Mostrando entradas con la etiqueta Argentina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Argentina. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de octubre de 2018

Peronismo: El fascismo que tenemos dentro de la política argentina

Cómo el fascismo contaminó la cultura política argentina 

Aunque resulte una verdad insoportable, las ideas que configuran esta ideología son parte de la nuestra cultura política incluso desde antes del nacimiento del movimiento liderado por Mussolini


Por Ignacio Montes de Oca | Infobae






Benito Mussolini, durante un discurso en la ciudad de Roma

Aunque resulte una verdad insoportable, el fascismo es parte de la cultura política argentina desde hace más de un siglo. Sí, desde antes del nacimiento del movimiento político liderado por Benito Mussolini.

La persistencia de las ideas del Duce en la Argentina nunca recibió la atención debida, pese a que muchos sucesos dramáticos ocurridos desde la década de 1910 hasta el presente se relacionan directamente con la supervivencia de los postulados violentos y antidemocráticos que definen al fascismo.

Si se observan con mayor detenimiento esos hechos, sugestivamente, se descubre que algunos movimientos políticos argentinos se anticiparon en una década con sus propuestas y acciones a las que Mussolini pondría luego en práctica cuando irrumpió en la política italiana. Esos mismos grupos serían los que luego contribuirían a que el pensamiento del Duce sobreviviese y se volviera parte de la cultura política local tras la muerte de su creador en Italia, ocurrida el 28 de abril de 1945.

Esto significa que la llegada de las ideas del Duce a la Argentina no hizo otra cosa que organizar a las de las agrupaciones locales que ya se comportaban y pensaban en muchos aspectos como los primeros fascistas italianos. Es probable que esa identidad haya facilitado que luego los admiradores locales de Mussolini incorporasen el resto de sus consignas al llegar al poder con el golpe de Estado de 1930, y que volvieran a insistir en la instalación de un régimen corporativista criollo al dar un nuevo golpe en 1943.

Con la llegada del peronismo, la sociedad mostró su apoyo masivo a una adaptación local del proyecto político fascista. Juan Domingo Perón avanzó en su construcción inspirado en lo que había aprendido a admirar en su paso reciente por Italia. Su éxito electoral durante casi una década probó que la mayoría del pueblo coincidía con esa versión criolla del modelo fascista, aunque implicara rasgos tales como la persecución a los opositores, el control de la prensa disidente, un esquema verticalista de poder regido por un partido único encabezado por un líder infalible y la obsesión por adoctrinar a las multitudes desde la niñez hasta la tumba.

Sin embargo, aún hoy es frecuente el error de suponer que el fascismo argentino se acota al surgimiento y evolución del peronismo. De ese modo se deja fuera de consideración a muchos grupos ajenos al peronismo —e incluso enfrentados a él— cuya actividad fue abiertamente fascista antes y después de los períodos en que gobernó aquella corriente política. Es el caso de movimientos de probada inspiración fascista como la Alianza Libertadora Nacionalista, las falanges de Tacuara u otros grupos paramilitares que repetían las ideas y métodos violentos de los grupos de choque del Duce desde la década de 1960 en adelante.
 

Los hechos que demostraron más rotundamente la persistencia de una cultura fascista fueron los ataques terroristas contra la embajada de Israel en 1992 y contra la Asociación Mutual Israelita Argentina-AMIA dos años después, que dejaron en conjunto un centenar de muertos y varios centenares de heridos. Los autores de los atentados contaron necesariamente con la ayuda de cómplices argentinos que comulgaban con sus principios políticos; además, se develaba una mayoría que toleraba que funcionarios argentinos interfirieran por años en la investigación judicial hasta hacer imposible tener una certeza sobre los nombres de los responsables.

Los atentados no fueron las únicas manifestaciones del fascismo criollo. Desde hace un siglo se vienen registrando constantes ataques instigados, tolerados o protagonizados por altos dirigentes políticos cuyos discursos están plagados de conceptos que calcan el autoritarismo europeo o que expresan abierta o sutilmente su deseo de imponer un Estado organizado sobre la base del modelo corporativista ideado por Mussolini.

La recurrencia de los mismos discursos habla de una sociedad en la que el fascismo es parte tan integrada del paisaje intelectual que pocas veces se nota su existencia; o, mejor dicho, recién se nota su presencia cuando los efectos de las medidas tomadas al calor de la cultura fascista conducen a reforzar el ambiente de intolerancia.

En muchos países de Occidente, el surgimiento de grupos neofascistas, como los supremacistas blancos en Estados Unidos, el partido Amanecer Dorado en Grecia o el Frente Nacional francés, es tratado como un hecho alarmante frente al cual se busca establecer políticas que pongan freno al accionar de estos grupos. En la Argentina, la respuesta ante un fenómeno similar siempre fue tibia e intermitente. Es así que los estudios sobre el fascismo argentino se enfrentan al tabú de una sociedad que no se considera a sí misma afín a esta ideología aunque, en los hechos, las prácticas y los discursos de esa inspiración puedan ser detectados de manera cotidiana.

Se trata entonces de develar cómo opera el fascismo en nuestra cultura y encontrar pruebas que muestren que la pregunta correcta no es "¿quiénes fueron los fascistas argentinos más notables?"; lo necesario es reformular esa pregunta para averiguar en qué grado está presente el fascismo en la cultura argentina, en cada individuo de su sociedad, y hasta qué punto influyó esa formación autoritaria en el escenario político hasta el presente.

En última instancia, saber el modo en que habita el fascismo en nuestra cultura nos permitirá evadir aquella costumbre tan arraigada y propia del autoritarismo de encontrar culpables para acusarlos públicamente, en lugar de asumir la responsabilidad colectiva por seguir siendo portadores de esas mismas ideas que condenamos.

Este texto forma parte del nuevo libro de Ignacio Montes de Oca, "El fascismo argentino" (Sudamericana).

viernes, 19 de octubre de 2018

Fuerte de Ensenada y la intervención franco-británica de 1846

La Ensenada y la Soberanía Nacional





 Fuerte Barragán

La Ensenada de Barragán tuvo ciertas características que resultaron de suma importancia a lo largo de su existencia. Su ubicación geográfica sobre las costas del Río de la Plata y la caleta que le sirvió como puerto natural. La proximidad de Buenos aires –centro político del nuevo virreinato- y una antigüedad considerable como asentamiento poblacional.

Todos estos factores al combinarse hicieron a la ciudad partícipe de muchos de los acontecimientos que luego serían decisivos. Hasta podría hablarse de un cierto paralelismo entre la historia general de la nación y la particular de nuestra comunidad. Así podríamos remontarnos hasta el primer proyecto de puerto y fortificación, por el entonces gobernador Bruno Mauricio de Zabala en 1730. La instalación efectiva de esas baterías (San Bruno, San José y Nueva), desde donde el comandante Francisco de Alzaibar resistió el ataque de los portugueses a principios de 1736, luego de un combate que duró más de doce horas. El 24 de Junio de 1806 se presenta ante nuestras costas una flota de guerra inglesa. Unas salvas disuasivas disparadas desde el fuerte (al mando del entonces Capitán de Navío Santiago de Liniers) hicieron que el desembarco se derivara hacia las playas de Quilmes. La segunda invasión inglesa se produjo efectivamente en la Ensenada y fue un ensenadense –un vecino desconocido- el que galopó las doce leguas hasta Buenos Aires, para dar aviso de la misma al Cabildo (24 de Julio de 1807).

Después, un 25 de enero de 1811, y desde el Arroyo “La Fama” partió una fragata inglesa que llevó al fogoso secretario de la Primera Junta, Mariano Moreno, al exilio y a la muerte. Como una ironía del destino, su antiguo adversario Cornelio Saavedra también estuvo desterrado en la Ensenada a principios de 1817.

Cerca de las costas ensenadenses pasaron las campañas navales de las luchas por la Independencia, de la guerra de corso (la expedición de Hipólito Bouchard partió de este puerto) y del conflicto con el Imperio del Brasil. Entonces se libró la heroica y desesperada batalla de Monte Santiago, entre una poderosa flota brasilera y la argentina al mando del almirante Guillermo Brown. Ello sucedió un 8 de Abril de 1827 y allí murió al comando del bergantín “Independencia” el intrépido Francisco Drumond.

Como puede verse, la participación de la Ensenada en las luchas por la independencia y la soberanía fue una constante a través de esos años iniciales de nuestra historia. Pero eso no fue todo…

Corría el año 1845 y las potencias hegemónicas de entonces (Inglaterra y Francia) se aprestaban a intervenir –una vez más- en las cuestiones del Plata. Los argumentos eran los de siempre, la defensa de la “Civilización”, el “Humanismo” y la “Libertad”, conceptos tan abstractos como útiles para esconder los verdaderos objetivos: La libre navegación de los ríos interiores y la consecuente penetración económica. Como siempre con inestimable colaboración de algunos compatriotas que priorizaban los negocios por sobre la patria.

Solo quedaba un obstáculo: El entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires y Encargado de las Relaciones Exteriores -don Juan Manuel de Rosas- no era hombre fácil de amedrentar. Además a los argentinos de la época no se los corría con la vaina, ni eran –como decía San Martín- simples empanadas que se podían comer con el solo esfuerzo de abrir la boca.

¡Habría que pelear!

No parece ser este el lugar apropiado ni la oportunidad para describir la intervención anglo-francesa, la campaña del Paraná de 1846 ni la defensa territorial por las fuerzas de la Confederación al mando del general Lucio N. Mansilla.



Cañón en la tronera del Fuerte Barragán

A grandes rasgos se puede citar el combate de “la Vuelta de Obligado (seguramente el más épico de todos) un 20 de Noviembre de 1845, los de “Acevedo” y “San Lorenzo”. El del “Quebracho”, allí un 4 de Junio de 1846 la flota invasora sufrió tan dura derrota que obligó a las potencias europeas a buscar un arreglo pacífico a la cuestión.

¿Y qué tienen que ver estos acontecimientos con la Ensenada? Veamos:

En la madrugada del 21 de Abril de 1846, los anglo-franceses intentan forzar el puerto con intenciones de desembarco. Fueron rechazados por las baterías costeras al mando del General Prudencio Ortiz de Rozas (hermano del gobernador y jefe del Regimiento Nº 6) entonces seis lanchas (tres inglesas y tres francesas) se infiltraron en el puerto y procedieron a abordar e incendiar algunos barcos neutrales.

Una partida de milicianos al mando del Coronel José María Pinedo (Comandante de la Batería Ensenada) repelió el ataque y ante sus tiros los invasores se retiraron en desorden. Después se dirigieron hacia Punta Lara –hostigados siempre por las partidas- para posteriormente hacerse a la vela río afuera.

Lo navíos atacados pertenecían al reino de Cerdeña, tres resultaron incendiados: la goleta “Fama Argentina”, el pailebote “Bella Rita” y la zumaca “Beatriz”. Los dos primeros se perdieron con su carga, el fuego de la “Beatriz” pudo ser dominado por la acción de los vecinos y el Juez de Paz, que era don Florencio Torres. También resultaron saqueadas las goletas “Los Amigos” y “Catalina”, así como el pailebote de los prácticos del río.

