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jueves, 9 de julio de 2026

Argentina: El origen del Sol de Mayo

 El verdadero origen del Sol de Mayo

Nuestro Sol

El Sol de Mayo es aquella estrella que decora nuestra bandera. Rostro que vemos todas las mañanas, en algún momento de nuestro día. Para los que no son argentinos o uruguayos, el Sol de Mayo es el Sol que está en nuestras banderas.
En el caso de la Argentina la pueden ver en el centro de la misma, sobre la franja blanca y entre las franjas azules. En el caso uruguayo se encuentra en una esquina, conjugando con colores similares. Tiene 32 rayos, 16 rectos y 16 curvos, y porta un rostro masculino centrado; la variante uruguaya varía en la cantidad de rayos.
Escribir sobre ella parece simple, pero es más complejo, pues oculta mucho detrás de su luz. Presenta un gran peso simbólico para nuestros pueblos y su origen sigue siendo centro del debate. Además, su simbología conjuga elementos de muchas épocas, siendo un estudio muy interesante.

Su origen y controversia

La bandera argentina en principio carecía de símbolos; el primer diseño oficial fue creado por Manuel Belgrano, cuatro años antes de que se añada el sol. Esta carencia de símbolos se debe a que se esperaba establecer la forma de gobierno, monarquía o república, para decidir qué se añadiría. Fue en 1818 que el diputado Luis José de Chorroarín propuso que fuese distintivo de nuestra bandera de guerra un sol pintado en medio de la misma. Una vez aceptada la propuesta, se incorporó la imagen del sol diseñado a las monedas.
El símbolo se hizo de uso común en el periodo revolucionario. Se hizo presente en poesías, propaganda, textos y proclamas independentistas, y por esto mismo se difundió por toda la región, popularizándose en Perú, razón por la cual el sol también fue enarbolado por su Ejército Libertador.
La narrativa oficial ha privilegiado la interpretación indigenista. Gran parte de los medios del mismo gobierno argentino comparten la hipótesis del origen nativo americano (del Tahuantinsuyo particularmente). Es importante aclarar que el origen indígena del Sol de Mayo es pura y exclusivamente una teoría realizada por un anarquista español a mediados del siglo pasado, Diego Abad de Santillán, fundamentando que el sol estaba inspirado en el dios incaico Inti, ya que el grabador, Juan de Dios Rivera Túpac-Amaru, era mestizo peruano.
Si bien a primera mano esta teoría parece válida y verosímil, hace falta volver mucho más atrás en el tiempo para encontrarnos con el origen real del símbolo. Estas teorías, por mas poco sustentadas que sean, coinciden mucho con los discursos indigenistas y con tendencia a la Patria Grande que nos encontramos en la actualidad. Es normal ver cómo movimientos políticos que buscan amalgamar la Argentina al resto del bloque latinoamericano con el fundamento del origen indígena trate de afirmar que el Sol de nuestra bandera sea un símbolo indígena.

Origen Heráldico

Un símbolo exactamente igual, un sol de rostro masculino rodeado de rayos rectilíneos intercalados, aparece en el manuscrito Heroica Symbola alrededor del siglo XVI (1551/1557), en la región de Lyon. La presencia de este símbolo similar al Sol de Mayo en tal manuscrito hace que salten las teorías del origen heráldico del símbolo, una de las más fuertes.

Este manuscrito (también llamado Devises héroïques), escrito por Claude Paradin, fue un libro de divisas (una rama de la heráldica) que recolectaba emblemas personales de diversas familias nobles o figuras históricas para representar lemas de vida o hazañas.
Contiene imágenes que pasaron al inconsciente colectivo, como la salamandra de Francisco I, las columnas de Hércules de Carlos V y variaciones del sol radiante. Este manuscrito fue referencia simbólica no solo de las casas de Europa, sino de las nuevas simbologías de América, y estos particulares símbolos podrían haber llegado al Río de la Plata a través de las corrientes masónicas (teniendo en cuenta su tendencia al análisis hermenéutico).
Esta es la hipótesis del origen europeo. Esta afirma que el origen del Sol de Mayo es el escudo de la familia De Solís, la familia del primer europeo en navegar las aguas del Río de la Plata, de tal forma, el primer europeo en pisar suelo rioplatense, la semilla de la civilización que hoy en día enarbolamos como Argentina.

Teniendo en cuenta esta nueva información, fundamentar que el origen del Sol de Mayo es el dios Inti queda corto de argumento, siendo que el único pilar del mismo es la etnia y el origen del grabador.

Origen Jesuita

El sol de la “Compañía de Jesús” es quizá la influencia más directa en el diseño del Sol de Mayo. Los jesuitas fueron los grandes educadores y arquitectos del Virreinato, inspirando académicamente la revolución a través de la doctrina de la soberanía del pueblo.
Volviendo a la bandera argentina, si bien existe la teoría de los colores borbónicos, la devoción de Belgrano por la Virgen es indiscutible. La compañía de Jesús fue la gran defensora del dogma de la inmaculada concepción en América, y la misma que promovía el uso de los colores azul, celeste y blanco como símbolos de pureza mariana mucho antes de que Carlos II creara su orden. Al elegir estos colores, Belgrano podría estar apelando al un símbolo religioso que una tanto a las élites criollas como al pueblo bajo, también educado en las misiones y colegios jesuitas.
Yendo de nuevo al sol, si observamos el arte barroco jesuita en las Misiones, como en las iglesias de Córdoba, vemos que la iconografía solar es casi omnipresente. Los jesuita utilizaban el sol radiante para representar a Cristo o a la Eucaristía.


Esta teoría también puede complementarse con que se haya mantenido la inspiración de la Compañía de Jesús y de la heráldica europea, considerando el diseño de los rayos y el rostro del sol, como pudimos ver en el manuscrito de símbolos y en la heráldica de varias casas europeas. Esta teoría gana peso cuando se considera que el grabador Rivera había sido formado en las tradiciones del Alto Perú, donde la iconografía jesuita era generalizada.


