Mostrando entradas con la etiqueta contrainteligencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta contrainteligencia. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de febrero de 2018

SGM: La red Gehlen (Parte 3)

La Red Gehlen 

(Última Parte) 

Son utilizados todos los medios, inclusive el chantaje. En este juego, Gehlen se muestra un enemigo temible. Sin embargo, le serán necesarios toda su perspicacia, su seguridad, su tenacidad, su maquiavelismo, para afrontar y convencer al Estado Mayor norteamericano. 
«A lo largo de este período –cuenta Gehlen en sus Memorias-, informé a mis colaboradores, hasta entonces ignorantes de mis intenciones, del proyecto que había concebido, es decir, volver a crear un servicio de información concerniente a los países del Este, en territorio alemán, con el apoyo de los norteamericanos. Jamás he olvidado el escepticismo y la estupefacción con que reaccionaron algunos de ellos. Solamente su buena educación y su confianza en mí, les impidieron decirme claramente que pensaban que mis sueños eran insensatos. Cuando, al final de 1945, llegamos a discutir con nuestros anfitriones norteamericanos estas mismas proposiciones, las mismas no fueron consideradas descabelladas. Simplemente, se nos aclaró que sería preciso esperar un apaciguamiento de la intensa hostilidad de la opinión pública hacia Alemania y también una mayor escisión entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Una acción prematura, se nos dijo, podría engendrar las más molestas consecuencias en el dominio de la política interior y exterior de Norteamérica». 
Al final de ásperas y laboriosas discusiones tiene lugar un acuerdo. El proyecto que presenta Gehlen a las autoridades norteamericanas es aprobado. Se apoya en cuatro puntos fundamentales: 

  1. La nueva organización Gehlen será independiente de los servicios de información norteamericanos. Constituirá un aparato autónomo bajo la dirección exclusiva del antiguo jefe del F.H.O. Todo el personal, y especialmente los directivos, serán alemanes. 
  2. Ninguna acción será, directa o indirectamente, contraria a los «intereses alemanes», intereses de los que sólo Gehlen será el juez. 
  3. El día en que Alemania recobre su soberanía y tenga un gobierno independiente, la organización será inmediatamente puesta al servicio del nuevo Estado. 
  4. La organización será utilizada por los norteamericanos únicamente en acciones antisoviéticas, para proporcionar informaciones sobre la U.R.S.S. y los países satélites del bloque comunista. 
Estas exigencias pueden parecer exorbitantes por parte del jefe del antiguo F.H.O.; por parte, en última instancia, de un prisionero de guerra. Sin embargo, los norteamericanos aceptan las condiciones del general Gehlen. Se comprometen a proporcionarle los medios financieros y materiales necesarios para su empresa. La organización Gehlen va a ser pronto puesta a punto. Bajo la protección de los Estados Unidos, va a desencadenarse la más amplia operación de recuperación de S.S. y de miembros de la Gestapo, de los antiguos de la Abwehr y del R.S.H.A. 
«Puede constatarse –me ha aclarado Erich Sauber- que la Red Gehlen fue una de las mejores de la posguerra. Algunos S.S., y entre los más comprometidos, se contentaron con desaparecer durante algún tiempo, para luego reaparecer... ¡en el interior de los servicios de Gehlen!» 
El 9 de Julio de 1946, Gehlen y sus oficiales vuelven a su patria. En Nüremberg termina el proceso de los criminales de guerra nazis. Los norteamericanos asignan el campo de Oberursel, que servía a la Luftwaffe durante la guerra, como lugar de residencia de la futura organización de Gehlen. 

Oberursel 
 
 
El general Edwin Luther Sibert lo utiliza como centro de interrogatorios de los prisioneros de guerra. Rodean el campo altas verjas de alambradas. ¡Qué maravilloso camuflaje! Un centro de reclutamiento de antiguos miembros de la Gestapo y de oficiales de la Abwehr instalado en un campo de prisioneros, y ¡con buena custodia norteamericana! La primera tarea de Gehlen consiste en recuperar a sus colaboradores dispersos por los campos de Mannheim, Wiesbaden y otros lugares. Todos estos hombres han adquirido, durante la guerra, una sólida experiencia sobre asuntos soviéticos. Entre los primeros que llegan está su antiguo adjunto, Gerhard Wessel, que acude en su ayuda. Pero Gehlen tiene todavía un obstáculo por superar: desembarazarse de Baun, que está a punto de poner en marcha una organización competidora. Esta disidencia inquieta aún más a Gehlen por el hecho de que hay numerosos S.S. que se están enrolando en la organización Baun, para escapar de las persecuciones de los aliados. Por otra parte, Baun, el jefe del grupo Walli, dispone de un rasgo importante: continúa estando en contacto permanente por radio con los «ejércitos antisoviéticos», que se baten detrás de lo que Churchill llamó en seguida el «telón de acero» (conocido también como «cortina de hierro»). En Ucrania, y sobretodo en los países bálticos, los hombres de Baun continúan al lado de los guerrilleros nacionalistas y utilizan sus radioemisoras. Pero los informes que se transmiten presentan poco interés desde el punto de vista de la inteligencia, aparte de la satisfacción de saber que los comunistas están en dificultades. Gehlen hace sopesar a Sibert la pobreza de las informaciones proporcionadas por Baun. Los norteamericanos empiezan a impacientarse y Baun tiene que reconocer que no puede hacerlo mejor. El astuto Gehlen aprovecha entonces la situación para anunciar a Washington que tiene la posibilidad de enviar agentes secretos a territorio soviético y de infiltrar otros en el sector ruso de Berlín-Este. Lentamente, pero con seguridad, Gehlen consigue anular a Baun y recuperar para sí la pequeña red que él ha constituido. El número de veteranos del F.H.O. es, sin embargo, insuficiente a los ojos de Gehlen para formar la organización que proyecta. En medio del caos que reina en Alemania, encontrar, enrolar e instruir a especialistas del espionaje no es una tarea fácil. Por supuesto, en los campos de prisioneros abundan antiguos miembros de la Abwehr, del R.S.H.A., del SD (Sicherheitsdienst – Policía del Estado) y de la Gestapo, que continúan siendo interrogados y que son frecuentemente acusados de crímenes de guerra. Cientos de «candidatos en potencia» se pudren en los campos de Moosburg y de Landshut, en Baviera. Gehlen consigue obtener la lista de estos «interesantes» prisioneros. Cuando se lo comunica al general Sibert, este se queda desconcertado. ¿Cómo convencer a los oficiales de información, venidos expresamente de Estados Unidos para interrogar a estos prisioneros, para que abandonen sus misiones? Además hay otra dificultad. Gehlen ha firmado un acuerdo con los norteamericanos, según el cual no emplearía ni S.S. ni miembros de la Gestapo. En realidad, en los meses siguientes, con nombres y papeles falsos, serán muchos los que se incorporen a la red Gehlen. Para hacer funcionar a su nueva organización, éste necesita buenos especialistas. ¡Ni hablar, piensa Gehlen, de prescindir de tales «profesionales»! En un principio, para dar prueba de buena voluntad y de honestidad, Gehlen enrola a hombres procedentes de la Abwehr. He aquí algunas de sus adquisiciones: está primero el coronel Rohleder. Tiene detrás de él más de veinte años de carrera cuando se convierte en jefe del servicio de contraespionaje III-F de la Abwehr. Sospechoso de colaboración en el atentado contra Hitler, Rohleder es detenido por la Gestapo en 1944. Gehlen hace de este acontecimiento un argumento de peso para empujar a los norteamericanos a liberarlo. En cuanto a su homólogo en los Países Bajos, el teniente coronel Hermann Giskes, obtiene su reputación por el éxito de la «Operación Nordpol» que pone en práctica. «Después de haber interceptado y “devuelto” un comunicado enviado a Holanda por los ingleses, sin que nadie se percatara –cuenta Gilles Perrault-, el coronel Giskes desorientó a Londres de tal manera que una decena de agentes holandeses y una cantidad apreciable de pertrechos, que habían sido lanzados en paracaídas, fueron recibidos y atrapados por los alemanes en lugar de los miembros de la resistencia que esperaban encontrar». Giskes, como Rohleder, se enrola en la organización Gehlen. Jefe primero de la sección de Brême, es encargado en 1959 de la «subversión» en los países situados detrás de la cortina de hierro. 
Desde los más conocidos hasta los más oscuros, desde el simple suboficial al general, son numerosos los oficiales de la ex organización Canaris que van a alimentar la red Gehlen. Por ejemplo, el jefe de batallón Kramer, que se ha formado en la famosa «Legión Cóndor» enviada por Hitler para apoyar a Franco durante la guerra civil en España. Kramer era amigo personal de uno de los jefes del O.K.W., el general Alfred Jodl, y del jefe del Frente del Trabajo del IIIer Reich, Robert Ley. Gehlen, que sabe emplear las capacidades de sus hombres, va a nombrarle responsable del sector español. Entre las personalidades que figuran en el fichero de Gehlen está un hombre rígido, de estilo prusiano y moral rigurosa: el coronel Oscar Reile, considerado como el más eminente especialista en Francia. 

