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jueves, 13 de octubre de 2016

Guerra del Paraguay: Batalla de Itá Ibaté (1868)

Batalla de Itá Ibaté 


La Batalla de Itá Ibaté (Itá-Ibaté, Itaivaté, Itá Yvaté o Lomas Valentinas), librada entre el 21 y el 27 de diciembre de 1868, fue la última de las grandes batallas de la campaña del Pikysyry, llamada Dezembrada por los brasileros, durante la guerra de la Triple Alianza. 

Antecedentes 
A principios del mes de marzo de 1868, flanqueada y aislada su posición, el grueso de las fuerzas paraguayas abandonó la fortaleza de Humaitá con el objetivo de organizar una línea de defensa en la margen derecha del río Tebicuary. 
El grueso del Ejército aliado bajó las órdenes de Luis Alves de Lima e Silva, marqués de Caxias, iniciaron con lentitud la persecución del ejército paraguayo al mando del mariscal Francisco Solano López. El Ejército Argentino no avanzó esperando órdenes de Buenos Aires, ante la posibilidad de que se ordenara regresar a contener una rebelión contraria a la continuidad de la guerra. 
Solano López decidió replegarse rumbo a Asunción del Paraguay para defender la línea del arroyo Pikysyry, a 130 km al sur de Asunción y 200 al norte de Humaitá, estableciendo su nuevo cuartel general en Lomas Valentinas (Itá Yvaté) y fortaleciendo las débiles posiciones defensivas de la nueva línea aprovechando la inacción de la escuadra brasilera que "dormía sobre la gloria de la captura de Humaitá".1 
Tras recibir autorización de su gobierno, el grueso de las fuerzas argentinas junto a algunas fuerzas aliadas se movilizó hasta Palmas, pocos kilómetros al sur del arroyo Pikysyry, a las órdenes del general Juan Andrés Gelly y Obes. Su división estaba constituída por 6500 hombres del Ejército argentino, una división Oriental de 800, la Brigada Paranhos con 1.030, un regimiento de artillería montada de 1.800, una sección de trasportes, un piquete de pontoneros con su material y depósitos, hospitales del ejército, etc., lo que sumaba un total aproximado de 10500 hombres. 

 
Francisco Solano López. 
 
Luis Alves de Lima e Silva, marqués de Caxias. 
 
General Juan Andrés Gelly y Obes 
El flanqueo 
Para esas fechas un ataque frontal contra la línea fortificada del Pikysyry, que se apoyaba sobre el Río Paraguay en Angostura, era ya en extremo arriesgada, aún contando con la amplia superioridad en hombres de la Alianza, tanto por las dificultades naturales como por las obras defensivas paraguayas. Gelly y Obes propuso a Caxias dejar una fuerte guarnición en Palmas para aferrar al enemigo y embarcar 20000 hombres en los transportes brasileros y todos los buques de cabotaje que allí se encontrasen, remontar el rio Paraguay al mismo tiempo que una parte de la escuadra brasilera bombardeaba las aún incompletas fortificaciones de la Angostura mientras que el resto de la división naval forzaba en una operación nocturna el paso para dirigirse en seguida a San Antonio, punto elegido para el desembarque por ser conocido perfectamente por el general argentino. Completado así el flanqueo, el ejército marcharía sobre la retaguardia de la posición de López forzándolo a un cambio de frente, sin fortificaciones y débil artillería, cortándolo de su base de operaciones y encerrándolo entre el rio Paraguay y las fuerzas de Palmas. 
Caxias compartía la opinión de Gelly y Obes acerca de la conveniencia de flanquear la posición paraguaya pero prefirió tantear la posibilidad de ejecutar una marcha estratégica por el Chaco para evitar a Angostura y complementar esa operación principal con un desembarco en Villeta. 
Caxias tenía dudas de la factibilidad de forzar el paso de Angostura y de contar con suficientes buques como para completar el transporte de su ejército en una única operación. Pese a que la iniciativa estratégica de marchar por el este parecía prudente y razonable, las demoras que imponía la logística de la maniobra dio á López más de un mes de tiempo que empleó con habilidad para finalizar sus obras defensivas y organizar nuevas tropas. En efecto, la estrategia decidida implicaba un enorme esfuerzo logístico. El grueso de las tropas sería conducido por el Chaco hacia el norte a través de esteros, lagunas y arroyos, y en pleno periodo de lluvias que, torrenciales en esa zona, inundaban vastas áreas. Mientras, una división permanecería en el sur aferrando las posiciones paraguayas y una división naval procuraría forzar el paso de Angostura y desembarcar tropas al norte cerrando el cerco. 
Gelly aceptó la decisión y se limitó a insistir en efectuar el desembarque en San Antonio ya que según sus informes Villeta que estaba fortificado pero la percepción de los mandos argentinos en el frente respecto de las razones de fondo era diferente. Gelly y Obes insistió ante Caxias solicitando la participación de fuerzas argentinas planteando la conveniencia de que la alianza fuese verdaderamente representada en la expedición, pero Caxias no aceptó manifestando que tenía fuerzas suficientes y destacando la importancia estratégica de Palmas para fijar las fuerzas paraguayas. Dice no obstante el comandante del 1° Batallón de la división Buenos Aires de la Guardia Nacional José Ignacio Garmendía que "no eran razones para evitar la coadyuvación de los argentinos en las operacienes futuras, se veía á primera vista que el general brasilero se mantenía en su primera resolución de no dar participación á sus fieles aliados en los sucesos que iban á sobrevenir, pues era muy natural que la alianza estuviese bien representada en toda operación importante y decisiva; las glorias y los sacrificios debían ser comunes para vincular sólidamente en el mismo campo de batalla, la amistad de dos pueblos hermanos, que más de una vez unidos han derramado su sangre por las luchas de la civilización. Los móviles que agitaban al generalísimo, se sospechaban. Era necesario explotar en el exterior la influencia moral de las victorias de los aliados en favor de los brasileros, y mantener constante el solo nombre de su nación en la prensa diaria, ilustraciones y otras publicaciones europeas, en donde para nada figuraban sus aliados, pero se llevó un gran chasco el Sr. Marqués, porque como se verá más tarde, tuvo que recurrir á los argentinos y orientales cuando el 21 de diciembre se vio rechazado, abrumado de fatiga, con casi medio ejército de menos, y desmoralizado por el empleo poco juicioso que hizo de sus tropas en su corta y gloriosa campaña de 15 días." 
Por otra parte, confirmando la opinión del general argentino, el 8 de octubre, el Silvado forzaba sin inconvenientes el paso de Angostura aguas abajo trayendo un parte de Delfin Carlos de Carbalho, Barón del Pasage. El reconocimiento efectuado en el curso del rio hasta frente de San Antonio indicaba que con excepción de Villeta no había posiciones fortificadas o baterías en sus riberas. 
El 9 fueron enviados río arriba los encorazados Lima Barros, Alagoas y el mismo Silvado, quedando sólo las naves que embarcarían a las tropas expedicionarias. 
A mediados de octubre de 1868 empezaron los trabajos de reconocimiento y construcción de la vía. Tras forzar el paso artillado de Angostura, los acorazados efectuaron desembarcos en San Antonio y permanecieron estacionados en el lugar en espera de la división que avanzaba por el Chaco. El 4 de diciembre las tropas brasileras, unos 30000 hombres (aunque otras fuentes2 indican 20657, 18999 de infantería, 926 de caballería y 742 artilleros), finalizaron su maniobra de flanqueo alcanzando nuevamente el río por San Antonio. Estaban divididos en tres Cuerpos, el I al mando de Jacintho Machado Bittencourt, el II al mando del mariscal Alejandro Gomes de Argolo Ferrão (o Argollo), y el III al de Manuel Luis Osorio (1808-1879), Marqués do Herval. También desembarcó el marqués de Caxias, quien instaló su puesto comando en San Antonio. 
El 6 de diciembre de 1868 la vanguardia paraguaya al mando del general Bernardino Caballero enfrentó en la Batalla de Ytororó a las fuerzas del Imperio del Brasil y tras una dura lucha con fuertes pérdidas para ambos bandos consiguió replegarse en orden. 
Caxias no persiguió a Caballero y se dirigió al oeste, donde tras desembarcar en Ypané se le sumaron las divisiones de caballería de Porto Alegre y de João Manuel Mena Barreto, para iniciar el 7 de diciembre su avance hacia el sur al frente de 21.000 hombres con 3000 caballos y 100 cañones, que tomaron posición en orden de batalla en la llanura entre Ypané y Potrero Valdovinos. 
Por su parte y luego de felicitar a sus comandantes, López ordenó a Caballero maniobrar entre Ytororó y Lomas Valentinas y tomar posición al pie de una colina en la ribera izquierda del Río Avay. Pese a la opinión de Caballero, quien consideraba que la posición, enteramente abierta a diferencia de Ytororó, era indefendible contra fuerzas y artillería superiores y prefería retirarse para ubicarse como vanguardia en Lomas Valentinas, Solano López insistió en defender el puesto. El 11 de diciembre se produciría así la desastrosa derrota paraguaya en la Batalla de Avay o Avahy. 

