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miércoles, 5 de abril de 2017

Bolivia: El casi fusilamiento de un periodista argentino

El increíble desenlace de un fusilamiento en Bolivia segundos antes de la orden de fuego
Fue en 1971 y en pleno golpe militar. El periodista Alfredo Serra y el fotógrafo Forte fueron despojados de sus documentos y equipos y condenados a muerte. Pero una triple coincidencia los arrancó de la muerte
Por Alfredo Serra | Especial para Infobae


La historia de suerte y tragedia del periodista Alfredo Serra en Bolivia de la década del 70

Y cuando el gordo de bigotes dijo "ya saben lo que tienen que hacer", el pelotón (o mejor, la pandilla) nos sacó a empujones del cuartucho en el que pasamos la noche y nos llevó hasta el fondo del corralón mientras cargaba sus armas.

Entre el terror y la resignación, apenas iluminada la escena por el alba, quedamos de espaldas a ese paredón que ni siquiera tenía la siniestra dignidad de tal: era un muro de chapas retorcidas y despintadas. El fotógrafo Eduardo Forte, compañero de muchos viajes -algunos riesgosos, otros felices y opulentos-, me susurró: "Alfredo… ¡venir a perder en Bolivia!". Como si morir fusilados en otra latitud del mundo fuera más heroico.

Desordenada y sin uniformes, la pandilla empezó a apuntarnos. Cerré los ojos, esperando la orden de fuego.


El General Hugo Banzer presidente de Bolivia en dos ocasiones: entre 1971 y 1978, tras un golpe de estado, y entre 1997 y 2001, por comicios presidenciales

Agosto de 1971. El general Hugo Banzer se alza en armas contra el presidente Juan José Torres, también general. Apenas el cable llega a la redacción, salimos casi con lo puesto. Avión a Jujuy, auto hasta el paso fronterizo de Aguas Blancas, y a pie hasta cruzar la línea blanca del límite.

El guardia, de camiseta musculosa y media de mujer en la cabeza para doblegar su indomable pelo negro, nos dice: "Está prohibido entrar al país". No se resiste al soborno -cincuenta dólares-, pero se niega a sellarnos los pasaportes.

Alquilamos un jeep maltrecho manejado por un boliviano de mudez absoluta que nos dota de dos cajones de manzanas a modo de asientos traseros. La travesía dura veintiséis horas entre áridos llanos, arenales y tierras inundadas. Sólo paramos para cargar nafta en ranchos que ostentan una tela blanca atada a un palo: la señal que indica su precaria condición de estación de servicio.

El único modo de soportar el viaje es hablar, entre nosotros, de nuestro oficio. Fotos, notas, otros viajes. De pronto, en plena y cerrada noche, la luz de los faros ilumina una figura humana: un hombre que hace desesperados gestos para abordar el jeep. Es pequeño, está bien vestido, nos saluda cordialmente, y se suma al silencio impenetrable del chofer. Pero nos oye…


El periodista Alfredo Serra y el fotógrafo Eduardo Forte visitaron Bolivia tras el golpe de Estado de Banzer

Llegamos, agotados, hambrientos y a media tarde, a la plaza principal de Santa Cruz de la Sierra. Suenan disparos lejanos. Pero no entramos en acción. Un grupo de soldados nos detiene y nos lleva a un cuartel. Nos interrogan.

Decimos la verdad: "Somos periodistas argentinos". Mostramos credenciales. Inútil.

"El Che Guevara también entró a Bolivia con una credencial de periodista", dice un teniente mientras revisa el equipo fotográfico de Eduardo. Cuando llega al flash se sobresalta: cree que los cables de la batería son parte de una bomba…

Nos despojan de pasaportes (que tampoco los convencen), credenciales, billeteras, cámaras, grabador. De pronto somos parias, sospechosos, enemigos. Y así, desnudos de identidad, nos encierran en una improvisada celda: un estudio de radio en el fondo del corralón.

El lugar del atroz instante final. Custodiados por civiles armados y sin más privilegio que una botella de agua, pasamos la noche en vela. Pero aun ignoramos lo peor: estamos condenados a muerte.

Vuelvo a mis palabras del principio. "Cerré los ojos esperando la orden de fuego". Pero entonces…

Un jeep, a toda velocidad, rompe una puerta lateral del galpón y llega al centro de la escena. A los gritos, en pantuflas, pijama y un impermeable sobre los hombros, alguien impide el crimen: "¡Paren! ¡No tiren! ¡Estos hombres son periodistas argentinos! ¡Van a matarlos sin motivo!". Empieza, entre él y los frustrados esbirros, una tensa discusión.


“El Che Guevara también entró a Bolivia con una credencial de periodista”, le respondieron cuando el periodista informó las razones de su visita

Quieren borrarnos del mapa. Quieren sangre. Pero un desconocido les demora el festín. El recién llegado -lo supimos después- era el cónsul argentino en Santa Cruz de la Sierra. Casi un personaje de Graham Greene o de Osvaldo Soriano. Apellido: Rodríguez. Les propone a los fusiladores hacernos unas preguntas. "Si las contestan bien, quiere decir que son periodistas argentinos", le dice al gordo de bigotes que comanda la pandilla y que ordenó matarnos.

A regañadientes, acepta. Las preguntas son casi infantiles: "¿A cuánto estaba el dólar cuando salieron de Buenos Aires?", "¿Quién es el ministro del Interior de la Argentina?", "¿Qué decían los títulos de los diarios el día en que viajaron hacia aquí?".

Pan comido. Respondimos sin vacilar. Y si hubiéramos errado, esas bestias no lo habrían advertido. Fusilamiento cancelado. Pero hay furia entre los asesinos. Furia sorda.

El cónsul nos lleva hasta un hotelucho. "Esta noche duermen aquí, y mañana se van en el primer avión de Aerolíneas que hace escala rumbo a Jujuy. Yo arreglo todo". Pero, conociendo el paño (algo aprendí en
mis días en Saigón, tres años antes), le digo: "Queremos custodia. Porque usted se va, esos tipos vienen al hotel, y somos boleta".

Comprende. Pone a dos soldados de Banzer en la puerta. Al rato, alguien deja en la portería nuestros documentos y equipos. Pero aun así, no dormimos. El miedo permanece. A las seis de la mañana, a casi exactas veinticuatro horas del momento en que pudimos morir, un jeep nos lleva hasta la escalerilla del avión.

Recién cuando las ruedas se despegan de la pista nos sentimos a salvo. Pero esta historia real, tan extraña como para perder tiempo con la fantasía (la frase es de Joseph Conrad), no revela todavía el gran enigma… ¿Cómo supo el cónsul adónde estábamos, y que iban a fusilarnos?


El periodista argentino estuvo a punto de morir fusilados por un pelotón boliviano

Levanto el telón. El hombrecito que subió al jeep de noche y en aquel páramo era el padre de un teniente de las fuerzas que respondían a Banzer, y le contó a su hijo que logró llegar a Santa Cruz de la Sierra gracias a nosotros. El teniente le preguntó por nuestra suerte, y el padre le dijo "los detuvieron en la plaza, y no los vi más".

No necesitó más para imaginar el fatal destino que nos esperaba. Buscó al cónsul y le señaló el lugar de la ejecución. Believe it or not, esa noche, en Jujuy, celebramos la vida en un restaurante, con un chivito a las brasas y un torrontés bien helado.

Aun hoy, a décadas del episodio, me cuesta creer que el azar haya tirado los dados con tanta fortuna. ¿Por qué ese hombrecito estaba en ese ignoto punto del mapa, y en una noche sin luna ni estrellas?

El azar jamás me deparó un golpe de suerte en el póker ni en la ruleta. Por eso dejé de jugar para siempre. Pero comprendo por qué. El único acierto no me esperaba en un tapete verde ni en una bolilla esquiva. Me esperaba esa madrugada y allí, cuando alguien congeló los dedos en los ocho gatillos.

miércoles, 11 de enero de 2017

Pelea de ratas: Cuando Fidel quiso fusilar a Raúl

Cuando Fidel Castro quiso fusilar a su hermano Raúl
Se publica un libro inédito del periodista Enrique Meneses sobre el fallecido líder cubano


Guillermo Altares - El País


Guerrilleros en Sierra Maestra. Che Guevara (en el centro) y Fidel Castro, con gafas. ENRIQUE MENESESEL PAÍS


Sierra Maestra, invierno de 1958. Tras una jornada agotadora, el periodista español Enrique Meneses duerme en una hamaca. Acompaña desde hace semanas a la guerrilla cubana que pretende derrocar al dictador Fulgencio Batista. De repente, le despiertan unos gritos en mitad de la noche. "¡En cuanto llegue lo fusilo! ¡Me importa un carajo que sea mi hermano! ¡Lo fusilo!". La voz enfurecida pertenece a Fidel Castro, entonces un joven revolucionario y el principal líder de los insurgentes, y el objetivo de su ira es su hermano menor, Raúl. "Celia Sánchez (una guerrillera muy cercana a Fidel) intentó calmarlo diciéndole que no era posible que un hermano fusilase a otro por mucha culpa que tuviese", prosigue el relato de Meneses, que aparece recogido en su último libro, Fidel Castro, patria y muerte.


El reportero, fallecido en 2013 a los 83 años, pidió que esta biografía personal de Fidel se publicase después de la muerte del líder cubano, que se produjo el sábado 26 de noviembre a los 90 años. El libro, que cuenta con un prólogo de Jon Lee Anderson, se pone a la venta este lunes publicado por Ediciones del Viento, que editó también las memorias de Meneses, Hasta aquí hemos llegado.


¿Qué había ocurrido para sacar de sus casillas a Fidel Castro? Meneses, que pasó cuatro meses en dos etapas diferentes con los insurgentes, narra que Raúl Castro y Ernesto Che Guevara se intercambiaban una incesante correspondencia sobre teoría marxista desde las columnas guerrilleras en las que combatía cada uno de ellos. Pero una de las cartas fue interceptada por el Ejército y utilizada por el régimen de Batista para expandir que pretendían imponer un régimen comunista en la isla. Tras una tremenda bronca, Fidel convenció a su hermano Raúl, actual presidente cubano, de 85 años, para que interrumpiese los intercambios epistolares y luego gritó: "¡Odio tanto el imperialismo yanki como el soviético! ¡No estoy rompiéndome los cuernos luchando contra una dictadura para caer en otra!".

