Mostrando entradas con la etiqueta Uruguay. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Uruguay. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de marzo de 2020

Argentina: El cruce a globo del Río de la Plata por Newbery y Anchorena

Un globo que no se inflaba y dos tripulantes en busca de una hazaña: cruzar el Río de la Plata en una canasta 

En diciembre de 1907 la aventura de unir Buenos Aires con Colonia sería uno de los puntapiés iniciales de la aviación en nuestro país. Jorge Newbery, un millonario y la crónica de una locura que hizo historia
Por Adrián Pignatelli || Infobae


El Pampero, en pleno proceso de inflado (Archivo General de la Nación)

Era más que evidente la discusión a los gritos entre Aarón Martín Félix de Anchorena Castellanos y el ingeniero francés Faberes. Vociferaban sin pudor. En el descampado de la Sociedad Sportiva estaban junto al globo Pampero, un gigante dormido que no terminaba de inflarse con el gas usado para el alumbrado público, y las diferencias de criterio se hacían notar.

Los comentarios de los curiosos que se agolparon ese miércoles de Navidad reconfirmaba lo que la mayoría pensaba: volar en globo era una tremenda locura.

El globo era propiedad del multimillonario argentino Anchorena Castellanos, miembro de una familia de intachable alcurnia. Este hombre de 30 años, secretario honorario en la embajada argentina en Francia, era un típico exponente de aquella oligarquía cuya ostentación había hecho posible que en Europa se hiciera popular la frase de “más rico que un argentino”.

En aquel país, el aviador brasileño Alberto Santos Dumont le había contagiado el fanatismo por el vuelo y Anchorena no tuvo mejor idea que comprarse un globo aerostático, el aparato sensación del momento.

En aquel país realizó siete vuelos en el globo que bautizó Pampero, una mole de 1200 metros cúbicos de capacidad que se distinguía por sus letras rojas sobre fondo claro.

La conquista del aire

A fines de 1907 viajó a Buenos Aires y se propuso algo que hasta el momento nadie había realizado: cruzar el Río de la Plata, uniendo las ciudades de Buenos Aires y Colonia. La revista Caras y Caretas tituló “La conquista del aire”.

El 24 de diciembre de ese año Anchorena se instaló en el campo de la Sociedad Sportiva, un verdadero centro deportivo en esa época. Allí se jugaron los primeros partidos de fútbol, hasta con equipos extranjeros como el Southampton Football Club. Y en ese predio tuvieron sus primeras sedes el Automóvil Club Argentino y el Touring Club. Hoy es el Campo Argentino de Polo.

Por la mañana, había comenzado el proceso de inflado del globo con gas y, como no llegaba a inflarse lo suficiente, comenzaron las discusiones entre Aarón de Anchorena y el ingeniero francés que había hecho venir especialmente de aquel país. En la maniobra fueron asistidos por un grupo de soldados del Regimiento de Granaderos.

En la barquilla, ya están ubicados Newbery y Anchorena, a minutos de partir.

El globo recién estuvo listo para el 25 por la mañana. Cercano al mediodía ya estaba todo en orden para partir. Anchorena, a viva voz, preguntó si alguien deseaba acompañarlo. La mayoría estaba convencida que el viaje era casi un suicidio. Sin embargo, alguien se adelantó de inmediato: Jorge Alejandro Newbery.

Hijo de un odontólogo norteamericano, Newbery se había recibido de ingeniero electricista en Estados Unidos, y había tenido como maestro al mismísimo Thomas Alva Edison. En el país fue profesor en la escuela técnica y promotor de toda actividad deportiva. Desde 1900 era Director General de Instalaciones Eléctricas, Mecánicas y Alumbrado de la municipalidad porteña, cargo que conservaría hasta su muerte. Fue uno de los primeros ídolos que tuvo nuestro país, que construyó su popularidad participando en carreras, competencias, duelos por el honor y toda actividad que significase un riesgo seguro. Los diarios lo definían como un “sportman”.

Aarón de Anchorena no le iba en zaga. En 1901 había ganado la primera carrera de autos, que se había corrido en el Hipódromo del Bajo Belgrano. Al año siguiente hizo un viaje por la Patagonia y hasta propuso comprar la isla Victoria. Conoció a Francisco P. Moreno y fue un activo promotor del sur argentino.

A Colonia

A las 11:45 el globo Pampero, comenzó a elevarse en dirección al este. Anchorena, previsor, incorporó al operativo a su lancha Pampa, quien seguiría la trayectoria del globo.

El viaje demoró dos horas y cinco minutos. Al comienzo los vientos los favoreció pero, en un momento en que perdían peligrosamente altitud, debieron desprenderse de lastre.

El globo, en pleno vuelo (AGN)

Cuando tocaron tierra, casi con lo justo, preguntaron a los lugareños dónde estaban, ya que para aligerar el globo habían arrojado por la borda los elementos de medición.

Habían caído en terrenos que pertenecían a la estancia de Tomás Bell, a 30 kilómetros de la costa en Conchillas, al norte de Colonia. Habían logrado la proeza.

Dos destinos distintos

El 13 de enero de 1908 Anchorena y Newbery serían los socios fundadores del Aero Club Argentino, que fue la primera institución aeronáutica del país. Pero sus caminos se dividieron: la familia le insistió a Anchorena que dejase de volar, hasta le adquirió una estancia en Uruguay para terminar de convencerlo. Anchorena fallecería en esa estancia el 24 de febrero de 1965.

En cambio, Newbery seguiría haciendo historia en la aviación local. No ya con el Pampero, que desaparecería con su hermano Eduardo y el sargento Romero una noche del 17 de octubre de 1908 y nunca más se sabría de ellos, sino con otros globos, como el Huracán, con el que batiría varios récords de distancia y permanencia en el aire. Tal fue la trascendencia de sus hazañas que un grupo de fanáticos del fútbol, que habían fundado un club, le pidieron permiso para usar el nombre de su globo. De esta manera, Jorge Newbery fue socio honorario del Club Huracán.

El 1 de marzo de 1914, en Los Tamarindos, Mendoza, preparando el primer cruce en avión de la cordillera de los Andes, Newbery se estrelló mientras realizaba un vuelo de exhibición. Ya, para entonces, había escrito más de una página en la aeronáutica argentina.

martes, 17 de diciembre de 2019

Uruguay no sabe que hacer con el mascarón de proa del Admiral Graf Spee

El águila nazi encerrada en una fortaleza militar de Uruguay

El miedo a que se use para venerar la simbología nazi ha hecho que las autoridades uruguayas se resistan a autorizar su venta


El águila del acorazado Admiral Graf Spee con la cruz gamada nazi tapada (LV)


La Vanguardia

Un águila nazi se percibe en la Fortaleza del Cerro, una dependencia militar del Estado uruguayo. Este fue uno de los restos rescatados del fondo de la bahía de Montevideo, donde descansa el armazón del imponente acorazado Admiral Graf Spee, hundido en 1939, hace ahora ochenta años.



Tras la derrota ante los británicos en la Batalla del Río de la Plata, que tuvo lugar en Punta del Este (sureste de Uruguay) el 13 de diciembre de 1939, el navío germano se dirigió al puerto montevideano para reparar los daños sufridos y enterrar a sus caídos en combate.

Sin embargo, el desenlace fue otro. Tras las 72 horas marcadas como plazo por las autoridades uruguayas para abandonar la costa montevideana, el capitán Hans Langsdorff hizo explotar el 17 de diciembre el barco para impedir que cayera en manos enemigas.

Durante las décadas transcurridas, muchas fueron las personas interesadas en los restos hundidos en las profundidades de la bahía de Montevideo. Entre ellas, el empresario Alfredo Etchegaray y el investigador Daniel Acosta y Lara explican a Efe cómo, ante la curiosidad por conocer qué se oculta en ese impresionante navío de guerra, emprendieron un arduo camino de rescate.

El águila del Graf Spree


El Graf Spee era el orgullo de la Kriegsmarine (Armada) de la Alemania nazi y, durante los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial, sembró el pánico como corsario en las rutas comerciales del Atlántico Sur.

Etchegaray explica que tiene unos 40 cajones con miles de documentos sobre el navío. Su obsesión por conocer cada detalle sobre este acorazado le llevó a recopilar fotos, vídeos, planos, documentación académica e incluso recortes de diarios y revistas que trataron el tema.

Su relación con el barco comenzó hace varias décadas y en 2004 logró retirar el impresionante telémetro que hoy se exhibe en las instalaciones del puerto de Montevideo. Dos años después el equipo de trabajo descubrió el águila de bronce, con sus alas extendidas, de más de 300 kilos, dos metros de alto y 2,8 de ancho ubicado en la proa del navío. La esvástica en la zona inferior provocó “una repercusión en la prensa de todo el mundo”, comenta.

”Se decía que había la posibilidad del águila, que la podían haber retirado los alemanes en forma secreta; también los ingleses que tuvieron buzos trabajando allí. Sin embargo, el águila estaba allí con sus bulones y en muy buen estado”, recuerda.

 
Fotografía de archivo del 25 de febrero de 2019 que muestra el telémetro del acorazado nazi Graff Spee (Camilo Martizzoni / EFE)

Por su parte, Acosta y Lara, experto en la historia del barco y autor del libro “Graf Spee. 1939-2009 De Wilhelmshaven al Río de la Plata”, cuenta que comenzó investigando la artillería alemana y luego se integró al grupo de Etchegaray para aportar su conocimiento.

Describe como “impresionante” el momento de extraer el águila de las marrones aguas del Río de la Plata y apunta que fue él quien propuso cubrir la esvástica -cuando se exhibió públicamente la pieza- por la sensibilidad que despierta en la comunidad judía.

”Emotivamente para mí tuvo un efecto impresionante ver surgir el águila. No porque tenga ningún tipo de inclinación por las imágenes nazis, todo lo contrario. Cuando me preguntan del barco digo que estuvo bien hundido y siempre me interesa aclarar eso”, subraya.

Acosta y Lara asegura que no es posible retirar del río el barco en su totalidad porque está muy deteriorado y el buceo en las costas montevideanas “es ciego totalmente”. Ambos resaltan su orgullo por haber recuperado esta pieza, con la colaboración del buzo Héctor Bado (fallecido en 2017), y las dificultades para poder decidir sobre su destino.

¿Qué hacer con los símbolos nazis?

Desde su extracción, el águila ha pasado por idas y vueltas y quienes la sacaron no pueden acceder a ella, ya que es custodiada por el Ministerio de Defensa Nacional en la Fortaleza del Cerro de Montevideo. El miedo a que se use para venerar la simbología nazi ha hecho que las autoridades uruguayas se resistan a autorizar su venta.

Aunque su valor es inmenso, Etchegaray asegura que hay interesados en adquirir la pieza y ninguno pertenece a grupos neonazis sino que, por el contrario, son académicos o personas que quieren donar la pieza al Museo del Holocausto. La situación fue puesta en manos de la Justicia, que decidió meses atrás que el Ministerio debía dar las condiciones para que se vendiera.

Una vez vencido el plazo para la apelación de la cartera de Defensa y, tras un proceso de negociación entre ambas partes, el asunto está en manos del presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, quien se espera que emita “un decreto que beneficia con recursos económicos al Estado y además cumplen con el contrato y el dictamen de la Justicia”, explica Etchegaray.

