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domingo, 3 de diciembre de 2017

SGM: El mito de las Waffen SS

El mito alrededor de la Waffen-SS, los asesinos al servicio de Adolf Hitler que pretendieron eternizarse como una fuerza de elite

Antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial la propaganda nazi elevó a estos impiadosos criminales como héroes. La verdad detrás de la mentira de Himmler y Goebbels



Por Laureano Pérez Izquierdo
Director de Infobae América | laureano@infobae.com
Infobae

Los submarinos alemanes pudieron torcer el curso de la guerra; Adolf Hitler se adelantó a un ataque de Joseph Stalin; el soldado norteamericano no sabía combatir; la Waffen-SS estaba compuesta por soldados de elite. Estos cuatro enunciados y otras 19 fábulas creadas en torno al mayor y más sangriento conflicto bélico del Siglo XX, fueron seleccionados por Jean Lopez y Olivier Wieviorka en su obra Les mythes de la Seconde Guerre Mondiale (Los Mitos de la Segunda Guerra Mundial).

El texto, que contó con la colaboración de reconocidos académicos dedicados a la investigación de esa contienda, trata de forma detallada algunas versiones que se establecieron como verdades absolutas antes, durante y después de aquella guerra. Esos prejuicios, como relatan sus autores en la introducción de la obra, fueron creados por años por la maquinaria siniestra de Joseph Goebbels, eficaz divulgador del régimen nazi.

Desde las oficinas de su Ministerio para la Ilustración Pública y Propaganda, Goebbels alimentaba los mitos que se repetirían sistemáticamente por los medios masivos del Tercer Reich y por la expansiva cartelería pública que inundaba las calles de la Alemania nazi y las ciudades conquistadas. Fue allí que instrumentó un plan para que la población percibiera a Erwin Rommel como un estratega a la altura del mismísimo almirante Horatio Nelson. O hizo lo posible para que la asesina Waffen-SS fuera vista por rivales y propios como una fuerza de elite.


Los soldados formados bajo la Waffen SS no fueron ni más valientes ni más bravos que sus pares de la tradicional fuerza regular militar alemana. Sólo los distinguía su emparentamiento ideológico con el nazismo

El capítulo dedicado en Les Mythes… a estos supuestos "combatientes de vanguardia" fue abordado por el historiador Jean-Luc Leleu y enumera y describe con detalle quirúrgico las mentiras que se tejieron para que estos oficiales fueran vistos como miembros de una brigada militar perfecta.

De acuerdo a Leleu, la idea de que "el fanatismo llevó a los soldados SS a despreciar el peligro en los campos de batalla" fue instalada en el pueblo alemán a partir de finalizado el primer invierno en la guerra del este, el bautismo de fuego de esa temible -y presumiblemente eficaz- fuerza. "Para definir el elitismo militar hay que hablar de la capacidad de un cuerpo de tropas para cumplir su misión con rapidez y eficacia, es decir, con el mínimo de pérdidas", indica el autor, algo lejano a la realidad vivida por los agentes de la Waffen-SS.

La Orden Negra -como internamente se llamaba a sí la SS- rendía culto al elitismo racial. Los candidatos para formar parte de este escuadrón asesino ideologizado eran seleccionados "según criterios médicos de altura, de apariencia física y de ascendencia". Este crédito que esgrimían con orgullo sus miembros les garantizaba ante el pueblo alemán un ficticio plus de gallardía, completando los parámetros de pureza que pretendía el régimen nazi. Si se formaba parte de la SS era porque se contaba con credenciales raciales inmaculadas. Se era superior por azar del ADN, según la premisa.


La propaganda y el lobby interno de Himmler hicieron que Adolf Hitler sintiera debilidad por las tropas de la Waffen SS, unos asesinos ideologizados al servicio del Tercer Reich

Pureza racial, pureza ideológica. La Waffen SS fue una fuerza político-militar que respondía directamente a los altos mandos del Partido Nacionalsocialista. Decían configurar una elite de pureza aria

"El autoproclamado elitismo de la SS se basaba, además, en su certeza de encarnar la ideología nacionalsocialista más pura y de ser entonces el órgano ejecutivo más confiable al servicio del régimen y de su jefe, Adolf Hitler", explica Leleu.

Pero además, las virtudes que hacen de un soldado un buen soldado no fueron cumplidas por aquellos que poseían la doble S en forma de rayo en sus uniformes. Con una instrucción militar deficiente, muchos de los primeros suboficiales contaban con una formación inferior -en tiempo y en calidad- a la que podía encontrar un conscripto del Heer, el ejército de la Wehrmacht, la tradicional Fuerzas Armadas alemanas.

Mientras que los candidatos SS recibían una instrucción que se extendía entre 10 y dieciséis meses -en los primeros años de su creación a mediados de los años 30-, las fuerzas terrestres clásicas contaban con una formación de veinticuatro, con más equipamiento, mayores herramientas y oficiales más experimentados. Pero claro: la tentación de pertenecer a un cuerpo de elite -racial, al menos- que respondiera apasionadamente a las órdenes de Hitler era irresistible.

Una vez en el terreno de combate y a pesar de su escaso "valor profesional", "las derrotas puntuales no lograron disminuir la voluntad de esas tropas de pertenecer a la elite. Las represalias contra los civiles y los militares capturados los ayudaron a borrar los fracasos", narra el autor. Es así como recuerda la cruda ejecución de un centenar de prisioneros de guerra británicos en Wormhout en mayo de 1940, lo que dejó en claro la bajeza y falta de disciplina militar que presentaban en la arena.


El temible Heinrich Himmler en un campo de prisioneros de guerra (Getty Images)

Su temeridad fue disfrazada de valentía por el responsable propagandístico. Es que los números fueron contundentes durante sus campañas. A los cinco meses de iniciada la Operación Barbarroja, el 9% de los efectivos de campaña de la Waffen-SS había muerto. "Una tasa de mortalidad dos veces superior a la del ejército de tierra, aunque no hicieron ninguna autocrítica ante esta sangría", expresó Leleu. Lo que sí enfrentaron fue un cambio en la formación de las tropas, a cargo de un ser tan demoníaco como fanático: Theodor Eicke, ex comandante de las formaciones de guardias de los campos de concentración. Este militar de alto rango dentro de la SS consiguió mejorar la capacidad de sus hombres.

"Los soldados SS carecían de una instrucción exhaustiva en aspectos fundamentales del combate de infantería: lucha en la selva o de noche, capacidad de camuflarse y atrincherarse rápidamente, mantenimiento de una estricta disciplina de fuego", dice el académico. Fue por eso que los altos mandos -ante la evidencia de la falta de profesionalismo militar y eficacia de sus tropas- pasaron por encima de las cadenas de mando para adquirir mayor cantidad de unidades blindadas que balancearan su déficit sobre el terreno.

Sin embargo, el aprendizaje en el manejo masivo de tanques no fue sencillo y en su debut debieron sabotear una treintena de Panzer para que no cayeran impolutos en manos de los soviéticos. Fue durante la Segunda Batalla de Járkov, cuando los rusos recuperaron la ciudad de manos alemanas, aunque finalmente terminarían perdiéndola en una tercerae contienda.

A la falta de solvencia de sus soldados auf dem Boden, la Waffen-SS sumaba ahora un eslabón más en su deficiente aprendizaje y formación: su impericia táctica para desplegar sus temibles tanques, un armamento blindado envidiado -y admirado- por propios y enemigos. El curso de conocimiento demandó varios años a esa fuerza político-militar. La Segunda Guerra Mundial no estaba ni cerca de definirse y la Alemania nazi se presentaba en su infame esplendor.

Pero la utilización de pequeños momentos de esa tropa ideológica fue aprovechada por Himmler al extremo. Cualquier suceso, por insignificante que fuera, era presentado por el genocida como una muestra de la gallardía de sus integrantes. De inmediato hacía llegar la supuesta "hazaña" hasta oídos de Hitler, lo que daba mayor crédito a la "tropa del Partido". Esto le permitía al militar a solicitar al dictador mayores recursos para sus hombres. Fue así que tras el fracaso de la Operación Barbarroja en 1941, Hitler empezó a considerar a la Waffen-SS como "el ejemplo de la futura Wehrmacht nacionalsocialista". Himmler, uno de los principales respnsables del Holocausto, estaba radiante. Y lleno de poder.

Para alimentar el mito en la población alemana, la SS apeló a un grafista conocido de entonces: Ottomar Anton, "cuyos afiches de cuidada estética le ofrecieron a la Waffen-SS una imagen extremadamente atractiva, destinada a despertar vocaciones entre los jóvenes". Era la forma de reclutar a los más jóvenes que tenía esa fuerza de choque. Prometía formar parte de la guardia del Führer.


El libro de Jean Lopez y Olivier Wieviorka, “Los Mitos de la Segunda Guerra Mundial”

Pero la propaganda no se quedó sólo en los afiches. Himmler creó una compañía compuesta por corresponsales de guerra que acompañaban a los soldados en sus operaciones y desde donde se emitían miles de boletines con información sobre sus "hazañas" que eran repetidos y multiplicados en todos los medios y agencias. Además, los cines proyectaban entre dos y tres noticias sobre  los uniformados de elite en sus emisiones semanales. Era la manera que tenía la SS de sobresalir por encima de las Fuerzas Armadas de Alemania. Ese sistema de difusión se mantuvo, de acuerdo con Leleu, hasta el final de la guerra.

Los propagandistas no dejaron detalle librado al azar. Mientras que la Wehrmacht era mostrada por las cámaras de cine siempre de la misma manera (marchando ordenadamente), la Waffen-SS había implementado un innovador método de promoción: se las filmaba en acción, en medio de llamas y con sus uniformes distintivos. La fascinación del público era total. El mito se expandía. Eran la elite.

