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jueves, 26 de abril de 2018

Japón imperial: El film "El último samurái" y las rebeliones en la era Meiji

El último samurai: la verdadera historia detrás de la película

William Mclaughlin | War History Online



The Last Samurai es una película bastante sólida, aunque subestimada. La acción está bien hecha, y la fusión de lo viejo y lo nuevo, así como también las muchas ideologías a lo largo de la película se presentan de una manera interesante y agradable.

Ninguna epopeya histórica de Hollywood es precisa, aunque casi todas se basan en una historia conocida o un período particularmente importante. The Last Samurai escoge un tiempo y un lugar fascinantes; el período de Restauración Meiji de Japón.

Este fue un período difícil. A menudo se simplifica al explicar que fue la modernización de Japón, específicamente la evolución de su ejército y el declive de su clase guerrera de samuráis.


La Restauración Meiji usualmente se refiere a cuando el Emperador Meiji fue restaurado al poder. Sin embargo, durante la guerra civil que provocó la Restauración se adoptaron enormes avances en la modernización, incluidos los estilos occidentales de vestimenta y armas. Estas modernizaciones se racionalizaron cuando el gobierno se estabilizó más.

Japón inicialmente había permitido que algunos comerciantes europeos entraran en su nación. Vinieron con armas y productos de todo el mundo. Temiendo una dilución de los valores tradicionales, el shogunato Tokugawa expulsó a todos los europeos de las islas en el siglo XVII, limitando el comercio europeo a un pequeño puerto holandés en Nagasaki.

El comodoro Matthew Perry llegó con enormes naves que transportaban docenas de cañones unos 200 años después. Los japoneses se encontraron completamente superados por casi todas las demás naciones establecidas en el mundo desarrollado.

Japón estaba firmemente atrapado en la Edad Media, mientras que Estados Unidos estaba construyendo su conflicto más mortífero en su Guerra Civil. Europa ya tenía la experiencia de las Guerras Napoleónicas. Cámaras, electricidad e innumerables inventos habían penetrado en el resto del mundo, mientras que Japón todavía estaba en un sistema feudal.

Como era de esperar, el sentido común prevaleció cuando los japoneses vieron los enormes buques de guerra en sus bahías. Abrieron el comercio y alentaron a las naciones extranjeras a incorporarlas a la era moderna.


En The Last Samurai, esto se presenta como una idea completamente mezclada. El personaje de Tom Cruise, el Capitán Algren, es traído para entrenar a un nuevo ejército japonés. Hombres previamente considerados como una clase demasiado baja para servir están preparados para luchar contra samuráis rebeldes.


La flota del comodoro Perry realmente abrió los ojos de los japoneses.

Estos samuráis son condenados como beligerantes rebeldes hasta capturar al Capitán Algren y llevarlo a una tierra ineludible del samurai. Allí se entera de su forma de vida pacífica y sencilla. Algren descubre cómo el Emperador japonés está siendo manipulado y los samurai están siendo oprimidos hasta el punto de ser eliminados por completo.


Tropas imperiales modernizadas que se preparan para ir en una campaña contra la rebelión de Satsuma.

Cuando Algren regresa a Tokio, descubre que la modernización japonesa ha avanzado rápidamente. Los diplomáticos están haciendo lanzamientos de ventas para sus armas. Se parece más a Londres, con personas con sombreros de copa y carros tirados por caballos que recorren las calles entrecruzadas por cables eléctricos.

El líder samurai Katsumoto está extremadamente deprimido al saber que su Emperador es simplemente una marioneta de empresarios japoneses que cosechan los frutos de los negocios y la guerra en Europa.

Los hombres individuales del nuevo Ejército Imperial no fueron demonizados, pero su mando superior y casi todos los aspectos del gobierno y las influencias extranjeras fueron vilipendiados. Hollywood simplifica el escenario para mostrar al samurai como simplista, bueno y puro, y la modernización como bastante malvada y opresiva.

En realidad, la Restauración Meiji mediante la destrucción de las clases sociales fue todo lo contrario. El nuevo gobierno se puso a trabajar para abolir la clase samurai. Los samurai fueron apoyados principalmente por campesinos y fueron a menudo crueles y tiránicos a lo largo de la historia japonesa.

Al darles a los plebeyos el derecho de unirse al ejército, el gobierno estaba ampliando el papel tradicional del samurai a cada hombre. También trajeron el reclutamiento obligatorio.

Todos los Samurai no estaban en contra de esto. Como los samuráis formaban parte de las clases altas, muchos de ellos encontraron papeles en el nuevo régimen. Samurai formó el núcleo de oficiales veteranos del nuevo ejército, y muchos se convirtieron en empresarios exitosos.


Varios samuráis occidentalizados. Los samuráis podían prosperar y prosperaron bajo la regla Meiji, pero algunos todavía luchaban por conservar los roles y valores tradicionales.

Algunos samurai, sin embargo, no estaban emocionados por todos los cambios. Vieron que el nuevo gobierno les quitaba directamente su poder y así se produjeron rebeliones armadas.

The Last Samurai combina varias rebeliones que ocurrieron durante muchos años en una. El líder ficticio Katsumoto se basó en el influyente y honorable Saigō Takamori, líder de la rebelión final.

La combinación de eventos persiste hasta la última batalla de la película, que es una correlación directa con la batalla final de la Rebelión Satsuma. Katsumoto / Takamori muere a manos de un ejército imperial completamente modernizado, poniendo fin a las rebeliones.

Los samuráis en combate están maravillosamente representados en la película desde una perspectiva de entretenimiento. La primera batalla muestra cómo el samurai hábilmente empuñó sus espadas y arcos para desgarrar a un ejército armado pero inexperto.

La última batalla muestra al samurai usando tácticas excelentes para atrapar unidades de infantería y desgastarlas en cuerpo a cuerpo antes de finalmente cargar a la muerte frente al fuego del cañón y las ametralladoras Gatling. Esta dicotomía además muestra las diferencias ideológicas de los samuráis y les da simpatía por quedarse con sus armas anticuadas.


Una de las batallas durante las rebeliones samurai. los samuráis están a la derecha con armas y oficiales con uniformes occidentales. las únicas diferencias reales son que muchos de los samuráis usan ropas más tradicionales mientras que las tropas imperiales usan más uniformes.

La historia, sin embargo, muestra una historia muy diferente. Mientras que una de las rebeliones evitó las armas modernas, el resto de los levantamientos, incluido el Satsuma final, usaron armas modernas.

Los rebeldes de Satsuma, incluido Takamori, usaron rifles y, a menudo vestían uniformes de estilo occidental, y unos pocos llevaban armadura de samurai tradicional. Los rebeldes tenían más de 60 piezas de artillería y las usaban.

El Ejército Imperial en la batalla final de Shiroyama ganó debido a números superiores más que cualquier otra cosa. La carga final del samurai era simbólicamente muy similar a cómo se presentó en la película.


Una representación idealizada de la batalla de Shiroyama. Los Samurai están a la derecha, y la mayoría de ellos tienen armas.

Aunque el Capitán Algren parece ser un personaje ficticio incluido para tener a alguien con quien relacionarse, sin embargo, está basado en un personaje histórico con visiones y acciones sorprendentemente similares.

El verdadero hombre, Jules Brunet, era francés. Fue enviado a entrenar a soldados en el uso de la artillería moderna mucho antes que la rebelión de Satsuma, y ​​antes de la Restauración Meiji oficial.

Brunet fue llamado de regreso a Francia, pero prefirió quedarse y luchar en la guerra de Boshin, una guerra civil que terminó con una victoria Meiji y la restauración del gobierno imperial. Brunet luchó en el lado derrotado del Shogunato y participó en una última batalla gloriosa y épica que sobrevivió. Los paralelos entre Algren y Brunet muestran que Brunet fue una influencia definitiva.