Se puede resaltar lo expresado por el Coronel Pinedo: “Que no podía menos que decirse que los vecinos de la Ensenada eran dignos de toda consideración porque todos ellos se presentaron a tomar armas indignados contra los titulados humanistas y civilizadores de incendios y robos, dándoles el verdadero y justo título que deben tener, el de piratas, pues ni los mismos piratas cometen las bajezas y latrocinios tan asquerosos que ejecutan los autotitulados pacificadores anglo-franceses”. Para redondear diciendo “Como no nos pueden dominar se desquitan incendiando” (Parte del 29 de Abril de 1846 al Capitán del puerto don Francisco Elía). El gobierno presentó una protesta diplomática dado que el puerto de la Ensenada no había sido declarado bloqueado y los buques atacados eran neutrales (sardos). Posteriormente promulgó un decreto que decía: “Constituyéndose en el deber de poner a salvo esta sociedad, no menos que propiedades neutrales y argentinas de tales incendios y depredaciones” para concluir: “Cualquier comandante, oficial o marinero inglés o francés que fuera tomado en cualquier puerto o río de la provincia, sacando violentamente los buques mercantes nacionales o extranjeros, bien para incendiarlos o saquearlos serán castigado como “incendiario” con la pena descripta por las leyes para estos criminales” (Decreto del 1º de Mayo de 1846).

Esto es todo lo que permite rescatar la crónica. El resto solo puede ser dejado a la imaginación o las suposiciones conjeturales. Pero resulta más que tentador el preguntarse:

¿Cómo habrá sido realmente esa jornada?

Puede pensarse que algún ensenadense regló el tiro de los cañones de la batería. Quizás otro ignoto vecino fue el que izó al tope del mástil la bandera Azul y Blanca de la Confederación.

¿Fue el mismo don Prudencio, el que con el clásico ¡Viva la Patria! diera inicio al fuego de artillería?

Posiblemente nunca sepamos con exactitud todo lo pasado, que como otros tantos acontecimientos cargarán con su cuota de misterio.

Pero más allá de la fría descripción de los hechos y fechas está la historia viva, que deriva –con el tiempo- en memoria colectiva de los pueblos. Ésta a veces se escribe y otras veces no, pero permanece vigente aún con estos misterios.

Solo resta una estrofa recordatoria de aquellas épocas heroicas:

¡Háblame del Fuerte y sus prohombres!
la batalla naval desesperada.
Cuando se era Nación entre naciones
y tronaba el cañón por la Ensenada.


Que así sea…

Autor: Adolfo R. Lupinucci

Revisionistas

jueves, 18 de octubre de 2018

Peronismo: La perra mandando

La innoble mujer del pueblo


Por Nicolás Márquez | Prensa Republicana
 



En verdad, poco se ha difundido sobre las andanzas de Eva antes de conocer a Perón, puesto que el mito sobre su persona se constituye fundamentalmente porque sus feligreses se encargaron siempre de contar su vida a partir de enero de 1944 (año del emblemático encuentro en el Luna Park), ignorando y omitiendo los costados poco presentables que la susodicha llevaba a cuestas en su escabroso prontuario personal.

Eva era la hija menor de Juana Ibarguren, quien como madre soltera tuvo cinco hijos, todos reconocidos por un caudillo conservador de Junín llamado Juan Duarte (quien operaba a las órdenes del gobernador Marcelino Ugarte): Blanca (1908), Elisa (1910), Juan Ramón (1914), Erminda (1916) y la iconográfica María Eva (el 7 de mayo 1919). De sus hermanas, una de ellas resultó maestra y otra empleada de correos, en tanto que el hermano Juan era un tarambana de inteligencia limitada e instrucción menos que mínima, que trataba sin recursos de imitar a los “niños bien”[1] de la época.

Originariamente se llamó Eva María Ibarguren[2] (luego cambiaría su nombre por el de María Eva Duarte de Perón) y fue en la citada localidad de Junín donde transitó junto a sus hermanos una infancia pueblerina en donde los sentimientos de desarraigo y marginación que padeció configurarían rasgos de su identidad marcando su futuro derrotero artístico y político. En efecto, era común en las comunidades rurales de entonces que el rico del pueblo tuviera una segunda familia de corte “ilegítima” (tal como se la denominaba) y este era el caso de Eva, puesto que su padre era un terrateniente y en sentido contrario, su madre, que atendía sexualmente a Juan Duarte en la clandestinidad, era de clase baja e hija de una puestera y un carrero.

Con un padre ausente y una madre mal afamada que la tuvo como consecuencia de una relación adulterina, la muchacha no habría encontrado en su entorno afectivo o familiar una forma adecuada de identidad ni instancias aceptables para relacionarse en sociedad. Incluso, no son pocos quienes alegan que Eva no podía identificarse con una clase social determinada, puesto que se hallaba tironeada por su doble pertenencia. Más aún, una escena de su infancia la habría marcado psicológicamente para siempre y se dio cuando Juan Duarte, su padre, murió y al asistir ella al velorio, sufrió el desprecio y destrato por parte de las hijas legítimas del difunto. Este dato quedó muy enraizado en el odio irreflexivo que Eva luego destilaría contra la “oligarquía”, a pesar de que luego ella incurriera en la insalvable contradicción consistente en vestir joyas, atuendos y lujos costosísimos, a los cuales justamente podían tener acceso sólo quienes pertenecían a la selecta “oligarquía” tan denostada por Eva en cuanta ocasión tuviera lugar.

Una de las desmitificaciones biográficas más interesantes sobre Eva la escribió el sociólogo de extracción marxista Juan José Sebreli, quien sobre ella arroja reflexiones dignas de destaque al señalar que la vocación artística de la susodicha fue “una determinación subjetiva y, a la vez, un hecho social: eran escasas las posibilidades en esos años para una mujer pobre que quisiera lograr su independencia. El teatro, la radio y el cine brindaban una oportunidad única a algunas, pocas, mujeres que tuvieran ciertas dotes y la suficiente osadía”[3] añadiendo que “El actor en los tiempos antiguos era un paria; en los tiempos modernos, muchos parias se hacen actores. Algunos a quienes la sociedad niega, condenándolos a no ser, eligen el no ser de la apariencia: la representación. Evita no quería representar en la vida real el papel que las normas sociales le tenían destinado; el espectáculo le permitía representar roles de fantasía”[4].

Dueña de una voluntad y un arrojo fuera de lo común, a la edad de 15 años partió sola a Buenos Aires a probar suerte artística sin tener mayores contactos que la referenciaran, contratiempo al que se le agregaba su falta de talento. Según la observación de Joseph Page “ni era gran belleza ni tenía dotes vocales excepcionales” y si bien durante los años ´30 ella se había convertido en una mujer ambiciosa e inquieta: “su falta de pulimiento todavía se traslucía en su lenguaje y comportamiento”[5].

No sólo no era buena actriz, sino que tenía mala dicción, no sabía cantar, tampoco bailar y aunque contaba con ciertas dotes fotogénicas, sus rasgos no se ajustaban a los cánones de belleza entonces vigentes. Sus carencias artísticas siempre fueron visibles: su colaborador Muñoz Azpiri confirmó que era necesario disimular sus defectos de dicción con telones musicales. Para la escritora Gloria Alcorta[6], Eva era “una voz guaranga que hacía de emperatriz con tono tanguero”[7]. Su peluquero de entonces, Julio Alcaraz la recordaría así: “Conocí a Evita en Pampa films, donde peiné a las actrices durante veinte años. Cuando se filmó ´la carga de los valientes´, vino con una foto de Bette Davis y me dijo que quería estar así, como ella. Era altanera y no quise discutirle; pero la peiné como me dio la gana. Pretender un peinado de 1940 para un vestuario de 1876 no tenía sentido”[8].

Otra dificultad que tuvo Eva fue su falta de instrucción, la cual saltaba a la vista en su letra, que era la propia de una damisela semi-analfabeta: “Las dedicatorias en sus retratos oficiales estaban escritas por otra persona y las raras firmas auténticas de Evita son un garrapateo de moscas”[9] señala Félix Luna.

A pesar de estas y otras desventajas, su voluntarismo y su capacidad para congraciarse con los hombres (mayormente productores del espectáculo que a cambio de sus gentilezas le brindaban una participación mediática) le permitió no sólo figurar en algunas fotos de revistas, sino salir en las tapas en algunas ocasiones. Además de su relación amorosa con el cantante de tangos Agustín Magaldi, su romance con el galán radial Pablo Racioppi y su misterioso vínculo con quien fue su protectora Pierina Dealessi[10], el resto de sus aventuras se cuentan a borbotones. Su ocasional amante Juan José Míguez (otro compañero en el cine) indiscretamente recordaba: “No te calentás con ella ni en una isla desierta”[11]. En el período de actriz, Eva supo frecuentar además a varios empresarios teatrales como José Franco, Rafael Firtuoso o Pablo Sueiro. También visitó al empresario cinematográfico Olegario Ferrando, al empresario industrial Roberto Llauró, al empresario papelero Guillermo Vasena, al empresario jabonero Raimundo López (quien auspiciaba su empresa en un programa radial de ella)[12], al exitoso actor Pedro Quartucci y al playboy chileno Emilio Kartulovich[13] entre otras de sus adquisiciones[14]. Todo indica que con este trajinado historial efectivamente Eva merecía ser apodada como “la mujer del pueblo”.

Eva no tenía un perfil actoral preciso y su porte era la indefinición: sus imágenes oscilaban entre la mujer recatada o sumisa y la mujer fatal o “come-hombres”. Sin embargo, esta ambigüedad, entre la joven tierna y la vampiresa de las fotos de su período de actriz, estaban anticipando las contradicciones insolubles de su etapa política, entre la señora de las ceremonias oficiales, la compañera Evita de las barricadas y la mujer fatal demonizada por sus enemigos. Pero no solamente en sus fotos se anticipaban rasgos de su futuro, puesto que la única vez que protagonizó una película (titulada “La Pródiga”)[15], Eva representó el papel de una mujer de pasado turbio que para redimirse se dedicaba a concretar obras de caridad: casi una profecía auto-cumplida.

Volviendo a aquella calurosa noche en el Luna Park, Eva Duarte sabía dónde apuntaba. En 1944 las cazadoras de fortuna no eran como las “botineras”[16] de los tiempos actuales, sino que a la sazón eran los uniformes castrenses (símbolo de poder y status de la época) lo que seducía a las aventureras sedientas de ascenso. Hasta entonces, la ambiciosa Eva Duarte no había sido más que una intrascendente actriz postergada que a duras penas había participado en papeles menores

de tinte radiofónico o en algún filme de poca monta. Las revistas de chismes, de vez en cuando la mencionaban en alguna gacetilla colateral atribuyéndole un romance con un rico industrial. Pero fue justamente a partir de enero de 1944 cuando “la carrera artística de Evita avanzó a paso frenético, sin duda impelida por su asociación con Perón”[17] señala Page. Afirmación absolutamente cierta, puesto que desde que sedujo a Perón, Eva no sólo continuó con la serie “Heroínas de la historia” (en la que venía trabajando) sino que al mismo tiempo comenzó a participar en tres emisiones semanales de programas de propaganda que eran auspiciados, precisamente, por la Secretaría de Trabajo y Previsión capitaneada por su nuevo financista y amante. Estos programas radiales en los que a partir de ahora participaría Eva titulados “Hacia un futuro mejor”, llenaban las ondas etéreas con loas a la dictadura y a los oficiales del Ejército que la conducían.

