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miércoles, 15 de febrero de 2017

Argentina: Cinismo periodístico frente al terrorismo de izquierda

Sobre el otro terrorismo de estado 
Por Roberto Cachanosky
Prensa Republicana



En las últimas semanas, algunas víctimas del terrorismo han transitado por algunos medios exponiendo sus sufrimientos. Se ve a periodistas y juristas escucharlos con atención y decir que lamentan los que les pasó pero que como hubo terrorismo de estado no tienen nada que reclamar. Algo así como: tengo que darte la razón para no quedar mal ante el público, pero me importa un carajo si los terroristas mataron a niños, a gente inocente, si secuestraron o torturaron. Nunca se ve una condena explícita y categórica hacia el terrorismo e inmediatamente remiten a la represión militar a partir del 24 de marzo de 1976 para desviar el eje del debate, no mostrar las atrocidades que cometieron los terroristas y volver a centrar la atención en el golpe militar.

En rigor hacen casi lo mismo que cuando entrevistan a una persona que se defendió de un acto delictivo. ¿Usó el agredido una fuerza excesiva contra el delincuente que lo amenazaba con un arma? ¿No podía defenderse de otra manera? ¿Tenía balas el revólver con que lo amenazaba el delincuente? ¿Estaba seguro que el delincuente le iba a disparar? Nuevamente la víctima del delito pasa a ser sospechosa para muchos periodistas, con lo cual alientan la criminalidad y las muertes de inocentes porque terminan envalentonando a los criminales, cuando no terminan justificándolos.

Volviendo al tema principal, este sistemático comportamiento de buena parte del periodismo demuestra que su supuesta defensa de los derecho humanos es solo una postura y que en última instancia comparten el proyecto autoritario que a sangre y fuego quisieron establecer en Argentina y en buena parte de América Latina organizaciones terroristas entrenadas en Cuba, Libia y con el apoyo de la Unión Soviética.

El grado de cinismo de buena parte del periodismo llega a niveles tales como querer hacer un arbitrario corte el 24 de marzo de 1976. ¿Por qué ese deliberado corte histórico? ¿Es que ese día se levantaron de mal humor una docena de generales y empezaron matar y desaparecer gente? No, el corte se hace deliberadamente el 24 de marzo de 1976 porque durante la época de Perón comienza el terrorismo de estado con la creación de la Triple A. Un grupo que fuera de la ley empezó a combatir al terrorismo.


En rigor desde España, Perón  alentó a los terroristas en sus fechorías y luego, cando llegó a la Argentina y vio que los terroristas querían coparle el poder, es Perón el que inicia la acción contra los terroristas. El punto de máxima tensión llega el 25 de septiembre de 1973, dos días después de que Perón gana las elecciones de septiembre de 1973, cuando Montoneros asesina al dirigente sindical José Ignacio Rucci, amigo de Perón. El mensaje de Montoneros fue muy claro a Perón, o hacía una revolución al estilo cubano para establecer una dictadura o ellos la iban a hacer por su cuenta desalojando a los tiros y los bombazos al gobierno de Perón.

La realidad es que el periodismo nunca dice que los terroristas atacaron a un gobierno elegido en las urnas, el de Perón. En ese momento no combatían contra el gobierno militar, combatían contra un gobierno elegido por el voto.

Frente a este asesinato y tantos otros, Perón reacciona y lanza todas las fuerzas legales y no legales para combatir a los terroristas, pero por conveniencia política muchos dirigentes políticos y periodistas hacen silencio sobre el período previo al 24 de marzo de 1976. ¿Por qué no hablan de esos años anteriores a marzo de 1976? Tal vez por ignorancia o, lo que es más grave, porque es políticamente incorrecto señalar a Perón como el que inicia la cacería fuera de la ley de los terroristas. Es esa postura la que los hace poco serios como periodistas.

Pero ojo que también fue terrorismo de estado lo que hicieron los terroristas. En efecto, el apoyo logístico, entrenamiento y financiamiento que recibían de Cuba los transforma en una fuerza agresora externa que mediante el terror apoyado en estados extranjeros intentaron tomar por la fuerza el poder en Argentina para establecer una dictadura. En otras palabras, muchos de los terroristas hoy andan dando vueltas por los medios hicieron terrorismo de estado y deberían estar presos. Es más, siendo que el terrorismo de estado de los terroristas se apoyaba en estados extranjeros, es, a mi juicio, mucho más grave que el terrorismo de estado de los militares, porque mediante el terror otro estado quiso tomar el poder en Argentina. En todo caso acá hubo dos terrorismos de estado, pero el más grave fue el de los terroristas apoyados por estados extranjeros.


