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lunes, 31 de julio de 2017

Guerra Antisubversiva: La masacre de San Patricio

Cuando la ESMA salió a matar a los 'curas del 3er. Mundo'

"Masacre de San Patricio" fue el nombre que se le dió al asesinato de los 3 sacerdotes y 2 seminaristas palotinos en la iglesia de San Patricio en el barrio de Belgrano R. Pedro Dufau (76), Alfredo Kelly (43) y Alfredo Leaden (57) y los seminaristas Salvador Barbeito (25) y Emilio Barletti (24). El múltiple crimen se produjo durante la madrugada del 04/07/1976, mientras la Argentina atravesaba el Proceso de Reorganización Nacional, bajo la presidencia de facto de Jorge Rafael Videla, enfrentado a la Armada que dirigía Emilio Eduardo Massera. En una distribución de tareas, el Ejército se encargaba del Ejército Revolucionario del Pueblo, y los marinos de Montoneros.
Urgente 24


Dato curioso: los asesinos no usaron un Ford Falcon verde, vehículo tradicional de los comandos militares clandestinos, sino un Peugeot 504 negro.


"Elementos subversivos asesinaron cobardemente a los sacerdotes y seminaristas. El vandálico hecho fue cometido en dependencias de la iglesia San Patricio, lo cual demuestra que sus autores, además de no tener Patria, tampoco tienen Dios."
Diario La Nación,
05/07/1976.
Durante esa madrugada fría de los primeros días de julio, los vecinos de la cuadra, en Belgrano R, alertaron a la policía sobre la presencia sospechosa de un Peugeot 504 color negro estacionado frente a la iglesia desde hace un largo rato.

Un patrullero de la Comisaría 37 respondió a los llamados de los vecinos, pero sólo estuvo algunos minutos, y se marchó: le ordenaron 'liberar la zona', según la jerga. Un rato después, entre la 1:00 y las 2:00, un grupo de 4 hombres se bajó de ese mismo auto, ingresaron a la Iglesia y fusilaron a las 5 personas que allí adentro se encontraban.

Todo indica que fue un comando del Grupo de Tareas 3.3.2 que funcionaba desde uno de los casinos de la Escuela de Suboficiales de Mecánica de la Armada.



Los sacerdotes asesinados fueron Pedro Dufau (76 años), Alfredo Kelly (43) y Alfredo Leaden (57) y los seminaristas Salvador Barbeito (25) y Emilio Barletti (24).

Esa mañana, como la iglesia no era abierta, el organista Fernando Savino decidió entrar por una ventana y encontró en el piso los cuerpos baleados, boca abajo y alineados en un enorme charco de sangre sobre una alfombra roja.

La justicia no pudo llegar a esclarecer el caso.


Mural en honor de los sacerdotes asesinos.

El periodista Eduardo Kimel, en su libro La Masacre de San Patricio, concluye que los autores fueron un grupo de la Armada.

En 2005 el entonces cardenal Jorge Bergoglio, como arzobispo de Buenos Aires, autorizó la apertura de la causa de beatificación de los 5 palotinos, por martirio.

El entonces cardenal Bergoglio, a quien acompañó el entonces nuncio apostólico Santos Abril y Castelló, dijo: “Yo soy testigo de la obra espiritual de `Alfie’ Kelly, y sé que sólo pensaba en Dios. Y en él, recuerdo a todos”.

El 07/06/1976 el cardenal Juan Carlos Aramburu y el entonces nuncio, monseñor Pío Laghi, visitaron la Junta Militar pidiendo explicaciones. El gobierno, que había acusado en un primer momento a "elementos subversivos" por la masacre, llegó a admitir tan sólo que se trataba de grupos militares salidos de control.


Misa en honor de los palatinos.

El cardenal y el nuncio llevaron una carta de la Conferencia Episcopal: "Nos preguntamos, o mejor dicho la gente se pregunta a veces sólo en la intimidad del hogar o del círculo de amigos, porque el temor también cunde:

-¿Qué fuerzas tan poderosas son las que con total impunidad y con todo anonimato pueden obrar así a su arbitrio?

-¿Qué garantía, qué derecho le queda a los ciudadanos?"

La congregación de la iglesia había organizado una reunión algunos días antes de la tragedia, en dicha reunión se había discutido que posición se iba a tomar ante los asesinatos y desapariciones que se estaban generando desde el poder.

