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lunes, 14 de enero de 2019

Argentina: El terrorismo anarquista y el fusilamiento de Di Giovanni

Vida, crímenes y muerte de Severino Di Giovanni, el anarquista que sembró el terror en Argentina

 Huyó de la Italia de Mussolini y trajo a nuestro país el credo del “anarquismo expropiador”: la biblia de la violencia




Por Alfredo Serra | Infobae
Especial para Infobae






Severino Di Giovanni, un tano hijo de puta

Buenos Aires, primer día de febrero de 1931. Desde el 6 de septiembre de 1930 gobierna el general y dictador José Félix Benito Uriburu (1868–1932), que ha derrocado por las armas al presidente Hipólito Yrigoyen. Lo llaman "Von Pepe", por su nada disimulada admiración y adhesión a la Alemania que se avecina: el trágico Tercer Reich de Adolfo Hitler.

A media mañana, Roberto Arlt entra, desencajado, a la redacción del diario El Mundo, donde escribe sus deslumbrantes Aguafuertes Porteñas, que han duplicado el tiraje de ese matutino. Llega desde la Penitenciaría Nacional, en Palermo, donde ha sido testigo de un fusilamiento.

Se sienta a la máquina y escribe: "Hoy he visto hombres que se ponen guantes blancos para matar a otro hombres".

Es el comienzo de su crónica sobre el fusilamiento del anarquista y terrorista Severino Di Giovanni, condenado a muerte por cuatro atentados en los que han muerto once personas.

Terminada la crónica, el jefe de redacción tacha ese comienzo. Arlt dirá mucho después:
–Fue la primera y única vez que me censuraron.

¿Quién era Di Giovanni?

Nació el 17 de marzo de 1901 en Chieti, región italiana de los Abruzos, 180 kilómetros al este de Roma. Los ojos de su infancia y su adolescencia se hieren: sólo ven postales vivas de los desdichados que vuelven del frente (guerra 1914–1918), mendigando, hambruna, pobreza… La simiente de una rebeldía que lo llevará a la militancia, el crimen y la muerte.

Son años, en casi medio mundo, de extremismo simplificador. De izquierda y anarquismo cuyo credo no admite matices: "El mundo se divide en explotadores y explotados, y la única solución es la violencia".

Estudia. Se recibe de maestro de escuela. Aprende un difícil oficio que le servirá en el futuro para sus planes: tipógrafo. Lee a los dioses del anarquismo: Bakunin, Malatesta, Proudhon, Kropotkin…

Padre y madre se les mueren cuando aun no ha cumplido 19 años. A los 20 ya es un militante pleno. En 1922, año en que Benito Mussolini y sus Camisas Negras marchan sobre Roma y toman el poder, se casa con su prima Teresa Masciulli, una campesina analfabeta que nada sabe de explotados y explotadores, y que le da tres hijos.

Acorralado por el fascismo, no encuentra otro camino que el exilio. Llega a la Argentina. Consigue una modesta casa en Morón y un puesto como tipógrafo en la capital. Su llegada coincide con una gran ola de inmigrantes italianos: presa ideal para difundir sus ideas, que derrama en panfletos y en un diario –Culmine–, escrito e impreso en largas noches de insomnio.
Muchos italianos se pliegan: la Argentina será el primer país de Sudamérica en que las llamadas "ideas libertarias" prenden con más fuerza y mayor número de soldados.

En esa vorágine conoce a Paulino Sacarfó, anarquista nacido en el país pero de clara sangre italiana, y a su hija, América Scarfó, de 14 años pero ya anarquista y feminista, que será su pareja hasta el final. Pero no todos los anarquistas aceptan la línea dura, extrema, de Di Giovanni. Un sector moderado –hasta cierto punto: la violencia no está desterrada– se agrupa y lo enfrenta a través de FORA (Federación Obrera de la República Argentina) y el periódico La Protesta, dirigido por Emilio López Arango y Diego Abad de Santillán.

El 25 de octubre de 1929, mientras Arango cocinaba en su casa –hora de cena–, alguien golpeó la puerta. Abrió, y tres balas en el pecho le segaron la vida. ¿Quién fue, quién lo mató? Nunca se supo. Pero todas las sospechan apuntaron a Di Giovanni, que lo había amenazado a través de su diario, La Antorcha, por "agente fascista e infiltrado policial". Crimen impune…

Hasta ese momento, Severino actuaba en la sombra. Sólo se revelaba a través de sus notas y panfletos. Pero el 6 de junio de 1925, durante una función de gala en el teatro Colón celebrando el primer cuarto de siglo de llegada al trono de Italia de Vittorio Emanuele III, con el presidente Marcelo Torcuato de Alvear y el embajador fascista, conde Luigi Aldrovandi Marescotti, un grupo de militantes con Di Giovanni a la cabeza interrumpió la función al grito de "¡Asesinos, ladrones, viva la anarquía".

Explotó una trifulca. Los Camisas Negras que escoltaban al embajador y los hombres de Severino. Que también con éste a la cabeza, terminaron entre rejas.

Dos años después –1927–, organizó y lideró varios actos de protesta contra la condena a muerte y la ejecución, en los Estados Unidos, del zapatero Nicoló Sacco y Bartolomeo Vanzetti, anarquistas, acusados de robo a mano armada y asesinato de Frederick Parmenter, pagador de una fábrica, y de su escolta, Alessandro Berardelli, el 15 de abril de 1920, en South Braintree, Massachussetts. Los cargos nunca se probaron. Hubo oleadas de protesta en Estados Unidos, Europa y América. Pero murieron en la silla eléctrica.


Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti

Después del episodio del Colón y de los actos contra la condena de Sacco y Vanzetti, el radio de acción de Di Giovanni se redujo. Empezó a mudarse continuamente, pero no cesó sus ataques.

Los peores atentados que llevan su firma –aunque no todos fueron probados plenamente– implicaron pólvora, sangre y muerte.
  • Bomba en el City Bank porteño, 24 de diciembre de 1927, hora ll.53: dos muertos y varios heridos.
  • Bomba en el Banco de Boston, 4 de diciembre de1927: daños materiales.
  • Bomba en la embajada de los Estados Unidos como represalia por la ejecución de Sacco y Vanzetti.
  • Bomba en el consulado italiano, Buenos Aires, 23 de mayo de 1928, hora 11.42, nueve muertos y treinta y cuatro heridos: algunos de los hombres más encumbrados de Mussolini.
  • Balazo en la cara de un policía que trató de impedir un asalto.
  • Robo de un camión pagador. Botín: 286 mil pesos. Dinero con el que Di Giovanni abrió su propia imprenta.

En su último panfleto, escribió: "Sepan Uriburu y su horda fusiladora que nuestras balas buscarán sus cuerpos. Sepa el comercio, la industria, la banca, los terratenientes y hacendados, que sus vidas y posesiones serán quemadas y destruidas"

Principio del fin

Detenido y condenado a muerte a pesar de la fogosa defensa del teniente de ejército Juan Carlos Franco, su defensor oficial, que la pagó con la baja, la cárcel y el destierro: bárbara señal propia del dictador Uriburu: Franco no hizo otra cosa que cumplir con su papel de defensor… designado por el mismo gobierno.

Día y hora de la sentencia: 1º de febrero de 1931 a las seis de la mañana. Última voluntad: el reo pide un café dulce y lo rechaza al primer sorbo:
–¡Lo pedí con mucha azúcar! No importa…, será la próxima vez.
Últimas palabras frente al pelotón:
–¡Viva la anarquía!

Su cuerpo fue enterrado en el cementerio de la Chacarita.

Al día siguiente fusilaron a Paulino Scarfó. En 1999, América Scarfó recibió en la Casa Rosada las cartas de amor que le escribió Severino. Textos de un lirismo que contrasta extrañamente con la furia letal de sus actos. Como si en Severino Di Giovanni hubieran vivido dos hombres. Un bifronte de cordura y locura.

A pesar de la censura sobre sus primeras líneas, e ideología aparte, Roberto Arlt narró el fusilamiento en una crónica que es todavía una lección de periodismo: "El condenado camina como un pato. Los pies aherrojados con una barra de hierro a las esposas que amarran las manos. Atraviesa la franja de adoquinado rústico. Algunos espectadores se ríen. ¿Zoncera? ¿Nerviosidad? ¡Quién sabe! El reo se sienta reposadamente en el banquillo. Apoya la espalda y saca pecho. Mira arriba. Luego se inclina y parece, con las manos abandonadas entre las rodillas abiertas, un hombre que cuida el fuego mientras se calienta agua para tomar el mate. Permanece así cuatro segundos. Un suboficial le cruza una soga al pecho, para que cuando los proyectiles lo maten no ruede por tierra. Di Giovanni gira la cabeza de derecha a izquierda y se deja amarrar. Ha formado el blanco pelotón fusilero. El suboficial quiere vendar al condenado. Éste grita: "Venda no".
"Mira tiesamente a los ejecutores. Emana voluntad. Si sufre o no, es un secreto. Pero permanece así, tieso, orgulloso. Di Giovanni permanece recto, apoyada la espalda en el respaldar. Sobre su cabeza, en una franja de muralla gris, se mueven piernas de soldados. Saca pecho. ¿Será para recibir las balas?
— Pelotón, firme. Apunten.
La voz del reo estalla metálica, vibrante:
— ¡Viva la anarquía!
— ¡Fuego!


 
El periodista Roberto Arlt escribió sobre la ejecución de Severino Di Giovanni

"Resplandor súbito. Un cuerpo recio se ha convertido en una doblada lámina de papel. Las balas rompen la soga. El cuerpo cae de cabeza y queda en el pasto verde con las manos tocando las rodillas. Fogonazo del tiro de gracia. Las balas han escrito la última palabra en el cuerpo del reo. El rostro permanece sereno. Pálido. Los ojos entreabiertos. Un herrero martillea a los pies del cadáver. Quita los remaches del grillete y de la barra de hierro. Un médico lo observa. Certifica que el condenado ha muerto. Un señor, que ha venido de frac y con zapatos de baile, se retira con la galera en la coronilla. Parece que saliera del cabaret. Otro dice una mala palabra.
Pienso que a la entrada de la Penitenciaría debería ponerse un cartel que rezara:
–Está prohibido reírse.
–Está prohibido concurrir con zapatos de baile."

No es un panegírico. Es un estricto texto de Roberto Arlt. Ese hombre del que Abelardo Castillo dijo "quería ser feliz, y no pudo. Tuvo que conformarse con ser un genio".

miércoles, 9 de enero de 2019

Nazismo: Las últimas horas de Eichmann

Las tenebrosas horas finales de Adolf Eichmann, el "arquitecto" del Holocausto 

La historia del juicio y la ejecución del criminal nazi que vivió como un "buen vecino alemán" en la Argentina durante 10 años y fue capturado por un comando israelí en 1960. Con el estreno mundial de "Operación final" su oscura vida llega este mes a los cines


Por Matías Bauso |  Infobae 


 
Adolf Eichmann presenció el juicio detrás de un vidrio blindado

El juicio a Adolf Eichmann comenzó el 11 de abril de 1961 en Jerusalén. Fue un acontecimiento mundial. Por primera vez en la historia se utilizó el sistema de traducción simultánea. Por primera vez, también, uno de los responsables de la Shoah sería juzgado en Israel.