El empresario afirma que se quedó con ganas de ir en busca de más restos, pero le ha costado conseguir la autorización del Gobierno. ”El barco está escorado, en muy mal estado pero no importa, hay que dejarlo que se vea. No es el barco, es todo el contexto cultural, cómo era Montevideo”, explica.

Para el empresario, la reflexión “es de las cosas más importantes”, ya que ayuda a no cometer errores del pasado y con ese espíritu considera que este elemento debe ser expuesto para que la gente tome conciencia sobre las atrocidades del nazismo.

martes, 16 de abril de 2019

Guerra contra el Brasil: Un resumen de los combates

Guerra Cisplatina (1825–28)

Weapons and Warfare




Batalla de Sarandi de Esteban Garino (1911-). Las guerras continuaron sin cesar en las antiguas colonias durante décadas. La batalla de Sarandi, peleada el 12 de octubre de 1825, fue una victoria uruguaya clave sobre las fuerzas de Brasil durante la Guerra Cisplatina (1825-28).

La América portuguesa pasó por una independencia significativamente diferente. El príncipe regente (después de 1816, el rey) João VI evitó el destino de su homólogo español y escapó de los invasores franceses, llegando a Río de Janeiro en 1808. Allí estableció su capital, gobernando todo el imperio portugués desde esta corte tropical hasta 1821. Las ambiciones de su esposa nacida en España, Carlota Joaquina, de dominar los asuntos de Platine coincidieron con los intereses de los rancheros del sur de Brasil. Esto llevó a una invasión portuguesa a gran escala de la Banda Oriental (actual Uruguay) en 1816 que desplazó a la naciente Liga Federal de José Gervasio Artigas. Pronto Brasil incorporó a la región como la Provincia Cisplatina.

22 de enero de 1820. 

Tacuarembo Chico. Alrededor de 2.000 patriotas uruguayos bajo el mando del general Latorre son aniquilados en las orillas occidentales del río Tacuarembo por 3.000 soldados portugueses bajo el mando del general Gaspar de Sousa Filgueiras, que termina efectivamente con la oposición organizada a la ocupación brasileña de este país. (El 18 de julio de 1821, Uruguay se anexa al imperio portugués como la "Provincia de Cisplatine", y permanece así hasta 1825.)

La revolución de 1820 en Oporto, Portugal, provocó que un reacio Joāo regresara a Lisboa; para 1822 su hijo se había convertido en el emperador Pedro I de Brasil. Se requirió relativamente poco combate para expulsar a las tropas leales a Portugal (excepto en Bahía) o para asegurar la lealtad de las provincias remotas al nuevo gobierno en Río de Janeiro. Incluso la Provincia de Cisplatine, leal a Lisboa durante más tiempo gracias a su gran guarnición portuguesa, eventualmente quedó en línea. Para 1824 el imperio estaba seguro, con un reconocimiento británico y portugués que se produjo un año después.

La retórica brasileña que anunciaba el Río de la Plata como la frontera natural del sur del país no podía sostenerse. En 1825, los exiliados encabezados por Juan Lavalleja cruzaron a la orilla este del río Uruguay, la Banda Oriental, y elevaron el estándar de la revuelta contra Brasil. Recibiendo un fuerte respaldo de los porteños, la rebelión pronto atrajo el apoyo de los caudillos rurales. Dentro de seis meses, los brasileños controlaban solo Colonia do Sacramento y Montevideo. Brasil declaró la guerra a Buenos Aires, pero el conflicto resultante, conocido como la Guerra de los Cisplatinos, terminó en un punto muerto. Una paz mediada por los británicos en 1828 llevó a la creación de la República Oriental del Uruguay independiente el año siguiente. La inestabilidad política en Brasil durante los nueve años de regencia que siguieron a la abdicación de Pedro I en 1831 y los primeros años del reinado personal de Pedro II provocaron un retiro temporal brasileño de los asuntos de Platine.

Guerra Cisplatina

La independencia de América del Sur no pone fin a la tradicional rivalidad hispano-portuguesa con respecto al territorio en disputa conocido como Banda Oriental o "Orilla Oriental" del Río de la Plata (Uruguay moderno), incautada ocho años antes por las tropas del emperador brasileño Dom Pedro. I. El 19 de abril de 1825, 33 de los patriotas exiliados de la Banda, menores de 40 años, Juan Antonio Lavalleja zarparon a bordo de dos botes de San Isidro (Argentina), que desembarcaron en el Rincón de la Agraciada para provocar una revuelta contra los ocupantes de su patria.

Muchos gauchos uruguayos descontentos se alzan rápidamente en apoyo de Lavalleja, especialmente el veterano comandante patriota Fructuoso Rivera, popularmente conocido como "Don Frutos"; por lo tanto, la ciudad de Soriano está invadida el 24 de abril, Canelones es tomada el 2 de mayo y la principal brasileña La guarnición en Montevideo se invierte seis días después. El brigantino brasileño de 18 cañones Caboclo (anteriormente Maipú) del teniente Francisco Pires de Carvalho lleva refuerzos a la asediada guarnición de Montevideo para junio, mientras que el emperador en vano presenta protestas ante el gobierno de Buenos Aires, que pronto será encabezado por su primer El presidente constitucional, Bernardino Rivadavia, recientemente regresó de servir como ministro plenipotenciario en Londres, negociando vínculos más estrechos con varios gobiernos europeos.

Las protestas de Brasil se ignoran, por lo que el movimiento de Lavalleja se envalentonó y sitió Colonia del Sacramento a partir del 18 de agosto, mientras que el improvisado gobierno uruguayo votó para separarse del imperio brasileño y unirse con Argentina una semana después.

4 de septiembre de 1825. 

En el arroyo Águila, al sureste de Mercedes, Rivera es derrotado cuando ataca a una columna de 700-800 soldados brasileños que ingresan al interior uruguayo bajo el mando del coronel de 42 años de edad, Bento Manuel Ribeiro.

24 de septiembre de 1825.  

Al amanecer, tras haberse deslizado a través del paso de Vera detrás de la fuerza principal de Ribeiro con 250 jinetes, Rivera sorprende al depósito brasileño de coroneles Jerónimo Gomes Jardim y José Luis Mena Barreto, establecido al sur de la confluencia de los ríos Negro y Uruguay en un rancho llamado Rincón de las Gallinas o Rincón de Haedo (este último es el nombre de su propietario civil). Cerca de allí, las unidades brasileñas se retiran para impugnar esta incautación, pero Rivera las atrae poco a poco a los bañados o "pantanos" locales, que causan unas 100 muertes, incluida Mena Barreto y todo su personal, antes de despegar con 8,000 monturas y un considerable material.

Este reverso incita al comandante del teatro brasileño con sede en Montevideo-Lt. El general Carlos Frederico Lecor, Barao de Laguna y la Gran Cruz de Caballero de la Orden de Torre e Espada, para enviar otra columna de 1,000 hombres tierra adentro bajo Ribeiro, para unirse con una fuerza de tamaño similar que se mueve hacia el sur desde el río Negro debajo de Gen Bento Gonçalves da Silva. Lavalleja contraataca desde su base central uruguaya de Durazno para intentar impedir su coyuntura pero no tiene éxito.

12 de octubre de 1825.

Sarandi. A pesar de no haber logrado evitar la unión de las 2.200 tropas brasileñas de Gonçalves y Ribeiro, Lavalleja ha amasado 2.000 irregulares uruguayos al amanecer para enfrentarlos en las orillas del arroyo Sarandi. Su ala de caballería izquierda debajo de Rivera cierra a las 9:00 a. metro. contra la derecha brasileña, que está compuesta por 400 jinetes y 450 hombres de infantería bajo Gonçalves, dispersándolos después de un duro enfrentamiento.

Mientras tanto, los 700 jinetes uruguayos y una sola pieza de campo a la derecha debajo de Pablo Zufriategui verifican el avance de los 300 soldados de infantería que constituyen la izquierda brasileña bajo Ribeiro, antes de contraatacar con éxito. El asalto por parte del centro uruguayo bajo Manuel Oribe es inicialmente rechazado por los 800 soldados de infantería brasileños que se encuentran enfrente del coronel Joaquim Antonio Alencastre, pero Lavalleja responde al cometer sus reservas en este punto, y eventualmente colapsará la resolución brasileña al mediodía. Se retiran después de sufrir 200 muertos y otras 630 bajas, en comparación con solo 35 muertos y 90 heridos entre las filas uruguayas.

Como resultado de esta derrota, el Uruguay ocupado se reduce a unas pocas guarniciones brasileñas aisladas que se extienden a lo largo de la costa del Río de la Plata, así como a lo largo de la frontera noreste.

24 de octubre de 1825.

Tras la victoria en Sarandí, el Congreso argentino reconoce la solicitud de Lavalleja de incorporar a Uruguay en sus "Provincias Unidas del Río de la Plata" bajo el nombre de "Provincia Cisplatina", informando debidamente a Río de Janeiro de este hecho.

31 de diciembre de 1825.

Las tropas uruguayas bajo el mando del coronel Leonardo Olivera toman el Fuerte Santa Teresa en la frontera noreste, reduciendo efectivamente la ocupación brasileña de su patria a Montevideo y Colonia del Sacramento.

28 de diciembre de 1826.

Un ejército uruguayo-argentino combinado sale de Arroyo Grande hacia el valle del río Negro en tres unidades: I Cuerpo bajo Lavalleja, formado por el 9º Regimiento de Caballería de Argentina, además de una gran cantidad de jinetes y milicianos irregulares uruguayos de Colorado; II Cuerpo bajo Alvear, compuesto por 2,000 soldados de los regimientos de Caballería Argentina 1º, 4º, 8º y 16º, un escuadrón de coraceros y milicianos de Colonia del Sacramento; y el III Cuerpo bajo Soler, que comprende los regimientos de Infantería Argentina 1º, 2º, 3º y 5º, los regimientos de Caballería Argentina 2º y 3º, un regimiento de artillería ligera y las compañías de milicias de Mercedes, que custodian los trenes de suministro y artillería. Su objetivo es invadir Bagé y la provincia de Rio Grande do Sul, sur de Brasil.

26 de enero de 1827.

La ciudad brasileña de Bagé está ocupada sin resistencia por Lavalleja y Alvear. Marqués de Barbacena, comandante del teatro brasileño local -el mariscal Felisberto Caldeira Brant Pontes de Oliveira y Orta, de 44 años, retrocede ante las más numerosas formaciones de caballería uruguayo argentina, refugiándose en la Cordillera de Camacua hasta que llegan refuerzos desde Río Grande.

12 de febrero de 1827.

El ejército de Alvear y Lavalleja ingresa a Sao Gabriel (Brasil), pero al día siguiente, en las orillas occidentales del río Vacacai, el 4º Regimiento de Caballería Argentina con menos de 29 años de edad, el coronel Juan Galo Lavalle González escaramuza contra 1,100 soldados del 22 y 23º brasileño Regimientos de caballería al mando del general Bento Manuel Ribeiro. Este último solo sufrió entre 30 y 40 víctimas, frente a 7 muertos y 6 heridos entre argentinos y uruguayos; sin embargo, la inteligencia reunida en cuanto a la línea de avance de los invasores le permite al General Barbacena comenzar a dirigir su cuerpo principal a través de su camino previsto.

