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sábado, 12 de noviembre de 2016

Nazismo: La formación de las juventudes hitlerianas

La factoría de los cachorros nazis
Jacinto Antón - EP



Hitler reclutó a los niños y adolescentes alemanes para adoctrinarlos. Un libro analiza cómo funcionaban las Juventudes Hitlerianas, los crímenes de guerra que cometieron y cómo fueron precursores de los niños soldado.


UNA JUVENTUD bajo Hitler no podía ser buena. De 1933 a 1945, los jóvenes alemanes fueron incorporados en masa a la trituradora ideológica y militar del nazismo y muchos se convirtieron en perpetradores de los crímenes del régimen. La complicidad genérica de la juventud de Alemania con su Führer es indiscutible, pero también es verdad que esos chicos y chicas que ofrecieron su alma al perverso dictador, seducidos u obligados, fueron en cierta manera, y en mayor o menor grado según el caso, víctimas. Adoctrinados hasta lo indecible, coaccionados, intimidados, despojados de sus infancias y adolescencias, arrebatados de sus hogares y escuelas, entregados a menudo por sus mismos progenitores al ogro de la esvástica, los jóvenes alemanes fueron utilizados por los nazis, que los convirtieron en sujetos de un atroz experimento social, reservorio de sus ideas abominables y, en última instancia, en carne de cañón para su guerra con el mundo.



LAS JH SE CONVIRTIERON EN LA ÚNICA ORGANIZACIÓN JUVENIL EN ALEMANIA A PARTIR DE 1936, CUANDO FUERON PROHIBIDAS TODAS LAS DEMÁS
La principal herramienta empleada por los nazis para apropiarse de los jóvenes alemanes y unificarlos en su credo fueron las Juventudes Hitlerianas (JH), que recibieron el nombre en 1926 a partir de formaciones anteriores, vinculadas inicialmente a las SA (unidades de choque del partido nazi). En las JH sirvieron 9 de cada 10 jóvenes alemanes. De corte paramilitar (con bonitos uniformes –de color negro y mostaza– e insignias propios), estaban destinadas a los chicos de 14 a 18 años. Para los más pequeños, de 10 a 14 años, existía la rama infantil, el Deutsches Jungvolk (DJ), que desembocaba naturalmente en las JH y a cuyos miembros se denominaba pimpfe. En cuanto a las chicas, existía la sección femenina de las JH, la Liga de las Muchachas Alemanas, con su propia rama para las niñas. Todas vestían falda azul marino y camisa blanca, muy à la mode, según el gusto nazi, y peinaban trenzas o moños.



Una de las chicas más famosas salidas de las JH fue Irma Grese, la Bella Bestia, la terrible guardiana de campos como Ravensbrück, Auschwitz y Bergen-Belsen. Las JH se convirtieron en la única organización juvenil en Alemania a partir de 1936, cuando fueron prohibidas todas las demás. La afiliación pasó a ser obligatoria por ley en 1939 para todos los adolescentes de edades comprendidas entre los 10 y los 18 años. De las JH, que pasaron de los 100.000 miembros cuando Hitler asumió el poder (1933) a los dos millones a finales de 1933 y 5,4 millones en diciembre de 1936, se salía ya para ingresar en el partido (nazi), al Frente Alemán del Trabajo, a las tropas de asalto o a las SS (principal organización militar, policial y de seguridad del Reich), o al servicio en las Waffen-SS (cuerpo de combate de élite de las SS) y la Wehrmacht (Ejército). A comienzos de 1939, el 98,1% de los jóvenes alemanes pertenecían a las JH. Entre los que escaparon de sus garras, con grave riesgo, pues había fuertes sanciones (se recurrió a Heinrich Himmler y su policía y SS para hacer cumplir el servicio), figuraba el que luego sería escritor y premio Nobel de Literatura Heinrich Böll, con 16 años en 1933. En cambio, otro autor y también premio Nobel, Günter Grass, hizo un recorrido clásico completo: pimpfe a los 10, auxiliar de antiaéreo a los 15 y artillero de carro de combate de las Waffen-SS a los 17