En uno de los vértices de la sala de audiencias se erigía una jaula de cristal. Desde allí Eichmann asistió a su juicio, protegido por las cuatro paredes de vidrio blindado.

Indiferente, escuchó las acusaciones, los quince cargos que le imputaban, y cada una de las declaraciones de los testigos, sin mirarlos siquiera una vez, absorto en sus pensamientos o rebuscando entre sus papeles alguna respuesta fatua y poco convincente.

Siempre con los auriculares puestos, escuchó cada uno de los cargos, cada uno de los relatos de los sobrevivientes, sin expresar emoción alguna. Como si el cubo de cristal lo separara, ya no de posibles agresiones, de algún impulsivo adepto a la ley del talión, sino de la realidad. Y esto quedó en evidencia, en el momento en que el interrogado fue él.

La fiera apresada, el genocida feroz, resultó ser débil, sin ningún brillo intelectual, de una lógica gris y confusa. Un ser mediocre. Un hombre que podría estar sentado en la mesa de al lado en un bar o que no llamaría la atención si se lo cruzara por la calle. Un hombre que estuvo sentado en muchos bares argentinos, tomando muchos cafes, durante demasiados años.

Eichmann responsable de la muerte en masa de millones de judíos

Eichmann no era un ser feroz, brutal, inhumano. Sin embargo, cometió crímenes feroces, brutales, inhumanos. Millones de crímenes. De asesinatos.

Cientos de enviados de los medios más importantes del mundo acudieron al proceso. Entre ellos sobresalía una mujer. La había enviado el New Yorker pero no era periodista. Era Hannah Arendt, filósofa judío alemana.

Arendt, como resultado de su asistencia al juicio, escribió un libro maravilloso y profundo, imprescindible: Eichmann en Jerusalén.

Sin concesiones, con ironía, lucidez y absoluta honestidad, Hannah Arendt diseccionó a Eichmann y a sus juzgadores como nadie.

Quizás ella haya sido la única que vislumbró la real naturaleza de Eichmann. Ella, como nadie, sin temores, con inclemente franqueza, no se arrastró por los lugares comunes. Llamó las cosas por su nombre. Con su pertinaz lucidez.

Arendt, en obras anteriores, había hablado del Mal Radical. A partir de su contacto con el caso Eichmann cambió de opinión. Tanto es así, que el subtítulo de su obra fue Un estudio sobre la banalidad del mal.

El mal para Arendt no puede ser radical, sólo extremo. Puede crecer desmesuradamente y extenderse a todo el mundo. Pero siempre carece de profundidad.

"Se extiende como un hongo en la superficie. Es un desafío al pensamiento – sostiene Arendt- porque el pensamiento trata de alcanzar cierta profundidad, ir a las raíces y, en el momento mismo que se ocupa del mal, se siente decepcionado porque no encuentra nada. Eso es la banalidad. Sólo el bien tiene profundidad y puede ser radical".

 
El criminal nazi fue condenado a la horca

Desde antes de su inicio se sabía que no solo se juzgaría a Eichmann. El gobierno israelí utilizaría cada una de las audiencias para exponer al mundo una versión definitiva del exterminio perpetrado por los nazis contra el pueblo judío.

Las palabras de apertura de las sesiones, pronunciadas por el fiscal Hausner, lo establecían de modo contundente: "En el sitio en que me encuentro hoy ante ustedes, jueces de Israel, para demandar contra Adolf Eichmann, no me encuentro solo; conmigo se levantan, aquí, en este momento, seis millones de demandantes. Pero ellos no tienen la posibilidad de comparecer en persona, de apuntar hacia la cabina de vidrio un índice vengador y gritar, dirigiéndose a aquel que está sentado en su interior: Yo acuso. (…) Por eso seré yo su portavoz, y en su nombre levantaré este acta de acusación terrible".

El Fiscal y sus colaboradores, si bien con sólidos argumentos jurídicos, expresaban la opinión política del gobierno israelí, en especial de Ben Gurión, el primer ministro: se centraron en el sufrimiento del pueblo judío más que en los actos y responsabilidades de Eichmann.

Sin embargo, los jueces no se sometieron a las presiones políticas y nunca perdieron de vista el objetivo principal del proceso: establecer la posible culpabilidad del acusado y la medida de esa culpabilidad.

Eichmann, gracias a la intervención de sus juzgadores, pudo ejercer plenamente su legítimo derecho de defensa. Tanto él como su defensor, el Dr. Servatius, se expresaron con absoluta libertad en la Corte.

Frecuentemente, el presidente del jurado puso freno a los excesos del fiscal o corrigió defectos de traducción de los dichos de los testigos.

Eichmann frente a los jueces intentó esgrimir una increíble defensa: él solo obedecía órdenes (Getty)

La gran dificultad que enfrentaron los jueces fue desentrañar la naturaleza de estos delitos. ¿Cómo actuar con imparcialidad ante la abyección, ante lo atroz, ante los crímenes inimaginables? ¿Quién es el asesino? ¿El que empuña el arma? ¿El que da las órdenes? ¿El que obedece? ¿Dónde están los límites de la obediencia? ¿Quién es responsable?

De una sentencia admirable, se destaca una frase admirable. "El grado de responsabilidad –dijeron los jueces- aumenta a medida que nos alejamos del hombre que sostiene en sus manos el instrumento fatal".

Juzgar el genocidio, más allá de la obvia condena moral, no era sencillo desde el punto de vista jurídico. Determinar la naturaleza y autoría de esos crímenes, no contemplados previamente en las leyes, no imaginados por ningún legislador -aunque hoy parezca increíble- planteaba un desafío jurídico antes de Núremberg. Las categorías jurídicas conocidas resultaban insuficientes.

Eichmann esgrimió, hasta el hartazgo, sus ejes defensivos básicos. Él obedecía órdenes. Nada más. Por otro lado, sostenía, sus actos no podían ser juzgados por otro país, por ningún país: sus actos habían sido actos de Estado. Sólo se encargo de llevar a cabo, y con una extremada eficacia, aquello que era ley en su país, en la Alemania de la que Eichmann era funcionario. Allí, la palabra del Führer era ley, no sólo para Eichmann.

Eichmann fue el responsable del traslado de millones de personas a los campos de exterminio nazi (Getty Images)

Desde su lugar en la estructura burocrática nazi, Adolf Eichmann organizó, sucesivamente, la expulsión de los judíos de Alemania, su deportación de los territorios ocupados por las nazis y el traslado de millones de judíos a los campos de exterminio.

Además fue el anfitrión de quince altos funcionarios nazis en la llamada Conferencia de Wansee. Allí, con Eichmann, como secretario, labrando las actas de la reunión, dejando constancia para la posteridad, se decidió establecer "La Solución Final".

Fueron asesinatos de masas: por las víctimas. Por el gran número de asesinos, también. Y Eichmann, entre los asesinos, ocupaba un lugar de importancia. Era él quien los enviaba a la muerte.

Diariamente partían trenes a los campos de exterminio con 2.500 o 3.000 judíos hacinados en los vagones de carga. No solo se ocupaba de los trenes. En el juicio se aportaron como pruebas circulares y órdenes emitidas por Eichmann y su oficina obligando a las autoridades locales de cada territorio para que los judíos de diferentes nacionalidades fueran objeto inmediato de las "medidas necesarias".

Eichmann conocía el destino que les esperaba a los pasajeros de sus trenes. Hay registros de sus múltiples visitas a Auschwitz y otros campos. El 31 de julio de 1941, Heydrich lo convocó a su oficina y le dijo: "El Führer ha ordenado el exterminio físico de los judíos".

  Judíos llevados a campos de concentración: diariamente partían trenes con 2.500 a 3.000 personas hacinadas en los vagones de carga

Durante el juicio Eichmann pretendió evitar su responsabilidad escudándose en una especie de obediencia debida. Sostuvo que sólo fue un pequeño engranaje de una gran máquina.

También afirmó que si él hubiera abandonado su puesto, otro lo hubiera ocupado. Esto podría ser cierto, pero de ningún modo lo exculpa por sus actos. Además de haberse demostrado que él era un dador de órdenes, no sólo un receptor, lo que oculta ese argumento es que lo que Eichmann intentaba decir era que siendo todos los culpables, nadie es culpable. O acaso, nada más que los máximos jerarcas nazis (que para esa época ya estaban muertos). Así desdeña la responsabilidad personal, la posibilidad de elegir libremente que Eichmann ejerció.

Como escribió Hanna Arendt: "(…) Sostuvo y ejecutó una política que consistía en negarse a compartir la tierra con el pueblo judío y los pueblos de cierta cantidad de otras naciones".

En la sentencia los jueces estimaron que "estaba probado fuera de toda duda que el reo había actuado sobre la base de una identificación total con las órdenes y una voluntad encarnizada de realizar los objetivos criminales".

Fue condenado a morir en la horca.

 
Antes de su ejecución gritó: “¡Viva Alemania! ¡Viva Argentina! ¡Viva Austria! ¡Nunca las olvidaré!”

Madrugada del 31 de mayo de 1962. El gobierno Israelí anuncia que rechaza todos los pedidos de clemencia recibidos por el reo.

En la celda, él y una botella de vino, su última voluntad.

Llega un ministro protestante. Le propone leer la Biblia juntos. Eichmann se niega. Prefiere estar solo los pocos minutos de vida que le quedan.

No llora. Bebe cortos sorbos y mantiene la mirada fija sobre una de las paredes.

Lo vienen a buscar. Mantiene la cabeza erguida en su camino al patíbulo. Piensa que todavía no estaba preparado. Dos días antes, el Tribunal Supremo había denegado su apelación. En el pasillo solo se escuchan sus pasos y los de los guardias que lo escoltan. Se cruza con varias personas en el camino, pero él no las mira.

Al llegar a la horca, le ofrecen una capucha. ¨No la necesito¨, responde. Le atan las piernas a la altura de los tobillos y las rodillas. Pide que le aflojen las ataduras. Quiere mantenerse erguido. Quiere morir con dignidad. Lo que no sabe, de lo que no se da cuenta es que algunas muertes violentas cubren de gloria a la víctima. Otras de infamia. Como la de Eichmann.

Su vida y, por qué no su muerte, están cubiertas de infamia.

