miércoles, 25 de febrero de 2015

España: Primera Guerra Carlista

Primera Guerra Carlista

Wikipedia


Cuadro "Calderote" (Primera Guerra Carlista) por Ferrer Dalmau

Origen

La guerra la planteó Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII, por la cuestión sucesoria, ya que había sido el heredero al trono durante el reinado de su hermano Fernando VII, debido a que éste, tras tres matrimonios, carecía de descendencia. Sin embargo, el nuevo matrimonio del rey y el embarazo de la reina abren una nueva posibilidad de sucesión.
En marzo de 1830, seis meses antes de su nacimiento, el rey publica la Pragmática Sanción de Carlos IV aprobada por las Cortes de 1789, que dejaba sin efecto el Reglamento de 10 de mayo de 1713 que excluía la sucesión femenina al trono hasta agotar la descendencia masculina de Felipe V. Se restablecía así el derecho sucesorio tradicional castellano, recogido en Las Partidas, según el cual podían acceder al trono las hijas del rey difunto en caso de morir el monarca sin hijos varones.

 
El infante Carlos María Isidro, autoproclamado rey con el nombre de Carlos V.

No obstante, Carlos María Isidro, no reconoció a Isabel como princesa de Asturias y cuando Fernando murió el 29 de septiembre de 1833, Isabel fue proclamada reina bajo la regencia de su madre, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, y Carlos en el Manifiesto de Abrantesmantuvo sus derechos dinásticos, llevando al país a la Primera Guerra Carlista.
La cuestión dinástica no fue la única razón de la guerra. Tras la Guerra de la Independencia, Fernando abolió la Constitución de 1812, pero tras el Trienio Liberal (1820-1823), Fernando VII no volvió a restaurar la Inquisición, y en los últimos años de su reinado permitió ciertas reformas para atraer a los sectores liberales, que además pretendían igualar las leyes y costumbres en todo el territorio del reino eliminando los fueros y las leyes particulares, al tiempo los sectores más conservadores se agrupaban en torno a su hermano Carlos.

Contendientes

El campo y las pequeñas ciudades del País Vasco y Navarra apoyaron mayoritariamente al pretendiente Carlos debido a su tradicionalismo foral, gracias al apoyo que le dio el bajo clerolocal. Muchos autores han especulado con la posibilidad de que la causa carlista en el País Vasco y Navarra fuese fundamentalmente foralista. No existe consenso en este análisis, puesto que otros autores rebaten esta interpretación, haciendo la principal razón del apoyo vasconavarro al influjo del clero en la sociedad.
En Aragón y Cataluña se vio como una oportunidad de recuperar sus derechos forales, perdidos tras la Guerra de Sucesión Española, mediante los Decretos de Nueva Planta. La jerarquía eclesiástica se mantuvo ambigua, aunque una parte importante del clero (como por ejemplo, el famoso Cura Merino) se unió a los carlistas.
En el otro bando, los liberales y moderados se unieron para apoyar a María Cristina y a su hija Isabel. Controlaban las principales instituciones del Estado, la mayoría del ejército y todas las ciudades importantes. Los liberales recibieron apoyo del Reino Unido, Portugal y Francia en forma de créditos para el tesoro y de fuerzas militares. Los británicos enviaron la Legión Auxiliar Británica, cuerpo de voluntarios al mando del general George Lacy Evans, en tanto que la Royal Navy realizaba funciones de bloqueo. Los portugueses enviaron una división auxiliar bajo el mando del Barón das Antas y los franceses la Legión extranjera francesa además de colaborar en el control de la frontera y de las costas españolas.

La guerra

La guerra en el frente del norte

Finales

Tras la muerte de Fernando VII, el pretendiente Carlos nombró a Joaquín Abarca como ministro universal e hizo un llamamiento al ejército y a las autoridades para que se sumaran a su causa, pero con escasa repercusión. En el ámbito internacional tan sólo el rey Miguel I de Portugal lo reconoció, lo que llevó a la ruptura diplomática entre España y Portugal. En los primeros días de octubre se sucedieron las insurrecciones en varios puntos de España, protagonizadas por agrupaciones locales de Voluntarios Realistas, en general con poco éxito, excepto en el País Vasco, Navarra y Logroño, pero sin llegar a controlar más que por poco tiempo las ciudades de dichos territorios. Las sublevaciones no tuvieron el apoyo del ejército. Así, el general Ladrón de Cegama, sin mando en Valladolid (residencia de la Capitanía General de Castilla la Vieja), y el coronel Tomás de Zumalacárregui, retirado pero viviendo en la plaza fuerte de Pamplona, huyeron de sus lugares de residencia para pronunciarse sin arrastrar consigo fuerza alguna de las guarniciones de las plazas en las que se encontraban. La guerra se considera como comenzada cuando el general Ladrón de Cegama proclamó rey al infante don Carlos con el nombre de Carlos V el 6 de octubre de 1833 en Tricio (La Rioja), apoderándose con los voluntarios sublevados de Logroño y pasando a Navarra a unirse con los sublevados de esta provincia. La unión de estos voluntarios en Navarra fue el embrión de las tropas de las que se hizo cargo Tomás de Zumalacárregui y que hicieron posible que la guerra durase siete años.

El frente en su momento álgido.

Quesada - Zumalacárregui

El general carlista Tomás de Zumalacárregui.

Las fuerzas carlistas del norte quedaron centradas en la figura de Tomás de Zumalacárregui, que organizó en poco tiempo un ejército carlista en Navarra, al que también se unieron los carlistas vascos debilitados tras la expedición de Pedro Sarsfield.
Zumalacárregui equipó a sus hombres con armas tomadas a los ejércitos cristinos en el campo de batalla o en ataques contra fábricas o convoyes, y consciente de su inferioridad numérica y armamentística reprodujo la táctica guerrillera que conocía desde la Guerra de Independencia, amparándose en lo accidentado del relieve y en el apoyo de gran parte de la población civil. El7 de diciembre de 1833, las diputaciones de Vizcaya y de Álava le nombraron jefe de las tropas de estas provincias. Muy popular entre sus soldados (le llamaban "Tío Tomás"), no dudó en mostrarse cruel en la represión de los liberales ni en emplear el terror para mantener controlado el territorio.

Rodil - Zumalacárregui

Durante el año 1834 se sucedieron las victorias carlistas en importantes acciones, como el asalto a un convoy de armas entre Logroño y Cenicero, las acciones de Alegría de Álava y Venta de Echavarri. Pero para los carlistas el año acabó con una derrota en la batalla de Mendaza y la prudente retirada en la batalla de Arquijas.

Espoz y Mina -Zumalacárregui

Pero en marzo y abril de 1835, con la Acción de Larremiar contra Francisco Espoz y Mina, Zumalacárregui volvió a participar con éxito.

Valdés - Zumalacárregui

Con la Acción de Artaza contra Gerónimo Valdés, Zumalacárregui deshizo la tropa cristina que se vio obligada a desmantelar todas las estratégicas guarniciones (Maeztu, Alsasua, Elizondo,Santesteban, Urdax, entre otras), quedando como únicas guarniciones las de las capitales de la provincias vascongadas, Pamplona y algunos puertos de la costa. El grueso del ejército cristino se retiró a la orilla sur del Ebro. Animado por sus éxitos militares y por la necesidad de obtener financiación y reconocimiento internacional, el pretendiente le ordenó tomar Bilbao, a pesar de la opinión contraria de Zumalacárregui, que hubiera preferido atacar Vitoria y desde allí abrirse camino hacia Madrid. La operación comenzó con éxito, al abrirse paso hacia Bilbao al vencer al general Espartero en el Puerto de Descarga, comenzando a sitiar la capital vizcaína el 10 de junio de 1835; pero, herido Zumalacárregui cuando observaba las operaciones, falleció el 24 de junio de 1835.

Fernández de Córdova - Eguía

En octubre de 1835 Nazario Eguía asumió el puesto de general en jefe de las tropas carlistas en el País Vasco y Navarra. Durante su mandato el ejército carlista aumentó sus efectivos hasta llegar a los 36.000 hombres y su sucesor Bruno Villarreal, se caracterizó por fomentar las expediciones fuera del territorio carlista.

Fernández de Córdova - Villarreal

Bruno Villarreal se caracterizó por fomentar las expediciones fuera del territorio carlista.

Espartero - Villarreal

En octubre de 1836 tuvo lugar el segundo sitio de Bilbao, que fracasó a los cinco días y en noviembre un tercer intento que duró mes y medio y que fracasó ante la defensa de Baldomero Espartero,

Espartero - Príncipe Sebastián

El fracaso ante Bilbao de los carlistas provocó el nombramiento de Sebastián Gabriel de Borbón y Braganza como general en jefe de los carlistas, el cual en marzo de 1837 venció a las tropas liberales en la batalla de Oriamendi. Mientras tanto los sectores más radicales del carlismo se habían hecho con el control político, acrecentado tras la Expedición Real.

Espartero - Guergué

Juan Antonio Guergué se hizo con el mando del ejército hasta junio de 1838,

Espartero - Maroto

Tras la batalla de Peñacerrada, Guergué fue sustituido por Rafael Maroto, quien reorganizó el ejército y mandó fusilar en febrero de 1839 a Guergué y a otros militares acusados de conspirar en su contra al tiempo que intentaba conseguir del pretendiente la destitución de sus adversarios, por lo que fue destituido a su vez por Don Carlos, aunque pocos días después fue restituido en su puesto por el pretendiente, que accedió a sus demandas.
Maroto negoció con el gobierno de Isabel II sin el apoyo del pretendiente y con la oposición de parte de sus tropas y el 29 de agosto de 1839 Espartero y oficiales carlistas, representantes de Maroto, firman el Convenio de Oñate que puso fin a la guerra en el norte de España, confirmado con el conocido como Abrazo de Vergara entre Maroto y Espartero el 31 de agosto. El 14 de septiembre de 1839 el pretendiente carlista y sus tropas que le permanecían fieles cruzaron la frontera francesa y la guerra terminó en el frente norte.

Frente de Castilla

En Castilla la Vieja, fue en Burgos y Soria dónde más éxito tuvo la insurrección, movilizando un total de 10.000 hombres al mando de Jerónimo Merino e Ignacio Alonso Cuevillas. En Cataluña, en abril de 1834, entró una partida procedente del Maestrazgo al mando de Manuel Carnicer pero fracasó. A pesar de eso, se mantuvieron movilizadas numerosas partidas guerrilleras.

El carlismo en Aragón

Frente Aragón y Valencia

El 13 de noviembre de 1833 los carlistas obtienen una importante victoria: Morella se subleva y enrola el estandarte de Carlos V. Carlos Victoria, comandante de la plaza de Morella, hace salir a las tropas de la ciudad con una treta. Cierra las puertas de la ciudad y junto con Rafael Ram de Viu (barón de Herbés) y Manuel Carnicer se suman al bando carlista. Pese a este acto las tropas gubernamentales se ponen en movimiento y mandan hacia Morella una importante columna dirigida por Horé. Los carlistas ante esa amenaza huyen de Morella en diciembre. Después el barón de Herbés y otros líderes carlistas son apresados en Calanda y fusilados el 27 de diciembre. Pese a esto la llama de la rebelión se había encendido en las tierras del Maestrazgo y el Ebro puesto que otros líderes como Carnicer, Quílez y Cabrera continuaron luchando.
Las partidas del Maestrazgo y Aragón eligieron a Manuel Carnicer como su jefe en febrero de 1834. Tras su fusilamento en abril de 1835 tomó el mando su segundo, Ramón Cabrera, quien dio ánimos a las fuerzas carlistas, pero sin que fuerzas fueran lo suficientemente numerosas como para obtener una victoria decisiva sobre las fuerzas liberales, de forma que en 1836 Evaristo de San Miguel conquistaba para los isabelinos Cantavieja. En 1837 Cabrera consigue reconquistar el territorio perdido y en enero de 1838 conquista Morella, a la que convierte en capital de su administración, extendiendo su territorio por Aragón, norte de Valencia y sur de Cataluña. Sin embargo, el fin de la guerra en el norte hizo que Espartero llegara a Zaragoza al frente de 44.000 hombres en octubre de 1839 y estableciera su cuartel general en Mas de las Matas. Cabrera consigue mantener la resistencia hasta el 30 de mayo de 1840 cuándo Espartero conquistó Morella y Cabrera se dirigió a Berga.

Frente de Cataluña

En Cataluña las numerosas partidas actuaban sin coordinación. El mando del Pretendiente envió un contingente de fuerzas del territorio carlista vasco-navarro, seleccionado entre los más experimentados batallones de los que disponía, en agosto de 1835 bajo el mando de Juan Antonio Guergué formado por 2.700 hombres con la misión de organizar el frente en Cataluña. Llegado a su destino Guergué, consiguió agrupar una numerosa fuerza, intentanto tomar Olot pero fracasando en el intento. Seguidamente Guergué organizó las tropas carlistas catalanas en un documento oficial que se enviaría al rey y a los cabecillas respectivos. En el mismo documento él pone de manifiesto que las tropas con las que cuenta son unas 19.000 descontando las traídas por él. Sin embargo estos datos son poco fiables debido a que dan un número alto de guerrillas no identificadas. Pese a esto el número debía ser muy alto.Tras la marcha de Guergué de Cataluña asumieron el mando Ignacio Brujó y Rafael Maroto. Éste estuvo poco tiempo (unos meses), creó confusión y tuvo muchas derrotas así que en diciembre de 1836 fue sustituido por Blas María Royo de León que había sido jefe del estado mayor de la expedición Guergué. Royo logró victorias importantes cómo el desastre de Oliver y la conquista de Solsona. En 1837 se hizo con el mando uno de los miembros de laExpedición Real, Juan Antonio de Urbiztondo, quien conquistó Berga en julio y la convirtió en la capital del carlismo catalán.