Mujer inculta, de modales rústicos, desprovista de talento artístico y con lenguaje procaz, tenía a la vez una personalidad avasallante, astuta, arrebatada y contaba con violentas ansias de superación y revanchismo para con un mundo que hasta el momento no le había reconocido los méritos que ella suponía tener.

……………………………………………………………………



[1] SEBRELI, JUAN JOSÉ: “Comediantes y Mártires, ensayo contra los mitos”. Debate; 2008, pág. 74

[2] Según el acta n.º728 del Registro Civil de Junín (provincia de Buenos Aires), allí nació el 7 de mayo de 1922 una niña con el nombre de María Eva Duarte. Sin embargo existe unanimidad en los investigadores para sostener que esa acta es falsa y que fue realizada a instancias de la propia Eva Perón en 1945, cuando estuvo en Junín para contraer matrimonio con el entonces coronel Juan D. Perón

[3] SEBRELI, JUAN JOSÉ: “Comediantes y Mártires, ensayo contra los mitos”. Debate; 2008, pág.75

[4] Íd., pág. 76

[5] PAGE, JOSEPH A: “Perón, una Biografía”. Sudamericana de Bolsillo; 1ª edición, 2005, págs.106, 108

[6] Gloria Alcorta Mansilla nació en Bayona el 30 de septiembre de 1915 y murió el 25 de febrero de 2012. Fue una escritora franco-argentina, de origen francés, hija de padres argentinos.

[7] Citado en: SEBRELI, JUAN JOSÉ: “Comediantes y Mártires, ensayo contra los mitos”. Debate; 2008, pág.79

[8] Citado en: GAMBINI, HUGO: “Historia del peronismo, el poder total” (1943-1951). Ediciones B Argentina, Tomo 1, año 2007,pág. 244.

[9] LUNA, FÉLIX: “Perón y su Tiempo”, Tomo 1, “La Argentina era una fiesta, 1946-1949”. Ed. Sudamericana; 1984, pág. 435.

[10] “sospechada por Joan Benavente de ser lesbiana” según anota Juan José Sebreli, Comediantes y Mártires, ensayo contra los mitos. Debate, 2008, pág. 86.

[11] PAGE, JOSEPH A: “Perón, una Biografía”. Sudamericana de Bolsillo; 1ª edición, 2005, pág.86.

[12] AIZCORBE, ROBERTO: “El Mito Peronista, Un ensayo sobre la reversión cultural ocurrida en la Argentina en los últimos 30 años”. Ediciones 1853; Bs.As, 1976, pág. 209.

[13] SEBRELI, JUAN JOSÉ: “Comediantes y Mártires, ensayo contra los mitos”. Debate; 2008, pág. 87.

[14] Aunque sin muchas precisiones, también se la vinculó a Eva Duarte con el coronel Aníbal Imbert, que fue quien justamente la persona que se la habría entregado a Perón en el Luna Park

[15] Basado en una novela de Pedro Antonio Alarcón.

[16] Se le llama así a las mujeres que buscan enamorar futbolistas exitosos para vivir de ellos y conseguir ascenso económico.

[17] PAGE, JOSEPH A: “Perón, una Biografía”. Sudamericana de Bolsillo; 1ª edición, 2005, pág 108

miércoles, 17 de octubre de 2018

COAN: Joaquín Oytaben, primer mártir de la Aviación Naval


“16 de OCTUBRE de 1915”

CONDESTABLE ARTILLERO DE 1RA. JOAQUIN OYTABEN (Piloto Aviador Nº 57)

PRIMER MÁRTIR DE LA AVIACIÓN NAVAL ARGENTINA

Por el Corresponsal Naval Prof. Pablo M. Arbeleletche

Teniendo siempre presente la figura del Condestable Oytaben, quien ofreció todo para instruir a personal de la Marina de Guerra.

El Contraalmirante Montes había ido autorizando la realización de trabajos de carpintería y entelado en el Arsenal de Río Santiago, y de mecánica en el de Zárate, así como también la dedicación a tales trabajos de varios suboficiales, entre los que se encontraban Riera y Guerin, ya de regreso de Europa. Scapuzzi había fallecido en La Plata, a poco de llegar, víctima de un accidente de tránsito.
Previendo que de un momento a otro podrían terminar su aprendizaje los alumnos civiles que quedaban en la escuela, vale decir, los hermanos Bernardo y Pedro Artigau y Miriam Jaiam, así como también el Teniente del Regimiento Nro. 6 de Infantería, Ruperto Silveyra a quien impartía instrucción el Teniente Aviador Militar Baldomero J. De Biedma, el Contraalmirante Vicente E. Montes obtuvo del Ministro de Marina, Contraalmirante Juan Pablo Sáenz Valiente, la siguiente resolución, precursora de la oficialización de la escuela:

“...Buenos Aires, abril 19 de 1915...Vistos los trabajos ya adelantados que respecto a aviación se han efectuado en el Arsenal del Río de la Plata y la necesidad de encauzar en un régimen riguroso de enseñanza apropiada a los individuos que soliciten seguir un curso de aviación...El Ministro de Marina...RESUELVE...1°) Mientras no se constituya definitivamente la Escuela de Aviación de la Armada, se adscribirá a la Sección Armamento del Estado Mayor del Arsenal del Río de la Plata, todo el personal que tenga permiso de este Ministerio para seguir los cursos de aviación, con el fin de aprender y practicar en la especialidad...2°) Por la Dirección General del Personal, se dará la reglamentación provisoria necesaria...3°) La Dirección General Administrativa proveerá la nafta y aceite especial, así como los artículos de consumo y limpieza estrictamente necesarios...4°) Autorízase a que continué dando las clases elementales de práctica de aviación, al Condestable Artillero de 1ra. Joaquín Oytaben...5°) Hágase conocer de la Escuadra para su cumplimiento...Firmado J.P. Sáenz Valiente...”

Por Orden del Día N° 126 del 9 de junio queda destinado a trabajos de aviación y autorizado para realizar el aprendizaje de vuelo, el siguiente personal:

Condestable Artillero Instructor de 1ra. Clase Joaquín Oytaben
Suboficial Maquinista de 2da. Clase Jacinto Riera
Mecánico Electricista Principal José Angel Pennachi
Mecánico Electricista de 1ra. Clase Luis J. Carlini
Contramaestre de 2da. Clase Gregorio Foppiano
Mecánico Maquinista de 2da. Clase Juan Guerin
Carpintero de 2da. Clase Guillermo Covas

Por resolución del mismo día, fue dispuesto el paso del Teniente de Fragata Raúl Moreno a la indicada Sección Armamento, quien se hizo cargo de todo el personal mencionado anteriormente.
Fue tan grande la consagración del Condestable Oytaben a la enseñanza del vuelo a sus camaradas, que en poco tiempo todos los nombrados anteriormente volaban solos y se ejercitaban en la realización de las pruebas exigidas en los exámenes.

El 16 de octubre se produjo lo tan temido, una picada más violenta que de costumbre, voluntaria o como consecuencia de una embarcada, y el H. Farman, pasaba la vertical, momento en que Oytaben se desprendía de su asiento y caía a tierra muriendo a raíz del golpe. El biplano, al quedar invertido, se partió en el aire y se estrelló a un centenar de metros de donde yacía el cuerpo del infortunado piloto.

La repercusión de la muerte de Oytaben, hizo cesar en el Aeródromo de la Provincia de Buenos Aires, toda ingerencia de la Marina de Guerra y se trasladaron al Arsenal todos los elementos que había facilitado a fin de contribuir, en parte, a la formación de pilotos navales. El personal, por consiguiente, volvió a sus tareas en la Sección Armamentos.
Así las cosas, el Contraalmirante Vicente E. Montes, junto con el Capitán José M. Moneta obtuvieron autorización del Ministro de Marina, Contraalmirante Juan Pablo Sáenz Valiente, para continuar ocupándose del estudio de la implantación de la aviación en la Armada y evitar la dispersión de los elementos humanos y materiales disponibles.



FUENTE DE INFORMACIÓN


Crónica Histórica de la Aeronáutica Argentina (Tomo II) Colección Aeroespacial Argentina Año 1969
Tomos I y II Historia de la Aviación Naval (Pablo E. Arguindeguy –
Buenos Aires 1981)
Revista MACH 1 (Circulo Profesional de Aviadores Navales)

jueves, 11 de octubre de 2018

Guerra del Paraguay: La última diana de Tuyutí

La última diana




Revisionistas

En la noche del 24 de mayo de 1866, el silencio que sigue a las grandes tempestades, reinaba en los campos de Tuyutí.

Durante el día no había cesado de bramar el cañón; se combatió fieramente por ambos bandos, y tanto aliados como paraguayos, en tal acción guerrera dieron muestras de que la bizarría y el valor eran inherentes cualidades de sus férreos ánimos, como lo demostraban los miles de cuerpos que yacían, ya alcanzados por las mortíferas balas, ya atravesados por las agudas puntas de las bayonetas.


Entre aquéllos, mortalmente herido, encontrábase el viejo Gómez, trompa del 6 de Línea…

De esa no se salvaba… Esto era lo que pensaba el veterano, notando que apenas le permitía respirar la bala que en su pecho se alojara en momentos de marchar al frente de sus camaradas tocando al ataque.

Apoyado sobre su codo vagaba su desfalleciente mirada en torno suyo… Buscaba el clarín que de la mano se le desprendiera al caer; pero si muchos quejidos pudo oír, nada logró entrever, en la oscuridad de la noche.

Tanteó a sus costados, sin dar con el codiciado objeto, arrastróse después penosamente hacia un punto que a varios pasos de distancia brillaba con metálicos reflejos, mas un grito ahogado le interrumpió al encontrar lo que tanto ansiaba no perder.

- ¿Quién es el animal que me ha golpeado la cabeza…? – murmuró luego una lastimera voz- Casualmente donde recibí la bala.

- Perdóname, fue sin querer. Buscaba mi corneta- le contestó Gómez cayendo nuevamente desfallecido por el esfuerzo, mas besando entonces la amada compañera de su ruda vida, trozo de metal, sin mayor valía para cualquier otro, pero para él inapreciable reliquia como antes lo fuera para su padre.

Era su única familia en el mundo, y mientras continuaba besándola cariñosamente, recordaba cuan ilimitado respeto le profesaba en su niñez, cuando el autor de sus días ejecutaba en ella marciales aires militares y como más tarde al ser heredada por él, prosiguiendo la tradición en el hogar de los Gómez, la convertía en su más mimada joya, engalanándola con los lujosos cordones de seda que tanta envidia causaban en sus compañeros de la banda lisa.

La voz del herido a quien había molestado le sacó de las meditaciones en que estaba embebido.

- ¿De qué regimiento sos?

- Del 6 de Línea…

- Entonces semos del mesmo…? Hemos de ser amigos y p’cha con la balita! No me deja hablar.

