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miércoles, 4 de octubre de 2017

Nazismo: Leni Riefenstahl y su obra dedicada al régimen

La historia de la directora que rechazó el cortejo de Adolf Hitler y se convirtió en la cineasta del régimen nazi

Nunca se aclaró la verdadera naturaleza de la relación entre Leni Riefenstahl y el dictador alemán. Pero una reciente biografía sobre la mujer revela detalles inéditos
Infobae




Hasta el día del encuentro que le cambiaría la vida, Leni Riefenstahl era una joven actriz y directora que buscaba hacerse un lugar en el mundo del cine.

Pero "La luz azul", la película que había recién producido y dirigido, había tenido un espectador de excepción: Adolf Hitler. Deslumbrado, quiso conocer a esa hermosa mujer que, pensaba, representaba el perfecto ideal femenino alemán.



Ella tenía 30 años; él, ya jefe del cada vez más poderoso partido nacionalsocialista, sería nombrado dos años después Canciller de Alemania.

 "Cuando tomemos el poder, usted realizará mis películas", le prometió el Führer a la joven.

Nunca se aclaró la verdadera naturaleza de la relación entre el dictador alemán y quien pasaría a la historia como la "directora de Hitler". ¿Eran amantes, cómplices o estaban simplemente fascinados el uno por el otro?




El misterio no se develó, aunque una escena puede dar una pista.

Ocurrió durante una tarde de primavera de 1932. En la playa cerca de Horumersiel, con vista sobre el mar Báltico, los dos paseaban en la playa.

"Después de un largo silencio se detuvo, me observó durante un largo rato, puso sus brazos alrededor de mi cuerpo y me condujo hacía él. Me miraba fijo con intensidad. Al darse cuenta de que yo estaba a la defensiva, me dejó inmediatamente y se apartó. Entonces lo vi alzar las manos al cielo y gritar solemnemente: '¡No tendré el derecho de amar a una mujer hasta que no cumpla con mi obra!'".



El episodio se lee en la biografía de Jérôme Bimbenet, "Leni Riefenstahl. La directora de Hitler", que cuenta la increíble vida de este personaje que fue una testigo privilegiada de la página más trágica del siglo XX. Es el retrato de una mujer dispuesta a todo y capaz de usar su talento y belleza para obtener lo que quería, realizando obras que -a pesar de su contenido propagandístico- quedaron en la historia del cine e influenciaron a directores de la talla de Steven Spielberg y George Lucas.



Hitler, de hecho, no fue el único líder del Tercer Reich en haber cedido al encanto de Riefenstahl.

Según se lee en la biografía, también el ministro para la Ilustración Pública y Propaganda, el poderoso Jospeh Goebbles, la acosó durante un largo tiempo.

Es probable que a la mano derecha de Hitler -quien controlaba la industria cinematográfica alemana y estaba obsesionado con el sexo– Riefenstahl le haya dado a entender que un día podría haber cedido a su cortejo aunque, al parecer, al final nunca cedió.


Joseph Goebbels, Leni Riefenstahl y Adolf Hitler

Lo cierto es que la frecuentación de los altos mandos nazis dieron sus frutos: Riefenstahl filmó las multitudinarias marchas del partido nacionalsocialista, que se convirtieron en las películas de propaganda "La victoria de la fe" y "El triunfo de la Voluntad".



Pocos años después, llegó su gran éxito: "Olympia", la película sobre las olimpiadas en Berlín de 1936, aún considerada uno de los mejores documentales sobre los Juegos Olímpicos jamás realizados.



Durante la guerra su actividad cinematográfica no se detuvo: filmó las victorias alemanas entre 1939 y 1940 hasta que, con las primeras derrotas, dejó Berlín.

En el libro se cuenta que cuando recibió la noticia de la muerte de Hitler lloró durante toda la noche. Detenida por los Aliados, acusada de ser la amante de dictador, Riefenstahl cayó en depresión y hasta pensó en el suicidio. Después de la guerra, trabajar en Europa se le hizo imposible: por eso, decidió refugiarse en África, lejos de las venganzas y del pasado.



Es "el comienzo de una nueva vida", según dijo. Allí quedó fascinada por la tribu de los Nuba, que retrató en reportajes memorables.


Murió en 2003, a los 101 años, tras haberse casado con Horst Kettner, un colaborador 40 años más joven. Le quedó tiempo, un año antes, de realizar su última película, "Maravillas bajo el agua".

lunes, 4 de septiembre de 2017

SGM: Filmes de la guerra contra Japón

La Guerra en el Pacífico en Celuloide

Filmación sobre los horrores de la batalla en las Marianas

Desmonte y destrucción de un cañón de 16 pulgadas luego de la rendición

Volando cavernas con japoneses en Okinawa

Un Sherman es alcanzado y su tripulación muere en Okinawa. Haciendo honor a su triste historia, el Sherman flamea completamente al primer impacto


Filmes sin censura de la 6ta División de Marines 1/6

Filmes sin censura de la 6ta División de Marines 2/6

Filmes sin censura de la 6ta División de Marines 3/6

Filmes sin censura de la 6ta División de Marines 4/6

Filmes sin censura de la 6ta División de Marines 5/6

Filmes sin censura de la 6ta División de Marines 6/6

lunes, 20 de marzo de 2017

Biografía: Riphagen, una rata fascista amigo de Perón y Evita

Bernardus Andreas "Dries" Riphagen
La Segunda Guerra




(7 de septiembre de 1909 Amsterdam [Holanda], + 13 de mayo de 1973, Montreux [Suiza]. Fue un conocido delincuente holandés, el cual colaboró con los alemanes durante la SGM, estando involucrado en al menos 200 muertes.


BIOGRAFÍA


Nació en una familia numerosa, siendo el undécimo hijo. Su padre, alcohólico, trabajaba en la Marina. Su madre, falleció a los pocos años de nacer. Poco más tarde, su padre se volvió a casar.

A los catorce años, ya era un adolescente difícil, fue enviado a una escuela de la Marina, donde alcanzó el grado de cadete. Estuvo navegando durante un año. Residió durante dos años en Estados Unidos, donde empezó a tratar con los círculos criminales, aprendiendo de sus métodos, de dónde le vino el sobrenombre posterior de Al Capone, y a la vez, trabajaba en la empresa de petróleo Standard Oil.

A su regreso de los EE. UU., con dieciocho años, Dries se unió al NSNAP (Partido Nacional Socialista de los Trabajadores holandeses), el cual era antisemita y abogaba por la unión de Holanda con Alemania.

Empezó a moverse en los bajos fondos de Amsterdam, donde su ocupación era como proxeneta y ladrón, demostrando una cierta habilidad para moverse en este mundo, asimismo, su pasión era las apuestas, las joyas (principalmente diamantes) y los coches.

Con la ocupación alemana de 1940, no sólo continuó con sus actividades, sino que abarcó mucho más, empezando a colaborar con el SD Sicherheitsdienst Servicio de Seguridad alemán y como miembro de la Oficina Central de Emigración Judía (Zentralstelle für jüdische Auswanderung), primero en La Haya y después en su ciudad natal, junto a los miembros de la familia Olij, Jan, Kees y Sam.

Esto le permitió, junto a sus compinches, introducirse (y ganar la confianza) de los judíos, los cuales estaban a disposición de las autoridades alemanas, lo cual incluía sus propiedades, un filón del cual Dries empezó a aprovecharse con las confiscaciones de propiedades y joyas, con coacciones incluso para que delataran a otros judíos, y él daba a los alemanes, no sin antes llevarse su parte (10%) establecida con éstos, aunque se embolsaba más de lo pactado. tampoco faltaban judíos como agentes encubiertos, los cuales amenazados con la deportación de ellos o de su familia, se infiltraban en la Resistencia.

En 1943, formó parte de la Columna Henneicke, que era un grupo de unos treinta colaboradores holandeses, en su mayoría miembros de los bajos fondos, los cuales se dedicaban (cobrando en metálico por cada judío) a buscar a los judíos que se habían escondido de las persecuciones. En este mismo año, entregaron a las autoridades alemanas más de 3000 judíos holandeses.

Dries atesoraba ya una pequeña fortuna, el cual iba ingresándola en cuentas de Suiza y Bélgica.

En octubre de este año, la columna fue disuelta, acusada de corrupción en su propio beneficio.

Dries se traslada a Assen, donde empieza a trabajar en otra columna (Hoffman) [especializada en ejecuciones y en localizar aviadores aliados que habían sido derribados] y colaborando con el SD de la ciudad. Asesinó al resistente holandés Gerhard Badrian. En esta ciudad, tiene un accidente de coche, donde se lesiona de gravedad en una pierna.

Al finalizar la guerra, empezó a ser buscado por la policía como traidor y por asesinatos de judíos. Al verse acorralado, se puso en contacto con un antiguo jefe de policía de Enschede y miembro de la Resistencia, Wim E. Sanders, para negociar.
No fue entregado a las autoridades locales, pero sí bajo arresto domiciliario, a cambio de información de colaboradores y redes de los alemanes.

En febrero de 1946 escapa, con la ayuda de miembros de la Oficina de Seguridad holandesa BNV (Bureau voor Nationale Veiligheid), en un coche fúnebre, dentro de un ataúd, cruzando la frontera con Bélgica. Posteriormente, estuvo un tiempo recorriendo España.

A mitad de este año, fue detenido cerca de la frontera con Francia, al carecer de documentación, e ingresado en la cárcel, siendo posteriormente liberado bajo fianza, ayudado por algún contacto (se cree que fue un sacerdote español), con la obligación de tramitar su documentación.

Obtiene un pasaporte Nansen (una tarjeta de identidad para los refugiados apátridas), por medicación de un miembro del Servicio de Seguridad holandés, el cual le proporciona ropa y calzado, con la salvedad de que en los talones del calzado, había diamantes.

