Mostrando entradas con la etiqueta peronismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta peronismo. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de enero de 2018

Argentina: La guerrilla de los Urutuncos, pelotudos profesionales

Uturuncos: La guerrilla comenzó en Navidad

Antes que el ERP, Montoneros, FAP, FAL, EGP, RL, y MTP, existió Uturuncos, la 1ra. guerrilla del siglo 20 en la Argentina, de pertenencia peronista, que procuraba conseguir el regreso de Juan Domingo Perón de su exilio, tras haber sido derrocado en 1955 por la Revolución Libertadora. La Resistencia peronista nació tras el bombardeos de los marinos de Isaac Francisco Rojas sobre Plaza de Mayo y se extendió hasta ya entrados los años '70. Fue integrada por diversas organizaciones sindicales, juveniles, guerrilleras, religiosas, estudiantiles, barriales y culturales, todos compartían un mismo objetivo: la vuelta de Perón. Pero fue el germen para que, una vez regresado Perón, se intentara condicionarlo sobre el rumbo a tomar, y ante su negativa, muchos de ellos terminaron enfrentados con Perón, José Ignacio Rucci, María Estela Martínez de Perón, José López Rega y los otros.
Por Urgente 24


  • la derecha (COR - Centro de Operaciones de la Resistencia), dirigida por el general Miguel Iñiguez, y
  • la izquierda (FRP - Frente Revolucionario Peronista), dirigida por John William Cooke, quien en 1959 se había exiliado en Cuba, donde frecuentó a otro argentino, Ernesto Guevara.

Cooke, 'el Gordo', había sido designado por Juan Perón como apoderado del Movimiento Nacional Justicialista y, por lo tanto, principal líder de la Resistencia peronista luego del golpe de Estado de 1955.

Ya exiliado el General y con Arturo Frondizi, con el voto peronista, el 26/06/1958, el Congreso Nacional prohibió al peronismo (Ley N°4.161/56), pero dispuso una ley de amnistía que dejó en libertad a los miles de peronistas y sindicalistas encarcelados.

El entonces mandatario Arturo Frondizi esperaba que, ante el beneficio, los seguidores de Perón se dieran por vencidos y la Resistencia muriera.

Sin embargo, Frondizi cometió 3 errores:
  • no generó, en simultáneo, algún movimiento que absorbiera a los que él imaginaba serían ex peronistas,
  • no consideró la necesidad de generar un incremento de su propia popularidad antes de alejarse de Perón, y
  • no reflejó en lo cotidiano los eventuales éxitos en la economía.

Pero Perón también cometió errores al avalar el terrorismo:
  • Perón era hombre del cabotaje, creía que podía abstraerse de las consecuencias de la Guerra Fría;
  • Perón no consideró que la guerrilla que él o toleraba o alentaba sí estaba inmersa en la Guerra Fría, inspirada en la Revolución Cubana que había comenzado en 1953 y gobernaba la isla desde 1959; y
  • Perón no había contemplado un mecanismo eficiente para cesar la guerrilla cuando fuese necesario (y esto lo pagó muy caro después).
La guerrilla había sido un rasgo de la Revolución Cubana (Movimiento 26 de Julio), y fue casi una obviedad que 'el Gordo' creara lo que sería el 1er. grupo guerillero argentino, "Uturuncos", que integraba el Movimiento Peronista de Liberación (MPL).

En 1956 un porteño llamado Enrique Manuel Mena había organizado en Tucumán un grupo de la Resistencia Peronista que se autodenominó “Comando 17 de Octubre”, y tomó contacto con el Comando Nacional Peronista que comandaba Cooke.

El “17 de Octubre” era equivalente a otras organizaciones que había en el país, que pintaban los muros con consignas a favor del retorno de Perón y en contra de la “Revolución Libertadora”, y hasta hacían estallar algunos “caños” de fabricación casera, aunque Mena y Cooke comenzaron con el tráfico de gelinita desde Bolivia. La gelinita (60% nitroglicerina) era utilizada en canteras, y en voladuras bajo agua.

Historia de los Uturuncos




'El Gallego' Mena invitaba a obreros y campesinos a "combatir al Imperio" (se supone que a USA). Decenas de pequeños sabotajes ocurrían en diferentes lugares, acciones inofensivas de alto contenido emocional. Cuando los militares decidieron la exhibición compulsiva de la única película que había filmado Eva Duarte (luego de Perón), "La Cabalgata del Circo", los comandos tucumanos se robaron la copia del largometraje que había llegado a San Miguel y se la enviaron de regalo a Perón en Panamá.

De pronto, Félix Serravalle, peronista de La Banda (Santiago del Estero), y militante peronista de padre sindicalista ferroviario anarquista, tomó contacto con Mena. Era audaz, buen tirador, subteniente de reserva.

Otro contacto decisivo fue Juan Carlos Díaz, el comandante Uturunco, jornalero hijo de un foguista del ferrocarril Mitre, de la localidad tucumana Lamadrid (en el cruce de la Ruta Nacional 157 y la Ruta Provincial 308), donde su madre, Dominga Heredia, tenía una Unidad Básica peronista. A los 16 años, Juan Carlos migró a San Miguel de Tucumán, obtuvo empleo como obrero metalúrgico, quedó desocupado y se integró a los comandos de la Resistencia peronista.

En 1959 el comando "17 de Octubre", bajo la influencia de Abraham Guillén, discutió la eficacia de los métodos utilizados por la Resistencia, y comenzó a hablarse de "estrategia insurrecional".

Entonces ocurrió una fractura:
  • el Comando Insurreccional Perón o muerte (CIPOM),
  • el Movimiento de Liberación Nacional (MLN), que derivó en el Ejército de Liberacion Nacional (ELN).
En octubre, en la base del cerro Cochuna, casi en el límite con Catamarca, comenzó el 1er. agrupamiento guerrillero argentino. Los comandantes eran Juan Carlos Diaz, 'el Uturunco' (en lengua quechua "uturunco" significa "Hombre Puma"); Franco Lupi, 'el Tano'; y Ángel Reinaldo Castro. La tropa: Juan Silva, alias 'Polo'; Diógenes Romano, alias 'Búfalo'; Miranda, alias 'Rulo'; Villafañe, alias 'Azúcar'; y Santiago Molina, alias 'el Mejicano', todos tucumanos.

Gabriel Rot y los archivos de la guerrilla argentina




Más tarde llegaron León Ibañez y Pedro Anselmo González, 'Gorrita'.

La formación militar era casi nula y el armamento era escaso (1 ametralladora PAM, 1 pistola .45 y 1 revólver .38) aunque habían participado en sabotajes y acciones menores.

La zona era de una selva tupida. Desde allí hasta el ingenio Concepción era todo terreno azucarero.

Contexto: luego de la presidencia de facto de Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu, con el regreso de la "democracia" y el nacimiento de los Uturuncos, Frondizi dictó el decreto secreto N°9.880/58, conocido con "Plan Conintes", que restringía la vigencia de los derechos y garantías constitucionales y habilitaba la militarización de la sociedad y la declaración del Estado de Sitio. El 9880/58 consideraba ilegal toda huelga y/o manifestación, y autorizaba a las Fuerzas Armadas a realizar allanamientos y detenciones sin cumplir las normas constitucionales.

Volviendo a la selva tucumana, el grupo perdió el contacto con el Estado Mayor. En noviembre fueron descubiertos. Comenzó un policial, y divergencias internas.

Franco Lupi, Juan Silva y Ángel Castro se separaron del grupo para buscar un nuevo campamento, más arriba.

En tanto, se aproximaba una patrulla policial, y los que estaba en el campamento, huyeron. La policía montó una emboscada en la que cayeron, de regreso de su exploración, Lupi, Silva y Castro.

El Estado Mayor del "17 de Octubre" se reunió y decidió encarar una operación que les diera prestigio, y para “ver si los dirigentes peronistas que vivían en Uruguay se decidían a prestar su apoyo”.

Díaz y Felipe Genaro Carabajal, 'comandante Alhaja' o 'Pila', miembro del Estado Mayor y cuñado de Manuel Mena, fueron enviados a Santiago del Estero con un grupo de militantes para acompañar a Serravalle, quien había elegido el alias "comandante Puma" (según él, siglas de Perón Unico Mandatario Argentino y Por Una Mejor Argentina).

Lograron reunir 22 hombres, y se hizo un entrenamiento en la finca ladrillera de Manuel Paz, en Chumillo.

Una entrevista al Comandante Uturunco, Juan Díaz


El 23/12/|959, el contingente de tucumanos, simulando ser acampantes fueron trasladados en un ómnibus prestado por gitanos amigos de Serravalle, hasta Puesto del Cielo, a 35 kilómetros de Santiago del Estero.

El 24/12/1959 fueron recogidos por un camión que los llevó a Frías, una localidad que tenía 25.000 habitantes.

En la Nochebuena, Serravalle -vestido de teniente coronel-, Carlos Alberto Gerez y Pedro Adolfo Velardez, tomaron un automovil de alquiler, de Timoteo Rojo, y fueron hasta los talleres de Obras Sanitarias, donde les habían preparado un camión Ford modelo 1957, y buscaron al resto del grupo guerrillero.

En aquel entonces se hablaba de un golpe de Estado contra Frondizi. A las 4:00 del 25/12/1959 llegaron a la comisaría, y encararon al guardia:

-¡Ha triunfado una revolución, venimos a hacernos cargo!

La tropa policial formó frente a los supuestos militares, sin sospechar. Así, con un ardid, los Uturuncos tomaron la comisaría. Luego metieron en el calabozo a los policías, tras quitarles las armas y los uniformes, rompieron la radio policial y cortaron los cables del teléfono.

Un agente aseguró después a la prensa que quién los dirigía se hacia llamar 'comandante Uturunco' y el nombre llegó a los diarios. En la huída dejaron el camión abandonado en un lugar llamado El Potrerillo y se internaron en el monte.

Al día siguiente la noticia conmovió la país y fue tapa de todos los diarios: había un grupo guerrillero peronista al mando del “capitán Uturungo” (sic).

El ministro del Interior, Alfredo Vítolo, en conferencia de prensa identificó a varios de los asaltantes: los había denunciado el remisero Timoteo Rojo. Así fue conocida la identidad de Félix Serravalle y la de su compadre Gerez.