Daguerrotipo de Ramón Cabrera.



Los problemas entre la Junta de gobierno de Berga y Urbiztondo llevaron al nombramiento de José Segarra y posteriormente, en julio de 1838, al del Conde de España, que se esforzó en modernizar sus tropas al tiempo que se aproximaba a los sectores más radicales del carlismo, lo que provocó el descontento de la oficialidad carlista, que solicitaron su destitución al pretendiente, lo que consiguieron en octubre. La llegada de combatientes carlistas procedentes del frente norte tras la firma del Convenio de Oñate consiguió prolongar la guerra en Cataluña unos meses más hasta que las últimas tropas carlistas dirigidas por Cabrera cruzaron la frontera francesa el 6 de julio de 1840.

Castilla la Vieja y Castilla la Nueva

En ambas Castillas los movimientos carlistas también existieron. Fueron más importantes en Castilla la Vieja. En las zonas cercanas a las provincias Vascongadas y Navarra, los carlistas, bajo la presión de las tropas isabelinas, acabaron amparándose en los carlistas vasco-navarros, formando los batallones castellanos. Sus jefes más importantes fueron Balmaseda, Basilio García, Jerónimo Merino y Cuevillas. Organizaron correrías por el territorio controlado por el bando isabelino, llegando en ocasiones hasta La Mancha. Los húsares de Ontoria, una unidad selecta formada por expertos jinetes castellanos y dirigida por Balmaseda, fue la unidad más importante de caballería castellana que terminó combatiendo con Cabrera. No pudiendo cruzar el Ebro en la fase final al caer el Maestrazgo en manos de Espartero, intentaron huir a Francia dando el rodeo por Cuenca, Soria, Burgos, La Rioja y Navarra, desolando con sus tropelías y robos las poblaciones que atravesaban. Gran parte de ellos fueron finalmente interceptados en Navarra, cuando Cabrera hacía ya tiempo que se encontraba en Francia y, por lo tanto, la guerra había finalizado. Por ello fueron considerados como bandoleros y ejecutados.
En Castilla la Nueva los movimientos carlistas se centraron en Ciudad Real y en las zonas próximas a Cabrera (Cuenca) y también Albacete). La partida más importante de la región fue la de los hermanos Palillos. Esta partida estaba formada por jinetes en su mayor parte y llegó a ser numerosa comparada con las demás partidas manchegas, que nunca fueron muy superiores a un par de centenares de hombres.

Frente de la provincia de Ciudad Real

En la provincia se formaron más de un centenar de partidas, algunas con apenas una decena de hombres y otras superando varios centenares. Tres son las causas de esta proliferación: a) Dada la orografía montañosa y el tránsito a través de la provincia de las comunicaciones Madrid - Andalucía, desde tiempo muy atrás el bandolerismo estaba muy desarrollado. b) Estas circunstancias fueron base para que durante la Guerra de la Independencia se creasen numerosas partidas guerrilleras con gran actividad. c) La provincia, muy depauperada, con la tierra prácticamente en poder de unas pocas personas, no solo producía pobreza en las gentes que trabajaban el campo sino también en las localidades donde los zapateros, sastres y demás oficios tenían unos ingresos muy bajos ya que sus clientes, los trabajadores del campo, carecían de dinero. Las experiencias del bandolerismo, las de las guerrillas independentistas, la pobreza de los habitantes y las quintas que se llevaban a tantos hombres jóvenes que estaban aportando economía familiar, hizo que los jefes carlistas encontrasen con facilidad personas tanto en el campo como en las ciudades para engrosar sus filas. Ocurría también con frecuencia que pequeñas partidas admitían el indulto, se reincorporaban a sus quehaceres, volviendo pero de nuevo poco tiempo después a formar parte de una partida. El gobierno solo en ocasiones pudo destinar tropas regulares suficientes para combatir a las partidas, siendo fuerzas irregulares formadas por voluntarios locales, encuadrados genéricamente en el concepto de "Milicianos Nacionales", los que sostuvieron el peso principal de lucha contra las partidas aunque con escaso éxito ya que incluso meses después de concluida la guerra estuvieron activas varias de ellas durante un tiempo. Algunas volvieron a convertirse en bandoleras, quedando su persecución en manos de la recién creada Guardia Civil.
El movimiento carlista nunca tuvo unidad de mando y de administración ni conservó territorio en el que hubiese podido instalar sus cuarteles, almacenes, cuadras de caballos, depósitos de heridos y prisioneros, manteniéndose continuamente en movimiento por la provincia, asaltando pueblos y refugiándose en las montañas. En ocasiones se unían varias pequeñas partidas para realizar un ataque a una localidad importante o a un convoy que circulaba por la carretera Madrid - Andalucía. Al llegar a la provincia las expediciones de Gómez y Basilio García, formaron parte de ellas mientras se mantuvieron en la provincia, algunas marcharon con ellas a provincias vecinas, incluso unos pocos hombres las acompañaron a su vuelta al territorio vasco-navarro.4

Expediciones carlistas

Desde el territorio vasco-navarro dominado por los carlistas se realizaron expediciones con los objetivos principales: A) Fomentar la guerra en territorios en los que el carlismo tenía poca, incluso nula actividad. B) Deshacerse durante algún tiempo de contingentes a los que era problemático dar mantenimiento y paga. C) Obligar a que tropas isabelinas que cercaban su territorio tuviesen que marchar tras las expediciones, aliviándose la presión sobre el frente vasco-navarro.
Las expediciones más importantes fueron:
  • Primera expedición de Basilio García. 1834
  • Segunda expedición de Basilio García. 1835
  • Expedición de Guergué. 1835
  • Tercera Expedición de Basilio García. 1836.
  • Expedición de Gómez. 1836
En junio de 1836, Miguel Gómez Damas, al frente de 3.500 hombres, parte desde Amurrio hacia Asturias y Galicia para alentar los focos carlistas que supone allí establecidos, pero a pesar de que consigue entrar sin lucha enOviedo y Santiago de Compostela, no logra controlar estos territorios ya que no encuentra interés suficiente por la causa carlista en la población y es sometido a persecución por tropas isabelinas que llegan desde Navarra y Castilla la Vieja. Por propia iniciativa, en contra de las órdenes recibidas, se dirige en agosto hacia Andalucía y durante la marcha entra en León, Palencia y Albacete. En Andalucía toma Córdoba y Almadén, hecho éste último que causa inesperada baja en la Bolsa londinense. Llega a San Roque ya que tiene intención de adquirir calzado en Gibraltar pero desde el Peñón le impiden con cañonazos acercarse aunque son muchos los ingleses, incluso con sus mujeres, los que salen del recinto británico para ver de cerca a los carlistas ya que su correría por la geografía hispánica es tema muy aireado por la prensa europea. Batido una y otra vez, aunque sin ser excesivamente dañado por las columnas isabelinas que le persiguen, en diciembre de 1836 consigue regresar a Vizcaya.
  • Expedición Real. 1837
La Expedición Real, motivada por las supuestas negociaciones que se estaban realizando entre Carlos y María Cristina, salió de Navarra en mayo de 1837 con 12.000 hombres al frente del pretendiente Carlos hacia Aragón, Cataluña, Valencia, Teruel y finalmente Madrid, de dónde se retiraron de manera inesperada, llegando al territorio carlista del norte en octubre de 1837. Tras la expedición Carlos marginó a los elementos más moderados del carlismo.
  • Expedición de Zaratiegui. 1837
  • Cuarta expedición de Basilio García. 1837-1838
  • Expedición de Negri. 1839

martes, 24 de febrero de 2015

SGM: Los últimos mohicanos alemanes

Última de las tropas alemanas en rendirse - 13 de mayo 1945
War History Online



El Generaloberst Alfred Jodl, jefe de la Wehrmacht alemana, firmó el acuerdo de rendición con las fuerzas aliadas el 7 de mayo de 1945. El acuerdo declara que todas las tropas nazis de la tierra, el aire de Alemania y las fuerzas navales deben deponer las armas y dejar de pelear.

La mayor parte de las tropas de Alemania obedecieron, pero algunos regimientos continuaron luchando hasta el último hombre, incluyendo miles de soldados alemanes atrapados en la zona soviética de Polonia. Estos soldados continuaron disparando contra las tropas soviéticas en la ciudad costera de Danzig, y lo que quedaba del cuarto ejército alemán lucharon en Heiligenbeil, Prusia Oriental. A pocos bolsillos de las tropas alemanas en las islas griegas también continuaron la guerra hasta el día siguiente.

Cinco días después de la rendición se había acordado, las tropas de la Wehrmacht y las SS en Checoslovaquia continuaron luchando, como lo hicieron las tropas en la península de Hel de Polonia. Las tropas alemanas finales entregaron sus armas el 13 y 14 de mayo.

Seis días después de la rendición de 30.000 soldados pro-nazis de Alemania y otros países de Europa oriental se enfrentaron en una batalla contra los combatientes comunistas en la frontera yugoslava y austriaca. La batalla duró dos días y más de 400 fueron asesinados. Los aliados intervino y envió miles de yugoslavos simpatizantes nazis de vuelta a casa; a su regreso fueron asesinados por el nuevo ejército nacional.

En el mar, el submarino alemán U-234 no se rindió hasta el 14 de mayo. El submarino fue a mediados del Atlántico Norte cuando Alemania se rindió oficialmente, y no recibió la orden hasta el 10 de mayo. Incluso entonces su capitán, Johann-Heinrich Fehler, decidió dirigirse a los EE.UU. en lugar de regresar a Europa; no creía que iban a recibir una menor duración de la detención de las fuerzas británicas o aliadas en Europa, Historia Militar Ahora informa.

El U-234 fue capturado por el USS Sutton no lejos de Terranova. El submarino también celebró dos pasajeros y las existencias de uranio que Hitler estaba enviando a simpatizantes de los nazis en el Lejano Oriente japoneses. Los pasajeros japoneses decidieron suicidarse en lugar de servir a tiempo como prisioneros de guerra. El submarino fue llevado al Astillero Naval de Portsmouth, Maine, donde su uranio fue confiscado y posiblemente utilizar para agregar a las existencias estadounidenses de energía nuclear. Los tripulantes fueron repatriados y el submarino fue finalmente destruida justo al lado de Cape Cod.

lunes, 23 de febrero de 2015

Cruzadas: Las primeras víctimas del odio religioso

Las primeras víctimas de la Primera Cruzada
Por Susan Jacoby - The New York Times




Las primeras víctimas de la Primera Cruzada, inspirados en 1096 por la misión supuestamente sagrado de retomar Jerusalén de los musulmanes, fueron los Judios europeos. Cualquier persona que considera que es religiosa y políticamente transgresora para comparar el comportamiento de los soldados cristianos medievales con el terrorismo islámico moderno que le resulte esclarecedor leer esta sangrienta historia, como se dice en hebreo y en las crónicas cristianas.

El mensaje del pasado medieval es que la violencia religiosa raramente se limita a un objetivo y se expande hasta llegar al máximo número de víctimas disponibles.

Del mismo modo que las Cruzadas fueron integralmente vinculada al catolicismo romano en la Edad Media, los movimientos terroristas hoy están inmersos en una interpretación antimoderno particular del Islam. Esto no implica que la mayoría de los musulmanes están de acuerdo con la ideología religiosa violenta. Lo que significa es que la marca de la creencia de los terroristas desempeña un papel fundamental en su asalto salvaje contra los derechos humanos.

Ignorantes Culturales retratados referencias del presidente Obama a las Cruzadas y la Inquisición en la reciente Desayuno de Oración Nacional como una excusa para el terrorismo islámico, pero las alusiones del presidente podían y debían haber sido utilizado como una oportunidad para reflexionar sobre el daño especial infligido en muchos contextos históricos por guerreros buscan la conquista en nombre de su dios.

Eran tiempos difíciles en el norte de Europa, cuando los cruzados comenzaron a reunirse en la primavera de 1096. Una cosecha decepcionante en 1095 había traído el hambre a los pobres. Como James Carroll observa en "La espada de Constantino", que "no hay duda de que el impulso de cruzada rescató muchos siervos, sino también a los propietarios de tierras, de una situación económica desesperada."

El Papa Urbano II no le dijo a los cruzados para asesinar Judios, pero eso es lo que ocurrió cuando al menos 100 mil caballeros, vasallos y siervos, sin amarras de restricciones sociales ordinarias, pero que lleva el estandarte de la cruz, ponen en camino para aplastar lo que consideraban un enemigo musulmán pérfida en una tierra lejana. ¿Por qué no practicar en ese grupo de más edad acusado de perfidia - los Judios?

La ciudad de Trier, a orillas del río Mosela, fue una de las primeras paradas. Los Judios eran, según una crónica hebrea, ofreció la opción de conversión, el exilio o la muerte - similar a las opciones ofrecidas por grupos como el Estado Islámico y Boko Haram. Después de que los Judios de Trier hizo un intento fallido, mediante el pago de un obispo, para persuadir a los cruzados para eludir su comunidad, buscaron refugio en la casa del prelado.