Jules Brunet.

The Last Samurai combina más de una década de historia real en una narración más corta, mientras convierte a un héroe francés en uno estadounidense. También altera enormemente las actitudes de los bandos, haciendo que el nuevo gobierno sea malvado y opresivo. En realidad, este nuevo gobierno otorgó a los japoneses más libertades y un lugar en el escenario nacional por primera vez en su historia.

Algunos de los samurais eran honorables, pero otros lucharon contra el sistema porque les molestaba amargamente su papel muy disminuido en el nuevo Japón. La batalla final de Shiroyama fue simbólica y un momento agridulce de la historia japonesa.

Cuando se rebelaron, los samurai fueron una amenaza, pero una vez vencidos se volvieron más idealizados. Finalmente, la historia del samurai y la cultura del guerrero se utilizaron para motivar a las tropas japonesas durante sus grandes guerras en el siglo XX.

La película hace un excelente trabajo al basar Katsumoto en uno de los rebeldes más respetados y en Algren en una figura histórica real.

Al mostrar los grandes cambios en Japón durante el siglo XIX, aunque con una versión muy idealizada de las diversas rebeliones, la película aporta un aspecto a menudo oculto de la cultura japonesa en Occidente.

martes, 20 de marzo de 2018

Biografía: Churchill huye de Sudáfrica en la guerra de los Boers

La salvaje fuga del joven Churchill que no cuenta la película de Gary Oldman

En 1899, el futuro primer ministro británico recorrió 500 kilómetros en seis días sin agua ni comida, saltando de trenes en marcha, tras fugarse de un campo de prisioneros en Sudáfrica

Israel Viana - ABC
@Isra_Viana



Ahora que la magnifica interpretación de Gary Oldman —ganador del Globo de Oro al mejor actor dramático— ha vuelto a poner en boca de todos la figura de Winston Churchill, es probable que los críticos e historiadores pasen por alto uno de los hechos más impresionantes y desconocidos de su vida. Sucedió en 1899, mucho antes de que el mundo conociera al enérgico primer ministro que manejó los hilos de Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial, en cuyos inicios está ambientado el filme dirigido por Joe Wright.

ABC retrocede medio siglo, hasta sus años mozos, cuando protagonizó una de las aventuras más memorables de la Guerra de los Bóers que, a finales del siglo XX, enfrentó en Sudáfrica a los ingleses con los colonos holandeses. Hablamos de la épica huida de Churchill de un campo de prisioneros en Pretoria, cuando era corresponsal del diario «The Morning Post», y su periplo a lo largo de 500 kilómetros hasta Durban, sorteando todo tipo de peligros durante varios días sin agua ni comida.

El futuro primer ministro tenía 25 años cuando vivió esta particular «odisea», según la calificaron algunos periódicos de la época, que le ayudó posteriormente a lanzar su carrera política. Él mismo envió el relato que fue reproducido en España por el «El Imparcial», en el que no faltaban peripecias propias de los héroes de guerra: escaladas por la valla de la prisión, saltos encima de trenes en marcha, caminatas interminables sin un trozo de pan que llevarse a la boca, peligrosos acantilados, policías, buitres... Todo digno de las mejoras novelas.

«Las balas llovían como granizo»

Todo comenzó el 15 de noviembre de 1899, cuando Churchill se dirigía en un tren blindado, junto a la expedición de Aylmer Haldane, a reforzar el avance británico hacia la ciudad de Estcourt. En ese momento, su locomotora fue atacada por los bóers hasta que descarriló. Aquello no amilanó al joven periodista, que, a pesar de ser el hijo de un ilustre diputado de la Cámara de los Comunes, ya había cubierto la Guerra de Cuba en 1895, la rebelión pastún de la India en 1897 y los conflictos en Sudán en 1898.

Churchill, en 1895, cuando fue enviado a la
Guerra de Cuba - ABC

Según contó «La Ilustración Artística» un par de semanas después, el futuro primer ministro se llenó de valor y cogió el mando de un ejército amedrentado en medio del fuego cruzado. «Una vez volcados los primeros vagones, llamó al capitán Wylee para pedirle voluntarios con el objetivo de sacar los coches fuera de la vía. Las balas llovían sobre el tren como si fueran granizo. Churchill, con el teniente Frankland, se abalanzó sobre la vía descubierta para dar ejemplo a los otros soldados de la expedición. Fue entonces cuando estos entraron en combate con el enemigo. Y cuando la locomotora estuvo libre, el maquinista, que estaba herido, quiso abandonar la máquina. Sin embargo, exhortado por Churchill, volvió a ocupar su puesto y ambos partieron hacia Frere», puede leerse en el periódico.

La suerte parecía estar del lado del joven corresponsal, que consiguió liberar la vía y los vagones en los cuales se transportaba a los heridos hasta que estuvieron en zona segura. Según contaba esta publicación, Churchill cogió después el fusil de uno de los soldados y se puso en marcha convencido de que debía regresar al lugar donde se había producido la escaramuza con los boers, en busca de los posibles supervivientes.

¿Disfrazado de mujer?

Esta vez Churchill no tuvo tanta fortuna y fue detenido. Los periódicos pronto se hicieron eco de que el joven corresponsal de «The Morning Post» había desaparecido. Acabó, junto a varios soldados y oficiales británicos, en un campo de prisioneros en Pretoria. Pasó allí varios días en condiciones infrahumanas, hasta no pudo soportarlo más e ideó una plan para huir con algunos de sus compañeros. Al ver que la fecha prevista era pospuesta varias veces, nuestro protagonista se creció y escapó solo.

Churchill, en 1941, durante la Segunda
Guerra Mundial - ABC

El mismo Churchill contó en «La Época» que se había fugado disfrazado de mujer en los últimos días de 1899. El 2 de enero de 1900, otro diario español, «El Imparcial», sorprendía a sus lectores publicando un telegrama en el que el corresponsal inglés describía al detalle su épica huida, bajo el titular «La evasión de un prisionero inglés». Una decisión que tomó después de que los responsables del campo de prisioneros le comunicaran que había «muy pocas posibilidades» de que se le concedieran la libertad por su condición de periodista.

«La noche del 12, aprovechando un descuido de los centinelas, salté por la vallas de la prisión, atravesé algunas calles de Pretoria, donde me crucé con algunas personas que no se fijaron en mí atención, y me dirigí después a la estación de ferrocarril», podía leerse en el periódico, que continuaba después con todo tipo de detalles: «A las once de la noche salió un tren de mercancía y, cuando aún llevaba poca velocidad, salté a una de las plataformas y me escondí entre unos sacos de carbón».


«Chocolate crudo»

El valor se fue imponiendo poco a poco al miedo en el enjuto cuerpo de Churchill, que no tenía intención de mirara atrás, costase lo que costase. «Antes del amanecer —continuaba— salté del tren y pasé el día escondido en un bosque en compañía de un enorme buitre (...) muchas veces durante mi marcha nocturna tuve que superar todo tipo de arroyos y barrancos, salvándome sólo por la lentitud y precaución con que caminaba (...) Así continué cinco días, ocultándome al amanecer y volviendo a emprender mi peregrinación cerrada la noche. Mi alimento durante todo este tiempo fue solamente chocolate crudo».