Cuando estaba a punto de ser extraditado a Holanda, en marzo de 1948, vuela hacia Argentina con un amigo. Al enterarse de su presencia en este país, la Embajada holandesa cursa una solicitud de extradición, pero sólo con los cargos de robo de automóviles y robo, con lo cual las autoridades argentinas denegaron la solicitud, manifestando que ese delito ya había prescrito. Cabe destacar que Dries se había hecho amigo de un miembro de la Corte Suprema de Argentina.

También consiguió acercarse al matrimonio Perón, llegando a tener un puesto como secretario. Se instala en la capital de este país, donde pone en marcha un negocio de fotografía, y a la vez, organizando competiciones de boxeo, a lo que era aficionado desde su juventud, y colaborando con los servicios secretos de Argentina.

Cuando el Presidente del país fue derrocado, Dries viajó a Europa, viviendo en varios países. Su última dirección conocida fue en Madrid (España), en la calle Padilla 4, de alquiler, que pagaba una tal Alicia López García, donde vivía rodeada de lujo y de mujeres adineradas, las cuales le mantenían. (esta dirección fue facilitada por el Servicio de Inteligencia holandés en Londres).

En 1973, se trasladó a una clínica en Suiza, enfermo de cáncer, donde murió. Nunca más volvió a ver a su mujer Greetje ni a su hijo cuando se fue de Europa en 1946.

Su mujer se casó con el hombre que ayudó a su marido a cruzar la frontera con Bélgica, Frits Kerkhoven, ex detective y miembro de la Resistencia, y ésta adoptó a su hijo.

En 2010, dos periodistas holandeses publicaron un libro sobre Dries “Riphagen: de Amsterdamse onderwereld 1940-1945 [solo está editado en holandés] con las declaraciones de su hijo Rob y de otros compinches.

Tres años más tarde, una emisora de radio holandesa realizó una serie sobre su persona.

En 2016, se hizo la película sobre su vida Riphagen por el director Pieter Kuijpers, con guión de Thomas van der Ree y Paul Ene Nelisse, el papel principal fue interpretado por Jeroen van Koningsbrugge, que también lo había interpretado en la serie de la radio.


ALBUM FOTOGRAFICO



Con su hijo Rob






Imagen






Enlace del artículo de la película en este foro: Riphagen



FUENTES


https://nl.wikipedia.org/wiki/Dries_Riphagen
http://www.miguelgarciavega.com/no-hubo ... -riphagen/
http://www.go2war2.nl/artikel/2624/Biog ... phagen.htm
https://www.google.es/

martes, 13 de diciembre de 2016

Terrorismo: La Guardería, Cuba colabora con criminales argentinos

La Guardería: historia de los hijos de la "Contraofensiva" montonera
Claudia Peiró - Infobae

Entre 1979 y 1983, los militantes de la organización que regresaban clandestinos a la Argentina dejaban a sus niños en La Habana, Cuba. Un documental de Virginia Croatto reconstruye esa insólita experiencia


Niños en la guardería montonera en La Habana, Cuba (c.1980). Vestidos con el impresentable uniforme revolucionario con el que adoctrinan a los niños en la dictadura cubana

La Guardería es una película hondamente emotiva porque lo que cuenta es real y los protagonistas son niños; o más bien adultos que recuerdan hoy aquello que vivieron como niños. El documental, ópera prima de Virginia Croatto, está actualmente en cartel.

Su directora es también parte de la trama. Ella misma vivió en la Guardería montonera de La Habana entre 1980 y 1983. Su madre, Susana Brardinelli, era la encargada del lugar.


Virginia Croatto, la directora del film, junto a su madre, en la guardería montonera en La Habana

Entre 1979 y 1983 varias decenas de niños, hijos de miembros de Montoneros, vivieron en esa guardería al cuidado de otros cuadros de la organización, a la espera del azaroso regreso de sus padres. Croatto reconstruye esa historia a través del recuerdo que sus compañeritos, hoy adultos y padres a su vez, tienen de aquellos años. La Guardería suple bien la penuria de material gráfico –sólo hay algunas pocas fotos de aquella casa que funcionó como hogar para los hijos de los montoneros que volvían en la llamada Contraofensiva-, combinando imágenes de Buenos Aires y La Habana, de época y actuales, y, sobre todo, dibujos infantiles y objetos que reconstruyen aquel mundo según la óptica infantil de los habitantes de La Guardería, cuyas edades iban de los pocos meses hasta los 11 o 12 años.


La Guardería combina testimonios con animaciones que recrean un clima infantil

Estéticamente, la película es impecable. Y es inevitable no conmoverse con la inocencia que trasuntan algunos recuerdos: "Queríamos inventar una máquina que devolviera la vida", dice una de las protagonistas, con la voz quebrada.

"Sabíamos que cuando los padres se iban podían no volver", reconoce otra. Recuerdan que no usaban la palabra "desaparecido", sino "caído": "Cayó" podía significar que había muerto o había sido ilegalmente secuestrado lo que, lamentablemente, auguraba un fatídico destino en la gran mayoría de los casos.

El documental se enhebra con grabaciones de conversaciones y canciones infantiles (hechas en cassettes, la tecnología de ese tiempo; ver video a continuación) y con la lectura en off de las cartas de los padres hablándoles a sus niños de sus ideales, del mundo más justo que les quieren brindar y por el cual luchan, de que esa militancia es el mejor legado que les dejan; cartas-despedidas, cartas-testamento... "Ahora mi mamá está desaparecida como la tuya", les anuncia una de ellas a los demás, con esa naturalidad con la cual los niños toman la vida. Pero, admiten hoy, "todo el tiempo estaba eso de felicidad y tristeza".


Como Benjamín Ávila en la excelente Infancia clandestina, Virginia Croatto eligió contar –sin juzgar- desde el punto de vista infantil ese mundo tan peculiar, de niños dejados por padres que parten a la lucha, que les prometen volver, pero no les ocultan los riesgos; de hecho algunos de ellos ya eran huérfanos, como la propia realizadora de la película, cuyo padre, Armando Croatto, había muerto en un enfrentamiento junto a otro jefe montonero, Horacio Mendizábal, el 19 de septiembre de 1979, en Munro.

Cuando empezó a preparar este documental –hace varios años ya que fue un viaje largo, como suele suceder con temas que tienen que ver con la propia, dolorosa, experiencia- Croatto expresó en alguna entrevista el temor a una lectura "peligrosa" del film, la de que sus padres fuesen criticados por esa decisión de dejar a los hijos para venir a Argentina, "sin entender el contexto de ese momento".

No hay duda de que transmitir el clima de una época a quien no la vivió es lo más difícil, el mayor desafío de cualquier relato del pasado. En estos ex niños de la guardería montonera se nota un esfuerzo de comprensión de lo que hicieron sus padres. Aunque aparece el reproche, incluso la pregunta sobre por qué tener hijos en semejante contexto, no se ve rencor en ellos, al menos en los que aparecen en la película.

Pero, a más de 30 años de esos episodios –y esta reflexión excede a La Guardería, desde ya, puesto que la película no se propone eso-, es inaceptable la ausencia de reflexión autocrítica por parte de los sobrevivientes de aquella generación en torno a una política de la que estos niños y muchos otros fueron víctimas.

Los apellidos de estos chicos –Perdía, Yager, Olmedo, Zverko, Binstock, Montoto Raverta- remiten a uno de los episodios más oscuros de la historia montonera.


Un grupo de niños en la guardería de La Habana con sus cuidadores

"Creo que la Contraofensiva fue un error", dice Virginia Croatto, que hoy tiene 39 años. Pero fue mucho más que eso. Fue un crimen, una operación suicida por la cual la conducción montonera envió al país a los escasos cuadros que habían sobrevivido a la masacre de los años 1976/77. Luego del golpe de Estado, la organización Montoneros no modificó su riesgoso funcionamiento ni hizo nada por preservar la vida de sus militantes –pese a las advertencias y propuestas formuladas por algunas corrientes internas, en particular la que representaba Rodolfo Walsh-. Mario Firmenich y otros jefes se pusieron a salvo en el exterior. Desde allí, profundizaron aún más el delirio y decidieron lanzar una "contraofensiva" consistente en operaciones militares de espectacularidad. Esa propuesta provocó, en febrero de 1979, una primera escisión en la organización, liderada por Rodolfo Galimberti y Juan Gelman, que salvó la vida de varios cuadros. Pero la conducción montonera siguió adelante, utilizando el influjo que aún tenía sobre tantos militantes que sentían culpa por haber sobrevivido –"la organización era la Iglesia", escribió por ejemplo José Amorim, uno de los fundadores de Montoneros, describiendo muy bien la clase de compromiso que se establecía y por qué era tan difícil romperlo- para enviarlos de vuelta al país a una muerte casi segura. Los militares conocían de antemano la identidad de las personas que iban a volver al país. La madre de dos de los protagonistas de La Guardería, Mónica Pinus de Binstock, desapareció en el mismo vuelo de regreso al país.

En la primera oleada de la contraofensiva, en 1979, cayeron unos 40 militantes. Pese a ello, se organizó una segunda. Esta vez, la mayoría de los cuadros ni siquiera logró ingresar al país. Los estaban esperando en la frontera. Y los que pudieron entrar, fueron capturados poco después: los esperaban en depósito de muebles donde guardaban las armas. La conducción montonera sabía que varios de esos escondites ya habían caído y pese a ello no modificó los planes. El saldo fatal fue de 80 en total.