Oscar Reile 
 
Su mayor éxito fue el desmantelamiento de la red interaliada, que supuso la detención de setenta miembros de la Resistencia. La organización de esta red se apoyaba en dos personas: el capitán polaco Roman Czerniawski y una joven mujer, Mathilde Carré, apodada «La Chatte». Los prisioneros fueron encarcelados en Fresnes, con vistas a ser enviados ante un tribunal de guerra, pero el coronel Reile tuvo la idea de que ambos podían ser «devueltos» y, tras intentarlo, logró reclutar para la Abwehr a ambos jefes de la Resistencia. 
Los hombres que busca Gehlen para enriquecer su nueva organización deben ser ante todo técnicos calificados. Así descubre especialistas como operadores de radio, fotógrafos, expertos en criptografía, traductores, geógrafos, economistas. ¡Mejor si han pertenecido a la Abwehr o al S.D.: su formación está asegurada! Tal es el caso de Gottherd Gebauer, silesiano de origen, como Gehlen, que hizo toda la guerra como oficial de la Abwehr en Polonia. Es destinado, pues, a la sección «polaca» de la organización, donde sus colegas le dan el nombre de «Marzipan-Schweinchen» (cerdito de mazapán). El coronel Otto Wagner, alias «Doctor Delius», se encuentra también entre los eminentes especialistas descubiertos por Gehlen. Amigo íntimo del almirante Canaris, el Doctor Delius ocupó, a partir de 1941, las funciones de jefe de la Abwehr en Bulgaria. Desde su despacho en Sofía tejió una red de espionaje que cubrió todo el país e incluso el norte de Grecia. Un personaje pintoresco se añade a los miembros de esta sección: el ex coronel Nikolai Kostov, antiguo jefe de los servicios secretos bajo el rey Simeón. Otro especialista de esta región es recuperado por Gehlen después de la guerra: el comandante Josef Selmayr. Antiguo residente de la Abwehr en Eslovaquia, trabajó con el F.H.O., donde dirigía el sector de los Balcanes. Gehlen le confió, después de la guerra, la responsabilidad del espionaje en Checoslovaquia y en Yugoslavia. Tiempo después se convirtió en jefe de contraespionaje militar en la Alemania federal. En materia de infiltración, la red Gehlen ha recibido después de la guerra a otros dos hombres particularmente destacables, el capitán Karl Edmund Gartenfeld, alias «Erhard» o «Schoffer» y Wilhelm Ahlrichs. Estos dos antiguos oficiales de la Abwehr están especializados en hacer pasar a sus espías, en plena guerra, a través de las fronteras rusa, inglesa y norteamericana. Desde su organización, todavía en formación, Gehlen juzga que el objetivo más urgente es enviar numerosos agentes a los países ocupados por las tropas soviéticas. El momento es especialmente oportuno: en toda la Europa Central los servicios gubernamentales y administrativos están desorganizados. El hallazgo de Gartengeld y Ahlrichs es un verdadero suceso. Gartenfeld comandaba, durante los dos primeros años de la guerra, una escuadrilla de la Luftwaffe que ejecutó en Inglaterra 17 misiones de espionaje y sabotaje. En el curso de estas peligrosas misiones, él piloteaba personalmente su avión con enormes riesgos. En 1942 su escuadrilla fue enviada al frente del Este para efectuar diversos espionajes en las líneas soviéticas. Gehlen está orgulloso de haberlo recuperado. Sabe de su valor porque ha tenido que recurrir a él para lanzar pertrechos en paracaídas a sus agentes del F.H.O. sobre suelo ruso. Ahlrichs tiene también una brillante hoja de servicios. Ha realizado con éxito peligrosas operaciones de sabotaje en la costa este de los Estados Unidos. Pero Ahlrichs es famoso sobre todo por haber conseguido infiltrar en Norteamérica numerosos agentes nazis. El fue el organizador más destacado de la «Operación Pastorius», en el curso de la cual dos equipos de agentes, llegados en submarinos, desembarcaron en las costas de Florida. 
Dentro de la red Gehlen, los oficiales alemanes que habían pertenecido a los diferentes servicios de la Abwehr eran mayoría: un sesenta por ciento aproximadamente. Muchos se adaptaron sin dificultades, no siempre en la misma organización, sino en organismos colaboradores. Así, Richard Gerken, capitán de la Abwehr, conocido muy bien por la resistencia holandesa, fue destinado como director de gabinete en la B.J.V. (Bundesamt für Verfassungsschutz – Comisión de Protección de la Constitución), organismo de contraespionaje civil, equivalente a la Dirección de Seguridad del territorio francés. Gerken escribió a propósito de sus actividades: «El modelo que hemos adoptado para formar esta comisión de control ha sido calcado sobre la organización del antiguo servicio Ausland de la Abwehr, es decir, el conjunto de los servicios militares de la Abwehr, que dirigía el almirante Canaris». Numerosos hombres se sirvieron de la red Gehlen para desarrollar una brillante carrera en diferentes ministerios y puestos gubernamentales de la Alemania Federal. El capitán de fragata Alexander Cillarius, antiguo jefe de la Abwehr en Finlandia y Estonia, llegó a ser consejero permanente en el Ministerio de Asuntos Extranjeros para las cuestiones escandinavas. El conde Adeelmann von Adelmannsfelden fue secretario de legación. Ernst Günther Mohr, embajador en Buenos Aires. El doctor Wilhelm Otto, cónsul en Houston. Todos, antes y durante la Segunda Guerra Mundial, eran hombres de confianza de la Abwehr. Algunos fueron, inclusive, condecorados con la medalla al mérito militar por los servicios prestados en el marco de su actividad de espionaje. Todos fueron recuperados por Gehlen. Las actuales comisiones científicas alemanas de estudios sobre la Europa del Este reúnen distinguidos profesores que, después de la guerra, continuaron su servicio bajo la dirección del general Gehlen. El paso por la red Gehlen equivalía a una «rehabilitación». Los profesores Markert, Mehneit, Oberländer y muchos otros fueron reconvertidos de esta manera. Este es el caso del doctor en Filosofía y Teología Hans Koch. El doctor Koch es un viejo experto en información. Agente de los servicios de espionaje austrohúngaros durante la Primera Guerra Mundial, se pone después del «Anschluss» («anexión», o «unión política» de Austria dentro de la Alemania nazi en 1938), a disposición del Estado nazi y se incorpora a la Abwehr. 

Anschluss 
 

Participa entonces activamente en la preparación de los planes de invasión de Polonia y Rusia. Koch se incorpora a la red Gehlen y, a partir de 1954, dirige el Instituto de Europa del Este en Munich. «La Comisión de Estudios sobre Europa del Este –declara-, con su equipo de investigadores, periodistas y agregados militares, ha reemplazado a una media docena de puestos diplomáticos en estos países». El puesto de Director del Instituto de Historia de Europa del Este en Tübingen es ocupado también por un antiguo miembro de la Abwehr, el profesor Wernet Markert. Otro antiguo oficial de la Abwehr era, igualmente, el profesor Klaus Mehneit. Alcanzó el cargo de titular de la cátedra de Ciencias Políticas en la Escuela Técnica Superior de Aix-la-Chapelle, de redactor jefe de cinco publicaciones sobre la Europa oriental y de consejero del ministro de Asuntos Exteriores para los países del Este. 
Para contrapesar, en su organización, la presencia de hombres con un pasado político dudoso y con una hoja penal recargada, Gehlen tiene la idea de llamar a los brillantes generales de la Wehrmacht. Los norteamericanos están encantados de que éste enrole a oficiales superiores. Su simple ingreso a la red Gehlen los absuelve de todas las acciones que hayan podido cometer durante la guerra. 
-De hecho –señala Erich Sauber-, la apariencia de rectitud que presentó la Abwehr al final de la guerra no fue más que un engaño. En 1936 fue firmada, en efecto, una convención de diez artículos entre la Abwehr y la Gestapo, fijando los límites de sus respectivas actividades, pero implicando un apoyo recíproco. En 1944 las pautas antisoviéticas y anticomunistas fueron adoptadas de común acuerdo por los oficiales de la Abwehr y los del S.D. También en 1944 Hitler ordena que la dirección de todos los servicios secretos se ponga en manos del Reichsführer S.S. Heinrich Himmler. De este modo, los «caballeros» de la Abwehr han pertenecido, en un momento dado, a las S.S. Pero no hay que engañarse: los métodos de acción durante la guerra no diferían demasiado. Este es el razonamiento que ha hecho Gehlen al contratar, también, a los S.S. o a los de la Gestapo. Para estos hombres no se trata siempre de rehacer sus vidas en el primer momento de la posguerra, sino de esconderse. Entrar en la organización Gehlen, equivale a asegurarse la impunidad. Provistos de papeles falsos, ocupando una función «responsable» en una organización respaldada por los norteamericanos, están provisionalmente protegidos- 
-La red Gehlen –explica Erich Sauber- ha sido puesta en pie para luchar contra el comunismo. Ahora bien, desde el principio, Gehlen ha querido ensanchar el campo de acción de su organización y crear secciones encargadas de obtener información en las demás regiones del planeta. África del Norte, Oriente Medio, América latina, son de este modo inundadas por agentes de Gehlen. Le sirven de pantalla sociedades de importación-exportación que son creadas a tal efecto- 
En medio de esta reunión prodigiosa de individuos que constituyen la organización Gehlen se destaca una figura muy singular: el doctor Wilhelm Höttl. 

Wilhelm Höttl 
 
Perseguidor de judíos, falsificador, espía, Höttl es el hombre clave del final de la guerra. Conoce el escondite del llamado «tesoro nazi» y todas las redes de evasión. Hombre de confianza de Kaltenbrunner, Schellenberg, Himmler, Eichmann, Skorzeny, se halla entre el número de los jóvenes del IIIer Reich que, al acabar la guerra, tenía apenas treinta años y estaba dispuesto a todo para salvar la cabeza. Austríaco, doctor en historia a la edad de 22 años, en 1940, como miembro de las S.S., es uno de los más jóvenes agentes de información. En 1944 llega a Hungría con las fuerzas de ocupación alemanas y juega un papel de primer plano como jefe de los servicios de seguridad. Dirige la deportación de miles de judíos y de miembros de la resistencia húngara. El 10 de Agosto de 1944 está en Estrasburgo. Enviado por Himmler a la conferencia del Hotel Maison-Rouge, es encargado de dar a conocer las consignas del Reichsführer, para la organización del Cuarto Reich, a los representantes de la industria, de la banca y de la administración nazis. Se encuentra aquí al emisario de Martin Borman, el Standartenführer Walter Rauff. Ambos hombres van a organizar las redes de evasión de los jefes nazis, preparar su camuflaje, repartir capitales, prever la creación de sociedades alemanas en el extranjero. Considerado criminal de guerra por los húngaros, consigue salir indemne de la aventura hitleriana. Testigo de cargo en el proceso de Nüremberg, denuncia a todos los torturadores de la Gestapo, ¡sus antiguos colaboradores! Inmediatamente es contratado por el C.I.C. norteamericano y se instala en Austria. Organiza en pocas semanas la red Höttl. Antiguos miembros del S.D., de las Waffen S.S. y oficiales de la Wehrmacht, acuden pronto a Bad Ausse, donde Höttl ha instalado su cuartel general. El grupo se encarga primero del contraespionaje en la región ocupada por las tropas norteamericanas y del espionaje en la zona rusa. El despacho del C.I.C. en Salzburgo proporciona los medios financieros y materiales. Höttl vuelve a tomar contacto con sus «amigos» que han quedado en Hungría y las informaciones llegan a diario a Salzburgo. 
Gehlen, que está interesado en Höttl por ser un especialista en cuestiones húngaras, le envía como emisario, para convencerlo de ingresar en su organización, a uno de sus amigos, el barón Harry Mast (también llamado conde Bobby). Los tratos con Höttl terminan en la integración pura y simple de la red Höttl en la de Gehlen. Los hombres de Höttl continúan reuniendo informaciones procedentes de Austria y Hungría y Höttl las transmite a la central de Munich. 
La red Gehlen fue fundamental en el espionaje y contraespionaje sobre los países que conformaban el Pacto de Varsovia. Gehlen proporcionaba la inteligencia y la O.S.S. y la C.I.A. proveían de todo aquello que precisaban para ejecutar su trabajo: dinero, equipos, transportes, armas. 
Entre los éxitos obtenidos por la red Gehlen se puede mencionar la «Operación Sunrise» por medio de la cual consiguió infiltrar más de 5.000 espías en los países del Este. Todos estos hombres, que fueron entrenados por el general S.S. Burckhardt, continuaron sus operaciones hasta el año 1956, hasta que finalmente fueron exterminados por la KGB. Habían colaborado en Ucrania con el líder nacionalista Stepan Bandera. 

