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martes, 29 de marzo de 2016

Ecuador: El demente plan del Gral. Juan José Flores

Cuando España quiso conquistar América… Por segunda vez
Javiero Sanz - Historias de la Historia


Cuando la Gran Colombia se acababa de independizar de España, Simón Bolívar nombró (a dedo, como lo hacen los autócratas) al General venezolano Juan José Flores como gobernador del Distrito Sur -constituido por Quito, Guayaquil y Cuenca-, pero la ambición de Flores hizo trizas los sueños del Libertador Simón Bolívar y se alzó en armas proclamando la Independencia del estado de Ecuador. Así nacía, en el año de 1830, un pequeño país con fronteras casi inexistentes y todas en conflicto, con apenas vías de acceso entre sus tres ciudades más importantes.

El mandato de Juan José Flores realmente fue una dictadura, porque una vez alzado en armas se autoproclamó presidente, eligió a 21 ciudadanos “notables” (siete de cada ciudad, casualmente todos ellos terratenientes y amigos suyos) para avalar la Primera Constitución del país como República. Fue en su tercer período presidencial cuando los ecuatorianos se sublevaron y finalmente lo derrocaron a él y a su guardia pretoriana de generales venezolanos.


General Juan José Flores

Antes de aceptar la derrota, el sagaz dictador venezolano elaboró un documento llamado el Pacto de la Virginia, por el que el General entregaba pacíficamente el poder y, a cambio, el Estado ecuatoriano debía garantizarle su estatus militar, la conservación de numerosas propiedades en el país y una renta de 20.000 pesos que le proporcionarían un cómodo destierro de en Europa. Flores abandonó el país y el nuevo gobierno ecuatoriano apenas tardó en romper aquel miserable Tratado. Enterado de la noticia, el General organizó desde Europa un maquiavélico plan para recuperar el poder. Se dirigió a Inglaterra y contacto con el general irlandés Richard Wright a quien encargó la tarea de reclutar mercenarios, armamento y naves de guerra para invadir Ecuador. Desde allí pasó a Francia donde trató de conseguir más apoyo para su arriesgada empresa, llegando a proponer convertir a Ecuador en una monarquía a cargo de un príncipe europeo, con él mismo como regente. Por último, en el Reino de Nápoles, el embajador español, el Duque de Rivas, escuchó sus planes de colocar un príncipe europeo al frente del país sudamericano y, desde allí, ampliar las fronteras de Ecuador hacia el sur.

La reina María Cristina de Borbón, viuda de Fernando VII y regente del Reino dada la minoría de edad de su hija la futura Isabel II, acogió con mucho entusiasmo los planes de Flores. Sonaba bien aquello de colocar en el trono de un país americano a uno de sus hijos, en este caso de su segundo matrimonio con Agustín Muñoz Sánchez, un sargento de la guardia de palacio. Un matrimonio secreto y, por supuesto, morganático, el tipo de matrimonio que se daba entre nobles y plebeyos, también llamado “matrimonio con la izquierda”, porque en este tipo de matrimonio el novio sostenía la mano derecha de la novia con la suya izquierda, cuando lo normal es hacerlo al revés. Este es uno de los pocos casos en que “el noble” era una mujer. La unión quizá hubiera podido mantenerse oculta de no ser porque la pareja comenzó a tener hijos casi de inmediato. La reina, oficialmente viuda, aparecía en los actos públicos intentando disimular sus sucesivos estados de gestación a base de utilizar amplios vestidos que ocultasen su abultado vientre -por los corrillos de palacio se decía que “la regente es una dama casada en secreto y embarazada en público”. Y bueno, con toda la ilusión de una madre que quiere lo mejor para sus hijos, la reina María Cristina también fue embaucada por Flores y desembolsó una suma importante para que su hijo Agustín Muñoz y Borbón fuese rey en América. A finales de 1846, el General Flores contaba con unos 1.500 hombres acuartelados en el puerto de Santander, y España soñaba con reconquistar algo de sus antiguas colonias.


María Cristina Borbón - Agustín Muñoz

¿En qué terminó todo esto?, pues en lo de siempre. Cada vez que aparece un tipo prepotente, con aires de libertador, nunca hay que esperar nada bueno.

