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jueves, 17 de mayo de 2018

Nazismo: Bund Deutscher Mädel, las feminazis

La Liga de Muchachas Alemanas, las verdaderas feminazis

La rama femenina de las Juventudes Hitlerianas agrupaba a las jóvenes alemanas de entre 10 y 18 años afiliadas al Partido Nacionalsocialista (NSDAP). Algunas de ellas participaron en la defensa de Berlín, al final de la Segunda Guerra Mundial.

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La Liga de Muchachas Alemanas (Bund Deutscher Mädel, BDM por sus siglas en alemán) era la rama femenina de las Juventudes Hitlerianas (Hitlerjugend, HJ). Fundada en 1930, tras la llegada de los nazis al poder –en 1933– ambas fueron las únicas organizaciones juveniles permitidas en la Alemania nacionalsocialista. A partir de diciembre de 1936, el ingreso en la Liga se volvió obligatorio. Pero sólo podían ser miembros de la BDM las ciudadanas alemanas de entre 10 y 18 años, étnicamente arias y sin enfermedades contagiosas.

Su primera líder e inspiradora fue Trude Mohr (1902–1989), funcionaria de Correos y militante del Partido nazi desde 1928; nombrada Reichsreferentin en 1934, reportaba directamente a Baldur von Schirach, líder de las HJ. El genuino ideario feminazi se desprende de sus discursos:

"Nuesto pueblo necesita una generación de chicas saludables en cuerpo y mente, seguras y decididas, orgullosas y confiadas, que asuman su lugar en la sociedad con equilibrio y discernimiento; libres de sentimentalismos y, precisamente por eso, poseedoras de una feminidad agudamente definida: ¡camaradas de un hombre, al que no ven como un ídolo, sino como un compañero! Portadoras de los valores del nacionalsocialismo, estas chicas los transmitirán a la próxima generación como baluarte espiritual de nuestro pueblo".

Tras su boda y embarazo en 1937, Mohr fue sucedida por Jutta Rüdiger, doctora en psicología de 27 años, hasta la disolución de la BDM al final de la Segunda Guerra Mundial.

Las jóvenes nazis de la Liga eran formadas para conocer y adoptar el folklore y las tradiciones populares alemanas, y aprendían a representar los roles tradicionales de la mujer en la nueva Alemania nacionalsocialista. Su adoctrinamiento incluía el ser enviadas a trabajar al campo en granjas de familias numerosas. Dotada de sus propios uniformes e insignias –falda azul, camisa y calcetines blancos–, la Liga fomentaba la rebeldía contra los padres y exigía fidelidad absoluta a su Führer, Adolf Hitler.

Durante los últimos meses de la guerra, algunas BDM tomaron parte activa en la defensa del territorio alemán invadido por los aliados. No existen datos fiables sobre el alcance de su participación en los combates de la batalla de Berlín, ya que no lucharon encuadradas en unidades ni de manera conjunta o coordinada, sino que las chicas más leales al régimen lo hicieron de forma voluntaria uniéndose a las HJ y a la Wehrmacht. Como otros miembros adultos del partido nazi, algunas jóvenes prefirieron suicidarse antes de ser hechas prisioneras por los soviéticos. Tras la guerra, la BDM fue disuelta y desde entonces ninguna organización guarda relación con la desaparecida Liga de Mujeres Alemanas.

De características similares, en 1934 se fundó en Madrid la Sección Femenina (SF), rama femenina del partido fascista Falange Española, creado por José Antonio Primo de Rivera. Constituida en 1934, la SF llegó a funcionar durante cuarenta años, siendo disuelta tras la muerte del General Franco.

sábado, 14 de abril de 2018

Nazismo: La resistencia de la Rosa Blanca

En memoria de la Rosa Blanca, el movimiento alemán que enfrentó a Hitler





Una fotografía de archivo sin fecha muestra a Sophie Scholl, una figura simbólica de resistencia al régimen nazi que fue ejecutada el 22 de febrero de 1943 cuando tenía 22 años. Scholl, su hermano hans y su amigo Christistoph Probst fundaron la rosa blanca, un grupo estudiantil que predicaba resistencia a los nazis. (Agence France-Presse)

Por  Richard Hurowitz - Clarín


El 22 de febrero se cumplieron 75 años de que un grupo de jóvenes idealistas alemanes, estudiantes que se habían atrevido a pronunciarse en contra de los nazis, fueron ejecutados por el régimen al que desafiaron. Como una llama titubeante en la oscuridad, la Rosa Blanca, como se llamaban sus miembros, es un grupo inspirador que nunca perdió la valentía, así como un atemorizante recordatorio de lo inusuales que son tales héroes.

El fundador del grupo, Hans Scholl, y su hermana, Sophie, crecieron fuera de Múnich. Su padre les infundió una fuerte moral rectora y una cosmovisión religiosa. Como muchos de su edad, Hans se unió a las Juventudes Hitlerianas. Sin embargo, comenzó a tener dudas casi de inmediato: los nazis no le permitían cantar ciertas canciones, ondear ciertas banderas ni leer a Stefan Zweig, su autor favorito. Ganó un puesto de abanderado en uno de los congresos anuales de Núremberg y regresó sintiéndose perturbado por lo que había visto.

Hans quería convertirse en doctor y cuando lo reclutaron lo apostaron como paramédico en Francia. Después de un viaje de servicio, regresó a la Universidad de Múnich para continuar con sus estudios médicos. Pronto Sophie se unió a él como estudiante de la universidad. Hans leía mucho —a Platón, Sócrates, San Agustín y Pascal— y decoró su habitación en la casa estudiantil con arte modernista francés. Atrajo a un círculo de estudiantes afines: Alexander Schmorell, el hijo de un doctor; Christoph Probst, el joven padre de dos niños que apenas comenzaban a caminar, y Willi Graf, un introvertido meditabundo. Pronto encontraron un mentor intelectual en Kurt Huber, un profesor de Filosofía y apasionado creyente de la democracia liberal.

En el verano de 1942, Hans y sus amigos —inspirados por los sermones del obispo de Münster, que se oponía al nazismo— comenzaron a distribuir panfletos hechos a máquina de escribir que denunciaban al régimen. Sus palabras eran incendiarias. “Cualquier alemán honesto se avergüenza de su gobierno actual”, escribió Hans; un gobierno que cometía “los crímenes más horribles, crímenes que sobrepasan ilimitadamente cualquier medida humana”. Los miembros de la Rosa Blanca declararon que cualquiera que no hiciera nada era cómplice e imploraban a todos los ciudadanos que participaran en una “resistencia pasiva” ante el Estado nazi.

La Rosa Blanca también denunciaba las atrocidades cometidas contra los judíos. Schmorell y Hans escribieron en el segundo panfleto del grupo: “Aquí vemos el más espantoso crimen en contra de la dignidad humana, un crimen que no tiene paralelo en toda la historia puesto que los judíos también son seres humanos”. No se mordían la lengua ni siquiera respecto al Führer: “Todas las palabras que salen de la boca de Hitler son mentiras”. Salpicados con referencias eruditas a Goethe, Aristóteles, Schiller, el libro del Eclesiastés, Lao-Tse y otros, los panfletos concluían con un ruego para apoyar a la Rosa Blanca haciéndolos circular. “No guardaremos silencio”, terminaba el cuarto. “Somos su conciencia. La Rosa Blanca no los dejará en paz”.

Los panfletos aparecieron en los buzones y las casetas telefónicas entre finales de junio y mediados de julio de 1942 y se propagaron entre estudiantes afines en Fráncfort, Hamburgo, Berlín y Viena. Se detuvieron cuando Hans, Schmorell, Graf y Probst fueron enviados al este, después de ser notificados solo un día antes, al frente ruso, donde los alemanes estaban empantanados. Aun así, Hans se rebeló contra los nazis con actos de simple humanidad incluso mientras se dirigía al frente. En el tren hacia Rusia, vio a una pequeña niña judía que hacía un trabajo rudo y traía la Estrella de David color amarillo que los nazis obligaban a los judíos a portar. Bajó corriendo y le dio una barra de chocolate de su propia ración —y una margarita para que se la pusiera en el cabello—.

Después de regresar del frente, Hans y los demás emitieron dos panfletos más, en los que advertían que tras ser vencidos en Stalingrado la derrota alemana era inevitable. En una declaración de lo preciados que son los derechos individuales, los panfletos preguntaban: “¿Tendremos que ser por siempre una nación odiada y rechazada por toda la humanidad?”. Hans, Schmorell y Graf salían a hurtadillas por la noche y pintaban letreros que decían “Abajo Hitler”, “Libertad” y otros lemas en la avenida principal de Múnich.

Luego, el 18 de febrero de 1943, Hans y Sophie decidieron distribuir panfletos en la universidad y dejaron pilas de ellos en los corredores. Cuando estaban por irse, Sophie notó que había más copias en su maleta y se dirigió a lo alto de la escalera, que daba a un atrio. Lanzó los panfletos restantes al aire y miró cómo caían por el pozo de la escalera.

El encargado de mantenimiento, Jakob Schmid, un ferviente simpatizante de los nazis, estaba mirando. De inmediato cerró las puertas y notificó a las autoridades. Los hermanos fueron arrastrados al palacio de Wittelsbach, cuartel general de la Gestapo. Poco después también arrestaron a Probst, cuya esposa había tenido a su tercer hijo semanas antes. Fueron interrogados durante varios días, pero se rehusaron a implicar a alguien más.

Los tres fueron declarados culpables de alta traición y sentenciados a muerte. A las pocas horas, los ejecutaron en la guillotina. Antes de poner su cabeza en el bloque, las últimas palabras de Hans hicieron eco a través de la prisión: “Que viva la libertad”. En las semanas siguientes, los demás miembros principales de la Rosa Blanca fueron aprehendidos y ejecutados.

La historia de la Rosa Blanca llegó al frente, donde inspiró a los soldados que se oponían al régimen. Sin embargo, la esperanza que tenían sus miembros de motivar a sus compatriotas no se cumplió. Su llamado fue ignorado.

“No buscaban el martirio en nombre de ningún ideal extraordinario”, recuerda Inge Scholl en sus memorias sobre sus hermanos y los camaradas de la Rosa Blanca. “Querían que la gente como tú y yo pudiéramos vivir en una sociedad compasiva”. Estamos lejos de la oscuridad del fascismo, pero nos beneficia recordar la noble aunque triste historia de estas almas hermosas en el aniversario de su trágico sacrificio.