El gobierno comprobó que la guerrilla y sus apoyos eran conocidos peronistas de la zona. El gobernador de Santiago del Estero, Eduardo Miguel; y su par de Tucumán, Celestino Gelsi, ctendieron una trampa a los guerrilleros. Pero es otra historia.

martes, 26 de diciembre de 2017

Guerra Antisubversiva: La Navidad de 1975 en Tucumán

La Nochebuena del General Videla

En 1975, después del intento de copamiento del ERP al Batallón Arsenal de Monte Chingolo, el entonces comandante del Ejército voló a Tucumán para brindar con los soldados del Operativo Independencia. Su mensaje al país para “vencer el desorden y la inseguridad”

Por Marcelo Larraquy || Infobae
Periodista e historiador (UBA)



Todavía había cuerpos tirados en el Batallón de Arsenales 601 Domingo Viejobueno, y en sus calles adyacentes, cuando el comandante del Ejército, general Jorge Rafael Videla volaba hacia Tucumán para celebrar la Nochebuena de 1975 junto a los soldados del "Operativo Independencia"

Los títulos de los diarios, ese día, informaban: "Más de cien guerrilleros asaltaron un arsenal del Ejército en Monte Chingolo"; "La lucha más encarnizada se libró ante el portón de la unidad militar"; "Mueren más de 50 extremistas al atacar un batallón en M. Chingolo".

El ataque, al general Videla, no lo sorprendió.

Lo esperaba.

Había recibido la información el domingo 21 en una reunión de altos mandos, de boca del coronel Alfredo Valín, el jefe del Batallón de Inteligencia 601. Desde 1974 la inteligencia militar había "infiltrado" a un espía en las filas del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo). El espía, Jesús Rainier, "El Oso", después transportar durante semanas las armas para una operación de la que no conocía su blanco, finalmente lo informó: "Monte Chingolo".

El ataque al Batallón sería el lunes 22 de diciembre. Su arsenal tenía 13 toneladas de armamentos.

Los altos mandos dispusieron refuerzos. Se movilizaron tanques, carriers, miles de efectivos en torno a la unidad.

Un militante del ERP que había instalado en los días previos una mesa de venta de pan dulce en las cercanías del Batallón alertó la novedad.

El ataque no se produjo.

Decepcionados, los altos mandos militares decidieron bajar el "alerta roja", disponer los francos correspondientes, restablecer la rutina, reducir la guardia, para inducir al ERP al ataque que había anunciado su espía. La violencia guerrillera convenía a las Fuerzas Armadas, impactaba a la sociedad, los acercaba al golpe de Estado.

El jefe del ERP, Roberto Santucho, recibió informes de que la operación había sido advertida por el enemigo. Había un infiltrado. La ordenó igual.



El ataque guerrillero se produjo en las últimas horas de la tarde del martes 23, mientras Videla compartía un vino de honor con los periodistas acreditados el edificio del Libertador.

La operación se inició cuando un camión de transporte de bebidas robado rompió el portón de la unidad, y le abrió el paso a tantos otros nueve vehículos. Un coronel apostado en una torre del tanque de agua del arsenal lo advirtió desde sus binoculares.

En forma simultánea, los guerrilleros tomaron puentes a lo largo del Camino General Belgrano, en el sur del conurbano bonaerense, también atacaron comisarías y el Regimiento 7° de Infantería de La Plata.

La respuesta militar fue terrestre y aérea, con helicópteros artillados, birreactores Aeromacci y aviones bombarderos livianos Camberra.

A las tres horas de combate, en las filas del ERP se escuchó la orden de retirada. Durante toda la madrugada del 24 de diciembre, iluminada por los helicópteros, la Infantería hizo rastrillajes por las villas y los bordes del Riachuelo, donde algunos se habían dispersado. La guerrilla tuvo entre 60 y 70 bajas. Algunos de ellos fueron fusilados luego de haberse rendido. En las villas se calculó que hubo 40 muertos. Las Fuerzas Armadas y de seguridad perdieron 10 hombres.

Videla sabía que sus sectores afines apoyarían la masacre posterior al intento de copamiento.

No erraba.

"Es posible decir que el saldo impresionante (…) del episodio de Monte Chingolo produjo en muchos un sentimiento de alivio: cien muertos son cien enemigos menos, y si fueron más, mejor, cualquiera haya sido la manera de su muerte", editorializaría la revista católica Criterio, al mes siguiente.

El 24 de diciembre al mediodía, cuando la violencia guerrillera ya estaba controlada, el general Videla voló a Tucumán.

Pensó que desde allí debía hablarles a los argentinos. El país estaba conmovido y entendería sus palabras. Ya no debía arengar a los soldados del Ejército ni hacer discursos para el Gobierno, como único destinatario.

Era hora de hablarle al país, y lo haría junto a los soldados que rastrillaban la espesura del monte tucumano en busca de los guerrilleros del ERP, que aspiraban a instalar una "zona liberada".

Sería el marco adecuado para dar a conocer su pensamiento en su mensaje de Nochebuena.

Apenas asumió la Comandancia, con un decreto de Isabel Perón en la madrugada del 28 de agosto, el general Videla, de 50 años, frío, pulcro, reglamentarista, sin condecoraciones, pero tampoco sin manchas en su legajo, sin haberse sumado nunca a complots o facciones internas, fue recibido con beneplácito por sectores civiles afines.

Se esperaba de él que fuese algo más que un jefe del Ejército.

La revista Cuestionario se preguntó, al mes siguiente de su designación, con la imagen serena de su rostro en tapa: "¿Cuál es el próximo paso de Videla?".

La revista Extra, del periodista Bernardo Neustadt, lo presentó, también en septiembre de 1975, como "uno de los más serios pensamientos que hoy se hospedan en el país".

El general Videla transmitía la imagen de un ejército que sólo quería orden y paz frente a una sociedad horrorizada por la violencia de la guerrilla, de la Triple A, de los que fueran.

Para ese orden, para esa paz, deberían morir los que debieran morir. Era el sacrificio. El general Videla lo explicó el 23 de octubre de 1975 en la XI Conferencia de Ejércitos Americanos, en Montevideo: "si es preciso, en la Argentina van a morir todas las personas necesarias para lograr la paz del país", diagnosticó.

Esa clase de discursos, que el gobierno de Isabel Perón avalaba con su silencio, luego se respaldarían con instrumentos jurídicos, decretos, directivas secretas.

*Con la creación del Consejo de Defensa –rubricado por la firma del gabinete de ministros y el presidente provisional Italo Luder, luego del ataque montonero al cuartel militar de Formosa del 5 de octubre-, las Fuerzas Armadas fueron autorizadas a intervenir en todo el país en la "lucha antisubversiva".


*El día 28 de octubre, una directiva secreta del Ejército (404/75) marcó las prioridades. Prioridad 1: Tucumán. Prioridad 2: Capital Federa – La Plata. Prioridad 3: Córdoba. Prioridad 4: Rosario/Santa Fe.

*Se modificó el Reglamento Militar, con la incorporación de LRD, "Lugar de Reunión de Detenidos". El "sospechoso" sería detenido en base a informes de inteligencias y trasladado al LRD para interrogatorios, sin posibilidad de defensa legal. LRD era el eufemismo de de "centros clandestinos".

Durante el gobierno de Isabel Perón, las Fuerzas Armadas y de seguridad crearían seis LRD.

Uno de ellos era "La Escuelita", en Famaillá, localidad de Tucumán donde el general Videla celebraría la Nochebuena. Dependía del Destacamento 142 de Inteligencia del Ejército, y reportaba información al comando del General Vilas.

Hasta ese momento, en diez meses de actuación del "Operativo Independencia", por allí habían pasado 1507 personas; 113 habían desaparecido.

El "exterminio físico del enemigo subversivo" era un discurso predominante en las fuerzas vivas de la provincia, identificadas con la acción militar.

En los hechos, el general Acdel Vilas, a cargo del "Operativo Independencia", era el poder fuerte en la provincia, por encima del gobernador peronista Amado Juri.

El comando táctico del general Vilas estaba asentado en la V Brigada de Infantería y además tenía a cargo tenía a cargo a la policía provincial, Federal y la Gendarmería.
El gobernador Juri había dado la bienvenida al  "Operativo Independencia" en la provincia en febrero de 1975.

"La intervención de las Fuerzas Armadas en la lucha contra la subversión apátrida ha encontrado el apoyo y la solidaridad del pueblo y el gobierno", había afirmado.

Pero el hecho de que el mismo Juri hubiera recibido  a los presos políticos tucumanos amnistiados en mayo de 1973, no lograba satisfacer el nivel de confianza que requería el ámbito castrense.

Durante 1975, guiados por el general Vilas, algunos diputados nacionales con cascos y chaquetas militares, se introdujeron en la pegajosa atmósfera del monte tucumano, con soldados que le abrían el paso a machetazos para que pudieran recorrer el bosque entre ramas hostiles; luego regresaban al llano saludando la labor de las Fuerzas Armadas y reclamando al pueblo que colaborara con "desinterés y alto sentido patriótico en la guerra contra la subversión".

El campeón del mundial de boxeo Carlos Monzón y otras figuras del deporte y el espectáculo viajaron al frente tucumano para saludar a los soldados conscriptos.

El Ejército quería dar a conocer la épica de su accionar para desterrar algunas "campañas de prensa" que desde el exterior desacreditaban al Operativo.

Las visitas se producían en un marco de violencia.



El 28 de agosto  de 1975 Montoneros había detonado una bomba a control remoto en el aeropuerto de Tucumán cuando despegaba un avión Hércules C-130 de la Gendarmería: provocó 6 muertos y 23 heridos.

Para contrarrestar la propaganda montonera de ese operativo, el General Vilas no dudó en presentar los triunfos militares a la prensa. En una oportunidad, luego de una emboscada a una columna de la Compañía del Monte del ERP en el arroyo San Gabriel, el Ejército mató a catorce guerrilleros. A dos periodistas que acompañaron el operativo militar, Vilas los invitó a regresar a la capital provincial junto a los cadáveres, en el camión Unimog del Ejército. Y lo hicieron.

La violencia no sólo estaba en el monte.

Estaba en las calles.

El 1° de diciembre de 1975, un año después que el ERP ametrallara al capitán Humberto Viola, y lo matara a él y también diera muerte a su hija de tres años, una camioneta con siete de guerrilleros del ERP explotó en el mismo lugar, sobre Ayacucho al 200. Lo firmó el comando "Dios, Patria o Muerte".

Videla sentía afinidad por Tucumán.

En esa provincia había servido como jefe de Estado Mayor de la V Brigada de Infantería desde fines de 1968, en momentos en que se sentían las consecuencias del cierre los ingenios azucareros. La desocupación obligó a miles de tucumanos a la migración interna. Incluso, cuando era coronel, en 1970, Videla llegó a gobernar la provincia por algunas semanas.