El 14 de febrero, Alvear separa a Brig. El general Lucio Norberto Mansilla con 350 soldados para hacer retroceder a Riveiro, quien adelantó a su oponente al día siguiente mientras cruzaba el río Ibicuy en el paso de Ombú. Nuevamente, los brasileños sufren solo unas 40 bajas, frente a 10 argentinos muertos y 12 heridos; sin embargo, para el 17 de febrero, el ejército de Barbacena está tomando posición cerca del paso del Rosario en el río Santa María para disputar el paso de Alvear. Los invasores llegan la tarde del 19 de febrero y se preparan para la batalla al día siguiente al norte del arroyo Ituzaingo.


Muerte de Federico de Brandsen durante la batalla.



20 de febrero de 1827.

Ituzaingo. A las 2:00 a. metro. En esta noche de luna llena, Barbacena ordena a sus 2,300 soldados de infantería brasileños, 3,700 soldados de caballería y 300 artilleros con 12 piezas de campo que avancen contra la vanguardia de los invasores bajo Olazabal. Cuando Alvear percibe este movimiento al amanecer, a su vez le ordena al 5to Batallón de Olazábal que se aferre a su altura de avance crucial a toda costa, mientras acelera su propio ejército a la acción: 1,800 soldados de infantería, 5,400 soldados (incluidos 2,000 gauchos uruguayos) y 500 artilleros. tripulación 16 cañones. Bergantín. La caballería del general Julián Laguna es enviada para retener a la izquierda argentina. En el proceso, choca con la infantería brasileña de la Brigada General de Guerra Brown, que después de recibir tres cargas completas de caballería, se convierte en cuadrados.

La división de Brown se reduce gradualmente, momento en el que la caballería irregular de Lavalleja dispersa a los soldados brasileños de Abreu en el flanco sur, que se refugian detrás de su propia Segunda División de Infantería. La segunda carga de los regimientos de Caballería 16a y 18a de Zufriategui de Olavarria obliga a retroceder a la izquierda brasileña, mientras que el 4º Regimiento de Caballería Argentina de Lavalle y los Colorados hacen lo mismo más al norte. Cuando la infantería brasileña de Brown, una vez más comienza a avanzar, se detiene gradualmente por los cargos sucesivos del 1er Regimiento de Federico de Brandzen, la 2da Caballería de José María Paz y el Calado.

Después de seis horas de lucha confusa, Barbacena ordena a su ejército que se retire hacia el norte hacia Cacequi, habiendo sufrido 200 muertos y 150 capturados. Las pérdidas argentino-uruguayas totalizan 147 muertos y 256 heridos, y aunque siguen en posesión del paso del Rosario, los sangrientos invasores prefieren volver sobre sus pasos hacia Sao Gabriel el 26 de febrero..


1 de marzo de 1827.

La fuerza expedicionaria conjunta de Alvear y Lavalleja abandona Sao Gabriel (Brasil) para regresar a Uruguay en Minas de Corrales, 50 millas al sur de Santana do Livramento.

13 de abril de 1827.

Las 4.000 tropas argentinas de Alvear una vez más marchan hacia el norte desde Minas de Corrales, esta vez no acompañadas por sus aliados uruguayos, para invadir nuevamente la provincia brasileña de Rio Grande do Sul en un intento por lograr mejores términos de negociación en las conversaciones de paz en curso. Después de la progresión de cinco días a través de lluvias constantes, Bagé se reocupa sin oposición.

23 de abril de 1827.

Camacua Veinte kilómetros al norte de Bagé, a orillas del río Camacua Chico, 1.600 soldados brasileños están casi sorprendidos por un descenso nocturno de 2.500 soldados de caballería argentinos bajo Lavalle. En cambio, los primeros son capaces de hacer su escape, sufriendo solo 50 bajas.

7 de mayo de 1827.

El ejército argentino de Alvear abandona Bagé, avanzando hacia el sur para acampar dos días después en las orillas occidentales del río Yaguaron (escrito Jaguarao en portugués). El 16 de mayo, el general separa al general de brigada Lavalle con los regimientos de caballería 4º y 6º para asaltar más profundamente en Brasil. Este último llega a Erval el 21 de mayo y, cuatro días después, se dirige a atacar a 400 guerrilleros brasileños bajo la jefa de Yuca Teodoro.

A pesar de esta incursión simbólica, Alvear decide llevar al resto de su desmoralizado ejército a los cuarteles de Cerro Largo (moderno Melo, Uruguay) el 9 de junio, siendo relevado cuatro días después y terminando efectivamente todas las campañas activas para este año, mientras el agotado gobierno argentino se tambalea. al borde del colapso.

15 de abril de 1828.

Las Cañas. El mariscal de Brasil atraviesa el río Yaguaron con tres batallones de infantería y tres regimientos de caballería, sorprendiendo y derrotando a las tropas uruguayo-argentinas en el norte del arroyo Las Cañas, bajo el mando del general de brigada Laguna.

24 de agosto de 1828.

El corsario argentino, General Dorrego, es capturado por el Caboclo y otros buques de guerra brasileños.

Agotados por sus esfuerzos, los gobiernos de Argentina y Brasil firmaron un tratado de paz en Río de Janeiro el 27 de agosto de 1828, que fue ratificado el mes siguiente por una convención nacional en la ciudad argentina de Santa Fe.

jueves, 21 de marzo de 2019

Guerra del Paraguay: El conflicto más sangriento de la historia latinoamericana

Guerra de la Triple Alianza, (1864-1870)

Weapons and Warfare





La guerra más larga y violenta de Sudamérica. La guerra comenzó en noviembre de 1864, cuando Brasil se entrometió en los asuntos internos de Uruguay, una acción que provocó una respuesta inmediata del dictador belicoso de Paraguay, el presidente del mariscal Francisco Solano López. López estaba convencido de que el dominio brasileño de Uruguay alteraría el equilibrio de poder en la región y reaccionó bloqueando el río Paraguay e invadiendo la provincia brasileña de Matto Grosso. No contento con Brasil como enemigo, provocó a Argentina al cruzar la Provincia de Missiones para atacar a Brasil desde el oeste. El 1 de mayo de 1865, en respuesta a los ataques de López, Argentina, Brasil y Uruguay formaron una alianza y declararon la guerra a Paraguay. Los embates iniciales de Paraguay en Brasil y Argentina pronto se vieron frustrados, y López se vio obligado a defenderse por el resto del conflicto. Aunque ampliamente superado en número, el ejército de Paraguay era moderno y bien disciplinado.

López comenzó a enviar grupos de asalto de 100 a 200 hombres a través de la Paraña para hostigar a los campos aliados. Después de algunas semanas de estos ataques, a mediados de abril, los paraguayos hicieron un importante intento en canoa por recuperar una posición de batería en un banco de arena en Itapiru; esto fue rechazado, y de la fuerza de asalto inicial de 800 personas, solo 300 regresaron a sus líneas. Después de este éxito, los Aliados comenzaron una importante operación de cruce de ríos cerca de la confluencia de los ríos Paraguay y Paraña, y comenzó la invasión de Paraguay.

Durante un período de dos semanas, un ejército de 57,000 tropas aliadas (42,000 de infantería y 15,000 de caballería) fue transportado a través del Río Paraña en dos olas principales. Los cruces fueron apoyados por guardias de hierro de la Armada brasileña y, a pesar de algunos ataques paraguayos, toda la operación transcurrió sin problemas significativos. Esto fue algo así como un milagro logístico para los estándares del día: durante la guerra en general, los soldados de ambos ejércitos fueron transportados, alimentados y abastecidos muy mal. Todo el sistema logístico todavía estaba basado en caballos, con trenes que apenas se usaban para el transporte de tropas y solo por los paraguayos. De las cuentas de los participantes sabemos que uniformes, armas y municiones. se suministraron de forma irregular, y solo los brasileños lograrían una mejora gradual de su sistema de suministro antes del final de la guerra.




El retiro paraguayo se detuvo en Estero Bellaco, donde tenían los dos ríos Paraguay y Paraña protegiendo sus flancos derecho e izquierdo. En los márgenes de las vías fluviales, un terreno carrizal de lagunas, marismas y bancos de arena estaba dominado aquí y allá por hummocks y acantilados altos, desde los cuales la artillería podía disparar contra la infantería que luchaba en el lodo de abajo. En Estero Bellaco, el 2 de mayo, el General José E. Díaz con unos 6,000 paraguayos atacó a unos 8,000 soldados aliados, y en particular a la vanguardia, compuesta principalmente por los uruguayos de Gen Flores. Los batallones de infantería uruguayos formaron plazas defensivas y repelieron a los atacantes; Los paraguayos perdieron 2,300 hombres, pero la vanguardia aliada fue más o menos destruida. Después de esta acción de castigo, los Aliados se movieron una corta distancia hacia el norte hasta el área alrededor de Tuyuti, donde construyeron un inmenso campamento parcialmente defendido con atrincheramientos y fortificaciones de campo.

López ahora reunió a todas las tropas a su disposición, incluidos sus mejores regimientos de caballería y batallones de infantería; esta fuerza de alrededor de 24,000 veteranos fue la mejor que Paraguay ha desplegado nunca. El plan de López era simple: un ataque general sorpresa contra las posiciones aliadas, con cuatro columnas de ataque cada una liderada por la caballería. Los más de 35,000 soldados aliados en los campos (cerca de 22,000 brasileños, 11,800 argentinos y 1,200 uruguayos u “Orientales”) se estaban reorganizando para un mayor avance en Paraguay.

La primera batalla de Tuyuti comenzó en la mañana del 24 de mayo de 1866, cuando las columnas de ataque fueron ordenadas (de derecha a izquierda) por Gen Barrios, Col Díaz, Col Marco y Gen Resquin. La primera columna que avanzó fue la de Marco, apuntando al centro del ejército aliado; después de haber derrotado a la principal infantería uruguaya, fue rechazado por las brigadas brasileñas, en parte gracias a la protección inteligente de la artillería del Maj Emilio Mallet con una gran zanja húmeda. La columna de Díaz atacó a la derecha de Marco, donde tuvo que dividirse para pasar alrededor de una laguna. Al golpear a los aliados en el centro de la izquierda, fue derrotado por la mayoría de los uruguayos y por las unidades brasileñas traídas de la reserva, y fue completamente destruida. El gancho retrasado del general Barrios en el flanco izquierdo aliado barrió las pocas unidades brasileñas en su camino y casi llegó a los campos antes de ser contrarrestado por la caballería de la reserva brasileña. Las columnas pesadas de caballería de Gen Resquin atacaron a los argentinos en el ala derecha aliada. Una cuenta declara que la caballería argentina fue derrotada cuando lucharon desmontados; cualquiera que sea la verdad de eso, la infantería argentina ciertamente formó plazas y rechazó a la caballería paraguaya con gran pérdida. Los paraguayos presionaron sus ataques con valentía, pero fueron rechazados gradualmente y, en algunos casos, rodeados de contraataques aliados, antes de abandonar el campo.


Batalla de Tuyutí

La batalla más importante de la guerra, en Tuyuti el 24 de mayo de 1866, fue la más grande jamás peleada en suelo sudamericano, involucrando a unos 24,000 paraguayos contra 35,000 tropas aliadas. Las cifras de siniestros son aproximadas y, dada la atención médica rudimentaria disponible, los números enumerados para heridos sin duda ocultan muchas muertes adicionales. Sin embargo, con estas reservas, Tuyuti probablemente le costó a Paraguay unas 13,000 víctimas (casi el 55 por ciento), de las cuales al menos la mitad murió, y los Aliados alrededor de 2,400 muertos y 3,000 heridos (cerca del 15 por ciento), una proporción combinada de bajas del 31 por ciento de Los comprometidos en ambos lados. Para poner esas cifras en contexto: en "Bloody Antietam", en septiembre de 1862, los Confederados sufrieron alrededor del 30.4 por ciento de bajas y los Federales alrededor del 17.7 por ciento, dando una proporción combinada de 22.7 por ciento.

