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lunes, 11 de junio de 2018

Comunicaciones: El engaño de las noticias falsas a través del tiempo

La larga historia de las noticias falsas


La utilización política de las mentiras empezó mucho antes de las redes sociales, la construcción de otras realidades ha sido una constante desde la antigua Grecia





Guillermo Altares | El Pais
  Soldados alemanes durante la cuarta batalla de Ypres, en octubre de 1918. Paul Thompson Getty Images


La primera víctima de la guerra es la verdad, sostiene un viejo dicho periodístico. Aunque lo cierto es que bien podría decirse que la verdad es víctima recurrente en cualquier sociedad organizada, porque la mentira política es un arte tan viejo como la civilización. La verdad es un concepto escurridizo en metafísica y cambiante en ciencia —un nuevo descubrimiento puede anular lo que se daba por cierto—, pero en el día a día el asunto es muy diferente: hay cosas que han ocurrido y otras que no; pero los hechos, reales o inventados, influyen en nuestra percepción y opinión.

Desde la Antigüedad, verdad y mentira se han mezclado muchísimas veces y esas realidades falsas han influido en el presente. Ya lo escribió el gran historiador francés Paul Veyne en su ensayo ¿Creían los griegos en sus mitos? (Granica): "Los hombres no encuentran la verdad, la construyen, como construyen su historia".

Llegados a este punto conviene hacer una distinción entre noticias falsas y propaganda: ambas crecen y se multiplican en el mismo ecosistema, pero no son exactamente iguales. La propaganda busca convencer, ser eficaz, y para eso puede recurrir a todo tipo de instrumentos, desde el arte hasta el cine, los pasquines o las redes sociales. Las noticias falsas, una de las ramas de la propaganda, son diferentes: buscan engañar, crear otra realidad. La preocupación por la forma en la que estos engaños cuajan y por los mecanismos a través de los que se crean y se multiplican no es nueva: Reflexiones de un historiador sobre las falsas noticias de la guerra (Réflexions d'un historien sur les fausses nouvelles de la guerre, Allia, 2012) es el título de un pequeño e influyente ensayo que publicó originalmente Marc Bloch... en 1921.

Este historiador, asesinado por los nazis en 1944, fue uno de los más influyentes del siglo XX. Impulsó la Escuela de los Anales, que cambió el foco de la investigación del pasado hacia la vida cotidiana, y regresó de las trincheras de la Primera Guerra Mundial alucinado por la importancia que las noticias falsas habían tenido. Eso le llevó a reflexionar sobre su origen y difusión en un texto que podría haber sido escrito en la era del Brexit, Vladímir Putin y Donald Trump, en estos tiempos de las redes sociales y los mensajes virales. "Las noticias falsas han levantado a las masas. Las noticias falsas, en todas sus formas, han llenado la vida de la humanidad. ¿Cómo nacen? ¿De qué elementos extraen su sustancia? ¿Cómo se propagan y crecen?", escribe, para señalar un poco más adelante: "Un error solo se propaga y se amplifica, solo cobra vida con una condición: encontrar en la sociedad en la que se expande un caldo de cultivo favorable. En él, de forma inconsciente, los hombres expresan sus prejuicios, sus odios, sus temores, todas sus emociones". En otras palabras, las noticias falsas necesitan gente que quiera creerlas.

Cambiar la historia

El siglo XX y lo que llevamos del XXI ha sido la era de las mentiras masivas. Tres de los grandes conflictos en los que se metió Estados Unidos en ese periodo empezaron con invenciones: la guerra de Cuba (1898), con la manipulación de los periódicos; la guerra de Vietnam (1955-1975), con el incidente del golfo de Tonkin, y la invasión de Irak en 2003, con las inexistentes armas de destrucción masiva de Sadam Husein. "La guerra contra España fue obra de Hearst y de Pulitzer", escribió el reportero Manuel Leguineche en su ensayo sobre el nacimiento del periodismo sensacionalista, Yo pondré la guerra (El País Aguilar). "Fue su gran oportunidad de cambiar la historia, de crear una psicosis de guerra, de fabricarla, por medio de sensacionalismo, tirada, circu­lación millonaria, venta masiva, patada en el estómago del lector".

A la vez que surgieron los diarios de circulación masiva, nació un cierto escepticismo hacia ellos. Era como si algunos se empeñasen en demostrar que la verdad estaba en otro lado. Esa desconfianza se prolonga hasta nuestros días con aquellos que creen erróneamente que la prensa cuenta mentiras y las redes sociales verdades. Con el telégrafo llegó la posibilidad de enviar rápidamente historias a larga distancia, con la linotipia se pudieron imprimir masivamente y con los nuevos medios de transporte se distribuyeron en numerosos lugares. Pero en ese mismo momento, a finales del siglo XIX, surgió la desconfianza hacia lo que contaban, la misma que nutre ahora a los que buscan esa otra verdad en Facebook, que para algunos es la única ventana al mundo. Es muy significativa en ese sentido una escena de Estudio en escarlata, la primera novela de Sherlock Holmes, publicada en 1887, en la que el detective y Watson repasan los diferentes diarios —The Daily Telegraph, Daily News, Standard— y todos cuentan una versión falsa del crimen que están investigando, impulsada por motivos políticos: unos culpan a los europeos, otros a los extranjeros o los liberales. Ninguno maneja una pista fiable.

Una de las grandes tragedias del siglo XX, las matanzas masivas promovidas por los grandes totalitarismos, logró esconderse detrás de noticias falsas. Las dictaduras nazi y soviética no solo fabricaron falsedades tremendas, sino que fueron capaces de construir otra realidad en la que lo verdadero y lo falso eran elementos accesorios. Como señaló el escritor francés Emmanuel Carrère, "en la URSS no se abolió la propiedad privada, se abolió la realidad". Ahora puede resultar casi increíble que mientras Stalin asesinaba y deportaba a millones de personas, la bondad del socialismo se mantenía como un dogma en grandes sectores de Occidente. Demasiada gente pensó, de buena o mala fe, que la realidad era, en ese caso, una noticia falseada. El historiador Tony Judt lo explicaba así en Pensar el siglo XX (Taurus): "Los que entendieron correctamente el siglo tuvieron que ser capaces de imaginar un mundo para el que no existían precedentes. Tuvieron que suponer que esa situación insólita y a todas luces absurda estaba sucediendo en realidad, en lugar de dar por hecho, como todos los demás, que era grotescamente inimaginable".

Mensajeros del desastre

La historiadora francesa Annette Becker ha estudiado la influencia que la propaganda de la Primera Guerra Mundial tuvo en la Segunda. Las noticias falsas difundidas contra los alemanes entre 1914 y 1918, cuando se les acusaba de todo tipo de bestialidades con fines propagandísticos, tuvieron un efecto negativo en la percepción de las atrocidades que sí fueron cometidas entre 1939 y 1945, sobre todo en relación al Holocausto. Un ejemplo de ello fueron las dificultades que tuvieron para ser creídos los primeros agentes polacos que trajeron la noticia del exterminio de los judíos por parte de los nazis. En su libro Mensajeros del desastre (Messagers du désastre, Fayard), que acaba de salir en Francia, Becker relata la historia de Jan Karski, un héroe polaco que se jugó la vida para llevar la noticia del Holocausto a Londres. No le creyeron cuando informó a los aliados de lo que ocurría. Un alto oficial británico le explicó: "Señor, durante la Primera Guerra Mundial difundimos la propaganda de que soldados alemanes aplastaban a niños belgas contra los muros. Creo que hicimos bien. Nos ayudó a debilitar la moral del enemigo, a aumentar el odio contra los alemanes. Necesitamos informes como el suyo". Karski agregó: "Se notaba claramente que no me creía". De nuevo, una noticia verdadera era percibida como falsa.

Pero las reglas que intuyó Marc Bloch hace un siglo, que las noticias falsas necesitan una sociedad dispuesta a creerlas, comenzaron a aplicarse mucho antes de la era de la comunicación de masas, desde los creadores del pensamiento histórico, primero Heródoto y luego Tucídides. "La democracia ateniense tiene una especie de momento fundacional, de hito crucial, que en realidad fue una genial construcción narrativa", explica el helenista Óscar Martínez, profesor de griego, presidente de la delegación de Madrid de la Sociedad Española de Estudios Clásicos y autor de Héroes que miran a los ojos de los dioses (Edaf).

"Se trata del ensalzamiento de los tiranicidas Harmodio y Aristogitón, quienes pasan por ser los fundadores heroicos de la democracia ya que asesinaron al tirano de Atenas. Pero cuando Heródoto y Tucídides narran este episodio se ve claramente que hay cosas que no casan: no mataron al tirano, sino a su hermano, y la tiranía duró cuatro años. Y ponen de manifiesto que las causas del magnicidio fueron más bien un asunto personal, incluso amoroso", prosigue Martínez. Con la voluntad de investigar —la palabra que emplea Heródoto es historie— nació la lucha contra las noticias falsas.

En la antigua Roma, los gobernantes eran muy conscientes de la importancia que tenía la información y de que era esencial adaptarla a sus necesidades políticas, independientemente de la realidad. "En Roma las noticias se transmitían fundamentalmente a través de las imágenes", explica el investigador Néstor F. Marqués, que publicó recientemente Un año en la antigua Roma: La vida cotidiana de los romanos a través de su calendario (Espasa). "No todo el mundo sabía leer o escribir, por lo que la información visual era muy importante. La forma más rápida de difundir la llegada de un nuevo emperador era acuñar monedas con su cara", prosigue. Y ahí encuentra Marqués un ejemplo de manual de noticia falsa: "El emperador Septimio Severo, nacido en Leptis Magna y que nada tenía que ver con su antecesor, el malogrado Cómodo, para legitimar su poder decidió extender la idea de que él mismo era el hermano perdido de Cómodo, hijo ilegítimo de Marco Aurelio y, por ello, la persona más idónea para ocupar el cargo. En las primeras monedas que acuñó hizo que le retrataran con unos rasgos muy parecidos a los de Marco Aurelio".

Profanación de un crucifijo (Familia de herejes azotando un crucifijo), de Francisco Rizi. Museo Nacional del Prado

Noticias y juglares

También en la Edad Media las noticias se propagaban con sorprendente eficacia a pesar de que las condiciones materiales no acompañaban al movimiento informativo. Claude Gauvard, profesora emérita en La Sorbona, ha investigado las formas de transmisión de información en ese periodo: "Un caballo podía recorrer 30 kilómetros al día, pero el tiempo que tardaba en transmitirse una información podía acelerarse dependiendo del interés de la noticia", explica en un correo electrónico. Las órdenes mendicantes tenían un papel importante en la diseminación de información, al igual que los juglares, los peregrinos o los vagabundos, porque todos ellos recorrían grandes distancias. Las ciudades también tenían correos organizados y sellos para lacrar mensajes y tratar de certificar la veracidad de las misivas. Gracias a todo esto, la circulación de bulos era intensa y políticamente relevante. Gauvard pone como ejemplo de noticia falsa clásica medieval la historia del rey, conde o señor que desaparece en la batalla y que reaparece, anciano y transformado.