De esta forma, se habrá comisionado el sol en el centro de nuestra bandera no solo por influencia de la familia De Solís, sino también por influencia jesuita, pues el mismo escudo de la orden jesuita de la época, y hoy en día también, cuenta con el mismo patrón de 32 rayos rectilíneos intercalados.
A partir de esta última teoría, se puede tener en cuenta tanto los vínculos entre los jesuitas y los masones para llegar a conclusiones sobre su influencia sobre la configuración del símbolo.

Origen Masónico

Gran cantidad de los padres de la patria pertenecían a logias masónicas o de inspiración masónica. Particularmente, gran parte del Congreso del que Luis José de Chorroarín participaba tenia vínculos con la masonería.
Considerando el peso de la simbología de la luz y la simbología solar para los ritos masónicos, no es descabellado teorizar que la inclusión del sol a la simbología patria haya sido según la voluntad de los masones de la época. Yendo a los personajes principales, Belgrano, San Martín, Paso y Alvear son ejemplos de mentes de la revolución que pertenecían a la masonería o a logias operativas, donde se conectaban con el pensamiento de la época. La más reconocida es la Logia Lautaro.

En el marco masónico, el sol naciente simbolizaba el nacimiento de un nuevo orden iniciático y político: la representación de la libertad iluminando el mundo. En la tradición masónica, el oriente (el este) es el lugar de donde proviene la luz y el conocimiento.
Los masones, al hacer propios muchos de los misterios de culturas ancestrales, hemos tomado parte de ese simbolismo solar de la antigüedad, ya que en el sol y en sus ciclos se encuentra la fuente de vida transmitida por el G:.A:.D:.U:., la vemos en la naturaleza animando la materia sin vida, como cuando germina una semilla y en nosotros la reconocemos como “El Soplo divino”, que hace posible que la luz que esta oculta dentro, pueda brotar iluminando el alma y dando la vida.- Gran Logia de Panamá
El sol naciente de nuestro escudo y bandera, desde la lectura masónica, representa el nacimiento de una nueva nación que sale de la oscuridad del absolutismo monárquico hacia la luz de la “libertad” y la “razón”. Es análogo al sol iniciático, uno de los tres grandes pilares de una logia, representando al Venerable Maestro, que gobierna y anima la logia, como el sol gobierna el día.
Los rayos también tienen un significado desde la masonería: los rayos rectos simbolizan la luz, el intelecto, y los rayos ondulados simbolizan el calor, el corazón y el amor por la humanidad.
No hay registros masónicos (no públicos, por lo menos) que esclarezcan o confirmen el origen masónico del Sol de Mayo, pero teniendo en cuenta la presencia del mismo símbolo en manuscritos masónicos y el peso de la masonería en el gobierno que lo introdujo y en el periodo histórico y desarrollo ideológico de la Revolución, es la teoría más atractiva.

De la historia al arquetipo

Mas allá de si la inspiración fue jesuita, incaica o masónica, la elección del Sol no fue un accidente, sino una declaración de principios, una declaración de destino.
"Febo asoma, ya sus rayos iluminan el histórico convento. Tras los muros, sordos ruidos oir se dejan de corceles y de acero."
Los hombres de mayo, educados, ilustrados en las tradiciones, sabían que fundar una nueva nación requería invocar una autoridad que no dependiera de los reyes de la tierra, sino del orden del cielo. Eligieron el sol porque, consciente o inconscientemente, su realidad metafísica influía en sus imaginarios. Para comprender los símbolos de nuestra patria, y con ellos, la naturaleza de ella, es importante comprender el símbolo central de todos ellos, el sol: la naturaleza misma del poder.
Es innegable en este sentido la influencia de la mitología grecorromana en las elecciones de los padres de la patria respecto a la simbología patriótica. Más allá de la etnia del grabador, la decisión la tomaron los criollos, y no titubearon al alimentar el elemento grecorromano en nuestra simbología más tarde.

Metafísica del Sol, metafísica de la patria

I. El Principio y el Centro
Hablar del Sol es hablar de la primera, absoluta y superior forma de ser. Superior en jerarquía de toda forma de vida, comprender la metafísica del sol es comprender el astro como principio masculino de la vida, como padre de todo y germinador de toda vida. Pero de tantas cosas, ¿qué es?
El sol no es solo dador de toda luz, es centralizador y primer orden, pues todos los ordenes existentes derivan del precedente solar, es decir, es organizador de toda estructura analizable: es el eje inamovible alrededor del cual giran todas las multiplicidades.
Es el revelador, fuente de todo primer conocimiento de la realidad. Sin luz que medie entre nosotros y los mundos, no hay quien distinga materia alguna, ni bien del mal.
II. El Imperio y la Expansión
Sol Invictus es el Primer Imperio, es, por naturaleza, imperialista. No respeta fronteras, invade toda oscuridad y alcanza todo dentro de la capacidad. Es el que establece e inicia la jerarquía, y el que, a través de la constante y eterna lucha contra la forma y la deforma, expande orden, luz, vida, por lo que alcanzan sus rayos.
Sus rayos alcanzan todo lo que puede ser alcanzado, de alguna forma u otra, tarde o temprano. Es la fuente de constante expansionismo, penetrante de forma toda, formador de todo cambio, principio masculino de nuestra realidad. Todas las formas sienten su luz, y, de forma implacable, lo que no está preparado para su poder, perece.
A través de sus rayos, como principio activo, masculino, germina vida de la materia, la cual es pasiva, femenina. Es en conjugación de los principios masculinos y femeninos que se produce la vida.
III. La Legitimidad y el Poder Constituyente
Entonces, es el primer arquetipo de poder. El verdadero poder arquetípico se impone por su propia naturaleza. Se basa en sí mismo y en su estructura interna en relación a lo externo para dominar lo exterior del ser. Es el patrón cósmico que nos enseñó qué significa gobernar, y alrededor de él construimos nuestra naturaleza del poder.
Es el primer poder legítimo, no porque obedezca las normas de lo legitimo, sino porque establece la primera forma eterna de gobierno, da forma a lo que después se construye como legitimidad, en su orden y jerarquización del sistema: primero es el sol, después la legitimidad. No hay forma de que el sol sea ilegitimo.
Como astro, es el primer Poder Constituyente, pues constituye la forma fundamental de todo conocimiento, la forma de todo orden y la base de toda jerarquía, pues es origen de toda vida, entonces, de toda mente.
IV. La Ética Solar: Civilización y Vida
Y como principio de toda forma de ser, la forma mas pura de expresar la vida que nos es dada es ser como su fuente, en constante expansionismo, en constante y eterna exaltación.
No es ser opresores, es ser la fuerza solar que lleve la luz a la oscuridad, la civilización a la barbarie. Gracias al sol, fuente de todo, expandirse es la naturaleza del bien, pues retraerse es morir. El sol es la fuente más pura de energía vital, entonces, forma superior de existencia.
Es supervivencia, pues si no hay sol, si no hay expansión, imperio de la vida, no hay nada.
Mandato de poder
Si nuestra bandera porta este símbolo, este arquetipo, entonces el destino de la patria no puede ser el detraimiento, la obscuridad ni la sumisión. Portar el Sol de Mayo es aceptar el mandato de ser un núcleo, una estrella, irradiadora de civilización en nuestro continente.
No somos una nación nacida para la periferia ni para la sombra. El espíritu de nuestras gentes prueba lo contrario, pues irradian su luz en todos los lares del mundo, porque nacimos bajo el signo del Sol Invictus, del Christo y de toda expansión.
Honrar el símbolo patrio es, en última instancia, encarnar la voluntad solar de expansión, orden y jerarquía. Ser argentinos es tener la obligación moral de brillar.