En Inglaterra e Irlanda, Wright había logrado reunir dos batallones de 400 hombres cada uno y tres naves -dos barcos de vapor transformados en barcos de guerra y un tercero para el transporte de tropas y logística-. En Inglaterra, el General Flores también presentó una propuesta monárquica, en la que incluía no solamente al Ecuador sino que era una plataforma para desde allí tomar por la fuerza Perú y Bolivia. La idea que vendió a los ingleses era la de conformar un estado federado de tres reinos y compartirlo con España, tal como Inglaterra y Escocia estaban unificadas en el Reino Unido de Gran Bretaña o como las coronas asociadas en el Imperio Austríaco. A este intento se le conoce como Reino Unido de Ecuador, Perú y Bolivia, con trono en la ciudad de Quito y cuyo monarca sería el ya mencionado niño Agustín Muñoz de Borbón, a quien la Reina ya le hacía llamar: Príncipe de Ecuador y Restaurador de la monarquía en Perú y Bolivia.

Para bien o para mal, desde que se creó la diplomacia se creó el espionaje. Estos planes estaban marchando en secreto, pero algo se filtró a la embajada peruana acreditada en Londres y fue el embajador peruano Juan Manuel Iturregui quien dio la voz de alarma denunciando el plan secreto del venezolano Flores a todas las cancillerías latinoamericanas. La prensa británica desnudó de cuerpo entero a Flores, y declaró que el proyecto del venezolano era una amenaza contra los intereses económicos ingleses. Inglaterra terminó confiscando las embarcaciones de Flores que estaban prácticamente listos para zarpar. Flores, quien se encontraba en la corte de Madrid, salió rumbo a Inglaterra para defenderse y conseguir la devolución de sus barcos, pero ante la posibilidad de verse involucrado en el juicio decidió quedarse en París. Cuando estaba de regreso, los periódicos madrileños ya habían hecho pública la noticia del embargo de sus barcos, por lo que el gabinete que lo había apoyado se vio obligado a dimitir, entre otras razones por su apoyo a la descabellada aventura de instaurar una monarquía en Ecuador. Flores permaneció varios meses más en Europa, tratando inútilmente de recuperar sus naves durante la siguiente década. Esto le valió al primer presidente ecuatoriano ser reconocido por sus geniales, pero a la vez perniciosas ideas, como el “Rey de la noche”.

Después de este frustrado intento colonialista, el canciller peruano Paz Soldán dirigió una circular invitando a los Gobiernos continentales al Congreso Americano de 1847, celebrado en Lima, para elaborar un tratado de defensa continental de las naciones hispanoamericanas contra toda forma de agresión extranjera. Este objetivo se plasmó en el gran Tratado de Confederación de 1848 y constituye el precedente jurídico de los pactos de la Sociedad de Naciones, de la OEA y de la ONU.

domingo, 20 de marzo de 2016

Conflictos americanos: Conflicto del Marañón, 1941

Guerra peruano-ecuatoriana de 1941 

La Guerra Peruano-Ecuatoriana tuvo lugar entre 1941 y 1942 enfrentando a Ecuador y al Perú. Ambas naciones están en completo desacuerdo en la forma en que se originó el conflicto: 

La versión peruana de los hechos es que tropas ecuatorianas invadieron territorio peruano de Zarumilla, lo que originó una batalla que se extendió hasta una zona denominada Quebrada Seca. 

La versión ecuatoriana es que el Perú tomó como pretexto una serie de incidentes que se venían produciendo entre patrullas fronterizas de lado y lado para invadir al Ecuador, con la intención de forzarlo a la firma de un acuerdo limítrofe que fije de manera clara la frontera entre ambos países, citando la evidente disparidad de fuerzas entre ambas naciones como soporte para su argumento. Esta corta guerra fue un éxito para las fuerzas armadas peruanas. Perú había formado una unidad paracaidista en la zona e hizo uso de ella con buen resultado - el primer combate en el hemisferio en el que intervinieron tropas aerotransportadas produjo la toma de Puerto Bolívar el 27 de julio de 1941. 

