando de la democracia. Los regímenes totalitarios, con su maniquea división del mundo entre amigos y enemigos, se convirtieron en aguerridos paladines de los campos en tanto que armas para aterrorizar a los presuntos enemigos y aislarlos de forma permanente. Por sus orígenes, el KL pertenecía a esta variedad de campos y compartía con ella ciertos elementos básicos. Existían incluso algunos lazos directos. El sistema de campos en la España de Franco, por ejemplo, que retuvo a centenares de miles de presos durante la guerra civil y después de ella, parece haberse inspirado en cierta medida en sus antecesores nazis.

Probablemente, el pariente extranjero más cercano a los campos de concentración de la SS se hallase en la Unión Soviética de Stalin. Aprovechando la experiencia de las detenciones en masa durante la primera guerra mundial, los bolcheviques usaron los campos (a veces denominados campos de concentración) ya en tiempos de la revolución. En los años treinta, controlaban un extenso sistema de detención —conocido como el Gulag— en el que se integraban los campos de trabajo, las colonias, las prisiones y otros más. Solo los campos de trabajo disciplinarios del Comisariado del Pueblo para los Asuntos Internos (NKVD) albergaban a un millón y medio de reclusos a principios de enero de 1941, muchísimos más que el sistema de campos de la SS. Como el complejo del KL, el soviético estaba movido por una utopía destructiva, que pretendía crear una sociedad perfecta eliminando a todos los enemigos, y sus campos siguieron una trayectoria en cierta medida similar: pasaron de ser caó- ticos centros de terror para convertirse en una inmensa red de campos dirigidos desde una central; pasaron de la detención de los sospechosos políticos al encarcelamiento de otros marginados sociales y étnicos; pasaron del énfasis inicial en la rehabilitación a unos trabajos forzosos a menudo letales.

A la vista de estos paralelos, y del surgimiento previo del sistema soviético, algunos estudiosos han apuntado la posibilidad de que los nazis simplemente se hubieran adueñado del concepto de campo de concentración estalinista; una afirmación, sin embargo, que puede inducir a error aunque sea casi tan antigua como los propios campos de la SS. Existen dos problemas concretos. En primer lugar, hubo profundas diferencias entre ambos sistemas de campos. Aunque los soviéticos tuvieron una época inicial más mortífera, por ejemplo, el KL posterior experimentó un vuelco hacia el radicalismo y desarrolló bastantes más líneas letales, que culminaron en el complejo de exterminio de Auschwitz, sin parangón en la URSS ni en ninguna otra parte. Los presos del NKVD tenían más probabilidades de recuperar la libertad que de morir, mientras que los reclusos en tiempo de guerra de un campo de concentración de la SS solo podían esperar lo contrario. En conjunto, el 90% de los internos del Gulag logró sobrevivir; en el KL, la cifra de presos registrados que lograron sobrevivir probablemente era inferior a la mitad. Tal como señaló la filósofa Hannah Arendt en su pionero estudio del totalitarismo, los campos soviéticos eran el purgatorio, pero los nazis eran el infierno.

En segundo lugar, disponemos de pocas pruebas para demostrar que los nazis copiasen a los soviéticos. A decir verdad, la SS observó de cerca la represión estalinista en el Gulag, sobre todo tras la invasión alemana del verano de 1941: los jefes nazis consideraron la posibilidad de hacerse con los "campos de concentración de los rusos", tal como decían ellos, y enviar un resumen de las condiciones y la organización en aquellos «campos de concentración» a las comandancias de sus KL. En un plano más general, la violencia bolchevique en la Unión Soviética, tanto la real como la imaginada, fue un punto de referencia constante en el Tercer Reich. En Dachau, los oficiales de la SS indicaron a los guardias en 1933 que actuasen con la misma brutalidad que la Checa (el cuerpo de seguridad) practicaba en la URSS. Años más tarde, en Auschwitz, los de la SS se referían a uno de sus instrumentos de tortura más crueles como el "golpe de Stalin".