Un motivo para la construcción de noticias falsas en aquel periodo era tratar de explicar así la justificación de actos que, de otra forma, serían intolerables, como el magnicidio. "El duque de Borgoña, tras encargar en 1407 el asesinato del duque de Orleans, llevó a cabo una campaña epistolar: se dirigió a las ciudades del reino, a los príncipes, a la Iglesia, hasta al Papa. En ellas argumentaba que el duque de Orleans era un tirano, que intentó asesinar a la familia real", explica Gauvard, y cuenta que hubo muchos otros casos de campañas certeras de desinformación, que llegaron incluso a afectar a Juana de Arco. Pero la historiadora cree que el ejemplo más claro para demostrar la importancia que tuvieron las mentiras son las cazas de las brujas y las calumnias contra los judíos, auténticas campañas de desinformación con resultados catastróficos. "Pudieron ser movimientos populares, pero fueron manipulados por las autoridades", asegura.

En un libro de reciente aparición, Crimen e ilusión. El arte de la verdad en el Siglo de Oro (Marcial Pons), Felipe Pereda, profesor de arte español en la Universidad de Harvard, ha estudiado a fondo otro escandaloso y apasionante caso en el que la construcción de una noticia falsa tuvo implicaciones políticas. Ocurrió en el Madrid del siglo XVII, y es un ejemplo claro de persecución antisemita. "En 1632 se produjo un auto de fe en el que fueron quemados cuatro marranos (judíos conversos) portugueses y otros fueron enviados a galeras. Todos ellos eran acusados de haber profanado dos años antes un crucifijo. Las autoridades sostenían que el objeto se habría resistido a ser quemado y que incluso habría hablado a esas personas. Aquel fue uno de los grandes escándalos del primer Gobierno del conde-duque de Olivares, a quien se acusaba de favorecer a los banqueros marranos por encima de los genoveses", explica Pereda.

La persecución en la calle de las Infantas, donde vivían aquellos judíos, tuvo motivaciones políticas. Como explica el investigador del antisemitismo en España Uriel Macías, el eco de aquel caso fue tal que Calderón de la Barca escribió una obra, El nuevo palacio del Retiro, y Quevedo redactó un furibundo panfleto antisemita, Execración contra los judíos. En 1650, Quevedo también publicó La isla de los Monopantos, una obra en la que por primera vez se habla del complot judío universal para dominar el mundo, teoría que sería explotada a fondo por Los protocolos de los sabios de Sión, una de las grandes falsificaciones de la historia, que encontró amplia difusión a principales del siglo XX. Históricamente el antisemitismo ha sido un terreno fértil para plantar mentiras.

La Inquisición se aprovechaba y, al mismo tiempo, lo azuzaba. "En la inmensa mayoría de las leyendas antisemitas es fácilmente trazable cómo se forjan las mentiras", explica Macías, y relata que, tras el auto de fe de 1632, se convocaron concursos literarios sobre el tema y la Inquisición distribuyó panfletos anticristianos, presuntamente escritos por judíos, que habían sido falsificados de arriba abajo para agitar y convencer al pueblo. Aquel proceso contra los marranos no solo se basó en pruebas inventadas, sino que fue una chapuza jurídica: el único testigo era un niño menor de 10 años, con graves problemas cognitivos, algo en teoría inaceptable por la Inquisición, que se saltó sus propias normas.

Las casas de los judíos fueron destruidas y allí se erigió el convento de Capuchinos de la Paciencia de Cristo, con una capilla situada exactamente en el mismo espacio donde se produjo el imaginario sacrilegio. Se instalaron allí cuatro pinturas enormes realizadas por Francisco Rizi, Francisco Camilo, Andrés de Vargas y Francisco Hernández. "Los cuadros reconstruyen con documentadísimo cuidado la escena del crimen, describen los detalles de los sucesos, identifican a cada uno de sus protagonistas y, lo que es más importante, convierten a los espectadores en testigos de los hechos", escribe Pereda en su ensayo. El punto de vista es el del único testigo de la profanación. Tres de los cuadros se encuentran en depósito en el Museo del Prado, ya que la capilla se destruyó en el XIX. No hicieron falta entonces redes sociales para construir desde cero la mentira perfecta, para crear una realidad incontestable aunque falsa.

Otro ejemplo de la eficacia de la Inquisición en la diseminación de historias falsas es el caso del Santo Niño de La Guardia ocurrido en Toledo. Varios judíos y conversos fueron acusados de asesinar a un niño que nunca existió (y a pesar de ello, sigue siendo venerado en la actualidad). Políticamente este suceso inventado en 1490 tuvo un impacto formidable: fue uno de los pretextos para la expulsión en 1492. "Nunca se echó en falta ningún niño, ni se encontró ningún cuerpo", explica la historiadora Mercedes García-Arenal, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). "Pero se montó un proceso con confesiones bajo tortura y varios judíos y judeosconversos fueron quemados. Este hecho sirvió para acallar las voces alzadas en contra de la Inquisición y para decretar la expulsión de los judíos",

El rédito político de las noticias falsas es grande, y lo fue mucho antes de Internet, pero siempre ha necesitado de un buen caldo de cultivo. Las mentiras que se cuelan y convencen a las masas no llegaron con las redes.

sábado, 24 de febrero de 2018

Guerra Antisubversiva: El impune Perro Verbitsky

¿Quién es usted, Verbitsky? 

Por Pedro José Güiraldes
Prensa Republicana




“El Perro” ha puesto en pausa su activa participación en Página 12 tras revelar recientemente, desde allí, una lista parcial de quienes blanquearon bienes ante la AFIP. Una vez más, se cumplió lo que sobre él afirmó Rodolfo Galimberti, su compañero en Montoneros, en 1987: “Ud. pertenece a la raza de los que no se arrepienten de nada, pero se borran de todo”.

Verbitsky ya había confesado, en 1992: “He sido peronista desde los 13 años. He sido periodista desde los 18. He sido militante peronista desde los 19 años. He sido militante montonero. He dejado de ser peronista en 1973 y dejado de ser montonero en 1977. Sigo siendo periodista”.

Su disposición a prestar servicios por derecha y por izquierda se manifestó precozmente. En la década de 1960 trabajó simultáneamente para “Semanario CGT de los Argentinos” y “Noticias Gráficas” de la izquierda y en la derechista “Confirmado”, entre otros.

En 1974 escapó a Perú, en un avión del gobierno militar peruano, antes del secuestro de los hermanos Born y de los asesinatos de Juan Carlos Pérez y Alberto Bosch. Cobrado el rescate y enviada la mitad de los 60 millones de dólares a Cuba, vía Lima, volvió a la Argentina, a fines de 1975. “El Perro” afirma no haber tenido nada que ver con dicha operación.

Dos personas atestiguaron que pasó el golpe militar del 24 de marzo de 1976 escondido, por mi padre, en su campo. Allí encontré, en 2015, los borradores manuscritos de Verbitsky para los discursos de los Comandantes en Jefe de la Fuerza Aérea Argentina (FAA) y las memorias del Instituto Jorge Newbery (IJN), dependiente de la misma, en las que constan sus contratos con la FAA a través del IJN y los pagos.

Como lugarteniente de Rodolfo Walsh en Montoneros planificó el atentado del 2 de julio de 1976 en el comedor de la Superintendencia de Seguridad Federal (SSF), que causó 24 muertos y 60 heridos. Walsh caería peleando el 25 de marzo de 1977. Y de nuevo Galimberti lo desnuda: “a Verbitsky no le tocaron ni el timbre”.

Otros lo sindican como colaborando con el Ejército Argentino a cambio de salvoconductos a Cuba para Mario Eduardo Firmenich, Fernando Vaca Narvaja, Roberto Perdía y otros jefes Montoneros.

Un testigo presencial me relató, con todo detalle, los encuentros de “el Perro” con Leandro Sánchez Reisse, agente del Batallón de Inteligencia 601, quien terminó liderando una banda de secuestros extorsivos, durante la dictadura militar.

Simultáneamente, entre 1977 y 1979, como parte de sus planes presidenciales, tenían lugar las reuniones de Massera con los jefes montoneros, en Europa. Mi tía, Elena Holmberg, y el Embajador Héctor Hidalgo Solá, fueron asesinados por haber informado de las mismas.

Las contraofensivas de 1979 y 1980, a las que las Tropas Especiales de Infantería de Montoneros fueron enviadas a una muerte segura, se cobraron las vidas de Francisco Soldati y del Cabo Ricardo Durán, salvando las suyas Juan Alemann y Guillermo Walter Klein, suerte que no tuvieron sus custodios, Hugo Cardacci y Julio Moreno.

Por todo ello, la supervivencia de Horacio Verbitsky, a cara descubierta, durante la última dictadura militar, no admite otra explicación que una amplia, efectiva y determinante colaboración con la misma.

“El Perro” dejó de ser periodista cuando se convirtió en aliado de los Kirchner, a cuyos gobiernos aportó el poder simbólico malversado de la causa de los Derechos Humanos y protección periodística para el saqueo desde Página12, a cambio de manos libres para la multinacional usurpadora de los DD.HH. que encabeza el CELS, con la presidencia del propio Verbitsky, y que integran otras organizaciones.

Desarrollada a partir de 2003 para llevar adelante los juicios de la venganza por la derrota militar de las Organizaciones Armadas Revolucionarias (OAR) durante la década de 1970, la multinacional de los DD.HH. no pudo ser más exitosa. Según las propias cifras del CELS al 30 de junio de 2017, entre más de 3100 acusados por delitos de lesa humanidad, sólo 27 tenían sentencias firmes no recurridas ante la CSJN. No obstante lo cual 1144 seguían presos, 511 de ellos con prisiones preventivas de hasta diez y seis años. Muchos de los prisioneros superan largamente los setenta años y/o son enfermos terminales, pero no gozan de prisión domiciliaria. Los mismos informes del CELS daban cuenta de 508 acusados fallecidos, 438 de ellos sin condena.

Del lado de las OAR, en cambio, no existen procesados, ni condenados, ni presos y Verbitsky, junto con Firmenich, último jefe máximo de Montoneros, se beneficiaron con la prescripción en la causa de la masacre en el comedor de la SSF ya mencionado, como si los crímenes terroristas no hubieran sido delitos de lesa humanidad.

“El Perro” ataca a quien se atreva a poner en duda la cifra de 30.000 muertos y desaparecidos, eso a pesar de los tres informes oficiales de 1984, 2006 y 2015 que detallan 8.961; 8.368 y 8.631 casos respectivamente, cifras que coinciden con las 8.717 placas del Parque de la Memoria.

Las leyes de reparación histórica indemnizaron sin discriminar entre guerrilleros muertos en combate y víctimas del terrorismo de estado y cada uno de los más de los más de quince mil beneficiarios cobró unos US$ 250.000. Asimétricamente, las víctimas de las organizaciones terroristas no recibieron ni reconocimiento, ni justicia, nada.