Nuestra mirada se posa sobre esos jóvenes a menudo con una desasosegante ambivalencia. Nos espantan y repelen las imágenes de multitudes juveniles vociferantes entusiasmadas ante el líder, alineadas en orden militar, desfilando con marcial arrobamiento, cantando con endemoniada pureza (como en la icónica e impresionante escena del Tomorrow Belongs To Me del filme Cabaret); los más fanatizados, incorporados al combate en las divisiones mecanizadas de élite o a la lucha política y racial: la juventud que quema libros, acosa y maltrata –y hasta asesina– a los oponentes y a los judíos en las calles (o en los campos de concentración), denuncia a sus propios vecinos e incluso a sus padres a la Gestapo, que ese sí es un conflicto intergeneracional. La otra cara es la de la foto (que fue portada de Life) del soldado de 15 años, embutido en un capote demasiado grande, llorando como lo que es, un niño, tras su captura en 1945 por los estadounidenses. O la de los 20 soldaditos condecorados con la Cruz de Hierro, uno de ellos un “pequeño héroe” (así lo bautizó la propaganda) de 12 años, recibidos en el búnker de la cancillería del Reich, el 19 de marzo de 1945, por un Hitler ya espectral, pero aún capaz de enviarlos a la muerte más absurda e inútil ante los tanques rusos tras darles un pellizquito en la mejilla. “No volverán a ser libres el resto de su vida”, había profetizado en 1938 el gran flautista de Hamelín de Alemania.



El historiador nacido en Alemania pero nacionalizado canadiense Michael H. Kater (Zittau, 1937), un experto en la cultura del III Reich, doctor en Historia y Sociología por la Universidad de Heidelberg y profesor en la Universidad de York (Toronto, Canadá), acaba de publicar un libro imprescindible sobre las JH, esa organización sobre la que pivotó especialmente el esfuerzo de los nazis por apoderarse de esa generación alemana. Las Juventudes Hitlerianas (Kailas, 2016) es una obra tan exhaustiva como apasionante y estremecedora que combina la investigación científica con el relato humano –explica que los campamentos de las JH, donde proliferaba el sadismo, eran un mal lugar para mojar la cama–. Y alberga en su centro una profunda disquisición moral.



Jóvenes nazis, en el referéndum de 1934 con el que Hitler trató de legitimar los poderes que ya había usurpado de facto como jefe de Estado.

“Las organizaciones juveniles, como los Wandervögel, existían en Alemania desde la época guillermina y el inicio del siglo”, dice Kater, “se volvieron más hacia la derecha en línea con el espectro político general; en la última mitad de la República de Weimar (1925-1932), cuando Hitler estaba en alza, miembros de grupos de juventud nacionalistas simpatizaban secreta o abiertamente con el NSDAP, el partido nazi, aunque menos con las JH, que tuvieron un inicio débil y tardío. A medida que los patrones democráticos se derrumbaban, una estructura con un Führer pasó a ser aceptable entre la juventud alemana, y eso facilitó que todos los grupos juveniles se incorporaran a las JH. Eso ocurrió en etapas. Los que se resistieron fueron forzados hacia 1935”. Una de las claves del éxito de las Juventudes Hitlerianas es que se presentaban como excitantes, modernas y progresistas.



¿Qué concepto tenía Hitler de la juventud? “Al principio, realmente ninguno”, contesta el historiador. “No le interesaban los jóvenes porque no podían votar. Eventualmente Hitler se persuadió de que la crianza de jóvenes seguidores no era una mala idea: un movimiento milenario debía tener una retaguardia”.



