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viernes, 28 de octubre de 2016

SGM: Un caso de neutralidad

Un caso de neutralidad 

por el comandante John Hereward Allix 

Tras la actividad febril de la invasión de Normandía en 1944, vino el anticlímax con el traslado de nuestra escuadrilla de bombarderos, de Inglaterra a las orillas del estuario Lough Foyle, en el norte de Irlanda. Nuestra misión (excursiones nocturnas, de largo radio, a la caza de submarinos) prometía ser monótona: las probabilidades de encontrar un submarino alemán que hubiera salido a la superficie eran mínimas. 

 
Estuario de Lough Foyle: 

A poco de llegar al nuevo aeródromo se nos puso en guardia, lo cual significaba dormir en traje de vuelo y estar preparados para despegar con media hora de aviso. Una noche, a eso de las tres de la madrugada, el ordenanza de la sala de maniobras me despertó. El enemigo nos había atacado, como quien dice, en nuestras propias barbas. A los cinco minutos mi tripulación y yo (seis hombres bostezando), nos hallábamos reunidos en la sala de mando. A los 20 minutos ya estábamos volando. Me dirigía hacia alta mar con mi Vickers Wellington, cuando percibí un resplandor hacia el Oeste, seguido del fulgor rojo característico de un buque incendiado por un torpedo. En rápida sucesión fueron torpedeados tres barcos. Mi único pensamiento era destruir aquel submarino. 


Bombardero Vickers Wellington: 
 
Desgraciadamente, ni por un instante se lo vió en la superficie. Una nave de la Armada Inglesa percibió su eco y comenzó a perseguirlo, hasta que el submarino se internó en aguas neutrales de la República de Irlanda, cerca de la desembocadura del Lough Swilly, largo brazo de mar que se adentra profundamente por el condado de Donegal. Después de aquello, aún con patrullaje incesante de la zona, el submarino atacó una y otra vez, y siempre lograba perderse en su refugio neutral. 

Condado de Donegal: 


 
Unas semanas después mi dotación se dispersó, habiendo cumplido algunos de sus miembros su turno de operaciones. Yo quedé, temporalmente, franco de servicios de vuelo. Conseguí dos días de licencia y, cruzando la frontera, entré en la República de Irlanda y me dirigí a Buncrana, pueblo a orillas del Lough Swilly. Para un oficial de las fuerzas de Su Majestad Británica, no era sin duda lo indicado ingresar en Irlanda, pero lo veníamos haciendo (vestidos de civil) casi todos los soldados ingleses acampados cerca de la frontera, con el tácito consentimiento de los guardias de ambos lados. En Irlanda la comida era abundante, no había racionamiento y la bebida era barata. Resultaba muy agradable el cambio. 

Buncrana hoy: 
 
 

