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sábado, 20 de enero de 2018

Guerra del Paraguay: Las donaciones de las damas paraguayas a la causa

La olvidada historia de las mujeres que donaron sus joyas para financiar al ejército de Paraguay en la Guerra de la Triple Alianza

Más de 5000 mujeres donaron sus alhajas para "aumentar los elementos bélicos de la heroica defensa de la patria" en la sangrienta guerra que enfrentó a Paraguay con Argentina, Brasil y Uruguay entre 1865 y 1870
La Nación


Las mujeres de la alta sociedad concurrieron a la entrega oficial de las joyas y "Libro de oro" en 1867. (Foto: El Centinela/Colección CAV/Museo del Barro). Foto: LA NACION

Mil mujeres se reunieron hace 150 años frente a lo que hoy es la Catedral Metropolitana de Asunción.

Su objetivo era votar por la creación de una serie de comisiones regionales encargadas de recolectar las donaciones de joyas y alhajas de mujeres de todo Paraguay, destinadas a "aumentar los elementos bélicos de la heroica defensa de la patria", según actas de la época.

Esta reunión del 24 de febrero de 1867 es considerada la primera asamblea femenina de Sudamérica y la razón por la que Paraguay festeja el Día de la Mujer en una fecha distinta al 8 de marzo.


Pero también es el origen de lo que se conoce como el ejército de retaguardia de Paraguay durante la Guerra de la Triple Alianza, el enfrentamiento internacional más sangriento de la historia de América Latina.

En los cinco años de guerra que enfrentaron a Paraguay con Argentina, Brasil y Uruguay, entre 200.000 y 300.000 paraguayos murieron, al menos la mitad de su población.


Entregar sus joyas para financiar el ejército fue el primer gran paso que ellas dieron en lo que terminaría siendo "el país de las mujeres".

El "Libro de oro"


Durante cinco meses, ciudad por ciudad, más de 5.000 mujeres entregaron lo más preciado que tenían: aros y peinetas de oro, collares de coral, anillos y prendedores de diamantes, relojes de bolsillo, vajilla con incrustaciones en piedra, espuelas de plata.


El "Libro de oro" tiene una cobertura con grabados en oro, un delicado trabajo de orfebrería anónimo. (Foto: Secretaría Nacional de Cultura de Paraguay). Foto: LA NACION

Algunas lo hicieron convencidas con la causa nacional, en apoyo a la guerra que había desatado su presidente, el mariscal Francisco Solano López, al invadir Brasil por diferencias geopolíticas en 1864 y que, un año después, se convertiría en un conflicto transnacional imposible de ganar para Paraguay.

Otras mujeres, en cambio, fueron coaccionadas a entregar las joyas y reliquias familiares que con orgullo vestían a diario, tal como indicaba la tradición local de la época.

Pero todas ellas quedaron inmortalizadas como "las hijas de la patria" en el llamado "Libro de oro", un volumen que detalla el nombre, a veces el apellido y siempre el lugar de residencia de cada donante.


Francisco Solano López fue presidente de Paraguay desde 1862 hasta su muerte, en 1870.. Foto: LA NACION

Se trata de un ejemplar de 10 kilos, con 96 páginas y una cobertura con grabados en oro, que fue entregado el 8 de septiembre de 1867 junto con todas las joyas para Solano López.

"El 'Libro de oro' es invaluable, es una reliquia que representa la voluntad de un pueblo por sobrevivir", Fernando Griffith, ministro de la Secretaría Nacional de Cultura de Paraguay, sobre el texto que el mes pasado se expuso por primera vez al público general en el Archivo Nacional de Asunción.

"Por ahora no tenemos el dato preciso de cuántas mujeres donaron ni del valor de las joyas", le dice a BBC Mundo Vicente Arrúa Ávalos, director del Archivo Nacional de Asunción.

Sin embargo, como el texto iba acompañado de otros tres volúmenes que contienen el inventario completo de qué donó cada paraguaya, pronto los historiadores podrán desentrañar algunos de los misterios que lo rodean.

¿Qué pasó con las joyas?

Existen muchas teorías sobre qué hizo Solano López con las joyas.

En algunos libros de historia se afirma que el presidente mandó a acuñar monedas de oro para efectivamente financiar al ejército.

También están los que sostienen que usó la donación para forjarse una espada de puño y vaina de oro sólido, adornados con piedras preciosas.

Incluso hay quienes aseguran que las joyas fueron a engrosar las arcas de la compañera del mariscal, la irlandesa Elisa Lynch.

En cualquier caso, la historiadora paraguaya Mary Monte de López Moreira le dice a BBC Mundo que es imposible que las joyas pudieran haber sido comercializadas para comprar armas debido al bloqueo que poco después sufriría el país.


El "Libro de oro" fue digitalizado por completo el mismo día en que llegó al Archivo Nacional de Asunción. (Foto: Secretaría Nacional de Cultura de Paraguay). Foto: LA NACION

Por su parte, Arrúa Ávalos afirma que todo esto es anecdótico porque "el objetivo principal de la donación era simbólico: demostrar la fidelidad a la patria".

En este sentido, sobre la fecha de la donación, Solano López escribió: "La solicitud del bello sexo para usar los colores nacionales en lugar de sus joyas y alhajas durante la guerra es eminentemente patriótica".

"Pero ?continuó? no considero que la mujer paraguaya, que tantas pruebas ha dado de su amor a la patria, necesite hacer ostentación externa de los colores que lleva impreso en su corazón ni veo por qué ha de renunciar al uso de sus joyas".

Lo cierto es que si esas joyas estaban aún en Asunción en 1869, cuando los ejércitos de Argentina, Brasil y Uruguay invadieron la capital, es muy probable que se convirtieran en botín de guerra.


La Guerra de la Triple Alianza que enfrentó a Paraguay con Argentina, Brasil y Uruguay se extendió entre 1865 y 1870.. Foto: LA NACION

"Se llevaron las rejas de las ventanas, las tejas de los techos, las tumbas de los cementerios... Se llevaron todo lo que pudieron", cuenta Monte de López Moreira.

De hecho, el propio "Libro de oro" estuvo en manos del gobierno brasileño hasta 1975, cuando fue devuelto a Paraguay.

Arrúa Ávalos cuenta que por 42 años el libro estuvo en el palacio de gobierno, donde se lo conservó en óptimas condiciones, pero inaccesible para historiadores y público. Desde su entrega al Archivo Nacional de Asunción, en septiembre pasado, se encuentra escaneado y disponible online.

Heroínas anónimas


La donación de joyas es apenas uno de los tantos roles que asumieron las mujeres paraguayas durante la Guerra de la Triple Alianza.

"Los primeros registros de mujeres luchando son de diciembre de 1868", le cuenta a BBC Mundo el historiador paraguayo Fabián Chamorro.

Pero desde un principio, agrega Monte de López Moreira, las mujeres trabajaron la tierra para suministrar el alimento a los soldados y participaron como enfermeras, lavanderas y cocineras en los campos de batalla.

"Encontré registros de algunas mujeres que iban hasta el campo enemigo, le sacaban los uniformes a los caídos, los lavaban y adaptaban para los soldados paraguayos", explica la historiadora.

Por su parte, Arrúa Ávalos afirma que, "a pesar de que la donación de joyas resuena como la máxima expresión de patriotismo", además hicieron cuantiosas entregas de comida, ropa y aguardiente, por citar algunos ejemplos.

También fueron ellas las que tuvieron la difícil tarea de reconstruir el país al terminar la guerra, en 1870.


Hombres y mujeres, niños y ancianos terminaron peleando por Paraguay en la Guerra de la Triple Alianza. (Foto: Gregorio Cáceres/Semanario Cabichuí/Colección Hemeroteca Carlos A. López/Biblioteca Nacional). Foto: LA NACION

Según los registros historiográficos más aceptados, 80% de los paraguayos que murieron durante el conflicto eran hombres. Ellas, entonces, se encargaron de plantar la tierra y faenar, pero también de otras tareas como comercializar y estivar en el puerto.

Y, por supuesto, debieron repoblar el país en tiempos en que había cuatro mujeres por cada varón y hasta la pareja se compartía.

Incluso, en algunas regiones de Paraguay, la proporción llegaría a ser de 20 a uno, lo cual provocó el apodo coloquial del "país de las mujeres".

No obstante, estas mujeres permanecen como heroínas anónimas. Para ellas no hay estatuas con sus rostros ni calles o plazas con sus nombres.

En palabras de Chamorro: "En un país reconstruido por mujeres, nuestra historia no las recuerda".

domingo, 31 de diciembre de 2017

Vida civil en la Unión Soviética

Recordando la vida en la Unión Soviética, una foto familiar a la vez

Por Olga Shevchenko y Oksana Sarkisovadec || The New York Times



Veraneantes en 1935 en el Palacio de Livadia, más tarde el sitio de la Conferencia de Yalta. Construido para la familia real rusa, Livadia se convirtió en un sanatorio para los campesinos en 1925; pronto fue un centro de salud que alojaba solo a los ciudadanos más leales. Colección de créditos de Olga Shevchenko y Oksana Sarkisova

Cuando miras las fotografías antiguas de tu familia, ¿qué ves? ¿Qué recuerdos, pensamientos y asociaciones se mezclan y qué queda oculto a tus ojos?

Durante aproximadamente 10 años, hemos viajado a Rusia para ver y hablar sobre las fotos familiares de la era soviética y los recuerdos que evocan. Muchos rusos que generosamente compartieron sus álbumes y reminiscencias vieron un registro nostálgico de tiempos más felices. Las fotografías les recordaban la seguridad, las protecciones sociales y el optimismo para el futuro que muchos asocian con el período soviético.


Esta fotografía de soldados ha sido alterada cortando una sección que probablemente contenía la imagen de un compañero que había sido víctima de una purga. Tales imágenes alteradas se pueden encontrar con frecuencia en los archivos de la familia soviética. Colección de créditos de Olga Shevchenko y Oksana Sarkisova

"Ella era una mujer de la limpieza, mi tía, y siempre la enviaban al Mar Negro de forma gratuita", comentó un jubilado de San Petersburgo sobre una fotografía, agregando enfáticamente, "y ahora dicen que la gente vivía mal bajo Stalin".