Cabe aclarar, también, que hay serias sospechas que acciones terroristas utilizaron el apoyo logístico de gobiernos provinciales que simpatizaban con los sectores marxistas, lo cual los hace terroristas de estado, como fue el caso del mencionado asesinato de Rucci.

Luce patético también que algunos periodistas sostengan que si bien la cifra de los 30.000 desaparecidos no es cierta, hay que mantenerla como un emblema nacional. Ninguna mentira puede ser emblema nacional y menos se puede construir un país basándose en la mentira. Eso muestra, una vez más, que mucho periodista y político no tienen realmente interés en los derechos humanos, sino que solo pretenden defender a los terroristas con los que simpatizan forzando el argumento hasta el ridículo para no reconocer que los montoneros, ERP y demás bandas armadas también cometieron crímenes de lesa humanidad.

Ahora que se está levantando el velo de tanta mentira y hechos que tratan de ocultarse de la década del 70, pareciera ser que los falsos defensores de los derechos humanos buscan nuevos argumentos para defender a los terroristas de estado apoyados en estado extranjeros.

Como última reflexión le formulo la siguiente pregunta: ¿cómo llamaría Ud. a un argentino que se levanta en armas contra un gobierno elegido por el voto para establecer una dictadura mediante el terror, siendo apoyado, estimulado e impulsado por un gobierno extranjero?

economiaparatodos.net

sábado, 7 de mayo de 2016

Virreinato del Río de la Plata: La Gazeta de Buenos Aires

Gazeta de Buenos Aires



Primera edición de la Gazeta de Buenos-Ayres

En pos de la novedad, que el tiempo y la distancia se encargan de convertir en noticia, se fue configurando nuestra prensa periódica en su cometido informativo y cultural, de análogo modo al que han usado en general todos los pueblos civilizados que labran un destino. En tal sentido somos poseedores de una prehistoria del género periodístico, que entre sus muchas atracciones iluminadas guarda en sus páginas, a semejanza de la relación fascinante de los aedos, la protohistoria argentina de las tradiciones y las leyendas. Tradiciones y leyendas que en las columnas de los periódicos montaraces y vernáculos, nutrieron ideas, principios, afanes, noblezas y miserias con lengua y alma intransferibles.

Cuando se buscan las fuentes remotas y se indagan los orígenes donde se nutre e informa la historia del periodismo de los pueblos civilizados del Medievo, es cuestión ya difundida que los italianos acudan a las foglie a mano, los ingleses a las news letters y los franceses a las nouvelles à la main. Los habitantes de Buenos Aires del período hispánico contaron también con los vestigios de un periodismo manuscrito sensible a los pasquines y las noticias comunicadas. Los primeros, anónimos, volanderos, o murales lanzados como una cáustica expresión de desahogo político según lo anotó cumplidamente entre nosotros José Antonio Pillado en su libro Buenos Aires colonial. A las segundas, menos sensacionalistas pero quizá más útiles, se las encuentra desde aquella que en hoja suelta, daba: noticias comunicadas desde la Colonia del Sacramento a esta ciudad de Buenos Aires en 5 de diciembre de 1759, hasta la Gazeta de Buenos Aires, periódico manuscrito del cual se conservan cuatro ejemplares registrados en la Biblioteca Nacional con los números que van del 6540 al 6543, hoy existentes en el Archivo General de la Nación, y que registran las fechas del 19 de junio, 24 de julio, 28 de agosto y 25 de setiembre, todas del año de 1764.

Cuando el virrey tornó realidad en 1780 la instalación de la imprenta en Buenos Aires, la palabra impresa de los criollos de esta parte del continente alcanzó un día memorable para la historia de la libertad de América. Hasta la llegada de aquel 7 de junio de 1810 en que apareció el primer número de la Gazeta de Buenos Aires, expresión concreta y creciente de la patria nueva, el periodismo no representaba un huésped colado de rondón en Buenos Aires. Claro linaje lo adornaba, como el de haber ido abriendo el entendimiento para recibir los temas del país, la riqueza, la industria y el comercio; vigorosos estímulos todos, para la gran empresa de la liberación civil.

La Gazeta de Buenos Aires fue editada en varias imprentas a lo largo de sus más de once años de existencia: Niños Expósitos, Alvarez e Independencia. También se hicieron reimpresiones por la Imprenta de Gandarillas y socios. Como se ha dicho anteriormente principió el 7 de junio de 1810 y cesó el 12 de setiembre de 1821.