Ya en Buncrana me fui al bar de la hostería para tomarme un trago, antes de la cena. El local estaba vacío, con la excepción de un hombre rubio, que fumaba su pipa ante una botella doble de cerveza. Pedí para mí otra cerveza y trabamos conversación. Debía uno tener cuidado con lo que decía, pues nos podían internar si éramos descubiertos. El rubio se mostraba cauteloso también, y así evadíamos toda mención de nuestras respectivas unidades, de las operaciones de guerra, de temas que pudiesen ponernos en evidencia. Era fácil, instructivo y grato charlar con aquel sujeto. Pero había en su persona alguna cosa indefiniblemente singular. De modo instintivo, percibía que el rubio no tenía nada que ver con la Real Fuerza Aérea. Tampoco me era posible imaginármelo como un oficial de la Armada o del Ejército ingleses. Bebimos unas cervezas y jugamos a tirar dados. Entretanto, el problema de la identificación de aquel hombre latía en el fondo de mi pensamiento. Su inglés era el que se estila en Oxford y en Cambridge, y sus modales, los de un caballero. Me fijé en su indumentaria. La chaqueta deportiva de lana y los pantalones de franela eran de buen corte. Ahora bien, yo no podía imaginarme a nadie en Inglaterra que llevase prendas semejantes. De todos modos, era buena compañía. Lo invité a cenar conmigo. Aceptó. 
-A propósito- le señalé –no nos hemos presentado. Me llamo John- 
Vaciló un segundo antes de tenderme la mano. Dijo que se llamaba Charles. Durante la comida le formulé varias preguntas capciosas, que contestó con bastante naturalidad. Desde luego, parecía conocer bien el Londres central, y aún mejor la ciudad de Oxford. Su conocimiento de Inglaterra no parecía, sin embargo, ser reciente, y las referencias a los cambios en tiempo de guerra lo ponían un tanto nervioso. A estas alturas, ya estaba yo convencido de que había algo raro en este tipo. De pronto, mi sospecha se definió en un especulación concreta: ¿Podría ser?...¡Sí, «debía» ser alemán! Las deducciones siguientes se sucedieron una tras otra: podía pertenecer al personal de la embajada alemana en Dublín; pero, en tal supuesto, ¿qué hacía en Buncrana? Pensé en el submarino. ¡Desde luego! ¡Aquí estaba el secreto! ¿Un empleado subalterno de la embajada, enviado a intercambiar señales con el sumergible? ¿Acaso un miembro de la dotación? ¿O su propio comandante? De pronto, me di cuenta de que Charles me miraba de un modo extraño. La verdad era que yo había dejado de escucharle. 
Entonces exclamé: -Perdóneme, ¿qué decía usted, «Karl»?- 
En rigor, no tuve la intención expresa de hacer nada tan tosco, pero el efecto de la traducción al alemán del nombre Charles fue como una descarga eléctrica. Perdió el color, se le demudó el semblante. Yo mismo quedé tan sorprendido que mi pensamiento, momentáneamente, rehusaba aceptar esta loca conjetura como una realidad, y debía de aparecer tan alarmado como mi interlocutor. Me di cuenta de que me había quedado mirándole con una sonrisa estúpida. Fue, de seguro, lo mejor que pude hacer, porque recobró el color y logró sonreír. Con la voz más natural que pude, murmuré: -Me he permitido una broma completamente tonta. ¡Lo siento mucho!- 
-Está bien. Usted gana. Es cierto, soy alemán –replicó- ¿Y qué piensa hacer ahora?- 
En verdad, no se me ocurría solución alguna. Me mantuve en silencio. Mi compañero recobró la compostura más pronto que yo y, sin darme tiempo a ordenar mis enredadas ideas, afirmó despacio: -Empiezo a comprender, John. ¡Usted también!- 
-Sí- repuse –mi posición no es mejor que la de usted. Nos pueden internar a ambos- 
La situación parecía tan ridícula que me eché a reír y le dije: -Supongo que será usted el comandante del submarino escondido ahí, en el Lough- 
Como si le chocasen mis palabras, replicó: 
-¿De qué está usted hablando? 
-La cosa es obvia. Yo soy miembro de una escuadrilla de bombarderos antisubmarinos. Hace ya semanas que venimos buscando la manera de enviarlos a ustedes al infierno- 
-Tiene toda la razón- dijo, tranquilizado de nuevo –Soy el comandante del submarino. Mire, voy a echarme otro trago, amigo. ¿Y usted?- 
Me hacía falta pensar lo que debía hacer, y así, mientras los tragos venían, di unos pasos hacia la chimenea y aparenté contemplar el cuadro que colgaba sobre ella, mientras cargaba la pipa. ¿Debía llamar a la policía y hacer que arrestaran a Karl? En tal caso, me pedirían mis papeles de identidad y probablemente nos meterían a los dos en la cárcel por la duración de la guerra, con lo que ambos dejaríamos de servir a nuestras respectivas patrias. ¿Debía, en cambio, aceptar la tesis de que este territorio neutral nos daba a ambos inmunidad temporal, tal como la daban las iglesias en los tiempos antiguos? Me decidí por lo segundo, es decir, respetar este asilo neutral que se nos presentaba. 
Volviéndome a Karl, le manifesté que no veía ninguna necesidad de adoptar una actitud beligerante, sólo por el hecho de que a pocos kilómetros de distancia, en circunstancias diferentes, tuviéramos que intentar matarnos el uno al otro. Se mostró de acuerdo. 
Tomamos nuestros vasos de cerveza en el jardín, sentados sobre un banquillo, bajo las ramas de un castaño. Allí supe de qué modo Karl aprendió a hablar tan buen inglés. Su padre había sido jefe de la sucursal de una compañía alemana que comerciaba en Londres, y Karl se había educado en un colegio particular inglés y en la Universidad de Oxford. Había regresado a su país sólo un año antes del comienzo de las hostilidades. Le pregunté cómo había venido a tierra. Me explicó que el submarino había salido a la superficie la noche anterior, y dos miembros de su tripulación lo trajeron a tierra, en un bote de goma, remando desde una distancia de dos millas de la costa. Los marineros volverían por él después de la medianoche. 
-He aprovechado la mañana –me dijo- comprando huevos por las granjas. La comida se vuelve bien insulsa en el submarino, y los tripulantes no han comido huevos frescos desde hace meses. Tengo unas buenas provisiones escondidas en un helechal camino abajo- 
Cuando ya anochecía, Karl me dijo que debía irse. Caminé con él hasta la salida del pueblo. Pasada la última casa, me detuve. 
-Confío en que escape usted con vida de esta guerra, Karl- 
-Yo también... y le deseo lo mismo- 
-Lo mejor que puede hacer es quitarse de mi camino. Sentiría tener que reventarle con una de mis bombas- 
-No se preocupe- me respondió- No le daré ocasión- 
Y se fue alejando lentamente. 
Yo me quedé allí, atrapado por una mezcla de sentimientos dispares, mientras oía cómo las pisadas crujientes de Karl se iban extinguiendo en el arenoso camino irlandés. 

