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viernes, 17 de abril de 2026

domingo, 1 de febrero de 2026

Argentina: Felicitas Guerrero de Álzaga, el asesinato de la "joya de los salones porteños"


Felicitas Guerrero, el asesinato de la mujer más bella del país: un hombre despechado y una tragedia que se convirtió en leyenda

Hace 150 años el crimen de la dueña de una incalculable fortuna, sacudió a la sociedad porteña. La llamada “joya de los salones porteños” fue asesinada por un pretendiente obsesionado que terminaría muerto en un confuso que la Justicia decidió olvidar. Una parroquia en Barracas la recuerda y es cita casi obligada de las chicas que buscan recuperar un amor perdido
Por Adrián Pignatelli || Infobae





Felicitas Guerrero enviudó muy joven, y heredó una fortuna de su marido, Martín de Alzaga


Felicitas era joven, rica, bella y amaba el campo. Solía pasar temporadas en su estancia “La Postrera”, en el partido de Castelli, donde se criaban ovejas. Era dueña además de miles de hectáreas, que iban desde el río Salado hasta el actual partido de General Madariaga. “La Postrera” era su favorita. Esos campos habían pertenecido a Ambrosio Crámer, muerto en la revolución de los Libres del Sud en 1839. Su nombre alude que estaba en los confines de la civilización y era el último mojón frente a las tierras dominada por el indígena.
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Cuando enviudó y se encontró poseedora de una inmensa fortuna, y dueña de miles de hectáreas se dedicó a administrarlas. Solía ir al campo en compañía de su tía Tránsito Cueto.

Fue una de esas tardes dignas de una escena de película. Paseando con su carruaje por tierras alejadas de su estancia, la sorprendió una tormenta y se perdió. De pronto, se cruzó con un jinete que la tranquilizó y la acompañó en el regreso. Se llamaba Samuel Sáenz Valiente, era joven y estanciero.
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El flechazo fue mutuo.

Felicitas había nacido en Buenos Aires el 26 de febrero de 1846. Su papá Carlos Guerrero era un agente marítimo y su mamá, Felicitas Cueto, hermana de renombrados tenderos porteños. A los 18 años, su padre le arregló el casamiento. El candidato era 32 años mayor: Martín Gregorio de Álzaga, 50 años, tenía una fortuna de 60 millones de pesos y el casamiento era perfecto para estrechar lazos que iban más allá de los sentimientos.
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El apellido Álzaga era uno de los que se repetía en los libros de historia. Su abuelo, Martín, había tenido una actuación destacada durante las invasiones inglesas y había sido fusilado en julio de 1812 cuando el secretario Bernardino Rivadavia lo involucró en una conspiración para derrocar al Primer Triunvirato.

De nada sirvieron las protestas de Felicitas. El 2 de junio de 1864 se casó. Tuvieron dos hijos. Félix Francisco, muerto el 3 de octubre de 1869 a los 3 años víctima de la epidemia de fiebre amarilla, y Martín, quien falleció al nacer el 2 de marzo de 1870. Álzaga murió el día anterior, el 1 de marzo de 1870, afectado profundamente por la desaparición de su hijo.

Felicitas, de 24 años, se transformó en una hermosa viuda, dueña de una importante fortuna, y pretendientes no le faltaron. Era conocida como “la mujer más hermosa de la República” o “la joya de los salones porteños”.


Lugar de la tragedia. La casa de descanso de la familia Guerrero, en Barracas, cuando ya existía la iglesia Santa Felicitas

Uno de los que estaba atraído por ella se llamaba Enrique Ocampo, también de una familia de renombre. El que sería el tío abuelo de la escritora Victoria Ocampo la visitaba con la esperanza de poder llegar a formalizar una relación, aunque Felicitas mantenía una distancia amistosa.

Por ese tiempo ya había anunciado su compromiso con Sáenz Valiente, noticia que Ocampo no pudo digerir.

La pareja anunció su compromiso para el 29 de enero de 1872. La reunión se haría en la casa de descanso que los Guerrero poseían en Barracas, donde antiguamente estaba la “Quinta de la Noria”, junto a la Calle Larga, que era el primitivo nombre de la avenida Montes de Oca.


