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lunes, 8 de septiembre de 2014

Arte: Un Malón en las pampas argentinas

jueves, 3 de julio de 2014

Conquista del desierto: El último malón a Bahía Blanca


19 de Mayo 
El último malón a Bahía Blanca
La madrugada del 19 de mayo de 1859 Bahía Blanca fue invadida por tres mil lanzas del cacique Calfucurá, en lo que significó el último gran malón.

Oscar Fernando Larrosa (h)

Se supone que este malón [táctica de incursión mapuche a poblaciones colonizadoras] fue llevado a cabo por Calfucurá debido a la muerte de su yerno Yanquetruz poco tiempo antes en una pulpería de Bahía Blanca.


Fortaleza Protectora Argentina

El viejo cacique Yanquetruz era famoso por sus tropelías, asesinatos, robo de cautivas y de ganado que luego vendía en Chile. Para tener una leve idea del negocio de estos verdaderos piratas de la Pampa cabe consignar que cuatro años antes en un malón sobre la zona de Tandil arreó 20.000 vacas y decenas de cautivas dejando un tendal de paisanos muertos.

Hacia 1857 firmó un tratado de paz con el Ejército prometiendo no volver a malonear pero era famoso por sus borracheras salvajes en las siempre terminaba asesinando a alguien.
En una de estas borracheras, en la pulpería de Silva frente a la Fortaleza Protectora Argentina en Bahía Blanca armó una trifulca y fue muerto a cuchilladas por el oficial de Guardias Nacionales Jacinto Méndez.


La vuelta del malón. Angel Della Valle.

Calfucurá detestaba a Yanquetruz y varias veces se habían enfrentado y traicionado mutuamente pero su muerte le daba la excusa para atacar y conquistar la Fortaleza de Bahía Blanca.

 La madrugada del 19 de mayo de 1859 Calfucurá con sus capitanejos Guayquil, Antelef y 3.000 indios de batalla entraron por el bañado de Giménez (actual Parque de Mayo) y rodearon el Fuerte.
Un vecino, el “Gallego” Mora dio el aviso del ataque pero el jefe del Fuerte se limitó a encerrarse con parte de la población en la fortificación. Gran parte de la indiada atacó e incendió la pulpería de Francisco Iturra robando todo el alcohol que encontraron y dedicándose a celebrar el seguro triunfo, emborrachándose.


Bahía Blanca hacia 1860

Una rápida defensa por parte del comandante Juan Charlone de la Legión Italiana y de los Guardias Nacionales frente a la pulpería de Iturra sorprendió a la indiada y terminó desbaratando el ataque luego de varias horas de combate.

 El resultado final fue de unos 200 indios muertos que fueron quemados en una pira en la plaza por el coronel José Orquera, jefe de la Fortaleza. El resto de la indiada se retiró varios kilómetros y se dedicaron a comer asado con algunas vacas que lograron escamotear.

Yanquetruz
Fue el último malón a Bahía Blanca realizado por los “pueblos originarios” que eran en realidad bandas de saqueadores que comerciaban en Chile todo lo que le robaban aquí a quienes trabajaban para civilizar esta tierra.

 Estos son algunos testimonios de la gente que vivió esa noche terrible:

E relato de Bernardo Mordeglia, Vecino.

"Era una noche serena y sin viento, pero muy fría, cuando llegó la noticia, traída al pueblo por unos soldados y un señor Mora, de que se produciría una invasión de indios malones. Pero se le hizo poco caso (...) Eran las 5 de la mañana cuando el grito asesino de Calfucurá alentó a casi tres mil indios a que tomen el pueblo".

Tras mencionar que los indios saquearon el local de Iturra y se emborracharon, hecho que a su entender salvó a la ciudad, dijo Mordeglia que tras una heroica resistencia los atacantes decidieron retirarse.

"A las 9 de la noche, las indiadas estaban asando carne con cuero en el Saladillo, carne bárbaramente robada en Bahía Blanca. En el pueblo todo era luto, llanto, desolación y terror".

El testimonio de Andrea Laborda de Mora , Esposa de quien diera aviso del malón.

"(...)Donde la lucha tomó proporciones de un verdadero encarnizamiento, fue en la esquina de las calles Zelarrayán y 19 de Mayo.
"Esa misma mañana y una vez tranquilizada la población, el comandante Orquera que se concretó a cuidar el fortín donde estábamos refugiados, ordenó se recogieranl os cadáveres de los indios y los hizo amontonar en la hoy plaza Rivadavia. A medio día los toques del clarín anunciaban novedad y el vecindario acudió al cuartel.
¿Qué ocurría? Una gran fogata ardía en la plaza y sobre ella, los cadáveres indígenas ultimados por la furia de un jefe bárbaro".