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miércoles, 3 de junio de 2026

Uruguay: Ameriza un anfibio británico en Punta del Este en 1941

Un episodio de la SGM en Uruguay a principios de 1941:

Avión anfibio británico en Punta del Este


Por el Tte 1º(AV)(R) Juan Maruri Publicado en Ciclo de Conferencias año 2009


RESUMEN

En la noche del 14 de enero de 1941, remolcado por una lancha de la Prefectura, ingresó al Puerto de Punta del Este un bote volador anfibio de la Marina de Guerra británica en plena Segunda Guerra Mundial, en posible misión de vigilancia de un mercante de la Francia de Vichy, fondeando frente a la Isla Gorriti.  Un episodio de hidroaviación prácticamente olvidado o desconocido en los anales de la historia de la aeronáutica nacional.

 Años atrás, mirando el libro de imágenes de Punta del Este publicado por la señora Mecha Gattás, encontré en él la foto en blanco y negro de un hidroavión en el puerto del balneario sin ninguna identificación a su pié, solamente se entreveía en el fuselaje una cocarda o escarapela circular como en general es de uso en las aeronaves militares. Estando en Punta del Este, entrevisté a la Sra. Gattás a fin de indagar sobre  dicho aparato, muy amablemente me hizo saber que la referida foto se la había prestado el señor Juan Ignacio Risso, de la conocida librería Linardi y Risso. En Montevideo fui a visitar al señor Risso, quién cortésmente tuvo la gentileza de hacerme una copia, aunque sin tener una idea de la fecha y alguna otra forma para su reconocimiento.

            Luego de averiguar con un experto cual era el tipo de aeronave , vimos que se trataba de un anfibio Supermarine Walrus, por lo cual pensamos que podría ser argentino, dado la escarapela en blanco y negro semejante a la argentina y a la cercanía de sus bases. Asistido por esa razón, recordé el libro del Contralmirante Pablo E. Arguindeguy “Historia de la Aviación Naval Argentina”, donde me enteré que la Armada Argentina había contado con diez aparatos de este tipo en los años cuarenta y cincuenta, sin lograr más datos.

A fines de 2008, me llamó por teléfono el señor Martínez Trobo de la Biblioteca Nacional, a fin de que lo ayudara a identificar fotografías aeronáuticas de la Sección Histórica. Entre muchas de ellas me encontré con varias del “Walrus” y de su tripulación, en las cuales daban su origen como británico y fechas de  cuando fueron tomadas, lo que comenzó a despejar mis dudas, sumándose a todo esto otros datos y copias de ellas cedidas galantemente por la Biblioteca, con la intervención de Martínez Trobo. Con estos detalles me fui a los diarios de la época de la guerra, donde encontré los siguientes antecedentes:  

            El domingo 12 de enero de 1941, luego de haber embarcado en el Antepuerto de Montevideo varias toneladas de productos de exportación, suministrados por diversos frigoríficos, zarpó a las 19 y 30 el paquebote francés “Mendoza”, el cual salió el 10 de enero de Buenos Aires.  Dicho buque de 8.233 toneladas había sido botado el 6 de febrero de 1920, para la Société Générale de Transports Maritimes à Vapeur S.A., Marseilles.  Iba tripulado por setenta y dos marinos y quince pasajeros, al mando del Capitán Paul Mourard. Su destino era los puertos de Dakar y Marsella, fletado por el Gobierno de Vichy.

 

El “Walrus” en el Puerto de Punta del Este – enero de 1941 

A unas cinco millas al sur de la punta de José Ignacio y a unas ochenta de Montevideo, aparentemente fuera de nuestras aguas jurisdiccionales, fue interceptado y detenido en la madrugada del 13 de enero por el Crucero Auxiliar británico “Asturias”(de 22.048 toneladas, que estaba artillado con ocho cañones de 152 mm y dos de 76 mm ). Desde una lancha de dicho Crucero Auxiliar fue abordado y el oficial a su mando le exigió al Capitán el certificado “Navicert”, sin cuyo requisito era imposible franquear el control marítimo inglés. Por tal razón el “Mendoza” se vio obligado a retornar al oeste hacia Montevideo. Primero en su ruta pasó entre Isla de Lobos y la costa, continuando hacia nuestra capital fondeando en la rada exterior del puerto a las 22:30 horas. Allí el Capitán se puso en contacto con sus armadores, la firma Navifrance, que estaba situada en la calle 25 de Mayo 350 esquina Solís, zarpando nuevamente hacia su destino a las 12:10 del día 14, pero entró en la bahía de Maldonado en nuestras aguas y fondeó frente a la Isla Gorriti a la hora 19:00 esperando nuevas instrucciones de sus armadores. Mientras esto ocurría, el “Asturias” diez y ocho millas al sur, en aguas internacionales, igualmente esperaba los acontecimientos.

Crucero Auxiliar HMRS “Asturias” 

            En esos momentos el Prefecto del Puerto de Maldonado era el Capitán de Fragata (CG) Zapicán Rodríguez, quién por supuesto estaba al tanto de la situación creada por la presencia del “Mendoza” en su jurisdicción, ya que había informado al Prefecto General de Puertos el 13 de enero, de todos los movimientos de estos dos buques. Paralelamente a estos acontecimientos se encontraba en Punta del Este el Guardacostas “Salto”, nave que en 1936 había llegado desde Italia a Montevideo, luego de cruzar el Atlántico al mando del C/F Rodríguez.

A todo esto se vino a sumar el arribo en la noche del martes 14 de enero, de un hidroavión británico (en realidad bote volador anfibio) Supermarine “Walrus”.  La llegada inesperada de este aparato fue de la siguiente manera: a las 21 y 30 del citado martes el marinero de la Prefectura Dalmiro Acosta atisbó unas luces que procedían de una embarcación desconocida inmóvil, como si estuviera “al pairo”, por lo cual dio cuenta al Ayudante de 3ra. Clase Gladstone Mullins, quién advirtió que se trataba de un hidroavión.  Al enterarse el Prefecto, luego de averiguar su situación, dio la orden de remolcarlo con la lancha de la Prefectura hacia el puerto, lo cual se efectuó sin problemas.  Dicho aparato se había quedado sin combustible, pensamos que fue al no encontrar a su buque nodriza, que podría ser alguna unidad de la División Naval británica que prestaba servicios en el Atlántico Sur.  Esta noticia trascendió a la prensa nacional e internacional, que no pudo averiguar mas ante el silencio del Prefecto, haciendo algunos diarios nacionales infinidad de conjeturas sobre los hechos, como “La Tribuna Popular” y otros que escribieron sobre la invasión a nuestra soberanía por el aparato militar británico. 

