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domingo, 23 de abril de 2017

Conquista del desierto: Ataque al fortín Cuarta División

Batalla del Fuerte Cuarta División
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Torreón de Chos Malal - Sitio en donde estuvo emplazado el Fuerte Cuarta División


El Fuerte “4ª División” fue fundado por el comandante de dicha división expedicionaria, teniente coronel don Napoleón Uriburu, en la confluencia del Curi Leuvú con el río Neuquén.  Allí estaba acantonado el efectivo de la división, y desde el mismo partió Uriburu con sus principales tropas, a expedicionar hacia el sudeste, siguiendo la línea que debía proteger posteriormente.  El 6 de setiembre de 1879, se produce el encuentro entre un escuadrón del Regimiento 7º de Caballería de Línea, al mando del 2º jefe del cuerpo, sargento mayor don Juan Terrés y la indiada de Huaiquillan (o Huauquillao), en la cual estaban algunos hermanos del cacique Udalmán.

El Parte Oficial dice lo siguiente: “Fuerte 4ª División, 29 de setiembre de 1879 – Al Comandante General de Armas – Oficial.  El 6 del corriente, al concluir el toque de diana arremetieron este punto más de 500 indios, los que fueron llevados, tiroteándolos, al Sur por dos partidas del 7º de Caballería de Línea, mientras hacía montar en pelo otras dos en pocos caballos y en mulas del proveedor.

Los indios y dispersos se dirigieron por grupos a diferentes puntos para repasar el Neuquén en el que fueron precipitados, ahogándose muchos.

Tenemos 6 muertos y seis heridos, unos y otros de bala y muchos contusos, pues los indios encaramándose en los cerros, echaban pie en tierra lanzando piedras con sus hondas.  Indios muertos se calculan en cincuenta, entre los que se encuentran los hermanos de Udalman.

Dejaron varios caballos ensillados.  La persecución fue hasta tres y media leguas del Neuquén adonde los que no lo habían pasado, se arrojaron al agua.  Mandé dar protección al destacamento de arriba doce leguas, pero el capitán García, jefe del punto tenía reunidos 250 Guardias Nacionales de Malbarco, que aun cuando no bien armados,  sino 25 de ellos y los restantes con lanzas y montados en sus caballos propios, se encontraban animados del mejor espíritu: Los indios querían dominar este punto y después ir a donde tienen bastante que robar.

Se han hecho recomendables los que mandaban las pequeñas partidas que derrotaron a los indios: el mayor Torres (1), del 7º de Caballería, los capitanes Castro y Pérez y el ayudante Gomensoro, como el comandante de Malbarco, capitán García y el jefe de la plaza, mayor Sosa, que guardaba el fuerte.

Al otro día recién llegó desde Los Médanos, la fuerza que se mandó reconcentrar y allí venían las dos fuerzas de montaña (2) que también se hubiera probado en esta ocasión.  Los indios dicen que eran mandados por Huaquillao, pero se conoció a Zúñiga y a todos los capitanejos de Purrán.  Saludo a V. E. – Napoleón Uriburu”.

Comentarios


Uriburu venía con parte de sus efectivos que habían actuado en la campaña a lo largo del Neuquén, dejando en la marcha algunos destacamentos que cuidaban la nueva línea de frontera que disponía la Ley Nº 215.

Torreón de Chos Malal – Ubicado en el sitio en donde estaba emplazado el Fortín IV División

El Fuerte, por lo tanto, estaba medio desguarnecido, teniendo en cuenta las numerosas comisiones que debían partir del mismo hacia todos los nuevos campamentos y fortines, o los que se enviaban a Mendoza conduciendo los prisioneros tomados en la campaña referida.

Es por eso que Huaiquillán (Alvarez dice: Guaiquillán: lanza adornada), enterado por sus bomberos y espías de la reducida guarnición que custodiaba el fuerte, decide atacar este punto tan importante para las comunicaciones castrenses, como lo era para los indios por el fácil paso que permitía hacia las pampas, donde las hordas indígenas deseaban seguir con sus temidos malones.  Además, como lo expresa bien el parte, en el contingente indio se alistaban los capitanejos de Purrán, el cacique Zúñiga, los hermanos de Udalmán y algunos otros no reconocidos.  Esto indica bien a las claras que esta unión tenía como uno de los motivos principales rescatar del fuerte a la numerosa indiada prisionera, en la cual estarían incluidos indígenas de esas parcialidades.

En la carta que el Dr. Alejandro Marcó le envía al Tcnl Elías Paz, desde el campamento de Covunco, el 1º de junio de 1879, dice que el sobrino de Purrán enviado por éste para llevarle su carta a Uriburu, es “Pancho” Guaiquillán.  Sin embargo Gomensoro lo cita como “Panchito” Huallical en el Diario.  Notemos que al mencionar los caciques picunches que seguían a Purrán lo nombra a Guaiquillán y Alvarez dice que vivía en la zona de Guañacos.  Precisamente es uno de los atacantes del fortín Los Guañacos.

La llegada providencial, poco antes, de los efectivos que el sargento mayor Terrés tenía destacados en el camino de las Salinas al río Colorado, y que los espías y bomberos no habrían tenido tiempo de notar, hicieron que el fiel de la balanza de la victoria se inclinara hacia el lado de las tropas nacionales.

Observemos que también al otro día llegaban al fuerte el resto de las fuerzas que operaban al sur y que no tenían misión de custodiar los nuevos fortines, al haberse dado por finalizada la campaña de 1879.

Referencias


(1) Es Terrés.
(2) Se refiere a los dos cañones Krupp para montaña, y sus respectivos artilleros, que Uriburu había llevado en su campaña hacia el sur.

Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Portal www.revisionistas.com.ar
Raone, Juan Mario – Fortines del desierto – Biblioteca del Suboficial Nº 143

lunes, 27 de febrero de 2017

Conquista del desierto: Batalla de las barrancas del Neuquén

Batalla de las Barrancas del Neuquén
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Río Neuquén


Esta batalla se libró el 28 de junio de 1879 en las barrancas de la margen septentrional del Río Neuquén, paraje llamado hoy “Vanguardia”, nombre que tomó del antiguo fortín que allí se construyera poco después.  Por un lado combatieron las tropas al mando del teniente de baqueanos (de la Compañía de Voluntarios, llamados “choiqueros”) Isaac Torres, y 16 soldados de la 4ª División, y por el otro los indios del cacique Marillán.  El Parte Oficial dice lo siguiente: “El teniente que suscribe – Campamento el Mangrullo, junio 30 de 1879 – Al señor comandante en jefe de la 4ª División del Ejército, teniente coronel don Napoleón Uriburu. – Tengo el honor de dirigirme a usted poniendo en su conocimiento que con la comisión de 16 hombres con que usted se sirvió despacharme el 27 del corriente, después de haber marchado en dirección de Auca-Mahuida casi todo el día, supe por prisioneros hechos por el mayor Illescas, que un pequeño grupo de seis indios, con algunos animales de arreo, debían caer al Neuquén abajo procedentes de La Pampa y como a cinco o seis leguas de este campamento.  Marché toda la noche en su busca y a la diana de 28 di con ellos en el valle del río, pero no en número de seis como se me había informado, porque después de cargarlos sobre sus fogones, de día ya, se replegaron y formaron en las barrancas del río, en número de 90 de lanza, todos bien armados.

