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lunes, 27 de febrero de 2017

Conquista del desierto: Batalla de las barrancas del Neuquén

Batalla de las Barrancas del Neuquén
Revisionistas



Río Neuquén


Esta batalla se libró el 28 de junio de 1879 en las barrancas de la margen septentrional del Río Neuquén, paraje llamado hoy “Vanguardia”, nombre que tomó del antiguo fortín que allí se construyera poco después.  Por un lado combatieron las tropas al mando del teniente de baqueanos (de la Compañía de Voluntarios, llamados “choiqueros”) Isaac Torres, y 16 soldados de la 4ª División, y por el otro los indios del cacique Marillán.  El Parte Oficial dice lo siguiente: “El teniente que suscribe – Campamento el Mangrullo, junio 30 de 1879 – Al señor comandante en jefe de la 4ª División del Ejército, teniente coronel don Napoleón Uriburu. – Tengo el honor de dirigirme a usted poniendo en su conocimiento que con la comisión de 16 hombres con que usted se sirvió despacharme el 27 del corriente, después de haber marchado en dirección de Auca-Mahuida casi todo el día, supe por prisioneros hechos por el mayor Illescas, que un pequeño grupo de seis indios, con algunos animales de arreo, debían caer al Neuquén abajo procedentes de La Pampa y como a cinco o seis leguas de este campamento.  Marché toda la noche en su busca y a la diana de 28 di con ellos en el valle del río, pero no en número de seis como se me había informado, porque después de cargarlos sobre sus fogones, de día ya, se replegaron y formaron en las barrancas del río, en número de 90 de lanza, todos bien armados.

El desorden en que se puso la chusma y considerando que ésta se me escaparía si no andaba activo con ella, me obligó a juntarla, dejando que los indios se reunieran y así pude tomar ciento y tantas mujeres y criaturas, con una gran caballada, vacas y ovejas.

Entre los prisioneros hechos en la primera carga había quedado un viejo, y con éste mandé decir al cacique Marillán que mandaba los indios, y que con ellos formados me esperaba a una cuadra de distancia, que entregase las armas, bajo la formal garantía de sus vidas.  Contestó a esta intimación que dudaba de mi palabra, y que antes quería pelear, a lo que le repliqué que descendiera al bajo, pero sin hacerles un tiro aún, pues me suponía que quisiera entrar por tratados.  Un grito unánime de guerra fue su segunda contestación, y sin repararme mucho de la chusma prisionera y animales tomados, esperé, pie a tierra, haciendo fuego nutrido, la carga que rápidamente me traían a pie y a caballo, dirigida por el expresado Marillán.  Sin embargo, de ser ésta muy violenta y excelentes los caballos en que venían montados, antes de llegar hasta chocar cayeron como 16 indios; pero los restantes nos rodearon por todas partes, trabándose un combate reñido a arma blanca.  Muchos indios arrojaban al suelo las lanzas y luchaban brazo a brazo por arrancar a nuestros soldados las carabinas o fusiles; otros sacaban cuchillos y así duró un rato la pelea hasta desalojarlos y ponerlos en fuga, dejando ellos 14 muertos en el sitio, 5 prisioneros de lanza y 106 de chusma, con más de 80 caballos, 33 cabezas vacunas y 30 ovejas, teniendo por nuestra parte que lamentar la baja de 3 soldados heridos de lanza y cuchillo.

Los indios llevaban muchos heridos, pues dejaron en el camino un reguero de sangre.

Terminado el combate me regresaba y en seguida de marchar encontré al comandante Aguilar con una fuerza, parte de la cual se encargó de conducir los prisioneros y ganados al campamento, acampando esa noche allí todos juntos.  Ayer, 29, a la mañana, perseguimos a los indios nuevamente, el comandante Aguilar con la fracción de gente que tenía vacante, y yo con los trece hombres, los cuales todavía tomaron 5 indios de lanza prisioneros y 12 de chusma con 58 caballos y mulas.

Cada uno de los 16 individuos que componían la comisión que me ha cabido el honor de mandar en esta ocasión, se ha hecho digno de recomendación, pues todos ellos a la par han competido en valor y serenidad.  Dios guarde a V. S. – Isaac Torres”.

En este combate resulta por demás destacable el comportamiento que le cupo a la reducida tropa del bravo teniente de choiqueros, a quien veremos actuar en muchísimas ocasiones, tanto en esta campaña como en las posteriores.  Todos estuvieron a la altura de las circunstancias y dejaron bien alto el prestigio de esta tropa que, mal vestida, a veces mal montada y falta de abastecimientos, en pleno invierno neuquino (temperaturas de 8 y 10 grados bajo cero en ese invierno) supieron realizar el plan trazado por los altos mandos militares, llevando a cabo la construcción de los fortines que en aquella ocasión avanzaron la línea de frontera con el indio hasta la margen septentrional de los ríos Neuquén y Negro.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
Portal www.revisionistas.com.ar
Raone, Juan Mario – Fortines del desierto – Biblioteca del Suboficial Nº 143.

miércoles, 18 de enero de 2017

Patagonia: El genocidio aonikenk por parte de los araucanos

Polémica por genocidio: Aseguran que los mapuches exterminaron a los tehuelches

Actual Río Negro


“Roca no enca­bezó una cam­paña pri­vada en 1879. Fue como coman­dante en jefe del Ejér­cito Nacio­nal a cum­plir la misión que Ave­lla­neda, pre­si­dente de la Nación Argen­tina, ele­gido por el pue­blo, le había asig­nado. Y esa cam­paña estuvo des­ti­nada a inte­grar, a incor­po­rar de hecho a la geo­gra­fía argen­tina prác­ti­ca­mente la mitad de los terri­to­rios his­tó­ri­ca­mente nues­tros y que esta­ban bajo el poder tirá­nico del malón arau­cano, cuyos fru­tos más nota­bles eran el robo de ganado, de muje­res y la pro­vo­ca­ción de incendios.

Los arau­ca­nos, hoy deno­mi­na­dos mapu­ches, lle­ga­ron a la Argen­tina allá por 1830, cuando la Nación Argen­tina era ya inde­pen­diente y sobe­rana. Por lo tanto, fue­ron inva­so­res. El pri­mer grupo de inva­so­res los cons­ti­tu­ye­ron apro­xi­ma­da­mente unos 100 indí­ge­nas capi­ta­nea­dos por Yan­que­truz. Se afin­ca­ron en Neu­quén y desde allí se fue­ron exten­diendo hacia el sur y el norte.

El ver­da­dero geno­ci­dio lo come­tie­ron los arau­ca­nos cuando ani­quila­ron a los Gue­na­ken, tam­bién lla­ma­dos Tehuel­ches, que eran lo autén­ti­cos abo­rí­ge­nes de la Pata­go­nia Norte.

Actual­mente como argen­ti­nos tie­nen todos los dere­chos al igual que los demás argen­ti­nos, pero no a inten­tar fal­sear la his­to­ria y pre­ten­der les devuel­van tie­rras que nunca les pertenecieron.

  1. En 1879 las tro­pas de Caful­curá eran pode­ro­sas, lo prueba el hecho de que gana­ron las pri­me­ras bata­llas con­tra el Ejér­cito Nacional.
  2. Ambos ban­dos con­taba con fusi­les Reming­ton. Los arau­ca­nos los traían de Chile, donde se los ven­dían los ingle­ses a cam­bio del ganado argen­tino robado en los malo­nes. Prueba de ello es que la columna del Ejér­cito Nacio­nal coman­dada por el general Ville­gas tenía como obje­tivo clau­su­rar y con­tro­lar los pasos andi­nos por donde les lle­ga­ban a los arau­ca­nos los Remington.
  3. Los indí­ge­nas arau­ca­nos eran tra­di­cio­nal­mente muy gue­rre­ros. Recor­de­mos que en los pri­me­ros tiem­pos de la con­quista espa­ñola aso­la­ron varias impor­tan­tes ciu­da­des en Chile que los chi­le­nos tar­da­ron siglos en reconquistar.
  4. Los arau­ca­nos, en el año 1250 subie­ron hacia el Norte y des­tru­ye­ron el Impe­rio de Tiahua­naco. Este Impe­rio era mayor y mucho más civi­li­zado que el pos­te­rior impe­rio de los Incas que comenzó luego en el año 1280.
  5. El uso actual del tér­mino “mapu­che” y las fal­sas reivin­di­ca­cio­nes de estos son manio­bras disol­ven­tes y dis­gre­gan­tes que prac­ti­can polí­ti­cos con minús­cula en las últi­mas déca­das con fina­li­da­des antinacionales, y para bene­fi­cio propio.


Arau­ca­nos y Tehuelches


Los mapu­ches son sólo originarios de la inven­tiva del Foreign Office británico.

Ni Rosas o Roca los men­cio­nan en la Cam­paña al Desierto, tam­poco los his­to­ria­do­res, ni la famosa expe­di­ción a los Indios Ran­que­les. Tam­poco los men­ciona la his­to­ria ofi­cial en las pro­vin­cias ni museos de His­to­ria del Neu­quén Santa Cruz, Chu­but, Río Negro, Men­doza, ni San Juan…

¿Desde cuándo han apa­re­cido estos mapu­ches en escena? Su pro­pia ban­dera es simi­lar a la nueva Sudafri­cana, luego del apart­heid uti­li­za­ron a Man­dela y ahora desean uti­li­zar a un pue­blo que no es ori­gi­na­rio de nada, sólo Tehuel­ches y Arau­ca­nos lo son.

Quede en claro que la expe­di­ción de Roca resultó la pri­mera gue­rra con­tra Chile y no una cam­paña con­tra el indio, como muchos pre­ten­den hacerlo notar. A las prue­bas me remito cuando sos­tengo que por enton­ces el 90% de la pobla­ción chi­lena era indí­gena, que no es cosa menor. En sín­te­sis, nues­tro país defen­día la sobe­ra­nía sobre una Pata­go­nia que los caci­ques desea­ban y ellos… eran chilenos.

Enci­clo­pe­dia Sal­vat — Dic­cio­na­rio — Edi­tado en Bar­ce­lona — 1972:

MAPU­CHE: Adj.- Natu­ral de Arauco — Per­te­ne­ciente a esta Pro­vin­cia de Chile.

Mas­cu­lino — Idioma de los araucanos.

TEHUEL­CHE: Adj. y sust. — Dícese de un indi­vi­duo de un pue­blo ame­rin­dio caza­dor, que, con otros gru­pos inte­gró la lla­mada “Cul­tura de las Pam­pas” en Argen­tina y Uru­guay. Exter­mi­na­dos en gran parte por los con­quis­ta­do­res espa­ño­les y los arau­ca­nos que­dan redu­ci­dos núcleos en Tie­rra del Fuego.

Hoy todos los naci­dos en el suelo patrio somos argentinos y ya no caben fal­sas reivin­di­ca­cio­nes indi­ge­nis­tas ni de pue­blos ori­gi­na­rios inexis­ten­tes. Desde comien­zos del siglo XVI está pre­sente la san­gre his­pana en todo el suelo argen­tino y los pue­blos ori­gi­na­rios de la Pata­go­nia ante­rio­res a esa fecha fue­ron las etnias tehuelches.