El protagonismo de la multinacional de los DD.HH. en el caso de Santiago Maldonado tuvo la impronta de Verbitsky y una única hipótesis autorizada: “el gobierno de Macri es el responsable de su desaparición forzada seguida de muerte”. La estrategia se completó con el aporte de pruebas, pericias y testimonios falsos; presión mediática; acciones directas violentas y demonización de todo aquello que terminó probando que la hipótesis santificada era una mentira.

“El Perro”, sigue intentando sacar provecho político de casos como los de Maldonado, Milagro Sala y Rafael Nahuel; insistiendo con falsas acusaciones por delitos de lesa humanidad; adhiriendo solapadamente a proclamas como “Macri, basura, vos sos la dictadura”; minimizando el accionar del RAM; promoviendo la violencia callejera y sosteniendo la teoría penal abolicionista.

Pocos parecen haberlo conocido mejor que Rodolfo Galimberti quien también afirmó sobre el ex periodista: “Tira mierda sobre todos como si él meara agua bendita”

La suerte del submarino ARA San Juan y sus 44 tripulantes está echada y resulta imposible no recordar que Verbitsky ha contribuido con su prédica, como pocos, al desprestigio, humillación, desarme y reducción hasta la inexistencia de las fuerzas de defensa argentinas.

“Episodios como el del Jueves son alentadores”, dijo “El Perro” en su discurso de presentación del Informe Anual 2017 del CELS, refiriéndose a la violencia golpista del 14 de diciembre pasado, multiplicada hasta el paroxismo el Lunes 18.

Odios y resentimientos de origen incierto parecen alimentar la pulsión destructiva de Horacio Verbitsky. Su largo derrotero al servicio de intereses encontrados confunde, al mismo tiempo que confirma su habilidad para seguir haciendo el mal, a diestra y siniestra, con total impunidad.
Si más testigos se animan a hablar, aparecen nuevas revelaciones y pruebas, ¿será la suerte de El Perro terminar siendo acusado, procesado, juzgado y condenado por delitos de lesa humanidad?

www.eldiarioexterior.com

jueves, 1 de febrero de 2018

Guerra de Vietnam: ¿Que pasó después de la ejecución de Nguyen Van Lem?


La emblemática foto de Guerra de Vietnam de Eddie Adams: ¿Qué pasó después?

BBC News



AMERICAN HISTORY
Una serie de imágenes de Eddie Adams previas al asesinato de Nguyen Van Lem


El fotoperiodista Eddie Adams capturó una de las imágenes más famosas de la Guerra de Vietnam, el mismo instante de una ejecución durante el caos de la ofensiva Tet. Le traería una vida de gloria, pero como escribe James Jeffrey, también de pena.

Advertencia: esta historia incluye la foto de Adams del momento del rodaje y descripciones gráficas de la misma.

La pistola de punta chata ya retrocede en el brazo extendido del hombre cuando la cara del prisionero se contorsiona por la fuerza de una bala que ingresa en su cráneo.

A la izquierda del marco, un soldado que mira parece estar haciendo muecas en estado de shock.

Es difícil no sentir la misma repulsión y culpa, con el conocimiento de que uno está mirando el momento preciso de la muerte.

Los expertos en balística dicen que la imagen, que se conoció como Ejecución de Saigón, muestra el microsegundo en que la bala entró en la cabeza del hombre.

La foto de Eddie Adams del General de Brigada Nguyen Ngoc Loan disparando a un prisionero del Viet Cong es considerada una de las imágenes más influyentes de la Guerra de Vietnam.

En ese momento, la imagen se reimprimió en todo el mundo y llegó a simbolizar para muchos la brutalidad y la anarquía de la guerra.

También impulsó el creciente sentimiento en Estados Unidos sobre la inutilidad de la lucha, que la guerra no se pudo ganar.


Image copyright | AP / BRISCOE CENTRE FOR AMERICAN HISTORY

"Hay algo en la naturaleza de una imagen fija que afecta profundamente al espectador y se queda con ellos", dice Ben Wright, director asociado de comunicaciones en el Centro Dolph Briscoe para la historia de Estados Unidos.

El centro, con sede en la Universidad de Texas en Austin, alberga el archivo de fotos, documentos y correspondencia de Adams.

"La grabación de la película del tiroteo, aunque espantosa, no evoca los mismos sentimientos de urgencia y tragedia absoluta".

Pero la foto no pudo explicar las circunstancias en las calles de Saigón el 1 de febrero de 1968, dos días después de que las fuerzas del Ejército Popular de Vietnam y el Viet Cong lanzaran la ofensiva Tet. Decenas de ciudades vietnamitas del sur fueron atrapadas por sorpresa.

Los intensos combates callejeros habían sumido a Saigón en el caos cuando los militares vietnamitas atraparon a un presunto líder del escuadrón del Viet Cong, Nguyen Van Lem, en el lugar de una fosa común de más de 30 civiles.

Adams comenzó a tomar fotos mientras Lem era sacado por las calles hacia el jeep de Loan.

Loan se paró junto a Lem antes de apuntar con su pistola a la cabeza del prisionero.

"Pensé que iba a amenazar o aterrorizar al tipo", recordó Adams después, "así que, naturalmente, levanté mi cámara y tomé la fotografía".

Se cree que Lem asesinó a la esposa y a los seis hijos de uno de los colegas de Loan. El general disparó su pistola.

"Si dudas, si no cumpliste con tu deber, los hombres no te seguirán", dijo el general sobre lo repentino de sus acciones.


Inmediatamente después. Imagen de derechos de autor
AP / BRISCOE CENTER FOR AMERICAN HISTORY

El préstamo desempeñó un papel crucial durante las primeras 72 horas de la ofensiva Tet, galvanizando a las tropas para evitar la caída de Saigón, según el coronel Tullius Acampora, que trabajó durante dos años como oficial de enlace del Ejército de los EE. UU. Para préstamos.

Adams dijo que su impresión inmediata fue que Loan era un "asesino frío e insensible". Pero después de viajar con él por todo el país revisó su evaluación.

"Es un producto del Vietnam moderno y de su tiempo", dijo Adams en un despacho de Vietnam.

En mayo del año siguiente, la foto había ganado a Adams un Premio Pulitzer por fotografía de noticias puntuales.

Pero a pesar de este logro periodístico y de las felicitaciones de los ganadores de Pulitzer, el presidente Richard Nixon e incluso niños de escuela en todo Estados Unidos, la foto vendría a atormentar a Adams.

"Obtenía dinero por mostrar a un hombre matando a otro", dijo Adams en una ceremonia de premiación posterior. "Se destruyeron dos vidas y me pagaban por ello. Era un héroe".



Eddie Adams (derecha) levanta su Premio Pulitzer

Adams y Loan se mantuvieron en contacto, incluso se hicieron amigos después de que el general huyó de Vietnam del Sur al final de la guerra por los Estados Unidos.

Pero a la llegada de Loan, los Servicios de Inmigración y Nacionalización de los EE. UU. Querían deportarlo, un movimiento influenciado por la foto. Se acercaron a Adams para testificar contra Loan, pero Adams en cambio testificó a su favor.

Adams incluso apareció en televisión para explicar las circunstancias de la fotografía.

El Congreso finalmente levantó la deportación y se permitió que Préstamo se quedara, abriendo un restaurante en un suburbio de Washington, DC, que sirve hamburguesas, pizzas y platos vietnamitas.

Una vieja foto del artículo del periódico del Washington Post muestra un préstamo sonriente más viejo sentado en el mostrador del restaurante.

Pero eventualmente fue forzado a retirarse cuando la publicidad sobre su negocio pasado agriado. Adams recordó que en su última visita al restaurante encontró graffiti abusivos sobre Loan garabateados en el inodoro.

Hal Buell, editor de fotos de Adams en la AP, dice que la ejecución de Saigon sigue dominando 50 años después porque la foto, "en un marco, simboliza la brutalidad de la guerra completa".

"Como todos los iconos, resume lo que sucedió antes, captura un momento actual y, si somos lo suficientemente inteligentes, nos dice algo acerca de la futura brutalidad que todas las guerras prometen".

Y Buell dice que la experiencia le enseñó a Adams los límites de una sola fotografía que cuenta una historia completa.

"Se cita a Eddie diciendo que la fotografía es un arma poderosa", dice Buell. "La fotografía, por su naturaleza, es selectiva. Aísla un solo momento, divorciarse de ese momento de los momentos anteriores y posteriores puede conducir posiblemente a un significado ajustado".

Adams pasó a una carrera de fotografía expansiva, ganando más de 500 premios de fotoperiodismo y fotografiando figuras de alto perfil como Ronald Reagan, Fidel Castro y Malcolm X.

Pero a pesar de todo lo que logró después de Vietnam, el momento de su fotografía más famosa siempre permanecerá con Adams.

"Dos personas murieron en esa fotografía", escribió Adams después de la muerte de Loan por cáncer en 1998. "El general mató al Viet Cong, maté al general con mi cámara".

jueves, 23 de noviembre de 2017

Holodomor: Cómo Stalin manejó la censura del holocausto ucraniano

Cómo Stalin ocultó la hambruna de Ucrania del mundo

En 1932 y 1933, millones murieron en toda la Unión Soviética, y el cuerpo de prensa extranjero ayudó a encubrir la catástrofe.


Sombras de personas enterrando docenas de ataúdes en una fosa común.
Las sombras de las personas que entierran docenas de ataúdes en una fosa común se ven el 25 de noviembre de 2006 en un día de recuerdo de hasta 10 millones de personas que murieron de hambre en la gran hambruna de 1932-33 en la ciudad de Zhovkva. Serguei Supinsky / Getty

Anne Applebaum | The Atlantic


En los años 1932 y 1933, una hambruna catastrófica arrasó la Unión Soviética. Comenzó en el caos de la colectivización, cuando millones de campesinos fueron obligados a abandonar sus tierras e hicieron que se unieran a las granjas estatales. Fue entonces exacerbado, en el otoño de 1932, cuando el Politburó soviético, el liderazgo de élite del Partido Comunista soviético, tomó una serie de decisiones que intensificaron la hambruna en el campo ucraniano. A pesar de la escasez, el estado exigió no solo grano, sino todos los alimentos disponibles. En plena crisis, equipos organizados de policías y activistas locales del Partido, motivados por el hambre, el miedo y una década de propaganda de odio, ingresaron a las casas campesinas y tomaron todo comestible: papas, remolacha, calabaza, frijoles, guisantes y animales de granja. . Al mismo tiempo, se dibujó un cordón alrededor de la república ucraniana para evitar el escape. El resultado fue una catástrofe: al menos 5 millones de personas perecieron de hambre en toda la Unión Soviética. Entre ellos había cerca de 4 millones de ucranianos que murieron no por negligencia o por falta de cosecha, sino porque habían sido deliberadamente privados de alimentos.