Martín Gregorio de Álzaga, el marido de Felicitas, inmortalizado en una estatua que se encuentra dentro de la iglesia de Santa Felicitas

Tenía días agitados por delante. Estaba organizando la inauguración de un puente de hierro sobre el río Salado, cercano a “La Postrera”, lo que permitiría transitar aún con crecidas. Sería un acto importante, planeado para el 3 de febrero -aniversario de la batalla de Caseros-, en el mismo campo al que concurriría el gobernador bonaerense Emilio Castro. Felicitas planeaba incluir en el festejo un simulacro de la Revolución de 1839, con la participación de un escuadrón de caballería con jinetes vestidos con camisas celeste.

Ese día, ella había ido al centro a realizar unas compras. Cuando regresó, al anochecer, ya estaban los invitados. Antes de subir a sus habitaciones a cambiarse, le anunciaron que la esperaba Ocampo para hablarle en privado. Envió a alguien para decirle que no lo podía ver, pero el visitante, instalado en la sala, insistió en hablar con ella.

Felicitas estaba en compañía de su amiga íntima Albina Casares. También sus parientes Bernabé Demaría, su hijo Cristian y su esposa Tránsito.

Luego de saludar a su prometido y a los invitados, se dirigió a la sala donde un atribulado Ocampo la esperaba. Los Demaría se ofrecieron acompañarla pero ella se negó. Tampoco quiso que lo hiciera su amiga Albina. Todos aguardarían expectantes detrás de la puerta para escuchar la conversación.


Enrique Ocampo, el pretendiente que desencadenó la tragedia la noche del 29 de enero de 1872.

Discutieron. Escucharon que Ocampo le preguntaba a Felicitas si se iba a casar con él o con Samuel. Dicen que él le exigió que no viese a otro hombre, lo que puso fuera de sí a Felicitas: que cómo se atrevía a pedirle algo semejante, que ella se casaba con quien le cuadrase. Le exigió que no volviese más a la casa.

En ese momento, Ocampo sacó un revólver. Ella se asustó e intentó salir de la sala. Se escuchó un disparo y un grito.

Bernabé y Cristian Demaría entraron y vieron a Felicitas con la espalda ensangrentada, caminando tambaleante. Cayó al suelo cuando la cola de su batón se enganchó con la punta de un mueble, aunque pudo levantarse y salir al pasillo, donde se desplomó.

Todos la rodearon. Sáenz Valiente la abrazó. Ella le pidió: “Me muero, me muero, no me abandone en este instante…”. La llevaron a su habitación.

¿Qué pasó después de la tragedia? Una versión dice que Ocampo se suicidó, y otros que el agresor fue muerto por el primo de Felicitas.

La historia fue así. Cuando los Demaría entraron, Ocampo les disparó, y la bala se incrustó en el marco de una ventana. Cristian se arrojó sobre él y forcejearon. Pudo quitarle el revólver y lo hirió en el pecho. Años después Bernabé Demaría recordaba que “el chaleco blanco de Ocampo humeaba de sangre y fuego”.

Aún herido, Ocampo quiso tomar su grueso bastón de estoque y Cristian le introdujo el caño del arma en la boca e hizo fuego. Le destrozó el cráneo.

Mientras tanto, habían llamado a los médicos Montes de Oca y Larrosa. Comprobaron que el proyectil había ingresado por arriba del omóplato derecho y había afectado la columna y el pulmón.

Agonizó unas horas y falleció en la madrugada del día siguiente, 30 de enero. Fue velada en la casa familiar de México 524, en el barrio de San Telmo y enterrada en el Cementerio de la Recoleta. La ironía del destino quiso que su cortejo fúnebre coincidiera, en la entrada de la necrópolis, con el de su asesino, Ocampo.

El juez Angel Justiniano Carranza dictaminó que Ocampo se había suicidado y cerró el caso.


Frente de la iglesia Santa Felicitas, erigida en memoria de la muchacha asesinada en 1872 (Gentileza Diario de un turista)

Los padres de Felicitas, desconsolados, mandaron construir una iglesia en el lugar donde la habían matado. Así nació el 30 de enero de 1879 la iglesia de Santa Felicitas, sobre Isabel La Católica 520, frente a Plaza Colombia, en Barracas. Sus padres murieron esperando en vano la autorización para sepultar allí los restos de su hija.

Samuel Sáenz Valiente se casó con Dolores Justa de Urquiza Costa, hija del caudillo entrerriano. Tuvieron seis hijos y se suicidó el 11 de enero de 1924.