El invento “mapu­che” data sólo del siglo XIX, insisto que hoy todos somos argen­ti­nos y nadie tiene nin­gún dere­cho a reivin­di­car etnias ni pue­blos dife­ren­tes al argen­tino so pena de cola­bo­rar con los inten­tos ingle­ses, nor­te­ame­ri­ca­nos e israe­li­tas para des­mem­brar y des­po­ten­ciar a la patria argentina.

Este tema mapu­che y su pro­pa­ganda ins­ta­lada por mar­xis­tas que han hecho del indi­ge­nismo una cues­tión de stado, es pre­ciso comen­zar a des­ba­ra­tarla de raíz. Lamen­ta­ble­mente, no sólo los polí­ti­cos vena­les y perio­dis­tas paga­dos por el sis­tema sir­ven de difu­so­res de una men­tira infame, sino que han caído en ella y no siem­pre por ingenuidad.

Obis­pos y curas que fie­les a sus pos­tu­ras ter­cer­mun­dis­tas, impul­san como ver­dad de Pero­gru­llo, dando así por sen­ta­das todas y cada una de esas falacias.

Se llegó al extremo incon­ce­bi­ble de enga­ñar al Santo Padre Juan Pablo II y ahora al Papa Bene­dicto XVI cuando les hicie­ron decir que el gran santo Cefe­rino era mapu­che y no tehuel­che. Es difí­cil creer en la inocen­cia por des­co­no­ci­miento de los obis­pos pata­gó­ni­cos en esta manio­bra vil, por­que es dable supo­ner que si han lle­gado a esas ins­tan­cias de la jerar­quía, deben poseer una cul­tura gene­ral his­tó­rica de su patria com­pa­ti­ble con su rango.

Uti­li­ce­mos en toda su ple­ni­tud este medio fan­tás­tico que la tec­no­lo­gía nos brinda, para rever­tir la opi­nión errada de muchos argen­ti­nos sobre temas de tras­cen­den­cia como el que se trata”.

Fuente: Gentileza – Eduardo A. Castro

Autor: Fredy Carbano

miércoles, 12 de octubre de 2016

Patagonia: Matanzas de tehuelches por parte de araucanos

Chagallo: “Murieron miles y miles de mis hermanos Tehuelches en manos de Mapuches” 
Actual Rio Negro


Roberto Chagallo, descendiente directo de Tehuelches, se pregunta:”¿Saben los estudiosos entendidos que en 1806, el invasor Araucano Choroy con una poderosa caballería y lanzas arrasó a la infantería Tehuelche, que se defienden con boleadoras?





(10/04/13)

Sr. Director:

Disculpe que le salga al encuentro Yenu José Sotohernan, pero con referencia a lo que se muestra y a lo que Ud. pretende verter, es denotar precipitación de parecer.

Respeto su opinión pero no acepto se declare anticipadamente una imposición descalificada, veraz, por las siguientes razones de rigor y que es conveniente puntualizar: evitando conceptos erróneos: Mapuche Etnia Mefistofélica? Calificacion por T. Parson, les acerco parte  de una declaración concebida.

Desde 1670-1902  los invasores Nguluches Araucanos chilenos, misteriosamente, sorpresivamente e intempestivamente se les cambia el nombre por Mapuches y esto sí denota un verdadero interrogante; catalogada como maniobra política chilena y que era una de tantas estratagemas experimentadas.

Luego del litigio fronterizo con Chile en 1902 era muy corriente enviarnos Araucanos adiestrados a confundir a convertir  a los Puelches a su causa, aprovechando la ignorancia o escasez de conocimientos en política de estos.

Los Araucanos se vanagloriaron con el verso, el flujo de la palabra que eran hermanos que se integraban a la causa sostenida etc.etc., Y para desenredar este GRAN MISTERIO Observemos “LA  GRAN MENTIRA SOBRE LOS MAPUCHES escrita por el Dr. Investigador Profesor Guillermo A. TERRERA  es explicitar el porqué de tal denominación errada o errónea de MAPUCHES ya que a través de investigaciones efectuadas y  depurado análisis, se determina  con absoluta veracidad, los pormenores y desenvolvimientos de las distintas ETNIAS-CULTURAS que se dieron o conocieron  en territorios de la actual ARGENTINA, como Sur de San Juan, La Rioja, San Luis, Cordoba, Santa Fe, Entre Ríos, La Pampa, Buenos Aires, Mendoza, Neuquen, Rio Negro, Chubut, Santa Cruz y la Isla Grande Tierra el Fuego.

LOS ARAUCANOS lograron penetrar en nuestro país en 1500 en adelante y fueron de manera coherente y científica analizada e investigados sin descubrir en ninguno de los Territorios hoy provincias argentinas mencionadas; la voz Araucana MAPUCHE y sabemos  el significado de la palabra araucana Mapuche:(hombre de la Tierra); obvio, sabemos que todos los pobladores originarios, nativos somos hijos de la Tierra.

Por lo tanto la voz MAPUCHE del antiguo ARAUCO no pertenece, ni corresponde a ningún grupo étnico, teniendo presente que jamás figuró un representante cacique, un cona, un capitanejo, cazador, guerrero, princesa, ni ningún personaje conocido como MAPUCHE; porque todos esos Andinos, de Precordillera, Mesetas,llanuras Centrales eran ARAUCANOS, PAMPAS, RANQUELES, BOROGAMOS, PEHUENCHES, HUILLICHES, PUELCHES, TEHUELCHES, ONAS, ALCALUFES, etc.,etc. se los identifico por sus ETNIAS REALES  nunca jamás como MAPUCHES. Y esta designación de MAPUCHES fue desconocida hasta principios del siglo XX 1902-1903

Esta denominación, palabra reitero, fue creada por chilenos imperialistas, políticos, estudiosos, comerciantes por lógica interesados, quienes divulgando  dicha palabra MAPUCHE” aplicada e impuesta a los indígenas tanto de CHILE, como de ARGENTINA, lograron hacer desaparecer viejas ETNIAS, como los Araucanos, Pampas, Huilliches, Puelches, Tehuelches, agrupando en una sola denominación Mapuches” y de ahí que surge erróneamente Nación Mapuche.

Y es momento preciso de recordarles quien fue CHOCORY Araucano Invasor chileno apodado (Langosta), padre de Valentin Saihueque. Muere Chocory y surge el REGIDOR de Valentín Saihueque: UTRALLIAN, en castellano, Marcelino CHAGALLO es que al ser menor de edad Valentín Saihueque, no podía gobernar. Y a propósito que menciono a CHOCORY, saben los estudiosos entendidos los investigadores, que en 1806, el  invasor Araucano CHOCORY con una poderosa caballería y lanzas arrasaron a la infantería Tehuelche, que se defienden con boleadoras?

Y es precisamente en el paraje Languineo Serranías de los Muertos -hoy Dpto.Languineo- donde murieron MILES y MILES  de mis hermanos Tehuelches, esclavizándonos, utilizándonos como encomiendas solicitada de Santiago CHILE y a su vez de Lima Perú Virreynato y esto sucedió hasta 1885 y saben porque??Este es un tema: muy delicado y se requiere de mucho espacio  para explicar. Pero si hoy les diré algo importante; la Madre de Valentín Saihueque era Tehuelche cautiva.

Pero para continuar con lo que se cita sobre el descubrimiento BOLAS, (GOTEL o TRAWILL,no es cualquier BOLA, es referirse a una especial,con GLIFO ECUATORIAL, aprovecho para acercarles una Investigacion realizada por mi gran amigo  defensor de nuestra ETNIA TEHUELCHE, Rodolfo M. CASAMIQUELA que expresa que esas BOLAS de piedra negra azuladas, dura muy consistente; Manifiesta la leyenda GUNUNNA; que esas Bolas eran fabricadas por un enano de nombre TACHWLL.

Bien por donde continuo? Voy a a verter mi parecer definitivo. La creación de la palabra MAPUCHE sirvió para agrupar, igualaba a todos y es en la actualidad una simple expresión, que por desgracia para muchos tomó y toma desprevenidos y faltos de información a Argentinos que no llegaron a entender, ni entienden que todo es un ardid político; propio de CHILENOS ZURDOS y desde hace mucho tiempo atrás hasta llegar a citar a ALLENDE GOSSENS, al dictador Pinochet UGARTE, en sus deseos de apoderarse de las llanuras Centrales y Sur de la PATAGONIA ARGENTINA.

Además, del poder universal manejado por ingleses, franceses, rusos y norteamericanos que promueven con astucia, habilidad y con alternativas -recursos está desintegración etno-cultural y territorial de la República Argentina.

Y se darán cuenta de ias existentes  y falsas nacionalidades como lo es Nación MAPUCHE del Neuquen?.Desde EE.UU de Norteamérica Roberto Tata CHAGALLO Cacique Tehuelche  Septentrional Gununna Kune, nacido en Conaniyeu, hoy provincia de Rio Negro, agradezco se me haya permitido llegar a los desinformados  que por muchas generaciones han carecido de la  pertinente información al respecto.

Declaración mía como  TEHUELCHETATACHAGALLO Representantes de Etnias Pampas Puelches TEHUELCHES Nakel Nakel Mas itainko YENU

Roberto Chagallo
Email: tehuelcheindianchief@univision.com

miércoles, 5 de octubre de 2016

Roca: Un grande gramscianamente transformado en genocida

¿Fue Roca el malo de la película de la historia argentina?
Dos veces presidente constitucional, fue uno de los protagonistas principales de la generación que edificó el Estado argentino y consolidó nuestras fronteras. ¿Genocida o estadista? En todo caso, mucho más que una cara en el billete de 100 pesos
Por Rolando Hanglin - Infobae



Roca, blanco de una campaña que busca declararlo “genocida”

"Hace poco más de un siglo, el 12 de octubre de 1904, el general Roca entregó al doctor Manuel Quintana los atributos de la presidencia de la República. Había cumplido su segundo mandato, pero su influencia política desde 1880 había transformado el país. La Argentina era una potencia respetada. El general Mitre, ya anciano y verdadero patriarca de la argentinidad, fue a su casa ese mismo día para felicitarlo por su gestión: 'Ha cumplido', le dijo parcamente, porque el juramento de su asunción, en 1898 lo había hecho ante Mitre." (Juan José Cresto, presidente de la Academia Nacional de Historia, 2004)

Puede decirse que el malo de la película, en la Historia Argentina, hoy es Julio Roca. Por el momento, se le han concedido unas merecidas vacaciones a Don Juan Manuel de Rosas, que en sus tiempos realizó, junto a Facundo Quiroga y el fraile José Félix Aldao, una expedición punitiva a los indios pampas y ranqueles (1833), y ahora está de turno Julio Roca, también perseguidor de indios indefensos, a la vez que  aliado del Imperio Británico. Lo mismo que Rosas, quien tras su caída en Caseros vivió como "farmer" durante veinticinco años en Swaythling, cerca de Southampton y de su admirado Lord Palmerston, ex canciller inglés.


Julio Argentino Roca (1843-1914), dos veces presidente constitucional

Algunos críticos de Roca, sus contemporáneos (1879-1880), exclamaron: "¡El general Roca ha descubierto que en la Patagonia no hay Indios!"(Sarmiento) o señalaron que la expedición al Río Negro había sido un mero paseo  en calesa, en el que no se registraron combates ni escaramuzas, ni siquiera una discusión acalorada. Nada. Un desfile de mascaritas. Algún autor ha señalado que, durante la campaña, Roca montó a caballo cuatro veces en total, una para la foto. Nos cuesta comprender cómo un hombre tan insignificante, del que no se sabe si fue guerrero feroz o farolero impar, logró figurar en el billete de 100 pesos y en miles de calles, avenidas, pueblos, ciudades y monumentos de la República Argentina. Y, a la vez, hacerse de la negra fama de genocida que hoy rodea al general tucumano.