Nada, ninguna vana actitud teatral, podrá dignificar ninguno de sus actos. Menos aún sus patéticas palabras finales: "Dentro de muy poco, caballeros, volveremos a encontrarnos. Tal es el destino de todos los hombres. ¡Viva Alemania! ¡Viva Argentina! ¡Viva Austria! ¡Nunca las olvidaré!".

domingo, 6 de enero de 2019

Argentina: Cronología de la Conquista del Chaco

Campaña al Chaco (1870/1917)





A fines del siglo XIX, la región comprendida entre los ríos Pilcomayo, Paraguay, Paraná y Salado (conocida como el Gran Chaco), se hallaba habitada por diversos pueblos indígenas pertenecientes a las etnias de los guaycurúes (pilagaes, tobas y mocovíes), de los mataco-mataguayos (wichís, chorotes y chulupíes) y de las tribus tonocotés, tapietés, chanés y chiriguanos, que mantenían una ancestral disputa con el hombre blanco por la posesión de las tierras que habitaban, rechazando todo intento civilizador y dominando por el terror esos vastos territorios, mediante violentas acciones llevadas a cabo por las tribus más belícosas, que con sus correrías y asaltos a poblados, guarniciones militares y establecimientos de campo, mantenían en permanente zozobra a los pobladores, impidiendo la colonización de esas tierras.
Decidido a poner fin a esta situación, el gobierno argentino decidió la ocupación militar del Chaco Central y Austral, un enorme territorio que comienza en el norte de Santa Fe, se extiende por el noreste de Santiago del Estero, el noreste de Salta y las actuales provincias de Chaco y Formosa. Se la denomina Chaco Austral, por oposición al Chaco Boreal o Paraguayo y su voz proviene de la voz quechua “Chacu”, que significa “cacería” o “lugar propicio para la caza”.
La primera expedición militar organizada expresamente para ejercer el pleno dominio soberano sobre esos territorios, cruelmente asolados por los aborígenes de la región, se realizó en 1970, al finalizar la guerra con Paraguay y concluyó en 1917, cuando  se dio por finalizada la misma, habiéndose logrado el objetivo perseguido, pacificando a las tribus beligerantes

Antecedentes

Entre mediados del siglo XVII, durante la época de la conquista emprendida por la corona española, hasta 1872, ya durante el ejercicio de la soberanía de esos territorios por parte del Gobierno Nacional Argentino, se firmaron nueve tratados de paz con los indígenas y todos fueron solamente papeles sin valor, pues, ya sea por la mendacidad de las autoridades nacionales, o por la intransigencia o desconfianza de los aborígenes, ninguno de ellos, tuvo un efecto muy duradero. Ellos fueron:
  • 1662: Tratado de paz entre los indios tocagües y vilos y Santa Fe
  • 1710: Tratado entre el gobernador URIZAR y los malbalaes
  • 17??: Tratado entre el gobernador URIZAR y los lules
  • 1774: Tratado de paz entre el gobernador MATORRAS y Paykin
  • 1822: Tratado de paz entre Corrientes y los abipones
  • 1824: Acuerdo perpetuo entre Corrientes y los abipones
  • 1825: Tratado de paz entre Corrientes y los indígenas  chaqueños
  • 1864: Convenio entre el gobernador correntino FERRÉ y los caciques chaqueños
  • 1872: Tratado de paz entre el Gobierno Nacional y el cacique CHANGALLO CHICO
  • 1875: Tratado de paz entre el Gobierno Nacional y el cacique LEONCITO

Solamente la creación del primer Cuerpo de Blandengues de la frontera de Santa Fe (1724/1726), prácticamente puso fin por un largo período, a la presión de las tribus chaqueñas sobre esa castigada ciudad y desplaza los malones hacia otras poblaciones limítrofes, donde continúan con sus actos de vandalismo recibiendo la consecuente réplica por parte de las milicias locales.
Transcurren así poco más de 56 años (1724/1780), de acción y reacción, de ataques y contraataques, caracterizados por las operaciones de represión contra un enemigo escurridizo, limitado en sus correrías al sector comprendido entre el río Paraná y las estribaciones cordilleranas andinas y en medio de un cerco, cada vez más denso, de fortines, guardias, misiones, reducciones y poblados.
Los primeros proyectos de actividades militares ofensivas en estas tierras, reconocen como antecedente, la política enunciada en 1679 por el virreinato del Perú, cuando propuso a las fuerzas españolas asentadas en Buenos Aires, Tucumán y Asunción, actuar en conjunto contra los bastiones aborígenes. La idea se concreta con el inmediato apoyo que brinda el gobernador de Buenos Aires, BRUNO MAURICIO DE ZABALA, quien comisiona al Maestre de Campo FRANCISCO JAVIER ECHAGÜE a “entrar” al Chaco, quien culmina su acción con la  primera paz que se acuerda con los belicosos abipones y mocovíes en 1729 (“Paz de Echagüe”).
Rápidamente los colonos fueron animándose a marchar hacia esas tierras ahora en paz y así la expansión poblacional va cercando a los aborígenes hacia zonas más alejadas, donde no llega la acción civilizadora del blanco por lo que vuelven a dedicarse al pillaje y al saqueo en esos desprotegidos territorios.
Es por ello que, por ejemplo, desde Tucumán en 1731 se operó durante cuatro meses bajo el mando de su gobernador MANUEL FÉLIX DE ARECHE, que con una fuerza compuesta por 1.000 soldados, les impone una nueva paz (“Paz de Areche”), a los nativos, que lejos de respetarla por mucho tiempo, se lanzan a nuevos ataques produciendo una nueva marea de malones hacia todos los rumbos, barriendo las cuatro fronteras. En Salta los “chirigüanos baten a las milicias y asesinan a 300 pobladores, arrean gran cantidad de ganado y resisten denodadamente los contraataques que sobre ellos llevan MATÍAS DE ANGLES GORTARU y LIZARAZUY, desde Tucumán y de FÉLIX DE ARECHE desde Salta, generando un caos que conmueve íntegramente la orilla occidental del Chaco durante largos meses (1735/1739).
En 1734. Mientras Santa Fe renueva sus tratados de paz con los abipones y los mocovíes (“Segunda Paz de Echagúe), caen los malones sobre Salta (1735), sobre Tucumán (1736/1736/1737), y sobre Corrientes (1738/1739), donde saquean e incendian los enclaves de Utaty, Ohoma y Santiago Sánchez. En respuesta, el gobernador de Tucumán, JUAN DE SANTISO Y MOSCOSOS, cae sin piedad sobre los matacos (1739 y 1741) obligándolos a convenir una paz definitiva, fijando una línea de separación interna (“Paz de Santiso).
Desde Corrientes, la inestable situación, mueve su gobernador, FELIPE DE CEBALLOS a incursionar en dos oportunidades (1744 y 1745) al Chaco paranaense, pactando con sus dos principales caciques el cese de las hostilidades (“Paz de Ceballos”) al tiempo que, desde el reborde santiagueño, el misionero jesuita DIEGO DE HORBEEGOZO, al amparo de las “paces de Echagüe” reúne aborígenes y españoles y concreta la “Paz de Añapiré” en 1747, dando así nacimiento a los poblados de “San Jerónimo del Rey” (1748) y “Purísima Concepción” (1749).
Ante el éxito que significa la instalación de nuevas y más pobladas “reducciones”, debido a la paz lograda en esos territorios, el gobernador de Tucumán, JUAN VICTORINO MARTÍNEZ DE TINEO, abastece de ganado e implementos agrícolas a las tribus que se avinieron a vivir en paz, funda con familias Tobas “San Ignacio de Ledesma y decidido a poner fin al estado de guerra que proponen los guerreros “mbayaes”, los combate  con milicianos de La Rioja, Salta, Jujuy y Tucumán.
Finalmente, a mitad del siglo XVIII (1750), la historia se inclina decididamente hacia el equilibrio y comienza una época que promete una paz duradera. Se inauguran muchas nuevas reducciones, con el ingreso de muchos de los “hostiles de antaño”, se completa la cadena de fortines, se instalan nuevas misiones, algunas tribus comienzan a comerciar, mediante el trueque con las poblaciones vecinas “blancas” y adoptan sus prácticas agrícolas, la obra catequizadora de los religiosos comienza a dar sus primeros frutos.
Un rebrote de la violencia encabezada por las comunidades tobas, mocovíes y vilelas, decide al gobernador de Tucumán, JOAQUÍN ESPINOSA Y DÁVALOS a llevar una expedición punitiva contra éstos (1758/1759), logrando reducirlos y a partir de entonces, la masa de la población aborigen del Gran Chaco (196.584 individuos), se llama a sosiego.
Pero en 1767 se produjo un lamentable hecho que tiró  por tierra todos los avances logrados en la búsqueda de una convivencia en armonía y en paz con los naturales: la expulsión de los jesuitas de los territorios de América pertenecientes a la corona española, trajo nuevamente la tragedia de la guerra a estas tierras.

La expulsión de los jesuítas

Si bien el asentamiento de las misiones jesuíticas, se mide en términos de una trascendente asistencia moral, religiosa y material a los aborígenes, no son menos importantes los servicios de todo orden que los ejércitos de nativos, prestaron a la corona española:  Desalojando de portugueses la Colonia de Sacramento (1680), defendiendo Buenos Aires contra piratas dinamarqueses (1700), reprimiendo rebeliones en territorios de los charrúas (1702), desalojando por segunda vez a los portugueses de la Colonia del  Sacramento luego de ocho meses de campaña formando parte de un ejército de 4.000 hombres (1704), despejando de enemigos las vaquerías próximas (1718) y hasta defendiendo la propia ciudad de Montevideo.
Empero, el desafortunado “Tratado de Permuta” (1750) comprometió a  España a canjear las florecientes Misiones  Orientales por la decadente Colonia del Sacramento que estaba en poder de Portugal, trueque que las comunidades indígenas rechazaron, desencadenando la llamada “guerra guaranítica” (1754 a 1756), contienda en la que las fue combinadas hispanolusitanas,  impusieron sangrientamente el cumplimiento del pacto luego de las batallas de Bacacay (7 de febrero de1766) y Caibaté (10 de febrero de 1766), provocando la masiva huida de las misiones, grandes contingentes de aborígenes,
Un censo realizado en esa época dará una idea cabal de este fenómeno: en 1767, en las misiones había 88.864 indígenas; en 1772, eran 80.351; en el año 1785, 70.000; en 1779, 54.388 y ya en 1801, quedaban solamente 42.885. Algunos grupos se unen a los charrúas, al sur; otros a las indiadas chaqueñas, que al mando de los siempre temibles abipones, desatan la “gran ofensiva”, con centro de gravedad hacia Santa Fe, cuyas reducciones se ven obligadas a reubicarse en el sur. Quedan en pie, solamente la de San Javier, Las Garzas (con aborígenes de S Fernando), San Pedro e Insipín, en el sector  meridional; Miraflores, Balbuena, Pitos, Santa Rosa, Macapillo y Petacas, al norte del  río Salado; y Apa, Asunción y Bordón, en región boreal.
Dentro de la confusión que genera esta nueva situación, se destaca la renovada fiereza y la continuidad  de los ataques de los malones hacia tierra santafesina, hostilizada, saqueada y devastada en 1776, 1778, 1784, 1786 y 1788, mientras una relativa estabilidad en la línea del altiplano,  había permitido realizar los primeros intentos serios de penetración al corazón del Gran Chaco.
En efecto, el gobernador JERÓNIMO MATORRAS y su maestre de campo FRANCISCO GABINO ARIAS —como JOSÉ MANUEL FERNÁNDEZ CAMPERO y MIGUEL DE ARRASCAETA lo habían hecho en 1764— partieron de San Fernando del Río del Valle (1774), penetran profundamente en las tierras vírgenes y firman con gran pompa el primer tratado de amistad con  los aborígenes más irreductibles, los tobas y los mocovíes de LACHIRIKIN y PAIKIN (“Paz de Lacangayé” o “Paz de Matorras”), mientras otras tribus estallan en rebeldía (1778 y 1779) y vuelven a acosar a los establecimientos rurales hasta que la situación comienza a estabilizarse en la llamada “línea del norte”.
Igual situación se vive  en la “línea Sur”. Los abipones atacan la reducción charrúa de Cayastá y el gobernador MELCHOR ECHAGÜE Y ANDÍA encabeza tres largas campañas de represión que dejan los campos de labranza abandonados, arruinados los sembrados y disperso el ganado por todo el territorio santafecino.
Es entonces que en el Alto Perú estalla la  revolución de Tupac-Amarú (4 de noviembre de 1780) y la derrota y posterior martirio del líder aborigen, parece sosegar el ánimo belicoso de los indígenas, mientras llega el perito FÉLIX DE AZARA para demarcar los límites y el “bolsón indio” se va estrechando  cada vez más.
Durante la última década del siglo XVIII  se producen nuevas sublevaciones, pero éstas son cada vez más espaciadas y los malones ya no llevan la inmensa cantidad de guerreros que llevaban otrora, por lo que así, la “civilización blanca”, con la instalación de nuevos fortines,  va ganando terreno y se afianza su control en estos territorios.