sábado, 4 de julio de 2026

Guerra Antisubversiva: Los crímenes impunes del terrorismo peronista

Los crímenes impunes de la guerrilla

Haber dejado firme la amnistía a guerrilleros terroristas y no a soldados, policías y magistrados que los combatieron o juzgaron constituyó un lamentable mensaje

La Nación




El juez Jorge Vicente Quiroga, asesinado el 28 de abril de 1974 en Viamonte y Paraná por guerrilleros del ERP Archivo

Miles de crónicas periodísticas, cientos de libros y sentencias judiciales, entre las que cabe destacar la de la Cámara Federal en la causa 13/84 contra los comandantes de las Fuerzas Armadas, nos ilustran sobre los asesinatos, atentados y secuestros realizados por las organizaciones terroristas que, con apoyo y financiamiento cubano y soviético, atacaron al país a partir de los años 60. El tratamiento que le dio y le sigue dando la política y la Justicia Federal a estos crímenes constituye una de las aberraciones más relevantes de la historia argentina.

El presidente Héctor Cámpora, al regreso de la democracia en 1973, dictó un indulto y el Congreso de la Nación una amnistía que alcanzó a centenares de guerrilleros que habían sido procesados y condenados por la Justicia Federal mediante procesos judiciales inobjetables. De este modo, integrantes de Montoneros, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y otras organizaciones terroristas recuperaron la libertad solo para multiplicar su accionar en la guerra revolucionaria tal, como lo señaló la sentencia de la causa 13/84 en pasajes que algunos no quieren recordar. Una vez en libertad, fueron por quienes los habían combatido y por quienes los habían condenado: el juez federal Jorge Vicente Quiroga, de 48 años de edad, fue asesinado mediante una ráfaga de 14 balazos por la espalda, mientras otros magistrados y sus familias fueron atacados y debieron marchar al exilio.

Esos indultos y esa amnistía siguen vigentes para sus autores y amparan miles de asesinatos, de personas notables como Oberdan Sallustro, presidente de Fiat, o del almirante Hermes Quijada, comandante del primer anevizaje en el polo Sur, así como muchos otros nunca homenajeados como el conscripto Hugo Vacca, conductor de un camión del Ejército que en 1971 sufrió un atentado terrorista en el que murió el teniente Mario Casúa y Vacca quedó parapléjico antes de fallecer cuatro años después.


 
Tapas de matutinos italianos donde se le da un amplio espacio a la noticia del asesinato del ejecutivo de Fiat Oberdan Sallustro en Buenos Aires el 11 de abril de 1972 AP

La sentencia de la causa 13/84 identifica, entre 1969 y 1979, un total de 21.462 delitos cometidos por las organizaciones guerrilleras; 1501 asesinatos; 5215 atentados con explosivos; 1748 secuestros; 65 copamientos de regimientos, comisarías y localidades; 215 atentados contra medios de comunicación y otros graves crímenes.

Todos esos asesinatos y mutilaciones que tienen nombre y apellido de víctimas y victimarios, fueron amnistiados por aquellos indultos y amnistías del 73 y luego por la ley de punto final, dictada por el Congreso Nacional durante la presidencia de Raúl Alfonsín, mientras que el presidente Carlos Menem indultaría luego a las jerarquías de las Fuerzas Armadas y de la guerrilla. En enero de 1989, vendría el cobarde copamiento del Regimiento 3 de La Tablada, en el cual otro movimiento guerrillero, Todos por la Patria, desprendimiento del PRT, asesinaría a nueve militares y dos policías y dejaría más de 50 heridos. Todos los guerrilleros, incluido un sacerdote que eligió matar a sus semejantes, fueron indultados por el presidente Eduardo Duhalde.

Con la presidencia de Néstor Kirchner volverían los juicios de la mano de los familiares de los guerrilleros y organizaciones de izquierda, a quienes Kirchner, para lograr su apoyo, les cedería el diseño de la política de derechos humanos, en la cual se embarcaría el Poder Judicial mediante el desatino de una flamante mayoría de la Corte Suprema, que declararía la invalidez de aquella ley de punto final, pero solo respecto de las fuerzas del orden. A partir de esa doctrina que inauguraría la era de los llamados “juicios de lesa humanidad” por hechos ocurridos 30, 40 o 50 años atrás, los familiares de los guerrilleros y las organizaciones de izquierda irían por quienes los combatieron y quienes los juzgaron desde 1973 en adelante. Más de tres mil hombres y mujeres de todas las jerarquías de las tres fuerzas armadas, de seguridad y de servicios penitenciarios nacionales y provinciales, y más de 35 jueces y fiscales federales fueron detenidos. Entre las notables asimetrías cabe destacar que en la causa 13/84 el comandante de la Fuerza Aérea y miembro de la Junta Militar, brigadier Orlando Ramón Agosti, fue condenado a cuatro años y medio de prisión. En 2022, el excabo de la Fuerza Aérea Julio Narciso Flores, que en el momento de los hechos tenía 18 años y ahora es un anciano, fue condenado a 25 años de prisión. El exterrorista Raúl Argemí, considerado autor del asesinato del doctor Quiroga, fue apresado, juzgado y condenado, pero se le conmutó la pena y se lo indemnizó con 209.409 dólares por los 11 años que pasó en la cárcel.