En el corazón de la biografía se encuentra precisamente el abismo que separó al Fidel Castro de Sierra Maestra, con el que Meneses pasó muchas horas hablando, del político que se hizo con el poder en Cuba después de derrocar al régimen de Batista. "Su egocentrismo, su sentido mesiánico, su afán de publicidad lo convierten en un monologuista que rehúsa toda clase de diálogo, todo tipo de crítica, por constructiva que sea", escribe el veterano reportero.

El periodista español fue además un excelente fotógrafo que retrató alguno de los momentos icónicos del siglo XX. Fidel Castro, patria y muerte —que es una versión actualizada de un libro que Meneses publicó en 1966 y actualmente agotado— recoge las imágenes que tomó en Sierra Maestra, que también pueden verse en una exposición, organizada por La Fábrica, que ha recorrido diferentes ciudades españolas y que actualmente se encuentra en Zaragoza.

Meneses conoció a Castro en diciembre de 1957 y subió a la sierra en enero de 1958. Consiguió que las fotos llegasen a Miami a través de un correo de su confianza —una joven de 17 años que las escondió entre su ropa— y Paris Matchpublicó el reportaje, para que nadie le robase la exclusiva, cuando el autor todavía se encontraba en la isla, una imprudencia que estuvo a punto de costarle la vida y que le hizo pasar por las cárceles de Batista.

El reportero español no había sido el primero en entrevistar a Castro, pero sí en hacer un reportaje a fondo sobre la guerrilla. La exclusiva sobre Castro la dio un histórico periodista de The New York Times, Herbert L. Matthews, compañero de Martha Gellhorn, Robert Capa y Ernst Hemingway en la Guerra Civil española, que fue el primero en hablar con el dirigente cubano, en febrero de 1957. La entrevista tuvo tanta repercusión que Matthews acabó por ser definido como "el hombre que inventó a Fidel Castro".

Meneses llegó más tarde a la isla pero consiguió, pese a ser un freelance que andaba corto de dinero, arrebatar la primicia a los principales medios estadounidenses. Jon Lee Anderson le define así en el prólogo del libro: "Fue un periodista de raza, sempiterno joven de espíritu y, para alguien de su generación, un hombre singularmente libre de dogmas. Tenía además un gran apetito por la aventura".

JOHN WAYNE EN EL PAPEL DE FIDEL
La publicación del reportaje en Sierra Maestra representó un éxito enorme y las fotos se vendieron en medio mundo. Pero Enrique Meneses también vendió otra exclusiva durante su estancia con la guerrilla cubana: cuenta en sus memorias Hasta aquí hemos llegado que durante su segunda incursión con la guerrilla viajó con una cámara de cine con la que pudo grabar imágenes de los insurgentes. El cliente era una productora de Hollywood, que pagó una cantidad considerable para la época, porque la idea era rodar una película sobre Castro en la que sería encarnado por un actor no conocido precisamente por su progresismo, John Wayne. El filme nunca se hizo, las imágenes se han perdido, pero la leyenda Meneses se ha ido haciendo más grande.

viernes, 13 de mayo de 2016

Terrorismo: El fusilamiento dentro de Montoneros

La increíble historia de la hija de un montonero asesinado por "traidor"
El padre de Luciana Ogando había sido fusilado por la agrupación armada, pero recién a los 28 años su familia le contó la verdad, luego de decirle que había sido víctima de los militares. Ahora cuenta su vida en el nuevo libro "Hijos de los 70". Entrevista
Infobae




Luciana Ogando decidió contar su historia en el libro Hijos de los 70.Luciana Ogando decidió contar su historia en el libro "Hijos de los 70".Crédito: Télam A los 38 años, con acento francés y ojos que reflejan la búsqueda como esencia, Luciana está feliz de haber empezado a armar su vida en la Argentina, de recuperar su larga historia que le había sido negada y de tener la palabra para contarla.

Luciana es hija de Osvaldo Lenti y Paula Ogando, dos militantes de montoneros; su padre fue fusilado por decisión de un tribunal revolucionario de la agrupación armada. Y su madre, secuestrada en el centro clandestino conocido como "Sheraton", en Villa Insuperable, y trasladada luego al hospital militar de Campo de Mayo, donde nació Luciana y pasó los primeros días de su vida.

Paula tuvo que partir a un exilio forzoso en Uruguay, en 1977, y luego a Francia, donde crió a Luciana junto a su marido francés, Giles.

Su historia le fue dada con cuentagotas, pero Luciana decidió transmitirla a pesar de la culpa por romper con un mandato familiar: de eso no se habla.

La suya es es una de las 23 historias que forma parte del libro "Hijos de los 70, historias de la generación que heredó la tragedia argentina", escrito por las periodistas Carolina Arenes y Astrid Pikielny, tras dos años de un arduo trabajo.

La madre de Luciana, Paula, llegará este mes de visita, y ella la espera con expectativa y también con temor.

"Yo no le comenté nada (sobre el libro), no creo que se haya enterado, y no sé si se va a enterar. Cuando venga a mi casa lo voy a poner en un cajón", dice al principio de la entrevista con Télam. Luego, transcurrido un tiempo de charla, se relaja y piensa que a lo mejor el libro sea la excusa para que la relación con su madre comience una nueva etapa.

"Cada encuentro con mi mamá es una nueva etapa de mi vida. A lo mejor ya es el momento, a lo mejor estamos en un lugar de escucha, a lo mejor viene y le digo: 'Toma esto, si querés leelo', se replantea.

Su relato es una historia que transitó preguntas, reflexiones, hipótesis y verdades a medias.

A Luciana le contaron a los 7 años, cuando nacía su hermana, que su padre biológico había muerto en un accidente de autos.

RECIÉN A LOS 28 AÑOS SUPO QUE SU PADRE HABÍA SIDO FUSILADO POR MONTONEROS

A los 15 años, cuando regresaba a vivir con su familia a la Argentina, le dijeron que en verdad había sido víctima de la dictadura militar (1976-1983). Recién a los 28 años supo que su padre había sido fusilado por la misma agrupación a la que pertenecía, Montoneros, en el marco de un juicio revolucionario, al que él mismo se había entregado tras haber "traicionado" con información entregada en medio de las sesiones de tortura a la que lo sometieron.

Al mismo tiempo que tomaba conocimiento de toda esta historia, de boca de un familiar, Luciana se enteraba que su madre había sido secuestrada y torturada por la dictadura y que ella nació en el hospital de Campo de Mayo, en cautiverio.

"Muchos años pasé elaborando hipótesis, justificando en el hecho de que mi padre había muerto en un accidente de auto, que mi mamá y yo tuviéramos miedo de manejar", cuenta Luciana, que admite que "todo el tiempo" esperaba que su madre le "abriese puertas" para conocer su historia.

Cada noche, cuando era muy pequeña, Luciana tenía la misma pesadilla: "En mis sueños aparecían Gilles y Paula, mis padres, pero en un momento se sacaban las máscaras, y detrás aparecían otras personas que yo no conocía, y eso me angustiaba mucho".

Luciana nació en junio de 1977, dos meses después de la muerte de Osvaldo, su padre.

"Es muy duro saber que tu papá eligió morir por una causa política cuando su hija estaba por nacer", dice Luciana, que quiere saber más de su padre para entender.

"De mi papá sé que era buena persona, petiso, peludo, y que tenía una fuerza de voluntad extrema, y una gran tenacidad, que a veces pienso que yo heredé", dice Luciana, que cuenta que dos amigos de juventud de su padre, Mirta Clara y el Pájaro, le contaron esto. Con ellos, todavía tiene pendiente un encuentro, y una gran incógnita: "Me pregunto si habrán visto el libro, me intriga saber".

Casi sin querer, Luciana menciona que se enteró hace poco, en noviembre, con el libro terminado, que su padre dejó una carta, pero también supo que esa carta se perdió cuando los represores incendiaron la casa en la que estaba. De su padre, Osvaldo Lenti, también sabe que antes de comenzar una relación con su madre estuvo en pareja con un hombre, y que él mismo se lo confesó a sus compañeros de Montoneros, lo que motivó un tratamiento de "rehabilitación" indicado por la cúpula de la organización militar.

Ahora Luciana espera a su mamá, que este mes la visitará en Buenos Aires y le traerá una máquina de fotos que ella planea usar como parte del proceso de reconstrucción de su memoria.

"Quiero volver a cada uno de esos lugares en los que estuvieron mis padres y sacar fotos. No sé si la foto valdrá la pena, pero es la excusa", dice.

Por eso la nieta de Alfredo y Estela Lenti llegó a buscar la casa en la que vivió su padre, y le gustó que el zapatero se acordara de ellos e, incluso, le dijera que todos los vecinos en el barrio se preguntaban "dónde andará esa nena".

"También soy una chica de Morón, también tengo esa herencia", y agrega que "reinventarse raíces cuando uno no las tiene es una forma lúdica de ponerse bases".

"No tuve la vida ni de mi papá en Morón ni la de mi mamá en La Plata. No es lo mismo vivir hasta los 20 años en La Plata que vivir en 7 ciudades, e ir a 8 escuelas. Yo tengo mi historia, es menos heroica, menos cinematográfica que la de mis padres, pero es mi historia", dice mientras disfruta de su café con medialunas en un tradicional bar de Plaza de Mayo, atendido por mozos "de verdad", como ella misma dice.

"Acá, en la Argentina, es el único lugar en el que me siento parte, aunque haya una distancia en la forma de pensar, aunque siga siendo la francesita. Sufrí mucho en Europa, me costó conectar, nunca me sentí plena. Extrañé mucho a mis primos, mis tíos y mis abuelos", explica.

Luciana vive hace tres años en la Argentina y, si bien ya había vivido entre los 15 y los 19, considera "que es la primera vez" que está armando su vida en Buenos Aires.