  

El Walrus listo a partir 22 de enero de 1941 

El hecho fue que el Walrus y su tripulación que estaba compuesta por: el Teniente de 28 años Colin Meiklejohn (según La Nación de Buenos Aires, Teniente de Navío), el piloto de 25 años Frederick Davies y el radio operador de 21 años Norman Moulden, quedaron internados en Punta del Este, pasando los tripulantes a un hotel a la espera de la dilucidación del problema. En la prensa nacional erróneamente se dijo que pertenecían a la Royal Air Force, aunque realmente formaban parte de la Fleet Air Arm.

Mientras tanto el miércoles 15 de enero los armadores del “Mendoza”, conjuntamente con la legación francesa representada por el diplomático Mr. Henri Hoppenot, pudieron arreglar de momento la situación del buque, que le permitió salir ese mismo día a las 12:00 horas de su fondeadero de la Isla Gorriti hacia su destino; de la misma forma el “Asturias” siguió su marcha hacia el este a diez millas del “Mendoza”. Por la prensa se supo que el jueves el buque francés ya había pasado través el Puerto de Río Grande, al sur de Brasil, dentro de sus aguas territoriales. Las últimas noticias del “Mendoza” que aparecieron en la prensa nacional, lo daban través Santa Catalina. Finalmente según La Nación de Buenos Aires, el buque francés fue capturado por el “Asturias” frente a Porto Belo fuera de las aguas jurisdiccionales brasileñas, no apareciendo mas en las noticias.

Hasta aquí es lo que logré indagar en los diarios nacionales y argentinos de la Biblioteca Nacional. Pero por otra parte, gracias a la ayuda del Dr. Juan Oribe Sttemer, según diferentes fuentes tenemos que: el “Asturias” lo apresó a 60 millas al este de Montevideo y transferido al Ministerio de la Guerra Transporte. Su final fue trágico pues el 1° de noviembre de 1942 lo torpedeó y hundió el submarino alemán U-178 a 70 millas de Durban, Sudáfrica, en el océano Índico. 

Antes de continuar con el relato, debo decirles que el “Mendoza” tuvo grandes vinculaciones con el Río de la Plata y con nosotros. Con el Río de la Plata, porque desde los años veinte hacía la ruta a Europa y regresaba, formando parte de la Compañía Francesa de Navegación, ya reseñada, cuyo Agente General era el señor André Boyer. Con nosotros, porque el lunes 30 de julio de 1928 atracó a las 18.30 en el Muelle A sobre el ángulo de la Dársena I, procedente de Europa trayendo de pasajeros a los Campeones Olímpicos de fútbol, que el 4 de julio lo habían conquistado en Ámsterdam.

Volviendo a la historia, en los momentos de la partida de las naves, el “Salto”, que continuaba en Punta del Este, tenía órdenes del Gobierno de esperar allí, ante la posible necesidad de que fuera forzosa su presencia dentro de las aguas nacionales, sin que tomara intervención dado que los hechos se desarrollaron normalmente al abandonar ambos navíos sus fondeaderos.

En el ínterin los tripulantes de la aeronave gozaban en el balneario de absoluta libertad y de unos días de grato veraneo. Varias familias de residentes ingleses como los Hardman, Bell y Waller, los acompañaron y agasajaron, recibiéndolos en sus casas. Por otra parte el Vicecónsul del Reino Unido en Maldonado Sr. John Griffith O’Donaghue, por órdenes de su superior, el Ministro de Su Majestad Británica en nuestro país, Sr. Eugen Millington-Drake, los asistió en todo momento.

Durante este episodio el Presidente de la República era el General Arquitecto Alfredo Baldomir, el Ministro de Relaciones Exteriores era el Dr. Alberto Guani y el Ministro de Defensa Nacional el Gral. de División y Arquitecto Alfredo R. Campos. Todos ellos lógicamente se vieron involucrados en este suceso sobre el cual no se tenía antecedentes.

En una reunión hemisférica anterior en Panamá se trataron, luego del incidente del Graf Spee, los posibles problemas con navíos pero no con aeronaves militares. Lógicamente este suceso trajo aparejado una serie de notas entre el Ministerio de Relaciones Exteriores y las legaciones francesa, británica y alemana encabezadas por los Ministros: Henri Hoppenot, Eugen Millington-Drake y Otto Langmann. Finalmente el 20 de enero el Ministro de Relaciones Exteriores Dr. Guani comunicó al Ministro Millington-Drake que se había tomado la resolución por la cual se le daba un plazo de 48 horas, para que la aeronave abandonara Punta del Este, plazo que vencía el 22 de enero a las 12:00 horas; además el aparato sería provisto de combustible por medio de dos tanques de 300 litros cada uno traídos de Montevideo y ayuda en posibles reparaciones. Quedando el aparato en condiciones en la tarde del martes 21.

El miércoles 22 de enero, temprano en la mañana los tripulantes del Walrus se despidieron del Prefecto y de la tripulación del Guardacostas “Salto”, así como del Vicecónsul.  Una numerosa concurrencia acudió al puerto a fin de estar presentes en el momento de la partida a pesar de lo temprano de la hora. A las 08.50 el hidro fuera del puerto despegó sin problemas, pasó sobre el público como saludo y tomó dirección Este. De esta forma se dio por finalizado este episodio de hidroaviación único en nuestros anales aeronáuticos de la Segunda Guerra.

     El Walrus despegando

En virtud de no estar reglamentadas aquí las disposiciones de las convenciones internacionales de París y Panamá, referentes a la internación de aeronaves de guerra que se detengan en territorio uruguayo; se hizo entrega del avión.  Esa falla fue subsanada el día 22 como se vio, por medio de un decreto especial que establece el régimen que se deberá seguir en tales casos. El texto de estas disposiciones, así como lo actuado a raíz de la detención del “Mendoza”, fue remitido a la Comisión de Neutralidad que actuaba en Río de Janeiro.  

La fábrica de aviones británica The Supermarine Aviation Works Ltd. de Southampton, que entre otras aeronaves diseñó y fabricó el famoso avión de caza “Spitfire”, era una antigua planta fundada en 1912. El “Walrus” (que quiere decir “morsa”) fue delineado en 1935 basado en el Seagull de 1933 para prestar servicios en la Flota y en la RAF. En la Flota como aparato de reconocimiento, rescate y antisubmarino, catapultado, en uso en acorazados, cruceros y en otros buques de guerra equipados con catapultas.  Tenía como armamento defensivo dos ametralladora, una en la proa y otra dorsal; podía cargar hasta seiscientas libras de bombas debajo de las alas. Su motor era un Bristol Pegasus propulsor de 775 hp.  Los cruceros “Exeter” y “Ajax” que intervinieron en el combate con el “Graf Spee” estaban dotados de “Walrus”. El aparato que estuvo casi ocho días entre nosotros era el “Walrus Mk. I” fabricado en la factoría de Woolston, matriculado P5698.

