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miércoles, 21 de septiembre de 2016

Alemania: La creación de la Gestapo

Cómo surgió la Gestapo, la temible policía secreta de Hitler
En su nuevo libro, el reconocido historiador inglés Frank McDonough reconstruye la historia del principal instrumento de terror durante la Alemania nazi. Infobae publica un adelanto
Infobae


Portada de “La Gestapo”, de Frank McDonough (Crítica)

Alemania contaba con una larga tradición de espionaje político. Durante la revolución de 1848, el rey Luis I de Baviera consintió el seguimiento de opositores políticos en las cervecerías locales. Cuando se creó el imperio alemán en 1871, el gigantesco estado de Prusia, que abarcaba el 60% del territorio alemán, tenía su propia policía política (Politische Polizei), llamada Departamento V, bajo la dirección de Wilhelm Stieber, nacido en Merseburg, Sajonia, el 3 de mayo de 1818 y procedente de una clase media consolidada. Se licenció como abogado antes de entrar en el cuerpo de policía. Se hizo célebre como el "espía maestro" de Bismarck, y fue decisivo en los servicios de inteligencia alemanes, tanto nacionales como en el extranjero. Stieber dio las siguientes instrucciones a los agentes:

El agente debería ser obligado a mantener algún tipo de actitud que escoja mientras esté externamente en consonancia con los requisitos comerciales o de otra índole del país en el que trabaja … Es preciso comprender que es necesario que nuestro agentes inspiren confianza en los círculos donde se desarrolle su centro de acción, y consolidar esa confianza con la apariencia de una existencia burguesa corriente.

En sus exageradas y, en general, poco fiables memorias, Stieber recuerda que mientras llevaba a cabo operaciones de inteligencia en Londres, de alguna manera logró llegar hasta la casa de Karl Marx, el exiliado cabecilla de los comunistas alemanes, y robar listas de miembros de la Liga Comunista. La principal tarea de la policía política prusiana dentro de Alemania era la vigilancia de partidos e individuos contrarios al gobierno, sobre todo la izquierda comunista.

En 1918, la compleja red de espías alemanes que Stieber había creado en el extranjero se vino abajo, pero el nuevo gobierno democrático de Weimar decidió mantener el cuerpo de la policía política. En Prusia se rebautizó Departamento IA y más tarde pasó a llamarse simplemente Departamento I. En 1928, el ministro del Interior prusiano definió el Departamento IA como la organización encargada de observar, prevenir y perseguir todos los delitos de índole política.4 En 1930 contaba con unos mil empleados que operaban en cada uno de los cuarenta y cuatro distritos administrativos de Prusia. El grueso de los agentes fue reclutado de la policía criminal normal.

La policía política prusiana hacía un seguimiento de las actividades de los comunistas, pero también vigilaba de cerca al Partido Nazi. La policía política prusiana inició un total de cuarenta mil procesos contra miembros del partido antes de 1933. Se hacía un seguimiento rutinario de los discursos y textos de todos los cabecillas nazis, y se creó una comisión especial de inspección de partidos de extrema derecha, ya que ese tipo de organizaciones proliferaron durante el período de la República de Weimar.

El nombramiento de Franz von Papen como canciller alemán el 20 de julio de 1932 transformó la manera en que la policía política prusiana trataba a los "enemigos del estado". La campaña contra los comunistas se convirtió en el principal objetivo. El destacado nazi Hermann Göring se convirtió en el eficaz comandante de todo el cuerpo policial prusiano, que contaba con cincuenta mil hombres e incluía el departamento de la policía política. Göring añadió de inmediato un departamento especial que se ocupara de la lucha contra el comunismo. Despidieron a un total de once jefes de la policía considerados partidarios de la democracia.

Este proceso encajaba a la perfección con el objetivo clave de los nazis de hacerse con el control de todas las fuerzas de seguridad. Las cuatro figuras clave en el logro de dicho objetivo fueron Hermann Göring y Rudolf Diels en Prusia, y Heinrich Himmler y Reinhard Heydrich en Baviera. En gran medida gracias a los esfuerzos de esos cuatro individuos acabó existiendo la Gestapo. Al final, Himmler y Heydrich tomarían el control total no solo de la Gestapo, también de todo el sistema policial de la Alemania nazi, pero su triunfo no fue en absoluto inevitable.

sábado, 20 de agosto de 2016

Rusoviética: Los gulags

Gulag, los campos de concentración soviéticos

Enrique Ros - Apuntes de Historia

Aunque el término gulag es el acrónimo de Glávnoie upravlenie ispravítelno-trudovyj lagueréi i koloni, es decir, Dirección General de Campos de Trabajo, ése es el nombre con el que pasaron a la historia los campos de trabajo para presos políticos (enemigos de la patria) en la Unión Soviética de Iósif Stalin.

Y a pesar de que los gulag adquirieron su forma más cruel y represiva durante el mandato de Stalin, su origen fue bastante más antiguo.

Pedro I y la kátorga

El zar Pedro I el Grande será recordado por modernizar Rusia, occidentalizándola y convirtiéndola en una gran potencia europea, llegando a crear ex novo para su imperio una capital de estilo occidental, San Petersburgo, que fue la ciudad más importante de la Rusia Imperial durante más de dos siglos, hasta la Revolución bolchevique.

Pedro pasó parte de su infancia fuera de la corte, lo que propició que su educación no fuera tan rígida. Además le gustaba frecuentar el barrio alemán de Moscú, hablando con los artesanos extranjeros que lo habitaban, lo que potenció su interés por ciencias y técnicas como la carpintería, la náutica, etc.


Pedro I el Grande

Por eso durante los primeros años de su reinado se preocupó por construir una capital de estilo europeo que, sobre todo, dotara a Rusia del gran puerto del que carecía, y por organizar lo que pronto sería la Armada Imperial Rusa, ya que pretendía hacer de Rusia un poder marítimo.


La campaña de Azov

Su primer objetivo fue hacerse con el control marítimo del mar Negro que en esos momentos (finales del siglo XVII) estaba dominado por el Imperio otomano. Así que comenzó una serie de campañas para expulsar a los tártaros de los emplazamientos que les otorgaban la supremacía en el mar, comenzando por las fortalezas de Azov, en la desembocadura del río Don.

Su primer intento, en 1695, fue un rotundo fracaso y comprendió que, para conseguirlo, debía atacar por el río. Así que regresó a Moscú y comenzó la construcción de una gran armada. Al año siguiente tomó Azov enviando treinta naves contra los otomanos.

Y éste fue el pecado original ya que, para acelerar la construcción de la flota y la toma de Azov, Pedro I dio órdenes de que se trasladaran presos al bajo Don para “colaborar” en la construcción de las naves.

El sistema dio tan buen resultado que hasta 1767 el estado asignó la mayoría de convictos (katorzhane o каторжане) para la construcción de San Petersburgo, el puerto de Rogervik y varias fortalezas a lo largo del litoral báltico y en el óblast (provincia) de Oremburgo.

El método acabó institucionalizándose en la figura de las kátorgas, campos situados en regiones remotas y deshabitadas de Siberia a los que eran enviados los convictos para realizar trabajos forzados en beneficio del imperio.


Adiós a Europa, de Aleksander Sochaczewski

La kátorga formó parte del sistema judicial de la Rusia imperial hasta su fin en 1918. Tras la Revolución rusa fue utilizado por los bolcheviques y finalmente incorporado a los gulag en la Unión Soviética de Stalin, aunque ya fuera del sistema penal, no como una condena impartida por el poder judicial sino como elemento de represión contra los opositores al régimen.

La Revolución rusa

En 1917 estalla la Revolución rusa. Tras los duros reveses sufridos por Rusia en la Gran Guerra (como se llamó a la Primera Guerra Mundial antes de que hubiese que numerarlas) gran parte del ejército ruso se encontraba en estado de motín.

La Duma (el parlamento imperial) asumió el control del país formando un gobierno provisional y el último zar, Nicolás II, abdicó. Y mientras los soviets, los consejos de trabajadores, eran controlados por los elementos de la izquierda más radical, exigiendo cada vez más prerrogativas para influir en el gobierno y la milicia.

Tras la Revolución de Octubre el partido bolchevique, dirigido por Vladimir Lenin, derroca al Gobierno provisional y se autoproclama dirigente de la nación, firmando el Tratado de Brest-Litovsk para sacar a Rusia de la guerra en Europa y centrarse en los acontecimientos que están ocurriendo en el país, al borde de una guerra civil.


Elementos inseguros

Es en este contexto cuando, en 1918, Lenin decide utilizar la infraestructura de la kátorga para acallar la oposición a su régimen:

Los elementos inseguros deben ser confinados en campos en las afueras de las ciudades.

Las kátorgas se reformaron y, a partir de ese momento, se convirtieron en un instrumento de represión política. En 1921 había ya ochenta campos en más de cuarenta óblast, concebidos para “rehabilitar” a estos elementos inseguros.

El decreto secreto de Sovnarkom

El Sovnarkom, el Soviet de Comisarios del Pueblo (Soviet naródnyj kommissárov) fue la institución encargada de la reestructuración del país, sentando las bases de lo que sería la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Este soviet fue el que, en 1929, emitió un decreto secreto por el que se regulaban los campos correctivos de trabajo y su uso, elevando el Gulag a nivel de institución de la Unión Soviética, adscrita al Directorio Político Unificado del Estado, la OGPU. La policía secreta.

Esto, claro está, tiene fuertes implicaciones. Imagina la combinación: campos de trabajo en lugares remotos y aislados, elementos inseguros y policía secreta con plena potestad para enviar a esos campos a quien creyera conveniente.


Stalin


En 1922 Iósif Stalin ocupa el cargo de Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, y aunque ese cargo no era la máxima posición dentro del Estado soviético, tras la muerte de Lenin en 1924 fue adquiriendo cada vez más poder hasta convertirse en el líder de facto de la nación.


Iósif Stalin

Y tras el decreto de Sovnarkom decidió utilizar el Gulag como una fuerza de trabajo para industrializar el país y explotar los recursos naturales (madera y minería principalmente) de la región norte, apenas habitada y muy infrautilizada debido a las durísimas condiciones climáticas.

Y éste era el elemento que le faltaba al cóctel explosivo. Si a los anteriores elementos (campos de trabajo, “enemigos del régimen” y una policía política omnipotente) añadimos la necesidad de grandes cantidades de mano de obra, sólo podemos obtener un resultado: una caza de brujas a gran escala con detenciones poco menos que arbitrarias.

Y así dio comienzo la era del terror stalinista.

