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sábado, 9 de mayo de 2020

GCE: Catalunya investiga tumbas comunes de catalanes en el desembarco en Mallorca

La Generalitat busca ADN de familiares de milicianos enterrados en fosas de Mallorca

La Vanguardia


Centenares de soldados catalanes desaparecieron tras los combates con las tropas franquistas en el “desembarco de Mallorca”, en agosto de 1936 


Preparando el asalto de Mallorca. El capitán Bayo, al mando de la fuerza republicana, acompañado de las autoridades de Mahón al desembarcar del buque hospital "Marques de Comillas" (Fons Brangulí)


La Generalitat busca a familiares vivos de los centenares de milicianos catalanes desaparecidos tras los combates con las tropas franquistas en el “desembarco de Mallorca”, en agosto de 1936, para cotejar su ADN con el de los restos que se hallen en las fosas comunes de la Guerra Civil excavadas en la isla.

Según ha informado el Departamento de Justicia en un comunicado, el proyecto es fruto de un convenio que firmaron en septiembre de 2018 la Generalitat y el Govern de las Islas Baleares para colaborar en la búsqueda de personas desaparecidas durante la Guerra Civil y el franquismo.

Recuperar Mallorca
El objetivo es localizar en las fosas comunes a las víctimas del desembarco, en el que participaron 8.000 milicianos

El objetivo del proyecto es localizar en las fosas comunes a las víctimas del desembarco, una expedición republicana que Catalunya impulsó en 1936 para tratar de recuperar la isla de Mallorca, que estaba en manos de las tropas franquistas, y de la que formaban parte 8.000 milicianos catalanes.

La expedición se zanjó con la derrota de las tropas republicanas, que acabaron retirándose dejando tras de sí centenares de muertos, la mayoría de ellos milicianos catalanes que fueron enterrados en una fosa común de Sa Coma, en Sant Llorenç de Cardassar, en otras diseminadas por el levante de la isla o lanzados al mar.

En 1936
La expedición se zanjó con la derrota de las tropas republicanas, que acabaron retirándose dejando

La Dirección General de Memoria Histórica de la Generalitat está tratando de localizar a familiares de esos milicianos para pedirles muestras de ADN, por lo que se ha puesto en contacto con los municipios de donde procedían los desaparecidos que han podido ser documentados.

Por el momento, son 192 las víctimas desaparecidas tras el “desembarco de Mallorca” cuya identidad y datos biográficos se conocen, gracias a la lista confeccionada por los historiadores Jordi Oliva y Gonzalo Berger, que han llevado a cabo trabajos de investigación sobre la contienda.
Datos

Son 192 las víctimas desaparecidas tras el “desembarco de Mallorca” cuya identidad y biografía se conocen

El objetivo del proyecto es incorporar muestras de ADN de los parientes vivos de los milicianos desaparecidos al programa de identificación genética y poder cruzarlas con las de los restos mortales que se hallen en las fosas comunes excavadas.

Si los familiares aceptan someterse a pruebas de ADN, deberán inscribirse en el censo de personas desaparecidas de la Generalitat y, posteriormente, el Hospital Vall d’Hebron los citará para extraerles una muestra.

Si los familiares aceptan someterse a pruebas, deberán inscribirse en el censo de personas desaparecidas

Por su parte, el Gobierno balear está trabajando sobre la viabilidad de excavar las fosas, que podrían encontrarse en precario estado por las actuaciones urbanísticas, los saqueos o los temporales, y será la Generalitat la que se encargue de identificar los restos mortales que se localicen.

En declaraciones a la prensa, la consellera de Justicia ha hecho un llamamiento a los familiares de las víctimas del “desembarco de Mallorca” para que se acojan al programa de identificación genética de la Generalitat.




jueves, 23 de abril de 2020

GCE: Despedidas de fusilados en paquetes de cigarrillos

Despedirse de la familia con un mensaje escrito en una cajetilla de tabaco

'Pequeñas cosas' muestra objetos aparentemente insignificantes guardados durante años como tesoros por familiares de víctimas del franquismo






Mensaje de despedida de Vicente Verdejo a su mujer escrito en la cárcel de Valdepeñas antes de ser fusilado el 29 de octubre de 1940


Natalia Junquera || El País


Guardar una cajetilla de tabaco durante 80 años porque en el reverso del cartón está escrita la despedida de un hombre, Vicente Verdejo, que sabe que ha fumado su último cigarrillo y dado su último abrazo: “Carmen, cojo el lapicero para despedirme de ti y de nuestros hijos, mi Gregorio y mi Vicentita. Muero acordándome de ti. Has sido muy buena, no te mereces lo que estás sufriendo. Ten resignación y paciencia. Recibe todo el cariño de este que hasta la muerte te está queriendo”. Conservar durante décadas un pañuelo con manchas de sangre porque contiene las pertenencias que acompañaron a Heliodoro Meneses el día de su fusilamiento: papel de arroz, una caja de cerillas, un pedazo de lápiz, una goma de borrar y una horquilla. Un grupo de investigadores de la UNED ha dedicado diez años a buscar en hogares de toda España “los objetos que guardaron una memoria perseguida” y que se muestran ahora en una exposición itinerante, desde este mes en Madrid, y durante 2020 en distintas sedes de la Universidad a Distancia. Se titula Las pequeñas cosas y explica por qué para quienes las custodiaron desde el franquismo hasta hoy son grandes tesoros.

Durante años esos objetos fueron una forma de resistencia: guardarlos significaba rebelarse contra quien intentó hacer desaparecer a sus dueños arrojándolos a fosas comunes, enterramientos clandestinos. Con el tiempo sirvieron, además, para recordarles con orgullo y hablar de ellos a quienes no conocieron los efectos de su ausencia.

Vicente Verdejo, el hombre que abrió una cajetilla de tabaco para despedirse de su familia, fue fusilado el 29 de octubre de 1940. Gregorio tenía entonces seis años y Vicentita, dos. “Mi hermano empezó a trabajar antes de echar los dientes. No debía tener más de ocho o nueve años. Pasábamos un hambre...”, recordaba ella.

Un primo de Heliodoro Meneses llegó a presenciar su fusilamiento. Cuando los cuerpos quedaron abandonados, a la espera de echarlos a la fosa común, se acercó y extrajo del bolsillo del cadáver todo lo que tenía. La familia lo guardó en ese pañuelo a modo de cofre que se expone ahora en Las pequeñas cosas.

“Es una exposición llena de arrugas, de costuras, de recortes… pequeñas cosas que nos permiten mirar y comprender el pasado de este país”, explica el antropólogo Jorge Moreno, uno de los comisarios de la muestra y autor de El duelo revelado. “Son fotografías, escritos y objetos que conservan en sus dobleces la forma exacta de una memoria que tuvo que coserse, recortarse o susurrarse para poder sobrevivir”, añade.

Pañuelo con las pequeñas cosas que Heliodoro Meneses llevaba en el bolsillo el día de su fusilamiento: una cajetilla de tabaco, unas cerillas, un trozo de lápiz, una goma de borrar y una horquilla.

Prohibido llamarse Libertad

La exhibición muestra piezas vinculadas a presos, fusilados y exiliados conservadas, sobre todo, en casas particulares, pero también en archivos institucionales. Así, en el expediente del juicio sumarísimo de Rufina Delgado, los investigadores encontraron, por ejemplo, una cuartilla manuscrita con una versión subversiva del Cara al sol. Y en el Registro Civil, un nombre tachado, "Libertad", y su sustituto, "Máxima", en cumplimiento de una orden de 1939 por la que el franquismo exigió a los padres que cambiasen, en un plazo de 60 días, “nombres exóticos o extravagantes” por estar vinculados a la izquierda, como Libertad o Germinal. Superado el plazo de dos meses, se ordenaba al encargado del registro imponer el nombre del santo del día o el de un santo venerado en la localidad.

En el caso de los exiliados, la muestra exhibe también objetos aparentemente insignificantes que, en la nueva vida, a miles de kilómetros, tenían un efecto reconfortante, como las pequeñas piedras de carbón que Alejandro Trapero, minero de Puertollano, se llevó a Francia. Las tenía expuestas en el centro del salón de su casa francesa.

La muestra exhibe también una carta en la que Anastasio Godoy pide desde la cárcel a su familia que venda un armario para comprar sellos y papel con los que poder continuar escribiéndose. Entonces, esa correspondencia era una forma de seguir en contacto. Hoy es un tesoro.

"Las pequeñas cosas" se expone en el centro Escuelas Pías de UNED-Madrid hasta el 8 de enero. A partir de entonces puede consultar el itinerario de la muestra en mapasdememoria.com.

Abarcas halladas en la exhumación de una fosa común en Fontanosas (Ciudad Real), en 2006. ÓSCAR RODRÍGUEZ

miércoles, 15 de abril de 2020

GCE: Los problemas de traducción de las Brigadas Internacionales

‘Lost in translation’ en las trincheras de la Guerra Civil

Un libro recuerda a las personas que ejercieron de intérpretes para las Brigadas Internacionales




Milicianos de la División Ascaso almuerzan en el frente de Aragón en 1937. Fotografía de Margaret Michaelis. OPE-CNT-FAI, IISG


María José Turrión || El País

Bajo el título Lenguas entre dos fuegos. Intérpretes en la Guerra Civil española (1936-1939), publica la editorial Comares en su colección Interlingua un trabajo del profesor Jesús Baigorri Jalón sobre las personas que ejercieron su labor como intérpretes en la Guerra Civil. El prólogo de Enrique Moradiellos avala el hacer historiográfico de quien trabajó como intérprete en la ONU entre 1989 y 1999 y es reconocido internacionalmente como experto y un buen conocedor de la historia de la interpretación. Con un buen número de trabajos pioneros en este terreno, la obra de Baigorri es una imprescindible consulta para cualquiera que se quiera adentrar en esta materia.

El maestro, antes de meterse de lleno en el papel que tuvo la interpretación en la Guerra Civil, nos da en el libro una clase magistral sobre qué es la mediación lingüística y cuál es su importancia a lo largo de la historia; qué aspectos se repiten a lo largo de su devenir y cuáles son los que hacen más difícil su reconstrucción, como es “el silencio de las fuentes respecto a los eslabones orales y escritos que suelen estar ausentes de los documentos y de las crónicas”.

El autor transita de Heródoto a los dragomanes de Constantinopla, de los alfaqueques a Umberto Eco o Augusto Monterroso y su dinosaurio, para enseñarnos que la interpretación tiene su historia y su relevancia y que se hacen imprescindibles los trabajos de los intermediarios lingüísticos en una infinidad de hechos y situaciones, como por ejemplo en las negociaciones que condujeron a la liberación del más ilustre de nuestros escritores de la prisión de Argel, o en los aspectos puramente humanitarios de la sanidad.

La trascendencia de la interpretación para el presente se pone de manifiesto en las palabras de Umberto Eco, “la lengua de Europa es la traducción”. Su significado queda evidenciado, entre otros ejemplos, en la labor mediadora de Malinche, la intérprete de Hernán Cortés, en la Oficina de Lenguas creada por Carlos V para gestionar las relaciones diplomáticas y en las leyes de Indias, con reglamentación específica relativa al uso de intérpretes para mediar con los habitantes de las tierras descubiertas en América. En la Primera Guerra Mundial fueron miles los intérpretes formados en el Ejército francés para comprender a los aliados británicos y estadounidenses. Pero la interpretación también adquiere un alto significado en época de paz, por ejemplo en 1919 en la Conferencia de Paz de París, de la que surgió el Tratado de Versalles y la Sociedad de Naciones, y tiempo después en el proceso de Núremberg.

Más adelante, y ya de lleno en el análisis, Baigorri disecciona con fino bisturí las características del intérprete. Reconstruye la memoria y la identidad de un oficio señalando aspectos que informan sobre cómo se realiza la selección de un intérprete, qué vestimenta y complementos identificativos utiliza, cuáles son las condiciones de su trabajo o los riesgos a los que se expone, así como el encuadramiento y la instrucción entre otros muchos contextos en que se desarrolló su labor. Enfermeras políglotas que atienden y consuelan al soldado y que en ocasiones le acompañan en su lengua al difícil tránsito de la muerte. O compañeros que leen y escriben cartas de amor entre los camaradas y las novias que conocieron en encuentros fugaces. Son reflexiones también muestra de la empatía que aporta el autor al abordar contextos tan sensibles.

