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viernes, 3 de marzo de 2017

SGM: La operación de engaño que inició la contienda

Disfraces, una "abuela" muerta y una radio: Gleiwitz, el engaño nazi que dio el inicio a la Segunda Guerra Mundial
Fue la excusa que necesitaba Hitler para liberar a su maquinaria militar. El insólito plan y la palabra en clave
Infobae


El genocida Adolf Hitler pasa revista de sus tropas

La diplomacia continuaba sus carriles normales. Era 1939 y Adolf Hitler prometía a Varsovia que la paz entre Alemania y Polonia estaba garantizada. Repetía en cada despacho diplomático que cualquier tipo de controversia se resolvería sin el uso de las armas.

Hitler, sin embargo, tenía otros planes secretos y macabros. Ya había iniciado su feroz persecución contra los judíos y su maquinaria había comenzado a exterminarlos. Pero aún no había extendido las fronteras de su país. Y Polonia sería el primer gran objetivo.

Durante meses, el genocida alemán había intentado desatar una guerra que diera rienda libre a sus tropas en toda Europa. Fue por eso que ideó un plan para que una simple provocación (armada) le diera la excusa perfecta para desplegar su poderío militar.


La estación y la torre de radio de Gleiwitz tomada por los alemanes para emitir un comunicado polaco. Así intentó Hitler engañar a la opinión pública internacional. Ahora, allí funciona un museo

"La tensión era cada vez más palpable, pero los ciudadanos polacos pudieron respirar tranquilos cuando, en una de sus estrategias diplomáticas –que ocultaban oscuros fines–, Hitler les hizo creer al gobierno de Varsovia que sus planes eran pacíficos", explicó Oscar Herradón, autor del libro Los espías de Hitler. El tratado entre ambos países había sido firmado en 1934, pero Hitler ya tenía en su cabeza la futura invasión.

De la misión ultrasecreta participaron algunos agentes nazis y un puñado de oficiales de las SS. Vestidos como soldados polacos cometerían un atentado: Hitler ya tenía la manera de invadir Polonia, a los ojos del mundo, "la agresora". El jefe nazi debía mostrarse dentro de la comunidad internacional como la víctima y así tener carta blanca para responder a la agresión.


El libro de Oscar Herradón que relata los secretos de los espías nazis durante la Segunda Guerra Mundial

La Operación Himmler constó de tres etapas: una a cargo del general Herbert Melhorn, de las SS y la Gestapo. El oficial dirigía a soldados alemanes vestidos como militares polacos, con quienes creó los restos de un falso campo de batalla en el que habrían atacado a una patrulla nazi. Otra de las etapas era simular una embestida contra un puesto fronterizo. La última sería "el incidente de Gleiwitz".


Soldados alemanes requisan a polacos durante la invasión de Adolf Hitler a Polonia

Ésta última fue la más importante de las etapas ideadas por Hitler. El 31 de agosto de 1939, cuando el verano todavía calentaba las calles de toda Europa, siete miembros de las SS disfrazados como soldados polacos irrumpieron y tomaron el poder de una estación de radio alemana en Gleiwitz. Emitieron una feroz proclama en la cual llamaron a la lucha contra la Alemania nazi. "Ha llegado el momento del conflicto entre alemanes y polacos, y los polacos debemos unirnos y aplastar a cualquier alemán que se resista", decía parte del comunicado emitido por la estación de radio.

Al incidente le dieron tanta verosimilitud que incluso utilizaron cadáveres vestidos de soldados alemanes para que la comunidad internacional no tuviera dudas. Los cuerpos habían sido provistos por el jefe de la Gestapo, Heinrich Müller. Su origen era siniestro: los había traído de campos de exterminio en Alemania.


Soldados de la División SS-Leibstandarte Adolf Hitler descansan en una zanja al lado de una carretera en el camino a Pabianice, durante la invasión de Polonia en 1939

La palabra en clave para iniciar los operativos llegó a oídos de Alfred Helmut Naujocks, comandante de la unidad de asalto de las SS. "La abuela ha muerto", fue lo único que escuchó del otro lado del teléfono el mediodía del 31 de agosto. Los servicios de espionaje nazis se ocuparon de fotografiar las tres etapas de la Operación Himmler. Y de distribuirlas.

Con algunas dificultades técnicas, pudieron emitir el mensaje. "¡Atención, Gleiwitz! La radio está en manos de Polonia". Hitler ya tenía la excusa perfecta para iniciar la etapa más oscura del siglo XX. Francia y el Reino Unido le declararon la guerra a Alemania: comenzaba la Segunda Guerra Mundial.


viernes, 21 de octubre de 2016

PGM: El engaño de la toma de Beersheba

La batalla que perdieron los turcos por el vicio de fumar
Javier Sanz - Historias de la Historia


Al inicio de la Primera Guerra Mundial, la región de Palestina se encontraba bajo el dominio del Imperio Otomano. En octubre de 1917 la ofensiva del ejército británico se estancó en Gaza, donde los turcos se defendían obstinadamente. Los mandos británicos decidieron entonces que para desbloquear esta situación y romper las líneas turcas la principal batalla no debería librarse en Gaza sino en Beersheba, una ciudad situada a 30 kilómetros al este. De esta manera, si conquistaban Beersheba llegarían fácilmente a Jerusalén; pero hacía falta un plan. Y es aquí donde entra en escena el astuto oficial de inteligencia británico Richard Meinertzhagen.