"Solo recuerdo lo bueno de la época soviética", recordó un jubilado en el sur de Rusia. "No había nada, al parecer, y sin embargo, teníamos todo".

Una ex directora de la escuela, hojeando el registro fotográfico de sus días de estudiante a principios de la década de 1950, dijo: "Recuerdo el entusiasmo. Todos querían participar en brigadas voluntarias de construcción; había tanto patriotismo ".


En Soviet-Era Photos, Memory and Enigma. Credit Colección de Olga Shevchenko y Oksana Sarkisova

Pero las fotografías son más complicadas y poderosas de lo que sugiere esa nostalgia. Varias horas y muchas tazas de té en nuestra conversación, la anciana directora volvió a ver su retrato juvenil y vio algo diferente sobre ella: alguien a punto de ser encarcelado porque un compañero de cuarto de la universidad la había denunciado a las autoridades por hacer una broma política. Entonces, con solo 22 años, la sacaron de un tren confinado en su casa durante las vacaciones de invierno. Fue interrogada y sentenciada a 10 meses de prisión. Su término fue interrumpido poco después de la muerte de Stalin unos meses después, y la liberaron, con la condición de que guardara silencio, lo que le permitía a su compañera de piso seguir informando sobre los demás.


"Solía ​​ser un parlanchín antes", dijo. "Confiaba en la gente. Esta experiencia me transformó por completo, me dio la vuelta. Cerré a las personas por completo. Pero nunca dije una palabra sobre esto a nadie ", confesó, visiblemente conmocionada. "No sé cómo te las arreglaste para hablar conmigo", agregó, apresuradamente cerrando la conversación.

Si bien no todas las biografías contienen tal trauma, las historias de la era soviética que presentan una experiencia de violencia estatal no son raras, y un ojo atento puede encontrar rastros de tales experiencias en las fotos familiares. Vimos fotografías de las décadas de 1930 a 1950 en las que caras seleccionadas estaban manchadas con tinta o recortadas para eliminar los rastros de familiaridad con personas que habían sido denunciadas como enemigas del estado.

Descubrir una fotografía así se siente misterioso, porque en la mayoría de los casos no quedan testigos vivos para ofrecer detalles de su historia o la identidad de la persona ausente. De hecho, la habilidad de "leer" la violencia del estado a partir de estas fotos varía según la generación. Ancianos rusos a menudo expresan certeza acerca de qué desencadenó una desfiguración (aunque muchos retener los detalles). Sus hijos pueden haber escuchado lo suficiente como para adivinar, pero pueden no saber mucho sobre la persona desaparecida. Los miembros más jóvenes de la familia que conocimos eran los más propensos a ofrecer explicaciones inocentes de una alteración: un accidente, tal vez, o una pelea.

Pero por cada fotografía desfigurada por el miedo, hay miles sin ningún rastro de modificación. Por supuesto, eso apenas impide que sean enigmáticos: ¿qué detalles biográficos no se muestran? ¿Cuál es la importancia de un objeto o persona a la vista? ¿Qué conexión familiar ha sido oscurecida? Las fotografías a menudo muestran detalles incongruentes con versiones aceptadas del pasado de la familia. Pero para notarlos, uno tiene que saber dónde buscar, qué objetos o fondos tienen sus propias historias que contar. En la fotografía doméstica, como en la antropología, un adagio dice: "La tribu te contará sus secretos si ya conoces los secretos de la tribu".

Un ejemplo: una mujer llamada Alina recordó haber visto, en su juventud, una fotografía familiar prerrevolucionaria de sus bisabuelos vestidos con sus mejores galas del domingo de una manera que implicaba, para ella, que eran ricos: "Este era un gran campesino". familia, de 10 a 15 personas, todos los hombres ataviados con chaquetas, buenas botas de cuero ", dijo. "Las mujeres, incluso las niñas de 3 o 5 años, usan hileras y filas de cuentas". En 1930, esas personas se dispersarían por Rusia, para nunca volver a verse, pero esta mujer nunca escuchó a su familia hablar de las circunstancias. Alina presumió que los más mayores fueron desposeídos como "kulaks" -los campesinos los consideraban ricos, lo que los hacía potencialmente desleales- y que sus hijos huyeron a las ciudades. Su padre, un agente de servicios de seguridad, siempre evitó el tema. La fotografía murió en un incendio, y ahora no hay nadie a quien preguntar. La imagen, silenciosa, permanece solo en su mente.


Feodosia en Crimea fue y sigue siendo un destino popular para turismo y viajes médicos durante todo el año. Es probable que estas mujeres estuvieran allí en un viaje subsidiado por su lugar de trabajo. Colección de créditos de Olga Shevchenko y Oksana Sarkisova

La mayoría de los ciudadanos soviéticos sabían mejor que hablar acerca de cómo sus historias familiares se desviaban de una biografía modelo de la clase trabajadora. Muchos emprendieron lo que uno llamó "purgas" de sus archivos familiares, para alinear la narrativa visual con lo que era seguro revelar sin arriesgar las repercusiones. Los álbumes de hoy todavía revelan las ausencias que alertan al espectador de que la historia que ven es, en el mejor de los casos, parcial.

Puede ser tentador lamentar tales revisiones de álbumes, pero las omisiones proporcionan quizás las mejores manifestaciones visuales de los silencios estructurados que siguen rondando el pasado soviético. Nos empujan a preguntar sobre las partes de la historia que aún faltan.

Con toda justicia, también nos aventuramos a sugerir que los álbumes familiares estadounidenses difieren de los soviéticos no solo porque son más propensos a dar color a finales del siglo XX. También es menos probable que contengan cicatrices visibles que puedan recordar a los espectadores que esas imágenes del pasado también dejan una gran pérdida. Un observador casual estaría en apuros para encontrar signos de conflicto familiar, violencia o racismo cotidiano en esos álbumes, a menos que supieran buscarlos. A su manera, entonces, crean una visión engañosamente optimista de la vida en los Estados Unidos, una demasiado despreocupada y virtuosa para ser completamente cierta.

Tal vez no sea demasiado tarde para investigar el precio de tales recuerdos selectivos. O como dijo el antropólogo francés Marc Augé: "Dime lo que olvidas y te diré quién eres".

martes, 26 de diciembre de 2017

Guerra Antisubversiva: La Navidad de 1975 en Tucumán

La Nochebuena del General Videla

En 1975, después del intento de copamiento del ERP al Batallón Arsenal de Monte Chingolo, el entonces comandante del Ejército voló a Tucumán para brindar con los soldados del Operativo Independencia. Su mensaje al país para “vencer el desorden y la inseguridad”

Por Marcelo Larraquy || Infobae
Periodista e historiador (UBA)



Todavía había cuerpos tirados en el Batallón de Arsenales 601 Domingo Viejobueno, y en sus calles adyacentes, cuando el comandante del Ejército, general Jorge Rafael Videla volaba hacia Tucumán para celebrar la Nochebuena de 1975 junto a los soldados del "Operativo Independencia"

Los títulos de los diarios, ese día, informaban: "Más de cien guerrilleros asaltaron un arsenal del Ejército en Monte Chingolo"; "La lucha más encarnizada se libró ante el portón de la unidad militar"; "Mueren más de 50 extremistas al atacar un batallón en M. Chingolo".

El ataque, al general Videla, no lo sorprendió.

Lo esperaba.

Había recibido la información el domingo 21 en una reunión de altos mandos, de boca del coronel Alfredo Valín, el jefe del Batallón de Inteligencia 601. Desde 1974 la inteligencia militar había "infiltrado" a un espía en las filas del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo). El espía, Jesús Rainier, "El Oso", después transportar durante semanas las armas para una operación de la que no conocía su blanco, finalmente lo informó: "Monte Chingolo".

El ataque al Batallón sería el lunes 22 de diciembre. Su arsenal tenía 13 toneladas de armamentos.

Los altos mandos dispusieron refuerzos. Se movilizaron tanques, carriers, miles de efectivos en torno a la unidad.

Un militante del ERP que había instalado en los días previos una mesa de venta de pan dulce en las cercanías del Batallón alertó la novedad.

El ataque no se produjo.

Decepcionados, los altos mandos militares decidieron bajar el "alerta roja", disponer los francos correspondientes, restablecer la rutina, reducir la guardia, para inducir al ERP al ataque que había anunciado su espía. La violencia guerrillera convenía a las Fuerzas Armadas, impactaba a la sociedad, los acercaba al golpe de Estado.

El jefe del ERP, Roberto Santucho, recibió informes de que la operación había sido advertida por el enemigo. Había un infiltrado. La ordenó igual.



El ataque guerrillero se produjo en las últimas horas de la tarde del martes 23, mientras Videla compartía un vino de honor con los periodistas acreditados el edificio del Libertador.

La operación se inició cuando un camión de transporte de bebidas robado rompió el portón de la unidad, y le abrió el paso a tantos otros nueve vehículos. Un coronel apostado en una torre del tanque de agua del arsenal lo advirtió desde sus binoculares.

En forma simultánea, los guerrilleros tomaron puentes a lo largo del Camino General Belgrano, en el sur del conurbano bonaerense, también atacaron comisarías y el Regimiento 7° de Infantería de La Plata.

La respuesta militar fue terrestre y aérea, con helicópteros artillados, birreactores Aeromacci y aviones bombarderos livianos Camberra.

A las tres horas de combate, en las filas del ERP se escuchó la orden de retirada. Durante toda la madrugada del 24 de diciembre, iluminada por los helicópteros, la Infantería hizo rastrillajes por las villas y los bordes del Riachuelo, donde algunos se habían dispersado. La guerrilla tuvo entre 60 y 70 bajas. Algunos de ellos fueron fusilados luego de haberse rendido. En las villas se calculó que hubo 40 muertos. Las Fuerzas Armadas y de seguridad perdieron 10 hombres.

