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domingo, 28 de mayo de 2017

Conflictos americanos: La guerra de las 100 horas (4/6)

La Guerra de las 100 Horas (Parte 4) 
 

por Mario A. Overall | 20-Apr-04 


C-47 “FAH-304” de la FAH

5. La Respuesta Hondureña (15 de Julio) 
En los primeros minutos del día 15, los mecánicos de la FAH empiezan a instalarle rieles de carga en el piso al C-47 “FAH-304”. Poco después, la sección de carga del avión recibía 18 bombas de 100 libras. Tal y como sus contrapartes Salvadoreños lo habían hecho, el venerable transporte era convertido en bombardero improvisado. El ansiado golpe que el Coronel Soto Cano quería darle a la Fuerza Aérea de El Salvador está materializándose. El presidente López Arellano le ha autorizado realizar solamente un ataque, el cual va a ser ejecutado por el C-47, sin embargo el Coronel Soto Cano tiene en mente realizar tres, por lo que ordena a los pilotos de los F4U en Toncontín y en La Mesa que se preparen. 
A eso de la 01:50 de la mañana, el “FAH-304” finalmente despega de la pista de Toncontín, y en medio de la obscuridad enfila hacia San Salvador. Sin embargo, pocos minutos después se ve forzado a regresar debido a fallas en sus sistemas. A su regreso, los rieles de carga le son removidos rápidamente y trasladados a otro C-47, en éste caso el “FAH-306”. Igual sucede con las 18 bombas, que una a una, son cargadas por los mecánicos a dicho avión. Cerca de las 03:30 el “FAH-306” despega de Toncontín y mientras asciende hasta los 10 mil pies, enfila hacia San Salvador. 

El piloto del C-47 Hondureño, Capitán Rodolfo Figueroa, debía confiar en sus cálculos de tiempo y distancia para llegar a su blanco. En aquellos dorados tiempos se carecía de lujos como el sistema de posicionamiento global –GPS- y para empeorar las cosas, los servicios de radioayuda Salvadoreños no estaban funcionando a la hora en que se inició la misión, por lo que sí Figueroa cometía errores en la navegación, podía acabar en cualquier parte menos en donde pretendía. Finalmente, al llegar sobre San Salvador, la tripulación se da cuenta de que la ciudad esta en obscuras. Sin poder ubicar visualmente el aeropuerto de Ilopango, el cual era su objetivo, el piloto se confía en sus cálculos y al considerar que está sobre el blanco, ordena que las bombas sean lanzadas. En menos de 4 minutos, las 18 bombas son lanzadas al vacío, haciendo varias pasadas sobre lo que suponían era el blanco. A su regreso, Figueroa reporta que había escuchado las explosiones de las bombas poco antes de retirarse del área, sin embargo, posteriores reportes decían que ni una sola de las bombas había caído cerca de Ilopango, ni siquiera en sus inmediaciones. De hecho, esta incursión ha sido puesta en duda por historiadores Salvadoreños, ya que esa noche no hubo reportes de bombas cayendo en ningún sitio cercano al aeropuerto o la ciudad. De allí que se especula que las bombas cayeron en el lago de Ilopango o en el mar, que al decir verdad, están un poco retirados del aeropuerto. 

A las 04:30 tres cazas F4U-5N y un F4U-4 de la FAH despegan de Toncontín y rápidamente se dirigen a El Salvador. Su misión es ‘rematar’ el ataque a Ilopango supuestamente realizado por el C-47 “FAH-306” horas antes, y de paso, también atacar el puerto de Cutuco, en el departamento de La Unión. Los líderes de las escuadrillas son los Mayores Oscar Colíndres y Fernando Soto Henríquez. 

Mientras los cazas Hondureños volaban hacía su objetivo, un FG-1D y un Cavalier Mustang de la FAS despegan de Ilopango con la misión de atacar de nuevo Toncontín. Los adversarios estuvieron muy cerca de verse, pero esto simplemente no sucedió. Han circulado versiones sobre que los pilotos Salvadoreños ubicaron a los cazas Hondureños mientras estos se dirigían a Ilopango, y que pidieron autorización para soltar sus bombas y lanzarse en su persecución. Sin embargo, posteriores investigaciones revelarían que en ningún momento los pilotos de ambas escuadrillas estuvieron cerca de verse. 

En todo caso, los cazas Hondureños logran llegar a Ilopango en donde arrojan cuatro bombas, de las cuales una cae en la encrucijada de las pistas norte-sur y este-oeste abriendo un agujero en el pavimento, la otra cae a 500 metros de la terminal aérea sin que se produjera una explosión, la tercera lo hace entre dos hangares vacíos en donde destruye un camión cisterna y causa daños a dos motores embancados pertenecientes al único cuatrimotor de la FAS (DC-4M) por esa época y al área de oficinas del hangar adyacente al impacto. La cuarta bomba definitivamente yerra el blanco, pues nunca fue encontrada ni se sabe de su explosión, al menos dentro del aeropuerto de Ilopango. Como era de esperarse, el ataque Hondureño se realizaría en medio de fuerte fuego antiaéreo, hasta el punto de que los pilotos se verían en la necesidad de hacer las pasadas de bombardeo a 9000 pies, mucho más alto de lo requerido. 

En contraste, fuentes de inteligencia de los Estados Unidos (Air Section de la USAF en El Salvador) reportaban daños a un C-47 y un Cavalier Mustang dentro de un hangar luego del ataque. Sin embargo, el historiador Salvadoreño Marco Lavagnino nos dice: “... El daño provocado a las Instalaciones de Ilopango no alcanzó ningún avión, todos los C-47 y todos los F-51 Mustang están bien documentados y no falta ninguno después de ese día sin que haya explicación.” 

Lo que posiblemente podría explicar el confuso reporte de inteligencia Norteamericano al respecto de éstos aviones dañados en Ilopango, es la presencia de los restos de un Cavalier Mustang que se había accidentado en Octubre de 1968, los cuales habían sido guardados en uno de los hangares, esto con el fin de usarlos como fuente de repuestos para el resto de la flota. 



Pero las confusiones sobre éste episodio no se detienen allí: Fuentes Salvadoreñas aseguran que al menos dos Cavalier Mustang despegaron en medio del ataque e hicieron frente a los F4U Hondureños, lo cual simplemente no ocurrió, básicamente por que la mayoría de Cavalier Mustang estaban regresando de sus misiones sobre Honduras o bien habían sido dispersados a la pista ubicada en la isla Madresal. Quizás la prueba más contundente de que no despegaron aviones Salvadoreños durante el ataque a Ilopango es que minutos después, los Hondureños descendían sobre el puerto de Cutuco, atacándolo con sus cañones y rockets, virtualmente sin oposición aérea alguna. Cabe decir que éste ataque produce varios incendios en los depósitos de asfalto del mencionado puerto, provocando las espectaculares humaredas que tanto llamaron la atención a los medios que cubrían los hechos. Así mismo, resultaron con algunos daños las instalaciones para el almacenamiento temporal de combustible. Como nota curiosa, de las instalaciones de Cutuco salían considerables cantidades de combustibles para abastecer a otros países del área, incluyendo –irónicamente- a Honduras. 

Sin embargo, el abastecimiento de combustible para los aviones de la FAH y los vehículos del Ejército Hondureño no se vería comprometido durante la guerra, ya que se había optado por adquirirlo en Belice y Nicaragua, de donde era transportado por los aviones de SAHSA y TAN. Por aparte, poco antes del comienzo de la guerra, el gobierno de Honduras había retirado la totalidad de su cuota de combustible del puerto de Cutuco, usando para el efecto camiones cisterna. El presidente de El Salvador, General Fidel Sánchez Hernández, fue advertido por su Estado Mayor sobre este inusual acontecimiento, y se le pidió no autorizar el despacho del combustible. Sin embargo el presidente se negó a tomar la decisión ya que prácticamente eso equivalía a un acto de guerra y evidentemente aún no se iniciaban las hostilidades. 

Mientras se efectuaba el ataque a Cutuco, cuatro F4U-4 Hondureños que habían despegado del aeropuerto de La Mesa, iniciaban su propio ataque contra los depósitos de combustible en el puerto de Acajutla, sin encontrar oposición por parte de los Salvadoreños, ya que las baterías antiaéreas, que habían sido emplazadas en las colinas circundantes, habían sido cambiadas de ubicación siguiendo órdenes del Estado Mayor. El ataque al puerto las había sorprendido en plena movilización. 