Itá-Ibaté 
Lomas Valentinas daba nombre a un conjunto de lomas que incluían las del Cumbarity, Acosta, Potrero Mármol e Itá Ybaté o Itá-Ibaté, al sur de la Villeta del Guarnipitán. El mariscal Francisco Solano López había instalado su campamento en la Loma Acosta el 8 de setiembre de 1868. 
Caxias reorganizó sus unidades unificando algunos de los batallones que habían sufrido fuertes pérdidas en los recientes combates y ordenó al general Manuel Mena Barreto que marchara con una división hacia Pirayú para cerrar esa posible vía de retirada. 
Por su parte, López decidió tender una nueva línea de defensa del lado de Villeta y dio órdenes de iniciar la construcción de una larga trinchera entre Angostura y su cuartel general. Ante la urgencia de la situación y la falta de recursos, abandonó pronto el proyecto y mandó construir una cadena de fuertes entre ambas posiciones, idea que debió tambier ser desestimada por similares motivos. 
Finalmente, mandó fortificar con pequeñas trincheras la loma de Ita-Ybaté. La cima de Ita-Ybaté se compone de dos mesetas: la primera (orientada a Villeta) corre hasta una pequeña zanja con una corriente de agua mientras que la segunda sigue desde esa zanja hacia la boca del Potrero Mármol. Sobre esta última estaba ubicada la casa de López. La trinchera, consistente en un foso de sólo unos 60 cm de ancho por otros tantos de profundidad, estaba ubicada "sobre la primera meseta de derecha a izquierda formando ángulo con una línea quebrada que se dirigía hacia el Cuartel General paraguayo por el frente". Los soldados sentados en el borde interior quedaban a cubierto pero su flanco derecho quedaba expuesto. 
López concentró allí sus fuerzas, cerca de 7000 hombres, dejando en Angostura una división de sólo 700 hombres y en la trinchera de Pikysyry unos 1500, que eran en su mayoría inválidos o muy jóvenes. 
El 17 de diciembre la 3° división de caballería imperial comandada por coronel Vasco Alves Pereira sorprendió al sur de Zanja Blanca a tropas del regimiento de caballería paraguaya N°45 pero atacado a su vez por la retaguardia, se dio a la fuga dejando numerosas bajas. 
El 18 Caxias practicó un nuevo reconocimiento y descubrió (y eligió para su plan de ataque) los únicos dos desfiladeros que había frente a la línea en vez de rodear la posición. 
 