Después de pérdidas tan severas e insustituibles en este "Waterloo sudamericano", los paraguayos nunca más pudieron organizar una gran operación ofensiva contra los Aliados con alguna posibilidad de victoria. Su derrota final fue simplemente una cuestión de tiempo, sin importar la determinación con la que López defendió el territorio nacional. Comenzó a retirarse lentamente, y emborronó la búsqueda de los aliados el 18 de julio en Boqueron. Aquí quizás 6.000 paraguayos bajo el Gen Elizardo Aquino atacaron a un número similar de argentinos y uruguayos liderados por el Gen argentino León de Pallejas; las bajas fueron muy pesadas en ambos bandos, y ambos comandantes fueron asesinados. Al reanudar su retirada, los paraguayos construyeron baterías fortificadas en muchos puntos estratégicos; cuando los aliados los alcanzaron, los defendieron obstinadamente antes de que los sobrevivientes intentaran escapar. Un ejemplo típico fue el fuerte en Curuzu, atacado del 1 al 3 de septiembre; apoyados por disparos navales, unos 8,000 soldados brasileños y 1,000 argentinos fueron desembarcados y tomaron el fuerte de 2,500 defensores. El costo incluyó al buque de guerra brasileño Río de Janeiro, que se hundió después de golpear dos minas paraguayas.

Curupayti

Las tácticas paraguayas fueron reivindicadas espectacularmente el 22 de septiembre de 1866, cuando unos 17,000 soldados aliados atacaron a 5,000 paraguayos defendiendo una doble línea defensiva de baterías fortificadas ancladas en la ribera alta del Río Paraguay en Curupayti. Hubo una discusión entre los comandantes brasileños y argentinos sobre el plan de ataque y, a pesar de apoyar el fuego de los barcos brasileños, los asaltos aliados fueron rechazados con terribles pérdidas. Los paraguayos habían concentrado 50 piezas de artillería y siete batallones de infantería para defender la posición; después de atravesar la primera línea, la infantería aliada quedó atrapada en un terreno bajo y abierto bajo los cañones de la segunda línea dominante, y fue asesinada. Los paraguayos perdieron sólo 92 muertos; Las bajas aliadas fueron reportadas como 4,000 muertos, con un número aún mayor de heridos y abandonados cuando los Aliados retrocedieron. Las tropas argentinas sufrieron particularmente mal, y sus sobrevivientes recordaron la acción como mal planeada y condenada desde el principio. Esta derrota aseguró que la guerra duraría quizás un año más de lo necesario. Una larga pausa en las operaciones activas seguiría antes de que los Aliados pudieran reanudar la guerra de maniobras.

Después de esta costosa y desmoralizante derrota, el ejército aliado tuvo que reagruparse y reorganizarse durante muchos meses durante los cuales permaneció acampado alrededor de Tuyuti, aunque continuaron las sondas menores, las incursiones y el bombardeo de los objetivos del río. Este largo período de inactividad vio la propagación de enfermedades en todos los campos, causando miles de muertes, particularmente entre los argentinos y uruguayos. A principios de 1867, el presidente Mitre de Argentina y el presidente Flores de Uruguay se vieron obligados a regresar a sus capitales para enfrentar a la oposición interna, y el mando aliado supremo pasó en febrero al general brasileño Luis Alves de Lima e Silva (más tarde creado duque de Caxias) Hasta que Mitre regresó en agosto de 1867.

Desde su nombramiento como comandante del ejército brasileño en octubre de 1866, Caxias comenzó a instituir reformas que mejoraron notablemente su calidad; reemplazó a los oficiales inadecuados, supervisó el reentrenamiento y el reequipamiento y mejoró, al menos en cierta medida, el sistema de suministro y los cuerpos médicos crónicamente inadecuados. A fines de julio de 1867, un diplomático británico informó que el ejército tenía 5,000-6,000 enfermos, pero 45,000 brasileños, 7,000-8,000 argentinos y 1,000 uruguayos en el campo. Cada mes llegaba un flujo constante de aproximadamente 2,000 refuerzos para mantener estos números.

Lopéz usó este período para concentrar sus últimas tropas alrededor de su cuartel general y la principal fortaleza del río en Humaita, y para reclutar nuevos soldados de la milicia. Esto no parece haber tenido resultados impresionantes, según el mismo corresponsal británico, GZ Gould: sus informantes le dijeron que de un total de 20,000 soldados paraguayos, solo 12,000 en el mejor de los casos eran de calidad adecuada, el resto eran ancianos, inválidos y niños. Desde los 12 años de edad. Aunque los paraguayos habían capturado previamente un número de rifles Minié, la mayoría todavía llevaba pedernales de ánima lisa. El ejército carecía de caballos, y los que tenían estaban en malas condiciones.



Durante la segunda mitad de 1867, los Aliados quedaron básicamente paralizados por el formidable obstáculo de la gran fortaleza de Humaita, que era el corazón de la defensa de López. Después de volver a reanudar el comando aliado en general, Mitre se mostró a favor de un viaje directo por el río llevado y apoyado por la armada brasileña, pero los comandantes brasileños no estaban dispuestos a arriesgar buques de guerra y transportes de tropas contra la poderosa artillería de Humaita. Construido en un magnífico sitio defensivo al mando de una pronunciada curva en S del Río Paraguay, este "Sebastopol paraguayo" era un extenso complejo de bastiones y casamatas de piedra que montan 114 piezas de artillería distribuidas en 12 baterías, la mayoría de ellas dominando los estrechos protegidos por tres Cadenas de barreras, dos líneas de minas explosivas y una estacada de chicane. Antes de intentar forzar este pasaje, los brasileños insistieron en operaciones terrestres alrededor del flanco izquierdo de los paraguayos, para cortar las líneas de comunicación y suministro de la fortaleza desde Asunción. Durante un período de relativa inactividad en noviembre de 1867, los paraguayos lanzaron un ataque contra los campamentos atrincherados Aliados en Tuyuti. Aunque esto logró algunas penetraciones, fue numéricamente demasiado débil para tener éxito, y fue rechazado después de que cada lado sufriera unas 2,400 bajas.
En enero de 1868, el presidente Mitre se vio obligado a regresar una vez más a Buenos Aires para tratar con los opositores políticos. Caxias fue nombrado definitivamente comandante en jefe aliado, obteniendo la libertad de conducir la campaña según su propia visión. Aisló a Humaita por operaciones en sus aproximaciones terrestres, y el 19 de febrero su flota se movió río arriba. Los acorazados bombardearon las baterías, y después de algunos contratiempos y una gran cantidad de daños forzaron un pasaje; algunos luego hicieron el gesto de humear hasta llegar a Asunción. Alarmado, el vicepresidente Domingo Sánchez ordenó la evacuación del gobierno paraguayo de Asunción a Luque, y en las próximas semanas muchos otros ciudadanos también huirían de la capital. Aunque siempre se requería una batalla para hacerlo, la flota brasileña ahora podía pasar de Humaita, bombardear y aterrizar tropas.

Cortada por todos lados y quedándose sin comida y municiones, la guarnición de Humaita finalmente se rindió el 24 de julio de 1868. En septiembre, López abandonó una línea defensiva a lo largo del Río Tebicuary y volvió a acercarse a la capital. Su ingeniero británico George Thompson construyó una línea defensiva fortificada a 22 millas (35 km) al sur de Asunción, que se extiende desde las fuertes baterías del río en Angostura, a lo largo del arroyo Pikysyry y 6 millas (10 km) hacia el este, hacia los pantanos de la Laguna Ypoa. Mientras tanto, los aliados avanzaron hacia el norte por el río Paraguay, acompañados por la flota brasileña, continuaron lenta pero constantemente.

Para diciembre de 1868, la línea Pikysyry, suministrada desde Villeta, estaba en manos de unas 12,000 tropas paraguayas con 85 cañones; En lugar de intentar ataques frontales, Caxias mostró su talento. Envió una parte fuerte de su fuerza a través de la orilla oeste; Pídales que construyeran una carretera de “pana” de madera por algunos kilómetros a través de las marismas para llevarlos al norte; y el 4 de diciembre los envió de vuelta a la orilla este de San Antonio, muy por detrás de la línea defensiva paraguaya. Caxias luego dirigió su ejército hacia el sur, derrotando en detalle a las mucho más débiles fuerzas paraguayas del Gen Bernardino Caballero en Ytororo el 6 y Avay el 12 de diciembre. El 24 de diciembre, López rechazó los términos de rendición ofrecidos por los Aliados y huyó a Cerro León. Después de otra victoria aliada en Ypacarai el día de Navidad, López lideró personalmente 10,000 hombres contra más del doble que muchos aliados en un ataque sin esperanzas en Lomas Valentinas (Yta-Ibate) el 27 de diciembre.

El 1 de enero de 1869, las tropas brasileñas entraron en Asunción, que fue completamente ocupada el 5 y sometida a saqueos. Dos semanas después, Caxias renunció a su mando, aparentemente debido a su mala salud; parece haber argumentado en contra de gastar más vidas y fondos persiguiendo a López hasta el amargo final, pero para el emperador Pedro II esto ahora era un asunto personal.

El ejército paraguayo se retiró al noreste, pero fue derrotado en las batallas en Caacupé y Piribebuy el 15 de agosto de 1869. La victoria aliada en Piribebuy bajo el Conde d’Eu, Gaston Luis Felipe d'Orleans, destruyó al ejército paraguayo como una fuerza de combate efectiva. Sin embargo, López fue capaz de reunir los restos de su fuerza y ​​librar la guerra de guerrillas desde el norte. El 1 de marzo de 1870, una unidad de caballería brasileña acorraló al presidente del mariscal Francisco Solano López y su banda en el cerro Cora. López y su hijo fueron asesinados, y la guerra terminó.

La guerra demostró la capacidad de las repúblicas latinoamericanas para librar una guerra moderna en gran escala. Paraguay exhibió extraordinarios recursos, improvisando según fue necesario, construyendo barcos y armamentos con sus propios recursos y continuando la guerra en las circunstancias más adversas. Brasil y Argentina organizaron grandes ejércitos y resolvieron problemas de comandos aliados.

La guerra devastó a Paraguay, que perdió entre el 8,6 y el 18,5 por ciento de su población, así como el 38 por ciento de su territorio nacional. Además, la vibrante economía de la preguerra de Paraguay fue destruida y el país se hundió en un período de inestabilidad política. Sin embargo, Argentina logró importantes ganancias territoriales con relativamente poca perturbación de su economía o estabilidad política. El impacto de la guerra en Brasil fue mixto: se ganó territorio y los militares obtuvieron un nuevo respeto, pero el costo de la guerra en vidas y fondos brasileños fue alto.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Guerra del Paraguay: Lo absurdo y costoso, todo en un conflicto


La Guerra del Paraguay fue el conflicto más tonto y costoso que jamás haya experimentado América

Dejó una nación próspera en ruinas


Darien Cavanaugh |  War is Boring




La guerra paraguaya, a veces referida por los sudamericanos como la Guerra de la Triple Alianza o la Gran Guerra, enfrentó a los ejércitos de Paraguay con los de Argentina, Brasil y Uruguay. Fue una competencia increíblemente desequilibrada. Paraguay tenía una población de aproximadamente 500,000 personas, mientras que Brasil era hogar de 9 millones, Argentina dos millones y Uruguay 250,000.

