Mostrando entradas con la etiqueta Guerra Civil Española. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Guerra Civil Española. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de diciembre de 2016

GCE: Kati Horna, una fotógrafa en la guerra

Kati Horna, una de las pocas mujeres que fotografió el frente en la Guerra Civil Española

Nueva York acoge por primera vez una retrospectiva de la artista, desde sus años en Europa hasta su exilio en México



Amanda Mars - El País


El Iluminado, México, 1944. KATI HORNA




Profunda, algo melancólica, la mirada de uno de los pacientes que estaba en el hospital psiquiátrico La Castañeda, México, en 1944 llama la atención desde cualquier punto de la sala. El Iluminado es uno de los retratos más famosos que Kati Horna (1912-2000) hizo en su etapa mexicana, la que comenzó con su exilio tras la Guerra Civil española. Forma parte de la muestra que ha organizado la Americas Society en Nueva York y que reúne por primera vez en Estados Unidos los grandes originales de la artista de origen húngaro.

Exponer a Kati Horna significa exponer a una de las pocas mujeres que retrataron el frente, junto a archiconocidos como Robert Capa; es también dar un paseo por la prensa anarquista de la época y sirve, además, para curiosear por la comunidad artística mexicana de tres décadas. Exponer a Horna es, en definitiva, exponer la narrativa de una mujer fuera de lo ordinario en los momentos más convulsos del siglo XX.
Una noche en el Hospital de Muñecas, 1962. KATI HORNA


Katalin Deutsch Blau (como era su apellido de soltera) nace en Budapest en el seno de una familia judía pudiente, se muda a Berlín en el 30, entra en contacto con el grupo de Bertolt Brecht y empieza a trabajar en el incipiente mundo del fotoperiodismo, hasta que el nazismo le hace huir de Alemania en el 33. A Barcelona llega a los 24 años, pocos meses después del alzamiento militar. Su cámara se detiene tanto en unos milicianos del frente como en las viudas de Málaga o las madres y niños en los pueblos. Publica muchos de sus trabajos en Umbral, una revista anarquista de la que además es editora gráfica.

Dice Christina de León, curadora de la muestra junto a Michel Otayek, que para entender las sutilezas y complejidades de la obra posterior de Horna en México “es crucial tener en cuenta la profundidad de su educación intelectual, la magnitud de su radicalización política como joven artista y la verdadera naturaleza de su participación en la franja anarquista de la Guerra Civil española”.

Told and Untold. The Photo Stories in Illustrated Press (En español, Contadas y por contar, foto-historias de Kati Horna en la prensa ilustrada) incluye sus trabajos publicados en prensa junto con los originales (como la impresionante serie del manicomio de la Castañeda), además de algunos álbumes personales que no se habían expuesto nunca.

En el 39, al terminar la guerra, Kati se marchó a México con el artista José Horna. Sus fotografías de esos años se quedaron en España, pero muchos años después le fueron devueltas, según explican los organizadores de la exposición. En su exilio, empezó a publicar instantáneas en cabeceras como Nosotros, Arquitectura México o Mujeres. En aquella época trabó amistad como otras aristas, como Leonora Carrington y Remedios Varo, o el arquitecto Mathias Goeritz.

La exposición también acoge algunas series realizada para una publicación vanguardista llamada S.nob muy impactantes, en forma de relatos gráficos, como Historia de un vampiro, que protagonizó la actriz Beatriz Sheridan, o Una noche en el sanatorio de muñecas, donde al visitante a la muestra le puede sorprender cómo su cámara consigue captar en esos rostros inertes una increíble sensación de soledad. La exposición puede visitarse hasta el 17 de diciembre en la Americas Society.

Milicianos en Aragón, 1937. KATI HORNA

domingo, 7 de agosto de 2016

GCE: Los inicios de la sublevación

El golpe del 36: primeros instantes

Los fotógrafos Centelles, en Barcelona, y Albero y Segovia, en Madrid, captaron antes que nadie los inicios de la sublevación franquista contra la República hace 80 años


Diego Fonseca - El País




El fotógrafo Agustí Centelles tomó esta imagen de una camioneta de la CNT ocupada por hombres y mujeres que llevan cuadros con simbología republicana. La foto es en la barcelonesa Vía Laietana, el 19 de julio. CENTRO DOCUMENTAL DE LA MEMORIA HISTÓRICA




Cuando el 19 de julio de 1936 las tropas sublevadas quisieron conquistar Barcelona y Madrid, los núcleos industriales y políticos de la II República, miles de milicianos se echaron a las calles con las armas en la mano para intentar vencer a los insurrectos. Fueron pocos los fotógrafos que ese día captaron el golpe de Estado. Las imágenes de Agustí Centelles (1909-1985) son las únicas que, 80 años después, se conservan del 19 de julio en Barcelona, cuando la Guardia Civil, los guardias de asalto y los ciudadanos levantaron barricadas y montaron cañones para defender la democracia. En Madrid, la sociedad formada por Félix Albero (1894-1964) y Francisco Segovia (1901-1975) fue la que mejor documentó el asalto al cuartel de la Montaña, que había sido tomado por los golpistas, y que terminó con una victoria republicana de la que casi solo quedan estos documentos.

El trabajo de Centelles, que se guarda desde 2009 en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca, es un relato preciso de lo que sucedió el 19 de julio en la capital catalana: milicianos con fusiles apostados tras caballos muertos usados como barricada; los primeros heridos llevados en camillas al hospital Clínic; personas celebrando en la calle de Valldonzella que el golpe ha fracasado; guardias civiles leales al Gobierno delante del hotel Colón; y hombres y mujeres del sindicato anarquista CNT encaramados en una camioneta. "A nivel histórico, Centelles tiene un valor enorme. No solo por el 19 de julio, sino por todo lo que hace luego en el frente de Aragón o en los juicios de guerra del vaporUruguay", explica María José Turrión, subdirectora del centro salmantino.

Mientras muchos fotógrafos se quedaron en casa por miedo o no tenían cámaras lo suficientemente rápidas, Centelles —al que se ha comparado con Robert Capa— salió a la calle con su cámara de paso universal, que le permitía hacer varias imágenes consecutivas y sacar hasta 30 en un mismo carrete. “Era un periodista muy sui géneris. Siempre se intentaba desmarcar de lo establecido. Recuerdo que en muchos juicios se colaba y cuando disparaba la cámara y el obturador sonaba, tosía alto para disimular. Muchas veces salió corriendo porque lo habían descubierto", cuenta Turrión.

Los días posteriores a la sublevación, Centelles, que tras la guerra se exilió a Francia —donde sobrevivió a dos campos de concentración—, siguió fotografiando la contienda. Suya, por ejemplo, es la imagen de un cartel en una valla con la inscripción Aquí caigueien els primers defensors de la REPUBLICA. A las 5.10; la de varios milicianos, uno con una lata de sardinas en la mano izquierda y un jamón en la derecha, avanzando con mirada feliz hacia la barricada de la calle Nueva de la Rambla; o el negativo de la puerta de una iglesia de Barcelona con carteles que rezan: Edificio propiedad del Estado y Edificio Incautat por la Generalitat per al Servici de les instituciones del poble. Las fotografías de Centelles fueron publicadas en medios internacionales, y en Ahora y La Vanguardia.


Guardias civiles leales a la República, en la barcelonesa plaza de Cataluña, después de que las tropas leales apresasen a los jefes de los sublevados. CENTRO DOCUMENTAL DE LA MEMORIA HISTÓRICA

Las de Albero y Segovia también tuvieron difusión exterior y nacional. La portada, por ejemplo, del 25 de julio de 1936 de la revista Estampa —que se difundió hasta 1938 como órgano del Frente Popular (la coalición de partidos de izquierda que había ganado las elecciones de febrero del 36)— era una foto en la que aparecían varios hombres y una mujer sosteniendo armas. El semanario titulaba: “Una madre entra, fusil en mano, a buscar a su hijo en el cuartel de la Montaña”.

La respuesta masiva de las mujeres al golpe está en las fotos de Albero y Segovia, que se guardan en el Archivo General de la Administración. “Destaca cómo los reporteros de Madrid muestran a las mujeres ante la sublevación. Salen miles de ellas a la calle y a combatir en el frente, y los fotógrafos lo enseñan”, dice Turrión. Este rol femenino fue subrayado en los meses siguientes por la dirigente del Partido Comunista Dolores Ibárruri, con frases como "más vale ser viudas de héroes que mujeres de cobardes", y explicado por historiadores como Paul Preston, que en su libro La guerra civil española cuenta cómo una brigada de mujeres participó en los combates de la capital.

“También hay imágenes de Madrid de los fotógrafos Alfonso Sánchez y Atienza,pero muchas no se sabe si son del 19 o de días posteriores. El reportaje de Albero y Segovia es el más completo”, explica Turrión. Entre sus instantáneas del cuartel de la Montaña, está el primer ataque de los republicanos para reconquistarlo; los milicianos ovacionados por el pueblo; la bandera blanca de rendición izada por los sublevados; mujeres que habían entrado con las milicias al cuartel saliendo con armas; o un guardia de asalto deteniendo en la calle de Ferraz “a hombres del pueblo que sin ninguna clase de armas se quieren lanzar al ataque del cuartel". El recuerdo gráfico del primer gran combate de los insurrectos para conquistar Madrid.

miércoles, 27 de julio de 2016

GCE: El inicio

A 80 años del inicio de la Guerra Civil Española, una herida que todavía no cierra
El 18 de julio de 1936 estalló un conflictó bélico que derivó en la dictadura de Francisco Franco, quien mantendría el poder hasta su muerte cuatro décadas después. Un nuevo libro analiza este hecho histórico, que todavía repercute fuertemente en la vida de los españoles
Infobae



(Robert Capa)

En 1936 disputaban el poder quienes defendían la democracia republicana y quienes ansiaban el regreso de la monarquía o la implantación de una dictadura militar. También lo hacían quienes ya habían probado el sabor de la revolución, renegaban del parlamentarismo y aborrecían todo lo que tuviera que ver con las clases privilegiadas. Pero en ese año tormentoso no solo tomaba cuerpo la lucha de clases; lo que se avecinaba, además, era el enfrentamiento entre religiosos y laicos, nacionalistas de distinto cuño, españoles de derecha y de izquierda y, dentro de estos últimos, las desavenencias (que llegarían a ser sangrientas) entre socialistas, comunistas, comunistas disidentes y anarquistas.