Richard Hurowitz es inversionista, escritor y editor de The Octavian Report, una revista filosófica trimestral.

viernes, 9 de marzo de 2018

Los huesos de la isla Nikamoro pertenecerían a Amelia Earhart

Los huesos descubiertos en una remota isla del Pacífico pertenecen a Amelia Earhart

Su avión desapareció en el Océano Pacífico el 2 de julio de 1937. Nunca se supo qué fue lo que ocurrió con la aventurera piloto que estaba dando la vuelta al mundo 
Infobae




Amelia Earhart desapareció el 2 de julio de 1937 cuando intentaba cruzar el Océano Pacífico en su plan para dar la vuelta al mundo (AFP) 

Un nuevo estudio científico asegura que los huesos hallados en 1940 en la isla de Nikumaroro, en el Océano Pacífico, pertenecen a Amelia Earhart, la revolucionaria mujer que se atrevió a cruzar el mundo piloteando su propio avión. Su desaparición, en 1937, representó uno de los mayores misterios de la aviación hasta nuestros días.
Esos huesos, hallados durante una expedición a esa remota isla en 1940, fueron descartados en 1941 como los restos de  Earhart porque los estudios forenses de entonces determinaron que se trataban de los huesos de un hombre. Fueron encontrados por una expedición británica quien luego de hallar un cráneo, decidieron continuar con la búsqueda. En su rastrillaje recolectaron más huesos y un zapato muy estropeado que aparentaba ser de una mujer. También una botella de Benedictine y una caja de navegación de la Marina de los Estados Unidos.


Amelia Earhart con su navegante, Fred Noonan en una fotografía tomada poco antes de su desaparición (AP)

Pero un estudio encabezado por el profesor Richard L. Jantz de la Universidad de Tennessee, volvió sobre esa pista que había sido descartada hace 77 años. Esos huesos fueron un enigma para los investigadores que dedicaron horas de trabajo a saber qué ocurrió con la aventurera mujer. Y en un principio se especuló con que Earhart podría haber muerto como una náufraga en aquella isla luego de que su avión se estrellara.
No convencido con la versión oficial de que los restos pertenecían a un hombre, Jantz lideró el nuevo estudio al que llamó Amelia Earhart y los huesos de Nikumaroro. Según el profesor de Tennessee las técnicas usadas en los años 40 para estudiar los huesos eran bastante precarias.
Fue así que el académico utilizó un programa –Fordisc– por el cual podría comparar los huesos de Earhart y los 13 huesos que se habían encontrado en la expedición británica. Para establecer la fisionomía de los pertenecientes a la aviadora, analizó de manera digital decenas de fotografías de la mujer. Fordisc es uno de los programas más utilizados por los antropólogos en todo el mundo, según publicó The Washington Post.
La conclusión que sacó Jantz es que las medidas de los restos coincidían con los de la aventurera mujer en un 99 por ciento. "En el caso de los huesos de Nikumaroro la única persona documentada a la que podrían pertenecer es a Amelia Earhart", señaló el profesor.



El estudio coincide con el hecho por Ric Gillespie, director del Grupo Internacional para la Recuperación de la Historia de la Aviación (TIGHAR, por sus siglas en inglés). Fue en 1998 cuando realizaron el estudio que determinó que los huesos hallados en la isla del Pacífico habían formado el cuerpo de una mujer de descendencia europea y que medía bastantes centímetros más del promedio de las mujeres.
Otra de las teorías que rodearon la desaparición de Amelia Earhart era más espectacular y tenía que ver con la Segunda Guerra Mundial. Se basaba en una fotografía que mostraba tanto a la aviadora como a su navegador, Fred Noonan, en Jaluit Harbor, en las Islas Marshall. Supuestamente, ambos fueron capturados por los japoneses y ejecutados como espías. Pero Japón descartó la historia asegurando que esa imagen había sido tomada en 1935, dos años antes de la desaparición de ambos.


Supuestamente, la mujer de remera blanca, sentada sobre el muelle y de espaldas era Amelia Earhart. El gobierno japonés lo negó mostrando esta prueba de la fotografía original, de 1935, dos años antes de su desaparición

La fotografía original, disponible en Biblioteca Nacional de la Dieta de Japón, tiene fecha y fue tomada en el atolón de Jaluit en 1935

Sin embargo, todas las evidencias apuntan a un sólo lugar: la remota isla de Nikumaroro, donde el 2 de julio de 1937 su avión desapareció y nunca más hizo contacto de radio. Earhart ya había hecho historia. A partir de ese momento se transformaría en leyenda. Una leyenda misteriosa que parece haber encontrado su última verdad.

sábado, 20 de enero de 2018

Guerra del Paraguay: Las donaciones de las damas paraguayas a la causa

La olvidada historia de las mujeres que donaron sus joyas para financiar al ejército de Paraguay en la Guerra de la Triple Alianza

Más de 5000 mujeres donaron sus alhajas para "aumentar los elementos bélicos de la heroica defensa de la patria" en la sangrienta guerra que enfrentó a Paraguay con Argentina, Brasil y Uruguay entre 1865 y 1870
La Nación


Las mujeres de la alta sociedad concurrieron a la entrega oficial de las joyas y "Libro de oro" en 1867. (Foto: El Centinela/Colección CAV/Museo del Barro). Foto: LA NACION

Mil mujeres se reunieron hace 150 años frente a lo que hoy es la Catedral Metropolitana de Asunción.

Su objetivo era votar por la creación de una serie de comisiones regionales encargadas de recolectar las donaciones de joyas y alhajas de mujeres de todo Paraguay, destinadas a "aumentar los elementos bélicos de la heroica defensa de la patria", según actas de la época.

Esta reunión del 24 de febrero de 1867 es considerada la primera asamblea femenina de Sudamérica y la razón por la que Paraguay festeja el Día de la Mujer en una fecha distinta al 8 de marzo.


Pero también es el origen de lo que se conoce como el ejército de retaguardia de Paraguay durante la Guerra de la Triple Alianza, el enfrentamiento internacional más sangriento de la historia de América Latina.

En los cinco años de guerra que enfrentaron a Paraguay con Argentina, Brasil y Uruguay, entre 200.000 y 300.000 paraguayos murieron, al menos la mitad de su población.


Entregar sus joyas para financiar el ejército fue el primer gran paso que ellas dieron en lo que terminaría siendo "el país de las mujeres".

El "Libro de oro"


Durante cinco meses, ciudad por ciudad, más de 5.000 mujeres entregaron lo más preciado que tenían: aros y peinetas de oro, collares de coral, anillos y prendedores de diamantes, relojes de bolsillo, vajilla con incrustaciones en piedra, espuelas de plata.


El "Libro de oro" tiene una cobertura con grabados en oro, un delicado trabajo de orfebrería anónimo. (Foto: Secretaría Nacional de Cultura de Paraguay). Foto: LA NACION

Algunas lo hicieron convencidas con la causa nacional, en apoyo a la guerra que había desatado su presidente, el mariscal Francisco Solano López, al invadir Brasil por diferencias geopolíticas en 1864 y que, un año después, se convertiría en un conflicto transnacional imposible de ganar para Paraguay.

Otras mujeres, en cambio, fueron coaccionadas a entregar las joyas y reliquias familiares que con orgullo vestían a diario, tal como indicaba la tradición local de la época.

Pero todas ellas quedaron inmortalizadas como "las hijas de la patria" en el llamado "Libro de oro", un volumen que detalla el nombre, a veces el apellido y siempre el lugar de residencia de cada donante.


Francisco Solano López fue presidente de Paraguay desde 1862 hasta su muerte, en 1870.. Foto: LA NACION

Se trata de un ejemplar de 10 kilos, con 96 páginas y una cobertura con grabados en oro, que fue entregado el 8 de septiembre de 1867 junto con todas las joyas para Solano López.

"El 'Libro de oro' es invaluable, es una reliquia que representa la voluntad de un pueblo por sobrevivir", Fernando Griffith, ministro de la Secretaría Nacional de Cultura de Paraguay, sobre el texto que el mes pasado se expuso por primera vez al público general en el Archivo Nacional de Asunción.

"Por ahora no tenemos el dato preciso de cuántas mujeres donaron ni del valor de las joyas", le dice a BBC Mundo Vicente Arrúa Ávalos, director del Archivo Nacional de Asunción.

Sin embargo, como el texto iba acompañado de otros tres volúmenes que contienen el inventario completo de qué donó cada paraguaya, pronto los historiadores podrán desentrañar algunos de los misterios que lo rodean.

¿Qué pasó con las joyas?

Existen muchas teorías sobre qué hizo Solano López con las joyas.

En algunos libros de historia se afirma que el presidente mandó a acuñar monedas de oro para efectivamente financiar al ejército.

También están los que sostienen que usó la donación para forjarse una espada de puño y vaina de oro sólido, adornados con piedras preciosas.

Incluso hay quienes aseguran que las joyas fueron a engrosar las arcas de la compañera del mariscal, la irlandesa Elisa Lynch.

En cualquier caso, la historiadora paraguaya Mary Monte de López Moreira le dice a BBC Mundo que es imposible que las joyas pudieran haber sido comercializadas para comprar armas debido al bloqueo que poco después sufriría el país.


El "Libro de oro" fue digitalizado por completo el mismo día en que llegó al Archivo Nacional de Asunción. (Foto: Secretaría Nacional de Cultura de Paraguay). Foto: LA NACION

Por su parte, Arrúa Ávalos afirma que todo esto es anecdótico porque "el objetivo principal de la donación era simbólico: demostrar la fidelidad a la patria".

En este sentido, sobre la fecha de la donación, Solano López escribió: "La solicitud del bello sexo para usar los colores nacionales en lugar de sus joyas y alhajas durante la guerra es eminentemente patriótica".

"Pero ?continuó? no considero que la mujer paraguaya, que tantas pruebas ha dado de su amor a la patria, necesite hacer ostentación externa de los colores que lleva impreso en su corazón ni veo por qué ha de renunciar al uso de sus joyas".

Lo cierto es que si esas joyas estaban aún en Asunción en 1869, cuando los ejércitos de Argentina, Brasil y Uruguay invadieron la capital, es muy probable que se convirtieran en botín de guerra.