Como se puede colegir, el “Walrus” estaba cumpliendo una misión de observación y vigilancia del mercante francés y posiblemente a la espera de otro gemelo, como lo era el “Campana” que estaba en Buenos Aires a la espera de partir, según le fuera al “Mendoza”, de acuerdo a lo que aparecía en la prensa. 

  

Crucero Auxiliar alemán “Thor” 

Evidentemente la aparición del hidro en Punta del Este pudo estar íntimamente ligado a los mercantes de Vichy, o quizá fuera posible, según lo que nos sugirió el Dr. Juan Oribe Sttemer, que perteneciera a uno de los cruceros de la División Naval del Atlántico Sur, como el “Newcastle” o el “Cumberland”(que sí estaban dotados de “Walrus”) y el “Enterprise”, que por ejemplo, en diciembre de 1940 había estado en el Puerto de Montevideo y, entre otras misiones las citadas naves tenían la de perseguir al crucero auxiliar alemán “Thor”, de 9.200 toneladas, mercante armado que había tenido un encuentro con el crucero auxiliar británico “Carnarvon Castle” de 20.122 toneladas, al sur-este de Río de Janeiro el 5 de diciembre de 1940, nave que tuvo que ingresar al Puerto de Montevideo a reparaciones, la cual recordamos haberla ido a ver al puerto con nuestro padre. 

 

“Carnarvon Castle”

Según el diario italiano “La Stampa” de Turín del 17 de enero de 1941, el buque nodriza del “Walrus” era el “Cumberland” 

BIBLIOGRAFÍA

-Aviones de la II Guerra Mundial por Chris Chant

-Flying Boats and Seaplanes por Kenneth Munson

-Janes’s All the World’s Aircraft, 1936

-Historia de la Aviación Naval Argentina por C/A Pablo E. Arguindeguy

-The War at Sea 1939-1945 por Captain S.W. Roskill

-German auxiliary cruiser Thor-Wikipedia, the free encyclopedia

-Diario de Montevideo “El Pueblo” de enero de 1941

-Diario de Montevideo “La Tribuna Popular” de enero de 1941

-Diario de Montevideo “Diario del Plata” de julio de 1928

-Diario de Buenos Aires “La Nación” de enero de 1941

-Documentos del Ministerio de Relaciones Exteriores

-Documentos suministrados por el Dr. Juan Oribe Sttemer

-Fotos del “Mendoza” y del “Carnarvon Castle”, suministradas por el Dr. Juan   Oribe Sttemer

-Fotos de la Biblioteca Nacional y del autor  



domingo, 22 de marzo de 2026

JMR: La batalla de Caseros y su desarrollo

La Batalla de Caseros y los hechos que merecen ser recordados

Por Horacio Callegari (CMN)



1. Contexto y situación previa a la batalla

La batalla de Caseros, librada el 3 de febrero de 1852, constituye uno de los episodios militares decisivos de la historia argentina. Enfrentó al Ejército Grande comandado por el general Justo José de Urquiza contra las fuerzas federales de Juan Manuel de Rosas. Más allá de su dimensión estrictamente militar, el enfrentamiento significó el derrumbe del orden rosista y abrió el proceso que conduciría a la organización constitucional del país.

El 2 de febrero, Urquiza cruzó el río de las Conchas (actual Reconquista) por el puente de Márquez y avanzó hasta el arroyo Morón, donde constató la presencia de fuerzas federales desplegadas en las alturas de Caseros. La moral del Ejército Grande era alta, producto de una campaña exitosa y de avances sostenidos sin grandes obstáculos. En contraste, las fuerzas de Rosas llegaban a la confrontación con una moral debilitada tras sucesivas retiradas.

La noche previa al combate, Rosas reunió a sus mandos. El coronel Chilavert manifestó su desacuerdo con mantener una posición defensiva rígida en Caseros, pues consideraba que limitaba la maniobrabilidad. No obstante, la mayoría de los jefes federales optó por sostener la posición.

2. Despliegue inicial y orden de batalla

Ejército de Urquiza

En la madrugada del 3 de febrero, el Ejército Grande cruzó el arroyo Morón. La caballería lo hizo por vado; la infantería y la artillería utilizaron un único puente, lo que obligó a concentrar la marcha en columna, maniobra que fue disimulada mediante movimientos de caballería (Virasoro).

Hacia las 7:30, Urquiza desplegó aproximadamente 24.000 hombres y 50 piezas de artillería a un kilómetro de las posiciones rosistas.

La disposición fue la siguiente:

  • Centro-frente (Casa de Caseros): División Oriental.

  • Ala izquierda: División Brasileña apoyada por la Brigada Rivera y 28 piezas de artillería al mando de Pirán.

  • Ala derecha: Cinco batallones bajo Galán y divisiones de caballería (Medina, Galarza, Avalos y Lamadrid).

  • Reserva: Divisiones de caballería de López y Urdinarrain.

Urquiza planteó una ofensiva combinada, con predominio de la maniobra de caballería como elemento decisivo.

Ejército de Rosas

Rosas contaba con aproximadamente 23.000 hombres, 50 piezas de artillería y 4 coheteras.

Su despliegue fue marcadamente defensivo:

  • Ala derecha: apoyada en la Casa de Caseros, con un “martillo” defensivo de carretas y apoyo de dos batallones; reserva de caballería.

  • Sector entre Casa y Palomar: dos batallones con artillería.

  • Reducto del Palomar: infantería en triple línea, artillería y coheteras.

  • Centro: tropas de Chilavert con 30 piezas de artillería.

  • Ala izquierda: caballería bajo Lagos.

  • Reserva general: divisiones de Sosa y Bustos.

Rosas optó por una defensa escalonada con puntos fuertes (Casa y Palomar) y un potente centro artillero.

3. Desarrollo del combate: maniobras principales

Inicio del fuego

Apenas pasadas las 8:00, las baterías rosistas abrieron fuego, obligando a retroceder inicialmente a la artillería brasileña. Esto muestra que el primer impulso fue federal, intentando desorganizar el despliegue enemigo.

