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lunes, 21 de noviembre de 2016

América: ¿Mentira en el genocidio de pueblos originarios?

LA GRAN MENTIRA DE LA ESCLAVITUD Y EL GENOCIDIO ESPAÑOL EN AMÉRICA
La oreja de Jenkins


De todas las mentiras que he escuchado a lo largo de mi vida sobre asuntos históricos, quizá entre las que más me molestan estén las relativas al papel ejercido por España en América. Las que conforman la “Leyenda Negra” que acusa a España de genocida y esclavizadora de los pueblos americanos durante la Conquista. Y me molestan porque son acusaciones falsas e infundadas, que a base de ser repetidas e introducidas con calzador en el ideario popular, hemos acabado por creérnoslas hasta los propios españoles.

Todo proceso histórico conquistador o colonizador conlleva el uso de la violencia y de las armas. Si bien el Imperio Romano invadió y conquistó España desde el siglo III A.C., arrasando y aniquilando a nuestros antepasados celtíberos, lusitanos, astures o cántabros, a nadie con un mínimo de inteligencia se le ocurriría hoy decir que Roma es la culpable de “la aniquilación de España” y del “sometimiento injusto” de nuestro pueblo. Más bien, los españoles mantendremos una deuda eterna con Roma por habernos dejado un legado inigualable tras su paso, latinizándonos y regalándonos su influencia y su organización. Algo parecido, o quizá de superior magnitud, sucedió en lo que respecta a la transmisión de riqueza a América tras nuestra llegada. La diferencia, sin embargo, es que el Imperio Romano no tuvo la mala suerte de contar con un enemigo anglosajón que volcara sobre él durante siglos infinitas mentiras y leyendas destinadas a diezmar su legitimidad y grandeza incontestables.


También los propios Tlaxcaltecas ayudaron a Hernán Cortés a derrotar a sus enemigos de Tenochtitlán (los Aztecas de Moctezuma), y los Aztecas, a su vez, combatieron junto a los españoles en posteriores colonizaciones…La historia, como vemos, es al final una sucesión de conquistas, y si bien se cometieron algunos casos aislados de maltrato durante los periodos de introducción y de Conquista (inevitables teniendo en cuenta las gentes, las circunstancias y la época) España no ejerció sobre los nativos americanos ningún tipo de genocidio ni esclavitud generalizado. Muy al contrario, podemos decir (y avalarlo con documentación y hechos contrastados de la historia), que España fue el único país de Europa que siempre protegió en su Conquista a los nativos de todos nuestros territorios de Ultramar, garantizándoles una vida digna y unos derechos integrales.

Pocos años después de nuestra llegada a tierras americanas, y en virtud de nuestra condición de Reino católico (clave en nuestra posterior relación con los indígenas), y del impulso de nuestros frailes Franciscanos y Jesuitas, fuimos los propios españoles quienes dictamos multitud de normas, leyes y decretos oficiales que protegían a los indígenas de cualquier abuso. Y fue la propia Reina Isabel la Católica quien determinó tras el primer viaje de Colón, que los indios nativos no debían ser considerados esclavos, ni siquiera gentes colonizadas, sino súbditos de pleno derecho de la Corona Española, como habitantes de las nuevas provincias recién descubiertas.


Llegada de Cristóbal Colón a América

Y nos tomamos tan en serio los españoles la aplicación de justicia sobre los indígenas del Nuevo Mundo, que la Monarquía Hispánica inmediatamente acometió las reformas necesarias para regular su trato de forma oficial. De esta manera, nada más dos décadas después de iniciarse el Descubrimiento (el 27 de diciembre de 1512), España abolió la esclavitud indígena mediante las “Leyes de Burgos”, en las cuales se emitieron las ordenanzas necesarias “para el gobierno con mayor justicia de los naturales, indios o indígenas” y se estableció que el Rey de España tenía derecho a “justos títulos” de dominio del Nuevo Mundo, pero sin derecho a explotar al indio, que era hombre libre y podía tener propiedades, pero que como súbdito debía trabajar a favor de la Corona sin mediar la esclavitud, retribuido y con libertades garantizadas, a través de los españoles allí asentados. España anteponía la evangelización de los nativos a cualquier otra materia, nativos a quienes consideraba hermanos cristianos, dejando a un lado las excepciones salvajes que efectivamente se pudieran dar y de las que de ninguna manera fue culpable España como unidad.

Pero las “Leyes de Burgos” no fueron unas leyes aisladas en lo referente al trato a los indígenas, y treinta años más tarde (1542), España emitía las “Leyes Nuevas” ( o Leyes y ordenanzas nuevamente hechas por Su Majestad para la gobernación de las Indias y buen tratamiento y conservación de los indios), en las que entre otras cosas se regulaba aún más en detalle el trato a los nativos, proclamando de nuevo su libertad y suprimiendo igualmente las encomiendas. Eran normas emitidas por los propios españoles y que restaban derechos a los pobladores españoles en beneficio de los indígenas, algo inédito en aquel momento y digno de asombrosa admiración…En esas “Leyes Nuevas”, el Emperador Carlos I mandó constituir una comisión que determinara la limitación de los derechos de los españoles en sus encomiendas y el sistema y forma en que se llevaban a cabo las Conquistas (no podían violarse los derechos indígenas en ese proceso). En dichas leyes, también se regulaban los tributos que los indígenas debían aportar al Estado, como súbditos del Rey que eran y no como esclavos.


Plano de Lima en 1687, por entonces una de las ciudades más avanzadas del mundo

En resumen, en lo relativo al trato a los indígenas, las “Leyes Nuevas” aportaban lo siguiente:

– Sobre la esclavitud:

  • Cuidar la conservación y gobierno y buen trato de los indios
  • Que no hubiera causa ni motivo alguno para hacer esclavos, ni por guerra, ni por rebeldía, ni por rescate, ni de otra manera alguna.
  • Que los esclavos existentes fueran puestos en libertad, si no se mostraba el pleno derecho jurídico a mantenerlos en ese estado.
  • Que se acabara la mala costumbre de hacer que los indios sirvieran de cargadores (tamemes), sin su propia voluntad y con la debida retribución.
  • Que no fueran llevados a regiones remotas con el pretexto de la pesca de perlas.
  • Se dictó orden a la armada española para la persecución y castigo de las naves esclavistas inglesas, holandesas y portuguesas que infectaban el caribe con destino a las colonias anglosajonas y a Brasil.

– Sobre las encomiendas:

  • Que los oficiales reales, del virrey para abajo, no tuvieran derecho a la encomienda de indios, lo mismo que las órdenes religiosas, hospitales, obras comunales o cofradías.
  • Que el repartimiento dado a los primeros Conquistadores cesara totalmente a la muerte de ellos y los indios fueran puestos bajo la real Corona, sin que nadie pudiera heredar su tenencia y dominio.

Y es que, como decía el historiador e hispanista estadounidense Lewis Hanke, uno de los mayores expertos sobre Hispanoamérica: “Ninguna nación europea se responsabilizó de su deber cristiano hacia los pueblos nativos tan seriamente como lo hizo España”. Y no solo cuidamos más que ningún otro país nuestra relación con aquellos nuevos compatriotas, sino que el nacimiento del Imperio Español en América supuso, de facto, en inicio de uno de los periodos más prósperos de la historia universal. Un periodo en el cual la ciudad de México llegó a convertirse en la urbe más grande y rica del planeta, o en el que cuando llegaron las independencias, España había creado un legado que convertía a Hispanoamérica en la región más próspera del planeta, con un nivel de vida y una economía incluso superiores a las de la Europa de entonces y con unas ciudades (como Lima, Santa Fe de Bogotá o México), mucho más importantes que Londres, París o la Roma de aquel momento…Y fuimos quizá tan respetuosos y precavidos, que podemos afirmar que los problemas reales de las independencias americanas no fueron causados por España, sino por los trágicos y mal llamados “libertadores”, que en nombre de una falsa igualdad arrebataron a los indios sus derechos y sus tierras comunales, amparadas por las leyes y los derechos que los españoles habíamos decretado siglos antes.

Nuestra labor en América no tuvo absolutamente nada que ver con genocidios o esclavitudes, y sin embargo sí mucho que ver con el florecimiento en América de una nueva cultura que venía a cambiar para mejor la que nos encontramos al llegar. Descubrimos sociedades tecnológica y humanamente 3000 años atrasadas, generalmente inconexas entre ellas, que en su práctica totalidad practicaban el canibalismo y los sacrificios humanos, y a las cuales situamos a la cabeza del mundo en pocos siglos. Y es España la responsable de haber trasladado a América el urbanismo, el derecho, las economías estructuradas, la agricultura, las universidades, las catedrales, las técnicas arquitectónicas, la influencia del Renacimiento, la imprenta, la rueda, la escritura, la música o la fe, entre otras infinitas cosas. Fundamos 23 universidades en América que daban educación a casi 200.000 alumnos de todas las clases sociales y razas (Portugal no fundó ninguna en Brasil durante su periodo colonial, mientras que la Inglaterra colonial de entonces, por ejemplo, hasta ese momento se había preocupado más bien poco por educar a sus indígenas), y a través de la península, hacíamos llegar a América todas las corrientes intelectuales y las artes que la grandiosa España de entonces absorbía.

CAPITULO XII del testamento de ISABEL LA CATOLICA: «Por cuanto al tiempo que nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostólica las islas e tierra firme del mar Océano, descubiertas e por descubrir, nuestra principal intención fue, al tiempo que lo suplicamos al Papa Alejandro sexto de buena memoria, que nos hizo la dicha concesión, de procurar inducir e traer los pueblos de ellas e los convertir a nuestra Santa Fe católica, e enviar a las dichas islas e tierra firme del mar Océano perlados e religiosos e clérigos e otras personas doctas e temerosas de Dios, para instruir los vecinos y moradores de ellas en la Fe católica, e les enseñar e doctrinar buenas costumbres e poner en elfo la diligencia debida, según como más largamente en las Letras de la dicha concesión se contiene, por ende suplico al Rey, mi Señor, muy afectuosamente, e encargo e mando a la dicha Princesa mi hija e al dicho Príncipe su marido, que así lo hagan e cumplan, e que este sea su principal fin, e que en ello pongan mucha diligencia, e non consientan e den lugar que los indios vecinos e moradores en las dichas Indias e tierra firme, ganadas e por ganar, reciban agravio alguno en sus personas e bienes; mas mando que sea bien e justamente tratados. E si algún agravio han recibido, lo remedien e provean, por manera que no se exceda en cosa alguna de lo que por las Letras Apostólicas de la dicha concesión nos es infundido y mandado».

¿Qué se cometieron atrocidades e injusticias? Sin duda, sí. ¿Qué hubo quienes utilizaron su poder personal para esclavizar a veces a los indígenas? También. Pero el 95% de las muertes acaecidas por aquel tiempo en América no son producto de las armas españolas, sino de los virus y enfermedades (como la gripe, la viruela, la escarlatina o el sarampión), que inevitablemente se transmitieron de España a América y de América a España entre dos mundos que hasta ese momento habían estado permanentemente aislados entre sí.