Como parte de esta construcción que inició y que la trajo de regreso a la Argentina, Luciana sabe que necesita hablar para terminar de sanar. "Lo importante de contar mi historia para el libro fue entender que no importaba lo que los otros iban a hacer con eso, porque yo necesitaba contarlo, incluso aunque sienta que lastimo a gente querida, es la única forma que tengo para no enfermar y enloquecer".

Apenas tuvo el libro en sus manos, Luciana eligió leerlo en voz alta, a sus amigas, en su casa, y se sorprendió de "todo lo que había contado" al mismo tiempo que entendió su "imperiosa necesidad de hablar", de "tener una voz".

"FUE LIBERADOR CONTAR MI HISTORIA, PERO RECIÉN PUDE HACERLO CUANDO VIVÍ ALGO EN EL CUERPO".

"Me hizo muy bien escucharme, y me dije ésa soy yo que está acá, soy yo y me sostengo, y no me importa si dije cosas inteligentes, si tenía razón, estoy acá, no me morí, dije lo que pensaba", dice, y emociona cuando agrega: "Porque al final parece que todo lo importante que tenía para decir me tocó cuando era un bebé, pero los bebés no hablan, no dicen, y para mí lo importante ahora es hablar".

Pero, además, Luciana siente que algo "se está corriendo en su vida", y que "el proceso de inhibición" que transitó como pesada herencia familiar, la está llevando a otros lugares.

"Mi abuelo, el papá de Osvaldo, era alfarero, y lo único que conservó de mi padre son dos objetos hechos por mi abuelo, que quedaron luego que su casa fue ocupada y quemada", dice, para explicar por qué quiere comenzar un taller de alfarería.

Luciana entiende también que este recorrido tuvo un costo que la llevó, a los 35 años, a una operación que le quitó su útero, sus ovarios, y su expectativa de alguna vez concebir un hijo.

"Toda mi familia sufrió torturas. Fue liberador contar mi historia, pero recién pude hacerlo cuando viví algo en el cuerpo. Creo que si yo no hubiese vivido algo con el cuerpo, no me hubiera sentido habilitada, porque yo sentía que ellos habían puesto el cuerpo, y que a mí no me había pasado nada", dice Luciana.

Siente que todavía le queda un largo camino por recorrer, y nunca deja de cobijar la idea de que podrá hacerlo con su madre, sin mordazas.

"No tengo la dirección de la casa donde capturaron a mi mamá, creo que ella a lo mejor la encontraría. Tendría que ir allá con mi madre", se ilusiona.

En la historia de Luciana confluye toda la complejidad de una época, y todas las voces, incluso la suya propia, testigo obligado de una tragedia que marcó su vida y la de su familia.

"Mi historia es la historia de mi país, pero también es mi historia, mi infancia. Me tocó que mi infancia esté atravesada por la de un país, y necesito transmitirla con mi visión, mi procesamiento, no ajeno o impuesto, sin condenación moral", reflexiona.

Por Fátima Cheade, para la agencia de noticias Télam

domingo, 6 de marzo de 2016

Inteligencia: El asesinato de Bin Laden (2011)

La captura de Bin Laden
Lo que pasó esa noche en Abbottabad. 

por Nicholas Schmidle (New Yorker)

 

Poco después de las once en punto en la noche del 1 de mayo, dos helicópteros MH-60 Blackhawk despegaron del campo aéreo Jalalabad, en el este de Afganistán, y se embarcaron en una misión secreta en Pakistán para matar a Osama bin Laden. 
Dentro de la aeronave iban veintitrés SEAL de la Marina del Team Six, lo que se conoce oficialmente como el Grupo Especial de Desarrollo de Guerra Naval, o DEVGRU. Un traductor paquistaní-estadounidense, a quien llamaré Ahmed, y un perro llamado Malinois belga llamado Cairoa estaban a bordo. Fue una noche sin luna, y los pilotos de los helicópteros, el uso de gafas de visión nocturna, volaban sin luces sobre las montañas que se extendían a la frontera con Pakistán. Las comunicaciones de radio se mantenían al mínimo, y una extraña calma se estableció dentro de la aeronave. 

Quince minutos más tarde, los helicópteros se metieron en un valle alpino y se deslizaron, sin ser detectados, en el espacio aéreo paquistaní. Durante más de sesenta años, los militares de Pakistán han mantenido un estado de alerta máxima contra su vecino del este, India. A causa de esta obsesión, las principales defensas aéreas de Pakistán estaban apuntando al este, Shuja Nawaz, un experto en el ejército paquistaní y el autor del Crossed Swords: Pakistan, Its Army, and the Wars Within, me dijo. Los altos funcionarios de defensa y de la Administración están de acuerdo con esta evaluación, pero no estuvo de acuerdo un alto funcionario militar pakistaní, quien llegó a su oficina, en Rawalpindi,. Nadie sale de sus fronteras sin vigilancia, dijo. A pesar de que negó a dar detalles sobre la ubicación o la orientación de radares pakistaníes no es donde los radares están o no sino que la infiltración de América fue el resultado de las brechas tecnológicas que tienen vis-à-vis los EE.UU. Los Black Hawks, cada uno de los cuales tenía dos pilotos y un miembro de la tripulación del 160o Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales, o de los Night Stalkers, había sido modificado para enmascarar el calor, el ruido y movimiento, los exteriores helicópteros habían ángulos agudos, planos y estaban cubiertas de amortiguación de la piel antirradar. 

El objetivo de los SEALs era una casa en la pequeña ciudad de Abbottabad, que está a unos ciento veinte kilómetros a través de la frontera con Pakistán. Situado al norte de Islamabad, la capital de Pakistán, Abbottabad está en las estribaciones de la cordillera Pir Panjal, y es muy popular en el verano con familias en busca de alivio para el calor abrasador del sur. Fundada en 1853 por un mayor británico llamado James Abbott, la ciudad se convirtió en la sede de una prestigiosa academia militar después de la creación de Pakistán, en 1947. Según la información recogida por la Agencia Central de Inteligencia, Bin Laden se escondió en el tercer piso de una casa en un compuesto de un acre justo al lado de Kakul carretera en Ciudad Bilal, un barrio de clase media, menos de una milla de la entrada a la academia. Si todo ha ido según lo planeado, los SEALs pasarían de los helicópteros al edificio, dominarían a los guardias de bin Laden, dispararían y lo matarían a quemarropa, y luego tomarían el cadáver de vuelta a Afganistán. 

Los helicópteros atravesaron Mohmand, uno de las siete áreas tribales de Pakistán, bordearon al norte de Peshawar, y continuaron hacia el este. El comandante del Escuadrón Rojo de los DEVGRUs, a quien llamaré James, se sentó en el suelo, apretado entre los otros diez SEALs, Ahmed, y Cairo. (Los nombres de todos los agentes secretos mencionados en esta historia han sido cambiados.) James, un hombre de pecho ancho de casi cuarenta años, no tiene el perfil de los nadadores ágiles que cabría esperar de un SEAL, él construyó un cuerpo más parecido a un lanzador de disco. Esa noche, llevaba una camisa y un pantalón de camuflaje del desierto digital, y llevaba una pistola silenciada Sig Sauer P226, junto con la munición extra, un CamelBak, para la hidratación, y gel shots, para la resistencia. Llevaba un rifle M4 de cañón corto silenciado. (Otros SEALs habían optado por el Heckler & Koch MP7.) Un kit de escape, para el tratamiento de trauma en campo, estaba escondido en la parte baja de la espalda de James. Metido en uno de sus bolsillos un mapa plastificado cuadriculado del edificio. En otro bolsillo un folleto con fotografías y descripciones físicas de las personas sospechosas de estar dentro. Llevaba unos auriculares con cancelación de ruido, que bloqueaba casi todo, además de su ritmo cardíaco. 

Durante el vuelo del helicóptero de noventa minutos, James y sus compañeros pusieron en escena la operación en su cabeza. Desde el otoño de 2001, se habían girado a través de Afganistán, Irak, Yemen y el Cuerno de África, a un ritmo brutal. Al menos tres de los SEALs habían participado en la operación de francotiradores en las costas de Somalia, en abril de 2009, que liberó a Richard Phillips, el capitán del Maersk Alabama, y ​​dejó tres piratas muertos. En octubre de 2010, un equipo DEVGRU intentó rescatar a Linda Norgrove, una trabajadora de ayuda humanitaria escocesa que había sido secuestrado en el este de Afganistán por los talibanes. Durante una incursión de un escondite talibán, un SEAL lanzó una granada a un insurgente, sin darse cuenta de que estaba cerca de Norgrove. Ella murió a causa de la explosión. El error persiguió a los SEALs que habían participado, tres de ellos fueron expulsados ​​posteriormente del DEVGRU. 

La redada sobre Abbottabad no fue la primera misión de los DEVGRUs en Pakistán, tampoco. El equipo había entrado clandestinamente al país en diez-doce ocasiones anteriores, de acuerdo con un oficial de operaciones especiales que está muy familiarizado con el ataque de Bin Laden. La mayoría de esas misiones fueron las incursiones en el Norte y Sur de Waziristán, donde muchos militares y analistas de inteligencia habían pensado que bin Laden y otros líderes de Al Qaeda se ocultaban. (Sólo uno de esas operaciones, la de septiembre de 2008, la incursión de Angoor Ada, una aldea en el sur de Waziristanhas había sido ampliamente reportado.) Abbottabad fue, por lejos, más lejos que DEVGRU se habían aventurado en territorio paquistaní. También representó el primer intento serio equipos desde fines de 2001 con el objetivo de matar al objetivo "Crankshaft"- el nombre en código que Comando Conjunto de Operaciones Especiales, o JSOC, había dado a bin Laden. Desde que se había escapado en el invierno durante una batalla en la región de Tora Bora en el este de Afganistán, Bin Laden había desafiado los esfuerzos estadounidenses para encontrarlo. De hecho, no está claro cómo acabó viviendo en Abbottabad. 