Fuente: Historias Secretas de la Última Guerra.

lunes, 8 de agosto de 2016

USA: Los esclavos irlandeses

LOS ESCLAVOS OLVIDADOS DE AMÉRICA, LOS IRLANDESES
   
JAVIER SANZ — Historias de la Historia


Cuando hablamos de esclavos y de América, la primeras imágenes que nos vienen a la cabeza son las enormes plantaciones de algodón donde los esclavos traídos de África trabajan de sol a sol. Pero hubo otros esclavos, en este caso blancos y casi olvidados por la historia, que sufrieron las mismas penalidades… los irlandeses.

En el siglo XVI, los españoles fueron los primeros europeos en utilizar esclavos africanos en el Nuevo Mundo (islas de Cuba y La Española). Más tarde, portugueses, holandeses, franceses y británicos hicieron lo propio en sus respectivas colonias (Brasil, Antillas, Norteamérica…). Las colonias británicas en Norteamérica también fueron utilizadas para el destierro penal de criminales convictos desde principios del siglo XVII hasta la independencia, y posteriormente a Australia entre 1788 y 1868. Además de estos criminales, los ingleses enviaron a sus colonias norteamericanas a los irlandeses, sobre todo católicos, que se rebelaron contra la opresión inglesa… vendidos a los colonos como mano de obra.


Mujeres y niños esclavos
El comercio humano comenzó cuando James II, rey de Inglaterra, vendió 30.000 prisioneros políticos irlandeses como esclavos al Nuevo Mundo. A mediados del siglo XVII, los irlandeses se convirtieron en la principal fuente de ganado humano para los comerciantes ingleses… el 70% de la población total de las islas Antigua y Montserrat eran esclavos irlandeses. En la década de 1650 más de 100.000 niños irlandeses, entre 10 y 14 años, fueron separados de sus padres y vendidos como esclavos en las Indias Occidentales, Virginia y Nueva Inglaterra; 52.000 más, en su mayoría mujeres y niños, fueron vendidos a Barbados y Virginia; 2.000 niños se vendieron a Jamaica… Ni eran criminales ni tampoco, como se ha tratado de vender, tenían contratos de servidumbre.




Además, eran más baratos que los africanos (en el XVII, un esclavo africano costaba unas 50 libras esterlinas y un irlandés no más de 5) y los hijos nacidos de esclavos blancos seguían siendo esclavos incluso en el caso de que su madre obtuviese la libertad, así que las madres permanecían con ellos. Los colonos, para maximizar sus recursos, decidieron utilizar a las mujeres/niñas irlandesas – además de para su beneficio propio – para cruzarlas con africanos y criar mulatos. Estos nuevos esclavos rompieron el mercado… se podían vender por un precio superior a los irlandeses y salían más baratos que los africanos. Esta práctica de mestizaje esclavo se extendió hasta que en 1681, por las presiones de la Royal African Company a la que la Corona británica había concedido el monopolio sobre las rutas del comercio de esclavos africanos, se aprobó la ley “Forbidding the practice of mating Irish slave women to African slave men for the purpose of producing slaves for sale” (Prohibida la práctica de acoplamiento de esclavas irlandesas y esclavos africanos con el fin de producir esclavos para la venta).

En 1807 el Parlamento Británico aprobó la Ley para la Abolición del Comercio de Esclavos, bajo la cual los capitanes de buques de esclavos podían ser severamente penados por cada esclavo transportado. Esta fue superada por la Ley Abolicionista de 1833, que liberó todos los esclavos del Imperio Británico.