Stepan Bandera 
 
Otro éxito trascendental fue la infiltración, en un puesto de jerarquía, de su agente Walter Gramash, como Director del Departamento de Flotas y Puertos de Alemania Oriental. Este agente transmitió información secreta a Munich durante siete años. Gehlen, asimismo, proporcionó información precisa sobre el emplazamiento de misiles soviéticos con cabezas nucleares; trabajó en colaboración y brindó apoyo a organizaciones nacionalistas clandestinas como «Guardia de Hierro» en Rumania o la «Ustashe» en Yugoslavia; llevó adelante la «Operación Rusty» de contraespionaje contra organizaciones de alemanes disidentes. La red Gehlen tuvo éxito también al descubrir y desarticular la «Unidad de Asesinatos SMERSH» (organización soviética que se había encargado de hallar y eliminar informantes y dobles agentes enemigos); como así también en la construcción del llamado «Túnel de Berlín» el cual fue excavado por debajo del Muro de Berlín para poder interceptar y escuchar todas las comunicaciones soviéticas y de Alemania del Este. 
Pero también es cierto que la organización de Gehlen reclutó a miles de alemanes ex miembros de las S.S. y la Gestapo, que eran buscados por crímenes de guerra, y les proporcionó identidades falsas, pasaportes, historiales adulterados, dinero y hasta puestos de trabajo. Gran parte de esos hombres hallaron refugio en Chile, Argentina y Paraguay. Cuando la Guerra Fría entró en su momento más crítico, toda exigencia inicial de no emplear ex miembros de la Gestapo o las S.S. fue olvidada y hombres como James Angleton (que llegaría a Jefe de Inteligencia de la C.I.A.) fue la persona encargada de elaborar y facilitar las identidades falsas. Precisamente, cuando la C.I.A. fue creada se nombró como su primer Director a Allen Welsh Dulles. Se afirma que fue Gehlen quien le proporcionó a Dulles los «lineamientos generales» de cómo debía organizarse una nueva agencia de inteligencia. 
En Abril de 1956, la red Gehlen fue reubicada al servicio de Alemania Federal con el nombre de B.N.D. (Bundesnachrichtendienst – Servicio Federal de Información). 

B.N.D. 
 
Gehlen conservó su alto cargo en la inteligencia alemana y fue ascendido a Teniente General de la Bundeswehr (las nuevas fuerzas armadas de Alemania). 

Emblema Bundeswehr 
 
En 1968 se vió obligado a renunciar como consecuencia del escándalo político que se generó al descubrirse que un oficial de alta jerarquía del B.N.D., Heinz Halfe, era un agente doble al servicio de la K.G.B.
A partir de su retiro, Reinhardt Gehlen llevó una vida tranquila, sin mayor trascendencia pública, hasta que falleció el 8 de Junio de 1979.
Por toda su trayectoria, es considerado una auténtica leyenda en el mundo de los servicios de información.
 

Reinhardt Gehlen en su vejez 
 


Fuente: Los grandes enigmas del IIIer Reich

viernes, 3 de noviembre de 2017

SGM: Operaciones de engaño contra los alemanes

Guerra de subterfugio - Cuatro grandes engaños militares de la Segunda Guerra Mundial


Andrew Knighton | War history Online



Los oficiales de HMS Seraph, el submarino seleccionado para la operación Mincemeat, diciembre de 1943.

La inteligencia militar era vital para la Segunda Guerra Mundial. Los trucos abundaban, ya que los comandantes trataban de engañar a sus oponentes acerca de sus planes.

Engañando a Rommel en Alamein

La inteligencia y la contrainteligencia jugaron un papel importante en la campaña de África del Norte. Ya en 1940, los británicos usaban agentes para hacer creer a los alemanes que los ataques venían en momentos y lugares cuando no lo eran. Resultó muy útil para distraer a los alemanes y exponer sus debilidades, por ejemplo cuando empezaron a faltar combustible.

El caso más extenso de esto vino durante los combates en Alamein en octubre a noviembre de 1942. Los alemanes habían sido engañados ya en la creencia en tropas ficticias y mal dirigidos sobre donde las fuerzas británicas fueron situadas. Este trabajo de desinformación se basó en señales de radio y agentes, pero podría ser socavado si el reconocimiento aéreo no coincidía.


Los británicos construyeron un oleoducto que se dirigía hacia el sur a través del desierto. Es la dirección del viaje y el tiempo que se tarda en erigir indicó que estarían suministrando un asalto importante en esa área, que se pondría en marcha a mediados de noviembre.

Mientras tanto, los preparativos reales estaban en curso hacia el norte. Tropas y vehículos estaban disfrazados para ocultarlos del reconocimiento aéreo. Cuando los británicos atacaron en el norte, envió a las fuerzas alemanas bajo Rommel vacilando. Se habían estado preparando en el sur.


Por Bundesarchiv - CC BY-SA 3.0 de


Operación Mincemeat

El engaño más famoso de la guerra, la operación Mincemeat era una parte pequeña pero significativa de una tela más amplia del engaño.

Tras su éxito en el norte de África, los Aliados se preparaban para invadir Italia, empezando por Sicilia. El problema era que era un objetivo tan obvio. Los alemanes y los italianos estaban obligados a poner resistencia dura.

Para contrarrestar esto, los aliados comenzaron una campaña de falsa información similar a la que se utiliza en África. Esto llevó a los alemanes a creer que habían interceptado inteligencia vital y descubierto lo que los Aliados no querían que ellos hicieran; que la invasión venía más al este.


Luego se utilizó la ingeniosa operación Mincemeat. El cuerpo de un civil muerto estaba vestido de oficial, con una falsa identidad y papeleo. Los planes para una supuesta invasión aliada se colocaron en su cuerpo. Luego se dejó en el mar en un lugar donde sería recogido por los lugareños simpáticos a las fuerzas del Eje.


Tarjeta de identidad naval del comandante Martin

Al parecer tropezando con los planes falsos por accidente, los alemanes y los italianos fueron completamente engañados. Las fuerzas se desviaron de la zona de invasión real. Se había puesto el terreno para una invasión más segura de Sicilia.

FUSAG

Mientras se preparaban para invadir Normandía, los Aliados se enfrentaron al llamado Muro Atlántico, una cadena de posiciones defensivas sustanciales a lo largo de la costa. Con 12.000 fortificaciones y 6.5 millones de minas, era un objetivo formidable. La mejor manera de debilitar la posición del enemigo era engañar a Hitler para que pensara que estaban atacando en otra parte.

El lugar obvio era el Estrecho de Dover, el punto más estrecho del Canal de la Mancha. Era un plan que tenía perfecto sentido, ya que sería la travesía más corta y permitiría el apoyo aéreo y de artillería desde el sudeste de Inglaterra. Tenía tanto sentido que Hitler pudiera creer fácilmente.

Los aliados crearon un ejército imaginario - el primer grupo del ejército de Estados Unidos (FUSAG). Encabezado por el general Omar Bradley, se suponía que estaba en Kent y tenía una sede en Bradley y su personal.

Los estudios y los teatros de la película proporcionaron los constructores del sistema que fueron traídos a Kent para crear un ejército simulado. Construyeron cuarteles y tiendas de campaña, tanques falsos y embarcaciones de desembarco, lo suficientemente convincentes como para engañar al reconocimiento aéreo alemán. Las ondas de Kent se inundaron con el tráfico de radio de las unidades inexistentes.

Cuando se acercó la fecha de la invasión, el general George S. Patton fue puesto a cargo. Patton había sido suspendido del comando verdadero para abofetear a soldados exhaustos. Esta publicación significaba que todavía era útil, ya que los alemanes temían su liderazgo agresivo y eficaz.


Tanque ficticio utilizado como parte de la operación FUSAG

Para agregar a la farsa, un herido oficial alemán en su camino a casa se mostró una enorme fuerza armada se reunieron en Kent, incluyendo Patton. Proporcionó testimonio de testigos a sus superiores que el ejército era real. En realidad, se le habían mostrado soldados en una parte diferente del país.

Funcionó. Hitler se centró en la defensa del Pas de Calais, no de las playas de invasión. Semanas después del Día D, todavía estaba reteniendo fuerzas de regreso listos para enfrentarse a FUSAG.


Operación Titanic 

En la noche en que las fuerzas aliadas partieron hacia Normandía, un nuevo engaño estaba en marcha.

Al igual que FUSAG, la Operación Titanic trataba de engañar a los alemanes para que redujeran sus defensas en áreas vitales. El objetivo de Titanic era el área alrededor de la playa de Omaha, donde ocurrieron los aterrizajes más difíciles y sangrientos.