Cuando llegó al aeropuerto el 24 de diciembre de 1975 fue recibido por cientos de soldados del Operativo Independencia y recibió el saludo del arzobispo de Tucumán monseñor Blas Victorio Conrero. Ya no estaba el general Vilas en el mando  del Operativo Independencia. Seis días antes lo había reemplazado el general Antonio Bussi.

"General, usted no me ha dejado nada por hacer", anotaría Vilas con orgullo en su "Diario de Campaña", las palabras que le ofrendaría Bussi en el traspaso de mando.

Vilas dejaría el Operativo condecorado por el senado provincial.

A esas alturas, los pocos guerrilleros del ERP que se mantenían en el monte habían sido trasladados a Buenos Aires para participar del ataque al Arsenal de Monte Chingolo

El mensaje de Nochebuena del general Videla sería reflejado con sentido patriótico, sin desdeñar poesía, por la prensa política.

"El comandante general del Ejército Jorge Rafael Videla, pasó la Nochebuena en Tucumán, junto a sus soldados. Si es que hizo algún brindis, con seguridad fue con el jarrón de latón que impera en los vivaques desde los que se combate a la acción subversiva desplegada en el norte argentino", se publicó "La Opinión".

Desde la sede de la zona de operaciones del Ejército  en Famaillá, el general Videla habló a los argentinos (Extractos):

 "Mientras la Cristiandad festeja en Famaillá la llegada del niño Dios, El Ejército Argentino en operaciones, aquí en el corazón del monte tucumano, como en todo el ámbito del país, lucha armas en mano para lograr esa felicidad y esa paz que mi mensaje clama.

Lucha nuestro ejército, el ejército de la Nación, contra delincuentes apátridas que pretenden mediante el vil asesinato, quebrar al Estado y ocupar el poder para cambiar el sistema de vida nacional tan caro a los sentimientos profundamente cristianos de nuestro pueblo. Y lucha como lo hizo ayer en el batallón de Arsenales 601, con fuerza, con fe, con el coraje propio de nuestra estirpe, con la seguridad de que ese nuevo triunfo se extenderá a lo largo y lo ancho de la República allí donde la delincuencia subversiva pretenda hacer pie.

Frente a esta situación, es imprescindible que el pueblo argentino y sus Fuerzas Armadas tomen conciencia de la gravedad de las horas que vive la Patria.

Tenga presente el ejército y compréndalo así la Nación, que la delincuencia subversiva si bien se nutre de una falsa ideología, actúa favorecida por el amparo que le brinda una pasividad cómplice. (…)

Ante esta dura realidad que aceptamos con patriotismo y espíritu de servicio, miramos consternados a nuestro alrededor y observamos con pena, pero con la sana rabia del verdadero soldado, las incongruentes dificultades en las que se debate el país, sin avizorarse solución.

Frente a estas tinieblas la hora del despertar del pueblo argentino ha llegado. La paz no sólo se ruega, la felicidad no sólo se espera, sino que también se ganan. El Ejército argentino, en el justo derecho que le concede la cuota de sangre generosamente derramada por sus hijos héroes y mártires, reclama con angustia pero también con firmeza una inmediata toma de conciencia para definir posiciones. La inmoralidad y la corrupción deben ser adecuadamente sancionadas. La especulación política, económica e ideológica, deben dejar de ser medios utilizados por grupos de aventureros para lograr sus fines. El orden y la seguridad de los argentinos deben vencer el desorden y la inseguridad. (…).

El 14 de septiembre de 2017, casi 42 años después de aquel discurso de Nochebuena del general Videla, el Tribunal Oral Federal de Tucumán finalizó el juicio por el "Operativo Independencia" con la condena de policías y militares por delitos de lesa humanidad –secuestros, torturas, violaciones sexuales y homicidios-, contra 271 víctimas.


*Marcelo Larraquy es periodista e historiador (UBA). Su último libro es "Primavera Sangrienta. Argentina 1970-1973. Un país a punto de explotar. Guerrilla, presos políticos y represión ilegal". Ed. Sudamericana.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Argentina: Violencia política interna de parte de sindicalistas

Aquel crimen, estos sindicalistas

El papel del sindicalismo peronista entre 1973 y 1976 ha quedado sepultado en los archivos. Debería conocerse.



Sergio Bufano, asesinado por una patota sindical en 1974. 

El 13 de diciembre de 1974 un grupo armado perteneciente a la Juventud Sindical Peronista salió del sindicato en dos automóviles Falcon. Eran seis o siete, no se conoce el número exacto; llevaban armas cortas y ametralladoras. Llegaron a la puerta de la fábrica Miluz, en Florida, y esperaron a sus presas. Desde el interior del establecimiento, al verlos, los obreros llamaron a la comisaría de la zona y poco después un patrullero se hizo presente; su dotación conversó con los miembros de la patota y se retiró rápidamente: territorio liberado.

Los buscados eran Miguel Angel Bufano y Jorge Fisher, miembros de la Comisión interna y militantes del Partido Obrero. Ambos habían cometido un error, tratar de despedirse de sus compañeros porque ya no podrían volver a la fábrica debido a las amenazas de los sindicalistas. Al verlos ingresar en la planta, los directivos de Miluz llamaron al sindicato y le avisaron: están acá. No hicieron la denuncia a la policía, porque ninguno de los dos estaba buscado; avisaron a la patota, que no perdió tiempo y partió hacia el lugar. Velozmente, porque los sindicatos controlados por el peronismo tenían arsenales en sus sedes. En pocos minutos juntaron las armas y estacionaron en la puerta de Miluz.
Al ver que no se iban, Bufano y Fisher intentaron aprovechar la salida de sus compañeros que terminaban su horario de trabajo y mezclados entre ellos subieron todos a un colectivo. No hubo caso. La patota lo advirtió y pocas cuadras después cruzaron un vehículo delante del transporte, subieron con sus armas largas e inspeccionaron a los pasajeros: a ellos dos los bajaron a culatazos y los metieron en los autos.
“A mí me defienden los trabajadores”, me había dicho Miguel Angel, mi hermano, cuando una semana atrás le previne que con esa gente no se jugaba. Por supuesto, los trabajadores que debían defenderlo quedaron paralizados frente a ametralladoras y pistolas. Por una orden de la dirección del partido al que pertenecían, y que ellos aceptaron ingenuamente, fueron a un lugar al que no tendrían que haberse acercado. Esa decisión termino trágicamente.
Miguel Angel fue golpeado hasta quebrarle huesos. Después fue llevado hasta un basural y allí, en medio de la noche, acribillado con cuarenta disparos. Cuarenta tiros sólo para él. No bastaba uno, había que dejar una huella intimidatoria. Un ejemplo.
Miguel Angel no usaba armas, no era violento, estaba en contra de los grupos guerrilleros a los que calificaba de foquistas y apresurados. Pero disputaba la conducción de la Comisión Interna a los miembros del sindicato peronista.
En 1973 había sido invitado a una reunión de delegados en Mar del Plata organizada por la CGT. Instalado en el hotel, recibió la visita de un miembro del sindicato que le ofreció una buena cantidad de dinero: “aprovechá para ir al casino, pibe”, le dijo. Por supuesto, mi hermano no aceptó el soborno. Minutos más tarde llamaron a la puerta dos hermosas muchachas que se ofrecieron a pasar la noche con él. Enviadas, claro, por los sindicalistas. Nuevamente las rechazó, sin advertir que allí estaba sellando su destino. Quien no acepta dinero sucio ni “chicas” para divertirse, es un enemigo. Y al enemigo, ya fue dicho: ni justicia.
Quienes lo mataron eran veinteañeros, como Miguel. Ahora que se cumplen 44 años del crimen, mi hermano tendría alrededor de 65. También sus asesinos, que a lo largo de estas décadas habrán ascendido en los puestos gremiales. Deben de ser dirigentes. Confieso que cuando los veo a todos juntos, posando para los medios, vociferando discursos combativos, me pregunto si alguno de ellos habrá participado, si aquél que está hablando o el que lo acompaña a su lado fueron miembros de la patota que gastó el cargador de su pistola sobre el cuerpo.
Porque investigar, no se investigó nada. Lo sabemos. El papel del sindicalismo peronista entre 1973 y 1976 ha quedado sumergido en vaya a saber qué archivos. Y eso que mataron, eh, mataron sin que les temblara la mano, al amparo de políticos miembros de un Poder Ejecutivo que hubieran merecido un castigo como el que recibieron los militares de la dictadura.
*Escritor y periodista.

Sergio Bufano*

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Montoneros: Asesinan a Aramburu para evitar la pacificación nacional

La carta de Ricardo Rojo a Perón que reaviva sospechas sobre el móvil del asesinato de Aramburu

El autor de "Mi amigo el Che" le escribe al líder exiliado informándolo de charlas que ha mantenido con Arturo Frondizi y con Pedro Eugenio Aramburu, en 1969, poco antes del secuestro y muerte de este general

Por Claudio Chaves | Infobae



Ricardo Rojo fue un entrerriano inquieto nacido en 1923, que adhirió al reformismo cuando cursaba Leyes en la Universidad de Buenos Aires. Lo hizo en el preciso momento en que surgía a la vida política argentina el peronismo. No tuvo suerte o eligió mal. Razón por la cual fue a parar a la cárcel en 1945. Al salir, se afilió a la Unión Cívica Radical, identificándose con el Programa de Avellaneda. Industrialista y estatista.

Por defender en 1953 a huelguistas ferroviarios fue detenido nuevamente, pero en este caso logró escapar, refugiándose en la embajada de Guatemala. Obtiene un salvoconducto y se va de la Argentina. Inicia, entonces, su periplo latinoamericano, uno de cuyos tramos lo hará en compañía de Ernesto Guevara a quien conoce en Bolivia, cuando todavía no era el Che.

A la caída de Perón retorna al país y se vincula con Arturo Frondizi, es decir, con el sector radical dispuesto a cerrar heridas con el peronismo. Caído Frondizi, brinda sus servicios de abogado a la CGT y luego a la CGT de los Argentinos en defensa de los presos políticos de aquellos años, en su mayoría peronistas. Perseguido por la dictadura del general Juan Carlos Onganía, decide irse del país y marcha a Francia. Desde París le escribe una interesante carta al general Juan Domingo Perón, exiliado en Madrid, con quien ya había tenido varios contactos.

Gobernaba la Argentina el general Juan Carlos Onganía, luego del golpe de Estado que derrocó al presidente radical Arturo Illia. Habían pasado tres años y el país era un polvorín: Rosario, Córdoba y Tucumán habían vivido puebladas jamás vistas en nuestra historia. En ese marco, Rojo le escribe a Perón. La carta que se trasncribe aquí está depositada en el Archivo General de la Nación.