Fuentes: The forgotten white slaves, The Irish slave Trade, Irish Blog

lunes, 3 de agosto de 2015

Irlanda: Fucking ingleses piden que recuerden a sus tropas de ocupación

Insulta recordar muertes del ejército británico por igual a las víctimas de los eventos de 1916
Niall O'Dowdniallodowd
Irish Central




Tras el Alzamiento de Pascua, los soldados del Ejército británico buscan un coche en el monte de la calle del puente sobre el Gran Canal, en una zona de Dublín que había visto la lucha feroz y prolongada. Foto por: Biblioteca Nacional de Irlanda

Las familias de algunos soldados británicos desde 1916 están pidiendo un monumento en Irlanda para el ejército británico muerto en el conflicto.

31 soldados británicos murieron en los combates y los nietos de uno de ellos, el capitán Frederick Dietrichsen, han pedido un monumento permanente.

El memorial del ejército británico se está convirtiendo en un poco de un movimiento.

Escribiendo en el Irish Times el editor político Sábado Stephen Collins aprueba esto. Él escribió: "El programa conmemorativo para 2016 anche Reconoce la escala de bajas civiles en Pascua 1916, y no elude de reconocer que el ejército y la policía bajas británicas son anche digno de recuerdo."

Pero, ¿son todos iguales?

Si el zapato estuviese en el otro pie sería los británicos igualmente debieran recordar los bombarderos del IRA que se suicidaron al plantar bombas durante los disturbios o el gobierno irlandés se perdonaría a los asesinos de Garda Jerry McCabe como parte de un reconocimiento de que todos los participantes y las víctimas eran iguales de alguna manera ?

¿Hay que saludar a los hombres que James Connolly atado a una silla de ruedas, le vendaron los ojos y lo ejecutado?

¿O los hombres del regimiento South Staffordshire, que como comentarista John Dorney ha escrito, bayoneta a la muerte de 15 civiles inocentes?

"Enfurecido con las pérdidas que habían sufrido, en la noche del viernes por la noche y la madrugada del sábado, las tropas irrumpieron en las casas de los lugareños y fusilados o bayonetas 15 hombres quienes civiles que acusaban de ser rebeldes. Ellos mataron a tres hombres en 170 Dueños de la calle Norte Cuyo muertos cuerpos se encontró que tenían heridas de bayoneta, luego irrumpieron en el número 172 y mataron a dos hombres. En el número 174 de dos opiniones más fueron asesinados a tiros. Dos opiniones más hombres civiles murieron en el número 177 en 27 North King Street y otros cuatro hombres, que trabajaron allí en el Dairy Louth fueron encontrados muertos en un sótano y un hombre más fue asesinado en el número 91. El decimoquinto fue muerto a tiros en la contigua Coleraine la calle por las tropas británicas ".

Estas masacres fueron cualquier realizan de forma rutinaria por el Tans Negro y en años posteriores y que también sufrió grandes bajas en la Guerra de la Independencia. ¿Vamos a escuchar las llamadas para conmemorar caído también su igual?

Nos guste o no a los británicos estaban en Irlanda como conquistadores, no aceptado por la gente nativa. El ejército británico en 1916 defendía una posesión imperialista y estaba dispuesto a matar y mutilar masacre Los que se opusieron el dominio británico.

En la nueva Irlanda son estos agresores que deben ser considerados a la par con los revolucionarios irlandeses y los ciudadanos irlandeses que murieron?

Yo creo que no. La teoría Kumbaya de la historia sólo nos lleva hasta el momento.

Es una mala idea ya que el Sinn Féin TD Peadar Toibin escribió en Twitter: "Los soldados británicos que imponen la opresión a través de la violencia ¿No deberían ser conmemorado por igual con los voluntarios irlandeses en busca de libertad."

Amen a eso.

martes, 27 de enero de 2015

SGM: Tanques hundidos en las costas de Irlanda

Fotos de los tanques y los naufragios del ejército de Estados Unidos frente a la costa de Irlanda
Dara Kelly
Irish Central



Tanques hundidos estadounidenses frente a la costa de Donegal. Foto por: YouTube

A raíz de un estudio de 12 años de las aguas costeras y mares costeros alrededor de Irlanda llevada a cabo por el estudio geológico de Irlanda (GSI) y el Instituto de la Marina, el gobierno irlandés lanzó un libro ilustrado titulado "Los buques de guerra, submarinos y Liners - Una guía para naufragios asignada en aguas irlandesas ".



El libro de mesa cuenta con magníficas fotografías de restos de naufragios en los fondos marinos incluyendo el Lusitania frente a la costa del corcho y los tanques del ejército de Estados Unidos en el lecho marino 17 millas fuera de Donegal. Muchos de los 300 naufragios que aparecen en el libro en el que no sabe de antes de esta encuesta.