Ataque principal de Urquiza: ruptura del ala izquierda rosista

Cerca de las 9:00, Urquiza lanzó su ofensiva decisiva: una carga masiva de caballería contra el ala izquierda de Rosas.

  • Medina atacó frontalmente a los lanceros de Lagos.

  • Lamadrid intentó envolver el ala federal.

  • Medina fue inicialmente rechazado, pero en una segunda carga logró desorganizar a los lanceros.

  • Rosas envió su reserva (Sosa y Bustos).

  • Urquiza respondió con Galarza y Avalos, cuya intervención fue decisiva.

La caballería federal cedió ante la presión sostenida y la coordinación superior del Ejército Grande. El ala izquierda rosista comenzó a desmoronarse.

Lamadrid, por exceso de desplazamiento lateral, no llegó a intervenir decisivamente, lo que muestra cierta falta de coordinación en el ala derecha de Urquiza, compensada por la superioridad numérica y moral.

Ataque al centro y a la Casa de Caseros

Simultáneamente, Urquiza ordenó el avance de su ala izquierda:

  • La División Oriental (coronel Díaz) avanzó hacia el Palomar.

  • Se formó en ángulo respecto del ala rosista.

  • Urdinarrain se posicionó detrás de un bosquecillo.

El batallón de Voltígeros intentó tomar la Casa de Caseros, pero el ataque inicial se frenó por falta de sincronización con la división brasileña y las tropas de Galán.

Cerca del mediodía, el ataque se reanudó con éxito:

  • Pereyra Pintos neutralizó la resistencia en la Casa.

  • Galán obligó a retroceder a la Brigada Díaz.

  • La División Oriental ocupó la Casa de Caseros.

Resistencia final del centro rosista

El centro, comandado por Argentino Díaz con apoyo artillero de Chilavert, resistió con firmeza.

Sin embargo:

  • Fue embestido por las fuerzas de Galán.

  • Ambos jefes depusieron las armas.

  • El dispositivo defensivo rosista colapsó.

Hacia las 14:00, la batalla estaba decidida. El campo dejaba unos 400 muertos.

4. Desorganización y violencia final

El autor subraya episodios de indisciplina:

  • Soldados rosistas ultimaron a oficiales que intentaban frenar la retirada.

  • Caso emblemático: el coronel Hernández, muerto por sus propios hombres.

Además, tras un incidente de fuego a quemarropa en la Casa de Caseros, las tropas vencedoras respondieron con violencia, generándose escenas de masacre.

Aquí cae el doctor Claudio Cuenca, médico y poeta, considerado el “mártir de Caseros”, muerto en circunstancias trágicas mientras intentaba mediar.

5. La retirada y la doble renuncia de Rosas

Derrotado, Rosas inició una retirada estratégica con pocos acompañantes.

En el trayecto su yegua “Victoria” tropezó, episodio que la tradición recogió como simbólico (origen del nombre “Tropezón”).

Rosas redactó dos renuncias:

  • Una, con lápiz y en el campo.

  • Otra, en Londres.

Ambas mencionan que estaba herido en la mano derecha.

La duplicidad responde a correcciones formales y desprolijidades del primer documento.

6. Hechos poco recordados

El artículo rescata aspectos no estrictamente militares:

Purvis, el perro de Urquiza

Mencionado por Sarmiento, acompañó toda la campaña. Simboliza fidelidad y presencia constante en la empresa militar.

El ombú de Caseros

Árbol histórico, declarado monumento en 1946. Ya no existe. Se convirtió en símbolo paisajístico de la batalla.

El monte de durazneros

Alimentó a la población porteña.

Medallas de Caseros

Argentina no otorgó condecoraciones.
Uruguay y Brasil sí lo hicieron, estableciendo distinciones por jerarquía (oro, plata, latón, zinc).
También existió el botón militar “Federación Urquiza o Muerte”.

7. Conclusión

La batalla de Caseros fue una confrontación decisiva, donde:

  • Rosas adoptó una defensa estática con puntos fuertes y potente artillería central.

  • Urquiza ejecutó una ofensiva móvil basada en cargas de caballería y ataques combinados.

La ruptura del ala izquierda rosista y la ocupación de la Casa de Caseros desarticularon el sistema defensivo federal.

No fue solo una victoria táctica: significó el colapso del régimen rosista y el inicio del proceso de organización nacional.

El artículo, además de reconstruir las maniobras militares, integra memoria, símbolos y consecuencias humanas, ampliando la comprensión de Caseros más allá del campo de batalla.

Citas Bibliográficas

  1. CALLEGARI, H.; (2017); Historia del Partido de Tres de Febrero y sus localidades, Buenos Aires, Ediciones 3F.
  2. COLEGIO MILITAR DE LA NACIÓN; (1969); El Museo Histórico del Palomar de Caseros, Morón, CMN.
  3. GARCIA ENCISO, I.; (1970); Historia del Colegio Militar de la Nación; Buenos Aires, Círculo Militar.
  4. LEGUIZAMÓN, M.; (1926). Hombres y Cosas que pasaron; Buenos Aires, Lajoune &Cía.
  5. MORENO, C.; CALLEGARI, H.; (2018); La antigua chacra de Diego Casero, Buenos Aires, Ediciones 3F.
  6. SALDÍAS, A.; (1907); Papeles de Rozas, La Plata, tomo 2 (pág. 246-254), Talleres Gráficos Sesé, Larrañaga y Cía.
  7. ZUBIZARRETA, I.; RABINOVICH, A.; CANCIANI, L.; (2022). Caseros, la batalla por la organización nacional; Buenos Aires. Sudamericana

viernes, 30 de enero de 2026

SGM: El fin del acorazado de bolsillo Graf Spee

Últimos momentos del acorazado de bolsillo Graf Spee después de la Batalla del Río de la Plata, justo antes de ser destruido por su tripulación frente a Montevido el 17 de diciembre de 1939.


lunes, 22 de diciembre de 2025

Guerra del Paraguay: Batalla de Humaitá

Batalla de Humaitá

Revisionistas






Batalla de Humaitá – 18 de febrero de 1868

Guerra de la Triple Alianza. Marcos Paz, vicepresidente de la República Argentina, había muerto en Buenos Aires por la epidemia de cólera que traída del frente de guerra, se propagó como una maldición durante el verano de 1867-68. La verdad es que los brasileños – dueños casi únicos de la guerra, pues solamente del Imperio llegaban refuerzos y armas – se pusieron serios con Mitre después del feo desastre de Tuyú-Cué y le impusieron volverse a Buenos Aires. Constitucionalmente no era necesaria su presencia, no obstante la muerte de Paz, porque el gabinete desempeñaba sus funciones (no había ley de acefalía) y faltaban escasamente ocho meses para la conclusión del período presidencial. Pero Brasil quería apresurar la conclusión de la guerra.