De acuerdo con la Orden de la Junta, de 2 de junio de 1810, firmada por el secretario doctor Mariano Moreno, se expresaba que: “Todos los escritos relativos a este recomendable fin –fundación de la Gazeta- se dirigirán al señor vocal doctor don Manuel Alberti, quien cuidará privativamente de este ramo, agregándose por la Secretaría las noticias oficiales cuya publicación interese”. Juntamente con Manuel Alberti fue su primer redactor Mariano Moreno, y desaparecido éste en el transcurso de la larga vida del periódico lo fueron, asimismo, el deán Gregorio Funes, Vicente Pazos Silva, Bernardo de Monteagudo, Pedro José Agrelo, Nicolás Herrera, Camilo Henríquez, Julián Alvarez, Manuel Antonio de Castro, Bernardo Vélez. La colección consta de quinientos cuarenta y un números, de los cuales doscientos cuarenta son extraordinarios.

Los repositorios que lo poseen son: Biblioteca Nacional, Museo Mitre y Biblioteca Pública de la Universidad Nacional de La Plata

El origen de la Gazeta de Buenos Aires está dado en la Orden de la Junta ya mencionada del 2 de junio de 1810, que se reproduce en el primer número del periódico, aparecido el 7 de junio del mismo año. “¿Por qué se han de ocultar a las provincias –expresa la citada Orden- relativas a solicitar su unión bajo el nuevo sistema? ¿Por qué se les han de tener ignorantes de las noticias prósperas o adversas que manifiesten el recesivo estado de la Península? ¿Por qué se ha de envolver la administración de la Junta en un caos impenetrable a todos los que no tuvieron parte en su formación? Cuando el Congreso general necesite un conocimiento del plan de gobierno que la Junta Provincial ha guardado, no huirán sus vocales de darlo, y su franqueza desterrará toda sospecha”. Para responder a estos interrogantes y al “logro de tan justos deseos” se expresó entonces: “Ha resuelto la Junta que salga a luz un nuevo periódico semanal con el título de Gazeta de Buenos-Ayres, el cual sin tocar los objetos que tan dignamente se desempeñan en el Semanario de Comercio (1), anuncie al público las noticias interiores y exteriores que deban mirarse con algún interés”.

La Gazeta fue en realidad el primer periódico argentino de carácter oficial que abrió sus páginas para difundir el credo revolucionario y la obra de gobierno de la nueva época con las palabras de Tácito que traducidas indican: “Rara felicidad de los tiempos en que se puede decir lo que se siente y sentir lo que se quiere”. Asimismo puede considerarse como el registro oficial de las primeras resoluciones del gobierno patrio.

La Gazeta fue el único periódico que apareció en Buenos Aires cuando cesó el Correo (2) de Belgrano, hasta la aparición de El Grito del Sud (3).

Como ha expresado Bartolomé Mitre, este periódico constituyó “el primero de índole política publicado en la América meridional que inauguró en ella la libertad de imprenta”. Constituyó una consecuencia de lo dispuesto por la Junta, y en el decurso de su prolongada existencia apareció con distintas denominaciones que el investigador Juan Canter señaló a su hora: Gazeta de Buenos-Ayres, Gazeta extraordinaria, Suplemento de la Gazeta de Buenos-Ayres, Suplemento de la Gazeta ministerial, Suplemento a la Gazeta ministerial extraordinaria, Gazeta de Gobierno, Extraordinaria del Exmo. Cabildo Gobernador, Extraordinaria de Buenos-Ayres, Suplemento a la Gazeta del Sábado, Extraordinaria del Viernes, Suplemento a la extraordinaria última, Gazeta de Buenos Aires, Extraordinaria de la Tarde y Extraordinaria de la Noche.

El bibliógrafo Antonio Zinny, que realizó el más documentado estudio del periodismo argentino, le dedicó a la Gazeta un dilatado comentario en su obra Gazeta de Buenos-Ayres – desde 1810 hasta 1821. El trabajo realizado por Zinny entre otros méritos poseyó la cualidad de señalar los artículos de la Gazeta según los sucesos más significativos ocurridos y señalados en sus páginas. Indicó así: Gazeta de Buenos-Ayres, hasta el 20 de marzo de 1812; Gazeta ministerial, desde el 3 de abril de 1812 hasta el 1º de enero de 1815; Gazeta de Gobierno, desde el 5 de enero hasta el 1º de abril de 1815; Gazeta de Buenos Aires, desde el 29 de abril hasta el 12 de setiembre de 1821; fecha en que dejó de aparecer por considerar el gobierno que el Registro oficial llenaba cumplidamente el cometido oficial informativo