La Guerra de la Triple Alianza que enfrentó a Paraguay con Argentina, Brasil y Uruguay se extendió entre 1865 y 1870.. Foto: LA NACION

"Se llevaron las rejas de las ventanas, las tejas de los techos, las tumbas de los cementerios... Se llevaron todo lo que pudieron", cuenta Monte de López Moreira.

De hecho, el propio "Libro de oro" estuvo en manos del gobierno brasileño hasta 1975, cuando fue devuelto a Paraguay.

Arrúa Ávalos cuenta que por 42 años el libro estuvo en el palacio de gobierno, donde se lo conservó en óptimas condiciones, pero inaccesible para historiadores y público. Desde su entrega al Archivo Nacional de Asunción, en septiembre pasado, se encuentra escaneado y disponible online.

Heroínas anónimas


La donación de joyas es apenas uno de los tantos roles que asumieron las mujeres paraguayas durante la Guerra de la Triple Alianza.

"Los primeros registros de mujeres luchando son de diciembre de 1868", le cuenta a BBC Mundo el historiador paraguayo Fabián Chamorro.

Pero desde un principio, agrega Monte de López Moreira, las mujeres trabajaron la tierra para suministrar el alimento a los soldados y participaron como enfermeras, lavanderas y cocineras en los campos de batalla.

"Encontré registros de algunas mujeres que iban hasta el campo enemigo, le sacaban los uniformes a los caídos, los lavaban y adaptaban para los soldados paraguayos", explica la historiadora.

Por su parte, Arrúa Ávalos afirma que, "a pesar de que la donación de joyas resuena como la máxima expresión de patriotismo", además hicieron cuantiosas entregas de comida, ropa y aguardiente, por citar algunos ejemplos.

También fueron ellas las que tuvieron la difícil tarea de reconstruir el país al terminar la guerra, en 1870.


Hombres y mujeres, niños y ancianos terminaron peleando por Paraguay en la Guerra de la Triple Alianza. (Foto: Gregorio Cáceres/Semanario Cabichuí/Colección Hemeroteca Carlos A. López/Biblioteca Nacional). Foto: LA NACION

Según los registros historiográficos más aceptados, 80% de los paraguayos que murieron durante el conflicto eran hombres. Ellas, entonces, se encargaron de plantar la tierra y faenar, pero también de otras tareas como comercializar y estivar en el puerto.

Y, por supuesto, debieron repoblar el país en tiempos en que había cuatro mujeres por cada varón y hasta la pareja se compartía.

Incluso, en algunas regiones de Paraguay, la proporción llegaría a ser de 20 a uno, lo cual provocó el apodo coloquial del "país de las mujeres".

No obstante, estas mujeres permanecen como heroínas anónimas. Para ellas no hay estatuas con sus rostros ni calles o plazas con sus nombres.

En palabras de Chamorro: "En un país reconstruido por mujeres, nuestra historia no las recuerda".

domingo, 26 de noviembre de 2017

Conquista del desierto: Un regimiento espartano

Un regimiento espartano




Cuando la revolución de 1874, las fronteras habían quedado completamente abandonadas porque las tropas que guarnecían habían acudido al llamado del Gobierno, unas, mientras las otras se habían plegado a la revolución, siguiendo al prestigioso general Rivas.  En el fuerte General Paz, comandancia de la frontera Oeste, no había quedado un solo soldado susceptible de dar un paso.  Todos habían marchado al campamento de Mercedes con el benemérito coronel Lagos, jefe de aquella frontera.

La noticia de la revolución los había tomado ignorantes de todo; el Regimiento 2 venía de corretear unos indios, recibiendo Lagos en la marcha, la noticia de lo que sucedía en Buenos Aires.  Llegó al campamento, hizo montar a caballo inmediatamente la fuerza que allí quedaba y se puso en marcha hacia Chivilcoy, a esperar órdenes, o ver qué giros tomaban los sucesos.

Cada cual salió con lo puesto, considerándose feliz el que pudo echarse una muda de ropa a los tientos, por lo que pudiera suceder.  Nadie sabía a dónde iba, lo que sucedía y cuánto duraría aquella marcha precipitada.  Todo quedó abierto y tirado, y a disposición del primero que quisiera agarrarlo.  Allí quedaban la ropa, las armas de repuesto, las camas, y hasta la correspondencia amorosa.  Los quillangos comprados a los indios para traerlos a sus novias unos y a sus madres otros, los retratos de familia y de amor, todo, en fin, quedaba a la vista y a disposición del primer indio que allí entrara.

En el hospital no había más que un soldado moribundo de fiebre maligna, el loco Echeverría, con una indigestión de maíz, y dos soldados más, enfermos de golpes de caballo que les privaban de todo movimiento.

Los buenos milicos se despidieron de sus consortes, que quedaban allí a cuidar las cuadras, los oficiales saludaron aquellas covachas donde dejaban su tesoro y la columna se puso en marcha, con gran espanto del médico Franceschi, que no sabía andar a caballo y temía lo basureara el mancarrón.

El abandono era peligroso, porque el campamento quedaba situado entre las tribus amigas, que no por ser amigos dejaban de ser indios: Manuel Grande, Coliqueo y Tripailaf.

Allí quedaban armamento en desuso, polvorín bien provisto y casuchas como la del coronel Lagos, que guardaba cuanto tenía éste, y que no había querido llevar nada para quedar en iguales condiciones a sus oficiales.

No había más amparo que la negra Carmen, sargento primero del 2 de Caballería, y a ella se la nombró jefe de la frontera mientras duraba la ausencia del coronel Lagos.  Era mamá Carmen el único sargento primero que quedaba en el campamento, y a ella le correspondía el comando accidental de la frontera.

La pequeña columna se puso en marcha, y mama Carmen se quedó dando sus primeras órdenes para arreglar el servicio de vigilancia.  Los vivanderos encajonaban apresuradamente sus limetas y galletas revenidas, para apretarse el gorro sobre tablas, porque podían entrar los indios, que son, por lo general, malos marchantes.

Sevilla, Bastos, don Pedro, todos andaban apuradísimos en arreglar sus efectos, cuando sentimos, ya al salir del campamento, la voz sonora de mamá Carmen, que dirigiéndose a Bastos le decía:

- ¡Que se quede ése que se llama como baraja!  No quiero que se vaya, porque por un flojo no nos hemos de quedar sin ginebra ni vicio de entretenimiento.
- ¡Que se quede mi pulpería! –gritó Bastos-, pues mis matambres los pongo en salvo.

Y uniendo la acción a la palabra, vino a formar a retaguardia de la columna, mientras mamá Carmen ponía de guardia en la pulpería de Bastos a la mujer del sargento Romero, una negra buena moza, más grande que un rancho.

La columna siguió la marcha en medio de las más alegres carcajadas, marcha que fue un verdadero vía crucis para el médico Franceschi, quien, como Cristo, no hacía sino caer y levantarse para volver a caer.

Aquella misma tarde mamá Carmen vistió con uniforme de tropa a todas las mujeres que quedaron en el campamento, para que en un caso dado pudiera fingirse un piquete dejado de guarnición en él.  En el mangrullo había dos piecitas de bronce, la misma que tomó Arredondo en San Ignacio, y que estaban en buen estado de servicio.  En aquel mangrullo estaban perfectamente seguras, pues levantando la tabla no había quien trepara a la estrella, y en último caso, mama Carmen sabía manejar las piezas con bastante acierto.

Allí subían a dormir de noche, estableciéndose de día la más estricta vigilancia.  Los indios amigos veían a la distancia que en el campamento habían quedado soldados y no se atrevieron a ir.

Manuel Grande era un cacique que siempre había sido leal al gobierno y que protegía al campamento en cualquier caso de apuro.

Una siesta en la que mamá Carmen estaba entregada con sus amigas y soldados ya mejorados a las delicias de una carne con cuero, sintieron a la centinela que gritaba:

- ¡Indios en el fortín Luna!

Medio atorándose con un bocadote matambre, mamá Carmen mandó formar sobre el mangrullo y subió ella misma a preparar las piezas.  Efectivamente; a la derecha del campamento se veía una indiada que avanzaba con el mayor descuido, como si supiera que el campamento estaba abandonado.

Los caballos estaban atados a la estaca y nada acusaba la presencia de tropas.  La negra Carmen cargó las piezas, levantó la tabla y se escondió como las demás mujeres detrás del parapeto.

Los dos soldados tenían su carabina con su dotación de tiros, otra carabina mamá Carmen y otras dos tenían la mujer del sargento Romero y la mujer del trompa Martinone.

Los indios, que sin duda estaban convencidos de que no había nadie, entraron alegremente y mirando a todas partes, como si quisieran descubrir el paraje que debían asaltar primero.  Aquí fue donde mamá Carmen hizo asomar a sus tiradores, asomando ella misma, y rompiendo el fuego sobre los indios.

Aturdidos y aterrados por aquel inesperado fuego de fusilería, los indios se hicieron una pelota y salieron del cuadro dando alaridos terribles.  Mamá Carmen, que los vio hechos un pelotón que no atinaba por dónde romper, hizo un disparo de artillería que concluyó por aterrarlos.  Al segundo cañonazo los indios se ponían en fuga, dejando dos heridos dentro del mismo campamento.

Mamá Carmen salió entonces del mangrullo seguida de los dos soldados, montó a caballo y se puso en persecución de los derrotados, haciéndoles frecuentes tiros de carabina.  Si los indios volvían, siempre tendría ella tiempo de volver al mangrullo a jugar su artillería.

Pero los indios no atinaban a volver; los disparos de las piezas los había llenado de espanto y sólo trataban de ponerse a salvo.  Tres indios que fueron alcanzados, en un trayecto de veinte cuadras que duró aquella persecución, los ató mamá Carmen y los trajo al mangrullo, diciéndoles:

- No tengan cuidado, hijitos: aquí quedarán hasta que vuelva el coronel y diga lo que ha de hacerse.

Cuando los indios vieron que allí no había más que mujeres, querían morirse de desesperación; pero no había remedio, pues estaban fuertemente amarrados al mangrullo.

Así se libró de ser invadido el fuerte General Paz, durante el tiempo que duró la revolución.

Cuando regreso la división del coronel Lagos, halló los tres prisioneros, guardados por aquel cómico destacamento.  No faltaba ni una hilacha; todo se había salvado, gracias al valor y previsión de mamá Carmen.