En las dos contraofensivas montoneras (1979 y 1980) cayeron 80 militantes

"En la contraofensiva no murieron más de 20 o 22 compañeros", mintió sin embargo años después, en 2003, Mario Firmenich en una entrevista con Cristina Zuker (hermana de uno de los caídos en esa operación). Y cuando ella le rebatió ese número, la réplica fue canalla: "¿Y qué? Nosotros nunca tuvimos la voluntad de dejar de luchar. ¿Y en el '76, en el '77? Caían siete compañeros por día. La contraofensiva es un juego de niños al lado de eso".

Cuando en 2003, el juez Claudio Bonadío quiso investigar la responsabilidad de los jefes montoneros en las caídas en la Contraofensiva, y encarceló a Fernando Vaca Narvaja y Roberto Perdía y pidió la captura de Firmenich (que estaba en Barcelona), los organismos de derechos humanos y los familiares de las víctimas se abroquelaron en su defensa, lo que habla a las claras de la dificultad para aceptar la dolorosa verdad sobre esos hechos: la connivencia, la colusión, entre la política de la cúpula montonera y la represión ilegal.

Para los niños del documental de Croatto, Firmenich, Perdía y Vaca Narvaja eran los "tíos" que los visitaban en La Guardería....


Firmenich (centro) y Vaca Narvaja (al fondo con bigote), en la guardería montonera, con los niños a cuyos padres habían enviado a una operación casi suicida. Enorme asco.

Cristina Zuker también recogió el testimonio de Elvio Vitali, ex militante montonero, ya fallecido: "Se jugaba mucho con la culpa de los compañeros que estaban en el exilio en relación con los que estaban muertos; todas marranadas que fueron planificadas por la conducción. La contraofensiva estaba toda infiltrada, todos sabían que nadie tenía chance de sobrevivir, que era una muerte anunciada. No había ningún tipo de explicación sensata, racional, para lo que hicieron."

LA CONTRAOFENSIVA SÓLO SIRVIÓ PARA AUMENTAR LA YA ABULTADA LISTA DE MUERTOS DE MONTONEROS

Una claridad que no es la de los cuadros supérstites de la organización hoy que prefieren refugiarse en la exaltación acrítica de aquel pasado, para eludir la reflexión sobre sus propios errores y responsabilidad. No es fácil aceptar que el sacrificio de tantos cuadros fue en vano. Que la Contraofensiva solo sirvió para aumentar la ya abultada lista de muertos de la organización, entre ellos, muchos de los padres de los niños de La Guardería.

Algo de esa desazón asoma en el film cuando sus protagonistas evocan un regreso que no fue al país que les habían contado, sino uno en el que, en la transición de la dictadura a la democracia, no podían hablar abiertamente de sus padres y de su lucha.

"Un concepto clave para nosotros fue que los grandes no nos mintieran. Se explicaba todo –recordó Virginia Croatto en una entrevista-. Como para que lo entienda un chico, pero siempre con la verdad. Para los más pequeños, era algo que se acercaba a los términos de La vida es bella, o sea algo más fantasioso, o entre la realidad y la imaginación. Para los más grandes, era una explicación más real".


La guardería montonera funcionó en La Habana entre 1979 y 1983

Y es cierto que nada es peor que la mentira. Pero la verdad que les dijeron de niños está enmarcada en ese mismo delirio del que hablaba Vitali y es tan ajena a la realidad como si fuese una mentira.

"(En Cuba) era como si estuviéramos resistiendo en el País de Nunca Jamás para volver algún día al paraíso", recuerda Virginia Croatto. "Había como un cuentito que en Cuba creíamos que era real".


Virginia Croatto, directora del film documental La Guardería, otra víctima de Montoneros

Perón decía que las organizaciones no valen por su número sino por la calidad de sus dirigentes. Escuchando a estos ex niños evocar hoy a sus padres, es inevitable sentir indignación ante tanto coraje y desprendimiento inescrupulosamente manipulados e inútilmente sacrificados.

"Uno quisiera que ciertas cosas no hubiesen pasado", dice uno de los protagonistas. Y es el sentimiento que le queda también a cualquiera que se vuelque al repaso de esos episodios con honestidad intelectual.

LA DE MONTONEROS EN LA HABANA DEBE HABER SIDO LA GUARDERÍA MÁS CARA DEL MUNDO

Queda para la historia del disparate –pero de esto no puede responsabilizarse a Virginia Croatto- la reacción de algunos comentaristas –periodistas militantes- que ven esta guardería en La Habana como una expresión de "la solidaridad del Estado cubano con aquellos luchadores antidictatoriales". "Los cubanos fueron muy generosos", se llegó a decir. Además de que está ampliamente probado el alineamiento internacional de Cuba con la dictadura argentina –por orden de Moscú- (ver: En 1976 Fidel Castro abandonó al hermano del "Che" Guevara mientras el Vaticano pedía por él) la de los montoneros en La Habana debe ser la guardería más cara del mundo, si se considera que el régimen castrista se quedó con varios millones de dólares 30 dicen algunos- del botín montonero. Varios países "capitalistas" recibieron a muchos más exiliados argentinos que Cuba, y lo hicieron gratis.


Armando Croatto, un completo irresponsable, carne de cañón de la llamada Contraofensiva montonera

martes, 19 de enero de 2016

Guerra Antisubversiva: La mentira de la Noche de los Lápices

La mentira vergonzosa de “la noche de los lápices”.


Por Nicolás Márquez - Prensa Republicana




Una deliberada mentira disparada en los años 80´ y luego potenciada por la propaganda obrante durante el prolongado  latrocinio kirchnerista, consistió en tomar como referencia el ficcionario filme popularmente conocido como “La Noche de los Lápices”, aquel bodrio maniqueo y falaz obligatoriamente impuesto en la enseñanza escolar oficial, como si dicha película encarnase una verdad revelada en vez ser lo que verdaderamente es: una historieta audiovisual plagada de caricaturizaciones ideológicas y manifiestas patrañas historiográficas.

Resulta que el promocionado filme nos cuenta una historia (que los farsantes que la apañan pretenden hacer pasar por verídica) en la cual un simpático grupete de amigotes bregaban por una enternecedora rebaja en el boleto estudiantil, y las máximas picardías de estos inquietos jovenzuelos no eran otras que tararear las melodías del dúo hippie “Sui Géneris”, jugar de vez en cuando al “ring-raje” y soñar con un “mundo más igualitario para todos y todas”.

Acto seguido, aparecen en escena unos militares malos que se enojaron porque sí, “secuestraron” a los inquietos estudiantes por el simple hecho de “pensar distinto” y los mataron por mero morbo y placer. Punto final del largometraje.


los lapices siguen escribiendo
Graffiti arquetípico para consumo masivo de incautos e idiotas útiles.1

La película tiene como basamento el libro “La Noche de los Lápices” escrito por la inefable María Seoane (ex integrante de la organización homicida ERP)  y Héctor Nuñez, quienes a su vez se basan en el relato de Pablo Díaz, quien presumía ser el único sobreviviente del grupo de seis estudiantes involucrados.

El libro citado fue terminado el 7 de junio de 1986, es decir 9 años y 10 meses después de los presuntos hechos. Lo allí narrado fue la base que se tomó para producir la difundidísima película homónima.

No nos detendremos aquí a analizar la mala calidad del rodaje puesto que no es el propósito de esta notícula, sino que una vez más, cometeremos el sacrilegio de cuestionar la veracidad de la versión dada en la película, atendiendo, entre otras cosas, al lastimoso perfil del personaje central del filme en la vida real, el mencionado Pablo Díaz.

En efecto, ni el filantrópico Pablo Díaz era un ingenuo muchacho de barrio, ni fue el único sobreviviente, ni tampoco luchaban por el boleto estudiantil (esto fue tan sólo la excusa oficial), sino que el accionar de Díaz y sus secuaces desde siempre estuvo dirigido a promover no la militancia boletera sino la criminalidad terrorista de la que fueron parte.

Efectivamente, el propio Díaz en sus años mozos (cuando protagonizó los hechos que le dieron cárcel primero y celebridad después), él ya integraba con destaque la tristemente célebre JG (Juventud Guevarista), brazo estudiantil de la organización infanticida ERP, la cual se encargaba de promover su actividad criminal en los institutos educativos de los cuales se extrajeron renovadas camadas terroristas. Y fue en esa militancia castro-guevarista confesada por el propio interesado y documentada en el mismísimo libro “Los Últimos Guevaristas”[1] (escrito por el delincuente Julio Santucho, hermano de Mario Santucho, ex Comandante en Jefe del ERP), que el casi veinteañero Díaz (un poco grande para estudiante secundario) resultó detenido entre 1976 y 1980.

Pero Díaz no se quedó solamente en los años 70´ en su malsana pretensión subversiva: ya en 1989,  siendo ya no tan joven e irreflexivo, Pablo Alejandro Díaz hizo conocer su filiación al grupo terrorista MTP (Movimiento Todos por la Patria), prolongación del ERP comandada por el homicida confeso Enrique Gorriarán Merlo, el cual en enero de ese año asesinara a diez soldados y mutilara a otros sesenta durante el histórico y aberrante ataque terrorista al Regimiento de La Tablada durante el gobierno de Raúl Alfonsín.


Pablo Díaz: de boletero a terrorista.