En 1910, año del centenario, la Junta de Historia y Numismática Americana (hoy Academia Nacional de la Historia) realizó la primera reimpresión facsimilar de este periódico, bajo la dirección de los señores Antonio Dellepiane, José Marcó del Pont y José Antonio Pillado. Para reconstruir fielmente este primer periódico de la patria y poder entregar al púbico una edición emanada de sus fuentes auténticas, se consultaron diversas colecciones, entre ellas: las cuatro de la Biblioteca Nacional, especialmente una que en 1910 estaba completa; la del Museo Mitre; la de los señores Ramón J. Cárcano, José Juan Biedma, Alejandro Rosa, Enrique Peña, Augusto S. Mallié, , José Marcó del Pont y José Antonio Pillado. Al publicarse la reproducción facsimilar se prometía en el Prefacio de la obra un Indice analítico que iría al final de la publicación. Esta tarea no fue cumplida en tal oportunidad. El investigador Juan Angel Farini dio cima a tan utilísima clasificación, que hizo conocer en parte en el volumen decimocuarto del Boletín de la Academia Nacional de la Historia, de 1941, con el título de Indice de la edición facsímil de la Gaceta de Buenos Aires (tomo 1º, 1810). El repertorio en cuestión comprende: una sección general, nombres de personas, nombres geográficos y etnográficos, otros asuntos.

Referencias


(1) Semanario de Agricultura, Industria y Comercio, impreso en la imprenta de los Niños Expósitos, se inició el 1º de octubre de 1802 y cesó el 11 de febrero de 1807, siendo su redactor Hipólito Vieytes. La colección está formada por cinco tomos y doscientos dieciocho números, dos suplementos y un extraordinario. Reimpresión facsimilar efectuada por la Junta de Historia y Numismática Americana. Buenos Aires, 1928. Repositorios que lo poseen: Biblioteca Nacional, Museo Mitre, Biblioteca Pública de la Universidad Nacional de La Plata.

(2) Correo de Comercio, editado en la Imprenta de Niños Expósitos, comenzó el 3 de marzo de 1810 y finalizó el 6 de abril de 1811. Redactor: Manuel Belgrano. La colección consta de cincuenta y ocho números con suplementos, agrupados en dos tomos. El primero abarca un año completo y posee un prospecto con cincuenta y dos números hasta el 11 de febrero de 1811; el segundo tiene los seis números restantes, a partir del 2 de marzo. El primer tomo lleva un índice. Museo Mitre: Correo de Comercio. Reproducción facsimilar en Documentos del Archivo de Belgrano. Tomo II, 1913. Tomo III. 1914. Repositorios que lo poseen: Biblioteca Nacional, Museo Mitre, Biblioteca Pública de la Universidad Nacional de La Plata.

(3) Grito del Sud. Buenos Aires. Imprenta de Niños Expósitos. Principió el 14 de julio de 1812 y cesó el 2 de febrero de 1813. Redactor: Antonio Zinny adjudica su redacción a Francisco José Planes; Juan María Gutiérrez la atribuye a Bernardo de Monteagudo. Es probable que las dos versiones posean un término de conciliación. Es posible que ambos hayan ocupado la redacción del periódico; en los primeros tiempos, Francisco José Planes como presidente de la Sociedad Patriótica hasta octubre, y luego Monteagudo. Parecería fuera ésta la versión más aceptada, aunque no faltan otras, como la de Mariano Fregueiro, que se la atribuyan a Julián Alvarez, y Juan Canter se pronuncia por Vicente López y Planes. La colección consta de treinta números. Repositorios que lo poseen: Biblioteca Nacional, Museo Mitre, Biblioteca Pública de la Universidad Nacional de La Plata.

Fuente

Biblioteca de Mayo – Tomo I – Memorias, Hemerografía – Buenos Aires (1960)
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Pillado, José Antonio – Buenos Aires Colonial – Ed. Bonaerense, Buenos Aires (1943).
Portal www.revisionistas.com.ar
Turone, Oscar A. – La Gazeta de Buenos Aires
Zinny, Antonio – Gazeta de Buenos-Ayres – desde 1810 hasta 1821 – Resumen de los bandos, proclamas, manifestaciones, partes, órdenes, decretos. Imprenta Americana, Buenos Aires (1875).

viernes, 8 de abril de 2016

Guerra contra la Subversión: La confensión de Harguindeguy

El día que Cox grabó a Harguindeguy
El duro diálogo off the record entre el periodista mencionado por Obama y el militar que luego sería condenado por asesinatos.