La Revolución de Mayo

El estallido independista, modifica sustancialmente el sistema ofensivo-defensivo y el aborigen comienza a participar en la gesta libertadora, depone las armas y se une al blanco, ya como su aliado.
Pero resabios del antigüo odio a los “blancos” generado entre sus antepasados por los españoles, exacerbado ahora por la mendacidad de los gobiernos rioplatenses, que no cumplen con los compromisos que asumen ante las comunidades indígenas, llevan a los aborígenes a una nueva “guerra contra el blanco” blanco” y renueva sus devastadores ataques a los poblados y establecimientos instalados en los territorios llamados el “Gran Chaco”, del que participan las provincias argentinas de Chaco, Formosa, Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero, San Luis y Tucumán.
Los hechos posteriores a la Revolución de Mayo, cancelaron absolutamente todos los planes, proyectos y decisiones que no se vincularan con ella. Era la única prioridad que concitaba las autoridades de los territorios recientemente emancipados y todos los esfuerzos y medios con que se contaba, fueron puestos a disposición de este gran compromiso que habían asumido los revolucionarios y el pueblo de Buenos Aires: lograr el reconocimiento y la adhesión de los gobiernos vecinos, para esta gesta libertaria.
Así fueron pasando los años, sin que la preocupante situación que se vivía en la tierra chaqueña, fuera tenida en cuenta, hasta que el gobernador de Buenos Aires, JUAN MANUEL DE ROSAS pone su atención al problema y dispone poner en marcha una acción ofensiva para detener los ataques de los indígenas sobre los pueblos sometidos a un despiadado salvajismo.

Primera ofensiva (1833)

Se realiza contra los “mocovíes”, que ocupaban las zonas de Monigotes y Sunchales y el 25 de marzo de 1833, el comandante MATÍAS DÍAZ, en el combate en la “Laguna de las Tortugas”, Chaco, bate en sus tolderías a los indígenas “abipones”, comandados por los caciques JUAN PORTEÑO, PEDRITO, MANUELITO e HIPÓLITO.

Segunda ofensiva (1834)

Se dirige hacia Cayastá Vieja, en la provincia de Santa Fe.

Tercera ofensiva (1834)

Se realiza contra los aborígenes que hostilizaban los poblados de San Jerónimo (Santa Fe).

Cuarta ofensiva (1834)

Bate las tribus insurgentes que habitaban sobre las márgenes del río Salado.

Quinta ofensiva (1836)

Durante la cual se realiza una batida general hacia las tolderías de los indígenas belicosos y la provincia de Córdoba se suma a este esfuerzo que pretende lograr una paz duradera, pero por el contrario la lucha por la posesión de estas tierras, se renueva.
Luego de este intento, poco y nada se hace para solucionar el problema. Los ataques de los aborígenes continúan sin que las autoridades locales puedan hacer algo para detenerlos,  ya que no cuentan con los medios necesarios para hacerlo y el gobierno de Buenos Aires, se muestra impedido de ir en ayuda de ellos, bloqueado como lo estaba, por una situación interna explosiva, como lo fueron los enfrentamientos contra el caudillaje y las guerras civiles que oscurecieron durante muchos años a la Historia de la Argentina
14 de junio de 1870
Finalizada la guerra con Paraguay,  el gobierno argentino decide iniciar acciones ofensivas para poner fin a las incursiones que los aborígenes de la región, realizaban sobre los poblados y estancias de esos territorios.
Es entonces, que al igual que las campañas llevadas a cabo al sur de la provincia de Buenos Aires,  entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX, en 1870 se pusieron en marcha una serie de acciones militares en el Gran Chaco, con el mismo objetivo que fundamentó aquella: Recuperar esas tierras para la soberanía nacional, dejando ambos territorios expeditos para su ocupación y poblamiento, alejando definitivamente los peligros de una hostil actividad de los pueblos originarios, que rechazaban la presencia del “blanco”, considerando que siendo “dueños de esas tierras”, tenían derecho a defenderlas.
La primera expedición militar se realizó en 1870 al finalizar la guerra con el Paraguay y en 1877 finalizaron las operaciones, habiéndose logrado el control de todo el territorio, una vasta región comprendida entre los ríos Pilcomayo, Paraguay, Paraná y Salado, que se hallaba habitada por los Guaycurúes, Mocovíes, Tobas, Pilagáes, Matacos, Mataguayos, Wichis, Chorotes , Chulupíes, Vilelas, Tonocotés, Tapietés , Chanés y Chiriguanos.
La campaña al Gran Chaco provocó la muerte de millares de indígenas, pero con una diferencia fundamental con la que se desarrolló al sur de la provincia de Buenos Aires: con la del Chaco, la población autóctona no fue exterminada, rescatándose como su principal logro, el haber permitido la expansión territorial de tres provincias:  Salta, que se expandió hacia el este, Santiago del Estero que avanzó hacia el noreste y Santa Fe, que agrandó su territorio hacia el norte, mientras que como consecuencia  directa de estas campañas, surgieron dos nuevas provincias a mediados del siglo XX, Chaco y Formosa, .
A principios del decenio que comienza en 1880, el “Gran Chaco” se encontraba definitivamente repartido entre la Argentina,-que conservaba la parte austral y el Paraguay, que era dueño de la boreal, al norte del río Pilcomayo. El arbitraje del Presidente norteamericano RUTHEFORD HAYES (12 de noviembre de 1878),  había concluido el pleito limítrofe que enfrentaba a ambos países  y los argentinos, una vez entregada la “Villa Occidental”, al país vecino, se habían instalado en la “isla del Cerrito”, capital circunstancial del territorio, hasta que, en 1879, el comandante FONTANA fundó Formosa, donde se instalaría la sede del gobierno
Los progresos del territorio continuaron lentamente. Los pobladores cultivaban mandioca, maní, caña de azúcar y  legumbres y algunos hornos de ladrillo facilitaban el material necesario para la construcción de viviendas. Funcionaban tahonas y trapiches para la industria de la alimentación  y el comercio de la madera, cada vez más intenso,  representaba la base más sólida (y a largo plazo, la más predatoria)  de la riqueza chaqueña. Quedaba, eso sí, un problema por resolver: el indio, que había vuelto a sus prácticas de asalto y robo a los poblados.
Los acontecimientos ocurridos por esos años en los territorios del sur argentino,  no dejaban muchas dudas sobre la suerte que correrían los aborígenes chaqueños: serían acorralados y exterminados. Algunos se incorporarían a las reservas, otros integrarían la mísera mano de obra de los obrajes. La supervivencia del  más fuerte era un dogma implícito en la Argentina de los “80”  y nadie iba a enternecerse por el destino que aguardaba a “los salvajes del norte”, cuya fama de indómitos, por otra parte, venía desde la época colonial.

Cronología de los hechos más trascendentes durante la Campaña al Chaco

Antes de la década de 1870, ya se habían  desarrollado algunas campañas militares en el territorio del Chaco.  Estuvieron a cargo de NAPOLEÓN URIBURU y MANUEL OBLIGADO, quienes peinaron el territorio en dirección este-oeste y viceversa. Una de estas marchas fue protagonizada por el comandante FONTANA, quien procuró unir las ciudades de Corrientes y Salta, debiendo enfrentarse innumerables veces con partidas de indígenas que lo obligaron a batirse con vigor, perdiendo uno de sus brazos en el combate de “La Cangayé”, librado en el centro de los territorios en disputa.

1º de marzo de 1866

El comandante militar de “La Carlota, provincia de Córdoba, JACINTO QUIRÓS, sale en busca de una partida de indígenas que había entrado en la provincia por “los Barriales” y los enfrenta en un paraje ubicado entre Algarrobos y La Carlota y los pone en fuga

16 de abril de 1870

El teniente coronel NAPOLEÓN URIBURU, salió de Jujuy con 250 hombres montados en mula, pertenecientes a un regimiento que había formado con reclutas de Salta y Jujuy y destinado a la frontera de Orán. Pasó por La Cangayé, la antigua reducción de Nuestra Señora de los Dolores que había sido fundada en 1781y abandonada en 1793 cerca de la unión de los ríos Teuco y Bermejo, continuó costeando el Bermejo y luego se internó en el Chaco hasta alcanzar el río Paraná frente a Corrientes luego de 1.250  km. recorridos en 56 días. Sometió a once caciques y miles de indígenas que fueron destinados a la zafra de la caña de azúcar y reconoció un camino hacia Corrientes. Durante esta campaña, un destacamento expulsó a un escuadrón boliviano que incursionaba en territorio argentino.

03 de junio de 1866

El comandante interino de la frontera norte, coronel MATÍAS OLMEDO, sorprende en su toldería a la tribu de los caciques TOMÁS NOVIRI y RAFAEL ALEZORE y los obliga a huir

26 de febrero de 1871

Partió de Buenos Aires el barco “Sol Argentino”,  que realizó la exploración del río Bermejo hasta la provincia de Salta y regresó luego a Buenos Aires en febrero de 1872. Durante este viaje se produjeron numerosos enfrentamientos con indígenas.