Por todo ello, creo que es deber de toda la comunidad Hispanoamericana conocer estos hechos, para no dejarnos seguir engañando por la leyenda negra creada por el mundo anglosajón y por quienes encabezaron las distintas independencias e hicieron creer a algunos que la bellísima historia común que tenemos no fue sino una vulgar y cruel escabechina. Con un poco de rigor histórico y cultura, descubrimos que lejos de ser aquello que esos dicen, la historia de España en América es uno de los periodos más hermosos y prósperos de la historia universal, porque España no fue a América para irse sino para quedarse, para construir y para fusionarse. Y fruto de ese aporte y de esa fusión son sus ciudades y sus gentes de hoy, que son el mejor ejemplo vivo de aquella gesta sin igual que hermanó para siempre a una comunidad de naciones que hoy engloba a 450 millones de personas.



FUENTE: “Guía políticamente incorrecta de la civilización occidental”, adaptación española basada en: The Politically Incorrect Guide to Western Civilization. Anthony Esolen y José Javier Esparza Torres. Ciudadela Libros, S. L. Madrid (2009). ISBN: 978-84-96836-56-3

viernes, 9 de septiembre de 2016

Conquista de América: El rol de los perros

Perros asesinos: el "arma definitiva" de los españoles durante la conquista que provocaba un terror insoportable
History

Muchos son los relatos que detallan la crueldad de los conquistadores sobre los habitantes originarios de América. Los europeos contaban con una indudable supremacía armamentística, pero además de las armas de fuego y los caballos, desconocidos en territorio americano, entre sus filas también combatían perros entrenados para matar.



Los canes de la raza alana, una cruza de dogo y mastín, iban a la batalla cubiertos por tiras de cuero y fuertes protecciones de fieltro sobre el cuerpo, lo que los convertía en un arma implacable.
El historiador español Álvaro van den Brule detalla en un artículo, recientemente publicado en el portal “El Confidencial”, que aunque las crónicas de la época han subestimado la importancia de los perros guerreros en las batallas de la conquista, varios datos nos hacen suponer que su uso fue extendido. Hasta 400 canes habrían intervenido en la conquista del territorio mexicano sembrando un terror sin precedentes a su paso.
Álvaro van den Brule explica: "fueron responsables en gran medida de la matanza indiscriminada que ha pasado a la historia como una de las cargas militares más sangrientas".

sábado, 27 de agosto de 2016

Conquista de América: Los perros infernales

El arma secreta de los españoles que causó carnicerías indiscriminadas en América

Eran terribles.Con su feroz presencia, los canes representaban la viva manifestación de una insoportable forma de terror casi demoníaca. Siempre iban en primera línea


Un conquistador español armando a uno de sus perros. (CC)

AUTOR ÁLVARO VAN DEN BRULE - El Confidencial




"Los muertos son los únicos que ven el final de la guerra."
-Platón
No fue Colón el descubridor de aquella arma letal, ni fue el inventor de la guerra, ni de la crueldad inherente a la misma, ni de lo que es capaz el ser humano cuando baja a sus propios abismos, ni de la impunidad que da el saber que nadie te va a juzgar, ni de la mueca que le hacemos a nuestra propia dignidad cuando acabamos con la vida de los otros por muy amparados que estemos por las leyes de la guerra; esto es, ninguna.

Aunque bien es cierto que ya intuía que podría enfrentarse allá en las tinieblas del confín del mundo a formas desconocidas de horror, él quiso proveerse de todos los medios a su alcance para conjurar la terrible colisión entre lo ignorado, lo intangible, lo no manifestado y el conocimiento entendido en su versión unilateral en el que la arrogancia de la superioridad técnica de los invasores orientales, en este caso los provenientes de Europa, avasallaría a su contraparte. En aquel enfrentamiento lejano y ya histórico entre lo que se ha llamado dos civilizaciones o mundos, él, lo único que hizo en beneficio de su propia supervivencia y la de sus hombres, fue reforzar las zonas de costura más frágiles en su estructura militar.

Canes terribles

Los perros de los conquistadores eran alanos de raza, es decir, un mestizaje entre dogos y mastines. Eran terribles.Con su feroz presencia, representaban la viva manifestación de una insoportable forma de terror casi demoníaca. Siempre iban en primera línea acompañando a los ballesteros y delante de los arcabuceros, y por supuesto, cuando actuaban conjuntamente con la caballería, el pánico que causaban en las filas adversarias era extremo.

 No te metas con un alano. (Lilly_M/CC)

Estos animales iban protegidos con sendas tiras de cuero en ambos lomos y unas potentes protecciones de fieltro que se extendían desde la cruz del tren delantero hasta el nacimiento del rabo, de tal manera que parecían acorazados contra cualquier contingencia. Si a esto le añadimos los ostentosos collares dentados y el durísimo entrenamiento al que los sometían sus amos –que cobraban una soldada aparte por perro–, estaríamos hablando de una arma casi apocalíptica.
Los infelices indígenas que en sus enfrentamientos no habían pasado del arco y del machete y de algunas pedradas con buen tino, tenían más pavor a un alano que a un regimiento de arcabuceros.
La gripe de la mediocridad obligaba a huir a miles de aventureros reciclados desde el anonimato de sus áridas vidas hacia la promesa de tierras nuevas y de experiencias en abundancia como contrapunto a las anodinas vidas en las planicies de Castilla o en la empobrecida Extremadura, donde hidalgos y campesinos deambulaban por la nada de un presente continuo.
Es conocido que en la expedición anterior a la de Cortés, media docena de perros intervinieron en las escaramuzas con los mayas tardíos
Un escenario de riquezas sin cuento era hábilmente promocionado por una leyenda basada en una rumorología muy bien cebada, pero a la postre eran el habitual saqueo y la política de hechos consumados – estaban a un océano de distancia–, los que los subordinaban a una realidad inapelable: había que hacer la guerra con todas las consecuencias y sin marcha atrás.
Aunque los cronistas no refieren o no hacen alusión a los perros por su insignificante presencia a ojos de la doctrina militar en aquel tiempo imperante, ya en la expedición anterior a la de Cortés – la de Grijalva -, se hace eco de la intervención de media docena de ellos en las escaramuzas con los mayas tardíos, ya fragmentada la gran nación que fueron y en guerra civil permanente por aquel entonces.

Un rastro indeleble entre las víctimas

Cuando Hernán Cortés se enfrenta en la batalla de Centla, que concluye con la severa derrota de una ingente tropa de aborígenes y con la toma de Potonchán en la primavera de 1519, en el momento álgido de la sangrienta batalla, probablemente la primera librada con armas de fuego y caballería en tierras americanas – si obviamos las escaramuzas previas tras el desembarco en la actual Veracruz–, la baza que inclina a favor de los españoles (para ser más precisos, de los castellanos) en el hasta ese momento equilibrado e indeciso lance, es el furibundo ataque de una docena de alanos que causan un impacto sicológico brutal entre las filas de combatientes adversarios. Pedro de Alvarado, consciente de la carnicería indiscriminada que está ocasionando la horda perruna, intenta retirarlos en vano, pues la presencia de niños y ancianos entre las filas de los autóctonos, víctimas propiciatorias para los canes por su natural indefensión, causa hasta en la tropa propia problemas de escrúpulos. La guerra lamentablemente es y no debería de ser, pero hay unos mínimos de humanidad que una vez sobrepasados desnaturalizan completamente al combatiente sin cortapisas morales y con licencia para una incontestable carta blanca. El relato de López de Gómara en el capítulo 'Combate de La Conquista de México', no deja lugar a dudas sobre la mortandad ocasionada por los desvaríos de los motivados animales y la impresionante carnicería que acompaña a los hechos, evidentemente, no solo imputable a los cabreados "chuchos".


Pedro de Alvarado.

El más famoso de estos canes, Becerrillo, moriría a resultas de una flecha envenenada disparada por los Caribes en uno de los combates contra los españoles. Era una flecha corta que atravesó la colcha forrada en algodón adherida al cuerpo del animal, causándole una dolorosa agonía que acabó cuando su amo decidió cerrar la espita del sufrimiento.
Hijo de Becerrillo era el llamado Leoncico, colega de correrías de Balboa, que recibía paga de oficial, y que combatió junto a su amo en todos los encuentros que tuvo con los indios del Istmo de Panamá y que participaría hasta su muerte en todas las expediciones contra los desgraciados aborígenes, y digo desgraciados porque no me parece justo hablar de buenos y malos.
El pánico cundió, y entre los arcabuceros, ballesteros y caballería, la tragedia adquirió tintes apocalípticos
Pero la de traca sucedió yendo hacia Tenochtitlán, la capital de los Mexicas (Aztecas), y cuando Cortés llegaba a Cholula, aliada del Imperio mexica, la segunda ciudad más grande del imperio, con 30 000 habitantes. Bernal Díaz del Castillo en su crónica cuenta que tras haber recibido a Cortés y su enorme ejército, las autoridades de Cholula planearon una una emboscada para aniquilar a los españoles. El cronista narra cómo Cortés montó en cólera tras comprobar las malas intenciones de los locales. Una anciana mujer y unos sacerdotes de los templos de Cholula alertaron a Cortés, quien dio instrucciones inmediatamente para que su ejército atacara. En la llamada matanza de Cholula, en la que se calcula que más de 5000 hombres murieron en menos de cinco horas, los perros alanos de los capitanes españoles forjados en las guerras de Italia fueron responsables en gran medida de la matanza indiscriminada, que ha pasado a la historia como una de las cargas militares más sangrientas .La ferocidad de los canes causó un pavor de dramatismo incalculable .El pánico cundió, y entre los arcabuceros, ballesteros y la caballería, la tragedia adquirió tintes apocalípticos. Tras el asalto, masacre o como se quiera llamar, según sea la partitura y objetividad del observador,  el contingente saldría de Cholula en noviembre y se desmocharía e incendiaría íntegramente la ciudad.
Conforme fue avanzando la conquista y la guerra se recrudecía, los perros cobraron un protagonismo capital. Se calcula que en los primeros diez años a partir de 1519, momento de la entrada de Cortés por Yucatán, hasta la absoluta pacificación del territorio Azteca, llegarían a intervenir en diferentes momentos hasta 400 perros como apoyatura en las tácticas de combate y en régimen de correos.


Hernán Cortés.

El ataque con apoyo de perros  mastines era una costumbre europea conocida desde la batalla de Azincourt,  en el contexto de la Guerra de los Cien años, en la que los ingleses, con apoyo de sus temidos arqueros, infligirían una de las más severas derrotas que ha sufrido Francia en su historia, y además a domicilio.
Con el tiempo, serían profusamente usados en todas las guerras en diferentes situaciones, tanto de acción directa como en retaguardia, postas y socorro a combatientes. En América, dejarían un rastro indeleble entre sus víctimas.
La guerra, ese escenario probablemente inevitable, donde la desintegración moral humana puede llegar a ser indescriptible.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Incas: Tácticas de combate

El arte de la guerra de los Incas: Tácticas de batalla


Este artículo es parte de la serie Historia Inca del Perú.
How To Perú

En su apogeo, la civilización Inca podía amasar ejércitos de suficiente tamaño y fuerza para obligar a civilizaciones rivales en la sumisión - o asimilación - sin entrar en batalla abierta. Sin embargo, forzar una rendición través de una simple demostración de fuerza militar era una forma preferida de "diplomacia", los Incas ciertamente no rehuir la guerra abierta cuando se considere necesario. Cuando sus rivales precolombinas eran menos compatible, las fuerzas del orden del Imperio Inca se demuestran fácilmente su superioridad en el campo de batalla.