Combate del 21 de diciembre 
En la mañana del 21 de diciembre de 1868, despues de distribuir una proclama, Caxias levantó el campamento en Villeta y se puso en marcha a la cabeza de un ejército de 25000 hombres. En el camino dividió sus fuerzas en dos columnas, la derecha a las órdenes de Jacintho Machado Bittencourt y la izquierda a las de Mena Barreto. La artillería fue desplegada sobre las alturas de Cumbarity desde dominaba las posiciones paraguayas. 
Momentos antes de comenzar el combate, el coronel paraguayo Hilario Marcó por órdenes de Solano López hizo ejecutar en inmediaciones del Potrero Mármol a numerosos prisioneros, investigados por supuestas conspiraciones para derrocar a López y concertar la paz. Entre los ejecutados esa jornada y en el curso de las llamadas "matanzas de San Fernando" que costaron la vida a cientos de prisioneros se encontraban Benigno López, hermano del Mariscal y ex secretario, José Berges y Gumersindo Benítez, ex ministros de Relaciones Exteriores, el general José María Bruguez, el general Vicente Barrios, ex ministro de Guerra y Marina y cuñado de López, el coronel Manuel Núñez, el coronel Paulino Alén Benítez,3 el sargento mayor Vicente Mora, el obispo de Paraguay Manuel Antonio Palacios, el deán Eugenio Bogado, el presbítero Vicente Bazán, el sacerdote Juan Bautista Zalduondo, Carlos Riveros,4 Saturnino Bedoya, cuñado también de López, Gaspar López, López Juliana Insfrán de Martínez, esposa del coronel Francisco Martínez, defensor de Humaitá, fusilada por la espalda como "traidora a la patria y al Supremo Gobierno", Dolores Recalde, María de Jesús Egusquiza Quevedo,5 el cónsul portugués José María Leite Pereira, el dirigente del partido Blanco uruguayo Antonio de las Carreras el ex secretario de la Legación uruguaya Francisco Rodríguez Larrata, el capitán italiano Simón Fidanza,6 etc. 
Mena Barreto atacó por la retaguardia las trincheras de Pikysyry y si bien las tropas paraguayas pudieron hacer un rápido cambio de frente formando en batallones distantes 500 metros, sufrieron al momento la carga de las tropas brasileñas. Por su parte, el ejército argentino no podía atacar la trinchera por el frente dado lo crecido del riacho que separaba sus posiciones. El ala izquierda paraguaya al mando del sargento mayor Solís rechazó el asalto hasta recibir finalmente órdenes de replegarse a Lomas Valentinas, valiéndole su comportamiento en acción ser de inmediato promovido a teniente coronel. 
Finalizada la primera acción de la batalla de Lomas Valentinas, las fuerzas de López habían sufrido 900 bajas y perdido buena parte de su artillería, pero lo más grave es que quedaban ahora separados de sus posiciones en Angostura. 
A las 11 el general José Joaquim de Andrade Neves, Barón del Triunfo, al frente de 2500 hombres de caballería rodeó Itá-Ybaté y penetró en el Potrero Mármol llevándose el ganado disponible para el abastecimiento de la plaza, 3000 cabezas de ganado vacuno, 500 ovejas y 400 caballos. El comandante paraguayo Roa salió al frente de su regimiento para intentar detenerlo en el paso de Yuquyry pero fracasó en el intento y fue muerto en la acción. 
Pese a quedar dueño del paso de Yuquyry, Caxias decidió no fortificarlo dejando así libre el único paso del Potrero Mármol por donde podía escapar López, lo que sería una de sus decisiones más discutidas y sospechadas ya que podría haber asegurado en ese punto la finalización de la guerra. 
Caxias resolvió llevar el siguiente ataque sobre el frente paraguayo en dos columnas. La primera al mando de Neves seguiría un camino que se adentraba por un espeso bosque y salía a un abra frente a la trinchera, mientras que la segunda columna al mando de Joao Manoel Camara utilizaría otro camino a la izquierda de la línea paraguaya conocido entonces por "el de la Reserva", el cual salía frente mismo al cuartel general. 
A las 3 de la tarde se inició el ataque. Las fuerzas imperiales avanzaron bajo el fuego de la artillería paraguaya sufriendo enormes bajas hasta que la vanguardia, tropas riograndenses de caballería desmontada del Barón del Triunfo, llegó a la trinchera iniciándose el combate cuerpo a cuerpo. 
El batallón de rifleros al mando del mayor Vicente Jiménez acudió a reforzar el punto al ver que el avance aliado frente al Cuartel amenazaba cortar la retaguardia, pero muerto su comandante el desorden se extendió entre las tropas paraguayas hasta que Caballero y el coronel Valois Rivarola a la cabeza del escuadrón Escolta Nacional (coronel Felipe Toledo) consiguieron restablecer la posición con una carga. 
Rechazado el asalto frontal, nuevos batallones brasileños reforzados por pontoneros a las órdenes del capitán Martins avanzaron sobre la derecha paraguaya y consiguieron penetrar las trincheras y apoderarse de 14 piezas de artillería. 
Las fuerzas de Rivarola y del coronel Toledo acudió nuevamente para detener la irrupción, iniciándose un duro combate cuerpo a cuerpo durante el cual Toledo resultó muerto y Valois Rivarola gravemente herido. Los aliados consiguieron así dominar la primer meseta y avanzaron en desorden hacia la segunda donde permanecía López, pero un contraataque de su escolta consiguió rechazarlas, tras lo que formó al frente cerrando la línea frente a las trincheras ocupadas ahora por los aliados. En ese momento la lluvia que se inició poco después del combate empezó a arreciar. 
El coronel Marcó improvisó entonces una guerrilla de más de cien hombres con marinos y heridos leves separados de sus cuerpos y la lanzó sobre la trinchera obligando a los aliados a desalojarla. Los paraguayos decidieron no obstante no volver a ocuparla y replegarse, manteniendola bajo fuego para evitar un nuevo copamiento. 
La noche hizo suspender las operaciones. Durante la jornada, si bien el ataque aliado había sido detenido, las bajas paraguayas eran cuantiosas. Según Juan Crisóstomo Centurión "sólo nos quedaron 90 hombres sanos... los demás fueron muertos o heridos, ascendiendo el total de nuestras bajas (...) a unos 8000 hombres, inclusive prisioneros". Exageradas o no las cifras (que aunque incluyeran heridos leves equivalía a prácticamente la totalidad de las fuerzas paraguayas) las bajas eran enormes. Entre los heridos se encontraban los coroneles José Manuel Montiel, Avalos, Valois Rivarola, Rolón y Sosa, los capitanes Manuel Maciel, Juan A.Meza y Delvalle. Entre los muertos se encontraba Toledo y el coronel de artillería José Dolores Vallovera. Según el mismo autor, los brasileros tuvieron 4000 bajas, resultando herido el Barón del Triunfo. 
El general Martin McMahon, ministro de Estados Unidos, que permanecia en el Cuartel General paraguayo presenciando la batalla relató: "Seis mil heridos, hombres y chiquillos, llegaron a ese campo de batalla el 21 de diciembre y lucharon como ningún otro pueblo ha luchado jamás por preservar a su país de la invasión y la conquista...otros han fugado (hacia su propio ejército) de las pocilgas que utilizaban los invasores como prisión,...el cuartel Paraguayo comenzó a llenarse de heridos incapacitados positivamente para seguir la lucha. Niños de tiernos años arrastrándose, las piernas desechas a pedazos con horribles heridas de balas. No lloraban ni gemían, ni imploraban auxilios médicos. Cuando sentían el contacto de la mano misericordiosa de la muerte, se echaban al suelo para morir en silencio". 
Aprovechando la noche algunas partidas aliadas volvieron a ocupar la trinchera, por lo que a las 5 de la mañana del 22 una partida comandada por el capitán Jara fue enviada a desalojarlos. 