En total fueron seis días con sus noches las que duró la fuga de Churchill hasta llegar a Lorenzo Marques, a casi 500 kilómetros de distancia. Durante su odisea tuvo que burlar varias veces a los gendarmes y la vigilancia de las estaciones, dando rodeos de kilómetros. Llegó a perder hasta 10 kilos. Todas estas experiencias le valieron para gozar de gran notoriedad durante una época y publicar, en 1930, «My Early Life», donde recoge estas y otras aventuras de su estancia en Sudáfrica.

lunes, 6 de noviembre de 2017

SGM: El milagro del Remagen que no fue

Los nazis no pudieron impedir el ‘milagro’

En la localidad alemana, el Ejército de EE UU logró cruzar el Rin al final de la Segunda Guerra Mundial sin mojarse los pies

JACINTO ANTÓN | El País


Un soldado estadounidense observa el puente de Remagen, que cruzaba el Rin, en marzo de 1945. REUTERS | EPV

Llegué a Remagen para ver un puente que no existe y me llevé un trozo en el bolsillo por la módica cantidad de 33 euros. El puente de Remagen, tomado por tropas de EE UU al final de la Segunda Guerra Mundial (el 7 de marzo de 1945) en un golpe de suerte y audacia considerado tan milagroso (no para los alemanes) como la evacuación de Dunkerque al principio, es uno de los grandes iconos de la contienda, con película y todo, y figura entre las estructuras de su clase más famosas y épicas. El problema, para los mitómanos, es que ya no está.


En Remagen (a 25 kilómetros al sur de Bonn), los estadounidenses encontraron para su enorme sorpresa y alegría un puente intacto sobre el Rin, lo que les permitió cruzar con mucha más facilidad y menos bajas de lo esperado, sin mojarse los pies, esa gran barrera natural y enfilar hacia el corazón de Alemania y el fin de la guerra. Hitler pilló un berrinche de aquí te espero, y también Montgomery, que se reservaba para él y los británicos (por este orden) el honor de pasar primeros el río.

Yo había querido ir allí desde que de niño vi el famoso y emocionante filme de 1969 sobre el episodio bélico, El puente de Remagen, y leí el famoso libro de Paul Berben y Bernard Iselin con el mismo título, publicado por Juventud en 1972.

Hoy, viajar a Remagen bajo la advocación de su legendario puente puede parecer algo realmente muy absurdo, pues la estructura, afectada por los intentos fallidos de demolición de los alemanes y los rabiosos ataques posteriores a su captura (que incluyeron echarle de todo: disparos de artillería, bombardeos de la aviación, y hasta el uso de cohetes V-2, de submarinistas de las SS y del formidable mortero de 540 mm Karl), se desplomó diez días después de caer en manos enemigas —y tras haber pasado a la otra orilla suficientes unidades para romper las líneas de defensa nazis—, el 17 de marzo de 1945. Pero aunque el puente de Remagen ya no exista, visitar el lugar de su emplazamiento es una experiencia que vale mucho la pena.

Arribé en coche por carretera desde Colonia, tras cruzar Bonn y dudando todo el rato si iría a parar al lado correcto del río, el oeste, que es donde se encuentran Remagen y el museo consagrado a la memoria de su puente. Si me equivocaba lo iba a tener más difícil para cruzar que la 9ª División Blindada, pues, como queda dicho, no hay puente. Acerté: ahí estaba Remagen, un pueblo muy bonito, muy diferente del devastado en los últimos compases de la Segunda Guerra Mundial. Aparqué y bajé corriendo, con el corazón desbocado, hasta a la orilla, a ver el puente que no existía más que en mi cabeza (¡cabeza de puente!). El Rin, decimoquinto río del mundo en volumen, discurría verde, ancho y poderoso. No es extraño que el objetivo de cruzarlo les pareciera a los Aliados una pesadilla similar al desembarco en Normandía.

Observé en ambas orillas las características grandes torres de piedra (dos a cada lado) entre las que estuvo tendido el puente. Pero incluso los pilares (que fueron retirados de en medio del río en 1977 para evitar peligros a la navegación) habían desaparecido. En el día plácido y soleado todo lo que recordaba la batalla por el puente y la desesperada carrera de los hombres de la Compañía A del 27º Batallón de Infantería Acorazada mientras los alemanes trataban de volarlo era el reclamo de un pico picapinos que sonaba como el staccato de una ametralladora MG 42.


Ben Gazzara y George Segal, en 'El puente de Remagen' (1969).

Una cadena de tanque

El museo (bautizado con corrección política Museo de la Paz) ocupa los diferentes pisos de las dos torres del lado de Remagen y está lleno de estupendas sorpresas, incluido un trozo de cadena de un tanque Sherman, cascos y otro equipamiento militar de ambos bandos recuperado en el lugar, fragmentos de una V-2 y de un bombardero a reacción Arado 234 que se estrelló al atacar la estructura, y diversas exposiciones, como la dedicada a la vida de la guarnición alemana, a las víctimas civiles o las unidades estadounidenses que tomaron el puente. Los héroes del momento, interpretados muy libremente en el filme por Ben Gazzara y George Segal, fueron el sargento de la Compañía A Alex A. Drabik, el primero en cruzar, mientras le disparaban y pensando que en cualquier momento el puente saltaría por los aires, y su teniente, Karl H. Timmermann, de orígenes alemanes, nacido en Frankfurt aunque creció en Nebraska. En el otro bando, la pifiaron los oficiales a los que se había confiado la responsabilidad de volar el puente. Hubo fallos técnicos y el azar jugó también pero sin duda fue definitivo el caos reinante entre los militares alemanes. Hitler hizo ejecutar sumariamente (de un tiro en la nuca) por cobardía a 4 oficiales, entre ellos el que tenía el mando, el mayor Hans Scheller. En la película lo encarna, bajo el nombre de Paul Kruger, el actor Robert Vaughn, al que los guionistas le otorgan un pelotón de fusilamiento y un último cigarrillo.

El puente Ludendorff (por el general alemán) o Ludy como lo rebautizaron los estadounidenses, fue construido entre 1916 y 1918 para servir a otra guerra mundial, la primera. Incluía una vía férrea. En 1945 estaba preparado un plan minucioso para volarlo cuando se acercaran los Aliados y hubieran podido pasar al otro lado los últimos contingentes alemanes. Pero las cargas (600 kilos de TNT repartidos en 60 puntos), hechas estallar en el último momento, ya en presencia de la infantería enemiga, no funcionaron bien. Un sargento ingeniero alemán tuvo que activarlas manualmente bajo fuego estadounidense. El puente pegó un brinco con la explosión, pareció levitar, pero al disiparse el humo seguía en pie. Uno casi puede imaginarse a los soldados de Timmermann mirándose unos a otros estupefactos y palpándose para ver si continuaban de una pieza, y a los alemanes exclamando: “¡Ay, madre!”.

A la salida del museo me detuve en la pequeña tienda de recuerdos y adquirí un pequeño trozo del puente (autentificado) de los que se venden para financiar el museo. Así que ya lo saben, si alguien quiere ver el mítico puente de Remagen, puede pasar por casa.