Dejar firme la amnistía para los guerrilleros y revocarla para soldados, policías, jueces y fiscales que los combatieron o juzgaron fue el mensaje más contundente que podía darse para asegurar la impunidad de la delincuencia y una advertencia para quienes la combatan en el futuro.

En estos procesos se ha llegado incluso a inventar casos indemostrables cincuenta años después de los hechos, para continuar el escarnio, el odio y multiplicar indemnizaciones y beneficiarios. Las amnistías, tradición de la historia parlamentaria argentina cada vez que se suscitaron graves conflictos que dividieron la sociedad ha dejado, por esta nefasta política y perversa doctrina, de ser instrumento de pacificación. A partir de una ilegal “política de Estado” que no varía, constituyen solo una demostración de impunidad de unos, para asegurar la venganza sobre los otros.

viernes, 19 de junio de 2026

Patagonia: Las tribus de Tierra del Fuego


El mapa muestra la distribución aproximada de pueblos indígenas en la región de Tierra del Fuego. Se identifican los alakalufes en los canales occidentales, los yámanas en el sur insular, los selk’nam en la parte norte de la isla grande y los haush en el sector oriental. Cada grupo ocupaba distintos ambientes (marítimos o terrestres) y desarrolló formas de vida adaptadas a ellos.


martes, 16 de junio de 2026

Revolución Libertadora ¿Se debió impedir que escapara Perón en 1955?

Historia alternativa: La revolución decapitadora






Introducción – Argentina, 1955: un país al borde del abismo

A mediados de 1955, la Argentina era un país profundamente fracturado. La figura de Juan Domingo Perón dominaba la escena desde hacía casi una década, con un gobierno que había transformado radicalmente el país desde su llegada al poder en 1946. Desde el punto de vista de los sectores populares y del movimiento obrero, el país vivía una etapa de inédita inclusión social. Perón había institucionalizado los derechos laborales o, mejor presentado, había logrado hacer creer a la población que las leyes laborales provenían de su mano y obra. Así, se había creado una red de seguridad social robusta y empoderado a los trabajadores como actores políticos fundamentales. La Fundación Eva Perón, aún tras la muerte de Evita, mantenía su impronta asistencial en los sectores más humildes. La economía, sin embargo, atravesaba turbulencias: el agotamiento del modelo industrialista de sustitución de importaciones, las restricciones externas, la galopante inflación y la caída de las reservas comenzaban a generar tensiones. Aun así, el aparato sindical y la maquinaria peronista mantenían una fuerte capacidad de movilización y resistencia. Para millones, Perón era el líder legítimo que había dignificado al pueblo y encarnaba una nueva forma de justicia social.

En el otro extremo del escenario, una parte significativa de la sociedad —compuesta por sectores de las clases medias, la cúpula empresarial, amplios sectores de la Iglesia, la intelectualidad liberal y buena parte de las Fuerzas Armadas— consideraba al peronismo un régimen autoritario, populista y corrupto. Acusaban al gobierno de haber cooptado el aparato del Estado para consolidar un culto personalista, perseguir a opositores, controlar la prensa y degradar las instituciones republicanas. La educación había sido subvertida para convertirse desde el jardín de infantes hasta la escuela secundaria en un culto pleno la personalidad del líder. Los únicos que resistían era la universidad, la intelectualidad y los científicos. Las tensiones con la Iglesia, particularmente tras la supresión de feriados religiosos y la legalización del divorcio, escalaron al punto de romper una relación que había sido aliada en los primeros años. El clima político se tornó asfixiante: clausuras de diarios, censura, proscripción de partidos y creciente militarización del discurso. Para la oposición, la defensa de la "República" justificaba el uso de medios extremos, y los sectores más conservadores veían con creciente simpatía la idea de un golpe militar como única salida al “atropello peronista”.

En ese contexto crispado y polarizado, el bombardeo del 16 de junio de 1955 marcó un punto de no retorno. El fallido intento de magnicidio, que dejó más de 300 civiles muertos en Plaza de Mayo, evidenció que la lucha política había cruzado el umbral hacia la violencia. Tres meses más tarde, con una sublevación militar consolidándose desde Córdoba y el país al borde de una guerra civil, Perón entendió que la continuidad de su figura solo significaría más sangre. El 19 de septiembre presentó su renuncia y partió al exilio, dejando un vacío de poder que la Revolución Libertadora se apuraría en llenar con proscripciones, persecuciones en forma de búsqueda de justicia por los abusos y una promesa incierta de “republicanismo recuperado”.

La huida y después

La huida de Juan Domingo Perón en septiembre de 1955 fue tan dramática como reveladora del colapso político que vivía el país. Tras semanas de creciente inestabilidad, con alzamientos militares desde el interior y un respaldo cada vez más debilitado dentro de las propias Fuerzas Armadas, Perón comprendió que su permanencia en el poder podía desencadenar una guerra civil abierta. El 19 de septiembre, presentó su renuncia en una carta dirigida al general Franklin Lucero, ministro de Ejército, invocando su deseo de evitar una “catástrofe fratricida”. A partir de ese momento, comenzó una retirada silenciosa pero cuidadosamente ejecutada.


El general fusilador al final era Perón, como lo dice claramente acá.