El desorden en que se puso la chusma y considerando que ésta se me escaparía si no andaba activo con ella, me obligó a juntarla, dejando que los indios se reunieran y así pude tomar ciento y tantas mujeres y criaturas, con una gran caballada, vacas y ovejas.

Entre los prisioneros hechos en la primera carga había quedado un viejo, y con éste mandé decir al cacique Marillán que mandaba los indios, y que con ellos formados me esperaba a una cuadra de distancia, que entregase las armas, bajo la formal garantía de sus vidas.  Contestó a esta intimación que dudaba de mi palabra, y que antes quería pelear, a lo que le repliqué que descendiera al bajo, pero sin hacerles un tiro aún, pues me suponía que quisiera entrar por tratados.  Un grito unánime de guerra fue su segunda contestación, y sin repararme mucho de la chusma prisionera y animales tomados, esperé, pie a tierra, haciendo fuego nutrido, la carga que rápidamente me traían a pie y a caballo, dirigida por el expresado Marillán.  Sin embargo, de ser ésta muy violenta y excelentes los caballos en que venían montados, antes de llegar hasta chocar cayeron como 16 indios; pero los restantes nos rodearon por todas partes, trabándose un combate reñido a arma blanca.  Muchos indios arrojaban al suelo las lanzas y luchaban brazo a brazo por arrancar a nuestros soldados las carabinas o fusiles; otros sacaban cuchillos y así duró un rato la pelea hasta desalojarlos y ponerlos en fuga, dejando ellos 14 muertos en el sitio, 5 prisioneros de lanza y 106 de chusma, con más de 80 caballos, 33 cabezas vacunas y 30 ovejas, teniendo por nuestra parte que lamentar la baja de 3 soldados heridos de lanza y cuchillo.

Los indios llevaban muchos heridos, pues dejaron en el camino un reguero de sangre.

Terminado el combate me regresaba y en seguida de marchar encontré al comandante Aguilar con una fuerza, parte de la cual se encargó de conducir los prisioneros y ganados al campamento, acampando esa noche allí todos juntos.  Ayer, 29, a la mañana, perseguimos a los indios nuevamente, el comandante Aguilar con la fracción de gente que tenía vacante, y yo con los trece hombres, los cuales todavía tomaron 5 indios de lanza prisioneros y 12 de chusma con 58 caballos y mulas.

Cada uno de los 16 individuos que componían la comisión que me ha cabido el honor de mandar en esta ocasión, se ha hecho digno de recomendación, pues todos ellos a la par han competido en valor y serenidad.  Dios guarde a V. S. – Isaac Torres”.

En este combate resulta por demás destacable el comportamiento que le cupo a la reducida tropa del bravo teniente de choiqueros, a quien veremos actuar en muchísimas ocasiones, tanto en esta campaña como en las posteriores.  Todos estuvieron a la altura de las circunstancias y dejaron bien alto el prestigio de esta tropa que, mal vestida, a veces mal montada y falta de abastecimientos, en pleno invierno neuquino (temperaturas de 8 y 10 grados bajo cero en ese invierno) supieron realizar el plan trazado por los altos mandos militares, llevando a cabo la construcción de los fortines que en aquella ocasión avanzaron la línea de frontera con el indio hasta la margen septentrional de los ríos Neuquén y Negro.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
Portal www.revisionistas.com.ar
Raone, Juan Mario – Fortines del desierto – Biblioteca del Suboficial Nº 143.

martes, 12 de julio de 2016

Conquista del desierto: La batalla de San Ignacio

Batalla de San Ignacio
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Soldado de Línea

El 26 de marzo de 1881 se produce el encuentro entre la tropa de la Primera Brigada de la 2º División de Ejército, en campaña al lago Nahuel Huapi, almando del teniente coronel Rufino Ortega con las indiadas de Ñancucheo y Huincaleo. El lugar de la batalla fue el desfiladero de San Ignacio, en el valle del río Aluminé, en donde éste recibe las aguas del Catan Lil y forma el Collon Curá (unión de los departamentos de Catan Lil, Huiliches y Collón Curá, en la precordillera.

Versión oficial

“En todo este trayecto se ha avistado al flanco izquierdo de la columna varios jinetes. Son indios que observan nuestra marcha desde la cumbre de elevados cerros, que tan pronto se aproximan como desaparecen, y van, a medida que vamos avanzando, encendiendo el campo en diversas direcciones. Sin temor de equivocarse puede asegurarse que por ese medio avisan nuestra aproximación y el rumbo que seguimos.

Diez baqueanos a las órdenes del ayudante R. Guevara son enviados a examinar el camino del Oeste que se interna en un estrecho cajón, y a la vez, alejar a la partida de indios que tenemos al frente, que con toda osadía llegan a aproximarse hasta un tiro de fusil.

Parece que quieren lucir los magníficos caballos que montan. Bajan y suben a escape empinadísimos cerros y en cuyas cumbres hacen mil molinetes.

El ayudante Guevara regresó sin haber obtenido ningún resultado después de más de una hora de inútiles correrías.
Para llegar al paso del río tenemos que costearlo algunas cuadras; pero todas ellas forman un estrecho desfiladero donde sólo se puede ir de a uno. Nos internamos en él. Los indios nos contemplan desde la orilla opuesta, desde donde pueden contarnos con toda impunidad.

A la conclusión del desfiladero se llega al paso del río. En el momento de vadearlo, el Jefe del 11 de Caballería avisa que los indios han avanzado por nuestra retaguardia y se tirotea con la guardia que la cubre; que ha desprendido al mayor Ruibal con el 3er Escuadrón en su protección.

Efectivamente, un grupo de indios aprovechándose encontrarnos comprometidos en el paso del desfiladero, pasan el río un poco más abajo donde marchábamos y caen de improviso sobre las reses que conducen para nuestra provisión. Los que las cuidan, peones de proveeduría, no ofrenden resistencia; pero los caballerizos más próximos los contienen hasta la llegada de la guardia y del mayor Ruibal que los obliga a repasar el río.