El templo conserva una estatua de Felicitas y de su esposo Martín. La tradición cuenta que las chicas que desean recuperar a un amor perdido, deben atar un pañuelo en las rejas de la iglesia. Y que los pañuelos, a la mañana siguiente, si amanecen húmedos, es por las lágrimas de Felicitas, cuyo espectro, siempre según la leyenda, aparecería en los aniversarios de su trágica muerte.

Es que aún su historia causa tristeza y melancolía en los visitantes que presienten que Felicitas aún está allí, buscando su felicidad.



martes, 11 de noviembre de 2025

Sumeria: El primer registro de un impacto de un meteorito

La tablilla K8538 y el primer registro del impacto de un meteorito


 

La tablilla sumeria K8538 constituye la primera documentación científica del mundo sobre la aproximación e impacto terrestre de un gran cometa en la Tierra en el año 2193 a. C.
Las observaciones se realizaron desde una torre astronómica, ubicada a 100 km del lugar del impacto. El informe se presenta en una secuencia de ocho imágenes que explican el primer avistamiento astronómico del cometa, la aparición de su cola y coma, su creciente tamaño, su trayectoria por el cielo y, finalmente, su impacto visible más allá del horizonte: la iluminación del cielo por el destello del impacto y la posterior elevación de columnas de ceniza, que brillan más allá del horizonte y se extienden hacia el norte y el oeste.




El impacto en sí no se describe como una onda expansiva, sino como una tempestad de ceniza y polvo que se elevó de los sedimentos de lodo del delta de los ríos Tigris y Éufrates, donde el cometa caliente se enterró. El observador astronómico realizó mediciones trigonométricas para registrar la trayectoria, las distancias y los tiempos de vuelo. Comenzó sus mediciones en cuanto el cometa mostró su espectacular tamaño, coma y cola, lo que lo convenció de que un extraordinario evento celestial estaba a punto de ocurrir. La K8538 ofrece un análisis exhaustivo del evento cometario; su secuencia de ocho imágenes es coherente. La tablilla es una obra magistral que explica con el mínimo texto la mayor cantidad de características del impacto. Es una copia babilónica tardía del antiguo original sumerio. Los signos cuneiformes de dos constelaciones zodiacales, Orión y el Triángulo, son añadidos posteriores por copistas babilónicos y no formaban parte del original sumerio. La tablilla K8538 tuvo gran prioridad en la época babilónica, ya que proporcionó la evidencia documentada de que el cometa surgió de la constelación del Triángulo, Mul-Apin, sobre la que se basaron la astronomía y la religión babilónicas tardías. El relato de un testigo ocular en la tablilla muestra a Mul-Apin como sede celestial de los dioses y fuente celestial de meteoritos destructivos en la Tierra. Por esta razón, el K8538 se conservó, copió y actualizó durante más de 1500 años, hasta finales del período babilónico, tras el impacto del meteorito observado en el 2193 a. C. La tablilla no aborda la astrología zodiacal babilónica. El impacto cósmico descrito en la Tierra es el llamado evento de hace 4,2 mil años, que se muestra en nuestros otros estudios sobre el cambio climático del Holoceno. El impacto del cometa es responsable de una caída de 300 años en las temperaturas globales, combinada con megasequías prolongadas, que condujo al colapso de varias civilizaciones antiguas en todo el mundo.

miércoles, 22 de octubre de 2025

Roma: Los restos humanos de Pompeya



¿Sabías que los famosos "cuerpos" de Pompeya no son en realidad restos humanos? Mucha gente asume que las víctimas de la erupción del Vesubio en el año 79 d. C. se convirtieron en piedra o se conservaron milagrosamente. Pero la verdad es aún más fascinante y mucho más inquietante.
Cuando el volcán entró en erupción, una oleada mortal de ceniza y gases tóxicos arrasó Pompeya, matando a miles de personas casi instantáneamente. Sus cuerpos quedaron enterrados en capas de ceniza caliente y, con el tiempo, se descompusieron de forma natural, dejando espacios vacíos en el material volcánico endurecido: moldes perfectos de los cuerpos que una vez yacían allí. En el siglo XIX, los arqueólogos hicieron un descubrimiento revolucionario: al verter cuidadosamente yeso en estas cavidades, pudieron recrear moldes increíblemente detallados de las víctimas, capturando sus últimos momentos, los pliegues de sus ropas e incluso el dolor grabado en sus rostros.
Así que lo que vemos hoy en Pompeya no son personas fosilizadas, sino réplicas de yeso formadas dentro de los espacios donde una vez estuvieron sus cuerpos. Estas inquietantes figuras son instantáneas de la tragedia, congeladas en el tiempo, traídas de vuelta a nosotros a través de la arqueología. La próxima vez que vea uno de estos moldes inquietantes, recuerde: no está viendo restos humanos, sino la forma de la historia misma. Un poderoso recordatorio de cómo la vida puede cambiar en un instante y cuán profundamente el pasado aún puede afectarnos.