Videla sabía que sus sectores afines apoyarían la masacre posterior al intento de copamiento.

No erraba.

"Es posible decir que el saldo impresionante (…) del episodio de Monte Chingolo produjo en muchos un sentimiento de alivio: cien muertos son cien enemigos menos, y si fueron más, mejor, cualquiera haya sido la manera de su muerte", editorializaría la revista católica Criterio, al mes siguiente.

El 24 de diciembre al mediodía, cuando la violencia guerrillera ya estaba controlada, el general Videla voló a Tucumán.

Pensó que desde allí debía hablarles a los argentinos. El país estaba conmovido y entendería sus palabras. Ya no debía arengar a los soldados del Ejército ni hacer discursos para el Gobierno, como único destinatario.

Era hora de hablarle al país, y lo haría junto a los soldados que rastrillaban la espesura del monte tucumano en busca de los guerrilleros del ERP, que aspiraban a instalar una "zona liberada".

Sería el marco adecuado para dar a conocer su pensamiento en su mensaje de Nochebuena.

Apenas asumió la Comandancia, con un decreto de Isabel Perón en la madrugada del 28 de agosto, el general Videla, de 50 años, frío, pulcro, reglamentarista, sin condecoraciones, pero tampoco sin manchas en su legajo, sin haberse sumado nunca a complots o facciones internas, fue recibido con beneplácito por sectores civiles afines.

Se esperaba de él que fuese algo más que un jefe del Ejército.

La revista Cuestionario se preguntó, al mes siguiente de su designación, con la imagen serena de su rostro en tapa: "¿Cuál es el próximo paso de Videla?".

La revista Extra, del periodista Bernardo Neustadt, lo presentó, también en septiembre de 1975, como "uno de los más serios pensamientos que hoy se hospedan en el país".

El general Videla transmitía la imagen de un ejército que sólo quería orden y paz frente a una sociedad horrorizada por la violencia de la guerrilla, de la Triple A, de los que fueran.

Para ese orden, para esa paz, deberían morir los que debieran morir. Era el sacrificio. El general Videla lo explicó el 23 de octubre de 1975 en la XI Conferencia de Ejércitos Americanos, en Montevideo: "si es preciso, en la Argentina van a morir todas las personas necesarias para lograr la paz del país", diagnosticó.

Esa clase de discursos, que el gobierno de Isabel Perón avalaba con su silencio, luego se respaldarían con instrumentos jurídicos, decretos, directivas secretas.

*Con la creación del Consejo de Defensa –rubricado por la firma del gabinete de ministros y el presidente provisional Italo Luder, luego del ataque montonero al cuartel militar de Formosa del 5 de octubre-, las Fuerzas Armadas fueron autorizadas a intervenir en todo el país en la "lucha antisubversiva".


*El día 28 de octubre, una directiva secreta del Ejército (404/75) marcó las prioridades. Prioridad 1: Tucumán. Prioridad 2: Capital Federa – La Plata. Prioridad 3: Córdoba. Prioridad 4: Rosario/Santa Fe.

*Se modificó el Reglamento Militar, con la incorporación de LRD, "Lugar de Reunión de Detenidos". El "sospechoso" sería detenido en base a informes de inteligencias y trasladado al LRD para interrogatorios, sin posibilidad de defensa legal. LRD era el eufemismo de de "centros clandestinos".

Durante el gobierno de Isabel Perón, las Fuerzas Armadas y de seguridad crearían seis LRD.

Uno de ellos era "La Escuelita", en Famaillá, localidad de Tucumán donde el general Videla celebraría la Nochebuena. Dependía del Destacamento 142 de Inteligencia del Ejército, y reportaba información al comando del General Vilas.

Hasta ese momento, en diez meses de actuación del "Operativo Independencia", por allí habían pasado 1507 personas; 113 habían desaparecido.

El "exterminio físico del enemigo subversivo" era un discurso predominante en las fuerzas vivas de la provincia, identificadas con la acción militar.

En los hechos, el general Acdel Vilas, a cargo del "Operativo Independencia", era el poder fuerte en la provincia, por encima del gobernador peronista Amado Juri.

El comando táctico del general Vilas estaba asentado en la V Brigada de Infantería y además tenía a cargo tenía a cargo a la policía provincial, Federal y la Gendarmería.
El gobernador Juri había dado la bienvenida al  "Operativo Independencia" en la provincia en febrero de 1975.

"La intervención de las Fuerzas Armadas en la lucha contra la subversión apátrida ha encontrado el apoyo y la solidaridad del pueblo y el gobierno", había afirmado.

Pero el hecho de que el mismo Juri hubiera recibido  a los presos políticos tucumanos amnistiados en mayo de 1973, no lograba satisfacer el nivel de confianza que requería el ámbito castrense.

Durante 1975, guiados por el general Vilas, algunos diputados nacionales con cascos y chaquetas militares, se introdujeron en la pegajosa atmósfera del monte tucumano, con soldados que le abrían el paso a machetazos para que pudieran recorrer el bosque entre ramas hostiles; luego regresaban al llano saludando la labor de las Fuerzas Armadas y reclamando al pueblo que colaborara con "desinterés y alto sentido patriótico en la guerra contra la subversión".

El campeón del mundial de boxeo Carlos Monzón y otras figuras del deporte y el espectáculo viajaron al frente tucumano para saludar a los soldados conscriptos.

El Ejército quería dar a conocer la épica de su accionar para desterrar algunas "campañas de prensa" que desde el exterior desacreditaban al Operativo.

Las visitas se producían en un marco de violencia.



El 28 de agosto  de 1975 Montoneros había detonado una bomba a control remoto en el aeropuerto de Tucumán cuando despegaba un avión Hércules C-130 de la Gendarmería: provocó 6 muertos y 23 heridos.

Para contrarrestar la propaganda montonera de ese operativo, el General Vilas no dudó en presentar los triunfos militares a la prensa. En una oportunidad, luego de una emboscada a una columna de la Compañía del Monte del ERP en el arroyo San Gabriel, el Ejército mató a catorce guerrilleros. A dos periodistas que acompañaron el operativo militar, Vilas los invitó a regresar a la capital provincial junto a los cadáveres, en el camión Unimog del Ejército. Y lo hicieron.

La violencia no sólo estaba en el monte.

Estaba en las calles.

El 1° de diciembre de 1975, un año después que el ERP ametrallara al capitán Humberto Viola, y lo matara a él y también diera muerte a su hija de tres años, una camioneta con siete de guerrilleros del ERP explotó en el mismo lugar, sobre Ayacucho al 200. Lo firmó el comando "Dios, Patria o Muerte".

Videla sentía afinidad por Tucumán.

En esa provincia había servido como jefe de Estado Mayor de la V Brigada de Infantería desde fines de 1968, en momentos en que se sentían las consecuencias del cierre los ingenios azucareros. La desocupación obligó a miles de tucumanos a la migración interna. Incluso, cuando era coronel, en 1970, Videla llegó a gobernar la provincia por algunas semanas.

Cuando llegó al aeropuerto el 24 de diciembre de 1975 fue recibido por cientos de soldados del Operativo Independencia y recibió el saludo del arzobispo de Tucumán monseñor Blas Victorio Conrero. Ya no estaba el general Vilas en el mando  del Operativo Independencia. Seis días antes lo había reemplazado el general Antonio Bussi.

"General, usted no me ha dejado nada por hacer", anotaría Vilas con orgullo en su "Diario de Campaña", las palabras que le ofrendaría Bussi en el traspaso de mando.

Vilas dejaría el Operativo condecorado por el senado provincial.

A esas alturas, los pocos guerrilleros del ERP que se mantenían en el monte habían sido trasladados a Buenos Aires para participar del ataque al Arsenal de Monte Chingolo

El mensaje de Nochebuena del general Videla sería reflejado con sentido patriótico, sin desdeñar poesía, por la prensa política.

"El comandante general del Ejército Jorge Rafael Videla, pasó la Nochebuena en Tucumán, junto a sus soldados. Si es que hizo algún brindis, con seguridad fue con el jarrón de latón que impera en los vivaques desde los que se combate a la acción subversiva desplegada en el norte argentino", se publicó "La Opinión".

Desde la sede de la zona de operaciones del Ejército  en Famaillá, el general Videla habló a los argentinos (Extractos):

 "Mientras la Cristiandad festeja en Famaillá la llegada del niño Dios, El Ejército Argentino en operaciones, aquí en el corazón del monte tucumano, como en todo el ámbito del país, lucha armas en mano para lograr esa felicidad y esa paz que mi mensaje clama.

Lucha nuestro ejército, el ejército de la Nación, contra delincuentes apátridas que pretenden mediante el vil asesinato, quebrar al Estado y ocupar el poder para cambiar el sistema de vida nacional tan caro a los sentimientos profundamente cristianos de nuestro pueblo. Y lucha como lo hizo ayer en el batallón de Arsenales 601, con fuerza, con fe, con el coraje propio de nuestra estirpe, con la seguridad de que ese nuevo triunfo se extenderá a lo largo y lo ancho de la República allí donde la delincuencia subversiva pretenda hacer pie.

Frente a esta situación, es imprescindible que el pueblo argentino y sus Fuerzas Armadas tomen conciencia de la gravedad de las horas que vive la Patria.

Tenga presente el ejército y compréndalo así la Nación, que la delincuencia subversiva si bien se nutre de una falsa ideología, actúa favorecida por el amparo que le brinda una pasividad cómplice. (…)

Ante esta dura realidad que aceptamos con patriotismo y espíritu de servicio, miramos consternados a nuestro alrededor y observamos con pena, pero con la sana rabia del verdadero soldado, las incongruentes dificultades en las que se debate el país, sin avizorarse solución.

Frente a estas tinieblas la hora del despertar del pueblo argentino ha llegado. La paz no sólo se ruega, la felicidad no sólo se espera, sino que también se ganan. El Ejército argentino, en el justo derecho que le concede la cuota de sangre generosamente derramada por sus hijos héroes y mártires, reclama con angustia pero también con firmeza una inmediata toma de conciencia para definir posiciones. La inmoralidad y la corrupción deben ser adecuadamente sancionadas. La especulación política, económica e ideológica, deben dejar de ser medios utilizados por grupos de aventureros para lograr sus fines. El orden y la seguridad de los argentinos deben vencer el desorden y la inseguridad. (…).