Durante seis años, desde 1864 hasta 1870, Paraguay permaneció aislado y bajo asedio mientras luchaba contra una alianza mucho más grande y mejor equipada.

Incluso en lo que respecta a las guerras, fue un asunto extraño en muchos aspectos. Hubo rumores de intrigas que involucraron a una amante extranjera, caballerías armadas con lanzas de bambú enfrentadas contra batallones de fusileros, uno de los presidentes menos recordados de los Estados Unidos se convirtió en héroe nacional en otro país, y el beligerante sufrió una de las tasas más altas de bajas de cualquier guerra moderna.

Tal vez el aspecto más extraño de la guerra es el hecho de que el presidente paraguayo Francisco Solano López fue el instigador, y que la Argentina no tenía ningún interés en involucrarse hasta que Solano López los arrastró al lado de sus enemigos.

Solano López llegó al poder tras la muerte de su padre, Carlos Antonio López, en 1862. Aunque ambos hombres fueron elegidos para servir en el Congreso paraguayo, James Schofield Saeger sugiere en Francisco Solano López y la Ruina de Paraguay: Honor y Egocentrismo que ellos gobernó como dictadores benevolentes que ejercen un control estricto del gobierno, el ejército y las finanzas del país.

Durante el reinado de su padre, Solano López se había desempeñado como vicepresidente, ministro de la guerra y enviado a Europa durante la presidencia de su padre. En Europa observó la Guerra de Crimea de primera mano y asistió a la École spéciale militaire de Saint-Cyr. Su conocimiento de la guerra inspiró a Napoleón III a nombrarlo Comandante de la Orden de la Legión de Honor.

Las experiencias de Solano López en Europa avivaron una creciente obsesión con Napoleón Bonaparte. Comenzó a entretener sueños de convertirse en algo así como un "Napoleón de Sudamérica". Con estas ambiciones en mente, compró suficientes rifles y suficientes pedernales de hierro liso de fuentes europeas para abastecer a "una gran fuerza militar". También aseguró la compra del buque de guerra Tacuari de un astillero de Inglaterra, enviando el barco y las armas de fuego a casa para el ejército paraguayo.

Solano López también conoció a Eliza Lynch, una cortesana irlandesa, mientras estaba en Europa. Ella finalmente regresó a Paraguay con él. Tuvieron seis hijos juntos y ella, en gran medida, sirvió como primera dama durante el gobierno de Solano López a pesar de que los dos nunca se casaron. Hubo rumores de que ella alentó aún más el militarismo de Solano López.

Por el Solano López llegó al poder, Paraguay fue considerado como un poder financiero y militar en la región. Argentina y Brasil eran mucho más grandes, tanto geográficamente como en términos de población, pero el ejército de Brasil era pequeño y notoriamente desorganizado, y Paraguay había derrotado a las fuerzas españolas con sede en Argentina para obtener su independencia 50 años antes.

Esto le dio a López una confianza considerable en la superioridad de su ejército, lo que indudablemente fortaleció su expansionismo latente. Cuando en 1864 Brasil comenzó a respaldar una revolución en el vecino Uruguay, un aliado de Paraguay, decidió salir en defensa del asediado gobierno uruguayo.

Como David F. Marley explica en Guerras de las Américas, Paraguay atacó primero, apoderándose del buque de vapor brasileño Marques de Olinda cuando se aproximaba a la capital de Paraguay, Asunción, el 13 de noviembre de 1864. Esta acción violó un tratado que permitía el paso seguro del comerciante y buques militares de los "estados fluviales" regionales, que incluían a Brasil, y efectivamente cortaron las rutas de suministro de los ríos brasileños en el sur.


Una fragata brasileña. Foto a través de Wikipedia

Solano López siguió la toma del Marqués de Olinda con una invasión del Mato Grosso de Brasil en diciembre, enviando a 6.000 soldados a la región. Los paraguayos se encontraron con una resistencia sorprendentemente fuerte de fuerzas mucho más pequeñas, pero aún así tomaron varias ciudades y fuertes.

Después de estas victorias, las cosas rápidamente empeoraron para Solano López y sus ejércitos.

Paraguay no pudo llegar convenientemente a ciertas áreas de Uruguay para reforzar las defensas de ese país sin pasar por Argentina. El problema era que Argentina no quería tener nada que ver con el conflicto y buscaba permanecer neutral.

Cuando el 14 de enero de 1865 el gobierno paraguayo envió una carta al gobierno argentino solicitando "el derecho de pasar pacíficamente por la Provincia de Corrientes" por "el ejército destinado a operar contra el Imperio de Brasil", se les dijo que no.

El presidente argentino Bartolomé Mitre negó la solicitud en una carta republicada en Revelations On The Paraguayan War, una colección de documentos contemporáneos. En la carta, argumentó que el paso por Argentina no era "necesario" porque "los beligerantes ya tienen una frontera extensa desde la cual pueden intercambiar hostilidades sin pasar por el territorio argentino".

"Esto lo ha hecho el gobierno de Paraguay, invadiendo y tomando parte del territorio brasileño de Matto-Grosso [sic]", agregó Mitre.

En febrero, más malas noticias llegaron cuando los rebeldes respaldados por Brasil en Uruguay obtuvieron el control del país. Esto efectivamente significaba que Paraguay ahora estaba luchando contra Brasil y Uruguay para restaurar el gobierno anterior de este último.

Por alguna razón, estos desarrollos no lograron disuadir a Solano López. Nuevamente demostrando su audacia, decidió enviar a su ejército marchando a través de Argentina de todos modos, y el 23 de marzo de 1865 el congreso paraguayo declaró la guerra a su vecino del sur por si acaso.

Las tropas paraguayas ingresaron a la provincia argentina de Corrientes el 13 de abril, tomando la ciudad homónima de la provincia y apoderándose de los buques de guerra 25 de Mayo y Gualeguay desde su puerto. A pesar de que Solano López resultó victorioso en estas escaramuzas iniciales con Argentina, el ataque fue un error militar colosal que le costaría caro.

El 1 de mayo de 1865, Argentina firmó el "Tratado de la Triple Alianza" con Uruguay y Brasil, y posteriormente declaró la guerra a Paraguay porque había "atacado traidoramente" a la nación neutral "por la fuerza de las armas ... matando a muchos hombres".

Esto marcó un cambio importante en la guerra. Salvaje en inferioridad numérica, casi completamente rodeado geográficamente y bloqueado por el río y el mar, Paraguay comenzó a perder batallas y también tuvo problemas para obtener suministros y equipos militares en el país. El 25 de mayo, las fuerzas de Solano López sufrieron su primera derrota significativa de la guerra cuando un contingente de 5,200 brasileños y argentinos retomaron Corrientes de los 1,600 paraguayos guarnecidos allí.
Las vulnerabilidades de la armada paraguaya pronto se volvieron obvias también. Como explica Jerry W. Cooney en un ensayo en I Die with My Country: Perspectives on the Paraguayan War, 1864-1870, aparte del Tacuari y algunos barcos incautados de Argentina y Brasil en los primeros días del conflicto, el resto de Paraguay La flota consistía en ruedas de palas apresuradamente preparadas para el combate. Incluso el Tacuari, que era un buque de guerra avanzado cuando se lo compró una década antes, pero que permaneció sin blindar, se había retrasado con el avance naval y los acorazados se hicieron comunes.

En junio se hundieron tres vapores paraguayos, se capturaron seis helicópteros y el buque insignia Tacuari resultó gravemente dañado en la batalla naval de Riachuelo. Esto dificultó enormemente las capacidades de combate de la armada, especialmente cuando los acorazados brasileños como Río de Janeiro, Brasil y Silvado, este último acorazado fabricado en Francia, originalmente destinado a la venta a Paraguay, entraron en la refriega.

"Durante el resto de la guerra, la armada paraguaya actuó esencialmente como una flota de suministros, y en esa capacidad fue bastante útil", concluye irónicamente Cooney.


Tropas brasileñas en Nova Palmira. Foto a través de Wikipedia

La guerra se volvió cada vez más logística y tecnológicamente desequilibrada a medida que las armas, municiones, alimentos y suministros médicos se hicieron cada vez más difíciles de conseguir para el ejército paraguayo. Los pedernales paraguayos perdidos en la batalla fueron reemplazados por espadas y lanzas que enfrentaron rifles recién adquiridos por las fuerzas brasileñas y argentinas.

"[L] a Guerra Paraguaya (o Triple Alianza) no se parecía a nada que se haya visto en esa parte del mundo", escribe Thomas Whigham en La guerra paraguaya: causas y conducta temprana. "Presentó una sorprendente mezcla de lo moderno y lo antiguo, con buques de guerra acorazados y globos de observación que comparten el escenario con batallones de soldados descalzos llevando lanzas de bambú".

Para diciembre de 1864, 6.000 hombres paraguayos ya habían muerto en combate, otros 30.000 efectivos estaban estacionados en Cerro León, y otros 34.000 se estaban entrenando en bases y campamentos. Además de estos hombres, Solano López ya había pedido a las milicias que tomaran las armas y se dirigieran al frente. Esto significó que más de la mitad de la población adulta masculina de Paraguay se comprometió a luchar en la guerra, creando una increíble tensión social y económica en todo el país.

Ya sufriendo la derrota a manos de sus adversarios, los ejércitos de Solano López pronto sufrieron una amenaza igualmente grave a medida que la enfermedad arrasó con sus campamentos. Según Cooney, 50,000 soldados paraguayos habían muerto de viruela, escorbuto, edema y cólera a fines de 1867. En el punto álgido de un brote de cólera, 50 soldados al día estaban muriendo.
Solano López, respondiendo al empeoramiento de la crisis, amplió el reclutamiento, reduciendo la edad del deber militar requerido de 16 a 13, y abriendo sus filas a convictos y libertos, y ordenando el reclutamiento de esclavos privados y estatales. Los pocos hombres físicamente aptos que permanecieron en puestos gubernamentales y comerciales selectos fueron eventualmente llamados a combatir y reemplazados en sus capacidades civiles por aquellos que habían sido heridos de manera muy grave por continuar sirviendo.

Las poblaciones civiles restantes de pueblos enteros se alejaron más de los frentes, los edificios y los campos se quemaron para no dejar nada a los invasores. La inflación se disparó cuando el gobierno imprimió más billetes. El hambre y la pobreza se volvieron comunes ya que la mayoría de los alimentos básicos se enviaron al ejército.

A pesar del colapso casi total de su ejército y la infraestructura de su nación, Solano López todavía de alguna manera se consideraba un héroe conquistador. Para su cumpleaños en 1867, se encargó a sí mismo "una corona de hojas de laurel en oro", una réplica de la famosa que Napoleón usó en los retratos.

Su población también permaneció sorprendentemente leal a él, ya que dirigió personalmente lo que ahora equivalía a una campaña guerrillera contra sus enemigos hasta marzo de 1870. El primero de ese mes, las fuerzas brasileñas alcanzaron a Solano López y los restos andrajosos de su ejército en Cerro Corá a lo largo de la frontera Brasil-Paraguay. Mataron a la mayoría de sus soldados y oficiales restantes, así como a Vicepresidentes. Domingo Francisco Sánchez.