lunes, 20 de octubre de 2025

Chile: La Patagonia trasandina en los 1900 (1/2)

Tiempos violentos se viven en diversos puntos del país mapuche. Es lo que se advierte de la historia no contada de la ocupación militar chileno-argentina. Y es que no todos los recién llegados eran de los trigos muy limpios.

Ajustes de cuentas, crímenes y asaltos a medianoche, arreo de ganado y asaltos a las haciendas rurales, poco que envidiar al verdadero Lejano Oeste con sus vaqueros, alguaciles y forajidos buscados vivo o muerto. Es la vieja Frontera Sur retratada también por el ingeniero belga Gustave Verniory en su libro Diez años en Araucanía. 1889-1899.

“Es una costumbre que cuando los perros ladran furiosamente o se oye un ruido sospechoso afuera, se entreabre la ventana y se descarga un par de tiros al aire; los ladrones, si los hay, juzgan conveniente arrancar y uno se vuelve a dormir”, relata. “La policía rural hace una guerra sin cuartel a los bandidos. Se mata sin piedad a todos los conocidos como malandrines”, agrega el belga.

Así retrata la Frontera el historiador Eduardo Pino:

En ese convulsionado génesis, junto al silencioso esfuerzo del colono se levantaba frecuentemente la sombra siniestra del cuatrero, cuya audacia temeraria tuvo en jaque a la ciudad durante casi todo el primer medio siglo de su existencia […] Días sombríos durante los cuales una vida humana valía muy poco y había que tener una vigorosa dosis de valor y audacia para sobrevivir e imponerse en una tierra en que todos querían enriquecerse (Pinto, 1969:28).

Es un escenario del cual también da cuenta la prensa local. Lo siguiente denuncia el 9 de abril de 1890 el periódico La Voz de Traiguén:

¡¡250 salteadores!! Tenemos datos seguros de que en el camino de Quino merodea la inmensa cifra de doscientos cincuenta salteadores que en pequeños escuadrones y armados de ricas armas y montados en mejores caballos se reparten por los caminos vecinales para saltear, asesinar y cometer cuanto crimen se les ocurre.

Pero, si los bravos guerreros mapuche habían sido derrotados y confinados a las reducciones, ¿quiénes eran los protagonistas de robos, asaltos, crímenes y transgresiones que asfixiaban a las villas y ciudades?, se pregunta el historiador Leonardo León.

“La respuesta a esta interrogante fue elusiva a los hombres de la época pero hoy es muy simple: fueron los mestizos fronterizos”, responde, “los hijos ilegítimos, y hasta aquí sin historia, de la frontera”. León aclara que no se refiere al roto chileno, más bien al champurria, negado en su valor social cuando Chile renunció a su herencia indígena. Pero el roto chileno es bien indefendible.

Su presencia criminal y abyecta era de larga data al norte y sur del río Biobío: montoneros durante la Independencia, bandidos en la época de los Pincheira, cuatreros en tiempos de la “Pacificación”, protagonistas excluyentes de violentas entradas a Wallmapu con fines de saqueo y pillaje. Sus fechorías fueron un constante desafío a las jefaturas mapuche y también a sus pares chilenas.

Fueran mestizos fronterizos o rotos chilenos, estos malandras no siempre fueron perseguidos por las autoridades. Hubo ocasiones en que hasta se beneficiaron de sus servicios. Muchos de ellos formaron parte de la reserva del Ejército en las campañas de Saavedra, Pinto y Urrutia contra las parcialidades mapuche.

Enrolados a la buena o a la mala, miles de ellos poblaron los destacamentos de la Guardia Nacional y otras fuerzas militares que operaban en la Frontera. Son los lleulles, aquellas tropas de infame recuerdo. No pocos eran también veteranos de la Guerra del Pacífico, abandonados luego a su suerte por los gobiernos.

“Chile había enviado al frente de batalla a un gran número de presidiarios enrolados bajo la promesa de concederles la libertad. Terminada la guerra esta promesa no fue cumplida por el gobierno, y ellos se refugiaron en la Frontera y la convirtieron en una copia austral del salvaje oeste”, relata el historiador Gonzalo Peralta.