Con el decreto secreto de Sovnarkom dio comienzo la era del terror stalinista

La Gran Purga

Las detenciones fueron en aumento y de forma cada vez más arbitraria, y cientos de miles de ciudadanos fueron detenidos, juzgados sumariamente y enviados a los gulag. En muchos casos, incluso ejecutados.

Esta tendencia culminó a finales de la década de los treinta en lo que se llamó la Gran Purga o —como se conoce más comúnmente en Rusia— la Era de Yezhov.

Nikolái Yezhov y Lavrenti Beria


El nombre de Era de Yezhov no es casual. Nikolái Yezhov estaba al mando del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos, el NKVD, durante la Gran Purga. Este puesto lo convertía en director de la policía secreta.

Sin embargo el nombre que pasó a la historia fue el de su sucesor, Lavrenti Beria, que dirigió el NKVD entre 1938 y la muerte de Stalin, en 1953. Aunque ocupó el puesto ya al final de la Gran Purga, se le asocia a la época de mayor represión y crueldad (casi se podría decir sadismo) de los gulag. Un angelito.


Lavrenti Beria

Y, fíjate bien, la mayoría de los “elementos subversivos” y “enemigos del Estado” que fueron detenidos durante los años de la Gran Purga eran militantes del Partido Comunista y altos mandos de las Fuerzas Armadas. Sencillamente, Stalin estaba consolidando su poder mediante la eliminación de cualquiera que pudiera hacerle sombra o se mostrara mínimamente crítico con el régimen.

Socialistas, anarquistas, kulaks (agricultores con tierras propias que contrataban braceros) y, como ya he dicho, miembros del KOMINTERN (la Internacional Comunista) y de las Fuerzas Armadas. Incluso refugiados extranjeros o hasta veteranos de la Guerra Civil Española. De hecho, cualquiera que perteneciera a una minoría. Sí, tras la Segunda Guerra Mundial, también los judíos.

Todos ellos fueron detenidos, juzgados y trasladados a los diversos gulag en virtud del artículo 58 del Código Criminal de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (las otras repúblicas de la URSS tenían artículos similares), que define y regula la actividad contrarrevolucionaria:

La acción contrarrevolucionaria es un acto encaminado a derribar, subvertir o debilitar el poder de los trabajadores y campesinos soviéticos… y gobiernos de la URSS, los Soviets y las repúblicas autónomas, o subvertir o debilitar la seguridad exterior de la URSS, principalmente la económica, política y los logros nacionales de la revolución proletaria.

Los delitos castigados por este artículo iban desde el levantamiento armado, el zarismo o el espionaje, hasta el contacto con extranjeros, la propaganda o agitación y la ayuda a la burguesía internacional. Efectivamente, ahí entraba cualquier cosa. Imposible escapar a eso.

El gulag, motor económico

El momento de más detenciones coincidió con el de mayor expansión económica de la URSS, y no por casualidad. El gulag pasó a ser el principal motor de la economía del país, y la fuerza “obrera” que la empujaba eran los presos de los gulag. Que, por cierto, tenían una gran tasa de reemplazo debido a la alta mortalidad (más adelante hablo sobre este tema).

Como puedes ver en la infografía, muchos de los más grandes proyectos industriales y de transporte de la Unión Soviética fueron construidos por los prisioneros de los gulag entre las décadas de 1930 y 1950, con un coste de millones de vidas.

La Segunda Guerra Mundial

Y ojo, porque he dicho “el momento de más detenciones”, y no “el momento con mayor número de presos”. Éste llegó tras la Segunda Guerra Mundial.

Durante la II GM el número de presos cayó en picado. ¿Adivinas por qué? ¡Exacto! Carne de cañón…


Evolución del número de prisioneros en el sistema de Gulag

Gran parte de los presos fueron “liberados” durante la contienda para pasar a formar parte del ejército ruso. Por supuesto, eran enviados a primera línea del frente y a las acciones más peligrosas.

Y para los que quedaron en los gulag la cosa tampoco fue mucho mejor. Las raciones, que ya de por sí eran ridículas, disminuyeron drásticamente. Y, con el frío siberiano, es difícil sobrevivir sin ingerir un mínimo de calorías.

Sin embargo al acabar la guerra la población presa volvió a crecer de manera espectacular gracias a la incorporación de los prisioneros de guerra alemanes, los desertores, los refugiados y buena parte de la población de los territorios que la Unión Soviética se había anexionado.

El gulag y los campos de concentración nazis

Es inevitable establecer paralelismos, sobre todo por el hecho de la deshumanización de los presos.

Se calcula en seis millones el número de judíos muertos en el Holocausto. En los gulag murieron entre diez y veinte millones de personas, dependiendo de las fuentes que se consulten.

Sin embargo hubo una diferencia de fondo: la finalidad. Mientras que los campos de exterminio nazi servían al único fin de la simple y llana aniquilación, en los gulag la finalidad era doble: mantener una estabilidad política basada en la represión de los detractores y obtener una fuerza de trabajo que impulsara el país.


Gulag

En los gulag se esperaba de los presos que trabajaran, no que murieran. Si morían era por las durísimas condiciones de trabajo (bajísimas temperaturas, trabajos duros y largas jornadas sin descansos o días libres) combinadas con una deficiente alimentación.

Cuidado, date cuenta de que no estoy emitiendo juicios de valor y ni mucho menos “defendiendo” un sistema frente a otro. Simplemente te estoy mostrando un hecho objetivo; a ti es a quien corresponde emitir tu propio juicio (personalmente, tan perverso me parece uno como otro).

En cualquier caso, el régimen de Stalin tenía otras formas de acabar con sus enemigos, como los fusilamientos sumarios en bosques, el humo de tubos de escape de camiones o, simplemente, el abandono en celdas de castigo. Para mí no había ninguna diferencia moral entre Stalin y Hitler. A ambos les importaba una mierda (perdón por la expresión, no encuentro otra más rotunda) la vida humana.

El fin del horror

Cuando las tropas estadounidenses liberaron los campos de exterminio nazis al final de la II Guerra Mundial, las fotografías de las atrocidades que éstos encerraban se extendieron rápidamente, y el horror y la barbarie llevados a cabo por los nazis quedaron grabadas en el imaginario popular.

No ocurrió igual con los gulag. Cuando las imágenes de los campos de concentración nazis llegaron al público, las autoridades soviéticas comenzaron a preocuparse por su imagen frente al exterior. Las detenciones comenzaron a disminuir y la productividad de los gulag disminuyó.

Tras la muerte de Stalin en 1953, todo el sistema se derrumbó. La agitación en los campos de trabajo dio lugar a revueltas y no tardó en llegar una amnistía para los presos. Sólo quedaron en los gulag los reos verdaderamente peligrosos. Pronto los campos comenzaron a desmantelarse y quedaron oficialmente suprimidos en 1960.

Alexandr Solzhenitsyn

Como he dicho antes, fueron los soldados estadounidenses los que dieron a conocer los campos de exterminio nazis al mundo gracias a las fotografías de pilas de cadáveres, hornos crematorios, cámaras de gas… En fin, ya lo sabes.

Sin embargo no ocurrió lo mismo con los gulag. Durante décadas el sistema soviético de campos de trabajo permaneció ignorado, conocido solamente por los antiguos prisioneros, que no hablaban del tema, y algunos historiadores y estudiosos rusos. La rigidez del régimen soviético contribuyó a acallar las noticias.

La difusión vino de la mano del escritor e historiador Alexandr Solzhenitsyn. Solzhenitsyn, que había sido preso durante once años en el sistema de gulag, escribió su experiencia en Un día en la vida de Iván Denísovich, que narra un día en la vida de un preso cualquiera en un campo de trabajo soviético.


Aleksandr Solzhenitsyn

En 1962 Nikita Kruschev autorizó su publicación, buscando distanciarse del stalinismo. Sin embargo no fue hasta 1973, tras la publicación de Archipiélago Gulag, cuando la realidad de lo vivido por los presos de los campos stalinistas llegó a occidente.

En Archipiélago Gulag Solzhenitsyn reconstruye la vida en el interior de uno de estos campos basándose en su propia experiencia y en la de algunos de sus compañeros de presidio.

Perseguido por la KGB, el autor fue expulsado de la Unión Soviética “a perpetuidad”, aunque pudo regresar a Rusia en 1994, tras la disolución de la URSS. Su secretaria, que guardaba una copia del manuscrito, fue encontrada ahorcada en su piso de Moscú.

Olvido

Al contrario que en Alemania, donde se ha reconocido y honrado a las víctimas del Holocausto nazi, en Rusia parece no querer hablarse del sistema de gulag. No ha habido reconocimiento oficial, ni excusas públicas, ni investigaciones o comisiones… Nada.

Una especie de tabú rodea el tema en Rusia y, aunque en menor medida, también en el resto de ex repúblicas soviéticas. Apenas se menciona en los libros de historia. Los ancianos lo eluden. Los jóvenes lo ignoran.

Y las víctimas permanecen olvidadas.


martes, 9 de agosto de 2016

La izquierda, los gays y el kirchnerismo

"La nueva izquierda dio al kirchnerismo fueros morales para robar"
Lo dicen Nicolás Márquez y Agustín Laje, dos provocativos y polémicos escritores.
Por Ceferino Reato | Infobae


El kirchnerismo utilizó el discurso de la nueva izquierda, como, por ejemplo, la lucha por los derechos humanos, porque "Néstor Kirchner se dio cuenta ya en 2003 que eso le iba a dar fueros morales para robar; para que la gente se crea el cuento de la redistribución de la riqueza, la preocupación por las minorías y lo nacional y popular, que están detrás de esta nueva izquierda".

Es el punto de vista de dos escritores provocativos y polémicos, Nicolás Márquez y Agustín Laje, que, en una entrevista en InfobaeTV, presentaron su último libro, titulado "El libro negro de la nueva izquierda".

De acuerdo con Márquez y Laje, las revelaciones sobre diversos hechos de corrupción durante el kirchnerismo también afectan a los organismos de derechos humanos, cuyos principales líderes respaldaron a los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.

"Independientemente del robo que hoy queda al descubierto, estos organismos eran una otra máscara de la nueva izquierda. Ellos siempre reivindicaron la lucha armada, que atentaba contra la democracia y los derechos humanos", sostuvo Márquez, que vive en Mar del Plata.

"En realidad, la izquierda nunca tuvo el juicio histórico que mereció tener, como el nazismo, ya que asesinó a 100 millones de personas en el siglo XX pero hoy andar con la hoz y el martillo no es pecado. La izquierda siempre fue juzgada por sus presuntos buenos fines pero no por sus comprobados resultados, que siempre han sido un desastre", dijo Laje, un cordobés de 27 años.

