domingo, 15 de febrero de 2026

Roma: Aurasio y un día maldito

Arausio, un día maldito 





Es el año 113 a. C. y nos encontramos con una Roma que ya es prácticamente dueña de todo el Mediterráneo, habiendo derrotado a Cartago, Macedonia y Siria, el ejército romano y su sistema de combate (triplex acies) son considerados por derecho como los mejores del mundo.
Pero, quizás todo esto ha provocado que caigan en exceso de confianza.
De pronto, al norte, mas allá de los Alpes surge una inesperada amenaza. Esta vez no se trataba de tribus celtas, sino germánicas, integradas por gentes rudas y valientes, que presionaban en las fronteras. Los cimbrios fueron el primer contacto de los romanos con las migraciones germánicas. Procedían de Jutlandia (actual Dinamarca), península que habían abandonado por razones demográficas o algún otro tipo de desastre.
Cuando descendieron de los Alpes orientales cayeron sobre territorio romano. La fama de la riqueza y poder de Roma había llegado hasta el norte. Por ese motivo, los germanos no tenían como objetivo Italia, no buscaban probar suerte contra las armas romanas, solo deseaban cruzar hacia las tierras ricas y fértiles de Galia o quizás Hispania.
Al conocer la noticia de la llegada de los bárbaros, Roma envió a uno de sus cónsules para intimarles la retirada. Los cimbrios, así como las otras tribus que se les habían unido, aceptaron pero pidieron guías que les ayudaran a repasar los Alpes y se los concedieron. Confiando en la amistad de Roma, siguieron a sus guías.
Pero, de repente, encontraron cerrado el camino por las legiones romanas, muy bien armadas y en perfecta formación de combate. Aunque emboscados, los germanos no perdieron la serenidad. En el acto adoptaron un orden de batalla, se arrojaron sobre las legiones romanas lanzando gritos espantosos y atacaron con tal vigor, que todo el ejército romano huyó a la desbandada. Sólo una providencial tempestad salvó a las legiones del desastre total. Los cimbrios no aprovecharon su victoria para bajar y devastar al valle del Po; prefirieron seguir hacia poniente, a través de Suiza, y penetrar en la Galia transalpina, cuya parte sudeste era ya provincia romana.
Ocho años después, volverían a enfrentarse. Los cimbrios, ahora unidos con los teutones, vuelven a reconocer la soberanía romana y les solicitan un territorio donde asentarse, obviamente su pedido es rechazado y esa seria la señal que esperaban, derrotando en dos batallas a los sorprendidos romanos. La última de ellas, en Arausio (105 a. C.), fue espantosa. Los romanos habían puesto en pie no uno sino dos ejércitos consulares, pero nuevamente errores en la dirección provocaron el mas grande desastre militar de su historia. Basta con decir que algunas fuentes hablan de casi 120.000 muertos. Desde entonces, el día de la batalla, 6 de octubre, se consideró funesto por los romanos. Pero tampoco entonces aprovecharon los germanos sus victorias para penetrar en Italia, sino que se dirigieron hacia la península ibérica. 
A consecuencia de esta sangría los romanos, desesperados, convocaron al hombre que había derrotado a Yugurta en la lejana África para que se pusiera a la cabeza del destrozado ejército romano.
Por su lado, los germanos cometieron el error estratégico de no atacar Italia inmediatamente después de su victoria; la moral romana estaba por los suelos y escaseaban los hombres adultos y propietarios que debían servir en las legiones. Si hubieran cruzado los Alpes después de Arausio quizás hubieran triunfado y toda la expansión que vivió Roma en los dos siglos siguientes jamás hubiese ocurrido, pero no lo hicieron y Cayo Mario tuvo tiempo de reformar para siempre el sistema militar romano y reclutar a ciudadanos pobres sin tierras y entrenarlos para crear un ejército profesional con el cual vengar despiadadamente las derrotas pasadas.

📖 Fuente: Historia Universal, Carl Grinberg.
🎨 Ilustración original de Johnny Shumatte, editada con IA, dónde se representa la victoria germana sobre los romanos

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