Alfredo José Kelly de 43 años de edad, había sido acusado de estar vínculado a la organización Montoneros, algo que él negaba, pero alguna gente entre los militares dijo no creerle. Había recibido más de una amenaza, pero él no se iba a esconder.

El caso sigue abierto en 2 ámbitos distintos pero lamentablemente demasiado ligados, uno es el religioso, ya que en la Iglesia Católica sigue abierto el proceso de canonización de los fallecidos. Además el caso sigue sin esclarecerse en la Justicia penal argentina, al igual que muchos otros casos sucedidos durante la dictadura. Y, aunque no se "sepa" quien estuvo detrás del crimen, los mismos autores lo revelaron.

Cuando amaneció aquel 04/07/1976, Rolando Savino, el organista de la parroquia de 16 años, se encontraba afuera de la iglesia esperando que se abran las puertas junto a otros congregantes. Impaciente y preocupado, dió la vuelta a la casa y entró por una ventana de atrás, al entrar vió la escena. En la sala común encontró los 5 cuerpos tirados en el suelo, bañandos en un charco de sangre y 2 frases escritas con tiza:

> “Estos zurdos murieron por ser adoctrinadores de mentes vírgenes y son M.S.T.M.”; y

> “Por los camaradas dinamitados en Seguridad Federal. Venceremos. Viva la patria”.

MSTM quiere decir, se supone, Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, una corriente fundada dentro de la Iglesia Católica argentina, cuyos miembos venían siendo perseguidos por la dictadura.

La siguiente frase aludió a una especie de "venganza" del contra Montoneros, ya que estos últimos habían ejecutado un atentado contra el edificio donde funcionaba la Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal en el que murieron 23 personas, 2 días antes del crimen en la parroquia.

En noviembre de 2011, la Sala III de la Cámara Nacional de Casación Penal anuló la condena a un año de prisión en suspenso y a pagar una indemnización de $20.000 al juez Guillermo Rivarola impuesta contra el fallecido periodista Eduardo Kimel en 1999 por la publicación de su libro "La masacre de San Patricio", en donde se detallaba el asesinato de los sacerdotes palotinos Alfredo Kelly, Alfredo Leaden y Pedro Duffau, y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti, muertos el 4 de julio de 1976, en plena dictadura militar.

Los magistrados hicieron lugar al pedido de revisión presentado por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) en representación de la hija del periodista fallecido en febrero de 2010. Cabe recordar que la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció en el 2008 la violación del derecho a la libertad de expresión de Kimel y ordenó al Estado argentino que anulara la sentencia penal contra el periodista y modificara el Código Penal por su incompatibilidad con la Convención Americana.

"La masacre..." había sido publicada en 1989, y en el libro el periodista aludía a la actuación del camarista Guillermo Rivarola, quien como juez tuvo a su cargo la investigación del caso en los años 1976 y 1997, y se preguntaba si "realmente quería llegar a una pista que condujera a los victimarios".

En octubre de 1995, la jueza Angela Braidot, condenó a Kimel. A pesar de que en noviembre de 1996, la Cámara Nacional de Apelaciones anuló por unanimidad el fallo y absolvió al periodista, en diciembre de 1998 la Corte Suprema aceptó un recurso de Rivarola, revocó el fallo anterior y lo devolvió a la Cámara para que dictara una nueva sentencia, que finalmente confirmó la pena original. El caso motivó la intervención de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y el fallo dictado ahora por la Cámara de Casación.




jueves, 10 de marzo de 2016

Guerra Fría: Teología de la Liberación, un caballo de Troya soviético

Ex espía de la Unión Soviética: Nosotros creamos la Teología de la Liberación



Ion Mihai Pacepa en el yate de Raúl Castro en Cuba (1974) / Foto: Cortesía de Ion Mihai Pacepa


WASHINGTON D.C., 05 May. 15 / 12:59 pm (ACI).- Espionaje profundo en el corazón de Europa. Secretos en la KGB (el servicio secreto de la Unión Soviética). Deserción de una nación comunista. Ion Mihai Pacepa fue general de la policía secreta de la Rumania comunista hasta antes de desertar a fines de la década de 1970 e irse a los Estados Unidos.

Es el desertor de más alto rango del comunismo en los 70’s y conversó recientemente con ACI Prensa sobre la conexión entre la Unión Soviética y la Teología de la Liberación en América Latina. A continuación se presentan extractos de la entrevista:

En general, ¿podría usted decir que la expansión de la Teología de la Liberación tuvo algún tipo de conexión soviética?

