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martes, 12 de julio de 2016

Conquista del desierto: La batalla de San Ignacio

Batalla de San Ignacio
Revisionistas


Soldado de Línea

El 26 de marzo de 1881 se produce el encuentro entre la tropa de la Primera Brigada de la 2º División de Ejército, en campaña al lago Nahuel Huapi, almando del teniente coronel Rufino Ortega con las indiadas de Ñancucheo y Huincaleo. El lugar de la batalla fue el desfiladero de San Ignacio, en el valle del río Aluminé, en donde éste recibe las aguas del Catan Lil y forma el Collon Curá (unión de los departamentos de Catan Lil, Huiliches y Collón Curá, en la precordillera.

Versión oficial

“En todo este trayecto se ha avistado al flanco izquierdo de la columna varios jinetes. Son indios que observan nuestra marcha desde la cumbre de elevados cerros, que tan pronto se aproximan como desaparecen, y van, a medida que vamos avanzando, encendiendo el campo en diversas direcciones. Sin temor de equivocarse puede asegurarse que por ese medio avisan nuestra aproximación y el rumbo que seguimos.

Diez baqueanos a las órdenes del ayudante R. Guevara son enviados a examinar el camino del Oeste que se interna en un estrecho cajón, y a la vez, alejar a la partida de indios que tenemos al frente, que con toda osadía llegan a aproximarse hasta un tiro de fusil.

Parece que quieren lucir los magníficos caballos que montan. Bajan y suben a escape empinadísimos cerros y en cuyas cumbres hacen mil molinetes.

El ayudante Guevara regresó sin haber obtenido ningún resultado después de más de una hora de inútiles correrías.
Para llegar al paso del río tenemos que costearlo algunas cuadras; pero todas ellas forman un estrecho desfiladero donde sólo se puede ir de a uno. Nos internamos en él. Los indios nos contemplan desde la orilla opuesta, desde donde pueden contarnos con toda impunidad.

A la conclusión del desfiladero se llega al paso del río. En el momento de vadearlo, el Jefe del 11 de Caballería avisa que los indios han avanzado por nuestra retaguardia y se tirotea con la guardia que la cubre; que ha desprendido al mayor Ruibal con el 3er Escuadrón en su protección.

Efectivamente, un grupo de indios aprovechándose encontrarnos comprometidos en el paso del desfiladero, pasan el río un poco más abajo donde marchábamos y caen de improviso sobre las reses que conducen para nuestra provisión. Los que las cuidan, peones de proveeduría, no ofrenden resistencia; pero los caballerizos más próximos los contienen hasta la llegada de la guardia y del mayor Ruibal que los obliga a repasar el río.

Al propio tiempo que esto pasa a retaguardia, también la cabeza de la columna se bate. Marchan a vanguardia 20 hombres a las órdenes del ayudante Guevara, e inmediatamente detrás sigue la columna. Pásase el río y se emprende la ascensión de un cerro por una pendiente algo inclinada. En la cumbre de éstos, están todavía los indios. Esta osada insistencia hace suponer que intentan algún golpe. Parte del 12 y todo el Regimiento 11 está todavía encajonado en el desfiladero y paso del río.

Hago situar sobre el paso una compañía del Batallón para que proteja y cubra el paso que es susceptible de un ataque por el flanco derecho. El resto avanza. Al coronar el cerro, el ayudante Guevara es cargado violentamente por más de 60 indios. Es apoyado inmediatamente por granaderos del 12 a órdenes del capitán O`Donnell.

Estas fuerzas cargan y doblan a los indios que en su retirada se dividen en dos grupos. La mayor parte de la vanguardia persigue a los de nuestra izquierda, pues los de la derecha han ido a caer a un cajón por donde sigue la columna. A la izquierda son cargados por retaguardia, y por los indios que perseguían, pero son completamente rechazados.

Mientras esto pasa a la izquierda, seis o siete soldados han continuado persiguiendo a los de la derecha y siguen avanzando a su frente.

De improviso son cargados por retaguardia por un número considerable de indios y por los que perseguían. Aunque el resto de la fuerza acude velozmente desde la izquierda, no se puede evitar que lanzeen (sic) a seis.

Aquí muere el sargento Romero, el cabo Cortez y dos soldados del Batallón, quedando un baqueano y un soldado del 12 heridos.

Uno de los muertos debe ser un cacique o capitanejo, pues de su cadáver se ha recogido una espada. Esta tiene en su tasa el escudo de Chile. Los indios que he tenido al frente son los de Ñancucheo y Huincaleo, tal lo asegura el capturado por el comandante Torres, dice haberlos reconocido en los caballos que montan. Su número se calcula en más de 200 los que se han presentado a vanguardia”.

Comentarios

La Primera Brigada había partido desde su acantonamiento en el fuerte 4ª División, el 8 de marzo de 1881, siguiendo el curso descendente del río Agrio, primeramente, para luego proseguir por el de Catan Lil, hasta encontrar, en las cercanías del lugar donde se desarrolló el combate que hemos referido, al río Aluminé.

Más tarde prosiguieron por este río, que cambia de denominación trocándose en Collón Cura, para proseguir su marcha hasta el lago Nahuel Huapi, donde Villegas había dispuesto instalar el campamento central de la División.

Las fuerzas de la Brigada estaban compuestas por: Plana Mayor, 2 jefes, 2 oficiales y 21 soldados; Regimiento 11 de Caballería, 2 jefes, 7 oficiales y 190 tropa; Batallón 12 de Infantería, 2 jefes, 7 oficiales y 263 tropa. Total: 6 jefes, 16 oficiales y 474 tropa.

Nótese la audacia y la estrategia de la indiada que aprovecha al máximo su conocimiento de la topografía de la región por la cual deben pasar los expedicionarios, como así también la ventaja de poseer magníficas caballadas, aclimatadas y acostumbradas a trepar los cerros de la zona.

Esta expedición tenía como fin primordial reconocer todo el territorio “del Triángulo” y tratar de someter a las tribus indias. Esto posibilitó que en la segunda campaña ya se conociera el terreno y las indiadas que se oponían al avance.

Respecto a los dos valientes suboficiales que perdieron la vida, con los dos soldados que lo acompañaron en su entrada en la gloria, no tuvieron el consuelo que el poeta y soldado Ricardo Gutiérrez anhelaba para aquellos que iban al Paraguay, a luchar, enviados a esos campos donde caerían tantos argentinos.

Inspirándose en la blanca figura del que fuera capellán de las tropas argentinas en aquella guerra, canónigo Tomás O. Canavery, habría de aspirar a contar con el consuelo de:

El misionero

Poncho blanco no te apartes
de las huestes argentinas denodadas,
cuando suenen los clarines de la guerra,
cuando ruja la batalla
y en el peplo de su sangre
el soldado herido caiga;
que te vea discurriendo
como lirio entre las rosas escarlatas
despertando bendiciones en las bocas
alegrías en las almas,
besos cálidos de amor sobre los pliegues
de la enseña azul y blanca;
y en la noche de la muerte, sé la aurora
de la vida que no muere,
de la vida que no pasa
para el héroe que ha sabido dar su vida
por la vida de la Patria.

Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Portal www.revisionistas.com.ar
Raone, Juan Mario – Fortines del desierto – Biblioteca del Suboficial Nº 143

viernes, 17 de junio de 2016

Radiografía de la batalla de Chacabuco

Cómo fue la batalla de Chacabuco, por la que el mundo conoció a San Martín
Estaba cuidadosamente planeada, pero las cosas no salieron según lo previsto. El jefe del Ejército de Los Andes debió improvisar sobre la marcha y hasta involucrarse él mismo en el combate
Infobae


Pese a la habitual parquedad de San Martín cuando tomaba la pluma, se lo nota orgulloso y exultante en la comunicación que envía a Juan Martín de Pueyrredón, Director Supremo de las Provincias Unidas después de Chacabuco, el 22 de febrero de 1817: "... el eco del Patriotismo resuena por todas partes a un tiempo mismo, y al Ejército de los Andes queda para siempre la gloria de decir: en 24 días hemos hecho la Campaña, pasamos las Cordilleras más elevadas del globo, concluimos con los tiranos y dimos la Libertad a Chile".

Diez días antes, el 12 de febrero, había tenido lugar la batalla de Chacabuco, que sería la coronación de una operación audaz por su concepción y brillantemente ejecutada: el cruce de Los Andes por el ejército que San Martín venía organizando y entrenando en la gobernación de Cuyo desde hacía tres años. Derrotados en Rancagua, los patriotas chilenos habían pasado a Mendoza. Entre ellos, Bernardo O'Higgins y Ramón Freire ayudaron a San Martín a organizar el Ejército de Los Andes y se pusieron bajo su mando.

La sorpresa era un factor fundamental para un ejército patriota que disponía de menos hombres y armas que el realista. Las tropas de San Martín habían cruzado divididas, por tres pasos diferentes, algo que les fue hábilmente ocultado a los realistas. El gobernador de Chile, Casimiro Marcó del Pont, no tenía un plan claro de defensa; la llegada del Ejército de los Andes lo sorprendió con la tropa dispersa, algo a lo que lo había forzado San Martín al multiplicar los cruces. Además de los tres principales, hubo cuatro secundarios, dos al norte y dos al sur. La operación estuvo tan bien coordinada que, pese a su complejidad, la altura de la cordillera a atravesar y la extensión de los cruces en un frente de unos 800 kilómetros, las tropas patriotas llegaron casi todas al mismo tiempo a Chile, entre los días 6 y 7 de febrero.


El cruce de los Andes

Luego de varios combates menores, los patriotas estaban dominando el norte de Chile, por donde había pasado el grueso del ejército.

San Martín prepara entonces el enfrentamiento decisivo en la cuesta de Chacabuco, a 50 kilómetros al norte de la ciudad de Santiago. Para ello concentra sus tropas en Curimón.

Marcó del Pont designa al brigadier Rafael Maroto para enfrentar a los patriotas y detener su avance, defendiendo la Capital. Tendrá 2500 hombres a su mando: una compañía de húsares y varios batallones de Infantería..

San Martín por su parte disponía de 3500. Los patriotas se dividen en dos columnas, dirigidas por Miguel Estanislao Soler y por Bernardo O'Higgins, integradas por los Batallones nº1 de Cazadores de los Andes y nº11 de infantería, con el apoyo de los batallones 7 y 8 de Infantería, y 4 escuadrones de Granaderos a Caballo.

Los realistas fijan campamento en la víspera de la batalla en las casas de la hacienda de Chacabuco.

El plan del jefe del Ejército de los Andes era que una de las columnas atacara de frente a los realistas, para fijarlos –"aferrarlos", en lenguaje militar- en el terreno, para dar tiempo a la otra columna a avanzar dando un rodeo y atacarlos por el flanco y la retaguardia en un movimiento envolvente. Una táctica napoleónica que San Martín había tenido tiempo y oportunidad de estudiar muy bien. El mapa que acompaña esta nota muestra el escenario y los movimientos planeados.


El plan de batalla de San Martín

San Martín envía a O'Higgins al frente de la división menos numerosa, por el camino más corto y más escarpado –la cuesta vieja-, para atacar a las fuerzas realistas que él cree están aun en las casas de Chacabuco. Soler, mientras tanto, marcha con su división hacia el mismo lugar pero por el camino más largo (llamado cuesta nueva), para aparecer por el flanco y decidir la suerte de la batalla. Por eso O'Higgins debía demorar el combate hasta la llegada de Soler.

"El general O'Higgins –escribe Carlos A. Pueyrredón en La Campaña de los Andes-, al divisar a las tropas opresoras de su Patria, no pudo contenerse, e impulsado por su valor legendario se lanzó a la carga, resuelta e imprudentemente, contrariando las instrucciones de San Martín de esperar a la División Soler, para iniciar juntos el combate".