Perón pasó esa noche en el Palacio Unzué, su residencia oficial, desde donde partió en secreto al amanecer del 20 de septiembre. En otra carta, a su edecán, le pide traer una lista de objetos de su casa, incluyendo fotos de su amante de 15 años. Fue trasladado al arsenal de la Marina en Río Santiago, donde permaneció oculto bajo protección naval, disfrazado con uniforme de marinero para no ser reconocido. Desde allí, fue llevado en una lancha hasta un buque paraguayo anclado en el Río de la Plata —el Paraguay, una cañonera diplomática— que lo trasladó bajo asilo político a Asunción, con el visto bueno del presidente paraguayo Alfredo Stroessner.
Paraguay fue apenas una escala. Perón pasó unos días allí en condiciones precarias y con la permanente amenaza de ser entregado a los nuevos mandos militares argentinos. Decidido a evitar esa posibilidad, buscó rápidamente un destino más seguro. Viajó primero a Panamá, país que tradicionalmente ofrecía asilo a exiliados latinoamericanos, y desde allí comenzaría un largo periplo que lo llevaría luego a Nicaragua, Venezuela, y finalmente a su exilio más duradero en España, bajo el régimen franquista.
En esos primeros días, sin embargo, el exilio de Perón no fue ni cómodo ni seguro. Viajaba con documentación provisoria, sin garantías de protección diplomática estable, y en muchos casos debió depender del auxilio de amigos personales, contactos del movimiento peronista y gobiernos latinoamericanos afines. En paralelo, en Argentina comenzaba la llamada Revolución Libertadora, que prometía restaurar la “república” pero que rápidamente adoptó una política sistemática de proscripción, persecución y represión contra el peronismo, lo que sellaría la fractura política del país por décadas.

sábado, 13 de junio de 2026

Argentina: Los marinos del Graf Spee en Sierra de la Ventana

La cantina La Península en Sierra de la Ventana 


En esta hosteria "La Peninsula" su dueño, otro alemán P. Schulte, comentaba q los marinos del Graf Spee venian a tocar su música, tomar cerveza e interactuar con las chicas de origen germán de la zona, de La Comarca Serrana y de Coronel Suarez, etc.
En una de las fotos de puede ver un Mercedez Bend propiedad del cónsul Alemán en Argentina.
[La hosteria La Península con su restaurant y parrilla aún esta abierta al público]
Villa Ventana [Pcia Buenos Aires]



martes, 9 de junio de 2026

Argentina: La nota que hizo que CFK persiguiera a un profesor de historia

Cristina y sus lecciones de la historia

Alejandro Corbacho
Redacción Clarín





En ocasiones, los líderes políticos recurren a las lecciones de la historia para justificar o defender sus acciones. La presidente Cristina Fernández de Kirchner no es ajena a esta práctica. Especialistas han estudiado este fenómeno y concluyen que no está mal usar la historia, el problema es caer en el abuso. En cadena nacional del 15 de agosto pasado, la presidente explicó que Hitler no había llegado por la inflación, sino “porque habían humillado a Alemania” y agregó que “el nazismo fue la consecuencia de las condiciones que los aliados impusieron a la Alemania vencida de la Primera Guerra Mundial a través del Tratado de Versalles”. Se trata de un argumento utilizado por los defensores de las políticas agresivas y expansionistas que siguió ese país a partir del ascenso del nazismo. La historia académica lo superó al demostrar claramente su insuficiencia para explicar la tragedia que asoló a Alemania y luego al mundo en los años treinta.
Se sabe que la inflación que se disparó en la primera posguerra hasta 1926, como un impuesto invisible, terminó debilitando a las nuevas democracias. Dañó la moral del trabajo y de su corolario, el ahorro; puso en duda el ascenso social, reafirmó las desigualdades y estableció una diferencia entre los que la supieron aprovechar y los que la padecieron. Ante la crisis monetaria, se abrió el camino a la aventura. La democracia parlamentaria fue reemplazada por el mito y el culto al hombre providencial, el Jefe, capaz de acabar con la inflación por su carisma. El ascenso del nazismo se debió a un proceso más largo y complejo en el que el pueblo alemán y sus líderes pudieron haber tomado otro camino.
Cuando los líderes apelan al pasado sin fundamento de investigación histórica se comportan como “historiadores prácticos-intuitivos”. Lo utilizan en base a una percepción subjetiva, imágenes y conocimiento selectivo. En muchos casos, sus explicaciones pueden llegar a ser suficientemente precisas en un nivel muy general pero son muy imprecisas en los detalles. Los expertos sostienen que aquellos que recurren a contar la historia con esa perspectiva muestran una gran confianza en sus afirmaciones y carecen de inhibición para utilizar el pasado en formas diferentes, aunque sepan poco del tema. Al abusar de este recurso pueden terminar en desvíos o falacias o corren el peligro de presentar los hechos como inevitables. Recurrir a la historia de manera ligera podría llevar también al orador a sostener posiciones que en realidad no son las propias pero que dejan la percepción equivocada sobre dónde están sus valores y prioridades. La humillación no explica la violencia electoral y el empleo de grupos de choque para acallar a los opositores de esa época. A fin de no repetir la historia, lo importante es reconocer por qué la democracia sucumbió para defenderla hoy plenamente.

Alejandro Corbacho
Director del Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales (UCEMA)

jueves, 4 de junio de 2026

Guerra Antisubversiva: Film "No matar", revalorizando a las víctimas del peronismo

“No matar”: un film expone los estragos de la violencia guerrillera previa a 1976 en las voces de protagonistas y víctimas

Se estrena el lunes 20 en el Bafici esta película documental de Juan Villegas. En sus palabras, “una película que nunca se había hecho, una que incluye las dos miradas: una historia lo más honesta posible acerca de lo que fue la guerrilla y también los testimonios de sus daminificados”

“No igualo la gravedad del terrorismo de Estado con los crímenes cometidos por la guerrilla —aclara el director de No matar, Juan Villegas, en diálogo con Infobae—. Pero el lugar de las víctimas de la guerrilla es todavía un tabú”.

Este director, guionista y productor de cine de 54 años reivindica “la valentía y claridad de Sergio Bufano y Aldo Duzdevich”, dos de los intervinientes en este documental. Una honestidad intelectual de la que carecen por completo los jefes supérstites de la guerrilla que en los últimos años se han refugiado en un rol de víctimas, al amparo de un relato falaz y maniqueo.