Heridos en la batalla, Solano López y algunos otros escaparon a las orillas del cercano río Aquidabán. Acorralado allí, sus perseguidores brasileños le ofrecieron la oportunidad de rendirse. Se negó y supuestamente acusó a los brasileños con su espada, gritando: "Me muero con mi país". Fue rápidamente asesinado, con algunos informes que dicen que recibió un disparo, pero otros dicen que fue asesinado a tiros.


Artillería uruguaya en la Batalla de Sauce en julio de 1866. Foto vía Wikipedia

El hijo de 16 años de Solano López también murió en la orilla del río cuando trataba de proteger a Lynch, su madre, de la ira de los brasileños. Lynch sobrevivió y supuestamente "enterró a su amante con sus propias manos" en una tumba en la jungla. Perdió su tierra y sus posesiones personales y se exilió en París, donde murió 16 años después, a la edad de 52 años. Aunque inicialmente fue vilipendiada tanto por los brasileños como por muchos paraguayos, ahora es considerada un héroe nacional.

La guerra resultó en más de 400,000 muertes, casi tres cuartas partes en el lado paraguayo. Eso representó aproximadamente el 60 por ciento de la población total del país. Las bajas fueron particularmente altas entre los hombres de Paraguay, y algunos historiadores estimaron que hasta el 90 por ciento de la población masculina adulta del país pereció.

La Triple Alianza estableció un triunvirato para gobernar Paraguay. Argentina inicialmente quería dividir el territorio de Paraguay entre sí y Brasil. Sin embargo, Brasil quería dejar a parte de Paraguay intacto como un amortiguador entre las dos naciones. Argentina eventualmente cedió en ese asunto, pero insistió en tomar la gran región del Gran Chaco de Paraguay.

Incapaz de llegar a un consenso sobre el asunto, Paraguay y Argentina pidieron a los Estados Unidos que medien. Pres. Rutherford B. Hayes se alió con Paraguay, dejando a Gran Choco como parte de ese país y convirtiéndose así, como Lynch, en otro héroe nacional poco probable allí. Uno de los estados geográficamente más grandes de Paraguay, el Departamento de Presidente Hayes, lleva su nombre, al igual que la capital de ese estado, Villa Hayes, y el equipo de fútbol Club Presidente Hayes con sede en Asunción.

miércoles, 25 de abril de 2018

Guerra de la Independencia: Batalla de San José (1811)

Batalla de San José




Batalla de San José - 25 de Abril de 1811


El 25 de Mayo de 1810 el Cabildo Abierto en la ciudad de Buenos Aires decidió que el Consejo de Regencia gaditano no tenía facultades para gobernar América en ausencia del prisionero Fernando VII. Como consecuencia destituyó al Virrey del Río de la Plata Baltasar Hidalgo de Cisneros y en su lugar se constituyó la “Junta Provisoria gubernativa conservadora de los Derechos del Fernando VII”.

No todos los territorios del Virreinato aceptaron esta decisión; entre ellos la Gobernación de Paraguay, el Alto Perú (hoy Bolivia) y la ciudad de Montevideo. En ésta última pesó la opinión pro Regencia, lo que constituyó un problema para el gobierno de Buenos Aires en razón de que allí se asentaba la principal guarnición del territorio y era sede del Apostadero de la Real Armada; y dada su posición geográfica se hallaba en condiciones de bloquear por río y mar a la capital.

Pese a todo, las hostilidades no se iniciaron, puesto que la Junta de Buenos Aires inició campañas militares contra otras zonas rebeldes.

Mientras tanto la Regencia designó para tomar posesión del Virreinato a Francisco Javier Elío (31 de Agosto de 1810), quien recibió órdenes de embarcarse para el Plata en Alicante, por hallarse Cádiz presa de una epidemia de fiebre amarilla. Embarcó en la fragata “Ifigenia”, acompañado de su ayudante Joaquín Gayón y Bustamante, y de un piquete del Regimiento de Voluntarios de Madrid, llegando a Montevideo el 12 de Enero de 1811. El 3 de Febrero, entre otras cosas, dispuso que el piquete de los Voluntarios de Madrid desembarcase y se constituyese en el plantel de una fuerza más numerosa que iba a ser reclutada localmente.

A fines de Febrero se produjo en la campaña de la Banda Oriental (hoy República Oriental del Uruguay), territorio bajo la autoridad del Virrey, un levantamiento de carácter juntista, promovido desde Buenos Aires. A poco de esto la vanguardia de las tropas de la Junta cruzó el río Uruguay bajo el mando del Teniente Coronel José Artigas. Éste había sido comisionado para sublevar la campaña y los pueblos del interior contra la autoridad virreinal; operación que tuvo éxito dado que era un personaje de mucho relieve y prestigio en el territorio oriental.

Las milicias así convocadas fueron convergiendo hacia los lugares donde aun se mantenía la autoridad del Virrey, teniendo como último objetivo la toma de la ciudad fortificada de Montevideo. En estos momentos es que Elío dispuso la salida de fuerzas que ocupasen las poblaciones más cercanas a la ciudad. Una de ellas fue la villa de San José de Mayo, hacia donde marcharon –entre otras fuerzas- los soldados del Voluntarios de Madrid.

El 24 de Abril de 1811, Venancio Benavides, jefe de fuerzas juntistas, se aproximó con sus fuerzas a la población de San José, cuya pequeña guarnición se hallaba comandada por Joaquín Gayón quien, intimado a rendirse o plegarse a los atacantes contestó que “… no rendiré las armas que tengo el honor de mandar, hasta que la suerte me obligue a ello”.

El ataque no lo realizó Benavides ese mismo día por estar ya anocheciendo y haber llegado un pequeño refuerzo a la guarnición. El mismo se efectuó la mañana del día siguiente, comenzando a las ocho de la mañana y finalizando al mediodía. Según el parte del jefe vencedor, la acción realmente decisiva duró ocho minutos, resolviéndose todo en un ataque a la bayoneta. De hecho las bajas fueron muy escasas: 3 muertos y diez heridos de los defensores y 9 heridos de los atacantes.  En el combate cae herido de muerte el capitán Manuel Antonio Artigas, primo de José Gervasio de Artigas. El botín de guerra consistió en armamento, especialmente unos cañones de a 4 libras y otro de a 24, aunque por la descripción hecha de éste último en realidad parece que se trataba de una carronada de marina.

Pese a todo, a las pocas horas de haberse tomado la población, se aproximaron fuerzas provenientes de Montevideo comandadas por un tal Bustamante. Las fuerzas que habían ocupado San José, salieron a atacarles a distancia de, aproximadamente, una legua; pero las tropas voluntarias de caballería se les dispersó al enfrentarse con una tropa formada en cuadra y con, por lo menos, una pieza de artillería. El sargento Esteban Rodríguez, que formaba en las fuerzas montevideanas establece en su “diario” que ellos no pasaban de 60 hombres mientras que los enemigos eran alrededor de 600. Cifras que parecen ser exageradas ambas la primera en menos y la segunda en más. Marchando lentamente y haciendo fuego terminaron los atacantes por recuperar la población de San José, que Benavides había abandonado para continuar la campaña.

Ante estos acontecimientos Venancio Benavides volvió con sus fuerzas, logrando el día 26 reocupar el lugar, haciendo prisioneros a las segundas fuerzas provenientes de Montevideo.

Fuente


Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado

Portal www.revisionistas.com.ar

Voluntarios de Madrid en Montevideo – Antonio Alvarez, Montevideo (Uruguay)

Se permite la reproducción citando la fuente: www.revisionistas.com.ar

viernes, 16 de marzo de 2018

Invasión portuguesa a Uruguay: Batalla de El Catalán

Batalla de El Catalán


Plano de la batalla

Libre de Artigas el marqués de Alegrete se propuso ir el día 4 al encuentro de Latorre, cuando en la mañana de ese día fue atacado en su campamento, en la margen derecha del Catalán, por el propio Latorre.  La posición portuguesa era bastante fuerte; se encontraba protegida por una curva del río y encuadrada a los flancos por profundas quebradas del terreno.  Latorre ataca con la infantería en el centro encuadrada por 2 piezas y el grueso de su caballería, constituida principalmente por sus lanceros indígenas, que acometieron con decisión, arrollando las guerrillas enemigas.  Latorre atacó contra el ala y el flanco derecho de los portugueses.

Durante la lucha atravesó el arroyo amenazando la retaguardia del enemigo con el objeto de desorganizarlo y quitarle la caballada, para impedirle así toda posibilidad de retirada.  Los lanceros charrúas, minuanes y guaycurúes cubrieron el avance de la infantería y atacaron en toda la línea.

La victoria parecía ya obtenida cuando la izquierda oriental, formada por la caballería correntina, se repliega inesperadamente sobre el centro, por la aparición de una pequeña fuerza enemiga, que se creyó fuera un poderoso refuerzo.  Se trataba simplemente de las fuerzas de Abreu que regresaba del combate de Arapey.

Luego se inclinaba la victoria hacia los portugueses, los restos de nuestras fuerzas se reunieron en un extremo del monte y lucharon encarnizadamente.  Latorre deja en el campo cerca de 900 muertos, 290 prisioneros, 2 cañones y 600 caballos.  Esta fue la batalla más sangrienta de la campaña.

Después de la Batalla del Catalán, las tropas portuguesas atraviesan el Cuareim en Lagueado y van a detenerse a media legua del paso para estacionar durante el invierno.

El día 14 de enero de 1817, desde San Borja, el marqués de Alegrete destaca al brigadier Francisco de Chagas para que con sus fuerzas destruyera a los pueblos de la margen oriental del Río Uruguay, a fin de quitar al ejército patriota todos los medios para repetir la invasión a las Misiones.  Cumpliendo tales órdenes Chagas devasta gran parte de Misiones (actualmente  territorio de Corrientes), saqueando, arrasando e incendiando cuanto pudo; llevaba 1.000 hombres, 5 cañones, 11 canoas para atravesar el río y 9 carretas para su transporte.


Municiones encontradas en el lugar de la batalla

Cruza el Uruguay próximo a la desembocadura del Aguapié, una legua al Sur del Paso de la Cruz.  Chagas ordena al teniente Carvalho que fuerce el pasaje del Uruguay frente a Itaquí, logrando éxito en la operación a pesar de la resistencia del capitán Vicente Tiraparé que defendió el Paso al frente de un escuadrón de caballería indígena.

Al tener conocimiento de la invasión Andresito marcha al frente de unos 500 hombres atacando al mayor Gama Lobo, que con una partida de 300 soldados se dirigía a destruir Yapeyú, derrotándolo y obligándolo a replegarse sobre Chagas.  Cuando ambos jefes reunido intentan atacarlo, Andresito dispersa sus fuerzas para reunirlas a cubierto sobre las costas del Paraná.


Arroyo El Catalán

El brigadier Chagas luego de hacer destruir los pueblos de La Cruz y de Yapeyú, marcha hacia el norte por la margen derecha del Río Uruguay.  El día 31 de enero llega a Santo Tomé, donde se detiene e instala su Cuartel General, comenzando desde allí incursiones hacia la campaña, llevadas a cabo por Carvalho quien tala los campos, saquea las poblaciones y arruina el país.

El ayudante José de Melo, destruye, reduciendo a ruinas las poblaciones de Santa Ana, San Javier y los Mártires.  El comandante de la frontera de San Nicolás atacada la guardia de San Fernando y enseguida la población de Concepción la que deja en ruinas.  Cumplidos estos vandálicos atropellos, Chagas repasa el río, el 13 de marzo de 1817, dejando en la margen derecha del Río Uruguay los puestos de observación necesarios.