El 14 de septiembre de 2017, casi 42 años después de aquel discurso de Nochebuena del general Videla, el Tribunal Oral Federal de Tucumán finalizó el juicio por el "Operativo Independencia" con la condena de policías y militares por delitos de lesa humanidad –secuestros, torturas, violaciones sexuales y homicidios-, contra 271 víctimas.


*Marcelo Larraquy es periodista e historiador (UBA). Su último libro es "Primavera Sangrienta. Argentina 1970-1973. Un país a punto de explotar. Guerrilla, presos políticos y represión ilegal". Ed. Sudamericana.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Biografía: Cesare Cipolletti

Cesare Cipolletti


Ing. Cesare Cipolletti (1846-1908)

Nació en la isla Tiberina, Roma (Italia), el 11 de noviembre de 1843, siendo hijo de Pietro y de Benedetta Ciardafelli. Luego de graduarse como agrimensor, realizó sus estudios superiores en la Universidad La Sapienza de esa misma ciudad, recibiéndose de ingeniero hidráulico en 1864 Desde joven sobresalió como técnico, e instaló las aguas potables en Florencia, construyó el canal Villoresi (1), en Lombardía, y el monumental dique en el Tesino, importantes trabajos que duraron diez años, dándole experiencia y reputación. Llegó a ser una autoridad europea en hidráulica.

El ingeniero Guillermo Villanueva lo contrató en 1888, para la organización de las obras básicas del régimen de riego en la provincia de Mendoza, gobernada a la sazón por Tiburcio Benegas. Se construyeron bajo su dirección técnica las tomas de riego en los ríos Tunuyán y Mendoza, las que se consideraron obras maestras en su género. Esta obra permitió la irrigación de 130.000 hectáreas de terreno.

Con posterioridad fue invitado por el gobierno de San Juan para proyectar el dique nivelador de la Puntilla, en el río San Juan. Este dique no subsistió mucho tiempo, pues el aumento extraordinario del agua lo destruyó, siendo la falla imputable a las restricciones económicas impuestas por el gobierno en la ejecución de la obra.

En 1895, fue llamado por las autoridades de Tucumán, quien lo contrató para que construyese el dique que sirve de contención a los desbordes del río Salí, y que permite la utilización de grandes masas de agua. Además organizó el régimen de riego que impera en aquella provincia. Allí mismo dirigió Cipolletti otros trabajos.

En 1898, el gobierno nacional, siendo presidente por entonces el general Julio Argentino Roca, le confió un estudio general del Río Negro. De febrero a mayo de 1899, Cipolletti con algunos colaboradores, recorrieron la zona desde la Cordillera hasta el Océano Atlántico, inspeccionando unos 200.000 kilómetros cuadrados. A mediados de junio regresó a Buenos Aires donde comenzó a redactar un informe que presentó en setiembre al Ministerio de Obras Públicas bajo el título de Estudios de irrigación, ríos Negro y Colorado, de 342 páginas. (2) Después de presentar su informe regresó a Italia, y luego se ocupó de la irrigación del tío Tiber para convertirlo en vía fluvial.

En 1903, publicó en Roma La navigazione del Tevere dal mare ad Orte e la bonifica idraulica e agricola della sua vallata, que es un preciso trabajo técnico sobre la regulación del régimen hídrico, a fin de prevenir los desastres, sobre la utilización del agua para la generación de energía eléctrica y también acerca de la navegación con barcos, que en el tramo del mar a Roma podrían llegar hasta las 1.000 toneladas de carga.

Nuevamente el gobierno del doctor José Figueroa Alcorta llamó al ingeniero Cipolletti en 1907, para dirigir las obras que proyectara en Río Negro, en su informe de diez años antes. Se embarcó, ya en mal estado de salud, junto a su esposa Ida Grossi y a sus hijos Pedro, Luis, Benedicto y Emilio, en el puerto de Génova en el “Tommaso di Savoia”. Cuatro días después, el 23 de enero de 1908, cuando la nave se hallaba en las proximidades de las Islas Canarias, falleció de una repentina complicación de su enfermedad. La llegada de sus restos dio lugar a demostraciones de pesar y cálidos homenajes a su extraordinario talento. Su cuerpo fue embalsamado y sepultado primero en el cementerio de la Recoleta. Más tarde lo trasladarían a Mendoza, donde hoy descansa junto a su mujer.

Las obras proyectadas se realizaron, y en homenaje a su memoria, se le dio su nombre al pueblo de Limay, del territorio de Río Negro. Una calle de la ciudad lleva su nombre, como homenaje.

En diciembre de 1946, al cumplirse el centenario de su nacimiento, la provincia de Mendoza le erigió un monumento en el dique situado en el departamento de Luján de Cuyo, y que lleva su nombre. En la Isla Tiberina (Roma), existe una lápida que lo recuerda, en las inmediaciones de su casa natal.

Algunas de sus publicaciones fueron: Studi eseguiti per provvedere di acque potabili le città di Padova e Vicenza (Milano 1881); Canale Villoresi, modulo per la dispensa delle acque, stramazzo libero diforma trapezia (ibid. 1886); Delle forze idrauliche che possono crearsi nell’alto Milanese e condursi nella città di Milano (Roma 1887); Acquedotto di Milano: considerazioni sulla temperatura e distribuzione delle acque e sul servizio industriale per forza motrice (Milano 1887); Relazioni sulla ricostruzione dell’acquedotto per la città di Brescia (Brescia 1888).

Referencias


(1) Obra que, mediante el riego de 65.000 hectáreas de tierra entre Ticino y Adda, sumado al suministro de las centrales eléctricas, representó un hito clave en el desarrollo agrícola e industrial de la zona.
(2) Por falta de medios, Cipolletti pudo concretar solamente una parte del proyecto. La obra fue finalizada luego de su muerte por sus colaboradores Decio Severini, G. Iacoboni y Orestes Vulpiani. Son dignos de mencionar los canales de irrigación de Villa Regina y la represa de veinte arcos sobre el río Neuquén en su confluencia con el río Limay.

Fuente

Cutolo, Vicente Osvaldo – Nuevo Diccionario Biográfico Argentino – Buenos Aires (1969).
D’Aquino, Humberto – Cipolletti, Cesare – Roma (1981).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Portal www.revisionistas.com.ar

martes, 5 de diciembre de 2017

Nazismo: El amor por el café descafeinado

Por qué el Partido Nazi amaba el café descafeinado

El Tercer Reich impulsó las bebidas descafeinadas como política oficial del estado.

Por Matthew Sedacca | Atlas Obscura


Miembros del partido nazi en Noruega, 1942. durante una visita del Reichskommissar Josef Terboven. 

LA VERSIÓN MODERNA DE SU café de la mañana apareció por primera vez en el siglo XV, y reemplazó las soluciones de cafeína que iban desde té de café en grano débil hasta granos de café mezclados con grasa animal. Durante siglos, sin embargo, las personas que querían evitar el nerviosismo de la cafeína se volvieron amargas, parecidas al café, a partir de sustitutos como la achicoria. No fue sino hasta 1905, en Bremen, Alemania, que Ludwig Roselius, un antiguo aprendiz de tostador de café, descubrió un método para producir una versión de auténtico sabor y sin cafeína.

El legado de Roselius perdura en la forma de camareros que llevan café en una mano y descafeinado en la otra. Su invento ocupa un lugar extraño en el paisaje culinario: rara vez amado, a veces soportado y despreciado a menudo por los puristas del café. Pero en sus primeros años, decaf encontró una audiencia particularmente apreciativa y solidaria: el Tercer Reich. Cuando el Partido Nazi asumió el poder, sus líderes recomendaron el descafeinado como una forma de evitar la cafeína, un veneno en sus ojos. Más que una campaña de salud, descafeinado era parte de una política estatal destinada a preservar una población aria saludable.

Ludwig Roselius.

Al igual que muchos inventos, la historia del café descafeinado está un poco embarrada. Según el libro 100 Years of Kaffee HAG, Roselius atribuyó la muerte de su padre en 1902 a beber demasiado café, por lo que inventó descafeinado para salvar a otros adictos. (No es una idea completamente ridícula, su padre trabajó en la industria del café). Pero la descafeción pudo haber sido un descubrimiento accidental: otros relatos describen a Roselius recibiendo un cargamento de frijoles que llegó a un recipiente inundado con agua de mar. En lugar de arrojar el suministro de sal, Roselius y sus colegas descubrieron nuevas bases: después de elaborar, analizar y probar los granos, descubrieron que el sabor del café no se veía afectado, excepto por un tinte salado. El agua de mar también había eliminado la cafeína de alguna manera.

De cualquier forma, Roselius y sus colegas patentaron su proceso de descafeinado en Alemania en 1905. Al año siguiente, Roselius fundó la compañía Kaffee Handels-Aktiengesellschaft, más conocida como Kaffee HAG, que comercializaba descafeinado como un bien de lujo en Alemania. Pronto lo vendería en toda Europa con el nombre de Sanka, o "sans caféine", y, después de la Primera Guerra Mundial, en los Estados Unidos.

Durante las décadas de 1920 y 1930, Roselius adaptó su mercadotecnia a las locuras de la salud y el estado físico de la República de Weimar. "El exquisito café en grano, Kaffee HAG, protege el corazón y los nervios", dice un anuncio, que representa a un hombre esbelto vestido con un jinete. Los avances en la ciencia, la tecnología y la mecanización, junto con el auge del cine, provocaron la locura, así como los movimientos que piden un retorno a las prácticas de salud premodernas. Corinna Treitel, profesora de historia en la Universidad de Washington en St. Louis, dice que los ciudadanos que se suscribieron a movimientos de salud como Lebensreform ("Life Reform"), que incluía ardientes nacionalistas, deseaban más "natural" y "de vuelta". -naturaleza "estilos de vida.