Alejado Mitre (para no volver más), las perspectivas fueron más risueñas para Brasil: Caxias volvió a tomar el mando en jefe. Tal vez no había leído a Federico II, pero llevaba a Mitre la ventaja de ganar batallas.

Sin el general en jefe todo resultaría fácil. El 19 de enero el almirante Inácio fuerza el paso de Humaitá; el 24 dos monitores brasileños llegan hasta Asunción y bombardean la capital paraguaya. Dominado el río por los brasileños, no le era posible al mariscal mantener las fortificaciones de Humaitá y Curupaytí, y el 10 de marzo hizo el repliegue del grueso de su ejército por el camino del Chaco. Apenas dejó cuatro mil hombres de Humaitá para cubrir la retirada. En canoas, chatas y jangadas, los diezmados paraguayos que han defendido hasta más allá del heroísmo la línea de Curupaytí y Humaitá, cruzan el río Paraguay, y por el Chaco toman rumbo norte: en Monte Lindo vuelven a atravesar el río y acampan finalmente en San Fernando. Esa operación resulta un alarde de conducción y valor: es todo un ejército con sus bagajes y armas, heridos y enfermos, evacuando una posición comprometida y en presencia del enemigo. Dos veces cruzaron el río sin que “la escuadra de Brasil se diera por enterada de la doble y audaz maniobra”, dice Arturo Bray.

El coronel Martínez quedó en Humaitá como cebo para inmovilizar al ejército aliado. Pero ya la fortaleza inexpugnable carecía de objeto. El julio recibe la orden de abandonarla con sus pocos efectivos clavando los 180 cañones que no pueden transportarse. Pero el impaciente mariscal Osorio quiere darse la satisfacción de tomarla por las armas y ataca con 8.000 soldados. Martínez hará en Humaitá y con Osorio la misma defensa de Díaz en Curupaytí y ante Mitre: lo deja acercar hasta las primeras líneas y allí lo envuelve en la metralla de su fuego de artillería. Muy cara pagaría Osorio la pretensión de entrar en Humaitá tras un ataque; finalmente se vio obligado a desistir y ordenar la retirada. Fue Humaitá la última gran victoria paraguaya. Pero más afortunado que Mitre, Osorio ha dado a tiempo la orden de retirada y consigue salvar gran parte de sus efectivos. Los cambá (negros brasileños) entrarían en Humaitá y en Curupaytí solamente después de que el último paraguayo las hubiera evacuado el 24 de julio. El 23 a la noche, Martínez ha hecho salir por el río a los efectivos postreros, hombres y mujeres. El 24 al amanecer los brasileños izan la bandera imperial en la ya legendaria fortaleza; poco antes lo habían hecho en Curupaytí. No es feliz la retirada de Martínez a través del Chaco. Los heroicos defensores de la fortaleza han debido sacrificarse para proteger el repliegue del grueso del ejército; van por el Chaco hostilizados por fuerzas muy superiores, ametrallados desde el río por la escuadra. Inácio y Osorio quisieran vengar en Martínez el respeto que le han tenido a Humaitá durante tres años. Finalmente la diezmada guarnición queda encerrada en Isla Poi; logra resistir durante diez días y debe rendirse agobiada por el hambre y el número. Se rinden así los últimos paraguayos que quedaban en ese teatro de guerra. Conmovido, el general Gelly y Obes, hace desfilar a los nuestros “ante los grandes héroes de la epopeya americana”. Hermoso ejemplo que nos debe llenar de orgullo.

Un paraguayo no puede rendirse, aunque la inanición le impida moverse y la falta de municiones no le permita contestar el fuego enemigo. Solano López, ya convertido en el frenético “soldado de la gloria y el infortunio” que dice Bray, es implacable con quienes no demuestran tener su mismo temple. Es imposible ganar la guerra y no han sido prósperas las gestiones de una paz honrosa. Por lo tanto el solo camino que queda a los paraguayos es la muerte; dar al mundo una lección de coraje guaraní.

El coronel Martínez se había conducido como un héroe en su defensa de Humaitá y en su imposible retirada por el Chaco. Pero se había rendido. No importa que contara con mil doscientos hombres y mujeres sin más uniforme que un calzón desgarrado, un quepí, sin pólvora para su fusil de chispa, ni alimentos, frente a tropas veinte veces superiores. Pero el mariscal se había rendido y eso no le era permitido a un paraguayo: la palabra “rendición” había sido borrada del léxico. López declara traidor al defensor de Humaitá.

Los tres años de guerra injusta y desproporcionada han hecho del atildado Francisco Solano una verdadera fiera: está resuelto a morir con su patria y no comprende ni perdona otra conducta. Ni a sus amigos ni a sus jefes más capaces ni a su misma madre y hermanos. Ante todo está Paraguay y por él sacrificará sus afectos más caros. No es la suya una conducta “humanitaria”, seguro; pero López no es en aquella agonía un ser humano sometido a la moral corriente. Es el símbolo mismo de un Paraguay que quiere morir de pie; un jaguar de la selva acosado sin tregua por sus batidores.

En esa última etapa de la guerra nacerá la versión del monstruo, del tirano sanguinario, del gran teratólogo, que alimentaría medio siglo de liberalismo paraguayo. Se le imputaron hechos terribles y no todo fue leyenda urdida por el enemigo. Hay cosas que estremecen, pero pongámonos en la tierra y en el tiempo para juzgarlos; en ese Paraguay de fines de la guerra envuelto en un halo de tragedia. Pensemos en los miles de paraguayos muertos en los combates por defender su tierra o caídos de inanición o de peste en la retaguardia. Sólo así puede juzgarse ese conductor que no puede perdonar a quienes manifiestan flaqueza, hablen de rendirse o tengan simplemente otro pensamiento que no sea morir en la guerra. Para comprenderlo hay que tener un corazón como el de los paraguayos y un alma lacerada por la inminencia de la derrota de la patria. Porque ocurrirán ahora cosas espantosas: el fusilamiento del obispo Palacios, los azotes y el fusilamiento de la esposa de Martínez, la muerte de los hermanos de López, acusados de conspiración; la prisión y los azotes de sus hermanos y hasta de su misma madre. En la atmósfera de tragedia, se yergue la figura del mariscal implacable, convencido de que a los paraguayos, con él a la cabeza, sólo les queda disputar palmo a palmo el querido suelo o morir.