Al propio tiempo que esto pasa a retaguardia, también la cabeza de la columna se bate. Marchan a vanguardia 20 hombres a las órdenes del ayudante Guevara, e inmediatamente detrás sigue la columna. Pásase el río y se emprende la ascensión de un cerro por una pendiente algo inclinada. En la cumbre de éstos, están todavía los indios. Esta osada insistencia hace suponer que intentan algún golpe. Parte del 12 y todo el Regimiento 11 está todavía encajonado en el desfiladero y paso del río.

Hago situar sobre el paso una compañía del Batallón para que proteja y cubra el paso que es susceptible de un ataque por el flanco derecho. El resto avanza. Al coronar el cerro, el ayudante Guevara es cargado violentamente por más de 60 indios. Es apoyado inmediatamente por granaderos del 12 a órdenes del capitán O`Donnell.

Estas fuerzas cargan y doblan a los indios que en su retirada se dividen en dos grupos. La mayor parte de la vanguardia persigue a los de nuestra izquierda, pues los de la derecha han ido a caer a un cajón por donde sigue la columna. A la izquierda son cargados por retaguardia, y por los indios que perseguían, pero son completamente rechazados.

Mientras esto pasa a la izquierda, seis o siete soldados han continuado persiguiendo a los de la derecha y siguen avanzando a su frente.

De improviso son cargados por retaguardia por un número considerable de indios y por los que perseguían. Aunque el resto de la fuerza acude velozmente desde la izquierda, no se puede evitar que lanzeen (sic) a seis.

Aquí muere el sargento Romero, el cabo Cortez y dos soldados del Batallón, quedando un baqueano y un soldado del 12 heridos.

Uno de los muertos debe ser un cacique o capitanejo, pues de su cadáver se ha recogido una espada. Esta tiene en su tasa el escudo de Chile. Los indios que he tenido al frente son los de Ñancucheo y Huincaleo, tal lo asegura el capturado por el comandante Torres, dice haberlos reconocido en los caballos que montan. Su número se calcula en más de 200 los que se han presentado a vanguardia”.

Comentarios

La Primera Brigada había partido desde su acantonamiento en el fuerte 4ª División, el 8 de marzo de 1881, siguiendo el curso descendente del río Agrio, primeramente, para luego proseguir por el de Catan Lil, hasta encontrar, en las cercanías del lugar donde se desarrolló el combate que hemos referido, al río Aluminé.

Más tarde prosiguieron por este río, que cambia de denominación trocándose en Collón Cura, para proseguir su marcha hasta el lago Nahuel Huapi, donde Villegas había dispuesto instalar el campamento central de la División.

Las fuerzas de la Brigada estaban compuestas por: Plana Mayor, 2 jefes, 2 oficiales y 21 soldados; Regimiento 11 de Caballería, 2 jefes, 7 oficiales y 190 tropa; Batallón 12 de Infantería, 2 jefes, 7 oficiales y 263 tropa. Total: 6 jefes, 16 oficiales y 474 tropa.

Nótese la audacia y la estrategia de la indiada que aprovecha al máximo su conocimiento de la topografía de la región por la cual deben pasar los expedicionarios, como así también la ventaja de poseer magníficas caballadas, aclimatadas y acostumbradas a trepar los cerros de la zona.

Esta expedición tenía como fin primordial reconocer todo el territorio “del Triángulo” y tratar de someter a las tribus indias. Esto posibilitó que en la segunda campaña ya se conociera el terreno y las indiadas que se oponían al avance.

Respecto a los dos valientes suboficiales que perdieron la vida, con los dos soldados que lo acompañaron en su entrada en la gloria, no tuvieron el consuelo que el poeta y soldado Ricardo Gutiérrez anhelaba para aquellos que iban al Paraguay, a luchar, enviados a esos campos donde caerían tantos argentinos.

Inspirándose en la blanca figura del que fuera capellán de las tropas argentinas en aquella guerra, canónigo Tomás O. Canavery, habría de aspirar a contar con el consuelo de:

El misionero

Poncho blanco no te apartes
de las huestes argentinas denodadas,
cuando suenen los clarines de la guerra,
cuando ruja la batalla
y en el peplo de su sangre
el soldado herido caiga;
que te vea discurriendo
como lirio entre las rosas escarlatas
despertando bendiciones en las bocas
alegrías en las almas,
besos cálidos de amor sobre los pliegues
de la enseña azul y blanca;
y en la noche de la muerte, sé la aurora
de la vida que no muere,
de la vida que no pasa
para el héroe que ha sabido dar su vida
por la vida de la Patria.

Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Portal www.revisionistas.com.ar
Raone, Juan Mario – Fortines del desierto – Biblioteca del Suboficial Nº 143

miércoles, 25 de mayo de 2016

Guerra contra la Subversión: El combate de Pueblo Viejo

CARTA ABIERTA “ A 41 AÑOS DEL COMBATE DE PUEBLO VIEJO”
 por Julio Mendoza

“ No se gana una guerra muriendo por la Patria.
 Se gana una guerra asegurándose
que el otro hijo de perra muera por la suya.”
   - General George S. Patton –


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COMBATE DE PUEBLO VIEJO
PARA MIS LEALES VALIENTES OFICIALES, SUBOFICIALES Y SOLDADOS DEL “EQUIPO DE COMBATE GAM 5” DURANTE LA “OPERACIÓN INDEPENDENCIA”.


Como aún me encuentro imposibilitado de enviar personalmente este mensaje, dado que continúo en prisión como “Prisionero de Guerra” y “Preso Político” en la U3 de Güemes (Salta), le pedía a mi hermana Alejandra y a mi amiga Bety Sagastume que transcribieran este manuscrito y, como el año anterior, lo envíen públicamente a mis camaradas, a mis ex subordinados, a mis amigas y amigos. También les pedí que lo hicieran llegar a la Unión de Promociones, al Centro de Estudios de Historia, Política y Derechos Humanos de Salta, al periódico Tiempo Militar, a los fines que ellos consideren necesario y oportuno hacer.

Quiero que sepan mis soldados, de entonces y de ahora, que recuerdo las caras y los apellidos de todos y de cada uno de ustedes, pese a mis 72 años, claro que ayudado por mis numerosas fotografías y escritos en mi “agenda” de la época.

El próximo domingo 14 de Febrero se cumple un nuevo aniversario, el número 41, de nuestro bautismo de fuego, al este de “Las Compuertas” y frente a “Finca Sarmiento”, en la margen sur del río Pueblo Viejo (crecido ese día), en el monte “La Florida” (Tucumán).