 
La zona de combate, con la Villeta del Guarnipitán arriba y debajo a unos 10km al sur el lugar de batalla de Lomas Valentinas (ubicación: 25° 28' 53.85" S 57° 31' 4.75" W) 



Reorganización 
La situación de López era difícil pero no desesperada. Las fuerzas brasileñas habían sufrido fuertes pérdidas y fracasado en el ataque por lo que López envió instrucciones a Angostura ordenando que se abrieran paso a través del ejército aliado y se le reunieran en Itá-Ybaté. Sin embargo, el 23 decidió suspender la orden considerando que podía sostener la posición por sí solo ante la evidente desmoralización de las tropas imperiales. No suspendió órdenes similares enviadas a otros puntos y entre el 23 y el 25 llegaron unos 1600 hombres de Cerro León, Caapucú y de Ypoá, que fueron organizados en 4 batallones. 
No obstante la situación pronto cambiaría. Las tropas argentinas permanecían estacionadas en Palma bajo el mando del general Gelly y Obes. A los efectos de reponer las más de 6.000 bajas sufridas, el mariscal Caxías se vió forzado a dar intervención a sus aliados o enfrentar una posible derrota por lo que el día 22 solicitó finalmente al general Gelly y Obes el concurso de las fuerzas argentinas, que incluían 9.000 hombres más los 800 hombres del contingente oriental. 
El mismo día en que, confiado, tomó la decisión de no desguarnecer la Angostura, López tomó conocimiento de la inminente movilización argentina. Abandonó el cuartel general, que se encontraba ya bajo fuego graneado, retirándose a la boca del Potrero Mármol, confió sus hijos (excepto al mayor) al cuidado del general Mac Mahon quien partió para Piribebuy, a la sazón capital provisoria de la República, y a la madrugada hizo testamento a favor de Elisa Lynch. 
En la mañana del 24 el alto mando aliado envió una intimación a López para que en el plazo de 12 horas depusiera las armas:"La sangre derramada en el puente de Tororo y en el arroyo Avay debía haber determinado a V.E. a economizar la vida de sus soldados en el 21 del corriente, no compeliéndolos a una resistencia inútil. Sobre la cabeza de V.E.debe caer toda esa sangre,, así como la que tuviere que correr aún, si V.E. juzgase que su capricho debe ser superior a la salvación de lo que resta del pueblo de la República del Paraguay." 
Tras recibir la nota a las 7 de la mañana, López reunió a sus oficiales y los puso al tanto de la intimación, resolviendo rechazarla. A las 15 horas, respondió a Caxias: tras plantear que "en Ytaity Corá, en una conferencia con el Excmo.señor General en Jefe de los Ejércitos Aliados y Presidente de la República Argentina, Brigadier General don Bartolomé Mitre, la reconciliación de cuatro Estados soberanos de la América del Sur, que ya habían principiado a destruirse de una manera notable, y sin embargo, mi iniciativa, mi afanoso empeño, no encontró otra contestación, que el desprecio y el silencio por parte de los gobiernos aliados, y nuevas y sangrientas batallas (...) Desde entonces vi más clara la tendencia de la guerra de los aliados sobre la existencia de la República del Paraguay", afirmó tener "la experiencia de más de cuatro años, de que la fuerza numérica y esos recursos nunca han impuesto a la abnegación y bravura del soldado paraguayo". 
El 25 los brasileños colocaron 46 piezas de artillería en línea semicircular en la loma frente a la posición paraguaya. A las 6 de la mañana se inició un fuerte bombardeo cubriendo el avance de algunos batallones imperiales sobre la derecha paraguaya, que capturaron algunas piezas abandonadas por los defensores desde la jornada del 21. En ese combate los brasileros tuvieron 300 bajas. 
Caxias parecía haber decidido nuevamente arriesgarse sin el concurso de los argentinos. Ese mismo día el coronel Florencio Romero, comandante del batallón 4° de línea argentino, se presentó en el puesto de José Ignacio Garmendia, comandante del batallón Buenos Aires de la Guardia Nacional, indignado por la inacción de sus fuerzas mientras que las tropas imperiales "a nuestra vista y paciencia" intentaban por su cuenta el asalto y construían "con enorme derramamiento de sangre, el arco de triunfo de su gloria". Con Garmendia llevaron el reclamo ante su comandante, el general Ignacio Rivas, quien por su parte se dirigió raudamente a exigir a Gelly y Obes que obtuviera el compromiso de Caxias de que los argentinos tuvieran un lugar prominente en la acción que se avecinaba. Con sus propias fuerzas diezmadas y desmoralizadas, Caxias finalmente accedió sin reservas. 

