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domingo, 14 de junio de 2015

Unión Soviética: Stalin, un flor de hijo de puta

El otro monstruo
Al igual que Hitler, Stalin fue un loco asesino. Millón más, millón menos, eliminó al mismo número de personas que el jerarca nazi y con métodos parecidos. Ni el bolchevique más ferviente estaba seguro a su lado
JOSÉ ÁLVAREZ JUNCO - El País
EULOGIA MERLE


El otro día recordé —sin lamentarla— la muerte de Hitler, ocurrida hace ahora 70 años. Hoy toca hablar del otro personaje que compartió con él el dominio del tablero europeo y que, tras derrotarle en “la Gran Guerra Patria”, disfrutaba en esos mismos días de su momento de máxima gloria. Me refiero a Iósif (José) Vissariónovich Stalin; para los amigos, Koba.

Lo primero que debe decirse sobre Stalin es que, al igual que Hitler, fue un loco; un loco asesino. Millón más, millón menos, eliminó al mismo número de personas que el jerarca nazi y con métodos parecidos: los fusilamientos y los campos de concentración; con la diferencia de que en los de Stalin los prisioneros no eran inmolados en cámaras de gas al poco de llegar sino que, tras una supervivencia media de cinco años, morían a causa de los trabajos forzados, el frío o el hambre. El número de reclusos de los “campos de trabajo correctivos” (Gulag) superó los diez millones, y los muertos los dos millones. Aquellos campos fueron creados para los antiguos aristócratas, los kulaks (campesinos medios opuestos a la colectivización), el clero ortodoxo, los delincuentes comunes y, sobre todo, los disidentes políticos. Sobre estos últimos, solo en las “grandes purgas” de 1936-1938 hubo 1,3 millones de detenidos, de los que unos 700.000 acabaron ejecutados. En total, los fusilados bajo Stalin ascienden a un millón, como mínimo, que se eleva a cuatro si se añaden los muertos en campos de trabajo y en deportaciones masivas de población. Doy cifras conservadoras, multiplicadas por dos o más por algunos historiadores.

Tampoco la vida privada de Stalin superó a la de Hitler en ningún sentido. Huérfano de padre, tuvo siempre mala relación con su madre y no asistió a su entierro; hay serias sospechas de suicidio tanto de su segunda mujer como de su único hijo, y cuando le sobrevino el ataque fatal, sus íntimos dejaron pasar las horas sin llamar a un médico; Koba mismo había denunciado “conspiraciones de médicos”, pero, además, su muerte aliviaba a todos. Su obsesión paranoica es comparable a la del líder nazi, aunque menos racional y previsible. Un alemán conservador, ario por los cuatro costados y respetuoso con el partido tenía altas probabilidades de no ser molestado por los esbirros del Führer. Con Stalin, ni el bolchevique más ferviente estaba seguro. Al revés, podía ser detenido, torturado, obligado a confesar delitos imaginarios y finalmente ejecutado. Sencillamente, porque Koba sentía envidia hacia él. Stalin condenó a Trotski por “izquierdista”, a Zinoviev, Kamenev o Bujarin —que le apoyaron en la operación contra Trotski— por “derechistas”, a los jefes de la policía secreta Yagova y Yezhov... Toda la plana mayor bolchevique de 1917-1923, la protagonista del Octubre Rojo, había sido eliminada en 1939.

Y entonces, ese mismo año, se embarcó en su gran operación política, máxima prueba de su falta de principios morales: se alió con Hitler, su enemigo jurado, para repartirse Polonia. La responsabilidad del inicio de la Segunda Guerra Mundial recae, por tanto, sobre ambos, aunque luego, al atacar Hitler a su aliado (que fue así; Stalin nunca rompió el acuerdo, aunque quizás solo por falta de previsión), pasara a la historia como el adalid del antifascismo y hasta fuera candidato al Premio Nobel de la Paz.

No vale la pena dar más datos sobre la catadura moral del personaje. Al igual que con su rival nazi, su personalidad es, en definitiva, lo de menos. Lo importante, lo que no deberíamos dejar de preguntarnos nunca, es cómo pudo aquel sistema poner a un monstruo de este calibre a su cabeza.