Aunque muchos de los intérpretes llegaron encuadrados en sus unidades, otros fueron seleccionados de manera espontánea, basándose para su elección en la necesidad imperiosa de la intermediación y en las dotes lingüísticas naturales que se percibían en el intérprete junto a una probada lealtad ideológica a la autoridad militar de la que dependían. Los intérpretes de las Brigadas Internacionales fueron identificados a veces con brazaletes de tela que, en el caso de la Legión Cóndor, eran distintivos que se llevaban en el gorro o en el bolsillo superior del uniforme.

Este nuevo trabajo de Baigorri, dirigido tanto a historiadores como a estudiosos de la interpretación, no en vano ha combinado los objetivos y los métodos de ambas disciplinas, plantea una serie de reflexiones que, como él mismo indica, van dirigidas al lector para que se conciencie sobre la ficción que se esconde detrás de una “aparente intercomunicabilidad universal que transmiten los medios de información”, poniendo de manifiesto que la comunicación entre los que no comparten el mismo código no es posible a menos que exista un mediador lingüista que los ayude.

Es un trabajo que visibiliza una ocupación y unos nombres marginales en la guerra y a los que apenas se les ha mostrado atención en la historiografía militar, a pesar del alto valor estratégico que supone el conocimiento de la lengua enemiga ya que, como dice el autor, “las lenguas son un arma más en situaciones de guerra”.

El libro pone de manifiesto cómo sin la labor de entendimiento que supone la interpretación y que desarrollaron cientos de personas, hombres y mujeres, la Guerra Civil no habría sido igual. Los jefes militares y asesores de uno y otro bando, así como mandos intermedios y tropa, comprobaron en sus propias vivencias y necesidades la utilidad de la interpretación de lenguas para desarrollar tanto las tareas en el frente como en la retaguardia. La llegada de los intérpretes supuso también un choque cultural para muchos españoles que no estaban acostumbrados al grado de desarrollo de otras sociedades. A algunos mandos militares les costó entender que pudiera haber mujeres casadas y con hijos que ingresasen como voluntarias en la guerra española.

El libro supone también una apuesta por destacar el trabajo pionero de las mujeres intérpretes y su valoración en el espacio bélico, tradicionalmente de hombres, remarcando labores como la de la francesa Teresa Debernardi, que llegó a alcanzar el grado de alférez en julio de 1937, o el trabajo de las intérpretes rusas, iguales en número que sus compañeros varones, que se vieron inmersas no solo en la mediación lingüística sino que fueron mujeres polifacéticas que realizaron además tareas de espionaje, “propio y ajeno”, de propaganda, emitiendo continuos mensajes de los logros de la revolución de octubre de 1917. Se movieron en un entorno caracterizado por la soledad y el esfuerzo propio, en el que casi nunca, a pesar de conocerse muchas por haber estudiado juntas, coincidieron con sus compatriotas al estar destinadas en batallones y compañías diferentes.

Para hacernos una idea de la importancia de la lengua y la comunicación y por ende de las tareas de los intérpretes, leemos a Fuster Ruiz, quien habla de la maldición bíblica de Babel como uno de los mayores sufrimientos de las Brigadas Internacionales: “Estaban en un país que no conocían, donde muchos de ellos derramaban diariamente su sangre, sin que pudieran comunicarse con la mayoría de los amigos que disparaban a su lado y sin que pudieran entender ni comprender, mucho menos aún, a quienes consideraban sus enemigos, que tenían enfrente”.

domingo, 16 de febrero de 2020

GCE: Piden remover la tumba del máximo as García Morato

El Ayuntamiento de Málaga reclamará al Obispado que exhume los restos del aviador franquista García Morato

Los restos del militar, que murió en 1939, se encuentran desde los años 70 en la iglesia del Carmen, en el barrio del Perchel





Nacho Sánchez  ||  El País



La Comisión de Memoria Histórica del Ayuntamiento de Málaga ha acordado esta mañana reclamar al Obispado de Málaga que exhume los restos del aviador franquista Joaquín García Morato, que se encuentran en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen del barrio del Perchel. La iniciativa ha partido de los representantes del PSOE. “Solo hemos pedido que se cumpla la Ley de Memoria Histórica”, ha subrayado Daniel Pérez, portavoz local de los socialistas. La propuesta, que funciona a modo de declaración de intenciones, ha sido aprobada por consenso con el apoyo de Adelante Málaga, Partido Popular y Ciudadanos. Ahora debe ser el propio consistorio quien ejecute el acuerdo, que será trasladado al Obispado de Málaga.

El piloto, al que las crónicas se refieren como un gran acróbata, falleció apenas tres días después del fin de la Guerra Civil. El 4 de abril de 1939 su avión se estrellaba durante una exhibición aérea a las afueras de Madrid. Casado con una malagueña, fue enterrado días más tarde tras un amplio homenaje en el cementerio de San Miguel. Sin embargo, en 1971 sus restos fueron trasladados a la Capilla de la Misericordia de la parroquia del Carmen. Allí está la virgen de la cofradía de La Misericordia, que luce en su pecho una Cruz Laureada de San Fernando. García Morato recibió esta condecoración militar en 1937 tras una batalla contra las fuerzas republicanas y su viuda decidió, décadas más tarde, donarla a la cofradía, que así lo relata en su página web.

Un "destacado acróbata" con "especial arrojo"

Con todo, el piloto que fue premiado por Franco tras su participación en la guerra civil junto a los golpistas queda retratado como un "héroe indiscutible" en la biografía oficial de la fuerza aérea española. Lejos de una posición siquiera equidistante, el nítido elogio al militar rebelde está colgado en la página web del Ejército del Aire, dependiente del Ministerio de Defensa y el Gobierno de España.

Los bombardeos de Franco tuvieron ejemplos en diversas ciudades andaluzas. Como el ataque indiscriminado sobre Jaén en abril de 1937 que convirtió la plaza en el Gernika andaluz o el asedio a Antequera (Málaga).

El piloto franquista García-Morato en la web del Ejército del Aire. El aviador franquista era un "destacado acróbata" que "se hallaba en Inglaterra al comenzar la guerra civil y desde allí volvió, a través de Francia, a Burgos y Córdoba". "En defensa de esta ciudad", continúa la explicación, arrancó un historial "que le llevó a derribar 40 aviones enemigos".

"En los duros días de la batalla del Jarama derrochó un especial arrojo en los combates del 18 de febrero de 1937", dice el Ejército del Aire. Esto supuso, como destaca la descripción del golpista enterrado en la Cofradía que visitó Cospedal, la concesión de distinciones como la Cruz Laureada de San Fernando o la Medalla Militar. Todo, por su participación en diversas campañas bélicas, caso de la guerra civil española o la guerra colonial del Rif, apunta la rama aérea de los ejércitos españoles.

"Ileso en 511 servicios de guerra y 56 combates aéreos, muere en accidente de vuelo el 4 de abril de 1939, nada más acabar la guerra", según la biografía oficial. "De pequeña estatura y gran simpatía, excelente piloto, buen jefe y perfecto compañero, había logrado un prestigio legendario", prosigue. "Con él perdió la Aviación española un héroe indiscutible", rematan.

La tumba de García Morato ya fue objeto de polémica en la primavera de 2017 cuando la entonces ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, visitó los restos del militar durante la Semana Santa. Días más tarde, el Ministerio aseguró que Cospedal solo había ido a ver la salida procesional, aunque Podemos pidió explicaciones a la ministra. “Este aviador participó en la masacre de decenas de miles de personas y ayudó a los mismos bombarderos nazis e italianos que persiguieron y asesinaron a la población civil”, ha subrayado Daniel Pérez, que ha recordado que en 2018 se aprobó una moción municipal —presentada por Málaga Ahora— para exhumar los restos de García Morato, aunque el ayuntamiento malagueño no lo ha hecho.

El líder socialista también ha recordado que Málaga aún mantiene “dos importantes calles” con nombres que homenajean a militares franquistas. Una de ellas es la que da acceso al aeropuerto de Málaga, denominada Avenida del Comandante García Morato. La otra es la Avenida Carlos Haya, nombrada así en recuerdo de Carlos Haya, también piloto franquista. En 2017, el pleno municipal malagueño acordó que esta vía pasaría a llamarse Camino de Antequera, pero la denominación aún no ha sido modificada. “El alcalde va con retraso”, ha dicho Pérez. La Junta de Andalucía sí que cambió el nombre del hospital que se ubica en esta avenida, llamado Hospital Carlos Haya hasta 2013, desde cuando se denomina Hospital Regional de Málaga.

lunes, 4 de noviembre de 2019

GCE: Fotos de la vida catalana durante la guerra

La caja de Campañà: imágenes desconocidas de la Barcelona en guerra

‘Cultura/s’ publica en su número 900 una muestra del fondo documental de uno de los grandes fotoperiodistas catalanes del siglo XX, 5.000 imágenes de la guerra, sobre todo en Barcelona, ocultas hasta ahora




. (Niños jugando a las barricadas en el verano de 1936 junto al muro de la Universitat de Barcelona. FOTO A. CAMPAÑÀ)


Plàcid Garcia-Planas, Arnau Gonzàlez Vilalta || La Vanguardia

En el fondo de un garaje de Sant Cugat del Vallès. El último gran tesoro fotográfico de la guerra civil española ha aparecido, ocho décadas después, escondido en el fondo de una casa que se ha tenido que vaciar antes de ser derribada: las más de cinco mil fotografías que Antoni Campañà i Bandranas (Arbúcies, 1906 - Sant Cugat, 1989) hizo durante la guerra –esencialmente en Barcelona– y de las que sólo se conocían un centenar.

Más de cinco mil negativos bien conservados de uno de los grandes fotógrafos pictorialistas catalanes y españoles, con el positivado en papel de unas setecientas imágenes. También se han hallado decenas de positivados de otros destacados fotógrafos de la contienda como Agustí Centelles o Joan Andreu Puig Farran, con quienes colaboró durante y después de la guerra. Todo cerrado y escondido en dos cajas rojas de las que salen las imágenes que publicamos en exclusiva.

Autorretrato de Antoni Campañà en 1936, poco antes del inicio de la guerra. FOTO A. CAMPAÑÀ (.)

Agente oficial de Leica en Barcelona cuando todo estalló, dispararía la mayor parte de sus instantáneas con esta mítica cámara alemana. Galardonado con numerosos premios internacionales, una de sus imágenes fue, en 1934, portada de la revista American Photography, que le publicó un par de instantáneas durante la guerra.

Hombre vinculado a La Vanguardia, reprodujo sus fotografías en el huecograbado del rotativo antes, durante y después de la guerra, y suya era, en 1961, la primera imagen en color que publicó este diario. Antoni Campañà nunca quiso saber nada de sus instantáneas de guerra, ni siquiera en 1989, el año de su muerte, con la Guerra Civil ya lejana y cuando la Fundació Caixa de Barcelona dedicó una exposición antológica a sus fotografías artísticas al bromuro. ¿Por qué escondió sus imágenes de la Barcelona de 1936 a 1939? Y quizá lo más profundo: ¿por qué, sin querer saber nada de estas fotografías, tampoco nunca las destruyó?

Enterrador con máscara antigás para evitar el olor que desprendían los cadáveres en los primeros y calurosos días de la guerra. FOTO A. CAMPAÑÀ (.)

Un fresco de Barcelona en guerra

Catalanista y republicano de orden, católico practicante, su paisaje reventó en julio de 1936, y de fotografiar por gusto pasó a fotografiar el disgusto, y el disgusto fue profundo y amplio. Un fresco de la guerra en Barcelona: de niños heridos por los bombardeos aéreos a patinadores en bañador por el Turó Park, de mujeres frente a la Pedrera exigiendo comida a colas para entrar en el cine, de orgullosísimas anarquistas en pose a nazis entrando por la Diagonal como si Barcelona fuera Danzig. Y siempre en un espacio Barcelona que daba vueltas como una peonza: de refugiados malagueños tirados en el estadio de Montjuïc a falangistas desfilando ordenadamente por el mismo espacio olímpico, de la iglesia de Betlem de la Rambla llena de fieles justo antes de la guerra a la misma iglesia reventada por los anarquistas.

Un hombre rechaza que una joven le coloque una insignia republicana en los primeros días de la guerra, en la Rambla barcelonesa. FOTO A. CAMPAÑÀ

Durante la guerra publicó alguna de sus imágenes en La Vanguardia o en la revista Catalunya del Casal Català de Buenos Aires. Por supuesto, no las imágenes de gente hurgando en la basura ni las iglesias quemadas que discretamente fotografió. Pero si a alguien entusiasmaron sus fotografías fue a la CNT-FAI, que reprodujeron sus retratos de libertarias y libertarios en las calles de Barcelona y en el cuartel del Bruc –rebautizado Bakunin– en folletos, postales y un libro de promoción.