Como les recordara el año pasado, ese día y en cumplimiento a lo ordenado por el Decreto “S” 261 del gobierno de María Estela Martinez de Perón, nuestro “Equipo de Combate” produjo a las 16.45 hs. el primer enfrentamiento contra la guerrilla subversiva, siendo entonces el Grupo de Artillería de Montaña 5 (GAM 5) la unidad del Ejército a la que le cupo el honor de iniciar las acciones bélicas, legal y legítimamente dispuestas, de la “Operación Independencia”, ofrendando a la Patria nuevos mártires entre sus soldados y demostrando al terrorismo subversivo la firme voluntad de las armas de la Nación para ANIQUILARLOS, como lo ordenara nuestro Gobierno Constitucional de entonces.

Ese día en que nos convertimos de artilleros de montaña en infantería de monte, quedó demostrado que el eficiente desempaño del “Equipo de Combate” fue producto, entre otros aspectos, de la instrucción militar y preparación espiritual que desde meses anteriores, nos brindaran nuestro Jefe de Unidad, el entonces Tte. Cnel. José Eduardo Durand Cornejo, quien también se desempeñó durante 1975 como uno de los jefes de la “Fuerza de Tarea Chañi” (RIM 20 – GAM 5), luego llamada “Capitán Cáceres”; y el Capellán, Monseñor Germán Mallagray, quienes en reiteradas oportunidades, ingresaron al monte al frente de la tropa. Sus enseñanzas, a no dudarlo, salvaron muchas vidas en el transcurso de la “Operación Independencia”.

Viene a mi memoria la imposición del escapulario de la Virgen del Carmen, que piadosamente confeccionaron las monjas del Convento de Carmelitas Descalzas, emplazado en Río Blanco (Jujuy), para cada uno de los Oficiales, Suboficiales y Soldados del GAM 5. Así pudimos llegar a ese combate “con la mente fría pero el corazón caliente”.

No desarrollaré el relato de la acción porque todos ustedes la recuerdan perfectamente. Solo quiero resaltar cuatro hechos. El primero, cuando regresábamos a nuestra base de combate en “los Sosa”, a las once de la noche, pasamos por numerosos bailes de carnaval, en la ciudad de Monteros. ¡¡¡FUERTE GOLPE en la cara para todos nosotros que íbamos honrando a nuestro muerto y a los heridos, mientras la sociedad bailaba disfrazada. Se repetiría en 1982, mientras se combatía en Malvinas, el país miraba el mundial de fútbol. Era la cruda realidad, era el carnaval ideológico, la desculturalización que nos habían infiltrado.

El segundo, cuando yacía herido el Tte. Richter, en el puesto de socorro (una zanja) y el soldado (a) “Bombolo”, lo cubría con su cuerpo “para que no le peguen más balazos al Teniente”.

El tercero, cuando el entonces Mayor Bidone cruzó el río crecido, solo y con su pistola como única arma, para atacar a la orilla norte, dando ejemplo de valor  determinación. Lo siguió el grupo del Cabo 1º Burgos con sus soldados jujeños.

El cuarto, cuando el entonces Capitán Arturo Grandineti, haciendo gala de un profesionalismo encomiable ,con su helicóptero rescató, entre el enmarañado monte y en medio de un nutrido fuego de armas largas, a los heridos y fallecidos, incluyendo los cuerpos de dos terroristas que los guerrilleros que huyeron, los abandonaron.

Este próximo 14 de Febrero, les pediré que recuerden y mediten, los detalles de ese día de hace 41 años y elevemos oraciones por el alma del eróico Capitán Hector Cáceres, muerto durante el combate cuando acudió a rescatar al Tte. Rodolfo Richter quien yacía herido gravemente por el disparo de un terrorista, en su columna vertebral, lesión que lo postró físicamente hasta el día de hoy, pero esa herida le inyectó una enorme energía positiva que hace que sea hoy un sobresaliente profesor universitario y continuar luchando como un valiente soldado.

Declaremos nuestra gratitud eterna por los ejemplos de entrega moral y voluntad de vencer que nos brindan nuestros heridos en el combate de ese día, el Subteniente Arias (disparo de escopeta en la cara y el cuello) y el Cabo 1º Orellana (disparo de FAL en el omóplato).

Pidamos también este 14 de Febrero, por las almas de los guerrilleros abatidos, en particular por los dos que pudimos trasladar, quienes se apellidaban Laser y Toledo., según el periódico del ERP “Estrella Roja” de ese mes.

Como hecho no casual, les reitero que de los siete oficiales que participamos en estas acciones en defensa de la Nación, uno resultó muerto, dos sobrevivieron con graves heridas físicas y los cuatro restantes nos encontramos en prisión (El entonces Mayor Julio Bidone, Capitán Juan C. Jones Tamayo, Tte. 1º Domingo Marengo y Sbte. Martinez Segón).

Y acá estamos hoy, 41 años después. Yo en esta nueva trinchera con alambres de púas y rejas, en Güemes, desde donde les recuerdo a nuestros enemigos de ayer….. y de hoy. ¡¡No nos vencerán. Sabemos donde se ocultan, ayer en el monte o en las sombras putrefactas de la clandestinidad y hoy, infiltrados en todos los sectores de la sociedad!! Pero pese a que el actual gobierno comenzó, tibiamente a depurar los estamentos estatales, aún persisten con su ideario “Gramsciano” y su inquina hacia la “cruz y la espada”. Y algo gravísimo es que haya funcionarios actuales que insisten con la mentira de los 30.000 (como el gobernador de Jujuy en declaraciones televisivas).

La justicia, hasta el momento, continúa desconociendo el art. 18 de la Constitución Nacional, entre otros y persiste en desarrollar el “circo” jurídico ideado desde el año 2003. Yo soy un veterano Coronel de 72 años y los “Gerentes del Circo” pretenden que acepte ser juzgado por leyes, procedimientos y delitos que no existían cuando era un Capitán de 32/33 años de edad.

Sigamos llevando adelante la defensa de la Patria, desde y como cada uno de nosotros pueda. ¡¡Este es hoy mi puesto de combate!!. No olvidemos nuestro lema de ¡¡SOLDADO, NUNCA TE ARREPIENTAS NI PIDAS PERDON POR DEFENDER A LA PATRIA!!

Muchas gracias por las visitas, llamadas telefónicas y cartas que recibo de muchos de ustedes, demostraciones de verdadera amistad y lealtad.

Me despido recordando un dicho que diariamente me reconforta cuando repito “SOLDADO, TU GUERRA ES JUSTA. NO ESTAS SOLO”. ¡¡Claro que no, atrás tengo a mi estoica familia, a mis abnegados amigos y a mis leales camaradas y soldados!!

Con orgullo les digo que estoy, donde y como estoy, por lo que fui, por lo que soy y por lo que siempre seré, un Oficial del Glorioso Ejército Argentino.

Equipo de Combate GAM 5 ¡¡FIRMES!! ¡¡SUBORDINACION Y VALOR!!