31 de enero de 1872

El presidente DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO creó el Territorio Nacional del Gran Chaco, estableciendo como su ciudad capital a la Villa Occidental (hoy territorio paraguayo), siendo su primer gobernador JULIO DE VEDIA.

1872

NAPOLEÓN URIBURU viajó hacia el Chaco para auxiliar al vapor “Leguizamón” que se hallaba varado en el Bermejo, mientras se cumplía tareas de rastrillaje por las costas de ese  río, cuyos poblados vecinos, sufrían ataques de los abipones..

1875

El coronel NAPOLEÓN URIBURU, ya como gobernador del Chaco, atacó las tolderías de los caciques NOIROIDIFE y SILKETROIQUE, derrotándolos. Ese año fue asesinado por los aborígenes el capitán estadounidense SANTIAGO BIGNEY y seis tripulantes de la chata “Río de las Piedras” cuando navegaba por el Bermejo e intentaba comerciar con ellos. Para recuperan la embarcación y otra que la había auxiliado, el 25 de diciembre de 1876 el capitán de marina FEDERICO SPURR ingresó en el Bermejo con la nave Viamonte”, combatiendo en varias acciones contra los tobas, a los que derrotó en Cabeza del Toba. Las dos embarcaciones que habían sido hundidas por los indígenas, fueron recuperadas por Spurr con parte de la carga, arribando a Corrientes el 17 de enero de 1877.

23 de julio de 1875

El comandante LUIS JORGE FONTANA inició un reconocimiento de la entrada del río Pilcomayo, navegando 70 kilómetros por su recorrido.

19 de abril de 1878

El coronel NAPOLEÓN URIBURU realizó una nueva expedición punitiva.

29 de agosto de 1879

El coronel MANUEL OBLIGADO partió desde la ciudad de Reconquista con 150 hombres en misión de reconocimiento y vigilancia y regresó el 12 de octubre, luego de recorrer 750 km, sin combatir con los indígenas.

04 de mayo de 1880

Por orden del presidente NICOLÁS AVELLANEDA, el mayor LUIS JORGE FONTANA, partió de Resistencia con 7 oficiales, 30 soldados, 8 indígenas y 2 rastreadores,  con el objetivo de reconocer un camino que uniera Corrientes con Salta. Luego de 104 días de marcha, llegó a Colonia Rivadavia, en la provincia de Salta. Luego de  recorrer 520 km bordeando el río Bermejo y dejando abierta una picada en el monte. Durante el transcurso de esa marcha, derrotó a un grupo de tobas que lo superaban en número en un combate en el que perdió un brazo, acción de la que informó mediante el siguiente telegrama que le envió al Presidente Avellaneda: “Estoy en Rivadavia. Queda el Chaco reconocido. He perdido el brazo izquierdo en un combate con los indios, pero me queda el otro para firmar el plano del Chaco que he completado en esta excursión”.

 20 de mayo de de 1881

El coronel JUAN SOLÁ Y CHAVARRÍA partió al mando de una fuerza compuesta por 9 oficiales, 50 hombres de tropa y 3 voluntarios desde el fuerte de Dragones en la provincia de Formosa,  con el objetivo de reconocer el interior de la zona entre el Pilcomayo y el Bermejo hasta el puerto de Formosa, mientras que con su presencia, eficazmente disuasoria, brindaba protección a las poblaciones ribereña. Desde el Fortín Belgrano costeó luego el Bermejo y ante su demora en llegar a destino, el gobernador del Chaco, coronel BOSCH, envió 100 soldados en su búsqueda. El 3 de septiembre, el coronel SOLÁ alcanzó la localidad de Herradura y desde allí, viajó de regreso por barco hasta Formosa.
En todos los casos, estas campañas, emprendidas  con medios precarios, en las que los inconvenientes (como lo señala el historiador militar FÉLIX BEST), “se salvaban gracias a una mezcla de audacia y buena suerte”, sin contar que además, se sacaba partido de la merma del valor combativo de los indígenas, a quienes el alcohol, la pérdida progresiva de las regiones boscosas que le daban sustento y el avance inexorable de los blancos en sus tierras ancestrales, producían un efecto desmoralizador.
Factores estos, que no son demérito del “valor desalmado de los salvajes (“Campaña del Desierto” de JOSÉ E. RODRÍGUEZ) y la astucia con que combatieron estos bravos guerreros aborígenes, que casi sin poseer ningún armamento idóneo para enfrentarse con las fuerzas nacionales, las habían combatido en inferioridad de condiciones, durante muchas décadas,  algunos de los cuales, como  LEONCITO, PETISO, CAMBÁ y SALARNEK-ALÓN, han dejado grabado en la memoria de nuestra Historia, el recuerdo de sus hazañas.

19 de abril de 1882

Los tobas y chirigüano asesinaron al médico francés JULES CREVAUX y A once de sus compañeros cerca de La Horqueta, al norte del paralelo 22° S, en el Pilcomayo.

02 de junio de 1882

El mayor LUIS JORGE FONTANA al comando del vapor “Avellaneda” y la lancha “Laura Leona”, exploró el río Pilcomayo en busca de los restos de Crevaux, regresando el 18 de septiembre sin haber  podido  hallarlos.

 11 de junio de 1883

Desde Dragones, en la provincia de Formosa, el teniente coronel RUDECINDO IBAZETA partió al mando de un destacamento compuesto por 135 hombres, con la orden de encontrar a los culpables del asesinato de CRAVEAUX y de traerlos de regreso para ser juzgados.

 29 de junio de 1883

Desde la ciudad de Resistencia, actual provincia del Chaco, el coronel MANUEL OBLIGADO dio cuenta del resultado de su campaña al interior del Chaco contra los indígenas que de tiempo de tiempo hacían sus malones a las poblaciones que se estaban formando al amparo de las autoridades de la Nación. Esta campaña ha sido una de las que dieron mejores resultados; sorprendiendo varias tolderías, consiguiendo arrollar y deshacer los últimos restos de las feroces tribus de “mocovíes”, aprisionando muchos indígenas, arrebtándoles gran cantidad de caballos, mulas, animales vacunos, ovejas y cabras que se habían robado; estableciendo fortines, levantando planos, clasificando bosques. Todo esto luchando contra la inclemencia del tiempo, la ferocidad de los indígenas y las alimañas peligrosas que abundaban por esos lugares.

10 de agosto de 1883

Seiscientos cincuenta indígenas tobas y chirigüanos montados (presumiblemente, los asesinos del doctor CRAVEAUX), atacaron en las riberas del río Pilcomayo, a las fuerzas del coronel IBAZETA, quien logró rechazarlos, causando la muerte de 60 de ellos.

 18 de setiembre de 1883

El teniente coronel IBAZETA  regresa a Dragones luego de realizar una expedición punitiva

1883, 1885, 1886 y 1892

El explorador francés ARTURO THOUAR realizó cuatro expediciones en la zona del Pilcomayo.

Entre  1883 y 1884

Se llevaron a cabo varios avances simultáneos sobre el territorio chaqueño. El historiador ORLANDO MARIO PUNZI ha realizado la crónica de la campaña del comandante IBAZETA contra los “chiriguanos” de Salta -que sirvió para reconocer buen parte del Chaco central- y la de OBLIGADO, que partió de Chilcas, Fortín Inca y Reconquista. Pero estas expediciones, que tenían más de exploraciones geográficas, que de campañas militares, sólo fueron el antecedente de la que se considera definitiva en la incorporación del Chaco a la Nación: la que encabezó el ministro de Guerra, general y doctor BENJAMÍN VICTORIA.

21 de agosto de 1884

Acompañado por el naturalista e ingeniero hidrólogo OLAF J. STORM, salió de Formosa una flota al mando del sargento mayor de marina VALENTÍN FEILBERG conformada por la bombardera “Pilcomayo”, el remolcador “Explorado”, la lancha a vapor “Atlántico”, la chata “Sara” y  otra más pequeña con la misión de explorar el río Pilcomayo y establecer un fortín en su boca. Este Fortín, llamado  “Coronel Fotheringham”, fue la base de la actual ciudad de Clorinda. Exploraron luego varios brazos del río hasta cerca del Salto Palmar y regresaron a Buenos Aires el 14 de abril de 1885.

17 de octubre de 1884

El general BENJAMÍN VICTORICA, ministro de guerra y marina del presidente JULIO A. ROCA, encabezó una expedición con el objetivo de llevar la frontera con los indígenas del Chaco hasta el río Bermejo, estableciendo una línea de fortines que llegara hasta Salta.
Con su campaña, VICTORICA se proponía llegar hasta el río Bermejo y unir definitivamente el litoral paranaense con el altiplano, contando con la guía de dos exploradores de gran experiencia que acompañaron su marcha: El comandante FONTANA en el Chaco central y navegando el río Pilcomayo y VALENTÍN FEILBERG, un marino que, años atrás, había remontado el río Santa Cruz, hasta llegar al Lago Argentino, en el extremo sur del país.
A tales efectos, cinco columnas partieron desde Las ciudades de Córdoba, Resistencia y Formosa, con la orden de confluir sobre “La Cangayé”, Dos de ellas, debían remontar los ríos Bermejo y Pilcomayo, mientras que las otras tres, constituyendo la reserva de esas fuerzas, integrada con parte del Regimiento de Infantería de Marina, se instalarían en el Fortín General Belgrano. La campaña se realizó entre el 17 de octubre y el 21 de diciembre y en esos dos meses, se lograron todos los objetivos que se habían propuesto.
Se habían reconocido infinitas picadas y senderos, fundándose Fuerte Expedición, Puerto Bermejo y Presidencia Roque Sáenz Peña. El río Bermejo había quedado expedito para ser navegado en todo su recorrido. El desierto verde ya era conocido en sus rumbos principales. En cuanto a los indios, se suponía que ya se habían terminado  los malones sobre las poblaciones de Santa Fe, Santiago del Estero  y Córdoba. La guerra iniciada en el siglo XVII terminaba así con la derrota de los aborígenes, y sólo elementos residuales, mezclados con delincuentes blancos  y mestizos, continuarían trayendo alguna inquietud a los pobladores. De hecho, el último malón ocurriría en 1924.
Conviene destacar que la campaña de VICTORICA no tuvo características épicas. Hubo más pérdidas de ganado que de gente, más accidentes provocados por inconvenientes del clima y del suelo que por encuentros con los aborígenes. El avance resultó más incómodo que peligroso y la preocupación fundamental fue re conocer la fauna y la flora, apreciar las condiciones del suelo, identificar las aguadas y los accidentes geográficos en aquella monotonía de montes bajos, lomadas y esteros. El general IGNACIO FOTHERINGHAM también ha narrado la parte que le cupo en esta empresa, en la que participó como gobernador de Formosa. En su libro dedica largos párrafos a describir las incomodidades provocadas por el calor y los mosquitos, las arañas y las víboras. Recuerda la esterilidad de la tierra, ese lodo calcáreo sobre el que se alzaban los lapachos y quebrachales. Delinea esa guarida de tigres y antas que era la selva chaqueña y enumera los medios de transporte usados: los pies por por empezar, pero además el caballo, la lancha a vapor, los botes y sobre todo los carros y carretas. La naturaleza era el obstáculo más duro; el mismo FEILBERG tuvo que abandonar su exploración del Pilcomayo, al igual que dos oficiales que posteriormente, también intentaron la empresa, “corridos” por esa “infernal naturaleza”.
Simbólicamente, la marcha de VICTORICA en el norte fue contemporánea de la que en ese momento realizaba el coronel  LORENZO VINTTER en la región austral, que fuera el colofón final de la  expedición de JULIO ARGENTINO ROCA al río Negro. Al norte y al sur de la República, para dejar liberados del terror a esos territorios para su ocupación y poblamiento.