Un anuncio de Kaffee Hag, c. Década de 1920 

Además de defender el nudismo y la agricultura orgánica, Treitel dice que los practicantes de Life Reform siguieron dietas premodernas que despreciaban los estimulantes, que incluían azúcar refinado, alcohol de alta graduación, tabaco, carne y cafeína. Esta filosofía influyó en la política de salud pública del régimen nazi. "En la década de 1930, todo esto es parte de un movimiento de salud nazi, que se convirtió básicamente en parte de la política oficial", dice Uwe Spiekermann, un historiador en Georg-August-Universität Göttingen. "Entonces [los investigadores de salud nazis] como Hans Schreiber, Leonardo Conti, fueron los patrocinadores de estas cruzadas contra el alcohol, contra el tabaco, contra el café".

Bajo el Partido Nazi, el atractivo del descafeinado (una forma de evitar los estimulantes) se convirtió en una política de estado destinada a salvaguardar a la idólatra raza aria. Geoffrey Cocks, autor de El estado de salud: enfermedad en la Alemania nazi, dice que los nazis "creían sinceramente que era su deber y su responsabilidad no solo proteger la salud de los alemanes, sino la salud de todo el pueblo alemán como biológico, entidad racial. "Esto, por supuesto, excluyó a los judíos y otros no arios, así como a los homosexuales y los enfermos.


Tenis de mesa organizado por Nazi Kraft durch Freude, KdF, una organización para promover el ocio. 

Del mismo modo, el Partido tomó medidas para advertir a la población aria de los peligros de la cafeína. Un manual de la Juventud Hitler de 1941, escribe el historiador de ciencia de Stanford Robert Proctor, afirma que "para los jóvenes al menos, la cafeína era un veneno 'en todas sus formas y en todas las fuerzas'". A fines de la década de 1930, agrega, el café descafeinado "Ampliamente disponible, y estrictamente regulado".

Dicho esto, es dudoso que el nazismo haya tenido una influencia decisiva en el éxito del café descafeinado. Spiekermann señala que muchas de las campañas antitabáquicas y de templanza del gobierno fracasaron, y el principal argumento de venta de descafeinado fue su condición de lujo. En el exterior, la popularidad del café descafeinado, así como de Sanka, que General Foods compró en los Estados Unidos en 1932, se disparó después de la guerra.


Una postal del Reichsaustellung Schaffendes Volk, 1937.

Además, no está claro si Kaffee HAG apoyó la línea del partido nazi. El historiador Gideon Reuveni escribe en su libro Consumer Culture and the Making of Modern Jewish Identity que Kaffee HAG publicitó su café descafeinado como Kosher, y Roselius declaró en 1932 que: "Cualquiera que beba Kaffee HAG es querido e importante para nosotros. Qué afiliación política o credo él es, para nosotros es completamente irrelevante ".

Pero en su libro Creating a Nazi Marketplace, S. Jonathan Wiesen, profesor de historia en Southern Illinois University, mapea la relación simbiótica entre Kaffee HAG y el régimen nazi. Citando una serie de artículos publicados por el HAG, un periódico interno de la compañía, Wiesen escribe que en el Reichsausstellung Schaffendes Volk de 1937, un festival que celebró los logros del pueblo nazi, más de una docena de cantinas sirvieron café descafeinado. Kaffee HAG también sirvió Kaba, su producto de bebida de chocolate, a 42,000 miembros de la Juventud Hitleriana en el Rally de Nuremberg en 1936. El mismo Roselius apoyó a Hitler.


Dos latas antiguas de Kaffee Hag en el Museo Bröhan, Berlín. 

"Esta fusión de ganancias y el bienestar público era común antes y después de 1933", escribe Wiesen. "Pero la atención de Roselius y HAG a la salud, la belleza visual, la persuasión masiva y la filosofía nórdica combinada con las apelaciones al bien público, resonó especialmente fuerte en un estado dedicado a la pureza económica y, sobre todo, racial".

Hay una ironía en la promoción de los cafés descafeinados por parte de los nazis, porque Hitler y los miembros de su partido estaban casualmente, sin saberlo, envenenándose a sí mismos. El proceso patentado de Roselius dejó trazas de benceno, que es un "hidrocarburo potencialmente tóxico". (El descafeinado de hoy en día se somete a un proceso diferente). Y mientras los nazis consideraban que el zumbido de una taza de joe totalmente cafeinada era ideológicamente verboten, Norman Ohler escribe en Blitzed: las drogas en la Alemania nazi que los nazis alentaron a la gente aria a comer chocolate con "metanfetamina". El estimulante ayudó a aumentar la productividad, pero no lo percibieron como venenoso.

"La recomendación fue comer entre tres y nueve de estos [chocolates]", escribe Ohler, "con la indicación de que, a diferencia de la cafeína, eran perfectamente seguros".

miércoles, 4 de octubre de 2017

Nazismo: Leni Riefenstahl y su obra dedicada al régimen

La historia de la directora que rechazó el cortejo de Adolf Hitler y se convirtió en la cineasta del régimen nazi

Nunca se aclaró la verdadera naturaleza de la relación entre Leni Riefenstahl y el dictador alemán. Pero una reciente biografía sobre la mujer revela detalles inéditos
Infobae




Hasta el día del encuentro que le cambiaría la vida, Leni Riefenstahl era una joven actriz y directora que buscaba hacerse un lugar en el mundo del cine.

Pero "La luz azul", la película que había recién producido y dirigido, había tenido un espectador de excepción: Adolf Hitler. Deslumbrado, quiso conocer a esa hermosa mujer que, pensaba, representaba el perfecto ideal femenino alemán.



Ella tenía 30 años; él, ya jefe del cada vez más poderoso partido nacionalsocialista, sería nombrado dos años después Canciller de Alemania.

 "Cuando tomemos el poder, usted realizará mis películas", le prometió el Führer a la joven.

Nunca se aclaró la verdadera naturaleza de la relación entre el dictador alemán y quien pasaría a la historia como la "directora de Hitler". ¿Eran amantes, cómplices o estaban simplemente fascinados el uno por el otro?




El misterio no se develó, aunque una escena puede dar una pista.

Ocurrió durante una tarde de primavera de 1932. En la playa cerca de Horumersiel, con vista sobre el mar Báltico, los dos paseaban en la playa.

"Después de un largo silencio se detuvo, me observó durante un largo rato, puso sus brazos alrededor de mi cuerpo y me condujo hacía él. Me miraba fijo con intensidad. Al darse cuenta de que yo estaba a la defensiva, me dejó inmediatamente y se apartó. Entonces lo vi alzar las manos al cielo y gritar solemnemente: '¡No tendré el derecho de amar a una mujer hasta que no cumpla con mi obra!'".



El episodio se lee en la biografía de Jérôme Bimbenet, "Leni Riefenstahl. La directora de Hitler", que cuenta la increíble vida de este personaje que fue una testigo privilegiada de la página más trágica del siglo XX. Es el retrato de una mujer dispuesta a todo y capaz de usar su talento y belleza para obtener lo que quería, realizando obras que -a pesar de su contenido propagandístico- quedaron en la historia del cine e influenciaron a directores de la talla de Steven Spielberg y George Lucas.



Hitler, de hecho, no fue el único líder del Tercer Reich en haber cedido al encanto de Riefenstahl.

Según se lee en la biografía, también el ministro para la Ilustración Pública y Propaganda, el poderoso Jospeh Goebbles, la acosó durante un largo tiempo.

Es probable que a la mano derecha de Hitler -quien controlaba la industria cinematográfica alemana y estaba obsesionado con el sexo– Riefenstahl le haya dado a entender que un día podría haber cedido a su cortejo aunque, al parecer, al final nunca cedió.


Joseph Goebbels, Leni Riefenstahl y Adolf Hitler

Lo cierto es que la frecuentación de los altos mandos nazis dieron sus frutos: Riefenstahl filmó las multitudinarias marchas del partido nacionalsocialista, que se convirtieron en las películas de propaganda "La victoria de la fe" y "El triunfo de la Voluntad".



Pocos años después, llegó su gran éxito: "Olympia", la película sobre las olimpiadas en Berlín de 1936, aún considerada uno de los mejores documentales sobre los Juegos Olímpicos jamás realizados.



Durante la guerra su actividad cinematográfica no se detuvo: filmó las victorias alemanas entre 1939 y 1940 hasta que, con las primeras derrotas, dejó Berlín.

En el libro se cuenta que cuando recibió la noticia de la muerte de Hitler lloró durante toda la noche. Detenida por los Aliados, acusada de ser la amante de dictador, Riefenstahl cayó en depresión y hasta pensó en el suicidio. Después de la guerra, trabajar en Europa se le hizo imposible: por eso, decidió refugiarse en África, lejos de las venganzas y del pasado.



Es "el comienzo de una nueva vida", según dijo. Allí quedó fascinada por la tribu de los Nuba, que retrató en reportajes memorables.


Murió en 2003, a los 101 años, tras haberse casado con Horst Kettner, un colaborador 40 años más joven. Le quedó tiempo, un año antes, de realizar su última película, "Maravillas bajo el agua".

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Argentina: La masacre de judíos en la Semana Trágica

La feroz masacre contra los judíos en la Semana Trágica

Nacionalistas y antisemitas del Partido Radical, el Ejército, la marina y las organizaciones ultra aprovecharon los disturbios en los Talleres Vasena y cayeron a odio, sangre y fuego sobre los barrios hebreos

Por Alfredo Serra | Especial para Infobae



Según la historia oficial, la Semana Trágica (Buenos Aires, enero de 1919, primer gobierno de Hipólito Yrigoyen) fue una represión contra los obreros de la fábrica metalúrgica Talleres Vasena con el objetivo de talar de cuajo un presunto movimiento extremista de comunistas y anarquistas llegado desde Europa "y atentar contra el estilo de vida argentina": lugar común que en el futuro serviría para justificar otros crímenes y vandalismos.