Fuente

Bray, Arturo – Solano López Soldado de la Gloria y el Infortunio, Asunción  (1984)

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado

Portal www.revisionistas.com.ar

Rosa, José María – La Guerra del Paraguay y las Montoneras Argentinas, Buenos Aires (1985)

Se permite la reproducción citando la fuente: www.revisionistas.com.ar


miércoles, 23 de julio de 2025

PGM: El corned beef rioplatense como ración británica

Corned Beef en el Frente Occidental






 "El «Corned-beef» de ahí enfrente es famoso en todo el sector. Llega a ser, de vez en cuando, la razón principal de uno de esos súbitos ataques que efectuamos a menudo, pues nuestra alimentación es, generalmente, mala; siempre estamos hambrientos.
   En conjunto hemos requisado cinco latas. Ellos sí que van bien pertrechados. Es una delicia su alimentación comparada con la nuestra, pobres hambrientos que debemos tragar mermelada de nabos. La carne circula en abundancia en el otro lado, sólo necesitan tomarla. Haie ha pescado, además, una barra de pan francés y se la ha puesto en el cinturón como una pala. Uno de los extremos está sanguinolento, pero no importa, ya lo cortaremos.
   Es una suerte que ahora tengamos comida abundante; todavía precisaremos nuestras fuerzas. Comer hasta satisfacerse es algo tan valioso como un buen refugio. Es por esta razón que pensamos tanto en la alimentación; nos puede salvar la vida.
   Tjaden ha robado dos cantimploras llenas de coñac. Corren de mano en mano."





Sin Novedad en el Frente
Título original: Im Westen Nichts Neues
Autor: Erich Maria Remarque



El "Corned-Beef" era un producto alimenticio producido en frigoríficos de la República oriental del Uruguay y en la República Argentina. No he investigado si se producía en otros países y si serían de la misma calidad o los mismos ingredientes.


En la imagen, Corned-Beef producido en la empresa fundada en Colonia Liebig, Provincia de Entre Ríos (Arg).

martes, 22 de julio de 2025

Literatura militar: Swamp of Blood. The Battle of Tuyuti (2000)




Williams, John Hoyt (2000). "A Swamp of Blood. The Battle of Tuyuti". Military History 17 (1).



Williams, John Hoyt (2000). "A Swamp of Blood. The Battle of Tuyuti". Military History 17 (1).


  • Si a usted le interesó este episodio de la Guerra del Paraguay, puede visitar la primera referencia a la batalla de Tuyuty.

domingo, 10 de noviembre de 2024

Guerra del Paraguay: El terror a las enfermedades

 

El terror de las enfermedades en la Guerra del Paraguay

La mayoría de los soldados que participaron en el mayor conflicto armado de América del Sur murieron a causa del cólera y otras dolencias infecciosas, no por las heridas de la batalla

Batalha do Avaí, librada en diciembre de 1868 y retratada en esta pintura al óleo realizada por Pedro Américo entre 1872 y 1877

Wikimedia Commons

Carlos Fioravanti
Revista Pesquisa




En 1982, el historiador Jorge Prata de Sousa encontró en el Archivo Histórico del Ejército de Brasil, en el centro de la ciudad de Río de Janeiro, una colección con 27 libros, cada uno con entre 100 y 370 páginas, que registraban los movimientos en los 10 hospitales y enfermerías de campaña que atendieron a los enfermos o heridos durante la Guerra del Paraguay, el mayor conflicto bélico entre países sudamericanos, que tuvo lugar entre diciembre de 1864 y abril de 1870. Prata de Sousa no pudo evaluarlos de inmediato porque estaba yéndose a hacer una maestría en México, pero volvió a ellos en 2008, durante su investigación posdoctoral en la Escuela Nacional de Salud Pública de la Fundación Oswaldo Cruz (Ensp/Fiocruz), y desde 2018 los está estudiando nuevamente, ahora intercambiando información con la historiadora Janyne Barbosa, de la Universidad Federal Fluminense.

Los análisis de los registros que contienen nombres, edades, grados militares, motivos de la hospitalización, tratamientos, fechas de ingreso y egreso de los hospitales y cantidades de curados o fallecidos, de lo cual se ocupó Barbosa, dimensionaron por primera vez el impacto de las enfermedades en esa guerra: alrededor del 70 % de los integrantes de las tropas aliadas (Brasil, Argentina y Uruguay) habrían muerto a causa de enfermedades infecciosas, principalmente cólera, paludismo, viruela, neumonía y disentería.

El trabajo de ambos aporta un enfoque amplio sobre las causas de la mortandad en la guerra que unió a la llamada Triple Alianza –conformada por Brasil, Uruguay y Argentina– contra Paraguay y, sumado a otros, da cuenta de la precariedad de las condiciones sanitarias en que vivían y luchaban los soldados. Antes, los historiadores tan solo disponían de una conclusión genérica de que las enfermedades habían causado más muertos que las heridas de batalla. La guerra concluyó con unos 60.000 decesos para el bando brasileño, mientras que Paraguay, derrotado en el conflicto que inició al invadir lo que entonces era la provincia de Mato Grosso, perdió alrededor de 280.000 combatientes, más de la mitad de su población.

Una iglesia adaptada para funcionar como hospital de campaña en Paso de Patria (Paraguay), sin fecha
Excursão ao Paraguay
/ Biblioteca Nacional

“Las altas tasas de mortalidad por enfermedades infecciosas también caracterizaron a otras guerras de la misma época, tales como la de Crimea, en Rusia (1853-1856), y la Guerra de Secesión, en Estados Unidos (1861-1865)”, dice Prata de Sousa, autor del libro intitulado Escravidão ou morte: Os escravos brasileiros na Guerra do Paraguai [Esclavitud o muerte. Los esclavos brasileños en la Guerra del Paraguay] (editorial Mauad, 1996). Fueron lo que se conoció como guerras de trincheras, zanjas excavadas que servían de cobijo a las tropas, pero facilitaban la propagación de enfermedades infecciosas, a causa de la falta de higiene, la abundancia de roedores e insectos y las inundaciones.