Fuente

Gutiérrez, Eduardo – Croquis y siluetas militares – Buenos Aires (2005)

Se permite la reproducción citando la fuente: www.revisionistas.com.ar 

miércoles, 4 de octubre de 2017

Nazismo: Leni Riefenstahl y su obra dedicada al régimen

La historia de la directora que rechazó el cortejo de Adolf Hitler y se convirtió en la cineasta del régimen nazi

Nunca se aclaró la verdadera naturaleza de la relación entre Leni Riefenstahl y el dictador alemán. Pero una reciente biografía sobre la mujer revela detalles inéditos
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Hasta el día del encuentro que le cambiaría la vida, Leni Riefenstahl era una joven actriz y directora que buscaba hacerse un lugar en el mundo del cine.

Pero "La luz azul", la película que había recién producido y dirigido, había tenido un espectador de excepción: Adolf Hitler. Deslumbrado, quiso conocer a esa hermosa mujer que, pensaba, representaba el perfecto ideal femenino alemán.



Ella tenía 30 años; él, ya jefe del cada vez más poderoso partido nacionalsocialista, sería nombrado dos años después Canciller de Alemania.

 "Cuando tomemos el poder, usted realizará mis películas", le prometió el Führer a la joven.

Nunca se aclaró la verdadera naturaleza de la relación entre el dictador alemán y quien pasaría a la historia como la "directora de Hitler". ¿Eran amantes, cómplices o estaban simplemente fascinados el uno por el otro?




El misterio no se develó, aunque una escena puede dar una pista.

Ocurrió durante una tarde de primavera de 1932. En la playa cerca de Horumersiel, con vista sobre el mar Báltico, los dos paseaban en la playa.

"Después de un largo silencio se detuvo, me observó durante un largo rato, puso sus brazos alrededor de mi cuerpo y me condujo hacía él. Me miraba fijo con intensidad. Al darse cuenta de que yo estaba a la defensiva, me dejó inmediatamente y se apartó. Entonces lo vi alzar las manos al cielo y gritar solemnemente: '¡No tendré el derecho de amar a una mujer hasta que no cumpla con mi obra!'".



El episodio se lee en la biografía de Jérôme Bimbenet, "Leni Riefenstahl. La directora de Hitler", que cuenta la increíble vida de este personaje que fue una testigo privilegiada de la página más trágica del siglo XX. Es el retrato de una mujer dispuesta a todo y capaz de usar su talento y belleza para obtener lo que quería, realizando obras que -a pesar de su contenido propagandístico- quedaron en la historia del cine e influenciaron a directores de la talla de Steven Spielberg y George Lucas.



Hitler, de hecho, no fue el único líder del Tercer Reich en haber cedido al encanto de Riefenstahl.

Según se lee en la biografía, también el ministro para la Ilustración Pública y Propaganda, el poderoso Jospeh Goebbles, la acosó durante un largo tiempo.

Es probable que a la mano derecha de Hitler -quien controlaba la industria cinematográfica alemana y estaba obsesionado con el sexo– Riefenstahl le haya dado a entender que un día podría haber cedido a su cortejo aunque, al parecer, al final nunca cedió.


Joseph Goebbels, Leni Riefenstahl y Adolf Hitler

Lo cierto es que la frecuentación de los altos mandos nazis dieron sus frutos: Riefenstahl filmó las multitudinarias marchas del partido nacionalsocialista, que se convirtieron en las películas de propaganda "La victoria de la fe" y "El triunfo de la Voluntad".



Pocos años después, llegó su gran éxito: "Olympia", la película sobre las olimpiadas en Berlín de 1936, aún considerada uno de los mejores documentales sobre los Juegos Olímpicos jamás realizados.



Durante la guerra su actividad cinematográfica no se detuvo: filmó las victorias alemanas entre 1939 y 1940 hasta que, con las primeras derrotas, dejó Berlín.

En el libro se cuenta que cuando recibió la noticia de la muerte de Hitler lloró durante toda la noche. Detenida por los Aliados, acusada de ser la amante de dictador, Riefenstahl cayó en depresión y hasta pensó en el suicidio. Después de la guerra, trabajar en Europa se le hizo imposible: por eso, decidió refugiarse en África, lejos de las venganzas y del pasado.



Es "el comienzo de una nueva vida", según dijo. Allí quedó fascinada por la tribu de los Nuba, que retrató en reportajes memorables.


Murió en 2003, a los 101 años, tras haberse casado con Horst Kettner, un colaborador 40 años más joven. Le quedó tiempo, un año antes, de realizar su última película, "Maravillas bajo el agua".

lunes, 2 de octubre de 2017

Biografías: Juan Domingo Pedófilo

La historia de Nelly Rivas, la "niña amante" de Juan Domingo Perón



Por Nicolás Gilardi - Infobae
ngilardi@infobae.com


Nelly Rivas y Juan Domingo Perón

"Quedé muda. Sentí que un escalofrío me corría por todo el cuerpo. Empecé a temblar como una hoja (…) Yo había quedado estupefacta ante su sencillez y cordialidad. Tampoco había esperado que fuera tan buen mozo". Así describió Nélida Haydeé Rivas, "Nelly", su primer cara a cara con Juan Domingo Perón. Ella tenía 14 años, él 58. Poco después de ese primer encuentro, ocurrido en agosto de 1953, la joven pasaría a vivir en el Palacio Unzué, que era usado por Perón como residencia presidencial.

La relación entre ambos fue furiosamente criticada por los antiperonistas y usada por la "Revolución Libertadora" para mostrar la "decadencia moral" del presidente depuesto en septiembre de 1955. Una publicación histórica dirigida por Felix Luna dijo lo siguiente sobre el tema: "Aun dejando de lado las exageraciones e invenciones que prosperaron en ese momento, evidencia una relajación en los valores morales de Perón, y su intimidad con Rivas ratifica ese proceso hasta un grado penoso. Demuestran la decadencia de una personalidad política". Son palabras duras. Por su parte, los peronistas optaron generalmente por el silencio sobre el tema, o expresaron una aprobación con reservas.

Más allá de las opiniones ajenas, tras la caída de Perón, Nelly y su familia padecieron persecuciones por parte de la dictadura militar encabezada por Pedro Eugenio Aramburu e Isaac Rojas. Además del escarnio público, la reclusión en un asilo para prostitutas y la persecución judicial, la joven sufrió el fin de su relación con Perón, con quien recién pudo reencontrarse fugazmente en 1973. Esta es su historia.

Nelly nació el 21 de abril de 1939 en el hospital Rawson y fue la única hija de José María Rivas y María Sebastiana Viva, un matrimonio de condición humilde, que adhirió al peronismo desde sus inicios, atraído por la política social del incipiente movimiento. Nelly recordó en sus memorias que sus padres eran "demasiado pobres para comprarme juguetes" y que la primera vez que tuvieron "un pan dulce para Navidad" fue cuando Perón "decretó que se pagara a los trabajadores un aguinaldo" para esas fechas festivas, en 1946.

Nelly Rivas, a los cinco años, junto a su madre

Rivas era obrero en la fábrica de golosinas Noel y su esposa trabajaba como portera en un edificio de departamentos. La hija "fue una buena alumna" y tenía "las mejores notas", cuenta Juan Ovidio Zavala, abogado de la familia cuando esta tuvo que enfrentar años más tarde a la justicia, en su libro Amor y Violencia, la verdadera historia de Perón y Nelly Rivas (Planeta, 2014). En 1951, cuando Nelly estaba por terminar la primaria, su padre se enfermó y eso complicó aún más la débil economía familiar. "Muy pronto nos encontramos sumidos en deudas: cuentas de hospital y de médicos, además de los carísimos medicamentos importados", narró Nelly en sus memorias, que hoy comenzó a publicar Infobae.


La UES, vía de encuentro entre Nelly y Perón

Corría el año 1953 y el gobierno peronista no atravesaba su mejor momento. La economía vivía un momento de turbulencias y los frentes de conflicto crecían día a día. Además, Perón estaba afligido por la muerte Evita, ocurrida el 26 de julio del año anterior. El presidente "había caído en una profunda depresión", sostiene la investigadora Araceli Bellota, en su obra Las mujeres de Perón (Planeta, 2005). En ese contexto, al ministro de Educación, Armando Méndez San Martín "se le ocurrió inventar la Unión de Estudiantes Secundarios (UES)", una agrupación juvenil, cultural y deportiva , con dos ramas, una masculina y otra femenina, que comenzó a funcionar en la quinta presidencial de Olivos.


Juan Domingo Perón, rodeado de jóvenes de la UES

El funcionario a cargo de la cartera educativa "tenía la esperanza de que el general se entusiasmara con la idea y de que los jóvenes le contagiaran un poco de alegría". Así fue que Olivos se convirtió "en un enorme club femenino". Méndez San Martín acertó con su plan de cambiar el ánimo de Perón, ya que la "UES renovó el entusiasmo del presidente", explica Bellota. Pero todo terminó en escándalo: una de las chicas de la UES era Nelly Rivas.


El primer cara a cara

En agosto de 1953, una amiga de Nelly, Teresa, la convenció de concurrir a Olivos con la UES, con la excusa de que podría ver películas gratis. A Nelly le gustaba mucho ir al cine. Incluso iba sola, a ver el continuado de dos o tres filmes. Finalmente, las dos amigas concurrieron a Olivos, donde se produjo el primer cara a cara con Perón. Así lo contó la propia Nelly:

Estaba encendiendo un cigarrillo de espaldas a nosotras. Luego se dió vuelta y sus ojos se posaron en mí.

Me sonrió: "Veo que tenemos una chica nueva hoy. ¿Qué tal, ñatita; le gusta la U.E.S.?".

Quedé muda. Sentí que un escalofrío me corría por todo el cuerpo. Empecé a temblar como una hoja.

Seguí temblando, aún después que él se había ido. ¡Había visto al famoso presidente Perón y él me había hablado! Apenas podía caminar.

-¿Qué te pasa?, me preguntó Teresa extrañada. Venís aquí por primera vez, el general te habla y no eres capaz de contestarle.

Yo había quedado estupefacta ante la sencillez y cordialidad de Perón. Tampoco había esperado que fuera tan buen mozo.

Ese primer encuentro impactó fuertemente en Nelly. En su libro, Zavala recogió el testimonio de la joven, que por entonces tenía 14 años, sobre estas primeras sensaciones: "Perón, en nuestra casa de trabajadores, era un dios (…) Sería una gran falsedad no reconocer que cada una de nosotras quería ser una segunda Evita".