En este punto, hay cierto debate entre los historiadores. Algunos señalan que, habiendo San Martín dado la orden de no atacar hasta la llegada de Soler, que debía rodear el cerro, el apresuramiento de O'Higgins –inspirado en su arrojo, virtud en la cual todos coinciden- comprometió la estrategia del Libertador y lo obligó a intervenir. Cabe señalar que la primera carga de O'Higgins contra los realistas había fracasado y el jefe chileno se había visto forzado a retroceder.

Otros señalan que, en realidad, como el ejército realista marchó cuesta arriba –no se quedó en las casas de Chacabuco- al avanzar O'Higgins según lo previsto para posicionarse con el fin de atacarlos de frente, se encuentra de pronto con que las fuerzas de Maroto están a una distancia mucho menor de la que se esperaba. Por eso la batalla se empeña antes de lo previsto.



Fue ese el momento en que O'Higgins, desenvainando el sable, gritó: "¡Vivir con honor o morir con gloria, el que sea valiente que me siga!" y cargó contra el enemigo.

Según el historiador Isidoro Jorge Ruiz Moreno, San Martín consideraba a O'Higgins "valiente hasta la temeridad", pero "le criticaba la falta de conocimientos estratégicos". A diferencia de San Martín, O'Higgins, como otros jefes revolucionarios –y podemos pensar en el caso de Manuel Belgrano- se habían formado en el mismo proceso.

Pero el terreno no era propicio para el ataque, había quebradas que dificultaban el avance de la caballería, y esa primera carga de O'Higgins contra los españoles será vencida. Un segundo ataque lanzado por el jefe chileno estaba encontrando serias dificultades.


La batalla de Chacabuco, librada el 12 de febrero de 1817

Advertido San Martín de lo que ocurre, ordena a Soler atacar de inmediato. Más aún, decide intervenir él mismo en la batalla (ver video al pie de esta nota). Baja la cuesta al frente de sus granaderos y llega en el momento en que O'Higgins se disponía a lanzar un nuevo ataque frontal contra el enemigo realista. "El gran capitán venía bajando la cuesta al frente de sus granaderos cuando se apercibió del acto de arrojo de O'Higgins –sigue el relato de Carlos Pueyrredón en la obra citada-. Ordenó inmediatamente a los regimientos 7 y 8 de infantería que calaran bayoneta y atacaran resueltamente al centro del ejército realista; enseguida, a lanza y sable, arremetió contra el enemigo, para auxiliar a O'Higgins".

El general Gerónimo Espejo, que participó de la Campaña de los Andes, lo cuenta así: "Al ver en tan inminente riesgo la obra que le costaba tantos sudores y desvelos, el pundonor, la responsabilidad, el despecho, quizás lo condujeron (a San Martín) a la cabeza de los Granaderos, resuelto a triunfar o no sobrevivir si se consumaba el infortunio".

Miguel Ángel de Marco (ver su análisis en esta misma edición) recuerda que la estatua del general San Martín espoleando el caballo, con el dedo señalando en el aire, que nos es tan familiar, está inspirada en ese momento crucial de la batalla de Chacabuco cuando, al ver lo que estaba ocurriendo con O'Higgins, le dijo a su ayudante "Vaya y dígale al general Soler que ataque de inmediato", y luego montó a caballo para avanzar él mismo con sus granaderos.


La estatua ecuestre de San Martín, inspirada en la batalla de Chacabuco

Fue la última vez que se involucró físicamente como comandante en el combate, algo absolutamente inhabitual y que inquietó sobremanera a Pueyrredón: "Lo que sé por Luzuriaga –le escribe preocupado- es que usted con dos escuadrones de granaderos tuvo que meterse entre las líneas enemigas. De esto infiero, o que la cosa estuvo apurada, o que no tuvo usted jefe de caballería de confianza, porque en todo otro caso yo acusaría a usted del riesgo en que se puso. Dígame usted con la franqueza que debe lo que hubo en esto (...). Por Dios, cuídese usted, porque su vida y su salud interesan extraordinariamente al país y a sus amigos".

El ataque combinado de O'Higgins y San Martín, sumado al de Soler, rompe las filas realistas. Se retira la caballería, mientras que la infantería es perseguida varios kilómetros. La batalla, cuyos primeros movimientos se habían iniciado de madrugada, concluye entre las 3 y 4 de la tarde.

El parte de San Martín a Pueyrredón es brevísimo pero completo: "Una división de mil ochocientos hombres del ejército de Chile acaba de ser destrozada en los llanos de Chacabuco por el ejército de mi mando en la tarde de hoy. Seiscientos prisioneros, entre ellos treinta oficiales, cuatrocientos cincuenta muertos y una bandera que tengo el honor de dirigir es el resultado de esta jornada feliz con más de mil fusiles y dos cañones. La premura del tiempo no me permite extenderme en detalles, que remitiré lo más breve que me sea posible: en el entretanto, debo decir a V. E., que no hay expresiones como ponderar la bravura de estas tropas: nuestra pérdida no alcanza a cien hombres. Estoy sumamente reconocido a la brillante conducta, valor y conocimientos de los señores brigadieres don Miguel Soler y don Bernardo O'Higgins. Dios guarde a V. E. muchos años. Cuartel general de Chacabuco en el campo de batalla, y febrero 13 de 1817."

Chacabuco fue una victoria completa que les dio a los patriotas el dominio de Santiago. Marcó del Pont huye pero es capturado en Valparaíso cuando se preparaba para abordar un barco hacia Lima.


San Martín en la batalla de Chacabuco

El propio enemigo describe con gran precisión el impacto estratégico de la batalla. Desde Lima, el virrey Joaquín de la Pezuela admitirá que "la desgracia" padecida por sus fuerzas en Chacabuco había transformado "enteramente el estado de las cosas". "Cambióse el estado de la guerra", dijo.

La primera consecuencia es la entrada de los patriotas a la capital de Chile el mismo día 14, dos días después de Chacabuco. Los chilenos le ofrecen la titularidad del gobierno a San Martín la máxima jefatura de gobierno, como Director Supremo de Chile. Él declina el ofrecimiento y recomienda el nombramiento de O'Higgins.

Como vimos, en su parte de la batalla, San Martín no hace ningún reproche a O'Higgins. Muy por el contrario. Más tarde, en carta detallada a Pueyrredón sobre el desenvolvimiento de la batalla, nuevamente destaca el desempeño de sus subordinados y agrega varios nombres a la lista. "Sin el auxilio que me han prestado los brigadieres Soler y O'Higgins, la expedición no hubiera tenido resultados tan decisivos; les estoy sumamente reconocido, asimismo a los individuos del Estado Mayo, cuyo segundo jefe, el coronel Beruti, me acompañó en la acción y comunicó mis órdenes, así como lo ejecutaron a satisfacción mía mis ayudantes de campo el coronel don Hilarión de la Quintana, don José Antonio Álvarez, don Antonio Arcos, don Manuel Escalada y don Juan O'Brien". También nombra a los comandantes Cavot, Rodríguez y Freyre –que actuaron en otras zonas de Chile- y promete ampliar la lista de patriotas que se destacaron en la acción de Chacabuco, cuando reciba los informes del desempeño de toda la tropa, "para que sus nombres no queden en el olvido".


O'Higgins y San Martín, victoriosos

La amistad entre San Martín y O'Higgins fue una de las más fructíferas para la causa de la emancipación americana. Unió a dos hombres dispuestos a todo renunciamiento personal en aras del interés del conjunto. Entre ellos no hubo celos ni competencias que pudieran comprometer sus objetivos.

O'Higgins jamás escatimó a San Martín el reconocimiento que éste merecía por la emancipación de Chile y le brindó su amistad y lealtad hasta el fin.


Bernardo O'Higgins

Al asumir el gobierno de Chile, el 17 de febrero de 1817, se dirigió a sus compatriotas en estos términos: "Nuestros amigos los hijos de las Provincias del Río de la Plata [...] acaban de recuperaros la libertad usurpada por los tiranos. Estos han desaparecido cargados de su vergüenza al ímpetu primero de un ejército virtuoso y dirigido por la mano maestra de un general valiente experto y decidido a la muerte o a la extinción de los usurpadores".



Claudia Peiró cpeiro@infobae.com

domingo, 24 de abril de 2016

Guerra de la Independencia: Batalla de Sauce Redondo (1814)

Batalla de Sauce Redondo


Gral. Martín Miguel de Güemes (1785-1821)

Luego de la derrota de las tropas patriotas en Ayohuma y aprobado el plan sugerido por Dorrego para la reorganización de la vanguardia, éste permaneció unos días en las líneas avanzadoras, instruyendo oficiales y tomando diversas disposiciones.  En su transcurso llegó al cuartel general de Tucumán el mayor Martín Güemes, a quien Manuel Belgrano había expulsado del ejército en la primera retirada de Jujuy, a consecuencia de una historia de amoríos que se hizo pública y chocó con las ideas de riguroso orden social sustentadas por el general ahora en desgracia.  San Martín lo envió a la vanguardia, y Dorrego le colocó en el lugar que anteriormente había destinado a Pedro Zabala, que era de mucha acción y sirvió después a tan famoso y heroico guerrillero, para dar la medida de su capacidad.

Güemes pertenecía a una familia honorable de la Capital de la provincia que tanto habría de defender, y no carecía de cultura; pero, penetrado de la idiosincrasia del gaucho, especialmente en breve estadía en la Banda Oriental, donde contempló y admiró de cerca la popularidad de Artigas, aunque sin gustar de los propósitos de este caudillo, procuró identificarse con los campesinos el norte usando su traje, empleando su lenguaje, halagando en grotescas y zafadas peroraciones –que no dejaba escuchar a ninguna persona con alguna educación, ni aun a sus ayudantes- el odio a las clases superiores de la sociedad en general y a los falsos “nobles”, entre los cuales hubiera podido alternar, particularmente.  Tenía esbelta figura, ancha y despejada frente, ojos singularmente vivarachos, poblada barba negra que dejaba crecer hasta el pecho; pero su vos era trabajosa y confusa, a consecuencia de un defecto de la úvula, según un contemporáneo: “quien no estaba acostumbrado a su trato, sufría una sensación penosa al oírlo” (1).  Los jóvenes decentes, para vengarse de sus diatribas, en los tiempos que empezó a destacarse, pusieron en boga unos malos versos, que le llamaban

“Loco, vano, fullero, mentiroso;

Todo eso junto y ainda mais gangoso” (2)

Mientras el coronel Saravia daba cuenta a San Martín que habían sido distribuidas todas las partidas de acuerdo con las órdenes de Dorrego (10 de febrero de 1814), éste daba por terminada su misión en Salta y se retiraba al cuartel general de Tucumán.

Afanoso Güemes por probar en la pelea la bravura y la adhesión de los gauchos, como el enemigo no se atrevía a lanzar partidas a la campaña aleccionado por los percances ya sufridos, fue en su busca introduciéndose en el valle de Lerma; el 9 de marzo batió una avanzada realista en los suburbios de la ciudad, y el 11, habiendo realizado el coronel Castro una salida con toda su poderosa vanguardia para hacer lo que le parecía peligroso e inútil esperar de pequeños destacamentos, fue acosado de tal manera por los gauchos apostados detrás de los árboles, que se descorazonó muy pronto, y sin haber salido del valle, regresó a su cuartel a los tres días.  “Los gauchos de Salta solos –oficiaba San Martín al Gobierno General- están haciendo al enemigo una guerra tan terrible….”.

El 18 de marzo, otra avanzada de la plaza fue sorprendida por los gauchos de Güemes; pero a despecho de eso, un piquete realista de 56 hombres al mando del capitán José Lucas Fajardo, consiguió deslizarse hasta las cercanías de Guachipas.