Ante la imagen del soldado jovencito de Life y la de los niños del búnker de Hitler, Michael H. Kater tiene claros sus sentimientos: “Personalmente siento una inmensa compasión por ellos. Para mí, en ese tiempo, eran obviamente chicos inocentes que habían sido explotados por políticos fascistas criminales”.

LOS RECLUTAS DE LAS JUVENTUDES HACÍAN “TURISMO DE EJECUCIÓN”: PRESENCIAR ASESINATOS DE JUDÍOS
Con la guerra, se echó mano de los miembros de las JH para ayudar tras los bombardeos de las ciudades alemanas, lo que obligó a niños de 12, 13 y 14 años a tener experiencias espantosas, desenterrando a familias enteras chamuscadas. Peor aún fue el reclutamiento para las defensas antiaéreas, en las que 200.000 jovencitos y jovencitas de las JH prestaron servicio como personal auxiliar de artillería (Flakhelfer). Iban de la escuela a los cañones y muchos sufrían crisis nerviosas por el miedo.



Junto a eso, señala Kater, está el hecho de que el adoctrinamiento de las Juventudes Hitlerianas desempeñó un importante papel en los crímenes de guerra de la Wehrmacht y las SS, cuando esos jóvenes ingresaron en sus filas convertidos en soldados políticos. “Se pueden identificar dos importantes ingredientes de la formación ideológica de las JH que los jóvenes trasladaron a la Wehrmacht y las SS: uno es la creencia de que Alemania debía dominar otras partes del mundo, y el otro, la jerarquía racial, que ponía a los alemanes arios en la cúspide y a los judíos en lo más bajo”. Un hábito siniestro de los jóvenes reclutas provenientes de las JH fue el “turismo de ejecución”: la asistencia a los asesinatos colectivos de judíos sobre el terreno.


Un sello de 1943 conmemora los servicios prestados por las Juventudes.

¿Fueron las JH realmente útiles militarmente? Kater contesta que fueron fundamentales para que los nazis pudieran poner tantas fuerzas en el campo de batalla. “Habían recibido entrenamiento paramilitar incluso antes de marzo de 1935, cuando se introdujo el reclutamiento general, y de septiembre de 1939 (inicio de la II Guerra Mundial). Hay que recordar que el sello distintivo de la socialización de las JH fue la militarización, con las acampadas, marchas y juegos de guerra”. Las JH incluso tuvieron secciones especializadas como la naval, la ecuestre o la de pilotos de planeadores, a cuyos integrantes codiciaba Hermann Göering. “Al pasar a formar parte de las fuerzas regulares de la Wehrmacht o las SS, los jóvenes de las JH se mezclaron fácilmente en sus filas y reforzaron su agresividad”. Hubo incluso una división de élite vinculada a las JH, la 12ª SS División Panzer Hitlerjugend, formada en 1943 con 16.000 miembros de las JH nacidos en 1926. “Eran combatientes nazis particularmente fanáticos, habiendo sido socializados sin problemas desde los campos de las JH hasta los barracones de las SS”. Las JH cometieron crímenes de guerra. También hubo miembros de la organización en el sobrevalorado Werwolf, la guerrilla nazi que se enfrentó a la ocupación aliada.



El historiador está de acuerdo con que los chiquillos de las JH con bazucas Panzerfaust tan habituales al final de la guerra como miembros del Volkssturm, la milicia popular de último recurso, eran claros precedentes de los modernos niños soldado. “Desde luego. En el gran conflicto previo, la I Guerra Mundial, el Ejército alemán fue muy cuidadoso en no admitir reclutas de menos de 18 años –por ejemplo, al mismísimo Heinrich Himmler–, incluso aunque alguna vez chicos menores se colaran en el ejército imperial (como Ernst Jünger). Pero el fenómeno de los niños soldado es una marca de las últimas fases desesperadas de la II Guerra Mundial”. Kater apunta que a los reclutas de las JH asignados para los Panzer en 1943 y 1944 no se les repartían cigarrillos como a los soldados adultos, sino… caramelos.