 En 1810 ya había comenzado la ‘araucanización de la pampa’
Vale apuntar que, en 1810, año del inicio del proceso de independencia de Argentina y de muchas otras naciones, había comenzado ya lo que se conoce como "araucanización de la pampa". Grandes poblaciones aborígenes chilenas, perseguidas por haber apoyado a los españoles en la guerra de la emancipación, o bien buscando un espacio más amplio para su desempeño económico, basado en la caza y la recolección, cruzaron los Andes buscando en las llanuras de la falda oriental sus presas de caza (el venado, el guanaco, el peludo, la vizcacha, la misma yegua) y disputaron estos territorios a los pampas argentinos y a los propios cristianos, que instalaban sus estancias fronterizas y desarrollaban sus sangrientas vaquerías. Los araucanos, raza militar de fuerte carácter, dotada de un lenguaje práctico, dominaron paulatinamente a las indiadas argentinas (tehuelches, querandíes y puelches) cuyas lenguas se consideran hoy desaparecidas. En el crisol de las llanuras y serranías se formaron nuevas agrupaciones, habitualmente con predominio araucano (la palabra "mapuche" empezó a usarse mucho más tarde) y potenciadas por nuevos recursos, todos provenientes de la conquista española: el caballo, la vaca, la oveja, el hierro (la moharra metálica, el cuchillo) más tarde el rémington.

 La década de 1870 había sido tremenda en materia de malones indios
Conviene recordar que la Campaña al Desierto le valió a Roca un enorme prestigio en el campo argentino entre 1879 y 1880, gracias al cual llegó con facilidad a la presidencia de la nación. La década de 1870 había sido tremenda en materia de malones indios. El problema de las indiadas se había acentuado desde 1820 en adelante: las ciudades cristianas (Buenos Aires, Córdoba, Salta, Carmen de Patagones) eran islas en medio de un mar de lanzas. Tras la muerte del ministro de guerra Adolfo Alsina, en 1877, Roca se presentó ante el Senado de la Nación y expuso su plan de batalla con gran simpleza: "Necesito un año para planearlo y otro para realizarlo, dos años en total, a cuyo término los indios habrán sido absorbidos y asimilados por la civilización, pero para ello es necesario salir de la actitud defensiva de Alsina e ir a buscarlos a sus tolderías, hasta someterlos".


La década de 1870 había sido tremenda en materia de malones

Conviene recordar algunos hechos, aunque sea investigándolos en Google, para no aburrirnos con largos libros. ¿Por qué pensar hoy en Roca? Porque en 2014 se cumplieron 130 años de la sanción de la Ley 1420 (conocida como de enseñanza laica, gratuita y obligatoria) y el primer centenario de la muerte de Roca, al que nosotros consideramos, modestamente, el gran estadista de nuestra historia.

Pero la fecha no obtuvo el recuerdo que se merecía. Efectivamente, fue Roca quien promulgó la gran ley de enseñanza laica, junto a su ministro de Justicia e Instrucción Pública, don Eduardo Wilde. Domingo F. Sarmiento militó, por así decirlo, como fogoso propagandista de la enseñanza pública. Algunos números: al comenzar el primer mandato de Roca, había 1214 escuelas públicas. Seis años después eran 1804. Las escuelas normales, en las que se formaban los maestros, pasaron de 10 a 17. Los alumnos, de 86.927 a 180.768. Docentes: de 1.915 a 5.348 en seis años. Con fuerte influencia de Sarmiento, en su segundo mandato propone un sesgo laboral en los estudios, al modo estadounidense: se crean escuelas de Artes y Oficios, de Agronomía y Veterinaria, de Ingenieros en Minería para San Juan, de Agricultura vinícola en Mendoza.

Roca fue el único presidente argentino que cumplió dos mandatos constitucionales (1880-1886 y 1898-1904) con doce años de intermedio. No intentó amañar la reelección mediante cadenas de amigos y socios para perdurar indefinidamente en el poder y los negocios.


Con Roca termina la guerra entre unitarios y federales

Con Roca termina la guerra entre unitarios y federales: la ciudad de Buenos Aires queda federalizada y las rentas de la Aduana del Puerto (que eran el principal ingreso de aquel tiempo) se convierten en propiedad nacional, terminando así un conflicto de 70 años entre Capital e Interior.

Roca defendió el orden constitucional, incluso con las armas, pero buscando siempre la pacificación y la amnistía.

Roca reconoció lo obvio: la primera potencia del mundo no era otra que Inglaterra, y superaría por largos años a los Estados Unidos, España, Francia y Rusia. Se considera que el Reino Unido empezó a perder su preeminencia recién al fin de la Primera Guerra Mundial, con la construcción del Canal de Panamá. Esta novedad dejó fuera de juego a Buenos Aires, aliada de Gran Bretaña, como puerto de paso obligado en el cruce del Atlántico al Pacífico y viceversa. Los Estados Unidos se adueñaron de los mares.


Roca reconoció lo obvio: la primera potencia del mundo no era otra que Inglaterra, y superaría por largos años a Estados Unidos, España, Francia y Rusia

En el inolvidable 1880, Roca impulsó una útil asociación comercial con Londres, con una visión realista muy similar a la de Rosas en su tiempo. Por otra parte, el gobierno inglés había sido un discreto pero eficaz aliado de la Argentina, sobre todo desde enero de 1825, cuando Jorge IV reconoció nuestra independencia. El crecimiento logrado por el país en tiempos de Roca sólo puede compararse con el que hoy ostentan los Tigres asiáticos o la propia China.

Obra de Roca: a partir de 1881, no se discutieron ya territorios con Chile, sino sólo líneas divisorias. Cabe recordar que habíamos librado una guerra con el Brasil, cincuenta años antes de Roca: éste promueve un acercamiento que diluye los conflictos.

En su segunda presidencia, Roca crea el servicio militar obligatorio, para unir en la civilización a todos los jóvenes, criollos, indios y gringos, pues estos últimos empezaban a llegar. En este período se incorpora al Congreso el primer diputado socialista de América, don Alfredo Palacios.

Roca sostuvo un concepto estratégico del territorio nacional: ocupar la Patagonia hasta la Tierra del Fuego anulando de raíz cualquier reclamo territorial de Chile, integrar el país mediante una red ferroviaria -hoy destartalada-, resolver todo conflicto de límites y modernizar a la Nación para insertarla en el mundo.


Roca sostuvo un concepto estratégico del territorio nacional

El ex ministro del Interior de Roca, Joaquín V. González, presenta al Congreso el primer Código de Trabajo, muchas  de cuyas iniciativas serían plasmadas recién en la década de 1940 por el General Perón. Lo mismo puede decirse de las políticas de protección  industrial que Roca esbozó, y continuó su antiguo aliado, el presidente Carlos Pellegrini.

 Todos los hombres de la Generación del 80 fueron aliados y adversarios en distintos tiempos
Una aclaración: todos los hombres de la Generación del 80, que convierten a la Argentina en la décima potencia mundial, quinta exportadora del globo y más alfabetizada que la mayoría de las naciones de Europa, fueron aliados y adversarios en distintos tiempos. Esto incluye al propio Roca,  y a Sarmiento, Mitre, Avellaneda, Alsina, Pellegrini.

Sobre la derrota militar y cultural de los indios araucanos, cabe señalar que la debacle había comenzado en tiempos de la Zanja de Alsina. Este foso, que cruzaba la provincia de Buenos Aires, dificultaba los grandes malones ya en 1877, y en especial trababa la retirada de los indios con su inmenso arreo de cautivas, caballos, ovejas y sobre todo ganado vacuno. La carne de yegua era el alimento favorito para la gente de las tolderías, mientras que las vacas (robadas por cientos de miles) permitían un fabuloso comercio de carnes en Chile, cruzando la cordillera tras una prudente invernada en Neuquén o en Choele-Choel. Volviendo a la zanja: en ella los malones se atascaban, pugnando por arrear océanos de cabezas de ganado. Esto daba tiempo a las tropas argentinas para alcanzarlos y sablearlos, recuperando lo robado. En tiempos de la Zanja de Alsina, diseñada por el ingeniero francés Alfred Ebelot (autor de Adolfo Alsina y la Ocupación del Desierto), los indios tuvieron que desplazarse hacia el sur y el oeste. Los productores agrarios ganaron vastas extensiones.


La Zanja de Alsina fue un primer obstáculo al malón y al robo de ganado

Ya se había librado, el 8 de marzo de 1872, la batalla de San Carlos (hoy Bolívar) donde el General Ignacio Rivas vence al chileno Calfucurá, considerado el Napoleón de las Pampas, que muere al año siguiente: 4 de junio de 1873, en Chilihué. El nombre de este asentamiento significa "Pequeño Chile" y recordaba la querencia originaria de Piedra Azul y su gente. Durante aquel combate se movilizaron 3.600 lanceros argentinos y chilenos encabezados por Calfucurá, Reuquecurá, Mariano Rosas, Catricurá y Pincén. La muy cuestionada zanja, de 300 kilómetros, cavada en 1877 (aún se hallan algunos tramos en nuestro campo) dificultó los malones y, a la larga, generó escasez y hambruna en las tolderías.

 No cabe duda de que aquello fue una guerra a muerte entre dos civilizaciones irreconciliables
Pampas y araucanos consideraban que la riqueza y los alimentos debían adquirirse virilmente, mediante la guerra y el pillaje, despreciando todo trabajo "de a pie", por ejemplo, la siembra. En San Carlos chocaron 3.600 lanceros indios contra otros tantos soldados argentinos, reforzados por la indiada amiga de Catriel. En aquel entonces comenzaba a manifestarse claramente, entre los indios, la separación de  argentinos  y chilenos. Se disolvía la gran Confederación Indígena de Salinas Grandes encabezada por Calfucurá, con perfiles de auténtico imperio, de allí que Piedra (Curá) Azul (Calfú) fuera conocido como el Napoleón de las Pampas.


Una guerra a muerte entre dos civilizaciones

En fin, no cabe duda de que aquello fue una guerra a muerte entre dos civilizaciones irreconciliables. No se trata de exculpar a Roca por una matanza. Más bien, la victoria fue el tramo final de una guerra de 300 años,  facilitada  por el hecho de que los indios se encontraban ya  desmoralizados… y con hambre. Enfrentaron al Ejército Argentino en un combate frontal, que no era su fuerte. Fueron derrotados y comenzó su declinación. Puede decirse que, cuando Roca realizó su famosa expedición al Río Negro, ya los encontró dispersos.