El libro incluye detalles sobre los antecedentes de los barcos junto a la fotografía y las imágenes de sonar.

La publicación fue lanzada en 2012 por el Ministro de Artes, Patrimonio y el Gaeltacht, Jimmy Deenihan TD, junto con Fergus O'Dowd TD, Ministro de Estado del Ministerio de Comunicaciones, Energía y Recursos Naturales.

El libro es el resultado de la colaboración entre el Servicio Geológico de Irlanda (GSI) y el Instituto de la Marina y el Departamento de Artes, Patrimonio y Unidad del Gaeltacht Arqueología Subacuática (UAU), que forma parte del Servicio Nacional de Monumentos.

El GSI y el proyecto de Instituto de la Marina INFOMAR, y su predecesora, la Encuesta Nacional de los Fondos Marinos irlandesa, conforman el programa de cartografía marina civil más grande en todo el mundo.

Según el ministro de O'Dowd, la colaboración ha "hecho verdaderamente Irlanda un líder en este campo de actividad."

Durante los mismos 12 años, la UAU han construido una extensa base de datos de naufragios, informó a flote Magazine.

Ministro Deenihan dijo: "La base de datos actual tiene más de 13.000 restos de naufragios y es una herramienta de gestión esencial para la preservación, protección y promoción del rico patrimonio arqueológico marítimo de Irlanda."

O'Dowd entonces comentó: "como una nación insular que instintivamente sabemos que nuestros mares son importantes, pero tal vez no somos plenamente conscientes de la magnitud de este recurso natural y el patrimonio que poseen."

Agregó que "más del 80% del territorio nacional se encuentra debajo de nuestros mares, y que muchos de los beneficios que pudieran obtener para el país de este recurso son aún por descubrir."

Los ministros felicitaron a los autores, Karl Brady (UAU), Charisse McKeon (GSI), James Lyttleton (UCC) y Ian Lawlor (BIM) para esta publicación y destacaron el libro como un excelente ejemplo de dos departamentos gubernamentales diferentes que trabajan juntos en sociedad, que reúne a expertos en la cartografía de la arqueología y la marina para resaltar el papel líder de Irlanda en la cartografía de los fondos marinos y la protección, así como la promoción del patrimonio cultural marítimo.

* Publicado originalmente en noviembre de 2012.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Irlandeses esclavos en América

Los esclavos olvidados de América: Los irlandeses
Javier Sanz - Historias de la Historia


Cuando hablamos de esclavos y de América, la primeras imágenes que nos vienen a la cabeza son las enormes plantaciones de algodón donde los esclavos traídos de África trabajan de sol a sol. Pero hubo otros esclavos, en este caso blancos y casi olvidados por la historia, que sufrieron las mismas penalidades… los irlandeses.

En el siglo XVI, los españoles fueron los primeros europeos en utilizar esclavos africanos en el Nuevo Mundo (islas de Cuba y La Española). Más tarde, portugueses, holandeses, franceses y británicos hicieron lo propio en sus respectivas colonias (Brasil, Antillas, Norteamérica…). Las colonias británicas en Norteamérica también fueron utilizadas para el destierro penal de criminales convictos desde principios del siglo XVII hasta la independencia, y posteriormente a Australia entre 1788 y 1868. Además de estos criminales, los ingleses enviaron a sus colonias norteamericanas a los irlandeses, sobre todo católicos, que se rebelaron contra la opresión inglesa… vendidos a los colonos como mano de obra.



El comercio humano comenzó cuando James II, rey de Inglaterra, vendió 30.000 prisioneros políticos irlandeses como esclavos al Nuevo Mundo. A mediados del siglo XVII, los irlandeses se convirtieron en la principal fuente de ganado humano para los comerciantes ingleses… el 70% de la población total de las islas Antigua y Montserrat eran esclavos irlandeses. En la década de 1650 más de 100.000 niños irlandeses, entre 10 y 14 años, fueron separados de sus padres y vendidos como esclavos en las Indias Occidentales, Virginia y Nueva Inglaterra; 52.000 más, en su mayoría mujeres y niños, fueron vendidos a Barbados y Virginia; 2.000 niños se vendieron a Jamaica… Ni eran criminales ni tampoco, como se ha tratado de vender, tenían contratos de servidumbre.