ESTOS JÓVENES COMETIERON CRÍMENES DE GUERRA Y FUERON EL PRECEDENTE DE LOS NIÑOS SOLDADO
 Responsabilidad y culpa están en el núcleo del libro de Kater, que, además de sobre historia, es un libro sobre moral, e incluso un juicio moral. “Cualquiera que escriba sobre las JH ha de ocuparse de esos temas. Es un asunto muy delicado, y contestar de manera satisfactoria para todos a las preguntas que plantea, imposible”. Ser de origen alemán debe complicar las cosas. “El hecho de haber nacido en Alemania y haber estado, en 1945, a solo dos años de ser incorporado a las JH probablemente me hace ser especialmente ­sensible al tema. Me considero un demócrata liberal de izquierdas y hoy me estremezco ante lo que me habría aguardado como miembro de las JH si la guerra hubiera durado lo suficiente. Nacido en 1937, me trasladé a Canadá en 1953 y me convertí en ciudadano canadiense, dejando atrás a propósito mi nacionalidad alemana. Gracias a Dios, Canadá es una tierra de tolerancia e integración. No hay Marine Le Pen aquí, ni Trump, ni NSDAP”.



Se percibe en el libro una tensión entre la visión del historiador –y su impecable examen de los pecados de la Juventudes Hitlerianas– y la compasión ante determinados casos de esa juventud tronchada. ¿Cuál es el juicio final de Kater?, ¿víctimas y perpetradores? “Sí, ambas cosas. Hay que diferenciar entre adolescentes suficientemente mayores para aceptar responsabilidad (o incluso culpa) por ciertas actitudes y acciones, y niños que en un tribunal de justicia, incluso en uno nazi, deberían haber sido considerados inocentes. Obviamente, esas dos categorías siempre se super­ponen, y ¿quién puede decir dónde están los límites claros?”.


Mitin inaugural de la organización en Rheinsberg, en junio de 1936.

Las JH no tuvieron mucha suerte –si puede decirse así– con sus dos líderes: Von Schirach (juzgado en Núremberg) y Artur Axmann. “Ambos fueron cifras impersonales en la máquina nazi e intercambiables en lo que respecta a las JH. Ninguno tenía carisma, eran meros funcionarios. Schirach, no muy brillante y fofo, era particularmente vacuo pero con enormes pretensiones, más culturales que políticas. Axmann al menos había luchado en la guerra, en el frente del Este, donde fue gravemente herido y le amputaron el brazo derecho”. El líder de las Juventudes Hitlerianas pidió a sus chicos y chicas que defendieran Berlín hasta el fin: mantuvieron abiertos los puentes sobre el río Havel para que escaparan los faisanes dorados nazis, los jerarcas, entre ellos el propio Axmann.



No toda la juventud alemana siguió a Hitler. Hubo disidentes. Individuales y en grupo. Como los Jóvenes del Swing, atraídos por el jazz estadounidense, las pandillas (era difícil ser rebelde sin causa en la Alemania nazi) o los integrantes del grupo de resistencia de la Rosa Blanca.


El historiador aborda en profundidad un tema característico de las JH: el del género. “Siempre hubo en el partido nazi dos tendencias, una que quería que las chicas y mujeres fueran puestas masivamente a trabajar, especialmente en tiempo de guerra, y la otra que esperaba que se ciñeran a ser amas de casa y paridoras de nazis. Hitler pertenecía al segundo grupo. Albert Speer y Joseph Goebbels, al primero. En última instancia, Hitler ganó. Incluso las mujeres nazis que se revolvieron contra eso fueron rápidamente silenciadas. Igual que las feministas en las JH. La sección femenina, la BDM –cuya salida militar podía ser la de ayudantes en las distintas ramas de las fuerzas armadas–, tenía que obedecer siempre a los miembros masculinos, incluso las líderes”.