Toda la plana mayor de 1917-1923, protagonista del Octubre Rojo, había sido eliminada en 1939

La primera respuesta que se le ocurre a uno es similar a la del caso alemán: atribuirlo a la tradición rusa; en este caso, al zarismo, tiranía brutal como pocas (aunque su número de víctimas, comparado con el de los bolcheviques, sea cosa de niños). Estar dominados por un déspota caprichoso de quien se esperaba la solución de todos los males sociales era lo habitual para un ruso.

Pero hay otra respuesta, muy distinta, que creo más interesante: me refiero a la debilidad política de la teoría marxista, a la falta de precauciones ante los posibles abusos de los futuros dirigentes de la dictadura del proletariado, un tránsito obligado en el proceso de construcción del paraíso socialista. Karl Marx, tan penetrante en su crítica social, mostró una sorprendente ingenuidad política al subirse, sin más, al tren jacobino: solo importaba la toma del poder por el proletariado.

Cuando esto ocurriera, ¿por qué poner límites al gobierno del pueblo trabajador? No previó algo tan elemental como que los representantes del proletariado, al disponer del poder absoluto, pudieran usarlo en su propio beneficio. Tampoco lo previó Lenin, el verdadero artífice del sistema. Ni Trotski, uno de sus colaboradores más crueles, que sólo comenzó a criticarlo cuando fue desplazado del poder. Stalin no hizo sino perfeccionar el modelo montado por Lenin y Trotski.

Marx fue ingenuo al pensar que solo importaba la toma del poder por el proletariado

Mucho más pesimistas, y más lúcidos, los padres del constitucionalismo norteamericano dieron por supuesto que el ser humano tiende a aprovecharse del poder cuando lo tiene en sus manos. Y a partir de ahí montaron unos mecanismos de reparto de poderes, controles y contrapesos, que ponían las máximas trabas posibles a los abusos. El sistema está lejos de ser perfecto, pero ha funcionado mucho mejor que las dictaduras en nombre del pueblo o del proletariado.

Alguna moraleja podríamos sacar hoy. Los partidos que proceden de la tradición comunista, como Izquierda Unida, y no se han desprendido suficientemente de su pasado estalinista, lo están pagando. Porque son muy pocos los europeos actuales que quieren vivir como los ciudadanos de la Europa del Este en los años 1945-1989.

Como la Iglesia católica está pagando, desde hace siglos, por su pasado inquisitorial. Se cree víctima de un “laicismo agresivo”, sin comprender que la ciudadanía desconfía, con razón, de que, si ellos recuperaran el poder de antaño, no volvieran a erigir piras para inmolar a quienes no comulgaran al cien por cien con su ideario. Y tampoco debe atribuirse aquello a la retorcida personalidad de un Torquemada, sino a un sistema totalitario de pensamiento y de poder. Instituciones con este pasado sucio no recuperarán nuestra confianza hasta que no abjuren solemnemente de ese esquema mental y garanticen, de manera creíble, que jamás volveremos a vivir aquello.

José Álvarez Junco es historiador. Su último libro es Las historias de España (Pons / Crítica).

jueves, 9 de abril de 2015

Biografía: Stalin, un criminal racional

Entendiendo a Stalin
Archivos rusos revelan que no era un loco, pero un ideólogo muy inteligente e implacablemente racional.
Anne Applebaum - The Atlantic



¿Cómo Stalin llegó a convertirse en Stalin? O, para decirlo con mayor precisión: ¿Cómo Iosif Vissarionovich Djugashvili-nieto de siervos, hijo de una lavandera y un semianalfabeto zapatero se llegó a convertir en el Generalísimo Stalin, uno de los asesinos en serie más brutales del mundo haya conocido? ¿Cómo un niño nacido en una oscura colina de la ciudad georgiana se llegó a convertir en un dictador que controló la mitad de Europa? ¿Cómo un joven devoto que eligió estudiar para el sacerdocio crecer hasta convertirse en un ateo celoso e ideólogo marxista?