París, Francia 18 de diciembre de 1969

Distinguido compatriota y estimado amigo.

Desde nuestra entrevista del pasado 14 de agosto en Madrid no he tenido noticias directas suyas.

Aquí en París he tenido un par de entrevistas que pongo en su conocimiento por considerarlas de utilidad en la apreciación de la situación argentina, aunque discrepemos en la formulación e instrumentación.

Con el doctor Arturo Frondizi el 10 de diciembre último… Privadamente me explicó: "La posición de Onganía es muy débil. Insostenible. Se impone su sustitución. Después de los gravísimos hechos de Rosario, Córdoba y Tucumán que mostraron la realidad, Onganía no puede continuar. Su indecisión, su plan económico-social, el estancamiento de nuestro país, exigen un cambio inmediato en la conducción ejecutiva".

Me llamó la atención esta argumentación, ya que hasta aquí Frondizi galopaba de costado a Onganía en la creencia de ser llamado… Insistió en "la necesidad de coincidir en un plan mínimo a través de un gobierno que abriera un paréntesis de diez años. Expresamente rechazó la consulta popular como una maniobra mistificadora".



Con el general Pedro Eugenio Aramburu, el 17 de diciembre último. Califica al general Onganía de "mediocre, sin rumbo. Parálisis de nuestra economía. Descontento social creciente. Chatura del país. Decadencia en todos los órdenes. Entrega y satelización".

Sostuvo que "nuestros males demandan una solución política previa, con la participación leal de las grandes corrientes de opinión: en especial el peronismo y el radicalismo. El entendimiento sobre un programa mínimo es el paso necesario para hacerse cargo de la conducción ejecutiva. Sin mezquindades, sin recelos sobre el pasado donde todos cometimos errores que aun nos dividen. Comprensión y unidad nacional."

Cuando le pregunté acerca de la actitud de las FFAA dijo: "aun el general Alejandro Lanusse comprende la necesidad de sustituir a Onganía."

Dejó entrever que él sería la figura llamada, quedando Lanusse como Comandante en Jefe del Ejército. Agregó que: "luego de arar profundo, la ciudadanía sería consultada en elecciones, sin exclusiones ni veto de ningún tipo, entregando el poder a quien resultare electo."

Pedro Eugenio Aramburu

Dado sus antecedentes, le pregunté expresamente acerca suyo y de su movimiento, contestó: "El general Perón podría regresar al país y participar decisivamente en el gran esfuerzo común."

Al fin de evitar malentendidos lo consulté si podía informarle a usted acerca de lo discutido y declaró "por supuesto" y así lo hago sin asumir representaciones ni mandatos de ninguna clase. Sólo con el patriótico intento de encontrar fórmulas nuevas para superar la continuada crisis en que se debate nuestra Patria. Convinimos en reunirnos nuevamente en los primeros días de 1970. Quedo a la espera de sus reflexiones. Hacia fines de enero lo buscaré en Madrid.

Le deseo a usted a su esposa y demás compañeros Felices Fiestas y un 1970 en nuestra tierra, trabajando duramente por su grandeza.

Hasta aquí la carta. El insinuado acuerdo no pudo ser: el general Aramburu fue asesinado por los incipientes Montoneros. Un disparate olímpico. Sacar del medio al general de la Revolución Libertadora dispuesto a borrar con el codo lo hecho con la mano, no tiene perdón de Dios. Esta conversación con el general Aramburu ponía en evidencia el fracaso del golpe de Estado de 1955. Que Ricardo Rojo, un radical preso y perseguido por el peronismo, fuera el vehículo de una posible salida electoral hablaba a las claras de la frase de Aramburu: todos cometimos errores. ¿Qué otra cosa se necesitaba para cerrar viejas heridas?


El almirante Rojas y el general Aramburu

Años después de ser asesinado el General Aramburu, los Montoneros explicaron el porqué de su decisión criminal: "El último objetivo del Aramburazo se inscribió en la situación que vivía el país en aquel momento. Aramburu conspiraba contra Onganía. Pero el proyecto de Aramburu era políticamente más peligroso. Aramburu se proponía lo que luego se llamó el Gran Acuerdo Nacional, la integración del peronismo al sistema liberal. Aramburu había superado hacía mucho la torpeza del 55 en materia política." (Revista La Causa Peronista, 1974)

Más claro imposible.


Alejandro Lanusse (al centro, en segundo plano) e Isaac Rojas (con lentes negros) en el sepelio de Aramburu

viernes, 29 de septiembre de 2017

Peronismo: Montoneros asesina a Rucci

El día en que Montoneros mató a José Ignacio Rucci, el sindicalista de Perón

Hace 44 años, el secretario general de la CGT era asesinado en lo que se conoció como la "Operación Traviata"

Por Ceferino Reato | Infobae

Cuarenta y cuatro años después del asesinato de José Ignacio Rucci, secretario general de la CGT y alfil del general Juan Domingo Perón, Infobae reproduce parte del Capítlo 1 de Operación Traviata, del periodista Ceferino Reato, cuyo último libro es Salvo que me muera antes.



"Lino" apunta su bigote renegrido hacia el fusil FAL; el caño penetra el agujero en forma de 7 que acaba de hacer en la tela roja con las letras "Se Vende" que cubre una de las ventanas del primer piso de una casa vecina a la de José Ignacio Rucci. "¡Perfecto! Desde aquí seguro que le doy en el cuello a ese burócrata traidor," exclama satisfecho con su tonada cordobesa. Es el jefe del grupo montonero que está por matar a Rucci, secretario general de la Confederación General del Trabajo y pieza clave en el pacto entre los empresarios y los sindicalistas auspiciado por Juan Perón para contener la inflación, impulsar la industria nacional y volver a un reparto "peronista" de la riqueza: la mitad para el capital y la otra mitad para el trabajo. Un esquema con una mayor participación del Estado, con obstáculos y topes para el libre juego de las fuerzas del mercado, pero dentro del capitalismo.

Es el martes 25 de septiembre de 1973 y faltan quince minutos para el mediodía. Dos días antes Perón fue elegido presidente por tercera vez con un aluvión de votos, casi 7,4 millones, el 61,85 por ciento. Los peronistas siguen festejando el regreso triunfal del General luego de casi 18 años de exilio; los que no lo son confían en que el anciano líder, que ahora se define como "un león herbívoro" y "una prenda de paz", tenga la receta para terminar con la violencia desatada durante la dictadura, que también fue fogoneada por él. Pero, Lino ya no tiene muchas esperanzas en Perón: las fue perdiendo con la matanza de Ezeiza y con la caída del "Tío" Héctor Cámpora. Perón se les está yendo a la derecha y ellos han decidido apretarlo, "tirarle un fiambre", el de su querido Rucci, para que los vuelva a tener en cuenta en el reparto del poder, tanto en el gobierno como en el Movimiento Nacional Justicialista.



Por eso, Lino no está para festejos. Más bien, luce genuinamente interesado por alguien que no conoce. "¿Cómo está la dueña de casa?", pregunta en alusión a Magdalena Villa viuda de Colgre, quien sigue atada de pies y manos en el dormitorio con un previsor cartelito en la falda que dice: "No tiren en el interior. Dueña de casa", escrito con un lápiz de labios número 3 Richard  Hudnut, color rosado. "Bien, no te hagas problemas que ´El Flaco` la cuida", le contesta "El Monra". Más allá de eso, Lino está sereno; él tiene nervios de acero y por algo es, seguramente, el mejor cuadro militar de Montoneros. Fue adiestrado en Cuba y hasta sus enemigos lo elogian. Hace más de un año, el 14 de abril de 1972, cuando acribilló al general Juan Carlos Sánchez, que era amo y señor de Rosario y sus alrededores y tenía fama de represor duro, el último presidente de la dictadura, el general Alejandro Lanusse, opinó en el velatorio: "Debe haber sido un comando argelino: en nuestro país no hay nadie capaz de tirar así desde un auto en movimiento". Sólo que Lino es un revolucionario al estilo de su admirado Che Guevara, capaz de sentir un amor muy intenso por los pueblos y por sus anónimos semejantes sin que eso le impida cumplir otro requisito del Che: llenarse de "odio intransigente" por el enemigo y convertirse en "una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar". Una complicada dialéctica de amor-odio, de ternura y dureza, el fundamento de la ética del Che que distingue al verdadero revolucionario, por la cual Lino tuvo que abandonar hasta a sus dos hijos tan queridos. Todo, por la revolución socialista, la liberación nacional, el comunismo y el hombre nuevo tan soñados.



Al acecho, Lino y sus hombres esperan que Rucci salga en dirección al Torino colorado de la CGT, chapa provisoria E75.885 pegada en el parabrisas y en el vidrio trasero, que acaba de estacionar frente a la casa chorizo de la avenida Avellaneda 2953, entre Nazca y Argerich, en el barrio de Flores. Los Rucci viven desde hace poco más de cuatro meses en el último departamento, al fondo de un largo pasillo de mosaicos color sangre que el chofer del sindicalista, Abraham "Tito" Muñoz, recorre con paso ligero para avisar que ya llegó y que también están listos los "muchachos", el pelotón de guardaespaldas reclutados entre los metalúrgicos que ahora esperan charlando en la vereda sobre fútbol, boxeo y mujeres. Rucci lo recibe en camiseta, tomando unos mates que le ceba su esposa, Coca. Ya ordenó al albañil que le está haciendo unos arreglos en el patio que se apure porque "el domingo cumple años mi pibe y quiero hacerle un asadito", y está conversando con su jefe de prensa, Osvaldo Agosto, repasando el mensaje que piensa grabar dentro de una hora en el Canal 13 para el programa de Sergio Villarroel, un famoso periodista que saltó a la pantalla grande por su cobertura del Cordobazo, la revuelta popular de mayo de 1969 contra la dictadura.

—Así está bien, tiene que ser un mensaje de conciliación, como para iniciar una nueva etapa. Tenemos que ayudar al General: dieciocho años peleando para que él vuelva y ahora estos pelotudos de los montos y de  los "bichos colorados" del ERP quieren seguir en la joda, dice Rucci, conocido como José o "El Petiso", con su tono exaltado de siempre.

Agosto, que fue uno de los jóvenes que en 1963 robó el sable corvo de San Martín del Museo Histórico Nacional como un golpe de efecto para reclamar contra la proscripción de Perón, escucha con atención, intuye que están por suceder cosas importantes en la cúpula del sindicalismo peronista y saca un tema que no lo había dejado dormir tranquilo.