Por Gustavo Gonzalez | Perfil


TESTIMONIO. Antes de dejar el país en 1979, Cox se fotografió con su familia para protegerlos. |

Imagínense la Argentina de 1979. Ni siquiera era una guerra, era una masacre de Estado, más allá de la existencia del terrorismo privado. La dictadura controlaba las calles, las universidades, las empresas. Ya para entonces había miles de desaparecidos, aunque los medios y los periodistas permanecían mayoritariamente en silencio. Unos optaron por ser propagandistas del régimen. Los otros, por temer y callar. Lo mismo que hizo la mayor parte de la sociedad.

Ya se contaban también decenas de periodistas desaparecidos y asesinados. Además de casos notorios como los de Jacobo Timerman y Jorge Fontevecchia, detenidos en centros clandestinos y liberados después por la presión internacional.

Imagínense, entonces, en un país donde el slogan oficial era, literalmente, “El silencio es salud”, a un periodista ingresando al despacho del ministro del Interior en la Casa Rosada con el grabador encendido entre su ropa para grabar subrepticiamente una conversación.

Era junio de 1979, y el periodista, Robert Cox, director del Buenos Aires Herald. Su nombre era desconocido para todos, salvo para los familiares de los detenidos y desaparecidos. Y para la dictadura.

Los primeros lo veían como el jefe de un equipo de héroes (junto a James Neilson, Andrew Graham-Yooll y otros) que arriesgaban su vida informando día a día sobre nuevos casos y denuncias. Los familiares, como Nelva y Alberto Fontevecchia, sentían que si el nombre de su ser querido aparecía publicado en el Herald, había una chance de que esa persona fuera liberada.

Para los militares y civiles de la dictadura, en cambio, Bob era alguien peligroso, probablemente al servicio del comunismo internacional o de la Inteligencia yanqui, que para la sabiduría militar podía representar más o menos lo mismo.

Desde el primer día del golpe de Estado, hace cuarenta años, se lo habían advertido: estaba prohibido publicar sobre la represión ilegal. Pero Cox no lo entendió bien: un año después lo detuvieron ilegalmente para explicárselo en persona. También a él lo salvó la presión internacional, pero no quitó que después sufriera un atentado, y su esposa Maud, un intento de secuestro.

Así estaban las cosas aquel día de 1979, cuando después de una “conferencia de prensa” del ministro Albano Harguindeguy, en la Casa de Gobierno, Cox lo siguió a su despacho con el grabador encendido. Era el mismo militar que tras el fin de la dictadura sería responsabilizado por la desaparición de cientos de personas.
Los diálogos que a continuación se reproducen se pueden escuchar completos por primera vez en Perfil.com o leerse en el libro que escribió su hijo David, Guerra sucia, secretos sucios.

—¿Cómo anda, señor Cox? Lo felicito por los comentarios. Muy conmovedor. A veces se deja llevar por ese espíritu romántico inglés, ¿no?
—Sí. Es cierto.
—Pero esos artículos que publicó hoy... Nos da bastante duro.
—No es una cuestión personal. Hay sesenta periodistas desaparecidos.
—¿Sesenta? –preguntó Harguindeguy–. Hay algunos presos, gente que está metida en...
—No. Hay sesenta periodistas desaparecidos.
—¿Nada más que sesenta? –ironizó el general.
—Sesenta desaparecidos. Creo que hay que hacer algo...
—Bueno, pero lo que usted no sabe es que hay un montón de desaparecidos –retrucó Harguindeguy.
—(...) Usted tiene que ocuparse de resolver esto. Es un problema gravísimo. (...) ¿No podría ayudarme un poco?
—Lo estamos ayudando, Cox. ¿Qué le parece que es esto, si no? –dijo aludiendo a documentos sobre el escritorio de su despacho que supuestamente contenían los nombres de todos los asesinados.
—¡Eso es una mentira! –le respondió Cox, quien ya había visto de qué se trataban esos documentos.
—Escuche, yo no soy Jesucristo. No puedo decirle a Lázaro “levántate y anda”.
—¿Dónde está el coraje militar? (...) Corren rumores de que han desaparecido tres mil personas en la ciudad.
—Están locos, Cox.
—¿Cuántos han desaparecido hasta ahora?

El jerarca militar le dijo que estaba equivocado y que Estados Unidos había inventado la mayor parte de los casos para desacreditar al gobierno argentino. Si la embajada seguía presionando, él mismo saldría a decir que estaban mintiendo, le advirtió el general. Cox le mencionó los casos concretos del periodista Fernández Pondal y del diplomático Hidalgo Solá. Harguindeguy retrucó:
—Durante la Segunda Guerra Mundial los soldados norteamericanos encerraban a sus prisioneros en fortines y los mataban a todos con granadas...