Por su parte, los aviones Hondureños, utilizando sus rockets y ametralladoras, logran incendiar algunos de los tanques de gasolina y diesel los cuales provocan impresionantes columnas de humo. Milagrosamente, los depósitos de gas propano no son dañados durante el ataque, evitándose así una grave tragedia que hubiera tenido como resultado la destrucción total del puerto y las poblaciones aledañas. Sin embargo, de 180,000 barriles de diversos combustibles que en ese momento se almacenaban en las instalaciones, se perdió aproximadamente el 20%, ya que el resto se logra evacuar por el sistema de protección contra incendios con que contaba el puerto, luego se almacenaría en nuevos tanques y posteriormente se refinaría de nuevo. 
El ataque a Acajutla tampoco representó un peligro para el abastecimiento de combustible de El Salvador. Si bien las reparaciones a la refinería y demás instalaciones tomarían más de un año, el gobierno Salvadoreño optaría por modificar el método de abastecimiento, ya que los barcos anclaban directamente en el puerto y no a las terminales marítimas como solía hacerse, permitiendo que los camiones cisternas cargaran directamente el combustible desde el barco. De hecho, los camiones cisterna, debidamente camuflados, incursionarían incluso dentro de territorio Hondureño en la zona de El Amatillo, Teatro Operaciones Chalatenango y Ocotepeque, con el objetivo de abastecer a las Fuerza Salvadoreñas operando en esos sectores. 

Durante el regreso al aeropuerto de La Mesa, el F4U-4 “FAH-617”, piloteado por el Capitán Walter López, empieza a perder combustible de forma alarmante. El silencio de radio se rompe cuando los pilotos de la escuadrilla conferencian sobre el problema. Se decide que continúe volando con la esperanza de alcanzar su base antes de que se le termine el combustible. Sin embargo, el indicador del tanque en uso sigue su marcha inexorable hacia la posición de “vacío”, mientras que la visibilidad se reduce sobre el aeropuerto de La Mesa. Poco después, López decide internarse en territorio Guatemalteco. De esa forma, el “FAH-617” realiza un aterrizaje de emergencia en la pista de la finca “El Pilar”, cercana al poblado de Morales en el Departamento de Izabal. Horas después, arribaría a la finca un C-47 de la Fuerza Aérea Guatemalteca trayendo mecánicos y al Capitán Leonel Solís, quien sería el encargado de llevar el “FAH-617” a la Ciudad de Guatemala, luego de que se le efectuaran las reparaciones pertinentes. El Capitán López también sería llevado a la Capital Guatemalteca, en donde permanecería –junto con su avión- hasta el final de la guerra. 

Existen versiones, principalmente de fuentes Salvadoreñas, que mencionan la presencia de un carguero de nacionalidad israelí anclado en Acajutla, el cual, al verse amenazado durante el ataque Hondureño, comienza a hacer fuego con sus propias armas antiaéreas, provocándole daños al avión “FAH-617.” Sin embargo ninguno de los pilotos Hondureños que participaron en la misión recuerda algo semejante. 

A eso de las 06:00 AM, el FG-1D y el Cavalier Mustang Salvadoreños que habían partido de Ilopango, finalmente llegan a Toncontín. Volando extremadamente bajo, los dos aviones han logrado evadir a un T-28 artillado que sobrevolaba Tegucigalpa, precisamente previniendo cualquier incursión. Al estar sobre su objetivo, El Cavalier Mustang, piloteado por el Capitán Girón Cortéz deja caer dos bombas, de las cuales una estalla en un campo baldío adyacente a la pista y la otra en un camino pavimentado cercano. Por su parte, el FG-1D deja caer sus bombas muy cerca del portón que de la calle conduce a los hangares. Luego ambos aviones realizan pasadas de ametrallamiento contra la fachada de la Escuela Militar de Aviación, los hangares y la terminal aérea, pero sin causar mayores daños. 

En medio del ataque, el T-28 “FAH-212” que volaba sobre Tegucigalpa, piloteado por el Subteniente Roberto Mendoza Garay, es alertado y rápidamente se dirige a Toncontín para tratar de darle caza a los aviones Salvadoreños. Casi simultáneamente, un F4U-5N de la FAH, piloteado por el Teniente Coronel José Serra, que despegaba para ir a reemplazar al T-28, mira que le pasa a un lado el FG-1D e inmediatamente maniobra para colocarse detrás de él. Sin embargo los cañones de su avión se traban y se ve forzado a retirarse. El piloto del Cavalier Mustang, volando a cierta distancia detrás del FG-1D, observa que el F4U-5N ha logrado despegar, por lo que rompe violentamente sobre la pista y escapa, poniendo proa hacia El Salvador. Segundos después, el FG-1D es alcanzado por los disparos del T-28 del Subteniente Mendoza, provocando que éste también emprenda la huída, dejando una larga estela de humo. 

En Toncontín, todo el mundo cree que el FG-1D ha caído cerca de Comayagüela. Más tarde, un grupo de soldados es enviado en su búsqueda, pero se encuentran con los testimonios de algunos de los pobladores sobre que, efectivamente, habían visto un avión echando humo y volando bastante bajo, pero que después se había elevado en dirección Sudoeste. Poco después aquél FG-1D Salvadoreño, piloteado por el Capitán Reynaldo Cortéz, aterrizaba en Ilopango donde se le repara un cable cortado de la batería (que Había provocado un cortocircuito y la ‘famosa’ estela de humo), reposta combustible y despega en corto tiempo con rumbo a su base de dispersión asignada. 

Luego de los ataques estratégicos de la FAH sobre El Salvador, el presidente Hondureño toma la decisión de prohibir cualquier otra operación similar, hasta el punto de ordenarle al Coronel Soto Cano que sus pilotos no deben ingresar –por ningún motivo- a territorio Salvadoreño, y así no comprometer el esfuerzo diplomático de declarar a El Salvador como agresor. 

Por su parte, la infantería del Ejército Salvadoreño en el teatro oriental empezaba a movilizarse hacia Honduras muy temprano en la mañana, atravesando el puente de El Amatillo hasta ubicarse frente a las pocas tropas Hondureñas que conformaban la primera línea de choque. Como se ha mencionado anteriormente, las posiciones Hondureñas había sido hostigadas con fuego de artillería durante el atardecer del día 14 y parte de la noche del día 15, pero con pobres resultados, siendo necesario movilizar al Escuadrón de Caballería motorizada y las piezas de artillería hasta posiciones dentro de Honduras con el objetivo de ‘martillar’ a las tropas Hondureñas con más exactitud. De allí que los tanques y cañones Salvadoreños debieron atravesar el puente de El Amatillo en una riesgosa maniobra que los había puesto momentáneamente en una situación vulnerable. 

El alto mando Salvadoreño esperaba la mayor resistencia por parte del Ejército de Honduras en el teatro oriental, ya que era la vía más directa para amenazar y comprometer a Tegucigalpa en caso fuera necesario. Sin embargo, el avance Salvadoreño se empieza a concretar sin mayor oposición, ni siquiera de la FAH, por lo que las tropas reciben ordenes de avanzar hasta tomar las poblaciones de Alianza, Goascorán, Aramecina, Caridad y Langue, con el objeto de establecer allí sus líneas defensivas. 
Cerca de las 8:00 AM, finalmente la FAH toma cartas en el asunto, y tres F4U-5N parten de Toncontín hacia el sector de El Amatillo. Luego de la revisión reglamentaria de sus armas, de nuevo se determina que a uno de los aviones no le funcionan los cañones, por lo que se le ordena regresar. Los otros dos F4U-5N continúan el vuelo hasta alcanzar el área de operaciones, y sin pérdida de tiempo inician ataques sobre las posiciones Salvadoreñas, utilizando fuego de cañones, rockets y bombas de 100lbs. Sin embargo el efecto es poco menos que nulo, pues las tropas Salvadoreñas siguen avanzando. Los aviones de la FAH tendrían trabajo para largo en dicha área, y de hecho, se realizarían innumerables misiones de apoyo a tropas a lo largo de todo el día, principalmente en las márgenes del río Goascorán. 