Pero esa creencia errónea sobre los soldados alemanes no regulares fue perdiendo fuerza demasiado tarde. Fue durante los interrogatorios hechos por los Aliados en el ocaso de la Segunda Guerra Mundial cuando salieron a la luz las diferencias con la infantería ordinaria del ejército. "Dos meses antes del final de la guerra, los servicios de inteligencia norteamericanos empezaron a revisar su posición con respecto a la Waffen-SS y se produjo una verdadera toma de distancia del mito", agrega Leleu. Y concluye: "Sin embargo, esta confirmación se produjo en forma demasiado tardía. El mito estaba sólidamente instalado".

domingo, 26 de noviembre de 2017

Conquista del desierto: Un regimiento espartano

Un regimiento espartano




Cuando la revolución de 1874, las fronteras habían quedado completamente abandonadas porque las tropas que guarnecían habían acudido al llamado del Gobierno, unas, mientras las otras se habían plegado a la revolución, siguiendo al prestigioso general Rivas.  En el fuerte General Paz, comandancia de la frontera Oeste, no había quedado un solo soldado susceptible de dar un paso.  Todos habían marchado al campamento de Mercedes con el benemérito coronel Lagos, jefe de aquella frontera.

La noticia de la revolución los había tomado ignorantes de todo; el Regimiento 2 venía de corretear unos indios, recibiendo Lagos en la marcha, la noticia de lo que sucedía en Buenos Aires.  Llegó al campamento, hizo montar a caballo inmediatamente la fuerza que allí quedaba y se puso en marcha hacia Chivilcoy, a esperar órdenes, o ver qué giros tomaban los sucesos.

Cada cual salió con lo puesto, considerándose feliz el que pudo echarse una muda de ropa a los tientos, por lo que pudiera suceder.  Nadie sabía a dónde iba, lo que sucedía y cuánto duraría aquella marcha precipitada.  Todo quedó abierto y tirado, y a disposición del primero que quisiera agarrarlo.  Allí quedaban la ropa, las armas de repuesto, las camas, y hasta la correspondencia amorosa.  Los quillangos comprados a los indios para traerlos a sus novias unos y a sus madres otros, los retratos de familia y de amor, todo, en fin, quedaba a la vista y a disposición del primer indio que allí entrara.

En el hospital no había más que un soldado moribundo de fiebre maligna, el loco Echeverría, con una indigestión de maíz, y dos soldados más, enfermos de golpes de caballo que les privaban de todo movimiento.

Los buenos milicos se despidieron de sus consortes, que quedaban allí a cuidar las cuadras, los oficiales saludaron aquellas covachas donde dejaban su tesoro y la columna se puso en marcha, con gran espanto del médico Franceschi, que no sabía andar a caballo y temía lo basureara el mancarrón.

El abandono era peligroso, porque el campamento quedaba situado entre las tribus amigas, que no por ser amigos dejaban de ser indios: Manuel Grande, Coliqueo y Tripailaf.

Allí quedaban armamento en desuso, polvorín bien provisto y casuchas como la del coronel Lagos, que guardaba cuanto tenía éste, y que no había querido llevar nada para quedar en iguales condiciones a sus oficiales.

No había más amparo que la negra Carmen, sargento primero del 2 de Caballería, y a ella se la nombró jefe de la frontera mientras duraba la ausencia del coronel Lagos.  Era mamá Carmen el único sargento primero que quedaba en el campamento, y a ella le correspondía el comando accidental de la frontera.

La pequeña columna se puso en marcha, y mama Carmen se quedó dando sus primeras órdenes para arreglar el servicio de vigilancia.  Los vivanderos encajonaban apresuradamente sus limetas y galletas revenidas, para apretarse el gorro sobre tablas, porque podían entrar los indios, que son, por lo general, malos marchantes.

Sevilla, Bastos, don Pedro, todos andaban apuradísimos en arreglar sus efectos, cuando sentimos, ya al salir del campamento, la voz sonora de mamá Carmen, que dirigiéndose a Bastos le decía:

- ¡Que se quede ése que se llama como baraja!  No quiero que se vaya, porque por un flojo no nos hemos de quedar sin ginebra ni vicio de entretenimiento.
- ¡Que se quede mi pulpería! –gritó Bastos-, pues mis matambres los pongo en salvo.

Y uniendo la acción a la palabra, vino a formar a retaguardia de la columna, mientras mamá Carmen ponía de guardia en la pulpería de Bastos a la mujer del sargento Romero, una negra buena moza, más grande que un rancho.

La columna siguió la marcha en medio de las más alegres carcajadas, marcha que fue un verdadero vía crucis para el médico Franceschi, quien, como Cristo, no hacía sino caer y levantarse para volver a caer.

Aquella misma tarde mamá Carmen vistió con uniforme de tropa a todas las mujeres que quedaron en el campamento, para que en un caso dado pudiera fingirse un piquete dejado de guarnición en él.  En el mangrullo había dos piecitas de bronce, la misma que tomó Arredondo en San Ignacio, y que estaban en buen estado de servicio.  En aquel mangrullo estaban perfectamente seguras, pues levantando la tabla no había quien trepara a la estrella, y en último caso, mama Carmen sabía manejar las piezas con bastante acierto.

Allí subían a dormir de noche, estableciéndose de día la más estricta vigilancia.  Los indios amigos veían a la distancia que en el campamento habían quedado soldados y no se atrevieron a ir.

Manuel Grande era un cacique que siempre había sido leal al gobierno y que protegía al campamento en cualquier caso de apuro.

Una siesta en la que mamá Carmen estaba entregada con sus amigas y soldados ya mejorados a las delicias de una carne con cuero, sintieron a la centinela que gritaba:

- ¡Indios en el fortín Luna!

Medio atorándose con un bocadote matambre, mamá Carmen mandó formar sobre el mangrullo y subió ella misma a preparar las piezas.  Efectivamente; a la derecha del campamento se veía una indiada que avanzaba con el mayor descuido, como si supiera que el campamento estaba abandonado.

Los caballos estaban atados a la estaca y nada acusaba la presencia de tropas.  La negra Carmen cargó las piezas, levantó la tabla y se escondió como las demás mujeres detrás del parapeto.

Los dos soldados tenían su carabina con su dotación de tiros, otra carabina mamá Carmen y otras dos tenían la mujer del sargento Romero y la mujer del trompa Martinone.

Los indios, que sin duda estaban convencidos de que no había nadie, entraron alegremente y mirando a todas partes, como si quisieran descubrir el paraje que debían asaltar primero.  Aquí fue donde mamá Carmen hizo asomar a sus tiradores, asomando ella misma, y rompiendo el fuego sobre los indios.

Aturdidos y aterrados por aquel inesperado fuego de fusilería, los indios se hicieron una pelota y salieron del cuadro dando alaridos terribles.  Mamá Carmen, que los vio hechos un pelotón que no atinaba por dónde romper, hizo un disparo de artillería que concluyó por aterrarlos.  Al segundo cañonazo los indios se ponían en fuga, dejando dos heridos dentro del mismo campamento.

Mamá Carmen salió entonces del mangrullo seguida de los dos soldados, montó a caballo y se puso en persecución de los derrotados, haciéndoles frecuentes tiros de carabina.  Si los indios volvían, siempre tendría ella tiempo de volver al mangrullo a jugar su artillería.

Pero los indios no atinaban a volver; los disparos de las piezas los había llenado de espanto y sólo trataban de ponerse a salvo.  Tres indios que fueron alcanzados, en un trayecto de veinte cuadras que duró aquella persecución, los ató mamá Carmen y los trajo al mangrullo, diciéndoles:

- No tengan cuidado, hijitos: aquí quedarán hasta que vuelva el coronel y diga lo que ha de hacerse.

Cuando los indios vieron que allí no había más que mujeres, querían morirse de desesperación; pero no había remedio, pues estaban fuertemente amarrados al mangrullo.

Así se libró de ser invadido el fuerte General Paz, durante el tiempo que duró la revolución.

Cuando regreso la división del coronel Lagos, halló los tres prisioneros, guardados por aquel cómico destacamento.  No faltaba ni una hilacha; todo se había salvado, gracias al valor y previsión de mamá Carmen.

Fuente

Gutiérrez, Eduardo – Croquis y siluetas militares – Buenos Aires (2005)

Se permite la reproducción citando la fuente: www.revisionistas.com.ar 

jueves, 5 de octubre de 2017

US Army: La unidad mexicano-estadounidense en la campaña de Italia

La Unidad de Infantería Mexicano-Americana del US Army - Héroes poco conocidos de la Campaña Italiana de la SGM




Compañía E. Foto tomada el octubre de 1941 en el campo Bowie en Brownwood Tejas. Créditos fotográficos: Dave Gutierrez.

Por Dave Gutierrez | War History Online

Hay varias unidades únicas de la Segunda Guerra Mundial que han sido bien documentadas. Las historias de todos los aviadores afroamericanos Tuskegee y la unidad japonesa-americana de la 442ª Infantería se pueden encontrar en libros y películas. Ahora los hombres que sirvieron en la unidad de infantería mexicana de todo el ejército de Estados Unidos finalmente reciben reconocimiento por su servicio.
Una unidad original de la Guardia Nacional estaba compuesta íntegramente por mexicanos de los barrios de Texas. Los hombres que sirvieron en la 36.a División, 141.o regimiento, 2do batallón, compañía E fueron implicados en algunas de las batallas más cruciales de WWII durante la campaña italiana.

El 141st regimiento remonta sus raíces de nuevo a la revolución de Tejas y es la unidad que sirve más larga de la guardia nacional de Tejas. La 36 ª División o T-Patchers como se les conocía encabezó el desembarco aliado en Salerno Italia. La unidad vio acción en el Monte Rotondo, San Pietro y una de las batallas más polémicas y mortíferas de la Segunda Guerra Mundial, el cruce del río Rapido. En un lapso de cuarenta y ocho horas, la 36a División perdió más de dos mil hombres en el Río Rapido en enero de 1944. Se hizo tan polémico que después de la guerra se celebró una audiencia congresual para ver si debían tomarse acciones contra aquellos que eran Al mando de una unidad que perdió tantas vidas americanas.


Manuel R. Rivera

El Sgt. Manuel Rivera, de El Paso, Texas, al describir la carnicería del cruce del río Rapido, declaró: "Si no te hirieron, si no te mataron, si no fuiste capturado, entonces no estabas en el río". Sgt. Rivera fue herido durante una patrulla de reconocimiento de pre-cruce a través del Rapido. Sólo 27 de los 154 hombres de la Compañía E que cruzaron el Río Rapido regresaron. El Comandante de la Compañía, John L. Chapin, de El Paso, Texas, fue asesinado en acción conduciendo a sus hombres a través del Río Rapido. En 2000, una nueva escuela secundaria en El Paso, Texas, fue inaugurada y nombrada en su honor.