Maniquí de paracaídas británico ahora en exhibición en el museo de la batería del arma de Merville en Francia

A última hora de la tarde del 5 de junio de 1944, cuarenta aviones de transporte despegaron del sur de Inglaterra. A bordo estaban diez soldados del Servicio Aéreo Especial (SAS), el regimiento de paracaídas de élite de Gran Bretaña. Acompañaban 500 "Ruperts" - maniquíes crudos hechos de la arena, de la paja y de la tela, cada uno con un paracaídas.

Poco después de la medianoche, tanto los Ruperts como los paracaidistas fueron arrojados sobre el campo francés, lejos de las playas del desembarco. Los maniquíes contenían artefactos incendiarios para que se prendieran fuego al aterrizar, quitando pruebas de que no habían sido verdaderos paracaidistas iniciando un ataque. Los verdaderos soldados tenían grabaciones de fuegos artificiales y gramofones con disparos de batalla falsos.

Alrededor de las 3 de la mañana, los alemanes respondieron a los informes de un ataque. Miles de soldados fueron desviados de la zona alrededor de la playa de Omaha para tratar con los diez hombres SAS y sus cientos de compañeros de paja.

Aquellos hombres del SAS fueron los primeros en dsembarcar el día D. Sólo dos de ellos regresaron a casa con vida, pero gracias a ellos cientos de vidas estadounidenses se salvaron en la playa de Omaha.

Fuentes:

Ralph Bennett (1999), Behind the Battle: Intelligence in the War with Germany 1939-1945.
Gordon Brown (2008), Wartime Courage.
Nigel Cawthorne (2004), Turning the Tide: Decisive Battles of the Second World War.

sábado, 7 de octubre de 2017

Guerra Antisubversiva: Santucho, la muerte de una rata

La huida a ninguna parte de Roberto Santucho

El 19/07/1976 un Grupo de Tareas del Ejército argentino, encabezado por el capitán Juan Carlos Leonetti, irrumpió en el departamento de la calle Venezuela 3149, de Villa Martelli. Leonetti había recibido el encargo del jefe de la inteligencia militar, general Carlos Alberto Martínez, de cazar a la dirección del PRT-ERP. Algunos dicen que él ignoraba que encontraría al líder del Ejército Revolucionario del Pueblo, Mario Roberto Santucho. Otros afirman lo contrario. Y que esto ocurriría a pesar que en el mismo inmueble estaba la custodia de Santucho, que encabezaba Enrique Haroldo Gorriarán Merlo.
Por Urgente 24




La huida a ninguna parte de Roberto SantuchoMario Roberto Santucho.
Mario Roberto Santucho fue un revolucionario marxista trotskyta, contador público nacional que no ejerció como tal, que nació el 12/08/1936, hijo de Francisco del Rosario Santucho y de Manuela del Carmen Juárez.

Su hermano integró del Partido Comunista, pero Mario Roberto, mientras estudiaba en la Universidad de Tucumán, militó en el Movimiento Independiente de Estudiantes de Ciencias Económicas (MIECE), fue electo representante del Consejo Académico, y cuando el MIECE ganó el Centro de Estudiantes, se convirtió en delegado estudiantil del Consejo Tripartito.

Santucho se casó con Ana María Villareal, y tuvieron 3 hijas: Ana, Gabriela y Marcela.

Cuando terminó sus estudios emprendió un viaje durante el cual fortaleció su perspectiva contestataria: Bolivia, Perú, USA, México y llegó a Cuba, donde Fidel Castro había asumido el poder, acompañado por un argentino de inquietudes similares a la de Santucho, Ernesto Guevara. En la Cuba revolucionaria, Santucho encontró una sociedad que coincidía con sus valores.

En tanto, en la Argentina, su hermano, Francisco René Santucho fundaba, el 09/07/1961, el Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP), de "concepción americanista antiimperialista".

Cuando Mario Roberto regresó a la Argentina, se puso a la cabeza del FRIP, y con su hermano comenzaron diálogos con Palabra Obrera, de tendencia troskista, liderado por Nahuel Moreno. De la fusión de ambas organizaciones nació el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores), el 25/05/1965.

Y 3 años más tardes, llegará la división, expresada en sus publicaciones: "El Combatiente", con Santucho; y "La Verdad", con Nahuel Moreno.

Santucho fue detenido el 24/11/1969 en San Miguel de Tucumán y trasladado de la cárcel de Villa Quinteros a la de Villa Urquiza, cuando llevaba 8 meses detenido, él ingirió una pastilla que le provocó síntomas de enfermedad, fue llevado al Hospital Padilla, lo visitó su mujer, quien logró pasarle un arma que Santucho usó para escapar.

En 1970, un año después del 'Cordobazo', Santucho propuso la creación del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), al que incorporó a todos los integrantes del PRT, y algunos integrante de otras organizaciones.

En 1971 él fue detenido otra vez, y junto a Enrique Gorriaran Merlo, Marcos Osatinsky y Fernando Vaca Navaja, entre otros, protagonizó la fuga del penal de Rawson, en agosto de 1972. Quienes no pudieron subir en el avión que fue a Chile (por ejemplo, Santucho), fueron detenidos nuevamente (por ejemplo, Ana María), fueron fusilados el 22/08/1972. Sólo sobrevivieron Alberto Miguel Camps (muerto en 1977), María Antonia Berger (desaparecida en 1979) y Ricardo René Haidar (desaparecido en 1982).


En Cuba, luego de la fuga del Penal de Rawson y de la masacre de Trelew, Mario Roberto Santucho, Fernando Vaca Narvaja y Roberto Quieto hablaron por radio sobre la situación política argentina.

Santucho regresó al país en noviembre de 1972, para retomar la conducción del ERP-PRT. Y decidió combatir a los gobiernos constitucionales elegidos por la mayoría de los ciudadanos: tanto el de Héctor J. Cámpora (aunque en ese período ordenó una leve tregua) como el de Juan Domingo Perón.

Es más: el copamiento del cuartel de Azul, a principios de 1974, le permitió a Perón fundamentar la acción directa que emprendió la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), que creó por instrucciones suyas José López Rega.

Santucho tuvo una nueva pareja: Liliana Delfino, integrante del Comité Central del PRT, a cargo de la Propaganda Nacional. Fueron padres de Mario Antonio Santucho.

El objetivo del ERP fue iniciar la guerrilla rural en Tucumán (otra vez Santucho tuvo como referencia a Guevara). El gobierno constitucional ordenó el Operativo Independencia.

El ERP fue infiltrado y su situación tanto urbana como rural se complicó. La organización decidió transportar a Cuba a Santucho y a su lugarteniente Benito Urteaga, y así se llegó al lunes 19/07/1976.

A las 13:30 los militaron tocaron la puerta del 3149 de la calle Venezuela, Villa Martelli (Vicente López, Gran Buenos Aires).

Liliana Delfino entreabrió la puerta, pero el Grupo de Tareas encabezado por el capitán Juan Carlos Leonetti, entró violentamente. Adentro se encontraban Santucho, Urteaga, su hijo de 2 años, José, y Ana María Lanzillotto, embarazada de 6 meses.

En la balacera murieron Leonetti, Santucho y Urteaga. Sus cadáveres nunca fueron recuperados y, según el testimonio de Víctor Ibáñez, ex sargento de Ejército, fueron llevados a Campo de Mayo, a una fosa común. Liliana, Ana María y José fueron secuestrados. Liliana y Ana María fueron detenidas-desaparecidas. José fue devuelto a su familia 2 meses más tarde.


La familia Santucho en Santiago del Estero.

Facundo Aguirre escribió, en La Izquierda Diario, vocero del trotskymo argentino, una dura crítica a las decisiones de Santucho:

"(...) Frente al segundo Villazo, en marzo de 1975, cuando las bandas fascistas y la represión habían tomado de rehenes a los dirigentes de la UOM y sembraban terror en la población obrera de Villa Constitución, el PRT-ERP apostó todo a la carta militar, ajusticiando al jefe de la policía rosarina Telemaco Ojeda por fuera de toda consulta con los dirigentes de la huelga y las asambleas obreras.

Pero el punto más alto del divorcio entre la estrategia y política del PRT-ERP y la lucha de clases real se produce en las huelgas generales de Junio y Julio de 1975, primer huelga general contra el peronismo en la historia, que dieron lugar a las Coordinadoras Interfabriles, derrotaron al plan Rodrigo y echaron a López Rega del gobierno.

En dicha ocasión el PRT-ERP careció de política propia y Santucho fue completamente ajeno a esta gran acción del movimiento de masas, al punto tal que estuvo durante todo ese tiempo de crisis y convulsión de la base obrera, con el peronismo en el monte tucumano. A su regreso, cuando el gobierno de Isabel aún pendía de un hilo, se celebró la reunión del Comité Central, Vietnam Liberado, que votó como resolución proponer un frente democrático a los Montoneros, que impulsaban la reconstrucción del FREJULI con el Partido Autentico y el Partido Comunista que predicaba un gabinete cívico-militar con Isabel. (...)".

En esos días finales, Santucho estuvo negociando acuerdos con Montoneros.

Luis Mattini, quien sucedió a Santucho en la jefatura del ERP, explicó que un sector de la conducción querían que Santucho saliera del país de forma inmediata, pero el santiagueño decidió que dejaría el país el 20/07/1976, pues tenía una cita con Mario Firmenich, jefe de Montoneros, en la que abordaría la conformación de la Organización para la Liberación de Argentina (OLA), una entente que nuclearía a las organizaciones armadas que enfrentaban a la dictadura militar.

"Robi había prometido que iba a reunirse con Firmenich y creía que era una cita impostergable. El encuentro se realizaría el 19 y un día después saldría del país con destino a Cuba. La idea era dejar el país por Paraguay. Mientras tanto decidió irse a vivir al departamento del (Domingo) 'Gringo' Menna, en Villa Martelli", apunta Mattini.