Al cese de las operaciones militares a finales del mes, el Ejército del Perú, se encontraba en posesión de la mayor parte de la provincia ecuatoriana de El Oro, junto al océano Pacífico, así como de partes de la provincia de Loja y reafirmó el control peruano sobre los territorios orientales amazónicos sobre los que el Ecuador reclamaba derechos de soberanía. 

El Gobierno ecuatoriano del doctor Carlos Alberto Arroyo del Río suscribió el Protocolo de Paz, Amistad y Límites de Rio de Janeiro, el 29 de enero de 1942. 



Bombardero de ataque Northrop 8A3P peruano. Una de las 9 máquinas en servicio al estallar el conflicto. Noten el casco italiano modelo 1935 del motociclista. y el Adrian 1916 del soldado cerca del ala. 

Consecuencias 
Aunque en el Ecuador sigue estando muy difundida la creencia de que el Protocolo de Rio de Janeiro despojó a la nación de más de 200.000 kilómetros cuadrados de territorio amazónico, lo cierto es que, si se considera la línea de frontera establecida en el status quo de 1936, la diferencia territorial a consecuencia del tratado de 1942 fue de 13.480 kilómetros cuadrados (Tobar Donoso, 1945). 

Más allá de las posiciones nacionales, es necesario recordar que, como en casi todas las guerras entre las repúblicas americanas, exisitió en ésta intereses internacionales y un "fuerte olor a petróleo". 

El asunto de los intereses estadounidenses en América Latina ha sido analizado por múltiples intelectuales, y uno que destaca por su lucidez es el libro de Eduardo Galeano Las venas abiertas de América Latina. 

En el caso de la guerra Ecuador-Perú de 1941, como ha notado el geógrafo francés Jean Paul Deler (que ha trabajado en toda la región andina) en su obra Ecuador, del espacio al estado nacional, Quito, 1987: " 

Existe una notable concordancia entre el trazado de la frontera de 1942 y los límites orientales de una inmensa concesión otorgada en 1937 a una filial de la Royal Dutch Shell por el gobierno ecuatoriano, en detrimento de una filial de la Standard Oil of New Jersey. 

En efecto, tras 1941 Perú concesionó a compañías estadounidenses las zonas limítrofes hasta donde avanzaron sus tropas en aquel conflicto, y donde está ahora la frontera. 

Reaparición del conflicto Dificultades en la Demarcación Fronteriza 
Para llevar a cumplimiento la demarcación de la frontera según las instrucciones del Protocolo de Rio, ambos países formaron comisiones mixtas demarcadoras, que comenzaron la labor de colocación de los hitos fronterizos a mediados de 1942. 

Pronto, sin embargo, quedó demostrado que la labor de demarcación en sí misma se prestaba para malentendidos y encerraba ya el gérmen de posteriores conflictos. Las divergencias de pareceres entre las comisiones sobre la interpretación de las instrucciones fijadas por el Protocolo tenían dos causas fundamentales: en primer lugar, ambas naciones interpretaban de manera distinta accidentes geográficos claros y definidos, un ejemplo de lo cual fue la definición del cauce del río Zarumilla. En segundo lugar, y esto referente a la delimitación de la frontera en la región amazónica, la falta de conocimiento detallado en 1942 acerca de la geografía de grandes áreas de dicha región había obligado a los firmantes del Protocolo a utilizar fórmulas general y poco específicas, tales como "nacientes del río X" o "divortium aquarum" (divorcio o separador de aguas), fórmulas que naturalmente podían prestarse para diversas interpretaciones, de acuerdo a los intereses de cada país. 