Ni la hambruna ucraniana ni la más amplia hambruna soviética fueron oficialmente reconocidas por la URSS. Dentro del país nunca se mencionó el hambre. Toda la discusión fue activamente reprimida; las estadísticas se modificaron para esconderlo. El terror era tan abrumador que el silencio fue completo. Fuera del país, sin embargo, el encubrimiento requería tácticas diferentes y más sutiles. Estos están bellamente ilustrados por las historias paralelas de Walter Duranty y Gareth Jones.

                                                                                          * * *

En la década de 1930, todos los miembros del cuerpo de prensa de Moscú condujeron a una existencia precaria. En ese momento, necesitaban el permiso del estado para vivir en la URSS, e incluso para trabajar. Sin una firma y el sello oficial del departamento de prensa, la oficina central de telégrafos no enviaría sus despachos al exterior. Para ganar ese permiso, los periodistas negociaban regularmente con los censores del Ministerio de Relaciones Exteriores sobre qué palabras podían usar, y mantuvieron buenos términos con Konstantin Umansky, el oficial soviético responsable del cuerpo de prensa extranjero. William Henry Chamberlin, entonces corresponsal de Moscú del Christian Science Monitor, escribió que el reportero extranjero "trabaja bajo una Espada de Damocles: la amenaza de expulsión del país o la denegación de permiso para volver a entrar en él, lo que, por supuesto, importa a la misma cosa ".

Las recompensas adicionales estaban disponibles para aquellos, como Walter Duranty, que jugó particularmente bien el juego. Duranty fue corresponsal del New York Times en Moscú desde 1922 hasta 1936, un papel que, durante un tiempo, lo hizo relativamente rico y famoso. Británico de nacimiento, Duranty no tenía vínculos con la izquierda ideológica, adoptando más bien la posición de un "realista" duro y escéptico, tratando de escuchar a ambos lados de la historia. "Se puede objetar que la vivisección de animales vivos es algo triste y terrible, y es cierto que la gran cantidad de kulaks y otros que se han opuesto al experimento soviético no es feliz", escribió en 1935, siendo los kulaks los llamados campesinos adinerados a quienes Stalin acusó de causar la hambruna. Pero "en ambos casos, el sufrimiento infligido se hace con un propósito noble".


Esta posición hizo que Duranty fuera enormemente útil para el régimen, que hizo todo lo posible para garantizar que Duranty viviera bien en Moscú. Tenía un piso grande, tenía un automóvil y una amante, tenía el mejor acceso de cualquier corresponsal y dos veces recibió entrevistas codiciadas con Stalin. Pero la atención que ganó de su informe en los EE. UU. Parece haber sido su principal motivación. Sus misivas de Moscú lo convirtieron en uno de los periodistas más influyentes de su tiempo. En 1932, su serie de artículos sobre los éxitos de la colectivización y el Plan de cinco años le valió el Premio Pulitzer. Poco después, Franklin Roosevelt, entonces gobernador de Nueva York, invitó a Duranty a la mansión del gobernador en Albany, donde el candidato presidencial demócrata lo criticó con preguntas. "Hice todas las preguntas esta vez. Fue fascinante ", dijo Roosevelt a otro reportero.

A medida que empeoraba la hambruna, Duranty, al igual que sus colegas, no habría tenido ninguna duda sobre el deseo del régimen de reprimirlo. En 1933, el Ministerio de Relaciones Exteriores comenzó a exigir que los corresponsales presenten un itinerario propuesto antes de cualquier viaje a las provincias; todas las solicitudes para visitar Ucrania fueron rechazadas. Los censores también comenzaron a monitorear los despachos. Se permitieron algunas frases: "escasez aguda de alimentos", "severidad alimentaria", "déficit alimentario", "enfermedades debidas a la desnutrición", pero nada más. A fines de 1932, los funcionarios soviéticos incluso visitaron a Duranty en su casa, lo que lo puso nervioso.

En esa atmósfera, pocos de ellos se inclinaron a escribir sobre la hambruna, aunque todos lo sabían. "Oficialmente, no hubo hambre", escribió Chamberlin. Pero "a cualquier persona que vivió en Rusia en 1933 y que mantuvo los ojos y los oídos abiertos, la historicidad de la hambruna simplemente no está en duda". El propio Duranty discutió la hambruna con William Strang, diplomático de la embajada británica, a fines de 1932 . Strang informó secamente que el corresponsal del New York Times había estado "despertándose a la verdad por algún tiempo", aunque no había "dejado entrar al gran público estadounidense en secreto". Duranty también le dijo a Strang que consideraba "muy posible que hasta 10 millones de personas pueden haber muerto directa o indirectamente por falta de alimentos ", aunque esa cifra nunca apareció en ninguno de sus informes. La renuencia de Duranty a escribir sobre la hambruna puede haber sido particularmente grave: la historia arrojó dudas sobre su informe anterior, positivo (y premiado). Pero no estaba solo. Eugene Lyons, corresponsal de Moscú para United Press y en un momento marxista entusiasta, escribió años después que todos los extranjeros en la ciudad eran conscientes de lo que sucedía en Ucrania, así como de Kazajstán y la región del Volga:

La verdad es que no buscamos la corroboración por la sencilla razón de que no tuvimos dudas sobre el tema. Hay hechos demasiado grandes para requerir la confirmación de testigos presenciales. ... Dentro de Rusia, el asunto no fue discutido. La hambruna fue aceptada como una cuestión de rutina en nuestra conversación informal en los hoteles y en nuestros hogares.
Todos lo sabían, pero nadie lo mencionó. De ahí la reacción extraordinaria tanto del establishment soviético como del cuerpo de prensa de Moscú a la aventura periodística de Gareth Jones.


Jones era un joven galés, solo tenía 27 años en el momento de su viaje de 1933 a Ucrania.

Posiblemente inspirado por su madre -como una joven que había sido institutriz en la casa de John Hughes, el empresario galés que fundó la ciudad ucraniana de Donetsk- decidió estudiar ruso, francés y alemán en la Universidad de Cambridge. Luego consiguió un trabajo como secretario privado de David Lloyd George, el ex primer ministro británico, y también comenzó a escribir sobre política europea y soviética como freelance. A principios de 1932, antes de que se impusiera la prohibición de viajar, viajó al campo soviético (acompañado por Jack Heinz II, vástago del imperio de la salsa de tomate), donde dormía en "suelos infestados de insectos" en aldeas rurales y fue testigo de los comienzos de la hambruna.

En la primavera de 1933, Jones regresó a Moscú, esta vez con una visa que le fue otorgada en gran medida porque trabajó para Lloyd George (se estampó "Besplatno" o "Gratis" como señal de favor oficial de los soviéticos). Iván Maisky, el embajador soviético en Londres, había querido impresionar a Lloyd George y había cabildeado en nombre de Jones. Al llegar, Jones primero recorrió la capital soviética y se encontró con otros corresponsales y funcionarios extranjeros. Lyons lo recordaba como "un hombrecillo sereno y meticuloso ... del tipo que lleva un cuaderno de notas y registra sin vergüenza sus palabras mientras habla". Jones se reunió con Umansky, le mostró una invitación del Cónsul General de Alemania en Kharkiv y le pidió que visitar Ucrania Umansky estuvo de acuerdo. Con ese sello oficial de aprobación, partió hacia el sur.

"No hay pan. No hemos tenido pan por más de dos meses. Mucho se está muriendo ".

Jones abordó el tren en Moscú el 10 de marzo. Pero en lugar de viajar hasta Kharkiv, se bajó del tren a unas 40 millas al norte de la ciudad. Llevando una mochila llena de "muchas barras de pan blanco, con mantequilla, queso, carne y chocolate compradas con moneda extranjera", comenzó a seguir la vía férrea hacia Kharkiv. Durante tres días, sin ningún ministro o escolta oficial, recorrió más de 20 aldeas y granjas colectivas en la cima del hambre, anotando sus pensamientos en cuadernos más tarde conservados por su hermana:

Crucé la frontera de la Gran Rusia a Ucrania. En todas partes hablé con los campesinos que pasaron por allí. Todos tenían la misma historia.
"No hay pan. No hemos tenido pan por más de dos meses. Mucha gente está muriendo ". La primera aldea no tenía más patatas y el almacén de burak (" remolacha ") se estaba agotando. Todos dijeron: "El ganado se está muriendo, nechevo kormit '[no hay nada para alimentarlos]. Solíamos alimentar al mundo y ahora tenemos hambre. ¿Cómo podemos sembrar cuando nos quedan pocos caballos? ¿Cómo podremos trabajar en el campo cuando somos débiles por falta de alimentos? "
Jones dormía en el suelo de chozas campesinas. Él compartió su comida con la gente y escuchó sus historias. "Trataron de quitar mis iconos, pero dije que soy un campesino, no un perro", le dijo alguien. "Cuando creíamos en Dios, éramos felices y vivíamos bien. Cuando intentaron acabar con Dios, tuvimos hambre ". Otro hombre le dijo que no había comido carne durante un año.


Jones vio a una mujer confeccionando un paño casero para la ropa y un pueblo donde la gente comía carne de caballo. Eventualmente, fue confrontado por un "miliciano" que pidió ver sus documentos, después de lo cual los policías vestidos de civil insistieron en acompañarlo en el próximo tren a Járkov y llevarlo a la puerta del consulado alemán. Jones, "regocijándose por mi libertad, le dije un cortés adiós, un anticlímax pero bienvenido".

En Kharkhiv, Jones siguió tomando notas. Observó a miles de personas haciendo cola en las líneas de pan: "Comienzan a hacer cola a las 3 a 4 de la tarde para tomar el pan a la mañana siguiente a las 7. Es frío: muchos grados de heladas". Pasó una velada en el teatro- "Público: un montón de barra de labios pero sin pan" -y habló a las personas sobre la represión política y los arrestos masivos que rodaron por Ucrania al mismo tiempo que la hambruna. Llamó al colega de Umansky en Kharkiv, pero nunca logró hablar con él. En silencio, se escapó de la Unión Soviética. Unos días después, el 30 de marzo, apareció en Berlín en una conferencia de prensa probablemente organizada por Paul Scheffer, un periodista Berliner Tageblatt que había sido expulsado de la URSS en 1929. Declaró que se estaba desarrollando una gran hambruna en toda la Unión Soviética y emitió una declaración:

En todas partes estaba el grito: "No hay pan". Nos estamos muriendo ". Este grito provino de todas partes de Rusia, del Volga, Siberia, Rusia Blanca, el Cáucaso del Norte, Asia Central ...
"Estamos esperando la muerte", le agradecí: "Mira, todavía tenemos nuestro forraje para ganado. Ir más al sur Ahí no tienen nada. Muchas casas están vacías de personas que ya están muertas ", gritaron.