LA PELÍCULA Y LOS RUSOS
El museo del puente de Remagen alberga una exposición sobre la película de 1969 de Hollywood consagrada al episodio, dirigida por John Guillermin, que tuvo una emotiva première en la localidad (se exhiben los tickets). El filme no se rodó en realidad en Remagen —por razones obvias: no había puente— sino en Checoslovaquia, en Davle, que tiene un puente muy parecido al de Remagen, sobre el Moldava.
El rodaje, con 5.000 extras, fue muy accidentado porque durante el mismo (en 1968) tuvo lugar la invasión soviética que acabó con la Primavera de Praga y no era como para estarte paseando con tropas disfrazadas y carros estadounidenses M24 mientras los tanques rusos se enseñoreaban del país. Medios de la RDA incluso hicieron circular que el contingente de ficción eran agentes de la CIA camuflados. Migs y helicópteros de la URSS sobrevolaron el puente mientras se rodaba. Hubo que acabar la película en Castelgandolfo, donde se construyó una réplica de la réplica del puente. Como sintetizó un coronel de EE UU asesor del filme: “¡Demonios, nos costó dos días capturar el puente de Remagen y para hacerlo en la película hemos tardado cien!”.


miércoles, 4 de octubre de 2017

Nazismo: Leni Riefenstahl y su obra dedicada al régimen

La historia de la directora que rechazó el cortejo de Adolf Hitler y se convirtió en la cineasta del régimen nazi

Nunca se aclaró la verdadera naturaleza de la relación entre Leni Riefenstahl y el dictador alemán. Pero una reciente biografía sobre la mujer revela detalles inéditos
Infobae




Hasta el día del encuentro que le cambiaría la vida, Leni Riefenstahl era una joven actriz y directora que buscaba hacerse un lugar en el mundo del cine.

Pero "La luz azul", la película que había recién producido y dirigido, había tenido un espectador de excepción: Adolf Hitler. Deslumbrado, quiso conocer a esa hermosa mujer que, pensaba, representaba el perfecto ideal femenino alemán.



Ella tenía 30 años; él, ya jefe del cada vez más poderoso partido nacionalsocialista, sería nombrado dos años después Canciller de Alemania.

 "Cuando tomemos el poder, usted realizará mis películas", le prometió el Führer a la joven.

Nunca se aclaró la verdadera naturaleza de la relación entre el dictador alemán y quien pasaría a la historia como la "directora de Hitler". ¿Eran amantes, cómplices o estaban simplemente fascinados el uno por el otro?




El misterio no se develó, aunque una escena puede dar una pista.

Ocurrió durante una tarde de primavera de 1932. En la playa cerca de Horumersiel, con vista sobre el mar Báltico, los dos paseaban en la playa.

"Después de un largo silencio se detuvo, me observó durante un largo rato, puso sus brazos alrededor de mi cuerpo y me condujo hacía él. Me miraba fijo con intensidad. Al darse cuenta de que yo estaba a la defensiva, me dejó inmediatamente y se apartó. Entonces lo vi alzar las manos al cielo y gritar solemnemente: '¡No tendré el derecho de amar a una mujer hasta que no cumpla con mi obra!'".



El episodio se lee en la biografía de Jérôme Bimbenet, "Leni Riefenstahl. La directora de Hitler", que cuenta la increíble vida de este personaje que fue una testigo privilegiada de la página más trágica del siglo XX. Es el retrato de una mujer dispuesta a todo y capaz de usar su talento y belleza para obtener lo que quería, realizando obras que -a pesar de su contenido propagandístico- quedaron en la historia del cine e influenciaron a directores de la talla de Steven Spielberg y George Lucas.



Hitler, de hecho, no fue el único líder del Tercer Reich en haber cedido al encanto de Riefenstahl.

Según se lee en la biografía, también el ministro para la Ilustración Pública y Propaganda, el poderoso Jospeh Goebbles, la acosó durante un largo tiempo.

Es probable que a la mano derecha de Hitler -quien controlaba la industria cinematográfica alemana y estaba obsesionado con el sexo– Riefenstahl le haya dado a entender que un día podría haber cedido a su cortejo aunque, al parecer, al final nunca cedió.


Joseph Goebbels, Leni Riefenstahl y Adolf Hitler

Lo cierto es que la frecuentación de los altos mandos nazis dieron sus frutos: Riefenstahl filmó las multitudinarias marchas del partido nacionalsocialista, que se convirtieron en las películas de propaganda "La victoria de la fe" y "El triunfo de la Voluntad".



Pocos años después, llegó su gran éxito: "Olympia", la película sobre las olimpiadas en Berlín de 1936, aún considerada uno de los mejores documentales sobre los Juegos Olímpicos jamás realizados.



Durante la guerra su actividad cinematográfica no se detuvo: filmó las victorias alemanas entre 1939 y 1940 hasta que, con las primeras derrotas, dejó Berlín.

En el libro se cuenta que cuando recibió la noticia de la muerte de Hitler lloró durante toda la noche. Detenida por los Aliados, acusada de ser la amante de dictador, Riefenstahl cayó en depresión y hasta pensó en el suicidio. Después de la guerra, trabajar en Europa se le hizo imposible: por eso, decidió refugiarse en África, lejos de las venganzas y del pasado.



Es "el comienzo de una nueva vida", según dijo. Allí quedó fascinada por la tribu de los Nuba, que retrató en reportajes memorables.


Murió en 2003, a los 101 años, tras haberse casado con Horst Kettner, un colaborador 40 años más joven. Le quedó tiempo, un año antes, de realizar su última película, "Maravillas bajo el agua".

lunes, 4 de septiembre de 2017

SGM: Filmes de la guerra contra Japón

La Guerra en el Pacífico en Celuloide

Filmación sobre los horrores de la batalla en las Marianas

Desmonte y destrucción de un cañón de 16 pulgadas luego de la rendición

Volando cavernas con japoneses en Okinawa

Un Sherman es alcanzado y su tripulación muere en Okinawa. Haciendo honor a su triste historia, el Sherman flamea completamente al primer impacto


Filmes sin censura de la 6ta División de Marines 1/6

Filmes sin censura de la 6ta División de Marines 2/6

Filmes sin censura de la 6ta División de Marines 3/6

Filmes sin censura de la 6ta División de Marines 4/6

Filmes sin censura de la 6ta División de Marines 5/6

Filmes sin censura de la 6ta División de Marines 6/6

lunes, 20 de marzo de 2017

Biografía: Riphagen, una rata fascista amigo de Perón y Evita

Bernardus Andreas "Dries" Riphagen
La Segunda Guerra




(7 de septiembre de 1909 Amsterdam [Holanda], + 13 de mayo de 1973, Montreux [Suiza]. Fue un conocido delincuente holandés, el cual colaboró con los alemanes durante la SGM, estando involucrado en al menos 200 muertes.


BIOGRAFÍA


Nació en una familia numerosa, siendo el undécimo hijo. Su padre, alcohólico, trabajaba en la Marina. Su madre, falleció a los pocos años de nacer. Poco más tarde, su padre se volvió a casar.

A los catorce años, ya era un adolescente difícil, fue enviado a una escuela de la Marina, donde alcanzó el grado de cadete. Estuvo navegando durante un año. Residió durante dos años en Estados Unidos, donde empezó a tratar con los círculos criminales, aprendiendo de sus métodos, de dónde le vino el sobrenombre posterior de Al Capone, y a la vez, trabajaba en la empresa de petróleo Standard Oil.

A su regreso de los EE. UU., con dieciocho años, Dries se unió al NSNAP (Partido Nacional Socialista de los Trabajadores holandeses), el cual era antisemita y abogaba por la unión de Holanda con Alemania.

Empezó a moverse en los bajos fondos de Amsterdam, donde su ocupación era como proxeneta y ladrón, demostrando una cierta habilidad para moverse en este mundo, asimismo, su pasión era las apuestas, las joyas (principalmente diamantes) y los coches.

Con la ocupación alemana de 1940, no sólo continuó con sus actividades, sino que abarcó mucho más, empezando a colaborar con el SD Sicherheitsdienst Servicio de Seguridad alemán y como miembro de la Oficina Central de Emigración Judía (Zentralstelle für jüdische Auswanderung), primero en La Haya y después en su ciudad natal, junto a los miembros de la familia Olij, Jan, Kees y Sam.