Pero obviamente Díaz no fue el único bonachón que participó de los sucesos “inofensivamente” retratados en la película. El 15 de septiembre de 1998,  en el órgano de prensa de la guerrilla derrotada, es decir en el pasquín Página 12 (diario fundado con dinero ilegal proveído por el propio Gorriarán Merlo según confesión de su propio fundador, es decir de Jorge Lanata), se efectuó una nota reporteando a la dama Emilce Moler, otra de las protagonistas y que fuera detenida en La Plata el 17 de septiembre no por clamar por el cacareado boleto estudiantil sino por militar en la organización terrorista Montoneros. Allí se informa que ella y Gustavo Calloti (otro elemento subversivo que también vive y que está radicado en Francia), conjuntamente con otra joven radicada en La Plata (y van cuatro los aparecidos) conformaban una célula con los siguientes objetivos:

EM: “Teníamos un proyecto político, en relación con los desaparecidos de los secundarios de La Plata. No fue exclusivamente la lucha por el boleto, eso era un objetivo superfluo que fue utilizado buscando reivindicar la militancia (…) No creo que a mí me detuvieran por el boleto. La lucha fue en el año 75, además no secuestraron a miles de estudiantes que participaban en ella. Detuvieron a un grupo que participaba en una agrupación política. Todos los chicos que están desaparecidos pertenecían a la UES (brazo estudiantil de Montoneros), es decir que había a un proyecto político al fin”.

Pero la confesión más despampanante de todas, probablemente la haya dado Jorge Falcone (oficial Montonero y hombre de confianza del asesino Mario Firmenich), es decir el hermano de María Claudia Falcone (la otra protagonista de la película en donde la susodicha es mostrada como mártir), ya que en nota concedida y transcripta para el libro “Montoneros, Soldados de Menem?, Soldados de Duhalde?” de Viviana Gorbatto, éste expresa:

“–Mi hermana no era una chica ingenua que peleaba por el boleto estudiantil. Ella era toda una militante convencida. Ni mi hermana ni yo militábamos por moda. Nuestra casa fue una escuela de lucha”.

–¿Tu hermana y vos eran montoneros convencidos?

–(Falcone) Sí. Nadie nos usó ni nadie nos pagó. No fuimos perejiles como dice la película de Héctor Olivera (…) fuimos a la conquista de la vida o la muerte (…). En el departamento donde cayó mi hermana se guardaba el arsenal de la UES de La Plata. Mi hermana no cayó por el boleto secundario, sino por una patria justa, libre y soberana. La gente que tenía la conducción de un colegio secundario no se chupaba el dedo. Tenía práctica política y militar”




Jorge Falcone, el ex Montonero que obró de sepulturero de la bochornosa estafa fílmica “la noche de los lápices”

Y como si tamaña confesión fuese insuficiente, el ex oficial Montonero Falcone añade: “Cuando se dio la película, yo fui llevado en andas con Pablo Díaz, el sobreviviente, del cine al obelisco. Allí dije que mi hermana estaba en la clandestinidad con documento trucho, que respondía a una orgánica revolucionaria. Eso puso a todos nerviosos. No querían escuchar esas cosas. Mi hermana no era una Caperucita Roja a la que se tragó el lobo (…) era una militante revolucionaria”

-¿Qué cargo tenía tu hermana dentro de la organización?

-Era miliciana (…) La gente que tenía conducción en un colegio secundario no se chupaba el dedo. Tenía práctica política y militar (…) participamos en una serie de actos relámpagos que sirvieron de cerco en agosto del 75´ para el hundimiento de la Fragata Misiliística Santísima Trinidad”[2] remata Jorge Falcone, quien además por entonces era esposo de Susana Estela Carlotto, es decir de la ex guerrillera e hija de la mentirosa compulsiva Estela Carlotto, actual CEO de la firma empresarial Abuelas de Plaza de Mayo.


Estela Carlotto: como nonna fue una excelente empresaria y como madre fue un fracaso: sus hijos salieron o delincuentes montoneros o ñoquis estatalizados.

Visto y considerando que la mentira de la “Noche de los lápices” es refutada por los propios protagonistas1, vale complementar lo expuestos con las posteriores declaraciones del ex Montonero Martín Caparrós, quien sobre el particular sostuvo: “Creo que hubo una construcción inicial que fue esta idea de las víctimas impolutas. El desaparecido como víctima angelical que es la idea que sintetiza La noche de los lápices. La noche de los lápices es la mayor falacia que se ha producido en la historia argentina contemporánea. Falacia que se va a reproducir cuándo, ¿mañana, pasado?, ¿cuándo es el día de la noche de los lápices?…Pero La noche de los lápices es un mamarracho, quiero decir es como la quintaesencia de esta idea de ¡ay!, esos pobres chicos estudiantes secundarios que querían el boleto estudiantil, los agarraron los militares que eran tan malos y los mataron a todos. Esos chicos que querían el boleto estudiantil, además de querer el boleto estudiantil, eran militantes de unas organizaciones, unas agrupaciones que apoyaban a unas organizaciones que estaban a favor de la lucha armada y de todo eso” y haciendo un análisis global de la guerra revolucionaria en la que él participó en calidad de protagonista Montonero se pregunta: “¿Si ganábamos nosotros, las cosas hubieran sido mejores?” “¿nos hubiera gustado vivir en un país donde hubiéramos ganado” y concluye “Yo dudo de que hubiese durado mucho tiempo en un país gobernador por Montoneros”[3].


El ex montonero Martín Caparrós: de vez en cuando incurre en la buena costumbre de contar la verdad.

¿Hace falta agregar más datos y testimonios para proseguir demostrando y confirmando tanto en este como en otros episodios de la historia reciente cómo la mentira oficial se ha impuesto por la fuerza de la repetición propagandística y no como consecuencia de los hechos historiográficos  objetivamente comprobados?.

Desde hace años que el que suscribe ha tomado un intransigente compromiso con la verdad, pero no porque nos consideremos los dueños de la verdad sino porque somos esclavos de la verdad. Y a ella nos remitimos y es a ella a quien nos subordinamos, le guste o no al endemoniado catecismo oficial, que esperamos comience a revertirse en estos nuevos tiempos que soplan en la República Argentina.

Estos y otros mitos son reventados con documentación inapelable en el libro “La Mentira Oficial”, de Nicolás Márquez.
¿Cómo conseguirlo?. A precio promocional y sin costo de envío clickeando en la imagen siguiente.
la mentira oficial

Importante: tras efectuar la compar enviar los datos postales al siguiente mail: nickmarquez2001@yahoo.com.ar y el ejemplar será enviado por Correo Argentino certificado.

Citas referenciadas:


[1] LOS ULTIMOS GUEVARISTASLA GUERRILLA MARXISTA EN LA ARGENTINA. Autor: Santucho Julio. Editorial: JAVIER VERGARA

[2] Montoneros. Soldados de Menem. ¿Soldados de Duhalde?. Por Viviana Gorbatto.  Ed. Sudamericana. 1999. Pág. 96, 97, 98.

[3] Montoneros. Soldados de Menem. ¿Soldados de Duhalde?. Por Viviana Gorbatto.  Ed. Sudamericana. 1999. Pág. 327.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Cine militar: There Be Dragons (2011)

There be Dragons
Encontrarás dragones

"There be Dragons" es la historia del creador de Opus Dei, José María Escrivá de Balaguer. Filmada en muchas partes en Argentina y España por Roland Joffe, está ambientada en la Guerra Civil Española. En Argentina fue filmada en Luján, Sierra de la Ventana y lago Epecuén, en el partido de Carhué, así como en el zoólogico y subterráneos de Buenos Aires.
En Sierra de la Ventana fue filmada en el Parque Provincial Ernesto Tornquist, en las estancias "Las Vertientes", "Hogar Funke" y "Sierras Grandes".
Acá les dejo algunas fotos (screenshots) de la misma:


Este es un carrito aguatero del EA, usado en esta escena en el Parque Provincial Ernesto Tornquist, en la comarca serrana de Sierra de la Ventana.

Paísaje de fondo típico de la zona de las Sierras

Otra sección, más al oeste de las sierras principales.



Un SK-105 del EA reformado para parecerse a un BT-7 soviético usado por los republicanos

Esta creo yo que es una MAG del EA reformada para parecerse a una Maxim

Escena de bombardeo a una columna, en el Parque Provincial

Este Puente Blanco es muy conocido en la entrada a Sierra de la Ventana, entrando por el Oeste.

Acá esta la foto del puente blanco verdadero (clic aquí)

Este es el pueblo de Epecuén, que fue cubierto hace 20 años por una inundación del lago Epecuén. Hace poco tiempo las aguas retrocedieron y quedó como un pueblo arrasado. Aprovecharon esa circunstancia para hacer parecer un pueblo afectado por la guerra.

Foto del Epecuén verdadero

Esta escena de la batalla de Madrid (1936) fue simulada en la ciudad de Luján, con la basílica de Luján al fondo.

Finalmente una escena en el subterráneo de Buenos Aires, con Lito Cruz haciendo de encargado de vagón.



domingo, 13 de septiembre de 2015

Nazismo: Riefenstahl y la imagen nazi

Gloria y miseria de Leni Riefenstahl
La directora alemana cumple hoy 100 años y presenta su nueva película, un documental sobre el mundo submarino. La polémica por sus filmaciones sobre el nacionalsocialismo la sigue persiguiendo. Y ella todavía tiene fuerza para defenderse
LOLA HUETE MACHADO - El País

¿De qué soy culpable? Dígame ¿de qué? ¿De haber vivido esa época? ¿De haber estado allí?'. Las preguntas son de la directora alemana Leni Riefenstahl, que hoy cumple 100 años. Ha sido la más famosa realizadora de su país durante el siglo XX. Un honor debido a dos de su escasa media docena de películas: El triunfo de la voluntad (1935) y Olimpiada (1938). Ambas, realizadas con el favor de Hitler. Ambas, consideradas hoy piezas maestras.

Exactamente 48 años después de su última obra, la directora presenta ahora un nuevo trabajo documental, Impresiones bajo el agua. Un estreno que coincide con la publicación de una extensa biografía. Nunca se ha escrito y publicado tanto sobre esta mujer, que fue bailarina, escaladora, actriz, directora y amiga personal de Hitler. Pero muchas preguntas siguen abiertas.