Guerra Inca y una demostración de fuerza y ​​Orden

Un ejército Inca (derecha) se enfrenta
a los indios chilenos (Guamán Poma de Ayala)

La máquina de guerra Inca se benefició enormemente de las redes de carreteras y de comunicación eficaces, así como almacenes estratégicamente situados (tambos). Un ejército marchando Inca de Cusco podría engrosar sus filas en movimiento haciendo un llamamiento a las milicias de los asentamientos de la periferia. Los tambos, por su parte, permite un comandante para mantener sus tropas alimentado y en buena forma combates incluso durante las marchas más largas, con sus hombres, finalmente, teniendo al campo en condiciones relativamente fresco y listo para la batalla.

El Sapa Inca (Inca), por lo tanto, podría desplegar sus ejércitos urgente y eficaz para contrarrestar las amenazas y ampliar las fronteras del imperio cada vez mayor.

Al final de una marcha y con el enemigo cercano, los incas veces optan por disuadir a un ejército rival de participar a través de un gran despliegue de fuerza superior. Según Terence Wise, "El tamaño de un ejército inca dependía enteramente de la campaña para llevar a cabo, y los puntos fuertes de entre 70.000 y 250.000 guerreros se registran."

Tales números, incluso en el extremo inferior de la escala, podrían plantear un desafío insuperable a las civilizaciones menores. Si la presentación se podría lograr sin la necesidad de batalla, el comandante Inca a menudo aceptar una rendición diplomático, absorbiendo las tribus rivales en el Imperio sin recurrir a la guerra abierta. El precio de la traición después, sin embargo, probablemente sería sangrienta e implacable.

Las tácticas de Inca en el campo de batalla

Cuando el enemigo se optó por permanecer obstinadamente su terreno, el ejército Inca fijaría sus tácticas de batalla en movimiento. Por lo general, las maniobras pre-batalla implicaría un elemento psicológico diseñado para aplicar una presión adicional sobre la voluntad de las filas enemigas.

A modo de pantalla inquietante de la disciplina, los ejércitos incas se acercarían habitualmente el campo de batalla en silencio. maniobras de tropas y desfiles militares comenzarían entonces como una muestra adicional de orden y capacidad. Una vez en su lugar, era típico que los dos ejércitos para comenzar un intercambio de canciones, los insultos, las burlas y la postura general. Si las fuerzas enemigas todavía se mantenían firmes, el general en jefe (a veces el Sapa Inca) sería una señal de ataque.

Las tácticas de Inca en una batalla abierta siguieron una estrategia básica pero efectiva, y uno que se puede ver en toda la historia de la guerra (la ausencia de tropas montadas también sirvieron para limitar las opciones tácticas disponibles). formaciones Inca normalmente consistían en unidades de armas específicas, que a menudo contienen ciertos guerreros tribales o regionales expertas en el uso de un tipo particular de arma Inca.

Los ataques normales en una batalla abierta comenzarían con las unidades de largo alcance (como los honderos, arqueros y lanzadores de lanza) que salpicaban a las líneas enemigas con armas de proyectiles. Después de este ablandamiento inicial de las formaciones enemigas, el comandante Inca daría una señal de carga frontal completa por las fuerzas de choque Inca. Empuñando mazas, palos y hachas de guerra, estas tropas podrían relacionarse directamente con la línea de frente de la formación enemiga. Si el enemigo no se rompió, las dos primeras líneas quedarían encerrados en una batalla de desgaste. lanceros Inca se unirían a la refriega con el fin de ayudar a mantener la línea de batalla.

Con el combate cuerpo a cuerpo inició, el general Inca se vería para exponer los flancos del enemigo (no a diferencia de los "cuernos de toro" clásicos formación). En general, una tercera parte del cuerpo principal del ejército se comprometió con el asalto de frente con otro tercio se mueve para atacar a ambos flancos; el resto se mantiene en reserva.

Mientras que los ataques frontales eran menos sutil, los generales incas demostraron una mayor instinto con sus maniobras de flanqueo. Como señala el historiador Terence N. D'Altroy, retiradas fingidas y contraataques de pinza fueron favorecidos técnicas para envolver al enemigo: "Ambos enfoques indican que los incas utilizaron sorpresa a su favor y se concentra la fuerza en los flancos vulnerables y trasera de las fuerzas."

La disciplina era vital para el éxito de estas maniobras. A diferencia de muchos de sus adversarios, los guerreros incas raramente romper la formación, lo que permite un mayor control y la manipulación del campo de batalla.

Los ejércitos incas frente a los conquistadores españoles

Estas tácticas de batalla abiertos, combinados con una dependencia excesiva en números absolutos por sí solos, no le iría bien contra los ejércitos de los conquistadores españoles. tácticas frente a los conquistadores incas mostraron una falta fatal de la capacidad de adaptación, y una vulnerabilidad aún más letal a la caballería cargos.

Mientras que los ejércitos del Imperio Inca, sin duda mismos habían demostrado ser una fuerza de combate disciplinada y altamente capaz, el español estaban más avanzados tecnológicamente - y mucho más despiadado.

La llegada de los conquistadores españoles planteó un nuevo problema táctico para el poderoso Imperio Inca. Si bien el impacto global del Conquistador armamento y las unidades montadas a veces se exageraron (lo hicieron, después de todo, comienzan su campaña contra el Inca con sólo un poco más de 100 soldados de infantería y 62 caballos), formaciones de batalla estándar incas resultaron altamente susceptibles a la caballería cargos.

guerreros incas se encuentran a menudo la lucha contra los ejércitos españoles, que consistía en gran parte de los enemigos tribales familiares - rivales nativos ahora del lado de los invasores extranjeros. En la batalla de Ollantaytambo, por ejemplo, Hernando Pizarro mandó a unos 100 españoles - 30 de infantería, 70 de caballería - junto con un estimado de 30.000 aliados nativos. Las unidades españolas, sin embargo, podrían entregar los ataques de choque de la talla de los cuales los incas no había visto nunca. Tácticamente, y aunque es pequeño en número, infantería y caballería española podrían ser utilizadas para atacar con decisión cuando y donde sea necesario.

Las unidades de caballería, en particular, dieron el español mucho mayor movilidad en el campo de batalla. unidades montadas se podrían utilizar para ambas maniobras de flanqueo rápidamente contador estándar Inca y lanzar ataques viciosos de su propia contra los flancos del Inca y trasera. Incluso después de que el impacto psicológico de los caballos había perdido gran parte de su fuerza, todavía era demasiado evidente que los incas tendrían que adaptarse a esta nueva amenaza montado.

Según el historiador militar Ian Heath, "la llegada de los españoles dio lugar a cambios tácticos, pero éstas eran en gran medida de naturaleza defensiva provocada por la eficacia de la caballería española." Pronto se hizo evidente que los incas que eran necesarias medidas de defensa con el fin de contrarrestar la caballería española, especialmente en terreno abierto. Los incas se dirigió a dos maniobras tácticas: luchando en el terreno natural que restringiría la eficacia de los caballos, o la alteración del terreno con el fin de impedir ellas.

Siempre que sea posible, los ejércitos incas lucharían batallas y escaramuzas en terreno restrictivo como puertos de montaña (como la emboscada de Vilcaconga), humedales y selva, todos los cuales, naturalmente limitado la eficacia de las tropas montadas. El uso táctico de los estrechos desfiladeros también demostró ser una estrategia exitosa; guerreros incas permitirían o atraer a los españoles para entrar en un estrecho paso antes de atacarlos desde arriba con cantos rodados, piedras y flechas.

Donde la batalla en campo abierto era inevitable, los incas excavado grandes agujeros llenos de estacas afiladas. Ellos entonces atraer a la caballería hacia estos pozos, que fueron cubiertos con tierra y vegetación; si el caballo se cayó en la trampa, tanto animales como jinete de ser empalado. Si el tiempo o el terreno no permitían este tipo de grandes construcciones, los Incas sería cavar agujeros más pequeños con la intención de disparar el caballo y derribar a su jinete.


Pizarro y sus hombres cargan contra Atahualpa y sus comandantes.

¿Un fatal falta de adaptabilidad?

A pesar de la necesidad de nuevas medidas de respuesta contra los conquistadores, los incas no adaptar sus tácticas de batalla con la suficiente rapidez para defenderse de esta amenaza extranjera. Si bien hubo notables y, a menudo heroicos victorias de Inca en la batalla contra los españoles, ganando la guerra era una perspectiva diferente.

Terence N. D'Altroy se destacan algunos elementos clave inherentes a la guerra Inca que sirvieron para impedir su defensa contra el español: "la concentración de la fuerza masiva, la dirección física del ejército por sus oficiales, el ataque de tres puntas, y el colapso la disciplina del ejército con la pérdida de su mando ".

El español, una vez conscientes de las estrategias de batalla Inca, siempre se vería para acabar con el oficial al mando de cualquier fuerza Inca (en la batalla de Cajamarca, Pizarro y sus hombres montaron directamente a Atahualpa y sus principales comandantes). Sabían que la caída del comandante podría convertirse rápidamente en el curso de la batalla; guerreros incas eran disciplinados, pero a menudo romper y correr sin dirección. El exceso de confianza en la fuerza masiva Inca exacerbaría el problema, girando retiros se precipitó en un baño de sangre como los jinetes españoles cortaron la huida Incas.

A pesar de tener unidades de lanza calificados dentro de sus filas - con lanzas de hasta 20 pies por algunas cuentas - los incas no aprenden a utilizar estas armas eficazmente contra jinetes Conquistador. Los indios araucanos (mapuches) en Chile, por ejemplo, utilizan las paredes de lanza con gran efecto contra la caballería española, pero el ejército Inca no utilizaron estos métodos con éxito contra unidades montadas.

Mientras que muchos otros factores, obviamente, trabajaron en contra de los incas en su lucha contra los conquistadores (la enfermedad y la subsiguiente guerra civil, sobre todo), la falta de capacidad de adaptación en la guerra tradicional Inca no ayudó a defenderse contra esta nueva y brutal enemigo.


Referencias:

Ian Heath – Armies of the 16th Century (Vol.2), Foundry Books, 1999.
Terence N. D’Altroy – The Incas, Blackwell Publishing, 2002.
Terence Wise – The Conquistadores, Osprey Publishing, 1980.

domingo, 10 de abril de 2016

Conquista de América: ¿Por qué los indios no enfermaban a los europeos?