- Soy el corneta Gómez…

- ¡No digo…! Pero, quien t’iba a conocer con esa voz de cabrito recién nacido! Yo soy el tambor Garrido…. hasta dentro de un rato, porque no tardaré en cantar pa’l carnero…

- Crés Garrido que falta mucho pa amanecer? – le preguntó el trompa al reconocerlo y sin atender lo que decía. -¡Si pudiéramos, aunque sea un momento ver el sol del 25!

- Ché hermano, me parece que no! Ya nos han tocao silencio…

- ¡Suerte perra! ¡Si al menos juera 26…!

Calló el bravo milico y apesadumbrado con la idea de morir sin haber contemplado una vez más siguiera, el sol de la fecha que tan amorosamente recuerda todo argentino, masculló entre dientes una enérgica interjección criolla.

Pasaban las horas.

De pronto Gómez abrió desmesuradamente los ojos queriendo imprimir doble intensidad visual a su mortecina mirada. Pensó primeramente sufrir una ilusión, pero pronto no le cupo duda…¡Vislumbraba la sonrosada luz de la aurora!…

Sacudió a Garrido que permanecía inmóvil con el brazo sobre la cara y le señaló lleno de emoción, con su extendida diestra, la rojiza mancha.

- ¡Ya clarea !- murmuró al oído de su amigo.

- ¡Gracias a Dios! ¡Andamos con suerte!

Lanzaron un suspiro de gratitud y con infantil alegría, olvidando sus dolores, vieron aparecer la aurora del 25 de Mayo.

- ¡Si pudiéramos saludarlo con la diana de otros años!… ¿Qué te parece?… Prepará el tambor…

- Aquí lo tengo al lao, pero no sé si podré mover las manos… En fin, vamos a ver… Sentémonos…

Y el sol iluminó de lleno el rostro de aquellos bravos, que rindieron la vida entonando la última diana…



Miguel Jaunsarás

viernes, 28 de septiembre de 2018

Guerra de la Independencia: Batalla de Chacabuco


Batalla de Chacabuco


 Revisionistas





Batalla de Chacabuco - 12 de Febrero de 1817

Para poder alcanzar su objetivo final, que era lograr la independencia del Perú ocupando Lima, en acción coordinada con Bolívar, el general San Martín había previsto cruzar la cordillera de los Andes, en el mes de enero de 1817, y libertar a Chile. Las fuerzas principales que integraban el Ejercito de los Andes -que entonces dependía de las Provincias Unidas del Río de la Plata- lo hicieron divididas en dos columnas de efectivos. La más importante, por el llamado “camino de Los Patos”, a las órdenes del brigadier general Estanislao Soler. Por el mismo camino marcharon el Libertador y el brigadier O’Higgins. La columna menor, lo hizo por el “camino de Uspallata”, a las órdenes del general Juan Gregorio de Las Heras. Esa ruta fue utilizada también, dada su menor dificultad, por gran parte de la artillería y los abastecimientos, conducido por el capitán fray Luis Beltrán. Ambas columnas debían apoyarse mutuamente y reunirse en el valle del río Aconcagua, en la zona comprendida entre San Felipe y Santa Rosa de los Andes. La intención de San Martín era avanzar hacia la cuesta de Chacabuco, donde tenía previsto conducir una batalla de aniquilamiento. Con el fin de obligar al jefe español, Casimiro Marco del Pont, a dispersar sus fuerzas y engañarlo sobre la oportunidad y lugar de su esfuerzo principal, el Libertador había ordenado cuatro travesías secundarias con efectivos menores: dos al norte y otras dos al sur. A pesar de los múltiples problemas que supuso atravesar montañas de hasta 5.000 metros de altura, en un frente de 800 kilómetros de extensión y con recorridos que fluctuaban entre los 380 y 750 kilómetros, los diversos agrupamientos mencionados aparecieron casi simultáneamente sobre el territorio chileno entre los días 6 y 8 de febrero de 1817.La columna mayor del ejercito patriota ocupo San Felipe el día 8 de febrero, después de librar los combates de Achupallas el día 4 y de Las Coimas el día 7 de ese mes. Por su parte, el coronel Las Heras alcanzó Santa Rosa también el día 8, debiendo combatir durante su marcha con débiles fracciones españolas en Picheuta, Potrerillos y Guardia Vieja. Reunida así la masa de los efectivos, San Martín estimó la imposibilidad realista de oponérsele con fuerzas suficientes, aunque tenía la certeza que habría cierta resistencia en el área de la cuesta de Chacabuco, dada su importancia estratégica.

El 10 de febrero agrupó su ejército al pie de la cuesta y, después de realizados los reconocimientos en detalle, resolvió dar la batalla el día 12 a la madrugada, previa discusión del plan con sus jefes subordinados, el 11 al mediodía oportunidad en la cual impartió la orden de ataque. Por su parte, Marco del Pont dispuso la rápida reunión hacia las cercanías de Santiago de los efectivos de Rancagua, Curicó y Talca. En la tarde del 10 de febrero nombró al brigadier Rafael Maroto comandante de las tropas y, con órdenes poco precisas, le mandó marchar al lugar alcanzado por San Martín. El jefe español llegó a la hacienda de Chacabuco en la tarde del día 11, con algo más de 2.000 hombres. Se adelantó a reconocer la cuesta, decidiendo ocuparla en la mañana siguiente. Calculó a los efectivos de San Martín en unos 800 hombres y esperó el ataque dentro de las siguientes 48 horas, lo cual daría tiempo para la llegada de los refuerzos solicitados a Santiago. Al retirarse hacia la hacienda, en la noche del día 11, dejó en la cuesta una fracción de seguridad a órdenes del capitán Mijares.


San Martín apreció acertadamente que el enemigo se defendería en la cuesta de las alturas de Chacabuco, pero ignoraba que, según el plan de Maroto, ello se haría efectivo a partir del día 12. En la mañana del 11 de febrero había comprobado avanzadas enemigas entre la Quebrada de los Morteros y la Loma de los Bochinches, creyendo que se trataba de una parte del grueso realista. Como la posición era fácil de atacar por sus flancos, resolvió adelantar su ejército esa noche hasta Manantiales, para asaltarla al amanecer del día 12 de febrero.

Para ello formó dos divisiones. La primera, a ordenes de Soler, compuesta por los batallones No 1 y 11, las compañías de granaderos y volteadores de los batallones No 7 y 8, el escuadrón escolta, el 4º escuadrón de granaderos y 2 piezas de artillería. Estas fuerzas debían atacar por el oeste. La segunda, al mando de O’Higgins, formada por el resto de los batallones No 7 y 8, los tres escuadrones restantes de granaderos y 2 piezas de artillería, que realizarían la misma operación por el lado este. El total de estas tropas alcanzaba a unos 3.500 hombres, de los cuales 2.000 correspondían al mando de Soler.

Este primer plan se ejecutó a partir de las dos de la madrugada. Con las primeras luces se atacó a los efectivos de Mijares, los que se replegaron rápidamente hacia la masa del ejército real, siendo sorprendidos mientras avanzaban a la altura del cerro del Chingue.

En tal oportunidad se modificó el plan inicial patriota, pues Maroto había ocupado una posición defensiva en los cerros Guanaco, Quemado y Chingue al tomar conocimiento del repliegue de Mijares. San Martín consideró estas posiciones fácilmente rodeables, y como se trataba en su gran mayoría de fuerzas de infantería, resolvió conducir una batalla ofensiva con una acción frontal de aferramiento con la división O’Higgins y una maniobra envolvente con la división Soler, por el camino de la Cuesta Nueva, lo cual aseguraba caer por sorpresa sobre la retaguardia enemiga.

Al impartir las instrucciones a ambos jefes, encomendó a O’Higgins la misión de amenazar el frente realista sin comprometerse seriamente, con el fin de distraer la atención y dar tiempo a que la división Soler -cuyo trayecto era más largo- desembocase por el frente oeste de la posición. En ese momento ambos debían lanzarse al asalto, coordinando sus respectivas maniobras. No obstante las recomendaciones de no quebrar la simultaneidad de ambos ataques, O’Higgins ordenó proseguir el avance de su columna hasta alcanzar las distancias de tiro. Dado lo escabroso del terreno, recién al sobrepasar el cerro de los Halcones pudo desplegar en batalla, abriendo inmediatamente el fuego, el que fue intensamente contestado desde la posición realista. Al cabo de una hora, O’Higgins ordenó a sus tropas pasar al asalto, las que se lanzaron sobre el cerro Guanaco y el Quemado. Los escuadrones de granaderos fueron dirigidos por el estero de Las Margaritas contra el ala oeste enemiga. El intenso fuego y la acción decidida de la defensa española rechazaron este intento.

Desde lo alto de la cuesta, San Martín presenció el estéril esfuerzo, y temiendo que Maroto aprovechase la momentánea ventaja lograda para pasar a un contraataque, que podía significar la derrota de la primera división, ordenó a su ayudante Alvarez de Condarco que alcanzase a Soler y le instara a apresurar su avance. Luego, el Libertador cabalgó velozmente cuesta abajo para tomar la conducción personal de la primera división. Cuando llegó al morro de Las Tórtolas Cuyanas ya era tarde: O’Higgins había renovado su ataque y, por lo tanto, no era posible retroceder. Avanzando nuevamente por la quebrada de la Ñipa, pero ahora con la Caballería en el ala este, el prócer chileno se empeñó por segunda vez.

El peligro de un fracaso desapareció poco después, pues se hizo sentir la proximidad de Soler manifestada por una visible vacilación del ala oeste de la posición.

Soler había alcanzado, a la una y media del mediodía, la pendiente occidental del cerro del Chingue sin que sus defensores lo supiesen, pues trataban de contener nuevamente a O’Higgins. El ataque del batallón No 1, que marchaba a la cabeza, resultó una verdadera sorpresa para los realistas. Comprendieron que la caída del morro el Chingue significaría el derrumbe de toda resistencia, por lo que trataron de retenerlo tenazmente, no pudiendo evitar su derrota final.

Cuando San Martín llegó al campo de la lucha vio decidida la batalla: tomó la bandera de los Andes de manos de su portaestandarte y se colocó a la cabeza de los granaderos, lanzándose a la carga contra un ala de la posición. El escuadrón de Medina pasó audazmente por uno de los claros de la infantería española, alcanzando a sablear a los artilleros sobre sus mismas piezas. Al mismo tiempo, Zapiola hacía otro tanto, envolviendo el ala derecha en una impetuosa carga y los batallones No 7 y 8 se apoderaron del cerro Guanaco, haciendo replegar a sus defensores.

Después del combate hubo una corta persecución de la Caballería patriota hasta el Portezuelo de la colina. Los perseguidores regresaron a Chacabuco, sin advertir que al Sur del citado Portezuelo, y a escasa distancia del mismo, se encontraba el comandante Baranao con 180 húsares. Fue el único refuerzo que pudo ser dirigido a tiempo para recibir a los fugitivos de Chacabuco, pues el resto -alrededor de 1.600 hombres con 16 piezas de artillería, que Marco del Pont había logrado reunir en Santiago en la mañana del mismo día de la batalla- se hallaba imposibilitado de proseguir la marcha hacia el norte debido al cansancio físico de las tropas. Las pérdidas de los realistas ascendieron a 500 muertos, 600 prisioneros (incluyendo 32 oficiales), 2 piezas de artillería, un parque completo y 3 banderas. A los patriotas, este triunfo significo 12 muertos y 120 heridos. San Martín resumió de esta forma la victoria obtenida: “En 24 días hemos hecho la campaña, pasamos las cordilleras más elevadas del globo, concluimos con los tiranos y dimos la libertad a Chile.”