Márquez señaló que, luego de la caída de la Unión Soviética, la izquierda se recicló en un intento de representar a minorías diversas para lo cual tuvo que modificar drásticamente su discurso tradicional.




"La nueva izquierda es casi una caricatura. La izquierda de hoy levanta banderas que la izquierda clásica despreciaba. En las marchas de género llevan la bandera del Che Guevara, pero el Che Guevara comandó un campo de concentración para castigo o exterminio de los homosexuales en Cuba", sostuvo Márquez.

Precisamente, la tapa del libro está levantando fuertes polémicas en las redes sociales ya que presenta al Che Guevara con los labios pintados de rojo envuelto en la bandera multicolor de la diversidad de género.

"Marx decía que la historia se repite dos veces, una como tragedia y otra como farsa. Ésta es una versión farsesca de la izquierda. Los cambios teóricos de la izquierda han sido fuertes; han pasado de una lucha de clases a una lucha de géneros", señaló Laje.

Según Márquez, esta nueva izquierda se dirige "a todas las minorías: a la comunidad homosexual; el feminismo; el indigenismo; los derechos humanos, que paradojalmente ellos siempre han violado y de los cuales hoy tienen el monopolio. Y con el garantismo rescatan a los delincuentes cuando los sistemas carcelarios de la Unión Soviética, el maoista y el castrista fueron los más represivos".

miércoles, 6 de abril de 2016

Guerra Antisubversiva: La diplomacia oculta



La diplomacia secreta de la dictadura
En los primeros meses tras el golpe, Cancillería emitió 64 cables. Hasta ahora desconocidos, muestran al terrorismo de Estado en acción. Galería de imágenes.


Por Rodrigo Lloret - Perfil



Tienen la marca de las violaciones a los derechos humanos. Demuestran el apoyo de los diplomáticos civiles al plan de represión militar. Y durante muchas décadas fueron secretos, hasta ahora. A cuarenta años del sangriento golpe militar de 1976, PERFIL revela en exclusiva los documentos que fueron recientemente desclasificados donde se reflejan los primeros pasos dados por la dictadura en el escenario internacional.

Se trata de 64 cables emitidos por los funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina en los primeros tres meses posteriores al golpe del 24 de marzo de 1976. En su mayoría están archivados bajo la carátula de “secretos” y revelan las mayores preocupaciones de la dictadura en esos primeros momentos: cómo frenar los pedidos de asilo que se multiplicaban en las embajadas extranjeras, cómo articular esfuerzos con las dictaduras sudamericanas contra “marxistas”, y cómo explicar en el mundo lo que denominaron una “guerra” contra “subversivos”.

La desclasificación se produjo luego de que el gobierno de Cristina Kirchner firmara un acuerdo con el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) para la creación de la Comisión de Relevamiento para la Recuperación de la Memoria Histórica en la Cancillería argentina. La liberación de archivos comenzó en 2009 y la última etapa se produjo recientemente.

Inicios del Plan Cóndor

El 2 de abril de 1976, se emitió un cable “secreto” fechado en la embajada argentina en Santiago de Chile. Fue titulado “Repercusión local situación política argentina”, y allí se informa sobre el sentimiento de los “círculos políticos” chilenos tras el golpe de Argentina. Se aseguraba que había una “total unanimidad en destacar imperiosa necesidad de que las Fuerzas Armadas procedieran a ocupar evidente vacío de poder”, a la vez que se anunciaba que había en el “ejército y mandos superiores” trasandinos una “total identificación y actitud de solidaridad”.

También se aseguraba que existía “admiración” por la “mesura con que se actuó, entendiéndola como dirigida a evitar los graves problemas internacionales que padece Chile”, en referencia a las críticas que tenía la dictadura de Augusto Pinochet en relación con las violaciones a los derechos humanos en el escenario internacional.

Es interesante observar en este cable que los militares chilenos se mostraban “un poco desencantados” con la relación entre la Junta argentina y el Partido Comunista porque se esperaba “una línea más coincidente con la del gobierno chileno”, lo que “aliviaría el actual rol de únicos objetivos de ataque del comunismo internacional”.

El 24 de abril otro cable “secreto” fue emitido desde la embajada argentina de Montevideo. Allí se revelan los primeros movimientos de la dictadura para establecer contactos con militares de la región. El documento fue preparado días antes de la visita de Pinochet a Uruguay y anunciaba el objetivo de las Fuerzas Armadas del Cono Sur de “tomar iniciativa conjunta en campaña antimarxista que planease orquestarse a nivel latinoamericano”.

En lo que podría ser uno de los primeros indicios del Plan Cóndor, el documento advertía sobre la necesidad de “asegurarse adopción de medidas colectivas de resguardo a seguridad interna a país del área”, para lo que proponía realizar un “permanente intercambio informativo, esencialmente centrado en materias vinculadas a la seguridad, orden económico, jurídico y político”. El cable cierra asegurando que las Fuerzas Armadas uruguayas y chilenas estarían de acuerdo en “concentrar esfuerzos de naciones de un mismo signo ideológico a fin de lograr mayores beneficios”.

Guardias en las embajadas

Pero el mayor problema que enfrentó la dictadura argentina en esos primeros meses fue el relacionado con las denuncias de exiliados y refugiados de países limítrofes que estaban residiendo en el país al momento de producido el golpe. Hasta el 24 de marzo de 1976, Argentina era una democracia rodeada de dictaduras y aquí habían encontrado refugio muchos exiliados de la región, principalmente uruguayos y chilenos. Las primeras denuncias sobre la persecución a estos refugiados llegaron en abril de 1976 cuando el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) emitió un mensaje desde su sede en Ginebra: la oficina de las Naciones Unidas estimó en 16 mil los casos de refugiados que podrían correr peligro en la Argentina.

La Consejería Legal de la Cancillería respondió a Acnur con un memorándum interno emitido el 14 de abril de 1976. El documento fue titulado “Información sobre asilo” y allí se informaba que “la concesión del asilo diplomático es resuelta por la Cancillería” y se recordaba que “la persona a la cual se le ha concedido asilo territorial no puede ser entregada a las autoridades de otro Estado sino por la vía de extradición”, para lo que remarcaba “la dificultad de determinar el límite entre el delito común y el delito político.

Como la situación de los refugiados de carácter político iba en aumento, la Dirección General de Política Exterior emitió un nuevo memorándum el 23 de abril de 1976 donde se anuncia que “las variables circunstancias por las que ha atravesado el país han hecho que últimamente ciudadanos argentinos y extranjeros buscaran ‘refugio’ en representaciones extranjeras”.

Para no sufrir una condena internacional, los diplomáticos de la dictadura recomendaron en ese cable “reservado” que se intentara evitar que los pedidos de asilo se transformaran en “incidentes” y advertía que “la mejor forma de procurarlo sería logrando soluciones oficiosas”, pero aclaraba, “no oficiales” para que no quedaran registros en las representaciones extranjeras involucradas. Por último, los civiles de la Cancillería directamente recomendaban “reforzar las guardias en las embajadas y oficinas extranjeras a fin de dificultar nuevos casos de asilo” y exigían “estricta reserva en todo lo que tenga vinculación con estos asuntos”.


Campaña antiargentina

El plan sistemático de represión había evitado que se produjeran protestas en Argentina, pero la dictadura fue desafiada en el extranjero. Un cable fechado en el consulado argentino de San Francisco, Estados Unidos, el 12 de abril de 1976 anuncia la primera alarma por “un grupo de 15 personas que desfilaban portando carteles críticos” de la Junta. Se mencionaba que se trataba de exiliados argentinos que protestaban contra “el nuevo gobierno”.

Como las críticas se repetían, la Cancillería produjo un protocolo para sus propios funcionarios. La circular telegráfica fechada el 28 de mayo de 1976 anunciaba a los diplomáticos que “en caso que en conversaciones con periodistas o personalidades se suscite cuestión relativa a Derechos Humanos en la República” se debería tener en cuenta “las siguientes pautas: Gobierno Junta Militar ha ratificado su decisión de respetar Derechos Humanos tal como lo expresó Presidente Videla en su discurso del 30 de marzo”.

La circular también pedía a los diplomáticos argentinos que recordaran que Argentina se encontraba “enfrentando una lucha abierta contra el terrorismo y la subversión con el objeto de cumplir su función primordial de salvaguardar estilo de vida democrático y la seguridad y bienes nacionales y extranjeros”. Y también se recomendaba a los funcionarios de la dictadura remarcar que “grupos subversivos habían incrementado sus esfuerzos a fin de lograr sus objetivos incluso confundiendo opinión pública internacional para deteriorar imagen externa”.

El cable cierra pidiendo a los diplomáticos que recuerden a las autoridades de “gobiernos responsables que no se hagan eco de esa campaña de propaganda internacional realizada precisamente por sectores que no manifestaron repudio por asesinatos cometidos por bandas terroristas subversivas”.

Ocultamiento, justificación e impunidad para justificar las violaciones a los derechos humanos. Así operó la diplomacia de la represión: un cuerpo de funcionarios civiles que trabajaron para la más sangrienta dictadura



lunes, 4 de enero de 2016

Guerra Antisubversiva: El asalto a la imprenta montonera de La Plata

La trágica noche en que desapareció la nieta de Chicha Mariani
Clara Anahí Teruggi, la nieta de una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo, fue secuestrada durante la dictadura cuando tenía tres meses de vida.



 La residencia familiar, ubicada al 1134 de la calle 30, entre 55 y 56, de La Plata.

Clara Anahí Teruggi es la nieta de María Isabel "Chicha" Chorobik de Mariani, una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo. La joven fue encontrada tras 39 años de búsqueda en localidad cordobesa de Marcos Juárez y se convirtió en el caso 120 de niños recuperados.

Hija de Daniel Mariani y Diana Teruggi, Clara fue secuestrada el 24 de noviembre de 1976 por un grupo parapolicial que atacó la residencia familiar, ubicada al 1134 de la calle 30, entre 55 y 56, de La Plata. Allí funcionaba una imprenta clandestina de la organización Montoneros, por lo que la vivienda fue bombardeada bajo las órdenes de Miguel Etchecolat

Cuando empezó el operativo alrededor de las 13.45 horas, en la vivienda se encontraban Diana con su hija y cuatro compañeros de militancia: Daniel Mendiburu Eliçabe (25 años), Roberto César Porfidio (31), Juan Carlos Peiris (28) y Alberto Oscar Bossio (34). El Ejército tiró bombas de fósforo para destruir la propiedad por cuatro horas, hasta que todos los ocupantes fallecieron, aunque milagrosamente la beba sobrevivió.