El mismo terror y la misma torpeza que, en la década 1919-1929, y también en los años 50, agitó a las buenas –e ingenuas–almas norteamericanas, que creyeron ver destruida su democracia por "el gran espantajo rojo", como bautizó al comunismo, irónicamente, el periodista Lewis Frederick Allen en su libro "Only Yesterday".

Sin embargo, ese episodio, investigado y publicado hasta la saciedad, ocultó deliberadamente la barbarie desatada contra la comunidad judía, camuflada durante las batallas campales de la policía y el ejército contra los huelguistas. Ni siquiera el periodismo y sus constantes prédicas a favor de la libertad, la democracia y el pluralismo se levantó contra el salvaje pogrom.

Fueron necesarios casi treinta años de silencio hipócrita antes de que un judío, Pablo Fishman, entregara una tarde de agosto en la fundación socialista Juan B. Justo su trabajo "El grito olvidado": la documentación clave de la barbarie lanzada en los barrios Once y Villa Crespo.

En ese largo y revelador informe figura, entre muchos testimonios, un memorándum del embajador francés a su cancillería, que dice: "La policía masacró de una manera salvaje a todo lo que era o pasaba por ruso". Salvedad importante: entonces y hasta hoy, en la Argentina, ruso y judío son la misma cosa. Ridículo error que ignora la bestial persecución sufrida por los judíos en la Madre Rusia.

Pero no es todo. El embajador francés escribió también que "… un delegado del Comité Capital del Partido Radical se ufanaba de haber matado, en un solo día, cuarenta rusos judíos", mientras que su par de la embajada norteamericana informó a su gobierno que entre los 1.365 muertos en la Semana Trágica había encontrado en el Arsenal de Guerra "179 cadáveres de rusos judíos".

Tristemente, la mayoría de los testimonios acusaba del pogrom a esbirros del mismo comité radical: un partido de esencia democrática que, contra el viento de la historia, habría coincidido con las peores lacras antisemitas de la ultraderecha nacionalista porteña.

Fishman no era investigador, historiador ni periodista. Era apenas un ciudadano argentino de religión judía que durante años oyó hablar en su casa de aquellos hechos; más que hablar, murmurar, por miedo…

Leyó cuanto había sobre el tema, pero los autores eludían, por sistema, referirse a la cuestión central: el judío como enemigo universal y chivo expiatorio; prejuicio criminal que llegaría a su diabólico desiderátum bajo Hitler y el Tercer Reich.

Recién hacia los años 50, en un texto del médico y político entrerriano Juan Carulla (1888-1968), nacionalista de pasado anarquista, Fishman halló una pista.

El autor, al saber que estaban incendiando el barrio judío, caminó hasta Viamonte, a la altura de la Facultad de Medicina, y vio que "en medio de la calle ardían pilas de libros y trastos viejos entre los cuales podían reconocerse sillas, mesas y otros enseres domésticos, y las llamas iluminaban, tétricas, la noche, destacando con rojizo resplandor los rostros de una multitud gesticulante y estremecida. Se luchaba dentro y fuera de los edificios. El cruel castigo se extendía a otros hogares hebreos. El ruido de los muebles y cajones violentamente arrojados a la calle se mezclaba con gritos horrendos: ¡Mueran los judíos! Cada tanto pasaban a mi lado viejos barbudos y mujeres desgreñadas. Nunca olvidaré el rostro cárdeno y la mirada suplicante de uno de ellos, al que arrastraban un par de mozalbetes, así como el de un niño sollozante que se aferraba a la vieja levita negra, ya desgarrada… El disturbio provocado por el ataque a los negocios y hogares hebreos se había propagado a varias manzanas a la redonda. El comité radical se había reunido el dos de enero. Siete días después, sus miembros tomaban como profesión la de vejar judíos…"

Otro testimonio inapelable, el de José Mendelson –inmigrante que llegó a ser gran figura de su comunidad–, citado en la revista "Hechos de la historia judía", arriesga que "las matanzas antijudías en Europa Oriental fueron un juego de niños. Pamplinas son todos los pogroms al lado de lo que hicieron con ancianos judíos en las comisarías séptima y novena, y en el Departamento Central de Policía… Jinetes arrastraban por las calles a viejos judíos desnudos, les tiraban de las barbas, y cuando ya no podían correr, su piel se desgarraba contra los adoquines, mientras los golpeaban con sables y latigazos…"

Años después, Arturo Cancela, en su libro "Tres relatos porteños", escribió: "… jóvenes con brazaletes, armados de palos y carabinas, detienen a todos los individuos que llevan barba. Los de la carabina les pinchan el vientre o se cuelgan de las barbas, y otros apedrean los vidrios de las casas de comercio, cuyos propietarios abundan en consonantes".

El periodista Juan José de Soiza Reilly (estrella de su oficio en aquellos días) denunció en la revista "Popular", número 45, tres de febrero de 1919, que vio "ancianos judíos cuyas barbas fueron arrancadas. Uno de ellos levantó su camiseta para mostrarnos dos sangrantes costillas que salían de la piel como dos agujas. Dos niñas de catorce o quince años contaron llorando que habían perdido entre las fieras el tesoro santo –clara metáfora de violación–. A una que se había resistido le partieron la mano derecha de un hachazo. He visto obreros judíos con ambas piernas en astillas: rotas a patadas contra el cordón de la vereda… Todo esto hecho por pistoleros llevando la bandera argentina".

No fueron ajenos a la barbarie los asesinos de la siniestra Liga Patriótica Argentina liderada por el ultranacionalista Manuel Carlés, en cuyas filas militaban oficiales del ejército, la marina, y los matones de las bandas Orden Social y Guardia Blanca.

Y apenas unos días después de aquella orgía de sangre y odio, el pesado manto de la complicidad no ahorró munición: "La Época", órgano oficial del partido radical, acusó de los disturbios de la Semana Trágica… ¡a los judíos!, y el diario católico "El Pueblo", en sólo tres meses… ¡publicó doce editoriales antisemitas!

¿Queda algo más por decir?

Sí: en la Morgue, más de 700 cadáveres de judíos esperaban ser identificados para alcanzar su último lugar: un hoyo en la tierra, y la lápida con su nombre un año después, como lo exige su rito religioso.

Mientras, en el invierno europeo, algunas familias patricias en vacaciones temblaban ante el rugido de los cañones de la Primera Gran Guerra, y otras ya habían huido del fragor de la Semana Trágica y del asfixiante enero porteño: eran felices en su feudo privado. En Mar del Plata, caminando por la rambla de madera…

martes, 29 de agosto de 2017

Guerra del Pacífico: Restos de casas de la guerra

Brigada Naval Combatientes del Pacífico

Identifica casas sobrevivientes a la destrucción de Chorrillos en 1881 por el Ejército chileno. Casas tendrían más de 120 años.

brigadanaval@mail.com

Chorrillos 7 de abril del 2001, Lima Perú

Casa identificadaLa Brigada Naval Combatientes del Pacífico, grupo de entusiastas de los temas históricos militares, nos brinda otra primicia para WAR BOOK. Nos cuenta Reynaldo Pizarro que tratando de ubicar la posición de la antigua glorieta del malecón de Chorrillos, usando fotografías de la época y con la colaboración del pueblo chorrillano; no sólo encontraron la posible ubicación de la Glorieta, si no la existencia de 2 casas que aparecen en las fotos de 1881. Estas casas sobrevivieron a la destrucción del pueblo de Chorrillos y una de ellas todavía está en uso y mantenida con mucho esmero por sus habitantes.



Foto original tomada por Couret, 1881  Choriilos Lima Perú


Clara Garcia, Angela Garcia, Carola Rivas, nos muestran una foto de Chorrilos que tiene mas de 100 añosLos pobladores de los alrededores de estas casas y sus moradores, participaron entusiastamente con los de la Brigada Naval, mostrándole fotos de fines del siglo XIX y contándoles anécdotas de la ocupación chilena en esa zona.


Fachada en peligro



Fachada a punto de desplomarse

Fachada de casa que habría presenciado la destrucción de Chorrillos, está a punto de desprenderse de su precario soporte.
La propiedad está deshabitada y pasa desavertida por las autoridades.

Cabe resaltar que la Brigada Naval es una de dos agrupaciones que se dedica seriamente a la investigación sobre temas histórico-militares.

Entre las anteriores actividades de la Brigada Naval, está la restauración de dos cañones Voruz de la Corbeta Unión, un Cañón de bronce perteneciente al Navío San Martín hundido en aguas chorrillanas y recolección y restauración de material de artillería de diferentes embarcaciones y fortificaciones.

War book 2000 (C)

martes, 15 de agosto de 2017

Biografía: Hitler y los autos

Hitler sobre ruedas: no sabía manejar y otras anécdotas automovilísticas del Führer
El Führer no tenía licencia para conducir. La personalidad más terrorífica del siglo XX debía recurrir a sus choferes para el más mínimo desplazamiento. Sus tres autos más distinguidos y la tarea asignada a su conductor predilecto: historias secundarias de Adolf Hitler
Infobae



Adolf Hitler era un apasionado de la industria automotriz: amaba los deportivos italianos y los muscle cars estadounidenses, pero prefería los modelos de Mercedes-Benz

Erich Kempka murió en 1975. Catorce años antes, en 1951, publicó sus memorias con un título sugerente: Ich habe Adolf Hitler verbrannt ("Yo quemé a Hitler"). "No he omitido nada ni nada he añadido, sino que he relatado los hechos históricos tal y como yo mismo los he vivido", pronunció en su declaración jurada. Había incinerado los restos del más temido dictador, luego de que éste se suicidara la tarde del 30 de abril de 1945. Kempka colaboró: transportó los barriles de gasolina hasta la salida de emergencia del Führerbunker, el búnker de Berlín donde Hitler prefirió morir, y ejecutó la cremación.