Cuarenta y cinco minutos después de que los Black Hawks partieron, cuatro MH-47 Chinook lanzado desde la misma pista en Jalalabad. Dos de ellos viajaron a la frontera, permaneciendo en el lado afgano, los otros dos procedieron a Pakistán. El despliegue de cuatro helicópteros Chinook fue una decisión de último momento hizo después que el presidente Barack Obama dijo que quería estar seguro de que los estadounidenses podrían abrirse camino fuera de Pakistán. Veinte y cinco SEALs adicionales de DEVGRU, extraídos de un escuadrón en Afganistán, se sentó en el Chinook que se mantuvo en la frontera, esta fuerza de reacción rápida sería llamado a la acción sólo si la misión fue muy mal. El Chinook tercer y cuarto cada uno equipado con un par de M134 Miniguns. Siguieron el camino del vuelo inicial de los Black Hawks , pero aterrizó en un punto predeterminado en el lecho de un río seco en un amplio valle, despoblado en el noroeste de Pakistán. La casa más cercana estaba a media milla de distancia. Sobre el terreno, los rotores de helicópteros se mantenían zumbando mientras agentes de control de las colinas de los alrededores para invadir Pakistán helicópteros o aviones de combate. Uno de los helicópteros Chinook transportaba depósitos de combustible, en el caso de las otras aeronaves necesarias para volver a llenar sus tanques. 

Mientras tanto, los dos Black Hawks se acercaban rápidamente hacia Abbottabad desde el noroeste, escondiéndose detrás de las montañas en el borde norte de la ciudad. A continuación, los pilotos depositado derecho y se fue al sur a lo largo de una cresta que marca Abbottabads este perímetro. Cuando los cerros cónicos de los pilotos rizado nuevo a la derecha, hacia el centro de la ciudad, e hizo su aproximación final. 

Durante los siguientes cuatro minutos, el interior de los Black Hawks crujían vivo con la tos metálicos de las rondas que en la recámara. Mark, un oficial de Master Chief pequeña burguesía y la clasificación oficial de suboficiales de la operación, se agachó de rodillas al lado de la puerta del helicóptero de plomo. Él y los once otras juntas a un helicóptero, que llevaban guantes y tenían en gafas de visión nocturna, se estaban preparando para acelerar la cuerda en bin Laden patio. Esperaron a que el jefe de equipo para dar la señal para lanzar la cuerda. Pero, como el piloto pasó por el recinto, se detuvo en un alto vuelo estacionario, y comenzó a bajar del avión, se sintió el Black Hawk alejarse de él. Sintió que se va a estrellar. 

En los meses antes de la elección presidencial de 2008, Obama, entonces senador de Illinois, se enfrentó en un debate frente a John McCain en una arena en la Universidad de Belmont, en Nashville. Una mujer del público le preguntó a Obama si él estaría dispuesto a seguir a los líderes de Al Qaeda dentro de Pakistán, incluso si eso significaba invadir un país aliado. Él respondió: Si tenemos a Osama bin Laden en la mira y el gobierno paquistaní es incapaz, o no, para llevarlos a cabo, entonces creo que tenemos que actuar y vamos a llevarlos a cabo. Mataremos a bin Laden. Vamos a aplastar a Al Qaeda. Eso tiene que ser nuestra mayor prioridad de seguridad nacional. McCain, que a menudo critica a Obama por su ingenuidad en materia de política exterior, caracterizó la promesa de tan tonta, diciendo: "No voy a telégrafiar mis golpes". 

Cuatro meses después de que Obama llegó a la Casa Blanca, Leon Panetta, el director de la CIA, informó al Presidente sobre los últimos programas e iniciativas de la agencia para el seguimiento de bin Laden. Obama no se dejó impresionar. En junio de 2009, redactó un memorando instruyendo a Panetta para crear un plan de operación detallado para encontrar el líder de Al Qaeda y para asegurarse de que hemos gastado todo lo posible. En particular, el presidente intensificó el programa de aviones no tripulados clasificados de la CIA, hubo más ataques con misiles dentro de Pakistán durante el primero año de Obama que durante los ocho de la administración de George W. Bush. Los terroristas registraron rápidamente el impacto: la de julio, CBS informó que un reciente comunicado de Al Qaeda se ha referido a los comandantes valientes que había sido arrebatado de sus hogares y ocultados por muchos [que] han destruidos. El documento culpó a la gravísima situación de espías que se había extendido por toda la tierra como langostas. Sin embargo, la pista de bin Laden se mantuvo fría. 

 
Complejo de Bin Laden 
En agosto de 2010, Panetta volvió a la Casa Blanca con mejores noticias. Los analistas de la C.I.A. creían que habían identificado al mensajero de bin Laden, un hombre de unos treinta años llamado Abu Ahmed al-Kuwait. Kuwait tenía una S.U.V. blanca cuyos neumáticos de repuesto, cubierta fue adornado con una imagen de un rinoceronte blanco. El C.I.A. empezó a registrar el vehículo. Un día, imágenes capturadas por un satélite de la camioneta entrando a un gran complejo de hormigón en Abbottabad. Los agentes, determinando que Kuwait estaba viviendo allí, utilizaron la vigilancia aérea para vigilar el recinto, que consistía en una casa principal de tres pisos, una casa de huéspedes, y una pocas dependencias. Se observó que los residentes del compuesto quemaban la basura, en vez de ponerla para la recolección, y se llegó a la conclusión de que el complejo carecía de un teléfono o una conexión a Internet. Kuwait y de su hermano iban y venían, pero otro hombre, vivía en el tercer piso, nunca se iba. Cuando este tercer individuo salió, se quedó detrás de los muros del complejo. Algunos analistas especularon que el tercer hombre era Bin Laden, y la agencia lo llamó el marcapasos (Pacer). 

Obama, aunque excitado, no estaba aún preparado para ordenar acciones militares. John Brennan, asesor de Obama contra el terrorismo, me dijo que los asesores presidenciales comenzó un interrogatorio de datos, para ver si, por el que el interrogatorio, se podía refutar la teoría de que Bin Laden estaba allí. La C.I.A. intensificó sus esfuerzos de recopilación de inteligencia, y, de acuerdo con un informe reciente en el Guardian, un médico que trabaja para la agencia llevó a cabo una campaña de inmunización en Abbottabad, en la esperanza de adquirir muestras de ADN de los niños de Bin Laden. (No hay nadie en el recinto que finalmente recibiera todas las vacunas.) 

A finales de 2010, Obama ordenó a Panetta comenzar a explorar las opciones para un ataque militar en el recinto. Panetta en contacto con el vicealmirante Bill McRaven, el SEAL a cargo del JSOC. Tradicionalmente, el Ejército ha dominado la comunidad de operaciones especiales, pero en los últimos años los SEALs se han convertido en una presencia más destacada, McRavens era el jefe en el momento de la redada, Eric Olson, la cabeza del Comando de Operaciones Especiales, o SOCOM es un almirante de la Armada que era comandante de DEVGRU. En enero de 2011, se le pidió a un oficial del JSOC llamado Brian McRaven, que anteriormente había sido un comandante adjunto del DEVGRU, de presentar un plan de ataque. Al mes siguiente, Brian, que tiene el aspecto de todos los estadounidenses de un mariscal de campo de la escuela secundaria, se mudó a una oficina sin marcar en el primer piso de la planta de impresión de los CIA, en Langley, Virginia. Brian cubrían las paredes de la oficina con los mapas topográficos e imágenes satelitales del complejo de Abbottabad. Él y media docena de agentes de JSOC se unieron formalmente al departamento del Centro de Contraterrorismo de los CIA de Pakistán/Afganistán, pero en la práctica operaron por su cuenta. Un funcionario antiterrorista de alto nivel que visitó el reducto JSOC lo describió como un enclave de secretismo inusual y discreción. Todo lo que ellos estaban trabajando en estrecha colaboración se llevó a cabo, dijo el funcionario. 

La relación entre las unidades de operaciones especiales y la CIA se remonta a la Guerra de Vietnam. Pero la línea entre las dos comunidades cada vez más borrosa de los oficiales de la CIA y el personal militar se han encontrado mutuamente en múltiples giras de Irak y Afganistán. Estas personas crecieron juntos, un alto funcionario del Departamento de Defensa me dijo. Estamos en cada sistema de los demás, se habla las lenguas de los demás. (Como ejemplo de esta tendencia, el general David H. Petraeus, el ex comandante general en Irak y Afganistán, es ahora el jefe entrante de la CIA, Panetta y se ha hecho cargo del Departamento de Defensa.) La misión Bin Laden - planificada en instalaciones de la CIA y autorizada por los estatutos legales de la C.I.A., pero llevada a cabo por la operadores del DEVGRU de la US Navy -trajo la cooperación entre la Agencia y el Pentágono a un nivel aún más alto. John Radsan, un abogado ex asistente general de la CIA, dijo que el ataque ascendió a Abbottabad a la incorporación plena del JSOC en una operación de la CIA. 

El 14 de marzo, Obama llamó a sus asesores de seguridad nacional en la Sala de Situación de la Casa Blanca y revisó una hoja de cálculo con una lista de posibles cursos de acción contra el complejo de Abbottabad. La mayoría eran variaciones de cualquiera de una incursión o ataque aéreo de un JSOC. Algunas versiones incluyen la cooperación con el ejército paquistaní, otras no. Obama decidió no informar ni trabajar con Pakistán. Hubo una verdadera falta de confianza en que los paquistaníes podrían mantener en secreto durante más de una milésima de segundo, un alto asesor del Presidente me dijo. Al final de la reunión, Obama instruyó a McRaven para continuar con la planificación de la redada. 

Brian invitó a James, el comandante del Escuadrón Rojo de los DEVGRU, y Mark, el jefe maestro, a unirse a él en la sede de la CIA. Se pasó las siguientes dos semanas y media estudiando la manera de entrar a la casa bin Laden. Una opción implicaba helicópteros volando a un lugar fuera de Abbottabad y dejar que el equipo que se colase en la ciudad de a pie. El riesgo de detección era alta, sin embargo, y los SEALs estarían cansados por un largo recorrido hacia el complejo. Los planificadores habían pensado en un túnel INOR, por lo menos, la posibilidad de que bin Laden podría salir del túnel. Sin embargo, las imágenes provistas por la National Geospatial-Intelligence Agency mostraron que no había agua estancada en las cercanías, lo que sugiere que el complejo se sentó en una cuenca de inundación. El nivel freático es probablemente justo por debajo de la superficie, haciendo túneles muy poco probables. Con el tiempo, los planificadores acordaron que tenía más sentido volar directamente sobre el recinto. Las operaciones especiales se tratan de hacer lo que no se espera, y probablemente lo más mínimamente esperado aquí era que un helicóptero entrara, soltara a los chicos en el techo, y en el patio, el oficial de operaciones especiales, dijo. 