La crónica relata que "oficiales y ministros militares del obispo entraron en el palacio, y les dijeron:" Así dijo nuestro señor el obispo: Convertir o dejar este lugar. No deseo para preservar por más tiempo '"Continúa:"'.. No se puede ser salvo - tu Dios no quiere salvarte ahora como lo hizo en días anteriores '"

El anónimo autor de la crónica, conocida como texto S a los estudiosos, probablemente no presenció todos los hechos que describe. Sin embargo, los estudiosos de la Primera Cruzada generalmente consideran el texto auténtico. Además, las cuentas de cristianos - décadas también muy probablemente escritas posteriores, pero en un momento en que muchos sobrevivientes habrían estado vivo - dicen esencialmente la misma historia.

Alberto de Aix, un cristiano nacido a finales del siglo 11, se describen atrocidades en Mainz - otra parada en la masacre de los cruzados a través de la región del Rin - por una banda encabezada por un tal conde Emico. De nuevo, no es un obispo que inicialmente promete a los Judios protección para lo que Albert describe como una "cantidad increíble de dinero." Pero Emico y sus soldados cristianos irrumpió en la sala donde se celebraron los Judios.

"Romper los pernos y las puertas, ellos mataron a los Judios, alrededor de setecientos en número, que en vano se resistió a la fuerza y al ataque de tantos miles. Mataron a las mujeres, también, y con sus espadas perforadas tiernos niños de cualquier edad y sexo ... Horrible decir, las madres cortan las gargantas de los niños lactantes con cuchillos y apuñalaron a otros, prefiriendo que perezcan por lo tanto por sus propias manos en lugar de para ser asesinados por las armas de los incircuncisos ".

Albert informa de que un pequeño número de Judios escapó porque accedieron a ser bautizados "por miedo, en lugar de por el amor de la fe cristiana." Con todo el dinero tomado de los Judios, Emico y "todo lo que la empresa intolerable de los hombres y las mujeres luego continuaron su camino a Jerusalén ".

Esta cuenta se destacan varios elementos análogos a las acciones de grupos terroristas modernos. Estos incluyen los intentos de conversión forzada; los asesinatos de mujeres y niños; y la imposición de sanciones económicas a los conversos forzadas que tratan de permanecer en sus hogares. Comentarios despectivos acerca de Albert Emico también revelan que hubo cristianos que sentía por los cruzados exactamente la forma en que muchos musulmanes hoy seguramente se sentirá si son mala suerte de encontrarse en el camino de lunáticos violentos.

En Mosul, la ciudad iraquí conquistado por el Estado Islámico en junio pasado, los cristianos habían coexistido durante siglos con los musulmanes que no compartían lo creencias medievales los terroristas dicen representar. La ciudad también fue el hogar de los yazidis, cuya teología incluye elementos del zoroastrismo, así como el Islam y el cristianismo.

Cuando los guerreros brutales establecieron control, miles de yazidis se vieron obligados a huir para salvar sus vidas si no se convirtieron al Islam. Los cristianos también fueron obligados a convertir formalmente, pagar impuestos a los tribunales de la Sharia o la cara "muerte por la espada", sin ninguna posibilidad de escape.

¿Suena familiar?

Thomas Asbridge, director del Centro para el Estudio del Islam y Occidente de la Universidad de Londres, comentó en este diario que "tenemos que tener mucho cuidado con juzgar el comportamiento en la época medieval por las normas vigentes."

Este problema está mejor juzgada desde el otro lado del espejo. Lo que vemos hoy es un estándar de comportamiento medieval confirmada por fanáticos modernos que, al igual que los cruzados, buscan tanto el poder religioso y político a través de medios violentos. Ofrecen un recordatorio espantoso y fantasmal de lo que el mundo occidental podría ser como había sido nunca reformas religiosas, la Ilustración y, sobre todo, la separación de Iglesia y Estado.


domingo, 22 de febrero de 2015

Argentina: Creación de la Escuela de Náutica

Escuela de Náutica


Gral. Manuel Belgrano (1770-1820)

Portal www.revisionistas.com.ar

La historia de la Primera Flotilla Mercante Armada de Buenos Aires, fue tan heroica como efímera. En el breve período entre 1800 y 1803; nació, se cubrió de gloria y desapareció sin casi dejar rastros. La cúspide de gloria estuvo dada por la Batalla de Bahía de Todos los Santos, Primer Combate de la Historia Naval Argentina. Sus héroes no pasaron al bronce ni al mármol, pero sus herederos de la Marina Mercante Argentina nunca dejamos de recordarlos, conmemorarlos y emularlos.

Desde los lejanos tiempos de la conquista, para los vecinos de puertos y ciudades de ultramar, tanto como desde siempre para los peninsulares, era tan común entrar en guerra contra Portugal; Francia o Gran Bretaña, como hacer las paces, o, incluso aliarse fraternalmente a ellas con la misma naturalidad con la que algún tiempo antes se las había combatido a muerte. Particularmente en el Río de la Plata, el enfrentamiento permanente era entre españoles y portugueses por la posesión de la Colonia del Sacramento en la costa enfrentada a la capital virreinal: Santa María de los Buenos Aires.

La entrada en vigor en 1778 del Real Reglamento de Aranceles de Comercio Libre, junto al permanente arribo de toneladas de plata provenientes del Alto Perú que partían hacia España, aumentaron notablemente el volumen del comercio de Buenos Aires. Esto no pasaba inadvertido a los portugueses e ingleses, sobre todo en tiempos de guerra. Las naves españolas, cargadas de valores, eran atacadas en alta mar por los mismos mercantes que comerciaban en el mercado negro de los puertos cercanos a Buenos Aires o Montevideo.

En marzo de 1797, “…deseando el Rey fomentar en sus dominios de América el armamento de Corsarios que protejan nuestras costas y hostilicen al enemigo…” firma en Aranjuez esta Real Orden, “… concediendo con este objeto las gracias y franquicias que proporciona a los que armen en corso la ultima ordenanza de este ramos…”.

Esta orden hace eco inmediato en el Real Consulado de Buenos Aires. Este tribunal que reunía a los más poderosos comerciantes de la próspera capital, había sido erigido para estímulo del comercio, la industria y la educación especializada, apenas tres años antes. Al frente de la Secretaría, y a título Perpetuo fue designado directamente por S.M. el joven abogado porteño Dn. Manuel Belgrano, universitario formado en los claustros salamantinos, de gran visión y claras ideas sobre las potencialidades de su tierra natal.

Su puesto en el Consulado sirvió para difundir esas ideas de desarrollo e intentar concretarlas. Una de las más interesantes tuvo su hora el 25 de noviembre de 1799, cuando en una de las salas del tribunal consular se inauguraban los cursos de la Escuela de Náutica, que a semejanza de las establecidas en la Península, fue erigida bajo la protección del Real Consulado. Era la consagración de una de sus ideas más fuertemente promovidas. Belgrano había observado, estimulado por la lectura de Jovellanos y otros singulares contemporáneos, la importancia estratégica de la posesión de una flota mercante.

El establecimiento de la Escuela de Náutica, reforzó la añeja rivalidad entre Buenos Aires y Montevideo. Aquella era la capital virreinal y este un excelente puerto de mar, pero el comercio de la Reina del Plata era cinco veces mayor que el de su vecina cisplatina. Para colmo, la Comandancia de Marina del Río de la Plata -inspectora natural de las eventuales Escuelas de Náutica que pudiesen crearse- no se encontraba en la capital sino en el puerto oriental.

En esta coyuntura, la colaboración que prestaba la Armada al comercio de Buenos Aires, no era precisamente perfecta. Las pasiones humanas competían con los ideales del deber, amparados por la lejanía de la Metrópolis. A la hora de patrullar y combatir a los corsarios enemigos que asolaban a los buques españoles en tránsito hacia y desde Buenos Aires, siempre había plausibles fundamentos -ciertamente muy relacionados con la realidad colonial- para no salir a navegar: cuando no faltaban velas, cabuyería o pólvora; hacían falta marineros, pilotos o prácticos experimentados en la riesgosa navegación del inmenso Río de la Plata.

Los ataques portugueses ya eran alevosos. Las impunes naves enemigas podían verse en el horizonte argentino del río. Colmada la paciencia y exasperados por las cuantiosas pérdidas económicas, en noviembre de 1800, a instancias de Belgrano, la Junta de Gobierno del Real Consulado porteño resuelve recaudar fondos para armar buques mercantes en corso para la defensa de la ciudad y el comercio. Para ello se cobraría un Derecho de Avería del 4% a las importaciones y de la mitad para las exportaciones.

La Navidad de 1800 encontró a los miembros del regio tribunal ensimismados con los arreglos administrativos referentes a la compra y entrega del bergantín estadounidense “Antilop”, que había sido el elegido para encabezar la Armada de Buenos Aires.
Su precio había sido convenido en 11.000 pesos corrientes, que fueron abonados a su capitán con fondos de la Tesorería consular, previo acuerdo y visto bueno del Marqués de Avilés, virrey del Río de la Plata. El virrey había ya expresado su urgencia para que

“… pueda sin más demora proceder a activar las disposiciones concernientes á su apresto y pronta habilitazion, realizando el armamento qe tiene ofrecido pª concurrir de su parte á la defensa del comercio por medio del predicho Bergantin y otros buques que pueda proporcionarse, ya que el Navio Pilar (de la Real Armada. N. del A.) no remitió á propósito, y qe en estos puertos no hay otro alguno de su porte que poder subrrogar en su lugar…”

El “Antilop” era un bergantín guarnido como goleta, artillado con 4 carronadas cortas de a 16 libras; 10 cañones de a 10´ (5 en la banda de babor y 5 en la de estribor; todos sobre la cubierta principal y con sus correspondientes troneras), y otros 4 de a 4´.

Finalizados los trámites administrativos, el 28 de marzo de 1801, el buque del consulado se encontraba fondeado en las Balizas, frente a Buenos Aires. Ese día todo relucía particularmente; sus guarniciones habían sido renovadas: velas, cabos, amarras. Pilotos, marineros, artilleros y los granaderos que componían su guarnición militar estaban formados sobre la cubierta, impecablemente vestidos con sus correspondientes uniformes, orgullosos de su nave.

El Consulado había confiado el comando en el capitán mercante, Dn. Juan Bautista Egaña, un prestigioso criollo, fogueado en las lides de la mar que prestaba servicios en el puerto del Callao (Perú). A la hora señalada, varias lanchas acercaron a la nave a los miembros del Consulado, quienes encabezarían una particular ceremonia. Sonaron silbatos indicando órdenes desconocidas para el común de las gentes de tierra. Todo se puso en su sitio.

El Prior y el Secretario del Consulado pronunciaron sendos discursos arengando el fervor patriótico de la tripulación encargada de la defensa de la ciudad y su comercio. Se designó formalmente a Egaña capitán de la nave, que a partir de ese instante llevaría el nombre del Santo Patrono del Consulado: “San Francisco Xavier”, aunque todos conocerían al buque por su alias de “Buenos Aires”, pues ese nombre llevaba escrito en su popa, designando a su puerto de Matrícula como a su propietario.

Se hizo un solemne silencio mientras por la driza del pico de la cangreja se izaba el magnífico pabellón mercante del Río de la Plata , acompañado por el correspondiente toque de silbato. Al llegar al tope, la quietud del río se estremeció por el bramido del cañonazo con que se afirmaba el pabellón. Toda la tripulación e invitados rompieron en gritos de alegría y vivas a España y al Rey.

Abastecido de personal -a través de las “levas” que se hacían periódicamente en los puertos de Buenos Aires y Montevideo-, de guarniciones, munición y alimentos, zarpó de las “Balizas” en su viaje inaugural, el 11 de abril, llevando a su bordo varios cadetes de la Escuela de Náutica quienes, según su instituto, y por especial iniciativa de su Segundo Director -el piloto mercante corcubionés Dn. Juan de Alsina- pues se inclinaba decididamente hacia la enseñanza práctica. Según su idea, los cadetes “…debían saber cortar las jarcias, y otras faenas, para que cuando sean jefes, conozcan aquello que van a mandar…”.

Junto a su compañera, la goleta “Carolina”, adquirida también por el Consulado porteño, se dedicaron al patrullaje del Río de la Plata, persiguiendo a los corsarios portugueses y evitando sus tropelías. La iniciativa de Belgrano daba frutos concretos, y el comercio estaba protegido por una fuerza naval propia con un poder disuasorio suficiente.

La helada mañana del 25 de agosto de 1801, zarpa el “San Francisco Xavier” en el viaje de corso que lo llevaría a la gloria. La patrulla se extendería hasta donde fuese necesario. Recorrieron la costa sur de Buenos Aires, para luego subir por la costa oriental del Uruguay y más allá hacia el norte.

El amanecer del 12 de octubre, encontró al “Buenos Aires” a 8 leguas al sudeste de la barra de la Bahía de Todos los Santos, al norte del Brasil. Desde la cofa del trinquete, el vigía anunció tres velas unidas.

Egaña dio las órdenes para arribar sobre ellas. Eran un paquebote armado en guerra, y dos mercantes a los que comboyaba: un bergantín y una zumaca. Serían los mismos de los que le habían dado noticias a Egaña los prisioneros portugueses que llevaba a su bordo.