El 24, habiendo sido sentido por José Apolinar Saravia –gaucho joven que sentía dio feroz a los “godos”, y del cual se refiere que en la gloriosa tarde de Tucumán riñó con otro oficial que se opuso al sacrificio de un prisionero, y un rato después, viendo a aquél agredido por un enemigo rezagado, le salvó la vida, exponiendo la suya, sin reconciliarse-, pagó su temeridad.  Saravia, reuniendo 30 “partidarios” de los que estaban a sus órdenes y algunos gauchos armados con garrotes y chuzas, lo acometió en Sauce Redondo, matando 11 hombres, entre los cuales cayó Fajardo, y haciendo 27 prisioneros, a cambio de cuatro bajas solamente.  “No puedo prescindir de manifestar a V. S., aunque de paso –escribió San Martín al coronel Pedro José Saravia-, cuán pausible y satisfactoria me ha sido la valerosa comportación del precitado comandante don José Apolinar, la de su hermano don Domingo y de toda la demás gente de su mando en la brillante guerrilla del 24”.

Filiberto de Oliveira Cezar en su obra “Güemes y sus Gauchos”, transcribe una carta referida a este combate del comandante Saravia, dirigida a Güemes, fechada en Guachipas el 25 de marzo de 1814: “……. A las 2 de la tarde observaron mis descubiertas que el enemigo en número de 56 hombres bien armados, al mando del Capitán D. José Lucas Fajardo, se dirigía por el paso del río de Guachipas hacia este rumbo; inmediatamente di orden para que mis descubiertas y avanzadas, que estaban en el Sauce Redondo, se replegasen hasta las casas de D. Manuel Castellanos, entre tanto yo hacía avanzar mi retaguardia que se hallaba situada en la capilla para protegerlas oportunamente.  En efecto, a las 3 ½ de la tarde campó el enemigo en el Sauce Redondo, y a las 4 rompí el fuego contra su avanzada, con una guerrilla de doce hombres al mando del Alférez de caballería de línea, D. José Antonio Suárez. Observando que muerto dicho alférez me rechazaban la guerrilla, cargué inmediatamente con el resto de mi división, y pasadas las primeras descargas de fusil, a las que se sostenía vigorosamente, mandé avanzar, sable, garrote y chuza en mano: en ese momento desordenado, el enemigo huyó vergonzosamente, de lo que resulta haber conseguido una completa victoria, haciéndoles 27 prisioneros, entre ellos 14 mal heridos; a más de éstos, 8 soldados, 2 sargentos y el Comandante Fajardo muerto; consistiendo mi pérdida únicamente en la muerte del Alférez Suárez, dos soldados y un paisano herido (…)  Después de encarecer a V.E. el valor, constancia y regocijo con que todos mis soldados y paisanos se han comportado, debo particularmente recomendar a la consideración de V. E., la viuda e hijos de dicho Alférez Suárez, cuyo ingente valor lo precipitó en la tumba donde yace, con solo el interés de la libertad…” .

El 29 salieron de la plaza 80 realistas mandados personalmente por Castro, para atacar a los patriotas mandados por Güemes, cuyas posiciones habían sido descubiertas, pero el segundo se anticipó al primero, logrando sorprenderlo y desbaratarle la mitad de la gente.

Los servicios de Güemes fueron premiados con el grado de teniente coronel y el mando superior de la vanguardia, en que relevó al coronel Saravia.  Aumentó su prestigio, su acción cobró aún mayor energía, y los realistas, cada vez más encerrados en la ciudad, creyeron sufrir el asedio de un gran ejército.  Pidieron nuevamente refuerzos, y obtenidos, destinaron mil hombres a la conquista de una zona de la campaña, que les sirviese para extraer recursos.  Esa fuerza, que maniobró fraccionada en dos divisiones mandadas respectivamente por los coroneles Gullermo Marquiegui (salteño) y Antonio María Alvarez, nada pudo conseguir; regresó a los pocos días, con gran fatiga y algunas pérdidas causadas por la diaria hostilización de los gauchos.

Referencias


(1) José María Paz – Memorias póstumas.

(2) Joaquín Carrillo – Historia civil de Jujuy.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.

Oliveira Cezar, Filiberto de – Güemes y sus Gauchos: escenas de la independencia argentina – Buenos Aires (1895).

Paz, José María – Memorias póstumas.

Portal www.revisionistas.com.ar

Uteda, Saturnino – Vida Militar de Dorrego – La Plata (1917).

Se permite la reproducción citando la fuente: www.revisionistas.com.ar

miércoles, 20 de abril de 2016

Egipto Antiguo: Megido y el inicio de la historia militar

La batalla de Megido: El comienzo de la historia militar
por Andrew Knighton - War History Online



La primera batalla de la que tenemos un registro histórico clara se llevó a cabo en el Levante en el siglo BC 15 de. Aunque sabemos que la guerra había existido durante siglos de antemano, y algunos detalles de las batallas anteriores se registran en el folklore y las escrituras religiosas, los detalles siguen siendo turbia.

Eso cambió con la batalla de Meguido.

Las dificultades de citas

los registros del antiguo Egipto, en la que nos basamos para las cuentas de la batalla de Meguido, lo sitúan en el año 23 del reinado del faraón Tutmosis III, en el día 21 del primer mes de la tercera temporada. Exactamente cómo esto se relaciona con nuestro propio sistema de datación es incierta, y los historiadores han fechado diversamente la batalla de 1457, 1479 o 1482 antes de Cristo. Todo lo que podemos decir con certeza es que se llevó a cabo en la primera mitad del siglo 15 AC.

Guerra en el Levante

Tutmosis III llegó al trono en un momento en Egipto controlado amplias zonas del Levante - las tierras del este del Mediterráneo y el norte de Oriente Medio. Al principio de su reinado, se encontró frente a una revuelta en esta región, en torno a Siria moderna.

Líder de la revuelta fue el rey de Kadesh, una ciudad cuya gran fortaleza le dio una base segura. Los Canannites, Mitani y Amurru se unieron a su alianza rebelde, al igual que el rey de Meguido, otro gobernante con una fuerte base de fortaleza.

Meguido era estratégicamente vital, el control de la principal ruta comercial entre Egipto y Mesopotamia, ahora conocida como la Vía Maris. Las fuerzas rebeldes se reunieron allí.


La Marcha del Faraón 




Estatua de Tutmosis III en el Museo de Luxor 

Al igual que muchos gobernantes antiguos, Tutmosis III tomó personalmente el mando de sus fuerzas. Reunió un ejército de entre diez y veinte mil hombres, que consta de infantería y carros, en la fortaleza fronteriza de Tjaru.

Este fue el apogeo de la guerra carro. Caballos aún no habían sido criados lo suficientemente fuerte como para llevar un jinete armado, por lo que la única manera de carros para moverse rápidamente por todo el campo de batalla y entregar los ataques repentinos de choque. El arco compuesto desarrollado recientemente dio a los corredores de carros en un arma poderosa para atacar a la infantería antes galopante de distancia. armas de hierro, que eventualmente llevarían a la caída de las aristocracias de los carros, todavía no se habían desarrollado.

En el corazón del ejército del faraón eran las armas más mortíferas de su época.

La elección de la más directa, pero también más peligroso de los tres rutas disponibles, Tutmosis tomó Aruna - la zona que ahora se llama Wadi Ara - casi sin resistencia. El ejército Kadeshi había sido enviado lejos hacia el norte y el sur para bloquear sus otras vías de avance, y ahora podía marchar en Meguido.

El rey de Kadesh, sorprendido por la apariencia de los egipcios en el centro de su línea defensiva, se puso de reunir sus tropas en el terreno elevado fuera de la fortaleza de Meguido. Faraón le dio poco tiempo para prepararse.


Oportunidad aprovechada



Una carga en la batalla de Megido, en 1457 aC, en lo que hoy es el norte de Israel, a partir de la historia 'humanidad'

Tener establecido un campamento al final del día, Tutmosis hace avanzar sus fuerzas amparo de la noche. Mientras que el Kadeshi concentró sus tropas alrededor de la fortaleza, el faraón se extendió a cabo su. Dos alas amenazados los flancos del enemigo, mientras que el núcleo del ejército avanzó en el centro. Por la mañana, atacó.

Las dos partes fueron muy igualados en número, con alrededor de 10.000 soldados de infantería y 1.000 carros cada uno. Pero después de haber extendido sus fuerzas, el faraón estaba en mejores condiciones para hacer uso de sus números. Mientras que él dirigió el ataque en el centro, su ala izquierda hizo una huelga rápido, agresivo contra el flanco rebelde.

La voluntad del flanco rebelde se rompe fácilmente por la velocidad y la habilidad del ataque egipcio. El ala derecha se derrumbó, y el resto del ejército siguieron con rapidez, la moral del colapso como guerreros vieron sus compañeros huyen. Algunos corrieron a la ciudad, cerrando las puertas detrás de ellos para mantener a los egipcios a cabo.

Los egipcios ahora desperdicia la oportunidad rápida victoria les había dado. Al igual que muchos vencedores largo de la historia, que se dedicó a saquear el campamento enemigo, capturando 200 armaduras y 924 carros. Sin embargo, aunque lo hicieron los rebeldes dispersos encontraron su camino de regreso a Meguido, trepando por cuerdas improvisadas de ropa bajados por la gente dentro de las paredes. Los que lo hizo con la seguridad incluyen los reyes de Megido y Cades.

Asedio y Consecuencias

La batalla de Megido fue seguido inmediatamente por un sitio. Faraón había sus hombres cavar una fosa y construir su propio muro defensivo alrededor de la ciudad. Después de siete meses de inanición, la ciudad finalmente se rindió. El rey de Kadesh escapó, pero el resto de los de la ciudad fueron capturados, y salvó por un faraón misericordioso.

Así como la armadura y carros, los vencedores se llevó a casa más de 2.000 caballos, 340 prisioneros, casi 25.000 de ganado y ovejas, y el tren de guerra real del rey de Meguido.


Más importante aún, la victoria en Meguido les permitió conquistar otras ciudades en la región, asegurando una vez más por el Imperio Egipcio.

¿Cómo sabemos sobre Meguido?

¿Cómo se ha convertido en esta sola batalla nuestra primera imagen clara de la historia de la guerra?

La respuesta se encuentra con escribano personal de Tutmosis III, Tjaneni. Acompañando a su regla en campaña, Tjaneni mantuvo un registro diario de la guerra. Años después, Tutmosis quería tener sus hazañas militares talladas en las paredes del templo de Amón-Ra en Karnak. El diario de Tjaneni permitió a los acontecimientos de Meguido a ser inscritas en detalle glorioso, que ha durado nos largo de los años.

Por tanto, el ejército egipcio ocupa un lugar importante en la historia temprana de la guerra por dos razones. En primer lugar porque no tenían la fuerza para llegar hasta el momento, incluyendo un líder de éxito y los últimos desarrollos militares. Y en segundo lugar porque se registran sus hazañas en una forma que duraría - las piedras antiguas de Egipto.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Historia argentina: La batalla de Ombú (1827)

La batalla de Ombú


Dos días después de la sableada que había aplicado Lavalle a las fuerzas brasileñas comandadas por el General don Bentos Manoel Ribeiro, ante la persistencia del jefe paulista, el General Alvear encomendó al General Mansilla darle el escarmiento necesario. El encuentro se produjo en el arroyo Ombú. Mansilla contaba con 800 hombres de caballería, en tanto que el General Ribeiro conducía 1.200 soldados. Tras una desordenada carga patriota que facilitó a la caballería enemiga formar un gran semicírculo que puso en peligro el ataque argentino, la rápida reacción del ayudante del General Mansilla, don Segundo Roca, al quitarle el clarín al trompa de órdenes el cual estaba dispuesto a tocar retirada, permitió que un Escuadrón del Regimiento 16 de Caballería, a órdenes del coronel Olavarría, efectuara una carga con tal ímpetu que frenó la acción brasileña. Esto permitió rehacer la carga propia y provocó la detención del empuje brasileño. El ataque enemigo pronto se transformó en retirada y luego en desordenada fuga.