Además, eran más baratos que los africanos (en el XVII, un esclavo africano costaba unas 50 libras esterlinas y un irlandés no más de 5) y los hijos nacidos de esclavos blancos seguían siendo esclavos incluso en el caso de que su madre obtuviese la libertad, así que las madres permanecían con ellos. Los colonos, para maximizar sus recursos, decidieron utilizar a las mujeres/niñas irlandesas – además de para su beneficio propio – para cruzarlas con africanos y criar mulatos. Estos nuevos esclavos rompieron el mercado… se podían vender por un precio superior a los irlandeses y salían más baratos que los africanos. Esta práctica de mestizaje esclavo se extendió hasta que en 1681, por las presiones de la Royal African Company a la que la Corona británica había concedido el monopolio sobre las rutas del comercio de esclavos africanos, se aprobó la ley “Forbidding the practice of mating Irish slave women to African slave men for the purpose of producing slaves for sale” (Prohibida la práctica de acoplamiento de esclavas irlandesas y esclavos africanos con el fin de producir esclavos para la venta).

En 1807 el Parlamento Británico aprobó la Ley para la Abolición del Comercio de Esclavos, bajo la cual los capitanes de buques de esclavos podían ser severamente penados por cada esclavo transportado. Esta fue superada por la Ley Abolicionista de 1833, que liberó todos los esclavos del Imperio Británico.

sábado, 13 de septiembre de 2014

El trayecto y las pérdidas de la Armada Invencible y la búsqueda de sus restos

Las pérdidas de la Armada Invencible
Con las excavaciones arqueológicas del galeón San Marcos ya son nueve los barcos de la Armada Invencible estudiados en las costas de Irlanda y Escocia.


domingo, 4 de mayo de 2014

¿A qué vino William Brown a Argentina?

Guillermo Brown: ¿Por qué vino?
Carlos A. Estévez

En el 223 aniversario del natalicio del almirante Guillermo Brown, que se cumplirá el martes venidero, puede ser bien recibido, para quienes llegaron a estas tierras buscando un futuro mejor, decir que él es un ejemplo entre los inmigrantes que hicieron nuestra nación.

Viene al caso, por ello, recordar que, en el transcurso de una conferencia sobre Guillermo Brown, una concurrente preguntó por qué el almirante había venido a nuestras tierras. Quien exponía atinó a decir que la razón era su amor por la libertad y su decisión de luchar por ella. No parece ser eso correcto, si se analizan algunos hechos.

En el caso del general José de San Martín y otros que vinieron con él, que eran militares de carrera, no hay duda de que lo hicieron para terminar con el dominio español en América. Desde su arribo, ofrecieron sus servicios a las Provincias Unidas y actuaron en consecuencia.

Pero en lo que a Brown se refiere, puede pensarse que no vino con esos fines. Poco sabemos de sus antecedentes como para asegurar lo que comentamos. Responde esto al hecho de que él poco y nada dejó escrito de su vida previa, no dejando tampoco trascender algo en sus memorias ni entre sus amigos. Hoy, se da como muy probable que no había pertenecido a la armada de su majestad británica, no era miembro de logia alguna, no ostentaba grado ni carrera militar previa. Eran muchos los que venían al Río de la Plata por otras razones ajenas a la guerra y él no tenía por qué ser una excepción. 

Brown fue capitán de buque a los 19 años, para arribar al Plata cuando tenía 32 años de edad. Su vida, en este período, según ha trascendido, no fue placentera, de escritorio, administrativa ni pueblerina. Fue de navegante, luchando contra piratas y marinos de otras naciones y, como siempre es y será, combatiendo contra la naturaleza.

Era, pues, un hombre formado en la acción y el riesgo. Por su sangre irlandesa, era tozudo, perseverante; poseía espíritu de hombre libre, poco afecto a gobiernos fuertes y luchador incansable.

Sus riquezas o posesiones materiales, cuando se casó con Elizabeth Chitty, en 1809, si bien tampoco son conocidas, deben haber existido. Ella provenía de familia de armadores, de comerciantes marítimos y con otras actividades afines, lo que permite asegurar que tenía buen pasar. En aquella época, no era sencillo unir dos almas con grandes diferencias sociales y religiosas, por lo que puede presumirse que Brown aportó a ese casamiento buenas referencias personales y alguna aceptable posición económica.

En esta parte del mundo, en el virreinato del Río de la Plata, por entonces, las invasiones inglesas de 1806 y 1807 habían concluido en la firma de un tratado de paz, con el que los ingleses consiguieron la libertad de comerciar con Buenos Aires. En 1809, cuando pudo ponerse en ejecución tal acuerdo y floreció el intercambio, fondeaban en la rada porteña docena y media de buques ingleses cargados de mercaderías, esperando comerciar las mismas. Había un buen negocio para los fletes marítimos y para los exportadores e importadores de la Gran Bretaña.