El Ecuador y Perú veían con distintos ojos la aparición de dichos impasses: para el Perú, las protestas y reclamos ecuatorianos no eran sino una maniobra de dicho país para desconocer el Protocolo de Río y perennizar un conflicto que debía haber quedado superado definitivamente. Para el Ecuador, en cambio, las interpretaciones peruanas eran vistas como el intento del vecino del sur por trazar los límites interpretando el Protocolo de acuerdo a sus conveniencias, aprovechando para ello de su posición de país más poderoso, y amagando con hacer uso de la fuerza en caso de ser necesario. Así, el Protocolo de Rio, lejos de terminar con la vieja disputa entre ambas naciones, inauguraba un nuevo período de tensiones ecuatoriano-peruanas, caracterizado fundamentalmente por la desconfianza y el resentimiento, sentimientos que enraizaron más en el Ecuador que en el Perú, país que intentaba cerrar un frente de potenciales conflictos para concentrarse en el peligro que se consideraba como más inmediato para su seguridad nacional, las diferencias y tensiones con la República de Chile. 


Mapas de las zonas en litigio 


El divortium aquarum: La demarcación se suspende indefinidamente 

Como quiera que fuese, las comisiones demarcadoras fueron realizando su labor, y reportando ante los garantes del Protocolo las discrepancias a medida que éstas iban surgiendo. De esta manera, varias divergencias fueron superadas mediante la intervención del canciller de Brasil, Oswaldo Aranha, dejándose otras en manos del capitán Braz Dias de Aguiar, también brasileño, quien dio solución a otro grupo de impases con un arbitraje emitido el 14 de julio de 1945. Entre los fallos emitidos por Dias de Aguiar se encontraba uno referente al trazado de la línea en las inmediaciones de la confluencia de los ríos Santiago y Yaupi. 

La divergencia más importante, sin embargo, surgiría con la aplicación de las instrucciones contenidas en el artículo VII del Protocolo, en su literal (a), numeral (1), el cual rezaba: 

De la quebrada de San Francisco, el divortium aquarum entre el río Zamora y el río Santiago, hasta la confluencia del río Santiago con el Yaupi. 

La razón para la utilización del término no muy preciso de divortium aquarum en esta sección del documento se debía a que, al momento de la firma del Protocolo, se tenía escaso conocimiento de la geografía de la región aludida, lo que impidió hacer uso de nombres específicos de ríos o quebradas, como sí se lo hacía en el resto de literales. Con el fin de procederse a la demarcación del sector, las Partes solicitaron a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, en tanto que país Garante, elaborar un mapa aerofotogramético de la región, el cual fue entregado oficialmente a cada una de las partes en febrero de 1947. Paradójicamente, dicho mapa, lejos de dar las herramientas para el rápido cierre de la frontera en el sector aludido, fue en sí mismo el causante de un impase aún mayor. 

Una declaración polémica: la "nulidad" del Protocolo 
El desastre militar de 1941 y la firma del tratado de paz del año siguiente dejaron una huella profunda en el proceso histórico ecuatoriano. El sentimiento de humillación nacional, agudizado por divisiones internas que sacaban a la luz acusaciones de cobardía de parte del Ejército durante la invasión peruana, y de traición a la Patria de parte de los diplomáticos y políticos que firmaron el Protocolo de Rio de Janeiro, dio paso a un deseo latente de revanchismo y de reivindicación, que se habían hecho ya patentes en 1948 con la decisión unilateral por parte del Ecuador de suspender el proceso de demarcación de la frontera, y que se resumían de manera cabal en la frase que se convirtió en un estribillo nacional coreado por los actores políticos ecuatorianos de las más diversas ideologías. 

El Ecuador es, fue y será País Amazónico 
En un país carente de conciencia nacional desde su misma fundación en 1830, y rasgado por el intenso regionalismo y la rivalidad entre las ciudades de Quito -ciudad capital-, y Guayaquil, -núcleo económico de la nación-, el antiperuanismo pasó a convertirse en el único polo de atracción capaz de unir a todos los ecuatorianos. 

Aunque en el Perú nunca llegó quizá a enraizar un sentimiento generalizado de antiecuatorianismo -a excepción hecha de Iquitos y las regiones nororientales colindantes con el Ecuador, paradójicamente los mismos territorios sobre los que el Ecuador insistía en reclamar como suyos-, su propio proceso histórico contribuyó a perpetuar el ambiente de conflicto permanente. En efecto, la guerra del Pacífico con la República de Chile, que trajo aparejada una humillante y dolorosa ocupación de Lima, y la posterior pérdida de territorios a consecuencia de la firma de la paz, influyeron de manera no poco importante en las futuras relaciones del Perú con su "problemático" vecino del norte. 