El silencio de un corneta y la valentía de Olavarría hacen el día
Luego de la batalla de Bacacay... Alvear dispuso escarmentar a las tropas brasileñas por segunda vez.
La tarea fue encomendada al general Lucio Mansilla y dos días después de producido el combate de Bacacay se toparon argentinos y brasileños en el arroyo Ombú. Mansilla contaba con 800 hombres, todos de caballería: 100 del Regimiento 1º (comandante José María Cortina), 100 del Regimiento nº2 (capitanes Albarracín y Martín), 300 del Regimiento nº8 (coronel Zufriategui), 200 del Regimiento nº16 (coronel Olavarría) y el Escuadrón de Coraceros (teniente coronel Medina). El coronel Ribeiro conducía a 1200 soldados.



General Lucio Mansilla (Argentina)



Antes de relatar el combate debe efectuarse una precisión: Mansilla había ascendido -como Alvear- sin atender a la escala orgánica y merced en gran parte a la política. No había comandado en batalla a numerosos efectivos. En efecto, tras su paso por el Ejército de los Andes, con el grado de mayor se incorporó al ejército entrerriano de Ramirez luego de la batalla de Cepeda (1820), al frente de cuya infantería contribuyó a derrotar a Artigas. Abandonando a su jefe, ya teniente coronel, se apoderó del gobierno de Entre Ríos, desbaratando los intentos del general López Jordán por mantener la República Entrerriana. Fue entonces ascendido a coronel. Y en vísperas de abrirse la campaña contra el Imperio de Brasil, tras desempeñar una diputación en el Congreso Nacional, recibió entorchados de general. Por eso, Alvear -olvidado de su propia trayectoria- lo calificaba de "general de bochinche". Veamos ahora los testimonios de un par de actores en el combate de Ombú.

El capitán Domingo Arrieta en sus Memorias recordaba lo que sucedió cuando se avistó a los imperiales ocupando unas pequeñas alturas, al salir el sol el día 15:

Nuestro general Mansilla, desde el momento que los vio, mandó la nunca bien ponderada maniobra de formar toda la división en una sola columna por escuadrones y marchar desde la gran distancia en que aún nos hallábamos del enemigo, al aire de galope, en un terreno que por lo pedregoso, desigual y lleno de arbustos, hubiera sido muy dificultoso hacerlo al paso. Este violento orden de marcha hizo que se perdiese todo orden de formación. Desbandados nuestros escuadrones, tanto por el cansancio de nuestros caballos como por la pendiente del terreno, más parecía una división en completa derrota que tropa que iba a batirse con el enemigo.

Regimiento de caballería nº16 "Lanceros de Olavarría"

Fue creado por decreto de 4 de agosto de 1826 designándose para su mando y organización al Coronel José Olavarria. El vistoso uniforme agregado, pertenece a su jefe, aunque se cree que, a pesar del decreto del 5 de julio de 1826, sus soldados lo usaron, según algunas referencias. Este regimiento hizo toda la campaña del Brasil con brillante actuación, disolviéndose a su regreso. Fuente: Uniformes de la Patria del Comando en Jefe del Ejercito – Circulo Militar. 


Con todo, los brasileños, ante la fogosa carga que se les iba encima, se replegaron a un llano en la retaguardia y formaron su línea sobre la margen izquierda del arroyo Ombú. Cuando llegaron allí los jinetes argentinos lo hicieron -según Arrieta- "en estado de no haber un solo caballo que pudiese galopar".
Teniente José María Todd, relata los pormenores de la batalla



El general Mansilla ordenó al coronel Juan Zufriategui que atacara la línea enemiga con su Regimiento (compuesto en gran parte por antiguos Dragones de Rivera). Lo que sigue integra los Recuerdos del entonces teniente José María Todd:

Salió el nº8 en son de carga, y en el acto se desprendió otro regimiento enemigo que cargó con decisión, pero con mal instinto, pues a una cuadra dio la voz de carga. Nuestro regimiento, en vez de aprovechar esa chambonada que había desorganizado la línea enemiga, echó a correr con toda ignominia. Felizmente tomó en su disparada una línea diagonal que descubrió el frente de los vencedores.

Aprovechando la oportunidad, Bento Manoel rodeó con su caballería a los cuerpos argentinos y se dispuso a concluirlos. Prosigue relatando el capitán Arrieta:

Aprovechándose los brasileños de la gran superioridad que sobre nosotros le daba el descanso en que estaban sus caballadas, maniobraron como quisieron, y formando una especie de círculo nos encerraron dentro de él, sin ser bastante a impedirlo la desesperada oposición que hicimos. ¡Ya no había remedio: todos éramos perdidos!

 El general Mansilla se dispuso a abandonar la lucha. Pero en ese instante se produjo un hecho que resultó trascendental, según reveló en 1857 el después general Jerónimo Espejo, a la sazón integrante del Estado Mayor de Alvear:

En este combate, envueltos nuestros escuadrones casi en derrota, cuando el corneta del General iba a tocar la señal de retirada, Roca [su ayudante don Segundo] le quitó el clarín de la boca, y esta acción atrevida dio lugar a que un escuadrón nuestro diese otra carga al enemigo.
El coronel Olavarría, del 16, jefe valiente y práctico en las ocasiones de choques parciales, mediante una serie de combates en que se había encontrado y siempre distinguido en la guerra de la Independencia, restableció el orden y obtuvo un triunfo sobre el adversario.

Coronel José de Olavarría 



De ahí en adelante se modificó la situación, aunque indica Todd "que estábamos admirados de encontrar una resistencia a la que no estábamos acostumbrados: debo confesar que los brasileños pelearon como bravos". Por fin los paulistas emprendieron su retirada al galope, perseguidos ahora por los argentinos, "causándoles el daño que no supieron hacernos", comenta Arrieta. En su fase final, la caballería riograndense convirtió su carrera en una auténtica fuga. Un último detalle ofrece Todd:

El paso preciso del arroyo que debían vadear era bastante ancho, pero como se habían aglomerado todos en completo desorden, se estorbaban unos a otros y pudimos llegar a tiempo y causarles una gran mortandad. Allí por primera vez se vio el gran efecto que producían las lanzas, arma muy mal recibida por nuestros soldados, especialmente por los salteños que se creían degradados por ella, pues solo la usaron los gauchos en la guerra de la Independencia a falta de otra arma; pero en esta pelea y recorriendo los muertos enemigos, casi todos estaban heridos de lanza: adquirió fama esta arma.

Los imperiales tuvieron 173 muertos y 46 heridos. Las bajas propias fueron de 54 muertos y 31 heridos, y el coronel Zufriategui sufrió grave descrédito, recogido en los testimonios de Paz, Iriarte y Todd.
En cuanto a Bento Manoel Ribeiro, fue alejado de las operaciones tras sus dos contrastes sucesivos, perdiendo contacto con los argentinos hasta el día de la batalla de Ituzaingó (en la cual no participó), causando su conducta una impresión desagradable entre sus camaradas.

 
General Bento Manoel Ribeiro (Brasil) 



Fuente
Isidoro Ruiz Moreno, Campañas Militares Argentinas, EMECE, 2005: pp: 398-400


domingo, 29 de marzo de 2015

Banda Oriental: La invasión luso-brasileña de 1816

Invasión portuguesa a la Banda Oriental





Era una ambición tradicional de los portugueses el lograr límites naturales para sus posesiones en América. Consecuentes a tal política buscan el dominio de los grandes ríos que tienen origen en su territorio y desembocan en el Río de la Plata.  Desde la época del coloniaje, y aún en tiempo de paz, los portugueses siempre presionaron la frontera terrestre de la Banda Oriental y de las Misiones.

Bajo distintos pretextos, pero materializando una sola aspiración, los portugueses realizan dos invasiones; la primera en 1811 y la segunda en 1816.

La primera invasión se realiza a solicitud de Elío (en ayuda de los españoles sitiados en Montevideo) y da lugar a la firma del Armisticio del 20 de octubre por el que se levanta el sitio de Montevideo y a raíz del cual se efectúa el Exodo del Pueblo Oriental.

La resistencia a esta primera invasión es más bien pasiva, dada la actitud del gobierno porteño, y solamente se manifiesta por la acción de ciertos destacamentos y acciones de guerrillas en el este, en el litoral oeste, y en las Misiones.  Los portugueses permanecieron en nuestro territorio (contrariando lo establecido en el artículo 11 del Armisticio de octubre) retirándose en agosto de 1812, por imperio del Tratado Rademaker-Herrera.

En 1816, las circunstancias políticas y militares se presentaron favorables, produciéndose la segunda invasión portuguesa.  Dicha invasión vino a quebrar un período de reorganización y prosperidad conocido como el Apogeo de Artigas, y habría de terminar por abatir definitivamente el poder militas y político del Protector.

En primer término contaban con la connivencia de los políticos porteños, especialmente del Dr. Gregorio Tagle, Ministro de Relaciones Exteriores de los gobiernos de Alvarez Thomas, de González Balcarce, Pueyrredón y la Logia Lautaro.  En segundo término el apoyo, instigación y complicidad de un grupo de exiliados y residentes en Río de Janeiro entre los que citaremos a Vigodet, De la Alameda, Alvear, Nicolás Herrera, Manuel garcía, Valentín Gómez, etc. 

Al impulso de tales circunstancias Río de Janeiro se convirtió en un foco anti-artiguista.  En realidad siempre lo fue.  Los españoles trataban de recuperar las colonias perdidas, mediante la ayuda de Portugal; los porteños intentaban terminar con Artigas, aunque fuera a costa de la segregación de la Provincia Oriental a favor de Portugal, o buscando la coronación de un Príncipe de Braganza.

Los emigrados a raíz del motín de Fontezuelas, suministraron a la Corte Portuguesa toda clase de informaciones, con lo que apoyaron sus planes de conquista.  Nicolás Herrera dio las normas que debían seguirse en la invasión dando consejos en el orden político y militar.  Tal como lo consigna el historiador Hugo D. Barbagelata en su obra, el ex Dictador Supremo Carlos de Alvear entregó al representante español una relación de la fuerza efectiva que tienen las Provincias del Río de la Plata, que están en insurrección, el 27 de junio de 1815.  Según dicho informe, las fuerzas de la Banda Oriental y Entre Ríos era:

1ª División al mando de Fernando Torgués compuesta del Regimiento de Dragones de la Libertad, 600 hombres.

2ª Division al mando de Frutos Ribero, 500 hombres.

3ª División al mando de Balta Ojeda, 500 hombres.

4ª División al mando de José Artigas compuesta del Regimiento de Blandengues, 1000 hombres

Otra idem. al mando de Blás Basualdo, 450 hombres

Total: 3.050 hombres

“Todas estas tropas son de Caballería, están mal vestidas pero en el día bien armadas.  Estas dos provincias son las más entusiastas por la guerra, y todos sus habitantes a excepción de una pequeña parte se unirán inmediatamente a las tropas de Artigas, y engrosarán su número en caso de invasión.

Estas tropas son valientes y de una constancia admirable; no tienen disciplina de ninguna especie, ni conocen otra formación que la de ponerse en ala.

Hacen la guerra por el estilo de los cosacos, devastando todo el terreno que deben ocupar sus enemigos y cargándolos al descuido; pero nunca presentando batalla a no ser en el caso de contemplarse en una marcada superioridad numérica”.

En último término, el regreso de Europa de las tropas lusitanas veteranas de guerra contra Napoleón y el asesoramiento técnico militar del Mariscal inglés Beressford, quien les dio detalladas directivas para organizar la invasión.

Con el fútil pretexto de resguardar sus fronteras, protegiéndolas de la anarquía provocada por las montoneras de Artigas, planean minuciosamente la invasión.  Desde noviembre de 1815, habían llegado algunas tropas veteranas de las luchas napoleónicas, constituidas principalmente por la División de Voluntarios, comenzando de inmediato su reavituallamiento para la próxima campaña.

De entre ellos se designó al general Carlos Federico Lecor, General en Jefe de la invasión a la Provincia Oriental y Capitán General de la misma, una vez ocupada.