La conferencia de prensa de Jones fue retomada por dos periodistas estadounidenses radicados en Berlín, en The New York Evening Post ("La hambruna agarra a Rusia, millones de personas mueren, la ociosa en aumento dice Briton") y en el Chicago Daily News ("La hambruna rusa ahora como grande como hambruna de 1921, dice el secretario de Lloyd George "). Siguieron otras sindicalizaciones en una amplia gama de publicaciones británicas. Los artículos explicaron que Jones había tomado una "caminata larga a través de Ucrania", citó su comunicado de prensa y agregó detalles de la hambruna masiva. Señalaron, al igual que el propio Jones, que había quebrantado las reglas que impedían a otros periodistas: "Caminé por la región de la tierra negra", escribió, "porque esa era una vez las tierras agrícolas más ricas de Rusia y porque los corresponsales estaban prohibidos para ir a ver por sí mismos lo que está sucediendo ". Jones continuó publicando una docena de artículos adicionales en el London Evening Standard y Daily Express, así como en el Western Mail de Cardiff.




Las autoridades que le habían dado favores a Jones estaban furiosas. Litvinov, el ministro de Exteriores soviético, se quejó con enojo a Maisky, usando una ácida alusión literaria a la famosa obra de Gogol sobre un burócrata fraudulento:

Es sorprendente que Gareth Johnson [sic] haya personificado el papel de Khlestakov y haya logrado que todos ustedes sean las partes del gobernador local y varios personajes de The Government Inspector. De hecho, él es simplemente un ciudadano común, se llama a sí mismo el secretario de Lloyd George y, aparentemente a esta última, solicita una visa, y usted en la misión diplomática sin verificarlo, insiste en que [OGPU] entre en acción para satisfacer su solicitud. Le dimos a este individuo todo tipo de apoyo, lo ayudamos en su trabajo, incluso acepté conocerlo, y él resultó ser un impostor.
Justo después de la conferencia de prensa de Jones, Litvinov proclamó una prohibición aún más estricta de los periodistas que viajaban fuera de Moscú. Más tarde, Maisky se quejó con Lloyd George, quien, según el informe del embajador soviético, se distanció de Jones, declarando que no había patrocinado el viaje y que no había enviado a Jones como su representante. Lo que realmente creía que era desconocido, pero Lloyd George nunca más volvió a ver a Jon
es.


El cuerpo de prensa de Moscú estaba aún más enojado. Por supuesto, sus miembros sabían que lo que Jones había denunciado era cierto, y unos pocos buscaban formas de contar la misma historia. Malcolm Muggeridge, en el momento en que el corresponsal de Manchester Guardian, acaba de contrabandear tres artículos sobre la hambruna del país a través de una bolsa diplomática. The Guardian los publicó anónimamente, con fuertes cortes hechos por editores que desaprobaban su crítica a la URSS y, apareciendo en un momento en que las noticias estaban dominadas por el ascenso de Hitler al poder, fueron ampliamente ignoradas. Pero el resto del cuerpo de prensa, dependiente de la buena voluntad oficial, cerró filas contra Jones. Lyons describió meticulosamente lo que sucedió:
Arrojar a Jones fue una tarea tan desagradable como la que nos cayó a cualquiera de nosotros en años de malabarismos hechos para complacer a los regímenes dictatoriales, pero derribarlo lo hicimos, por unanimidad y en fórmulas casi idénticas de equívocos. El pobre Gareth Jones debe haber sido el ser humano más sorprendido vivo cuando los hechos que él tan cuidadosamente obtuvo de nuestra boca fueron cubiertos por nuestras negaciones. ... Hubo mucha negociación con un espíritu de caballeroso dar y recibir, bajo la refulgencia de la sonrisa dorada de Umansky, antes de que se resolviera una negación formal. Admitimos lo suficiente para calmar nuestras conciencias, pero en frases rotundas que condenaron a Jones como un mentiroso. Habiendo sido eliminado el sucio negocio, alguien ordenó vodka y zakuski.
Ya sea que haya tenido lugar una reunión entre Umansky y los corresponsales extranjeros, resume, metafóricamente, lo que sucedió a continuación. El 31 de marzo, justo un día después de que Jones había hablado en Berlín, el propio Duranty respondió. "Los rusos hambrientos pero no hambrientos", decía el titular del New York Times. El artículo de Duranty se desvivió por burlarse de Jones:

Aparece en una fuente británica una gran historia de miedo en la prensa estadounidense sobre el hambre en la Unión Soviética, con "miles ya muertos y millones amenazados por la muerte y el hambre". Su autor es Gareth Jones, ex secretario de David Lloyd George y que recientemente pasó tres semanas en la Unión Soviética y llegó a la conclusión de que el país estaba "al borde de un gran éxito", como le dijo al escritor. El Sr. Jones es un hombre de mente activa y activa, y se ha tomado la molestia de aprender ruso, que habla con considerable fluidez, pero el escritor pensó que el juicio de Jones era algo apresurado y le preguntó sobre qué se basaba. Parecía que había hecho una caminata de 40 millas a través de las aldeas en los alrededores de Kharkov y había encontrado condiciones tristes.
Sugerí que esa era una sección transversal bastante inadecuada de un gran país, pero nada podría sacudir su convicción de una muerte inminente.

Duranty continuó, usando una expresión que luego se hizo notoria: "Para decirlo brutalmente: no puedes hacer una tortilla sin romper huevos". Continuó explicando que había hecho "investigaciones exhaustivas" y llegó a la conclusión de que "las condiciones son malas, pero no hay hambre ".



Indignado, Jones escribió una carta al editor del Times, enumerando pacientemente sus fuentes -una gran variedad de entrevistados, incluidos más de 20 cónsules y diplomáticos- y atacando al cuerpo de prensa de Moscú:

La censura los ha convertido en maestros de eufemismo y eufemismo. De ahí que den "hambre" al nombre educado de "escasez de alimentos" y "morir de hambre" se suaviza para que se lea como "una mortalidad generalizada por enfermedades causadas por la malnutrición ...
Y ahí descansó el asunto. Duranty eclipsó a Jones: era más famoso, más leído, más creíble. Él también fue indiscutido. Más tarde, Lyons, Chamberlin y otros expresaron su pesar por no haber luchado más contra él. Pero en ese momento, nadie acudió a la defensa de Jones, ni siquiera a Muggeridge, uno de los pocos corresponsales de Moscú que se había atrevido a expresar puntos de vista similares. El propio Jones fue secuestrado y asesinado por bandidos chinos durante un viaje informativo a Mongolia en 1935.

"Los rusos hambrientos pero sin morir de hambre" se convirtieron en la sabiduría aceptada. También coincidió muy bien con las duras consideraciones políticas y diplomáticas del momento. Cuando 1933 se convirtió en 1934 y luego en 1935, los europeos crecieron aún más preocupados por Hitler. A fines de 1933, el nuevo gobierno de Roosevelt buscaba activamente motivos para ignorar cualquier mala noticia sobre la Unión Soviética. El equipo del presidente había llegado a la conclusión de que los acontecimientos en Alemania y la necesidad de limitar la expansión japonesa significaban que, por fin, era hora de que Estados Unidos abriera relaciones diplomáticas plenas con Moscú. El interés de Roosevelt en la planificación central y en lo que él creía que eran los grandes éxitos económicos de la URSS -el presidente leyó cuidadosamente los informes de Duranty- lo alentó a creer que también podría haber una relación comercial lucrativa. Eventualmente se alcanzó un acuerdo. Litvinov llegó a Nueva York para firmarlo, acompañado por Duranty. En un suntuoso banquete para el ministro de Asuntos Exteriores soviético en el Waldorf Astoria, Duranty fue presentado a los 1,500 invitados. Él se puso de pie e hizo una reverencia.

Siguieron fuertes aplausos. El nombre de Duranty, según informó más tarde el neoyorquino, provocó "el único pandemónium realmente prolongado" de la noche. "De hecho, uno tuvo la impresión de que América, en un espasmo de discernimiento, estaba reconociendo tanto a Rusia como a Walter Duranty". Con eso, el encubrimiento parecía completo.

viernes, 14 de abril de 2017

Argentina: El descubrimiento del criminal SS Walter Kutschmann

La historia del criminal nazi entregado a un periodista por el precio de tres caramelos
Walter Kutschmann fue otro asesino SS refugiado y protegido en la Argentina. Pero en 1975 alguien interrumpió con un grito sus días entre Wagner, rosas y ovejeros alemanes. Una segunda entrega de los criminales nazis escondidos en Sudamérica en primera persona, escrita y vivida por Alfredo Serra
Por Alfredo Serra | Infobae




En la Alemania nazi a Walter Kutschmann le decían “el carnicero de Riga”.  Aquí ya en su estadía segura en Buenos Aires, primero en CABA y  luego en Miramar, provincia de Buenos Aires. Allí,  todos lo consideraban “un buen vecino”.

"¿Un peso, dice? ¿Un peso moneda nacional?". Y dijo que sí.

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Wulencka, Ucrania, 28 de abril de 1941. Un brumoso sol de primavera ilumina la verde colina. Temblando, veinte profesores polacos judíos y sus familias, arrancados de su patria, esperan la muerte.

El pelotón de fusilamiento, rígido, en posición de firme, sugiere una línea de Federico García Lorca sobre la Guardia Civil en los criminales días del Generalísimo Francisco Franco Bahamonde, caudillo de España por la gracia de Dios. Título que apenas agitaba su helada sangre de serpiente.

Pero el ejecutor, el amo de los verdugos, camina de un lado a otro: sabe que el suspenso aumenta el terror. Es alto, marcial en el uniforme negro de Schutz-Staffel (S.S.), y ha llegado su gran momento: la Bluttorden, la orden de sangre, que lo hará por mil años, como ha prometido el fracasado pintor austríaco Adolf Hitler, glorioso e inmortal.

Por fin, antes de que el barro mancille sus altas y relucientes botas, negras también, ordena fuego. Luego, como quien cuenta reses sacrificadas, hace el inventario: sesenta cadáveres, contando mujeres y niños. Misión cumplida.


Hitler y sus acólitos hacia 1934. En el círculo, Walter Kutschmann, quien tras la guerra se ocultó y vivió en la ciudad de Miramar, provincia de Buenos Aires.

"El Fürher sabrá agradecerlo", piensa. Walter Kutschmann tiene 27 años. Es el miembro 404.651 del Partido Nazi, y su doble S lo entroniza como cuerpo de élite. No es un cualquiera, y ése no será su último crimen.

En el invierno de 1945, el sueño del milenio nazi ha terminado. La ciudad de Dresden parece arrasada por un terremoto. Berlín, un aquelarre. De Hitler y su mujer, Eva Braun, sólo quedan cenizas, incinerados -su última voluntad- después de suicidarse. Pero él, Walter Kutschmann, ha sobrevivido, eludiendo las balas aliadas y sin atreverse a morder la cápsula de cianuro: el rápido final urdido por Hitler para sus monstruos ante el derrumbe del Tercer Reich.