—Ayer recibimos otra amenaza en la CGT. Un dibujo de un ataúd con vos adentro. Y anoche, cuando salíamos con Pozo (Ricardo, principal asesor político de Rucci, NDR), nos dispararon desde un auto, le contó Agosto por lo bajo, aprovechando que la esposa, Coca, se había alejado en busca de otra pava para seguir el mate.

—Yo sé que me la quieren dar esos hijos de puta, pero no me voy achicar. Por algo cantan "Rucci traidor, a vos te va a pasar lo mismo que a Vandor". Igual, tenemos que arreglar con esos pelotudos de los Montoneros. Estos chicos están confundidos: ¡querer sustituir a Perón!, ¡pelearle la conducción al General!… Sobre las amenazas, vos sos testigo que las tomo en serio y que me cuido mucho. Más no puedo hacer.

—¿Por qué no haces que te custodie la policía? Tus muchachos de la custodia son buenos para repartir piñas en los actos pero no son profesionales.

—¿Para qué? ¿Para que me mate la policía por la espalda? Ya voy a cambiarlos, cuando Perón asuma la presidencia… Hablando de eso, Tito: ¿por qué no vas al fondo a decirle a los muchachos que vengan, que se nos hace tarde?



Rucci se refería a los tres "culatas" que esa noche habían quedado de custodia en la casa: Ramón "Negro" Rocha, un ex boxeador santafesino que había peleado tres veces con el mismísimo Carlos Monzón; Jorge Sampedro, más conocido como Jorge Corea o Negro Corea, otro ex boxeador pero de Villa Lugano, y Carlos "Nito" Carrere, a quien había traído de San Nicolás. Tres muchachos de confianza, del gremio, pero que ese día estaban bastante averiados: no habían dormido bien, habían tomado bastante e incluso uno de ellos había vuelto muy tarde del cabaret, a las 7 de la mañana. Coca lo había visto cuando entró casi a los tumbos. Ella estaba por llevar a los chicos, a Aníbal y a Claudia, a la escuela cuando vio que se movía el picaporte de la puerta de entrada. Pensó que venían a matarlos y abrazó a sus hijos, pero enseguida se dio cuenta que era uno de los escoltas de su marido.

Mientras Tito Muñoz vuelve al living a la cabeza de una fila adormilada, Agosto menea la cabeza y echa un vistazo a su reloj: "Uy, son casi las 12, tendríamos que ir saliendo…"



Rucci se pone una camisa bordó y un saco marrón a cuadros, y ordena a Muñoz, su chofer: "Tito, avisale a los muchachos que están en la puerta que se suban a los autos, que se preparen que ya salimos. Pero, que no hagan mucho lío con las armas, que no las muestren mucho. ¡A ver si se cuidan un poco!".

Otro llamado telefónico lo interrumpe. Esta vez es Elsa, una amiga de Coca, que la enreda en una charla interminable sobre un juego de copas regalo de casamiento que para su desgracia acaba de rompérsele. Coqueto como siempre, Rucci se retoca el jopo y el bigote frente a un espejo, y le hace señas a su mujer.

—Dale Coca, apurate que me tengo que ir.

—No le puedo cortar, José, la pobre me quiere hablar, le contesta su mujer, tapando el tubo.

—Bueno, me voy, le dice Rucci tirándole un beso.

—Elsa, esperame que se está yendo José… Chau José, chau, le contesta, y sigue la charla con su amiga Elsa.



Cuando abre la puerta de la casa chorizo, sus trece guardaespaldas ya están en sus puestos, sentados en los cuatro autos estacionados sobre Avellaneda: tres lo esperan en el Torino colorado sin blindar; cuatro en un Torino gris ubicado a unos 50 metros, casi llegando a Argerich; los otros seis, en los dos coches del medio, un Dodge blanco y un Ford Falcon gris, que es el que saldrá primero, encabezando la caravana, y al que Agosto recién se está subiendo.

Las últimas palabras que se le escuchan a Rucci son un trivial "Negro, pasate adelante y dejame tu lugar así te ocupas de la motorola", una orden suave dirigida a Rocha, que en el apuro se había ubicado atrás, junto a Corea. Rocha sale del asiento trasero y está por abrir la puerta delantera cuando lo sorprenden el estruendo de un disparo de Itaka que abre un agujero en el parabrisas y una ráfaga de ametralladora.

En el primer piso de la casa de al lado a Lino no se le mueve un pelo; apunta con cuidado, espera el segundo preciso e inmediatamente después de la ráfaga de ametralladora, aprieta el gatillo del FAL. Son las 12,10 y la bala penetra limpita en la cara lateral izquierda del cuello de Rucci, de un metro setenta de altura, que a los 49 años estira su mano pero no llega nunca a tocar la manija de la puerta trasera del Torino colorado. De izquierda a derecha entra el plomo, que parte la yugular y levanta en el aire los 69 kilos del "único sindicalista que me es leal, creo", como dijo Perón la primera vez que lo vio, en Madrid. Los pies dibujan un extraño garabato en el aire y cuando vuelven a tocar la vereda el secretario general de la CGT ya está muerto. Un tiro fatal, definitivo, disimulado entre los 25 agujeritos que afean su cuerpo, abiertos por el FAL de Lino pero también por la Itaka y la pistola 9 milímetros que usan "El Monra" y Pablo Cristiano. De nada sirve que el fiel Corea eluda las balas y le levante la cabeza gimiendo "José, José". Rucci está tirado en el piso, la cabeza casi rozando esa puerta trasera que no abrió, los zapatos italianos en dirección a la pared. Ya no puede oír los disparos furiosos de sus confundidos custodias, que, luego de la sorpresa, apuntan contra fantasmas ubicados en la vereda de enfrente, en las vidrieras del negocio de venta de autos usados Tebele Hermanos, que se hacen añicos, y en el colegio Maimónides, una escuela primaria y secundaria a la que asisten unos 400 chicos judíos y en cuya terraza algunos de sus culatas han creído divisar las siluetas de los atacantes. No consigue ver al joven sobrino y ahijado de Coca, Ricardo Cano, que cruza la calle como un loco, disparando con un fusil contra el colegio, pero que no logra abrir el portón que el portero ha cerrado para proteger a los alumnos, ni siquiera con la ayuda de otros dos de sus muchachos. Tampoco puede socorrer al Negro Rocha, a quien un disparo le ha abierto la cabeza, ni a Tito Muñoz, su chofer, que se arrastra con su arma hasta un garaje vecino y no alcanza a llegar al lavadero que se desmaya, todo ensangrentado por los cuatro balazos que le han agujereado la espalda, uno de los cuales le rozó el corazón. Ya es tarde para José Ignacio Rucci. Tantos "culatas" no le han servido ni siquiera para adivinar el lugar de dónde partieron los disparos asesinos.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Revolución Libertadora: Huye por tirante el tirano

Cómo fue el golpe de Estado que derrocó a Perón en 1955

Sesenta y dos años atrás, en un 16 de septiembre, un alzamiento militar pondría fin a la segunda presidencia del líder justicialista. Los origines del derrocamiento y por qué Perón no opuso resistencia

Por Claudio Chaves | Infobae



En septiembre de 1955 el general Juan Domingo Perón ya no era el mismo. Su amigable sonrisa contagiosa era ahora un gesto agrio, enmarcado en un rostro sombrío. Asomaba silenciosa su ojeriza como también su desapego por las cosas. Raro, pues su personalidad extrovertida e inquieta no condecía con ese presente. Era, si se quiere, el semblante de los nuevos y malos tiempos. No obstante haber ganado por escándalo los comicios a vicepresidente, diputados y senadores con el 62% de los votos el año anterior, 1955 se anunciaba negro y tormentoso. El conflicto con la Iglesia, inexplicable en un gobierno amigable con el clero y su doctrina social, se sumaba al desconcierto sembrado en su propia tropa a partir de haber cesado la época de las vacas gordas y verse obligado a encarar otra política económica.

El segundo plan quinquenal explicitó el ajuste. Austeridad, productividad e inversiones y en este último caso, para colmo de males (¿'¡?), extranjeras. El peronismo cambiaba de idioma y había que aprenderlo urgentemente. Mejor dicho, Perón hablaba en argot y solo unos pocos comprendían. Los cambios fueron olímpicos. Recomponer relaciones con los Estados Unidos, como nos los cuenta, en sus memorias, Hipólito Paz, cuando fue nombrado embajador en dicho país: "Seguiremos la misma línea de cuando era ministro me dijo Perón: usted será el simpático, el amigo de los EE.UU. y yo reservaré para mí el papel de duro al que usted deberá convencer." Antonio Cafiero en sus recuerdo manifiesta la confusión en la cual estaba sumergido un sector del peronismo: "Su personalidad (la de Perón) no alcanzo a descifrarla. Por caso el acercamiento a los EE.UU. y la evolución a una economía de equilibrio. Los planteos económicos parecen decir de un cambio hacia el individualismo, los grandes negocios, las fantasías industrializadoras, el petróleo, la StándardOil y Bunge Born. El cambio que se percibía es hacia formas liberales. Hay sobre todo una gran desorientación acerca del objetivo que persigue el Presidente. Muchos piensan que este es el principio del fin"

No había dudas, Perón viraba hacia posiciones cercanas a un capitalismo moderno, sin ataduras, dejando atrás el intervencionismo de Estado. Muchos han fundamentado este giro en el pragmatismo del personaje. Puede ser. Aunque probablemente ese pragmatismo estaba fundado en las raíces liberales del General, cuando años atrás siendo Mayor acompañó el proyecto del general Agustín P. Justo. Al respecto de este cambio del que Cafiero se quejaba decía Alfredo Gómez Morales: "A partir de 1949 Perón era decididamente antiestatista, sin prescindir de la obligación del estado de dirigir los aspectos sustanciales del proceso económico. Solía comentar que un tornillo producido por Fabricaciones Militares salía a precio de oro. Tanto es así que muchos convencionales constituyentes de aquella época pueden recordar que el artículo 40 de la Constitución del 49 se aprobó contra los deseos del Presidente. Perón pensaba, ya entonces, que la intervención del Estado en la economía era excesiva y que había que pensar en privatizar todo lo posible y mantener en la órbita del Estado nada más que lo que resultara imprescindible desde el punto de vista político institucional".



El peronismo estaba devastado. Construido en la cultura del 43', esto es en el marco de un duro capitalismo de Estado y de un nacionalismo de fines, ahora diez años después resultaba que aquellos argumentos, no servían. ¿Qué hacer? ¿Hacia dónde dirigirse? ¿Perón estaba en sus cabales? A este malestar interior se sumaba la estrecha pero hiperactiva indisposición de "la contra", como se decía entonces. Algunas quejas eran parecidas, feroz crítica a la política liberalizante y de acuerdos con los EE.UU. y la Stándar Oil, lo que venía a resultar que el nacionalismo había ganado al conjunto de los partidos políticos o era solo una buena excusa, y las otras, se orientaban a descalificar como autoritario y dictatorial a su gobierno. Lo que no estaba tan alejado de la realidad.