Marcela Santucho, hija de 'Roby' escribió:

"(...) Esa misma noche Robi viajaría con destino a Roma, y luego seguiría a Cuba. El viaje fue decidido por el comité central y el buró político del PRT para resguardar la vida del comandante ante el salvaje golpe militar que comenzó a secuestrar de sus puestos de trabajo a dirigentes sindicales obreros, curas tercermundistas que trabajaban en las villas, abogados defensores de presos políticos y todos los simpatizantes que estaban en la legalidad.

Por eso se decidió preservar al Comandante y el Partido decidió que momentáneamente Santucho saliera del país y quedara en contacto permanente con Urteaga, quien dirigiría al PRT-ERP. La salida fue postergada hasta el 19 de julio porque Robi quería asistir a la reunión por la OLA con Firmenich, reunión que no se concretó. Fernando Gertel, el enlace del PRT comunicó esa mañana a la compañera de Robi, Liliana Delfino, que él estuvo en la cita a la hora indicada, pero que no vino nadie.

Horas más tarde, los militares llegaron al departamento del Gringo Menna, donde se encontraban el primero y segundo dirigente de la organización guevarista. Horas antes fueron secuestrados separadamente Menna y su compañeram Ana Lanzilloto, embarazada. El Gringo Menna llevaba un recibo con la dirección de su departamento, se supone que Leonetti siguió esa pista. Leonetti era un oficial que añoraba un buen cargo y que llegó a Capitán después de su muerte, cuando fue condecorado por asesinar al “enemigo público número uno”, Mario Roberto Santucho.

Durante mis investigaciones, leyendo testimonios, encontré el de Frida Rochocz que reconoció a Leonetti después que la secuestró… Frida estaba en su casa con su hermano, cuando hombres fuertemente armados irrumpieron en su casa. Uno de los milicos le gritaba furioso: “¿Vos sos la Alemana?”, y le pegaba para que hablara… Días después de secuestrada Frida fue liberada porque se dieron cuenta que no eran militantes y que no sabían nada. Cuando Frida trataba de calmarse de los días infernales que había pasado, el 19 de julio de 1976 compró el diario y se enteró de la muerte de Santucho.

La cuestión es que Frida, al ver la foto de Leonetti como uno de los muertos, reconoció al militar violento que la confundía con la Alemana, el apodo de la compañera de Santucho, Liliana Delfino. Es la prueba que Leonetti ya buscaba a Santucho. Desde la caída de la quinta de Moreno, Leonetti estaba tras los pasos de Robi, lo buscaba como una obsesión, a tal punto que cuando consiguieron la dirección de Villa Martelli, habló con Pascual Guerrieri, su jefe que le dijo por radio: “Vos espérame que ya vamos, porque a Santucho, lo queremos vivo”. Esto me lo dijeron testigos del juicio por lesa humanidad a Guerrieri, en Rosario en 2010.



1973. Mario Roberto Santucho, Benito Urteaga, Enrique Gorriarán Merlo y Carlos Molina.

Leonetti no le hizo caso a Guerrieri, quería la recompensa para él solo y sobre todo los laureles, le pareció que con cuatro ametralladoristas sería suficiente para reducir a los dos jefes guerrilleros que sabía estaban ahí con mujeres. El Gringo ya había sido secuestrado en una cita envenenada y llevado a Campo de Mayo, también había caído Gertel a eso de las 13 horas en un café. El portero del departamento de Villa Martelli nos contó que le apuntaron y amenazaron con un arma, para que subiera con ellos y tocara el timbre. El portero hizo caso. Cuando desde adentro preguntaron quién era, tuvo que responder que era el portero. La puerta se abrió, entraron los militares armados y el portero bajó apurado por el ascensor. Una terrible balacera estalló…

Según Ibañez, Leonetti, trató de reducirlos, los palpó de armas justo antes de que Robi le doblara el brazo y le arrebatara la pistola, lo que generó los disparos de dos militares, ya que los otros dos quedaron en la puerta del departamento. Minutos más tarde bajaron los cuatro militares con el cuerpo de Leonetti, y también se llevaron a Liliana Delfino. El portero me contó que se la veía muy nerviosa y asustada… hoy figura como desaparecida y además se dice que estaba embarazada, según testigos que la vieron en Campo de Mayo. Hasta ahora nadie de los que compararon su sangre con el banco de Abuelas de Plaza de Mayo, coincidió con la sangre de nuestra familia, pero esperamos que aquellos que tengan sospechas y ronden los 40 años, hagan el test para comparar los datos y resolver las centenas de casos que aún son buscados por familiares de desaparecidos.

Eugenio Méndez, periodista de ultra derecha, con información del ejército y de la SIDE, escribió sobre la muerte en combate de Santucho y nombra el apodo de uno de los ametralladoristas que acompañaban a Leonetti esa tarde: “Avispa loca”, al que entrevistó personalmente, pero cuando fue citado al juicio por la causa que llevamos adelante las hijas, se defendió con su derecho de “confidencialidad profesional”, negándose a informar el nombre del entrevistado. Su relato se asemeja al de Ibañez, quien en ese momento era cabo en Campo de Mayo:

"Desde mediados de los noventa, Ibañez se contacta con la familia Santucho para darle información sobre la llegada del cuerpo de Robi a Campo de Mayo… cuando yo vine de viaje al país, me contacté con Ibañez y me contó que vio en dicha guarnición militar a Menna y a Liliana Delfino con vida durante un tiempo. La segunda vez que vi a Ibañez fui con el hijo de Menna. Luego volví con el hermano de Urteaga y con mi abogado para pedirle a Ibañez su testimonio para la causa judicial para condenar a los responsables y para pedir los restos de Mario Roberto Santucho, exhibidos por sus enemigos como trofeo de guerra, y también como objeto de rituales nazis…"

Esta causa judicial en el juzgado de San Martin sigue pero de un modo demasiado lento, lleva casi dos décadas y decenas de folios con citaciones, testimonios, etc. Aún no pasó al juicio oral de los acusados y hasta ahora nadie fue condenado por el asesinato de Mario Roberto Santucho y de Benito Urteaga el 19 de julio de 1976… (...)".

lunes, 31 de julio de 2017

Guerra Antisubversiva: La masacre de San Patricio

Cuando la ESMA salió a matar a los 'curas del 3er. Mundo'

"Masacre de San Patricio" fue el nombre que se le dió al asesinato de los 3 sacerdotes y 2 seminaristas palotinos en la iglesia de San Patricio en el barrio de Belgrano R. Pedro Dufau (76), Alfredo Kelly (43) y Alfredo Leaden (57) y los seminaristas Salvador Barbeito (25) y Emilio Barletti (24). El múltiple crimen se produjo durante la madrugada del 04/07/1976, mientras la Argentina atravesaba el Proceso de Reorganización Nacional, bajo la presidencia de facto de Jorge Rafael Videla, enfrentado a la Armada que dirigía Emilio Eduardo Massera. En una distribución de tareas, el Ejército se encargaba del Ejército Revolucionario del Pueblo, y los marinos de Montoneros.
Urgente 24


Dato curioso: los asesinos no usaron un Ford Falcon verde, vehículo tradicional de los comandos militares clandestinos, sino un Peugeot 504 negro.


"Elementos subversivos asesinaron cobardemente a los sacerdotes y seminaristas. El vandálico hecho fue cometido en dependencias de la iglesia San Patricio, lo cual demuestra que sus autores, además de no tener Patria, tampoco tienen Dios."
Diario La Nación,
05/07/1976.
Durante esa madrugada fría de los primeros días de julio, los vecinos de la cuadra, en Belgrano R, alertaron a la policía sobre la presencia sospechosa de un Peugeot 504 color negro estacionado frente a la iglesia desde hace un largo rato.

Un patrullero de la Comisaría 37 respondió a los llamados de los vecinos, pero sólo estuvo algunos minutos, y se marchó: le ordenaron 'liberar la zona', según la jerga. Un rato después, entre la 1:00 y las 2:00, un grupo de 4 hombres se bajó de ese mismo auto, ingresaron a la Iglesia y fusilaron a las 5 personas que allí adentro se encontraban.

Todo indica que fue un comando del Grupo de Tareas 3.3.2 que funcionaba desde uno de los casinos de la Escuela de Suboficiales de Mecánica de la Armada.



Los sacerdotes asesinados fueron Pedro Dufau (76 años), Alfredo Kelly (43) y Alfredo Leaden (57) y los seminaristas Salvador Barbeito (25) y Emilio Barletti (24).

Esa mañana, como la iglesia no era abierta, el organista Fernando Savino decidió entrar por una ventana y encontró en el piso los cuerpos baleados, boca abajo y alineados en un enorme charco de sangre sobre una alfombra roja.

La justicia no pudo llegar a esclarecer el caso.


Mural en honor de los sacerdotes asesinos.

El periodista Eduardo Kimel, en su libro La Masacre de San Patricio, concluye que los autores fueron un grupo de la Armada.

En 2005 el entonces cardenal Jorge Bergoglio, como arzobispo de Buenos Aires, autorizó la apertura de la causa de beatificación de los 5 palotinos, por martirio.

El entonces cardenal Bergoglio, a quien acompañó el entonces nuncio apostólico Santos Abril y Castelló, dijo: “Yo soy testigo de la obra espiritual de `Alfie’ Kelly, y sé que sólo pensaba en Dios. Y en él, recuerdo a todos”.

El 07/06/1976 el cardenal Juan Carlos Aramburu y el entonces nuncio, monseñor Pío Laghi, visitaron la Junta Militar pidiendo explicaciones. El gobierno, que había acusado en un primer momento a "elementos subversivos" por la masacre, llegó a admitir tan sólo que se trataba de grupos militares salidos de control.


Misa en honor de los palatinos.

El cardenal y el nuncio llevaron una carta de la Conferencia Episcopal: "Nos preguntamos, o mejor dicho la gente se pregunta a veces sólo en la intimidad del hogar o del círculo de amigos, porque el temor también cunde:

-¿Qué fuerzas tan poderosas son las que con total impunidad y con todo anonimato pueden obrar así a su arbitrio?

-¿Qué garantía, qué derecho le queda a los ciudadanos?"

La congregación de la iglesia había organizado una reunión algunos días antes de la tragedia, en dicha reunión se había discutido que posición se iba a tomar ante los asesinatos y desapariciones que se estaban generando desde el poder.