Pero no debemos confundir el interés general hacia el terror soviético con su influencia. El régimen nazi no obtuvo del Gulag una inspiración relevante y cuesta pensar que la historia de los campos de concentración de la SS hubiera sido muy distinta de no haber existido el Gulag. Los KL se construyeron sobre todo en Alemania, del mismo modo que el Gulag era fundamentalmente el producto del mandato soviético. Existen similitudes entre ellos, por supuesto, pero estas quedan muy superadas por las diferencias; cada sistema de campos tenía una forma y una función propias, modeladas por unas prácticas, unos objetivos y unos antecedentes nacionales específicos.

lunes, 29 de febrero de 2016

GCE: La interacción entre Hitler y Franco

"La sombra de Hitler", una visión novedosa de la Guerra Civil Española
Por: Matías Falco
Pierpaolo Barbieri, investigador argentino egresado de Harvard, explicó a Infobae por qué y cómo la Alemania nazi intervino en España. El papel del llamado "dictador económico" Hjalmar Schacht




Pierpaolo Barbieri, el argentino que investigó la relación entre Hitler y Franco.Pierpaolo Barbieri, el argentino que investigó la relación entre Hitler y Franco.Crédito: Veronica Jacobson
En su nuevo libro, La sombra de Hitler (Taurus), el joven historiador argentino Pierpaolo Barbieri se propone ofrece una nueva visión sobre la Guerra Civil Española y la intervención de la Alemania nazi. Es que para Barbieri, quien desarrolló una vasta investigación en seis países, no fueron ideológicos los motivos que llevaron a Hitler a realizar esta jugada, sino económicos. En este sentido, como explicará más adelante a Infobae, para comprender este proyecto y sus consecuencias es fundamental la figura de Hjalmar Schacht, responsable de la economía del Tercer Reich.

—¿Cuál es la tesis del libro?
—El libro trata de explicar la Guerra Civil Española de una manera novedosa. En vez de considerarlo historia nacional, lo que yo trato de hacer es tratar de ver el conflicto con un lente europeo y tratar de entender las relaciones económicas que llevaron a la intervención alemana e italiana en el conflicto, que fue lo que determinó el curso de la Guerra.

—¿En qué consistió la investigación?
—Empecé esto en la Universidad de Harvard. Fue mi tesis de grado, después fue mi tesis de posgrado y también hice investigación en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, lo que conllevó a hacer seguir en España, Italia, Alemania, Francia, Inglaterra y en los Estados Unidos. Estuve en distintos archivos, tratando de ver los documentos originales para ver si esta idea novedosa se podía probar con los documentos. En ese sentido, es un libro de Historia que trata de apuntar a un público general, pero también, para el que está interesado, tiene citas al final dando fuentes específicas de los distintos argumentos.

—¿Se encontró con información que superara la hipótesis inicial?
—Sí, por supuesto. Crear un libro es como pintar un cuadro: las cosas van cambiando a medida que uno avanza. Creo que los debates que no me esperaba encontrar fueron aquellos que hubo en la Alemania nazi. Algo que yo no esperaba es lo que yo llamo la Guerra Civil dentro del gabinete alemán, entre quienes proponían el imperio informal, como el que se trata de construir en España, y los que querían un imperio formal basado en el control pseudo racial de los pueblos. Como a todos, a mi me habían contado la historia del nazismo como una línea recta que iba desde 1933 a 1945, y eso era algo que no te explicaba estos debates económicos dentro del régimen.

—Es decir que es un punto de vista nuevo.
—Trato de presentar a estos actores de una manera nueva, y especialmente en lo que hace al conflicto español, porque era un conflicto en el que los nazis invirtieron muchos recursos y fue, si se quiere, la primera intervención extranjera del nazismo.

—Un poco la gran pregunta del libro es por qué Alemania intervino en la Guerra Civil Española, ¿podría explicar brevemente su visión?
—En principio es un tema estratégico, pero muy rápidamente y por la duración de la Guerra se convierte en un proyecto económico. Los españoles nacionalistas, el bando de Francisco Franco, necesitan de los alemanes porque necesitan recursos bélicos que no tienen. Necesitan crédito, pero ¿a cambio de qué? Por muchos años, nos contaron una historia que dice que intervinieron España por temas ideológicos. Lo que yo trato de proponer es que lo hicieron a cambio de un proceso de penetración económica donde las industrias alemanas se hacían de las españolas y proponían que esto continuara en el tiempo mucho más allá de la guerra civil.