El paquebote de guerra “San Juan Bautista”, armado en guerra con más de 20 cañones de gran calibre, izó las señales de reunión, a lo que los mercantes respondieron de inmediato. Al punto Egaña ordenó zafarrancho: Aprontar velas, armas mayores y menores, agua y arena para los incendios, municiones, aclarar los cabos, etc… Se aproximó a las naves portuguesas, y estando a tiro de cañón, enarboló su pabellón español de primer tamaño, afianzándolo con su correspondiente cañonazo; los adversarios ejecutaron igual maniobra, y a las 7 de la mañana, apenas clareaba el día, rompieron el fuego por ambas partes. En ese momento quedó perfectamente clara la diferencia de poder de fuego entre el “San Francisco Xavier” y sus oponentes, tal como le habían predicho a Egaña. Aun así, los primeros disparos no surtieron mayores efectos, sobre todo porque el portugués se afanaba en desarbolar el bergantín porteño.

Egaña aprovecho el tiempo y el entrenamiento de su tripulación, para generar varias escaramuzas con el objeto de verificar cuáles podrían ser sus ventajas sobre el enemigo, quien lo superaba claramente en poder de fuego. A poco andar pudo observar que su preeminencia radicaba en el poder de maniobra del “Buenos Aires”. En él Egaña haría pivotear el combate para intentar volcarlo en su favor. No se podía arriesgar al combate de artillería, la diferencia era abismal; debería forzar a los portugueses a maniobrar de modo tal que pudiera abordarlo.

La confianza de Egaña en el valor y destreza de su gente, se emparejaba con la que tenía en su nave y en su propia idoneidad en los arcanos de la mar.

Resuelto el capitán criollo a la acción, y a darle la victoria a las armas de Su Majestad, ordenó largar todo aparejo en ademán de huir, a fin de engañar al enemigo, llamando toda su atención a su maniobra. Por su parte, el capitán del paquebote portugués, persuadido como estaría de la victoria, descuidó el buen arreglo que había mantenido durante el corto combate y, sin contención, dispuso largar “cuanto trapo podía” haciendo los mayores esfuerzos para alcanzar a los huidizos españoles. En ese estado de la persecución, viró Egaña repentinamente “por avante”, quedando “de vuelta encontrada” con el enemigo.

En pocos minutos las bordas del “San Francisco Xavier” y del “San Juan Bautista” quedaron enfrentadas y a tiro de fusil. Antes de que los portugueses pudieran salir de su asombro, el bergantín porteño descargó toda la artillería que tenía previamente lista con bala y metralla, para cubrir el abordaje.

Las descargas de bala, metralla, palanqueta y pie de cabra que efectuaba el paquebote lusitano, no surtían efecto en la tripulación de Egaña que se encontraba íntegramente tendida sobre cubierta; pero hicieron estragos en la arboladura del trinquete del “San Francisco Xavier”, provocando severos incendios en el velamen.

Con su autoridad e idoneidad, el capitán criollo había adiestrado tan disciplinadamente a su tripulación, que ningún contratiempo distraía su atención. Ordenadamente disparaban la artillería, la fusilería y “esmeriles” de las cofas. Los granaderos hacían estragos con sus granadas de mano. El desorden y horror provocado entre los portugueses, abrió paso a los 36 hombres del “San Francisco Xavier” quienes, a la voz de Egaña, abordaron el paquebote, con sable y pistola en mano.

En el combate cuerpo a cuerpo, los bravos españoles y criollos no tardaron mucho en superar ampliamente a los sorprendidos portugueses que se defendieron con valor y coraje. En medio del fragor del combate, entre disparos,humo de pólvora, golpes de acero, fuego y charcos de sangre; un marinero del “Buenos Aires”, eludiendo a la muerte a cada paso, corrió evadiendo directamente hacia la popa del paquebote.

Un solo objetivo nublaba su visión: Obsequiar a su bravo capitán el Pabellón de Guerra Portugués, el premio que tanta bizarría merecía. Al llegar al sitio del honor, los siete escoltas de la Bandera de Guerra, atacaron al marinero Manuel Díaz con fiereza. Nada podría interponerse entre este bravo marinero canario y ese pabellón.

Un portugués le asesta un chuzaso en la sien, a lo que el canario responde con un certero pistoletazo que le vuela la sien. Hiere a unos y ahuyenta al resto, corta la driza y recibe su tan ansiado trofeo. El Pabellón de Guerra cae tersamente en las manos de Díaz, condecorándose con la valiente sangre de los hijos de Portugal que el marinero llevaba entre sus dedos.

A las 10:30 de esa mañana, el paquebote se rendía bajo el pabellón de España. Habían muerto 7 portugueses, entre ellos su piloto; y otros 30 salieron heridos, contando a su capitán, quien lo estaba de gravedad. El propio Egaña había recibido dos serias heridas. Los dos mercantes portugueses, al percibir la derrota de su escolta, forzando la vela, se pusieron en huida hacia el puerto de Bahía desde donde habían zarpado.

Egaña encargó a algunos de sus oficiales el cuidado de su presa y, desatracándose de ella, se dispuso a la persecución. A pocas millas los apresó a ambos, descubriendo que en el bergantín llevaban 250 esclavos, y la zumaca estaba cargada de carnes.
Ante tan apretada circunstancia, viéndose Egaña con tres buques apresados y 160 prisioneros, resolvió embarcar a estos en la nave de menor entidad – la zumaca -, y devolverlos al puerto de Bahía de donde habían partido, llevando en triunfo Buenos Aires al paquebote y el bergantín portugueses. La alegría entre la tripulación era tanta, que en Acción de Gracias, Egaña ordenó celebrar una “función” litúrgica, junto a su tripulación, en honor a Nuestra Señora del Pilar, por ser ese día del combate, el de su solemnidad.

El alborozo de los porteños a la llegada de la “Flota” no tenía comparación. En el muelle se apiñaban los curiosos para vivar al valiente capitán, cuyo buque se erguía orgulloso sobre el manto de plata del anchuroso río, escoltando a sus presas. Los miembros del Consulado, acompañaron a Egaña y al valiente marinero Díaz hacia el Salón Noble del regio tribunal, para expresarles la gratitud del “Comercio” y de la ciudad toda. A Egaña se le honró con el asiento del Prior, y a Díaz con el de uno de los Cónsules. La multitud, desde la calle, escuchó atentamente a través de los amplios ventanales enrejados, los laudatorios discursos.

Como premio a tan valerosa acción de guerra, se obsequió a Egaña con un “sable con su cinturón a nombre de este Real Consulado con Puño de Oro y las armas de este mismo Cuerpo con la inscripción correspondiente que en todo tiempo acredite su valor y pericia”, y al marinero Manuel Díaz, la Junta de Gobierno le concedió “un Escudo de Plata con las armas de este Real Consulado para que lo lleve en el brazo derecho en memoria de su valor y desprendimiento con su correspondiente inscripción”. Asimismo el Consulado “informará de la acción a S.M. con toda energía, y suplicándole le conceda los honores de Teniente de Fragata”.

El año de 1801 pasó sin mayores sobresaltos. Los buques del Consulado continuaron patrullando las costas, desde “La frontera” en Carmen de Patagones, hasta el Brasil, llevando a su bordo cadetes de la Escuela de Náutica, tanto en puerto como en navegación.
A pesar de los resultados positivos, oscuras presiones ejercidas desde el anonimato por sicarios que veían en la “Armada de Buenos Aires” la evidencia de su inoperancia, hizo que esta vea el fin de sus días de gloria para las Armas de S.M..

En febrero de 1802, se abría un “Expediente formado para la venta de la Goleta nombrada Carolina perteneciente al Real Consulado, y el Bergantín San Francisco Xavier Alias Buenos Ayres”.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Escuela Nacional de Náutica Manuel Belgrano
Historia y Arqueología Marítima (Histarmar)
Vázquez, Horacio Guillermo – Glorioso origen de nuestra Marina Mercante

sábado, 21 de febrero de 2015

SGM: El hijo argentino de Eichmann

'Adolf Eichmann es una figura histórica para mí.' Ricardo Eichmann habla a Suzanne Glass sobre crecer el hijo huérfano del criminal de guerra nazi ahorcado en Israel
Suzanne Glass - The Independent



En el último rincón de un patio empedrado, en la cima de una colina, subir dos tramos de escaleras en un castillo alemán del siglo 15, un profesor joven y guapo está escribiendo un libro sobre arqueología iraquí en el quinto milenio antes de Cristo. En mayo de este año, cuando fue nombrado profesor de arqueología en la Universidad de Tubinga en el suroeste de Alemania, reunió a sus estudiantes a su alrededor y dijo: "Yo soy Ricardo Eichmann. Supongo que todos ustedes saben el significado del nombre de Eichmann. Adolf Eichmann fue mi padre. Si usted piensa que significa que soy un nazi, entonces hubieras dejar mejor ahora porque te puedo asegurar que no soy ".
Hasta hace dos meses, Ricardo Eichmann había vivido en relativo anonimato. Eichmann es la guía telefónica alemana lo que Smith es el británico y pocos habría sospechado que la voz suave académica de 39 años de edad, era el hijo del criminal de guerra nazi responsable de la deportación en masa de Judios a los campos de exterminio durante la Tercer Reich.

"¿Cambiar mi nombre?" , se pregunta. "¿Cuál habría sido el punto? No se puede escapar de ti mismo, a partir del pasado."

Ricardo Eichmann nació cerca de Buenos Aires en 1955. Su madre, Vera Eichmann, era 45. Su padre, Adolf Eichmann, alias Richard Klement, fue 50. En escondiéndose de cazadores de nazis, Adolf Eichmann cambió su nombre pero extrañamente nunca cambió las de su esposa y cuatro hijos. Esto fue lo que condujo a su captura por los servicios secretos israelíes en 1960.

En los últimos meses, ya que la prensa local alemán se dio cuenta de que tenía el hijo de uno de los hombres más odiados del mundo en medio de ellos, el profesor Eichmann se ha llevado a recordar los detalles de su infancia, a pesar de que sólo tenía cinco años en el momento de el secuestro de su padre y siete cuando Adolf Eichmann se convirtió en el primer y único hombre a la horca en Israel.

"Me acuerdo de él sosteniendo mi mano y me llevó a la parada de autobús. Recuerdo que me llevó a una tienda de dulces y comprarme un poco de chocolate. Y recuerdo sentado fuera en el paso cada pensamiento noche, cuando tendrá mi papá vuelva a casa?"

Pero el mes pasado, Ricardo Eichmann se le dijo que había conseguido sus secuencias de eventos mal, que nunca solía sentarse y esperar a que su padre fuera de su casa en Buenos Aires. Tal vez lo que había hecho que más tarde, en Alemania, cuando su padre había sido ahorcado y él todavía esperaba que él podría volver. El hombre que corrigió sus recuerdos de infancia fue Zvi Aharoni, el agente del servicio secreto israelí que pasó meses observando la familia Eichmann en Buenos Aires antes de secuestro de Adolf Eichmann, él disfrazando con uniforme de un auxiliar de vuelo y le volar a Israel.

Ricardo Eichmann se reunió secuestrador de su padre en una habitación en el Hilton Heathrow. "Fue un encuentro muy emotivo. La gente ha preguntado si siento ira hacia él. Yo no. Adolf Eichmann merecía ser llevado ante la justicia por lo que hizo. No estoy de acuerdo con la pena de muerte, pero puedo ver por qué lo hicieron en su momento. "

Él pronuncia el nombre de su padre, como si estuviera hablando de un extraño. "Adolf Eichmann," dice, "es una figura histórica para mí." Pero la figura histórica le dejó un legado inquietante: una infancia sin padre, una adolescencia llena de oscuridad y verdades a medias, y una etiqueta de tiempo de vida de "El hijo de Eichmann".

Vera Eichmann dejó a sus dos hijos mayores en Argentina y trajo Ricardo y su hermano mayor, de nuevo a Alemania para ser educados. El dinero era escaso - la viuda de un criminal de guerra nazi no tenía derecho a una pensión - por lo que la familia de Vera ayudó financieramente, pero emocionalmente Ricardo se quedó solo. "Sabía que mi padre había muerto, pero yo no sabía cómo había muerto. Mi madre guardaba todas las cortes del periódico acerca de él bajo el sofá. Me arrastrarse debajo de allí y echar un vistazo a ellos. Entendí pedazos, pero no la . cuadro entero Cuando le pregunté a mi madre, ella diría, 'a Lass das' - dejarlo era un tema tabú y se mantuvo así hasta que mi madre murió hace dos años. ".

Ricardo Eichmann no ha compartido su angustia con sus hermanos y se ha comunicado con sólo uno de ellos. "Si usted quiere saber lo que piensan de mí hablando de esto, es mejor que ir y pedir ellos", dice. Uno siente que se ha disociado de sus hermanos; más tarde, al ver una foto de su hermano mayor Horst como un joven que llevaba un uniforme de las SS, entiendo por qué.

Envidiaba a otros niños cuyos padres habían muerto en accidentes automovilísticos o murieron de la enfermedad. Al menos, dice, ellos sabían la verdad. "Cuando tenía 13 o 14 años, abrí una revista y vi una foto de - ¿cómo se llama en Inglés" Traza la forma de una soga alrededor de su cuello. "Ah, sí, la soga que colgó mi padre. Entonces me entiende."