Cox respondió que no había punto de comparación, y la conversación siguió hasta que el militar dijo que recibía cartas de todo el mundo por los desaparecidos y que iba a investigar para demostrar que todo era falso. Entonces el periodista terminó: “Las investigaciones sobre los desaparecidos son una burla”.

A pocos meses de aquel encuentro, antes de que terminara 1979, Cox y su familia debieron dejar el país después de que su pequeño hijo Peter recibiera una carta en la que los amenazaban con la muerte si no lo hacían. Cuando esta semana el presidente Obama recordó su nombre, lo que nos recordó es el símbolo de un pasado horrible cruzado de gestos heroicos y de silencios que todavía retumban.

martes, 1 de diciembre de 2015

Argentina: Sarmiento y los emigrados

Refutación al periodista emigrado



Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888)

La importancia que Juan Manuel de Rosas daba a la prédica de Sarmiento resulta del hecho de que mandó a editar en Mendoza una revista La Ilustración Argentina casi exclusivamente dedicada a combatirlo. Esta campaña empezó aproximadamente a mediados de 1849. El 1º de junio de ese año, el nuevo periódico argentino dedica un artículo a la cuestión de Magallanes. Señala el avieso propósito del periodista emigrado, de envenenar un debate que los gobiernos chileno y argentino se empeñaban en llevar con amistosa calma. Luego censura su absurda tesis acerca de que la propiedad de un territorio correspondería a aquel de entre los dos litigantes, al que resultara más ventajosa su ocupación En el debate sobre el fondo del asunto, La Ilustración aporta pruebas sobre la ininterrumpida ocupación argentina en Magallanes, desde 1519 hasta los días en que el artículo se escribió. Rechaza el cargo de ambición que Sarmiento dirige contra su patria, haciendo una historia de la nobleza argentina en toda su acción continental, y acaba citando la carta de Rosas a Oribe, del 12 de enero de 1842 (1).

Dos meses más tarde el redactor de La Ilustración (que según unánime consenso de los historiógrafos era Bernardo de Irigoyen) desmenuza a Sarmiento. Recuerda su renuncia a la ciudadanía argentina; el odio que cometió en Chile por su impiedad y su traición a la causa de América. Sobre los imprudentes paralelos con personalidades americanas o europeas, el redactor intenta otro de su cosecha, entre Sarmiento y algunas de aquéllas. Así describe:

“Hoy incurre nuevamente en la pretensión de equipararse con los Ss. Montt, Tocornal y demás (chilenos). Estos Americanos no han conspirado en efecto contra el orden legal de su patria; ellos pueden haber hecho distintas exposiciones de principios; pueden haber sostenido, pacíficamente, en la órbita que permite la ley, la conveniencia de una idea administrativa, de un pensamiento político; pero nunca han atentado contra las instituciones y la libertad de Chile, como Sarmiento y los salvajes unitarios en la Confederación; nunca han votado como éstos, el exterminio y la desolación de su país. Con ellos no debe compararse Sarmiento, porque son grandes las diferencias que los dividen.

Tampoco puede igualarse Sarmiento a Mr. Lamartine: inmensa es la desigualdad de figuras, de principios y se sentimientos. Mientras el desacordado Sarmiento, siendo argentino, ha combatido la causa de la República, el Sr. Lamartine, francés, la ha defendido con una rectitud digna de su elevación, rechazando las reiteradas instancias del intruso Gobierno de Montevideo para que apoyara en la Cámara las pretensiones de su autoridad anómala. Mientras Sarmiento ha querido justificar en sus torpes publicaciones, la guerra que los salvajes unitarios asociados a la Francia hicieron a la Confederación en 1840, el Sr. Lamartine la ha rechazado en la tribuna francesa, llamándola guerra de exterminio, y reprobando que el pabellón tricolor hubiera descendido a cobijarla. Mientras Sarmiento cree justo el asociarse a los extranjeros para hostilizar la independencia de su patria, el Sr. Lamartine rechaza esas infames alianzas, y considera que “Dumouriez falleció en el destierro temeroso de que hasta la tierra le diese en rostro con su traición”. Con hombre de tan nobles sentimientos no puede compararse el turbulento emigrado. Es igualmente absurda la pretensión de igualarse a Guizot: prescindiendo de la altura del uno y la nimiedad del otro, hay por supuesto disidencia de ideas. Mr. Guizot recuerda con entusiasmo las guerras nacionales del siglo XV y la época en que luchaba la Francia por la independencia del territorio y del nombre francés, contra una dominación extranjera; y Sarmiento mira con horror y como prueba de nuestra barbarie, el que luchemos por la independencia del territorio y del nombre argentino. Mr. Guizot considera, que la unión que ligó a los franceses para vencer al extranjero, concurrió poderosamente a formar la nación francesa; pero Sarmiento reputa nuestra unión para resistir al extranjero como un signo de infame servidumbre; y mira en esa unidad y acción que prevalece entre nosotros, y que formó a la nación francesa, el disolvente de la Confederación. Muy diferentes son pues las ideas de Guizot y Sarmiento”.