Roca tuvo un lema: "Paz y Administración".  Válido para todos los tiempos, incluso el actual.

martes, 12 de julio de 2016

Conquista del desierto: La batalla de San Ignacio

Batalla de San Ignacio
Revisionistas


Soldado de Línea

El 26 de marzo de 1881 se produce el encuentro entre la tropa de la Primera Brigada de la 2º División de Ejército, en campaña al lago Nahuel Huapi, almando del teniente coronel Rufino Ortega con las indiadas de Ñancucheo y Huincaleo. El lugar de la batalla fue el desfiladero de San Ignacio, en el valle del río Aluminé, en donde éste recibe las aguas del Catan Lil y forma el Collon Curá (unión de los departamentos de Catan Lil, Huiliches y Collón Curá, en la precordillera.

Versión oficial

“En todo este trayecto se ha avistado al flanco izquierdo de la columna varios jinetes. Son indios que observan nuestra marcha desde la cumbre de elevados cerros, que tan pronto se aproximan como desaparecen, y van, a medida que vamos avanzando, encendiendo el campo en diversas direcciones. Sin temor de equivocarse puede asegurarse que por ese medio avisan nuestra aproximación y el rumbo que seguimos.

Diez baqueanos a las órdenes del ayudante R. Guevara son enviados a examinar el camino del Oeste que se interna en un estrecho cajón, y a la vez, alejar a la partida de indios que tenemos al frente, que con toda osadía llegan a aproximarse hasta un tiro de fusil.

Parece que quieren lucir los magníficos caballos que montan. Bajan y suben a escape empinadísimos cerros y en cuyas cumbres hacen mil molinetes.

El ayudante Guevara regresó sin haber obtenido ningún resultado después de más de una hora de inútiles correrías.
Para llegar al paso del río tenemos que costearlo algunas cuadras; pero todas ellas forman un estrecho desfiladero donde sólo se puede ir de a uno. Nos internamos en él. Los indios nos contemplan desde la orilla opuesta, desde donde pueden contarnos con toda impunidad.

A la conclusión del desfiladero se llega al paso del río. En el momento de vadearlo, el Jefe del 11 de Caballería avisa que los indios han avanzado por nuestra retaguardia y se tirotea con la guardia que la cubre; que ha desprendido al mayor Ruibal con el 3er Escuadrón en su protección.

Efectivamente, un grupo de indios aprovechándose encontrarnos comprometidos en el paso del desfiladero, pasan el río un poco más abajo donde marchábamos y caen de improviso sobre las reses que conducen para nuestra provisión. Los que las cuidan, peones de proveeduría, no ofrenden resistencia; pero los caballerizos más próximos los contienen hasta la llegada de la guardia y del mayor Ruibal que los obliga a repasar el río.

Al propio tiempo que esto pasa a retaguardia, también la cabeza de la columna se bate. Marchan a vanguardia 20 hombres a las órdenes del ayudante Guevara, e inmediatamente detrás sigue la columna. Pásase el río y se emprende la ascensión de un cerro por una pendiente algo inclinada. En la cumbre de éstos, están todavía los indios. Esta osada insistencia hace suponer que intentan algún golpe. Parte del 12 y todo el Regimiento 11 está todavía encajonado en el desfiladero y paso del río.

Hago situar sobre el paso una compañía del Batallón para que proteja y cubra el paso que es susceptible de un ataque por el flanco derecho. El resto avanza. Al coronar el cerro, el ayudante Guevara es cargado violentamente por más de 60 indios. Es apoyado inmediatamente por granaderos del 12 a órdenes del capitán O`Donnell.

Estas fuerzas cargan y doblan a los indios que en su retirada se dividen en dos grupos. La mayor parte de la vanguardia persigue a los de nuestra izquierda, pues los de la derecha han ido a caer a un cajón por donde sigue la columna. A la izquierda son cargados por retaguardia, y por los indios que perseguían, pero son completamente rechazados.

Mientras esto pasa a la izquierda, seis o siete soldados han continuado persiguiendo a los de la derecha y siguen avanzando a su frente.

De improviso son cargados por retaguardia por un número considerable de indios y por los que perseguían. Aunque el resto de la fuerza acude velozmente desde la izquierda, no se puede evitar que lanzeen (sic) a seis.

Aquí muere el sargento Romero, el cabo Cortez y dos soldados del Batallón, quedando un baqueano y un soldado del 12 heridos.

Uno de los muertos debe ser un cacique o capitanejo, pues de su cadáver se ha recogido una espada. Esta tiene en su tasa el escudo de Chile. Los indios que he tenido al frente son los de Ñancucheo y Huincaleo, tal lo asegura el capturado por el comandante Torres, dice haberlos reconocido en los caballos que montan. Su número se calcula en más de 200 los que se han presentado a vanguardia”.

Comentarios

La Primera Brigada había partido desde su acantonamiento en el fuerte 4ª División, el 8 de marzo de 1881, siguiendo el curso descendente del río Agrio, primeramente, para luego proseguir por el de Catan Lil, hasta encontrar, en las cercanías del lugar donde se desarrolló el combate que hemos referido, al río Aluminé.

Más tarde prosiguieron por este río, que cambia de denominación trocándose en Collón Cura, para proseguir su marcha hasta el lago Nahuel Huapi, donde Villegas había dispuesto instalar el campamento central de la División.

Las fuerzas de la Brigada estaban compuestas por: Plana Mayor, 2 jefes, 2 oficiales y 21 soldados; Regimiento 11 de Caballería, 2 jefes, 7 oficiales y 190 tropa; Batallón 12 de Infantería, 2 jefes, 7 oficiales y 263 tropa. Total: 6 jefes, 16 oficiales y 474 tropa.

Nótese la audacia y la estrategia de la indiada que aprovecha al máximo su conocimiento de la topografía de la región por la cual deben pasar los expedicionarios, como así también la ventaja de poseer magníficas caballadas, aclimatadas y acostumbradas a trepar los cerros de la zona.

Esta expedición tenía como fin primordial reconocer todo el territorio “del Triángulo” y tratar de someter a las tribus indias. Esto posibilitó que en la segunda campaña ya se conociera el terreno y las indiadas que se oponían al avance.

Respecto a los dos valientes suboficiales que perdieron la vida, con los dos soldados que lo acompañaron en su entrada en la gloria, no tuvieron el consuelo que el poeta y soldado Ricardo Gutiérrez anhelaba para aquellos que iban al Paraguay, a luchar, enviados a esos campos donde caerían tantos argentinos.

Inspirándose en la blanca figura del que fuera capellán de las tropas argentinas en aquella guerra, canónigo Tomás O. Canavery, habría de aspirar a contar con el consuelo de:

El misionero

Poncho blanco no te apartes
de las huestes argentinas denodadas,
cuando suenen los clarines de la guerra,
cuando ruja la batalla
y en el peplo de su sangre
el soldado herido caiga;
que te vea discurriendo
como lirio entre las rosas escarlatas
despertando bendiciones en las bocas
alegrías en las almas,
besos cálidos de amor sobre los pliegues
de la enseña azul y blanca;
y en la noche de la muerte, sé la aurora
de la vida que no muere,
de la vida que no pasa
para el héroe que ha sabido dar su vida
por la vida de la Patria.

Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Portal www.revisionistas.com.ar
Raone, Juan Mario – Fortines del desierto – Biblioteca del Suboficial Nº 143

martes, 12 de abril de 2016

Aonikenk y Araucanos, argentinos y extranjeros

La Mentira Mapuche y la verdad Tehuelche


La Verdad Tehuelche y la Gran Mentira Mapuche


Este paradigma de la Nación Argentina es denostado por una campaña intencional que pretende disolver los verdaderos valores de la argentinidad. Lamentablemente la ignorancia histórica hace que muchos honestos ciudadanos se presten a colaborar con esta aviesa campaña.


El General Julio Argentino Roca:

El General Roca no encabezó una campaña privada en 1879. Fue como Comandante en Jefe del Ejército Nacional a cumplir la misión que Avellaneda, presidente de la Nación Argentina, elegido por el pueblo, le había asignado. Y esa campaña estuvo destinada a integrar, a incorporar de hecho a la geografía argentina, prácticamente la mitad de los territorios históricamente nuestros, y que estaban bajo el poder tiránico del malón Araucano, cuyos frutos más notables eran el robo de ganado, de mujeres y la provocación de incendios.
Los Araucanos, tal como su nombre lo indica, eran 'originarios' de Chile, más precisamente de la región de Arauco.



Bandera Mapuche


Enciclopedia Salvat - Diccionario - Editado en Barcelona - 1972:
MAPUCHE: Adj.- Natural de Arauco - Perteneciente a esta Provincia de Chile.
Masculino - Idioma de los araucanos.
TEHUELCHE: Adj. y sust. - Dícese de un individuo de un pueblo amerindio cazador, que, con otros grupos, integró la llamada "Cultura de las Pampas" en Argentina y Uruguay. Exterminados en gran parte por los conquistadores españoles y los araucanos, quedan reducidos núcleos en Tierra del Fuego.

Los araucanos, que hoy se hacen denominar Mapuches, llegaron a la Argentina allá por 1830, catorce años después de nuestra Declaración de la Independencia, es decir, cuando la Nación Argentina era ya independiente y soberana. Por lo tanto, fueron invasores. El primer grupo de invasores los constituyeron aproximadamente unos 100 indígenas capitaneados por Yanquetruz. Se afincaron en Neuquén y desde allí se fueron extendiendo hacia el sur y el norte.

El verdadero genocidio lo cometieron los Araucanos cuando aniquilaron a los Guenenaken, también llamados genéricamente Tehuelches, que eran los auténticos 'aborígenes originarios' de la Patagonia norte.

Actualmente como argentinos tienen todos los derechos al igual que los demás argentinos, pero no a intentar falsear la historia y pretender que les devuelvan tierras que nunca les pertenecieron, de las que NO SON "PUEBLO ORIGINARIO", sino que fueron sus invasores.

Ya para el año 1879, las tropas de Calfucurá eran poderosas, y lo prueba el hecho de que ganaron las primeras batallas contra el Ejército Nacional que emprendió la Reconquista de esas tierras usurpadas.

Ambos bandos contaban con fusiles Rémington y carabinas “Rolling Block”, mod. 1866, 11mm. Los araucanos los traían de su país, de Chile, a donde se los vendían los ingleses a cambio del ganado argentino robado en los malones. Prueba de ello, es que la columna del Ejército Nacional comandada por el Gral. Villegas tenía como objetivo clausurar y controlar los pasos andinos por donde les llegaban a los araucanos los Rémington y el abastecimiento de municiones.

Carabina Rémington llamada vulgarmente “Tercerola”

Los indígenas araucanos eran tradicionalmente muy guerreros. Recordemos que en los primeros tiempos de la conquista española asolaron varias importantes ciudades en Chile que los chilenos tardaron siglos en reconquistar. Los araucanos, en el año 1250 subieron hacia el norte y destruyeron el Imperio de Tiahuanaco. Este Imperio era mayor y mucho más civilizado que el posterior Imperio de los Incas que comenzó luego en el año 1280.

El uso actual del término "Mapuche" y las falsas reivindicaciones de estos son maniobras disolventes y disgregantes que practican políticos con minúscula en las últimas décadas con finalidades anti-nacionales, y para beneficio propio.