Bajo la influencia de Freud, muchos biógrafos ambiciosas -sin mencionar psicólogos, filósofos e historiadores- han buscado respuestas en la infancia de su tema. Así como el fanatismo de Hitler ha sido "explicado" por su educación, su vida sexual o su presunta testículo único, por lo que tiene la crueldad psicopática de Stalin ha atribuido al padre que, en palabras del propio Stalin, "lo basureó sin piedad", o para la madre que puede haber tenido un romance con un sacerdote local. Otras cuentas han ofrecido el accidente que dejó a Stalin con un brazo atrofiado, la infección de la viruela que cicatrizado mal su rostro, o el defecto de nacimiento que se unió a dos de sus dedos de los pies y le dio una palmeada izquierda pies la marca del diablo.

La política ha influido biógrafos de Stalin también. Durante su vida, simpatizantes lo convirtieron en un superhéroe, pero los opositores han impuesto sus prejuicios también. León Trotsky, el peor enemigo de Stalin, fue, de lejos, su obra más influyente intérprete del siglo 20, la configuración de los puntos de vista de una generación de historiadores, de Isaac Deutscher en adelante. Stalin de Trotsky carecía de ingenio y alegría, un hombre iletrado y provincial que obtuvo el poder a través de la manipulación burocrática y la violencia bruta. Por encima de todo, Stalin de Trotsky era un tránsfuga que traicionó primero Lenin y luego a la causa marxista. Era un retrato que tenía un propósito, inspirando a los trotskistas a permanecer fieles a la revolución soviética que "podría haber sido" -si sólo Trotsky había llegado al poder en lugar del gris, custodiado, cínico Stalin.

Desde la apertura de los archivos soviéticos en la década de 1990, estas cuentas politizados y psicologizada de la vida de Stalin han comenzado a desmoronarse. La política todavía influyen en cómo se le recuerda en público: en los últimos años, los líderes rusos han restado importancia a los crímenes de Stalin contra su propio pueblo, mientras celebraba su conquista militar de Europa. Pero la disponibilidad de miles de documentos otrora secretos y escondites previamente ocultos de memorias y cartas ha hecho posible que los historiadores serios para escribir la verdad más interesante. Sobre la base de contactos en Tbilisi y Moscú para su Stalin joven, el historiador y periodista Simon Sebag Montefiore, por ejemplo, ofrece un retrato del dictador como un agitador juvenil, Lotario, poeta y panfletista-apenas el burócrata lumpen de la imaginación de Trotsky . Cavar profundo y largo en colecciones de archivos oscuros, el académico ruso Oleg Khlevniuk haya presentado cuentas maravillosamente detallados de la evolución gradual del Partido Comunista soviético del caos de la revolución en lo que eventualmente se convirtió en el estalinismo. Libros-junto de Khlevniuk las cartas editadas de Stalin a dos de sus compinches, Vyacheslav Molotov y Lazar Kaganovich, y docenas de documentos publicados sobre la historia del Gulag, de la colectivización, de la hambruna de Ucrania, de la KGB-show que Stalin no hizo crear la dictadura soviética a través de meros trucos. Tampoco lo hizo solo. Fue ayudado por un estrecho círculo de hombres igualmente dedicados, así como miles de policías secretos fanáticos.

En un excepcionalmente ambiciosa biografía del primer volumen de una proyección de tres nos lleva desde el nacimiento de Stalin, en 1878, hasta 1928, en poco menos de 1.000 páginas-Stephen Kotkin, profesor de historia en Princeton, establece para sintetizar el trabajo de estos y cientos de otros estudiosos. Su objetivo en Stalin es barrer las telarañas y la mitología de la historiografía soviética siempre. Rechaza los freudianos de inmediato, argumentando que nada sobre la vida temprana de Stalin fue particularmente inusual para un hombre de su edad y antecedentes. Sergei Kirov, miembro del círculo íntimo de Stalin, se crió en un orfanato después de que su padre alcohólico abandonó a la familia y su madre murió de tuberculosis. Grigory Ordzhonikidze, otro camarada, había perdido a sus padres por el tiempo que estuvo 10. El joven Stalin, por el contrario, tenía una madre que, a pesar de sus antecedentes, era ambicioso y enérgico, la movilización de su extensa familia en nombre de su talentoso hijo.