En rigor de verdad, no había dos Españas sino tres. Quizás más.
Un abigarrado y complejo mapa ideológico, donde se podían distinguir al menos tres grandes proyectos políticos en pugna. Eran los mismos que, desde la década del veinte, venían poniendo en jaque a toda Europa. Se los conoce como "las tres erres": reforma, reacción, revolución. En otros términos: los sectores reformistas, que proponían la construcción de un Estado democrático capaz de conciliar la economía capitalista con la colaboración de clases, se enfrentaban con los partidarios de una reacción que estableciese un Estado autoritario, orientado a suprimir toda disputa de clase e instalar una dura disciplina social. Contraponiéndose a estas dos posturas estaban los revolucionarios, que clamaban por la destrucción del sistema capitalista y su sustitución por un régimen comunista o, del lado de los anarquistas, por un modelo libertario y colectivista.

En el caso español, la guerra que estalló en el verano de 1936 produjo el colapso del Estado republicano, lo que derivaría en una situación abiertamente revolucionaria. Uno de los objetivos de los sublevados contra el gobierno republicano era eliminar toda posibilidad de ejercicio revolucionario en territorio español. La gran paradoja: el alzamiento terminaría detonando aquello que quería evitar.

¿Anticipaban algo de esto los hombres que, unos seis meses antes, se disponían a encarar un nuevo ciclo de gobierno? Por lo pronto, el clima social no se mostraba precisamente plácido. Las agrupaciones de izquierda que nutrían el Frente Popular habían ganado las elecciones por muy poco margen con respecto a la coalición de derechas a la que se habían enfrentado (una diferencia de menos del 2%); no obstante, el entusiasmo era mayúsculo. Los sectores de la derecha contemplaban, espantados, los festejos que colmaban las calles y las multitudes que, sin esperar la sanción del prometido decreto de amnistía, tomaban las cárceles y liberaban a los presos políticos.

Manuel Azaña, ungido presidente de la República, conformó un gabinete a todas luces moderado: solo miembros de partidos republicanos; ningún representante del PSOE o cualquier otra agrupación de izquierda. Sin embargo, y pese a este evidente –al menos en lo que hacía a la gestión estatal– hacerse a un lado de los sectores más radicalizados del Frente Popular, "los políticos de la derecha reaccionaron como si los bolcheviques se hubiesen apoderado del gobierno de España", mientras la Iglesia "hacía un llamado a la España católica para que cumpliese su destino histórico y salvara a la nación de los peligros del laicismo y el socialismo", describe el historiador británico Antony Beevor.

En este contexto el gobierno intentaba, básicamente, retomar la senda del "bienio reformista": se concedió oficialmente la amnistía para los presos de octubre de 1934, se reestructuraron los mandos militares (intentando alejar de Madrid a los cuadros sospechosos de golpismo; entre ellos, Francisco Franco, quien fue enviado como comandante general a las islas Canarias), se reanudaron los trabajos del Instituto de Reforma Agraria y se reabrió el Parlamento catalán.

Pero la convulsión social no daba tregua.


Cerca de Fraga, frente Aragon, noviembre de 1938. (Robert Capa)

El 19 de febrero, a poco de conocerse los resultados de las elecciones, comenzó un intenso ciclo de huelgas. Obreros y jornaleros reclamaban la reincorporación de los despedidos durante el "bienio negro". Pedían también la recuperación salarial, la nacionalización de los medios de transporte, mejoras en las condiciones de trabajo. Cualquier reivindicación coyuntural derivaba rápidamente en huelga política.

La violencia comenzó a impregnar la vida de todos los días. La mayoría de las juventudes políticas se entrenaba en el uso de armas, prácticamente a la vista de todos. Lo hacían los sectores de izquierda, entre ellos, el PSOE. También los grupos de derecha.

Los carlistas, monárquicos que no defendían el regreso de Alfonso XIII, sino el de un descendiente de otra rama de la dinastía de los Borbones, habían creado su propia fuerza de choque: los requetés. También llamados "boinas rojas" –por el gorro que caracterizaba su uniforme–, se habían hecho fuertes en Navarra y allí hacían sus prácticas de combate.

Por esos días también asomaba al convulso escenario político la Falange Española, minúscula agrupación de derecha surgida en 1933, destinada a tener un enorme protagonismo en los tiempos por venir. Creada por José Antonio Primo de Rivera (hijo del antiguo dictador) e inspirada en el fascio italiano, supo atraer las simpatías de muchos literatos y jóvenes aristócratas, imbuidos del fervor revolucionario de la época, pero visceralmente refractarios a las prácticas izquierdistas.

"Siempre ha sido un pelotón de soldados el que ha salvado la civilización." Esta frase de Oswald Spengler, filósofo e historiador alemán, autor de La decadencia de Occidente, era una de las favoritas de José Antonio y sus seguidores, cultores del militarismo y cierta lírica exaltación de la violencia. Solían reunirse en los mismos bares de la calle Alcalá donde recalaban incipientes y elegantes escritores de izquierda. De mesa a mesa partían las provocaciones jocosas, los contrapuntos retóricos, quizás algún insulto. La ríspida aceleración de los tiempos políticos pronto iba a transformar aquellos amables enfrentamientos entre copas en discusiones de trinchera a trinchera, fusil contra fusil.

De hecho, en los meses calientes de la primavera y el verano de 1936, la Falange ya se había convertido en una agresiva fuerza de choque: era frecuentes sus sangrientos ataques callejeros a obreros, militantes de izquierda e incluso republicanos liberales. Dos respetados políticos, el socialista moderado Luis Jiménez de Asúa y el socialista por entonces radicalizado Francisco Largo Caballero, fueron víctimas –y azorados sobrevivientes– de sendos atentados promovidos por una Falange cada vez más audaz.

La conflictividad social se desmadraba y la percepción general era que el gobierno apenas si podía contener o seguir el ritmo de los acontecimientos. El 12 de julio esta sensación entró en zona crítica. Ese día, un grupo de falangistas asesinó al teniente José del Castillo, integrante de la Guardia de Asalto. Las razones por las que la Falange podría detestar a Castillo eran varias: no solo la Guardia de Asalto era una fuerza creada por el gobierno republicano y había participado en la represión de algunos disturbios protagonizados por los falangistas; también se decía que Castillo estaba colaborando con la formación militar de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), integradas por socialistas y comunistas.

La reacción no se hizo esperar. Al día siguiente, un grupo de guardias de asalto se presentó en la casa de José Calvo Sotelo, ex ministro de Hacienda del dictador Primo de Rivera y cuadro de la extrema derecha que, desde su escaño en las Cortes, venía sosteniendo encendidos discursos contra el sistema republicano e incitando a la sublevación militar. A Calvo Sotelo se le aplicó un "paseo", término que se haría tristemente célebre y frecuente durante la guerra: obligado a subir a un vehículo, fue llevado a las afueras de la ciudad y asesinado a tiros. El cuerpo amaneció abandonado en un descampado.

La portada de “Todo lo que necesitás saber sobre la guerra civil española” (Paidos) La portada de “Todo lo que necesitás saber sobre la guerra civil española” (Paidos)
El asesinato de Calvo Sotelo convulsionó a todo el arco conservador. Su entierro se convirtió en una inmensa manifestación política de las derechas; su muerte, en la gran justificación para un alzamiento militar que, de todos modos, ya tenía fecha y se venía planificando desde el mismo día en que el Frente Popular accedió al poder.

El mismo Francisco Franco, especialmente odiado por la izquierda por su papel en la represión de 1934, no se tomó demasiado tiempo tras conocerse los resultados de aquellas elecciones: cauteloso pero contundente, sugirió la posibilidad de un golpe de Estado a las autoridades de la gestión derrotada por las urnas. Su propuesta fue desoída. Poco tiempo después, el antiguo combatiente del Rif sería enviado a las islas Canarias por el gobierno de Azaña, que estaba relativamente al tanto de los movimientos conspirativos.



Poco efecto tuvo esa suerte de destierro simbólico. En paralelo al ofrecimiento de Franco, se sucedían los encuentros más o menos secretos entre representantes de sectores monárquicos, la Falange de José Antonio Primo de Rivera y algunos referentes del Ejército. Los conspiradores establecieron vías de diálogo con Italia, cuyo gobierno accedió a prestarles ayuda material, armas y dinero. El general Sanjurjo, en el exilio tras el fracasado levantamiento de 1932, viajó a Alemania en busca de contactos y apoyo.

El plan era que Franco se trasladase de Canarias a Marruecos y, una vez allí, se pusiera al frente del consolidado Ejército de África. Mientras tanto, los conspiradores evaluaban a generales y oficiales, estableciendo quiénes daban señales de una futura fidelidad al gobierno legal y quiénes podrían ser potenciales golpistas. Se fijaron las fechas: 18, 19 y 20 de julio. En esos tres días se tomarían ciudades y zonas clave para obtener el control de todo el país. Franco sublevaría Marruecos; Manuel Goded, Cataluña; Gonzalo Queipo de Llano, Sevilla; Emilio Mola, Navarra. Otros militares se ocuparían de Zaragoza, Valladolid, Madrid, Valencia.

La preparación del golpe era un secreto a voces; toda España lo esperaba. Sin embargo, la dirigencia republicana, presa de una inexplicable inercia, oscilaba entre los intentos por disuadir a los sectores ligados a la conspiración, la confianza en que la mayor parte del Ejército se mantendría leal a la República y una inquietante dificultad para calibrar el nivel de peligro en el que realmente se encontraba. Obreros y militantes tomaban sus propias medidas: muchas de las armas que tras la represión de 1934 se habían preservado celosamente de las requisas oficiales fueron sacadas de sus escondites.


 (Robert Capa)

Y llegó el día.

El 18 de julio, tras tomar Marruecos, el levantamiento militar se extendió al resto de las localidades previstas. Pero algo no salió como estaba planificado. En el minucioso armado del alzamiento, los conspiradores no habían contemplado la posibilidad de una resistencia efectiva. Que la hubo y, más que efectiva, fue feroz. En prácticamente todas las ciudades, el alzamiento se encontró con una multitud de civiles enardecidos, dispuestos, por la diversidad de razones que fuera, a defender a "su" República. La sangre manó, abundante. La dinamita reemplazó la carencia de armas. Hubo hasta actos suicidas: a falta de cañones, camiones cargados de explosivos se estrellaban contra las guarniciones sublevadas.
La resolución rápida, el simple "paseo" de Marruecos a Madrid, no habían acontecido. Aunque maltrecho, el gobierno legal de España seguía en pie. A fines de julio, ya no cabían dudas: el golpe de Estado había fracasado. Lo que se iniciaba era una guerra civil.