Fuente


Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado

Picciuolo, José Luis – La Batalla de Chacabuco – Instituto Nacional Sanmartiniano.

Portal www.revisionistas.com.ar

lunes, 24 de septiembre de 2018

Saint-Tropez, la ciudad que hermana a Argentina y Francia por Bouchard

El pueblo francés que celebra el 9 de Julio y rinde honores a un héroe de nuestra Independencia 

En esa fecha, junto al mar, cerca de Saint-Tropez, donde se inició como marino, flamean juntas las banderas francesa y argentina para homenajear a Hipólito Bouchard, nacido allí en 1780. La esposa del presidente Emmanuel Macron visitó este año el monumento de nuestro corsario




Por Claudia Peiró
Infobae
  Cada 9 de Julio, las calles de Bormes-les-Mimosas, en la Riviera francesa, se engalanan con banderas de ambos países

Daniel Degani es un médico argentino que vive en Aviñón, Francia, desde el año 1998. A comienzos de los años 2000, un 9 de julio, paseaba por Bormes-les-Mimosas, un pueblito de la Costa Azul, cuando escuchó los acordes del Himno Nacional argentino. Creyó que la nostalgia lo estaba haciendo alucinar. Pero no, en una plazoleta del pueblo estaba concluyendo un pequeño acto de homenaje a un hijo del lugar, el corsario de bandera argentina Hipólito Bouchard.

 
El alcalde de Bormes-les-Mimosas, François Arizzi, hablando en el homenaje a Hipólito Bouchard

Se acercó emocionado a conversar con el alcalde de Bornes, presente en el acto. Supo que esa ceremonia se venía realizando desde 1983 y que no había participado ninguna autoridad argentina.

"Tomé la posta inmediatamente -contó Degani a Infobae– y actualmente este homenaje dura 4 días, del 6 al 9 de julio, con distintas actividades, incluido un Festival de Tango bajo la dirección artística de Dhyana Baldo, bailarina profesional, que reside mitad en Buenos Aires, mitad aquí".
  Así lucen las calles de Bormes-les-Mimosas los 9 de julio

Todo el pueblo se engalana para la ocasión, con banderas francesas y argentinas, cuenta. Hay charlas, conferencias, actos, asisten delegaciones de las Marinas argentina y francesa y hasta se puede comer "choripán" en las calles, por iniciativa de un restaurante local que consultó con Degani qué comida argentina típica se podía servir para honrar la fecha.

En el video que sigue, puede verse el momento en que suena el Himno Nacional argentino seguido de La Marsellesa. Ceremonia que se repite año a año, en la plazoleta Bouchard, en presencia de autoridades civiles y de la Marina de ambos países.

 
El Festival de Tango en Bormes-les-Mimosas


"El 9 de julio último -dice Degani-, por ser 2018 el año del Centenario del fin de la Primera Guerra Mundial, asistieron al homenaje a Bouchard, el director de Sanidad de la Armada, comodoro Marcelo Christian Tarapow, quien dictó una conferencia sobre el hospital de guerra que la Argentina levantó en París en esos tiempos y en el cual sirvieron los prestigiosos cirujanos Pedro Chutro y Ricardo Finochietto. entre otros".

La delegación argentina que participó este año estuvo integrada por, el jefe de la misión naval en Europa, contralmirante Eduardo Traina y su segundo, el capitán de Fragata Eduardo Castro Maggio, además del director de Sanidad de la Armada, comodoro de Marina Marcelo Tarapow

También Degani, que nació en Paraná, es médico cirujano. Trabajó en la Armada y también en el hospital de Clínicas.

En 2010, el capitán de navío Jorge Bergallo -a quien los argentinos conocimos hace poco porque su hijo Ignacio era el 2° Comandante del submarino Ara San Juan– le propuso a Degani abrir una delegación del Instituto Nacional Browniano -que Bergallo presidía por entonces- en Francia. Hoy esa delegación es una realidad y Degani la preside junto con un marino francés, Laurent Pavlidis, historiador y escritor, que dirige el Museo de Historia Marítima de Saint-Tropez.

  El alcalde de Bormes-les-Mimosas deposita una ofrenda floral frente al monumento a Bouchard

Ese puerto mediterráneo es especialmente conocido por su faceta showbiz. Ahora, gracias al Museo, recientemente renovado, los habitantes de Saint-Tropez están descubriendo el gran papel que jugó su ciudad-puerto en el desarrollo de las rutas comerciales mundiales y en los viajes de exploración.

Saint-Tropez fue un verdadero semillero de marinos que, al compás de la expansión comercial, la colonización y las guerras, se fueron diseminando por el mundo. Muchos de ellos, como "nuestro" Bouchard protagonizaron verdaderas hazañas en el mundo.
 

Hoy, este corsario de bandera argentina figura en el podio de los tres personajes más grandes que ha dado la región, junto con el general Jean-Francois Allard (1785-1839), que sirvió bajo las órdenes de Napoléon, y el almirante Pierre André de Suffren de Saint-Tropez (1729-1788), célebre por sus triunfos sobre los ingleses en el Océano Índico.


Hipólito Bouchard por José Gil de Castro. De uniforme peruano y luciendo la Orden del Sol creada por José de San Martín, el corsario posó unos años antes de su muerte para este cuadro, que pertenece a un coleccionista privado de Chile

Pero hasta hace pocos años, Hyppolite Bouchard era un perfecto desconocido en Francia. Gracias a la iniciativa de la municipalidad de Bormes, que empezó con estas ceremonias en 1983, y al empuje que en los últimos años le dieron Daniel Degani y su amigo Laurent Pavlidis, en el año 2010, Bicentenario de la Revolución de Mayo, la ciudad de Saint-Tropez le dedicó el año a la ARgentina y se editó la primera biografía de Bouchard en francés.
 



Bormes-les-Mimosas tiene 7500 habitantes. Hoy el pueblo posee una plaza con monumento dedicado a Bouchard. El paisaje de la Riviera es uno de los más lindos de Francia. A esa comuna pertenece el Fuerte de Bregançon, en una isla frente a la costa, que es utilizado como residencia de verano de los presidentes de Francia.

Este año, en agosto, la Primera Dama, Brigitte Macron, hizo una recorrida por Bromes y, naturalmente, pasó por la plaza Bouchard y se detuvo frente al monumento donde el alcalde Arizzi le contó de quién se trataba.
  Brigitte Macron, esposa del Presidente francés, de recorrida por Bormes-les-Mimosas, acompañada por Philippe May (de traje), esposo de la Primer Ministro británica Theresa May, y por el alcalde Arizzi (der)




La Primera Dama de Francia se detuvo frente al Monumento a Bouchard, en su recorrida por Bormes-les-Mimosas, comuna a la cual pertenece la residencia de verano de los presidentes

Todos los años, la Fragata Libertad pasa por Bormes-les-Mimosas en su periplo mundial. Como el puerto es demasiado pequeño para atracar, destaca una comisión de cadetes que va a rendir homenaje a Bochard.

 

En las últimas conmemoraciones, la delegación argentina de funcionarios presentes va creciendo. Al cónsul general de Argentina en Francia, se unen autoridades navales.

Pero además, gracias a estos fortalecidos vínculos entre Argentina y Francia a partir del recuerdo y homenaje al marino Bouchard suceden otras cosas significativas: el 29 de noviembre de 2017, el municipio de Bormes-les-Mimosas fue uno de los primeros lugares donde se homenajeó a la tripulación del desaparecido submarino ARA San Juan. El Alcalde y todo el Concejo Municipal participaron del acto.
 
El capitán de Navío Thibault Haudos de Possesse y el comodoro de Marina Marcelo Tarapow, que ha asistido a los últimos dos homenajes, en 2017 y 2018 para dictar conferencias



El imponente busto de Bouchard, en bronce, que parece presidir Bormes, ya que el monumento está emplazado en la parte más elevada del pueblo, fue donado por la Marina argentina, al igual que el que se encuentra en el Museo de Saint-Tropez, que es idéntico al de la plaza de Bormes.



En este video de la televisión local, puede verse a Laurent Pavlidis en el Museo de Saint-Tropez, explicando quién fue Bouchard.

Degani y Pavlidis no se limitan a homenajear a Bouchard; también han estado hurgando en todos los archivos posibles para reconstruir la etapa menos conocida de la vida del marino francés, que se inició en los oficios del mar en Saint-Tropez y luego en la Escuela de Marina de Toulon, que es justamente su etapa "francesa".
 

Entre otras cosas han esclarecido el misterio del nombre. Nacido como André Paul Bouchard, por mucho tiempo se especuló sobre los motivos por los cuales adoptó el Hippolyte (luego castellanizado). Fue en recuerdo de su hermano menor de quien se separó siendo éste muy chico.

Degani también descubrió que en Buenos Aires actuó otro Hippolyte, también originario de la zona. Es uno de los personajes que aparecen en el cuadro de Charles Fouqueray, La Reconquista de Buenos Aires, en el que se ve la rendición de Beresford. Se trata de Hippolyte Mordeille, también nacido en Bormes, que jugó un papel importante en el asalto final al fuerte de Buenos Aires: fue él quien obtuvo la espada de William Carr Beresford.
 

 
En la ceremonia del año 2016, el cónsul argentino en Francia, Luis María Sobron, saluda a Vincent Maurel, descendiente de Bouchard por vía materna


En el año 2014, una delegación de Bormes-les-Mimosas visitó Buenos Aires, para visitar todos los sitios vinculados a Hipólito Bouchard y en especial el panteón donde está su sepultura. El historiador Miguel Ángel de Marco, actual director del Instituto Nacional Browniano, presentará muy pronto una biografía de Bouchard.

Un aporte más al rescate de personajes admirables de nuestro pasado cuyo nombre conocemos porque está grabado en el bronce -plazas, calles, monumentos- pero cuya trayectoria muchas veces ignoramos.
 

Una de las tareas de la delegación del Instituto Nacional Browniano en Francia, además de difundir la trayectoria de Guillermo Brown y los lazos de amistad entre ambos países, y en especial entre sus Marinas, es investigar sobre la vida de marinos franceses poco o nada conocidos en su propio país y que tuvieron gran protagonismo en la historia de América Latina. Es el caso de Bouchard, pero también el del maltés Juan Bautista Azopardo, el de Ángel Hubac, otro marino francés que actuó en el Río de La Plata, y el del ya mencionado Hippolyte Mordeille.