Con tres voces de ex militantes de aquellas experiencias —el tercero es Emilio del Guercio—, Villegas arma un relato bien estructurado que va marcando las etapas de cómo se fue gestando la llamada “violencia de abajo”, la opción por la lucha armada, y cómo se posicionaron esos grupos ante el regreso de Perón y el restablecimiento de la democracia.

También hablan familiares de víctimas del accionar de la guerrilla: gerentes de fábrica, empleados de multinacionales, transeúntes ocasionales, etcétera.

Por caso, Luis Giovanelli, gerente de Finanzas de Ford, asesinado en un intento de secuestro. Su hijo, de apenas 4 años al momento del crimen, dice: “Mi padre fue asesinado en el 73. La dictadura empezó en el 76. No avalo lo que hizo la dictadura. Cuando cuento lo de mi padre, me dicen: ‘¿pero viste lo que pasó después?’”

En los años 80 y 90, había un consenso entre los sobrevivientes de la experiencia de las luchas de los 70: tomar las armas en democracia, declararle la guerra al gobierno de Perón y luego al de Isabel, matar para “agudizar las contradicciones”; todo eso estuvo mal y no era reivindicable.

Ese consenso fue roto por el advenimiento de una política de derechos humanos que instaló un relato parcial, exculpatorio de la violencia armada. Al amparo del paso del tiempo, la historia se fue simplificando, con un enfoque maniqueo y un retroceso a posiciones sectarias y a la reivindicación acrítica de la lucha armada con el falso argumento de la “resistencia”, puesto que se tomaba las armas para implantar el socialismo. A la fuerza, ya que la representatividad de grupos que pretendían hablar en nombre del “pueblo” era escasísima.

El ERP declaró de entrada en el 73 que no respetaría la democracia: “Seguimos con la lucha armada hasta derrotar al capitalismo e instaurar el socialismo revolucionario”.

Sergio Bufano es uno de los entrevistados por Juan Villegas en "No matar"

FAR y Montoneros actuaron con más disimulo; o mejor dicho con más doblez. Decían respetar la democracia mientras seguían matando. El asesinato del secretario general de la CGT José Ignacio Rucci fue la cumbre de esta estategia; el grupo se colocó abiertamente contra el pueblo.

La confirmación se dio en abril de 1975, cuando Misiones llamó a elecciones debido a la muerte del gobernador. Montoneros compitió con la etiqueta de Partido Auténtico. El resultado fue lapidario: 5,62% de los votos, contra 46,52 del Frejuli, es decir del PJ oficial.

Estas cifras mostraban dos cosas: la irrepresentatividad de los grupos armados y la vigencia electoral del justicialismo, anticipo de lo que podía suceder en las siguientes elecciones y dato determinante para acelerar el Golpe.

La estrategia real de las organizaciones armadas es una de las cosas que emerge de este documental, entre otras conclusiones sorprendentes solo para quienes en los últimos años fueron adoctrinados en el blanqueo —cuando no la apología— del accionar guerrillero.

Otra verdad que deja establecida la película es que Mario Eduardo Firmenich era cualquier cosa menos peronista y no por la opinión de los intervinientes sino por un documento de su puño y letra leído en el film, escrito luego de un encuentro con Perón, que merece una mayor difusión para seguir disipando equívocos.

No matar es también una condena a los que se escudan en la represión ilegal para eludir la reflexión crítica que le deben a la historia y a las próximas generaciones. “La dictadura transformó a los victimarios en víctimas”, dice alguien. “Si decías que también hubo víctimas de la subversión, inmediatamente te acusaban de defender a la dictadura. Y se terminaba el debate”, es otra relfexión.

El reproche de las víctimas se dirige también a las respectivas empresas: Renault, Ford y Bunge y Born. Ni en esos lugares hay memoria de lo que pasó.

Juan Villegas es también crítico de cine, docente universitario, coordinador de talleres de guion y escritor. “Pero por sobre todo me considero director de cine. Dirigí algunas películas de ficción y documentales. Mis preferidas tal vez sean Sábado, Las Vegas y Victoria. Este año estoy estrenando dos nuevas: Jota Urondo, un cocinero impertinente y No matar”.

Juan Villegas, director de "No matar"

— ¿Cuál fue tu motivación para incursionar en este tema?

En el prólogo digo que el lugar de las víctimas de la guerrilla es todavía un tabú. Parece una exageración, porque la realidad es que sus historias se han contado, más de una vez y desde hace mucho. Pero en general esos relatos fueron usados para reivindicar la dictadura o minimizar o justificar el terrorismo de Estado. De ninguna manera esa es mi intención. Los crímenes de la dictadura no fueron “excesos”, fueron atrocidades y violaciones a los derechos humanos; no igualo la gravedad del terrorismo de Estado con los crimenes cometidos por la guerrilla; no avalo de ningún modo la idea de que el terrorismo de Estado haya sido una “reacción” necesaria ante acciones violentas de la guerrilla.

— Sí, pero esos crímenes atroces desde el Estado fueron usados para exculpar por completo el accionar de las organizaciones armadas.

— Por eso quise hacer una película que narrase el dolor de los familiares de estas víctimas sin que eso signifique romper el consenso del “Nunca más”. Esa era mi motivación inicial. Desde el principio de mi investigación, percibí que era un tema incómodo. Cuando contaba que mi película iba a incluir testimonios de familiares de víctimas de la guerrilla, muchos me decían “no te metas con eso”, “¿estás seguro?” Esa incomodidad me hizo pensar que sí había un tabú y que precisamente por eso tenía sentido hacer esta película.

— La película incluye también el testimonio de ex guerrilleros.

— Sí, esta es la historia de las víctimas pero también la de algunos que participaron en la guerrilla y hoy tienen una mirada crítica y reflexiva respecto a lo que hicieron. En las últimas décadas, en el periodismo, en muchos ensayos y también en la literatura de ficción, hubo muchos textos que incluyeron una mirada crítica acerca de las organizaciones armadas. Pero eso ha estado ausente en el cine argentino. De hecho, había una mirada más honesta y compleja en documentales más viejos: Montoneros, de Andrés Di Tella, del año 1994; Los Rubios. de Albertina Carri, en 2003; Los malditos caminos, de Luis Barone, del 2002, o Papá Iván, de María Inés Roqué, en 2004, entre otras. Luego, hubo algunos pocos documentales en los últimos años que se enfocaron en el tema de las víctimas de la guerrilla, pero me parecieron o muy precarios cinematográficamente, o con un objetivo de reivindicación de la dictadura, o muy poco valiosos en términos de discusión política. Entonces surgió en mí la motivación de hacer una película que nunca se había hecho. Una que incluyera las dos cosas: una historia lo más honesta posible acerca de lo que fue la guerrilla y también los testimonios de las víctimas.