Abrazos para todos con FE, ESPERANZA, FORTALEZA, TEMPLANZA, SERENIDAD, PACIENCIA Y ALEGRIA, convencido, al igual que el centinela, que después de la larga noche llega el triunfante amanecer.

¡¡¡VIVA LA PATRIA!!! (y a no aflojar)


Juan Carlos Jones Tamayo
En 1975, Jefe Equipo de Combate GAM 5
En 2016 Cnel. (R) Veterano Guerra CS
-Prisionero de Guerra
- Preso Político
- Soldado que no se rinde
P.D. Alguien dijo “Han convertido la venganza en esta pseudo justicia”
General Güemes (Salta), febrero de 2016

domingo, 8 de mayo de 2016

PGM: Del Plan Schlieffen hasta la toma de Lieja

El Plan Schieffen y el rol de Lieja   

Por Ingeniero Rafael Mariotti

El Plan Schlieffen, debido al conde von Schlieffen, ministro de guerra alemán hasta 1910, contemplaba un ataque masivo a Francia por el flanco izquierdo francés, a través de Bélgica, para evitar las zonas densamente fortificadas de la frontera franco alemana, desde Luxemburgo a Suiza. Esto implicaba la invasión a Bélgica, país neutral garantizado desde 1830 por las potencias europeas, por lo que Alemania quedaría como agresora y enfrentada a Inglaterra. El plan debía realizarse rápidamente, y poder caer directamente sobre París, en las primeras semanas de la guerra, durante septiembre-octubre de 1914, este pareció cumplirse inexorablemente; pero en el momento crítico, los comandantes alemanes carecieron de la energía suficiente, e impresionados por los aparentemente gigantescos avances en el frente ruso, restaron unidades al fundamental ala derecha alemana, la que debía cumplir el envolvimiento, para enviarlas apresuradamente por ferrocarril al frente oriental. Esto debilitó el movimiento alemán, que fue aprovechado hábilmente por franceses e ingleses, pudiéndose detener la ofensiva en el Marne en octubre de 1914. A partir de entonces seguiría una larguísima e inédita guerra de posiciones, que se prolongaría por 4 años. 



Observese el mapa con movimientos para comprender las primeras fases de la guerra en el frente occidental. 
Afortunadamente para los aliados, el plan Schlieffen no funcionó como se esperaba, debido tanto a sus propias limitaciones como a la debilidad del Alto Mando Alemán al debilitar la crucial ala derecha del ataque. El resultado fue el triunfo parcial de los alemanes que fracasó en su meta final de destruir al ejército francés en la primera etapa de la guerra. Los ejércitos alemanes penetraron por Bélgica según el plan, pero el pequeño ejército belga no se rindió sino que opuso una férrea resistencia, lo que demoró el rígido cronograma alemán de campaña. Luego de superar a los belgas, los ejércitos alemanes del norte ingresaron por el norte de Francia, donde de nuevo fueron duramente enfrentados tanto por el recientemente llegado Cuerpo Expedicionario Británico (BEF) como por los 3ro y 4to ejércitos franceses en la región de las Ardenas. El 5to ejército francés del general Lanrezac fue atacado en condiciones de inferioridad y casi sobrepasado por sus flancos, gracias a que el estado mayor francés se negó a admitir la gigantesca maniobra alemana por el norte. Recién a último momento Lanrezac recibió el permiso de re-posicionar parte de su ejército para enfrentar la marea que se avecinaba. Sus tropas de refresco re-posicionadas fueron golpeadas con toda fuerza por el 2do ejército alemán, y se retiraron hacia el sur. Bien pronto, así como los británicos también se retiraban al sur por la presión alemana, todo el frente se desmoronó a medida que las topas de ambos bandos se desplazaban velozmente al sur, hacia el río Marne, y al premio final: París. 
La ofensiva alemana tan solo se detuvo cuando el general alemán Alexander von Kluck re-posicionó su Primer Ejército para poder tomar por el flanco al ahora exhausto 5to ejército francés. El general francés Joseph Gallieni, rápidamente envió el recientemente formado 6to ejército, y en coordinación con el comandante del 5to ejército, atacó el flanco expuesto de Von Kluck.


En el proceso de proteger a su ejército, Kluck dirigió sus tropas más al oeste, permitiendo así abrirse un peligroso espacio entre él y Von Bulow. Estos errores (que fueron reprendidos por el Alto Mando) evitaron a los alemanes cualquier avance posterior y tuvieron que retroceder a posiciones seguras al norte del rio Marne, donde resistieron los intentos franceses de desalojarlos. El fracaso no se debió sólo a Kluck, sino al propio Comandante en Jefe, Conde Hemut Von Moltke, y probablemente al mismísimo Plan Schlieffen, que falló al no considerar las limitaciones de las formaciones de infantería avanzando en tan estrechos márgenes de tiempo. Significativamente estos errores se resolverían recién en los inicios de la siguiente guerra mundial (la 2º) con la intervención de las unidades de infantería mecanizada, lo que sí permitiría avances fulminantes, dando origen a la guerra relámpago (Blitzkrieg).
El Plan Schlieffen, como se mencionó, debe su nombre al Jefe de Estado Mayor alemán Conde Von Schlieffen, quien lo elaboró en 1894. Lo había iniciado ya el Mariscal Helmuth Von Moltke (el viejo), el artífice de la victoria contra Francia en 1870 y contra Austria en 1866. Shlieffen lo concluyó y durante 20 años el ejército alemán se entrenó para poder dar cumplimiento al mismo. Daba mucha importancia al sector norte, de ahí la potencia del 1er ejército al mando de Von Kluck, que debía ser seguido en su flanco izquierdo por el 2do ejército de Von Bullow. Obsérvese la imagen. El movimiento preveía que la ciudad de Lieja debía ser tomada a más tardar para el 10 de agostos de 1914. El comandante en jefe del ejército alemán en ese entonces era Helmuth Von Moltke, sobrino del gran héroe de la guerra franco-prusiana. 

(Clic para ampliar)



La ciudad fortificada de Lieja (Bélgica) se erigía como un obstáculo al avance del 2do ejército alemán. Estaba rodeada de 12 fuertes modernos, de acero y hormigón armado ubicados en las afueras de la ciudad. Los fuertes habían sido construidos a finales del siglo XIX por el eminente ingeniero militar belga Henri Alexis Brialmont, y poseían artillería de 120 mm, 150 mm y 210 mm para blancos lejanos y cañones de tiro rápido de 57 mm para la defensa contra la infantería. Estos cañones estaban emplazados en cúpulas de acero a ras de los fuertes.