El 29 de marzo, McRaven llevó el plan de Obama. Los asesores de presidentes militares se dividieron. Algunos apoyaban un ataque, algunas un ataque aéreo, y otros querían esperar hasta que la inteligencia mejorada en sus datos. Robert Gates, el secretario de Defensa, fue uno de los rivales más directos de un asalto por helicóptero. Gates recordó a sus colegas que había estado en la Sala de Situación de la Casa Blanca de Carter cuando las autoridades militares presentaron la operación Eagle Claw de 1980 en que la Fuerza Delta tenía el objetivo de rescatar a los rehenes estadounidenses en Teherán, pero que provocaron una colisión desastrosa en el desierto iraní, matando a ocho soldados estadounidenses. Dijeron que era una buena idea, también, Gates advirtió. Él y el general James Cartwright, vicepresidente del Estado Mayor Conjunto, a favor de un ataque aéreo de los bombarderos B-2 Spirit. Esa opción podría evitar el riesgo de botas estadounidenses sobre el terreno en Pakistán. Sin embargo, la Fuerza Aérea calculaba que una carga de treinta y dos bombas inteligentes, cada una pesa dos mil libras, sería necesaria para penetrar en treinta metros bajo tierra, asegurando que todo los bunkers se vendrían abajo. Tantas bombas tendrían el efecto equivalente a un terremoto, me dijo Cartwright. La perspectiva de un aplanamiento de la ciudad paquistaní hizo una pausa Obama. Se archivó la opción B-2 y se encargó a McRaven de comenzar a ensayar el ataque. 

Brian, James y Mark seleccionaron un equipo de SEAL de dos docenas de hombres del Escuadrón Rojo y se les dijo que el informe de un sitio de densos bosques de Carolina del Norte para un ejercicio de entrenamiento el 10 de abril. (Escuadrón Rojo es uno de los cuatro escuadrones de DEVGRU, que tiene alrededor de 300 operadores en total). Ninguno de los SEALs, además de James y Mark, eran conscientes de la información de la CIA de inteligencia sobre el complejo Bin Laden hasta un capitán de corbeta entró en una oficina en el sitio. Se encontró con un general de dos estrellas de la sede del JSOC del Ejército sentado en una mesa de conferencias con Brian, James, Mark, y varios analistas de la CIA. Esto, obviamente, no era un ejercicio de entrenamiento. Al capitán de corbeta le fue rápidamente mostrada una réplica del complejo que se había construido en el sitio, con paredes y cercado eslabonado que marca el diseño del complejo. El equipo pasó los siguientes cinco días practicando maniobras. 

El 18 de abril, el equipo DEVGRU viajó a Nevada para otra semana de ensayos. El sitio de práctica fue una gran propiedad del gobierno en un tramo de desierto con una elevación equivalente a los alrededores de Abbottabad. Un edificio existente se desempeñó como la casa de Bin Laden. Las tripulaciones aéreas trazan un camino paralelo a la fuga de Jalalabad a Abbottabad. Cada noche, después de la puesta del sol, comenzaban los ejercicios. Doce SEALs, incluyendo a Mark, abordaron un helicóptero. Once SEALs, Ahmed, y Cairo subían al helo dos. Los pilotos volaron en la oscuridad, llegaban al complejo de simulación, y se instalaban en un vuelo estacionario, mientras que los SEALs velozmente caían en polea hacia abajo. No todos en el equipo estaba acostumbrados a los ataques de helicópteros. Ahmed había sido sacado de una mesa de trabajo para la misión y nunca había descendido una soga rápida. Muy pronto aprendió la técnica. 

El plan de asalto fue perfeccionado ahora. El helo uno iba a volar sobre el patio, dejaría caer dos cuerdas rápidas, y dejaría que los doce SEALs se deslizaran hacia abajo en el patio. El helo dos volaría a la esquina noreste del recinto y dejó escapar a Ahmed, Cairo, y cuatro SEALs, que vigilarían el perímetro del edificio. El helicóptero entonces se cerniría sobre la casa, y James y los seis restantes SEALs irían hasta hasta el techo. Mientras todo fue cordial, Ahmed celebraría vecinos curiosos en la bahía. Los SEAL y el perro podría ayudar de manera más agresiva, si fuese necesario. Entonces, si bin Laden fuese difícil de encontrar, Cairo podría ser enviado a la casa en busca de falsos muros o puertas ocultas. Esto no fue una dura operación, el oficial de operaciones especiales me dijo. Sería como golpear a un blanco en la zona residencial de lujo McLeanthe Virginia de Washington, DC 

Un avión lleno de invitados llegaron en la noche del 21 de abril. El almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto, junto con Olson y McRaven, se sentaron con el personal de la CIA en un hangar con Brian, James, Mark, y los pilotos presentaron un escrito del ataque, que había sido denominada Operación Neptune’s Spear (Lanza de Neptuno). A pesar del papel principal en JSOCs en la Neptunes Spear, la misión seguía siendo oficialmente una operación encubierta de la CIA . El intento encubierto permitió a la Casa Blanca de ocultar su participación, si fuese necesario. A medida que el funcionario antiterrorista dijo recientemente, "Si aterrizábamos y todo el mundo era una batahola, entonces nos ibamos a la mierda y nadie lo sabría". Después de describir la operación, los informadores respondieron a las preguntas: ¿Qué pasa si una turba rodeó el complejo? ¿Iban los SEALs a estar preparados para disparar contra civiles? Olson, quien recibió la Estrella de Plata por su valor durante el episodio de 1993 del Black Hawk Down, en Mogadiscio, Somalia, preocupados de que podría ser políticamente catastrófico si un helicóptero de EE.UU. fueron derribados en territorio paquistaní. Después de una hora de interrogatorio, los oficiales superiores y los analistas de inteligencia regresaron a Washington. Dos días más tarde, los SEAL volaron de vuelta a Dam Neck, su base en Virginia. 

En la noche del martes, 26 de abril, el equipo SEAL se subieron a un Boeing C-17 Globemaster de la Estación Aérea Naval Oceana, a pocos kilómetros de Dam Neck. Después de una parada de reabastecimiento de combustible en la base aérea de Ramstein, en Alemania, el C-17 continuó hacia el aeródromo de Bagram, al norte de Kabul. Los SEALs pasaron una noche en Bagram y se trasladaron a Jalalabad el miércoles. 

Ese día, en Washington, Panetta convocó a más de una docena de altos funcionarios y analistas de la CIA de una reunión preparatoria final. Panetta pidió a los participantes, uno por uno, que declarara la confianza que tenían sobre si Bin Laden estaba en el interior del recinto de Abbottabad. El funcionario de contraterrorismo me dijo que los porcentajes oscilaron entre el cuarenta por ciento a noventa o noventa y cinco por ciento, y añadió: Este fue un caso circunstancial. 

Panetta era consciente de las dudas que los analistas, pero que creía que la inteligencia era mejor que cualquier otra cosa que la CIA se habían reunido en Bin Laden desde su huida de Tora Bora. A última hora del jueves por la tarde, Panetta y el resto del equipo de seguridad nacional se reunieron con el Presidente. Para las próximas noches, no habría prácticamente ninguna luz de la luna sobre las condiciones ideales Abbottabadthe para una incursión. Después de eso, sería un mes más hasta que el ciclo lunar se encontraba en su fase más oscura. Varios analistas del Centro Nacional de Contraterrorismo fueron invitados a la crítica de los análisis de los CIA, su confianza en la inteligencia oscilaba entre cuarenta y sesenta por ciento. El director de los centros, Michael Leiter, dijo que sería preferible esperar a la confirmación más fuerte de Bin Laden en la presencia de Abbottabad. Sin embargo, como Ben Rhodes, un diputado asesor de seguridad nacional, me lo dijo hace poco, las cosas ya no se prolongarían, mayor era el riesgo de una fuga, lo que hubiera puesto patas arriba la cosa. Obama levantó la sesión poco después de 19:00 y dijo que iba a dormir pensando en ella. 

A la mañana siguiente, el Presidente se reunió en la Sala de Mapas con Tom Donilon, su asesor de seguridad nacional, Denis McDonough, asesor adjunto, y Brennan. Obama había decidido ir con un asalto de los DEVGRU, dejando a McRaven la elección de la noche del ataque. Era demasiado tarde para un ataque del viernes y el sábado hubo exceso de cubierta de nubes. En la tarde del sábado, McRaven y Obama hablaron por teléfono, y McRaven dijo que el ataque se produciría el domingo por la noche. "Dios esté con usted y sus fuerzas", le dijo Obama. "Por favor, pase a ellos mi agradecimiento personal por su servicio y el mensaje que, personalmente, estará siguiendo muy de cerca esta misión." 

En la mañana del Domingo, 1 de mayo, los funcionarios de la Casa Blanca cancelaron las visitas programadas, ordenaron platos sándwich de Costco, y transformaron la sala de situación en una sala de guerra. A las once en punto, los asesores de Obama comenzaron a reunirse alrededor de una mesa de conferencias. Un enlace de vídeo conectado a Panetta, en la sede de la C.I.A., y McRaven, en Afganistán. (Hay al menos dos centros de mando, uno en el interior del Pentágono y uno dentro de la embajada estadounidense en Islamabad.) 

El general de brigada Marshall Webb, un comandante adjunto del JSOC, se sentó en el extremo de una mesa lacada en una pequeña oficina de al lado y se volvió en su ordenador portátil. Abrió varias ventanas de chat que lo mantuvo, y la Casa Blanca, relacionado con los equipos de otro comando. La oficina en que Webb había sáb las imágenes de vídeo sólo en la Casa Blanca que mostraban en tiempo real las imágenes del objetivo, que estaba siendo filmado por un avión no tripulados desarmado RQ 170 que volaba a más de quince mil metros por encima de Abbottabad. Los planificadores del JSOC, que decidieron mantener la operación en secreto como fuese posible, habían decidido no utilizar los cazas o bombarderos adicionales. Simplemente no valía la pena, el oficial de operaciones especiales me dijo. Los SEALs iban por su cuenta. 