Mientras esto sucedía, dos C-47s de la FAS procedentes de Ilopango, bombardean las posiciones Hondureñas ubicadas en las rutas de acceso a Nueva Ocotepeque y áreas aledañas con el objeto de ablandar el camino para las fuerzas invasoras. Por su parte, las tropas Salvadoreñas en los teatros Norte y de Chalatenango inician su avance hacia Honduras, saliendo de Cítala por la franja Oeste del río Lempa hasta ubicarse en la cubierta del flanco izquierdo de la fuerza de ataque, luego el Primer Batallón prácticamente sobre la carretera que va a Nueva Ocotepeque y finalmente el Octavo batallón cubriendo el flanco derecho. Una cuarta columna, la de la Guardia Nacional, incursiona más al Este saliendo de Las Pilas. Los combates más intensos en este frente ocurren en la quebrada de Ticante, donde las tropas Salvadoreñas encuentran feroz resistencia por parte de los Hondureños. Sin embargo, la diferencia en ese punto la hacen los obuses de 105mm del Ejército Salvadoreño, que logran abrir espacios para el avance de las tropas hacia Nueva Ocotepeque, el poblado Hondureño que era su objetivo principal. Durante las primeras horas de la mañana, se reportan las siguientes misiones de la FAS: un FG-1D ataca posiciones de infantería en Alianza, dos FG-1D atacan posiciones en Aramecina; mientras que en la zona de Nueva Ocotepeque se reporta el ataque de un Cavalier Mustang a posiciones en El Platero. 
Luego de que el avance en los dos frentes se concreta, y a pesar de que la invasión a Honduras no era considerada como una guerra de “colonización”, el alto mando del Ejército de El Salvador nombra a los Coroneles Ramón A. Navas y César A. Mendoza como “Gobernadores Militares” de Nueva Ocotepeque y Goascorán respectivamente. Esta sorpresiva acción dio pie a acusaciones contra el gobierno Salvadoreño de aquella época, en relación a los verdaderos motivos para haber iniciado el conflicto, y de paso dándole validez a las hipótesis de que en realidad lo que se buscaba era la ocupación de Honduras, aún a pesar de la falta de recursos para la realización de tan descabellada idea. 

 

Cerca de las 8:00 AM, cuatro F4U-4 de la FAH parten de La Mesa con la misión de ayudar a detener el avance Salvadoreño hacia Nueva Ocotepeque. Los emplazamientos de artillería y nidos de ametralladora son atacados eficientemente, pero no logran detener el avance de las tropas. Uno de los F4U, el “FAH-615” piloteado por el Coronel Marco Tulio Rivera, mientras sale de una pasada de ametrallamiento sobre posiciones Salvadoreñas ubicadas en las inmediaciones del poblado de Citala, avista a uno de los C-47 de la FAS (“FAS-101”, piloteado por el mayor Sigfredo Velasco y capitán Adrián Panameño) que minutos antes habían bombardeado las posiciones Hondureñas en el sector. Sin perder un segundo, el Coronel Rivera decide atacarlo, logrando hacerle varios impactos en un motor y en el fuselaje. El C-47, sin embargo, logra escapar. Más tarde se sabría que el avión a duras penas había logrado llegar a Ilopango en donde había realizado un aterrizaje forzoso, quedando fuera de servicio por el resto de la guerra. Por su parte, luego de poner en fuga al C-47, el Coronel Rivera detecta la presencia de un Cavalier Mustang que a toda velocidad, trata de internarse en territorio Salvadoreño. El piloto trata de seguirlo y logra dispararle algunas ráfagas antes de quedarse sin municiones, pero no logra acertarle. Poco después, el piloto Hondureño regresaba a su base para repostar combustible y armamento. 

Sobre éste incidente en particular, se han vertido ríos de tinta, ya que el C-47 “FAS-101” tenía asignado un Cavalier Mustang como escolta, sin embargo al momento del ataque del “FAH-615”, el Cavalier Mustang no estaba en el área. Fuentes Salvadoreñas dicen que el avión abandonó momentáneamente al C-47 que escoltaba para ametrallar un convoy Hondureño, lo cual fue aprovechado por el piloto del F4U para atacarlo. Fuentes Hondureñas en contraste, no mencionan la presencia del avión escolta en las inmediaciones al momento del ataque, sino hasta después de efectuado el mismo, y claramente en actitud evasiva. Así mismo, en una reciente entrevista con el Doctor Marco Lavagnino, uno de los mecánicos que volaba en el “FAS-101”, de nombre Salvador Gómez Paz, le cuenta que “... Al C-47 lo escoltaba un Mustang que se retiró…” 
En todo caso, situaciones en las cuales los aviones escolta Salvadoreños abandonan a sus escoltados mientras son atacados empiezan a darse con cierta frecuencia a partir de éste día, dando pie a las versiones de que algunos de los pilotos probablemente eran mercenarios que no gustaban de situaciones comprometidas, optando siempre por retirarse sin presentar pelea. 

Durante la tarde, las fuerzas Salvadoreñas logran tomar las poblaciones Hondureñas de Valladolid, Guarita, Junigual y San Marcos Ocotepeque, logrando conformar un cerco alrededor de Nueva Ocotepeque. Con este avance se abre un capítulo que es poco conocido para los estudiosos de éste conflicto: El abastecimiento de las tropas Salvadoreñas dentro de territorio Hondureño por parte de la FAS. La pista de San Marcos Ocotepeque es rápidamente acondicionada para recibir a los C-47 Salvadoreños, que pronto empiezan a llegar cargados de municiones, equipo y alimentos que serán canalizados hacia las tropas que sitian Nueva Ocotepeque y hacia las que avanzan sobre el frente de Chalatenango. Sorprendentemente, ninguno de éstos vuelos es interceptado ni hostigado por aviones de la FAH. 

En el transcurso del día, la comandancia de la FAH se da cuenta de que el número de aviones disponibles no es suficiente para mantener el apoyo a las tropas en los dos frentes y al mismo tiempo montar una red de vigilancia aérea que impida las incursiones de los aviones Salvadoreños hasta las bases de Toncontín y La Mesa. De allí que se decide convocar a los pilotos civiles para conformar –con sus aviones- patrullas de vigilancia a lo largo y ancho de Honduras, pero principalmente en los alrededores de las dos bases aéreas. Así mismo, y previendo una inminente escasez de armamento, los mecánicos de la FAH empiezan a buscar soluciones para contrarrestarla. Es así como se inician las modificaciones de varios cientos de rockets de práctica, reemplazándoseles las cabezas inertes con granadas de demolición a las cuales se les modifica la espoleta. También empiezan a buscarle solución a los problemas crónicos de los cañones de 20mm de los F4U-5N, los cuales se han estado trabando, usualmente en el peor momento. 

Por su parte, el alto mando de la FAS también se da cuenta de sus propias limitaciones. En primer lugar, los pilotos de los Cavalier Mustang se quejan de que los tanques instalados en la punta de las alas de sus aviones les quitan bastante maniobrabilidad y rapidez, por lo que sugieren que sean removidos. Al final del día, y como medida temporal, se decide que los aviones vuelen sólo con el combustible requerido para completar las misiones de apoyo, tratando así de reducir el peso y aumentar la maniobrabilidad. Así mismo, se le encarga al señor Archie Baldocchi –civil que había sido nombrado “asistente extraordinario” del comandante de la FAS- que trate de buscarle solución al problema de los tanques de combustible y a la falta de radios y miras reflectivas en los aviones. 
Como nota de interés el Señor Baldocchi era propietario de un P-51D Mustang (Ex 44-73350), matrícula YS-210P, el cual había sido requisado por la Fuerza Aérea al momento de iniciarse la guerra. Dicho avión se había convertido en el “FAS-402” (segundo uso del número de serie) y para el día 15, éste famoso Mustang ya había volado varias misiones sobre los teatros de operaciones. 

Al terminar el día, el alto mando de la FAS decide lanzar una nueva misión estratégica en la cual se bombardearan las poblaciones de Puerto Cortés, Golosón y La Presa (Lago de Yojoa) al día siguiente. Sin embargo, el destino se interpondría en su camino.


Fuente original: Fuerzas Militares Dominicanas

viernes, 28 de abril de 2017

Conflictos americanos: La guerra de las 100 horas (parte 3)

La Guerra de las 100 Horas (Parte 3) 
por Mario A. Overall | 20-Apr-04 

Parte 1 | Parte 2 | Parte 3

4. Inicio de las Hostilidades (14 de Julio) 
Increíblemente, casi todas las operaciones militares de la Guerra de las Cien Horas están envueltas en la polémica. El conflicto aún genera largas y encarnizadas discusiones, casi todas ellas sobre si realmente se produjo tal o cual bombardeo, o ésta o aquella misión. Para empeorar más las cosas para los historiadores que pretenden estudiar el conflicto, la tradicional fuente de información en éstos casos La Prensa local- no puede tomarse en cuenta, pues tanto en Honduras como en El Salvador, los medios de información estaban fungiendo como entes de propaganda. 



En todo caso, para fines de este estudio nos basaremos en los escasos partes militares de ambos ejércitos y en documentos del departamento de estado de los Estados Unidos para tratar de esclarecer lo que realmente sucedió, tratando de ahondar un poco en las inconsistencias de manera que podamos dilucidar los hechos. También echaremos mano de los datos vertidos en largas discusiones sostenidas en el Foro del website de la Sociedad Histórica de la Aviación Latinoamericana (www.laahs.com) en las cuales participaron historiadores de las Fuerzas Aéreas de Honduras y El Salvador. Finalmente, también tomaremos información de varios libros que se publicaron al respecto, de donde trataremos de dejar fuera el patriotismo, la diatriba épica y los sentimientos nacionalistas, los cuales, a veces, nos hacen perder la perspectiva de los hechos. Con esa aclaración hecha, procederemos a analizar el primer día de la guerra: 14 de Julio de 1969. 