Combate del 27 de diciembre 
El 26 no hubo nuevas acciones. A las 6 de la mañana del 27 de diciembre se reinició el bombardeo y se inició el asalto definitivo, esta vez llevado a cabo por las fuerzas argentinas que cruzaron el Pykysyry y arrollaron la primera línea de defensa lanzándose luego sobre las posiciones de Itá-Ybaté. El ataque era encabezado por el batallón Córdoba (coronel Agustín Olmedo) seguido del batallón 1° de Santa Fe (teniente coronel Enrique Spika). 
El fuego de los defensores causó numerosas bajas en las fuerzas atacantes, resultando herido el jefe de estado mayor del primer Cuerpo coronel Gordillo, especialmente en el batallón Buenos Aires, que a bayoneta calada se sumaba a la lucha. 
Tropas de los batallones Córdoba al mando del capitán Máximo Ibáñez y del Santa Fe al mando del teniente Avellaneda quedaron por momentos aislados en vanguardia y fueron rodeados por fuerzas superiores. Formando en círculo resistieron el ataque hasta que los del Buenos Aires y el batallón Rosario consiguieron estabilizar el frente. 
El ataque penetró finalmente las trincheras paraguayas, mientras que un ataque de la caballería conseguía envolver la posición y deshacer a un escuadrón paraguayo que opuso resistencia. 
Las fuerzas del 4° de línea (teniente coronel Florencio Romero) y del 5° (Nicolás Levalle) dejaron la línea y se lanzaron al ataque rompiendo la línea defensiva pero sólo para quedar aislados. Ante las órdenes del coronel Luis María Campos para que retrocedieran, Levalle respondió "Coronel, el batallón 5° de línea no sabe dar media vuelta frente al enemigo!" y comenzó a retroceder al paso y al son del tambor dando frente a las fuerzas paraguayas y bajo el fuego a quemarropa de sus fusileros. 
Cuando el avance en línea de la infantería argentina reforzada con algunas piezas de artillería ligera llegó a una cuadra del cuartel general, López se retiró con su estado mayor por el camino del Potrero Mármol a la vista de sus enemigos, sin que se desprendiera fuerza alguna para interceptarlo 
Incluso autores brasileros consideran que la huida de López permitida "por excesiva prudencia de Caxias o por razones inconfesables del comando brasilero" fue "uno de los grandes, sino el mayor, misterio de la guerra".7 
Caballero permanecía en el campo con una pequeña fuerza de caballería. Viendo que el batallón 4° de línea argentino se dirigía al Potrero Mármol, lo emboscó. En el ataque el 4° sufrió numerosas bajas, incluyendo al coronel Florencio Romero que marchaba al frente de su unidad. Al ser herido, Romero se puso de pie, penetró en el cuadro de su batallón y tras decir a su segundo el mayor Fernández "Compañero, que me vengan a relevar", murió. 
Caballero marchó entonces contra el batallón 5°, tras lo cual se replegó en desorden con escasos sobrevivientes. La caballería aliada persiguió débilmente hasta el arroyo Yukyry a los paraguayos que de replegaban a Cerro León. 
El general Garmendia en su Campaña de Piky-syry afirma que "cuando el Mariscal tuvo conocimiento que los aliados habían penetrado a su recinto, abandonó como un pusilánime el campo sonde sus soldados se batían heroicamente y morían". 
Tambien el coronel inglés al servicio del Paraguay George Thompson afirmaría que al retirarse López había incumplido la promesa que había hecho repetidas veces a sus tropas de permanecer y vencer o de perecer con ellos en aquel lugar. 
Tras Lomas Valentinas, "El ejército paraguayo quedó liquidado; al mariscal López lo rodeaban apenas cien sobrevivientes (de 9000 soldados que habían luchado contra 25000 brasileños). Pero este puñado quedó dueño de la situación y las fuerzas brasileñas se sintieron alcanzadas por una colosal derrota".8 Según el historiador paraguayo Juan E. O'Leary "En esta batalla debió terminar la guerra. Un regimiento de caballería hubiera bastado para rodear a aquellos curiosos vencedores. Pero si no teníamos más que noventa hombres sanos, aún nos quedaba una fuerza moral tan grande que ante el sólo recuerdo de lo que habíamos sido, el enemigo se sentía abrumado y miraba con terror esas lomas pobladas de muertos". 
López quien ya "No tenía soldados, no tenía proyectiles, no tenía que comer. Solo noventa fantasmas le rodeaban en la cumbre de la trágica colina, aguardando sus palabra para corre a la muerte" se retiró al interior y pronto logró reunir "dos mil combatientes de inválidos y niños a quienes hubo que poner barbas postizas para quitarles su aspecto infantil". 
Por su parte, la Angostura, defendida por unos 740 combatientes y 16 cañones, pero que despues del 21 de diciembre había quedado cercada por tierra y agua y carecía ya de víveres y municiones, y había recibido numerosos heridos después del combate, se rindió el día 30 de diciembre tras una negociación con los aliados que prometieron respetar las vidas, jerarquías y honor de los vencidos. La campaña del Pykysyry había terminado. 

Referencias 
1. Annaes do Senado Brazileiro, Volumen 5, 1869, página 266. 
2. Hernâni Donato, Diccionario das batalhas brasileiras. 
3. Actuó en la Campaña de Corrientes. Era considerado el oficial más ilustrado del ejército paraguayo. Hablaba y escribía correctamente el francés y el inglés, había sido ayudante técnico del ingeniero John Withehead en la construcción de ferrocarriles y compañero de López en su viaje a Europa. En 1865 fue secretario general del Comando en Jefe. 
4. Redactor de El Semanario, como integrante del Congreso del 18 de marzo de 1865 se le atribuía la redacción del texto de declaración de guerra a la Argentina. 
5. Hija de Juan Bautista Egusquiza, rico comerciante y cabildante de Villa Rica, patriota detenido en noviembre de 1810 por participar en una conspiración contra el gobierno español por la independencia de su país. 
6. Al mando del vapor paquete argentino Salto efectuaba viajes habituales a Asunción. Al iniciarse la guerra el buque mercante fue confiscado y Fidanza detenido. 
7. Mauro César Silveira, Adesão fatal: a participação portuguesa na Guerra do Paraguai, EDIPUCRS, 2003, ISBN 85-7430-374-7, 9788574303741. 
9. Atilio García y Mellid, Proceso a los falsificadores de la historia del Paraguay. 


Bibliografía 
-O'Leary, Juan Emiliano, El libro de los héroes: páginas históricas de la Guerra del Paraguay, BiblioBazaar, LLC, 2009, ISBN 1-113-53915-1, 9781113539151 
-Senado de Brasil, Annaes do Senado Brazileiro, Volumen 5, 1869 
-Hernâni Donato, Diccionario das batalhas brasileiras, IBRASA, Sao Paulo, 1996 
-José Ignacio Garmendía, Recuerdos de la guerra del Paraguay, Peuser, 1890 
-Ramón José Cárcano, Guerra del Paraguay, Domingo Viau y Cía., 1941 
Miguel Angel de Marco, La Guerra del Paraguay, Emecé, 2007, ISBN 950-04-2891-1, 9789500428910 
-Juan Beverina, La Guerra del Paraguay (1865-1870), Círculo Militar, 1973 
-Atilio García y Mellid, Proceso a los falsificadores de la historia del Paraguay, Ediciones Theoría, 1964. 
-Juan Crisóstomo Centurión, Memorias del coronel Juan Crisóstomo Centurión: ó sea Reminiscencias históricas sobre la guerra del Paraguay, Imprenta de J.A.Berra, Buenos Aires, 1894 


Ejército Nacional
Wikipedia

viernes, 23 de septiembre de 2016

Guerra del Paraguay: A 150 años de Curupaytí

150 años de la batalla de Curupaytí, emblema y orgullo del Paraguay
Fue la derrota más grande de la Triple Alianza formada por Argentina, Brasil y Uruguay. Quedó marcada en todos los combatientes pero no modificó el desenlace de una guerra que cambió la historia de Sudamérica
Infobae


“Asalto de la 4° columna”, de Cándido López (Museo Nacional de Bellas Artes)

En la mañana del 22 de septiembre de 1866, tras varios días de una lluvia intensa y cuatro horas del bombardeo de lo acorazados brasileños, el ejército de la Triple Alianza conformada por Brasil, Argentina y Uruguay se lanzó sobre la fortaleza de Curupaytí, a unos 220 kilómetros de Asunción.