Obama regresó a la Casa Blanca a las dos en punto, después de jugar nueve hoyos de golf en la Base Andrews de la Fuerza Aérea. Los Black Hawks partieron de Jalalabad, treinta minutos más tarde. Justo antes de las cuatro en punto, Panetta anunció al grupo en la Sala de Situación que los helicópteros se acercaban a Abbottabad. Obama se puso de pie. Tengo que ver esto, dijo, dando un paso a través de la sala en la pequeña oficina y tomó asiento junto a Webb. Vicepresidente Joseph Biden, el secretario Gates y la secretaria de Estado Hillary Clinton le siguió, al igual que cualquier otra persona que podría encajar en la oficina. En las oficinas con pantalla LCD de tamaño modesto el helo gris y negro-y-blanco apareció encima del edificio, y luego rápidamente se metieron en problemas. 

 
El asalto 

Cuando el helicóptero comenzaron retirar el piloto automático, para retomar el control cíclico, que controla el paso de las palas del rotor, sólo para darse cuenta que la aeronave no respondía. Los altos muros del complejo y las temperaturas cálidas habían causado que el Black Hawk descendiera dentro de su propio rolido de rotor, situación peligrosa aerodinámicamente conocida como la aterrizaje con potencia. En Carolina del Norte, este problema potencial no se había hecho evidente, ya que la tela metálica utilizada en los ensayos había permitido que el aire fluya libremente. Un ex piloto de helicóptero con una amplia experiencia en operaciones especiales-dijo de la situación de los pilotos, era tenebrosa en en mí mismo. La única manera de salir de ella es para empujar el cíclico hacia delante y volar fuera de este silo vertical que se había dejado pasar. Esta solución requiere de altitud. Si usted está descenso con potencia a dos mil metros de altura, se puede conseguir un montón de tiempo para recuperarse. Si usted está descenso con potencia a cincuenta pies, usted va a chocar con el suelo. 

El piloto desechó el plan de cuerda rápida y se centró en conseguir que la aeronave aterrizara. El apuntó a un corral para animales en la sección oeste del complejo. Los SEALs de a bordo se prepararon a sí mismos dado que el rotor de cola se dio la vuelta, rozando el muro de seguridad. El piloto se agolpaban en la nariz hacia adelante para conducirlo a la tierra y evitar que su aeronave se mueva hacia un lado. Vacas, gallinas, conejos y se escurrieron. Con el Black Hawk lanzado en un cuarenta y cinco grados de ángulo a horcajadas sobre el muro, la tripulación envió una llamada de socorro a los Chinook en espera. 

James y los SEALs en el helo dos vieron todo esto mientras se cernía sobre la esquina noreste del complejo. El segundo piloto, sin saber si sus compañeros estaban tomando fuego o tenían problemas mecánicos, abandonó su plan de flotar sobre el techo. En cambio, aterrizó en un campo de césped en frente de la casa. 

Ningún estadounidense estaba aún dentro de la parte residencial del complejo. Mark y su equipo estaban dentro de un helicóptero derribado en una esquina, mientras que James y su equipo estaban en el extremo opuesto. Los equipos apenas había estado sobre el blanco por un minuto, y la misión estaba ya desviada de su ruta. 

"La eternidad se define como el tiempo entre que cuando ves algo ir mal y que el informe de primera voz", dijo el oficial de operaciones especiales. Los funcionarios en Washington consideraron las imágenes aéreas y esperaron ansiosamente escuchar una comunicación militar. El asesor del presidente comparó la experiencia con ver el clímax de una película. 

Después de unos minutos, de los doce SEALs dentro de un helicóptero recuperaron sus puntos de referencia y con calma transmitieron por la radio que se llevaban a cabo el ataque. Se habían llevado a cabo tantas operaciones en los últimos nueve años en que algunas cosas que los tomó por sorpresa. En los meses después de la redada, los medios de comunicación a menudo han sugerido que la operación de Abbottabad fue tan difícil como la Operación Eagle Claw y el incidente de la caída del Black Hawk, pero el alto funcionario del Departamento de Defensa me dijo que no era ninguna de las tres misiones. Este fue uno de los casi dos mil misiones que se han realizado durante los últimos dos años, noche tras noche. Él comparó la rutina de las incursiones de la noche con cortar el césped. En la noche del 1 de mayo solamente, las fuerzas de operaciones especiales en Afganistán llevaron a cabo otras doce misiones, de acuerdo con el funcionario, las operaciones de captura o muerte de entre quince y veinte objetivos. La mayoría de las misiones era despegar e ir mal, dijo. Ésta despegó y fue bien. 

Minutos después de golpear el suelo, Mark y otros miembros del equipo comenzaron la transmisión de las puertas laterales de un helicóptero. El barro chupaba sus botas a medida que corría a lo largo de una pared de tres metros de alto que rodeaba el corral. Una unidad de la demolición de tres hombres empujaron la puerta de metal por delante a los corrales cerrados, metió la mano en sus bolsas con explosivos, y colocaron cargas C-4 en las bisagras. Después de una fuerte explosión, la puerta se abrió. Los nueve SEALs de otros corrieron hacia adelante, terminando en un camino de entrada tipo avenida de espaldas a la entrada de las casas principales. Se movieron por el callejón, presionando los fusiles silenciados contra sus hombros. Mark colgaba hacia atrás como él estableció comunicación por radio con otro equipo. Al final de la calzada, los americanos volaron a través de otra puerta con llave y entraron en un patio frente a la casa de huéspedes, donde Abu Ahmed al-Kuwait, el mensajero de bin Laden, vivía con su esposa y cuatro hijos. 

Tres SEALs en la parte delantera entraron para limpiar la casa de huéspedes como a los otros nueve criticó por otra puerta y entró en un patio interior, que daba a la casa principal. Cuando la unidad más pequeña vuelta a la esquina para hacer frente a las puertas de la casa de huéspedes, vieron a Kuwait, entrando raudamente a advertir a su esposa e hijos. Las gafas de visión nocturna de los estadounidenses capturaron la escena en tonos pixelada de color verde esmeralda. Kuwait, con un shalwar kameez blanco, había agarrado un arma y volvía al aire libre cuando los SEALs abrieron fuego y lo mataron. 

Los otros nueve SEALs, incluyendo a Mark, formaron unidades de tres hombres para limpiar el patio interior. Los estadounidenses sospecharon que varios hombres más estaban en la casa: el hermano de Kuwait de treinta y tres años de edad, Abrar, los hijos de Bin Laden y Khalid Hamza, y el propio bin Laden. Una unidad SEAL no bien pisó el patio empedrado en la entrada principal casas cuando el fornido hombre Abrara, con bigote en un shalwar kameez color crema apareció con una AK-47. Recibió un disparo en el pecho y murió, al igual que su esposa, Bushra, que estaba de pie, desarmada, a su lado. 

Fuera de las paredes del complejo, Ahmed, el traductor, patrullaba el camino de tierra en frente de la casa de Bin Laden, como si fuera un oficial de policía vestidos de civil paquistaní. Miró el papel, que llevaba un shalwar kameez encima de un chaleco antibalas. Él, el perro Cairo, y cuatro SEALs fueron los responsables de cerrar el perímetro de la casa, mientras que James y seis SEALs del otro contingente que se suponía debía haber caído en el interior del techo. Para el equipo que patrullaba el perímetro, el primer cuarto de hora transcurrió sin incidentes. Los vecinos, sin duda, oyeron a los helicópteros en vuelo bajo, el sonido de los cuelgues, y las explosiones esporádicas y disparos que se produjeron, pero nadie salió. Un local tomó nota del tumulto en un post en Twitter: Helicóptero flotando por encima de Abbottabad a la 1 am (es un evento raro). 

Finalmente, unos pocos paquistaníes curiosos se acercaron para preguntar acerca de la conmoción del otro lado de la pared. "Vuelvan a sus casas", dijo Ahmed, en pashto, mientras Cairo permanecía de vigilancia. No había una operación de seguridad en marcha. Los lugareños se fueron a casa, ninguno de ellos sospechaba que habían hablado con un estadounidense. Cuando los periodistas descendieron en Ciudad Bilal en los próximos días, dijo un residente a un periodista, "Vi a los soldados que salen de los helicópteros y el avance hacia la casa. Algunos de ellos nos ha instruido en un pashto castizo de apagar las luces y permanecer en el interior. " 

Mientras tanto, James, el comandante del escuadrón, había penetrado una de las paredes, cruzó una parte del patio cubierto con espalderas, roto una segunda pared, y se había unido a los SEALs del helicóptero uno, que entraban en la planta baja de la casa. Lo que pasó después no está precisamente claro. Les puedo decir que hubo un período de casi veinte-veinticinco minutos, donde realmente no sabía exactamente lo que estaba pasando, Panetta dijo más tarde, en la PBS NewsHour. 

Hasta este momento, la operación había sido controlado por decenas de funcionarios de defensa, inteligencia y de la administración mirando el video en aviones no tripulados. Los SEALs no estaban usando cámaras de casco, en contra de un informe ampliamente citado por la cadena CBS. Ninguno de ellos tenía ningún conocimiento previo de la planta de las casas, y fueron empujados más por la conciencia de que posiblemente fueron unos minutos de poner fin a la cacería humana más costoso en la historia de Estados Unidos, y como resultado, algunos de sus recuerdos pueden ser imprecisos y, por tanto, objeto de controversia. 

A medida que los niños Abrars se pusieron a cubierto, los SEALs comenzaron a limpiar el primer piso de la casa principal, habitación por habitación. Aunque los estadounidenses pensaban que la casa podría ser una trampa explosiva, la presencia de niños en el complejo sugería lo contrario. Sólo puede ser extremadamente vigilantes durante tanto tiempo, el oficial de operaciones especiales, dijo.Bin Laden se va a dormir cada noche pensando, La noche siguiente, ¿vendrán por mi? Por supuesto que no. Tal vez para el primer año o dos. Pero no ahora. Sin embargo, precauciones de seguridad se encontraban en el lugar. Una puerta de metal cerrada bloqueada la base de la escalera que conducía al segundo piso, por lo que la sala de la planta baja se sienten como una jaula. 