Más importante, Kotkin señala, joven Stalin se destacó en finales del siglo 19 Tiflis no porque fuera especialmente matón, sino porque era un estudiante notable. A la edad de 16, él había hecho su camino en el seminario, el Tiflis "peldaño más alto de la escala educativa en el Cáucaso ... un trampolín a una universidad en otras partes del imperio." Con el tiempo dejó la escuela, a la deriva en el oscuro mundo de la política de extrema izquierda, pero seguía siendo una personalidad carismática. En Bakú, donde se fue en 1907 para agitar entre los trabajadores petroleros, se dedica a la "toma de rehenes para pedir rescate, la venta de protección, la piratería", así como el asesinato político extraño. Se movió dentro y fuera de la prisión, que muestra una instalación especial para escapadas dramáticos y la adopción de una amplia gama de alias y disfraces.

Poco a poco, Kotkin construye el caso de una interpretación muy diferente de Stalin y por bastantes otras cosas, también. Firma logro del libro, y su principal defecto, es su vasto alcance: Kotkin ha dedicado a escribir no sólo la vida definitiva de Stalin, sino también la historia definitiva del colapso del imperio ruso y la creación del nuevo imperio soviético en su lugar. Su lienzo está lleno de detalles de la vida de Bismarck y Mussolini, así como los políticos zaristas Sergei Witte, Pyotor Stolypin, y Pyotor Durnovo; el zar y la zarina sí mismos; y por supuesto, Lenin, Trotsky, Nadezhda Krupskaya, Nikolai Bujarin, y Félix Dzerzhinsky, sólo para empezar.

En la víspera de la revolución rusa, Stalin estaba en sus 30 años de edad y no tenía nada que mostrar de su vida.
Año tras año, la crisis por la crisis, una imagen de grano fino del desarrollo intelectual de Stalin, sin embargo, surge. Es fácil olvidar, pero en la víspera de la revolución rusa, Stalin estaba en sus 30 años de edad y no tenía nada que mostrar por su vida. Él "no tenía dinero, ni la residencia permanente, y ninguna profesión distinta de erudición", lo que significa que él escribió artículos para periódicos ilegales. Desde luego, no tenía ningún entrenamiento en el arte de gobernar, y no hay experiencia en el manejo nada en absoluto. El bolchevique golpe de Estado de 1917 él y sus camaradas trajo su primer glorioso sabor del éxito,. Su improbable revolución el resultado de alto riesgo de Lenin apuestas-validó su ideología oscura y fanática. Más al punto, que les trajo la seguridad personal, la fama y el poder que nunca antes habían conocido.

Como resultado, la mayoría de los dirigentes bolcheviques continuaron buscando orientación en esta ideología, y Stalin no fue la excepción. En años posteriores, los extranjeros escucharon con incredulidad a los pronunciamientos de madera de la dirección soviética y preguntar si posiblemente podrían ser sincero. La respuesta de Kotkin es sí. A diferencia del cínico sin educación de la imaginación de Trotsky, el verdadero Stalin justifica todos y cada decisión utilizando un lenguaje ideológico, tanto en público como en privado. Es un error no tomar en serio esta lengua, ya que demuestra una excelente guía para su pensamiento. Más a menudo que no, lo hizo exactamente lo que dijo que haría.

Ciertamente esto era cierto en el campo de la economía. Los bolcheviques, Kotkin razón notas, fueron expulsados ​​por "una combinación de ideas o hábitos de pensamiento, especialmente profunda antipatía a los mercados y todas las cosas burgués, así como no todo vale métodos revolucionarios." Justo después de la revolución, estas convicciones llevaron que prohíben el comercio privado, nacionalizar la industria, el decomiso de la propiedad, se apoderan del grano y la redistribuyen en las ciudades-todas las políticas que requerían la violencia masiva de implementar. En 1918, el propio Lenin sugirió que los campesinos deben ser forzados a entregar su grano al Estado, y que aquellos que se negaron debe "fusilado en el momento."

Aunque algunas de estas políticas, incluyendo solicitudes forzadas del grano, fueron abandonados temporalmente en la década de 1920, Stalin los trajo de vuelta al final de la década, con el tiempo ampliar sobre ellos. Y no es de extrañar: eran la consecuencia lógica de todos los libros que había leído y cada argumento político que había tenido. Stalin, como Kotkin lo revela, no era ni un burócrata aburrido ni fuera de la ley, sino un hombre con forma de rígida adhesión a una doctrina puritana. Su violencia no era el producto de su subconsciente, sino del compromiso bolchevique con la ideología marxista-leninista.