Nelly Rivas, a los 15 años

Con el correr de los días, creció el entusiasmo de Nelly, que procuraba concurrir asiduamente a las actividades de la UES y poder estar cerca de Perón. Así fue que comenzó a mantener diálogos frecuentes con el mandatario e incluso le pidió que le enseñara a andar en motoneta. Estos vehículos podían verse en cantidad en la residencia de Olivos, ya que formaban parte de las actividades habituales de las jóvenes de la UES. Pero las intenciones de Nelly fueron percibidas por Méndez San Martín, que intentó impedirle el ingreso a la residencia, aunque sin éxito, ya que la propia chica recurrió a Perón para solucionar el asunto.

Todo siguió avanzando y Nelly, con otra veintena de chicas celebraron la Navidad con Perón. En su libro, Bellota cuenta cómo se desarrolló la velada: "A la hora de sentarse a la mesa, todas querían estar cerca de Perón, pero él eligió a Nelly para que se ubicara a su derecha". Los festejos se repitieron en año nuevo, en la casa que Perón tenía en San Vicente. Allí estuvo Nelly, junto con otras cuatro chicas. Fue la primera vez que Nelly durmió fuera de su casa. Su padre en principio se opuso, pero Nelly logró convencerlo.


Los caniches de Perón, la excusa para entrar en el Palacio Unzué

Como Perón no había ido a Olivos en los primeros días del año 1954, Nelly decidió ir en persona al Palacio Unzué, la residencia presidencial de Recoleta utilizada por Perón en sus dos primeros mandatos. La joven insistió tanto en verlo, que los empleados finalmente llamaron al Presidente, que no pudo ocultar su sorpresa por la presencia de Nelly.

A partir de ese día, la jovencita, que tenía todo el día libre porque estaba en el receso escolar de verano, comenzó a concurrir asiduamente a la residencia, donde almorzaba y cenaba con Perón, veía películas en el cine privado, cuidaba a los caniche "Monito" y "Tinolita" y luego, a la noche, era llevada a su casa por un chofer de presidencia.

Nelly con los caniches “Monito” y “Tinolita”

Nelly se encariñó tanto con "Monito", el caniche blanco, que algunos días se lo empezó a llevar a su casa. Pero el personal doméstico se quejó de que el otro perrito, "Tinolita", la caniche gris oscura, lloraba por las noches. Esa fue la excusa perfecta que eligió Nelly para pedirle a sus padres que la dejaran mudarse a la residencia. "Con este argumento vencí la resistencia de mi padre y obtuve su permiso para establecerme en el Palacio del Presidente", explicó sobre esto la propia Nelly. Así, pasó a ocupar el dormitorio que había pertenecido a Evita.

El vínculo entre Nelly y Perón era solo conocido puertas adentro, hasta que se mostraron juntos en Mar del Plata, en marzo de 1954, durante la inauguración del Festival Cinematográfico Internacional, un evento impulsado por Raúl Alejandro Apold, el subsecretario de Prensa y Difusión. Aparentemente, Perón en principio no estaba convencido de concurrir al evento, por lo que Apold le pidió a Nelly que lo ayude a lograr que el general cambie de opinión. "Papaito, la nena quiere ir a Mar del Plata", le pidió Nelly a Perón, según ella misma contó. Al principio, el presidente estuvo reticente, pero ante la insistencia cedió.

Una vez confirmado el viaje a la ciudad balnearia, Perón le abrió a Nelly el vestuario de Evita. "Me condujo hasta el fabuloso cuarto que encerraba los vestidos de fiesta de Eva Perón. Muchos de ellos, modelos de los más famosos modistos de París. Elegí tres trajes de Dior y uno de Marcel Rochas. No habían sido jamás usados. Para acompañar estos trajes, el General me dio una estola de visón azul y una capa de visón natural", rememoró Nelly en sus memorias.


Nelly le pidió a Perón que le enseñe a andar en motoneta

La relación sentimental

En sus memorias, Nelly afirmó que en principio el vínculo con Perón era como "el de un padre como una hija", pero que finalmente las cosas fueron más allá. Lo explicó de esta manera: "Durante los primeros días de mi permanencia en la residencia, las relaciones entre Perón y yo se mantuvieron en el plano de padre e hija. De pronto, sin darnos siquiera cuenta como, la atracción mutua que se había venido apoderando de nosotros, nos venció. Todo sucedió a la vez, repentina e inesperadamente".

Por su parte, Zavala, que en su libro reconstruyó lo que Nelly le fue contando durante varios años, aseguró que "ella precipita los sucesos porque es la que finalmente toma la decisión". Y agregó: "Procedió como cualquier mujer de esa edad que resulta cautivada por un hombre".

Pero, ¿qué dijo Perón? No fueron muchas las ocasiones en que aceptó referirse al tema. Una de las pocas veces que lo hizo fue en una conferencia de prensa, en Venezuela, uno de los países en los que estuvo exiliado. "Esa señorita a quien conocí, era una niña que concurría como muchas otras a la UES. Es una criatura, y como hombre no pude o no puedo ver en ella más que lo que es: una nena. Por mi edad, por mi experiencia, pueden tener la seguridad que no transgredí códigos morales".

Derrocamiento y separación

El 19 de septiembre de 1955, tres días después del inicio de la revolución que pondría fin al decenio peronista, Nelly vio por anteúltima vez en su vida a Perón. Así lo rememoró:

El presidente Perón, vestido con su uniforme de general, subió apresurademente las escaleras de la Residencia Presidencial y al llegar arriba me besó. Había venido solo por unos momentos de la Casa de Gobierno desde donde dirigía las operaciones contra las fuerzas revolucionarias.

Fue un beso como siempre y no me alarmé.

-Hasta luego! me despedí, – Y que tengan suerte!

Esa fue la última vez que ví a Perón. (NdR: luego lo volvería a ver una vez más, en 1973).

La abrupta separación de Perón sería solo el primer capítulo de una serie de infortunios y persecuciones que la joven sufriría a manos de las nuevas autoridades del país, que usaron el "caso Nelly Rivas" como paradigma de la "corrupción moral del tirano prófugo".


Una de las cartas que Perón le envió a Nelly desde la cañonera Paraguay

Perón, refugiado en la cañonera Paraguay, le escribió dos cartas a su joven amante, pero estas fueron secuestradas por la policía durante un procedimiento en la casa de la familia Rivas y luego entregadas a los medios de comunicación, que no dudaron en publicar el contenido completo. "Querida nenita, lo que más extraño es a vos y a los perros", decían, entre otras cosas, las cartas del general, que prometía que la iba a mandar a buscar. La difusión de las misivas fue el primer golpe para Nelly. Perón, avergonzado, negó su autoría e incluso pidió un peritaje caligráfico. Aparentemente, el ex presidente no supo en ese momento como habían llegado las cartas a los diarios y pensó que Nelly las había entregado, lo que hizo más hondo el dolor de la chica.

Luego de esto y con la esperanza de volver a reunirse con Perón, Nelly y su familia, contrataron un auto con chofer para viajar a Paraguay. Con ellos llevaban a los caniches de Perón, que Nelly había sacado de la residencia Unzué mientras se desarrollaba el golpe de Estado. Sin embargo, fueron detenidos en Formosa, les sacaron los documentos y tuvieron que regresar.


Perón, con gesto serio, en la cañonera Paraguay (Archivo “Todo es Historia”)


Persecución judicial

Con Perón lejos del país, Nelly y su familia comenzaron a sufrir persecuciones. Al episodio de las cartas, le sucedió un ataque contra la mamá, María Sebastiana, a manos de un grupo de mujeres que la golpearon y le cortaron el pelo en la calle. Luego, el Tribunal Superior de Honor del Ejército le abrió un proceso a Perón, en el que Nelly tuvo que testificar, siendo agraviada y coaccionada por los jueces militares, mientras que la justicia civil abrió un expediente contra el ex presidente por el delito de estupro. Los padres de Nelly fueron acusados de complicidad con Perón y también juzgados, por "delitos contra la integridad sexual", tipificados en el artículo 120 del Código Penal, que establece lo siguiente: "Será reprimido con prisión o reclusión de tres a seis años el que realizare algunas de las acciones previstas en el segundo o en el tercer párrafo del artículo 119 con una persona menor de dieciséis años, aprovechándose de su inmadurez sexual, en razón de la mayoría de edad del autor, su relación de preeminencia respecto de la víctima, u otra circunstancia equivalente, siempre que no resultare un delito más severamente penado".


La causa judicial contra los Rivas (archivo de Juan Ovidio Zavala)

El gobierno militar consideró que por este motivo Nelly no estaba segura con sus padres y decidió enviarla en mayo de 1956 al Asilo San José, una oscura institución en la que eran alojadas las prostitutas que la policía detenida en las calles. Nelly estuvo 218 días en ese lugar, donde su salud física y mental se debilitó notablemente. Según Zavala, la joven amante de Perón pensó en el suicidio durante su internación. En julio, el padre de Nelly fue detenido en la cárcel de Villa Devoto y su madre fue apresada en el Asilo Correccional de Mujeres.


Nelly se casó en 1958

A mediados de noviembre, Nelly fue puesta en "libertad vigilada" y entregada en custodia a su abuela paterna, María Barros. Sus padres fueron liberados poco después, aunque la causa judicial siguió su curso. El 29 de abril de 1960, el juez Alejandro Caride los absolvió, pero el 11 de agosto de ese mismo año, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional revocó la sentencia de primera instancia y los condenó a tres años de prisión, como autores del delito de estupro, en grado de participación. Sin embargo, los Rivas se mantuvieron prófugos, por recomendación de sus abogados, hasta que la pena prescribió, en marzo de 1965. En el medio, Nelly encontró el amor en otro hombre, Carlos, con quien se casó en 1958, y tuvo dos hijos.