Grandilocuente y bocón, el General cometía errores gruesos al hablar y otras, al dejar hacer. Provocaba, hería inútilmente sin prever que sus palabras podían caer en manos de desquiciados de un lado u otro del conflicto instalado. Félix Luna, que jamás tuvo un desvío pro-peronista, decía de Perón que no obstante sus bravuconadas no era un hombre violento.¡Qué lejos se hallaba el Presidente de aquella conducta de otro general, Julio Argentino Roca, que en carta a su concuñado le aconsejaba: "En política no se debe herir inútilmente a nadie, ni lanzar palabras irreparables, porque uno no sabe si el enemigo con quien hoy se combate será un amigo mañana".

Lo que aún quedaba en pie de la revolución peronista, herencia de todos los argentinos, eran sin dudas las leyes sociales y la incorporación del trabajador a la vida política. ¿Estaba en esta jurisprudencia las razones del abismo que se abría entre los argentinos? Puede ser. También en la insistencia de que para un peronista no había nada mejor que otro peronista. Pero fundamentalmente se hallaba en la incapacidad de la oposición de ganar votos, de ser creíbles al pueblo.

En un clima de crispación generalizada, que aumentaba día a día, se produjeron los bombardeos a la Casa de Gobierno el jueves 16 de junio de 1955. La Aviación Naval y la Infantería de Marina, más un sector de la Fuerza Aérea y Comandos Civiles, repartidos en los alrededores de la Plaza Mayo con el claro objetivo de asesinar al Presidente y volcar la situación política hacia el anti-peronismo sin votos, se prepararon para el golpe. Falló. No lograron matar a Perón, aunque sí a cuatrocientos argentinos. Este acto de locura explícito transparentó el odio que se acumulaba en un minoritario pero poderoso sector de la sociedad argentina. Esa noche se quemaron iglesias. Al parecer, grupos enrolados en la Alianza Restauradora Nacionalista de Patricio Kelly, sumados a un matonaje de marginales tan violentos como los aviadores sublevados, organizaron la hoguera que arrasó con santos, vírgenes y un formidable reservorio histórico colonial, acelerando los pasos hacia un final previsible. De nada sirvió el envío de un proyecto de ley al Congreso para reparar las Iglesias. Ya todo estaba jugado.

Cuando todo indicaba que Perón había entendido el mensaje para pacificar al país con una serie de permisos políticos cedidos y cambio de gabinete, el 31 de agosto en una concentración vespertina dio un vuelco inexplicable. Horas antes de la concentración había dicho a un grupo pequeño de militantes que lo rodeaba: "Yo ya estoy demás. Soy como aquel aficionado de relojero que sirve para desarmar un reloj, pero ya no se armarlo. Tanto he estado maniobrando con las piezas que, ahora, la única forma de que el reloj siga andando, es que yo lo deje" Y en un discurso de una violencia inusitada e irreflexiva, puso final a su gobierno. Luego de lo dicho no podía gobernar más. Esa noche manifestó que sus enemigos, al no querer la pacificación, buscaban la violencia: "A esa la violencia le hemos de contestar con una violencia mayor. Con nuestra tolerancia exagerada nos hemos ganado el derecho de reprimirlos violentamente. Aquel que en cualquier lugar intente alterar el orden en contra de las autoridades constituidas o en contra de la ley o de la Constitución, puede ser muerto por cualquier argentino". Luego vino el fatídico 5 por 1. El final era cuestión de días.

El 16 de setiembre en Córdoba comenzaba el alzamiento. El general Eduardo Lonardi, bajo la angelical receta de proceder con la máxima brutalidad, se erguía al frente de una sublevación -minoritaria, en el Ejército, pero absoluta en la Marina. El día indicado era un viernes. Lluvioso y ventoso. Una fuerte sudestada se abatía sobre el litoral bonaerense haciendo crecer el nivel de las aguas del Plata. La situación política era de total indefinición puesto que Perón al tanto de los acontecimientos no procedía con la celeridad del caso. Sencillamente no procedía. Le negó a la CGT la posibilidad de armarse en defensa del gobierno. Luminosamente, no aceptó la idea. Parecía recobrar el raciocinio. El 17 y 18, sábado y domingo, todo indicaba que la situación se movía en dirección del gobierno, aunque Perón no era claro y decisivo en sus órdenes.



De pronto se entera del comunicado que el Almirante Rojas le ha hecho llegar a la base de submarinos de Mar del Plata. Bombardearemos los tanques de petróleo y combustible del puerto. En consecuencia le solicitó, al Jefe de la Base que alejara de la costa a la población de entre Playa Grande y la Bristol, más allá de cinco cuadras. Dispuesto a romper todo. Rompió todo. El Jefe de la Base Naval no estuvo de acuerdo con la salvajada y luego supimos que marinos en los buques rechazaron semejante decisión. Igual se realizó. El viento del sudeste al levantar el Río permitió que las naves sublevadas pudieran operar tranquilamente fuera de los canales y aproximarse a las costas de Buenos Aires. Sus cañones tenían una efectividad de 20 kilómetros. Rojas amenazó con cañonear La Plata, Dock Sud y Buenos Aires.

Después de lo realizado en Mar del Plata, había que creerle. La ciudad sería barrida hasta los cimientos alcanzando los límites de la avenida general Paz. Algo que no se atrevió siquiera el teniente general Whitelocke en la segunda invasión inglesa. Frente a esa bestialidad vino una burrada de igual tenor, el Ministro del Interior, Oscar Albrieu, le sugiere a Perón que para alcanzar el acuerdo con los sublevados traslade a las refinerías de La Plata y Dock Sud a los familiares de los marinos a ver si con sus madres, esposas e hijos se animan a bombardear. No había nada más que hacer.

El general Perón abandonó la lucha. Bajó los brazos. Se fue.
En mi modesta opinión se negó a una guerra civil pues al decir de Félix Luna, Perón, no era un hombre violento. Sin embargo, hasta el día de hoy continúa hablándose de su cobardía, de que se negó a profundizar la revolución, que su programa estaba agotado. Anos se especuló sobre los motivos de su retirada. No se lo escuchó a él o se ignoró su explicación. Lo dijo claramente. Entre la sangre y el tiempo elijo el tiempo.

jueves, 27 de julio de 2017

Depósito de causas históricas en Bahía Blanca

Un misterioso túnel del tiempo frente a la Plaza Rivadavia

La Nueva

 Un misterioso túnel del tiempo frente a la Plaza Rivadavia. 

Fotos: Pablo Presti-La Nueva.


Juan Pablo Gorbal / jgorbal@lanueva.com

    Buen día, una consulta, ¿ustedes tienen la causa contra Butch Cassidy?

   - No, acá no está, es de la provincia de Chubut.

   Los expedientes que la justicia argentina le abrió al bandido norteamericano más famoso de principios del siglo XX, cuando vivió a orilla del río Blanco, en la cordillerana localidad de Cholila, no quedaron archivados en nuestra ciudad. Ello, pese a que algunos historiadores creen lo contrario.

   “Es la única causa que nos falta”, dice, con cierta ironía, la doctora Norma Raquel Copércido, responsable local del Programa de Relevamiento, Organización y Destrucción de Expedientes (PRODE), que depende de la Suprema Corte de Justicia bonaerense.

   Como apéndice del archivo judicial, el programa tiene un tesoro incalculable. En Sarmiento 36, detrás de una puerta de aluminio blanca que pasa inadvertida para las cientos de personas que caminan a diario frente a la Plaza Rivadavia, se acumula un patrimonio histórico, político y social. Que no solo es bahiense y regional, sino también nacional.



   Después de una oficina, como cualquier otra, emerge un imponente e impecable depósito de 25 metros de largo por 15 de ancho, con estanterías repletas de legajos que invitan a detener el reloj y rebobinarlo hasta el siglo pasado.

   La luz es tenue; el silencio, casi indestructible. Y la temperatura ambiental más fría que templada. Todo se conjuga para retroceder calendarios.

   El PRODE es un espacio que selecciona, preserva y “elimina” los sumarios ya extinguidos -tienen sentencia definitiva o están archivados-, con el fin de mitigar la emergencia edilicia. Pero también es un túnel del tiempo donde se resguardan expedientes que serían una real tentación para cualquier cátedra de Politología, Psicología o Sociología.

   La causa judicial del crimen que inspiró “¿Quién mató a Rosendo?”, uno de los libros más famosos del escritor y periodista Rodolfo Walsh -hecho clave para la política nacional y, en particular, la sindical de los años '60-, descansa en las instalaciones del PRODE Bahía Blanca, pese a que el delito sucedió en Avellaneda.



   “Este programa pasa desapercibido, y no lo digo de manera peyorativa, sino porque casi no tenemos atención al público. Nuestro trabajo es muy interesante y cuidado, a partir del análisis de expedientes importantes desde el punto de vista sociológico. Acá se puede ver, absolutamente, la evolución del delito y cómo cambió la mirada de la justicia”, reconoce Copércido, quien realiza la función junto con los empleados Jessica Cristiano y Juan Manuel Vallejos.

   Una denuncia de 1947, contra la “suba indiscriminada en el precio de los zapatos” es un claro ejemplo de cómo cambiaron las épocas.

   “También podemos ver que entre los '40 y los '50 había muchas causas por prostitución y, a la par, por abortos, de lo cual se infiere una vinculación. En esa fecha, además, se observaba mucho juego clandestino. En décadas posteriores, otros expedientes que llamaban la atención son los que presentaban 'detenidos por vagancia'”, sostiene Copércido.


¿Por qué terminó en Bahía Blanca la causa Rosendo?

La noche del viernes 13 de mayo de 1966, en la confitería La Real de Avellaneda, se produjo un enfrentamiento armado que fue bisagra para la historia sindical de nuestro país, que se disputaba la conducción de la CGT, en medio del debilitamiento del gobierno radical de Arturo Illia.

   Rosendo García, Domingo Blajaquis y Juan Salazar murieron a los tiros. La conmoción del hecho motivó el reconocido libro de Walsh, en alusión a García, que era el más influyente de los tres abatidos.

   La causa judicial se instruyó y cerró en Bahía Blanca y hoy continúa en la ciudad. ¿Por qué? Es que el juez capitalino Néstor Cáceres le tomó declaración indagatoria a uno de los sospechosos, Norberto Imbelloni, y el acusado reconoció que tenía un sumario anterior abierto, por estafa, en este medio. Cáceres se declaró incompetente y le mandó las actuaciones a su par de Bahía, Juan José Llobet Fortuny.