Chófer de la aviación republicana en el último tramo de la guerra, Campañà huyó en la retirada hacia Francia dejando la familia en Barcelona. Pero en Vic dio la vuelta y se entregó a los franquistas en el cuartel del Bruc, donde tan bien había retratado a los anarquistas. Allí, por casualidad, se cruzó con José Ortiz Echagüe, ingeniero militar, piloto y fotógrafo, al que conocía bien. “Vete a casa”, le dijo Echagüe depurándolo en unos segundos. Todo fue más cinematográfico todavía: habiendo participado inicialmente en la retirada, acabaría fotografiando –además del desfile de los vencedores– los coches abandonados por los republicanos en los barrancos de Portbou.

Llegada al Hospital Clínico de un niño herido por los bombardeos de la aviación italiana sobre Barcelona en 1937. FOTO A. CAMPAÑÀ (.)  Relajación en la avenida Diagonal de Barcelona a la espera de un desfile de la FAI en verano de 1936. FOTO A. CAMPAÑÀ (.)  Manifestación de mujeres exigiendo la entrega de mayores raciones de pan en el edificio de La Pedrera, sede de la Conselleria de Proveïments de la Generalitat. FOTO A. CAMPAÑÀ (.)

Con las tropas franquistas llegó el fotógrafo barcelonés Josep Compte Argimon, encargado de depurar los archivos fotográficos. Ante la derrota, cada uno hizo la maleta que pudo. Capa extravió una en México. Centelles la guardó en Francia. Pérez de Rozas esquivó la censura depositando sus imágenes en el Arxiu Històric de Barcelona. Brangulí entregó algunos negativos y escondió la mayoría. Otros no pudieron hacer ninguna maleta: las fotografías de Casas, Torrents, Puig Farran o Badosa fueron incautadas o destruidas.

Campañà no quiso entregar su mirada. Depositó su gran retrato de la Barcelona en guerra –más de cinco mil negativos y unos 700 positivados– en el Arxiu Mas de Casa Amatller para retirarlas un par de años después: si la CNT-FAI había utilizado sus fotografías para exaltar la revolución ácrata, ahora eran los franquistas los que ilustraban la “barbarie rojo-separatista” con algunas de sus imágenes en dos libros. El fotógrafo cerró su mirada de la guerra en las dos cajas rojas y las olvidó en el fondo del garaje de su casa. Dos cajas que ahora se han descubierto: con su contenido, la editorial Comanegra prepara un libro.


Saqueo de la compañía marítima italiana Cosulich Lloyd Triestina en la Rambla en julio de 1936. FOTO A. CAMPAÑÀ (.) Una mujer conduce un tranvía de la línea entre plaza Catlunya y Vallvidrera. FOTO A. CAMPAÑÀ (.)  El desaparecido Hotel Colón de plaza de Catalunya con imágenes de Lenin y Stalin en 1937. FOTO A. CAMPAÑÀ (.)  Coche abandonado por los republicanos en su drámatica retirada ante el avance final del ejército franquista. FOTO A. CAMPAÑÀ (.)

“Nunca quiso que se supiera que había hecho fotos de la guerra”, dice su hijo Antoni. “Fotografió con amargura y tristeza la guerra y este mismo sentimiento le impide difundir sus imágenes, que se mantienen en su mayoría inéditas en sus archivos”, escribió Marta Gili en 1989. Nunca quiso enseñar a nadie sus fotografías de guerra. Pero, pudiendo hacerlo, tampoco las destruyó. Es eso inexplicable que une al fotógrafo con sus imágenes. ¿O no tiene un punto inexplicable que las más hermosas imágenes de libertarios que quemaron iglesias –al menos, las que más les gustaron a ellos– las hiciera un cámara católico practicante que siempre llevaba una medalla de la Virgen? Por más tristeza y amargura que contengan, destruir esas fotografías habría sido destruir su propia mirada. Habría sido destruirse.

Una de las cajas encontradas en el garaje de la vivienda de Sant Cugat en la que Campañà escondió sus fotografías de la Guerra Civil (.)

lunes, 21 de octubre de 2019

GCE: Fosa común en Pamplona

Hallan a 16 víctimas de la Guerra Civil gracias al hombre que cavó la fosa

Los cuerpos han sido localizados y recuperados a unos 12 kilómetros de Pamplona 

Imagen de archivo de una fosa común con diez cuerpos de soldados republicanos de la Guerra Civil hallada en la localidad alavesa de Etxaguen (David Aguilar/EFE)


EFE, Pamplona || La Vanguardia

Los cuerpos de dieciséis víctimas del golpe militar de 1936 han sido localizados y recuperados en el paraje conocido como Iruzkun, a unos 12 kilómetros de Pamplona, gracias a la información inicial que facilitó un vecino obligado a realizar la fosa y que presenció las ejecuciones.

El Gobierno de Navarra, a través de la Dirección General de Paz, Convivencia y Derechos Humanos, ha localizado los cuerpos que están siendo exhumados por el equipo técnico de la Sociedad de Ciencias Aranzadi. En este caso, según detalla el Ejecutivo Foral, la información inicial que ha posibilitado la localización proviene de un vecino, Félix Echalecu, obligado a realizar la fosa y que presenció las ejecuciones.
Aquel día trajeron 17 esposados de dos en dos, los metían como a corderos en la primera borda… Un pistolero le pegaba un tiro en el corazón y caía”

“Aquel día trajeron 17 esposados de dos en dos, los metían como a corderos en la primera borda… Un pistolero le pegaba un tiro en el corazón y caía; en la parte derecha el segundo pistolero le pegaba un tiro de gracia. No lo olvidaré mientras viva”, ha relatado.

En las inmediaciones de la fosa, familiares de víctimas de Sartaguda acudieron a dicho paraje, en el valle de Juslapeña, en el año 1979 a exhumar y recuperar los restos. Esas labores, fotografiadas y recopiladas en el Fondo Documental del Instituto Navarro de la Memoria y junto con el Fondo de Jimeno Jurío recuperado también por el organismo, han servido para dar con la localización exacta del lugar de enterramiento.

Los trabajos de localización y prospección, que se han desarrollado en las últimas semanas, han permitido extraer los restos de nueve cuerpos este lunes, gracias a las labores del personal técnico de Aranzadi, en el marco del convenio que el Gobierno de Navarra mantiene con esta asociación de ciencias. El martes se procederá a exhumar los siete restantes.
Los trabajos de localización y prospección, que se han desarrollado en las últimas semanas, han permitido extraer los restos de nueve cuerpos este lunes. Mañana se exhumaran los restantes

lunes, 9 de septiembre de 2019

GCE: ¿Terminó en 1952, en un conflicto irregular?

¿Y si la Guerra Civil española duró hasta 1952?


El historiador Jorge Marco argumenta que la derrota del ejército republicano no marcó el fin del conflicto, sino que transformó un enfrentamiento convencional a otro irregular 

El dictador Francisco Franco visitó Girona en 1942, cuando España había pasado de una Guerra Civil convencional a otra de “irregular”, según el historiador Jorge Marco (UPIFC)



David Ruiz Marull || La Vanguardia


La Guardia Civil apareció por sorpresa en un pequeño pueblo andaluz. Su objetivo era detener a tres jóvenes campesinos. Pasaron la primera noche en comisaría y luego fueron llevados a una fábrica situada en un lugar tranquilo. Allí, los torturaron durante horas y horas. A la mañana siguiente, la policía les entregó a los regulares, las temidas unidades del ejército compuestas por soldados procedentes de la colonia española en Marruecos.

Ataron a los jóvenes a los caballos y los arrastraron por un camino rocoso antes de apedrearlos. Había sangre por todo el trayecto, pero los muchachos -familiares o colaboradores de guerrilleros antifranquistas- aún seguían con vida. Así que los soldados cogieron sus armas y los remataron con un disparo en la cabeza. El registro los identificó con un simple “fusilados por la Guardia Civil”.
El historiador Jorge Marco defiende que el conflicto armado no terminó en 1939, sino que se alargó hasta 1952

Los hechos no ocurrieron en 1936, ni tampoco en el 37. Ni tan siquiera ocurrieron durante el periodo conocido tradicionalmente como Guerra Civil española. Ocurrieron en Frigiliana, un pueblo de la provincia de Málaga, abril de 1950 y es uno de los ejemplos que permiten al historiador Jorge Marco, de la Universidad de Bath, defender que el conflicto no acabó en 1939, como siempre se ha dicho, sino que se alargó hasta 1952.

La derrota del ejército republicano, según explica Marco en un estudio que está a punto de publicar en la revista Journal of Contemporary History , no marcó el fin de la Guerra Civil, sino que la transformó de un enfrentamiento convencional a una guerra irregular.


El historiador Jorge Marco, de la Universidad de Bath (Jorge Marco)

“Describir la década de 1940 como un período de posguerra sería minimizar el conflicto armado que tuvo un gran impacto en las áreas rurales del país y, al mismo tiempo, resonaba en las ciudades”, explica el investigador a La Vanguardia.

“Los derrotados –explica Marco- fueron obligados a pagar por acciones pasadas. La mayoría fue clasificada por la dictadura como redimible y sometida a un intenso proceso de aislamiento, castigo y conversión forzada. Pero también hubo miles de republicanos que fueron considerados irredimibles y fueron ejecutados por tribunales militares”.

Desfile de Guardias Civiles y policías armados en San Sebastián en 1942 (Wikipedia)

La magnitud de la represión fue tal que provocó una reacción en cadena que propició la aparición de los grupos guerrilleros y, con ello, la lógica de la violencia de contrainsurgencia, afirma el autor. “Por eso Franco combinó diferentes técnicas represivas, incluidos los tribunales militares y el sistema penal, además de una amplia gama de prácticas brutales y masacres contra civiles y combatientes que duró más de una década”, indica.

De campos de batalla abiertos a áreas aisladas de montaña y combates clandestinos en las ciudades. El caso de España, afirma el experto, guarda similitudes con el de la Guerra Civil polaca (1942-1948), la Guerra Civil griega (1946-1949) y otras guerras irregulares en los países bálticos (1944-1953), Ucrania (1944-1953) y Rumania (1944-1962).

El documental 'Rejas en la memoria' analizaba la vida de los miles de presos contrarios a la dictadura franquista (CANAL +)

Al menos 20.000 personas fueron asesinadas por la dictadura durante la década de 1940. Como admitió Eulogio Lima, uno de los mandos de la Guardia Civil encargado de eliminar toda la resistencia en España, en esa época se entró en “una guerra fría, callada y silenciosa”.

Pero estas cifras, indica el experto de la Universidad de Bath, no incluyen cientos de muertes causadas por la violencia contrainsurgente, que son “notoriamente difíciles de identificar”. Según fuentes oficiales, el número de fallecidos directamente atribuibles a la guerra irregular fue de 3.433, entre los que había 2.489 combatientes y 953 civiles. Milicias republicanas en los campos de Tardienta, en el frente aragonés (.)

Las estadísticas de la Guardia Civil indican, además, que 19.444 civiles fueron arrestados y juzgados por colaborar con los grupos guerrilleros antifranquistas entre 1943 y 1952, aunque indican que el número de intermediarios (miembros de la población civil que ayudó a los guerrilleros) podía estar entre 60.000 y 80.000.

“El número de muertes directamente relacionadas con la guerra irregular –argumenta Marco- debe estar entre 6.500 y 8.000 personas, con una división uniforme entre civiles y combatientes. De éstos, entre 5.000 y 6.500 fueron víctimas de la dictadura. Estas cifras son significativamente más bajas que las de las guerras irregulares que tuvieron lugar después de la Segunda Guerra Mundial en Ucrania, Lituania y Grecia, aunque tiene similitudes con Polonia, Letonia, Estonia y Rumania”.

Un grupo de presos contrarios a la dictadura franquista (CANAL +)

La dictadura de Franco aprobó dos leyes específicas para reprimir al movimiento guerrillero: la Ley de Seguridad del Estado en 1941 y el Decreto de bandidismo y terrorismo en 1947. Ambos permitieron a los tribunales sentenciar a miles de intermediarios (y guerrilleros) a prisión o muerte. Sin embargo, la mayoría de los civiles fueron asesinados en masacres, particularmente durante el período conocido como “los tres años de terror” entre 1947 y 1949, explica el investigador a La Vanguardia.