Sí. Aprendí sobre la implicación que tuvo la KGB con la Teología de la Liberación del general soviético Aleksandr Sakharovsky, jefe del servicio de inteligencia extranjero (razvedka) de la Rumania comunista, consejero y mi jefe de facto hasta 1956, cuando llegó a ser cabeza del servicio de espionaje soviético, el PGU1; una posición que mantuvo por 15 años, un récord sin precedentes.

El 26 de octubre de 1959, Sakharovsky y su nuevo jefe, Nikita Khrushchev, llegaron a Rumania para lo que sería conocido como “Las vacaciones de seis días de Khrushchev”. Él nunca había tomado un periodo tan largo de vacaciones en el extranjero, ni fue su estancia en Rumania realmente unas vacaciones.

Khrushchev quería quedar en la historia como el líder soviético que exportó el comunismo a América Central y Sudamérica. Rumania era el único país latino en el bloque soviético y Khrushchev quiso enrolar a los “líderes latinos” en su nueva guerra de “liberación”.


Aprendí sobre Sakharovsky de sus escritos, pero no pude encontrar alguna otra información relevante sobre él. ¿Por qué?

Sakharovsky era una imagen soviética de los años candentes de la Guerra Fría, cuando todavía no todos los miembros de los gobiernos británico e israelí conocían la identidad de los líderes de la Mossad y del MI-6. Pero Sakharovsky jugó un rol extremadamente importante en la conformación de la historia de la Guerra Fría. Él causó la exportación del comunismo a Cuba (1958-1961); su manejo perverso de la crisis de Berlín (1958-1961) generó el Muro de Berlín; su crisis de los misiles cubanos (1962) puso al mundo al borde la guerra nuclear.

¿Fue la Teología de la Liberación un movimiento de alguna manera ‘creado’ por la parte de la KGB de Sakharovsky, o fue un movimiento existente que fue exacerbado por la URSS?

El movimiento nació en la KGB y tuvo un nombre inventado por la KGB: Teología de la Liberación. Durante esos años, la KGB tuvo una inclinación por los movimientos de “liberación”. El Ejército de Liberación Nacional de Colombia (FARC –sic–), creado por la KGB con ayuda de Fidel Castro; el Ejército de Liberación Nacional de Bolivia, creado por la KGB con ayuda del “Che” Guevara; y la Organización para Liberación de Palestina (OLP), creado por la KGB con ayuda de Yasser Arafat, son solo unos de los pocos movimientos de “liberación” nacidos en la Lubyanka – los cuarteles de la KGB.

El nacimiento de la Teología de la Liberación fue el intento en 1960 de un super secreto “Programa de desinformación” (Party-State Dezinformatsiya Program), aprobado por Aleksandr Shelepin, el presidente de la KGB, y por el miembro del Politburo, Aleksey Kirichenko, quien coordinó la políticas internacionales del Partido Comunista.

Este programa demandó que la KGB tome secreto control del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), con sede en Ginebra (Suiza), y lo use como cubierta para convertir la Teología de la Liberación en una herramienta revolucionaria en Sudamérica. El CMI fue la más grande organización ecuménica internacional después del Vaticano, representando a unos 550 millones de cristianos de varias denominaciones en 120 países.

El nacimiento de un nuevo movimiento religioso es un evento histórico. ¿Cómo fue lanzado este nuevo movimiento religioso?

La KGB comenzó construyendo una organización religiosa internacional intermedia llamada la “Conferencia Cristiana por la Paz”, cuyo cuartel general estaba en Praga. Su principal tarea era llevar la creada Teología de la Liberación al mundo real. La nueva Conferencia Cristiana por la Paz fue manejada por la KGB y estaba subordinada al respetable Consejo Mundial de la Paz, otra creación de la KGB, fundado en 1949 y por entonces con su cuartel general también en Praga.

Durante mis años a la cabeza de la comunidad de inteligencia del bloque soviético, manejé las operaciones rumanas del Consejo Mundial de la Paz (CMP). Era estrictamente KGB. La mayoría de los empleados del CMP eran oficiales de inteligencia soviéticos encubiertos. Sus dos publicaciones en francés, “Nouvelles perspectives” y “Courier de la Paix”, estaban también manejadas por miembros encubiertos de la KGB –y de la rumana DIE2–. Incluso el dinero para el presupuesto de la CMP llegaba de Moscú, entregado por la KGB en dólares, en efectivo lavado para ocultar su origen soviético. En 1989, cuando la URSS estaba al borde del colapso, el CMP admitió públicamente que el 90 por ciento de su dinero llegaba a través de la KGB3.