Desde el principio las cosas salieron mal para los casi 18.000 atacantes: el cañoneo brasileño perdió sus objetivos y casi no dañó las defensas paraguayas, el barro de las lluvias convirtió el terreno en un pantano y no se realizó el reconocimiento previo necesario. Luego de cuatro horas de cargas y marchas, los aliados se retiraron dejando enormes bajas en el campo.

"A pesar del valor desplegado en el ataque por todos los combatientes, desde los generales a los soldados, los aliados sufrieron 4.000 bajas y los paraguayos, que no podían ser alcanzados desde su inconquistable posición, perdieron sólo 92 hombres", explicó a Infobae el historiador argentino Miguel Ángel de Marco.



La batalla de Curupaytí, de la que se cumplen 150 años este jueves, fue la derrota más grande de la Triple Alianza en la Guerra del Paraguay y constituyó la última victoria del ejército paraguayo de Francisco Solano López antes de su derrota total. Un verdadero ícono de la terrible guerra que enfrentó a vecinos y hermanos durante más de cinco años, la más sangrienta en la historia de Sudamérica.
Para los aliados fue un punto de quiebre que potenció la desconfianza. "Jefes militares brasileños y, en menor medida, argentinos se veían como aliados circunstanciales", considera el historiador brasileño Francisco Doratioto, quien publicó este año junto a De Marco el texto Guerra, Memoria e Integración en el N°48 del programa Historia Visual Argentina del Museo Roca, en Buenos Aires. "Se consideraban probables enemigos del futuro", agrega.

Para el Paraguay, en cambio, fue un motivo de orgullo y un efímero respiro que no modificó en nada el desenlace final. "A pesar de la reducida cantidad de muertos en relación a las bajas de los aliados en la batalla, el país no sólo fue aniquilado en su población y su economía, sino también política y moralmente", señaló a Infobae Edwin Britez, analista político y periodista del diario ABC en Paraguay.

Si bien hay dudas sobre el comienzo exacto de la Guerra de la Triple Alianza, o Guerra del Paraguay o Guerra Grande, según la perspectiva, para la mayoría de los historiadores adquiere su dimensión exacta con la invasión paraguaya de la provincia argentina de Corrientes, en abril de 1865, ordenada por el entonces dictador del Paraguay, el Mariscal Francisco Solano López, para llegar con sus ejércitos al Uruguay e intervenir en la guerra civil. La agresión propició la alianza entre Argentina y Uruguay con Brasil, que ya se encontraba en conflicto con el Paraguay en el Mato Grosso e involucrado también en los conflictos internos del Uruguay.

La Triple Alianza, con el presidente argentino Bartolomé Mitre como comandante general, derrotó a las columnas paraguayas y las expulsó de Corrientes en enero de 1866, dando inicio a la invasión del Paraguay y a la campaña para desbaratar el complejo defensivo de Humaitá, en el camino a Asunción. Así, tras una categórica victoria en mayo en Tuyutí y una rápida conquista del fuerte de Curuzú en septiembre, los aliados pretendieron hacer lo mismo con Curupaytí, la formidable fortaleza justo sobre la vera del río Paraguay y defendida por unos 5.000 soldados paraguayos.


Uniformes del ejército argentino en la Guerra del Paraguay (Museo Roca, Historia Visual Argentina N°48)

"El comandante de la escuadra brasileña, barón de Tamandaré, había prometido el día anterior que destruiría 'tudo isso em duas horas', pero el bombardeo de los cañones de grueso calibre no hizo mella a las baterías paraguayas ni destruyó los depósitos de municiones", explicó De Marco sobre los preparativos antes del asalto.

Mientras que para Doratioto "la superioridad aliada en armamentos modernos fue compensada por las ventajas defensivas por parte del Paraguay, como el conocimiento del terreno y el fácil acceso a fuentes de provisión de alimentos en la retaguardia".

El número de bajas entre los aliados es motivo de discusión, con algunos historiadores hablando de tanto como 10.000 entre muertos y heridos, aunque las estimaciones más actuales consideran unos 2000 brasileños y 2000 argentinos, en todo concepto. Diezmados por anteriores batallas, las fuerzas uruguayas casi no participaron del asalto a Curupaytí.

En el caso argentino, la sangría llegó a todos los niveles de la jerarquía militar: entre los muertos figuraban "dominguito" Sarmiento, hijo adoptivo del futuro presidente y Francisco Paz, hijo del vicepresidente Marcos Paz, en ejercicio durante la guerra; en tanto el pintor Cándido López perdió una mano en el combate.


“Viva la República del Paraguay. Vencer o Morir”, de Adolfo Methfessel (Museo Roca, Historia Visual Argentina N°48)

"Dada la magnitud del descalabro fue necesaria una larga etapa de  reorganización que duró casi un año, pues recién en junio de 1867 pudo el comando aliado ordenar un movimiento de flanco del este para interponerse entre las fortificaciones paraguayas y la ciudad de Asunción", señaló De Marco.

La debacle en Curupaytí, las enfermedades y una serie de revueltas en las provincias argentinas de Cuyo limitaron la participación argentina en el conflicto, y a partir de finales de 1867 las fuerzas brasileñas al mando del Duque de Caxias y bajo la mirada del Emperador Pedro II tomaron la iniciativa en la etapa final de la Guerra, que terminó con la caída de Asunción y la persecución del Mariscal López hasta su muerte en Cerro Corá, al noreste de Paraguay, en 1870.

"La importancia de la Guerra del Paraguay fue tal que ella repercutió en las generaciones siguientes y está presente en las memorias de las sociedades que la libraron", afirma Doratioto.


“Después de la batalla de Curupaytí”, de Cándido López (Museo Nacional de Bellas Artes)

La guerra, sin embargo, tuvo sus mayores efectos en el Paraguay, que sufrió masivas pérdidas humanas, sobre todo en su población masculina, y la destrucción de sus principales factores productivos. Pero todavía es fuente de orgullo nacional.