25 de junio de 1885

Zarpó de Buenos Aires el vapor “Teuco” al mando de JUAN PAGE para explorar el río Bermejo, regresando a Corrientes el 3 de octubre.

Agosto de 1885

Una flotilla de tres embarcaciones al mando GUILLERMO ARÁOZ navegó por el río Bermejo, explorando también el río Teuco. La expedición continuó en enero de 1886 hasta el río San Francisco al mando de los subtenientes SÁENZ VALIENTE y ZORRILLA.

19 de septiembre de 1886

Zarpó de Buenos Aires una escuadrilla al mando del capitán de marina FEDERICO WNCELSAO FERNÁNDEZ, compuesta por el vapor “sUCRE” Yy la chata “Susana”, para explorar el río Aguaray Guazú y verificar sus vinculaciones con el Pilcomayo.

23 de noviembre de 1886

El capitán EULOGIO RAMALLO con una partida del Regimiento 12 de Caballería derrota a los caciques SADUA y PITERATY.

 02 de enero de 1887

El alférez ÁNGEL A. HERRERA del Regimiento 12 de Caballería, en el paraje llamado “Conchas” bate a una partida de indígenas.

09 de enero de 1887

El capitán FENELÓN ÁVILA con 20 soldados del Regimiento 12 de Caballería derrota a un malón  que había robado en la “Colonia Las Toscas”.

22 de enero de 1887

El alférez ÁNGEL A. HERRERA con 11 soldados del Regimiento 12 de Caballería, ataca una toldería de indígenas que habían estado de correría, logrando rescatar 3 cautivas y numeroso ganado.

27 de enero de 1887

El capitán FENELÓN ÁVILA, sale al mando de un destacamento del Regimiento 12 de caballería en misión de vigilancia de los territorios al sur de la línea del Bermejo y al llegar a “Riacho de Oro”, logra batir a una importante partida de indígenas guerreros que se resistían a dejar las armas.

 1889

Campaña del Lorenzo Winter. Se pone en marcha para proteger poblaciones asentadas en Santa Fe y en las márgenes de los ríos Paraná y Paraguay, contra indígenas y bandoleros aliados para cometer fechorías.

 12 de marzo de 1890

Los barcos “Bolivia” y “General Paz”, iniciaron una nueva exploración del Pilcomayo al mando del capitán de fragata Juan Page, que murió durante el viaje, explorando el Brazo Norte.

1º de setiembre de 1899

El general LORENZO VINTTER, inició una campaña militar en el Chaco austral al mando de 1.700 hombres de la División de Operaciones del Chaco, formada por un batallón de infantería, cinco regimientos de caballería y un regimiento de artillería. Se intentó convencer pacíficamente a los indígenas de que debían someterse, pero se realizaron varios combates y la línea de frontera fue establecida en el río Pilcomayo. Se crearon puestos militares avanzados comunicados por telégrafo y un camino. La campaña concluyó con la ocupación militar efectiva del Chaco argentino, que se realizó con escasa resistencia indígena.

Campaña al Chaco. Tropas al mando del Cte Astorga, entregan pilchas y lanzas a indígenas lugareños, Ca 1895

 1907

Se crea la División  Caballería del Chaco. Con la intención de ocupar paulatinamente todos los territorios afectados por la hostilidad de los aborígenes, tratando de pacificarlos y de llevar la zona de seguridad hasta el río Pilcomayo
1911
Creación de de las “Fuerzas en Operaciones del Chaco”. Con el objetivo de eliminar la frontera interior existente, llevándola hasta el Pilcomayo
1914
Es disuelta la División de Caballería del Chaco, quedando a cargo de las últimas operaciones en la zona,  el Regimiento 9 de Caballería.
31 de diciembre de 1917
Así concluye prácticamente la “Campaña al Gran Chaco”, ya que hasta 1919 y más adelante, aún, sólo se registrarán pequeños ataques aislados y sorpresivos, ejecutados por bandas de indígenas (no siempre argentinos) y vagabundos que hostilizaban a los fortines de frontera, conducta que adquiere su máximo dramatismo en el caso del “Fortín Yunká” (19 de marzo de 1919), a cuyos atacantes se los considera como el último malón (ver “La tragedia del Fortín Yunká” en Crónicas)
PUEBLOS ABORÍGENES INVOLUCRADOS EN ESTAS ACCIONES
Muchas eran las tribus pertenecientes a distintas etnias las que habitaban la región en la época que nos ocupa, pero no todas participaron en las acciones que se desarrollaron durante la “Campaña al Gran Chaco”, por lo que consignaremos a continuación, las que tuvieron una más activa participación en dicho evento.

Abipones

Tenían su “hábitat” en la ribera norte del río Bermejo inferior. A comien
zos del siglo XVIII adoptaron el caballo y se dedicaron a la depredación, atacando las estancias y las ciudades de los españoles.

Chirigüanos

Pueblo originario del noreste de la provincia de Salta, se vieron involucrados en la lucha contra el hombre blanco, arrastrados por sus “hermanos” del sur de esa provincia, los “vilelas”, que por ser más combativos, estuvieron más dispuestos para defender lo que consideraban su tierra, por derecho de nacimiento  y su modo de vida.

Mocovíes (de la etnia de los guaycurúes)

Aliados de los abipones en sus correrías, originariamente vivían en las fronteras del antigüo Tucumán y contribuyeron en gran medida con la destrucción de “Concepción del Bermejo” y en los ataques que se llevaban a cabo sobre Salta, Tucumán, Santiago del Estero y Córdoba. Alejados de esos centros de población por la expedición que ESTEBAN DE IURIZAR Y ARESPACOCHAGA llevara contra ellos en 1770,  se dedicaron a hostilizar poblaciones y estancias de Santa Fe.

Matacos

Vivían al oeste de Chaco y Formosa y este de Salta. Tenían una agricultura muy rudimentaria. En sus ataque a poblados utilizaban lanzas y “macanas” (un temible garrote hecho con madera dura, quizás quebracho, árbol nativo de la zona). Cuando llegaron los españoles, se dedicaron casi exclusivamente al asalto de sus instalaciones.

Pilagaes (de la etnia de los guaycurúes)

Habitan en la parte central de la provincia de Formosa, sobre la margen derecha del río Pilcomayo, en las zonas anegadizas del estero “Patiño”. Son los únicos de la familia de los  “guaycurúes” que todavía tienen una importante cultura autóctona

Sanavirones.

Habitaban el bajo río Dulce y en la cuenca de Mar Chiquita, hasta el río Primero en territorios que hoy ocupa la provincia de Córdoba y desde allí hostilizaban  a sus vecinos, los “comechingones”  hasta que llegados los españoles, comprobando que con ellos obtenían
mejores botines en sus correrías, se dedicaron a atacar y a saquear sus poblaciones.

Tobas (de la etnia de los guaycurúes)

Ocupaban originariamente  el territorio que hoy ocupa la provincia de Formosa; después se replegaron hacia el este, extendiéndose luego hacia el norte y el sur. En el siglo XVIII también adoptaron el caballo y así aumentó su peligrosidad, pues como hábiles jinetes, les resultó muy conveniente la velocidad con que sus montados  les permitían ataques relámpago a estancias y poblados de esos territorios

Vilelas

Habitaban el sudeste de Salta. Se distinguieron por su fierez y valor en el combate y en varias oportunidades derrotaron a las tropas españolas que intentaban penetrar en su intrincado territorio. Con la incorporación del caballo, como su arma de combate más eficaz, se transformaron en hábiles jinetes y con la lógica mayor movilidad que les daba ir montados, sus ataques al hombre blanco, se hicieron más profundos, audaces y repetidos. Son hoy un pueblo cuyos escasos descendientes viven en las provincias del Chaco, Santiago del Estero, junto a pequeños grupos emigrados a Rosario y el Gran Buenos Aires

CÓMO COMBATIR EL INDIO EN LA FRONTERA NORTE.

Por considerarlo de interés, recordamos que la expedición al río Pilcomayo, efectuada por el gobernador intendente de Potosí, FRANCISCO DE PAULA SÁENZ, le sirvió a este, para producir un informe sobre los resultados de su expedición, acompañado por una serie de conclusiones, que según su criterio, deberían ser tenidas en cuenta para combatir con éxito a los indígenas hostiles. Dice al respecto en su informe del 21 de mayo de 1805:  “Es necesario tener en cuenta que la preparación y ejecución de una excursión contra los indígenas del Chaco, deberá afrontar serias dificultadas, fundamentalmente presentadas por factores geográficos. Es de capital importancia entonces realizar exploraciones previas y empleando pequeñas unidades de tropa, conocedoras del terreno y de las tribus que lo ocupaban; preparar detalladamente la zona de operaciones, de manera tal que los  operativos de la lucha contra los indígenas, se realicen contando con la debida organización, el necesario equipo y el suficiente adiestramiento de la tropa a emplear. La escasez de soldados y la falta de un equipamiento militar adecuado resulta menos peligrosa que la carencia de agua o abastecimientos. Por ello debe insistirse repetidamente en el aprovisionamiento de ganado vacuno y caballar, enviándolo  por remesas, previamente concertadas con las guarniciones  instaladas en tierras de indígenas o reunido luego de atacar los pueblos hostiles que se encuentren  en el camino. Ir penetrando en territorio indígena mediante etapas sucesivas para afianzarse en el terreno conquistado y abastecerse convenientemente para las próximas etapas. Utilizar, en lo posible, la vía fluvial y poseer un depósito de víveres siempre en las cercanías de las columnas. En nuestro caso,  el centro de abastecimiento fue el Fuerte de San Luis. Medir las jornadas diarias de marchas por la presencia de agua y pasto en primer término. Por ello, el indio quema siempre los pastos. Contar siempre con la presencia de indios aliados y baquianos. Arrasar con los pueblos hostiles para luego de quemar las casas buscar los “troges” de maíz, que muchas veces han sido enterrados y apoderarse de todos los animales que se encuentren como gallinas patos, etc. además del ganado caballar o vacuno  que posean. Dentro de la táctica operativa indígena,  además de la quema de los pastizales,  está también el retiro inmediato de sus muertos en batalla,  para evitar que el enemigo conozca el alcance del daño efectuado entre las filas de la indiada” Finalmente opina sobre la táctica operativa que será conveniente aplicar en la guerra contra los indígenas, diciendo que “se deben realizar ataques rápidos y decisivos y no efectuar operaciones prolongadas y  lejanas, dificultadas por las posibilidades de abastecimiento”.