Ya la guerra de 1941 con el Ecuador, que trajo aparejada la invasión y ocupación temporal de la provincia ecuatoriana de El Oro, había servido a sus fuerzas armadas como una reivindicación simbólica del desastre nacional de 1879-1884. Posteriormente, la recalcitrante negativa ecuatoriana al cierre de la frontera en el sector disputado de la Cordillera del Cóndor, sin previa revisión del tratado, fue interpretada por el Perú como una intentona artera, por parte del Ecuador, de querer desconocer un convenio internacional debidamente firmado por ambos países, y ratificado por sus respectivas legislaturas. A la luz de sus dolorosas experiencias con Chile, el Perú se negó a considerar cualquier revisión al Protocolo, y adoptó la política de que, firmado el Protocolo, con el Ecuador "no había ningún asunto fronterizo pendiente de resolver". 

La combinación de las actitudes ecuatorianas y peruanas traía consigo el gérmen de posteriores enfrentamientos no sólo diplomáticos, sino también militares. El Ecuador, sus protestas desoídas tanto por parte del Perú como de los países garantes, se encaminó por una senda peligrosa: la de infundir en el país un sentimiento de inconformidad, clamando el derecho a una reivindicación nacional, simbolizado a través del intento de buscar una "salida soberana" al río Amazonas, concepto que de por sí implicaba el derecho a exigir, cuando menos, un corredor de tierra hacia el río Marañón. 

El Perú, por las razones arriba mencionadas, adoptó una actitud cada vez más intransigente, en la que fue primando el concepto de que la única manera de tratar con el Ecuador consistía en hacer uso de la fuerza. Cualquier intentona ecuatoriana de "infiltrarse" en territorios vistos como legítima e indiscutiblemente peruanos sería, en adelante, solucionada rápidamente por la vía de las armas. 

El siguiente paso era apenas cuestión de tiempo, o de personalidades. En 1960, el presidente ecuatoriano Dr. José María Velasco Ibarra declaró de manera sorpresiva que el Protocolo de Rio de Janeiro no sólo era inejecutable sino que era "nulo de nulidad absoluta", porque había sido impuesto bajo coerción y con presencia de fuerzas militares peruanas en suelo ecuatoriano. 

Según la administración de Velasco Ibarra y posteriores análisis, los problemas del tratado eran los siguientes: 

Que el protocolo no era ejecutable, dado que uno de los puntos del mismo no concordaba con la realidad geográfica de la zona: Específicamente que no hay un solo divortium aquarum entre el Zamora y el Santiago sino dos: uno entre el Zamora y el Cenepa, y otro entre el Cenepa y el Santiago. Más aún, en tanto que no se había mencionado a la Cordillera del Cóndor en ninguna parte del artículo séptimo del Protocolo, no existía razón de fuerza para considerarlo indiscutiblemente como el divortium aquarum al que se hacía referencia. 
Que fue firmado mientras tropas Peruanas ocupaban territorio Ecuatoriano. 
Que la conquista de territorio por la fuerza está en contra de la ley internacional. 
Por falta de cumplimiento de ciertas disposiciones en cuanto a navegación por ríos de la Amazonía. 
Sin embargo tal declaración produjo poco impacto en la comunidad internacional, y el tratado siguió siendo tenido por válido por el Perú y los cuatro países garantes del mismo, Argentina, Brasil, Chile y los Estados Unidos). Hecha la declaración, era poco lo que posteriores gobiernos ecuatorianos podían hacer al respecto. Ningún gobierno ecuatoriano abjuró oficialmente del Protocolo de Rio de Janeiro ni ante el Perú ni ante ningún organismo internacional. No se puso en tela de duda la legitimidad de los hitos ya colocados, ni se desconoció la calidad de garantes de los Estados Unidos, Argentina, Brasil y Chile, aunque eufemísticamente se los pasó a denominar "países amigos" en vez de "países garantes".