Nelly Rivas, en 1960, con uno de sus hijos en brazos. Detrás, su madre

Reencuentro con Perón

Durante el largo exilio de Perón, Nelly no tuvo ningún tipo de contacto con el líder justicialista y el reencuentro, breve, se produjo 18 años después en diciembre de 1973, cuando Perón ya era nuevamente presidente. Nelly no pudo contener su emoción y le contó al general todo lo que había sufrido en su ausencia. Ambos lloraron. Ya más tranquilos, Perón le preguntó en que la podía ayudar, si necesitaba algo. "Porque tu comprendes que ésta es la última vez que nos vemos", le dijo. Y así fue, no volvieron a verse. Perón murió meses después, el 1 de julio de 1974, en medio de un clima hostil, de violencia creciente en el país. Nelly vivió muchos años más. Lejos de las luces y la política, falleció el 28 de agosto de 2012, a los 73 años.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Vikingos: Confirman tumba de guerrera vikinga

Guerrero vikingo encontrado en Suecia era una mujer, los investigadores confirman

Louise Nordström | The Local

   

Foto de archivo de un casco de inspiración vikingo. De archivo: Ludvig Thunman / TT


¿Los investigadores han descubierto finalmente la versión real de Suecia de Lady Brienne of Tarth o Xena the Warrior Princess? Las nuevas pruebas sugieren que en realidad tienen ...
Durante más de un siglo, arqueólogos e historiadores han asumido que los restos de una persona encontrada enterrada junto con armas y caballos en una de las tumbas más espectaculares descubiertas en la ciudad de Birka, en Suecia, pertenecía a un hombre. Resulta que estaban equivocados. Pruebas de osteología y ADN ahora muestran que él siempre ha sido una mujer, y que probablemente fue un poderoso líder militar.

Charlotte Hedenstierna-Jonson, arqueóloga de la Universidad de Uppsala, dijo a The Local de los hallazgos que fueron publicados en el American Journal of Physical Anthropology el viernes.

"Aparte del equipo completo de guerreros enterrado junto con ella - una espada, un hacha, una lanza, flechas de armadura, un cuchillo de batalla, escudos y dos caballos - ella tenía un juego de mesa en su regazo, o más de una guerra -planning juego utilizado para probar batalla tácticas y estrategias, lo que indica que ella era un poderoso líder militar. Probablemente es planeada, dirigida y participó en batallas ", dijo.


Lo que la tumba puede haber parecido. Ilustración de Evald Hansen basada en las excavaciones de Hjalmar Stolpe en Birka en el siglo XIX (Stolpe 1889).

La tumba, que Hedenstierna-Jonson describe como la "tumba vikinga del guerrero final" del mundo, fue descubierta y excavada por el arqueólogo sueco Hjalmar Stolpe a finales del siglo XIX. Debido al equipo guerrero "varonil" encontrado en la tumba, se suponía -y no se probó- que los restos eran los de un hombre.

Pero hace unos años, Anna Kjellström, osteóloga de la Universidad de Estocolmo, sacó los restos para estudiarlos para otro proyecto de investigación y notó que algo andaba mal. Los pómulos eran más finos y más finos que los de un hombre, y los huesos de la cadera eran típicamente femeninos. Se llevó a cabo un análisis osteológico, dando aún más apoyo a su sospecha.

Ahora, sin embargo, se ha llevado a cabo un análisis de ADN, confirmando claramente que el guerrero vikingo era de hecho una mujer.

"Esta imagen del varón guerrero en una sociedad patriarcal fue reforzada por tradiciones de investigación y preconcepciones contemporáneas. Por lo tanto, el sexo biológico del individuo se dio por sentado ", escribió Hedenstierna-Jonson, Kjellström y los otros ocho investigadores detrás del estudio, en su informe.


Otro dibujo de lo que la tumba puede haber parecido. Ilustración: Þórhallur Þráinsson (copyright: Neil Price)

"Aunque algunas mujeres vikingas enterradas con armas son conocidas, una mujer guerrera de esta importancia nunca ha sido determinada y los eruditos vikingos han sido renuentes a reconocer la agencia de mujeres con armas", dijeron.

Hedenstierna-Jonson dijo que la mujer era probablemente una guerrera misma.

"No puedes alcanzar una posición tan alta (militar) sin tener experiencia de guerrero, así que es razonable creer que ella tomó parte en batallas".

Hedenstierna-Jonson lo describió como un hallazgo fantástico, pero dijo que es improbable que la opinión de los historiadores sobre la sociedad vikinga sea totalmente patriarcal, constituyéndose principalmente en hombres guerreros.

"Probablemente era bastante inusual (para una mujer ser un líder militar), pero en este caso, probablemente tenía más que ver con su papel en la sociedad y la familia de la que ella era, y que llevaba más importancia que su género".

Hedenstierna-Jonson dijo que desde los primeros indicios de que la guerrera era una mujer, los investigadores se han encontrado con una parte justa de escepticismo, con los críticos que se preguntan si los huesos analizados son realmente de esa tumba específica.

"Creo que es debido a cómo vemos la historia, y muchos de nosotros nos gustaría pensar que vivimos en los mundos mejores (y más iguales a los géneros) ahora".

lunes, 7 de agosto de 2017

SGM: Primeras imágenes de las esclavas sexuales japonesas

Primeras imágenes de las esclavas sexuales que Japón usaba en la Segunda Guerra Mundial
Las mujeres fueron rescatadas en China durante la liberación de pueblos dominados por Japón. Es la primera vez que se muestran en video a las "mujeres de confort"



Los archivos permanecieron ocultos y olvidados durante 73 años. Las imágenes, impactantes, muestran el momento en que esclavas sexuales coreanas capturadas por Japón son liberadas por tropas norteamericanas y chinas. Era 1944, y la Segunda Guerra Mundial estaba en su punto más feroz.



El video, en blanco y negro, es el primero que exhibe las condiciones en las que se encontraban las mujeres que eran utilizadas por los soldados del ejército japonés para sus placeres. Puede observarse cómo una de ellas, con una blusa sucia, conversa con uno de los oficiales chinos que participó de la operación.


Siete mujeres son rescatadas por soldados norteamericanos y chinos. Estaban bajo el control de soldados japoneses que las utilizaban para sus placeres sexuales (Archivos Nacionales de los EEUU)


Las imágenes se hicieron públicas luego de un trabajo hecho por historiadores coreanos en los Archivos Nacionales de los Estados Unidos. Las víctimas, conocidas como "mujeres de confort" durante ese período, en las imágenes se ven que están en pésimo estado y visiblemente conmovidas. Una, incluso, parece estar embarazada.

Según la información dada por los responsables de la investigación académica, la escena del rescate transcurre en Songshan, en la provincia de Yunnan, China, uno de los lugares sometidos por el imperio japonés durante sus años de expansión y conquista. Las imágenes fueron halladas por un grupo de estudiantes y profesores de la Universidad de Seúl y del gobierno de Corea del Sur. "Es una evidencia crucial sobre la disputa con Japón sobre la esclavitud sexual", indicó Sung Kong Hoe, quien participó del trabajo presentado hoy.

Las imágenes en video son las primeras que salen a la luz. Siempre se vieron fotografías y se conocieron testimonios. El tema es uno de los más sensibles en la agenda bilateral entre Corea del Sur y Japón




Se calcula que alrededor de 200 mil coreanas fueron utilizadas por el régimen japonés como esclavas sexuales desde antes de la Segunda Guerra Mundial.

El tema es uno de los más sensibles en la agenda bilateral entre ambos países y una herida difícil de cerrar. Para la mayoría de los coreanos, simboliza los abusos que Japón ejerció durante su penetración en la península entre 1910 y 1945. Los burdeles con "mujeres de confort" -el eufemismo usado en la época- eran comunes en las ciudades del Pacífico que estaban bajo el poder imperial.

Las imágenes expuestas por las autoridades e investigadores coreanos hoy exhibe el estado en que se encontraban las víctimas bajo la dominación japonesa. En 2015, el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, se disculpó con Corea por el abuso durante esa época y ofreció una compensación de unos siete millones de dólares para las familias de las víctimas.

martes, 1 de agosto de 2017

Guerra civil Inglesa: La defensa del castillo de Corfe por una mujer

Durante la Guerra Civil Inglesa, Lady Mary Bankes defendió un castillo de más de 200 atacantes con sólo cinco hombres bajo su mando inicial
The Vintage News




Mary Hawtry nació en alrededor de 1598, la única hija de Ralph Hawtry, Esquire de Ruislip, Middlesex, y Mary Altham. En 1618, se casó con Sir John Bankes, que más tarde se convirtió en Fiscal General del Rey Charles I y Lord Chief Justice de los Common Pleas. En 1635, sir John compró el castillo de Corfe en Dorset con todas sus mansiones, derechos, y privilegios de señora Elizabeth Coke. Sir John murió el 28 de diciembre de 1644 a la edad de 55 años.


Mary Banks con el vestido de viuda, el velo de gasa, el collar de perlas, sosteniendo las llaves del Castillo de Corfe, Dorset, en su mano derecha; Paisaje de fondo con Corfe Castillo en la distancia Fuente

En 1643, cuando la guerra civil estalló en Inglaterra, ella asumió el control del castillo de Corfe después de que John Bankes fuera ordenado por el rey para viajar a York. Ella envió a sus hijos lejos para la seguridad y permanecía detrás con sus hijas, criados, y una fuerza de cinco hombres. En mayo de 1643, una fuerza de parlamentarios, que comprendía entre 200 y 300 hombres bajo el mando de Sir Walter Erle, atacó el castillo pero nunca logró capturarlo. Ella pidió ayuda y una tropa de 80 hombres bajo el mando del capitán Robert Lawrence llegó para reforzar la guarnición. En junio, el comandante Erle renovó su ataque junto con los capitanes Sydenham, Jarvis y Scott, una fuerza de 500-600 hombres, y dos motores de asedio. Con las tropas del capitán Lawrence protegiendo a la Guardia Media ya la mayor parte de la guarnición, María y su pequeño grupo defendieron el Ala Superior y levantando piedras y brasas de las almenas, lograron repeler a los asaltantes, matando e hiriendo a más de 100 hombres. En 1646, uno de sus oficiales, el Coronel Pitman, la traicionó llevando a un grupo de parlamentarios al castillo a través de una puerta sally. Los parlamentarios bajo el mando de un coronel Bingham revocaron sus chaquetas y fueron confundidos con los realistas. Como resultado, se vio obligada a entregar el castillo. Sin embargo, debido a que ella mostró tal valor que se le permitió mantener las llaves del castillo, que ahora se celebran en Kingston Lacy cerca de Wimborne Minster, Dorset. El castillo fue despreciado el mismo año que fue capturado por las órdenes de la Cámara de los Comunes.