“LOS NAZIS SE APROVECHABAN DE SUS POSICIONES JERÁRQUICAS PARA EXPLOTAR SEXUALMENTE A CHICAS”

 El asunto del sexo es bastante siniestro. “A pesar de la ideología oficial que sostenía que las mujeres debían ser honradas y que el sexo era solo un catalizador necesario para la cría eugenésica, los nazis (hombres) se aprovechaban de sus posiciones jerárquicas para explotar sexualmente a las chicas y a las mujeres. En las JH tenías jóvenes (con energía y libido alta) a menudo hermosos (un buen cebo para la lujuria) mezclados con una estructura autoritaria, donde siempre había alguien que podía mandar y otro que no estaba autorizado a decir que no, la promiscuidad era muy alta”. De hecho, el acrónimo de la Liga de Muchachas Alemanas, BDM, pasó a leerse como Bund Deutscher Matrazen (liga de colchones alemanes) o Bubi Drück Mich (vamos chico, apriétame fuerte).



¿Cuál es el legado de las JH? “Después de la guerra, prácticamente todo el mundo había formado parte de ellas y podían sentirse avergonzados o culpables, así que no se hablaba del tema. Los de ultraderecha son una excepción, claro”.

domingo, 3 de julio de 2016

Historia militar de Suiza

Historia militar de Suiza
Wikipedia

La historia militar de Suiza comprende siglos de acciones armadas, y el papel de las fuerzas armadas de Suiza en los conflictos y mantenimiento de la paz en todo el mundo. A pesar de mantener la neutralidad desde su independencia del imperio romano santo en 1499, [1] Suiza ha estado involucrado en operaciones militares que se remontan a la contratación de mercenarios suizos por las naciones extranjeras, incluyendo los Estados Pontificios.



Antigua Confederación Suiza

Formado con la Carta Federal de 1291, se formó una alianza de tres cantones para la defensa mutua, principalmente contra los Habsburgo. Una sucesión de intervenciones de los Habsburgo produjo las batallas de Morgarten (1315) y Sempach (1386), dando como resultado la independencia de la confederación.

Para el 1353 el original de tres cantones se han sumado dos cantones adicionales y tres estados de ciudad.

Mercenarios suizos


A finales del siglo XIII, soldados procedentes de los cantones de Suiza ganó una reputación militar en toda Europa. Esta reputación se obtuvo como resultado de su defensa contra los señores de Austria de los Habsburgo y durante las campañas en Italia. En el siglo XV, el suizo había llegado a ser particularmente valioso como soldados a sueldo. soldados suizos se caracterizan por su habilidad de combate y los ataques feroces de la falange, o la formación de la columna de profundidad utilizando el lucio y la alabarda. Tenían un virtual monopolio en el servicio de lucio mercenario hasta 1490.

Por 1.490 mercenarios alemanes se convirtió en experto en tácticas militares suizos y estaban disponibles para alquilar a un costo más bajo. En 1515 el suizo se comprometieron a la neutralidad, y sólo continuó luchando en el servicio del ejército real francés. Se convirtieron en rivales con los mercenarios alemanes y los dos solían luchar en los campos de batalla de Europa durante las próximas décadas.

Después de la Batalla de Marignano en 1515, sin embargo, el estilo suizo de la lucha en la batalla cuerpo masivo entró en declive constante, para ser reemplazado por el arcabuceros, artillería y movimientos de tierra. Durante la batalla de Bicocca en 1522 los mercenarios suizos vieron una amarga derrota con fuertes bajas. No obstante suiza continuó sirviendo como mercenarios durante los dos siglos siguientes, la adopción del fusil para reemplazar la pica.