Hay un silencio. Profesor Eichmann necesita un poco de aire fresco. Caminamos por una pendiente hacia la plaza. Durante el café, dice: "Una vez, en la escuela, el profesor de historia empezó a hablar de un examen que se había propuesto en el juicio de Eichmann Más tarde ella me llamó en Ella dijo que no había tenido intención de ofenderme Ella no se había dado cuenta... yo estaba en la clase. Recuerdo ir siempre de color rojo brillante cuando la gente menciona nazis y hombres de las SS ".

Me llama la atención la aparente falta de enojo de Ricardo Eichmann. No estaba enfadado con los secuestradores de su padre, que no estaba enfadado con los israelíes para colgarlo. ¿No era él incluso enfadado con su madre por no explicar las cosas con él?

"Mira", dice. "Estoy amargado por el hecho de que no tenía padre. Estoy furioso por los horrores del Holocausto. Y hubiera sido mejor si hubiera hablado conmigo. Yo quería desafiarla, pero vi su agitación interior. Me encantó y ella amaba a mi padre. ¿Qué se supone que debo hacer? "

Músculos faciales del profesor Eichmann comienzan a temblar. "Ahora sé que el dolor viene de no saber. Por eso, no tengo miedo de enfrentar la verdad. Siempre quise saber. Fui a ver a las órdenes de deportación, negro sobre blanco, que mi padre había firmado. Nunca quise que nadie diga que yo no creía lo que había hecho ".

Desde la herencia de Ricardo Eichmann ha convertido en conocimiento público, que ha recibido llamadas de los neonazis, esperando encontrar un oído comprensivo. "Hace unas semanas, recibí una llamada de Australia, de un hombre que dijo," Eichmann estaba bien. 'Me dijo que ciertamente no era ".

En el otro lado de la moneda son los sobrevivientes del Holocausto que creen que Ricardo Eichmann "lo tiene en su sangre", "eso" de ser un racismo transmitida genéticamente. Yo le digo que mi abuela, un refugiado judío alemán, está enojado y dolido que yo le estoy entrevistando. Por primera vez en tres horas la cara registra el dolor.

"Sé que hay personas que se sienten así de mí. ¿Qué puedo hacer yo? Tal vez es mi destino. Usted sabe cuando el artículo salió de mi reunión con Aharoni, que hicieron una encuesta en Israel. Por cada tres personas que se encontraban positiva hacia mí, había uno que pensé que debía ser un nazi. en su mayoría eran personas de edad que habían pasado por las atrocidades que sentí eso. me gustaría ir a Israel, pero no quiero ofender a nadie con mi presencia ".

Ricardo Eichmann ha dicho que no quiere una historia lacrimógena escrito sobre él: "Es una afrenta a los seis millones que murieron al tratar de despertar la simpatía por mí." Pero su historia de vida es mucho más un caso de los pecados del padre que se visita en el hijo. "Es como un cohete. Se dispara en el espacio, pero deja sus consecuencias detrás de él y se cobra su peaje."

Le pregunto acerca de sus relaciones personales. ¿Qué le dicen sus amigos y conocidos acerca de su padre? "Yo solía decir simplemente," Murió como consecuencia de la guerra. "Supongo que imaginaban lo muriendo en algún acto de heroísmo. Pero cuando conocí a mi esposa, ella ya sabía quién era yo. Ella era una estudiante de historia especializada en el Tercer Reich. Ella sabía casi más sobre Eichmann que yo. "

Las consecuencias para Ricardo Eichmann también afectó a su vida profesional. Quería ser piloto, pero interrumpió su entrenamiento cuando, durante un simulacro de un ataque con armas químicas, se pidió a los pilotos en formación para entrar en las "cámaras de sopa Eichmann. Ricardo Eichmann salió y comenzó sus estudios de arqueología.

Ha elegido una facultad que utiliza objetos desenterrados a tener sentido del pasado. "Tal vez si Eichmann había sido encarcelado de por vida que podríamos haber usado él para entender la mentalidad de los nazis más, de cómo y por qué se cometieron los horrores".

Pero Ricardo Eichmann no quiere vivir en el pasado. Ha trabajado duro consigo mismo. Él ha agonizado sobre el hecho de que su padre era un criminal nazi, y ha llevado adelante con su vida. "Yo había empujado a mi padre a un lado. Yo había tratado psicológicamente, pero entonces, los periodistas, vino y trajo de vuelta el fantasma de mi padre y ahora tengo que tratar con él de nuevo. Tal vez este es mi destino."

Pero incluso si los periodistas no habían llegado, incluso si los editores no estaban presionando para un libro que Ricardo Eichmann dice que no va a escribir, él habría tenido que explicar el pasado a sus dos hijos, de seis y ocho años de edad. Él les había enseñado acerca de los prejuicios con un libro acerca de Sarah, una niña judía, y Judith, una chica no judía, y les había enseñado acerca de los malos hombres en los uniformes marrones. Sintió que eran demasiado jóvenes para hacer frente a nada más que eso, pero hace dos semanas un periodista visitó su casa. El hijo mayor de Ricardo Eichmann, Gaspar, le preguntó por qué el hombre había llegado.

"Le dije: 'Él vino a preguntar acerca de nuestra familia durante la guerra.' Me dijo: '¿Qué pasa con ellos? Yo le iba a fob, pero tomé una respiración profunda y decía: "El vino a preguntar sobre el padre de papá." Le dije que era un mal hombre y él creía en el hombre con el pequeño bigote castaño. Me preguntó si lo castigaron y me dijo: "Sí, él fue a la cárcel por dos años. 'Luego preguntó: "¿Y entonces?" y yo le dije: 'Terminó especie de, en la horca, al igual que en sus cómics de Lucky Luke. "

Durante muchos años Ricardo Eichmann estaba en silencio sobre el pasado. Se había decidido que si los periodistas nunca quisieron averiguar sobre él, sólo tendrían que observarlo, seguirlo alrededor, a juzgar por sus acciones que la manzana había caído muy lejos del árbol. Pero a medida que las solicitudes de entrevistas comenzaron a rodar en, se encontró abriendo. "Tuve y no tengo nada que ocultar. Los periodistas son mis psicólogos. Pero sobre todo estoy haciendo esto para mis hijos. Si hablo de Eichmann, mi padre, tal vez no se les preguntó sobre Eichmann, su abuelo."

viernes, 20 de febrero de 2015

España: Los bastardos de la línea Borbón

Los reales hijos bastardos de los Borbones

Javiero Sanz - Historias de la Historia

Lo de la sangre azul ya no se lleva. Y mejor no analizar la sangre de las monarquías del Viejo Mundo porque las podemos encontrar de todos los colores. Hace milenios, la realeza se mantenía pura en cuanto a que la descendencia tenía que ser del mismo linaje sanguíneo, sin mezclas foráneas. Desde hace siglos ese fin ya está desvirtuado por mucho que los cronistas se hayan empeñado en ocultar los deslices de algunos monarcas y las consecuencias que ello ha traído. Pasó con los Austrias (Felipe IV, famoso por sus infidelidades, tuvo más de 37 hijos bastardos, uno de ellos con una famosa actriz María Calderón “La Calderona“) y ha pasado, como era de suponer, con los Borbones.

Son varios libros los que han hecho referencia a esta manía de coleccionar amantes regios, pero uno de los últimos es Bastardos y borbones: Los hijos desconocidos de la dinastía (2011) donde José María Zavala desmenuza la compleja red de hijos ilegítimos que los reyes Borbones han traído al mundo desde los tiempos de Carlos IV hasta el siglo XX.


Árbol genealógico Borbones

Empecemos la lista con Carlos IV. En realidad, ninguno de sus hijos los engendró él, así que fueron borbones por parte de madre, la promiscua María Luisa de Borbón Parma, una prima hermana, y ya se sabe que esos matrimonios no traen buenas consecuencias genéticas. Tuvieron 14 hijos de las veinticuatro veces que la reina estuvo embarazada, pero sólo siete llegaron a la edad adulta. Quien llegó a sucederle en el reino, Fernando VII, fue casi con toda seguridad hijo bastardo de María Luisa y su amante Manuel Godoy. Y hay pruebas. Un sobre, con la indicación de “Reservadísimo”, incluía una carta fechada el 8 de enero de 1819 en la que fray Juan de Almaraz, confesor de la reina, afirmaba que seis días antes, tras escuchar la última confesión, in articulo mortis, de María Luisa, ésta le había transmitido…

ninguno, ninguno de sus hijos y hijas, ninguno, era del legítimo matrimonio… Ninguno de mis hijos lo es de Carlos IV y, por consiguiente, la dinastía de Borbón se ha extinguido en España.
carta


Duras palabras expresadas para obtener el perdón divino y el descanso de su alma. Este documento se conserva en el archivo del Ministerio de Justicia. Su hijo Fernando VII se casó cuatro veces y sólo tuvo descendencia con la última, María Cristina de Borbón. Para permitir que reinase su primogénita, promulgó la Pragmática Sanción que abolía la Ley Sálica impuesta por Felipe V que prohibía reinar a las mujeres, lo que originó una guerra civil pues su hermano Carlos María Isidro no lo aceptó de buena gana y fue el comienzo de las Guerras Carlistas.

Conclusión: si ninguno de los hijos de María Luisa de Parma eran hijos de su marido, entonces Fernando VII (padre de Isabel II) y los infantes Carlos María Isidro (cabeza de la rama carlista) y Francisco de Paula, el padre de Francisco de Asís, marido de Isabel I, ¿eran Borbones auténticos?

Aquí no acaba la cosa del fornicio. Cuando Isabel II contaba 16 años, el Gobierno arregló un matrimonio con su primo hermano Francisco de Asís. Aseguran los historiadores que cuando la reina se enteró de quién iba a ser su futuro esposo exclamó: “¡No, con Paquita no!” Tal y como relató al embajador Fernando León y Castillo durante su exilio parisino, Isabel II dijo: «¿Qué podía esperar de un hombre que en la noche de bodas llevaba más encajes que yo?». Por encima de tales anécdotas, escritores próximos a los hechos (como Baroja) refieren que el Rey consorte (al que tanto le iba el conejo como la trucha) era padre de varios hijos ilegítimos y se le conocían diversas amantes. Oficialmente, Isabel II de Borbón tuvo doce embarazos, contando varios abortos, de los que sólo sobrevivieron cinco hijos. Uno de ellos fue concebido por el capitán de ingenieros Enrique Puigmoltó, según los rumores más persistentes y maliciosos. Tal era así que el futuro rey Alfonso XII, a nivel popular, tenía el sobrenombre de “Puigmoltejo“.

La licenciosa vida de la reina Isabel II no quedó desmerecida en absoluto por las correrías de su hijo Alfonso XII, padre de dos bastardos que no llegaron a reinar: Alfonso, nacido en 1880, y Fernando, al año siguiente, fruto de su relación con la cantante de ópera Elena Sanz, a los que pasaba una pensión como buen padre de familia lejana. Muerto el rey en 1885, su viuda y regente María Cristina de Habsburgo, apodada Doña Virtudes, se negó a continuar pagando a los que consideraba hijos del pecado. La cantante supo hacer valer su condición y mediante un hábil chantaje en el que utilizó las cartas que conservaba de su amante, logró una importante suma de dinero, nada menos que 750.000 pesetas de 1886, una fortuna que pagó el Patrimonio del Estado para que no se dieran a conocer públicamente estos descendientes bastardillos. Algo que no consiguió. Una de las cartas de amor decía: “IDOLATRADA ELENA: Cada minuto te quiero más y deseo verte, aunque esto es imposible en estos días. No tienes idea de los recuerdos que dejaste en mí. Dime si necesitas guita y cuánta. A los nenes un beso de tu Alfonso”.

Y su sucesor legítimo, Alfonso XIII, tampoco le fue a la zaga en las hazañas que hizo su abuela o su padre. Fue el introductor del cine porno en España pues le gustaban con delirio estos pequeños cortos de la Royal Films (curioso nombre para no levantar sospechas, digo yo) y tal vez, fruto de esos ardores del celuloide, dio rienda suelta a su imaginación y tuvo varios hijos ilegítimos, tres de ellos con la actriz Carmen Ruiz Moragas. Uno fue el famoso Leandro Alfonso Ruiz de Moragas (nacido en 1929) que consiguió el derecho judicial a usar el apellido Borbón. El destino, que es muy caprichoso, quiso que otro de ellos, el actor Ángel Picazo, representase el papel de su padre en la película Las últimas horas (1965).


Leandro Alfonso Ruiz de Moragas

Y aquí dejamos la lista borbónica sin añadir más nombres a la misma porque al final tendrían razón los hermanos Bécquer cuando Gustavo Adolfo escribió y Valeriano dibujó un álbum de láminas procaces e irreverentes, con el seudónimo de Sem, para avisar de los excesos sexuales del reinado de Isabel II y toda su corte, con el expresivo título de “Los Borbones en pelota“. Pues punto pelota y a otra cosa, mariposa.

jueves, 19 de febrero de 2015

Guerra Fría: Los búlgaros confiaron en los tanques Tiger para su defensa

Reliquias de Panzers alemanes de la SGM en Bulgaria (Video)
War History Online




En los oscuros días de la Guerra Fría, la Bulgaria comunista fortificó su frontera con Turquía, que era un miembro de la alianza rival de la OTAN, mediante la incorporación de decenas de tanques soviéticos y nazis en una red de búnkeres de hormigón. Los bunkers han sido abandonados por años. En 2004, Bulgaria se unió a la OTAN. Los viejos panzers alemanes quedaron en oxidación y casi olvidados.