   Justamente Llobet Fortuny no pudo llegar a acreditar la autoría de ninguno de los varios acusados y los sobreseyó.



La causa que inspiró el libro ¿Quién mató a Rosendo?, de Walsh, reposa en Bahía. El revólver y el plano de la confitería donde sucedió un hecho histórico.


   Walsh, en su libro, presentó a Augusto Timoteo Vandor como responsable del homicidio y evaluó que la justicia, la policía y algunos medios procuraron encubrir los acontecimientos.

   La doctora Copércido leyó el libro y la causa judicial y tiene la convicción de que el juez agotó todas las instancias para tratar de llegar a la verdad.

   En el expediente, que tiene 4 cuerpos y lleva el número 43.216, se observan fotos del interior de La Real, de los lugares donde impactaron los proyectiles, del revólver Colt calibre 38 utilizado y de maniquíes vestidos con las ropas de las víctimas, que permiten observar los orificios y la proyección de los disparos.

   También existe un plano con la ubicación de cada uno de los protagonistas, declaraciones testimoniales de rigor y hasta un comunicado del PJ de Avellaneda que advertía sobre el enfrentamiento.

   “Se puede decir que es el expediente más significativo, por la importancia cultural, literaria, política e histórica que tiene”, advierte la abogada.

La “quema de las iglesias” en el 55, también



   El 16 de junio de 1955, luego de que aviones de la Marina y la Aeronáutica bombardearan la Plaza de Mayo, y provocaran una masacre con la intención de derrocar al presidente Juan Domingo Perón, se produjeron ataques masivos a distintos templos religiosos. Sucedió ante la sospecha de que la Iglesia había instigado el Golpe de Estado.

   Esos incidentes también se trasladaron a Bahía y motivaron la formación de una causa judicial, de 6 cuerpos, que hoy también reposa en el PRODE, como documento histórico.

   Los manifestantes, según se consigna, habrían partido desde el edificio cegetista de Mitre y Rodríguez, para dirigirse a la Catedral. De ese lugar habrían retirado bienes para provocar destrucción e incendio. Y consta que uno de los reaccionarios le cortó la manguera a los bomberos para evitar que apagaran el incendio. Hay fotos del lamentable desenlace.

   Luego la horda siguió hasta La Inmaculada, donde se enfrentó con el cura párroco.



La causa de la “quema de las iglesias”, que se originó después del bombardeo a Plaza de Mayo de 1955, tuvo su apéndice en la ciudad. Una imagen contundente de las roturas en la Catedral.


   Los manifestantes, inorgánicos, fueron asociados al peronismo, aunque en la causa local existe un recorte del diario El Atlántico, publicado ese día, con declaraciones previas del entonces presidente, que llamaban a la cautela.

   “Nosotros, como pueblo civilizado, no podemos tomar medidas que sean aconsejadas por la pasión sino por la reflexión. Les pido que estén tranquilos, que cada uno vaya a su casa. La lucha tiene que ser entre soldados, yo no quiero que muera un solo hombre más del pueblo, les pido a los compañeros que repriman su propia ira, que se muerdan como me muerdo yo en estos momentos, que no cometan ningún desmán”, figura como declaración textual de Perón.

Un crimen que conmocionó a Bahía en 1976

Motivado por la venganza, Jorge Kraiselburd asesinó a su expareja, Alicia Lía Solana, y a su exsuegra, Sila Peralta Bergna. Fue en abril de 1976, en una casa de la primera cuadra de Yrigoyen, a metros de la Plaza Rivadavia. Alicia había decidido cortar la relación con Jorge y él la había amenazado. Lo delató, al parecer, la caligrafía, porque en las paredes interiores de la casa dejó pintadas con un rotulador.

   La causa, número 51.677, es muy voluminosa: tiene 18 cuerpos y también se archivó, como un caso referente de lo que hoy es la violencia de género, entonces encuadrado como un hecho pasional.

   “Fue trascendente, por la notoriedad del homicida y porque las personas fallecidas también eran muy conocidas en la sociedad. Se trata de una causa trabajada, porque este hombre vivía en los Estados Unidos, tenía un antecedente allá, y habría ingresado de manera clandestina en el país, presuntamente para cometer el delito”, explica Copércido.

   Las notas que dejó escritas en las paredes del escenario del hecho buscaban desviar la atención hacia un crimen dirigido a su exsuegro, a partir de un presunto conflicto gremial. Pero no lo logró.


La causa Kraiselburd sacudió a la ciudad hace 41 años. Las inscripciones que dejó el homicida fueron la clave.


   Los peritos caligráficos cotejaron esa letra y las de sus cartas a mano y no hubo dudas. La justicia le impuso 22 años de prisión.

   Las fotos con los mensajes y los manuscritos comparados figuran en el expediente, así como una abundante prueba documental, testimonial y pericial.

   Salvador Roberto Hospital es otro nombre que inscribió la historia delictiva bahiense. El 14 de agosto de 1981 la justicia le impuso 14 años de prisión por encabezar una asociación ilícita destinada al robo de automotores, una organización con perfil atípico para esos tiempos.

   En la recorrida por Sarmiento 36, La Nueva. también se topó -aunque sin posibilidad de acceso- con la causa (de 7 cuerpos y fuerte repercusión nacional e internacional), contra la maestra puntaltense Patricia Chávez, acusada de mantener relaciones con un alumno de 12 años, en 1997, y finalmente absuelta por no probarse delito, más allá de la existencia del hecho.

   El PRODE es interminable. Su halo de misterio lo hace fascinante. Es un túnel del tiempo que no solo refleja la historia del crimen sino de qué manera fue evolucionando la sociedad. Nada menos.


La doctora Norma Copércido y Jéssica Cristiano, una de sus auxiliares, delante de un archivo de valor incalculable.

En 2011

El PRODE se creó por la emergencia edilicia

   El Programa de Relevamiento, Organización y Destrucción de Expedientes (PRODE) fue creado por la Suprema Corte de Justicia Bonaerense en mayo de 2011, con la idea de fortalecer las medidas para destruir expedientes en los archivos departamentales.

   La intención final era contrarrestar la emergencia edilicia en todo el Poder Judicial y racionalizar espacios, debido al impacto que sufren no solo los Archivos departamentales sino cada uno de los órganos judiciales que debían postergar la remisión de material.

   La función del PRODE es relevar, clasificar, seleccionar y destruir expedientes archivados.

   En el caso de la destrucción, se deben respetar distintos tiempos desde que queda firme la resolución: 5 años en las causas contravencionales; 10, en las correccionales y 15 en las penales.

   Las causas instruidas entre 1972 y 1983, relacionadas con delitos de lesa humanidad, se conservan sin distinción.

   "Desde que yo estoy, en 2013, hemos realizado 5 destrucciones y estamos al día con los objetivos fijados por la Suprema Corte. En septiembre realizaremos la sexta destrucción", afirma Nora Copércido.

   Si algún historiador está interesado en consultar contenidos del PRODE tendrá que presentarse en la sede de la entidad y completar un procedimiento establecido por la Corte.



Fin benéfico

   El papel a desechar del PRODE no se destruye en el lugar, sino que, una vez por año, lo retira una empresa papelera, que se lo paga al Centro de Rehabilitación Luis Braille.

   Es decir que la eliminación de las causas tiene un fin benéfico para la entidad dedicada a los discapacitados visuales, con asiento en Thompson 44.

   El aporte es valioso, teniendo en cuenta las dificultades que tiene el Braille para mantener su estructura, porque se sostiene, básicamente, a través de la venta de papel y cartón en desuso.

   En 2015, el PRODE aportó unos 3.000 kilos de papel, aunque el año pasado triplicó la cesión (llegó a 9 toneladas), al eliminar 1.265 legajos, con 29.074 expedientes.

   Este año, seguramente, será un cargamento similar, ya que también se prevé la "destrucción" de poco más de 1.000 legajos.

   “Es un sostén importante para el Braille”, reconoce la abogada.

martes, 11 de julio de 2017

Fascismo: Evita, la resentida trepadora, se queja que Franco era gordito

Por qué Evita despreció a Franco y otros secretos de su visita a España
Hace 70 años, un 8 de junio de 1947, llegaba la entonces primera dama argentina a Madrid como primer destino de su ambiciosa gira europea, donde fue agasajada por el sanguinario dictador, con quien sin embargo tuvo una relación distante
Infobae




La gente había empezado a llegar al aeropuerto de Barajas después del mediodía, y a media tarde ya había trescientas mil personas semi-desmayadas y agobiadas por el calor, atendidas por puestos móviles de la asistencia pública.

Los edificios estaban engalanados con banderas argentinas y españolas; alfombras y tapices colgaban de las ventanas, y decenas de miles de flores hacían irrespirable el ambiente. De una fila interminable de ómnibus descendían las muchachas de la Sección Femenina de la Falange, vestidas con trajes típicos regionales, a tomar posición para las danzas que bailarían en las terrazas.

Madrid, como contrapartida, estaba desierta. Desde el día anterior los diarios españoles habían publicado proclamas invitando a ir a Barajas, y anticipando para el lunes una suerte de asueto general. […] Eva le contaría meses después a su peluquero Julio Alcaraz:

–Cuando Franco se me vino a los pies, yo pensé que era idéntico a Caturla, el que vendía pollos en Junín. Era petiso, barrigón, con pinta de almacenero, y llevaba una banda que se le apoyaba en la panza. Hasta la mujer y la hija se parecían a la mujer y la hija de Caturla ¡Y con todo lo que Perón me había hablado de él…!

[…] Franco, en uniforme de gala, besó con torpeza de soldado la mano de la visitante. Su esposa, Carmen Polo, lucía un aparatoso sombrero adornado de plumas que acababa de afearla, y Carmencita, la hija, miraba con curiosidad a aquella mujer rubia de la que pronto oiría decir que era el mismísimo demonio.

Eva, que no era alta, miraba a ese hombre desde arriba y no lograba entender la admiración que Perón sentía por él. Franco era el general más joven de España (tenía 54 años); ocho años antes había sido el vencedor en la guerra civil, y el primero en combinar tácticamente la infantería con la caballería blindada en las batallas del Ebro y de Guadalajara.

La multitud, contenida a duras penas por la Guardia Civil, coreaba desafinada: "¡Franco, Perón/ un solo corazón!".