Los alemanes emplearon artillería pesada para aniquilar los fuertes belgas. La batalla de Lieja comenzó el 4 de agosto de 1914, para el 5 de agosto los alemanes habían aproximado los obuses de 210 mm que constituían el grueso de la artillería pesada germana (los alemanes los llamaban simplemente Der Morser pues a las piezas superiores de 150 mm ya no las denominaban obuses -haubitze- sino morteros -morser-) que pudieron destruir un fuerte del perímetro este (que cayó el día 8 de agosto) y prepararon el camino a la artillería REALMENTE PESADA, el mortero de 420 mm, del cual para 1914 los alemanes tenían 2 unidades (llegaron a tener 10 en toda la guerra). Estas piezas eran las realmente llamadas Dicke Bertha -correctamente traducido como "gorda Berta"- pesaban 42,6 toneladas y podían arrojar una granada de 810 kilos a 9.300 metros. La máxima velocidad de disparo era 10 tiros por hora. Pero no eran exactamente la Wunderwaffe que aclamaba la propaganda alemana. Si las granadas explotaban prematuramente, simplemente producían cráteres impresionantes, pero nada más. Pero si penetraban dentro del objetivo, los efectos podían se simplemente horrendos, con una sola granada bien colocada podían destruir todo un fuerte, por lo tanto el respeto que inspiró, no era infundado. Los Dicke Bertha llegaron el 11 de agosto a Lieja, y para el 16 de agosto, los fuertes estaban todos destruidos, y los restos de sus guarniciones se rindieron.


La artillería de sitio alemana
Estos obuses -llamados Mörser por los alemanes- constituían el grueso de la artillería pesada alemana -Fuss-Artillerie- y estaban destinados a dar apoyo de fuego indirecto y fueron empleados en todos los frentes. Eran el producto de 10 años de desarrollo entre las firmas Krupp y Rheinmetall. Al comienzo de la guerra Alemania disponía de unas 216 piezas de estas armas. Pesaban unas 15 toneladas y podían disparar una granada de 121 kilos a 9,4 kilómetros con una elevación de hasta 70º. Fueron las primeras piezas pesadas que arribaron a Lieja el 5 de agosto de 1914, y prepararon su captura destruyendo cada uno de los fuertes.








Dicke Bertha de 420mm

Algunas imágenes más del mortero alemán de 420 mm en acción real, obsérvese el tamaño de las granadas en la foto.
 
(Arriba) Imágenes de partes de un fuerte de Lieja destruido por estas armas

General Von Emmich, comandante del cuerpo de ejército que atacó Lieja, en las puertas de la ciudadela, en agosto de 1914

La resistencia belga fue tenaz, como atestigua una foto de tropas belgas preparándose para defender una población cercana a Lieja. 



domingo, 20 de marzo de 2016

Conflictos americanos: Conflicto del Marañón, 1941

Guerra peruano-ecuatoriana de 1941 

La Guerra Peruano-Ecuatoriana tuvo lugar entre 1941 y 1942 enfrentando a Ecuador y al Perú. Ambas naciones están en completo desacuerdo en la forma en que se originó el conflicto: 

La versión peruana de los hechos es que tropas ecuatorianas invadieron territorio peruano de Zarumilla, lo que originó una batalla que se extendió hasta una zona denominada Quebrada Seca. 

La versión ecuatoriana es que el Perú tomó como pretexto una serie de incidentes que se venían produciendo entre patrullas fronterizas de lado y lado para invadir al Ecuador, con la intención de forzarlo a la firma de un acuerdo limítrofe que fije de manera clara la frontera entre ambos países, citando la evidente disparidad de fuerzas entre ambas naciones como soporte para su argumento. Esta corta guerra fue un éxito para las fuerzas armadas peruanas. Perú había formado una unidad paracaidista en la zona e hizo uso de ella con buen resultado - el primer combate en el hemisferio en el que intervinieron tropas aerotransportadas produjo la toma de Puerto Bolívar el 27 de julio de 1941. 

Al cese de las operaciones militares a finales del mes, el Ejército del Perú, se encontraba en posesión de la mayor parte de la provincia ecuatoriana de El Oro, junto al océano Pacífico, así como de partes de la provincia de Loja y reafirmó el control peruano sobre los territorios orientales amazónicos sobre los que el Ecuador reclamaba derechos de soberanía. 

El Gobierno ecuatoriano del doctor Carlos Alberto Arroyo del Río suscribió el Protocolo de Paz, Amistad y Límites de Rio de Janeiro, el 29 de enero de 1942. 



Bombardero de ataque Northrop 8A3P peruano. Una de las 9 máquinas en servicio al estallar el conflicto. Noten el casco italiano modelo 1935 del motociclista. y el Adrian 1916 del soldado cerca del ala. 

Consecuencias 
Aunque en el Ecuador sigue estando muy difundida la creencia de que el Protocolo de Rio de Janeiro despojó a la nación de más de 200.000 kilómetros cuadrados de territorio amazónico, lo cierto es que, si se considera la línea de frontera establecida en el status quo de 1936, la diferencia territorial a consecuencia del tratado de 1942 fue de 13.480 kilómetros cuadrados (Tobar Donoso, 1945). 

Más allá de las posiciones nacionales, es necesario recordar que, como en casi todas las guerras entre las repúblicas americanas, exisitió en ésta intereses internacionales y un "fuerte olor a petróleo". 

El asunto de los intereses estadounidenses en América Latina ha sido analizado por múltiples intelectuales, y uno que destaca por su lucidez es el libro de Eduardo Galeano Las venas abiertas de América Latina. 

En el caso de la guerra Ecuador-Perú de 1941, como ha notado el geógrafo francés Jean Paul Deler (que ha trabajado en toda la región andina) en su obra Ecuador, del espacio al estado nacional, Quito, 1987: " 

Existe una notable concordancia entre el trazado de la frontera de 1942 y los límites orientales de una inmensa concesión otorgada en 1937 a una filial de la Royal Dutch Shell por el gobierno ecuatoriano, en detrimento de una filial de la Standard Oil of New Jersey. 

En efecto, tras 1941 Perú concesionó a compañías estadounidenses las zonas limítrofes hasta donde avanzaron sus tropas en aquel conflicto, y donde está ahora la frontera. 

Reaparición del conflicto Dificultades en la Demarcación Fronteriza 
Para llevar a cumplimiento la demarcación de la frontera según las instrucciones del Protocolo de Rio, ambos países formaron comisiones mixtas demarcadoras, que comenzaron la labor de colocación de los hitos fronterizos a mediados de 1942. 

Pronto, sin embargo, quedó demostrado que la labor de demarcación en sí misma se prestaba para malentendidos y encerraba ya el gérmen de posteriores conflictos. Las divergencias de pareceres entre las comisiones sobre la interpretación de las instrucciones fijadas por el Protocolo tenían dos causas fundamentales: en primer lugar, ambas naciones interpretaban de manera distinta accidentes geográficos claros y definidos, un ejemplo de lo cual fue la definición del cauce del río Zarumilla. En segundo lugar, y esto referente a la delimitación de la frontera en la región amazónica, la falta de conocimiento detallado en 1942 acerca de la geografía de grandes áreas de dicha región había obligado a los firmantes del Protocolo a utilizar fórmulas general y poco específicas, tales como "nacientes del río X" o "divortium aquarum" (divorcio o separador de aguas), fórmulas que naturalmente podían prestarse para diversas interpretaciones, de acuerdo a los intereses de cada país. 