Plan portugués

En Río de Janeiro (Cuartel de Niteroi) se concentraron todos los cuerpos que formaban el “Ejército Pacificado de la Provincia Oriental” y se embarcó hasta Santa Catalina donde se efectuó la distribución de las fuerzas.  La expedición terrestre se dividía en tres columnas: 1º) División Curado, tenía por objetivo Salto, invadiría por el norte del Río Negro.  Estaba integrada por 2.000 hombres y 11 piezas.  2º) División Silveira, invadiría por Cerro Largo teniendo por objetivo Paysandú y la misión de proteger el flanco derecho de Lecor; siendo su efectivo también de 2.000 hombres. La ocupación de Paysandú no fue cumplida por órdenes expresas de Lecor, que alteraron el itinerario a cumplir.  3º) División Lecor, invadiría por la costa teniendo como objetivos sucesivos Maldonado, Montevideo y Colonia, era ésta la columna de mayor efectivo; 6.000 hombres y era la que tenía la misión principal.

La columna sur sería protegida y flanqueada por la escuadra al mando del Conde de Viana.

El plan portugués se encuentra resumido en el Acta del Consejo de Generales realizado en porto Alegre donde se acuerda esta triple invasión a la Banda Oriental.  El plan era de difícil ejecución por el problema del enlace de las distintas columnas excesivamente distanciadas entre sí, y las dificultades creadas al aprovisionamiento que estaría fundamentalmente a cargo de la escuadra.

Si no hubiera sido por la complicidad porteña, no hubiera sido posible dar a las columnas de invasión el apoyo logístico necesario, dado que las baterías y corsarios artiguistas interceptaban las operaciones de la escuadra portuguesa. 

La idea de maniobra inicial había sido operar con dos agrupamientos principales: uno bajo la jefatura directa de Lecor teniendo como base la división de Voluntarios Reales.  Debiera seguir por mar, tocar Santa Catalina y ser reforzado allí por un cuerpo de Artillería y la Caballería que se juzgase necesaria.  Luego continuará por mar a fin de desembarcar en Maldonado o en otro lugar propicio del Río de la Plata para atacar y ocupar Montevideo.  El otro agrupamiento formado por las tropas del Río Grande bajo el mando de su Capitán General, operaría en el interior de la frontera de ese estado.

Ocupado Montevideo, Lecor organizaría las expediciones necesarias para arrojar al enemigo de las márgenes del Uruguay, a cuyo fin se pondrían en enlace con las fuerzas del Capitán General solicitando los auxilios que necesitase. Este plan es modificado según ya se señaló en el Consejo de Guerra realizado en porto Alegre.

Para llevar a cabo dicho plan surgen dos dificultades principales: 1º) Dificultades de enlace y comunicación entre las fuerzas.  2º) Era sensato tomar primero la capital, que constituiría una excelente base de operaciones.

Plan de Artigas

Para hacer frente a la invasión portuguesa, Artigas pone en ejecución el célebre plan concebido en el año 12 en el Ayuí, introduciéndole pequeñas variantes aconsejadas por factores circunstanciales, principalmente el emplazamiento de sus fuerzas y la dosificación de las columnas de invasión adversarias.

Como Artigas no podía oponerse directamente con sus 6.000 u 8.000 hombres en su mayoría de milicias, a los 12.000 hombres bien instruidos, armados y pertrechados de Portugal, prepara un contragolpe invadiendo Misiones, efectuando una acción envolvente para atacar las retaguardias del enemigo.

Dentro de un marco político defensivo, monta un plan estratégico ofensivo, tratando de llevar la guerra al territorio enemigo, para golpearlo en su punto más débil y más sensible: sus líneas de comunicaciones.  Para lograr las fuerzas necesarias para el cumplimiento de su maniobra, combina la acción ofensiva en el norte con una defensiva elástica en el sur.

Respondiendo a la idea de maniobra, Artigas vuelca sus fuerzas sobre la frontera, y tal como lo estableció en su oficio del 20 de junio de 1816, y otras comunicaciones acordes, realizando el siguiente despliegue inicial:

1-Agrupamiento norte, al mando de Andresito; debería cubrir en un primer momento las costas del Río Uruguay al norte del Cuareim, y luego efectuar un movimiento convergente sobre San Borja.  Está compuesto por:  a) Las milicias de Entre Ríos, al mando de Sotelo, que atravesarían el Río Uruguay a la altura de Yapeyú.  b) Las fuerzas a cargo de Andresito, que partiendo de Candelaria, dejarían guarniciones en Santo Tomé y La Cruz.

2-Agrupamiento Central; fraccionado en dos destacamentos, avanzaría en dirección a San Diego, Cuartel General de los portugueses.  El destacamento de vanguardia, a órdenes de Latorre, con 3.400 hombres, tenía por misión batir al Marquéz de Alegrete.  El otro destacamento, al mando de Artigas, en reserva para apoyar y dirigir el movimiento invasor de Latorre.

3-Agrupamiento Sur; formado por las divisiones de Rivera y Otorgués, tenía por misión actuar defensivamente en la frontera noreste.  Rivera, situado en el departamento de Maldonado, deberá vigilar la ruta de la angostura.  Otorgués, en las inmediaciones de Melo, cubrirá la línea de invasión de la Cuchilla Grande.

En síntesis Artigas trataba de mantener la región al norte del Río Negro y cubrir las Provincias del litoral argentino como base de recursos.

El 3 de julio de 1816 desde Purificación oficiaba Artigas a Andresito: “Con el objeto de reforzar esos pueblos, y prepararlos a una defensa vigorosa, anticipo la remisión del armamento, municiones y demás pertrechos, que he creído convenientes para fortificar el punto de Yapeyú, la Cruz y demás, que se hallan en distancia de ese campamento, y que es preciso asegurarles contra cualquier tentativa del portugués.  Al efecto marcha el alférez Sotelo con cuatro soldados para reunir toda la gente que no se halle empleada, arreglarla y adiestrarla.  El va sujeto a las órdenes de V. y por lo mismo es preciso que ajusten con él todas las medidas que se crean oportunas para la brevedad del arreglo.  En manera que así puede V. cubrir muy bien los puntos de arriba del Uruguay hasta Santo Tomé, y Sotelo cuidar del Departamento de Yapeyú y la costa abajo del Uruguay.

No debemos dudar que Portugal va a hacer un esfuerzo general y que debe hacerlo muy vigoroso en esas Misiones, pues le interesa su dominación, y así es preciso que todo el mundo se ponga sobre las armas, ya sea con fusil, ya con lanza para Caballería.  Por lo mismo es preciso que se reúnan todos los hombres y todas las armas, y que todos estén prontos para cuando llegue el caso.

Según el plan que anteriormente expuse a V., Miño con su División debe guarnecer Concepción y la costa del Uruguay arriba; V. el centro en Santo Tomé, y Sotelo el Departamento de Yapeyú.  Puestos en esta forma y arreglada toda la gente, no hemos precisamente de aguardar que ellos nos ataquen; debemos penetrarnos a su territorio para asegurar un golpe para cuyo fin estoy tomando mis providencias en toda la circunferencia de la línea para que el movimiento sea general y violento.  Yo avisaré a V. el día en que deba hacerse, y hasta entonces mucho cuidado en que nadie pase al otro lado, para que así podamos sorprenderlos antes que ellos lo intenten, y así es preciso mucha vigilancia.

Interesa que V. reúna todas las canoas que se puedan en los tres puntos de Concepción, Santo Tomé y Yapeyú, para facilitar el tránsito, y que se tengan escondidas y resguardadas, pues V. sabe que ellos son capaces de robarlas, e inutilizar de ese modo nuestros movimientos.  También es preciso que de los viejos y de los que no estén en el servicio de las armas, mande V. treinta hombres para llevar más ganado, y así tendrá como mantenerse.

También interesa que reúna V. a todos los Maestros de Armería y pongan en un buen punto medio para recomposición de las armas.  En una palabra, es preciso que se preparen todas las cosas como par dar un golpe maestro y decisivo.  De lo contrario Portugal se nos echa encima y nos acabará de arruinar.  Así es preciso que todos los pueblos hagan su esfuerzo, y que todos corran a las armas como lo estamos haciendo aquí.  Con este motivo escribo a los pueblos de Yapeyú y la Cruz y V. lo hará con los demás, penetrándolos de la necesidad de armarse; todo es para acabar con Portugal.  De lo contrario no podremos lograr la felicidad que apetecemos.

Lo que interesa es el orden y la disciplina en las armas, y el arreglo de la gente, para que sepa cada uno lo que debe hacer y a quien debe obedecer en los momentos que yo mande atacar.  Por acá estoy tomando las mismas providencias para hacer una entrada general, y a no darle resuello.  De este golpe depende todo el triunfo de nuestra libertad.  Saludo a V…..etc.”

Operaciones

De Santa Catalina, Lecor toma el camino litoral de la costa hacia Río Grande, apartándose del plan ordenado inicialmente y llevando a cabo una marcha extenuante, por la naturaleza del suelo.  Desde Río Grande, Lecor avanzó cubriéndose con una vanguardia de 2.000 hombres a órdenes del mariscal Sebastián Pinto.  El general Bernardo Da Silva invadiría por Cerro Largo.

Estando informados los portugueses sobre los planes operativos de Artigas, por haber caído un chasque que llevaba importantes comunicaciones, el marqués de Alegrete toma ciertas disposiciones con la finalidad de asegurar la cobertura de la frontera, enviando hacia ella tropas, aún antes que llegasen las órdenes referentes a su participación en la campaña que se iniciaba.

En río Pardo tomó la dirección de las operaciones el teniente general Joaquín Javier Curado y en las Misiones el brigadier Francisco de Chagas, que era comandante de los pueblos de Misiones desde 1808.

En total los portugueses disponían de unos 12.000 hombres de las tres armas, en tanto que el ejército artiguista en víspera de la invasión portuguesa, totalizaba unas 2.000 plazas, sin incluir los Blandengues que estaban en Purificación de guarnición.  La diferencia numérica era aplastante.  A ello se sumaba su deficiente armamento y el escaso grado de instrucción militar de las fuerzas artiguistas, que tenían en su mayoría más bien carácter de milicias.

Cuando los rumores de preparativos de invasión comenzaron a intensificarse, Artigas acelera los preparativos para la defensa.  Entre estas medidas se encuentra la creación de los Cuerpos “Cívicos” y de “Libertos”.  El Cuerpo de Cívicos se componía de 6 Compañías, una de ellas de Granaderos y otra de Cazadores.  Esta unidad estaba a órdenes directas del Cabildo de Montevideo, siendo su jefe el sargento mayor Manuel Campos Silva, y figurando entre los oficiales los más distinguidos de la sociedad.  El efectivo total de la unidad, incluyendo la Plana Mayor era de 31 oficiales, 25 sargentos, 33 cabos, 3 tambores y 380 soldados.

El Cuerpo de Libertos se componía de esclavos entregados por cada dueño proporcionalmente a sus disponibilidades. Su comandante era Rufino Bauzá, quien también fue el encargado de organizarlo en agosto de 1816.  Ante la inminencia de la invasión portuguesa Artigas ordena la movilización, la que se realiza como en 1811, mediante la influencia regional de los caudillos, asignándosele a cada uno una zona.

Podemos así distinguir 5 zonas militares: la primera desde Montevideo hasta Santa Lucía, siendo su comandante Manuel Francisco Artigas, a quien su hermano le oficia al respecto.  Le recomienda especialmente que la constitución de la Caballería Cívica se haga por partidos y escuadrones, a fin de asegurar su necesaria cohesión.

Según una relación de fuerzas pasada por Manuel Francisco Artigas, los efectivos por él movilizados alcanzan a 1.661 plazas, conforme lo expresa De María en su Compendio de Historia.