Dadas todas estas condiciones, no resulta difícil deducir que Brown, efectivizado su casamiento, vino formando parte de negocios navieros y a observar qué otras posibilidades de actividades comerciales podían encararse. Podría adelantar que vino fletando cargas y a "husmear" el ambiente.

Recordemos que se desconoce fehacientemente si vino en 1809, pero es indudable que, desde entonces y hasta junio de 1812, en que adquirió las tierras de Casa Amarilla, en Barracas, Buenos Aires, cruzó el Atlántico en más de una oportunidad. Finalmente, en febrero de 1813, trae a su esposa y a sus dos hijos nacidos en Inglaterra y ese mismo año adquiere la goleta "Industria". Al poco tiempo, agregará la "Hope" ("Esperanza"), la "Amistad" y la "Unión".

Posteriormente, llamó a Buenos Aires a tres de sus hermanos (Miguel, Juan y Thomas), mientras que su esposa Elizabeth hizo otro tanto con cuatro hermanos (Gideón, John, Thomas y Walter) y con su tío Richard. Tres sobrinas se casaron y vivieron aquí. Caso típico de un inmigrante que, entusiasmado por lo que encuentra en lejanas tierras y el porvenir que vislumbra, llama a sus allegados para progresar en estas tierras.

Conclusión: Brown vino a comerciar y, convencido de las posibilidades que brindaba esta parte del mundo, no dudó en afincarse en Buenos Aires como tantos otros, como fueron muchos de nuestros ancestros en esos mismos años o nuestros abuelos y padres desde el último tercio del siglo XIX y en el XX.

Como buen inmigrante, cuatro de sus hijos nacieron en Buenos Aires, los que, a su vez, tuvieron descendencia en ambas márgenes del Plata y, hoy, siete generaciones rioplatenses posteriores al tronco Brown-Chitty prolongan su sangre en el tiempo.

Por qué se incorpora poco después a la lucha independentista de las Provincias Unidas del Río de la Plata y arriesga, a lo largo de treinticinco años, su fortuna, su vida y la paz familiar por defender el pabellón nacional sin embanderarse en las luchas políticas internas, es tema que trataremos en otro momento.

Brown falleció en su casa de Buenos Aires en 1857, tras cuarenticinco años de residencia entre nosotros.


Carlos A. Estévez es capitán de navío (RE) y miembro del Instituto Nacional Browniano.

jueves, 20 de marzo de 2014

Mujeres hombres en la Guerra de Secesión y el British Army

Mujeres irlandesas que vivieron como hombres en la Guerra Civil de los EE.UU. y el Ejército británico
Sheila Langan


Dr. James Barry (Margaret Ann Bulkley) y Albert Cashier (Jennie Hodgers). Foto: Wikimedia Commons / Servicio de Parques Nacionales

Nadie sabe cuántas mujeres vivían como hombres a lo largo de la historia, ya sea por preferencia o simplemente para sobrevivir. Sólo las historias de aquellos que se revelaban, como reportero de guerra Dorothy Lawrence, o los que se descubrió en la vida o en la muerte, como el músico de jazz Billy Tipton, son recordados.

Dos de los más famosos y bien documentados de mujeres que vivieron como hombres eran irlandeses.

Jennie Hodgers / Albert Cashier

Jennie Hodgers, una héroe de la Guerra Civil estadounidense, nació en Clougherhead, Condado de Louth (Irlanda) en 1843 y emigró a los EE.UU. cuando era niña. No se sabe mucho acerca de sus primeros años, pero se piensa que ella comenzó a vestirse como un hombre mucho antes de que comenzara la guerra. El 06 de agosto de 1862 se alistó en el 95to Infantería de Illinois bajo el nombre de Albert Cashier.

Ella no era la única. Las estimaciones dicen que al menos 400 mujeres soldados lucharon en los dos lados del conflicto - algunas luchando por patriotismo, algunas para estar con sus maridos o hermanos, otros para ganar un ingreso estable y, si sobrevivían, una pensión. Incluso muchos optaron por los peligros del campo de batalla y la posibilidad de ser descubierto a través de las pocas opciones disponibles para las mujeres pobres y solteras en el momento de que habla tenían.

En un momento en que muchos chicos jóvenes mintieron sobre su edad para poder unirse, hubiera sido fácil escribir de pequeña estatura Hodgers y la cara lisa de la juventud. De hecho, no hay ningún registro de que los compañeros de Cashier siquiera cuestionar su sexo. Por todas las cuentas, Cashier destacó como un soldado, sirviendo directamente hasta el 17 de agosto de 1865 y participando en más de 40 batallas y escaramuzas.