—Por eso fue clave la figura de Hjalmar Schacht.
—Exactamente. Schacht era como la unión del poder monetario y fiscal en una sola persona. Desde ese lugar, el que llamaban "dictador económico" de la Alemania nazi construía una política en la que apuntaba al control informal de los territorios. Es decir, no conquistarlos sino ejercer la hegemonía económica. Y España fue, de acuerdo con mi investigación, el lugar en el que mejor funcionó el proyecto.

—¿Cómo fue la relación entre ambos países durante la Segunda Guerra Mundial?
—Técnicamente, Alemania nunca pidió que España entrara a la Guerra y se mantuvo estrictamente neutral, pero en términos económicos no existía la neutralidad, sino que se comerciaba mucho y eso fue lo que realmente produjo el quiebre de Franco con las democracias. Es muy interesante, porque la única reunión que existió entre Hitler y Franco fue un desastre: Hitler famosamente dijo que prefería ir al dentista antes que verlo a Franco en alguna otra oportunidad. Nunca se llegó a una alianza formal, lo que sí quedaba era este tema económico donde el 75 por ciento de todas las exportaciones de España iban al Eje, y eso era una dislocación que se había creado durante la Guerra. En la España de la pre Guerra, la mayoría del flujo comercial externo iba al Reino Unido o a Francia, y eso en el transcurso de la guerra civil se redirecciona a Alemania.

—Tras la derrota del Eje, ¿Franco se intentó desligar de la Alemania nazi?
—Exactamente. Franco no solamente entregó sus víctimas sino que también entregó las deudas que tenía con Mussolini o con Hitler, que eran muy distintas: Hitler tenía un proyecto de penetración económica que los italianos nunca tuvieron. En ese contexto, después de la Guerra Franco se intentó desligar de sus espónsores fascistas, porque ellos habían perdido y él no, y él planea quedarse en el poder. Entonces tiene que crear una ideología porque no la tiene: al principio Franco es una persona desprovista de ideología, entonces pivotea y trata de adaptar su relato ideológico para tener una perspectiva no fascista.

—¿Cómo lo construyó?
—Lo hace desde el conservadurismo, el autoritarismo político y de un alineamiento con los católicos conservadores. Crea lo que se llama un nacionalcatolicismo, que luego sobrevive hasta su muerte. Franco logró estar en el poder 30 años en el medio de una Europa cada vez más integrada. Logra una alianza con los Estados Unidos, basada en la idea del anticomunismo, pero lo que no logra es que Europa lo acepte. Todos los que habían luchado contra él o los que se acordaban de la guerra civil española sabían que había ganado un Franco que no fue exactamente respetuoso de los derechos humanos con los que perdieron.


Perón junto a Francisco Franco y Héctor. J. Cámpora.

—¿Cómo era la relación entre Perón y Franco?
—Cuando Perón va al exilio, va a la España de Franco, pero es muy importante recordar que la política fascista en la economía española de la guerra lleva a una gran hambruna, porque eran políticas muy poco eficientes. En ese contexto, Argentina va a la ayuda de Franco y hay contactos políticos y económicos donde ayuda con granos, aparte de con apoyo político, a que Franco no esté tan aislado.

—¿Ve puntos en común entre ambos líderes?
—No en el sentido de construcción de liderazgo, porque Perón, a pesar de que venía de una junta, fue elegido popularmente y Franco nunca participó de una elección. Franco tenía un perfil monárquico y muy atado a la Iglesia, que era distinto en el caso de Perón. Lo que sí se ve es que los dos fueron inspirados en su juventud por el fascismo de Mussolini y la estrategia económica corporatista, donde el Estado actúa como mediador entre los sindicatos y el capital. Ambos eran anticomunistas y venían de una tercera vía, que no era capitalista ni comunista.