“Enardecidos con tamaña ingratitud, huyeron a las montañas del sur y allí, convertidos en fieras, cometieron toda clase de depravaciones. Fueron por largos años el azote de aquella naciente región; fueron el terror de aquel hombre rubio, venido de lejanas tierras, a prestar el aporte de su trabajo”, agrega por su parte el historiador Jorge Lara.

De ello da testimonio en 1885 el mayor de Ejército José Miguel Varela, quien años antes de encabezar la Comisión Radicadora sirvió como oficial en el Regimiento Húsares de Angol. En su primera reunión de trabajo el coronel Gregorio Urrutia, jefe del Ejército del Sur, le confidencia:

Además del problema de los araucanos tenemos el problema de cientos de bandoleros, muchos de ellos licenciados del Ejército que han venido desde el norte, que actúan con mucha fiereza y que comienzan a matar a estos colonos, robarles lo que traen y secuestrar sus mujeres casi del momento mismo en que desembarcan de Talcahuano e inician sus viajes en caravanas de carretas hacia las colonias (Parvex, 2014:293).

No era una amenaza menor; esos bandoleros tenían experiencia en crudos combates y eran diestros con las armas. En sus excursiones tierra adentro Varela sería testigo de aquello. Y con dolor, por tratarse de excompañeros de armas que “honrosamente” se habían comportado en las campañas del norte peruano. No duda en culpar al Estado por abandonarlos.

“Por esta razón yo sentía antipatía a las redadas que el Ejército hacía contra ellos. En varias ocasiones me los topé prisioneros. Siempre me detuve, desmonté y conversé con ellos saludándolos de mano. Aparte de que fueran sanguinarios bandidos, yo los había conocido como bravos soldados y así quería tratarlos”, relata.

En un Wallmapu de fronteras desdibujadas, de pasos y boquetes cordilleranos por los cuales se podía circular libremente, la proliferación del bandolerismo afectó de igual manera a Chile y Argentina. Los bandoleros “supieron hacer de esos pasos el refugio para resguardar los bienes mal habidos y protegerse cuando las partidas policiales salían en su persecución”, señala Gabriel Rafart en Ley y bandolerismos en la Patagonia argentina, 1890-1940.

La figura del bandido “chileno” llegaría a convertirse en todo un clásico en las provincias argentinas hacia fines del siglo XIX, ello exacerbado por el nacionalismo rampante de la época y una hostilidad hacia Chile apenas disimulada. “Eran voces que se amplificaban al ritmo de las tensiones limítrofes”, subraya al respecto Rafart.

En el invierno de 1900, el director del periódico Río Neuquén apuntaba de esta forma al protagonismo del bandido “chileno” allende Los Andes. “Las nevadas han venido a ser como un telón en el último acto de las tragedias; baja el telón y el drama concluye hasta otra función. Terminó por este año el bandolerismo que ha ofrecido abundante mate-rial a los anales del crimen: robos, saqueos, asaltos, homicidios”, escribió.

No estaba solo en sus conjeturas. Su opinión era compartida por el propio gobernador de Neuquén, Lisandro Olmos. Así lo expresa en su Memoria de aquel año.

Fragmento del libro “Historia secreta mapuche”, de Pedro Cayuqueo

miércoles, 1 de octubre de 2025

Córdoba: El hombre mosca en Alta Córdoba

Un fantasma quita el sueño a vecinos de Alta Córdoba





Hay un sector muy poblado de Alta Córdoba, que está viviendo nerviosas expectativas nocturnas, ante la presencia —según dicen— de un "aparecido", que desaparece cuando se cansa de sacar el Jesús a los labios de los asustados. Las “visiones” a estar con las “mentas” de la gente que no se le escapa ni el salto de una modesta pulga en el barrio, tienen por centro de irradiación la manzana comprendida entre las calles Lavalleja, Jerónimo Cortés, Jujuy y Antonio del Viso. Ahí, —si nos atenemos a las referencias— está la cosa!