El padre de Clara, Daniel Mariani, se había marchado al reparto por lo que no fue víctima de esa masacre. Menos de un año más tarde, el 1 de agosto de 1977, fue asesinado por fuerzas de seguridad en el cruce de las calles 132 y 35 en La Plata.

El día del ataque Mariani tampoco no se encontraba en la casa y, aunque el represor Miguel Etchecolatz, condenado a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad, aseguró que la menor de edad murió carbonizada durante la mascare, la fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo no lo creyó y jamás dejó de buscarla.

Perfil

lunes, 19 de octubre de 2015

Subversión: 40 años sin reparación por Formosa

Cuarenta años sin reconocimiento ni justicia
Tras un nuevo aniversario del ataque montonero al regimiento de Formosa en 1975, las víctimas de ese acto terrorista siguen aguardando una reparación

La Nación

Hace 40 años, el 5 de octubre de 1975, la organización armada Montoneros protagonizó su bautismo de fuego, al atacar el Regimiento 29 de Monte, en Formosa, copar el aeropuerto internacional de El Pucú y secuestrar en vuelo un avión de Aerolíneas Argentinas que se dirigía a esa ciudad, manteniendo privados de su libertad a los pasajeros y familiares que los esperaban.

En esa operación terrorista, conocida como Operación Primicia, fueron asesinados diez soldados conscriptos, un policía, un suboficial y un teniente de 21 años. Sus nombres se incorporan a la lista de quienes dieron su vida en defensa de la patria y en cumplimiento de su deber: Argentino Alegre, Antonio Arrieta, Heriberto Dávalos, José Coronel, Dante Salvatierra, Ismael Sánchez, Tomás Sánchez, Edmundo Sosa, Marcelino Torales, Alberto Villalba, Hermindo Luna, Víctor Sanabria y Ricardo Massaferro.


Era un domingo calmo cuando, a la hora de la siesta, el denominado ejército montonero, aprovechando la complicidad de un soldado conscripto entregador, ingresó al regimiento para tomarlo y robar las armas que allí había. Algunos fueron sorprendidos en su descanso y otros, con su juventud temeraria, reprimieron con coraje la acción cobarde de los terroristas mesiánicos que, en plena democracia, atacaban unidades militares, secuestraban, asesinaban y sembraban miedo en todo el país. Como recuerda el periodista Ceferino Reato en su libro Operación Primicia, el ataque fue diseñado y dirigido por Raúl Yaguer, el número cuatro en la conducción de Montoneros, y los terroristas que protagonizaron el hecho se fugaron en un Cessna 182 y en un Boeing 737-200 de Aerolíneas, que aterrizó a 700 kilómetros de Formosa, en una pista clandestina de Santa Fe.

La defensa heroica del regimiento es recordada en Formosa como el Día del Soldado Formoseño, aunque debería conmemorar en todo el país a las víctimas del terrorismo, en recuerdo de todos aquellos que fueron asesinados, heridos, secuestrados o que padecieron de alguna forma la agresión directa o indirecta de los grupos armados. Sin embargo, para el Estado argentino el recuerdo de esas víctimas no tiene valor alguno. Sus nombres no se incluyen en el Monumento a la Memoria ni han sido indemnizados ni homenajeados por un gobierno que considera que los derechos humanos, por razones fundamentalmente ideológicas, sólo deben ser otorgados a quienes actuaron en los grupos subversivos. Aún más, se los ensalza y premia con cargos públicos, asegurando su impunidad como responsables del dolor de miles de ciudadanos.


La Asociación Civil Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (Celtyv), que lleva adelante desde hace casi una década el reclamo de las víctimas del terrorismo, cifra en 17.382 personas las que fueron agredidas por el terrorismo, de las cuales 1094 fueron asesinadas, según da cuenta la obra Los otros muertos, de Carlos Manfroni y Victoria Villarruel.

Las familias de los atacantes terroristas que murieron en el intento de copamiento del regimiento de Formosa fueron indemnizadas durante el gobierno del presidente Carlos Menem. Por el contrario, los parientes de los muertos en la defensa de la unidad militar fueron ignorados y se les denegó un beneficio similar. El diputado nacional formoseño Ricardo Buryaile presentó un proyecto de ley para indemnizar a sus familiares, pero el kirchnerismo, gran conocedor de todas las tretas para obstaculizar iniciativas legislativas, aprobó una más que modesta pensión y saboteó el de la indemnización, hasta que perdiera estado parlamentario. Mientras tanto, esta forma asimétrica e interesada de manejar los derechos humanos se extendió con el otorgamiento de una pensión mensual vitalicia a alrededor de 10.000 ex detenidos o sus familiares por haber sido "presos políticos", un beneficio que es percibido, entre otros, por algunos ex integrantes de organizaciones terroristas detenidos antes del golpe militar de 1976 y que hoy ocupan funciones en el propio Congreso de la Nación en representación del kirchnerismo.


Los derechos humanos han sido enlodados al hacer de ellos un uso político y asimétrico. La calificación de lesa humanidad y la imprescriptibilidad aplicadas a los delitos en la represión no fueron, como corresponde en la jurisprudencia internacional, consideradas para los crímenes de organizaciones armadas con apoyo internacional. Las condenas y detenciones de miembros de las fuerzas armadas, de seguridad y civiles han desconocido principios de la justicia como los de cosa juzgada y la irretroactividad de la ley penal. Mientras tanto, las víctimas del terrorismo sólo esperan reconocimiento.

lunes, 10 de agosto de 2015

España: Las persecuciones de científicos de Franco

La ciencia que desmanteló Franco
Un libro repasa la destrucción de la investigación científica en España tras la Guerra Civil
El CSIC se olvida de su herencia franquista
MANUEL ANSEDE - El País


Franco visita el Instituto Nacional de Investigaciones Agronómicas, en 1954. / UAM

“Al carro de la cultura española le falta la rueda de la ciencia”, sentenció Santiago Ramón y Cajal, único científico 100% español que ha ganado un premio Nobel. El investigador recibió el galardón en 1906 por descubrir las neuronas del cerebro y un año después predicó con el ejemplo y se transformó en el carretero del país: se puso al frente de la nueva Junta para Ampliación de Estudios (JAE), una institución que pagaba a los mejores científicos españoles estancias en las grandes universidades europeas y americanas.
La JAE contribuyó al florecimiento de la Edad de Plata de las letras y las ciencias en España durante el primer tercio del siglo XX. Hasta el físico Albert Einstein aceptó dirigir una cátedra extraordinaria en la Universidad Central de Madrid en 1933. Pero el golpe de Estado de 1936 y la Guerra Civil barrieron este progreso. El 8 de diciembre de 1937, el general Francisco Franco disolvió la JAE y creó otra institución para colocar la “vida doctoral bajo los auspicios de la Inmaculada Concepción de María”.

El libro Enseñanza, ciencia e ideología en España (1890-1950), editado por la Diputación de Sevilla y Vitela Gestión Cultural, repasa ahora el desmantelamiento de la ciencia en España ejecutado por la dictadura franquista. “A los que estudiamos en la Universidad española entre finales de los sesenta y principio de los setenta nos hacían creer que antes de 1940 la ciencia estaba atrasada y fue casi inexistente, que todo lo que se estaba haciendo entonces provenía del actual régimen, el cual había puesto los medios materiales y las personas adecuadas para que la ciencia española progresara y saliera del atraso en que se encontraba en la década de 1930. Pero nada más lejos de la realidad”, reflexiona el historiador Manuel Castillo, catedrático emérito de Historia de la Ciencia en la Universidad de Sevilla y coautor del libro.

De los 580 catedráticos que había, 20 fueron asesinados, 150 expulsados y 195 se exiliaron, señala el historiador Manuel Castillo
Castillo recuerda que José Ibáñez Martín, ministro de Educación entre 1939 y 1951, asumió la decisión de “recristianizar la sociedad”. La represión vació la universidad. De los 580 catedráticos que había, 20 fueron asesinados, 150 expulsados y 195 se exiliaron, señala Castillo. “La Iglesia supervisó o participó en cada una de estas denuncias”, afirma.

Uno de los primeros en huir fue el físico Blas Cabrera, un experto en magnetismo que había sido elegido miembro de la Academia de Ciencias de París en sustitución del fallecido Svante August Arrhenius, premio Nobel de Química. “A México llegaron medio millar de médicos e investigadores de ciencias biomédicas”, prosigue Castillo. También escaparon grandes figuras de las ciencias naturales, como Ignacio Bolívar, sucesor de Ramón y Cajal al frente de la JAE en 1934, y Odón de Buen, pionero de la oceanografía en España y un divulgador de la ciencia cuyos libros fueron prohibidos por el papa León XIII por defender las teorías de Darwin.

Las matemáticas españolas perdieron a Luis Santaló, uno de los padres de la Geometría Integral, que se exilió en Argentina y continuó investigando en la Universidad de Buenos Aires. En 1983, con 72 años, recibió el premio Príncipe de Asturias de investigación científica. La química también se resintió. Antonio García Banús, catedrático de Química Orgánica en la Universidad de Barcelona, se exilió en Colombia y allí creó la Escuela de Química en la Universidad de los Andes, en Bogotá. Enrique Moles, autoridad mundial en la determinación de los pesos atómicos, también fue depurado, como firmante del manifiesto “Contra la barbarie fascista” publicado tras el bombardeo aéreo de Madrid.

El CSIC nació para buscar “la restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias destruida en el siglo XVIII”
Son solo algunos de los ejemplos que aparecen en Enseñanza, ciencia e ideología en España (1890-1950), cuyo segundo autor es Juan Luis Rubio, profesor de Historia de la Educación en la Universidad de Sevilla. El Decreto del 8 de noviembre de 1936, dictado por Franco en Salamanca, había ganado. Era una orden de eliminar “las ideologías e instituciones disolventes, cuyos apóstoles han sido los principales factores de la trágica situación a que fue llevada nuestra Patria”.

Sobre las cenizas de la JAE, y bajo la batuta de José María Albareda, miembro del Opus Dei más tarde ordenado sacerdote, se creó en 1939 el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Albareda propuso en un primer momento que se denominase Nacional en lugar de Superior, pero en cualquier caso el CSIC nació para intentar “la restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias destruida en el siglo XVIII”, según la ley que lo creó el 24 de noviembre de 1939.