"El pueblo sigue siendo un gran admirador del soldado paraguayo por la valentía y el patriotismo con el que ha actuado. Batallas como la de Curupaytí son factores de unión, admiración y respeto", dijo Britez. "Lamentablemente ese sentimiento nacional se fue debilitando con el tiempo por la actitud engañosa de politiqueros de turno que convirtieron a las fuerzas armadas en instrumentos de dominación de la población", consideró.

En Argentina, la guerra no tiene una connotación de ese tenor en la actualidad, pero motivó siempre un interés muy fuerte entre sus historiadores y un debate historiográfico que por momentos se entrelazó con diferentes proyectos políticos.


Un cabo del ejército de Brasil (História Ilustrada)

"Hoy por hoy, aquella trágica guerra que involucró a cuatro países hermanos, provoca la labor seria de los estudiosos, aunque también trae a colación lugares comunes y frases militantes que hacen mucho ruido pero contribuyen poco", consideró De Marco.

Hoy, a 150 años de esa mañana de muerte que pareció durar una eternidad, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay son miembros fundadores del Mercosur, lo que para Britez es muestra de que el Paraguay "ha demostrado desde la batalla de Curupaytí tener un espíritu pacifista, no revanchista".

"Aún cuando sigue siendo víctima de un juego sucio en las relaciones comerciales y sigue esperando la devolución de todos los trofeos", agregó.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Guerra del Paraguay: Estero Bellaco (1866)

Batalla de Estero Bellaco

Comandantes
José Eduvigis Díaz (Paraguay)
vs
Bartolomé Mitre (Argentina)
Manuel Luís Osório (Brasil)
Venancio Flores (Uruguay)
Fuerzas en combate
5.000 a 7.000 hombres (Paraguay)
vs
5 batallones de infantería
1 batería de artillería
6ª división del ejército aliado

Bajas
2500 a 4000 muertos y heridos (Paraguay)
1200 a 2500 muertos y heridos (Aliados)




La Batalla de Estero Bellaco fue uno de los combates más sangrientos de la Guerra de la Triple Alianza.
En esta batalla librada el 2 de mayo de 1866, el ejército paraguayo sufrió 2.000 muertos. Asimismo, 300 de sus hombres fueron tomados prisioneros por las tropas integrantes de la Triple Alianza: Argentina, Brasil y Uruguay.

Ubicación del Estero Bellaco
Este estero está situado en el Departamento de Ñeembucú, Paraguay, a orillas del río del mismo nombre. Al sur se encuentra la República Argentina.

Antecedentes
 
La Guerra de la Triple Alianza (1865 y 1870) ha sido uno de los más trágicos y dolorosos acontecimientos de la América Meridional. Llamada en Paraguay como Guerra contra la "Triple Alianza", fue un terrible enfrentamiento bélico donde la República Argentina, el Emperador del Brasil y el Partido Colorado de la República Oriental del Uruguay, se unieron en alianza ofensiva y defensiva en la guerra promovida por el Imperio del Brasil contra los gobiernos paraguayo y uruguayo. 
Después de dos semanas en suelo paraguayo, los aliados no habían visto mucha acción. Las tropas de López se trasladaron hacia el interior, esperando la oportunidad de conducir a los hombres de Mitre fuera del territorio paraguayo. Las fuerzas aliadas se movieron con cuidado hacia el norte a un lugar llamado Estero Bellaco, un pantano de terreno fangoso cubierto de palmas. Desde entonces los problemas de la relación entre Mitre y los comandantes brasileños estaban presentes.
Muchos oficiales del ejército imperial estaban descontentos que el comando del ejército aliado se le diera a un argentino. Las tropas brasileñas componían las dos terceras partes del ejército unido. En particular, los oficiales brasileños se vieron mejor entrenados que sus homólogos de los Aliados. Ahora, ellos se mostraron molestos por la conducta de las operaciones de Mitre. A su juicio, las fuerzas aliadas debían ser más ofensivas. Las dos semanas de precaución y lento avance era intolerable para ellos. El principal problema de los dos oponentes era cómo calcular las fuerzas del enemigo. Mitre, sin embargo, tenía otro. No tenía ni idea del tipo de terreno en frente de sus tropas. Por lo tanto, prefirió ser cauteloso.


Sin embargo, no habría que esperar mucho tiempo para la acción. 

Combate en Estero Bellaco
El 16 de abril de 1866 pasaron el río tropas brasileñas al mando del mariscal Osorio y se establecieron en el Fuerte de Itapirú. Luego, el mismo día, cruzó el general Flores al frente del primer cuerpo del ejército de Argentina y de una división de infantería uruguaya. Al día siguiente lo hicieron las tropas de Paunero.
El general Flores, posicionado en Estero Bellaco, fue atacado el 2 de mayo por una fuerza paraguaya de 6.000 hombres con cuatro piezas de artillería. Los paraguayos cayeron sobre Flores con tanta rapidez y sorpresa que prácticamente arrollaron a las tropas argentinas, en completa confusión hasta que estas fueron auxiliadas por doce batallones de reserva.
El 2 de mayo de 1866, el Mariscal López ordenó un reconocimiento ofensivo al sur del Estero Bellaco, para imponerse de la ubicación del oponente.
Las fuerzas aliadas entraron en campo paraguayo, sin figurarse el peligro y los sinsabores que les esperaban. El ejército adversario retrocedía sin hacer resistencia. Todo vaticinaba un éxito próximo y seguro. Siguiendo las huellas de las tropas de López, avanzaron por el camino real de Humaitá, hasta llegar, sin dificultad, al Estero Bellaco del Sur, en cuyas proximidades acampó la vanguardia, compuesta de cuatro batallones uruguayos, cuatro batallones brasileños, cuatro piezas de artillería, algunos regimientos de caballería riograndense y doscientos jinetes de la escolta particular del general Flores. En total, siete mil hombres de las tres armas.



La posición de las fuerzas de Flores era, como sigue, en aquel momento:
Los cuatro batallones brasileños citados estaban acampados detrás de una suave cuchilla. El batallón 7º, que era el más avanzado, protegía las cuatro piezas del regimiento 1º de artillería. A ochocientos metros a retaguardia estaban el 21 y 38 cuerpos de “Voluntarios da Patria”. Los batallones uruguayos Veinticuatro de Abril, Florida, Independencia y Libertad ocupaban la izquierda de las tropas imperiales.
El 2 de mayo de 1866, 3.500 tropas paraguayas, al mando del coronel José Díaz, lanzaron un ataque a la vanguardia de los Aliados bajo el mando del general Venancio Flores, dirigente del Partido Colorado y actual presidente de Uruguay. A las doce del día, cuando los aliados se entregaban a devorar el rancho, hicieron irrupción los paraguayos por los tres pasos del Estero, arrollando los puestos avanzados de la vanguardia. El empuje de la caballería paraguaya sembró en un primer momento el desconcierto entre las fuerzas brasileñas y orientales, más, rehechos los batallones y regimientos y recibidos oportunos refuerzos, fue rechazada junto con los cuerpos de infantería comprometidos en la operación. 