Eva, sensible y perspicaz, comprendió la situación sin necesidad de explicaciones, y al principio no dijo nada. Tiempo después, de regreso en Buenos Aires, contaría:

-A la mujer de Franco no le gustaban los obreros, y cada vez que podía los tildaba de "rojos" porque habían participado en la guerra civil. Yo me aguanté un par de veces hasta que no pude más, y le dije que su marido no era un gobernante por los votos del pueblo sino por imposición de una victoria. A la gorda no le gustó nada.

El de aquella tarde fue el primer round de una pelea que iba a prolongarse durante toda la estada de Eva en España.

Los beneficios de una visita millonaria


Con un pie en el avión que la sacaría de España, para Eva y Franco era hora de balances.

Desde el punto de vista de Eva (o, más propiamente, de Perón), la visita a tierra española había sido un comienzo promisorio para la gira. La apuesta del peronismo a un reconocimiento internacional que lo sacara de la cuarentena había empezado bien, y terminaría mejor en la medida en que a España la siguieran otros países mejor vistos políticamente.

La Argentina se alineaba en un bloque inequívocamente anticomunista y cristiano, y Perón sentaba las bases externas de lo que llamaba la "tercera posición". España, en definitiva, había sido un buen comienzo, y Eva -que había logrado una adhesión mayor que la que tenía entonces en su propio país, que había lucido joyas y vestidos de película, que había recibido honores y condecoraciones con las que jamás había soñado, y que se había sentido tratada como una reina- ignoraba que de allí en adelante ya nada sería igual.

Desde el punto de vista español, la visita había significado un agradecimiento tardío a lo que el peronismo ya había hecho por Franco, y uno anticipado a lo que haría en los meses siguientes. España necesitaba de la Argentina como ninguno de los países europeos, y Buenos Aires había tendido una mano no del todo desinteresada.

Cuando Eva había llegado a Madrid, a mediados de 1947, los españoles tenían derecho a una ración diaria de pan de entre ciento y ciento cincuenta gramos. Seis meses más tarde, con Eva de regreso en su país, esa cuota diaria se había incrementado al doble y el peronismo se había convertido en el primer copartícipe comercial de España, vendiéndole insumos por casi cuatrocientos millones de pesetas de oro al año.

¿Cuánto se había gastado España en el homenaje? Aunque en la prensa española la cuestión de los costos no se mencionaba, informes de la prensa extranjera los estimaban en alrededor de cuatro millones de dólares. Para el franquismo había sido una inversión dolorosa, y los hombres que mandaban en España no dudaron en hacerla contra viento y marea. El vendaval mayor quizás no estaba en el costo económico sino en el riesgo social que significaba esa mujer agitadora e irreverente, y los jefes franquistas tuvieron que apretar los dientes para soportar sus desplantes.

sábado, 24 de junio de 2017

Argentina: Todavía nos sorprendemos del Peronazismo

El refugio que Juan Domingo Perón brindó a los nazis, una verdad que incomoda
No es extraño que un anticuario de Olivos tenga 75 piezas nazis. Las localidades de Vicente López, San Fernando y Tigre fueron el asilo preferido de los criminales de guerra que ingresaron a Argentina durante el primer peronismo.

Por Silvia Mercado | Infobae
smercado@infobae.com



Rodolfo Freude y Juan Domingo Perón

De ningún modo es una casualidad que un anticuario de la zona norte de la provincia de Buenos Aires tenga en su poder 75 piezas con simbología del régimen nazi. Vicente López, Florida, San Fernando, Tigre fueron refugios para buena parte de los criminales de guerra, miembros de la SS y del partido nazi que vinieron a la Argentina desde 1946, cuando Juan Domingo Perón ganó las elecciones presidenciales, en parte, gracias al respaldo del empresario Ludwig Freude, considerado por entonces el alemán más influyente, incluso más que el propio embajador Edmund von Thermann.

Freude había conocido a Perón cuando éste revistaba en la Agrupación de Montaña de Mendoza, luego de haber pasado tres años en el lado Eje de Europa, tomando contacto con el fascismo y el nazismo en forma personal, y acompañando la avanzada alemana sobre Francia. En su libro El cuarto lado del triángulo, el profesor canadiense de historia latinoamericana Ronald Newton, escribió que "debido a que una de las especialidades más lucrativas de la Compañía General de Construcciones  de Freude era la construcción militar, había logrado desarrollado amplios contactos en el Ejército", incluyendo el joven Perón, ya que estaba construyendo una ruta entre San Juan y Mendoza.

Cuando el Eje cayó derrotado, y el agregado de negocios de la embajada norteamericana, John Cabot, le pidió al presidente de facto Edelmiro Farrell que extradite a Freude (considerado en Estados Unidos un agente nazi), se dispuso su expulsión. Pero el empresario presentó una solicitud urgente de naturalización, buscó defenderse legalmente y pudo zafar.


El filonazi pedófilo Perón y la resentida atorranta de Eva Duarte

Mientras tanto, el coronel Perón también había caído en desgracia y tuvo que presentar la renuncia a sus cargos como vicepresidente de la Nación, ministro de guerra y secretario de trabajo. ¿Dónde se refugió? En la casa de Rodolfo Freude, hijo de Ludwig, en el delta de Tigre, a donde Perón concurrió junto a Eva Duarte. De ahí fue llevado preso días después a la isla Martín García. Meses después, esa misma casa fue escenario, en mayo de 1946, de una pomposa fiesta de cumpleaños de la que ya se había convertido en Primera Dama. Por su lado, el hijo de Freude ya se había transformado en el primer secretario privado de Perón.

Quien más investigó la vasta red de agentes que trabajaron durante el peronismo original para rescatar criminales de guerra fue el periodista Uki Goñi, sobre todo para su excepcional obra La auténtica Odessa. La fuga nazi a la Argentina de Perón, un minucioso esfuerzo documental publicado en el 2002, que demuestra que esa organización, lejos de ser clandestina, trabajaba directamente desde la Casa Rosada.

Investigando en Bruselas los archivos del colaboracionista Pierre Daye, un escritor y "diarista compulsivo" que vivió en la Argentina, Goñi encontró detalladas descripciones de las reuniones del ex capitán de las SS Carlos Fuldner con Perón en la Casa de Gobierno, donde se decidía el listado de nazis que serían rescatados.

Para protegerlos, se puso en marcha un complejo mecanismo que empezaba en Suiza y el Vaticano, continuaba con barcos de la familia Dodero especialmente contratados para la misión  y terminaba en la mismísima Dirección Nacional de Migraciones, que fraguaba documentación y entregaba pasaportes con nombres falsos.

Se facilitaba así el ingreso de los criminales de guerra que en la Argentina pudieron confundirse con el resto de la población y mantener una vida normal. Solo unos pocos colaboraron, además, con el diseño y fabricación de algunas novedades tecnológicas de la época, como el avión Pulqui.


Josef Mengele

De este modo llegaron a la Argentina, entre 1946 y 1950, Josef Mengele, Adolf Eichmann y Eric Priebke, entre los 250 acusados de crímenes de guerra en las cortes europeas y miles de miembros del partido nazi y organizaciones como la SS, muchos de los cuales todavía no pudieron ser identificados.

Habiendo constatado que cada inmigrante tenía un número de legajo, Goñi pidió los archivos de cada uno y comprobó que no estaban, habían desaparecido. "Los habían limpiado". El periodista cuenta que "se armó un gran revuelo, y un día un funcionario me dice, '¿qué quiere que haga? ¿que le admitamos que nos ordenaron quemarlos en 1996? Nunca lo admitiremos'. Aún así hubo información valiosísima. Por ejemplo, que los expedientes de inmigración de Mengele y Priebke tienen números consecutivos, lo que muestra que fueron abiertos por una misma persona, al mismo tiempo".


Adolf Eichmann

Esa fecha, 1996 no puede ser casual. Y valdría una nueva investigación periodística. En 1992, el Ministerio del Interior que comandaba Carlos Corach ordenó por un decreto, el 232/92, "difundir la existencia y contenido" de toda la documentación en poder de los organismos estatales "vinculado al accionar de criminales nazis" en la Argentina. Dos años depsués esa decisión tomaba impulso y en 1997, finalmente, la DAIA publicó el "Proyecto Testimonio", dos tomos, 650 páginas, con 6000 imágenes documentales y 400 fotografías que daban cuenta de los trabajos para trasladar refugiados nazis de Alemania -u otros países de Europa a donde había logrado huir- a la Argentina.

El médico y antropólogo Mengele, tristemente famoso por sus macabros experimentos con prisioneros, vivió en Vicente López, en el barrio de Florida, donde trabajó como comercial de una empresa agrícola. Entre ese trabajo y viajes a Paraguay juntó dinero para comprar una empresa de carpintería y se pudo mudar a una casa más acomodada, en Olivos. Allí es donde lo encontró Simon Wiesenthal, el famoso cazanazis, pero Argentina rechazó la solicitud de extradición bajo la excusa de que ya no vivía en esa dirección. Murió en Brasil en 1979.

Eichmann, responsable directo de la solución final y de los transportes de deportados a los campos de concentración, utilizó el nombre de Ricardo Klement durante su estancia en Olivos, donde alquilaba un inmueble, para luego mudarse a la casa que se construyó en Bancalari (partido de San Fernando), donde trabajó como gerente en la fábrica de automóviles de Mercedes Benz. Tras las dificultades para la extradición de Mengele, fue raptado en la Argentina por un comando israelí en 1960, juzgado en Jerusalén y ejecutado en 1962. Sus últimas palabras antes de ser colgado fueron "¡Viva Alemania! ¡Viva Argentina! ¡Viva Austria!". En ese orden.


Erich Priebke

El oficial de la SS Priebke, responsable de la Masacre de las Fosas Ardeatinas, también vivió un tiempo en el norte de Buenos Aires después de haber logrado huir de su cárcel en Rimini, por la ayuda del grupo ODESSA, que tomó contacto con Fulder y lo hizo ingresar a nuestro país. Luego se instaló en San Carlos de Bariloche, otro de los destinos preferidos por los criminales nazis en la Argentina, donde dirigió el Instituto Cultural Germano Argentino Bariloche y sus colegios primario y secundario, el Instituto Primo Capraro. Cuando en 1994 trascendió su verdadera identidad, Italia pidió la extradición que le fue concedida a los pocos meses. Fue juzgado y murió en la cárcel en 2013.

Que haya peronistas que todavía sigan negando los lazos entre el nazismo y el peronismo original, el vínculo personal entre Perón y muchos criminales de guerra, el crucial aporte de recursos nazis para su llegada de al gobierno, la ausencia de críticas del fundador del movimiento al Holocausto y -por el contrario- el disgusto que expresó en reiteradas oportunidades a los tribunales de Nuremberg, es otra prueba más de la poca tolerancia a la verdad que sigue habiendo en la Argentina.