Muchos de ellos cayeron presa de los cazadores de chatarra de metal, que, en muchos casos, han dejado poco pero el chasis de un tanque intacto.


miércoles, 18 de febrero de 2015

Invasión japonesa a China: Un nazi héroe en Nanking

El Nazi bueno, el héroe de China
Javier Sanz - Historias de la Historia


En 1937 las tropas japonesas atacaron Nanking, la entonces capital de China. Tras la toma de la ciudad, el ejército japonés, en un auténtico genocidio, asesinó a más de 250.000 residentes civiles chinos. Ejecuciones en masa, personas quemadas y enterradas vivas, decapitaciones, violaciones, robos, incendios y otros crímenes de guerra. Se cuenta que los oficiales japoneses competían entre sí para ver quién asesinaría primero a cien chinos.

[Fuente: ¡Fuego a discreción!]


John Rabe

Antes de la toma de Nanking se encontraban residiendo en la ciudad numerosos occidentales, la mayoría de ellos por asuntos comerciales. También se encontraba un amplio número de misioneros. Pero la mayoría de los extranjeros huyeron hacia sus respectivos países, excepto 22 personas. Una de ellas era John Rabe, un hombre de negocios alemán, admirador de Hitler, miembro del Partido Nazi y representante de la empresa Siemens en China. John Rabe, horrorizado por las atrocidades que estaba cometiendo el ejército japonés con la población china de Nanking decidió quedarse allí para dirigir y organizar, junto con el resto de extranjeros que también decidieron quedarse, una zona de seguridad que se denominó “Comité Internacional para la Zona de Seguridad de Nanking“, estableciendo un “área segura” en la ciudad de alrededor de 7 kilómetros cuadrados. Haciendo valer su condición de Nazi y, por tanto, de aliado de Japón, consiguió un acuerdo para que las fuerzas japonesas no atacaran aquella parte de la ciudad. De esta manera, y resultando un hecho terriblemente irónico, colgó banderas nazis en los límites del “área segura”. Estas banderas marcarían toda la zona y la protegerían de los bárbaros abusos de las tropas japonesas. Gracias a su constancia y esfuerzo para que los japoneses respetaran el estatuto de extraterritorialidad de la zona consiguió albergar y salvar las vidas de alrededor de 200.000 chinos que, de otra manera, hubieran sufrido las crueldades cometidas fuera del territorio de seguridad.

 Su diario, de más de 1.200 páginas, es una prueba concluyente de lo allí ocurrido…

“Ellos seguían violando a las mujeres y las niñas y matando a los que ofrecían resistencia, a los que intentaban huir o simplemente a los que se encontraban en el lugar equivocado. Durante sus fechorías, no se hizo ninguna diferencia entre adultos y niños. Había niñas menores de ocho años y mujeres mayores de 70 años que fueron violadas y luego, de la manera más brutal posible, golpeadas y asesinadas […] Cualquiera podía pensar que aquello era imposible, pero la violación de mujeres ocurrió incluso en el medio de nuestra zona […] Somos pocos extranjeros y no podemos estar en todos los lugares durante todo el tiempo para protegerlas. Éramos impotentes frente a estos monstruos que estaban armados hasta los dientes y que disparaban a cualquiera. Sólo tenían respeto por nosotros los extranjeros, y aún así hemos estado cerca de ser asesinados en varias ocasiones. […] Seis japonés han trepado el muro del jardín y han tratado de abrir las puertas de la casa. Sólo se han detenido cuando les he puesto mi esvástica frente a sus ojos.  […] He visto tantos cadáveres en las últimas semanas que ya casi no me sorprendo ante tanta barbarie. […] Un hombre no puede guardar silencio sobre este tipo de crueldad! ”

Se ganó el respeto y el cariño de aquellos supervivientes, que le apodaron “el Buda alemán” y “el buen alemán de Nanking“.


Fotograma de la película "John Rabe"

El 28 de febrero de 1938 Rabe volvió a Alemania llevando consigo una gran cantidad de documentación, películas y fotografías sobre las atrocidades cometidas por los japoneses en Nanking. Rabe mostró esas películas y fotografías en distintas conferencias en Berlín y escribió una carta a Hitler en la que le pedía que usara su influencia con los japoneses para que detuvieran aquella brutal violencia inhumana. Como resultado, Rabe fue detenido e interrogado por la Gestapo. Gracias a la intervención de Siemens fue puesto en libertad. Tras la guerra fue detenido y acusado de pertenecer al Partido Nazi. Perdió su trabajo y se vio inmerso en un largo proceso de “desnazificación“, del que tuvo que pagar las costas. La situación económica era muy difícil en aquel Berlín de la posguerra, y más para alguien acusado de pertenecer y colaborar con el nazismo. Rabe agotó sus ahorros y se vio obligado a vender sus propiedades, sobreviviendo de mala manera con trabajos ocasionales. Tras varias apelaciones fue por fin declarado “desnazificado” el 3 de junio 1946 gracias a su labor humanitaria en Nanking, pero por entonces tanto él como su familia vivían en la pobreza.

Ya en 1948 los ciudadanos de Nanking se enteraron de la muy grave situación de la familia Rabe en Berlín y, tras organizar una colecta, enviaron una importante suma de dinero para ayudarles. También les enviaban paquetes de alimentos cada mes. John Rabe murió el 5 de enero de 1950 de un derrame cerebral. En 1997 su tumba fue trasladada de Berlín a Nanking, ocupando un lugar honorífico en el monumento conmemorativo de la masacre.


Lápida de John Rabe en Nanking

martes, 17 de febrero de 2015

Biografía: Juan Antonio Alvarez de Arenales

Juan Antonio Alvarez de Arenales


General Juan Antonio Alvarez de Arenales (1770-1831)

Nació el 13 de junio de 1770 en Villa de Reinoso, situada entre Santander y Burgos (provincia de Castilla la Vieja).  Su padre fue Francisco Alvarez de Arenales, perteneciente a una distinguida familia del Distrito, quien se había propuesto para su hijo una esmerada educación, pero su prematuro fallecimiento cuando Arenales tenía solamente 9 años, malogró estos propósitos.  Su madre fue María González de antiguo linaje de la provincia de Asturias.

A la muerte de su progenitor, Arenales fue educado por su pariente Remigio Navamuel, dignatario de la iglesia de Galicia y desde sus primeros años reveló gran vocación por la carrera de las armas, razón por la cual a los 13 años era dado de alta como cadete en el famoso Regimiento de Burgos.  Por su voluntad pasó en 1784 al Regimiento “Fijo” de Buenos Aires, donde se perfeccionó en las ciencias exactas y preparó su espíritu para acometer las grandes empresas que le tocó en suerte en su larga y brillante carrera.  Su contracción al servicio y su excelente conducta le granjearon la buena disposición de sus superiores.  El virrey Arredondo el 6 de diciembre de 1794, lo promovía a teniente coronel de las milicias provinciales de Buenos Aires y, en la misma fecha, lo transfería con igual grado a las milicias del Partido de Arque (provincia de Cochabamba), nombrándolo el 26 de enero de 1795 subdelegado del mismo partido.  En dos ocasiones en que fue necesario resistir las invasiones portuguesas en la Banda Oriental, acreditó su fidelidad, honor y patriotismo.  El 10 de mayo de 1798 era designado subdelegado del Partido de Curli (Pilaya y Paspaya) en la provincia de Charcas y posteriormente el 18 de diciembre de 1804, pasaba a ocupar el mismo puesto en el partido de Yamparaes, en la misma Intendencia de Charcas.  En estos puestos administrativos, Arenales desplegó su mayor celo en la imparcial aplicación de la justicia, “especialmente en la protección de los indígenas, de cuya suerte se demostró muy especialmente solícito, por ser los más oprimidos”.  Sin embargo progresaba lentamente la infiltración revolucionaria en las colonias españolas de América: el 25 de mayo de 1809 se produce en la ciudad de Chuquisaca una rebelión contra su presidente Ramón García Pizarro, al grito de “¡Muera Fernando VII!  ¡Mueran los chapetones!”, deponiéndolo.  Encontrándose en aquella revuelta el entonces coronel graduado Alvarez de Arenales, simpatiza abiertamente con los rebeldes, no obstante su origen español, motivo por el cual le nombran comandante general de armas; organiza las fuerzas rebeldes poniéndose al frente de ellas, pero el 21 de diciembre llegan los generales Nieto y Goyeneche con tropas realistas y ahogan en sangre la rebelión, tomando preso a Arenales que ingresa en las prisiones del Callao después de permanecer seis meses en los lóbregos calabozos del Alto Perú, sufriendo la confiscación de sus bienes.  En las Casamatas de la famosa fortaleza, Arenales permaneció quince meses, durante los cuales hasta corrió el riesgo de ser fusilado.  Finalmente se evadió y embarcándose para regresar a las Provincias Unidas del Río de la Plata, naufragó en Mollendo, viéndose reducido a la desnudez y más absoluta miseria; logró llegar a las proximidades de Chuquisaca, donde supo con profunda pena el fracaso de los patriotas en la jornada de Huaqui, el 20 de junio de 1811.  Regresa a la provincia de Salta, donde había contraído enlace con María Serafina Hoyos y Torres, fundando su hogar lo que iba a ser una de las principales causas de su adhesión a la Patria naciente y del valor y lealtad con que cooperó a su emancipación.  En un admirable documento que revela su elevación espiritual se dirigió a la asamblea nacional Constituyente, solicitando la ciudadanía argentina, identificándose así con la nacionalidad que contribuía a crear.  En aquella época (1811) vivía a 36 leguas al S. de la ciudad de Salta, entre las montañas y bosques de Guachipas, en su estancia la “Pampa Grande”.

En el año 1812, el general Tristán penetró en la provincia de Tucumán con una fuerza enviada desde Lima por el virrey Abascal, dejando un destacamento en Salta.  Alvarez de Arenales que había sido electo regidor y alcalde del primer voto del Cabildo de Salta, se puso a la cabeza de un movimiento rebelde, el cual fue sofocado por los realistas, lo que obligó a Arenales a ocultarse en Salta, corriendo los mayores peligros, para esquivar la persecución de sus enemigos.  Llegado a Tucumán, justamente después de las victorias de Las Piedras (3 de setiembre de 1812) y de Tucumán (24 del mismo mes y año) allí el general Belgrano no pudo menos que simpatizar con este hombre austero en sus costumbres, estoico por temperamento y tenaz en sus propósitos.  Entre ambos se estableció rápidamente una franca amistad.  El Ejército vencedor prosiguió su avance hacia el Norte, acompañando Arenales a Belgrano en la campaña que terminó con la magnífica victoria de Salta, el 20 de febrero de 1813, que originó la capitulación del general Tristán y en la cual le cupo a Arenales actuación descollante.  El 19 de setiembre de 1818 el Director Pueyrredón le extendió el diploma acordándole el escudo de oro por la acción de Salta.

Por su participación en aquella batalla y por su decisión por la causa libertadora, el gobierno argentino le otorgó los despachos de coronel graduado, el 25 de mayo de 1813 y el 6 de julio del mismo año se le otorgaba la carta de ciudadanía que había solicitado en nota, que como queda dicho, reflejaba su espíritu selecto.  El general Belgrano lo designaba el 6 de setiembre de 1813, para el puesto de gobernador político y militar de la provincia de Cochabamba y de todas sus dependencias.  Cuando se produjeron los desastres de Vilcapugio y Ayohuma, pocos días después, el coronel Arenales quedó cortado en Cochabamba y en completo aislamiento a causa de la retirada del ejército patriota.  “Este bizarro jefe -dice el general Paz en sus Memorias póstumas-, tuvo que abandonar la capital, pero sacando las fuerzas que él mismo había formado y los recursos que pudo, se sostuvo en la campaña, retirándose a veces a los lugares desiertos y escabrosos, y aproximándose otras a inquietar los enemigos a quienes dio serios cuidados.  La campaña que emprende desde este momento el coronel Arenales coronada de triunfos, es su gloria inmortal”.  Aquella campaña tan larga como heroica, fue de consecuencias profundas para la causa de la emancipación americana.