Gran parte de este material ha sido extraído de una nota titulada “La conquista del Chaco” publicada en el Anuario Nº 1 del año 1983, de la Revista “Chasque del Desierto”, obra a la que nos permitimos sugerir que se recurra, para ampliar y mejorar esta información 

sábado, 29 de diciembre de 2018

Crisis del Beagle: Cómo lo vivió la sociedad argentina

En pie de guerra con Chile: ¿Cómo lo vivió la sociedad argentina?

Autor: Diego Istúriz | La Tercera




Cuatro historiadores argentinos rememoran los días más difíciles de un conflicto inesperado.

Primero reinó la indiferencia. Luego la incredulidad. Por último el temor. A fines de 1978, el clima social en Argentina fue cambiando a medida que la guerra con Chile por las tres islas (Nueva, Picton y Lennox) al sur del canal de Beagle iba convirtiéndose en una posibilidad concreta. Quienes vivieron aquellos días de tensión aseguran que la hipótesis del encuentro armado resultaba inadmisible para una parte mayoritaria de la población argentina.

 Sin embargo, el régimen militar de Jorge Rafael Videla no estaba dispuesto a aceptar el laudo británico de 1977 que reconocía la soberanía de Chile sobre el archipiélago. A partir de ese fallo, la tirantez entre ambos gobiernos comenzó a crecer, pese a los reiterados intentos por acercar posiciones. Así fue como el choque, lentamente, se convirtió en el único camino posible. Con las tropas listas y una fecha fijada para el ataque argentino, nada parecía evitar el peor final.

“No sé si existe en la historia el caso de otra guerra que haya sido cancelada a último minuto. Lo que sucedió fue verdaderamente milagroso. Quizás la creencias religiosas de Videla tuvieron peso cuando recibió la indicación del Vaticano para frenar sus planes”, recuerda el escritor e historiador Pacho O´Donnell, quien vivió el pleito desde España, exiliado. “Mientas tanto, la sociedad argentina se dividía entre el repudio a la batalla por unas islas que nadie conocía y el impulso de la glándula patriótica para defender el territorio nacional”, añade.

El historiador Luis Alberto Romero, nacido en Buenos Aires, reconstruye aquellas horas cargadas de incertidumbre. “A fines de 1978, el Beagle era un tema de conversación en las calles. No recuerdo haber escuchado algún comentario favorable ni brotes de entusiasmo nacionalista. Sólo había miedo ante la irresponsabilidad de los militares, sobre todo por la independencia de algunos jefes como el general Luciano Benjamín Menéndez. Por eso la mediación papal del 23 de diciembre fue recibida con gran alivio”, recuerda.

Una patrullera trasandina en el canal Beagle.

¿Por qué la disputa generó un rechazo casi absoluto, en contraste con el fervor popular de la guerra de Malvinas, en 1982? Romero explica que los argentinos tienen “una sensibilidad profunda sobre Malvinas y una idea más genérica sobre otras cuestiones limítrofes, las cuales parecen más técnicas que entrañables. Los sentimientos de hostilidad hacia Chile, a mi parecer, son mínimos e irrelevantes. La paranoia nacionalista de nuestra sociedad se concentra en Malvinas”.

El autor del libro De Chapultepec al Beagle: política exterior argentina 1945-1980, Archibaldo Lanús, considera que la pelea por las islas del Beagle no merecía llegar a tales extremos. Se trataba, según su perspectiva, de un problema acotado, sujeto a interpretaciones, mientras que “la sociedad estaba abiertamente en contra de una posible guerra con un pueblo hermano”. Lanús asegura que la cúpula del poder militar apeló a un problema externo para exaltar el patriotismo y reforzar su rol de liderazgo político.

El historiador Isidoro Ruiz Moreno agrega un matiz. A su entender existía un sector del pueblo argentino que aceptaba la hostilidad (él mismo tenía esa posición), no porque tuviera simpatía por la guerra, sino por considerar injusto el laudo arbitral de 1977 que confirmaba la soberanía de Chile sobre las islas.

Noviembre de 1984: la paz final

Luego de la mediación papal y del cese del periodo más álgido del conflicto, el poder militar en Argentina comenzó un proceso de severo desgaste que culminó en la derrota de Malvinas en manos de Gran Bretaña. La restauración democrática comenzaría en 1983 con la llegada Raúl Alfonsín, el mandatario que convocó un plebiscito nacional para que la sociedad se pronunciara sobre el Tratado de Paz y Amistad firmado ese año con Chile.

Augusto Pinochet con Rafael Videla, el 30 de enero de 1978.

Los resultados fueron abrumadores. La reprobación social de 1978 fue revalidada por el 80% de la ciudadanía argentina que votó a favor del tratado. Un sector de la oposición política (encabezada por el Partido Justicialista, que en aquel entonces enfrentaba al gobierno radical de Alfonsín) instó a votar en contra, pero más de 10 millones de argentinos fueron terminantes. Así fue como la discusión territorial fue definitivamente zanjada.

martes, 18 de diciembre de 2018

JDP: El fallido ataque de decapitación del régimen del 16 de Junio

Las bombas siguieron cayendo



La niebla cubría Buenos Aires ese jueves frío que anticipaba el invierno cercano. El pronóstico meteorológico publicado en Clarín vaticinaba: “Nublado, probables lluvias ligeras y vientos leves del este”. En Punta Indio los aviones se aprontaban a despegar. El ataque estaba concertado para las 10 de la mañana. Se iba aprovechar una exhibición aérea, un acto de desagravio a la memoria del Libertador antes los hechos ocurridos el sábado anterior, en la peregrinación de Corpus Christi, para atacar la Casa Rosada y asesinar a Perón. El acto estaba convocado para las 12 horas.
Por: Hugo Presman (Artículo publicado en 2005)

Diario Junio



La Argentina estaba visceralmente dividida.

Los conspiradores habían fijado la fecha del magnicidio para el 22 de junio. La certeza de que habían sido descubiertos los llevó a adelantar el ataque para el 16 de junio. Ello originó confusión en sus filas y que no contaran con el único apoyo firme en el ejército, el General León Bengoa, jefe de la tercera división de infantería con asiento en Paraná, Entre Ríos.

Son las cuatro de la mañana del 16 de junio en la base aeronaval Punta Indio. El jefe del ataque aéreo, el Paul Tibbets vernáculo, es Néstor Noriega y arenga a los pilotos sin eufemismos: “Vamos a salir y vamos a bombardear la Casa Rosada. La Casa Rosada, ¿entienden bien, no?

La ciudad duerme envuelta en una niebla espesa. Todo anticipa que no va a ser un día peronista.

Amanece sobre la Casa Rosada

Perón llega a Balcarce 50 a las 6,15 de la mañana. En la nutrida agenda de ese día, está primero un encuentro con el embajador de Canadá y luego el de EE.UU. Cuando está conversando con éste último, llegan las primeras noticias que movimientos sospechosos se registran en Ezeiza. Cuando la audiencia termina a las 8, recibe al Ministro de Ejército Franklin Lucero. Por razones de seguridad, el presidente se traslada al Ministerio de Ejército.

El frío, la oscuridad y la niebla enmarcan un escenario tenso saturado de incertidumbre.

Los conspiradores

El magnicidio golpista tiene como sustento a la Marina y un amplio espectro civil. Radicales, conservadores, socialistas, comunistas nacionalistas. La proclama del golpe fue redactada por el radical Miguel Ángel Zabala Ortiz, luego canciller del presidente Illia y por el conservador Adolfo Vicchi. El triunvirato que asumiría el gobierno se completaba con el socialista exiliado en Uruguay, Américo Ghioldi. Los cinco decretos que confeccionaron con fecha 16 de junio, según Daniel Cichero, autor del libro “Bombas sobre Buenos Aires” fueron: a) Asunción del poder por parte de una “Junta de la Revolución Democrática” b) La intervención a las provincias. Se designaría a los jefes militares de mayor rango como interventores en cada una de ellas c) La intervención de la CGT. d) La liberación de los prisioneros políticos, tanto civiles como militares. e) La imposición de la pena de muerte por fusilamiento a quién resistiera la autoridad de la nueva Junta.

El jefe de la conspiración es el vicealmirante Samuel Toranzo Calderón y su superior inmediato Benjamín Gargiulo, que da vía libre pero no quiere participar activamente.

Cuentan con la complicidad del Ministro de Marina del gobierno, el contralmirante Aníbal Olivieri, que para disimular en un principio su participación se internó en el Hospital Naval el 15 de junio alegando una afección cardiaca. Como premio a sus servicios, después del golpe del 55 fue designado Embajador ante la ONU.

El plan es sencillo: bombardeo de la casa de gobierno y asesinato de Perón. Si sobrevivía a los bombarderos, el grupo de comandos civiles entre los que se encontraban Luis María de Pablo Pardo y Mario Amadeo, luego ministros de Eduardo Lonardi y el eterno divagador en griego y sofista en castellano Mariano Grondona, junto con la Infantería de Marina debían tomar la Casa Rosada y perpetrar el asesinato.

Samuel Toranzo Calderón instaló su comando en el propio Ministerio de Marina, la actual Prefectura Naval a cuatro cuadras de la sede del poder ejecutivo.

Cuadro de situación

El gobierno mostraba algunos síntomas de agotamiento. La crisis del 52/53 parecía superada y se había recurrido a algunas concesiones petroleras a la Standard Oíl de California que la oposición aprovechaba levantando las banderas nacionalistas en forma poco creíble. Eran los mismos que habían caminado juntos, una década atrás, con el embajador norteamericano Spruille Braden El conflicto con la Iglesia permitió reconstruir la Unión Democrática de 1945, a lo que se sumaba el clero que había apoyado a Perón en 1946. Como respuesta al divorcio instrumentado por el gobierno mediante el artículo 31 de la ley 14394 , seguido del intento de separar la Iglesia del Estado, se funda la Democracia Cristiana.

En ese contexto, la procesión de Corpus Christi el sábado 11 de junio congregó una multitud que agrupaba en un llamativo contubernio a verdaderos creyentes, fanáticos chupacirios, agnósticos y ateos.

Al finalizar la concentración se quemó una bandera argentina que fue instigada desde el gobierno.