La primera reacción de las organizaciones obreras fue decretar la huelga general, tomar las calles y pedir armas a un gobierno que seguía debatiéndose entre la incredulidad, la necesidad de detener la avanzada golpista y el temor a la escalada revolucionaria que sin duda se desataría si las poderosas centrales gremiales, la CNT anarquista y la UGT socialista, se armaban.

Marruecos, Baleares, Valladolid, Burgos, Oviedo, Zaragoza y Sevilla habían caído en manos de los sublevados, quienes pasarían a llamarse "los nacionales" (por su defensa de una España única, católica y enemiga del "marxismo extranjerizante"). Barcelona, Madrid, Valencia, Málaga y Bilbao resistían, del lado de los que de aquí en adelante serían denominados por sus enemigos "los rojos": todos los que quedaban del lado de la República, desde los anarquistas más extremos hasta el más moderado de los liberales, considerados, en su conjunto, "marxistas, ateos y enemigos de la civilización occidental".


Noviembre de 1938. El frente Aragón en el Río Segre (Robert Capa) Noviembre de 1938. El frente Aragón en el Río Segre (Robert Capa)

Inesperadamente, la Armada se había revelado, casi en su conjunto, "roja": cuando sonaron los primeros llamados al alzamiento, los marinos no acataron las órdenes de sus superiores, a quienes redujeron, y se manifestaron leales a la República. Ese fue el primer dolor de cabeza del alzamiento: Franco, que contaba con la flota de la Armada, se vio repentinamente varado en África. Ya había alistado a la Legión fuerzas marroquíes que por esos días constituían la fuerza de combate terrestre más entrenada de España. Pero no tenía barcos con que trasladar a esa gran carta "nacional" al continente. La sublevación, sin el aporte de las aguerridas tropas africanas, perdía tiempo y empuje. Al cabo de unos días, llegó la solución. El 29 de julio, diez flamantes aviones de transporte alemanes y doce italianos aterrizaron en Marruecos. Alemania e Italia, en lo que sería su primera acción de ayuda evidente al levantamiento militar, habían enviado la dotación de unidades de transporte que, finalmente, permitiría el cruce entre Marruecos y el sur de España.

Mientras tanto, en Madrid, el gobierno republicano también dilapidaba un tiempo precioso. El Ejecutivo se tomó dos días de cavilaciones hasta aceptar la gravedad de los hechos. Al cabo de ese tiempo, disolvió el Ejército por decreto, abrió los arsenales de armas y los puso a disposición de las organizaciones obreras. Fue el primer paso hacia la formación de las míticas milicias populares de la guerra civil. Algunos historiadores aventuran que, de haberse tomado esa medida mucho antes, los posicionamientos iniciales hubieran sido distintos, lo que incluso podría haber modificado el curso del conflicto. Lo cierto es que cuarenta y ocho horas después de producirse el alzamiento, España estaba virtualmente partida en dos, en una suerte de momentáneo equilibrio de fuerzas.
Y seguían ocurriendo hechos destinados a marcar a fuego el carácter de la contienda.

Del lado "nacional", Sanjurjo, el militar en quien los sublevados confiaban poner la dirección de todos sus futuros movimientos, había muerto en un accidente aéreo, justamente cuando intentaba regresar a territorio español desde Portugal. Su lugar a la cabeza de la rebelión pasaría a ser ocupado por Francisco Franco.

Del lado "rojo" se iniciaba una etapa de enorme conflictividad, signada por la carencia de ejército propio, la necesidad urgente de organizar una respuesta bélica frente a los sublevados y la tarea casi imposible de poner de acuerdo a quienes insistían en defender las instituciones democráticas y quienes querían dar inicio inmediato a la revolución social.

jueves, 3 de marzo de 2016

GCE: La matanza de Casas Viejas

La matanza que hundió a Azaña
Se reedita el ejemplar reportaje de Ramón J. Sender sobre la brutal represión de una rebelión campesina en Casas Viejas por parte de las fuerzas del orden republicanas

RAMON J. SENDER - El País


Muertos en la revuelta de Casas Viejas (Cádiz) en 1933.

Destruida la choza, asesinado también con las esposas puestas Manuel Quijada y golpeada bárbaramente su mujer, Encarnación Barberán, que quiso protestar, los guardias bajaron en una columna disforme hacia la plaza y formaron en el centro. Más de doscientos hombres. El cura preguntaba tímidamente si había que usar sus servicios y preparaba un sermón para la primera ocasión en que hubiera que repartir en la iglesia “la limosna”. Los oficiales iban y venían con papeles. Después de los disparos últimos contra un grupo de curiosos, todo el mundo había vuelto temerosamente a sus casas, a sus albergues. La luz de las siete de la mañana llegaba por la parte del mar, lívida y penetrante. El jefe paseaba ante la doble fila de las fuerzas formadas. La humareda que seguía subiendo desde lo alto de la colina terciaba el cielo de la aldea con una faja negra. Ardían los cuerpos desmedrados de los campesinos. Todas las viviendas de la aldea estaban cerradas. Los jefes iban y venían con papeles. Uno dijo apresuradamente:

—Tengo órdenes rigurosas y concretas de hacer un escarmiento.

Miró el reloj y añadió:

—Doy media hora para hacer una razzia, sin contemplaciones.

Esta orden no se limitaba expresamente a los sucesos de Casas Viejas, sino que se había dado el día 11 con carácter general a todos los lugares donde se habían producido desórdenes, como otras órdenes no menos bárbaras; las fuerzas rompieron filas y se diseminaron en dirección a la torrentera, hacia las chozas de los jornaleros.

Un guardia preguntaba:

—¿Qué es una razzia?

Y otro respondía, cerrando la recámara del fusil:

—Que hay que cargarse a María Santísima.

En las calles no había un alma. Los campesinos permanecían con sus familias, silenciosos, en las chozas. A la puerta de una de ellas lloraba el niño de once años Salvador del Río Barberán. Llevaba en la mano un cartucho de fusil, disparado. Los guardias le dijeron, riendo:

—Tira eso, muchacho, que no es un pastel.

Luego empujaron la puerta. En el fondo, el viejo Antonio Barberán —el de la chaqueta de rayadillo— yacía sobre un charco de sangre. El muchacho lloraba y juraba que su abuelo no era anarquista. El guardia bisoño subió calle arriba con los otros, conocedor ya de lo que era una razzia. Atrás quedó el muchacho midiendo con los ojos la soledad de la calle. El pueblo había enmudecido. Después de las ilusiones de la noche del día 11, todo volvía a su viejo ser. Las tierras seguirían alambradas y cercadas “para nadie”. El hambre y la desesperación, el no hacer nada y la esperanza —como único horizonte— de que el cura los convocara un día u otro —quizá mañana, siempre ese “quizá”— para darles un bono de una peseta canjeable por sesenta céntimos de víveres; ese porvenir inmediato les aguardaba. No se veía otra cosa en los meses que faltaban hasta la siega. Las hoces esperaban clavadas en la paja de la techumbre. La ilusión de las cuarenta y ocho horas anteriores los había vivificado. Nadie se acordó de comer ni de dormir.

Pero la represión, la destrucción de la choza de Seisdedos, los asesinatos de Francisca Lago y de su padre cuando intentaban huir con las ropas ardiendo, todo aquel estruendo de bombas y fusilería al que estuvieron atentos los campesinos desde sus camastros; el recuerdo de Manuel Quijada, esposado, que caía bajo los culatazos de los guardias y era levantado a puntapiés para morir, por fin, ametrallado frente a la choza; los asesinatos de otros tres detenidos, muertos a bocajarro junto a las cercas; la muerte del septuagenario Barberán al lado de la cama que acababa de abandonar, esos acontecimientos eran conocidos rápidamente en todo el pueblo.

Durante la noche, los campesinos afiliados al sindicato, que tenían armas, huyeron. El campo los acogería en la noche fraternalmente. Por la tierra, por la superficie cultivable, todavía virgen, habían intentado implantar el “comunismo libertario”. En la conquista del campo empeñaban la vida. La habían dado ya muchos campesinos. Al campo fueron a refugiarse. Entre los que quedaban en el pueblo apenas se podrían contar dos o tres testigos de los sucesos y miembros del sindicato.

En la aldea había teléfonos misteriosos que comunicaban con Madrid y con Cádiz constantemente. Había papel para los atestados, sellos judiciales, casas donde tomaban el desayuno los oficiales y los enviados del Gobierno —había llegado uno, de Cádiz—. Había la inseguridad de ofrecer la paz sin que la aceptara el enemigo. La probabilidad de levantar los brazos inermes ante cuatro fusiles y recibir, sin embargo, la descarga. Estaba a cada paso la tapia de los fusilamientos. En el pueblo todo les podía ser hostil. En el campo, un obscuro instinto les decía que todo habría de serles favorable.

lunes, 29 de febrero de 2016

GCE: La interacción entre Hitler y Franco

"La sombra de Hitler", una visión novedosa de la Guerra Civil Española
Por: Matías Falco
Pierpaolo Barbieri, investigador argentino egresado de Harvard, explicó a Infobae por qué y cómo la Alemania nazi intervino en España. El papel del llamado "dictador económico" Hjalmar Schacht




Pierpaolo Barbieri, el argentino que investigó la relación entre Hitler y Franco.Pierpaolo Barbieri, el argentino que investigó la relación entre Hitler y Franco.Crédito: Veronica Jacobson
En su nuevo libro, La sombra de Hitler (Taurus), el joven historiador argentino Pierpaolo Barbieri se propone ofrece una nueva visión sobre la Guerra Civil Española y la intervención de la Alemania nazi. Es que para Barbieri, quien desarrolló una vasta investigación en seis países, no fueron ideológicos los motivos que llevaron a Hitler a realizar esta jugada, sino económicos. En este sentido, como explicará más adelante a Infobae, para comprender este proyecto y sus consecuencias es fundamental la figura de Hjalmar Schacht, responsable de la economía del Tercer Reich.