Jorge Marco entiende que, durante los primeros años, la estrategia fue de combate directo formando grupos mixtos de guardias civiles, policías y falangistas para combatir a los guerrilleros. A partir de 1944, se empezó a usar de forma más amplia la guerra psicológica, el uso de la inteligencia militar y la persecución de las redes de apoyo.

Ancianos del bando republicano, hambrientos y con aspecto desolador, huyen de los estragos provocados por la Guerra Civil (LVE)

También se contó con la asistencia adicional de 100.000 civiles, principalmente voluntarios falangistas, que desde 1945 formaron grupos paramilitares conocidos como Somatén. “El alto grado de brutalidad empleado por las fuerzas militares y paramilitares en esta guerra irregular estaba en consonancia con el hecho de que el enemigo interno había sido deshumanizado”, admite el historiador.

Una de las técnicas de represión que tuvo mayor efecto psicológico en la población fue poner los cadáveres en exhibición pública. Esta práctica fue habitual en las primeras semanas de la guerra civil, hasta que fue prohibida por las autoridades militares en febrero de 1937. La dictadura, sin embargo, la restableció.
Una técnica de represión que tuvo alto efecto psicológico en la población fue exhibir cadáveres públicamente

La mayoría de masacres de civiles, asegura Jorge Marco, tuvieron lugar lejos del ojo público. “La Guardia Civil, por lo general, arrestó a los campesinos o los sacó de la prisión y los llevó a zonas periféricas para asesinarlos. Los informes oficiales generalmente ocultaron estos hechos afirmando que se aplicaba la Ley de Fugas: el asesinato de una persona con el pretexto de que había tratado de escapar de las autoridades”, remarca.

“A excepción de unas pocas docenas de hombres que decidieron no entregarse y murieron en silencio o permanecieron escondidos hasta el final de la dictadura, los guerrilleros depositaron sus armas a finales de 1952. Franco había derrotado finalmente a sus enemigos tras someterles a más de una década de terror. Pero no hubo ninguna declaración oficial que pusiera fin a la Guerra Civil”, concluye Marco.

jueves, 6 de junio de 2019

GCE: 6 cosas que no se sabían del conflicto

Cosas que no sabíamos de la Guerra Civil

80 años después del final del conflicto que marcó el siglo XX español, los historiadores siguen desvelando sus zonas oscuras. Un congreso reúne a 22 especialistas en Zamora
Tereixa Constenla | El País


Oficiales marroquíes al frente de sus tropas, a finales de marzo de 1939, ante la Puerta de Toledo en Madrid. En vídeo, el historiador Angel Viñas analiza la victoria de Franco. VÍDEO: EPV

Las guerras civiles tienen un 10% de acción y un 90% de sufrimientos pasivos. Y ha de reconocerse que para sostener esta afirmación el escritor y periodista Arthur Koestler había hecho un razonable estudio de campo entre 1936 y 1937 en varios escenarios de la contienda española, incluida una involuntaria estancia en una cárcel sevillana. Puede que, 80 años después del final, quede poco que rastrear en la acción del conflicto español, pero una veintena de historiadores, reunidos esta semana en Zamora en el congreso Queda mucho por decir de la Guerra Civil, han evidenciado con sus investigaciones que perduran aún zonas de sombra para conocer la magnitud de tanto sufrimiento pasivo.


Mussolini, un precoz conspirador. El próximo libro de Ángel Viñas, ¿Quién quería la Guerra Civil? (Crítica), aportará información desconocida sobre las negociaciones entre el régimen fascista y los monárquicos españoles durante la Segunda República. La documentación acredita un encuentro en 1935 entre Antonio Goicoechea y el Duce, a quien se le presenta un plan de actuación en caso de que las izquierdas ganen las elecciones: “Estribaba en establecer un sistema parecido al italiano. El objetivo era la restauración de la Monarquía con un jefe de Gobierno que sería Calvo Sotelo”. Su asesinato y la muerte del general Sanjurjo despejaron el camino a Franco. “El golpe se preparó con la ayuda fascista y Mussolini decidió apoyarlo durante junio de 1936”, concluye Viñas.

El peaje de las mujeres. “Sabemos bastante poco y desde hace poco tiempo sobre las mujeres”, lamenta Encarnación Barranquero. La historiadora de la Universidad de Málaga destaca que las mujeres sufrieron una represión específica, sexual, que apenas se ha investigado: “En los consejos de guerra, además de por su papel político o militar, se las castiga por cuestiones morales como vivir amancebadas”. La mayoría de las represaliadas eran mujeres sin activismo político: “El régimen las castigaba por su parentesco, la mayoría eran amas de casa”. “Se utilizan con frecuencia como cebo para atraer a los hombres de la familia que han huido”, agrega Matilde Eiroa, de la Universidad Carlos III. Las mujeres son alrededor del 5% de los fusilados tras consejos de guerra, según Barranquero. En los últimos años se ha ahondado también en el estudio de las mujeres movilizadas al comienzo de la guerra, como hace Ana Martínez Rus en Milicianas (Catarata).

La Iglesia, sin estereotipos. Acaso uno de los campos más minados, entre la propaganda de la cruzada y el relato anticlerical, según el historiador de la Universidad de Vigo, José Ramón Rodríguez Lago. Su opacidad no facilita el viaje científico. “El archivo secreto del Vaticano es más transparente que cualquier archivo eclesiástico español”, ironiza el historiador, que destaca la trascendencia del Vaticano y los católicos de Estados Unidos en la guerra. “Se creía que el Vaticano apuesta por el posibilismo de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) hasta las elecciones de 1936, pero en noviembre de 1935 se aprecia ya la apuesta por una vía mucho más dura con la retirada del primer plano de Herrera, el cardenal Vidal y el nuncio Tedeschini”. En la guerra los obispos no conforman un todo homogéneo: unos excitan el odio, otros callan y algunos critican de forma velada la represión franquista.


Franco y Mussolini, en febrero de 1941 en Bordighera (Italia). GETTY

El saqueo legalizado. Hay una razón obvia para explicar por qué la represión económica de las comisiones de incautación, y después los tribunales de responsabilidades políticas, sigue siendo la gran desconocida. “Había un deber ético que era cuantificar las víctimas y ponerles nombres. La represión económica se veía como un castigo menor”, expone Julio Prada, historiador de la Universidad de Vigo. Hay estudios de ámbito autonómico sobre Aragón y Andalucía. En Galicia, investigada por Prada, hay 14.600 personas afectadas, lo que desmonta la falacia de que la guerra pasó de puntillas por las zonas sin frentes. Entre otros, el historiador conoció el caso de Florinda Ortega Pérez, una empresaria viuda de A Gudiña, que pierde todos sus negocios y propiedades por ser madre del alcalde de la localidad, de Izquierda Republicana. “La castigan por la simple tolerancia de lo que ocurría en su casa”, subraya Prada. Ella, multada con 10.000 pesetas, acabó en el exilio junto a su familia.

Estratégica Quinta Columna. Carlos Píriz está a punto de concluir una tesis que prevé polémica. Además de estudiar a fondo la labor de quintacolumnistas en Madrid, ha investigado su papel en Barcelona, Almería, Valencia, Cartagena y Murcia. “Ellos hacen que antes de que entre el ejército en las ciudades, los puntos estratégicos ya estén tomados por sus fuerzas de choque”. Frente a la creencia vigente de que la Quinta Columna nace después de la matanza de Paracuellos, Píriz asegura que se gesta mucho antes, a consecuencia del fracaso del golpe de estado del 18 de julio. En su ponencia ante el congreso, Carlos Píriz y Juan Andrés Blanco, de la Universidad de Salamanca, destacaron que “los mandos rebeldes llegaron a anticipar movimientos militares de sus enemigos y, sobre todo, a manipular el final del conflicto a su favor”.

La tragedia final. En su intervención grabada, el hispanista Paul Preston se centró en los dos meses finales de la guerra, “la historia de una tragedia humanitaria que pudo evitarse, que costó muchos miles de vidas y que arruinó a muchos millares más”. Preston dedicó un libro, El final de la guerra (Debate), a narrar estos días. “Tuvo muchos protagonistas pero se centra en tres individuos. Uno, el presidente del Consejo de Ministros de la República, Juan Negrín, que trató desesperadamente de evitarla. Los otros dos apechugan con la responsabilidad por lo que sucedió. Uno, el profesor Julián Besteiro, se comportó ingenuamente pero su culpabilidad está fuera de toda duda. El tercero, el coronel Segismundo Casado, actuó siguiendo una mezcla algo más que repugnante de cinismo, arrogancia y egoísmo”.

sábado, 1 de junio de 2019

GCE: Los campos de concentración de Franco

Los campos del horror

Franco desplegó una heterogénea red de centros en los que concentró a cientos de miles de prisioneros de la guerra
Manuel Morales | El País


LOS 294 CAMPOS DE CONCENTRACIÓN DE LA REPRESIÓN FRANQUISTA

Campos de concentración de 1936 a 1947
Fuente: www.loscamposdeconcentraciondefranco.es Diseño: Jose María Hernández. EL PAÍS


"Organizarán los campos de concentración con los elementos perturbadores, que emplearán en trabajos públicos, separados de la población". Esta fue la orden enviada por Franco a sus generales el 20 de julio de 1936, solo dos días después de la sublevación militar. Era el inicio de un plan represivo y controlador de los que iban a convertirse en derrotados. "La represión es el capítulo más estudiado hoy por los historiadores", asegura Ángel Viñas, catedrático emérito de la Universidad Complutense de Madrid, especializado en el conflicto español y el franquismo. Ejemplo de este interés es la reciente aparición de Los campos de concentración de Franco, del periodista Carlos Hernández de Miguel (Ediciones B), que aborda una cuestión en la que fue pionero, en 2005, el libro Cautivos, de Javier Rodrigo (Crítica). "Ha sido una cuestión oculta tradicionalmente", continúa Viñas.

Cientos de miles de personas padecieron en sus carnes, durante la contienda y tras esta, la terrible vida en un campo de concentración. "Lo de la latita de sardinas y la falta de agua fue continuo. En Miranda [de Ebro] dormíamos en el puñetero suelo, en el barro", contaba el militante anarquista Félix Padín en Cautivos. "Fueron espacios en los que se interna, clasifica y reeduca a prisioneros de guerra", dice Rodrigo, doctor en Historia Contemporánea. No obstante, la organización de este mastodonte se caracteriza por la improvisación. "Lo de la eficiencia de los sublevados es un mito", señala Rodrigo.

Los campos empezaron "de manera irregular, entre noviembre y diciembre de 1936, porque fracasa el golpe y aumentan, sobre todo, tras la campaña del Norte, en marzo de 1937, cuando se toma a 90.000 prisioneros; solo en Santander, 30.000", continúa este historiador, que cifra en 190 el número de centros, por los que pasaron "entre 350.000 y 500.000 presos". Hernández, en su libro, ha aumentado ambas cifras: 294 campos y entre 700.000 y casi un millón de presos. "Me he ceñido a aquellos que el propio régimen franquista cataloga así". En cualquier caso, la proliferación llevó a Franco a intentar poner orden con la creación, en el verano de 1937, de la Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros (ICCP), organismo que no desaparece hasta 1942.

Una característica distintiva de los campos del franquismo fue que "los presos son considerados como delincuentes y pierden la condición de prisioneros de guerra", subraya Gutmaro Gómez Bravo, doctor en Historia Contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid. "No habían sido acusados de nada ni habían sido condenados", añade Hernández. Aparte estaban los que directamente fueron fusilados o encarcelados. La obsesión de las autoridades era clasificar el aluvión de reos para decidir qué hacer con ellos. Los que se consideraba que podían ser afectos al nuevo régimen "eran enviados de inmediato al frente; los desafectos, a la justicia militar, y sobre los que había dudas, al circuito del trabajo forzoso hasta su liberación", según Rodrigo.


Prisioneros de las Brigadas Internacionales en el campo de concentración de San Pedro de Cardeña (Burgos). BIBLIOTECA NACIONAL

Para tomar una resolución se pedían informes a los Ayuntamientos de las localidades natales de los presos. "Lo que dijesen el cura, el alcalde, el jefe de Falange y el jefe de la Guardia Civil suponía el pasaporte a la vida, la muerte o los trabajos forzados", agrega Hernández, que para su libro pudo hablar con media docena de supervivientes. "Han sido muy importantes las memorias, manuscritos y notas que muchos dejaron a sus seres queridos".