Busca, como tantos, y gracias a los pasaportes argentinos en blanco derramados por el peronismo, el más seguro de los refugios: Buenos Aires. Se emplea en una empresa alemana: Osram. Ocupa un escritorio en el segundo piso de Bernardo de Irigoyen 330, y pasa largos y grises años controlando la calidad y el precio de lámparas eléctricas, filamentos de tungsteno, vidrios y cajas de cartón. Un refugio perfecto para esfumarse y eludir la mano implacable del cazador de criminales nazis, Simon Wiesenthal.

Desde luego, ya no se llama Walter Kutschmann. Sus tarjetas dicen "Peter R. Olmo", y para sus compañeros es simplemente "Don Pedro". La letra R significa "Ricardo". Nadie, hasta 1975, lo reclama. En rigor, apenas existe más allá de su oficina y de las varias casas que cada tanto alquila en algunos barrios porteños para borrar aun más sus huellas.


Nazis en Argentina: Klaus Altmann, sanguinario comandante SS; Walter Kutschmann, oficial a cargo de un grupo de exterminio; Eduard Roschmann ordenó ejecutar a miles de judíos

Pero un día entre sus serenos días de Wagner, rosas y perros fieles, sólo habitados por los fantasmas del ayer, la larga y paciente mano del cazador, el hombre que sobrevivió a once campos de concentración, lo delata. Se abre una investigación de fórmula: el país que lo amparó, como a tantos, sigue siendo cómplice. La empresa Osram lo separa "hasta que su identidad sea aclarada". Y Kutschman desaparece.

Allí se inicia mi investigación, en dónde no sólo pongo en juego mi largo oficio; sino también -y en especial- mi convicción moral de castigo a La Bestia. Los primeros treinta días sólo suman fracasos. El fantasma, como tal, es inasible. Pero una tarde de verano, ya listo para dejar la redacción, alguien se anuncia en la portería y pregunta por mí bajo un nombre que desconozco y un argumento tentador: "Tengo una información que puede interesarle".  Lo recibo. Tiene unos 35 años. Está muy bien vestido: impecable traje beige y corbata.

-Soy un industrial textil de Junín. He leído algunas de sus notas, y sé que anda detrás de Kutschmann.

–Es cierto.

-No creo que lo encuentre. Está bien encaminado, pero le faltan datos clave. Y yo los tengo…

–Lo escucho.

-No todavía. Eso tiene un precio.

–Lo siento, pero no estoy autorizado a comprar información. Soy un simple redactor, y a esta hora no hay en la editorial un jefe a quien consultar.

-No se preocupe. La suma que quiero no es alta.

–Pero aun así…

-Yo quiero un peso.

–¿Un peso moneda nacional?

-Sí. Un peso.

Busco en uno de mis bolsillos y le doy un peso. Total, si se trata de un delirante, poco pierdo…

-No. Quiero que me lo paguen en la caja, y a cambio de un recibo. Una operación en regla.

Miro el reloj. Son las seis menos cuarto de la tarde, y la caja de la editorial Atlántida cierra a las seis. Bajamos un piso al trote: edificio antiguo, muchos escalones. Le explico el problema al cajero, no menos asombrado que yo. Pero la operación se cumple. Recibe la ridícula suma, firma un recibo con un nombre seguramente falso, y recién entonces escribe en mi libreta de apuntes dos datos esenciales.


Kutschmann fue fotografiado por primera vez en 1975. El periodista Alfredo Serra lo descubrió en Miramar. Confesó su identidad, pero siguió libre muchos años más.

Yo tenía una pista: el criminal de guerra vivía en Miramar. Pero "el industrial textil de Junín" -posiblemente un service judío que por alguna razón no podía o no debía actuar- describió el edificio costero… ¡y el auto del personaje! Un Mercedes Benz de la década del 50, gris. Acaso el único de Miramar. Al irse me dijo: "Si lo encuentra, tenga cuidado. Le va a tirar los perros encima. Los secuaces que lo protegen también son asesinos fugitivos".

Esa misma noche, con el fotógrafo Ricardo Alfieri (h), me embarco en un ómnibus. Destino: Miramar. Nos alojamos en un hotelucho como simples turistas.

Al alba del otro día, desde un taxi, montamos guardia esperando al auto y al hombre. Y la taba grita "¡Suerte!". Algo después de las once de la mañana vemos el auto. A lo lejos, pero inconfundible. Con su teleobjetivo, Alfieri lee la chapa: C465177. Avanza a baja velocidad. Frena a veinte metros de nuestro mangrullo.

Baja. Pantalón gris, camisa leñadora a cuadros marrones y amarillos, canoso, gruesos lentes, zapatillas deportivas, una bolsa de feria en la mano derecha. Camina hasta un sencillo edificio de tres pisos, con la llave en la otra mano. Antes de que la haga girar, salgo del auto, corro a zancadas, y le grito a sus espaldas: "¡Kutschmann!".

Salta como si hubiera pisado una serpiente.

-¿Quién es usted? ¡Yo no soy ese hombre! Me llamo Pedro Ricardo Olmo.

–Soy Alfredo Serra, periodista. Y usted es Walter Kutschmann. Ya es tarde para negarlo.

-¡Usted! ¡Usted es el hombre que destruyó mi vida con las notas que publicó!

–Según Simon Wiesenthal, usted destruyó muchas más. ¿Se acuerda de las colinas de Wulencka? ¿Se acuerda de que lo llamaban "el carnicero de Riga"? Hable…

-No puedo hablar. No quiero publicidad. Vuelva en marzo, cuando mis abogados ya hayan completado el alegato de mi defensa, y lo recibiré.

–Para mí, marzo es la eternidad.

-Si hablo, usted me entrega a mis asesinos. Pero de todas maneras, soy un hombre muerto…

Por fin, entre altivo y vencido, acepta el diálogo. Lentamente bajamos a la playa. Para entonces, la cámara de Alfieri lo ha capturado en más de veinte tomas: el fantasma tiene cara y cuerpo. La entrevista es previsible: preguntas directas, respuestas esquivas.

–¿Cómo entró al país? ¿Quién le dio el pasaporte? ¿Quién lo protege?

-Etcétera.

De pronto, aterida -desmintiendo a enero, la mañana es gélida-, al borde de la histeria, llega su mujer: "Dígale a los asesinos que vengan con dos balas. Una para mí y otra para él", dice, abrazándolo.


La mujer de Kutschmann, Gerlada de Olmo, interrumpió la entrevista de Serra en Miramar

Insisto.

–¿Niega sus crímenes, Kutschmann?

-Aquello era una guerra. Cumplí órdenes. Pero no tuve nada que ver con las cámaras de gas ni con las matanzas de judíos.

–Es curioso. Hace tres años, en Bolivia, Klaus Altmann, Barbie, me dijo lo mismo…

No quiso hablar más y remontó la playa hacia su departamento del tercer piso, fumando el enésimo cigarrillo, que prendía con un encendedor de plata.

Recordé aquello de los perros. Corrimos al hotel, pagamos, y en la ruta, a dedo, nos zambullimos en un ómnibus que iba a Mar del Plata. Era enero de 1975. Publicamos la entrevista, las fotos, el paradero, todas las señales. Pero recién… ¡en noviembre de 1985, en Florida, provincia de Buenos Aires, agentes de Interpol lo capturaron!

Empezó una larga serie de chicanas legales para impedir su extradición y su segura condena. Pero antes, la muerte cerró el capítulo. Su corazón claudicó el 30 de agosto de 1986 en el Hospital Fernández. La policía argentina, a pesar del grueso expediente de denuncia, jamás se dio por enterada.

En aquella tarde de verano, cuando sucedió la enigmática negociación, con un peso moneda nacional apenas era posible comprar tres caramelos.

miércoles, 5 de abril de 2017

Bolivia: El casi fusilamiento de un periodista argentino

El increíble desenlace de un fusilamiento en Bolivia segundos antes de la orden de fuego
Fue en 1971 y en pleno golpe militar. El periodista Alfredo Serra y el fotógrafo Forte fueron despojados de sus documentos y equipos y condenados a muerte. Pero una triple coincidencia los arrancó de la muerte
Por Alfredo Serra | Especial para Infobae


La historia de suerte y tragedia del periodista Alfredo Serra en Bolivia de la década del 70

Y cuando el gordo de bigotes dijo "ya saben lo que tienen que hacer", el pelotón (o mejor, la pandilla) nos sacó a empujones del cuartucho en el que pasamos la noche y nos llevó hasta el fondo del corralón mientras cargaba sus armas.

Entre el terror y la resignación, apenas iluminada la escena por el alba, quedamos de espaldas a ese paredón que ni siquiera tenía la siniestra dignidad de tal: era un muro de chapas retorcidas y despintadas. El fotógrafo Eduardo Forte, compañero de muchos viajes -algunos riesgosos, otros felices y opulentos-, me susurró: "Alfredo… ¡venir a perder en Bolivia!". Como si morir fusilados en otra latitud del mundo fuera más heroico.

Desordenada y sin uniformes, la pandilla empezó a apuntarnos. Cerré los ojos, esperando la orden de fuego.


El General Hugo Banzer presidente de Bolivia en dos ocasiones: entre 1971 y 1978, tras un golpe de estado, y entre 1997 y 2001, por comicios presidenciales

Agosto de 1971. El general Hugo Banzer se alza en armas contra el presidente Juan José Torres, también general. Apenas el cable llega a la redacción, salimos casi con lo puesto. Avión a Jujuy, auto hasta el paso fronterizo de Aguas Blancas, y a pie hasta cruzar la línea blanca del límite.

El guardia, de camiseta musculosa y media de mujer en la cabeza para doblegar su indomable pelo negro, nos dice: "Está prohibido entrar al país". No se resiste al soborno -cincuenta dólares-, pero se niega a sellarnos los pasaportes.

Alquilamos un jeep maltrecho manejado por un boliviano de mudez absoluta que nos dota de dos cajones de manzanas a modo de asientos traseros. La travesía dura veintiséis horas entre áridos llanos, arenales y tierras inundadas. Sólo paramos para cargar nafta en ranchos que ostentan una tela blanca atada a un palo: la señal que indica su precaria condición de estación de servicio.

El único modo de soportar el viaje es hablar, entre nosotros, de nuestro oficio. Fotos, notas, otros viajes. De pronto, en plena y cerrada noche, la luz de los faros ilumina una figura humana: un hombre que hace desesperados gestos para abordar el jeep. Es pequeño, está bien vestido, nos saluda cordialmente, y se suma al silencio impenetrable del chofer. Pero nos oye…


El periodista Alfredo Serra y el fotógrafo Eduardo Forte visitaron Bolivia tras el golpe de Estado de Banzer

Llegamos, agotados, hambrientos y a media tarde, a la plaza principal de Santa Cruz de la Sierra. Suenan disparos lejanos. Pero no entramos en acción. Un grupo de soldados nos detiene y nos lleva a un cuartel. Nos interrogan.

Decimos la verdad: "Somos periodistas argentinos". Mostramos credenciales. Inútil.