John L. Chapin
Ramón G. Gutiérrez de Del Río Texas sirvió en la Compañía E como un fusilero automático para un escuadrón avanzado. Durante el aterrizaje en Salerno el 9 de septiembre de 1943, Gutiérrez y su escuadra fueron atrapados por tanques enemigos y fuego de ametralladora. Después de haber presenciado a varios hombres heridos y asesinados, Gutiérrez lanzó una ametralladora disparando su rifle automático Browning. Gutiérrez fue golpeado en el brazo lo que le hizo perder el rifle. Siguió avanzando en el nido enemigo de la ametralladora. Silenció el nido de la ametralladora con una granada de mano matando a tres soldados enemigos. Gutiérrez saltó entonces al lugar de la ametralladora matando al último soldado enemigo en mano a mano.


Ramón G. Gutiérrez
Por sus acciones en Salerno, Gutierrez fue galardonado con la Estrella de Plata por el Ejército de los EE. UU. Gutiérrez se convertiría en uno de sólo un puñado de estadounidenses para ser decorado por el valor en el campo de batalla por la Unión Soviética durante el WWII. Un observador ruso estaba en Salerno y quedó tan impresionado por las acciones de Gutiérrez que la Unión Soviética otorgaría más tarde la Orden de Segundo Grado de Guerra Patriótica a Ramón G. Gutiérrez.


Ramón llevando la medalla rusa.
Cuando se le preguntó por qué tomó la decisión de continuar cargando el nido de la ametralladora sin un rifle, Gutiérrez respondió: "Pensé que iba a morir ese día, así que no me importó lo que me pasó". En Mt.Rotondo, San Pietro, Río Rapido, Cassino, y Velletri. Capturado en dos ocasiones diferentes él escaparía y lo haría detrás a través de líneas aliadas en cada ocasión.

Gutiérrez regresó a los estados en julio de 1944 y fue honradamente dado de alta del Ejército. Gutiérrez se casó con Consuelo "Connie" Sánchez quien también había servido en la Segunda Guerra Mundial como una Ola de la Marina. Ellos criaron una familia en Wichita Falls Texas y San José California. Gutiérrez falleció a la edad de 70 años en Wichita Falls.


Gabriel Salazar

PFC Gabriel Salazar, de El Paso, Texas, describió por qué se unió a la Guardia Nacional de Texas: "Sólo sé que quería pertenecer a un grupo de jóvenes cuya vida era similar a la mía. Sabía que nunca podría encontrar experiencias tan impredecibles en casa ". Mientras describía la escena en Alta Villa cerca de Salerno, PFC Salazar declaró:" Recuerdo haber marchado por la sinuosa carretera hacia Alta Villa. Podíamos oler la carne quemada de alemanes muertos que estaban atrapados en sus tanques de tigre. Era el dulce olor de la muerte, algo parecido al chocolate, lo suficientemente dulce como para convertir el estómago. Odiaba el olor a chocolate durante mucho tiempo después de esta experiencia. "Fuera de El Paso Texas se sabe muy poco acerca de los hombres que sirvieron en una de las unidades más únicas e históricas del ejército estadounidense de la Segunda Guerra Mundial.

jueves, 21 de septiembre de 2017

PGM: El día más largo del USMC en el frente occidental

El "Día más largo" del US Marine Corps - 6 de junio de 1918


Alan G. Gauthreaux | War History Online





"Llevábamos el uniforme del ejército", escribió Elton Mackin, una Marina de Estados Unidos en el Frente Occidental en 1918, "y sólo una insignia ocasional aquí y allá en pistolinas, tapas, y tal nos identificó como el Cuerpo de Marines ... Estábamos parados de el AEF - el Leathernecks. Mantuvimos una feroz presunción y orgullo.

Aunque fueran obligados a usar la ropa indescriptible de un "Doughboy" regular, los Marines estadounidenses en Europa durante el año de cierre de la Primera Guerra Mundial lucharon con no menos distinción que en conflictos pasados ​​o posteriores. Durante el transcurso de siete meses en 1918, el "Teufelhunde" solidificó su reputación como una fuerza de combate de élite y contribuyó a la victoria aliada en el Frente Occidental.

Las lecciones aprendidas de su tiempo pasado en Europa transformaron el acercamiento del cuerpo a la táctica de la pequeña unidad ya la ejecución estratégica, no sólo preparando esta fuerza valiente para los conflictos por venir, sino también estableciendo un legado que los infantes de marina consideran actual una historia digno de preservar. Un día en la historia del Cuerpo de Marines, en particular, demostró su disposición a hacer el sacrificio final para el país y el cuerpo.

Cuando los Estados Unidos declararon la guerra contra Alemania y las Potencias Centrales, el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos tenía 13.795 hombres, incluyendo suboficiales, suboficiales y alistados dispuestos a llevar la lucha al Frente Occidental. Además, 187 oficiales y 4.546 hombres alistados sirvieron en los lugares de destino en todo el mundo, con la mitad de ese número sirviendo a bordo de varios buques de guerra.

Después del entrenamiento básico de la infantería, los infantes de marina experimentaron la supervivencia adicional y el entrenamiento de combate por ocho a doce semanas. Las zonas de entrenamiento se habían formado fuera del paisaje para reflejar las condiciones de lucha del terreno que los marines se encontrarían posteriormente en Francia en el frente occidental. Como resultado de este entrenamiento enfocado, los Marines surgieron como una unidad de combate bien afilada y cohesionada. Los infantes de marina recibieron el entrenamiento intensivo del combate donde exhibieron una habilidad profesional.

Por otra parte, soldados de infantería del ejército entrenados para el combate en Europa y enviados tan rápidamente que los reclutas llegaron al campo de batalla sin entrenamiento para los rigores de combate en el frente occidental. Sin embargo, recibieron el manual de armas cuando se trataba del rifle de combate elegido por el ejército, el modelo Springfield M1903. Incluso el general John J. Pershing, comandante de las Fuerzas Expedicionarias Americanas, expresó su preocupación por el envío de tropas a las líneas de frente sin el entrenamiento adecuado en el Manual de Armas. Pershing admiró a la Primera División de Infantería por su agresividad, pero "los encontró altamente unmilitary en la apariencia, el porte, los ejercicios, las habilidades, la actitud hacia el entrenamiento, y el liderazgo."


Los infantes de marina estadounidenses, recién llegados a Francia durante la Primera Guerra Mundial, demuestran su puntería mientras los curiosos soldados franceses están de pie para ver,

La 4ta Brigada Marina contenía dos regimientos, los 5tos y 6tos infantes de marina. El comando de la brigada cayó en manos del general de brigada James G. Harbord, EE.UU. El general de división Harbord era soldado de un soldado, habiendo ascendido a través de las filas de privado, pero determinado temprano en su carrera para hacer oficial. El general Harbord impresionó a sus superiores de manera indeleble a lo largo de su carrera con su eficiencia en la organización de que uno de sus superiores y sus respetados colegas, el general Pershing, no podía pensar en nadie mejor para dirigir la 4ta Brigada que el general Harbord. El 4 y sus unidades de apoyo cayeron bajo el mando directo de la 2ª División, bajo el mando del General de División Omar Bundy.

El ejército alemán que los estadounidenses pronto enfrentarían a través de los campos de batalla profundamente marcados de Francia se reenergizaría con las tropas frescas y experimentadas. Con el Tratado de Brest-Litovsk a principios de 1918 y la retirada de las tropas rusas de la guerra, las tropas imperiales alemanas experimentadas y endurecidas por la batalla estaban ahora libres para llevar a cabo una guerra de un frente para la lucha en el Frente Occidental. Por primera vez en el conflicto desde 1914, los alemanes mantuvieron una superioridad numérica sobre los aliados y determinaron que usarían esa superioridad para finalmente traer victoria a la patria. El general Erich von Ludendorff y el mariscal de campo Paul von Hindenburg, comandantes conjuntos de las fuerzas imperiales alemanas, creyeron que la superioridad numérica y la experiencia que estas tropas traerían al frente occidental podrían capitalizar en una serie de ofensivas bien definidas significadas para finalmente lisiar los Aliados y llevarlos a la mesa de negociaciones.

La acción conocida como ofensiva de Somme comenzó el 21 de marzo de 1918. Elementos de los diecisiete, segundo y décimo octavos ejércitos de Alemania atacaron a los ejércitos primero, tercero y quinto británicos a lo largo de un frente de 50 millas. Al amanecer del 21, una pesada artillería alemana comenzó cerca de San Quintín contra los británicos que mantenían la línea allí.



Los alemanes intentaron una incursión cerca de Armentieres, pero las tropas británicas en la zona lograron sostener y los alemanes se retiraron de nuevo a sus propias líneas. Un ataque de infantería alemana le siguió al bombardeo, empezando justo al norte cerca de Limy y extendiéndose hacia el sur hasta la ciudad de LaFere, empujando hacia el oeste más de cuarenta millas en el territorio aliado. Este gran avance comprometió varias de las posiciones delanteras aliadas y un duelo posterior de la artillería comenzó entre los artilleros alemanes y británicos sin ninguno de los lados que gana ninguna ventaja táctica específica. Los alemanes invadieron a los británicos y franceses a lo largo de todo el frente, pero finalmente los británicos se reagruparon y junto con las doce divisiones francesas, detuvieron a los alemanes a corta distancia de la ciudad de Amiens.

La segunda ofensiva alemana comenzó el 9 de abril de 1918, lanzada desde las orillas del río Lys. Las tropas alemanas intentaron empujar hacia el oeste por el noroeste sobre un frente de veintiuna millas. Los alemanes iniciaron un bombardeo desgarrador con explosivos y bombas de gas en un frente de 17.000 yardas entre las localidades de Armentieres y Liens el día anterior, pero ningún ataque de infantería siguió al bombardeo. Los Aliados se mantuvieron firmes durante toda la noche y la lluvia de acero cesó, pero sólo temporalmente. A las 4:00 de la mañana, los alemanes renovaron su artillería hasta el mediodía. Las líneas británicas y francesas se mantuvieron a pesar de dos nuevos ataques de artillería pesada. Sin embargo, en la orilla izquierda del Oise, a pesar de mantener el avance alemán, elementos británicos y franceses se retiraron a posiciones más fuertes a lo largo del frente. Eventualmente, los comandantes franceses respondieron a la solicitud urgente del mariscal de campo británico Sir Douglas Haig de más tropas y el avance alemán se detuvo. Por otra parte, quinientos soldados estadounidenses sirvieron en la reserva junto a los británicos y los franceses en esta segunda ofensiva alemana, cortando sus dientes más adelante en el frente occidental hasta que tomaron su turno en la línea.