El Alto Mando Salvadoreño había fijado el Día D de la campaña contra Honduras para el 14 de Julio de 1969. La acción inicial a ejecutarse estaría a cargo de la FAS y sería un bombardeo sobre el aeropuerto de Toncontín, en Tegucigalpa, sede del cuartel general de la FAH. Simultáneamente se lanzarían ataques aéreos a las poblaciones de Catacamas, San Pedro Sula, Valladolid, Nueva Ocotepeque, San Marcos Ocotepeque, Santa Rosa de Copán, Nacaome, Amapala, Quipure, Yoro, Guarita, Jinigual, La Labor y La Virtud. En la operación estarían involucrados todos los aviones de la FAS y catorce aviones civiles, los cuales también serían utilizados como bombarderos, pues se les había equipado con dispositivos - construidos por mecánicos de la FAS - que permitían lanzar morteros de 60 y 81mm. 

A falta de aviones de bombardeo, se instalarían rieles de carga en el piso de los transportes C-47 Salvadoreños con el objeto de facilitar el lanzamiento de bombas por la puerta lateral, convirtiendo dichos aviones en bombarderos improvisados. Tal práctica se convertiría en algo común en ambas Fuerzas Aéreas durante la guerra, ya que como veremos más adelante, la FAH también utilizaría éste singular método. 

Los aviones Salvadoreños empezaron a salir del aeropuerto internacional de Ilopango en San Salvador en donde se ubicaba el cuartel general de la Fuerza Aérea- antes de las 17:00 horas, de manera que pudieran atacar los blancos asignados aún con suficiente luz, y escapar protegidos por la obscuridad luego de haber efectuado la misión. La hora H estaba fijada para las 18:10, hora en que los primeros aviones deberían estar sobre sus blancos asignados. 

El C-47 FAS-104 , tripulado por los mayores Jorge Domínguez y Fidel Fernández, apoyados por los sargentos Miguel Tónchez y Miguel Jiménez, llega a Toncontín con nueve minutos de retraso, y sin mayores preámbulos, empieza a lanzar su carga explosiva sobre el aeropuerto. Las bombas de 100 libras son deslizadas, una por una, sobre los rieles fijados al piso hasta la puerta de carga, en donde uno de los sargentos las empuja hacia el vacío. Se escuchan las primeras explosiones, al tiempo que las luces de Tegucigalpa se extinguen. Hay fuego antiaéreo tratando de derribar al C-47 que vuela a 8 mil pies, pero éste logra evadirlo en la obscuridad. Los escoltas del FAS-104, dos Cavalier Mustang armados con bombas, despegan de Ilopango minutos después de que el C-47 lo hiciera, sin embargo y por razones que se desconocen, no llegan hasta Toncontín, prefiriendo arrojar sus bombas en las aldeas de Jalteva, El Suyatal, y Guaimaca. Igual sucede con otro C-47 que, habiendo sido enviado a Toncontín, bombardea Catacamas. 

En la base de La Mesa, San Pedro Sula, la noticia del ataque a Tegucigalpa se riega como pólvora. Los pilotos son alertados y poco después cuatro F4U y un T-28 despegan en busca de aviones Salvadoreños que pudieran estar aproximándose a la base. Sin embargo, la búsqueda, que se había extendido hasta las inmediaciones de la población del Cañaveral, resulta infructuosa. Por su parte, los cinco FG-1D Salvadoreños que tenían la misión de atacar La Mesa, inexplicablemente lanzan sus bombas sobre Santa Rosa de Copán y Nueva Ocotepeque, para luego regresar a territorio Salvadoreño. Por qué bombardean esos sitios es uno de los misterios más grandes de la guerra. Algunos historiadores especulan que los pilotos perdieron el rumbo hacia La Mesa, mientras que otros hablan de que había mal tiempo lo que les impidió continuar (No obstante los reportes Meteorológicos de la época dicen que el clima fue excelente durante todo el mes de Julio, al menos sobre las áreas de operaciones), y otros más dicen que los pilotos simplemente confundieron el blanco por errores de navegación y por el desconocimiento del terreno. 



Mientras eso sucedía, el resto de aviones civiles Salvadoreños lograba atacar las posiciones que se les habían designado, pudiendo regresar a su país sin mayores consecuencias. Es de hacer notar que, salvo los Cavalier Mustang, todos los aviones Salvadoreños regresarían a los aeródromos de dispersión en lugar de hacerlo a Ilopango. 

Poco antes del anochecer el alto mando de la FAS se entera que uno de los Cavalier Mustang, específicamente el TF-51D FAS-400 piloteado por el Capitán Benjamín Trabanino Santos, se ha visto forzado a aterrizar en el aeropuerto La Aurora, Guatemala, a causa de una supuesta emergencia. No se sabe a ciencia cierta cual era el blanco que el Capitán Trabanino debía atacar, pero de haber sido Nueva Ocotepeque, lo cual es improbable pues ningún Cavalier Mustang atacó ó fue visto en el sector ese día, no se puede explicar el motivo por el cual haya volado hasta la Ciudad de Guatemala, a casi 146 millas náuticas de distancia, para solventar la emergencia; máxime cuando le quedaba más cerca Ilopango, su base de operaciones. En todo caso, esto implicaba que el avión sería internado en Guatemala siguiendo los estatutos internacionales, y sería devuelto hasta el final de la guerra, dejando a la FAS con un avión y un piloto menos. 

Como era de esperarse, el ataque de la aviación Salvadoreña toma completamente por sorpresa a los Hondureños. Salvo un reporte de avistamiento de dos Cavalier Mustang en dirección de Tegucigalpa, enviado tardíamente desde Marcala, la FAH no supo que los Salvadoreños iniciaban los ataques, y no fue sino hasta que se escucharon las explosiones de las bombas soltadas por el C-47 FAS-104 sobre Toncontín, que se tomaron las primeras medidas de defensa. Esto se debió básicamente a que a pesar de la situación imperante entre los dos países a finales de Junio y principios de Julio, el gobierno Hondureño nunca pensó que El Salvador se le viniese encima y por lo mismo no se había ordenado un estado de alerta, que en la FAH significaba despegar en menos 5 minutos. 

Los F4Us y T-28s Hondureños tenían varios días de estar realizando patrullajes a lo largo de la frontera con El Salvador, pero para la tarde del 14 de Julio, los aviones ya estaban en tierra, y para empeorar las cosas, esa misma tarde el Comandante de la FAH, Coronel Enrique Soto Cano, había autorizado a sus pilotos para que fueran a sus casas a cambiarse de ropa y ver a sus familias después de varios días de ausencia. 

En todo caso, luego del bombardeo del C-47 Salvadoreño a Toncontín, cuatro F4U Hondureños despegan en su búsqueda, pero la obscuridad les impide ubicarlo. Durante el regreso a la base, uno de los F4U por poco y se sale de la pista luego de aterrizar, mientras que otro resulta con daños en su hélice debido a que toca tierra bruscamente. Es de hacer notar que Toncontín, en esa época, no tenía luces en su pista, por lo que no estaban autorizadas las operaciones nocturnas. 

Más tarde, luego de una inspección a la base y el aeropuerto de Toncontín, se determina que las bombas Salvadoreñas habían errado el blanco por completo, cayendo algunas en una montaña despoblada al Sur del aeropuerto, otras más en las inmediaciones de la colonia San José, cerca de Comayagüela, y las últimas en las cercanías de la colonia 15 de Septiembre. En resumen, no se reportaban daños materiales en el aeropuerto. Informes similares se reciben desde todas las áreas bombardeadas. 

Al final de cuentas, el masivo ataque Salvadoreño ha tenido más valor psicológico que táctico, ya que a pesar de su excelente planificación, se dejan de lado los objetivos que cualquier otra arma aérea hubiera atacado, en éste caso en particular: la refinería de Puerto Cortés y las instalaciones de almacenamiento de combustible de aviación en Toncontín, esto sin mencionar el 40% de los aviones de la FAH estacionados en La Mesa, San Pedro Sula. Por increíble que parezca, las FAS había preferido atacar once poblaciones entre ellas tres aldeas- sin ningún valor estratégico ó táctico, donde se producen daños insignificantes que en el gran esquema de las cosas, son irrelevantes totalmente. Así mismo, no se comprende por qué el ataque sobre Toncontín fue tan débil y tan mal ejecutado. 