¿Cómo comenzó la Teología de la Liberación?

Yo no estaba en sí involucrado en la creación de la Teología de la Liberación. De Sakharovsky aprendí, sin embargo, que en 1968 la Conferencia Cristiana por la Paz creada por la KGB, apoyada en todo el mundo por el Consejo Mundial de la Paz, fue  capaz de manipular a un grupo de obispos sudamericanos de izquierda dentro de la Conferencia de Obispos Latinoamericanos en Medellín (Colombia).

La tarea oficial de la Conferencia era disminuir la pobreza. Su objetivo no declarado fue reconocer un nuevo movimiento religioso alentando a los pobres a rebelarse contra la “violencia institucionalizada de la pobreza”, y recomendar el nuevo movimiento al Consejo Mundial de Iglesias para su aprobación oficial. La Conferencia de Medellín logró ambos objetivos. También compró el nombre nacido de la KGB “Teología de la Liberación”.

La Teología de la Liberación tuvo líderes claves, algunos de ellos famosas figuras “pastorales”, algunas otras intelectuales. ¿Sabe si hubo alguna participación del bloque soviético en la promoción de la imagen personal o de los escritos de estas personalidades? ¿Alguna conexión específica con los obispos Sergio Mendes Arceo de México o Helder Camara de Brasil? ¿Alguna posible conexión directa con teólogos de la liberación como Leonardo Boff, Frei Betto, Henry Camacho o Gustavo Gutiérrez?

Tengo buenas razones para sospechar que había una conexión orgánica entre la KGB y algunos de esos líderes promotores de la Teología de la Liberación, pero no tengo evidencia para probarla. En los últimos 15 años de mi vida en Rumania (1963-1978), dirigí el espionaje científico y tecnológico del país, tan bien como las operaciones de desinformación dirigidas a aumentar la importancia de Ceausescu en Occidente.

Recientemente miré el libro de Gutiérrez “Teología de la Liberación: Perspectivas” (1971) y tuve la sensación de que fue escrito en la Lubyanka. No sorprende que él sea ahora considerado como el fundador de la Teología de la Liberación. De las sensaciones a los hechos, sin embargo, hay un largo camino.