La tercera ofensiva, conocida históricamente como la Tercera Batalla de Aisne, comenzó el 27 de mayo de 1918, con muchos de los viejos campos de batalla que tragaron ejércitos enteros durante los últimos cuatro años viendo la acción una vez más. El ataque alemán se abrió a lo largo del frente entre Soissons y Reims con una acción más pequeña que ocurre al sur de Ypres.




Los británicos sostuvieron un frente de quince millas de Barisis en el norte a Reims, el punto más meridional de la ofensiva alemana, mientras que las tropas francesas sostuvieron la línea en el Chemin des Dames. En algunos lugares a lo largo del frente, los alemanes empujaron adelante, sin importar las víctimas crecientes. El avance llegó luego al Marne, aproximadamente a cincuenta y seis millas de París. Debido a la falta de suministro, cansancio y repetidos contraataques aliados, los alemanes se detuvieron en ese punto. Las bajas británicas ascendieron a 29.000, heridas o muertas, y los franceses perdieron 98.000 hombres, ya fuera por heridas o rendición. Aunque los generales Hindenburg y Ludendorff consideraban sus víctimas como ligeras, los soldados alemanes cansados ​​de la guerra se rindieron en masa y los avances realizados durante el curso de todas las ofensivas dejaron a las tropas alemanas expuestas en evidentes salientes. Estas ofensivas, desencadenadas por el fin del estancamiento que azotó al Frente Occidental durante cuatro años, sorprendentemente convencieron a los alemanes de que la victoria estaba a su alcance, a pesar de las rendiciones masivas y de los hombres incapacitados durante la batalla. Las batallas subsiguientes con los Marines estadounidenses convencieron a los alemanes de lo contrario. Como Hindenburg y Ludendorf tomaron sus victorias, después de la Tercera Batalla de Aisne, en un esfuerzo por reforzar las divisiones francesas cerca del río Marne, el General Pershing (con indecisiveness francés que se avecina), ordenó a la 2 ª División de EE.UU. Brigada para mantener la línea en el Marne saliente cerca de París. La cuarta Brigada de Infantería de Marina había sido "puesta a disposición del sexto ejército".

Incluso con los estadounidenses tomando un papel más activo en la defensa, el Alto Mando alemán se sentía seguro de que más victorias de los alemanes ayudaría a obtener más apoyo para la guerra en el país que había estado disminuyendo durante los dos años anteriores. Sin embargo, aunque su mano de obra puede abrumar a los aliados, los alemanes carecían de material. Incluso el mariscal de campo von Hindenburg expresó sus reservas en cuanto a si Alemania prevalecería cuando declarara: "No teníamos los recursos ni el tiempo para batallas de ese tipo, porque el momento se acercaba cuando Estados Unidos comenzaría a entrar en escena totalmente equipado. "La importancia de una victoria alemana a través de estas ofensivas demostró la desesperación del alto mando alemán y aunque los alemanes reconocieron la resolución estadounidense de luchar, von Hindenburg señaló nuevamente:" Hicimos el conocimiento de sus tropas entrenadas primero en Chateau Thierry. Nos habían atacado allí, y habían demostrado que estaban torpes pero firmemente guiados.

El 1 de junio de 1918, los alemanes ocuparon la colina 204 en el lado occidental y luego marcharon hacia el pueblo de Vaux, a caballo entre el camino París-Metz y ocuparon el Bois de Belleau. Más tarde ese día, los Cuartos Marines "establecieron una línea que comenzaba en la Madera Clerembaut justo al norte de la carretera, pasando por Lucy-le-Bocage y Belleau Wood hasta la aldea de Champillion". Con las divisiones francesas en la zona aliviadas, a las 10:00 am de la mañana del 5 de junio de 1918, la 4ª Brigada mantuvo la línea en lo que los comandantes llamaron el "Triángulo": Lucy-le-Bocage, la madera al noroeste de Lucy-le-Bocage, la Colina 142, -Bussieres Road, y ochocientos setenta y cinco metros al norte de Champillion.

Los Aliados detuvieron el avance alemán sobre París y establecieron un frente firme el 5 de junio de 1918, momento en el cual «encontraron la línea de la 2a División bien establecida en ese punto del saliente del Marne más cercano a París». desde la embestida alemana y la participación activa de las fuerzas estadounidenses, la confianza del público en una victoria de los aliados aumentó. Ahora los estadounidenses, especialmente los marines, probarían su valor.

En la noche del 5 de junio, el brig. El general Harbord emitió órdenes operacionales a la 4ta Brigada Marina estacionada en Ferme de la Loge:

El enemigo tiene la línea general BOURESCHES - Bois de Belleau - TORCHY ... Esta brigada atacará a la derecha de la francesa 167a División de la Little Square Wood ...

El general Harbord fijó el comienzo de la operación a las 5:00 de la mañana del 6 de junio y seguirían otras órdenes cuando la brigada cumpliera con sus objetivos. El comandante señaló que el objetivo más importante para las fuerzas estadounidenses en los primeros días de la ofensiva fue la colina 142 cerca de Bussiares. La II División entera se fortaleció cerca de Montreuil-aux-Lyons y aumentó su línea donde "se repelieron varios ataques locales por la 4ta Brigada durante el día, "y las víctimas fueron divulgadas como mínimo.

A las 12:35 am del 6 de junio, el Coronel Wendell C. Neville, comandante del V Regimiento de Marina, examinó las posiciones enemigas y la mejor forma de ayudar a las unidades francesas en la zona, específicamente en el pequeño terreno conocido como Bois de Belleau (Madera de Belleau). Justo más allá de establecer su objetivo, Hill 142, al este de su área de puesta. El teniente coronel Logan Feland, de la 5ª Infantería de Marina, pidió un bombardeo de artillería para facilitar su movimiento y esperaba atrapar a los alemanes por sorpresa. El Teniente Coronel Feland también esperaba que el bombardeo de la artillería detuviera a los aviones alemanes constantemente acosando a sus tropas mientras se posicionaban para la ofensiva. Los alemanes capturados de las incursiones de la trinchera la noche anterior dieron sus propias posiciones de la tropa que demostraron su falta de resistencia al interrogatorio aliado y de su voluntad de asistir a los aliados en terminar la guerra traicionando a sus camaradas. El interrogatorio preliminar de tres prisioneros alemanes reveló cómo llegaron sus unidades, su fuerza y ​​el apoyo de la artillería carecía de complementar cualquier tipo de formidable defensa de la zona.

Poco antes de las 5 de la mañana, los marines del V Regimiento avanzaron tranquilamente desde sus trincheras hacia los campos de trigo para captar uno de sus principales objetivos, la colina 142, al suroeste de la aldea de Torchy. Cuando la primera línea rompió las afueras de los bosques, las máximas alemanas abrieron fuego, rompiendo el silencio de aquella húmeda mañana de junio. La mayor parte de estos infantes de marina que caminaron en sus líneas hacia la aldea nunca experimentaron el combate antes de hacer su manera a Europa. El Sargento de Artillería Aloysius P. Sheridan (6º Infantería de Marina, 2da División), describió lo que sucedió después:

"Yo estaba en el primer pelotón y nuestro pelotón estaba en el flanco derecho de la compañía. Así que avanzamos un poco demasiado rápido para el resto de la compañía. "Gy. Sgt. Sheridan dijo además que su unidad se detuvo bajo las órdenes de su comandante de la compañía, el capitán Donald Duncan, hasta que el resto de la compañía pudiera ponerse al día con las unidades de plomo. Una vez que el otro alcanzó, las unidades siguieron paralelas entre sí, y el apego se dio cuenta de que estaban a sólo seiscientas yardas de su objetivo. El sargento de la artillería Daniel Joseph Daly, veterano de combate experimentado y decorado de dos campañas anteriores, gritó a sus compañeros: "¡Vamos, hijos de puta! Bajo el fuego enemigo pesado, el 3er Batallón, 6tos infantes de marina hizo su manera abajo de una colina cuando un soldado golpeó el suelo herido por una bala de ametralladora alemana. Gy. Sgt. Sheridan fue testigo del incidente:

El soldado superior estaba con él todo el tiempo y yo estaba con él todo el tiempo y yo estaba allí en un santiamén. Conseguimos un médico naval, un aprendiz de hospital, la parte superior (sargento de pelotón) y yo y lo llevamos a un grupo de árboles. Todo el tiempo estaba jadeando, golpeado por el estómago. No más que acostado en el suelo cuando una gran cáscara de ocho pulgadas vino y mató a todos excepto a mí mismo.

Gy. Sgt. Sheridan sobrevivió a través de tres proyectiles explotados ese día, pero más tarde fue incapacitado a través de un ataque de gas posterior.

El mayor Júlio S. Turrill, comandante del 1er Batallón, 5º Infante de Marina, cerca de la colina 142, se dio cuenta de su posición tenue y declaró que "tendría que retroceder" si los refuerzos no llegaban a su posición cuando lo enviaron a su cuartel general, "no hay nada a mi derecha entre el frente y el camino de regreso a donde partimos". Los marines se enteraron de que la victoria seguiría siendo costosa a pesar de la inteligencia.

El Quinto Regimiento Marino del Mayor Turrill hizo su camino a través de un campo de trigo inmediatamente adyacente a Belleau Wood. La realidad de la guerra despertó a los presentes para observar los resultados del ataque. Según un soldado que esperaba tomar su lugar entre los marines que avanzaban, los "heridos comenzaron a retroceder. Ellos contaron historias contradictorias. Algunos estaban alegres y dijeron que nuestra pandilla estaba lamiendo el infierno fuera del Boche. Pero unos pocos parecían deprimidos, contando historias de pelotones enteros que eran aniquilados por ametralladoras. Les dimos cigarrillos y volvimos a sentarnos en nuestros agujeros. "Franklin D. Roosevelt, Secretario Asistente de la Marina y más tarde Presidente de los Estados Unidos, viajó por el Frente Occidental inspeccionando a las tropas. En junio de 1918, Asst. Segundo. Roosevelt fue testigo de los marines en combate cerca de Belleau Wood y registró sus observaciones:

He visto sangre corriendo de los heridos. He visto a hombres toser con sus pulmones gaseados. He visto a los muertos en el barro. He visto a doscientos hombres cojeando y exhaustos salir de la línea ... supervivientes de un regimiento de mil que avanzaron cuarenta y ocho horas antes.