  De izq a der: Dhyana Baldo, directora artística del Festival de Tango Argentino,Valérie Collet, directora de Turismo de Bormes, el concejal Daniel Monier, el director de Gabinete del Alcalde, Olivier Gritti, la secretaria y el médico argentino Daniel Degani



 
Daniel Degani, centro, acompañado del alcalde de Bormes-les-Mimosas, François Arizzi (con la biografía de Bouchard en la mano), y del concejal Daniel Monier, con quien Degani inició estas conmemoraciones



La trayectoria de Bouchard se merece todo menos el olvido. Fue uno de los primeros marinos en circunvalar el mundo, y el segundo francés en hacerlo, como bien recuerda Daniel Degani. Antes fueron los españoles Magallanes y Elcano, luego los ingleses Drake y Cavendish, y el también francés Louis Antoine de Bougainville (en torno a 1766), quien le dio nombre a nuestras Malvinas, por ser originario del puerto de Saint-Malo las llamó Malouines…


El recorrido que hizo Hipólito Bouchard en 1817

El periplo de Hipólito Bouchard está cargado de simbología para los argentinos. No sólo su nave llevaba el nombre "Argentina" muchos años antes de que esa fuese la denominación oficial de nuestro país -así bautizó él a este barco "recuperado" en su campaña en las costas chilenas y peruanas a las órdenes de Guillermo Brown– sino que zarpó de Buenos Aires el 9 de julio de 1817, fecha del primer aniversario de nuestra Independencia, llevando consigo varias copias del Acta firmada en Tucumán, para dar a conocer al mundo el surgimiento de una nueva Nación.



jueves, 13 de septiembre de 2018

San Martín: La carta recuperada de la corrupción peronista

Exclusivo: la carta de San Martín a O´Higgins que tenía Cristina Fernández de Kirchner en su casa 

El Archivo General de la Nación es el depositario judicial de la misiva

Infobae
 



Don José de San Martín penaba desde lejos. Estaba en Francia y le escribía al patriota chileno Bernardo O´Higgins que estaba en Lima. El 26 de diciembre de 1835 escribió una carta que, casi 183 años después, fue hallada -durante un allanamiento judicial- en la casa de El Calafate de la ex presidente de la Nación Cristina Fernández de Kirchner. En la carta, San Martín decía que "ser feliz es imposible" a raíz de la situación por la que pasaban los países de América.

En la misiva, San Martín se quejaba del trato que recibieron los libertadores por parte de quienes gobernaban entonces los países liberados. Y se manifestaba preocupado por la situación de O´Higgins en Lima, Perú. San Martín se refería a las persecuciones a las que fueron sometidos y aludía a Juan Manuel de Rosas. San Martín le contaba a O´Higgins que el "Governador" había despedido a su "hijo" del cargo que tenía en el área de "negocios Extranjeros". San Martín llamaba hijo a Mariano Balcarce, quien se había casado con su única hija Merceditas. Sentía que su familia era objeto de una persecución por parte de Rosas y eso es lo que lo mantenía alejado de la Patria.

 

San Martín, en la carta, le explicaba a O´Higgins que su correo era de absoluta confianza. Era Jean Baptiste Washington de Mendeville el marido de Mariquita Sánchez de Thompson.

La carta, que aún no se sabe cómo llegó hasta la casa de El Calafate, fue entregada por el juez Bonadio en custodia al Archivo General de la Nación.

Durante la semana, el juez a cargo de la investigación iniciada a partir de las anotaciones del chofer Oscar Centeno, le entregó las dos carillas, enmarcadas, a Emilio Perina, quien dirige el Archivo General de la Nación.
  Allanamiento en la casa de Cristina Kirchner

Desde el Archivo General de la Nación tratan de determinar la procedencia de la misiva. Aunque tal como publicó Infobae, según el historiador sanmartiniano Roberto Colimodio, "esta carta transcrita y publicada por el Archivo de O'Higgins en Santiago de Chile, tendría que haber estado en poder trasandino pues allí fue remitida". No se sabe cómo llegó a manos de la familia Kirchner.

La carta que es reproducida por Infobae con la ortografía original con la que San Martín la escribió, dice:


"Al Exmo Señor Don Bernardo O Higgins
Cap. General de los Extos de Chile y Perú

Paris 26 de diciembre de 1835


Exmo Don Bernardo O´Higgins


Compañero y querido amigo


Despues de más de tres años sin recivir la menor noticia de Usted ni del amigo Álvarez, mis cuidados no serían tan alarmantes si el Perú se hallare en tranquilidad, pero haviendo visto por los papeles publicos los males que se han desplomado sobre ese desgraciado país, y las violentas mutaciones de los goviernos que se han sucedido, estoy con una grande inquietud hasta saver qual a sido la suerte de Usted y de su amable familia: Algunas vezes me consuela la idea de que sea qual fuere el hombre que se halle al frente del Govierno sabra respetar al honrado, Bravo, y Patriota General O´Higgins, so pena de ser un monstruo de injusticia: pero como la reciente historia de los nuevos estados Americanos ha demostrado que no solo no saben tributar omenaje a esa virtudes, sino por el contrario ellas son la causa de persecuciones, mis temores se renueban alternativamente a mis esperanzas. Sáqueme usted mi buen amigo de esta cruel incertidumbre escriviendome quatro letras de tiempo en tiempo, diciendome simplemente, estoy con salud y gozo de paz, con mi familia esto es todo lo mas que puede decirse en las circunstancias en que se halla ese país, porque ser feliz es imposible presenciando los males que aflijen a la desgraciada América: si la distancia del teatro de los acontecimientos causan mí una impresión dolorosa ¿que no le sucederá a usted hallandose testigo ocular de ellos? por otra parte yo calculo quan embarazosa debe ser la posición de Usted entre opiniones y partidos tan diferentes, y quan difícil le será tener una conducta capaz por su imparcialidad, de ponerlo a cubierto de sospecha porque en la guerra civil la maxima de reputar enemigo al que no es de la misma opinión es la ley que divide los partidos.

El dador lo será el caballero Mendeville esposo de la amable Mariquita Thompson que ha residido por muchos años en Buenos Ayres de cónsul general de Francia y para el Equador con el mismo empleo. Tocando antes en esa el me prometió hacer a Usted y su virtuosa familia una visita a mi nombre yo se lo recomiendo en la seguridad de ser un caballero apreciable por sus amables cualidades: Como el ha benido recientemente de Buenos Ayres el le impondrá de la situación de aquel desgraciado país. su nuevo governador ha depuesto a mi hijo del empleo de primer oficial de la Secretaría de Negocios Extranjeros y ha declarado una persecución a toda mi familia lo que me ha echo suspender mi marcha.

Mi salud se ha repuesto completamente en el campo, en donde he permanecido 8 meses seguidos, y aún continuaría si los exesivos fríos no me ubieren obligado a benir a la Ciudad.

Un millón de cinceros y amistosos recuerdos de mi para su madre y Rosita y a Usted la amistad eterna que siempre le a proferido su biejo Amigo y Compañero
José de San Martín.

Por el mismo Conducto escrivo al amigo Alvarez".

La carta encontrada entre las pertenencias de la ex presidente será exhibida en breve en el Archivo General de la Nación. Entretanto se debe determinar cómo llegó a la casa de los Kirchner en la bella ciudad santacruceña de El Calafate, que fue definida por la ex presidente como "su lugar en el mundo".

lunes, 10 de septiembre de 2018

Biografía: General Ángel Pacheco (EA)

Angel Pacheco



Revisionistas




General Angel Pacheco (1795-1869)

Nació en Buenos Aires el 14 de julio de 1795, siendo sus padres José Pacheco Gómez Negrete, español, y Teresa Concha Darregrande. Antes de cumplir los 16 años, y después de haber cursado estudios de filosofía en el colegio de San Carlos, el 10 de abril de 1811, se incorporó como cadete al Regimiento de Milicias “Patricios de Buenos Aires”, pasando con esta jerarquía al Regimiento de Granaderos a Caballo, el 22 de noviembre de 1812, siendo promovido poco después a porta-estandarte del afamado cuerpo, en la 2ª Compañía del 1er Escuadrón.

Marchó con el coronel San Martín a la corta campaña siguiendo la margen derecha del río Paraná, para repeler los desembarcos que efectuaban los españoles con el objeto de hostilizar las poblaciones y de recoger ganados para los defensores de Montevideo; en esta oportunidad, el porta-estandarte Angel Pacheco, recibió la misión de su jefe, de actuar como escucha desde Rosario, y en el desempeño de esta tarea pasó todo el día 2 de febrero de 1813 tendido sobre la barranca del río, observando con su anteojo a los buques que pasaban pudiendo así contar la gente que transportaban como también las que desembarcaron frente a la isla situada frente a Rosario, donde los españoles practicaron algunos ejercicios y completaron su dotación de armamento y equipo para el desembarco que debían efectuar al día siguiente. El sagaz porta-estandarte se apresuró a comunicar a su Jefe lo que había observado, y por su digno comportamiento en el combate de San Lorenzo, fue ascendido a alférez de la 2ª Compañía del 1er Escuadrón el 26 de febrero de1813.

Después de esta acción, Pacheco quedó en aquel pueblo a cargo de los heridos que se asistieron en el convento de “San Carlos”, y con un piquete de 40 hombres estuvo encargado de custodiar la costa, teniendo oportunidad, el 23 de agosto del mismo año de rechazar un fuerte desembarco de marinos realistas, en Las Palmas, cerca de Zárate no obstante la superioridad numérica de éstos, obligándolos a abandonar al comandante militar de este último punto, José Antonio Ramírez, al que perseguían conjuntamente con los 16 milicianos que le acompañaban. Los españoles tuvieron aluna pérdida en el rechazo y Pacheco tuvo herido el caballo que montaba.

En el mes de noviembre marchó con los escuadrones de Granaderos a Caballos que fueron enviados al Ejército del Norte, siendo promovido a teniente de la 2ª Compañía del 1er Escuadrón, con fecha 4 de diciembre 1813. Se halló en una fuerte guerrilla en la provincia de Salta, a las órdenes del coronel Manuel Dorrego, que con una división cubría la retirada del Ejército derrotado en Vilcapugio y Ayohuma. En la “Cuesta Nueva”, se batió en 1814 contra una división realista mandada por el coronel Marquiegui estando Pacheco destacado en Concha (Salto), con su compañía. En una sorpresa de consideración en Mojo, el mismo año, a las órdenes del teniente Mariano Necochea, le mataron el caballo. Se encontró también en la sorpresa la 1ª División del Ejército Real en Abrapampa o Puesto del Marqués, el 17 de abril de 1815, bajo el superior comando del general Fernández de la Cruz.

Asistió al combate de Venta y Media, el 20 de octubre del mismo año, bajo la dirección del brigadier Martín Rodríguez; así como en la acción general de Sipe-Sipe, el 29 de noviembre de igual año, a las órdenes del general José Rondeau, batalla esta última en la cual Pacheco recibió una gran herida de bala en un brazo. Había ascendido a ayudante mayor el 8 de octubre de 1815.

Se halló así herido en la derrota que sufrió nuestro Ejército en los “Altos de San Lorenzo”, provincia de Salta continuando la retirada hasta Lules, en la de Tucumán, desde donde los dos escuadrones de Granaderos a Caballo, en setiembre de 1816, marcharon por La Rioja, a la ciudad de Mendoza, para incorporarse a las fuerzas que organizaba el general San Martín para emprender la campaña restauradora de Chile. En ella iba a tomar parte el ayudante Pacheco.