Por su parte, el Ejército Salvadoreño entraba también en acción luego del ataque sorpresivo de la FAS a Honduras, de manera que el primer Teatro de Operaciones en activarse sería el de Oriente TOO- ubicado en la zona de El Amatillo, muy cerca del Golfo de Fonseca. La misión de las tropas que integraban el TOO era cruzar el río Goascorán y avanzar hasta tomar Nacaome, en el departamento Hondureño de Choluteca. Para el efecto, los batallones IV, V y XI, apoyados por piezas de artillería empiezan a atacar las posiciones del Agrupamiento Táctico Apolo 1 del Ejército de Honduras. Dicho agrupamiento estaba conformado por el Batallón de Infantería No. 11 La Trinidad y el Batallón 1 de Infantería, ambos distribuidos en las poblaciones de Amapala, San Lorenzo, Alianza, Goascorán, Aramecina y Caridad, con su centro de mando en Nacaome. 
En contraste, las tropas Salvadoreñas en los Teatros de Operaciones Norte y de Chalatenango TON y TACH respectivamente- no atacarían ese día, pero si debían movilizarse a sus ubicaciones asignadas previo a avanzar hacia sus objetivos en Honduras, que en éste caso eran Nueva Ocotepeque la cual debÃ-a ser tomada por las tropas del TON y los territorios al norte de Chalatenango, que debían ser ocupados por el TOCH. Involucrados en estas operaciones estaban los batallones de Infantería I, VIII y la denominada Fuerza Expedicionaria de la Guardia Nacional. 

Haciéndole frente a estas tropas Salvadoreñas, el Alto Mando Hondureño ubicaba el Batallón 10 de Infantería Coronel José Joaquín Rivera en Marcala, con sus unidades distribuidas en San Antonio del Norte, Mercedes de Oriente, San Sebastián Estancia y Sabanetas. Así mismo, otras columnas del Ejército Hondureño eran desplegadas a la Zona de Nueva Ocotepeque, en directa oposición a las tropas Salvadoreñas que conformaban el TON. 

En Tegucigalpa, pasaría algún tiempo para que el Alto Mando Hondureño saliera de su estupor y organizara una retaliación luego del sorpresivo ataque aéreo. La autorización para atacar El Salvador vendría del presidente López Arellano a eso de las 23:00 horas. Trabajo le había costado al Coronel Enrique Soto Cano, comandante de la Fuerza Aérea, convencer al presidente y al Estado Mayor sobre la necesidad de devolver el golpe, pero tierra adentro, en el mismo corazón de El Salvador. Desde el punto de vista del Coronel Soto Cano, era de importancia capital el realizar ataques contundentes contra bases de la FAS y destruir sus aviones en tierra, esto con el fin de obtener desde el inicio la superioridad aérea. Así mismo, consideraba que se debían atacar y destruir los depósitos de combustible Salvadoreños y así limitar el accionar de su Ejército. 

Por increíble que parezca, el presidente López Arellano y su Estado Mayor, integrado casi en su totalidad por oficiales de infantería, pensaban que sólo se trataba de una simple incursión aérea, y que por lo mismo no era merecedora de una respuesta Hondureña. Consideraban que al realizar ataques contundentes sobre El Salvador, la FAH podía comprometer sus recursos, que en todo caso, debían ser usados en darle apoyo a las tropas en los distintos frentes. También el Ministro de Relaciones Exteriores de Honduras, señor Virgilio Carias, aconsejaba no realizar el ataque aéreo a El Salvador, sugiriendo en cambio que sólo se limitaran a repeler una posible invasión dentro de territorio Hondureño, esto con el objetivo de solicitar por vía diplomática el cese de las hostilidades y buscar que la OEA declarara a El Salvador como el agresor. 

De hecho, el mismo Coronel Soto Cano, en declaraciones hechas durante una entrevista que le realizara el personal del Museo del Aire de Honduras recientemente, confiesa que llegó al extremo de discutir -en voz alta- con el Presidente y el Alto Mando, sobre la conveniencia de realizar los ataques estratégicos dentro de El Salvador para detener cualquier posible invasión.



Fuente: Fuerzas Militares Dominicanas

miércoles, 25 de enero de 2017

Conflictos americanos: La guerra de las 100 horas (2/6)

La Guerra de las 100 Horas (Parte 2) 
por Mario A. Overall | 20-Apr-04 

Parte 1 | Parte 2 | Parte 3

2. El Plan de Invasión Salvadoreño 
Denominado Plan de Campaña, Capitín General Gerardo Barrios , el plan de invasión venía siendo desarrollado desde 1967 por el Estado Mayor salvadoreño, y contemplaba la utilización de cuatro Batallones de Infantería y uno de Artillería, distribuidos en cuatro frentes o Teatros de Operaciones , siendo éstos el del Norte (TON), el de Chalatenango (TOCH), el Occidental (TOOC) y el Oriental (TOO). Así mismo, el plan ordenaba la implementación de la llamada Fuerza Expedicionaria , formada por nueve compañías de la Guardia Nacional, que actuaban bajo las órdenes del Teatro de Operaciones Norte. En aquellos días, las tropas Salvadoreñas estaban equipadas con fusiles G-3 y ametralladoras HK-21, y eran apoyadas por piezas de artillería de 105mm, dos tanques M3A1 Stuart y varios vehículos que habían sido blindados localmente, a los cuales los integrantes del Escuadrón de Caballería motorizada llamaban las niñas. 

 

Contrario a lo que han repetido diversas fuentes, el plan Salvadoreño no pretendía una invasión total a Honduras, ni tomar Tegucigalpa en 72 horas para luego establecer un gobierno títere . El Salvador simplemente no tenía la capacidad para lanzar una campaña semejante. Por el contrario, lo que se pretendía era ejercer un movimiento distribuido en múltiples frentes, que permitiera tomar territorio Hondureño y capturar las principales poblaciones fronterizas para luego pedir la intervención de la Organización de Estados Americanos y forzar una solución negociada. Sin embargo, el plan no descartaba algunos avances de oportunidad mís allí de esas poblaciones, siempre que el abastecimiento de las tropas lo permitiera. De esa cuenta, las acciones principales de la campaña terrestre del Ejército Salvadoreño se desarrollarían en tres frentes de forma casi simultínea, siendo éstos frentes los Teatros de Operaciones Norte, el de Chalatenango y el de Oriente. 

En lo que respecta a la Fuerza Aérea Salvadoreña -FAS- al inicio de la guerra estaba equipada con un TF-51 Cavalier Mustang Mk.II, cuatro F-51 Cavalier Mustang Mk.II, un F-51D Mustang, seis FG-1D (variante del F4U-4 construida por Good Year), un SNJ-5, un DC-4M, cinco U-17A, seis T-41 y cuatro transportes C-47, todos conformando el llamado "Grupo de Combate", que a su vez estaba organizado en tres escuadrones: El de Caza-Bombardeo (F-51 / FG-1D), el de transporte (C-47 / Aviones Civiles) y el de Reconocimiento (SNJ-5 / U-17A / T-41 / Aviones Civiles). Durante el conflicto, la FAS adquiriría mís aviones, especialmente Mustangs, pero al momento del inicio de las hostilidades éste era su orden de batalla. Así mismo, contaba con un Escuadrón Aerotransportado conformado por paracaidistas, un grupo de Mantenimiento, uno de Comunicaciones y uno mís de seguridad y servicios de base, totalizando mil hombres, de los cuales solo 34 eran pilotos. 

3. Situación Militar de Honduras 
Desde 1935 el Alto Mando Militar Hondureño ha basado sus métodos de defensa nacional en el poderío aéreo. De esa cuenta su ejército, en tiempos de paz, se mantiene con el personal mínimo necesario para su funcionamiento. Sin embargo, en caso de conflicto el número de efectivos puede verse incrementado con milicianos civiles, quienes son integrados con fines operacionales principalmente defensivos. De hecho, el Ejército Hondureño es el mís pequeño de Centro América y carece de una capacidad ofensiva importante. 

Al inicio de la guerra con El Salvador, el Ejército Hondureño estaba conformado por tres batallones de Infantería, seis Batallones de Zona, un Batallón de Ingenieros y dos baterí-as de obuses de 75 mm. Sus hombres estaban equipados con fusiles Garand y Mauser, y no se contaba con apoyo de tanques u otros equipos blindados similares. Así mismo, el Ejército Hondureño establecería dos frentes o teatros de operaciones, siendo éstos el Teatro de Operaciones Sur o (TOS) que coincidía con el teatro oriental del Ejército Salvadoreño en El Amatillo, y el Teatro de Operaciones Sur-Occidental que hacía frente al teatro Norte Salvadoreño en Nueva Ocotepeque. 