Aldo Duzdevich, autor de "La lealtad, los Montoneros que se quedaron con Perón", es otro de los entrevistados por Juan Villegas

— ¿Fue difícil encontrar gente dispuesta a reconocer errores?

— En un principio quería incluir más entrevistados que hubieran participado en la guerrilla, pero no abundan los que se atreven a hablar con la valentía y claridad que sí demuestran Sergio Bufano y Aldo Duzdevich. Al menos, yo no los encontré. Por ejemplo, quería incluir a alguien del ERP, pero en mi investigación solo me topaba con gente que reconocía errores estratégicos pero que no se permitía una autocrítica más profunda. Podían reconocer que haber asesinado al Capitán Viola y a su hija estuvo mal, pero no tanto por el daño irreparable ocasionado a esa familia, sino más que nada por lo que significó negativamente para la legitimidad de la lucha del ERP.

— ¿Refleja la película tu pensamiento sobre esa etapa?

— Mi voz no aparece en el documental; yo hablo a través de los entrevistados. Eso no significa que esté de acuerdo con cada cosa que dicen, pero la suma de sus testimonios conforma de cierta manera mi visión. Me costó mucho encontrar ese punto justo en el que se pudieran incluir varias voces, a veces no concordantes, y que al mismo tiempo el conjunto me representara. Pero lo que no quise hacer fue incluir testimonios de gente que no estaba dispuesta a repudiar claramente el uso de la violencia. Hablé con un ex-militante del PST. Me interesaba incluirlo en el documental, porque esta organización, aun perteneciendo a la izquierda marxista, priorizó el trabajo sindical por sobre la violencia política. Le pregunté por qué habían rechazado la lucha armada. Me dijo: “No, no la rechazábamos. Solo creíamos que en ese momento no era viable.” Luego le pregunté si, más allá de eso, condenaba a la violencia desde una concepción ética. Le conté la historia de Delia Lozano, cuyo padre, gerente de Renault, fue asesinado a balazos, delante de ella, al salir de una iglesia. Me respondió: “Ningún gerente de una multinacional era inocente en esa época.” Yo no podía creer lo que este tipo me decía. Le seguí discutiendo: “¿Sabés que incluso hubo niños que murieron por acciones de la guerrilla?” Me respondió: “¿Cuántos? ¿Cuatro, cinco? ¿Cuánto es eso al lado de la cantidad de bebés apropiados?” Obviamente, no me interesaba incluir en la película a alguien que piense así.

— ¿Y Emilio del Guercio? Él no perteneció a las organizaciones armadas.

— En el caso de Del Guercio, buscaba la mirada de alguien de esa misma generación, que también tuviera una visión crítica de la sociedad, pero que había elegido el camino del arte para plantear su rebeldía frente al mundo que lo rodeaba. Lo pensé como una forma de desactivar la idea de que la violencia era el único camino posible en esa época. La idea de que para esa juventud rebelde la lucha armada era una fatalidad, algo de lo que no podían escapar, y no una elección, me parece una idea falsa, una mentira.

Emilio del Guercio. Villegas incluyó su testimonio "como una forma de desactivar la idea de que la violencia era el único camino posible en esa época"

— ¿Cuál fue el criterio para la selección de los familiares de las víctimas de la guerrilla?

— En el caso de los familiares de las víctimas, decidí que solo fuesen víctimas civiles. No me interesa la forma en que se suele instrumentar el concepto de “memoria completa”, como una contraposición de unas víctimas frente a otras, que lleva implícita más la idea de anular las otras muertes que la de sumar las que han sido silenciadas. Y sentía que incluir a las víctimas militares o de las fuerzas de seguridad podía llevar el relato hacia ese lugar. Además, creo que no es tan sabido que muchas de las víctimas fueron civiles. Mucha gente, no informada, todavía cree que la guerrilla solo mataba militares.

— ¿Hubo cosas que te sorprendieron en los relatos?

— Algo que me pasó haciendo la película fue mi revisión acerca del rol de Perón en esos años. En ese sentido, también fue importante leer el libro de Juan Manuel Abal Medina: Conocer a Perón. La película le dedica mucho a la tensión entre Montoneros y Perón, desde el asesinato de Aramburu hasta la muerte de Perón. Hay una suerte de reivindicación del rol de Perón en esos años, de su vocación por pacificar el país. Obviamente, cometió errores y fue en parte responsable de la escalada de violencia que terminó estallando en el 76 con el golpe. Pero es indudable que hubo en él una intención sincera, y hasta diría patriótica, de terminar con la violencia y que se pudiera construir un país en paz. Es curioso que la crítica al rol de Perón durante su último gobierno haya venido al mismo tiempo desde los sectores de izquierda del propio peronismo y desde la derecha más pro-dictadura. La idea de que el terrorismo de Estado empezó en el 73 y que el golpe del 76 fue solo un cambio formal, cosmético, para seguir la misma política represiva previa, fue lo que sostenían, por ejemplo, los abogados de Massera para justificar sus crímenes, pero también lo que quiso imponer como relato parte de la izquierda peronista, tal vez para de esa manera justificar el uso de la violencia por parte de Montoneros entre el 73 y el 76, durante gobiernos democráticos.

— ¿De quién o de quiénes creés que es la responsabilidad por el relato parcial y simplificado de los últimos tiempos?

— Hay algo que es una especie de mal de esta época, que no nos permite discutir honestamente las cosas, que nos hace acomodar los hechos según nuestra conveniencia circunstancial. Tal vez por eso mi película es tan larga, porque necesita trabajar mucho el contexto para entender de lo que se está hablando. Es una película contra la idea de los slogans simplificadores. Como dice Claudia Hilb, “no hay verdades sencillas para pasados complejos.” No me interesa buscar culpables con nombre y apellido. Ni siquiera ubicar responsabilidades en determinados sectores políticos por sobre otros. Obviamente, tengo mis opiniones, pero en este momento me interesa abrir la discusión, que la película sea un disparador para que quien quiera pueda revisar una vez más sus ideas y salir de posiciones cómodas y tranquilizadoras.