Mitre en su Historia de San Martín, ha trazado la vigorosa silueta de Arenales, con las siguientes palabras: “Solo hombres del temple de Arenales y de Warnes podrían encargarse de la desesperada empresa de mantener vivo el fuego de la insurrección de las montañas del Alto Perú, después de tan grandes desastres, quedando completamente abandonados en medio de un ejército fuerte y victorioso y sin contar con más recursos que la decisión de las poblaciones inermes y campos devastados por la guerra”.  La fuerza que organizó no pasaba de 200 hombres, con los que emprendió una marcha hacia Santa Cruz de la Sierra, a través de millares de realistas, a los cuales arrolló en todos los encuentros que tuvo con ellos; motivo que inflamó el ardor marcial y retempló las fibras patrióticas de sus subordinados.  Arenales llevó su valor singular hasta el extremo de atacar en La Florida, con 300 hombres, una fuerza realista al mando del coronel Blanco, justamente triple en efectivos: La acción tuvo lugar el 25 de Mayo de 1814 y es uno de los más justos timbres de la gloria de este gran soldado.  “Aún no habían cesado los cantos del triunfo -dice Pedro De Angelis- cuando el coronel Arenales, que se había separado momentáneamente de sus tropas avanzándose en persecución de los prófugos, se vio en la precisión de defender su vida contra 11 soldados enemigos, que lo acechaban para lavar en su sangre la afrenta de sus compañeros.  La lucha fue larga y obstinada, pero al fin sucumbieron los agresores, tres de los cuales quedaron muertos y los demás heridos.  Arenales extenuado por la pérdida considerable de la sangre que manaba de su cuerpo por 14 heridas de sable, hubiera perecido también sin la oportuna intervención de algunos de sus soldados atraídos por las descargas que se oían en las inmediaciones del campo”.  El gobierno de las Provincias Unidas premia tan valeroso comportamiento con el empleo de coronel efectivo discernido con fecha 19 de octubre de 1814 por el Director Supremo Gervasio Antonio Posadas y por decreto del mismo día.  Arenales era nombrado Gobernador Intendente de la Provincia de Cochabamba.  El 9 de noviembre la oficialidad y tropa de la fuerza a sus órdenes recibe un escudo que decía: “La Patria a los vencedores de La Florida”.

San Pedro, Postrer Valle, Suipacha, Quillacollo, Vinto, Sipe-Sipe, Totora, Santiago de Cotagaita, y otros muchos puntos donde sostuvo desiguales combates contra los realistas, constituyen los brillantes de la magnífica corona que ciñó la frente del héroe de la Sierra.  El triunfo de La Florida tuvo influencia preponderante en la guerra de la Independencia, al asegurar la libertad de Santa Cruz, imponiendo la evacuación de las provincias argentinas del Norte, por parte de las fuerzas del general Pezuela.  El 27 de abril de 1815 tomó la ciudad de Chuquisaca y 20 días después Cochabamba, provincia que ocupó totalmente.

Por fin, después de 18 meses de épica lucha y de incesantes fatigas y sorteando peligros a cada instante, Arenales, con su cuerpo de 1.200 hombres levantado casi en su totalidad a expensas de sus pujantes esfuerzos, con armas y elementos que fue sucesivamente capturando a sus enemigos, se incorporó al ejército patriota que iniciaba una nueva campaña en el Alto Perú bajo el mando superior del general José Rondeau.  La Patria había premiado sus esfuerzos, nombrándolo el 30 de octubre de 1814, comandante general de las tropas del interior, cargo que le fue discernido por el propio Rondeau, desde su cuartel general en Jujuy.  Poco después, el gobierno de las provincias Unidas lo promovía a coronel mayor, con fecha 16 de setiembre de 1815 y el 25 de noviembre del mismo se le otorgaba el título honorífico de coronel del Regimiento de Infantería Nº 12.  Después de la desastrosa batalla de Sipe-Sipe, el 29 de noviembre de 1815, Arenales con los restos del ejército se repliega sobre la ciudad de Tucumán.  Algunos juicios o apreciaciones contradictorias que lastimaron su alma de soldado, indujeron a Arenales a solicitar la instrucción de un sumario que pusieron en claro los servicios que había rendido a la causa independiente.  El Director Supremo, general Pueyrredón, con tal motivo, expidió el siguiente decreto:

“Hallándose este gobierno con pruebas irrefragables de la virtuosa comportación, decidido patriotismo y fidelidad del ciudadano de las Provincias Unidas, Coronel Mayor de los Ejércitos de la Patria, don Juan A. A. de Arenales y en el concepto de que cualquiera que fuesen los esfuerzos con que la maledicencia pretenda oscurecer sus distinguido servicios a la causa de la libertad, jamás contrastarán la ventajosa opinión que este benemérito jefe ha adquirido en el concepto público de la gran familia americana, sobreséase en la prosecución de este expediente, que se devolverá al interesado por conducto del General en Jefe del ejército auxiliar del Perú, para su satisfacción, etc. etc.”.  Fue Presidente del Tribunal Militar del Ejército del Norte, ejerciendo el comando en jefe, el general Belgrano.

Batalla de Cerro de Pasco


Permaneció en Tucumán prestando siempre el concurso de una incansable actividad y de sus luces en el desempeño de comisiones importantes siendo posteriormente nombrado gobernador de Córdoba en 1819.  Pero la anarquía se enseñorea del territorio argentino: Alvarez de Arenales no quiere participar en la lucha que destruirá la Patria adoptiva y por tercera vez prefirió hacer el sacrificio de su vida en defensa de la libertad americana, dirigiéndose a Chile a ponerse a las órdenes del general San Martín, que a la sazón preparaba intensamente su expedición al Perú.  “Desde que el general Arenales se presentó al general San Martín en 1820, este le honró siempre con el tratamiento de “compañero”, así en la correspondencia como en el trato familiar, siendo Arenales el único general de los de su tiempo que obtuvo tan señalada y constante distinción hasta en los actos de etiqueta”.  Desembarcado en Pisco el ejército patriota, el 8 de setiembre de 1820, Arenales recibe de San Martín el mando de una División de 1.138 hombres, que debía penetrar en la Sierra, para insurreccionar las poblaciones peruanas al mismo tiempo que abatiera el esfuerzo realista.  Arenales llega rápidamente a las ciudades de Ica (6 de octubre), Humanga (donde entra después de la victoria de Nazca, el 15 de octubre), Jauja y Jauma, produciendo en todas partes un levantamiento general contra la dominación española, capturando numerosos armamentos de las muchas partidas enemigas que encuentra y dispersa.  Alarmadas las autoridades realistas ante tales progresos, despachan al Brigadier O’Reilly para batir a Arenales y sus huestes, teniendo lugar el contacto en el Cerro de Pasco, el cual se produce después que Arenales ha tomado todas las medidas de seguridad, para conocer en lo posible, la fuerza que se aproxima, a fin de lanzar sus tropas al combate en plena seguridad de no caer en una emboscada.  La fuerza realista suma 1.200 hombres; los efectivos contrapuestos son un poco diferentes en lo que a número se refiere, pues  Arenales no puede concentrar sobre el campo de batalla más de 600 hombres.  No obstante esta disparidad, no vacila y ataca con violencia al adversario, que es derrotado completamente y que deja 58 muertos y 18 heridos sobre el campo de batalla y 343 prisioneros incluidos 23 oficiales.  Cayeron además en poder de Arenales dos cañones, 350 fusiles, todas las banderas, estandartes, pertrechos de guerra y demás elementos bélicos escapando el enemigo en la más completa dispersión, pues no lograron hacer partidas de más de 5 hombres, cayendo prisionero en la persecución el propio brigadier O’Reilly.  En conocimiento del espléndido triunfo alcanzado por Arenales, San Martín, el día 13 de diciembre, expidió la siguiente orden del día:

“La División libertadora de la Sierra ha llenado el voto de los pueblos que la esperaban: los peligros y las dificultades han conspirado contra ella a porfía, pero no han hecho más que exaltar el mérito del que las ha dirigido, y la constancia de los que han obedecido sus órdenes para unos y otros se grabará una medalla que represente las armas del Perú por el anverso y por el reverso tendrá la inscripción “A los Vencedores de Pasco”.  El General y los jefes la traerán de oro, y los oficiales de plata pendiente de una cinta blanca y encarnada; los sargentos y tropa usarán al lado izquierdo del pecho un escudo bordado sobre fondo encarnado con la leyenda, “Yo soy de los vencedores de Pasco”.  San Martín extendió el diploma correspondiente al general Arenales el 31 de marzo de 1822.

Así termino la primera campaña de la Sierra, incorporándose Arenales con su División al ejército patriota el 3 de enero de 1821, evocando su presencia los riesgos y duras penalidades sufridas, no obstante lo cual la gloria había cubierto a sus componentes, siendo recibida triunfalmente por sus compañeros de armas.  San Martín recibió de manos del glorioso vencedor del Cerro de Pasco “13 banderas y 5 estandartes, entre las que se habían tomado en las provincias de su tránsito o en el campo de batalla”.  Designado el 19 de abril del mismo año por San Martín comandante general de la División, Arenales inicia su segunda campaña de la Sierra organizando su fuerza con los cuerpos siguientes: Granaderos a Caballo, coronel Rudecindo Alvarado; Batallón de “Numancia” (1º de Infantería del ejército), coronel Tomás Heres; Batallón Nº 7 de los Andes, coronel Pedro Conde; Batallón de Cazadores del ejército, teniente coronel José M. Aguirre y 4 piezas de artillería; a estas tropas debía incorporarse la pequeña fuerza del coronel Gamarra, compuesta de patriotas peruanos.  La División Arenales partió del cuartel general de Huaura, el 21 de abril.  San Martín le ha precedido en su camino triunfal con su famosa proclama a los habitantes de Tarma, en la cual les dice: “Vuestro destino es escarmentar por segunda vez a los ofensores de la Sierra; el General que os dirige conoce tiempo ha el camino por donde se marcha a la victoria; él es digno de mandar, por su honradez acrisolada, por su habitual prudencia, y por la serenidad de su coraje: seguidle y triunfaréis”.  Arenales llega a Oyón el 26 de abril; allí encuentra la División Gamarra, que se le incorpora, la cual está casi deshecha, tal es su estado.  En Oyón, Arenales recibe detalles de las fuerzas realistas que se hacen ascender 2.500 hombres de línea.  Reorganizadas sus tropas, Arenales prosigue su avance el 8 de mayo en dirección a la Sierra.  El 12 llega a Pasco.  En persecución de Carratalá llegaba el 17 de mayo a Carguamayo; el 20 estaba con su división en Palcamayo, el 21 en Tarma, y el 24 de mayo llega a Jauja.  El armisticio de Punchauca, celebrado entre San Martín y el Virrey Laserna, interrumpió las operaciones en la Sierra, pero si bien este acontecimiento fue solemnemente propicio a Carratalá, no le fue menos a Arenales, que se entregó tesoneramente a la tarea de reorganizar e instruir sus valientes tropas.  Terminado el plazo de 20 días de armisticio, que empezó a contarse desde su concertación el 23 de mayo, el día 29 de junio Arenales prosiguió sus interrumpidas operaciones, día que ocupó por la fuerza el pueblo de Guando, capturando íntegra la compañía de cazadores del batallón realista “Imperial Alejandro”, pero una nueva suspensión  de las hostilidades concertada por el General en Jefe, que le fue comunicada aquel mismo día, obligó a Arenales a detener la marcha victoriosa que había iniciado sobre Carratalá.  El general patriota regresó a Jauja, donde se encontraba el 9 de julio, fecha en que le llegó la noticia de que el general Canterac había salido de Lima con 4.000 hombres, recibiendo Arenales en el mismo día, el parte e la dirección de marcha que seguía el jefe español.

Inmediatamente se reunió una junta de guerra, la cual por unanimidad, resolvió marchar al encuentro del ejército español, para atacarlo al pasar la cordillera; con este fin, el 10 se puso en marcha Arenales con su vanguardia por la ruta de Guancayo e Iscuchaga; el 12 llegaba la División al primer punto nombrado, donde hizo alto; allí recibió Arenales a las 10 de la noche la noticia de que Canterac ya cruzaba la cordillera en dirección conocida hacia Guancavélica.  En la madrugada del 13, la División prosigue su marcha con objeto de dar alcance a la vanguardia enemiga y batirla, pero no era aún de día cuando llegó un chasque conduciendo pliegos de San Martín, en los cuales le anunciaba la ocupación de Lima por el ejército libertador.  Simultáneamente y en carta aparte, el General en Jefe encarecía a Arenales que de ningún modo comprometiera su División en un combate, mientras no tuviera la plena seguridad de vencer, que por lo tanto, si era buscado por el enemigo, se pusiese en retirada hacia el Norte por Pasco, o hacia Lima por San Mateo, lo que dejaba a su discreción y prudencia”.  Arenales, al recibir estas instrucciones ordenó detener la marcha a sus cuerpos que estaba orientada con el fin de buscar a Canterac, para batirlo.  Las fuerzas patriotas bajo su comando, sumaban 1.300.  Ante las órdenes recibidas, Arenales resolvió regresar a Guancayo y finalmente, a Jauja, donde llegó el 19 de julio.  Después de la batalla de Ayacucho, el general Canterac confesó al general Sucre “que no sabía cómo Arenales no le atacó en aquella vez: que tuvo por cierta su derrota, si se le hubiese comprometido a un ataque, cuando tampoco podía eludirlo a causa del mal estado de sus tropas y animales”.  En la noche del mismo 19 de julio, Arenales recibió del Generalísimo más claras y terminantes instrucciones en el sentido de que la División se pusiera fuera de todo compromiso lo más prestamente posible, indicando en las mismas las direcciones en que convenía ejecutarlo.  En la madrugada siguiente Arenales se puso en marcha en la dirección señalada por San Martín, cumplimentando sus disposiciones.  El 24 de julio estaba en el pueblo de Yauli, llegando a mediodía a la cima de la cordillera.  Desde allí, el camino de San Mateo conduce a Lima.  Arenales descendió la cumbre con ánimo de situarse en San Mateo y esperar allí nuevas órdenes; este punto dista 26 leguas de Lima y 9 o 10 de la cumbre, pues el intenso frío reinante lo decidió a seguir su marcha hasta San Juan de Matucana, distante 19 leguas de Lima a donde llegó el día 25.  Finalmente, el 31 de julio, Arenales recibió orden del Protector de replegarse sobre Lima con su División, la cual abandonó la quebrada de San Mateo y entró en la Capital en los primeros días de agosto con más de 1.000 hombres menos de los que contaba cuando salió de Jauja, como resultado de la deserción que sufrió por parte de los milicianos peruanos, al abandonar la región de la Sierra, en cumplimiento de órdenes superiores.  El pueblo de Lima recibió a la División con particulares demostraciones de aprecio, saliendo fuera de las murallas considerable gentío que acompañó a la División medio desnuda hasta sus cuarteles en medio de los vivas más entusiastas.  Arenales anticipó su entrada, vestido de paisano “pues nunca gustó de este género de cortesía y mucho menos en aquella ocasión en que creía haber menos motivos para ellas”.  El 28 de julio se había proclamado solemnemente la Independencia del Perú.  Arenales, el 22 de agosto de 1821, fue designado por el Protector, Presidente del departamento de Trujillo y comandante militar del mismo en el cual, siguiendo las instrucciones de San Martín, formó y disciplinó dos batallones de infantería y dos escuadrones de cazadores a caballo, enviando a Lima, además, a 1.800 reclutas de acuerdo con el general Sucre, gobernador de Guayaquil que había concertado el plan de libertar a Quito, cuando una grave enfermedad postró a Arenales, que se vio forzado a ceder a otro la gloria de Pichincha.  Restablecida su salud, Arenales fue llamado a Lima para encargársele la expedición a Puertos Intermedios, comando que rehusó y fue en cambio otorgado al general Alvarado.  Arenales no aceptó aquel comando no obstante haber declarado Sucre que serviría a las órdenes de aquél, “pues le reconocía su antigüedad y méritos y ser Arenales un acreditado general”.