El enorme apoyo popular con que contaba Perón, fruto de la más importante distribución de ingresos de la historia argentina, de la protección del trabajador y la niñez, del fomento de la industria y de la nacionalización de los servicios y de las riquezas del suelo, contrastaba con errores evidentes en su política hacia la clase media, en su autoritarismo notorio, en su exacerbado culto de la personalidad. Eso permitía que los sectores económicos heridos por el peronismo, contaran con el apoyo de franjas significativas de la clase media, que le daba sustento popular a sus intentos de retrotraer el país a la situación anterior a 1943.

Comfusiones

Obviamente el desfile aéreo programado no se realizó pero una cantidad de pilotos que venían de Mendoza para participar del evento se sumaron al ataque.

Otro hecho fundamental para el éxito del golpe era el apoyo de la VII Brigada de la Fuerza Aérea de Morón. Desde ahí debían partir los aviones para el homenaje y desagravio en la Plaza de Mayo convocado para las 12 horas. Dicha base tenía los modernos cazas a reacción Gloster Meteor que podía desbalancear el conflicto. Durante la mañana, en medio de la confusión reinante, la base fue leal y luego rebelde.

Bombas sobre Buenos Aires

La niebla parecía ser aliada del gobierno. Recién a las 10,30 despegaron los aviones de Puerto Indio. A las 12,45, Néstor Noriega arrojó las primeras dos bombas sobre la Casa Rosada.En tres oleadas separadas por intervalos de horas se arrojaron sobre la Ciudad de Buenos Aires 14 toneladas de bombas, la mitad de las que se utilizaron para destruir Guernica en la Guerrra Civil Española.

Los aviones utilizados por la armada fueron los North American AT6, los Beechraft AT 11 y los patrulleros – bombarderos Catalina. La fuerza aérea empleó los Gloster Meteor y DC3. La Casa Rosada quedó semidestruida, como 18 años más tarde pasó con La Moneda chilena.

Fue el bautismo de la aviación militar argentina. En septiembre, cuando derrocaron a Perón, llevaban pintado en sus fuselajes la leyenda “ Cristo vence”. Un adelanto de la complicidad, 21 años más tarde, de la Iglesia con los terroristas de estado bendiciendo las armas y confortando a los que arrojaban prisioneros vivos al Río de la Plata.

Se atacó además el Ministerio de Obras Públicas, la residencia presidencial conocido como Palacio Unzúe y donde hoy se levanta la biblioteca nacional, el Ministerio de Hacienda, la Plaza de Mayo, el Ministerio de Guerra, la CGT, el edificio de la Policía Federal, Ezeiza.

Bombas que caían sobre trolebuses colmados de civiles. Bombas que estallaban sobre la Casa de Gobierno donde había más de cuatrocientos civiles que por razones ignoradas no fueron evacuados.

Perón se había refugiado en los sótanos del Ministerio de Guerra. Los marinos y comandos civiles que debían tomar la casa de gobierno encontraron enconada resistencia en civiles peronistas armados. En el Bajo, se libró una larga y feroz batalla.Transitoriamente los sublevados tomaron Radio Mitre. Su proclama, entre otras cosas decía: “El tirano ha muerto. Nuestra Patria desde hoy es libre. Dios sea loado. Compatriotas: en estos momentos, las fuerzas de la liberación económica, democrática y republicana ya han terminado con el tirano. La aviación de la Patria al servicio de la libertad ha destruido su refugio y el tirano ha muerto” Hacia las 15 horas el Ministerio de la Marina estaba rodeada de civiles leales armados. El Ministro Olivieri y sus dos ayudantes, Emilio Eduardo Massera y Horacio Mayorga querían rendirse al Ejército y le temían a los civiles que rodeaban el edificio. En las negociaciones participó el General Juan José Valle y el mayor Pablo Vicente. Cuando la tarde moría, treinta y dos aviones y 122 aviadores de la Marina y la Fuerza Aérea descendían en Montevideo en una patética fuga. Gargiulo se suicidaba. Las primeras cifras provisorias arrojaban 229 muertos y 797 heridos. Las cifras definitivas nunca se conocieron. La magnitud de los hechos permite deducir que la cifra de muertos debe ser considerablemente mayor.

A las 17 horas habló Perón donde acusó a la Marina de Guerra como la culpable de la cantidad de muertos y heridos. Dijo textualmente: “Pero lo más indignante es que hayan tirado a mansalva contra el pueblo como si su rabia no se descargase sobre nosotros, los soldados que tenemos la obligación de pelear, sino sobre los humildes ciudadanos que poblaban las calles de nuestra ciudad. Es indudable que pasarán los tiempos, pero la Historia no perdonará jamás semejante sacrilegio”

La noche oscura se iluminó con las iglesias incendiadas. La Curia Metropolitana y a los templos vecinos de San Ignacio, San Francisco, Santo Domingo, San Juan y La Piedad.

Tulio Halperín Donghi, un historiador académico muy considerado y emblema actual de una historia escrita desde los vencedores, le dedica mucho más espacio a la quema de las iglesias que al bombardeo.

Perón dirigió un nuevo discurso a la medianoche que entre otras cosas decía: “Es indiscutible qué toda acción se ha dirigido sobre mi persona, lo que me llena de satisfacción. Porque lamento mucho más lo que ha ocurrido al pueblo que lo que podría ocurrirme a mí.” Y luego trató de despegarse del incendio de las Iglesias: “El gobierno nacional deplora y condena enérgicamente los desmanes que en la víspera cometieron elementos comunistas en diversos sitios de la ciudad......Y repudia estos desmanes en los cuales no se ha respetado siquiera el recinto de los templos religiosos.”

Consecuencas políticas

El 16 de junio significó un triunfo militar y una derrota política. El crimen de lesa humanidad que significó los bombardeos sobre Buenos Aires fue contrarrestado exitosamente por la oposición con la propagandización de la quema de los templos.

Perón primero llamó a la conciliación y abrió parcialmente las radios a la oposición. Efectuó una profunda reorganización ministerial que incluía entre otros a Raúl Apold y Ángel Borlenghi. Este último sindicado como promotor del conflicto con la Iglesia. El primero una prenda de paz hacia la oposición.

Se suspendió por 180 días la convocatoria para la reforma constitucional en la que se trataría la separación del Estado y la Iglesia.

El 15 de julio anuncia la finalización de la revolución peronista y la apertura de la etapa constitucional del gobierno. Textualmente afirmó: “ Yo dejo de ser el jefe de una revolución para pasar a ser el presidente de todos los argentinos, amigos o adversarios”

Ofrece a las autoridades religiosas financiar la reconstrucción de los templos, propuesta que es rechazada.

Estos gestos aumentaron la soberbia de la oposición por lo cual Perón da un brusco giro que incluye su renuncia, el retiro de la misma y el famoso discurso del 5 por 1, pronunciado dieciséis días ante del golpe del 16 de septiembre.

Los civiles armados habían impresionado desfavorablemente al ejército que parcialmente, en un principio, se sumaría al golpe de septiembre.

La violencia irracional de los complotados de junio jugaría a su favor tres meses después. Para el ensayista Alejandro Horowicz: “ Lo de junio fue un ataque pensado como una explícita advertencia de hasta dónde estaban dispuestos a llegar si Perón no renunciaba”

En una carta que el Che le dirige a su madre a pocos días de ocurridos estos hechos criminales, reproducido en el libro de Cichero mencionado le dice: “... es impresionante que la gente llore porque le quemaron su iglesia dominguera, pero le parece la cosa más natural del mundo que revienten la cantidad de “negros” que reventaron. No te olvides que muchos de ellos fueron a morir por un ideal......y que cada “ negro” tenía su familia que mantener, y que los tipos que dejan en la calle a la familia del negro son los mismos que se van al Uruguay a darse golpes en el pecho por la hazaña de machos”

Las bombas siguieron cayendo 

Durante muchos de los años de los sesenta junios siguientes, las bombas que cayeron sobre Buenos Aires siguieron precipitándose sobre todo el país. Son las mismas bombas de junio las que perpetraron los abominables fusilamientos de José León Suárez, el cadáver errante de Evita, la noche de los bastones largos, los fusilamientos de Trelew, el terrorismo de Estado. En el Plan Prebisch de la Revolución Fusiladora está el embrión de losplanes de Álvaro Alsogaray, Federico Pinedo, Adalbert Krieger Vasena, Celestino Rodrigo, Alfredo Martínez de Hoz, Roberto Alemann, Juan Vital Sorouille, Domingo Cavallo, José Luis Machinea, de Ricardo López Murphy, de Domingo Cavallo nuevamente.

En los aviones de la Marina y la Aeronáutica de junio de 1955 con toda la cobertura civil de la Unión Democrática, están los antecesores de otros aviones clonados que arrojaron personas vivas al mar y al Río de la Plata.

En los aviones de la Marina Naval que bombardearon Plaza de Mayo despreciando la vida de sus compatriotas se podían visualizar los campos de concentración de dos décadas más tarde de la cual la ESMA, el Auschwitz argentino, es el emblema del horror de los años de plomo.

Están las bombas presentes en el desmantelamiento del Estado, en la distribución regresiva del ingreso que con el peronismo llegó a que los asalariados pasaran de participar del 50% del Ingreso Nacional al 16% del 2001l. Aquellas bombas llevaban en su interior, los cincuenta y cinco chicos diarios que se morían por causas evitables cuando amanecía el siglo XXI. Estaban implícitos en los veinte millones de argentinos que sobraban en el plan de la dictadura establishment militar que instrumentó Martínez de Hoz. Los sectores concentrados de la economía, los dueños del mercado siempre tienen a mano las bombas concretas que caen de los aviones, los seres humanos arrojados como bombas, o los planes económicos de ajuste, las políticas neoliberales perpetradas y arrojadas desde prolijas oficinas por pulcros funcionarios recibidos en Chicago o Harvard. Las bombas de aquella oscura y neblinosa mañana de junio, aquellos muertos de la histórica Plaza, eran un anticipo de lo que se venía. Los transeúntes, los estudiantes, el oficinista que salía a comer un sándwich, la novia que iba en busca a su compañero, la familia que venía a presenciar el desfile, el taxista, cayeron bajo las bombas criminales. La niebla de junio engendraba la noche y niebla de la dictadura criminal de 1976.

Preanunciaba desde la heroica resistencia Peronista del “ Luche y Vuelve” escrito con carbón en las paredes a la gesta civil de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo en los años de plomo.

Son numerosos los actores criminales de aquella jornada y la de septiembre qué participaron posteriormente desde distintos lugares en los hechos criminales de las cinco décadas siguientes. Todo eso lo sintetizó con notable precisión un cómplice de aquellos acontecimientos: “Se acabó la leche de la clemencia”. Cuando se proscribió la clemencia y se entronizaron las políticas liberales empezó a desaparecer la leche para la infancia, las industrias, el trabajo, el Estado de Bienestar.

En junio de 1955, comenzó el largo invierno argentino que tuvo pocas y reconfortantes primaveras. Esas primaveras a las que hay que consolidar para que sean permanentes y que no nos bombardeen con las bombas de la injusticia.