"El Che Guevara también entró a Bolivia con una credencial de periodista", dice un teniente mientras revisa el equipo fotográfico de Eduardo. Cuando llega al flash se sobresalta: cree que los cables de la batería son parte de una bomba…

Nos despojan de pasaportes (que tampoco los convencen), credenciales, billeteras, cámaras, grabador. De pronto somos parias, sospechosos, enemigos. Y así, desnudos de identidad, nos encierran en una improvisada celda: un estudio de radio en el fondo del corralón.

El lugar del atroz instante final. Custodiados por civiles armados y sin más privilegio que una botella de agua, pasamos la noche en vela. Pero aun ignoramos lo peor: estamos condenados a muerte.

Vuelvo a mis palabras del principio. "Cerré los ojos esperando la orden de fuego". Pero entonces…

Un jeep, a toda velocidad, rompe una puerta lateral del galpón y llega al centro de la escena. A los gritos, en pantuflas, pijama y un impermeable sobre los hombros, alguien impide el crimen: "¡Paren! ¡No tiren! ¡Estos hombres son periodistas argentinos! ¡Van a matarlos sin motivo!". Empieza, entre él y los frustrados esbirros, una tensa discusión.


“El Che Guevara también entró a Bolivia con una credencial de periodista”, le respondieron cuando el periodista informó las razones de su visita

Quieren borrarnos del mapa. Quieren sangre. Pero un desconocido les demora el festín. El recién llegado -lo supimos después- era el cónsul argentino en Santa Cruz de la Sierra. Casi un personaje de Graham Greene o de Osvaldo Soriano. Apellido: Rodríguez. Les propone a los fusiladores hacernos unas preguntas. "Si las contestan bien, quiere decir que son periodistas argentinos", le dice al gordo de bigotes que comanda la pandilla y que ordenó matarnos.

A regañadientes, acepta. Las preguntas son casi infantiles: "¿A cuánto estaba el dólar cuando salieron de Buenos Aires?", "¿Quién es el ministro del Interior de la Argentina?", "¿Qué decían los títulos de los diarios el día en que viajaron hacia aquí?".

Pan comido. Respondimos sin vacilar. Y si hubiéramos errado, esas bestias no lo habrían advertido. Fusilamiento cancelado. Pero hay furia entre los asesinos. Furia sorda.

El cónsul nos lleva hasta un hotelucho. "Esta noche duermen aquí, y mañana se van en el primer avión de Aerolíneas que hace escala rumbo a Jujuy. Yo arreglo todo". Pero, conociendo el paño (algo aprendí en
mis días en Saigón, tres años antes), le digo: "Queremos custodia. Porque usted se va, esos tipos vienen al hotel, y somos boleta".

Comprende. Pone a dos soldados de Banzer en la puerta. Al rato, alguien deja en la portería nuestros documentos y equipos. Pero aun así, no dormimos. El miedo permanece. A las seis de la mañana, a casi exactas veinticuatro horas del momento en que pudimos morir, un jeep nos lleva hasta la escalerilla del avión.

Recién cuando las ruedas se despegan de la pista nos sentimos a salvo. Pero esta historia real, tan extraña como para perder tiempo con la fantasía (la frase es de Joseph Conrad), no revela todavía el gran enigma… ¿Cómo supo el cónsul adónde estábamos, y que iban a fusilarnos?


El periodista argentino estuvo a punto de morir fusilados por un pelotón boliviano

Levanto el telón. El hombrecito que subió al jeep de noche y en aquel páramo era el padre de un teniente de las fuerzas que respondían a Banzer, y le contó a su hijo que logró llegar a Santa Cruz de la Sierra gracias a nosotros. El teniente le preguntó por nuestra suerte, y el padre le dijo "los detuvieron en la plaza, y no los vi más".

No necesitó más para imaginar el fatal destino que nos esperaba. Buscó al cónsul y le señaló el lugar de la ejecución. Believe it or not, esa noche, en Jujuy, celebramos la vida en un restaurante, con un chivito a las brasas y un torrontés bien helado.

Aun hoy, a décadas del episodio, me cuesta creer que el azar haya tirado los dados con tanta fortuna. ¿Por qué ese hombrecito estaba en ese ignoto punto del mapa, y en una noche sin luna ni estrellas?

El azar jamás me deparó un golpe de suerte en el póker ni en la ruleta. Por eso dejé de jugar para siempre. Pero comprendo por qué. El único acierto no me esperaba en un tapete verde ni en una bolilla esquiva. Me esperaba esa madrugada y allí, cuando alguien congeló los dedos en los ocho gatillos.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Argentina: Cinismo periodístico frente al terrorismo de izquierda

Sobre el otro terrorismo de estado 
Por Roberto Cachanosky
Prensa Republicana



En las últimas semanas, algunas víctimas del terrorismo han transitado por algunos medios exponiendo sus sufrimientos. Se ve a periodistas y juristas escucharlos con atención y decir que lamentan los que les pasó pero que como hubo terrorismo de estado no tienen nada que reclamar. Algo así como: tengo que darte la razón para no quedar mal ante el público, pero me importa un carajo si los terroristas mataron a niños, a gente inocente, si secuestraron o torturaron. Nunca se ve una condena explícita y categórica hacia el terrorismo e inmediatamente remiten a la represión militar a partir del 24 de marzo de 1976 para desviar el eje del debate, no mostrar las atrocidades que cometieron los terroristas y volver a centrar la atención en el golpe militar.

En rigor hacen casi lo mismo que cuando entrevistan a una persona que se defendió de un acto delictivo. ¿Usó el agredido una fuerza excesiva contra el delincuente que lo amenazaba con un arma? ¿No podía defenderse de otra manera? ¿Tenía balas el revólver con que lo amenazaba el delincuente? ¿Estaba seguro que el delincuente le iba a disparar? Nuevamente la víctima del delito pasa a ser sospechosa para muchos periodistas, con lo cual alientan la criminalidad y las muertes de inocentes porque terminan envalentonando a los criminales, cuando no terminan justificándolos.

Volviendo al tema principal, este sistemático comportamiento de buena parte del periodismo demuestra que su supuesta defensa de los derecho humanos es solo una postura y que en última instancia comparten el proyecto autoritario que a sangre y fuego quisieron establecer en Argentina y en buena parte de América Latina organizaciones terroristas entrenadas en Cuba, Libia y con el apoyo de la Unión Soviética.

El grado de cinismo de buena parte del periodismo llega a niveles tales como querer hacer un arbitrario corte el 24 de marzo de 1976. ¿Por qué ese deliberado corte histórico? ¿Es que ese día se levantaron de mal humor una docena de generales y empezaron matar y desaparecer gente? No, el corte se hace deliberadamente el 24 de marzo de 1976 porque durante la época de Perón comienza el terrorismo de estado con la creación de la Triple A. Un grupo que fuera de la ley empezó a combatir al terrorismo.


En rigor desde España, Perón  alentó a los terroristas en sus fechorías y luego, cando llegó a la Argentina y vio que los terroristas querían coparle el poder, es Perón el que inicia la acción contra los terroristas. El punto de máxima tensión llega el 25 de septiembre de 1973, dos días después de que Perón gana las elecciones de septiembre de 1973, cuando Montoneros asesina al dirigente sindical José Ignacio Rucci, amigo de Perón. El mensaje de Montoneros fue muy claro a Perón, o hacía una revolución al estilo cubano para establecer una dictadura o ellos la iban a hacer por su cuenta desalojando a los tiros y los bombazos al gobierno de Perón.

La realidad es que el periodismo nunca dice que los terroristas atacaron a un gobierno elegido en las urnas, el de Perón. En ese momento no combatían contra el gobierno militar, combatían contra un gobierno elegido por el voto.

Frente a este asesinato y tantos otros, Perón reacciona y lanza todas las fuerzas legales y no legales para combatir a los terroristas, pero por conveniencia política muchos dirigentes políticos y periodistas hacen silencio sobre el período previo al 24 de marzo de 1976. ¿Por qué no hablan de esos años anteriores a marzo de 1976? Tal vez por ignorancia o, lo que es más grave, porque es políticamente incorrecto señalar a Perón como el que inicia la cacería fuera de la ley de los terroristas. Es esa postura la que los hace poco serios como periodistas.

Pero ojo que también fue terrorismo de estado lo que hicieron los terroristas. En efecto, el apoyo logístico, entrenamiento y financiamiento que recibían de Cuba los transforma en una fuerza agresora externa que mediante el terror apoyado en estados extranjeros intentaron tomar por la fuerza el poder en Argentina para establecer una dictadura. En otras palabras, muchos de los terroristas hoy andan dando vueltas por los medios hicieron terrorismo de estado y deberían estar presos. Es más, siendo que el terrorismo de estado de los terroristas se apoyaba en estados extranjeros, es, a mi juicio, mucho más grave que el terrorismo de estado de los militares, porque mediante el terror otro estado quiso tomar el poder en Argentina. En todo caso acá hubo dos terrorismos de estado, pero el más grave fue el de los terroristas apoyados por estados extranjeros.


Cabe aclarar, también, que hay serias sospechas que acciones terroristas utilizaron el apoyo logístico de gobiernos provinciales que simpatizaban con los sectores marxistas, lo cual los hace terroristas de estado, como fue el caso del mencionado asesinato de Rucci.

Luce patético también que algunos periodistas sostengan que si bien la cifra de los 30.000 desaparecidos no es cierta, hay que mantenerla como un emblema nacional. Ninguna mentira puede ser emblema nacional y menos se puede construir un país basándose en la mentira. Eso muestra, una vez más, que mucho periodista y político no tienen realmente interés en los derechos humanos, sino que solo pretenden defender a los terroristas con los que simpatizan forzando el argumento hasta el ridículo para no reconocer que los montoneros, ERP y demás bandas armadas también cometieron crímenes de lesa humanidad.

Ahora que se está levantando el velo de tanta mentira y hechos que tratan de ocultarse de la década del 70, pareciera ser que los falsos defensores de los derechos humanos buscan nuevos argumentos para defender a los terroristas de estado apoyados en estado extranjeros.

Como última reflexión le formulo la siguiente pregunta: ¿cómo llamaría Ud. a un argentino que se levanta en armas contra un gobierno elegido por el voto para establecer una dictadura mediante el terror, siendo apoyado, estimulado e impulsado por un gobierno extranjero?

economiaparatodos.net

sábado, 7 de mayo de 2016

Virreinato del Río de la Plata: La Gazeta de Buenos Aires

Gazeta de Buenos Aires



Primera edición de la Gazeta de Buenos-Ayres

En pos de la novedad, que el tiempo y la distancia se encargan de convertir en noticia, se fue configurando nuestra prensa periódica en su cometido informativo y cultural, de análogo modo al que han usado en general todos los pueblos civilizados que labran un destino. En tal sentido somos poseedores de una prehistoria del género periodístico, que entre sus muchas atracciones iluminadas guarda en sus páginas, a semejanza de la relación fascinante de los aedos, la protohistoria argentina de las tradiciones y las leyendas. Tradiciones y leyendas que en las columnas de los periódicos montaraces y vernáculos, nutrieron ideas, principios, afanes, noblezas y miserias con lengua y alma intransferibles.