Dicen nuestros informantes, que se trata de una especie de “hombre mosca”, que asciende por las paredes como si fuera pisando en escalones. La “visión” es un hombre, muy ágil y hasta elegante, que se cubre el rostro con un antifaz. Sale un poquito antes del “filo de la media” noche, aunque haya luna. Se da unos paseos por los techos; pasa hasta la iglesia del Corazón de María; arroja piedras, con alguna certeza contra los peatones o los vecinos enamorados que se quedan en las puertas sin acostarse temprano y hasta emite un grito como el del “Tarzán” del cine. El caos es que desde hace más de una semana, este “fantasma” que hasta ahora no ha hecho más daño que quitarle el sueño a muchos chicos y hasta ciertos grandes también, se pasea por la manzana citada, sin que hasta la fecha nadie se le atreviera a preguntarle si es alma en pena, o si anda investigando algo, y eso que hasta la policía interviene. Es así en efecto, ya que antenoche, por ejemplo, se solicitó permiso en algunas casas para apostar vigilantes en los fondos, con instrucciones de darle un sustito al “aparecido”. Los agentes —que por lo general tienen un pizca de superstición— o hicieron la vista gorda, o se simularon dormidos, por que el “hombre mosca” hizo sus demostraciones de acrobacia sin que le molestaran. Se nos informa que un vecino ha colocado un poderoso reflector, con el fin de iluminar al “fantasma” y encandilarlo, si es posible, hasta que le puedan echar el guante, pero que el muy vivo, no se subía dentro del radio del citado reflector. Entre los vecinos, que ya ven prolongarse por muchas noches los paseos de fantasmas no policías por los techos de sus casas, con los consiguientes peligros de que las piezas se les lluevan de tanto pisoteos en chapas de zinc y en defensa de sus muchos sueños atrasados, han resuelto formar varias cuadrillas “volantes”, para dar caza al fantasma del cuento, que según parece, muy pocos lo vieron “con sus propios ojos”, por que la mayoría cree que existe, porque los “julepeados” lo pintan en un forma muy realista, y tanto es así, que hasta la policía parece creer en que se les tiene que ver con un alma en pena, que se distrae haciendo macanas. Esperamos que se le animen y lo atrapen sin desoHarlo mucho.

domingo, 7 de septiembre de 2025

Patagonia: Departamento de Lago Argentino

Departamento Lago Argentino - Provincia de Santa Cruz

Por: Silvia Tomczyk


 

Cerro, glaciar y laguna Huemul en la Reserva Provincial Lago del Desierto. El cerro tiene 2677 metros de altura. Hay un sendero de Trekking fácil de 1 hora y media para llegar a la laguna y un Trekking difícil de 5 días para hacer una vuelta al cerro.
El Cerro, Glaciar y Laguna Huemul son joyas naturales ubicadas en la Reserva Provincial Lago del Desierto, cerca de El Chaltén, en la provincia de Santa Cruz, Argentina.



Este lugar es conocido por su impresionante belleza paisajística y su fácil acceso, lo que lo convierte en un destino ideal para quienes buscan una experiencia de trekking corta pero memorable.
El sendero hacia la Laguna Huemul comienza en la Punta Sur del Lago del Desierto y atraviesa un bosque de lengas antes de llegar a la laguna, que está alimentada por el Glaciar Huemul. Desde allí, se pueden disfrutar vistas espectaculares del glaciar y del Cerro Fitz Roy.



La caminata es de baja dificultad y toma aproximadamente 2 horas ida y vuelta.
Este sitio no solo ofrece paisajes impresionantes, sino que también es un lugar perfecto para conectar con la naturaleza y disfrutar de la tranquilidad de la Patagonia.

jueves, 28 de agosto de 2025

Nazismo: El pobre alemán que fue confundido con Bormann en Argentina

 

Walter Flegel, el hombre que durante siete días fue el jerarca nazi Martin Bormann

En septiembre de 1960, Argentina estuvo pendiente de la detención de un alemán de origen humilde al que se confundió con el hombre de máxima confianza de Adolf Hitler


El perfil policial de Walter Flegel, alemán que residió en Argentina y quien fue confundido por Martin Bormann, secretario de Adolf Hitler. 
Archivo de la Nación


Federico Rivas Molina || El País
Buenos Aires -


Walter Wilhem Flegel, nacido en 1912 en Pagelinen, provincia de Insterburg, Prusia Oriental, trabajador temporario en un aserradero en Chile, preso por robo durante 11 años en la provincia argentina de Mendoza y finalmente empleado ejemplar en una empresa de Buenos Aires, fue entre el 23 y el 30 de septiembre de 1960 Martin Bormann, el hombre de máxima confianza de Adolf Hitler.