—¿Cuál es la tesis del libro?
—El libro trata de explicar la Guerra Civil Española de una manera novedosa. En vez de considerarlo historia nacional, lo que yo trato de hacer es tratar de ver el conflicto con un lente europeo y tratar de entender las relaciones económicas que llevaron a la intervención alemana e italiana en el conflicto, que fue lo que determinó el curso de la Guerra.

—¿En qué consistió la investigación?
—Empecé esto en la Universidad de Harvard. Fue mi tesis de grado, después fue mi tesis de posgrado y también hice investigación en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, lo que conllevó a hacer seguir en España, Italia, Alemania, Francia, Inglaterra y en los Estados Unidos. Estuve en distintos archivos, tratando de ver los documentos originales para ver si esta idea novedosa se podía probar con los documentos. En ese sentido, es un libro de Historia que trata de apuntar a un público general, pero también, para el que está interesado, tiene citas al final dando fuentes específicas de los distintos argumentos.

—¿Se encontró con información que superara la hipótesis inicial?
—Sí, por supuesto. Crear un libro es como pintar un cuadro: las cosas van cambiando a medida que uno avanza. Creo que los debates que no me esperaba encontrar fueron aquellos que hubo en la Alemania nazi. Algo que yo no esperaba es lo que yo llamo la Guerra Civil dentro del gabinete alemán, entre quienes proponían el imperio informal, como el que se trata de construir en España, y los que querían un imperio formal basado en el control pseudo racial de los pueblos. Como a todos, a mi me habían contado la historia del nazismo como una línea recta que iba desde 1933 a 1945, y eso era algo que no te explicaba estos debates económicos dentro del régimen.

—Es decir que es un punto de vista nuevo.
—Trato de presentar a estos actores de una manera nueva, y especialmente en lo que hace al conflicto español, porque era un conflicto en el que los nazis invirtieron muchos recursos y fue, si se quiere, la primera intervención extranjera del nazismo.

—Un poco la gran pregunta del libro es por qué Alemania intervino en la Guerra Civil Española, ¿podría explicar brevemente su visión?
—En principio es un tema estratégico, pero muy rápidamente y por la duración de la Guerra se convierte en un proyecto económico. Los españoles nacionalistas, el bando de Francisco Franco, necesitan de los alemanes porque necesitan recursos bélicos que no tienen. Necesitan crédito, pero ¿a cambio de qué? Por muchos años, nos contaron una historia que dice que intervinieron España por temas ideológicos. Lo que yo trato de proponer es que lo hicieron a cambio de un proceso de penetración económica donde las industrias alemanas se hacían de las españolas y proponían que esto continuara en el tiempo mucho más allá de la guerra civil.

—Por eso fue clave la figura de Hjalmar Schacht.
—Exactamente. Schacht era como la unión del poder monetario y fiscal en una sola persona. Desde ese lugar, el que llamaban "dictador económico" de la Alemania nazi construía una política en la que apuntaba al control informal de los territorios. Es decir, no conquistarlos sino ejercer la hegemonía económica. Y España fue, de acuerdo con mi investigación, el lugar en el que mejor funcionó el proyecto.

—¿Cómo fue la relación entre ambos países durante la Segunda Guerra Mundial?
—Técnicamente, Alemania nunca pidió que España entrara a la Guerra y se mantuvo estrictamente neutral, pero en términos económicos no existía la neutralidad, sino que se comerciaba mucho y eso fue lo que realmente produjo el quiebre de Franco con las democracias. Es muy interesante, porque la única reunión que existió entre Hitler y Franco fue un desastre: Hitler famosamente dijo que prefería ir al dentista antes que verlo a Franco en alguna otra oportunidad. Nunca se llegó a una alianza formal, lo que sí quedaba era este tema económico donde el 75 por ciento de todas las exportaciones de España iban al Eje, y eso era una dislocación que se había creado durante la Guerra. En la España de la pre Guerra, la mayoría del flujo comercial externo iba al Reino Unido o a Francia, y eso en el transcurso de la guerra civil se redirecciona a Alemania.

—Tras la derrota del Eje, ¿Franco se intentó desligar de la Alemania nazi?
—Exactamente. Franco no solamente entregó sus víctimas sino que también entregó las deudas que tenía con Mussolini o con Hitler, que eran muy distintas: Hitler tenía un proyecto de penetración económica que los italianos nunca tuvieron. En ese contexto, después de la Guerra Franco se intentó desligar de sus espónsores fascistas, porque ellos habían perdido y él no, y él planea quedarse en el poder. Entonces tiene que crear una ideología porque no la tiene: al principio Franco es una persona desprovista de ideología, entonces pivotea y trata de adaptar su relato ideológico para tener una perspectiva no fascista.

—¿Cómo lo construyó?
—Lo hace desde el conservadurismo, el autoritarismo político y de un alineamiento con los católicos conservadores. Crea lo que se llama un nacionalcatolicismo, que luego sobrevive hasta su muerte. Franco logró estar en el poder 30 años en el medio de una Europa cada vez más integrada. Logra una alianza con los Estados Unidos, basada en la idea del anticomunismo, pero lo que no logra es que Europa lo acepte. Todos los que habían luchado contra él o los que se acordaban de la guerra civil española sabían que había ganado un Franco que no fue exactamente respetuoso de los derechos humanos con los que perdieron.


Perón junto a Francisco Franco y Héctor. J. Cámpora.

—¿Cómo era la relación entre Perón y Franco?
—Cuando Perón va al exilio, va a la España de Franco, pero es muy importante recordar que la política fascista en la economía española de la guerra lleva a una gran hambruna, porque eran políticas muy poco eficientes. En ese contexto, Argentina va a la ayuda de Franco y hay contactos políticos y económicos donde ayuda con granos, aparte de con apoyo político, a que Franco no esté tan aislado.

—¿Ve puntos en común entre ambos líderes?
—No en el sentido de construcción de liderazgo, porque Perón, a pesar de que venía de una junta, fue elegido popularmente y Franco nunca participó de una elección. Franco tenía un perfil monárquico y muy atado a la Iglesia, que era distinto en el caso de Perón. Lo que sí se ve es que los dos fueron inspirados en su juventud por el fascismo de Mussolini y la estrategia económica corporatista, donde el Estado actúa como mediador entre los sindicatos y el capital. Ambos eran anticomunistas y venían de una tercera vía, que no era capitalista ni comunista.

—La Ley de Memoria Histórica continúa siendo un tema de debate en España, ¿cuál es su posición?
—Yo creo que en el proceso de la democratización de España se sacrifica saber todos los crímenes y ahondar en el pasado por la estabilidad política. Y así se crea una democracia afianzada, integrada a Europa y exitosa económicamente. España lo ha construido desde ese país poco desarrollado que dejó Franco en 1975. En ese contexto, creo que se sacrificó mucho en el momento de hacer la transición y luego, cuando está afianzado el proyecto democráctico, se ha vuelto a ver cosas que había que sacar de las fosas comunes. Y no solamente me refiero a los cuerpos, sino a dependencias políticas que se tenían y no se pueden ocultar para siempre. Franco cometió muchísimos crímenes de lesa humanidad, así como también hubo crímenes del otro lado de la guerra, porque fue un enfrentamiento fratricida y sin cuartel. En ese contexto, es importante para el futuro de los pueblos entender el pasado. Yo apoyo la iniciativa de entender cuales fueron los crímenes, juzgar a los responsables y tener una memoria que sea respetuosa con el pasado y las víctimas.

—El gobierno de Mariano Rajoy estuvo muchas veces en la mira de la oposición por la supuesta mala aplicación de la ley durante su administración, ¿qué análisis hace?
—Hay un debate. No se derogó la Ley ni se trató de eliminarla. Todavía está muy vivo el tema, por eso la perspectiva depende del partido al que uno le pregunte. Lo que sí es importante que en España se ha dejado a los jueces actuar sin problemas políticos. En la época de Baltasar Garzón creo que los hubo más que ahora.


"Franco debería estar en los museos, pero quizás no en el centro de la ciudad", opina Barbieri.
Veronica Jacobson

—Es un tema que todavía genera mucha confrontación.
—Sí, en ese sentido el libro propone una mirada mucho menos española. Si no, creo que caemos muy fácilmente en las divisiones ideológicas y considero que es muy interesante pensarlo desde lo que era este proyecto de imperialismo alemán para la integración de Europa. Yo lo que siempre digo es que hoy tenemos instituciones que muchos critican, que son proclives a la crisis y han sufrido la crisis de deuda soberana, pero sin embargo son instituciones mucho más plurales y democráticas que las que hubieran hecho los nazis. El proyecto de integración que quería Schacht y sus asociados no era para nada democrático, iba a ser manejado desde Berlín sin la posibilidad de que nadie más pudiera opinar, mientras que desde la Unión Europea se ha construido un proyecto democrático y respetuoso de los derechos humanos.

—¿Considera que la Ley de Amnistía va a seguir vigente?
—Creo que a la larga la ley en sí va a seguir vigente y sin embargo hay ciertos crímenes que igual se van a investigar. La gran ironía es que la ley de Amnistía fue originalmente pensada para proteger a las víctimas del franquismo y no a los líderes. Sin embargo, después fue usada para promover a los otros. Yo apoyo las iniciativas judiciales para tratar de entender cómo murieron las víctimas. Creo que la Historia no está para estar enterrada, si no no hubiera escrito el libro. Pero es importante saber que en 1975, cuando la democracia en España no existía y muchos la creían imposible, era necesaria una ley que permitiera que los que habían sido ministros de Franco pudieran meterse en una elección y crear un partido, y eso ha llevado a una democracia muy exitosa.

—¿Cómo se consolidó?
—Hubo un bipartidismo donde estaba el PSOE, que eran socialistas, y el PP, fundado por un ministro franquista que hacía una propuesta conservadora pero democrática. Rajoy viene de ese partido, y por eso es que hay mucha gente que critica iniciativas como la Ley de Memoria Histórica, pero yo no creo que Francisco Franco se merezca tener estatuas de él en el medio de Madrid.