Conocer a Perón, el libro de Juan Manuel Abal Medina, cambió la percepción que tenía Juan Villegas sbre el rol de Perón en 1973

— ¿Qué impacto esperás que tenga este documental?

— No soy un sociólogo ni un historiador ni un periodista; soy un director de cine. Lo que me propuse es hacer una película, en la que está implícita fuertemente la idea de narración. Me interesa contar una historia de los 70, un punto de vista que obviamente es parcial pero que pretende ser honesto. Por eso la película elige ser fiel a la cronología. Me gustaría que sirva para entender mejor aquellos años. Que se pueda reflexionar sobre el hecho de que las organizaciones armadas no sólo fracasaron en lo militar, en lo político y en lo estratégico. También fallaron en lo ético y en lo ideológico. El hecho de que gran parte de los militantes revolucionarios hayan terminado torturados, asesinados o desaparecidos de una forma brutal, no convierte a las organizaciones armadas en un modelo político que hoy debamos reivindicar. El proyecto de país que tenían era violento, poco democrático, sectario, alejado del pueblo. Yo entiendo que hubo una mística revolucionaria que buscaba sinceramente liberar a los oprimidos y crear una sociedad mejor y más igualitaria, pero tanto la forma como el contenido de lo que se llamó “lucha armada” nunca lo iba a conseguir, porque la violencia ya estaba en el germen, en su razón de ser. Bueno, y además de la “gran” historia, la película está llena de relatos más íntimos, las historias personales de cada uno de los entrevistados. Esas historias nutren a la historia central pero también funcionan como relatos autónomos, en los que apunto a lo que se busca en casi cualquier relato: la reflexión, la empatía y la emoción.

— Te iba a preguntar cómo te preparaste para hacer esto pero vi al final de la película la bibliografía que usaste, que responde eso en parte. Pero tal vez quieras agregar algo.

— El proceso de investigación y selección de los entrevistados lo llevé adelante en total soledad. La película se hizo de una forma muy artesanal, con muy pocos recursos económicos. Me dediqué a leer y releer lo más que pudiera. Y fui descubriendo que la cantidad de bibliografía existente es inagotable. Hay mucho escrito (y mucho muy bueno) acerca de las organizaciones armadas de los 70. De hecho, ya se escribía críticamente sobre la guerrilla en forma simultánea a los propios hechos. Y se siguió escribiendo y publicando sin interrupciones luego de la recuperación de la democracia. Lo que contrasta con lo poco que se han narrado estos temas en el cine argentino post-dictadura. Porque hay muchas películas acerca de la militancia, acerca de las víctimas del terrorismo de Estado, pero muy pocas que se animan a narrar la lucha armada. Ni siquiera para reivindicarla. También me resultó muy útil pasar horas mirando y leyendo archivos: revistas partidarias de las organizaciones, artículos periodísticos de ese tiempo, noticieros de la época en youtube, extractos de discursos, documentales militantes, incluso películas de ficción. Nada de eso quedó en mi película, pero me sirvió para empaparme del espíritu de la época. Para mí era importante tratar de entender por qué gran parte de esa generación eligió la violencia como camino, aun cuando no comparta esa decisión.

— ¿Imaginás que, como a algunas de las víctimas que dieron testimonio, a vos también te van a acusar de defender a la dictadura?

— Si ven la película, no creo que nadie pueda acusarme de defender a la dictadura. Apelo a la inteligencia de los espectadores. Frente al prejuicio irracional, frente a la pereza intelectual, no puedo hacer mucho.

— Mientras hablan los entrevistados, no hay imágenes alusivas. ¿Tiene eso algún motivo?

— Como dije, investigué mucho con archivos y evalué en algún momento la posibilidad de incluir imágenes de la época que acompañen los testimonios. Pero rápidamente descarté la idea. Me parece algo muy impresionante la forma en que el relato oral construye el pasado y, a la vez, da un testimonio sobre el presente. Porque esas personas nos están hablando ahora. Y se trata de cine. Es un relato sobre el pasado, pero está sucediendo frente a nosotros, a través del registro de la cámara. Creo que hay un valor cinematográfico en reivindicar la imagen de gente contando cosas dolorosas y al mismo tiempo teniendo la capacidad para reflexionar. Sentí que la inclusión de archivos no iba a servir más que como meras ilustraciones y que siempre iban a ser menos interesantes que los propios relatos. O peor aún: esas imágenes de archivos no me iban a servir para contar la época con mayor precisión sino que se iban a convertir en algo más ligado a lo espectacular, al impacto fácil.

— Salvo el final de cada capítulo, en lo que hay imágenes y canciones.

— Sí, las excepciones son los finales de capítulos, que están pensados como breves piezas de respiro, acompañadas con música de la época, para permitir que el espectador se tome un tiempo para reflexionar sobre lo que ha estado viendo. Y luego está el fragmento del programa de Mariano Grondona [N. de la R: un cruce entre un cuadro montonero y la hija de una víctima], en el que el archivo me pareció que sumaba mucho, porque no funciona como ilustración sino que se construye una escena muy tensa y compleja, que además posiblemente resuma el concepto general de la película.

Delia Lozano, hija de un civil asesinado por la guerrilla, durante un debate con un montonero en el programa de Mariano Grondona. Años después, vuelve a contar su historia en "No matar"

FICHA TÉCNICA

Duración: 225′

Dirección de fotografía: Gaspar Chaves

Edición: Miguel de Zuviría

Sonido: Valeria Fernández

Producción: Juan Villegas, Mariana Erijimovich

Compañía productora: Al trote films

Participantes: Aldo Duzdevich, Sergio Bufano, Delia Lozano, Emilio del Guercio, Esteban Giovanelli, Claudia y Cristina Muscat, Delia Lozano, Ariel Lombardero, David Barrios