La segunda zona militar iba desde el Santa Lucía hasta el Yí y el Río Negro, siendo su comandante Tomás García de Zúñiga.  La tercera o del Este tenía por principal asiento Maldonado y su comandante era Angel Núñez.  La cuarta comprendía Colonia y su campaña inmediata, y su comandante era Pedro Fuentes.  La quinta comprendía Soriano y su comandante era Gadea.

Las medidas militares adoptadas por Artigas no consistieron únicamente en la convocatoria y reunión de las milicias y el arreo de caballos, sino que también reforzó la guardia fronteriza, ordenándole a Otorgués que cubriera la ruta de invasión de Yaguarón, reforzando su regimiento con las milicias de Cerro Largo.

También dispuso que Rivera con su segunda División de Infantería Oriental se trasladara hacia Maldonado para operar en forma conjunta con Otorgués.  Las misiones asignadas a estas dos Divisiones eran defensivas, debiéndose limitar a retardar la progresión del enemigo. 

Por último ordenó que las Divisiones de Entre Ríos al mando de José Antonio Berdún, cubrieran los pasos sobre el Río Uruguay hasta Misiones.  Las disposiciones estratégicas y tácticas de Artigas son admirables, pero fallan por la gran escasez de recursos materiales.  En sus ejércitos habían muy pocas armas de fuego, y mismo para las existentes escaseaban la pólvora y los cartuchos.  Ejércitos improvisados, mal armados y casi sin instrucción militar, se iban a estrellar con fuerzas veteranas y bien armadas.

Las operaciones se pueden dividir en dos períodos.  El primer período se extiende desde el comienzo de la invasión en agosto de 1816 hasta la entrada de Lecor en Montevideo en 1817.  Este primer período está caracterizado por un comienzo favorable para los patriotas, seguido luego de una serie de reveces, en los cuales se pierden los mejores efectivos orientales.  Con ello terminan las operaciones regulares en gran escala.
General Carlos Federico Lecor
El segundo período que se extiende hasta 1820 comprende la titánica resistencia del héroe, sosteniendo una guerra de recursos, a base de sacrificios y de valor.

Primer período

Una vez informado Artigas de la invasión de Lecor, mandó poner en ejecución su plan.  Cumpliéndolo Andresito invade las Misiones, en tanto que el alférez Sotelo atraviesa el Alto Uruguay.  Joaquín Javier Curado, que se encontraba en el Río Pardo, marcha hacia el paso del Rosario, en el Río Santa María, adelantando destacamentos de débil efectivo, con misiones de reconocimiento y cobertura.

Para oponerse al avance del comandante José Antonio Berdún, que invadió por el Cuareim, Curado destaca al brigadier Da Costa Revello, quien desprende una partida a órdenes del teniente coronel José Abreu para atacar a Sotillo.

El propio curado avanza hasta las márgenes del Ibirapitá Chico desde donde lanzó un destacamento hacia Santa Ana, el que chocó el 22 de setiembre con la vanguardia del ejército de Artigas, a órdenes del comandante Gatel.  Luego de un combate de tres horas el capitán portugués Alejandro Queiró se bate en retirada hacia el grueso de su División, dejando en el campo más de 60 bajas.

Habiendo Sotelo atravesado el Río Uruguay en Yapeyú, es atacado por sorpresa el 21 de setiembre, obligándolo a repasar el río bajo el fuego del enemigo.  Sotelo una vez en territorio de Corrientes se reorganiza e intenta un nuevo pasaje más al Norte, frente a la barra de Ibicuy, utilizando pequeñas embarcaciones.  Atacado en tales circunstancias por Abreu, se ve precisado a desistir de sus propósitos, progresando por la margen derecha a fin de reforzar a Andresito que sitiaba a San Borja, su pueblo natal.

La guarnición de San Borja, que estaba a órdenes del brigadier Chagas, se encontraba próxima a capitular, cuando acude en su apoyo el coronel Abreu el 3 de octubre.  Al verse en peligro de ser atacado por la espalda, luego de intentar resistencia, se ve obligado a repasar el Río Uruguay, a fin de reorganizarse.  Así finalizó el sitio de San Borja, que había durado 13 días, y con él el abortado intento de invasión.

Batalla de Ibiracoy

Cuando Curado se enteró de estos sucesos, decidió atacar a Berdún, destacando al brigadier Menna Barreto el día 13 de octubre de 1816.  Después de cinco días de marcha se entera de la posición de Berdún, que avanzaba hacia el Norte procurando proteger a Andresito y a Sotelo.  Enterado de la aproximación de los portugueses Berdún se atrincheró en una posición ventajosa, donde decidió esperar el ataque de Menna Barreto, quien el 19 de octubre de 1816 se lanza sobre él derrotándolo después de una sangrienta lucha.  Esta acción se conoce por Batalla de Ibiracoy o de Capilla de Ñancay.

Derrotados sus tenientes, sólo quedaba la columna de Artigas, a la que procura atacar Curado.  Para facilitar sus operaciones los portugueses adelantan su Cuartel General hasta la costa del Ibaracohy Grande, con el objeto de cercarse más a los orientales.

Artigas se encontraba acampando cerca de Carumbé, afluente del Río Cuareim.

Curado encomienda al brigadier Joaquín de Oliveira Alvarez la misión de atacarlo.

El 24 de octubre de noche, Oliveira Alvarez inicia su marcha hacia Santa Ana, con una columna de 800 hombres y 2 cañones.

Batalla de Carumbé

El día 27, Artigas toma contacto con las fuerzas portuguesas en un lugar próximo a las puntas del Cuareim y las ataca decididamente.

Después de unas tres horas de tiroteo, Artigas avanzó en semicírculo dándole poca profundidad a su dispositivo, buscando envolver a los portugueses con su ala izquierda.  Su ataque fracasó ante el certero y nutrido fuego de la infantería portuguesa, que aniquiló prácticamente la caballería de dicha ala, y que permitió que la infantería artiguista fuera tomada de flanco y obligada a ceder terreno.

La batalla se libró en alturas de la Cuchilla de Santa Ana, en los Cerros de Carumbé.  Según el parte de Oliveira Alvarez al teniente general Joaquín Xavier Curado, Artigas contaba con 450 hombres de caballería que marchaban a la derecha en una sola fila y 400 en el ala izquierda cubiertos por 150 indios (charrúas, minuanes y guaicurúes).  En el centro dispuso a la infantería en una sola fila y con intervalos de 3 a 4 pasos.

Los portugueses forman con la infantería al centro, un cañón en cada extremo y la caballería en las alas.

Los partes correspondientes a dicha acción constan en el apéndice a la Memoria de la Campaña de 1816, publicada por Moraes Lara en la Revista trimestral de Historia y Geografía Nº 27, correspondiente a octubre de 1845.

En esta acción, conocida generalmente por combate de Carumbé, perecieron casi la mitad de las fuerzas patriotas.

Entre los justificativos de la derrota, está la notoria superioridad del enemigo y ciertos errores tácticos en el dispositivo artiguista, falta de profundidad y reservas suficientes, encuadramiento apropiado y abandono de la formación en cuadro para la infantería que debe enfrentar caballería.

Como consecuencia de esta derrota, Artigas se ve obligado a replegarse hacia el sur, repasando el Cuareim.  En sólo 36 días había fracasado el plan de contrainvasión y había quedado abierta la frontera norte.  Veamos como Artigas asimila las enseñanzas de esta derrota, y como se apresura a difundirlas.

Tres días después de Carumbé, desde las Puntas del Arapey, Artigas oficiaba al Gobernador Barreiro “Los enemigos nos han hecho mucho destrozo con su Caballería, que siempre ha roto nuestras alas y la línea de infantería por ser sencillas; escriba V. a D. Frutos que no experimente el mismo error.  Que ponga buenos oficiales y gente en la Caballería; y la Infantería que no pelee en ala sino que presente batalla bien reforzada”.



Este cambio preconizado en el dispositivo, justifica, entre otras causas el encarnizamiento de la batalla del Catalán y los triunfos de Apóstoles, San Nicolás, Paso del Rosario, etc.

Luego del combate de Carumbé, Curado se dirige al campamento de Ibaracohy Grande, dejando los destacamentos de cobertura indispensables, y ocupándose de la reorganización de sus fuerzas.  En tal situación los portugueses se enteran de que Artigas se había reorganizado después del combate de Carumbé y ocupaba una fuerte posición sobre el Río Arapey, desde donde pensaba reiniciar las hostilidades.

Insistiendo en su plan de llevar la guerra a territorio enemigo, Artigas adelanta a Andrés Latorre en dirección al Cuareim, al frente de un ejército de 3.400 hombres.  El marqués de Alegrete (que había relevado a Curado el 15 de diciembre de 1816), para conservar la iniciativa en las operaciones, decide buscar nuevamente el combate.

Poniendo en práctica su plan ofensivo, el 20 de diciembre destaca de su campamento una fuerza al mando del brigadier Tomás Da Costa Revello, con orden de marchar hasta las inmediaciones de Santa Ana, y dejarse ver por la vanguardia de Artigas, logrado lo cual debía retroceder hasta reincorporarse al grueso que estaría atravesando el Cuareim unas 8 leguas al Sur.  El objeto de esta maniobra era simular una dirección falsa de ataque.

El día 28 los portugueses se enteran, por intermedio de dos desertores, que Artigas tenía su Cuartel General en el Arapey, habiendo adelantado destacamentos reforzados hacia Santa Ana, con misión de cobertura.  Tal información revelaba con claridad el dispositivo de Artigas, que había dividido sus fuerzas en dos agrupamientos: el de vanguardia, de mayor efectivo a órdenes de Latorre formado por 3.400 hombres de infantería y caballería, con dos piezas de artillería, sobre Santa Ana con misión ofensiva.

Batalla de Arapey

La reserva, a sus órdenes, constituida por unos 500 hombres se encontraba situada en el potrero del Arapey, en unos cerros de acceso difícil.  Latorre cruzó el Cuareim a principios de enero, buscando el enemigo, el cual también lo atraviesa hacia el Sur por el paso de Farías, situándose en la margen Sur, casi sobre la retaguardia de Latorre, el 1º de enero de 1817, separando así los dos núcleos artiguistas.

En tal situación Latorre se prepara para atacar a los portugueses por la retaguardia, pero éstos se adelantan unos 40 kilómetros al sur de Santa Ana a orillas del Arroyo Catalán.  En la noche del día 2 de enero de 1817 el jefe portugués adelantó al teniente coronel Abreu con un destacamento de unos 600 hombres y 2 piezas contra Artigas que estaba en Arapey, y envió un Regimiento de Dragones para interponerse entre el Arapey y Santa Ana, con misión de reforzar a Abreu y observar a Latorre.

Abreu ataca a Artigas en la mañana del día 3, luego de una sigilosa marcha nocturna, y de vadear el Río Arapey al aclarar.  Artigas se había emplazado en una zona de barrancas y montes próximas a las puntas del Arapey, había emboscado unos 300 hombres, los que hicieron un nutrido fuego sobre la columna portuguesa.  Tras su heroica resistencia se ve obligado a replegarse en el centro ante la presión y certero fuego de la artillería portuguesa.  Poco a poco se amplía esta brecha hasta producirse la retirada en desorden ante la superioridad enemiga.

Artigas abandonó bagajes, pertrechos, armamentos y ganados, siendo el campamento saqueado e incendiado por los vencedores.

Batalla del Catalán

Libre de Artigas el marqués de Alegrete se propuso ir el día 4 al encuentro de Latorre, cuando en la mañana de ese día fue atacado en su campamento, en la margen derecha del Catalán, por el propio Latorre.  La posición portuguesa era bastante fuerte; se encontraba protegida por una curva del río y encuadrada a los flancos por profundas quebradas del terreno.  Latorre ataca con la infantería en el centro encuadrada por 2 piezas y el grueso de su caballería, constituida principalmente por sus lanceros indígenas, que acometieron con decisión, arrollando las guerrillas enemigas.  Latorre atacó contra el ala y el flanco derecho de los portugueses.