Araucanos y Tehuelches:




Bandera Tehuelche





Los denominados "Mapuches" son sólo ORIGINARIOS de la inventiva del Foreign Office Británico.
Ni Rosas o Roca los mencionan en la Campaña al Desierto, tampoco los historiadores, ni la famosa expedición a los Indios Ranqueles. Tampoco los menciona la Historia Oficial en las Provincias, ni en los Museos de Historia del Neuquén, de Santa Cruz, Chubut, Río Negro, Mendoza, ni tampoco San Juan…

¿Desde cuándo han aparecido estos mapuches en escena? Su propia bandera es similar a la nueva Sud Africana, luego del apartheid. Utilizaron a Mandela, y ahora desean utilizar a un pueblo que no es originario de nada, sólo Tehuelches y Araucanos lo son.

Quede en claro que la expedición de Roca, resultó ser la primer guerra contra Chile y no una campaña contra el indio, como muchos pretenden hacerlo notar. A las pruebas me remito cuando sostengo que por entonces el 90% de la población chilena era indígena, que no es cosa menor. En síntesis, nuestro país defendía la soberanía sobre una Patagonia que los caciques deseaban y ellos... eran chilenos.

Hoy, todos los nacidos en el suelo patrio somos ARGENTINOS, y ya no caben falsas reivindicaciones indigenistas ni de pueblos originarios inexistentes. Desde comienzos del siglo XVI está presente la sangre hispana en todo el suelo argentino y los pueblos originarios de la Patagonia anteriores a esa fecha fueron las etnias TEHUELCHES, conformadas por distintos pueblos o 'tribus' como los Ranqueles, los Puelches, Guenenaken, Pampas, Pehuenches, Aónikenk, etc, etc, etc...

El invento "mapuche" data sólo del siglo XIX, insisto que hoy todos somos argentinos y nadie tiene ningún derecho a reivindicar etnias ni pueblos diferentes al argentino so pena de colaborar con los intentos Ingleses, Norteamericanos y otras yerbas para desmembrar y despotenciar a la Patria Argentina.

Este tema mapuche y su propaganda instalada que han hecho del indigenismo una cuestión de estado, es preciso comenzar a desbaratarla de raíz. Es más que evidente La Gran Mentira, ya que al hacerse llamar "Mapuches", pretenden ocultar o hacer pasar desapercibido su verdadero e invasor 'origen' Araucano, es decir, 'Natural de Arauco, Chile'. Y simultáneamente, intentan ocultar el genocidio Tehuelche a manos de los araucanos, como si estos últimos genocidas fueran otros, cuando se trata de ellos mismos. Y, lamentablemente, no sólo los políticos venales y periodistas pagados por el sistema, sirven de difusores de una mentira infame, sino que han caído en ella y no siempre por ingenuidad.

Obispos y Curas que fieles a sus posturas tercermundistas, impulsan como verdad de Perogrullo, dando así por sentadas todas y cada una de esas falacias.

Se llegó al extremo inconcebible de engañar al Santo Padre Juan Pablo II y al Papa Benedicto XVI cuando les hicieron decir que el gran santo Ceferino era Mapuche y no Tehuelche. Es difícil creer en la inocencia por desconocimiento de los Obispos patagónicos en esta maniobra vil, porque es dable suponer que si han llegado a cargos en esas instancias de la jerarquía eclesiástica, deben poseer una cultura general histórica de su Patria compatible con su rango.

Utilicemos en toda su plenitud este medio fantástico que la tecnología nos brinda, para revertir la opinión errada de muchos argentinos sobre temas de trascendencia como el que se trata.

En nuestro país, la comunidad Araucana que se hace llamar Mapuche aún no ha desarrollado acciones radicalizadas y violentas para hacerse de la posesión de tierras, pero en Chile -donde la población de etnia araucana es muy numerosa- ya han comenzado, a través de la vinculación con las F.A.R.C.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Patagonia: Esquel y su historia

Historia de Esquel

Más de un siglo ha pasado desde la fundación de nuestra ciudad en el Valle 16 de Octubre.

Se considera como fecha de nacimiento de la ciudad el 25 de febrero de 1906, cuando Medardo Morelli realizó la primera transmisión telegráfica desde el centro de comunicaciones instalado allí durante una expedición para la extensión de la línea ferroviaria. A esta zona se la identificaba hasta entonces como Súnica y era una ramificación occidental de la Colonia 16 de Octubre, población galesa cuyo núcleo original estaba a unos 25 kilómetros al sur, en la actual ciudad de Trevelin. Antes el valle había sido zona de tránsito de Tehuelches y Mapuches, de los cuales descienden algunos pobladores de la región y el nombre de la ciudad. "Esquel" proviene de la palabra tehuelche ESGEL KAIK que de acuerdo a las traducciones puede significar "ABROJAL" o "TEMBLADERAL". Cualquiera de las dos acepciones puede ser cierta ya que en algunas épocas hay abrojos y el lugar donde se encuentra la ciudad era antiguamente una zona de mallín, que se caracteriza por ser un suelo inundado, pantanoso y cubierto por hierbas que al decir de los antiguos pobladores era el aspecto que presentaba el lugar. Esquel se desarrolló de forma sostenida y con la llegada del Viejo Expreso Patagónico en 1945, comenzó a desarrollarse su atractivo turístico que se consolidó con la inauguración del Centro de Deportes Invernales La Hoya en 1974. Descendientes de aborígenes y de inmigrantes galeses, españoles y lituanos, mantienen sus culturas vivas aportando a la diversidad en las tradiciones de la ciudad. El imponente paisaje muy bien preservado, le da a Esquel un atractivo especial para los amantes de la vida al aire libre y el deporte, pero también para toda la familia.


LOS GALESES

Desde hace 150 los colonos provenientes de Gales forman parte de la identidad de la Patagonia Central.

Los galeses llegaron a la zona en 1865, venían desde el Reino Unido donde eran perseguidos por practicar sus creencias y costumbres. Los primeros 153 inmigrantes galeses llegaron a las costas chubutenses a bordo del velero "Mimosa" en busca de un lugar que les permitiera practicar su cultura libremente. Fueron poblando parcelas alrededor del río Chubut y subsistían dedicándose principalmente a la agricultura y la ganadería. En 1884 el recientemente nombrado gobernador de Chubut, el Coronel Luis J. Fontana, entrenó a un grupo de 29 voluntarios para realizar una expedición en busca de lugares aptos para ser poblados. "La compañía de los rifleros de Chubut" fue el nombre de grupo encabezado por el galés John Murray Thomas. En la zona del Valle 16 de Octubre, ubicado a 25 kilómetros de lo que hoy es Esquel, decidieron finalmente instalarse, impactados por la belleza de los alrededores del río Corintos, muy similar a la de sus tierras nativas. A principios de 1900 la colonia galesa se consolidó en varias zonas rurales nucleadas por capillas, edificios donde esta población practicaba las creencias y costumbres que los mantenía unidos. El culto religioso tenía un lugar primordial en la vida de los galeses y las capillas se utilizaban como espacios de socialización por excelencia: también eran escuelas, allí practicaban los coros y se realizaban reuniones políticas e incluso comerciales. Para 1902 ya cultivaban cereales, criaban ganado y habían construido una capilla y una escuela en la zona, que estaba siendo disputada por el gobierno chileno. Por ello se realizó un plebiscito para consultar a los pobladores qué nacionalidad optaban y los galeses se manifestaron por Argentina, que les había dado protección luego del exilio. Hoy se preservan las dos capillas instaladas en la zona cordillerana, una en Esquel y otra en Trevelin, además de mantener vivas sus costumbres en la cotidianeidad del pueblo. Sus descendientes directos forman parte de nuestra cultura: se puede saborear su gastronomía en las casas de té y conocer sus primeros años en la zona en los diferentes museos y edificios históricos.

NUESTROS PUEBLOS ORIGINARIOS –TEHUELCHES Y MAPUCHES–

Los registros más antiguos que existen sobre población humana en la Patagonia datan de 11 mil años


El valle en donde se asienta Esquel era utilizado por las poblaciones originarias de la zona principalmente como lugar de tránsito. Los Tehuelches (anteriormente llamados Puelches, "Gente del este"), y luego los Mapuches ("gente de la tierra"), fueron los que más tiempo habitaron la zona. Los registros más antiguos que existen sobre población humana en la Patagonia datan de 11 mil años y 4 mil desde que una cultura similar a la Tehuelche se asentó en el lugar. Parte de ellos dominó estas tierras hasta la llegada de los españoles. Los Tehuelches eran un pueblo nómade que basaba su economía en la caza y en la recolección de productos de la tierra, principalmente el guanaco, por la carne y el cuero que les servía para vestirse y para construir los toldos en los que vivían. Cazaban con arco y flecha o con boleadoras y se vestían con taparrabos, mocasines y quillangos de cuero (una especie de poncho). Entre sus características se puede destacar que eran monoteístas, creían en el dios "Kooch" y en la vida después de la muerte. Además enterraban a sus muertos en Chenques, sepulturas situadas sobre los puntos más elevados del terreno o en la cima de las montañas. Durante el siglo XVII, desde el otro lado de la cordillera ingresaron los Mapuches al territorio y lograron, luego de un largo proceso, desplazar a los Tehuelches. Los Mapuches eran cazadores de guanacos y choiques y utilizaban arco, flecha y boleadoras, pero también el lazo y la honda. Con la incorporación del caballo comenzaron a usar una larga lanza para la caza. Creían en el dios Ngenechén y también en un espíritu del mal llamado Hualichu. Con las invasiones inglesas (durante los años 1806 y 1807) algunos caciques Pampas y Tehuelches ofrecieron, sin respuesta del gobierno, a sus hombres y caballos para hacer frente a los ingleses. Después de la Revolución de Mayo de 1810 el gobierno retomó una política más ofensiva contra los pueblos originarios: se los enviaba como prisioneros a realizar pesadas tareas o quedaban reducidos en reservas. Los que lograron sobrevivir en ellas tuvieron que pasar por largas gestiones para lograr un título de propiedad colectiva que les permitiera subsistir en un sistema de propiedad distinto. La lengua Mapuche sigue viva en sus descendientes que, pese a las dificultades, conservan con ella parte de su cultura. En la actualidad en la provincia del Chubut hay diferentes comunidades y la más cercana a Esquel es la de Nahuel Pan, que queda a unos 18 kilómetros de la ciudad. Otras de ellas son la denominada Buenos Aires Chico, ubicada en la jurisdicción de El Maitén y Lago Rosario en la zona de Trevelin.

Esquel Turismo

jueves, 3 de diciembre de 2015

Conquista del desierto: Batalla de barrancas del Neuquén

Batalla de las Barrancas del Neuquén


Río Neuquén


Esta batalla se libró el 28 de junio de 1879 en las barrancas de la margen septentrional del Río Neuquén, paraje llamado hoy “Vanguardia”, nombre que tomó del antiguo fortín que allí se construyera poco después.  Por un lado combatieron las tropas al mando del teniente de baqueanos (de la Compañía de Voluntarios, llamados “choiqueros”) Isaac Torres, y 16 soldados de la 4ª División, y por el otro los indios del cacique Marillán.  El Parte Oficial dice lo siguiente: “El teniente que suscribe – Campamento el Mangrullo, junio 30 de 1879 – Al señor comandante en jefe de la 4ª División del Ejército, teniente coronel don Napoleón Uriburu. – Tengo el honor de dirigirme a usted poniendo en su conocimiento que con la comisión de 16 hombres con que usted se sirvió despacharme el 27 del corriente, después de haber marchado en dirección de Auca-Mahuida casi todo el día, supe por prisioneros hechos por el mayor Illescas, que un pequeño grupo de seis indios, con algunos animales de arreo, debían caer al Neuquén abajo procedentes de La Pampa y como a cinco o seis leguas de este campamento.  Marché toda la noche en su busca y a la diana de 28 di con ellos en el valle del río, pero no en número de seis como se me había informado, porque después de cargarlos sobre sus fogones, de día ya, se replegaron y formaron en las barrancas del río, en número de 90 de lanza, todos bien armados.