Está registrado que sus hijos Ralph y Jerome compraron el señorío de Eastcourt en su nombre. Tras su muerte, la mansión pasó a su hija Joanna Borlase, quien a su vez la pasó a sus hijas y co-herederos


Castillo de Corfe, que Lady Mary Bankes valientemente defendió contra los parlamentarios atacantes Fuente

Lady Mary murió el 11 de abril de 1661 y fue enterrada en la iglesia de San Martín, Ruislip. En la pared sur del presbiterio dentro de la iglesia hay un monumento a María con esta inscripción:

A la memoria de lady Mary Bankes, la única hija de Ralph Hawtery, de Riselip, en el condado de Middlesex, esq., Esposa y viuda de Sir John Bankes, caballero, último Lord Chief Justice de la corte de Common Pleas de Su Majestad, Y del Consejo Privado de Su Majestad el Rey Carlos I de bendita memoria, que habiendo tenido el honor de haber soportado con constancia y valor por encima de su sexo una noble proporción de las últimas calamidades y la restitución del gobierno con gran paz De mente estableció su vida más deseada el día 11 de abril de 1661. Sir Ralph Bankes su hijo y heredero ha dedicado esto.

domingo, 30 de julio de 2017

Biografía: Una escocesa veterana que vive en Argentina

Nació en Escocia, peleó en la Segunda Guerra, y a los 97 años vive en Martínez
Mary Chapman fue criptógrafa y participó como apoyo terrestre del desembarco de Normandía; llegó al país hace 70 años
Diego Castells | LA NACION



Mary Chapman. Foto: LA NACION / Santiago Filipuzzi

Mary Chapman lleva 70 años en la Argentina, lo que se dice toda una vida. Llegó unos pocos meses después del final de la Segunda Guerra, con un contrato de tres años del Frigorífico Anglo, y nunca más se fue. De sus primeros 28 años, que transcurrieron entre Escocia, Inglaterra y los Estados Unidos, guarda las experiencias singulares de quien vivió y protagonizó la guerra. "Recién ahora puedo contar algunas de estas cosas. Hasta entrados los años 80, no podía porque estaba bajo un acuerdo de confidencialidad, según el cual si hablabas te podían fusilar", contará más tarde, sin eufemismos ni rodeos. El pacto de silencio se debió a que luego de ingresar a las fuerzas armadas británicas, la joven Chapman realizó tareas de cifrado y encriptación al servicio de su majestad.


Chapman recuerda el día que se presentó al examen para la Escuela de Código por voluntad propia: "Había un sargento mayor que por su alto rango llevaba una de esas varas, y que mientras se paseaba por la sala, amedrentaba a los aspirantes: "Algunos de ustedes están aquí porque fueron elegidos, pero otros están porque los echaron de donde estaban porque son una peste: y no crean que no me voy a dar cuenta la diferencia entre unos y otros".

La escena parece salida de la película Enigma, en la que Benedict Cumberbatch encarna a Alan Turing, el matemático que encabezó los esfuerzos de la inteligencia británica para lograr descifrar el código utilizado por la Alemania nazi en sus comunicaciones. "Nunca estuve en la academia Bletchley, donde estuvo Turing; eso estaba reservado para los hijos de los almirantes y oficiales, ¡para la crème de la crème!", relata Chapman, que reconoce sus orígenes humildes. "Bletchley fue un proyecto de Winston Churchill para contar con inteligencia directamente, sin tener que pasar por las fuerzas", comenta, y agrega que lamenta "lo que le hicieron a Turing ", en referencia al encarcelamiento y ostracismo que le impusieron en la época -y que lo llevó al suicidio-, por ser homosexual. "Claro, en aquel entonces estaba prohibido, pero ahora ya no", reflexiona con gravedad.

Pescado y avena

A sus 97 años, Chapman transmite una vitalidad que atribuye al mantenerse activa y a su "dieta escocesa" de pescado y porridge, crema de avena. "La gente se sorprende cuando les digo mi edad, porque no soy como la mayoría de mis pares. Hay que mantenerse y hacer ejercicio; además, hago las palabras cruzadas y leo mucho. No son todos grandes libros que aporten gran conocimiento, pero son murder mysteries", cuenta acerca de un pasatiempo, la lectura de novelas de misterio, que revela una fibra característicamente británica.

Chapman nació en en 1919 en Falkirk, una ciudad al norte de Edimburgo y Glasgow, por lo que conserva aún un marcado acento escocés. Acerca de su país natal, y los recientes plebiscitos sobre su posible secesión de Gran Bretaña y la Unión Europea, comenta: "¡Escocia es más pequeña que la provincia de Buenos Aires! No le conviene separarse, porque el petróleo se le va a acabar: ¿y entonces? Hasta la guerra no había nada de industria al norte de Stirling; sólo había pesca y agricultura", recuerda de la ciudad más importante del condado de Stirlingshire, el umbral de las míticas Highlands.


Mary Chapman. Foto: LA NACION / Santiago Filipuzzi

De las letrinas al Día D

Su trato es cordial, pero mantiene cierto gesto adusto que remite a su etapa militar, entre 1942 y 1946. "Teníamos seis semanas de entrenamiento básico, en el que te enseñaban a marchar: left, right, left, right. hurry up, hurry up", repite con voz impostada. "Allí conocí a todo tipo de gente, y por algún motivo pensaron que yo era lista; y yo nunca había pensado que fuera lista antes", recuerda.

"Me pusieron a cargo de las tareas de la barraca y le tenía que decir a todos lo que tenían que hacer. Como no estaba acostumbrada a dar órdenes, me quedaba con las peores tareas, como limpiar las letrinas. Y para mí era importante hacer las cosas bien; tal es así que un día me quedé limpiando y cuando salí, el pelotón ya se había ido. No supe qué hacer y me quedé ahí sentada hasta que pasó un oficial y me gritó: "¿qué pensás que está haciendo ahí?", y me ordenó que lo siguiera", cuenta, y reflexiona que allí aprendió a pasar desapercibida y no presentarse para los trabajos más desagradables.

"Estuve por toda Escocia e Inglaterra. Me llamaron en el '42 y me dieron de baja en el '46, cuando regresé de los Estados Unidos", donde pasó el final de la Guerra, trabajando para el ejército inglés en Washington D.C. "Allí trabajé en cuestiones de préstamos y deudas que había entre los dos países. Al final, no les pudimos pagar toda la deuda, porque cuando Estados Unidos entró en la guerra, nosotros ya llevábamos tres años", comenta.

Aún recuerda las adversidades climáticas y el cruento desenlace del Día D, el 6 de junio de 1944, cuando las tropas aliadas desembarcaron en las playas del norte de Europa: "Estaba en el comando escocés y nuestra tarea era ir de acá para allá en camiones y enviar mensajes falsos a regimientos que en realidad no existían, para engañar a los alemanes. No creo que los alemanes fueran tan estúpidos -comenta, y se ríe-, pero eran mensajes en código cifrado", señala. Los aliados esperaban avanzar con mayor facilidad, pero se encontraron con que el ejército alemán los esperaba en todos los puertos: "A pesar de las maniobras de distracción, hubo varios pelotones que sufrieron muchísimas bajas, y algunos quedaron aislados, como antes en Dunkerke, lo cual fue terrible".


Mary Chapman. Foto: LA NACION / Santiago Filipuzzi

Normandía, Washington, Temperley, Martínez

Antes de vivir en un acogedor departamento del centro de Martínez, vivió durante muchos años en Temperley, donde formó parte del comité de la British Legion, por haber pertenecido a las fuerzas británicas. "Ellos ya levantaron campamento, porque todos se murieron. Solo quedamos un puñado vivos, porque la guerra fue hace mucho tiempo. Dicho sea de paso,la colectividad que decidió ir a pelear desde la Argentina fue la más grande de las de fuera del Commonwealth. Fue mucha gente, algunos eran ingleses y otros no", rememora. Fue también secretaria del British Council durante varios años.

A lo largo de la conversación, Chapman comparte recuerdos lejanos: el encanto incomparable de la vieja Edimburgo; el respeto que siente por el pueblo alemán; sus viajes de ida y vuelta a los Estados Unidos en el Queen Mary y el Queen Elizabeth: "No eran cruceros de lujo; ¡eran barcos para las tropas! Eran viajes que duraban 6 o 7 días, porque íbamos en zigzag para esquivar los submarinos alemanes". Y recuerda cuando asistía a los servicios del Día del Armisticio y recitaba el poema que Laurence Binyon escribió como homenaje para los caídos durante la Primera Guerra Mundial:"No envejecerán, como nosotros los que quedamos..."

jueves, 20 de julio de 2017

Biografía: Muere una decodificadora británica

Jane Fawcett, decodificadora británica que ayudó a hundir al Bismarck, muere a los 95 años
George Winston | War History Online



Jane Fawcett falleció el 21 de mayo de 2016, en su casa en Oxford, Inglaterra. Tenía 95 años.

Fawcett era una joven mujer de la sociedad londinense cuando empezó a trabajar en Bletchley Park, la sede de los esfuerzos británicos en la Segunda Guerra Mundial. Se le atribuye la identificación del mensaje que condujo al hundimiento del acorazado alemán Bismark.

Después de la guerra, ella continuó su carrera como cantante y, más tarde, trabajó en la preservación del patrimonio. Su legado duradero, sin embargo, es como el decodificador británico de ojos vivos de la guerra.
El buque de guerra más potente de Alemania en 1941 fue el Bismark. En mayo de ese año, se convirtió en un objetivo principal de los aliados después de hundir uno de los buques más poderosos de la marina británica, el battlecruiser Hood. Gran parte de la flota británica se dedicó a encontrar y destruir el Bismark, que se pensaba que se había retirado al Atlántico Norte en las cercanías de Noruega.

Fawcett, que era Jane Hughes entonces, tenía 20 años y trabajaba en Bletchley Park, la finca en Buckinghamshire, al norte de Londres, donde se ubicaba el Código de Gobierno y Cypher School.

Miles de mujeres jóvenes trabajaron allí durante la guerra. Muchos eran como Fawcett, reclutados de los estratos superiores de la sociedad británica. Realizaron una variedad de tareas, ayudando sobre todo a los miembros masculinos del equipo que luchaban para descodificar las misivas militares alemanas escritas por las máquinas del código tales como el dispositivo de Enigma.

La máquina Enigma generaba nuevos códigos a diario y, si bien los Aliados habían logrado cierto éxito en su descodificación, seguía siendo un trabajo laborioso y los resultados eran impredecibles, requiriendo una cadena de trabajadores vigilantes. Fawcett trabajó en la cabaña 6, que se centró en romper códigos del ejército alemán y de la Luftwaffe, la fuerza aérea alemana.