Por qué los americanos aborígenes no diezmaron a los europeos con enfermedades

Emily Upton - Today I Found Out


Greg H. pregunta: Las enfermedades de Europa acabaron con la mayoría de los indios, ¿por qué no los europeos también se hacen borrosos por las enfermedades de los Estados Unidos?
Las estimaciones de muertes por enfermedades de los nativo-americano varían, aproximadamente 20-50 millones de personas se cree que han vivido en las Américas poco antes de que llegaran los europeos. Alrededor del 95% de ellos fueron asesinados por las enfermedades europeas. Entonces ¿por qué no 19 de cada 20 europeos mueren a causa de enfermedades nativos americanos?

La respuesta corta es que los europeos simplemente tenían sistemas inmunes más robustas. Varios factores contribuyeron a esto: en primer lugar, los europeos habían sido los cuidadores de animales domésticos desde hace miles de años, y tenía con el tiempo crecido inmune (un poco) a las enfermedades comunes que acompañaron a la domesticación de estas fuentes de alimentos. Nativos americanos, por el contrario, eran cazadores y recolectores en gran medida, e incluso en algunos casos de domesticación, se cree exposición fue limitada. Por ejemplo, como Jared Diamond, autor de Armas, gérmenes y acero estados,

Los incas tenían llamas, pero las llamas no son como las vacas y ovejas europeos. No son ordeñadas, no son mantenidos en grandes manadas, y no viven en graneros y cobertizos junto a los humanos. No hubo cambio significativo de gérmenes entre las llamas y las personas.

En segundo lugar, los europeos vivían en zonas más densamente pobladas que los nativos americanos. Cuando tantos seres humanos conviven en espacios relativamente estrechos (en particular con la falta de buena, o cualquiera, sistemas de alcantarillado y similares), la enfermedad se propaga rápidamente con la población general continuamente estar más expuesto a numerosos patógenos. Los cuerpos de los europeos tuvieron que adaptarse para hacer frente a muchas de esas enfermedades, y para aquellos que sobrevivieron, sus sistemas inmunológicos prosperaron como resultado.

El tercer factor es el viaje y el intercambio. Los grupos de personas y animales se movía mucho en Europa y tenía interacciones particularmente a través de la guerra y el comercio, lo que resulta en la propagación de la enfermedad en todos los continentes y, finalmente, un cierto nivel de inmunidad para los sobrevivientes.

Todas estas cosas se tradujo en los europeos están expuestos regularmente a muchos más patógenos de los americanos nativos. Los sistemas inmunológicos de los europeos simplemente desarrollados para evitar lo peor de algunas de las enfermedades más desagradables que incapacitaron enteras poblaciones nativas americanas. Esa misma inmunidad les protegía de las enfermedades que los nativos americanos podría les han dado, o al menos hecho tan las nuevas enfermedades que encontraron no eran tan mortales.

Dicho esto, cabe señalar que los europeos fueron asesinados también comúnmente fuera a las enfermedades que trajeron al Nuevo Mundo. Es sólo que con el tiempo los que eran más susceptibles a estas enfermedades se extinguió y el sistema inmunológico de los supervivientes habían desarrollado hasta el punto en que la población en general no estaba normalmente en vías de desaparición en tasas en cualquier lugar cerca de un 95%, aunque los números eran a menudo todavía extrema para los estándares de hoy en día.

Pero, contrariamente a la creencia popular, no todo fue de un solo lado. Se cree que una enfermedad nativos americanos han resbalado a los barcos europeos y se embarcó hacia adelante a Europa haciendo un daño importante en el proceso. Esa enfermedad era la sífilis.

Colón "navegó el océano azul" en 1492. Sólo tres años después, en 1495, la primera epidemia de sífilis estalló entre los ejércitos en Italia en el cerco de Nápoles, aparentemente llevado por los soldados franceses que a su vez probablemente tiene la enfermedad de mercenarios españoles. Debido a la francesa popularmente extendiéndola, la sífilis fue inicialmente conocido como el "mal francés".

No era hasta hace muy poco cierto debate acerca de si o no la sífilis era en realidad una enfermedad "Nuevo Mundo", porque hay más de 50 esqueletos que se han encontrado con todas las características de la sífilis son la causa de la muerte y que una vez que se pensaba hasta la fecha tiempos precolombinos. Sin embargo, los avances en la tecnología de citas y una (2011) estudio completo reciente publicado en el Anuario de Antropología Física mirando a todos los esqueletos colocados muertes de esas personas después de que Colón regresó de las Américas.

La epidemia inicial de la sífilis se cree que ha matado a más de unos pocos millones de Euopeans ya que hizo sus rondas. Artista Albrecht Dürer comentó,

Dios me libre de la enfermedad francesa. No sé de nada de lo que tengo tanto miedo ... Casi todo hombre tiene y se lo come tantos que mueren.

La enfermedad sigue siendo un problema en el siglo 20. Es causada por la bacteria Treponema pallidum, que puede atacar el sistema nervioso, el corazón, el cerebro y los órganos internos, causando una variedad de problemas de salud y, a veces, la muerte. Una cura no se desarrolló hasta la década de 1940 con el desarrollo de la penicilina.

martes, 8 de marzo de 2016

Conquista de América: Los demolidos restos de cómplices de Cortés

México: Escalofriante hallazgo de restos de compañeros de Hernán Cortés sacrificados por los aztecas

Un grupo de arqueólogos ha encontrado los restos de seguidores de Hernán Cortés que estuvieron integrados en una caravana que escoltaba al conquistador español. Los arqueólogos estiman que los prisioneros encontrados fueron sacrificados en rituales durante la conquista del Imperio Azteca a principios del siglo XVI.


Restos de seguidores de Hernán Cortés Restos de seguidores de Hernán Cortés / Henry Romero /


En el yacimiento arqueológico Sultepec Tecoaque, un asentamiento que fue ocupado por el pueblo Acolhua entre el 1300 a 1520 d.C. ubicado al noreste de Ciudad de México, han aparecido los restos de compañeros del conquistador español Hernán Cortés, que lideró la expedición que puso fin al imperio azteca. Los indígenas acolhuas, una división tribal del centro de México, corrieron a cargo del sacrificio en 1520 de casi 550 personas, integrantes de una caravana que acompañaba al español en su proyecto de conquista de Tenochtitlan, informa 'Noti Mex'.

El grupo estuvo en cautiverio y luego fue sacrificado en el marco de diversas festividades del calendario azteca, sostiene el experto Enrique Martínez, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, que participó en el hallazgo. El especialista estima que todos los miembros de la caravana fueron inmolados. Algunos se colocaron en altares y otros fueron exhibidos como trofeos en espacios habitacionales. El objetivo de estas inmolaciones, según Martínez, era buscar la protección de las deidades frente a la llegada de extraños.

Martínez afirma que en la caravana había personas de diferentes razas que, seguramente, fueron traídas desde Cuba: negros, zambos, mulatos y españoles. Sin embargo, también se encontraron mesoamericanos, principalmente totonacos y tlaxcaltecas. Llama la atención la presencia de cerca de 50 mujeres, 10 niños recién nacidos y de hasta tres años de edad. Curiosamente, también fueron encontrados restos de animales europeos.

martes, 2 de febrero de 2016

Conquista de América: La llegada de Solís al Río de la Plata

Cuando Solís halló el Río de la Plata


Mañana se cumplen 500 años. Allí mismo el español murió junto a cinco marineros a manos de indios antropófagos.


El ancho Río de la Plata, a la altura de Berazategui.

Eduardo Parise - Clarín


Ahora el recorrido se suele hacer en apenas 12 horas de vuelo. Pero hace cinco siglos, los que se aventuraban a cruzar el océano debían pasar cuatro meses de sacudones sobre la olas para encontrarse con ese “mar rubio y barroso” cuyas aguas tenían “un sabor suave y azucarado”. Esos cuatro meses de navegación fueron los que pasó el piloto mayor Juan Díaz de Solís junto a su tripulación de 60 hombres distribuidos en tres carabelas, para viajar desde el puerto de Sanlúcar de Barrameda, en la margen izquierda del río Guadalquivir, hasta alcanzar su famoso “Mar Dulce” donde habría de toparse con la muerte. La aventura comenzó el 8 de octubre de 1515 y concluyó el 2 de febrero de 1516. Aquel día marcó el descubrimiento oficial de nuestro conocido Río de la Plata. Mañana se cumplirán exactamente 500 años.

La expedición tenía una misión encomendada por el rey Fernando el Católico: llegar a las Islas Molucas, un archipiélago de Indonesia considerado entonces el paraíso de las especias. Eran tiempos de duras disputas con portugueses, ingleses y holandeses por el dominio de esas tierras productoras de excelente nuez moscada y clavo de olor. El interés era tal que el rey no sólo proveyó tres carabelas (se cree que eran La Concepción, Santiago y La Trinidad) sino también 4.000 ducados de oro, cuatro grandes cañones y 60 armaduras. El objetivo: hallar un paso fluvial que uniera el Atlántico con el Pacífico. Por eso, aquel 2 de febrero cuando ingresaron a ese “Mar Dulce” lo hicieron pensando que esa era la boca del camino que los llevaría de un océano a otro y a las riquezas de las especias.

El Río de la Plata tiene forma triangular, cerca de 300 kilómetros de largo, un ancho máximo de 219 kilómetros, más de tres millones de kilómetros cuadrados y unos diez metros de profundidad como promedio. Su sector interior es el de menor profundidad porque cada año esas aguas reciben unos 160 millones de toneladas de sedimentos. En esa corriente llegan arena fina y gruesa, limo y arcilla como las que se trasladan por el Delta del Paraná y por las aguas del río Uruguay. Esos sedimentos en suspensión le e dan su característico color marrón al agua. El sector exterior del Río de la Plata está comprendido entre la uruguaya Punta del Este y Punta Rasa, en Bahía de Samborombón, en territorio argentino. Para que grandes barcos puedan llegar a Buenos Aires o a la cuenca del Paraná, el lecho debe ser dragado en forma permanente. Los prácticos guían a esas naves por canales especialmente socavados.

Lo cierto es que en aquel febrero, aprovechando el bajo calado de sus carabelas, Solís se internó en el río. Su primera escala fue en una pequeña isla a la que bautizó Martín García. Ese era el nombre del despensero de su nave, quien murió a bordo y fue enterrado allí. Después, más adentro en el curso, vio a unos nativos que les hacían señas desde tierra. En un pequeño bote bajaron Solís, Pedro de Alarcón (contador de la expedición), Francisco de Marquina, cuatro marineros y un grumete llamado Francisco del Puerto. En un breve combate, todos fueron asesinados, a excepción del grumete que era un chico y por eso se salvó. Los muertos fueron descuartizados, asados y comidos, una ceremonia habitual en esa tribu escindida de los guaraníes. Creían que así se apoderaban de las virtudes guerreras de sus víctimas. Francisco del Puerto vivió diez años con los nativos y recién fue rescatado en 1527 por la expedición de Sebastián Gaboto.