Los marines se enfrentaron a la división después de la división de las tropas imperiales alemanas endurecidas por la batalla, y sin embargo dejaron la relativa seguridad de sus improvisadas zorras que seguían implacablemente sus ataques más allá de los bosques en el campo de trigo. Al amanecer del día 6, el V Regimiento Marino celebró tenuemente la Colina 142. El Mayor Turrill informó desde ½ km al norte de la Colina 142, al noroeste de Champillion que: "Hemos alcanzado nuestro objetivo y nos hemos vuelto intrínsecamente". escribió su informe, los alemanes bombardearon sus nuevas posiciones incesantemente, pero los marines se mantuvieron firmes, ansiosos por continuar su avance.

A las 2:05 p.m. El 6 de junio, el general Harbord ordenó un nuevo ataque en dos fases: (1) la primera fase pidió que el 3er Batallón, el 5º Marines atacara a Belleau Wood a la izquierda, mientras que el 3er Batallón, 6º Marines atacarían a la derecha; y (2) la segunda fase pidió que estas mismas unidades atacaran también el pueblo de Bouresches, justo al oeste de los bosques. La 2ª Brigada de Artillería proveería una barrera para que los Marines avanzaran mientras las compañías de ametralladoras proveen cobertura para la procesión Marítima. Este ataque ocurriría a las 5:00 p.m. El Coronel Manus McClosky informó en la noche del 6 de junio que los marines tomaron Torchy, Bouresches y la estación de ferrocarril en el último pueblo. A las 8:07 p.m., los marines también se celebró el borde oriental del Bois de Belleau, pero los franceses experimentaron dificultades para lograr sus objetivos, exponiendo una gran brecha en la línea de los Aliados.

No todas las operaciones de ese día se reunieron con la aprobación de los escalones superiores. Los 6tos infantes de marina recibieron órdenes del brigadier. El general Harbord durante la segunda fase del ataque en Bois de Belleau y Bouresches para tomar la Colina 133 desde la derecha con el 3er Batallón, bajo el mando del Coronel Albertus W. Catlin. Más tarde ese día, un agitado Brig. El general Harbord escribió al teniente coronel Harry Lee que:

No estoy satisfecho con la forma en que ha conducido su compromiso esta tarde. Su propia sede de regimiento y esta oficina no han tenido una noticia de su informe en cuanto a sus órdenes o su posición ... Quiero que tome el control y empuje este ataque con vigor [!] ... Quiero informes de usted cada quince minutos. Envíeles por corredor si es necesario.

Al día siguiente, 7 de junio, el teniente coronel Lee finalmente respondió con un informe detallado, siguiendo las órdenes de su oficial al mando.

Cuando los marines lograron sus objetivos el 6 de junio de 1918, sufrieron más de 5.7000 bajas en ese día, incluidos 113 oficiales. Aunque no derrotaron a todo el ejército alemán en una batalla, los logros de los marines ese día ciertamente revivieron la determinación aliada de ganar. El valor demostrado que el día de junio incluyó dos medallas de honor concedidas para las acciones más allá de la llamada del deber. El sargento Charles F. Hoffman (su verdadero nombre Ernest August Jansen) recibió la Medalla de Honor del Ejército por sus heroicas acciones el 6 de junio de 1918. En la pelea por la Colina 142, el sargento. Hoffman bayoneted dos miembros de un destacamento alemán de la ametralladora que intentaba flanquear los americanos después de capturar su objetivo. Sus acciones impidieron un contraataque exitoso y permitieron que los Marines mantuvieran su objetivo, estancando cualquier intento alemán de retomar la Colina 142. Weedon E. Osborne (Teniente Grado Junior, Cuerpo Dental), actuando como un cuerpo de socorrista que ayudaba a los heridos, 6º Marines y trabajó diligentemente durante la altura del combate el 6 de junio. El teniente (j.g.) Osbourne salvó a muchos marinos heridos ese día, pero más tarde murió llevando a un oficial herido a la atención médica.

Al final de un sofocante 6 de junio, los infantes de marina de la 4ta Brigada demostraron a sus compañeros de servicio, a los aliados, y al enemigo los orígenes de una cultura fuerte del guerrero todavía enseñada a los infantes de marina nuevos que entrenaban a este día. Aunque cada rama del servicio exhibe su propio grado de orgullo, el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos presenta su historia con celo y arena agregados. El objetivo de enseñar "botas" a su historia es darles un sentido de "Espíritu de Cuerpo", haciéndolos parte de una hermandad más grande que ellos mismos, y al unirse al Cuerpo de Marines y exhibir estas cualidades, ellos mismos solo agregarán a ese legado . Estas enseñanzas también inculcan un credo para no deshonrar nunca al Cuerpo. Los hombres que lucharon, fueron heridos o murieron en el Bois de Belleau a principios de junio de 1918, establecieron una herencia de honor para que los futuros marines alcanzaran, y enseñaron a cada americano el significado de la palabra "honor".

El general DeGoutte, comandante del Sexto Ejército francés, señaló y sugirió fuertemente, el 30 de junio de 1918:

En vista de la brillante conducta de la Cuarta Brigada de la Segunda División de los Estados Unidos, que en una lucha animada tomó Bouresches y el importante punto fuerte del Bois de Belleau, obstinadamente defendido por una gran fuerza enemiga, el General comandante del Sexto Ejército ordena que en adelante, en todos los documentos oficiales, el Bois de Belleau se llamará "Bois de la Brigade de Marine".

sábado, 16 de septiembre de 2017

Guerra Hispano-Norteamericana: USS Olympia define la batalla de Cavite

Cómo el crucero Olympia conduce a la escuadrilla asiática a la victoria en la bahía de Manila


Gabe Christy | War History Online




El 1 de mayo de 1898, durante la Guerra Hispanoamericana, el Escuadrón Asiático de los Estados Unidos, comandado por el Comodoro George Dewey, aplastó a las fuerzas navales españolas en la Batalla de la Bahía de Manila. Esta reproducción de semitono de una obra de arte por J.D. Gleason, alrededor de 1898, representa la acción como se ve desde junto a la torreta de 8 pulgadas de arma de USS Olympia NHHC imagen NH 1269.


En la tarde del 30 de abril de 1898, se envió un mensaje al almirante español Patricio Montojo, comandante del Escuadrón del Pacífico en Manila. Le informó que dos barcos americanos habían navegado a Subic Bay, y luego se retiraron hacia Manila. Montojo sabía que esto significaba que la Escuadra Asiática de los Estados Unidos estaba cerca y la batalla era inminente.


Un grabado contemporáneo de la batalla. Dewey a la derecha, Montojo a la izquierda.

A escasos kilómetros de distancia estaba el Escuadrón Asiático de la Armada de los Estados Unidos. A la cabeza estaba el crucero Olympia, el buque insignia. Lanzado en 1892, y encargado en 1895 el crucero era uno de los barcos más avanzados de su tiempo. Bien armada, rápida y tripulada por un equipo experimentado (dos de los cuales eran veteranos de la Guerra Civil), ella era una enemiga formidable. En 1898 fue comandada por el capitán Charles V. Gridley, y anfitrión al comodoro George S. Dewey, comandante de la escuadrilla asiática.



Cuando Estados Unidos declaró la guerra contra España el 25 de abril de 1898, Olympia y el Escuadrón Asiático partieron de Hong Kong, sabiendo que finalmente iban a ver la acción. Empezaron a coger vapor en la Bahía de Manila a las 11:00 PM del 30 de abril, Cada barco habiendo preparado cuidadosamente para la batalla. Los hombres habían recibido cortes de pelo, ya que el cabello suelto podía contaminar una herida. Los cañones se cargaron y se retiraron los amplios paneles de madera alrededor del barco para evitar que se rompieran. El cortador de ingresos Hugh McCulloch incluso había arrojado sus mesas de cocina de madera por la borda, dejando a la tripulación a comer en la cubierta. A bordo de Olympia el Wardroom se había convertido en una sala de operaciones improvisada, ya que esperaban bajas. Aunque la luna estaba fuera la noche del 30, estaba oscuro a bordo de los barcos; Todas las luces estaban apagadas para ocultar su posición.



USRC McCulloch en 1900. Fue su pila que se incendió, alertando a la batería de la ubicación del escuadrón.

Pero alrededor de la 1:00 de la mañana la chimenea de Hugh Mcculloch cortador de ingresos se incendió. Había estado quemando carbón japonés, que tendía a dejar polvo y hollín en las pilas. El incendio ocurrió justo cuando el escuadrón entraba en la boca de la bahía de Manila. Fue descubierto por la batería en El Fraile, una isla cercana. Un solo tiro de distancia voló y aterrizó entre dos barcos. Inmediatamente el escuadrón devolvió el fuego, destruyendo la posición del arma.

Los tiros se oían en Manila, y el almirante Montojo, el comandante español, sabía que la batalla pronto comenzaría. Ordenó que los hombres estuvieran listos, que todos los cañones se cargaran, y las tropas a lo largo de la costa comenzaron a informar sobre la posición del Escuadrón. A bordo de Olympia, la tripulación vio destellos, luces y señales que parpadeaban entre los puntos costeros mientras se deslizaban hacia la flota española. El comodoro Dewey sabía que su sorpresa se había perdido, y comenzó a señalar órdenes a la escuadra usando linternas.

Al amanecer, los barcos americanos comenzaron a navegar hacia Cavite, donde la escuadra española estaba amarrada. La batalla comenzó seriamente a las 5:15 AM, cuando las baterías españolas en Cavite abrieron fuego. La tripulación de Olimpia se mantuvo tensamente junto a sus cañones, esperando la orden de disparar. La llamada había salido a esperar una llamada de corneta, y cada oído de artillero se esforzó por la explosión estridente, su mano lista para disparar. Pero las naves americanas continuaron bajo fuego español. Una concha de 11 pulgadas de distancia de la ciudad barril sobre el quarterdeck de Olympia. Si hubiera estado a unos pocos metros más bajo, podría haber borrado el mando del barco antes de que la batalla comenzara. Pero con valentía las naves avivaron.