Zarumilla-Marañón: El breve conflicto de 1941 entre el Ecuador y el Perú 
En Julio de 1941, un conflicto latente entre dos naciones Sudamericanas estalla, cuando una patrulla ecuatoriana abre fuego sobre Guardias Civiles peruanos en un paraje llamado Brumador, un viejo cauce del rió Zarumilla. El balance de fuerzas, capacidades, población y recursos se inclina obviamente hacia el Perú, país que a fines de la década de 1930 contaba con una superficie de 1.2 millones de km2 y una población de 6,6 millones de habitantes, las entradas del fisco sumaban unos 31 millones de dólares anuales; y desde 1935 al menos el 25% de dichas entradas fue dedicada a la modernización y expansión de las fuerzas armadas 

 
Tanque THN38 P. Unos de 24 vehículos de este tipo utilizaba el Ejército peruano. (foto: cortesía Jorge Souto) 

]Estos tanques, de un modelo considerado como el mejor en su tipo a fines de la década de 1930 habían llegado al país a fines de 1938. Previamente, el ejercito peruano había recibido seis tractires Latil UE armados con ametralladoras Maxim de cal. 7,65 mm . Dicho tractor era una versión francesa, fabricada bajo licencia, de la tanqueta Vickers Carden Lloyd Ml VIb adquirida por Bolivia y Chile a comienzos de esta década. Luego de la amarga experiencia sufrida en 1933 frente a Colombia, el gobierno peruano presto singular atención a las necesidades de las fuerzas armadas. El ejército peruano, vio doblar sus efectivos, que en 1940, en vísperas del conflicto, sumaban 15.723 hombres, de los cuales alrededor de 8.000 se hallaban distribuidos en bases y destacamentos a lo largo de la frontera con el Ecuador. El equipo disponible consistía de unos 77.000 fusiles y carabinas Máuser cal. 7,65, entre los que se incluían el mod. 1909, y alrededor de 16.000 mod. argentino 1891, 140 moteros Stoke-Brandt de 60 y 81 mm, 16 piezas de artillería A.A. Semag y Masen mod, 1935 de 20 mm, y a 56 piezas de artillería de montaña y campaña, las mas modernas de las cuales eran unas pocas baterías de obuses de 105 mm Schneider mod. 1928, y de casi omo cañones Arisaka mod 1905 de 75 mm de campaña, y piezas anti-tanque de fabricación japonesa de 37 mm adquiridos en las postrimerías del conflicto con Colombia. En caso de guerra, el Perú podría movilizar 1350.000 reservistas entrenados y asimismo contar con 400.000 reservistas sin entrenamiento. La marina de guerra contaba con dos viejos cruceros livianos de 3200 toneladas cada uno, el "Coronel Bolognesi" y el "Almirante Grau", con un armamento de 2 cañones Vickers de 152 mm L.50, 6 x 76,2, 2 x 80 mm A.A., 2 x 20 mm A.A. y dos tubos torpederos de 45cm. La eficiencia de estos buques, construidos en Inglaterra en 1906 era cuestionable. La flota incluía a dos antiguos destructores de la marina de guerra Zarista construidos durante la 1a. Guerra Mundial, que fueron adquiridos en Estonia al agravarse la disputa de Leticia, 4 submarinos de construcción estadounidenses, 7 cañoneras fluviales, y tres cañoneras menores. Las unidades de la flota eran anticuadas, y se hallaban en condiciones de mantenimiento y eficiencia a las que el agregado naval de los EEUU clasifico como de "mediocre". 

Como hemos de ver próximamente, el CAP (Cuerpo de Aviación del Perú), era una fuerza de relativa importancia en el contexto militar sudamericano. En cuanto a eficiencia y entrenamiento, los agregados militares de EEUU la clasificaban en tercera posición en Sudamérica, después de las fuerzas aéreas de la Argentina y el Brasil. El CAP contaba con 205 pilotos y 3607 hombres, y como hemos de ver, una importante flota que en cantidad solo era superada el Comando De Aviación del Ejército argentino.




Tanque THN38 en acción  
 
Soldados del Agrupamiento El Algarrobo, los fusiles me queda claro que son Mauser, la ametralladora es una 
Hotchkliss mod. 1914.