Alfredo José Kelly de 43 años de edad, había sido acusado de estar vínculado a la organización Montoneros, algo que él negaba, pero alguna gente entre los militares dijo no creerle. Había recibido más de una amenaza, pero él no se iba a esconder.

El caso sigue abierto en 2 ámbitos distintos pero lamentablemente demasiado ligados, uno es el religioso, ya que en la Iglesia Católica sigue abierto el proceso de canonización de los fallecidos. Además el caso sigue sin esclarecerse en la Justicia penal argentina, al igual que muchos otros casos sucedidos durante la dictadura. Y, aunque no se "sepa" quien estuvo detrás del crimen, los mismos autores lo revelaron.

Cuando amaneció aquel 04/07/1976, Rolando Savino, el organista de la parroquia de 16 años, se encontraba afuera de la iglesia esperando que se abran las puertas junto a otros congregantes. Impaciente y preocupado, dió la vuelta a la casa y entró por una ventana de atrás, al entrar vió la escena. En la sala común encontró los 5 cuerpos tirados en el suelo, bañandos en un charco de sangre y 2 frases escritas con tiza:

> “Estos zurdos murieron por ser adoctrinadores de mentes vírgenes y son M.S.T.M.”; y

> “Por los camaradas dinamitados en Seguridad Federal. Venceremos. Viva la patria”.

MSTM quiere decir, se supone, Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, una corriente fundada dentro de la Iglesia Católica argentina, cuyos miembos venían siendo perseguidos por la dictadura.

La siguiente frase aludió a una especie de "venganza" del contra Montoneros, ya que estos últimos habían ejecutado un atentado contra el edificio donde funcionaba la Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal en el que murieron 23 personas, 2 días antes del crimen en la parroquia.

En noviembre de 2011, la Sala III de la Cámara Nacional de Casación Penal anuló la condena a un año de prisión en suspenso y a pagar una indemnización de $20.000 al juez Guillermo Rivarola impuesta contra el fallecido periodista Eduardo Kimel en 1999 por la publicación de su libro "La masacre de San Patricio", en donde se detallaba el asesinato de los sacerdotes palotinos Alfredo Kelly, Alfredo Leaden y Pedro Duffau, y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti, muertos el 4 de julio de 1976, en plena dictadura militar.

Los magistrados hicieron lugar al pedido de revisión presentado por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) en representación de la hija del periodista fallecido en febrero de 2010. Cabe recordar que la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció en el 2008 la violación del derecho a la libertad de expresión de Kimel y ordenó al Estado argentino que anulara la sentencia penal contra el periodista y modificara el Código Penal por su incompatibilidad con la Convención Americana.

"La masacre..." había sido publicada en 1989, y en el libro el periodista aludía a la actuación del camarista Guillermo Rivarola, quien como juez tuvo a su cargo la investigación del caso en los años 1976 y 1997, y se preguntaba si "realmente quería llegar a una pista que condujera a los victimarios".

En octubre de 1995, la jueza Angela Braidot, condenó a Kimel. A pesar de que en noviembre de 1996, la Cámara Nacional de Apelaciones anuló por unanimidad el fallo y absolvió al periodista, en diciembre de 1998 la Corte Suprema aceptó un recurso de Rivarola, revocó el fallo anterior y lo devolvió a la Cámara para que dictara una nueva sentencia, que finalmente confirmó la pena original. El caso motivó la intervención de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y el fallo dictado ahora por la Cámara de Casación.




jueves, 20 de julio de 2017

Biografía: Muere una decodificadora británica

Jane Fawcett, decodificadora británica que ayudó a hundir al Bismarck, muere a los 95 años
George Winston | War History Online



Jane Fawcett falleció el 21 de mayo de 2016, en su casa en Oxford, Inglaterra. Tenía 95 años.

Fawcett era una joven mujer de la sociedad londinense cuando empezó a trabajar en Bletchley Park, la sede de los esfuerzos británicos en la Segunda Guerra Mundial. Se le atribuye la identificación del mensaje que condujo al hundimiento del acorazado alemán Bismark.

Después de la guerra, ella continuó su carrera como cantante y, más tarde, trabajó en la preservación del patrimonio. Su legado duradero, sin embargo, es como el decodificador británico de ojos vivos de la guerra.
El buque de guerra más potente de Alemania en 1941 fue el Bismark. En mayo de ese año, se convirtió en un objetivo principal de los aliados después de hundir uno de los buques más poderosos de la marina británica, el battlecruiser Hood. Gran parte de la flota británica se dedicó a encontrar y destruir el Bismark, que se pensaba que se había retirado al Atlántico Norte en las cercanías de Noruega.

Fawcett, que era Jane Hughes entonces, tenía 20 años y trabajaba en Bletchley Park, la finca en Buckinghamshire, al norte de Londres, donde se ubicaba el Código de Gobierno y Cypher School.

Miles de mujeres jóvenes trabajaron allí durante la guerra. Muchos eran como Fawcett, reclutados de los estratos superiores de la sociedad británica. Realizaron una variedad de tareas, ayudando sobre todo a los miembros masculinos del equipo que luchaban para descodificar las misivas militares alemanas escritas por las máquinas del código tales como el dispositivo de Enigma.

La máquina Enigma generaba nuevos códigos a diario y, si bien los Aliados habían logrado cierto éxito en su descodificación, seguía siendo un trabajo laborioso y los resultados eran impredecibles, requiriendo una cadena de trabajadores vigilantes. Fawcett trabajó en la cabaña 6, que se centró en romper códigos del ejército alemán y de la Luftwaffe, la fuerza aérea alemana.

En el libro de 2015 de Michael Smith, The Debs of Bletchley Park and other stories, describe su puesto. Trabajó en un Typex que fue modificado para replicar una máquina Enigma. Cuando se rompió el código diario, ella u otra mujer en la sala de decodificación recibirían las claves y escribirían los mensajes codificados.

El Typex imprimirá el mensaje decodificado y Fawcett y su compañero de trabajo verificarían entonces si el mensaje era legible en alemán. Había aprendido el idioma durante su estancia en Suiza. Los mensajes alemanes fueron luego pasados ​​a Hut 3, donde se incluirían en informes de inteligencia.

El 25 de mayo de 1941, fue informada con los demás sobre el Bismark. "Todos sabíamos que la flota estaba en el Atlántico tratando de localizarla, porque ella era la más importante de las alemanas, el último acorazado y tenía mejores armas y así sucesivamente que cualquier otra persona, y ella ya había hundido a la Capucha". La Sra. Fawcett recordó en el libro. "Así que era de vital importancia para encontrar dónde estaba y tratar de deshacerse de ella."

Apenas sobre una hora en su cambio, Fawcett mecanografió hacia fuera un mensaje de la máquina principal de la enigma de Luftwaffe. Reconoció que el mensaje decodificado era una respuesta a un general alemán que había preguntado por la salud de su hijo que estaba en el Bismark. La respuesta indicó que el Bismark había sido dañado y estaba en camino al puerto de Brest, en Bretaña, Francia, para la reparación.

El mensaje fue decisivo para encontrar el Bismark. Fue descubierto por un hidroavión, atacado por los bombarderos del torpedo del portaaviones, y pululado por los acorazados y los cruceros de la marina de guerra real. Fue hundido en el Atlántico al oeste de Brest el 27 de mayo.

Janet Carolin Hughes nació el 4 de marzo de 1921, muy probablemente en Cambridge, donde vivía su abuela paterna, aunque su familia vivía en Londres. Su padre, George Ravensworth Hughes, era abogado en el gremio de la Compañía Goldsmiths. Su madre, antes Peggy Graham, hizo un trabajo caritativo como una visita a la cárcel.

La joven Jane soñaba con convertirse en bailarina de ballet y se entrenó durante un año en Sadler's Wells. A los 17 años, estaba decidida a ser demasiado alta para la compañía; Sus padres la enviaron a Suiza como un consuelo. Pasó seis meses estudiando alemán. Su madre la llamó de vuelta para la temporada debutante, decidiendo que era hora de que ella saliera en sociedad.

Resentida de tener que regresar a Londres, en 1940 se presentó a trabajar en Bletchley después de oír de un amigo que ya estaba trabajando allí. Ella firmó la Ley de Secretos Oficiales, la cual la obligó a guardar su trabajo para sí misma, y ​​fue asignada a Hut 6. Ella le dijo a sus padres que ella se había unido al Ministerio de Relaciones Exteriores apoyando intereses británicos en el extranjero, a pesar de estar a sólo 50 millas de su casa.

"Fue un alojamiento muy malo", recordó en The Debs of Bletchley Park. "Muy frío en el invierno y muy caliente en el verano. No hay aislamiento de ningún tipo excepto cortinas opacas. Teníamos horribles mesas de caballete, que eran muy vacilante, y sillas plegables, que también eran muy vacilante, muy difícil. Había iluminación muy pobre; Sola bombillas colgando abajo del techo. Así que estábamos realmente en semidesquedad, lo que espero es lo que las autoridades querían, una mejor seguridad ".

Después de la guerra, se formó como cantante en la Royal Academy of Music. Ella recorrió como recital y cantante de la ópera a través de los años 60. Ella se unió a la Sociedad Victoriana, que se formó para proteger los edificios de la era victoriana. Una vez ganó una famosa batalla contra los ferrocarriles británicos para salvar la estación de tren St. Pancras en Londres y el Midland Grand Hotel al lado. También enseñó la preservación del edificio en la Escuela de Arquitectura de la Asociación de Arquitectura.

Ella encontró a su marido, Edward Fawcett (llamado Ted), en un almuerzo arreglado para los oficiales navales jóvenes así que podrían encontrar a mujeres jóvenes. Los dos se casaron justo después de la guerra. El Sr. Fawcett trabajó como director de publicidad para el National Trust, una organización benéfica británica que trabaja para conservar y proteger los sitios históricos. Murió en 2013.