Así terminó aquel viaje. Las carabelas volvieron a España al mando de Francisco de Torres, cuñado de Solís y quedaron embargadas en el Puerto de Muelas, en Sevilla. El estuario fue conocido como “río de Solís”, hasta que alguien mencionó el mito de la “Sierra de Plata” (se cree que era una alusión al Cerro Rico de Potosí) y creció la leyenda de que por ese río se llegaba a importantes minas de plata. Y el nombre del lugar cambió para siempre. Después, en esas aguas, habría fuertes batallas navales. Pero la que más se recuerda es una que ocurrió en diciembre de 1939 cuando barcos ingleses se enfrentaron con el acorazado alemán Admiral Graf Spee. Pero esa es otra historia

sábado, 17 de octubre de 2015

Conquista de América: La masacre azteca de Zultépec

El sacrificio ritual de los 550 hombres de Hernán Cortés
Una excavación en México revive la captura, encierro y muerte de una expedición del conquistador español a manos indígenas
JAN MARTÍNEZ AHRENS - El País


Hernán Cortes entrando en Tenochtitlán
Grabado de Hernán Cortes entrando en Tenochtitlán

El paso de los siglos no ha podido borrar las huellas del horror. La excavación del recinto prehispánico de Zultépec-Tecoaque, a 63 kilómetros de la Ciudad de México, ha sacado a la luz el destino atroz que corrieron en plena conquista los 550 integrantes de una olvidada expedición de Hernán Cortés. La caravana, en su camino hacia Tenochtitlán, fue atacada por los acolhuas, aliados de los aztecas. Llevados al poblado indígena, los prisioneros entraron en un túnel sin salida. Uno tras otro, fueron sacrificados ante dioses extraños. La pesadilla duró de junio de 1520 a marzo de 1521. Cuando los hombres de Cortés llegaron al lugar, ya no quedaba ninguno vivo. La hecatombe se había completado. Y Zultépec, bajo el hierro español, fue arrasada.

Los trabajos arqueológicos, reiniciados en agosto pasado tras una primera fase entre 1993 y 2010, han hallado nuevos vestigios de este infernal cautiverio. Son las celdas en las que pasaron sus últimos días los prisioneros y que materializan el abismo al que se enfrentaron las dos civilizaciones. “Lo que ocurrió ahí fue un ejemplo de choque cultural, pero también un episodio de resistencia”, explica el responsable de la excavación, Enrique Martínez Vargas, de Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

La historia, o al menos una versión de la misma, fue recogida por el propio Cortés en sus Cartas de relación, y en ella juega un papel clave la expedición de Pánfilo Narváez, enviado por el gobernador de Cuba para apresar al conquistador. Al conocer este desembarco, Cortés dejó la recién tomada Tenochtitlán, la capital azteca, y se dirigió hacia la costa oriental a enfrentarse a su perseguidor. El 24 de mayo de 1520 le derrotó en Cempoala.

La victoria duró poco. En Tenochtitlán, tras las matanzas de Pedro de Alvarado, el poder español se tambaleaba. Cortés se aprestó a volver. Pero antes de partir, dejó organizada una caravana que tenía que conducir a la capital azteca a enfermos, mujeres y bienes. En esta expedición, según Martínez Vargas, iban 5 españoles a caballo y 45 a pie. Les acompañaba un contingente de negros, mulatos, zambos y tainos procedentes de Cuba, así como unos 350 indígenas mesoamericanos fieles al conquistador. Completaban el grupo unas cincuenta mujeres y diez niños pequeños. Ninguno tuvo suerte. Antes de alcanzar su destino, cayeron en manos de los acolhuas. Era junio de 1520 y la rebelión azteca había prendido.

La irrupción de medio millar de cautivos en Zultépec dejó huellas profundas. Los trabajos arqueológicos están destapando los espacios donde se les tuvo prisioneros. En algunos casos son habitáculos antiguos que fueron desocupados para darles encierro, otros fueron construidos especialmente para ellos. A estas trazas arquitectónicas, fuera del recinto ceremonial, se suman vestigios hallados en anteriores campañas de investigación en este asentamiento del Estado de Tlaxcala. Entre ellos destaca un cuenco azteca en cuyo fondo hay marcada una cruz cristiana, pero también decenas de figurillas degolladas, unas con rasgos hispanos y otras negroides. Esta colección, cuyo origen los arqueólogos sitúan en Cuba, se completa con un par de esculturas que dan alas al espanto: la miniatura de un ángel y la de un demonio con cuernos de macho cabrío.

Son los restos de una barbarie de la que nadie escapó. A medida que avanzaba el calendario, los españoles y sus acompañantes iban siendo inmolados. Su sangre se vertió en honor de Huitzilopochtli, el dios de la guerra; Tezcatlipoca, el señor del cielo y de la tierra, y del propio Quetzalcóatl, la enigmática serpiente emplumada. Entre los cráneos recuperados en la excavación se ha confirmado la presencia de europeos, así como de una mulata y de numerosos mesoamericanos. Las huellas de corte evidencian su sacrificio y sugieren la ingesta ritual de su carne.

Los frailes españoles que acompañaron la conquista han dejado descripciones de lo que debieron ser estas ofrendas. A los cautivos se les obligaba primero a bailar entre cánticos de esclavos; luego eran decapitados, desmembrados y comidos. Ante el dios de la guerra se les arrancaba el corazón. Los despojos se arrojaban por las escaleras de los templos. En el caso de la ciudad de Zultépec, las cabezas fueron exhibidas en un tzompantli, un altar del terror erigido sobre cientos de cráneos. Otros huesos sirvieron para presidir salas principales del conjunto arquitectónico.

La respuesta de Cortés llegó demasiado tarde. El conquistador, a su regreso a Tenochtitlán, se enfrentó a una furiosa rebelión azteca. Ante su avance, la noche del 30 de junio de 1520 abandonó la capital bajo el viento de la derrota. Tardaría meses en recuperarse y sólo entonces enviaría una expedición de castigo.

Cuando Gonzalo de Sandoval, al mando de 15 jinetes y 200 infantes, llegó al lugar, sus antiguos compañeros ya no estaban. El sacrificio se había consumado. En una pared, el capitán de Cortés pudo leer cómo un cautivo había escrito con carbón: “Aquí estuvo preso el sin ventura de Juan Yuste”. No hubo piedad para los acolhuas. De poco sirvió su intento de huir. Tampoco les valió, como revelan la excavaciones, esconder en aljibes todo aquello que habían traído los cautivos. Zultépec fue devastada. En su lugar sólo quedó una humeante ruina. Y con el tiempo, el emplazamiento recibió un nuevo nombre: Tecoaque, “el sitio donde los señores fueron devorados”. El 13 de agosto de 1521, Tenochtitlán se rindió ante Hernán Cortés.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Aztecas: Un tesoro escondido en Catalunya

El secreto catalán de Moctezuma
Jordi Soler - El País



Xipaguazin Moctezuma, hija del emperador azteca, se casó con don Juan Grau, barón de Toloriu, un diminuto pueblo del pirineo leridano. Enterró un tesoro allí y aún hay gente que lo busca.

En 1934, un grupo de aventureros alemanes compró, por 3.000 pesetas de entonces, todas las tierras que había alrededor de una gran masía. La propiedad comenzaba a las afueras de Toloriu y llegaba más allá del camino a Querforadat, dos poblaciones que están al pie de la sierra del Cadí, en la Cerdaña catalana, muy cerca de la frontera francesa. Esta masía, que hasta hoy se llama Casa Vima, ha sido durante siglos objeto de un considerable número de especulaciones y la ilusión de una variada fauna de cazadores de tesoros, como ese grupo de aventureros alemanes que llegó hasta ahí, armado con palas y zapapicos, y el objetivo impostergable de desenterrar el tesoro de Moctezuma. La historia del tesoro del emperador azteca enterrado en un pueblo perdido en el norte de España parece un cuento; durante quinientos años, sus pormenores han dado tumbos, de boca en boca, por toda la región, y quien se acerque hoy a Toloriu, ese misterioso pueblo de 14 habitantes que está encaramado en una montaña, se encontrará con una placa, puesta en el portal de la iglesia, donde dice que la princesa Xipaguazin Moctezuma, hija del emperador mexicano y esposa de Juan de Grau, barón de Toloriu, murió en el año 1537. Por si esto fuera poco, la placa está escrita en francés, firmada por los "Caballeros de la orden de la corona azteca de Francia" y por un tal Chevalier L. Vidal Pradal de Mir, que es, al parecer, uno de los heterónimos de SMI príncipe Guillermo III de Grau-Moctezuma, descendiente del barón de Toloriu, que en los años sesenta del siglo veinte hizo su agosto en Barcelona vendiendo títulos nobiliarios y condecoraciones de la corona azteca a la gente que deseaba, y podía pagarse, un sitio en la realeza. Aquel grupo de aventureros alemanes llegó a Toloriu siguiendo la estela de unos pagarés donde constaba que los antiguos habitantes de la Casa Vima prestaban dinero y, además, hacían operaciones mercantiles con monedas de oro extranjeras; este dato, más la historia de la princesa mexicana que había llegado hasta allá con parte de la fortuna de su padre a cuestas, constituyó un motivo sólido para que los alemanes en 1936, una tropa de espeleólogos de Madrid en 1960 y un sinnúmero de avariciosos equipados hasta los dientes, que aparecen todavía de vez en cuando por la región, escarbaran agujeros periódicamente con la ilusión, un poco infantil, de dar con un cofre lleno de lingotes de oro que, cuando menos de manera teórica, debe ser un baúl mucho más dotado y valioso que aquellos que enterraban los piratas en las islas del Caribe. Sobre este tesoro y sus forofos, los habitantes de Toloriu prefieren guardar silencio, pero, como suele suceder con las historias estupendas, ésta se ha ido contando en diversos documentos y publicaciones, y de paso se ha ido enredando con las historias del resto de los herederos del emperador Moctezuma, que hoy son más de mil y viven entre México y España.