Traducción de Eduardo Berdejo

sábado, 3 de mayo de 2014

Iglesia, represión y guerrilla en Argentina

Iglesia, militares y guerrilleros


Por Ceferino Reato - Perfil


Dictador Jorge Rafael Videla / Montonero Mario Firmenich | Cedoc
"Es importante transmitir a la juventud el buen manejo de la utopía. Nosotros en América Latina hemos tenido la experiencia de un manejo no del todo equilibrado de la utopía y en algún lugar, en algunos lugares, no en todos, en algún momento nos desbordó. Al menos en el caso de la Argentina podemos decir cuántos muchachos de la Acción Católica, por una mala educación de la utopía, terminaron en la guerrilla de los años '70". Papa Francisco, en su mensaje a los miembros de la Pontificia Comisión para América Latina, el 28 de febrero de 2014.
Francisco rompió el molde también en su primera referencia como Papa sobre la violencia política que desangró a nuestro país en los 70. Más políticamente correcta habría sido una mención a la represión ilegal durante la última dictadura, que fue respaldada por los sectores más conservadores de la Iglesia local. Pero no: le pareció más oportuno –hablaba de la educación de los jóvenes en la región– un esbozo de mea culpa sobre el papel de los obispos, sacerdotes y laicos más progresistas en la formación de las guerrillas.
El Papa no dio nombres, pero es evidente que se refería a Montoneros, la guerrilla de origen peronista, ya que la otra organización importante de aquella época, el Ejército Revolucionario del Pueblo, estuvo formada por jóvenes educados en el marxismo, con una fuerte, decisiva, influencia del Che Guevara y de la revolución cubana.
En realidad, el Che Guevara era un ícono revolucionario también para los montoneros, en cuyo imaginario funcionaba como un Cristo laico. Córdoba, que era la capital de la revolución socialista, nos muestra de dónde provenían los montoneros que debutaron el 1º de julio de 1970 con la toma de la localidad de La Calera: todos eran católicos, como expliqué en mi libro ¡Viva la sangre!
Es que Montoneros nació en las sacristías y en los colegios, las universidades, las residencias estudiantiles, los campamentos juveniles y las misiones de ayuda social organizadas por la Iglesia. Y eso fue así también en Santa Fe y en Buenos Aires.
Los primeros montoneros cordobeses reflejan la trayectoria típica de tantos jóvenes de buena posición social que, a partir de un compromiso católico, se fueron convenciendo de que la lucha armada era la única salida para terminar con “la violencia de arriba” –de “la oligarquía”, “el imperialismo” y sus aliados– y para liberar a “los explotados”, a los sectores populares.
“Era el mesianismo en todo su esplendor –explica Ignacio Vélez, uno de aquellos jóvenes–. La convicción profunda de que estábamos elegidos, de que nos tocaba cumplir la misión de Cristo: ‘Estoy dispuesto a dejar todo: padre, madre, amigos, por tu nombre’”. Tanto fue así que eligió “Mateo” como nombre de guerra en homenaje a uno de los apóstoles.
Esta forma de educar la utopía cristiana convirtió a la vida del buen revolucionario en algo relativo. La vida del otro también dejó de tener un valor absoluto; pasaba a formar parte de un cálculo político y podía ser sacrificada si así lo exigían los ideales superiores de la liberación y la revolución. Se llamara Pedro Eugenio Aramburu, José Ignacio Rucci, Arturo Mor Roig, Fernando Haymal o “el Negro” Luna.
Sólo de esa forma, con semejante cobertura ideológica y espiritual, tantos jóvenes pudieron salir a matar y morir.
La Iglesia estaba muy dividida; sectores ultraconservadores, integristas, armaron espiritualmente a los contrarrevolucionarios; por ejemplo, al general Jorge Rafael Videla y a la cúpula militar que tomó el poder luego del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. También Videla se consideraba un buen católico; mientras estaba en prisión, rezaba el rosario todos los días a las 19, y los domingos asistía a misa y comulgaba.
Antes de morir, seguía convencido de que Dios siempre lo había guiado y que nunca le había soltado la mano, ni siquiera luego de veinte años preso por violaciones a los derechos humanos. “Me ha tocado transitar un tramo muy sinuoso, muy abrupto del camino, pero estas sinuosidades me están perfeccionando a los ojos de Dios, con vistas a mi salvación eterna”, me dijo en Disposición final.
En el momento del golpe, el Episcopado era encabezado por monseñor Adolfo Tortolo, amigo y confesor de Videla y de su familia; un ultraconservador que consideraba que la Argentina era y debía seguir siendo una “nación católica” a través de la sólida alianza entre los dos pilares de la patria, la Iglesia y el Ejército. Era también arzobispo de Paraná y vicario general castrense. A los dos meses, el cardenal Raúl Primatesta, arzobispo de Córdoba, reemplazó a Tortolo al frente de la Iglesia y eso moderó el respaldo activo de la cúpula al gobierno militar.
Según Videla, “la Iglesia no era adicta a nosotros; teníamos nuestros encontronazos, pero, como institución, se manejaba con prudencia: decía lo que tenía que decir sin crearnos situaciones insostenibles. En ese contexto, la relación fue muy buena. En el plano individual, yo tenía una relación excelente con monseñor Tortolo: era un santo”.
La Iglesia llegó al golpe dividida y politizada, y a la hora de responder a los pedidos de ayuda de las víctimas de la dictadura pesaron más los cálculos políticos, como la conveniencia de no aparecer debilitando a un gobierno en plena lucha contra las guerrillas, que la preocupación genuina por los derechos humanos de los detenidos desaparecidos, que en su mayoría eran católicos.
Claro que, en forma individual, muchos obispos y sacerdotes salvaron a mucha gente. Ahora surgen testimonios de las personas que fueron ayudadas por Jorge Mario Bergoglio; también ocurrió con Pío Laghi, nuncio (embajador) del Papa en nuestro país, quien fue muy criticado por las Madres de Plaza de Mayo y otras organizaciones de derechos humanos por su presunta colaboración con los militares. Pero Laghi logró, por ejemplo, que el jefe de la Armada, el almirante Emilio Massera, liberara al padre Jorge Adur, ex superior de la congregación asuncionista, en 1976, e incluso lo llevó en auto hasta el avión en el que se embarcó. Luego, en el exilio, Adur asumió “la capellanía del Ejército Montonero”, según explicó por carta.
La realidad es siempre más compleja que el relato. Pero una cosa parece cierta: distintos sectores de la Iglesia alimentaron la violencia política de los 70. Y si bien los obispos produjeron algunos valientes documentos durante la dictadura, la sensación es que todavía falta una autocrítica completa, profunda, verdadera, ejemplar, inspiradora, por parte de la Iglesia. Tal vez Francisco haya comenzado a transitar ese camino.
*Editor ejecutivo de la revista Fortuna.