 Adolf Hitler se suicidó el 30 de abril de 1945, hace exactamente 72 años

Erich Kempka había sido su chofer. Desde 1932 hasta el día de su deceso lo acompañó por más de 120 mil kilómetros de viaje. El Führer seleccionaba metódicamente a su personal. "Muchas veces le oí decir que sus conductores y sus aviadores éramos sus mejores amigos y que en nuestras manos confiaba su vida", publicó. Integró su séquito más íntimo. Con Hitler al poder, fue designado jefe del parque automotor del Führer y ascendido a Sturmbannführer. Supervisaba una flota de cuarenta vehículos y un cuerpo de sesenta operarios, entre conductores y mecánicos. Bajo su dirección se fabricaron decenas de automóviles, en colaboración con la casa Daimler Benz. Pero nunca dejó de ser su chofer personal. Es la historia del hombre que personifica la admiración y pasión de Adolf Hitler por la industria automotriz.

Erich Kempka, a la izquierda del Führer, fue su chofer personal durante trece años y el encargado de incinerar su cadáver
Erich Kempka, a la izquierda del Führer, fue su chofer personal durante trece años y el encargado de incinerar su cadáver
La leyenda reza que contrató a Kempka porque respondió con sabiduría su rigurosa encuesta: "¿Qué marcas de coches ha conducido hasta ahora? ¿Conoce el Mercedes-Benz con motor de compresor de ocho litros? ¿Sabe cuántos caballos tiene? ¿Cómo procedería en una curva en 'ese', sin visibilidad, cuando el cuentakilómetros marca ochenta y aparece otro vehículo en dirección contraria?". Luego supervisó cada elección que agrandara su parque móvil. Amaba los deportivos italianos y los musculosos americanos. Sentía idolatría por Mercedes-Benz. Era un "buen" compañero de viaje y planificaba los traslados con precisión militar. Pero nunca manejó: no tenía licencia de conducir -¿la necesitaba?- y toda su vida se valió de sus conductores para cualquier tipo de desplazamiento.

El primero


Una fotografía de un joven Adolf Hitler junto a su primer automóvil, un Benz 11/40 de 1923

Tipo familiar de 4,6 metros de largo, motor V6 de 2860 cc y 40 CV de potencia, el Benz 11/40 de 1923 fue su primer automóvil. Era un modelo elegante, distinguido, pero lejos de los lujos automovilísticos de la era. No podía superar los 80 kilómetros por hora por una razón sorprendente. En una carta que le escribió a Jakob Ferlin -judío y dueño del concesionario- Hitler evidenció su predilección por el gris y que dudaba de la fiabilidad del motor por las altas revoluciones que alcanza. Explicó en el manifiesto que se conserva hasta la actualidad por qué necesitaba un propulsor modelos: "No podría pagar ninguna reparación grave en dos o tres años".

El modelo costó 18.000 marcos de la época, con el descuento que aprovechó a solicitar en la carta. En aquellos años, Hitler estaba penando una condena por encabezar un frustrado golpe de Estado en la prisión de Landsberg. Allí pasó 264 días, en condiciones ciertamente confortables. Aprovechó para escribir Mein Kampf ("Mi lucha"). "Siempre fue razonable, frugal, modesto y amable con todos, especialmente con los funcionarios. El prisionero no fuma ni bebe, respeta voluntariamente todas las restricciones", escribió el 18 de septiembre de 1924 Otto Leybold, director de la prisión: hablaba de un incipiente político en versión agitador. Hitler posó orgulloso con el modelo a la salida del establecimiento penitenciario.

El preferido



El Mercedes-Benz Grosser 770K model 150 Offener Tourenwagen fue conocido como el “gran Mercedes”

Su máquina preferida. Un Mercedes-Benz Grosser 770K model 150 Offener Tourenwagen, el automóvil alemán más caro de la época, que sólo se fabricaba por encargo. Era una máquina de miedo y poder. Dueña de una belleza siniestra y una figura majestuosa. Fue caratulada como Die Grosser Mercedes ("El Gran Mercedes") por su imponencia y su trascendencia: en él viajaba la personalidad política más transversal del siglo. El modelo escondía compartimentos en los que guardaba decenas de armas y municiones. Era una fabricación artesanal de la compañía Mercedes Benz en Alemania antes de la Segunda Guerra Mundial, y en sus principios había sido destinada como elemento propagandístico.

Su motorización estaba comprometida a su peso. Su carrocería, blindada, incrementó el peso total del vehículo. Su motor de ocho cilindros en línea de 7.700 cc con pistones de aluminio y doble compresor volumétrico, era capaz de erogar una potencia total de 400 CV y viajar a una velocidad máxima de 160 kilómetros por hora. Debieron montar un depósito de gasolina de 300 litros porque su consumo era extremo: demandaba 60 litros a los 100 kilómetros por hora. Por eso sus ingenieros debieron limitar la velocidad a 80 kilómetros por hora, la misma competencia y margen de capacidad de su primer Benz 11/40, aunque con razones de tope sensiblemente diferentes.

El vehículo oficial de Adolf Hitler, testigo mudo de la historia más macabra de la modernidad, se convirtió en una ambigua reliquia del nazismo. El auto fue confiscado, intervino en una subasta, lució como pieza de museo e inspiró The Devil's Mercedes: The Bizarre and Disturbing Adventures of Hitler's Limousine in America, un libro escrito por Robert Klara que narra lo que reza su título: las bizarras y morbosas aventuras de la limusina del Führer.

El elegido



Herman Goering a bordo de un Mercedes 540K Roadster, uno de los modelos más bellos de la firma germana

Según los anales de la historia automotriz, el Mercedes 540K Roadster es uno de los modelos más distinguidos y bellos fabricados jamás por la firma de la estrella. Adolf Hitler, admirador del espíritu de la marca, coincidía: regalaba uno cuando quería galardonar al destinatario. Herman Goering, destacado político y militar alemán y próximo al Fürher, y Eva Braun, amante, novia y esposa de Hitler, recibieron unidades del exclusivo modelo.

Sólo se fabricaron 350 Mercedes 540K Roadster. Pocos pudieron sobrevivir a los saqueos posguerra. Presumía de un capó que cuidaba de un motor de 5.4 litros y ocho cilindros en línea que desarrollaba 180 CV de potencia y propulsaba el vehículo a circular a 180 kilómetros por hora de velocidad punta.

domingo, 23 de julio de 2017

Unión Soviética: Propaganda infantil en la entreguerra

La Propaganda Artística de la Literatura Infantil Soviética
En la década de 1920 en Rusia, los niños leían sobre remolacha azucarera, plantas hidroeléctricas y planes quinquenales.

Por Anika Burguess | Atlas Obscura


 Las páginas iniciales de ¿Qué estamos construyendo ?: Un libro con imágenes, un libro sobre la industria, la agricultura y los recursos naturales de Rusia, 1930.


"Tal vez ningún libro infantil del siglo XX borre las fronteras entre el arte y la propaganda de manera tan convincente" como la literatura infantil soviética temprana, dice Andrea Immel, curadora de la Cotsen Children's Library en la Universidad de Princeton. El Cotsen tiene cerca de 1.000 de estos libros, publicados entre 1917 y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. La colección demuestra cómo las nuevas ideologías soviéticas fueron comunicadas a la generación más joven, aunque la idea de adoctrinar a los niños con libros coloridos no fuera nueva.

"Si bien es tentador imaginar que la experiencia soviética no tuvo precedentes debido al derrocamiento del zar, es posible encontrar otros momentos históricos en los que los reformadores o radicales creían que la clave para un futuro mejor era proporcionar a los niños libros que comunicaran valores superiores" Dice Immel, citando a John Newbery, conocido como el Padre de la Literatura Infantil. "En la década de 1760, publicó a partir de la convicción de que la sociedad inglesa era corrupta y que una de las mejores maneras de cambiar la tendencia era educar a los niños de manera diferente".

Sin embargo, señala Immel, hubo una diferencia crucial. "Los soviéticos eran muy conscientes de la necesidad de saltar lo más rápido posible, creando al mismo tiempo una nueva raza de hombres", dice. "De modo que el tremendo poder de fuego artístico que podía ser aprovechado en la Unión Soviética de los años veinte hizo brillantemente el trabajo duro y poco glorioso de la agricultura o la electrificación heroica y patriótica".


80.000 caballos, una historia rimada sobre la central hidroeléctrica Volkhov, 1925.

El alejamiento de llenar libros infantiles con cuentos de hadas no fue un accidente. En su lugar, la literatura para niños se centró en las preocupaciones prácticas y la industria. El libro de 1930 Kak svekla sakharom stala (Cómo la remolacha se convirtió en azúcar) ilustra y describe el proceso de producción de azúcar: "El trabajo está sucediendo noche y día. En 80.000 loshadeĭ (80.000 caballos), la historia de la central hidroeléctrica Volkhov -la primera en Rusia y el nombre de Lenin- se cuenta en rima. Algunos de los libros incluso crearon el trabajo ellos mismos. El título 1930 Shimpanze i martyshka (chimpancé y Marmoset) proporciona instrucciones sobre cómo el lector puede hacer un mono de juguete.


Ilustraciones de cómo la remolacha se convirtió en azúcar, 1930.

Los lectores de estos libros no se limitaban a la Unión Soviética tampoco. Immel se correspondía con un escritor de Calcuta que recuerda con cariño los libros de la editora infantil soviética Raduga. En el archivo Immel descubrió Millionnyĭ Lenin, de Lev Zilov, en el que dos muchachos de la India participan en un levantamiento contra el Raj. Huyen del país y tienen una serie de aventuras que los llevan a la Unión Soviética. Allí, miran un desfile ante la tumba de Lenin y ponen ropa de abrigo (mientras conservan sus turbantes). "Nunca se me había ocurrido que los libros de Raduga hubieran sido traducidos a idiomas del sur de Asia o que el pueblo de Asia Meridional estuviera representado en los libros infantiles soviéticos", dice Immel.


Las páginas finales de The Millionth Lenin, que representan a dos niños de la India que se convierten en soviéticos, 1926.