Guardia suiza

La Guardia Suiza tiene sus orígenes en 1506, cuando el Papa Julio II los contrató como "guardaespaldas"; sin embargo, el grupo de soldados era lo suficientemente grande como para ser considerado un ejército. Esto es apropiado, ya que los estados papales ocupaba un tercio de Italia en el momento, lo que requiere una protección más amplia. El Papa les alistó, ya que creía que eran mejores en el momento. Actualmente, es ilegal que los ciudadanos suizos se unan a las fuerzas armadas de otro país, excepto como miembros de la Guardia Suiza proteger el Vaticano es la única excepción. Se permite [2] El servicio militar en el exterior de la doble nacionalidad bajo ciertas circunstancias.

Batalla de Marignano

Los conflictos internos después de la Reforma

La guerra campesina suiza de 1653 fue una revuelta popular por las poblaciones rurales de varios cantones. La rebelión fue suprimida, pero dio lugar a una serie de reformas. En 1656, reaparecieron las tensiones entre protestantes y católicos y condujeron al estallido de la Primera Guerra de Villmergen. Un nuevo conflicto en 1712 causó la segunda guerra de Villmergen, que anuló el equilibrio de poder a los cantones protestantes. Los conflictos religiosos fueron renovadas en 1847, lo que resulta en la Guerra del Sonderbund y conduce a la formación de Suiza como un Estado federal.

República Helvética

En 1798 el ejército francés invadió Suiza y proclamó una República Helvética. La resistencia interna y los problemas económicos desestabilizan el estado y se desplegaron tropas francesas adicionales para restaurar el orden.

Durante el 1814-1815 Congreso de Viena la neutralidad de Suiza estaba garantizada por los firmantes.


Nacimiento del estado federal

En el tratado federal de 1815, el Tagsatzung prescribe tropas cantonales para poner un contingente de 2% de la población de cada cantón a disposición de la federación, que asciende a una fuerza de unos 33.000 hombres. Los ejércitos cantonales se convirtieron en el ejército federal (Bundesheer) con la constitución de 1848. A partir de este momento, era ilegal que los cantones individuales para declarar la guerra o para firmar capitulaciones o acuerdos de paz. El párrafo 13 prohíbe explícitamente la federación de mantener un ejército permanente, y los cantones se permitió una fuerza máxima de pie de cada 300 (sin incluir los cuerpos Landjäger, una especie de fuerza policial). Párrafo 18 declaró la obligación de cada ciudadano suizo a servir en el ejército federal si reclutados (Wehrpflicht), el establecimiento de su tamaño en el 3% de la población más una reserva de uno y medio por ese número, que asciende a una fuerza total de unos 80.000.


Las tropas federales durante la guerra del Sonderbund

La primera movilización completa, bajo el mando de Hans Herzog, fue provocada por la guerra franco-prusiana en 1871. En 1875, el ejército fue llamado para aplastar una huelga de los trabajadores en el túnel de San Gotardo. Cuatro trabajadores murieron y 13 resultaron heridos gravemente.

El párrafo 19 de la Constitución revisada de 1874 amplió la definición del ejército federal a cada ciudadano apto, hinchazón del tamaño del ejército, al menos en teoría, desde abajo de 150.000 a más de 700.000, con un crecimiento de la población durante el aumento más al siglo 20 unos 1,5 millones de dólares, la segunda mayor fuerza armada per cápita después de que las Fuerzas de Defensa de Israel.

Las guerras mundiales

Artículo principal: Suiza durante las guerras mundiales
Durante la Primera Guerra Mundial, Suiza siguió siendo un estado neutral. En la Segunda Guerra Mundial, Alemania hizo algunos planes para la invasión de Suiza, más notablemente Operación Tannenbaum, pero nunca se llevaron a cabo. Sin embargo el espacio aéreo suizo se violó en repetidas ocasiones, tanto por la aviación alemana y Afines

Primera Guerra Mundial

Una gran maniobra ordenado en 1912 por Ulrich Wille, un reputado germanófilo, convencido de visitas de jefes de Estado europeos, en particular, el Kaiser Guillermo II, de la eficacia y la determinación de las defensas suizos. [3] Wille posteriormente fue puesto al mando de la segunda movilización completa en 1914, y Suiza escapó invasión en el transcurso de la Primera Guerra Mundial