Después de la voladura de la puerta con las cargas C-4, tres SEALs marcharon por las escaleras. A mitad de camino, vieron al hijo, Khalid bin Laden de veintitrés años de edad, estirando el cuello en la esquina. Luego aparecieron en la parte superior de la escalera con un AK-47. Khalid, que llevaba una camiseta blanca con un escote exagerado, y tenía el pelo corto y una barba recortada, disparó contra los americanos. (El funcionario de lucha contra el terrorismo afirma que Khalid estaba desarmado, aunque sigue siendo una amenaza vale la pena tomar en serio. Usted tiene un hombre adulto, a altas horas de la noche, en la oscuridad, bajando las escaleras a que en la supuesta casa del jefe de Al Qaeda y espera encontrar un ambiente hostil .) Por lo menos dos de los SEALs contraatacaron y mataron a Khalid. De acuerdo con los folletos que las juntas realizaron, hasta cinco hombres adultos vivían en el interior del recinto. Tres de ellos estaban muertos, y la cuarta, Hamza Bin Laden hijo, no estaba en las instalaciones. La última persona era bin Laden. 

Antes de comenzar la misión, los SEALs había creado una lista de palabras en clave que había un tema del nativo americano. Cada palabra de código representa una etapa diferente de la misión: salir de Jalalabad, entrar en Pakistán, se acerca el complejo, y así sucesivamente. Gerónimo era para significar que bin Laden había sido encontrado. 

Tres SEALs transportaron el cuerpo de Khalid y reventaron otra jaula de metal, que obstruía la escalera que conduce a la tercera planta. Saltando las escaleras sin luz, escaneaba el lugar crítico. En el escalón superior, el SEAL lider gira a la derecha, con sus gafas de visión nocturna, y discernió que un hombre alto y delgado, con barba puño de longitud que se asomaba desde detrás de una puerta del dormitorio, diez metros de distancia. El SEAL al instante sintieron que era Crankshaft!. (El oficial de lucha contra el terrorismo afirma que el primer SEAL vio bin Laden en el rellano, y disparó, pero falló.) 

Los estadounidenses se apresuraron hacia la puerta del dormitorio. El primer SEAL abrió. Dos de las mujeres de Bin Laden se habían puesto delante de él. Amal al-Fatah, la quinta esposa de bin Laden, gritaba en árabe. Ella hizo un gesto como si fuera a cobrar, la SEAL bajó su mirada y le disparó una vez, en la pantorrilla. Ante el temor de que una o dos mujeres llevaban chalecos suicidas, dieron un paso adelante, las envolvieron en un abrazo de oso, y se fueron a un lado. Es casi seguro que hubiesen sido asesinados si se hubiesen inmolado, sino por ellos cubriendo habría absorbido parte de la explosión, y posiblemente se pueden salvar las dos juntas detrás de él. Al final, ninguna de las dos llevaba puesto un chaleco con explosivos. 

Un segundo SEAL entró en la habitación y entrenó a los láser de infrarrojos de su M4 en el pecho de bin Laden. El jefe de Al Qaeda, que llevaba un shalwar kameez broncenado y una gorra de oración en la cabeza, se congeló, él estaba desarmado. Nunca hubo ninguna una cuestión de detención o captura de él, no era una decisión de décimas de segundo. Nadie quería detenidos, el oficial de operaciones especiales me dijo. (La Administración sostiene que si Bin Laden se hubiera entregado de inmediato que podría haber sido capturado vivo.) Nueve años, siete meses y veinte días después del 11 de septiembre, un estadounidense apretó el disparador que puso fin a la vida de bin Laden. La primera ronda, una bala de 5,56 mm, golpeó bin Laden en el pecho. Al caer hacia atrás, la SEAL disparó una segunda ronda en la cabeza, justo por encima de su ojo izquierdo. En su radio, informó, "For God and country—Geronimo, Geronimo, Geronimo.” Luego de una pausa, añadió, “Geronimo E.K.I.A.”—“enemy killed in action.” 

Al escuchar esto en la Casa Blanca, Obama hizo una mueca, y dijo solemnemente, a nadie en particular, "lo tenemos". 

Relajando su posición sobre las dos mujeres de Bin Laden, el primer SEAL colocó a las mujeres en puños flexionados y las llevó a la planta baja. Dos de sus colegas, por su parte, subieron corriendo las escaleras con una bolsa de nylon. Lo desplegaron, se arrodillaron a cada lado de bin Laden, y lo colocaron el cuerpo dentro de la bolsa. Dieciocho minutos habían transcurrido desde que el equipo DEVGRU aterrizó. Durante los siguientes veinte minutos, la misión pasó a ser una operación de inteligencia. 

Cuatro hombres recorrieron el segundo piso, con bolsas de plástico en la mano, recogiendo las unidades flash, CD, DVD, y el material informático de la sala, que había servido, en parte, como Bin Laden improvisado estudio de los medios de comunicación. En las próximas semanas, un grupo de trabajo dirigido por la CIA examinó los documentos y determinó que bin Laden había permanecido mucho más involucrado en las actividades operativas de Al Qaeda que muchos funcionarios estadounidenses habían pensado. Él había sido el desarrollo de planes para asesinar a Obama y Petraeus, para arrancar un extravagante ataque en el aniversario del 11º septiembre , y para atacar los trenes americanos. Los SEALs también encontraron un archivo de pornografía digital. "Lo encontramos en todos estos muchachos, sea que fuesen en Somalia, Irak, o Afganistán", el oficial de operaciones especiales, dijo. Las ropas de hilo de oro de Bin Laden, usadas durante las direcciones de su vídeo, colgaban detrás de una cortina en la sala de prensa. 

En el exterior, los estadounidenses acorralaron a las mujeres y niños - todos presos con esposas flexibles- y los había sentado contra una pared exterior que daba al segundo Black Hawk en buen estado. El único hablante de árabe con fluidez en el equipo de asalto les interrogó. Casi todos los niños estaban por debajo de la edad de diez años. Parecían no tener idea sobre el piso de arriba había un inquilino, aparte de que él era un viejo. Ninguna de las mujeres confirmó que el hombre era Bin Laden, aunque uno de ellos mantiene refiriéndose a él como el jeque. Cuando el Chinook de rescate llegó por fin, un médico salió y se arrodilló junto al cadáver. Se le inyectó una aguja en el cuerpo de bin Laden y se extrajeron dos muestras de médula ósea. Más ADN fue tomado con hisopos. Una de las muestras de médula ósea-entró en el Black Hawk. El otro fue en el Chinook, junto con el cuerpo de bin Laden. 

 
Black Hawk caído y demolido por las fuerzas americanas 


A continuación, los SEALs necesitaron destruir el Black Hawk dañado. El piloto, armado con un martillo que guardaba para tales situaciones, lo estrelló sobre el panel de instrumentos, la radio, y el resto de aparatos clasificados dentro de la cabina. A continuación, la unidad se hizo cargo de la demolición. Pusieron explosivos cerca del sistema de aviónica, el equipo de comunicaciones, el motor, y la cabeza del rotor. "Uno no va a ocultar el hecho de que es un helicóptero", el oficial de operaciones especiales dijo. "Pero si quiere hacerlo inservible." Los SEALs colocaron cargas C-4 adicionales en el carro, rodaron granadas de termita en el interior del cuerpo de helicópteros, a continuación, las respaldaron. El Helo uno estalló en llamas, mientras que el equipo de demolición abordó el Chinook. Las mujeres y los niños, que estaban siendo dejados atrás para las autoridades pakistaníes, se quedaron perplejo, asustados y sorprendidos al ver los SEALs unirse a los helicópteros. Amal, la esposa de bin Laden, continuó su arenga. Entonces, como un fuego gigante quemado dentro de las murallas del complejo, los estadounidenses se fueron volando. 

En la Sala de Situación, dijo Obama, "no voy a estar feliz hasta que los chicos se pongan a salvo". Después de treinta y ocho minutos dentro del recinto, los dos equipos SEAL tuvieron que hacer el largo vuelo de regreso a Afganistán. El Black Hawk estaba bajo de combustible, y tenía que reunirse con el Chinook en las estaciones de servicio que estaba cerca de la frontera afgana pero todavía dentro de Pakistán. Llenaron el tanque de combustible tardó veinticinco minutos. En un momento, Biden, que habían sido los dedos un rosario, se volvió hacia Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto. Todos debemos ir a misa esta noche, dijo. 

Los helicópteros aterrizaron de nuevo en Jalalabad alrededor de las 3 am; McRaven y el jefe de la estación de la CIA se reunió con el equipo en la pista. Un par de SEALs de descarga de la bolsa de plástico y abrió la cremallera para que McRaven y la CIA oficial podía ver el cadáver de bin Laden con sus propios ojos. Se tomaron fotografías de Bin Laden y la cara de su cuerpo extendido. Bin Laden se cree que que media cerca de seis pies y cuatro, pero nadie había una cinta de medir para confirmar la longitud de los bodys. Así que un SEAL, que tenía seis pies de altura, estaba junto al cadáver: mide aproximadamente cuatro pulgadas más largo que el estadounidense. Minutos más tarde, McRaven apareció en la pantalla teleconferencia en la Sala de Situación y confirmó que bin Laden estaba en el cuerpo de la bolsa. El cadáver fue enviado a Bagram. 

Todo el tiempo, los SEAL había planeado arroja el cuertpo de bin Laden muerto al mar para de manera contundente acabar con el mito de Bin Laden. Habían arrancado con éxito de un esquema similar antes. Durante un ataque de helicópteros DEVGRU dentro de Somalia, en septiembre de 2009, SEAL habían matado a Saleh Ali Saleh Nabhan, uno de los principales líderes de Al Qaeda en África oriental, el cadáver fue trasladado en avión Nabhans a un buque en el Océano Índico, dado un buen rito musulmán, y arrojado al mar. Antes de dar ese paso de Bin Laden, sin embargo, John Brennan hizo una llamada. Brennan, quien había sido jefe de estación de la C.I.A. en Riad, llamó por teléfono a un colega anterior en la inteligencia saudí. Brennan dijo que el hombre lo que había ocurrido en Abbottabad y le informó del plan para depositar Bin Laden permanece en el mar. Como Brennan sabía, los familiares bin Laden todavía una familia prominente en el Reino, y Osama había sido un ciudadano de Arabia Saudita. ¿El gobierno de Arabia Saudita tenía interés en tomar el cuerpo? Su plan parece bueno, el saudita respondió. 