En cambio aceptó el cargo de comandante en jefe del ejército del centro para expedicionar a la Sierra; pero no pudiendo realizar esta campaña por falta de recursos Arenales pidió sus pasaportes para el Río de la Plata, pretextando que sólo continuaría en el mando si el gobierno le garantizaba recursos y el apoyo de su autoridad.  Recibió la promesa gubernativa de este apoyo y de aquella garantía, pero en realidad no se cumplimentó nada ante sus justificadas demandas, poniéndose por el contrario, la situación día a día más crítica.  El Congreso quiso premiarlo y le acordó una medalla de oro con la inscripción: “El Congreso Constituyente del Perú al mérito distinguido”.  Agradeciendo Arenales este honroso y merecido premio expuso ante el Congreso Peruano cuál era el estado de su División en la segunda campaña de la Sierra y su incapacidad para buscar al enemigo.  No consiguiendo su objeto, a pesar de su insistencia, se vio obligado a pedir sus pasaportes, sintiendo la necesidad de ver a su familia después de una ausencia de cinco años, la cual por esta causa carecía de lo más necesario.  Ante tan imperiosa demanda, el Congreso decretó socorros para la familia del general Arenales, a cuenta de sueldos y premios acordados por la Municipalidad.  Entre otros nombramientos y honores que había recibido del gobierno del Perú, aparte de los señalados en el curso de esta biografía, conviene destacar: Fundador de la Orden del “Sol del Perú”, el 10 de diciembre de 1821; Gran Mariscal del Perú, el 22 de diciembre del mismo año.  La medalla acordada por decreto del 15 de agosto de 1821 y discernida el 27 de diciembre del mismo; Consejero de la Orden del “Sol del Perú”, el 16 de enero de 1822, con la pensión vitalicia de 1.000 pesos anuales; Jefe del Estado Mayor General de los Ejércitos del Perú el 25 de igual mes y año, el ya citado nombramiento de General en Jefe del Ejército del Centro, discernido el 14 de diciembre de 1822, por el general San Martín.  En Chile el 28 de marzo de 1822 había sido condecorado con la “Legión del Mérito” y el 14 de noviembre de 1820 el Director O’Higgins le otorgaba los despachos de Mariscal de campo de aquel Estado.

Después de su representación ante el Congreso peruano, el sufrimiento del Ejército llegó a su colmo y el inflexible Arenales se vio en la imprescindible necesidad de elevar una queja formal firmada por todos los jefes del cuerpo, a nombre del Ejército, señalando el abandono en que éste se hallaba, al cual no se reponían las bajas siempre crecientes, haciendo resaltar los males palpables resultantes de esa inacción, terminando su exposición con la súplica de que se emprendiera la campaña de la Sierra que abriría nuevos recursos a la capital y destruiría en parte el descontento general que produce la inacción y la miseria.  Alejado del Perú, pasó a Chile, llegando a la provincia de Salta, donde fue elegido gobernador el 29 de diciembre e 1823.  A los cuidados de la administración interior se reunieron otros que interesaban a toda la República.  Arenales fue comisionado por el gobierno el 22 de marzo de 1825 para atacar al general español Olañeta, que después de la jornada de Ayacucho permanecía al frente de una fuerza realista entre el desaguadero y Tupiza, y para cumplimentar esta orden marchó con una División para dispersarla.  El coronel Carlos Medinaceli perteneciente a las fuerzas del general Olañeta se sublevó contra su jefe y se produjo un choque entre ambos bandos, el 1º de abril de 1825, en Tumusla, donde pereció Olañeta.  Medinaceli y casi todo el resto de la fuerza realista, se entregó a Arenales, terminando así, completamente la guerra de la Independencia sudamericana.  Por ese tiempo tuvo lugar el pronunciamiento de Tarija en provincia independiente dirigiéndose Arenales al gobierno nacional, cuyo apoyo le falló a causa de la guerra que acababa de declararse al Brasil y las reclamaciones de Arenales quedaron suspendidas por disposición superior en virtud de la misión de Alvear destinada a entrevistarse con Bolívar.  Los esfuerzos posteriores del general Arenales, tendientes a evitar la desmembración, no fueron suficientes para eludirla por la influencia decisiva del caudillo colombiano.  En 1826 realizó una exploración de las costas del río Bermejo, buscando la posibilidad de su navegación, de acuerdo con una compañía constituida a tal efecto, y proyectó un camino de acceso al mismo, a la par que trazaba un plano defensivo contra los indígenas.  Poco antes se había concentrado en la tarea de organizar un cuerpo de 500 hombres para engrosar las fuerzas que alistaba la República para combatir con el imperio del Brasil.  Fue en mérito a tantos afanes y desvelos, que el presidente Rivadavia le otorgó con fecha 7 de agosto de 1826, el empleo de Brigadier de los Ejércitos de la Patria.  El 11 de febrero de este mismo año el ministro de Guerra por orden de Rivadavia nombró a Arenales “General de todas las tropas existentes en Salta”.

“El general Arenales –dice uno de los biógrafos- estrechamente ligado al gobierno presidencial, y sobre todo a la persona de Rivadavia, era la principal columna con que el gabinete presidencial contaba para organizar un poderoso grupo de fuerzas, que apoyando a Lamadrid en Tucumán, pudiera servir para desalojar de la provincia de Santiago del Estero a Ibarra, a Bustos de la provincia de Córdoba, para establecer en ambas el partido enemigo de éstos caudillos, que por lo mismo empezaba a llamarse liberal, y sofocar por fin en La Rioja la naciente nombradía de Quiroga”.  No alcanzó a realizar sus propósitos, pues en Salta se preparaba una asonada con el objeto de deponerlo, pretextando sus enemigos de que quería perpetuarse en el mando; el movimiento estalló encabezado por el Gral. Dr. José Ignacio Gorriti, el 28 de enero de 1827, y después de algunas incidencias, el movimiento se resolvió en el combate de Chicoana, el 7 de febrero, resultando exterminado, pues sólo se salvó un soldado.  Arenales se vio obligado a refugiarse en Bolivia, cuyo presidente el general Sucre, lo trató con toda deferencia.  Se dedicó a las faenas rurales para subvenir al mantenimiento de su numerosa familia.  Arenales estuvo casado con Serafina de Hoyos, con la cual tuvieron muchos hijos.

Una inflamación de garganta terminó con su vida en Moraya (Bolivia) el 4 de diciembre de 1831.

Fuera de los cargos y comisiones que se han detallado, el general Arenales fue designado el 23 de julio de 1823 por el ministro Rivadavia, para determinar como Representante de las Provincias Unidas del Río de la Plata, la línea de ocupación por parte del Perú, entre las autoridades españolas y las de los territorios limítrofes, especialmente el de estas provincias.  Para cumplimentar tal misión, debió trasladarse a Salta, donde se situó.

Frías dice: “Arenales, solo ya, sigue peleando sin pensar en rendirse.  Un feroz hachazo le tiene el cráneo abierto en uno de sus parietales.  Su cara está tinta en sangre.  Otro tajo horrible le abre desde arriba de la ceja hasta casi el extremo de la nariz, dividiéndola en dos; otro le parte la mejilla derecha, por bajo el pómulo, desde el arranque de la sien hasta cerca de la boca.  En fin: trece heridas tiene despedazada su cara, su cabeza y su cuerpo –por lo que sus adversarios le llamarían con el apodo de “El Hachado”- y todas están manando sangre; pero él defiende la vida haciéndola pagar caro”.

“El bravo general sigue peleando solo, sin pensar en rendirse.  Todos sus demás enemigos están heridos por su espada; más uno de ellos, que logra colocarse por detrás, le da un recio golpe con la culata del fusil; le hunde bajo de la nuca el hueso, derribándolo al suelo sin sentido, y boca abajo; con lo que lo dejaron por muerto, y continuaron la fuga”.

Repatriación de sus restos


El historiador Fermin V. Arenas Luque aportó datos valiosos en cuanto al destino que sufrieron los restos mortales de héroe de “La Florida”: “Cuando un terrible temblor sacudió al pueblo de Moraya, la iglesia parroquial se derrumbó.  Las sepulturas se removieron y por esta macabra circunstancia algunas fueron objeto de actos profanatorios.  Con el propósito de que pudiese ocurrir lo mismo con los restos de Arenales, el coronel Pizarro los sacó del lugar en que se hallaban y los depositó en el osario común, excepto la calavera, que quedó en poder de dicho militar”.  Tiempo después, en 1874, la calavera del prócer fue remitida desde Moraya a Buenos Aires, para ser entregada a su hija María Josefa Alvarez de Arenales de Uriburu, permaneciendo en poder de sus descendientes hasta fines de la década de 1950.

A lo largo del Siglo XX, en la provincia de Salta, se promovieron múltiples iniciativas tendientes a tributarle los debidos homenajes y el justo reconocimiento por la sobresaliente actuación del general Arenales, una de ellas, de gran significación, fue la que impulsó al Primer Arzobispo de Salta, el insigne monseñor Roberto J. Tavella, quien interpretó cabalmente el deseo de los salteños para que sus restos descansen en la tierra en donde consolidó su hogar y en la cual ejercitó su mandato como gobernador.  Monseñor Tavella decidió contactarse con los descendientes directos del prócer en Salta, sus sucesores Uriburu Arenales, que a la sazón la integran las familias: Castellanos Uriburu y Zorrilla Uriburu, al tiempo que remitió una carta a los otros miembros de la familia Uriburu Arenales, residentes en Buenos Aires, con el objeto de solicitarles la remisión de sus restos mortales, a fin de que los mismos descansen en el Panteón de las Glorias del Norte, en virtud de los nobles servicios prestados a la Patria.

En uno de los párrafos más salientes de la misiva de Monseñor Tavella al doctor Guillermo Uriburu Roca afirmaba: “… la presencia de esta reliquia, vendría a completar la constelación sanmartiniana de Arenales, Alvarado, y Güemes, los puntos básicos de la estrategia del Gran Capitán, que tendrán en el Panteón de las Glorias del Norte de nuestra Catedral, el reposo junto con la admiración de Salta, su tierra amada, y de todos los americanos”.  En la Capital Federal, reunidos los sucesores del prócer en el domicilio de la señora Agustina Roca de Uriburu, estos procedieron a labrar una escritura pública por la entrega de tan inestimable tesoro familiar, ante el escribano Luis. M. Aldao Unzué, encontrándose presentes en esa ocasión los doctores Atilio y Pedro T. Cornejo, quienes posteriormente trasladaron la urna provisoria a Salta.

Una vez arribados a Salta, monseñor Tavella convino en atesorar dicha reliquia en la Capilla Privada del Arzobispado, hasta tanto se concluyesen con los trabajos de armado de la urna definitiva.  Posteriormente en la sede del Comando de Ejército con asiento en Salta, y ante la presencia de autoridades civiles, militares eclesiásticas y miembros de la familia del prócer, uno de sus sucesores, don Federico Castellanos Uriburu procedió a introducir la calavera de su antepasado en la urna que actualmente se encuentra en el referido Panteón.

De este modo, aquél joven español, que se sumara con denuedo a la guerra por la libertad americana y que luego de sobrellevar una existencia fraguada de triunfos y contrastes, hoy es motivo de tributo y gratitud del pueblo salteño y de los miles de hombres y mujeres que visitan Salta.  Todo lo entregó en aras de sus ideales independentistas, legando para la historia, su testimonio de nobleza humana y su gallardo temple militar.

Fuente


Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.

Frías, Bernardo – Historia del general D. Martín Güemes y de la Provincia de Salta de 1810 a 1832.

Paz, José María – Memorias póstumas.

Portal Informativo de Salta

Portal www.revisionistas.com.ar

Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938)

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