domingo, 16 de marzo de 2014

La iglesia produjo los primeros Montoneros

El Papa admite la influencia de la Iglesia en la formación de Montoneros
¿Se viene una autocrítica de la Iglesia argentina?

Por Ceferino Reato (*)


El Papa realizó una particular autocrítica sobre el rol de la Iglesia sobre los jóvenes en los '70. | Foto: AFP.

“San José era radical, San José era radical,
y la Virgen socialista, y la virgen socialista,
y tuvieron un hijito, montonero y peronista”.
Canto en los actos de Montoneros en los '70.



El papa Francisco hizo una contribución formidable para comprender cómo fue que tantos jóvenes bien intencionados, altruistas, tomaron la dramática decisión de incorporarse a la guerrilla en los '60 y '70; es decir, estuvieron dispuestos a morir pero también a matar a otras personas, a otros argentinos, por razones políticas.

“Nosotros en América Latina hemos tenido experiencia de un manejo no del todo equilibrado de la utopía, y que en algunos lugares, no en todos, en algún momento nos desbordó. Al menos, en el caso de Argentina, podemos decir ¡Cuántos muchachos de la Acción Católica, por una mala educación de la utopía terminaron en la guerrilla de los años '70!", dijo Francisco.

Jorge Mario Bergoglio atribuyó la conversión de tantos jóvenes católicos en guerrilleros a errores de conducción de la propia Iglesia Católica al señalar que hay que “saber manejar la utopía, o sea saber conducir” a los jóvenes.

Las palabras del Papa argentino fueron pronunciadas en un ámbito muy propicio: ante la Comisión Pontifica para América Latina, que está formada por un grupo de cardenales de la región.

El mensaje podría dar lugar a la autocrítica que la Iglesia Católica viene eludiendo sobre su responsabilidad en el surgimiento de la violencia guerrillera de los '70, que debería completarse con la autocrítica del respaldo que otros sectores eclesiásticos, conservadores e integristas, brindaron a la dictadura del general Jorge Rafael Videla y a la represión ilegal.

En mi último libro, ¡Viva la sangre!, dediqué un capítulo y medio a la influencia de sectores de la Iglesia en la formación de Montoneros, la guerrilla de origen peronista. Este libro está ambientado en Córdoba, un lugar clave para comprender la gran tragedia nacional de los setenta.

Entre otras cosas, Córdoba nos permite comprender de dónde surgieron los montoneros, uno de los dos grandes grupos guerrilleros de los '70. Mi conclusión fue que todos los primeros montoneros cordobeses habían sido, primero, militantes católicos. En otras palabras: Montoneros nació en las sacristías y en los colegios, las universidades, las residencias estudiantiles, los campamentos juveniles y las misiones de ayuda social organizadas por la Iglesia. Y eso ocurrió en todo el país.

Ésa fue la influencia de los sectores progresistas de la Iglesia. La responsabilidad de los sectores conservadores es más conocida y aparece con claridad en mi libro anterior, Disposición Final.

En conclusión, la Iglesia estuvo en los dos lados del mostrador de la violencia política. Uno de los signos de nuestra tragedia es que muchos militares y guerrilleros mataron creyendo que de esa manera cumplían con las enseñanzas de Cristo.

Una de las hipótesis de ¡Viva la sangre! es que la demora del Episcopado en realizar una profunda y generosa autocrítica sobre aquellos años sangrientos es el veto recíproco entre los sectores conservadores y progresistas de la Iglesia. Cuando los progresistas impulsan una mirada reflexiva sobre el apoyo a la dictadura, los conservadores les recuerdan la formación en las sacristías de tantos guerrilleros.

Se verá si la llegada al papado de Bergoglio, que es un crítico de las sistemáticas violaciones a los derechos humanos de la dictadura, servirá para clausurar esos vetos recíprocos.

(*) Editor ejecutivo de la revista Fortuna.

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