En el libro de 2015 de Michael Smith, The Debs of Bletchley Park and other stories, describe su puesto. Trabajó en un Typex que fue modificado para replicar una máquina Enigma. Cuando se rompió el código diario, ella u otra mujer en la sala de decodificación recibirían las claves y escribirían los mensajes codificados.

El Typex imprimirá el mensaje decodificado y Fawcett y su compañero de trabajo verificarían entonces si el mensaje era legible en alemán. Había aprendido el idioma durante su estancia en Suiza. Los mensajes alemanes fueron luego pasados ​​a Hut 3, donde se incluirían en informes de inteligencia.

El 25 de mayo de 1941, fue informada con los demás sobre el Bismark. "Todos sabíamos que la flota estaba en el Atlántico tratando de localizarla, porque ella era la más importante de las alemanas, el último acorazado y tenía mejores armas y así sucesivamente que cualquier otra persona, y ella ya había hundido a la Capucha". La Sra. Fawcett recordó en el libro. "Así que era de vital importancia para encontrar dónde estaba y tratar de deshacerse de ella."

Apenas sobre una hora en su cambio, Fawcett mecanografió hacia fuera un mensaje de la máquina principal de la enigma de Luftwaffe. Reconoció que el mensaje decodificado era una respuesta a un general alemán que había preguntado por la salud de su hijo que estaba en el Bismark. La respuesta indicó que el Bismark había sido dañado y estaba en camino al puerto de Brest, en Bretaña, Francia, para la reparación.

El mensaje fue decisivo para encontrar el Bismark. Fue descubierto por un hidroavión, atacado por los bombarderos del torpedo del portaaviones, y pululado por los acorazados y los cruceros de la marina de guerra real. Fue hundido en el Atlántico al oeste de Brest el 27 de mayo.

Janet Carolin Hughes nació el 4 de marzo de 1921, muy probablemente en Cambridge, donde vivía su abuela paterna, aunque su familia vivía en Londres. Su padre, George Ravensworth Hughes, era abogado en el gremio de la Compañía Goldsmiths. Su madre, antes Peggy Graham, hizo un trabajo caritativo como una visita a la cárcel.

La joven Jane soñaba con convertirse en bailarina de ballet y se entrenó durante un año en Sadler's Wells. A los 17 años, estaba decidida a ser demasiado alta para la compañía; Sus padres la enviaron a Suiza como un consuelo. Pasó seis meses estudiando alemán. Su madre la llamó de vuelta para la temporada debutante, decidiendo que era hora de que ella saliera en sociedad.

Resentida de tener que regresar a Londres, en 1940 se presentó a trabajar en Bletchley después de oír de un amigo que ya estaba trabajando allí. Ella firmó la Ley de Secretos Oficiales, la cual la obligó a guardar su trabajo para sí misma, y ​​fue asignada a Hut 6. Ella le dijo a sus padres que ella se había unido al Ministerio de Relaciones Exteriores apoyando intereses británicos en el extranjero, a pesar de estar a sólo 50 millas de su casa.

"Fue un alojamiento muy malo", recordó en The Debs of Bletchley Park. "Muy frío en el invierno y muy caliente en el verano. No hay aislamiento de ningún tipo excepto cortinas opacas. Teníamos horribles mesas de caballete, que eran muy vacilante, y sillas plegables, que también eran muy vacilante, muy difícil. Había iluminación muy pobre; Sola bombillas colgando abajo del techo. Así que estábamos realmente en semidesquedad, lo que espero es lo que las autoridades querían, una mejor seguridad ".

Después de la guerra, se formó como cantante en la Royal Academy of Music. Ella recorrió como recital y cantante de la ópera a través de los años 60. Ella se unió a la Sociedad Victoriana, que se formó para proteger los edificios de la era victoriana. Una vez ganó una famosa batalla contra los ferrocarriles británicos para salvar la estación de tren St. Pancras en Londres y el Midland Grand Hotel al lado. También enseñó la preservación del edificio en la Escuela de Arquitectura de la Asociación de Arquitectura.

Ella encontró a su marido, Edward Fawcett (llamado Ted), en un almuerzo arreglado para los oficiales navales jóvenes así que podrían encontrar a mujeres jóvenes. Los dos se casaron justo después de la guerra. El Sr. Fawcett trabajó como director de publicidad para el National Trust, una organización benéfica británica que trabaja para conservar y proteger los sitios históricos. Murió en 2013.

A Jane Fawcett le sobreviven su hijo, James Fawcett, su hija Carolin Comberti y cinco nietos.

domingo, 16 de julio de 2017

Ruanda: Genocidio y violaciones a una generación de distancia

Fueron violadas en el genocidio de Ruanda, y ahora sus hijos son adultos
Por Danielle Paquette | Infobae



Angel frente a la casa que comparte con su madre, en el sector Ngoma de Ruanda. Sueña con estudiar la carrera de turismo, pero su plan alternativo es vender tomates. (Whitney Shefte)

La pequeña Angel tenía 11 años la última vez que su madre intentó matarla. Ella recuerda haber visto un puñado de veneno de rata y a su madre que le urgía para que se tomara la mezcla. En ese momento la niña empezó a gritar hasta que un vecino se abalanzó sobre la madre y logró apartarla. Eso fue hace más de una década, antes de que la mujer se sometiera a un tratamiento psicológico. Ahora, la madre de Angel se apoya sobre el hombro de la joven mientras sirve un poco de té negro.
Ambas comparten cama, en una casa de hormigón sin electricidad, y las dos son parte de en una historia que ha horrorizado al mundo.

Durante más de 100 días, en 1994, el genocidio devastó Ruanda, un pequeño país al este de África. Los agresores atacaron a más de 800.000 personas y violaron a unas 250.000 mujeres, algunas de las cuales llegaron a dar a luz a un total de 20.000 bebés, según algunas entidades de caridad.

Angel forma parte de una generación que ha crecido en la sombra. Esos jóvenes ahora están a punto de entrar en la etapa adulta, sabiendo que sus madres no querían tenerlos. Sin embargo, muchos de ellos están a la expectativa de cómo esta tragedia acabará definiendo sus vidas.


Históricamente este tipo de niños acababan muriendo a una edad muy temprana. Durante la Masacre de Nanking, en 1937, miles de mujeres chinas sufrieron agresiones sexuales. Pero nadie reconoció públicamente que sus hijos eran de soldados japoneses, según cuentan algunos historiadores. Algunos de los reportes de la época sugieren que las víctimas que acabaron embarazadas también sufrieron un infanticidio.

Un estudio de UNICEF sobre los niños de la guerra de Bosnia, entre 1992 y 1995, concluye que muchos de los pequeños fueron abandonados o asesinados por sus propias madres y la cifra de supervivientes es, por ahora, desconocida.


Angel toma té y come pan junto a su madre Jacqueline, en la casa que ambas comparten en Ruanda. (Whitney Shefte)

En Ruanda, los datos aportados por grupos de apoyo a estas madres dan una visión más clara de la situación. Los jóvenes son menospreciados y mal llamados como "los hijos de los asesinos". Vivían en la pobreza, se enfrentaban a tasas más altas de VIH y muchos de ellos solían ser víctimas de abusos sexuales. Pero ahí no termina la historia.

"Sabemos que destrozaron sus vidas y que realmente son muertos vivientes", explica Dara Kay, una profesora de la Universidad de Harvard que estudia los abusos sexuales en las zonas de conflicto. "Entonces uno habla con esas personas y sabe que nacieron en un vientre de esperanza", añade.

Los investigadores están empezando a explorar cómo estos jóvenes han podido superar el trauma. El gobierno ruandés, encargado de reconstruir una nación totalmente destrozada, nunca estableció ningún tipo de política para ayudar a los niños que nacieron durante esta violación masiva.

Ingvill Mochmann, fundador de la Red Internacional para la Investigación Interdisciplinar de los Niños de la Guerra, publicó recientemente un informe que resumía una década de estudios sobre los efectos de la guerra en los niños.

"Muchos han sabido controlar bastante bien sus vidas", comenta Mochmann. "La pregunta es: ¿Qué marca la diferencia?". El encuentro con algunas familias, justo antes del 23º aniversario de la masacre, ofrece una respuesta.


Jacqueline en la entrada de su casa. Sus dos hijas y su marido fueron asesinados durante el genocidio. Ella fue violada por los hutu y quedó embarazada de su hija Angel. (Whitney Sheftie)

Mientras la luz del sol entra por la ventana de Angel, ella está sentada a una mesa de madera junto a su madre. Parten un pedazo de pan por la mitad y lo mojan en un taza de té.

"Murakoze", le agradece Angel a su madre en lengua kiñaruanda.

Ellas han vivido bajo un techo de hojalata en un pueblo rural, donde una iglesia católica paga la renta mensual, que equivale a USD 5. Las paredes agrietadas están pintadas de color turquesa, una mosquitera cubre completamente la cama y una gallina cacarea continuamente afuera.

Ahora Angel tiene 22 años. Nació seropositiva, así que toma las pastillas que el gobierno le ofrece gratuitamente para mantenerse estable y sana. Acaba de terminar los estudios en el secundario y espera el resultado de sus exámenes para poder saber qué hará en el futuro. Una puntuación alta le permitiría el acceso a becas. Ella sueña con estudiar la carrera de turismo, pero su plan B es vender tomates. "No tenemos dinero", lamenta.


Albert vive con su hermano pequeño, Pacifique, y su familia en el sector rural Mukura de Ruanda. Sueña con ir a la universidad en Estados Unidos o Canadá, pero no tiene recursos. (Whitney Shefte)

Con el paso del tiempo, Angel aprendió a madurar rápidamente. Acaso su madre Jacqueline le haya dicho en más de una ocasión: "Tú no eres mi hija real".

"Siempre que iba a algún sitio, yo le preguntaba si podía ir con ella. Siempre me decía que no y me dejaba encerrada adentro. Tampoco me dejaba jugar con otros niños", recuerda gracias a la ayuda de un intérprete.

Una vez, Jacqueline vertió jabón y tinte para el cabello en una botella de Angel. Ambas decidieron beber la mezcla tóxica. Ella quería que todo se volviera negro. Pero no fue así y vomitaron. Muy a regañadientes, la madre decidió seguir adelante con su vida.

Seguramente abrazó a Angel y después la golpeó. Amor y rabia, rabia y amor. Este patrón se mantuvo hasta que comenzó la terapia en 2007. Y así hasta ahora.