Esto le permitió, junto a sus compinches, introducirse (y ganar la confianza) de los judíos, los cuales estaban a disposición de las autoridades alemanas, lo cual incluía sus propiedades, un filón del cual Dries empezó a aprovecharse con las confiscaciones de propiedades y joyas, con coacciones incluso para que delataran a otros judíos, y él daba a los alemanes, no sin antes llevarse su parte (10%) establecida con éstos, aunque se embolsaba más de lo pactado. tampoco faltaban judíos como agentes encubiertos, los cuales amenazados con la deportación de ellos o de su familia, se infiltraban en la Resistencia.

En 1943, formó parte de la Columna Henneicke, que era un grupo de unos treinta colaboradores holandeses, en su mayoría miembros de los bajos fondos, los cuales se dedicaban (cobrando en metálico por cada judío) a buscar a los judíos que se habían escondido de las persecuciones. En este mismo año, entregaron a las autoridades alemanas más de 3000 judíos holandeses.

Dries atesoraba ya una pequeña fortuna, el cual iba ingresándola en cuentas de Suiza y Bélgica.

En octubre de este año, la columna fue disuelta, acusada de corrupción en su propio beneficio.

Dries se traslada a Assen, donde empieza a trabajar en otra columna (Hoffman) [especializada en ejecuciones y en localizar aviadores aliados que habían sido derribados] y colaborando con el SD de la ciudad. Asesinó al resistente holandés Gerhard Badrian. En esta ciudad, tiene un accidente de coche, donde se lesiona de gravedad en una pierna.

Al finalizar la guerra, empezó a ser buscado por la policía como traidor y por asesinatos de judíos. Al verse acorralado, se puso en contacto con un antiguo jefe de policía de Enschede y miembro de la Resistencia, Wim E. Sanders, para negociar.
No fue entregado a las autoridades locales, pero sí bajo arresto domiciliario, a cambio de información de colaboradores y redes de los alemanes.

En febrero de 1946 escapa, con la ayuda de miembros de la Oficina de Seguridad holandesa BNV (Bureau voor Nationale Veiligheid), en un coche fúnebre, dentro de un ataúd, cruzando la frontera con Bélgica. Posteriormente, estuvo un tiempo recorriendo España.

A mitad de este año, fue detenido cerca de la frontera con Francia, al carecer de documentación, e ingresado en la cárcel, siendo posteriormente liberado bajo fianza, ayudado por algún contacto (se cree que fue un sacerdote español), con la obligación de tramitar su documentación.

Obtiene un pasaporte Nansen (una tarjeta de identidad para los refugiados apátridas), por medicación de un miembro del Servicio de Seguridad holandés, el cual le proporciona ropa y calzado, con la salvedad de que en los talones del calzado, había diamantes.

Cuando estaba a punto de ser extraditado a Holanda, en marzo de 1948, vuela hacia Argentina con un amigo. Al enterarse de su presencia en este país, la Embajada holandesa cursa una solicitud de extradición, pero sólo con los cargos de robo de automóviles y robo, con lo cual las autoridades argentinas denegaron la solicitud, manifestando que ese delito ya había prescrito. Cabe destacar que Dries se había hecho amigo de un miembro de la Corte Suprema de Argentina.

También consiguió acercarse al matrimonio Perón, llegando a tener un puesto como secretario. Se instala en la capital de este país, donde pone en marcha un negocio de fotografía, y a la vez, organizando competiciones de boxeo, a lo que era aficionado desde su juventud, y colaborando con los servicios secretos de Argentina.

Cuando el Presidente del país fue derrocado, Dries viajó a Europa, viviendo en varios países. Su última dirección conocida fue en Madrid (España), en la calle Padilla 4, de alquiler, que pagaba una tal Alicia López García, donde vivía rodeada de lujo y de mujeres adineradas, las cuales le mantenían. (esta dirección fue facilitada por el Servicio de Inteligencia holandés en Londres).

En 1973, se trasladó a una clínica en Suiza, enfermo de cáncer, donde murió. Nunca más volvió a ver a su mujer Greetje ni a su hijo cuando se fue de Europa en 1946.

Su mujer se casó con el hombre que ayudó a su marido a cruzar la frontera con Bélgica, Frits Kerkhoven, ex detective y miembro de la Resistencia, y ésta adoptó a su hijo.

En 2010, dos periodistas holandeses publicaron un libro sobre Dries “Riphagen: de Amsterdamse onderwereld 1940-1945 [solo está editado en holandés] con las declaraciones de su hijo Rob y de otros compinches.

Tres años más tarde, una emisora de radio holandesa realizó una serie sobre su persona.

En 2016, se hizo la película sobre su vida Riphagen por el director Pieter Kuijpers, con guión de Thomas van der Ree y Paul Ene Nelisse, el papel principal fue interpretado por Jeroen van Koningsbrugge, que también lo había interpretado en la serie de la radio.


ALBUM FOTOGRAFICO



Con su hijo Rob






Imagen






Enlace del artículo de la película en este foro: Riphagen



FUENTES


https://nl.wikipedia.org/wiki/Dries_Riphagen
http://www.miguelgarciavega.com/no-hubo ... -riphagen/
http://www.go2war2.nl/artikel/2624/Biog ... phagen.htm
https://www.google.es/

martes, 13 de diciembre de 2016

Terrorismo: La Guardería, Cuba colabora con criminales argentinos

La Guardería: historia de los hijos de la "Contraofensiva" montonera
Claudia Peiró - Infobae

Entre 1979 y 1983, los militantes de la organización que regresaban clandestinos a la Argentina dejaban a sus niños en La Habana, Cuba. Un documental de Virginia Croatto reconstruye esa insólita experiencia


Niños en la guardería montonera en La Habana, Cuba (c.1980). Vestidos con el impresentable uniforme revolucionario con el que adoctrinan a los niños en la dictadura cubana

La Guardería es una película hondamente emotiva porque lo que cuenta es real y los protagonistas son niños; o más bien adultos que recuerdan hoy aquello que vivieron como niños. El documental, ópera prima de Virginia Croatto, está actualmente en cartel.

Su directora es también parte de la trama. Ella misma vivió en la Guardería montonera de La Habana entre 1980 y 1983. Su madre, Susana Brardinelli, era la encargada del lugar.


Virginia Croatto, la directora del film, junto a su madre, en la guardería montonera en La Habana

Entre 1979 y 1983 varias decenas de niños, hijos de miembros de Montoneros, vivieron en esa guardería al cuidado de otros cuadros de la organización, a la espera del azaroso regreso de sus padres. Croatto reconstruye esa historia a través del recuerdo que sus compañeritos, hoy adultos y padres a su vez, tienen de aquellos años. La Guardería suple bien la penuria de material gráfico –sólo hay algunas pocas fotos de aquella casa que funcionó como hogar para los hijos de los montoneros que volvían en la llamada Contraofensiva-, combinando imágenes de Buenos Aires y La Habana, de época y actuales, y, sobre todo, dibujos infantiles y objetos que reconstruyen aquel mundo según la óptica infantil de los habitantes de La Guardería, cuyas edades iban de los pocos meses hasta los 11 o 12 años.


La Guardería combina testimonios con animaciones que recrean un clima infantil

Estéticamente, la película es impecable. Y es inevitable no conmoverse con la inocencia que trasuntan algunos recuerdos: "Queríamos inventar una máquina que devolviera la vida", dice una de las protagonistas, con la voz quebrada.

"Sabíamos que cuando los padres se iban podían no volver", reconoce otra. Recuerdan que no usaban la palabra "desaparecido", sino "caído": "Cayó" podía significar que había muerto o había sido ilegalmente secuestrado lo que, lamentablemente, auguraba un fatídico destino en la gran mayoría de los casos.