Dewey en el puente de Olympia.

Finalmente, a las 5:40 AM el Comodoro Dewey dio la famosa orden "Puedes disparar cuando esté listo, Gridley". Casi inmediatamente, la torreta delantera de Olympia de 8 pulgadas entró en erupción en el humo mientras ella disparó sus primeros tiros de la batalla. A partir de entonces, la batalla estalló. Los estadounidenses siguieron bajando hacia la posición española, retrocedieron y luego volvieron a disparar. Esto mantuvo una constante barrena rodante dirigida a los barcos españoles, que eran amarrados y blancos fáciles.


Fuente: Wikipedia / Public Domain
Pero dos barcos españoles salieron a tratar de cerrar con los estadounidenses. Primero, el Don Juan De Austria salió y se dirigió hacia Olympia. Pero no se alejó mucho antes de que el fuego de los norteamericanos se volviera hacia la orilla. A continuación, la bandera española Reina Cristina salió a luchar. Llegó a gran velocidad, posiblemente para apuntar a Olimpia, su contraparte americana. La Reina Cristina, también, se encontró con intenso fuego. Un incendio estalló a bordo. Su dirección estaba casi completamente destruida, y sólo dos de sus tripulantes quedaron sin lesiones. Sin embargo, sus armas seguían disparando. Finalmente, el Almirante Montojo ordenó a su tripulación que la huyera y se retirara a la orilla, con la esperanza de salvar tantas vidas como pudiera.


Ruina del Don Juan De Austria

Pintura de la Batalla de la Bahía de Manila mostrando Reina Cristina en primer plano.

El naufragio de la Reina Cristina después de la batalla

A las 7:30 de la mañana, después de casi dos horas de constantes disparos, el almirante Dewey recibió un informe de que no tenían munición suficiente. Le dijeron que sólo quedaban 15 rondas para cada una de las armas de 5 pulgadas. Inmediatamente ordenó un cese al fuego, sabiendo que la falta de municiones era una posibilidad terrible. El escuadrón volvió a salir a la mitad de la bahía, los hombres se sirvieron el desayuno y la munición fue inventariada.


Una litografía contemporánea de la batalla.

A las 11:00 AM se hizo evidente que el informe estaba en un error. La verdad era que los cañones de 5 pulgadas sólo habían lanzado 15 rondas. Dewey ordenó un regreso a la batalla ya las 11:16 AM los combates se reanudaron. Pero en este punto, estaba claro que las fuerzas americanas habían sido victoriosas. La flota española estaba rota, su buque insignia se escabullía en el puerto y muchas de sus baterías ardían. Sólo una nave española mantuvo la lucha. Don Antonio De Ulloa continuó disparando, ya cambio recibió una gran cantidad de rondas estadounidenses. Pero su equipo ganó el respeto de los estadounidenses. El buque ya había sido inhabilitado y estaba inerte en su amarre. El capitán había ordenado que la tripulación la abandonara, pero algunos hombres se quedaron atrás, negándose a renunciar a la pelea.


El naufragio del Antonio De Ulloa


La cubierta del Don Antonio de Ulloa

Con la victoria siendo casi segura, Dewey ordenó a su Escuadrón que rompiera filas y acabara con blancos individuales. Cuando terminó la batalla, el Escuadrón amarró en el puerto de Manila, todavía bajo las armas de los fuertes españoles. Mientras que los fuertes todavía podrían haber hundido a toda la fuerza estadounidense, el temor de una barrera de retorno los mantuvo en silencio. Esa noche la banda de metales de Olympia tocaba en su coliseo, la música ocasionalmente interrumpida por la explosión de una revista de polvo española, o concha suelta.

La Batalla de la Bahía de Manila esencialmente puso fin a la presencia imperial española en el Pacífico, y estableció a los Estados Unidos como una potencia mundial. Olympia permaneció en el Escuadrón Asiático hasta septiembre de 1899, cuando llegó a Nueva York para ser reparada y reparada. Hoy reside en Penn's Landing en Filadelfia, Pensilvania.


Olympia hoy, en Penn's Landing en Filadelfia.


martes, 1 de agosto de 2017

Guerra civil Inglesa: La defensa del castillo de Corfe por una mujer

Durante la Guerra Civil Inglesa, Lady Mary Bankes defendió un castillo de más de 200 atacantes con sólo cinco hombres bajo su mando inicial
The Vintage News




Mary Hawtry nació en alrededor de 1598, la única hija de Ralph Hawtry, Esquire de Ruislip, Middlesex, y Mary Altham. En 1618, se casó con Sir John Bankes, que más tarde se convirtió en Fiscal General del Rey Charles I y Lord Chief Justice de los Common Pleas. En 1635, sir John compró el castillo de Corfe en Dorset con todas sus mansiones, derechos, y privilegios de señora Elizabeth Coke. Sir John murió el 28 de diciembre de 1644 a la edad de 55 años.


Mary Banks con el vestido de viuda, el velo de gasa, el collar de perlas, sosteniendo las llaves del Castillo de Corfe, Dorset, en su mano derecha; Paisaje de fondo con Corfe Castillo en la distancia Fuente

En 1643, cuando la guerra civil estalló en Inglaterra, ella asumió el control del castillo de Corfe después de que John Bankes fuera ordenado por el rey para viajar a York. Ella envió a sus hijos lejos para la seguridad y permanecía detrás con sus hijas, criados, y una fuerza de cinco hombres. En mayo de 1643, una fuerza de parlamentarios, que comprendía entre 200 y 300 hombres bajo el mando de Sir Walter Erle, atacó el castillo pero nunca logró capturarlo. Ella pidió ayuda y una tropa de 80 hombres bajo el mando del capitán Robert Lawrence llegó para reforzar la guarnición. En junio, el comandante Erle renovó su ataque junto con los capitanes Sydenham, Jarvis y Scott, una fuerza de 500-600 hombres, y dos motores de asedio. Con las tropas del capitán Lawrence protegiendo a la Guardia Media ya la mayor parte de la guarnición, María y su pequeño grupo defendieron el Ala Superior y levantando piedras y brasas de las almenas, lograron repeler a los asaltantes, matando e hiriendo a más de 100 hombres. En 1646, uno de sus oficiales, el Coronel Pitman, la traicionó llevando a un grupo de parlamentarios al castillo a través de una puerta sally. Los parlamentarios bajo el mando de un coronel Bingham revocaron sus chaquetas y fueron confundidos con los realistas. Como resultado, se vio obligada a entregar el castillo. Sin embargo, debido a que ella mostró tal valor que se le permitió mantener las llaves del castillo, que ahora se celebran en Kingston Lacy cerca de Wimborne Minster, Dorset. El castillo fue despreciado el mismo año que fue capturado por las órdenes de la Cámara de los Comunes.

Está registrado que sus hijos Ralph y Jerome compraron el señorío de Eastcourt en su nombre. Tras su muerte, la mansión pasó a su hija Joanna Borlase, quien a su vez la pasó a sus hijas y co-herederos


Castillo de Corfe, que Lady Mary Bankes valientemente defendió contra los parlamentarios atacantes Fuente

Lady Mary murió el 11 de abril de 1661 y fue enterrada en la iglesia de San Martín, Ruislip. En la pared sur del presbiterio dentro de la iglesia hay un monumento a María con esta inscripción:

A la memoria de lady Mary Bankes, la única hija de Ralph Hawtery, de Riselip, en el condado de Middlesex, esq., Esposa y viuda de Sir John Bankes, caballero, último Lord Chief Justice de la corte de Common Pleas de Su Majestad, Y del Consejo Privado de Su Majestad el Rey Carlos I de bendita memoria, que habiendo tenido el honor de haber soportado con constancia y valor por encima de su sexo una noble proporción de las últimas calamidades y la restitución del gobierno con gran paz De mente estableció su vida más deseada el día 11 de abril de 1661. Sir Ralph Bankes su hijo y heredero ha dedicado esto.

lunes, 24 de julio de 2017

Guadalcanal: Basilone diezma batallón japonés en asalto nocturno

El infante de marina John Basilone diezma un regimiento entero japonés en completa oscuridad de la selva de Guadalcanal
Jeff Edwards  | War History Online



Tropas en movimiento en Guadalcanal


A menudo descrito como el punto de inflexión para el Pacífico en la Segunda Guerra Mundial, la Batalla de Guadalcanal representó el momento en que la expansión japonesa en el Pacífico cesaría y los Marines tomarían la ofensiva.

Pero llamarla un momento no hace la lucha de seis meses por la justicia de la isla. Porque los japoneses no estaban acostumbrados a perder y no abandonarían la isla rápidamente.
John Basilone

Afortunadamente para los Estados Unidos, hombres como Sargento ametralladorista John Basilone y los Estados Unidos Marine Corps estaban listos para una pelea. Gunny Basilone tiene un lugar de tradición en la historia del Cuerpo de Marines, ya que sus acciones durante la lucha por Guadalcanal le daría la Medalla de Honor mientras establecía el tono para lo que los japoneses podían esperar de los marines estadounidenses.


Siempre buscando una pelea

John Basilone nació en Buffalo, Nueva York en 1916. Sorprendentemente, esta leyenda del Cuerpo de Marines comenzaría su carrera como guerrero con el Ejército de los Estados Unidos. Se alistó en 1934 y sirvió durante varios años en Filipinas. Mientras estaba en Manila, probaría su habilidad para pelear en tiempo de paz a través del boxeo donde ganaría un campeonato.

Después de su tiempo en servicio activo había terminado, John fue dado de alta y trabajó por un tiempo como un conductor de camión. No contento con su nuevo papel en la vida, John ansiaba volver a Manilla y creía que podría llegar más rápido si estuviera en los Marines. John se alistó en el Cuerpo de Marines en 1940 y dentro de 2 años tomaría su lugar en la historia del Cuerpo de Marines.

A pesar de sus motivaciones iniciales para unirse a los Marines, el deseo de John de estar estacionado en Manilla sería interrumpido por el ataque japonés a Pearl Harbor y la entrada de Estados Unidos a la guerra. Para Basilone, su regreso al Pacífico lo llevaría a Guadalcanal con Dog Company, 1er Batallón 7º Marines.