Medalla emitida para recaudar fondos para los soldados suizos y sus familias. / 40 casco M1918

Período de entreguerras

Wille también ordenó la represión de la huelga general suizo (Landesstreik) de 1918 con la fuerza militar. Tres trabajadores murieron y un número bastante grande de soldados murieron de la gripe española durante la movilización. En 1932, el ejército fue llamado para reprimir una manifestación antifascista en Ginebra. Las tropas mataron a 13 manifestantes, hiriendo a otro 65. Este incidente largo dañó la reputación del ejército, lo que lleva a las llamadas persistentes para su abolición entre los políticos de izquierdas. En ambos los 1918 y los 1932 incidentes, las tropas desplegadas fueron seleccionados conscientemente de las regiones rurales, tales como el Berner Oberland, avivar la enemistad entre la población rural tradicionalmente conservadora y la clase obrera urbana.

Segunda Guerra Mundial

La tercera movilización completa del ejército se llevó a cabo durante la Segunda Guerra Mundial bajo el mando de Henri Guisan.


Cañón camuflado en la presa Lucendro en la región de Gotthard. Tiene un cañón calibre 105 mm y dispara hasta un rango de 17 km.

La estrategia militar de Suiza durante la Segunda Guerra Mundial era esencialmente una de disuasión. La idea era dejar claro al Tercer Reich que una invasión tendría un alto costo. Al mismo tiempo, se hicieron concesiones económicas a Alemania con la esperanza de que el costo total de una invasión alemana sería percibido como más altos que los beneficios potenciales. A pesar de esto, está claro que la intención de Hitler de invadir el tiempo y que el desembarco aliado en Normandía, así como las dificultades que enfrentan en la invasión de Rusia eran meramente fundamental en retrasar una invasión. [4]

Después de Suiza estaba rodeada por las fuerzas alemanas e italianas, el general Guisan revelado el 25 de julio de 1940 en la denominada relación Rütli, una reunión del personal del ejército suizo en el lugar de fundación de la Confederación Suiza, que en caso de ataque de los suizos sólo defender la alta Alpes incluyendo las carreteras transalpinas importantes y enlaces de tren. Como último recurso, el ejército haría que estas rutas inútil al eje mediante la destrucción de puentes y túneles clave. Este plan significó que las tierras bajas pobladas - incluyendo los centros económicos del país - serían cedidas de manera efectiva a los alemanes. Las reservas de oro del Banco Nacional de Suiza en Zurich se movieron más lejos de la frontera con Alemania, con el paso de San Gotardo y de Berna. [5]

Muchos miles de millones de francos suizos se han invertido en la construcción de las fortificaciones en las montañas, que están siendo utilizados en parte por el ejército. Los edificios más importantes de la Reduuit eran las fortificaciones de Sargans, St. Maurice (Valais) y la región de Gotthard. Las cavernas de los tiempos estaban equipados con la infraestructura necesaria, al lado de los cañones y obuses, que consistían en dormitorios, cocinas, hospitales de campo, habitaciones para los enfermos y panaderías; y proporcionan espacio suficiente para dar cabida a 100 a 600 soldados para un intervalo de tiempo de hasta varios meses. Debido a las tensiones entre los países occidentales y la URSS se enfriaron y bunkers se hicieron más o menos obsoleto debido a los sistemas de armas nuevas, un gran número de los edificios Reduit estaban cerrados. Algunos de ellos se han vuelto a abrir como museos y puede ser visitado.