El documental se enhebra con grabaciones de conversaciones y canciones infantiles (hechas en cassettes, la tecnología de ese tiempo; ver video a continuación) y con la lectura en off de las cartas de los padres hablándoles a sus niños de sus ideales, del mundo más justo que les quieren brindar y por el cual luchan, de que esa militancia es el mejor legado que les dejan; cartas-despedidas, cartas-testamento... "Ahora mi mamá está desaparecida como la tuya", les anuncia una de ellas a los demás, con esa naturalidad con la cual los niños toman la vida. Pero, admiten hoy, "todo el tiempo estaba eso de felicidad y tristeza".


Como Benjamín Ávila en la excelente Infancia clandestina, Virginia Croatto eligió contar –sin juzgar- desde el punto de vista infantil ese mundo tan peculiar, de niños dejados por padres que parten a la lucha, que les prometen volver, pero no les ocultan los riesgos; de hecho algunos de ellos ya eran huérfanos, como la propia realizadora de la película, cuyo padre, Armando Croatto, había muerto en un enfrentamiento junto a otro jefe montonero, Horacio Mendizábal, el 19 de septiembre de 1979, en Munro.

Cuando empezó a preparar este documental –hace varios años ya que fue un viaje largo, como suele suceder con temas que tienen que ver con la propia, dolorosa, experiencia- Croatto expresó en alguna entrevista el temor a una lectura "peligrosa" del film, la de que sus padres fuesen criticados por esa decisión de dejar a los hijos para venir a Argentina, "sin entender el contexto de ese momento".

No hay duda de que transmitir el clima de una época a quien no la vivió es lo más difícil, el mayor desafío de cualquier relato del pasado. En estos ex niños de la guardería montonera se nota un esfuerzo de comprensión de lo que hicieron sus padres. Aunque aparece el reproche, incluso la pregunta sobre por qué tener hijos en semejante contexto, no se ve rencor en ellos, al menos en los que aparecen en la película.

Pero, a más de 30 años de esos episodios –y esta reflexión excede a La Guardería, desde ya, puesto que la película no se propone eso-, es inaceptable la ausencia de reflexión autocrítica por parte de los sobrevivientes de aquella generación en torno a una política de la que estos niños y muchos otros fueron víctimas.

Los apellidos de estos chicos –Perdía, Yager, Olmedo, Zverko, Binstock, Montoto Raverta- remiten a uno de los episodios más oscuros de la historia montonera.


Un grupo de niños en la guardería de La Habana con sus cuidadores

"Creo que la Contraofensiva fue un error", dice Virginia Croatto, que hoy tiene 39 años. Pero fue mucho más que eso. Fue un crimen, una operación suicida por la cual la conducción montonera envió al país a los escasos cuadros que habían sobrevivido a la masacre de los años 1976/77. Luego del golpe de Estado, la organización Montoneros no modificó su riesgoso funcionamiento ni hizo nada por preservar la vida de sus militantes –pese a las advertencias y propuestas formuladas por algunas corrientes internas, en particular la que representaba Rodolfo Walsh-. Mario Firmenich y otros jefes se pusieron a salvo en el exterior. Desde allí, profundizaron aún más el delirio y decidieron lanzar una "contraofensiva" consistente en operaciones militares de espectacularidad. Esa propuesta provocó, en febrero de 1979, una primera escisión en la organización, liderada por Rodolfo Galimberti y Juan Gelman, que salvó la vida de varios cuadros. Pero la conducción montonera siguió adelante, utilizando el influjo que aún tenía sobre tantos militantes que sentían culpa por haber sobrevivido –"la organización era la Iglesia", escribió por ejemplo José Amorim, uno de los fundadores de Montoneros, describiendo muy bien la clase de compromiso que se establecía y por qué era tan difícil romperlo- para enviarlos de vuelta al país a una muerte casi segura. Los militares conocían de antemano la identidad de las personas que iban a volver al país. La madre de dos de los protagonistas de La Guardería, Mónica Pinus de Binstock, desapareció en el mismo vuelo de regreso al país.

En la primera oleada de la contraofensiva, en 1979, cayeron unos 40 militantes. Pese a ello, se organizó una segunda. Esta vez, la mayoría de los cuadros ni siquiera logró ingresar al país. Los estaban esperando en la frontera. Y los que pudieron entrar, fueron capturados poco después: los esperaban en depósito de muebles donde guardaban las armas. La conducción montonera sabía que varios de esos escondites ya habían caído y pese a ello no modificó los planes. El saldo fatal fue de 80 en total.


En las dos contraofensivas montoneras (1979 y 1980) cayeron 80 militantes

"En la contraofensiva no murieron más de 20 o 22 compañeros", mintió sin embargo años después, en 2003, Mario Firmenich en una entrevista con Cristina Zuker (hermana de uno de los caídos en esa operación). Y cuando ella le rebatió ese número, la réplica fue canalla: "¿Y qué? Nosotros nunca tuvimos la voluntad de dejar de luchar. ¿Y en el '76, en el '77? Caían siete compañeros por día. La contraofensiva es un juego de niños al lado de eso".

Cuando en 2003, el juez Claudio Bonadío quiso investigar la responsabilidad de los jefes montoneros en las caídas en la Contraofensiva, y encarceló a Fernando Vaca Narvaja y Roberto Perdía y pidió la captura de Firmenich (que estaba en Barcelona), los organismos de derechos humanos y los familiares de las víctimas se abroquelaron en su defensa, lo que habla a las claras de la dificultad para aceptar la dolorosa verdad sobre esos hechos: la connivencia, la colusión, entre la política de la cúpula montonera y la represión ilegal.

Para los niños del documental de Croatto, Firmenich, Perdía y Vaca Narvaja eran los "tíos" que los visitaban en La Guardería....


Firmenich (centro) y Vaca Narvaja (al fondo con bigote), en la guardería montonera, con los niños a cuyos padres habían enviado a una operación casi suicida. Enorme asco.

Cristina Zuker también recogió el testimonio de Elvio Vitali, ex militante montonero, ya fallecido: "Se jugaba mucho con la culpa de los compañeros que estaban en el exilio en relación con los que estaban muertos; todas marranadas que fueron planificadas por la conducción. La contraofensiva estaba toda infiltrada, todos sabían que nadie tenía chance de sobrevivir, que era una muerte anunciada. No había ningún tipo de explicación sensata, racional, para lo que hicieron."

LA CONTRAOFENSIVA SÓLO SIRVIÓ PARA AUMENTAR LA YA ABULTADA LISTA DE MUERTOS DE MONTONEROS

Una claridad que no es la de los cuadros supérstites de la organización hoy que prefieren refugiarse en la exaltación acrítica de aquel pasado, para eludir la reflexión sobre sus propios errores y responsabilidad. No es fácil aceptar que el sacrificio de tantos cuadros fue en vano. Que la Contraofensiva solo sirvió para aumentar la ya abultada lista de muertos de la organización, entre ellos, muchos de los padres de los niños de La Guardería.

Algo de esa desazón asoma en el film cuando sus protagonistas evocan un regreso que no fue al país que les habían contado, sino uno en el que, en la transición de la dictadura a la democracia, no podían hablar abiertamente de sus padres y de su lucha.

"Un concepto clave para nosotros fue que los grandes no nos mintieran. Se explicaba todo –recordó Virginia Croatto en una entrevista-. Como para que lo entienda un chico, pero siempre con la verdad. Para los más pequeños, era algo que se acercaba a los términos de La vida es bella, o sea algo más fantasioso, o entre la realidad y la imaginación. Para los más grandes, era una explicación más real".