Piezas AA Breda de 20mm tomadas al Ecuador 

Northrop 8AP  
 
Escuadrilla Caproni CA 310 y Northrop 8A 
 
Caproni CA 135 

Material aéreo del Agrupamiento Norte 


Fuente
Enciclopedia Wikipedia 
Foristas Brunner y Mangosta15

jueves, 28 de enero de 2016

SGM: El problema de llamarse Hitler

Mi nombre es Hitler (y el de mi hermano es Lenin)
Mucha gente me dice que, en mi situación, se cambiaría el nombre de inmediato

Samuel Sanchez EL PAÍS


GIOVANNI HITLER CANDO  24/01/2016 - 09:08 CET

En un pueblo ecuatoriano se produjo un hecho insólito: Hitler, Lenin y Bolívar compartieron casa durante un tiempo. Hitler soy yo, ya que mi padre lo escogió como mi segundo nombre. Lenin es mi hermano menor, cuyo nombre completo es Lenin Helen (sí, su segundo nombre es femenino). Y Bolívar era mi padre, un comerciante con nombre de libertador y un gusto inexplicable para los nombres.

Mi padre se marchó de nuestra casa cuando yo tenía dos años (por si no había tenido suficiente con bautizarnos así), por lo que tampoco tuve la oportunidad de preguntarle por qué lo hizo. Desde luego, el nombre de mi hermano desmiente que me llamara Hitler por razones ideológicas. Posiblemente le resultara divertido asistir a las riñas domésticas entre Hitler y Lenin, como si así tuviese el don de reescribir cada día la historia del siglo XX.

De niño no le concedía importancia a mi nombre. En España es un nombre muy poco habitual. En su página web, el Instituto Nacional de Estadística registra la frecuencia de los nombres. Por ejemplo, 87 personas se llaman Lenin. 65 se llaman Bolívar. Pero si buscas el nombre de Hitler en su base de datos, encontrarás el siguiente mensaje: "No existen habitantes con el nombre consultado o su frecuencia es inferior a 20 para el total nacional". Sin embargo, en Ecuador es otra historia. Entre los 4.000 habitantes de Huigra, mi pequeño pueblo, había otro chaval que se llamaba Hitler.

No sé lo que pensarán en Alemania de un pueblo como el mío, pero sí puedo describir la cara de sorpresa que se les queda a los policías cuando llego a un aeropuerto alemán. Estuve en Alemania visitando a mi suegra, que también es ecuatoriana y vive en Bonn. En aquella ocasión, la policía buscó a un traductor que me hizo preguntas sobre mi nombre. Yo les respondía que qué culpa tengo yo de llamarme Hitler. También me preguntaron si era consciente de quién era Hitler. ¡Cómo no iba a ser consciente!

Lo sé desde las lecciones de Historia en mi colegio. Se me quedó grabado el momento en que me hablaron sobre las torturas que llevó a cabo. Pero, a bote pronto, yo diría que el nombre de una persona no determina su personalidad. Yo no pienso como Hitler ni me siento identificado con su figura: la gente que me conoce lo sabe. Aunque luego pienso en mi hermano Lenin, que ahora vive en Elche e hizo campaña en la familia por el voto a Podemos...



Eso sí, quienes no me conocen siempre se sorprenden al leer mi nombre. A estas alturas ya me resulta gracioso ver sus esfuerzos por contenerse y aparentar normalidad. El otro día fui a hacerme el abono de transportes, entregué al empleado mi identificación y ahí estaba otra vez ese gesto de asombro contenido, esas ganas de levantarse corriendo y contárselo a sus compañeros oficinistas. Pero, por lo general, no creo que mi nombre haya tenido repercusiones prácticas en mi vida, ya sea buscando trabajo o cosas así. Ahora estoy en paro, sí, pero estuve trabajando catorce años en una empresa de construcción madrileña.