El día a día constaba de madrugones a golpes y gritos, formación, saludos y cantos fascistas, despiojarse en los ratos de ocio, mucha hambre y aguantar el frío o calor. "No había un particular deseo de tratar bien a los prisioneros, aunque tampoco había un plan de exterminio, porque les interesaba reutilizarlos para su Ejército", explica Rodrigo, para quien los paradigmas del terror fueron San Juan de Mozarrifar, en Zaragoza; Miranda de Ebro y San Pedro de Cardeña (Burgos), Celanova (Ourense) y Santoña (Cantabria). Fuera de las fronteras españolas únicamente hubo una cierta reacción por parte del Vaticano "para que no se cometieran excesos", señala Gómez Bravo, "porque el temor era que cayeran en manos de Falange". De puertas adentro, solo se puso algo más de cuidado, de cara a la galería, "tras la derrota nazi de Stalingrado", por el miedo a que la derrota de Hitler arrastrara a Franco.

Los tipos de espacios concentracionarios atendieron a la evolución del conflicto. Rodrigo destaca un bloque "desde la ofensiva del norte a la batalla de Teruel, otro hasta la batalla del Ebro y el de la ofensiva final, cuando se hicieron unos 140.000 prisioneros en Madrid, Castilla-La Mancha y Valencia". En esta última región se produce lo que Gómez Bravo describe como "un colapso monumental". Al general Varela "le piden que ocupe Valencia y prepare alambradas para 25.000 personas; él responde que no tiene material para tantos, y cuando llega el momento se encuentra que son 100.000".

Acabada la guerra, también ingresan en los campos "los que habían entrado en España desde Europa, refugiados y evadidos, por la guerra mundial", apunta Rodrigo, que lanzará el 30 de abril, junto con David Alegre, Comunidades rotas. Una historia global de las guerras civiles, 1917-2017 (Galaxia Gutenberg). El último campo que cerró oficialmente es el de Miranda de Ebro, en 1947. Han pasado 80 años del parte que anunciaba el fin de la guerra y apenas hay placas en esos lugares, ni musealización alguna, que recuerden lo que ocurrió en aquellos recintos del extremo sufrimiento.



Campo de concentración en los Campos de Sports de El Sardinero (Santander). BIBLIOTECA NACIONAL

miércoles, 29 de mayo de 2019

GCE: La arqueología ingresa en las viejas trincheras

Los arqueólogos toman las trincheras


Por: F. Javier Herrero | El País




Excavación de un abrigo republicano en la Ciudad Universitaria, Madrid. / UCM


Los efectos de la sexta contraofensiva franquista sobre las posiciones republicanas en la orilla derecha del Ebro fueron decisivos. El joven y capaz coronel Manuel Tagüeña, al mando de los 18.000 soldados del XV Cuerpo de Ejército, dirigía las operaciones de retirada republicana en esos días de noviembre de 1938 y, tras la caída de La Fatarella, centra el esfuerzo defensivo en la estratégica línea de Raïmats. Allí se ubica la Cota 562, y en una de sus trincheras, junto con sus compañeros de la 15ª Brigada, Charlie se preparó para el inminente combate, consciente de que el futuro de los que cruzaban el río dependía de su sacrificio. Era más alto de lo habitual y también un poco viejo a sus cuarenta y tantos años entre esos jóvenes de la Quinta del Biberón. Se cercioró de que llevaba su zurrón bien provisto: las granadas polacas y munición para su fusil Mosin Nagant, y se quedó con unos pocos objetos personales: la escudilla para comer, una navaja, el cepillo de dientes y su tubo de pasta, una carta doblada cuidadosamente... En la mañana de ese 15 de noviembre, la 82 División de Franco, después de tres días de bombardeo aéreo sobre la zona, se lanzó rápida contra la Cota 562. Charlie y sus compañeros comenzaron a disparar, respondieron con sus bombas de mano. A su lado cayó una granada del enemigo y trató de devolvérsela pero no hubo tiempo. Le estalló en la mano de manera fatal. Allí mismo quedó sepultado por los soldados de la 82 que tomaron la cota. Gracias a la entrega de hombres como Charlie, el coronel Tagüeña pudo afirmar en sus necesarias memorias Testimonio de dos guerras (Planeta) que en el paso del Ebro, los franquistas no capturaron prisioneros ni material.




Si conocemos la historia final de Charlie, no es gracias al testimonio de alguien, o su aparición en algún documento o imágenes de la época. Fue el mismo Charlie, 73 años después, quien nos trajo su historia y el canal que usó fue la arqueología. Desde 2006, Alfredo González Ruibal, científico del CSIC y arqueólogo especializado en el pasado contemporáneo, investiga el paisaje de la Guerra Civil y la posguerra a lo largo y ancho de España y ha plasmado los resultados de estos años de trabajo de campo en Volver a las trincheras (Alianza Editorial), una aportación realmente atractiva para conocer la tragedia española del siglo XX desde el foco científico de la arqueología, tomando como base de partida los objetos encontrados en los campos de concentración, las fosas comunes o los frentes de combate. ¿Qué conocimientos pueden aportar esos objetos en un ámbito del que se ha escrito tanto y hay tanta documentación? En declaraciones a este blog, el autor afirma que “la arqueología puede, por un lado, simplemente contar las cosas de otra manera, poniendo más el acento en lo material y en la experiencia vivida. Ese es quizá el objetivo fundamental del libro. Pero también puede documentar fenómenos de los que existe poca documentación ­-como la práctica de la violencia política (cómo se asesinaba a la gente). También puede llamar la atención sobre aspectos que pueden estudiarse a través de otras fuentes, pero que han recibido poca atención: la historia cultural, la de la vida cotidiana, que es la que nosotros recuperamos en las excavaciones y es un tipo de historia que ha sido poco practicada (frente a la política, económica o militar)”. Ciertamente, a través de la arqueología accedemos a aspectos históricos que resultan imposibles de percibir por otros caminos. El investigador se enfrenta al pasado directamente, lo toca de manera no mediada. A través del registro arqueológico se teje un nuevo relato que no discrimina en función de la importancia de la persona y aborda las vicisitudes, en este caso trágicas, de la gente corriente, los olvidados de la historia hegemónica, de todos y todo.



Con el cambio de siglo, las fosas comunes han despertado un enorme interés social y numerosas asociaciones y colectivos trabajan para que los restos de los que fueron asesinados o murieron en la lucha sean recuperados y tengan un final digno elegido por sus familiares. En este proceso, la arqueología ha desempeñado una tarea necesaria que ha contextualizado e interpretado como fueron los momentos que vivieron los que iban a ser asesinados, su identidad, cómo se perpetró el crimen. Un ejemplo estremecedor es el de la violencia que la sublevación militar focalizó hacia las mujeres, en particular las del sur de España, (a la derecha, detalle de un zapato de tacón encontrado en una fosa común de Fregenal de la Sierra, Badajoz / Laura Muñoz) un colectivo que con la llegada de la República comenzó a exigir en voz alta igualdad de género y emancipación social. El trabajo del equipo de González Ruibal en las fosas confirma esta circunstancia con la descripción de lo encontrado: adornos femeninos, costureros, peinetas, un zapato de tacón…El trabajo de los arqueólogos consiste en invocar fantasmas, y en el caso de la cercana Guerra Civil con todas las consecuencias que trae consigo. Es por ello que desde sectores conservadores se les acusa de aprovecharse de la Ley de Memoria Histórica y de estar “politizados”. Sobre este asunto González Ruibal discrepa de manera rotunda y declara: “Me atrevería a decir que los historiadores mezclan sus ideas políticas con su práctica profesional de forma mucho más evidente que los arqueólogos: no hay más que leer a Payne, Preston, Julius Ruiz o Espinosa, por citar a historiadores de ambos lados del espectro ideológico. Y no lo digo como una crítica. Es que la historia contemporánea es así. Es imposible no tener un punto de vista político (…). Aceptemos de una vez que la política y la ciencia no se pueden separar fácilmente. El problema es cuando se tergiversan los datos para defender una determinada perspectiva política. Creo que esto es algo que sucede muy excepcionalmente en arqueología, si es que sucede”.

Muy pocos de los dos millones de viajeros al año que se mueven por los pasillos del aeropuerto de Lavacolla, en Santiago de Compostela, saben cómo se construyó ese aeropuerto. La nueva pista proyectada necesitó del trabajo esclavo de cientos de presos republicanos, que en condiciones extremas de hambre y muerte, fueron hacinados en una antigua fábrica de curtidos, convertida hoy en restaurante. Este grupo de arqueólogos ha fijado también su atención en esas cárceles, campos de concentración y destacamentos penales donde malvivieron y murieron los más de 370.000 presos políticos del régimen franquista, que forman parte de lo que denominan “el paisaje totalitario”. Como afirma el autor, esta compleja red “que existió hasta los años cincuenta se puede entender como parte de la tecnología franquista para construir nuevos sujetos políticos, dóciles con el régimen”. La mayoría de los campos de concentración se ubicaron en centros o edificios ya construidos pero en el caso de Castuera, en Badajoz, el contexto arqueológico se presentaba más accesible ya que se trataba de un centro de nueva planta que no fue reutilizado después. El equipo de González Ruibal decidió acometer su excavación y una vez más se vuelve a tocar el pasado, se regresa en el tiempo y son recuperados miles de objetos que hablan de la alimentación, la higiene, las condiciones médicas, la vigilancia, el castigo o la resistencia. Uno de ellos, una irrelevante tapa de olla, le fue mostrada a una anciana vecina del pueblo, a cuyos padres fusilaron al acabar la guerra, y en ese momento su memoria recuperó el recuerdo de aquellas mujeres que pasaban por su casa y llevaban alimentos a sus seres queridos presos en el campo de Castuera.



Excavación de un búnker republicano de la Batalla del Ebro en La Fatarella (Tarragona). / UCM

¿Cómo se está gestionando el patrimonio que sale a la luz con el trabajo arqueológico? ¿Cómo actúan las instituciones ante el gran interés social por conocer mejor la Guerra Civil? Alfredo González opina que “los restos de la Guerra Civil todavía se encuentran en un estadio muy incipiente de transformación en patrimonio cultural. El riesgo es que con el creciente interés social por este tema se generalicen las musealizaciones triviales y repetitivas, que no solo den una visión aburrida de la guerra, sino que además omitan las cuestiones políticas (fundamentales en la Guerra Civil) para evitar problemas. El patrimonio de la guerra y la dictadura requiere un tratamiento crítico, que haga reflexionar a los ciudadanos y plantearse las narrativas heredadas, y creativo, que permita ver el pasado de una forma distinta y atractiva”.

Cuando queda poco más de un mes para que se cumpla el 80º aniversario de la sublevación militar contra la II República son ya muy pocas las voces que aún se pueden escuchar de los que vivieron la guerra. La arqueología puede ocupar ese espacio de la memoria que el testimonio oral ya no podrá llenar y Volver a las trincheras es una obra indispensable para entender lo realizado hasta ahora en esta nueva disciplina. El conocimiento crítico y científico que proporciona debe recibir el trato digno que merece por parte de las instituciones, como en los países europeos de nuestro entorno, de manera que siga contribuyendo a la demanda social que exige comprender mejor nuestro pasado cercano.

martes, 23 de abril de 2019

GCE: El espionaje británico en la península

Materia secreta: el espionaje británico en la Guerra Civil


Por: Ángel Viñas | El País







En 2010 se publicó la esperadísima historia oficial del Secret Intelligence Service (SIS) o, en su denominación hoy más habitual, MI6. Comprende desde el año de su establecimiento, 1909, hasta 1949. El autor, Keith Jeffery, catedrático de Historia de la Queen´s University de Belfast, afirma que tuvo acceso a toda la documentación que le pareció necesaria. El director general del MI6, John Sawers, también lo constató en su prólogo. El libro ha tenido un éxito inmenso. En el Reino Unido las obras sobre espionaje gozan de gran popularidad. Los británicos siempre fueron maestros en el gran juego de la inteligencia / contrainteligencia.