Historia contemporánea

A finales de la década de 1950, lo que refleja tanto la amenaza de una posible invasión de la Unión Soviética y las realidades de la guerra nuclear, la doctrina militar suizo cambió a la defensa móvil que incluye misiones para la fuerza aérea fuera de su territorio, con el fin de derrotar a los ataques de los separadores y las amenazas nucleares, incluyendo la posibilidad del empleo de defensa de las armas nucleares lanzadas desde el aire. [6] Sin embargo, la incapacidad de desplegar una fuerza aérea de la capacidad suficiente para llevar a cabo tales misiones condujeron a un retorno de la "protección del propio territorio" tradicional doctrina. [7] Mientras tanto, la Fuerza Aérea también comenzaron a preparar las bases aéreas ad-hoc en las montañas, con tramos de carretera más firmes de actuar como pistas de aterrizaje y hangares excavadas en las montañas.

En los años 1960 y 1970, las fuerzas armadas se organizaron de acuerdo a la estructura "Armee 61".

Durante la Guerra Fría, las autoridades suizas consideran la construcción de una bomba nuclear en Suiza. [8] los físicos nucleares para llegar en el Instituto Federal de Tecnología de Zurich como Paul Scherrer hicieron de esto una posibilidad realista. Sin embargo, los problemas financieros con el presupuesto de defensa impidieron que los fondos sustanciales de ser asignado, y el Tratado de No Proliferación Nuclear de 1968 fue visto como una alternativa válida. Todos los planes restantes para la fabricación de armas nucleares fueron lanzadas en 1988. [9]

En 1989, el estado del ejército como un icono nacional fue sacudida por una iniciativa popular con miras a su completa disolución (véase: Grupo para una Suiza sin Ejército) que recibe el apoyo del 35,6%. Esto dio lugar a una serie de reformas, y en 1995, el número de efectivos se redujo a 400.000 ( "Armée 95"). El artículo 58.1 de la Constitución de 1999 reitera que el ejército está "en principio", organizado como una milicia, que implícitamente permite un pequeño número de soldados profesionales. Una segunda iniciativa dirigida a la disolución del ejército a finales de 2001 recibió un mero soporte 21,9%. [10] Sin embargo, el ejército habían bajado de nuevo en 2004, a 220.000 hombres ("Armée XXI"), incluyendo las reservas.

El 22 de septiembre de 2013, se celebró un referéndum que tuvo como objetivo suprimir el alistamiento en Suiza. [11] Sin embargo, el referéndum fallado con más del 73% del electorado votó en contra de ella, que muestra el fuerte apoyo para el servicio militar obligatorio en Suiza.

En 2016, la Asamblea Federal de Suiza votó a favor de reducir aún más el ejército de 140.000 hombres a 100.000 hombres, lo que reduce el tiempo de la formación básica de 21 semanas a 18, sino también para aumentar el presupuesto militar en 2,4 millones de francos suizos. [12]

Referencias


  1. "Switzerland". CIA World Factbook. Retrieved 2006-05-25.
  2. "History of the Guard." All Things Considered. Robert Siegel. National Public Radio.
  3. World War I–Preparation in German, French and Italian in the online Historical Dictionary of Switzerland.
  4. Let's Swallow Switzerland by Klaus Urner (Lexington Books, 2002).
  5. National Defense Speeded by Swiss by C.L. Sulzberger in The New York Times, July 24, 1938. page 16.
  6. "The Cold War". Swiss Air Force. Retrieved 2 September 2009.
  7. Lombardi, p.45.
  8. 7.4 States Formerly Possessing or Pursuing Nuclear Weapons Retrieved June 18, 2015.
  9. "Swiss nuclear bomb". International Physicians for the Prevention of Nuclear War October 9, 2010. Retrieved June 18, 2015.
  10. "Volksabstimmung vom 2. Dezember 2001" (in German). Federal Chancellery. Retrieved 12 July 2009.
  11. Referendums on 22 September 2013 Swiss Parliament, 28 June 2013. Retrieved, March 4, 2013(German)
  12. "Army Reforms Given Green Light by Parliament". Swissinfo. March 7, 2016. Retrieved March 31, 2016.