También hay libros sobre logros gloriosos, como el vuelo sin escalas del piloto Georgiĭ Baĭdukov sobre el Polo Norte a mediados de la década de 1930. Pero para entonces, había habido un cambio político que cambió la manera que los libros de los niños miraron. A lo largo de la década de 1920, la estética de los libros fue diversa e incluyó la influencia de la vanguardia rusa, incluyendo el trabajo de escritores y artistas conocidos. En 1934, el Congreso Soviético de Escritores de toda la Unión declaró que el realismo socialista era el único estilo artístico aceptable. Con los años, algunos escritores y artistas escaparon al exilio. Otros no.


Mochin el heroísmo del pionero, una historia sobre un joven pionero que ayuda al ejército rojo, ilustrado por Vera Ermolaeva, 1931.

En 1931, la artista Vera Ermolaeva ilustró el libro Podvig pionera Mochina (Mochin el heroísmo del pionero). En la historia, un joven pionero -la respuesta más militarista de la Unión Soviética a los Boy Scouts- ayuda al Ejército Rojo en Tayikistán. Pero a finales de la década, Ermolaeva y el autor del libro, Aleksandr Ivanovich Vvedenskiĭ, fueron víctimas de una de las purgas de Stalin.

Los recuerdos de la literatura infantil soviética permanecen hoy. Immel relata la historia de un colega ruso que la visitó y descubrió algunos folletos de Raduga. "Sabía exactamente lo que eran, siendo viejos amigos de su infancia", dice. "Recogió la copia de Barmelai de Kornei Chukovsky, ilustrada por Mstislav Dobuzhinski, y comenzó a recitarla de memoria".

Atlas Obscura ahondó en las posesiones de la literatura soviética de los Cotsen para una selección de títulos para niños de los años 1920 y 1930.

martes, 18 de julio de 2017

SS: "Intelectuales comprometidos" con el modelo criminal

Asesinos de las SS con doctorado
El historiador francés Christian Ingrao subraya en un estudio monumental el papel decisivo de los intelectuales en la élite de la Orden Negra de Himmler
JACINTO ANTÓN
El País


Oficial del SD en Ucrania en 1941 VÍDEO: EPV

La imagen que se tiene popularmente de un oficial de las SS es la de un individuo cruel hasta el sadismo, corrupto, cínico, arrogante, oportunista y no muy cultivado. Alguien que inspira (aparte de miedo) una repugnancia instantánea y una tranquilizadora sensación de que es un ser muy distinto, un verdadero monstruo. El historiador francés especializado en el nazismo Christian Ingrao (Clermont-Ferrand, 1970) nos ofrece ahora un perfil muy diferente, y desasosegante. Hasta el punto de identificar a un alto porcentaje de los mandos de las SS y de su servicio de seguridad, el temido SD, como verdaderos "intelectuales comprometidos".

El término, que ha escandalizado en el mundo intelectual francés, resulta escalofriante cuando se piensa que esos son los hombres que estuvieron a la cabeza de las unidades de exterminio. En su libro de reciente aparición en castellano Creer y destruir, los intelectuales en la máquina de guerra de las SS (Acantilado, 2017) Ingrao analiza pormenorizadamente la trayectoria y las experiencias de ochenta de esos individuos que eran académicos —juristas, economistas, filólogos, filósofos e historiadores— y a la vez criminales. Hay un fuerte contraste entre ellos y el cliché del oficial de las SS. Asesinos de masas en uniforme con un doctorado en el bolsillo, como describe el propio autor. Lo que hicieron los "intelectuales comprometidos" , teóricos y hombres de acción, de las SS fue espantoso. Ingrao cita el caso del jurista y oficial de la SD Bruno Müller, a la cabeza de una de las secciones del Einsatzgruppe D, una de las unidades móviles de asesinato en el Este, que la noche del 6 de agosto de 1941 al transmitir a sus hombres la nueva consigna de exterminar a todos los judíos de la ciudad de Tighina, en Ucrania, se hizo traer una mujer y a su bebé y los mató él mismo con su arma para dar ejemplo de cuál iba a ser la tarea.


Christian Ingrao, retratado en Barcelona. MASSIMILIANO MINOCRI

"Resulta curioso que Müller y otros como él, gente muy formada, pudieran meterse así en la práctica genocida", dice Ingrao que ha presentado su libro en Barcelona, "pero el nazismo es un sistema de creencias que genera mucho fervor, que cristaliza esperanzas y que funciona como una droga cultural en la psique de los intelectuales".

LA BASE DE ‘LAS BENÉVOLAS’
Ingrao y Littell. Cualquiera que lea Creer y destruir percibirá los paralelismos con la novela de Jonathan Littell Las benévolas (2006).Ingrao la describe como “una réplica temática en ficción” de su trabajo, y recuerda que éste, que fue su tesis, circuló ampliamemente antes de la publicación de Las benévolas.
¿Max creíble? Max Aue, el protagonista de Las benévolas guarda muchos parecidos con los intelectuales del SD de Ingrao. “Excepto en lo de la homosexualidad y el incesto. Pero, claro, es un personaje de novela”. ¿No es demasiado refinado y esteticista para ser un SS? “Bueno, Heydrich leía mucho y tocaba el violín. Y no olvides que Eichmann leía a Kant”, responde.
También otro nazi tomado por Littell, Leon Degrelle (en su ensayo Lo seco y lo húmedo) presenta paralelismos con otro estudiado por Ingrao en su libro Les chasseurs noirs: Oskar Dirlewanger. El primero era favorito de Hitler y el segundo de Himmler.
El historiador recalca que el hecho es menos excepcional de lo que parece. "En realidad, si examinamos las masacres de la historia reciente veremos que hay intelectuales bajo el felpudo. En Ruanda, por ejemplo, los teóricos de la supremacía hutu, los ideólogos del Hutu Power, eran diez geógrafos de la Universidad de Lovaina. Casi siempre que hay asesinatos de masas hay intelectuales detrás". Pero, uno no espera eso de los intelectuales alemanes. Ingrao ríe amargamente. "Es cierto que eran los grandes representantes de la intelectualidad europea, pero la generación de intelectuales que nos ocupa experimentó en su juventud la radicalización política hacia la extrema derecha con marcado énfasis en el imaginario biológico y racial que se produjo masivamente en las universidades alemanas tras la Gran Guerra. Y entraron de manera generalizada en el nazismo a partir de 1925". Las SS, explica, a diferencia de las vocingleras SA, ofrecían a los intelectuales un destino mucho más elitistas.
¿Pero el nazismo no les inspiraba repugnancia moral? "Desgraciadamente, la moral es una construcción social y política para estos intelectuales. La Primera Guerra Mundial ya los había marcado: aunque la mayoría eran demasiado jóvenes para haber luchado, el duelo por la muerte generalizada de parientes y la sensación de que se libraba un combate defensivo por la supervivencia de Alemania, de la civilización contra la barbarie, prendieron en ellos. La invasión de la URSS en 1941 significó el retorno a una guerra total aún más radicalizada por el determinismo racial. Hasta entonces había sido una guerra de venganza, pero a partir de 1941 se convirtió en una gran guerra racial, y una cruzada. Era la confrontación decisiva frente a un enemigo eterno que tenía dos caras: la del judío bolchevique y la del judío plutócrata de la Bolsa de Londres y Wall Street. Para los intelectuales de las SS, no había diferencia entre la población civil judía que exterminaban al frente de los Einsatzgruppen y las tripulaciones de bombarderos que lanzaban sus bombas sobre Alemania. En su lógica, parar a los bombarderos implicaba matar a los judíos de Ucrania. Y si no sería el final de Alemania. Ese imperativo construyó la legitimidad del genocidio. Era 'o ellos o nosotros".

Así se explican casos como el de Müller. "Antes de matar a la mujer y el niño habló a sus hombres del peligro mortal que afrontaba Alemania. Era un teórico de la germanización que trabajaba para crear una nueva sociedad, así que el asesinato era una de sus responsabilidades para crear la utopía. Curiosamente Había que matar a los judíos para cumplir los sueños nazis".

Ingrao sostiene que los intelectuales de las SS no eran oportunistas, sino personas ideológicamente muy comprometidas, activistas con una cosmovisión en la que se daban la mano el entusiasmo, la angustia y el pánico, y que, paradójicamente, abominaban de la crueldad. "Las SS era un asunto de militantes. Gente muy convencida de lo que decía y hacía, y muy preparada". Pues resulta más preocupante aún. "Por supuesto. Hay que aceptar la idea de que el nazismo era atractivo y que atrajo como moscas a las élites intelectuales del país”.



LA BRIGADA DE CAZADORES SALVAJES DE DIRLEWANGER
Christian Ingrao es el autor también de un apasionante estudio sobre la Brigada Dirlewanger, la unidad de siniestra reputación que creó el comandante de las SS (ascendido luego a general) Oskar Dirlewanger para luchar contra los partisanos y que se nutrió inicialmente de delincuentes convictos de delitos relacionados con la caza. Les chasseurs noirs (Perrin, 2006) es un libro más asequible para un lector generalista que Creer y destruir aunque los dos tienen muchas cosas en común, y desde luego Dirlewanger es un buen ejemplo de la formación ideológica de un mando nazi. La brigada, denostada por muchos mandos del Ejército, participó en numerosas operaciones en el Este contra los partisanos granjeándose una reputación de brutalidad incluso en el marco de las unidades de las SS, que ya es decir. Ingrao apunta que combatía al estilo despiadado de la Guerra de los Treinta Años. Realizó acciones de exterminio de población civil y judíos e intervino en el aplastamiento de la sublevación de Varsovia de manera especialmente vil. Finalmente incorporó ¡presos políticos de izquierdas!, los únicos antifascistas que vistieron uniformes de las SS (la cosa no funcionó). Ingrao resigue la historia de la brigada (que acabó en fantasmagórica división de las Waffen SS) y la de su líder (que iba singularmente por libre en el ejército alemán). “El personaje es abyecto, por supuesto, pero fascinante”, señala. “Todos los testimonios coinciden en señalar que era un hombre carismático y valiente, casi estúpidamente intrépido". De sus 32 años de adulto, el "lansquenete nazi" pasó 19 en guerra. Capturado por los franceses al acabar la guerra, murió en junio de 1945 a causa de las palizas que le propinaron guardianes polacos.