Ella no se arrepiente de nada. Ni de su fascinación por Hitler, ni de sus hermosos trabajos sobre el nacionalsocialismo. 'Por ellos he cumplido una larga penitencia', afirma en uno de los documentales realizados sobre su vida (El poder de las imágenes, 1993).

Riefenstahl cumple hoy un siglo en su casa de Múnich, donde vive desde 1979 rodeada de lagos y naturaleza, con su compañero sentimental, cuarenta años más joven. Hará una fiesta, asegura, acompañada de un centenar de amigos, entre ellos Boris Becker, Leo Kirch, el famoso montañero Reinhold Messner... 'Todos fieles', anuncia esta mujer, que no sólo no está retirada, como cabría esperar de su edad, sino activa, con una vitalidad que muchos consideran el centro de su polémica genialidad.

Riefenstahl acaba de presentar su primera película tras 48 años de silencio cinematográfico: Impresiones bajo el agua, un documental de imágenes exquisitas grabadas en los fondos marinos. Un mundo lleno de seres vivos, sin humanos que le estropeen el paisaje, en el que se ha sumergido centenares de veces en los últimos años. Su amor por el riesgo no conoce edad. Así fue en los años treinta y en los sesenta, cuando se entusiasmó por África y se fue a vivir con los nubios de Sudán. Así es con 100 años.

Pronunciar el nombre de Riefenstahl es hablar de esta mujer tremendamente viva, atractiva, de ojos y manos en eterno movimiento; de una mujer coqueta, lista, adelantada a su tiempo, que baila, actúa, escala o graba de forma apasionada. Nombrarla en Alemania no es sinónimo de simpatía. Para muchos es citar 'su pacto con el diablo', sus estupendos trabajos cargados de estética fascista e ideología nazi. O recordar el horror de un pueblo que colaboró con la barbarie. 'El 90% de los alemanes siguieron entusiasmados a Hitler', dice ella. Y remueve así los interrogantes sin contestar.

Dicen que, para Hitler, Leni Riefenstahl representó la fémina ideal. Para ella, sin duda, conocer al dictador fue un acontecimiento inolvidable, allá por 1932 en un mitin en Berlín. 'Fue como si se abriera la tierra delante de mí', escribe en sus Memorias. Y ahí comenzó todo. 'Nunca me interesó la política', asegura la directora.

Obsesiva, perfeccionista, incansable e innovadora con su trabajo, dicen los que la conocen. Una aprovechada, aseguran los que la odian: nadie quedó en la Alemania nazi que le pudiera hacer sombra. Todos los grandes se marcharon.

Nadie sabe mucho de la verdadera Riefenstahl. De su obra, sí. Ha sido analizada, estudiada por activa y por pasiva, milimetrada, prohibida. Pero de la mujer oculta tras el nombre, tras el mito... Ni siquiera aquellos que se han preocupado de investigar su trayectoria. Esta semana se publica en Alemania una biografía autorizada por la protagonista en sus primeras fases, pero muy discutida en las últimas (no se habla con el autor, según confiesan en la editorial Aufbau-Verlag, Berlín): Riefenstahl. Eine deutsche Karriere, de Jürgen Trimborn.

La directora ya ofreció 'su verdad' en unas memorias publicadas en 1987, 1990 y 1992. Nunca desde que fue acusada de colaborar con el nazismo ha cesado de ofrecer su peculiar versión de los hechos. Ni siquiera cuando han aflorado datos que contradecían sus palabras. Esta semana lo volvió a repetir en una entrevista para la televisión N-tv: 'Sólo serví una vez a Hitler y fue en el rodaje de El triunfo de la voluntad'.

Insiste Leni Riefenstahl en su ingenuidad, en que ella no fue partícipe, no perteneció a ningún partido. Ella sólo miró, filmó, montó. Y nunca, desde el fin de la guerra, ha dado un paso atrás en sus afirmaciones. Lo que en otros fue silencio, en esta hija de comerciante de clase media fue decisión y repetición machacona: 'Yo no fui nazi ni lo soy; yo no fui antisemita'. Nunca atendió a las pruebas, a las evidencias que muestran que fue una habitual de Hitler, de Goebbels, que su nombre aparece en fiestas, citas... 'Ella es la única de las estrellas que de verdad nos entiende', escribe Goebbels en su diario (12 de junio de 1933).

Sus películas han recibido grandes premios. Es maestra del género documental en Estados Unidos y en Francia. Grandes directores han mostrado admiración por su trabajo. Pero nada de eso ocurrió en casa. Riefenstahl siempre se consideró merecedora de un homenaje. Muchos ponen el grito en el cielo ante tal posibilidad. Pero quizá ya esté sucediendo. En los últimos días ocupa enormes páginas de los periódicos; se le han dedicado horas y horas en la televisión, y hasta la actriz Jodie Foster insiste en rodar su vida. Quizá por la edad, quizá por el paso del tiempo, muchos han roto una lanza a favor de la directora en los últimos meses. El ex presidente del Goethe Institut, Hilmar Hoffmann, ha pedido una 'nueva valoración de sus trabajos'. 'Leni Riefenstahl es conocida en el mundo entero y apenas reconocida en su propio país... ¿qué es lo que no le pueden perdonar los alemanes?', se pregunta la revista Spiegel. Otros no se lo plantean. 'Leni Riefenstahl cumple 100 años. Todos lo celebran. Nosotros, no', escribe el diario Süddeutsche Zeitung.

jueves, 15 de enero de 2015

Nazismo: Un nuevo film sobre el juicio a Eichmann

Martin Freeman: exponiendo a Adolf Eichmann
El juicio televisado de Adolf Eichmann en 1961 marcó un hito en la historia del Holocausto. Para conmemorar el 70 aniversario de la liberación de Auschwitz, el drama está llegando a nuestras pantallas de nuevo. Euan Ferguson cumple con Martin Freeman en el set para escuchar por qué no ha perdido nada de su poder
The Guardian


El Show Eichmann
"Hablaba con fluidez en hebreo y alemán y convenció a las autoridades israelíes para que le permitiera filmar el juicio ': Martin Freeman en productor Milton Fruchtman. Fotografía: Steffan Hill / BBC
Es el amanecer y es bajo cero y es un aparcamiento lleno de baches en Vilnius, Lituania oriental, y un hobbit se prepara para informar al mundo sobre el Holocausto. A-adaptado oscuro Martin Freeman, aliento humeante, hace una pausa para recibirnos en su manera apresurada de remolque para establecer, y ya está en el carácter, con un suave acento de Nueva York, que insistirá en mantener incluso fuera del set. Nada es lo que parece. Mucho menos que es normal incluso en la excéntrica mundo espejo de la película. Vilnius está jugando Jerusalén en el verano asar a la parrilla. El año es 1961.

Un programa de televisión se está realizando sobre la realización de un programa de televisión. Era un programa de televisión grande. En mayo de 1960 Adolf Eichmann fue capturado por agentes del Mossad y del Shin Bet en las calles de Buenos Aires, donde había estado viviendo bajo el nombre de Ricardo Klement desde 1952. Él fue sacado de nuevo a Israel y llevado a juicio por genocidio, por su liderazgo parte como arquitecto de la Solución Final. Se tomó la decisión de filmar el juicio por una audiencia televisiva de todo el mundo.

Por lo tanto, hoy en día, Viesoji įstaiga Vilniaus Kulturos Pramogu Ir Sporto Rumai, o el Palacio Cultural, de Entretenimiento y de los Deportes de Vilnius, una delicia era de Stalin de neo-brutalista terrible simetría, y por lo tanto de una manera adecuada, encapsulando otra ola de optimismo del siglo pasado totalitarismo. Es más bien hermosa, en su fealdad, pero es principalmente útil hoy de la existencia de micrófonos 1961 de la era y cámaras, un auditorio totalmente disponible para su conversión en una sala de audiencias, varios artesanos Vilnius severamente talentosos y un puñado de mensches locales doblando como israelí guardias y posiblemente deseen en realidad era de 1961 y, tal vez, Jerusalén y realmente caliente.

La decisión de filmar el juicio de Eichmann fue tomada en 1960 por David Ben-Gurión, el primer Primer Ministro de Israel, en parte porque se le había hecho amigo de un joven productor de Estados Unidos con el nombre de Milton Fruchtman. Martin Freeman, quien lo interpreta, explica con acento de Fruchtman (él es cauteloso de deserción dialecto incluso para charlar mediodía): "He leído en Milton - que había estado filmando algunos neo-nazis en los años 50, en algunos bierkeller - y al final se pusieron de pie y cantaron 'Heil Hitler', 15 años después de la guerra de mierda, y que le llevaron indirectamente a Ben-Gurion, quien esencialmente schmoozed. Milton era encantador, y con fluidez en hebreo y alemán, y persuadió a las autoridades israelíes que le permitirá filmar los procedimientos. "

En la corte: Eichmann no mostró ninguna reacción cuando se enfrentan con sus actos terribles. Fotografía: Popperfoto

Toda la producción era ridículamente lleno. Fruchtman tuvo que hacer frente, en un país que ni siquiera tenía un servicio de televisión en 1961, con desafíos técnicos masivos, sobre todo la negativa de los jueces de primera instancia "a tolerar cámaras calientes y fuertes en el espacio de ensayo. Este era el día de Israel en el tribunal. También fue barmitzvah de que la nueva nación, 13 años en la virilidad, y también de manera efectiva su Nuremberg, su día en la oscuridad, y que no quería ninguna pista mancillar de sesgo. Fruchtman consiguió alrededor de esto por medio Unbricking las paredes de la corte y ocultar las cámaras en el interior, a continuación, que emplea un sistema de trompe-l'oeil ingeniosa que implica la pintura reflectante de color blanco y tela metálica.