[El cartel de la imagen pertenece a la colección de la Biblioteca Digital Hispánica. Es de 1939 y de autoría desconocida]

Las páginas referidas a España son, sin embargo, decepcionantes. Quien las lea no obtendrá mucha idea de lo que el MI6 hizo en nuestro país y pensará que fue mas bien poco. Esta carencia quizá sea explicable por varios motivos. En España no solo actuó MI6. También lo hicieron otros servicios británicos y Jeffery, naturalmente, no tenía porqué referirse a ellos; la documentación relevante puede seguir estando clasificada o haber desaparecido; el autor pudo no querer entrar en un escenario marginal para su gran historia: la actuación contra los enemigos del Reino Unido, ya fuesen en la Primera Guerra Mundial, en la Segunda o en los inicios de la Guerra Fría. Debió, eso sí, ver algunos papeles sobre España ya que alude a operaciones, que no identifica, que lanzó desde Gibraltar durante la Guerra Civil el entonces jefe de estación en el Peñón, Leonard Hamilton-Stokes. Por cierto que este aparecería en Madrid, con igual condición, en los primeros meses de 1940.
Mis investigaciones durante los últimos diez años me han conducido a otras conclusiones. Por ejemplo: los servicios secretos británicos (aunque no necesariamente el MI6) estuvieron presentes en los inicios de la Guerra Civil; desempeñaron un papel en el golpe de Casado y continuaron funcionando, a ritmo más trepidante, durante la neutralidad/no beligerancia/neutralidad españolas en la Segunda Guerra Mundial.

El primer tema lo desarrollé hace algunos años al ligar la conspiración de Franco para eliminar al general Amado Balmes, comandante militar de Gran Canaria, con el famoso vuelo del Dragon Rapide, avión que debía transportarle a Marruecos. Uno de los pasajeros llegados de Londres a Las Palmas, el excapitán Hugh Pollard, había sido, cuando menos, agente del Servicio de Inteligencia Militar y es altamente verosímil que participase en la misión, siquiera para otear lo que pasaba, por encargo de la misma o del propio MI6. La cosa no está clara. En cualquier caso, no era agente de éste. Ingresó en él a comienzos de la Segunda Guerra Mundial.

Sobre el tercer tema estoy trabajando en la actualidad y espero poder presentar en un próximo libro un largo y denso acopio de datos e informaciones hasta ahora ignorados en la literatura.

Queda el segundo tema: el golpe de Casado, del que ahora se han cumplido 75 años. Aquí el protagonista fue un diplomático británico, convenientemente camuflado. Su nombre es conocido de los especialistas pero no se ha escrito mucho sobre él. Se llamaba Howard Denys Russell Cowan, abreviadamente Denys Cowan. Nacido el 23 de octubre de 1883, ingresó en el Foreign Office en septiembre de 1910. Fue destinado a Cuba en donde pasó la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial. Dimitió en octubre de 1920. Se ignoran las razones. Desaparece en la historia hasta agosto de 1938, cuando resurge como agregado honorario a la embajada británica en Barcelona. Esto fue, lo sabemos, una cobertura, quizá justificada por los peligros de su trabajo real. Era secretario y enlace de una comisión, presidida por el mariscal Sir Philipp Chetwode, que se ocupaba de facilitar el intercambio de prisioneros, franquistas contra republicanos y viceversa. Esto le daba la oportunidad de pasar de una zona a otra. Una facilidad de la que disfrutaban entonces contadísimas personas. Las oportunidades de otear y obtener información no pudieron faltarle.

Tras la caída de Barcelona en febrero de 1939 a Cowan se le envió al consultado británico en Madrid, ciudad entonces bastante aislada. Este destino, sin embargo, desaparece en el anuario diplomático. Cierto es que no pudo ser de larga duración, pero es significativo por varias circunstancias muy especiales.

La más importante era que el coronel Segismundo Casado soñaba con un golpe que liquidase la Guerra Civil desde, probablemente, octubre de 1938. Esta información, que no estaba al alcance de todos y que obviamente ignoraba el Gobierno republicano, se transmitió a Londres. Esto puede explicar, para los no obtusos del todo, el traslado de Cowan en Madrid. Casado, en la segunda versión de sus siempre falaces memorias, reconoció que tuvo contactos con agentes británicos, pero cuidadosamente se abstuvo de dar nombres.



Es más, después de hundir todas y cada una de las posibilidades de resistencia y de prestarse a una gran operación político-estratégica de Franco para obtener la implosión republicana, Casado [en la imagen] se escapó a Londres. Aquí, refugiado y sin un chelín, no pasó ni hambre ni demasiadas privaciones. Un aspecto que no ha merecido la atención de los historiadores. ¿Por qué?

Veamos lo que hubo detrás. Un generoso donante le suministró fondos. No de forma directa sino a través del Comité de Ayuda a los Refugiados de España. Quien había detrás debió de ser muy precavido. En la documentación relevante aparece simplemente como “Miss Oliver”, mera pantalla. Los importes fueron superiores a los que distribuía el comité. El Foreign Office, de quien dependía el MI6, tomó cierto interés en que Casado se sintiera cómodo.

Obviamente no se trató de una ayuda desinteresada. Una mano anónima dio instrucciones al excoronel sobre cómo orientar el libro que rápidamente se puso a escribir, The Last Days of Madrid. Casado no sabía inglés, así que las instrucciones se le dieron en castellano. El libro se tradujo a velocidad de vértigo. Casado se lo dedicó a su “benefactora”, M.O. Se convirtió en un clásico que influyó durante 25 años en las muchas estupideces que se escribieron sobre el final de la guerra. Como reconoció privadamente mucho más tarde el propio Casado era, sin embargo, “pura bazofia”. ¿Quién estuvo detrás de la idea, de las instrucciones, de la traducción y de la publicación? Misterio.

Este misterio se ahonda un poco más porque tampoco se conoce nada todavía de las actividades de Cowan tras su regreso al Reino Unido. Hay que suponer que se le haría algún “debriefing”. Si es así, no se ha localizado. Tampoco reingresó en el Foreign Office. Los anuarios diplomáticos de 1939, 1940 y 1941 son mudos a su respecto. Sabemos, no obstante, tres cosas:
Al estallar el conflicto europeo se proporcionó a Casado un trabajito en la sección española de la BBC. La gran emisora fue un refugio utilizado por los servicios secretos para camuflar a futuros colaboradores y agentes de numerosas nacionalidades.
En algún momento Casado figuró en los planes que se cocían en Londres para hacer frente a la posibilidad de que Franco se decantara por el Eje.
En lo que se refiere a Cowan ingresó en el recién creado Ministerio de Información, al cual pasó gente de las procedencias más diversas.

En este Ministerio se le nombró rápidamente jefe de la Sección de España. Esto significa que “alguien” valoró sus conocimientos. Lo que hizo no está todavía aclarado. En enero de 1940 sabemos que trató de conseguir un pasaporte español para la esposa de Casado (Carmen Santodomingo de Vega) a través de la sección de prensa de la embajada británica en Madrid. Al parecer dicha señora podía contar con el apoyo de dos generales, Juan Yagüe y Fernando Barrón, y del coronel José Ungría, exjefe del SIPM, el servicio de inteligencia militar de Franco. No podía contar con el apoyo de círculos falangistas y, en particular, con el del conde de Mayalde, a la sazón director general de Seguridad y como tal el inmediato sucesor de Ungría.

Dada la labilidad de las relaciones hispano-británicas en aquel momento el embajador sir Maurice Peterson prohibió toda ayuda a la esposa. No sabemos si llegó a obtener el pasaporte español o no. Nada hace pensar que pudiera reunirse con su marido en Londres. En cualquier caso, este no tardó en tener un affaire con una inglesa de la que nació una niña.

Sigamos con Cowan. En febrero de 1940 el Ministerio de Información decidió enviarle a España en misión. La embajada española en Londres le negó el visado, algo realmente sorprendente. Ello dio origen a una larga correspondencia entre el Ministerio, el Foreign Office y la embajada en Madrid. Por ella se deduce que en los altos niveles de la dictadura se consideraba a Cowan excesivamente pro-republicano. Este protestó indignado. Era un católico a machamartillo y si había ayudado a los republicanos, había ayudado más a los franquistas. Literalmente. De la correspondencia ha desaparecido el informe sobre sus actuaciones en Madrid.

Este intercambio fue a parar a conocimiento de “C”. Esta era la denominación interna y en clave del jefe del MI6, a la sazón sir Stewart Menzies. Por ello podemos pensar que no es absurdo establecer un enlace entre el Cowan de febrero/marzo de 1939 y el de un año más tarde. Cowan no viajó a España en esta última fecha. Podría haber seguido en el Ministerio de Información pero rápidamente se le destinó a otro puesto. La documentación disponible no permite adivinar adónde. Es posible que se considerase que era demasiado importante para exponerlo.

La no mención de Cowan en los anuarios diplomáticos a partir de 1940 puede explicarse por motivos que no tienen nada que ver con la necesidad de mantener el secreto más cerrado sobre sus actividades. Según la persona que debía acompañarle en su abortada misión, Tom Burns, agregado de prensa en el embajada británica, el escurridizo personaje que comenzó su carrera en Cuba pereció en uno de los bombardeos alemanes sobre Inglaterra.

Ahora bien, si se tiene en cuenta que igualmente han desaparecido muchos papeles relacionados con el viaje del entonces excapitán Pollard a Canarias, la volatilización de toda traza documental de las misiones de Cowan en España nos lleva a seis conclusiones provisionales:
Los servicios secretos británicos estuvieron presentes en el comienzo y en el final de la Guerra Civil.
Lo que hicieron es desconocido pero debió de ser lo suficientemente importante para que una mano misteriosa haya hecho desaparecer papeles que normalmente deberían estar disponibles en los archivos que no son del MI6 y de la Inteligencia Militar.
Los archivos del MI6 no permiten profundizar en ninguna operación. Siguen cerrados a cal y canto. Unicamente el profesor Jeffery, como historiador oficial, tuvo acceso a la documentación.
La imposibilidad de consultarlos no es fácilmente comprensible. Si se trata de no identificar personas, los nombres (eventualmente agentes españoles) pueden borrarse. Lo hacen habitualmente los británicos, los norteamericanos y, por lo que sé, los franceses. Si se trata de no identificar el modus operandi correspondiente, ¿por qué se ha levantado el velo sobre operaciones en otros países que ha descrito el profesor Jeffery?
Existe documentación británica accesible, con nombres, en relación con otros servicios que no son el MI6 o la Inteligencia Militar.
No deja de ser paradójico que en los momentos actuales se sepa más acerca de las actividades en España durante la Guerra Civil del servicio de espionaje de la NKVD que por el lado británico.

No corresponde a un historiador extranjero especular acerca de las razones por las cuales la política desclasificadora del Gobierno británico no se aplica a documentos que difícilmente podrán contener vitales secretos de Estado. Aunque esto sea algo que no cabe por principio descartar, siempre es posible retener información supersensible. Cualquier historiador que trabaje en archivos se encuentra regularmente con ejemplos de ello. Y no pasa nada. Tampoco se hunde nada.

Ángel Viñas es catedrático emérito de la UCM. Su último libro es Las armas y el oro. Palancas de la guerra, mitos del franquismo (Pasado&Presente).

martes, 12 de febrero de 2019

La independencia de Catalunya en 1934

Proclamación del Estado Catalán de 1934



La señera, bandera oficial de Cataluña.

El 6 de octubre de 1934 tuvo lugar en Barcelona la proclamación del Estado Catalán dentro de la «República Federal Española» por parte del presidente de la Generalidad de Cataluña, Lluís Companys. Estos hechos se encuadran dentro de la huelga general revolucionaria iniciada el día 5 de octubre y son posteriores a la entrada de la CEDA el 4 de octubre en el gobierno de la República, en virtud de sus resultados en las elecciones generales de noviembre de 1933, y son conocidos en la historiografía nacionalista catalana como fets del sis d'Octubre ('hechos del seis de octubre').




Antecedentes

Tras la Dictadura de Primo de Rivera el rey Alfonso XIII nombró en enero de 1930 al general Dámaso Berenguer presidente del Gobierno para que restableciera la "normalidad constitucional". Pero la "Dictablanda" del general Berenguer fracasó dando paso al breve gobierno del almirante Juan Bautista Aznar que convocó elecciones municipales para el domingo 12 de abril de 1931.1​ Antes, en agosto de 1930, los partidos republicanos se habían reunido y firmado el pacto de San Sebastián, entre los que se encontraban representantes de los partidos nacionalistas catalanes, Manuel Carrasco Formiguera (Acción Catalana), Matías Mallol Bosch (Acción Republicana de Cataluña), y Jaume Aiguader (Estat Català de Francesc Macià, uno de los grupos que formarían poco más tarde Esquerra Republicana de Catalunya). Aunque no se levantó acta por escrito ni de los temas tratados ni de los acuerdos alcanzados en la reunión, en la "Nota oficiosa" que se publicó al día siguiente en el diario El Sol y en la referencia "Otros pormenores" que Indalecio Prieto añadió a la nota oficiosa se mencionaba "el problema referente a Cataluña" que "quedó resuelto en el sentido de que los reunidos aceptaban la presentación a unas Cortes Constituyentes de un estatuto redactado libremente por Cataluña para regular su vida regional y sus relaciones con el Estado español".