Durante la lucha atravesó el arroyo amenazando la retaguardia del enemigo con el objeto de desorganizarlo y quitarle la caballada, para impedirle así toda posibilidad de retirada.  Los lanceros charrúas, minuanes y guaycurúes cubrieron el avance de la infantería y atacaron en toda la línea.

La victoria parecía ya obtenida cuando la izquierda oriental, formada por la caballería correntina, se repliega inesperadamente sobre el centro, por la aparición de una pequeña fuerza enemiga, que se creyó fuera un poderoso refuerzo.  Se trataba simplemente de las fuerzas de Abreu que regresaba del combate de Arapey.

Luego se inclinaba la victoria hacia los portugueses, los restos de nuestras fuerzas se reunieron en un extremo del monte y lucharon encarnizadamente.  Latorre deja en el campo cerca de 900 muertos, 290 prisioneros, 2 cañones y 600 caballos.  Esta fue la batalla más sangrienta de la campaña.

Después de la Batalla del Catalán, las tropas portuguesas atraviesan el Cuareim en Lagueado y van a detenerse a media legua del paso para estacionar durante el invierno.

El día 14 de enero de 1817, desde San Borja, el marqués de Alegrete destaca al brigadier Francisco de Chagas para que con sus fuerzas destruyera a los pueblos de la margen oriental del Río Uruguay, a fin de quitar al ejército patriota todos los medios para repetir la invasión a las Misiones.  Cumpliendo tales órdenes Chagas devasta gran parte de Misiones (actualmente  territorio de Corrientes), saqueando, arrasando e incendiando cuanto pudo; llevaba 1.000 hombres, 5 cañones, 11 canoas para atravesar el río y 9 carretas para su transporte.

Cruza el Uruguay próximo a la desembocadura del Aguapié, una legua al Sur del Paso de la Cruz.  Chagas ordena al teniente Carvalho que fuerce el pasaje del Uruguay frente a Itaquí, logrando éxito en la operación a pesar de la resistencia del capitán Vicente Tiraparé que defendió el Paso al frente de un escuadrón de caballería indígena.

Al tener conocimiento de la invasión Andresito marcha al frente de unos 500 hombres atacando al mayor Gama Lobo, que con una partida de 300 soldados se dirigía a destruir Yapeyú, derrotándolo y obligándolo a replegarse sobre Chagas.  Cuando ambos jefes reunido intentan atacarlo, Andresito dispersa sus fuerzas para reunirlas a cubierto sobre las costas del Paraná.

El brigadier Chagas luego de hacer destruir los pueblos de La Cruz y de Yapeyú, marcha hacia el norte por la margen derecha del Río Uruguay.  El día 31 de enero llega a Santo Tomé, donde se detiene e instala su Cuartel General, comenzando desde allí incursiones hacia la campaña, llevadas a cabo por Carvalho quien tala los campos, saquea las poblaciones y arruina el país.

El ayudante José de Melo, destruye, reduciendo a ruinas las poblaciones de Santa Ana, San Javier y los Mártires.  El comandante de la frontera de San Nicolás atacada la guardia de San Fernando y enseguida la población de Concepción la que deja en ruinas.  Cumplidos estos vandálicos atropellos, Chagas repasa el río, el 13 de marzo de 1817, dejando en la margen derecha del Río Uruguay los puestos de observación necesarios.

Con estas inhumanas medidas quedó destruida la base de operaciones de Andresito.  Una vez retirado Chagas, Andresito vuelve a los pueblos misioneros e intenta su reconstrucción.  A mediados de 1817 es atacado por Chagas cuando se encontraba en Apóstoles, rechazándolo y obligándolo a repasar el Uruguay.  Reorganizado después de este contraste, en marzo de 1818 atraviesa el Uruguay y sitia a Andresito en el pueblo de San Carlos.  Después de 4 días de sitio y de sangrienta y continuada lucha, Andresito logra forzar el cerco, dejando en ruinas el reducto que defendía.

Operaciones en el sur

En agosto de 1816 la vanguardia de Lecor, que invadía por el Este (camino de la angostura) ocupa la Fortaleza de Santa Teresa.  Allí establece su Cuartel General el co mandante de la vanguardia Sebastián Pinto de Araújo Correa.

El jefe portugués continúa luego su progresión llegando a Castillos el 5 de setiembre.  Rivera desde su posición en Maldonado, al enterarse del avance portugués, marcha hacia el este, protegido por pequeñas descubiertas que tienen su primer contacto con el enemigo y es posteriormente derrotado en el Paso de Chafalote.

La Vanguardia portuguesa continúa su progresión hacia el Oeste, en tanto que Rivera observa paso a paso sus movimientos esperando el momento oportuno para atacarlo, tratando de alcanzar los últimos elementos de la vanguardia enemiga.

Para engañar a los portugueses, Rivera destaca en la noche del 18 de noviembre dos partidas que hacen demostraciones al norte y al este de la vanguardia portuguesa. Facilitando su despliegue mediante esta estratagema lanza el ataque disponiendo la Caballería en las alas y la Infantería en el centro.  Su maniobra envolvente fracasa al verse detenida el ala izquierda oriental por una compañía de Cazadores.  Empeñadas las alas en acciones parciales permiten a la caballería portuguesa reorganizarse, dejando sin apoyo a la infantería patriota, la que es atacada y desorganizada.  A este suceso sigue el desmoronamiento total de la línea.

Luego de la Batalla de India Muerta, acción que acabamos de describir, los portugueses continúan su avance, cuando al llegar a la altura del Arroyo Sauce, Departamento de Maldonado, los ataca sable en mano exitosamente el comandante Gutiérrez que había podido rehacerse de la reciente derrota.  Con ello Rivera inicia el cumplimiento de la misión impuesta por Artigas, que no debió abandonar.  El haber presentado batalla contrariaba las órdenes dadas por Artigas, que le había asignado una misión de hostilización y de defensiva elástica.  En agosto de 1816 invade la División del brigadier Bernardo da Silveira por Aceguá (Departamento de Cerro Largo).

Fernando Otorgués con misión de actuar en observación de esta División, es atacado por la vanguardia portuguesa en diciembre de 1816.  Ante la superioridad numérica del enemigo Otorgués se bate en retirada hacia el Arroyo del Cordobés, perseguido de cerca por una partida portuguesa.  Al llegar al Paso de Pablo Páez, observando que el enemigo tenía sus caballadas muy cansadas, y que se había desprendido temerariamente del grueso, se da vuelta, cargando sobre los portugueses sable en mano dispersándolos.

Luego de esta acción Otorgués se retira buscando la incorporación de Rivera con el objeto de reunir fuerzas suficientes para atacar a Silveira que acampaba en el Potrero de Casupá. 

 Libre de este peligro, Silveira continúa su marcha hacia Minas, siendo hostilizado por Lavalleja.  Favorecido por el terreno y serranías que circundan a Minas, Lavalleja sitia a los portugueses en esa villa, hasta que en enero de 1817 éste logra forzar el asedio, incorporándose a Lecor cerca de Pan de Azúcar.

En febrero de 1817 llegó Lecor a Maldonado, donde se puso en contacto con la escuadra portuguesa del Conde de Vianna.

Producidas las derrotas de las fuerzas de cobertura en el Este y de contra invasión en el Norte; enterado del avance del General Lecor, Artigas resuelve retirar las tropas de Montevideo sacrificando la Plaza.  El Gobernador Delegado Miguel Barreiro y el Regidor Joaquín Suárez que ejercían el gobierno de Montevideo abandonan la ciudad dado que no contaban con la fuerza ni los medios necesarios para su defensa.  Disponían solamente de 600 plazas y de una Compañía de Artillería, siendo escasos los cartuchos y la pólvora.

La División de Lecor tenía un efectivo aproximado de 8.000 hombres.  Sin intentar una inútil resistencia se repliegan buscando incorporarse a las fuerzas de García de Zúñiga, con la finalidad de hostilizar a los portugueses una vez que ocuparon la ciudad.  Con las fuerzas que se retiraban de Montevideo y las milicias del Sur, Artigas dispuso que se constituyeran dos ejércitos, a los que dio la denominación de Ejército de la Derecha y de la Izquierda.  El primero ocuparía el centro de la campaña, y actuaría bajo el comando de Otorgués; el segundo a cargo de Rivera ocuparía las posiciones de vanguardia situándose en las inmediaciones de Montevideo, cuya vanguardia estaba constituida por una partida de unos 400 jinetes a órdenes de Lavalleja.

Estas partidas se mantenían activas hostilizando los reconocimientos portugueses, reclutando gente y arreando caballadas, cumpliendo en fin una guerra de recursos y de guerrillas.

Batalla de Paso de Cuello

Entre las acciones y encuentros que sucedían, casi a diario se destaca la exitosa acción del paso de Cuello el 19 de marzo en que es atacada una partida portuguesa sorpresivamente y aprovechando el obstáculo del río Santa Lucía en una temeraria carga llevada a cabo por Lavalleja; luego de este combate Lecor se retira hacia Montevideo siempre hostilizado por las guerrillas patriotas, siendo luego sitiado en la ciudad por el grueso de las tropas de Barreiro y Rivera.  Para romper el cerco que desde distancia (ocupando el paso de la Arena las tropas artiguistas), Lecor organiza una fuerte columna, integrada por fuerzas de infantería, caballería y artillería, y hace una salida en dirección a Florida. Al llegar a la altura de la región Casavalle, es atacado sorpresivamente por Rivera, quien luego de desorganizar la columna y demorarla se repliega sin dejarse enganchar.

Como medida de protección Lecor hizo construir una zanja con reductos situados de kilómetro en kilómetro, de la Barra de Santa Lucía al Buceo, pasando por el Cerrito.  A dicha zanja los patriotas le llamaban “reyuna”, en son de mofa.

En octubre de 1817, numerosos jefes orientales se insubordinan contra Artigas, abandonando su causa, luego de dar muestras de desaliento.  No fueron ajenas a tales defecciones, las secretas maquinaciones de Pueyrredón, quién aparentando defender y proteger a los orientales mantenía secretas relaciones con los invasores.  Entre estos jefes están: el coronel Pedro Fuentes comandante militar de Colonia, quien entrega la plaza al enemigo, el coronel Rufino Bauzá, los hermanos Manuel e Ignacio Oribe, que con la ayuda de Lecor, se dirigen a Buenos Aires, donde son muy bien recibidos, etc.

Incurren también en lamentables actitudes el propio Ortogués, quien mantiene correspondencia secreta con Pueyrredón, secundando los planes directoriales para provocar deserciones entre las fuerzas adictas a Artigas, llegando a decir: “por aquí ya están tomadas las medidas que faciliten el acierto.  Yo estoy de acuerdo con todos los paisanos de mayor influjo; con la mayor cautela se han ido dando todos los pasos precisos y puedo asegurar a V. S. que todo está listo”.  No obstante éstas y muchas otras deserciones, el héroe se mantiene firme.

El 13 de noviembre de 1817, Artigas declara la guerra al Directorio ante pruebas incontrovertibles de la ayuda que presta a las incursiones de los portugueses por las costas de los ríos Paraná y Uruguay a fin de obtener leña y ganado para el consumo de Montevideo.  En un apasionado y documentado oficio, Artigas enumera a Pueyrredón, su indigna conducta.

La situación militar es desesperante, ya que Artigas se vio obligado a atender dos frentes, lo cual indudablemente escapaba a sus posibilidades y a su organización.  El desaliento cunde aún más entre sus fuerzas, ya que a los recientes contrastes, y deserciones se sumaba un poderoso enemigo que atacaría su retaguardia y bases de operaciones.

Perdida la costa, Artigas ganó el interior, conservando el Río Uruguay, por donde recibía recursos de las provincias de Entre Ríos y Corrientes.  Quería ensayar un nuevo golpe hostilizando a los invasores, entorpeciendo sus comunicaciones y aprovechando los menores síntomas de flaqueza o de descuido para asestar golpes de mano.