Luego estaba el director. Leo Hurwitz, un director de cine, una vez aclamado, había estado en la lista negra bajo McCarthy y apenas había trabajado durante una década: que él era el mejor, pero fue una decisión valiente. Luego estaban las votaciones. A pesar de que iba a ser mostrado en la televisión en 37 países, sería competir ese verano en Estados Unidos, con mucho, la mayoría del país-TV amigable del planeta, con la invasión de Cuba y de la órbita de Yuri Gagarin.

Y es nominalmente esta historia que se está contando, por BBC Two, en un ambicioso 90 minutos: la historia de una pareja de trovadores TV pioneros luchan probabilidades daft para lograr lo que se convertiría evento de TV por primera vez global del mundo. Pero después de una hora, hace resaltar todo oscurecer.

Se convierte, ya no, una batalla de personajes y voluntades y valoraciones. Los productores de la BBC Laurence Bowen y Ken Marshall han asegurado tanto tomas de archivo del juicio de Eichmann, y de los campos. Nos deja hangjawed y despojada, como lo hizo Leo y Milton hace 53 años. Como lo hace Martin Freeman y Anthony LaPaglia hoy. Mirando el verdadero Eichmann, en esa caja de cristal. La cara venida Eichmann en blanco y negro y real a cara en la corte con testigos reales. El sepulturero forzada Michael Podchlebnik y Rivka Yosselevska, su tiro de la familia de alguna cantera de mala muerte, y Yehiel Katzetnik, que se desmaya en la corte, y legiones de compañeros de viaje - testigos de 14 años de edad a Auschwitz oa la limpieza sombrío de París - y luego viene el gran guiñol, las imágenes de los campamentos. En todo momento, Eichmann se niega a permitir que nosotros participamos en un ápice de su reacción. Él parece aburrido, torciendo el labio como tales rodillos de vídeo sin conciencia.

Esto se convirtió en Fruchtman y de Hurwitz gran legado. Esos 37 países quedaron paralizados por, como ahora Martin Freeman dice: "Al oír tales relatos de primera mano, sí, pero con tanto detalle, y tal volumen. Supongo que esto es donde el Holocausto realmente se convirtió en el Holocausto ".

Familiarizado ya que ahora podemos estar con material de archivo de campo de concentración, podría parecer difícil darse cuenta de que había un buen período de 15 años después de la guerra, donde esencialmente se creyeron el Holocausto. Sobrevivientes de los campos hablaron por primera vez, en voz alta y, a menudo, de sus experiencias, pero no encontraron a los oyentes con demasiada frecuencia no receptivas, incapaces de procesar esa enormidad, y despedir a su exageración tan improbable en el mejor. Los supervivientes encerrados de nuevo. También estaba la cuestión plagada de si los Judios propiedad complicidad accidental en su propio destino, por muy rara vez de pie a la bota: extrañamente, con una falta exuberante de utilidad, algunos de estos debates continúan hoy.


Milton Fruchtman, que filmó el juicio de Eichmann. Foto: Getty

Así que eso fue la gran importación de la visión del productor, realizada a una escala sin precedentes y con gran éxito de legítima eventual: a pesar de Gagarin y el resto, los estadounidenses, en particular (y luego Australia y Gran Bretaña) se convirtió paralizado por todos los cuentos que se desarrollan y testimonios. Y todavía ejercen extraordinaria fascinación.

Acabo subido las escaleras de mi entrevista con Freeman, desde el auditorio frío donde esto se está mágicamente, como escenógrafo llama ingeniosamente ladrillos de las paredes sólo incorporadas. Acabo de pie, en conjunto, en la caja de cristal donde el actor de Eichmann fue ese día para estar de pie. Esto es en Lituania, en un set de filmación. Y, sin embargo.

Hay pululando extras en trajes guardias israelíes. Camareros locales fuera de servicio jóvenes en su mayoría, cetrina y saturnina o generosamente papada, fumando furiosamente entre las series en el alto sol congelado frío antes de volver a montar el diligentemente escaleras metálicas congeladas frías altas pasado un aleteo de ocupados-abeja BBC magos de continuidad: bucle editores de scripts multilingües -fed con un ojo y un oído en el monitor, una oreja sujetan a un auricular, Chill enguantada dedos rebobinado páginas, una tercera oreja imposible media-sintonizado a gritaron acotaciones. Ellos, los lituanos, sonreía cortésmente, comprensiblemente interesados en desviar la insondable. Y volver a la meramente surrealista: pasando el rato en silencio detrás de los pisos de cartón de un set de filmación que ofrece un ambiente cálido, rojo, cocktail bar lleno de humo (de hecho un frío y sombrío unsmoky uno: los fans batteried se utilizaron para disipar el humo entre interminable toma, a mitigar coprotagonistas menores con tos era, al menos, rojo;. y mira cálido y tentadoramente borracho en el primer corte).

Y, sin embargo, y sin embargo: cuando me paré en esa caja de cristal, un escalofrío de la historia se hizo eco, y uno que Freeman reconoce tácitamente. "Siempre es el caso cada vez que usted está haciendo alguien real, la cantidad que desea hacer una impresión o una caracterización. Si yo estaba haciendo Churchill o Gandhi - la gente sabe exactamente cómo hablaban, caminado. Pero me di cuenta de pronto de que en este caso me puse a pensar: 'No estoy siendo muy Milton-like' - basándolo en media hora de metraje - en realidad me va a incapacitar al tratar de ser ese tipo y no sólo contar la historia. La historia es muy por encima de mi caracterización, en realidad. Las imágenes de los campos y el juicio es muy por encima de mi caracterización. Ese material es en realidad muy por encima de esta obra tele, y estoy seguro que [el escritor] Simon Bloque estaría de acuerdo. Todo esto se va a estar sujeto - Todo lo que hacemos, de manera espectacular, es todo va a estar sujeto - para cuando vemos imágenes en blanco y negro y de Eichmann, y cuando vemos las imágenes en la corte de los campos - Es la forma más importante y horrible de lo que podemos hacer, y estamos, elenco y la tripulación, todos apenas bueno de una adición a ese ".

El actor Anthony LaPaglia personifica al director Leo, el personaje más complejo. Y creció "inmensamente consciente del hecho de que Leo tenía varios dilemas éticos. La forma en que Eichmann fue repatriado desde Argentina ... habiendo sufrido bajo en esencia otro régimen fascista, el macartismo, quizá Leo tenía una idea más evolucionado sobre la forma en que no se necesita mucho para convertir a la gente común en las personas que cometen actos que son injustas e irrazonables .

"Parte de su esperanza era que, en la persecución de Eichmann, habría alguna señal de arrepentimiento por o aceptación de lo que hizo. Leo sintió que si podía coger ese momento, eso explicaría que todo el mundo es capaz bajo las circunstancias correctas de comportarse de maneras que nunca pensó que lo harían. Desafortunadamente, Eichmann se arrepintió, creyendo firmemente que lo que hizo fue éticamente correcto para él ".

¿Qué hizo él, Anthony, creen, en relación con la capacidad para el mal? "Bueno ..." sus cadencias suaves vacilan. "Vivo en una generación que nunca ha sido probado. Mis abuelos fueron probados. Mis tíos fueron ambos capturados y enviados a Belsen, y yo simplemente no creo que sea posible, a menos que usted ha pasado por ese tipo de cosas, para decir lo que usted o si en realidad no ser capaz de hacer. Algunas personas altura de las circunstancias. En otros, saca lo peor. Hasta que estés prueba con las consecuencias de ir contra la corriente - si estás frío y hambre y miedo, o incluso rico y bien alimentado y miedo - No sé si alguno de nosotros puede decir lo que estaríamos capaz de ".


Los 37 países que lo vieron se quedaron paralizados ': Anthony LaPaglia como director Leo Hurwitz con Freeman como Fruchtman. Fotografía: Algimantas Babravicius / BBC

Martin Freeman elige de nuevo sus palabras con cuidado mientras reflexiona sobre el "mal": "Estoy muy mucho con la mentalidad de Leo: no hay monstruos - hay personas que hacen cosas malas.

"Eichmann era muy inteligente - Jesús, todos los principales nazis eran chicos inteligentes - y su argumento era: si quieres conocer a tu enemigo, saber por qué les estás odiando, y así, por ejemplo, aprendió hebreo."

Eichmann fue, menciono, un sionista confeso: su solución de elección habría sido una nueva tierra, fuera de Europa, para todos los Judios: fue sólo después de 1942, y Wannsee, y después de que él renunció a su fantasía ilusoria de transportar todo Judios a Madagascar, que se le dio la responsabilidad de otra manera agilizar las actuaciones.

"¡Exactamente!", Dice Freeman. "Se había llegado a un punto donde: hmm, eso no funciona, no están dejando la suficiente rapidez, ja, vamos a pensar en otra cosa. Pero en mi opinión no hay suficientes cosas que muestran los nazis como humanos, como personas inteligentes, personas carismáticas, que no son inhumanos naturalmente. Pero ¿quiénes son capaces de ser fantásticamente inhumana cuando deciden ser ".

Está claro que todos los grandes jugadores aquí en Vilnius - incluso los extras de Lituania, Lituania tiene más de demasiados recuerdos de cómo sus Judios fueron tratados por Hitler y Stalin - han pensado profundamente, leer profundamente, enterrado a sí mismos en los temas. LaPaglia es particularmente astuto en Judio-culpar.

"Sí, las preguntas se les pidió en los años 50 en cuanto a por qué no habían luchado", dice Freeman. "Me Respondo diciendo que tengo un amigo que vivía a través de las purgas en Serbia y Bosnia, y una de mis preguntas a él era: '¿Por qué no te defiendes?" Y él simplemente me miró y me dijo : 'Nosotros no tenemos armas.'