 
En contraste, la Fuerza Aérea Hondureña -FAH- estaba relativamente mejor conformada y equipada que su contraparte Salvadoreña. Su orden de batalla a mediados de Julio de 1969 listaba seis F4U-5N, cinco F4U-4, cinco transportes C-47, un transporte cuatrimotor C-54, un C-45, tres Cessna 185B, cinco entrenadores artillados T-28A y seis entrenadores AT-6 también artillados. Con respecto a su personal, la FAH estaba integrada por mís de 20 pilotos y aproximadamente 750 especialistas que conformaban las secciones de mantenimiento, armamento, seguridad y servicios de base. También contaba con una sección de paracaidistas.


Fuente: Fuerzas Militares Dominicanas

domingo, 22 de enero de 2017

Conflictos americanos: El factor aéreo en El Salvador, 1980-1992 (1/2)

El Salvador, 1980-1992 
Escrito por Tom Cooper
26 de agosto 2007 a las 09:39 AM
Parte 1

La guerra civil en El Salvador, que asoló a este pequeño país con una población de sólo cinco millones de personas en la década de 1980, fue una de los más feroces y sangrientas insurrecciones de la historia. La guerra aérea fue intensa también, y el poder aéreo jugó un papel importante. Sin embargo, este conflicto sigue siendo una de las guerras aéreas más pobremente investigadas desde 1945. 

El Freak Show 
El Salvador es un país pequeño, con fuerte presión demográfica que se hace más grave cada año. Esta nación densamente poblada fue dominado durante mucho tiempo por una pequeña oligarquía y gobernado por una serie de gobiernos militares que tenía poca consideración por los derechos civiles: en especial la represión de la clase campesina por un ejército basado en los gobiernos de derecha llevó a la formación de numerosas organizaciones armadas antigubernamentales, con el resultado de que a través de todo el siglo 19, y también la historia de El Salvador en el siglo 20 caracterizaron por la violencia, el caos, y las intervenciones militares. Ocho de los diez gobiernos que gobernaron el país entre 1945 y 1970 han sido dirigidas por el personal militar, las relaciones con los países vecinos siempre fueron tensas - e incluso con Honduras desembocó en una guerra, en 1969.

En 1979, el país estaba maduro para un gran levantamiento. Un golpe militar reformista emprendida en octubre de ese año no se desarrolló bien, dejando a El Salvador en un estado de caos, con militares divididos sobre varios temas. La situación económica era terrible, lo que obliga cada vez más de los salvadoreños migrar a través de la frontera con Honduras, en busca de la tierra y el empleo. Con la revolución sandinista exitosamente instalada contra el régimen de Somoza en Nicaragua, dio impulso a los movimientos revolucionarios, que realizaron llamamientos a la insurrección popular armada. Si un régimen poderoso y opresivo como el de Somoza de ese país podría ser derribado por un movimiento mal equipados popular, entonces la oligarquía de El Salvador podría ser derribada también.

Varios grupos de izquierda ya estaban organizados y activos en todo el país, en la organización de manifestaciones. La gota que derramó el vaso llegó el 22 de enero de 1980, cuando el Ejército masacró a manifestantes civiles en las escalinatas de la Catedral de San Salvador. Dos meses después, el "Escuadrón de la Muerte" apañado por el Gobierno asesinó a Monseñor Romero mientras celebraba una misa. Estos acontecimientos tuvieron como resultado la fusión de los grupos de la oposición en el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FFMLN, más generalmente se llama FMLN), y un estallido a la rebelión: el FMLN ahora se dirigía a la insurgencia, así como las diversas facciones más pequeñas mantienen su identidad.

La reacción de las facciones de derecha - que incluían partes de las fuerzas armadas - era predecible: un programa de asesinatos despiadados se llevó a cabo por escuadrones de la muerte, donde alguien sospechoso de simpatías izquierdistas era susceptibles de ser secuestrado y fusilado. Se estima que 10,000 personas murieron de esta manera, sobre todo por la noche, en 1980 solamente. Es evidente que, en lugar de suprimir la insurrección, la violencia extrema por parte del régimen empuja cada vez más salvadoreños en la rebelión abierta.

A medida que la violencia junto con el masivo nivel de violaciones de derechos humanos escalaba a través de 1980, la administración Carter suspendió la ayuda económica y militar de EE.UU.. La junta fue dejada sola.


Mapa de El Salvador, con tres pistas de aterrizaje principal utilizado por el FAS durante la guerra. Además de estas tres bases aéreas, un número de lugares y una pista de aterrizaje privada cerca de La Unión se utilizaron para despliegues periódicos avanzado. La FAS fue cuidadosa en la operación de dichos sitios, entonces necesitaban una buena defensa debido a la amenaza permanente de incursiones y ataques de mortero del FMLN. Después de todo, incluso la BAM Ilopango fue atacada varias veces con fiereza por los rebeldes. (Mapa de Tom Cooper, sobre la base de software Encarta 2003) 

¿Fuerza Aérea cara y de lujo? 
Cuando comenzó la guerra, el ejército salvadoreño tenía unos 10.000 hombres, de los cuales 9,000 servían en el Ejército, organizados en cuatro brigadas de infantería pequeña, un batallón de artillería y un batallón de blindados ligeros. Otros 7.000 servían con la policía paramilitar. La cultura militar de El Salvador no sólo era autoritaria y corrupta, sino también altamente politizada. A pesar de la formación y el asesoramiento de los EE.UU., los viejos hábitos de gran mezcla en la política interna de las fuerzas armadas que parecía imposible de romper. La política interna de las fuerzas armadas fue similar: el liderazgo era de muy mala calidad, con el cuerpo de oficiales no sólo está desunida, sino también enteramente basado en la selección a las conexiones políticas - en lugar de las capacidades de liderazgo. La formación en general era muy pobre, y todos los planes por hacer para librar otra guerra convencional con Honduras. Capacidad y contingencias de la lucha de contrainsurgencia (COIN) la guerra no existían. Los militares salvadoreños fue totalmente incapaz de hacer frente a la insurgencia.

La Fuerza Aérea Salvadoreña (FAS) era el más profesional de todas las ramas militares salvadoreños, aunque su formación y capacidades sólo mediocre. En efecto, la fuerza aérea todavía sufría de ser vista como un lujo innecesario y costoso por la mayoría de oficiales del Ejército, y de otra manera reflejan la situación de las otras ramas del ejército salvadoreño. El general Juan Rafael Bustillo, jefe al mando FAS desde 1979 a 1989, por ejemplo, se consideraba un piloto competente y uno de los oficiales superiores más capaces en el ejército salvadoreño. Sin embargo, jugó un papel muy político en las fuerzas armadas y se sabe que han utilizado su posición para desafiar o incluso poner en peligro el momento el gobierno civil y otra vez.

A partir de 1980, la FAS contaba con una fuerza de menos de 1.000 hombres - incluyendo un batallón de paracaidistas, fuerzas de seguridad y una pequeña unidad anti-aérea - que no tenía ningún entrenamiento en operaciones conjuntas con las fuerzas de tierra. Su componente de vuelo consistía en cuatro pequeños escuadrones con un total de 67 aviones y helicópteros varios.

Los activos de combate principal eran once Dassault Ouragan MD.450 del Escuadrón de Caza-Bombardeo, con sede en la BAM San Miguel, de 18 ejemplares sobrevivientes de los ordenados a Israel en 1973, y que se entregaron a partir de 1974. Originalmente construido en Francia, en la década de 1950, nueve de ellos. Eran robustos y fáciles de mantener los caza-bombarderos se les había conectado disparar los misiles aire-aire Shafrir Mk.II, pero ninguno de ellos fueron entregados. En cambio, todos estaban armados con cohetes no guiados y bombas, así como cañones de 30 mm.


En 1973, El Salvador ordenó un lote de 18 Dassault Ouragan MD.450 de Israel. Las entregas comenzaron en 1974, y terminaron en 1978. Inicialmente, todos los aviones se camuflaban en el estilo "SEA" de la Fuerza Aérea -patrón, que consiste en beige, marrón y verde oliva. Varios se observaron usando tiras con los colores nacionales en la toma de aire, mientras que todos tienen sus timones pintado con los colores nacionales también. Aparte del número de serie, no se observaron otras marcas en ningún Ouragan salvadoreño jamás. (Dibujo de Tom Cooper) 

Los activos secundarios más importantes eran tres reactores entrenadores Fouga Magister CM.170, sobrevivientes de no menos de nueve comprados a Israel y tres de origen francés entre 1973 y 1978. Mientras se utilizaba principalmente para el vuelo de entrenamiento, fueron equipados con miras y dos armas calibre 7,62 mm en la nariz, y desplegadas para tareas de contrainsurgencia.

La escuadrilla de transporte de la FAS volaba seis Douglas C-47 y cuatro transportes IAI-101 Arava, mientras que el escuadrón de entrenamiento operado una mezcla de North American T-6, BeechT-34, y unos pocos Cessna T-41D. El arma de helicópteros era aún más pequeña, volando un solo SA.316B Aérospatiale Alouette III, un FH-1100, un Lama y diez helicópteros Huey Bell UH-1H, el último entregado desde los EE.UU. en 1979.