Un reciente post acerca de Cashier en el blog Disunion del New York Times informa que cuando fue capturado en Vicksburg logró escapar por el robo de la pistola del guardia y dejando atrás los soldados que la perseguían. En una batalla más tarde, a ella le abrió el fuego enemigo sólo de subir a un árbol y volver a colocar la bandera de su compañía, que había sido capturada.

Después de la guerra, Hodgers continuó viviendo como Cashier por cerca de 50 años, estableciéndose en la ciudad de Saunemin, IL. Incapaz de leer o escribir, como un hombre fue capaz de asegurar una variedad de trabajos, incluyendo obrero agrícola, manitas, y, más tarde, el chófer de la Senadora Estatal Ira Lish. Mientras estaba bajo empleo de Lish, que fue golpeada por un coche, hiriendo gravemente su pierna. El médico que la trató descubrió su secreto, pero estuvo de acuerdo en mantener su seguridad.

En 1911 vivía en el Hogar de Soldados y Marineros en Quincy, IL, donde, según algunas versiones, algunos miembros del personal sabían de su sexo, pero lo mantuvieron en secreto. Sufriendo de demencia, en 1913 fue trasladada al Hospital Estatal Watertown para enfermos mentales, donde los asistentes descubrieron que era una mujer cuando intentaron bañarla. Esta vez, la historia fue filtrada a la prensa, que tuvo un gran - y en muchos casos de admiración - interés.

Después de medio siglo de vida como hombre, Cashier se vio obligado a usar un vestido de los años finales de su vida, lo que probablemente dañó aún más su condición mental.

Después de su muerte el 11 de octubre de 1915 fue enterrada en su uniforme de la guerra civil y bajo una lápida que decía "Albert DJ Cashier, Co. T 95Ill . Inf".

Margaret Anne Bulkley / Dr. James Barry

El Dr. James Barry era un cirujano militar estimada en el ejército británico, llegó a alcanzar el rango de Inspector General de los hospitales militares. Entre sus muchos logros fueron la mejora de las condiciones de los soldados heridos y la primera operación cesárea en África que vio la supervivencia de la madre y el bebé.

A su muerte en 1865, se descubrió que el Dr. Barry era en realidad una mujer - la primera mujer en las Islas Británicas en calificar como un médico.

Dr. Barry nació Margaret Ann Bulkley en Irlanda alrededor de 1790, el segundo hijo de Jeremías y Mary-Ann Bulkley, hermana del famoso pintor irlandés James Barry.

Con su padre en la cárcel y su más viejo hermano distanciado, Margaret y su madre fueron abandonadas a su suerte. Una serie de correspondencias con el abogado de la familia han llevado a los historiadores a concluir que en 1809 Margaret se disfrazó como un niño, asumió el nombre de James Barry, y se embarcó con su madre a Escocia, donde se matriculó en la facultad de medicina de la Universidad de Edimburgo. Ella vivió como un hombre a partir de entonces.

Barry calificó como un MD (Medical Doctor) en 1812 y se trasladó a Londres, donde continuó sus estudios. En 1813, ella tomó el examen para el Real Colegio de Cirujanos de Inglaterra y se clasificó como ayudante de regimiento, ocupando cargos en el Chelsea y Plymouth, y luego la India y Sudáfrica.

Otras promociones tomarían Barry en todo el mundo: a Mauricio, Trinidad y Tobago, Malta, Corfú, las Indias Occidentales, Jamaica y Canadá.

A lo largo de estos anuncios, Barry fue conocida por su dedicación a mejorar tanto las condiciones hospitalarias para las mujeres, los niños, los soldados y los pobres que vivían con ellos. Al mismo tiempo, ella también fue conocida por su tendencia a poner los pelos de punta de la política local y por sus desacuerdos con algunas figuras decorativas en Inglaterra. Una carta de la famosa enfermera Florence Nightingale relata una disputa desagradable con "el médico".

Dr. Barry se retiró - según los informes en contra de sus deseos - en 1864. El siguiente mes de julio, murió de disentería. Sophia Bishop, la asistenta que cuidaba su cuerpo, hizo que el sexo del Dr. Barry fuese conocido públicamente.

Barry fue enterrado en el cementerio de Kensal Green bajo el nombre de James Barry, y con pleno rango.

Tras el descubrimiento del sexo de Barry, el ejército británico selló todos los registros relativos a ella durante 100 años.

Irish Central