A Jane Fawcett le sobreviven su hijo, James Fawcett, su hija Carolin Comberti y cinco nietos.

jueves, 27 de abril de 2017

SGM: La red Gehlen (Parte 1)

La Red Gehlen 

(Primera Parte) 

«La esencia de los servicios secretos, aparte de la obligación de conocer el máximo de los hechos, consiste en saber discernir las tendencias históricas pasadas y prever su evolución futura.»
Reinhardt Gehlen
 


Reinhardt Gehlen 
 

Berna: Enero de 1972. Una lluvia helada me acoge al bajar del avión que me trae de París. Al dirigirme al centro de la capital helvética, intento imaginarme cómo va a desarrollarse mi entrevista con este hombre que, veintiocho años después de la caída del Reich, ha aceptado finalmente hablar... Retrocedo mentalmente en el tiempo. Pienso en ese notorio mes de Mayo de 1945. ¿Cuál fue la reacción de Erich Sauber, el hombre que vengo a ver, al enterarse de la muerte de su Führer y de la rendición de su país? ¿Qué va a revelarme sobre la desaparición de los fieles servidores del régimen nazi, sobre los falsos suicidas y sobre la caza de los criminales de guerra organizada por los aliados, sobre la «extraordinaria reconversión» de algunos de ellos? Es la primera vez que voy a encontrarme con Erich Sauber, este antiguo adjunto de Walter Schellenberg. 

Walter Schellenberg 
 
Estrechamente ligado a todos los contactos que se establecieron entre ciertos jefes nazis y los aliados durante los últimos meses de la guerra, Sauber participó especialmente en las primeras conversaciones con los servicios secretos suizos y, por medio de ellos, con el norteamericano Allen Welsh Dulles, por ese entonces, jefe de la O.S.S. (Office of Strategic Services - Oficina de Servicios Estratégicos), en Berna, Suiza. 

Allen Welsh Dulles 
 
Schellenberg, jefe de los servicios de contraespionaje del R.S.H.A. (Reichssicherheitshauptamt – Oficina Central de Seguridad del Reich), quería proteger sus relaciones con la Abwehr, servicio de contraespionaje que reportaba directamente al O.K.W. (Oberkommando der Wehrmacht - Estado Mayor de las Fuerzas Armadas), dirigido durante mucho tiempo por el almirante Wilhelm Walter Canaris. 

Almirante Canaris 
 
Erich Sauber ha sido, también, testigo de las horas críticas de la Abwehr y de la caída de Canaris. El sucesor de Canaris, después de la guerra, Reinhardt Gehlen, no le es desconocido. Se ha encontrado con él a menudo, mucho antes de que ocupara sus altas funciones para los aliados y para el gobierno de Bonn. Gehlen ha sido siempre un funcionario brillante y eficaz. Se mantenía a la sombra de Canaris y esperaba su suerte. El nombre de Gehlen aparece a menudo en la correspondencia que he intercambiado con Erich Sauber a lo largo de estos últimos meses. Sauber no me ha ocultado la fascinación que ejercía sobre él, en la época, el joven coronel. Su testimonio es uno de los más sinceros y también de los más sorprendentes que he oído, durante esta encuesta, sobre una de las redes de inteligencia nazi: la Red Gehlen. 
Erich Sauber empieza su narración. Habla muy lentamente, sopesando cada palabra. Intenta acordarse con exactitud de lo que pasó hace casi treinta años. «Hace tanto tiempo», me dice a lo largo de la conversación. Le pregunto si conocía bien a Reinhardt Gehlen. –Si usted quiere decir con eso: «¿Era usted amigo de Gehlen?», puedo contestarle sin vacilar: no. Y nadie, que yo sepa, en mi medio de contraespionaje, puede enorgullecerse de haberlo sido. Era muy frío. Las relaciones con él se limitaban a las cuestiones estrictas del servicio. Me intimidaba mucho y estaba deslumbrado por su brillante capacidad de síntesis. Con él ningún problema era insuperable. En esa época yo trabajaba en el fichero central del Amt VI (seguridad exterior) del R.S.H.A. Gehlen dependía de la Abwehr, es decir, de los servicios de información del estado mayor general. Por eso estaba directamente a las órdenes del almirante Canaris. Las tensiones entre el R.S.H.A. y la Abwehr, entre Canaris y Himmler, creaban una competencia cerrada entre los agentes de ambas organizaciones. Himmler se volvía loco de rabia cada vez que la Abwehr lograba una operación exitosa. El habría deseado que los dos servicios se fusionaran y se pusieran bajo su dirección, ¡por supuesto! Nos prohibía todo contacto con los colaboradores de Canaris. Yo tenía algunos amigos que trabajaban en la Abwehr. Me acuerdo de una historia que estuvo a punto de provocar mi traslado al frente ruso. Conocía desde hacía tiempo a un oficial superior de la Abwehr. Una noche nos reunimos en un restaurante berlinés para cenar. De repente, reconocí en una mesa vecina a uno de los «soplones» de Heydrich, el teniente de Himmler. Dos días más tarde fui convocado al despacho del Reichsführer. Recorría la habitación completamente encolerizado. ¡Me hizo sufrir un interrogatorio en regla sobre mis relaciones con este oficial y terminó acusándome de develar secretos del servicio! Le cito este ejemplo para demostrarle hasta qué punto eran tensas las relaciones entre los dos servicios. En 1944, después del atentado del 20 de Julio contra Hitler, Himmler, con razón o sin ella, pensó que podría sacar partido de la situación. El almirante Canaris fue, de este modo, una de las víctimas de la gran purga que diezmó al estado mayor alemán, fue incluso acusado falsamente de colaboración con el enemigo. Ya sabe usted lo que le ocurrió a Canaris. Después de su destitución, su servicio fue reorganizado y más tarde integrado al R.S.H.A. Himmler triunfaba. Mi despacho, el Amt VI, absorbió al servicio de información de la Abwehr. Entonces veía más a menudo a Reinhardt Gehlen. Tenía cuarenta y dos años. Era coronel responsable del F.H.O (Fremde Heere Ost – Armadas Extranjeras del Este), el servicio de espionaje y contraespionaje dirigido contra la Unión Soviética- 
-A partir del momento en que la derrota de Alemania parecía inminente, la actitud de Gehlen debió cambiar sin duda- le pregunto. 

Reinhardt Gehlen 
 
-Gehlen había previsto indudablemente esta eventualidad –responde Erich Sauber-. Gehlen había sido siempre de un anticomunismo virulento. Todas sus acciones contra la Unión Soviética eran cuidadosamente preparadas. Daba siempre la impresión de que estaba saldando una antigua cuenta con los rusos. El odio de Gehlen contra este régimen era muy profundo. Un día me confió que estaba convencido de que íbamos a perder la guerra. Me sorprendió mucho que Gehlen me participara su pesimismo de esta manera. «Estoy al corriente de todos los trámites iniciados por nuestros dirigentes para salvar el pellejo –insistió Gehlen-. ¿Por qué el Reichsführer S.S. Himmler se ve tan a menudo con el conde Bernadotte? ¿Sabe usted que Kaltenbrunner se sirve del Sturmbannführer Wilhem Höttl como mediador con los norteamericanos, y que nuestro Reichsmarschall Hermann Goering busca el modo de entrar en contacto con los ingleses? No creo decirle nada nuevo, ¿no es verdad Sauber? Usted es sin duda una de las personas mejor informadas dentro de este servicio. Y usted ha participado de conversaciones con los suizos con conocimiento y por indicación de Schellenberg». Gehlen no ignoraba nada de las tentativas hechas por nuestros dirigentes para ponerse en contacto con los norteamericanos y los ingleses. Me pregunto cómo podía estar tan bien informado de todos estos tratos secretos. Yo no había hablado a nadie de mi misión y estaba seguro que Schellenberg tampoco. A finales de Febrero –continúa Sauber- Gehlen había enviado al teniente coronel Gerhard Wessel, que en aquella época era responsable de una de las secciones del F.H.O., a Bad Reichenhall con una parte de los archivos. Había instalado allí un despacho que fue incluso adherido al cuartel general del grupo de ejércitos del Sur. Supongo que los documentos importantes no se encontraban en Bad Reichenhall, pero este despacho era una buena tapadera. Así Gehlen tenía las manos libres para poder esconder sus expedientes en otra parte- 

Bad Reichenhall 
 
Sauber se detiene unos instantes; después me confía las confidencias que le ha hecho Gehlen sobre la manera como él preveía la posguerra. 
-A partir del mes de Abril –continúa Sauber-, nuestros servicios estaban completamente desorganizados. Las órdenes y contraórdenes se sucedían a un ritmo infernal. La última vez que he visto a Gehlen fue durante la primera semana de Abril: «Dentro de poco seremos detenidos por los aliados –me dijo-. ¿Ha pensado ya usted en lo que puede ocurrirnos entonces, Sauber? Yo, sí. Quiero una rendición honorable y tengo un instrumento formidable que ofrecerles. Es absolutamente necesario que me entregue a los americanos. Tengo un plan dispuesto para la posguerra. Sauber, si tiene problemas con los aliados, piense en mí. Quizá podría ayudarle». –No sabía bien lo que quería decir. ¿Cuál era este plan? El instrumento era evidentemente su servicio de información sobre la U.R.S.S. y comprendía que esto pudiera interesar enormemente a los norteamericanos. ¿Pero esto era lo que él llamaba una «rendición honorable»? ¡Vender sus servicios a los norteamericanos! Sobre todo no veía de qué modo podría ayudarme. Antes de salir de mi despacho dijo: «Intente de todos modos evitar a los rusos, Sauber. ¡Podría arriesgarme a no volver a verle!» Tres días después supe que Gehlen había sido relevado del mando del F.H.O. y había sido jubilado. Era el 10 de Abril- 
En realidad, el viejo corso que es Reinhardt Gehlen no ha esperado al 10 de Abril para comenzar su plan de repliegue. «Lo más tarde a mediados de 1944 –refiere el historiador alemán Jürgen Thorwald-, Gehlen ha comenzado a reunir los informes, actas, estudios y archivos sobre la Unión Soviética en sus expedientes particulares y a ocultarlos en distintos lugares de los Alpes bávaros. De este modo, los archivos del servicio F.H.O. no pueden ser destruidos nunca». El 4 de Abril de 1945 tiene lugar en Bad Elster, en Sajonia, la última puesta a punto entre Gehlen y dos de sus ayudantes, Wessel y Baun. 