El ataque fue una completa sorpresa para él y sus hombres. Además, la fuerza atacante les superaban en número. Los soldados de Flores lucharon con gran tenacidad contra los hombres de Díaz, pero no pudieron evitar la pérdida de una batería de cuatro cañones La Hitte. Pronto Flores tuvo que emprender la retirada. Esta maniobra fue dificultada por un piletón natural y terrenos inundados que había entre su posición y el ejército en Mitre. Díaz persiguió a las tropas uruguayas, tal vez tratando de capturar un gran número de prisioneros. Desafortunadamente, para él, los disparos y lucha puso el ejército aliado consciente de la situación. De un vistazo, la situación había cambiado. Ahora Díaz fue la lucha contra el grueso del ejército enemigo. Sólo con feroz determinación que él y sus hombres escaparon de vuelta al campamento paraguayo. 
En efecto, cuando la vanguardia del ejército aliado había sido completamente derrotada, el coronel José Díaz, comandante de las tropas paraguayas, quiso ir más allá todavía. En vez de ordenar en el acto la retirada, toda vez que el objetivo de la operación ya había sido cumplido, se empeñó en una imprudente persecución, sin pensar que se alejaba de su base, para estrellarse contra el grueso del ejército aliado. Y hubo de soportar, con tropas fatigadas, la presión terrible de todo el poder del oponente en movimiento.
Al otro lado del Estero, Díaz hizo fracasar un movimiento envolvente de las tropas brasileñas, intentado por el Paso Sidra, rechazándolos dos veces a la bayoneta, obligándolos a huir.

Perspectivas de los acontecimientos
Diferentes testimonios y evaluaciones de la Batalla de Estero Bellaco permiten analizar las diversas perspectivas con que fueron juzgados los acontecimientos:
Mitre informó a Paz: Los paraguayos 


“fueron obligados a abandonar los bosques en que se guarecían, y haciéndoles dejar en muestro poder más de 1.200 muertos, 3 piezas de artillería, 2 banderas, como 800 fusiles, que son el regocijo y gran cantidad de prisioneros, en su mayor parte heridos, que hasta este momento no es posible precisar (…) la pérdida de los ejércitos aliados asciende en su totalidad de 656 hombres fuera de combate, en su mayor parte heridos” (Mitre a Paz. Cuartel General en el Estero Bellaco, 3 de mayo de 1866. Partes Oficiales. p.31 y 32).

La literatura de Mitre daba por "victoria", lo que en la realidad fue una "derrota". Los paraguayos tomaron “cuatro cañones rayados, con sus carros de municiones, y todos fusiles en pabellón” (Resquín. Partes históricos. p.43) y según el Natalcio Talavera, adscripto al cuartel del general López, dejo un saldo de 200 a 300 muertos y 1.000 heridos en la filas paraguayas en tanto en las filas aliadas contabiliza entre 5 y 6 mil bajas, entre muertos y heridos. (Natalicio Talavera. Crónica de guerra. Campamento de Rojas, mayo de 1866. El semanario N° 628). Para Thompson, las bajas fueron de 2.300 por cada una de las partes.
El derrotado fue Mitre y el propio Flores. Según O´Leary : 


“Flores, el gaucho orgulloso, azote de su país, terror de sus compatriotas, no perdió tiempo para abandonar a sus tropas, huyendo cobardemente en un caballo desensillado que encontró a mano” (O´Leary. El centauro de Ibycuí.p.113)

Por lo visto Flores, “yendo por lana salió trasquilado”, según su propia predicción: 


“Yo no sé que será de nosotros” escribe Venancio Flores a su esposa el 3 de marzo, al día siguiente de un contraste que había costado “perder casi totalmente la División Oriental, y de veras que si a la crítica situación en que estamos se agrega la constante apatía del general Mitre, bien puede suceder que yendo por lana salgamos trasquilados”.

El propio general Garmendia reconoce implícitamente la derrota, tratando de disimularla insultando al enemigo:


“El batallón (Argentino) empieza a retroceder, diezmado cruelmente: maltratado con la insolencia cobarde del fuerte, retrocede acuchillado enérgicamente, sin descanso, por el enemigo que como un enjambre de indios se le viene encima, enarbolando sus armas vencedoras, prorrumpiendo alaridos de combate, rugidos que piden sangre hasta hartarse, haciendo de la piedad un escarnio” .


Batalla de Estero Bellaco. Detalle del óleo de Diógenes Hequet. "Historia del Ejército".


Posteriormente, dado el desempeño excelente demostrado por el Teniente Coronel Díaz, el Mariscal Francisco Solano López lo asciende al grado inmediato de Coronel. Las acciones continúan:
El error de López en esta etapa de la guerra estuvo en replegar el grueso de sus tropas a Paso Pacú para arriesgar el todo por el todo en una sola batalla (que habría de ser Tuyutí, según su plan). Una sola batalla puede ganarse o perderse por causas ajenas al mando en jefe o la calidad de las tropas, como sucedería precisamente en Tuyutí. López suponía condiciones militares a Mitre, por lo menos dignas del prestigio pregonado en La Nación Argentina. Cuando se dio cuenta, después de Curupayty, con qué clase de estratega tenía que habérselas, era tarde para ganar la guerra. También los brasileños habían comprendido los puntos que calzaba el General en Jefe; poco menos que exigirían más tarde su reemplazo por el duque de Caixas para que la guerra tuviese fin. 



Los aliados sufrieron 1.600 bajas. El Batallón de Infantería 38 del Ejército del Brasil, que vino en ayuda Flores, tuvo 94 muertos y 188 heridos. Las bajas del 1er Regimiento de Caballería del Ejército Argentino sumaron un centenar de hombres. El batallón Florida de Flores perdió 19 de sus 27 oficiales. 
Las pérdidas de los paraguayos alcanzaron hasta un número de entre 2.000 y 2.300, pero habían capturado a una batería de cañones.   

Wikipedia

Ulysses Costa