Al amanecer, bin Laden fue cargado en el vientre de un V-22 Osprey, acompañado por un oficial de enlace del JSOC y un destacamento de seguridad de la policía militar. El Osprey voló hacia el sur, con destino a la cubierta delUSS Carl Vinson - un portaviones nuclear de 300 metros de largo navegando en el Mar Arábigo, frente a la costa de Pakistán. Los estadounidenses, una vez más, estaban a punto de atravesar el espacio aéreo de Pakistán sin permiso. Algunos funcionarios temían que los paquistaníes, heridos por la humillación de la incursión unilateral en Abbottabad, podrían restringir el acceso a los Ospreys. El avión finalmente aterrizó en el Vinson sin incidentes. 

Se lavó el cuerpo de Bin Laden, se lo envolvió en un entierro sudario blanco, se lo peso, y luego se deslizó dentro de una bolsa. El proceso se llevó a cabo en estricta conformidad con los preceptos y las prácticas islámicos, Brennan dijo más tarde a los periodistas. El enlace JSOC, el contingente militar-policial, y varios marineros colocaron el cadáver envuelto en un elevador al aire libre, y se fue abajo con él hasta el nivel inferior, que funciona como un hangar para aviones. Desde una altura de entre veinte y veinticinco metros por encima de las olas, que lanzó el cadáver en el agua. 

De vuelta en Abbottabad, los residentes de la ciudad de Bilal y decenas de periodistas se reunieron en el cimplejo de Bin Laden, y la luz de la mañana aclaró algunas de las confusiones de la noche anterior. El humo negro del Black Hawk detonado carbonizó la pared del corral. Parte de la cola colgaba sobre la pared. Estaba claro que un ataque militar había tenido lugar allí. Me alegro que nadie resultó herido en el accidente, pero, por otro lado, una especie de alegría de que el helicóptero dejó allí, el oficial de operaciones especiales, dijo. Se aquieta a los conspiradores y le da credibilidad al instante. Usted cree que todo lo demás al instante, porque los theres un helicóptero sentado allí. 

Después de la redada, el liderazgo político de Pakistán se encargadó de un control de daños frenético. En el Washington Post, el presidente Asif Ali Zardari, escribió que Bin Laden no estaba donde esperabamos que estuviese, pero ahora se ha ido, y añadió que una década de cooperación y asociación entre los Estados Unidos y Pakistán llevaron a la eliminación de Osama Bin Laden. 

Los militares de Pakistán reaccionaron con más cinismo. Se detuvo al menos a cinco paquistaníes por ayudar a la CIA, incluyendo el médico que dirigió la campaña de inmunización en Abbottabad. Y varios medios de comunicación pakistaníes, entre ellos al Nation un periódico patriotero de lengua inglesa que se considera un portavoz de la agencia Inter-Services Intelligence, o ISI pakistaní que publicaba lo que decían era el nombre del jefe de estación de los CIA en Islamabad. (Shireen Mazari, un ex editor de Nation, me dijo una vez, nuestros intereses y los intereses estadounidenses NO coinciden.) El nombre publicada era incorrecta, y la CIA funcionario optó por quedarse. 

La proximidad de la casa de Bin Laden a la Academia Militar de Pakistán planteó la posibilidad de que los militares, o ISI, hubieran ayudado a proteger a bin Laden. ¿Cómo podría Al jefe Qaedas vivir tan cerca de la academia sin por lo menos algunos oficiales que sabíaan sobre él? La sospecha creció después de que el Times informó que al menos un teléfono celular recuperado de la casa de Bin Laden contiene los contactos de alto nivel pertenecientes a militantes Harakat-ul-Mujahideen, un grupo yihadista que ha tenido estrechos vínculos con el ISI. Aunque los funcionarios estadounidenses han declarado que las autoridades paquistaníes que han ayudado a esconder a Bin Laden en Abbottabad, una prueba definitiva todavía no se ha presentado. 

La muerte de Bin Laden proveyó a la Casa Blanca con la victoria simbólica que necesitaba para comenzar la eliminación tropas de Afganistán. Siete semanas después, Obama anunció un calendario para la retirada. Aún así, las actividades de lucha contra el terrorismo de EE.UU. dentro de Pakistan, es decir las operaciones encubiertas realizadas por la CIA y no JSO se espera que disminuyan en el corto plazo. Desde el 02 de mayo, se han producido más de una veintena de ataques aéreos en Waziristán del Norte y del Sur, incluyendo una que supuestamente mataron a Ilyas Kashmiri, un alto líder de Al Qaeda, mientras estaba tomando el té en un huerto de manzanas. 

El éxito de la incursión de bin Laden ha provocado una conversación dentro de los círculos militares y de inteligencia: ¿Hay otros terroristas que valgan la pena del riesgo de otro asalto por helicóptero en una ciudad de Pakistán? Hay gente por ahí que, si pudiéramos encontrar, íbamos detrás de ellos, me dijo Cartwright. Mencionó Ayman al-Zawahiri, el nuevo líder de Al Qaeda, que se cree que en Pakistán, y Anwar al-Awlaki, el clérigo nacido en Estados Unidos de Yemen. Cartwright enfatizó que ir detrás de ellos no significa necesariamente que otra incursión DEVGRU. El oficial de operaciones especiales habló con más audacia. Él cree que un precedente se ha establecido para más ataques unilaterales en el futuro. La gente ahora se dan cuenta que puede que el clima, dijo. El asesor del presidente, dijo que el espacio aéreo de otros países soberanos penetrar clandestinamente eso es algo que siempre está disponible para la misión de la derecha y la ganancia de la derecha. Brennan me dijo, la confianza que tenemos en las capacidades de los militares de EE.UU. es, sin duda, aún más fuerte después de esta operación.

El 6 de mayo, Al Qaeda confirmó la muerte de bin Laden y dio a conocer un comunicado felicitando a la nación islámica por el martirio de su buen hijo Osama. Los autores prometieron a los estadounidenses que su alegría se convertirá en la tristeza y sus lágrimas se mezclan con la sangre. Ese día, el presidente Obama viajó a Fort Campbell, Kentucky, donde tiene su sede el 160, para cumplir con la unidad DEVGRU y los pilotos de la redada. Los SEALs, que había regresado a casa desde Afganistán a principios de semana, viajaron desde Virginia. Biden, Tom Donilon, y una docena de asesores de seguridad nacional llegó. 

McRaven saludó a Obama en la pista. (Se habían conocido en la Casa Blanca pocos días antes Presidente había presentado McRaven con una cinta métrica.) McRaven dirigió el Presidente y su equipo en un edificio de un piso al otro lado de la base. Entraron en una habitación sin ventanas, con alfombras en mal estado, luces fluorescentes, y tres filas de sillas plegables de metal. McRaven, Brian, los pilotos de la 160ª, y James se convertieron a la reunión informativa del presidente. Se había creado un modelo tridimensional de bin Laden compuesto en el suelo y, agitando un puntero láser rojo, trazó sus maniobras en el interior. Una imagen satelital del compuesto se muestra en la pared, junto con un mapa que muestra las rutas de vuelo dentro y fuera de Pakistán. La sesión informativa duró alrededor de treinta y cinco minutos. Obama quería saber cómo Ahmed había mantenido a raya a los locales, sino que también preguntó sobre el Black Hawk caído y si encima de la media las temperaturas en Abbottabad había contribuido al accidente. (El Pentágono está llevando a cabo una investigación oficial del accidente.) 

Cuando James, el comandante del escuadrón, dijo, comenzó citando todas las bases de operaciones en el este de Afganistán, que había sido nombrado para SEALs muertos en combate. Todo lo que hemos hecho durante los últimos diez años nos ha preparado para esto, le dijo Obama. El Presidente estaba en el temor de estos chicos, Ben Rhodes, el diputado asesor de seguridad nacional, que viajó con Obama, dijo. Fue una visita extraordinaria de base, agregó. Ellos sabían que él había apoyado su presidencia en esto. Sabía que apostó su vida en él. 

Como James habló sobre el ataque, mencionó el papel Cairos. Había un perro? Obama interrumpió. James asintió y dijo que El Cairo estaba en una habitación contigua, amordazado, a petición del Servicio Secreto. 

Quiero conocer a ese perro, dijo Obama. 

Si quieres conocer el perro, Sr. Presidente, le aconsejamos traer golosinas, James bromeó. Obama se acercó a acariciar a Cairo, pero el hocico los perros miró para otro lado. 

Después, Obama y sus asesores entraron en una segunda habitación, el pasillo, donde otras personas involucradas en la logística del radi, jefes de equipo, y un equipo alternativo de SEALs estaba montado. Obama presenta al equipo con una citación de unidad presidencial y dijo: Nuestros profesionales de inteligencia hicieron un trabajo increíble. Tenía cincuenta-cincuenta de confianza de que bin Laden estaba allí, pero tenía confianza de cien por ciento en los chicos. Que son, literalmente, la mejor pequeña fuerza de combate que ha existido jamás en el mundo. El equipo de asalto se presentó al Presidente con una bandera estadounidense que había estado a bordo del Chinook de rescate. Medía tres metros por cinco, la bandera había sido estirado, planchado, y enmarcado. Los SEALs y los pilotos lo habían firmado en la parte posterior, una inscripción en la parte delantera leer, From the Joint Task Force Operation Neptunes Spear, 01 May 2011: For God and country. Geronimo. Obama se comprometió a poner el regalo en algún lugar privado y significativo para él. Antes de que el Presidente regresara a Washington, posó para fotografías con cada miembro del equipo y habló con muchos de ellos, pero se marchó sin decir una sola cosa. Él nunca pidió conocer a quién efectuó el disparo mortal, y los SEALs no se ofrecieron a decirle. 


Enlace al New Yorker