Resulta que don Juan de Grau, a la sazón barón de Toloriu, se embarcó hacia el Nuevo Mundo con Hernán Cortés y que, una vez efectuada la conquista, buscando su media naranja entre la realeza local, se casó con la princesa Xipaguazin Moctezuma, aunque hay historiadores que sostienen, ante la falta de un acta que lo compruebe, que aquello no fue una boda, sino un simple amancebamiento, e incluso hay quien dice que el barón, que era alérgico a los trámites y a la espera que éstos suponen, optó por la vía rápida y expedita del secuestro. Moctezuma, no está de más decirlo porque es parte del sainete, tuvo diecinueve hijos de diversas mujeres, y Xipaguazin era una de sus herederas; Xipaguazin, que ya para esas alturas, y con el fin de poder dirigirse a ella por su nombre, había sido rebautizada por el barón como María. La princesa se embarcó con don Juan de Grau a Toloriu, acompañada por uno de sus hermanos y un séquito de asistentes que llenó la Casa Vima, entonces propiedad de la familia del barón. Años más tarde, y uno antes de abandonar este mundo, la princesa tuvo un hijo que fue bautizado el 17 de mayo de 1536; el niño era un mestizo canónico, encarnaba la síntesis de las razas y también la de los títulos, privilegio que lo hizo poseedor de este potente e inconcebible nombre: Juan Pedro de Grau y Moctezuma, barón de Toloriu y emperador legítimo de México. Justamente aquí, en la palabra "legítimo", comienza este enredo que pronto cumplirá quinientos años. No es difícil imaginar la vida que llevaba la pobre princesa mexicana en aquel pueblo medieval de piedra, pegado a los Pirineos, con un clima de perros y un ambientillo que nada tenía que ver con la vida templada, colorida, sabrosa y llena de bullicio que llevaba en la corte azteca, cuando todavía era Xipaguazin y no María; no hay registro de los esfuerzos que debe de haber hecho para adaptarse a su nueva realidad de baronesa catalana, pero se sabe que su hermano, pasado el primer invierno, regresó a México y que su séquito, una docena de indios tristísimos, trashumaban los domingos por la única calle que tiene Toloriu, rumiando conceptos depresivos y soltando de cuando en cuando un espeso lagrimón. La hija de Moctezuma murió el 10 de enero de 1537 y fue enterrada en la parroquia del pueblo; meses antes, probablemente ofuscada de tanta melancolía, había tomado la precaución de enterrar sus bienes en algún sitio alrededor de la Casa Vima. Cuatrocientos años más tarde, en 1936, en los albores de la Guerra Civil, la tumba de la princesa fue saqueada y destruida, y todo lo que queda hoy de ella es la placa que puso a la entrada de la iglesia SMI el príncipe Guillermo III de Grau-Moctezuma, ese brumoso heredero que hace cincuenta años, como se ha dicho más arriba, vendía títulos nobiliarios y condecoraciones de la corona azteca. Hay un refrán catalán que da una idea de la dimensión que tiene Toloriu en el imaginario de los vecinos de la zona: Toloriu a on les bruixes hi fan el niu (Toloriu, donde las brujas hacen el nido); al margen del porcentaje de verdad que pueda tener este refrán, es cierto que el pueblo termina en una planicie que se abre, de manera sobrecogedora, hacia las montañas, y que dentro de la composición de este paisaje cabría perfectamente una vieja, vestida de negro, montando una escoba.

Mientras la descendencia de la princesa Xipaguazin tejía sus líneas desde Toloriu, Diego Luis, hijo de Pedro de Moctezuma y nieto del emperador, lo hacía desde Granada; se había casado con Francisca de la Cueva, que era española, y con ella procreó siete hijos; el mayor de éstos, Pedro Tesifón de Moctezuma y la Cueva, ostentaba los títulos, potentes e inconcebibles como los de su primo, de señor de Tula y de la Villa de Monterrojano de la Peza, primer conde de Moctezuma de Tultengo, primer vizconde de Ilucán y caballero de la Orden de Santiago. Los mil herederos, los auténticos y los opinables, reclaman hoy su tajada del imperio azteca; a algunos les basta con saberse poseedores de unas gotas de sangre real, pero otros, que miran con más practicidad el parentesco, reclaman lo que, según ellos, se les debe de la "pensión Moctezuma", una partida mensual de dinero que el Gobierno mexicano otorgaba a los miembros de esta distinguida estirpe desde la época del Virreinato hasta el año 1934, cuando el presidente Abelardo Rodríguez decidió cortarla por lo sano. Los miembros de la estirpe contemporánea de Moctezuma cargan con unos nombres kilométricos, que son imprescindibles para sacar a flote ese apellido clave que los distingue; por ejemplo, el de esta señora: María de los Ángeles Fernanda Olivera Beldar Esperón de la Flor Nieto Silva Andrada Moctezuma, cuyo padre, Fernando Olivera (y aquí otro apellido kilométrico), recibió hasta 1934 una pensión de 413,59 pesos y después, como el recorte del presidente Rodríguez le pareció arbitrario e injusto, interpuso un amparo. El asunto de los herederos del emperador, en México y España, se mantuvo en la sombra durante los años de la Guerra Civil y la dictadura, ese periodo en que no había relaciones diplomáticas entre los dos países, pero, como el asunto de la "pensión Moctezuma" puede todavía dar algún coletazo legal y los nexos familiares con el imperio azteca siguen granjeando cierto caché, la rebatiña llega periódicamente a las páginas de la prensa. En septiembre del año 2003, el diario mexicano El Universal publicó esta noticia: "El Estado mexicano adeuda las tierras que en 1526 los españoles reconocieron como propiedad de los herederos de Moctezuma Xocoyotzin, también conocido como Moctezuma II". Jesús Juárez Flores, abogado y marido de Blanca Barragán, una de las herederas, explica en aquella nota que "el caso de la deuda a los Moctezuma no está cerrado, porque el Gobierno de la colonia española lo inscribió en el Gran Libro de la Deuda Pública, y la deuda pública es imprescriptible. Simplemente se ha dejado de cobrar desde 1934, por lo que el Gobierno mexicano debe, sumado a la gran deuda, casi otro siglo de intereses. Es una cantidad para volverse locos". Blanca Barragán, que pertenece a la decimoquinta generación de herederos, dice que tiene en su poder "la documentación necesaria para ganar un juicio al Estado mexicano por concepto de la deuda". Por otra parte, hay dos familias, los Acosta en México y los Miravalle en España, que también hacen esfuerzos legales por recuperar esas pensiones.

Estos casos específicos hay que multiplicarlos por los cientos de herederos que, en la medida de sus documentos y sus posibilidades, exhiben ese brumoso linaje que llega hasta Toloriu, a los pies del Pirineo catalán, y que sirve para varias cosas: para ir por el mundo de mexicano auténtico, o exigir, con toda la autoridad que les confiere su linaje, que el Gobierno austriaco regrese el valioso penacho de su pariente, o recuperar la jugosa pensión o, ¿por qué no?, perpetrar una cadena de estafas como, aprovechando el desorden de esa turbamulta que bien podría denominarse el planeta Moctezuma, llevó a efecto SMI el príncipe Guillermo III, el supuesto heredero del barón de Toloriu y de la triste y compungida princesa Xipaguazin. El linaje que exhiben los herederos es brumoso porque, pongámonos serios: ¿qué tan pariente se puede ser de un hombre que murió en el siglo XVI?

Guillermo III de Grau-Moctezuma iba por España, en los años sesenta, autoinvestido de heredero del imperio azteca, y paralelamente fingía como gran maestre de la versión peninsular de los caballeros del Temple. En la cronología de los templarios en Europa, el príncipe heredero aparece mencionado en el año 1959: "Los templarios españoles, dirigidos por el príncipe 'William' Grau-Moctezuma, se separan de la orden". La fecha de la separación coincide con la fase expansiva de los negocios del príncipe, que se había instalado una suerte de embajada en Barcelona desde donde otorgaba, a cambio de una suma considerable de dinero, diplomas, condecoraciones, marquesados y ducados de la "Soberana e Imperial Orden de la Corona Azteca". En 1960, un año después de su separación de la orden del Temple, otorgó al jurista José Castán Tobeñas la condecoración de "Caballero del gran collar de la soberana e imperial orden" que él representaba. Castán era entonces presidente del Tribunal Supremo y, según cuenta Antonio Serrano González en su libro Un día en la vida de José Castán Tobeñas (Universitat de Valencia, 2001), el connotado jurista recibió la condecoración en su despacho de manos del príncipe Guillermo III. Serrano González concluye este episodio, que aparece en la página 59, haciendo notar que esta condecoración ha sido extirpada del listado oficial de condecoraciones que Castán Tobeñas recibió a lo largo de su vida. Lo mismo ha pasado con el resto de los condecorados: duques y marqueses que fueron investidos por el escurridizo príncipe han ido borrando de su historial cualquier contacto con la realeza azteca, con la excepción del jurista y repostero Ramón March, que en 1974, en un acto que se acercaba peligrosamente al jolgorio, recibió, aunque en realidad debe de haberla comprado, la condecoración de "Pastelero de honor de la corona azteca". A partir de ese año, la historia de SMI el príncipe Grau-Moctezuma comienza a disolverse en una cadena de fraudes cada vez más vulgares y oscuros, que no tenían ya ni el glamour ni la pátina de sus chapuzas soberanas e imperiales. Su último rastro aparece en los archivos de la orden del Temple, esa institución que, al parecer, nunca le quitó el ojo de encima. En el capítulo correspondiente a Inglaterra y Gales hay una línea que dice lo siguiente: "Grau-Moctezuma, para evitar su arresto en España, huyó a Andorra. Se le acusaba de vender falsos títulos nobiliarios".

sábado, 3 de octubre de 2015

Conquista de América: Chávez decide el futuro de la estatua de Colón en Buenos Aires

Colón
Lo que me inquieta y me pone a pensar en aquello de “argumente, Guerriero, justifique” es el error sobre el que se sostiene el edificio de la idea
LEILA GUERRIERO - El País



Argumente, Guerriero, justifique, me decía mi profesora de filosofía en el colegio. Años después, un editor uruguayo, Homero Alsina Thevenet, me decía: “Un solo error en un artículo echa una sombra de duda sobre todo lo demás”. Leí hace rato que quitaron el busto de Juan Carlos I del Ayuntamiento de Barcelona para “evidenciar las profundas convicciones republicanas” del Ejecutivo barcelonés. La presidenta de mi país dispuso hace poco el reemplazo de la estatua de Cristóbal Colón, que por más de noventa años estuvo detrás de la Casa de Gobierno, por una de Juana Azurduy. Al parecer, la idea surgió cuando, durante una visita a Buenos Aires, Hugo Chávez, entonces presidente de Venezuela, dijo al mirar por la ventana del despacho de la presidenta y ver la estatua: “¿Cómo tienen ahí a ese genocida?”. El destino de Colón quedó sellado y, aunque hubo protestas, la presidenta se mantuvo firme en su objetivo. Para justificarlo dijo entre otras cosas que la palabra “colonización” venía de Colón. Colonización viene del latín pero, en todo caso, cualquiera podría equivocarse. Lo que me inquieta y me pone a pensar en aquello de “argumente, Guerriero, justifique”, en aquello de “un solo error echa sombra sobre todo lo demás”, es lo que subyace: el error sobre el que se sostiene el edificio de la idea. Si esta convicción (“hay que quitar a Colón porque es genocida”) se sostiene en al menos un argumento equivocado (“colonización viene de Colón”), ¿será ese el único de todos los errores? ¿Colón era, entonces, genocida? ¿Y lo era él, pero no los que vinieron detrás —y todavía tienen sus estatuas—, ni los que arrasaron en nombre de su Dios y ahora piden sus disculpas, y hacia quienes corremos, tan embelesados, prestos a perdonar? Porque la catedral de Buenos Aires, como antes la estatua de Colón, también se ve clarito desde la Casa de Gobierno.

viernes, 2 de octubre de 2015

Conquista de América: Junípero Serra, el fundador de California y santo

La historia de Junípero Serra, el controvertido monje franciscano que el Papa canonizará hoy
Grupos indígenas manifestaron su rechazo a que el padre misionero del siglo XVIII, considerado el fundador del estado de California, sea convertido en santo hoy en una ceremonia encabezada por el Santo Padre en Washington



Una estatua de Junípero Serra, en Washington. Foto:AP

La Nación

LOS ANGELES.- Junípero Serra nació en la isla española de Mallorca, pero el padre misionero del siglo XVIII murió muy lejos de casa, en California, estado del que se le considera padre fundador y donde hoy sigue siendo una figura controvertida.