Esta ideología se ofreció a Stalin un profundo sentido de certeza en la cara de reveses políticos y económicos. Si las políticas diseñadas para producir prosperidad crean pobreza en su lugar, una explicación siempre se pudo encontrar: la teoría se había interpretado de forma incorrecta, las fuerzas no estaban alineados correctamente, los funcionarios habían cometido un error. Si las políticas soviéticas eran impopulares, incluso entre los trabajadores, que también podría ser explicado: antagonismo se levantaba porque la lucha de clases se estaba intensificando.

Lo que salió mal, la contrarrevolución, las fuerzas del conservadurismo, la influencia secreta de la burguesía podría siempre se hace responsable. Estas creencias fueron reforzadas por las batallas ardientes de 1918 a 1920 entre los ejércitos rojos y blancos. Una y otra vez, Stalin se enteró de que la violencia era la clave del éxito. "La guerra civil", Kotkin escribe, "no era algo que deforma los bolcheviques; que los formó "... [proporcionar] la oportunidad de desarrollar y validar la lucha contra los" clases explotadoras 'y' enemigos '(nacional e internacional), lo que confiere una sensación de aparente legitimidad, urgencia y fervor moral a los métodos abusivos.

Para Stalin, la guerra civil fue especialmente formativa, ya que le dio su primera experiencia del poder ejecutivo. En 1918, fue enviado a la ciudad de Tsaritsyn, estratégicamente situado junto al río Volga y el sitio de un nudo ferroviario importante. Su misión era asegurar la comida para los obreros hambrientos de Moscú y Petrogrado-confiscar grano, en otras palabras, y para servir, en efecto, como el "bandido bolchevique en jefe." Para afrontar el reto, concedió a sí mismo militar poderes, se hizo cargo de la sección local de la policía secreta, y robaron 10 millones de rublos de otro grupo de bolcheviques. Cuando las líneas de ferrocarril no funcionaron como él deseaba, ejecutó a los especialistas técnicos locales, que califica de "extranjeros de clase." Él dispone de otros contrarrevolucionarios sospechosos, Kotkin argumenta, "no desde el sadismo o el pánico, sino como una estrategia política, para galvanizar las masas ", advirtiendo a sus seguidores que los enemigos internos de la revolución estaban a punto de organizar una rebelión, recapturar la ciudad, y se la entrega al Ejército Blanco:" Aquí, en embrión más pequeño, fue el escenario de innumerables ensayos falsos de la década de 1920 y 30 años ".

Estos métodos casi llevaron al colapso militar de Tsaritsyn, y Lenin fue finalmente convencieron para recordar a Stalin a Moscú. Pero lo hicieron producir el grano. Y después de que terminó la guerra civil, fueron olvidados fracasos militares de Stalin. Tsaritsin incluso fue rebautizado Stalingrado. Este patrón se repetiría a lo largo de la vida de Stalin. Una y otra vez, cuando se enfrenta a una enorme crisis, que usaría extralegal, "métodos revolucionarios" para resolverlo. A veces el resultado era prolongar y profundizar la crisis. Pero si estaba suficientemente despiadado, toda la oposición finalmente se desvaneció. El primer volumen de Kotkin termina con el anuncio de su decisión de colectivizar la agricultura soviética de Stalin. La promulgación de esa política requeriría el desplazamiento, el encarcelamiento, y, finalmente, la hambruna orquestada de millones de personas, y que resultó en triunfo político completo de Stalin.

En el Occidente contemporáneo, a menudo asumimos que los autores de la violencia masiva deben estar loco o irracional, sino como Kotkin cuenta la historia, Stalin no era ni. Y a su manera, la idea de Stalin como un hombre racional y extremadamente inteligente, impulsada por una ideología suficientemente potente como para justificar la muerte de muchos millones de personas, que es aún más aterrador. Esto significa que podríamos querer tomar más en serio las declaraciones de los políticos rusos que han argumentado últimamente por el uso de armas nucleares contra los Estados bálticos, o de los líderes ISIS que llaman a la muerte de todos los cristianos y los Judios. El hecho de que su lenguaje suena extraño para nosotros no significa que ellos, y aquellos que los siguen, no consideramos convincente, o que no vayan a ejercer su lógica hasta sus últimas consecuencias.