Con estas inhumanas medidas quedó destruida la base de operaciones de Andresito.  Una vez retirado Chagas, Andresito vuelve a los pueblos misioneros e intenta su reconstrucción.  A mediados de 1817 es atacado por Chagas cuando se encontraba en Apóstoles, rechazándolo y obligándolo a repasar el Uruguay.  Reorganizado después de este contraste, en marzo de 1818 atraviesa el Uruguay y sitia a Andresito en el pueblo de San Carlos.  Después de 4 días de sitio y de sangrienta y continuada lucha, Andresito logra forzar el cerco, dejando en ruinas el reducto que defendía.



Homenaje del ENU por el Bicentenario de la batalla de El Catalán

jueves, 15 de marzo de 2018

Rumbo a Caseros: El combate de Campos de Álvarez (1852)

Combate de Campos de Alvarez






Juan Manuel de Rosas y Angel Pacheco, respectivamente, le propiciaban al Imperio del Brasil y a Urquiza el éxito fácil que éstos alcanzaban en su marcha triunfante hasta las campañas de Buenos Aires.  Rosas lo refería todo a Pacheco; y Pacheco a nada proveía atinadamente.  Júzguese por estos hechos, decisivos en el orden de las operaciones que terminaron en Caseros.  Un mes antes de la capitulación de Oribe, el coronel Martiniano Chilavert le dirigió a Rosas una memoria en la que le demostró con caudal de razones y mejores probabilidades, la conveniencia de que Oribe marchase a batir a Urquiza y de que simultáneamente se aprestase un ejército para invadir el Brasil (1).  Rosas aprobó la memoria, manifestó que la consultaría con Pacheco, pero dejó que le minasen el ejército a Manuel Oribe.  Cuando Urquiza reunía sus fuerzas en Gualeguaychú, el mismo Chilavert le encareció a Rosas la urgencia de defender la línea del río Paraná, y se ofreció a hacerlo personalmente.  Rosas le hizo decir que lo consultaría con Pacheco, y poco después Pascual Echagüe se vio en la precisión de abandonar a Santa Fe.  Cuando Urquiza se mueve de Rosario y Pacheco hace retirar a Lucio Norberto Mansilla de las posiciones en la costa del Paraná, Mansilla imagina que ello tiene por objeto destinarlo con infantería y artillería al extremo norte que domina Lagos con 8.000 jinetes, y defender la línea del arroyo del Medio, adonde irá a apoyarlo oportunamente Pacheco con las fuerzas que tiene en la Villa de Luján, y reunidos presentarle allí a Urquiza una batalla.  En caso de un desastre, quedaba asegurada la retirada a los cuarteles de Santos Lugares; y en todo caso se daba tiempo a que Rosas levantase la campaña del sur como un solo hombre y pusiese a Urquiza en críticas circunstancias, cercándolo de enemigos y cortándole la línea de sus recursos.  En este sentido le representó Mansilla a Rosas.  Pero Rosas le respondió que se entendiese con Pacheco; y Urquiza adelantó su vanguardia hasta el arroyo del Medio.  Cuando a la vista de Urquiza sobre este arroyo, Pacheco insiste en que Hilario Lagos se repliegue hacia el cuartel general, y Lagos le declara a Rosas por vía de protesta que él y sus soldados están resueltos a quedar allí defendiendo el suelo invadido por los aliados, Rosas le responde que está seguro de su patriotismo, y que armonice su conducta con las órdenes del genera Angel Pacheco.

Hay momentos en que Rosas reacciona.  Es cuando palpa la desorganización de todas sus fuerzas.  Entonces llama al mayor Antonino Reyes, jefe de Santos Lugares, y le habla de llamar a junta de guerra a los oficiales superiores.  Pero la reacción dura un minuto.  Es Pacheco; siempre la necesidad de Pacheco lo que lo hace variar de resolución.  Sin embargo, le dice a Reyes: “He de necesitarlo a usted a mi lado; es urgente ver a quién se ha de nombrar para que mane su batallón, y el de costeros y demás piquetes que reunidos formarán como 1.500 hombres con 6 piezas de artillería”.  Reyes indica al coronel Pedro José Díaz, experimentado militar que residía en Buenos Aires desde que fue hecho prisionero en el Quebracho Herrado (28 de noviembre de 1840) con el último cuadro de la infantería de Juan Lavalle.  “Dígale usted al señor Gobernador, le respondió Díaz a Reyes, que aprecio la confianza con que me honra: que aunque “unitario”, he de cumplir mi deber como soldado a las órdenes del gobierno de mi patria”.  Por tal incidencia se organizó esa brigada de infantería, la única que con la famosa artillería de Chilavert sostuvo hasta el fin el fuego contra los imperiales.

Lo cierto es que las disposiciones del general Pacheco daban por resultado dejar expedito a los aliados el camino que traían.  El 26 de enero, cuando los aliados llegaban al arroyo del Gato, y seguían de aquí a la laguna del Tigre (chacras de Chivilcoy), ordenó que se retiraran todas las fuerzas de la “Guardia de Luján” (actual ciudad de Mercedes), dejándole sólo 600 hombres al coronel Lagos que era el único que hostilizaba al enemigo.  Sin embargo, el 28 le escribe a Lagos que disponga lo conveniente para sus movimientos, “como lo verificó en la noche del 26 con las divisiones acampadas en el arroyo de Balta”; y que si ha hecho retirar al mayor Albornoz es por ser innecesario en presencia de la fuerte división que Lagos comanda.

Pero resultaba que no se habían verificado los movimientos que suponía el general Pacheco, pasando por alto el hecho grave de ordenar la retirada de todas las reservas a las órdenes del jefe de la vanguardia, y dejando a éste aislado con una diminuta división enfrente del enemigo a quien hostilizaba:  Lagos le respondió el mismo día 28: “El coronel Lagos, señor general, no ha verificado movimiento de ninguna especie con las divisiones acampadas en el arroyo de Balta en la noche del 26; sabía por el mayor Albornoz que V. S. había mandado retirar todas las fuerzas de la Guardia de Luján y con prontitud aquel día 26.  Si el infrascripto ha llegado a verse últimamente precisado a maniobrar, y hostilizar al enemigo, sólo por su flanco izquierdo, ha sido a consecuencia de la reprimenda que recibió por haber ido con su fuerza a la laguna de las Toscas a ponerse al frente del enemigo y en la ruta inerrable que calculó debía éste traer, como traía en efecto”. (2)

Simultáneamente con esto circulan graves acusaciones contra el general Pacheco.  Algunos avanzan que entre el 26 y 27 de enero se ha puesto al habla con el general Urquiza, a cuyo efecto hizo retirar hasta a los ayudantes del coronel Bustos de las inmediaciones de Luján.  El coronel Bustos se decide a transmitírselo a Rosas por intermedio del mayor Reyes.  “Está loco señor”, se limita a responder Rosas.  “Esta loco”, dice de un juez de paz que baja expresamente de su destino para repetir lo que sabe al respecto.  Y de uno de los que más importante papel desempeña en la legislatura, y que igualmente se lo repite, “esta loco”, dice también.

El ejército aliado avanzó de Chivilcoy hasta Luján adonde llegó en la mañana del 29 de enero.  El día 30 su vanguardia se hallaba en los campos de Alvarez, a poco más de dos leguas de algunas divisiones de la vanguardia de Buenos Aires, situada en la margen izquierda del río de las Conchas (actual río Reconquista), cubriendo el puente de Márquez.  Pacheco acababa de pasar este puente sin dar disposición alguna y tomó camino de su estancia del Talar.  Al comunicar Lagos la aproximación del enemigo, Rosas le ordenó que lo batiese, advirtiéndole que el general Pacheco, con fuerzas superiores defendería el puente de Márquez.  Con su división y las de los coroneles Domingo Sosa y Ramón Bustos (hijo del caudillo cordobés Juan Bautista Bustos), Lagos reunió como 2.500 hombres.  En la madrugada del 31 de enero formó tres columnas paralelas, cubrió su frente con algunos escuadrones ligeros y marchó al encuentro del enemigo.


Monolito emplazado en el sitio donde se libró el combate de Campos de Alvarez, el 31 de enero de 1852

Este tomo posiciones prolongándose sobre la izquierda en la dirección que Hilario Lagos traía, y donde se colocó el general Juan Pablo López con su división; en el centro el coronel Galarza con las caballerías entrerrianas, y a derecha e izquierda de este último las divisiones de los coroneles Aguilar y Caraballo, formando un total de 5.000 hombres.  Los mejores escuadrones de Buenos Aires chocaron con las aguerridas caballerías entrerrianas, y éstas vacilaron cuando Lagos en persona les llevó esas cargas que justo renombre le valieron en los ejércitos argentinos.  Pero rehechas sobre algunos regimientos que López lanzó oportunamente, mientras él maniobraba de flanco con rapidez, pudo Lagos penetrarse de la desigualdad de la lucha cuando, al generalizarse el combate, se arremolinaron algunos de los escuadrones bisoños ante aquella masa de caballería que comenzaba a envolverlos.  Entonces reunió sus mejores fuerzas, dio una brillante carga que contuvo al enemigo, y se retiró en orden sobre el puente de Márquez; perdiendo como 200 hombres, entre ellos el comandante Marcos Rubio y algunos oficiales, armas y caballos.

Los boletines del ejército aliado y el general César Díaz en sus “Memorias inéditas” (páginas 265 a 267) dan a Lagos 6.000 soldados de la mejor caballería, y contradiciéndose en los términos, así dicen que no hubo resistencia por parte de Lagos, como afirman que éste tuvo 200 muertos entre ellos jefes y oficiales, y que los aliados sólo tuvieron 26 hombres fuera de combate.  No es de extrañar que el general Díaz aceptase tales datos, pues que no tenía otros, hallándose como se hallaba a dos leguas del campo de Alvarez, e incorporándose a la vanguardia de los aliados en la mañana siguiente a la de la acción.  “Es que se creyó (y a la verdad que debía creerse) que Lagos conservaba bajo su mando la misma fuerza con que se retiró de la línea del norte.  Pero es lo cierto que en la acción de Alvarez, Lagos tenía únicamente las siguientes fuerzas: su división inmediata, milicia del Bragado y piquetes veteranos, 600 hombres; división Sosa 1.300; división Bustos 600 hombres.  La división Echagüe no estuvo en la acción, ni tampoco la división Cortina; y el grueso de la división que Lagos organizó en Bragado la hizo pasar consigo Pacheco por el puente de Márquez.

En el puente de Márquez, Lagos creía encontrar a Pacheco con infantería y artillería, conforme a las prevenciones que había recibido.  Pero Pacheco no estaba allí, ni había dejado un hombre.  Pidió órdenes, comunicando que seguía tiroteándose con las avanzadas enemigas.  Se le respondió de Santos Lugares que conservase su posición.  En la mañana del 11 de febrero se reunió a la vanguardia todo el ejército aliado en los campos de Alvarez.  Lagos lo comunicó a Santos Lugares, y recién al caer la tarde se le ordenó que si el enemigo avanzaba a pasar el río se replegase al cuartel general.