"Así que lo que hizo el juicio, y esta filmación del juicio, fue despertar a la opinión pública sobre el hecho de que estas historias no eran mitologías. Era crucial. Y me gustaría pensar que este programa actual, este relato de la historia de la historia, es también importante ".

El actor británico Nicholas Woodeson, quien interpreta a un camarógrafo judía vulnerables, dice: "Soy lo suficientemente viejo, me temo, para recordar el programa. Las imágenes que pican en la tele, que se retorcían labio. Mi familia estaba en Haifa, y todavía recuerdo en la escuela, en Inglaterra, el tipo de antisemitismo unmalicious casual, mi ser tan desconcertado por ella. Yo había amado Israel, y más tarde me encontré con Inglaterra profundamente deprimente.

"Mi personaje es el camarógrafo Yaakov, y lo que emerge es que él también ha estado en un campo de trabajo, y durante el proceso de una manera psicosomática, como neurosis de guerra, los recuerdos llegar a él. Así que me identifiqué con él, y este programa, enormemente. Pero el Israel me acuerdo - que era un país diferente. Fue esencialmente eclipsado cuando Rabin fue asesinado. Para mí eso era momento Abraham Lincoln de Israel ".


'En el juicio de Eichmann, se esperaba que habría alguna señal de remordimiento o la aceptación de lo que hizo ". Fotografía: Popperfoto

El director, Paul Andrew Williams, más conocido por el aclamado Londres a Brighton, es un director refrescante y sin pretensiones e imperturbable, a pesar de haber tenido que dirigir una orquesta de varios idiomas y ubicaciones. También, al igual que muchos, admite una fascinación por cómo el nacionalsocialismo llegó al poder ", y la forma en que tomó el antisemitismo al extremo, y la gente normal saltado a bordo de este tren de la persecución.

"A pesar de que el juicio fue, posiblemente, sólo alguna vez va a terminar en una forma" - Eichmann fue ahorcado el 1 de junio de 1962, y sus cenizas esparcidas en el mar - "la conciencia que se planteó fue sorprendente e importante. Yo vengo de una generación en la que ha sido muy bien conocido, desde la escuela, pero eso es de hecho gracias en parte a esta cosa. Ha sido una experiencia aquí en Vilnius. Si usted mira las imágenes de los testigos, su enorme dignidad - incluso sólo verlos, los actores, en ese asiento, con las ropas correctas - que afecta realmente. Pero yo tuvimos la oportunidad de trabajar con Martin y Anthony. Actores prosperan en diferentes notas, diferentes maneras de ser dirigido, y eso es genial.

"Martin y yo compartimos el mismo tipo de humor, pero su oficio - que es la forma de un pendejo de decirlo - pero realmente es impecable; que realmente hace los deberes. Martin ha leído arriba, hojeado, una enorme cantidad de Eichmann, a pesar de que el personaje no necesariamente lo necesitan. Él puede parecer el tipo de persona que te encantaría pasar una tarde en el pub con poner el mundo a derechos, pero hay una razón por la que es donde está. El trabajo duro ".

Yo le digo que El Eichmann Show, en mi breve viaje aquí, merece aunque sólo sea por la veracidad de los detalles para hacer un gran impacto. Un signo de madera prensada, por ejemplo, por "instrucciones para presionar y para los diplomáticos" se representa tipográficamente perfecto para 1.961 Jerusalén. Él sonríe. "Con tal de que no es una mierda."

Que no es. En las capitales.

Preguntas espinosas siguen siendo enormes: sobre la personalidad de Eichmann, y sobre la transferencia de la culpa. Hanna Arendt, que cubrió el juicio por el New Yorker, puede haber acuñado, por Eichmann, la frase "la banalidad del mal", pero en realidad él era un hombre profundamente complejo y muy calculador en su negación, y es notable que él sólo muestra una breve sacudida de emoción cuando se ven atrapados por la acusación en lugar de cuando se ven imágenes de campamento. Es mucho mejor para mi mente que el libro de Arendt Eichmann en Jerusalén es la cobertura de Martha Gellhorn del juicio por el Atlántico, que se las arregla para hacer algunas preguntas aún pertinentes sobre la culpabilidad alemana, y el lento deshumanización de un pueblo, y la existencia de "mal" : preguntas que aún necesitan respuestas. Las preguntas que, efectivamente, se inició con cámaras ocultas, en un tribunal de Jerusalén, en el año 1961.

martes, 16 de septiembre de 2014

Como la PGM forjó los caracteres de los líderes de la SGM

De un infierno bélico a otro
La Primera Guerra Mundial forjó las personalidades de muchos líderes de la Segunda. La serie ‘The World Wars’ repasa las experiencias de Hitler, MacArthur Patton o De Gaulle, entre otros

Jacinto Antón - El País


Mussolini como 'Duce' durante la Segunda Guerra Mundial.

Un disparo más alto de un soldado francés el 24 de septiembre de 1914 al oeste de Varennes y no hubiera habido zorro del desierto: el entonces joven y audaz teniente Rommel habría recibido el balazo en la cabeza y no en el muslo. Su luego Némesis en los desiertos norteafricanos, el mariscal Montgomery, tampoco hubiera acudido a la cita del destino en El Alamein de no ser porque un médico en un hospital de campaña se dio cuenta de que el joven oficial al que habían dado por muerto en la batalla de Ypres el 31 de octubre de 1914, atravesado de un disparo, y estaban a punto de echar a la fosa, aún respiraba. Un poquito más de gas en aquel ataque británico nocturno del 13 de octubre de 1918 sobre las posiciones alemanas en el río Lys y, paradójicamente (visto lo del gas), quizá no hubiera existido Auschwitz: en vez de resultar herido, el correo del regimiento List de la 6ª División Bávara de Reserva, Adolf Hitler, hubiera muerto y nunca habría desencadenado –al menos él- la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto.

La Primera Guerra Mundial determinó en detalles aparentemente tan nimios en su momento como esos –qué podían importar entonces tres muertos más o menos en aquella masacre- lo que fue la Segunda. Es controvertido el papel decisivo de los individuos concretos en el acontecer de los grandes hechos históricos –posiblemente si no hubiera habido un Hitler la guerra hubiera estallado igual, aunque fuera con matices diferentes-, pero resulta apasionante reseguir, con el determinismo que caracteriza saber lo que pasó, un poco a la manera de "qué fue de" pero al revés, la carrera previa de los grandes personajes de la Segunda Guerra Mundial durante la Primera. Muchos de ellos (De Gaulle, Mussolini, Tojo), pelearon entonces como soldados, y su personalidad se forjó decisivamente para el futuro en aquellos terribles acontecimientos. Sin duda sus decisiones en la guerra de 1939-45 se vieron influidas por lo que vieron en la anterior.

La continuidad biográfica de esos personajes, con idearios y obsesiones acuñados en las experiencias y traumas vividos en la Gran Guerra, contribuye a reforzar esa idea de algunos historiadores de que las dos guerras y su intervalo, de 1914 a 1945, fueron un mismo fenómeno, un sangriento continuum, una nueva Guerra de los Treinta Años incluso. En realidad, como apunta el historiador francés Johann Chapoutot, la idea no es nueva: que la guerra no acabó en 1918 es lo que pensaban los nazis.

Una interesantísima miniserie documental que arranca el lunes día 15, The World Wars, de Canal Historia (se emite en todas las plataformas de televisión de pago), producida con motivo del centenario de la Primera Guerra Mundial, examina las dos guerras mundiales como un todo a través de las experiencias en ambas de varios personajes: Roosevelt, Hitler, Stalin, Patton, Mussolini, Churchill, Tojo, De Gaulle y MacArthur. El acertado leit motif es "la primera guerra los cambió, en la segunda ellos cambiaron el mundo".

Tráiler de la serie documental 'The World Wars'.
La serie, una gran panorámica, con impactantes reconstrucciones y algunas licencias artísticas que pueden hacer arquear alguna ceja (además de alguna metedura de pata con los uniformes en las dramatizaciones: las insignias de cuello de las SS no casan con la gorra de la Wehrmacht, señores), resulta muy amena y es extraordinaria en sus colaboradores. Entre los que aparecen comentando los acontecimientos figuran el ex primer ministro británico John Major –que habla del mal trago de Churchill en 1915 con Gallipoli, un fracaso que le llevó a cesar como gran lord del Almirantazgo y alistarse para luchar en el frente (lo hizo como teniente coronel de los Royal Scot Fusiliers y se jugó el tipo)-, el general y ex secretario de Estado de EE UU Colin Powell o el ex director de la CIA y ex secretario de Defensa Leon Panetta, además de un plantel de historiadores realmente notable (Max Hastings, Richard Evans, Ron Rosenbaum…). En la serie, que no habla de la Guerra Civil española pese a su clara conexión con el tema ("demasiada guerra para seis horas", justifican los responsables), las imágenes documentales se alternan con las de ficción. Los personajes -jóvenes "con mucho que aprender" en la Primera Guerra Mundial y maduros en la Segunda- están recreados con mejor o peor fortuna por actores. la serie es una buen excusa, además, para bucear en las biografías de otros muchos personajes de la Segunda Guerra Mundial a ver qué hicieron en la Primera, y viceversa. Un ejercicio muy interesante.