Su legado, más allá de la polémica, cambió la historia de Estados Unidos y lo llevó a convertirse en santo, en la primera canonización de la historia que tiene lugar en ese país, de la mano del papa Francisco, en español, hoy en Washington.

Serra fue un joven estudioso educado por los monjes franciscanos, a los que se unió con 16 años. Sobresalió en lo académico y a los 26 ya era un popular profesor de Filosofía.

Pero Serra soñaba con aventuras: con predicar el evangelio a gente que no había visto nunca y en una tierra que estaba apenas siendo explorada por los colonizadores europeos.

En el siglo XVIII, España había establecido su dominio sobre el vasto imperio de las Américas construyendo ciudades, caminos, puertos y rutas de comercio supervisadas por los virreyes coloniales.

El sistema de misiones avanzadas jugó un papel político importante al poner a los pueblos existentes de la región bajo dominio español y cristiano.

En 1749, a los 36 años, Serra pisó el Nuevo Mundo y ya no regresó nunca a España. Pasó ocho años en Ciudad de México, luego ocho entre los pueblos indígenas en las remotas montañas de Sierra Gorda. En 1767, la corona española expulsó a los misioneros jesuitas de la península de Baja California y los reemplazó por los franciscanos, liderados por Serra.

En California, Junípero Serra encontró su vocación, la fuente tanto de su legado como de la moderna controversia que lo rodea.

El español lideró una expansión histórica del imperio hacia el norte desde la Baja California destacándose como un administrador sobresaliente y un explorador intrépido.

Comenzó en 1769 con el establecimiento de la misión de San Diego, fundó otras ocho en la costa hacia el norte, hasta San Francisco, en los 15 años siguientes preparando así el terreno para la colonización de la región.

"California es mi vida", escribió una vez. "Y ahí espero morir". Y eso sucedió el 28 de agosto de 1784. Murió con 70 años en una cama en su misión de Carmel, en California, estado que ahora lo honra como padre fundador.

La controversia



Juníper Serra es considerado el fundador de California. Foto:Archivo

La canonización del "Apóstol de California", no obstante, ha generado tensiones con los indígenas estadunidenses, que consideran al misionero español uno de los grandes responsables de la desaparición de los pueblos originarios a través de sus prácticas evangelizadoras.

La agrupación Tribus Indígenas de California afirmó en un comunicado que las políticas de Serra "dieron paso a atrocidades contra nuestros ancestros" y que el religioso "no se merece el honor de la santidad".

El papa Francisco ya ofreció disculpas por los pecados y "crímenes" cometidos por la iglesia durante la época de la conquista y evangelización, en la que los pueblos originarios fueron diezmados.

Pero esa disculpa puede sonar "falsa" si viene seguida de la canonización de Serra, de acuerdo con Jace Weaver, director del Instituto de Estudios sobre Indígenas

Serra intervino en nombre de los indígenas con las autoridades coloniales y presentó un documento de derechos que fue aprobado y medió también por los líderes de una rebelión contra la misión de San Diego al pedir al virrey que les salvara la vida.

Pero, al mismo tiempo, fue un hombre de su tiempo que creía que los indígenas eran menos personas que los europeos y que era correcto golpearlos por desobediencia del mismo modo que los padres pegaban a los niños. A los indígenas que se convertían al catolicismo, muchas veces solo para tener acceso a alimento y vivienda, no se les permitía salir de las misiones y como castigos eran flagelados y encadenados.

Algunos creen que Serra tiene responsabilidad en las consecuencias del sistema de misiones: la aniquilación de la cultura y de las vidas indígenas bajo la colonización.

Las autoridades católicas han evitado las controversias y se han centrado en su fe y en su entusiasmo misionero. La canonización es "una afirmación de parte de la Iglesia católica de que un individuo está en el cielo", según la web que la Arquidiócesis de Los Angeles mantiene sobre Serra.

"Eso no significa que fuera un ser humano perfecto, sino que ejemplifica la bondad heroica y la virtud durante su vida", agrega.

El Vaticano insiste en que Serra defendió a los nativos de abusos típicos de la era colonial y lo ve como un modelo para la creciente población hispana en Estados Unidos, ya que le atribuye el haber traído el cristianismo al territorio occidental de ese país.

Agencias AP y DPA

sábado, 15 de agosto de 2015

Conquista de América: El verso del genocidio

La gran mentira del genocidio español en América

A raíz de las declaraciones que, en contra de la obra de España en América, ha efectuado Su Bondadosa Santidad, el amistoso Papa Paco, bueno será recordar algunas cosas.
JOSÉ JAVIER ESPARZA Y ANTHONY ESOLEN

De todas las mentiras que he escuchado a lo largo de mi vida sobre asuntos históricos, quizá entre las que más me molestan estén las relativas al papel ejercido por España en América. Las que conforman la “Leyenda Negra” que acusa a España de genocida y esclavizadora de los pueblos americanos durante la Conquista. Y me molestan porque son acusaciones falsas e infundadas, que a base de ser repetidas e introducidas con calzador en el ideario popular, hemos acabado por creérnoslas hasta los propios españoles.

Todo proceso histórico conquistador o colonizador conlleva el uso de la violencia y de las armas. Si bien el Imperio Romano invadió y conquistó España desde el siglo III A.C., arrasando y aniquilando a nuestros antepasados celtíberos, lusitanos, astures o cántabros, a nadie con un mínimo de inteligencia se le ocurriría hoy decir que Roma es la culpable de “la aniquilación de España” y del “sometimiento injusto” de nuestro pueblo. Más bien, los españoles mantendremos una deuda eterna con Roma por habernos dejado un legado inigualable tras su paso, latinizándonos y regalándonos su influencia y su organización. Algo parecido, o quizá de superior magnitud, sucedió en lo que respecta a la transmisión de riqueza a América tras nuestra llegada. La diferencia, sin embargo, es que el Imperio Romano no tuvo la mala suerte de contar con un enemigo anglosajón que volcara sobre él durante siglos infinitas mentiras y leyendas destinadas a diezmar su legitimidad y grandeza incontestables.
También los propios Tlaxcaltecas ayudaron a Hernán Cortés a derrotar a sus enemigos deTenochtitlán (los Aztecas de Moctezuma), y los Aztecas, a su vez, combatieron junto a los españoles en posteriores colonizaciones…La historia, como vemos, es al final una sucesión de conquistas, y si bien se cometieron algunos casos aislados de maltrato durante los periodos de introducción y de Conquista (inevitables teniendo en cuenta las gentes, las circunstancias y la época) España no ejerció sobre los nativos americanos ningún tipo de genocidio ni esclavitud generalizado. Muy al contrario, podemos decir (y avalarlo con documentación y hechos contrastados de la historia), que España fue el único país de Europa que siempre protegió en su Conquista a los nativos de todos nuestros territorios de Ultramar, garantizándoles una vida digna y unos derechos integrales.
Pocos años después de nuestra llegada a tierras americanas, y en virtud de nuestra condición de Reino católico (clave en nuestra posterior relación con los indígenas), y del impulso de nuestros frailes Franciscanos y Jesuitas, fuimos los propios españoles quienes dictamos multitud de normas, leyes y decretos oficiales que protegían a los indígenas de cualquier abuso. Y fue la propia Reina Isabel la Católica quien determinó tras el primer viaje de Colón, que los indios nativos no debían ser considerados esclavos, ni siquiera gentes colonizadas, sino súbditos de pleno derecho de la Corona Española, como habitantes de las nuevas provincias recién descubiertas.

Llegada de Cristóbal Colón a América

Y nos tomamos tan en serio los españoles la aplicación de justicia sobre los indígenas del Nuevo Mundo, que la Monarquía Hispánica inmediatamente acometió las reformas necesarias para regular su trato de forma oficial. De esta manera, nada más dos décadas después de iniciarse el Descubrimiento (el 27 de diciembre de 1512), España abolió la esclavitud indígena mediante las “Leyes de Burgos”, en las cuales se emitieron las ordenanzas necesarias “para el gobierno con mayor justicia de los naturales, indios o indígenas” y se estableció que el Rey de España tenía derecho a “justos títulos” de dominio del Nuevo Mundo, pero sin derecho a explotar al indio, que era hombre libre y podía tener propiedades, pero que como súbdito debía trabajar a favor de la Corona sin mediar la esclavitud, retribuido y con libertades garantizadas, a través de los españoles allí asentados. España anteponía la evangelización de los nativos a cualquier otra materia, nativos a quienes consideraba hermanos cristianos, dejando a un lado las excepciones salvajes que efectivamente se pudieran dar y de las que de ninguna manera fue culpable España como unidad.
Pero las “Leyes de Burgos” no fueron unas leyes aisladas en lo referente al trato a los indígenas, y treinta años más tarde (1542), España emitía las “Leyes Nuevas” (o Leyes y ordenanzas nuevamente hechas por Su Majestad para la gobernación de las Indias y buen tratamiento y conservación de los indios), en las que entre otras cosas se regulaba aún más en detalle el trato a los nativos, proclamando de nuevo su libertad y suprimiendo igualmente las encomiendas. Eran normas emitidas por los propios españoles y que restaban derechos a los pobladores españoles en beneficio de los indígenas, algo inédito en aquel momento y digno de asombrosa admiración…En esas “Leyes Nuevas”, el Emperador Carlos V mandó constituir una comisión que determinara la limitación de los derechos de los españoles en sus encomiendas y el sistema y forma en que se llevaban a cabo las Conquistas (no podían violarse los derechos indígenas en ese proceso). En dichas leyes, también se regulaban los tributos que los indígenas debían aportar al Estado, como súbditos del Rey que eran y no como esclavos.