La proclamación de la República Española el 14 de abril de 1931



Proclamación de la Segunda República en Barcelona en 1931.

En Cataluña, concurrieron a las elecciones municipales cuatro grupos además de los monárquicos: a la derecha, la Lliga Regionalista; en el centro, el nuevo Partit Catalanista Republicà (Acció Catalana Republicana), fruto de la fusión entre Acción Catalana y Acción Republicana de Cataluña; a la izquierda, la recién creada Esquerra Republicana de Catalunya. Al margen de los partidos catalanistas, radicales y socialistas reproducían la Conjunción Republicano-Socialista del resto de España. ERC en Barcelona obtuvo 25 concejales, frente a 12 de la Lliga Regionalista y otros 12 de la candidatura republicana-socialista).

Alrededor de la una y media de la tarde del 14 de abril, Lluís Companys, uno de los líderes de Esquerra Republicana de Cataluña salió al balcón del Ayuntamiento de Barcelona, en la Plaza de San Jaime para proclamar la República e izar la bandera republicana.3​ y una hora después y desde el mismo balcón, donde ya ondeaba también la bandera de Cataluña, el líder de Esquerra Francesc Macià se dirigió a la multitud concentrada en la plaza y proclamó, en nombre del pueblo de Cataluña, "L'Estat Català, que amb tota la cordialitat procurarem integrar a la Federació de Repúbliques Ibèriques". A media tarde Macià de nuevo se dirigía a la multitud pero esta vez desde el balcón de la Diputación de Barcelona, situado enfrente del Ayuntamiento en la misma plaza de San Jaime, para comunicarles que había tomado posesión del gobierno de Cataluña y a continuación firmaba un manifiesto en el palacio de la Diputación en que proclamaba de nuevo el "Estat Català" bajo la forma de "una República Catalana", que pedía a los otros "pueblos de España" su colaboración para crear una "Confederació de Pobles Ibèrics".4​ Una tercera declaración de Macià, por escrito como la segunda, se produjo a última hora de la tarde, cuando se supo que la República había sido proclamada en Madrid y el rey Alfonso XIII abandonaba el país, en la que, después de hacer referencia a los supuestos acuerdos alcanzados en el "Pacto de San Sebastián", se proclamó "La República Catalana com Estat integrant de la Federació Ibèrica":5​


Catalanes: Interpretando el sentimiento y los anhelos del pueblo que nos acaba de dar su sufragio, proclamo la República Catalana como Estado integrante de la Federación Ibérica. De acuerdo con el Presidente de la República española Señor Niceto Alcalá Zamora, con el que hemos ratificado los acuerdos adoptados en el Pacto de San Sebastián, me hago cargo provisionalmente de las funciones de Presidente del Gobierno de Cataluña, esperando que el pueblo español y el catalán expresen cúal es en estos momentos su voluntad...

La proclamación de la “República Catalana” hecha por Macià en Barcelona fue el problema más inmediato que tuvo que afrontar el Gobierno Provisional de la Segunda República Española. Así el 17 de abril, sólo tres día después de haberse proclamado la República, tres ministros del Gobierno Provisional (los catalanes Marcelino Domingo y Lluis Nicolau d’Olwer, más Fernando de los Ríos) se entrevistaban en Barcelona con Francesc Macià alcanzando un acuerdo por el que Esquerra Republicana de Cataluña renunciaba a la “República Catalana” a cambio del compromiso del Gobierno Provisional de que presentaría en las futuras Cortes Constituyentes el Estatuto de Autonomía que decidiera Cataluña, previamente “aprobado por la Asamblea de Ayuntamientos catalanes”, y del reconocimiento del gobierno catalán que dejaría de llamarse Consejo de Gobierno de la República Catalana para tomar el nombre Gobierno de la Generalidad de Cataluña recuperando así el nombre de la institución del Principado que fue abolida por Felipe V en los decretos de Nueva Planta de 1716.6​

El Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1932

El proyecto de estatuto para Cataluña, llamado Estatuto de Nuria fue refrendado el 3 de agosto de 1931 por el pueblo de Cataluña por una abrumadora mayoría y fue presentado a las Cortes Constituyentes por el presidente de la Generalitat Francesc Macià. Pero el Estatuto respondía a un modelo federal de Estado y rebasaba en cuanto a denominación y en cuanto a competencias a lo que se había aprobado en la Constitución de 1931 (ya que el "Estado integral" definido en la Constitución respondía a una concepción unitaria, no federal), aunque condicionó los debates parlamentarios sobre la organización territorial del Estado.7​

Entre enero y abril de 1932 una comisión de las Cortes adecuaron el proyecto de Estatuto de Cataluña a la Constitución y aun así encontró una enorme oposición en la cámara para su aprobación, especialmente entre la Minoría Agraria (donde estaba integrada Acción Nacional, núcleo aglutinante de la futura CEDA) y los diputados de la Comunión Tradicionalista que ya se habían separado de los diputados del PNV en la Minoría vasco-navarra, y que incluyó una amplia movilización callejera “antiseparatista”. Tras cuatro meses de debates interminables, sólo el fallido golpe de Estado del general Sanjurjo de agosto de 1932 motivó que se acelerara la discusión del Estatuto, que finalmente fue aprobado el 9 de septiembre por 314 votos a favor (todos los partidos que apoyaban al gobierno, más la mayoría de los diputados del Partido Republicano Radical) y 24 en contra. El Estatuto era menos de lo que los nacionalistas catalanes habían esperado (la versión final eliminaba todas las frases que implicaban soberanía para Cataluña; se rechazaba la fórmula federal; los idiomas castellano y catalán eran declarados igualmente oficiales, etc), "pero cuando el presidente del Consejo de ministros Manuel Azaña fue a Barcelona para la ceremonia de presentación, lo recibieron con una tremenda ovación”.

A las pocas semanas de la aprobación de Estatuto, se celebraban elecciones al Parlamento de Cataluña, con nuevo triunfo arrollador de ERC, que conseguía 56 de los 85 escaños en juego. El Parlamento se constituía el 6 de diciembre, con Lluís Companys como primer Presidente de la cámara legislativa, y ERC formaba un gobierno monocolor. En enero de 1934 la autonomía catalana asumía facultades judiciales con la creación del Tribunal de Casación de Cataluña, así como nuevos poderes ejecutivos, incluyendo los de Orden Público al desaparecer de la estructura política la figura de los gobernadores civiles, que representaban al Estado español en Cataluña. Antes, el día de Navidad de 1933 moría el presidente Macià. El 1 de enero de 1934 era elegido Lluís Companys para sucederlo.

El conflicto con el gobierno del Partido Radical: la Ley de Contratos de Cultivos de 1934

Mientras, en noviembre de 1933 se celebraron las segundas elecciones generales del periodo republicano, que fueron ganadas por la CEDA de José María Gil-Robles, con casi 120 escaños. En segundo lugar quedó el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux, con poco más de cien escaños. Los socialistas perdieron la mitad de sus escaños y los republicanos de izquierda quedaron virtualmente barridos de la cámara. Las diferencias políticas entre el gobierno de izquierda de la Generalidad y los gobiernos de la derecha de España, inicialmente sin ministros extremistas de la CEDA, dificultaban las relaciones entre ambos poderes y el normal ejercicio de la autonomía.

En Cataluña, uno de los principales propósitos del presidente Companys, uno de los fundadores de la Unió de Rabassaires, era la de realizar una reforma agraria adaptada a las especificidades del campo catalán, en el que miles de pequeños agricultores dedicados al cultivo de la uva, no disponían de la propiedad de la tierra, sino que la cultivaban bajo contratos a largo plazo que dependían de la vida de las viñas (rabassa morta). El programa de la Unió de Rabassaires propugnaba el acceso a la propiedad de la tierra por parte de los pequeños agricultores, los rabassaires.9​ Así, el Parlamento de Cataluña aprobó, el 11 de abril de 1934, la Ley de Contratos de Cultivo (equivalente de la ley de arrendamientos estatal que no pudo ser aprobada en las Cortes Españolas en el verano de 1933), la cual garantizaba a los rabassaires la explotación de tierras durante un mínimo de seis años y la posibilidad de comprar las parcelas que hubieran estado cultivando durante al menos quince años.10​ Ello llevó a la derecha catalana de la Lliga, representante de los terratenientes catalanes, y que colaboraba en las Cortes Españolas con la CEDA, a reclamar la declaración de inconstitucionalidad de la ley, pidiéndole al gobierno Samper que recurriese la ley ante el Tribunal de Garantías Constitucionales, cosa que hizo. El recurso se basaba en una presunta invasión de competencias estatales, las referentes a las obligaciones contractuales (que el artículo 15 de la Constitución de 1931 reservaba al Estado), en tanto que la Generalidad aducía que en virtud del artículo 12 del Estatuto, le correspondía la legislación en materia de política social agraria. El 8 de junio de 1934, el tribunal declaró, por 13 votos a 10 y sin que muchos de sus integrantes hubiesen oído el caso, incompetente al Parlamento de Cataluña sobre el tema y anuló por tanto la ley. La respuesta de la Generalidad fue la aprobación por el Parlamento de Cataluña de una ley virtualmente idéntica, aunque Samper y Companys iniciaron una negociación a lo largo del verano para buscar una fórmula que hiciera compatible la ley con la Constitución.

La anulación de la Ley de Contratos de Cultivos creó una grave crisis política entre Madrid y Barcelona (incluyendo la retirada de los diputados de ERC de las Cortes Españolas) y una considerable exacerbación nacionalista, que favorecía las actividades paramilitares y la propaganda separatista de las Joventuts d'Estat Català, dirigidas por Josep Dencàs. Dencàs logró la consejería de Gobernación el 18 de septiembre represaliando además al movimiento anarcosindicalista de la ciudad, en tanto que a Miquel Badia, de ERC, se le encargan los servicios de Orden Público de Cataluña.

Del 1 al 6 de octubre

Las Cortes Españolas se reunieron el 1 de octubre y la CEDA manifestó que retiraba su confianza al gobierno del Partido Republicano Radical presidido por Ricardo Samper, exigiendo la participación en el que se formara a continuación. Al día siguiente caía el gobierno Samper, que había tratado de llegar a un acuerdo sobre la ley de contratos con Companys, y el día 4 de octubre Alejandro Lerroux formaba un nuevo gobierno en el que entraban por primera vez ministros de la CEDA. Inmediatamente los socialistas declaraban una huelga general revolucionaria en toda España para el día siguiente.12​

El 5 de octubre, la Alianza Obrera de Cataluña declaró la huelga general, sin el apoyo de la Confederación Regional del Trabajo de Cataluña de la CNT, que dos días antes había publicado en Solidaridad Obrera un "Manifiesto" en el que decía:13​

Nuestra posición no ha sufrido variante... [ya que] para el pueblo escarnecido, para los explotados, no puede haber diferencia entres los gobernantes [...] todos son iguales en la persecución del proletariado, todos son fascistas cuando de defender los privilegios se trata. [...] Todo para la CNT. Nada para los políticos

A pesar de que la CNT no apoyó la huelga, Barcelona quedó paralizada. El conseller de Gobernación Dencàs, por su cuenta, ordenó detener algunos dirigentes anarquistas, lo que indignó a grandes sectores de la población. El problema era que las fuerzas de orden público con que podía contar la Generalidad se limitaban a unos centenares de mozos de escuadra y algunos guardias de asalto.11​

El 6 de octubre la Alianza Obrera organizó una manifestación que se dirigió hacia la Plaza de San Jaime con pancartas reclamando la "República Catalana" pero se disolvió pacíficamente. En realidad aquel día no hubo actos de violencia en Barcelona y fueron muy escasos en el resto de Cataluña.14​ Al parecer el presidente de la Generalidad Companys trató de hablar por teléfono con el presidente de la República Niceto Alcalá-Zamora para advertirle que le sería imposible contener las reacciones izquierdistas y nacionalistas contra el nuevo gobierno al que se había incorporado la CEDA, aunque no logró hablar personalmente con él. Esa mañana Companys había conocido el anuncio del gobierno de Lerroux de declarar el estado de guerra en toda España.15​

La proclamación

A las ocho y diez minutos de la tarde del 6 de octubre, Lluís Companys apareció en el balcón de la Generalidad acompañado de sus consejeros y proclamó la República Catalana.