Aquel texto criticaba la supuesta “pobreza y paralización” de la ciencia en España durante el primer tercio del siglo XX. Franco decretaba el olvido de la JAE, una falta de memoria que se repitió de manera sorprendente en 2014, en el 75 aniversario del CSIC, cuando el organismo pasó de puntillas por su pasado de exilios y depuraciones en los actos de celebración. El actual presidente del CSIC es Emilio Lora-Tamayo, hijo de Manuel Lora-Tamayo, ministro de Educación con Franco y también presidente del CSIC, entre 1967 y 1971.

El franquismo convirtió a España en uno de los países "más subdesarrollados del continente en ciencia", según Castillo
Con la llegada de la dictadura, El origen de las especies de Charles Darwin se convirtió en una obra totalmente prohibida. El ministro Ibáñez Martín incluyó pasajes del Génesis bíblico en algunos libros de Ciencias Naturales. La investigación de la evolución humana, que había empezado a despuntar gracias a la JAE, fue sustituida por Adán y Eva. La paleontología “se retrotraía hasta el Cuarto Concilio de Letrán”, organizado por el papa Inocencio III en el año 1215, según Castillo.

“Hay que reconocer que en esto el franquismo fue pionero: se adelantó decenas de años a la corriente creacionista tan en boga hoy en algunas universidades norteamericanas que afinan la inventiva para introducir sus teorías como avaladas por la ciencia”, ironiza el catedrático emérito.

“La falta de libertad de pensamiento y de expresión durante casi 40 años taró al país y lo convirtió en uno de los más subdesarrollados del continente en ciencia y en cultura general”, sentencia Castillo. El Auditorio de la Residencia de Estudiantes, una de las joyas de la JAE en Madrid y sede de importantes conferencias científicas internacionales, fue demolido parcialmente y se convirtió en una iglesia. “Si de las basílicas romanas surgieron las primitivas iglesias cristianas, por qué de un teatro o cine, en donde se pensaba ir ensuciando y envenenando, con achaques de cultura y de arte, a la juventud española, no puede surgir un oratorio, una pequeña iglesia para que sea el Espíritu Santo el verdadero orientador de esta nueva juventud de España”, escribió tras la Guerra Civil su arquitecto, Miguel Fisac, por entonces miembro del Opus Dei.

lunes, 22 de junio de 2015

Peronismo: Cuando el Perón ordenó quemar iglesias

Perón no fue Nerón
La especialista en historia de la Iglesia Católica en la Argentina reconstruye los hechos tras el bombardeo de la Plaza. 

Por Miranda Lida - Perfil



Destrozos. El altar del convento de Santo Domingo, y el de la iglesia de San Francisco, luego del ataque. Y una imagen del interior de la Curia, junto a la Catedral. | Gentileza Diario La Nación

Fue tal vez uno de los episodios más indescifrables de la historia argentina. En una sola noche, el 16 de junio de 1955, fueron incendiadas más de una docena de iglesias que, más allá de su significación religiosa, componían un lujoso patrimonio arquitectónico, artístico y archivístico, puesto que los templos más dañados fueron a la sazón los de mayor valor histórico y cultural de Buenos Aires, ubicados en el radio céntrico de la ciudad. Ese mismo día, un fallido bombardeo opositor intentó arrasar con la Casa de Gobierno y con el presidente Juan Domingo Perón, y dejó cientos de muertos y heridos. La quema de iglesias fue la represalia. No fue un incendio aislado ni un desborde ocasional; por sus dimensiones, su sincronización y sus implicancias, rápidamente encontró impacto internacional en los principales diarios del mundo.


SAN FRANCISCO. Otra iglesia atacada. La Iglesia rechazó en su momento fondos del gobierno peronista para reparar los templos. | Cedoc


Que un presidente “tolerara” actos de vandalismo, o se mostrara falto de reflejos para evitar que el fuego se extendiera ha sido juzgado demencial, inverosímil o, lisa y llanamente, inexplicable. ¿Fue un rapto de ira de un dictador enceguecido por el poder? ¿Fue consecuencia de un anticlericalismo que siempre había estado ahí, pero estuvo larvado en los primeros años de gobierno? ¿O hubo un afán premeditado de llevar las cosas al extremo?

Apenas extinguidas las llamas, la relación de Perón con la Iglesia Católica fue examinada con lupa en muchos libros periodísticos y testimoniales que intentaron explicar el porqué de algo que parecía no tener lógica alguna. Fue notorio el apoyo que la Iglesia Católica le dio a Perón en los tramos iniciales de su gobierno. ¿Cómo explicar un viraje tan radical? ¿El peronismo minimizó los riesgos, no midió las consecuencias o subestimó al catolicismo?

Los hechos. En noviembre de 1954, Perón lanzó una serie de acusaciones contra la Iglesia en la que –decía– había antiperonistas que se infiltraban en las organizaciones peronistas. No era la primera vez que fustigaba a los opositores. Pero ese año había sido fundado el Partido Demócrata Cristiano y el catolicismo intentaba recobrar presencia social, gracias a los festejos del centenario del dogma de la Inmaculada Concepción. Perón quiso aminorar el impacto de las denuncias, y confió en que los roces con la Iglesia no pasarían a mayores: “No tenemos nada de qué preocuparnos. No creo que vaya a ocurrir nada más, y en caso de que ocurra, tenemos el poder para terminar con esto”, según publicó The New York Times. La jerarquía eclesiástica, por su parte, reaccionó con prudencia y coincidió con Perón en su afán de minimizar la confrontación en ciernes.


CARDENALES. Copello y Caggiano hicieron gestiones para evitar la violencia. | Cedoc


Pero las aguas no se aquietaron: el Estado dispuso la supresión de la enseñanza religiosa obligatoria, el divorcio, la equiparación de hijos legítimos e ilegítimos, entre otras medidas que echarían más leña al fuego. Mientras tanto, el catolicismo sacó gente a la calle, en movilizaciones de aspecto cada vez más masivo. El éxito de convocatoria tomó a muchos por sorpresa, desde la celebración de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre en 1954, hasta Corpus Christi, en junio del siguiente año. En la Argentina peronista era difícil tolerar movilizaciones multitudinarias que no fueran oficialistas. El gobierno respondió con la prohibición de las manifestaciones, decisión que poco ayudó a descomprimir un conflicto cuyo de­senlace estaba lejos de ser previsible. Y censuró a la prensa que dio cobertura al evento. La clausura del diario católico El Pueblo, en diciembre de 1954, no amilanó a los más militantes. Por el contrario, los radicalizó: les dio impulso para lanzarse a la publicación clandestina de miles de panfletos de factura casera, que ayudarían a preparar el clima de conspiración. Se mofaban de Perón en registros y géneros de lo más populares –coplas, tonadillas, tangos y consignas– y reflejaban hasta qué punto el humor prevaleciente había verificado un gran vuelco.

Las jerarquías de la Iglesia, mientras tanto, se lanzaron a la publicación de sucesivas cartas dirigidas al gobierno, en primer lugar, pero también a los fieles y a la sociedad argentina, que fueron leídas en las iglesias y publicadas en diferentes medios de comunicación –lo poco que quedaba de prensa antiperonista–. El episcopado se abroqueló en defensa de sus derechos lesionados; denunció la “persecución” religiosa, la prohibición de actos públicos y la censura, a la vez que defendió las instituciones católicas amenazadas y elevó ruegos por la concordia entre autoridades civiles y religiosas. Entre enero y julio de 1955 se sucedieron cuatro cartas al gobierno, y una más que insistía a la Acción Católica y al laicado en la necesidad de mantenerse en calma. Entre bambalinas, no faltaron entrevistas entre los dos cardenales argentinos, Santiago Copello y Antonio Caggiano, y Perón. Mientras monseñores como Manuel Tato y Ramón Novoa, dos figuras de mucha visibilidad en las movilizaciones católicas, terminaban en el exilio, y otros tantos sacerdotes pasaban una o más noches en prisión, las más altas jerarquías apostaron por la conciliación.


Destrozos. El altar del convento de Santo Domingo, y el de la iglesia de San Francisco, luego del ataque. Y una imagen del interior de la Curia, junto a la Catedral. | Cedoc

No fue suficiente para frenar las consecuencias de tamaño vendaval. Una vez consumados los incendios, el gobierno salió a ofrecer cuantiosas sumas destinadas a la reconstrucción de las iglesias: procuraba dejar a la jerarquía eclesiástica neutralizada. Sin embargo, las instituciones católicas lo rechazaron. A esa altura no había gesto de concordia por parte de Perón que fuera capaz de mitigar los ánimos. La influyente revista Criterio, dirigida por monseñor Gustavo Franceschi, una de las pocas publicaciones católicas que quedaban en pie, se alegró de que la Iglesia no aceptara tales dádivas. Así, las iglesias históricas, de ornamentación fastuosa hasta 1955, fueron reconstruidas en su mayor parte con austeridad, en sintonía con los tiempos que se avecinaban, en vísperas del Concilio Vaticano Segundo.

A pesar de que el cardenal Copello bregaba por la paz social, la Acción Católica no vaciló en continuar movilizándose en las calles. Al encontrar casi todas las iglesias cerradas a su paso, sus militantes se dedicaron a entonar cánticos antiperonistas, un gesto muy mal recibido por la prensa gubernamental. En los meses que mediaron entre junio y septiembre de 1955, fecha de la autodenominada Revolución Libertadora, que derrocó a Perón, no faltaron incidentes callejeros provocados por los católicos. Así, las llamas de los templos del 16 de junio hicieron crepitar al peronismo todo.

Las interpretaciones. La búsqueda de una explicación ha estado siempre entrelazada con la de sus responsables. Es difícil separar ambos planos.

Al primero que se apuntó fue, naturalmente, al propio Perón. No es posible demostrar que el presidente haya encendido la mecha, pero sí tal vez que tuvo una conducta errática con la Iglesia, que osciló entre la sumisión filial y la provocación, ambas sobreactuadas, a tal punto que en alguna ocasión pretendió enseñarles los Evangelios a sacerdotes que creía carentes de humildad cristiana.

La Iglesia Católica, por su parte, fue también fluctuante y se enfrentó a sus propias contradicciones. Estar cerca del poder trae grandes beneficios, pero también puede tener altos costos. La jerarquía eclesiástica que ingresaba a la década de 1950 había heredado un férreo espíritu militante e integrista, pero a la vez se encontraba presionada por la necesidad de adaptarse a los cambios de una sociedad en plena modernización. En los años 30, con la celebración del XXXII Congreso Eucarístico Internacional, se había puesto a la vanguardia de la movilización de masas en la Argentina, pero pese a ello el 17 de octubre de 1945 la tomó por sorpresa. Vaciló, pues, entre seguir el ritmo de los cambios o resistirse a ellos, y esa indecisión condicionó su recepción del peronismo.