En estas circunstancias, Pacheco renunció a su cargo de general en jefe.  Fundaba su renuncia en que Rosas se hallaba en Santos Lugares a la cabeza del ejército.  Rosas recibió el golpe en medio del pecho.  Enseñándole la renuncia al mayor Reyes para que la contestase, le dijo: “Pero ¿no ve señor?…. Pacheco está loco, señor”. (3)  Y como Pacheco les ha comunicado su renuncia a los jefes para que se entiendan directamente con Rosas, y el jefe de la vanguardia pide órdenes a Santos Lugares, Rosas le responde que “no ha accedido a los deseos del señor general Pacheco, por lo que en el importantísimo destino que ocupa y que tan acertada como honorablemente desempeña, es que el ilustre general prosigue sus distinguidos servicios”. (4)

Sin embargo, Rosas montó en cólera cuando se le dijo que Pacheco no había defendido el puente de Márquez con la infantería y artillería que hizo retrogradar desde Luján, y como se le había ordenado.  “Si no puede ser -le decía a Reyes paseándose irritado- si no puede ser que el general Pacheco haya desobedecido las órdenes del gobernador de la Provincia”.  En la noche del 31 de enero, Benjamín Victorica fue a Santos Lugares de parte de Pacheco.  Rosas le habló sobre la conveniencia de poner la suma en las notas que se le dirigían, y lo despidió sin escucharle el mensaje.  En la tarde siguiente llegó el general Pacheco a Santos Lugares.  Reyes fue a anunciarlo y se volvió a conversar con el coronel Bustos.  No habían pasado cinco minutos cuando con asombro estos jefes vieron salir de las habitaciones de Rosas al general Pacheco, cabizbajo, que pasó sin saludarlos, montó a caballo y se dirigió a la chacra de Witt (5) desde donde asistió a los hechos de armas que tuvieron lugar en esos días.

La victoria de Alvarez fue naturalmente celebrada en el campo de Urquiza, y retempló la moral de los aliados quienes, en presencia de ella y de las facilidades que venía proporcionándoles el enemigo, llegaron a imaginarse, y no sin motivo, que en breves días entrarían con el arma a discreción en Buenos Aires.  En el campo de Rosas, si se experimentó la impresión de esa derrota, no se tradujo en signo visible alguno; que antes por el contrario, en la noche del 1º de febrero se pasaron de los aliados a Santos Lugares como 400 hombres, los cuales fueron recibidos entre las aclamaciones de sus antiguos compañeros.  El mismo espíritu de decisión en favor de Rosas mostraban las poblaciones de Buenos Aires, movidas por cierto atavismo encarnado en sentimientos enérgicos, que vivían al calor del esfuerzo común iniciado en la adversidad, e incontrastablemente mantenido entre los rudos vaivenes de la lucha.  Los que formaban en el ejército creían defender el honro nacional contra un extranjero que invadía la Patria.  ¿Sería eso pura poesía?  Es la poesía del honor, el cual no tiene más que un eco para la conciencia individual: las gentes de las campañas no veían más que el hecho inaudito de la invasión del Imperio del Brasil y rodeaban a Rosas en quien personificaban la salvación de la Patria.

Véase lo que respecto de esto último decía el general César Díaz, jefe de la división oriental del ejército aliado: “Los habitantes de Luján manifestaban hacia nosotros la misma estudiada indiferencia que los de Pergamino; y a los signos exteriores con que éstos habían hecho conocer su parcialidad con Rosas, agregaban otras acciones que denotaban con bastante claridad sus sentimientos.  Exageraban el número y calidad de las tropas de Rosas.  Traían a la memoria todas las tempestades políticas que aquél había conjurado, y tenían por cosa averiguada que saldría también victorioso del nuevo peligro que lo amenazaba”.

Y cuando todo el ejército aliado acampó en Alvarez, véase cuales eran las impresiones del general Urquiza, según el mismo general Díaz: “Fui a visitar, dice el general Urquiza y lo encontré en la tienda del mayor general.  Se trató primero de la triste decepción que acabábamos de experimentar respecto del espíritu de que habíamos supuesto animado a Buenos Aires.  Hasta entonces no se nos había presentado un pasado.  Si no hubiera sido –dijo el general- el interés que tengo en promover la organización de la República, yo hubiera debido conservarme aliado a Rosas, porque estoy persuadido que es un hombre muy popular en este país”.  Y el general Díaz agrega: “Si Rosas era públicamente odiado, como se decía, o más bien, si ya no era temido, ¿cómo es que dejaban escapar tan bella ocasión de satisfacer sus anhelados deseos?  ¿Cómo es que se les veía hacer ostentación de un exagerado celo en defensa de su propia esclavitud?  En cuanto a mí, tengo una profunda convicción, formada por los hechos que he presenciado, de que el prestigio del poder de Rosas en 1852 era tan grande, o tal vez mayor, de lo que había sido diez años antes, y que la sumisión y aun la confianza del pueblo en la superioridad de su genio, no le habían jamás abandonado”. (6)

Referencias

(1) Papeles de Martiniano Chilavert (Copia en archivo de Adolfo Saldías).
(2) Manuscrito en el Archivo de Adolfo Saldías.
(3) Referencia del señor Antonino Reyes.
(4) Manuscrito original en el archivo de Adolfo Saldías.
(5) Referencia del señor Antonio Reyes.
(6) Véase “Memorias inéditas”, páginas 263 y 270.

Fuente

Díaz, César – “Memorias Inéditas” – Publ. Adriano Díaz – Buenos Aires (1878).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Portal www.revisionistas.com.ar
Saldías, Adolfo – Historia de la Confederación Argentina – Ed. El Ateneo, Buenos Aires (1951)


Se permite la reproducción citando la fuente: http://www.revisionistas.com.ar/?p=7303

miércoles, 7 de febrero de 2018

Argentina: ¿Traición a la Patria en Caseros?

Caseros, la traición a la patria

El pronunciamiento de Justo José de Urquiza, que implicó la ruptura con Juan Manuel de Rosas y derivó en una alianza de Entre Ríos con el gobierno de Montevideo y el Imperio de Brasil, fue el prólogo de un episodio clave en la historia nacional
Por Pacho O'Donnell || Infobae





El 1º de marzo de 1851 el gobernador de Entre Ríos emitió un decreto, conocido como "el pronunciamiento de Urquiza", en el cual aceptaba la renuncia que Rosas presentaba anualmente en la seguridad de que le sería rechazada unánimemente por gobernadores y legisladores. Era, lisa y llanamente, una declaración de guerra.

La ruptura de los jefes federales se daba en medio de una tensa situación entre la Confederación gobernada por Rosas y el Imperio del Brasil de Pedro II. La relación de fuerzas era claramente favorable para nuestra patria pues el Restaurador había preparado cuidadosamente, en armamento y en adiestramiento, dos fuertes cuerpos militares: el Ejército de Operaciones de la Confederación Argentina acantonado en Entre Ríos y Corrientes bajo el mando del general Urquiza, que podía poner entre 15 ó 16 mil hombres sobre las armas. Y el Aliado de Vanguardia, en la Banda Oriental, con un número semejante de combatientes argentinos y orientales, comandado por el general Oribe.

Pero entonces sucede lo insólito: en febrero de 1851 llega dirigida al canciller brasileño Paulino una nota del Encargado de Negocios brasileños en Montevideo informándole que un agente del Comandante en Jefe del Ejército de Operaciones argentino lo había visitado para hablarle de la posibilidad de "neutralizar" a ese ejército.

Urquiza era rico, riquísimo, y uno de los secretos de ello era la salida de oro hacia el extranjero por la puerta falsa de Entre Ríos lo que le proporcionaba grandes ganancias irregulares pues Rosas había prohibido en 1837 la exportación del oro a fin de mantener una existencia que sostuviera el valor del peso e hiciera elásticas las reacciones del mercado.

Antonio Cuyás y Sampere era hombre de confianza y socio comercial de Urquiza, lo que hoy se llamaría un "operador". Herrera y Obes, canciller en Montevideo, llamó a Cuyás y en nombre del Brasil le formuló una pregunta: "En caso de una guerra de la Confederación con Brasil, ¿podría contarse con la defección de Urquiza a sus deberes?", tal como lo registró el catalán en sus Memorias. En ese entonces la mayor expectativa brasilera era la no intervención del ejército enemigo.

La respuesta de Urquiza fue la que podía esperarse de un general de la Nación a cuyo mando estaba el principal ejército que se aprestaba a una guerra contra el Imperio que osaba hacer una pregunta tan atrevida: "¿Cómo cree, pues, el Brasil, como lo ha imaginado por un momento, que permanecería frío e impasible espectador de esa contienda en que se juega nada menos que la suerte de nuestra nacionalidad o de sus más sagradas prerrogativas, sin traicionar a mi Patria, sin romper los indisolubles vínculos que a ella me unen, y sin borrar con esa ignominiosa mancha mis antecedentes?" (Carta a Cuyás, 20 abril de 1851).

Pero las relaciones entre Rosas y Urquiza se fueron deteriorando a pasos agigantados pues don Juan Manuel no ignoraba las maquinaciones del entrerriano, uno de cuyos secretarios, Nicanor Molinas, explicaría los motivos de su insubordinación: "Al pronunciamiento se fue porque Rosas no permitía el comercio del oro por Entre Ríos".

Los contactos entre Urquiza y los brasileños continuaron. El canciller Paulino se preguntaría: "¿Pero obrará Urquiza, en efecto, de buena fe?¿No será una comedia entre él y Rosas?".

Los brasileños imponen sus condiciones: Brasil se comprometería en una acción militar contra Rosas solamente con la certeza de un público e irreversible "pronunciamiento" de Urquiza contra el Restaurador. Además exigían un compromiso escrito de que luego de la inevitable victoria de ambos ejércitos unidos el entrerriano garantizaría al Imperio sus premios: el reconocimiento de sus derechos sobre las Misiones Orientales, la libre navegación de los ríos interiores argentinos, el probrasileño Garzón elevado a la presidencia de la República Oriental, el reconocimiento de la independencia paraguaya para que cayera en la órbita del Imperio.

Finalmente Urquiza, argumentando la necesidad de dar una Constitución a la Argentina, a lo que Rosas se negaba, hace redactar el pronunciamiento en contra del Restaurador. En el comunicado las tropas a sus órdenes habían dejado de ser el Ejército de Operaciones de la Confederación, ahora era el Ejército de Entre Ríos.

A continuación cruzó el río Uruguay el 19 de julio, dejando a otros 10.000 hombres en Entre Ríos para cuidar la retaguardia. El 4 de septiembre, de acuerdo a lo acordado, 16.000 soldados de las fuerzas brasileñas, entre los cuales se contaban 3.000 temible mercenarios alemanes, también atraviesan la frontera. Oribe capitularía en la Banda Oriental el 8 de octubre y el Ejército Grande se incrementaría aún más con la incorporación de oficiales y soldados del Ejército de Vanguardia.

Domingo Sarmiento, convertido poco después de Caseros en acérrimo enemigo del entrerriano, le escribirá: "Se me caía la cara de vergüenza al oírle a aquel Enviado (del Brasil) referir la irritante escena y los comentarios: ¡Sí, los millones con que hemos tenido que comprarlo (a Urquiza) para derrocar a Rosas! Todavía, después de entrar en Buenos Aires, quería que le diese cien mil duros mensuales".

El "Ejército Grande" podía haber entrado en Buenos Aires al día siguiente de Caseros, 3 de febrero, que fue una breve escaramuza con el resultado definido de antemano, pero los brasileños forzaron a Urquiza a hacerlo recién el 20, aniversario de la batalla de ltuzaingó, como reparación por aquella derrota del Imperio a manos del ejército argentino.