Iniciado el pasaje de la Cordillera, aquél formó parte de la Escolta del general José de San Martín, la que estaba mandada por el comandante Mariano Necochea, el cual adelantándose al grueso del Ejército que marchaba a las órdenes del general Soler, tuvo un encuentro con los realistas, el 7 de febrero de 1817, en las inmediaciones de las Coimas acción en la cual el ayudante Pacheco mandó la derecha de la fuerza de Necochea, arrollando la línea de tiradores enemigos con una carga furiosa. Por su conducta valerosa mereció figurar elogiosamente en el parte del combate, elevado conjuntamente con el de Chacabuco, por el general San Martín; figurando igualmente en el parte de esta última batalla, en la que se comportó con tanta distinción, que para premiarlo, el General vencedor lo mandó a Buenos Aires conduciendo la bandera del Regimiento de Talavera y el estandarte de Dragones de Chile, conjuntamente con otros dos trofeos y el parte de la acción, los que puso en manos del Director Supremo del Estado, general Pueyrredón. San Martín lo había promovido a capitán de la 1ª Compañía de Cazadores a Caballo, con fecha 27 de febrero de 1817 cuyos despachos se le extendieron el 24 de marzo del mismo. Pacheco, que había partido de Santiago de Chile con los trofeos, el 22 de este último mes, llegó a Buenos Aires el 9 de marzo y al día siguiente, Pueyrredón le otorgó el grado de sargento mayor.

De regreso a Chile, Pacheco se incorporó a su cuerpo, que continuaba a las órdenes de Necochea. Marchó a la campaña de Talcahuano, asistiendo al combate de Carapangue, el 26 y el 27 de mayo de 1817 y toma de los fuertes de Arauco. Se batió con denuedo en la sorpresa de Cancha Rayada, el 19 de marzo de 1818. En la retirada que tuvo lugar después de esta desgraciada jornada, salvó con su escuadrón los depósitos que habían quedado abandonados en San Carlos, y de los que se habían apoderado los enemigos ese mismo día. Presentado al general San Martín con lo que había salvado, éste le aumentó el escuadrón y le ordenó cubrir la retirada del ejército, lo que efectuó hasta el Río de Maipú, en donde recibió orden de reunirse al ejército el día antes de la batalla de este último nombre.

En el desempeño de su cometido tuvo un encuentro sobre el río de Rancagua, contra 3 escuadrones de cazadores “Dragones del Rey”, que batió haciéndolos retroceder, persiguiéndoles hasta la “Hacienda de la Compañía”. Se halló en la mencionada batalla de Maipú, el 5 de abril del mismo año, siendo el capitán Pacheco encargado de perseguir al general Osorio, con 40 Cazadores a Caballo, aunque sin lograr darle alcance. Por su comportamiento en esta campaña, San Martín lo promovió a sargento mayor efectivo; lo que fue confirmado por el Director Pueyrredón por despachos extendidos el 13 de mayo, con antigüedad del 15 de abril; recibiendo, igualmente, un cordón de oro y medalla del mismo metal acordado por el Gobierno de las provincias Unidas, y otra medalla otorgada por el de Chile.

Pacheco continuó `prestando servicios en la campaña del Sud de Chile, al mando inmediato del coronel Manuel de Escalada, y el 24 de diciembre de 1818 se halló en un combate en las inmediaciones del río Ñuble, mereciendo ser elogiado en el parte por su comportamiento. Se encontró en la derrota del ejército español en el Bío-Bío, el 19 de enero de 1819, cuyos restos persiguió con su escuadrón hasta bien adentro del territorio de Arauco, habiendo tomado algunos jefes, oficiales y tropa, prisioneros, y sosteniendo varias escaramuzas con los indios que le eran adictos. El 4 de junio del mismo año obtuvo su retiro a inválidos y regresó a Buenos Aires.

Fue uno de los firmantes del famoso manifiesto del general Soler al Cabildo de Buenos Aires, el 10 de febrero de 1820. El 2 de junio de aquel año fue llamado al servicio, e hizo la campaña al Norte, a las órdenes del coronel Manuel Dorrego, y al mando de un Regimiento de Lanceros, compuesto de varios piquetes de otros cuerpos, se halló en la acción de San Nicolás de los Arroyos, el 2 de agosto, contra las fuerzas anarquistas acaudilladas por Alvear, y Carrera. Igualmente se encontró en la del Arroyo Pavón, el 12 del mismo mes, contra los santafecinos de Estanislao López. Se batió en el Gamonal, el 2 de setiembre, jornada en la que fueron batidas las tropas porteñas; y también en un encuentro en las chacras del Mayor, el día 12 de este último mes. Cuando se produjo el motín del coronel Pagola, el 1º de octubre, desconociendo la autoridad del gobernador Rodríguez, Pacheco se halló entre los amotinados y fue quien impuso a Dorrego de aquellos sucesos al llegar a Luján. Después de estos acontecimientos quedó encargado del Departamento del Norte de la provincia, siempre al mando del Regimiento de Lanceros. Por haberse inutilizado por heridas recibidas en función de guerra se hallaba “retirado a dispersos” en el tiempo de la reforma. El 29 de octubre de 1822 se informó que le correspondía estar incluido en el Art. 20 de la Ley de reforma, que se le concedió (1).

El estallido de la Guerra del Brasil iba a permitir recoger nuevos laureles a este distinguido Jefe, siendo promovido a teniente coronel del 3º de Caballería “siendo sargento mayor reformado” el 20 de marzo de 1826, y al organizarse el Ejército Republicano, fue designado 2do Jefe del Regimiento Nº 3 de Caballería de Línea, llamado “Coraceros de Caballería”, cuerpo del cual pronto fue su jefe interino, asistiendo en este carácter a la batalla de Ituzaingó, el 20 de febrero de 1827, en la cual se le dio sobre el mismo campo de la acción el comando de la 1ra División de Caballería de Línea por haber caído herido de muerte, el titular, coronel Brandsen. Por su participación en esta victoria, recibió un cordón de plata con gavetes de oro, pendiente del cuello y un escudo del mismo metal en el brazo izquierdo.

Se hallo también en el combate de Camacuá, el 23 de abril del mismo año 1927, al frente de su División. En el Yaguarón, el 1º de junio, mandando la vanguardia de ejército, en cuya marcha hasta la sierra de Aceguá, en que se reunió al Ejército, tuvo que sostener día a día, fuertes encuentros con los enemigos. En el reconocimiento de los potreros del Padre Filiberto o “Casa Blanca”, en que su División se encontró con todo el ejército enemigo, el 22 de febrero de 1828. Hizo la difícil y peligrosa expedición al territorio enemigo, emprendida en este mes, en la que sostuvo varios encuentros y dispersó un regimiento que procedente de Misiones, marchaba para reforzar las fuerzas imperiales, tomándole muchos prisioneros y 5.500 caballos que remitió en varias remesas al Ejército Republicano, habiendo sido éste el principal objeto de esta expedición por la absoluta necesidad que tenían de ellos las tropas montadas. Se halló en el combate de Las Cañas, el 15 de abril de igual año, a las órdenes superiores del general Julián Laguna. El 1º de mayo de 1827 recibió los despachos de coronel efectivo.

Terminada aquella campaña regresó a Buenos Aires en octubre de 1828, ordenándosele marchara a tomar el mando de las fuerzas del Norte de la provincia de Buenos Aires. Conocida es su actuación en los sucesos que inmediatamente siguieron al motín del 1º de diciembre; el gobernador Dorrego trató de buscar amparo en el Regimiento de Húsares Nº 5, que se encontraba en Areco bajo el mando del coronel Pacheco, pero los comandantes Escribano y Acha se rebelaron contra el último y redujeron a prisión al gobernador Dorrego. Según afirmaciones hechas por el propio Pacheco días después, en un comunicado, desmintieron un párrafo del diario “El Tiempo” sobre la prisión de aquél, la captura del gobernador fue realizada por Escribano valiéndose de una torpe perfidia. Pacheco fue también arrestado en estas circunstancias pero quedó en libertad una vez que se hubo marchado Dorrego con sus aprehensores, quedando autorizado para marcharse a Buenos Aires o quedarse en Areco, si así lo deseaba.

El mes anterior al de estos sucesos, Pacheco realizó una expedición sobre los indios, al mando de una división compuesta de los regimientos: Nº 4 de Milicias, Nº 5 de Línea (Húsares), un escuadrón del 6º y una fuerza de 600 santafecinos; con la cual marchó hasta la costa del Salado, de donde regresó por orden que recibió del Superior Gobierno.

Como consecuencia de la publicación mencionada hecha por Pacheco después del fusilamiento de Dorrego, el primero fue puesto a bordo de un buque de guerra por resolución del Ministro General José Miguel Díaz Vélez, embarcándolo en el bergantín “Balcarce”, donde permaneció detenido un tiempo breve. El 27 de diciembre de 1828 pasó a revistar en la Plana Mayor del Ejército. Caído el gobierno de Lavalle, el coronel Pacheco fue nombrado el 7 de setiembre de 1829 Comandante en Jefe del Departamento Norte.

El 26 de setiembre de 1829, el coronel Angel Pacheco con 70 coraceros sorprendió a los indios en las inmediaciones de la Guardia de Rojas, quitándoles las haciendas que habían robado. El 10 de abril de 1830, al mando de las fuerzas del Departamento a sus órdenes (2), destrozó a los indios en el Salado, los que en gran número habían invadido la frontera, quitándoles las haciendas que llevaban y hasta sus propias caballadas, por lo que el Superior Gobierno le concedió una medalla de oro con el lema de su nombre y apellido. En esta acción recibió una contusión.

Formó parte del Ejército Confederado que, a las órdenes del general Estanislao López, invadió la provincia de Córdoba para destruir el poder del general Paz, y Pacheco, en su calidad de jefe de la vanguardia de aquél, derrotó en el Fraile Muerto, el 5 de febrero de 1831, a la vanguardia enemiga a las órdenes del coronel Pedernera, quedando un batallón entero entre los prisioneros tomados al enemigo. Por sus merecimientos en esta campaña fue promovido a coronel mayor el 13 de diciembre de 1831, no obstante lo cual, Pacheco siguió revistando en la Comandancia del Departamento Norte; y a pesar de esto, desde enero de 1830 figuro en la P. M. I. con la nota “Empleado en el Norte” hasta mayo de 1831, en que deja de revistar.

En la campaña al Desierto, en 1833, bajo el comando superior del general Juan Manuel de Rosas, el general Pacheco fue el 2do Jefe del ejército y estuvo a sus órdenes la vanguardia del mismo. Al llegar la División Izquierda al arroyo Napostá, el 25 de abril, permaneció allí cinco días, siguiendo su marcha recién el 1º de mayo, con rumbo al Sud, dejando Bahía Blanca a la izquierda. Una legua más afuera, Rosas destacó una división de 800 hombres al mando de Pacheco, para que remontase el Río Negro, mientras que él con el grueso de las fuerzas, siguió por la margen interior del Sauce Chico, hasta unas cinco leguas, donde acampó. El 10 de mayo, Pacheco ocupaba el Río Negro, haciendo pasar dos escuadrones a la margen opuesta, bajo el mando de los comandantes Hilario Lagos y Francisco Sosa. Pacheco remontó el río hasta cerca de Choele-Choel y el día 26 de mayo lanzó a los dos comandantes citados sobre la tribu del famoso cacique Payllaren, la que fue destruida por aquéllos, matando al propio Cacique y a casi todos los indios de pelea, y tomando prisioneras a casi todas las familias salvajes. En los primeros días de julio, Pacheco llegaba a Choele-Choel, que fue tomada por éste, después de acuchillar a todos los indios que se hallaban en la isla. Esta fue recorrida en toda su extensión, después de ser ocupada el día 3 del mismo mes, la isla principal, y dejando fuerza suficiente como guarnición en ésta última. Pacheco fue a acampar con el resto de su fuerza en la rinconada de los Malchaquies, mientras que sus subordinados, los comandantes Sosa y Lagos, se arrojaban vigorosamente contra los caciques Chocory (que murió en la acción), y Pitrioloncoy, que fue destruido completamente y tomado prisionero por Lagos. Ocho caciques fueron muertos y siete prisioneros, en esta campaña; 2.000 personas de ambos sexos tomadas en sus tolderías, y como 300 cautivas cristianas libertadas. Pacheco recibió una medalla de oro por su actuación en la misma.