La guardería montonera funcionó en La Habana entre 1979 y 1983

Y es cierto que nada es peor que la mentira. Pero la verdad que les dijeron de niños está enmarcada en ese mismo delirio del que hablaba Vitali y es tan ajena a la realidad como si fuese una mentira.

"(En Cuba) era como si estuviéramos resistiendo en el País de Nunca Jamás para volver algún día al paraíso", recuerda Virginia Croatto. "Había como un cuentito que en Cuba creíamos que era real".


Virginia Croatto, directora del film documental La Guardería, otra víctima de Montoneros

Perón decía que las organizaciones no valen por su número sino por la calidad de sus dirigentes. Escuchando a estos ex niños evocar hoy a sus padres, es inevitable sentir indignación ante tanto coraje y desprendimiento inescrupulosamente manipulados e inútilmente sacrificados.

"Uno quisiera que ciertas cosas no hubiesen pasado", dice uno de los protagonistas. Y es el sentimiento que le queda también a cualquiera que se vuelque al repaso de esos episodios con honestidad intelectual.

LA DE MONTONEROS EN LA HABANA DEBE HABER SIDO LA GUARDERÍA MÁS CARA DEL MUNDO

Queda para la historia del disparate –pero de esto no puede responsabilizarse a Virginia Croatto- la reacción de algunos comentaristas –periodistas militantes- que ven esta guardería en La Habana como una expresión de "la solidaridad del Estado cubano con aquellos luchadores antidictatoriales". "Los cubanos fueron muy generosos", se llegó a decir. Además de que está ampliamente probado el alineamiento internacional de Cuba con la dictadura argentina –por orden de Moscú- (ver: En 1976 Fidel Castro abandonó al hermano del "Che" Guevara mientras el Vaticano pedía por él) la de los montoneros en La Habana debe ser la guardería más cara del mundo, si se considera que el régimen castrista se quedó con varios millones de dólares 30 dicen algunos- del botín montonero. Varios países "capitalistas" recibieron a muchos más exiliados argentinos que Cuba, y lo hicieron gratis.


Armando Croatto, un completo irresponsable, carne de cañón de la llamada Contraofensiva montonera

martes, 19 de enero de 2016

Guerra Antisubversiva: La mentira de la Noche de los Lápices

La mentira vergonzosa de “la noche de los lápices”.


Por Nicolás Márquez - Prensa Republicana




Una deliberada mentira disparada en los años 80´ y luego potenciada por la propaganda obrante durante el prolongado  latrocinio kirchnerista, consistió en tomar como referencia el ficcionario filme popularmente conocido como “La Noche de los Lápices”, aquel bodrio maniqueo y falaz obligatoriamente impuesto en la enseñanza escolar oficial, como si dicha película encarnase una verdad revelada en vez ser lo que verdaderamente es: una historieta audiovisual plagada de caricaturizaciones ideológicas y manifiestas patrañas historiográficas.

Resulta que el promocionado filme nos cuenta una historia (que los farsantes que la apañan pretenden hacer pasar por verídica) en la cual un simpático grupete de amigotes bregaban por una enternecedora rebaja en el boleto estudiantil, y las máximas picardías de estos inquietos jovenzuelos no eran otras que tararear las melodías del dúo hippie “Sui Géneris”, jugar de vez en cuando al “ring-raje” y soñar con un “mundo más igualitario para todos y todas”.

Acto seguido, aparecen en escena unos militares malos que se enojaron porque sí, “secuestraron” a los inquietos estudiantes por el simple hecho de “pensar distinto” y los mataron por mero morbo y placer. Punto final del largometraje.


los lapices siguen escribiendo
Graffiti arquetípico para consumo masivo de incautos e idiotas útiles.1

La película tiene como basamento el libro “La Noche de los Lápices” escrito por la inefable María Seoane (ex integrante de la organización homicida ERP)  y Héctor Nuñez, quienes a su vez se basan en el relato de Pablo Díaz, quien presumía ser el único sobreviviente del grupo de seis estudiantes involucrados.

El libro citado fue terminado el 7 de junio de 1986, es decir 9 años y 10 meses después de los presuntos hechos. Lo allí narrado fue la base que se tomó para producir la difundidísima película homónima.

No nos detendremos aquí a analizar la mala calidad del rodaje puesto que no es el propósito de esta notícula, sino que una vez más, cometeremos el sacrilegio de cuestionar la veracidad de la versión dada en la película, atendiendo, entre otras cosas, al lastimoso perfil del personaje central del filme en la vida real, el mencionado Pablo Díaz.

En efecto, ni el filantrópico Pablo Díaz era un ingenuo muchacho de barrio, ni fue el único sobreviviente, ni tampoco luchaban por el boleto estudiantil (esto fue tan sólo la excusa oficial), sino que el accionar de Díaz y sus secuaces desde siempre estuvo dirigido a promover no la militancia boletera sino la criminalidad terrorista de la que fueron parte.

Efectivamente, el propio Díaz en sus años mozos (cuando protagonizó los hechos que le dieron cárcel primero y celebridad después), él ya integraba con destaque la tristemente célebre JG (Juventud Guevarista), brazo estudiantil de la organización infanticida ERP, la cual se encargaba de promover su actividad criminal en los institutos educativos de los cuales se extrajeron renovadas camadas terroristas. Y fue en esa militancia castro-guevarista confesada por el propio interesado y documentada en el mismísimo libro “Los Últimos Guevaristas”[1] (escrito por el delincuente Julio Santucho, hermano de Mario Santucho, ex Comandante en Jefe del ERP), que el casi veinteañero Díaz (un poco grande para estudiante secundario) resultó detenido entre 1976 y 1980.

Pero Díaz no se quedó solamente en los años 70´ en su malsana pretensión subversiva: ya en 1989,  siendo ya no tan joven e irreflexivo, Pablo Alejandro Díaz hizo conocer su filiación al grupo terrorista MTP (Movimiento Todos por la Patria), prolongación del ERP comandada por el homicida confeso Enrique Gorriarán Merlo, el cual en enero de ese año asesinara a diez soldados y mutilara a otros sesenta durante el histórico y aberrante ataque terrorista al Regimiento de La Tablada durante el gobierno de Raúl Alfonsín.


Pablo Díaz: de boletero a terrorista.

Pero obviamente Díaz no fue el único bonachón que participó de los sucesos “inofensivamente” retratados en la película. El 15 de septiembre de 1998,  en el órgano de prensa de la guerrilla derrotada, es decir en el pasquín Página 12 (diario fundado con dinero ilegal proveído por el propio Gorriarán Merlo según confesión de su propio fundador, es decir de Jorge Lanata), se efectuó una nota reporteando a la dama Emilce Moler, otra de las protagonistas y que fuera detenida en La Plata el 17 de septiembre no por clamar por el cacareado boleto estudiantil sino por militar en la organización terrorista Montoneros. Allí se informa que ella y Gustavo Calloti (otro elemento subversivo que también vive y que está radicado en Francia), conjuntamente con otra joven radicada en La Plata (y van cuatro los aparecidos) conformaban una célula con los siguientes objetivos:

EM: “Teníamos un proyecto político, en relación con los desaparecidos de los secundarios de La Plata. No fue exclusivamente la lucha por el boleto, eso era un objetivo superfluo que fue utilizado buscando reivindicar la militancia (…) No creo que a mí me detuvieran por el boleto. La lucha fue en el año 75, además no secuestraron a miles de estudiantes que participaban en ella. Detuvieron a un grupo que participaba en una agrupación política. Todos los chicos que están desaparecidos pertenecían a la UES (brazo estudiantil de Montoneros), es decir que había a un proyecto político al fin”.