Pero quizá la mejor explicación haya que buscarla por fuera de ambos polos y sus respectivas responsabilidades, personales o colectivas. La sociedad argentina convivió con una intensa polarización política entre 1945 y 1946, cuando Perón ganó las elecciones presidenciales. En la primera mitad de la década de 1950, la polarización había alcanzado ribetes violentos, como puso en evidencia el incendio del Jockey Club y diferentes casas asociadas a los partidos políticos opositores. Fuego, llamas, turbios incidentes, como la quema de la Bandera que habría ocurrido en el Corpus Christi de 1955... La noche del 16 de junio, el fuego no sólo produjo daños de enormes costos políticos sino, más grave aún, dejó en evidencia la soledad política de un Perón sin reflejos: no los tuvo para evitar el bombardeo del mediodía, así como tampoco para detener la destrucción de los templos por la noche. Perón no se regodeó con las llamas cual un nuevo Nerón ante el incendio de Roma. Por el contrario, el fuego lo encontró impotente, en las antípodas de la imagen heroica del 17 de octubre de 1945.

*Historiadora y autora de Monseñor Miguel de Andrea (1870-1960). Obispo y hombre de mundo (Edhasa, 2013).

domingo, 24 de mayo de 2015

USA: La influencia de la masonería en la política interna

Los misterios de la masonería


En 1826, una cábala sombría secuestró a un hombre que había amenazado con exponer a los ritos de la hermandad secreta. La política estadounidense nunca fueron lo mismo otra vez.

Por Andrew Burt - Slate


Ilustración por Lisa Larson-Walker

A día de hoy, nadie sabe el verdadero destino de Capt. William Morgan. Un hombre de negocios fracasado y ciudadano de general baja reputación, Morgan fue secuestrado de su casa, en la ciudad de Batavia, Nueva York, en la madrugada del 11 de septiembre de 1826. Pronto se encontró en una celda de la cárcel Canandaigua, cerca de 50 millas de distancia, encarcelado por una deuda de $ 2.65. Todo el calvario fue sin duda confuso para Morgan, un hombre conocido por su manera de beber. Es probable que se hizo aún más confuso cuando un desconocido pagó su fianza. Pero ese hombre no tenía intención de ponerlo en libertad. Morgan salió de la cárcel sólo para ser forzado en un carro, al parecer gritando "asesinato" mientras era arrastrado.

¿Qué sería de gran experimento de Estados Unidos en la democracia sin la presencia de los fundadores?
Esta es la última que nadie vio nunca de Morgan, de quien poco lo demás es cierto. Algunos dijeron que no era realmente un capitán militar, mientras que otros afirmaron que se había ganado ese título en la Guerra de 1812. Otros afirmaron que ambas teorías eran técnicamente cierto: Que él luchó contra los británicos en 1812 como un pirata en busca de botín y se le concedió el perdón para sus fechorías por el presidente después de la guerra. Lo que sí sabemos es que lo que le pasó a él, atrapado en el interior que el transporte hacia el norte y temiendo por su vida, Morgan nunca regresó.

En los próximos años, los detalles del secuestro de Morgan lentamente vendrían a la luz, lo que desencadenó una tormenta política y dando lugar a la primera tercera parte en la política estadounidense. La evidencia sugiere que el secuestro de Morgan se llevó a cabo por miembros de una organización secreta conocida como los masones. Los estadounidenses pronto llegaron a creer en la existencia de un complot masónico para derrocar la sociedad desde dentro; existencia misma del país, muchos proclamado, estaba ahora en peligro. Lo que comenzó como un crimen oscuro en el estado de Nueva York sería provocar uno de los primeros episodios de histeria política en la historia estadounidense, sentando las bases de una larga línea de las cruzadas políticos por venir.


Ilustración por Lisa Larson-Walker

La historia de la desaparición de Morgan comienza en el verano de 1826, cuando una nueva era se abría en la historia de la nación. Cincuenta años después de la Declaración de Independencia, el último de la generación fundadora de Latina estaba muriendo fuera de un punto de inflexión de relieve por la muerte de dos de Thomas Jefferson y John Adams el cuatro de julio de ese año. ¿Qué sería de "gran experimento" de Estados Unidos en la democracia sin la presencia de los fundadores?

En el estado de Nueva York, luego en los bordes exteriores de la frontera de Estados Unidos, dos hombres fueron ocupados con una pregunta diferente: cómo asegurar la fama y la fortuna personal. El primero fue David C. Miller, el editor del Abogado republicano de Batavia. Miller fue un periódico de oposición, enfrentó contra las políticas del gobernador de Nueva York, DeWitt Clinton. A pesar de que había corrido la revista durante más de una década, todavía era un periodista que lucha en busca de mayor circulación. El segundo fue William Morgan, que se había trasladado su familia sin descanso por todo el campo, trabajando primero como un fabricante de cerveza, ahora como un cantero, arrastrando a su esposa, Lucinda, y dos niños pequeños de un fallido emprendimiento a la siguiente. Sólo dos años antes, Morgan había escrito de su desesperación: "La oscuridad de mis perspectivas roba mi mente, y la miseria extrema de mi cuerpo." Los dos hombres hicieron una extraña pareja, pero lo que les faltaba en el fondo común que compartían en común circumstance- y ahora en objetivos comunes. Durante ese verano los dos tramaron un plan para exponer al mundo el funcionamiento interno de la sociedad secreta de los masones.

¿Cómo, exactamente, los dos primeros entraron en contacto no se conoce, pero tampoco se llevó a cabo en alta estima por su comunidad. Según una fuente, Miller era conocido por ser un hombre "de carácter irreligioso, gran laxitud del principio moral, y de los hábitos intemperantes"; mucho se dijeron cosas peores sobre Morgan. No es sorprendente que los dos hombres albergaban animosidad sentado profundas hacia la masonería, que sirvió como un símbolo para la clase de establecimiento.

Masonería se cree que se originó en Inglaterra y Escocia en algún momento en el año 1500 como una organización comercial compuesta por canteros locales, pero pronto adquirió un aire filosófico. El triunfo de la razón comenzó a ser un punto focal de la organización, así como la dedicación al deísmo, o la creencia de la Ilustración que la existencia de Dios es evidente a través de la observación y el estudio en lugar de milagros o revelación. A través de los siglos, la fraternidad de Masones se expandiría por todo el mundo, al igual que sus ceremonias y rituales, que involucró a extraños símbolos y juramentos, además de su énfasis más benigno en el civismo, la tolerancia religiosa, y el aprendizaje colectivo. El grupo se reunió en secreto.

Masones eran mayoritariamente hombres de estado-médicos de clase media y alta, abogados y hombres de negocios-que tenían el tiempo y el tiempo libre para unirse a lo que equivalía a un club social para el do acomodada. Muchos de los padres fundadores habían sido masones, incluyendo a George Washington y Benjamin Franklin de hecho, 13 de los 39 firmantes de la Constitución afirmó ser miembro de la fraternidad. En los años entre la fundación de los Estados Unidos y 1826, la Masonería sólo se había vuelto más poderosa, especialmente en Nueva York. El gobernador DeWitt Clinton no sólo era un masón, pero también había sido el gran maestro de la Gran Logia de Nueva York y el masón de más alto rango en el país. Según una estimación, más de la mitad de todas las oficinas que cotizan en bolsa en Nueva York fueron ocupadas por los masones.


Ilustración por Lisa Larson-Walker

Miller dio a entender primero en algún tipo de próxima revelación en un artículo publicado en el Abogado en agosto de 1826. Había descubierto la "evidencia fuerte de podredumbre", escribió, la evidencia de que él y un colaborador anónimo obligado "a un acto de justicia a nosotros mismos y para el público. "Esta bomba fue un libro, que será elaborado por Morgan e impreso por Miller, detallando los rituales masónicos y fechorías en los más altos niveles del poder. Morgan no era miembro de la masonería, pero él había convencido a otros masones que él era y había sido concedido acceso a un vecino logia masónica. Morgan pudo así ser testigo de las ceremonias de los albañiles, el registro de sus obras en un manuscrito.

Noticias de Miller y de Morgan publicación inminente pronto comenzó a extenderse y masones en los condados vecinos comenzó a preocuparse por las revelaciones. Informó uno Mason en ese momento: "[I] Nunca vi a los hombres tan emocionado en mi vida." Comités de masones se organizaron rápidamente para investigar las revelaciones, y "todo salió adelante en una especie de frenesí."

Los grupos de masones interesadas comenzaron acosar Miller y Morgan con procesamientos por pequeña deuda, con la cooperación tácita del sheriff del condado, que colocó brevemente Morgan en la cárcel. Hombres extraños, que se cree que los masones de otros condados, ahora comenzaron a hacer apariciones sospechosas en los pueblos del condado de Ontario, poniendo no sólo Miller y Morgan en el borde, sino pueblos enteros también.

El 8 de septiembre un grupo de masones intentó destruir las oficinas de Miller. Limitación de una noche de beber en una taberna local, un grupo de varias docenas de hombres descendió en la imprenta. Allí se encontraron con que Miller había convocado a una pandilla de su propia, equipada con armas de fuego y listo para luchar. Los masones se retiraron, y Miller era seguro, por el momento. Dos noches después, la oficina de Miller estalló de repente en llamas, aunque el fuego fue detectado temprano y se hizo ningún daño grave. Según los informes, las bolas de algodón humedecido en aguarrás se encuentran en toda la imprenta.

El 11 de septiembre el conflicto se intensificó. Una media docena de albañiles se presentó en la casa de Morgan con una orden de arresto. Los cargos: hurto por robar una camisa y corbata, prestaron a Morgan por el dueño de la taberna de la ciudad, que Morgan no había podido regresar.

Pronto Morgan estaba siendo llevado lejos en un coche, aunque al parecer sin preocupación. Al parecer, pensó que testificar que él simplemente había olvidado de devolver los artículos que sacarlo fuera del gancho. Estaba en lo cierto. Los cargos fracasaron y fue puesto en libertad, sólo para ser inmediatamente arrestados de nuevo por la deuda pendiente de $ 2.65. Esta vez, los cargos atrapados.

Morgan pasó la noche siguiente en la cárcel. Al día siguiente, se vio obligado a subir al coche que aceleraba hacia el norte de la ciudad, para no ser visto de nuevo.