“La Guerra del Paraguay fue una guerra epidémica”, concluye Barbosa. “Las enfermedades infecciosas eran parte del conflicto, de principio a fin, sin contar los brotes, como fue el caso del cólera”. El historiador Leonardo Bahiense, quien realiza una pasantía posdoctoral en la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), reitera: “Tan solo el cólera fue responsable, como mínimo, de 4.535 muertos entre los soldados brasileños durante el tiempo que duró la guerra”. Según él, con base en documentación que se conserva en el Instituto Histórico y Geográfico Brasileño, durante el primer semestre de 1868, el 52,5 % de los decesos entre las tropas aliadas obedeció a la grave deshidratación causada por la bacteria Vibrio cholerae y un 3,6 % al paludismo y otras enfermedades caracterizadas genéricamente como fiebres. “A menudo”, añade la investigadora de la UFF, “los soldados y prisioneros paraguayos con cólera eran abandonados en los caminos por orden de los comandantes, cuando las tropas se desplazaban de un campamento a otro”.

Los relatos de quienes vivieron la guerra respaldan sus conclusiones. En el libro A retirada da Laguna, publicado en francés en 1871 y en portugués tres años más tarde, el ingeniero militar Alfredo Taunay (1843-1899) describió a los brotes de cólera como “el adversario oculto”, “que no perdonaba a nadie”. “La peste es la mayor enemiga que tenemos”, informó el mariscal de campo Manuel Luís Osório (1808-1879) al ministro de Guerra, Ângelo Muniz da Silva Ferraz (1812-1867), al asumir el mando de las tropas, en julio de 1867.

Registro del Archivo Histórico del Ejército de Brasil de soldados atendidos en hospitales
Carlos Cesar / Biblioteca Nacional

En los libros del Archivo del Ejército, Barbosa halló registros de una categoría de enfermedades infecciosas raramente recordada en los relatos de la época, las enfermedades de transmisión sexual: “La sífilis era habitual. Los oficiales acusaban a sus esposas o amantes que convivían con los soldados. En los campamentos había prostitución, principalmente con las paraguayas, a causa del hambre”. Una peculiaridad de esta guerra residió en que las mujeres que acompañaban a la tropa eran las madres, hijas, hermanas o las parejas de los soldados, para quienes lavaban los uniformes y cocinaban.

Incluso los desplazamientos eran riesgosos. “Un grupo de médicos y enfermeros que partió en abril de 1865 desde la ciudad de Río de Janeiro se unió a un batallón de 500 soldados en la ciudad de São Paulo, pero tuvieron que detenerse dos semanas después en Campinas, donde había un brote de viruela que causó la muerte de seis integrantes de la tropa”, relata el médico intensivista José Maria Orlando, autor de Vencendo a morte – Como as guerras fizeram a medicina evoluir (editorial Matrix, 2016). Tras ello, el grupo debió enfrentarse al paludismo que transmitían los insectos que proliferaban en las ciénagas del Pantanal, que debían atravesar para llegar a los campos de batalla, casi nueve meses después.

“Muchos de los soldados no estaban vacunados contra la viruela y eran portadores de enfermedades propias de sus regiones”, comenta la historiadora Maria Teresa Garritano Dourado, del Instituto Histórico y Geográfico de Mato Grosso do Sul, basándose principalmente en los documentos del Archivo de la Marina, también de Río de Janeiro. Autora de A história esquecida da Guerra do Paraguai: Fome, doenças e penalidades [La historia olvidada de la Guerra del Paraguay: Hambre, enfermedades y penurias] (editorial UFMS, 2014), ella identificó otro enemigo: el clima. “Ante la falta de ropa adecuada y al no estar acostumbrados al clima del sur, los soldados del norte se morían de frío”, relata. “La lucha no era solamente contra el enemigo, sino también por la supervivencia en los campamentos”.

El general Dionísio Evangelista de Castro Cerqueira (1847-1910), quien estuvo en el frente y escribió Reminiscências da campanha do Paraguai, 1865-1870 (Biblioteca do Exército, 1929), relató que en los campamentos se bebía “agua espesa y amarillenta, contaminada por la proximidad de los cadáveres”. Los muertos se amontonaban o se los arrojaba a los ríos, contaminando el agua. Otro problema era la faena y la preparación de los animales con los que se alimentaban: las vísceras y otras partes que no se aprovechaban se dejaban expuestas al sol, generando mal olor. “Los buitres y los caranchos [aves de rapiña] se encargaban de la limpieza, devorando los restos”, describió el oficial.

Registro del Archivo Histórico del Ejército de Brasil de soldados atendidos en hospitales
Archivo Histórico del Ejército / Reproducción Janyne Barbosa / UFF

Los heridos en combates
Los cirujanos civiles que fueron al frente de batalla, concluyó Bahiense, inicialmente aprendieron con los informes de los equipos médicos que habían servido en guerras anteriores. En las Guerras Napoleónicas (1803-1815), Dominique Jean Larrey (1766-1842) cirujano en jefe del ejército francés, insistió en ubicar a los equipos quirúrgicos cerca del frente de batalla, para asegurar una atención de prisa y el rápido retiro de los hombres heridos en ambulancias, en ese entonces tiradas por caballos. En la Guerra de Crimea, la enfermera inglesa Florence Nightingale (1820-1910) implementó lo que Orlando denominaba “filosofía de la UTI [unidad de terapia intensiva]”: ubicar a los pacientes más graves cerca del puesto de enfermería, para su atención permanente, y a los menos graves más lejos.

“Durante la Guerra del Paraguay, se suscitó un fructífero debate al respecto de las técnicas quirúrgicas”, recalca Bahiense. Se discutió, por ejemplo, si el mejor momento para amputar un brazo o una pierna [afectados por balas, machetes o bayonetas] era inmediatamente después de ser heridos o si se debía esperar a que el combatiente asimile que había sido herido. Aunque las intervenciones quirúrgicas fueran bien hechas, los soldados podían morir poco después debido a una infección generalizada, a causa de la escasa preocupación –y conocimientos– acerca de la asepsia. Él comprobó que los medicamentos –principalmente el cloroformo, que se usaba como anestésico, y el opio, para el dolor–, los vendajes y la ropa para los pacientes hospitalizados tenían gran demanda, porque siempre se agotaban las existencias.

El general argentino Bartolomé Mitre junto a sus oficiales en la región de Tuyutí, escenario de la batalla más encarnizada de la guerra, en mayo de 1866, que dejó un saldo de 7.000 muertos y 10.000 heridos

Excursión al Paraguay / Biblioteca Nacional

“Las guerras, al igual que las epidemias, han hecho del mundo un campo de experimentación y, aún a costa de un inmenso sufrimiento, han acelerado el descubrimiento de nuevas técnicas quirúrgicas, el tratamiento de las quemaduras o de las enfermedades infecciosas”, comenta Orlando. Según él, solo a partir de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) fue que el número de muertes por heridas en combate comenzó a ser mayor –en este caso, el doble– que las causadas por enfermedades infecciosas.