La base principal de aire FAS era Ilopango, en las afueras de San Salvador, con San Miguel siendo el aeródromo secundario más importante. Pistas de aterrizaje adicionales y sitios de aterrizaje fueron limpiados en el campo en el tiempo, y hubo aeródromos de nueva construcción más adelante, por lo que la FAS podía operar desde un máximo de 15 sitios alrededor del país.

El entrenamiento de la FAS fue orientado para una guerra convencional. El FAS sacó lecciones muy distinta de la guerra de 100 horas con Honduras, en 1969, y estaba tratando de obtener la capacidad que le impedía experimentar la misma suerte que en ese momento. Sin embargo, la falta de fondos impidió la formación de la fuerza, incluso en este papel adecuadamente, y la única acción que se vio desde que la guerra fue su participación en el golpe de 1972. Peor aún, al igual que en 1969, en la FAS sólo había un puñado de pilotos, y su formación era "buena" en el mejor de los casos.


Un total de no menos de once Fouga Magister CM.170 fueron adquiridos de fuentes israelíes y franceses en la década de 1970. Sólo cinco células del avión sobrevivieron a la guerra, de los cuales apenas dos fueron considerados como "condiciones de vuelo" en la década de 1990, aunque sus motores requirieron revisiones extensas y mantenimiento adicional con el fin de ponerse en marcha. Durante la guerra, los Magister de la FAS se utilizaron principalmente en cooperación con los Ouragan y A-37Bs. (Dibujo de Tom Cooper) 

Un pacto con el diablo
Con el Ejército de El Salvador en desorden y el caos, los 10.000 rebeldes de la alianza FMLN no se hicieron esperar en la obtención de la iniciativa y la captura de la mayor parte de El Salvador durante los años 1980. Los rebeldes ya se habían desplegado en las montañas a lo largo de la frontera con Honduras, y tenía numerosos bastiones alrededor desembocadura del Guazapa, sólo a unos 55 km de la capital de San Salvador. En las zonas rurales, obligaban a los terratenientes y empresarios locales a proporcionarles alimentos y pagar los impuestos - o enfrentarse a la destrucción de sus bienes y el asesinato. Bien equipados con armas y municiones capturadas de las reservas del ejército, los rebeldes eran auto-suficientes para la mayoría de sus necesidades.

Desplegados en las columnas de tamaño de un batallón, bien equipados y provistos, el FMLN fue capaz de librar una guerra casi convencional. El problema de los suministros fue relativamente fácil de resolver para la guerrilla: durante las etapas iniciales de la lucha capturaron una cantidad considerable de armas y municiones del Ejército. Envíos adicionales fueron posteriormente fácilmente llevado en más de largo de las fronteras de Guatemala y Honduras, así como de Nicaragua, sobre el Golfo de Fonseca. Además, un número de aviones ligeros se utilizaron para volar suministros a El Salvador desde Nicaragua, principalmente por la noche, con pistas de aterrizaje establecido para aviones fumigadores. Uno de los muy pocos momentos de éxito que disfrutó la FAS en esta fase inicial de la guerra fue cuando en enero de 1981, un Ouragan derribó un avión de transporte ligero con armas para los rebeldes.

El derribo de este avión desconocido llegó en el momento que los rebeldes lanzaron una ofensiva final con la intención de ocupar San Salvador y derrocar al gobierno. Incluso si la operación del FMLN logró avances significativos, no pudo lograr la victoria - especialmente antes de que los EE.UU. se involucrara en el conflicto. Es decir, alarmado por la posibilidad muy real de la victoria de los insurgentes, el gobierno de Carter en sus últimos días levantó el embargo de armas y autorizó una ayuda de nuevo. Al actuar demasiado tarde, Washington se quedó con el razonamiento de que aún cuando fuese tan desagradable el régimen en El Salvador, era preferible a "otro" gobierno revolucionario marxista en América Central, que los EE.UU. no podría controlar. Al hacerse cargo a finales de enero de 1981, la administración Reagan reforzó el compromiso de EE.UU., declarando la intención de derrotar a la insurgencia más seria en toda América Central.

Lo cierto es que la delegación militar de EE.UU. a San Salvador, dirigido por Brig.Gen. Fred Woerner, no sólo estaba autorizada a desarrollar un plan estratégico para hacer la guerra (que fue aprobado por los los líderes políticos de EE.UU. y El Salvador), sino también hacer hincapié en las reformas políticas, que iban a conducir a elecciones libres y justas, el desarrollo económico, un fin de los abusos de los derechos humanos y reformas judiciales. Este enfoque de la "zanahoria y el palo" era para alentar a las reformas: si no se promulgaron con la suficiente rapidez, la ayuda sería demorados o retenida aún más. Este enfoque causó fricciones constantes entre San Salvador y Washington, lo que inhibió una planificación a largo plazo y resultó en muchas ineficiencias en la ayuda militar, pero, que al final produjo resultados.

El ejército salvadoreño inicialmente tendía a realizar redadas en formaciones del tamaño de una compañía y batallón - una táctica que funcionó en beneficio de los rebeldes, quienes disfrutaron de la ventaja de la elección del lugar y el momento en que podía aceptar el combate. En consecuencia, el FMLN se especializó en la creación de emboscadas y aniquilación de unidades del tamaño de una compañía e incluso unidades medianas del Ejército. Los rebeldes también se especializaron en operaciones nocturnas, anulando así la ventaja de poder de fuego de las fuerzas armadas regulares. Sin sorpresa, en la década de 1980, las columnas rebeldes, incluso podrían tomar y controlar ciudades durante varios días.

Para abordar el problema, el equipo de consejeros de los EE.UU. hizo hincapié en un aumento dramático en el tamaño de las fuerzas armadas, y el entrenamiento intensivo en la guerra contrainsurgencia. En consecuencia, el ejército salvadoreño se triplicó en tamaño y estuvo provistos de armas y equipos modernos. La FAS no iba a adquirir un número más moderno o aumentaría sus aviones de combate, sino que alcanzaría una flota de helicópteros grande, que fuese capaz de levantar la fuerza de infantería importantes para las operaciones ofensivas y que también proporcionaría el apoyo con helicópteros artillados.

Tan pequeño y mal equipado como lo estaba en 1981, la FAS aún tuvo una actuación combate buena, las más de las veces siendo la principal potencia de fuego móvil del Ejército, a la vez que enviaba agentes adicionales a la Academia Interamericana de la Fuerza Aérea (IAAFA ), en Albrook Field, en Panamá. La FAS se desempeñó bien en ayudar a detener la ofensiva de enero de 1981, la falta de formación impidió una mejor coordinación de las operaciones aéreas y terrestres, y en la noche, las operaciones fueron casi imposibles, pero este apoyo era suficiente. Reforzada por 14 helicópteros UH-1H adicionales que provinieron de los EE.UU., la FAS siguió mostrado un buen desempeño de combate durante los combates en la Provincia Morazán, a principios de 1981. Ayudó a detener la ofensiva rebelde. Otra operación ofensiva, llevada a cabo en abril de 1981, por una brigada del Ejército de 1.000 soldados bajo el mando del coronel Polacios, en el área de Gurazapa, tuvo menos éxito. Mientras Polacios indicó más adelante que 200 rebeldes y 24 soldados fueron asesinados, la mayoría de los observadores no podían contar con que fuesen realmente tantas bajas las del FMLN, mientras que si observaron un número de UH-1 de la FAS muy mal tiroteados. Muy por el contrario, en mayo de 1981, los rebeldes establecieron un firme control de cuatro provincias orientales de El Salvador, asegurando así sus comunicaciones con Nicaragua.

Con peleas en la cúpula militar, y la falta de formación impidiendo una mejor coordinación de las FAS y las operaciones del Ejército, mientras que durante la noche las operaciones eran casi imposibles, los rebeldes continuaron sus operaciones con éxito. A principios de mayo de 1981, capturaron un centro de comunicaciones del Ejército en el volcán Chichontepec, y el 11 derribaron un helicóptero UH-1H de la FAS. Los EE.UU. se apresuraron a enviar ocho helicópteros Huey adicionales a El Salvador a medida que el flujo de la ayuda de EE.UU. comenzó a llegar desde mediados de 1981 en adelante. Equipamiento militar por valor de casi $49 millones llegó a El Salvador ya ese mismo año. En 1982, el valor de la ayuda militar y el programa de venta había aumentado a $ 82,5 millones, mientras que otros $ 2 millones fueron gastados en la educación militar internacional de oficiales y suboficiales de El Salvador. En consecuencia, el 8 de julio de 1981, el Ejército lanzó la contraofensiva por primera vez en la zona de Cabañas, que terminó con el bombardeo de objetivos por parte de Ouragans de la FAS a lo largo de la frontera con Honduras.