Bad Elster 
 
 
La cita ha sido concertada en el Kurhous Hotel. Los tres hombres se registran con nombres falsos. Las bases de la futura organización alemana de espionaje se van a establecer en una modesta habitación de hotel. De este modo, Wessel se encargará, junto con Gehlen, de asegurar el personal y los archivos del F.H.O. en la Alpenfestung (la Fortaleza Alpina). 

Alpenfestung 
 
Allí esperarán la llegada de los norteamericanos. Baun debe continuar ocupándose de los grupos Walli (nombre en código de los oficiales de información encargados de la «recuperación» de los prisioneros rusos y de la instalación de antenas de radio en la U.R.S.S., cuyos operadores eran desertores de la armada soviética), que él había dirigido sucesivamente para la Abwehr y para el R.S.H.A. Baun propone a Gehlen cortar temporalmente el contacto con los hombres de la armada Vlassov (general de la armada soviética, hecho prisionero por los alemanes en Mayo de 1942), que trabajaban en Moscú y en los estados mayores militares soviéticos. Gehlen le pide dar las órdenes para que todos los agentes diseminados en Silesia y entre el Oder y el Elba recorran los Alpes bávaros. En los días siguientes a esta conferencia secreta, reina una intensa actividad en los servicios de Gehlen. Se queman toneladas de papel, todos los documentos importantes son pasados a microfilmes en triple ejemplar y después colocados en cajas de hierro. Una de las series es enviada a Naumburgo en Turingia, y ocultada en casa de unos amigos de la familia Gehlen. Wessel vuelve a su despacho en Bad Reichenhall y Baun se instala en Baden. El 10 de Abril, el jefe del servicio F.H.O. dicta las últimas instrucciones a sus subordinados. Algunos reciben simplemente la orden de rendirse en el frente Oeste y de hacerse tranquilamente prisioneros de los americanos. A sus colaboradores más próximos les recomienda no decir nada, una vez hechos prisioneros. Al mismo tiempo, el servicio se valía de una particular «hecatombe». Comunicaciones de «fallecimientos» legan a los domicilios de algunos agentes de Gehlen, anunciando a sus familias que han muerto «por el Führer, el pueblo y la patria». Un complejo sistema de pistas es puesto a punto por Gehlen para poder tomar contacto con sus colaboradores prisioneros o «muertos». Establece un código especial de palabras y mensajes cifrados. Wessel se convierte en «W», Gehlen ofrece una «X», a Baun se le denomina «Y». Termina así la ejecución de la primera fase de su plan. 
Se trata ahora de salvaguardar al estado mayor del F.H.O., los archivos y a su propio jefe. Desde hace varias semanas, Gehlen ha escogido su lugar de refugio. En un principio, ha pensado que llegar al reducto alpino sería empeorar las cosas. Pero se ha dado cuenta en seguida de que la campaña de intoxicación llevada a cabo por los servicios de propaganda de Goebbels y el R.S.H.A., iba a ayudarle considerablemente. Porque, al hacer pasar el reducto alpino por una fortaleza inexpugnable, Goebbels va a transformar la estrategia militar norteamericana. Esta falsa noticia es, además, confirmada por los rusos, que piensan de este modo desviar de Berlín a las fuerzas norteamericanas. Estas van a dar máxima prioridad al reducto alpino. De este modo, Gehlen, al refugiarse en esta región, tiene garantizado el caer en sus manos. Todo el estado mayor del F.H.O. inicia entonces el largo trayecto que debe llevarle al refugio secreto. Para más seguridad, los oficiales se dividen en tres grupos y deciden llegar separadamente a la Alpenfestung. Gehlen y su familia forman parte del primer grupo y llevan con ellos los archivos que han ido a buscar a Naumburgo. El viaje se efectúa en condiciones deplorables: las carreteras están sobrecargadas de convoyes militares y de columnas de refugiados que huyen ante el avance del Ejército Rojo, y los bombardeos son continuos. El grupo, de hecho, corre un peligro muchos más grave, el de ser detenido por las patrullas S.S. En efecto, unos días antes, Hitler ha nombrado al almirante Doenitz como comandante en jefe de la zona norte, y ha ordenado a todos los oficiales que abandonan Berlín que se dirijan con sus hombres a Flensburg, donde se encuentra el cuartel general de Doenitz. Esta orden se aplica, naturalmente, también al estado mayor del F.H.O. Si Gehlen y sus hombres son detenidos en la carretera que lleva al Sur, les será difícil dar una explicación aceptable, y se arriesgan a ser fusilados por deserción. 
«En las orillas del Lena –refiere Gehlen en sus Memorias- dos camiones escaparon milagrosamente a una incursión aérea y más tarde, por la noche, fueron detenidos en Hof por elementos de las S.S., que los obligaron a entrar en un caserón: los S.S. deseaban examinar sus documentos. Este incidente exponía a los hombres a un peligro más grande que los bombardeos. Afortunadamente, los dos conductores, de los cuales uno era hijo de mi colaborador el mayor Baun, encontraron una verja sin el cerrojo por la que ellos pudieron escapar con los vehículos. Dejaron a mi familia en casa de unos amigos cerca de Cham y siguieron su camino hacia el Sur, hasta Bad Reichenhall, donde estaba replegado la mayor parte de mi servicio». 
Aquí, Wessel y algunos de sus oficiales se dispusieron a ayudar a Gehlen a ocultar las cajas. Decide distribuirlas en tres partes: una es depositada en Reit-in-Winkel, al sur del lago Chiem; la segunda en Wildermohalm, cerca de Kufstein; y la última se oculta en las montañas junto al pequeño pueblo de Valepp. Se da la orden de dispersión a Miesbach. Es preciso evitar a toda costa llamar la atención, porque Miesbach y sus alrededores, están llenos de oficiales nazis y S.S. Gehlen juzga preferible no permanecer personalmente en este lugar. Da la orden a treinta y ocho de sus oficiales de buscar un alojamiento cerca de ella y esperar su aviso. Sus hombres se dispersan por los pueblos vecinos: Achliersee, Fischhausen y Losefsthal. 
 
Acompañado de nueve de sus más fieles colaboradores, entre los que se encuentran tres jóvenes secretarias, Gehlen abandona Miesbach con los documentos ultrasecretos del F.H.O. Todos los hombres van vestidos como auténticos montañeses. Las cajas son llevadas en carretillas a lo largo de los senderos forestales. El ascenso les lleva varias horas. Finalmente, a la salida del bosque, llegan ante una gran explanada de nieve. En medio de una pendiente poco acentuada, Gehlen y sus compañeros descubren un pequeño chalet. El paraje lleva un nombre siniestro: Elendsalm, el «Pasto de la Miseria». Al anochecer, los hombres entierran profundamente las cajas en el límite del bosque. Gehlen está satisfecho. Tiene en su poder documentos de tal importancia que puede enfrentarse tranquilamente con el porvenir. 
«Para el éxito de nuestro plan –dice Gehlen en sus Memorias- era indispensable no dejarnos atrapar demasiado pronto. Una parte de nuestro grupo se iba todas las mañanas, al amanecer, a lo alto de la montaña, mientras que las tres chicas y dos de mis oficiales heridos se quedaban abajo resguardando el chalet. Escalábamos generalmente hasta la cresta del Auer y montábamos allí la tienda, en terreno cubierto parcialmente por los árboles. Pasábamos la jornada contemplando el paisaje y observando los primeros signos de vegetación que surgían poco a poco de la nieve. Al atardecer bajábamos y, antes de llegar al refugio, nos asegurábamos que nuestros compañeros habían colgado el mantel en un alambre para indicarnos que no había peligro». Gehlen teme mucho más las acciones de los grupos S.S. que a las tropas regulares aliadas. El 28 de Abril escucha por la radio que el Ejército Rojo ha entrado en Berlín. Al día siguiente se entera por uno de sus oficiales de reserva, Weck, que los americanos están en Munich y que han abierto las puertas del campo de concentración de Dachau. El 1º de Mayo la radio anuncia la muerte del Führer. Gehlen está cada vez más nervioso. Los S.S. rondan las montañas. «Weck no había permanecido inactivo –cuenta-. Gracias al Servicio de Aguas y Bosques de la región, había conseguido la llave de un refugio casi inaccesible, cerca de la cumbre del Maroldschneid. 

 


Era la tercera semana de Mayo. Consideré que había llegado el momento de pasar a la acción, de bajar al valle y de entregarse a la unidad americana más próxima. Los padres de uno de mis colaboradores, el mayor Schoeller, vivían en Fischausen, a orillas del Schliersee. Nos propuso pasar en su casa las vacaciones de Semana Santa, antes de entregarnos a los norteamericanos. No queríamos ser capturados: deseábamos entregarnos voluntariamente, y esto es lo que hicimos». 
En la mañana del 19 de Mayo, Gehlen y cuatro de sus oficiales bajan al valle. El día anterior, por la noche, han descosido las insignias de su graduación, se han quitado sus pantalones con franjas rojas –distintivo exclusivo de los oficiales del estado mayor general- y se han vestido con uniformes ordinarios de combate, de tal forma que ya no se distinguen de los miembros del ejército alemán que se repliegan hacia el Este. Tres días más tarde se entregan a los americanos. En una Alemania en plena derrota, Gehlen, con un orden perfecto, ha llevado a cabo su plan hasta el final. 
Reinhardt Gehlen ha dejado una parte de su equipo en el «Pasto de la Miseria» para recibir los mensajes de radio de los otros miembros del servicio. Ahora que su jefe ya no está con ellos, la vigilancia alrededor del chalet puede relajarse. Los oficiales del F.H.O. no desconfían de los montañeses, y menos aún de los pastores que ven pasar de vez en cuando. Uno de ellos, sin embargo, va a denunciarles. Rudi Kreidl sospecha mucho, en efecto, de esos hombres que le han dicho un día que son investigadores científicos. Los ha visto enterrar uniformes e insignias nazis. No le gustan nada los nazis. Mutilado de guerra, no perdona a Hitler el haber llevado a Alemania a un conflicto tan largo y tan mortífero.