—Era la próxima pregunta... Hay quienes sostienen que la iniciativa propone eliminar una parte de la Historia, ¿cuál es su opinión?
—Yo no apoyo eso, creo que para los que fueron sus víctimas es un recordatorio demasiado cruento del pasado. Tampoco quiere decir que vayamos a eliminar todo, porque no se puede borrar la Historia, pero sí ciertas figuras y, dados los crímenes del franquismo, es difícil que siga en ese estado de centralidad como si fuera Don Quijote. Creo que Franco debería estar en los museos, pero quizás no en el centro de la ciudad en una efigie cual Napoleón Bonaparte. Los franceses pueden amar el proyecto político de Napoleón, pero es muy difícil divorciar los crímenes del franquismo con sus políticas, porque Franco no creó un sistema más plural y democrático, sino que fue a un lugar aislado, autoritario y desprovisto de derechos.

Infobae

lunes, 18 de enero de 2016

GCE: La carta de un voluntario negro antifascista estadounidense

VOLUNTARIO NEGRO DE LA BRIGADA ABRAHAM LINCOLN EXPLICA POR QUÉ LUCHA EN ESPAÑA EN UNA GUERRA DE BLANCOS

JAVIER SANZ — Historias de la Historia


La Brigada Abraham Lincoln agrupó a los voluntarios de los Estados Unidos que lucharon junto a los republicanos contra las fuerzas de Franco durante la Guerra Civil española. De los cerca de 2.800 voluntarios estadounidenses que participaron en la contienda -soldados, técnicos o personal médico-, 800 de ellos nunca regresaron. El que sí lo hizo fue Canute Frankson, el protagonista de esta historia.


Miembros Voluntarios de la Brigada Abraham Lincoln

Canute Frankson era un mecánico de Detroit que en abril de 1937 viajó a España para luchar contra Franco. Tres meses después de llegar, le escribió una carta a un amigo de Detroit explicándole “por qué él, un negro, había optado por participar en una guerra entre los blancos que durante siglos nos han sometido a esclavitud“…

Albacete, España. 6 de julio de 1937.
Mi querido amigo: estoy seguro de que a estas alturas todavía estás esperando una explicación detallada de lo que tiene que ver esta guerra conmigo. Dado que es una guerra entre los blancos que durante siglos nos han esclavizado, insultado, despreciado… ¿por qué yo, un negro, que he luchado durante años por los derechos de mi pueblo, estoy ahora en España? Porque ya no somos una minoría aislada luchando desesperadamente contra un inmenso gigante, porque, querido amigo, nos hemos convertido en parte activa de una gran fuerza progresista sobre cuyos hombros descansa la responsabilidad de salvar la civilización de la destrucción planificada por un pequeño grupo de degenerados locos en su ansia de poder. Porque si aplastamos el fascismo aquí, vamos a salvar a nuestra gente en Estados Unidos y en otras partes del mundo […] Todo lo que tenemos que hacer es pensar en el linchamiento de nuestro pueblo. Podemos mirar las páginas de la historia de Estados Unidos manchadas con la sangre de los negros, el hedor de los cuerpos quemados de nuestro pueblo que colgaban de los árboles, los gritos de nuestros seres queridos torturados, los cuerpos marcados por atizadores al rojo vivo […] Vamos a aplastarlos. Nosotros vamos a construir una nueva sociedad, una sociedad de paz y abundancia. Por eso, amigo, estoy aquí en España. En los campos de batalla de España que lucha por la preservación de la democracia. Aquí, estamos sentando las bases para la paz mundial, por la liberación de un pueblo y de la raza humana. Aquí, donde estamos inmersos en una de las más amargas luchas de la historia humana, no hay diferencias de color, ni discriminación, ni odio racial. Sólo hay odio al fascismo. Sabemos quiénes son nuestros enemigos. Los españoles son muy comprensivos con nosotros. Son gente encantadora. […] Cada uno de nosotros tiene que dar todo lo que tiene para que esta bestia fascista sea destruida. Después de que todo esto termine, espero compartir mi felicidad con todos vosotros. Será una felicidad que no se podría haber logrado de ninguna otra forma sino que después de haber servido en una causa tan digna. Espero que el mal aparente que cometí [al marcharme] pueda compensarse por el servicio que doy aquí a la causa de la democracia. Mi sincero deseo es que seas feliz, y que cuando esto se acabe nos volvamos a encontrar. […] De una cosa estoy seguro: voy a estar satisfecho de lo que he hecho.
Hasta pronto. No sé cuándo podré volver a escribir. Hay tanto que hacer y tan poco tiempo.
Saludos. Canute
Frankson volvió a casa después de un año pero murió al poco tiempo en un accidente de tráfico

sábado, 16 de enero de 2016

Biografías: Ex-republicano preso en Mauthausen

DE LA BATALLA DEL JARAMA A MAUTHAUSEN.
JAVIER SANZ — Historias de la Historia


Jorge Pérez Troya nació en Torre de Juan Abad (Ciudad Real) en 1916. Con 20 años se vio envuelto en la Guerra Civil, combatió en el Alcázar de Toledo, en el alto de los Leones, en Guadarrama y en el Jarama (como sargento y a cargo de una baterí­a antiaérea).


TroyamilitarPT

Tras el final de la Guerra, 1 de abril de 1939, huye a Francia. Los primeros tiempos son difí­ciles, ya que Francia los encierra en campos donde las condiciones en las que viví­an eran deplorables (hambre, sed, disenterí­a, etc); allí­ toma contacto con los comunistas y pasa a ser uno más de ellos. Cuando estalla la II Guerra Mundial y Alemania invade Francia, en el 40, se cierran los campos y les ofrecen tres alternativas: enrolarse en la Legión Extranjera, en las Compañí­as de Trabajo o ser devueltos a España. Jorge decide enrolarse en la Compañí­a de Trabajo (en concreto en la 211). Estas compañí­as son utilizadas para trabajar en el campo, en las minas, en los caminos… Mano de obra barata.

Tras el armisticio firmado por Alemania y Francia en junio de 1940, Francia queda dividida en dos: una parte ocupada por los alemanes y la otra “libre” bajo el gobierno del Mariscal Petain (gobierno tí­tere de los alemanes). Su compañí­a es enviada a Brest, pero él decide que no ayudará a los nazis y escapa. Llega a Burdeos y allí­ se incorpora a la resistencia, tras algunas acciones de sabotaje le enví­an a Paris a “combatir” dentro de la Guerrilla Urbana. En 1942 ya dirige uno de los grupos de la guerrilla.

Tras varias acciones de éxito le ordenan atacar el puesto de guardia del  Estado Mayor alemán en Parí­s. Jorge y su grupo se preparan y durante unos dí­as vigilan los horarios del cambio de guardia. Deciden atacar a la compañí­a que iba a dar el relevo y, aunque fue todo un éxito, perdió a 11 de sus camaradas.

Jorge se oculta durante unos dí­as pero, como jefe de su grupo, tiene que ir a un “piso franco” donde tení­a el armamento. La portera del edificio sospechó del tejemaneje de aquel extranjero. Lamentablemente, para la suerte de Jorge, era la querida de un policí­a y dio el chivatazo. Cuando Jorge llegó al piso se encontró encañonado por dos policí­as que se lo llevaron y le dieron una terrible paliza. Casi sin vida, lo abandonaron a su suerte en una celda con otros miembros de la resistencia, entre ellos habí­a comunistas franceses que pudieron conseguir, del exterior, medicinas para curarle. Tras varios dí­as entre la vida y la muerte, es llevado a la cárcel de Fresnes donde permaneció durante dos meses con un panecillo y una sardina salada al dí­a.

A los dos meses los alemanes lo sacan de allí­ y lo llevan al Castillo de Romainville donde las cosas fueron mucho peor. Al desgaste fí­sico habí­a que añadir el psicológico, pues todas las mañanas eran formados los presos y 15 de ellos eran fusilados. Una de las mañanas le obligaron a coger todas sus cosas y Jorge pensó:

“Hasta aquí­ hemos llegado”
Pero no, todaví­a tení­a que sufrir más. Los “empaquetaron” en un tren cuyo destino era… Mauthausen (Austria). Se convertirí­a en el preso nº 25.537. Tení­an que trabajar en fábricas de armamento cercanas al campo o, como Jorge, en las canteras de granito donde debido al esfuerzo muchos morí­an. Según sus palabras:

“Habí­a una enorme cantera y nos hací­an trabajar de sol a sol para sacar piedras de gran tamaño. Hitler las necesitaba para los monumentos que querí­a construir en los lugares que iba conquistando“
“veinticuatro horas al dí­a asfixiando (cámaras de gas) a mujeres y a niños“
“Ninguno de los que llegaban sobreviví­a y sabí­as que cuando entraban les esperaba una muerte segura. Las paredes de las cámaras eran de cemento, de gran grosor, y podí­as ver los arañazos que hací­an las personas cuando iban a morir“


Jewish Virtual Library

Jorge Pérez Troya fue uno de los supervivientes de los campos de extermino nazis, pero unas 122.000 personas, sólo en estos campos, fueran asesinadas. Su pequeña venganza tomo cuerpo cuando, tras la liberación, algunos de los supervivientes persiguieron al oficial de más alto rango del campo y le dieron muerte cuando huí­a. El gobierno francés le concedió la Legión de Honor por méritos durante la resistencia.



Deportados de Mauthausen (Jorge a la izquierda, bajo la flecha)

Un hombre que luchó en una guerra entre hermanos, que tuvo que exiliarse de su paí­s, que padeció la desconfianza y el confinamiento de los franceses a los que luego ayudó en la resistencia contra la ocupación nazi y que sobrevivió a un campo de exterminio… Tendrí­a que ser el sí­mbolo de la RESISTENCIA Y LA FORTALEZA HUMANA.

Sirva este post como mi pequeño homenaje para un héroe casi desconocido (por lo menos para mi).

Fuentes: Documentos RNE (Españoles en la resistencia francesa), Testimonio Jorge Pérez Troya (información y fotos)

lunes, 16 de noviembre de 2015

Cine militar: There Be Dragons (2011)

There be Dragons
Encontrarás dragones

"There be Dragons" es la historia del creador de Opus Dei, José María Escrivá de Balaguer. Filmada en muchas partes en Argentina y España por Roland Joffe, está ambientada en la Guerra Civil Española. En Argentina fue filmada en Luján, Sierra de la Ventana y lago Epecuén, en el partido de Carhué, así como en el zoólogico y subterráneos de Buenos Aires.
En Sierra de la Ventana fue filmada en el Parque Provincial Ernesto Tornquist, en las estancias "Las Vertientes", "Hogar Funke" y "Sierras Grandes".
Acá les dejo algunas fotos (screenshots) de la misma:


Este es un carrito aguatero del EA, usado en esta escena en el Parque Provincial Ernesto Tornquist, en la comarca serrana de Sierra de la Ventana.