A pesar de no estar totalmente preparado para recuperar la isla de los japoneses, la construcción de un aeródromo japonés en Guadalcanal que podría amenazar a Australia impulsó el tema. Los infantes de marina aterrizaron el 7 de agosto de 1942 y aseguraron el aeródromo parcialmente construido.


Henderson Field

Los Seabees de la Armada comenzarían a terminar el campo de aviación y lo cambiarían el campo de Henderson después de que un piloto marina que fuera matado durante la batalla de Midway. Pero los japoneses no dejarían la isla tan fácilmente y los marines en Guadalcanal estarían en 6 meses de brutales ataques nocturnos y acusaciones de Banzai.


Sería uno de esos ataques a finales de octubre de 1942 que el Sargento de Artillería Basilone y sus secciones de ametralladoras virtualmente aniquilaran a todo un Regimiento Japonés.

Un ataque nocturno

La defensa de Henderson Field era esencial y Basilone mandó dos secciones de ametralladora en las líneas de frente de esa defensa. El 24 de octubre, 3.000 miembros de la División Sendai de Japón lanzarían un ataque principal contra las líneas estadounidenses que duraría dos días.

Los hombres de Basilone tenían buenas posiciones defensivas con campos de fuego bien definidos. Pero el gran número de japoneses que se lanzaban a las líneas empujarían a estas ametralladoras a sus límites mecánicos.

El peor de los ataques vendría en la noche cuando los japoneses emergerían de la selva negra de la echada, lanzarían en el alambre, y cargarían las posiciones americanas. Durante la lucha de la noche, una de las posiciones de la ametralladora de Basilone fue invadida.

John rápidamente cogió una ametralladora y la reposicionó entre la lucha pesada para llenar la brecha en la línea. A medida que el equipo comenzó a correr bajo municiones, Gunny Basilone se atrevería a las líneas de suministro de superar a recuperar más municiones a menudo matando a varios japoneses en el punto en blanco con su gama .45.



Durante los dos días siguientes, sin dormir ni comer, los hombres de Basilone darían testimonio del espíritu de lucha y galantería demostrado por Basilone, a quien atribuyeron por su continua voluntad de luchar.

Si era la reparación de las ametralladoras caídas bajo el fuego pesado o corriendo para despejar un campo de fuego empujando sobre los cuerpos japoneses apilados que obstruían su vista de armas, Basilone representó las mejores tradiciones del Cuerpo de Marines y dio el tono para las victorias de los Marines en todo el Pacífico.

Luchando hasta el final

Cuando la ofensiva japonesa de finales de octubre terminara, un regimiento entero de japoneses sería virtualmente aniquilado por Basilone y sus hombres y los japoneses nunca desafiarían seriamente el campo de Henderson otra vez. Por sus acciones ese día, Gunnery Sargento John Basilone sería galardonado con la Medalla de Honor.

Bienvenido a casa como una celebridad, los marines asignarían a John Basilone el papel de vender bonos de guerra en casa. Extremadamente descontento con su nuevo papel, Basilone abogó por un regreso a la flota. Él rechazó una comisión y se ofrece a convertirse en un entrenador de los Estados Unidos.

Finalmente se le concedió su deseo y se transfirió al I Batallón 27 Marines en preparación para la próxima invasión de Iwo Jima. Una vez arrojado al fuego del combate, Basilone demostraría que no había perdido su ventaja ni su voluntad de luchar.

Con su unidad clavada por los blockhouses pesadamente fortificados, él movió alrededor de las posiciones japonesas y las destruyó sin ayuda con las demoliciones y las granadas. Aún no lo hizo, más tarde ayudó a un tanque de la Marina a través de un campo de minas enemigo antes de ser mortalmente herido por el mortero japonés y el fuego de armas pequeñas.



El sargento John Basilone de la artillería murió el 19 de febrero de 1945 en la roca volcánica de Iwo Jima. Por sus acciones ese día, este ganador de la Medalla de Honor fue galardonado con la Cruz de la Marina.

Fue el único Marine enlistado que recibió la Medalla de Honor y la Cruz de la Marina durante la Segunda Guerra Mundial, valerosamente ganado el respeto de sus hombres, la admiración de todo el Cuerpo de Marines y un lugar bien merecido en la historia de los combatientes de guerra.

viernes, 14 de julio de 2017

SGM: La feroz resistencia paracaidista en Monte Cassino

La batalla de Monte Cassino - un monumento a la valentía de los soldados alemanes ordinarios


Ivano Massari | War History Online


Fg 42 en Monte Cassino

El 15 de febrero de 1944, 1400 toneladas de explosivos fuertes fueron derribadas por las fuerzas aliadas avanzando sobre Roma, en el monasterio benedictino de Monte Cassino. El bombardeo aéreo marcó el comienzo de uno de los más episodios de la Segunda Guerra Mundial: la defensa de Monte Cassino por una fuerza numéricamente y tecnológicamente inferior contra el poder de fuego y la mano de obra enemiga masiva.


Después del bombardeo aliado.

A medida que el polvo se asentaba en las ruinas de lo que una vez había sido uno de los mayores puntos de referencia culturales y religiosos en el paisaje europeo, los Fallschirmjäger (paracaidistas alemanes) empezaron a moverse en la cubierta perfecta convenientemente creada para ellos por el ataque aéreo. Durante la Segunda Guerra Mundial, el Fallschirmjäger había sido prominente en muchos compromisos notables con las fuerzas aliadas. Desde el asalto al fuerte Eben-Emael hasta la invasión de Noruega y la batalla de Creta, los paracaidistas alemanes habían jugado un papel importante en las victorias alemanas y habían alcanzado una reputación de valentía y fortaleza que tenían pocos iguales.

Estas campañas se ganaron durante los primeros años de la guerra, cuando Alemania estaba a la altura de su poder. En 1944, durante la agonía del poder del Eje en Europa, los Fallschirmjäger lograron su más notable acción, en Monte Cassino. Mientras que no hay nada admirable sobre el régimen fascista que condujo a la lucha, es innegable que los hombres jóvenes en el terreno lucharon con la valentía extrema en la cara de las probabilidades abrumadoras.


Los paracaidistas alemanes convierten cada ruina de Cassino en una fortaleza. Defendiéndolo con ametralladoras MG-42, morteros e incluso tanques.

Aprovechando las ruinas que lo rodeaban, los paracaidistas alemanes pudieron ocultar la artillería, los emplazamientos de ametralladoras y los morteros que causaron un duro golpe en los asaltos enemigos.

El 15 de febrero, las tropas británicas avanzaron en Monte Cassino y sufrieron un revés decisivo cuando se encontraron con una fuerte resistencia del Fallschirmjäger, con una compañía del 1r Batallón del Royal Sussex Regiment asumiendo más del 50% de bajas. El 16 de febrero, el Royal Sussex Regiment avanzó al asalto con un regimiento entero de hombres. Una vez más los británicos recibieron una resistencia decidida de los Fallschirmjäger y volvieron a sus propias líneas.



Un equipo de mortero alemán, foto presumida tomada en las ruinas de la Abadía

La noche siguiente, el 1ro y 9ro Rifleros Gurkha y los 4tos y 6tos Rifleros de Rajputana intentaron asaltar Monte Cassino pero se retiraron después de sufrir pérdidas espantosas. También el 17 de febrero, el batallón maorí 28 logró avanzar hasta el ferrocarril en Cassino Town, pero fueron desalojados por un contraataque blindado alemán.

El 15 de marzo, un asalto a gran escala a las posiciones alemanas fue señalado por la caída de 750 toneladas de explosivos y un aluvión de artillería masiva que representó la pérdida de 150 paracaidistas alemanes. Soldados de Nueva Zelanda y Rajputana fueron enviados al asalto con la esperanza de que el efecto paralizante del enorme bombardeo les permitiera apoderarse de Monte Cassino mientras los alemanes todavía estaban en estado de shock.

Para la consternación del comando aliado, el Fallschirmjäger luchó con tal determinación que el asalto tuvo que ser cancelado. Un sorprendente asalto blindado contra Cassino cuatro días después también fue repelido por un agresivo contraataque alemán que logró destruir todos los tanques que los Aliados habían cometido al asalto. En esta etapa, los Aliados habían perdido más de 4600 hombres muertos o heridos.


Las tropas alemanas capturadas por los neozelandeses en Cassino alineadas junto a un tanque Sherman.

Otros ataques contra Monte Cassino se retrasaron mientras los aliados reunían tropas para lo que se esperaba sería una ofensiva imparable. El 11 de mayo, más de 1600 piezas de artillería comenzaron un aluvión masivo sobre las posiciones alemanas.

Las tropas marroquíes, polacas y estadounidenses se alzaron por las laderas de Monte Cassino con los paracaidistas sosteniendo sus posiciones y forzándolos a una brutal lucha por cada yarda de terreno disputado. Pronto, sin embargo, quedó claro que el avance aliado amenazaba con cortar las líneas de abastecimiento alemanas, y se ordenó a los Fallschirmjäger que se retiraran a la línea fortificada de Hitler. Cuando el ataque final se produjo el 18 de mayo, sólo 30 soldados alemanes, demasiado heridos para ser removidos, fueron encontrados en las ruinas.

Monte Cassino había caído finalmente en manos de los aliados victoriosos, pero el costo en hombres y en material había sido prodigioso. La batalla por Monte Cassino será recordada en los anales de la historia como un testamento a la valentía y la determinación de los soldados ordinarios de los Fallschirmjäger alemanes.

jueves, 29 de junio de 2017

Coraje en combate: 5 batallas en que los cojones se impusieron (2/2)

5 Batallas donde el espíritu luchador superó las adversidades
Parte 2
Andrew Knighton | War History Online


Gettysburg - Little Round Top


Thure de Thulstrup "La batalla de Gettysburg"

La acción en Little Round Top el 2 de julio de 1863, el segundo día de la Batalla de Gettysburg, es justamente uno de los incidentes más famosos de la Guerra Civil Americana.

La colina de Little Round Top estaba en el flanco izquierdo de la línea de la Unión, indefensa frente a un avance confederado. Su caída habría dado a los Confederados la oportunidad de convertir a todo el ejército de la Unión, ganando la batalla y posiblemente incluso la guerra.