Cuando se buscan las fuentes remotas y se indagan los orígenes donde se nutre e informa la historia del periodismo de los pueblos civilizados del Medievo, es cuestión ya difundida que los italianos acudan a las foglie a mano, los ingleses a las news letters y los franceses a las nouvelles à la main. Los habitantes de Buenos Aires del período hispánico contaron también con los vestigios de un periodismo manuscrito sensible a los pasquines y las noticias comunicadas. Los primeros, anónimos, volanderos, o murales lanzados como una cáustica expresión de desahogo político según lo anotó cumplidamente entre nosotros José Antonio Pillado en su libro Buenos Aires colonial. A las segundas, menos sensacionalistas pero quizá más útiles, se las encuentra desde aquella que en hoja suelta, daba: noticias comunicadas desde la Colonia del Sacramento a esta ciudad de Buenos Aires en 5 de diciembre de 1759, hasta la Gazeta de Buenos Aires, periódico manuscrito del cual se conservan cuatro ejemplares registrados en la Biblioteca Nacional con los números que van del 6540 al 6543, hoy existentes en el Archivo General de la Nación, y que registran las fechas del 19 de junio, 24 de julio, 28 de agosto y 25 de setiembre, todas del año de 1764.

Cuando el virrey tornó realidad en 1780 la instalación de la imprenta en Buenos Aires, la palabra impresa de los criollos de esta parte del continente alcanzó un día memorable para la historia de la libertad de América. Hasta la llegada de aquel 7 de junio de 1810 en que apareció el primer número de la Gazeta de Buenos Aires, expresión concreta y creciente de la patria nueva, el periodismo no representaba un huésped colado de rondón en Buenos Aires. Claro linaje lo adornaba, como el de haber ido abriendo el entendimiento para recibir los temas del país, la riqueza, la industria y el comercio; vigorosos estímulos todos, para la gran empresa de la liberación civil.

La Gazeta de Buenos Aires fue editada en varias imprentas a lo largo de sus más de once años de existencia: Niños Expósitos, Alvarez e Independencia. También se hicieron reimpresiones por la Imprenta de Gandarillas y socios. Como se ha dicho anteriormente principió el 7 de junio de 1810 y cesó el 12 de setiembre de 1821.

De acuerdo con la Orden de la Junta, de 2 de junio de 1810, firmada por el secretario doctor Mariano Moreno, se expresaba que: “Todos los escritos relativos a este recomendable fin –fundación de la Gazeta- se dirigirán al señor vocal doctor don Manuel Alberti, quien cuidará privativamente de este ramo, agregándose por la Secretaría las noticias oficiales cuya publicación interese”. Juntamente con Manuel Alberti fue su primer redactor Mariano Moreno, y desaparecido éste en el transcurso de la larga vida del periódico lo fueron, asimismo, el deán Gregorio Funes, Vicente Pazos Silva, Bernardo de Monteagudo, Pedro José Agrelo, Nicolás Herrera, Camilo Henríquez, Julián Alvarez, Manuel Antonio de Castro, Bernardo Vélez. La colección consta de quinientos cuarenta y un números, de los cuales doscientos cuarenta son extraordinarios.

Los repositorios que lo poseen son: Biblioteca Nacional, Museo Mitre y Biblioteca Pública de la Universidad Nacional de La Plata

El origen de la Gazeta de Buenos Aires está dado en la Orden de la Junta ya mencionada del 2 de junio de 1810, que se reproduce en el primer número del periódico, aparecido el 7 de junio del mismo año. “¿Por qué se han de ocultar a las provincias –expresa la citada Orden- relativas a solicitar su unión bajo el nuevo sistema? ¿Por qué se les han de tener ignorantes de las noticias prósperas o adversas que manifiesten el recesivo estado de la Península? ¿Por qué se ha de envolver la administración de la Junta en un caos impenetrable a todos los que no tuvieron parte en su formación? Cuando el Congreso general necesite un conocimiento del plan de gobierno que la Junta Provincial ha guardado, no huirán sus vocales de darlo, y su franqueza desterrará toda sospecha”. Para responder a estos interrogantes y al “logro de tan justos deseos” se expresó entonces: “Ha resuelto la Junta que salga a luz un nuevo periódico semanal con el título de Gazeta de Buenos-Ayres, el cual sin tocar los objetos que tan dignamente se desempeñan en el Semanario de Comercio (1), anuncie al público las noticias interiores y exteriores que deban mirarse con algún interés”.

La Gazeta fue en realidad el primer periódico argentino de carácter oficial que abrió sus páginas para difundir el credo revolucionario y la obra de gobierno de la nueva época con las palabras de Tácito que traducidas indican: “Rara felicidad de los tiempos en que se puede decir lo que se siente y sentir lo que se quiere”. Asimismo puede considerarse como el registro oficial de las primeras resoluciones del gobierno patrio.

La Gazeta fue el único periódico que apareció en Buenos Aires cuando cesó el Correo (2) de Belgrano, hasta la aparición de El Grito del Sud (3).

Como ha expresado Bartolomé Mitre, este periódico constituyó “el primero de índole política publicado en la América meridional que inauguró en ella la libertad de imprenta”. Constituyó una consecuencia de lo dispuesto por la Junta, y en el decurso de su prolongada existencia apareció con distintas denominaciones que el investigador Juan Canter señaló a su hora: Gazeta de Buenos-Ayres, Gazeta extraordinaria, Suplemento de la Gazeta de Buenos-Ayres, Suplemento de la Gazeta ministerial, Suplemento a la Gazeta ministerial extraordinaria, Gazeta de Gobierno, Extraordinaria del Exmo. Cabildo Gobernador, Extraordinaria de Buenos-Ayres, Suplemento a la Gazeta del Sábado, Extraordinaria del Viernes, Suplemento a la extraordinaria última, Gazeta de Buenos Aires, Extraordinaria de la Tarde y Extraordinaria de la Noche.

El bibliógrafo Antonio Zinny, que realizó el más documentado estudio del periodismo argentino, le dedicó a la Gazeta un dilatado comentario en su obra Gazeta de Buenos-Ayres – desde 1810 hasta 1821. El trabajo realizado por Zinny entre otros méritos poseyó la cualidad de señalar los artículos de la Gazeta según los sucesos más significativos ocurridos y señalados en sus páginas. Indicó así: Gazeta de Buenos-Ayres, hasta el 20 de marzo de 1812; Gazeta ministerial, desde el 3 de abril de 1812 hasta el 1º de enero de 1815; Gazeta de Gobierno, desde el 5 de enero hasta el 1º de abril de 1815; Gazeta de Buenos Aires, desde el 29 de abril hasta el 12 de setiembre de 1821; fecha en que dejó de aparecer por considerar el gobierno que el Registro oficial llenaba cumplidamente el cometido oficial informativo

En 1910, año del centenario, la Junta de Historia y Numismática Americana (hoy Academia Nacional de la Historia) realizó la primera reimpresión facsimilar de este periódico, bajo la dirección de los señores Antonio Dellepiane, José Marcó del Pont y José Antonio Pillado. Para reconstruir fielmente este primer periódico de la patria y poder entregar al púbico una edición emanada de sus fuentes auténticas, se consultaron diversas colecciones, entre ellas: las cuatro de la Biblioteca Nacional, especialmente una que en 1910 estaba completa; la del Museo Mitre; la de los señores Ramón J. Cárcano, José Juan Biedma, Alejandro Rosa, Enrique Peña, Augusto S. Mallié, , José Marcó del Pont y José Antonio Pillado. Al publicarse la reproducción facsimilar se prometía en el Prefacio de la obra un Indice analítico que iría al final de la publicación. Esta tarea no fue cumplida en tal oportunidad. El investigador Juan Angel Farini dio cima a tan utilísima clasificación, que hizo conocer en parte en el volumen decimocuarto del Boletín de la Academia Nacional de la Historia, de 1941, con el título de Indice de la edición facsímil de la Gaceta de Buenos Aires (tomo 1º, 1810). El repertorio en cuestión comprende: una sección general, nombres de personas, nombres geográficos y etnográficos, otros asuntos.

Referencias


(1) Semanario de Agricultura, Industria y Comercio, impreso en la imprenta de los Niños Expósitos, se inició el 1º de octubre de 1802 y cesó el 11 de febrero de 1807, siendo su redactor Hipólito Vieytes. La colección está formada por cinco tomos y doscientos dieciocho números, dos suplementos y un extraordinario. Reimpresión facsimilar efectuada por la Junta de Historia y Numismática Americana. Buenos Aires, 1928. Repositorios que lo poseen: Biblioteca Nacional, Museo Mitre, Biblioteca Pública de la Universidad Nacional de La Plata.

(2) Correo de Comercio, editado en la Imprenta de Niños Expósitos, comenzó el 3 de marzo de 1810 y finalizó el 6 de abril de 1811. Redactor: Manuel Belgrano. La colección consta de cincuenta y ocho números con suplementos, agrupados en dos tomos. El primero abarca un año completo y posee un prospecto con cincuenta y dos números hasta el 11 de febrero de 1811; el segundo tiene los seis números restantes, a partir del 2 de marzo. El primer tomo lleva un índice. Museo Mitre: Correo de Comercio. Reproducción facsimilar en Documentos del Archivo de Belgrano. Tomo II, 1913. Tomo III. 1914. Repositorios que lo poseen: Biblioteca Nacional, Museo Mitre, Biblioteca Pública de la Universidad Nacional de La Plata.

(3) Grito del Sud. Buenos Aires. Imprenta de Niños Expósitos. Principió el 14 de julio de 1812 y cesó el 2 de febrero de 1813. Redactor: Antonio Zinny adjudica su redacción a Francisco José Planes; Juan María Gutiérrez la atribuye a Bernardo de Monteagudo. Es probable que las dos versiones posean un término de conciliación. Es posible que ambos hayan ocupado la redacción del periódico; en los primeros tiempos, Francisco José Planes como presidente de la Sociedad Patriótica hasta octubre, y luego Monteagudo. Parecería fuera ésta la versión más aceptada, aunque no faltan otras, como la de Mariano Fregueiro, que se la atribuyan a Julián Alvarez, y Juan Canter se pronuncia por Vicente López y Planes. La colección consta de treinta números. Repositorios que lo poseen: Biblioteca Nacional, Museo Mitre, Biblioteca Pública de la Universidad Nacional de La Plata.

Fuente

Biblioteca de Mayo – Tomo I – Memorias, Hemerografía – Buenos Aires (1960)
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Pillado, José Antonio – Buenos Aires Colonial – Ed. Bonaerense, Buenos Aires (1943).
Portal www.revisionistas.com.ar
Turone, Oscar A. – La Gazeta de Buenos Aires
Zinny, Antonio – Gazeta de Buenos-Ayres – desde 1810 hasta 1821 – Resumen de los bandos, proclamas, manifestaciones, partes, órdenes, decretos. Imprenta Americana, Buenos Aires (1875).