El Ecuador y Perú veían con distintos ojos la aparición de dichos impasses: para el Perú, las protestas y reclamos ecuatorianos no eran sino una maniobra de dicho país para desconocer el Protocolo de Río y perennizar un conflicto que debía haber quedado superado definitivamente. Para el Ecuador, en cambio, las interpretaciones peruanas eran vistas como el intento del vecino del sur por trazar los límites interpretando el Protocolo de acuerdo a sus conveniencias, aprovechando para ello de su posición de país más poderoso, y amagando con hacer uso de la fuerza en caso de ser necesario. Así, el Protocolo de Rio, lejos de terminar con la vieja disputa entre ambas naciones, inauguraba un nuevo período de tensiones ecuatoriano-peruanas, caracterizado fundamentalmente por la desconfianza y el resentimiento, sentimientos que enraizaron más en el Ecuador que en el Perú, país que intentaba cerrar un frente de potenciales conflictos para concentrarse en el peligro que se consideraba como más inmediato para su seguridad nacional, las diferencias y tensiones con la República de Chile. 


Mapas de las zonas en litigio 


El divortium aquarum: La demarcación se suspende indefinidamente 

Como quiera que fuese, las comisiones demarcadoras fueron realizando su labor, y reportando ante los garantes del Protocolo las discrepancias a medida que éstas iban surgiendo. De esta manera, varias divergencias fueron superadas mediante la intervención del canciller de Brasil, Oswaldo Aranha, dejándose otras en manos del capitán Braz Dias de Aguiar, también brasileño, quien dio solución a otro grupo de impases con un arbitraje emitido el 14 de julio de 1945. Entre los fallos emitidos por Dias de Aguiar se encontraba uno referente al trazado de la línea en las inmediaciones de la confluencia de los ríos Santiago y Yaupi. 

La divergencia más importante, sin embargo, surgiría con la aplicación de las instrucciones contenidas en el artículo VII del Protocolo, en su literal (a), numeral (1), el cual rezaba: 

De la quebrada de San Francisco, el divortium aquarum entre el río Zamora y el río Santiago, hasta la confluencia del río Santiago con el Yaupi. 

La razón para la utilización del término no muy preciso de divortium aquarum en esta sección del documento se debía a que, al momento de la firma del Protocolo, se tenía escaso conocimiento de la geografía de la región aludida, lo que impidió hacer uso de nombres específicos de ríos o quebradas, como sí se lo hacía en el resto de literales. Con el fin de procederse a la demarcación del sector, las Partes solicitaron a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, en tanto que país Garante, elaborar un mapa aerofotogramético de la región, el cual fue entregado oficialmente a cada una de las partes en febrero de 1947. Paradójicamente, dicho mapa, lejos de dar las herramientas para el rápido cierre de la frontera en el sector aludido, fue en sí mismo el causante de un impase aún mayor. 

Una declaración polémica: la "nulidad" del Protocolo 
El desastre militar de 1941 y la firma del tratado de paz del año siguiente dejaron una huella profunda en el proceso histórico ecuatoriano. El sentimiento de humillación nacional, agudizado por divisiones internas que sacaban a la luz acusaciones de cobardía de parte del Ejército durante la invasión peruana, y de traición a la Patria de parte de los diplomáticos y políticos que firmaron el Protocolo de Rio de Janeiro, dio paso a un deseo latente de revanchismo y de reivindicación, que se habían hecho ya patentes en 1948 con la decisión unilateral por parte del Ecuador de suspender el proceso de demarcación de la frontera, y que se resumían de manera cabal en la frase que se convirtió en un estribillo nacional coreado por los actores políticos ecuatorianos de las más diversas ideologías. 

El Ecuador es, fue y será País Amazónico 
En un país carente de conciencia nacional desde su misma fundación en 1830, y rasgado por el intenso regionalismo y la rivalidad entre las ciudades de Quito -ciudad capital-, y Guayaquil, -núcleo económico de la nación-, el antiperuanismo pasó a convertirse en el único polo de atracción capaz de unir a todos los ecuatorianos. 

Aunque en el Perú nunca llegó quizá a enraizar un sentimiento generalizado de antiecuatorianismo -a excepción hecha de Iquitos y las regiones nororientales colindantes con el Ecuador, paradójicamente los mismos territorios sobre los que el Ecuador insistía en reclamar como suyos-, su propio proceso histórico contribuyó a perpetuar el ambiente de conflicto permanente. En efecto, la guerra del Pacífico con la República de Chile, que trajo aparejada una humillante y dolorosa ocupación de Lima, y la posterior pérdida de territorios a consecuencia de la firma de la paz, influyeron de manera no poco importante en las futuras relaciones del Perú con su "problemático" vecino del norte. 

Ya la guerra de 1941 con el Ecuador, que trajo aparejada la invasión y ocupación temporal de la provincia ecuatoriana de El Oro, había servido a sus fuerzas armadas como una reivindicación simbólica del desastre nacional de 1879-1884. Posteriormente, la recalcitrante negativa ecuatoriana al cierre de la frontera en el sector disputado de la Cordillera del Cóndor, sin previa revisión del tratado, fue interpretada por el Perú como una intentona artera, por parte del Ecuador, de querer desconocer un convenio internacional debidamente firmado por ambos países, y ratificado por sus respectivas legislaturas. A la luz de sus dolorosas experiencias con Chile, el Perú se negó a considerar cualquier revisión al Protocolo, y adoptó la política de que, firmado el Protocolo, con el Ecuador "no había ningún asunto fronterizo pendiente de resolver". 

La combinación de las actitudes ecuatorianas y peruanas traía consigo el gérmen de posteriores enfrentamientos no sólo diplomáticos, sino también militares. El Ecuador, sus protestas desoídas tanto por parte del Perú como de los países garantes, se encaminó por una senda peligrosa: la de infundir en el país un sentimiento de inconformidad, clamando el derecho a una reivindicación nacional, simbolizado a través del intento de buscar una "salida soberana" al río Amazonas, concepto que de por sí implicaba el derecho a exigir, cuando menos, un corredor de tierra hacia el río Marañón. 

El Perú, por las razones arriba mencionadas, adoptó una actitud cada vez más intransigente, en la que fue primando el concepto de que la única manera de tratar con el Ecuador consistía en hacer uso de la fuerza. Cualquier intentona ecuatoriana de "infiltrarse" en territorios vistos como legítima e indiscutiblemente peruanos sería, en adelante, solucionada rápidamente por la vía de las armas. 