¡Catalanes! Las fuerzas monárquicas y fascistas que de un tiempo a esta parte pretenden traicionar a la República, han logrado su objetivo y han asaltado el Poder. Los partidos y los hombres que han hecho públicas manifestaciones contra las menguadas libertades de nuestra tierra, y los núcleos políticos que predican constantemente el odio y la guerra a Cataluña constituyen hoy el soporte de las actuales instituciones. (...)
Cataluña enarbola su bandera, llama a todos al cumplimiento del deber y a la obediencia absoluta al Gobierno de la Generalidad, que desde este momento rompe toda relación con las instituciones falseadas. En esta hora solemne, en nombre del pueblo y del Parlamento, el Gobierno que presido asume todas las facultades del Poder en Cataluña, proclama el Estado Catalán de la República Federal Española, y al establecer y fortificar la relación con los dirigentes de la protesta general contra el fascismo, les invita a establecer en Cataluña el gobierno provisional de la República, que hallará en nuestro pueblo catalán el más generoso impulso de fraternidad en el común anhelo de edificar una República Federal libre y magnífica.

De acuerdo a la visión de los historiadores José Luis De la Granja, Justo Beramendi y Pere Anguera la proclamación de Companys, quien horas antes se había negado a dar armas a los sindicatos, no fue un acto secesionista, puesto que estuvo acompañada de la invitación a constituir en Barcelona un Gobierno republicano provisional. «Su actitud sólo puede explicarse por la voluntad de frenar una auténtica revolución social, poniéndose al frente de un pronunciamiento político que asumía su dirección y la desactivaba, y por la necesidad de evitar la pérdida de control por la ERC de los sindicatos, en especial el agrario, que constituía una de sus principales fuentes de votantes. La actuación se justifica también por la presión de los distintos grupos de la izquierda marxista e independentista a favor de una defensa radical de los acuerdos del Parlament».16​

Según el historiador Jordi Canal, «la acción de Lluís Companys resultó, en esencia, populista, viril y martirial». Populista, porque pretendía «provocar una amplia movilización ciudadana para presionar y amenazar al Estado»; viril, porque Companys «necesitaba reafirmar su frecuentemente cuestionado nacionalismo frente a Estat Català, Dencàs y los hermanos Badia»; y martirial, porque a lo largo de 1934 había asumido «una posición victimista y, en cierto modo, abocada fatal pero fecundamente al martirio», como lo probaría el siguiente comentario que Companys hizo en privado en junio de ese año: «Ha llegado la hora de dar la batalla y de hacer la revolución. Es posible que Cataluña pierda y que algunos de nosotros dejemos la vida en ello; pero perdiendo, Cataluña gana, puesto que necesita sus propios mártires, que le asegurarán mañana la victoria definitiva».17​

Poco antes de retirarse del balcón en el que acababa de proclamar el Estado Catalán parece que Companys dijo: «Ara ja no direu que no sóc prou catalanista» ('Ahora ya no diréis que no soy suficientemente catalanista').18​ El director del diario conservador La Vanguardia Agustí Calvet, Gaziel, tras escuchar el discurso de Companys por la radio, se mostró muy crítico con la decisión de Companys:
Es algo formidable. Mientras escucho me parece que estuviera soñando. Eso es, ni más ni menos, una declaración de guerra. ¡Y una declaración de guerra —que equivale a jugárselo todo, audazmente, temerariamente— en el preciso instante en que Cataluña, tras siglos de sumisión, había logrado sin riesgo alguno, gracias a la República y a la Autonomía, una posición incomparable dentro de España, hasta erigirse en su verdadero árbitro, hasta el punto de poder jugar con sus gobiernos como le daba la gana! En estas circunstancias, la Generalidad declara la guerra, esto es, fuerza a la violencia al Gobierno de Madrid, cuando jamás el Gobierno de Madrid se habría atrevido a hacer lo mismo con ella.

Tras pronunciar el discurso Companys comunicó sus propósitos al capitán general de entonces y general en jefe de la IV División Orgánica, con sede en Barcelona, el general Domingo Batet de ideas moderadas, pidiéndole que se pusiera a sus órdenes "para servir a la República Federal que acabo de proclamar". El general parlamentó entonces con Enrique Pérez Farrás, el jefe de los Mozos de Escuadra, para que se presentara en la Capitanía y se pusiera a sus órdenes. Éste le respondió que sólo obedecía al presidente de la Generalidad. Batet habló a continuación con el presidente del Consejo de Ministros, Lerroux y, siguiendo sus órdenes, proclamó el estado de guerra aplicando la Ley de Orden Público de 1933.20​

Al anochecer aparecieron las primeras barricadas, se distribuyeron grupos armados por las calles y se preparó a los edificios oficiales para la resistencia. La Generalidad se defendió con un centenar de Mozos de Escuadra dirigidos por Pérez Farrás; la Alianza Obrera ocupó el local de Fomento del Trabajo Nacional en la Vía Layetana con unos 400 hombres; un número similar de partidarios del PSOE se concentraron en la Casa del Pueblo de la calle Nueva de San Fracisco; y en general los grupos con fusiles estaban preparados en los locales de La Falç, Nosaltres Sols! y el CADCI (Centre Autonomista de Dependents del Comerç i de la Indústria) en la Rambla de Santa Mónica.21​

Cerca de las once de la noche, una compañía de infantería y una batería del regimiento de artillería llegó a la Rambla de Santa Mónica y cuando el capitán se dispuso a leer el bando de proclamación del estado de guerra, desde el local del CADCI empezaron a disparar resultando muertos un sargento y heridos otros siete militares. La repuesta fue el bombardeo de artillería sobre el centro resultando muertos Jaume Compte, Manuel González Alba y Amadeu Bardina, dirigentes del Partit Català Proletari. El resto se rindieron a la una y media de la madrugada del día 7 de octubre.22​

Unas horas antes, hacia las diez de la noche del día 6, una compañía de artillería había ocupado la Plaza de la República (actual Plaza de San Jaime) informando a Pérez Farrás sus jefes de que tenían órdenes de tomar los dos edificios oficiales. Tras un tiroteo, los mozos de escuadra se replegaron al Ayuntamiento. Allí se acababa de votar una moción presentada por el alcalde Carles Pi i Sunyer de adhesión al Gobierno de la Generalidad. El asedio se amplió con la llegada de una compañía de ametralladoras.21​

Mientras, Dencàs, Badia y otros miembros de ERC, junto con unos ochenta guardias y un centenar de hombres pésimamente armados, se hicieron fuertes en la Comisaría de Orden Público de la Vía Layetana frente el asedio al que le sometieron las tropas que habían salido de Capitanía.22​

El general Batet, a pesar de tener órdenes estrictas de atacar por parte del ministro de la Guerra, y a sabiendas de que tenía la situación completamente controlada, dejó pasar el tiempo esperando reducir a los rebeldes.23​ A las seis de la mañana del día 7, diez horas más tarde de la proclamación, Companys comunicaba al general Batet su rendición.24​ Esa noche, el consejero de Gobernación Dencàs huyó del Palacio de la Generalidad por las alcantarillas y logró escapar a Francia.25​

La rendición

Sobre las siete de la mañana del 7 de octubre las tropas entraron en el Palacio de la Generalidad y detuvieron a Companys y a su gobierno y a los diputados Josep Tarradellas, Antoni Xirau, Joan Casanellas, Estanislau Ruiz, y al presidente del parlamento Joan Casanovas. Acto seguido detuvieron también en el Ayuntamiento al alcalde Carles Pi i Sunyer y a los concejales de ERC que le seguían. Los apresados fueron trasladados al buque Uruguay anclado en el puerto de Barcelona y reconvertido en prisión. Aquella mañana, las calles fueron quedando vacías de gente y todo fue volviendo a la normalidad. Incluso un representante de la CNT aconsejaba por la radio volver al trabajo, apostando por la organización obrera y la no colaboración con los partidos burgueses nacionalistas.26​

Pese a la gravedad de los hechos, se considera que el general Batet consiguió dominar la situación con el mínimo de destrucción y violencia, actitud que le valió ataques de la derecha y de algunos sectores militares por un lado (Batet sería fusilado durante la Guerra Civil por los franquistas) y de los insurrectos, por no ponerse a sus órdenes. Por su participación en el sofocamiento de la insurrección obtuvo de la República la Cruz Laureada de San Fernando, en 1934.

En Asturias, en la que se denominó la Revolución de Asturias, los hechos serían mucho más sangrientos con centenares de muertes por el enfrentamiento entre la Guardia Civil y el Ejército contra la Alianza Obrera.

Consecuencias

En la fracasada rebelión murieron cuarenta y seis personas: treinta y ocho civiles y ocho militares.27​ Más de tres mil personas fueron encarceladas, la mayoría de ellas en el vapor "Uruguay", y puestas bajo la jurisdicción de los consejos de guerra. También fue detenido Azaña, que se encontraba casualmente en Barcelona para asistir a los funerales del que fuera ministro de su gabinete Jaume Carner. Los militares que habían formado parte de la insurrección, el comandante Enrique Pérez Farrás y los capitanes Escofet y Ricart, fueron condenados a muerte, siendo su pena conmutada por la de prisión perpetua por el presidente de la República, Alcalá Zamora, a pesar de las protestas tanto de la CEDA como del Partido Republicano Liberal Demócrata de Melquíades Álvarez, que pedían mano dura.28​ El presidente y el gobierno de la Generalidad fueron juzgados por el Tribunal de Garantías Constitucionales y fueron condenados en junio de 1935 por rebelión militar a treinta años de prisión, que cumplirán, unos en el penal de Cartagena y otros en el del Puerto de Santa María. «Las fotografías de Companys tras los barrotes de su celda, amplia y eficazmente explotadas, contribuyeron de manera poderosa a forjar la imagen del president como mito».29​ El 23 de febrero de 1935 son dejados en libertad provisional el alcalde de Barcelona y los concejales detenidos.30​

El gobierno de Lerroux desató «una dura oleada represiva con la clausura de centros políticos y sindicales, la supresión de periódicos, la destitución de ayuntamientos y miles de detenidos, sin que hubieran tenido una actuación directa en los hechos», lo que evidenció «una voluntad punitiva a menudo arbitraria y con componentes de venganza de clase o ideológica».16​

La autonomía catalana fue suspendida indefinidamente por una ley aprobada el 14 de diciembre a propuesta del Gobierno (la CEDA exigía la derogación del Estatuto) y la Generalidad de Cataluña fue sustituida por un Consejo de la Generalidad designado por el Gobierno y con un presidente denominado gobernador general de Cataluña. El primero fue el coronel Francisco Jiménez Arenas, que ejercía como "presidente accidental" de la Generalidad desde el 7 de octubre. Se clausuró el Parlamento de Cataluña y alrededor de cien ayuntamientos fueron disueltos siendo sustituidos por comisiones gestoras integradas por políticos de derechas.31​

En enero de 1935 el coronel Jiménez Arenas fue sustituido por Manuel Portela Valladares. En abril de 1935, cuando se levantó el estado de guerra, Portela fue sustituido a su vez por el radical Juan Pich y Pon —quien compaginó el cargo de gobernador de Cataluña con el de alcalde de Barcelona—32​, y algunas de las competencias de la Generalidad le fueron devueltas, pero no las de Orden Público.30​ La Lliga participó en ese gobierno, «lo que confirmó su imagen de cómplice de los enemigos de la autonomía y alejó de ella a sectores de clases medias, pese a que paralelamente, desde finales del mismo octubre, denunciara al Gobierno central por aprovechar la situación creada para suprimir o recortar las facultades autonómicas, sosteniendo que "no se debe castigar a un pueblo por los errores de sus gobernantes". En nombre de la Lliga, el vicepresidente del Parlamento catalán, A. Martínez Domingo, impugnó ante el Tribunal de Garantías la ley de 2 de enero de 1935, que vaciaba de contenidos a la Generalidad».16​ Pich y Pon se vio envuelto en el escándalo del estraperlo por lo que acabó siendo sustituido como gobernador general de Cataluña y presidente de la Generalitat por Ignacio Villalonga de la Derecha Regional Valenciana, un hombre próximo al líder de la Lliga Francesc Cambó.32​

La Ley de Contratos de Cultivo fue anulada y se tramitaron casi tres mil juicios de desahucio de "rabassaires" y de aparceros —muchos rabasaires fueron encarcelados en el barco prisión Manuel Arnús, anclado en el puerto de Tarragona—32​ . Los periódicos nacionalistas y de izquierdas fueron suspendidos.



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