El general Pacheco prosiguió su avance hasta la confluencia de los ríos Limay y Neuquén, los que forman el río Negro y de allí regresó a incorporarse a Rosas. Pacheco estuvo un año operando desde el río Colorado hasta el de Balchitas al S. del rio Negro, regresando a principios de 1834 (3). Al año siguiente ocupaba una banca en la Legislatura que votó la suma del poder público a Rosas, después de haber sido elegido Pacheco gobernador el 25 de setiembre de 1834, puesto que no aceptó. En 1839 ante el peligro del movimiento subversivo de aquel año, Pacheco fue designado por Rosas para ocupar el comando militar al Norte de la provincia de Buenos Aires. Cuando el general Lavalle desembarcó en San Pedro, el 5 de agosto de 1840, lo hizo frente al ejército de Pacheco, quien se apresuró a comunicar a Rosas la aproximación del enemigo. En la noche del 6, atacó a Lavalle con 1.500 hombres, pero malas disposiciones tácticas tomadas por Pacheco, representó para éste su ataque un verdadero peligro; la retirada de su enemigo, lo salvó de la situación difícil. Tal fue el combate de la Cañada de la Paja.

Lavalle avanzó hasta Merlo, lo que hizo poner sobre el disparador de sus armas a todos los soldados rosistas que se encontraban en la provincia de Buenos Aires; pero al retirarse Lavalle para el Norte, lo siguió Pacheco con su fuerza, quien fue puesto por Rosas bajo el mando superior de general Manuel Oribe. Pacheco pasó a operar sobre La Rioja y Catamarca, mientras otras divisiones federales operaban sobre otras provincias. En San Calá, el 8 de enero de 1841, el general Pacheco deshacía completamente la división unitaria del coronel José María Vilela, compuesta por unos 1.000 hombres. Un mes y medio antes, en la batalla de Quebracho Herrado, Pacheco había mandado la derecha de la línea de combate de Oribe.

Cuando a mediados de junio de1841, el general Lamadrid avanzó desde Catamarca para dirigirse a La Rioja, el general Oribe destacó a Pacheco, con una división de 2.000 hombres de tropas escogidas, para que realizara la campaña de Cuyo, mientras él marchó a Tucumán. Pacheco se dedicó a buscar a Lamadrid para batirlo. En el curso de aquellas operaciones se produjo el triunfo del general Acha en Angaco, donde el 16 de agosto, derrotó con 600 hombres a los 2.200 del general José Aldao; pero a su vez Acha fue vencido y tomado prisionero dos días después, en los arrabales de la ciudad de San Juan. Acha fue fusilado el 16 de setiembre de 1841 por orden del general Pacheco, y luego decapitado, siendo su cabeza expuesta en el Paso de la Cabra. Sin embargo documentos publicados por el Dr. Vicente Quesada en la Revista Nacional, hacen caer íntegramente la responsabilidad de este ajusticiamiento en el general José Félix Aldao.

Con posterioridad el general Pacheco penetró en la provincia de Mendoza en persecución de Lamadrid. El 22 de setiembre se encontraba en El Retamo, dístante doce leguas de la ciudad de Mendoza, y el 24 ambos ejércitos combatían en el Rodeo del Medio, siendo Lamadrid completamente derrotado, viéndose obligado a internarse en la cordillera y emigrar a Chile.

Vencido los unitarios en el interior de la República, los ejércitos federales vencedores retrocedieron hacia el Sur. Oribe cayó sobre la provincia de Santa Fe, dominándola, y ya unido a él el general Pacheco, penetró en la de Entre Ríos, donde el 6 de diciembre de 1842 se producía la sangrienta batalla del Arroyo Grande, en la cual el centro de Oribe estuvo bajo el mando del general Angel Pacheco. Fructuoso Rivera, destruido su ejército, buscó la salvación en la fuga.

Los vencedores atravesaron el río Uruguay a fines de diciembre y el 16 de febrero de 1843 se iniciaba el largo asedio de Montevideo. Pacheco mandó allí una parte de las fuerzas de Oribe y se batió en numerosas acciones contra los sitiados, especialmente, en las del 28 de marzo de 1844, en la que perdió la vida el general Angel María Núñez; en la salida general efectuada por los sitiados el 24 de abril del mismo año, en la cual Pacheco mandó las fuerzas que combatieron en las proximidades del Cerro, pues aquel general estaba a cargo de las tropas que sitiaban aquella fortaleza.

En 1845 el general Pacheco era jefe accidental de la Frontera del Centro con asiento de comando en Luján, y en los dos años siguientes organizó algunos cuerpos y estableció los fuertes de Bragado y Mulitas (hoy 25 de Mayo), realizando también dos expediciones contra los indios.

Posteriormente regresó a Buenos Aires, ciudad que lo eligió diputado a la Legislatura en 1850, y donde se encontraba en 1851 cuando el general Urquiza se levantó en armas contra Juan Manuel de Rosas; y en esta circunstancia, Pacheco se apresuró a renovar su adhesión a Rosas. Nombrado comandante en jefe de los ejércitos federales que debían afrontar al ejército aliado que mandaba Urquiza, Pacheco procedió con una inexplicable y extraordinaria lentitud, haciendo sospechosa su conducta a los demás jefes rosistas. El 26 de enero de 1852 abandonó la Guardia de Luján, que Pacheco cubría con 2.000 hombres, ante el avance del Ejército Aliado. Cuando se produjo el 31 de enero el encuentro en los Campos de Alvarez, el jefe que allí combatió, coronel Hilario Lagos, creyó encontrar apoyo de Pacheco en el Puente de Márquez, pero no fue así, pues había hecho retirar todas las fuerzas, habiendo vadeado el río de las Conchas el día anterior. El 1º de febrero Pacheco presentó su renuncia del mando en jefe, la que no le fue aceptada.

En la tarde del mismo día llegó aquél a Santos Lugares, donde estaba Rosas. “Reyes fue a anunciarlo –dice Adolfo Saldías-, y se volvió a conversar con el coronel Bustos. No habían pasado cinco minutos cuando con asombro estos jefes vieron salir de las habitaciones de Rosas al general Pacheco, cabizbajo, que pasó sin saludarlos, montó a caballo y se dirigió a la chacra de Witt, donde permaneció mientras se llevaban a cabo los hechos de armas”. Afirman personas bien informadas, que el general Urquiza había logrado que entrara la desconfianza en Rosas con respecto a Pacheco, haciendo que tropas rosistas capturaran un supuesto mensaje del primero al último según el cual estaría en connivencia con los invasores. Después de la batalla de Caseros, el general Pacheco regresó a Buenos Aires.

Cuando estalló la revolución del 11 de setiembre de 1852, el general Pacheco se incorporó al partido de Buenos Aires. El día 20 de aquel mismo mes fue nombrado Inspector y Comandante General de Armas de esta Provincia, con antigüedad del 12 de setiembre. El 7 de diciembre de igual año fue designado Ministro de Guerra y Marina, pero habiendo renunciado Pacheco a este cargo, el Gobierno, con fecha 9, aceptó su dimisión, designándolo general en Jefe de las fuerzas de la Capital, transfiriéndole todas las facultades que las Cámaras le habían concedido. El día 27 del mismo mes fue nuevamente nombrado Ministro de Guerra, puesto que desempeñó hasta el 7 de febrero de 1853, en que fue reemplazado por el coronel Pedro José Díaz.

En el comando del Ejército de la Capital, el general Pacheco organizó las fuerzas para la defensa de la ciudad, sitiada por las tropas al mando de los coroneles Hilario Lagos y Cayetano Laprida. Personalmente dirigió algunas salidas contra los sitiadores, siendo herido de bala en un brazo en la efectuada hasta San José de Flores, el 21 de enero de 1853, en la cual no obstante esta contrariedad, tuvo un éxito completo. Aún no curado de esta herida, el día 30 del mismo mes, el Gobierno le nombró Enviado Extraordinario en misión especial cerca de S. M. el Emperador del Brasil. En la defensa de Buenos Aires, Pacheco se halló, además, en los encuentros del 25 de diciembre y del 1º de enero contra los sitiadores.

La Cámara de Representantes de Buenos Aires, por ley de 25 de setiembre de 1834, como se ha dicho más arriba, nombró a Pacheco gobernador de la Provincia, conforme a lo establecido en la ley del 23 de diciembre de 1823. El Ministro de Gobierno se apersonó a Pacheco para comunicarle que debía prestar el juramento reglamentario el día 4 de octubre; persuadido el interesado de que su nombramiento tendría un fin análogo al del general Juan Ramón Balcarce, declinó el honor que se le discernía, evitando de este modo que el país se viera impuesto en una guerra civil.

A raíz de su victoria sobre Lamadrid en el Rodeo del Medio, la Legislatura de San Juan, por ley del 18 de octubre de 1841, confirió a Pacheco el grado de brigadier general de la Provincia, “en testimonio de la gratitud de ella por los eminentes servicios prestados a la Patria”.

El general Pacheco falleció en Buenos Aires el 28 de setiembre de 1869. Contrajo matrimonio en esta ciudad el 1º de octubre de 1822 con María Dolores Reinoso Más de Sexar, natural de Santa María de Palos, España; nacida el 9 de setiembre de 1801 y fallecida el 17 de agosto de 1883; hija de Domingo de Reinoso Roldán y de Agueda Más de Sexas y Gutiérrez.

Referencias

(1) El 28 de octubre de 1824 solicitó Pacheco 2 cañones de a 6 “con todos los aparejos necesarios para su servicio, 16 tiros del mismo calibre a metralla y 4 id. de bala rasa para ponerse en defensa de las incursiones de los bárbaros”, en una población que poseía en el partido de Navarro; lo que se le concedió el día 29 del mismo mes por el término de 8 meses.
(2) Departamento del Norte (entre Arrecifes y Arroyo del Medio) compuesto por los partidos de: San Nicolás, San Pedro, Baradero, Fortín de Areco, Arrecifes, Salto, Pergamino y Rojas.
(3) El general Pacheco llegó por el Neuquén hasta más o menos los 10º de latitud S. y los 11º de longitud occidental del meridiano de Buenos Aires.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Portal www.revisionistas.com.ar
Yaben, Jacinto R. º Biografías Argentinas y Sudamericanas – Buenos Aires (1939)