Hitler aseguraba que el héroe británico Henry Tandey pudo haberlo matado con su rifle en Francia en 1914
Hitler –que eligió luchar en el ejército alemán y no el austrohúngaro, que era el que le tocaba, por considerarlo degeneradamente multirracial- se trajo de las trincheras, aparte del gusto por lo militar y el creerse un gran soldado y un elegido por el destino, un bagaje de odio, rencor y afán de revanchismo que marcó el resto de su vida. También la Cruz de Hierro de la que estaba tan orgulloso (aunque se ha apuntado recientemente que la ganó por enchufe –véase La primera guerra de Hitler, de Thomas Weber, 2012-). Hitler reinventó y magnificó su guerra. La serie da crédito, recreándolo en imágenes, a su inverosímil relato de que tras la lucha por Marcoing, en Francia, se encontró desarmado ante el fusil del soldado británico Henry Tandey, héroe de guerra, ganador de la Cruz Victoria, y este decidió no dispararle. La historia se la explicó el propio Hitler, que dijo haber reconocido años después a Tandy por un recorte de prensa, a Chamberlain. Al enterarse, Tandey habría vivido torturado por pensar que podía haber matado a Hitler aquel día de 1914. La serie apunta que el bigotito fue herencia de la Gran Guerra: Hitler habría recortado su mostacho para que le cupiera en la máscara de gas. Menos anecdótico es lo que se ha sugerido de que el envenenamiento por gas le proporcionara la idea años después del método para exterminar a los judíos. Algo que Chapoutot, asesor de The World Wars, me negó taxativamente en una conversación. Según el historiador experto en nazismo, la decisión del genocidio siguió caminos mucho más complejos. Y Hitler, dijo, no hubiera pensado inicialmente en emplear algo que le causó a él tanto daño. Me parece una visión muy optimista de Hitler.

Charles De Gaulle vivió una guerra de aquí te espero. "El huracán me llevaba como una brizna de paja a través de los dramas de la contienda", escribió en sus muy literarias memorias. También él, como tantos, como el Albert de Nos vemos allá arriba, la novela de Pierre Lemaitre, se apuntó a una guerra stendhaliana y se encontró con una salvaje y prosaica matanza. Jefe de pelotón del 33º regimiento que mandaba Pétain (otro que circuló espectacularmente de una guerra a otra y con el que De Gaulle se llevaba muy bien entonces), resultó de los primeros en ser herido. Recibió una citación al valor por su papel haciendo arriesgadísimas escuchas junto a las trincheras enemigas, fue herido de nuevo con bayoneta, metralla, una mina y gas en Verdún y tras capturarlo los alemanes protagonizó cinco intentos de fuga. Ese tesón (y su idea de que Francia no podía ser Francia "sin grandeur” –y sin él-) le permitió aguantar los trances de la Segunda Guerra Mundial y lanzar L’Appel. En la presentación de The World Wars, en París el pasado junio, participó Bernard de Gaulle, el sobrino del general y él mismo ex combatiente de la Segunda Guerra Mundial –en el maquis de L’Oisans y en el Ejército de la Francia Libre-, que fue de los primeros en entrar en Berlín en 1945. Hombre de gran presencia y muy parecido a su tío, aunque mucho más modesto, recordó cómo influyó en su familia la humillación de la guerra franco-prusiana (en la que su abuelo, capitán, fue herido) y subrayó, alargando aún más la perspectiva de la que hablamos, que la Primera Guerra Mundial "no deja de ser en cierta manera la Segunda Guerra Franco-Prusiana" (la enemistad, dijo, no acabó hasta el entrechocar de manos de De Gaulle y Adenauer, en la misa de Reims en 1962).

Mussolini fue enrolado en el 11º Regimentto Bersaglieri y pasó nueve meses en el frente, hasta ser herido en 1917 en la explosión fortuita de un obús de mortero en su trinchera (se le extrajeron 40 esquirlas de metal del cuerpo). Llegó a sargento y trató de sacar rédito político a su experiencia militar (como hizo Hitler) con la publicación de Il mio diario di guerra.

Resulta curioso que dos de los grandes líderes de EE UU durante la Segunda Guerra Mundial no tuvieran experiencia bélica directa en la Primera. Franklin Delano Roosevelt era secretario de la Marina y trabajó en expandir la fuerza naval. Quiso alistarse pero el mismísimo presidente Wilson se lo impidió. A partir de 1921 se enfrentó a una guerra personal: contra la polio. Eisenhower, que sería el comandante supremo de las fuerzas aliadas en Europa, vio cómo, siendo teniente en 1917, se le denegaba la petición de ir a combatir a Francia. Le encargaron adiestrar tripulaciones de tanques en Pennsylvania. Una semana antes de marchar al frente acabó la guerra. Otros militares estadounidenses tuvieron mucho más que contar. MacArthur, oficial de alta graduación, participó en distintas acciones, fue condecorado varias veces por su valor (incluidas siete estrellas de plata) y gaseado en dos ocasiones. En 1918 fue hecho prisionero por uno de sus propios hombres que lo confundió con un general alemán.

El caso del tan desagradable como corajudo Patton es muy singular. En 1915 se encontraba persiguiendo a las tropas de Pancho Villa durante la expedición punitiva de EE UU en México (allí adquirió su icónico revólver con cachas de nácar) y cazó a tres de sus leales desde coches Dodge artillados con ametralladoras. Ató los cadáveres a los parachoques para exhibirlos. Al entrar EE UU en guerra fue de los primeros en desembarcar en Francia, ya todo blood & guts. Especialista en tanques, comandó varios ataques de los Renault F7 franceses tripulados por estadounidenses, fue herido de un balazo en la rodilla en la ofensiva del Meuse-Argonne y lo salvó su ordenanza, el soldado Joe Angelo. Cuando años después este marchó sobre Washington como parte del Bonus Army, el contingente de veteranos descontentos que reclamaban su paga, Patton mandaba las tropas que los reprimieron. Angelo trató de hablar con Patton y este lo rechazó: “No conozco a este hombre, llevároslo de aquí”. Es el Patton que luego abofeteará por cobarde en Sicilia a un soldado afectado de neurosis de guerra.


Escena de la serie 'World Wars' sobre el coronel Patton.


Entre los rusos, Stalin, a la sazón preso político, fue llamado a filas pero descartado por la lesión de su brazo (le había pasado un carro por encima de niño). Zhukov sí combatió. Sirvió en un regimiento de dragones, fue herido y condecorado. Varios de los grandes mandos alemanes de la Segunda Guerra Mundial eran veteranos de la Primera. El ya citado Rommel ganó la Pour le Mérite y acuñó con su Gebirgsbatallion sus ideas de guerra móvil, iniciativa personal, intuición, improvisación e ímpetu del ataque que le darían fama con los pánzers. Von Manstein, luchó valientemente y fue herido. Schörner (apodado Ferdinand el Sangriento), que sería uno de los generales alemanes de Hitler más controvertidos –un miserable según algunos por fusilar a los soldados que titubeaban y luego escaparse él disfrazado de campesino tirolés- ganó también la Pour le Mérite en el mismo escenario que Rommel, el monte Matajur, luchando contra los italianos.

Los líderes nazis, en general no tuvieron un gran servicio en la Gran Guerra. El joven Himmler fue rechazado por miope. Goebbels por cojo. Bormann no llegó a ver acción. Las principales excepciones son Röhm, el purgado líder de las SA, que combatió con bravura como capitán y fue herido en la cara gravemente (no es que fuera feo, eran cicatrices), Rudolph Hess, que estuvo en artillería y aviación y fue herido y condecorado, y sobre todo, Hermann Goering, uno de los grandes ases de caza, con 22 derribos, jefe de la escuadrilla Richthofen y ganador también del Blue Max. Karl Doenitz, que mandó la flota de Hitler y fue condenado en Nurenberg, había sido comandante de submarino en la Primera Guerra Mundial. Su sumergible fue hundido y él hecho prisionero. El almirante Canaris, jefe de la inteligencia militar alemana, la Abwehr, vivió muchas aventuras en la Gran Guerra, en el crucero corsario Dresden y también como capitán de U-Boot. Mención especial merece Ernst Udet, el segundo mayor as alemán tras Richthofen (62 victorias, Blue Max, etcétera) y creador con Goering de la Luftwaffe de Hitler. Udet se suicidó en extrañas circunstancias en 1941 –se pegó un tiro mientras hablaba por teléfono con su novia (y luego dicen que los hombres no somos capaces de hacer dos cosas a la vez)-; parece que tenía algunos problemillas con el Reichmarshall.

Otros personajes cuya trayectoria es interesante seguir en las dos guerras son Ernst Jünger, capaz de atravesar ambas como oficial alemán y sin dejar de leer a Ariosto; Tolkien, soldado en la primera en el 11 º de fusileros de Lancashire -véase Tolkien y la Gran Guerra, de John Garth, Minotauro 2014- y al que se quiso reclutar como criptógrafo y descodificador –para aprovechar el dominio del quenya y el sindarin élficos, supongo- en la segunda; o el conde Lászlo Almásy, el personaje real de El paciente inglés, que de húsar austrohúngaro y piloto pasó a realizar operaciones de inteligencia y comandos en el desierto líbico para el Afrika Korps como capitán y agente de la Abwehr. Nos quedamos sin saber qué hubiera hecho Lawrence de Arabia –murió en 1935- en la Segunda Guerra Mundial. Seguramente algo interesante.

Con todo, probablemente uno de los destinos más asombrosos sea el de Martin Niemöller que de tener una larga carrera en los submarinos en la Primera Guerra Mundial –en el U-39 coincidió con Doenitz, fue comandante del UC-67 y ganó la Cruz de Hierro de Primera Clase- pasó a convertirse en pastor protestante (singular transformación que explicó en su libro Del submarino al púlpito) y en opositor al nazismo, lo que pagó con su internamiento en Sachsenhausen y Dachau. Es el autor de aquella famosa sentencia que empieza “Primero vinieron a por los comunistas, pero no dije nada porque yo no era comunista…”, y sigue con los sindicalistas, socialistas, judíos… Hasta concluir “Luego vinieron a por mí, pero para entonces ya no quedaba nadie que dijera nada”.