Las tropas de la Unión llegaron justo a tiempo, y en su flanco extremo estaban el Maine 20, comandado por el Coronel Joshua Chamberlain. Superados en número de tres a uno, el Maine 20 se dobló de nuevo a un ángulo de noventa grados durante un tiroteo de corto alcance. Después de una hora, la mitad de sus hombres estaban fuera de acción y su munición fue gastada casi por completo.


Viendo que no podían detener otro ataque, Chamberlain decidió tomar medidas desesperadas. Tenía la 20ma bayoneta de la corrección de Maine y carga en la cara de los rifles enemigos. A medida que los hombres vacilaban, el teniente Holman S. Melcher corrió hacia adelante, agitando su espada y gritando "¡Vamos, muchachos!" Siguiendo su ejemplo valiente, el vigésimo Maine cargó por la colina, rompió dos líneas de tropas confederadas y tomó más prisioneros que ellos Tenían hombres para guardarlos. El flanco izquierdo había sido salvado y con él la Unión.

Sitio de Hamaitá



Vista de planta de la Fortaleza de Humaitá.

A veces superar las probabilidades no es sobre la victoria, sino sobre la supervivencia. Para las fuerzas paraguayas en el sitio de Hamaitá, esto significaba sobrevivir en la cara no sólo del enemigo sino de su propio presidente.

En el invierno de 1867-1838, la Fortaleza Paraguaya de Humaitá fue sitiada por fuerzas brasileñas y argentinas, parte de una coalición contra Paraguay que también incluyó a Uruguay. Paraguay estaba entonces bajo el gobierno de Francisco Solano López, un dictador megalomaníaco cuya ambición militar devastaría su país. Cuando Humaitá se vio rodeado por una fuerza más grande, López retiró a la mayor parte de sus tropas del fuerte, dejando una pequeña guarnición bajo el coronel Francisco Martínez.

Completamente rodeado, Martínez y sus hombres se redujeron a comer sus caballos y cualesquiera raíces pudieran forrajear. Empujaron un ataque por fuerzas que superaron en gran medida a ellos. Al darse cuenta de su desesperada situación, Martínez pidió el 19 de julio que le permitieran retirar a sus hombres. López le ordenó que mantuviera el fuerte durante cinco días más.

Cuando Martínez se retiró el 24 de julio, él y sus hombres habían estado sin comida durante días. Habían sostenido el fuerte frente a abrumadoras adversidades y bajo órdenes imposibles. Sin embargo, incluso, después de todo, esto, López a muchos de ellos habría de torturarlos y fusilarlos por rendir la fortaleza.


Los Worcesters en Geluvelt



El 31 de octubre de 1914, los Aliados se acercaron a perder la Primera Guerra Mundial. Un ataque alemán masivo al este de Ypres aplastó a los británicos en Gheluvelt, amenazando con romper la línea aliada, destruir la Fuerza Expedicionaria Británica y tomar los puertos del Canal.

Tres compañías del 2do Batallón, el Regimiento de Worcestershire, marcharon en la brecha - las últimas reservas británicas disponibles. Mientras los proyectiles de artillería explotaban a su alrededor, y el fuego enemigo tomó a más de cien hombres, avanzaron impávido sobre Gheluvelt. Retratantes rezagados les dijeron que avanzar significaba muerte segura, pero seguían avanzando. Las tropas alemanas numéricamente superiores, que nunca esperaban un avance contra esas abrumadoras probabilidades, fueron sorprendidas. Los Worcesters retomaron a Gheluvelt, y con él aseguraron la línea Aliada.

Como dijo el mariscal de campo Sir John French: "Los Worcesters salvaron al Imperio".

viernes, 23 de junio de 2017

Coraje en combate: 5 batallas en que los cojones se impusieron (1/2)

5 Batallas donde el espíritu luchador superó las adversidades
Parte 1
Andrew Knighton | War History Online



Las batallas se pueden perder por cien razones diferentes. Pobres números, estrategia imprudente, armas inferiores, la lista continúa. Pero sólo de vez en cuando, una fuerza de combate supera las barreras que deben conducir a su derrota. De vez en cuando, el espíritu de lucha supera las probabilidades.

Agincourt



Para los ingleses, la batalla de Agincourt es la materia de la leyenda. Era una batalla que no podía haber sido ganada sin la asombrosa fuerza del espíritu.

El ejército inglés que luchó en Agincourt el 25 de octubre de 1415 fue una fuerza maltratada. Hambrientos y llenos de enfermedades, habían estado marchando durante días por el norte de Francia. 6.000 de ellos enfrentaron alrededor de 25.000 franceses. La mayoría de los ingleses eran arqueros, hombres pobres que llevaban poca armadura. Contra ellos estaba un ejército que consistía principalmente de hombres de armas - guerreros ricos vestidos de pies a cabeza en reluciente metal.


Las decisiones tácticas desempeñaron un papel importante en la decisión de la batalla, pero no hubieran sido por nada, sino por el espíritu de lucha de las tropas inglesas, inspiradas por su líder, el rey Enrique V, que vagaba por las líneas antes de la batalla y guió a los hombres en oración . Una delgada línea de tropas se defendía una y otra vez contra una fuerza más grande y mejor equipada, desgastando a los franceses en un brutal combate cuerpo a cuerpo que finalmente logró vencer a los ingleses.

Albuera


El espíritu de lucha volvería a salvar a los británicos en el flanco de la batalla de Albuera el 16 de mayo de 1811.

Durante los combates, una tormenta de granizo barrió el campo de batalla. El 3rd (de Infantería a Pie) Foot británico, conocido como los Buffs, se encontró con mosquetes empapados y casi sin visibilidad. Hacia esta miseria cabalgaban las caballerías francesa y polaca, llegando tan de repente que los Buffs no pudieron formar plazas defensivas. Los Buffs fueron abrumados, su Teniente Latham salvando el estandarte del regimiento ocultándolo en su chaqueta, incluso cuando su brazo y la mitad de su rostro estaban cortados.


Los Buffs defienden sus colores, pintados por William Barnes Wollen

Otras tropas se apresuraron a detener a los franceses. Entre ellos estaba el 57º Regimiento de Fusileros. El coronel Inglis, el comandante del 57, recibió una munición de racimo en el pulmón y se tendió en el campo instando a sus hombres a volverse "duros de morir".

Pagar carísima la derrota hicieron. Del 57, sólo 160 hombres sobrevivieron de 600, mientras que sólo 85 de los 728 Buffs salieron de Albuera vivos. Pero su coraje había ganado el día. El comandante francés, el mariscal Soult, los culpó por su derrota, diciendo: "Ellos estaban completamente golpeados, el día era mío, pero no lo sabían y no huirían".

El teniente Latham, notablemente, sobrevivió.

viernes, 2 de junio de 2017

San Martín: Entrenador de héroes

San Martín, el gran entrenador de héroes
Paso a paso, cómo fue la preparación profesional de los gloriosos granaderos que tuvieron influencia decisiva en la Guerra de la Independencia.
Daniel Balmaceda | LA NACION



El combate de San Lorenzo, obra del artista chileno Pedro Subercaseaux


En Buenos Aires, el coronel José de San Martín fue el principal maestro de los reclutas que iban incorporándose al Cuerpo de Granaderos. Se puso al frente de los entrenamientos que durante los dos meses iniciales se llevaron a cabo en el descampado conocido con el nombre de Ranchería, en las actuales Alsina y Perú. Además del jefe, cada recluta tenía su instructor particular. El sistema de adiestramiento era al estilo francés (San Martín admiraba a Napoleón) con algunas adaptaciones hechas por el propio coronel.

Lo primero que les enseñó fue a marchar. Los aprendices de héroes recibieron una instrucción completa sobre los movimientos de las columnas y en menos de dos semanas estaban capacitados para marchar, contramarchar y realizar giros en orden. Pero a pie, ya que aún no había llegado la etapa en que se les permitiría montar. A San Martín no le gustaba saltear pasos. Recién cuando advirtió que sus hombres dominaban el movimiento coordinado, comenzó con una nueva instrucción.

La segunda etapa consistía en dominar el manejo de las armas. Los reclutas aprendieron a usar las tercerolas, es decir una arma de fuego que podría definirse como un fusil tosco que funcionaba con chispa y contaba con la bayoneta para el ataque cuerpo a cuerpo. Pero esta no fue una enseñanza muy intensiva porque San Martín no confiaba mucho en este tipo de armamento. Lo que él dominaba era el uso del sable y de la lanza. Los secretos de su empleo fueron brindados por el ilustre militar a cada uno de sus granaderos. En ese sentido, puede decirse que actuaba como un personal trainner de cada uno de sus hombres. Formaba rondas, se plantaba en el medio, convocaba a alguno de los aprendices al centro del círculo. Allí el elegido ejecutaba los movimientos de ataque y defensa enfrentando al propio comandante, quien lo corregía delante de todos.

Estas clases de esgrima y lanceo a cargo del Padre de la Patria eran de lo más provechosas. San Martín les enseñaba de qué manera colocar el cuerpo, la cabeza, el torso, las piernas, las rodillas y las manos. Incluso les explicaba el efecto de cada pegada para que de manera mecánica emplearan la más efectiva de acuerdo con la situación.

Por ejemplo, para los sables existían tres tipos de golpe. Con el plano de la hoja se infería un planchazo que provocaba al adversario un mareo y un aturdimiento que lo anulaba. La estocada con la punta se empleaba para infligir una herida profunda. El filo, en cambio, era empleado para cortar en forma completa; un brazo, una mano, una pierna o, sobre todo, una cabeza. Terminadas las lecciones en ronda, armaba parejas para que practicaran y caminaba entre ellos, marcando defectos y señalando virtudes.

Luego, ya instalados en Retiro, se ejecutaron los movimientos a caballo. El clarín o trompa sonaba y todos podían entender a la distancia cuál era la orden general. El conocimiento de los distintos sones y la disciplina, aún en los momentos críticos, salvaban vidas.

El dominio del sable terminó otorgándoles una ventaja inmensa: a medida que los realistas se enfrentaban a estos sableadores profesionales, fue aumentando el respeto que inspiraban. Aquellos guerreros fueron dignos embajadores de la hidalguía sanmartiniana.