La historia de Flegel ocupó la atención de los argentinos cuando el mundo buscaba en todos los rincones posibles a los jerarcas nazis que habían huido de Alemania tras la caída del Tercer Reich. Un misterioso listado alertó de que ese alemán de ropas humildes no era otro que el mismísimo Bormann, desaparecido como un fantasma el 30 de abril de 1945 en el búnker del Führer y reaparecido decenas de veces en sitios tan distantes entre sí como Moscú, Ciudad del Cabo, Sídney o Bariloche, en la cordillera argentina. Bormann se ocultaba ahora en una pequeña casa de madera levantada con sus propias manos en Zárate, a 100 kilómetros de Buenos Aires, junto a su esposa y tres hijas pequeñas, a las que veía solo una vez por semana porque trabajaba como sereno en los galpones que Construcciones Claussen tenía en la capital.
Un documento de la policía federal argentina con la descripción de Walter Flegel, un hombre confundido con el secretario de Hitler.

Flegel fue famoso durante una semana, muy a su pesar, como atestiguan las más de 100 páginas dedicadas a su detención que obran en los archivos de la policía argentina sobre la cuestión nazi, desclasificados en 1992 y disponibles desde esta semana en internet por iniciativa del Gobierno de Javier Milei. Entre los cientos de documentos, destacan las fotos de un hombre flaco y rostro lleno de huesos, que posa con una combinación de sorpresa y estupor ante la cámara. El parte policial de aquel día describe a Flegel como un hombre que “se expresa con fluidez y sin inhibiciones, revelando una mediana cultura” y el “psiquismo de un hombre común”. “La hendidura palpebral [la abertura del ojo] es pequeña, los ojos castaños con arco senil, la nariz de dorso algo cóncava termina en punta recordando alejadamente un pico de pato, es de tamaño mediano”, escribió el perito policial. Con un poco de atención se percibe que a Flegel le falta el brazo derecho.

El hombre que fue Bormann había llegado a Chile en 1930 “como tripulante de un barco carguero de 10.000 toneladas” y se dedicó a “las tareas rurales”. “Fue en esas funciones cuando en julio de 1931 la correa de transmisión de un molino le arrancó el brazo derecho en su totalidad”, dice el parte policial. Dadas las dificultades en Chile, Flegel cruzó la cordillera de los Andes hacia Argentina, “haciéndolo a lomo de caballo”, hasta la provincia de Mendoza. “Fue allí que su situación se hizo insostenible, causa por la cual debió delinquir para subsistir. En una oportunidad, en abril de 1932, pretendió hurtar un comercio y fue descubierto por uno de los cuidadores, a quien lesionó usando el revolver”, se lee en uno de los documentos desclasificados.


Doble página de un periódico argentino con la crónica de la liberación de Flegel, el 30 de septiembre de 1960. 
Archivo de la Nación

Flegel estuvo preso hasta 1935 y, ya en libertad, “se robó un caballo”. “El dueño lo atacó a rebencazos y Flegel se defendió con un revolver”. Condenado a seis años de cárcel, salió en 1943. La vida de Flegel fue desde entonces la de un nómade que se ganaba la vida como vendedor ambulante hasta que, en 1944, Construcciones Claussen lo contrató como sereno. Enviado por la compañía a Corrientes, en la frontera con Brasil y Paraguay, Flegel conoció a Haydee Colinett, una adolescente de 16 años con la que se casó en 1947 tras “haber obtenido el correspondiente permiso de su padre”. En 1948, Flegel se instaló, finalmente, en Zárate, en la casa donde 12 años después sería arrestado por dos policías de civil. En su declaración, dijo a la policía que “solo se dedica al trabajo, no concurriendo a reuniones, clubes, ni tampoco frecuenta la amistad del vecindario ni con connacionales”.

La prensa argentina se hizo un festín con el falso Bormann. Hoy sabemos que el jerarca nazi llevaba 15 años muerto cuando Flegel cayó preso, pero entonces su detención puso al Gobierno democrático de Arturo Frondizi ante el ojo del mundo. Los mensajes diplomáticos enviados por Alemania a Buenos Aires son evidencia del interés que despertó el caso. El sentido común, sin embargo, obraba a favor del detenido: si bien su rostro podía dar lugar a alguna confusión, “hubiese sido fácil para la policía determinar que Flegel no era Bormann solo teniendo en cuenta que el primero tiene 48 años y el segundo 60”, escribía en un editorial el diario La Razón.

