Mostrando entradas con la etiqueta barco capturado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta barco capturado. Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de junio de 2013

SGM: La captura del HMS Seal

HMS Seal, el submarino británico que capturaron dos hidroaviones nazis 
JESÚS GARCÍA CALEROCALEROJE / MADRID 

Sembraba minas en el paso a Noruega y fue el único sumergible británico rendido a los alemanes en toda la Segunda Guerra Mundial 

ABC 


Los captores comprueban los daños en el submarino tras el combate que acabó en captura 
La historia de la captura del HMS Seal es increíble. No solo fue la única nave sumergible de los británicos rendida a los nazis, sino que su captura no fue la obra de U-boats, destructores o cazasubmarinos, sino que fue realizada, aunque parezca increíble, por solo dos hidroaviones. 



Ya es casualidad de que el HMS Seal hubiera sido fotografiado en este documental de 1940 en su regreso a puerto tras una heroica misión en el Mar del Norte donde escoltaba convoyes. Justo después, comenzó su mala racha. Primero chocando con un carguero, lo que le llevó a puerto para arreglar los desperfectos. Pero ese solo era el principio. 

Su siguiente misión, en la primavera de 1940, sería la última. Le fue encomendado ir al estrecho entre Jutlandia y Suecia, el Categat, en castellano, o Kattegat, en inglés. Allí debía sembrar minas, en una maniobra para la que estaba perfectamente entrenado. Absolutamente inadvertido, navegaba por superficie o se deslizaba por el fondo, en los últimos días de abril en dirección al objetivo: debía desperdigar su mortífera carga junto a la isla de Vinga. 

Primer ataque aéreo 
Antes de empezar aquella misión, sufrió un primer ataque aéreo, poco después de la medianoche del 4 de mayo, un Heinkel He 115 le había detectado y le produjo un daño menor, pero el aeroplano debió abandonar la caza del HMS Seal al ser reclamado por otro objetivo en la zona. Sin embargo, haber sido localizado obligó al HMS Seal a navegar sumergido. Por la mañana se realizó con éxito la colocación de minas que días después hundirían una fragata alemana y varios cargueros. Pero al llegar la tarde de aquel 4 de mayo, la mala suerte se cebó con aquellos hombres. 

Bajo mucha presión por darle caza, se ocultaba sumergido. En plena maniobra entró en una zona de minas y una de ellas le golpeó, causándole un daño severo en la zona de popa. Además, quedó a 100 metros de profundidad con un ángulo de inclinación de 30 grados. No podía emerger, estaba averiado, medio inundado e ingobernable. El aire en su interior se consumía lentamente. 

Llevaban demasiadas horas en inmersión. Poco tiempo después, los marineros y oficiales mostraban signos de hipoxia. El aire en el interior contenía muy poco oxígeno. O lograban emerger o estaban perdidos. Muertos. Alguien tuvo una gran idea, además de rezar por la salvación de la tripulación, cosa que hicieron. 

Se quedan sin oxígeno 
Les costaba un enorme esfuerzo respirar, cada vez más, cada bocanada de aquel aire viciado, que casi podían ver, y que con cada resuello les empujaba lentamente hacia un letargo en el que dormirse podía ser fatal. 

Pasada la medianoche toda la tripulación, siguiendo las instrucciones del teniente Lonsdale, logró escalar hasta la proa, lo cual estabilizó el sumergible lo suficiente para intentar la maniobra que le permitió volver a la superficie. Tuvieron mucha suerte. Y finalmente abrieron las escotillas para renovar el aire. 

Los vómitos y un intenso dolor de cabeza fueron los síntomas generales de que el oxígeno volvía a circular por las venas de los valientes marineros que acababan de burlar la muerte. Después de un rato, trataron de encaminarse a aguas seguras: las de suecia con su submarino averiado. Pero antes del amanecer fueron otra vez detectados por un hidroavión tipo Ar 196, que comenzó a ametrallarlos y golpeó al submarino con un par de cargas. 

Para colmo de males, poco después llegó un segundo hidroavión, también tipo Arado. 

Resistieron hasta donde pudieron, hasta que las ametralladoras dejaron de funcionar. El ataque sufrido causó heridas a buena parte de la tripulación del HMS Seal, tal fue la intensidad de aquella lluvia de fuego. La indefensión era total con el sumergible averiado, bajo fuego intenso. Tuvieron que rendirse. 

Destruir los equipos secretos 
Blandieron un trapo blanco después de destruir todos los documentos confidenciales y los equipos secretos de sonar. Los alemanes exigieron a Lonsdale acudir nadando hasta el hidroavión para rendirse oficialmente. Él y todos pensaban que el submarino estaba a punto de hundirse. 

Pero no fue así. Lo siguiente era un capítulo de este guión nada deseado por los marinos británicos. El HMS Seal no se hundía. Un barco de arrastre se lo llevó hacia aguas enemigas, en este caso danesas. Y de ahí fue remolcado a Kiel para reparaciones en el dique seco. La visión del submarino en el dique seco de los nazis para repararlo minó la moral de la tripulación. 



Ahora es un U-Boat 
Desde entonces, desde aquel otoño de 1940, el submarino de su Majestad británica se convirtió en un submarino nazi. Rebautizado U-B sirvió enormemente a la propaganda, como se ve en el segundo vídeo, más que a las operaciones militares. Sin embargo hubo un detalle que sí valió tantos esfuerzos como los desatados por los alemanes en la captura: las espoletas de los torpedos británicos. Los U-Boat nazis veían fallar mucho sus torpedos debido a un diseño poco efectivo de las espoletas. Gracias a esta captura, su capacidad de ataque se incrementó notablemente, puesto que imitaron el diseño británico, mucho más eficaz.

martes, 15 de enero de 2013

Historia naval: El cambiante HMS Cumberland

Un barco para cinco banderas

En noviembre de 1695, el HMS Cumberland, un nuevo buque de línea de 80 cañones, se presentó en un pequeño astillero fuera del Solent, en el sur de Inglaterra, entre Southampton y Portsmouth. El Cumberland tuvo una carrera de rutina en la Marina Real hasta la batalla en el Lizard (21 de octubre de 1707), frente a la capa del suroeste de Inglaterra, cuando fue capturada por los franceses.

Como era la costumbre de la época, el Cumberland entró en servicio francés, al parecer bajo su propio nombre, como también era la costumbre. Pero en 1715, los franceses la vendieron a su aliado Génova, que a su vez la vendió a España en 1717. Renombrado por los españoles como Príncipe de Asturias, pero al año siguiente, el 11 de agosto de 1718 en la batalla del cabo Passaro de Sicilia, fue retomada por los británicos.




En lugar de reincorporar al Cumberland al servicio con la Royal Navy, los británicos la vendieron a la Casa de los Habsburgo de Austria en 1720, que lo rebautizaron San Carlos. Como los Habsburgo en ese momento gobernaban el reino de Nápoles, San Carlos se convirtió en el buque insignia de una escuadra naval Austro-napolitana hasta que fue desguazado en 1733.

En el curso de una carrera de menos de 40 años (mucho tiempo para un buque de la línea de la gran época de la lucha con vela), el Cumberland había peleado en dos grandes batallas, cada vez cayendo en manos del enemigo, había sido vendido tres veces, y había servido bajo cinco banderas diferentes, una de ellas dos veces.

Strategy Page