Paísaje de fondo típico de la zona de las Sierras

Otra sección, más al oeste de las sierras principales.



Un SK-105 del EA reformado para parecerse a un BT-7 soviético usado por los republicanos

Esta creo yo que es una MAG del EA reformada para parecerse a una Maxim

Escena de bombardeo a una columna, en el Parque Provincial

Este Puente Blanco es muy conocido en la entrada a Sierra de la Ventana, entrando por el Oeste.

Acá esta la foto del puente blanco verdadero (clic aquí)

Este es el pueblo de Epecuén, que fue cubierto hace 20 años por una inundación del lago Epecuén. Hace poco tiempo las aguas retrocedieron y quedó como un pueblo arrasado. Aprovecharon esa circunstancia para hacer parecer un pueblo afectado por la guerra.

Foto del Epecuén verdadero

Esta escena de la batalla de Madrid (1936) fue simulada en la ciudad de Luján, con la basílica de Luján al fondo.

Finalmente una escena en el subterráneo de Buenos Aires, con Lito Cruz haciendo de encargado de vagón.



lunes, 28 de septiembre de 2015

GCE: Ofrecimiento de rendición soviética

Oferta para españoles en URSS: Alojamiento y comida gratis, jornada de 8 hs. remuneradas en clima templado

JAVIER SANZ — Historias de la Historia


Aunque el título de este artículo pueda parecer una oferta de trabajo, es un ofrecimiento de rendición hecho por la URSS a los españoles de la División Azul, la unidad de voluntarios españoles que sirvió en la Wehrmacht entre 1941 y 1943 durante la Segunda Guerra Mundial.

Ofrecimiento de rendición
Lee esta hoja y pásala a tu compañero.
El Gobierno de la U.R.S.S.
Observa estrictamente todas las leyes internacionales en relación con los prisioneros de guerra. De acuerdo con la decisión del Gobierno Soviético Nº 1.798 del 1 de julio de 1.941, y la orden del Comisario de Defensa de la URSS Stalin, nº 55 del 23 de febrero de 1.942, a todo el que se entrega prisionero, el Ejército Rojo le garantiza la vida y el regreso a la patria después de terminada la guerra. Todos los prisioneros están alojados en campos especiales, visitados por representantes de la Cruz Roja Internacional. Los campos para los prisioneros de guerra españoles están situados en regiones de clima templado.
La jornada de trabajo para los prisioneros es de 8 horas.El trabajo es pagado.
A los prisioneros de guerra españoles en la URSS se les dá 3 comidas calientes al día, 400 gramos de pan, para los que trabajan 800 gramos, 300 gramos de verduras y patatas, embutidos, carne, pescado, azúcar, té y tabaco.
Los prisioneros tienen derecho a mantener correspondencia con sus familiares a través de la Cruz Roja Internacional. Esta hoja sirve de salvoconducto para presentar al Ejército Rojo.

lunes, 14 de septiembre de 2015

GCE: Los campos de concentración de Franco



Los campos de concentración de Franco: así eran y así se sobrevivía
El País

Las asociaciones memorialistas piden recuperar la memoria de los centros de esclavitud

Presos de un campo de concentración del franquismo en Sevilla. / GRUPO DE TRABAJO RECUPERANDO LA MEMORIA HISTÓRICA DE CGT-ANDALUCÍA Y CONFEDERACIÓN HIDROGRÁFICA DEL GUADALQUIVIR

“Trabajaban de sol a sol, a pico y pala, casi sin alimentación y recibían palizas constantes”. Así resume el profesor de Antropología Social de la Universidad de Sevilla, Ángel del Río, la vida en los campos de concentración del franquismo.



De los 188 centros donde se recluyó a medio millón de esclavos del franquismo en España cada vez quedan menos vestigios. Ese era el objetivo: borrar la memoria. La represión fue física, psicológica e ideológica, tanto para los presos como para sus familias. Miles de españoles trabajaron gratuitamente y casi sin comida para obras públicas y particulares de sus captores intentado eludir la muerte. Otros no lo consiguieron y fueron fusilados en los patios. El Grupo de Trabajo Recuperando la Memoria Histórica de CGT-Andalucía se reúne este martes de septiembre con el Ayuntamiento de Sevilla para rescatar del olvido el centro del que fue promotor junto al puerto así como otros complejos de represión franquista, como la cárcel de Ranilla. Así eran y esta era la vida de sus presos:


Un campo por 297.868 pesetas
En octubre de 1938 se creó el Patronato para la Redención de Penas por el Trabajo, en el organismo gestor de los campos del franquismo. Nueve meses antes, Sevilla se adelantó y creó uno situado junto al puerto de la capital que sirvió de modelo para otros.
En el expediente de construcción se habla de “campo de concentración”, sin los eufemismos que más tarde adoptó el franquismo, como centro de regeneración por el trabajo.
La distribución era rectangular. En un lado se disponían los barracones para los militares y vigilantes, oficinas y enfermería; en otro, los dormitorios; el tercero incluía comedores, cocina y capilla; y por último, se desplegaban los retretes, duchas y almacenes.
La extensión era de 78,10 por 68,10 metros. Los barracones, en el caso del puerto de Sevilla (en otros campos eran meras tiendas de campaña o chozas) eran de madera, ladrillo y suelo de hormigón.
El presupuesto de ejecución material y administrativo fue de 142.520, 61 más 155.347,45 pesetas. En total 297.868 pesetas (1.790 euros). La obra la culminó la empresa Entrecanales y Távora y, según el coordinador del El Grupo de Trabajo Recuperando la Memoria Histórica de CGT-Andalucía, Cecilio Gordillo, el coste final de la obra ascendió a 180.000 pesetas, muy por encima del presupuesto previsto y pese a la reducción de calidades. La financiación se cubrió con un impuesto especial sobre el alcohol de melaza, un licor elaborado a partir de caña o remolacha.


Al llegar, un médico y un oficial decidían si el recluso era apto para el trabajo, única alternativa para evitar la cárcel y la más que probable muerte.

Inmediatamente recibía ropa militar usada por las brigadas de soldados italianos en España durante la guerra: pantalones, una guerrera, un capote y unas botas; la ropa interior dependía de la familia. También obtenían una colchoneta y un par de mantas.



Con materiales muy rudimentarios, los presos eran obligados a excavar y remover miles de toneladas de tierra para obras públicas o en faenas agrícolas de afines al régimen. Dentro del campo, también eran los reclusos los que se encargaban de todas las labores. La semana laboral era de seis días de seis de la mañana hasta el anochecer.

El salario estipulado era de dos pesetas diarias (0,01 céntimo de euro) de media, que se las quedaba el Estado en concepto de manutención. La mayoría de supervivientes no recuerda haber recibido dinero alguno durante su condena o tan solo un 25%. El sueldo habitual de un trabajador sin cualificar de la época era de 10 pesetas al día (0.05 céntimos).

“Nos daban cuatro o cinco algarrobas para desayunar, un pescado hervido para comer y ya está, ya no había más. (...) Hubo muertos y el médico no sabía qué pasaba”, relató José Custodio Serrano, uno de los supervivientes, en un trabajo de Ángel del Río, quien ha coordinado, dirigido y publicado numerosas investigaciones sobre la represión franquista.

La supervivencia dependía de las familias de los presos, que se asentaban junto a los campos para poder alimentar a los reclusos. Esta situación fue cambiando cuando los franquistas se dieron cuenta de que era más rentable tener a los trabajadores alimentados para que continuaran con sus trabajos gratuitos. Café aguado con un bollo de pan, guisos de garbanzos, judías, lentejas o habas y sopa de pan y ajo o pescado componían los tres ranchos diarios de los últimos años. La carne se reservaba fechas religiosas y el 18 de julio. Pero para mantener la humillación como arma contra los presos, las comidas se denominaban pienso y coincidían con las horas de alimentar al ganado.

Para asegurarse el buen trato de los vigilantes, algunos presos compartían la comida que les llegaba de sus familias con los soldados.

Algunos presos, que eran obligados a trabajar aunque estuvieran enfermos, murieron por patologías derivadas de beber agua de pozo sin tratar, como el caso del topógrafo Baltasar Jiménez. Las plagas de sarna, pulgas, chinches, piojos y garrapatas eran habituales, así como las pulmonías y reumas. También los accidentes laborales, que llenaban las enfermerías.

El testimonio de Luis Adame recogido por Del Río detalla cómo un capitán médico inyectaba líquido en las zonas doloridas y si el preso era capaz de aguantar, concedía la baja. La mayoría volvía al trabajo para evitar el dolor añadido.



Pese a las penosas condiciones, el peor de los castigos era ser devuelto a prisión, medida que se convirtió en una vía de autorregulación por parte de los presos, que intentaban evitar a toda costa cualquier situación que pudiera ser considerada como indisciplina.



Entre las represalias psicológicas más habituales, enlazadas con una pretensión de adoctrinamiento, se encontraba la obligación de cantar a diario el Cara al Sol o el himno de los requetés brazo en alto, la asistencia obligatoria a los oficios religiosos, impedir el contacto físico con familiares que venían a ver a los presos, y presenciar palizas y castigos de compañeros.

Las fugas, aunque ocasionales, también se registraron. La resuelta con más crueldad fue la registrada en 1943 en el bajo Guadalquivir, donde cuatro de los seis presos huidos terminaron fusilados y uno abatido cuando escapaba.