El desorden en que se puso la chusma y considerando que ésta se me escaparía si no andaba activo con ella, me obligó a juntarla, dejando que los indios se reunieran y así pude tomar ciento y tantas mujeres y criaturas, con una gran caballada, vacas y ovejas.

Entre los prisioneros hechos en la primera carga había quedado un viejo, y con éste mandé decir al cacique Marillán que mandaba los indios, y que con ellos formados me esperaba a una cuadra de distancia, que entregase las armas, bajo la formal garantía de sus vidas.  Contestó a esta intimación que dudaba de mi palabra, y que antes quería pelear, a lo que le repliqué que descendiera al bajo, pero sin hacerles un tiro aún, pues me suponía que quisiera entrar por tratados.  Un grito unánime de guerra fue su segunda contestación, y sin repararme mucho de la chusma prisionera y animales tomados, esperé, pie a tierra, haciendo fuego nutrido, la carga que rápidamente me traían a pie y a caballo, dirigida por el expresado Marillán.  Sin embargo, de ser ésta muy violenta y excelentes los caballos en que venían montados, antes de llegar hasta chocar cayeron como 16 indios; pero los restantes nos rodearon por todas partes, trabándose un combate reñido a arma blanca.  Muchos indios arrojaban al suelo las lanzas y luchaban brazo a brazo por arrancar a nuestros soldados las carabinas o fusiles; otros sacaban cuchillos y así duró un rato la pelea hasta desalojarlos y ponerlos en fuga, dejando ellos 14 muertos en el sitio, 5 prisioneros de lanza y 106 de chusma, con más de 80 caballos, 33 cabezas vacunas y 30 ovejas, teniendo por nuestra parte que lamentar la baja de 3 soldados heridos de lanza y cuchillo.

Los indios llevaban muchos heridos, pues dejaron en el camino un reguero de sangre.

Terminado el combate me regresaba y en seguida de marchar encontré al comandante Aguilar con una fuerza, parte de la cual se encargó de conducir los prisioneros y ganados al campamento, acampando esa noche allí todos juntos.  Ayer, 29, a la mañana, perseguimos a los indios nuevamente, el comandante Aguilar con la fracción de gente que tenía vacante, y yo con los trece hombres, los cuales todavía tomaron 5 indios de lanza prisioneros y 12 de chusma con 58 caballos y mulas.

Cada uno de los 16 individuos que componían la comisión que me ha cabido el honor de mandar en esta ocasión, se ha hecho digno de recomendación, pues todos ellos a la par han competido en valor y serenidad.  Dios guarde a V. S. – Isaac Torres”.

En este combate resulta por demás destacable el comportamiento que le cupo a la reducida tropa del bravo teniente de choiqueros, a quien veremos actuar en muchísimas ocasiones, tanto en esta campaña como en las posteriores.  Todos estuvieron a la altura de las circunstancias y dejaron bien alto el prestigio de esta tropa que, mal vestida, a veces mal montada y falta de abastecimientos, en pleno invierno neuquino (temperaturas de 8 y 10 grados bajo cero en ese invierno) supieron realizar el plan trazado por los altos mandos militares, llevando a cabo la construcción de los fortines que en aquella ocasión avanzaron la línea de frontera con el indio hasta la margen septentrional de los ríos Neuquén y Negro.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
Portal www.revisionistas.com.ar
Raone, Juan Mario – Fortines del desierto – Biblioteca del Suboficial Nº 143.

Revisionistas

martes, 10 de noviembre de 2015

Conquista del desierto: Una versión pro-indígenas

El libro que cuenta la triste resistencia indígena durante la Conquista del desierto


"Una guerra infame" recupera uno de los períodos más turbulentos de la historia argentina: la colonización, el asesinato al indio y la forja del estado nación sobre una guerra desigual.


Una comunidad chaqueña a fines del siglo XIX. Fuente: Archivo General de la Nación

Juan Brodersen - Clarín



"¿Lograremos exterminar los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar"
Domingo Faustino Sarmiento

La conquista del desierto, ese complejo proceso histórico que atravesó la Argentina en el siglo XIX, sigue generando controversias. Desde el mismo nombre, hablar de desierto hace pensar en un territorio vacío que fue ocupado por el ejército de Juan Manuel de Rosas desde 1833 en adelante. Sin embargo, una gran cantidad de estudios historiográficos demuestran hoy que quienes forjaron el Estado nacional, con Julio Argentino Roca como su máximo exponente, no sentaron las bases argentinas sobre tierras vírgenes, sino sobre sangre indígena.

"Una guerra infame" recupera los sucesos ocurridos en aquella primitiva argentina que poco sabía de instituciones. Traducida a "una guerra entre dos contendientes muy desiguales", la conquista del desierto es analizada por el periodista Andrés Bonatti y el historiador Javier Valdez en una obra que intenta sopesar el debe y el haber de las batallas colonizadoras.

Con un marcado hincapié en el consenso de la época, los autores no dejan de lado las motivaciones y los juegos políticos en torno al reparto de 500.000 kilómetros cuadrados, los miles de muertos y refugiados que las distintas campañas ocasionaron. Y tampoco la resistencia, siempre presente en las ocupaciones criollas. Aquí, los autores cuentan algunos resultados de su investigación, una conmovedora historia que se torna central para entender los cimientos de nuestra Argentina.

- ¿A qué se refieren con "la verdadera" historia de La Conquista del Desierto?


Andres Bonatti: Nuestro propósito ha sido realizar una investigación que aborde en forma integral la problemática en torno a la Conquista del Desierto, no solamente a partir de una descripción minuciosa de las campañas militares, de las políticas de despojo y sometimiento de las comunidades originarias, y del inescrupuloso reparto de las tierras entre los militares y los empresarios, sino también para indagar en las diferentes posturas políticas e ideológicas imperantes antes y durante la Conquista, con el objetivo de ofrecer una interpretación más clara de los hechos, sus causas y sus consecuencias. Nuestra intención ha sido acercar la historia de la Conquista del Desierto al lector común, no especializado, con un texto que reúne los hechos más importantes, algunos de ellos inéditos o poco desarrollados, desde una mirada crítica no exenta de rigor científico.


Expedición al Río Negro, con Julio Argentino Roca a la cabeza, en 1879. Fuente: Fuente: Antonio Pozzo (1829-1910), Ministerio de Guerra

- En la introducción hablan de las dos lecturas tradicionales de la Campaña como algo "malo" por el genocidio indígena, o "bueno" por la gesta del Estado Nacional a partir del roquismo. ¿Cómo se resumen estas posturas historiográficas?

- Javier Valdez: Una de las posturas tiene que ver con la línea historiográfica liberal tradicional, que tomó la campaña como la gran gesta patriótica del avance de la "civilización" en contra de la "barbarie", negando la preexistencia de sociedades indígenas, pero sobre todo desconociéndolas. ¿Qué historia se puede escribir sobre la base del desconocimiento? La otra postura fue la que trató de visibilizar a los pueblos originarios, pero centró sus esfuerzos en denuncias casi panfletarias contra los actos genocidas y personajes como Julio A. Roca. Si bien nosotros respetamos esta última posición, creemos también que en la actualidad hay excelentes trabajos provenientes de diferentes disciplinas e investigadores que nos están arrojando más claridad sobre todo el proceso, por lo cual tenemos el deber de ampliar nuestra mirada y no caer en posturas historiográficas simplistas y carentes de rigor.

- 1879 no es el punto de partida para entender la Conquista, explican. ¿Dónde arranca esta historia y por qué?

- JV: El espacio temporal que consideramos para nuestra investigación es mucho más amplio que el que proponen las visiones tradicionales. Lo enmarcamos desde las primeras expediciones a las "Salinas Grandes" comandadas por Pedro Andrés García en 1810 y 1811, y terminamos en 1917 con la instalación del último fuerte en el Gran Chaco. Claro que durante todo ese siglo de constante expansión sobre los territorios de los pueblos indígenas libres de Pampa, Patagonia y Chaco, tenemos diferentes etapas con avances y retrocesos; no es un proceso uniforme y lineal. Desde la perspectiva ideológica, la empresa que lleva al Estado argentino hasta los ríos Negro y Limay en 1880, también está sustentada muchas décadas antes de que Roca la ponga en marcha, por hombres vinculados a la Generación del ´37. Las ideas de personajes como Sarmiento o Alberdi fueron fundamentales a la hora de llevar adelante el avance sobre territorios y sociedades.



- ¿Cuáles fueron las grandes etapas de la Campaña?

- JV: Las etapas de guerra y conquista sobre los pueblos originarios coinciden con el corrimiento de la frontera interna y la expansión territorial del Estado. En este sentido, podemos diferenciar tres grandes momentos: el primero es la campaña organizada por Juan Manuel de Rosas en 1833; el segundo momento es la empresa comandada por el ministro Adolfo Alsina en 1876; y la tercera es la que emprendió Julio A. Roca a partir de 1879, que incluye muchas campañas militares durante la toda la década del ochenta a la Patagonia y al "Gran Chaco".

- ¿A qué le llaman "el largo calvario de una dinastía"?

- AB: Es en referencia a la dinastía Catriel, a la que le dedicamos uno de los capítulos del libro. El recorrido del linaje Catriel es uno de los más trágicos de la historiografía de los pueblos originarios de nuestro territorio.

- ¿En qué sentido?

- Fueron durante muchos años aliados incondicionales de los gobiernos de Buenos Aires, integraron los ejércitos porteños y se enfrentaron a sus propios hermanos mapuche en varias batallas, como por ejemplo la de San Carlos, en 1873, que derrotó al cacique Calcufurá. A cambio de esa ayuda, el Gobierno central les respetaba sus tierras. Pero la situación cambió cuando el Estado argentino decidió ir por todo, incluso por los territorios de los Catriel, sus históricos aliados, en la zona de Azul. A partir de ese momento se rebelaron, intentaron resistirse, pero fueron aplastados rápidamente y sus líderes enviados a la isla Martín García, uno de los centros de detención ilegal que tenía el Estado argentino por aquellos años.

- El libro le dedica un capítulo a los mecanismos de explotación perpetrados hacia las poblaciones indígenas. ¿Qué cuentan sobre esto?

- AB: Los indígenas sometidos durante la Conquista eran considerados "mano de obra barata" para las diferentes industrias de la época. Sus destinos fueron diversos. Los hombres en general eran enviados a trabajar en los ingenios de las provincias del norte, también a los obrajes madereros, algodonales o yerbatales. En todos los casos, las condiciones a las que se los sometían eran durísimas: muchas horas horas de trabajo, pagas paupérrimas y maltratos. El nivel de mortalidad entre ellos era altísimo, por la mala alimentación y las enfermedades. Los que tenían mejor suerte terminaban como soldados en algunos de los ejércitos de frontera. Y a las mujeres se las destinaba a las casas de las familias más poderosas como empleadas domésticas, a partir de la gestión de organismos como la Sociedad de Beneficencia, que actuaba como agente colocador de las mujeres indígenas en las mansiones patricias de la época.