Dada la situación, los portugueses tenían necesidad de ocupar la línea del Uruguay, para interceptar las comunicaciones de Artigas con las Provincias de la Liga Federal.  Convenía que las operaciones fueran combinadas desde el Norte y del Sur.  Obedeciendo a esta idea de maniobra Curado, comandante de las Fuerzas de Río Grande, marcha hacia el sur a mediados de febrero de 1818, abandonando su campamento en el Catalán, al frente de unos 4.000 hombres.  El 2 de mayo del mismo año penetraba en el Río Uruguay una escuadra portuguesa, integrada por cuatro buques, al mando de Senna Pereira.  Esta operación se realizó con el consentimiento del gobierno porteño que permitió el pasaje de Martín García.  Así lo prueba el oficio de Miguel Bonifacio Gadea de fecha 13 de setiembre de 1817, dirigido a Artigas.

Con la finalidad de completar la defensa del litoral, Artigas hizo construir baterías en Arroyo de la China (Concepción del Uruguay), en el Paso de Vera y en las Bocas del Perucho Berna.  Estas baterías ofrecieron resistencia, pero fueron reducidas luego de ser atacadas en forma combinada por Sena Pereyra y Bentos Manuel Riveiro.  Mientras la escuadrilla portuguesa amenazaba a la villa de Arroyo de la China, Bentos M. Riveiro cruza en la noche el río Uruguay con 1.500 hombres al norte de la barra del Perucho Berna y ataca sorpresivamente por la espalda a las baterías y florillas artiguistas.  El 12 de mayo de 1818, fuerzas de Curado al mando de Bentos toman contacto con la flotilla de Senna Pereira.

Luego de estas acciones no tardaron en caer los restantes núcleos de resistencia del litoral.  En febrero de 1818, en las nacientes del Arroyo Valentín (Salto), Curado tomó prisionero a Lavalleja, comandante de la vanguardia artiguista, mientras efectuaba un reconocimiento.  También Otorgués había corrido la misma suerte poco antes en Cerro Largo.

Batalla de Queguay Chico

Luego de acciones de escasa importancia, favorables a los orientales, como la de Pichinango, Guaviyú y Chapicuy, el 4 de julio de 1818, Bentos sorprende y derrota a Artigas en su campamento en el Queguay Chico, dispersándole las tropas.  Pocas horas más tarde Rivera ataca a los portugueses derrotándolos completamente y recuperando todo el botín perdido.  Luego de esta acción Artigas atraviesa el Uruguay a fin de organizar nuevas fuerzas para invadir Río Grande.

A cargo de la hostilización de Curado deja a Rivera, quien lo sorprende el 3 de octubre de 1818, en la Barra del Arroyo Rabón.  Ante la superioridad numérica del enemigo, Rivera se ve obligado a iniciar una difícil retirada, perseguido de cerca y batiéndose durante diez horas.

Haciendo un hábil aprovechamiento del terreno Rivera pone a salvo sus fuerzas, perdiendo sólo 12 hombres en un recorrido de 60 kilómetros.  Luego de esta memorable acción, conocida por Retirada del Rabón, Rivera continúa su guerra de recursos.

Nuevo plan de contra-invasión

En mayo de 1819, Artigas intenta repetir el plan de contra-invasión fracasado en setiembre de 1816.  El nuevo plan era tan audaz y bien concebido como los anteriores.  Andresito invadiría por el norte, atrayendo hacia ese lado las fuerzas brasileñas, a las que entretendría con guerrillas, en tanto Artigas siguiendo la sierra de San Martinho con el grueso atacaría por sorpresa al general Patricio Cámara en Santa María.  Con un golpe de mano asolaría Río Pardo, Cachoeira, Triunpho, y proximidades de Porto Alegre.

El 25 de abril de 1819, Andresito atraviesa el Uruguay en San Isidro al frente de unos 1.300 hombres (guaraníes y milicias de Corrientes) apoderándose fácilmente de los pueblos de Misiones a excepción de San Borja.  Andresito establece su Cuartel General en San Nicolás, donde encuentra abundantes municiones y algunas piezas de artillería.

Batalla de Itacurubí

A principio de mayo, Andresito es atacado por Chagas en el pueblo de San Nicolás, rechazando a los sitiadores y persiguiéndolos tenazmente, luego de haber recibido un infernal bombardeo de la artillería portuguesa.

Chagas pide refuerzos a Abreu y al gobernador de Río Grande.  Andresito deja al capitán Khiré en San Nicolás y se dirige al Sur buscando la incorporación de Artigas, pues no tenía informaciones sobre su posición y había tenido serios trastornos en la correspondencia.  Regresaba hacia San Nicolás sin haberse enlazado con Artigas, cuando el 6 de julio de 1819, es atacado por Abreu en el Paso de Itacurubi, siendo completamente derrotado.  Días después cayó prisionero cuando intentaba repasar el Río Uruguay.

Con la derrota y prisión de Andresito, el plan de Artigas había fracasado nuevamente.  Las causas de su fracaso estaban fundamentalmente en la desproporción numérica, en la diferencia de organización, armamento e instrucción de ambos combatientes.  El efecto de sorpresa perseguido por Artigas se ve anulado porque los portugueses interceptan un chasque que llevaba comunicaciones importantes.

Comprendiendo su fracaso, Artigas no juzga oportuno seguir adelante haciendo un compás de espera, aguardando circunstancias más favorables.  Deja entonces el Ejército dividido en partidas a órdenes de sus tenientes, con misiones de alcance limitados y se desplaza hacia el Río Uruguay, su permanente centro de operaciones, a fin de organizar su tercera contra invasión.

En noviembre de 1819, Artigas aprovecha las circunstancias de haber perdido los portugueses la libertad de acción, a causa de la hostilidad de las continuas guerrillas artiguistas, lanzando su tercera contra invasión.  Artigas dispuso sus fuerzas en la siguiente forma: Lavalleja con 300 hombres sobre el Arroyo Solís Grande; Rivera, con 300 hombres y 100 charrúas en el Paso Cuello, sobre el Río Santa Lucía Chico; Otorgués, en el valle del Arroyo Marmarajá, con 250 hombres, desde donde llevó un enérgico ataque sobre Maldonado, de cuya ciudad se apoderó el 19 de setiembre.

Artigas se estableció con la reserva en los potreros de Arerunguá, dedicado a concentrar y disciplinar sus fuerzas. 

La situación general era la siguiente: Lecor se encontraba sitiado en Montevideo por Felipe Duarte, que había sido nombrado por Artigas, Comandante General de la línea sitiadora de Montevideo.  El 17 de noviembre de 1819, Artigas en un oficio datado en Las Cañas, le da órdenes e instrucciones sobre la forma de conducir la guerra de recursos, recomendándole que en caso de ser imposible la resistencia, se bata en retirada sobre el Río Negro, buscando la reincorporación de las otras Divisiones, hostilizando siempre al invasor.

Curado se encontraba atrincherado en el Rincón de Haedo (Rincón de las Gallinas).  El brigadier José de Abreu se hallaba con unos 600 hombres, en el Paso del Rosario (Ituzaingó) del Río Santa María, encargado de cubrir la frontera. Cumpliendo su plan de obrar sobre el punto más sensible del enemigo, cortándole sus líneas de comunicaciones, Artigas invade por la penetrante de la Cuchilla de Santa Ana con unos 300 hombres, y cubierto por una vanguardia de unos 500 hombres al mando de Latorre.

Desgraciadamente es interceptada de nuevo la correspondencia artiguista enterándose los portugueses de su idea de maniobra, según se desprende del oficio del Conde de Figueira (Gobernador de Río Grande) fechado en diciembre de 1819.

Batalla de Santa María

Artigas invade hasta el Río Santa María, atacando el 14 de diciembre de 1819 al coronel Abreu, que acampaba en las costas del Ibirapuitán Chico, infligiéndole una completa derrota.  Esta batalla se le conoce también con el nombre de Combate de Santa María o de Ibirapuitán.

Luego de este combate Abreu es reforzado por la incorporación de Cámara, el día 15.  Posteriormente Abreu recibe nuevos refuerzos enviados por el conde de Figueira, con lo que obtiene superioridad numérica.  Alentado por estas circunstancias ataca y destroza a la vanguardia artiguista al mando de Latorre.

Luego de este revés Artigas juzga prudente abandonar el territorio brasileño, para reorganizar sus fuerzas, activar el envío de las tropas pedidas a Entre Ríos y reunir caballadas.  Con tal intención entrega temporariamente el comando a Latorre quien se dirige al Río Tacuarembó, situándose en sus costas.  Artigas se dirige al arroyo Mataojo en el departamento de Salto.  El grueso de las fuerzas de Latorre vadeó el Río Tacuarembó, dejando en la otra orilla la vanguardia constituida por la División de Misiones.

Batalla de Tacuarembó

El 22 de enero de 1820, el conde de Figueira, al frente de unos 3.000 hombres, a las ocho de la mañana atacó por sorpresa a la vanguardia de Latorre.  Esta vanguardia estaba aislada del grueso por la creciente del río.  Inútiles fueron los esfuerzos realizados; a la superioridad numérica de los portugueses se suman estos diversos factores adversos: sorpresa, error táctico, etc.

La Batalla de Tacuarembó, fue el golpe de gracia para la resistencia artiguista, pues aniquila prácticamente sus fuerzas. Fue la última batalla en el territorio oriental librada por las fuerzas artiguistas.  Al efecto material provocado por esta derrota se suma el 2 de marzo el sometimiento de Rivera, luego de actos de desobediencia y de entrar en tratativas con los portugueses.  La decepción, con todos sus efectos morales, iba cundiendo entre las tropas.

Batalla de Las Guachas

Buscando organizar nuevas fuerzas para continuar la resistencia, Artigas atraviesa el Uruguay seguido de unos 300 jinetes, que era cuanto le quedaba de su destrozado ejército.  Estableció su campamento en Avalos, iniciando de inmediato el reclutamiento y la reorganización de sus fuerzas, mediante comunicaciones dirigidas a los caudillos de Corrientes, Entre Ríos y Misiones.  Cuando Ramírez recibe el pedido de auxilio formulado por Artigas, no sólo no lo cumple, sino que se subleva contra él.  Con anterioridad a este hecho, Artigas había increpado a Ramírez el haber suscripto el Tratado del Pilar, lo que consideraba una traición a sus ideales y un desconocimiento de su autoridad.

Inmediatamente de tener noticia de la actitud de Ramírez, Artigas marchó contra él, batiéndolo completamente en Las Guachas, el 12 de Junio de 1820. 

Batalla de Las Tunas

Habiendo recibido Ramírez refuerzos enviados por Sarratea (implacable enemigo de Artigas y en ese momento Gobernador de Buenos Aires), derrota a Artigas en Las Tunas, y luego persiguiéndolo con saña lo obliga a refugiarse en Corrientes y luego en Misiones, donde una nueva traición, la del indio Siti, termina con su poder militar, al verse atacado por la espalda mientras sitiaba el fuerte de Cambia.  Abriéndose paso con sólo 150 hombres se dirige a Candelaria, donde atraviesa el Río Paraná, el 23 de setiembre de 1820.

Allí termina la titánica resistencia del héroe.  El silencio que rodea sus pasos posteriores impiden una exacta apreciación de sus intenciones.  Posiblemente llegó a la frontera del Paraguay con el objeto de solicitar refuerzos para la lucha por la libertad.  Su prestigio entre la masa indígena era notable.  Tal vez confió en repetir nuevamente su plan mediante la colaboración que obtuviera en el Paraguay.  Lo cierto es que su figura epopéyica desaparece del escenario geográfico de su protectorado, para encarnarse en las ideas y en las masas de sus provincias, volviendo en el justiciero lenguaje de la historia como un símbolo de redención y de gloria.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
Portal www.revisionistas.com.ar
Rodríguez, Cap. Edison Alonso – Artigas, Aspectos militares del héroe – Montevideo (1954)

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