Pero la confesión más despampanante de todas, probablemente la haya dado Jorge Falcone (oficial Montonero y hombre de confianza del asesino Mario Firmenich), es decir el hermano de María Claudia Falcone (la otra protagonista de la película en donde la susodicha es mostrada como mártir), ya que en nota concedida y transcripta para el libro “Montoneros, Soldados de Menem?, Soldados de Duhalde?” de Viviana Gorbatto, éste expresa:

“–Mi hermana no era una chica ingenua que peleaba por el boleto estudiantil. Ella era toda una militante convencida. Ni mi hermana ni yo militábamos por moda. Nuestra casa fue una escuela de lucha”.

–¿Tu hermana y vos eran montoneros convencidos?

–(Falcone) Sí. Nadie nos usó ni nadie nos pagó. No fuimos perejiles como dice la película de Héctor Olivera (…) fuimos a la conquista de la vida o la muerte (…). En el departamento donde cayó mi hermana se guardaba el arsenal de la UES de La Plata. Mi hermana no cayó por el boleto secundario, sino por una patria justa, libre y soberana. La gente que tenía la conducción de un colegio secundario no se chupaba el dedo. Tenía práctica política y militar”




Jorge Falcone, el ex Montonero que obró de sepulturero de la bochornosa estafa fílmica “la noche de los lápices”

Y como si tamaña confesión fuese insuficiente, el ex oficial Montonero Falcone añade: “Cuando se dio la película, yo fui llevado en andas con Pablo Díaz, el sobreviviente, del cine al obelisco. Allí dije que mi hermana estaba en la clandestinidad con documento trucho, que respondía a una orgánica revolucionaria. Eso puso a todos nerviosos. No querían escuchar esas cosas. Mi hermana no era una Caperucita Roja a la que se tragó el lobo (…) era una militante revolucionaria”

-¿Qué cargo tenía tu hermana dentro de la organización?

-Era miliciana (…) La gente que tenía conducción en un colegio secundario no se chupaba el dedo. Tenía práctica política y militar (…) participamos en una serie de actos relámpagos que sirvieron de cerco en agosto del 75´ para el hundimiento de la Fragata Misiliística Santísima Trinidad”[2] remata Jorge Falcone, quien además por entonces era esposo de Susana Estela Carlotto, es decir de la ex guerrillera e hija de la mentirosa compulsiva Estela Carlotto, actual CEO de la firma empresarial Abuelas de Plaza de Mayo.


Estela Carlotto: como nonna fue una excelente empresaria y como madre fue un fracaso: sus hijos salieron o delincuentes montoneros o ñoquis estatalizados.

Visto y considerando que la mentira de la “Noche de los lápices” es refutada por los propios protagonistas1, vale complementar lo expuestos con las posteriores declaraciones del ex Montonero Martín Caparrós, quien sobre el particular sostuvo: “Creo que hubo una construcción inicial que fue esta idea de las víctimas impolutas. El desaparecido como víctima angelical que es la idea que sintetiza La noche de los lápices. La noche de los lápices es la mayor falacia que se ha producido en la historia argentina contemporánea. Falacia que se va a reproducir cuándo, ¿mañana, pasado?, ¿cuándo es el día de la noche de los lápices?…Pero La noche de los lápices es un mamarracho, quiero decir es como la quintaesencia de esta idea de ¡ay!, esos pobres chicos estudiantes secundarios que querían el boleto estudiantil, los agarraron los militares que eran tan malos y los mataron a todos. Esos chicos que querían el boleto estudiantil, además de querer el boleto estudiantil, eran militantes de unas organizaciones, unas agrupaciones que apoyaban a unas organizaciones que estaban a favor de la lucha armada y de todo eso” y haciendo un análisis global de la guerra revolucionaria en la que él participó en calidad de protagonista Montonero se pregunta: “¿Si ganábamos nosotros, las cosas hubieran sido mejores?” “¿nos hubiera gustado vivir en un país donde hubiéramos ganado” y concluye “Yo dudo de que hubiese durado mucho tiempo en un país gobernador por Montoneros”[3].


El ex montonero Martín Caparrós: de vez en cuando incurre en la buena costumbre de contar la verdad.

¿Hace falta agregar más datos y testimonios para proseguir demostrando y confirmando tanto en este como en otros episodios de la historia reciente cómo la mentira oficial se ha impuesto por la fuerza de la repetición propagandística y no como consecuencia de los hechos historiográficos  objetivamente comprobados?.

Desde hace años que el que suscribe ha tomado un intransigente compromiso con la verdad, pero no porque nos consideremos los dueños de la verdad sino porque somos esclavos de la verdad. Y a ella nos remitimos y es a ella a quien nos subordinamos, le guste o no al endemoniado catecismo oficial, que esperamos comience a revertirse en estos nuevos tiempos que soplan en la República Argentina.

Estos y otros mitos son reventados con documentación inapelable en el libro “La Mentira Oficial”, de Nicolás Márquez.
¿Cómo conseguirlo?. A precio promocional y sin costo de envío clickeando en la imagen siguiente.
la mentira oficial

Importante: tras efectuar la compar enviar los datos postales al siguiente mail: nickmarquez2001@yahoo.com.ar y el ejemplar será enviado por Correo Argentino certificado.

Citas referenciadas:


[1] LOS ULTIMOS GUEVARISTASLA GUERRILLA MARXISTA EN LA ARGENTINA. Autor: Santucho Julio. Editorial: JAVIER VERGARA

[2] Montoneros. Soldados de Menem. ¿Soldados de Duhalde?. Por Viviana Gorbatto.  Ed. Sudamericana. 1999. Pág. 96, 97, 98.

[3] Montoneros. Soldados de Menem. ¿Soldados de Duhalde?. Por Viviana Gorbatto.  Ed. Sudamericana. 1999. Pág. 327.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Cine militar: There Be Dragons (2011)

There be Dragons
Encontrarás dragones

"There be Dragons" es la historia del creador de Opus Dei, José María Escrivá de Balaguer. Filmada en muchas partes en Argentina y España por Roland Joffe, está ambientada en la Guerra Civil Española. En Argentina fue filmada en Luján, Sierra de la Ventana y lago Epecuén, en el partido de Carhué, así como en el zoólogico y subterráneos de Buenos Aires.
En Sierra de la Ventana fue filmada en el Parque Provincial Ernesto Tornquist, en las estancias "Las Vertientes", "Hogar Funke" y "Sierras Grandes".
Acá les dejo algunas fotos (screenshots) de la misma:


Este es un carrito aguatero del EA, usado en esta escena en el Parque Provincial Ernesto Tornquist, en la comarca serrana de Sierra de la Ventana.

Paísaje de fondo típico de la zona de las Sierras

Otra sección, más al oeste de las sierras principales.



Un SK-105 del EA reformado para parecerse a un BT-7 soviético usado por los republicanos

Esta creo yo que es una MAG del EA reformada para parecerse a una Maxim

Escena de bombardeo a una columna, en el Parque Provincial

Este Puente Blanco es muy conocido en la entrada a Sierra de la Ventana, entrando por el Oeste.

Acá esta la foto del puente blanco verdadero (clic aquí)

Este es el pueblo de Epecuén, que fue cubierto hace 20 años por una inundación del lago Epecuén. Hace poco tiempo las aguas retrocedieron y quedó como un pueblo arrasado. Aprovecharon esa circunstancia para hacer parecer un pueblo afectado por la guerra.

Foto del Epecuén verdadero

Esta escena de la batalla de Madrid (1936) fue simulada en la ciudad de Luján, con la basílica de Luján al fondo.

Finalmente una escena en el subterráneo de Buenos Aires, con Lito Cruz haciendo de encargado de vagón.