Las razones de este cambio han sido la mejora de las condiciones de higiene y la adopción de técnicas de tratamiento: se les inyectaba a los heridos una solución salina directamente en sus venas para compensar las consecuencias de la gran pérdida de sangre. A partir de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el uso de antibióticos como la penicilina redujo aún más la mortandad de los soldados a causa de las infecciones generadas por las heridas. Durante la Guerra de Corea (1950-1953), las amputaciones se hicieron menos necesarias con el desarrollo de las técnicas de cirugía vascular.

Bahiense apunta otra razón para la elevada mortalidad debido a las enfermedades infecciosas durante la Guerra del Paraguay: “En Brasil todavía no existía la enfermería profesional, como en Estados Unidos y en Europa”. El equipo de asistencia de los cirujanos estaba integrado por soldados, cabos o prisioneros paraguayos adiestrados a toda prisa con un curso rápido de enfermería y luego reemplazados por las religiosas o las mujeres que acompañaban a los militares.

Entre ellas se destacó Anna Nery (1814-1880) quien se convirtió en una referente del área en Brasil. A disgusto por tener que separarse de dos de sus hijos, ambos reclutados para marchar al frente, se alistó como voluntaria para cuidar a los heridos. Tras conseguir la autorización del gobierno de Bahía, Nery los acompañó, aprendió nociones de enfermería con unas monjas en Rio Grande do Sul y trabajó como enfermera en los hospitales del frente de batalla. En reconocimiento a su labor, el emperador Pedro II le concedió una pensión vitalicia, con la cual pudo educar a sus otros hijos.

En marzo y abril de 2022, la Universidad Federal de Mato Grosso do Sul, campus de Aquidauana, celebrará un congreso internacional para debatir sobre el 150º aniversario del final de la guerra, que se cumplió el año pasado.


domingo, 11 de febrero de 2024

Revolución Libertadora: Los festejos por la caída del dictador

Los festejos por la caída del régimen





Festejos en la capital uruguaya de Montevideo, un día después de conocerse las palabras del general Franklin Lucero, ministro de Ejército, que anunciaron la renuncia del general Juan Domingo Perón a la presidencia de la Nación, 20 de septiembre de 1955.






Durante el gobierno peronista, Uruguay acogió a muchísimos exiliados políticos argentinos. Los socialistas se constituyeron a través del Grupo Socialista Argentino de Exiliados que lideraba Américo Ghioldi y que contaba con la participación de Juan Antonio Solari, Luis Pan, Esteban Rondanina, y otros políticos y sindicalistas exilados, también editaban La Vanguardia (que había sido prohibida en la Argentina) desde Montevideo. Los conservadores se establecieron con el liderazgo de Vicente Solano Lima y Antonio Santamarina, editando un periódico, que ingresaba clandestinamente a la Argentina, de nombre “Resistencia”. También otros dirigentes radicales, como Agustín Rodríguez Araya, Ernesto Sanmartino, Jorge W. Perkins, Alberto Candioti, Arturo Mathov, y demócratas progresistas, como Julio Argentino Noble, se establecieron en Montevideo, donde continuaron su oposición, principalmente haciéndose oír a través de Radio Colonia y de Radio Carve de Montevideo.





En esos años, gobernaba en Uruguay el Partido Colorado, a través de las presidencias de Luis Batlle Berres, Andrés Martínez Trueba y el Consejo Nacional de Gobierno, presidido entre 1952 y 1955 por los anteriores, quienes colaboraron activamente con los exiliados argentinos. Ya en 1946, Batlle Berres expresaba: “Perón no es un problema solo argentino; es un problema americano, porque Peron desde el gobierno va a imponer un temor y una violencia, y va a realizar una gestion publica con tales caracteres que, sin duda alguna, pondra en peligro la tranquilidad y la paz americana”. Julio María Sanguinetti, ex presidente uruguayo, recordó que la caída de Perón, en septiembre de 1955, fue festejada en su país “casi como la liberación de París”.




viernes, 17 de noviembre de 2023

Bahía Blanca: El fundador uruguayo sin rostro

El coronel Ramón Estomba, el hombre sin rostro

No se conoce la verdadera cara del fundador de Bahía. La historia de un fraude.


El coronel Ramón Estomba fue el fundador de Bahía Blanca, el 11 de abril de 1828.

Fue con la creación de un fuerte militar llamado Fortaleza Protectora Argentina, en el marco de una política nacional de avanzada sobre estos territorios.

Pero hay algunos detalles poco conocidos de este militar, que vivió entre 13 de junio de 1790 y el 1 de junio de 1829.

Su segundo nombre era Bernabé y murió a los 39 años.

Nació en territorio extranjero, más precisamente en Montevideo, en la Banda Oriental, por lo que Estomba era uruguayo.

Fue parte de la campaña del Alto Perú, y entre 1811 y 1813 estuvo a las órdenes del General Manuel Belgrano.

En la batalla de Ayohuma fue gravemente herido y apresado. Estuvo 7 años en cautiverio, sin ver la luz del sol en las prisiones del Callao.

No tuvo esposa ni hijos, y después de fundar Bahía, en 1929 volvió a Buenos Aires para ponerse a órdenes de Lavalle, quien le pidió hacer intervenciones en el interior de la provincia, que llevó a cabo de manera violenta y sangrieta contra los pueblos originarios.

En esos meses, se le detectó una demencia producto de haber contraído sífilis, y hecha pública esa locura, hasta el diario El Pampero tituló con su regreso: “Alarma general en la población.

Así terminó enfermo e internado en el Hospital General de Hombres. Y durante una salida, fue encontrado muerto por la policía, y finalmente enterrado en el Cementerio de la Recoleta, en Capital Federal.

En el año 1978 se extrajeron sus restos pero no fueron encontrados. Se consideró que los mismos se habían “resumido” en la tierra.

De esta manera, y teniendo en cuenta que no existían las fotografías en esa época, sólo se lo conoce por ilustraciones.

Para eso, el retratista platense José Fonrouge viajó a Montevideo para entrevistarse con sus familiares y conocer algunos retratos y así poder elaborar el propio.

Años después, se detectó un fraude y la misma cara y cuerpo que éste produjo, era idéntica a la de Édouard Adolphe Casimir Joseph Mortier, Mariscal de Francia, soldado de Napoleón, realizado por el pintor Charles Philippe Larivière.

Y por otro lado, sobre otras ilustraciones que se hicieron, su familia aseguró que no se parecían en nada.

Por eso, a Estomba, se lo conoce como el hombre sin rostro.

Fuente: La Nueva, Federico Andahazi.