—La Ley de Memoria Histórica continúa siendo un tema de debate en España, ¿cuál es su posición?
—Yo creo que en el proceso de la democratización de España se sacrifica saber todos los crímenes y ahondar en el pasado por la estabilidad política. Y así se crea una democracia afianzada, integrada a Europa y exitosa económicamente. España lo ha construido desde ese país poco desarrollado que dejó Franco en 1975. En ese contexto, creo que se sacrificó mucho en el momento de hacer la transición y luego, cuando está afianzado el proyecto democráctico, se ha vuelto a ver cosas que había que sacar de las fosas comunes. Y no solamente me refiero a los cuerpos, sino a dependencias políticas que se tenían y no se pueden ocultar para siempre. Franco cometió muchísimos crímenes de lesa humanidad, así como también hubo crímenes del otro lado de la guerra, porque fue un enfrentamiento fratricida y sin cuartel. En ese contexto, es importante para el futuro de los pueblos entender el pasado. Yo apoyo la iniciativa de entender cuales fueron los crímenes, juzgar a los responsables y tener una memoria que sea respetuosa con el pasado y las víctimas.

—El gobierno de Mariano Rajoy estuvo muchas veces en la mira de la oposición por la supuesta mala aplicación de la ley durante su administración, ¿qué análisis hace?
—Hay un debate. No se derogó la Ley ni se trató de eliminarla. Todavía está muy vivo el tema, por eso la perspectiva depende del partido al que uno le pregunte. Lo que sí es importante que en España se ha dejado a los jueces actuar sin problemas políticos. En la época de Baltasar Garzón creo que los hubo más que ahora.


"Franco debería estar en los museos, pero quizás no en el centro de la ciudad", opina Barbieri.
Veronica Jacobson

—Es un tema que todavía genera mucha confrontación.
—Sí, en ese sentido el libro propone una mirada mucho menos española. Si no, creo que caemos muy fácilmente en las divisiones ideológicas y considero que es muy interesante pensarlo desde lo que era este proyecto de imperialismo alemán para la integración de Europa. Yo lo que siempre digo es que hoy tenemos instituciones que muchos critican, que son proclives a la crisis y han sufrido la crisis de deuda soberana, pero sin embargo son instituciones mucho más plurales y democráticas que las que hubieran hecho los nazis. El proyecto de integración que quería Schacht y sus asociados no era para nada democrático, iba a ser manejado desde Berlín sin la posibilidad de que nadie más pudiera opinar, mientras que desde la Unión Europea se ha construido un proyecto democrático y respetuoso de los derechos humanos.

—¿Considera que la Ley de Amnistía va a seguir vigente?
—Creo que a la larga la ley en sí va a seguir vigente y sin embargo hay ciertos crímenes que igual se van a investigar. La gran ironía es que la ley de Amnistía fue originalmente pensada para proteger a las víctimas del franquismo y no a los líderes. Sin embargo, después fue usada para promover a los otros. Yo apoyo las iniciativas judiciales para tratar de entender cómo murieron las víctimas. Creo que la Historia no está para estar enterrada, si no no hubiera escrito el libro. Pero es importante saber que en 1975, cuando la democracia en España no existía y muchos la creían imposible, era necesaria una ley que permitiera que los que habían sido ministros de Franco pudieran meterse en una elección y crear un partido, y eso ha llevado a una democracia muy exitosa.

—¿Cómo se consolidó?
—Hubo un bipartidismo donde estaba el PSOE, que eran socialistas, y el PP, fundado por un ministro franquista que hacía una propuesta conservadora pero democrática. Rajoy viene de ese partido, y por eso es que hay mucha gente que critica iniciativas como la Ley de Memoria Histórica, pero yo no creo que Francisco Franco se merezca tener estatuas de él en el medio de Madrid.

—Era la próxima pregunta... Hay quienes sostienen que la iniciativa propone eliminar una parte de la Historia, ¿cuál es su opinión?
—Yo no apoyo eso, creo que para los que fueron sus víctimas es un recordatorio demasiado cruento del pasado. Tampoco quiere decir que vayamos a eliminar todo, porque no se puede borrar la Historia, pero sí ciertas figuras y, dados los crímenes del franquismo, es difícil que siga en ese estado de centralidad como si fuera Don Quijote. Creo que Franco debería estar en los museos, pero quizás no en el centro de la ciudad en una efigie cual Napoleón Bonaparte. Los franceses pueden amar el proyecto político de Napoleón, pero es muy difícil divorciar los crímenes del franquismo con sus políticas, porque Franco no creó un sistema más plural y democrático, sino que fue a un lugar aislado, autoritario y desprovisto de derechos.

Infobae