De Alemania llegaba el testimonio de una hermana, mientras que la prensa sensacionalista israelí aseguraba que no cabía la menor duda de que en Argentina habían atrapado a Bormann. El diario La Razón revelaba desde Argentina, “con base en fuentes que no dejan lugar a dudas”, que Bormann frecuentaba un bar de la calle Lavalle 545 en la ciudad de Buenos Aires. “Allí, la eminencia parda, el hombre en quien Hitler depositaba su confianza, mientras apurada su bebida predilecta, la cerveza, entablaba conversación con otros jerarcas del Tercer Reich, entre ellos Adolfo Eichmann”. El testimonio de Eichmann, quien sí vivió en Argentina, era, según la prensa, de donde había salido la pista para dar con Flegel, un dato que el Gobierno de Israel se ocupó de desmentir.

La fuente “inobjetable” resultó ser un médico italiano que había conocido a Bormann en Munich y contó a La Razón que lo había visto en varias ocasiones en el bar de la calle Lavalle, que vestía “elegante” y que “llevaba cubierta su artificial mano derecha con un guante de cuero negro”. El periódico remataba el texto lamentando que Argentina hubiese sido “refugio de nazis, amparados por poderosos personajes”.

A falta de redes sociales, los vecinos de Zárate se encargaban de dar alas a todo tipo de noticias falsas. En un recuadro titulado Dudas, un enviado especial decía que “algunos detalles oscuros” hacían pensar que Flegel, si bien no era Bormann, “bien podía ser un individuo vinculado al régimen hitleriano”. El periodista cita entonces al vecino Moisés Fridman: “La policía vino el viernes a proteger a Flegel, que estaba cercado ya por comandos israelíes. Estos conocían su paradero por la delación de Eichmann”. Un tal H. García, martillero público, contó que en 1952 la esposa de Flegel le dijo que su marido había pertenecido al acorazado Graf Spee y que “por eso tenía prohibida la entrada al país”. El acorazado nazi Graf Spee fue hundido por su capitán en el Río de la Plata el 17 de diciembre de 1939, cuando Flegel ya llevaba casi una década en Argentina.

Fotografías del prontuario de Walter Flegel detenido por robo en Mendoza. Tenía 20 años y ya había perdido su brazo derecho en Chile.

 “No se tienen todavía las fechas dactiloscópicas de Bormann [llegarían desde Alemania recién a finales de noviembre], pero puede ya establecerse de forma concreta que Walter Flegel no es Martin Bormann”, dijo el 30 de septiembre de 1960 el ministro de Interior, Alfredo Vitolo. El argumento principal fue que Flegel llevaba en Argentina desde 1931. Comenzaron entonces las repercusiones políticas. En una editorial fechada el 5 de octubre, el diario Argentiniesches Tageblatt, editado en alemán en Buenos Aires, se preguntaba “por qué se ha cometido la fanfarronada” de detener a Flegel. El periódico destacaba que la captura se había basado en “una lista de 20 nombres de criminales de guerra nazis residentes en Argentina” entregada al Gobierno. “Y Flegel fue elegido conscientemente de entre esos 20 nombres por determinadas personas que no tenían gana alguna de detener a verdaderos criminales de guerra nazis”, se queja el periódico.

El 30 de septiembre de 1960, Flegel quedó finalmente en libertad. Lo esperaban en la puerta de la central de la Policía Federal “el ingeniero Claussen”, que siempre había defendido la inocencia de su empleado, y decenas de periodistas. Aturdido por las preguntas, Flegel contó que había conocido a Hitler “durante una reunión en Allestein en 1927, pero después nada más”; que solo hablaba “de mala manera” alemán y español; y que no volvía a Alemania porque no tenía los medios para hacerlo. Al día siguiente, el diario argentino El Mundo, ya desaparecido, cerraba así su crónica de la jornada: “Ayer, Flegel, obrero modesto forjado en el trabajo, volvió a su rutina de encargado de depósito en el edificio de Alsina 465, de Claussen y Cia. Tal vez sea una rutina desesperadamente monótona, pero la tranquilidad y el anonimato son a veces dones inapreciables”.



 

viernes, 25 de julio de 2025

Buenos Aires: Fotos de 1890

Buenos Aires en 1890




La Ciudad de Buenos Aires retratada por el fotógrafo suizo Samuel Rimathé hacia finales del año 1890, en una Buenos Aires aún convulsionada por los hechos de la Revolución del Parque en julio de ese año.