El crimen había expuesto un grupo poderoso, envuelto en el secretismo, la manipulación de la ley para sus propios fines.
Ese no fue el final de la prueba: Un grupo de masones pronto regresó para Miller. El 12 de septiembre alrededor de 70 masones armados se congregaron en una taberna, mientras que un agente de policía presentó el editor con una orden de arresto por cargos cuestionables y lo transmitió a la cercana ciudad de Le Roy. Por suerte para Miller, su abogado y una pandilla armada de Batavia seguido a lo largo, que lo llevaba de vuelta a casa cuando los cargos fracasaron.

Como Miller y su equipo volvieron a Batavia, la historia de su detención se extendió por todas las aldeas y pueblos vecinos. Fue cabos sueltos como Miller, y la familia que Morgan había dejado atrás, que causaría los masones más problemas. El destino de la esposa de Morgan, Lucinda, por ejemplo, ayudaría a avivar la simpatía y el apoyo a la difícil situación de Morgan, la profundización de la ira del público sobre los crímenes de los masones. La madre de dos niños pequeños ya no tenía un marido que depender.

Pero el asunto Morgan no era sólo por la desaparición de un hombre. El crimen se había puesto de manifiesto la existencia de un grupo poderoso, envuelto en el secretismo, la manipulación de la ley para sus propios fines. La historia del secuestro de Morgan, ya que se le dijo y volvió a contar a lo largo de las próximas semanas, se centró en cómo los masones de élite habían convertido el interés público en uno privado y cómo el propio gobierno puede haber sido pervertido en el proceso.

Dos semanas después del secuestro, se celebró una serie de reuniones públicas en gran medida asistido. Aunque las reuniones fueron inicialmente llamados a resolver el misterio del destino de Morgan, que fueron igualmente acerca de calmar los temores del público. No había ninguna garantía, después de todo, que lo que le pasó a Morgan no podía pasar a otros.

Como resultado de las reuniones de Batavia, se estableció un grupo especial, el llamado Comité de los Diez, que comenzó a enviar agentes a pueblos vecinos para investigar el secuestro, la recopilación de hechos y desmontaje testimonio. Pronto pueblos vecinos hicieron lo mismo con los comités de los suyos, todo la tarea de esclarecer el crimen. Estas reuniones públicas eran reuniones de la gente, y ellos convocaron comités populares: No hay autoridades gubernamentales fueron llamados porque ninguno, muchos sospechaban, era de fiar.

Los comités fueron creados para calmar el sentido público de miedo, pero en realidad ayudaron a profundizar en ella. A lo largo de los meses de octubre y noviembre, los representantes de los ciudadanos de los comités viajaron por todo el estado de Nueva York la difusión de la historia del secuestro de Morgan, que sirve para confirmar las historias salvajes periódicos locales ya estaban imprimiendo sobre el secuestro. Los que inicialmente no creen lo que leen testigos ahora oído dan testimonio de la verdad del asunto. Mientras tanto, la especulación sobre el destino de Morgan estaba volviendo más y más sensacional. Una versión del secuestro terminó con Morgan siendo asesinado en algún tipo de ceremonia masónica oculto, con la garganta cortada "de oreja a oreja" y su lengua cortada con un cuchillo.


Ilustración de Los misterios de la masonería por el capitán William Morgan

Hasta este punto, el esfuerzo público para llegar al fondo del escándalo fue sencillo, si apasionado. Un grupo de hombres había conspirado ilegalmente en contra de Morgan y Miller, y si no fueron llevados ante la justicia, nada impidió el mismo delito se produzca de nuevo. Una vez que los delincuentes habían encerrado, todo el mundo podía seguir adelante, o eso, al menos, parecía en los primeros días después de la desaparición de Morgan. Pero este punto de vista podría cambiar pronto.

En pocos meses, la indignación por el secuestro de Morgan transformó de miedo público a la histeria política. Aunque claramente pocos masones eran culpables de ningún delito, fue la reacción de otros masones que convenció a gran parte del público que no se trataba de un crimen simple pero con una conspiración generalizada. Muchos masones comenzaron pública e inexplicablemente a defender el secuestro de Morgan, y muchos de ellos eran figuras públicas para arrancar. "Si ellos están publicando los verdaderos secretos de la Masonería", dijo un ex miembro de la legislatura de New York, que "no se debe pensar en la vida de una media docena de hombres como Morgan y Miller, de ninguna consecuencia, en la supresión de la obra." Otra masónica juez en el tribunal del condado de Genesee declaró que, "sea cual sea el destino de Morgan pudo haber sido, se lo merecía, que había perdido su vida."

El movimiento anti-masónica naciente ganó un sentido más amplio de la finalidad que el asunto Morgan comenzó a trabajar su camino a través de los tribunales. En octubre, un grupo de masones fueron acusados ​​por cargos de disturbios y asalto para el intento de encarcelar a Miller. En noviembre, otros cuatro Masones fueron acusados ​​de conspiración para secuestrar a Morgan.

En enero de 1827, el juicio se fijó para comenzar en Canandaigua, Nueva York, donde los equipos de abogados, financiado por logias masónicas locales, reunidos para representar los cuatro acusados ​​masónicos. El fiscal de distrito de enjuiciar el caso había amasado un equipo propio, que a la postre sería prevalecer, aunque la victoria sería más simbólico que sustantivo. Los cuatro acusados ​​fueron condenados a penas leves, que van de dos años a un mes de prisión, condenado sólo por la fuerza en movimiento Morgan de un lugar a otro contra su voluntad. ¿Qué pasó con Morgan en el final, y la conspiración más grande detrás de su secuestro, era todavía visible sin resolver.


Ilustración por Lisa Larson-Walker

Si el público quería justicia, esto seguramente no lo era. Pero el juicio demostró cumplir en otro sentido, gracias en gran parte al Juez Enos T. Throop. Cuando llegó el momento para que él leyó la declaración de condena a los cuatro hombres culpables, Throop leer mucho más que una simple descripción de su castigo. Lo que él dijo a los masones, en frente de una sala de audiencias absorta, que pronto será reimpreso en periódicos de todo el estado, reveló que su juicio fue de algo más grande que su ofensiva solo.

Throop comenzó describiendo crímenes los cuatro masones. El suyo era un acto "audaz, malvado y presuntuoso", dijo, que había "contaminado esta tierra." Los hombres habían robado el estado de un ciudadano, dejó la esposa de la víctima y sus hijos "indefensos", y de alguna manera blindado el resto de los culpables sean llevados ante la justicia. Pero este acto por sí solo no era aún la "parte más pesada de su delito", según ha explicado Throop:

Su conducta ha creado, en el pueblo de esta sección del país, un fuerte sentimiento de indignación virtuosa. El tribunal se alegra ser testigo de ella, que se aseguró de que la persona de un ciudadano no puede ser invadida por la violencia sin ley, sin que se sentía por cada individuo en la comunidad. Es un espíritu bendecido, y nosotros esperamos que no va a desaparecer, que irá acompañado de una vigilancia incesante, y la actividad incansable. . . . Vemos en esta sensación pública el espíritu que nos trajo a la existencia como nación, y una promesa de que nuestros derechos y libertades están destinadas a soportar.
La indignación del público, en otras palabras, era ahora ya no se trata de un delito, o incluso la conspiración para encubrirlo. Se acerca el "espíritu que nos trajo a la existencia como nación", en palabras del juez Throop, y sobre el temor de que este espíritu se vio amenazada.

Qué Throop vio en la indignación pública era una dedicación a espíritu fundacional de Estados Unidos. Los ciudadanos, al parecer, estaban dispuestos a hacer cumplir las leyes mismas, si eso es lo que hacía falta para proteger a los ideales americanos. Lo que comenzó como la reacción del público a un secuestro locales ahora fue evolucionando hacia una dedicación común para proteger los valores centrales de Estados Unidos.

Masonería sirvió como símbolo de peso para la amenaza real de que muchos estadounidenses se enfrentaban. Los años 1820 fueron una década de gran incertidumbre, uno en el que la industrialización plantea profundos desafíos a la sociedad estadounidense. El aumento de la fabricación amenazó para reorganizar la fuerza de trabajo estadounidense en una escala masiva, al igual que los inmigrantes y los auges de población en las ciudades del este.

"En la fijación de la Masonería como el mal lugar en la República", escribe el historiador Paul Goodman, "Antimasons estaban respondiendo a la emergencia de la sociedad industrial, que se enfrentaron con los restos de un orden pre-industrial." Estados Unidos, muchos pensaban, estaba entrando en un era de caos, y en el que el principio de igualdad fue fundamentalmente amenazada.

Con el juicio ha terminado, el movimiento alcanzó otro punto de inflexión. Furioso por la incapacidad del tribunal para llevar a todos los secuestradores de Morgan a la justicia, los miembros del público alarmados comenzaron a abogar por la acción en el ámbito político. En febrero, una reunión conjunta se llevó a cabo por la gente de los pueblos de Batavia, Betania, y Stafford, que resolvieron a "negar su apoyo en las elecciones de todos esos hombres de la fraternidad masónica." La gente de la ciudad de Seneca comprometidos que "ellos no votan por los masones, por cualquiera de las oficinas lo que sea." Y fue no sólo los políticos masónicos que se encontraron bajo ataque. Prensa dirigidas por masones, que muchos sintieron había sido llamativo silencio sobre el asunto Morgan, también fueron el blanco de la ira del público. Una reunión de las ciudades de Pembroke y Alexander aprobó una resolución conjunta para "desalentar la circulación de papel" que no cubría el asunto Morgan precisión. En reuniones a lo largo de las ciudades de norte del estado de Nueva York, decenas de resoluciones similares siguieron el ejemplo. Para febrero de 1827, cinco meses después de Morgan había desaparecido, el Partido Anti-Masónico nació.

"No, nunca fui, y nunca voy a ser un masón"
John Quincy Adams, haciendo campaña en 1828

Y para el final del año, el partido ya estaba barriendo las urnas en Nueva York. En las elecciones de 1827, por ejemplo, el partido del presidente de Estados Unidos de estar, John Quincy Adams, elegiría a 12 miembros de la Legislatura de Nueva York, mientras que los anti-masones sería elegir a un impactante 15. El verano siguiente, sólo unos meses antes las elecciones nacionales de 1828, el propio Adams mismo habían alineado abiertamente con los anti-masones, al declarar que: "No, nunca me fui, y nunca serán un masón" -proving que el partido había saltado de un fenómeno político en todo el estado para convertirse en uno nacional.

Las elecciones de 1828 marcaron un punto de inflexión para los anti-masones. A medida que el movimiento se extendió desde Nueva York a estados como Vermont, Ohio, Massachusetts, y Maryland, los candidatos anti-masónicas obtuvieron escaños en las legislaturas estatales en todo el país. A nivel federal, los anti-masones se convirtió en el primer tercio del partido en los Estados Unidos para enviar candidatos al Congreso, la elección de casi media docena de miembros de la Cámara de Representantes.