Más tarde, durante su carrera con el FAS, la mayoría de los Ouragan supervivientes han tenido sus tanques alares tipo timp removidos los cuales se repintaron en parte: marrón al al estilo de "SEA" de la USAF, el patrón de camuflaje fue reemplazado por el de color verde oscuro y series de aplicar un estilo diferente ("Elephant "). A principios de 1981, uno de estos venerables cazas interceptó un transporte ligero con armas y municiones para los rebeldes, y lo derribó, marcando la primera victoria aire-aire de esta guerra. Otros encuentros similares siguieron, pero sus resultados siguen siendo desconocidos. Contrario a algunos reportes, los Ouragan de la FAS no estaban armados con misiles aire-aire de fabricación israelí Shafrir Mk.2. En cambio, sus armas principales - además de cuatro cañones de 30 mm - se convirtieron en cohetes no guiados, principalmente fabricadas en Estados Unidos y lanzadores de cohetes 19x2.75pulgadas BPD SNIA HL-7-80 (la última por lo general realizado en pareja, en un adaptador en el pilón debajo de las alas laterales) . (Dibujo de Tom Cooper)

La experiencia déjà vu 
En noviembre de 1981, los rebeldes cambiaron sus tácticas, emprendiendo una amplia campaña de perturbación de la economía, derribando torres de alta tensión y volando puentes en las carreteras principales. Su mayor éxito llegó el 27 de enero de 1982, cuando un grupo de ataque de 100 combatientes del FMNL se infiltró en el perímetro de la BAM Ilopango y destruyó cinco UH-1H y tres C-47, y dañó cuatro Ouragan y dos UH-1. Dos Ouragan (702 y 703) fueron dados de baja, mientras que otros dos fueron reparados y devueltos al servicio años más tarde, toda la flota fue castigado por un período de tiempo, mientras que todos los helicópteros dañados tuvieron que ser dados de baja.

Mientras que fue un fuerte golpe, este ataque fue algo así como una bendición y, a continuación, el equipo deteriorado fue reemplazado por aviones modernas y más capaces de los Estados Unidos. En una semana, los estadounidenses lanzaron el programa "Proyecto Elsa", y ​​entregaron otros 12 helicópteros artillados Bell UH-1M Hog. En los meses siguientes llegaron también ocho Cessna A-37B Firefly (llegando en junio), los primeros cuatro de otros 23 posibles Cessna O-2, y dos transportes Fairchild C-123K Provider siguieron. Además, la Fuerza Aérea fue provista de 12 aviones de carga y un cargamento de municiones para la FAS, todos los que llegaron antes de finales de 1982. Todos estos aviones llegaron procedentes de stocks de excedentes de la USAF, pero que había sido totalmente modificados y renovados antes del reparto, y llegaron junto con 2 millones de dólares de municiones para FAS.

Estos aviones y helicópteros, así como la munición moderna, eran más apropiadas para la lucha COIN que los equipos utilizados anteriormente. Sin embargo, todo el tema de suministro de aviones y otras formas de ayuda era relativamente sencilla: el FAS se necesita ahora los equipos y técnicos capacitados, más que nada. Esta tarea era mucho más compleja para completar con éxito. Es decir, recordando el ejemplo de Vietnam, donde la participación de EE.UU. también se inició con un pequeño grupo de asesores y pocos aviones, el Congreso de los EE.UU. realizó un control estricto de toda actividad militar en El Salvador, poniendo límites estrictos a la cantidad de personal militar y la cantidad de equipos entregado. Durante todo el conflicto, no más de 55 consejeros militar de EE.UU. podría ser asignado a la Grupo Militar (MilGroup) en El Salvador, e incluso con el personal de servicio temporal, el número de asesores del Ejército de EE.UU. y Fuerza Aérea en el país nunca llegó a más de 150. Teniendo en cuenta que sólo cinco de ellos fueron asignados a la FAS, era obvio que el personal de El Salvador no podía ser entrenados en el país. Tampoco ayuda que el Ejército y Fuerza Aérea de los EE.UU. - que sufrieron de los efectos del síndrome post-Vietnam - había disminuido en gran medida las operaciones de su doctrina de contrainsurgencia: a pesar de ser muchos veteranos de Vietnam, los militares de EE.UU. simplemente no estaba preparados para entrenar a los salvadoreños en la guerra no convencional. Por esta razón, mientras que en una guerra y la presentación de la potencia de fuego principal móvil del Ejército, el FAS tuvo que enviar más oficiales de la Academia de las Fuerzas Aéreas Interamericanas (IAAFA), en Albrook Field, en Panamá.

El Gobierno sufrió otro duro golpe el 17 de junio de 1982, cuando un UH-1H que llevaba a la ministra de Defensa se estrelló cerca de Perquín, matando a los 14 a bordo.

Los asesores de EE.UU. en El Salvador pronto se encontraron experimentando lo mismo que sus antecesores en Vietnam: los bastiones del FMLN a lo largo de la frontera con Honduras y en el sur del país eran simplemente demasiado fuertes para las fuerzas del gobierno para atacarlos directamente. En consecuencia, los ataques aéreos tuvieron que ser llevados con el fin de perturbar lo menos los rebeldes en sus refugios dentro de las fronteras: en 1982, el FAS se inició un programa de bombardeos a pueblos rebeldes de la fuerza del FMLN en las regiones de Chalatenanago, en el norte, y Monte Guazapa, en la zona central de El Salvador. La mayoría de las operaciones fueron realizadas por Ouragan y los nuevos A-37 y tenían un carácter de acoso, pero al menos los rebeldes podrían estar bajo cierta presión.

Muy por el contrario, ya que muchas de estas fortalezas se encontraban dentro de zonas civiles, mientras que pilotos de la FAS aún carecían de capacitación, frecuentemente bombardeaban a civiles, provocando estallidos de protestas, incluso en los EE.UU., aunque no tuvieron efectos reales en términos de la moral, la infraestructura y la capacidad de combate de los rebeldes. Peor aún así, como en Vietnam de la década de 1960, había peleas permanentes dentro de la Junta en El Salvador. En 1983, uno de los oficiales más derechista del Ejército, el coronel Sigfrido Ochoa, exigió la renuncia del ministro de Defensa, el general José Guillermo García y declaró su distrito militar de estar en rebelión contra el gobierno. El general Bustillo, Comandante en Jefe de la FAS, apoyó a Ochoa y negó el apoyo de aeronaves de la FAS para volar en tropas que se le opusieran. Los asesores de los EE.UU. llegaron a un compromiso que permitía a Ochoa a permanecer: el ministro de Defensa, sin embargo, se tenía que ir.

Como si esto no fuera suficiente, en 1983, con la ayuda de asesores cubanos, el FMLN organizó su primera brigada "estratégica". Aunque hasta ahora la mayoría de sus unidades operaban en rangos limitados de sus bases, esta brigada era altamente móvil y entrenados en la guerra convencional. La nueva unidad del FMLN participó antes en un enfrentamiento con varios batallones COIN Atlacatl y Atonal del Ejército, causando pérdidas que la FAS probó ser incapaz de evacuar a todas del campo de batalla.


Además de los UH-1H, la FAS recibió una importante flota de helicópteros helicópteros de combate UH-1M "Hog". Reconocibles fácilmente debido a su fuselaje más corto y más pequeño de la cabina, estos helicópteros estaban armados con subsistema de armamento M21 MAMEE, consistente en la muy eficaz M134 Minigun de 7,62 mm (aunque sin su "tanque" de munición en la parte superior del montaje: era más habitual, que la munición fuese transportada en cajas de grandes dimensiones dentro de la cabina, con munición del cinturón principal a través de aberturas en la parte baja del fuselaje), y lanzacohetes M158 de siete cohetes de 2.75 pulgadas. Más tarde, durante la guerra, los lanzacohetes fueron más a menudo reemplazados por puntos de anclaje para bombas Mk.81 y Mk.82. Los UH-1Ms también tuvieron una gran cantidad de armas, sobre todo por debajo de la cabina del piloto y todo el motor y la caja de cambios. (Dibujo de Tom Cooper) 


Por lo menos 15 A-37Bs fueron suministrados a El Salvador en el marco del Proyecto Elsa, entre 1982 y 1992, para aumentar las capacidades de ataque de la fuerza aérea. El tipo demostró ser más eficaz que los mayores aviones de combate de bombardeo disponibles. Los A-37 de la FAS fueron pintados en gris "cañonero" en general, y originalmente llevaban números de series negro. No se portaban escarapelas: en cambio, sólo la bandera nacional se aplicó en el fuselaje trasero. (Dibujo de Tom Cooper)


Fin de Parte 1



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