En resumen, en lo relativo al trato a los indígenas, las “Leyes Nuevas” aportaban lo siguiente:

– Sobre la esclavitud:
* Cuidar la conservación y gobierno y buen trato de los indios
* Que no hubiera causa ni motivo alguno para hacer esclavos, ni por guerra, ni por rebeldía, ni por rescate, ni de otra manera alguna.
* Que los esclavos existentes fueran puestos en libertad, si no se mostraba el pleno derecho jurídico a mantenerlos en ese estado.
* Que se acabara la mala costumbre de hacer que los indios sirvieran de cargadores (tamemes), sin su propia voluntad y con la debida retribución.
* Que no fueran llevados a regiones remotas con el pretexto de la pesca de perlas.
* Se dictó orden a la armada española para la persecución y castigo de las naves esclavistas inglesas, holandesas y portuguesas que infectaban el caribe con destino a las colonias anglosajonas y a Brasil.
– Sobre las encomiendas:
* Que los oficiales reales, del virrey para abajo, no tuvieran derecho a la encomienda de indios, lo mismo que las órdenes religiosas, hospitales, obras comunales o cofradías.
* Que el repartimiento dado a los primeros Conquistadores cesara totalmente a la muerte de ellos y los indios fueran puestos bajo la real Corona, sin que nadie pudiera heredar su tenencia y dominio.
Y es que, como decía el historiador e hispanista estadounidense Lewis Hanke, uno de los mayores expertos sobre Hispanoamérica: “Ninguna nación europea se responsabilizó de su deber cristiano hacia los pueblos nativos tan seriamente como lo hizo España”. Y no solo cuidamos más que ningún otro país nuestra relación con aquellos nuevos compatriotas, sino que el nacimiento del Imperio Español en América supuso, de facto, en inicio de uno de los periodos más prósperos de la historia universal. Un periodo en el cual la ciudad de México llegó a convertirse en la urbe más grande y rica del planeta, o en el que cuando llegaron las independencias, España había creado un legado que convertía a Hispanoamérica en la región más próspera del planeta, con un nivel de vida y una economía incluso superiores a las de la Europa de entonces y con unas ciudades (como Lima, Santa Fe de Bogotá o México), mucho más importantes que Londres, París o la Roma de aquel momento…Y fuimos quizá tan respetuosos y precavidos, que podemos afirmar que los problemas reales de las independencias americanas no fueron causados por España, sino por los trágicos y mal llamados “libertadores”, que en nombre de una falsa igualdad arrebataron a los indios sus derechos y sus tierras comunales, amparadas por las leyes y los derechos que los españoles habíamos decretado siglos antes.
Nuestra labor en América no tuvo absolutamente nada que ver con genocidios o esclavitudes, y sin embargo sí mucho que ver con el florecimiento en América de una nueva cultura que venía a cambiar para mejor la que nos encontramos al llegar.
Descubrimos sociedades tecnológica y humanamente 3000 años atrasadas, generalmente inconexas entre ellas, que en su práctica totalidad practicaban el canibalismo y los sacrificios humanos, y a las cuales situamos a la cabeza del mundo en pocos siglos. Y es España la responsable de haber trasladado a América el urbanismo, el derecho, las economías estructuradas, la agricultura, las universidades, las catedrales, las técnicas arquitectónicas, la influencia del Renacimiento, la imprenta, la rueda, la escritura, la música o la fe, entre otras infinitas cosas. Fundamos 23 universidades en América que daban educación a casi200.000 alumnos de todas las clases sociales y razas (Portugal no fundó ninguna en Brasildurante su periodo colonial, mientras que la Inglaterra colonial de entonces, por ejemplo, hasta ese momento se había preocupado más bien poco por educar a sus indígenas), y a través de la península, hacíamos llegar a América todas las corrientes intelectuales y las artes que la grandiosa España de entonces absorbía.
CAPITULO XII del testamento de ISABEL LA CATOLICA: «Por cuanto al tiempo que nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostólica las islas e tierra firme del mar Océano, descubiertas e por descubrir, nuestra principal intención fue, al tiempo que lo suplicamos al Papa Alejandro sexto de buena memoria, que nos hizo la dicha concesión, de procurar inducir e traer los pueblos de ellas e los convertir a nuestra Santa Fe católica, e enviar a las dichas islas e tierra firme del mar Océano perlados e religiosos e clérigos e otras personas doctas e temerosas de Dios, para instruir los vecinos y moradores de ellas en la Fe católica, e les enseñar e doctrinar buenas costumbres e poner en elfo la diligencia debida, según como más largamente en las Letras de la dicha concesión se contiene, por ende suplico al Rey, mi Señor, muy afectuosamente, e encargo e mando a la dicha Princesa mi hija e al dicho Príncipe su marido, que así lo hagan e cumplan, e que este sea su principal fin, e que en ello pongan mucha diligencia, e non consientan e den lugar que los indios vecinos e moradores en las dichas Indias e tierra firme, ganadas e por ganar, reciban agravio alguno en sus personas e bienes; mas mando que sea bien e justamente tratados. E si algún agravio han recibido, lo remedien e provean, por manera que no se exceda en cosa alguna de lo que por las Letras Apostólicas de la dicha concesión nos es infundido y mandado».
¿Qué se cometieron atrocidades e injusticias? Sin duda, sí. ¿Qué hubo quienes utilizaron su poder personal para esclavizar a veces a los indígenas? También. Pero el 95% de las muertes acaecidas por aquel tiempo en América no son producto de las armas españolas, sino de los virus y enfermedades (como la gripe, la viruela, la escarlatina o el sarampión), que inevitablemente se transmitieron de España a América y de América a España entre dos mundos que hasta ese momento habían estado permanentemente aislados entre sí.
Por todo ello, creo que es deber de toda la comunidad Hispanoamericana conocer estos hechos, para no dejarnos seguir engañando por la leyenda negra creada por el mundo anglosajón y por quienes encabezaron las distintas independencias e hicieron creer a algunos que la bellísima historia común que tenemos no fue sino una vulgar y cruel escabechina. Con un poco de rigor histórico y cultura, descubrimos que lejos de ser aquello que esos dicen, la historia de España en América es uno de los periodos más hermosos y prósperos de la historia universal, porque España no fue a América para irse sino para quedarse, para construir y para fusionarse. Y fruto de ese aporte y de esa fusión son sus ciudades y sus gentes de hoy, que son el mejor ejemplo vivo de aquella gesta sin igual que hermanó para siempre a una comunidad de naciones que hoy engloba a 450 millones de personas.
FUENTE: “Guía políticamente incorrecta de la civilización occidental”, adaptación española basada en: The Politically Incorrect Guide to Western Civilization. Anthony Esolen y José Javier Esparza Torres. Ciudadela Libros.
© http://laorejadejenkins.es/

El Diario de la Marina

martes, 21 de julio de 2015

Conquista de América: El perdón

El Papa pide perdón por los “crímenes” durante “la conquista de América”
Bergoglio pide la rebelión de los excluidos: “El futuro está en sus manos. ¡No se achiquen!"
PABLO ORDAZ Santa Cruz, Bolivia - El País
Una mujer con un póster del Papa. / M. ALIPAZ (EFE)


Las palabras del papa Francisco no pudieron ser más rotundas: “Pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”. Durante un encuentro con movimientos populares de todo el mundo en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), Jorge Mario Bergoglio pidió “tierra, techo y trabajo” para todos: “Son derechos sagrados. Hay que luchar por ellos. Que el clamor de los excluidos se escuche en Latinoamérica y en toda la Tierra”.

Durante casi una hora, el Papa escuchó con atención los testimonios de los grupos de excluidos (indígenas, cartoneros, trabajadores precarios del mundo rural y de las periferias de las ciudades) de todo el mundo. También un encendido alegato del presidente de Bolivia, Evo Morales, contra los colonialismos pasados –“en 1492 sufrimos una invasión europea y española”— y los contemporáneos. Pero, en un foro dedicado a clamar contra las injusticias, quien se mostró más beligerante fue el papa de Roma: “Cuando el capital se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos, cuando la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo, destruye la fraternidad interhumana, enfrenta pueblo contra pueblo y, como vemos, incluso pone en riesgo esta nuestra casa común”.

“Pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”

“Este sistema ya no se aguanta”, dijo Bergoglio en un discurso de seis folios que transitó por pasajes ya conocidos –la globalización de la indiferencia, la condena de la cultura de la descarte…–, pero exploró otros que llamaron a la rebelión de los más humildes: “Necesitamos un cambio positivo, un cambio que nos haga bien, un cambio redentor. Necesitamos un cambio real. Este sistema ya no se aguanta. Y los más humildes, los explotados, pueden hacer mucho. El futuro de la humanidad está en sus manos".

En un pasaje que puso la emoción a flor de piel, Bergoglio quiso hacer protagonistas de la salvación del mundo a los más humildes: “¿Qué puedo hacer yo, cartonero, catadora, pepenador, recicladora, frente a tantos problemas si apenas gano para comer? ¿Qué puedo hacer yo artesano, vendedor ambulante, transportista, trabajador excluido si ni siquiera tengo derechos laborales? ¿Qué puedo hacer yo, campesina, indígena, pescador que apenas puedo resistir el avasallamiento de las grandes corporaciones? ¿Qué puedo hacer yo desde mi villa, mi chabola, mi población, mi rancherío cuando soy diariamente discriminado y marginado? ¿Qué puede hacer ese estudiante, ese joven, ese militante, ese misionero que patea las barriadas y los parajes con el corazón lleno de sueños pero casi sin ninguna solución para mis problemas?”.

A continuación, el Papa, entre aplausos, contestó su propia pregunta: “¡Mucho! Pueden hacer mucho. Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de «las tres T» (trabajo, techo, tierra). ¡No se achiquen!”

"Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas. ¡No se achiquen!”

El Papa clamó contra “la imposición de medidas de austeridad que siempre ajustan el cinturón de los trabajadores y de los pobres” y contra “el colonialismo, nuevo y viejo, que reduce a los países pobres a meros proveedores de materia prima y trabajo barato, engendra violencia, miseria, migraciones forzadas”. Fue casi al final cuando Francisco, que había convertido en su discurso a los más pobres en “poetas sociales”, admitió: “Alguno podrá decir, con derecho, que «cuando el Papa habla del colonialismo se olvida de ciertas acciones de la Iglesia».

Y añadió: “Al igual que san Juan Pablo II pido que la Iglesia «se postre ante Dios e implore perdón por los pecados pasados y presentes de sus hijos». Y quiero decirles, quiero ser muy claro, como lo fue san Juan Pablo II: pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”.

No es la primera vez que un papa pide perdón a los indígenas, pero no desde luego con esta contundencia. El 13 de octubre de 1992, Juan Pablo II pidió en Santo Domingo a los indígenas que perdonasen las injusticias cometidas contra sus antepasados y, días después en Roma, insistió en su «acto de expiación por todo lo que estuvo marcado por el pecado, la injusticia y la violencia» durante la evangelización de América. Quince años después, el 23 de mayo de 2007, Benedicto XVI afirmó que “el recuerdo de un pasado glorioso” no puede ignorar “las sombras” que acompañaron la evangelización de Latinoamérica. “No es posible olvidar el sufrimiento y las injusticias infligidos por los colonizadores a las poblaciones indígenas, cuyos derechos humanos fundamentales eran con frecuencia pisoteados”, dijo Joseph Ratzinger.

La diferencia en el fondo y en las formas es evidente, aunque también Francisco, como antes Juan Pablo II y Benedicto XVI, añadió que “para ser justos” tenía que reconocer a los sacerdotes que “se opusieron a la lógica de la espada con la lógica de la cruz”. Para finalizar uno de sus discursos más largos pero también más hermosos y combativos, Bergoglio exclamó: “Digamos juntos desde el corazón: ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía, ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez. Sigan con su lucha y, por favor, cuiden mucho a la Madre Tierra”.