Tal vez lo más notable, los anti-masones ganó el manto del partido de la oposición en las elecciones de 1828. Presidente Andrew Jackson, un mismo Mason declarado, había derrocado Adams y ahora estaba en el poder. El Anti-masones ahora no sólo tenía una plataforma política prominente, tanto en las legislaturas estatales y nacionales. Tenían un villano en la Casa Blanca.


Ilustración por Lisa Larson-Walker

En 1830, el impulso a una organización nacional estaba en marcha, con la ayuda de la oposición a Jackson y la creciente sensación de que la sociedad estadounidense fue fracturando. El 11 de septiembre de ese año, precisamente, cuatro años después de Morgan había sido secuestrado de su casa Batavia, los anti-masones celebró su primera convención nacional en Filadelfia, con delegados de Nueva York, Massachusetts, Connecticut, Vermont, Rhode Island, Pennsylvania, Nueva Jersey, Delaware, Ohio, Maryland y Michigan en la asistencia. Fue aquí que el partido fraguó sus planes grandiosos para la influencia y nacional, en última instancia, en donde se sembraron las semillas de la primera caída del movimiento.

Con creciente poder nacional vino aumentó oportunidad, pero las divisiones ya estaban revolviendo dentro de las filas de los Anti-masones. Para muchos de los moderados en el partido, algunos de los cuales vieron políticas de Andrew Jackson como un peligro igual, si no mayor, que la amenaza planteada por la masonería, la necesidad de construir coaliciones con figuras de la oposición fuera del Partido Antimasónico pronto quedó claro .

El problema, sin embargo, fue que un gran número de anti-masones, celosos en sus creencias, no tenía el estómago para el compromiso, que simplemente se negaron a hacer frente a cualquier político que no quiso denunciar todo la masonería. Preguntas sobre la capacidad del partido para manejar tareas políticas de rutina ahora comenzaron a plantearse con mayor frecuencia. Querrían los Anti-masones ser capaz de golpear negociaciones políticas en absoluto? ¿Sería aliándose con otros opositores Jackson socavar su causa? En pocas palabras, comprometería diluir las fuerzas anti-masones o sería hacer que la parte más fuerte?

A la vista de tal desorden, los delegados acordaron posponer las decisiones importantes, tales como a quién nominar para la elección presidencial de 1832, hasta el próximo septiembre, cuando el partido iba a celebrar una convención nacional de nominación, la primera de su tipo en la política estadounidense, y uno que está emulado por los partidos políticos para el día de hoy. En lugar de los líderes del partido que eligen quienes la convención nominar, los delegados a la convención, cada uno representando a sus partidarios locales, elegiría los candidatos del partido. Este nuevo tipo de convención era una manera de salvar las diferencias ideológicas dentro del partido, de la importación de los procesos democráticos en el propio partido. Al mismo tiempo, subrayó el liderazgo cada vez más debilitado de la fiesta.

"Usted se convertirá en el Coloso del gobierno republicano de su país"
Thomas Jefferson, el candidato Partido Antimasónico William Wirt
Las divisiones entre los moderados y los radicales en la parte sólo crecerían. Un periódico que cubre una convención 1831 Anti-Masónico local de relieve la vista ahora cada vez más popular "que Antimasonería tenía otras y mayores objetos en vista de la postración de la fraternidad masónica." Samuel Miles Hopkins, un viejo político de Nueva York y uno del estado de la mayoría prominentes anti-masones, declaró que Andrew Jackson era una amenaza mayor para el país de la masonería y que en la elección anterior él mismo había votado por los masones en lugar de dejar que los candidatos pro-Jackson ganan. Por 1831, un año antes de la elección presidencial, el Partido Anti-Masónico estaba pudriendo desde adentro.

Pero el aumento de las tensiones no se detendrían las ambiciones de la fiesta en general, que creía que había encontrado el 1832 el candidato presidencial perfecta en William Wirt, un político de Virginia y ex fiscal general, y uno de los últimos vestigios del viejo estilo de la política estadounidense.

Wirt era un moralista severo y un hombre devotamente religioso, y él había sido escogido por el propio Thomas Jefferson como heredero político. "Usted se convertirá en el Coloso del gobierno republicano de su país," Jefferson había una vez le aseguró. La preocupación de Wirt con el estado moral de Estados Unidos se hizo eco de muchas de las preocupaciones más profundas los anti-masones. Fue la búsqueda egoísta de lucro que Wirt pensaba que era el mal animador de los tiempos. La creciente objeto de los estadounidenses de todo tipo era simplemente "para enriquecerse: una pasión que es visible, no sólo en los ámbitos de la vida privada, sino que se ha deslizado en envenenadas y cada organismo público." Lo Wirt identificado como las fallas en Americana la sociedad eran los mismos males que los anti-masones vio en sí mismo la masonería: un sistema en el que los pocos beneficiados a expensas de los muchos.

Pero había un problema: Wirt mismo había sido una vez un masón y nunca había renunciado explícitamente a la orden. Ahora, él estaba llamando todo el conflicto entre la Masonería y Anti-Masonería "un tema más en forma de farsa que la tragedia", y lamentando la "persecución salvaje y amargo e injusto contra tan inofensivo una institución como la masonería".


Ilustración por Lisa Larson-Walker

El más radical de los Anti-masones fueron, obviamente, indignados por Wirt. Cada vez más marginada, se seleccionó a los radicales dentro del partido vio como Wirt para llevar la bandera de Anti-masónico en la lucha contra Andrew Jackson, aliándose con otros elementos de la oposición.

Pero en general el resto del grupo lo apoyó, tal vez a un fallo. Wirt en última instancia, llevar sólo el estado de Vermont en la elección presidencial, ganando condados Anti-Masónicas en estados de todo el país, pero la caída severamente corto de cualquier apoyo significativo a nivel nacional. Después de la candidatura fallida de Wirt, el Partido Anti-Masónico "Parecía como si por arte de magia, en un momento aniquilado", escribió un historiador del siglo 19o. Hombres "que tuvieron varias ocasiones más declararon solemnemente, que nunca votarían por un Mason adherirse a cualquier cargo que sea, en un día, dejó de pronunciar una palabra contra la Masonería."

Y así el mandato de la fiesta en el centro de atención nacional llegó a su fin, aunque no sin efectos duraderos. La fraternidad que el partido se había fijado contra fue dañado para siempre. En el transcurso de la histeria, los masones de todo el país renunciaron o denunciaron sus miembros, y cientos de casas de campo estaban cerradas. "Logias por decenas y centenares cayeron ante el torrente y fueron barridos", según una Mason en el momento. "En el Estado de Nueva York solamente al alza de 400 logias, o dos tercios de la nave, se extinguieron."

Durante el segundo mandato de Andrew Jackson, elementos dispares de la oposición comenzaron a organizarse, dándose cuenta de la fuerza de su poder combinado, si tan sólo pudieran lograr la unidad. Fue con estos objetivos en mente que el Partido Whig, el predecesor del moderno Partido Republicano y el partido de Lincoln, nació-un partido compuesto por una gran variedad de creencias y muchas contradicciones. Los Whigs habría lentamente ganar fuerza en toda la década de 1830 como ex Anti-masones y otros llegaron poco a poco en el nuevo pliegue política.

Pero el aumento de los whigs no significaba la causa anti-masónica había pasado. A lo largo de la siguiente década, algunos políticos harían sus nombres que proclaman los males de la Masonería. Algunos de ellos se perdió en el olvido, pero otros se reunió con un éxito limitado. Todavía en 1836, de Pennsylvania Thaddeus Stevens encabezó un comité anti-masónico en la Legislatura estatal que celebró audiencias públicas sobre la amenaza de la Masonería, interrogar testigos masónicos y dibujar un poco de atención nacional. Stevens en última instancia, aumentar a convertirse en un miembro del Congreso, y más tarde uno de la Cámara de los abolicionistas más abiertos Representantes durante la Guerra Civil.

En Massachusetts, Ohio, y Vermont, los grupos locales de Anti-masones se reunieron para purgar sus estados de la influencia de la masonería en toda la década de 1830, así, y algunos todavía albergaba ambiciones nacionales de su partido. Pero las grietas habían surgido en el movimiento anti-masónica que eran demasiado grandes para yeso terminado, y ya no tenía la amenaza de la Francmasonería cautivar a un público tan grande políticas o de mantener su gran atractivo. El movimiento anti-masónica ahora opera en los márgenes del discurso político estadounidense.


Ilustración por Lisa Larson-Walker

Por la década de 1840, el Partido Anti-Masónico estaba muerto y enterrado, sus seguidores más fieles descartados como fanáticos. Pero dejó un legado de gran alcance: El partido estableció un patrón que futuros episodios de histeria política repetirían en toda la historia de América, a partir de los Sustos rojas del siglo 20 para el movimiento contra la Sharia de hoy.

Cada movimiento pretende proteger a nuestra nación de una amenaza existencial. Cada Parlays temores de actores sombríos que socavan nuestra democracia en llamadas populistas a la acción. Durante el período del macartismo, más de 13 millones de estadounidenses-más o menos 20 por ciento de los juramentos de fidelidad firmados en la población trabajadora de Estados Unidos. De hoy contra la Sharia movimiento que pretende demonizar el Islam, la segunda más grande de la religión ha tenido éxito en la prohibición de la ley islámica en varios estados del mundo. Y mientras que los movimientos de la histeria política siempre afirman solamente querer librar a la sociedad de una sola ideología, peligroso, sus partidarios en última instancia, ponen en peligro los mismos valores que dicen proteger: que somos una sociedad abierta comprometidos con la coexistencia de muchos grupos y sistemas de creencias , un país fundado en los principios de libertad e igualdad para todos.

En cuanto a los antiguos propios Anti-masones, muchos de los líderes del movimiento pasó a logros más grandes, incluso después de la desaparición de su partido. Millard Fillmore, un anti-Mason Nueva York desde el principio, se convirtió en presidente en 1850. William Seward, otro de Nueva York Anti-Mason, se convirtió en secretario de Abraham Lincoln de Estado, que actúa como un miembro clave del gabinete de guerra del presidente. Solitaria viuda de William Morgan, Lucinda Morgan, sería ella misma ir a más renombre. Se mudó al oeste y al parecer se volvió a casar con un hombre llamado José Smith, el fundador de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, o los mormones-un grupo que, como los masones, no tardaría en verse el blanco de futuras cruzadas políticas.