Luego rebate las afirmaciones del emigrado sobre el problema del indio. Aquel había dicho que Río IV quedaba suprimida del mapa. “Difícilmente”, dice el redactor de La Ilustración, “puede darse una intervención más insolente”. Respetables residentes chilenos pudieron apreciar este año las “sencillas comodidades” que se pueden disfrutar para un descanso en Río IV:

“Cuando el general Rosas subió al gobierno –agrega- las fronteras de Buenos Aires estaban en el Río Salado, y hoy se hallan en la altura de Bahía Blanca, es decir como 180 leguas más avanzadas al sur. Cuando el general Rosas entró a presidir la República, las fronteras de la provincia de San Luis estaban en la misma capital, y bajo el gobierno de los ilustrados unitarios fue que emigró su población en masa. Entretanto hoy se hallan las fronteras en el Río V. En aquella época la frontera de Mendoza estaba en San Carlos y hoy se halla en San Rafael, 40 leguas adelante. Esta sencilla manifestación demuestra que las fronteras, lejos de haber retrocedido, como afirma el periodista emigrado, han avanzado, ganando campos inmensos a la civilización”.

A renglón seguido enumera las “fortalezas militares” establecidas “con progreso del país bajo el sistema federal y en la administración del general Rosas”. Si los bárbaros lograron dar algunas sorpresas, pese al poder militar de la nación, se debe a la insignificancia misma de los indios, que reducidos a ínfimo número y acuciados por el hambre “se lanzan en cortas partidas sobre los caminos” contra pasajeros indefensos. Inconveniente que la nación debe a los unitarios, aliados de Baigorria, jefe de los depredadores, perteneciente al “bando civilizador de Sarmiento”, cuyas fechorías de 1840 y 1841 reseña en apretada síntesis. El gobierno espera dar solución al problema de la intervención para “contraerse a dictar las órdenes para someterlos” a los depredadores.

“La protección que el general Rosas ha prestado a la población –sigue diciendo el redactor de La Ilustración- a la industria, a la agricultura nacional, es un hecho evidente. El ha fundado poblaciones remotas, asegurando tierras feraces y dilatadas en que anteriormente dominaban los bárbaros, y que hoy son una fuente de riqueza permanente y de prosperidad. Las empresas agrícolas y los establecimientos rurales que en el año 30 no pasaban del Río Salado, hoy llegan hasta Bahía Blanca. Importantísimas estancias cubren esas inmensas y fértiles campañas, que bajo el gobierno de los salvajes unitarios, se hallaban esterilizadas y entregadas únicamente al pillaje de los indios. El general Rosas ha dirigido siempre sus esfuerzos a extender las poblaciones, y dar expansión a la agricultura. En la administración de Rodríguez (1822) evitó las fatales consecuencias de una desacertada expedición, que intentó el gobierno sobre los indios. En la administración de Las Heras pacificó numerosas tribus de Pampas y en la de Rivadavia contuvo a los indios con su habilidad y poder. En el gobierno del ilustre coronel Dorrego, adelantó una línea de fronteras. En su primera administración de 1830, los indios fueron siempre escarmentados y perseguidos; y al terminar aquel período administrativo, descendió republicanamente del gobierno, para emprender bajo la administración de Balcarce esa gloriosa expedición al desierto que tan inmensos bienes ha dado a la nación. En ella fueron rechazados los indios hasta lo más austral de la Patagonia, destruidas numerosas tribus, asegurados los desiertos y costas del Sud, hasta una latitud de 41 grados, y allanados nuevos senderos a la civilización. Sobre las márgenes del Colorado se fundaron fortalezas; como 3.000 cautivos chilenos y argentinos fueron rescatados por el general Rosas; y la provincia de Buenos Aires adquirió más de 6.000 leguas de campos que tenían perdidos, y que hoy son un emporio de riqueza y población”.