El mundo de la construcción es muy dado al cachondeo, así que mis compañeros me saludaban al grito de "Heil!". Nunca llegó a ofenderme, porque sé que lo hacían como diversión. Y, además, el hecho de tener dos hijos me ha permitido vengarme. El mayor se llama Hugo Chávez y el pequeño Kim Jong-un. Es broma, por supuesto. Mis hijos se llaman Adrián Giovani (de 24 años) y Bryan Andrés (de 15 años). Elegimos esos nombres porque nos gustaban, como hacen todos los padres del mundo a excepción de los de Huigra.

Y ahora sí que voy a ponerme serio, porque mis hijos son lo más importante que tengo. Llevaba poco tiempo en Madrid, a donde llegué hace más de veinte años, cuando realizaba unos trabajos delante de un edificio imponente.

-¿Qué es ese edificio? –le pregunté a mi compañero.

-Un colegio -me respondió.

-Ojalá pueda llevar ahí algún día a mis hijos –le dije mirando al infinito.

-Jajajajaja. Jamás lo conseguirás –se mofó de mí.

Pues bien, muchos años después, y gracias a un convenio, mis hijos se convirtieron en alumnos de aquella escuela. Para lograrlo, en mi familia hemos tenido que luchar mucho. Cuando llegamos a España no había tantos ecuatorianos y las cosas han sido muy difíciles.

Recuerdo aquella Nochevieja en que me subí a un taxi en Madrid. Iba con mi esposa y con mi hijo mayor. Nada más abordarlo, el taxista nos hizo bajar al grito de "sudacas de mierda". Ahora pienso que si ese taxista hubiese sabido mi segundo nombre, igual incluso habría bajado a abrirme la puerta. Rescato esta anécdota para ilustrar que mi vida ha estado marcada por mi condición de inmigrante antes que por cargar con el nombre de un genocida.

Por supuesto, mucha gente me dice que, en mi situación, se cambiaría el nombre de inmediato. Aunque engorroso (por la cantidad de papeles que tengo a mi nombre) sería bastante sencillo hacerlo: bastaría con acudir al Registro Civil o con mandar una carta certificada. Sin embargo, yo no tengo problemas con llamarme así. A mis 43 años, la gente sabe que mis inclinaciones políticas son honestas y que lo de mi segundo nombre no es más que una anécdota. Mi personalidad no está en mi nombre, sino en mi día a día.

martes, 17 de junio de 2014

Anecdotario histórico argentino: Brown envuelto en la bandera

Una hazaña de Brown 

El 22 de enero de 1816, el Comodoro Guillermo Brown y el capitán Hipólito Buchard, que navegaban en común, atacaron con 4 navíos el puerto de Callao, y tres semanas después se presentaban ante Guayaquil, primer astillero del Pacífico. 
En medio de la acción, que era favorable a los patriotas, una recia ráfaga del norte, que coincidió con la bajante de la marea, arrebató al bergantín Trinidad que fué a varar cerca de la playa. 
El Comodoro se lanzó al agua tratando de alcanzar la goleta para acercarla al Trinidad y cubrirla con sus fuegos. Pero la nave había sido ya abordada por una columna de infantería y se vió precisada a arriar su bandera para salvar la vida de sus últimos tripulantes, pero el furor del enemigo no se apaciguó a pesar de que el acto de rendición así se lo exigía. 
Brown, al ver la matanza, regresó y, tomando un machete y un fanal encendido en la otra mano, se dirigió desnudo como estaba a la santa bárbara, amenazando que haría volar a todos si no se respetaban las leyes de la guerra. 
Esta actitud decidida del marino inglés surtió efecto y poco después, recibía la palabra de honor del gobernador, de que se trataría a todos como prisioneros de guerra. 





Al desembarcar, no quiso el futuro vencedor de Juncal, abandonar su bandera y, como no encontraba otra vestimenta, pues la nave había sido saqueada, se envolvió en ella y así atravesó rodeado de sus valientes las calles de la ciudad, hasta los cuarteles adonde lo conducían. 
Al pasar ante la multitud, un realista dijo: 
—¡De dónde es el pirata? ¿Cuya la bandera? 
Y alguien le contestó a su espalda, desapareciendo luego: 
No es un pirata, es un insurgente. La bandera es de un pueblo libre.