El siguiente paso era apenas cuestión de tiempo, o de personalidades. En 1960, el presidente ecuatoriano Dr. José María Velasco Ibarra declaró de manera sorpresiva que el Protocolo de Rio de Janeiro no sólo era inejecutable sino que era "nulo de nulidad absoluta", porque había sido impuesto bajo coerción y con presencia de fuerzas militares peruanas en suelo ecuatoriano. 

Según la administración de Velasco Ibarra y posteriores análisis, los problemas del tratado eran los siguientes: 

Que el protocolo no era ejecutable, dado que uno de los puntos del mismo no concordaba con la realidad geográfica de la zona: Específicamente que no hay un solo divortium aquarum entre el Zamora y el Santiago sino dos: uno entre el Zamora y el Cenepa, y otro entre el Cenepa y el Santiago. Más aún, en tanto que no se había mencionado a la Cordillera del Cóndor en ninguna parte del artículo séptimo del Protocolo, no existía razón de fuerza para considerarlo indiscutiblemente como el divortium aquarum al que se hacía referencia. 
Que fue firmado mientras tropas Peruanas ocupaban territorio Ecuatoriano. 
Que la conquista de territorio por la fuerza está en contra de la ley internacional. 
Por falta de cumplimiento de ciertas disposiciones en cuanto a navegación por ríos de la Amazonía. 
Sin embargo tal declaración produjo poco impacto en la comunidad internacional, y el tratado siguió siendo tenido por válido por el Perú y los cuatro países garantes del mismo, Argentina, Brasil, Chile y los Estados Unidos). Hecha la declaración, era poco lo que posteriores gobiernos ecuatorianos podían hacer al respecto. Ningún gobierno ecuatoriano abjuró oficialmente del Protocolo de Rio de Janeiro ni ante el Perú ni ante ningún organismo internacional. No se puso en tela de duda la legitimidad de los hitos ya colocados, ni se desconoció la calidad de garantes de los Estados Unidos, Argentina, Brasil y Chile, aunque eufemísticamente se los pasó a denominar "países amigos" en vez de "países garantes".


Zarumilla-Marañón: El breve conflicto de 1941 entre el Ecuador y el Perú 
En Julio de 1941, un conflicto latente entre dos naciones Sudamericanas estalla, cuando una patrulla ecuatoriana abre fuego sobre Guardias Civiles peruanos en un paraje llamado Brumador, un viejo cauce del rió Zarumilla. El balance de fuerzas, capacidades, población y recursos se inclina obviamente hacia el Perú, país que a fines de la década de 1930 contaba con una superficie de 1.2 millones de km2 y una población de 6,6 millones de habitantes, las entradas del fisco sumaban unos 31 millones de dólares anuales; y desde 1935 al menos el 25% de dichas entradas fue dedicada a la modernización y expansión de las fuerzas armadas 

 
Tanque THN38 P. Unos de 24 vehículos de este tipo utilizaba el Ejército peruano. (foto: cortesía Jorge Souto) 

]Estos tanques, de un modelo considerado como el mejor en su tipo a fines de la década de 1930 habían llegado al país a fines de 1938. Previamente, el ejercito peruano había recibido seis tractires Latil UE armados con ametralladoras Maxim de cal. 7,65 mm . Dicho tractor era una versión francesa, fabricada bajo licencia, de la tanqueta Vickers Carden Lloyd Ml VIb adquirida por Bolivia y Chile a comienzos de esta década. Luego de la amarga experiencia sufrida en 1933 frente a Colombia, el gobierno peruano presto singular atención a las necesidades de las fuerzas armadas. El ejército peruano, vio doblar sus efectivos, que en 1940, en vísperas del conflicto, sumaban 15.723 hombres, de los cuales alrededor de 8.000 se hallaban distribuidos en bases y destacamentos a lo largo de la frontera con el Ecuador. El equipo disponible consistía de unos 77.000 fusiles y carabinas Máuser cal. 7,65, entre los que se incluían el mod. 1909, y alrededor de 16.000 mod. argentino 1891, 140 moteros Stoke-Brandt de 60 y 81 mm, 16 piezas de artillería A.A. Semag y Masen mod, 1935 de 20 mm, y a 56 piezas de artillería de montaña y campaña, las mas modernas de las cuales eran unas pocas baterías de obuses de 105 mm Schneider mod. 1928, y de casi omo cañones Arisaka mod 1905 de 75 mm de campaña, y piezas anti-tanque de fabricación japonesa de 37 mm adquiridos en las postrimerías del conflicto con Colombia. En caso de guerra, el Perú podría movilizar 1350.000 reservistas entrenados y asimismo contar con 400.000 reservistas sin entrenamiento. La marina de guerra contaba con dos viejos cruceros livianos de 3200 toneladas cada uno, el "Coronel Bolognesi" y el "Almirante Grau", con un armamento de 2 cañones Vickers de 152 mm L.50, 6 x 76,2, 2 x 80 mm A.A., 2 x 20 mm A.A. y dos tubos torpederos de 45cm. La eficiencia de estos buques, construidos en Inglaterra en 1906 era cuestionable. La flota incluía a dos antiguos destructores de la marina de guerra Zarista construidos durante la 1a. Guerra Mundial, que fueron adquiridos en Estonia al agravarse la disputa de Leticia, 4 submarinos de construcción estadounidenses, 7 cañoneras fluviales, y tres cañoneras menores. Las unidades de la flota eran anticuadas, y se hallaban en condiciones de mantenimiento y eficiencia a las que el agregado naval de los EEUU clasifico como de "mediocre". 

Como hemos de ver próximamente, el CAP (Cuerpo de Aviación del Perú), era una fuerza de relativa importancia en el contexto militar sudamericano. En cuanto a eficiencia y entrenamiento, los agregados militares de EEUU la clasificaban en tercera posición en Sudamérica, después de las fuerzas aéreas de la Argentina y el Brasil. El CAP contaba con 205 pilotos y 3607 hombres, y como hemos de ver, una importante flota que en cantidad solo era superada el Comando De Aviación del Ejército argentino.




Tanque THN38 en acción  
 
Soldados del Agrupamiento El Algarrobo, los fusiles me queda claro que son Mauser, la ametralladora es una 
Hotchkliss mod. 1914.

Piezas AA Breda de 20mm tomadas al Ecuador 

Northrop 8AP  
 
Escuadrilla Caproni CA 310 y Northrop 8A 
 
Caproni CA 135 

Material aéreo del Agrupamiento Norte 


Fuente
Enciclopedia Wikipedia 
Foristas Brunner y Mangosta15