Catálogo de Lugares de Memoria
La Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, a través de la Dirección General de Memoria Democrática, está elaborando el Catálogo de Lugares de Memoria de Andalucía, que hasta la fecha incluye 50 espacios declarados por el Gobierno andaluz y que incorporará los campos de concentración del franquismo.
Los Lugares de la Memoria se identifican a propuesta de ayuntamientos, asociaciones memorialistas, familiares de víctimas e historiadores, entre otros. Posteriormente son evaluados por una comisión de expertos y elevados a Consejo de Gobierno por parte de la Dirección General de Memoria Democrática.
Ese catálogo incluirá espacios de la significación de la Casa de Blas Infante, la fosa del cementerio de San Rafael de Málaga o las tapias del cementerio de Granada.
El Boletín Oficial de la Junta de Andalucía publicó el pasado 24 de junio una anuncio con la aprobación de la exhumación de una fosa común localizada y delimitada en la localidad sevillana de La Algaba, donde se encuentran los restos de decenas de víctimas del campo de concentración de las Arenas.
Los investigadores María Victoria Fernández Luceño y José María García Márquez realizaron un exhaustivo estudio sobre las lamentables condiciones de vida de los presos de ese campo. Los investigadores concluyeron que, entre 1941 y 1942, murieron 144 presos procedentes de las ocho provincias andaluzas y de Badajoz, Albacete, Alicante, Barcelona, Ciudad Real, Las Palmas, Palencia, Pontevedra, Toledo, Zaragoza y Portugal.

martes, 8 de septiembre de 2015

GCE: Los afanos de Franco

El gran negocio de Franco con la guerra
El historiador Ángel Viñas desvela en su próximo libro el origen turbio de la fortuna del dictador
Una, grande y rica
TEREIXA CONSTENLA - El País


De derecha a izquierda: Francisco Franco, Carmen Polo de Franco y Pilar Primo de Rivera, en un acto de la sección femenina en El Escorial, en 1944.

Franco hizo fortuna con la Guerra Civil. En su próximo libro, el historiador Ángel Viñas (Madrid, 1941) desvela aspectos desconocidos sobre el origen del patrimonio del dictador, fallecido hace 40 años, que desmontan el mito de su desapego hacia el dinero. Al margen de sus honorarios oficiales, Franco se enriqueció por vías que hoy acabarían ante los tribunales, como la venta de café donado en 1939 por Brasil o una “gratificación mensual” que le pagó la compañía Telefónica.

En La otra cara del Caudillo (Crítica), que se publicará el 22 de septiembre, Viñas desvela que el dictador ingresó en 1940 en una de sus cuentas 7,5 millones de pesetas, que equivalen “más o menos a 85,6 millones de euros de 2010”, por la venta de café que había donado el dictador brasileño Getúlio Vargas. “No veo la razón por la cual Vargas pudiese hacer un donativo a Franco a título personal, de dictador a dictador. Probablemente supondría que su homólogo no iba a beberse el café que pudiera obtenerse con 600 toneladas de granos. Entiendo, pues, que lo más probable es que fuese hecho implícitamente bien al pueblo o al Estado españoles”, sostiene el historiador en la obra. El café era uno de los productos que más escaseaban durante la posguerra y, por tanto, uno de los más demandados en los circuitos ilegales del estraperlo.

Dinero sospechoso
Café. En 1940 Franco tenía en una de sus cuentas 7,5 millones de pesetas (85,6 millones de euros de hoy) por la venta de café donado por el dictador Getúlio Vargas.
Donativo. El dictador recibía un “donativo mensual” de 10.000 pesetas (11.000 euros de hoy) de parte de la Compañía Telefónica Nacional.
Saldo. En agosto de 1940 disponía de 34,30 millones de pesetas en sus cuentas.
Bajo la dirección de Francisco Franco Salgado-Araújo, primo y responsable de la Secretaría de Estado de Franco, el café brasileño se entregó a la Comisaría de Abastecimientos y Transportes, organismo estatal que dependía del Ministerio de Industria y Comercio, para que lo distribuyese a los gobiernos civiles, que se encargaron de venderlo en sus provincias según el precio público marcado por la administración (12,48 pesetas por kilo). Viñas descubrió el importe total de la venta en un documento del archivo del Palacio Real, donde consta que la recaudación total ascendió a 7,5 millones de pesetas, “exactamente el importe que figura en la relación de cuentas del Caudillo cerrada a 31 de agosto de 1940”.

¿De dónde tanto dinero?

El extracto de las cuentas de Franco correspondientes a esa fecha fue difundido por la revista Tiempo en 2010, aunque no se aclaraba el origen de esos 7,5 millones. En ellas se observan salidas de dinero, que el dictador destinaba arbitrariamente a distintas obras o personas, como la reconstrucción del castillo de la Mota o la ampliación de un colegio religioso de las Adoratrices de Valladolid. Lo más sorprendente se encuentra en el capítulo de ingresos, donde consta un “donativo mensual” de 10.000 pesetas de la Compañía Telefónica Nacional, cuyo accionista principal era entonces la empresa estadounidense ITT. La cantidad equivaldría a 11.000 euros actuales, según Viñas. “Políticamente el caso es significativo. Desde antes de la Guerra Civil el Gobierno había tenido relaciones no siempre armoniosas con la ITT. Durante el conflicto, la Compañía Telefónica aseguró el servicio en las dos zonas en que quedó dividido el país, aunque el presidente de la ITT, el conocido y temido coronel Sosthenes Behn, anticomunista furibundo, no tardó en declararse a favor de los sublevados. Terminado el conflicto Franco bloqueó los esfuerzos de la ITT por reanudar sus operaciones en España”, se recoge en la obra.

El todoterreno de Hitler
Desde que comenzó la guerra, Franco recibió regalos por admiración de quienes simpatizaban con su “cruzada militar” contra los republicanos y por interés de quienes deseaban buenas relaciones con España. Hitler, a pesar de que le despreciaba, le regaló en enero de 1940, nueve meses después del final de la guerra española, un todoterreno de la marca Daimler-Benz valorado en 33.597,50 marcos de entonces, “casi unos 400.000 euros hoy”, según recoge Ángel Viñas en La otra cara del Caudillo.
En el libro se recuerdan otros jugosos obsequios que agrandaron el patrimonio familiar de Franco como el Pazo de Meirás, antigua residencia de la escritora Emilia Pardo Bazán, comprado en 400.000 pesetas, reunidas por numerosas aportaciones forzosas y algunas voluntarias como la del empresario Pedro Barrié de la Maza. Y también una donación menos conocida realizada por Teresa Amteller Cros el 17 de octubre de 1936, que ofreció su finca en Santa Elena de Agell “en cuanto la provincia de Barcelona fuese liberada”.
Viñas no ha logrado averiguar cuándo Telefónica comienza a pagar al dictador ni durante cuánto tiempo lo hace, pero considera “totalmente improbable que actuara al margen de la ITT en este delicado asunto”. “Como es notorio, la nacionalización se retrasó”, añade.

El 31 de agosto de 1940, Franco disponía de 34,30 millones de pesetas en varias cuentas, nutridas en buena parte con aportaciones de simpatizantes de su causa tras la suscripción nacional abierta para financiar la guerra. Aunque Ángel Viñas puntualiza que Franco realizó también donativos y obras con este dinero, barrunta otra finalidad última: “Mis sospechas apuntan hacia la posibilidad de que se quedara con la mayor parte de los fondos acumulados”. En un par de años, afirma, “consiguió una fortuna nada despreciable, en parte gracias a mecanismos hasta ahora no aclarados”.

Su millonario saldo bancario en 1940 resulta sorprendente teniendo en cuenta que su nómina mensual en 1935 era de 2.493 pesetas (desvelada en marzo por EL PAÍS) y que en 1940, ya como Jefe del Estado, percibió 50.000 pesetas en concepto de salario anual. “En cualquier caso, ni ahorrando todos sus emolumentos como jefe del Estado y como capitán general, más la gratificación de Telefónica, es posible que Franco pudiera acumular los saldos bancarios de que disponía en agosto de 1940”, afirma Viñas. “Esta, verosímilmente, no pudo ser otra que la reasignación de donativos”, agrega. “La otra vía de enriquecimiento posible es que Franco se hubiese apropiado de parte de la dotación de la presidencia de Gobierno o de la Jefatura del Estado a partir de 1937. Fuese cuál fuese el origen, me parece inmoral”, explica el autor por teléfono.

A pesar de que en las últimas décadas se ha avanzado notablemente en la investigación histórica sobre la guerra y la dictadura, las finanzas de Franco permanecen aún entre sombras con excepciones como la de Mariano Sánchez Soler en su libro Los Franco S. A. (Oberon, 2003) o el reportaje de Javier Otero en Tiempo.

miércoles, 26 de agosto de 2015

GCE: Los fusilamientos de mujeres

La tumba de otras rosas
El pueblo de Grazalema guarda la historia de 15 mujeres asesinadas en la Guerra Civil
PEDRO ESPINOSA - El Pais


Siempre era de noche cuando las detenían. Una a una. "Isabel ha desaparecido"; "se han llevado a Teresa", se escuchaba en las calles del pueblo. Estuvieron encerradas tres días en dependencias policiales, las mismas que ahora ocupa el Ayuntamiento de Grazalema, en la sierra de Cádiz. En una madrugada de finales de verano de 1936 metieron a las 15 en una furgoneta. El camión de la muerte recorrió unos diez kilómetros hasta alcanzar una curva en la carretera de Ronda. Las bajaron y las obligaron a recorrer a pie 500 metros más. Muchas se tambaleaban y tenían que apoyarse las unas en las otras. Ya estaba listo un agujero para ellas. Un hueco en la tierra que sirvió para enterrarlas y que hace tres semanas, 72 años después del horror, ha vuelto a abrirse.

Tenían entre 20 y 30 años. Al morir, cuatro de ellas se encontraban en avanzado estado de gestaciónUn adolescente, al que se le ordenó excavar la fosa destinada a las mujeres, terminó muerto también en ella

La historia de estas mujeres ha sobrevivido al miedo y al silencio que han imperado mucho tiempo en Grazalema. Una investigación que comenzó en 2006 y ha durado dos años ha permitido localizar la fosa, abrirla y extraer los huesos que testimonian una macabra agonía. El siguiente paso ha sido publicar los nombres y apellidos: Salud Alberto Zarzuela, Catalina Alcaraz, Cristina Carillo Franco, Teresa Castro Ramírez, Ana Fernández Ramírez, Isabel Gómez, Josefa Gómez, Lolita Gómez, Teresa Menacho, María Nogales Castro, Antonia Pérez Vega, Maria Rincón Barea, Jerónima Rincón Barea, Isabel Román Montes y Natividad Vilchez.