El libro repasa las condiciones esclavas en las que trabajaban los pobladores originarios (Archivo General de la Nación)

- ¿Qué tipo de resistencia opusieron las poblaciones indígenas? ¿Cómo fue en La Pampa?

- JV: La lucha y la resistencia de los pueblos originarios que veían el avance avasallador del Estado tuvieron diferentes matices. Muy pocas fueron las parcialidades que tomaron actitudes pasivas. Más allá de pactos y alianzas con los gobiernos, de una manera heroica tenemos la resistencia ranquelina de Mariano Rosas y Paine Guor; pero también, no menos osada, la de Pincén, de Catriel y la de la dinastía de los Cura en la región pampeana. Más al sur, la épica lucha de Sayhueque secundado por Inacayal y Foyel; y las menos conocidas en la región chaqueña que involucra a jefes como Cambá o Leoncito. Cuando la conquista se hizo inexorable, las valientes lanzas mapuches y mapuche-tehuelche comenzaron un repliegue, que muchas veces los llevó hacia el vecino país de Chile o a refugiarse y relocalizarse en regiones de difícil acceso para el Estado Nacional.

- ¿Cuál fue el "botín" de la Conquista del Desierto?

- AB: La tierra. La Conquista del Desierto significó para el Estado argentino la apropiación de más de 500.000 kilómetros cuadrados de territorios, una extensión que equivale a la suma de las superficies actuales de las provincias de Buenos Aires y Río Negro. Hablamos de botín porque los principales beneficiados fueron un grupo reducido de argentinos, pertenecientes a la élite política y económica criolla, conformada por las familias más ilustres, que recibieron la propiedad de grandes extensiones de los territorios conquistados, a precios muchas veces irrisorios y con la ayuda de leyes diseñadas a medida. La principal consecuencia de este proceso fue la conformación de los latifundios, grandes tierras aptas para agricultura y ganadería, que quedaron en manos de un grupo selecto de empresarios aliados al poder político, o que incluso formaban parte de él.

- ¿Qué diagnóstico hacen luego de escribir el libro en torno a la Campaña del Desierto?

- AB: Creemos que la Conquista del Desierto fue un proceso de genocidio y etnocidio contra las comunidades originarias, que contó con un consenso casi absoluto entre los estamentos de poder de la época: militares, políticos, Iglesia, Sociedad Rural, científicos, medios de comunicación, y otros. Casi no hubo voces disidentes. Esto provocó la invisibilidad de los pueblos indígenas durante mucho tiempo.

- JV: la política del Estado argentino poco hizo por los pueblos originarios. Los logros en política indígena son fundamentalmente por la acción y la lucha de los mismos pueblos indígenas. Y los vestigios de la Campaña dura hasta nuestros días: pobreza, marginación, invisibilidad.

viernes, 13 de marzo de 2015

Conquista del desierto: Batalla de Las Acollaradas (1827)

Batalla de Las Acollaradas


Gral. José Ruiz Huidobro (1802-1842)

En las primeras décadas del siglo pasado, los gobiernos de San Luis hicieron todo lo posible por amortiguar los efectos producidos por la terrorífica fama del indio, que angustiaba a los pueblos del interior de la provincia.  Se concluyeron tratados de paz con los principales caciques; se establecieron nuevos fuertes avanzando la línea de las fronteras y durante un tiempo hubo intercambio de emisarios que venían de las tolderías o que iban a ellas en misión de paz y amistad, realizando al mismo tiempo algún intercambio comercial.

Con todo, 1827 fue el año de alarma pues se tuvo noticias de que en el desierto se preparaban nuevas empresas de asolamiento, a las que no eran ajenos algunos cristianos complicados con los indios de éste y del otro lado de la cordillera y en las que participarían bandidos de negra fama, como los cuatro hermanos Pincheira (Antonio, Pablo, Santos y José Antonio), cuyos instintos de rapiña y sangre superaban a los de los más brutales hijos del desierto. (1)

También se supo que Painé, gran cacique de Leuvucó y sus sanguinarios capitanejos aliados con los del implacable araucano Yanquetruz, serían los conductores de las proximidades de las próximas invasiones.

Conocidos estos pormenores y considerando la impiedad con que actuaban los agresivos caudillos máximos de las legiones invasoras, un hálito de pavor e impotencia sacudió la fibra de los gobernantes y del pueblo de San Luis, que hasta ese instante no vislumbraban la más pálida ilusión de paz y seguridad.

La sola mención de los nombres de Painé, Yanquetruz, Baigorrita, Epugner Rosas, Pichón y otros tantos especímenes del hampa selvática, o de los Pincheira, Puebla, Carmona, Besoain, Salvo y otros bribones de su estirpe, cuya deshumanizada crueldad era proverbial, ponía los pelos de punta y la piel de gallina a todo el mundo inclusive a los que llegado el caso eran capaces de luchar con una bravura y coraje que los hacían dignos del mayor respeto y admiración.

Las noticias alarmantes; las reuniones para discutir medidas defensivas; los preparativos y los sondeos llevados a cabo con más o menos ingenio de uno y otro lado; las decisiones del gobierno, todo generaba una atmósfera saturada de signos de desconfianzas y alarmas, agravadas por las tremendas imprudencias, como aquellas expediciones de Anzorena y los hermanos Lucero que dieron lugar a la siniestra venganza que los salvajes llevaron a cabo en la Laguna del Chañar o como la inexplicable derrota sufrida por la fuerzas interprovinciales en las cercanías del Morro.

Así llego a las vísperas de 1833, época en la que los malones menudeaban en una extensa zona de la provincia.  Los indios atacaban con la mayor impunidad a los vecindarios que no podían ser socorridos porque las fuerzas se agotaban en marchas y contramarchas sin poder reprimir ni escarmentar a los innumerables guerreros cobrizos que actuaban simultáneamente en distintos lugares.

No era diferente la situación que soportaban otras provincias; la movilización de las confederaciones indígenas abarcaba en esos momentos desde los contrafuertes cordilleranos hasta el corazón del país, sin que quedase libre de sus depresiones el centro y sur de la provincia de Buenos Aires.

En tan graves circunstancias los gobiernos de Mendoza, San Juan, Córdoba y Buenos Aires, se dirigieron al de San Luis con alentadoras promesas y ofrecimientos (2) referidos a la campaña de 1833, en la cual la Pampa Central y San Luis serían campo de acción de la División del Centro comandada por el general José Ruiz Huidobro (3), sobre quien Facundo Quiroga había de volcar después este juicio harto despectivo: “¿Qué caballos van a bastar para un General que viaja, y expediciona en galera?…¡Generales de papel, a la moda, a la extranjera!”. (4)

Pese a las catilinarias del jefe nominal de la División del Centro (5), el aporte puntano fue de 115 fusileros, 128 dragones y 19 artilleros que integraron el escuadrón “Dragones de la Unión” a las ordenes del valiente capitán Prudencio Torres, el mismo que dos años antes, en marzo de 1831, había mancillado su honor militar con la traición de Río IV (6), mancha de la que jamás pudo rehabilitarse aunque en más de una oportunidad volvió a destacarse por su valor y heroísmo.

La división del centro compuesta, además de las fuerzas puntanas, por el Regimiento de Auxiliares de los Andes de Buenos Aires al mando del bravo coronel Pantaleón Argañaraz, por el batallón de Defensores de Mendoza a cuyo frente se encontraba el coronel Lorenzo Barcala y por el regimiento de Dragones Confederados de Córdoba, al mando del aguerrido coronel Francisco Reynafé, a mediados de febrero se movió desde el fuerte San Carlos de Mendoza, buscando camino que debía conducirlo al corazón del imperio ranquelino asentado sobre los campos de Leuvucó, Poitahué y Trenel. (7)

El 16 de marzo los expedicionarios se enfrentaron, al sud de las lagunas Las Acollaradas, con los lanceros indígenas que conducían al campo de batalla los poderosos caciques Yanquetruz, Painé, los tres hijos de éste, Pichín, Pailla y Rulco, Eglans y Calquín.  Los caudillos indígenas habían resuelto salir al encuentro del ejército expedicionario, decisión que demostraba la importancia que asignaban a la expedición cristiana y las ventajas que se proponían sacar del encuentro eligiendo el terreno en que querían maniobrar y alineando mil de sus mejores lanceros cuidadosamente escogidos y guiados por sus más hábiles y aguerridos jefes.

“Junto a dos lagunas próximas entre sí -comenta Franco- llamadas Las Acollarada, tuvo lugar un entrevero que resultó más largo y sangriento que una batalla y quedó sin decidirse a favor de nadie.  La verdad es que el encuentro de Las Acollaradas fue muy duro para los indios y no demostró, ni mucho menos, que Huidobro fuese más inepto que las docenas de jefes que antes y después de él salieron malparados ante las lanzas emplumadas”. “Por otro lado, si bien es cierto que el comandante Delgado, por orden de Rosas, invadió las tierras ranquelinas, también lo es que no logro estrecharle el cerco ni menos la mano al más difícil de los caciques…” “…y al año siguiente Yanquetruz llevaba sobre los pueblos de San Luis la más araucana de las invasiones”.

Ahí se realizó unos de los encuentros más sangrientos entre los librados en la tenaz lid con los indios, cuya fama de guerreros indomables quedó confirmada una vez más como lo fue la de los valientes saldados de la civilización.

Duro fue el trance.  Durante seis horas los bárbaros llevaron carga tras carga sobre los regimientos de los cristianos obligándolos a echar pie tierra y a recurrir a todas las reservas para evitar la derrota.  Barcala, Argañaraz, Torres y Reynafé lucharon con coraje inaudito y el mismo Ruiz Huidobro demostró que el amaneramiento de sus refinadas costumbres (8), no era incompatible con el coraje y valor con el que era capaz de conducirse frente al peligro.  A su golpe de vista y a su decidida acción se debió la derrota de los adalides ranqueles y sus pujantes legiones. (9)

En el terreno de la lucha, certificando el bravío encuentro, quedaron ciento sesenta cadáveres e innumerables heridos del bando aborigen y entre ellos los de los tres hijos de Yanquetruz: los cristianos sufrieron cincuenta y una bajas entre muertos y heridos. Los indios se retiraron pero no vencidos.

Los expedicionarios, faltos de medios de movilidad y de alimentos, emprendieron el camino de retorno sin haber cumplido su objetivo de ocupación del desierto, en el que a poco andar se perfilarían de nuevo las hercúleas y endemoniadas siluetas de Yanquetruz, Painé y sus capitanejos aterrando a los pueblos que se habían alucinado con el triunfo de Las Acollaradas, pensando que el horizonte estaba definitivamente despejado.  En cambio, la cruel realidad les haría ver que aquel no era más que uno de los eslabones de la larga cadena forjada con el sacrificio y la sangre de los hijos de Cuyo.

Referencias


(1) Don Régulo Martínez en carta dirigida al general Mitre el 18 de noviembre de 1864, entre otras cosas le decía: “He sido compañero de viaje del sargento Luengo quien en el momento que teníamos los indios a la vista me decía: “Yo no me aflijo porque no será extraño que entre esos indios venga alguno de los nuestros, de los doscientos que allí tenemos”.  (Archivo Mitre, tomo XXIV, página 198).