Luego enumera lo hecho por Rosas a favor de las provincias del interior, los auxilios que le presta, la organización que dio al país con la liga litoral, base de la actual Confederación Argentina, y la protección dispensada “a las producciones e industria de los pueblos del interior” de que no gozaron en las anteriores administraciones, por el decreto del 18 de diciembre de 1835, o sea la ley de aduana para 1836.

“Sarmiento ataca –prosigue La Ilustración- como nuevos impuestos los derechos de tránsito que cobran algunas de las provincias interiores de la República, y atribuye esa imposición al sistema de gobierno en que se halla constituida la nación. Este es un nuevo rasgo de abominable deslealtad. Las tarifas de tránsito no han nacido con el gobierno federal: eran muy anteriores a su aclamación…. Sarmiento comete, pues, una porque él sabe perfectamente que la existencia de tales impuestos es muy anterior a la data del orden actual.

En seguida refuta el aserto del emigrado, al decir que San Luis rebajó los derechos de tránsito por reclamo de los gobiernos de San Juan y Mendoza. No hubo tal cosa. Luego cita un pasaje del mensaje de 1848, que encara el problema y declara el propósito de resolverlo “cuando el gobierno se encuentre desembarazado de sus atenciones vitales, y le sea posible” proponer a los gobiernos provinciales interesados “un plan para afianzar la seguridad en el tránsito, por el camino enunciado de la frontera”. Y otro de la respuesta de la legislatura bonaerense a dicho mensaje, en que se lee lo siguiente:

“Convienen con V. E. los Representantes en que los derechos que se cobran por los gobiernos del tránsito desde Buenos Aires a Mendoza sobre los ganados y cargas, no están en proporción con la inseguridad del camino. Piensan como V. E. que si esos derechos se disminuyesen producirían al erario de aquellas provincias una entrada mayor que la que hoy le proporcionan, porque la disminución de los impuestos atraería la afluencia de los ganados y cargas. Es notorio que en la actualidad se retraen los traficantes, no sólo por el recelo en el camino, sino muy principalmente en razón de que el pago de aquellos derechos en el todo hasta Mendoza y San Juan, y hasta Salta y Jujuy, y gastos de camino, exceden de un modo considerable el valor del ganado en la provincia de Buenos Aires. Este punto es nacional, y desde que V. E. se ha fijado en él, ya puede abrigarse la esperanza de que el mal será remediado con provecho, y complacencia de los gobiernos a quienes inmediatamente interesa el arreglo, y con beneficio y aplauso del comercio interior”.

A la afirmación de Sarmiento, en el sentido de que la Gaceta no tendrá más artículos del Progreso para citar, porque este periódico cambió de redacción, le contesta que la mayoría de la opinión chilena, según lo manifiestan sus diarios, apoya la resistencia argentina a la intromisión europea; y cita una carta del general Pinto a Baldomero García, donde así lo expresa. Por último refuta el absurdo sarmientino, acusando a Rosas de haber provocado las guerras permanentes en que se vio envuelto durante tantos años. La breve reseña de la cuestión del Plata, hecha en dos páginas, es lo menos bueno de este artículo de La Ilustración Argentina de Mendoza.

Decía Lafontaine: “El hombre es de hielo para la verdad, de fuego para las mentiras”. Las palabras de libertad embriagaban a la burguesía culta del siglo XIX, comprendiéndolas exclusivamente en lo que se refería al orden interno. La independencia nacional le parecía de poca monta en comparación, y descuidaba la relación entre una y otra, para después que se hubiera logrado alcanzar la primera con ayuda ajena.

El siglo posterior a Caseros les había de mostrar a los argentinos que la independencia nacional es base indispensable de la libertad individual en todo su alcance. Y que si ésta no resulta de una evolución interna, ninguna ayuda extranjera nos la dará sino a un precio infinitamente superior al que cuesta soportar el despotismo hasta el logro de la soberanía plena; problema mucho más difícil de resolver, en el espacio y en el tiempo, que el de la libertad individual.

El caso argentino está lejos de ser único en la historia mundial. En estos mismos días, Francia se extraviaba como la Argentina, hacia la senda equivocada, para ir al encuentro de los peores desastres de su historia. Con menos tradición ¿qué tiene de extraño que erráramos?

Referencia


(1) La Ilustración Argentina del 1º de junio de 1849; reproducido en Archivo Americano, 2º serie, Nº 16, ps. 137-145.

Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Irazusta, Julio – Vida política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia – Jorge E. Llopis Editor, Buenos Aires (1975).
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