Emplazamiento de la fosa en la que aparecieron los 16 cadáveres de Grazalema. / JARO MUÑOZ

Las identidades han sido reveladas por las autoridades locales con la esperanza de que sus familiares se pongan en contacto con ellas para reclamar sus cuerpos y poder organizar así un homenaje. También para completar sus historias. La fosa de Grazalema se ha abierto sin que medie ninguna petición familiar, algo inusual. Han sido las administraciones, fundamentalmente el Ayuntamiento de Grazalema y la Diputación de Cádiz, con los colectivos de la memoria histórica, los que han impulsado esta excavación.

Las mujeres tenían entre 20 y 30 años cuando fueron asesinadas. Cuatro de ellas se encontraban en avanzado estado de gestación. Isabel y Josefa eran hermanas. Lolita era sobrina de ambas. María y Jerónima, también hermanas. Las demás no tenían relaciones familiares directas, pero se conocían. Eran campesinas, obreras de la tierra y del ganado. Ninguna estaba afiliada a ningún partido político, no tenían actividad pública. Entonces, ¿por qué las mataron?

Para responder a esa pregunta, el concejal socialista Joaquín Ramón Gómez, responsable de coordinar esta investigación, recuerda la presencia en la zona de dirigentes como Fernando Zamacola o el cabo Juan Badillo Cano, que se distinguieron por su dureza y crueldad. "Badillo fue condenado en consejo de guerra por las atrocidades que llegó a cometer", recuerda Gómez. Los historiadores Fernando Romero y Francisco Espinosa han relatado las vivencias de los dos militares en la sierra gaditana, donde dejaron un reguero de sangre.

Grazalema, con 4.000 habitantes al comienzo de la Guerra Civil, era uno de los pueblos más importantes de la sierra de Cádiz. Sufrió una represión más intensa que otras zonas cercanas. Una de las razones, según Romero, fue la fuerte resistencia que encontró el bando franquista. "Los republicanos ocasionaron 19 muertes y eso no se olvidó", detalla el investigador. Según relata, Grazalema fue ocupada finalmente por los franquistas el 15 de septiembre de 1936. Una primera fiebre de fusilamientos y asesinatos dejó decenas de muertos: fue la etapa más dura. Después, ya con resoluciones de consejos de guerra en la mano, cayeron 59 republicanos más.

Muchos hombres, los más activos políticamente, escaparon hacia Málaga. Cecilio Gordillo, de CGT, recuerda que en las grandes ciudades, las mujeres perseguidas sí tenían un destacado papel político. Les ocurrió a las jóvenes asesinadas en el Madrid del 39, las conocidas como las 13 rosas. "En los pueblos se las mató por ser novias, esposas, hijas o hermanas", explica. Ellos huían, ellas pagaban. "Si no hemos podido cogerle a él, sufrirás tú", solían decirles.

Fernando Romero añade otro dato escalofriante. En realidad, las 15 mujeres de la fosa de Grazalema no han fallecido oficialmente. Nunca se inscribió su defunción en un registro civil. En el pueblo de Grazalema hubo esos años 150 muertes, según un informe del Ayuntamiento de 1940, pero sólo 30 estaban inscritas en el registro civil. Las otras se añadieron por intuición. Se agregaban los nombres de los hombres con hijos que habían quedado huérfanos, pero sólo se hacía lo mismo con la madre si el padre también había muerto. "Por eso, muchas mujeres quedaron olvidadas", explica el historiador.

A ellas se les rapaba el pelo, les daban purgantes para avergonzarlas, las paseaban sin ropa en carretas tiradas por burros. El informe forense adelanta que las 15 mujeres de Grazalema fueron torturadas con atrocidad, hasta que murieron junto a la fosa que les estaba destinada. No hubo tiro de gracia, según la investigación. También fue asesinado un adolescente de no más de 14 años, el nieto de La Bizarra, una conocida mujer del pueblo, al que se le ordenó excavar un agujero que, sin saberlo, se terminaría convirtiendo en su tumba.

Grazalema alberga otras siete fosas ya localizadas, con más de 250 cuerpos. No hay papeles que hablen de ellas. No hay registros civiles ni archivos parroquiales. Las señalan los relatos orales de los vecinos, y también marcas que dejaron personas que no querían que se olvidara a los muertos. Plantaron pinsapos, pintaron piedras, colocaron cruces con rocas, como en la fosa de las mujeres.

Muchos escenarios del horror se confunden ahora con los atractivos turísticos de la serranía gaditana. El acantilado de Grazalema es ahora un mirador, pero durante los peores años sirvió para arrojar a los muertos. Los refuerzos de cemento han tapado los agujeros de bala de la plaza de toros de la pedanía de Benamahoma, lugar de numerosos fusilamientos. Un muro blanco en el cementerio viejo impide ver los cinco estratos con huesos de los que fueron cubiertos con cal viva.

En la principal plaza de Benamahoma, un cartel prohíbe ahora jugar a la pelota, pero por allí cruzaron las balas durante la guerra. Así lo recuerda Pedro Román. "El tiroteo lo tengo aquí metido como si fuera hoy", dice, mientras se señala a la cabeza. Entonces tenía 6 años. Su compañero de banco, Aldamacio Rodríguez, tampoco los ha podido olvidar, porque uno de esos disparos se llevó a su madre. "Ni era republicana ni nada. Cogían a los que veían en la calle". Fue enterrada en el municipio vecino de El Bosque. La localizaron en una fosa abierta hace dos años y que permitió organizar el primer entierro en esta comarca de víctimas de la Guerra Civil. Una placa en el cementerio de Benamahoma recuerda a los 17 fusilados cuyos restos se recuperaron.

Grazalema quiere rendir un homenaje similar a las 15 mujeres y al adolescente. Se hará con los familiares. Ellos concretarán cómo quieren que sea la despedida. Un adiós, tantos años después.

domingo, 16 de agosto de 2015

Biografía: Detalles ocultos de Franco

Pilar Eyre: "Siempre se silenció que a Franco le pegaba su padre"

El dictador Francisco Franco. (ARCHIVO)

  • La periodista traza en Franco confidencial una nueva biografía: "En lugar de lo histórico que ya conoce todo el mundo, he cogido la letra pequeña".
  • Desde que su padre le pegaba e insultaba (marica, Paquita, tonto...) hasta que cambió el sexo por la ambición, la autora recorre intimidades muy desconocidas.
  • La propia biógrafa afirma de las cosas que ha descubierto de Franco, quien, entre otros muchos problemas, "sufrió un grave complejo de Edipo toda la vida".
Paula Arenas - 20 Minutos

"Es que yo misma me he quedado sorprendida de las cosas que no sabía de Franco" afirma Pilar Eyre, que lleva una buena temporada preparando en secreto esta gruesa e íntima biografía: Franco confidencial (Destino). Que la letras del título estén en rosa en la portada dejan clara la intención.
Durante sus primeros siete años sufrió un maltrato paterno que hoy estaría penado Ante la perplejidad que el lector puede sentir nada más comenzar la obra y leer cómo Franco era maltratado físicamente (con correa incluida) y psicológicamente por su padre, le preguntamos a Eyre, ya que uno casi sin darse cuenta piensa: "pobre Franco, qué mal lo pasó", si no hay cierta inclinación a la justificación del personaje.
"Más que justificar hay que explicarlo, explicar que hay en Franco un ser humano muy herido.  Si seguimos lo que dijo Freud, lo entenderemos: los primeros siete años de vida determinan a la persona. Durante sus primeros siete años sufrió un maltrato paterno que hoy estaría penado, tenía un complejo de Edipo enorme y en su infancia vivió cómo volvían los hombres de Filipinas y Cuba lisiados... Eso unido a su delgadez y baja estatura, por eso le llamaban Cerillita... Todo eso conforma una personalidad y también ese tono agraviado que tuvo toda la vida".
¿Cómo es que no se ha contado antes ese maltrato o si se ha hecho apenas ha tenido resonancia? ¿Cuáles son las fuentes? Eyre señala la cantidad de información que hay recogida en hemerotecas ya digitalizadas... (y otras fuentes a las que no pone nombres). Ella misma confiesa que jamás se recogió el maltrato paterno a Franco. "Le llamaba marica, Paquita... Incluso ya siendo Franco quien llegó a ser, su padre salía a la calle y lo insultaba: mi hijo es un imbécil, un tonto... Y no hay mención alguna por escrito en los medios de entonces".
"Sustituyó el sexo por la ambición"
"Trato mucho el tema sexual en el libro porque creo que es muy importante. Y porque en ese tema hay muchas mentiras". ¿Cuál es la mayor? "Muchas, por ejemplo que Carmen Franco no es hija suya. Lo era, no hay duda. Seguramente lo hizo sólo una vez, pero acertó. Esa hija es suya y no de otros, como se ha dicho".
Tenía una fimosis muy pronunciada y eso hacía que le costara mucho tener relacionesVuelve al padre la periodista, porque antes que el sexo prefiere desmentir: "Que el padre era un alcohólico tampoco se ha dicho. Y lo era". Antes siquiera de esbozar nueva pregunta, aclara: "Y desde luego no era nada tonto, era muy inteligente y culto. Leía, cuando murió tenía una biblioteca de ocho mil libros".
Otra de las historias que siguen circulando y que Pilar niega es la supuesta homosexualidad de Franco: "No lo era, de hecho tenía deseo sexual. Lo que pasaba era, y eso me lo ha contado un médico que lo atendió y que es sexólogo, que tenía una fimosis muy pronunciada y eso hacía que le costara mucho tener relaciones. Se le dijo que se podía operar, pero dijo que no, que si Dios lo había querido así, pues así se quedaba. Y por supuesto no se le levantaba, pero eso era debido a su complejo de Edipo".
¿Las historias de su atracción por Eva Perón no son pues reales? "Sí, tenía deseo, pero el sexo no le importaba. Lo sustituyó por la ambición. Le gustaban las mujeres guapas. Hasta Sara Montiel, y aquí no pongo la mano en el fuego es ella la que lo contaba, atrajo a Franco. Parece que en La Granja le dijo a la artista que se apartaran a un bosquecillo un rato, y entonces apareció Carmen Polo y se llevó a Franco Y lo de Eva Perón también es cierto".
Lo que parece complejo de explicar es la frialdad y brutalidad de Franco, pero parece que hay respuesta: "Fue despiadado como lo fueron todos los generales, como Napoleón. No podía pararse a pensar en las familias y en las personas, sólo podía verlos como soldados". Pero eso es casi enfermizo: "No, Franco no estaba enfermo mentalmente. Sí es cierto que carecía de compasión y empatía, pero porque la perdió en África".