(2) El doctor Alfonso G. Hernández, asigna a San Luis la iniciativa de la expedición de la División del Centro y recuerda el convenio efectuado entre Mendoza y San Juan que ha comunicado al gobierno de San Luis informándole entre otras cosas que “han encomendado la guerra contra los salvajes del sud, al hijo de la victoria, al Excmo. Brigadier General Don Juan Facundo Quiroga, encargándole la invitación a la demás provincias y sometiendo sin reservas los recursos con que cuentan y que le facilitan hasta tocar la línea de lo imposible”.  (Anales del 1er Congreso de Historia de Cuyo, año 1938, tomo VIII, página 237).

(3) El ala derecha actuaría bajo las órdenes del general José Félix Aldao y la izquierda bajo el mando personal del general Juan Manuel de Rosas.

(4)Llevaba en esa campaña todo el lujo y fausto de un general francés del Imperio.  Viajaba en galera, con grandes equipajes para el guardarropa, cocina, etc., etc.  Su secretario en campaña entonces, Don Jacinto Ferreyra, nos contaba a su regreso, como una muestra de ese exceso de afeminado refinamiento, que el dicho general mudábase todos los días, y llevaba a la mano pañuelo de batista.  Sus comidas eran verdaderos banquetes cotidianos.  Lo seguían hasta allí, los que componían su cohorte de placer, el poeta don Carmen José Domínguez, sanjuanino, el músico Arizaga y algunos bufones”.  (Damián Hudson: “Recuerdos históricos sobre la provincia de Cuyo”, tomo II, página 359).

(5) Facundo remitió una áspera e intemperante nota al gobierno de San Luis, la que se ha

publicado en el libro “La guerra con el indio en la jurisdicción de San Luis”, página 393, y cuyo original se encuentra en el archivo particular del señor Antonio Santamarina.

(6) Prudencio Torres: Guerrero de constitución hercúlea y mentalidad paradojal.  En su vida aparecen los gestos que lo destacan por su heroísmo y los que lo denigran por su vileza.  En Maipú salvó la vida del coronel Zapiola exponiendo su propia vida.  Hizo las campañas de Chile, Perú y Brasil en las que conquistó legítimos laureles.  Combatió a las órdenes de San Martín, Suárez, Paz, Pringles y Lavalle.  Enrolado en las filas de Rosas lo traicionó pasándose a los unitarios a los que traicionó defeccionando de los defensores de Río IV, para ponerse al servicio de Facundo Quiroga que pudo por esta repugnante acción apoderarse de dicho bastión.  Después luchó bizarramente en “Rodeo del Medio”, “Ciudadela” y “Las Acollaradas”.  Estuvo aislado en Bolivia y Chile con Pedro Echagüe y más tarde apareció en el sitio de Montevideo acreditando una tercera traición al combatir contra las huestes de Rosas que comandaba Manuel Oribe.  “Allí, -dice Biedma- defendiendo la causa que se había aislado dentro del perímetro marcado por las murallas de la Nueva Troya, cayó el 17 de julio de 1843, con el pecho atravesado por una bala que le dobló la rodilla, rodando a la tumba envuelto en las penumbras de la muerte y de su propia vida”. (Juan José Biedma: “Pringles”.  Nicolás Jofré: “Los cuatro hermanos Videla”, en Revista de la Junta de Estudios Históricos de Mendoza, Tomo VII, página 75).

(7) Argañaraz, pertenecía a las fuerzas de Buenos Aires.  Reynafé evitó, fugando a tiempo, su fusilamiento por complicidad con la muerte de Facundo Quiroga.  Murió en la acción de Cayastá en 1840.  Barcala, nació en Mendoza en 1795.  Hijo de esclavos lo fue también en su primera edad.  Fue soldado del Batallón de Cívicos Pardos de Mendoza, ascendido a alférez en 1820.  Luchó contra José Miguel Carrera obteniendo su ascenso con el Escudo de Honor, incorporándose a Granaderos con el grado de capitán.  Participó en la revolución que en 1824 derrocó al gobernador Albino Gutiérrez y actuó al lado de Aldao para reponer al gobernador de San Juan doctor Salvador María del Carril.  Tomó parte en la batalla de “Las Leñas” y en la campaña del Brasil conquistó el grado de teniente coronel.  Acompañó al general Paz en la expedición a Córdoba en 1832.  En San Roque reorganizó el Batallón “Cazadores de la Libertad”.  Paz lo mandó a Mendoza para afianzar el triunfo de Oncativo.  En Ciudadela cayó prisionero pero Facundo respetó su vida designándolo su edecán, cargo que aceptó con la condición de que no pelaría contra el partido unitario.  En 1833 tomó parte en la expedición al desierto como jefe del batallón “Defensores”.  Muerto Quiroga se trasladó a San Juan tomando parte en la revolución contra Aldao: delatado fue tomado preso por Yansón y entregado a Aldao que lo hizo fusilar sin más trámite en 1835.  Se lo llamaba el “Coronel Negro” y gozaba de predicamento en la clase pobre y entre los gauchos y era venerado por la gente de color.

(8) Gálvez, en su historia novelada del general Quiroga pone en boca de uno de los oficiales de la División estas palabras pronunciadas después del combate de “Las Acollaradas”: “¡Qué se puede esperar de un gallego!  Y de un hombre que ha sido cómico de teatro.  Ya lo hemos visto.  Pura ostentación.  ¿A quién se le ocurre ir a pelear contra los indios llevando tantas paqueterías?  Tiene más camisas él solo que todos nosotros juntos.  Y siempre oliendo a perfume, como las mujeres…  Y en esa galera tapizada, y ese lujo… no pega compañeros en Huinca Renancó”, y concluía al fin reconociendo sus méritos: “Pero el gallego estuvo bien en ese combate.  Fue valiente y organizó con habilidad la defensa y el ataque”. (Manuel Gálvez: .”El General Quiroga”, página 212).

(9) Zeballos lo juzgó justicieramente afirmado: “Sostuvo dos combates formales con los indios ranqueles, que se presentaban sobre el campo de batalla en grandes masas y se batían valientemente.  El primero acaeció en la laguna de Las Leñitas, donde los cordobeses, con el coronel Reynafé a la cabeza, se desbandaron y huyeron cobardemente dejando al general Ruiz Huidobro con su bravo regimiento de “Auxiliares de los Andes”, en lucha tenaz con tres mil indios implacables”.  “Tan comprometido estuvo el regimiento que el general mandó echar pie a tierra y formar cuadro, obteniendo una victoria completa sobre los bárbaros que huyeron dejando un número considerable de muertos.  A pesar de la deserción de los auxiliares cordobeses el general Ruiz Huidobro siguió su marcha avanzando sobre el Cuero, pero en Las Acollaradas fue detenido por otro ejército ranquel de más de tres mil lanzas y se vio obligado a dar una desigual batalla.  Así mismo se condujo con tal pericia y con tal denuedo, que obtuvo el más completo triunfo, haciendo al enemigo una enorme mortandad”. (“Conquista de quince mil leguas”)

Fuente


Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado

Pastor, Reynaldo A. – San Luis, su gloriosa y callada gesta (1810-1967) – Buenos Aires (1970).

Portal www.revisionistas.com.ar

sábado, 6 de diciembre de 2014

Araucanos llegaron después de 1820 a Argentina

MAPUCHES

Señor Director:

"He leído el artículo de E. Himitian, «La comunidad mapuche pidió la restitución de tierras». Corresponde aclarar, con respecto a los reclamos del llamado Foro de Pueblos Originarios, que a diferencia de los kollas de Salta y Jujuy (170.000 personas), de los chiriguanos del Bermejo, de los mbyá de Misiones -unos 3000-, de los guaycurú (tobas, mocovíes, pilagá), unos 82.000, de los matacos (wichi, chulupíes y chorotes), también 82.000, y de nuestros tehuelches (unos 2500), los mapuches no son originariamente argentinos.

"La Araucania, en Chile, abarcaba, desde el río Bío Bío al Norte, hasta el Tolten al Sur. Los mapuches, cruzando la cordillera, atacaron y vencieron a nuestros indígenas, tehuelches y pehuenches, araucanizando nuestras pampas, imponiendo su lengua mapa dungu y arrojando a nuestros naturales al sur del río Negro y este de Buenos Aires. Esta invasión comenzó en el siglo XVIII, se concretó tras la guerra a muerte en Chile (1819/1824) y su dominación duró hasta la campaña del general Roca. Cuando Villegas realizó su campaña en Neuquén, los chilenos, que ya habían terminado la Guerra del Pacífico, atacaron la Araucanía (1883), venciendo a los mapuches y tomando posesión de sus tierras.

"Me causa asombro, cuando me entero de los reclamos mapuches, que nuestras autoridades no les aclaren que no son un pueblo originario de nuestra tierra."





La Nación

domingo, 30 de noviembre de 2014

Araucanos buscan dividir la Patagonia con apoyo británico

Araucanos chilenos financiados por británicos buscan reclamos falsos

El programa de cable Proyecto Segunda República explica cómo el Reino Unido coordina sus acciones militares en Malvinas y el Atlántico Sur con su Guerra Psicológica y Política, apoyando a la "Nación Mapuche" en la Patagonia, para fracturar el territorio argentino. Esto forma parte del Informe Especial "Doce ejes de ataque contra el territorio de la Patagonia"

lunes, 24 de noviembre de 2014

Conquista del desierto: Los araucanos y los unicelulares

DUEÑOS ORIGINARIOS



-Roca les quitó el Desierto a sus dueños originarios -dijo Kako.
-¿Quienes eran?
-Los indios Mapuches -contestó Keko.
-Los Mapuches fueron los Araucanos chilenos, que cruzaron la frontera alrededor de 1830, por lo que eran menos originarios que los argentinos e incluso que los primeros conquistadores españoles -sentenció El Narizudo.
-¿Quienes son, entonces, los originarios? -inquirió Kiko.
-Los Tehuelches, sojuzgados o eliminados por los Mapuches.
-Sí -asintió Koko.
-Junto a Pehuenches y Pampas, que sufrieron igual destino -acotó Kuko.
-Ninguno es originario -sentenció El Narizudo.
-¡¿Cómo dices?! -exclamaron todos.
-Se los explicaré con España (donde el hombre vive desde hace mucho), porque en América solo tiene 10.000 años.
-Somos todo oídos.
-Los españoles actuales sacaron a los árabes, quienes conquistaron a los castellanos, que invadieron a los visigodos, que dominaron a los romanos, que sometieron a los íberos, que suplantaron a los celtas.
-¿No hay excepciones?
-Únicamente los Vascos. Y el tema sigue hacia atrás...
-¿De que manera?
-Los íberos suplantaron a los cro-magnones, quienes oprimieron a los neanderthales... ¿quieren que siga?
-Continúa.
-Los nearnderthales extinguieron a homo erectus, quien reemplazó a homo hábilis, que sustituyó a los australopitecus...
-Impresionante.
-Y así sucesivamente -reflexionó el Narizudo- es la ley de la evolución de las especies, extrapolada en la evolución de las sociedades. No hay nadie originario, hasta llegar al primer ser unicelular.
-¡Carajo! exclamaron los cinco contertulios, al unísono.

EDUARDO IBÁÑEZ PADILLA