Richard Meinertzhagen

Meinertzhagen sabía que la clave para engañar a los turcos no era simplemente ocultar lo que el ejército británico pretendía hacer, sino que previamente había que convencerles de que realmente se planeaba un ataque contra la fortificada Gaza, obligando a los turcos a mantener su ejército principal en aquella ciudad, mientras que Beersheba quedaba más desprotegida gracias a este ardid –similar a lo que hicieron en Huelva para engañar a Hitler durante la Segunda Guerra Mundial-. Antes de poner en marcha su engaño, quiso proteger su plan eliminando a los posibles espías turcos que pudiesen operar entre las tropas británicas. Se envió una carta de agradecimiento por la valiosa información que había pasado a los británicos el “supuesto espía turco” acompañada de una importante recompensa en moneda turca por los servicios prestados. Como estaba previsto, los turcos interceptaron la carta y creyendo que su mejor espía, que efectivamente existía, se había convertido en agente doble lo ejecutaron. Ahora Meinertzhagen tenía el camino libre… tomó una bolsa de lona y metió en ella documentos falsos relativos a un supuesto ataque a la ciudad de Gaza, junto con una cantidad de dinero lo suficientemente importante como para hacer creer que la bolsa no se había perdido intencionadamente. Añadió también otros documentos para dar más sensación de veracidad, como una carta supuestamente escrita por la esposa de un oficial (escrita realmente por la hermana de Meinertzhagen) en la que anunciaba a su marido el nacimiento de su hijo. A continuación, un soldado tomó la bolsa y se adentró cabalgando hacia las líneas enemigas en busca de una patrulla. Tan pronto abrieron fuego contra él, dejó caer la bolsa —previamente manchada con sangre de caballo— y huyó cabalgando de nuevo hacia las líneas británicas fingiendo estar herido. Los turcos recuperaron la bolsa mientras los británicos teatralizaban que la estaban buscando. Uno de los documentos falsos que el supuesto ataque a Gaza no se produciría antes del 14 de noviembre. Lo que no se imaginaba el ejército turco es que el Alto Mando británico había fijado el 31 de octubre como fecha para el asalto real sobre Beersheba.

A pesar de que el General Von Kressenstein, comandante alemán de las fuerzas turcas, sopesó la posibilidad de que los documentos pudiesen ser falsos, se vio obligado a actuar como si fueran auténticos. De hecho, era difícil para él pensar en un ataque que se realizase en cualquier otra dirección que no fuese Gaza. La primera parte del plan había dado resultado: los turcos mantenían el grueso de sus tropas en Gaza a la espera del ataque británico. Mientras tanto, los británicos fueron capaces de mover un gran número de hombres desde Gaza hasta sus posiciones de ataque en Beersheba sin alertar a las fuerzas otomanas. Pero Beersheba también estaba defendida y no iba a ser tarea fácil. Meinertzhagen ejecutó entonces la segunda parte de su plan. Aunque parecía una nimiedad, por los interrogatorios a soldados turcos capturados sabía que estaban escasos de cigarrillos y, aprovechándose de esta situación, ordenó que el día antes del ataque sobre Beersheba un avión sobrevolara las trincheras otomanas que defendían la ciudad y lanzara sobre ellas cientos de cajetillas de cigarrillos junto a panfletos con mensajes de propaganda. De este modo, los soldados turcos creerían que el motivo de suministrarles cigarrillos era hacerles llegar propaganda británica tratándoles de convencer para que se rindieran. Pero nada más lejos de la realidad, puesto que Meinertzhagen también había ordenado que se mezclase el tabaco de aquellos cigarros con opio obtenido en el mercado negro.



El 31 de octubre de 1917 el ejército británico, junto con efectivos australianos, lanzó el ataque sobre Beersheba y allí pudieron comprobar los efectos de los cigarrillos de Meinertzhagen: muchos soldados turcos fueron incapaces de ponerse en pie y mucho menos de defender con éxito sus posiciones. El General Edmund Allenby, comandante en jefe de las fuerzas británicas en Egipto y Palestina, que inicialmente había calificado el plan de Meinertzhagen como “una pérdida de tiempo“, escribió tras la guerra que un alto porcentaje de las fuerzas turcas no pudieron combatir aquel día gracias a los efectos de la droga. Las tácticas astutas y engañosas de Richard Meinertzhagen contribuyeron al éxito en esta batalla, en la que británicos y australianos consiguieron romper la línea defensiva Gaza-Beersheba abriendo el camino hacia la victoria británica en Palestina.

Fuente: ¡Fuego a discreción!, Los siete pilares de la sabiduría – Thomas Edward Lawrence (Lawrence de Arabia)